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II CARTA PASTORAL

Ustedes también darán testimonio,


porque han estado conmigo
desde el principio
(Jn 15, 27)

CON OCASIÓN DEL 40 ANIVERSARIO DE


LA MUERTE MARTIRIAL DEL SIERVO DE DIOS, EL
PADRE RUTILIO GRANDE Y EL CENTENARIO DEL
NATALICIO DEL BEATO
MONSEÑOR OSCAR ARNULFO ROMERO

José Luis Escobar Alas


Arzobispo de San Salvador

12 de marzo, de 2017
A nuestros amadísimos hermanos y
amadísimas hermanas:
A nuestros queridos Sacerdotes diocesanos y religiosos

A nuestros queridos Seminaristas


A las beneméritas Órdenes y Congregaciones de Hermanas
religiosas y Hermanos religiosos
A los muy queridos Hermanos laicos y Hermanas laicas
de los movimientos, asociaciones, órdenes seglares, a las
comunidades de base y a todas las Comunidades eclesiales
A todas y todos aquellos que el Señor nos ha confiado en
nuestra Arquidiócesis de San Salvador

A todos los hombres y mujeres de buena voluntad


A TODOS PAZ Y ABUNDANTES BENDICIONES
EN CRISTO
INDICE

INTRODUCCIÓN............................................................ 9
PRIMERA PARTE
CON SANGRE DE MARTIRIO, CON
ESPERANZA DE CRISTIANISMO............................... 14
I. Una mirada al presente.......................................... 15
a. Una multitud enorme con túnicas blancas
y con palmas en las manos................................... 15
b. Testigos de la Verdad sin juicios por la verdad.... 95
c. Semillas de conversión......................................... 99
II. … y desde ahí hacia el pasado................................ 102
a) Mira, yo hago nuevas todas las cosas................... 102
b) El Espíritu les dirá qué hacer................................ 104
c) Bajo el poder del imperio...................................... 106
d) ¿Los únicos?.......................................................... 109
III. … para construir el futuro..................................... 116
a. Para ellos: El reconocimiento de su martirio........ 116
b. Para nosotros: El Retorno a Galilea...................... 117
SEGUNDA PARTE
SI A MÍ ME HAN PERSEGUIDO, TAMBIEN A
USTEDES LOS PERSEGUIRAN................................... 119
I. Testigos por la Ley en el Antiguo Testamento.......... 121
II. Testigos por la fe en el Nuevo Testamento............... 139
III. Unas palabras sobre el martirio desde el
Magisterio.................................................................155
IV. Una palabra final.......................................................182
TERCERA PARTE
LES ENVÍO COMO OVEJAS EN MEDIO
DE LOBOS........................................................................183
1. El Mártir en Plenitud.................................................185
2. María la proto-confesora..........................................196
EXHORTACIÓN FINAL...................................................201
II Carta Pastoral

SIGLAS Y ABREVIATURAS
LIBROS BÍBLICOS

1 Cor Primera a los Corintios


1 P Primera Epístola de San Pedro
1M Libro Primero de los Macabeos
1R Libro Primero de los Reyes
1S Libro Primero de Samuel
2M Libro Segundo de los Macabeos
Am Amós
Ap Apocalipsis
Dn Daniel
Dt Deuteronomio
Ef Epístola a los Efesios
Flp Epístola a los Filipenses
Hch Hechos de los Apóstoles
Jn Evangelio según San Juan
Jr Jeremías
Lc Evangelio según San Lucas
Lv Levítico
Mc Evangelio según San Marcos
Ml Malaquías
Mt Evangelio según San Mateo
Sal Salmos
St Epístola de Santiago

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Ustedes también darán testimonio

SIGLAS Y ABREVIATURAS
DOCUMENTOS DEL MAGISTERIO DE LA IGLESIA

AG Concilio Vaticano II: Decreto Ad Gentes, sobre la


actividad misionera de la Iglesia.
AG Concilio Vaticano II: Decreto Ad Gentes, sobre la
actividad misionera de la Iglesia
DA Conferencia General del Episcopado Latinoameri-
cano: Documento Conclusivo de Aparecida
DM Conferencia General del Episcopado Latinoameri-
cano: Documento Conclusivo de Medellín
GS Concilio Vaticano II: Constitución Pastoral Gaudium
et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual
LG Concilio Vaticano II: Constitución Dogmática
Lumen Gentium, sobre la Iglesia

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Ustedes también darán testimonio

INTRODUCCIÓN
1. Cuarenta años han transcurrido desde que el
ignominioso asesinato del Padre Rutilio Grande García
S.J., fuera cometido. A su muerte injusta e injustificable,
la persecución y represión contra la Iglesia arreció de
forma inimaginable en un país que se enorgullece de tener
por Patrono al Divino Salvador del mundo y; se jacta de
ser cristiano. Sin precedentes en la historia salvadoreña
– aunque no en la historia de la Iglesia, acostumbrada y
enviada por su Divino Maestro a dar la vida por los que
ama (cfr. Jn 15, 13) sin que nadie se la quite, entregándola
voluntariamente (cfr. Jn 10, 18) – la vida de cuatro
religiosas; dieciséis sacerdotes; un seminarista; dos
obispos e innumerables catequistas, agentes de pastoral
y ovejas del rebaño, fue brutalmente arrebatada, no sin
antes haber sido destrozado su prestigio, por medio de la
difamación e inculpación de crímenes jamás cometidos.
En mi condición de pastor de esta Iglesia particular debo
reconocer con humildad, que hemos cometido muchos
yerros. La sombra se agiganta al reconocer que dejamos
de lado, el tema de la muerte martirial de los hombres
y mujeres arriba mencionados, a pesar del llamado
Pontificio. No olvido que, en la Carta Apostólica Tertio
Millennio Adveniente, firmada el 10 de noviembre de 1994
– documento para la preparación del Gran Jubileo del
año 2000 – el Papa San Juan Pablo II dirigió una petición
llena de caridad: Es preciso que las Iglesias locales hagan todo
lo posible por no perder el recuerdo de quienes han sufrido el
martirio, recogiendo para ello la documentación necesaria
(37). A la invitación sumó el ejemplo: Será tarea de la Sede
apostólica, con vistas al año 2000, actualizar los martirologios

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II Carta Pastoral

de la Iglesia universal, prestando gran atención a la santidad de


quienes también en nuestro tiempo han vivido plenamente en la
verdad de Cristo (37). Como autoridades eclesiásticas en El
Salvador, no hicimos nuestro el llamado del Papa con la
seriedad requerida.
2. Trece años después, durante la celebración de la
V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y
del Caribe en Aparecida, los Obispos latinoamericanos
anotaron en el Documento Conclusivo unas cuantas líneas
que parecen ser eco de la petición lanzada por el sucesor
de Pedro, aquel año 1994: Queremos recordar el testimonio
valiente de nuestros santos y santas, y de quienes aún sin haber
sido canonizados, han vivido con radicalidad el evangelio y han
ofrendado su vida por Cristo, por la Iglesia y por su pueblo (DA
98). Al retornar de Aparecida, no hicimos nuestro el deseo,
de los Obispos ahí reunidos. La única actualización – o,
mejor dicho, iniciación – del martirologio salvadoreño fue
la apertura y seguimiento del proceso de beatificación de
Monseñor Oscar Arnulfo Romero.
3. Hoy a veintitrés años de la publicación de la
mencionada Carta Apostólica; a diez años de celebrada
Aparecida; y más grave aún, a cuarenta años de la muerte
martirial del Presbítero Rutilio Grande García S.J.; quiero
y tengo que aceptar por justicia, verdad y caridad que
atravesamos en la Arquidiócesis salvadoreña, el umbral
del tercer milenio sin haber pronunciado una palabra de
reconocimiento sobre todas y todos aquellos que fueron
víctimas de persecución, tortura, represión; y en sus últimas
consecuencias, de muerte martirial en el seguimiento a
Cristo y vivencia encarnatoria del Evangelio en el país.
Haciendo mías las palabras de los Obispos en Aparecida,
debo confesar humildemente que lamento: Sea algunos
intentos de volver a un cierto tipo de eclesiología y espiritualidad
contrarias a la renovación del Concilio Vaticano II, sea algunas
lecturas y aplicaciones reduccionistas de la renovación conciliar;

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Ustedes también darán testimonio

(lamento) la ausencia de una auténtica obediencia y de ejercicio


evangélico de la autoridad, las infidelidades a la doctrina, a la
moral y a la comunión, nuestras débiles vivencias de la opción
preferencial por los pobres, no pocas recaídas secularizantes en
la vida consagrada influida por una antropología meramente
sociológica y no evangélica… Nos ha faltado valentía, persistencia
y docilidad a la gracia para proseguir, fiel a la Iglesia de siempre,
la renovación iniciada por el Concilio Vaticano II, impulsada
por las anteriores Conferencias Generales, y para asegurar
el rostro… (salvadoreño) de pobres pecadores, mendicantes
de la misericordia de Dios, congregada, reconciliada, unida y
enviada por la fuerza de la Resurrección de su Hijo y la gracia
de conversión del Espíritu Santo (DA 100). Lamento que no
se haya realizado años antes, este acto de justicia y caridad
para con nuestros mártires.
4. Ha llegado el momento propicio – y propiciado
con seguridad por el Santo Paráclito – para dirigirme,
inmerecidamente, a ustedes y comentar, en aras de la
justicia, la verdad y la caridad, el ideal por el cual murieron
tantos cristianos y cristianas. Momento, del cual estuvo
seguro que ocurriría, nuestro amadísimo Beato Monseñor
Oscar Arnulfo Romero, el 23 de septiembre de 1979
cuando en su Homilía del Vigésimo Quinto Domingo del
Tiempo Ordinario, al discurrir sobre la persecución que
la Iglesia sufría por esos días, afirmó: Pasará esta hora de
prueba y quedará refulgente el ideal por el cual murieron tantos
cristianos. Es una noche negra la que estamos viviendo, pero el
cristiano vislumbra que, tras la noche, ya fulgura la aurora y ya
se lleva en el corazón la esperanza que no falla1.

1. Monseñor Oscar A. Romero, “Homilía del Vigésimo quinto domingo del


Tiempo Ordinario. 23 de septiembre de 1979”. Homilías. Tomo V. UCA Editores,
San Salvador, 2008, p. 346.

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II Carta Pastoral

5. La hora de las tinieblas, la noche oscura de persecución


directa provocada por la idolatría a la riqueza, poder y a
las organizaciones ha pasado; y en este año 2017, en que
estamos conmemorando los 40 años del nefando asesinato
del Padre Rutilio Grande García S.J.; y, el Año Jubilar
del Centenario del Natalicio del Beato Monseñor Oscar
Arnulfo Romero, publico la Carta Pastoral: Ustedes también
darán testimonio, porque han estado conmigo desde el principio
(Jn 15, 27) cuyos objetivos son: Uno, reconocer por justicia,
verdad y caridad que, en El Salvador hubo, durante los
años setenta, ochenta y noventa, testigos de la fe, en calidad
de mártires y confesores – uno de los primeros fue el Padre
Rutilio Grande García S.J., junto a este reconocimiento,
pretendo animar al pueblo de Dios, a ir tras el seguimiento
de Jesús, tomando por modelos a mujeres y hombres como
el Padre Rutilio Grande S.J.; el Beato Oscar Romero, las
hermanas de Maryknoll,; los innumerables laicos que
ofrendaron sus vidas por la vivencia encarnada de la fe
que se tradujo en defensa de los derechos fundamentales
del ser humano, especialmente, de los más pobres; en
defensa de la verdad; y, sobre todo, en la promoción de
la justicia como signos del Reino; así como también a
los innumerables confesores que sufrieron persecución,
tortura o represión sin renegar nunca de su fe.
6. Con el deseo de alcanzar estos objetivos me propongo
hacer con ustedes, amadísimas hermanas y hermanos, un
recorrido que he dividido en tres partes cuyos nombres y
contenidos describo en las siguientes líneas:
1.1. Con sangre de martirio, con esperanza de
cristianismo
1.2. Si a mí me han perseguido, también a ustedes los
perseguirán
1.3. Les envío como ovejas en medio de lobos
La primera parte tiene como punto de partida la realidad,
para lo cual, iniciaré dando una mirada al presente y desde
12
Ustedes también darán testimonio

ahí hacia el pasado para proyectarnos al futuro del Reino,


cuyos signos o primicias se historizan desde el ya; mientras
caminamos hacia la patria definitiva; alcanzándolos en
plenitud en el todavía no de la Jerusalén celestial, fin
último, del Pueblo de Dios. En la segunda parte, pretendo
iluminar, en un primer momento, la temática martirial
desde la tradición vetero y neo testamentaria. En un
segundo momento, desde la Tradición y el Magisterio
universal, regional y local. Iluminación que ayudará a
reivindicar el nombre de las víctimas, al menos de forma
inicial. Será con los datos y documentación recogidos – más
adelante – sobre cada uno, como su nombre quedará del
todo limpio y su martirio reconocido, (esperemos, un día
no lejano) por parte de Roma. En la tercera parte, hago una
invitación a todas y a todos a tomar como modelo de vida,
pasión y muerte a Cristo el Mártir en plenitud y a María
la proto-confesora de la fe, sin olvidar al Padre Rutilio
Grande García S.J., el protomártir salvadoreño-precursor
del profeta, Oscar Arnulfo Romero, el profeta salvadoreño.
Finalizo exhortando a todas y todos a comprometernos a
una vivencia radical de nuestro bautismo en un mundo
que tiene sed y hambre de Dios.

13
II Carta Pastoral

PRIMERA PARTE
CON SANGRE DE MARTIRIO, CON ESPERANZA
DE CRISTIANISMO

7. Nuestra amada Iglesia católica, se encuentra


celebrando en este año 2017, una fiesta como la descrita por
Mons. Romero en 1979: Con sangre de martirio, con esperanza
de cristianismo2. Por una parte, celebramos el cuadragésimo
aniversario del asesinato del Padre Rutilio Grande García
S.J.; y por otra, celebramos, el primer centenario del
nacimiento de nuestro amado Beato Mons. Oscar Arnulfo
Romero. Dolor y gozo nos inundan. Dolor al recordar, la
muerte injusta de este hombre de Dios que, pasó la mayor
parte de su vida haciendo el bien. Gozo por el nacimiento
de un profeta en nuestras tierras. Gozo, porque el Padre
Rutilio S.J., nació al cielo, el día de su martirio. Gozo
porque tenemos la certeza de que, la muerte no tiene la
última palabra. Nuestra esperanza de cristianismo nos
hace exclamar gozosamente con San Pablo: La muerte ha
sido devorada por la victoria ¿Dónde está, oh muerte tu victoria?
¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?... ¡Gracias sean dadas a
Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo! (1Cor
15, 54-55). Dolor y gozo mezclados no son de extrañar. A
semejanza del Maestro que padeció en cruz y se gozó en
la resurrección, nuestra Iglesia: Va peregrinando entre las
persecuciones del mundo y los consuelos de Dios anunciando

2. Palabras expresadas por Mons. Romero a pocos días del asesinato del Padre
Rafael Palacios. Ver: Monseñor Oscar Arnulfo Romero, “Homilía de la Natividad
de San Juan Bautista del 24 de junio de 1979”, Homilías, Tomo V. UCA Editores,
San Salvador, El Salvador, 2008, p. 47.

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Ustedes también darán testimonio

la cruz… fortalecida, con la virtud del Señor resucitado, para


triunfar con paciencia y caridad de sus aflicciones y dificultades,
tanto internas como externas (LG 8). Sangre de martirio
con esperanza de cristianismo que será comprendida y
celebrada con honda emoción, si damos, en los siguientes
tres numerales, una mirada al presente; y desde ahí, hacia
el pasado para proyectarnos al futuro del Reino.

I. Una mirada al presente…


8. Queridas hermanas y hermanos, el punto de partida
será el presente, para ver, aunque sea de forma somera, qué
consuelos nos ha dado Dios después de casi tres décadas
de persecución y martirio; qué falta por hacer con respecto
a nuestros mártires; y qué frutos deben provocar gozo en
nosotros, no sólo para celebrarlos como buenos hijos e
hijas de Dios que somos, sino sobre todo para continuar
con la fe puesta en Dios, el camino hacia la Patria celestial
de manera comprometida.
a. Una multitud enorme con túnicas blancas y con
palmas en las manos
9. El consuelo mayor, queridos hermanos y hermanas,
que Dios ha podido dar a su Iglesia en El Salvador es la
Iglesia Martirial. El martirio es: Un don eximio y la suprema
prueba de amor (LG 42), concedido a muy pocos. Debemos
exultar de gozo al saber que, en nuestro país hubo mártires,
no porque seamos masoquistas; sino porque, tanto desde
una perspectiva bíblica cómo desde una perspectiva
eclesiológica, el martirio es siempre, piedra fundamental de
nuestra Iglesia: La fortalece, la edifica, la llama a conversión
y la pone en camino al Reino definitivo, historizando sus
signos desde el ya, todavía no. ¡El martirio no es ni será
nunca un fracaso para quien se llama cristiano o cristiana!
10. En la Biblia es Juan, autor del Apocalipsis, quien nos
ofrece un cuadro de alegría escatológica para quienes

15
II Carta Pastoral

fueron martirizados: Vi una multitud enorme, que nadie


podía contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua: estaban
delante del trono y del Cordero, vestidos con túnicas blancas y
con palmas en la mano (Ap 7, 9). Una multitud compuesta
por todas y todos los que han salido de la gran tribulación,
han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero
(Ap 7, 14). Adela Yarbro, explica que, la gran tribulación
no es más que: La persecución de los creyentes3, a la que son
sometidos quienes quieran tomar parte en la victoria de Dios
y del Cordero… (que algunas veces), puede conducir a la
muerte (martirio)4. Luis A. Schökel, por su parte, argumenta
que, se trata de una multitud porque abarca a todas las
naciones5; agregando por nuestra parte que, abarca todas
las épocas de la historia. Podemos, pues, estar seguros que
nuestras y nuestros mártires, provenientes de distintas
naciones, pueblos y lenguas, forman parte de esa multitud
bienaventurada que: Ya no tendrán hambre ni sed; ya nos les
molestará el sol ni bochorno alguno. Porque el Cordero que está
en medio del trono los apacentará y los guiará a los manantiales
de las aguas de la vida (Ap 7, 16-17). ¡Definitivamente, el
martirio anima a la Iglesia a ser fiel a Jesucristo!
11. Desde una perspectiva eclesiológica, Hermas es quien
mejor define el lugar ocupado por los mártires, dentro de
la Iglesia, en su Séptima Visión. Él observa la edificación
de la gran torre sobre las aguas y sobre estas: En un
cuadrilátero… se estaba construyendo la torre, por mano de
aquellos seis jóvenes que habían venido con ella; y juntamente,
otros hombres, por millares y millares, se ocupaban en acarrear
piedras, unos de lo profundo del mar, otros de la tierra, y se

3. Adela Yarbro Collins, “El Libro del Apocalipsis”, en Nuevo Comentario Bíblico
San Jerónimo. Nuevo Testamento. Editorial Verbo Divino, Navarra España, 2005,
617.
4. Ídem, p. 618.
5. Luis Alonso Schökel, La Biblia de Nuestro Pueblo, p. 2016.

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Ustedes también darán testimonio

las entregaban a los seis jóvenes… las piedras sacadas de lo


profundo del mar las colocaban todas sin más en la construcción,
pues estaban ya labradas y se ajustaban en su juntura con las
demás piedras, y tan cabalmente se ajustaban unas con otras que
no parecía juntura alguna y la torre semejaba como de un solo
bloque. …6.
12. Al comparar el aggiornamento 7 de la Iglesia sufrido tras
el Concilio Vaticano II, con la torre, descubrimos, en los años
setenta y ochenta, una Iglesia salvadoreña en construcción,
en donde nuestras y nuestros mártires fueron, siguiendo
a Hermas, las piedras sacadas de lo hondo del mar8.
Semejaban un solo bloque sin hendiduras porque al ser
los que sufrieron por el nombre del Señor9, fueron modelados
por su fidelidad a Dios y al Reino, reinando entre ellos la
unidad. Su basamento fueron aquellas piedras cuadradas
y blancas, que representan, en nuestro caso10, a Obispos
como Monseñor Luis Chávez y Gonzales; o, Monseñor
Arturo Rivera y Damas, por mencionar algunos. Obispos
empeñados y comprometidos en la encarnación en nuestro
país, del Concilio Vaticano II y su latinoamericanización
llevada a cabo en Medellín. Nuestra Iglesia se encuentra,
de esta forma, asentada sobre bases sólidas.

6. Daniel Ruíz Bueno, “Hermas”, Padres apostólicos y apologistas griegos (S.


II), Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, España, 2009, p. 746.
7. Palabra que, como nos explica el Padre Juan Hernández Pico S.J., no quería
decir solo superficialmente “puesta al día”, sino escucha de los “signos de los
tiempos” … rejuvenecer… algo muy cercano a aquella manera como Jesús de
Nazaret irrumpió en Galilea kerigmáticamente… o sea “anunciando” (kerússon)
“la buena noticia de Dios. Ver: Juan Hernández Pico, S.J. El Concilio Vaticano II,
fuente de esperanza en América Latina, Centro Monseñor Romero - UCA, San
Salvador, El Salvador, 2012, p. 12.
8. Es decir, las aguas del bautismo.
9. Ibíd., p. 748.
10. En Hermas, las piedras cuadradas y blancas que ajustaban en sus junturas
son los Apóstoles, obispos, maestros y diáconos. Ver: Ruíz Bueno, “Hermas”,
Padres Apostólicos y Apologistas griegos (s. II), op. cit., p. 748.

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II Carta Pastoral

13. Ambas visiones, la bíblica y la eclesiológica, nos


edifican y fortalecen llamándonos a conversión; y con ello,
al seguimiento de Jesucristo, tomando, por ejemplo, a los
mártires. Por esta razón, quiero a continuación, posar mi
mirada precisamente en esas piedras – que nos llenan de
gozo y consuelo en el presente – sumergidas en el fondo del
mar, de donde extraeré a veinticuatro de ellas, presentando
una breve semblanza de cada una; uniendo junto a sí,
aquellas otras piedras a cuya vera, fueron labradas por el
Divino Artífice a imagen y semejanza de Cristo. Seguiré
un esquema dividido en tres partes: Nacimiento, vida y
muerte martirial.

Nuestros Mártires
1. Padre Rutilio Grande García, Sacerdote Jesuita
1.1. Nacimiento
14. Rutilio Grande García S.J., - el protomártir salvadoreño
y precursor del profeta Mons. Romero – nació el 5 de julio de
1928, en una pequeña población de Aguilares, llamada El
Paisnal. Fue su padre, el señor Salvador Grande y su madre,
Cristina García. Tuvo tres hermanos: Luis, José, Mario; y
una hermana: Cristina; entre los cuales, le correspondió
ser el menor. Con apenas cuatro años, fallece su madre,
quedando al cuidado principalmente de su abuela que
no sólo se encargó de prodigarle los cuidados necesarios.
Asentó, en palabras del Padre Rodolfo Cardenal S.J, - uno
de sus máximos biógrafos – las bases de su espíritu piadoso y
su vocación al sacerdocio11.
1.2. Vida
15. Su vida, en medio de las muchas dificultades e
incomprensiones que enfrentó, fue un constante hacer la

11. Rodolfo Cardenal, S.J. Rutilio Grande, Mártir de la Evangelización


rural en El Salvador, UCA Editores, San Salvador, El Salvador, 2015, p. 18.

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Ustedes también darán testimonio

voluntad de Jesús y; por ende, del Padre. Hacer, que se


traduce en frutos a través de los cuales, los conoceréis dijo
Jesús (cfr. Mt 7, 16):

1.2.1. Atendió el llamado


16. Sintiendo la voz de Dios que un día escuchara Pedro
y Andrés, en boca del Maestro, invitándoles a ir tras su
seguimiento radical: Vengan conmigo y les haré llegar a ser
pescadores de hombres (Mc 1, 17), el Padre Rutilio Grande
S.J., ingresó al Seminario San José de la Montaña en 1941,
con la ayuda de Dios y el apoyo de Mons. Luis Chávez
y González, al que conoció a muy temprana edad; y por
quien siempre sintió un gran aprecio. Cuatro años más
tarde, descubrió su vocación jesuita e ingresó a la Compañía
de Jesús; recibiendo su ordenación sacerdotal en Oña,
España en 1959. A su regreso al país, colaboró hasta 1970,
con el Seminario San José de la Montaña en la formación
de los futuros sacerdotes que atenderían a la Grey
salvadoreña. En 1972, fue nombrado párroco del Señor
de las Misericordias en Aguilares. Pescador experimentado,
pescó hombres para el sacerdocio; mientras permaneció en
el Seminario. Tomada la posesión de su parroquia, pescó
hombres y mujeres que se convertirían en sal y levadura
del pueblo salvadoreño. ¡Pesca milagrosa – hermanas y
hermanos míos– que le conduciría al martirio!

1.2.2. Se sabía enviado


17. En ningún momento, el Padre Rutilio S.J., actuó a
título personal. Al revisar los Principios que inspiraban al
Equipo Misionero de Aguilares se comprende – queridas
hermanas y hermanos– que este mártir se sabía enviado
por Jesucristo Nuestro Señor: Somos misioneros para toda
la comunidad; es decir enviados… según el mandato de Jesús

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II Carta Pastoral

a sus apóstoles: Vayan y anuncien el Evangelio a todas las


gentes12.
1.2.3. Seguía la única ideología del cristianismo:
La del Reino
18. Por aquellos días, acusaciones, imputaciones e
inventivas contra el Padre Rutilio Grande S.J., sobraban.
La intención era justificar su asesinato al que se trató de
colorear con tintes de ideología. La queja del Padre Ignacio
Ellacuría S.J., al respecto, resulta ahora muy clara: Ya se
sabe el pretexto: son comunistas que están soliviantando al
campesinado contra los terratenientes. Y no era así13. Tal y
como se explicita en un clásico documento: Los militares y
la oligarquía enloquecieron… vieron un enemigo comunista hasta
en sus alcobas y en casi cada ciudadano14. ¡Ceguera que impidió
ver a quienes teniendo ojos no supieron o no quisieron
ver la verdad! El Padre Rutilio no apoyó jamás ideología
alguna. Prueba de ello son los Principios ya citados: No
tenemos nada que ver con agrupaciones políticas de ninguna clase
o partido… nuestra única política es la de ser anunciadores fieles
del Evangelio15. Su meta como – él la llama – era realizar al
lado de su rebaño: Una comunidad de hermanos, comprometidos
a construir un mundo nuevo, sin opresores ni oprimidos, según
el plan de Dios16. No era ideología ni utopía del mundo. Era
identificarse con la visión de Cristo sobre el Reino: Miren, el
Reino de Dios está entre ustedes (Lc 17, 21). ¿Dónde estaban los

12. Justicia y Paz, “Principios”, Boletín de las Comunidades Rurales Cristianas,


Asesinato del Padre Rutilio: Vida y esperanza para la Iglesia. Año 6, N°63, marzo
1977, San Salvador, El Salvador, p. 8.
13. Ignacio Ellacuría, “Un mártir en El Salvador”. Escritos Teológicos II, UCA
Editores, San Salvador, 2000, p. 664.
14. Comisión de la Verdad, “Informe” (1992-1993) De la locura a la esperan-
za, Editorial Universitaria LUES, San Salvador, El Salvador, p. 1.
15. Justicia y Paz, “Principios”, op. cit., p. 8.
16. Ídem, p. 8.

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Ustedes también darán testimonio

vulgares partidarismos o las nocivas ideologizaciones del


Padre Rutilio Grande S.J.? ¿No serían otras las verdaderas
razones que provocaron el odio contra él?
1.2.4. Anunció la Buena Nueva
19. El Padre Rutilio Grande S.J., estableció junto a su
equipo misionero, como meta Pastoral17, la Evangelización
al estilo jesuánico de los Santos Evangelios: El Espíritu del
Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los
pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación
a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los
oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor (Lc 4, 18-
19). Evangelización, queridos hermanos y hermanas,
que tan pronto encendió en la sinagoga de Nazaret,
encontró rechazo: Al oírlo, todos en la sinagoga se indignaron.
Levantándose, lo sacaron fuera de la ciudad y lo llevaron a un
barranco del monte… con intención de despeñarlo (Lc 4, 28-30).
La reacción es comprensible. La Buena Nueva es buena
para unos; pero nociva para otros: Por un lado, promete una
mejora de vida para pobres y sufrientes, y por otro, amenaza la
situación de privilegio de los satisfechos18.
20. El Padre Rutilio y su equipo de misión se propusieron:
Crear una Iglesia de comunidades vivas de hombres nuevos,
agentes de pastoral y conscientes de su vocación humana que
se conviertan en gestores de su propio destino que los lleve al
cambio de su realidad, según los lineamientos del Vaticano II y
de Medellín… animarles a ser co-creadores de una comunidad
dinámica, profética y descentralizada, para que lleguen a una
promoción que vaya detectando agentes de cambio, hombres y
mujeres claves, agentes multiplicadores de pastoral19. En otras

17. Cfr. Justicia y Paz, op. cit., p. 7.


18. José Laguna, ¡Ay de vosotros! Distopías Evangélicas, Cuadernos CJ 181,
Cristianisme i Justicia, Barcelona, España, noviembre 2012. `
19. Justicia y Paz, op. cit., p. 7.

21
II Carta Pastoral

palabras, iban a hacer que los ciegos y las ciegas vieran


su realidad personal; y, social empecatada, injusta y
opresiva; iban a dar libertad a los oprimidos por medio
de la denuncia del pecado opresor; iban a liberar a los
oprimidos devolviéndoles su dignidad humana y con ella,
les animarían a ser actores-constructores de su historia y no
meros agentes pasivos. Les convertirían en sal y fermento
de la sociedad.
21. Les enseñó entre otras cosas: A Jesús de Nazaret:
Muchos prefieren un Cristo mudo y sin boca para pasearlo en
andas por la calle. Un Cristo con bozal, fabricado a nuestro
antojo y según nuestros mezquinos intereses ¡Ese no es el Cristo
del Evangelio, el Jesús joven de 33 años! El que se jugó la vida
y murió por la causa más noble de la humanidad. Al Dios de
Jesús: Unos se santiguan: ¡En el nombre del padre- el pisto,
y del hijo -el café-, y del espíritu -mejor que sea de caña! Ese
no es el Dios – Padre de nuestro hermano y Señor Jesús que
nos da su Buen Espíritu para que seamos hermanos por igual, y
para que, como seguidores cabales de Jesús, trabajemos por hacer
presente aquí y ahora su Reino. La fraternidad de hijos e
hijas de Dios: Todos somos hermanos. Los Caínes también son
nuestros hermanos, aunque sean un aborto en el plan de Dios. El
cristiano no tiene enemigos, sino hermanos, y por más que sean
hermanos Caínes o Judas que venden a Cristo, no los odiamos.
La coherencia entre fe y vida: Jesús como las páginas que lo
anuncian, deben de estar bien enraizadas en la vida, no en un
libro que se queda trepado por las nubes… muchos se apuntan
a un evangelio que deje las cosas como están, por muy mal que
estén, y que no traiga problemas. Una fe encarnada en la
historia humana y no evasiva: No sean cohetones: tronazón
y humo allá arriba, allá arriba. ¡Aquí abajo, aquí abajo hay que
hacer reventar el Evangelio! Una cultura de solidaridad,
incluso, en la salvación: ¡Nos tenemos que salvar en racimo,
en mazorca, en matata, o sea en comunidad! Una Iglesia al
servicio de la vida: La Iglesia no es museo de tradiciones

22
Ustedes también darán testimonio

muertas, de enterradores que sólo se preocupan de cargar la urna


el Viernes Santo para enterrar a Jesús. Debe ser un puño de
comunidades vivas, portadoras de vida y esperanza para nuestra
gente más humilde20. Podrían seguir mencionándose más
enseñanzas suyas en una interminable lista. Lo importante
a considerar es que, con el anuncio de la Buena Nueva,
liberó a quienes estaban oprimidos ya fuere por el pecado
personal; o bien, por las cadenas de la injusticia. Sin
aplicar ideología alguna, les enseñó que, la convivencia
fraterna y la solidaridad pueden hacer presente el Reino
en este mundo. En este intento, como humanidad nueva y
redimida les animó a tomar la historia en sus manos para
transformarla, humanizarla y; por supuesto, cristianizarla.

1.2.5. Denunció el pecado


22. La alegría inundaba el corazón del Padre Rutilio S.J.,
al ver los frutos del anuncio; sin escapar a sus sagaces ojos
de buen pastor, el dolor que provocaba el anuncio, en las
heridas de las ovejas descarriadas al tratar de curarlas con
el ungüento de la Palabra: Para unos será Buena Nueva; para
otros, puño de sal que arde en gangrena abierta, pero que les
puede sanar21. El buen médico sana aplicando medicinas y
tratamientos muchas veces dolorosos. Igual toca al Pastor:
Sale a buscar a la oveja descarriada, la cura, la carga sobre
sus hombros y la reintegra al redil. Tal vez, la oveja bale de
dolor al ser curada y se resista, hasta que, restablecida salte
de gozo. La motivación del Padre Rutilio S.J., era encontrar
y sanar a esas ovejas. La denuncia del pecado era la forma
de llamarles a la conversión; era su forma de botarles las
escamas de los ojos para que vieran con los ojos de Cristo.

20. Todas las citas tomadas de: AA.VV. XXX Aniversario P. Rutilio Grande. Pal-
abra comprometida con los pobres, Cuadernillo 19, Centro Monseñor Romero,
UCA. San Salvador, El Salvador, 2007, pp. 11-19.
21. Ibídem, p. 16.

23
II Carta Pastoral

23. Con tan sano objetivo denunció: El anti reino:


¡Los campesinos no tienen tierra, ni pisto, ni derecho a
organizarse, a que se oiga su voz y defender sus derechos
y privilegios y dignidad de hijos de Dios y de esta Patria…!
¡Esto no es el Reino de Dios, sino el reino de la maldad, de
la mentira y del diablo! La incoherencia entre fe y vida:
¡Ay de ustedes que se dicen católicos del diente al labio, por
dentro son inmundicia de maldad! El desinterés por Cristo
al mostrar desinterés por el hermano y la hermana: Son
Caínes que crucifican al Señor cuando camina con el nombre
de Toño, de Licha o del humilde trabajador del campo. El
individualismo: No vale decir ¡Sálvese quien pueda con tal
de que a mí me vaya bien! La avaricia: Al pobre campesino no
le dejan ni un conacaste, ni un puño de tierra para vivir o para
que le entierren22. La idolatría del poder y del dinero: ¡En
el nombre del café, en el nombre del café y en el nombre
del café…! ¡En el nombre de la caña, en el nombre de la
caña y en el nombre de la caña! Lo he dicho otras veces,
pero hay que repetirlo hasta la saciedad. A los poderosos
los hizo destrepar de sus puestos; a los autosuficientes,
¡porque tienen dioses aquí!23 La lista podría seguirse
ampliando porque fue extensa. Denunció porque era un
buen pastor en búsqueda de la salvación de pobres y ricos,
sin excepción. Los poderosos no comprendieron que la
Palabra quema porque es fuego que acrisola. ¡Lástima
hermanas y hermanos que algunos, perdieron lo sumo por
lo menos, al desoír la voz del protomártir Rutilio en cuyos
labios resonaba la voz de Jesús!

1.2.6. Encarnado en la realidad


24. Ni su anuncio ni su denuncia hubiera tenido tanto
efecto si el Padre Rutilio Grande S.J., no se hubiera

22. Ibíd., p. 13.


23. AA.VV. XXV Aniversario Rutilio Grande. Sus Homilías, Cuadernillo 10,
Centro Monseñor Romero, UCA. San Salvador, El Salvador, 2002, p. 63.

24
Ustedes también darán testimonio

encarnado en la realidad de su Parroquia y de su país.


Era una de sus aspiraciones: Partir de la realidad para
concientizarnos primero nosotros, por una sensibilización y
toma de conciencia de su mundo que nos llevará a encararnos
y a identificarnos con sus problemas. No instrumentalizar su
religiosidad…24. Reconocía las duras condiciones de vida de
sus ovejas matizadas con la vida apoltronada de las ovejas
más gordas del rebaño: Los que tienen voz, pisto y poder
se organizan y disponen de todos los medios a su alcance…25.
Vivir con los pobres le llevó a comprender esa realidad de
dolor. No elogió ni sublimó esa miseria indigna de todo
ser humano. Luchó por cambiarla animando a sus ovejas
a tomar las riendas de su vida porque esa pobreza no es
querida por Dios. La pobreza en esos términos roba la
dignidad de los hijos e hijas de Dios.

1.2.7. Sacramentalmente comprometido


25. Vivía como entendía los sacramentos y entendía los
sacramentos como los vivía; es decir, con compromiso
radical; como debe ser y hacer, un seguidor de Cristo. Del
bautismo decía: Es un compromiso sagrado y exigente. No es
ni debe ser en las filas de la Iglesia de Cristo un mero lavado
convencional de la cabeza, un rito costumbrista, un mero hecho
social sin trascendencia para el individuo y para la sociedad. Ser
bautizado es estar lleno, centrado en los cauces del evangelio.
¡Ser bautizado es aceptar el evangelio de Cristo hasta sus últimas
consecuencias! Era un hombre eucarístico no sólo por su
sacerdocio sino por ser el punto central del cristianismo:
Desde los comienzos de la Iglesia primitiva es la quintaesencia
de nuestra fe comprometida como servicio al mundo. Es la
celebración de la muerte y la resurrección del Señor. No es tomar

24. Justicia y Paz, op. cit., p. 7.


25. AA.VV. XXX Aniversario P. Rutilio Grande. Palabra comprometida con los
pobres, Cuadernillo 19, Centro Monseñor Romero, UCA. San Salvador, El Salva-
dor, 2007, p. 14.

25
II Carta Pastoral

un pan como se toma un marquesote. Es un proceso que viene


de la vida, atraviesa por estos signos exteriores y va a la vida26.
Según testimonio de la niña Tinita de Aguilares, el Padre
Rutilio Grande siempre llevaba junto a él una hostia. Al
preguntarle la razón, nos cuenta, que respondió: Por si
cuando me maten, porque estoy amenazado, le pido al Señor que
me dé licencia para morir con ella en la boca27.
26. Su deseo no fue cumplido a la hora del martirio. No
tomó el cuerpo de Cristo en ese instante; más su cuerpo
entero fue hostia consagrada en manos de Cristo. Hostia
elevada en manos del Sumo Sacerdote y presentada en
el altar de Dios. No cabe duda: Hombre eucarístico y
sacramentalmente comprometido fue el Padre Rutilio. Su
vida llena de los frutos aquí expuestos, lo atestigua, tanto
como su pasión y muerte martirial.

1.3. Muerte Martirial


27. La pasión del Padre Rutilio comenzó años antes
de su martirio; e incluso, antes de su llegada al Paisnal.
Intentando hacer la voluntad de Dios, encontraba a
su paso incomprensión y rechazo. Sus homilías eran
consideradas de alta peligrosidad. Subvertían, en opinión
de sus asesinos, el orden; o sea, el orden social, político
y económico que habían construido a su alrededor para
defender sus intereses de clase. La verdad es que tenían
oídos; pero, no oían; y ojos; pero, no veían. No entendieron
que su malestar era provocado por la divina Palabra que el
Padre Rutilio S.J., predicaba. Palabra que les cuestionaba
su comportamiento injusto, egoísta y violento para con los
más pobres de este país; cuestionaba su falta de coherencia

26. Ambas citas tomadas de: AA.VV. XXV Aniversario Rutilio Grande. Sus
Homilías, op. cit., p. 63
27. AA.VV. XXX Aniversario P. Rutilio Grande. Palabra comprometida con los
pobres, op. cit., p. 55.

26
Ustedes también darán testimonio

entre fe y vida; cuestionaba su actitud de encubrir la verdad


con la mentira y la impunidad; cuestionaba su afanoso
trabajo en pro del lucro personal olvidando el bien común
de la nación; cuestionaba su fin último ante Dios. Se sentían
amenazados por las palabras del Evangelio. El protomártir
acabó siendo acusado como Jesús ante Pilato: Solivianta al
pueblo con sus enseñanzas por toda Judea, desde Galilea, donde
comenzó hasta aquí (Lc 23, 5). Sus asesinos, posiblemente,
habrán dicho frente al Pilato salvadoreño: El Padre Rutilio
S.J., solivianta al pueblo con sus homilías por todo el Paisnal,
desde San Salvador, donde comenzó hasta en Apopa.
28. En San Salvador, donde todo comenzó, pronunció
la primera de esas homilías que originarían su pasión. El
6 de agosto de 1970, en ocasión de la solemnidad de la
Transfiguración del Señor en catedral y en un contexto de
reforma agraria vacilante, el Padre Rutilio S.J., después de
presentar a Jesucristo como mediador ante Dios; palabra de
Dios hecha carne; y nuestro libertador, concluyó animando a
los obispos y gobernantes de la nación a “ver con los ojos
de Cristo”. Realidad que podía ser transformada con firme
voluntad política; y por supuesto, con la guía de la Iglesia:
La Iglesia dentro de su esfera y el Gobierno en la suya propia,
con el mutuo respeto dentro de sus ámbitos legítimos, han de
colaborar eficazmente, audazmente y urgentemente a fin de
propiciar “leyes justas, honestas y convenientes, según lo exige
la soberanía del pueblo en el artículo 1 de nuestra constitución
¿Cuál es ese pueblo soberano? ¿La gran mayoría o la pequeña
minoría? ¿Cuál de los dos es el realmente alienado en esta
nación? La Iglesia y el gobierno han de colaborar eficazmente,
audazmente y urgentemente para transfigurar al pueblo
salvadoreño que vive en los valles, junto a los hermosos lagos,
junto al río Lempa, a la orilla de los cafetales y cañales en flor,
en las faldas de nuestros montes y volcanes, en los pueblitos y
caseríos y en las grandes y explosivas concentraciones urbanas
y junto a los grandes latifundios... y solamente entonces, Cristo

27
II Carta Pastoral

Salvador Transfigurado, será realmente nuestro Patrono, al estar


transfigurados todos nosotros, los bautizados en su nombre, por
haber sido fieles al mandato del Padre, según lo hemos escuchado
en el Evangelio de este día: Este es mi Hijo muy amado, escuchad
y poned por obra su mensaje28.
29. Su homilía no agradó a los Caínes. Sólo consiguió
levantar sospechas y resquemores. Cuánto habrá sufrido,
hermanas y hermanos míos, al ver que su mensaje había
sido mal comprendido. Un mensaje preparado en aras
de mejorar las condiciones de vida de un pueblo que, se
debatía entre la miseria y la falta de libertad, era usado en
su contra sin percatarse de su alto sentido evangélico. No
importaba que lo explicara de variadas formas. Siempre
eran tergiversadas. Un claro ejemplo de esto es su homilía
del domingo 16 de septiembre de 1973, pronunciada en
Aguilares en ocasión de la Independencia, sobre el buen
samaritano. En la interpretación del pasaje lucano, similar
a Jesús, utilizó una figura “marginada, despreciable” desde
la óptica civil-política; y contraria a Dios, desde la óptica
religiosa: Un hombre a quien llamaban “comunista” en la
región acertó a pasar por aquel sitio de la Troncal y al verlo sintió
compasión. Entonces se acercó al hombre, le curó las heridas lo
mejor que pudo y le puso vendas. Luego lo subió en su propio
carro, lo llevó a un alojamiento y lo cuidó ahí. Al día siguiente,
cuando el hombre a quien llamaban “comunista” se iba, sacó
algunos dineros y los dio al dueño del alojamiento y le dijo:
“Cuida a este hombre, y si gastas algo más, te lo pagaré cuando
yo vuelva”. Pues bien ¿Cuál de estos personajes te parece que
fue el prójimo del hombre que fue asaltado por los ladrones? El
católico salvadoreño dijo: el que tuvo compasión de él. Entonces,
Jesús le dijo: Anda y haz tú lo mismo29.

28. AA.VV. XXV Aniversario Rutilio Grande. Sus Homilías, op. cit., p. 50.
29. Rodolfo Cardenal, Historia de una esperanza. Vida de Rutilio Grande, op.
cit., pp. 313-314.

28
Ustedes también darán testimonio

30. La interpretación es creativa y encarnada en la


situación convulsa del país por aquellos años. Sin embargo,
es muy probable que no todos la aprobaran. Sobre todo,
aquellas y aquellos ideologizados que solían idolatrar su
organización o partido político. La lección que el Padre
Rutilio S.J., les dio fue clara: La política no es para beneficio
personal. Es para propiciar el bien común del pueblo
salvadoreño sumido en miseria, injusticia, persecución
e ignorancia. El Padre Rutilio, al aplicar la parábola a la
realidad salvadoreña, no veía a un solo hombre herido.
El herido era el pueblo completo: Al pueblo lo dejaron todos
atrás, tendido en el camino, moribundo y sin voz. Dejemos de
hablar tanto del pueblo y demostremos realmente con hechos
que tenemos amor a Dios y al pueblo, ya que eso es tener fe en
Dios y en su imagen, el hombre30. Amaba al pueblo, deseaba
lo mejor. Había entendido que misericordia es como nos
explica San Gregorio de Niza una pena o dolor voluntario que
nace de los males ajenos31. No para condolernos junto a ellos
o aplicar un poco de asistencialismo que calme nuestra
conciencia. La misericordia es acción transformadora; lo
contrario es inacción, mutismo y; quizá, conformismo que
lacera la dignidad humana impidiéndole su desarrollo: Si
la compasión no ablanda el alma para que socorra a su prójimo,
no hay manera de que nadie dé un paso para aliviar la desgracia
ajena32. Quiso, el Padre Rutilio demostrar que el buen
samaritano no se conformó con acercarse al herido. Lo
recogió, lo cargó, lo llevó a lugar seguro devolviéndole la
posibilidad de recuperar su salud, y con ello, la vida.
31. Su compasión no se detenía ante nada. En Apopa, el 13
de febrero de 1977, pronunció una homilía en solidaridad

30. Ibídem, p. 314.


31. En: Restituto Sierra Bravo, “Sobre las Bienaventuranzas”, Doctrina Social y
Económica de los Padres de la Iglesia, Compañía Bibliográfica Española, Madrid,
España, 1967, n. 448.
32. Ibíd., n. 449.

29
II Carta Pastoral

con el Padre Bernal que acababa de ser expulsado del


país aclarando que, no se trataba de un mitin ni mucho
menos de una marcha violenta. Era una manifestación de
fe en la que clarividentemente habló del sello martirial
de la Iglesia salvadoreña en agiornamento y del amor que
le caracterizaba: El símbolo de una mesa compartida, con el
taburete para cada uno y con manteles largos para todos. El
símbolo de la Creación, y para eso hace falta la redención. ¡Ya está
sellándose con el martirio!... No veníamos aquí con machetes.
No es esta nuestra violencia. La violencia está en la Palabra de
Dios, que nos violenta a nosotros y que violenta a la sociedad y
que nos une y nos congrega, aunque nos apaleen. Por lo tanto,
el código se resume, en una palabra: Amor: contra el anti amor,
contra el pecado, contra la injusticia, contra la dominación de los
hombres, contra la destrucción de la fraternidad33.
32. Mis hermanas y hermanos, en estas homilías se
descubre a un Rutilio plenamente identificado con Jesús:
Veía con los ojos de Cristo; juzgaba la realidad a la luz de
la Palabra, Tradición y Magisterio; y, actuaba como Cristo
lo hubiera hecho; es decir, con misericordia, anunciando la
Buena Nueva y denunciando el pecado. Un ver, juzgar y
actuar que le llevó a padecer incomprensiones, intolerancias,
acusaciones, burlas, persecución de espías, entre otras más.
Sufrimientos de los cuales siempre estuvo consciente: Es
peligroso ser cristiano en nuestro país ¡Prácticamente es ilegal
ser cristiano cabal en nuestro medio! ¿por qué? Porque estamos
basados en un orden establecido ante el cual la mera proclamación
del Evangelio resulta subversiva ¿Cómo no va arder que les
descubran la maldad?34 Sabía que su pasión en los Olivos
tenía un final: El asesinato, que nosotros agradecidos por
su testimonio llamamos hoy: Muerte martirial.

33. AA.VV. XXV Aniversario Rutilio Grande. Sus Homilías, Cuadernillo 10, op.
cit., p. 77.
34. AA. VV. XXX Aniversario P. Rutilio Grande. Palabra comprometida con los
pobres, op. cit., p. 19.

30
Ustedes también darán testimonio

33. Aproximadamente a las cinco de la tarde del 12 de


marzo de 1977, ocurrió su muerte en cruz. No estaba
sólo. Junto a él murieron dos mártires más: Don Manuel
Solórzano, de setenta y dos años; y Nelson Rutilio Lemus,
de quince. El Padre Rutilio Grande S.J., se dirigía a celebrar
la eucaristía y a continuar la novena a San José, en el
Paisnal. Nunca llegó. En el camino fueron emboscados y
su carro ametrallado brutalmente como si se tratara de
un malhechor. El Padre Rodolfo Cardenal S.J., relata en la
biografía del Padre Rutilio que poco antes de morir, éste dijo
en voz baja: Debemos hacer lo que Dios quiere35. Si hermanas
y hermanos míos, como Jesús en el huerto de los Olivos,
cuando obediente hasta la muerte exclamó: No se haga mi
voluntad sino la tuya (Lc 22, 42). No es que la voluntad de
Dios fuera ver morir al Padre Rutilio de forma macabra ni
mucho menos a su Hijo. Hacer su voluntad implica en este
caso ser fieles a la misión encomendada aun cuando esto
conlleve la posibilidad de morir en su cumplimiento. Es el
pecado que mata, el que dio muerte a este santo sacerdote,
nuestro amadísimo protomártir; y fue el pecado, el que
mató a Jesús en la cruz. El perdón a sus asesinos lo había
dado tiempo antes de morir: El odio no cabe en un cristiano.
Aunque nos apaleen y nos quiten la vida tenemos que seguir
amando y perdonando. Así nos enseñó Jesús ¿verdad? ¡Padre,
perdónales, sepan o no sepan lo que hacen!36.
34. En la noche, su cuerpo fue lavado y vestido junto al
de sus hermanos de martirio. Mons. Romero pidió que los
tres fueran trasladados a Catedral Metropolitana donde se
celebraría una misa de cuerpo presente. Presidió la misa
Mons. Luis Chávez y González; y junto a él Mons. Romero –
nuestro querido Beato y profeta – y, Mons. Rivera y Damas,

35. Rodolfo Cardenal, Historia de una esperanza. Vida de Rutilio Grande, op.
cit., p. 573.
36. AA.VV. XXX Aniversario P. Rutilio Grande. Palabra comprometida con los
pobres, op. cit., p. 17.

31
II Carta Pastoral

acompañados de muchos sacerdotes. Posteriormente sus


cuerpos fueron colocados al interior del templo del Paisnal.
Murieron víctimas del pecado de idolatría al poder, a la
riqueza y la autocomplacencia practicada por un reducido
grupo de la élite política y empresarial del país, que no
resistió oír el anuncio de la Buena Nueva que auguraba
la llegada del Reino, desde el ya; y la destrucción del
anti reino lleno de injusticia, mentira y odio. Sus muertes
no fueron en vano. Hoy a cuarenta años de su martirio
debemos acercarnos a la figura del Padre Rutilio, a sus
escritos para conocerle y motivarnos a seguir a Cristo en
la forma comprometida que él lo hizo. Hagamos nuestra,
amadísimas hermanas y hermanos míos, la invitación del
Venerable Siervo de Dios Padre Rutilio Grande García S.J.:
Debemos hacer lo que Dios quiere.

