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LOGICISMO

(Cálculo con formas generales)

¿Qué cosa es la matemática?


1.- Una ciencia experimental: La matemática estudia objetos determinados por la experiencia.

2.- Una ciencia abstracta platónica: Los objetos de las matemáticas existen en el mundo de las ideas, mientras los objetos
del mundo real son sólo un pálido reflejo de los objetos matemáticos.

LÓGICA MATEMÁTICA
La lógica matemática es matemática en cuanto que usa herramientas matemáticas. En este sentido, la lógica matemática
es matemática en el mismo sentido que lo es, digamos, la mecánica newtoniana. En ambos casos, el método es
matemático, pero las ciencias mismas no lo son, pues su objeto de estudio pertenece a una realidad objetiva e
independiente. En particular, las herramientas matemáticas que usa la lógica simbólica contemporánea – tanto en su
simbolismo con en su cálculo – se crearon originalmente para el desarrollo algebraico de la geometría, y luego fueron
adaptadas al resto de las matemáticas y la lógica. A estas herramientas se les llama formales, pues permite el cálculo con
formas generales.

El lenguaje formal de la lógica moderna se desarrolla dentro de la tradición algebraica. En este sentido, el lenguaje
simbólico de la lógica matemática, nacida a finales del siglo XIX y principios del XX, no es meramente sincopado, sino
formal. No sólo usa fórmulas con variables para expresar la forma lógica de enunciados, sino que además cuenta con un
cálculo que permite su manipulación. Ambas propiedades son esenciales para la naturaleza matemática de la lógica. La
formalización y el cálculo son los dos pilares sobre los cuales está construida la lógica matemática. La lógica simbólica
contemporánea es matemática precisamente porque cuenta con ambas dimensiones. Si el lenguaje simbólico de la lógica
no estuviera inscrito en un cálculo formal, no sería propiamente simbólico. Se quedaría simplemente en el nivel
sincopado. Igualmente, si sus fórmulas no expresaran formas generales, no podríamos hablar de un lenguaje o una lógica
fomal.

Pese a que, en muchos casos, las teorías lógicas formales son “formales” también en este otro sentido, es importante
tener claro que la lógica no tiene que ser axiomática y algorítmica para ser formal.
Su carácter formal proviene de su uso de un lenguaje simbólico que permite el cálculo con formas generales.

Es una sección de la matemática que trata de clases, relaciones, combinaciones de símbolos, etc., en lugar de ocuparse de
números, funciones, figuras geométricas, etc.

LÓGICA DE PROPOSICIONES
La lógica proposicional es aquella parte de la lógica que trata con argumentos cuya validez sólo depende del modo en que
las proposiciones se combinan mediante los conectivos, no de su estructura interna. Así un argumento, es válido
independientemente de la estructura interna de las proposiciones p, q, r y s. La teoría semántica de la lógica proposicional
exige que cada proposición sea verdadera o falsa. Por tanto, las variables proposicionales sólo pueden adoptar dos
valores, que por comodidad denotamos con 1 o 0 y denominamos valores de verdad.

LÓGICA DE PREDICADOS
La lógica de predicados es aquella parte de la lógica que trata con argumentos cuya validez no sólo depende del modo en
que las proposiciones se combinan mediante los conectivos, sino de su estructura interna, y es una extensión de la lógica
de proposiciones.

La semántica de la lógica de predicados es mucho más compleja y menos satisfactoria que la de la lógica de
proposiciones. Como su nombre lo indica, en ella las proposiciones se analizan en sujeto y predicado, donde el término
predicado lo utilizamos en un sentido general hasta abarcar no sólo propiedades de individuos, sino propiedades de
conjuntos finitos y ordenados de individuos.

Para representar predicados la nueva lógica se valió de la notación funcional f(x), g(x,y), h( x,y,z), etc. para funciones de
uno o más argumentos.

Es decir, son funciones que tienen como dominio un conjunto de individuos y como imágenes proposiciones acerca de
dichos individuos.

KANT: JUICIOS SINTÉTICOS Y ANALÍTICOS


los enunciados analíticos son aquellos en los que el predicado está contenido en el sujeto (no dicen nada sobre el
mundo); los enunciados sintéticos son aquellos en los que el predicado no está
contenido en el sujeto (dicen algo sobre el mundo); el conocimiento a priori es el conocimiento (casi) completamente
racional, independiente de la experiencia sensible, y el conocimiento a posteriories el conocimiento
no completamente racional, dependiente de la experiencia sensible.

Tradicionalmente, estas nociones estaban relacionadas en el siguiente sentido: si un juicio no dice nada
sobre el mundo, entonces se debe a un conocimiento a priori; si un juicio dice algo sobre el mundo,
entonces se debe a un conocimiento a posteriori.

Se establecía, pues, una clara y aparentemente necesaria distinción entre los juicios analíticos y el conocimiento a priori,
por un lado, y entre los juicios sintéticos y el conocimiento a posteriori, por el otro.
Es sabido que Kant fue el primero en romper esta clasificación y en establecer la posibilidad de juicios sintéticos a priori,
esto es, juicios que dicen algo sobre el mundo y que son independientes de la experiencia sensible en la medida en que
no se originan en ella (y no en la medida en que no comienzan con ella, dada la concepción kantiana de lo a priori).

Ahora bien, al hablar de esta revolución filosófica debe decirse que Kant conservó el prejuicio de que, si algo
es necesario, entonces es un conocimiento a priori y de que, si algo es contingente, entonces es un conocimiento a
posteriori. Este prejuicio es consistente con su filosofía porque para Kant el conocimiento a priori es conocimiento
certero, imposible de ser contradicho por la experiencia.

Kripke lo expone así:

Y, por supuesto, cuando Kant usa “necesario” para un tipo de proposición y “a priori” para un modo de
conocimiento, no se le puede culpar de caer en la práctica común contemporánea de tratar a los dos términos
como sinónimos intercambiables. Resulta claro, desde las primeras páginas de la Crítica, que la tesis de que
el conocimiento de que algo es necesario tiene que ser un conocimientoa priori es considerada por Kant
como una tesis importante y sustantiva, aunque obvia.

Kant considera que en todos los juicios se concibe una relación de sujeto a un predicado; así se distinguen dos tipos de
relación considerando sólo a los juicios afirmativos.

1.- El predicado B pertenece al sujeto A como algo contenido en él. El enlace del sujeto con el predicado se concibe por
identidad.

A este tipo de relación Kant la llama “juicio analítico” donde el predicado está fuera del concepto que esta expresado en
el sujeto. Los juicios analíticos son juicios explicativos porque sólo descomponen (o explican) el contenido del sujeto, pero
no añaden nuevos conocimientos.

2.- El predicado B es extraño al concepto A, si bien se halla enlazado con él, y su enlace es sin identidad, añaden al
concepto del sujeto un predicado que no era en modo alguno pensado en aquél y que no se hubiera producido por
ninguna descomposición.

