Está en la página 1de 6

Sala de Prensa

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS


129
Agosto - 2010
Año XI, Vol. 6

ARTICULOS Página principal

La crónica: disección de un ornitorrinco


Juan Villoro *

En uno de los textos contenidos en el libro Safari accidental (2005), Juan Villoro asegura: “Si Alfonso Reyes juzgó que el
ensayo era el centauro de los géneros, la crónica reclama un símbolo más complejo: el ornitorrinco de la prosa”. Dispuestos a
diseccionar tan exótica y amenazada especie, a espaldas de la Sociedad Protectora de Animales y sin la ayuda de Linneo, se
encontraron con el escritor mexicano 14 periodistas provenientes de ocho países de América Latina en la ciudad colombiana de
Cartagena de Indias. Bajo la dirección del escritor, el aula de la FNPI se convirtió así durante los cinco días del Taller de
Periodismo Narrativo, en un laboratorio donde fueron separadas y estudiadas las partes de este ignoto miembro de la familia
Ornithorhynchidae. Puesto sobre la mesa de disección, el espécimen mostró ser un verdadero rompecabezas biológico en el que
se pueden encontrar características de la novela, el cuento, la entrevista, el teatro, el ensayo y otras familias taxonómicas del
orden escrito. Pero con una particularidad que advierte Villoro en su ensayo: “la crónica es un animal cuyo equilibrio biológico
depende de no ser como los siete animales distintos que podría ser”. Las siguientes fueron las palabras del maestro Villoro
durante el transcurso de tan delicada operación.

Características de la especie

El género del periodismo narrativo, la combinación de literatura y periodismo, pasa


por un momento ambivalente. Yo estudié sociología y tenía un profesor que nos
decía: estudien muchachos o van a acabar de periodistas. En esa época, el
periodismo no se había profesionalizado. Durante mucho tiempo fue visto como una
zona de preparación para otra cosa: se dedicaban a eso esperando una oportunidad
mejor en la literatura, en la política. Ese es un prejuicio superado e innecesario para
nosotros.

Se pensaría que Hemingway o García Márquez hicieron trabajo de albañilería


como periodistas para ser luego grandes arquitectos como novelistas. Esta
definición es falsa. Puede haber un periodismo tan interesante como una
novela o superior. Depende de quién lo ejerza y cómo lo haga. Sin embargo, no
dejará de pasarnos que si vamos a un festival como periodistas nos ponen en un
hotel de tres estrellas en la periferia y si vamos como escritores en uno de cinco
estrellas en el centro y nos llamen: maestro.

Hay una inflación intelectual del género de la crónica, en el sentido de que cada vez
son más frecuentes los encuentros de cronistas, los talleres, los premios; cada vez
adquiere más prestigio la crónica. Tenemos que tener cuidado con esto. Hay un gran
coro en torno a la crónica, pero hay enormes dificultades para ejercerla y pocos
espacios. Es como los pájaros exóticos que llaman la atención pero rara vez se ven.
Tengo miedo de que esto se convierta en algo que se habla académicamente pero no
se ejerza, como una corriente que solo sirve para ser enseñada.

Los medios que realmente se alimentan de textos le tienen una enorme desconfianza
a la crónica, porque les requiere un mayor esfuerzo en tiempo, dinero y espacio. No
hay un solo editor que no elogie la crónica por razones de prestigio social, pero
luego no las publican. Los cronistas son como los cascos azules de la ONU, que
tienen un gran prestigio simbólico, pero pocas oportunidades de entrar en acción. Así
que debemos asumir el ejercicio de la crónica de manera tan radical como el
ejercicio de la poesía.
De la novela: las herramientas

La idea de mezclar literatura con no ficción se puede rastrear desde la Biblia. A partir
de los mismos evangelios podemos encontrar distintas estrategias para abordar y
narrar un hecho. Mateo toma como fuentes a varias historias populares, Marcos
entrevista a San Pedro, Lucas es un médico que hace un trabajo erudito de
reconstrucción de los hechos.

Existen vasos comunicantes entre los distintos géneros artísticos, si nos acercamos a
la literatura podemos mejorar nuestro periodismo y si nos acercamos al periodismo
podemos mejorar nuestra literatura. La verosimilitud, por ejemplo, de los momentos
mágicos en la obra de García Márquez proviene de la exactitud del periodismo.

