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Sociología de las masas

La semántica de lo masivo en los orígenes del pensamiento social argentino

Introducción

Con el concepto de semántica Luhmann hace referencia al repertorio de temas que


actualizan el sentido de la sociedad y hacen posible la comunicación. La semántica
actúa, a su vez, en dos niveles: la semántica de los temas de la comunicación cotidiana y
la semántica elaborada en la forma de textos que reúne, con mayor grado de abstracción
e intención generalizadora, las descripciones de la propia sociedad y del entorno.1
Podría hablarse, en este sentido, de semántica de primer y segundo orden siendo, ésta
última, la semántica que organiza la autodescripción de la sociedad, incluida aquella que
toma la forma de teorías sociales y sociológicas. La semántica de segundo orden puede
adquirir así, también la forma de una reflexión sobre sus propias condiciones.2

El marco de esta ponencia es entonces, el de una reflexión sobre las semánticas


mediante las cuales la sociedad se sensibiliza en torno a ciertos contenidos de la
comunicación que le permiten organizar las informaciones sobre sí misma. Es una
pregunta por la construcción de los temas que orientan las producciones teóricas a
través de las cuales la sociedad puede elaborar una imagen de sí y reconocerse como
unidad.

Entre este amplio repertorio de temas que constituyen la reserva conceptual de la


sociedad moderna algunos se destacan por su polisemia, por su ubicuidad, por el grado
de su generalización o por la carga de expectativas que presuponen. Son estos los
“conceptos normales” de Tönnies, los “tipos ideales” de Weber, las “ideas-elementos”
de Nisbet, los “conceptos fundamentales” de Koselleck. Los conceptos de comunidad,
sociedad, individuo o sujeto y Estado son claros ejemplos de esos conceptos con los que
se construyeron las distinciones o dicotomías que han configurado la trama semántica
de la autodescripción de la sociedad moderna (comunidad y sociedad; comunidad e
individuo; individuo y sociedad; Estado y sociedad civil; etc.). Estas “oposiciones
semánticas” (Blanco Rivero, 2012) constituyen formas asimétricas de autodescripción

1
Blanco Rivero refiere a ambos casos como formas específicas, entre otras, de “estabilización semántica”
(Blanco Rivero, 2012: 69-70).
2
“En cuanto observaciones, las operaciones que condensan y confirman las semánticas son ciegas para su
propio operar… Por otra parte, un observador sí puede observar y describir el hecho de que las
operaciones producen diferencias; lo mismo vale para las operaciones producidas por otras operaciones
de observación” Luhmann, 2007: 425).

1
en la medida en que presentan un valor positivo y uno negativo con la función de
orientar, hacia el lado positivo, las reespecificaciones que amplíen y estabilicen la forma
de la autodescripción social. Así, por ejemplo, la oposición comunidad/sociedad,
formulada por Ferdinand Tönnies, se reespecifica mediante las oposiciones
natural/artificial, real/falso, etc., las cuales organizan una autodescripción de la
inviabilidad de la sociedad moderna y permiten proyectar entonces, semánticas
condicionales o de solución. Estas semánticas condicionales han sido una forma de
tematizar en la autodescripción social las transformaciones estructurales acaecidas con
el cambio en la forma primaria de la diferenciación social.3

Pero hay, en este sentido, un concepto sumamente relevante en relación a su ubicuidad,


generalización, polisemia y sobrecarga de expectativas que, sin embargo, no ha
conformado con total claridad una dicotomía clara y distinguible en el contexto de las
autodescripciones de la modernidad. Es el concepto de masa/s o sus equivalentes
funcionales, multitud/es, turba/s, muchedumbre/s, etc. 4 Como tema, el de lo masivo, lo
multitudinario o sus equivalentes, forma una parte sustancial de la descripción de la
sociedad moderna. Como concepto sociológico, sin embargo, ha conseguido
escasamente tematizar el sentido de su formulación teórica. Se darán aquí algunos pasos
en esta dirección, intentando precisar los alcances de su utilización en quienes pueden
claramente ubicarse entre los pioneros o precursores de la sociología o aún del
pensamiento social en la Argentina. Así, de un modo marcadamente exploratorio, esta
ponencia se dedicará a rastrear los modos en que la semántica de lo masivo y sus
variaciones se construye y utiliza en las manos de autores de suma relevancia en los
comienzos de la reflexión sociológica en la Argentina como José Ramos Mejía y
Ernesto Quesada.

