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Fe en la Soberanía de Dios

Este documento resume un sermón sobre Romanos 8:28. Explica que la promesa de que "todas las cosas cooperan para bien" se aplica a los que aman a Dios y han sido llamados según su propósito. Aunque las tragedias son difíciles de entender, Dios las usa para cumplir su plan eterno. La historia de José y la crucifixión de Cristo muestran cómo Dios puede usar lo malo para un bien mayor. Aunque no entendamos los planes de Dios, sabemos que están marcados por su amor

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Fe en la Soberanía de Dios

Este documento resume un sermón sobre Romanos 8:28. Explica que la promesa de que "todas las cosas cooperan para bien" se aplica a los que aman a Dios y han sido llamados según su propósito. Aunque las tragedias son difíciles de entender, Dios las usa para cumplir su plan eterno. La historia de José y la crucifixión de Cristo muestran cómo Dios puede usar lo malo para un bien mayor. Aunque no entendamos los planes de Dios, sabemos que están marcados por su amor

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TITULO: TODAS LAS COSAS NOS AYUDAN PARA BIEN

TEXTO CLAVE: ROMANOS 8:28


OBJETIVO: Que el oyente reconozca que su vida se encuentra en las manos de Dios.

INTRODUCCIÓN:
La fe se ve probaba cuando somos capaces de confiar en Dios en los momentos difíciles. Pero, ¿en qué se basa
esa confianza? La promesa en la que descansan todas las promesas de Dios es la siguiente: “Y sabemos que para
los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su
propósito” (Romanos 8:28). Este versículo es tan conocido, nos resulta tan familiar, que muchas veces
perdemos de vista su profundidad. También, en la comunidad cristiana se usa con tanta ligereza y de forma tan
superficial, que la mayoría de gente no percibe la esperanza que estas palabras encierran.

Hasta aquí el apóstol ha estado considerando las bendiciones que el creyente alcanza en Cristo. En el capítulo
actual se ha hecho una recapitulación de algunas de esas bendiciones. El creyente está libre de toda condenación
por el pecado (vv. 1-8). Ha sido hecho morada del Espíritu de Dios, quien garantiza la esperanza de cada
creyente (vv. 9-11), que tiene además la certeza de ser hijo de Dios, con todo cuanto esa posición comporta (vv.
14-16). Sin embargo, tales bendiciones no están exentas de dificultades en el tiempo presente, como
persecuciones y angustias (vv. 18-25), contando como recurso personal la obra intercesora del Espíritu (vv. 26-
27). Ahora se dirige, en un incremento progresivo, hacia la consideración de bendiciones aún mayores en las
que descansa la certeza de la salvación y la eterna seguridad del creyente.

1. LOS DESTINATARIOS DE LA PROMESA


Comienza el versículo con la expresión "y sabemos" o también "pero sabemos" es una contraposición a todo lo
expuesto desde el v. 18, destacando lo positivo que aparece en aquel texto, "las aflicciones del tiempo presente
no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse". Las situaciones adversas son
fácilmente superables cuando se tiene la certeza de cuanto Dios está haciendo a favor de los suyos y cuanto ha
hecho ya por ellos. Todos nosotros "sabemos". Se trata de un conocimiento más que intelectual experimental.
Sabemos por experiencia lo que Dios hace por los suyos.

La acción divina tiene unos destinatarios: "los que aman a Dios". Estos son, en el contexto paulino, los
cristianos (1 Co. 2:9). Son aquellos que por la regeneración han recibido la provisión de amor para ser capaces
de amar, especialmente a Dios, con un amor inalterable (Ef. 6:24). Lo que distingue a los cristianos es su amor
hacia aquel que los amó a ellos primeramente (1 Jn. 4: 19). El creyente conoce que también él es amado porque
Dios se lo manifestó (1 Jn. 4:16). En cada uno de los que son sus hijos, a quienes Dios ama, se produjo un
cambio absoluto, de una posición de enemigos de Dios a hijos suyos adoptados en Cristo.

Para que esta promesa se pueda aplicar a la vida de alguien, se deben cumplir con las condiciones que coloca el
autor. Primero, “Y sabemos que para los que aman a Dios…” Entonces debe quedar claro que para poder contar
con la protección de Dios tenemos que amarle. Y amarle es sinónimo de obedecerle. La segunda condición que
tenemos que cumplir para que Dios use todas las cosas para nuestro bien es “…haber sido llamados conforme a
su propósito”. Ser llamados significa haber oído el llamamiento de Dios, haberle hecho caso, y haber
respondido a Jesús de forma afirmativa. Significa someternos a la formación que Jesucristo nos ofrece, cuyo
propósito es que lleguemos a ser igual que Él. No podemos hacer nuestra la promesa de que todas las cosas
ayudan para bien si no hemos entregado nuestras vidas a Dios.

