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FORMALISMO

(Problema de la consistencia de los axiomas y de sus demostraciones)

(En la concepción formalista no hay objetos matemáticos)

(David Hilbert: Debemos conocer, y conoceremos)

(LEIBNIZ: Álgebra universal en la que fueran demostrables todas las proposiciones matemáticas verdaderas)

(LA IMPOSIBILIDAD DE FORMALIZAR LA TOTALIDAD DE LAS MATEMÁTICAS EN UN SISTEMA DEDUCTIVO FORMAL)

(DEMOSTRACIÓN: Secuencia de fórmulas)

(OBJETOS MATEMÁTICOS: Algo sin significado en sí)

(Consistencia, Completitud y Decidibilidad)

LA MATEMÁTICA
La matemática como una ciencia cuyo objetivo es el establecimiento de relaciones de muy diversos tipos. Estas relaciones,
que implican operaciones formales, tiene lugar entre objetos, reales o no, y se traducen a través de un lenguaje simbólico,
que le es propio, a modelos que las generalizan y representan desde los cuales las situaciones de partida se obtienen por
particularización.
FORMALISMO: La matemática no es más que un conjunto de reglas y manipulaciones formales de símbolos de acuerdo a
esas reglas. Éstas no tienen más significado real que las reglas y las manipulaciones mismas. Se trata de mostrar que en la
matemática no hay contradicciones. Criterios de consistencia, completitud y decidibilidad.

METAMATEMÁTICA: El estudio de las posibilidades deductivas o demostrativas engendradas por un sistema axiomático
dado posibilitaría, establecer el resultado negativo de que un sistema dado no puede dar contradicciones.

PARADOJAS: Declaración cuya veracidad o falsedad es indecidible.

CONJETURAS
Las matemáticas ofrecen un conocimiento seguro basado en el razonamiento deductivo. Para probar un resultado válido en
matemáticas no basta con probar que se cumple para una serie de casos particulares, aunque estos casos sean numerosos.

Las conjeturas son juicios que se forman de una cosa por señales o indicios que se tienen de ellas. En matemáticas
formulamos en ocasiones enunciados de forma conjetural, es decir, proponemos resultados que nos parecen verdaderos
porque se cumplen en muchas ocasiones. Algunas veces los resultados formulados resultan ser ciertos, pero, en otras
ocasiones, concluimos que son falsos.

Una conjetura es un Juicio que se da sobre algo que se presume verdadero, pero que no se ha podido afirmar ni refutar.
Una vez agotados los procedimientos matemáticos, que demuestran la veracidad de la conjetura, esta pasa a ser un
teorema.

PARADOJAS

Afirmación que parece falsa, aunque en realidad es verdadera.


Afirmación que parece verdadera, pero en realidad es falsa.
Cadena de razonamientos aparentemente impecables, que conducen sin
embargo a contradicciones lógicas. (Las paradojas de esta clase suelen llamarse
falacias.)
Declaración cuya veracidad o falsedad es indecible.

TEOREMA: Para todos los triángulos la suma de sus ángulos vale dos rectos, es así que ABC es un triángulo, luego la suma
de los ángulos de ABC vale dos rectos”.

A la veracidad del silogismo sobre la suma de los ángulos de un triángulo no hemos llegado midiendo las de todos los
triángulos, sino pensando sobre uno genérico, que no es que sea escaleno, o isósceles, etc., sino que es indiferente como
es, porque las diferencias entre triángulos no entran en la demostración del teorema.
En el ejemplo que antes hemos dado hemos utilizado la palabra triángulo y ellos nos plantea dificultades, de las que ya se
ocuparon nuestros antepasados, así por ejemplo Descartes hablaba de “la esencia del triángulo”, Locke de “triángulo
general”, Kant de “triángulo construido mediante la mera imaginación en la intuición pura”. Ha habido polémicas sobre el
significado preciso de tales experiencias e incluso se ha llegado a considerar la imposibilidad de imaginar un triángulo a
secas, porque el triángulo imaginable es por ejemplo: equilátero, isósceles o escaleno, es particular no general. Me parece
que cuando empleamos la palabra triángulo es porque en nuestro razonar es indiferente de que clase particular de
triángulos se trata, que las propiedades que distinguen a unos triángulos de otros no afectan ni alteran el razonamiento,
porque no se hace uso de las mismas; solamente se utilizan aquellas que sirven para definir el triángulo; lo cual da idea de
la independencia respecto a la percepción sensible e incluso a la imaginación que poseen ciertos estilos de razonar, porque
estamos empleando conceptos que no podemos imaginar o que los podemos imaginar muy diferentes entre sí, como
sucede con el triángulo, y esto es en un nivel primario como la geometría euclídea elemental.

DEFINICIÓN: La definición de un concepto matemático es un enunciado verbal que predetermina el concepto de una
manera no circular (sus elementos deben ser nociones primitivas de la teoría o nociones definidas previa e
independientemente) y consistente ( no puede involucrar contradicciones lógicas que derivarían en que ningún objeto
verifique sus condiciones). En este marco, dos definiciones se consideran equivalentes cuando terminan el mismo conjunto
de ejemplos.

¿Qué es Matemática? Matemática no es el número de coches que pasan por la glorieta, ni la forma que tiene una cuerda
que une la torre de la iglesia con el ayuntamiento. Los asuntos de la matemática son abstractos: números, conos,
ecuaciones diferenciales, funciones.
¿Cómo podemos saber algo sobre esas cosas y cómo podemos hacer afirmaciones sobre ellas con más certeza que sobre
las propias vivencias?

¿Cuáles son las cualidades fundamentales de las matemáticas?: Abstracción, rigor lógico, el ineludible carácter de sus
conclusiones y, finalmente, el amplio campo de sus aplicaciones.

En relación con la abstracción, podemos decir que es un rasgo fundamental de toda ciencia. Sin embargo, en las ciencias de
la naturaleza se realizan representaciones directas de fenómenos de la realidad y posteriormente una generalización
experimental, por lo que los conceptos o teorías abstraídas pueden ser rechazadas en cuanto una nueva observación así lo
exija.
Por el contrario en matemáticas, los conceptos tienen sentido por sí mismos, únicamente dejan de ser aceptados si se
demuestra su inconsistencia y las teorías sólo son rechazadas si se descubre algún error en los razonamientos. Por tanto la
abstracción va más allá que en ninguna otra ciencia, pues aunque sus bases surgen de analogías directas con la realidad, su
desarrollo formal es totalmente independiente de ésta siguiendo su propio camino. Podemos decir que las ideas
matemáticas se originan en la experiencia. Sin embargo, una vez axiomatizadas, comienzan una vida propia.

El conocimiento matemático se sustenta en dos modos de comprensión y expresión: uno se realiza de forma directa, que
corresponde a la intuición y el otro se lleva a cabo de forma reflexiva, es decir lógica.

La cultura griega introdujo en las matemáticas un elemento que permitió distinguir su versión de esta disciplina de las de
culturas anteriores. Este elemento fue el método deductivo.
En un cierto momento de su desarrollo, la matemática griega encontró necesario sustituir la verificación empírica (
inclusive los argumentos visuales, relativos a hechos geométricos que podían ser “vistos”) por algo nuevo: eso ocurre
cuando los objetos de la matemática dejan de ser representaciones gráficas de objetos naturales y empiezan a ser objetos (
abstractos), susceptibles de ser operados simbólicamente.

Con los griegos, la matemática dejó de ser un compendio de conocimientos particulares y empíricos para adquirir el rango
de ciencia abstracta y generalizadora.
Los conceptos de la matemática, a partir de entonces no pertenecen a un caso en particular de la realidad; por el contrario,
se abstrae esa relación entre concepto y aplicación concreta para estudiar sus propiedades en forma conceptual y
aplicarlas posteriormente en una generalidad de casos de la actividad práctica.

Es así que la matemática se convierte en una ciencia abstracta, como resultado de que se desprende a los conceptos de sus
rasgos de empiricidad, para estudiar a sus propiedades como entidades de un proceso formal. Pero también es
generalizadora, porque las propiedades que se obtienen corresponden a todos los elementos que pertenecen a una clase
determinada y no a un caso en particular.

a.- Las ideas matemáticas se encuentran en términos de sistemas axiomáticos formales.


b.- Toda verdad matemática puede ser demostrada a partir de axiomas y reglas de inferencia de la lógica.
c.- En la concepción formalista no hay objetos matemáticos. La matemática consiste meramente en axiomas, definiciones y
teoremas;
A través de los tiempos los matemáticos consideraron sus objetos – números, puntos, etcétera – como cosas sustanciales
en sí. Pero en vista de que aquéllos desafiaban una descripción adecuada, los matemáticos del siglo pasado llegaron a la
convicción de que el problema de la significación de dichos objetos como cosas sustanciales no tenía sentido dentro de la
matemática Las únicas proposiciones relativas a ellos que importan son las que expresan las relaciones mutuas entre
objetos indefinidos: su estructura y relaciones … la percepción de la necesidad de la desustanciación de los objetos
matemáticos ha sido uno de los resultados más fecundos del desarrollo axiomático moderno.

El sistema axiomático para el logicista es una estructura conceptual, es decir, los términos usados tienen un significado
concreto aunque éste sea meramente ideal.

Para el formalista, en cambio, el sistema axiomático es una estructura abstracta en que los términos son, en expresión de
Frege, como las incóginitas en un sistema de ecuaciones; es decir, no tienen más significado que el que reciben del sistema
de relaciones en que están inmersos. Ello equivale a decir que poseen una pluralidad de posibles significados: los
permitidos por el sistema de relaciones.

MÉTODO AXIOMÁTICO FORMAL: Permite exponer los fundamentos de una ciencia, hacienda explícitos sus axiomas cuyo
papel es, a la vez, describir las relaciones existentes entre los conceptos primitivos de la ciencia y definirlos explícitamente.
Este método conlleva la exigencia de que se demuestre la independencia y completud de los axiomas, pero sobre todo la
no contradicción.

