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La perseverancia

Hoy vamos a estudiar la parábola de “La Viuda Persistente,” la cual nos enseña una lección
muy importante acerca de ser persistentes cuando oramos. Jesús nos dice que debemos
perseverar en nuestras oraciones.

¿Cuánto tiempo tienes orando por una petición especial? ¿Cuántas veces has pensado que
ya no vale la pena orar? La primera intención de esta parábola es enseñar sobre la
persistencia en la oración. La razón no es que tenemos que molestar a Dios al punto de
cansarlo, como la viuda con el juez. Jesús tampoco quiso implicar que Dios sufre de mala
memoria y necesita nuestra ayuda para recordar cada petición, grande o pequeña, que
llegan a Él todos los días. Cuando somos persistentes en la oración crecemos en carácter y
en fe. La persona que ha esperado 10 años por una respuesta es una persona que ha
mostrado su dependencia en Dios.

En hebreos 11:6 dice “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario
que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le
buscan”, observen que la fe es el medio que recibimos por medio del don de Dios
para recibir la salvación y que nadie se gloríe

Así que comencemos en Lucas 18: 1-8 ( leer )

¿Has notado el último versículo de esta parábola? El versículo dice, “Pero cuando venga el
Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra? ¿Qué tiene que ver esto con esta parábola? A
primera vista, no parece pertenecer aquí.

Sin embargo, cuando miramos más detenidamente al contexto de este pasaje, notamos que
esta parábola está conectada a la enseñanza que Jesús hace en el capítulo anterior – en el
capítulo 17 acerca de los últimos tiempos. Jesús estaba diciendo, “Oren y no desfallezcan…
no se desanimen… ¡Yo volveré!”

Les voy a hacer un pequeño resumen de la enseñanza de Jesús del capítulo 17:20-37. Esto
nos dará el contexto para el capítulo 18. Así como mucha gente hoy en día se emociona con
respecto a profecías y eventos futuros, así mismo, los judíos de la época de Jesús, vivían
con la expectativa de la llegada del Mesías.

Jesús nos advierte que no pasemos el tiempo tratando de adivinar el futuro, O haciendo
conjeturas acerca de Dios. Los judíos esperaban la llegada de su Rey, y ahí estaba El, en
medio de ellos. A veces podemos estar tan absortas con el futuro, que nos perdemos las
oportunidades del presente.

Lo importante no es de trazar el futuro, sino de estar lista… de estar preparada para la


venida de Jesús en cualquier momento. La venida de Cristo no será un misterio esotérico
que será percibido solo por unas cuantas personas ilustres, sino que será tan obvio, como
los rayos y relámpagos en el cielo. ¡Visibles a todo el mundo!
Jesús comparaba “los últimos tiempos” con los días de Noé y los días de Lot. Ambos
hombres vivieron justo antes de dos grandes juicios: El gran diluvio y la destrucción de
Sodoma y Gomorra.

Así que este capítulo comienza con la necesidad de orar. La oración es el componente
esencial de una vida con Dios. Es pedirle a Dios lo que necesitamos persistentemente,
confiando que Él va a proveer. Jesús nos muestra que Dios escucha a Sus hijos, y que
contesta sus oraciones.

El propósito de la oración no es de hacer algo por Dios, sino de hacer algo por nosotros. Es
uno de los mecanismos, que Dios les da a Sus hijos, para que estemos en contacto con Él.
Dios no necesita la oración, nosotras somos la que la necesitamos.

Pero a Dios le encanta cuando le oramos. Él siempre está ansioso de saber de nosotros. Y le
da gusto darnos Sus maravillosas bendiciones.

(1-3) Además, Jesús les contó una parábola en cuanto a la necesidad de orar siempre y de
no desanimarse. 2 Les dijo: En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba
a nadie. 3 En esa misma ciudad había también una viuda, la cual acudía a ese juez y le
pedía: “Hazme justicia contra mi adversario.”

4 Pasó algún tiempo, y el juez no quiso atenderla, pero después se puso a pensar: ‘Aunque
no temo a Dios ni respeto a nadie, 5 esta viuda me molesta tanto que voy a hacerle justicia,
no sea que siga viniendo y me agote la paciencia.’

Mientras estudiamos esta parábola, trata de imaginarte esta escena en el medio oriente. La
corte o el palacio de justicia no era un bello edificio, sino una carpa que iba de lugar en
lugar, porque era así como el juez hacía su recorrido.

El juez, no la ley, fijaba el orden del día, y se sentaba regiamente en su carpa, rodeado de
sus asistentes. Cualquiera podía observar los acontecimientos desde afuera, pero solo
aquellos casos que habían sido aprobados y aceptados, podían ser sometidos a juicio.