La semántica de lo masivo

No se hará aquí un recorrido minucioso por la historia conceptual de los modos de


designar a las multitudes ni por los aspectos de su problematización política. Solo a
modo de presentación de esta propuesta de análisis se dirá que estas pueden fecharse
con cierta precisión en Francia como correlato de las transformaciones sociales y

3
Se hace referencia aquí, haciendo uso de la terminología luhmanniana, al pasaje de la estratificación
social a la diferenciación funcional como forma de organización social, proceso que también ha sido
descrito en términos de una evolución del feudalismo al capitalismo o de la sociedad tradicional a la
moderna.
4
O, en sus versiones anglosajona y francesa, crowds y foules.

2
políticas que tuvieron entre los sucesos de 1789 y la Comuna de París de 1871 sus
momentos más emblemáticos. En distintas obras Zola y Taine presentan la descripción
de las multitudes revolucionarias como agentes destructivos agitados por procesos
hipnóticos o incitadas por un agitador (meneur). Así, como afirma Pablo Nocera,

“La multitud emerge como un sujeto de naturaleza destructiva que pone en evidencia el lado
oscuro de los procesos de modernización que traen aparejados los cambios industrialistas”
(2013: 27).

Entre 1880 y 1920 (Moscovici, 1981), la psicología de las masas se convertirá en una
tenaz herramienta de las élites intelectuales francesas tanto para tratar de entender las
transformaciones sociales acaecidas como, quizás aún más, para diseñar algún tipo de
respuesta a la desorganización social que percibían como resultante de la constante
agitación de los sectores populares. En ella confluirán tanto herramientas gnoseológicas
desarrolladas en el ámbito de la psicología y perspectivas sociológicas de matriz
utilitarista y evolucionista como analogías orgánicas e higienistas tomadas de la
medicina contemporánea y metáforas evolutivas acarreadas desde la biología. Los temas
del atraso o retroceso evolutivo de los sectores populares, del contagio de los humores,
de la influencia hipnótica de los líderes, del carácter atávico de las multitudes por
oposición a la intelectualidad racional del individuo darán forma a los principales
intentos de explicación de las vorágines de insurrección que tensionaban la tesis
aceptada de la naturalidad del orden burgués. Efectivamente, si el desarrollo capitalista
de las sociedades occidentales era una ley evolutiva de la historia asentada en bases
naturales, los fenómenos patológicos que amenazaban ese desarrollo no podían deberse
a sus propias condiciones (lo natural no puede ser patológico) sino a una corrupción
desencadenada por factores externos o rémoras del pasado que generan retrasos
evolutivos parciales.

Será Gustave Le Bon (1841-1931) quién se convertirá no solo en un eficaz sintetizador


de todas estas corrientes sino en un exitoso divulgador de sus elementos generales,
aunque casi sin reconocer las múltiples contribuciones de que se nutre y asume como
propias.5 Despreciado por la academia, en donde Durkheim encarnaba el proyecto de
construcción de una sociología institucionalizada de bases científicas, Le Bon construirá
un círculo propio de allegados donde desarrollar una psicología de las multitudes, no ya
orientada a la comprensión de los fenómenos emergentes en el contexto de las recientes

5
Así lo relata con mucha precisión Pablo Nocera (2013: 41 y ss.)

3
transformaciones sociales sino, más bien, al desarrollo de propuestas o herramientas
para su direccionamiento y control.