Para el formalista estricto, hacer matemática es manipular símbolos sin sentido de un lenguaje de primer orden, según
reglas sintácticas estrictas. Así el formalista no trabaja con entidades abstractas, como series infinitas o números
cardinales, sino solamente con sus nombres sin sentido que son las expresiones de un lenguaje de primer orden.
EL FORMALISMO

INTRODUCCIÓN

La escuela formalista se basa en que propugna la utilización de sistemas axiomáticos formales en los dominios. Un
sistema axiomático es un sistema que pretende demostrar todas las verdades de un cierto dominio mediante un
conjunto de proposiciones iniciales llamadas “axiomas” y unas reglas lógicas de inferencia. Cuando los axiomas y las
reglas se representan explícitamente mediante un lenguaje formal, entonces al sistema axiomático se le califica de
“sistema axiomático formal”.

La palabra “axioma” deriva de griego “axiôma” (lo que parece justo), que se deriva del verbo “axióô” (yo estimo justo),
que a su vez se deriva de “áxios” (digno). En latín, significa “un comienzo”.

En un sistema axiomático formal se distinguen dos niveles:


• A nivel sintáctico, un sistema axiomático formal se compone de:
✓ Un alfabeto o conjunto de símbolos válidos.
✓ Las reglas de formación de fórmulas a partir de los símbolos del alfabeto.
✓ Los axiomas, que son las fórmulas iniciales.
✓ Las reglas de transformación o de inferencia, que permiten derivar teoremas a
partir de los axiomas u otros teoremas.

Los axiomas y los teoremas pertenecen al lenguaje del sistema axiomático formal. Las
reglas de formación de fórmulas y las reglas de inferencia pertenecen al metalenguaje.

• A nivel semántico, pueden definirse opcionalmente una serie de conceptos previos, específicos del dominio. Se
les denomina “nociones primeras” o “conceptos primitivos”o “conceptos primarios”. Los axiomas serían relaciones
establecidas a priori entre los conceptos primarios. Si no se definen estos conceptos previos, se supone que son los
propios axiomas los que definen los conceptos del dominio. Por encima de las nociones primeras podrían estar las
“nociones comunes” (como en la axiomática de Euclides), que serían conceptos compartidos por todos los dominios.

Características de un sistema axiomático formal

En un sistema axiomático formal se plantean tres cuestiones clave:


1.- La consistencia, es decir, que no se puedan deducir pares de teoremas contradictorios.es decir, que no sea posible
deducir una cosa y la contraria.

2.- La completud, que hace referencia a si son suficientes los axiomas y las reglas d e inferencia para demostrar
todas las verdades del dominio.

3.- La decidibilidad. Un sistema axiomático formal es decidible si existe un procedimiento general para determinar (en
un número finito de pasos) si una fórmula es o no un teorema del sistema.
Modelos
Si no se considera la semántica de los axiomas iniciales ni los conceptos primarios, la aplicación de las reglas de
inferencia en un sistema axiomático formal es un juego ciego de mera manipulación de símbolos. Es pura forma,
sin semántica asociada. Un mismo sistema axiomático formal tiene la semántica abierta, es decir, puede tener diferentes
interpretaciones; son los llamados “modelos”.

El enfoque axiomático radical autoriza a jugar sin sentido. Se escribe cualquier conjunto de axiomas, se asegura que no son
contradictorios y se procede a deducir teoremas mediante un mecanismo ciego de mera manipulación de símbolos.

Brouwer fundó la filosofía matemática del intuicionismo como desafío al formalismo de Hilbert y sus seguidores. En el
sistema axiomático de Hilbert, los axiomas no necesitan ser forzosamente “de sentido común”, a priori, innatos e
intuitivos, sino que pueden ser abstractos y arbitrarios, siempre que no conduzcan a contradicción. Para Hilbert, la
verdad matemática es la demostrabilidad respecto a un conjunto de axiomas y sus reglas de inferencia.

Las Matemáticas hasta el siglo XIX fueron consideradas como un saber absoluto, pero empiezan a surgir ideas como la
geometría euclídea que niega el V postulado de Euclides y que seguía siendo totalmente consistente la geometría no
euclídea.

En 1899, el alemán Hilbert publicó "Fundamentos de la Geometría", ampliando los axiomas de Euclides hasta el número de
21. Tuvo buen cuidado de hacer las demostraciones sin apelar a la intuición, tratando los términos como unidades lógicas
y nada más: así evitaba introducir información no contenida en los axiomas. Hilbert pudo demostrar que la geometría
euclídea era consistente... siempre que lo fuera la aritmética (que por esas fechas ya había sido axiomatizada).

Se había avanzado mucho, pero no era posible demostrar la consistencia de los axiomas de ninguna rama de las
matemáticas. Estas seguían desarrollándose, entraban en temas cada vez más alejados de la experiencia, en abstracciones
crecientes, cuando aparecieron nuevas paradojas o absurdos en ellas. Había que estudiar de nuevo los fundamentos de la
matemática, que parecían estar sobre arena movediza.

También con la aparición del álgebra de vectores de Gauss y el álgebra de matrices de Cayley en la aritmética aparecieron
dudas sobre su verdad absoluta.

Así pues la verdad absoluta de las Matemáticas se derrumbó. Con esta situación se decidió revisar todo el conocimiento
matemático dando un rigor a lo que no lo tuviese.

Axiomática formal y sistemas formales


Los matemáticos Peano y Hilbert y los lógicos Russell y Whitehead, entre otros, realizaron a fines del siglo XIX y principios
del XX la formalización de las matemáticas. Consiste en partir de los axiomas, pasarlos a una forma simbólica
(substituyendo los términos por letras, los verbos por símbolos precisos; las deducciones por "reglas de inferencia" que
imitan los procesos deductivos de la mente), y obtener los teoremas de un modo puramente mecánico, con prescindencia
de los significados y de las entidades sobre las que se está operando; conservando puras relaciones lógicas. Se realizó así un
programa largamente acariciado por Leibniz doscientos años antes.
Se obtuvieron sistemas matemáticos formalizados o matemática formal, cuyos resultados podían ser retraducidos a la
matemática clásica (o material).

Las ventajas de los sistemas formalizados son muchas: evitan que el matemático pueda introducir, inadvertidamente,
información no contenida en los axiomas; proporcionan una visión nueva de las ramas estudiadas; permiten que un mismo
sistema pueda ser aplicado a realidades diferentes -con tal de que cumplan los axiomas- logrando una gran generalidad.
Eluden las ambigüedades de los idiomas hablados (latín, alemán, inglés...). Y constituyen una mecanización del proceso
deductivo, que podría ser realizada por una máquina, cosa que ya se vislumbraba como una posibilidad próxima entonces,
pues ya se intuía el desarrollo de los computadores.

Los inconvenientes de la formalización también son notables: es un método árido y laborioso; el hombre de algún modo
pierde el control sobre lo mecánico, y no puede enmendar fácilmente los errores que pueden acontecer si el sistema
axiomático no fuera consistente y pudiese llevar a absurdos. Pero ese peligro desaparecería si se pudieran obtener
sistemas axiomáticos seguros, libres de contradicción.

Tal vez -pensaban algunos- se podría obtener la máquina omnisciente en matemáticas, que si bien no pensaría (en sentido
estricto), cargaría sobre sí el peso de la deducción, y ofrecería sus resultados al matemático evitándole el trabajo más
cansado. Lo que le permitiría al hombre tener la mente más libre para la creatividad y la interpretación. Y la máquina no
necesitaría más que los axiomas formalizados (eso sí, libres de contradicciones, es decir, asegurando previamente su
consistencia), y las reglas de construcción de fórmulas y de deducción bien especificadas (y también sin posibilidad de
conducir a contradicciones).

La formalización de las matemáticas fue, pues, realizada con la esperanza de garantizar de una vez por todas el rigor y la
consistencia, y de preparar el terreno para una mecanización futura.

Vana esperanza. Las paradojas, antinomias o contradicciones salieron a flote como nunca antes lo habían hecho. Hubo
momentos de gran desánimo. Quedaba claro que el matemático debía abandonar su "status" de Gran Sacerdote de la
ciencia más verdadera y más segura; para convertirse en un modesto artesano, vendedor de procedimientos de
organización del trabajo, a ratos agusanados (las paradojas serían como los gusanos delas matemáticas).

FORMALISMO: Una especie de juego en el cual manipulamos una serie de símbolos carentes de un significado esencial,
según una serie de reglas arbitrarias. El significado de los símbolos matemáticos viene dado por el “rol” que juegan los
símbolos en el sistema, de modo análogo en que las piezas del ajedrez son definidas por el papel que desempeñan en el
tablero. En esta concepción, entonces, las matemáticas son una actividad mental autónoma, sin ninguna conexión con
algún objeto extramental, y los objetos matemáticos existen así sólo en cuanto invención o creación del matemático, del
mismo modo en que las reglas del ajedrez existen sólo cuando haya jugadores de ajedrez.

HILBERT: Todo problema matemático, una vez definido ha de tener su solución basada en la pura razón.
Una demostración en una teoría matemática es una secuencia de proposiciones, cada una de las cuales o bien es un
axioma, o bien una proposición que ha sido derivada de los axiomas iniciales por las reglas de inferencia de la teoría.
Esta concepción de las demostraciones, se basa en aspectos sintácticos, haciendo hincapié en la aplicación de reglas de
inferencia precisas y a veces sin hacer uso de la intuición. Desde este punto de vista, la verdad se reduce a la coherencia
dentro de un sistema axiomático.

1.- El problema de la resolución de cualquier cuestión matemática (la completud).


2.- El problema de hallar un método simple y regulado para las demostraciones (teoría de la demostración).
3.- El problema de la relación entre contenido y formalismo (los objetos matemáticos).
4.- El problema de la decidibilidad mediante procedimientos finitos (el finitismo).

En 1900 David Hilbert, quien perfeccionó las ideas de Euclides en cuanto a la axiomatización de la matemática, puso a
consideración su famoso programa de investigación durante su discurso en la Conferencia Internacional de Matemáticas.
Los dos objetivos principales del programa de Hilbert consistían en primero demostrar que la matemática es consistente y
que la matemática es completa.
El teorema de Gödel demostró la futilidad de los intentos de reducir la matemática a un mero sistema formal, demostrando
que cualquier teoría matemática suficientemente potente, que al menos contenga la aritmética, contiene proposiciones
que no pueden ser probadas ni refutadas, es decir contiene afirmaciones indecidibles.

Las características principales del formalismo son:

1.- Los postulados son arbitrarios, su única limitación consiste en que sean compatibles.
2.- Los postulados son relaciones entre “no importa qué clase de entes”, que son caracterizados implícitamente a través de
esas relaciones.

3.- El sistema de postulados está destinado a fundamentar simultáneamente la lógica y la matemática.