2. LA PROMESA EN LA TRAGEDIA
Creer que Dios es bueno no significa ser inmunes a las tragedias de la vida. La tragedia es mucho más llevable
si miramos más allá de nosotros mismos y encontramos un propósito general. Pablo basa su confianza en que
Dios lo usa todo para bien en la convicción de que hay un Dios Soberano, que tiene una perspectiva total del
tiempo y que va guiando las cosas de acuerdo con su propósito. En Romanos 8:28 Pablo empieza hablando del
presente, pero en los versículos 29 y 30 retrocede en el tiempo para hablar del fundamento del propósito eterno
de Dios. El versículo 28 es verdad porque descansa en el siguiente fundamento: “Porque a los que antes
conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el
primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos
también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó” (Romanos 8:29-30).

Dios orienta todas las cosas para bien de quienes, siendo suyos, le aman: "Todas las cosas les ayudan a bien". El
verbo que usa el apóstol, traducido por ayudan, tiene un amplio significado trabajar con, cooperar, contribuir a,
secundar, asistir, ayudar hacia algo, es de la misma raíz que el adjetivo colaborador, que expresa la condición
del que trabaja junto con otro, compartiendo el trabajo. Referido a una acción expresa el apoyo, la ayuda o el
interés hacia otro. Ese es el sentido aquí, de modo que para los que aman a Dios todo coopera para bien. Otro
aspecto interesante de la frase está en determinar el significado del adjetivo que RV traduce como todas las
cosas. El adjetivo está en acusativo neutro plural que indica totalidad, de ahí que se traduzca como todas las
cosas, en sentido, de todo cuanto ocurra. Si es todo, o todas las cosas, también, según lo que antecede, están
incluidos los padecimientos y aflicciones del momento presente. Aquí se introduce ya el aspecto de la soberanía
de Dios que tiene a Su servicio todas las cosas, como dice el salmista: "Por tu ordenación subsisten todas las
cosas hasta hoy, pues todas ellas te sirven" (Sal. 119: 91). Todo subsiste en razón del decreto divino (Jer. 33:25).
El orden y movimiento del universo sirve a Dios porque obedece su decreto. El Soberano tiene a su servicio
todas las cosas, la creación (Jue. 5:20; Is. 48:13), los ángeles, ninguna circunstancia surge sin Su consentimiento
y nada escapa a Su conocimiento, ni puede oponerse a Su voluntad. Las pruebas y el sufrimiento son para bien
de los suyos (8:18; Stg. 1:3-5).

3. EN LA HISTORIA BÍBLICA LO CONFIRMA


Recordemos las palabras de José en Génesis [Link] “Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a
bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo”. Los hermanos de José le habían
abandonado para que muriese. Pero Dios le guardó para que llegara a ser alguien importante para el avance de
los propósitos de Dios para su pueblo escogido. La Cruz, que fue pensada para hacer el mal, fue, en los planes
del Dios que conoce de antemano, el medio para redimir a la Humanidad perdida. Si Dios puede hacer que la
crucifixión de su Hijo sirva para bien, podrá hacer lo mismo con cualquier desgracia que recaiga sobre sus hijos.

CONCLUSIÓN:
Encontramos en la cruz de Cristo la seguridad de que Dios nos ama a cada uno de nosotros, de forma individual.
Porque sabemos que esto es verdad, podemos aplicarnos la promesa de que todas las cosas ayudan para bien
para los que aman a Dios y han sido llamados conforme a su propósito. No solo algunas cosas, sino ¡todas las
cosas! Incluso cuando no podemos entender el porqué de las cosas, sabemos que los planes de Dios están
marcados por su amor a nosotros.

Es posible que en estos momentos las dificultades, angustias, problemas, sin razón, persecuciones, estén
afectando la vida de muchos cristianos. Es posible que muchos de nosotros podamos tener, frente a ellas, la
pregunta: "¿Por qué, Señor?" y mientras preguntamos, el cielo guarda silencio. Se que algunos gigantes de la fe
insisten en que el creyente no debe preguntar a Dios el porqué de sus pruebas y aflicciones, sino el para que de
ellas. Los admiro. Sin embargo, mi fe es mucho más pequeña que la de ellos. Es posible que a mí pregunta: ¿Por
qué, Señor?, la respuesta sea un aparente silencio del cielo. Pero la voz de Dios viene a mi encuentro en su
Palabra: "Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo
Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis
pensamientos más que vuestros pensamientos" (Is. 55:8-9). Puedo oír en respuesta a mí demanda: "Lo que yo
hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después" (Jn. 13:7).

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