Generalmente esto significaba que había que sobornar a uno de los asistentes para que
llevara su caso a la atención del juez. Si este juez era judío, estaba desafiando abiertamente
el requisito primordial de los jueces – que era el temor de Dios.

Un juez, que no teme a Dios, no reconoce ninguna ética fuera de la de su propio interés, y
su creencia equivocada de que nunca tendrá que comparecer ante Dios, hace que no le
importe tomar decisiones injustas. ¡El juez de esta parábola era ese hombre!

En Éxodo 22:22-24, Dios dice, “No afligirás a las viudas ni a los huérfanos. Si llegas a
afligirlos, y ellos me piden ayuda, yo atenderé su clamor. Entonces se encenderá mi furor, y

yo los mataré a espada, y las viudas y los huérfanos serán las mujeres y los hijos de
ustedes.”
Dios ama a la viuda y al huérfano. Ellos tienen un lugar muy especial en el corazón de
Dios. Y hay muchas otras escrituras en el Antiguo Testamento que testifican de esto. A
principios de la iglesia, ésta se tomaba muy en serio este decreto de Dios, y debería ser un
gran ejemplo para nosotros a seguir.

Santiago 1:27 dice, “Delante de Dios, la religión pura y sin mancha consiste en ayudar a los
huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y en mantenerse limpio de la maldad de este
mundo.”

La vida le había dado a la viuda de esta parábola un golpe amargo. Las viudas eran las
personas más indefensas en la sociedad hebrea. El Antiguo Testamento se refiere a ellas
como oprimidas. Se aprovechaban de ellas. Eran, muchas veces, víctimas legales, como es
el caso de esta pobre mujer. Ella no quería venganza, solo quería justicia restaurativa.

La viuda de esos tiempos, tenía tres obstáculos que superar. Primero, ella era mujer en una
cultura donde la mujer era considerada ciudadana de segunda clase. Segundo, en la
sociedad Palestina, en los tiempos de nuestro Señor, las mujeres no iban a la corte. Ella era
viuda – sin un esposo que diera la cara por ella, o que abriera el camino para ella.

Tercero, siendo viuda, ella era pobre y no podía pagar la coima, aunque quisiera. Por eso no
es de extrañarse que las viudas nunca recibieran la protección, que se suponía, la ley
debiera darles.

Y ahora que ya entendemos algo del escenario de esta parábola, podemos entender mejor lo
que Jesús estaba enseñando. Él estaba alentando a Sus discípulos a orar, y a no desfallecer.
Cuando nuestra relación con Dios es personal e íntima, no tendemos a desanimarnos, o a
desalentarnos, cuándo las cosas se ponen difíciles.

Con estas tres cosas en su contra, parecería que la viuda no tenía el más mínimo chance de
que escucharan su caso. Pero ella no se iba a dar por vencida. Ella iba ante el juez día y
noche, pidiendo, rogando y suplicando que su caso fuera escuchado. ¡Hasta que finalmente
el juez dice “! ¡AY! Para quitarme a esta doña de encima, haré lo que ella me pide.”

(6-8ª) Dijo entonces el Señor: Presten atención a lo que dijo el juez injusto. 7. ¿Acaso Dios
no les hará justicia a sus elegidos, que día y noche claman a él? ¿Se tardará en
responderles? 8 yo les digo que sin tardanza les hará justicia.

Si leemos este pasaje por encimita parecería que esta parábola está haciendo una
comparación entre el juez y Dios, enseñando que el pueblo de Dios debería, como la viuda,
clamar a Dios día y noche antes de que nuestras oraciones sean contestadas. Más bien, lo
que Jesús pretendía hacer era un contraste, Y NO, una comparación.

Jesús dice, “Escuchen al juez.” ¡El Padre no es como El! ¡El Padre es diferente! ¡El Padre
las ama! Esto es muy importante para poder entender correctamente esta parábola. Jesús
está usando la regla de contrastes. El hace contraste entre lo peor del hombre, y lo mejor de
Dios.
El juez no sentía amor por nadie, era malo, descortés, despiadado, e injusto. En cambio,
Dios es todo amor. Él es bueno, lleno de gracia, y justo. Además, todo lo que Dios es, es
infinito. Él es infinitamente amor, infinitamente gracia, infinitamente misericordia, e
infinitamente justo.

En esta parábola, la viuda “era una don nadie” -- totalmente insignificante. Sin embargo, en
esta vida, como cristianas, somos las elegidas, las escogidas, creadas a la imagen de Dios, y
redimidas por el Hijo de Dios. Dios, por ser quien es, y nosotras por ser quienes somos, no
hay razón de tocarle frenéticamente a la puerta, o de quejarte para que te conteste.

¿Qué crees que Dios hace con respecto a Sus escogidos que claman a El día y noche? Nadie
debe de pensar que Dios es una divinidad inmovible. Él no es como el juez terrenal de esta
parábola.