Formalizar una teoría significa explicitar los trozos del lenguaje admitido, así como también loas reglas de formación de las
formas expresivas admisibles y las reglas del manejo de estas fórmulas admisibles. De este modo, la teoría asume la forma
de un puro cálculo que prescinde de los significados asociables a sus símbolos y a sus expresiones. En tales circunstancias,
la contradicción de una teoría se identifica con la imposibilidad de obtener, aplicando las reglas de manejo que se hayan
admitido, una cadena demostrativa en la que aparezca una proposición y sus negación, es decir, una contradicción.

La diferencia fundamental entre formalistas y logicistas consiste en que para los seguidores de Hilbert, la aceptación de los
axiomas lógicos tiene la misma naturaleza que la de los axiomas matemáticos, éstos no son reductibles a los de la lógica.
No se usan otras suposiciones que las contenidas en los axiomas. La matemática no es posterior a la lógica, no es reductible
a ella, sino que ambas aparecen simultáneamente en el sistema formal.

Las posiciones formalistas extremas han exagerado el aspecto sintáctico de los sistemas axiomáticos, poniendo el acento
en aspectos sintácticos, en detrimento de los semánticos de la intuición. Su propuesta consiste en despojar totalmente a
los términos matemáticos de su significado y realizar una definición del sistema formal correspondiente desde la sintaxis,
operando con ellos sin tener en cuenta su significado, sino simplemente las reglas de transformación definidas
previamente. Con esta óptica, los términos matemáticos aparecen como meros elementos simbólicos de un sistema
formal. La demostración se reduce de esta manera a un procedimiento algorítmico que podría desarrollarse de forma
automatizada, incluso mediante el uso de computadoras.

Esta corriente reconoce que las matemáticas son una creación de la mente humana y considera que consisten solamente
de axiomas, definiciones y teoremas como expresiones formales que se ensamblan a partir de símbolos, que son
manipulados o combinados de acuerdo con ciertas reglas o convenios establecidos. Para el formalista las matemáticas
comienzan con la inscripción de símbolos en el papel; la verdad de la matemática formalista radica en la mente humana
pero no en las construcciones que ella realiza internamente, sino en la coherencia con las reglas del juego simbólico
respectivo. En la actividad matemática, una vez fijados los términos iniciales y sus relaciones básicas, ya no se admite nada
impreciso u oscuro; todo tiene que ser perfecto y bien definido. Las demostraciones tienen que ser rigurosas, basadas
únicamente en las reglas del juego deductivo respectivo e independiente de las imágenes que asociemos con los términos y
las relaciones.

En el formalismo las demostraciones son realizadas y fundamentadas en aspectos puramente sintácticos excluyendo la
intuición y el empirismo completamente, de tal manera que los objetos matemáticos solamente son términos de un
lenguaje formal.
Las demostraciones ocupan una posición central en la actividad matemática, ya que constituyen el método de validación de
las afirmaciones de esta ciencia. La demostración es el método validativo que siguen los matemáticos para justificar las
propiedades de sus teorías.

La combinación del ideal axiomático con la convicción de que todo problema debe tener solución, conduce en los años
siguientes a la idea de COMPLETITUD del sistema axiomático.

El concepto clave con el que trabaja la escuela formalista es el de “sistema formal”, con lo que la Matemática se podría
interpretar como una colección de sistemas formales, cada uno de ellos con sus axiomas y reglas de construcción de
teoremas. Para el formalismo la lógica juega un papel fundamental como herramienta para estudiar las matemáticas, pero,
a diferencia de los logicistas, la Matemática no se reduce a la lógica.

A pesar de que Hilbert fue fascinado inicialmente por los Principia Mathematica, se reafirmó posteriormente en la idea del
desarrollo simultáneo de la lógica y de las matemáticas ( es decir, la lógica también debía axiomatizarse ), en contra de lo
defendido por Russell de que la matemática se construía a partir de la lógica.

La idea clave de la nueva lógica matemática fue desarrollar un LENGUAJE FORMAL perfectamente preciso con el que
expresar los enunciados matemáticos, en particular los axiomas, y codificar REGLAS DE INFERENCIA que permitieran hacer
totalmente precisas las demostraciones.

Las posiciones formalistas extremas han exagerado el aspecto sintáctico de los sistemas axiomáticos Para evitar las
contradicciones lógicas que, a veces, ha propiciado el uso de la intuición, pone el acento en los aspectos sintácticos, en
detrimento de los semánticos. Se evita la significación de los términos matemáticos, que aparecen como meros elementos
simbólicos de un sistema formal. Se acude al uso de reglas formales, definidas dentro del mismo sistema, que se pueden
aplicar de una manera mecánica, algorítmica. La demostración se reduce a un procedimiento algorítmico que podría
desarrollarse de forma automatizada, mediante el uso de ordenadores.

La nueva matemática, impulsada especialmente desde Alemania por la escuela de Hilbert, se configuraba como un estudio
de estructuras abstractas sobre la base de la axiomática y la teoría de conjuntos. Esta orientación suponía una ruptura
respecto a la matemática del pasado, centrada en números, figuras y fórmulas: estos elementos tradicionales parecían
“constructibles”, generables paso a paso y resolubles paso a paso, al menos en principio, mientras que en torno a 1900 se
hacía cada vez más claro el carácter “no-constructivo” de la matemática moderna.

La idea clave de la nueva lógica matemática fue desarrollar un lenguaje formal perfectamente preciso con el que expresar
los enunciados matemáticos, en particular los axiomas, y codificar reglas de inferencia que permitieran hacer totalmente
precisas las demostraciones.

Por las leyes que gobiernan la aritmética elemental es verdadero que 23 + 2 = 25 en otro contexto o universo resulta
también verdadero que 23 + 2 = 1 puesto que en ese contexto no existe un objeto llamado “25” y no es un contexto
desconocido para el lector, de hecho es cotidiano, puesto que cuando son las 23 horas y se decide estudiar otras 2 horas se
tiene que 23 más 2 será igual a la 1 de la noche. Formalmente a esta teoría se le conoce en matemáticas con el nombre de
los enteros módulo 24.

La diferencia fundamental es básicamente las definiciones, los símbolos con su significado, y las leyes, que son
componentes elementales de sistemas axiomáticos o sistemas deductivos, que gobiernan en esos universos, los
matemáticos crean universos matemáticos con sus leyes en un proceso que generalmente es perfectible y gradual.

Hilbert era platónico, al considerar el ente matemático como existente en sí, como una idea que existe aparte de lo real,
independiente de los procesos a partir de los cuales se conoce ( muy diferente, al resto de las escuelas de pensamiento de
corte totalmente empirista). Para él, la Lógica es simplemente una herramienta al servicio de la Matemática. Llevó a cabo la
fundamentación de la geometría euclídea en su obra “Fundamentos de la Geometría”, especificando claramente su
axiomatización, y haciendo patente su consistencia relativa respecto de la aritmética y el análisis. En esta obra establece los
axiomas a partir de los cuales podía desarrollarse, mediante pura deducción, toda la disciplina en todas sus variantes, tanto
euclídias como no-euclídias.

Mediante este ideal axiomático podía construir un raciocinio sobre objetos que no necesitaba definir; al contrario de
Euclides que había precisado de una definición ( intuitiva ) de los objetos básicos ( punto, línea, plano, etc ). El hecho de
prescindir de las definiciones de los objetos básicos, hace que se le haya reprochado la reducción de las matemáticas al
estudio de simples relaciones entre objetos abstractos: un puro juego con símbolos.

La matemática entra al siglo XX con una escuela que hereda las principales características del movimiento axiomático,
particularmente el afán por restringir o reubicar el papel de la intuición en el quehacer matemático; se trata de la escuela
formalista. Se ocupa de buscar una demostración de la consistencia absoluta de la matemática, partiendo de la base de que
la matemática se desarrolla simultánea o paralelamente con la lógica y que la actividad matemática se restringe a la
manipulación de símbolos carentes de todo significado intuitivo por medio de reglas de transformación explícita y
formal. Para los formalistas algo “existe” en un sistema matemático si su introducción en la teoría no implica
contradicción.
Según el enfoque de los formalistas, tan pronto se dote a un conjunto de símbolos con algún significado proveniente de las
ciencias físicas o la intuición, ya no se está haciendo matemáticas sino que se está desarrollando la ciencia a la que
pertenecen los significados.

Hacia el final del siglo XIX se produce una grave crisis en los fundamentos de las Matemáticas tanto del Análisis como de la
Geometría. Para superarla se introducen las técnicas postulacionales, se establece cada rama de la Matemáticas sobre un
conjunto de axiomas arbitrarios, en el sentido de que no nos son impuestos desde fuera, que únicamente están sujetos a
ciertas restricciones de carácter lógico, se definen unos entes abstractos sin representación concreta, únicamente definidos
por las relaciones entre ellos, pero sin existencia trascendente; estos entes son meros símbolos, son como las letras de un
alfabeto, que por sí solas no significan nada, pero que combinadas adquieren significado. De este modo el concepto de
existencia pierde su primitiva unidad para convertirse en un concepto multivalente; ya no tiene sentido decir en el mundo
de las ideas esto existe o no existe, es necesario agregar algo más, decir existe con relación a qué axiomas; la existencia en
vez de un concepto absoluto es relativo a una cierta estructura lógica, es un concepto unido a un cierto sistema de
axiomas;

Al formalizar una teoría matemática en LPO, lo que estamos haciendo es reducir todo lo relativo a los enunciados de la
teoría y sus demostraciones a un mero asunto de combinatoria de símbolos. Precisamente por ser consciente de esto,
Hilbert se convenció de que era posible desarrollar una teoría matemática de las demostraciones formales.

DAVID HILBERT Y LA GEOMETRÍA

“Según mi más profundo convencimiento, la teoría del espacio tiene en nuestro conocimiento a priori un lugar
completamente distinto que la pura teoría de las magnitudes (reine Grössenlehre); nuestro conocimiento de la primera
carece de aquel completo convencimiento de su necesidad (y también de su verdad) que es propio de la segunda. Debemos
humildemente admitir que, mientras el número es sólo un producto de nuestro pensamiento, el espacio tiene además una
realidad fuera de nuestro pensamiento, a la cual no podemos prescribirle a priori sus leyes“(Gauss & Bessel, 1880, p. 497).