Que se cuente algo como un relato de ficción no quiere decir que no es comprobable,
que no puede ocurrir. Esto nos acerca a la convivencia feliz entre la ficción y la no
ficción. No estamos ante un discurso de la mentira, estamos ante un discurso de lo
inverificable. Si pensamos así, podemos pensar más generosamente en los estímulos
que llegan de la ficción.

Cuando alguien tiene la voluntad de hacer una crónica, debe ir hasta las últimas
consecuencias del género. Cuando haces crónica, haces crónica. El camino
intermedio no lo entiendo. Si existen los géneros de la ficción y la no ficción, vale la
pena correr con los riegos de asumir cada uno.

Del reportaje: la verdad, la investigación

Los límites entre ficción y no ficción son muy claros en la medida en que no se puede
tergiversar la verdad. Yo creo que el cronista sirve a la verdad, y puede reconstruirla
de manera intensa con técnicas que involucren la subjetividad de los testigos y que
recuerden la estructura de un relato de ficción, así como las emociones y
sentimientos de los personajes de novela. Pero, en ningún momento, debe novelizar
la realidad; para eso es muy fácil dedicarse a la novela. En la novela se puede
mentir con conocimiento de causa a partir de hechos reales. En la crónica no se
puede ni se debe hacer esto. Por supuesto, es una postura personal; hay quienes
trasgreden con mayor flexibilidad este límite pero yo creo que tenemos un
compromiso ético con la verdad.

El periodista entra a una realidad de la que no es juez absoluto; sabe que eso es
verdadero, al menos en el momento de escribir esa crónica. Debe atenerse siempre
a la verdad, por el contrato que tiene con hechos que realmente sucedieron evitando
la mentira y sus variantes más sofisticadas: la distorsión y la opinión que tergiversa.
La objetividad del periodista se mide por no tener pruebas en contra. El periodista
sabe que la verdad es relativa, pero al no tener pruebas en contra, puede decir que
es verdadero lo que encuentra.

Por eso, es decisivo ser honestos y plantear un punto de vista muy claro desde el
principio. Esto se puede dar de manera implícita, dejar claro desde dónde estamos
hablando, cómo llegamos a nuestra crónica. Es importante que el lector sepa el
grado de aproximación a la verdad para que pueda ponderarla.

Del cuento: el sentido dramático y la estructura

Una crónica debe empezar sin poner mucho énfasis en su propia importancia, con un
detalle lateral, que no sabes muy bien a dónde te va a llevar. No le conviene a la
crónica delatar cuál es su importancia absoluta, le conviene arrancar con un misterio
menor. Por ejemplo, si vamos a hablar de una persona que murió, podemos hablar
de algo como un remanente, que es un símbolo o un saldo de la ausencia. Creas una
imagen de un sitio, una circunstancia que cautive, y pones en escena una realidad.
Componer un lugar significa que nosotros como lectores visualicemos el escenario
donde ocurre la acción.

Muchas de las mejores entradas de crónica tienen que ver con fijar un día especial.
Porque en el desarrollo de la crónica debemos dar la sensación de que estamos
poniendo en la encrucijada cosas que no se habían contado antes. Toda crónica trata
de poner una situación en encrucijada. ¿Por qué contamos una historia? Porque se
cruzaron dos cosas que normalmente no se cruzan. Nosotros escribimos cosas que
sólo se pueden encontrar en nuestras crónicas. Cuando narramos, apelamos a algo
singular e irrepetible. ¿Por qué narrar esto? Porque sólo ocurrió de esta manera.
Cuando un texto, de ficción o no ficción, es reiterable, no es necesario narrarlo,
porque no es una historia. La historia comienza con algún tipo de excepción.

Los hechos públicos tienen vida privada. Si nosotros ponemos detalles de la vida
privada al principio damos la idea de que estamos poniendo en contacto con una
parte inédita de la realidad. Siempre se debe partir de lo particular, lo individual, lo
íntimo, antes de los datos que lo refuerzan. Pasamos de la historia individual al
impacto público. Ponemos primero a Mario Pérez y después la estadística del
desempleo. Nos centramos más en lo individual y lo particular, para después pasar a
lo estadístico y los datos. Pero en algún momento debemos hablar de la vida pública,
de la importancia noticiosa de lo que estamos diciendo. Lo que seguimos narrando
en adelante debe mezclar lo público y lo privado.

