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TEMA 50

LAS REVOLUCIONES

RUSAS: CREACIÓN,

DESARROLLO Y

CRISIS DE LA URSS.

REPERCUSIONES

INTERNACIONALES.
Esquema.

1. INTRODUCCIÓN.

1.1. Importancia y delimitación del tema.

1.2. Líneas generales.

2. CREACIÓN DE LA URSS (1880-1920).

2.1. Antecedentes (siglo XIX - febrero de 1917).


a) Causas estructurales.
b) La revolución de 1905 y sus resultados.
c) El ascenso de los bolcheviques.
d) La aportación teórica de Lenin.
e) La revolución burguesa de febrero y julio de 1917.

2.2. La revolución bolchevique. Consolidación del poder (1917-


1920).
a) El alzamiento bolchevique.
b) Primeros decretos del nuevo régimen.
c) Guerra Civil y "Comunismo de guerra". Repercusiones.

2.3. Repercusiones internacionales: entre el miedo


gubernamental y el entusiasmo popular.

3. DESARROLLO DE LA URSS (1921-1982).

3.1. Estructura política del Estado Soviético.

3.2. La N.E.P. (1921-1927): de cara al campo. Debate ideológico


y consecuencias socioeconómicas.

3.3. Diferencias ideológicas y lucha por el poder: Lenin, Trotsky y


Stalin (1924-1927).

3.4. La era stalinista (1927-1953): dictadura férrea y


planificación económica.
a) Las bases y los resortes del poder autoritario.
b) La planificación económica: motor del desarrollo soviético:
- Concepto.
- La planificación en la agricultura: colectivización.
- La planificación en la industria: los planes
quinquenales.
- Efectos sociales de la planificación.

3.5. La era post-Stalin (1953-1982): Khruschev y Bhreznev.


- La lucha por el poder.
- El "deshielo" bajo control.
- El desarrollo de la planificación y sus efectos sociales.

3.6. Repercusiones internacionales: bipolarización del mundo y


"guerra fría".
a) La formación del bloque comunista de la Europa del Este.
b) Relaciones con China y Cuba.
c) El sistema bipolar y la "guerra fría" de posguerra.

4. CRISIS Y DESINTEGRACIÓN DE LA URSS (1982-1994).

4.1. La gerontocracia en tela de juicio (1982-1985).

4.2. Gorvachov (1985-1991): el intento frustrado de reformar el


sistema desde dentro.

4.3. La herencia de la URSS: geoestrategia actual.

4.4. Repercusiones internacionales: el nuevo desorden mundial. a)


Los últimos años del continuismo.
b) Las revoluciones de 1989 en la Europa del Este.
c) Repercusiones en China y Cuba.

5. PERSPECTIVAS.

6. BIBLIOGRAFÍA.

7. PLANTEAMIENTO DIDÁCTICO.
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1. I N T R O D U C C I O N
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La sucesión de acontecimientos que sigue junto al análisis que de los mismos se


hace, constituye una de las piezas claves para entender el siglo XX. Como el mismo título
del tema adelanta, no se trata únicamente de la creación, desarrollo y crisis de un
régimen localizado en un solo país, aunque sea de proporciones vastas como el que nos
ocupa, desde 1917, fecha de la revolución rusa, hasta 1991, fecha de la desintegración
de la URSS, sino que la cuestión adquiere gran importancia desde el momento en que
cada una de las fases de este largo proceso tuvo repercusiones internacionales de primer
orden. En efecto, nada fue igual en el mundo a partir de que se extendiera por una parte
importante del mundo (URSS, Europa del Este, China, Cuba, etc.) un sistema político y
socioeconómico que nacía como antagonista del capitalismo vigente. Del mismo modo, la
evolución y la crisis de este sistema afectaron a las relaciones internacionales, dándoles
un nuevo giro, cuyas consecuencias las estamos viviendo en estos momentos.

Asimismo, nos ofrece la oportunidad de estudiar los factores que a través de los
diferentes períodos de la historia rusa, han permanecido iguales, y aquellos otros que, en
cambio, se modificaron.

Como ya queda de manifiesto en los capítulos de "repercusiones internacionales",


este tema está relacionado con todos aquellos que se desarrollan durante el siglo XX,
incluidos en el temario de las oposiciones. Por último, hay que decir que la estructura del
esquema responde literalmente a lo que demanda el título, si bien tanto en el inicio
("creación") como en el final ("crisis") he ido un poco más allá en el tiempo, al hacerse
necesario tener claros unos antecedentes y unas consecuencias, aunque estas últimas,
dada la falta de perspectiva histórica, estén aún sin definir. El apartado de "repercusiones
internacionales" lo he desarrollado en cada uno de los tres grandes bloques, para de esta
forma no sacar de contexto las mismas.

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2. C R E A C I O N D E L A U R S S ( 1880-1920)
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2.1. Antecedentes (siglo XIX - febrero de 1917).

a) Causas estructurales.

En 1917 el imperio zarista, desarticulado por tres años de guerra, es sacudido por
un movimiento revolucionario que lo derriba. Pero no han de buscarse las raíces de la
revolución en ese año, ni siquiera en el período de la guerra. Era general la conciencia,
desde los primeros años del siglo, de que la autocracia de los zares se había convertido
en un lastre insoportable para el desarrollo de Rusia, y los acontecimientos políticos,
económicos o militares no hacen más que fortalecer a los grupos de oposición
antizaristas. Para reemplazar la autocracia se ofrecían, según René Girault y Marc Ferro, a
los rusos tres vías: a) una vía democrática occidental que condujera hacia un régimen
parlamentario, apoyado en el sufragio universal; b) una vía liberal que se satisfaría con
reformas limitadas, en la administración y la sociedad; c) una vía revolucionaria, para la
cual el cambio político no tenía sentido si no iba acompañado de una transformación
profunda de la sociedad. El descontento era tan general entre la población rural que la
crisis económica y la derrota militar no hicieron más que acelerar los procesos. En 1904
un despacho del embajador francés sobre la situación interior dice: "Todas las clases de la
sociedad rusa están en efervescencia".

Pero las causas profundas o estructurales se remontan al siglo XIX. El imperio ruso,
gobernado autocráticamente por los zares, permanece durante la primera mitad del siglo
XIX ajeno a los cambios económicos y sociales de la revolución industrial. Es un país de
base rural. A diferencia de los monarcas occidentales el zar no tiene limitaciones
parlamentarias o constitucionales. Los intentos liberalizadores iniciados bajo Alejandro I,
por sus consejeros La Harpe y Speransky, fueron interrumpidos por la invasión
napoleónica, que fortaleció la tendencia contraria, la de la concentración de la autoridad;
con Nicolás I estos intentos se olvidaron definitivamente; este zar simboliza de manera
perfecta el modelo de monarca despótico.

En Rusia los nobles no sólo poseen tierras sino también siervos. Es una sociedad
donde no queda sitio para la burguesía; sin industria y con algunas profesiones liberales
reservadas a los descendientes de nobles, no era posible la formación de una burguesía
sólida.

La derrota en la guerra de Crimea provoca una conmoción nacional; los rusos son
conscientes de que su inferioridad militar la ha provocado la no industrialización, carecen
de ferrocarriles para el traslado de tropas, y su estructura social, muchos siervos se
niegan a ir a combatir. El nuevo zar, Alejandro II (1855-1881), reconoce la necesidad
perentoria de dos medidas, la emancipación de los siervos y la industrialización; la
segunda no es posible sin la primera. El ukasse o decreto de 19 de febrero de 1861
establece la libertad personal de los colonos, que pueden trasladarse libremente y
disfrutar de su casa y de un lote de tierra equivalente al que tradicionalmente explotaban.

En cuanto a la industrialización, efectivamente desde los años 1880, Rusia


también empezó a entrar en la Revolución Industrial y a ocupar su puesto como parte
integrante del sistema económico mundial. En el país entró capital europeo para la
financiación de ferrocarriles, de minas y de fábricas (así como para la administración y el
ejército), hasta que, en 1914, los europeos habían invertido en Rusia casi la misma
cantidad que en los Estados Unidos. En 1897, Rusia adoptó el patrón oro, haciendo
convertible su moneda en todas las demás. En el cuarto de siglo de 1888 a 1913, la
longitud de las vías férreas en Rusia más que se duplicó, las de las líneas telegráficas se
quintuplicó, el número de oficinas de correos se triplicó, y el número de cartas enviadas
por correo se multiplicó por siete. Aunque todavía industrialmente subdesarrollada según
los modelos europeos, pues no tenía, por ejemplo, ninguna industria de la maquinaria ni
plantas químicas, Rusia estaba industrializándose rápidamente. Ello generó como en
todos los países un incremento de la clase patronal y de la asalariada, o, en terminología
socialista, de la burguesía y del proletariado.

Pero Rusia seguía siendo predominantemente agrícola. Sus grandes exportaciones


era, principalmente, productos de las granjas y de los bosques. Los campesinos
constituían las cuatro quintas partes de la población. Libres de sus antiguos señores
desde 1861, vivían en sus comunas aldeanas o mirs. En la mayor parte de las comunas la
tierra se dividía y subdividía entre familias campesinas por acuerdo de la comunidad
aldeana, y nadie podía abandonarla sin autorización comunal. Los campesinos
soportaban todavía una gran carga. Hasta 1906, pagaban el dinero de la redención
resultante de la emancipación de 1861, y, aun después de eso, otras formas de pagos
onerosos. También pagaban elevados impuestos, porque el gobierno sufragaba los
intereses de sus préstamos exteriores con los impuestos que cobraba en el interior. La
exportación de cereales, constantemente creciente (utilizada también para pagar las
deudas contraídas por Rusia en Occidente), tendía a apartar los artículos alimenticios de
la mesa del granjero; más de un campesino cultivaba el mejor trigo para vender, y comía
pan negro. La población campesina, en resumen, cargaba con una parte considerable de
los costes de la industrialización. Bajo aquellas presiones, y a causa de sus primitivos
métodos de cultivo, los campesinos tenían "hambre de tierra".

Por último, hay que decir que los procesos de emancipación de siervos y de
industrialización, no se ven acompañados de un proceso de modernización política. Es
esta la contradicción del zarismo. En la Rusia del siglo XIX no se puede hablar de
constituciones, partidos políticos, elecciones para un Parlamento, etc. Algunas medidas
de aperturismo político, de alejamiento del modelo autocrático, se adoptan, pero de
forma titubeante y precaria; a los períodos de reforma suceden otros de reacción. Es
cierto, por ejemplo, que Alejandro II inició una etapa liberal, introduciendo varios intentos
modernizadores como la reforma judicial o la creación de asambleas representativas
provinciales, pero un atentado en 1866 frena estos deseos reformistas.

b) La revolución de 1905 y sus resultados.

A estas causas estructurales que como vemos se remontan al siglo XIX, hay que
añadir la crisis económica de 1901-1903 y la derrota en la guerra ruso-japonesa de 1904-
1905, como detonantes de la revolución de 1905.

En los años 1901-1903, tras varios años de rápido desarrollo de la industria, estalla
una crisis de superproducción o de subconsumo; es una crisis internacional que afecta
por vez primera de lleno a Rusia, ya que ha alcanzado un cierto nivel de industrialización.
A las perturbaciones en los centros fabriles se añade en el caso ruso la mala cosecha del
año 1901, que provoca movimientos campesinos, en los que se enarbola el slogan de "la
tierra para los que la trabajan". En las ciudades la inquietud obrera es evidente; en 1903
más de 200.000 huelguistas se enfrentan a las fuerzas del orden; en Baku los miserables
obreros del petróleo arrancan ciertas conquistas a las compañías. La movilización de las
masas ha comenzado.

La guerra contra Japón se convierte en otro detonante social. Iniciar una guerra
impopular en las graves condiciones económicas de 1904 sugiere el escaso sentido
político de los dirigentes zaristas. La derrota, una vez más, puso en evidencia los fallos de
organización del imperio: material anticuado y mal utilizado, masas desorganizadas y mal
mandadas, insuficiencia del transiberiano para el transporte de tropas a tan enorme
distancia. Lo más sorprendente para los observadores extranjeros fue comprobar la
indiferencia profunda del pueblo ruso por la derrota del ejército, por el contrario estimuló
a los que se oponían al régimen. La leva de nuevas tropas y la alta tributación para
afrontar los gastos de la guerra condujeron a las masas desde la indiferencia hasta la
hostilidad.

El 28 de julio de 1904 el ministro del interior, Plehve, policía intransigente, es


asesinado, y sustituido por un liberal, Sviatopolsk-Mirski. Pero el zar obstaculiza algunas
de las medidas de apertura. En diciembre estallan huelgas violentas en Bakú, Moscú y
San Pertersburgo. La represión militar provoca la unión táctica de la burguesía y el
proletariado urbano. Durante la primavera continúan las huelgas y las manifestaciones,
que se convierten en una verdadera oleada en los meses de septiembre y octubre. El 30
de octubre de 1905 un manifiesto imperial anuncia la concesión de libertades cívicas, la
extensión del voto a todas las clases y la institución de una Duma legislativa. Era un
documento ambiguo que silenciaba el deseado papel constituyente de la Duma, pero
constituía un retroceso considerable del principio autocrático. Mientras la burguesía se
considera satisfecha, los dirigentes socialistas aseguran que es sólo el primer paso.
Pronto surge la decepción, ante el escaso papel político que se reserva para la nueva
Asamblea.

Las reformas económicas de Stolypin, centradas en el apoyo de la propiedad


privada y en la reducción de la propiedad del mir en los campos, provocan un aumento de
la riqueza, pero también una conciencia más honda de las desigualdades sociales. Al
entrar en 1914 en guerra con Alemania, Lenin asegura que el zar "hace su más hermoso
regalo a la revolución". Los problemas económicos y las contradicciones sociales y
políticas constituyen un fermento revolucionario.

c) El ascenso de los bolcheviques.

Pueden considerarse como primeros textos de doctrina y estrategia de los


socialistas rusos los aparecidos en la revista "Iskra" y el folleto de Lenin ""¿Qué hacer?"
(1902) en el que polemiza con los "marxistas legales" y con los economistas; sostenían
los primeros la necesidad de pasar por una etapa de capitalismo burgués antes de
acometer una revolución social, y los segundos la reducción del papel de los obreros a la
lucha económica mientras la burguesía se ocupaba de la lucha política. Lenin en este
folleto de 1902 interpreta que el elemento espontáneo en el movimiento ruso va delante
de la conciencia, hay huelgas sin necesidad de teoría, y por otra parte defiende la
necesidad de que un partido, clandestino, organice la revolución, mientras el movimiento
sindical, más extenso, actúa más a la luz y mediante hechos de masas.

El segundo Congreso de los socialistas rusos, primero del siglo XX, se celebra en
1903 en Bruselas, desde donde se traslada a Londres. Lo preside Plejanov, el introductor
del marxismo en Rusia. En el programa se habla de objetivos políticos (sufragio, libertad
de prensa, etc.), económicos de los obreros (jornada de ocho horas, prohibición del
trabajo infantil) y económicos de los campesinos (devolución de los recortes de tierra
arrebatados con la emancipación). Las controversias doctrinales desembocaron en la
escisión de los discípulos rusos de Marx. Los mencheviques 1 acusaban a los bolcheviques
de preparar una revolución proletaria sin existir las condiciones para su realización, por lo
que debía esperarse a un mayor grado de desarrollo del capitalismo en Rusia y aceptar en
tanto una fase burguesa; para ellos la revolución democrático-burguesa debía preceder a
la revolución socialista-proletaria. Los bolcheviques, con Lenin, sienten menos interés por
la teoría que por la práctica revolucionaria y estiman que no es imprescindible la fase
burguesa; en Rusia es posible el "salto" a la revolución proletaria.

En 1905 se reúne un Congreso exclusivamente bolchevique y se procede a la


constitución del Soviet -comité formado por obreros y soldados- de Petrogrado. Ante la
revolución de 1905, que arranca del zar la creación de una Duma, los dos partidos
socialistas se reafirman en sus posiciones; los mencheviques en su tesis de la
inevitabilidad de una fase burguesa; los bolcheviques en la afirmación de que la
burguesía nunca aceptaría desembocar en una fase proletaria.

En el verano de 1905 Lenin escribe Dos tácticas de la social-democracia en la


revolución democrática, en la que habla de la alianza proletariado-campesinado y de
extender la conflagración revolucionaria a Europa.

Trotski era el único dirigente social-demócrata que había intervenido de manera


destacada en la revolución de 1905, de la que extrajo algunas lecciones (La revolución de
1905). Había colaborado ocasionalmente con los mencheviques, pero sentía escasa
simpatía por su posición pasiva y se fue inclinando progresivamente hacia los
bolcheviques. Entendía Trotski que en Rusia se había desarrollado la industria capitalista
como resultado de la presión extranjera y bajo el patrocinio del Estado; así surge un
proletariado pero no una clase burguesa de empresarios. En un país económicamente
atrasado el proletariado puede conquistar el poder antes que en otro desarrollado.
Aunque con distintos argumentos llegaba a las mismas conclusiones que Lenin. Sin
embargo, no compartía la idea de Lenin sobre la necesidad de un partido minoritario
altamente organizado, y luchó por superar la escisión de los mencheviques, que
consideraba justificada.

En 1912 en una conferencia reunida en Praga los bolcheviques se declaran la


representación genuina del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso y prescinden
definitivamente de los mencheviques; no se consideran ya una fracción dentro del
partido, sino el partido mismo.
1
Del ruso "Menseviki", que significa minoritario.
d) La aportación teórica de Lenin.

La revolución rusa del año 1917 hubiera sido imposible o hubiera sido
radicalmente diferente de no mediar la obra teórica de Lenin 2 sobre el pensamiento de
Marx. Durante la guerra escribe dos obras fundamentales: El imperialismo, estadio
supremo del capitalismo (1916) y El Estado y la Revolución (1917). Considera Lenin que
las ideas de Marx se han elaborado en otras circunstancias históricas: "No consideramos
las teorías de Marx como algo definitivo e intangible". Marx ha conocido el capitalismo en
el marco de la Europa de la primera revolución industrial, en la que los aspectos
financieros son poco decisorios frente a los técnicos.

En su libro sobre El imperialismo... Lenin estima que el capitalismo ha pasado de la


forma industrial a la forma financiera, y de este modo a la lucha de clases se ha añadido
la lucha política entre los Estados (guerra por los mercados, materias primas, colonias,
etc.). Formula por lo tanto un planteamiento mundial de las contradicciones del
capitalismo. Así modifica ciertos teoremas marxistas. Ya no es la base revolucionaria el
proletariado de los países ricos, cuyo nivel de vida les hace abandonar sus banderas
revolucionarias -a un capitalismo podrido corresponde un socialismo podrido-, sino el
proletariado de los países atrasados. Ha de comenzarse la revolución en un país pobre,
que a escala mundial pueda considerarse un país proletario, pero que al mismo tiempo
posea un cierto grado de industrialización, masas obreras. Explica con este planteamiento
la posibilidad de la revolución en Rusia. Al principio Lenin esperó que se produjera la
revolución en Alemania, por la fuerza que había adquirido el socialismo en esta gran
potencia industrial, pero luego centró sus esperanzas en Rusia. Esta rusificación, por así
decir, de la revolución social, es la primera aportación de Lenin.

La segunda es su estrategia de la revolución. Un proceso revolucionario no es algo


fatal -Lenin entiende que se ha exagerado el fatalismo de Marx-, sino algo que se prepara,
como una guerra; el determinismo cede ante el voluntarismo. Lenin supera a sus
maestros del siglo XIX en tres puntos:

- El papel del partido. Marx y Engels habían hablado del movimiento proletario, en
general. Lenin subraya la importancia del partido, "vanguardia del proletariado",
cohesionado con una fuerte disciplina.