De acuerdo con esta tesis, mientras que las teorías basadas en el concepto denúmero (aritmética, álgebra, teoría de
números, análisis, etc.) debían ser consideradas teorías matemáticas puras, la geometría – y la mecánica – constituían en
cambio teorías matemáticas mixtas, puesto que para su construcción no sólo basta el pensamiento puro, sino que además
se requiere del material aportado por la experiencia y la intuición.

Hilbert reproduce esta tesis en su curso de 1891 de la siguiente manera:


“La geometría es la ciencia de las propiedades del espacio, y se diferencia substancialmente de las ramas matemáticas
puras, como la teoría de números, el álgebra y la teoría de funciones. Los resultados de estas disciplinas pueden ser
alcanzados a través del pensamiento puro, en tanto que los hechos afirmados son reducidos por medio de claras inferencias
lógicas a hechos más simples, hasta que finalmente sólo se vuelve necesario el concepto de número entero. (…) De un modo
completamente distinto se comporta la geometría. No puedo nunca fundar las propiedades del espacio en la mera reflexión,
tanto como no puedo reconocer de ese modo las leyes básicas de la mecánica, las leyes de la gravitación o cualquier otra ley
física. El espacio no es un producto de mi pensamiento, sino que mees dado sólo a través de los sentidos[Sinne]. Para
representarme sus propiedades necesito por ello de mis sentidos. Necesito de la intuición y el experimento, tanto como se
los requiere para fundar las leyes físicas, donde también la materia debesernos dada a través de los sentidos”(Hilbert, 2004
[1891], p. 22-3).

Hilbert defiende la opinión, todavía compartida por muchos matemáticos haciafines del siglo xix, según la cual las
diferentes bases epistemológicas de la aritmética y la geometría hacen que el número y los procesos recursivos resulten
algo extraño o ajeno a la geometría. Desde un punto de vista epistemológico, resultaba entonces deseable lograr que el
número no desempeñe un papel central en la fundamentación de la geometría. De este modo, el problema del papel del
número en geometría sin duda captó la atención de Hilbert por el problema de los fundamentos de la geometría, desde
una etapa bien temprana. Este problema no sólo tenía una dimensión metodológica,asociada al requerimiento de la pureza
del método, sino además una clara dimensión epistemológica, ligada al carácter peculiar de la geometría como una teoría
matemática mixta. Sin embargo, la pregunta por el papel del número en la geometría se traducía en problemas
matemáticos bien concretos: en primer lugar, en el estudio de cómo se realizaba la introducción del número en las distintas
teorías geométricas a partir de la construcción de un sistema adecuado de coordenadas; en segundo lugar, en el análisis
(axiomático) del lugar que ocupan en la estructura deductiva de estas teorías aquellos axiomas en donde los supuestos
numéricos resultan más evidentes, o sea, los axiomas de continuidad. (Por ejemplo, la formulación (usual) del axioma de
Arquímedes sin dudas presuponía el concepto de número entero.) Ello nos conduce a otra discusión importante de la
geometría del siglo xix, que constituyó la base de las investigaciones axiomáticas de Hilbert.

Geometría y número: el programa de Hilbert:

En la sección anterior hemos señalado que las discusiones metodológicas entre los geómetras sintéticos puros y los
geómetras analíticos constituyeron un trasfondo importante en el abordaje axiomático a la geometría llevado a cabo por
Hilbert. Especialmente, nuestro matemático entendía que este debate, intensamente mantenido en Alemania en la
primera mitad del siglo xix, planteaba el problema de fondo de proporcionar una explicación adecuada respecto del papel
del número en geometría.

Dicho de otro modo, esta controversia planteaba en definitiva el problema de determinar en qué medida era necesaria, y
cómo se justificaba desde el punto de vista de los fundamentos, la introducción del número en geometría. La preocupación
por este problema setradujo en el hecho de que, en Fundamentos de la geometría, Hilbert impone ciertas condiciones o
cuidados especiales en la introducción de un sistema de coordenadas numéricas para su teoría geométrica. Más
precisamente, el procedimiento propuesto allí para la construcción de un sistema de coordenadas denota una
preocupación muy especial respecto de la relación entre la geometría euclídea elemental y la estructura (algebraica) de la
geometría analítica. Sobre esta cuestión en particular, sus cursos resultan sumamente esclarecedores, en tanto presentan
numerosas reflexiones respecto de la importancia metodológica y epistemológica de este problema, y en particular, sobre
cómo el método axiomático formal podía contribuir enormemente a su elucidación.

“Pero investigar nuevamente los elementos de la geometría euclídea no es sólo deuna necesidad práctica y epistemológica,
sino que espero también que los resultados que obtendremos valdrán el considerable esfuerzo. Seremos conducidos a
una serie de problemas en apariencia simples, pero en verdad bien profundos y difíciles. Llegaremos a reconocer preguntas
completamente nuevas y, en mi opinión muy fructíferas, acerca de los elementos de la aritmética y los elementos de
la geometría, y de esa manera llegaremos a proporcionar nuevamente un fundamento
para la unidad de la matemática” (Hilbert, 2004 [1898a], p. 223; énfasis mío).
Vemos aquí que una parte esencial de la empresa hilbertiana de construir axiomáticamente la geometría consistía en
mostrar que esta disciplina podía ser desarrollada de manera independiente a la aritmética y el análisis.

Como es bien sabido, en los primeros cuatro libros de los Elementos, Euclides desarrolla una teoría geométrica pura sin
números. No encontramos en estos libros una noción de longitud de un segmento lineal, ni de amplitud de un ángulo, ni
números asignados a las figuras planas en el estudio de las áreas, sino que todas las figuras geométricas son estudiadas
apelando a la noción no definida de congruencia, que intenta expresar que dos figuras (segmentos, ángulos, áreas) tienen
el mismo “tamaño”. La estrategia de Euclides en los libros I-IV consiste en probar la mayor cantidad de teoremas posibles
apelando a los teoremas de congruencia. El libro I trata de las figuras rectilíneas congruentes y culmina con el teorema de
Pitágoras. El libro II introduce una suerte de álgebra geométrica de segmentos y rectángulos, cuyas propiedades están
basadas en los teoremas de congruencia; y en los libros III-IV se aplican los resultados de los libros previos a la teoría de los
círculos y los polígonos regulares. Sin embargo, esta estrategia enfrenta una dificultad cuando Euclides debe ocuparse de la
teoría de los triángulos semejantes, o sea, triángulos cuyos lados correspondientes no son iguales, pero tienen una razón
común entre sí. La teoría de la congruencia de triángulos puede ser utilizada sin problemas para estudiar la semejanza de
triángulos, en el caso de que las razones de los lados correspondientes sean números enteros, o incluso
racionales. En cambio, si las razones entre los lados correspondientes de dos triángulos son números irracionales, resulta
claramente problemático expresar que la razón entre la longitud de los lados correspondientes de los triángulos es la
misma, si dichas longitudes no pueden ser expresadas numéricamente. Para superar esta dificultad, Euclides interrumpe su
exposición “puramente geométrica” y presenta en el libro V de los Elementos la célebre “teoría de las proporciones”,
atribuida por Proclo a Eudoxio de Cnidos.

Es un lugar común en la actualidad afirmar que con su célebre libro Grundlagen der Geometrie de 1899, David Hilbert
terminó de consolidar una manera de comprender la geometría, principalmente desarrollada en los dos últimos decenios
del siglo XIX, y particularmente influyente entre los matemáticos alemanes e italianos. Se trata de la concepción
"deductivista", según la cual la geometría no es la ciencia del espacio intuitivo, como se creía desde Euclides, sino que más
bien es una disciplina abstracta que, partiendo de ciertas suposiciones llamadas axiomas, es capaz de producir
conocimientos por medio de herramienta¡¡ excl!lsiyameute Jógicas. Ésta es precisamente la imagen más difundida del
significado y aporte de la obra fundamental de Hilbert, tal como Paul Bernays, discípulo y colaborador suyo, lo señala:

Una característica principal de la axiomatización de la geometría llevada a cabo por Hilbert es que el método axiomático
es presentado y practicado dentro del espíritu de la concepción abstracta de la axiomática que surgió al final del siglo
diecinueve y que ha sido generalmente adoptada en la matemática moderna .. Consiste en abstraer el significado
intuitivo de los términos para las clases de objetos primitivos (individuos) y de las relaciones fundamentales, y en
entender las afirmaciones (teoremas) de la teoría axiomatizada en un sentido hipotético, es decir, como siendo
verdaderos para cualquier interpretación o -determinación de las clases de individuos y de las relaciones fundamentales
que satisfacen los axiomas

Moritz Pasch y la concepción deductivista de la geometría proyectiva


Como se ha señalado, un antecedente importante del libro de Hilbert se encuentra en el trabajo de Moritz Pasch de 1882:
Vorlesungen über neuere Geometrie. Allí este geómetra alemán se vio llevado, debido a las inquietantes discusiones
existentes acerca del rol del axioma de continuidad en la geometría proyectiva, a reexaminar cuidadosamente las
estructuras deductivas del cuerpo de conocimiento existente en geometria. Pasch se encargó de revisar algunas
suposiciones básicas que se hallaban implícitas en la geometria de Euclides, explicitando sus reglas de inferencia y
principalmente completando algunas lagunas lógicas fundamentales que le afectaban. El resultado fue una presentación
completamente nueva e innovadora de la geometria proyectiva en la cnal, una vez determinados los axiomas, todos los
resultados o teoremas de la geometria podían ser alcanzados por medio de deducciones estrictamente lógicas, y sin
ninguna apelación a diagramas o a propiedades de las figuras implicadas. Ahora bien, para Pasch, al igual
que para muchos geómetras alemanes desde Gauss, la geometria es una ciencia natural, cuyo objeto de estudio son las
formas externas de las cosas, y cuyas verdades pueden ser obtenidas a
partir de un manojo de conceptos y leyes - los axiomas de la geometria - que son derivadas directamente de la experiencia.
De este modo, el significado de los axiomas es en sí mismo puramente geométrico y no puede ser concebido sin apelar a
los diagramas desde los que son derivados. Las deducciones o demostraciones, en cambio, no pueden ni deben apelar a
estos diagramas, sino que deben ser llevadas a cabo exclusivamente por medio de inferencias lógicas. Pasch articuló de
esta manera su mirada sobre la geometria en función de dos puntos o ternas principales: primero, una concepción
estrictamente deductivista de la geometria, y segundo, una perspectiva más bien empirista en lo se refiere a los
fundamentos guoseológicos últimos de esta rama de las matemáticas. Veamos sucintamente estos dos temas.
En lo que se refiere al punto de vista deductivista, la posición de Pasch es clara:

Es un hecho que, si la geometría ha de ser realmente deductiva, la deducctón debe ser en todas partes independiente del
significado de los conceptos geométricos, al igual que debe ser independiente de los diagramas; sólo las relaciones en
las proposiciones y definiciones empleadas pueden ser legítimamente tomadas en consideractón. Durante la
deducción es útil y legítimo, pero de ningún modo necesario, pensar en el significado de los términos, de hecho, cuando
se vuelve realmente necesario hacerlo, ello demuestra que hay una falla en la prueba, y que (si esta falla no puede ser
eliminada modificando el razonamiento, las premisas son demasiado débiles para
apoyarlo (Pasch 1882. p. 98)

Por otro lado, el punto de vista empirista de Pasch respecto de la geometria se hace patente desde las primeras páginas del
libro:

Los conceptos geométricos son ese grupo especial de conceptos que sirven para describrir el mundo externo, y se refieren
a la forma, magnitud y posición mutua de los cuerpos. Introduciendo conceptos numéricos, las relaciones entre los
conceptos geométricos se vuelven manifiestas, de un modo tal que pueden ser reconocidas por medio de la
observación ( ... ) El punto .de vista. así indicado, y que será asumido en lo que sigue, es que la geometría es una parte
de la ciencia natural (Pasch 1882: p .. 3)

En resumen, el interés de Pasch en la filosofia de la geometría se encontraba dividido en dos problemas principales: el
carácter de la geometría como una ciencia demostrativa y su status como una ciencia natural. En lo que respecta al primero
de estos problemas, puede decirse que Pasch fue un formalista, en el sentido en que mantuvo que es posible desarrollar
esta disciplina y evaluar sus conclusiones únicamente a través de reglas de la lógica formal y sin considerar el significado
"geométríco" de los términos y conceptos utilizados. Por otro lado, en lo que toca al segundo problema, este notable
matemático alemán defendió una posición empirista, en tanto que proporcionó una explicación genética para los axiomas
de la geometría, basada estríctamente en el material proporcionado por la intuición sensible.

Ahora bien, la influencia que tuvo esta nueva manera de presentar la geometría en los trabajos subsiguientes, es algo a
menudo resaltado y reconocido. Como lo ha señalado Nagel, desde que hiciera su aparición el libro de Pasch, "ningón
trabajo retuvo la atención de los estudiantes en la materia, a no ser que comenzara con una cuidadosa enumeración de los
términos primitivos no definidos, y de las afirmaciones primitivas no demostradas; y que no satisficiese la condición de que
todo término posterior sea definido, y toda afirmación ulterior sea demostrada, solamente por medio de esta base
primitiva". Sin embargo, el segundo aspecto de sus preocupaciones filosóficas sobre la geometría no suele ser tan
enfatizado, y lo que quisiera
Sugerir en lo que sigue es que, no sólo esta concepción deductivista tuvo una gran influencia en Hiloert, sino además su
posición empirista.

La concepción temprana de la geometría de David Hilbert: 1891-1905


El primer reconocimiento explícito de Bilbert al trabajo de Pasch se encuentra en un curso sobre fundamentos de la
geometría que dictó en 1894. Allí Hilbert reconoce haber utilizado como una fuente directa a las Lecciones sobre la nueva
geometría de Pasch, a la vez que menciona a los Principios de la mecánica de Hertz como otra referencia importante.
Luego, Hilbert afirma que la geometría es la ciencia del espacio; entendido como la forma externa de las cosas. Para él, al
menos como lo declara explícitamente en este texto, el nuevo dispositivo metodológico con el que se propone abordar
ahora a la geometría - el método axiomático - no tiene por finalidad, como se suele afirmar, efectuar una desconexión de la
geometría con la realidad o experiencia. Es claro que, al menos en esta etapa, la geometría sigue teniendo su subject-
matter habitual, a saber: el espacio de la intuición sensible - aunque el carácter de esta Anschauung es una cuestión
que decide allí eludír. Veamos algunos pasajes.

En relación a la definición de la geometría como la ciencia del "espacio", Hilbert sostiene lo siguiente en la introducción de
un curso sobre geometría proyectiva dictado en Konigsberg en 1891:

La geometría es la ciencia que se ocupa de las propiedades del espacio. Difiere esencialmente de los campos
matemáticos puros, tales como la teoría de los números, el álgebra, o la teoría de funciones. Los resultados de estos
últimos pueden ser obtenidos a través del pensamiento puro( .... ) La situación es completamente diferente en el caso de

la geometría. No puedo nunca penetrar las propiedades del espacio por pura reflexión, del mismo modo que nunca podré
reconocer las leyes básicas de la mecánica, la ley de la gravitación o cualquier otra ley fisica en este modo. El espacio no
es un producto de mis reflexiones. Más bien, me es dado a mí a través de los sentidos. (Hilbert 2004: p. 22)

Al igual que toda una tradición antes que él, y en particular entre los matemáticos alemanes, Hilbert distingue en esta
etapa inicial de sus investigaciones, dos dominios diferentes en el campo de las matemáticas. Uno, con su origen en la
experiencia, y otro, en el pensamiento puro. La geometría pertenece por lo tanto al dominio de las ciencias fisicas, o más
precisamenté, es una ciencia natural, la más perfecta de todas: "Debemos reconocer que la geometría es una ciencia
natural, pero una cuya teoría puede ser descrita como perfecta, y que también provee un ejemplo a ser seguido en el
tratamiento teórico de las otras ciencias naturales". (Hilbert 2004: p. 221)

Ahora bien, es precisamente en este puoto en donde aparece la concepción deductivista de la geometría sostenida por
Hilbert. El novedoso acercamiento a la geometría, el método axiomático, adoptado antes por Pasch, y desarrollado y
perfeccionado ahora por Hilbert, es lo que permirirá convertirla en una ciencia matemática pura. Esta es sin duda la
finalidad de este nuevo método que se deja traslucir en estos primeros escritos sobre el tema. La idea es, muy
esquemáticamente, la signiente: Para Hilbert, la geometría, al igual que por ejemplo la mecánica, emerge de la observación
de la naturaleza, de la experiencia; y en este punto es una ciencia experimental. Sin embargo, sus fundamentos
experimentales son tan irrefutables y tan generahnente reconocidos, y han sido confirmados en un grado tan elevado,
que ninguna prueba ulterior se considera necesaria para su aceptación. Pero entonces, prosigue Hilbert, "todo lo que
se requiere es derivar aquellos fundamentos de un conjunto mínimo de axiomas independientes y así construir todo el
edificio de la geometría por medios puramente lógicos. De esta manera, ie .. “por medio del tratamiento axiomático la
geometría se convierte en una ciencia matemática pura". (Citado por Corry 2006: p. 140.)
La Geometr ´ ıa, lo mismo que la Aritm´ etica, necesita solamente para su consecuente construcci´ on pocas y sencillas
proposiciones fundamen tales. Estas proposiciones fundamentales se llaman axiomas de la Geometr ´ ıa. El poner de
manifiesto los axiomas de la Geometr ´ ıa y el averiguar sus conexiones, es problema que se encuentra discutido desde
tiempos de Euclides en numerosos y excelentes tratados de literatura matem´ atica. El problema citado queda reducido al
an´ alisis l´ ogico de nuestras intuiciones espaciales.

La presente in vestigaci´ on es un nuevo ensayo para construir la Geometr ´ ıa sobre un sistema completo de axiomas, lo m´
as sencillo posible, deduciendo de ´ el los m´ as importantes teoremas, de manera tal, que en ese proceso aparezcan con
lam´ axima claridad la in terpretaci´ on de los distintos grupos de axiomas y el alcance de las consecuencias que
aisladamente se deriven de cada uno de ellos.

Una caracter ´ ıstica fundamen tal de la axiomatizaci´ on de lageometr ´ ıa de Hilbert es que el m´ etodo axiom´ atico es
presentado y practicadoen el esp ´ ıritu de la concepci´ on abstracta de la axiom´ atica que surgi´ o al final del siglo XIX y que
ha sido generalmente adoptada en la matem´ atica moderna. Consiste en abstraer a partir del significado in tuitivo de los t´
erminos para las clases de objetos primitivos –individuos– y de las relaciones fundamentales y en entender las aserciones –
teoremas– de la teor ´ ıa axiomatizada en un sentido hipot´ etico, es decir, como siendo verdaderos para cualquier in
terpretaci´ on o determinaci´ on de las clases de individuos y de las relaciones fundamen tales que satisfacen los axiomas.

Esta concepci´ on de la axiom´ atica, de la que Hilbert fue uno de los primeros defensores –y desde luego el m´ as influy
ente–, hunde sus ra ´ ıces en los Elementos de Euclides, en los que el razonamiento l´ ogico a partir de los axiomas no se
usa ´ unicamente como un modo de ayudar a la in tuici´ on en el estudiode las figuras en el espacio, sino que, m´ as bien, se
consideran las dependencias l´ ogicas en s ´ ı mismas.

Él ense˜ n´ o a los matem´ aticos a pensar axiom´ aticamente, es decir, a tratar de reducir cada teor ´ ıa a su esquema l´
ogico m´ as estricto,
desembarazado de la t´ ecnica contingente del c´ alculo.

