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Agradecimiento

A Dios Todopoderoso por darme el


ser y la sabiduría; siempre me has
ayudado a salir adelante, en todo a
pesar de las circunstancias. En
especial en los más difíciles.

A Nuestros padres por estar ahí


cuando más los necesitamos por
su ayuda y copero.
Índice de contenidos
1- origen de Perú
2 -prehistoria de Perú – Orígenes de su cultura
3- protohistoria de Perú – Períodos culturales
4 -descubrimiento y conquista del Perú por los españoles
5- período virreinal de Perú
6 -emancipación del Perú
7 -historia de la República peruana
8 -fundación del APRA
9 -intervencionismo militar en Perú
10- la era Fujimori
INTRODUCCION DEL PERU
La historia de nuestro país se inicia con la llegada de los primeros seres
humanos al actual territorio nacional, ello ocurrió según la arqueología
tradicional hace 20 mil años, una posible muestra de la presencia
humana temprana es el complejo Paccaicasa en Ayacucho, entre las
primeras herramientas destacan las hechas por el hombre de Huanta
y en pinturas rupestres tenemos las cuevas de Toquepala y Zumbay.

Al irse asentando el hombre llega a desarrollar la civilización en los


Andes sin que tuviera ningún tipo de préstamo cultural externo, en el
periodo Arcaico se da el inicio de la transformación de la vida en el
Perú, al descubrirse la horticultura y luego la ganadería con la
agricultura estamos en el umbral de la civilización. Los últimos
descubrimientos arqueológicos (Sechín Bajo o Caral) nos han permitido
reconfirmar el carácter milenario de nuestra cultura.

Con la llegada del Formativo se empiezan a desarrollar altas culturas


como Chavín y Paracas, éstas consiguieron grandes logros en
astronomía y agricultura; luego a comienzos de la era cristiana se van
forjando civilizaciones como Nazca y Moche que dominaron el desierto
y desarrollaron una excelente cerámica. Posteriormente se
desarrollaron Tiahuanaco y Huari que formaron el horizonte medio o
fusional donde se difundió al poderoso dios Viracocha. Finalmente, en
el periodo Reinos y Señorios culturas como Chimú, Chincha y otras
continuaron con la civilización andina.

Los incas a mediados del siglo XV formaron un poderosos imperio con


Pachacútec, pero en menos de cien años desapareció como tal debido
a la invasión española comandada por Francisco Pizarro. Entre el siglo
XVI y e inicios del XIX nuestro país formó parte del imperio hispano,
hasta que se consolida la independencia política con Bolívar.