Su principal obra Psicología de las masas, de 1895 (1983), pese a su inconsistencia


teórica y, en muchos pasajes, argumentativa, tendrá un gran éxito entre los círculos
políticos y militares de Francia y también entre estadistas extranjeros como Roosevelt y
Mussolini, ya avanzado el siglo XX. Lo que se presenta allí de interesante, a la luz de
los intereses de esta ponencia, es que la tematización de lo masivo se lleva a cabo
siempre bajo el signo de la negatividad sin que se exprese claramente ni se construya
argumentativamente el valor positivo del que las masas se distinguen. Son claramente
identificables, sin embargo, oposiciones semánticas simétricas, del tipo individuo/masa
o líder/masa, que no estabilizan, sin embargo, una distinción central que organice la
autodescripción así formulada.

El valor implícito, el otro lado de la forma construida por observaciones como la de Le


Bon y similares no parece ser el resultante de una confrontación de las características
generales de lo masivo con otros fenómenos de índole opuesta sino el de la
confrontación de los efectos de la irrupción de lo masivo con las condiciones de sus
ausencia. Si el formato general de la autodescripción social mediante la semántica de lo
masivo elaborada por la psicología francesa de las multitudes se orienta a su anulación
más que a su descripción, parece quedar claro que el otro lado de las masas es lo que
existía antes de las masas y lo que debería haber después. Así, el otro lado de las masas,
aquello que las enfrenta y las define, aquello que las niega o es negado por ellas, no es
otro que el orden.

Las multitudes en Argentina

José María Ramos Mejía (1849-1914) y Ernesto Quesada (1858-1934) fueron, por
distintos motivos, dos precursores del pensamiento social en la Argentina. Sendos
representantes de las élites políticas y culturales argentinas y, más específicamente,
porteñas, su posición y preeminencia social no estaba fundada en su participación
política y en el debate público como en los miembros de la generación anterior sino,
fundamentalmente, en su posición académica. Ambos constituyeron, aunque por
distintos motivos, puntos de referencia para el desarrollo de una reflexión sociológica en
este país.

En el caso de Ramos Mejía, su influencia en el pensamiento social se remite casi

4
exclusivamente a su obra Las Multitudes Argentinas, de 1899. De formación y profesión
médico psiquiatra, pero también político y escritor, Ramos Mejía es uno de los más
claros exponentes de la generación de pensadores biopositivistas que pueden ser
caracterizados como los primeros cientistas sociales argentinos (Barbe, 1993).6 En esta
obra, Ramos Mejía toma como referencia la recientemente editado obra de Le Bon antes
citada parar pensar a partir de ella la cuestión de las multitudes en la construcción de la
sociedad argentina. En este sentido, podría discutirse la relación de la obra de Ramos
Mejía con respecto a la de Le Bon como de mera importación o de recepción y
traducción, ya que puede interpretarse también como un punto de referencia para una
problematización simultánea de problemáticas específicas que, sin embargo, son
diversas (Bialakowsky, en prensa). Más allá de “la bella e ingeniosa concepción del
hombre-carbono” que Ingenieros (1918: 100) le reconoce como quizás el único aporte
original de Ramos Mejía a las apreciaciones de Le Bon sobre las multitudes, hay en la
mirada del autor argentino, importantes diferencias. No en la caracterización de lo que
da en llamar la “biología de la multitud”: impulsivas, femeninas, poco racionales, ya
que la multitud

“Es poco inteligente, razona mal, pero imagina mucho y deforme; todo lo quiere grande,
ampuloso, porque vive en un perpetuo gongorismo moral, ampliando y magnificándolo todo en
proporciones megalomaníacas” (Ramos Mejía, 1899: 9).