- El papel de los intelectuales. Se había llegado a afirmar en algunos movimientos


2
Vladimir Ilich Ulianov había nacido en 1870 en una pequeña aldea, a orillas del Volga.
Tenía 17 años cuando fue ejecutado uno de sus hermanos por participar en un complot contra
el zar. Este acontecimiento le convenció de que había pasado el tiempo de las acciones
individuales y era preciso pasar a una era de movimiento de masas. Durante su época de
estudiante en Kazán y en San Petersburgo se inicia en el marxismo y emprende una activa
propaganda entre los obreros. En 1900 tiene que abandonar Rusia y moverse entre los grupos
de emigrados. Su regreso en el año 1917 fue, con casi toda seguridad, facilitado por una
maniobra del Estado Mayor alemán, que lo envió con otros dirigentes socialistas en un vagón
sellado, para suscitar en el interior de Rusia un movimiento pacifista, del que los socialistas
habían sido los abanderados.
socialistas europeos que los obreros, sin ayuda, realizarían la revolución. Lenin cree que
sólo los intelectuales son suficientemente dialécticos para captar las interrupciones de la
acción que imponen las circunstancias de la lucha social; su aportación es imprescindible.

- El papel de los campesinos. Marx los consideraba ejemplos de embrutecimiento,


masas propensas al reaccionarismo. Los narodniki (populistas) rusos los habían, en el otro
extremo, divinizado, para ellos eran los campesinos la única base revolucionaria. Lenin es
menos idealista que los narodniki pero considera necesario su apoyo: "El verdadero éxito
de la revolución rusa comenzará cuando la masa campesina, caminando al unísono con el
proletariado, asuma un papel revolucionario activo", escribe en 1905.

e) La revolución burguesa. Febrero y Julio de 1917.

Las penalidades de la guerra y el deficiente abastecimiento de San Petersburgo


van a derribar al zarismo en cinco días. El 23 de febrero se inician manifestaciones
masivas de mujeres, solicitando "la paz y el pan", y con gritos de "abajo la autocracia".
Los días siguientes las manifestaciones aumentan, sin que el zar les dé importancia,
considerando que es un movimiento reducido a la capital y que dispone de una
guarnición numerosa para restablecer el orden. Los dirigentes zaristas no tienen en
cuenta un hecho esencial; las tropas son en gran parte de reciente reclutamiento, poco
propensas a ejercer violencia sobre el pueblo. En la noche del 26 al 27 de febrero (12 de
marzo en el calendario occidental) los soldados confraternizan, se libera a los prisioneros
políticos y se constituyen comités (soviets). Kerenski 3 apoya al soviet de San Petersburgo,
que lanza una llamada al país en su periódico "Izvestia": todos los ciudadanos rusos
deben "emprender la lucha contra el zarismo, formar soviets, asumir la gestión de los
asuntos locales, reunir una Asamblea constituyente".

Un estallido espontáneo de masas exasperadas por la escasez ha sorprendido a


las autoridades zaristas, pero también a los partidos revolucionarios, que no saben
reaccionar. Se establece un gobierno provisional, presidido por el príncipe Luov, sin
consentimiento de Nicolás II; los socialistas moderados apoyan a este gobierno. Lenin
hablará más tarde de entrega del poder a la burguesía, de una ocasión perdida. En esos
momentos el zar carece de toda autoridad, abandonado por el ejército. Se establece un
doble gobierno: el provisional, constituido por diputados de la Duma, y los soviets, que se
afanan en conseguir el control de los centros de comunicaciones y estimulan la aparición
de nuevos soviets en otros lugares de Rusia. El gobierno provisional toma tres decisiones:
convocar una Asamblea constituyente, conceder una amnistía y continuar la guerra.

En el soviet de San Petersburgo tienen una fuerte participación los mencheviques,


los cuales, según testimonio de Trotski, sólo ansiaban en ese momento constituir la
oposición en la futura Asamblea constituyente. Los bolcheviques estarán en las primeras
semanas un tanto al margen, pero esto evitó su desgaste y su mayor influencia posterior;
antes de la llegada de Lenin se sienten desconcertados, en una postura blanda, que se
limita a presionar sobre el gobierno.

3
Kerenski (1881-1970). Político y revolucionario ruso, miembro destacado de la Duma, se
enfrentó al decreto que la disolvía en marzo de 1917 y participó en el gobierno formado a la
caída del zar
Nicolás II abdica en el gran duque Miguel, pero éste, tras algunos titubeos
renuncia, a la expectativa de lo que decida la Asamblea constituyente. La noticia de la
doble abdicación provoca una explosión de alegría en toda Rusia. Oradores improvisados,
regreso de exiliados, entusiasmo popular, escenas que se conservan en imágenes en los
archivos cinematográficos. Millares de cartas, mensajes y telegramas son enviados al
soviet de Petrogrado, a Kerenski y a la Duma, escritos que constituyen auténticos
"cuadernos de quejas" de la revolución rusa. Los obreros piden el programa mínimo de la
socialdemocracia: jornada de ocho horas, seguridad en el empleo, formación de comités
de fábricas. Las reivindicaciones de los campesinos son más radicales: propiedad de la
tierra que trabajan, distribución gratuita de todas las grandes propiedades abandonadas;
su rencor contra la administración es mucho más fuerte que contra los grandes
propietarios. Los soldados solicitan unánimemente el final de la guerra, que se conceda
una pensión a sus esposas y una indemnización a los heridos y mutilados. La burguesía
que se había adueñado del poder no está en condiciones de atender esta lista de
reivindicaciones de los obreros, campesinos, soldados, pueblos alógenos (que pedían
autonomía o la instalación de una república federal).

Lenin llega a San Petersburgo el 3 de abril y critica la postura blanda de colaborar


con el gobierno, que es defendida por Kamenev. En las "tesis de abril" Lenin sostiene que
es necesario pasar a la segunda etapa, ha de rechazarse al gobierno provisional y su
decisión de proseguir la guerra. En la conferencia del partido, de toda Rusia, triunfa la
postura de Lenin y se adopta la consigna de "todo el poder a los soviets".

En febrero se había establecido en Rusia un doble poder. Lenin decía que consistía
en dos gobiernos distintos; el gobierno provisional era el de la burguesía, los soviet era
del proletariado y campesinos con uniforme de soldados. Los meses siguientes serían
escenario de continuos signos de descontento: huelgas, actos de desobediencia, etc. El
nuevo régimen anuncia su deseo de poner fin al desorden y retornar a la vida normal. El
desorden era el argumento de los sectores conservadores para demostrar los peligros de
la revolución. Los patronos recurren a los cierres, los burgueses amenazan abandonar el
gobierno, la prensa derechista acusa a bolcheviques y anarquistas.

El 3 de julio se inicia en San Petersburgo una insurrección popular. Kerenski había


ordenado una ofensiva en Galitzia, que fracasa. Las primeras noticias del fracaso
provocan manifestaciones de soldados, que repiten las protestas contra la guerra, igual
que en el mes de febrero. Los dirigentes bolcheviques insisten en que son
manifestaciones espontáneas. Lenin piensa que ese no es el momento de la revolución.
Pero el gobierno destaca tropas leales a la capital, pone fin a las manifestaciones y
ordena la detención de los dirigentes bolcheviques. Lenin huye. Una campaña de
propaganda, en la que se acusa a los bolcheviques de ser agentes del enemigo y de
recibir dinero del gobierno alemán, completa el desmontaje del aparato revolucionario de
la capital. Luov dimite y Kerenski es nombrado primer ministro del gobierno provisional.
Su autoridad permanecía intacta; su deseo era instaurar, mediante una Asamblea
constituyente, una república parlamentaria que en un período de orden acordara las
reformas necesarias. En Moscú reúne una "Conferencia del Estado", en la que los
diputados de los soviets pueden comprobar que ellos no son los únicos que representan
al país. A la Conferencia acuden antiguos diputados de las cuatro dumas que entre 1906 y
1912 se habían constituido en Rusia, profesores de universidad, oficiales del ejército, etc.
La derecha y los militares manifiestan su impaciencia, el desorden debe cesar. Kornilov,
un general zarista, espera instaurar una dictadura patriótica con la militarización de la
retaguardia y establecer un estado similar al que definían por estos años los fascistas
italianos: reacción de defensa contra la revolución social, papel de iniciativa del gran
capital, apoyo en el ejército y la iglesia, recurso a grupos de acción especiales.

Kornilov pensaba desembarazarse de Kerenski, después de haberle forzado a


adoptar una política conservadora. El 7 de septiembre lanza un ultimátum, proclama la
ley marcial en San Petersburgo y exige la formación de un nuevo gobierno bajo su
dirección. Pero la población se subleva y los soldados no apoyan a Kornilov. Kerenski
coloca al general fuera de la ley. El enérgico jefe del gobierno provisional después de
haber conseguido desplazar a los bolcheviques a la clandestinidad ha descabezado a la
derecha, con la detención de su militar más caracterizado (obsérvese la semejanza de la
situación de Kerenski con la que vivió Gorvachov, también acosado por conservadores y
reformistas).

Pero la habilidad y la decisión de Kerenski no son suficientes para evitar que se


haga cada vez más grave la crisis interna. Los campesinos ocupan las tierras; los
industriales hacen algunas concesiones, pero la guerra, que exige el incremento de la
producción, obstaculiza la reducción de horarios; aumenta el número de huelgas y de
"lock-outs". La violencia crece, se producen secuestros de patronos y en algunos casos los
obreros se niegan a abandonar las fábricas.

2.2. La revolución bolchevique.


Consolidación del poder (1917-1920).

a) El alzamiento bolchevique.

En septiembre se han enfrentado dos sectores en Rusia. Kornilov representa a los


millones de hombres que colocan por encima de todo la defensa nacional; Kerenski a los
millones de hombres que están dispuestos a defender la revolución política, ya realizada
con el destronamiento de los zares, contra los enemigos de fuera y de dentro. Lenin
representa al tercer sector, decidido a apoderarse del poder para realizar la revolución
social. Para comprender su triunfo en octubre es necesario tener en cuenta dos
fenómenos.

El primero es el nacimiento de un embrión de estado proletario -de hecho- con el


hundimiento de las instituciones zaristas. El llamamiento del soviet de Petrogrado en
febrero ha cubierto a Rusia de comités y de centenares de sindicatos, se han formado
milicias obreras, millones de soldados se han emancipado. El soviet de Petrogrado se ha
convertido en la cabeza indiscutida de esta ebullición nacional. El segundo fenómeno es
el apartamiento de la derecha y de su fuerza militar de cualquier relación con el gobierno
Kerenski, a partir del fracaso y detención de Kornilov. Los batallones cosacos, que
consideraban a Kornilov como su caudillo, se niegan a disparar en octubre, les resulta
indiferente lo que pueda ocurrirle al gobierno Kerenski.

Para oponerse a la reacción militar derechista el gobierno provisional ha tenido


que llamar a todas fuerzas populares, incluso bolcheviques, quienes de esta manera
salen de la semiclandestinidad en que se encontraban desde julio. Lenin ve la situación
con total claridad: privado del apoyo del ejército, el gobierno no puede, como en julio,
reprimir un levantamiento de fuerzas populares.

El 9 de octubre llega Lenin a San Petersburgo y al día siguiente, en una reunión del
comité central bolchevique, se decide por diez votos contra dos (Kámenev y Zinóviev)
preparar la insurrección armada. Seis días después se crea en el seno del soviet de San
Petersburgo un comité militar revolucionario, dirigido por Trotski.

La noche del 24 de octubre Lenin se instala en el Instituto Smolny, sede del soviet
de San Petersburgo y del comité central bolchevique, para dirigir las operaciones. El 25 de
octubre las fuerzas bolcheviques entran en acción y ocupan los puestos estratégicos de la
capital, sin derramamiento de sangre. El acorazado "Aurora" apunta sus cañones sobre el
Palacio de Invierno, donde está reunido el gobierno, al que fallan sus resortes militares, no
llegan los refuerzos que Kerenski ha llamado, no obedecen las fuerzas de guarnición.
Kerenski huye y otros miembros del gobierno son detenidos. El soviet de Petrogrado y su
comité militar revolucionario han organizado una victoria casi incruenta y lanzan un
manifiesto la tarde del 25 de octubre (7 de noviembre).

La revolución se había hecho bajo la consigna de "todo el poder para los soviets",
pero realmente no van a ser los soviets los que controlen la situación, sino solamente uno
de los sectores, el más audaz y el más preparado: los bolcheviques. Todos los testimonios
de la época rinden tributo a la energía de Trotski en esos momentos decisivos, pero la
estrategia suprema de la revolución había sido dirigida por Lenin; figura indiscutible,
preside el primer gobierno de comisarios del pueblo, en el que son nombrados además,
entre otros, Trotski (Asuntos Exteriores), Rykof (Interior), Lunatcharski (Educación
Nacional) y Stalin (Comisariado de Nacionalidades).

Desde febrero a octubre la revolución de 1917 no ha sido un movimiento lineal, las


crisis de abril, julio, septiembre, la han acelerado o frenado. Sólo obreros y soldados
participan en la toma del poder en octubre. El fermento han sido los bolcheviques o más
exactamente un embrión de estado proletario que se ha radicalizado y bolchevizado por
la prosecución de la guerra y por la falta de soluciones del régimen de febrero.

b) Primeros decretos del nuevo régimen.

El mismo día del triunfo de la revolución, Lenin esbozó una serie de decretos, que
dan satisfacción a los soldados, campesinos, obreros y pueblos alógenos.

El decreto sobre "una paz inmediata sin anexiones" se propone a todos los
beligerantes: "El gobierno obrero y campesino salido de la revolución del 25 de octubre,
apoyado en los soviets, invita a todas las naciones beligerantes y a sus gobiernos a abrir
sin dilación negociaciones para una paz justa y democrática". Termina haciendo un
llamamiento a los obreros de Inglaterra, Francia y Alemania, e invita a los soldados del
frente a concluir, donde sea posible, armisticios locales con los alemanes.

Durante la noche del 26 de octubre Lenin redacta el decreto sobre la tierra,


inspirándose en los 242 textos elaborados por los soviets campesinos. "La gran propiedad
agrícola es abolida sin indemnización. Pasa a los soviets de campesinos." Lenin entendía
entonces que se trataba de propiedad de no campesinos, no se abole la propiedad
privada ni se priva de sus bienes al campesino rico. Con este decreto se aceptaba el
programa de los soviets y se abandonaba el de los bolcheviques, que habían preconizado
la nacionalización de las tierras.

Cuatro días más tarde se publica un decreto sobre las empresas industriales; en
cada fábrica el control será ejercido por los trabajadores a través de sus instituciones
elegidas (comité de fábricas, consejo de ancianos, etc.). A escala de ciudad un Consejo de
control obrero constituirá una de las secciones del soviet. Este decreto implicaba la
absorción, sin que los obreros se apercibieran, de los comités por los soviets. Más tarde se
decretó la nacionalización de los bancos, último sector que todavía controlaba la
burguesía.

El decreto de las nacionalidades afirma la igualdad y la soberanía de todos los


pueblos de Rusia, con lo que se rompía con la subordinación que los zares habían
establecido de los no rusos. El decreto reconoce el derecho de los pueblos a disponer de
ellos mismos y suprime toda discriminación de orden nacional.

El gobierno provisional había convocado elecciones para la Asamblea


constituyente y los bolcheviques no se atrevieron a anular la convocatoria. La mayoría del
electorado se inclina por los eseritas (SR: socialistas revolucionarios, el partido en el que
había militado Kerenski); los bolcheviques sólo obtienen una cuarta parte de los asientos
en la Asamblea, están en minoría. Un bolchevique, Sverdlov, solicitó en la apertura que la
Asamblea reconociese inmediatamente el poder de los soviets; la Asamblea rehusó esta
proposición y eligió presidente a Tchernov, hostil a los bolcheviques. La Asamblea anuló
los decretos de octubre, por cuestión de principio, y los sustituyó por decretos similares.
Ya no hubo segunda sesión. La guardia roja, brazo armado bolchevique, impidió el paso
de los diputados a la sala. La disolución de la Asamblea escandalizó a los demócratas, a
los socialistas moderados e incluso a un sector blando de los bolcheviques. Lenin buscó
justificaciones, asegurando que los eseritas no eran un partido sino dos (la izquierda se
entendía con los bolcheviques); dos años después argumentaría que los bolcheviques
habían conseguido la mayoría en las ciudades y que la votación en el campo estaba
falseada. Pero el argumento decisivo para Lenin es que la Asamblea representaba a un
modelo de estado burgués, y en la revolución suponía una institución
contrarrevolucionaria; había nacido según él una forma de democracia más profunda, la
de los soviets, no montada sobre elecciones nacionales y propaganda, sino apoyada
sobre pequeñas elecciones en comités de campesinos y obreros. En enero de 1913 el
Tercer Congreso de Soviets de toda Rusia se declara heredero de la Asamblea; en él
reside el papel de producir el aparato legal para la nueva Rusia.

En julio de 1918 se aprueba una Constitución. Se afirma que los soviets, como la
Comuna de París, constituyen una nueva forma de Estado; ante la multiplicidad étnica se
acuerda una estructura federal (URSS). A diferencia de la Revolución Francesa, que había
proclamado la Declaración de derechos del hombre, los bolcheviques, estimando que las
libertades del siglo XVIII habían sido teóricas, enuncian, con un sentido restrictivo pero
más concreto, los "Derechos del Pueblo Trabajador y Explotado". Nota diferencial es
también la no separación de los poderes ejecutivo y legislativo, que en Occidente se
considera condición indispensable para la democracia, arguyendo que el Estado burgués
representa sólo a ciertas fuerzas y la república socialista lo abarca todo, es decir, el
proletariado ruso y las masas campesinas.

c) Guerra civil y Comunismo de guerra. Repercusiones.

Para que el nuevo régimen surgido en Rusia en octubre de 1917 fuera reconocido
fuera de sus fronteras y se consolidase dentro, tuvo que superar una guerra civil y
continuas intervenciones extranjeras.

Como hemos visto una de las primeras iniciativas del nuevo régimen fue poner fin
a la guerra. Pero esta decisión tuvo su coste: en 1918 se firmó un tratado con Alemania
(Brest-Litousk), por el cual Rusia perdió extensos territorios a cambio de paz, y esto
significó una lección y una experiencia que aprovecharían los dirigentes bolcheviques, en
el sentido de que se dieron cuenta de la necesidad de forman un ejército fuerte para no
caer de nuevo en la impotencia militar. De esta forma, cuando estalló la guerra civil, el
que se llamó ejército rojo, organizado por Trotski, constituía ya una fuerza eficiente y
numerosa.

Varios centros de resistencia surgen frente al régimen bolchevique. En algunos


Estados, por ejemplo, Ucrania, el movimiento separatista, que se apoya en la constitución
federal, es intenso y decide entenderse con los alemanes al margen de las decisiones del
gobierno soviético. Oficiales y soldados que se sienten fieles a la herencia zarista
organizan el denominado ejército blanco. En Siberia occidental un cuerpo
expedicionario de 30.000 soldados checos y eslovacos, que se rinden Vladivostock y
obtienen permiso para regresar por ferrocarril, se insurreccionan y consiguen desarmar al
ejército rojo en algunas localidades. Los eseritas de izquierdas consideran una traición el
tratado de Brest-Litovsk y organizan grupos armados para reemprender la guerra contra
Guillermo II. Estos movimientos antisoviéticos se combaten entre ellos con la misma
energía que se oponen al nuevo régimen.