Otra de las características significativas es la noción de unidad, sea un texto de dos


párrafos, un artículo de opinión cargado de intención o una crónica. Esto es
importante que lo tomemos en cuenta: una de las mayores obsesiones de un
contador de historias es que algo no parezca sustraído de un texto mayor, tenemos
que generar la sensación simbólica de que la historia está completa. Entonces uno
de los grandes desafíos es: por qué, cómo, de qué manera nuestra historia da la
ilusión de estar completa, aunque normalmente la realidad sigue ocurriendo después
de nuestra historia.

Es el caso del hombre que tiene 99 monedas que lo hacen infeliz, necesita tener las
100 para sentirse completo. Tenemos esa necesidad de cerrar, de completar. En la
ficción lo resuelves, pero en la realidad no es tan fácil. Por eso, uno de los grandes
desafíos es crear unidades de realidad para dar un sentido. Hay muchas maneras de
lograr esa unidad, de crear esta ilusión de que nuestra historia debe terminar. La
temporalidad es una de ellas. Podemos hacer un día: amanece y oscurece, una
semana, un año.

En ocasiones, las situaciones históricas, algún evento o acontecimiento significativo


permiten darle una coherencia más literaria que periodística a un hecho que puede
ser privado. Es muy común en la literatura que alguien decida contar una historia a
partir de un hecho histórico que le da coherencia. La historia de L.A. Confidential
transcurre mientras están quitando las letras del letrero de Hollywood. Esto no tiene
que ver con la trama, pero le da un marco. Situar una historia en la celebración de la
virgen de Guadalupe, en México, a lo mejor es un buen marco para contar algo que
no tiene nada que ver con eso. Podemos utilizar el marco de las elecciones
colombianas y encontrar allí una unidad. El hecho queda encuadrado en este destino
que lo trasciende, en un marco que nos estructura la realidad.

También podemos crear unidades simbólicas a partir de un objeto que va a


apareciendo a lo largo de la crónica; por ejemplo, el anillo de Noticia de un
secuestro. A todos nos conviene que haya cosas que se vayan repitiendo, para que
al final nos quede la ilusión de que tuvo un sentido. En esta ilusión de redondez que
tratamos de generar, uno de los recursos es empezar y terminar con la misma frase.
Es una forma más o menos trillada o artificial de hacerlo y creo que todos hemos
pasado por ahí.

No es que una crónica tenga necesariamente que cumplir con alguna de estas
estructuras, pero si ayuda a crear la sensación, la ilusión de que tenemos las cien
monedas.

Nosotros vamos a cubrir un suceso cuya verosimilitud, importancia y unidad, no está


en los hechos en sí. No somos transcriptores de la realidad, tenemos que hacer que
esos hechos funcionen como escritura. Pero muchas veces tenemos la sensación de
que la realidad no quiere ser escrita. Lo que más trabajo nos cuesta es adecuar la
realidad a la realidad del texto, que tiene exigencias especiales. Hay cosas que nos
van a causar sentido, que podemos reconstruir sin falsear los hechos, para que eso
tenga la congruencia narrativa que debe tener. Esa manera de trabajar la realidad es
lo que buscamos cuando hacemos periodismo narrativo.

Pero la realidad no produce historias ya hechas, hay que desenterrarlas de la


realidad y construirlas. La realidad del texto no está en la realidad. El periodismo
narrativo le da sentido a una realidad que se niega a tenerlo, que es caótica. En la
unidad de sentido que aporta está el valor ético y cultural de la crónica. ¿Cómo
transmitimos nuestro mensaje? Definitivamente, no con el mismo descuido con el
que ocurre la realidad, que de por sí no viene en el formato: planteamiento,
desarrollo, resolución. Nosotros hacemos, en nuestros textos, que sea así. La
realidad del texto responde a su propia lógica. Y es gracias al cronista que se nos
plantea una historia como algo que nos intriga, conmueve y cautiva.