2. Padre Nicolás Antonio Rodríguez Aguilar,


Sacerdote diocesano
35. Amadísimos hermanos y hermanas, poco se sabe de este
mártir. Creo que por este desconocimiento y silenciamiento
sobre su muerte – que sólo un reducido grupo de personas
conoce y recuerda – es conveniente llamarle: El mártir
invisibilizado. Estoy seguro que, el Venerable Siervo de
Dios, Padre Rutilio Grande García S.J., ve complacido que,
a cuarenta años de su martirio, se recuerde la figura de este
humilde sacerdote que fue asesinado cuando apenas el
Concilio Vaticano II y su latinoamericanización en Medellín
acababa de ser impulsado con fuerza en nuestra Diócesis.
Indudablemente, el Padre Rutilio, se sentirá muy feliz si
proclamamos que este fue el protomártir del protomártir
salvadoreño. El primero de los mártires del siglo XX, tanto
en El Salvador como en la Región centroamericana.
2.1. Nacimiento
36. El Padre Nicolás Antonio Rodríguez Aguilar nació un
15 de mayo de 1921. Fue el mayor de doce hermanos: Juan
32
Ustedes también darán testimonio

Manuel, José María, Lidia, Graciela, Zoila, Clara, Margarita,


Fidelina, y Jesús; vivos en el momento de su martirio; Raúl,
Luis Alonso y Carmen, fallecidos37. Su padre se llamaba
Nicolás Rodríguez Cipagua y, su madre, María Aguilar de
Rodríguez. La semilla de la vocación sacerdotal fue puesta
por esta pareja desde muy temprana edad, con la ayuda
del Padre Luis Pastor Argueta, amigo de la familia.
2.2. Vida
37. De acuerdo, al testimonio del Prof. Luis Molina38, el
Padre Luis Pastor Argueta no sólo descubrió la vocación
del joven Nicolás. Lo envió a la Escuela Apostólica de los
Padres Paulinos, ubicada, por aquellos días, en el Barrio
San Jacinto, en San Salvador, donde cursó la filosofía. Más
adelante, estudió Teología en el Seminario San José de la
Montaña, bajo la dirección de los Padres Jesuitas.
38. Fue ordenado sacerdote por Mons. Pedro Arnoldo
Aparicio y Quintanilla, el 16 de enero de 1949 cuando
contaba veintiocho años. Desde ese día, se dedicó a ser un
buen Pastor: Vicario Cooperador de la Iglesia de la Merced en
San Salvador… pasa a Mejicanos como Vicario Sustituto, y el
siguiente mes, es… enviado a Nejapa y Apopa para colaborar
en la Comunidad como Párroco, con el nombramiento de
Vicario Ecónomo… de Párroco el mes de enero de 1951: Para
Panchimalco… ese mismo mes pasó de Párroco a San Rafael
Cedros… Párroco de Tenancingo… Capellán de la Casa San
Vicente en Santa Tecla… Párroco de Teotepeque, hasta el mes
de Febrero del 69 que el Sr. Arzobispo (Mons. Luis Chávez) lo

37. AA.VV. Testigos de la fe en El Salvador. Nuestros sacerdotes y seminaris-


ta diocesanos mártires 1977-1993, Impresos Quijano, San Salvador, El Salvador,
2008, p. 267.
38. Testimonio logrado con la ayuda del Padre Carlos Mejía, a quien agradezco
su gesto fraterno y lleno de caridad, justicia y verdad, de ayudarme a conseguir
datos de un mártir en quien pocos han reparado. No olvido mencionar que, el
Padre Carlos Mejía fue a recoger el cuerpo del Padre Nicolás.

33
II Carta Pastoral

nombró Párroco de San Antonio los Ranchos39. Las personas


le recuerdan como un sacerdote muy bueno: El Padre
Nicolás era amable, respetuoso y muy espiritual. Con mucho
cariño trataba a todas las personas que visitábamos la casa
conventual… me decía que era yo la fotografía de mi abuelita40.
En su labor pastoral siempre demostró su afabilidad con
sus feligreses especialmente con los pobres. Parecidos
testimonios recogen, el equipo que escribió su biografía
en el libro Testigos de la fe en El Salvador: Era un hombre
responsable con el trabajo de la Iglesia. Era un hombre sencillo,
un hombre acogedor del pueblo y también era como ese hombre
comprometido con la gente, no era de esos Padres que se quedan
en su oficina, era un padre que trataba de visitar al pueblo41.
En una palabra, era un sacerdote que intentaba vivir el
Evangelio de manera comprometida. Prueba de ello es su
muerte.
2.3. Muerte Martirial
39. Su muerte; acaecida aproximadamente a las tres de la
tarde del 28 de noviembre de 1970 en el caserío El Cóbano,
jurisdicción de Cancasque Chalatenango; parece tener
relación con las líneas pastorales y acciones que la Iglesia
católica salvadoreña realizó ese año. No inició 1970, como
cualquier año. En enero, se celebró la semana de la Reforma
Agraria. Semana que no agradó a reducidos grupos de
la oligarquía porque atentaban contra sus derechos, “no
derechos”, alcanzados muchas veces por cohecho y actos
contra hechos avalados por el aparato legal del país. A la
Iglesia le costó caro su participación dejándose escuchar
voces contra su actuación. En el mes de junio, la Iglesia

39. Arquidiócesis de San Salvador, “Diligentes han estado las Autoridades


Eclesiásticas en la muerte de Sacerdote”, Semanario Orientación, Año XIII, N°
1199, 19 de diciembre de 1970, p. 6.
40. Testimonio proporcionado por María Valentina Díaz de Serrano, una feli-
gresa de la Parroquia San Martín de Porres, Soyapango.
41. Testimonio de Don José Ángel Monge, p. 273.

34
Ustedes también darán testimonio

celebró la Primera Semana de Pastoral de Conjunto en El


Salvador, ampliamente criticada, incluso por miembros
de la Iglesia, entre ellos jerarcas. Los cambios realizados
a los documentos finales de esa Semana no atenuaron las
criticas ni la animadversión que provocaba; sobre todo, en
aquellas y aquellos que no veían con buenos ojos el Concilio
Vaticano II, ni Medellín. El Padre Nicolás; sin embargo,
comprendió que los Documentos emanaban directamente
del Espíritu Santo y se acercó al pueblo. Palmariamente, su
actitud fue vista como sospechosa.
40. Su único delito – si es que al apoyo moral y espiritual
se le debe llamar así, según sus asesinos – como atestigua
Don Ángel Monge es que: Ayudó a un cantón a romper una
calle para que entrara carro… por ese delito, porque rompieron
los terrenos de un rico de Cancasque… por eso lo asesinaron,
para que no anduviera metiéndose en esos líos42. Hacer suyo
el clamor de un pueblo; cuyo único reclamo era tener una
calle que mejorara las vías de comunicación terrestre,
fue un delito que, mereció una muerte macabra; nefanda,
inhumana. No existe nombre para nombrarla porque solo
seres inhumanos pudieron cometer una muerte de ese
género: Le cortaron la mano derecha (lo único que no se encontró
del cadáver), una herida transversal en el abdomen que cortó los
intestinos, otra herida igualmente transversal a la altura de la
nuca y como la marca de autoría: le pelaron la cara en tres cortes
de arriba abajo; no tenía orejas, no tenía labios, nariz y de los ojos
solo la cavidad. Esto último como para que no se le reconociera43.
41. Incluso, la forma como fue secuestrado denota que el
crimen había sido fríamente planeado con lujo de barbarie,
con antelación por sus asesinos. La Sra. Valentina Díaz de
Serrano declara que después de celebrar misa el Padre

42. Testimonio de Don José Ángel Monge, p. 277.


43. AA.VV. Testigos de la fe en El Salvador. op. cit., p. 269.

35
II Carta Pastoral

en el pueblo de San José Cancasque: Fuera de la capilla se


encontraban dos señores, montados en caballo, que llevaban una
bestia sin montar, (una de las bestias era para transportarlo) y
solicitaban del sacerdote, que fuera con ellos a un caserío que
fuera a confesar a un enfermo grave. Según manifestaron que él
les dijo que debía ser acompañado por uno de sus sacristanes, a
lo que contestaron que no era necesario y que solamente llevaban
una bestia para transportarlo solamente a él. El Padre Nicolás
accedió a ir solo, confiando en la buena fe de las personas que
lo llevarían, y sucedió que quienes lo acompañaban desde San
Antonio los Ranchos que eran los sacristanes, se quedaron
esperando que el sacerdote regresara de asistir al enfermo
grave44. El Padre Nicolás nunca regresó. Fue encontrado
muerto días después. Su muerte, nos sigue relatando
la Sra. Valentina, pudo evitarse; pero el Padre prefirió
no abandonar su Grey: En 1971… el sacerdote que llegó a
sustituir al Padre Nicolás… en una de sus celebraciones de la
Santa Misa, escuché que el denunció que había sido amenazado,
por medio de un escrito anónimo, y una de las frases que dijo y
que tengo bien presente en mi memoria según el anónimo es: una
muerte macabra45. Y, así fue.
42. ¿Qué significó su asesinato? ¿Una advertencia
muy fuerte con el propósito de detener a la Iglesia en el
cumplimiento de su misión? Tristemente, hermanas y
hermanos míos, los autores intelectuales y asesinos tenían
ojos; pero no veían; oídos y no oían. Fueron incapaces de
comprender que, para la Iglesia, es preciso obedecer a
Dios antes que a los dueños de este mundo. La Iglesia no
puede callar lo que ha visto ni lo que ha oído (cfr. Hch 4,
19). La Iglesia debe actuar en consonancia con el Maestro:
Ver al herido en el camino, acercarse a él, curarle, cargarle

44. Testimonio proporcionado por María Valentina Díaz de Serrano, una feli-
gresa de la Parroquia San Martín de Porres, Soyapango.
45. Continuación del testimonio proporcionado por María Valentina Díaz de
Serrano, una feligresa de la Parroquia San Martín de Porres, Soyapango.

36
Ustedes también darán testimonio

y llevarle a lugar seguro; permitiendo que, la promoción


humana sea un hecho porque Dios es Dios de vivos, no
de muertos. El Padre Nicolás Rodríguez fue seguidor del
Mártir en Plenitud. Tomó su cruz, la cargó y abrazándose
a ella murió dándonos un testimonio muy bello.

3. Padre Alfonso Navarro, Sacerdote diocesano


43. Ni la muerte del Padre Nicolás ni la del Padre
Rutilio Grande S.J., sació la sed de sangre de oligarcas ni
militares. Casi un mes y medio después del martirio del
Venerable Siervo de Dios, Padre Rutilio S.J., un tercer
sacerdote fue asesinado: El Padre Alfonso. La Homilía
del Beato Mons. Romero pronunciada en la Misa única
celebrada en Catedral, no penetró en los corazones de los
asesinos. Habían endurecido su corazón a la Palabra. Con
dolor me pregunto junto al Salmista: ¿No aprenderán los
malhechores que devoran a mi pueblo, que devoran el
grano de Dios que no han cosechado? (Sal 53, 5). ¿Habrán
aprendido después de cuarenta años del martirio del Padre
Rutilio? Esperemos en Dios que sí.
3.1. Nacimiento
44. El Padre Alfonso Navarro nació en San Salvador el 22
de septiembre de 1942. Sus padres fueron Don Napoleón
Navarro Flores y Doña Dolores Oviedo de Navarro
quienes, además del Padre Alfonso tuvieron una hija:
Bertita Navarro (Hermana religiosa en la Congregación de
las Hermanas de la Santa Cruz); y un hijo más: Napoleón
Navarro46. Su vocación sacerdotal fue descubierta
prontamente, por el Obispo de Santiago de María, Mons.
Castro Ramírez.

46. Datos tomados de: Justicia y Paz, “Principios”, Boletín de las Comunidades
Rurales Cristianas, Padre Alfonso Navarro, otro mártir del Evangelio. Año 6, N°65,
mayo 1977, San Salvador, El Salvador, p. 2.

37
II Carta Pastoral

3.2. Vida
45. Catorce años tenía cuando escuchó el llamado de Cristo
diciéndole en su corazón: Sígueme (Lc 2, 14). Dejándolo
todo ingresó al Seminario San José de la Montaña, recibiendo
el orden sacerdotal, el martes 8 de agosto de 1967. Este
año 2017 estaría cumpliendo sus 50 años de ordenación
sacerdotal. Celebración que no tomó lugar porque los hijos
de las tinieblas arrebataron su vida tras diez fructíferos;
pero, cortos años de sacerdocio. Su labor pastoral inicia en
la Parroquia de San Juan Opico, ayudando, en un primer
momento al párroco, Padre Raymundo Brizuela, en el
trabajo con los jóvenes. No tardó mucho en convertirse en
Párroco; y para algunos, en “subversivo”. Su labor pastoral
en favor del Pueblo de Dios – hecho con la ayuda del Padre
Guillermo Alfonso Rodríguez – consistió en: Fortalecer la
cooperativa campesina, para formar los agentes de pastoral,
instruyéndose en la Biblia como señalándoles sus derechos y sus
deberes consagrados en la Constitución Política de El Salvador
y urgiéndoles a progresar sin la violencia, pero avanzando todos
los días47.
46. A este respecto, hermanas y hermanos míos, quiero
dar una explicación. El Padre Alfonso – como numerosos
sacerdotes más – no servían a ninguna ideología porque
sabían que tanto el capitalismo como el comunismo
atentaban: Contra la dignidad de la persona humana; pues uno
tiene como presupuesto la primacía del capital, su poder y su
discriminatoria utilización en función del lucro; el otro, aunque
ideológicamente sostenga un humanismo, mira más bien el
hombre colectivo, y en la práctica se traduce en una concentración
totalitaria del poder del Estado (DM 1, 10). Su actitud estaba en
perfecta concordancia con los lineamientos del Evangelio,
el Magisterio Latinoamericano que, en Medellín, confesó
con dolor: Un sordo clamor brota de millones de hombres,

47. AA.VV. Testigos de la fe en El Salvador. op. cit., p. 45.

38
Ustedes también darán testimonio

pidiendo a sus actores una liberación que no les llega de ninguna


parte (DM 14,2). Sí, amadísimos míos, no llegaba de
ninguna parte.
47. La Iglesia como Madre y Maestra asumió la función de
enseñar al pueblo y conducirle en el Camino de liberación
integral que es Cristo: La carencia de una conciencia política
en nuestros países hace imprescindible la acción educadora de la
Iglesia, con objeto de que los cristianos consideren su participación
en la vida política de la Nación como un deber de conciencia y
como el ejercicio de la caridad, en su sentido más noble y eficaz
para la vida de la comunidad (DM 1, 16). La Iglesia no hacía
politiquería, ni proselitismos, no apoyaba ni fomentaba
fundamentalismos, ni ideologizaciones. Deformaciones
todas de la política que rayan en absolutismos, dictaduras
y sistemas de gobierno de muerte. ¡No! La Iglesia enseñó
al pueblo a ser buenos cristianos; y, por ende, buenos
ciudadanos que velan por el bien común sobre poniéndolo
sobre el bien individual justo como el Apóstol San Pedro nos
recomendó: Sean sumisos, a causa del Señor, a toda institución
humana, sea al rey como soberano, sea a los gobernantes, como
enviados por él para castigo de los que obran el mal y alabanza de
los que obran el bien (1P 2,13-14). Sí, hermanas y hermanos
míos, sumisos; pero, no esclavizados, por lo que San Pedro
nos deja en claro el cómo: Obren como hombres libres, y no
como quienes hacen de la libertad un pretexto para la maldad,
sino como siervos de Dios (1P 2, 16).
48. Tristemente, nada de esto comprendieron los
terratenientes de Opico. Eran tradicionalistas o conservadores
que manifestaban poca o ninguna conciencia social, tienen
mentalidad burguesa y por lo mismo no cuestionan las
estructuras sociales. En general, se preocupan por mantener sus
privilegios que ellos identifican con el orden establecido… (DM
7,6) y esto porque en ellos se encuentra: La separación entre
fe y responsabilidad social. La fe aparece más como una adhesión
a un credo y a principios morales. La pertenencia a la Iglesia

39
II Carta Pastoral

es más de tipo tradicional y, a veces, interesada (DM 7, 10).


Grupos tradicionalistas que entraron en crisis profunda
de religiosidad; algunos, de los cuales, fueron incapaces
de superarla. Sus protestas hicieron que el Padre Alfonso
fuera trasladado a la Parroquia de la Resurrección, en la
Colonia Miramonte, San Salvador, donde también, encontró
tradicionalistas; y el martirio.
3.3. Muerte Martirial
49. Su pasión empezó en Opico, con las acusaciones
de ser un cura “nuevaolero, comunista o subversivo”.
Acusaciones dichas en son y ton de murmuración; pero,
también publicadas en periódicos y canales de televisión
reconocidos que, se sumaron a la campaña de difamación
contra la Iglesia. Enfrentó con valor cada ataque perpetrado
contra él. Llegó a rendir declaración en un juicio donde le
imputaban apoyar a quienes mataron al Sr. Regalado. Todo
fue en vano. La verdad en los oídos de sus enemigos se
volvía mentira. Imposibilitados de proporcionar pruebas
en contra de este inocente sacerdote, le llamaron El
Camilo Torres de El Salvador48. Además, en la Parroquia de la
Resurrección, le hicieron sufrir mucho. Varias de sus ovejas
del rebaño traicionaron al Pastor sin mayor diferencia
entre Judas Iscariote y su traición al Maestro. Dejaron de
dar limosna o se retiraron a otras Parroquias donde hubo
sacerdotes, no apegados completamente, a los lineamientos
ni del Concilio Vaticano II, ni Medellín ni de su Obispo.
50. Ante una situación económica precaria, el Padre
Alfonso consiguió trabajo en colegios católicos para
mantener la Parroquia. Le robaron el equipo de sonido,
obligándolo a oficiar misa a gritos y luego le acusaron de
estar más agresivo49. Padeció innumerables sufrimientos;

48. AA.VV. Testigos de la fe en El Salvador, op. cit., p. 49.


49. Ibíd., p. 53.

40
Ustedes también darán testimonio

y ante ninguno se doblegó ni abandonó la porción de su


Grey, que tanto le quería y apoyaba. Encolerizados, como
los judíos cuando quisieron apedrear a Jesús, le pusieron
una bomba de la que salió ileso. Hubo llamadas telefónicas
amenazando con matarle hasta que, por fin, el 11 de mayo
de 1977, después de haber estado en Casa Presidencial
– como Cristo en casa de Pilato y Herodes – aclarando
algunas de las tantas acusaciones, le mataron en la casa
parroquial mientras leía un periódico. Junto a él, murió
un niño, pequeño mártir: Luisito Torres de catorce años.
Cuatro esbirros se encargaron de matarles: (Uno de ellos)
corrió a donde estaba el sacerdote y le dio una patada de karate que
le rompió el antebrazo y lo lanzó contra una pared y enseguida
al suelo. Comenzó a dispararle, corrieron los otros dos hacia la
puerta y solo uno más logró también disparar descargando entre
los dos siete balazos de nueve milímetros en su cuerpo… uno
de los asesinos se fue donde estaba el cuerpo ensangrentado del
padre y le dio otra patada con desprecio… el verdugo que sostenía
a Luisito Torres, le giró la cara y le disparó en la frente50.
51. Siendo siervo fiel al Maestro y muy seguidor suyo,
perdonó como Él en la cruz: Muero por predicar el Evangelio,
sé quiénes son los autores de mi muerte. Que sepan que los
perdono51. Así murió esta víctima inocente, a quien los
dueños de este mundo no soportaron por querer guiarlos
al camino del bien del que se habían apartado por su amor
a las riquezas y al poder. En su misa exequial, Monseñor
Romero relató una leyenda sobre un beduino que, guiando
una caravana sedienta, decía una y otra vez: “No por allí, por
acá”. La caravana se cansó, asesinando al pobre beduino,
que murió señalando el camino con su mano extendida

50. Ibíd., pp. 61-62.


51. Justicia y Paz, “Principios”, Boletín de las Comunidades Rurales Cristianas,
Padre Alfonso Navarro, otro mártir del Evangelio. Año 6, N°65, mayo 1977, San
Salvador, El Salvador, p. 5.

41
II Carta Pastoral

y diciendo: “No por allá sino por aquí”52. Y, luego agregó:


La leyenda se hace realidad: un sacerdote, acribillado por las
balas, muere perdonando, que muere rezando… es un ideal que
no muere, es una mano tendida como la del beduino que, en el
desierto, sigue diciendo: “No por allí”. No por los espejismos del
odio, no por esa filosofía del diente por el diente y ojo por ojo, que
eso es criminal, sino por otra: “Amaos los unos a los otros”. No
por los caminos del pecado, de la violencia se va a construir un
mundo nuevo, sino por los caminos del amor53. Cuanta razón
tenía el Padre Alfonso. No era ese el camino para construir
un país asentado sobre la justicia, la verdad y la paz. Hoy a
cuarenta años de su muerte comprobamos que la violencia
sólo ha engendrado más violencia; agrandándose más, por
la actitud de quienes hasta hoy se niegan a enfrentar la
verdad, a resarcir la justicia y pedir perdón. ¡Retomemos
el camino que nos indicó!

4. Padre Rafael Ernesto Barrera Motto,


Sacerdote diocesano
52. Estas pastorales, estos nuevos campos que el Señor nos
señala, estos nuevos compromisos, muchas veces, para un
cristianismo tradicional, son incomprensibles54; así pensaba, el
Padre Neto Barrera. De hecho, ese compromiso le condujo
al martirio más pronto de lo esperado.
4.1. Nacimiento
53. El Padre Barrera nació en el Departamento Cuscatlán.
Específicamente, en un pequeño cantón, llamado Istahua
del Municipio de San Pedro Perulapán, el día 27 de octubre
de 1948. Hijo menor de una hermosa y extensa familia de

52. Cfr. Monseñor Oscar Arnulfo Romero, “Un ideal que no muerte”, Homilías,
Tomo I, UCA Editores, San Salvador, El Salvador, 2005, p. 73.
53. Ibid, p. 73, 75, 76.
54. Monseñor Oscar Arnulfo Romero, “Un juicio de Dios”, Homilías, Tomo III,
UCA Editores, San Salvador, El Salvador, 2006, p. 440.

42
Ustedes también darán testimonio

once hijos, cuyos padres fueron el Señor Manuel Barrera


y la Sra. María Motto de Barrera. Un padre y una madre
que guiaron a sus hijos e hijas por una vida cristiana
comprometida, cosechando como fruto, dos vocaciones
sacerdotales: El Padre Manuel Barrera, el mayor de los
hijos; y el Padre Ernesto Barrera, el menor.
4.2. Vida
54. Ingresó a la Juventud Obrera Cristiana (JOC) donde
trabajó de la mano con el Padre Juan Regal. Es muy
probable que esta experiencia le llevara a decidir; primero
a ser sacerdote; y segundo, a consagrar su sacerdocio al
mundo obrero55. Con las buenas intenciones, de apoyar a los
obreros que, como nuestro padre San José, en su taller se
ganan el sustento con el trabajo laborioso de sus manos,
llegó al Seminario San José de la Montaña. Fue ordenado
sacerdote el 25 de noviembre de 1974, por Mons. Luis
Chávez y González. Nuestro amadísimo Beato Monseñor
Romero nos cuenta: Yo mismo lo llevé a la parroquia de San
Sebastián. Yo compartí con él algunas reuniones con los jóvenes
que me preguntaban las inquietudes propias de un cristianismo
en la hora actual56. Le fue asignada la parroquia del barrio
San Sebastián, en Ciudad Delgado como parte de su
misión pastoral. Ejerció su sacerdocio únicamente durante
cuatro años. Sus asesinos no le dejaron vivir más tiempo,
sin darse cuenta que su testimonio martirial no terminaba
con la muerte.
4.3. Muerte Martirial
55. La alegría que provocaba su pastoral obrera, a su
vez, generaba la dolorosa pasión que todo mártir sufre
antes de morir. A todas aquellas y aquellos incapaces

55. AA.VV. Testigos de la fe en El Salvador, op. cit., p. 82.


56. Monseñor Oscar Arnulfo Romero, “Un juicio de Dios”, Homilías, Tomo III,
UCA Editores, San Salvador, El Salvador, 2006, p. 441.

43
II Carta Pastoral

de comprender que el Reino es de los más pequeños y


sencillos, esa pastoral les resultó molesta: Lo catalogaron de
peligroso por su gran sensibilidad social y porque arriesgaba sus
intereses personales57. Otros le tildaron de revolucionario por
hablar de liberación y libertad, sin comprender que Cristo
mismo había dicho: El Espíritu del Señor está sobre mí porque
me ha ungido para… proclamar la liberación a los cautivos
(Lc 4, 18). No la falsa liberación que ofrecen los señores
de este mundo, enmarcada en los viles límites diseñados
conforme a sus intereses. Al menor intento de afectarlos, la
persona pierde la libertad y acaba reprimido, subyugado,
sometido; o en el peor de los casos, torturado y asesinado.
Esa no es la libertad de los hijos e hijas de Dios.
56. El Beato Mons. Romero – intentando dejar en claro la
falsedad de estas acusaciones – explicó: La liberación que
Cristo trae de esa trascendencia da a los esfuerzos liberadores de la
tierra su verdadera dimensión, su verdadero valor. Cuando se es
miope y cuando se escucha en la palabra del sacerdote que reclama
contra las injusticias de la tierra, contra los abusos del poder,
contra los atropellos de la dignidad humana en este mundo, y se le
quiere criticar como comunista, como político, como hombre que
ya perdió su orientación; se es miope si no se tiene en cuenta que
ese hombre liberador es un sacerdote que tiene por delante una
perspectiva de trascendencia. Por eso; sacerdotes y cristianos,
nosotros somos los auténticos liberadores de la tierra… somos
los llamados por Dios para acompañar también a todos los que se
esfuerzan por dar a esta tierra un sentido más humano, por dar
una igualdad más cristiana, más fraternal a los hombres58.
57. Nada malo hacía el Padre Ernesto Barrera.
Simplemente enseñaba cómo debía ser la liberación
verdadera. Su muerte acaecida el 28 de noviembre de 1978,

57. AA.VV. Testigos de la fe en El Salvador, op. cit., p. 82.


58. Monseñor Oscar Arnulfo Romero, “Un juicio de Dios”, Homilías, Tomo III,
UCA Editores, San Salvador, El Salvador, 2006, p. 442.

44
Ustedes también darán testimonio

es una muestra de la falta de libertad que los salvadoreños


sufrían. Impedirle la continuidad de su vida y pastoral, es
la prueba de la represión a la que se veían sometidos los
que querían trabajar por el reino de Dios. La información
sobre su crimen es, todavía, confusa como los hijos e hijas
de la oscuridad planearon hacerlo. Se sabe únicamente
que: Lo flagelaron. Neto Barrera tiene un documento, extendido
por un médico forense, que delata torturas espantosas… debió
sufrir mucho antes de entregar su espíritu al juicio del Señor59.
Junto a él fueron asesinados tres obreros más: José Isidro
Portillo, Rafael Santos Ortiz y Valentín Martínez Piche.
Otra muerte macabra, amadas hermanas y hermanos míos,
que los hijos de la luz debieron sufrir en testimonio de su
pleno seguimiento a Cristo en la instauración del Reino
desde el ya, todavía no.

5. Padre Octavio Ortiz, Sacerdote diocesano


58. El Boletín Justicia y Paz escribió: El Padre Octavio,
sintiendo toda la problemática que sufre el campesino de nuestro
país y viviendo en solidaridad con ellos, puesto que se sentía
uno de ellos, en muchas ocasiones sintió el deseo de trabajar más
directamente en una parroquia campesina60; pero no lo hizo.
Desarrolló su pastoral en la ciudad encontrando en su
camino a la Patria definitiva, el martirio.
5.1. Nacimiento
59. El Padre Octavio Ortiz Luna provenía de una digna
familia campesina originaria del pintoresco pueblo de
Cacaopera en el Departamento Morazán. Los progenitores
de este humilde sacerdote se llamaban: Alejandro Ortiz y
Exaltación Luna quienes procrearon diez hijos. El Padre

59. Ibíd., p. 444.


60. Justicia y Paz, “Quién es Octavio Ortiz”, Boletín de las Comunidades Ru-
rales Cristianas, Padre Octavio Ortiz, campesino, sacerdote y mártir. Año 8, N°80,
febrero 1979, San Salvador, El Salvador, p. 2.

45
II Carta Pastoral

Octavio fue el segundo de todos, naciendo el 22 de marzo


de 1944.
5.2. Vida
60. Su familia, como el común de campesinos, sufría
condiciones de vida extremadamente duras. La pobreza le
impulsó a buscar trabajo lejos de su hogar cuando apenas
tenía trece años, llegando en su afán al Departamento
Santa Ana, sin encontrar mejores oportunidades laborales.
En cambio, encontró un hogar tutelado, en aquel entonces,
por el Padre Matías Romero Coto. Ahí recibió cuidados,
educación y formación cristiana. El Padre Matías descubrió
en el pequeño niño, la vocación sacerdotal. Le recomendó
a Mons. Barrera que le admitió al Seminario. La alegría del
Padre Matías fue rebosante: ¡Indescriptible era el gozo de
mi corazón! Aquello era cosechar la primera rosa para Dios
en el jardín de mis hijos del alma61. Con la dicha de llevar
una rosa de Dios entre sus manos, el Padre Matías llevó a
Octavio al Seminario Menor de Santa Ana, el 20 de enero de
1958. Después pasó al Seminario Preparatorio en San Juan
Opico; y por fin, al Seminario San José de la Montaña, al cual
ingresó, el 2 de febrero de 1962. Fue ordenado sacerdote por
Mons. Romero, el 9 de marzo de 1974. A partir de entonces
comenzó su labor pastoral en la Comunidad Cristiana de
Zacamil y San Francisco de Mejicanos62.
5.3. Muerte Martirial
61. El trabajo con Comunidades Eclesiales de Base fue el
pretexto idóneo para acusarle de subversivo y comunista.
El día 20 de enero de 1979, - en que ocurrió su martirio
– se encontraba junto a casi cuarenta jóvenes celebrando

61. Dr. Matías Romero Coto, Diario de un Sacerdote, Clásicos Roxil, San Salva-
dor, El Salvador, p. 532.
62. Justicia y Paz, “Quién es Octavio Ortiz”, Boletín de las Comunidades Ru-
rales Cristianas, Padre Octavio Ortiz, campesino, sacerdote y mártir. Año 8, N°80,
febrero 1979, San Salvador, El Salvador, p. 2.

46
Ustedes también darán testimonio

un retiro de iniciación: Después de las seis de la mañana, caía


asesinado el P. Octavio Ortiz Luna, de 34 años de edad, junto
con cuatro jóvenes, algunos de ellos menores de edad. Un gran
contingente de las fuerzas de seguridad irrumpió violentamente
en la casa de retiros de la Parroquia de San Antonio Abad.
Destrozaron la puerta de entrada y dispararon contra quienes,
asustados por el ruido, se levantaban de sus camas. No precedió
provocación alguna, ni los cuerpos de seguridad habían solicitado
su entrada63. Asesinato sin sentido cometido con pretextos
fútiles. Las víctimas son suficientes para demostrar la
barbarie cometida por simple odio contra la fe:
62. David Caballero era apenas un adolecente de 16 años
de edad. Cursaba octavo grado en la Escuela Miranda
de San Antonio Abad. Sus padres, Don David Salomón
Caballero y Doña Gloria Cornejo de Caballero no pudieron
ver bachillerado a su hijo. Ángel Morales, hijo del Sr.
Mercedes Morales y la Sra. Prisciana Gómez de Morales,
tenía 22 años. Había llegado a la capital en búsqueda de
una oportunidad laboral con la que ayudar a sus padres.
Trabajó como carpintero; pero, prontamente, encontró la
muerte, dejando a su familia sumida en profundo dolor
y soledad. Roberto Orellana, otro joven de 16 años, que
apenas cursaba octavo grado en el Instituto Nacional
Francisco Menéndez en horario nocturno, ya que en el
día trabajaba junto a su padre el Sr. Mateo Orellana. Joven
trabajador y estudioso cuyo objetivo era servir a Dios. Ese
día, su madre, la Sra. María Leonor Sánchez de Orellana
no le recibió en el hogar. Finalmente, el joven Jorge Gómez
de 22 años e hijo de Don Manuel de Jesús Gómez y Doña
María Juárez de Gómez, no pudo terminar sus estudios de
Bachillerato cursado en el Liceo Rubén Darío64.

63. Ídem, p. 6
64. Datos tomados de: Justicia y Paz, “Quién es Octavio Ortiz”, Boletín de las
Comunidades Rurales Cristianas, Padre Octavio Ortiz, campesino, sacerdote y
mártir. Año 8, N° 80, febrero 1979, San Salvador, El Salvador, pp. 10-13.

47
II Carta Pastoral

63. Vidas inocentes de jóvenes integrados al trabajo


de la comunidad. Jóvenes valientes que no dudaron en
trabajar por el Reino a pesar de la situación de violencia
y persecución contra la Iglesia. Solo resta preguntarse
con el Dr. Matías Romero: ¿Por qué tenía que morir así
y por qué se había de lanzar sobre su vida la mancha
de la participación política y la sospecha de actividades
subversivas, cuando Octavio fue siempre un hombrecito
tan apartado, tan callado, tan tímido, tan espiritual y tan
sencillo?65 ¿Por qué hermanas y hermanos míos? Por la
idolatría al tener, al poder y a la autocomplacencia.

6. Padre Rafael Palacios, Sacerdote diocesano


6.1. Cinco meses después del Padre Octavio, el Padre
Rafael pasó a engrosar la lista de sacerdotes mártires
ocupando el sexto lugar. Tristemente, la oligarquía y las
fuerzas de seguridad no dejaban de sacrificar sangre a sus
“Baales”.
6.1. Nacimiento
62. El Padre Rafael vino al mundo, un 16 de octubre de
1938 en un humilde cantón del Municipio de San Luis Talpa,
del Departamento La Paz, llamado Talcualuya. Fueron sus
padres, Don Rafael Palacios y Doña Concepción Campos
de Palacios.
6.2. Vida
66. Escuchó la llamada del Maestro a los doce años,
ingresando de inmediato al Seminario. Fue ordenado
sacerdote trece años después: El 26 de mayo de 1963.
Comenzó su trabajo en la diócesis de San Vicente como:
Vicario cooperador en catedral y luego párroco en el Calvario

65. Dr. Matías Romero Coto, Diario de un Sacerdote, Clásicos Roxil, San Salva-
dor, El Salvador, p. 534.

48
Ustedes también darán testimonio

de esa ciudad y también en el pueblo de Tecoluca66. Su apego


a los lineamientos del Concilio Vaticano II y Medellín –
mal comprendidos o no aceptados por muchos – le llevó
a ser despojado de sus cargos pastorales por el Obispo de
San Vicente. Esto fue lo más doloroso para el Padre Rafael
Palacios: El ataque de su propio obispo, Mons. Aparicio
quien, en vez de apoyarlo le castiga quitándole todos sus
cargos pastorales. Con este dolor profundo; y, la esperanza
puesta en Dios, llegó a San Salvador. Mons. Luis Chávez y
Gonzáles no dudó en recibirlo, asignándole como vicario a
la Parroquia de Concepción, en Santa Tecla. Más adelante fue
asignado a la Parroquia El Calvario, en Santa Tecla; y, luego,
a Santa Lucia de Ilopango. Finalmente, fue nombrado
Párroco de San Francisco en Mejicanos, en sustitución del
Padre Octavio. En todas, trabajó arduamente enseñando
en Cursos Bíblicos a las Comunidades.
6.3. Muerte Martirial
67. En San Salvador su calvario no terminó. Prosiguió
como en San Vicente. Su forma de iluminar la realidad
desde el Evangelio fue el motivo de su muerte. Una muerte
deseada; y quizá planificada desde 1976, por los enemigos
del Reino de Dios, cuando en un monumento ideado para
Semana Santa denunció la falta de fraternidad reinante en
unos pocos y pocas salvadoreñas; e invitó a la fraternidad:
Representó un mundo, destacando por un lado siluetas de
personas armadas y en actitud no fraterna, y por el otro, hombres
y mujeres tomados de las manos en actitud fraterna, dando como
resultado de esto la paz67. La representación de esa realidad
pecaminosa, le atrajo odio, amenazas de muerte; y,
tristemente incomprensiones dentro de la misma Iglesia….
Su dolor y sensación de soledad fue grande. Dolor que

66. AA.VV. Testigos de la fe en El Salvador, op. cit., p. 114.


67. Ídem, p. 116.

49
II Carta Pastoral

no escapó a los ojos de nuestro Venerable Siervo de Dios,


el Padre Rutilio Grande., quien para animarle le dijo:
¡Quédate y ya vas a ver que todo va a cambiar, ya va a
llegar Óscar a la Arquidiócesis! Por supuesto… se estaba
refiriendo a monseñor Oscar Arnulfo Romero68.
68. Todo cambió, menos las acusaciones. A su paso, el
anuncio de la Buena Nueva siempre generó molestias en
unos pocos que no se cansaron de acosarle y perseguirle.
Mons. Romero dejó prueba de esto: El Padre Rafael, el
sábado por la noche, me buscaba, llevándome una carta donde
me contaba la amenaza que el jueves ya le había hecho la UGB:
le había pintado la fatídica mano de la venganza en su carrito69.
La amenaza se volvió realidad, el día 20 de junio de 1979,
a las 8:45 de la mañana en la ciudad de Santa Tecla: Cuatro
desconocidos, que se conducían en un vehículo, dispararon contra
el sacerdote. Su cuerpo sin vida quedó tendido a media calle, con
numerosas perforaciones de bala en la cabeza y el pecho…70.
69. De injusta, cruel, y sin sentido puede ser definida
esta muerte. El Padre Rafael Palacios no era ningún
subversivo. Mons. Romero explicó en qué consistía su
misión mal interpretada: El sacerdote no es de izquierda ni
de derecha. El sacerdote está a la altura del corazón para amar
a todos. El sacerdote, voz de la Iglesia, es amor que, si se coloca,
por una opción preferencial, al lado del pobre no es para excluir
a los que tienen, sino para decirles que no se podrán salvar
mientras no se coloquen sintiendo como propia la angustia del
pobre71. Sabemos, hermanos y hermanas mías que, el Padre
Palacios fue un verdadero seguidor del Mártir en Plenitud.
Jamás practicó ideología alguna excepto la del Reino,

68. Ídem, p. 129.


69. Monseñor Oscar Arnulfo Romero, “La voz de la sangre”, Homilías, Tomo
V, UCA Editores, San Salvador, El Salvador, 2008, p. 27.
70. AA.VV. Testigos de la fe en El Salvador, op. cit., p. 114.
71. Monseñor Oscar Arnulfo Romero, “La voz de la sangre”, Homilías, Tomo
V, UCA Editores, San Salvador, El Salvador, 2008, p. 27.

50
Ustedes también darán testimonio

donde ahora descansa eternamente, invitándonos a seguir


tras el camino del Maestro sin temor alguno.

7. Padre Alirio Napoleón Macías, Sacerdote diocesano


70. El año 1979, registró tres sacerdotes muertos, sin
contar los innumerables catequistas y agentes de pastoral
asesinados por el simple hecho de predicar la Buena
Nueva. El Padre Macías cerró el año del 79 con su muerte
martirial ocurrida en agosto.
7.1. Nacimiento y vida
71. El Padre Alirio, hijo de Don Luis Leonardo Macías
y Doña Zoila Rodríguez, nació en San Vicente, el 10 de
noviembre de 1941. Tuvo tres hermanos: Luis Fernando,
Juan Antonio y Guillermo72. Ordenado el 21 de marzo
de 1965 en San Vicente, comenzó una labor pastoral
fecunda: Prefecto de estudios del seminario menor Pío XII
de la diócesis de San Vicente, vicario cooperador de catedral,
vicario cooperador de Sensuntepeque, subdirector del Centro
Catequístico Diocesano, párroco de Verapaz y finalmente párroco
de San Esteban Catarina73. De carácter alegre y muy activo;
doquiera que estuvo hizo el bien, con gran generosidad y
alegría. En su trabajo pastoral se apegó profundamente a
los lineamientos del Concilio Vaticano II y Medellín. Entre
sus frutos estuvo, la creación de Comunidades Eclesiales de
Base y la promoción de la mujer en CEPROR, Academia de
corte y confección, elaboración de peluches, bordado, cocina74.
Frutos que provocarían en su corazón mucho gozo; más
también, dolor.

72. Información tomada de: AA.VV. Testigos de la fe en El Salvador, op. cit.,


p. 149.
73. Ídem, p. 149.
74. Ídem, p. 156.

51
II Carta Pastoral

7.2. Muerte Martirial


72. Conociendo la persecución a la que, eran sometidos sus
hermanos sacerdotes no dudó en apoyar causa tan noble,
como signo de fraternidad sacerdotal; algo que disgustó
mucho a su Obispo Mons. Pedro Arnoldo Aparicio. La
decisión de su obispo fue la expulsión de la parroquia. La
Hna. Angelina Pocasangre da testimonio de su reacción: Él
por su gran humildad, que era la que lo caracterizó, pidió de
rodillas una y otra vez perdón al obispo hasta que logró que
le perdonara y lo dejara en la parroquia de San Esteban Catarina75.
Así mismo, por la situación de persecución y represión a la
que había sido sometida parte de la población que atendía,
es muy probable que lanzara denuncias, acarreándose con
ello la muerte. El Padre Ramiro Valladares comenta que,
el Padre Alirio sabía perfectamente de dónde venían las
amenazas de muerte, por lo que pidió ayuda que nunca
llegó: El jueves anterior tuvimos larga plática, su nerviosismo
era palpable. Sabía de dónde venía la orden de matarlo. Suplicó
a la autoridad eclesiástica que lo acompañaran para aclarar el
porqué de la determinación de matarlo, pero no quisieron... Un
seglar se ofreció… pero él no aceptó por temor que a él también
le pasara cosa igual. Este hecho amargó tremendamente su alma
buena76.
73. El 4 de agosto de 1979, en la soledad de su Getsemaní,
el Padre Alirio Macías: Quedó extendido sobre el presbiterio,
cuando tres hombres le ametrallaron en el templo parroquial de
San Esteban Catarina, entre el altar y la sacristía77. Respecto a
su muerte, Mons. Rivera dijo: Cayó, como caen los profetas:
entre el vestíbulo y el altar78. Mons. Romero, por su parte,

75. Ibíd., p. 158.


76. Ibíd., p. 156.
77. Ibídem, p. 150.
78. Monseñor Oscar Arnulfo Romero, “El Divino Salvador, carne para la vida
del mundo”. Homilía del 6 de agosto de 1979, Homilías, Tomo V, UCA Editores, San
Salvador, El Salvador, 2008, p. 198.

52
Ustedes también darán testimonio

afirmó: Cuando uno muere, como han muerto los sacerdotes,


con ideales del reino de los cielos, como está tendido hoy el
querido padre Macías, allá en San Esteban Catarina, uno piensa:
Estos son los caminos que hay que seguir. Mueren, pero siguen
viviendo79. Fue, por tanto, una muerte carente de sentido
ideada por los dueños del anti reino en su oscuro plan de
acabar con el Reino.
74. Por desgracia su obispo no amparó al Padre Alirio
Napoleón, sino que lo abandonó en el peligro. Es muy
triste y verdaderamente infame que el obispo deje solos a
sus sacerdotes; o al pueblo que se le ha confiado. Pecado
por el que se nos pedirá cuenta a los pastores, por no saber
escuchar la voz del Mártir en Plenitud: Apacienta mis ovejas
(Jn 21, 17). Con profundo dolor lo confieso, por desgracia se
cometieron tan gravísimos yerros. Yerros que no se deben
repetir. Aquí tienen aplicación las palabras que el Pastor
de pastores nos ha dicho: Mis pastores no se ocupan de mi
rebaño, porque ellos, los pastores, se apacientan a sí mismos…
(Ez 34, 8) No han fortalecido a las ovejas débiles, no han cuidado
a la enferma ni curado a la que estaba herida, no han tornado
a la que estaba descarriada ni buscado la perdida, sino que las
han dominado con violencia y dureza (Ez 34, 5). La muerte del
Padre Macías denuncia tan gravísimo pecado y nos llama
a los pastores a ponernos en camino de conversión y de
entrega, en el pastoreo de nuestras ovejas, dispuestos a dar
la vida por ellas.

8. Beato Monseñor Oscar Arnulfo Romero y Galdámez


75. Nuestro amadísimo Beato Monseñor Romero, no sólo
abrió el numeroso martirologio del año 1980. Fue el primer
Obispo asesinado en este país; agregado, a que su muerte

79. Monseñor Oscar Arnulfo Romero, “El Divino Salvador, pan que baja del
cielo y da la vida al mundo”, Homilía del 5 de agosto de 1979, Homilías, Tomo V,
UCA Editores, San Salvador, El Salvador, 2008, p. 183.

53
II Carta Pastoral

fue el fin de la pax romana. Una paz aparente que reinaba en


el país, augurando una sangrienta guerra civil. Detenida
únicamente por los incesantes ruegos que él dirigía a las
partes contrarias. Escribiré poco de él, porque existen
innumerables biografías y análisis de su vida, obra, pasión
y muerte, mejor elaboradas que estas breves letras. Es el
mártir más y mejor conocido del país, felizmente la Santa
Sede le declaró hace dos años Beato. Seguiré el mismo
esquema del resto de sus hermanos y hermanas mártires.
8.1. Nacimiento
76. El Beato Mons. Romero: Nace… en Ciudad Barrios,
Departamento de Morazán, República de El Salvador, en
América Central, el día 15 de agosto de 191780. Su padre fue
Don Santos Romero; y su madre, Doña Guadalupe de
Jesús Galdámez. Fue el segundo de los hijos de una familia
extensa conformada por seis hijos y una hija: Zaida81.
Su nacimiento nos colma de alegría y nos inspira -como
expliqué en el Decreto de Convocatoria para el año jubilar
con ocasión del Centésimo Aniversario del nacimiento del Beato
Romero – a dar también nosotros, respuesta a las exigencias
de nuestro tiempo de acuerdo a la fe, siguiendo las huellas de
Cristo que dio su vida para salvarnos. Y, es por los cuarenta
años del martirio del Venerable Siervo de Dios, Padre
Rutilio Grande García S.J., el Padre Alfonso Navarro; y el
primer centenario del nacimiento del Beato Mons. Oscar
Arnulfo Romero, que nos gozamos, en este año 2017, en la
Arquidiócesis; y, estoy seguro que también, en las demás
Diócesis del país salvadoreño, sintiéndonos: llamados a una
auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del
Mundo.

80. Congregatio de Causis Sanctorum, Beatificationis seu Declarationis Mar-


tyrii Servi Dei Ansgarii Arnolfi Romero, Tipografía Nova Res s.r.l. Roma, 2014, p. 35.
81. Datos tomados de: Congregatio de Causis Sanctorum, Beatificationis seu
Declarationis Martyrii Servi Dei Ansgarii Arnolfi Romero, op. cit., pp. 35-36.

54
Ustedes también darán testimonio

8.2. Vida
77. Mons. Romero ingresó al Seminario Menor de
San Miguel en 1929, es decir, a la edad de doce años. El
Seminario era dirigido por los Padres Claretianos; y quien
velaba, a lo lejos, por su formación – tanto espiritual como
económicamente – era el Obispo de San Miguel, Mons.
Juan Antonio Dueñas y Argumedo. Pasó un tiempo en
el Seminario San José de la Montaña, para clausurar allí los
estudios de filosofía82. Posteriormente, Mons. Dueñas, le
envió a Roma, donde fue ordenado sacerdote, el 4 de
abril de 1942. De regreso a El Salvador, fue: Canciller y
secretario de la Diócesis, vicario general, párroco de catedral,
director de asociaciones y movimientos apostólicos, director del
seminario de la Diócesis, esto en la etapa de San Miguel83. En
San Salvador, fue nombrado Secretario de la Conferencia
Episcopal de El Salvador (CEDES); en Centro América,
nombrado, Secretario Ejecutivo del Secretariado Episcopal de
América Central (SEDAC), encargándose de la redacción del
boletín periódico del SEDAC. En El Salvador, Director del
Semanario Orientación, Obispo Auxiliar de San Salvador;
entre otros cargos. En Santiago de María, fue nombrado
Obispo y fundó un pequeño semanario diocesano llamado
El Apóstol; finalmente, fue nombrado Arzobispo de San
Salvador. Nombramiento con el que, empieza su calvario.
8.3. Muerte Martirial
78. Nuestro amado Beato Mons. Romero asumió el
cargo de Arzobispo, el 22 de febrero de 1977. Ni un mes
había transcurrido de su toma de posesión, cuando su
mejor amigo, el Padre Rutilio Grande García S.J., fue
vilmente asesinado. Lógicamente: La muerte de Rutilio
Grande… trastornó al Siervo de Dios profundamente y le

82. Ibid, p. 42.


83. Ibid, p. 42.

55
II Carta Pastoral

planteó interrogantes sobre su misión84. Su trabajo pastoral


mostraba: Los rasgos clásicos del buen obispo tridentino: la
proximidad al clero, la atención a la unidad de la diócesis, la
preocupación por los seminaristas, la conformidad al Magisterio,
las frecuentes visitas pastorales, la aplicación escrupulosa de la
disciplina canónica, el decoro litúrgico, el apego a la catedral, la
preocupación de no ausentarse de la diócesis, la piedad por los
enfermos y la atención por los pobres. Visitaba todos los rincones
de la diócesis y constataba personalmente que existían muchas
situaciones de pobreza85. Un trabajo pastoral, entonces,
apegado a los lineamientos del Concilio, Medellín y más
adelante, Puebla. Una pastoral que anunciaba la Buena
Nueva, con preferencia, más no exclusividad, por los
pobres; y, denunciaba el pecado, no con mala intención
sino porque, al iluminarlo con y desde la Palabra quedaba
descubierto a la luz, apareciendo una realidad sumida en
una pecaminosa polarización, necesitada de conversión; y
en la que la Iglesia quedaba como víctima. Ambos polos
intentaban manipularla a su favor; algo que, Mons. Romero
no permitió: Estaba claro que su trabajo era pastoral y que ni la
manipulación de unos ni las amenazas de otros iban a detener su
única y verdadera intención pastoral que era de iluminar, con el
juicio de la Palabra de Dios, la realidad salvadoreña para hacer
emerger la verdad que salva86.
79. En medio del fragor que las dos fuerzas antagónicas
del país provocaban, Mons. Romero sufrió con el pueblo.
Conoció de cerca y acompañó a las víctimas, así fueran,
niños, niñas, mujeres, hombres, jóvenes o ancianos,
seglares, agentes de pastoral, catequistas, sacerdotes o
religiosas. Las amenazas fueron abundantes. Llamadas
telefónicas, escritos y rumores esparcidos por aquí y por

84. Ibid, p. 159.


85. Ibídem, p. 254.
86. Ídem, pp. 253-254.

56
Ustedes también darán testimonio

allá; no le detuvieron. Animó a esperar en Dios, animó a


caminar los senderos de la paz; se opuso a la violencia,
a la injusticia, a la impunidad, a la desigualdad social,
a la mentira, a la corrupción, entre otros signos del anti
reino. Siempre hizo: Un llamado a la conversión para todos
los cristianos. y en particular: a todos los ricos y poderosos, un
llamado a la justicia social y a la paz; a los guerrilleros, al diálogo
y a la paz; a los grupos de la izquierda, a hacer vigente la doctrina
social de la Iglesia y a la paz; y a todos los hombres de buena
voluntad, a practicar la misericordia unos con otros87.
80. Actitudes cristianas que le hicieron insoportable a los
ojos de los señores de este mundo hasta que, el 24 de marzo
de 1980, su martirio ocurrió: …en la capilla del Hospital de la
Divina Providencia, por un asesino quien, desde el exterior de la
capilla, ubicó un solo proyectil calibre 22 causándole la muerte
como consecuencia de una profusa hemorragia88. Así acabó la
vida del profeta salvadoreño, aquí en la tierra; naciendo
para el cielo. Ahora sabemos que ha sido reconocido a
nivel mundial como Beato; mientras su mensaje sigue
resonando a nivel nacional e internacional. Corresponde
a nosotros hacer vida la Palabra comprometiéndonos por
construir un país mejor.