Esta situación de inseguridad, que culmina en el estallido de la guerra civil, obliga


a una organización peculiar de la economía, en la que los dirigentes bolcheviques a ir
más lejos o más deprisa de lo que hubieran deseado. Es el sistema denominado
"Comunismo de guerra", una política que tuvo como fin poner en marcha el aparato
productivo mediante las siguientes actuaciones: nacionalización de la industria,
socialización de la tierra, creación de batallones de trabajo y de requisamiento, monopolio
estatal del comercio y prácticas de terror.

La guerra civil se inicia antes de la derrota alemana, durante el año 1918. Los
ejércitos blancos ocupan las zonas del sur, las más ricas, mientras los bolcheviques
organizan el ejército rojo. Las potencias aliadas intervinieron en la contienda, primero de
forma directa y luego indirectamente, enviando pertrechos a las tropas blancas. Uno de
los contingentes blancos más destacados fue el del antiguo almirante zarista, Kolchak,
que estaba instalado en Siberia y avanzaba sobre la Rusia europea. También eran
importantes los generales Denikin y Yudenich. Pero la descoordinación del ejército blanco
frente a la eficacia del ejército rojo hicieron que las fuerzas contrarrevolucionarias fueran
derrotadas, pese a los apoyos procedentes de los países occidentales, los cuales estaban
ya muy preocupados por los disturbios ocurridos en Francia e Italia y los movimientos
revolucionarios de Berlín, Baviera y Hungría.

El nuevo estado soviético que salía de la guerra civil (1918-1921) había perdido
una parte considerable de su territorio (700.000 km 2) surgiendo como estados
independientes Estonia, Lituania, Letonia, Finlandia y Polonia. Sin embargo, las peores
consecuencias de la guerra se dejaron sentir en la economía y sociedad soviética: la
producción quedó paralizada y el fin de la guerra supuso el hundimiento de una gran
parte de la industria que se nutría de las necesidades militares. Por otra parte, el hambre
era generalizada entre las masas campesinas, creando un amplio descontento que daría
lugar a una resistencia a colaborar con el nuevo régimen.

Cuando terminó la guerra, se abrió un debate ideológico entre los que pensaban
que el "Comunismo de guerra" había sido una respuesta obligada ante una situación
extrema, y los que pensaban que esta fase había lanzado al país hacia el Socialismo. Para
estos últimos, los malos índices económicos obtenidos eran transitorios. La primera
postura, en cambio, era la predominante y salió fortalecida después de que Lenin
planteara una "Nueva Política Económica" que evitase la confrontación con los
campesinos. La crisis de 1921 forzó este giro.

2.3. Repercusiones internacionales: entre el miedo gubernamental


y el entusiasmo popular.

En el período inmediato a la revolución de Octubre, la repercusión internacional


fue de gran importancia. El hecho de que por primera vez se pusiera en tela de juicio la
pervivencia del sistema capitalista en un país tan inmenso como era Rusia, provocó una
conmoción mundial de grandes consecuencias. Ya en la guerra civil, las potencias de la
Entente recibieron informes de que sus tropas invasoras no querían continuar esa guerra
que no entendían, contra un Estado obrero por el que manifestaban una cada vez más
clara simpatía. Hubo incluso motines en las tropas extranjeras que aconsejaron a las
potencias capitalistas evacuar ejércitos en más de una ocasión.

Desde octubre de 1917 había dos mundos opuestos cuya misma existencia era ya
foco de una tensión cada vez más patente. La histórica frase de Bismarck sobre la
importancia militar del centro de Europa era la pesadilla de los gobiernos de la época.
Pero las potencias occidentales fueron más allá en la defensa de sus intereses
internacionales y en sus deseos de cortar cuanto antes una mecha que amenazaba con
extenderse por Europa, pues comprendían que la primera tarea para ellos era acabar con
el Estado soviético y eliminar así el principal punto de referencia del movimiento obrero
internacional de la época.

Pero las organizaciones obreras también comprendieron la importancia de la


nueva situación; el mismo Lenin resucitó un objetivo suyo surgido en el año 1914,
consistente en crear la III Internacional o Internacional Comunista como consecuencia
del desastre de la Segunda, que había quedado dividida y deshecha al comenzar la Gran
Guerra. Ya en marzo de 1918, el Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso
acordó cambiar el viejo nombre de éste por el de Partido Comunista (bolchevique) Ruso
par evitar cualquier asociación con los partidos socialdemócratas de entonces. En marzo
de 1919 se fundó la III Internacional (Komintern). Las tesis leninistas acerca del cometido
de esta organización no configuran a ésta como una asociación flexible de diferentes
organizaciones, sino como un único partido del proletariado internacional con una sola
disciplina y estrategia revolucionaria. La derrota alemana y el estallido de la revolución
espartaquista hace nacer en el ánimo de los dirigentes bolcheviques la esperanza de la
revolución mundial. Revoluciones comunistas estallan en Alemania, Hungría y Austria. En
1919 se instalan soviets en Baviera y Austria.

La primera guerra mundial sirvió de acelerador al proceso según el cual las masas
aumentaron su participación en la vida política de los países. En toda Europa, los
desmovilizados regresaron con mayores reivindicaciones y rechazaron la dirección de los
"notables". La élite campesina y sobre todo obrera, formada y descubierta gracias a la
acción sindical, consideró que debía jugar un papel cada vez más importante. Querían
que se pasase del Estado liberal, que consentía, que concedía algunas reformas, al
Estado social, que debía preocuparse ante todo de los intereses populares. En todas
partes, los sindicatos y los partidos obreros chocaron con las líneas defensivas de la gran
burguesía capitalista, el "muro de plata".

No se sabe qué forma hubiera tomado esta lucha si en un país, el más vasto por
sus dimensiones, la facción revolucionaria de los bolcheviques, marxistas por excelencia,
no hubieran tomado el poder. La pura existencia de este Estado (pronto se hablaría del
"socialismo en un solo país") cambió completamente las perspectivas de la acción
proletaria. En efecto, después del fracaso de las revoluciones comunistas en Alemania y
en Hungría, los partidos socialistas de todos los países debieron elegir entre la adhesión a
la III Internacional, o la negativa. Algunas veces la mayoría optó por la adhesión (Francia).
La minoría volvió a crear entonces un "partido socialista" en general reformista. Más a
menudo, sólo una minoría se adhirió a la III Internacional (Italia, Alemania). La mayoría
conservó el nombre de "partido socialista". Unicamente los países anglosajones
escaparon a este dilema, ya que las tendencias pro-soviéticas eran en ellos muy débiles.

Hasta 1934-1936, los partidos comunistas permanecieron en la más intransigente


oposición, rechazando cualquier alianza, cualquier compromiso con los "partidos
burgueses" y con los mismos socialistas. La vida política de la mayor parte de los países
europeos se vio afectada por la existencia de esta minoría revolucionaria e inasimilable.
Algunas veces el partido comunista fue prohibido y perseguido (Europa central y oriental,
Italia). Por todas partes despertaba indignación y provocaba las represalias de los
hombres que ocupaban el poder. Progresivamente se acabó por creer que una serie de
amplias reformas sociales y el aumento del nivel de vida de los trabajadores serían un
medio de lucha mucho más eficaz que las acciones represivas. Pero probablemente la
existencia de este "cuerpo extraño" en la estructura de los viejos Estados es el fenómeno
más significativo de la Europa de la posguerra. Es cierto que las esperanzas de Lenin de
ver triunfar rápidamente la revolución en Europa fueron vanas. Otro "peligro" apareció,
mucho más grave de un modo inmediato: el fascismo.

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3. D E S A R R O L L O D E L A U R S S (1921-1982)
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3.1. Estructura política del Estado Soviético.

El nuevo Estado nacido de la Revolución es menos extenso que el imperio y, por


otra parte, se aleja del centralismo moscovita para montar una estructura federal.
Ucrania, Bielorrusia, Transcaucasia son nuevas repúblicas que se unen a Rusia a lo largo
de los años 1920 y 1921, hasta que el Congreso de los soviets, de diciembre de 1922,
acuerda la federación de las cuatro repúblicas bajo el nombre de Unión de Repúblicas
Socialistas Soviéticas.

La urgencia de la reconstrucción material retrasa el proceso de edificación política,


apoyado durante años exclusivamente en la Constitución provisional, y en la coyuntura
bélica apenas aplicada, de 1918. En 1924 se aprueba la nueva Constitución que configura
un Estado cuya célula funcional se desea que continúe siendo el soviet. En 1927 los
Estados federados son siete; unidades menores dentro de la federación son las
Repúblicas autónomas y los territorios autónomos.

Tres órganos supremos regulan la vida del Estado soviético:

- El Congreso de los soviets, que se convoca anualmente y reúne a representantes


de los soviets urbanos y de los soviets de volost (grandes organizaciones agrícolas y
fabriles).

- El Comité Central o Soviet Supremo, equivalente a los parlamentos occidentales,


y configurado por dos cámaras: el Consejo de la Unión, y el Congreso de las
Nacionalidades, que reúne la representación de las diferentes repúblicas federadas y de
las repúblicas y territorios autónomos.

- El Presidium o Consejo de Comisarios del Pueblo, equivalente a un gobierno,


cuyos miembros no tienen la misma categoría, ya que la jurisdicción de los Comisarios de
la Unión se extiende a toda la URSS y los Comisarios de las Repúblicas federadas se
ocupan de la economía, trabajo, agricultura, etc., de su demarcación respectiva.

Estructura federal 4, sufragio indirecto y soviets en sustitución de partidos son las


tres notas peculiares del Estado bolchevique. La Constitución de 1936 introduce algunas
modificaciones; refuerza el carácter federal al igualar las atribuciones de las dos cámaras
del Soviet Supremo, las elecciones de base se realizan por sufragio universal, se sanciona
la colectivización de los campos y se potencia el carácter de partido único. Esta última
nota del Partido Comunista como eje de la vida política recogía una tendencia cada vez
más acusada. El artículo 126 lo define: "Los ciudadanos más conscientes y más activos de
la clase obrera (...) se unen en el Partido Comunista, vanguardia de los trabajadores". El
Partido dispone de los resortes de poder, y el puesto de secretario ha llegado a ser más
decisorio que el de presidente del Presidium o el de presidente del Soviet Supremo.

Junto al Estado, en todos los niveles y en todas las localidades, estaba el partido.
No se permitía más que un solo partido, el Comunista, aunque tanto para los soviets
como para otros puestos oficiales podían ser elegidos miembros que no perteneciesen al
partido. En éste la autoridad comenzaba en la cima e iba de arriba a abajo. En su cúspide
estaba el Comité Central, cuyos miembros aumentaron desde unos setenta en los años
1930 a más del doble en años posteriores. El Comité Central trabajaba mediante un
secretariado ejecutivo dirigido por un secretario general, y mediante un Ogburo y un
Politburo, subcomités encargados respectivamente, de las cuestiones de organización del
partido y de política del partido. Aunque se celebraban congresos del partido con
intervalos de pocos años antes de la segunda guerra mundial, por lo general se limitaban
a aprobar las decisiones ya adoptadas por el Comité Central.

La Constitución soviética recoge la consabida enumeración de derechos -igualdad


ante la ley, seguridad individual, libertades de palabra y prensa-, similares a los textos
occidentales; pero en contradicción con los postulados ideológicos del marxismo-
leninismo en vez de sentenciar la desaparición del Estado mantiene sus mecanismos de
decisión y coacción 5.
4
El principio federal de la URSS estaba destinado a resolver el problema del nacionalismo.
El zarismo, en sus últimas décadas, había tratado de abordar este problema, mediante la
rusificación inmediata. Las nacionalidades se habían resistido, y el descontento nacionalista
había sido una de las fuerzas que habían debilitado al imperio. En la Unión Soviética se
hablaban cien lenguas, y dentro de sus fronteras, se reconocían cincuenta nacionalidades
distintas. Todas las nacionalidades reconocidas recibieron una autonomía cultural, o el derecho
a emplear su propia lengua, a tener sus escuelas, a llevar sus trajes y a conservar sus
tradiciones, sin interferencia alguna. Unas constituyeron sólo "distritos nacionales", otras
"regiones autónomas", y otras "repúblicas autónomas" dentro de una república soviética
federada. Las más importantes eran estas repúblicas soviéticas federadas.

5
Hay que recordar que el Estado socialista es el único que surge de un propósito teórico
En efecto, pronto se estableció el concepto de "legalidad revolucionaria", que
pretendía frenar la anarquía que siempre conlleva una revolución. También se estableció
una distinción entre los delitos contra el individuo y los delitos cometidos contra el
Estado. De los primeros se ocuparían los tribunales ordinarios y de los segundos, dos
organismos que se sucedieron cronológicamente y que tendieron a endurecer los castigos
impuestos a los considerados enemigos de la revolución. El primero de ellos fue la Checa.
Paralelamente, se fueron creando lugares de confinamiento; en estos campos de
concentración se introdujeron los trabajos forzados como el medio más adecuado para
combatir las actividades contrarrevolucionarias. Posteriormente, los campos de
concentración admitieron también a individuos simplemente molestos al régimen.
Finalmente, se abolió la Checa, siendo sustituido por la GPU (Administración Política del
Estado), un organismo que estaba al margen de cualquier revisión judicial y que siguió
practicando las mismas medidas punitivas que se habían hecho antes bajo el signo de la
urgencia, ahora con una ratificación formal.

El gobierno de la Unión, y el de cada república integrante, seguía un modelo


elaborado durante la Revolución y recogido en la Constitución de 1924, y en la ulterior
Constitución promulgada en 1936. Su característica principal era un sistema de
paralelismo. De una parte, se hallaba el Estado; de otra, en paralelismo con el Estado,
pero técnicamente sin formar parte de él, se hallaba el Partido. Había entre los dos una
relación de estrecha coherencia.

3.2. La N.E.P. (1921-1927): de cara al campo. Debate ideológico


y consecuencias socioeconómicas.

Las penurias de la guerra habían movilizado a la clase campesina contra el


gobierno. A los destrozos del conflicto se suman en 1920 una mala cosecha, que provoca
el desabastecimiento de los centros urbanos; el país en su conjunto tenía frío y hambre,
estaba enfermo, exhausto y exacerbado. La oposición de los campesinos a la política de
requisas se convirtió en furor cuando este procedimiento drástico de una economía de
guerra se prosiguió en medio de los rigores de la escasez. Un viejo revolucionario, Soltz,
empezó a publicar en Pravda una serie de artículos en los que censuraba a los
funcionarios del partido, que habían perdido, decía, al igual que los colaboradores del
zarismo, el sentido de la camaradería hacia el pueblo. los dirigentes bolcheviques se
escindieron en dos grupos: una derecha, partidaria de soluciones moderadas, encabezada
por, el atrás radical, Bukharin, y una izquierda, dirigida por Trotski, quien se inclina por el
mantenimiento de la pureza de los principios revolucionarios. En el centro, Lenin y Stalin
se decidieron por la primera postura y aceptaron la conveniencia de imprimir un ritmo
más lento a la instalación del comunismo en Rusia y de una etapa transitoria de respeto

concreto: las doctrinas de Marx, Engels y Lenin. Además, su existencia se considera dentro de
una fase provisional (dictadura del proletariado), posterior al Capitalismo, en tanto no sea
posible establecer una sociedad sin clases. El Estado Soviético contaba, por tanto, al menos en
un plano teórico inicial, con su desaparición como tal.
por la propiedad privada y el libre intercambio de productos. La N.E.P. (Nueva Política
Económica) sustituye a la severidad de la economía de guerra, en la que se había
extinguido el derecho privado de propiedad ante las urgencias colectivas.

La rebelión de los marinos de Kronstadt, que habían desempeñado un papel


primordial en los acontecimientos de octubre, proporcionó a Lenin el argumento que
esperaba para demostrar que era necesario buscar un nuevo y más cómodo camino para
el proceso de la revolución. Entre las peticiones de los marineros y obreros de los
astilleros de kronstadt destacaban las de libertad de prensa, de reunión y asociación para
los obreros, la abolición de los comités de requisa, la posesión de la tierra y usufructo del
ganado por los campesinos. La rebelión, en los primeros días de marzo de 1921, influyó
en los trabajos del X Congreso del Partido Comunista y Lenin pudo en ese momento
agrupar en torno a él a todas las tendencias. Lenin calificó este giro de estratégico o
temporal, pero sin disimular que representaba una vuelta a las prácticas capitalistas.
Fundamentalmente, en ese Congreso se enfrentaron dos visiones: la de aquellos que
veían la N.E.P. como una vuelta atrás obligada tras las aberraciones del comunismo de
guerra, frente a la de aquellos que concebía al comunismo de guerra como el camino
correcto hacia el Socialismo y, por tanto, la N.E.P. era una retirada temporal. Lenin supo
ser ambiguo y compartió y rechazó ambas posturas en parte, consciente de que la
primera significaba tener en cuenta la economía campesina y la segunda el impulso de la
industrialización.

La N.E.P., también llamada Capitalismo de Estado, se basaría en la reconstrucción


del sector privado y en la financiación del sector socialista. Al primer sector pertenecían la
agricultura, el comercio menor, la pequeña industria y el artesanado. Se incentiva esta
pequeña industria artesanal para que produzca bienes de consumo y así hacer revivir el
comercio privado. Pero, además, hacía falta reconocer la propiedad de los campesinos y
sus derechos a comercializar sus excedentes libremente. Por otra parte, la requisa forzosa
de cereales fue sustituida por un impuesto en especie. También se permitió la instalación
de capitales y empresas extranjeras, para de este modo acelerar la modernización del
aparato productivo. En todo este proceso, la industria pesada había sido dejada a un lado,
estancándose hasta que en la era de la planificación se convirtiera en el principal
objetivo.

Las "palancas de mando", continuaban en manos del Estado. Lenin escribe:


"Mientras el Estado controle los ferrocarriles, los otros medios de transporte, los bancos y
el comercio exterior, no existe ningún temor a una insurrección del capitalismo".

No obstante, La N.E.P. supuso el abandono del ideario colectivista en economía y el


retorno transitorio a formas de capitalismo controlado, con el fin de estimular la
producción. Representó en este sentido un alivio temporal para la masa campesina. De
hecho, la N.E.P. fue pensada desde el principio como una política que permitiera un cierto
desahogo a unos campesinos que estaban mostrando una rotunda hostilidad hacia el
comunismo. La incomprensión mutua entre éstos y el partido se amortiguó durante el
período que duró.

Los resultados fueron inmediatos. En 1927 se alcanza el nivel de producción


normal; se duplica la cosecha de trigo y la extracción de petróleo, se triplica la del carbón
y se multiplica por siete la producción de acero; el hambre deja de ser un espectro
cotidiano, se reabsorbe el paro y aumentan los salarios, mientras la contratación de
técnicos extranjeros proporciona un impulso acelerado a la modernización de la industria.
La recuperación de los círculos económicos contribuye a sacar al país del marasmo.

En correlación con la liberalización de la economía, la vida cultural y artística se


beneficia de una relativa libertad y en el arte se refugian las posibilidades de expresión
que en política están vedadas. En estos años el cine soviético vive una auténtica edad de
oro presidida por Eisenstein, autor de obras maestras, "La huelga", "El acorazado
Potemkin", "Octubre", en las que se exaltan los ideales revolucionarios y los movimientos
de masas.

La estructura social soviética estaba compuesta ahora por cinco grupos: el


proletariado, el campesinado, los especialistas, los kulaks (campesinos ricos) y los
hombres de la NEP. Estos dos últimos, sin embargo, no formaban parte del pacto tácito
que sustentaba al régimen y, por tanto, fueron excluidos. No encajaban en la sociedad
comunista porque representaban el peligro real de un resurgimiento del Capitalismo,
contra el cual la ortodoxia del partido siempre estuvo alerta. No obstante, tuvieron una
fuerte expansión a raíz de la implantación de la N.E.P.