La monografía Fundamentos de la geometría de David Hilbert (1862–1943), publicada originalmente en 1899, es


considerada habitualmente una de sus contribuciones más importantes a los fundamentos de la matemática. Según
se declara en la introducción del libro, el objetivo de la investigación es presentar un nuevo conjunto simple y completo
de axiomas independientes entre sí para la geometría euclídea, y deducir de allí sus teoremas más importantes. Por
medio de su nuevo sistema de axiomas, Hilbert logró reconstruir íntegramente y de un modo
riguroso el edificio de la geometría euclídea elemental. Con el término “riguroso” se alude a una serie de criterios
fundamentales de este nuevo abordaje axiomático formal a la geometría: en primer lugar, la totalidad de los axiomas o
principios debía ser establecida explícitamente desde un inicio, y nuevos postulados no podían ser
asumidos durante el desarrollo de las demostraciones. En segundo lugar, el resto delas proposiciones o teoremas de la
geometría debían ser obtenidos sobre la base de deducciones puramente lógicas, i.e., sin apelar a ningún tipo de
diagramas o construcciones diagramáticas en las demostraciones. Esta inmediata vinculación entre el método
axiomático y la búsqueda de rigor en matemática es un rasgo mencionado explícitamente por Hilbert en su
célebre conferencia de París “Problemas matemáticos” (1900). Asimismo, ésta es una de las características más
enfatizadas a la hora de describir la nueva concepción axiomática formal de Hilbert, tal como fue presentada por
primera vez en Fundamentos de la geometría. Por ejemplo, Klein señala lo siguiente, en una caracterización que
podría denominarse estándar:

La formulación [axiomática] abstracta es absolutamente apropiada para la elaboración de las demostraciones, pero
claramente no es apropiada para el descubrimiento de nuevas ideas y métodos, más bien, constituye la
culminación de un desarrollo previo.
En esta nota sostendré que, contrariamente a la opinión de Klein, desde un inicio Hilbert rechazó la idea de que su
nuevo método axiomático formal consistía exclusivamente en un instrumento muy eficiente para alcanzar un grado
de mayor abstracción, rigor y sistematización en la presentación de teorías matemáticas preexistentes. Por el
contrario, intentaré mostrar que Hilbert se preocupó constantemente por resaltar que el método axiomático constituía
una herramienta matemática sumamente fructífera o fecunda, que no sólo podía conducir a nuevos resultados y
descubrimientos, sino que básicamente inauguraba una nueva área de investigación matemática. Si bien la fecundidad
matemática del método axiomático puede reconocerse inmediatamente en Fundamentos de la geometría, señalaré que
ésta fue una de las características más enfatizadas por Hilbert en sus notas manuscritas para cursos sobre
geometría, correspondientes a esta etapa inicial de sus investigaciones sobre los fundamentos de la matemática.

Lo que lleva a Hilbert a adoptar la posición “deductivista” que adopta tempranamente Hilbert en relación al modo de
llevar a cabo las demostraciones en geometría, a saber: las demostraciones geométricas deben proceder
estrictamente de un modo puramente deductivo sobre la base de los axiomas, y sin hacer ninguna referencia a diagramas
o figuras geométricas.

En cuanto a su concepción axiomática, en este primer curso Hilbert presenta ya las ideas fundamentales de su nueva
concepción abstracta del método axiomático. En primer lugar, rechaza explícitamente la utilización de definiciones
descriptivas à la Euclides de los objetos primitivos del sistema como puntos, líneas y planos. Por el contrario, en su
nueva presentación axiomática de la geometría euclídea el primer paso consiste en suponer la existencia de un conjunto
de objetos cualesquiera, cuyas únicas propiedades matemáticas relevantes son las relaciones
establecidas en los axiomas. En segundo lugar, y como una consecuencia de lo anterior, declara que su sistema
axiomático no debe ser entendido como una descripción directa o inmediata del espacio físico, sino más bien como un
‘esquema de conceptos’, capaz de recibir diversas interpretaciones.En otras palabras, en este curso inicial advierte que,
de acuerdo con su nueva concepción del método axiomático, la relación entre su teoría geométrica axiomatizada y
la ‘realidad’ acontece a través de interpretaciones o ‘aplicaciones’ [Deutungen].

Sin embargo, lo que todavía está ausente en esta primera investigación axiomática es quizás la contribución más
original de Hilbert en esta etapa temprana de sus trabajos sobre los fundamentos de la matemática, a saber: la
perspectiva metateórica, o sea, las investigaciones metageométricas. En este primer abordaje axiomático a la
geometría no encontramos una investigación sistemática de la consistencia, y sobre todo de la independencia, de
los axiomas geométricos por medio del procedimiento de la construcción de “modelos” aritméticos, tal como se
presentan en Fundamentos de la geometría. Las investigaciones metageométricas aparecerán en cambio un poco
después, en un curso que Hilbert dictó en el semestre de invierno de 1898/1899, y que luego utilizó para la
elaboración de la primera edición de su célebre monografía. Es quizás por esta razón que en este período bien
inicial Hilbert consideraba la perspectiva axiomática como en cierto modo estéril desde un punto de vista matemático.
Esta opinión la encontramos en una carta dirigida a su amigo y colega Adolf Hurwitz (1859–1919):

Por cierto, mi curso sobre los axiomas de la geometría no me ha resultado, por lo menos hasta ahora, para
nada edificante. Siempre lo mismo: si se debe tomar esto o aquello como axioma; siempre el mismo
tono insípido, sin la vívida frescura de nuevos resultados. (Hilbert a Hurwitz, 13 de junio de 1894)

El próximo curso que Hilbert dedicó a la geometría fue en el semestre de invierno de 1898/1899. Este curso reviste
una importancia fundamental, ya que fue la base para la redacción final de la primera edición de Fundamentos de la
geometría. En este curso la concepción axiomática formal se encuentra ya completamente consolidada. Sin
embargo, la diferencia fundamental respecto del curso anterior es que ahora el nuevo espíritu metamatemático se
halla plenamente desarrollado. Por ejemplo, en estas notas Hilbert presenta una descripción incluso más detallada
que en Fundamentos de la geometría de cómo la teoría de los números reales podía ser utilizada para construir
diversas realizaciones o “modelos” analíticos de los axiomas geométricos, y así probar la independencia de una
proposición geométrica – un axioma o un teorema – respecto de un determinado conjunto de principios. La
técnica de la construcción de “modelos", según es entendida y practicada por Hilbert en las investigaciones
metageométricas presentadas en este curso, consistía básicamente en traducir uno u varios grupos de
axiomas geométricos dentro de otra teoría matemática, i.e., la teoría de los números reales. Para ser más precisos,
Hilbert comienza a utilizar aquí, como se volverá después habitual en su monografía, un sub–cuerpo pitagórico
(numerable) de los números reales. Esta traducción consistía en redefinir los conceptos geométricos básicos como
‘punto’, ‘línea’, ‘congruencia’, en términos de la teoría de
los números reales. Es decir, este método coincidía con el procedimiento estándar de la geometría analítica, en donde
se proporcionaban, sobre la base de un sistema adecuado de coordenadas, nuevas definiciones de estos términos
primitivos.

Luego, en este curso Hilbert explota esta nueva perspectiva, presentando incluso novedosos resultados meta-
geométricos que luego no fueron incluidos en el Festschrift. Es interesante observar así que estas novedosas
investigaciones y los resultados alcanzados cambiaron el modo en que Hilbert concibió en un primer momento la
función y utilidad del método axiomático. Sin duda, el método axiomático era una herramienta eficaz para alcanzar
un grado de rigor hasta el momento inimaginable en la presentación de la geometría elemental. No sólo el
sistema de axiomas que elabora Hilbert permitía evitar “lagunas” en las demostraciones, sino que su presentación
axiomática formal evitaba la intromisión de la “intuición geométrica” en el desarrollo de las demostraciones. Más
aún, por medio de su presentación de la geometría como un sistema axiomático formal, esta teoría se convirtió por
primera vez en una teoría matemática pura, un hecho que fue reconocido inmediatamente y señalado como uno de
sus principales logros. Sin embargo, para Hilbert las investigaciones metageométricas constituían un aspecto
fundamental, en donde se percibía en cambio el carácter matemáticamente fructífero del método axiomático. Es
dable notar que esta característica fue enfatizada por Hilbert constantemente a partir de la aparición de
Fundamentos de la geometría.

Uno de los lugares en donde Hilbert resalta con más énfasis la fecundidad matemática del método axiomático es en
un curso titulado Logische Principien des mathematischen Denkens, dictado en 1905. Este curso podría identificarse
como la exposición más acabada del método axiomático formal en esta etapa temprana de sus trabajos sobre los
fundamentos. En particular, Hilbert reflexiona detalladamente respecto de la naturaleza del método axiomático formal y
de su significado para la matemática en general. La primera parte del texto está dedicada a reproducir sus
sistemas de axiomas para la aritmética de los reales y para la geometría euclídea, y a resumir algunos de los resultados
más importantes alcanzados previamente. Sin embargo, tras presentar el sistema de axiomas para la geometría, Hilbert
dedica más de 30 páginas de su curso a resaltar el valor de su nuevo método axiomático para la matemática en general;
en particular, advierte que la peculiar fecundidad del método axiomático se aprecia fácilmente en la geometría:

El provecho más grande del método axiomático aparece asimismo en la geometría, en tanto que él suscita un gran
número de nuevas e importantes preguntas, a las que difícilmente se podría llegar de otro
modo. (Hilbert 1905 p. 70)

Para aclarar la naturaleza de esta nueva clase de preguntas, y de ese modo para ilustrar la fecundidad matemática del
método axiomático abstracto, Hilbert se refiere en primer lugar a sus investigaciones en torno a los célebres
teoremas de Desargues y Pappus (o Pascal). Si bien la importancia de estos teoremas para la geometría proyectiva era
claramente reconocida hacia el último tercio del siglo XIX, existía sin embargo una controversia muy extendida en
torno a cuáles eran los postulados o principios mínimos necesarios para su demostración. Más precisamente, en
tanto que ambos teoremas trataban exclusivamente de las propiedades de incidencia de puntos y líneas en el plano y
en el espacio, resultaba deseable encontrar una demostración que utilice exclusivamente medios proyectivos, o sea,
que no recurra a los axiomas de congruencia. En el caso del teorema de Desargues, una demostración puramente
proyectiva podía ser fácilmente obtenida si uno se situaba en el espacio. Sin embargo, la misma técnica no podía ser
utilizada para demostrar el teorema de Pascal, con lo cual Hilbert se plantea la pregunta respecto de si es posible
probar en su sistema este último teorema utilizando sólo axiomas de incidencia (I), orden (II) y el axioma de las
paralelas (IV). La respuesta que Hilbert proporciona en el capítulo 6 de Fundamentos de la geometría es que no es
posible. Para ello utiliza un cuerpo numérico no conmutativo para construir una realización aritmética de una
geometría no–pascaliana, es decir, una geometría en la que se cumplen los axiomas I, II y IV , pero no el teorema de
Pascal. Luego, es interesante señalar que Hilbert advierte en este curso que este tipo de preguntas por la imposibilidad de
probar cierta proposición o teorema a partir de un conjunto determinado de axiomas no sólo fue lo que lo
condujo a adoptar su nuevo abordaje axiomático formal a la geometría, sino que además constituye el ejemplo más
claro de la importancia y fecundidad matemática de este tipo de investigaciones:

En la pregunta acerca de qué significa esta demostración [de la imposibilidad] surgió la necesidad de definir con
mayor rigor los mediosauxiliares [Hilfsmittel], y ello sólo fue posible a través de la construcción de un sistema de
axiomas completo para la geometría; esta pregunta particular me reveló por primera vez que una axiomatización
precisa de la geometría de ningún modo es algo poco fructífero y carente de interés, sino que más bien es de una
inmensa importancia para la matemática.
(Hilbert 1905, p. 73)

Contrariamente a la imagen del método axiomático representada por ejemplo por Klein, Hilbert destaca aquí su
enorme importancia no sólo como un modo de garantizar el rigor en la presentación de una teoría matemática, sino
como una herramienta muy eficaz para alcanzar nuevos y originales resultados. En este sentido, Hilbert presenta
además otro ejemplo muy interesante del tipo de investigaciones a las que arribamos sólo gracias nuevo método
axiomático, pero que sin embargo no es incluido en Fundamentos de la geometría.