Nuestra azarosa vida republicana se ha desarrollado entre golpes y


democracias, luchas sociales, explotación y discriminación, pero es
buena que la conozcamos para poder proyectarnos sin cometer los
mismos errores.
HISTORIA DE PERÚ
Perú es una nación con una historia de miles de años y trepidante. Un
país con unas costumbres y cultura que se remontan a cientos de años
atrás en el tiempo. Sus preciosos paisajes, su gastronomía y amables
gentes, dejan enamorado a sus visitantes. Un territorio que pasado por
diversas etapas y períodos históricos a lo largo de los años que son
muy interesantes y merecen ser conocidos.
Origen de Perú
Para conocer la historia y origen de Perú primero debes conocer cómo
es y su situación geográfica. Limita al norte con Ecuador, al noreste
con Colombia, al este con Brasil, al Sureste con Bolivia, al Sur con Chile
y al oeste con el océano Pacífico.
Cabe destacar en esta reseña histórica de Perú que el tercer país del
continente sudamericano en extensión, después de Brasil y Argentina,
y el cuarto en población, superado solamente por Brasil, Argentina y
Colombia. En Perú, las altas cimas se ensanchan en grandes valles y
altiplanicies.
Al este, los nevados se miran en la selva, al oeste, en el Pacífico, en
una variedad de ecosistemas que hace del paisaje peruano uno de los
más atractivos del continente.
Como dispuestas a tutelar todavía los caminos transitados por los incas
al cuidado del imperio más grande de América, emergen a los ojos del
viajero las más Increíbles fortalezas labradas en la piedra por una
misteriosa y desconocida tecnología: Machu Picchu o Sacsahua- mán.
Desde entonces ha pasado mucho tiempo; transcurrieron los siglos del
virreinato, las naciones americanas se alzaron con la independencia y
llegó para ellas la historia moderna.
Pero en los Andes viven aún en el mismo país los mismos pueblos de
lengua quechua, campesinos y humildes ciudadanos, que sintieron una
vez sobre su cerviz el yugo del Inca y que sufren ahora la desigual
distribución de una riqueza otorgada por la naturaleza y controlada por
el hombre.
PREHISTORIA DE PERÚ – ORÍGENES DE SU CULTURA
Se tienen bastantes pruebas, en relación con la antigüedad del hombre
en Perú, de que sus primeros establecimientos debieron de producirse
entre 8000 a.C. y 7500 a.C.
En este remoto pasado se dedicaban a la caza y a la recolección de los
productos naturales de la tierra y del mar, y como prueba de su
antigüedad se han encontrado sitios arqueológicos donde aparecen
artefactos de piedra tallada.
Estos primeros habitantes, según las últimas investigaciones,
procedían de Asia y llegaron a través del estrecho de Bering.
Protohistoria de Perú – Períodos culturales
La mayoría de los investigadores han señalado diversas etapas de la
historia del Perú, todas evolutivas en su desarrollo cultural. Aunque no
siempre están de acuerdo en el número y en la delimitación
cronológica. El profesor Alden Masón señala como primero el período
agrícola antiguo (2550 a.C. y 1250 a.C.).
Sus habitantes se nutrían de la pesca y la recolección de semillas,
tenían una agricultura sencilla y cultivaban fríjoles, calabazas, chiles y
algodón. Poseían habitaciones semisubterráneas de un solo cuarto y
no tenían objetos ornamentales. Sigue, según Masón, el periodo
formativo (1250 a.C. – 850 a.C).
Las referencias proceden de los pueblos de la costa y su principal
yacimiento es el de Huaca Prieta, en el valle de Chicama. Aparecen
tejidos y algunos objetos nuevos, ornamentales y utilitarios, tales como
implementos para tejer, cuencos de piedra, cuentas de hueso, concha
y piedra, sellos y figurillas.
Se han encontrado tumbas y, a mediados del período, aparece el maíz.
De (850 a.C. – 500 a.C.) Masón señala el período cultista, en que se
experimenta un gran desarrollo cultural. Lo caracteriza el horizonte
Chavín de Huántar.
El conjunto de edificios de Chavín cubre una amplia superficie. Hay
plataformas elevadas, plazas y edificios de piedra orientados a los
puntos cardinales; el más importante es El Castillo, que mide
aproximadamente 75 X 72 m.
Abundan las representaciones de felinos, seres humanos y monstruos.
La agricultura alcanzó gran desarrollo, y existía una elaborada religión.
El período experimental de Masón va del 500 a.C. hasta el 300 a.C.
Se conoce mejor por las tumbas, los ceméntenos, las fortalezas y los
adoratorios. La cerámica característica es de dibujos en blanco sobre
fondo rojo y las vasijas con vertederas estribo.
Hay variantes y culturas locales cuyos centros más importantes son
Salinar y Gallinazo en la costa norte, Chancay en la costa central,
Huaraz en el altiplano septentrional.
Paracas en el sur y Chiripá cerca del lago Titicaca. Del mismo período
son las cavernas de Paracas, donde se han encontrado infinidad de
magníficos tejidos y momias, Al período anterior, continuando con la
clasificación de Masón, le sigue el floreciente (300 a.C. a 500 d.C.), en
que las culturas de Perú alcanzaron su máximo desarrollo.
Se caracteriza por los textiles, la cerámica, la metalurgia y sus grandes
estructuras arquitectónicas. Usaban la piedra y el adobe. Dos culturas
caracterizan este período: la Noche, en la costa norte y la de Paracas
y Nazca, en la costa sur.
De esta última son famosas sus tumbas y la artística cerámica, por su
color y forma. El período expansionista de Masón (años 500 a 1000)
se expresa en Tiahuanaco, notable zona arqueológica situada a 4.000
m de altura, cerca del lago Titicaca.
Las estructuras principales ocupan una extensión de 450 X 1,000 m. El
edificio más grande es el Acapana, pirámide escalonada. El Calasasaya
es otro muy notable; consiste en un recinto de piedra que encierra la
famosa Puerta del Sol. También en Tiahuanaco hay grandes esculturas
que, junto con la cerámica, le dan un rasgo muy especial.
Del 1000 a 1440 Masón señala el período urbanista, en el que la
población había alcanzado su apogeo. Se tienen datos de los chimúes
en la costa norte. Las construcciones, que comprenden diez grandes
unidades, son de adobe y muchas llevan decoración en relieve.
La cerámica conserva influencias de Tiahuanaco, y la metalurgia
alcanzó un alto nivel. La cultura chimú constituyó en realidad una
especie de renacimiento de la cultura mochica, y en sus fases
posteriores fue contemporánea de la de los incas y existió durante el
propio imperio inca.