9. Padre Cosme Spessotto, Sacerdote Franciscano


81. El segundo sacerdote asesinado en 1980 fue, el ahora,
Venerable Siervo de Dios Padre Cosme Spessotto, O.F.M.
9.1. Nacimiento y vida
82. Fray Cosme nace en Mansué de Treviso, ubicado en
Italia; un 28 de enero de 1923, en el seno de una familia
campesina pobre y humilde. El padre se llamaba Vitorio
Spessotto y la madre, Josefina Zamuner.

87. Ídem, p. 265.


88. Ídem, p. 432.

57
II Carta Pastoral

83. Escuchando el llamado de Dios ingresó al Seminario


de Lonigo, el 3 de septiembre de 1935 cuando cumplió
sus doce años. Fue ordenado trece años después: El 27
de junio de 1948, en la Basílica de la Madonna della Salute,
Venecia, Italia89. Dos años más tarde fue enviado a nuestro
país El Salvador, llegando al Puerto de La Unión, el 4 de
abril de 1950. Dejó a su familia, amistades y tierra que
le vio nacer, para venir a trabajar a un país lejano. No le
importó. Todo lo dejó por amor a Dios. Se encarnó en
nuestro país; y dio muchos frutos para la Iglesia y el Cielo.
A su llegada tomó posesión de la Parroquia de San Pedro
Nonualco, Departamento La Paz, atendiendo un extenso
territorio compuesto por San Pedro Nonualco, Santa María
Ostuma y Mercedes La Ceiba. Años después, fue enviado
a la Parroquia de San Juan Nonualco, donde fue enterrado
tras su martirio. Como buen hijo de San Francisco, viendo
que la Iglesia antigua estaba muy deteriorada, construyó
una nueva; y junto a esta obra, con el deseo de ayudar
a la educación de las nuevas generaciones, construyó la
Escuela Parroquial, Papa Juan XXIII. Fue difícil terminar
con ambas obras; pero con la ayuda de Dios y gente de
buen corazón lo logró.
9.2. Muerte Martirial
84. En su libro Florecillas, el Padre Hilario, nos comenta
que Fray Cosme ayudaba a enfermos y cuantos le
necesitaran en su Jeep Samaritano; ayudaba a los pobres,
enterraba a los muertos a costa de exponer su vida a
una venganza por parte de las autoridades: Asesinaron
a seis jóvenes. Las madres eran de la Guardia del Santísimo.
Eran pobres. El Padre Cosme dio 75 colones a cada una. Los

89. Todos los datos aquí presentados, del Venerable Siervo de Dios, Fray
Cosme Spessotto se han tomado de: Fray Hilario Contrán, Florecillas, Edición
privada; e indicándose con letra cursiva.

58
Ustedes también darán testimonio

sepultaron cristianamente. Después el Padre quiso celebrar la


misa en la Ermita. Nadie le dio las llaves. Se las habían ocultado
maliciosamente. Él celebró la misa igualmente delante de la
Ermita. Le encantaba sembrar uvas y compartirlas, sobre
todo, con los niños y niñas del pueblo a quienes era cercano:
Se quedaba a jugar con los acólitos, en bicicleta, patineta u otro
juego. Promovió movimientos como Caballeros de Cristo
Rey; impartía catequesis; era eminentemente eucarístico
y mariano: Preparaba catequistas. Hacía retiros. Predicaba
incansablemente. Hasta escribía folletos de apologética. No
quería católicos cobardes, sino valientes como buenos y heroicos
soldados de Cristo. Era un sacerdote comprometido.
85. Por ningún lado se atisba que este sacerdote fuera
un subversivo, comunista; pero, las amenazas empezaron
a llegar: Los subversivos… que lo controlaban, minutos antes
de abordar el jeep en que nos conducíamos le mancharon con
spray color rojo el asiento de él, escribiéndole las letras: B.P.R.,
al revés para que cuando él se sentara le quedaran marcadas
correctamente. Le enviaban anónimos que no detenían
su misión: Destruya y queme los anónimos, no quiero que
alguien tenga que sufrir por eso después de mi muerte, solía
decir. Por fin, la muerte le llegó en San Juan Nonualco, el
14 de junio de 1980, inmediatamente después de celebrar
la santa Misa, estaba orando en el Templo, cuando en ese
momento… entran dos desconocidos con pelucas, sacan sus
armas y sin piedad y respeto por el lugar y la persona, le disparan
al corazón. El Padre Cosme cayó en un mar de sangre. Como
buen seguidor e imitador del Mártir en Plenitud, Fray
Cosme había perdonado a sus enemigos, incluso antes
del atentado. A su muerte, encontraron en su escritorio un
Testamento espiritual en el que dejó plasmado su sentir:
Desde ahora yo perdono y pido al Señor por la conversión de los
autores de mi muerte. Agradezco a todos mis feligreses quienes,
con sus oraciones y muestras de cariño, me han animado a darles
el último testimonio de mi vida para que ellos también sean

59
II Carta Pastoral

buenos soldados de Cristo. Fue un valiente soldado de Cristo.


Sufrió y murió en el cumplimiento de su misión. Ahora,
este hijo de San Francisco, yace entre nosotros y es uno de
nuestros amados mártires.

10. José Ohtmaro Cáceres, seminarista diocesano


86. Nuestra Iglesia católica salvadoreña se precia de tener
entre sus mártires, a este joven seminarista que tampoco
escapó a la ola de represión ideada contra los hijos de la luz.
10.1. Nacimiento
87. Nació el 19 de septiembre de 1951, en un humilde
cantón del Municipio de Suchitoto llamado, Platanares.
Su padre fue el Sr. Manuel Cáceres y su madre, la Sra.
Juana Arévalo. La familia de Ohtmaro fue numerosa.
Ocho hermanas: Edelmira, Vilma, Imelda, Ana Elizabeth,
Domitila Araceli, Ana María, Milagro y Yanira; y cinco
hermanos (seis con él): Saúl, Norberto, José Ariel, Lisandro
Antonio y José Godofredo90. Catorce en total.
10.2. Vida
88. Sintiendo el llamado de Dios, ingresó al Seminario Menor
Pío XII de San Vicente, para luego trasladarse al Seminario
San José de la Montaña, el 3 de febrero de 1973. Su Obispo, le
envió en 1979, al Seminario de Guadalajara, México. Como
seminarista: Le gustaba visitar las casas y siempre compartía
con la gente; celebraba la palabra de Dios, como era la costumbre
de todos los seminaristas que llegan a sus respectivos lugares de
origen… insistía mucho en la vida comunitaria, las relaciones
fraternas y el espíritu de solidaridad91. Fue un gran promotor
vocacional, llevó a muchos jóvenes al Seminario con él,

90. Nombres tomados de: AA.VV. Testigos de la fe en El Salvador, op. cit., p.


161.
91. Ídem, p. 164.

60
Ustedes también darán testimonio

algunos de ellos son sacerdotes actualmente. De haber


sido ordenado sacerdote, Ohtmaro, seguramente, hubiera
continuado; y agrandado estos dones.
10.3. Muerte Martirial
89. Habiendo finalizado sus estudios en el Seminario de
Guadalajara, México, había venido a su país para recibir
la Ordenación sacerdotal. El testimonio recogido sobre su
muerte es de su hermana Imelda Cáceres: El responsable
directo fue un pistolero de la zona… quien había organizado
a gente armada en los famosos escuadrones de la muerte, y en
un operativo de la fuerza armada, en conjunto con la guardia
nacional, habían comenzado una limpieza de subversivos desde
el cantón El Líbano hasta Platanares; ese día solo venían a matar
y encontraron a trece personas reunidas, entre ellos a una mujer,
les dispararon con escopeta a doce, a Ohtmaro le desmoronaron
la cabeza. Mi hermana mayor tuvo el valor de recoger los pedazos
de sesos y echarlos en unas hojas92. ¡Que doloroso amadísimos
hermanos y hermanas estas muertes injustas! Muertes
surgidas de falsas acusaciones y odios.
90. Junto a él – ese histórico 25 de julio de 1980 – murieron
doce personas. El nombre de una de ellas se desconoce; los
demás son: José Belarmino Reyes León, Santos Adrián Reyes
León, Gilberto Antonio León, José Alfonso León, Lucio Eduardo
Reyes León, David Hernández, José Ángel Rivas, Consuelo
Molina (a ella la quemaron), dos hijos de la niña Julia: Víctor y
el otro nombre no se ha registrado; y Amílcar93. Estaban dentro
de la Ermita del Cantón, estudiando la Palabra de Dios;
fueron interrumpidos abruptamente y llevados fuera para
matarlos en el patio de la Ermita. Murieron abrazando la
Biblia, acostados boca abajo. Hermoso testimonio que este
joven seminarista nos dejó junto a sus compañeros; seguir

92. Ídem, p. 166.


93. Tomados de: AA.VV. Testigos de la fe en El Salvador, op. cit., p. 167.

61
II Carta Pastoral

a Cristo hasta sus últimas consecuencias. Los testigos


dicen que antes de morir, Ohtmaro dijo a sus asesinos:
“Espérenme que me voy a preparar” y se puso en oración y luego
lo mataron94. El martirio fue su ordenación sacerdotal.

11. Padre Manuel Antonio Reyes, sacerdote oratoriano


91. La ola de asesinatos era imparable a lo largo del
país. Mezclada con la sangre del pueblo iba la sangre de
los miembros de la Iglesia. Casi tres meses después de
Ohtmaro, muere el Padre Reyes.
11.1. Nacimiento
92. El Padre Manuel Antonio Reyes, nació en uno de
los Barrios del Municipio de San Rafael Oriente, en el
Departamento San Miguel, llamado, La Merced. Su padre
se llamaba Modesto Antonio Reyes; y su madre, María
Isabel Mónico. Enfrentaron una dura situación económica:
Su casa era de madera, no tenía ladrillo en el piso y las camas
eran catres de cordeles con sus respectivos petates95. En medio
de esa pobreza extrema nació este mártir de la Iglesia
católica salvadoreña.
11.2. Vida
93. Después del Seminario Menor de San Miguel, el Padre
Reyes ingresó al Seminario San José de la Montaña, un 17
de enero de 1963. Como explican sus biógrafos, desde
que era seminarista acompañaba al pueblo, participando
en las Comunidades Eclesiales de Base de La Chacra96.
Fue ordenado en Colombia, el 23 de mayo de 1971,
en la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri.
Transcurridos unos meses, llegó a San Rafael Oriente a
celebrar su primera misa; y realizó su trabajo pastoral en

94. Ídem, p. 167


95. AA.VV. Testigos de la fe en El Salvador, op. cit., p. 170.
96. Ídem, p. 171.

62
Ustedes también darán testimonio

San Salvador, en la Parroquia de Santa Marta, ubicada en la


Colonia 10 de Septiembre.
11.3. Muerte Martirial
94. Siendo un sacerdote comprometido con su misión
cosechó frutos en su Parroquia: ; bien organizados, tenían
visitas a los hogares y núcleos de muchachos; la misa la celebraba
en el patio de la casa de un señor todos los fines de semana, en ese
lugar preparaban la asamblea con el altar, las flores, la liturgia…
denunciaba injusticias, predicaba evangélicamente y procuraba
guiar a su comunidad hacia un compromiso concreto en vista a
alcanzar la paz y la justicia para todos. Se dedicó principalmente
a la pastoral obrera97. Pastoral que ya había provocado la
muerte al joven Presbítero Neto Barrera. Ejemplo, que
no detuvo al Padre Manuel en su misión. Le impulsó a
continuar por esa vía hasta encontrar la muerte: El lunes 6
de octubre a las once de la noche, llegaron a su casa de habitación
y después de haber llamado a la puerta, dijeron ser la autoridad
y procedieron al cateo. El padre se identificó como sacerdote.
Encontraron un material subversivo, dijeron las autoridades, un
proyecto para una academia de corte y confección, un proyecto
de una clínica asistencial y un proyecto de un taller de mecánica.
Luego le dijeron: Acompáñenos en vías de investigación98.
Investigación que nunca se llevó a cabo, por supuesto.
Ni mucho menos un juicio público en el cual el Padre
demostrara su inocencia. La misma acusación de poseer
“papeles subversivos”, muestra lo falsos que fueron, los
asesinos de este sacerdote.
95. El Padre Mariano Brito testifica: Apareció asesinado en
un basurero en el camino que va de Mejicanos a Mariona, tenía
dos tiros en la boca con salida en la cabeza99. Este sacerdote

97. Ídem, p. 172.


98. Arquidiócesis de San Salvador, “Otro Sacerdote asesinado”, Semanario
Orientación, Año XX, N° 4183, 12 de octubre de 1980, p. 1.
99. Ibíd., p. 177.

63
II Carta Pastoral

que tanto bien hizo a sus parroquianos, entró al cielo, el 7


de octubre de 1980. Sabe Dios, muy bien, que sus papeles
subversivos, eran proyectos que beneficiarían el desarrollo
y promoción humana de las personas más necesitadas
de su Parroquia. No los llevó a cabo, porque sus asesinos
truncaron su labor; empero, con su martirio nos ha
enseñado, unido al Mártir en Plenitud, qué camino seguir.

12. Padre Ernesto Abrego, sacerdote oratoriano


96. Un mes después del Padre Manuel, fue asesinado
el joven sacerdote Ernesto Abrego. Una muerte que
afectó no solo emocionalmente a la familia Abrego, sino
que atentaron contra la vida de varios de sus miembros,
muriendo de forma irracional e injusta.
12.1. Nacimiento y vida
97. El Padre Ernesto tuvo por padre a Don Luis Abrego; y a
Doña Marta Violeta Castro quienes procrearon una familia
de cinco hijos: José Roberto, Carlos Alfredo, Salvador, Luis
Felipe, y el Padre Abrego, el mayor de todos. Su lugar de
nacimiento fue la Villa de San Isidro, en el Departamento
Cabañas. De un segundo matrimonio, nació la única
hermana del Padre: Claudia Patricia Solís.
98. Ingresó al Seminario de San Vicente, a la edad de doce
años. Continuó en el Seminario de Santiago de María; y,
en San José de la Montaña. Por un breve tiempo, estuvo en
el noviciado de la Compañía de Jesús hasta su traslado a
Colombia, permaneciendo en la Congregación del Oratorio
de San Felipe Neri, fue ordenado, en 1972. A su regreso
a El Salvador fue nombrado párroco de la Parroquia de
la Colonia 10 de Septiembre donde logró: Construir una
biblioteca, una sala de juegos y un programa de becas100.

100. AA.VV. Testigos de la fe en El Salvador, op. cit., p. 184.

64
Ustedes también darán testimonio

12.2. Muerte Martirial


99. Con el tiempo fue nombrado párroco en San Benito,
San Salvador, lugar donde empezaría su calvario. Su
trabajo comprometido con los pobres no gustó a unos pocos
del lugar, consiguiendo a cambio: Amenazas, intentos de
chantaje, humillaciones101, etc. Pronto las amenazas dejaron
de ser simples palabras: Su carro y su casa fueron ametrallados,
en señal de grave amenaza, que acepta salir temporalmente del
país102. En una ocasión, viniendo de visita al país encontró
la muerte: Salió de la ciudad de Guatemala para El Salvador el
23 de noviembre (de 1980) … en una camioneta azul Subaru
en compañía de su hermano Guillermo Salvador Abrego
con doña Teresa Gálvez v. de Lievano y su hija Ana María
Liévano… Vienen por Las Chinamas103. Ni la tragedia ni la
persecución contra el Padre terminó ahí: Sabiendo que el P.
Abrego no había llegado a su destino, su hermano Luis Abrego,
quien vivía en Guatemala, sale en compañía del doctor Jaime
Antonio Bolaños Rivera hacia San Salvador, el día lunes 24 de
noviembre, durmieron en Santa Ana y el día martes llegaron a
San Salvador. El señor Luis Abrego junto con el doctor… salen
con destino a Guatemala con la intención de pasar por el lugar
fronterizo de El Jobo, Departamento Ahuachapán. Nada más se
supo de ellos, hasta el martes 2 de diciembre en que miembros de
la familia Bolaños Rivera reconocieron los cadáveres enterrados
en el cementerio de Juayua. No tenían documento alguno en sus
vestidos104.
100. Fue macabro: Ayudar a los pobres era un delito para
las clases oligárquicas de este país. Eran, como decía el
Padre Rutilio, Caínes llenos de odio contra su hermano
Abel. Eran ricos; dueños de casi todo el país: De las tierras

101. Ibíd., p. 187.


102. Ibíd., p. 187.
103. Arquidiócesis de San Salvador, “Otro Sacerdote desaparecido”, Semanar-
io Orientación, Año XX, N° 4192, 14 de diciembre de 1980, p. 3.
104. Ídem, p. 3.

65
II Carta Pastoral

y la empresa privada; comían y bebían en abundancia;


recibían la mejor educación; habitaban caserones llenos de
fausto; viajaban cuando y donde querían; pero, carecían de
misericordia para con los pobres, cuyas vidas se debatían
en la miseria. No satisfechos con odiar a Abel, sus hermanos
y hermanas pobres, odiaban a todos y todas aquellas que
les ayudaban. No es creíble este plan siniestro y macabro
ideado por los hijos e hijas de la oscuridad. ¡Quiera Dios
se hayan convertido estos Caínes, comprendiendo dónde
estaba su delito! Porque en ese momento, no lo hicieron.
Agregando otro delito más a los ya innumerables,
mataron a un tercer hermano del Padre Abrego: El señor
Carlos Abrego que residía en Guatemala, vino a buscarlos a la
frontera guatemalteca… esa noche recibió una llamada telefónica
diciéndole que fuera al bar del hotel Camino Real de ese país y
que le darían datos de sus hermanos, y hasta allí se supo del
señor Carlos Abrego105.
101. De nada aprovechaba a estas señoras y señores
Caínes ir a misa, leer la Biblia, rezar el rosario, bautizarse,
confesarse, comulgar, ir a retiros, convivencias, hacer
lecturas espirituales, ayunos, y muchas cosas más, que se
reducen a prácticas de piedad carentes de sentido, si no
van junto a ellas, las obras: ¿De qué sirve, hermanos míos,
que alguien diga: Tengo fe, si no tiene obras? ¿Acaso podrá
salvarle la fe? Si un hermano o una hermana están desnudos y
carecen de sustento diario, y alguno de ustedes les dice: Ve en
paz, caliéntate y come, pero no le dan lo necesario para el cuerpo,
¿De qué sirve? Así también la fe, si no tiene obras, está realmente
muerta (St 2, 14-17). ¡Que dolor me da expresar estas palabras
del apóstol Santiago, queridos hermanos y hermanas!
¡Que dolor! Cientos de salvadoreñas y salvadoreños, entre
ellos sacerdotes, seminaristas, religiosos, religiosas, laicos
y laicas, murieron por causa de planes siniestros diseñados

105. Ídem, p. 3.

66
Ustedes también darán testimonio

por gente que se consideraba hija o hijo de la Iglesia.


Fueron bautizados; pero, no vivieron su compromiso
bautismal como se debe. Creyeron que las prácticas y las
normas de piedad eran suficientes. Todo eso es vanidad de
vanidades para Dios, que, en el juicio, sopesará las obras
de misericordia que cada uno haya hecho (cfr. Mt 25, 31-
46). De lo contrario, escucharán: Apártense de mí malditos,
al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles (Mt 25,
41). Espero, por amor a esas y esos Caínes, que se hayan
convertido y llenado de buenas obras. Del Padre Abrego
sí sabemos que las tuvo. Ahora, indudablemente, goza del
Señor.

13. Padre Marcial Serrano, sacerdote diocesano


102. Fue el último de los sacerdotes asesinados ese
sangriento año de 1980. Años más tarde, los enemigos
del reino encenderían su saña contra otros sacerdotes, e
incluso, un Obispo más.
13.1. Nacimiento
103. El papá del Padre Serrano, fue Don Fidel Serrano; y
su mamá, Doña Rosalía de Serrano. Nació en la ciudad de
Tejutepeque, ubicada en el Departamento Cabañas, el 30
de diciembre de 1931. Fue el menor de tres hermanos.
13.2. Vida
104. Ingresó al Seminario San José de la Montaña, terminando
sus estudios en el Palafoxiano de Puebla, México106.
Regresó a El Salvador, dedicándose a trabajar de lleno
en la línea del Concilio Vaticano II, Medellín y Puebla:
En El Rosario, Departamento de La Paz, comenzó y concluyó
la construcción de la iglesia parroquial de nuestra Señora del
Rosario; a través de sus gestiones, obtuvo la donación de diversos

106. Datos tomados de: AA.VV. Testigos de la fe en El Salvador, op. cit., p. 195.

67
II Carta Pastoral

terrenos para la construcción de varias ermitas de los cantones


El Tunal, Amatepec, Comalapa, El Pedregal, Las Isletas y El
Cerro. Colaboró también con la iglesia de San Luis Talpa en
el Departamento de la Paz. Organizó cooperativas de ahorro
y préstamo, para favorecer a los pequeños comerciantes, con el
fin de que estos pudieran mejorar su calidad de vida… el padre
gestionaba para poder brindar a los más necesitados: granos
básicos, frijoles, maíz, arroz y otros… tuvo la idea de construir
una cancha de baloncesto… cuando se creó la escuela Parvularia
nacional de El Rosario, ayudó a la formación de una directiva
que apoyara la naciente institución. Le importaba mucho la
formación de su gente y no solo a escala educativa, sino en el
ámbito espiritual…107. Su vida fue un continuo hacer el bien.
Por supuesto, un bien que molestaba a unos pocos que no
dudaron matarlo.
13.3. Muerte Martirial
105. Su trabajo comprometido por el reino de Dios, le
consiguió enemigos y persecución, conocida por sus
allegados: Nos comentó que la situación estaba fregada, que
lo habían amenazado108. El 28 de noviembre de 1980, en el
cumplimiento de su misión sacerdotal, el momento del
martirio le llegó: Iba a celebrar una misa por un difunto, cuando
lo captura la guardia nacional de San Miguel Tepezontes. Lo
llevan para San Miguel. Y se dice que, en la noche, quizás esa
misma noche, fue bajado por las veredas de esos terrenos de San
Francisco Chinameca. En el lugar que se llama Changallo, fue
bajado a pie, descalzo, semidesnudo y fue descendido al lago
de Ilopango. Se dice que fue tirado al lago, que le amarraron
piedras109. Esta es sólo una de las versiones de su muerte.
Extrañamente, pese a que las autoridades alegaron
desconocer el móvil, se posesionaron del carro del Padre:

107. Ídem, pp. 199-200.


108. Ídem, p. 202.
109. Ídem, p. 203.

68
Ustedes también darán testimonio

Se ha encontrado su pick up con otras placas en un puesto de la


Guardia Nacional110. Nada es claro entre tanta oscuridad que,
los hijos e hijas de las tinieblas crearon torno a su muerte:
Una llamada anónima dijo que su cadáver se encontraba entre San
Rafael Obrajuelos y Zacatecoluca111. Nunca fue encontrado su
cuerpo; empero, su muerte martirial; nos deja en claro, que
nació para el cielo; y goza del descanso eterno junto a Dios,
cuya promesa es segura: A los que respetan mi nombre los
alumbrará el sol de la justicia que sana con sus alas. Saldrán
saltando como terneros del establo; pisotearán a los malvados que
serán como polvo bajo la planta de sus pies, el día que yo actúe –
dice el Señor Todopoderoso (Ml 3, 20-21).

14. Hna. Dorothy Lu Kazel, Religiosa Misionera Ursulina


106. Queridas hermanas y queridos hermanos míos, en el
jardín de Jesús – explica Santa Teresa de Lisieux: Los grandes
santos pueden ser comparados a las azucenas y a las rosas112.
En el jardín que Jesús tenía en El Salvador, el enemigo no
satisfecho con haber tomado quince azucenas, se atrevió a
cortar cuatro rosas que exhalaban el buen perfume de Dios
entre los favoritos de Él: Los pobres, los ninguneados, los
marginados, los invisibilizados, los sin nombre. Las cortó
ignorando que su aroma perduraría indicándonos la ruta
a seguir: El Mártir en Plenitud.
14.1. Nacimiento y vida
107. Dorothy nació – en un jardín que Jesús tenía lejos de
nuestra tierra – el 30 de junio de 1939 en Cleveland, Ohio,
Estados Unidos. Ingresó a la Congregación de las Hermanas
Ursulinas de Cleveland, en septiembre de 1960, profesando,

110. Arquidiócesis de San Salvador, “Marcial Serrano. Otro Sacerdote desapa-


recido”, Semanario Orientación, Año XX, N° 4191, 7 de diciembre de 1980, p. 1.
111. Ibíd., p. 1.
112. Teresa de Lisieux, Historia de un alma, Editorial San Pablo, Buenos Aires,
Argentina, 2008, p. 14.

69
II Carta Pastoral

en 1968… sus votos perpetuos como hermana Ursulina. Trabajó


por un tiempo como docente en la Academia del Sagrado
Corazón, de East Cleveland; y otro más, en la Escuela de
Beaumont. Durante ese tiempo: Además de consejera, también
se ofreció como voluntaria en un hospital para pacientes crónicos
y en una institución correccional de mujeres. Llegó a tierras
cuzcatlecas junto a la Hna. Martha Owen en 1974: Se
incorporaron al equipo de la parroquia de Nuestra Señora de
Guadalupe en Chirilagua, San Miguel, donde participaron en
las distintas obras de la pastoral, gestionando además la obra de
CARITAS. En abril de 1975 pasaron a la parroquia San Carlos
Borromeo en La Unión donde asumieron las mismas tareas
hasta que el equipo de Cleveland entregó la parroquia al clero
diocesano en diciembre de 1977. Entonces, Dorothy y Martha
pasaron a formar parte del equipo pastoral de la Parroquia de la
Inmaculada Concepción del Puerto de La Libertad113.
14.2. En el calvario salvadoreño
108. Dorothy conoció en 1978 a una laica comprometida:
Jean Donovan, quien se incorporaría al trabajo pastoral
hasta 1979. Se esperaba que Jean le sustituyera el año
siguiente cuando a Dorothy le tocaba regresar a Estados Unidos;
empero no fue así. Junto a ella, presenciaron el aumento
de la represión, persecución y muerte del pueblo. Ninguna
se marchó. Dorothy escribió en septiembre de 1980: No
queremos abandonar a la gente. Prefirieron correr la misma
suerte de ellos sin caer en pasividad ni desesperación.
Escribió al presidente Jimmy Carter con la esperanza de
que, informado sobre las injusticias cometidas contra
el pueblo, tornara el camino: A eso de las 6:00 ó 6:30 de la
mañana mataron a diez o más personas de un cantón y siguieron

113. Todos los datos de estas cuatro rosas del jardín de Jesús, han sido toma-
dos de: Dean Brackley, S.J., Cinco Testigas Solidarias: Dorothy, Jean, Carla, Ita y
Maura. Cuadernillo 26, Centro Monseñor Romero, UCA. San Salvador, El Salvador,
2010. Las citas tomadas del libro aparecen en letra cursiva.

70
Ustedes también darán testimonio

hacia arriba por la carretera y mataron a diez o más personas


adicionales. Un anciano venía caminando por la carretera con
tres vacas – fue asesinado. Un joven iba bajando para bañarse
por el pozo – fue asesinado. Una muchacha de unos 12 años tenía
en sus manos una hoja con las letras de una canción escrita en
honor a uno de los sacerdotes mártires. Los soldados la declararon
subversiva y la mataron (…) Y lo más espantoso para mí es que
soy norteamericana, y mi gobierno dio el dinero para el equipo
duradero que tienen, de modo que les resulta relativamente fácil
llegar hasta los cantones más miserables (…) y matar a inocentes
por la información falsa que han recibido. Probablemente esta
carta denunciando la iniquidad del corazón de la oligarquía
y las fuerzas represoras del país fue el pase de su muerte
que, no tardó sino dos meses en acaecer.

15. Hna. Jean Donovan, Misionera Laica


15.1. Nacimiento y vida
109. Jean no era religiosa sino laica comprometida. Nació
en Connecticut, Estados Unidos, el 10 de abril de 1953. En
la Universidad de Case Winter estudió la Maestría en
Administración de Empresas; pero, sintió el llamado de
Dios que la invitaba a trabajar por el Reino ofreciéndose:
Como voluntaria en el programa de la Pastoral Juvenil de la
Diócesis de Cleveland. Ahí se enteró de la misión de la diócesis en
El Salvador. Después de unos meses aprendiendo el español,
llegó por fin al país del Divino Salvador del Mundo: En
agosto de 1979, con la represión en aumento ante el anticipado
estallido de una guerra civil. Comenzó su ministerio en La
Libertad. Trabajó junto a Dorothy Kazel: Con su camioneta
Toyota blanca, también recogían a personas desplazadas de
sus lugares por esa violencia. Distribuyeron medicinas a gente
enferma y herida y los llevaban a clínicas médicas. No pudieron
llevar a los heridos a los hospitales del gobierno por temor a que se
los mataran ahí mismo… presenciaron atrocidades, encontrando
cadáveres mutilados al lado de la carretera.

71
II Carta Pastoral

15.2. En el calvario salvadoreño


110. Nada detuvo a estas mujeres ni las alejó del calvario
sufrido por este país. El 26 de noviembre de 1980, Jean
informó al Embajador de Estados Unidos, Robert White
que: Había visto helicópteros del tipo Huey… sobrevolando
El Salvador. No era falsa su denuncia. El presbítero Paul
Schindler explicó: Estaban entrando desde Honduras, país que
Estados Unidos estaba usando como su base para enviar a asesores
militares – más de los 55 permitidos por la ley del Congreso…
Increíblemente, cinco días después de su denuncia, Jean
era cortada del jardín de Jesús en la tierra; y, trasplantada
al jardín celestial donde las rosas no perecen.

16. Hna. Ita Catherine Ford,


Religiosa Misionera Maryknoll
16.1. Nacimiento y vida
111. Esta joven religiosa de la Congregación de las Hermanas
de Maryknoll, nació en Brooklyn, Nueva York en Estados
Unidos, un 23 de abril de 1940. Ingresó a la Congregación de
las Hermanas de Maryknoll en 1961. Su trabajo en América
Latina comenzó en Chile. A nuestro país, llegó hasta el 13
de abril de 1980, aceptando trabajar con los refugiados
en Chalatenango, donde más adelante se le uniría Maura
Clarke M.M. Su trabajo era de alta peligrosidad; y aun
sabiendo esto, no se retiraron del país.
16.2. En el calvario salvadoreño
112. Las amenazas llegaron pronto, en un año tan sangriento
y macabro como fue 1980: A comienzos de noviembre Maura e
Ita recibieron un mensaje. Un rótulo con el dibujo de un cuchillo
clavado en una cabeza humana, apareció pegado en la puerta de
la casa cural donde vivían. Un chorro de sangre fluyó hacia el
texto que rezó: Esto es lo que va a pasar a cualquiera que viene
a esta casa porque curas y monjas son comunistas. El siguiente
papel con amenazas apareció el 1 de diciembre es decir
un día antes de su asesinato. Amenaza que jamás vieron,

72
Ustedes también darán testimonio

encontrándose en Nicaragua reunidas con otras hermanas


de la Congregación de las Hermanas de Maryknoll. El propio
día de su muerte un laico vio una lista de un escuadrón de
la muerte donde los nombres de Ita y Maura aparecían. Su
asesinato había sido premeditado. El hombre que enseñó
el libelo de muerte dijo: He aquí una lista de la gente que
vamos a matar – y hoy, esta misma noche, vamos a comenzar.
Así sucedió, esa misma noche, Ita llegó al cielo.

17. Hna. Maura Elizabeth Clarke,


Religiosa Misionera Maryknoll
17.1. Nacimiento y vida
113. La Hna. Maura nació el 13 de enero de 1931, en New
York, Estados Unidos. Su padre fue John Clarke y su madre
Mary McClosey. Ingresó a la Congregación de las Hermanas
de Maryknoll a sus diecinueve años; es decir, en 1950. Su
trabajo como religiosa lo realizó en lugares como New York,
Nicaragua y El Salvador, al cual llegaría en julio de 1980.
17.2. En el calvario salvadoreño y muerte martirial
114. Pronto se dio cuenta del peligro que corría; pero no
retrocedió: Los catequistas necesitan mucho valor para seguir
celebrando la palabra de Dios porque todos y todas los que se
sospechan de pertenecer a una organización o de estar vinculados
con la Iglesia corren mucho peligro. Me impresionó mucho
este grupo pequeño que se reunió ayer. Los pobres realmente
nos desnudan, nos halan, nos desafían, nos evangelizan nos
enseñan a Dios. Maura, se incorporó al trabajo pastoral, en
Santa Ana y desde ahí pasó con Ita a Chalatenango donde
encontraría amenazas y muerte al regresar de Nicaragua.
115. La Comisión de la Verdad encontró que: El día 2 de
diciembre de 1980, inmediatamente después de las 7:00 p.m.
miembros de la Guardia Nacional de El Salvador detuvieron
a cuatro religiosas a su salida del aeropuerto internacional de
Comalapa. Las religiosas Ita Ford, Maura Clarke, Dorothy

73
II Carta Pastoral

Kazel y Jean Donovan fueron llevadas a un lugar aislado y allí


asesinadas con disparos hechos a corta distancia114. No fue un
crimen en defensa propia sino fruto de corazones llenos
de maldad y odio contra el Reino de Dios y sus siervas:
Las detenciones fueron planeadas de antemano. El sub-sargento
de la Guardia Nacional, Luis Antonio Colindres Alemán,
aproximadamente dos horas antes que las religiosas llegaran,
comunicó a cinco de sus subordinados que debían detener a unas
personas que venían de Nicaragua. Luego, Colindres se dirigió
al puesto en San Luis Talpa para avisar al Comandante que
hiciera caso omiso, si escuchaba algunos ruidos perturbadores,
por cuanto sería el resultado de una acción que Colindres y su
gente estarían cumpliendo. Una vez que los miembros de los
cuerpos de seguridad se llevaron a las religiosas a un lugar
alejado, Colindres volvió a su puesto cerca del aeropuerto. A su
regreso al sitio, lugar donde habían llevado a las religiosas, les
dijo que había recibido la orden de asesinar a las religiosas115. Es
presumible que, no solo las asesinaron. Las sometieron a
otros tipos de sufrimiento físico y psicológico.
116. La actitud del Juez de Paz que procedió a enterrar los
cuerpos sin informar a nadie, no es nada disculpable. Sólo
muestra, la alevosía de los criminales. Estoy casi seguro,
queridas y queridos míos, que estas cuatro perfumadas
rosas del jardín de Jesús pudieron decir desde El Salvador
como Santa Teresa de Lisieux: Amado mío, … tengo la
esperanza de que un día vendrás, Águila adorada, a buscar a tu
pajarito y remontándote con él al Foco del Amor, lo sumergirás
para toda la eternidad en el ardiente abismo de ese Amor al que
se ha ofrecido como víctima116. Fueron también, las velas
que adornan la Corona de Adviento anunciando que las
tinieblas del pecado se disipan con la llegada del Mesías: Yo

114. Comisión de la Verdad, Informe (1992-1993) De la locura a la esperanza,


LUES Editorial Universitaria, 1993, San Salvador, El Salvador, pp. 82-83.
115. Ibíd., pp. 82-83.
116. Teresa de Lisieux, Historia de un alma, op. cit., p. 254.

74
Ustedes también darán testimonio

soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad,


sino que tendrá la luz de la vida (Jn 8, 12). Anunciaron que
este país puede ser mejor si nos dejamos invadir por la
alegría del nacimiento de Jesús y su Evangelio. Quiero,
antes de terminar, recordar que, no fueron las únicas rosas
cortadas del jardín de Jesús en este país. Hubo muchas
agentes de pastoral y catequistas que sufrieron martirio; y
cuyas vidas son casi desconocidas; más no por ello, menos
importantes. Son las Blandinas del siglo XX, en El Salvador,
animándonos a vivir nuestro compromiso bautismal
con radicalidad. No podemos dejarlas invisibilizadas.
Investigaciones exhaustivas deben ser promovidas para
incluirlas en nuestro martirologio, estudiando sus casos.

18. Padre Ignacio Ellacuría, Sacerdote Jesuita


117. En 1989, la tragedia volvió a repetirse: Seis sacerdotes
fueron masacrados, el 16 de noviembre en la Universidad
Centroamericana José Simeón Cañas (UCA).
18.1. Nacimiento y vida
118. El Padre Ignacio Ellacuría S.J., nació el 9 de noviembre
de 1930, en Portugalete, España, en el seno de una familia
de cinco hijos varones; de los cuales era el cuarto. Ingresó
al Seminario el 14 de septiembre de 1947; y dos años
después, siendo novicio llegó a nuestro país, junto con
otros cinco jóvenes, con la misión de fundar el noviciado
de la Compañía de Jesús en Santa Tecla. Fundación que
traería bien a nuestro país. El 26 de julio de 1961 fue
ordenado sacerdote en Innsbruck, Austria; y profesó en
la Compañía, en Portugalete, el 2 de febrero de 1965.
Teniendo una inteligencia preclara incursionó en distintos
ámbitos y tareas: Sacerdocio, filosofía, teología, historia,
análisis de temas políticos, formador en el seminario,
rector de la universidad, docente universitario, miembro
de la Junta Directiva de la UCA, promotor del diálogo

75
II Carta Pastoral

y negociación del conflicto armado, mediador entre la


guerrilla y el gobierno; por mencionar algunas. Si bien es
cierto, que algunos afirman que el Padre Ellacuría amaba
la verdad filosófica, es aún más cierto, que amaba y murió
por la Verdad.
119. Encontró enemigos en cada uno de sus ámbitos:
Como sacerdote por su opción por los pobres; como
filósofo por amor a la verdad y al ejercicio de la razón,
cuestiones ambas que molestaban a los señores del mundo
de la irracionalidad y la mentira que imperaban en el país;
como teólogo por hablar del Reino de Dios cuyos signos
son la paz, la verdad, la justicia, el amor, etc., claramente
contrapuestos al el anti reino que solo sabe de muerte,
llanto, violencia y maldad; como historiador por tocar los
puntos álgidos de nuestra historia de sumisión, opresión
y muerte; como analista de temas políticos por iluminar
la política con la Palabra y el Magisterio dejando entrever
estructuras políticas, sociales y económicas que matan. La
lista sería interminable; pero, lo importante de mencionar
es que en todas y en todo, encontró enemigos que deseaban
su muerte.
18.2. Pasión martirial
120. Sus escritos evidencian una concepción cristológica
que le llevó a morir por la fe y el amor a la Verdad. No es
que deseara la muerte. Desearla no sería normal. Estaba
convencido de que el auténtico seguidor de Cristo puede
terminar en la cruz. Se limitó a imitar a Jesús. Tres puntos
al respecto menciono en un intento por clarificar lo aquí
sostenido, tomándolos de un estudio de su autoría muy
conocido, escrito en 1977117. En primer lugar, explica:
La acción de Jesús, aun pretendiendo ser primariamente un

117. Ignacio Ellacuría, “¿Por qué muere Jesús y por qué lo matan?, Escritos
Teológicos, Tomo II, UCA Editores, San Salvador, El Salvador, 2000.

76
Ustedes también darán testimonio

anuncio del reino de Dios, era de hecho y necesariamente una


amenaza contra el orden social establecido, en cuanto éste estaba
estructurado sobre fundamentos opuestos a los del reino de Dios118.
Jesús predicaba la no violencia, el amor, la solidaridad, la
fraternidad, la renuncia de los bienes, la verdad, la justicia,
y más, valores y actitudes contrarias a los practicados
por los potentados de este mundo: El acaparamiento, la
envidia, el egoísmo, la injusticia, la mentira que encubre sus
delitos, la violencia, el asesinato, y así, sucesivamente. En
segundo lugar, considera en relación a esto: Jesús no predica
un reino de Dios abstracto o puramente transterreno, sino un
reino concreto, que es la contradicción de un mundo estructurado
por el poder del pecado; un poder que va más allá del corazón del
hombre y que se convierte en pecado histórico y estructural119.
Un Reino de esta naturaleza no podía, según los dueños
del mundo, hacerse presente porque trastoca sus planes y
proyectos. Por último, establece que: La conmemoración de la
muerte de Jesús hasta que vuelva no se realiza adecuadamente en
una celebración cultural y mistérica, ni en una vivencia interior
de la fe, sino que ha de ser la celebración creyente de una vida que
sigue los pasos de quien fue muerto violentamente por quienes
no aceptaban los caminos de Dios, tal como han sido revelados en
Jesús120. Todo unido: La celebración y la vivencia es lo que
dan sentido último a la vida del cristiano.
121. Ir tras el seguimiento de Jesús, llevó al Padre Ellacuría
a denunciar el pecado, a luchar contra él; a anunciar la
Buena Nueva, optando por los pobres no para ser un
pobre más, sino para ayudarles en la promoción humana
y la defensa de sus derechos. No fue tarea fácil. Sufrió
exilio, persecución, difamación, tergiversación de su
mensaje, incomprensiones, soledad, y enfermedades. Su

118. Ibíd., p. 87.


119. Ibíd., p. 87.
120. Ídem, p. 88.

77
II Carta Pastoral

biógrafo comenta: Ellacuría llevaba tres años muy cansado


y padeciendo quebrantos de salud121. Antes de su muerte, se
encontraba en España; pero fue llamado para intervenir
como mediador en una delicada situación del conflicto. Su
amor por este pueblo, su deseo de alcanzar la paz a través
del diálogo, le hicieron regresar, pese al temor de morir. Un
temor no incierto. Los enemigos, cansados de oír su voz, le
asesinaron ese histórico 1989.

19. Padre Ignacio Martín Baró, Sacerdote Jesuita


19.1. Nacimiento y vida
122. El Padre Baró nació en Valladolid, España un 7 de
noviembre de 1942. A sus 17 años, sintiendo el llamado de
Dios, ingresó al noviciado jesuita de Orduña; exactamente,
el 28 de septiembre de 1959. Llegó a tierra salvadoreña en la
década del sesenta. Se dedicó a impartir clases en el Colegio
Externado de San José; impartió psicología en la Escuela
Nacional de Enfermería en Santa Ana; formó parte de la Junta
de Directores y ocupó altos cargos en la UCA; escribió en
revistas nacionales e internacionales, además de escribir
varios libros, referidos especialmente, a la psicología;
fundó en 1986, el Instituto Universitario de Opinión Pública;
y fue pastor, en la Parroquia de Jayaque. Fue un pastor
feliz y entregado a su misión: Siempre tenía dulces para
repartir entre niños y niñas. Consiguió una imagen de la Virgen
para la ermita, donde celebraba, y material de construcción para
un puente. A sus estudiantes de la UCA les pedía algunas cosas
para la parroquia – dulces, galletas, juguetes e incluso un altar.
Con el dinero que le daban en sus viajes adquiría otras cosas…
pintura, madera, clavos, etc. – e incluso ayudaba a algunos de
sus feligreses más necesitados… organizaba con ellos cursillos y

121. Rodolfo Cardenal, Biografías. Mártires de la UCA. Cuadernillo 5, Centro


Monseñor Romero, UCA. San Salvador, El Salvador, 2014, p. 24.

78
Ustedes también darán testimonio

paseos…122. Desafortunadamente, el odio de sus enemigos


le atrajo el martirio.
19.2. Pasión martirial
123. Su seguimiento de Jesús y su trabajo apegado a los
lineamientos del Concilio Vaticano II, Medellín y Puebla,
le provocaron mucho sufrimiento. Nadie denuncia el
pecado y anuncia la Buena Nueva sin pagar el precio.
Posiblemente, algunos critiquen a los Padres jesuitas por
no haber abandonado el país antes de morir. No fue un
acto de irracionalidad permanecer aquí. Simplemente fue
fidelidad a su misión de amar a los más pobres, a los débiles,
a los marginados, a los torturados, a los despreciados por
los poderes de este mundo.
124. Desarrolló y aprovechó su psicología liberadora
para denunciar las estructuras torcidas del país que,
perjudicaban el desenvolvimiento psicológico y social de
las personas: Sin darnos cuenta nos hemos acostumbrado a que
los organismos institucionales sean precisamente lo contrario de
lo que les da razón de ser: quienes deben velar por la seguridad son
la fuente principal de inseguridad, los encargados de la justicia
amparan el abuso y la injusticia, los llamados a orientar y dirigir
son los primeros en engañar y manipular… en este ambiente de
mentira, desquiciado por la polarización social y sin un terreno
para la sensatez y la racionalidad, la violencia se enseñorea de
la vida de tal forma que… llega a pensarse que la violencia es la
única solución al problema de la misma violencia123. Denunció
que la peor parte correspondía a los pobres: Una es la guerra
que tiene que sufrir en carne propia el campesino y otra muy
distinta la que en sus pantallas de televisión contempla el burgués
industrial. En El Salvador, quienes van al campo de batalla son

122. Rodolfo Cardenal, Biografías. Mártires de la UCA, op.cit., p. 24.


123. Ignacio Martín Baró, Psicología social de la guerra, UCA Editores, San
Salvador, El Salvador, 2000, p. 30.

79
II Carta Pastoral

mayoritariamente los pobres, los hijos de los campesinos o de los


marginados urbanos, no los hijos del patrón o del profesional124.
Palabras de este tenor, no dejaron de provocar molestia en
las personas que habían hecho de la guerra un lucrativo
negocio, pese a miles de víctimas que, caían heridas o
muertas a diario hasta alcanzar las cifras desbordantes
con que cerró la guerra civil en 1992, tras unos Acuerdos
de Paz cuyos resultados siguen sin verse concretizados de
manera efectiva.
125. Su pasión martirial incluyó enfermedades y varios
padecimientos: Las horas de insomnio podía llenarlas con
la lectura o la radio; pero era inevitable que contribuyeran a
deteriorar su salud. Sufrió de la espalda y de un brazo. Este último
le fue intervenido quirúrgicamente… poco antes de morir tuvo
neumonía125. Padecimientos a los que se unía la constante
zozobra de una posible muerte martirial, alejado de su
familia. La noche antes de morir – tal vez presintiendo
cercano su fin – llamó a su hermana, a quien sólo quedó
unas horas después, el recibir, la dolorosa noticia de su
asesinato. Sufrió sin dejarse vencer, sufrió en cumplimiento
de su misión; sufrió hasta nacer para el cielo.

20. Padre Segundo Montes Mozo, Sacerdote Jesuita


20.1. Nacimiento y vida
126. El Padre Montes nació el 15 de mayo de 1933 en
Valladolid, España. Ingresó, el 21 de agosto de 1950, al
noviciado de la Compañía de Jesús cuando contaba con 17
años. En 1951, llegó al noviciado ubicado en nuestro país
donde cursó segundo año. Su ordenación sacerdotal fue
celebrada en Innsbruck, Austria, el 25 de julio de 1963.
Similar a los dos anteriores hermanos de la Compañía, se

124. Ídem, p. 71.


125. Rodolfo Cardenal, Biografías, op. cit., p. 33.

80
Ustedes también darán testimonio

desenvolvió en distintos ámbitos. Fue: Sacerdote, profesor


en el Colegio Externado de San José y la UCA, Decano de la
Facultad de Ciencias del Hombre y la Naturaleza, sociólogo,
filósofo, miembro de la Junta de Directores de la UCA y
fundador del Instituto de Derechos Humanos (IDHUCA).
Escribió en boletines y revistas como ECA; y fue un prolijo
investigador de los fenómenos más graves provocados
por la guerra: Refugiados, desplazados y emigrantes, sin
olvidar la temática de la violación a los derechos humanos.
127. Como sacerdote y pastor acompañó a los más pobres,
abandonados y marginados: Dedicó una parte de sus fines de
semana a atender ministerialmente parroquias suburbanas sin
sacerdote. Primero estuvo en Calle Real y luego, desde 1984, en
la Colonia Quezaltepec…, específicamente, en la Parroquia
Cristo Resucitado, de la cual fue su primer párroco. Como
buen sacerdote, se preocupaba por la casa de Dios: Cuando
lo mataron, el templo parroquial estaba a medio construir. La
colonia no tenía templo, pero él se empeñó en construir uno para
lo cual contaba con la colaboración de la feligresía y con sus
relaciones familiares e internacionales126.
20.2. Pasión martirial
128. Siempre estuvo consciente del peligro que corría
cumpliendo su misión. Le habían advertido de un
inminente peligro. Aun así, el Padre Montes, S.J., no cesó
de trabajar ni abandonó el país. Acompañó al pueblo pobre
y sufrido de este país, hasta su martirio.

21. Padre Amando López Quintana, Sacerdote Jesuita


21.2. Nacimiento y vida
129. Español de nacimiento, el Padre Amando nació en
Cubo de Bureba, Burgos, España, un 6 de febrero de 1936.

126. Ídem, p. 42.



81
II Carta Pastoral

Ingresó al noviciado de los Jesuitas, localizado en Orduña,


el 7 de septiembre de 1952. Su segundo año de noviciado
lo hizo en Santa Tecla. Fue ordenado sacerdote, en Dublín,
Irlanda, el 29 de julio de 1965. En nuestra hermana
República de Nicaragua, como sacerdote y filósofo que
era, trabajó como Rector de la Universidad Centroamericana
de Managua; y rector del Colegio Centroamérica. En El
Salvador, colaboró como Rector y maestro de teología en
el Seminario San José de la Montaña, profesor de filosofía y
teología en la UCA.
21.2. Pasión martirial
130. En el Padre Amando López…Sacerdotes y políticos
perseguidos por las fuerzas de seguridad encontraron refugio
temporal…127. Su amor por el pueblo de Dios, no fue bien
visto por los enemigos del Reino: Atendió sacerdotalmente
a la comunidad de Tierra Virgen, ubicada en las afueras de
Soyapango. En la eucaristía daba mucha participación a la gente,
permitiéndoles que se expresara con libertad128. Fue un buen
sacerdote, formador y pastor que, no dudó en ofrendar su
vida por amor a Dios.

22. Padre Juan Ramón Moreno Pardo, Sacerdote Jesuita


22.1. Nacimiento y vida
131. El Padre Juan Ramón S.J., nació el 29 de agosto de
1933 en un municipio de Navarra de la Comunidad Foral,
llamado Villatuerta, España. Ingresó al noviciado de la
Compañía de Jesús de Orduña, un 14 de septiembre de
1950, llegando al noviciado de Santa Tecla, al siguiente año.
Celebró su ordenación sacerdotal en Saint Mary’s, Kansas,
un 14 de junio de 1964. De regreso a nuestro país, prestó sus

127. Ídem, p. 44.


128. V Ibíd., p. 47.

82
Ustedes también darán testimonio

servicios, en el Seminario San José de la Montaña como padre


espiritual y profesor; fue ejercitador y director espiritual
de religiosas, religiosos, sacerdotes y seminaristas, rector
del Colegio Externado de San José, maestro de novicios de la
Compañía de Jesús; y profesor de la UCA.
22.2. Pasión martirial
132. La pasión del Padre Moreno S.J., puede ser
comprendida desde sus escritos, compilados en un
pequeño; pero enriquecedor, libro llamado Evangelio y
Misión129. Apoyándose en el numeral octavo de la Lumen
Gentium, el Padre Juan Ramón comprendió, el talante
jesuánico de la misión y la evangelización: Como Cristo
realizó la obra de la redención en pobreza y persecución, de igual
modo la Iglesia está destinada a recorrer el mismo camino… así
también la Iglesia abraza con su amor a todos los afligidos por la
debilidad humana; más aún, reconoce en los pobres y en los que
sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, se esfuerza
en remediar sus necesidades y procura servir en ellos a Cristo;
entresacando interesantes conclusiones de las cuales me
limitaré a mencionar dos: Una, el movimiento de Jesús, como
el movimiento de Dios, lleva indefectiblemente a los pobres. Dos,
Jesús a pesar de asumir la condición de esclavo no por ello,
parcializa la salvación: Se despoja de todo… y desde ahí ofrece
la salvación a… los amos liberándolos de su ambición de poder
y tener, a los esclavos liberándolos de las cadenas de dominación
y explotación, que les impiden llevar una vida humana y los
mantiene clavados a la cruz de un lento morir130.
133. El salir en misión con un mensaje de esta naturaleza
provoca el rechazo y la enemistad de/con los señores
de este mundo y entonces, nos explica el Padre Moreno:
Encontrarán aplicación las palabras de Jesús: si el mundo

129. Juan Ramón Moreno, Evangelio y Misión, UCA Editores, San Salvador, El
Salvador, 1990.
130. Ídem, pp. 14-15.
83
II Carta Pastoral

los odia sepan que a mí me ha odiado antes que a ustedes.


