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EL ROMANTICISMO Y LA CRÍTICA DE LAS IDEAS

Nicolás Casullo

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L asdanpalabras construyen historias. Las palabras construyen el mundo, le. .


forman, lo dibujan. El árbol es eso que vemos, pero es árbol en la
.·t palabra con que nuestro lenguaje humano, racional, lo nombra. En la Ore- .
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e la primitiva, el mythos era·palabra, lenguaje de la naturaleza divinizada. La
..·.:·¡'. palabra con que hablaba el mundo. Como si el río hablase y dijese su nom-
bre, y también la montaña, la noche, la tormenta, el amanecer. Pensaban
.i los griegos que sólo un tipo de hombre podía escuchar y transmitir esas voces
l1
con qu e.el mundo, las cosas, pero sobre todo el pasado, se abrfan, se comuni-
' caba,n al escuchar humano. Ese hombre era el aedo, el vate, el poeta. El era
el hombre del don divino, el mensajero de esa palabra ·mfrica, primordial,
proveniente del tiempo de los dioses creadores del mundo. El poeta transmi·
tfa esa palabra, ese sonido, ese rumor. Transmitía la memoria en la palabra
m[tica, el pasado del mundo. Era el mensajero de una imprescindible ·sabi-
t durfa. El saber sobre los orfgenes, el pronunciar las palabras de las fuentes.
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La posibilídad de relatar cómo fueron Los principios, la creación del mundo
·, ¡,
¡ y de los hombres, los tiempos iniciales, las causas. Todo lo que quedaba en-
cerrado en el lenguaje del mythos. Y si ese lenguaje, si esa palabra mftica
. . f. encerraba tos or(genes, las causas, el porqué de cada una de las cosas, ¡qué
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pronunciaba esa palabra 1E.sa palabra pronunciaba la verdad. ¿Y quién era el

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N ICOLÁS CASULLO EL ROMANTICISMO Y LA CRITIC... Dó LAS IDEAS

·encargado de transmitir esa memoria de la verdad de las cosas? El poeta, el la poética, e! mundo y sus narra2iones dadoras de sentido. Y\¡¡ vierte sobre
vate, el aedo, el rapsoda. Ese guardián de las palabras fue el guardián de la esa nueva historia moderna que tomaba cuerpo en ideas, modos y métodos
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verdad. El hombre de las palabras, cuidaba en esas palabras, la verdad. Por en la búsqueda de la verdad, desde' la razón ilustrada. Desde esa razón ilustra-
qué el mundo y las cosas, eran, y cómo eran. Así nació el primer momento y da de base cient ífico técnica, que había embestido intelectualmente contra
lugar de la verdad. Para algunos pensadores posteriores, momento y lugar de una vieja historia plagada de supersticiones. Que habfa definido, desde el .
la verdad inigualal?le, insuperable. Superior a las verdaqes que luego procu ró conocimien to lógico racional rad icalizado, ensoberbecido, al mito como pura
la religión, la filosofra, la ciencia, el arte, desde ellogos humano, desde la ilusión, pura falsedad, puro error, hijo de explicaciones irracionales y de dog-
il palabra racional, subjetiva, nuestra, la que hoy portamos. El mito en la pri· máticas religiosas que habfan predominado como formas oscuras de contar
·(1 mitiva cultura griega fue siempre relato de la verdad, narración explicativa, el mundo. El romanticismo, también hijó y celebrante de las Luces de la
imaginativa, originaria, sobre el porqué de las cosas. Fue lenguaje fundador Ilustractón, h.ace reingresar el dilema del mito, en su preocupación por en·
! del mundo, respuesta a las preguntas humanas esenciales. Pasaj e del caos, las tender y revalidar lo irracional que cobra vida en todo logos racionalizan te.
t inieblas, el misterio, lo confuso, al orden, a una representación del mundo Rescata lo míti.co, lo analiza y lo reivindica en tanto forma de conocimien-
1 argumentativa. Y si de lo griego pasamos a la historia sagrada de la revela- to, como camino de un saber humano también gen'uino, como formas de
1 ción bfblica judeocristiana, a lo que cuenta el principio del Viejo Testamen· comprensión y abordaje de nuestra relaciór, .con la naturaleza, como expli·
l to, el libro del Génesis en sus primeros párrafos, ¿con qué nos encontramos? cación de lo más precioso, trágico y sagrado c;lel hombre. El mito como ver-
Que en el principio fue el Verbo. Verbo de Dios. Verbo creador de rodas las dad, en su representación. En su ser relato, en su ser revelación. Palabra que
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cosas! de cielos, mares, tierras, vegetaciones, bestias y finalmente el hombre. narra al mundo desde los orígenes. Y recupera filosóficamente, a partir de esa
Sólo desde ese pronunciar, en la verbalización divina, Dios creó nuestro salvación de lo mftico, la esencia primera de lo poético. Por lo que extrema
mundo de la nada. Verbo gestador entonces, lenguaje primigenio, que en su .·.¡ el valor de la poes(a como Sl!Stenta~o.ra de sentido frente a un mundo
enunciación crea el mundo. Lo hace aparecer. Lenguaje hacedor originario nihilizado. Es decir, obliga también a la poesía, ·a hablar de sí misma, a ser
de la vida y de la historia. El lenguaje es lo que hace al mundo, ser mundo. poé tica filosófica. Como lo va a expresar posiblemente el más importante
La figura del poeta conservó a lo largo de la· historia de Occidente, el teórico del romanticismo, el alemán Friedrich Schleger: "Es grandiosa In
recuerd9 .de aquella misión que tuve en la Grecia arcaica, de mediador de la excelencia de la mitología·. Lo que de otro modo se escapa sin cesar de la
verdad entre los dioses y los hombres. Al mismo tiempo y de muchas mane- conciencia, aunque sensible, pasa aquf a contemplarse espiritualmente". Y
en otro texto: "La mitología es una creación esencial y volu11taria de la fan·
ras, el lenguaje, esa palabra como fondo primero del mundo, que también 1! tas{a, debe estar, pues, fundamentada en la verdad. Lo fabuloso, por tanto,
1 expresa lo bfblico, retuvo el misterio creador, el secreto de la creación. Pala-
bra y mundo; La radiante signific;ación primera y última de lo humano reside no ha sido tan sólo tenido por verdadero, sino ·que , en cierto sentido, es
~.-! : ·~ .1 .en eso: única criatura que hereda el don de la palabra, el ddn divino del verdadero": Con ~o cual, desde su idea de que "tiene que adalitirse·que la
\''{~ nombrar. Entonces, desde las dos vertientes culturales magnas, que nos ha- religión es , como la poesía, un elemento original de nuestra ex istencia",
1
c;en, palabra y poeta cobraron un enigmático relieve a lo largo de los siglos, Schlegel hace reingresar al dominio y a las cuest iones sobre la verdad, terrlto·
en las disquisiciones de los hombres que desde la filosofía, la teología, la rio de lo moderno filosófico y cientffico, ese otro mundo primigenio de lo
poesía, ·la literatura, la asq:ologfa, la alquimia, la magia, el arte y también religioso poético, "pues la mitolog(a y la poesía son inseparables y ámbas una
desde la ciencia, pensaron sobre el lenguaje, el mundo y lo poético. Aquella cosa". Para el teórico romántico, se trata de la emergencia, en este nuevp
trinidad de la· verdad, si.tuada en el tiempo mítico, supuestamente dejado tiempo, de "una nueva mitología", que "ha de surgir de las profundidades
·· atrás por el progreso humano en sus múltiples vfas de búsqueda de la verdad. más hondas del espíritu".
El movimie~to romántico, que hoy vamos a trabajar en ·su inidal y Nosotros vamos a trabajar sobre cierto~ aspectos del romanticismo que
vigorosa entrada en la historia a fines del siglo XVni, principios del XIX, puedan enriquecer este viaje por la historia de las ideas modernas. Este viaje
por un mundo de ideas con el cual tra tamos de aproximarnos a una
entre otras cosas importantes, repone y realza esta problemática. La palabra,