A estos juicios se les llaman “sintéticos” o juicios extensivos y/o progresivos, donde el predicado está fuera del concepto
expresado en el sujeto, dando nuevos conocimientos a lo ya sabido en el sujeto.

Con respecto a las categorías o formas, se dan de dos tipos: los juicios a priori los cuales son independientes de la
experiencia.

Y los juicios a posteriori, éstos sólo pueden fundamentarse a base de la experiencia sensible.

INTRODUCCIÓN: FUNDAMENTOS DE LA MATEMÁTICA

Desde sus orígenes mismos, la filosofía se ha interesado en las matemáticas pues parecen ofrecer el tipo de conocimiento
al que tradicionalmente ella ha inspirado: infalible y exacto, a diferencia del empírico o del que nos proporcionan los
sentidos.
La matemática, sobre todo el método axiomático de la geometría euclidiana, se convirtió en un modelo metodológico
para muchas corrientes filosóficas e inspiró sueños relativos a una “matemática del pensamiento” que nos permitiría
calcular en lugar de razonar, obtener resultados seguros y precisos, y que podría ser aplicada automáticamente, incluso
por una máquina, para resolver problemas éticos, políticos, etc.
El siguiente factor que contribuyó sustancialmente a la “crisis” de las matemáticas provino de la teoría de conjuntos
propuesta por George Cantor, que se creyó podría servir para fundamentar lógicamente a la matemática, es decir, para
definir todos los conceptos matemáticos por medio de conceptos lógicos y reducir todos los teoremas matemáticos a
principios lógicos. Esto fue, precisamente, lo que Gottlob Frege intentó llevar a cabo con su programa logicista.
En efecto, poco a poco se había demostrado que la aritmética era la parte más fundamental de las matemáticas, en el
sentido de que todos los números pueden ser definidos en términos de los enteros. No obstante, Frege determinó que la
definición del concepto de número era inadecuada, así que ofreció una caracterización puramente conjuntista de él.

Por su parte, Russell detectó una paradoja en la teoría de conjuntos: existen conjuntos que, contradictoriamente, se
incluyen y excluyen a sí mismos, como el conjunto de todos los conjuntos que no se incluyen a sí mismos.

Russell trató de solucionar esta paradoja por medio de su teoría de los tipos (lógicos), distinguiendo diferentes niveles de
lenguaje.

Pero la solución que propuso trajo consigo nuevos problemas, pues entrañaba la aceptación del “axioma de
reducibilidad” que implicaba más problemas de los que solucionaba.

David Hilbert y la escuela formalista trataron de evitar los problemas del logicismo por medio de una teoría rigurosa de la
prueba (metamatemática) que permitiría demostrar, de manera absoluta, la consistencia de los sistemas formales o
axiomatizados, para así terminar, de una vez por todas, con el problema de los fundamentos de las matemáticas.

Pero el programa formalista también sufrió un revés. Gödel, en 1931, demostró que ningún sistema formal
suficientemente interesante para expresar la aritmética elemental puede ser axiomatizado de un modo a la vez completo
y consistente, es decir, el intento por derivar todos los teoremas de los axiomas para alcanzar la completitud conlleva el
surgimiento de contradicciones en el sistema, y el intento por alcanzar la consistencia deja algunos teoremas sin probar.

Todo sistema puede ser probado a través de otro más potente, no obstante, en este nuevo sistema siempre se llega al
mismo problema que en el anterior.

Durante la crisis de fundamentos de la matemática hubo quienes se preocuparon por introducir rigor lógico en
matemáticas, y por investigar lo infinito bajo la forma de la teoría de conjuntos; de la dramática aparición hacia 1900 de
las paradojas lógicas o conjuntistas, que pusieron en tela de juicio el objetivo apenas logrado; y de la subsiguiente
confusión y lucha de escuelas, aparentemente irreconciliables, en la búsqueda de soluciones a la crisis.

GOTTLOB FREGE

EL CONCEPTO DE NÚMERO
“¿Qué cosa es el número? Una cosa….”
El presente ensayo no trata de decidir si el número es una cosa. La pregunta relevante es qué clase de cosa es.
¿Cuál es la naturaleza del número? A éste respecto, primero, analizamos dos posibles respuestas desde la posición crítica
de Frege:

1.- La Psicologista.
2.- La Formalista.

Después, damos la respuesta del propio Frege: el número es un objeto de tipo lógico (logicismo). Para ilustrar ésta última,
mostramos la definición del número 0 y la del número 1.
Por último se formula la pregunta de si existe una diferencia importante en la definición de ambos conceptos.
¿El 1 es generado a partir del 0 por la operación de sucesor, o más bien, 1 es la negación de 0?

¿Cuál es la naturaleza de lo que intento significar con un número?


A este respecto, existen 3 concepciones diferentes. Una de ellas dice que el número es un objeto de tipo lógico, otra que
es un objeto psicológico y otra que es un objeto meramente formal.
En efecto, uno podría pensar, o bien que los números son representaciones, signos mentales abstraídos de propiedades
de los objetos físicos (psicologismo), o que son signos sin contenido expreso (formalismo), o que son signos
puramente lógicos (logicismo). En el primero de los casos los signos considerados de este modo son más bien subjetivos,
en el segundo son más bien formas y no objetos; mientras que, en el tercero, el carácter objetivo de los números se
defiende a toda costa.

Con el fin de dilucidar mejor el asunto principal voy a distinguir entre lo que referimos con la palabra número y lo que
referimos con la palabra numeral.
Por lo general, se tienen dos concepciones acerca de los lenguajes. O bien los lenguajes son signos convencionales de
cosas, o bien, son signos naturales. Lo mismo sucede para el lenguaje de la aritmética. En ella el numeral es un signo
al que se atribuye un significado meramente convencional, mientras que el número es un signo del que se dice que
significa la naturaleza de lo que él es signo. Así, por ejemplo, son dos cosas bien diferentes “1” como número y
“1” como numeral, pues con el primero designo la naturaleza de la cosa misma que es “una”, mientras que el segundo
sólo es un modo de representar el número “uno”, el cual, bien podría haber representado con cualquier signo que se me
Antojara, por ejemplo: &.

A Frege, como a muchos filósofos y matemáticos de su tiempo, les preocupaba la falta de rigor y precisión con la cual
trabajaban los matemáticos. Les preocupaba que trabajaran sin tener un conocimiento claro y definido de ni siquiera sus
conceptos más básicos, como el de número o el de magnitud.

Según Frege, los conceptos fundamentales de la aritmética ( como el de número ) podrían ser definidos usando sólo
conceptos de la lógica formal, y además, las leyes básicas de la aritmética podían ser probadas, a partir de estas
definiciones usando exclusivamente leyes e inferencias lógicas.