Ciertamente que el mundo no aborrece a quien no toma posición
frente a él, posiciones que cuestionan o amenazan su forma
concreta y empecatada de actuar y estar estructurado131. La
muerte martirial no le habrá tomado por sorpresa. Sabía
que su fin último podía ser la muerte en cruz; algo que no
le contuvo de abrazar la misión encomendada por Jesús:
Nuestra vocación de pastores es un nuevo motivo para asumir de
tal manera el derecho de los débiles que no rehusemos arriesgar
la vida por ellos. Y todo por amor ¿No es esto lo que nos enseña
el buen pastor?... esto es precisamente lo que ha sabido hacer
nuestro hermano Rutilio Grande. Su figura acribillada historiza
hoy, aquí, en Centroamérica, al buen pastor132.
134. Palabras de un mártir que cuestionan a nuestra Iglesia:
¿No será que nos hemos acomodado olvidando el mandato
principal de Cristo de salir en misión? ¿Tenemos miedo a
morir? ¿Tenemos miedo a enfrentar los riesgos de la misión?
Veamos a Cristo; y en Él, veamos al Padre Rutilio Grande
S.J., de quien el Padre Moreno nos recuerda: Dichosos los
pobres, porque hay hombres que viven y mueren por los valores
del reino; porque hay pastores que dan la vida por sus ovejas.
Hombres como él son los que convierten a la Iglesia en maestra
de humanidad y hacen que la juventud no tenga que ir a buscar
su inspiración y sus modelos en otros humanismos133. Dichosos
nosotros que contamos con este talante de mártires que
hicieron de su pasión, el preludio de una muerte martirial
y no motivo de desesperación como el Iscariote. Estoy
convencido de que el Padre Moreno nos grita desde el
cielo: ¡No huyan de la cruz, carguen con ella y cumplan
la misión que les fue encomendada porque Cristo está con
ustedes hasta el fin del mundo! No en vano, ese histórico 16

131. Ibid, pp. 71-72.


132. Ibídem, p. 61.
133. Ídem, p. 62.

84
Ustedes también darán testimonio

de noviembre de 1989, sus enemigos arrastraron su cuerpo


inerte desde el jardín hasta la habitación del Padre Jon
Sobrino S.J., cayendo por efecto del movimiento, el libro El
Dios crucificado, el cual coloreó con su sangre como señal,
quizá de que, la sangre de su martirio quedaba unida con
la sangre del Mártir en Plenitud.

23. Padre Joaquín López y López, Sacerdote Jesuita


23.1. Nacimiento y vida
135. El Padre Joaquín S.J., nació el 16 de agosto de 1918, en la
histórica ciudad de Chalchuapa, Departamento Santa Ana,
El Salvador. Ingresó a la Compañía de Jesús, en 1938. Fue
enviado al noviciado de El Paso en Texas; y fue ordenado
en 1952, en Oña, España. De regreso a nuestro país, se
incluyó al trabajo del Colegio Externado de San José; y, sobre
todo, a la educación de las clases menos privilegiadas: En
1969, con la ayuda de un grupo de señoras… consiguió un poco
de dinero, que complementó con un préstamo bancario y fundó
Fe y Alegría. Abrió dos talleres de carpintería en el barrio Santa
Anita, puso otro de corte y confección en La Chacra e inauguró
tres escuelas primarias – una en la colonia Morazán, otra en
Acajutla y la tercera en San Miguel134.
23.2. Pasión y muerte martirial
136. Incuantificable fue el sufrimiento que su misión entre
los pobres le causó; uniéndose a ello, el padecimiento
de cáncer. Enfermedad mortal que no provocó su retiro
ni sirvió de pretexto para trabajar sin compromiso,
como nos explica el Padre Rodolfo Cardenal S.J.: Aunque
sabía que sus fuerzas estaban abandonándolo, su ánimo no
decayó; siguió trabajando como siempre, sin descanso; como si
tuviera por delante todo el tiempo imaginable. Sus asesinos le

134. Rodolfo Cardenal, Biografías. Mártires de la UCA, op. cit., pp. 54-55.

85
II Carta Pastoral

adelantaron varios meses una dolorosa muerte135. ¡Sí! Es cierto


que adelantaron su muerte; empero no tenían derecho a
quitarle su vida.
137. En síntesis, la muerte martirial de estos seis sacerdotes,
constituye para los tribunales humanos, un crimen de lesa
humanidad (¡Que nunca prescribe ni prescribirá!); por lo
que, para su exacta descripción quiero citar – así como
lo hice con el crimen de las tres religiosas y una seglar –
los informes de la Comisión de la verdad: En las primeras
horas del 16 de noviembre de 1989, un grupo de efectivos
del Batallón Atlacatl ingresó al recinto de la Universidad
Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA) en San Salvador.
Se dirigieron al edificio del Centro Pastoral donde residían los
sacerdotes jesuitas… los militares intentaron forzar la entrada
del Centro Pastoral. Al darse cuenta los sacerdotes les dieron
entrada voluntariamente. Los efectivos del ejército registraron
el edificio y ordenaron a los sacerdotes salir al jardín posterior y
tenderse boca abajo. El teniente al mando; José Ricardo Espinoza
Guerra, dio la orden de matar a los sacerdotes. El soldado Oscar
Mariano Amaya Grimaldi dio muerte a tiros a los sacerdotes
Ellacuría, Martín-Baró y Montes; el Subsargento Antonio
Ramiro Avalos Vargas, a los sacerdotes López y Moreno. Poco
después los soldados, entre ellos, el Cabo Ángel Pérez Vásquez,
encontraron al sacerdote Joaquín López y López en el interior de
la residencia y le dieron muerte. El Subsargento Tomás Zarpate
Castillo le disparó a la señora Julia Elba Ramos, quien trabajaba
en la residencia, y a su hija de dieciséis años, Celina Mariceth
Ramos. El soldado José Alberto Sierra Ascencio disparó contra
ellas, nuevamente, rematándolas. Los efectivos del Atlacatl se
apoderaron de un maletín que pertenecía a los sacerdotes, y con
él, fotografías, documentos y cinco mil dólares. Los soldados
dispararon con una ametralladora contra la fachada de la
residencia y lanzaron cohetes y granadas. Antes de retirarse

135. Ídem, pp. 55-56.

86
Ustedes también darán testimonio

escribieron en un cartón: “El FMLN hizo un ajusticiamiento a


los orejas contrarios. Vencer o morir, FMLN”136.
138. Con los Padres Jesuitas también murieron dos
inocentes mujeres: Julia Elba y Celina Ramos, también ellas
son igualmente mártires. Julia Elba nació el 5 de marzo de
1947, en un cantón de Santiago de María, llamado Las Flores.
De condición humilde, sufrió desde pequeña el significado
real de la pobreza. Su madre dedicada a la venta de frutas y
su padre administrador de una finca no pudieron ofrecerle
más que una vida sencilla. Con su esposo Obdulio su
situación no cambió significativamente. Se dedicó al hogar,
ayudando a su esposo en la milpa; y por supuesto, al
cuidado de sus hijos. especialmente, al cuidado de Celina,
dado que, sus dos hijos habían muerto. Uno al nacer y
otro un poco después. Entró en contacto con los Padres
jesuitas en 1985. Año en que fue contratada como cocinera
por los Padres. El Padre Cardenal la describe como una
mujer: Excepcional, fiel, discreta, intuitiva y alegre137. Celina
Ramos, su hija a quien murió protegiendo con su cuerpo,
nació el 27 de febrero de 1973, en Jayaque, La Libertad.
Estudió en la Escuela Santa Luisa de Marillac y el Instituto
José Damián Villacorta en Santa Tecla. No logró terminar su
bachillerato ni casarse con su novio como habían pensado
porque la muerte propiciada por los enemigos de la Iglesia
y del pueblo, le arrebató su corta vida; dejando a su padre
Obdulio en soledad.
139. No cabe duda: Crimen horroroso al que se suma,
el engaño y el robo. Los padres jesuitas abrieron las
puertas confiando que eran miembros encargados de la
seguridad; no del crimen. Aunque muy seguramente, tras
la experiencia previa de tantos mártires, habrán creído

136. Comisión de la Verdad, Informe (1992-1993) De la locura a la esperan-


za, op. cit., pp. 62-63.
137. Rodolfo Cardenal, Biografías. Mártires de la UCA, op. cit., p. 58.

87
II Carta Pastoral

que más que una posibilidad, su muerte era un hecho


consumado. No contentos con haberles arrebatado la vida,
se aprovecharon de las víctimas, despojándoles de sus
pertenencias. Cuando considero este crimen; amadísimos
hermanos y hermanas; pienso en Cristo por tres razones.
La noche de su prendimiento, San Juan, nos comenta que
Jesús, a los guardias que inquirían por él, les respondió: Yo
soy, a pesar que: Sabía todo lo que le iba a suceder, se adelanta y
les pregunta: ¿A quién buscan? (Jn 18, 4). Así, mis hermanos
sacerdotes se adelantaron a abrir la puerta a sus propios
captores y asesinos, dando su vida por amor a nuestro
pueblo, en quien miraban reflejado a Cristo crucificado.
Una vez crucificado, el Divino Traspasado: Los soldados…
tomaron sus vestidos, con lo que hicieron cuatro lotes, un lote para
cada soldado, y la túnica… para que se cumpliera la Escritura: Se
han repartido mis vestidos, han echado a suertes mi túnica (Jn 19,
23-24). En nuestro caso, los asesinos tomaron las prendas de
los sacerdotes y es más que seguro, se repartieron el dinero.
Por último, en la cruz colgaron un letrero conteniendo un
falso argumento sobre su muerte: Jesús el Nazareno, el rey
de los judíos (Jn 19,19), cuando sus palabras habían sido: Mi
reino no es de este mundo (Jn 18, 36). De igual forma a mis
queridos hermanos jesuitas, los acusaron de ser “orejas”.
Si la búsqueda del diálogo, la conciliación, el perdón, la
justicia, el amor fraterno, la solidaridad con los pobres,
es ser “orejas”, que confundidos estaban los enemigos.
Con dolor repito, aquellas palabras de Cristo, a quienes
les mataron, si aún no se han arrepentido de su crimen:
Oír, oirán, pero no entenderán, mirar, mirarán, pero no verán.
Porque se ha embotado el corazón…, han hecho duros sus oídos,
y sus ojos han cerrado (Mt 13, 14-15).
140. No emboten su corazón queridos míos. Tampoco
jueguen con Dios. Es cierto que Dios es misericordioso;
pero todo lo ve. Advertencia que Malaquías hizo a sus
contemporáneos que se negaban a servir a Dios y seguir sus

88
Ustedes también darán testimonio

mandamientos: Miren que llega el día, ardiente como un horno,


cuando arrogantes y malvados serán la paja (Mal 3, 19). Vean
que a los que así mataron eran inocentes de esas terribles
acusaciones. Nunca fueron comunistas, ni politiqueros, ni
curas de la nueva ola. Jamás fueron orejas, ni difamadores
ni teólogos contrarios a la Tradición o al Magisterio. Sólo
fueron sacerdotes consagrados a Cristo que, siguiendo los
lineamientos del Espíritu Santo manifestados en el Concilio
Vaticano II, Medellín y Puebla hicieron la voluntad del
Padre. Su misma postura al momento de morir: Postrados
en el suelo como el día de su ordenación, cuando la Iglesia
entera, entona las letanías invocando a la Corte celestial
y a la Asamblea de los Santos, para que rueguen por el
ordenado. Esa noche martirial, fue la Iglesia celestial que
entonó las letanías, con suma certeza, para darles fortaleza
en la hora de su martirio. No se me escapa que acusaciones
en contra de ellos, las hay muchas. Basta de repetirlas y
acerquémonos a sus figuras, a su pensamiento, intentando
comprender el bien que deseaban para este país. El
bautismo de sangre les consagra como verdaderos testigos
de la fe, hermanos mayores nuestros que nos precedieron
camino al reino de los cielos.

24. Monseñor Roberto Joaquín Ramos Umaña


141. Si la guerra civil de nuestro suelo, empezó tras la
muerte de un Obispo, es decir, nuestro querido beato
Monseñor Oscar Arnulfo Romero; años después, terminó
sellada con la sangre de otro Obispo mártir: Monseñor
Roberto Joaquín Ramos.
24.1. Nacimiento y vida
142. Mons. Ramos nació el 4 de enero de 1938, en Santa
Ana. Su padre fue Don Rodolfo Ramos y su madre, Doña
Carmen Umaña de Ramos. Padre y madre responsables
que sembraron en su hijo la fe: Joaquín heredó una fe sencilla

89
II Carta Pastoral

pero sincera de sus padres138. Una fe que abriría su corazón a


la vocación sacerdotal, conocida en su momento por Mons.
Benjamín Barrera y Reyes quien: Abrió sus brazos al joven
profesional, que deseaba seguir el camino del sacerdocio y con su
buen olfato de pastor, supo orientarlo y acompañarlo muy de cerca en
esta decisión139. Le acompañó hasta darle el orden sacerdotal,
el 11 de diciembre de 1971, asignándole a la Parroquia San
Antonio del Monte. A partir de ahí, su labor pastoral fue
amplia. Ayudó a las parroquias de San Martín de Porres
en Cara Sucia, Ahuachapán y Santa Catalina Masahuat;
apoyó al Seminario Menor de Santa Ana y al Seminario San
José de la Montaña; promovió la creación de la Fundación sí a
la vida; y trabajó en la Comisión de Pastoral Familiar; hasta
convertirse en Obispo castrense (obispo de los militares).
Fue un sacerdote comprometido en el seguimiento a Cristo;
algo que, seguramente, le condujo al martirio.
24.2. Muerte Martirial
143. Nadie desconocía que Mons. Ramos había entablado
un compromiso con los más pobres y vulnerados de la
sociedad: Colaboraré en el laudable esfuerzo que se ha venido
realizando desde hace algún tiempo a favor de los derechos
humanos, cuyos resultados han sido reconocidos en varias
ocasiones por los señores obispos de El Salvador y organizaciones
internacionales, no sólo para entrar en sintonía con un signo
de nuestro tiempo tantas veces preconizado en los mensajes más
recientes del Santo Padre, sino también porque, como cristiano,
reconozco en cada semejante la imagen de Dios, elevada desde
la encarnación de Cristo a una dignidad sublime (GS 22).
Trabajaré con especial dedicación por la vigencia del derecho que
es el origen de todos los demás: “que te conozcan a Ti, Único
Dios Verdadero y a tu Enviado Jesucristo” (Jn 19,3)140.

138. AA.VV. Testigos de la fe en El Salvador, op. cit., p. 215.


139. Ídem, p. 215.
140. Ídem, p. 226.

90
Ustedes también darán testimonio

144. Un compromiso de esta naturaleza no iba a quedar


a oscuras. Los enemigos del Reino, planearon su muerte,
quedando como el resto de muertes martiriales, en
medio de hechos confusos: El día viernes 25 de junio de
1993, monseñor Roberto Joaquín Ramos Umaña regresaba a
El Salvador, procedente de un encuentro pastoral en Costa
Rica… al llegar a El Salvador… dispuso viajar del aeropuerto
internacional (…) hacia la ciudad de San Salvador, a bordo de
un microbús de transporte colectivo que proporcionaba la línea
aérea… la señora Flores de Durán le ofreció a monseñor…
llevarlo a la ciudad de San Salvador a bordo del vehículo de su
esposo, el señor Edgar Vidal Durán Flores… cuando el vehículo
del matrimonio Durán Flores, donde se transportaba monseñor
Ramos Umaña, se conducía con destino a la ciudad de San
Salvador, habiendo recorrido aproximadamente 6.5 kilómetros
después del aeropuerto internacional de El Salvador, con dirección
de oriente a poniente, aproximadamente 2.5 kilómetros después
del lugar donde se encuentra lo que fuera el primer peaje después
del aeropuerto, repentinamente, el vehículo donde se conducía
monseñor Ramos Umaña, fue atacado con arma de fuego, por un
número indeterminado de sujetos desconocidos, los cuales, sin
hacer señal de alto ni colocar ningún obstáculo en medio de la vía
para obstruir el paso, dispararon a dicho vehículo, penetrando
tres disparos por la ventana de la puerta trasera izquierda del
citado vehículo, impactando dos disparos en la región izquierda
de la hemicara y el tercero en el lado izquierdo de la región del
hemicuello de monseñor Ramos Umaña. A consecuencia de
dichos disparos, monseñor Ramos Umaña resultó mortalmente
herido, entrando en estado agónico de inmediato141.
145. Así murió el segundo Obispo mártir de este país.
Asesinado en extrañas circunstancias, que por uno u
otro motivo jamás fueron esclarecidas. Su nombre mismo

141. Ídem, pp. 235-236.

91
II Carta Pastoral

quedó silenciado en un pasado que la grave situación de


violencia y muerte que azota al país desde hace largos años,
no permite recordar. Tristemente nuestra historia no tiene
tiempo para recordar a sus víctimas en forma adecuada. La
pregunta es por qué. ¿Se busca esconder a los victimarios?
¿Se quiere defender un sistema injusto, violento, de muerte,
que beneficia económica y políticamente a unos pocos? Su
muerte seguirá cuestionándonos a todos, impulsándonos a
la búsqueda de un sistema legal justo y equitativo donde la
justicia y la paz sean una realidad para este pueblo que ya
ha sufrido demasiado. Por esta razón, queridos hermanos
y hermanas quiero terminar este largo apartado con
unas palabras cuestionadoras impregnadas de denuncia
profética y misericordia para con los miles de mártires de
este país: En el ámbito civil, gobernantes, militares, políticos,
embajadores de los Estados Unidos, empresas privadas... no
mencionan a los mártires -lo cual era de esperar-, pero tampoco
los han mencionado la mayoría de los jerarcas eclesiásticos, con
la excepción de Monseñor Rivera y su empeño en la canonización
de Monseñor Romero. La Conferencia Episcopal no ha escrito en
quince años un documento serio sobre los miles de salvadoreños
a quienes les quitaron la vida, como a Jesús (o como al siervo
sufriente de Yahvé) por haber defendido a los pobres y denunciado
a los poderosos desde la indefensión. El simple fiel comienza a
sentir ese silencio y acaba por introyectarlo… para justificar este
silencio se aduce que las cosas han cambiado, y de ahí se concluye
-sin que la lógica lo exija- que hay que olvidar el pasado; más
aún, recordar a los mártires -parecen decir- traería ahora más
males que bienes: traumas sociales e intolerancia, cosas que
deben desaparecer del nuevo El Salvador142. Hoy, a cuarenta
años de la muerte martirial de los Padres Rutilio Grande
S.J., y a cien años del nacimiento de nuestro amadísimo

142. Jon Sobrino, “Los mártires y la teología de la liberación”, Revista


Latinoamericana de Teología RELaT 162. (Aparición original en Sal Terrae: octubre
1995. 699-716).

92
Ustedes también darán testimonio

Beato Monseñor Romero, cambiemos esa mentalidad a


nivel nacional, entendiéndolo de la misma forma que
minúsculas comunidades eclesiales, en comunión con
la Iglesia, lo han hecho, permitiendo la pervivencia de
la memoria histórica y peligrosa de nuestros y nuestras
mártires.
146. En resumen: He aquí las semblanzas de veinticuatro
piedras extraídas del fondo del mar cuyo martirio
les constituye en piedras fundamentales de la Iglesia
católica en El Salvador. Que su vida, pasión y muerte nos
anime a proseguir la misión de Cristo como ellos y ellas
lo hicieron un día. Es claro que, las presentes páginas
recogen únicamente, el martirio de sacerdotes, personas
de la vida consagrada y sus compañeros de martirio;
empero, no fueron los únicos. Cientos de laicos y laicas
integrados a la Iglesia en calidad de agentes de pastoral,
catequistas, integrantes de las Comunidades Eclesiales
de Base, miembros de Coros y otros, fueron asesinados so
pretexto de celebrar la Palabra o portar una Biblia. Libro
que irónicamente, les hacía sospechosos de comunismo.
147. Confieso que, los pastores de nuestra Provincia
eclesiástica, no hemos inquirido a profundidad sobre este
tipo de mártires. Pido perdón por nuestra pasividad al
respecto. La información recopilada de laicos y laicas, no
es obra nuestra. Son el Padre Tomás O’Nuanain O.F.M.,
y un equipo de laicos quienes llevan años trabajando al
respecto con gran generosidad y abnegación. Han trabajado
intensamente tanto en nuestra Diócesis como las demás
que componen esta Provincia Eclesiástica. ¡Agradezco al
Padre O’Nuanain por su arduo esfuerzo en tan grandiosa
obra, realizada con tanto amor! Sé lo difícil que ha sido
para él y sus colaboradores tan magna empresa, pero
que realizan con tanta dedicación. ¡Gracias una vez más!
Debemos apoyar el trabajo de este sacerdote junto a su
equipo e imitar sus pasos para iniciar la beatificación de

93
II Carta Pastoral

los cientos de laicos y laicas, testigos de la fe. Claro está,


que cuando el Padre finalice su trabajo, corresponderá a
nosotros, revisar cada uno de los casos para establecer si
procede o no, el inicio de la causa. Tenemos mucho por
hacer en esta vía.
148. Finalmente, repito: El martirio no es un fracaso. Es
victoria, es un don y el consuelo mayor que Dios nos regaló
en las casi tres décadas de persecución contra la Iglesia en
El Salvador.

Nuestros Confesores
149. A las vidas de los mártires quiero unir, las de aquellos
y aquellas que hoy (como en la antigua Roma) doy en
llamar: Confesores de la fe. No se trata del sacerdote que
en el sacramento de la penitencia escucha la confesión
de pecados de algún feligrés. De acuerdo, al diccionario
teológico consultado, confesor es: Un nombre aplicado a
los cristianos, a partir del primer siglo de nuestra era, quienes
confesaban su fe en tiempos de persecución y que se exponían
con ello a peligros y sufrimientos, pero que no siempre sufrían
el martirio143. Si bien es cierto que, los siglos han pasado,
y la persecución de las primeras comunidades cristianas
ha quedado muy atrás, el anuncio de la Buena Nueva
sigue provocando las mismas reacciones de violencia en
los hijos e hijas de las tinieblas: Se repiten las escenas ya
bastante conocidas del pasado y del presente, hay que esperar
que a causa de esta confesión sobrevengan burlas, desprecios,
desventajas, impedimentos y, en las situaciones más graves,
castigos, persecuciones y finalmente la muerte144.

143. E.F. Harrison, G.W. Bromiley y C.F.H. Henry, Diccionario de Teología,


Editora: Libros Desafío, Michigan, Estados Unidos, 2002.
144. Peter Eicher, Diccionario de conceptos teológicos I, Editorial Herder,
Barcelona, España, 1989.

94
Ustedes también darán testimonio

150. De igual forma, en nuestro querido país El Salvador,


hubo un número significativo de sacerdotes, religiosas,
religiosos y seglares que, si bien no murieron; sufrieron
en cumplimiento de su misión, manteniéndose firmes
en la fe y en comunión con la Iglesia. Tortura, exilio,
difamación, inculpación de falsos delitos o ideologías,
abandono, incomprensión, son sólo una muestra del dolor
experimentado. Su caminar tras Cristo cargando la cruz
no menguó, a pesar de la persecución; perseveraron, en
comunión con nuestra Santa Madre Iglesia. Todavía hoy los
que aún viven, siguen activos en Parroquias, Universidades
católicas, Escuelas o Comunidades Eclesiales. Junto a su
trabajo, quiero exaltar su humilde actitud de perdón dado a
sus perseguidores. El odio, el rencor, la cólera, la venganza
no ha tenido cabida en sus generosos corazones; logrando
con ello, que su testimonio resplandezca aún más.
151. He preferido omitir sus nombres porque sé de su
gran humildad. Sin embargo, aprovecho a agradecerles
su ejemplar testimonio de fe dando cumplimiento a las
palabras de San Pedro: Estén siempre dispuestos a responder
a cualquiera que les pida razón de su esperanza (1Pe 3,15).
Innumerables burlas, acusaciones, cuchicheos en vuestra
contra, algunos de los cuales han salido del seno de nuestra
misma Iglesia, trascendiendo las fronteras nacionales; ante
los que ustedes se han mantenido firmes en la fe. Les pido
perdón por cuantas veces colaboramos con las acusaciones,
en lugar de sanar vuestras heridas con el bálsamo de la
misericordia, la verdad y la justicia ¡Que Dios les bendiga!
¡Que Dios bendiga a nuestros confesores!
b. Testigos de la Verdad sin juicios por la verdad
152. Curiosamente, este año 2017 en que conmemoramos
los cuarenta años del martirio del Reverendo Padre Rutilio
Grande S.J.; así como, el primer centenario del nacimiento
del Beato Monseñor Romero; se cumplen 25 años de los

95
II Carta Pastoral

Acuerdos de Paz. Acuerdos que produjeron como uno de


sus eximios frutos, la creación de una Comisión de la Verdad
que investigara, sino todos los abusos cometidos contra
los derechos humanos, al menos los de lesa humanidad. El
objetivo de ambas partes era loable como expliqué en mi
Primera Carta Pastoral: Veo en la ciudad violencia y discordia:
Conocer la verdad y toda la verdad, iluminar aquello que yacía
bajo penumbras, denominar las cosas y a las personas – víctimas
y victimarios – por su nombre (59). La necesidad; o, mejor
dicho, la obligatoriedad de investigar estos casos era del
conocimiento de ambas partes desde antigua data.
153. Organizaciones internacionales, habían insistido en ello
décadas atrás. Ejemplo de lo aquí afirmado por mi persona
fue lo contenido en un artículo publicado por el Semanario
Orientación en 1979: Otras organizaciones internacionales
como Amnistía Internacional, la Oficina para América Latina
de Londres, la Comisión Internacional de Juristas con sede en
Ginebra y el Comité de Servicio Universal Unitario de Boston,
han hecho también acusaciones de violaciones de Derechos
Humanos en El Salvador145. La Iglesia se sumó a estas
organizaciones, exigiendo la investigación de cada masacre,
asesinato, desaparición, u otro crimen, quizá desde 1970.
En el caso específico de seminaristas, religiosas, religiosos,
sacerdotes y obispos, el Semanario Orientación es testigo
de las constantes exigencias lanzadas a las autoridades
políticas y judiciales para investigar cada caso. Verbigracia,
la Orientación Año XIII, número 1199, registra la visita de
Monseñor Luis Chávez y Mons. Romero a la Parroquia de
San Antonio los Ranchos exigiendo investigaciones sobre
el crimen del Padre Nicolás. Empero, sólo quedó la espera
de gobiernos amantes de la justicia y la paz; que, por cierto,

145. Arquidiócesis de San Salvador, “Comisión Derechos Humanos OEA acusa


a Gobierno de El Salvador”, Semanario Orientación, Año XIX, N° 4101, 28 de enero
de 1979, p. 3.

96
Ustedes también darán testimonio

hasta el día de hoy, siguen sin aparecer en la forma ansiada:


A pesar de las diligencias hechas, hay un velo de misterio, es
de suponer que las autoridades judiciales estarán investigando
el hecho para esclarecer el crimen y sus móviles146. Lo mismo
ocurrió cuando Mons. Romero pidió formalmente al
Presidente de la República, investigar la muerte del
Padre Rutilio S.J. Todo quedó en una espera quimérica
haciendo que autoridades políticas, militares, policiales
y judiciales perdieran credibilidad. Nadie pensaba que
estuvieran preocupados por encontrar la verdad; sino más
bien, por encubrir la verdad, destruyendo evidencias; y
muy posiblemente, eliminando testigos que más adelante
podían entorpecer su encubrimiento de la verdad.
154. Gobierno, ejército y organizaciones que luchaban
por la liberación estaban conscientes de la necesidad de
investigar esos casos; pero, su negligente actitud nunca
permitió que la verdad se conociera. Sus acciones eran más
una representación teatral donde unos acusaban a otros;
fingían investigaciones; hacían declaraciones a medias; y si
por casualidad, algo de la verdad salía a flote, las amenazas
comenzaban casi de inmediato; o bien, los victimarios,
con sus familias al frente, tomaban la actitud de víctimas
ofendidas.
155. A 25 años de los acuerdos de paz, la sociedad
salvadoreña sigue esperando conocer la verdad y
demandando justicia. En nuestra primera carta, Veo en la
ciudad violencia y discordia manifestamos con toda claridad
y hoy lo reiteramos: El país necesita que se haga justicia, de lo
contrario ningún gobernante, ningún fiscal, ningún abogado o
persona encargada de velar por las leyes tendrá solvencia moral
para exigir el cumplimiento de las leyes (61). Si bien, en nuestra
nación en la actualidad se hacen grandes esfuerzos por
146. Arquidiócesis de San Salvador, “Diligentes han estado las autoridades
eclesiásticas en la muerte de sacerdote”, Semanario Orientación, Año XIII, N°
1199, 19 de diciembre de 1970, p. 1.

97
II Carta Pastoral

impartir justicia en el combate a la corrupción; sin embargo,


se han ignorado los crímenes de lesa humanidad cometidos
durante el conflicto armado. Las Autoridades legislativas y
judiciales deben comprender que una situación no sanada
puede ser detonante de graves malestares sociales, que
Dios quiere paz fruto de la justicia y no paz aparente, fruto
de mentiras.
156. También explicamos en nuestra carta anterior que,
en El Salvador, la impunidad, en la actualidad ondea su
bandera sobre las víctimas augurando victoria a los victimarios
(60). Afirmación que cada día parece quedar confirmada
por la actitud de las autoridades de este país. Si bien,
felizmente el año recién pasado (2016) fue derogada la
espuria e inconstitucional Ley de amnistía, que impidió la
justicia; urge ahora una auténtica Ley de reconciliación, que
establezca los mecanismos para la aplicación de una justicia
transicional, restaurativa, que posibilite el conocimiento
de la verdad de los hechos para que jamás se repitan y se
dignifique y restituya a las víctimas. Lamentablemente las
autoridades parecen dar largas al asunto; alegan que no
hay dinero; que no hay personal suficiente, ni capacitado
para ello; que no hay tiempo; sólo falta decir que, no hay
víctimas ni victimarios, dejando nuevamente, las heridas
del pasado abiertas y sangrantes para un rebrote de más
violencia social, que Dios no lo permita.
157. Ciertamente, Dios nos ha dado en los mártires de
nuestra Iglesia, el mayor de los consuelos; pero también,
es cierto, que con respecto a los mártires faltan juicios por
la verdad. El aparato legal salvadoreño, no debe seguir
tolerando que, los mártires aquí mencionados, unidos
a los cientos de asesinatos cometidos contra agentes de
pastoral, catequistas y seglares comprometidos con el
Reino, continúen impunes. Dolorosamente, parece ser que
los funcionarios, sean, del aparato ejecutivo, legislativo,
militar o judicial no han aprendido que rendir cuentas

98
Ustedes también darán testimonio

de los crímenes cometidos es cuestión de honorabilidad.


Es aceptar con valentía que hubo yerros; frente a una
férrea voluntad de arrepentimiento, cambio, crecimiento
humano y mejora. ¡Quiera Dios ahora escuchen esta voz
que les pide desde el fondo del corazón!: ¡Esclarezcan la
verdad, evitando dejar a estos testigos de la verdad sin
juicios por la verdad! No por venganza, sino como acto de
justicia, caridad y amor a la verdad; sobre todo, amor a la
Verdad.
c. Semillas de conversión
158. Durante los duros años de persecución contra nuestra
amada Iglesia católica salvadoreña, los esclavos del mundo147,
se gozaban pensando en la pronta destrucción de ésta, sin
percatarse que, al luchar contra ella, luchaban directamente
contra Dios. De este modo, la victoria era inalcanzable.
En efecto, nos dirá el Santo Cura de Ars, ¿En qué vino a
parar toda la furia de los perseguidores de la Iglesia, de
los Nerones, de los Maximianos, de los Dioclecianos, de
tantos otros que creyeron hacerla desaparecer de la tierra
con la fuerza de sus armas? Sucedió todo lo contrario148.
¡Si, queridos hermanos y hermanas! ¡Todo lo contrario!
Porque: Aquella sangre parecía una simiente de cristianos,
que producía el ciento por uno149. O, en palabras del Padre
Juan Hernández Pico S.J: “Fuerza de Dios” y no opio150.
Nuestra Arquidiócesis y demás diócesis dan fe de lo aquí
aseverado. ¡Nuestra ganancia es mucha y el fracaso nulo!
¡Los frutos varios y la esterilidad nula!:

147. Expresión del Santo Cura de Ars.


148. Santo Cura de Ars, Amor y perdón. Homilías, Ediciones Rialp, Madrid,
España, pp. 14-15.
149. Ídem, p. 15.
150. Juan Hernández Pico S.J., “El Martirio hoy en América Latina: Escándalo,
locura y fuerza de Dios”, CONCILIUM Revista internacional de Teología, 183, El
Martirio Hoy, Ediciones Cristiandad, Madrid, España, 1983, p. 373.

99
II Carta Pastoral

159. Por aquellos años, el país entero contaba con un


sólo Seminario Mayor. Ahora, cuenta con un total de
cinco seminarios. El mapa eclesiástico estaba dividido en
cinco Diócesis; en nuestros días, contamos con nueve. El
número de sacerdotes diocesanos ascendía a doscientos
diecinueve, a nivel nacional, mientras que, en la actualidad,
sólo en la arquidiócesis de San Salvador, se contabilizan
trescientos quince sacerdotes en la pastoral. El número
de parroquias de esta diócesis era de 79, ahora son 173.
Actualmente tenemos ciento cinco seminaristas en nuestra
arquidiócesis. De hermanas religiosas había un total de
veintinueve comunidades, cifra que ha aumentado a un
número superior de setenta, completando un número de
hermanas religiosas que oscila entre novecientos setenta
y mil; incluyendo la buena noticia de que la vida monacal
femenina que, por aquellos años, estaba reducida a un
monasterio, ahora se ha enriquecido con cuatro más. De
la vida religiosa masculina, había doscientos dieciocho
religiosos; ahora existen más de cuatrocientos; aunque
su número es fluctuante, por su condición de misioneros,
lo que hace difícil precisar su número con exactitud.
Los laicos y laicas se han integrado, cada vez en mayor
número, al trabajo de la Iglesia, como agentes de pastoral y
misioneros. Existen una amplia variedad de movimientos,
asociaciones, comunidades eclesiales y comunidades de
base.
160. Los Colegios Católicos perseguidos desde el setenta,
tildados de comunistas y despreciados por un reducido
grupo de oligarcas del país, como el caso del Colegio
Externado de San José, no sólo no han desaparecido. Han
incrementado el número de estudiantes, impartiendo
formación académica y religiosa de calidad. A nivel de
educación superior, no contamos sólo con la UCA, sino
con dos universidades más, en cuyos recintos se imparte
la sacra Teología. De una mínima formación teológica

100
Ustedes también darán testimonio

popular, ahora se cuenta con Escuelas de Teología adonde


el Pueblo de Dios puede asistir a formarse. De no tener
un santo salvadoreño, ahora nos gloriamos de tener un
Beato: Mons. Oscar Arnulfo Romero; y tres Venerables
Siervos de Dios: Padre Rutilio Grande S.J., Fray Cosme
Spessotto O.F.M., y Madre Clara Quirós, cuyos procesos
de canonización están en la Congregación para las causas
de los Santos, sumados a una larga lista de sacerdotes,
seminaristas, religiosas y cientos de laicos y laicas de quienes
más temprano que tarde, primero Dios, comenzaremos sus
causas de canonización. Contamos con una ruta martirial,
impregnada de la santidad de esos hombres y mujeres que
dieron su sangre por amor a Cristo personificado en el
rostro de los pobres. Los derechos fundamentales del ser
humano ocupan un lugar más importante en el país que
antes, gracias al papel de los mártires, al punto de que,
el día 24 de marzo, en que fue asesinado el Beato Mons.
Romero, fue nombrado por la Organización de las Naciones
Unidas (ONU), día Internacional por el Derecho a la Verdad,
en honor a tan Santo Obispo.
161. Es cierto que falta mucho más por hacer; pero,
alegrémonos hermanos y hermanas, porque los esclavos
del mundo: Mucho mal hicieron es verdad; muchas almas
perdieron, arrastrándolas consigo al infierno; pero no pudieron
destruir la religión como pensaban. Lejos de quebrantar la piedra
sobre la cual Jesucristo ha edificado su Iglesia, que ha de durar
hasta el fin del mundo, se estrellaron contra ella151, y ahora
tenemos una florida Iglesia Martirial que nos impulsa
– y obliga – a retomar el trabajo renovando nuestro
compromiso bautismal no sólo con palabras; sino, con
obras. En resumen, nuestras y nuestros mártires son y
seguirán siendo semilla de conversión.

151. Santo Cura de Ars, Amor y perdón. Homilías, op. cit., p. 15.

101
II Carta Pastoral

II… y desde ahí hacia el pasado

162. Después de ver el presente, daré junto a ustedes,


rápidamente, una mirada al pasado. Momento clave en el
que el Espíritu Santo impulsó el aggiornamento de la Iglesia;
atrayéndose el poder de los imperios en su contra, hasta
alcanzar la gloria del martirio.
a) Mira, yo hago nuevas todas las cosas
163. Amadísimos hermanos y hermanas; no en vano
Nuestro Señor Jesucristo prometió a sus apóstoles: Miren
que yo estoy con ustedes todos los días hasta la consumación de
los siglos (Mt 28, 20). Llegada la segunda mitad del siglo
veinte, la Iglesia bajo la égida de su Santo Padre, el Papa
Juan XXIII, descifrando los signos de los tiempos, impulsó
a la Iglesia, cubierto por las alas del Espíritu Santo, a que
se capacitara: Cada vez más para solucionar los problemas de
la humanidad contemporánea152. Actitud no ajena a nuestra
Madre la Iglesia que por veintiún siglos ha caminado junto
a la humanidad respondiendo a sus inquietudes.
164. En la Constitución Apostólica Humanae Salutis,
mediante la cual, convocó a Concilio, el Papa Juan XXIII,
afirmó: Mientras la humanidad aparece profundamente cambiada,
también la Iglesia católica se ofrece a nuestros ojos grandemente
transformada y perfeccionada, es decir, fortalecida en su unidad
social, vigorizada en la bondad de su doctrina, purificada en su
interior, por todo lo cual se halla pronta para combatir todos
los sagrados combates de la fe (4). Evidentemente, frente a
una humanidad alucinada por el acelerado desarrollo
tecnológico y científico que creían sería imparable; frente a
una humanidad que relegaba a Dios a un segundo plano, la
Iglesia debía capacitarse para realizar su misión de forma
encarnatoria como su Maestro: Aunque la Iglesia no tiene
una finalidad primordialmente terrena, no puede, sin embargo,

152. Cfr. Papa Juan XXIII, Constitución Apostólica Humanae Salutis convocando
el Concilio Vaticano II, n. 5.

102
Ustedes también darán testimonio

desinteresarse en su camino de los problemas relativos a las cosas


temporales ni de las dificultades que de éstas surgen. Ella sabe…
que, iluminando a los hombres con la luz de Cristo, hace que
los hombres se conozcan mejor a sí mismos. Porque les lleva a
comprender su propio ser, su propia gran dignidad y el fin que
deben buscar. De aquí la presencia viva de la Iglesia, de hecho
o de derecho, en los actuales organismos internacionales y la
elaboración de una doctrina social sobre la familia, la escuela, el
trabajo, la sociedad civil y, finalmente, sobre todos los problemas
de este campo, que ha elevado a tal prestigio el Magisterio de la
Iglesia, que su grave voz goza hoy de gran autoridad entre los
hombres sensatos, como intérprete y baluarte del orden moral
y como defensora de los deberes y derechos de todos los seres
humanos y de todas las comunidades políticas (11).
165. Terminado el Concilio, el mundo pudo observar una
Iglesia verdaderamente renovada y transformada; no
porque un cúmulo de ideas novedosas e inconexas con
las enseñanzas de Jesús hubieran penetrado su seno. La
renovación y transformación consistió en una interpretación
de la Palabra, Tradición y Magisterio capaz de responder al
mundo contemporáneo. Algunos sostienen que el Concilio
Vaticano II llegó tarde; otros, que antes. Afirmaciones que
no deben detener su aplicación. Lo cierto es que el Concilio,
enfatizó el valor sumamente excepcional de los pobres
dentro de la Iglesia; dio un papel preponderante al laicado
subrayando la vocación universal a la santidad; impulsó
el ecumenismo; penetró y analizó los ámbitos político y
económico con el fin de dirigirlos hacia una postura cristiana;
se solidarizó con el género humano y su historia; vio al ser
humano como un ser integral al cual salvar: cuerpo, alma,
corazón, conciencia, inteligencia y voluntad, entre otras
muchas ideas que pudieran ser comentadas; pero no es ese
el punto central, sino el demostrar que Cristo ha estado,
estuvo y estará presente en la Iglesia, enseñándole el camino
a seguir; renovando y haciendo nuevas todas las cosas.

103
II Carta Pastoral

166. Para muchos, el Concilio Vaticano II fue una buena


noticia; para otros, mala. Actitud comprensible porque
el hacer nuevas todas las cosas, implica en la mayoría
de veces, acabar con el acomodamiento, la costumbre, él
siempre ha sido así, la conveniencia, el yo así lo hago; y
exige, una puesta en salida; una puesta en camino que
augura, la proximidad del desierto, el encuentro con el
otro y la otra; el encuentro con faraones, herodianos y
neronianos, las persecuciones; y posiblemente, el martirio.
Los comentarios en contra del Concilio, se oyeron incluso,
durante la celebración del mismo. Se dijo tanto que, fueron
varias las sospechas contra los documentos conclusivos. En
otros casos, las malas interpretaciones y el desconocimiento
de los mismos, entorpecieron o retrasaron su aplicabilidad
sin percatarse que con su actitud no se oponían al Papa o a
los Obispos conciliares, sino al Espíritu Santo que actúa con
radicalidad, renovándolo todo, irrumpiendo con fuerza
tal que, todo lo destruye para edificar sobre los antiguos
cimientos. Ese malestar tocó tierra latinoamericana. Le
tocó tan profundamente que el continente más pronto de lo
esperado se convirtió en tierra de misión y paralelamente,
en tierra de martirio. Tierra en la, que no dudamos, la
herencia prometida fue entregada a estos cientos de
mártires: Mira que hago nuevas todas las cosas… esta será la
herencia del vencedor: yo seré su Dios para él, y él será hijo para
mí (Ap 21, 5.7).
b) El Espíritu les dirá qué hacer
167. El Espíritu no tardó en irrumpir en América Latina,
soplando fuertemente en la Segunda Conferencia del
Episcopado Latinoamericano realizada en Medellín,
Colombia. Su irrupción indicó a la Iglesia la necesidad de
colocar en un lugar privilegiado la miseria colectiva del
continente Latinoamericano, lo cual fue denunciado como:
Una injusticia que clama al cielo (DM 1,1). La centralidad
otorgada a los desposeídos, les llevó al análisis de temas
104
Ustedes también darán testimonio

como la justicia, la paz, la familia y demografía, la


educación y la juventud; sin olvidar una de las cuestiones
que más polémicas causó entre los enemigos del Reino: La
pobreza de la Iglesia.
168. Nunca antes el Episcopado de América Latina había
declarado tan profusamente – pese a que la pobreza es
un tema del Evangelio – la denuncia de la pobreza, en
cuanto, a causas, consecuencias, efectos y secuelas. Ni la
Iglesia como institución quedó fuera del cuestionamiento.
Los Obispos tuvieron el valor de contestarse la pregunta:
¿Quién dice la gente que soy yo? (Lc 9, 18) Con una
respuesta contundente, muy distinta, por cierto, a la
dicha por Pedro en su momento: Llegan también hasta
nosotros las quejas de que la Jerarquía, el clero, los religiosos,
son ricos y aliados de los ricos (14, 2), naciendo una actitud
de compromiso para con las capas sociales más pobres
del continente cuyos derechos humanos fundamentales
eran burlados. En realidad, y muy a pesar de los Caínes de
este mundo, el compromiso con los pobres había existido
siempre; lo único que no con la fuerza y claridad que los
Obispos en Medellín lo retomarían.
169. La opción por los pobres se convirtió en una agravante
para los Caínes. Se sintieron cuestionados. Las quejas y
recriminaciones contra la Iglesia, por su opción por los
pobres, contenían un cierto fariseísmo, padecido ya antes
por el Maestro cuando una pecadora lavó sus pies: Si éste
fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está
tocando, pues es una pecadora (Lc 7, 39). Innegablemente,
la Iglesia sabía perfectamente que, entre los pobres, hay
algunos que no son muy santos; pero, no es la santidad
del pobre lo que lleva a la Iglesia a ponerle en un lugar
privilegiado. Su centralidad le viene de la opción que Jesús,
el Buen Pastor hizo por ellos: El cual, siendo de condición
divina, no codició el ser igual a Dios, sino que se despojó de sí
mismo tomando condición de esclavo (Flp, 2, 6-7). El Santo

105
II Carta Pastoral

Cura de Ars decía respecto a los pobres a quienes los ricos


se negaban a entregar limosna: Que sean buenos o malos poco
importa, ya que es al mismo Jesucristo a quien entregáis vuestra
limosna153. Que fueran buenos o malos no era lo primordial
para asumir el compromiso, sino la situación de pecado
que conducía a una situación de muerte injusta y opresora
a las grandes mayorías del Continente.
170. El Espíritu Santo, les instigó a asumir el compromiso:
El Episcopado Latinoamericano no puede quedar indiferente ante
las tremendas injusticias sociales existentes en América Latina,
que mantienen a la mayoría de nuestros pueblos en una dolorosa
pobreza cercana en muchísimos casos a la inhumana miseria (14, 1);
les instó a imitar a Jesús: Que hizo suyas todas las consecuencias
de la condición pecadora de los hombres y que siendo rico se hizo
pobre, para salvarnos (14, 4c); y les comprometió a: Vivir la
pobreza evangélica (14, 6). El Santo Paráclito no abandona
a la Iglesia. Permanece, cerca de ella, en cada época de la
historia, para decirle qué hacer, ignorando las reacciones de
los hijos de la oscuridad. Eso justo sucedió en Medellín para
bien del Reino: El Espíritu dijo qué hacer.
c) Bajo el poder del imperio
171. El Salvador; queridos hermanos y hermanas, sufría
las consecuencias de la pobreza como muchas otras
naciones de América Latina. Uno de los paliativos para
dicha enfermedad fue el diseño de la Reforma Agraria.
El gobierno convocó a distintas instituciones del país,
a reflexionar durante la primera semana de 1970 tal
iniciativa. El resultado fue la ausencia de la empresa
privada, el desánimo de otros. La Iglesia sí participó con
mucho entusiasmo buscando el mejoramiento de las
condiciones de vida de las mayorías campesinas.

153. Santo Cura de Ars, Amor y perdón. Homilías, op. cit., p. 126.

106
Ustedes también darán testimonio

172. Bajo la acción del Espíritu Santo, Mons. Luis Chávez y


González organizó para el mes de junio la Primera Semana
de Pastoral de Conjunto en El Salvador, con el objetivo de
aplicar, la latinoamericanización del Concilio Vaticano
II; o sea, Medellín. Era peligroso hacerlo, porque existía
animadversión contra éste; pero la realidad de miseria y
muerte lo exigía, tanto como el Espíritu Santo. La Iglesia
en El Salvador, debía ser como afirmaron los Obispos en
Medellín, una Iglesia pobre; pero a su vez, una Iglesia
samaritana que se acercara al pueblo sufrido, que le
acompañara y le devolviera su dignidad humana perdida
por la opresión. El Padre Ignacio Ellacuría S.J., ofrece un
panorama de la situación en los años setenta: Se caracteriza
por la extrema necesidad y grave injusticia en que se encuentran
las mayorías, junto a los privilegios desmesurados que disfruta
un número relativamente pequeño de personas. Esta situación
es de naturaleza estructural e institucional, y, por lo tanto,
debida más a la injusticia de las estructuras que a las voluntades
personales154. Era una situación que clamaba justicia al cielo.
173. La Iglesia se sumergió en la Semana de Pastoral de
Conjunto en búsqueda de una pastoral más en consonancia
con los aires de renovación conciliar. Los resultados, a
pesar del esfuerzo, se vieron truncados por las críticas y el
rechazo en gran parte de los obispos salvadoreños; así como
por algunos sacerdotes, laicos y laicas. La revisión de las
conclusiones no fue nunca aceptada del todo. Posiblemente,
es válido afirmar que la Arquidiócesis de San Salvador se
quedó sola con las conclusiones a cuestas. El resto se alejó
y prefirió no aplicarlas, prohibiendo a su clero trabajar de
manera conjunta con su diócesis hermana por considerar
que las conclusiones eran un tanto sospechosas.

154. Ignacio Ellacuría, Veinte años de historia en El Salvador (1969-1989),


Tomo I, UCA Editores, San Salvador, El Salvador, 2005, p. 559.

107
II Carta Pastoral

174. El enojo y malestar sentido por ciertos grupos de la élite


del país, se mostró en su crudeza con el asesinato del Padre
Nicolás Antonio Rodríguez en Chalatenango, el primer
mártir de nuestra región en el siglo XX. Consideraron,
los servidores del anti reino que, una carnicería de ese
tipo sería efectiva. La conducta de la Iglesia mostró lo
contrario. Varios fueron los sacerdotes que abrazaron los
lineamientos de esa semana con fuerte compromiso. El
Padre Rutilio Grande S.J., fue uno de ellos; tanto como el
resto de mártires anteriormente citados; unidos a los cientos
de laicas y laicos, cuyas vidas es preciso documentar, que
realizaron una labor enorme evangelizando, celebrando
la Palabra, atendiendo Comunidades Eclesiales de Base,
organizando coros, estudiando la Biblia, dando catequesis
y dando esperanzas a un pueblo sumergido en la oscuridad
de la represión, la tortura, la opresión y la miseria.
175. La Iglesia no fue comunista ni amiga de comunistas.
La Iglesia no planteó conclusiones impregnadas de algún
tipo de ideología. Simplemente comprendió que la fe, es
aquello que, todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan
divino sobre la entera vocación del hombre. Por ello orienta la
mente hacia soluciones plenamente humanas (GS 11). La fe
ya no podía ser definida simplemente como una virtud
teologal que consistiera en creer en aquello que no se ve.
La fe era, es eso, y más, como el Concilio Vaticano II lo
expresó. Pero, el imperio del mal, el terror y la mentira no
lo entendió así; y la persecución fue desencadenada como
nunca, haciendo de nuestra Iglesia, una Iglesia martirial.
176. En resumen, fueron mártires, no porque comulgaran
con una ideología, sino porque trataron de iluminar con
la fe una realidad de dolor, de sufrimiento, de pobreza,
de violencia, de injusticia, de opresión, de tortura, de
marginación y de muerte. Fueron mártires PORQUE
UNGIDOS POR EL ESPIRITU SANTO: Anunciaron la
Buena Nueva a los pobres; la liberación a los cautivos, y

108
Ustedes también darán testimonio

dieron vista a los ciegos y libertad a los oprimidos (cf. Lc


4, 18). Fueron mártires, porque como reconoce el Concilio
Vaticano II, en la Lumen Gentium 42: se asemejaron al Maestro,
hasta el punto de aceptar libremente la muerte por la salvación
del pueblo salvadoreño, y muy en especial por el pueblo
de Dios que habita este país. Tristemente, se dijo de ellos
que estaban ideologizados por el comunismo, olvidando lo
que Monseñor Romero manifestó en una de sus homilías:
El cristiano es el más rebelde que existe porque no se somete a
ninguna ideología de la tierra, porque posee la gran libertad del
liberador Jesucristo155. No eran comunistas, sino seguidores
de Jesús que murieron por odio a la fe bajo el poder del
imperio de la muerte sin percatarse que los asesinados
nacieron para el cielo; mientras que ellos siguieron bajo las
órdenes del emperador del mundo: El mal.
d) ¿Los únicos?
177. Recordemos que, la Iglesia en América Latina ha
sido Iglesia martirial desde la Colonia. Podemos, afirmar,
queridos hermanos y hermanas que, el primer mártir fue
Fray Antonio de Montesinos O.P., seguido por el Obispo de
Nicaragua, Fray Antonio de Valdivieso, de quien hablé en
mi Primera Carta. Siglos adelante, el Concilio Vaticano II
y su traducción hecha en Medellín produjo, naturalmente,
nuevos mártires en toda la región latinoamericana, algunos
de los cuales quiero traer a cuenta, reconociendo que no
hemos sido los únicos que nos gozamos de don tan preciado.