Los kulaks eran los campesinos bien situados económicamente, siendo además el
modelo a que apuntaban las aspiraciones de los medianos y pequeños campesinos. El
partido no supo muy bien que hacer con este grupo social que representaba la fuerza
productiva más importante, por lo que destruirlos hubiera significado la ruina de la
economía sino se tenía culminada una alternativa, como llegarían a ser los sovjos y los
koljovs. De momento, con la N.E.P., los kulaks fueron los que más se beneficiaron de la
libertad económica concedida para comercializar los excedentes, puesto que ellos eran
los que disponían de mayor extensión de cultivos y de herramientas y animales
necesarios, algo de lo que carecía la masa campesina. El ascenso de los kulaks llegó a
preocupar seriamente al partido, y ello originaría su posterior "desmantelamiento" como
clase social.

En cuanto a los hombres de la NEP, empresarios comerciales de gran escala,


fueron la consecuencia lógica de la vuelta a los procesos comerciales tradicionales, donde
el intermediario es pieza clave. Entre los comunistas nunca se aceptó esta nueva clase
social, pero su utilidad era evidente y, por tanto, no desapareció hasta que el proletariado
salió de la marginalidad.

En efecto, el proletariado no adquiría la fuerza y el peso que debía tener, hecho


éste que iba emparejado con el ritmo de industrialización. La estrategia inicial de Lenin
fue la de esperar que el proletariado de otros países acudiese en ayuda de la revolución
rusa, pero esto no tenía visos de ser posible. La dictadura del proletariado fue entonces
deslizándose hacia una dictadura del partido, de la vanguardia dirigente. Por todos los
medios se intentó que los obreros estuvieran presentes en los puestos de dirección del
partido y de las empresas, pero la base con la que se contaba era, como hemos dicho,
minoritaria y dispersa.

Cada vez estaba más claro que era necesario un pacto con los llamados
especialistas (ingenieros y técnicos) y los intelectuales. Estos procedían en su mayoría
del antiguo régimen pero resultaron imprescindibles para dirigir el desarrollo económico.
Por otra parte, la ideología de esta burocracia no bolchevique no estaba muy definida,
predominando los apáticos con una postura no beligerante. La introducción de la N.E.P.
cayó bien entre los especialistas, tal vez porque pensaban que se trataba de una
evolución no confesada hacia el Capitalismo. El partido inició un proceso de renovación
de esta clase social con el paso de las generaciones, instruyendo a los nuevos
especialistas en la doctrina del régimen. Aun así, constituían un pilar básico del Estado
Comunista.

La otra alianza, ya anunciada anteriormente, que supuso la N.E.P. fue la


establecida con los campesinos. Los recelos izquierdistas se despertaron ante lo que
parecía una derechización, pero los acontecimientos posteriores supusieron un
relanzamiento de la clase proletaria, al incidirse en una intensa política de
industrialización.

3.3. Diferencias ideológicas y lucha por el poder: Lenin, Trotski


y Stalin (1924-1927).

El liderazgo ejercido por Lenin es tan sobresaliente que poco después de su


muerte en 1924, el calificativo de leninista era sinónimo de ortodoxo. En la lucha por la
sucesión que mantuvieron Stalin y Trotski, la sombra de Lenin estuvo siempre presente,
no sólo en los argumentos que uno y otro se lanzaban, sino también en la misma
sucesión de los acontecimientos, que fue "adivinada" con sorprendente precisión por él
en su testamento político. Al mismo tiempo, Stalin y Trotski representaron dos vías
diferentes y hasta contrapuestas de cómo debía desarrollarse el Socialismo. No se trata,
por tanto, únicamente de luchas por el poder sino también de diferentes estrategias.

Como ya se ha dicho, Lenin hizo realidad la primera aplicación del marxismo a una
situación concreta. Y en el camino, fue abandonando poco a poco la idea de una
revolución mundial, sencillamente porque no existían posibilidades reales de producirse
en esos momentos. Había que construir, por tanto, el Socialismo en un solo país, y este
país era Rusia, que se encontraba en una situación anacrónica de retraso. Christopher
Hill6 analiza la crucial contribución de Lenin para que Rusia se convirtiera en el primer

6
"La Revolución Rusa", Christopher Hill. Barcelona 1983 (pp. 193-210).
Estado socialista del mundo, y lo hace desde varias perspectivas: en primer lugar como
símbolo del movimiento de los pobres alzado contra la opresión de los poderosos. Para los
campesinos, el partido comunista no era su partido pero la revolución que propició sí fue
del agrado de esta clase social, que quería deshacerse de la opresión de los grandes
terratenientes.

En segundo lugar, Lenin centró su pragmatismo al servicio de la revolución; su


pensamiento era esencialmente funcional, de ahí que se negara a lanzar hipótesis sobre
las fases superiores o futuribles del Socialismo. Por último, Lenin fue un patriota ruso, con
todo lo que significa de adaptación a las circunstancias concretas de su país. De esta
forma, se puede decir que Lenin representó el punto intermedio entre los elementos
tradicionales y los nuevos que se daban en Rusia.

Después de todo lo dicho resulta fácil comprender que cuando murió en 1924, tras
una larga enfermedad, su sucesión se presentaba muy complicada. Se abría entonces un
proceso que culminaría con la defenestración de Trotski y el ascenso de Stalin. En el X
Congreso del partido se concluyó que las diferencias internas debían ser eliminadas en
pro de la disciplina; sin embargo, la lucha por el poder se prolongó hasta el XV Congreso
(1927). Las diferencias de fondo en conflicto fueron la "revolución permanente" de Trotski
y el "socialismo en un solo país" de Stalin. Mientras la primera estrategia consistía en la
necesidad de exportar la revolución a otros países, la segunda se centra en el
fortalecimiento de la revolución en Rusia.

La primera fase de esta lucha fue la formación de un triunvirato (en el XIII


Congreso de 1923), compuesto por Zinoviev, Kamenev y Stalin, que intentaban de esta
forma aislar a Trotski. Es en este momento cuando éste dirige una carta a Pravda en la
que critica las medidas económicas y la burocratización del partido. Trotski desarrolló su
doctrina de la "revolución permanente", un incesante impulso a favor de los objetivos
proletarios en todos los frentes, en todas las partes del mundo. Denunció la tendencia a la
osificación burocrática en el partido, y proclamaba la urgencia de un nuevo movimiento
de masas para darle vida. Reclamaba un desarrollo más intenso de la industria y la
colectivización de la agricultura, que siempre había figurado en los manifiestos
comunistas, desde 1848. Sobre todo, exigía la inmediata adopción de un plan general, de
un control central y de una organización de toda la vida económica del país.

Paradójicamente, sus postulados fueron seguidos posteriormente por el propio


Stalin, pero la persecución contra su persona fue dura ya que a partir de entonces Pravda
se convirtió en la voz oficial del partido, excluyendo a cualquier opinión discrepante; se
lanzó una campaña de desprestigio de Trotski y éste acabó por marcharse al Cáucaso en
1924, el mismo año de la muerte en que Lenin muere y asume el poder provisional
Zinoviev. Mientras, Stalin, secretario general desde 1922, ya estaba moviéndose en la
sombra, configurando el partido a su medida: impulsó el llamado "alistamiento Lenin",
que convertía al partido en la base de la maquinaria estatal, perdiendo así el carácter de
vanguardia que le había imprimido Lenin. También se implantó una mayor disciplina, que
no dejó lugar al principio de autocrítica. Por último, comienza el culto a Lenin, con la
intención de descalificar a los críticos acusándoles de desviacionistas.

Trotski volvió a la actividad ese mismo año (1924), cuando publicó Las lecciones
de octubre, que desata de nuevo la polémica y una nueva campaña de deslegitimación.
En todo este proceso, el testamento de Lenin fue un estorbo para Stalin y sus seguidores
puesto que en él se advertía sobre el peligro de la burocracia y sobre la no conveniencia
de que Stalin dirigiera los destinos del partido y del Estado. Sin embargo, Stalin también
supo sacar provecho del pasado inmediato y de esta forma, aprovechando un ensayo de
Bujarin que ponía de manifiesto las diferencias entre Lenin y Trotski acerca de la
revolución permanente, lanzó la consigna del "Socialismo en un solo país". Esta teoría
exacerbaba los ánimos patrióticos rusos y acusaba a los críticos de individuos carentes de
confianza en el pueblo ruso.

Stalin empleó una estrategia de desgaste. Finalmente, aprovechando la


discrepancia de éste respecto a lo que estaba sucediendo en China, Stalin lo acusó de
deslealtad a la URSS y fue expulsado del Comité Central y del partido, acompañado de
sus seguidores, para ser deportado a Siberia. Más tarde Trotski se exilió en México, donde
fue asesinado en 1940.

3.4. La era de Stalin: dictadura férrea y planificación económica


(1927-1953).

a) Las bases y los resortes del poder autoritario.

A partir del XV Congreso en 1927, la posición dominante de Stalin estaba ya


perfilada. El Politburo se había convertido en la máxima autoridad no sólo del partido sino
también del Estado; la libertad de prensa fue sustituida por la censura y la diversidad de
tendencias literarias unificadas bajo el control del partido. Estamos ya ante las señas de
identidad de lo que se consolidaría como un régimen autoritario y personalista, que
impulsaría lo que se ha llamado la segunda revolución bolchevique.

Las bases en que se apoyó Stalin para consolidar su poder una vez eliminados
todos los grupos "desviacionistas" 7, fueron las siguientes: en primer lugar, una gestión
rígida de la maquinaria del partido, desde donde controlar el Estado. Había, para ello,
reunido en torno suyo a sus más fieles partidarios. En el aspecto doctrinario, Stalin se
presentó como un fiel discípulo de Lenin y no como un innovador. Esto le valió algunas
simpatías y, lo que es más importante, suplantó el papel moderador que venía
desempeñando Lenin. En los casos en que su política chocaba con lo que defendió Lenin,
sencillamente trastocó o interpretó las palabras del "maestro" como quiso; de esta forma,

7
La oposición de Trotski no fue la única con la que tuvo que enfrentarse Stalin. A este le
apoyaron en un momento determinado Zinoviev y Kamenev ("oposición unificada"), en pro de
conseguir un impulso a la industrialización. Podríamos decir que esta era una oposición desde
la izquierda. Pero desde la derecha vendrían también problemas cuando Stalin adopta la
política que precisamente había defendido Trotski y sus seguidores. En efecto, la
colectivización del campo y el desarrollo de los planes quinquenales para desarrollar la
industria supuso el fin de una política de moderación y respeto de los intereses de los
campesinos. Bujarin, Rikov y Tomski fueron los que dirigieron esta nueva oposición que
criticaba la nueva política calificándola de precipitada. Bujarin se convirtió en el dirigente de
este grupo "desviacionista" de derecha. La derrota que le infligió Stalin fue aplastante.
Lenin no llegó a negar, según Stalin, que el socialismo se pudiera construir en un solo
país, sino solamente matizó que el socialismo "pleno" no podría llevarse a cabo sin una
extensión a otras partes del mundo. Pero el otro rasgo que define el stalinismo, además
de la doctrina del "socialismo en un solo país", es el culto a Lenin, lo que denominó Trotski
"el termidor de la revolución rusa"; es decir, la consolidación de la burocracia, el
centralismo y, sobre todo, una férrea disciplina y obediencia absoluta que aplastó toda
oposición. El partido -se entiende su cúpula- no se equivoca nunca (principio de
infalibilidad). El socialismo de Stalin no era la respuesta objetiva a una situación
económica concreta sino algo impuesto desde arriba, por la fuerza. En realidad, la base
de su doctrina es el nacionalismo ruso, siendo éste el que le valió muchas simpatías y la
clave para conectar con amplios sectores del partido y del ejército. El entusiasmo de
superar o igualar a occidente arrastró a casi todos.

La represión fue sin duda un factor importante de su poder, llegando a su punto


máximo en los procesos de purgas de los años treinta. No parecía que hubiera ya
necesidad de una represión dura y, sin embargo, Stalin inició una serie de edictos
draconianos que constituyen uno de los más sorprendentes fenómenos de la Rusia del
siglo XX. Esta política denominada de depuración trajo consigo numerosas sentencias de
muerte y campos de concentración. El primero de los grandes procesos fue el "de los 16"
en 1936, que condenó a muerte a viejos bolcheviques como Zinoviev, Tomski, Kamenev,
etc. En 1937, comienza el proceso "de los 17", y en 1938, el "de los 21", que ejecuta a
Bujarin, Rykov, etc. A continuación se procede a una depuración del ejército rojo. Este
período dramático terminaría cuando ya todos los viejos bolcheviques fueron eliminados
y millones de campesinos perdieran la vida en el proceso paralelo de colectivización.

Stalin salió reforzado de este proceso y el partido ya contaba con una nueva
intelligentsia y una burocracia en avance continuo que se iba situando como grupo
privilegiado.

b) La planificación económica: motor del desarrollo soviético.

* Concepto.

El primer plan quinquenal comenzó en 1928-9, pero con anterioridad a su puesta


en marcha hubo varios intentos de planificación global que sirvieron de experiencia 8, a lo
que a partir de ese año sería una práctica regular, sólo interrumpida por la segunda
guerra mundial.

La planificación económica por parte del Estado se convirtiría en el rasgo distintivo


de la URSS, ejerciendo una influencia positiva en el resto del mundo, en el que de todas
formas ya se vivieron experiencias similares durante la primera guerra mundial en
algunos países.

Planificar en la URSS significó en primer lugar aumentar el sector socializado de la

8
Un antecedentes claro fue la comisión para la electrificación de Rusia, Goeldro, creada en
1920. Lenin puso mucho empeño en ello, hasta el punto de definir al comunismo como "el
poder soviético más la electrificación de todo el país".
economía, aplicando o extendiendo las fórmulas de este sector a toda la economía. La
planificación, de esta forma, se convierte en general y centralizada. Hasta llegar a este
convencimiento se experimentaron antes métodos tibios que siempre tropezaban con las
estructuras tradicionales de la agricultura soviética. Por tanto, hasta que no se acometió
la colectivización del campo no se pudo llevar a cabo una auténtica planificación global.
Si por el contrario, definimos la planificación como el ejercicio de la autoridad estatal en la
regulación de la economía, puede decirse que hubo planificación desde los tiempos de la
N.E.P. Pero, este control estaba muy limitado por los mecanismos del mercado, todos
dirigidos a satisfacer al consumidor. Como veremos, el sentido de la planificación pasa por
la industrialización, por dirigir todos los recursos energéticos e industriales a un único fin:
transformar rápidamente la URSS para crear un orden socialista.

A partir del XIV Congreso del partido, que supuso la derrota de la oposición, se fue
abandonando poco a poco la NEP y se centró la atención, ya no en restaurar la economía
sino en modernizarla. Para ello había que embarcarse en grandes proyectos industriales
para asegurar así la independencia económica de la URSS. La estructura planificadora
quedó dividida en tres ramas: un plan general a largo plazo, que no se llegó a completar;
un plan quinquenal, que sí funcionó, y unos planes operativos anuales. Para terminar este
capítulo, diremos que en estos momentos previos se produjo la polémica entre dos
asociaciones de ideas: la planificación como una vía voluntarista para transformar la
realidad y la planificación como una vía objetiva de mejorar la economía basándose en
tendencias reales, que están ya presentes en la situación económica. La primera era
defendida por los "teleólogos" y la segunda por los "genetistas". Al final, puede decirse
que triunfaron los primeros y, por tanto, el voluntarismo.

* La planificación en la agricultura: colectivización.

Desde 1926, a pesar de la cosecha sin precedentes que se obtuvo, ya se oían


voces discrepantes que querían aumentar y fortalecer el sector socialista, absorbiendo así
el poder que todavía sustentaban los campesinos enriquecidos, los kulaks. En 1927 el
congreso del partido decidió recaudar el grano de quienes lo retenían, incluso por la
fuerza, volviendo así a los procedimientos del comunismo de guerra. El gobierno alcanzó
su objetivo pero las consecuencias sociales le hizo vacilar en varias ocasiones entre
seguir con una política de concesiones al campesinado (aumento del precio del grano) o
llevar a cabo una colectivización del campo.

Por otra parte, las ciudades, en continuo crecimiento por los progresos de la
industrialización que más adelante explicaremos, ayudaron a que el gobierno abandonase
su confianza en un aprovisionamiento mixto de éstas, de entregas al Estado y de venta
libre en el mercado. Además, las parcelas individuales eran un obstáculo para modernizar
los sistemas de cultivo.

En la Rusia prerrevolucionaria ya había un precedente de cooperación: los mir,


basados en las estructuras familiares. Sin embargo, esta cooperación no alcanzaba a la
producción en sí, hasta que durante el comunismo de guerra se implantaron las granjas
colectivas o koljozs (cooperativas en las que la propiedad de la tierra es común y los
instrumentos técnicos del Estado) y las granjas soviéticas o sovjozs (propiedad del
Estado). La N.E.P. cortó su desarrollo y hasta la crisis del grano de 1925 no se volvió a
estas formas de colectivización, predominando sobre todo los koljozs. Los sovjozs,
consignados como la industrialización de la agricultura, fueron desarrollados por Stalin en
1928. Se crearon a gran escala como "fábricas de grano", es decir, una agricultura que
funcionaría con pautas industriales. Sin embargo, cuando la colectivización empezó, los
sovjozs declinaron en favor de los koljozs.

En 1929 el porcentaje de tierras colectivizadas era aún poco significativo.


Anteriormente se había fijado una "socialización" de la población rural del diez por ciento,
pero Stalin elevó estas perspectivas. Se llevó a cabo una colectivización que afectó a
distritos enteros; los nuevos koljozs tendrían unas dimensiones considerables para así
poder beneficiarse de la maquinaria que se quería introducir. El objetivo era sustituir la
gran producción de los kulaks por la gran producción de los grandes koljozs, liquidándose
a los primeros como clase dominante. Sin embargo, la integración del campesinado en
estas granjas colectivas fue difícil y con retrocesos. Para comprender esta resistencia hay
que tener en cuenta la actitud individualista del pequeño propietario, que tenía como
ideal la situación desahogada del kulak. El destino que se le iba a dar a éste aún no
estaba claro, ya que si se le dejaba en el koljoz ejercería una influencia hostil, y si se le
apartaba del mismo, la eficiencia de la producción se vería perjudicada.

La integración se llevó a cabo en tres fases: la primera se desarrolló en el invierno


de 1929 y se utilizaron métodos coercitivos. Llegaron al campo "voluntarios urbanos" y
decenas de millares de kulaks fueron expulsados de sus propiedades; sus animales y
herramientas fueron transplantadas al koljoz. Los resultados preocuparon a Stalin y al
Buró político, ya que la colectivización seguía siendo impopular entre los campesinos; la
adhesión era, en realidad, forzada y, por otra parte, la oferta de maquinaria, sobre todo
de tractores, era insuficiente. Todo esto motivó que se emprendiera un reflujo y se
insistiera desde el poder que la integración debía ser voluntaria.

Sin embargo, en el invierno de 1931 se produjo una nueva aceleración, empleando


los mismos métodos coercitivos: brigadas de campesinos pobres e intervención de
obreros en el campo. A mediados de 1931 dos tercios de todas las propiedades en las
principales regiones productivas de grano habían sido colectivizadas.

