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IMPUTADO O HEREDADO?

Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

No es nada fácil determinar bíblicamente, con mucha sinceridad lo digo, si el pecado ha sido
heredado a la humanidad como condición negativa o es algo que fue imputado a todos los
hombres por la desobediencia del primero de ellos. La diferentes tesis y opiniones de cómo
la humanidad fue afectada por causa del pecado edénico han permanecido por muchos
siglos en acalorada controversia. Creo que esto seguirá debatiéndose siempre, por lo que se
ve, sin llegarse, con seguridad precisa, a un definitivo y común acuerdo.

Demos inicio a nuestro estudio:

1. El pecado heredado-.

Máxima: «El problema no estriba porque pecamos sino porque somos pecadores».

«Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así
la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron» (Ro.5:12).

En este verso se observa una comparación contrastada entre la vida del primer hombre,
Adán, con la vida de Cristo, el segundo Adán. Ambos son cabeza de la humanidad, y sus
funciones trascienden enormemente, hasta la eternidad. La diferencia estriba en qué por uno
entró el pecado al mundo, y por el pecado la muerte vino a todos los hombres; en tanto, que
por Cristo, viene la vida como don o regalo de Dios, para aquellos que lo han recibido y que
han creído en él (Jn. 1:12; Ro. 5:17).

El hombre hereda una naturaleza pecadora. Por el pecado de la primera pareja que se
origina en la desobediencia a Dios, en su egoísmo, el ser humano es constituido
genéticamente como un ser con tendencias pecaminosas, malignas y corruptas. El hombre
hereda una naturaleza pecadora y una condición que lo lleva a pecar indefinidamente al
identificarse con Adán, la cabeza [seminal] de la raza humana. Entre Adán y Cristo,
teniéndose en cuenta la disentida analogía que existe entre ellos, según Ro. 5:12, todos los
individuos que estructuran la humanidad están implicados o relacionados espiritualmente con
cada uno de estos hombres. O están en Adán por nacimiento, es decir, bajo el yugo de la
condenación, o en Cristo por la fe, redimidos por su sangre y conciliados ante Dios para
salvación venidera (1 P. 1:5): Unos en Adán, [naturalmente], y otros en Cristo, en el [nuevo
nacimiento], pero [no naturalmente], sino de modo [sobrenatural]. Por lo tanto, los efectos del
pecado de Adán son transferidos a su desendencia porque [estamos] en Adán por el
[nacimiento]. Aunque Pablo no explica cómo esto pudo suceder con exactitud, surge el
argumento que ha sido por Adán, por el hecho de ser cabeza natural o federal de toda la
humanidad. Adán es cabeza de la humanidad, y Cristo cabeza de los creyentes salvos. Adán,
es tipo de Cristo, quien vendría luego a culminar lo debido (Ro.5:14). Así qué, como
consecuencia de la aquiescencia biológica de la raza humana con Adán, el primero de esta
raza, queda el pecado atribuido, imputado a toda su ulterior suscesión. Cita Strong: «La
naturaleza que ahora poseemos es la misma naturaleza que se corrompió en Adán». El
pecado no es imputado como uno [ajeno] a la raza humana, sino que es algo que le
[pertenece] a ella. El pecado y la muerte pasó a todos los hombres en el modo en que Adán,
cabeza de humanidad, lo [trasmitió] a ésta.

«Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de
pecado. No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a
la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura (tupos, gr.) del que había de venir»
(Ro. 5:13-14).

Adán transgredió el mandato expreso, claro y categórico de Dios, y Dios por medio de
Móises decreto su santa ley. No obstante, el pecado y la muerte continuan vigentes desde
Adán y Moisés, provocando, en su imparable estado, terribles y mortales efectos en la
humanidad completa. Para los que admiten la herencia del pecado, los infantes y los que
padecen taras o dramáticas deficiencias mentales les acontece la muerte como
consecuencia del pecado, aunque no se les cataloga como [responsables] por la ley de la
conciencia y de la razón, debido a que son incapaces para discriminar entre lo bueno y lo
malo (Ro. 5:14; véase además Ro. 2:15). «Adán es un tipo de Cristo al mantener una
relación con aquellos en ambos casos afectados por la cabeza respectiva, pero el paralelo no
es exacto».

Las reflexiones siguientes son utilizadas para el apoyo de esta teoría que fue generada y
proyectada atrás por Agustín de Hipona (354-430 d. C.). Tanto Lutero, Calvino, los
Reformadores, el catolicismo romano, han concertado en los puntos primordiales de la
doctrina en cuestión, la cual es llamada como la del «pecado original»:

«Que el principio de la cabeza natural se reconoce en Hebreos 7, 9, donde se dice que Leví
pagó diezmos en Abraham».

«Que le concede la interpretación más natural a Romanos 5:12-21, en que [todos pecaron]
en [una trasgresión] de [un hombre], y la fraseología legal muestra que lo que se inflige no se
debe a un decreto soberano, sino que es por vía de pena judicial» (Ro. 5:13, 13, 15, 16, 19).