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NiCOLÁS CA.~ULLO EL ROMANTICISMO Y LA CRITICA DE LAS IDEA~

<Jutorreflexión actual sobre la modernidad, sobre la tradición moderna. El niñez: haber conocido aqueilas palabras, la de los dioses, hijas únicamente
romanticismo tiene infinitas definiciones y también innumerables formas del amor sagrado, diáfanas en su silencio. Y tan diferentes al ruido incom-
··. de ser abordado, analizado. Tal vez su aporte más riguroso lo haya dado en el prensible de las palabras de los hombres.
campo de la estética filosófica, entre el neoclásico desde donde de alguna Holdertin habfa nacido en 1770 en Alemania. Estudió para mtnlstw
manera provenía, y el resto del arte moderno al que fecunda y lega invalorables religioso, función de la cual desertó para dedicarse a la poesfa, el ensayo, la
visiones y posicionamientos. Esto último correspondería más a una clase de reflexión filosófica y esrétlca. En 1793, cuando contaba 23 años, lo encon-
estética. A nos~tros, en este caso, nos interesa en cambio ei romanticismo tramos estudiando teologfa en el Colegio Conventual de Tubingia, de los
en relación a sus formas críticas con respecto a la abusiva razón ilustrada del padres suabos milenaristas. Alll, como estudiante, estrecha ' una profunda
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·.:
. ,... XVlll, y con respecto a algunas cuestiones fundamentales que hacen al uni- relación de amistad con dos compañeros de estudios: Friedrich Hegel y
verso de concepciones e ideas románticas que se diseminarán luego a lo largo Friedrich Schelling, dos jovenes que luego se convertirán en gigantes de ta
y a lo ancho del·espfritu y la cultura de la modernidad. · filosofía moderna occidental. Viven, en el tiempo de Tubingia, la conmo-
Ahora vayamos a una escena, caminemos hacia el corazón de lo román- ción ele la Revolución Francesa., las nuevas ideas de libertad y frnternidad.
rico europeo. Una escena que quizás al principio los desconcierte. Pero todo Leen a Rousseau, reconocen que un nuevo tiempo de 'igualdades entre los
corazón de lo moderno, ese oscuro lugar de intelecto y sentimiento, de luci- hombres, originarias y futuras, se ha abierto en Europa. Al mismo tiempo
dez y pato logra, desconcierta a veces. Una escena que yo .también armo con son hijos del aporte filosófico kantiano, al que leen a escondidas por las
palabras. Una escena que sólo mis palabras tesüfican, aseguran. La escena noches en sus habitaciones, porque las ideas de Kant estaban prohibidas,
transcurre, imaginemos, en 1840. Un hombre, avejentado po~.los dolores de censuradas en Tubingia. Emmanuel Kant trabajó el mundo de la estética,
$U vida, permanece sentado, mirando el rfo, el correr de las aguas. El rfo del arte. Habla de· una nueva estética de lo sublime, anticipa los fundamen-
Neckar, en Suabia, Alemania. El do de su infancia. Lo conte;11pla desde esa tos de una conflictiva y utópica belleza moderna. De una experiencia de lo
orilla donde nació y creció. Ese hombre vive desde hace cuarenta años en las bello artístico sin fines utilitarios, pura sensibilidad cognitiva cuyo único fin
tinieblas mentales. En la oscuridad de la locura. En el supuesto vacío de la es la forma de la bel leza misma, sus complejas resoluciones, peroautónoma
demencia. Vive en una pieza que le cedió piadosamente un carpintero, un en sus búsquedas. Liberada de dependencias que no fuesen la propia libertad
tal Zimmer, hace cuarenta años: Ahf está ese hombre solitario, no reco noce y ética del hombre ilustrado. Viven el men.saje de las clases de Johann Fichte,
a sus amigos, a sus parientes, perdió su identidad·, no sabe cómo se llamó a·las cuales asiste años más tarde Holderlin, filósofo que transforma esa nue-
alguna vez, no puede dialogar coherentemente con nadie. Ese hombre es un va subjetividad kantiana y sus lógicas de conocer lo real, en un yo exrremo,
poeta. Se llama Friedrich Holderlin. Es el mayor poeta de la lengua alema- radical, del cual brota la verdad y los renovados sentidos del mundo.
na. "Po~~ta de poeras"·lo llamó un filósofo posteriOrmente, Martín Heidegger. Ellos tres también viven la autoridad de pensamiento de Friedrich
Y ames, fue "el dios de la lengua" para otro filósofo, Friedrtch Niwsche. Schiller, teórico, poeta ydramaturgo alemán, que siguiendo ellegado kantiano
Holder! in, posiblemente el más crágico y rotundamente romántico crea- extrema sus aportes en estética. Schiller recupera el tiempo de la perdida
dor de imágenes poéticas. El habfa escrito antes, mucho antes de esta escena: belleza griega, esa extraviada armon(n entre hombre, naturaleza y dioses, y
os
"dioses bienhechores, si supierais/cuánto he querido cuando era niño./ encuentra en el arte el camino de la recuperación del hombre frente al fraca-
Nunca conocí tan bien a los hombreS.9Qq;t,O "qypsotros/ comprendí vuestro so económico y político del proyecto burgués en la historia. Lo sublime, para
silencio/ peco jamás entendr la palabra del hon1bre". Tal vez el vlejo Holderlin Schiller, va a ser el lugar del conflicto, de la be!leza moderna eternamente
_esté ahora, otra vez, en aquella escena de su infanda: irrecuperable, infinita perseguida y recuperada frágilmente, fugazmente. Belleza como verdad que
en· rernembranzas, dialog?.ndo con sus dioses. Nunca lo pudo saber nadie, reponga el momento ético y de libertad suprema del hombre moderno .
porque ya no pudo, como en la infancia, volver a comuniCarse, a entenderse Schiller anuncia la revolución estética a través de un camino educativo,
con sus semejantes. Porque ha remontado ocro tiempo, otra verdad, otras formador, en ese cauce. Ellos tres viven el testamento intelectual del teólo-
visiones. El poeta ya lo habfa expresado en sus vérsos recordatorios de su go, filósofo y pietista J. G. Hamann, para quien "toda verdad es particular,

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no general", y su argumentación de que "Dios es un poeta, no un macemáti· por lo filosófLco poético. Por desentrañar a partir de ese cruce, culturalmente,
co", como cr(tica a los vie ntos arrasadores de la ilustración de sello el enigma de lo moderno. Por tr;¡.er a escena, en esa aurora reflexiva de la
descartiano. Pasaje en Hamann de una comprensión juvenilmente ilustrada modernidad, el debate de la verdad, recogiendo para eso, en parte, el inmenso
a un posicionamiento contrailustra4o, t(pica del pietismo, la secta de mayor legado griego al que reponen desde una nueva e iluminante le~tura .
carga mística del luteranismo, que lo lleva a sostener que la única verdad . ¿Qué es esa Aleman ia que ve ·nacer lo protorrománt\co y luego lo
eran "las poétic3;s palabras de Dios dirigidas a los sentidos, y no las absérac· román tico?En una línea divisoria de difícil demarcación a veces, por ejem·
d ones para los doctos". También asisten a la resonancia de las creaciones y plo en lo que hace a la propia figu ra de Holderlin. Ale mania está confor-
la personalidad de }ohann Goethe. Y al pensamiento del maestro de Ooethe mada por una serie casi infinita de ducados, pri ncipa~os, pequeños reinos
en ideas, Herder, fundador del movimiento Sturm und Drang, tempestad e que la balcanizan desde hace siglos. No viven en su territorio los aires
(mpetu, quien planteó entre muchas otras cosas el valor, en el campo del rempestuosos de la Revolución Francesa, aunque luego experimentará la
conocimiento, de las herencias literarias cultas y mCtico-populares. Quien invasión napoleónica postrevolucionaria. Tampoco as iste al avance eco-
argumentó sobre la trascendencia de las identidades históricas nacionales nómico arrollador del capitatlsmo, sus fáb ricas y nudos productivos como
(pluralidad de culturales y ancestros) por sobre saberes y cosmovisiones uni · Oran Bretaña. A fines del XVIII Alemania nos muestra un universo social
i versales, quien escribió sobre la necesidad de gestar una lengua poética ale·
! y polftíco de. vida serena. Burgueses y nobles respetándose mumamente.
mana acorde a los tiempos modernos, escapando á los cosmopolitismos de Ciudades históücas, legendarias, a la medida del ho mbre, apegadas at cie·
época, que renunciaban a lo que ten(amos más de humano. Ellos tres, como lo y a la tierra. En sus escilos góticos de igles ias y ca tedrales, en sus estre-
1 es tudiantes de Tubingia, conocen a refugiados franceses revolucionarios. Es- chas callejuelas, afloran inmediata¡nente los tiempos pasados, acumulados
conden a algunos de ellos en los propios sótanos del convento de Tubingia. en pied ra, y la conservación de muchas costumbres feudales . Las jerarquías
Dialogan, discuten con aquellos parisinos que cuentan de la coma de la Basti· sociales, para ese entonces, pa~ecen eter.nizadas. El noble , el banquero, el
!la, de la Convención, de la nobleza derrocada por las armas, de Dantón, de bbispo, el comerciante, el magistrado, el artesano, el campesino son figu·
· Mirabeau, de Marat, de Saint Just, de Babeuf. Y una noche de 1793, ras consagradas, indiscutibles en cuan to al luga r que ocupa cada una. Ale-
1 conmocionados por esa atmósfera que palpita por los subsuelos de toda Euro- mania es profundamente religiosa, la cultura de l cristianismo protestante,
1 pa, en la plaza de l mercado de Tubingia, entre la cerveza de la taberna y con el nacido en la reforma del siglo XVI contra el papado, persiste sin altera·
1 otros estudiantes, plantan simbolicamente El Arbol de la Libertad. El que clones. Lutero, la figura máxima y caudillo de esa reforma-rebelión reli-
anuncia el fin de un tiempo y el principio de otro. Y escriben en la pared del giosa·, le otorga a esa fragmentada Alemania su punto de mayorunidad, su
do"rmitorio "Uno y Todo: Herácli'to", haciendo explfcito en cuatro palabras lengua, su identidad, su razón de se ten los a:lbore·s modernos : Alemania es
11 sobre el muro, la cifra más profunda del"su'eño romántico en ciernes. La recon· entonces un universo arcaico, rústico en sus ideas pollticas do minantes,
! ciliación de un mu ndo y un hombre fragmentado, en una unidad originaria Y
extraviada, que el nuevo tiempo volverá a soldar. Al separ<~;rse, terminados los
cerrado en· sr mismo. Ciudades-países que respetan cód igos mil enarios
l normativizadores, que viven como en la Edad Media de sus ferias anuales,
estudios, ellos tres, Holderlin, Hegel, Shelling, jurarán su destino, diciendo: de sus mercados y mercaderes vis itantes, de sus dietas y festejos religiosos.
"Por el reino de Dios renovado, nuestra amistad será eterna". U na imagen liminar de esa Alemania son los castillos de la marca de
El romanticismo, como nueva mirada moderna sobre la historia, nace Brandeburgo, rodeados aristocráticamente de parques, jardines y lagos. Con
en Gran Bretaña, ton poetas cómo William Blake, William Wordsworth, ecos del barroco y del neoclásico en cada uno de los mobiliarios, vestimen-
Samuel Coleridge. Y paralelamente lo hace en Alemania, con poetas y pen· tas y costum bres de los estamentos nobles. Una c,ultura que vive en este
sadores como Novalis, Fridrich Schlegel, Jean Paul, Holderlin. Nosotros sentido la influencia francesa ilustrada en sus bibliotecas y cenáculos' se ·
vamos a trabajar la vertiente alemana. No porque sea superior en ideas Y lectos. Un a suerte de historia postergada, re traída , feliz en sus antiguas
aportes a la Inglesa -aunque enm una y ot~a gestación hay s i militud~s Y • armonías. Como va a decir Kant en 1781, "el país del inte lecto, es una isla
1 diferencias· sino porque el romanticismo germano tiene una mayor obsestón situada en un océano de ilusiones".
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N!O.:ll.ÁS CASULLO