Concluyendo, la colectivización completó la revolución de 1917, la cual había


respetado la pequeña propiedad campesina. En cambio, la revolución de 1930 atacó la
vieja estructura agraria, sustituyéndola por otra que ya no estaría ajena al orden
socialista, como había ocurrido al amparo de la N.E.P. Los costos de un cambio tan radical
se notaron durante mucho tiempo en varios aspectos: la producción quedó
desorganizada, al haberse expulsado a los productores más eficientes (deskulakización);
la lucha contra los kulaks fue inmisericorde, de los cinco millones de kulaks censados en
1927 tres millones desaparecieron, probablemente trasladados a Siberia a la roturación
de nuevas tierras. Por otra parte, los koljozs no estaban equipados con la suficiente
maquinaria para rendir de la manera que se esperaba. Lo que sí mejoró notablemente fue
la recaudación del grano, que ahora estaba totalmente en manos del Estado. Los koljozs y
los sovjozs tenían que proporcionar cuotas fijadas por el Estado en relación con la
superficie total. En realidad, seguía siendo una requisa, y eso naturalmente no estimulaba
a producir a los koljozianos. Las malas cosechas de 1931 y 1932 empeoraron la situación
y provocaron un período de hambre para las masas campesinas. Al final, se tuvo que
hacer concesiones en el sentido de medir las recaudaciones en función de la superficie
sembrada, a la vez que se puso fin a las deportaciones masivas.
El partido aflojaba la presión (1935), pero los campesinos aún necesitarían algún tiempo
para recuperarse de la tragedia sufrida.

* La planificación en la industria: los planes quinquenales.

Las primeras etapas de la industrialización soviética se llevaron a cabo bajo el


"régimen de ahorro" y la "racionalización". Estas políticas supusieron una fuerte presión
sobre los trabajadores, ya que lo que pretendían era crear reservas de inversión, y esto se
hizo mediante una reducción de los costes que recayó principalmente sobre los
trabajadores. El objetivo era aumentar la productividad, como lo había declarado en 1925
el XIV Congreso. De los recursos existentes, sin embargo, sólo había uno que tenía una
amplia oferta: la mano de obra. La productividad debía aumentar a costa de la
disminución de los salarios y del esfuerzo físico de los obreros. Los campesinos no
cualificados fueron los que soportaron el mayor peso de esta presión.

El "régimen de ahorro" dio paso a la campaña de "racionalización" de la


producción. Pero aunque se intentara mejorar otros factores de la productividad, lo cierto
es que bajo este eufemismo se endurecía la disciplina laboral y se pasaba a una jornada
partida en tres turnos, que al final no fue efectiva porque la maquinaria estaba anticuada.
En cuanto a los procesos de producción, eran difícilmente mejorables debido al escaso
capital disponible y a la dependencia de las máquinas que venían del exterior. Es, por
tanto, el trabajo físico en el que recaía la mayor responsabilidad de aumentar la
productividad.
Las consecuencias en el plano político consistieron en una creciente tensión entre
los sindicatos y el Venseja (Consejo Supremo de Economía Nacional). Los primeros habían
sido creados para que asumieran el papel de representantes de un proletariado potencial
más que representantes de los afiliados justos que tenían. Según la ortodoxia comunista,
existían dos peligros en los que el sindicalismo podía caer: la "desviación económica", es
decir, un alejamiento de la base sindical y un acercamiento al aparato estatal, y la
"desviación obrerista", que consistía en el olvido de la tarea común de construir el
socialismo. La campaña en pro de una mayor productividad significó el primer paso del fin
de la independencia sindical, ya que se comprometieron en elevar la productividad en
prejuicio de los obreros. A partir de aquí, los sindicatos disfrutaron de una relativa
independencia que fue convirtiéndose poco a poco en una plena integración en el
aparato del Estado.

En estos años, 1926-1928, además de unas condiciones duras de trabajo, se


vivieron también un incremento del número de parados. El paro parecía entonces
imposible de eliminar totalmente; no se podía aún adivinar la fuerte expansión industrial
que se llevaría a cabo en los próximos años, que acabaría por completo con el paro. Tras
la derrota de los "superindustrializadores" (Trotski y sus seguidores) y del ala derecha
(Bujarin), el primer plan quinquenal se aprueba definitivamente en 1929, aunque ya
desde 1928 se había iniciado. El objetivo que se marcó este primer plan fue la eliminación
del sector privado, refiriéndose principalmente a la agricultura (ver apartado anterior) y
desarrollar las producciones económicas de base (materias primas, energía,
electrificación, bases de equipo).

Las industrias que más llamaron la atención fueron la automovilística y la


armamentística. Pero también fue espectacular la construcción del ferrocarril Turksib, que
unió Asia Central y Kazajstan con Siberia occidental; esta unión fue fundamental para
aprovechar la producción de algodón de Asia Central y para suministrar grano y madera a
esta zona. Hay que tener en cuenta el papel tan importante que juega el transporte en un
país como la URSS, tan extenso y poco integrado económicamente.

Los problemas más inmediatos que se presentaron a este primer plan se derivaron
de la localización de las industrias, que provocaría rivalidades locales (cada ciudad
luchaba por atraer los centros industriales). También influía en la localización los intereses
estratégicos. Otro problema que ya hemos mencionado es el de como crear un suministro
seguro del campo hacia la ciudad; la solución a la que se llegó fue la de integrar a la
agricultura en pronósticos del plan. Aquí va implícito la renovación de los métodos de
cultivo, en los que irremediablemente tenía que introducirse la maquinaria.

Una consecuencia significativa del primer plan quinquenal fue el abandono del
patrón oro; esto denotaba que los planificadores habían ganado la batalla de los
tradicionalistas, que basaban su política económica en una restricción del crédito para
mantener una moneda estable. Ahora, en cambio, el crédito se expande para acelerar la
industrialización. El presupuesto del Estado quedó vinculado a las cifras del control del
Gosplan (Comisión de Planificación General del Estado). Aparte de los créditos adicionales
del Banco del Estado, los únicos ingresos con los que contaba ahora el presupuesto eran
los impuestos, que se duplicaron, y la autofinanciación conseguida gracias a las
ganancias obtenidas de la reducción de los costos de producción.

Los resultados del plan fueron asombrosos. Valga como ejemplo que la producción
de electricidad pasó de 5.000 a 20.000 kws. Pero lo más positivo fue que abrió una era de
planificación en la que se iba aprendiendo de los planes anteriores. Así, uno de los
defectos más importantes que se detectaron fue el de que hubo de recurrirse a técnicos
extranjeros por falta de preparación de los soviéticos. La apertura de escuelas nacionales
donde se proporciona esta enseñanza técnica solucionó el problema en gran medida y,
por eso, en el segundo plan y los siguientes la afluencia de técnicos extranjeros fue
menor.

El segundo plan quinquenal (1933-1937) tuvo como objetivo desarrollar la


industria ligera y de bienes de consumo, a la vez que la ya mencionada enseñanza
técnica impartida a los obreros. El cumplimiento fue satisfactorio, al igual que el del
tercer plan quinquenal (1938-1941), a pesar de que este último fue interrumpido por
la segunda guerra mundial; aún así, se cumplió en un 70% de sus objetivos, volviéndose
a desarrollar la industria pesada, tanto militar como civil, y también los transportes.

En 1939 la Unión Soviética se había situado tras Estados Unidos, configurándose


como una potencia que había pasado su etapa de gestación, mostrando al mundo un
vasto país que había cambiado sus estructuras de propiedad y de producción. De ser un
país agrícola, la URSS pasó a ser un país industrializado. Y todo ello gracias a la
conjunción de factores como el voluntarismo, la preeminencia de los objetivos políticos, la
exaltación colectiva por conseguirlos, la presión sobre aquellos que tenían la
responsabilidad de elevar la producción y el gran esfuerzo que en conjunto e
individualmente hicieron los trabajadores, los cuales, poco a poco, fueron adquiriendo
cualificación profesional. El resultado que se aprecia en vísperas de la segunda gran
guerra es el de un país que ha logrado romper su atraso, aunque no uniformemente
puesto que, junto a zonas modernizadas, subsisten extensas zonas (Siberia occidental y
los Urales) que permanecen como siempre.

* Efectos sociales de la planificación.

Por último, los costes sociales de esta rápida industrialización fueron enormes. Se
impuso a todos que se aceptara un programa de austeridad y de abnegación,
prescindiendo de los mejores alimentos, viviendas y otros artículos de consumo que
podrían haberse producido, para poder crear la riqueza y la industria pesada del país. Un
tercio del ingreso nacional se reinvertía anualmente en la industria. No obstante, a finales
de los años 1930, la vida comenzaba a ser más fácil, se abolió el racionamiento
alimenticio, y empezaba a aparecer en las tiendas soviéticas de venta al por menor
algunos productos más de la industria ligera, como platos y estilográficas. Los niveles de
vida estaban, por lo menos, tan altos como los de 1927, y con perspectivas más brillantes
de sucesivos crecimientos. Pero la necesidad de los preparativos de la guerra cuando el
mundo se acercaba de nuevo al caos, otra vez aplazó la visión de la Tierra Prometida.

El socialismo tal como se llevó a cabo en los planes, puso fin a algunos de los
males de libre empresa ilimitada. No había paro. No había ciclo de prosperidad y de
depresión. No había abuso de la mujeres y de los niños, como en los primeros tiempos de
la industrialización en Occidente. No había miseria ni pauperización, excepto para los
indeseables políticos, y excepto en transitorias circunstancias de hambre. Existía un
mínimo, por debajo del cual se suponía que no podía caer nadie. Por otra parte, no había
igualdad económica. En realidad, el marxismo nunca había previsto una completa
igualdad de ingresos como principal objetivo. Aunque no había un puñado de gentes muy
ricas, como en Occidente (donde los ingresos de los ricos procedían de la propiedad), las
diferencias en los ingresos eran, de todos modos, muy grandes. Los altos funcionarios del
gobierno, los directores, los ingenieros y los intelectuales favorecidos recibían las más
elevadas retribuciones. Las personas que disponían de grandes ingresos podían reunir
pequeñas fortunas para sí mismas y para sus hijos, mediante la compra de bonos del
Estado o acumulando posesiones personales. Pero, bajo el socialismo, no podían ser
dueños de ningún capital industrial.

La competencia continuaba. En 1935, un minero llamado Stajanov incrementó


notablemente su producción diaria de carbón, ideando mejoras en sus métodos de
trabajo. También se incrementó notablemente sus salarios, pues los obreros soviéticos
cobraban a destajo. Su ejemplo se hizo contagioso; los obreros de todo el país empezaron
a batir marcas de todo tipo. El gobierno publicaba los éxitos de aquellos hombres, les
llamaba stajanovistas o "héroes del trabajo", y declaraba que aquel movimiento era "una
nueva y superior etapa de competencia socialista". Los observadores extranjeros solían
descubrir el rasgo distintivo del nuevo sistema en este tipo de competencia o emulación,
en un sentimiento de que todos estaban trabajando afanosamente y luchando por crear
una patria socialista. Parecía que los obreros creían, realmente, que las nuevas maravillas
industriales eran suyas. Las gentes celebraban cada nuevo avance como un triunfo
personal. Llegó a convertirse en un pasatiempo nacional la observación de las
estadísticas ascendentes.

Hasta qué punto aquel sentimiento era real, hasta qué punto era espontáneo, y
hasta qué punto era inculcado por un gobierno vigilante y dictatorial, son cuestiones
sobre las que ha habido grandes diferencias de opinión. No hay duda de que la
solidaridad se logró al precio del totalitarismo. El gobierno lo supervisaba todo. Como en
los tiempos zaristas, nadie podía abandonar el país sin autorización especial, y ésta se
concedía mucho más raramente que antes de 1914. Sólo había un partido. No había
sindicatos libres, ni prensa libre, ni libertad de asociación, y, en el mejor de los casos, sólo
una irritable tolerancia para la religión. El arte, la literatura e incluso la ciencia se
convirtieron en vehículos de propaganda política. El materialismo dialéctico era la filosofía
oficial.

3.5. La era post-Stalin (1953-1982): Khruschev y Bhreznev.

a) La lucha por el poder.

La muerte de Stalin fue anunciada al mundo el 6 de marzo de 1953 mediante un


comunicado del gobierno soviético y del Comité Central del Partido Comunista de la URSS.
Al parecer, la consternación fue bastante general en la Unión Soviética y en las
"democracias populares". Un fenómeno de vértigo se desencadenó en los medios
dirigentes de Moscú, Varsovia, Praga, Bucarest, Berlín, Budapest, Pekín, etc. y la inquietud
se apoderó de las masas populares, principalmente en Moscú. ¿Qué iba a pasar tras la
muerte del "padre de los pueblos", del "jefe genial del proletariado mundial", de un
personaje que era objeto de un culto delirante, sin precedentes en los tiempos modernos?

La reconstrucción económica después de la guerra fue acompañada de


restricciones ideológicas cada vez más rigurosas. Se multiplicaron y se hicieron más
represivos los controles sobre todos los aspectos de la vida intelectual. Se suscitó una
profunda exacerbación nacionalista y xenófoba; las desviaciones en economía, música,
genética, lingüística, se condenaban como viciadas de "cosmopolitismo". Surgió un
antisemitismo de inspiración oficial, apenas disfrazado de antisionismo, que se convirtió
en un persistente rasgo de la vida soviética. Se fabricaban complots para crear una
atmósfera de terror, como en el descubrimiento de un supuesto "complot de los médicos",
en 1952, para envenenar a Stalin y a otros dirigentes del Kremlin, siendo judíos casi todos
los médicos implicados. Los campos de trabajos forzados volvieron a llenarse de
disidentes sospechosos.

En octubre de 1952 se había reunido en Moscú con gran pompa el XIX Congreso
del PCUS. Era la primera vez desde 1939 que se celebraba un comicio semejante. Como
se sabe, Stalin gobernaba sin congresos y sin reuniones del Comité Central. Su
autoritarismo y su megalomanía habían alcanzado el cénit. Por eso mismo, el XIX
Congreso apareció como un acontecimiento y suscitó una enorme curiosidad en todo el
mundo. El optimismo delirante y el monolitismo de fachada que reflejó estaba en
contradicción flagrante con la realidad.

La muerte de Stalin -misteriosa como todo lo suyo- colocó bruscamente al aparato


político, militar y policíaco de la burocracia dirigente en una posición muy apurada. No era
fácil reemplazar al "jefe genial". Por lo demás, la situación que había dejado Stalin a sus
sucesores no era nada brillante en ningún dominio: crisis de la industria y en la
agricultura, "guerra fría" y guerra de Corea, aislamiento del "campo socialista" y graves
tensiones en las "democracias populares" (tratado en el capítulo de repercusiones
internacionales).

Entre el 6 de marzo (desaparición de Stalin) y el 1º de septiembre (designación de


Kruschev como primer secretario del PCUS), se produjo una aceleración fantástica de un
evidente proceso de ruptura con el pasado stalinista. Primero se abrió en el Kremlin una
lucha de facciones realmente dramática: Motolov y Kaganovitch trataron de defender el
modelo stalinista haciendo concesiones; Malenkov y Beria propusieron reformas
económicas y una cierta liberalización; Jruschov y sus amigos reclamaban una franca
desestalinización controlada por el aparato.

Pero esta lucha no impidió que se adoptaran una serie de reformas significativas:
decreto de amnistía y anuncio de la modificación del Código Penal, liberación de millares
de presos políticos, importante baja de los precios, rehabilitación de los médicos del
Kremlim implicados en un proceso infame, cese de los elogios a Stalin, publicación en
Pravda de un editorial denunciando a los jefes "que violan el principio de dirección
colectiva"...

Malenkov, nombrado jefe del gobierno, apareció las primeras semanas como el
primer personaje del régimen. Más no tardó en ser reemplazado por la troika Malenkov-
Molotov-Khruschev. Poco después (el 9 de julio) se produjo la detención de Beria acusado
de "querer apoderarse del poder". Casi al mismo tiempo, la troika convocó en Moscú una
conferencia secreta del Kominform en la que se explicó la eliminación de Beria e inició
prácticamente el proceso de Stalin y del stalinismo que condujo al XX Congreso y al
célebre informe secreto de Kruschev sobre los crímenes de Stalin. El 1º de septiembre de
1953 Kruschev fue elegido primer secretario del PCUS. Después de la muerte de Stalin y
la ejecución de Beria, comenzó una nueva época, en la que, entre otras muchas cosas, se
sentaron las bases de la perestroika y de las grandes transformaciones a las que hemos
asistido desde hace años en la Unión Soviética.

Khruschev fue ganándose, sistemáticamente, el apoyo del Comité Central. Su


fuerza era evidente, cuando pronunció su discurso, en febrero de 1956, sobre los
crímenes de la era de Stalin. Unos años después, sus competidores fueron depuestos de
sus cargos, desacreditados o relegados a funciones oscuras; por otra parte, después del
episodio de Beria, ya no se ejecutó a los rivales. En marzo de 1958. Khruschev se había
impuesto como el dirigente indiscutido, desempeñaba las funciones de jefe del gobierno y
de primer secretario del Partido, y su ascensión se consideraba tanto una victoria
personal como un triunfo del Partido sobre otras instituciones rivales en el seno de la
sociedad soviética -el ejército, la burocracia y la policía secreta-.

En 1964, también él fue derrocado, víctima de una rebelión dentro del Partido
contra su acumulación de poder, y del descontento suscitado por sus fracasos
económicos, sobre todo en agricultura; destituido, vivió silenciosamente en Moscú, hasta
su muerte en 1971. Para sustituirlo, el aparato del Partido separó la jefatura del gobierno
y los puestos del Partido, y nuevamente insitió en la dirección colectiva. Leonid I.
Brezhnev pasó a ser secretario del Partido, y Aleksei N. Kosygin, jefe del gobierno. Pero,
unos años después, Brezhnev eclipsó a todos los demás y dominó la escena política hasta
1982, presidiendo la introducción de una nueva Constitución en 1977, que alteró muy
poco la estructura del régimen. Ese mismo año, el Soviet Supremo le eligió presidente.

b) El "deshielo" bajo control.

Después de Stalin, los dirigentes soviéticos suavizaron muchos aspectos del


reinado de casi treinta años del viejo tirano, e incluso rehabilitaron las reputaciones de
muchas víctimas de Stalin. Se permitieron un cierto "deshielo", una mayor libertad en la
actividad literaria e intelectual, e incluso en la crítica política, pero siguieron, de todos
modos, manteniendo una vigilante supervisión. Los controles se ablandaban y se
endurecían, alternadamente. En 1958, se prohibió a Borís Pasternak que aceptase el
Premio Nobel de Literatura, porque sus obras, en especial El Doctor Zhivago, que había
sido publicada en el extranjero, condenaban implicitamente la sociedad soviética, al
resaltar la importancia de la libertad individual. Otros intelectuales fueron también
sometidos a represión, y algunos, encarcelados. El escritor Alexander Solzhenitsyn, que
pasó años como prisionero en campos de trabajo forzado después de la guerra, dedicó su
prodigioso talento literario a describir el sufrimiento humano en el mundo de los campos
de concentración soviéticos. Casi todos sus trabajos circularon en la Unión Soviética, en
ediciones clandestinas impresas privadamente, antes de ser publicadas en el extranjero.
En 1970, se le prohibió acudir a Estocolmo para recibir el Premio Nobel, y en 1974, fue
detenido, acusado de traición y desterrado violentamente. El físico Andrei Sakharov, otro
destacado crítico del régimen, tampoco obtuvo el permiso necesario para abandonar el
país y acudir a recibir el Premio Nobel.