Después de complejos razonamientos pensó que había encontrado la respuesta definitiva en la Lógica.

Este proyecto, según el cual es posible demostrar que los verdaderos fundamentos de las matemáticas se encuentran
dentro de la lógica, es conocido como logicismo.

El primer paso de Frege en la dirección logicista fue tratar de reducir el concepto de orden-en-una- secuencia al de
ordenación lógica. Pero, en el intento, Frege se topó con una muy importante dificultad: Necesitaba que sus argumentos
quedaran expresados de una manera completamente clara, precisa, y fácil de seguir. Necesitaba que cada uno de sus
pasos fuera fácilmente identificable, de tal manera que ningún supuesto quedara implícito, sino que fuera claramente
expuesto.

Antes de reducir las matemáticas a la lógica, era necesario contar con un lenguaje artificial que facilitara la comprensión
elaboración de esta reducción.

La presentación de este lenguaje y la reducción, en ella, del concepto de orden-en-una-secuencia al de ordenación lógica,
son los principales objetivos que Frege cree haber logrado en su Conceptografía.

En la conceptografía, aparecen por primera vez las funciones lógicas, las pruebas recursivas, la teoría cuantificacional y,
por supuesto el cálculo lógico.
A finales del siglo XVIII e inicios del XIX, y coincidentemente con el movimiento de rigorización de la matemática, se podía
notar una tendencia reduccionista en algunos matemáticos para encontrar la teoría más básica a partir de la cual toda la
matemática podía ser generada. Un ejemplo de tal tendencia en los siglos XVI y XVII fuel el descubrimiento de la
geometría cartesiana. Con esta nueva teoría es posible representar cualquier figura geométrica en términos de conjuntos
de n-tuplas ordenadas de números reales. Como resultado del movimiento reduccionista, la aritmética fue tomada como
el fundamento de toda la matemática. Pero los matemáticos con inclinaciones filosóficas no quedaron satisfechos con
esto; era necesario encontrar una teoría más fundamental sobre la cual pudiera descansar la aritmética.

Frege fue quien desarrolló por primera vez un lenguaje formal-bidimensional, por cierto – en el que pueden formalizarse
todas las proposiciones matemáticas, residiendo la clave del éxito en la introducción de los símbolos de cuantificación
existencial y universal, el “para todo” y el “existe” del lenguaje matemático.

Debemos al filósofo y matemático alemán Gottlob Frege ( 1848- 1925 ) el primer gran intento de buscar un fundamento
más sólido para la aritmética de los números naturales. Según Frege, tal fundamento sólo podría ser algo tan general y
tan seguro como la lógica.

El programa logicista fregeano involucraba dos tesis:


1.- Los conceptos básicos de la aritmética (el cero, el número natural y el sucesor ) deben ser definidos en términos de
conceptos estrictamente lógicos.
2.- Las verdades más básicas de la aritmética (los axiomas de Peano), deben poder ser demostrados a partir de verdades
puramente lógicas y definiciones.

Si los platónicos como Frege consideran que los entes matemáticos son entes existentes por sí mismo y que hay que
descubrir; si los formalistas como Hilbert piensan que un ente sólo puede considerarse como matemáticamente existente
si se lo define sin contradicciones, Brouwer sostiene que sólo puede considerarse que un ente existe matemáticamente si
se logra construirlo, es decir, únicamente a condición de que podamos dar un ejemplo de él o indicar el procedimiento
que nos permite llegar a una ejemplo similar, a través de una cantidad finita de pasos.

Por tanto, 0,1,2,3,4,5,6,7,8,9 pueden ser considerados como numerales que designan números de cuya combinación
resultan otros numerales: 100, 34, 23, etc. No preguntamos: ¿qué es un númeral? ¿qué es, por ejemplo, el signo “1”?
lo que no tiene sentido preguntar si sabemos que un numeral es un signo convencional, pues un numeral sería entonces:
“lo que se me antoje” – sino que preguntamos: “qué es un número” lo cual tiene sentido, pues realmente no sabemos
cuál sea la naturaleza misma de la que un número sea signo.

Hemos de decir que las consideraciones anteriores son objeciones a la concepción formalista de número, aunque con
ellas no queda rebatido el formalismo, sí nos dicen que los números no pueden ser signos sin contenido tal como lo son
los numerales. Ellos deben ser signos naturales de algo y no meras fórmulas convencionales.

Cabe entonces preguntar si los números son signos naturales de representaciones mentales o de objetos físicos.

Frege en su obra cumbre, se ocupa, en primer lugar, de criticar los puntos de vista anteriores y contemporáneos sobre
qué son los números y cuál es la naturaleza de la verdad matemática, para luego introducir su propia definición de las
nociones básicas de la Aritmética en términos puramente lógicos.

En esta obra defiende 3 principios fundamentales:

1.- La necesidad de separar lo subjetivo de lo objetivo, lo psicológico de lo lógico.


Según Frege, la representación mental que pueda producir una palabra es irrelevante para significado de la misma.
“El significado lo da más bien el papel desempeñado por las palabras en la determinación de las condiciones de verdad
de las oraciones en las cuales aparece”

2.- El que el contexto de una proposición es en donde se debe preguntar por el significado de una palabra y no
aisladamente. El preguntarnos por el significado de una palabra sin tener en cuenta el contexto de la oración en que
aparece nos conduce a elegir una imagen mental como su significado.

3.- La distinción entre concepto y objeto.


Para este respecto hay que revisar dos aportes de Frege a la lógica, que se encuentran íntimamente relacionados, a saber:
el cálculo proposicional veritativo funcional y el análisis de proposiciones en la forma argumento-función en lugar del
esquema sujeto-predicado.

La teoría de “las galletas y los guijarros” es la primera filosofía de la aritmética que Frege critica. Según esta concepción,
Defendida por Mill, los números son generalizaciones de agrupaciones de objetos, esto es, la aritmética “descansa en
la inducción a partir de hechos relativos a agrupaciones concretas de cosas”.
Frege refuta a Mill con los siguientes argumentos:

1.- Si el uso correcto del número 1 se sustenta en que tengo un objeto en el bolsillo, tendría que tener en el bolsillo
también 1,345,876 objetos para usar correctamente este número, lo cual es absurdo.

2.- La misma noción de inducción sobre la que la teoría empirista construye la definición de número, requiere alguna
noción de la aritmética como por ejemplo la teoría de la probabilidad. Luego las leyes generales de la aritmética no
pueden ser verdades inductivas.

3.- En la concepción de las “las galletas y los guijaros” hay una confusión al suponer que la suma hace referencia a la
adición física de objetos. El contraejemplo que proporciona Frege es el de la suma de líquidos que por reacción química
no arrojan el resultado que uno esperaría, por ejemplo agregar dos litros de un líquido a tres de otro dando por resultado
cuatro litros. Si la suma fuera la adición física tendríamos que decir que en este caso 2 + 3 = 4, lo cual es absurdo.