Hacia 1370 los chimúes dominaban el antiguo reino mochica. Período


imperialista (1440-1532). Con mínimas diferencias cronológicas, todos
los autores incluyen al imperio inca en este período. Los primeros
acontecimientos se consideran de carácter mitológico. De los trece
soberanos incas, los ocho primeros tuvieron poca importancia.
El primero, Manco Cápac (h. 1200), fue un personaje casi legendario,
y lo mismo puede decirse de los siete siguientes: Sinchi Roca, Lloque
Yupanqui, Mayta Cápac, Cápac Yupanqui, Inca Roca, Yáhuar Huácac y
Viracocha Inca. Los cinco restantes y más recientes se consideran de
valor histórico, ya que poseemos auténticos relatos.
Con Pachacútec Inca Yupanqui (1438-71) se inicia la historia
relativamente digna de crédito de los incas, tal como la consignaron
los cronistas españoles del siglo XVI.
A éste le sucedieron Topa Inca Yupanqui (1471-93), Huayna Cápac
(1493-1525), Huáscar (1525-32) y Atahualpa, desde 1527 regente en
Quito y en 1533 condenado a muerte en Cajamarca por un tribunal
español.
La primera conquista de los incas fue consumada por Pachacútec al
derrotar a las chancas cuando éstos atacaron Cuzco en 1438. Con esta
victoria surgieron como grandes conquistadores y dominaron las
regiones de Titicaca, Urubamba, Apurímac y Mantara.
Topa Inca Yupanqui, hijo de Pachacútec, marchó hacia el N. y dominó
el reino de Chimó (1470), logrando extender el imperio hasta el río
Maulé en Chile, la orilla del lago Titicaca y la frontera N. del actual
Ecuador.
Cuando murió Topa Inca Yupanqui (1493) le sucedió su hijo Huayna
Cápac, durante el reinado del cual alcanzó el imperio su máxima
expansión. A su muerte, dos de sus hijos, Huáscar y Atahualpa, se
disputaron la posesión del imperio.
La lucha que se desencadenó entre ellos por lograr el trono parece
haber sido más bien entre el clero, que protegía a Huáscar, y los
generales de Huayna Cápac, cuyo candidato era Atahualpa, para
conseguir el poder.
Huáscar dominó durante algún tiempo, pero derrotado luego por
Atahualpa, fue hecho prisionero y ejecutado. Esta guerra permitió a
Pizarro dominar con facilidad el imperio incaico, cuando irrumpió en él
con sus huestes en 1532.
DESCUBRIMIENTO Y CONQUISTA DEL PERÚ POR LOS
ESPAÑOLES
La penetración española en Perú (ver historia de España) se planteó
desde Panamá; en esta ciudad. Francisco Pizarro, Diego de Almagro y
Hernando de Luque, este último como capitalista, probablemente
también con dineros de Espinoza y de Pedrarias, fundaran una sociedad
(1524) para explorar el mar del Sur y el legendario Birú.