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En ese clima alemán, sin embargo, muchos de sus creadores e intelec- jacobinismo parisino, llevará los ideales al extremo. No renunciará a los
1 tuales van a empezar a sentir y a pensar los cimbronazos de los tiempos mo- sueños de libercad. Holderlin siente que la modemidad es el·tiempo que
¡
j dernos en plena aceleración industrial, potftica, cientffica y social. Las nue- pone en definitiva evidencia que el hombre ha sido separado de lo~ dioses.
vas lógicas del mercado capitalista. La lenta efervecencia de un mundo bur- Por lo tanto, ha sido expulsado de la armonfa con la naturaleza. Ha sido

hachado en dos, alma y mente. Ha extraviado s.u historia. Ese es un momen-
.. l . 1
gués postergado, los ecos revolucionarios parisinos que recorren Europa, los
signos de las ir;¡dustrializacíones en distintos campos productivos, las nuevas to de extrema alarma, de amenaza. El poeta dice: "Hemos llegado tarde ami·
y furibundas ideas democratizadoras de la vida y del hombre. Y en ese clima go mfo/ Sí, los dioses viven/ pero más all'á de nuestras frentes/ en el seno de
.i otro mundo./ Un vaso frágil no es capaz de contener/ su perpetua presencia".
.. ·:! de supuesto retraso civilizatorio, en un corto la,pso de tiempo estalla una
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-~ _... ~ .. profunda revolución intelectual, en el campo de la sensibilldad, de las ideas; Para Holderlin el hombre moderno es un ser desgarrado. Una partfcula
del pensamiento, de la creación artfstica, que da cuenta del arribo definitivo finita en lo infinito, un condenado al tiempo mortal, y por lo tanto necesi-
de una época inédita, moderna, lanzada a problemáticas humanas de difícil tado de una reconciliación mftica. La huida de los dioses, para Holderlin, no
resolLtción. Como ejemplos de esta eclosión de obras y autores de primera es definitiva, aunque dolorosa y de tiempo imprevisible. En et Hiperión,
magnixud para la historia de las ideas modernas, tenemos en 1744 el Werther Holderlin expone al héroe a asumir la empresa titánica de liberar a su patria
de Goethe, una novela: que anticipa en el amor y el suicidio de su protago- sojuzgada por enemigos déspotas, la dulce y antigua Grecia, necesita ahora
nista las nuevas fronteras de líbertad y tragedia del yo moderno, Los Bandidos de un nuevo tiempo titánico que reponga aquetla armonfa perdida de belle-
de Schiller en 1781, donde elmal emerge de nuestra naturaleza íntima y za, virtud y verdad. La liberación-triunfa, pero las propias huestes victoriosas
social como algo qu~ sólo a nosotros responsablliza. En ese. mismo año la se entregan al pillaje y al Latrocinio. Nos dice Holderlin con esta obra que la
Crírica a la Ra?:ón Pura de Kant, donde quedan fundadas las condiciones de liberación ya no es posible a través de lo solamente humano. En su segunda
nuestra experiencia de conociínienco, y dibujado el espacio clave, dicha sub· gran obra trágica, drama sacro, Empedocles el protagonista es el filósofo
jetividad, para situar \a posibilidad fundam entadora de verdad y autonomía siciiiatlo. El pueblo que lo ha venerado, se proyecta luego contra él y lo
cognitiva del sujeto moderno. En 1789 La Muerte de Dios del poeta Jean expulsa de la ciudad. La sabidur{a y sensibilidad suprema de Empédocles,
Paul, donde emerge el mundo lleno y vacío de lo moderno sobre un fondo semihumano, semidios, concluye sin salida. El héroe se arroja al cráter del
de despedida y muerte definitiva de aquel Hijo del Hombre que habfa otor- volcán, muere, se sacrifica como jesús, como Prometeo, por los hombres. Su
gado · los últimos sentidos. El _Fausto de Goethe, en su primera versión de pecado ha sido revelar Lo divino a los humapos, y por eso, perder la protec-
1790, donde la ·historia del bien y del mal, sus laberínticos caminos que ción de los dioses. Su muerte es una purificación y una expiaclón. Y al mis-
llevan a lcis saberes ocultos, infintbs; a una existencia de fronteras ilimita- mo tiempo, la imposibilidad de alcanzar la salvación a través de lo divino
das, exponen la atmósfera de una época en sus utop(as y amenazas desde las que ha huido.
ambic;:iones humanas. En 1797 el Hiperión, de Holderlin, donde la empresa
El camino humano ya parece imposible. Debemos asumir la historia
de la liberación humana,heredera del magno espejo mfcico-históricogriego,
fracasada. El camino divino, nos tiene llegando con demasiado retraso, los
fracasa en lo moderno en cuanto a reconciliar historia y espíritu.
dioses ya se fueron. La heroicidad romántica, en todo caso, es asumir ese
Volvamos a Holderlin. El poeta será el único de aquellos tres del jura- fracaso, enfrentar la batalla, reconocer la tragedia de este destiempo. No
mento de Tubingia, que será eternanJel)t~Je¡¡,La gsos ·sueños redencionales debe rehuirse el drama de lo moderno. Una tierra, un tiempo, que ha perdi-
de juvencud. Hegel con los años abandÓ~~~á.:~·st~·~ufo~ia libútaria, casi anár- do ~l amparo de los mitos y no puede reemplazarlos con otra mitolog(a que
quica, y te rminará justificando al Estado prusiano como punto de unidad reúnan otra vez, como en Qrecia, pensamiento ftlosófico, hombres, arte,
imprescindible de una historía en acto. Schelling se hará duro enemigo de la belleza, armonía del todo e; el uno. Para el romántico la filosofía necesita
revolución francesa cuando lleguen sus tiempos de sangre, terror, guillotina, ese fondo mítico, recrearlo, imaginado, consumarlo modernameme. Y lo
y muerte de los héroes que habían prometido un mundo distinto. Sólo mítico, ese relato que penetra en el corazón de la gente, de los pueblos, como
Holder! in, aunque también viva su amargo duelo por la dama de sangre del lo fue el cristianismo, necesltn a su vez de un pensar filosóftco nuevo, egre-