Los más selectos espíritus y talentos de la Unión Soviética encontraban represiva


la atmósfera. Aunque la arbitraria, caprichosa y extremada represión de la era Stalin
disminuyó, persistieron los rasgos esenciales del totalitarismo soviético. El control del
Partido penetraba en todos los aspectos de la vida soviética, y se extendían muchos
rasgos repulsivos de la represión, como el confinamiento psiquiátrico de los intelectuales
disidentes y la persecución antisemítica. Los judíos soviéticos, cuando solicitaban
autorización para irse a Israel, se veían sometidos a muchas restricciones, hasta que, bajo
la presión de Occidente, y, sobre todo, de los Estados Unidos, las restricciones se
suavizaron, en los años 1970, y más de 150.000 judíos emigraron.
c) El desarrollo de la planificación y sus efectos sociales.

El sistema de planificación económica centralizada, iniciado con los planes


quinquenales de los años 1930, se reanudó después de la guerra. La economía soviética
continuó desarrollándose. Entre el cuarto plan quinquenal (1946-1950) y el décimo
(1976-1980), una vez reparada la devastación de la guerra, el desarrollo económico,
especialmente en la industria pesada, fue constante. En los años 70, la Unión Soviética
era el primer productor del mundo en acero, arrabio, carbón, algodón y petróleo. Mientras
en 1950 el producto nacional bruto soviético era sólo el 30% del americano, en 1975
estaba cerca del 60%. Pero el intento de encontrar un mejor equilibrio entre la industria
pesada y los artículos de consumo fue menos afortunado; los artículos de consumo se
elevaron a poco más de una cuarta parte del producto económico total. En determinado
momento, a finales de los años 60, bajo el octavo plan, el gobierno proyectó, por
primera vez, una tasa de desarrollo más alta para los artículos de consumo que para la
industria pesada, pero este proyecto quedó anulado a mitad de camino de aquel plan, y
en los planes sucesivos se volvió a dar la antigua importancia a industria pesada. El
décimo plan quinquenal (1976-1980) hacía hincapié en la calidad de la producción
industrial más explícitamente que nunca con anterioridad, lo que constituía un tácito
reconocimiento de la importancia que antes se había dado sólo a la cantidad, y de la
inferioridad de gran parte de lo que se había producido. Con los ulteriores planes de la
posguerra, el gobierno permitió un mayor grado de descentralización en las decisiones
económicas y delegó más autoridad en los órganos de planificación regional e incluso en
la dirección de las fábricas.

La agricultura seguía siendo la parte más débil de la economía. A pesar de las


grandes inversiones en granjas colectivas mecanizadas, la producción agrícola no estaba
a la altura del desarrollo industrial y urbano. El sistema de granjas colectivas no
alcanzaba a proporcionar los adecuados incentivos para un incremento de la producción,
y había una cierta evidencia del pobre uso, o también del abuso, de la maquinaria
agrícola. La producción en pequeñas parcelas de unas 20 áreas, de propiedad privada,
cuyo cultivo se permitía a los campesinos colectivizados, frecuentemente mostraba
mayores rendimientos en proporción a la extensión de las propiedades, como en el caso
de las granjas de la Europa oriental. Duros reveses en las cosechas de 1972 y 1975
obligaron a la Unión Soviética a realizar grandes compras de cereales a los Estados
Unidos y al Canadá. La diferencia de productividad respecto a la agricultura americana
seguía siendo notable. Mientras un trabajador agrícola soviético alimentaba a siete
personas en la URSS, un trabajador agrícola alimentaba a cuenta y seis en Estados
Unidos; en la Unión Soviética, se empleaba en la agricultura una cuarta parte de la fuerza
de trabajo, mientras en los Estados Unidos se empleaba una vigésimoquinta parte.

Los gastos en industria pesada y en armamentos, así como la debilidad agrícola


-características todas ellas de la economía soviética desde los años 30-, dificultaban una
elevación importante de los niveles de vida; la vivienda urbana seguía constituyendo un
problema especialmente crónico. Después de sesenta años de régimen socialista, a pesar
del desarrollo industrial que hacía del país una de las dos superpotencias del mundo, el
ciudadano soviético seguía sin poder adquirir más que la mitad de los artículos de
consumo y de los servicios del hombre medio americano. La URSS se encontraba también
atrasada en tecnologías industriales más recientes, y en los últimos años de los 60, en un
significativo cambio económico, aceptó de buen grado la inversión de capital y la
avanzada tecnología de los países occidentales.

En otros aspectos, el futuro de la economía soviética continuaba dependiendo


estrechamente de los recursos de sus regiones orientales. En ciudades como Kazaknstán,
Samarcanda y Tachkent, el ritmo de modernización avanzaba rápidamente. Las partes
asiáticas de la URSS proporcionaban más de la mitad del hierro y del acero, del cemento y
de la energía hidroeléctrica del país, y casi todo su magnesio y su aluminio;
constantemente, estaban descubriéndose ricos y nuevos recursos minerales, como cobre,
encontrado en la Siberia oriental en 1975.

Los avances industriales soviéticos se vieron coronados por notables realizaciones


en la energía nuclear, y en la tecnología espacial. En 1949, los Soviets experimentaron
con éxito su primera bomba atómica; en 1953, su primera bomba de hidrógeno, y
siguieron experimentando con explosiones que iban batiendo marcas. En 1957, la URSS
lanzó con éxito el Sputnik, el primer satélite artificial de la Tierra, y, en los años 60,
lanzaron vuelos espaciales tripulados, de un alcance y de una duración que, por algún
tiempo, eclipsaron las realizaciones americanas.

3.6. Repercusiones internacionales: bipolarización del mundo y


"guerra fría".

En el largo período que hemos tratado desde 1921 a 1982 el impacto de la URSS
en el mundo se hace notar con un peso fundamental, ya que es en este período que
hemos englobado dentro de "desarrollo de la URSS" cuando se forma, se consolida y
hasta inicia su declive la política de bloques que configura un mundo bipolarizado en
torno a dos grandes superpotencias.

a) La formación del bloque comunista de la "Europa del Este".

Durante el período de entreguerras, las democracias occidentales, como hemos


visto, habían tratado de mantener a sus poblaciones apartadas del peligro de
contaminación del tan temido bolchevismo. En un principio se impuso un llamado cordón
sanitario, alrededor de las fronteras soviéticas, con ánimo tanto de asfixiar a la revolución
triunfante como de evitar su expansión. En la práctica, en cambio, los siguientes años
demostraron la inutilidad de tal medida, y el mundo occidental acabó por establecer
relaciones con Moscú.

Unas relaciones que reportaban grandes beneficios a los países industrializados,


que obtenían de las enormes riquezas naturales del territorio soviético las materias
primas que necesitaban, y lo hacían a precios ventajosos.

Pero en el período de entreguerras un tercer fenómeno se introdujo en la


confrontación ideológica: el auge de los fascismos. Al mismo tiempo, las democracias
liberales cayeron en una profunda crisis de debilidad que hizo que en la Europa del Este,
en 1938 sólo se mantuviera Checoslovaquia como República Democrática en un mar de
dictaduras de diversa índole, pero de raíces comunes. Alemania dominaba
económicamente toda la zona que iba desde Polonia y los Estados Bálticos hasta Grecia y
Turquía. A Hitler no le quedaba más que dar el golpe definitivo, y así lo hizo: presionó al
gobierno de Praga para que cediese ante sus intenciones anexionistas y las potencias
occidentales no supieron reaccionar con la suficiente contundencia, aplicando la llamada
"política de apaciguamiento", que no hizo sino favorecer las intenciones del nazismo. En
efecto, en 1941 el mapa político de la Europa oriental se vio ampliamente afectado por la
intervención alemana. Países como Checoslovaquia, Yugoslavia o Grecia sufrieron la
ocupación germana, mientras otros como Rumanía o Bulgaria se convertían en fieles
aliados de Alemania.

Por su parte, la URSS, mediante el pacto germano-soviético, se anexionó parte de


Polonia, y los tres Estados Bálticos, hasta entonces repúblicas independientes: Letonia,
Lituania y Estonia. Se trata del primer paso de lo que sería la expansión soviética en la
Europa oriental.

Pero Hitler tenía puesto su más alto objetivo en la propia URSS. El pacto respondía
tan sólo a una situación estratégica transitoria favorable para las dos potencias. De esta
forma, en junio de 1941 el ejército alemán invade la Unión Soviética, y tras un duro
enfrentamiento de desgaste, la batalla de Stalingrado (enero-febrero de 1943), marca la
inflexión que llevará a la derrota y retroceso de las tropas alemanas, las cuales son
empujadas hacia centroeuropa por el ejército rojo. En el camino, todos los países fueron
cayendo bajo el nuevo poder soviético, que comienza a depurar a todos los elementos
sospechosos de haber sostenido a los regímenes caídos.

En 1945, terminada la segunda guerra mundial, Europa había sido dividida en dos
zonas de influencia. Nacía así la "Europa oriental", dominada por la URSS y compuesta
por la RDA, Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumanía, Bulgaria, Yugoslavia y Albania.

El proceso de integración en la órbita soviética fue extremadamente rápido, pero


adquirió formas y estrategias diferentes en función de las características del país.
Podemos poner varios ejemplos representativos. Así, Checoslovaquia partía de contener
uno de los más sólidos bastiones industriales del continente (Bohemia), junto a zonas que
mantenían formas tradicionales de la vida agraria (Eslovaquia). Esto se traduce en una
composición social variada que hacía posible la presencia de una burguesía lo
suficientemente fuerte como para hacer frente a las amenazas autoritarias, y la de un
proletariado fuerte y concienciado de sus derechos. La presión soviética debía actuar aquí
con mucha sagacidad y con menos prisa. Fue por esto por lo que la República
Checoslovaca pudo resurgir de la destrucción y mantenerse viva por espacio de tres años.
Sólo las tensiones de la "guerra fría" y la silenciosa infiltración comunista provocaría el
golpe de Praga en 1948.

Un caso diferente fue el de Yugoslavia y Albania, donde la victoria militar que la


resistencia interior obtuvo en ambos países frente a los ocupantes alemanes, entregó
directamente el poder a los comunistas. En el caso de Yugoslavia, al legendario mariscal
Tito, y en el de Albania, a Enver Hoxha. Estamos, pues, ante formas de comunismo
autóctonas. La revolución yugoslava supuso para el movimiento comunista internacional
una anomalía calificada de herejía. A raíz del incumplimiento del sistema de alianzas
dictado por Moscú, que prohibía recibir ayudas de los países occidentales, en 1948
Yugoslavia es expulsada de la Kominform y sometida a un bloqueo económico. En 1952
una nueva Constitución estableció la autogestión como el nuevo principio de la
construcción del socialismo en Yugoslavia, encaminándose así hacia un modelo diferente
a la ortodoxia soviética.

En cualquier caso, entre 1946 y 1948 ya estaban instalados los regímenes de


"democracia popular", de abierta y absoluta obediencia a los dictados procedentes de
Moscú. La colectivización de sus economías, el monopolio del partido comunista y la
persecución de todo elemento disidente son rasgos comunes de la implantación de estos
regímenes en Europa oriental.

La Unión Soviética conseguía por medio de la satelización de esta serie de países


un dominio territorial que le aportaba ventajas de tipo político y material. El entramado
institucional de control soviético sobre el bloque de los países del este, vigente hasta su
hundimiento en 1989, fue el siguiente: en el plano ideológico, la Kominform, oficina de
información comunista; en el plano militar, el Pacto de Varsovia, como respuesta a la
OTAN; y en el plano económico, el CAME o COMECON, Consejo de Ayuda Mutua
Económica.

La desaparición de Stalin en 1953 marcó un giro en el bloque socialista,


flexibilizándose el control de la URSS sobre los países del este, y haciendo posible en
algunos casos movimientos liberalizadores que sin embargo fueron rápidamente
sofocados. Así, por ejemplo, en Hungría se produjeron levantamientos populares que
reivindicaban libertad y reconocimiento a la identidad propia; la insurrección estalló en
1956, cuando el pueblo en armas fue capaz de enfrentarse a las autoridades e imponer
sus principios en la calle. La reacción soviética fue brutal: los tanques entraron en
Budapest como doce años más tarde lo harían en Praga. El levantamiento húngaro
constituyó uno de los episodios arquetípicos de la "guerra fría" y uno de los más utilizados
en la propaganda anticomunista de la época.

b) Relaciones con China y Cuba.

Cuando en 1949 termina en China una sangrienta guerra civil de la que saldrían
como vencedores los comunistas, la URSS había prestado todo su apoyo por medio del
largo brazo de la Kominntern. Sin embargo, el líder de esta revolución, Mao Zedong, se
desviaría del modelo soviético, centrando su pensamiento y práctica política en los
problemas del mundo rural, ya que pensaba que el potencial revolucionario no estaba en
los centros industriales, sino en el campesinado.

Habría que esperar hasta los años 60 para que el mundo occidental tomara
conciencia con sorprendente brusquedad del hecho de que la República Popular China se
había convertido en un nuevo factor de poder en la política internacional. El elemento
externo que impulsó esta toma de conciencia fue la entrada de las tropas del Pacto de
Varsovia en Checoslovaquia en agosto de 1968. Por primera vez, desde la fundación de la
R.P. China, la reacción de ésta a un acontecimiento internacional coincidía con la de
occidente, en contra de la URSS. La coincidencia era casual, pues los dirigentes de Pekín
no sólo condenaron de forma enérgica el acto de violencia encabezado por la Unión
Soviética, sino también el curso reformista de la "primavera de Praga". Pero a pesar de
todo, la atención de occidente empezó a fijarse cada vez más en China, y la URSS tenderá
a respetar las diferencias en el marco de unas relaciones lo más cordiales posibles.

Por su parte, la revolución cubana, iniciada en enero de 1959, alcanzó una


importancia estratégica primordial desde el principio, debido a la cercanía geográfica de
la otra gran superpotencia enfrentada en la "guerra fría": Estados Unidos. Este hecho
marcaría la evolución del nuevo régimen comunista cubano y tendría implicaciones
directas en el enfrentamiento Este-Oeste vigente en esos años. Así, la crisis de los misiles
de 1962 puso al mundo al borde de la tercera guerra mundial. La URSS, consciente de la
posición estratégica de Cuba, alimenta su revolución desde los años 60, dando una salida
más que digna a sus productos (especialmente el azúcar) y vendiendo petróleo a bajo
precio. Los logros del régimen dirigido por Fidel Castro fueron indudables, tangibles en
ámbitos como la educación, la sanidad, la vivienda o la alimentación. Sin embargo, los
"tics" burocráticos de la URSS también fueron adoptados por Cuba, al mismo tiempo que
la persecución de cualquier tipo de disidencia. Curiosamente, el acoso norteamericano ha
realimentado la voluntad revolucionaria del pueblo cubano, que ahora se encuentra en
una difícil situación.

c) El sistema bipolar y la "guerra fría" de la posguerra.

A partir de 1945 se hizo patente que la victoria sobre los fascismos sólo había
solucionado parte de los problemas. La lucha en común disfrazó una realidad muy
profunda: la heterogeneidad fundamental de la coalición en el plano de las ideologías
político-sociales. Los fines de la URSS seguían siendo los mismos de siempre, es decir, el
triunfo del comunismo en el mundo entero. Pronto se hizo evidente que la alianza dejaba
paso a una división en dos "campos", en dos "bloques", como ya hemos visto.

Pero a este dato se superponía un fenómeno nuevo: la concentración del poder en


manos de los Estados, los Estados Unidos y la URSS. Dicho de otro modo, cinco de las
"grandes potencias" de 1939 perdían su categoría para quedar reducidas a nivel de
potencias "medianas". Paralelamente, la potencia de los Estados Unidos y de la URSS
aumentó de modo considerable, según dos procesos a decir verdad muy diferentes 9.

9
Los Estados Unidos eran desde comienzos del siglo XX, y sobre todo a partir de 1919, la
mayor potencia económica del mundo. Pero hasta 1949 -y con excepción de los años 1917-
1919- habían creído inútil obtener de sus inmensos recursos una fuerza militar considerable.
Era la tradición del aislacionismo. Considerándose protegidos por la flota británica y por el
ejército francés, se contentaron con reclamar la igualdad naval con Inglaterra y redujeron su
ejército a efectivos insignificantes. La segunda guerra mundial los convirtió no sólo en el
"arsenal de las democracias", sino también en una formidable potencia militar. Su industria
desarrolló sus posibilidades y en 1945, cuando el resto del mundo estaba en ruinas, se habían
convertido, por el momento, en la única gran potencia industrial del mundo. Sin duda, la
primera tendencia de los americanos fue desmovilizarse rápidamente, y llegaron muy lejos en
este sentido. El monopolio de la bomba atómica, del que disfrutaron los americanos hasta
1949, permitía garantizar la seguridad. La desagradable sorpresa de la guerra de Corea,
Mientras que los americanos dudaron mucho tiempo en convertir su potencial en fuerza
militar, la URSS, con un potencial de recursos más débil, y muy diezmado por las
destrucciones de la guerra, se convirtió en una gran potencia gracias a un esfuerzo
voluntarioso y encarnizado. El régimen totalitario, la fiscalización, la autoridad universal
del Estado le permitió determinar la parte de la renta nacional reservada a la defensa sin
necesidad de tener que contar con la oposición de un Parlamento elegido. Dicho de otro
modo, los soviéticos forjaron, durante la guerra, un gigantesco ejército aumentando la
parte de los recursos destinada a la defensa en detrimento de la parte destinada al
consumo de los ciudadanos. Gracias al mismo procedimiento pudieron retrasar la
desmovilización de sus fuerzas convencionales y alcanzar en breve tiempo a los Estados
Unidos en cuanto a la bomba A y la bomba H, e incluso adelantarles en materia de
proyectiles intercontinentales.

No había, pues, más que dos grandes potencias y dicha situación sólo corría el
peligro de transformarse si un día China conseguía fabricar toda la formidable panoplia de
los armamentos termonucleares, o si Europa lograba "integrarse" políticamente y decidía
dedicar una parte de sus recursos a la realización del mismo tipo de armamentos.

De estas consideraciones se derivó toda una serie de consecuencias cuya


importancia nos ha sido demostrada por los años de la "guerra fría". La primera es la
existencia del conflicto Este-Oeste, combinado con lo que Raymond Aron llama el
"equilibrio del terror". La segunda es la aparición de sistemas de alianzas alrededor de los
dos "grandes" -en sentido polémico se habla de "satélites"-. La tercera, el esfuerzo de
gran número de países -en general los de reciente independencia- para mantenerse al
margen de los dos campos. Es el "no-compromiso".

Hasta la muerte de Stalin (marzo de 1953), la tensión fue la nota dominante y,


sobre todo después de 1947, se habló de "guerra fría". Los episodios más graves fueron el
bloqueo de las zonas occidentales de Berlín (1948-1949) y sobre todo la guerra de Corea,
desencadenada en junio de 1950. Los americanos, aprovechando la ausencia
momentánea de los soviéticos del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, lograron
que se ordenase sanciones militares contra Corea del Norte. Los americanos y
sudcoreanos realizaron el esfuerzo principal, aunque fueron apoyados por numerosos
países. En el momento en que cruzaron la frontera entre Corea del Norte y Corea del Sur,
el paralelo 38, intervinieron centenares de miles de voluntarios chinos. Estados Unidos se
encontraba ante el engorroso dilema de ampliar la guerra a toda China o proseguir una
guerra limitada para defender sólo Corea del Sur. Presionado por sus aliados y en especial
por el Reino Unido, Truman optó por la segunda solución y destituyó al general Mac Arthur
que preconizaba la primera.

