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La ansiedad conduce a negativos síntomas físicos y conductuales que afectan la

cotidianidad y resultan limitantes para quien los padece.

Nervios desbordados: síntomas de la ansiedad generalizada

Aunque parezca extraño, sentir ansiedad o estrés es parte de nuestra amplia gama de
mecanismos de defensa.

La ansiedad es una respuesta frente a las amenazas; está orientada a combatir el peligro
o a escapar de él de manera inmediata.

Desde tiempos remotos, el estrés actúa como una forma automática de activar la
ejecución de conductas de autopreservación.

Dichas conductas están destinadas a protegernos. De no estar presentes, seríamos


víctimas de peligros inminentes y por ende, de la extinción de la especie.

Este proceso es el resultado de la activación de complejos mecanismos originados en el


sistema nervioso.

Éstos no actúan de forma aislada; a través de señales neuroquímicas impactan todo el


organismo dando lugar a manifestaciones características.

Pero, ¿qué sucede cuando el estrés se convierte en un indeseado compañero


permanente?

En estos casos, es frecuente escuchar la expresión “tengo los nervios de punta”, la cual
alude a la ansiedad en su máxima expresión.

Padecer de ansiedad o sufrir de los nervios es una alteración frecuente, especialmente en


las mujeres.

La ansiedad es, al mismo tiempo, un mecanismo de defensa evolutivo y un proceso de


activación emocional y psicológica que se manifiesta cuando identificamos una amenaza.

El problema radica cuando mal interpretamos la situación y ésta termina por controlarnos,
convirtiéndose en motivo de sufrimiento.

Al intensificarse y extenderse por largos períodos de tiempo, la ansiedad trastorna y


afecta el día a día.

Es posible experimentar ansiedad ante problemas laborales, situaciones nuevas, fobias o


ambientes académicos.

Según la causa generadora de ansiedad, se distinguen la ansiedad social, los trastornos


de pánico y el trastorno obsesivo compulsivo, entre otros tantos.

Cada uno de ellos, está ampliamente descrito en la bibliografía donde se puntualizan sus
particularidades.
Ahondar en los mecanismos que se activan en situaciones potencialmente generadoras
de ansiedad nos ayudará a comprender el alcance de nuestras reacciones.

Fisiología del estrés: señales neuroquímicas como detonantes de la ansiedad

Se han descrito complejos mecanismos neuroquímicos vinculados en la fisiología del


estrés y la manera en la que éstos repercuten en todo el organismo.
https://nutricioni.com/conoce-la-fisiologia-del-estres-y-sus-consecuencias/

Cuando identificamos una señal de peligro real o anticipada, el cerebro activa al sistema
nervioso simpático.

Con la puesta en marcha de este sistema, se agilizan los mecanismos necesarios para
prepararse para la acción e incrementar los niveles de energía corporal.

El sistema nervioso simpático actúa como un todo; de este modo, se experimentan


síntomas variados y generalizados.

A partir de su activación, se envían señales nerviosas que generan producción de


adrenalina, noradrenalina y cortisol por parte de las glándulas suprarrenales.

Adrenalina y noradrenalina son potentes mensajeros químicos del sistema nervioso que
permanecen en circulación durante algún tiempo.

La elevación de sus niveles conduce a agitación, palpitaciones, estado de alerta e


intranquilidad.

Por otro lado, el cortisol favorece el incremento de los niveles de azúcar sanguíneo y
energía, a partir del metabolismo de grasas, proteínas y carbohidratos.

A pesar de estos efectos adaptativos, el potencial antiinflamatorio e inmunodepresor del


cortisol es capaz de reducir la intensidad de la respuesta inmunológica.

Con este efecto negativo, niveles elevados de cortisol generan una mayor incidencia de
infecciones, debido a los deteriorados mecanismos de defensa celular.

En condiciones de normalidad, una vez finalizada la acción del sistema nervioso


simpático, existe un sistema restaurador de funciones conocido como parasimpático.

Éste restablece las variables vitales y devuelve al organismo sus niveles basales.

En este sentido, el sistema nervioso parasimpático evita que la ansiedad se acreciente,


ejerciendo efectos potencialmente dañinos.

Sin embargo, tal y como veremos más adelante, la ansiedad desbordada excede la
capacidad de compensación y genera síntomas que van de lo físico a lo conductual.

La molesta y notoria agitación física que resulta de la ansiedad

En primer lugar, es necesario identificar los síntomas del estrés y la ansiedad para reducir
su impacto en nuestras vidas.
https://nutricioni.com/basta-de-tensiones-como-identificar-y-aliviar-el-estres/

Los síntomas físicos de la ansiedad pueden ser variables en número, frecuencia y forma
de presentación, dependiendo en gran medida de quien los experimenta.

A mayor frecuencia de presentación, mayores niveles de ansiedad. El temor a sentir


síntomas físicos de ansiedad empeora el cuadro clínico.

Los síntomas físicos de la ansiedad se producen por respuestas fisiológicas que alteran el
funcionamiento normal del organismo.

Adicionalmente, puede aparecer hormigueo en las extremidades e inestabilidad con


trastornos del sueño, la respuesta sexual y la alimentación.