Pero sí en su composición, ya que mientras Le Bon admitía que cualquier individuo


podría llegar a ser influenciado por la multitud y llegar a formar aparte de ella, para
Ramos Mejía las multitudes americanas solo estarían compuestas por

“el individuo humilde, de conciencia equívoca, de inteligencia vaga y poco aguda, de sistema
nervioso relativamente rudimentario é ineducado, que percibe por el sentimiento, que piensa con
el corazón y á veces con el vientre : en suma el hombre cuya mentalidad superior evoluciona
lentamente, quedando reducida su vida cerebral á las facultades sensitivas” (Ibíd.: 11).

Así, el médico deja a salvo de la pertenencia a lo masivo a las élites ilustradas, a las
cuales pertenece, cultural e intelectualmente superiores y por eso capacitadas para
dirigirlas. Pero no solo eso, sino que además, nuestro autor se embarca en una tarea que
Le Bon ni siquiera había insinuado: la historización de las multitudes en el proceso de
construcción de una nación. Y hay aquí una declinación sutil. Aun tergiversando
parcialmente los hechos históricos para amoldarlos a su intención preestablecida, y
abandonando muchas de las afirmaciones hechas en la caracterización teórica de las
multitudes, y con ello, en gran medida al propio Le Bon, las multitudes de las guerras de

6
Otros miembros destacados serían Carlos Octavio Bunge y José Ingenieros.

5
independencia americana, y aún las inconexas y esporádicas de la época virreinal, no
son agentes puramente destructivos del orden como reflexiona Le Bon, sino que en su
acción destructiva de la organización virreinal asumen también el rol de agentes
constructivos del nuevo orden social que va a dar forma lo que luego será la sociedad
argentina.

Distinto es el caso, sin embargo, de las masas urbanas, producto de la inmigración,


conformadas por “el guarango, el canalla, el huaso, el compadre, el burgués” (Batalla,
2006/2007: 180). Estas masas encierran un potencial destructivo y deben ser
disciplinadas mediante la generalización de una educación socializadora o mediante el
control represivo ejercido por el Estado. Así, o es la nación el destino de estas masas o
se convierten en peligrosas multitudes estáticas, masas en disponibilidad para
convertirse en amenazantes multitudes socialistas.

En ciertos aspectos de la obra de Ernesto Quesada podrá verse una operación en algún
sentido similar. Quesada no puede considerarse de ningún modo en la matriz del
positivismo biologicista del estilo de Ramos Mejía aunque sí está fuertemente
influenciado por las teorías evolucionistas, además de conocer con sobrado detalle la
obra de Durkheim (Barbé, 1993: 168). En este sentido, las posiciones intelectuales de
quesada, sin dejar de ser evolucionistas, ya no estarán sin embargo marcadas por la
influencia de las ciencias biológicas y médicas sino por la historia, la jurisprudencia y la
sociología. Más adelante, se notará en su obra una gran influencia de Oswald Spengler.

El recorrido académico de Quesada se da en el marco de un grupo de colegas –Rodolfo


Rivarola y José Nicolás Matienzo, Juan Agustín García, Antonio Dellepiane, Ricardo
Levene, Leopoldo Maupas, Enrique Martínez Paz, Raúl Orgaz, etc.– (Altamirano, 2004:
34; Barbé, 1993: 162) fuertemente orientados a la institucionalización de la sociología
en la Argentina bajo la forma de cátedras de sociología en las principales universidades
del País (Barbé, 1993: 162). Así conformará, en 1899 la primera cátedra de sociología
en manos de Antonio Dellepiane, la que luego será asumida por quesada en 1905 y que
detentará hasta 1924.