«En que ella es la única en concordancia con la justicia de Dios que hace a Adán el
representante de la raza».

«Que mejor explica las razones por qué somos responsables de nuestra naturaleza
peaminosa».

«Que concuerda mejor con las conclusiones científicas y filosóficas de la actualidad,


expresamente, que las tendencias al mal son heredadas, que la raza es una sola, que el
pecado es cuestión de buenos estados o malos, como también de actos buenos o malos».

«Que mejor está en acuerdo con la representación escritural que el pecado de Adán es la
causa inmediata e innata de la pecaminosidad, de la culpa, y de la condenación que han
venido sobre la raza humana».

2. La imputación del pecado-.

Para los que creen que el pecado es [imputado] y [no heredado], el acto de un solo hombre,
que es Adán, fue suficiente para introducir el pecado y la pena de muerte en toda la
humanidad. No obstante, por la obediencia de un solo hombre, que es Cristo, es contrariado
el hecho de la intromisión del pecado al la raza humana por Adán. Con esto queda
establecida la justicia y la vida eterna en las [nuevas criaturas] que están en Cristo, [criaturas]
que pertenecen a la raza humana que es culpable de pecado pero redimidas y justificadas
por el sacrificio sangriento del Cordero de Dios. Adán representa a la raza humana caída en
el pecado y condenada a muerte; Cristo representa a la nueva humanidad instituida en el
nuevo nacimiento, para una vida justa y santa. Se reciben, no se heredan, las consecuencias
del acto de Adán al nacerse naturalmente, y las del sacrificio de Cristo por medio de la
obediencia y de la fe (revísese por favor los siguientes textos: 1 Co. 15:22; 2Co. 5:14).

La frase [porque todos pecaron] quizás significa que todos pecaron en [Adán], es decir, al
pecar el primer hombre. Se admite que todos pecaron por ser descendientes de Adán y
porque él representa a la raza humana. Pablo refuerza al parecer tal consideración en Ro. 13
y 14, subrayando el hecho de que la gente moría aun antes de que la ley fuese promulgada.
La gente seguía muriendo porque era culpable del pecado de Adán, el representante de la
raza humana. La raza humana fue castigada, no porque violentó la ley, ya que [ésta] todavía
no existía. La humanidad no pecó quebrantando un mandato explícito, verbal, como Adán lo
hizo, sino porque simplemente Adán pecó. En Ro. 5:15-19 Pablo se refiere a Adán como un
tipo o figura de Cristo, mostrando una analogía entre los dos. La semejanza consiste en que
sus actos han afectado, aunque de diferente modo, a muchos individuos de la raza humana.
La trasgresión de Adán constituye una injuria, una ofensa a Dios nacida de su propia
voluntad, y la de Cristo, es una acción de la Gracia que se fundamenta en la voluntad divina.
El pecado de Adán ocasionó juicio, condenación, y muerte eterna. Por otro lado, Cristo trajó
en su noble acto justificación, reconciliación, y vida eterna (Ro. 5:16, 17). Adán se caracteriza
por la desobediencia y Cristo, contrariamente, por la obediencia (Ro. 5:18, 19). El ser
humano tiene parte con Adán por el [nacimiento] y está condenado, y el creyente con Cristo
por el [nuevo nacimiento], por la fe.

«Todos»...«todos», en Ro. 5:10, no se refiere a la misma gente en las dos situaciones. De ser
así se tomaría el texto como: «Todo el que naciera será indiscutiblemente salvo». Este punto
de vista es refutado en los siguientes versos: Ro. 2:8, 9; Mt. 7:13, 14, 23; 25:46. El [todos]
inicial señala a todos los representados por Adán, que componen la raza humana y que está
condenada. Adán pecó, y los que representa, fueron hallados culpables de pecado. El
segundo [todos] se refiere a los que Cristo representa, a los que han creído en su bendito
nombre.

Adán y Cristo, son figuras representativas de la raza humana. Adán pecó «una vez», y los
que ha representado fueron encontrados culpables por [imputación] y [no por herencia].
Cristo fue obediente y los que él representa son hechos justos. Si no se tiene en mente que
somos culpables por el pecado de Adán, entonces tampoco somos [justos] por la
[obediencia] de Cristo.

Verso para análisis y reflexión:

«He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre» (Sal. 51:5).

¡Cuidado con las apariencias!

Saquen sus buenas conclusiones hermanos y amigos que nos visitan de este estudio
absolutamente imparcial.

Dios les bendiga siempre.

Referencias:

Manual de Teología Bíblica (Dr. Stanton Richardson).

Comentario al Texto Griego del Nuevo Testamento (A.T. Robertson).


Biblia de Estudio Siglo XXI (Basada en la Reina Valera 1909).

Biblia de Estudio Plenitud (Reina Valera NVI).


Publicado por Javier Rivas Martínez en 20:08

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