Después de dos años de infructuosas exploraciones, Pizarro entró en


contacto con el imperio incaico en Tumbes, y regresó a Panamá (1527)
con piezas de orfebrería, tejidos e indios. Después de celebrar
capitulaciones con Carlos V en Toledo (1529) volvió a Perú (1531) y
con una hueste de 185 hombres y 27 caballos desembarcó en Tumbes.
Fundó la primera ciudad española en Perú, San Miguel (Piura), y llegó
a Cajamarca, donde mediante un golpe de mano se apoderó del inca
Atahualpa (1532), quien desde Huamachuco fue a Cajamarca a
esperarlo con un ejército.
La separación del imperio en dos grandes facciones por las guerras
entre Huáscar y Atahualpa, la resistencia contra los incas por parte de
los reinos y pueblos recién conquistados, la sorpresa y la diferencia de
culturas hicieron posible una rápida ocupación.

Después de haber hecho ejecutar a Atahualpa y de apoderarse de un


fabuloso rescate, continuó hacia el Cuzco y fundó las ciudades de
Trujillo (1534) y Lima (1535). Situada cerca del mar, por su fácil
comunicación con Panamá la capital creció rápidamente.
La reacción indígena se produjo alrededor de la figura del príncipe
Manco Cápac II, a quien Pizarro había nombrado Inca (1533) tras la
ejecución de Atahualpa. En 1536 Manco Cápac II escapó al control de
los españoles, puso en marcha la resistencia, sitió el Cuzco, donde se
encontraban los hermanos de Pizarro, y mandó otro ejército a sitiar
Lima, donde se hallaba el gobernador, poniendo en grave peligro la
conquista española.

Después de diez meses de asedio, el coraje de los hispanos y la técnica


de combate europea se impusieron a la superioridad numérica
indígena, y Manco Cápac II y sus orejones tuvieron que retirarse.
Manco Cápac II continuó la resistencia en forma de guerra de guerrillas
hasta su muerte (1544), pero no pudo impedir la implantación del
régimen de encomiendas y repartimientos por parte de los españoles.
Este sistema provocó la sucesiva destrucción de las antiguas
comunidades aborígenes (ayllus), sobre las cuales se asentaba el
imperio incaico, y su sustitución por latifundios trabajados con mano
de obra servil (indios encomendados).

Se produjo con ello una rápida baja de la productividad agrícola,


agravada por la destrucción de muchos de los sistemas de irrigación
incaicos y por el descenso de la población indígena o su retraimiento a
zonas montañosas, al margen de la organización colonial española. Las
luchas civiles entre los conquistadores fueron continuas: Pizarro y
Almagro lucharon por el dominio del Cuzco (1537-38) hasta que
Almagro fue derrotado en la batalla de Salinas y luego decapitado.

Después del asesinato de Pizarro (1541), el hijo de Almagro se sublevó


contra el gobernador nombrado por el rey, pero fue también derrotado
en Chupas (1542). A pesar de todo ello, Perú se convirtió en un núcleo
de expansión, a partir del cual se realizó la exploración y conquista de
la mayor parte del territorio sudamericano (Ecuador, Colombia, Chile,
etc.), hasta traspasar la selva virgen, frontera oriental del imperio
incaico (expedición de Orellana por el Amazonas).
PERÍODO VIRREINAL DE PERÚ
La publicación de las Leyes Nuevas de 1542, que abolían la
servidumbre personal de los indios y preparaban la extinción de las
encomiendas al prohibir su perpetuidad, su transmisión hereditaria y
su venta, fue muy mal recibida por los conquistadores.