En Panamá:
178. El Padre Héctor Gallego. Nació en Francisco de la
Montaña, Colombia, siendo su padre Horacio Gallego y

155. Monseñor Romero, “Homilía del Domingo de Resurrección 15 de abril de


1979”, Homilías, Tomo IV, UCA Editores, San Salvador, El Salvador, 2007, pág. 406.

109
II Carta Pastoral

su madre Alejandrina de Gallego. Fue el mayor de una


extensa familia de once hijos. Ordenado sacerdote el 15 de
julio de 1967, por Monseñor McGrath, comenzó a trabajar
con las comunidades campesinas de Santa Fe de Veraguas
en Panamá. Su trabajo consistió en formar Comunidades
Eclesiales de Base y dar apoyo, a la conformación de
Cooperativas campesinas. Similar a lo que hizo el Padre
Nicolás en Chalatenango. Su trabajo produjo mucho bien
entre los campesinos al sentirse valorados y dignificados:
Héctor se reúne con los campesinos en la casa comunal, construida
por los propios campesinos del lugar. La reunión comienza con
la discusión de los problemas que afectan a la comunidad o a
algunos de sus miembros. Después se ilumina con la lectura
comunitaria de la Biblia. Al final de la reunión celebra la misa
Héctor en la cual la comunidad se reúne en torno a la mesa con
el pan y el vino, y conjuntamente conmemoran lo que Jesús hizo,
fortaleciendo sus promesas para luchar por una vida mejor156.
179. Las consecuencias de su trabajo no fueron solo la
alegría entre los campesinos. La incomprensión y la
intolerancia por parte de quienes se veían afectados con
la toma de conciencia del campesinado nacieron como
cizaña en el trigal. Su fin trágico fue planeado por los hijos
de la oscuridad: El 23 de mayo, quemaron el rancho donde
Héctor estaba durmiendo y casi muere calcinado. El 9 de junio
(de 1971) es arrestado a medianoche por tres miembros de la
Guardia Nacional. Desde entonces está desaparecido157. Entre
los mártires del siglo XX antecedido sólo por el sacerdote
Nicolás Antonio Rodríguez, quien como hemos dicho fue
martirizado el año anterior (1970) siguieron muchos más a
lo largo de la región centroamericana.

156. Pastoral Social Arquidiócesana, Héctor Gallego 40 años, Panamá, p. 5.


157. Ídem, p. 6.

110
Ustedes también darán testimonio

En Guatemala:
180. Tres mártires de este país quiero mencionar. El
primero: El Padre Eufemio Hermógenes López Coarchita;
profeta y mensajero de la paz que caminó por nuestras
tierras salvadoreñas. El Padre Hermógenes nació en
Ciudad Vieja, Sacatepéquez en la hermana República de
Guatemala, un 16 de septiembre de 1928. A sus quince
años ingresó al Seminario Menor en su tierra natal. Su
teologado, lo realizó en nuestro país; en nuestro querido
Seminario San José de la Montaña. Por aquellos años, era
común que muchos seminaristas de la región, vinieran a
formarse en esta institución. Su ordenación sacerdotal se
celebró el 7 de noviembre de 1954, siendo a los pocos años
– en 1966 – nombrado Párroco en San José Pínula.
181. Encarnado en la realidad de su Parroquia: Empezó
a sentir como propias las graves dificultades de la vida de la
gente: enfermedades, ignorancia, analfabetismo, bajos salarios de
campesinos y colonos, realidad de agresión contra la mujer, sobre
todo con ciertos intentos de esterilización que se infiltraban en
donaciones internacionales. Pero lo que más le llegó al corazón,
fue la realidad de los campesinos pinultecos; “mis pínulas” – les
decía -amenazados por una empresa de aguas que quería desviar
sus copiosos ríos para un gran proyecto…158. Su opción por
los pobres, le identificó de tal forma con ellos, que hizo
suya la pobreza. En 1967 escribía en su diario: Señor: Soy
demasiado feliz en mi Parroquia. Vivo pobre, no tengo muebles,
no tengo una mesa que me permita estar deseando algo más: pero
soy demasiado feliz159. Para 1970, su opinión sobre la pobreza
no había cambiado; al contrario, era un pobre más, por
voluntad propia, aunque con las dificultades propias de
esa opción, al estilo de la pobreza mencionada por Nuestro

158. Conferencia Episcopal de Guatemala, Testigos fieles del Evangelio, Edi-


ciones San Pablo, Guatemala, 2007, pp. 80-81.
159. Padre Hermógenes López Coarchita, Diario de la Parroquia de San José
Pínula, Ediciones San Pablo, Guatemala, 2010, p. 71.

111
II Carta Pastoral

Señor en los Evangelios; o sea, pobreza evangélica: Dios


mío: te doy gracias infinitas porque soy pobre. Vivo pobre y
me siento de tú a tú con mis gentes que son pobres en su casi
totalidad. Soy tan pura lata que siento nostalgia por las cosas
que quisiera tener y apuntadas en la página de cosas superfluas
me darían confort y a mi casita, elegancia; pero a mi alma quizá:
ambición, avaricia, pérdida de tiempo, arrogancia y soberbia y
también menosprecio a mi gente que tanto amo160. Su amor por
los pobres y su profundo conocimiento de la pobreza, llevó
al Padre Hermógenes a practicar una pastoral en defensa de
la justicia social; y consecuentemente, la dignidad humana;
encabezando marchas donde sus “pinules” como solía
llamarles con cariño, exigían el respeto y cumplimiento de
sus derechos.
182. Similar a nuestras autoridades del “orden y seguridad”
se le comenzó a considerar subversivo. Tampoco, se aceptó
su brega por la dignidad de los jóvenes que: Eran lanzados
sobre los camiones del ejército, para ser conducidos a los cuarteles,
o llevados en día domingo a los entrenamientos requeridos…161;
situación que demandó y denunció en una carta dirigida
al General Ricardo Peralta Méndez: Se les trata como si
fueran animales… suplico en consecuencia dar una solución
satisfactoria, en donde quepa la dignidad de nuestros jóvenes
que debe ser respetada, acorde con el artículo 43 de nuestra
Constitución de la República162. Las amenazas empezaron a
llegar sin hacerle retroceder o pedir cambio de parroquia:
El buen párroco no solicitó al Arzobispo esta posibilidad… solía
repetir: Si mi misión es dar la vida, así lo haré. Pero nunca me
echaré atrás en la causa que estoy defendiendo163.

160. Ibídem, pp. 231-232.


161. Conferencia Episcopal de Guatemala, Testigos fieles del Evangelio; op.
cit., p. 82.
162. bíd., p. 82.
163. Ídem, p. 83.

112
Ustedes también darán testimonio

183. Por fin, colmado de bondad y amor para con el


prójimo, el día de su martirio llegó después de visitar a dos
parroquianos enfermos el 30 de junio de 1978: Los asesinos,
buscaron el mecanismo de hacerle el alto al sacerdote que se
conducía solo en un vehículo pick-up rojo, e inmediatamente
descargaron sobre su pecho varios disparos de escopeta, cuyas
balas hirieron mortalmente al sacerdote. Por si esto fuera poco,
todavía, y a sangre fría, uno de ellos le dio el tiro de gracia164.
Muerte que solo los Caínes de esta tierra pudieron dar a
un pastor, profeta y sacerdote santo; que nos enseña que
la fidelidad al Reino es más importante que la idolatría
practicada por los hijos de las tinieblas.
184. Un segundo mártir guatemalteco es el Obispo Mons.
Juan José Gerardi Conedera; quien murió, como Mons.
Ramos: Después de firmados los Acuerdos de Paz.
Momento cuando nadie creía posible, una muerte más. El
26 de abril de 1998, los hijos de las tinieblas esperaron que
la víctima volviera a su casa de habitación: Más o menos 5
minutos antes de las 22:00 horas él ingresa el carro. El portón se
cierra desde dentro… Ya dentro del garaje, al bajar del carro, Juan
Gerardi es agredido ferozmente por una o más personas quienes
lo golpean con un pedazo de concreto de aproximadamente ocho
libras. Primero le dan un golpe en el lado izquierdo de la cabeza,
después otro en la parte posterior del cráneo. Atacan su cerebro y
su cara: parece que quieren matar su inteligencia, sus ideas, sus
sueños y visiones y su rostro. Destruyen su cara, su nariz, su
boca con la cual anunció por tantos años la Palabra de Dios; con
la que llamó incansablemente a la paz y a la reconciliación. Los
médicos forenses después dijeron que tenía unas 17 fracturas.
Juan Gerardi quiere defenderse, desviar los golpes con sus manos
y se fractura el dedo pulgar de la mano derecha. Rápidamente se
desploma al suelo donde más tarde se hallan sus anteojos, sin

164. Ídem, p. 78.

113
II Carta Pastoral

rastros de sangre. Todo indica que él vive unos dos, o tres minutos
más. Tragaba sangre mientras moría. Los asesinos arrastran su
cuerpo unos tres metros hacia el interior del garaje165.
185. El odio de sus enemigos era la anti tesis del amor
practicado por el Obispo mártir. Mientras ellos practicaban
la injusticia, la mentira, la violencia y el odio; Monseñor
Gerardi practicaba y amaba la justicia, la verdad, la paz y
el amor. El objetivo del proyecto REMHI era justamente,
un medio para llegar a la paz verdadera, a través del
conocimiento de la verdad, el accionar de la justicia, y
el perdón pedido y otorgado. Era una manera de negar
la impunidad contra la cual se oponía rotundamente: El
peligro más grave en una sociedad, como colectivo, es olvidar lo
que ha ocurrido y para algunos pareciera ser la forma más simple
de resolver el asunto. Este olvido tiene un nombre: Impunidad…
(que) equivale a negar que algo existió, a decir que las víctimas
nunca sufrieron porque nada ocurrió realmente. Es negar el
pasado, es negar el dolor y la dignidad como personas de aquellos
que sufrieron violencia166.
186. Quién diría que aquel Obispo, nacido en Guatemala, un
27 de diciembre de 1922, de unos padres -Don Manuel Benito
Gerardi y Doña Laura Conedera de Gerardi – de no lejana
ascendencia italiana, y ordenado sacerdote, el 21 de diciembre
de 1946, en la Catedral Metropolitana de Guatemala, iba
a morir tan cruelmente; por su opción preferencial por
los pobres; y con ello, el rescate de una memoria histórica
llena de crímenes, torturas, represiones, genocidios contra
el pueblo. La forma salvaje de matarle muestra que los
asesinos quisieron en todo momento destruir su prodigiosa
memoria con un resultado nulo. Aceptemos que murió y su

165. AA. VV, Testigos de la fe por la paz. Vidas ejemplares de la Iglesia Católica
de Guatemala, p. 25.
166. Conferencia Episcopal de Guatemala, Testigos fieles del Evangelio; op.
cit., p. 67.

114
Ustedes también darán testimonio

cuerpo fue maltratado; empero, nadie puede desaparecer


su proyecto de Recuperación de la Memoria Histórica, REMHI.
Memoria que seguirá incriminando a los hijos e hijas de las
tinieblas a lo largo del tiempo.
187. El último de los mártires de nuestra hermana República
de Guatemala, es el Padre Francis Stanley Rother, nacido
en Oklahoma, Estados Unidos, el 27 de marzo de 1935.
Llegó a Guatemala, en junio de 1968, a sus treinta y tres
años radicándose en el pueblo de Santiago Atitlán, Sololá,
Guatemala. Era una población indígena, es decir, tierra
tzutuhil. Gente muy piadosa y de fe; pero a su vez, con
una situación de vida precaria. La ayuda del Padre Rother
se hizo sentir de distintas maneras. En primer lugar, apoyó
la cooperativa agrícola del lugar, trabajando al lado de los
lugareños como un campesino más: Se dedicó varias semanas
a trabajar con el tractor de siete de la mañana a cuatro y media
de la tarde167. En segundo lugar, impulsó la construcción de
una clínica de salud y una emisora católica; proyectos que
beneficiarían la salud y educación del pueblo.
188. Como era de esperarse, su actitud no agradó a los
dueños de este mundo, que hicieron aparecer de manera
encubierta una nota conteniendo los nombres de las
próximas personas que serían asesinadas. El Padre era uno
de ellos. Ante las amenazas, el Padre Rother no pensó en
abandonar el redil, llegando incluso a mencionarlo en una
de sus cartas: No he recibido ninguna amenaza como tal… No
tengo la intención de huir del peligro, pero a la vez, no quiero
ponerme en peligro innecesariamente168. Por un breve tiempo
más, siguió siendo como uno más del pueblo: Tenía la
esperanza de que los tiempos cambiaran. Su deseo de estar con
la gente era más fuerte que las mismas amenazas. Con él a su
lado, también el pueblo se sentía fortalecido en medio de tanto

167. Ídem, p. 379.


168. Ibíd., p. 380.

115
II Carta Pastoral

sufrimiento169. hasta que el temido día llegó el 28 de julio


de 1981: Fue asesinado por tres individuos enmascarados, que
habían llegado a buscarlo un poco después de la media noche170.
189. Fue asesinado en su propia casa parroquial con dos
tiros en la cabeza. Ahora en día, su corazón reposa en el
santuario de la iglesia de Santiago Atitlán, cerca del pueblo
a quien tanto amó y que tanto le amó. No cabe duda que
supo ser un buen pastor. No huyó – aun cuando pudo
hacerlo – del martirio, sino que por amor a sus ovejas se
quedó junto a ellas en espera del momento en que le fuera
requerido dar testimonio de Cristo ante los tribunales de
la tierra. Se espera la pronta beatificación de este sacerdote
mártir
190.
Varios casos más pudieran mencionarse porque
América Latina entera fue regada con sangre martirial. Las
páginas de esta Carta no darían abasto. Lo importante es
tomar conciencia de que el martirio es una realidad más
que nos une como Continente; y más aún, como Iglesia.

III… para construir el futuro


191. Visto el pasado y el presente de la Iglesia martirial
salvadoreña queremos y debemos, queridas hermanas y
hermanos, preguntarnos ¿Qué queda para ellos y para
nosotros? Fiestas y celebraciones en memoria de ellos, no
son suficientes si ignoramos y no imitamos su misión.
a.
Para ellos: El reconocimiento de su martirio
192. Estamos obligados más que nunca a documentar
los casos de cada uno y cada una de nuestras mártires.
La ayuda de historiadores eclesiásticos, investigadores;
o bien, personas de Iglesia interesados en esto, así sean

169. Ibid., p. 381.


170. Ídem, p. 381.

116
Ustedes también darán testimonio

laicos, religiosos o sacerdotes, es necesaria para recopilar


toda la información de su vida, pasión y muerte. Es una
deuda que tenemos con ellos/ellas, y un compromiso de
renovar y agrandar el martirologio de nuestra Santa Madre
Iglesia.
b. Para nosotros: El Retorno a Galilea
193. Para nosotros queda oír la voz del ángel que dice a
María Magdalena y la otra María: Vayan enseguida a decir a
sus discípulos: Ha resucitado de entre los muertos e irá delante
de ustedes a Galilea, ahí le verán (Lc 28, 7). Así es, queridas y
queridos míos, no es el llanto ni un recordar infructuoso
lo que debe detenernos. Debemos retomar la misión
de nuestros y nuestras mártires. Cuando los apóstoles
retornaron a Galilea, no fue para repasar los lugares que
recorrieron en su momento con el Maestro. Tampoco fue
para llorar añorando un pasado que no volvería. Fueron
a recibir el encargo de la misión: Vayan, pues, y hagan
discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del
Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a guardar
todo lo que yo les he mandado (Lc 28, 19-20). Retornemos a
ellos y ellas no para llorar ni lamentarnos de lo que un
día fue. Retornemos para retomar su misión con nuevos
bríos, nuevos métodos y con una fe renovada. La misión
debe continuar, anunciando la Buena Nueva en cantones,
poblados, villas, ciudades, colonias y pasajes de nuestro
país. Es el querer de ellos; es el encargo de ellas; y, por
ende, el querer del Mártir en Plenitud.
194. En conclusión: A cuarenta años del martirio del
Venerable Siervo de Dios, Padre Rutilio Grande S.J.; y en
el Centenario del nacimiento de nuestro amadísimo Beato
Monseñor Romero nos alegramos al comprobar que Dios
nos ha dado, la Iglesia martirial, como consuelo mayor;
permitiendo que la sangre de los mártires se convirtiera en
semilla de conversión. Ahora, depende de nosotros unir

117
II Carta Pastoral

nuestro esfuerzo con su preciosa sangre, bajo la mirada


amorosa de Cristo que, desde la cruz nos sigue invitando
a retomar su misión; y lograr con ello mayores frutos.
Recuerden queridos hermanos y queridas hermanas:
Una fiesta con sangre de martirio y esperanza de cristianismo,
no consiste en recordar estérilmente a los testigos de la fe.
Lo principal es retomar su misión: La misión de Jesús.

118
Ustedes también darán testimonio

SEGUNDA PARTE
SI A MÍ ME HAN PERSEGUIDO, TAMBIEN A
USTEDES LOS PERSEGUIRAN

195. En El Salvador, queridos hermanos y queridas


hermanas, ha sido difícil – para un buen número de
personas – hablar de martirio y mártires; especialmente,
porque los medios de información, se encargaron de
difamar y desinformar a la población que, ciegamente
confiaba en ellos. Los medios cayeron en las tentaciones que
el Papa Francisco recientemente describió en una entrevista
ofrecida al semanario católico belga Tertio: En sí mismos son
positivos. Por supuesto que, como todos somos pecadores, también
los medios pueden caer… Pueden ser tentados de calumnia
(entonces, usados para calumniar y ensuciar a la gente) … En la
calumnia se dice una mentira de una persona… No hay derecho a
eso. Eso es pecado y hace mal. Y una cosa que puede hacer mucho
daño en los medios de comunicación es la desinformación. Es
decir, frente a cualquier situación decir una parte de la verdad
y no la otra. ¡No! Eso es desinformar171. Realmente, más
que informar, desinformaron a las personas. Dijeron lo
que convenía al sistema imperante a costa de encubrir la
verdad; quizá porque estaban al servicio de ellos.
196. Con noticias a medias o tergiversadas colaboraban
con los cuerpos de seguridad al servicio de la oligarquía y
el Estado, proporcionando ante la ciudadanía, el pretexto
adecuado para asesinar a diestra y siniestra a gente inocente.

171. https://www.aciprensa.com TEXTO: Entrevista al Papa Francisco en el


semanario católico belga “Tertio”

119
II Carta Pastoral

Se hacía creer a la población, generalmente, con visiones


polarizadas que, masacres, genocidios, desapariciones o
asesinatos era un mal necesario para evitar la entrada del
comunismo. Evitar su entrada hubiera consistido en crear
fuentes de trabajo con salarios dignos; procurar que toda
la población, sin excepción, recibiera educación y atención
de la salud con calidad; tuviera la oportunidad de gozar
de sano esparcimiento; permitir la libertad de expresión
y culto; poner en práctica la reforma agraria; permitir la
existencia de cooperativas; evitar la corrupción; promover
procesos electorales justos y sin corrupción; invertir
adecuadamente los impuestos; establecer un aparato
legal justo; entre otros derechos humanos que cualquier
gobierno democrático conoce a profundidad y promueve.
No olviden, los medios de información lo que el Papa
Francisco en la misma entrevista les dice: Son constructores
de opinión y pueden edificar, y hacer un bien inmenso, inmenso.
197. Tristemente, de hecho, los medios de información en
El Salvador, con su calumnia y difamación, que amparaba
y repetía, las opiniones de la oligarquía contraria al bien
común, construyeron una falsa opinión de los mártires.
Gran parte de los salvadoreños y salvadoreñas creyeron
a ciegas que se trataba de hombres y mujeres comunistas,
politiqueros, bocones, metidos en política, enemigos del sistema,
religiosas de la nueva ola, curas nuevaoleros, lobos con piel de
oveja, dirigentes de guerrillas, miembros de la organización, etc.,
etc., etc. Motes inventados y asignados por los medios de
información del país, al grado de distorsionar la imagen
de las personas. No fueron nada de esto. Fueron y son:
Mártires. Consecuentemente, mi propósito primario, en esta
segunda parte de la carta, es mostrar porqué sostengo que
son mártires, recurriendo para ello, al Nuevo Testamento, al
sacro Magisterio de nuestra Iglesia; y, aunque parezca lejano,
al Antiguo Testamento; ya que, en las muertes de nuestras y
nuestros mártires hay resonancias de aquellos israelitas que,
por permanecer fieles a la Ley, ofrendaron sus vidas.

120
Ustedes también darán testimonio

I. Testigos por la Ley en el Antiguo Testamento


198. En el antiguo Israel, también, hubo hombres y
mujeres que murieron por fidelidad a Dios. Una fidelidad
que consistía en el cumplimiento de la Ley: Si caminan
según mis preceptos y guardan mis mandamientos, poniéndolos
en práctica… me pasearé en medio de ustedes, y seré su Dios
y ustedes serán mi pueblo (Lv 26, 9.12.). Hacer lo contrario
equivalía a romper la alianza con el Señor (cfr. Lv 26,
14ss). No fue fácil mantener esa fidelidad; no sólo por los
pueblos extranjeros que les rodeaban con cultos dedicados
a otros dioses o conductas contrarias a las judías. También,
era difícil guardar fidelidad en medio del mismo pueblo
israelí, en donde, algunos habían olvidado la Ley. En la
mayoría de casos, los que mantenían la alianza sufrían
incomprensiones o burlas; pero, en los momentos más
álgidos de la historia del pueblo israelita, hubo hombres
y mujeres que no dudaron en ofrendar su vida; a quienes
precisamente, en esta Carta Pastoral, después de una lectura
en clave martirial de los libros vetero testamentarios aquí
citados, doy en llamar: Testigos por la Ley. Su testimonio,
su confesión de fe, su martirio no fue por predicar el Reino
y al Divino Traspasado-Resucitado. Al revisar el Antiguo
Testamento, pensaría que se debió a cinco razones que
trataré de ilustrar con ejemplos precisos: Fidelidad a la Ley,
de la cual, se desprenden las cuatro razones siguientes;
primero, la fe en Dios y la incredulidad en los ídolos;
segundo, la defensa de los derechos fundamentales del ser
humano, no directamente; pero, si al exigir el cumplimiento
de los deberes para con el prójimo, adquiridos al celebrar
la Alianza con Yahvé en tiempos de Moisés; tercero, su
resistencia pasiva hasta la muerte; y, cuarto, la convicción
de que la última palabra no es la pronunciada por los
tribunales humanos sino la de Dios.

121
II Carta Pastoral

1) Libro de los Macabeos


1.1) Libro Primero de los Macabeos
199. El caso de los Macabeos es el más conocido; pero no
el único. Antíoco Epífanes, rey de la dinastía Seléucida
emperador que reinó del 175 al 164 A. C., queriendo
helenizar la cultura judía, y con ello al pueblo de Israel,
impuso prácticas contrarias a las permitidas. Algunos
aceptaron la situación, llegando a convertirse en
colaboradores fieles del imperio invasor. Otros optaron
por la resistencia armada, destacando Matatías con sus
cinco hijos: Juan, Simón, Judas, Lázaro y Jonatán. Otros, en
cambio, aquellos que permanecieron fieles a Dios optando
por una resistencia pasiva, sufrieron persecución; y en
algunos casos la muerte.
200. Israel vivió días aciagos bajo un poder imperial
basado en la mentira, la muerte y el terror (cfr. 1M 1,
30-35): Derramaron sangre inocente en torno al santuario
profanándolo (1M 1, 37); de tal forma que, un nuevo éxodo
dio inicio: A causa de ellos, huyeron los habitantes de Jerusalén
(1M 1, 38). Además, el invasor creó leyes que atentaban
contra la libertad de culto: Se prohibía ofrecer en el santuario
holocaustos, sacrificios y libaciones, guardar los sábados y
las fiestas, se mandaba contaminar el santuario y a los fieles,
construyendo altares, templos y capillas para el culto idolátrico,
así como sacrificar cerdos y otros animales, tenían que dejar
incircuncisos a los niños y profanarse a sí mismos con toda clase
de impurezas y profanaciones de manera que olvidaran la ley
(1M 1, 45-49). A quienes osaban desobedecer las leyes de
los hijos de las tinieblas, les esperaba, la muerte: El que no
cumpliese la orden del rey sería condenado a muerte (1M 1, 50).
201. El furor de la persecución llegó al extremo de perseguir
o matar a quien cargaba o tenía en su poder el libro de
la ley: Se destruían y echaban al fuego los libros de la ley que
encontraban y al que se le descubría con un libro de la alianza en

122
Ustedes también darán testimonio

su poder, o al que vivía de acuerdo con la ley se lo ajusticiaba, en


virtud del decreto real (1M 1, 56-57). Y, aun así: Hubo muchos
israelitas que resistieron, haciendo el firme propósito de no comer
alimentos impuros; prefirieron la muerte antes que contaminarse
con aquellos alimentos y profanar la alianza santa. Y murieron
(1M 1, 62-64). Se verifica que, las razones que llevaron a
estas personas a sufrir el martirio antes que profanar la
alianza, son: La fidelidad a la Ley; su fe en Dios (negación
del culto idolátrico); y su resistencia pasiva hasta la muerte.
202. Aplicando lo anterior a nuestro país: ¿No es esto lo
que pasó? ¿Acaso no actuó un poder estatal y económico
del terror, la mentira y la muerte? ¿Acaso no enviaron a
su ejército, a su guardia nacional, a sus escuadrones de la
muerte y a sus agrupaciones armadas de civiles a matar
víctimas inocentes? ¡Claro que sí! Eso sucedió por más de
dos décadas. Varios Templos fueron profanados. La vida fue
arrebatada a todas y todos aquellos que osaron mantenerse
fieles a los mandatos del Concilio Vaticano II, Medellín
y Puebla que no eran más, que los mandatos de Dios
inspirados por el Espíritu Santo a nuestra Iglesia. Debido
a la mentira ideada por los hijos e hijas de las tinieblas –
agrandada por los medios de información – se tildó de
comunistas, contrarios al sistema, a laicos, laicas, religiosas,
religiosos, sacerdotes y obispos. Tener una Biblia, llevarla
bajo el brazo, pertenecer a la Iglesia católica, celebrar la
eucaristía, era sinónimo de subversivo. Un buen número
abandonó la Iglesia por miedo a las consecuencias; otros
optaron por las armas (inclusive miembros de la Iglesia);
empero, cientos resistieron hasta morir. Fueron mártires
por su lealtad al anuncio del Reino y al Cristo Resucitado;
por su resistencia pasiva hasta la muerte; y por, negarse a
rendir culto a los ídolos del poder, riqueza y prestigio.
1.2) Libro Segundo de los Macabeos
203. En este libro, se encuentra un relato martirial mejor
definido. Si bien es cierto que, el autor de Macabeos establece

123
II Carta Pastoral

como primer mártir de esta persecución, al escriba Eleazar;


antes de él hubo otros. Se trata de dos mujeres. Quizá por
eso, no son tan importantes. Sus nombres ni siquiera son
mencionados quedando invisibilizadas. En cambio, su
fidelidad a Dios quedó enaltecida. Mujeres cumplidoras
de la Ley circuncidaron a sus hijos sin imaginar que algún
simpatizante de la cultura invasora las delataría, amparado
en los decretos promulgados por el rey Antíoco (cfr. 2M
6, 8-9). Decretos que atentaban contra los derechos civiles
que resguardaban las libertades individuales. El resultado
fue la muerte martirial: Las hicieron recorrer públicamente la
ciudad con los niños colgados del pecho, y las precipitaron desde
la muralla (2M 6, 10). A estas siguió un grupo de personas
que escondidas en una cueva celebraban el séptimo día.
También fueron denunciados y: Quemados juntos sin que
quisieran hacer nada en su defensa, por respeto a la santidad del
día (2M 6, 11).
204. Es aquí donde el autor introduce el martirio de
Eleazar. Le coloca en primer lugar, quizá por su cargo de
escriba (un estudioso de la Ley). Según la Ley, nadie podía
comer carne de cerdo. El Templo había sido mancillado. Se
celebraban sacrificios contrarios a Dios y sus encargados
querían que Eleazar, al menos, fingiera comer la carne
que ofrecían. Pareció muy mal la idea, al sabio anciano y
prefirió la muerte: Porque a nuestra edad no es digno fingir,
no sea que muchos jóvenes, creyendo que Eleazar, a sus noventa
años, se ha pasado a las costumbres paganas, también ellos por
simulación y por mi apego a este breve resto de vida, se desvíen
por mi culpa y yo atraiga mancha y deshonra a mi vejez (2M
6, 24). Sus palabras lejos de despertar admiración en
sus captores, provocaron ira: Fue enseguida al suplicio del
apaleamiento (2M 6, 28b).
205. A este siguieron, siete hermanos junto con su madre.
Urgidos bajo amenaza a probar la carne de cerdo, se
negaron hasta el último momento. La madre, única que

124
Ustedes también darán testimonio

posiblemente hubiera podido detenerlos, admirablemente


les insta uno tras otro hasta llegar al menor, a ser fieles a
Dios: No temas a este verdugo, antes bien, mostrándote digno de
tus hermanos, acepta la muerte, para que vuelva yo a encontrarte
con tus hermanos en la misericordia (2M 6, 29). Muerto su
último hijo, ella misma fue asesinada.
206. El Segundo Libro de Macabeos presenta toda una
teología del martirio que edifica a los débiles en la fe y
anima a otras y otros a seguir el camino de la fidelidad
a Yahvé. Se constituyen en mártires por su fidelidad a la
Ley; por su defensa de los derechos fundamentales del
hombre como es el caso de Eleazar cuya actitud: Deja
varias enseñanzas: el derecho a la rebeldía ante quienes violan
los derechos fundamentales. La fidelidad al proyecto de Dios…
la propuesta de una resistencia pasiva que activa la conciencia
de sus hermanos en la necesidad de dar la vida por la libertad
y la dignidad172; por su resistencia pasiva; por su fe anti
idolátrica y; por supuesto, por creer que, la última palabra
no la tienen los tribunales de la tierra sino Dios. Ejemplos,
todos que se repitieron en nuestro país en las décadas del
setenta, ochenta y noventa.

2) Daniel
207. El Libro de Daniel presenta un tipo de personas que,
aunque no sufre muerte martirial, da testimonio de fe.
Son los, ahora, llamados Confesores. Mujeres y hombres
perseguidos, incomprendidos – algunos más que otros
– por los dueños de este mundo que, han optado por el
camino del mal-muerte planteado por Deuteronomio. Se
trata de tres casos muy conocidos.
208. El primero es un grupo de tres jóvenes: Sidrac, Misac
y Abdénago. El rey Nabucodonosor construyó una estatua

172. Luis Alonso Schökel, La Biblia de nuestro pueblo, p. 658

125
II Carta Pastoral

de oro que debía ser adorada cada vez que los instrumentos
musicales sonaran, bajo pena de ser lanzados a un horno
de fuego si no se postraban. Los caldeos viendo que los tres
jóvenes hacían caso omiso de la orden fueron a acusarles
ante el rey siendo llamados a comparecer en su Corte. Al
cuestionarles sobre si adorarían o no al ídolo aclararon:
No tenemos que responder sobre este asunto. Si el Dios a quien
servimos puede librarnos del horno de fuego abrasador y de tu
poder majestad, nos librará. Pero si no lo hace, has de saber,
majestad, que nosotros no serviremos a tus dioses ni adoraremos
la estatua de oro que has erigido (Dn 3, 16-18). Encolerizado, el
rey ordenó que los tres jóvenes fueran conducidos al horno
encendido, siete veces más fuerte que de costumbre. Al ser
lanzados al fuego, sus captores fueron alcanzados por las
llamas y consumidos de inmediato. Ellos cayeron al centro
del horno viéndoseles caminar al centro acompañado de
un cuarto hombre que parecía: un ser divino (Dn 3, 25).
Su confesión de fe, no terminó en martirio. Los jóvenes
lograron que el rey creyera en Dios gracias a su resistencia
pasiva: No hay otro dios que pueda salvar como éste (Dn 3, 29).
209. El siguiente confesor es Daniel, quien dio testimonio
de fe no una, sino dos veces. La primera, por envidia de
sus colegas. Al no encontrar forma de vencerlo, redactan
un edicto irrevocable por parte del rey, promulgando que
ninguna persona podía dirigir oración a cualquier dios
o persona, durante un plazo de treinta días. Daniel, por
fidelidad a Dios, rompió el mandato. Sus enemigos le
cogieron mientras oraba a Dios conduciéndole ante el rey
para que diera la orden de lanzarlo al foso de los leones.
Dios no le abandonó: Mi Dios ha enviado a su ángel, que ha
cerrado la boca de los leones y no me han hecho daño, porque soy
inocente ante él… (Dn 6, 23). El rey terminó confesando: Es
el Dios vivo, que subsiste por siempre (Dn 6, 27). La segunda
ocasión fue, cuando Daniel llevado ante el rey Ciro, se
negó a adorar al ídolo Bel. En su lugar, demostró que

126
Ustedes también darán testimonio

estaba hecho de bronce por fuera y barro por dentro, e


impedido de consumir alimentos o bebidas. Echó cenizas
alrededor de la mesa de las ofrendas desenmascarando
a los sacerdotes de Bel. Eran ellos quienes tomaban la
comida, yendo a consumirlos junto con sus esposas e hijos
por pasadizos secretos. El rey les mató y, además, permitió
la muerte del dragón venerado como dios. Los babilonios
molestos, arrojaron al foso de los leones a Daniel. Dios
se acordó de él. Cerró las fauces de los felinos y le envió
comida con Habacuc. Al séptimo día fue encontrado con
vida por el rey comprobando que, la confesión que días
antes hiciera Daniel era cierta: Porque yo no venero a ídolos de
fabricación humana, sino al Dios vivo, creador de cielo y tierra y
Señor de todos los vivientes (Dn 14, 5).
210. El último caso, es el de una mujer llamada Susana
esposa de Joaquín. Su hermosura tentó a dos jueces que, con
permiso de Joaquín frecuentaban el patio de su casa para
resolver litigios del pueblo. Aprovechando esta confianza
se dieron trazas para espiar a Susana al mediodía; hora
de su acostumbrado paseo por el jardín: Llegaron a desearla
apasionadamente. Perdieron la cabeza y desviaron su atención,
olvidándose de Dios y de sus sentencias justas. Los dos estaban
locos de pasión por ella (Dn 12, 8-10). En su locura, acordaron
forzarla a acostarse con ellos. Negándose, la amenazaron
con acusarla. Ni eso detuvo en Susana su fidelidad a Dios y a
la Ley: Prefiero caer en sus manos por no consentir a pecar contra
el Señor (Dn 13, 23). La gente creyó en la culpabilidad de la
joven siendo condenada a morir. Ella clamó a Dios y Daniel
fue enviado para que interviniera demostrando su inocencia
y la salvara. Los malvados jueces murieron por su pecado.
211. Confesores todos, leales a la Ley y a Dios; incapaces
de caer en idolatría. Confesores que creyeron que es
Dios quien tiene la última palabra y no los tribunales
humanos que generalmente actúan a porfía. Y, finalmente,
confesores que sufrieron juicios asentados sobre mentira;

127
II Carta Pastoral

y practicaron la única violencia permitida por Dios: La


violencia contra sí mismos. En nuestra Iglesia martirial
salvadoreña encontramos casos parecidos. También aquí,
los gobiernos dictatoriales y represores, de esos años,
que permitían la existencia de grupos paramilitares,
escuadrones de la muerte; o en el peor de los casos, dejaban
a los militares a sus anchas que amenazaron, reprimieron,
torturaron o mutilaron a sacerdotes, religiosas, laicas y
laicos en espera de lograr que los sometidos renegaran de
Dios, de su religión; y hasta, de sus amigos o familiares. El
resultado fue la resistencia sin violencia; soportando todo
tipo de maltratos y burlas dando un testimonio de fe, que
nos empuja a perseverar en la fe.
212. Como mencionaba en la Primera Parte de la presente
Carta. De los confesores que están vivos, hay muchos que, a
pesar de su avanzada edad, siguen trabajando por el Reino.
No buscaron otras parroquias; no pidieron ser recibidos en
otros países; si fueron exiliados, no permanecieron largo
tiempo fuera de nuestras fronteras. Prefirieron regresar
para morir como uno más del pueblo de Dios perseguido.
Han perdonado y hasta oran por sus captores. ¿Por qué
actuaron así? ¿Por qué actúan así? Queridos hermanos
y hermanas, es porque: Fueron fieles al Reino y al Dios
del Reino mostrado por Jesús. Creyeron que la muerte
favorecida por los tribunales humanos no tenía la última
palabra, sino Dios; tenían una fe anti idolátrica; y, usaron
de la violencia cristiana: La violencia de la no violencia.
¡Eso les hace confesores de la fe!

3) Libros varios
213. Frente a los tres casos, arriba mencionados, existe
un segundo tipo de mártires y confesores, que además
de los cuatro rasgos enumerados, tuvieron uno más:
Su comprometida lucha por la defensa de los derechos
fundamentales del ser humano; o su contraparte: Su lucha

128
Ustedes también darán testimonio

exigiendo el cumplimiento de los deberes para con el


prójimo, adquiridos al celebrar la Alianza con Yahvé en
tiempos de Moisés. Estos son los sacerdotes y profetas que
siguen.
a. Libro Primero de Samuel
214. Iniciemos con los mártires: Cuando el rey Saúl envidió
a David, su corazón se llenó de temor. No quería perder
el reino y decidió matarle. Informado de sus intenciones,
David huyó. Cansado y con hambre, llegó a Nob, ciudad
sacerdotal. Ajimélec, jefe de los sacerdotes, se conmovió al
verle hambriento y cansado, entregándole: Pan consagrado,
porque no había allí otro pan sino el pan de la presencia, retirado
de delante de Yahvé para colocar pan reciente el día que tocaba
retirarlo (1S 21, 7). Ajimélec defendió la vida de David y sus
hombres. La vida humana le era tan valiosa, que entregó
sin titubear pan sagrado, antes que dejarles morir de
hambre. Ajimélec era sacerdote del Dios de la vida y no de
la muerte. Saúl, en cambio, alejado de Dios, llegó a Nob,
a vengar lo que él consideraba un ultraje. Ordenó matar
a todos los sacerdotes. El ejército considerando que eran
hombres consagrados a Yahvé no obedeció (cfr. 1S 22, 17).
Doeg el edomita se encargó de matar a ochenta y cinco
sacerdotes pasando a filo, posteriormente, a los habitantes
de la ciudad: Hombres, mujeres, niños y lactantes, bueyes,
asnos y ovejas. Todos cayeron a cuchillo (1S 22, 19). Fue una
masacre, promovida por el primer monarca judío y primer
rey que se atrevió a asesinar sacerdotes de su propia
religión. Ajimélec, visto con ojos actuales, fue víctima
inocente, fiel a Dios, a la Ley; y un convencido del valor de
la vida humana a los ojos de Dios, que en el Horeb dijo: No
matarás (Dt 5, 17).
b. Libro Primero de Reyes
215. Otro defensor de los derechos fundamentales del ser
humano fue Elías. En los tiempos de este gran profeta
129
II Carta Pastoral

vivió Ajab, rey de Samaria. Junto a su palacio vivía Nabot


de Yizreel, dueño de una pequeña – pero hermosa – viña.
No satisfecho, Ajab, con sus tierras y el reino que Dios le
permitía gobernar, comenzó a desear cada vez con más
ansias, la pequeña viña de Nabot. Entre él y su esposa
Jezabel tramaron la muerte del pequeño propietario.
Recurrieron a la ley para celebrar un juicio asentado en
difamación: Sentad a Nabot al frente de la asamblea. Sentad
frente a él a dos hombres hijos del diablo, que testifiquen contra
él diciendo: Tú has maldecido a Dios y al rey… lo sacarán fuera y
lo lapidarán hasta que muera (1R 21, 9-10). La noticia de su vil
asesinato llegó a oídos de Elías que corrió presuroso ante
el Rey para reclamarle, en nombre de Dios, el atentado
contra Nabot: ¿Has asesinado y pretendes tomar posesión?
(1R 21, 19) Su ambición y envidia le empujaron a matar.
Nabot, en cambio, murió sin emitir palabra, sin recurrir
a la violencia, sin un juicio justo. Pero, la última palabra
no la tuvieron los tribunales corruptos, sino Dios, que
defendió al pobre, a la víctima, al difamado, al burlado, al
inocente asesinado, emitiendo sentencia final: En el mismo
lugar donde los perros han lamido la sangre de Nabot, lamerán
los perros también tu propia sangre (1R 21, 19). Y, así sucedió
(cfr. 1R 22, 38).
216. Elías, aunque sólo reclamaba dos cosas: Una, el respeto
al derecho de propiedad que Dios había establecido en la
alianza con su pueblo a través de Moisés: No desearás la
mujer del prójimo, no codiciarás su casa, su campo, su siervo o
su sierva, su buey o su asno: nada que sea de tu prójimo (Dt 5,
21). Dos, la difamación: No darás testimonio falso contra tu
prójimo (Dt 5, 20) fue llamado enemigo por Ajab: Así que has
dado conmigo enemigo mío (1R 21, 20). Elías no era enemigo
del rey. Era el portador de la voz de Dios, llamándole al
arrepentimiento y a la conversión.
217. Elías fue un verdadero confesor que, por la defensa de
los derechos fundamentales del ser humano; por la defensa

130
Ustedes también darán testimonio

del más débil; por su fe en el Dios vivo; por su fidelidad a


la Ley, sufrió persecución; viéndose en más de una ocasión
expuesto a ser asesinado. Verbigracia: El relato donde
Elías desafía y vence a los profetas de Baal (cfr. 1R 18, 40).
Enfurecida Jezabel le amenaza a muerte: Así me hagan los
dioses y aún más si mañana a estas horas no he hecho de tu vida
como ha sido la de ellos (1R 19, 2). El miedo se apoderó de él,
como era natural, comenzando un éxodo en defensa de su
vida: Se levantó y se fue para poner su vida a salvo (1R 19, 3).
No era fácil ser profeta. Atentar contra los intereses de los
poderosos en defensa de los intereses de los pobres, que no
eran más que los intereses de Yahvé según lo estipulado a
la salida de Egipto (cfr. Dt 5, 12-21; 10, 18; 23, 16.20.25-26;
24, 6.10-15.17-22), era mortalmente peligroso. Persecución,
incomprensión, odio, y atentados contra su vida fueron los
frutos del gran profeta Elías.
218. Lo mismo sucedió a varios de nuestros mártires:
Al Padre Rutilio, Padre Nicolás, Mons. Romero y Mons.
Ramos, Fray Cosme, Padre Navarro, Padre Neto Barrera,
por mencionar algunos, cuyo único delito fue defender
al pobre; y la denuncia del pecado de los potentados de
este mundo en espera de su conversión. ¿Acaso no eran
como el profeta Elías? ¿Acaso no eran mensajeros de la
paz anunciando gracia, perdón y liberación? La respuesta
es: ¡Sí! Eran como Elías, eran como Ajimélec: Auténticos
defensores de la vida al servicio del Dios de la vida. Su
lucha contra la muerte; o los ídolos de la muerte, los llevó
a ser mártires en unos casos; y confesores de la fe en otros.
Confesores cuya lucha abierta contra esos ídolos sigue en
pie. Con su ejemplo, nos siguen diciendo: Adoren al Dios
verdadero porque Él tiene la última palabra.
c. Libro de Amós
219. Amós, defensor de los derechos fundamentales del ser
humano, comienza denunciando la infidelidad, de Israel

131
II Carta Pastoral

a la Ley: Por haber despreciado la Ley de Yahvé, y no haber


observado sus preceptos porque los han extraviado sus Mentiras
(Am 2, 4). Con palabras duras, les advierte que, Dios no
gusta de sus cultos: Yo aborrezco y desprecio sus fiestas, me
repugnan sus reuniones litúrgicas; por muchos holocaustos
y ofrendas que me traigan, no aceptaré ni miraré sus víctimas
cebadas (Am 5, 21-22). Les recuerda el culto agradable a
Dios: ¡Que fluya, sí, el derecho como agua y la justicia como
arroyo perenne! (Am 5, 24). Así lo pidió al momento de la
alianza: Tal será nuestra justicia: cuidar de poner en práctica
todos estos mandamientos ante Yahvé nuestro Dios, como él nos
ha mandado (Dt 6, 25).
220. Prosigue Amós denunciando, los irrespetos de los
poderosos contra el pueblo al vulnerar sus derechos
fundamentales. Cuestión mejor comprendida, si
confrontamos sus denuncias con los deberes que Dios
impuso al momento de la alianza:
Denuncia: Porque venden al justo por dinero y al pobre por un
par de sandalias (Am 2, 6), cuando Dios dijo: Debes abrir tu
mano a tu hermano, a aquél de los tuyos que es indigente y pobre
en tu tierra (Dt 15, 11).
Denuncia: Se acuestan sobre ropas empeñadas junto a cualquier
altar y beben el vino de los multados en la casa de su dios (Am
2, 8) cuando Dios dijo: Si haces a tu prójimo un préstamo
cualquiera, no entrarás en su casa para recobrar la prenda. Te
quedarás fuera, y el hombre a quien has hecho el préstamo te
sacará la prenda afuera. Y si es un pobre, no te acostarás sobre
su prenda, se la devolverás a la puesta del sol, para que pueda
acostarse en su manto (Dt 24, 10).
Denuncia: ¡Ay de los que convierten en ajenjo el derecho
y tiran por tierra la justicia… ya que ustedes pisotean al
débil y le cobran tributo de grano… opresores del justo,
que aceptan soborno y atropellan a los pobres en la Puerta!
(Am 5, 7.11-12). Cuando Dios dijo: Cuando haya pleito entre

132
Ustedes también darán testimonio

dos hombres, se presentarán a juicio, y se los juzgará: se declarará


justo al justo y se declarará culpable al culpable (Dt 25, 1).
221. Derechos, salvaguardados por Dios desde la época
mosaica. Derechos que tenían un reverso: Los deberes.
Deberes que eran mutilados e irrespetados por los
poderosos. Sus denuncias, aunque apegadas a la Ley y a la
voluntad de Dios, no agradaron. Amós sabía el destino de
los profetas en su época. Destino que no duda en denunciar:
Conminaron a los profetas, diciendo: ¡No profeticen! (Am 2,
12). El sacerdote de Betel, Amasías une a la prohibición, la
difamación del profeta: Amós conspira contra ti en medio de
la casa de Israel; el país no puede soportar todas sus palabras…
Amasías dijo a Amós: Vete, vidente, huye al país de Judá, come
allí tu pan y profetiza allí. Pero en Betel no sigas profetizando
(Am 7, 10.12-13).
222. No le mataron, pero, con sus sufrimientos, huidas,
persecuciones, incomprensiones y críticas, es sin duda
un confesor, como muchos de los sacerdotes, religiosos,
religiosas, laicas, laicos y dos obispos en El Salvador. Como
Amós denuncia: ¿Era el país el que no podía tolerarlos o
los dueños del poder armamentista, político o económico?
¿A quién no convenía su denuncia? ¿A quién perjudicaban
defendiendo los derechos de los más pobres? Ciertamente
no a los pobres. La respuesta no cuesta descubrirla.
Recuerdo que el Padre Ellacuría sufrió el exilio. Se le
prohibió, como a Mons. Gerardi en Guatemala, la entrada
a su propio país porque su voz, su actitud profética
era sofocante. Les dijeron: ¡Vete a Betel, pero no sigas
profetizando!
d. Libro de Jeremías
223. El último confesor del Antiguo Testamento, al que
hago referencia es el profeta Jeremías. Sufrido como
ninguno por las diversas denuncias que hizo contra los
poderosos de su época.

133
II Carta Pastoral

A los que explotaban y sometían al pueblo les


denuncia: Hagan justicia cada mañana, salven al oprimido
de mano del opresor (Jr 21, 12) … practiquen el derecho y
la justicia, libren al oprimido de manos del opresor; y no
atropellen al forastero, al huérfano y a la viuda, no hagan
violencia ni derramen sangre inocente en este lugar (Jr 22,
3) … ¡Ay del que edifica su casa sin justicia y sus pisos
sin derecho! De su prójimo se sirve de balde y no le
paga su salario… pero tus ojos y tu corazón solo buscan
tu propio interés: derramar sangre inocente, cometer
atropello y violencia (Jr 22,13.17), porque Dios había
dicho: No explotaras al jornalero humilde y pobre, ya sea
uno de tus hermanos o un forastero que reside en tu tierra,
en tus ciudades. El mismo día le darás su salario, y el sol no
se pondrá sobre esta deuda; porque es pobre, y de ese salario
depende su vida (Dt 24, 14-15) … Yahvé Dios es el Dios de
los dioses y el Señor de los señores, el Dios grande que hace
justicia al huérfano y a la viuda, que ama al forastero y le da
pan y vestido (Dt 10, 17-18).
El rey Sedecías pactó con el pueblo de Jerusalén la
proclamación de una liberación de esclavos: Todos los
nobles y el pueblo aceptaron este pacto de dejar libre cada
cual, a su esclavo y a su esclava, de modo que ninguno
siguiera en esclavitud (Jr 34, 10). Al inicio aceptaron;
sin embargo, el rey y el resto de poderosos rompieron
el pacto, olvidando y despreciando, como explica
Schökel, las palabras pronunciadas durante el mismo:
Que me suceda a mí lo mismo que a este animal si rompo
los compromisos contraídos hoy173. Couturier174 hace ver
que no se trataría de un trato honesto con Dios sino
interesado: La razón para que se tomase esta decisión debe

173. Luis Alonso Schökel, La Biblia de Nuestro Pueblo, p. 877.


174 En AA.VV.: Guy P. Couturier, C.S.C., “Jeremías”, Nuevo Comentario Bíblico
San Jerónimo. Antiguo Testamento. Editorial Verbo Divino, Navarra España, 2005,
n. 96.