Después de la muerte de Stalin, la situación cambió profundamente. En Corea se


firmó el armisticio en julio de 1953 y en Indochina el 20 de julio de 1954. Al menos, la
"guerra fría" no volvió a producir conflictos localizados. Y, lo que es más, los nuevos
dirigentes se comprometieron en una política de relativa tranquilidad y proclamaron con
ahínco la "coexistencia pacífica". Sin duda, bajo la presión de las masas, una parte más

desencadenada en junio de 1950, acarreó un enorme crecimiento de los presupuestos


militares (de 13 mil millones de dólares a 40 mil millones). Este crecimiento prosiguió cuando
la URSS logró alcanzar a los Estados Unidos en el terreno nuclear y termonuclear, a partir de
1955 aproximadamente. El presupuesto militar americano fue en 1962 de 52 mil millones de
dólares.
amplia de los recursos soviéticos fue dedicada a la mejora del nivel de vida de las
poblaciones; las fronteras se entreabrieron. Kruschev, a diferencia de Stalin, multiplicó los
viajes al extranjero. Se trataba de reducir la tirantez, de proceder a una discreta
liberalización. Esta política tenía sus riesgos. Pero se consiguió una obra de seducción de
los intelectuales neutralistas de Occidente y sobre todo de los gobiernos del "tercer
mundo", hacia el cual se dirigía ahora el esfuerzo esencial. En seis años, los resultados se
reducen a poca cosa: el Irak pasó en julio de 1958 de aliado de Occidente a una posición
neutralista. Y sobre todo, el establecimiento del régimen castrista en Cuba, al que la URSS
apoyó decididamente como hemos visto.

En el plano de las relaciones Este-Oeste, sin embargo, no se llegó a la coexistencia


pacífica. La "conferencia en la cumbre" de Ginebra en julio de 1955, al igual que
sucesivas cumbres, no dieron ningún resultado positivo. Sin embargo, a pesar de que
existió una tensión semejante a la que hubo con anterioridad a 1914, no parecía probable
un tercer conflicto mundial. Bien al contrario, el pesimismo fue disminuyendo. La
explicación de este fenómeno radica en la introducción de un factor radicalmente nuevo
en las relaciones internacionales: gracias a los más sorprendentes progresos tecnológicos
que la historia humana jamás haya conocido, se sobrepasó por primera vez el límite de
destrucción total. Cada una de las dos superpotencias hostiles poseía la capacidad de
destrucción casi completa de su adversario, pero no tenía ningún medio para impedir que
dicho adversario la destruya a su vez totalmente. Dicho de otra manera, aunque uno de
los dos atacase el primero, el otro conservaría los suficientes medios de represalia
(gracias a la dispersión de las bases, a los submarinos equipados con "polaris", etc.) para
destruir casi por completo al agresor.

Se había llegado, pues, a una situación en que el empleo de la fuerza como


"último recurso" de la política ya no tenía ningún sentido, puesto que este último recurso
equivaldría automáticamente a un suicidio colectivo. En consecuencia, las armas ya no se
fabricaban para ganar la guerra sino para disuadir al adversario de hacerla. Esta situación
de paz por el terror mutuo sería tranquilizadora para la humanidad si hubiera estado
segura de que los responsables de los dos Grandes actuaran siempre de modo racional,
extremo que por desgracia no constituía una certeza. Por otra parte, tan sólo los dos
grandes estaban casi perfectamente protegidos por este riesgo total. Probablemente sus
aliados lo estaban, pero con menos certidumbre. Por último, los conflictos localizados y
convencionales estaban permitidos, pero cuando un conflicto local corría el peligro de
quedar englobado en el conflicto Este-Oeste, se le "bloqueaba" inmediatamente. De ello
podemos deducir que la diplomacia adquirió una forma nueva, favorable a los pequeños
Estados, ya que los grandes no se atrevían a imponer su voluntad por la fuerza por temor
al apocalipsis. De este modo, los Estados Unidos no se atrevían a intervenir directamente
en Cuba, ni la URSS en Albania, satélite infiel.
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4. C R I S I S Y D E S I N T E G R A C I O N
D E L A U R S S (1982-1994)
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4.1. La gerontocracia en tela de juicio (1982-1985).

Con la muerte de Leonidas Breznev, el 10 de noviembre de 1982, se concluía el


segundo mandato más largo de la historia de la Unión Soviética y se abría un período de
crisis generalizada cuya resultante sería la "perestroika" de Gorvachov. Como todas las
crisis sociales profundas sus raíces se pueden rastrear durante los últimos años de la era
Breznev. Los síntomas eran claros y numerosos aunque la propaganda oficial y la policía
política trataron en aquella época de ocultarlos.

Entre esos síntomas se podían apreciar un rápido y creciente deterioro de la


economía, incapaz de abastecer a su propia población sin el recurso de las importaciones
de grano y otros bienes básicos procedentes de occidente. Una permanente desconexión,
política y generacional, de la Secretaría, el Presidium y el Comité Central del PCUS
respecto de sus organizaciones regionales y sus células de base. Las expresiones críticas,
cada vez más generalizadas, de una disidencia intelectual, nacional y religiosa partidaria
de un cambio del régimen político. El evidente desgaste de una política exterior
militarizada e intervencionista, tanto en Europa como en el Tercer Mundo, heredada de los
años de la "guerra fría" y cuyos ejemplos más significativos fueron la guerra de
Afganistán y la represión del Sindicato de Solidaridad en Polonia. Por último, el
resquebrajamiento ideológico y político del Movimiento Comunista Internacional con la
emergencia del "Eurocomunismo" promovido por los partidos comunistas italiano y
español.
Ante semejante panorama, la nomenklatura soviética tenía que encontrar una
fórmula sucesoria que lograra compatibilizar su poder corporativo interior y la hegemonía
soviética en el exterior, de una parte, con las reformas necesarias para concluir la crisis
del Partido y del Estado, de otra. La aparente solución a este dilema se encontró en el
nombramiento de Yuri Andropov. Nacido en 1914 cerca de Stavropol, en el norte del
Cáucaso, fue elegido como Secretario General del PCUS el 12 de noviembre de 1982, tan
sólo dos días después de la muerte de Breznev.

La figura de Andropov poseía tres características que avalaban su candidatura a la


sucesión de Breznev. Ante todo era un político que pertenecía a la generación de
"apparatchiki" (hombre del partido) formados en la época estalinista. Desde esta
perspectiva no suscitaba recelos por parte de la gerontocracia del Partido. Además, era un
político cuyas cualidades para enfrentar situaciones de crisis se habían puesto en
evidencia en 1956, al intervenir decisivamente en el sofocamiento de la "revolución
húngara", en su condición de Embajador de la URSS en Budapest. Por último, su cargo de
Presidente del Comité para la Seguridad del Estado (KGB), que ostentaba desde 1967, le
concedía un poder no sólo dentro del Partido sino también sobre el aparato estatal.

El breve período de mandato de Andropov (12 noviembre 1982 - 9 febrero 1984)


fue insuficiente para desarrollar un auténtico programa de gobierno, pero bastó para fijar
las principales líneas políticas, económicas, ideológicas e internacionales que se
prolongarían por sus sucesores hasta el año 1987. Si hubiese que definir la idea
fundamental que sustentaba el programa de Andropov, se podría formular en los
siguientes términos: reconocimiento oficial de la crisis, soluciones reformistas y
continuidad del sistema.

Sobre estas premisas, cuando el 9 de febrero de 1984 se producía la muerte de


Yuri Andropov, se abría nuevamente el problema sucesorio al frente de la Secretaría
General del PCUS. Esta vez se produjo una pugna en el seno del Comité Central entre dos
candidatos: Konstantin Chernenko y Mijail Gorbachov. Cada uno de ellos representaba a
un sector diferente. Chernenko, con sus 72 años, significaba la hegemonía de los
dirigentes comunistas formados en la época estalinista y que compartieron el poder
durante la época de Breznev. Por su parte, Gorbachov, con sólo 54 años, simbolizaba la
generación de comunistas que accedieron a cargos de responsabilidad durante el proceso
de desestalinización de la era Kruschev, con un mayor grado de preparación académica, y
cuyo ascenso a los máximos puestos del Partido y del Estado se había introducido en los
años inmediatamente anteriores. A pesar de estas diferencias en sus carreras políticas,
ambos tenían algo en común, representaban y se beneficiaban del dominio ejercido por la
nomenklatura en la Unión Soviética.

Finalmente el Comité Central se decantó por la elección de Chernenko, en su


reunión del 13 de febrero de 1984, demostrando de este modo su voluntad continuista y
los límites institucionales de la política reformista.

En términos generales, Chernenko siguió las grandes directrices establecidas por


Andropov, especialmente en cuanto a las reformas económicas y la política exterior, si
bien le infundió un matiz más personalista. No obstante, la precaria salud del dirigente
soviético muy pronto limitó su capacidad de actuación política. Ello facilitó la preparación
del candidato llamado a sustituirle y que no podía ser otro que Mijail Gorbachov.

En el plano económico el programa de reformas lanzado por Andropov y


continuado hasta 1987 descansaba, prioritariamente, en la lucha contra la corrupción
administrativa y el estímulo de la productividad. Sus efectos se dejaron sentir de forma
inmediata. Conjuntamente se impusieron dimisiones y se iniciaron procesos contra
algunos de los más altos funcionarios de la etapa anterior por mala gestión, corrupción y
demás delitos contra los bienes del Estado. No han faltado quienes han querido ver tras
esta campaña generalizada de acciones contra la corrupción, una auténtica depuración
política contra los más destacados responsables del Partido y del Estado de la era
Breznev. Semejante interpretación no se puede sostener seriamente como lo
demostraban la permanencia en sus cargos de la mayor parte de los ministros y
responsables del Partido con responsabilidad directa en la economía. El propio Gorbachov
es una prueba irrefutable de ello, ya que por esas fechas tenía responsabilidades en
materia agrícola.

Sin embargo, las medidas adoptadas por Andropov no abordaban las deficiencias
estructurales del sistema económico ni, mucho menos, cuestionaba sus fundamentos
(propiedad social, planificación centralizada). El resultado fue la constante recesión
económica experimentada durante el quinquenio 1981-1985 y plasmada en un constante
desabastecimiento de bienes de consumo y la insuficiente producción de alimentos
básicos como pan, leche o carne.

En el seno del Partido se siguió una política de promoción de toda una nueva
generación de cuadros a los más importantes órganos colegiados aprovechando la
muerte de algunos de sus miembros o forzando la dimisión o retirada de otros.

En conclusión, el breve interregno que medió entre Breznev y Gorbachov, se


desarrolló sin cambios verdaderamente significativos. Se podría simbolizar diciendo que
Andropov y Chernenko no fueron más que las dos caras de una nomenklatura heredada
de Stalin. Se había instalado una gerontocracia incapaz de tomar decisiones rápidas o
innovadoras, con un segundo escalón en la jerarquía que era la que posteriormente
alcanzaría el poder.

A esta crisis institucional, se unió una crisis económica de una gravedad creciente,
ignorada en los medios occidentales. La productividad estaba bajo mínimos y la ausencia
de inversiones hacía previsible un deterioro futuro aún mayor. Un dato significativo de la
economía colectivizada soviética era el hecho de que el 3% de la tierra que pertenecía a
propietarios privados producía el 25% o incluso el 50% del total en determinados
alimentos básicos. El futuro socioeconómico se presentaba negro, teniendo en cuenta
además las innovaciones tecnológicas que apuntaban en el mundo. Un país con
poquísimos teléfonos y en donde las fotocopiadoras estaban sujetas a un estricto control,
no estaba en condiciones de enfrentarse con la revolución informática en curso. De ahí la
necesidad imperiosa con la que se acogieron las reformas de Gorbachov.

4.2. Gorbachov (1985-1991): el intento frustrado de reformar


el sistema desde dentro.
Los acontecimientos que se suceden a partir de 1985, año en que Gorbachov
accede al poder en la URSS e inicia su política de reformas ("perestroika"), suponen una
transformación profunda que evidencia la crisis de todo el sistema, una crisis que ya vino
precedida de una serie de signos precursores que alcanzaban a todo el bloque socialista,
pero que tienen una especial relevancia, por su efecto difusor, en la Unión Soviética.

Desde 1985 a 1990, Gorbachov emprende una serie de reformas que se


encaminaron a reestructurar el viejo sistema. Así debe ser entendida la "perestroika", un
proceso de cambios que tuvo una gran repercusión exterior, como luego veremos. De
momento, nos ocupamos de los efectos internos.

La democratización interna, uno de los objetivos básicos que se perseguían,


resultó ser excesivamente lenta para algunos y muy arriesgada para otros. Pero en primer
lugar hubo de producirse el reforzamiento de la posición personal de Gorbachov, que fue
nombrado jefe del Estado por un nuevo Congreso de Diputados que asumía las
competencias del Comité Central, otorgando al líder soviético poderes presidenciales
ejecutivos. Desde esta nueva situación, logra la sustitución de muchos "conservadores"
por reformistas en los órganos decisorios del partido y la aprobación de una plataforma
política de las nacionalidades, una de las reivindicaciones más apremiantes, en la que se
reconoce a las repúblicas de la Unión "el derecho a la soberanía económica". Esta
plataforma resultó ser ineficaz ante la creciente presión nacionalista que pronto se
transformó en una serie de declaraciones de independencia, inaugurando la lista Lituania,
que recuperaba así la soberanía perdida en 1940.

A pesar de tener sobre el papel más poder que nunca, Gorbachov, en otoño de
1990, empezaba a mostrar una debilidad extrema, provocada en parte por las renuncias
históricas a la que Moscú se había visto forzado por el sorprendente y rápido proceso de
hundimiento de las democracias populares del Este, y la desintegración acelerada del
imperio soviético por los sucesivos enfrentamientos interétnicos.

El aumento de los desórdenes internos y la conmoción de las posiciones soviéticas


en el escenario internacional provocaron en el otoño de 1990 la reacción de las fuerzas
conservadoras, sobre las que se apoyo Mijail Gorbachov para tratar de controlar de nuevo
al país. El brusco rechazo, en septiembre de ese año, del programa de los "500 días", que
habría podido dar paso a un cambio económico radical, constituyó el primer signo de la
decisión de Gorbachov de marcar distancias con las posturas reformistas. En efecto, en
diciembre trató ya de recuperar el control apoyándose en los pilares más tradicionales del
régimen. Fue el principio del fin, ya que en lugar de llevar a un restablecimiento del orden
y a nuevas reformas, ese cambio de rumbo fue llevando a la URSS a un callejón sin salida.
"La perestroika, tal como se concibió en un principio, ha fracasado", decía el primer
ministro, Nilokai Rizhkov, artífice junto a Gorbachov de esta política.

Los intentos de volver a controlar la situación no sirvieron de nada, no permitiendo


el poder central restablecer su autoridad. La política de fuerza no hizo sino alimentar las
voluntades de independencia y autonomía, alejando de Mijail Gorbachov a los medios
reformistas, especialmente los intelectuales que hasta ahora seguían apoyándole.
A las condiciones internas se añadió un contrastado balance en política exterior.
Las actuaciones de Gorbachov permitieron a la URSS transformar su imagen, basculando
hacia posiciones más occidentales. Pero el precio que tuvo que pagar para llegar a esos
resultados fue muy elevado. Tras la pérdida de su imperio sobre Europa del Este, la URSS
había asistido, impotente, a la unificación alemana en el marco de la Alianza Atlántica y a
la desintegración de sus alianzas, COMECON y Pacto de Varsovia, viendo como sus
antiguos aliados miraban a Occidente.

En la primavera de 1991, la URSS, preocupada por obtener una generosa ayuda


económica de Occidente, flexibilizó su política. En el exterior se hicieron concesiones en
las conversaciones sobre desarme convencional. En el interior, tras la intervención en
Armenia, el poder central se mostraba deseoso de salir del callejón sin salida respecto a
la reorganización de la estructura federal. Por fin, el 23 de abril, al firmar con los
dirigentes de nueve repúblicas (Boris Yeltsin entre ellos) una declaración en común
apelando a la rápida conclusión de un Tratado de la Unión, el Kremlim parecía dispuesto
por vez primera a aceptar el reparto del poder y a reconocer el derecho de las repúblicas
que habían declarado su independencia a seguir su camino. El 12 de junio, la triunfal
elección de Boris Yeltsin significaba una transformación en toda regla. Sólo quedaba pasar
a la firma del nuevo Tratado de la Unión. A partir de entonces la descentralización sería
imparable. Fue el momento que eligieron los conservadores para actuar.

Consistió en un golpe de fuerza que fracasó ante la presión internacional y la


resistencia de las autoridades rusas, con Yeltsin a la cabeza. Diversas repúblicas así como
importantes sectores del ejército fueron descolgándose del golpe. Los tanques se
retiraron sin intentar el asalto al Parlamento y desde entonces los hechos se sucedieron
de forma vertiginosa: liberación y retorno de Gorbachov, cierre de los locales del PCUS en
todo el territorio de la Unión y suspensión por decreto de sus actividades, detención de la
cúpula golpista, cierre y resurrección de Pravda tras despojar al periódico de sus símbolos
comunistas, dimisión de Gorbachov de la Secretaría General del PCUS y declaración de
independencia en cadena de la práctica totalidad de las repúblicas.

El 25 de diciembre de 1991 la URSS dejó de existir, con sus últimos símbolos, el


presidente Mijail Gorbachov dimitía y la bandera roja con la hoz y el martillo era retirada
de los tejados del kremlim. El presidente ruso Boris Yeltsin sucedía a Gorbachov, y la
bandera azul-roja, hasta 1917 símbolo del Estado zarista, sustituía a la soviética.

Cierto que en diciembre de 1991 se había formado una Comunidad de Estados


Independientes (CEI) constituida por 11 ex-repúblicas soviéticas. Pero la Comunidad no es
un nuevo Estado, sino algo semejante a una gerencia más o menos coordinada para la
liquidación de la Unión o, en el mejor de los casos, el sueño de una futura comunidad. De
hecho, Rusia es la bandera de la URSS. Una Rusia que se quiere nueva y animada de un
proyecto político radical: la economía de mercado y la democracia "a la occidental".

Gorbachov había fracasado en su intento de buscar una "tercera vía" entre


socialismo de Estado y capitalismo. La victoria ideológica y política de la economía de
mercado es un hecho consumado, incluidas las privatizaciones, reconoce todo el abanico
político ruso, desde los ex-comunistas a los ultraliberales. Sin embargo, el proceso de
privatización de la propiedad es muy lento y encuentra múltiples obstáculos políticos,
económicos y técnicos para desarrollarse. En medio de un intenso darwinismo social tiene
lugar una rápida transferencia de rentas en favor de un núcleo muy reducido de grupos
mafiosos, de miembros del anterior aparato estatal y de ciertos segmentos sociales que
se adaptan ventajosamente a las nuevas condiciones.

4.3. La herencia de la URSS: geoestrategia actual.

Sobre las ruinas de la antigua Unión Soviética, se levanta quince nuevos Estados:
la Federación Rusa, Ucrania, Bielorrusia, Armenia, Azerbaiyán, Turkmenistán, Uzbekistán,
Tadzjikistán, Kazajstán, Kirguizistán, Moldavia, Estonia, Letonia y Lituania.

Pero uno ocupa una posición hegemónica: la Federación Rusa. En efecto, los
rusos no sólo son hegemónicos en la mayor parte del territorio, sino que igualmente son
mayoritarios en numerosas repúblicas y regiones en las cuales las poblaciones
autóctonas tienen muchas veces un peso reducido. A pesar del "polvorín caucásico" y de
la independencia declarada en el Tatarastán, la Federación Rusa en general no se ve
amenazada de explosión por razones étnicas o religiosas. Aquí el peligro es otro. A la hora
de las reivindicaciones de soberanía, el comportamiento territorialista predomina,
máxime teniendo en cuenta que los problemas institucionales y de propiedad se
encuentran aún en suspenso. La tentación para limitar la intervención del centro y ejercer
un control sobre las riquezas naturales del país es bastante fuerte. En un momento en
que en Rusia nada parece estar definitivamente establecido en el plano de la soberanía y
de las libertades, y mientras que el mercado sigue siendo incapaz de regular una
economía abiertamente en crisis, la existencia de soberanías particulares, su extensión, e
incluso su creación, son a ojos de más de una región la única garantía de supervivencia.
Así, a fin de evitar una total pérdida de autoridad del Estado central, la Federación Rusa
deberá idear un nuevo tipo de relaciones, respetando la diversidad nacional y la
complejidad institucional de sus 17 millones de kilómetros cuadrados.