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gio, excelso, que le otorgue sentido y valores sustantivos. Dice Holderlin: da de reaccionario, clerical, conser\rador, irracional, nostalgioso, regresivo
"Lo que hago es tan desmarañado, y tan disparatado lo que escribo, porque frente a los vientos del progreso histórico. En el amplio gesto·romántico
muchas veces como el ganso, tengo muy bien plantado 'los pies en el cenegal aflora una plenitud moderna incuestionable. Por cierto crítica, disconfor-
de la modernidad, y no puedo volar hacia el cielo del helenismo". Mito y me, melancólica. Pero absolutamente ilustrada y utópica, digna de su época.
filosofía son dos siluetas que hacen al fondo del'pensamiento romántico, y Para el romanticismo, desde el solo festejo de la ratón podada de sentimien·
que se resolverán ~n una búsqueda obsesiva por el cami!lO poético filosófico, to,· de memoria, de magia, no había parámetros para reflexionar qué era ese
o filosófico poético. Por un alzar el vuelo hada el misterio divino y su que· ·¡ nuevo tiempo tumult1,1oso de lenguajes, de anuncios, de promesas que sólo ln
brada relación con los hombres. Se trata, sin embargo, de mantener los pies fríarazón de laboratorio legitimaba.. ¿Qué era la subjetividad de ese nuevo
· bien firmes sobre una tierra castigada, ci~ga, el lodazal moderno. Y de~de ese
. 1. tiempo, que aparecía corno mansión de lo racional, que se hacía dueña abso-
luta de las nuevas clasificatorias, nomenclaturas, axiologías y represen~acio·
aferrarse al suelo natal corrompido, aspirár a lo helénico. A esas soleadas
islas ·mediterráneas, a las fuentes áureas donde creció el gran pensamiento, la J . nes del mundo?
gran poesía, la conjunción más excelsa emre arte. y naturaleza, conjunción
que ya la modernidad no pudb restablecer. El mito, ese universo de los rela-
.¡ El tiempo romántico trata de responderse esa pregunta teniendo en cuen-
ta por un lado los nuevos lenguajes hegemónicos que anuncian transparen·
J
tos de los orígenes y de los orígenes del relato, remite para Holderlin a la tar la verdad, llegar a las leyes últimas de la naturaleza y del hombre. Y
literatura, a la poética, a los llamados a ser mensajeros de los dioses. A la teniendo en cuenta por otro lado lo que mostraba la escena de ·la historia. En
obra trágica, en la cual la potencia de las naturalezas divinas encuentran a lo romántico idealista, donde poesía y filosofía buscan infructuosamente fun·
los héroes con la conciencia de los fatalismos. Remite por lo tanto al arte dirse como lengua alternativa a los sueños tiránicos de la ~azón técnica,
como manifestación suprema de la hechura del hombre. Lo mfrico convoca surge un nuevo ethos moderno de incalculable significado para la propia
alocéano poético primordial, aquél de los principios mistéricos donde natu- modernidad ilustrada. El retorno a lo griego, a esa antigua cultura ahora en
rale·la y hombre viven la plenitud de su esplenclor. Viven la fuerza primigenia ruinas, en vestigios, significa descifrar lo nuevo en lo antiguo. Descubrir lo
que abraza a lo humano en sintonía con lo divino:"Lo mítico convoca a que acontece, también desde la memoria. Desentrañar lo que sucedérá, des·
Orfeo, a Safo, a Hesíodo, a Homero, a Esquilo, a Sófocles. Llama al poeta. Y de los sueños in iciales y ya alguna vez derrumbados del hombre. Pensar ese
también a lo filosófico, allogos de la contemplación majestuosa de la ver· comienzo desde otras ruinas .como experiencia del hombre. Vivir ese abismo
dad, a la palabra que razona en busca de las esencias, de las ideas, de lo bello, inusual de lo que se inaugura tan portentosamente, desde ese otro abismo
de \o virtuoso, de lo verdadero. Es decir, aquel'mundci de fondo mftico remi· que significa el fabuloso esp lendor de lo griego, hoy ya muelo, callado, inerte
te a su vez a ese otro gran momento griego, el de su filosofía, el de Heráclito, desde hace infinitos años.
Parménides, Sócrates, Platón. En Holderlin, en el joven Hegel, en Schelling, en Schlegel, en Novalis,
·:.@; Frente a la ilustración de base científico-técnica que apatecía desde el el reencuentro con Grecia para proyectar la verdad y la mentira de lo moder·
siglo XVll y XVIll como la nueva madre científico-técnica del cálculo, la no,·anticipa que la modernidad, más allá de todos sus progresos y adelantos,
medida, la extensión, el peso f(sico, la fórmula de probeta, la explicación no resolverá lo que importa. Lo de fondo, lo que esr.á clavado allá atr·ás
1
económica, la verificación de las leyes mecánicas de la naturaleza, la abs- poéticamente, luego filosóficamente: el ser y el sentido del mundo, lo trági·
·1 tracción matemáticf)., el pensamiento y el sentimiento romántico moderno co del hombre y sus dioses, del hombre y su cultura y su sociedad, del hombre
1 planteará el camino de la poesía y de la filosofía, dos milenarias guardianas y su pedido de explicaciones últimas. Lo romántico idealista en todo c.aso es
¡' i.
de la palabra, como senderos de una verdad mucho más humana, a la medi-
da del hombre en su completud pérdida.
la necesidad de una libertad (en conjunción con una éttca desprendtda de
·tutores) que tengan la suficiente altura y jerarquía burguesa, para hacer :ren·
Por detrás de las ideas románticas por cierto se mueven los espectros e te a un destino ya revelado. ¡Qué era lo ya revelado? Que la modemtdad,
idearios de una vieja Europa intelectual y religiosa. Pero eso no fue lo f\mda- desde tutoda burguesa, desde el Estado burgués, der.de valores burgueses, habfa
mental del ro manticismo, sintetizado muchas veces y de manera equivoca- triunfado incuestionable, definitivamente, y a la vez, ya ha.bfa fracasado. Esa

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NICOLÁS CASULLO
EL ll.OM/\NTICISMO Y LA CRITICA. DE LAS IOE.I\S

fue la conciencia a fines del XVIII y principios del XIX. Esa fue la necesi- truye la clave del hombre particularizado, del hombre en singular, del yo
dad de un ritanismo romántico-idealista, para emprender la ucopía de una intransferible. La modernidad sería, desde esta perspectiva, una barbarie
nueva m(tica. De una nueva conciencia redencional, que luego a través de agudizada, y al mismo tíem.po una busqueda inusual, entusiasmante, inédita,
.:,
¿·os siglos, impregnará cultural, polfcica, estética e ideológicamente el alma de fundamentos: desde ese yo nombrador, enunciador. Desde ese yo silábico
,,~ romántico, que hace de la poesía la gesta mayor de las indagaciones. El poeta
de lo moderr',o.
... .. . ·l.: va en búsqueda del nt.ievo relato sustentador, de una exploración en lo mrci·
El horror deJa revolución en sus finales. La invasión napoléonica des- co vaciado, y ahí encuentra sólo el interrogar de la poesía y la filosofra, para
plegando su grito de guerra. El capitalismo desagregando mundos, terruños y lo que realmente importa. El propio Holderlin buscará en .su poética una
valores. El Estado en manos del mercado y sus leyes salvajes. El dinero como nueva amalgama divina, Dionisias y Cristo, esa figura inconcebible de dos
compraventa "libre" de cuerpos y almas. Los nuevos poderes sojuzgando lo rostros en uno que reúna la llama del Olimpo griego con lo trágico del re-
que consideraba hereje o enemigo. El arte como simple consolación bella dentor cristiano. Un tiempo renovado de fuegos sagrados que despierten,
para el burgués traficante de mercancías. Todo ese panorama, a la vista, ya como dice, a las cosas muertas. Una visión aventurada del poeta, allende las
señalaba el fracaso, la esterilidad de los sueños que alguna vez se tuvieron. fronteras humanas, sabiendo, como el propio Holderl}n dice~ que "el hom-
El redescubrimiento de Grecia, en. la reflexión y el sentimiento románti- bre no sop-orta, Slno por breves ..instantes, la plenitud de lo divino". Pero
co, es la búsquedaila invención, el supremo delirio romántico, por resituar siendo candente también, que "a nosotros nos corresponde, poetas, enfren-
en escritura, en expresión, en sistemática filosófica, qué se quiso, qué se tamos a las tormentas de Dios con la cabeza descubierta".
pretendía en términos humanos, culturales, de espíritu. En cuál espejo medir
la aucémica altura de ese hombre ambicionado por la libertad y por la Reconciliar al hombre partido en alma y cuerpo. Suturar las distancias
autonomía ilustrada. A la modernidad le sobraban datos, conmociones, que separan mundo y lenguaje, verdad y felicidad, idea$ y sentimiento, razón
pero le faltaba ún parámetro para pensar su hombre espiritual, inmerso en y sin razón, ciencia y videncia. Arte y Mito. Naturaleza y criatura. De eso se
la declinación de Dios. El perdido mundo de los archipiélagos helenos, de trata, sabiendo el peligro que se corre en la empresa. ¿Cuál peligro? lr más
las islas doradas del Egeo, resultan para Holderlin esa tensión violenta allá de la razón, escalar ese sentimiento de infinito perteneciente a los dio-
para d~:scifrú la verdadera estatura del hombre moderno en cuanto a su ses. Develar el enigma del silencio de los Celestiales~ traspasar el velo y ver la
nacuraleza en la naturale-za, en cuanto a lenguaje y verdad, en cuanto a constelación que sólo a ellos corresponde. Soportar la plenitud de lo divino
mlmdo y sensibilidad, en ~uanto ·a vida y sentido. Esa era ahora el signo de con la cabeza descubierta. El poeta, guardián de las palabras por legado mi le·
la tragedia actualizada. nario, a través de ellas tienta y desafía su propia integridad, su propia cordu-
ra. Dice Holderlin: "Locos, todos, todas las palabras inútiles, sólo cuando
Dice el poeta: "Diariamente pienso en la desaparecida divinidad, aque- son tocadas por el fuego del espfritu se convierten en fuego". El poeta ad-
llos grandes hombres y épocas que cuai fuego sagrado corwercfan en llamas vierte en la normalidad, en ese mundo cotidiano de palabras inútiles, la
las cosas muertas, y después ·rne contemplo~ mf mismo com0 una insignifi· verdadera locura que atenaza al hombre. La falacia de esa cordura que es·
canee lucecilla en la noche, y me susurro las terribles palabras: soy un muerco conde ta sin razón, el sin sentido, el olvido, la pérdida de toda heroicidad de
viviente". En el fondo escénico de esa imagen del poeta, reluce lo griego, la la vida, el propio olvido de la naturaleza frágil y a la ver portentosa del
época de héroes, de sobrehumanidades, de dioses que velan y rigen los desti· hombre. "Sólo cuando son tocadas por el fuego de la vida", dice Holder\ in.
nos. Frence a eso, el poeta descifra el·cari').i~o>.d¡!}tn·á. pérd ida moderna de la Sólo cuando se traspasa esa frontera, esa supuesta razón, se contempla el
inocencia, de la ingenuidad, la ciega transparentación y nihiliiación de un fuego sagrado, el esplendor de los enigmas, el Uno reintegrante de las fuen-
mundo: lo humano insignificante, desprotegido, agonizado. tes. "Para una alianza fraterna, mi voluntad convocó a lo inconmensurable" ,
Lo romántico tiene entonces .ese fondo antiguo, como fantasma\ esce- · -siente el poeta. Convocatoria a la iluminación del sentimiento, a la ilumi -
nografía para devel<~r de qué se trata ese sueño moderno que llena y vacfa el nación extrema. Más allá de los lindes, más allá de los confines de esa vida
mundo, al de6r del poeta] ean Paul. Y en ese contraste, brota una crícica ca(da en un cenegal. Lo inconmensurable es para el poeta lo todav(a impro-
rom8ntica a la pérdida de ese sentimiento que reúne lo humano, que cons-

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NICOLÁS CASULLO ' ~ .