Sentir que el corazón se acelera es desagradable y confuso, ya que puede simular un


ataque cardíaco.

Creer que se está experimentando un evento cardiovascular, empeora la ansiedad; en


este sentido, es importante descartar medicamente lo potencialmente mortal.

De la agitación y el aumento de la frecuencia respiratoria, se origina aumento del aire


contenido en los pulmones.

Pulmones llenos de aire ocupan mayor espacio y chocan contra la parrilla costal,
otorgando una sensación de ahogo, opresión, fatiga y falta de aire.

Tener mareos, palidez, inestabilidad y miedo a desmayarse es característico de los


episodios de ansiedad.

Son el resultado del aumento de la presión arterial. Además de ello, este incremento
desvía la sangre al tejido muscular, tornando la piel mucho más pálida.

Por efecto de las hormonas suprarrenales, se genera aumento de la temperatura corporal.


Con ello, se hacen evidentes los temblores y la sudoración.

El sudor contrarresta el aumento de la temperatura y actúa como un mecanismo de


enfriamiento corporal.

Sentir ansiedad durante tiempo sostenido, conlleva a sufrir dolores de cabeza y espalda
como consecuencia de la rigidez y tensión corporal.

Las molestias estomacales como diarrea, náuseas, estreñimiento o acidez son producto
de la redistribución del flujo de sangre al tejido muscular.

Esto hace más lento el tránsito digestivo y trastorna la función intestinal, reflejando la
extensa influencia del sistema nervioso.

Las manifestaciones psicológicas y conductuales de la ansiedad

De acuerdo con la Sociedad Española de Psiquiatría, alrededor de 1 de cada 10 personas


experimenta algún tipo de ansiedad a lo largo de su vida.
La ansiedad produce cambios que alteran la esfera psicológica y pone de manifiesto la
creencia de que el estímulo estresante excede nuestra capacidad de respuesta.

La aprensión es un síntoma frecuente de preocupación excesiva por no tener el control


sobre futuras situaciones.

Tener pensamientos negativos, dificulta las relaciones y distorsiona la percepción de las


propias fuerzas.

Además de ello, las personas que sufren ansiedad tienen con frecuencia depresión y baja
autoestima.

Ambas condiciones forman parte de un círculo vicioso donde la baja autoestima conduce
a sufrir de depresión.

Con la aparición de la depresión, aparecen, en un pequeño porcentaje de personas, ideas


suicidas y conductas autodestructivas.

También es frecuente encontrar cansancio, irritabilidad y preocupación constante. Se


alcanza tal nivel de ansiedad que el cerebro sufre fatiga.

Períodos prolongados de ansiedad conllevan a agotamiento, el cual provoca la sensación


de volverse loco o perder el control.

Las conductas de evitación generan modificaciones en el comportamiento y nos


mantienen en un estado de alerta permanente.

En algunos casos, las manifestaciones conductuales de la ansiedad se traducen en


bloqueos, torpeza o dificultad para actuar.

Estos síntomas se acompañan de alteraciones de la expresividad corporal, rigidez,


tensión facial y cambios en la voz.

Respecto a las manifestaciones cognitivas, aparecen dificultades para la atención,


concentración y memoria, descuidos y tendencia a sobrevalorar cosas desagradables.

Otro de los síntomas psicológicos es el insomnio. Al pensar constantemente en algo que


nos preocupa, alteramos el patrón de sueño.

Además, con frecuencia se tienen pesadillas relacionadas con aquello que nos produce
ansiedad.

La tendencia es ver al mundo como un lugar atemorizante que forma parte de una horrible
pesadilla.

Todos estos síntomas acentúan la creencia de que se está en la ruta para perder la
cordura.

Restringirse al afán que trae consigo cada día, minimiza, al menos temporalmente, el
deseo de tener el control en situaciones futuras.
Irritabilidad y aislamiento: las consecuencias sociales de la ansiedad

Como consecuencia de los síntomas físicos, psicológicos y conductuales, aparecen


cambios sociales que afectan la forma en la que nos relacionamos con los demás.

Interactuar y comunicarnos verbalmente es parte de las herramientas de las cuales


disponemos para mostrar nuestras emociones.

No obstante, cuando la ansiedad se desborda, se genera dificultad para iniciar o seguir


una conversación.

Ello restringe la posibilidad de relacionarnos con otras personas y establecer vínculos


afectivos y efectivos.

Quedarse en blanco al preguntar o bloquearse al responder no sólo repercute en las


habilidades de socialización; también incide en la expresión de las opiniones.

Hacer valer los derechos de forma respetuosa sin temor excesivo a posibles conflictos es
un imposible para algunos individuos con ansiedad.

La falta de interacción puede provocar irritabilidad y aislamiento, con el cual sobreviene el


ensimismamiento.

El aislamiento busca reducir al mínimo la posibilidad de exposición a los estímulos o


personas generadoras de ansiedad.

Evitarlos a toda costa, aparta del trabajo, la familia y el entorno académico, lo cual
deteriora aún más la condición psicológica.