Para facilitar su ejecución, la Corona creó el Virreinato del Perú, pero


el primer virrey nombrado, Blasco Núñez de Vela (1544), chocó con los
encomenderos, que veían amenazados sus intereses y se sublevaron
bajo el mando de Gonzalo Pizarro, dando muerte al virrey en la batalla
de Añaquito (1546).
Las negociaciones entre los encomenderos sublevados y Pedro de La
Gasea, enviado (1546) para restablecer la autoridad real, dejaron sin
efecto las Nuevas Leyes, excepto en lo relativo a una reglamentación
de los servicios personales de los indígenas; de ese modo, Gonzalo
Pizarro perdió muchos de sus partidarios y La Gasea pudo vencerlo
fácilmente cerca del Cuzco (1548).
El desarrollo explosivo de la minería que siguió al descubrimiento de
Potosí (1545) atrajo gran cantidad de inmigrantes procedentes de
Panamá y las Antillas, territorios que quedaron casi despoblados. El
área minera abarcaba Perú y Bolivia, pero faltan datos seguros para
valorar la producción de cada zona.
En territorio peruano se exploraron los placeres auríferos de los
afluentes del Amazonas, las minas de azogue de Huancavelica
(descubiertas en 1564), que posibilitaron la explotación intensiva de
las gangas argentíferas mediante la técnica de la “amalgama
americana”, las de plata de cerro de Pasco (descubiertas en 1630) y,
posteriormente, las de Puno, Hualgayoc, Quiravilca, etc.
La mano de obra indígena se obtuvo masiva y coercitivamente por la
institución de la mita, de tradición incaica pero actualizada por los
españoles para el aprovechamiento de la masa indígena; cada pueblo
de indios tenía que proporcionar periódicamente un cupo variable de
trabajo forzado.
La mortalidad entre los mitayos, obligados a trabajar en condiciones
durísimas y en regiones muy alejadas de sus lugares de origen, fue
muy elevada. Desde 1630 constituyó un grave problema el
reclutamiento de mano de obra para la minería, a causa de la
despoblación, y se sucedieron las disposiciones que dieron primacía a
la minería sobre la agricultura.
Ésta había experimentado a partir de 1560 un cierto reavivamiento con
la introducción del arado, el cultivo de la caña de azúcar (1561) y el de
diversas especies europeas (trigo y vid), cuya aclimatación se intentó.
Perú fue la única región americana en que la ganadería indígena
(llamas, alpacas, etc.) se mantuvo con cierta fuerza, aunque en
materia de transporte fue sustituida por muías, empleadas, sobre todo,
en el trabajo de las minas.
La industria textil (obrajes) tuvo cierto auge a mediados del siglo XVI,
favorecida por la abundante materia prima (lana y algodón) y por la
tradición manufacturera aborigen; a pesar de la legislación restrictiva
de 1569, que intentó imponer el monopolio manufacturero de la
metrópoli, se mantuvieron los obrajes y llegaron a exportarse al resto
de Sudamérica y Filipinas, pero reducidos a una producción basta y de
poco precio.
El virrey Francisco de Toledo (1569-81) sentó las bases administrativas
y sociales por las que se rigió el virreinato durante todo el período
colonial. Estableció oficialmente la mita, fijó las tasas que los indios
habían de pagar a los encomenderos y a la Corona y mejoró las
comunicaciones con el sistema de tambos.
La resistencia contra la mita se polarizó en la región de Cuzco, en torno
a la figura del inca Túpac Amaru, a quien el virrey Toledo hizo ejecutar
en 1572. Lima se enriqueció considerablemente con el monopolio del
comercio entre la Península y la totalidad de la América del Sur,
realizado a través de las “flotas de la plata” que, organizadas en Lima,
seguían la ruta Callao-Panamá.
Los comerciantes limeños monopolizaban la distribución y venta de los
productos procedentes de la metrópoli y lograron que el excelente
puerto de Buenos Aires quedara cerrado al comercio hasta ya entrado
el siglo XVIII.
Durante la primera mitad del siglo XVIII la crisis general del imperio
español no alcanzó al Perú, cuyos envíos de plata a la Península
alcanzaron su máximo auge entre 1590 y 1630 y no tuvieron un
descenso considerable hasta después de 1650. Los ataques de los
piratas (Drake, Hawkins, etc.) a los puertos del Callao y al norte de
Perú fueron continuos y obligaron a los virreyes a fortificarlos.
Durante el siglo XVIII el despotismo ilustrado de los Borbones limitó la
hegemonía burocrática y comercial de Lima. La extensión del virreinato
peruano se vio reducida con la creación de los de Nueva Granada y Río
de la Plata, y la apertura del puerto de Buenos Aires al tráfico
intercontinental puso fin al monopolio comercial limeño.
La sublevación de Túpac Amaru II (1780-81), que conmovió a todo el
virreinato y afectó al Cuzco y a las regiones bolivianas, sirvió para
estrechar las tradicionalmente buenas relaciones entre la burocracia
española y la burguesía criolla de Lima ante la amenaza indígena.
EMANCIPACIÓN DEL PERÚ
Al iniciarse el período emancipador, era virrey de Perú José Femando
de Abascal (1804-16), gran organizador y hombre ilustrado, que
satisfizo las aspiraciones liberales de los sectores cultos de la nobleza
criolla. Perú se convirtió en cabeza de la reacción españolista en
Sudamérica (expediciones de Abascal a Quito y Charcas).