Pero aparte de los problemas territoriales, los rusos, tras la defunción de la URSS,
se tuvieron que enfrentar a partir de febrero de 1992 a una reforma de colosales
ambiciones y de métodos mal definidos. Rodeado de consejeros occidentales deseosos de
experimentar in vivo las teorías aprendidas en Harvard, así como de jóvenes economistas
aún bajo el influjo del voluntarismo ideológico de la era soviética (la "economía de
mercado" en 500 días, el rublo como moneda exclusiva de referencia, etc.), el presidente
Boris Yeltsin, planteó el formidable desafío: romper definitivamente con un sistema
moribundo, tranquilizar a Occidente respecto a su voluntad democrática y poner en
marcha una política económica antipopular en sí misma, aparte de los irremediables
daños que implicara para su propia popularidad. La llamada "terapia de choque" que no
dudó ni un momento aplicar tuvo como primera consecuencia la transformación de
ciudades industriales enteras en zonas catastróficas y la agudización de los egoísmos en
regiones y repúblicas. Egor Gaidar, primer ministro en funciones durante 1992, pagó el
precio de la impopularidad. Boris Yeltsin parecía interrumpir la carrera del ultralibera lismo
económico... Hasta que, en otra de sus idas y venidas, el nuevo movimiento de Gaidar
como viceprimer ministro, el 18 de septiembre de 1993, resituaba las cosas en su sitio.
Elegido para un mandato corriente hasta junio de 1996, en 1992-1993 Boris Yeltsin
ha plantado los jalones para llegar a una "República presidencialista", de corte
marcadamente autoritario. Por lo demás, lo cierto es que la Federación Rusa, al no
haberse producido una explosión a lo yugoslavo, a pesar de sus vivas tensiones, por
ejemplo, con una Ucrania ferozmente independentista, lograría mantener en todo caso
una cierta coordinación entre los socios de la ex URSS.

El 10 de julio de 1993, los jefes de gobierno de Bielorrusia, Rusia y Ucrania


firmaban un "acuerdo de integración" económica de contornos mal definidos. Algunos
medios oficiales no dudaron en hablar de "alianza eslava", provocando con ello la
indignación de Kazajstán, relegado en el seno de una Asia central invitada a desarrollar
sus relaciones con Turquía y Pakistán dentro de la Organización de Cooperación
Económica, creada en 1964 por Irán, Pakistán y Turquía. Y a la que en noviembre de 1992
se incorporarían Azarbaiyán, Kazajstán, Kirquizistán, Turkmenistán y Uzbekistán.

El anuncio de la creación por Bielorrusia, Rusia y Ucrania, el 8 de diciembre de


1991, de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), que había precipitado la muerte
de la URSS, parecía ya augurar lo que algunos denominaban una "unión eslava", e incluso
una "entente eslava". Lo cual suponía no sólo ignorar la independencia ucraniana,
legitimada una semana antes por el referendum del 1 de diciembre, sino despreciar
también la pesada herencia histórica que ha tejido entre las repúblicas de la ex URSS
lazos más sólidos que los que el desplome del imperio pudiera dar a entender.

En un espacio en que, tras siglos de vida común, los trazados de fronteras parecen
muchas veces simbólicos, cualquier separación puede resultar peligrosa. Para economías
integradas hasta un grado caricaturesco, la sincronización de las reformas y opciones
monetarias son realmente esenciales, aunque otras muchas cuestiones exijan soluciones
urgentes: problemas estratégicos y poder de decisión nuclear, futuro de las fuerzas
armadas, fronteras, minorías étnicas.

Pese a la voluntad de los nuevos Estados independientes surgidos de la URSS de


diversificar sus relaciones económicas, la ruptura de vínculos entre repúblicas se ha
convertido en uno de los principales factores de la crisis que se abate sobre el espacio
antaño soviético. Barreras aduaneras y tarifarias se alzan hoy allí donde las mercancías
circulaban ayer libremente. Relaciones establecidas desde hace decenios, incluso siglos,
son hoy puestas en tela de juicio, rompiendo precarios equilibrios. Dolorosas
renegociaciones con Rusia -primer proveedor de la ex URSS- que exigen importantes
reajustes de precios considerados demasiado preferenciales en Moscú, han sumido en la
recesión a repúblicas que hasta ese momento creían tener resuelto su aprovisionamiento
energético. Dependientes del arbitrio del Banco central ruso, zarandeadas por la política
económica decidida en Moscú, algunas de esas repúblicas se vieron tentadas por una
autonomización monetaria e introdujeron nuevas unidades contables, como el cupón
georgiano, el manat azerí o el harbovanets ucraniano. Con excepción de las repúblicas
bálticas, donde la ruptura económica y monetaria se llevó a cabo con una estrategia
global común en busca, concretamente en el caso de Estonia y Letonia, de una
integración en la Europa escandinavo-nórdica, la salida de la "zona rublo" se saldó con
severos fracasos: un rublo enfrentado con una galopante inflación, pero que aparece sin
embargo como moneda fuerte.
4.4. Repercusiones internacionales: el nuevo desorden mundial.

a) Los últimos años del continuismo.

Con los últimos "dinosaurios" del régimen, Andropov y Chernenko, la Unión


Soviética practicó una línea continuista en política exterior, no introduciendo cambios
sustanciales y, por tanto, manteniéndose el antagonismo bipolar, así como la política de
disuasión con su corolario en la acumulación armamentista. Se puede decir que se
produjo un estancamiento de la distensión Este-Oeste, que muchos analistas
confundieron con una vuelta a la época de la "guerra fría", dando una apariencia de
estabilidad que no se correspondía con la crisis generalizada de la Unión Soviética.

Acorde con este continuismo de la política exterior, los dirigentes soviéticos


mantuvieron un fuerte intervencionismo militar en la guerra de Afganistán,
incrementando los efectivos soviéticos en apoyo del régimen de Kabul, así como una
ayuda económica, tecnológica y militar en países como Angola, Siria, Irak, Vietnam, Libia,
Cuba o Nicaragua. Simultáneamente se agudizaron los conflictos diplomáticos con los
gobiernos occidentales, quienes extendieron las represalias económicas y el embargo
tecnológico. Se estancaron las negociaciones sobre el control de armas nucleares de
medio alcance, celebradas en Ginebra, y las conversaciones de Viena para la reducción
de tropas convencionales en Europa.

Un acontecimiento vino a envenenar todavía más las relaciones entre Moscú y


Washington. Se trató del derribo de un Boeing 747 de las Líneas Aéreas de Corea del Sur,
ocurrido la noche del 31 de agosto al 1 de septiembre de 1983, cuando sobrevolaba la
isla de Sajalin. Tampoco las relaciones entre la Unión Soviética y la R.P. China mejoraron
bajo la dirección de Andropov y Chernenko.

b) Las revoluciones de 1989 en la Europa del Este.

Nada parecía presagiar el "terremoto" que ya se conoce como las revoluciones


de 1989 y que cambiaron el panorama de los países del Este de Europa de una forma
rápida y radical. Los primeros países que pusieron a prueba la sinceridad de las promesas
de libertad hechas por Gorbachov fueron Hungría y Polonia.

Hungría acepta el multipartidismo el 11 de febrero de ese mismo año,


celebrándose elecciones libres un año después, a las que concurrirá un partido comunista
húngaro transformado en socialista a secas, con expresa renuncia del centralismo
democrático y de la dictadura del proletariado.
En febrero, Polonia, tras diez años de fuertes tensiones, los dirigentes comunistas
y "Solidaridad" llegan a un acuerdo histórico por el que se restablece el pluralismo
sindical, se acepta la democratización de las instituciones políticas y se convocan
elecciones semilibres para un parlamento bicameral. La aplastante victoria que obtuvo
"Solidaridad" le permitió controlar el primer gobierno de coalición desde los años
cuarenta, presidido por un no comunista, Tadeuxz Mazowiecki.

En mayo, Hungría y Austria abrían sus fronteras, permitiendo la salida de


centenares de miles alemanes orientales que se dirigían a la RFA, dejando en evidencia la
fragilidad del régimen de la RDA y acelerando la sustitución de Erick Honecker. Su
sucesor, Egor Krenz, presionado por Bonn, Moscú, los escapados y las manifestaciones
diarias en las principales ciudades del país a favor de la democracia, promete reformas,
sustituye a la cúpula del partido y al gobierno, y, finalmente, anuncia la apertura del muro
que dividía Berlín desde 1961. Un hecho cargado de simbolismo, que retrata la caída de
los regímenes comunistas de los países del Este.

La vorágine alemana precipitó los cambios en Checoslovaquia, Bulgaria y


Rumanía. En este último país se produce una revolución paradójica: se asesina al
dirigente comunista, Ceaucescu, pero al mismo tiempo, un grupo de antiguos
colaboradores del régimen, se hace con el control del poder, intentando de la noche a la
mañana borrar todo lo que suene a comunismo, pero al mismo tiempo apoyándose en el
mismo aparato del anterior régimen.

Todo este proceso, como ya hemos dicho, hubiera sido impensable sin los cambios
que Gorbachov estaba liderando en la URSS.

En todos estos países se inició una dura transición hacia la economía de mercado
que los sumirá en una profunda recesión económica con graves repercusiones sociales.

Podemos distinguir varios modelos o ejemplos significativos de la situación post-


comunista de estos países.

Como ejemplo claro de desenlace bélico, Yugoslavia, un país que ya contaba con
un modelo comunista propio pero que careció siempre de una articulación nacional
cohesionada: croatas, montenegrinos, albaneses, eslovenos y otros, habían cuestionado
en todo momento el futuro de un Estado unitario, recelosos de las aspiraciones
hegemónicas serbias. Al morir en 1980, Tito dejaba uno de los países más abiertos del
área, pero con un futuro incierto tanto en el plano económico como en el político.
Yugoslavia se convirtió en una federación de seis repúblicas y dos provincias autónomas
en las que se reconocían seis naciones (considerados los pueblos fundadores del país) y
una multitud de "nacionalidades" (equivalentes a minorías nacionales)10.

Cada república es prácticamente multirracial 11. Este frágil sistema no podía durar
10
Las nacionalidades más numerosas eran los albaneses, los húngaros, los gitanos, los
búlgaros, los rumanos, los turcos y los eslovacos.

11
Bosnia-Hercegovina, poblada esencialmente por musulmanes, serbios y croatas.
Croacia, donde los croatas son mayoritarios.
Macedonia, donde viven macedonios (67%) y albaneses (19%).
mucho. Los temores de las demás repúblicas al resurgimiento panaserbio eran cada vez
más grandes, hasta que el conflicto estalló el 27 de junio de 1991. Desde entonces ha
pasado por varias fases sin que Europa haya sido capaz de pararla.

En el extremo opuesto, Checoslovaquia representa el modelo de transición


pacífica, lo que se ha dado en llamar "revolución de terciopelo". En 1991 recuperó su
plena soberanía: el último soldado soviético abandonaba su territorio en junio. Sin
embargo, la Asamblea Federal no fue capaz de cumplir la tarea primordial para la que
había sido elegida: elaborar una Constitución post-comunista. Las divergencias entre los
representantes checos y eslovacos respecto a la organización de la coexistencia estatal
fueron la causa esencial de este fracaso. Las tensiones entre checos y eslovacos se
remontan con anterioridad a la instauración del régimen comunista, pero lo cierto es que
durante el mismo se perpetuaron las diferencias, desembocando en la ruptura pacífica de
enero de 1993. Como razones de fondo de la separación estaban las diferencias
socioeconómicas entre los países checos y Eslovaquia. Esta última ha sido
tradicionalmente más atrasada y veía peligrar tras la caída del comunismo las políticas de
reequilibrio social. En cambio, los países una fuerte corriente ultraliberal reclamaba en los
países checos deshacerse del lastre que suponía Eslovaquia para avanzar hacia la
economía de mercado.

c) Repercusiones en China y Cuba.

El acontecimiento señera que marcó el eco del derrumbamiento de la URSS y de la


Europa del Este en China fue la tristemente famosa matanza de Tianamen el 4 de junio
de 1989. En realidad, representó el trágico epílogo del extraordinario movimiento que
sacudió los cimientos del régimen a lo largo de varios meses. El homenaje a Hu-Yao-bang,
un dirigente reformista, deriva en una multitudinaria manifestación de estudiantes en la
histórica plaza de Tianamen, que piden en definitiva una democratización del régimen.

Los aires de la "perestroika", como poco después se demostró, no habían llegado a


la gerontocracia china. De forma que Li Peng se convierte en dueño de la situación y
ordena la intervención del ejército contra los estudiantes. Toda una demostración de
fuerza, plasmada en la imagen difundida por todo el mundo, en la que un joven
desarmado desafía a un tanque.
Montenegro, compuesta por montenegrinos y musulmanes.
Serbia, que alberga fundamentalmente a serbios, con una minoría albanesa y una
provincia autónoma, Kósovo, donde el 77% son albaneses.
Y por último, Eslovenia, que tiene una población más homogénea: 90% de eslovenos.
Este suceso se enmarcó dentro de las tensiones del régimen por reformarse a sí
mismo. En efecto, la estrategia global era llevar a cabo una política de cambios en el
terreno económico sin que los reformistas llegaran al poder, manteniendo firmemente en
su sitio al sistema comunista chino, basado en la propiedad pública de los principales
medios de producción y gestionado por la burocracia nacida del partido. De esta forma,
cuando al amparo de las reformas económicas, se cuestionaba la integridad del Estado,
los sectores conservadores imponían de inmediato la represión. El gran interrogante sobre
el futuro de China es si realmente puede existir una reforma económica sin que la
acompañe una reforma política.

En cuanto a Cuba, enfrentada a muchas dificultades a consecuencia de la


disminución de la ayuda soviética, nadando a contracorriente al no aceptar el impulso
reformador de la "perestroika", el gobierno cubano impuso desde agosto de 1990 un plan
de ahorro energético que trajo consigo el racionamiento de los carburantes, la compra
masiva de bicicletas, el recurso a los bueyes como sustitutos de los tractores, y el cierre
de la fábrica de níquel. La prioridad absoluta fue para la agricultura y para el turismo.
Ante la penuria creciente en que viven los cubanos, teniendo en cuenta además que
persiste el bloqueo norteamericano, no es de extrañar que el descontento haya crecido
frente a un régimen que en boca de su máximo dirigente, Fidel Castro, sigue proclamando
el lema de "Socialismo o muerte".

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5. P E R S P E C T I V A S
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De acuerdo con los hechos, el bloque socialista, a excepción importante de China y


del hecho residual de Cuba, se ha hundido. La brecha empezó a abrirse por la labor de
ciertas direcciones ilustradas, apoyadas por el supremo dirigente del imperio, Mijail
Gorbachov, que comprendió la necesidad de reformar el sistema. Es conocido, en efecto,
el intervencionismo gorbachoviano en la RDA, o la participación, en Polonia y en Hungría,
de los gobiernos comunistas en las "mesas redondas" con la oposición.

Cierto que hubo un cambio radical de régimen, puesto que una monocracia se
transformaba en democracia, concluyendo así un singular período histórico. Pero también
es verdad que no se ha dado un elemento que siempre acompaña a una revolución: una
clase social claramente beneficiaria y unos perdedores.
Los obreros de la antigua URSS y de la Europa central y oriental son hoy los
grandes perjudicados de las revoluciones de 1989, amontonados en bastiones de una
industria pesada ya obsoleta y muy difícil de reconvertir o privatizar. Pero, ¿quiénes serían
entonces los ganadores de esta revolución? ¿una mítica clase media? La falta de actor
central generaría dos fenómenos intrínsecamente unidos. Por una parte, la usurpación de
la ex nomenklatura del papel central de "beneficiario" durante un período de transición
iniciado antes de 1989, y su posible posicionamiento como uno de los grupos estructura-
les de una futura clase de propietarios; por otra parte, la demonización de esa misma ex
nomenklatura, en nombre de la misma realidad, la de que sólo ella se habría beneficiado
con la revolución efectuada. Así, la revolución anticomunista resulta ser una grava
paradoja: sus beneficiarios no son quienes teóricamente debieran serlo, mientras que
quienes teóricamente deberían haber perdido sus situaciones de privilegio, se colocan en
excelente posición. Este planteamiento lleva a la conclusión de que la revolución habría
sido simplemente manipulada.

Forjado a lo largo de años, el mito del Homo soviéticus tomaba por realidad lo que
era fachada: el éxito del bienestar en el Estado socialista. Pero la ruptura creó otro mito
que se superpone al primero: el de poder vivir, de la noche a la mañana, en un sistema
liberal y de abundancia. Lo que algunos autores denominan "enfermedad infantil del
postcomunismo", a saber, la confianza en el capitalismo utópico, la fe en que el mercado
libre arreglará todos los problemas. Pero las dificultades relativas al abandono del sistema
económico del tipo soviético reactivan la fuerza del primer mito. Así, cuanto más se aleja
la ruptura revolucionaria, más van oponiéndose las poblaciones a los proyectos de
privatización y, por tanto, a las reformas, es decir, a la salida del sovietismo. Porque una
de las contradicciones de la transición post-comunista es reforzar el mito del Estado
Providencia: anti-utopía que destruye la legitimidad revolucionaria de la utopía liberal.
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6. B I B L I O G R A F I A
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6.1. Bibliografía general.

* Fernández, Antonio: Historia del Mundo Contemporáneo. Madrid, 1992

* Varios: Manual de Historia Universal. El siglo XX. Nájera. Madrid, 1987.

* Martínez Carreras, José U.: Introducción a la Historia Contemporánea. Desde


1917. Istmo. Madrid, 1983.

* Palmer & J. Colton: Historia Contemporánea. Madrid, 1971.

* Pierre Leon: Historia Económica y Social del Mundo. vol 5. Madrid, 1978.

* González Salcedo y Ramírez Aledón: Historia del Mundo Contemporáneo a


través de sus documentos. Barcelona, 1985.

* Neré, Jacques: Historia Contemporánea. Madrid, 1985.

* Chordá, Frederic y otros: Diccionario de términos históricos y afines. Istmo.


Madrid, 1990.

* Duroselle, Jean Baptiste: Europa de 1815 a nuestros días. Vida política y


relaciones internacionales. Labor. Barcelona, 1981.
6.2. Bibliografía específica.

* J. Pabon: Zarismo y bolchevismo. Madrid, 1948.

* Carr, E.H.: La revolución rusa. De Lenin a Stalin, 1917-1929. Alianza Editorial.


Madrid, 1988.

* Carr, E.H.: Historia de la Rusia Soviética 12. Madrid, 1973-1980.

* Chistopher Hill: La revolución rusa. Barcelona, 1969.

* Colección Historia del Comunismo. Aventura y ocaso del gran mito del siglo
XX. Publicada en la edición dominical del periódico El Mundo.
* El Estado del Mundo. Anuario económico y geopolítico mundial. Ediciones de los
años 1989-1994. Akal.

* Artículos y suplemento especial publicados en el diario El País.

12
Esta es sin duda la obra más completa, puesto que abarca el proceso revolucionario en
todas sus vertientes: economía, sociedad, política e instituciones. Casi todos los autores se
remiten a la obra de Carr.