134
Ustedes también darán testimonio

de haber sido las dificultades suscitadas por el asedio de la


ciudad, bien porque los dueños ya no podían mantenerlos
o porque se necesitaban más soldados para combatir.
Probablemente, su verdadera intención al celebrar
el pacto era manipular a Dios en beneficio personal
a costa de los esclavos. Dios manda a Jeremías a
denunciar su pecado con palabras duras: Ustedes no
me han hecho caso al proclamar manumisión general. Pues
voy a proclamar contra ustedes manumisión de la espada,
la peste y del hambre – oráculo de Yahvé – y les voy a
convertir en espantajo de todos los reinos de la tierra. Y a los
individuos que traspasaron mi acuerdo, aquellos que no han
hecho válidos los términos del acuerdo que firmaron en mi
presencia haré que acaben como el becerro que cortaron en
dos y por entre cuyos pedazos pasaron a los nobles de Judá,
los nobles de Jerusalén, los eunucos, los sacerdotes y todo el
pueblo de la tierra que han pasado por entre los pedazos del
becerro, los entregaré a manos de sus enemigos y de quienes
tratan de matarlos (Jr 34, 17-20). Su denuncia provocó la
cólera de todos.
Jeremías denunció con mucha fuerza la idolatría del
pueblo cometida en innumerables ocasiones (Ver: Jr
10) porque era un pecado abominable para Dios: Esto
dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: …fueron a incensar y
dar culto a otros dioses desconocidos de ellos, de ustedes y
sus padres. Yo les envié a todos mis siervos, los profetas, a
que les dijeran: No cometan esta abominación que detesto.
Mas no oyeron ni aplicaron el oído para convertirse de su
malicia y dejar de incensar a otros dioses… (Jr 44, 2-4). Su
mensaje, como suele ocurrir con todos los profetas,
no fue comprendido por el pueblo. Tenían una idea
distinta como explica Couturier175: La interpretación que
el pueblo daba a los mismos episodios era completamente

175. Ídem, n. 107.

135
II Carta Pastoral

diferente: la desgracia había sido provocada precisamente


por la erradicación de la idolatría llevada a cabo con la
reforma de Josías. ¿Por qué esta actitud de parte del
pueblo? Porque fueron manipulados por los poderosos
haciéndoles pensar según sus conveniencias.
224. Sus denuncias constantes y duras, le atrajeron
persecución y martirio. Posiblemente, su persecución –
que duró toda la vida – inició en Anatot cuando Jeremías
descubrió una confabulación contra su vida. Se reconoce
inocente ante las acusaciones de sus enemigos: ¡Y yo que
estaba como cordero manso llevado al matadero, sin saber que
intrigaban contra mí! (Jr 11, 19). Le odiaban por causa de
la palabra de Dios: No profetices en nombre de Yahvé, y no
morirás a nuestras manos (Jr 11, 21). Lo más duro de este
revés fue descubrir que los causantes del complot eran
miembros de su familia. Situación que le provoca crisis:
Sufrió un duro golpe que le hizo reflexionar sobre su misión
y el sentido de la existencia humana176. Crisis padecida con
más hondura conforme pasaba el tiempo. El número y
variedad de enemigos aumentan: Ni les debo ni me deben,
¡pero todos me maldicen! (Jr 15, 10). Ser profeta era ser signo
de contradicción: Hombre de pleitos y contiendas: Esto es lo
que Yahvé quería que fuera. No es su comportamiento correcto
con todos lo que le lleva a ser perseguido, sino precisamente su
mensaje177.
225. Un segundo atentado ocurre cuando su mensaje
desagrada a sacerdotes, profetas y sabios: Vamos a calumniarle
y no hagamos caso de sus palabras (Jr 19, 18b); olvidando lo
dicho por Moisés: Yahvé tu Dios te suscitará, de en medio de ti,
de entre tus hermanos, un profeta como yo: a él escucharan… si
un hombre no escucha mis palabras, las que ese profeta pronuncie
en mi nombre, yo mismo le pediré cuentas de ello (Dt 18, 15.19).

176. Ibíd., n. 42.


177. Ídem, n. 50.

136
Ustedes también darán testimonio

Pecaban, entonces, al no querer escuchar sus palabras


y atentar contra su vida. Pasjur, seguramente, hubiera
querido matarle; pero al menos, le consiguió una paliza y
su prisión en el calabozo de la Puerta Alta de Benjamín (cfr.
Jr 20, 2). Así pagaba Israel, los cuidados que Dios tenía de
enviar profetas que les indicarán el camino a tomar según
el querer de Dios. La muerte salió a relucir cuando Jeremías
se atrevió a dar sermones contra el Templo: Los sacerdotes
y los profetas se dirigieron a los jefes y a toda la gente con estas
palabras: ¡Este hombre merece la muerte por haber profetizado
contra esta ciudad! (Jr 26, 11). Suspenden la decisión al darse
cuenta que Jeremías es un profeta que habla en nombre de
Dios; más el sufrimiento no acabaría ahí.
226. En el capítulo treinta y seis, Dios manda a Jeremías
escribir un rollo donde avisa a la Casa de Judá lo que piensa
hacer. Dios espera que, al leerlo, el pueblo se convierta. El
rey quema el rollo dejando claro que Jeremías no es del
agrado de nadie: Aunque la autoridad profética de Jeremías
había sido anteriormente reconocida y vindicada, observamos
que progresivamente fue siendo rechazada por el pueblo y por
todos los niveles gubernamentales hasta llegar al mismo rey178.
La consecuencia de este acto fue su arresto por parte de
Yirías, hijo de Selemías. Conducido ante los dignatarios,
no encontró misericordia sino irritación. Le hicieron azotar
y lo encarcelaron en casa del escriba Jonatán convertida
en prisión. Confinado al calabozo del sótano permaneció
largo tiempo allí hasta que el rey le interrogó, no en
público, sino en privado para saber si tenía algún mensaje
de Dios (cfr. Jr 37, 13-17). El rey mostró de esta forma que,
tenía más temor a su gabinete que a Dios: Aunque estaba
a favor del sometimiento político predicado por el profeta, su
temor al gobierno le impedía tomar esta decisión personal179.

178. En AA.VV.: Guy P. Couturier, C.S.C., “Jeremías”, op. cit., n. 98.


179. En AA.VV.: Guy P. Couturier, C.S.C., “Jeremías”; op. cit., n. 100B.b.

137
II Carta Pastoral

Acción que me recuerda, al Padre Ellacuría cuando


publicó aquel famoso artículo: ¡A sus órdenes mi capital!
Denunciando que el Presidente del momento le tenía más
miedo a la oligarquía dueña del poder económico; que a
pasar por embustero ante el pueblo por no haber cumplido
sus promesas; se granjeó la antipatía de los dignatarios
salvadoreños.
227. Después de la entrevista, Jeremías fue dejado por orden
del rey en el patio de la guardia (Jr 37, 21); desde donde
siguió profetizando. Agobiado por la voz profética, el rey
lo entregó en manos de notables del pueblo, mostrando una
vez más, su falta de criterio para gobernar. Los notables lo
echaron a una cisterna utilizando sogas para bajarlo: En la
cisterna no había agua, sino fango, y Jeremías se hundió en él (Jr
38, 6). A esta tragedia siguió un ir y venir entre sufrimientos,
incomprensiones y su ida al exilio con el pueblo. Nada
dice el libro sobre su muerte; pero es creíble que murió
mártir: El profeta cerraría sus ojos para siempre sobre su país
mortalmente herido y la imperecedera idolatría de su pueblo. Su
vida había sido una tragedia hasta el final180. Su vida no fue
fácil; su pasión larga; y su muerte esperada porque todo
aquel que es puesto para contradicción es odiado por el
mundo. Dios le eligió, el pueblo lo rechazó. Paradoja que
Jesús aclarará en su ministerio con las palabras del título
de esta Carta Pastoral: Ustedes también darán testimonio,
porque han estado conmigo desde el principio. (Jn 15, 27).
Jeremías dio testimonio porque estuvo con Yahvé desde
el inicio; es decir, desde el vientre de su madre: Antes de
haberte formado yo en el vientre, te conocía; antes que nacieses,
te había consagrado yo profeta; te tenía destinado a las naciones
(Jr 1, 5).
228. En síntesis: Estos son los mártires y confesores por
la Ley que, no dudaron en ofrendar sus vidas antes que

180. Ídem, n. 105.

138
Ustedes también darán testimonio

romper con la alianza; que se negaron a rendir culto a los


ídolos; que defendieron los derechos fundamentales del ser
humano; y que esperaron confiadamente en que la última
palabra la tiene Dios; no los tribunales de la tierra viciados
por calumnias, difamaciones, mentiras y cohechos. Su
resonancia es clara y profunda en nuestros confesores/
mártires que supieron mantener: Fidelidad al Dios del
Reino; una fe anti idolátrica; una defensa primaria de los
derechos fundamentales del ser humano; una actitud de
resistencia ejerciendo la violencia de la no violencia; y
finalmente; confiando que Dios tiene la última palabra.

II. Testigos por la fe en el Nuevo Testamento


229. En el Nuevo Testamento encontramos al Mártir de
los mártires: Jesús, quien por su testimonio fue matado en
cruz. Al ser el primogénito de los mártires, los autores de
los Evangelios y Hechos de los Apóstoles van relatando
las muertes de los apóstoles, miembros de las primeras
comunidades cristianas o discípulos, con un paralelismo
que permite concluir que son mártires a semejanza de su
Maestro; y que los motivos de su martirio, son similares
a los de Él. Es obvio que, en el Nuevo Testamento, la
palabra martirio no alcanza la connotación de los tiempos
actuales: Tiene desde luego el sentido de atestiguar, dar
testimonio, pero se entiende allí como testimonio de palabra,
testificación por la predicación181. Se les mató por hablar del
Cristo; pero considero que, también por vivir como Él. No
sólo se trataba de un testimonio de palabra sino de obra;
como lo muestra la petición que el ángel del Señor hace
a los apóstoles cuando les libera de la cárcel: Vayan al
templo y anuncien al pueblo este nuevo modo de vida (Hch 5,
20); es decir, un modo de vida, según la lógica del Reino

181. Karl Rahner S. I., Münster, Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teológica,


Editorial Herder, Barcelona, España, 1973.

139
II Carta Pastoral

que, sin lugar a dudas, se oponía a la lógica del mundo:


Se reunían… para escuchar la enseñanza de los apóstoles y
participar en la vida común, en la fracción del pan… Estaban
todos unidos y poseían todo en común… en sus casas partían
el pan, compartían la comida con alegría… alababan a Dios
y todo el mundo los estimaba (Hch 2, 42.44.46-47). Jesús les
previno de esa contrariedad: El mundo los ha odiado, porque
no son del mundo, como yo no soy del mundo (Jn 17, 14). En
esta perspectiva me atrevo, con todo respeto, a extraer de
los primeros mártires resonancias, que expliquen e ilustren
la muerte (y motivos) de nuestros y nuestras mártires; e
incluso de nuestros confesores.

1. Los Santos Inocentes


230. El Evangelista Mateo relata que un día aparecieron
unos magos de oriente en Jerusalén, preguntando: ¿Dónde
está el rey de los judíos que acaba de nacer? (Mt 2, 2). Llegó
la noticia a Herodes y se disgustó. El miedo le invadió
pensando que su reino le sería arrebatado temprano o tarde,
por el recién nacido. Escondiendo su intención, invitó a los
magos al palacio y les hizo creer que estaba interesado en
ir a adorarle. Los magos creyeron, prometiendo informarle
en el momento oportuno. Advertidos en sueños, regresaron
por otro camino. Actitud que, indudablemente, molestó
aún más a Herodes, tomando una decisión crudelísima:
Mandó matar a todos los niños menores de dos años en Belén
y sus alrededores; según el tiempo que había averiguado por los
magos (Mt 2, 16). Eran víctimas inocentes cuya única culpa
fue tener la edad probable del Mesías recién nacido y vivir
en Belén.
231. En su tiempo, hubo quien preguntó a Santo Tomás de
Aquino si estos niños eran o no mártires, aduciendo que
el martirio es un acto voluntario. Su corta edad – añadió
– no les permitió hacer uso de la voluntad. El Angélico
respondió entonces: La gloria del martirio, que otros merecen

140
Ustedes también darán testimonio

por su propia voluntad, la consiguieron estos niños por la gracia


de Dios… de ahí que, así como en los niños bautizados actúan
los méritos de Cristo por la gracia bautismal, así también en
los niños muertos por Cristo actúan los méritos del martirio de
Cristo para conseguir la palma del martirio182. Pienso que, la
afirmación de Aquino es válida para nuestro tiempo.
232. Algunos de nuestros mártires fueron asesinados junto
a personas contra las cuales no iba dirigida directamente la
persecución. Me viene a la mente, Don Manuel Solórzano
y el niño Nelson Rutilio Lemus cayendo junto al Venerable
Siervo de Dios, P. Rutilio Grande S.J.; el pequeño Luisito
Torres acribillado junto al Padre Alfonso Navarro; los
niños David Caballero y Roberto Orellana con los otros
dos jóvenes matados junto al Padre Octavio Ortiz; las
dos mujeres acribilladas salvajemente con los seis Padres
jesuitas: Julia Elba Ramos y Celina Mariceth Ramos, entre
otros más. Si bien es probable que, la intención de los
asesinos era acabar con la vida de los sacerdotes, estas
personas estaban allí, trabajaban con ellos, servían a la
Iglesia o les acompañaban; y, fueron matados justamente
por estar presentes en el momento de sus crímenes. Quiero
pensar que ellos, al igual que nuestros mártires y confesores
habían optado por seguir a Cristo pasare lo que pasare;
pero si no fue así; si alguno de ellos nunca creyó que podía
morir de esa forma; como nos dice el Aquinate: los méritos
del martirio de Cristo para conseguir la palma del martirio
actuaron en ellos; y, por tanto, pueden ser considerados
mártires.

2. San Juan Bautista


333. El Nuevo Testamento, que contiene la Buena Noticia,
inicia desde sus primeras páginas, con la presentación del

182. Santo Tomas de Aquino, Suma de Teología IV, Biblioteca de Autores


Cristianos, Madrid, España, 2009, STh, II-II, q. 124, a. 1.

141
II Carta Pastoral

último de los profetas en la línea veterotestamentaria: San


Juan Bautista precursor del Maestro y mártir. Comenzó su
predicación, según San Lucas, el año quince del imperio de
Tiberio Cesar (Lc 3,1). Viviano O.P., al comentar Lc 11, 7-10
observa que Jesús pondera tres características del Bautista:
Él es mucho más que un profeta; es el mensajero de Dios y el más
grande entre los seres humanos183. A pesar de ser un hombre
con tan grandes características, su voz se volvió molesta e
insoportable.
334. Su mensaje parecía duro a sus enemigos por la
sencilla razón de promover la defensa de los derechos
fundamentales del ser humano – en un lenguaje más actual
– o los deberes para con los pobres. Recomendaba:
Una cultura de la solidaridad en pro de la dignidad
humana: Al que tenga dos túnicas, que las reparta con el
que no tiene; el que tenga para comer, que haga lo mismo (Lc
3, 10). Cultura que habrá agradado a los oídos de los
pobres que no tenían ni siquiera una; pero, que habrá
irritado a los insolidarios.
La justicia en el cobro de los impuestos: No exijan más
de lo que está fijado (Lc 3, 13). Recomendación que dejaba
de afectar a los pobres que son precisamente los que
sufren al momento de pagar. A los ricos, seguramente,
les habrá disgustado, porque afectaba su bolsillo; pero
también, a los publicanos, a quienes iba dirigida esta
recomendación, habrá sonado dura, porque tal vez,
gustaban de la corrupción al producirles dinero extra.
Evitar el falso testimonio y las extorsiones que casi
nunca van dirigidas a los poderosos sino a los más
débiles: No hagan extorsión a nadie, no hagan denuncias
falsas y conténtense con su soldada (Lc 3, 14).

183. En AA.VV.: Benedict T. Viviano, O.P., “Evangelio según Mateo”, Nuevo


Comentario Bíblico San Jerónimo. Nuevo Testamento. Editorial Verbo Divino,
Navarra España, 2005, n. 73.

142
Ustedes también darán testimonio

Dar frutos de conversión a los que se sentían salvos y


doctos en la Ley: Raza de víboras… dad, pues, fruto digno
de conversión y no crean que basta con decir en su interior:
Tenemos por padre a Abraham; porque, les digo que puede
Dios de estas piedras suscitar hijos de Abrahán (Mt 3, 7-8).
Para los pecadores y marginados por su ignorancia
de la Ley habrá sonado a misericordia y esperanza de
salvación; mientras que, para los doctos, a crítica.
335. Consecuentemente, su prédica malquistó los
corazones de los grandes de su época y las difamaciones
comenzaron. Le llamaron endemoniado: Vino, Juan, que
ni comía ni bebía, y dicen: Demonio tiene (Mt 11, 18). Y, tras
la difamación: La persecución y el martirio. La primera
empezó cuando el tetrarca Herodes, molesto por las
llamadas de atención que San Juan Bautista le lanzaba
por lo de Herodías y demás malas acciones, le encerró en
la cárcel. A Herodes, le ocurrió, lo que Lucas dice de los
fariseos y legistas que se negaron a aceptar el bautismo
de agua: Frustraron el plan de Dios sobre ellos (Lc 7, 30). El
plan era la salvación. A esta no aceptación, Herodes sumó
el crimen de matar al profeta. San Marcos relata que,
siendo el día del cumpleaños de Herodes, día en que Dios
le permitió celebrar un año más de vida, hubo una gran
fiesta en el palacio. La hija de Herodías bailó; y Herodes
prometió dar lo que pidiera. Pidió, por recomendación de
su madre, la cabeza de Juan el Bautista. Es cierto, que las
mujeres le instaron a hacerlo; pero, también es cierto que él
era el rey. De él dependía matarlo o no. Paradójicamente,
el día en que Dios le regalaba más vida, el regaló muerte a
un hombre inocente. Inocencia de la que estaba consciente:
Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y
le protegía, y al oírle quedaba muy perplejo y le escuchaba con
gusto (Mc 6, 20).
336. A Herodes le ocurrió lo mismo que a Sedecías. Temía
más a su gabinete y a las mujeres de la corte que, a Dios

143
II Carta Pastoral

porque en el fondo se auto deificaba. Temió romper su


juramento y quedar en mal ante los demás, como: Aquel que
no cumple lo prometido, como si Dios le había instituido
monarca de una minoría y no del pueblo: El rey se llenó de
tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los
comensales. Y al instante mandó el rey a uno de su guardia,
con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la
cárcel y trajo su cabeza en una bandeja (Mc 6, 6-7). Así murió
el último profeta en la línea del Antiguo Testamento: Sin
un juicio justo, sin testigos, en la lobreguez de una cárcel,
sin una causa justa y por la única razón de haber hecho,
toda su vida, el bien.
337. Así murieron nuestros mártires. Acusados de ser
servidores del Malo; cuando su único objetivo era
denunciar el pecado en espera de la conversión de los
dueños del poder político, empresarios, miembros del
ejército; y otros. De algunos, como el Padre Abrego o el
Padre Serrano ni siquiera se supo a cabalidad su forma de
morir. Mucho menos, su paradero. Sus cuerpos continúan
desaparecidos; pero bien sabemos que, como Juan el
Bautista, se encuentran entre los más grandes del reino de
los cielos.

3. Jesús de Nazaret
338. A este gran profeta, siguió Jesús: El testigo fiel y veraz,
el principio de la creación de Dios (Ap 3, 14); el Primogénito
de entre los muertos (Ap 1, 5), el que pasó haciendo el bien y
curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba
con Él… al que llegaron a matar colgándole de un madero, a
quien Dios resucitó al tercer día (Hch 10, 38-40), en fin, el
Primogénito de los mártires.
239. Jesús es el Mártir de los mártires; pero, ¿Cuál fue la
causa de su martirio? La respuesta la da Él mismo en dos
ocasiones. Una al responder a Poncio Pilato: Yo he nacido

144
Ustedes también darán testimonio

y venido a este mundo para dar testimonio de la verdad. Todo


el que es de la verdad oye mi voz (Jn 18, 37); y la siguiente, al
explicar la manera de llegar al Padre: Yo soy el camino, la
verdad y la vida (Jn 14, 6). Resumiendo: Le mataron porque
Él era la Verdad Suprema que, devela a la humanidad el
Camino a seguir; otorgando a cambio de su seguimiento
la Vida, vida en abundancia; y vida eterna. Traducido a
un lenguaje encarnatorio pudiéramos establecer que Jesús
fue mártir porque: Anunció la Buena Nueva; y aclaro
que, desde el primer momento que la anunció, quisieron
matarle: El Espíritu del Señor… me ha ungido para que dé la
Buena Noticia a los… (Lc 4, 18) … levantándose lo sacaron
fuera de la ciudad y lo llevaron a un barranco… con intención
de despeñarlo (Lc 4, 29). Cuando más adelante, Jesús une
esas palabras con su testimonio de vida, sus enemigos
le dan muerte en cruz. Es importante acercarnos a este
testimonio de vida – ya que el vino para dar testimonio
– para comprobar que todos los mártires, no han hecho
otra cosa, que imitarle hasta coronar su seguimiento con el
martirio.
240. En primer lugar, Jesús anunció la Buena Nueva en un
contexto social despreciado y chocante para los potentados
de su país. No buscó el Templo para dar el anuncio.
Gesto con el que parecía, romper con la oficialidad de
su religión. Le vemos siempre predicando la Buena
Nueva en caminos polvorientos; montes; poblaciones
de poca importancia o marginadas como Samaría; o a la
orilla del lago. Obviamente, tras Él caminaban personas
marginadas, excluidas o invisibilizadas, tal es el caso de:
Mujeres, leprosos, ladrones, publicanos, recaudadores de
impuestos, pobres, ciegos, sordos, paralíticos o prostitutas.
Jesús había optado por ellos desde su nacimiento, ocurrido
en Belén. Eligió a una doncella pobre en la que encarnarse;
y como padre, a un obrero llamado José cuyas posibilidades
económicas no fueron capaces de ofrecerle más que un

145
II Carta Pastoral

pobre pesebre donde reclinarlo; una vida de inmigrante;


y finalmente un humilde taller de carpintería. De ahí la
pregunta: ¿No es este el hijo de José? (Lc 4, 22) o las críticas
sabidas y repetidas por Él: Miren que comilón y bebedor,
amigo de recaudadores de impuestos y pecadores (Mt 11, 19).
No era una opción caprichosa. Era la opción verdadera
hecha por Dios desde el principio, como en su momento lo
declaró: He venido a dar testimonio de la verdad (cfr. Jn 18,
37). Los reyes, los potentados del mundo habían cambiado
la opción porque no convenía a sus intereses. Dios jamás la
cambió, y su Hijo dio testimonio de ello.
241. En segundo lugar, la Buena Nueva contravenía la
lógica de los dueños de este mundo, privilegiando valores
y actitudes contrarias al anti reino. Las bienaventuranzas
ilustran esta lógica, incomprensible para quienes
viven alucinados por el poder, la riqueza y los afectos
desordenados: Las bienaventuranzas… sobre los pobres, los que
lloran y los hambrientos, expresan la misión de Jesús hacia los
necesitados de Israel y la llegada de una nueva era de la historia
de la salvación… (y estos) son felices no porque son moralmente
mejores que otros, sino porque Dios tiene una especial solicitud
por ellos184. Una nueva era donde los últimos de la sociedad
ocupan los primeros puestos porque Dios ha optado
preferencialmente – no exclusivamente – por ellos. No hace
falta más explicación para comprender que la Buena Nueva
de Jesús no era Buena para todos. Los que se lucraban de la
injusticia, la guerra, la riqueza, la violencia o la explotación
del ser humano por el ser humano seguramente, no estarían
de acuerdo con lo planteado por Él.
242. En tercer lugar, la Buena Nueva tenía una contraparte
que le hacía aún más insoportable: La denuncia del
pecado: El mundo… me odia (dijo un día a sus parientes)

184. En AA.VV.: Benedict T. Viviano, O.P., op. cit., p.81.

146
Ustedes también darán testimonio

porque le echo encara que sus acciones son malas (Jn 7, 7). A sus
mismos enemigos les dijo más adelante: Tratan de matarme
porque no aceptan mi palabra… intentan matarme a mí, al
hombre que les dice la verdad que ha oído de Dios (Jn 8, 37. 40).
Es imposible negar que, la denuncia del pecado duele; es
más, Jesús lo sabía; pero quería la conversión del pecador,
no su condena. De ahí su insistencia en denunciar pecados
como: La idolatría al dinero (cfr. Mt 7, 24); la marginación
del pecador (cfr. Mt 9, 12-13); la ambición al poder (cfr.
Mt 20, 25-26); la soberbia (cfr. Mt 23, 1-12); la incoherencia
entre fe y vida (cfr. Mt 23, 13-32); y otros pecados más que,
denunció a costa de ser considerado blasfemo o poseído
por el demonio (cfr. Mc 3, 22).
243. Finalmente, la Buena Nueva por ser Buena contenía
en sí misma un carácter celebrativo que no agradaba a
los señores principales de su generación. Me refiero a las
comidas de Jesús en un sentido de comensalidad abierta
donde el comer y el beber no se limita exclusivamente al
círculo estrecho de los discípulos, sino que está abierto, tanto
religiosa como socialmente a los desclasados. Además, se deja
invitar por ellos en convites comunitarios185; conducta que
resultaba: No sólo chocante, sino escandalosa y provocativa186.
Prueba de esto es lo que nos explica Karris O.F.M.: Tanto
la sociedad judía como la grecorromana rechazaban a esta
gente desgraciada… de participar en el banquete escatológico a
los siguientes individuos: Todo el que está contaminado en su
carne, paralizado en sus pies o en sus manos, cojo, ciego, sordo,
mudo, o contaminado en su carne con una mancha visible a los
ojos, o el anciano tambaleante que no puede mantenerse firme
en medio de la asamblea187. Jesús, por su parte, se atrevía a

185. Luis Maldonado, Eucaristía en devenir, Editorial Sal Terrae, España, 1997,
p. 65.
186. Ibid., p. 65.
187. En AA.VV.: Robert J. Karris, O.F.M., “Evangelio según Lucas”, Nuevo
Comentario Bíblico San Jerónimo. Nuevo Testamento. Editorial Verbo Divino,
Navarra España, 2005, n. 180.

147
II Carta Pastoral

practicar ese tipo de comidas, esperando de los demás la


misma acción: Cuando des un banquete llama a los pobres, a
los lisiados, a los cojos, a los ciegos, y serás dichoso, porque no te
pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección
de los justos (Lc 14, 13). Nadie puede negar que, las comidas
de Jesús le hicieron desagradable e insoportable porque
subvertía el orden jerárquico de la sociedad.
244. No había nada que hacer con un hombre que se la
pasaba comiendo con los despreciables de la sociedad o
defendiendo los derechos fundamentales del ser humano
por medio del anuncio y la denuncia. Solo quedaba matarlo,
porque estorbaba con su palabra y sus acciones. Estorbaba
al imperio, estorbaba a los jefes de su propio pueblo, y
a los ricos-potentados de su época. Quisieron apagar la
Luz que les mostraba el Camino a seguir para alcanzar
la Vida eterna. Un significativo grupo de sus victimarios
habían oído hablar de Dios, creían servir a Dios cuando
le mataron; pero fueron incapaces de leer los signos de su
tiempo; incapaces de reconocer al Mesías.
245. Con la ayuda de uno de los suyos que, le traicionó lo
capturaron a altas horas de la noche – después de varios
intentos – en el huerto de los Olivos que se encontraba al
otro lado del torrente Cedrón (cfr. Jn 18, 1). Sus captores le
hallaron orando. No opuso resistencia: Se entregó por su
propia palabra: ¿A quién buscan?... Yo soy... (Jn 18, 4-5). Se
entregó, aunque sabía todo lo que iba a sufrir (cfr. Jn 18, 4).
Y, la pasión martirial dio inicio: Le llevaron atado, entre
burlas y empujones, en presencia de Anás en cuya casa se
había preparado un simulacro de juicio donde el veredicto
era conocido de antemano. Las preguntas no eran para
demostrar su inocencia. Eran tácitamente para inculparlo
con falsos testigos (cfr. Mt 26, 59-61). Declarado culpable
se le dio más golpes, escupidas y burlas (cfr. Mt 26, 67);
mientras le conducían ante Poncio Pilato. No encontrada
culpa, intentó librarlo de la muerte enviándole al Palacio

148
Ustedes también darán testimonio

de Herodes quien tampoco encontró culpa alguna. Era


inocente; pero a ninguno le importó la Verdad, además le
consideraron un reo sin importancia y seguramente habrán
pensado: ¿Qué más da que muera otro? Para ellos, servidores
del imperio, aniquilar una vida no era nada. Aun así, Pilato
quiso mostrar que el imperio era misericordioso y pensó en
dos subterfugios anulando la vía correcta: La tortura hasta
dejarle casi muerto. Espinas, latigazos, golpes, puñetazos
con tal de satisfacer la inhumanidad de los victimarios; y
la libre elección del pueblo entre un ladrón y un inocente.
Lo correcto: Un juicio justo con testigos verdaderos nunca
lo ejecutó; porque a sus ojos, Jesús no era nadie importante.
Es más, empezó a verlo como un estorbo que le impedía
mantener el territorio sin revueltas. Lo entregó a sus captores
no sin antes desentenderse de su responsabilidad (cfr. Mt 27,
24). Como Herodes con Juan el Bautista, le tuvo más miedo
al gabinete judío que, respeto a su cargo público. Prefirió
quedar en bien con las autoridades, antes que ejercer justicia.
No era un procurador romano honesto, después de todo.
246. Para hacer de su muerte un escarmiento, se le obligó a
cargar una cruz hasta el lugar del sacrificio. Sufrió muerte
en cruz, junto a dos ladrones. Adolorido por la tortura física
y psicológica, presenció el llanto de su madre y amistades,
al verle morir atrozmente. En medio de su dolor, no olvidó
perdonar a quienes así le trataron: Padre, perdónalos porque
no saben lo que hacen (Lc 23, 34). Cerca de la hora nona
murió. No creyendo en su muerte le dieron una lanzada;
algo necesario, según los sumos sacerdotes porque urgía
enterrarlo. Siendo el día de la Preparación, la solemnidad
no podía ser manchada con esos cuerpos insepultos.
247. Así murió Jesús: Por la sencilla razón de anunciar
la Buena Nueva no con exclusividad; sino con
preferencialidad. No sin razón, lamenta San Juan: La Palabra
era la luz verdadera que ilumina a todo hombre, viniendo a este
mundo… vino a los suyos y los suyos no le recibieron (Jn 1, 9.11).

149
II Carta Pastoral

La Palabra les dijo: No irrespeten los derechos humanos de


cada ser humano; no tengan ídolos; construyan el Reino
desde el ya; tengan coherencia entre fe y vida; sean fieles
a Dios. Ese es el camino; y se volvió insoportable. Mas
no todo estaba perdido y Jesús lo sabía. Sabía que no son
los tribunales de esta tierra, donde la corrupción abunda,
los que tienen la última palabra, sino Dios. Por eso dijo
al Sanedrín: Verán al Hijo del hombre sentado a la diestra del
Poder y venir entre las nubes del cielo (Mc 14, 62). Creyó y nos
enseñó que su martirio no era el final, sino un testimonio
de fe en Dios y el inicio de la vida eterna.
248. No puedo afirmar que nuestras y nuestros mártires
fueron exactamente como Él porque Jesús es el Mártir
de mártires. Lo que sí puedo afirmar es que anunciaron
la Buena Nueva en contextos de pobreza y marginalidad;
llevaron Palabra y alimento material y espiritual a pobres,
enfermos, refugiados, huérfanos, heridos, padres y madres
ancianos en abandono, al ser sus hijos encarcelados,
desaparecidos o asesinados; contravinieron los valores
y actitudes de los oligarcas y militares del país de su
época, haciendo vida las bienaventuranzas; denunciaron
el pecado de idolatría al dinero, al poder, a las armas, a
las organizaciones, a enfermizos nacionalismos; no por
odio sino con el deseo de llamar a conversión; finalmente,
celebraron con los pobres en un triple sentido: Celebraron
la Palabra, celebraron la Eucaristía; y, celebraron la vida
reconociendo, la bendición de Dios en las cosechas;
verbigracia, la fiesta del maíz creada por el Padre Rutilio
S.J., en Aguilares. Aspectos todos que llevaron a la muerte
a nuestros y nuestras mártires.

4. Esteban
249. Una cosa es clara: Todos estamos llamados a dar
razón de nuestra fe; pero sólo algunos reciben el don del
martirio; eso sucedió con Esteban. Los apóstoles eran y son

150
Ustedes también darán testimonio

los primeros testigos porque conocieron directamente a


Jesús; oyeron su mensaje y fueron enviados por Él. Pedro
y Juan dan razón de ello a los miembros del Sanedrín;
pero ninguno de los apóstoles fue el primer mártir, sino un
diácono: No podemos nosotros, dejar de hablar de lo que hemos
visto y oído (Hch 4, 20). Las primeras comunidades cristianas
eran – como nosotros en su mayoría– testigos de fe: Oyeron
y creyeron (algunos habrán visto al Maestro). Dichosos
porque sin haber visto creyeron, dando testimonio, como
los apóstoles lo hicieron en su momento: El Dios de nuestros
padres resucitó a Jesús, a quien ustedes mataron colgándolo de
un madero. A este le ha exaltado Dios con su diestra como Jefe y
Salvador, para conceder a Israel la conversión y el perdón de los
pecados (Hch 5, 30). Nosotros, ahora tenemos el símbolo de la
fe donde resumimos en qué creemos y qué esperamos; pero
en aquél momento ese fue el testimonio que Esteban dio.
250. Esteban fue nombrado diácono junto con otros seis
jóvenes asignándoseles, la misión de servir a las mesas (cfr.
Hch 6, 2); mientras los apóstoles se dedicaban a la oración
y la palabra. Era un hombre lleno de gracia (cfr. Hch 6, 8).
Nada malo hacía. Su vida estaba dedicada a la oración y al
servicio: Realizaba grandes prodigios y signos entre el pueblo
(Lc 6, 8). Un día, llegaron algunos de la sinagoga de los
Libertos poniéndose a discutir con él. Viendo que nada
podían porque su sabiduría era mayor, y presumiblemente,
conociendo que sus acciones eran buenas, no encontraron
manera de acusarle ante el sumo sacerdote. Sólo quedó
buscar testigos falsos que declararan en su contra (cfr. Hch
6, 13). Las acusaciones: Hablar contra el Templo y la Ley.
Esteban aprovecha el juicio para defender su fe con un
largo discurso hasta que denuncia su dureza de corazón:
¡Duros de cerviz incircuncisos de corazón y de oídos!
¡Ustedes siempre ofrecen resistencia al Espíritu Santo!
(Hch 7, 51). El corazón de sus enemigos, se consumía
por el odio, decretando la muerte inmediata del joven.

151
II Carta Pastoral

Arrastrado fuera de la ciudad murió lapidado (cfr. Hch 7,


58). Murió perdonando a sus enemigos; y tras su muerte
inició la persecución contra los cristianos.
251. Ruiz Bueno comenta que, el primer martirio: Está
ligado a la institución de los diáconos o ministros en la vida de
la primitiva comunidad188; es decir, una institución dedicada
al servicio. Nuestros y nuestras mártires eran servidores
de los hermanos y hermanas menos privilegiadas. Ni
en sus obras ni en sus palabras hallaron motivo alguno
para asesinarlos. El camino, similar a los captores de
Esteban, fue la difamación que los medios de información
se encargaron de agigantar y perpetuar por varios años
(llegando incuso hasta nuestros días). Son politiqueros,
guerrilleros, subversivos, lobos con piel de oveja, dijeron;
cuando en realidad, eran hombres y mujeres entregados
al servicio de los más necesitados de este país, no por una
opción ideológica sino por opción Evangélica.

5. Santiago el hermano de Juan


252. Con la muerte de Santiago da inicio una persecución
más; empero esta vez, liderada por Herodes Agripa: El
primer príncipe de la tierra que desenvainó la espada contra la
Iglesia; y a espada mató a uno de los íntimos amigos de Jesús189. El
autor de los Hechos de los Apóstoles no ofrece pormenores
sobre su muerte: El rey Herodes echó mano a algunos de la
Iglesia para maltratarlos. Hizo morir por la espada a Santiago,
el hermano de Juan. Al ver que esto les gustaba a los judíos, se
atrevió a prender también a Pedro (Hch 12, 1-3).
253. Las razones de su captura y muerte quedan en
penumbra. Eso no significa que, no se pueda extraer
algunas conclusiones. En primer lugar, el perseguidor

188. Daniel Ruiz Bueno, Actas de los mártires, Biblioteca de Autores Cristianos,
Madrid, España, 2012, p. 193.
189. Ídem, p. 200.

152
Ustedes también darán testimonio

pertenece a la élite política y a la clase social más alta; lo


cual, significa que probablemente, el anuncio del Reino
provocó alarma entre los dirigentes de la población porque
trastocaba la lógica del poder, tener y ser de su reinado. En
segundo lugar, dirigió la espada contra los dirigentes de la
Iglesia, quizá pensando que, acabando con ellos, la Iglesia
tocaría fin. Una acción lógica desde miras meramente
humanas, en un rey que posiblemente, desconocía que la
comunidad perseguida tenía al Hijo de Dios por fundador.
La lucha no era contra un ser humano sino contra Dios (cfr.
Hch 5, 39). Y, finalmente, Dios nunca ha abandonado a su
Iglesia. Permitió la muerte de Esteban, permitió la primera
y segunda persecución, permitió la muerte de Santiago;
pero, finalmente, liberó a Pedro (Hch 12, 7). En el dolor, en la
alegría, en el sufrimiento, en la persecución y en el martirio
estuvo – y sigue estando – con nosotros para dar la corona
de mártires; para hacer florecer la sangre derramada; o
bien, protegiendo a quienes no ha llegado su hora. Actitud
de Dios que nuestras y nuestros mártires no desconocían.

6. Semblanza martirial según San Pablo


254. En su Carta a los Efesios San Pablo nos legó, la figura
de los hijos e hijas de la luz, cuando se disponen a combatir
con los hijos e hijas de las tinieblas: Nuestra lucha no es
contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra
las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso,
contra los espíritus del mal que están en el aire. Por eso tomad
las armas de Dios, para que puedan resistir en el día funesto,
y mantenerse firmes después de haber vencido todo. Pónganse
en pie, ceñida vuestra cintura con la verdad y revestidos de la
justicia como coraza, calzados los pies con el celo por el Evangelio
de la paz, embrazando siempre el escudo de la fe, para que puedan
apagar con él todos los encendidos dardos del maligno. Tomen,
también el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, que es
la palabra de Dios, siempre en oración y súplica, (Ef 6, 12-18).

153
II Carta Pastoral

255. La perícopa es un poco extensa; pero al aplicarla a


nuestros mártires y confesores, nos es preciso aceptar
que su silueta está representada ahí. En un ambiente – El
Salvador – donde la mentira, la injusticia, la violencia y
la idolatría a los Baales pululaban, arrebatando la vida de
miles de víctimas inocentes; nuestras, nuestros confesores
y mártires se revistieron con las armas de Dios. A la mentira
opusieron el cinturón de la verdad; a la injusticia opusieron
la coraza de la justicia; a la violencia, el Evangelio de la
paz; y, a la idolatría a los Baales, el escudo de la fe donde
el rostro del Dios de la vida y el traspasado-resucitado
ofreciendo al Espíritu Santo a la humanidad, aparecía
grabado, para detener los dardos que los hijos e hijas de
las tinieblas lanzaban en defensa de sus ídolos de muerte.
Unos, nuestros y nuestras mártires, cayeron valientemente,
defendiendo el Reino. Su lucha no fue infructuosa. Su
sangre ha sido semilla de variados frutos que presenté a
ustedes, amadísimos hermanos y hermanas en la primera
parte de esta Carta. Otros, nuestras y nuestros confesores,
sobrevivieron para gloria de Dios. Con su espada en alto
y con su escudo reluciente, nos siguen recordando – en
comunión con la Iglesia – que la lucha entre el bien y el
mal, no ha terminado. Es nuestra responsabilidad hacer
presente el Reino desde el ya sin olvidar que la Iglesia
siempre debe estar en acción y oración.
256. En una palabra: Acercarse a cada uno de los mártires
extraídos del Nuevo Testamento, nos ayuda queridas
hermanas y hermanos, a comprender que las figuras
de nuestros y nuestras mártires no concuerdan, en lo
absoluto, con las difamaciones elaboradas arteramente
contra sus personas. Su vida estuvo entregada a la oración,
al anuncio de la Buena Nueva, al servicio a los más pobres;
a la protección y celebración de la vida; y a la protección
de las libertades civiles de los pobres; y por supuesto, a la
denuncia del pecado porque la Palabra que transmitían era
Luz que debía disipar las tinieblas del pecado de oligarcas,
154
Ustedes también darán testimonio

políticos, empresarios y militares obcecados en idolatrar al


poder, la riqueza y sus afectos.

III. Unas palabras sobre el martirio desde el Magisterio


257. La Iglesia, guardiana del depósito de la Fe, posee
magníficos documentos que ayudan a comprender por qué
podemos hablar de mártires y martirio en nuestro país. No
es mi objetivo aburrir sino más bien, esclarecer si los que
ofrendaron sus vidas en las décadas del setenta, ochenta y
noventa pueden ser considerados mártires. Esto en vista
del ataque de difamación y calumnia, perpetrado contra
ellos en medios de información, cuyo origen radicaba en
los medios mismos; pero también, en el aparato estatal y
la elite a la cual servían. Tales documentos poseen pasajes,
frases o relatos que al aplicarlos a nuestros mártires nos
revelan su identidad martirial.
258. A excepción de la Didajé, escrita probablemente en
el siglo I, el resto de documentos citados contienen un
concepto de martirio, con connotaciones cristológicas y
eclesiológicas ausente en los escritos neo testamentarios:
El mártir sigue el ejemplo de Cristo, que dio la vida por sus
hermanos como signo del amor más grande (y) sin la Iglesia no
hay martirio: si existen mártires, es porque participan totalmente
de la naturaleza de la Iglesia, que lleva en sí misma impresa la
forma Christi190. No se muere sólo por predicar. Las razones
del martirio trascienden hasta la identificación misma con
Cristo que sella su misión con el derramamiento de sangre,
de tal forma, que el mártir entrega su vida, nadie se la quita,
como prueba absoluta y radical de un amor que sabe darse a todos
en virtud de una convicción que es fe191. Convicción que nace,
además, del conocimiento que adquiere del Evangelio: No

190. Diccionario Teológico Enciclopédico, Editorial Verbo Divino, Navarra,


España, 1996.
191. Ídem, p. 602.

155
II Carta Pastoral

muere por sí mismo, sino porque quiere atestiguar, delante de


quien lo persigue, la fe que tiene en el resucitado como verdad
última del sentido de su existencia192.
259. Teniendo en mente estos detalles del concepto, se hace
más fácil encontrar resonancias de aquellos mártires en los
nuestros. Cuestión útil para el objetivo propuesto en esta
Segunda Parte de la Carta.
A. En los primeros siglos
a. La Didaché
260. Aunque es un documento muy antiguo, considero
que nos es útil, en cuanto, explica que las personas tienen
ante sí dos caminos. Uno de la vida, otro de la muerte.
Las características de uno y otro ayudan a dilucidar cuál
camino transitaron nuestros confesores y mártires.
261. El camino de la vida se rige por un solo mandamiento
que condensa el Evangelio y conduce a la perfección de
los hijos e hijas de Dios: En primer lugar, amarás a Dios, que
te ha creado; en segundo lugar, a tu prójimo como a ti mismo.
Y todo aquello que no quieres que se haga contigo, no lo hagas
tú tampoco a otro193. El camino de la muerte, en cambio,
es descrito como: Camino malo y lleno de maldición194; que:
Siguen los perseguidores de los buenos, los aborrecedores de
la verdad, los amadores de la mentira, los que no conocen el
galardón de la justicia, los que no se adhieren al bien y al justo
juicio, los que velan y no para el bien, sino para el mal, los que
están lejos de la mansedumbre y la paciencia, amadores de la
vanidad, buscadores de su paga, que no se compadecen del pobre,
no sufren por el atribulado, no conocen a su Criador, matadores
de sus hijos, corruptores de la imagen de Dios; los que rechazan

192. Ibíd., p. 602.


193. Daniel Ruiz Bueno, “La Didaché”, Padres Apostólicos y Apologistas griegos
(S. II), Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, España, 2009, p. 81. 194. Ibíd., p. 85.
194. Ibíd., p. 85.

156
Ustedes también darán testimonio

al necesitado, oprimen al atribulado, abogados de los ricos, jueces


injustos de los pobres, pecadores en todo!195.
262. Doctrina dura – pensarán algunos – pero llena de
sabiduría. Pone en claro cómo es cada camino que el ser
humano tiene ante sí, gozando de libertad suficiente, para
escoger el que más guste. Uno le humanizará; mientras
el otro, le deshumanizará y enemistará no solo con los
hijos e hijas de Dios, sino con Dios. No es mi afán ofender,
amados hermanos y hermanas; es más bien, poner ante sus
ojos, el camino que nuestras y nuestros mártires siguieron.
Ciertamente, no es el camino de la muerte. Lejos de ellos,
el asesinar a los hijos e hijas de Dios; lejos de ellos la
mentira, la hipocresía, los falsos testimonios, la codicia,
la idolatría, la soberbia, la doblez de corazón, la dureza
para con el pobre, la opresión; lejos de ellos la injusticia.
En su corazón hubo amor para Dios, para el prójimo y
nada hicieron contra sus enemigos; sino el rogar por ellos.
He aquí porqué sus semblanzas al inicio. En la mayoría
de los casos dejé registradas sus palabras de perdón para
sus captores y asesinos; o bien, sus oraciones pidiendo la
conversión de esos pobres pecadores. Fueron perseguidos
y asesinados por los Caínes que también son hijos de Dios,
con el agravante de haber perdido el rumbo, escogiendo
el camino de la muerte. Dios que es misericordioso habrá
escuchado las oraciones de nuestros Abeles, permitiendo
la conversión de los que han querido abandonar camino
tan tétrico. Esperemos que todos los que todavía caminan
en tinieblas odiando esa sangre martirial, se arrepientan y
reconozcan que a los que así persiguieron y mataron, eran
inocentes. Confesores y mártires (lo afirmamos sin temor)
no recorrieron el camino de la muerte. Recorrieron el
camino único de la vida, el cual, desemboca, en el torrente
de amor del Dios de la vida.

195. Ibíd., p. 85.

157
II Carta Pastoral

b. Cartas y apologías
263. Durante los años de persecución, las comunidades
cristianas de los primeros siglos, no esperaban el martirio
de manera pasiva. Escribían documentos – apologías –
defendiendo su fe; o cartas donde se animaban mutuamente
a soportar el martirio con valentía.
264. San Justino mártir fue uno de los que escribió en
defensa del cristianismo. En su Apología I expone, a la vez
que rebate, las razones por las cuales eran conducidos al
martirio. Razones que resuenan en nuestras y nuestros
mártires, con la enorme diferencia de los perseguidores.
En primer lugar, Justino denuncia que los cristianos son
martirizados por causa del nombre: Con solo que un acusado
niegue de lengua ser cristiano, le ponéis en libertad, como quien
no tiene otro crimen de que acusarle; pero el que confiesa que
lo es, por la sola confesión le castigáis… lo que se debiera hacer
es examinar la vida…196. Escena repetida en El Salvador
siglos después. Ser católico, portar una Biblia, celebrar la
misa era motivo suficiente para ser perseguido, torturado,
encarcelado, desaparecido o asesinado. En segundo lugar,
Justino protesta por la acusación de ateísmo, aclarando:
Confesamos ser ateos; pero no respecto del Dios verdaderísimo,
padre de la justicia y de la castidad y de las demás virtudes, en
quien no hay mezcla de maldad alguna197. A nuestras y nuestros
mártires, se les acusó de ser comunistas; es decir, ateos;
cuando, recurriendo a la paráfrasis de Justino, podríamos
concluir, que eran ateos de los dioses del poder, la riqueza,
las organizaciones, los afectos desordenados. No eran
ateos del Dios verdadero, Padre de la vida, la justicia, la
verdad, la misericordia; y demás virtudes.

196. Daniel Ruiz Bueno, “Apología I”, Padres Apostólicos y Apologistas griegos
(S. II), Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, España, 2009, p. 1020.
197. Ídem, p. 1022.

158
Ustedes también darán testimonio

265. La tercera acusación, que Justino denuncia y rebate, es la


de ser malos súbditos del imperio por no rendir culto al Cesar:
Solo a Dios adoramos, pero en todo lo demás os servimos a vosotros
con gusto, confesando que sois emperadores y gobernantes de los
hombres198. En nuestro país, se gritaba al aire o se lanzaban
papeles conteniendo la frase: Haz patria, mata a un sacerdote
o mata a una religiosa, entre otras. La verdad exige aclarar
como Justino, que nuestras y nuestros mártires eran buenos
ciudadanos cumpliendo lo que la Constitución Gaudium
et spes, manda: Cultiven los ciudadanos con magnanimidad y
lealtad el amor a la patria, pero sin estrechez de espíritu (n. 75).
Velaban por el bien común atendiendo a los más pobres a
través de instituciones benéficas que aportaban alimentos,
medicinas o educación. En las semblanzas de los mártires
hemos visto como algunos y algunas de ellos se atrevieron a
rogar a las autoridades nacionales o internacionales – según
sea el caso – por el cuidado del bien común; otros fueron
ante las autoridades correspondientes a aclarar cuál era
su trabajo en la Iglesia. Lastimosamente, fueron desoídos,
malinterpretados, y asesinados.
266. Atenágoras – uno de los Padres apologistas griegos – por
su parte, en la Legación en favor de los cristianos que escribió,
denuncia que, los cristianos son acusados de asesinos.
Calumnia imposible de comprobar: Si se les pregunta si han
visto lo que propalan, nadie hay tan sinvergüenza que diga que los
ha visto199. En nuestro tiempo, se acusó a nuestras y nuestros
mártires de ser promotores de violencia. Ejemplo, el Padre
Octavio Ortiz. Afirmaron que el Padre se había resistido
haciendo uso de armas. O, el caso de los Padres jesuitas
de quienes se dijo almacenaban armamento. ¿Cómo creer
una acusación de tal envergadura? Los Padres trabajaban

198. Ibíd., p. 1031.


199. Daniel Ruiz Bueno, “Legación en favor de los cristianos”, Padres
Apostólicos y Apologistas griegos (S. II), Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid,
España, 2009, p. 1386.

159
II Carta Pastoral

por la paz, analizaban la forma de acabar con la guerra,


abogaban por el diálogo. El Padre Ortiz daba formación
catequética a jóvenes obreros y estudiantes, llamados a ser
agentes de pastoral y catequistas. Si a los acusadores se les
hubieran pedido pruebas demostrando la veracidad de su
acusación no habrían sabido responder.
267. Esas fueron las acusaciones aquí vertidas que les
llevaron a la muerte. En su conjunto sólo son un cúmulo
de acusaciones falsas que hace de ellas y ellos verdaderos
mártires.
c. Un hermoso cuadro martirial
268. En el siglo III de la Era cristiana, nació uno de los
más grandes santos y mártires de nuestra historia: San
Cecilio Cipriano, obispo y mártir. Cartago fue su patria de
nacimiento y la tierra que le vio morir martirizado. Provenía
de una familia adinerada y acomodada, con solvencia
suficiente para obtener una formación clásica de calidad
hasta convertirse en maestro de retórica. Alrededor de los
años 245 ó 248 recibió el bautismo cristiano observándose en
él una conversión sin tacha que le llevó a ser obispo y mártir.
269. Una vez bautizado, nos dirá el primero de sus
biógrafos200, comenzó un estudio profundo de la Palabra, a
través de la cual, descubrió que Jesús invitaba a los suyos a
optar por la pobreza evangélica. De inmediato: Vendiendo
sus bienes y repartiendo casi todo el precio para sustento de
muchos pobres, juntó en uno dos cosas excelentes: despreció
la ambición del mundo, que es lo más pernicioso que existe, y
ejercitó la misericordia, que Dios prefiere a los sacrificios que a Él
mismo se le ofrecen201. Un noble sacrificio para una persona
acostumbrada a vivir en medio de lujos, prodigalidades y

200. Diacono Poncio, en: Daniel Ruiz Bueno, “Vida y martirio de San Cipriano”,
Actas de los mártires, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, España, 2012, p.
597.
201. Ídem, p. 597.