El axioma de congruencia de triángulos y el teorema del triángulo isósceles

El último ejemplo de la fecundidad matemática del método axiomático que propone Hilbert está vinculado con sus
investigaciones en torno al axioma de congruencia de triángulos. Como es bien sabido, en el sistema de Hilbert el
axioma III.6 de congruencia de triángulos, que reúne condiciones sobre la congruencia lineal y la congruencia de ángulos,
garantiza directamente el criterio de congruencia ladoángulo-lado de triángulos. Ello obedece a su estrategia de formular
los axiomas de congruencia (III) de un modo neutral o abstracto, es decir, sin hacer ningún tipo de referencia al
movimiento de cuerpos rígidos o a argumentos de superposición, como por ejemplo el argumento utilizado por Euclides
para probar la proposición I.4. En la primera edición de Fundamentos dicho axioma (III 6) reza así:
Ahora bien, en el curso recién mencionado, y más detalladamente en un artículo incorporado posteriormente como
un apéndice en Fundamentos de la geometría, Hilbert se plantea una serie de interrogantes respecto de este axioma de
congruencia de triángulos, alcanzando resultados sumamente interesantes.
Brevemente, Hilbert observa que este axioma tal como es formulado en Fundamentos de la geometría no hace
ningún tipo de referencia a la orientación de los triángulos en el plano, de modo que podría ser así considerado
como versión general [weitere Fassung] del axioma. Esta versión del axioma garantiza entonces que dos triángulos,
cuyas combinación lado—ángulo—lado coinciden, podrán ser determinados como congruentes sin importar su
orientación en el plano. Sin embargo, es posible formular una versión restringida [engere Fassung] del axioma,
que establezca que para que las condiciones de congruencia se cumplan los triángulos deben tener además la misma
orientación en el plano (Figura 1).

Hilbert se pregunta entonces si la versión general del axioma no contiene en realidad una condición superflua, y por lo
tanto puede ser reemplazada en su sistema axiomático por la versión restringida; en otras palabras, se pregunta si
la versión general no puede ser obtenida de la versión restringida – junto con los demás axiomas – como una
consecuencia lógica. Luego, esta pregunta desembocó en una investigación muy fructífera respecto del teorema clásico
de la igualdad de los ángulos de la base de un triángulo isósceles, que arrojó además resultados notables.

El teorema del triángulo isósceles (TTI) afirma que los ángulos de la base de un triángulo isósceles son iguales o,
equivalentemente, que en un triángulo cuyos ángulos de la base son iguales, los lados opuestos a los ángulos iguales son
iguales. Se trata de un teorema elemental de la geometría euclídea, que aparece tempranamente en libro I de los
Elementos como la proposición 5. En los Elementos, la prueba del TTI se basa en el criterio lado—ángulo—lado de
congruencia para triángulos, que es probado en la proposición anterior (I.4) utilizando los controvertidos
argumentos de “superposición”, que suponen la posibilidad del movimiento rígido de los cuerpos en el espacio. En el
sistema axiomático de Hilbert el teorema puede ser demostrado muy fácilmente utilizando los axiomas de I–III
(incidencia, orden, congruencia), dado que el axioma de congruencia de triángulos garantiza por sí mismo este primer
criterio de congruencia de triángulos. Sin embargo, Hilbert se plantea el problema de determinar si también es
posible demostrar el TTI utilizando la versión restringida del axioma de congruencia de triángulos – junto con el resto
de los axiomas de congruencia, incidencia y orden. Los resultados de estas de estas investigaciones metageométricas
resultan fascinantes desde el punto de vista de la estructura de la geometría euclídea elemental.

En primer lugar, Hilbert prueba que el TTI no puede ser demostrado a partir de la versión restringida del axioma de
congruencia, y el resto de los axiomas I–IV. Sin embargo, la demostración es posible si además de los axiomas
anteriores se asume la validez de dos axiomas de continuidad, en particular , el axioma deArquímedes y un nuevo
postulado que Hilbert llama “axioma de vecindad” [Axiom der Nachbarschaft].
Luego, para probar que ambos axiomas son esenciales para demostrar el TTI – suponiendo que se adopta la
versión restringida del axioma de congruencia –, Hilbert construye una serie de “modelos analíticos” de los
axiomas geométricos que, además de mostrar la independencia de ambos axiomas, arrojan resultados en cierto modo
insospechados.En particular, Hilbert construye un “modelo” en el que se cumplen todos los axiomas I – III con la versión
restringida del axioma de congruencia de triángulos y el axioma de vecindad, pero no el axioma de Arquímedes. Sin
embargo, Hilbert descubre además que en este modelo no se
cumplen i) el TTI, ii) la propiedad euclídea de triángulosy iii) la teoría del área de los triángulos.

Estos resultados metageométricos resultan así muy relevadores en


tanto contribuyen a esclarecer la estructura lógica de la geometría euclídea
elemental. En efecto, el modelo (no-arquimediano) que construye Hilbert muestra que la versión general del
axioma de congruencia de triángulos es esencial si queremos garantizar muchas propiedades fundamentales de la
geometría euclídea –como la propiedad euclídea de triángulos, la teoría de área e incluso el TTI – sin
presuponer la validez de ningún axioma de continuidad. Finalmente, concluye Hilbert, estos resultados sólo
pudieron ser alcanzados en virtud del tipo de investigaciones propiciadas por el método axiomático (abstracto):

De este modo observamos que en el sistema euclídeo construido propiamente, en el cual podemos prescindir de
las condiciones de continuidad, el axioma general de congruencia es un componente necesario. Las investigaciones
que he presentado aquí arrojan nueva luz sobre las conexiones entre el teorema del triángulo isósceles y muchas
otras proposiciones de la geometría elemental, y dan lugar a diversas observaciones interesantes. Sólo el método
axiomático pudo habernos conducido a tales cosas. (Hilbert 1905, pp. 86–87. El énfasis es mío)

Aunque los diversos resultados originales alcanzados en Fundamentos de la geometría bastan por sí mismos para dar
cuenta del carácter matemáticamente fructífero del método axiomático, hemos podido observar que una tarea
importante que emprendió Hilbert en sus cursos fue enfatizar precisamente esta fecundidad, en su opinión un
elemento fundamental de su nueva concepción axiomática. Quizás esta reacción fue motivada por el modo en que
inicialmente fue recibida esta nueva concepción, en donde se destacaba casi exclusivamente el nivel de abstracción y
rigor inusitado exhibido en su presentación de la geometría. Un claro ejemplo de este tipo de lectura es la conocida
recensión de Poincaré (1902), en donde se compara al método axiomático de Hilbert con una máquina de
razonamiento como el piano lógico de Stanley Jevons, cuya única finalidad era la obtención mecánica de teoremas
a partir de un conjunto cualquiera de axiomas.
En contraposición a esta imagen sesgada, hemos visto que Hilbert se preocupó por resaltar la fecundidad matemática
del método axiomático; quizás ello fue en cierta medida necesario, en tanto que en un primer momento no resultó
completamente claro para todos que con su libro Hilbert había inaugurado una nueva área de investigación en
matemáticas: la matemática de los axiomas o metamatemática.
FOMALIZACIÓN Y AXIOMATIZACIÓN
¿Qué es aquello que se formaliza, cuando de formalizar se trata?
Formalizamos aquellas teorías (sistemas de axiomas dentro de un lenguaje L dado) que previamente han sido
axiomatizadas.

¿Cómo se formaliza una teoría axiomatizada?


Supongamos que se nos da una teoría axiomatizada T. Restringiéndonos sólo a la lógica de primer orden, formalizar T
Significa, escoger un lenguaje L apropiado de primer orden para T. El vocabulario de este lenguaje L consta de 5
componentes. 4 de ellos son siempre los mismos y no dependen de la teoría T.

1.- UNA LISTA ENUMERABLE DE VARIABLES.

2.- LOS SÍMBOLOS PARA LOS OPERADORES LÓGICOS.


Negación.
Conjunción.
Disyunción.
Implicación.
Bicondicional.

3.- EL SIGNO (=) PARA LA IGUALDAD, imprescindible en la notación matemática.

4.- LOS CUANTIFICADORES universal y el existencial.

5.- TÉRMINOS INDEFINIDOS (PRIMITIVOS). Como hemos supuesto que T es una teoría axiomatizada, T trae implícitos
ciertos “términos indefinidos” o a veces también denominados “elementos primitivos”; a los que usualmente les
asignamos sus respectivos símbolos.

Estos símbolos, uno por cada término indefinido de la teoría axiomatizada T, usualmente se denominan parámetros del
Lenguaje de primer orden L. Este conjunto de símbolos corresponde al 5 término del vocabulario de nuestro lenguaje L
Para la teoría T.

Por ejemplo, entre los términos indefinidos de la geometría plana de Euclides, aparece punto, recta, incidencia, etc. y para
Cada uno de ellos usamos símbolos apropiados para completar el vocabulario del lenguaje de primer orden L.

Entre los términos indefinidos de la aritmética, en la axiomatización de Peano, aparece cero, suma y multiplicación, y

Para ello uno escoge los símbolos de 0, + y x respectivamente.