La segunda concepción que Frege ataca es la psicologista. Cuando en esta concepción usamos las palabras nos estamos
Refiriendo a procesos mentales. Los números, por tanto, o mejor el significado de estos, es el proceso mental que los
acompaña.

Frege argumenta contra esta posición de la siguiente manera: “Si uno se representa la palabra impresa <<oro>>,
no asocia al principio número alguno con ella; si ahora uno se preguntase cuantas letras tiene la palabra, el resultado
sería el número 3; la imagen, no obstante, no estará en absoluto más definida, sino que permanecerá totalmente
invariada.”

Por último, Frege critica la concepción formalista de la aritmética. Para esta concepción la aritmética es un juego con
signos vacíos (números). El formalista no se pregunta qué son los números, sino que exige la aritmética de ellos para
poder usarlos.

Frege no aceptó esta posición porque si los números son signos vacíos, no tendrían ninguna aplicación posible. Además,
según Frege, los formalistas confunden el número con el numeral, identifican números con signos sensibles.

Pero si el 1 es sólo un signo vacío, ¿cómo explicar que al multiplicarse por sí mismo da otra vez 1?, ¿es esto una mera
ficción? Por otra parte, si 1 es el trazo en el papel “ninguna investigación microscópica o química, por exhaustiva que
fuese, podría descubrir nunca esta propiedad en la inocente figura que llamamos el signo numérico 1”

Ninguna de las teoría abordadas responde satisfactoriamente a la cuestión de qué es un número; no tenemos respuesta
a ¿de qué cantidad estoy afirmando algo si digo 3 lunas?

QUÉ NO ES UN NÚMERO
Los números no son objetos espaciales pero tampoco son imágenes mentales. ¿Qué son entonces? Respuesta:
Objetos lógicos.

En palabras de Frege, “después de determinar que un número no era una colección de cosas, ni una propiedad de tal
colección, ni tampoco el producto subjetivo de un proceso mental, decidimos que un enunciado numérico afirma algo
objetivo acerca de un concepto”.

Los números son objetos lógicos que caen bajo determinados conceptos. No se enumera un conjunto de objetos, los
Números no resultan de agregados de cosas. Un ejemplo es: “un montón de piedras puede ser uno (en tanto que
constituye un solo montón) o veinte (en tanto que contiene veinte piedras) o cinco (en tanto que consta de cinco
capas)”. Si numeramos el montón de piedras como agregado de objetos no habría allí un número establecido, lo que
debemos numerar es el concepto “montón de piedras”. Para saber con exactitud qué es un concepto para Frege,
aconsejo leer su ensayo Función y concepto. Muy someramente, diremos que, en este ensayo, Frege analiza el concepto
de “Función” matemática, llegando a que la función es la estructura lógica común a un conjunto de enunciados; después,
extiende dicho concepto al concepto de función lingüística, por medio de la introducción de símbolos.

El concepto es lo que cumple el papel de función lingüística. “Concepto es una función cuyo valor es siempre un valor
veritativo”. Ahora bien, en el análisis de la función, Frege encuentra un componente importante: el argumento. Con
esto distingue argumento de función, como partes que configuran un todo completo.

Teniendo en cuenta esto vamos ahora a definir el número 0 y el número 1, ya que son los casos más simples y claros.

“Si yo digo <<Venus tiene 0 satélites>> no hay satélite ninguno en ningún agregado de satélites del que quepa afirmar
nada y lo que ha sucedido es que he asignado al concepto <<satélite de Venus>> una determinada propiedad a saber, el
de no incluir nada bajo sí.”

ESCUELAS FILOSÓFICAS DEL PENSAMIENTO MATEMÁTICO

1.- PLATONISMO – IDEALISMO – REALISMO:

KURT GÖDEL:
Me parece que la admisión de tales objetos es tan legítima como la admisión de los cuerpos físicos, y que hay tanta razón
para creer en la existencia de unos como en la de otros. Estos objetos son tan necesarios para obtener un sistema de
matemáticas satisfactorio como lo son los cuerpos físicos para contar con una teoría satisfactoria de nuestras
percepciones sensoriales, y en ambos casos es imposible interpretar las proposiciones que uno desea afirmar sobre esas
entidades como las proposiciones sobre los “datos”, es decir, en este último caso sobre las percepciones sensoriales
realmente experimentadas.

a.- Platón tomó la posición que los objetos de las matemáticas tuvieron existencia por sí mismos, más allá de la mente, en
el mundo externo.
b.- Para el Platonismo los objetos matemáticos tienen una existencia real y objetiva en algún reino ideal, independiente
del ser humano.
c.- Hay objetos matemáticos tales como los números que existen independientemente de las condiciones espacio-
temporales de la naturaleza física – es decir que son eternos – y de nuestra actividad mental.

d.- Nuestras teorías matemáticas describen tales objetos, pero no de un modo exhaustivo.

PLATONISMO: La concepción de que la matemática describe una realidad no sensible, que existe independientemente
tanto de los actos como de las disposiciones de la mente humana, y que es solo percibida por ella, aunque probablemente
de forma incompleta.

Los objetos de las matemáticas existen en el mundo de las ideas, mientras los objetos del mundo real son sólo un pálido
reflejo de los objetos matemáticos.

De acuerdo con el realismo o platonismo, lo anterior es posible debido a que el tipo de entidades a las que las
matemáticas se refieren, (no sólo los números sino también los puntos, las funciones, los conjuntos, etc.) no se pueden
percibir por medio de los órganos de los sentidos ni están ubicados espacio-temporalmente: podemos percibir un número
1 escrito en un libro, pero nunca el número 1, del cual son instancias los número concretos que percibimos.

Por eso se ha pensado que las entidades matemáticas, aunque reales o independientes de nosotros, no son físicas, sino
inteligibles: se puede pensar en ellas, incluso percibirlas, mas no por medio de los órganos de los sentidos sino de una
“intuición intelectual”. Sin embargo, tampoco se reducen a las ideas o a las imágenes mentales que tenemos de ellas,
pues mientras éstas varían en cada individuo, las entidades matemáticas son iguales para todos y no cambian.

En la obra de Platón los entes matemáticos aparecen como objetos separados de las cosas ni proceden de cosas sensibles,
ni son producidos por el pensamiento de los hombres, existen con existencia eterna e inmutable.

Parece así que Platón sitúa los entes matemáticos en el reino de las ideas, al contrario que Aristóteles que los piensa
como entes intermedios entre las cosas sensibles y las ideas.

Éste considera las matemáticas como un sistema de verdades que han existido desde siempre e independientemente del
hombre. La tarea del matemático es descubrir esas verdades matemáticas, ya que en cierto sentido está “sometido” a
ellas y las tiene que obedecer. Por ejemplo, si construimos un triángulo de catetos a, b y de hipotenusa c, entonces
irremediablemente encontraremos 𝑎2 + 𝑏 2 = 𝑐 2 .