El significado aquí es que si este juez hosco, quien, por propia admisión, no escuchaba ni a
Dios ni al hombre, termina cediendo a la súplica de la viuda, con mayor razón, Dios hará
justicia a favor de Su pueblo, que le ora día y noche.

Además, no había ninguna relación entre la viuda y el juez – ya sea social, comunal, o
religiosa. El juez simplemente quería deshacerse de ella para que ni siquiera existiera la
relación de abogado-cliente.

Por eso, este juez inescrupuloso escucha a la viuda, y le hace justicia. Por el contrario, Dios
ha escogido a Su propia gente, y tiene un interés muy especial en nosotras, porque le
pertenecemos. ¡Porque somos Suyas!

Cuando clamamos a Dios, día y noche, el Señor toma nuestro caso y nos hace justicia. Así
que, cuando la viuda clama a Dios, ella va a recibir justicia porque Dios escucha y contesta
las oraciones de los justos.

El juez escucha a la viuda para quitársela de encima. Dios escucha a Su pueblo porque nos
ama y quiere vindicar nuestra causa. El juez actúa egoístamente. En cambio, Dios actúa a
favor de Su gente. ¡El actúa a tu favor!

¡Veamos pues el contraste entre nosotras y la pobre viuda de esta parábola! Primero que
nada, nosotros comparecemos NO ANTE UN JUEZ INJUSTO, sino ante un Padre
amoroso. Cuando Jesús les enseña a Sus discípulos a orar, “Padre nuestro, que estás en los
cielos,” el concepto de Dios, como Padre, era ajeno a los judíos. Pablo nos dice que
llamemos a Dios “Abba” o “Papá.”

Por eso Romanos 8:15 dice, “Pues ustedes no han recibido un espíritu que los esclavice
nuevamente al miedo, sino que han recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos:
¡Abba, Padre!
Es increíble el acceso que una persona puede tener con sus padres. No importa cuán
importante sea un hombre, su hijo o hija, puede entrar en su presencia en cualquier
momento. Ese es el privilegio que tenemos nosotras, como hijas de Dios.

Tercero, esta mujer era viuda. ¡Nosotras somos novias! Apocalipsis 21:2 dice, “Vi también
que la ciudad santa, la nueva Jerusalén, descendía del cielo, de Dios, ataviada como una
novia que se adorna para su esposo.” ¡Qué tal diferencia! Una viuda se puede sentir sola,
pero no una novia.”

Cuarto, la viuda VA SOLA donde el juez, pero nosotras tenemos un Abogado Defensor con
el Padre. Jesús está de pie junto a nosotras. 1 de Juan 2:1 dice, “Hijitos míos, les escribo
estas cosas para que no pequen. Si alguno ha pecado, tenemos un abogado ante el Padre, a
Jesucristo el justo.”

Y, por último, para obtener ayuda, la viuda va a la corte. En cambio, nosotras vamos al
trono de la gracia. Hebreos 4:16 dice, “Por tanto acerquémonos confiadamente al trono de
la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para cuando necesitemos ayuda.”

La oración es la forma de derrotar al diablo. La oración es la forma de obtener que los


perdidos se salven. La oración es la forma de adquirir sabiduría. La oración es la forma de
obtener que los descarriados sean restaurados. La oración es la forma como los santos son
fortalecidos.
Ejemplos bíblicos de la perseverancia:
Noé que perseveró, incluso siendo criticado, humillado, despreciado, pero luchó
para construir el arca y salvó a sí mismo con su descendencia.

Esta parábola dice que, aunque la viuda iba continuamente con el juez a pedirle
justicia, el juez no quiso hacerlo por un tiempo, si la viuda hubiera perdido el
ánimo, este juez injusto e inmoral obviamente no le haría justicia y si la viuda se
hubiera dado por vencida entonces no tendría justicia. Pero la viuda perseveró, fue
persistente, venció la tentación de desanimarse, venció la posible pérdida de fe en
que el juez le hiciera justicia y su perseverancia y persistencia le valió que el juez
le hiciera justica y eso que era un juez injusto.

Claro está que preferimos que oración nos conceda lo que pedimos – y
rápidamente. Esperamos que médicos nos den alivio instantáneo. Esperamos que
grandes películas inspiren alegría o tristeza de inmediato. Esperamos que
tecnología nos provea comunicación instantánea. Esperamos que la bolsa nos
haga ricos de inmediato. Pero Dios no promete respuestas inmediatas a la
oración. ¡Considérelo una bendición! Imagine el caos que ocurriría si Dios
automáticamente contestara cada oración tal como se ha pedido. Un Dios
amoroso nunca podría conceder poder ilimitado a cada persona.