~:
EL ROMANTICISMO Y LA CRITICA DE LAS IOE.AS . '

nunciable, lo todavía indecible, lo que provocó la lejanía de los dioses. Esas Años después, preanunciará Holder\ in: "Y cuando el tiempo imp~tuoso arras-
palabras, esas imágenes, que el poeta persigue con palabras y con imágenes. era con demasiada violencia mi cabeza, cuando arrastra la miseria y el desva-
.~::: ~ .. .. . . . Esas respuestas últimas de lo divino, sobre el porqué de sus viejas cercan fas, ..
' rfo de los morrales, cuando el tiempo. estremece mi vida morral, haz que
sobre el porqué de sus futuras cercanías. recuerde el silencio en tus profundidades". El poeta anuncia su silencio fi-'
::'>,;·:;':!',.::::
En Holderlin, de manera emblemática para una modernidad desespera- na!. Su ostracismo del mundo. Su exilio de la época. Su muerte en vida.
}l~b?':::· da por una nueva Ver~d que fundamente un mundo des-sustentado de los Desde 1806 hasta 1843, el mayor poeta alemán penetrará en esa otra reali-
··. ·· ···• dioses, se hace evidente su camino hacia otra razón. Hacia ~na razón otra. dad, tal vez la que buscó ascender, escuchar, contemplar, deletrear, pronun-
Hacia las ruinas de esa razón que lo sostienen en medio .de las desconsoladas ciar. Será entonces el tiempo de su demencia, de su locura, al borde del
circunstancias humanas. Llegado un momento de su poética, él expondrá Néckar, el río de su infancia. iC~áles habrán sido sus visiones, sus sueños,
que su camino no tiene regreso. La verdad imperante es un señuelo, es un sus palabras silenciadas en esos años "fuera de la razón"? h•comunicables, nunca
sueño racional que condena de manera falaz a la cordura y a la locura. Que las sabremos. Se atrevió "a las tormentas de dios con la· cabeza descubierta".
separa aguas, que impone lfmites. Holderlin presiente que su viaje poético . Nos queda su poesfa, que en infinitas partes, versos, imágenes, es como si nos
no tendrá regreso a la normalidad del hombre desamparado. u La felicidad, el contase lo que iba a buscar allá, del otro lado de \a razón. '~El hombre nos
espíritu y la juventud hace ya tiempo que se fueron. No me queda más que la soporta más que por i~tantes la plenitud divina. Desp~és, la vida no es sino
miseria y la locura", dirá el poeta, sintiendo que se desgranan y se desagregan soñar con ellos. La angustia de la noche fortalece, mientras llega la hora en
sus visiones. Su palabra, en este caso, toca lo más profundo y abismal de un que aparezcan los héroes", dice Holderlín, anticipadamente, de su propia tra·
armado cultural histórico: verdad y locura, significado y desintegración, vida vesfa final. Y agrega: "Ehtreranto, a veces se me ocurre que es mejor d~rmir,
que vivir sin compañeros y a la espera. Para qué poetas, en estos tiempos de
y muerte. Como su personaje, Empédodes, también Holderlin se pregunta:
miseria. Pero ellos son, me dicen, semejante a los sacerdotes del dios de las
"¿No está ya· turbada mi mente? ~uesto que he revelado más de lo que con-

~· · . . !
viñas, que en las noches sagradas andaban de un lugar a otro".
viene a los mortales". La locura, la pérdida de esa realidad, presagiaba para
{IT>!C;'.. U.·
¡l-••··"· Holderlin, quizás, el tiempo enigmático de "la no razón". ·De una no razón No e~ tiempo de poeras. El poeta en la Grecia dorada, en la tierra de las
destina!, alumbradora, fatídica. Pero en ese gesto titánico, agonístico, viñas y las fiestas, era el mensajero de los dioses, de aquéllos que ahora han .
Holderlin y su vida se abalanzan en una crftica rotunda al mundo reglado huido, se han ido, callaron. Dejaron sólo su silencio, $U sirio vado. Pero el
por las razones de ciencias y poderes. Dice el poeta: "La ciencia, a la que nuestro, también es un tiempo insoslayable, el de la espera, el de una noche
perseguí a través de las sombras, es la que ha corrompido todo. En vuestras sideral, absoluta, que s¡n embargo fortalece. Pensará Holderlín: "a quien sufre
escuelas .es donde me volvr tan razonable. Ahora estoy aislado entre la belle- con lo extremo, le conviene lo extremo". Hasta que vuelva el mundo de lo$
za del.mundo". Todo queda conmovido en ese último gesto poético ele con- héroes y los dioses, su regresÓ. En este sentido, podríamos afirmar que el ro-
ciencia filosófica: razón y locura, sociedad y víctima, ciencia y mito, desierto híahticismo de Holdertin se hace presente como una carga trágica que campe·
y dioses bie.nhechores, filisteos y poetas, cultura y barbarie. En cada una de ce al hombre desde antiguas edades. Pero que lo moderno ~xpone de una ma-
esas duplas, el mundo es conmovido por esa mirada de fondo romántico nera radical, demencial, en cuanto a ese precipicio de pérdida de sentidos que
exasperado. El poeta denuncia el mundo acontecido, siente que la realidad conlleva un mundo social fragmen tado, comandado por las apetencias econó-
micas' del bárbaro burgués. Lo trágico es esa naturaleza priomordial del hom·
no protege, sino que arrasa. Siente que para entender al mundo, trágicamen-
bre, olvidada, debilitada, vencida. Pero que precisamenre, desde esa fragili-
1 te debe abandonarlo. Siente que "la palabra más peligrosa" es la poética, la
I que corre eternamente detrás de una belleza desintegrada en el mundo mo-
dad, puede expresarse humanamente, heroicamente. Cuando esa naturaleza,
en su expresión divina, irrumpe trágicamente, en. este caso la huida de los
· 1 cierno. En su juventud había escrito: "Renunciad al placer de rebajar lo gran- i
dioses , el hombre descubre su sisno originario: su propia natvraleza
¡ de. No intentes detener los corceles del sol". Sobre ese mapa que reúne cielo
i'
desguarnecida. Olvido y recuerdo forman entonces el dibujo de lo trágico para
y tierra, deseo y primera divinidad del firmamento, viaje del jinete hacia \o
el tiempo del distanciamiento de los dioses, para ese tiempo nocturno, que
infinito en lo humano, el poeta trazará la trayectoria p~ligrosa de su vida.
está hecho de pura lejanfa, de dolor, del aguardar el futuro arribo de los dioses.