De la entrevista: los personajes

No todos los personajes son igual de interesantes. Siempre hay que tratar de
tenerlos, pero algunos personajes y testimonios no son interesantes, aunque
entregan información que es importante. Lo bueno es saber dosificar unos y otros.
Hay personajes que requieren de mucho trabajo literario para que sean interesantes,
hay otros que los datos en bruto que entregan ya los hacen noticia. Una de las
grandes lecciones de Kapuscinski es que nunca los ve como informantes; encuentra
que toda persona, por poco acceso que tenga a la cultura, tiene derecho a ser muy
neurótica.

Todo suceso ocurre en el mundo de los hechos, pero repercute en la mente de los
testigos, en la concepción que se tiene de ese hecho en un tiempo. El periodismo
narrativo busca reconstruir los hechos, con la intensidad de quienes lo vivieron.
Mezclar lo colectivo, el destino público, con lo individual, con lo privado. Este cruce
de lo público y lo privado hace que, al mismo tiempo, se crucen las nociones de
información y emoción. Cuando reconstruimos una historia, se entiende una noticia
abstracta como un relato concreto que afecta a un protagonista o a grupo de
personas.

Hay cosas que debes saber de los personajes aunque más tarde no las pongas:
prefiere dulce o salado, montaña o mar, bicicleta o caminar. Es un grado de dominio
del personaje que es necesario tener aunque no venga a cuento. ¿Por qué tengo que
saberlo? Porque tienes que conocer al personaje, hay cosas que debes saber aunque
más tarde no las pongas: la forma en que habla, las expresiones, los ademanes, el
tono de voz, hay que fijarse en esos detalles.

Cuando registramos una noticia tenemos una serie de datos fácticos que construyen
un hecho noticioso. Para que podamos revivirla en toda su intensidad necesitamos
reproducirla a través de la voz de quienes pasaron por esa situación. El periodismo
narrativo puede hacer que hechos distantes nos toquen de alguna manera, como si
nosotros hubiéramos estado ahí. La utilidad básica del periodismo narrativo es esta.

Del teatro grecolatino: el coro

Las cosas ocurren dos veces: en los hechos y en la representación de los hechos que
nosotros hacemos como cronistas. Cuando llegamos a un lugar, muchas veces las
personas ya tienen una opinión formada sobre el hecho, eso forma parte de la
realidad. En la descripción del hecho está no sólo lo que ocurrió sino cómo lo vivió la
gente y cómo lo cuenta. Esto nos ayuda mucho con informaciones no confirmadas.
La polifonía de testigos, los parlamentos entendidos como debate, la "voz de
proscenio", como la llama Wolfe, es la versión narrativa de la opinión pública, cuyo
antecedente fue el coro griego.

Una de las cosas más ricas del periodismo es que admite la presencia no sólo del
periodista ajeno, sino del periodista confundido. Muchas de las grandes crónicas han
sido escritas desde la perplejidad, a veces los malentendidos explican muchas más
cosas. Malcom Lowry lee en un restaurante “pollo especial de la casa”, pero entiende
“pollo espectral de la casa” y elabora toda una teoría sobre la relación de México con
la muerte. La equivocación agrega datos a la percepción que tenemos de la realidad.

En nuestros países suelen manejarse informaciones erróneas sobre los hechos


noticiosos. Pero esas informaciones erróneas reflejan lo que piensa la gente. Hay
que tomar distancia y decir que lo que dice el personaje se aparta de la realidad; sin
cuestionarlo, solamente dando el dato fáctico. Eso enriquece al personaje por su
desinformación, pero sin ser derogatorio. Simplemente decir: en realidad pasa esto.
¿Qué cosas debemos citar y qué cosas no debemos citar? Cuándo algo es una
información necesaria, pero está muy mal escrito, si no satisface como lectura, hay
que hacer una paráfrasis, una mención, una explicación.

A veces, ante el cronista, la gente revela cosas que ni ella misma es consciente que
está revelando. Nosotros somos los que nos damos cuenta. ¿Cómo llegar a estas
voces? ¿Podemos meter voces que de alguna manera hemos espiado, que no saben
que son objeto del reportaje? Yo creo que es mucho más interesante que todos los
testimonios sean recolectados como periodista. Estar en los sucesos como periodista
implica reconocer que no perteneces completamente a ellos. Una paradoja es que los
informantes, sobre todo si es gente humilde, trabajan a mucho gusto con los
periodistas. Muchas veces la gente te va a decir más cosas si tu juego es limpio, si
te acercas sin mimetizarte.

