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》HISTORIAS DE EL CHAL, PETÉN, GUATEMALA:

SOFÍA ÁLVAREZ

Cuando era niña observé con mucha atención y


admiración a Doña Sofía Álvarez. La ví
predicar, servir en la comunidad, arriesgarse,
compartir su fe católica, pero su corazón iba
más allá de su religión, pues en él tenía espacio
para muchas personas, no le importaba si eran
indígenas, católicos, evangélicos, pobres.
Durante el conflicto armado interno o Guerra
civil que hicieron vivir a Guatemala, doña Sofía
fue una mujer que se caracterizó por salvar la
vida de algunos hombres y mujeres,
Foto: Elías Calderón jr.
campesinos, amas de casa, catequistas.

Junto al padre Mario García, sacerdote español, párroco del pueblo, doña Sofía les exigía
y les quitaban casi de las manos a los campesinos que eran traídos por los soldados y los
comisionados al destacamento militar de El Chal, desde distintos caseríos, cooperativas,
aldeas y parcelamientos. A mucha gente se les vio entrar, pero a pocos se les vio salir.
Son algunos de los relatos que se escuchan de vecinas y vecinos que vivían cerca del
recinto militar.

Su vida ha sido y es un testimonio viviente, de lo que significa, hacer el bien. Cuánta


gente en nuestro pueblo ha encontrado en la “hermana Sofía”, como la llamamos muchas
y muchos cariñosamente, una mano amiga, un plato de comida, un oído para contar las
penas y alegrías. La sencillez, la humildad, la capacidad de anunciar el evangelio y el
valor para denunciar las injusticias, han caracterizado siempre a esta gran mujer.

Respecto al testimonio de vida de Sofía, nos marcó la vida a muchas y muchos. El año
2000 tuve la oportunidad de salir, por primera vez de Guatemala hacia Roma, Italia. Fuí
elegida por la Pastoral Juvenil, para representar a los jóvenes del Vicariato Apostólico de
El Petén en la Jornada Mundial de la Juventud –JMJ– y al encuentro con el Papa Juan
Pablo II. En ese encuentro había más de 4 millones de jóvenes provenientes de todo el
mundo, cantábamos, hacíamos peregrinaciones y pedíamos a Dios en distintos idiomas.

Un día en una parroquia de Roma estábamos reunidas como 500 o más personas de habla
hispana y personas que aman el castellano. Nos dieron la palabra a quienes quisiéramos
contar algún testimonio sobre alguna persona que conociéramos, que había marcado
nuestras vidas y que nosotras creíamos que eran personas fieles al seguimiento de Jesús.
Salí desde mi asiento y caminé con paso firme hacia enfrente. No dude en hablarles de
Sofía Álvarez, quería que muchos más en el mundo supieran, sobre esa gran mujer,
ejemplo de mi tierra. Recordé la vez que quisieron llevarla a España de parte de la
parroquia y pidió que no se gastaran el dinero en el viaje, que con eso invertirían mejor
en comprar láminas, para el techo de las casas de algunas personas pobres de la
comunidad. Hasta allí y más allá llegaba y llega su corazón, su entrega por los
desfavorecidos y desfavorecidas del sistema de injusticias.

¿Cómo no admirar a un ser humano como Sofía Álvarez? Quisiera que en esta sociedad,
donde conforme avanza la historia, nos deshumanizamos más y donde no se imitan los
buenos valores que engrandecen a las personas, nazcan más Sofías. Cuántos más ejemplos
tenemos como guatemaltecas y guatemaltecos, de personas que —desde la sencillez,
desde no quedarse callados ante las injusticias, arriesgando sus vidas y desde el corazón—
nos recuerdan que se puede ser diferente y que la construcción de otro mundo es posible.
No es preciso tener títulos universitarios, doctorados, para contribuir a este país. Muchos
y muchas ya hicieron el bien, solo desde el impulso que les dio el corazón y los sueños.

Ayer en una reunión de la Pastoral Universitaria Católica de la Universidad de Bielefeld,


Alemania, donde ahora me encuentro, tuvimos la posibilidad de hablar sobre las personas
que nos han marcado la vida. 19 años más tarde de mi estadía en Roma, sin planificarlo,
vino de ipso facto a mi mente, el rostro de la hermana Sofía Álvarez y cuando me tocó
hablar, no dude ni un instante en decir: Ich möchte euch über Sofía Álvarez erzählen.
Sofía ist eine Frau aus meinem Dorf, die für mich sehr wichtig ist und sie hat mein Leben
geprägt. Sie war eine treue Zeugin des Evangeliums. Als ich Kind war, wollte ich wie
Sofía Álvarez sein. Sofía hat für Gerechtigkeit und Menschenrechte immer gekämpft. Die
Welt wäre anders, wenn es viel Mensch wie Sofía gäbe. (Dije algo más que esto en
alemán. Yo quiero hablarles de Sofía Álvarez. Sofía es una mujer de mi pueblo, que es
muy importante para mí, pues me ha marcado la vida. Ella es una testiga fiel del
evangelio. Cuando yo era niña pensaba que cuando fuera grande quería ser como Sofía.
Sofía ha luchador por la justicia y los Derechos Humanos. El mundo sería diferente, si
hubiera mucha más gente como Sofía).

A propósito… en Guatemala, #SiHuboGenocidio.

Eguizel Morales Ramírez

@eguizelMoRa

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