En 1813 hubo un levantamiento en Cuzco, que fue reprimido, y aunque


el absolutismo del virrey Pezuela (1816-21) chocó contra los núcleos
criollos liberales, la independencia sólo pudo lograrse con la
intervención extranjera.
En 1821, José de San Martín ocupó Lima y proclamó la independencia
del país. Tras la entrevista en Guayaquil de Bolívar y San Martín (julio
1823), éste abandonó Perú para facilitar la acción liberadora de Bolívar,
quien se aprestó a la campaña final, secundado por el general Antonio
José de Sucre.
El ejército realista del virrey La Sema fue definitivamente vencido en
las batallas de Junín y Ayacucho (1824). Bolívar asumió todos los
poderes y en 1825 aceptó la separación del Alto Perú, que, apoyado
por Sucre, se declaró independiente con el nombre de Bolivia.

Bolívar hizo aprobar una Constitución vitalicia (1826), lo cual le acarreó


una abierta oposición política de los republicanos; éstos, dirigidos por
Santa Cruz, lograron imponerse y el Libertador tuvo que abandonar
Perú (1826).
La emancipación se llevó a cabo sin la intervención de las masas
indígenas; el decreto de Bolívar (1824) concediendo a los indios la
propiedad de las tierras que trabajaban y aboliendo las tasas no llegó
a ser aplicado, y las únicas relaciones entre el nuevo aparato estatal,
dominado por los criollos, y las masas indígenas, fueron el cobro de las
tasas impuestas a los indios.
HISTORIA DE LA REPÚBLICA PERUANA

En 1828 se proclamó una nueva Constitución. Los movimientos


nacionalistas exasperaron los ánimos y Perú se vio envuelto en una
guerra contra Colombia (1828-29) y Bolivia (1828). Los años
siguientes son los de la Confederación Perú boliviana (1837-39)
organizada por Santa Cruz.