El platonismo reconoce que las figuras geométricas, las operaciones y las relaciones aritméticas nos resultan en alguna
forma misteriosas; que tienen propiedades que descubrimos sólo a costa de un gran esfuerzo; que tienen otras que nos
esforzamos por descubrir pero no lo conseguimos, y que existen otras que ni siquiera sospechamos, ya que las
matemáticas trascienden la mente humana, y existen fuera de ellas como una “realidad ideal” independiente de nuestra
actividad creadora y de nuestros conocimientos previos.

Desde el siglo IV a. de C. con Platón y su discípulo Aristóteles se dio inicio a la discusión sobre la naturaleza de las
matemáticas, Platón veía las matemáticas como una actividad mental abstracta sobre objetos existentes en un mundo
externo. En sus estudios Platón mostró claras distinciones entre las ideas de la mente y sus representaciones percibidas
en el mundo por los sentidos. Por otro lado Aristóteles, tenía una visión apoyada en la realidad experimentada, donde el
conocimiento se adquiere a través de la experimentación, la observación y la abstracción. Así Aristóteles afirma que las
ideas matemáticas se construyen por medio de idealizaciones realizadas por los matemáticos como resultado de su
experiencia con objetos.

El punto de vista de Aristóteles de las matemáticas no estaba basado en una teoría de un cuerpo de conocimiento
externo, independiente e inobservable. En cambio estaba basado en una realidad experimentada donde el conocimiento
es obtenido de la experimentación, observación y abstracción.

La “Teoría de las Formas” de Platón constituye una fuente muy importante que influiría en la evolución del paradigma
considerado. Para éste existía un mundo especial de “formas”, de esencias de las cosas, que sólo podría ser aprehendido
por la razón. El mundo de los sentidos no era verdaderamente real. Para Platón las Matemáticas eran asimiladas a un
mundo de entidades universales, absolutas y eternas. Se trataba de descripciones de relaciones invariables entre entes
invariables. Según él las entidades de la naturaleza y la sociedad así como la percepción empírica de las cosas se
colocaban en el terreno de la apariencia y no de la esencia o realidad.

Para Kant las proposiciones de las Matemáticas son “sintéticas ” a priori y no “analíticas”.
Una proposición es “analítica” si no necesita para decidirse acerca de su verdad más que una indagación “conceptual”,
“lingüística”, o incluso “lógica sencilla” por ejemplo: “todos los solteros no son casados”). Si se requiere algo más, por
ejemplo la experiencia sensorial, la proposición es “sintética”.

El territorio de los “sintético a priori” era aquí lo decisivo. Porque se trataba de proposiciones no analíticas pero no
empíricas. Esta requieren algo especial que Kant llamaba “intuición espacio-temporal”. Para Kant las Matemáticas no eran
analíticas (con ello se contraponía a Leibniz ) pero sí eran a priori.

RAZÓN: El componete más importante de la mente humana a través del cual sin necesidad de la experiencia se pueden
identificar verdades.
EMPIRISMO: Afirma que todo conocimiento se fundamenta en la experiencia y se adquiere a través de la experiencia;
aunque “muchos conceptos matemáticos no se originan de observaciones del mundo físico, sino que se basan en
conceptos abstractos”.

“Los platónicos son aquellos que consideran que las matemáticas son el descubrimiento de verdades que conciernen a
estructuras que existen independientemente de la actividad o del pensamiento de los matemáticos”.
La historia de la matemática en las civilizaciones más antiguas como Egipcia, Babilónica y Orientales, muestra que los
conceptos que en ella intervienen son objetos concretos, como ENUMERACIÓN, de cosas, MEDIDAS (dimensiones) de
objetos, y operaciones que con esas enumeraciones o medidas eran posibles. Más tarde Platón, ante la necesidad de
precisar nociones como figura, posición, tamaño, cantidad y medida, muestra que estas palabras “no designan nociones
de la experiencia sensible, destacando que los matemáticos se sirven de figuras visibles para establecer raciocinios,
pensando sin embargo no en ellas, sino en aquello con que se parecen” o representan.
De la misma forma Aristóteles defiende la idea de la inmaterialidad de los objetos matemáticos, afirmando en particular
que las matemáticas inciden sobre cosas alcanzadas por abstracción, de las que son eliminadas todas su cualidades
sensibles, como peso, tamaño o densidad. Más tarde Euclides al usar el método axiomático-deductivo en sus
demostraciones, no deja duda de la atribución a los objetos matemáticos como objetos de pensamiento.

De esta forma se constata que en general para la Escuela Platónica los objetos sobre los que se razona son entes
completamente diferentes a los concretos, pero son obtenidos por abstracción a partir de objetos accesibles a los
sentidos, de los que son solo imágenes. Sin embargo, hasta el siglo XVIII, a pesar que los matemáticos reconocieran la
inmaterialidad de los objetos matemáticos y el carácter ideal de esos entes y que tenían de ellos imágenes sensibles a los
sentidos, para alcanzar nuevos progresos necesitaron introducir nuevos objetos matemáticos que dejaran de apoyarse en
imágenes sensibles. Así comienza a configurarse la idea de que más importante que la naturaleza de esos objetos son las
relaciones entre dichos objetos.
En la historia de la reflexión sobre las Matemáticas ha predominado como paradigma central uno que afirma al
RACIONALISMO, que privilegia la “razón” por encima de la experiencia sensorial en la determinación de la verdad de las
proposiciones de las Matemáticas. En torno al racionalismo se ha condensado una “ideología” que enfatiza los aspectos
formales deductivos y axiomáticos que establece al conocimiento matemático como a priori, infalible, absoluto, y que
tendido a favorecer la existencia de un mundo abstracto independiente, platónico, para las entidades de las Matemáticas.

Frente a esta ideología se ha opuesto tradicionalmente un empirismo “ a lo Mill” que no da espacio a la mente más allá
que el del ser reflejo de la experiencia sensorial, no dejando realmente lugar al sujeto epistémico.

INTRODUCCIÓN

PARADOJA DE RUSSELL:
“Los conjuntos que son reuniones de cosas, por ejemplo de coches, libros o personas, tienen la propiedad de no ser
parte de sí mismos y se les llama conjuntos normales. Representaremos por A al conjunto de todos los conjuntos
normales”

“Los conjuntos que son parte de sí mismos, como el conjunto x de todas las ideas abstractas se llaman conjuntos
singulares. Es claro que x es una idea abstracta, por lo que x ϵ x”. Otro ejemplo de conjunto singular es el conjunto de
todas las cosas que no son libros; pues como este conjunto no es un libro forma parte del conjunto de todas las cosas
que no son libros. Representaremos por B al conjunto de todos los conjuntos singulares.