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NICOLÁS CASULLO EL ROMANTICISMO Y lA CR(TICA DE LAS IDEAS

· El romanticismo percibe las hondas grietas que se abren bajo lógica aquella coyuntura, aportaba a una transparencia del misterio de los cielos, el
racional moderna entre el hombre y naturaleza. Entre el hombre y una au- n1agno y milenario espacio de Dios. Corda sus velos, quebraba ·sus secretos,
téntica relación con el mundo. Entre el hombre y ese cúmulo de sentimien- llevaba ese descubrimiento a la utopfa de pasar de la mecánica celeste y sus
tos indecibles, oscuridades, instintos, voliciones, que lo constituyen. La ra- leyes, a la mecánica humana y sus leyes, a la mecánica de la sociedad y sus
zón científica, la ley mecánica, el mundo devenido extensión medible, leyes. Finalmente, su esplendoroso descubrimiento, legitimaba que la natu- .
<.· . • cuantificable, calculable, no da cuenta de los sentidos y de la naturaleza más . raleza sólo podía ser leída, en su verdad, desde lo que la razón científica
J ';',",:: . genuina de lo humano en la historia. Esa será la crítica más severa·yabarcadora ·¡ iluminaba de una vez y para siempre.
¡
del pensar wmántico al apogeo de la razón ilustrada que se labra en el XV[!l. ! Frente a este optimismo de la ilustración, que anunciaba resolver las
¡Dónde situar la pasión y sus penumbras frente a la luminosidad homogénea problemáticas humanas en base a dispositivos y operatorias ele razón ciencf-
de la razón! ¡Dónde situar lo nocturno del hombre y de lo real, frente al fico-técnica, el planteo romántico trata de poner en cuestión las constela-
descuartizamiento metodológico de las ideas claras y sencillas cartesianas? ciones olvidadas, marginadas, ignoradas, negadas por ese mismo pensamien- . ..;·:
¡Qué decir de lo onírico, del ensueño, frente a la dureza de una vigilia que to de Las Luces. El mundo europeo provenía de siglos de indagar y cavilar
codo \o universaliza, lo eterniza en verdad para siempre y en todo lugar 1¡En .'
religiosa, artística y filosóficamente sobre ~~ ser y los fundamentos de las ....
qué lugar del sab~r tiene cabid~ el sentimiento, la angustia, el miedo, frente cosas, sobre los caminos hacia la verdad tensados entre la razón y La fe. La
a las fórmulas y ecuaciones del hombre de la sola razón ilustrada? ¿Cómo eclosión ilustrada, la entronización del camino ciencffico y sus rigurosas
hacer presente el inco~ciente del hombre, palabra reiteradamente usada por metodologfas en base a una ra1ón inductiva y deductiva, que se desposesiónaba
los románticos en sJ valorización de los sueños, frente a postulados que sólo de toda otra forma intuitiva, sentimental, imaginativa, instintiva, fefstica,
planteaban el momento conciente de un sujeto racional, filosófico, experi- pasional, mística, adivinatoria, especulativa del hombre, forma parte c¡¡.m·
mencador científico de la realidad y sus leyes? Para el románcico, esa edad de bién de esa inicial diconformidad y rebeld(a romántica. Lo romántico no es
"la salud de la razón" que había celebrado Voltaire frente a los descubrimien- un forzamiento arbitrario de la modernidad en su mundo de ideas. No signi-
tos de Isaac Newton, en realidad devenía "edad de la enfermedad de la ra- fica una reacción conservadora y temerosa ante un mundo en caótico cam-
zón", donde el sujeto se pe~día. Se empequeñecfa, se nulificaba a cada expli-
cación científico-técnica de su porqué más profundo en el mundo. El ro- '\ bio de perspectivas, como tampoco, en el otro extremo de las consideracio-
'nes, significa el mundo reaL develado sólo desde la impronta romántica. El
manticismo, en sus variantes poético filosóftcas, o en su ensayismo filosófico .!
romanticismo desde su mirar trágico poético, desde sus caminos mítico-lite-
poético, advierte esa escisión que producía la historia entre hombre y natu- rarios, desde la especulación filosófica que descifra una desconciliación en la
raleza. Entre el sentimiento y el brillo de los doctos, como había afirmado y naturaleza humana, desde su desconsuelo frente al dios muerto, desde su
criticado Rousseau, colocand¿ al sentimiento c~mo la más alta envergadura discusión por cuáles caminos del conocimiento, puebla a la modernidad de
del hombre en el camino de su ardua existencia. la más profunda, antigua y fabulosa historiografra humana por hallar res-
Para ciertos poetas románticos, como por ejemplo el británico William puestas, que todav(a, aun hoy, no encontró. Trae a lo moderno, indefectible-
Blake, la experiencia símbolo deese amenazante desencanto, deseÚificación mente, destinalmente, ese corazón oscuro del misterio que resiste a las expli-
del mundo, estaba representada por los descubrimientos cien~íficos, de pri· caciones. Que vive de su sueño de ser dicho y de su indedbilidad. Y por lo
mer orden, del inglés Isaac Newton. figura, la :deJ~ewtoo, que sirvió tanto tanto, que sospecha de toda regÍón iluminada brutalmente, mecánicamente,
a sus apologistas como a SliS desacred'itad¿~;e;·· P·~r<i'~mblemarizar .una época depredadoramente, donde lo que queda herido es el hombre y sus secretos, y
de mLitaciones trascendentes en la crónica de Occidente. Newton, desde sus sus enigmas, y sus lenguajes arcanos.
observaciones, cálculos y estudios, había develado el orden mecánico del Podemos ejercer otras miradas sobre lo romántico, qLte hacen sobre todo
mundo, la mecánica celeste, el porqué de los cursos de los astros, su atrac- a una subjetividad social, cultural, artística, que crecerá como tipo de sensi-
ción y recorrido. Orden mecánico al que hab(a que seguirle la pisca para bilidad en las primeras cuatro décadas del XIX en Europa, y también en
cransparentúlo analítica y objetivamente. Newton, como ningún otro en nuestra .América Latina, en nuestra historia nacional. Sensibilidad que ya

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._,
"
N ICOlÁS CASULLO Et ROMANTICISMO Y LA CJ\fTlCA DE LAS IDEAS
1

insatisfecha. Lo estrellará en amores desilusionan tes -Y en idilios que jamás -¡


está perfilada en este planteo de fondo y con intenciones abarcadoras que
hemos recorrido, pero que asumirá múltiples variables para conformar un llegarán a cumplirse. Esto gestará una conciencia, una subjetividad román-
estilo, un perfil del espfritu moderno, entre la revoluCión de 1789 y 1850. tica frente al mundo cotidiano, que busca el dulce placer de l sufrimiento, lo
Un alma indeleble de lo moderno, un "alma enfe~a" según sus detractores, bienhechor de un dolor que activa y despierta imaginarios. La sublime sen-
pero definición que también fue postulada por algunos románticos. ¿Enfer- sación de la nostalgia que nos hiere por los mundos perdidos, por las edades
ma de qué? El romanticismo, como hemos visto, abre !.as compue r~as litera- que se van, ·por paisajes que quedaron atrás, por sentimientos que concebi-
rias pero también existenciales, de lo que la vida tien~ de secreto, de magia, mos para siempre y mueren indefeccib lemente. Lo romántico, desde esta
de experiencia intransferible. De aquello irracional que nos recorre, aunque perspectiva, sería un peregrinaje hacia algo sin punto de llegada. La búsque-
. podamos reflexionarlo en términos de razón. El romanticismo es la gran da de aquella flor azul, única, inasible, que inmortalizó Novalis, cal vez co11
madre proveedora de lo que 'luego, la modernidad ya avanzada de fines del Holder!in, el otro gran y majestuoso poeta romántico alemán. Un viaje no
XIX y a lo largo del siglo XX, dedicará sus mayores esfuerzos de lnteligibili- tanto hacia afuera, geográftco, sino hacia adentro de uno mismo. Hacia 'nues-
-dad. El hombre romántico que hemos visto desde la experiencia alemana, tros propios abismos y regiones desconocidas , que laten y nó se dejan preci-
rescata de manera crítica aquellos mundos que la ilustración desconsideró sar. Un viaj e hacia nuestro inconciente, hacia lo divino y lo diábolico que
en su batalla contra los credos, poderes y desigualdades irracionales de la portamos generalmente sin saberlo.
historia proveniente. Y en ese rescate crea un tipo humano, social, cultural, El romanticismo no puede disimular su-originaria configuración en sede
literario, estético, tanto masculino como femenino. Un tipo, una silueta, un estética, como hemos visto, aunque luego se despliegue como tipo social,
alma moderna para la cual la angustia frente a la vida, los miedos que atra- como fonna subjetiva que plaga a una época. El romántico se siente en un
viesan la mente y nuestro cuerpo, el inconciente que actúa más allá de nues- mundo sin alma y desespera por hallarla, por reconquistar una relación con
tros controles sociales, los sueños que nos lanzan a inconcebibles vidas propias otro sentido, con otras referencias que .revitalice lo exisr.encial del mundo y
y nos pueblan de claves insondables, el amor erótico que nos hace renacer de las relaciones. O por el contrario, ese desierto de pasiones, esa rutina y tedio
manera extrema o nos hunde en el peor de los desasosiegos y la melancolfa, de la vida, lo transportan a una soledad mística, heroica, incompart ible,
todas estas constelaciones, para la febrilidad romántica serán lo más auténtico sufrida, añorante, donde se entrega a la búsqueda de lo infinito, de lo ilimi-
y único que conforma nuestro yo. Una intimidad tan infinita como lo divino.. tádo, al quiebre de toda frontera interior. Pero por sobre todo, el espíritu
Una introspección tan ilimitada como la inmensidad del universo. Una ma- romántico tend rá una piedra sobre la cual edificó su iglesia, su religión, y ésa .
gia interior partera y creadora de lo más real del mundo. Una fragua de sensi- será el amor, en sus más profundos y desoladores significados. En el a111or,
bilidad y de imaginación subjetiva, que redefine la figura del mundo, de lo hombre mujer, amistad entre amigos, amor a ciertos tiempos, paisajes, ideas,
real, y repqne, casi a la manera renacentista, la potencialidad de ese microcosmOs recuerdos, el romanticismo descubrirá ese salto indecible, sagrado, mágico
que sor¡l.os. Tanto para el dolor como para la dicha, tanto para los ensueños hacia el infinito al cual aspira. En el amor palpará la Unidad perdida del ·
como para la nostalgia de mundos perdidos. Y sobre todo, para un saber, para hombre, la reconciliación de mente y cuerpo, de imelecto y corazón, de
un conocer, para un encuentro con la verdad, que nada tiene que ver con fábula: yrealidad. En el amor acariciará la armonía enrre su finitud y el infi-
cifras y ecuaciones abstractas colgadas de reglas metodológicas. nito. Entre lo profano y lo religioso. Entre lo frsico y el alma. Éncre el deseo
Podrfamos hablar de ese "mal" de! deseo insatisfecho como una caracte- y su cumplimiento, entre el dolor y la dicha. Entre el ahora y su melancolía.
rística romántica por excelencia. En una cultura moderna lanzada hacia-el Y fundamentalmente será el amor de los amantes, en sus nocturn idades ,
futuro, hacia promesas y ofertas incontables, cada vez más metropolitana, paisajes, gestos, besos, posesiones, reencuemros, impÓsibílldades, la comar-
·a:bigarrada, ofertadora de cosas, surge un perpetuo deseo por "lo otro", por lo ca más excelsa donde el alma romá ntica fund ará'su cifra clave.
que siempre se posterga, por lo que nos harfa fel iz y no se alcanz8. Un deseo en
Vayamos a otra escena que podría calar la médula ele lo romántico.
·sin objeto que pregnará al sujeto moderno, lo. aflrgi.rá, lo hará pensar en Construyamos una imagen tratando de que esa imagen nos cuente mejor
viajes y travesías hacia·otros territorios y experiencias del alma atribulada, que las palabras una historia. Imaginemos un paisaje rural, una llanura con