Los recelos de Chile y Argentina suscitaron la guerra contra la


Confederación, alentada por los peruanos separatistas, emigrados a
Chile. En la batalla de Yungay (1839), Santa Cruz fue derrotado, y la
Confederación concluyó.
En la nueva república se enfrentaron los liberales doctrinarios y
federalistas que inspiraron la Constitución de 1828 y las tendencias
autoritarias que se impusieron en la Constitución elaborada por el
Congreso de Huancayo (1839), reunido al disolverse la Confederación.
El guano, que en 1842 fue declarado bien nacional, era explotado por
el Estado a través de consignatarios particulares; con el auge de las
ventas, iniciado en 1845, la oligarquía, que controlaba el Estado,
amasó enormes fortunas, pero en vez de aplicarlas a la
industrialización se contentó con vivir parasitariamente de los enormes
ingresos de la Hacienda. Con el aumento de recursos fiscales, Ramón
Castilla pudo llevar a cabo la tecnificación de la administración estatal
e iniciar un período de reformas progresistas.
En 1848 se elaboró el primer presupuesto estatal peruano, en 1849 se
abolieron los mayorazgos, en 1854 las tasas de los indios y la
esclavitud, en 1855 las vinculaciones eclesiásticas y los diezmos y
primicias, en 1862 se publicó el Código Penal peruano y en 1867 se
proclamó la libertad de enseñanza y de imprenta.
Castilla, además, trató de instalar algunas industrias e inició la
construcción de vías férreas. Con el gobierno conservador de José Balta
se impuso el ultramontanismo, y se contrató con la casa francesa
Dreyfus (1870) la venta del guano a cambio de grandes empréstitos
para la construcción de ferrocarriles y la irrigación de las zonas
costeras.
Estos créditos, concedidos con intereses muy elevados sobre el guano,
que estaba en plena decadencia en cuanto a cantidad, calidad y precio,
enriquecieron a los sectores de la oligarquía ligados a la contrata de
ferrocarriles y otras obras públicas, lo que desembocó en una grave
crisis financiera y monetaria (aplicación de la convertibilidad de los
billetes en 1875).
Tras el asesinato de Balta ocupó el poder Tomás Gutiérrez (julio-agosto
1872), quien fue asimismo asesinado. La oligarquía consignataria y
bancaria, perjudicada por las medidas de Balta, se unió en torno al
partido civilista de Manuel Pardo, bajo cuya presidencia se volvió a la
consignación del guano y el Estado confiscó las explotaciones de salitre
(1875) y las colocó bajo la administración de los Bancos.
En la llamada guerra del Pacífico (1879-83), las naciones aliadas de
Perú y Bolivia se enfrentaron a Chile por la posesión de las provincias
salitreras de Tarapacá, Tacna y Arica. Perú fue derrotado y por la paz
de Ancón (1883) tuvo que ceder estas provincias a Chile, tras el cual
se movían los intereses británicos.

Después de un período de guerra civil, el general Cáceres asumió el


poder (1886-90). Para cancelar la deuda exterior, Cáceres entregó el
guano y los ferrocarriles a un consorcio de capitalistas extranjeros.

Demócratas y civilistas se unieron en tomo a Pierda para poner fin al


militarismo y restablecer un gobierno civil, lo cual lograron después de
una nueva guerra civil (1894-95). En 1901 se inició la explotación en
gran escala del cobre peruano por parte de la compañía
estadounidense Cerro de Pasco Mining. Co.

Durante la larga y dura dictadura de Leguía, el capital estadounidense


penetró decisivamente en el país, a través de grandes empréstitos para
obras públicas, hasta que la crisis económica mundial de 1930-33
provocó el hundimiento de los precios de los productos de exportación
y paralizó los créditos. Su dictadura duró tanto como la prosperidad
económica; el crac de 1929 originó el golpe militar de Sánchez del
Cerro, que le derribó del poder.
FUNDACIÓN DEL APRA
El 7 de mayo de 1924, Víctor Raúl Haya de la Torre fundó la Alianza
Popular Revolucionaria Americana (APRA), organización política que en
sus comienzos se definió como marxista, aunque muy pronto derivó
hacia el reformismo. La vida política de las décadas posteriores giró,
en gran parte, en torno de la rivalidad entre el APRA y el ejército.