Muchos reportajes de inmersión son más interesantes por la forma cómo fueron
hechos, pero fracasan como reportajes. Muchas veces las crónicas uno las rechaza
precisamente por eso, porque el cronista pone más énfasis en sí mismo. Hay
crónicas muy personales que son así, por ejemplo los diarios de viaje, donde todo lo
que pasa le pasa al autor. Yo creo que en ese sentido, cuando el cronista llama más
la atención sobre sí mismo no está sirviendo al principio fundamental de la crónica,
que es narrar una realidad más interesante que el propio cronista. Relato de un
náufrago es un ejemplo inmejorable de cómo puedes meterte en la piel de alguien
sin haber naufragado ni haber estado en el mar.

¿Hasta dónde podemos estar seguros de que lo que nos dicen es cierto? Muchas
veces recibimos versiones contradictorias, o fallamos en el intento de tenerlas. Es un
tema difícil de manejar. El grado de acceso a la verdad nunca es absoluto. En los 60
estuvo muy de moda darle voz a los que no la tienen, pero eso es un acto de
paternalismo difícil de aceptar. Ese es el gran desafío ético de los testimonios. Tener
un testigo integral es imposible, pero tenemos que acercarnos a ellos tanto como
nos sea posible, sin dejar de ser nosotros, sin fingir que los suplantamos, que
hablamos por ellos. La persona que habla siempre quiere callar algo, no
necesariamente es algo importante; curiosamente puede ser que callen lo mejor de
sí mismos. Como periodistas nos conviene tener su mejor versión de los hechos.

Del ensayo: la argumentación

La crónica, el periodismo narrativo, comparte con el ensayo la posibilidad de


argumentar y conectar saberes dispersos. El cronista es el acompañante del lector a
través de la realidad. Todo viaje gana cuando alguien comenta algo que te lo hace
más comprensible. En este sentido el criterio es sentir que se representó una
realidad, sentir que alguien nos acompañó ubicándola en un tono de sentido común.
No se trata de una voz que se nos impone, que nos alecciona, que nos enseña, sino
una compañía comentada del cronista.

De la autobiografía: la memoria

A veces el gran problema que enfrenta el cronista es la sobreabundancia de datos.


Por eso, el reportaje esencial es el que tenemos en nuestra propia memoria. A veces
tenemos tantos datos que cuando nos basamos en nuestra memoria, por fuerza los
vamos a decantar. Después acudimos a los datos y las grabaciones para
complementar, porque se puede haber olvidado algún dato importante. Pero lo
fundamental, lo que más llamó nuestra atención, lo más interesante, es lo que se
quedó en nuestra memoria.

La cita completa:

“Si Alfonso Reyes juzgó que el ensayo era el centauro de los géneros, la crónica
reclama un símbolo más complejo: el ornitorrinco de la prosa. De la novela extrae la
condición subjetiva, la capacidad de narrar desde el mundo de los personajes y crear
una ilusión de vida para situar al lector en el centro de los hechos; del reportaje, los
datos inmodificables; del cuento, el sentido dramático en espacio corto y la
sugerencia de que la realidad ocurre para contar un relato deliberado, con un final
que lo justifica; de la entrevista, los diálogos; y del teatro moderno, la forma de
montarlos; del teatro grecolatino, la polifonía de testigos, los parlamentos
entendidos como debate: la "voz de proscenio", como la llama Wolfe, versión
narrativa de la opinión pública cuyo antecedente fue el coro griego; del ensayo, la
posibilidad de argumentar y conectar saberes dispersos; de la autobiografía, el tono
memorioso y la reelaboración en primera persona. El catálogo de influencias puede
extenderse y precisarse hasta competir con el infinito. Usado en exceso, cualquiera
de esos recursos resulta letal. La crónica es un animal cuyo equilibrio biológico
depende de no ser como los siete animales distintos que podría ser.”

* Juan Villoro es escritor mexicano, colaborador asiduo de Proceso, y del diario Reforma. Relatoría del
Taller de periodismo Narrativo con Juan Villoro Disección de un ornitorrinco, Cartagena de Indias
(Colombia), del 25 al 29 de mayo de 2010. Organizado por: Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano
(FNPI), Corporación Andina de Fomento (CAF), CEMEX y Fundemas. Relator: Marcelo Riccardi Doria.
Editor: Jairo Echeverri García.