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NtOOLÁS CASULlO EL ROMANTICISMO Y LA CI\ITIC"- DE LAS IDEAS

·
ctertas ond u1ac·1ones , el pasto ya oscuro . por un atardecer que es casi de esa circunstancia terrestre, crucificada en la pena, y remontar hacía un
noctumt'dad . Un v1·en.to recorre el paisaje, lo agita en silencio . Hay
. un hom- amor eterno, celestiaL Tan eterno y celestial como lo fue mientras ella vivía.
bre de rodillas junco a una sepultura, frente a una lápida ~ue d1ce un nom- Novalis no se suicidará, pero morirá pronto, dos años después, en Ale-
bre. El joven viste de negro, su capa es mecida por la venmc.a. Su som~rero mania, a los 29 años. Poeta, ensayista filosóflco, crítico literario, sus obras y
yace respetuosamen.te entre sus manos. El cielo, en su deshabttado crepuscu- sús ideas ilumiQan audficamente ei primer trazo romántico de la moderni-
lo, muestra nubarrones encrespados ascendiendo por el horizonte. Es la hora dad estética. Había nacido de una familia noble venida a menos. Había
incierta donde. agonizan la visiones diurnas y se alzan amenazante las. so m· estudiado y se había recibido de Ingeniero de Minas, pero fue el mundo del
bras de la noche. Sólo se destaca, en esa inmensidad-despavprida, la stlueta arte, el. universo poético, el que definió su vida de creador: De una belleza
reverencial del joven.freme a la tumba. El tiene 27 años. El año es 1797 ·Sus poco común, extasiaba por sus rasgos. Friedrich Schlegel, el teórico del ro-
ojos cubiertos de lágrimas no le impiden contemplar aquellas letras grabadas manticismo, amigo suyo, dirá de Novalis: "se siente una sensación extraña y
en la piedra. El se llama Friedrií:h Leopold, ~arón de Yon H~rdenberg. Es un aterradora frente a la hermosura de su rostro, de sus gestos, de su voz". Novalis
poeta. Un majestuoso poeta, que inmortahzará su obra ba¡~ otro nomb~e. formará parte del grupo romántico de la ciudad de Jena, bajo el liderazgo de
Novalis. La imagen nos cuenta la historia: esos atardeceres, s1empre es~ mts- Schlegel, filólogo, maestro, y la autoridad guiadora 'de Friedr!ch Schiller.
mo lugar, siempre esa hora, para gestar esa ~is.ma _es~ena pict~rica. Su stlueta Había cursado las clases de Flchte, donde supo que ese sueño idealista del yo
como una mancha oscura, única en el patsaJe, umca en el .mundo. Su voz extremo, encontraba su más alto rango en la individualidad creadora, estéti·
transida que monologa, que habla con su amada muerta. Con el amor supre- ca. Había leído los trabajos sobre la filosofía de la naturaleza de Friedrich
mo de su vida. Novalis aguarda la noche para hermanarla con su noche . Schelling, aquel amigo de juventud de Holderlin. Había recibido el mensaje
íntima, dolorida, para la cual ya- no habrá consuelo. Escribirá en su ob~a intelectual de Herder y su exaltación de Shakespeare, el poeta inglés. que
poética más reconocida, Himnos a la Noche, el u~íve~so ~e imágenes y sent.t· inauguraba el drama modemo a principios del siglo XVII. Era lector apasio-
micL\tOS que envolvían su vida en ese trance: sohtano esta~a yo de ple nado del "Willams Meister", una obra de Goethe sobre la formación espiri-
frente ·a la tumba que en la colina árida ocultaba en el espac~o ~ngosco .Y tual de un joven para los tiempos que transcurrían. I'articipaba en la revista
oscuro la imagen de mi vida -solo como no lo estaba ningú.n s~lttano, t~ovt· Athenaun (El Ateneo) de Friedrich Schlegel. Se había consustanciado con
do por un miedo inefable- sin fuerza, con la suma de la m1sena ... pend.ta ~e la saga del amor cortés ele Provenza y el amor galante del tiempo de los
la vida fugaz que se apagaba con anhelo infinito: entonces cayó de la le¡an1a caballeros medioevales.
azul ... una tormen:ca crepuscular y de una vez ¡ompió el lazo del parto la·
Novalis se enamoró perdidamente de Soffa Yon Khun, una joven cam-
cadena de la luz''. pesina de apenas trece años, tan hermosa ~omo analfabeta. Figura que lo fue
En ese riempo escribe unDiariolncimoque hoy forma par'te de su biogra - subyugando por su belleza sin duda silenciosa, por sus picardías de ser casi
f(a literaria. y en el que podemos leer día tras dra, los semimientos que lo una niña. Por aq'uello que el poeta ve fa comó lo inmaculado de la naturale1.a
embargan. Frases de ese diario nos dicen cosas como ést~: "A pri~era h~ra, de Dios en escado puro, libre, armónico, cál ido. No importaba la erudición
las cosas mas diversas han pasado por mi imaginación, mL resoluCLón vacda- de ella, sino su presencia en el mundo como lo bello estético, como lo insp i-
ba". Al día sigu iente: "Hoy he pensado m.uch~ ~n Sofía. Un~ sensi~ilidad rador. Lo demás, las honduras y cúspides del amor, corrfa por cuenta del
más rica que de costumbre h.abi.taba.ARd::Cl!'.~P~!'ttu ....He traba¡ado mL:ntras poeta. La comunión de las almas, el encuentro del amor transido por el
tanto, con amor, en mis recuerdos". Dos días después: "?vii res?luctón. se hálito de lo divino, debía congeniar la gracia con el testigo capaz de recono-
mantiene y el valor no me falta. Por lo que se refiere a Sofía, todo Lrá de bLen cerla. Lo precioso, con la pasión del poeta. Como un, arroyo de mmmurantes
en mejor. Es menester que yo viva siempre más y más dentro de ella. Sólo me aguas, como una planta florecida, como la majestuosidad de· un valle con-
siento verdaderamente feliz cuando me hallo dentro de su recuerdo". ¡Cuál templado desde lo alto, como una cadena de picos nevados vistos al atarde-
e~ esa resolución que vacila, que vuelve, que se mantiene impertérrita en su cer, Sofra Yon Khun era la naturaleza amada, humanizada, casi prelógica,
alma' La del suicidio. La de quitarse la vida. La de desprenderse para siempre llevada a trazo superior de Dios. A la magia de esa creación insondable de l