En su lectura revisionista del gobierno de Juan Manuel de Rosas, que desarrolla en La


época de Rosas, editado por primera vez en forma de libro en 1898, Quesada afirma que

“nuestra socialidad ha sido fundamentalmente transformada por la inconsciente acción


democrática de las masas plebeyas y analfabetas, encarnadas indisolublemente en los caudillos
que, durante la primera parte el siglo anterior, deshicieron y echaron por el suelo la formación

6
aristocrática de la sociedad colonial y cambiaron así, descantillando su firmeza, los criterios
tradicionales con lo cual encarrilaron las aspiraciones patrias en rumbos e ideales distintos y las
enderezaron a enseñorearse de ellos” (Quesada, 2011: 309).

Las causas del proceso de transformación y los fundamentos de la vida social argentina
no deben buscarse, según Quesada, en los dogmas ilustrados de las élites sino en las
formas de vida de los sectores populares, aquellos que encarnaron el proceso
revolucionario y quienes encontraron en la figura de Rosas, un factor de consolidación y
estabilización de un orden y una paz social que veían como continuamente desbaratada
por las injerencias externas del dogmatismo unitario. Rosas fue, para las masas
plebeyas, la posibilidad de consolidación de un orden y una organización social de la
nación que las incluyera.

Por eso solo pudo ser derrotado cuando esa tarea de consolidación de un orden estuvo
ya concluida y las condiciones institucionales alcanzaran cierta madurez. Las
consecuencias de esa derrota significaron la definitiva unificación del país y la
modernización de sus instituciones.

“La evolución social se produjo en el sentido de la mutua penetración de las masas gauchas en la
vida pública, sea para hacer un copioso y lustroso número en los regimientos del ejército o para
formar el núcleo de los movimientos cívicos populares: la democratización del país fue
completa, porque las clases urbanas superiores por lo general se afiliaron en el partido unitario,
mientras que las populares lo hicieron en el partido federal; de modo que el triunfo sangriento de
este trajo su predominio completo, quedando del todo resuelto el problema social y político, y
quitadas de en medio las diferencias de sangre y tradición” (Ibíd.: 304-305).

Pero, eso la inmigración de capitales y poblaciones europeas significó un factor más de


reemplazo del atavismo por nuevas condiciones de socialidad argentina:

“La evolución social argentina por fin ha dado en la vena de la gracia y se encuentra ahora en
pleno período de transición; a medida que la inmigración extranjera se va extendiendo por todo
el país, difundiéndose regularmente pero a la vez sin solución de continuidad, la modificación
local se acentúa en el indicado sentido: la inmigración de gente trae a felicísimo cumplimiento de
la capital, y el territorio nacional se va cubriendo de borde con industrias de todo género, cuyo
crecimiento asombra a tal punto que, siendo el aumento de la producción total tan
desproporcionado con el de la población, solo da razón en la aplicación, casi exclusiva y en
grande escala, de todos los sistemas de explotación perfeccionada, en los cuales la maquinaria
economiza y multiplica el trabajo humano”. (Ibíd.: 307)

Pero esta evolución no está exenta de la emergencia de las viejas formas bajo nuevos
rostros.

“Poco a poco esa sombra del antiguo sistema va trocándose en el boss de lugarejo, de barrio, que
se ocupa de las masas de votantes, sacude su influencia, las hace concurrir a los comicios y
mistifica deliberadamente la opinión pública, convirtiéndose así en empresario electoral, lo que
le da influencia decisiva en la antesalas de los gobiernos y las legislaturas, de lo cuales se sigue
gran pérdida de la paz y no poca legislación interesada, acordando granujerías más o menos

7
censurables (Ibíd.: 308)
"El peligro grande, es el del falseamiento paulatino de nuestra organización constitucional”
(Ibíd.: 309).

Es decir, el falseamiento de las formas democráticas lleva aparejado también el


falseamiento de la organización federal, en la forma de un creciente poder central en
detrimento de las autonomías provinciales. Esto es, la pérdida de la posibilidad de
representar el la organización nacional los intereses completos de la nación. “Va el país
así hacia un unitarismo práctico bajo la práctica de un federalismo teórico” (Ibíd.: 313)
torciendo el cauce de la evolución social que exige las necesidades del país.