Esta paradoja afirma que si se tiene una clase de todas las clases que no pertenecen a ellas mismas, no se podrá decidir
si esa misma clase pertenece a sí misma o no.
Un conjunto o es singular o es normal, pues o es parte de sí mismo o no lo es, por lo que (A,B) es una partición de la
familia de todos los conjuntos. Russel le hizo observar a Frege que A un conjunto normal tiene dos posibilidades,
pertenecer a A o a B.

Si A ϵ A, se deduce por definición que A ϵ B, lo que es absurdo.

Si A ≠ A, se deduce, también por definicón, que A ϵ a, lo que también es absurdo.

Algunos matemáticos pretendieron no sólo fortalecer la lógica sino replantear radicalmente la cuestión ontológica y
examinar el significado de “existencia” en matemáticas, en breve, rendir cuentas sobre el estatus de los entes
matemáticos. Algunos intentaron derivar toda la matemática de la lógica pura, donde por derivar queremos decir
construir a partir de nociones definidas en términos de la lógica pura con la ayuda de las leyes de inferencia que forman la
base de esa misma lógica. Se caracteriza por su convicción de que la lógica es la base, la fuente, la niñez de la matemática,
desacreditando a la geometría o al espacio como modelo fundamental o fuente generadora de los “entes” matemáticos, y
por su convencimiento de que las leyes de la lógica encierran o constituyen verdades absolutas.

Como es sabido, Russell defendió la tesis fundamental de que la Matemática y la lógica son idénticas. Una tesis que él
mismo reconoció que resultaba muy impopular. Impopular para los matemáticos, porque la lógica tradicionalmente se
asociaba con la filosofía y, en concreto con la filosofía de Aristóteles, de manera que los matemáticos consideraban que la
lógica no era disciplina de su incumbencia. Y así mismo impopular para los Filósofos y lógicos aristotélicos, porque se
mostraban ofendidos o molestos cuando se les pedía que utilizasen una técnica de simbolismo matemático nueva y muy
difícil de manejar.
Qué logró Frege en la demostración matemática de la tesis logicista?
¿Porqué la paradoja de Russell fue tan grave en el marco de su filosofía?

El propósito central de Frege había sido mostrar que la aritmética en su totalidad se puede reducir a la lógica, es decir,
que las leyes que rigen las relaciones lógicas son suficientes por sí solas para explicar todo lo que constituye el cuerpo
tradicional de la ciencia de los números.

Pero para demostrar este estrecho parentesco entre lógica y aritmética, Frege se encontraba como un biólogo que ha
concebido una determinada hipótesis respecto a la conformación de un tejido y que posee un microscopio que por un

defecto técnico no le permite observar lo que a él le interesa. En el caso de Frege el ojo desnudo corresponde al lenguaje
natural. Este es rico y variado, utilísimo para una serie de actividades cotidianas, pero confuso e impreciso cuando se trata
de hacer afirmaciones científicas. Con el microscopio defectuoso del símil hay que comparar el instrumento tradicional en
estos quehaceres: la lógica aristotélica. Esta permitía ciertamente corregir muchos deslices del lenguaje cotidiano pero
adolecía a la vez de una serie de insuficiencias. La más importante de éstas es que no permitía formalizar claramente los
juicios mediante los cuales expresamos algo que existe y que suponía tácitamente afirmaciones de existencia en algunos
enunciados donde es de vital importancia poder distinguir entre lo que se dice de algo y si ese algo existe o no.

Doy un ejemplo. En la oración “Todos los centauros tienen cuerpo de caballo y tronco de hombre” una interpretación
lógica adecuada debe ser capaz de distinguir entre “Si algo es centauro, entonces tiene cuerpo de caballo y tronco de
hombre” (que es verdadera) y “Hay centauros” (que es falsa).

El nuevo microscopio debe permitir observar claramente ésta y otras distinciones que ni el lenguaje cotidiano ni la lógica
aristotélica nos permiten percibir.
Frege introduce un dispositivo llamado más tarde “cuantificador universal” que permite representar claramente las
relaciones entre los enunciados que expresan universalidad y los que expresan existencia. Retomemos el ejemplo
anterior.

“PARA TODO X, SI X ES UN CENTAURO, X TENDRÁ TRONCO DE HOMBRE” expresa que todos los centauros poseen dicha
cualidad; la existencia en cambio la afirmaremos diciendo que

“NO PARA TODO X VALE QUE X NO ES UN CENTAURO”. El cuantificador universal nos permite tomar una totalidad de
objetos y afirmar que en ese universo hay algunos objetos que poseen el predicado en cuestión. Y esta es hasta el
momento la explicación más satisfactoria que se haya dado de los juicios de existencia.

Frege, quien en 1884 publica su obra “Los fundamentos de la aritmética” en la que construye la aritmética en términos
puramente lógicos.

La idea planteada por Frege está en la construcción de los números naturales de forma recursiva, definiendo al 0 como el
concepto “no idéntico a sí mismo”.
En 1 se definiría como “no idéntico a 0”, el 2 como no idéntico ni a 0 ni a 1 y así sucesivamente.

“AXIOMA DE REDUCIBILIDAD”: Este axioma afirma que todo aquello que implique a la totalidad de una colección no
puede ser miembro de la colección, es decir, una función lógica no puede tener como agumentos nada que esté definido
en términos de la función misma.

FREGE: ¿QUÉ ES EL NÚMERO?


Proponemos indagar sobre la naturaleza del número. A este respecto, existen tres concepciones diferentes. Una de ellas
dice que el número es un objeto de tipo lógico, otra que es un objeto psicológico y otra que es un objeto meramente
formal. Sólo por dar una explicación de estas tres maneras de caracterización de la naturaleza del número considérese
que éstas son las ideas más comunes y aceptadas que se tiene sobre el significado de la palabra. En efecto, uno podría
pensar, o bien que los números son representaciones, signos mentales abstraídos de propiedades de los objetos físicos (
psicologismo), o que son signos sin contenido expreso ( formalismo), o que son signos puramente lógicos (logicismo).
En el primero de los casos los signos considerados de este modo son más bien subjetivos, en el segundo de los casos son
más bien formas y no objetos, mientras que, en el tercero, el carácter objetivo de los números se defiende a toda costa.