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NICOlÁS CASULLO EL ROMANTICISMO Y LA CRITICA DE LAS IDEAS

demiurgo del mundo, que encontrab~ en el poeta amante el segundo mo· rior, se agora. Las cosas que interru~pen la necesidad sin límites del yo, des-
mento que consumaba aquella obra. Del verbo de Dios, al verbo del poeta aparecen. Los astros nos devuelven deslumbrantemente la creación de Dios
con sus versos y sentimientos expuestos en escritura, en desasosiego, en di· su reino celestial titilando en cada una de sus lejanas y majestuosas obras. L~
cha. Camino misterioso, inigualable, del amor celestial y del amor terreno, negro de la noche ilumina lo que importa, la magia del hombre y sus imáge·
inscripto en la figura de una muchacha entre su ser niña· y su ser mujer. nes, Ysus palabras libres. La noche retiene los secretos idos y por venir. Retle· .
Muchacha que inopinadamente muere en ese tránsito, agoniza frente a los ne al poeta, al antiguo y primordial de aquella Grecia arcaica, al poeta celestial
ojos enrojecidos del poeta, y queda destinada a la inmortalidad. No era el que ilu:ninó con estrellas la ruta a Bélén para el nacimiento del hijo de Dios,
cuidador de bueyes el que la había amado. Era Novalis, nada menos. Sé que Y tamb1én al poeta amanee frente a la tumba, frente a la muerée de ella, que en
el feminismo, y tal vez con razón, pondría algunas objeciones a Novalis y su la nocturnidad regresa, más" real y cierta que nunca.
forma de encarar la vida, y también a mi ausencia de cr(tica al respecto. Pero
"Yo me vuelvo hacia la noche secreta, ·inefable y sanca" -dice Novalis-
perdonemos por hoy a este gran romántico, inmenso en sus ideas y en sus
"allá lejos, el mundo desierto y sol\tario ocupa su sitio, hundido en una fosa
inspiraCiones.
profunda". Y más adelante "Celestes como aquellas estrellas relampagueantes
Novalis será un romántico que elegirá en el fondo mágico de las pala- nos parecen los ojos infinitos que la noche abrió en. nosotros". La poética
bras, en su irradiación mística frente al ocaso de las creencias religiosas, una invierte el mundo consagrado, y devela en esa mutación dónde está el desier·
última visión anunciadora de otrb tiempo del hombre. El utopi:ta esa poten· to, Y donde el relampaguear mágico anunciador. La noche, para Novalis, abre
cialidad del yo creador, poético, nocturno, para rivalizar con las enciclope· el cielo "para antiguas historias", para "infinitos misterios". Como si ·en lo
días ilustradas de las racionalidades diurnas, hegemónicas. Dice: "Cuando ya nocturno, en el deseo irrefrenable, en el instinto brotase únicamente la vfda,
los números no sean las claves de todas las figuras/ cuando éstas canten Yse el propio recuerdo biográfico, los enigmas de la criatura. "¿No traen el colm• de
besen/ sabrán más que el más profundo de los sabias/ Cuando en los relatos la noche todo lo cjue nos entusiasma?" se pregunta el poeta. ¿No trae nuestros
y poesías se reconozca la historia/ la eterna historia/ bastará entonces una cuerpos, nuestras fantasfas, nuestro placer, nuestras ansias, nuestras
palabra secreta/ una única palabra/ para que de pronto/ todo el ser trastocado voluptuosidades, el secreto que portamos de nosotros mismos?
emprenda el vuelo". El poeta sueña con otro relato, antiguo y nuevo, pri·
La noche: territorio invisible a los ojos fríos del especialista, a las pers·
mord ía! y prometeico, sin números ni logaritmos n i geometrías
pectivas exactas, a lo simplemente cuantificable, a lo técnicamente verifica·
abstracth:adoras, que nos pongan en otra hlstorla, en otra relación, sensibili· ble desde algún método de base cient{fica. Es en el lenguaje donde anidan
dad y conocimiento del mundo. La revelación romántica de otra escritura
los mundos posibles, a partir de una· relación linguística-amorosa que renun-
que reponga al hombre. ciaría a todo lo corpóreo, a todo lo exterior, a los simulacros de la realidad,
En el ya citado Himnos ala Noche, Novalis gesta una relectu¡a cosmogónica para la gestación de aquéllos. Desde ima ascesis creativa que posterga infini·
moderna, para dar cuenta de aquel fondo que inspira al movimiento románti· tamente la posesión de lo buscado. Donde sólo la palabra tantea, en la oscu-
co estéticamente. Novalis radicará la promesa en la noche, también los augurios ridad, las nuevas siluetas que tendrán las cosas. Para Novalis, ésa es la cons-
y. la memoria del hombre. La penumbra de lo real, el manto oscuro de los telación de lo poético, el sitio de las palabras todavía calladas, amorosamen-
siglos, hace cobrar vida, significado, inteligibilidad, a lo inerte, al espíritu te nupciales, genéticas, mágicas como las de un alumbramiento, para que
muerto. Lo t:\OCturno es el lugar del miedo, de la soledad intransferible del emerjan como nuevo mundo en el mundo. Dice Novalis: "la poesfa es repre-
hombre. Es la región de la angustia creadora, del quiebre del olvido, de la sentación del alma. El sentido poético está en comunión con el sentido
resurrección de los recuerdos. La noche, pa¡;a Novalis, es el espacio de los m(stico. Representa lo irrepresentable. El poeta es literalmente insensato. El
sueños con los ojos abiertos, es lo que encad~na un sentido perdido y a recupe· sentido poético está vinculado con lo profético y lo religioso. Las palabras
ror h umanamente, o a melancolizado sin tregua ni final. Universo del sueño, del poetas están santificadas por algunas maravillosas reminiscencias. Nece·
del pavor, de la dicha sin interferencias, de la vida que piensa en la muerte. sita librar a las palabras de su sentido habitual, general , para conferirles otra
Universo que nos aproxima a la experiencia de infinito. Lo falso real, lo ex te· significación única, evocadora".

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N ICOL\S CI\SULLO EL !lOM!INTICISMO Y L.O. Cl\ÍTICII DE LAS IDEAS

Lo romántico, desde la perspectiva novaliana de engendrar otro tipo de , En cuarto lugar, /a conciencia de un alma desconciliada, necesirada de
conocimiento, de relación con el conocimiento, se inscribe en la atmósfera ser pensada en su reuníficación, misión que sobre todo concerh(a a los len·
utópica de la ilustración, pero desde otras latitudes y herencias. Podríamos guajes del saber nucleadores, agregantes, profanos y sagrados, frente a la dis-
entender al romanticismo como un amplio planteo donde lo poético, lo ftlo- gregación, desagregación y fragmentación disciplinaria de la razón científi-
sóflco ligado a un indagar primordial, le disputarán a la razón científico-récni- ca seculari~adora.
ca las vías de la'verdad. Los lenguajes de acceso a esa verdad. Y por lo canco,
-En quinto término, la reposición del lenguaje poético, como v(a de cono-
los significados últimos de esa subjetividad moderna productora de sentidos cimiento, sensibilidad e imag inación, frente al lenguaje instrumental,
y legalidades. Podríamos decir que lo romántico abre el ancho curso para lo
desustancializado, de la comprens ión científico-técnica.
que luego fueron las más importantes indagaciones intelectuales modernas.
Arte, psicología, psicoanálisis, antropología, literatura experimental, filoso - -En sexto lugar la puesta en escena reflexiva y expresiva de los lados oscuros
fía de la sospecha, teoría revolucionaria, teoría crítica, hermenéutica, teoría de la razón, y de lo particular subjetivo, frente a la ambición iluminisca de
cultural, linguistica filosófica, experiencias artísticas de vanguardia, teorías explicarlo, transparentarlo, universalizarlo y equiparado todo.
deconscruccionistas. Todas estas cuencas, corrientes, disciplinas, no hubie- , En séptima instancia la recuperación de la memoria, del pasado, de lo
sen sido lo que fueron, lo que son, sin ese magma vital que habilitó el movi- reminiscente como conscicutivo del sujeco de la cognición, frente a una idea sólo
miento romántico en las primeras tres décadas del siglo pasado. En este sen- situada en la fe en.el progreso, la aceleración lineal hacia adelante, el arrasa-
tido podemos hablar del romanticismo, globalmente, como un movimiento miento de las herencias.
estético, filosófico, político, científico. Que nace en los álbores de la moder- • En octavo lugar la emergencia de un yo de comprensión trágica de la
nidad, cuando se pone en marcha el Proyecto de la ilustración en ideas Yen condición del hombre, rescatada de lo primordial del pensamiento civiliza-
polfcica. Movimiento de crítica rotunda a mL1chos postulados, estrategias Y dor, frente a un yo racional, cerebral, de exclusiva resolución teórica én la
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concepciones de la·razón como fuerza renovadora de la historia. interpretación de la realidad y su sujeto.
l;"j'):(tl1 Para concluir la clase, y tomando esta noción de movimiento como
muchas veces se lo denomina, trataremos de reunir los principales planteos Bueno, con esto concluimos esta travesfa por el romanticismo, que inaú- .
que expondrá el rÓmanticismo en el campo de las ideas y concepciones mo- gura una de las grandes, gigantescas almas que tendrá claramente presente el
dern<~s.
siglo XIX y en muchos aspectos también el siglo XX. Revoluciones polftlcas
que fundaron patrias y unidades nacionales, proyectos artísticos, crfticas recu-
- En primer término, una sensibilidad cultural que hace explicita la an- rrentes a las cosificaciones modernas, formas melancólicas de situarse en la
gustia de J¡¡ razón, como coordenada que discute con aquellos lineamientos vida, euforias y fanatismos transformadores que tenninaron pesad illescamente,
que proyectaban la historia moderna, reasegurada de antemano por la salud reconocen la estirpe romántica. Una estirpe que de miles de formas distintas,
de la razón. estructura de manera fundamenta l la historia de las ide'as modernas.
-En segundo lugar, el posicionamiento de un yo moderno sensible, utópi-
co, descentrador permanente de lo real, frente a un racionalismo nomenclador,
científico, clasificatorio de la vida, q1,1_~, v~~i~~~al sujeco de toda problemáti-
ca relacionada con la tensión raciori~1idaa/irrad6nalidad.
¡,,;;,i;ifJ -En tercera instancia, la recuperdción, para el110mbre, de su historia perso-
nal y colectiva, como tragedia intransferib.le y de consistencia redencional, frente
:_r·· ~-..--::-/:~ ·: a un iluminismo racionalista que tendía a abstraer lo histórico diferenciador,
·>.· ':,-: ·.::~: ._~:
: ;i .: ·...·:. : . ~ a aplanarlo en la ideología de lo universalizable y sujeto a leyes simplementes

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necesitas de ser descubiertas.

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