160
Ustedes también darán testimonio

excesos. Colocó a los pobres, marginados y excluidos en


lugar privilegiado: Su casa estuvo abierta a todo el que llegaba,
ninguna viuda se retiró con el seno vacío, nadie que necesitara
luz, no le tuvo por guía en su camino; nadie, débil en su paso, no
le tuvo por báculo; nadie, desnudo de auxilio ante el poderoso, no
fue por él protegido. Esto – decía Cipriano -deben hacer los que
desean agradar a Dios202.
270. Ejercitó su misericordia de manera loable. Viéndose
la población afectada por la peste que azotó por esos días;
el corazón de Cipriano se conmovió por los enfermos
que yacían en las calles. Ni amigos ni familiares querían
atenderlos. Preferían lanzarlos fuera de sus casas, creyendo
que, de esa forma, se librarían de la muerte. Cipriano
negándose a ver tan cruel trato para con los queridos de
Dios, instó a los suyos a ser misericordiosos: Sin pérdida
de tiempo, se distribuyeron los oficios conforme a la calidad de
los hombres y las posibilidades de cada uno. Muchos que por
su pobreza no podían aportar socorros, daban algo que valía
más que todo socorro, pues, con su trabajo personal prestaban
un servicio más precioso que todas las riquezas203. Pasada la
terrible calamidad, las autoridades no agradecieron el
noble gesto de Cipriano; y su pasión martirial dio inicio,
hasta desembocar en su glorioso martirio. El procónsul
Paterno le hizo comparecer ante él con dos intenciones.
Primero, le pide postrarse ante los dioses romanos a lo
que se negó rotundamente, declarando su fe en un sólo
Dios: Yo soy cristiano y obispo, y no conozco otros dioses sino
al sólo y verdadero Dios, que hizo el cielo y la tierra y cuanto
en ellos se contiene204. La respuesta malquistó al procónsul
e inmediatamente decretó destierro a la ciudad de
Curubis. Nada respondió el obispo. Ni una queja ni un
ruego: Marcharé, contestó sin titubeos. Nunca fue amigo

202. Ídem, p. 599.


203. Ibíd., p. 604
204. Ídem, p. 619.

161
II Carta Pastoral

de idolatrías: Enemigo fue de los dioses, pues mandaba que


se destruyeran sus simulacros205. No satisfecho con echarle
de la ciudad, Paterno quiso hacer de Cipriano un delator,
descubriendo la identidad y residencia de los presbíteros
a su cargo. Las leyes no le eran ajenas, por lo que supo
defenderse acertadamente: Con buen acuerdo y en común
utilidad habéis prohibido en vuestras leyes la delación; por lo
tanto, yo no puedo descubrirlos ni delatarlos206.
271. El procónsul Paterno informó a Cipriano, después de
sus intentos fallidos que, toda reunión quedaba prohibida.
Desobedecer el mandato era sinónimo de muerte.
Tampoco a esto protestó. El destierro tocó fin, por orden
del procónsul Galerio Máximo quien le hizo regresar para
darle pronta muerte, esperando que, al ver morir a tan alto
dignatario, el resto de cristianos abandonaría la Iglesia: Tú
servirás de escarmiento a quienes juntaste para tu maldad, y con
tu sangre quedará sancionada la ley207. Al escuchar la sentencia
de morir pasado a filo de espada, únicamente respondió:
¡Gracias a Dios! Tras su muerte algunos criticaron a San
Cipriano por su polémica actitud referente al bautismo de
herejes; pero, San Agustín hizo – y nos hace – comprender
que ante el martirio las razones se estrellan: Si algo hubo que
podar en esta viña feraz, el martirio la mondó suficientemente208.
272. Hermoso testimonio queridas hermanas, queridos
hermanos; hermoso testimonio que nos hace pensar en
nuestras y nuestros mártires, en quienes la vida y martirio
de Cipriano resuena con fuerza. También ellos, optaron
por la pobreza evangélica, añadiendo desde la visión
del Concilio Vaticano II, Medellín y Puebla, la opción
preferencial por el pobre. Despreciaron la riqueza no
porque sea mala. La riqueza es buena. Su bondad o maldad

205. Ídem, p. 611.


206. Ídem, p. 619.
207. Ibíd., p. 621.
208. Ídem, p. 618.

162
Ustedes también darán testimonio

depende de quien la usa. San Agustín al comentar la


opción de San Cipriano, alaba su despreció por la riqueza;
pero, a su vez, alaba la bondad que con ella produjo:
Detrás de ti ha de ir el oro, no tú tras el oro. Porque bueno es el
oro, ya que nada malo fue por Dios creado… mirad, yo pongo
el oro entre el bueno y el malo. Tómelo el malo: los pobres son
oprimidos, los jueces corrompidos; se pervierten las leyes, las
cosas humanas se perturban. ¿por qué todo eso? Porque tomó
el oro el malo. Tómelo el bueno: se da de comer a los pobres,
se visten los desnudos, se liberan los oprimidos, se redimen los
cautivos209. Nuestros mártires y confesores lo dejaron todo,
y aquello que poseían como miembros de la Iglesia, lo
usaron para bien de los más pobres, de los desplazados,
de los violentados, de los oprimidos, de los enfermos, de
los silenciados, del pueblo crucificado. Como San Cipriano
vistieron al desnudo, cuidaron de la viuda y el huérfano,
dieron de comer al hambriento, fueron voz de los sin voz
denunciando ante las autoridades correspondientes los
abusos de poder, cometidos en su contra, consolaron al
que lloraba, enseñaron al que no sabía, y más obras, que
podrían ponderarse.
273. Varios de ellos fueron conminados a sufrir exilio;
otros fueron usados para escarmiento de sus hermanas
y hermanos. El caso del Padre Nicolás, el Padre Rutilio,
Mons. Romero, y otros fueron usados en este sentido; más
para gloria de Dios, como dijo la mártir Santa Perpetua
para animar a los suyos: Manteneos firmes en la fe y amaos los
unos a los otros, y no os escandalicéis de nuestros sufrimientos210.
La Iglesia no se escandalizó; siguió dando su sangre hasta
que la dura persecución rayó fin, contándose entre ellos,

209. Daniel Ruiz Bueno, “Cinco sermones de San Agustín”, Actas de los
mártires, op. cit., p. 632.
210. Daniel Ruiz Bueno, “Martirio de las Santas Perpetua y Felicidad”, Actas
de los mártires, op. cit., 2012, p. 385.

163
II Carta Pastoral

laicos, laicas, religiosas, seminaristas, sacerdotes y obispos


mártires. Sus enemigos quisieron doblegarlos a caer bajo la
tentación de servir a los ídolos del poder, la riqueza y los
afectos desordenados. No cayeron. En su lugar denunciaron
los estragos que esos baales estaban provocando entre los
más pobres de los pobres. Amenazados por las autoridades,
no dejaron de celebrar la Eucaristía, o celebrar la Palabra, la
gente perseveró. Quizá algunos se retiraron; pero, muchos
siguieron confesando su fe. Los confesores, que nos alegra
tener aún entre nosotros en plena comunión con la Iglesia,
pueden dar testimonio de estas acciones.
274. Nuestros mártires murieron como San Cipriano,
dando gracias a Dios porque sabían que con su muerte
iban a confirmar en la fe al resto de hermanos y hermanas;
haciéndoles ver que otra realidad humana es posible,
siempre y cuando tengamos fe en el Cristo resucitado. Para
terminar, quiero mencionar que, al igual que San Cipriano
en su tiempo, nuestros y nuestras mártires encontraron
voces contrarias, resaltando defectos de carácter o formas
de pensar distintas. Pero, tras sus muertes en testimonio
de la fe, sólo queda decir con San Agustín: Si algo hubo que
podar en esta viña feraz, el martirio la mondó suficientemente.
B.
En años posteriores
275. En esta reflexión y análisis sobre el martirio de
nuestras y nuestros hermanos desde la Palabra y textos de
la Tradición y el Magisterio, no puede faltar el Angélico
Padre Santo Tomás de Aquino. Su enseñanza responde
categóricamente a todas aquellas personas que acusan a los
mártires de nuestra Iglesia martirial, de no haber evitado
su muerte. Me son conocidas esas opiniones donde algunos
sostienen que fue tozudez de ellos, el no haber salido del
país. Eso es falso.
276. Acallando las voces que osan comparar al mártir
con el suicida o con el temerario que arriesga su vida

164
Ustedes también darán testimonio

peligrosamente211, Santo Tomás de Aquino, expone:


Pertenece a la razón del martirio mantenerse firme en la verdad
y en la justicia contra los ataques de los perseguidores. Por tanto,
es evidente que el martirio es un acto de virtud212. Se trataría,
pues, no de un acto de tozudez ni de irracionalidad ni de
temeridad sino, un acto de virtud. Y no cualquier virtud,
sino, la virtud cardinal de la fortaleza, por lo que asegura:
El hombre no expone su persona a los peligros de muerte si no es
por conservar la justicia213. Si esto es así, nos dice el Angélico,
el martirio es un acto de fortaleza que confirma en el bien
al mártir: En el martirio el hombre es confirmado sólidamente
en el bien de la virtud, al no abandonar la fe y la justicia por
los peligros inminentes de muerte214. Nuestras y nuestros
mártires al no abandonar el país, estaban impulsados
por el Espíritu Santo que infundía en ellos la virtud de la
fortaleza, con la cual resistieron el embate promovido por
el aparato represor del Estado.
277. Estaban claros que los motivos para no irse del
país, era su amor por el pueblo pobre en cuyo rostro
miraban retratado a Cristo sufriente; amor que no nacía
de convicciones ideológicas sino únicamente, de su fe en
el Evangelio donde la opción por el pobre y la pobreza
evangélica son la opción de Cristo, ergo, la opción de Dios.
Justamente ese amor testimoniado por su amor a los pobres,
violentados, oprimidos en quien miraban a Dios, es el
mandato que Dios quiere que sus hijos e hijas, obedezcan:
Si uno dice que ama a Dios mientras odia, a su hermano, miente;
porque si no ama al hermano a quien ve, no puede amar a Dios a

211. Sería el caso, dirán algunos, de nuestros mártires que fueron asesinados
por no pensar cuerdamente en abandonar el país cuando vieron que la situación
iba cada vez más álgida.
212. Santo Tomas de Aquino, Suma de Teología IV, Biblioteca de Autores
Cristianos, Madrid, España, 2009, STh, II-II, q. 124, a. 1.
213. Santo Tomás, STh, II-II, q. 123, a. 12.
214. Santo Tomás. STh, II-II, q. 124, a. 2.

165
II Carta Pastoral

quien no ve (Jn 4, 20). Era un amor referenciado en el amor


a Dios. Y, por ese amor, el martirio en nuestras hermanas
y nuestros hermanos matados, se convierte, de acuerdo a
Santo Tomás, en un acto de perfección; el mayor acto de
perfección: Parece claro que el martirio es, entre los demás
actos humanos, el más perfecto en su género, como signo
de máxima caridad, conforme a las palabras de San Juan
(15,13): Nadie tiene mayor amor que el dar uno la vida por
sus amigos215, y antes ha dicho: el martirio es… el que más
demuestra la perfección de la caridad, ya que se demuestra
tener tanto mayor amor a una cosa cuando por ella se
desprecia lo más amado y se elige sufrir lo que más se
odia216. Y: ¿Qué es lo que más se ama si no la vida? y, ¿Qué
lo que más se odia si no la muerte? Pese a esa aversión,
ellos y ellas, la eligieron.
278. Más como no sólo era por amor, aunque este sea el motor
primario o la virtud operante217, como él la llama, también,
está implícita la obediencia que provee de cierto carácter
cristológico al martirio, por lo que: El martirio abarca lo
que puede haber de sumo en la obediencia, es decir, el ser
obediente hasta la muerte, como se nos dice de Cristo en
Flp 2,8: que se hizo obediente hasta la muerte. Por tanto,
queda claro que el martirio del suyo es más perfecto que
la simple obediencia en absoluto218, pudiéndose, entonces,
concluir con el Angélico Padre que: Uno es de Cristo no sólo
por tener fe en Cristo, sino también porque realiza las obras
virtuosas movido por el Espíritu de Cristo219. De tal forma
que nuestras y nuestros mártires, con su muerte realizaron
el acto de perfección, por la virtud de la caridad, la fortaleza,
la fe y la obediencia. Que nadie repita que fue por acto de
irracionalidad porque no es así. Murieron por mantenerse
firmes ante la verdad y la justicia en medio de la persecución.

215. Santo Tomás. STh, II-II, q. 124, a. 3.


216. Santo Tomás, STh, II-II, q. 124, a. 3.
217. Santo Tomás, STh, II-II, q. 124, a. 2.
218. Santo Tomás, STh, II-II, q. 124, a. 3.
219. Santo Tomás, STh, II-II, q. 124, a. 5.

166
Ustedes también darán testimonio

C. En el siglo XX
279. Haré referencia tanto al Magisterio universal como
al Magisterio Latinoamericano, terminando con nuestro
amadísimo Beato Monseñor Oscar Arnulfo Romero, que
teologizó el tema martirial, adaptándolo a la situación
de persecución que la Iglesia sufría por esos años;
convirtiéndose con sus escritos en otro San Cipriano.
Denunciaba las causas de la persecución; animaba a
perseverar en la fe; invitaba a los perseguidores a la
conversión, otorgándoles el perdón; y más.

1. El Concilio Vaticano II
280. Los Padres Conciliares reflexionaron profundamente
sobre la misión de la Iglesia, en un siglo alucinado por el
desarrollo de la tecnología, la ciencia y un antropocentrismo
anulatorio de la existencia de Dios, concluyendo que:
Enviada por Dios a las gentes para ser sacramento universal
de salvación, la Iglesia, por exigencia radical de su catolicidad,
obediente al mandato de su Fundador, se esfuerza en anunciar
el Evangelio a todos los hombres. Los mismos Apóstoles, en
quienes la Iglesia ha sido fundada, siguiendo las huellas de
Cristo, predicaron la palabra de la verdad y engendraron las
Iglesias. Sus sucesores están obligados a perpetuar esta obra, a
fin de que la palabra de Dios se difunda y glorifique y el reino de
Dios sea anunciado y establecido en toda la tierra (AG 1). Para
que no quedaran dudas, los padres obispos reunidos en
el Concilio, detallaron numerales después, en qué consiste
seguir, las huellas de Cristo: La Iglesia… debe caminar por
el mismo sendero que Cristo; es decir, por el sendero de la
pobreza, la obediencia, el servicio y la inmolación propia hasta la
muerte, de la que surgió victorioso por su resurrección. Porque
así caminaron en la esperanza todos los apóstoles, que con sus
múltiples tribulaciones y sufrimientos completaron lo que falta
a la pasión de Cristo en provecho de su Cuerpo, que es la Iglesia.
Muchas veces fue también semilla la sangre de los cristianos
(AG 5).
167
II Carta Pastoral

281. Nada más podemos esperar como seguidores de


Cristo. Las comodidades, el fausto, los títulos, los roces
con grandes personalidades, no son lo propio de los
seguidores de Cristo. Seguir a Cristo es tomar su cruz; es
ponerse en camino cargando con ella; es optar por quienes
el optó: los pobres; con la conciencia clara de que, optar
por ellos es muchas veces cargar con su cruz. Es negarse a
sí mismos; es ser el último de todos; ser el servidor de los
demás; y como resultado final, es inmolarse completando
lo que falta a la pasión de Cristo, con la certeza de recibir
el Reino (cfr. Lc 22, 29); y la certeza de que, nuestra sangre
será semilla de cristianos y cristianas. Esto fue lo que
comprendieron nuestras y nuestros mártires que en nada
se opusieron al Magisterio, siendo, por el contrario, hijas e
hijos del Magisterio.
282. Fue la voz de nuestros Padres Conciliares la que
urgió a nuestras y nuestros mártires a optar por los pobres
y a tener en cuenta todo lo que a la dignidad del ser humano
se refiere220. De lo primero afirmaron: Ante todo debe volar
nuestra alma hacia los más humildes, los más pobres, los más
débiles, e imitando a Cristo, hemos de compadecernos de las
turbas oprimidas por el hambre, por la miseria, por la ignorancia,
poniendo constantemente ante nuestros ojos a quienes, por falta
de los medios necesarios, no han alcanzado todavía una condición
de vida digna del ser humano221. De lo segundo reconocieron:
La Iglesia es absolutamente necesaria al mundo de hoy, para
denunciar las injusticias y las indignas desigualdades, para
restaurar el verdadero orden de las cosas y los bienes, de tal
forma que, según los principios del Evangelio, la vida del hombre
llegue a ser más humana222.

220. Mensaje de los Padres Conciliares a todos los hombres, 20 de octubre de


1962.
221. Ibíd., n. 9.
222. Ibíd., n. 13.

168
Ustedes también darán testimonio

283. Sus palabras eran un “no” a una fe desencarnada, de lo


cual advirtieron a aquellas personas, grupos o asociaciones
que se conforman con la oración, la misa o la celebración
de sacramentos sin incidencia en el mundo: El divorcio
entre la fe y la vida diaria de muchos debe ser considerado como
uno de los más graves errores de nuestra época (GS 43). Sería
ser levadura que no fermenta. No hermanos y hermanas:
La fe todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino
sobre la entera vocación del hombre. Por ello orienta la mente
hacia soluciones plenamente humanas (GS 11). La fe es luz
que ilumina todo campo, ciencia, tecnología, todo logro o
retroceso; en fin, toda realidad humana. Es cierto que la
fe, es: Garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades
que no se ven (Hb 11, 1); pero, es más que eso; es luz que
lo penetra todo para humanizarlo, para cristianizarlo. Una
fe de la que, como reconocieron los Padres Conciliares:
Numerosos mártires dieron y dan preclaro testimonio (GS 21).
284. En pocas palabras: No escapó a los ojos de los Padres
conciliares, que la misión de la Iglesia así entendida, ha
provocado siempre; y seguirá provocando, persecución.
No fue desconocido, esta situación para nuestras y
nuestros mártires. Lo aceptaron con la obediencia y alegría
propia del que se sabe enviado; y en un acto de virtud, se
convirtieron en levadura que todo lo fermenta, esperando
como el dueño de la viña, a que serían respetados (cfr. Lc
20, 9-19); más no fue así, los viñadores se dijeron: Vamos a
matarlos para quedarnos con la finca. Los echaron fuera de la
finca y los mataron (cfr. Lc 20, 14) sin sospechar los viñadores,
que las piedras que desecharon los arquitectos son ahora las
piedras angulares de la Iglesia martirial de El Salvador (cfr. Lc
20, 17). ¡Sí! Nuestras y nuestros mártires son verdaderas
y verdaderos hijas e hijos del Magisterio de nuestra Santa
Madre Iglesia. ¡Son testigos verdaderos de la fe!

169
II Carta Pastoral

2. Los Documentos del CELAM223


285. El Documento de Medellín tanto como el Documento
de Santo Domingo no emiten palabra alguna sobre el
martirio, los mártires o confesores. Silencio operado por
distintas razones. En cuanto al Documento de Medellín,
era obvio que no emitiera palabra alguna, sobre nuestras/
nuestros mártires/ porque jamás pensaron los obispos
reunidos en Colombia que, sus posibles temores o
sospechas de que el anuncio de la Buena Nueva pudiera
despertar una persecución, se volvieran realidad.
286. Pienso y reitero que, la persecución, pudo ser una
sospecha en ellos; pero nunca creyeron que tomaría cuerpo,
especialmente en Latinoamérica. Eran, en su opinión,
sociedades cristianizadas. Pese a su silencio natural del
tema martirial, contiene los motores que impulsaron a
nuestras y nuestros mártires a trabajar por el Reino. Es la
prueba fehaciente de que no se trabajó por cuenta propia.
Se hizo bajo los lineamientos del Magisterio dictado por
el Espíritu Santo. Algo he mencionado de Medellín en la
Primera Parte por lo que omitiré hacerlo aquí, por razones
de espacio.
287. El Documento de Santo Domingo es una historia
distinta. Dicha Conferencia tomó lugar en 1992, y guardó
un silencio cuestionado, sobre el tema martirial. Un
significativo número de Obispos, sacerdotes, religiosas,
religiosos, seminaristas, catequistas, agentes de pastoral y
miembros del pueblo de Dios habían ofrendado su vida,
para cuando esta conferencia tomó lugar, ofreciendo a los
ojos de todos, un valioso testimonio de fe. Desconozco
las razones de tal silenciamiento. Pienso que hubo un
silenciamiento, nunca mal intencionado. Que se trató del
deseo de los Obispos de omitir un tema que, ya había
producido demasiado derramamiento de sangre. En otras

223. Siglas para: Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.

170
Ustedes también darán testimonio

palabras, no pretendo justificar yerros si los hubo; pero


quiero creer que no hubo mala intención al silenciar las
pérdidas de valiosas vidas. Quiero creer, que silenciaron el
tema por temor a que la persecución se recrudeciera aún
más. La dureza de los gobiernos dictatoriales, militaristas
en otros; sólo había demostrado a la Iglesia, que la
evangelización no había penetrado lo suficiente en las
personas que dirigían nuestras naciones. Faltaba mucho
por hacer; y creo que fue por ello, que Santo Domingo
centró su mirada en la nueva evangelización.
288. A veinticinco años de ocurrida esta Conferencia, es
justo y necesario aceptar que tal silenciamiento nunca
debió haber ocurrido. Silenciar un tema crucial, sirvió para
legitimar las calumnias, difamaciones y mentiras vertidas
contra mártires y confesores; por parte de los perseguidores.
Es una sombra que debemos procurar no repetir nunca
más; sin emitir por supuesto, un juicio condenatorio ante
tal hecho. Seguro estoy, que nuestras y nuestros mártires
nos han perdonado este error; y nos animan a continuar
adelante. Si hago esta aclaración es porque parecerá a
algunos que he omitido Santo Domingo en tema tan
crucial. No es así. Una razón de peso existe detrás de todo;
y me detendré un poco más en los Documentos de Puebla
y Aparecida.
2.1. Puebla
289. Puebla analizó, aunque sea indirectamente, el martirio;
lo cual hizo esperable, que Santo Domingo adelantará un
paso. En su lugar, dio un paso atrás, dando pie a las críticas
que ya he mencionado.
290. La Conferencia Episcopal de Puebla tuvo lugar en
1979. Momento histórico que registraba un importante
número de mártires en distintos países de la región
latinoamericana. Sin embargo, tengo el atrevimiento de
sospechar que los Obispos allí reunidos, no quisieron usar

171
II Carta Pastoral

términos como martirio, mártir, confesor o persecución,


por prudencia. Los gobiernos de turno habían demostrado
ser irracionales y sanguinarios. Bastaba un poco de
racionalidad para comprender que la brutalidad con que
trataban al pueblo era propia de un ser humano no humano
sino, deshumanizado completamente. No había forma, ni la
hubo, de hacerles comprender, por un lado, que el malestar
social era producto de la injusta distribución de la riqueza.
Problema que, con buenos proyectos sociales, una más
equitativa distribución de la riqueza y un poco de diálogo
hubiera contenido la andanada de violencia que azotó a
no pocos países de la región. Por otro lado, que la Iglesia
había optado por el pobre no por cuestiones ideológicas
sino por mandato jesuánico; y, que las denuncias contra
las injusticias era no un juicio condenatorio en contra de
las oligarquías sino, un llamado a la conversión. Estaban
completamente cegados, como Herodes o Saúl que, por
miedo a perder sus reinos, no encontraron otra salida, más
que el asesinato.
291. Imagino que, hablar de martirio hubiera sido un
acto de provocación mayor para personas enfocadas
en salvaguardar sus intereses económicos y el poder
político, inclusive, a costa de la vida de inocentes. Pese
a este silencio, los Obispos en Puebla, reconocieron
indirectamente que había persecución contra la Iglesia:
La denuncia profética de la Iglesia y sus compromisos concretos
con el pobre le han traído, en no pocos casos, persecuciones y
vejaciones de diversa índole: los mismos pobres han sido las
primeras víctimas de dichas vejaciones (1138). Se lee, pues,
que la Iglesia era perseguida por opciones que partían
del Evangelio y Magisterio. Las ideologías del momento
no fueron ni siquiera mencionadas porque no atañían a la
Iglesia, como los perseguidores lo hicieron ver; cuestión
ilustrada numerales antes, cuando sin usar el término
mártir, confesor o martirio, aceptaron que la Iglesia

172
Ustedes también darán testimonio

moría por dar testimonio de su fe: Es admirable y alentador


comprobar el espíritu de sacrificio y abnegación con que muchos
pastores ejercen su ministerio en servicio del Evangelio, sea en la
predicación, sea en la celebración de los sacramentos o en defensa
de la dignidad humana, afrontando la soledad, el aislamiento, la
incomprensión y, a veces, la persecución y la muerte (668); y lo
más alentador es que, aceptaron que esas muertes no eran
– ni serían jamás – infructuosas sino, como en las primeras
comunidades de los primeros siglos, producía frutos a la
Iglesia y al Reino.
292. Además, fundieron las muertes de la década del
setenta, con la Iglesia martirial de la conquista y coloniaje
de nuestro continente: El ancho camino común del Pueblo
de Dios ya está abierto y recorrido por Cristo y por los santos,
especialmente los santos de nuestra América Latina: Los que
murieron defendiendo la integridad de la fe y la libertad de la
Iglesia, sirviendo a los pobres, a los indios, a los esclavos. También
los que alcanzaron las más altas cumbres de la contemplación.
Ellos caminan con nosotros. Nos ayudan con su intercesión
(265). Ser peregrinos comporta siempre una cuota inevitable
de inseguridad y riesgo. Ella se acrecienta por la conciencia de
nuestra debilidad y nuestro pecado. Es parte del diario morir en
Cristo. La fe nos permite asumirlo con esperanza Pascual. Los
últimos diez años han sido violentos en nuestro continente. Pero
caminamos seguros de que el Señor sabrá convertir el dolor, la
sangre y la muerte que en el camino de la historia van dejando
nuestros pueblos y nuestra Iglesia, en semillas de resurrección
para América Latina. Nos reconforta el Espíritu y la Madre fiel,
siempre presentes en la marcha del Pueblo de Dios (266).
293. Reconocieron los Obispos que, el continente
latinoamericano había recibido en su tierra sangre de
mártires (aunque con un lenguaje indirecto), entre los
que figuran los nuestros; y es por ello, que me atrevo a
afirmar con confianza que nuestros sacerdotes, religiosos,
religiosas, obispos, laicos, laicas y seminaristas son

173
II Carta Pastoral

mártires y confesores; y no, politiqueros o ideologizados.


Mártires por el Evangelio y Magisterio que, ahora dan
frutos, confesores en comunión con la Iglesia que, animan
a continuar tras las huellas del Maestro, el Mártir en
Plenitud.
2.2. Aparecida
294. Los Documentos de Aparecida no son abundantes, en
lo que al tema del martirio se refiere. Sin embargo, creo
que su misión especial, con respecto al tema, fue lanzar
la iniciativa o invitación a los Obispos de cada país, de
recordar a quienes cayeron a lo largo de la persecución
contra la Iglesia; o bien, recoger la documentación
pertinente si no existía: Queremos recordar el testimonio
valiente de nuestros santos y santas, y de quienes, aun sin haber
sido canonizados, han vivido con radicalidad el evangelio y han
ofrendado su vida por Cristo, por la Iglesia y por su pueblo (98).
Trozo que ya había mencionado en la introducción de esta
Carta Pastoral.
295. Empero, si se lamenta mayor tratamiento del tema,
se descubre en el documento, un aporte valioso donde
se evidencia que las muertes de laicos, laicas, religiosas,
religiosos, seminaristas, sacerdotes y obispos, se debe a
que tuvieron un encuentro con Jesucristo. Un encuentro
en un lugar que sus perseguidores y perseguidoras no
supieron ver, cegados como estaban, por los ídolos del
poder, la riqueza y los afectos desordenados. Los Obispos
nos dan una lista de los lugares de encuentro con Cristo,
entre los que se menciona el lugar donde nuestras/
nuestros mártires le encontraron: Lo encontramos de un
modo especial en los pobres, afligidos y enfermos (cf. Mt 25, 37-
40), que reclaman nuestro compromiso y nos dan testimonio
de fe, paciencia en el sufrimiento y constante lucha para seguir
viviendo. ¡Cuántas veces los pobres y los que sufren realmente

174
Ustedes también darán testimonio

nos evangelizan! (257). Es hermoso considerar que nuestros


mártires tuvieron un encuentro con Cristo en el pobre; pero
el encuentro no fue unilateral. Los Obispos mencionan
que, también, es posible encontrar a Cristo en: Los que dan
testimonio de lucha por la justicia, por la paz y por el bien común,
algunas veces llegando a entregar la propia vida, en todos los
acontecimientos de la vida de nuestros pueblos, que nos invitan
a buscar un mundo más justo y más fraterno, en toda realidad
humana, cuyos límites a veces nos duelen y agobian (256). En
nuestro caso, ¿Quiénes son los que lucharon por la justicia,
la paz y el bien común? Nuestros mártires y confesores.
El encuentro, entonces, fue bilateral. La Iglesia martirial
encontró a Cristo en los pobres; y los pobres, encontraron
a Cristo en la Iglesia martirial que había optado por ellos
con preferencialidad. Con mucha razón, los Obispos
concluyeron que: En el reconocimiento de esta presencia y
cercanía, y en la defensa de los derechos de los excluidos se
juega la fidelidad de la Iglesia a Jesucristo (257).
296. ¡Que hermosa frase con la que, los Obispos terminan!
Si hermanas y hermanos míos, en el reconocimiento de esa
presencia y cercanía de Cristo en los pobres, en la defensa
de los derechos de los excluidos, allí, allí, se juega la
fidelidad de la Iglesia a Jesucristo; porque es allí donde las
fuerzas del mal, atacan con toda su perversidad a los hijos
de la luz, como el Maligno atacó a Jesús en el desierto. Es la
misma lucha que no tiene otro final, en muchas ocasiones,
que la muerte en cruz como sucedió con nuestra Iglesia
martirial.

3. Mons. Romero y las actas de los mártires salvadoreños


297. Monseñor Romero es el Obispo y mártir de nuestra
época que – cuál otro San Cipriano – se encargó de legarnos,
las actas de los primeros mártires salvadoreños en las que,
se constata antes que nada la existencia de persecución
175
II Carta Pastoral

contra la Iglesia, aun cuando muchos quisieron negarla224.


Describe, además, cómo se concibe el martirio y cuáles
fueron las causas de la persecución; felicita a los que
resisten el ataque de los hijos e hijas de las tinieblas; anima
al resto a que persevere, a resistir en la fe y a dejar de lado,
el miedo, frente a la esperanza de la resurrección.
298. Desde su primer año como Arzobispo metropolitano;
y con la dolorosa pérdida del Padre Rutilio Grande, Mons.
Romero comprendió que los ataques contra la Iglesia, eran
en sí mismos, un ataque contra la fe que ésta promulga:
Porque no adoraban a los emperadores, muchos cristianos
murieron mártires porque siempre es la causa del martirio;
como cuando Cristo se confiesa que Él es Dios, entonces es
cuando los sacerdotes del templo rasgan las vestiduras y dicen:
Ha blasfemado, es reo de muerte… La lucha de la Iglesia es
precisamente esta: mantener, frente a los poderes de la tierra, la
única majestad de Dios. Y por esa defensa de Dios en la tierra
son tenidos por subversivos y los persiguen y los denuncian225.
Las denuncias ejercidas por la Iglesia contra los poderes de
este mundo – político, económico, injusto, armamentista
– disgustó a quienes se lucraban de ellos. Sacrificaban al
pueblo a la forma antigua y a la forma moderna, aunque

224. Incluso miembros de la Iglesia. Uno de ellos fue Mons. Revelo,


mencionado dos veces por Mons. Romero en una de sus homilías donde
lamenta sus declaraciones a medios de información, desvirtuando a catequistas
y sacerdotes. Radio Vaticano, no pudo dejar de comentar la actitud del Obispo:
La intervención de monseñor Revelo ha resultado desconcertante puesto que
parece contradecir o no reconocer el genuino, valiente y aun heroico apostolado
que están desarrollando muchos sacerdotes y catequistas en El Salvador, un
apostolado que se desarrolla en el campo y que ciertamente no parece tan fácil
cuando existen incluso amenazas de muerte, expulsiones y aun martirio, como el
del padre Rutilio Grande. En: Mons. Oscar A. Romero, “La Iglesia de la promoción
integral, Vigesimoctavo domingo del Tiempo Ordinario. 9 de octubre de 1977”,
Homilías. Tomo I, UCA Editores, San Salvador, 2005, p. 379.
225. Mons. Oscar A. Romero, “San Miguel Arcángel y la lucha de la Iglesia.
Fiesta de los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. 29 de septiembre de
1977”, Homilías, Tomo I, UCA Editores, San Salvador, 2005, p. 356.

176
Ustedes también darán testimonio

lo negaran. Quizá evitando ofenderlos Monseñor Romero


no se los detalló; empero, nosotros a cuarenta años del
martirio del Padre Rutilio, los leemos y vemos entrelíneas.
299. Sacrificaban al pueblo, a sus ídolos a la manera
antigua por medio de los asesinatos en sus variadas
formas. A la moderna por medio de la tortura, la represión,
la explotación laboral, el pago de sueldos miserables, la
corrupción, el cobro de impuestos excesivos, la injusticia
que muerde al descalzo, la impunidad que encubre los
crímenes de los poderosos, el desvío de fondos de las
arcas del Estado a sus arcas personales, y muchas otras
formas más, que los poderes de este mundo han creado
para desangrar al pueblo. Sin embargo, no se saciaron
con la sangre del pueblo. Pidieron la sangre de aquellos
que osaron optar desde el Evangelio por los pobres,
ofreciéndoles, por supuesto, la misma opción que a Cristo
en el desierto: Todo esto te daré si postrándote me adoras
(Mt 4, 9). Más negándose a tan sacrílega adoración, los
mártires, optaron por Dios siendo perseguidos, torturados
y matados. El mal es inventivo y por ello encontró nuevas
formas, más disimuladas si se quiere, para perseguir a los
hijos e hijas de Dios. Estoy seguro que Monseñor Romero
lo comprendió así, reflejándose un año después en otra de
sus homilías: Entre nosotros han matado sacerdotes porque
han predicado la justicia social… la persecución contemporánea
típica de los últimos años del siglo XX, ofrece un panorama
completamente diverso del antiguo. Y, por tanto, tiene un
significado del todo diferente226.
300. Nuestro amadísimo Beato Mons. Romero advirtió a
los suyos de las acechanzas del mal: Mucho cuidado queridos
hermanos, no se dejen halagar. Cuando el halago viene del pecado

226. Mons. Oscar A. Romero, “La Iglesia comunión de vida, de caridad, de


verdad para la salvación del mundo, Trigésimo domingo del Tiempo Ordinario. 29
de octubre de 1976”, Homilías, Tomo III, UCA Editores, San Salvador, 2006, p. 353.

177
II Carta Pastoral

y cuando se trata de no molestarse, de no sacrificarse, de estar


bien, de instalarse cómodamente en la tierra, eso es malo, porque
entonces ya uno se hizo también perseguidor227. También, les
pidió no prestar oídos a las calumnias porque el enemigo
busca confundir, dividir, separar: No hay para qué dudar, a
pesar de las campañas difamatorias, de la ortodoxia, de la fidelidad
a la Iglesia, de los sacerdotes y de los catequistas que trabajan en
comunión con el obispo. No somos tan ingenuos de creer que
los sacerdotes se han hecho comunistas228. En la actualidad,
sabemos que muchos prestaron oídos a calumnias,
difamaciones y mentiras, abandonando la Iglesia. O se
quedaron; pero, apoyando (a los perseguidores) con la
difamación de sus hermanos y hermanas provocando, con
ello, escándalo.
301. Es un tema que no podemos negar. Mientras, en la
antigüedad, los perseguidores eran paganos; en El Salvador
nos encontramos con la dura realidad, de perseguidores
“cristianos”; o en término más preciso, bautizados. Punto
que dificultó por bastantes años, la posibilidad de hablar
de mártires por odio a la fe. Los pareceres se contradecían,
triunfando la verdad al final. La beatificación de Monseñor
Romero fue útil en este punto crucial. Algunos quisieron
minimizar la importancia de la causa de su asesinato
aduciendo que nuestro Beato, defendía los derechos
humanos desvinculado de su religión. Pero no es así: Se
puede afirmar que Romero representa en la Iglesia y en la sociedad
de hoy lo que podríamos definir como opción preferencial por
los pobres, despojando esta expresión de cualquier significado
ideológico o político… el Siervo de Dios derivaba su amor por los
pobres de las lecturas bíblicas, de la doctrina social de la Iglesia

227. Mons. Oscar A. Romero, “La fuerza de la Palabra. Santa Catalina de


Alejandría. 25 de noviembre de 1977”, Homilías, Tomo I, UCA Editores, San
Salvador, 2005, p. 483.
228. Ídem, p. 378.

178
Ustedes también darán testimonio

y del pensamiento de los papas y del magisterio… su demanda


de justicia social y su proximidad incluso física a los pobres
se explica con su fe, no mediante convicciones intelectuales
racionales. Dar la vida por los demás no es un gesto fácil si
no tienes fe en la resurrección…229. Lamentablemente, los
perseguidores no eran paganos al estilo romano de los
primeros siglos de nuestra era; empero, tampoco, eran
católicos comprometidos. En todo caso, eran personas
incoherentes: Fe y vida estaban desligadas aportando un
anti-testimonio de vida, al difamar y matar a sus hermanas
y hermanos en la fe. Pienso, que es muy posible que si San
Pablo hubiera podido escribir una carta dirigida al país,
como lo hizo en su momento a los corintios sus palabras
hubieran sido las mismas: Les escribí que no se juntaran con
aquellos que haciéndose llamar hermanos son inmorales, avaros,
explotadores, idólatras, difamadores… con ellos, ¡ni coman!
(1Cor 5, 11).
302. Verter, crear esas acusaciones; o simplemente
repetirlas, fue una cuestión grave. Atrajo la muerte sobre
cientos de laicos y laicas, a un significativo grupo de
sacerdotes, religiosas, dos obispos y un seminarista. La
reacción de Monseñor Romero – que la hizo extensiva al
resto de mártires – no fue la de retornar la piedra. Pidió
amar, perdonar y tolerar a los perseguidores: Los vencidos,
los humillados, los que ahora no dan su cara, son los que
mataron. No los odiamos… yo me imagino al Padre Grande y a
los mártires de nuestra persecución, en el cielo, pidiendo mucho
al Señor por sus verdugos para que se conviertan y vengan un
día a gozar esta alegría que da el haber sido fieles al Señor230.
Mostró a los suyos que los perseguidores caminando en

229. Congregatio de Causis Sanctorum, Beatificationis seu Declarationis


Martyrii Servi Dei Ansgarii Arnolfi Romero, op. cit., p. 7.
230. Mons. Oscar A. Romero, “El camino de las bienaventuranzas, Todos los
Santos. 1 de noviembre de 1977”, Homilías, Tomo I, UCA Editores, San Salvador,
2005, p. 431.

179
II Carta Pastoral

tinieblas estaban ciegos y sordos: Creen que, humillando a


un cristiano entre torturas, entre prisiones, entre cárceles están
triunfando y no se dan cuenta… el que ha vencido por la fuerza
bruta de la espada no ha comprendido la grandeza del que ha
sabido dar su vida por un ideal altísimo. Y esta es la verdadera
victoria que vence al mundo231. Y, como Herodes o Saúl,
tenían miedo: ¿Dónde están las manos manchadas de
tantos crímenes? Son miedosas. No se conoce gente más
miedosa que aquellos que son criminales232. Un miedo que
ha seguido hasta nuestros días porque ninguno de ellos o
ellas ha rendido cuentas de sus asesinatos. Han querido
quedar en sombras, como Adán y Eva que después de
desobedecer a Dios, se escondieron (cfr. Gn 3, 8). ¡Que Dios
tenga misericordia de ellos o ellas si no se han arrepentido!
303. Cuidando, Monseñor Romero a su redil, le animó a no
tener miedo ni a la muerte ni a la persecución: No se dejen
vencer por el miedo... y si por esa madurez y ese criterio, que no
se traga todo, sino que sabe discernir a la luz del Evangelio la
justicia de la injusticia y reclamar precisamente por un mundo
mejor, si es necesario morir en esa causa, pues será la muerte de
los mártires que murieron precisamente defendiendo esa fe. No
se dejen vencer por el miedo. Y si es necesario, como dicen en
cierta comunidad, vivir una vida de catacumbas, vivan esa vida
de catacumbas. No es clandestinidad, es simplemente la Iglesia
del silencio que sigue trabajando su conciencia, pero que no se
deja vencer… por las conveniencias políticas o económicas del
momento. Sean fieles a Cristo233. Era admirable el espíritu

231. Mons. Oscar A. Romero, “En Cristo se revelan las tres dimensiones de
los verdaderos grandes, Vigesimoquinto domingo del Tiempo Ordinario. 23 de
septiembre de 1979”, Homilías V, UCA Editores, San Salvador, 2008, p. 346.
232. Mons. Oscar A. Romero, “La Iglesia comunidad de amor, Vigesimocuarto
domingo del Tiempo Ordinario. 17 de septiembre de 1978”, Homilías, Tomo III,
UCA Editores, San Salvador, 2006, p. 256.
233. Mons. Oscar A. Romero, “La Iglesia de la promoción integral,
Vigesimoctavo domingo del Tiempo Ordinario. 9 de octubre de 1977”, Homilías,
Tomo I, UCA Editores, San Salvador, 2005, p. 379.

180
Ustedes también darán testimonio

de fortaleza de nuestro Profeta, su amor y fidelidad


a Dios. Anima a otros a no caer, a resistir a pesar de las
adversidades. A no caer, con su traición, en las garras del
mal. La resonancia de los Obispos mártires de los primeros
siglos, animando a su Grey, es fuerte en él; sobre todo,
porque a sus palabras añadió su muerte martirial.
304. A semejanza de San Agustín, no olvidó emitir una
palabra absolutoria sobre los mártires, ya que sus enemigos,
seguían irrespetándoles aún después de muertos. Por mi
parte, les ruego a ustedes hermanos y hermanas mías,
que hagan extensivas esas palabras para todas y todos
aquellos martirizados después de Mons. Romero porque
son palabras cargadas de misericordia: Son hombres (y
mujeres agreguemos) que han predicado, precisamente
esta incardinación con la pobreza; son verdaderos hombres (y
mujeres) que han ido a los límites peligrosos donde… se puede
señalar a alguien y se termina matándolo, como mataron a
Cristo. Estos son los que yo llamo verdaderamente justos. Y si
tuvieron sus manchas ¿Quién no las tiene? ¿Qué hombre (o
mujer) no tiene algo de qué arrepentirse? Y los sacerdotes (y
las religiosas) que han sido matados también fueron hombres (y
mujeres) y tuvieron sus manchas, pero el hecho de haber dejado
que les quitaran la vida y no haberse huido, no haber sido cobardes
y haberlos situado en esa situación de tortura, de sufrimiento, de
asesinato, para mí es tan valioso como un bautismo de sangre y
se han purificado ¡y tenemos que respetar su memoria!234.
305. Finalmente, gracias a nuestro amado Beato Monseñor
Oscar Arnulfo Romero podemos concluir que: Los laicos,
laicas, religiosos, religiosas, seminaristas, sacerdotes
y obispos martirizados, eran cristianos y cristianas
que vivieron su compromiso bautismal de forma

234. Mons. Oscar A. Romero, “En Cristo se revelan las tres dimensiones de
los verdaderos grandes, Vigesimoquinto domingo del Tiempo Ordinario. 23 de
septiembre de 1979”, Homilías V, UCA Editores, San Salvador, 2008, p. 355.

181
II Carta Pastoral

comprometida, en la forma correcta que la Iglesia espera


de sus hijas e hijos. Sus difamaciones son solo humo que
quiso opacar la misión que Cristo les confió. Que este año
sirva para disipar esa nubosidad acercándose a cada uno
de ellos y ellas.

IV. Una palabra final


306. La conclusión alcanzada, después de considerar el
Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento y algunos
documentos de la Tradición y el Magisterio, es que
nuestras y nuestros mártires son hombres y mujeres fieles
a Dios, testigos de Dios, ofrenda a Dios y don de Dios que
nos impulsa a seguir al Maestro, el Mártir en plenitud.
Fueron hombres y mujeres que anunciaron la Buena
Nueva; denunciaron el pecado; defendieron los derechos
fundamentales del ser humano; promovieron una fe anti-
idolátrica luchando contra los ídolos que dan muerte a la
humanidad; resistieron con la violencia de la no violencia;
murieron mártires, uniendo su bautismo al bautismo de
sangre; y murieron esperando que Dios, les resucitaría a la
vida eterna. Desde una mirada cristológica: Son hombres
y mujeres que murieron porque dieron testimonio de la
Verdad ante los tribunales humanos, como consecuencia
de su elección del Camino que la Verdad enseñó mientras
caminó por las calles de Jerusalén; Camino que sólo puede
conducir a la Vida; vida en abundancia.
307. Su vida, pasión y muerte martirial es testimonio
suficiente de que las palabras de Cristo, en ellos y ellas se
han cumplido: Si a mí me han perseguido, también a ustedes los
perseguirán (Jn 15, 20); ustedes también darán testimonio,
porque han estado conmigo desde el principio (Jn 15, 27).

182
Ustedes también darán testimonio

TERCERA PARTE
LES ENVÍO COMO OVEJAS EN MEDIO DE LOBOS

308. San Mateo recoge todo un discurso apostólico que Jesús


pronunció a los doce discípulos al momento de enviarles
a misión. El objetivo, es de suponer, fue prepararlos para
las persecuciones que deberían enfrentar; así como, darles
esperanza y fortaleza para resistir; aun cuando todo
pareciera perdido. En primer lugar, justo después del envío
(cfr. Mt 10, 1-15), Jesús les dice: Miren que yo les envío como
ovejas en medio de lobos (Mt 10, 16). Les constituye emisarios
de la paz cuyos instrumentos deben ser, la palabra y su
testimonio de vida. La violencia queda, pues, desterrada de
los métodos de misión. En cambio, el enviado puede usar de
la astucia: Sean astutos como serpientes y sencillos como palomas
(Mt 10, 16). Huir, tampoco, es mal visto por Jesús: Cuando
les persigan en una ciudad huyan a otra, y si también en ésta les
persiguen, marchen a otra (Mt 10, 23a). Evitar la confrontación
o la muerte es signo de la astucia recomendada. Hombres
como Pablo dan muestra de esa actitud, a la que no puede
tildarse de cobardía; sino más bien, de una sabia actitud
guardando su persona en provecho del Reino.
309. En segundo lugar, les explicó la razón de la persecución:
Por mi causa serán llevados ante gobernadores y reyes, para que
den testimonio ante ellos y ante los gentiles (Mt 10, 18). ¡Sí!
Testimonio de la Verdad, cuyo Camino hay que andar para
alcanzar Vida y vida en abundancia. Trabajar por el Reino,
siempre provocará problemas como Él lo confesó: No
piensen que he venido a traer paz a la tierra… sino espada (Mt 10,
34). La Buena Noticia, queridas hermanas y hermanos, es

183
II Carta Pastoral

buena – como les explicaba en la Primera Parte de la Carta


– para los pobres, los marginados, ninguneados, excluidos
o débiles. Es mala noticia y lo: Seguirá siendo allí donde la
Buena Noticia de Jesús se anuncie con valentía y sin otra alianza
ni compromiso que las causas históricas de los pobres235. Las
reacciones las conocemos de sobra: Burlas, difamaciones,
calumnias, exilio; o cuando la cólera de los hijos e hijas de
las tinieblas se desata; las torturas y el asesinato.
310. No podemos ni debemos esperar más que esos tratos. Si
Jesús los sufrió por qué nosotros debíamos estar eximidos: No
está el discípulo por encima del maestro, ni el siervo por encima de
su amo… Si al dueño de la casa le han llamado Beelzebul, ¡Cuánto
más a sus domésticos! (Mt 10, 24). Saber que la persecución era
una posibilidad para un enviado, no detuvo la misión de los
doce. Jesús los animó a ser fuertes, pudiéndose leer, a lo largo
del discurso, la frase ¡No les tengan miedo¡¡No teman…! ¡No
se preocupen! (cfr. Mt 10). Dios pondrá las palabras correctas
en boca de sus enviados; a cambio, Jesús se declarará a favor
de ellos ante su Padre (cfr. Mt 10, 32). Nuestras y nuestros
mártires hicieron esto con clara conciencia de ser enviados
como ovejas a un sistema socio-político-económico, feroz
como lobo. No hubo temor – y si lo hubo – supieron vencerlo
a medida que su entrega a la misión iba en aumento; y que, el
encuentro con Cristo se agudizaba. Pienso, a veces queridos
hermanos y hermanas, que ante la urgencia de anunciar la
Buena Nueva y denunciar el pecado que mataba a miles de
seres humanos, no tuvieron tiempo para sentarse a pensar
en un posible final sangriento. Simplemente se entregaron a
la misión encomendada por Jesús (declarándose a favor de
Él ante los tribunales del país); dieron lo mejor de sí hasta
sufrir; y en varios casos, hasta morir.
311. La muerte no acabó con la misión. Toca a nosotros
continuarla sin olvidar el discurso apostólico de Jesús.

235. Luis Alonso Schökel, La Biblia de nuestro pueblo, p. 1531.

184
Ustedes también darán testimonio

Los lobos no han muerto. No esperemos ni busquemos


iniciar la misión hasta que tiempos más pacíficos toquen
las riberas de nuestro país. Eso no va a suceder, si antes no
trabajamos por la transfiguración de esta tierra desangrada
ignominiosamente una y otra vez. Salgamos en misión
comenzando por nuestras familias, trabajos, comunidades
de la Iglesia, poblados, hasta llegar a las estructuras del
Estado. Recordemos que somos una Diócesis, un país en
misión. Solo así será posible la transfiguración de nuestro
terruño, tan ansiada por nuestros confesores y mártires.
No tengamos miedo. El Mártir en Plenitud nos lo ha dicho:
¡NO TEMAN! Con este propósito de animarles a proseguir
con la misión, propongo a ustedes la figura del Mártir en
Plenitud que debe ser nuestro modelo de misionero; pero
también, Aquél tras quien ir en seguimiento, imitándole en
todo. También propongo la figura de María como proto-
confesora a quien imitar como primera discípula de Jesús.

1. El Mártir en Plenitud
312. Llegada la plenitud de los tiempos, envió Dios a su
Hijo (cfr. Gal 4, 4) para que todo tuviera a Cristo por cabeza
(cfr. Ef 1, 10). El martirio, por tanto, le tiene a Él por cabeza,
pudiéndosele aplicar aquellas palabras de San Cipriano: No
faltó él a los tormentos, sino los tormentos a él236. Es el varón de
dolores descrito por Isaías: No tenía ni apariencia ni presencia;
le vimos y carecía de aspecto que pudiésemos estimar. Despreciado,
marginado, hombre doliente y enfermizo, como de taparse el rostro
para no verle. Despreciable, un Don Nadie (Is 53, 2-3). Todo lo
sufrió: Difamaciones, calumnias, falsos testimonios, traición,
abandono, burlas, escupitajos, golpes, latigazos, caídas, cruz,
clavos, espinas; y el ser traspasado por una lanza; siendo
víctima inocente. Sufrimientos todos, que le convierten

236. Daniel Ruiz Bueno, Actas de los mártires, Biblioteca de Autores Cristianos,
Madrid, España, 2012, p. 20.

185
II Carta Pastoral

en Cabeza del martirio, dándole por ello, en esta Carta, el


nombre de Mártir en Plenitud; en quien nosotros – mujeres
y hombres del siglo XXI – podemos y debemos reflejarnos
(como un día lo hicieron nuestras/nuestros mártires) para
emprender la misión sin miedo; y si humanamente lo hay,
superarlo de la mano con el Divino Traspasado-Resucitado.
Aprendamos de Él; sigámosle y comprometámonos en este
arduo; pero hermoso trabajo por el Reino como un día lo
hizo nuestro Hermano Mayor: Jesús.
1.1. El Mártir en Plenitud: El Bautizado comprometido
313. Presento a ustedes, queridas hermanas y queridos
hermanos, la imagen de Jesús, nuestro Mártir en Plenitud,
como el Bautizado comprometido. Imagen que debe
servirnos para hacer un serio examen de conciencia,
verificando si somos o no, fieles a nuestro compromiso
bautismal, porque la mies es mucha y los obreros pocos (Lc
10, 2). Dios necesita de bautizados comprometidos para
construir su Reino desde el ya, todavía no, en medio de
nuestro desangrado país. ¡Que su figura nos anime a
comprometernos!
314. Jesús no se bautizó por las mismas razones por las
que lo hacemos nosotros. Schökel explica: Si el rito era
para otros, señal de arrepentimiento, para Jesús es plenitud de
la justicia… La justicia de Dios no es otra cosa que la voluntad
divina de salvación gratuita ofrecida para todos, y es esto lo
que Jesús llevará a su plenitud en cada palabra y en cada gesto
de solidaridad y de perdón con que acogerá a los pobres, a los
oprimidos y a los marginados237. Esto es así, sostiene Schökel
porque: Dios se reveló desde siempre como un Ser que apuesta
a la justicia, a la fraternidad, a la solidaridad, a la vida, y por ahí
se definirá también la voluntad y el proyecto de vida de Jesús238.