Puesto que el 5 requisito son los únicos símbolos en el vocabulario de un lenguaje de primer orden que dependen de la
Teoría previamente axiomatizada T, entonces, uno formaliza T simplemente escogiendo estos parámetros.
Uno puede ahora expresar en el lenguaje de primer orden resultante L, no sólo los axiomas, definiciones y teoremas de T,
Sino mucho más. Uno puede expresar en el lenguaje L, todos los axiomas de la lógica clásica y desde luego, también toda
La argumentación que uno usa en la prueba de los teoremas de la teoría T.

Resumiendo, uno puede ahora proseguir enteramente con L; es decir, “formalmente”.

¿Por qué universalmente se busca formalizar una teoría axiomatizada?


Tratemos de dar respuesta a la tercera pregunta. Supongamos que un matemático investiga cierta rama de las
matemáticas, digamos por ejemplo, la geometría euclidiana. Su interés estará centrado en descubrir y probar importantes
teoremas geométricos. Para esa clase de trabajo técnico, la formalización, no sirve de ayuda, y más grave aún, estorba o
entorpece la labor del investigador. Sin embargo, si uno hace preguntas sobre los fundamentos de la geometría; como:
¿Por qué esta rama de las matemáticas está libre de contradicciones?, entonces, la formalización, no sólo es de gran ayuda,
sino de una necesidad absoluta.

Fue necesario el golpe de genio de Hilbert para entender que la formalización era el camino a seguir para responder las
preguntas que surgen en torno a los fundamentos de las matemáticas.
Lo que él nos ensenó puede sintetizarse en lo siguiente. Supongamos que T es una teoría axiomatizada, formalizada en
Términos de un lenguaje de primer orden L. Este lenguaje tiene una sintaxis precisa susceptible de estudiarse a su vez
como un objeto matemático. Por ejemplo, uno pregunta: “Se puede desembocar en una contradicción si se procede
formalmente en L, usando sólo los axiomas de T y los correspondientes de la lógica, previamente expresados en L?”.

Si se logra probar matemáticamente que la respuesta es no, quedaría demostrado matemáticamente que la teoría T está
libre de contradicciones.

En esto consistía básicamente el famoso “Programa de Hilbert”. La idea era formalizar las diferentes ramas de las
matemáticas y entonces probar matemáticamente que, cada una de ellas, así formalizada, estaba libre de contradicciones.
En efecto, si por medio de esta técnica, los formalistas hubieran podido mostrar que la teoría de conjuntos ZF carecía de
Contradicciones, ellos habrían logrado el objetivo de probar que todas las ramas de las matemáticas clásicas también esta
Rían libres de contradicciones, puesto que las matemáticas clásicas pueden deducirse de los axiomas ZF. Resumiendo:
los formalistas trataron de crear técnicas matemáticas mediante las cuales probar que las matemáticas estaban libres de
contradicciones. Este fue el propósito inicial del formalismo.

Hay que destacar que, tanto formalistas como logicistas, formalizaron las diversas ramas de las matemáticas, pero por
razones de distinta índole.

Los logicistas buscaban esa formalización para mostrar que la rama de las matemáticas en cuestión pertenecía a la lógica;
los formalistas, por su parte, hicieron lo propio para probar que esa rama específica de las matemáticas estaba libre de
contradicciones.

Entendidas así las dos escuelas (formalizadas), aparentemente, una se confunde con la otra.

¿Lograron los formalistas llevar su programa a feliz término?


No. En 1931, Kurt Gödel mostró que la formalización no puede considerarse como una técnica matemática, a través de la
cual pueda uno probar que las matemáticas están exentas de contradicciones.

El teorema en aquel artículo, que prendió las alarmas en el programa de Hilbert es extensivo a teorías axiomatizadas que
estén exentas de contradicciones y cuyos axiomas sean lo suficientemente fuertes como para hacer aritmética en términos
de ellos.

Supongamos que T es tal teoría y que T se ha formalizado por medio de un lenguaje de primer orden L. Entonces el
Teorema de Gödel dice en términos no técnicos: “Ninguna proposición en L, que pueda interpretarse como aseveración
de que T está libre de contradicciones, puede probarse formalmente en el mismo lenguaje L.”

Aunque la interpretación de este teorema se presta a controversia, la mayoría de matemáticos ha concluido a partir de él,
que el programa de Hilbert no puede llevarse a cabo. Dicho en otras palabras, las matemáticas no están en capacidad de
demostrarse a sí mismas que están libres de contradicciones.

Sea de nuevo T una teoría axiomatizada, formalizada en términos de un lenguaje de primer orden L. Para llevar a cabo el
programa de Hilbert, se debe hablar sobre el lenguaje L como un objeto de estudio, y mientras se hace esto, uno no está
hablando en la seguridad de ese mismo lenguaje L. Al contrario, uno está hablando acerca de L en lenguaje ordinario,
digamos en nuestro caso, en español corriente. Mientras usemos nuestro lenguaje corriente y no lenguaje formal L, hay,
desde luego, peligro de contradicciones, por cuanto, pueden eventualmente deslizarse errores. Hilbert decía que la forma
de evitar el peligro que estos errores se introduzcan, era teniendo la certeza que, mientras uno habla en su lenguaje
natural, acerca de L, sólo se usen razonamientos absolutamente seguros y libres de cualquier clase de sospecha.

Hemos asociado logicismo con realismo e intuicionismo con conceptualismo. La corriente filosófica más próxima al
formalismo vendría a ser el nominalismo. Esta corriente sostiene que las entidades abstractas no tienen existencia de
ninguna especie, ni fuera de la mente humana, como sostiene el realismo, no como construcciones de la mente humana,
según la apreciación del conceptualismo.

Para el nominalismo, las entidades abstractas son meras exclamaciones vocales o líneas escritas, sólo son nombres.
De allí, el término nominalismo, del latín nominalis que significa “perteneciente a un nombre”.

Similarmente, cuando los formalistas tratan de probar que cierta teoría axiomatizada T está libre de contradicciones, no
estudian las entidades abstractas que ocurren en T, si no, más bien, el lenguaje de primer orden L, el cual se usa para
formalizar T. Esto es, estudian cómo se forman las frases en L a través del uso apropiado de su vocabulario; cómo ciertas
frases, o mejor, sentencias, pueden probarse con el uso apropiado de aquellas sentencias de L, que fueron rotuladas
como axiomas; y, en particular, tratan de mostrar que, ninguna sentencia de L puede ser probada y desaprobada al mismo
tiempo, puesto que por medio de ellas se habría establecido que la teoría original estaría, o no, libre de contradicciones.

El punto importante es que el estudio total de L, es un estudio estrictamente sintáctico, ya que ninguna entidad abstracta
o un significado se ha asociado con las sentencias de L.

El lenguaje se investiga considerando las sentencias o frases de L como expresiones sin significado, que se manipulan según
reglas sintácticas explícitas, justamente como se manipulan las piezas del ajedrez, que son figuras sin significado que se
mueven de acuerdo a las reglas fijas del juego. Para el formalista estricto, hacer matemáticas es manipular símbolos sin
significado de un lenguaje de primer orden, según reglas sintácticas explícitas.

Por lo tanto, el formalista estricto no trabaja con entidades abstractas, tales como series infinitas o cardinales, sino
solamente con sus nombres carentes de significado que son las expresiones apropiadas en el lenguaje de primer orden.
Tanto formalistas como nominalistas evitan el uso directo de entidades abstractas, y es en virtud de esta postura que se
hace la comparación del formalismo con el nominalismo.
GODEL O CONVIVIR CON LA INCERTEZA

“Sobre proposiciones formalmente indecidibles de los Principia Mathematica y sistemas afines”

“No se puede captura toda la verdad sobre números naturales en un sistema formal”

TEOREMA DE INCOMPLETITUD

“En cualquier formalización consistente de las matemáticas


que sea lo bastante fuerte para definir el concepto de números
naturales, se puede construir una afirmación que ni se puede
demostrar ni se puede refutar dentro de ese sistema”

Los dos teoremas de Gödel nos dicen en resumen que:

a.- Si una teoría T es consistente, entonces hay una fórmula F que no es posible derivar en T.
b.- Si una teoría T es consistente, entonces no se puede derivar dentro de T la afirmación de que T es consistente.
Los teoremas de Gödel hacen relación a la imposibilidad de construir sistemas axiomáticos completos. Un sistema
axiomático es completo si todo enunciado p, correctamente formulado, puede probarse como verdadero o como falso.

Demuestra que todo sistema formal contiene proposiciones no susceptibles ni de demostración ni de refutación dentro del
mismo sistema, proposiciones llamadas “formalmente indecidibles”.
El impacto de los teoremas de Gödel va mucho más allá de la destrucción de las metas de estas dos escuelas, porque pone
en claro que las tradicionales clasificaciones de “verdadero y falso” son insuficientes para los sistemas formales.

Los resultados de Godel implican que cualquier formalismo suficientemente fuerte para expresar la teoría elemental de
números es incompleto. La conclusión apuntaba a algo inevitable: LAS MATEMÁTICAS NO PUEDEN SER FORMALIZADAS DE
MANERA ABSOLUTA; pero, además, lo cual es un corolario del trabajo de Godel: en las partes formalizables no es posible
garantizar la consistencia.

Como hemos señalado ya, teoremas metamatemáticos como el de Gödel demuestran la futilidad de los intentos de reducir
la matemática a un mero sistema formal. La matemática es mucha más que mero encadenamiento deductivo, formal,
apareciendo como un proceso creativo, ligado a la formulación de conjeturas, a la presencia del ejemplo y el
contraejemplo, a la falsabilidad, a los procesos de prueba y refutación.

Resumiendo, la idea nuclear de Gödel puede sintetizarse del siguiente modo: si el matemático puede saber con certeza
que, sea cual sea el sistema axiomático que esté manejando, siempre existirán proposiciones matemáticas verdaderas que
no estarán contenidas en él, entonces está implícitamente aceptando que la existencia misma de proposiciones
matemáticas verdaderas en cuanto tales no depende de que ellas existan como parte de un sistema axiomático realmente
construido por un hombre. Y si su existencia, que se reconoce, no depende de su pertenencia a un sistema axiomático
construido por un hombre, ya sea de modo explícito en sus teoremas, ya sea virtualmente en sus axiomas, entonces debe
depender de un principio que no sea la capacidad intelectual humana. En pocas palabras: el sustento entitativo de tales
proposiciones no puede ser, al menos en algunos casos, la mente humana.