El proyecto logicista en el cual se inscribe la obra de Frege intenta demostrar que la aritmética y en particular los números
( a diferencia de Kant que los propone como un producto de la intuición) pueden ser concebidos como juicios analíticos,
lo que quiere decir que son deducibles lógicamente.
En su trabajo Frege refiere que los números no son atributos de las cosas, ni tampoco son subjetivos (algo así como
imágenes que nos vienen internamente), sino que tienen una relación muy particular con las cosas: “dar un número
expresa algo factual”, factual remite a fáctico, o sea que el número está en algún tipo de relación con los hechos, con lo
que las cosas “son”. También lo dice así:

“Las verdades aritméticas rigen el dominio de lo numerable. Éste lo abarca todo, pues no sólo le pertenece lo real, no sólo
lo intuible, sino también todo lo pensable. ¿No deberían estar, pues, las leyes de los números en íntima conexión con las
del pensamiento? ”

1.- Los conceptos de las matemáticas pueden ser derivados de conceptos lógicos a través de definiciones explícitas.
La tesis de la definibilidad de todos los conceptos matemáticos mediante conceptos puramente lógicos.
2.- Los teoremas de las matemáticas pueden ser derivados de axiomas lógicos a través de pura deducción lógica.
La tesis de la demostrabilidad de todas las tesis matemáticas por medios puramente lógicos.
Habitualmente estas subtesis se entienden como implicando que la notación matemática es parte de la notación lógica y
que los principios y teoremas matemáticos son un subconjunto propio de los principios y teoremas de la lógica. Bertrand
Russell expresó estas tesis diciendo que el propósito del matemático logicista es “mostrar que toda la matemática pura se
sigue de premisas lógicas puras y usa conceptos definibles sólo en términos lógicos.”

Se dice habitualmente que la tesis central del logicismo postula que la matemática es sólo una lógica más complejamente
desarrollada. Dicho de otro modo, que toda o al menos una parte substancial de la matemática es reducible a lógica
formal.

Los Principia Mathematica lograron deducir gran parte de los teoremas de la teoría de conjuntos, de la aritmética finita y
transfinita, del análisis infinitesimal de la teoría elemental de la medida, pero al precio de usar dos axiomas de dudoso
carácter lógico: el axioma de infinitud y el axioma de reduciblidad.

El primero de ellos afirmaba que existía un número infinito de objetos, pero una afirmación de tal especie se considera
habitualmente un enunciado empírico o matemático, pero no lógico. Podemos expresarlo del siguiente modo:

Según algunos matemáticos, entre ellos Henri Poincaré y Bertrand Russell, una de las características de las paradojas en la
teoría de conjuntos es que en cada una de ellas aparecen definiciones circulares en el sentido de que la definición del
conjunto se expresa en términos de sus elementos y éstos en términos del conjunto.
Esta circularidad o círculo vicioso está en el centro de las paradojas. Como ya mencionábamos a propósito de la paradoja
de Russell, nuestras teorías matemáticas no deben albergar paradojas, por cuanto las contradicciones dentro de ellas
vuelven inconsistente la teoría. Es decir, la teoría pierde su credibilidad, porque dentro de una teoría tal, se puede
deducir lógicamente cualquier cosa, incluyendo absurdos y contra-sentidos.

El mayor abanderado del logicismo, o sea, del programa de reducir las matemáticas a un capítulo de la lógica, fue
indudablemente Russell. En los PRINCIPIA , se encuentra la restricción siguiente:
“NINGUNA TOTALIDAD PUEDE CONTENER MIEMBROS DEFINIBLES SOLAMENTE EN TÉRMINOS DE ESTA TOTALIDAD, O
MIEMBROS QUE IMPLIQUEN O PRESUPONGAN ESA TOTALIDAD”.

Este principio restrictivo buscaba la exclusión de definiciones circulares en las matemáticas y de allí, prevenir la aparición
de las paradojas.

El logicismo buscaba reducir las matemáticas a la lógica formal, en el sentido de trasladar las verdades matemáticas a
verdades lógicas, y los teoremas matemáticos, interpretarlos como un subconjunto propio de los teoremas de la lógica.
O en palabras de Russell, la meta del logicismo es “mostrar que todas las matemáticas puras se siguen de premisas
puramente lógicas y que éstas usan solamente conceptos definibles en términos lógicos”.

Las Matemáticas difieren de las demás ciencias en que todas sus proposiciones debe ser demostradas. Cúal deba ser el
contenido o la extensión de estas demostraciones es discutible, pero todos los matemáticos estarán de acuerdo en decir
que el objetivo de la matemática es la demostración. La únicas vías para cuestionar una demostración son
1.- discutir las presunciones sobre las que se basa o 2.- discutir la validez de la inferencias que contiene. Si, después de
reflexionar sobre ello, se aceptan las presunciones y las inferencias, debemos aceptar la demostración y afirmar que su
conclusión es una verdad matemática, un teorema.
La mayoría de las demostraciones matemáticas tienen como presunciones otros teoremas ya demostrados con
anterioridad; pero si insistimos en discutir las presunciones, llegaremos hasta determinados conceptos que simplemente
se aceptan como verdaderos sin otra demostración.
Ello significa que, las matemáticas precisan de unos fundamentos: unas presunciones últimas ( aserciones no
demostradas y conceptos no definidos) sobre los que se edifican todas las demostraciones y conceptos matemáticos. El
problema es, pues, si puede encontrarse un reducido número de conceptos básicos claros y de primeros principios
verdaderos, sobre los que desarrollar de forma sistemática todas las matemáticas.

Cuando Boole empezó su obra, en Inglaterra estaba empezando a descubrirse que el poder del álgebra procedía del
hecho de que los símbolos que representan cantidades y operaciones obedecían a un reducido número de reglas y leyes
básicas. Esto suponía que ese mismo poder podía aplicarse a los objetos y operaciones del más variado tipo, siempre que
de algún modo obedecieran a algunas de esas mismas leyes.
La escuela logicista trata de explicarr las matemáticas como parte de la Lógica. Es decir, las nociones sobres las que se
sustenta el edificio matemático han de estar basadas en la Lógica, siendo entonces toda la Matemática deducida a partir
de conceptos lógicos.
Los objetos MATEMÁTICOS son objetos puramente lógicos y los principios matemáticos son leyes lógicas o derivados de
leyes lógicas.
La Conceptografía de Frege es una etapa primera para la elaboración de su proyecto de reducir la aritmética a la lógica; es
decir, demostrar que todos los enunciados aritméticos pueden formularse recurriendo exclusivamente a un repertorio
básico de nociones lógicas, y que todas las verdades aritméticas pueden probarse a partir de un conjunto inicial de
verdades lógicas primitivas.

Para ello, lo primero que hizo fue construir un lenguaje formalizado que se pretendía exento de las ambigüedades e
imperfecciones del lenguaje ordinario, capaz de representar con precisión el contenido conceptual de los enunciados y
dotado de reglas definidas para realizar las inferencias deductivas.

Su idea fundamental es la aplicación de la notación funcional al análisis de las proposiciones, lo cual consiste en tomar un
símbolo que ocurre en uno o más lugares de una expresión como posible sustitución por otro símbolo, con lo que se
obtiene una nueva expresión.