Pero la inmigración también es un problema a resolver

“Realizar la fusión de la corriente inmigratoria extranjera, seleccionando a esta y presidiendo la


formación del tipo nuevo in fieri, fundiéndolo en el crisol de la escuela, de la conscripción, de la
vida pública, es quizá la dificultad de mayor trascendencia en el momento actual” (Ibíd.: 316)

Más incluso que controlar la extracción de las riquezas nacionales por parte del capital
extranjero.

Conclusiones

Pueden observarse así, en los orígenes del pensamiento social y la sociología argentina,
no solo una tematización recurrente de lo masivo, sino una construcción semántica en
gran medida confluente. La semántica de lo masivo en los autores reseñados construye
una polaridad conceptual en la que de un lado se ubican las masas, multitudes o turbas
con sus descripciones y caracterizaciones pero del otro se encuentra, casi sin definir, lo
que sin embargo posibilita, por contraste, esas descripciones y caracterizaciones: el
orden.

En la mirada de Le Bon, la preocupación por el orden toma la forma de una pregunta


por las masas. Las masas son el factor destructivo del orden, el valor negativo. La
semántica de las masas de Le Bon toma la forma de una semántica condicional o de
solución. La psicología de las masas debe conjurar el peligro que las masas representan
para el orden social burgués.

Pero se había dicho más arriba que lo que hace Ramos Mejía no es una mera recepción
traducida de la tematización de Le Bon. Existe una simultaneidad en la pregunta por el
orden pero no se trata en estas tierras del orden industrial burgués sino de la
construcción y consolidación del orden político que Botana (1979) ha llamado “el orden
conservador”. En esta perspectiva van a coincidir, desde posiciones distintas, Ramos

8
Mejía y Quesada. Las multitudes argentinas, las masas plebeyas han sido el otro lado
del orden virreinal, y un factor de su destrucción. Pero han sido a su vez el agente
constructivo del orden social argentino. No son ellas el problema, como lo figuraba
Sarmiento, con quien Quesada no ahora críticas. En ambos casos, en el autor francés y
en los autores argentinos, el orden es lo ausente en la distinción que construye la
semántica de lo masivo. Ausente de la descripción porque es lo que la posibilita, el
motivo que traza la distinción y que presupone un valor en el caso de Le Bon. Ausente
porque es el producto final de la acción inconsciente de las masas y por eso su pasado
tanto como su futuro.

Puede observarse que la distinción entre el orden y las masas se traza, en el caso de Le
Bon, en la dimensión objetiva del sentido mientras que en Ramos Mejía y Quesada se
lleva a cabo en la dimensión temporal. El orden es el pasado y el futuro de las masas,
que son tantos constructivas como destructivas. El orden ausente es lo negativo y así las
multitudes, pese a la carga negativa de su teorización en manos de Ramos Mejía,
pueden ser consideradas un factor positivo en el decurso de la historia argentina.

Pero una vez consolidado el orden, subrepticiamente aunque de un modo mucho más
claro, por supuesto en Ramos Mejía, la oposición semántica se establece otra vez en la
dimensión objetiva, cuando las masas son masas urbanas, desconocidas, extrañas,
alienadas, amenazante. Sobre ellas es que hay que imponer dispositivos disciplinarios si
no se quiere poner en riesgo el orden tan trabajosamente construido.

Para cerrar este ejercicio exploratorio podría intentarse pensar si este valor positivo de
las multitudes argentinas en el contexto de su historización no forma parte también de
esa oposición construida en la dimensión objetiva en la medida de señalar el carácter
nacional y popular de un orden restrictivo en lo político, represivo en lo social y
exclusivo en lo económico que comenzaba a percibir con creciente preocupación las
luchas económicas y la agitación política de novedosos actores sociales surgidos al calor
de las corrientes migratorias que transformaron aceleradamente a la sociedad argentina.

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