Las clases dominantes, formadas por la oligarquía latifundista, la


Iglesia y la escasa burguesía nacional, estrechamente ligadas a las
compañías monopolistas estadounidenses, que controlaban grandes
intereses económicos en el país, se apoyaron en diversas formaciones
de signo conservador, y en último término en el ejército, con el fin de
impedir la subida al poder de las fuerzas populares.
En 1939 fue elegido presidente el conservador Manuel Prado. Su
mandato se destacó por la guerra fronteriza con Ecuador, resuelta
favorablemente para Perú, En las siguientes elecciones (1945) salió
elegido José Luis Bustamante y Rivero, quien formó un gobierno de
coalición con el APRA, que durante los últimos años había adquirido
gran pujanza entre las clases populares del país. Bustamante,
presionado por el ejército, declaró al partido APRA fuera de la ley.
El 3 de octubre de 1948 se produjo en el Callao una sublevación aprista
que no llegó a triunfar, seguida el 27 del mismo mes por un golpe de
Estado del general Odría, el cual reprimió el movimiento aprista e
impuso una férrea dictadura. La normalidad constitucional no retornó
hasta 1956, en que de nuevo Prado resultó elegido presidente.
La presidencia de Prado (1956-62) inició el período de la llamada
convivencia del APRA con las fuerzas conservadoras, pero esta alianza
se vio perjudicada por el deterioro de la situación económica.
INTERVENCIONISMO MILITAR EN PERÚ

En las elecciones de 1962 venció Haya de la Torre, pero antes de que


el Parlamento lo nombrase presidente el ejército se hizo cargo del
poder. En 1963 fueron convocadas nuevas elecciones presidenciales,
en las que triunfó Fernando Belaúnde Terry, del Partido de Acción
Popular.

Ese mismo año, los campesinos de la zona andina del Cuzco repartieron
los latifundios y ocuparon las tierras incultas, pero fueron rápidamente
reprimidos por el ejército. La inestabilidad continuó cuando el ala
izquierda del APRA fundó el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria
(MIR), que inició una lucha de guerrillas en el interior del país.
Belaúnde no pudo evitar que el país cayera en una profunda crisis que
desembocó en huelgas y agitaciones estudiantiles. El Gobierno se vio
entonces debilitado, y en octubre de 1968 un golpe militar depuso a
Belaúnde y entregó el poder al general Juan Velasco Alvarado.

El nuevo régimen militar nacionalizó diversas empresas y estableció


relaciones con países socialistas. Tras las elecciones presidenciales de
1980 el poder retornó a los civiles y Belaúnde Terry asumió de nuevo
la presidencia.

Durante su mandato afrontó una crisis fronteriza con Ecuador que


desembocó en una breve guerra, así como las acciones de la guerrilla
maoísta de Sendero Luminoso. Todo ello hizo posible el triunfo del
APRA en 1985, cuyo líder, Alan García, fue nombrado presidente, pero
no pudo frenar la crisis económica y social ni el avance de la guerrilla.
LA ERA FUJIMORI
En medio de un clima de guerra civil, en las presidenciales de 1990
venció el independiente Alberto Fujimori, que emprendió una severa
política económica. Ante las crecientes dificultades, y con el apoyo del
ejército, dio un golpe de Estado (abril 1992), disolvió el Parlamento y
anunció una nueva Constitución.

Esta, aprobada en referéndum (octubre 1993), le permitió ser


reelegido en 1985. El presidente del Perú superó el conflicto fronterizo
con Ecuador, pero tuvo que afrontar las acusaciones de autoritarismo
y el agravamiento de la actividad terrorista (ocupación de la embajada
japonesa en Lima por parte del Movimiento Revolucionario Túpac
Amaru, diciembre 1996, que acabó con el exterminio de los guerrilleros
y la liberación de los rehenes).
Las acusaciones de abuso de autoridad y fraude contra Fujimori se
repitieron tras la primera vuelta de las elecciones presidenciales de
2000; consecuencia de ello, el líder de la oposición, Alejandro Toledo,
no se presentó a la segunda vuelta de los comicios. Fujimori fue
reelegido como candidato único y accedió al gobierno peruano, pero
dimitió en noviembre de ese mismo tras un escándalo de corrupción y
fue sustituido por Toledo tras las elecciones de 2001.