La parte de la expresión que permanece invariable en esa sustitución se llama función, y argumento de la función a la
parte sustituible. Sin el argumento, la expresión está incompleta o insaturada. Por ejemplo, las proposiciones Fa, Fb, Fc se
obtienen por la saturación de la expresión funcional F() con los diferentes argumentos a, b, c.
Para algunos de esos argumentos, la proposición resultante será verdadera, y se dice en ese caso que la función
constituye una propiedad ejemplificada por los objetos que hacen verdadera la proposición.
Frege extendió el procedimiento a funciones de dos o más argumentos, lo que hizo posible un tratamiento formal
satisfactorio de la noción de relación. El análisis de la proposición en términos de función y argumento dejó atrás los
supuestos de la lógica previa que entendía la proposición como un sujeto y un predicado unidos por una cópula, y abrió el
camino para un tratamiento sistemático de las proposiciones generalizadas.

Tradicionalmente, en la proposición “Todo hombre es mortal” se atribuía el predicado “mortal” a “todo hombre”,
considerado como sujeto. En la propuesta de Frege, se considera que esa proposición expresa no una propiedad de un
supuesto sujeto general sino una propiedad de la función; lo que afirma es que la función “() es mortal” es verdadera para
cualquier argumento que designe a un hombre. “Todo A es B” equivale a atribuir la función “Si A(x) entonces B(x)” la
propiedad de ser verdadera para cualquier argumento x. Al representar esa proposición generalizada en la notación de
Frege, el sujeto gramatical “todo A” simplemente desaparece y, con ello, ya no se considera como constituyente de la
proposición.

Decíamos antes que los logicistas no estaban para cuestionar las matemáticas clásicas, más bien buscaban simplemente
mostrar que éstas formaban parte de la lógica. Los intuicionistas, al contrario pensaban que las matemáticas clásicas
estaban plagadas de errores.

Frege fue quien desarrolló por primera vez un lenguaje formal, en el que pueden formalizarse todas las proposiciones
matemáticas, residiendo la clave del éxito en la introducción de los símbolos de cuantificación existencial y universal, el
“para todo” y el “existe del lenguaje matemático”.

VII.- Axioma del infinito. Hay al menos un conjunto en el dominio que contiene al conjunto vacío como elemento y que
contiene {a} como uno de sus elementos, siempre que contenga a a mismo, como elemento.

Se puede demostrar que al menos dos de estos axiomas, el axioma del infinito y el axioma de elección, no pueden
considerarse como proposiciones lógicas. Por ejemplo el axioma del infinito dice que existen conjuntos infinitos.
¿Por qué podríamos decir que este axioma es verdadero? La razón es que todos estamos familiarizados con conjuntos
infinitos, como los naturales, los puntos en el espacio euclídeo. Así aceptamos el axioma sobre la base de nuestra
experiencia con conjuntos y esto claramente muestra que lo aceptamos en virtud de su contenido y no por su forma
sintáctica. En general, cuando un axioma afirma la existencia de objetos con los cuales ya estamos familiarizados en
razón de nuestra experiencia diaria, un axioma como éste, no es una proposición lógica en el sentido del logicismo.
Y aquí entonces, aparece la primera crisis de las matemáticas: Basta que dos de los axiomas de la teoría no se puedan
acomodar en la estructura de la lógica, para afirmar que el propósito del logicismo de encontrar las bases de las
matemáticas en la lógica, no se puede lograr.

La Escuela Logicista
La escuela logicista pretende edificar toda la matemática basándose exclusivamente en la lógica, por lo que la
matemática sería una rama de la lógica:

• Todos los conceptos de todos los dominios de la matemática (aritmética, álgebra, análisis, etc.) pueden definirse
en términos de unos pocos conceptos lógicos primitivos.

• Todos los teoremas de la matemática pueden deducirse de los conceptos lógicos primitivos por medio de reglas
de deducción lógicas.

• La naturaleza de la verdad matemática no tiene referente empírico, sino que se trata


exclusivamente de relaciones entre los conceptos lógicos.
Los hitos más importantes del logicismo, a nivel histórico, fueron los siguientes:

• Leibniz es considerado el inspirador del logicismo. Fue el primero que tuvo la idea de fundamentar la matemática en
la lógica al proponer que todo razonamiento es solo cálculo lógico.

• Gottlob Frege fue el verdadero iniciador y desarrollador del enfoque lógico de la matemática, el programa
logicista. Dicho programa había de realizarse en dos pasos: en el primero se definirían los conceptos matemáticos
mediante unos conceptos lógicos primitivos; en el segundo se demostrarían los teoremas matemáticos usando
exclusivamente la lógica.

Según Frege, la lógica es la esencia de la aritmética. La aritmética está basada en la lógica, pues solo depende de las
leyes del pensamiento racional. La lógica es el estudio de la inferencia que preserva la verdad. Las leyes de la lógica
gobiernan el pensamiento racional, independientemente del contenido lógico. Una verdad aritmética es una verdad
lógica. Frege dedicó su vida a demostrar que los principios de la aritmética no son más que teoremas lógicos. Para ello
desarrolló un lenguaje formal, junto con un sistema deductivo.

En 1879 publicó el resultado de sus investigaciones bajo el título de “Begriffsschrift”(Conceptografía o Ideografía) en


donde aparece por primera vez una nueva lógica, la lógica de predicados cuantificacional, naciendo así la lógica
moderna, la llamada “lógica matemática”. En esta obra, Frege axiomatizó y formalizó la lógica, es decir, consiguió
formularla en un lenguaje puramente simbólico.

Para Frege, toda sentencia se puede descomponer o estructurar en forma de predicados. Y esta estructura es la que sirve
para realizar las inferencias. Hay conceptos de primer orden, con predicados de primer orden, y conceptos de orden
superior con predicados y cuantificadores de orden superior.

En 1884 publicó “Grundlagen der Arithmetik” (Fundamentos de la Aritmética), en donde presenta los principios
fundamentales de la aritmética a partir de axiomas lógicos. Fue un anticipo de lo que habría de ser su obra
fundamental: “Grundgesetze der Arithmetik” (Las Leyes Fundamentales de la Aritmética), cuyo primer volumen
apareció en 1892. En esta obra axiomatizó la teoría de conjuntos de Cantor, definiendo el concepto de número
mediante el concepto de conjunto. Los axiomas de la aritmética de Peano se convirtieron en teoremas.

La escuela logicista está estrechamente ligada con la formalista, pues los logicistas usan normalmente sistemas
axiomáticos formales. Los logicistas-formalistas radicales pretendían despojar a las proposiciones lógicas de su
semántica de tipo lógico y aplicar ciegamente las reglas de transformación para deducir teoremas. Dada la frontera
difusa existente entre la matemática y la lógica, se considera que hoy día las diferencias entre el logicismo y el
formalismo prácticamente se han desvanecido. La lógica, que nació como una rama de la filosofía, se convirtió en
“lógica matemática” y ha sido gradualmente absorbida por la matemática. La lógica forma parte de la matemática,
por lo que es imposible que una parte fundamente al todo.