La intensidad de los síntomas sociales de la ansiedad guarda estrecha relación con la


personalidad y la predisposición biológica de cada individuo.

Esto determina su vulnerabilidad a uno u otros síntomas.

En cualquier caso, el permanente estado de activación del sistema nervioso simpático


conduce a la producción de hormonas suprarrenales.

Si bien su funcionalidad ha garantizado la existencia de la raza humana hasta nuestros


días, la prolongada estimulación de este eje trae consecuencias adversas.

Padecer ansiedad altera el normal desenvolvimiento de las personas desde todo punto de
vista.

Recurre a ayuda especializada y toma el rumbo de tus días; mejora tu existencia con
alternativas que proporcionen calidad a tu vivir.

¿Quieres sentirte sano? Vitaminas, hierbas y frutas son tus aliados


Las intensas respuestas hormonales generadas durante las situaciones de estrés y
ansiedad producen un incremento de la actividad esteroidea.

Con este hecho, se produce disminución de la respuesta inmunológica y reducción de la


potencia de las reacciones requeridas para vencer enfermedades infecciosas.

Para contrarrestar este efecto, [asupa] contiene una potente mezcla de hierbas, vitaminas
y frutas que te harán sentir fortalecido.

El contenido de vitaminas de [asupt] aporta los elementos necesarios para reforzar el


sistema inmunológico.

Con este fin, [asupa] ofrece un mejor manejo de las situaciones estresantes a partir de
Eleutherococcus senticosus.

Esta planta reduce, adicionalmente, los niveles de azúcar en la sangre, mejora la memoria
y tiene un efecto relajante.

Con sus propiedades, Panax ginseng, fortalece el sistema inmunológico y mejora el


rendimiento.

Debido a su alto contenido de vitamina C, el extracto de cerecita o fruta acerola, actúa


como energizante.

Al mismo tiempo, la vitamina C actúa como cofactor de reacciones inmunológicas


necesarias para hacer frente a los gérmenes.

El regaliz, ayuda a regular el cortisol y mejora el rendimiento de las glándulas


suprarrenales.

La raíz de Ashwagandha actúa también como estimulante del sistema inmunológico y


contribuye a mejorar la cognición.

Por otra parte, el extracto de raíz de Rhodiola rosea reduce la fatiga y aumenta los niveles
de dopamina y endorfinas.

Con estas últimas, se potencia la sensación de salud, vitalidad y bienestar.

Este conjunto de frutas, hierbas y vitaminas aporta energía y longevidad a tus días. Di
adiós a las palpitaciones, falta de aire y tensión muscular.

Proporciona variedad a tu dieta, aumenta los niveles de energía y mejora tu capacidad de


resolución de problemas.

[asupt] es el concentrado natural que mantendrá tus nervios bajo control, haciéndote
sentir cada vez más relajado. ¡Pruébalo ya!

Sencillas alternativas para aliviar los síntomas de la ansiedad

Como mecanismo de respuesta, la ansiedad moderada ayuda a hacer frente a


determinadas situaciones.
Sin embargo, cuando sus síntomas se convierten en incapacitantes, restringen la
cotidianidad de quienes los padecen.

Para ello, existen alternativas al alcance de la mano que mejorarán tu día a día, haciendo
tu vida más sana.
https://nutricioni.com/como-podemos-evitar-el-estres-y-tener-una-vida-sana/

Si planeas mejorar tu condición, toma en consideración las siguientes recomendaciones:

-Acepta la ansiedad: reconocer las crisis de ansiedad es el primer paso para reducir el
efecto que el estrés genera en ti.

-Respira profunda y pausadamente: respirar profundamente mejora la oxigenación


cerebral y aumenta tus niveles de concentración.

-Haz ejercicios: la actividad física otorga un cuerpo sano, altos niveles de autoestima y
relajación de la musculatura.

-Disfruta de la naturaleza: recrea tu mente y aprecia las bondades que el medio


ambiente nos ofrece.

-Reemplaza los pensamientos tóxicos: al identificar ideas negativas, haz una pausa y
cámbialos por pensamientos positivos.

-Visualiza un lugar seguro: cierra los ojos e imagina un ambiente cálido y apacible que
te brinde la sensación de calma.

-Mejora tus relaciones interpersonales: contar con familiares y amigos comprensivos


es siempre de gran ayuda para sentir apoyo y compañía.

-Aprovecha los beneficios de la música: la música relajante ha demostrado ser efectiva


para gestionar el estrés.

-Duerme bien: tener sueño nocturno, reparador y de calidad ayuda a pensar claramente y
a tener buen estado de ánimo.

-Ríe y diviértete: el humor y la risa fomentan la producción de endorfinas asociadas al


placer y reduce los niveles de cortisol.

-Escribe tus vivencias: tener un diario para explorar tus sentimientos y emociones,
contribuye a manejar el estrés.

-Regálate un masaje relajante: con ayuda profesional o de tu pareja, enfócate en los


hombros y el cuello; masajear estas áreas te hará sentir relajado.

Siguiendo estas pautas, conseguirás ser feliz y libre de tensiones. Porque una vida libre
de ansiedad es la meta. Haz lo necesario hoy. ¡Tú lo vales!