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EL LENGUAJE EN EL GOBIERNO DE CONFUCIO

Alonso Camacaro
Todos los seres humanos saben que el uso de palabras inadecuadas, a la hora
de expresar una idea o sentimiento, puede generar malos entendidos y
polémicas; incluyendo actos de violencia. Esto sucede, porque el oyente
“entiende” algo diferente de lo que quiere decirle el hablante. También existen
palabras y términos que el uso diario transforma en sus significados originales;
conllevando errores involuntarios al momento de usarlos.

Sin embargo, para lograr el crecimiento y la prosperidad, tanto personal como


empresarial o institucional, cada día que pasa es más necesario; comunicarse
con mayor “decencia” y precisión verbal. Esta exactitud en la comunicación es
importante en todos los campos y ámbitos de la vida. Pero existen áreas
profesionales donde la precisión y templanza verbal son imprescindibles; vayan
los ejemplos del maestro docente, los comunicadores y los anfitriones u
operadores de turismo.

En este contexto, hace más de 2.400 años que el sabio Confucio estableció
una relación inequívoca entre la precisión del lenguaje que se usa y la calidad
de los resultados que se obtienen. Una vez, cuando sus discípulos le
preguntaron ¿Maestro, por dónde empezaría si le tocara gobernar un país?
Confucio les respondió: “Empezaría por mejorar el lenguaje". Asombrados, sus
discípulos afirmaron que esa respuesta nada tenía que ver con la pregunta y
volvieron a preguntar ¿Maestro que tiene que ver el lenguaje con el gobierno
de un país? Entonces Confucio les respondió lo siguiente:

"Si el lenguaje carece de precisión, lo que se dice es falso. Si lo que se dice no


es verdadero, entonces las actuaciones tampoco son verdaderas. Y si no hay
actuaciones (obras) verdaderas, entonces no florecen el arte ni la moral. Si no
florecen el arte y la moral, entonces no existe la justicia. Si no existe la justicia,
entonces la nación no sabrá cuál es la ruta a seguir: será una nave en llamas y
a la deriva. Por esto, cuando se trata de gobernar una nación, lo más
importante es la precisión del lenguaje".

Esas antiguas y sabias palabras, son tan universales y ciertas que aún hoy día
funcionan, no sólo para gobernar a un país, sino para aplicarlas en la
administración de una familia, empresa o en un hotel. El uso de un lenguaje
apropiado es vital tanto en la educación, como en el gobierno. Pero, es de
mayor importancia en el turismo. Pongamos por ejemplo la palabra “hotel”.

El significado de la palabra hotel es muy diferente para un europeo que para un


venezolano. Pues aquí es común que a edificios inadecuados, sin
instalaciones, ni servicios, les sea otorgada la patente de comercio con la
clasificación de “hotel”; cuando en realidad, apenas merecen la categoría de
“refugio o albergue”.

Ahora bien, imaginen ustedes la situación de un turista que se hospede en un


lugar que se llama hotel, pero no tiene lencería adecuada y el baño funciona a
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Alonso Camacaro
medias, además de aceptar “parejitas”, beodos y otros especímenes. El
resultado lógico es el descontento del visitante y el consiguiente perjuicio para
el futuro de la actividad turística; además de la mala imagen para el país.

La imprecisión verbal también se produce cuando nos referimos a ‘turismo de


calidad’ pues la mayoría lo interpreta o entiende como ‘turismo de lujo’,
asumiendo que calidad se refiere a hoteles de siete (7) estrellas con alfombras
de 4 cm de espesor, toallas de algodón egipcio y 23 tipos de jabones
diferentes en el baño. ‘Calidad’ no es eso, sino un servicio esmerado, amable y
acorde con el precio que el usuario está pagando, ya sea por un hotel o un
campamento, un restaurante de lujo o una tasca.

Disfrutar todos los verdes del Henry Pitier, observar pájaros, ver los araguatos
en libertad, comerse un pescado acabado de sacar, hablar con una persona
admirada, pasear en caballo al atardecer, dormir al aire libre sin temor a los
zancudos. Estos son lujos. Por consiguiente lujo no es sólo comer ostras y
langosta a la orilla del mar con un buen Syrac Pomar.

El verdadero significado de lujo se asocia a la calidez de los ambientes en los


hoteles, a la familiaridad y el respeto en el trato, al lenguaje apropiado.
También se asocia con la belleza de los paisajes y con una culinaria hecha con
ingredientes locales y recetas de las abuelas. El lujo no está identificado por la
cantidad de estrellas en una placa de metal, ni por las categorizaciones, sino
por todo aquello que convierte a un lugar en “único” en el mundo. Es aquí
donde la precisión verbal de la que habla Confucio; entre lo que se dice y lo
que se hace, es el factor que marca la diferencia.