237. Luis Alonso Schökel, La Biblia de nuestro pueblo, p. 1514.


238. Ídem, p. 1624.

186
Ustedes también darán testimonio

315. Las acciones de Jesús, mencionadas en la Segunda


Parte de esta Carta, comienzan días después de ocurrido
su bautismo. Casi se diría que es a raíz de su bautismo
que el ministerio público de Jesús da inicio. Comienza a
llamar a sus discípulos; anuncia la Buena Nueva en los
sectores maginados y despreciados de su época histórica;
denuncia el pecado que oprime, esclaviza y mata; denuncia
a los ídolos; y esto, sin olvidar la parte celebrativa de la
vida. Vivió su bautismo en plenitud recibiendo no sólo el
bautismo de agua; sino también, ese otro bautismo del que
habla a los hijos de Zebedeo: ¿Podrán beber la copa que
yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que
yo voy a ser bautizado? (Mc 10, 38); es decir, su pasión y
muerte en cruz. Jesús, como ejemplo para nosotros, vivió
su bautismo con radicalidad, asentando su proyecto de
vida – que no era más que el proyecto o plan salvífico de
Dios para con la humanidad – en Él.
316. Corresponde a nosotros vivir nuestro bautismo
siguiendo las huellas del Mártir en Plenitud. El Catecismo
de nuestra Iglesia estipula: Los bautizados por su nuevo
nacimiento como hijos de Dios están obligados a confesar
delante de los hombres la fe que recibieron de Dios por medio de
la Iglesia y de participar en la actividad apostólica y misionera
del Pueblo de Dios (1270). No tenemos pretextos para evitar
el cumplimiento de ese bautismo, que nos capacita para
ser anunciadores del Reino y su salvación; aún a pesar
de los sufrimientos que nos pueda comportar. Nuestras
y nuestros mártires y confesores vivieron su bautismo
de esta forma. En especial los mártires, acabaron su vida,
recibiendo con Cristo, el bautismo de sangre.
317. Los mártires ya no están entre nosotros; de los
confesores, algunos ya partieron al Reino de Dios; y los
que quedan, ya son mayores de edad. Corresponde a
nosotros tomar la historia de la salvación y la salvación
de la historia, en nuestras manos, como bautizados que
somos. La tomaremos en la medida que demos testimonio
187
II Carta Pastoral

de la fe, con obras y palabras. Es responsabilidad nuestra


que, la historia de nuestro país cambie. Si los mártires
lucharon en su época contra los ídolos del poder, la riqueza
y los afectos desordenados que, provocaban miseria y
muerte a las grandes mayorías; ahora nosotros debemos
continuar con la lucha. Los ídolos siguen provocando
muerte. Tal vez, ahora ya no los distinguimos con tanta
claridad porque han encontrado nuevas modalidades de
presentarse; pero, su signo de muerte sigue apareciendo.
Para nadie es un secreto que la exclusión social, la
idolatría al dinero, el individualismo y la impunidad – de
las que hablé ampliamente en mi Primera Carta – siguen
generando violencia; y con ello, miles de muertes.
318. Junto a estos hay otros fetichismos; verbigracia: Las
drogas que perjudican bidireccionalmente: A quien las
vende porque sirve hasta la muerte, a ese nuevo tipo de
organización llamada Narcotráfico; y a quien las consume
porque sin ella muere. El desenfreno sexual donde no sólo
jóvenes están atrapados. Hay muchas personas mayores
que sufren en medio de las garras de este pernicioso
fetiche. La persona cree encontrar, la felicidad, el amor o
la aceptación; empero, se encuentra con la vaciedad de su
ser; y como el anterior, perjudica a quienes le rodean. La
tecnología, a pesar de sus bondades, parece convertirse
cada día más en un fetiche imposible de abandonar. Llama
la atención cuantas personas carecen de dinero suficiente
para comprar comida, los cuadernos de sus hijos, zapatos
y otras necesidades que satisfacer; pero extrañamente,
portan hasta dos celulares; son dueños de una Tablet
cuya utilidad es nula. Otros tienen computadoras en sus
casas donde paradójicamente no hay servicio de energía
eléctrica. Todo esto no es más que vanidad de vanidades.
319. Entre los más favorecidos económicamente, el tener
sigue siendo su mayor problema. Dicen que son incapaces
de incrementar los salarios mínimos; pero tienen yates;

188
Ustedes también darán testimonio

ranchos en el mar, en el lago; celebran fiestas muchas veces


escandalosas por la hartura de comida y lujo, presente en
ellas; mientras cientos de personas en las zonas rurales,
apenas y logran comer unos cuantos frijoles; o en el peor de
los casos, apenas unas tortillas con sal. Tienen seguro para
todo: Para carro, contra robo, contra accidente, para vida,
para la salud, para la empresa, para la seguridad; para el
viaje; y, aun así, se quejan de la situación, olvidando que
cientos de personas mueren en hospitales públicos, clínicas
comunales, o en la lobreguez de su casa mal construida por
la pobreza. No digo que el tener sus cosas y comodidades
sea malo. Lo malo es que mientras unos tienen mucho,
negándose a compartir; otros no tienen nada: Duele la
insistencia de los sectores económicos más poderosos en mantener
salarios injustos, su negativa a aceptar un salario digno cuando
en el país se genera mucha riqueza, la cual es acaparada por una
minoría que mantiene niveles de vida escandalosos. Es perverso
y anticristiano defender los intereses de pequeños grupos en
contra de los de la mayoría y abogar por que se mantenga un
orden de cosas que lleva a que muchos de nuestros hermanos
no puedan cubrir sus necesidades fundamentales mientras una
pequeña élite se enriquece con glotonería239. Ese es el gran
mal de nuestra sociedad: Llenarse de objetos superfluos;
o bien, de odio y resentimiento por no poder tenerlos; o
teniéndolos, por no querer compartirlos. Son ídolos, junto
a otros más, que están acabando con nuestra vida.
320. Como cristianas y cristianos tenemos el gran
compromiso de vivir nuestro bautismo de manera
comprometida. Seremos ovejas en medio de lobos a quienes
molestará nuestra voz indicándoles como el Padre Alfonso
Navarro: No por allí, no por allí. No por la violencia, no por
la venganza, no por el egoísmo, no por el individualismo,

239. Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), Ante el aumento


al salario mínimo, 9 de enero de 2017, n. 6.

189
II Carta Pastoral

no por la avaricia, no por la injusta distribución de las


riquezas, no por el acaparamiento; sino por el amor, por la
solidaridad, por el perdón, por la justicia, por la verdad, por
la paz, por el camino de Dios. Seamos, en pocas palabras,
como el Mártir en Plenitud a quien el Padre Alfonso
Navarro siguió, y de quién nos enseñó como debíamos
vivir nuestro bautismo: Con radicalidad: Anunciando la
Buena Nueva, optando por la pobreza evangélica y los
pobres; denunciando a los ídolos, denunciando el pecado
que mata; celebrando la vida, la Palabra y la Eucaristía.
¡Seamos bautizados comprometidos!
1.2. El Mártir en Plenitud: Pan del cielo que se entrega
y que pide entrega.
321. Queridas hermanas y queridos hermanos, en segundo
lugar, presento a ustedes la imagen de Jesús como el Pan
del cielo que se entrega en cada Eucaristía, pidiéndonos
que hagamos lo mismo, en conmemoración de Él, lo cual,
no implica únicamente la celebración del sacramento,
sino la puesta en práctica del sacramento en nuestra vida
diaria. Preguntémonos si después de asistir a la Eucaristía
nos entregamos al servicio de los demás; especialmente de
los pobres, los enfermos, los marginados, los excluidos, las
viudas, los huérfanos; o salimos de la Iglesia convertidos –
como decía el Padre Rutilio – en cohetones echando humo
y tronazón arriba; pero abajo, en la tierra donde debemos
realizar nuestra misión, nada de humo, nada de tronazón.
La Eucaristía nos compromete queridos hermanos y
hermanas a salvar la historia. Recuerden las palabras de
Mons. Romero advirtiéndonos evitar la vivencia de una
misa desencarnada e nuestra historia: Una religión de misa
dominical, pero de semanas injustas no gusta al Señor240. De nada
sirve una misa dominical para una semana compuesta por

240. Mons. Oscar A. Romero, “Cristo, centro y fin de toda la historia humana.
4 de diciembre de 1977”, Homilías I, UCA Editores, San Salvador, 2005, pp. 57-58.

190
Ustedes también darán testimonio

actos de corrupción, impunidad, explotación al trabajador,


etc.; quizá con San Pablo pudiéramos concluir que quienes
hacen esto; beben su propia condenación. Que esta figura
de Pan del cielo nos anime a comprometernos con la
misión, que Jesús nos dejó antes de ascender a los cielos; y
con ello, transfiguremos nuestro pequeño y bello país.
322. Poco antes de completar su bautismo de agua con el
bautismo de sangre en la pasión y muerte en cruz, Jesús
instituye la Eucaristía como signo máximo de su entrega por
la humanidad. San Lucas registra las Palabras pronunciadas
por Jesús esa noche: Tomando pan, dio gracias, lo partió y se
lo dio diciendo: Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes.
Hagan esto en memoria mía. Igualmente tomó la copa después de
cenar y dijo: Esta es la copa de la nueva alianza, sellada con mi
sangre, que se derrama por ustedes (Lc 22, 19-20). La Eucaristía
es el punto culmen de su entrega al plan salvífico que Dios
tenía ideado para la salvación de la humanidad; es el punto
que condensa su Vida y Muerte. Una vida de entrega por
los demás hasta su muerte en cruz.
323. La Eucaristía – hay que repetirlo con insistencia –
es el signo que nos recuerda que Jesús ha entregado: La
totalidad de su ser, sus anhelos, sueños y esperanzas, su lucha
por la instauración del reinado de Dios, todo lo ha entregado
por sus amigos y por la humanidad en general241. No podemos
ahora desperdiciar o ignorar ese sacramento de amor que
es la Eucaristía. Sin amor, de nada vale servir a los demás.
Sin amor, cualquier acción se reduce a un entregarse a una
causa por apariencia, obligación o miedo a la condena. El
servició y la entrega al proyecto salvífico de Dios es por
amor, por misericordia. Cristo murió en cruz por amor a
nosotros de tal forma que, si Él ha tenido misericordia, lo
propio de nosotros será ser misericordiosos.

241. Luis Alonso Schökel, La Biblia de nuestro pueblo, p. 1664.

191
II Carta Pastoral

324. A continuación, transcribo el numeral 1397 del


catecismo de la Iglesia católica cuyo mensaje hace hincapié
en dicho compromiso haciéndose eco de una homilía de
San Juan Crisóstomo: La Eucaristía entraña un compromiso
en favor de los pobres: para recibir en la verdad el Cuerpo y la
Sangre de Cristo entregados por nosotros debemos reconocer a
Cristo en los más pobres, sus hermanos: Has gustado la sangre
del Señor y no reconoces a tu hermano. Deshonras esta mesa, no
juzgando digno de compartir tu alimento al que ha sido juzgado
digno de participar en esta mesa. Dios te ha liberado de todos
los pecados y te ha invitado a ella. y tú, aun así, no te has hecho
más misericordioso. Errados, andan, quienes reducen la
Eucaristía a emotividad, olvidando que nuestra religión es
un modo de vida. Es una religión con hermosas palabras
traducidas a obras de misericordia.
325. Al leer la Primera Carta a los Corintios, descubrimos
un san Pablo preocupado por los problemas de dicha
comunidad, consistentes en divisiones internas por
diferencias sociales. Según las costumbres de la época
los cristianos antes de celebrar la Eucaristía, celebraban
un ágape o comida fraterna. Los ricos llegaban temprano
cargando comida para compartir con los demás ricos en
un sabroso festín. No se molestaban por esperar a los
pobres que por razones de trabajo o distancia llegaban
tarde. Eran injustos con sus hermanas y hermanos más
pobres. Podemos imaginar a los pobres comiendo las
migajas sobrantes de la comilona de los ricos; quienes,
seguramente hubieran preferido tener sus propias iglesias,
sus propias comunidades con sus propios sacerdotes que
les predicaran a su gusto. Después de comportarse de este
modo: Ricos y pobres, los unos satisfechos y hasta borrachos y
los otros, medio hambrientos, procedían a celebrar la eucaristía242.

242. Ídem, p. 1827.

192
Ustedes también darán testimonio

326. La indignación de Pablo se deja sentir: Que cada uno


se examine antes de comer el pan y beber la copa. Quien come
y bebe sin reconocer el cuerpo del Señor, come y bebe su propia
condena. Esta es la causa de que haya entre ustedes muchos
enfermos y débiles y que mueran tantos… Así hermanos míos,
cuando se reúnan para comer, espérense unos a otros. Si uno tiene
hambre coma en su casa; así no se reunirán para ser condenados
(1Cor 11, 28-30.33). No imitemos a los corintios. Hagamos
sentir los signos del Reino en nuestro país por medio de
la vivencia encarnatoria de nuestra fe celebrada en la
Eucaristía. Amémonos de corazón, con lazos de solidaridad
y fraternidad para los más pobres de la sociedad quienes
por años han sufrido marginación, exclusión, explotación
laboral y muerte.
327. Las palabras de Mons. Romero describen muy bien
el compromiso al cual estamos llamados por Jesús, a ser
constructores de ese Reino desde el ya, y cuya plenitud
veremos en el cielo: La eucaristía es principio y signo del reino
de Dios, ya presente, entre los hombres… ¡Qué hermoso sería
una unidad cristiana de leones que han comido fuego y van al
mundo alimentados con este fuego de amor que es Cristo, no
para esconder cobardes una fe, sino para exhibirla como la única
salvación!… Si hay esperanza de un mundo nuevo, de una patria
nueva, de un orden más justo, de un reflejo del reino de Dios en
nuestra sociedad, hermanos ténganlo por seguro, son ustedes los
cristianos los que van a hacer esa maravilla del mundo nuevo, pero
cuando todos seamos de verdad comunicadores de esta vida que
venimos a recibir en la eucaristía de nuestra misa dominical243.
Quien bebe y toma el Cuerpo de Cristo debe ser una
persona solidaria. Si es pobre, desde su pobreza debe saber
compartir lo poco que tiene con los que le rodean. Siempre

243. Mons. Oscar A. Romero, “La eucaristía, presencia viva y vivificante de


Cristo en la historia. 17 de junio de 1979”, Homilías IV, UCA Editores, San Salvador,
2007, pp. 532 y 534.

193
II Carta Pastoral

hay alguien más necesitado a quien ayudar. Debe, además,


saber administrar lo poco que tiene, resistiendo a caer en la
tentación que las campañas publicitarias promueven. Son
cientos de productos superfluos que diariamente ofrecen
haciéndonos creer que son necesarios para nuestras vidas.
No es así. El pobre debe ser buen administrador de sus
pocos bienes.
328. Para el rico, la Eucaristía comporta un compromiso,
quizá mucho mayor. No se trata de ser solidario o fraterno
por lástima, asistencialismo o fama. Es que el rico debe ser
excelente administrador de sus ganancias. En primer lugar,
debe aprender a recoger el dinero invertido en su empresa,
negocio, hacienda o cualquier otra institución; en segundo
lugar, debe coger el dinero suficiente que le permita llevar
una vida digna; y, por último, distribuir el excedente
entre sus trabajadores. Pero, de forma justa. Les repito las
palabras que Dios mandó pronunciar a Amós: Escuchen
esto los que pisotean al pobre y quieren suprimir a los humildes
de la tierra, diciendo: ¿Cuándo pasará el novilunio… para
achicar la medida y aumentar el peso, falsificando balanzas
de fraude, para comprar por dinero a los débiles y al pobre
por un par de sandalias, para vender hasta el salvado del
grano? Ha jurado Yahvé… ¡Jamás he de olvidar todas
sus obras! (Am 8, 4-7). ¡No! No las olvidará, porque Dios
es un Dios de misericordia y quiere que sus hijos e hijas
que más tienen, sean misericordiosos con los que poco o
nada tienen. Misericordia y no lástima; misericordia y no
asistencialismo.
329. La Eucaristía bien celebrada, lleva necesariamente a
una verdadera conversión. La imagen de un Dios que se
irrita contra los poderosos de este mundo por su avaricia,
aparece aún mejor retratada por Jesús, en aquella hermosa
parábola de aquél hombre cuyos campos dieron muchos
frutos (Lc 12, 13-21). Dios le había bendecido con grandes
cosechas. Inmediatamente, el hombre pensó en demoler

194
Ustedes también darán testimonio

sus antiguos graneros y construir unos nuevos. ¡Qué


triste y que vergonzoso! No pensó en sus trabajadores; no
pensó en los enfermos, en los leprosos que abundaban en
su época, no pensó en las viudas, en los huérfanos. ¡No!
Pensó en él; y por ello, Jesús dice: Pensaba entre sí (Lc 12,
17). A nadie más le dijo su idea porque era egoísta y sabía
que sus planes serían rechazados por cualquier persona
fiel a Dios. Prefirió graneros más grandes para acaparar;
y muy seguramente, para especular con los precios en un
momento dado. Contento con su egoísta plan se atrevió a
regodearse: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos
años. Descansa, come, bebe, banquetea (Lc 12, 19).
330. Lamentable idea la de banquetear cuando miles
padecían hambre; descansar cuando otros eran
esclavizados. En su alegría rebosante de egoísmo, olvidó
a Dios a quien debió agradecer; y reconocer entre los más
pobres. Dios, en cambio, no lo olvidó y dijo: ¡Necio! Esta
misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste,
¿para quién serán? Así es el que atesora riquezas para sí y
no se enriquece en orden a Dios (Lc 12, 20-21). No sean
como este hombre. Deben enriquecerse en orden a Dios; es
decir, siendo no dueños sino excelentes administradores
de los bienes que el Señor les ha confiado para bien común.
No jueguen con Dios, queridos hermanos y hermanas a
quienes Dios les ha dado tanto. No jueguen, porque: A
quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió
mucho, se le pedirá más (Lc 12, 48). No son palabras mías
las que gravan sobre ustedes, son del Mártir en Plenitud:
El Pan del cielo que se entrega y que pide entrega. Que la
Eucaristía nos comprometa, pues, a entregarnos de lleno
a los demás, haciendo sentir los signos del Reino desde el
ya, todavía no; así sean pobres o ricos.
331. En conclusión: El bautismo y la Eucaristía debe hacer
de nosotros cristianos y cristianas comprometidas en la
salvación de la historia. No la salvaremos si dejamos de

195
II Carta Pastoral

lado la misión a la que hemos sido llamados. Nuestros y


nuestras mártires lo hicieron; por supuesto a su manera,
con sus métodos y respondiendo a las necesidades de
nuestra época. Su muerte no fue en vano. Hoy gozan
de la presencia del Señor y del Resucitado en los cielos.
Empero, nos cuestionan, nos animan a construir el Reino;
nos animan a ser actores de nuestra historia. Debemos
encontrar los métodos adecuados para responder a las
necesidades de nuestra época. Continuemos con la misión
sin miedo porque Jesús está y estará con nosotros siempre.

2. María la proto-confesora
2.1. María: La doncella que confiesa su fe
332. Me gusta pensar que, María fue, seguramente, la
primera mujer de nuestra Iglesia que dio testimonio de
su fe. Acercándonos a la Madre del Mártir en Plenitud,
vemos a una doncella a quien el ángel anuncia quedará
en cinta por obra y gracia del Espíritu Santo (cfr. Lc 1,
30). La aceptación de la misión encomendada: He aquí la
esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra (Lc 1, 18) no
trajo consecuencias fáciles de afrontar. Confesar tanto a
sus padres como a José, con quien estaba desposada, que
un ángel había venido y anunciado que quedaría encinta,
requirió de mucho valor. Era un misterio divino que sólo
con ojos de fe se podía (y se puede) creer. Es muy probable
que hubo preguntas y temor. La decisión de José de
abandonarla, nos hace pensar que no dio una respuesta de
aceptación a María desde un primer momento.
333. Imaginemos que mientras tanto, María tuvo que
esperar y aguardar confiada en el Señor. Habrá sido,
seguramente, un momento de espera en que habrá
meditado que podía ser apedreada. He aquí, que María
temió; pero su fe en el Señor le hizo superar cualquier
temor. Inmediatamente, dejando de pensar en sí misma

196
Ustedes también darán testimonio

corre presurosa a casa de Isabel. Se entrega al servicio de


los demás, encontrando la confirmación de su misión por
boca de su prima que la recibe diciendo: Bendita tú entre
las mujeres y bendito el fruto de tu seno (Lc 1, 42). Grande
habrá sido la emoción de la jovencita al ver confirmada
su maternidad del Hijo de Dios; por tanto, debía esperar
todo del Señor. Y, así fue. En la entrega a los demás, en un
acto de misericordia para con su prima se encuentra con el
Señor que le confirma que todo estará bien porque ella es
bendita entre las mujeres y el fruto de su seno también.
334. En segundo lugar, vemos en María una pasión
martirial – aunque no morirá mártir – que inicia desde
su huida a Egipto, con el constante temor de saber que
Herodes buscaba al niño para matarle; comprobándose
de hecho la veracidad de las palabras de Simeón: A ti
misma una espada te atravesará el alma a fin de que queden al
descubierto las intenciones de muchos corazones (Lc 2, 35). Por
lo aquí explicado, les presento a ustedes a María como la
doncella que confiesa su fe, superando el temor, a pesar de
su tierna edad. Pudo en ella más su fe en Dios, su amor al
prójimo; que el temor a ser apedreada. Imitemos a María
y digamos si a nuestra misión, aunque esta provoque, en
ocasiones, contrariedades. En eso consiste tomar la cruz,
negarse a sí mismo/a sí misma y caminar tras Jesús.
2.2 María: La Madre que no renegó de su fe
335. Posteriormente, como toda madre que ama a su hija o
hijo, habrá sufrido cuando oía llamar a su hijo, endemoniado
(cfr. Lc 11,15); o cuando se enteraba de reacciones violentas
contra Él, verbigracia, al querer despeñarlo (cfr. Lc 4,29).
El momento más duro para ella fue, sin lugar a dudas,
la pasión y muerte de Jesús. Imaginemos a nuestra
Madre María sobresaltada por la noticia que le llevan del
prendimiento de Jesús. La angustia de verle conducido de
un lugar a otro: De casa de Anás, a la de Caifás de donde

197
II Carta Pastoral

parte al palacio de Poncio Pilato y de allí hasta Herodes,


para regresar a Poncio Pilato. El dolor de una madre viuda
esperando un poco de compasión para su hijo, un poco
de justicia que no llegó nunca, conociendo la inocencia y
bondad de su hijo. Ver y escuchar el rechazo en contra de
Él, por parte de su propio pueblo; prefiriendo dar la vida a
un ladrón llamado Barrabás.
336. Verlo desangrado, coronado de espinas, golpeado,
cargando una cruz con sus pies descalzos y sus ojos
enrojecidos por el llanto y los golpes, camino a la muerte.
Una muerte ignominiosa de la que no podía librarlo. Una
madre sufriente y dolorosa que vio cómo los asesinos,
clavaban las manos a su hijo, al madero infame. Ver la
agonía de su hijo en la cruz sin poderle limpiar el sudor
ni la sangre, sin poder curar sus heridas. Que dolor más
profundo oír que su amado hijo quería beber un poco de
agua y no poder dársela. Que doloroso para ella escuchar
el abandono que su hijo siente: ¡Dios mío, Dios mío! ¿por
qué me has abandonado? (Mt 27, 46) sin poder hablarle
al oído para confortarle. Nada hay que pueda hacer. Solo
observar la muerte; mientras le acompaña al pie de la cruz.
Nada hay que pueda hacer sino confesar al pie de la cruz
que ella es su Madre y Él su Hijo.
337. En el momento de su agonía, Jesús tuvo tiempo de
pensar en su amada madre a la que siente dejar abandonada
en un sistema marginador y excluyente con las mujeres. Él,
que devolvió su hijo a la viuda de Naím ¿Quién le devolverá
a su hijo a María? Lo piensa y sabe que pronto morirá.
Entonces María escucha con profundo dolor, a su hijo pedir
misericordia para ella: Viendo a su madre y junto a ella al
discípulo a quien amaba, dice a su madre: Mujer ahí tienes a tu
hijo. Luego dice al discípulo: Ahí tienes a tu madre (Jn 19, 26-27).
Una vez muerto, vio a los enemigos de su hijo traspasarlo
con una lanza como si fuera un malhechor al que urgía
matar. La Pasión de su Hijo era su martirio de Madre.

198
Ustedes también darán testimonio

338. Nunca salió una palabra de boca de María. Todo fue


aceptar la voluntad de Dios. No renegó de su fe. Contra
toda esperanza esperó en Dios. Sabía que ni la muerte ni los
tribunales corruptos de la tierra tienen la última palabra.
Sabía que su hijo había pasado haciendo el bien y Dios no
defrauda a los suyos. Allí, al pie de la cruz, mientras su
hijo plenificaba el martirio, María se convertía en la proto-
confesora dando testimonio de fe con su silencio lleno de
dolor; lleno de confianza en Dios y lleno de valor. No quedó
defraudada. Tres días esperó con fe y su hijo, el Mártir en
Plenitud fue resucitado por Dios. Es de imaginar que fue
ella, la primera a quien visitó. Ninguna otra mujer como
María para confesar su fe ante los herodianos, romanos y
algunos judíos poderosos. Es, bendita entre todas las mujeres.
Ni los amigos de Jesús fueron vistos ese día en el Gólgota.
María, en cambio, con su silencio y lágrimas – rodeada
apenas del joven Juan y un grupo de mujeres – confesó
su fe en Dios y en el plan salvífico que su Hijo traía para
la humanidad. Hermoso testimonio de María, queridas
hermanas y queridos hermanos, que nos demuestra que la
mujer tuvo un papel preponderante en el plan salvífico de
Dios.
339. Muchas otras más, en la historia siguieron este ejemplo:
Felicidad, Fortunata, Inés, Cecilia, Blandina, Emerenciana,
Edith Stein; o las cuatro hermanas asesinadas aquel fatídico
2 de diciembre de 1980 en nuestro país; y más mujeres que,
pudieran ser nombradas entre laicas o de vida consagrada.
Son ejemplo, no sólo para otras mujeres sino para nosotros
los hombres. Nos dicen con su martirio, que seguir a
Jesús vale la pena. Que el Mártir en Plenitud y María la
Proto-confesora nos ayuden a vivir nuestro compromiso
bautismal con radicalidad; y la Eucaristía con entrega
completa a nuestro prójimo, sobre todo para con los más
pequeños del Reino.

199
II Carta Pastoral

3. Rutilio Grande, y Monseñor Romero: Mártires


que nos invitan a ir tras el seguimiento de Jesús
340. En ocasiones he escuchado expresar a algunas personas
que, imitar a ese Jesús o a esa María, que caminaron por
las calles de Jerusalén, es imposible. Pretextan que no eran
personas como nosotros sino seres especiales. A los que así
opinan, les invito a considerar que los veinticuatro mártires
aquí presentados y los cientos de seglares cuyos martirios
debemos averiguar a profundidad, nos dicen con su vida,
pasión y muerte: ¡Imitar a Jesús y a María ES POSIBLE!
341. Designo este numeral con el nombre de tres de ellos
para significar que son sólo una muestra del martirologio
salvadoreño. Tenemos un amplio número de mártires en
quien reflejarnos y comenzar a imitarlos en su seguimiento
a Jesús. No nos escondamos en pretextos fútiles en los que
parapetándose se descuiden de cumplir su compromiso
bautismal y la Eucaristía como entrega a nuestros y nuestras
hermanas, sobre todo, los más pobres. Caminemos,
entonces, tras sus huellas sin temor y con confianza en
Dios sabiendo que su Hijo, el Mártir en Plenitud estará
con nosotros por siempre; y María, la proto-confesora,
también.

200
Ustedes también darán testimonio

EXHORTACIÓN FINAL

342. No quiero terminar esta Carta Pastoral sin antes


dirigirme:
343. A los confesores de la fe – hombres y mujeres – que
aún viven. Les expreso mi profundo agradecimiento por
el testimonio de fe que dieron en los mom entos duros de
persecución a los cuales nuestra amada Iglesia fue sometida
por hacer la voluntad del Mártir en Plenitud. Muchos de
ustedes fueron torturados, maltratados, perseguidos una
y otra vez, calumniados, difamados, acusados inclusive
ante autoridades máximas de nuestra Iglesia, sufrieron
exilio y hasta incomprensiones por sus mismos hermanos
o hermanas de la Iglesia. Aun así, no renegaron de su
fe. Supieron mantener su fe firme en Dios y su temple
humano a la altura esperada por Cristo. La Iglesia admira
en ustedes esa fe firme en Dios, su perseverancia hasta
el día de hoy manteniéndose en comunión con la Iglesia;
pero, también admira en ustedes, su capacidad de perdón
para con los victimarios que tanto mal les hicieron. Gracias
por su testimonio, el cual estamos llamados a imitar. ¡Que
Dios les bendiga grandemente queridas y queridos míos
y les dé su paz ahora y por siempre! La Iglesia les debe
mucho. ¡Gracias una vez más!
344. A las víctimas del conflicto armado y a las víctimas
de la violencia social actual. A las primeras quiero
manifestarles que lamentamos todo el sufrimiento que
atravesaron durante el conflicto armado, algunas de cuyas
secuelas siguen sintiendo en su vida personal y en sus
familias. En base a este sufrimiento les pido; primero, que

201
II Carta Pastoral

sepan perdonar – si aún no lo han hecho – a sus enemigos.


El Mártir en Plenitud nos lo pide: Amen a sus enemigos, oren
por sus perseguidores (Mt 5,44), de tal forma que lleguemos
a ser perfectos como nuestro Padre que está en los cielos lo
es (cfr. Mt 5,48). Segundo, les pido que no cesen de pedir
justicia por los crímenes cometidos contra sus personas,
familiares o comunidades. No se trata de venganza sino
de la necesidad de cerrar un doloroso suceso por medio
del conocimiento de la verdad y la aplicación de la justicia.
Nuestra Iglesia, como bien saben, ha estado amparándoles
siempre; y es nuestro compromiso apoyarles siempre.
Recuerden que la paz verdadera es aquella mostrada por
el salmista: Amor y Verdad se han dado cita, Justicia y Paz se
besan. Verdad brota de la tierra, Justicia se asoma desde el cielo
(Sal 84, 11-12). A las Victimas de la violencia social actual,
les digo que la Iglesia les acompaña de cerca, se solidariza
con ustedes y hace suyo su dolor. Estamos con ustedes para
apoyarles en todo lo que podamos y estaremos siempre
con ustedes, a la vez que les encomendamos a Dios.
345. A nuestros hermanos y hermanas de otras
denominaciones religiosas; y a los hombres y mujeres de
buena voluntad, por dos razones, primero para agradecer
a muchos y muchas de ustedes que por aquellos años
unieron sus voces a la voz de la Iglesia católica, exigiendo
el respeto por los derechos fundamentales del ser humano,
especialmente de los más vulnerables; denunciando los
abusos de poder cometidos a las víctimas inocentes; y
acompañando al pueblo de Dios, así como al pueblo
salvadoreño en general. Y, segundo, para exhortarles
a seguir trabajando por hacer presente el Reino de Dios
desde una visión ecuménica. La lucha por alcanzar la paz
verdadera es, quizá, uno de los puntos más fuertes a seguir
trabajando; y qué mejor forma para lograrlo que con una
postura fraterna y solidaria.

202
Ustedes también darán testimonio

346. A los Movimientos y Asociaciones apostólicas, a las


Comunidades Eclesiales, Comunidades Eclesiales de
Base, a los Misioneros laicos y a todos los Agentes de
pastoral, exhortándoles a trabajar de lleno en la misión;
tenemos en nuestros y nuestras mártires, modelos en
abundancia, testimoniando que seguir a Jesús es posible.
Les invito a estudiar la presente Carta Pastoral; y otros
documentos; entre biografías o textos de nuestras y nuestros
mártires con el objetivo de conocerles mejor. Jesús necesita
de mujeres y hombres comprometidos en la construcción
del Reino. Ustedes están llamados a ser sal y fermento de
nuestra sociedad, llevando el mensaje de la Buena Nueva
a los distintos sectores que la componen; denunciando
el pecado que impide la conversión de nuestro prójimo.
Les invito a ser pescadores que lanzan sus redes al mar
a tiempo y a destiempo; obteniendo una pesca milagrosa
de la cual formar nuevos pescadores; es decir, nuevos
misioneros, nuevos pastores, nuevos catequistas, nuevos
agentes de pastoral. No se acomoden al calor fraternal de
sus comunidades, asociaciones o movimientos apostólicos.
Sean como nuestros mártires: Mujeres y hombres que
viven su compromiso bautismal de lleno; y se entregan a
los demás, siguiendo el ejemplo de Cristo en la Eucaristía.
Trabajen con sus párrocos elaborando proyectos de misión;
y hagan del anuncio del Reino el eje central de sus vidas.
347. A los jóvenes, para pedirles que estudien las vidas
de los mártires salvadoreños tomándoles como modelos
de seguimiento a Cristo. Ustedes suelen tener paradigmas
muy atractivos a quienes seguir; pero con proyectos de vida,
casi siempre, errados. Drogas, alcohol, individualismo,
egoísmo, violencia. Nuestros y nuestras mártires, en
cambio, les ofrecen a ustedes un ejemplo de vidas bien
aprovechadas en beneficio del Reino. Escucharon el
llamado de Dios a tempranas edades, adquiriendo un
serio compromiso que delineó sus vidas hasta el último

203
II Carta Pastoral

día que permanecieron en nuestra tierra. Conózcanles y


arriésguense a seguir sus huellas que no son otras que las
huellas del Mártir en Plenitud, El Señor Jesús. Ustedes son
el hoy y el futuro de este país. Están llamados a construir un
nuevo El Salvador; pero, no con ideologías que conducen
a la muerte, sino con la fe. Hagan de este país, una tierra
llena de solidaridad, fraternidad, paz, justicia, verdad y
amor, asentados en Cristo. Tenga fe en Dios y no teman
porque Jesús, José y María caminan a su lado.
348. A los victimarios; o sea, esas ovejas en penumbras,
para invitarles a recapacitar – si aún no lo han hecho –
sobre su actitud de haber lastimado, perseguido y dado
muerte a inocentes. Se han comportado como Caín con
su hermano Abel. Han dado muerte a justos; y la voz de
Dios sigue esperando respuesta: ¿Qué has hecho de tu
hermano? No para vengar su muerte, pagando violencia
con violencia. ¡No! Les dirige esa pregunta para que
ustedes se arrepientan, confiesen su pecado y se conviertan
aceptando, si es preciso, las consecuencias lógicas de su
pecado. Es lo único que Dios espera de ustedes. Dios
les espera con los brazos abiertos para darles el perdón.
Escuchen el llamado de Dios: ¡Arrepiéntanse, porque el
Reino de Dios ha llegado! (Mt 4, 17). No desprecien, les
pido, el Reino de Dios por un anti reino de muerte y sangre.
349. A las personas dedicadas a la política, para pedirles
que no vulneren los derechos de los más débiles del
país. Sé que ustedes intentan hacer un buen trabajo; pero
deben hacer el mejor esfuerzo. No caigan en la práctica de
partidarismos que únicamente polarizan aún más nuestra
ya dividida sociedad. En su lugar, trabajen por el bien
común; especialmente de los más pobres. Recuerden las
palabras de nuestro querido Papa Francisco: La política,
tan denigrada, es una altísima vocación, es una de las formas

204
Ustedes también darán testimonio

más preciosas de la caridad porque busca el bien común244.


La política en El Salvador está altamente denigrada. A
ustedes, los políticos, el pueblo les considera corruptos;
aprovechados; ideologizados; populistas; protectores
de sus propios intereses; manipuladores de sindicatos,
gremiales o asociaciones en provecho personal; entre
otros; algo que rebaja el alto destino de la política a mera
politiquería. El pueblo les escogió con la esperanza de
que ustedes harían del país un lugar mejor para vivir
con dignidad. No se afanen por sus intereses negociando
bajo la mesa; lo que transparentemente pudiera acordarse
sobre ella, con una buena dosis de ética; y compromiso
cristiano, para aquellos que se llaman, miembros – mujeres
y hombres – de nuestra Iglesia. Ni la religión ni la Iglesia
son un muro tras el cual parapetarse. ¡Cumplan la misión
de políticos de que fueron investidos! No se burlen del
pueblo acusándose unos a otros, creando cortinas de humo
con las cuales cubrir sus propios errores; o esperando
campañas electorales para pensar en el bien común. Un
bien común que es responsabilidad de ustedes todos los
días del año y todos los años que dure su gestión; ya sea
como diputados, miembros del ejecutivo u otro cargo
político. No está el ser humano al servicio de la política
sino la política al servicio del ser humano. ¡Recapaciten! Y
no precipiten al país a situaciones similares a las vividas
en las décadas del setenta, ochenta y noventa por simples
caprichos electoreros o intereses de clase social. ¡Basta ya
de eso, se los ruego! Trabajen por el bien común, por favor.
350. A los empresarios y personas del poder económico,
para pedirles que sean buenos administradores de los bienes
que Dios, en su magnánima actitud de Padre Providente,
les proporciona. No sean acaparadores como el hombre que
derribó sus graneros para hacer unos más grandes. No es

244. Papa Francisco, Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, n. 205.

205
II Carta Pastoral

justo pagar un salario mínimo apenas de subsistencia, y a


veces ni siquiera suficiente para subsistir, deben pagarse
salarios dignos y justos; como tampoco es justo que las
mujeres reciban un salario más bajo que el percibido por
los hombres, simplemente por ser mujeres. Tampoco es
justo que despidan a las mujeres por su maternidad, o que
ni siquiera tenga acceso a un trabajo si espera un bebé.
Una actitud como ésta sólo demostraría que ustedes se
oponen a la vida y con ello al Dios de la vida. No exploten
ni maltraten al trabajador. Respeten sus días de reposo y
descanso. No les despidan por causas injustificadas. Hagan
de la economía un servicio que mejore la calidad de vida de
las mayorías, sin olvidar la protección del medio ambiente
que tan deteriorado está. Pongan la economía al servicio
del pueblo y no obliguen al pueblo a servir a la economía.
La economía no trabaja en función de partidos políticos
ni manipula partidos políticos a su favor. Hacerlo sería
corrupción. En El Salvador, a veces pareciera que se tiene
una economía que mata: Mata a las personas con lo sueldos
bajos que ofrece; mata la naturaleza por todos los flancos, la
agricultura; el urbanismo desmedido y desordenado que las
empresas constructoras emprenden; la minería que mata la
vida de forma inmisericorde e irreversible, la cual debe ser
rechazada por todos y prohibida por la legislación nacional;
el turismo mal dirigido que arruina las pocas zonas verdes
del país, playas, ríos o montañas; y cuántas otras actividades
se pudieran mencionar; mata las esperanzas de los jóvenes
al carecer de fuentes de trabajo que le aseguren una vida
digna; mata a los adultos mayores y ancianos por dejarlos,
después de una vida entregada al desarrollo de este país
y de vuestras empresas, sin una pensión justa. ¡Les ruego
ayuden al pueblo, a las grandes mayorías a mejorar sus
condiciones de vida! No permitan que la brecha entre pobres
y ricos – ya de por sí muy ancha – se ensanche todavía más.
Aprendan de nuestra misma historia. La guerra civil tiene
como una de sus raíces principales la enorme desigualdad

206
Ustedes también darán testimonio

económica que existía por aquellos años gracias a la “injusta


distribución de las riquezas en boga”. No cometan el mismo
error de los encargados de la economía de aquellos años.
No idolatren al dinero. Recuerden las palabras que el
Papa Francisco dirigió a las personas en su Catequesis de
la Audiencia del 11 de enero del presente año: Si se pone la
esperanza en los ídolos, te haces como ellos: imágenes vacías con
manos que no tocan, pies que no caminan, bocas que no pueden
hablar. No se tiene nada más que decir, se convierte en incapaz
de ayudar, cambiar las cosas, incapaces de sonreír, de donarse,
incapaces de amar. ¡Hagan de la economía una fuente de vida
para el ser humano y el cosmos!
351. A los legisladores y encargados de la ley, para pedirles
que luchen contra la impunidad. Que Dios no les recrimine
como a los jueces en tiempos de Amós: ¡Ustedes convierten
en veneno el derecho y en ajenjo el fruto de la justicia! (Am
6, 12). Veinticinco años han transcurridos desde la firma de
los acuerdos de paz sin verse frutos concretos de la justicia
allí exigida. No es posible que masacres, crímenes de lesa
humanidad o cualquier otro tipo de muerte continúe
sin justicia. Las heridas provocadas por la guerra siguen
abiertas y sangrantes. La justicia, incluso la “justicia
transicional”, es la forma de sanarlas cerrando un ciclo
doloroso que permanecerá abierto en tanto las personas
desconozcan donde yacen los cuerpos de sus familiares
(si es que fueron secuestrados o desaparecidos); de qué
manera y por qué murieron; y conozcan a los verdugos de
sus familias. Es necesario aclarar crímenes de ese talante.
Se trata de limpiar el nombre de los asesinados vilmente
calumniados. No es venganza sino, conocer la verdad.
Una verdad que permita confiar en las instituciones
que administran la ley; así como, aquellas instituciones
encargadas de velar por la seguridad de la población que
por aquellos años fueron culpadas de matar al pueblo, en
lugar de velar por su seguridad.

207
II Carta Pastoral

352. A los educadores, para que enseñen a los estudiantes


a su cargo, a donde puede conducir el egoísmo, la avaricia
y el amor desordenado a los bienes terrenales. Enseñen la
verdadera historia de este país. Si no hay textos de historia
escritos con la debida profundidad, exijan que se elaboren.
Las nuevas generaciones tienen derecho a conocer lo qué
pasó y las razones que llevaron a nuestro país a una guerra
civil injusta y cruel, especialmente para con el pueblo,
cuyos efectos nocivos aún se hacen sentir. Hablen a sus
alumnos de nuestros mártires, resaltando que su único
deseo era hacer presente a Dios en una nación donde
sus líderes políticos y dueños del poder económico sobre
ponían el bien individual sobre el bien común. Situación
que no puede repetirse en nuestra historia. Ustedes
tienen entre manos el gran compromiso de formar nuevas
generaciones con capacidad de construir un nuevo país.
353. A nuestros hermanos y hermanas migrantes, para
expresarles que lamento mucho el viacrucis que deben
sufrir en su éxodo hacía un país donde esperan con ansias,
encontrar mejores condiciones de vida. Ustedes son el signo
que recuerda a este país, que las raíces de la guerra civil no
han sido superadas. La pobreza y la violencia continúan
aguijoneando al pueblo; esos son los detonantes para irse
de la tierra que les vio nacer. Nadie debería abandonar
su país ¡Nadie, hermanas y hermanos míos! Pero, la
injusticia social empuja al pueblo a un éxodo imparable y
cada vez más numeroso. Ruego por ustedes hermanos y
hermanas para que Dios les proteja en su recorrido y ante
la preocupante situación de ustedes a causa de las nuevas
medidas migratorias de EE. UU. somos muy solidarios y
tienen nuestro total apoyo para exigir que se respeten sus
derechos.
354. A nuestros centros educativos católicos, escuelas,
colegios y universidades católicas o de inspiración
cristiana, para pedirles que reflexionen esta Carta Pastoral

208
Ustedes también darán testimonio

con sus alumnos. Conocer a nuestras y nuestros mártires,


así como la misión de la Iglesia en el mundo, les ayudará
a recapacitar sobre su compromiso bautismal y su deber
de entrega a los demás como Cristo se nos entrega en la
Eucaristía. Posiblemente, acercarse a las vidas de mujeres y
hombres como nuestros mártires les ayude a considerar con
más detenimiento su vocación de servicio como sacerdote,
religiosa, religioso, o laico comprometido. Agradezco, por
otra parte, sus esfuerzos por formar nuevas generaciones
que ayuden al país. Su trabajo es conocido y reconocido.
No decaigan, pues, aunque a veces parezca que el mundo
se opone a nuestro trabajo. El mundo necesita; la Iglesia
necesita de instituciones educativas como las de ustedes
donde se formen personas cristianas; es decir, personas
amantes de Dios y de gran calidad humana avocados al
bien común y no a fines egoístas. Pongan énfasis en la
formación de políticos y economistas haciéndoles ver que
son carreras de servicio no de lucro personal. Ustedes son
la pieza clave en la formación de nuevas generaciones
capaces de hacer un país distinto; más cristiano y más
humano.
355. A los sacerdotes, mis queridos hermanos, para
agradecerles, en primer lugar, su trabajo, muy en especial,
a aquellos que acompañan a las personas en comunidades
que sufren mucha violencia. No me cabe duda que Dios
complacido les ve. Y por eso mismo, por esa mirada
amorosa de Dios que nos pide amar y cuidar del pueblo,
les pido que sigan acompañando a las personas en su
dolor. Tienen en sus manos a un pueblo que ha sufrido
por largo tiempo, que necesita ser consolado y animado,
para continuar; o quizá, descubrir su misión mientras
peregrina hacia el cielo. Como Jeremías, Isaías o Ezequiel,
ustedes están llamados a dar esperanza al pueblo en
estos momentos donde la pobreza y la violencia golpean
duramente. Les pido también, que den a conocer esta

209
II Carta Pastoral

Carta. Es necesario que el pueblo sepa de sus mártires;


pues ellos han configurado a nuestra Iglesia en Iglesia
martirial. Su sangre no puede haber sido derramada
estérilmente. Debe ser fruto de todo tipo de vocaciones al
servicio del Reino. Pueden promover charlas, seminarios,
encuentros juveniles, o grupos de estudio donde
reflexionar el contenido de esta Carta; o bien, de las dos
Cartas por si en algún caso, la Carta sobre la violencia no
ha sido estudiada. Nuestro pueblo necesita de sus pastores.
Necesita aprender que una fe desencarnada no conduce al
país a Cristo. Deben enseñar al pueblo su compromiso de
transformar la sociedad; y vivir su compromiso bautismal
de lleno. Ayuden a laicas y laicos a comprender que: La fe
todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino sobre
la entera vocación del hombre. Por ello orienta la mente hacia
soluciones plenamente humanas (GS 11). Si tienen escuelas de
teología en sus parroquias, aprovechen ese recurso, para
dirigir charlas o analizar dentro de las escuelas la Carta en
alguno de los espacios de que dispongan. Animen a sus
fieles a formarse en dichas escuelas. Promuevan, pues, las
vidas de nuestras y nuestros mártires, por favor.
356. A nuestros seminaristas, pidiéndoles que por favor
estudien, lean, investiguen las vidas de nuestros y nuestras
mártires. Les ayudará a comprender que la vocación
sacerdotal debe ser vivida como entrega total al pueblo
de Dios cuyo cuidado, indignamente recibimos, al ser
ordenados. Por favor, hijos míos, estudien la historia de
este país para que sepan responder adecuadamente a las
necesidades del pueblo. Aprendamos del Padre Rutilio que
supo ser y hacerse del pueblo, encarnar el Evangelio en la
realidad y con ello, atraer al pueblo a la Iglesia; siguiendo
en esto, el ejemplo de Jesús que vino a la tierra y se hizo
carne, como uno de nosotros. Fue judío como todos los
judíos. No se comportó como ser ajeno a sus costumbres.
Esto les obliga a ustedes, queridos hijos, a estudiar mucho

210
Ustedes también darán testimonio

para servir al pueblo como nuestras y nuestros mártires lo


hicieron.
357. A las queridas hermanas y a los queridos hermanos
religiosos, agradeciendo antes que nada su labor de
servicio pastoral a lo largo del país, para con los más
pobres, enfermos, marginados y excluidos, sobre todo.
Agradezco también su entrega al trabajo en Escuelas,
Colegios, Universidades o Parroquias. Les animo a que
sigan trabajando por el Reino, con ese carisma propio y
generoso de sus fundadores. Muchos de ustedes se glorían
de tener mártires dentro de sus Órdenes y Congregaciones,
que derramaron su sangre en este país que, dichosamente
su tierra ha sido regada por esa bendita sangre. Les
felicitamos por ese don maravilloso de contar con mártires
entre los suyos y les agradecemos por ser ellos también
nuestros mártires. Les pido sigan animando al pueblo en
estos momentos en que la violencia y la pobreza provocan
estragos entre los más pobres. Enseñen y motiven a los laicos
y laicas a estudiar teología, a recibir formación bíblica y a
integrarse a comunidades o pastorales de la Iglesia para que
vayan conociendo más a Dios y entregándose al trabajo de
la misión. Reflexionen esta Carta, promoviendo entre ellos
el acercamiento a nuestros y nuestras mártires, por favor;
así como, animándoles a tomar un serio compromiso en
sus parroquias. Animen a laicos y laicas a ser protagonistas
en la salvación de la historia. Ustedes pueden lograrlo con
la ayuda de Dios. ¡Que Dios los bendiga!
358. En cuanto a mí, estoy comprometido a enseñar la vida
de nuestro venerable Siervo de Dios Rutilio Grande; la de
nuestro Beato Monseñor Oscar Arnulfo Romero; y la de
todos nuestros mártires; proponiéndoles como modelos a
imitar en una Iglesia que muchas veces olvida la vivencia
comprometida de su bautismo; y la entrega generosa como
Cristo en la Eucaristía. Es mi deber animar al pueblo de
Dios a mí encomendado, a tomar la salvación de la historia

211
II Carta Pastoral

en sus manos; convirtiéndose en levadura en una sociedad


cada vez más individualista, polarizada, calculadora,
violenta y materialista. Así mismo, tengo el compromiso
de seguir animando a las autoridades políticas y dueños
del poder económico a conseguir la paz; por medio, de la
creación de leyes y programas sociales que beneficien a las
grandes mayorías. Animarles a que trabajen por el bien
común deponiendo los intereses partidaristas. Es también,
mi obligación denunciar aquellas acciones generadoras de
violencia contra el ser humano y el medio ambiente que
tanto desangran este pequeño país; así como, exigir justicia
y la abolición de la impunidad. Por último, y no por ello,
menos importante, es mi deber animar, dar esperanza y
acompañar a mi Grey, a mis hermanos laicos y laicas, a mis
hermanos sacerdotes, religiosas y religiosos.
359. Quiero terminar esta Carta pastoral encomendando
nuestro bello; pero sufrido país, al Sacratísimo Corazón
de Jesús. Que Él nos ayude a convertirnos en artesanos de
la paz haciendo de nuestro país un lugar especial donde
reine la justicia, la paz, el amor y la verdad. Para finalizar,
invoco la bendición de Dios Todopoderoso en favor de
todos ustedes y de nuestra amada nación. Amén.

San Salvador, 12 de marzo de 2017.

José Luis Escobar Alas


Arzobispo de San Salvador

212