Lenguaje

Breve tragedia universal

1

Luz Pearson, 2001 luzpearson@gmail.com

Nota: Esta pieza trata de un amor, de una puerta, y de él (Reclardo) y ella (Suenia) perdidos tras las sombras de bellas palabras. El escenario debe estar dividido por una puerta –o cualquier elemento que cree siempre dos espacios diferentes y la posibilidad de que haya entre ellos tanto una división infranqueable como una puerta, según se necesite en cada momento-. Suenia parada de un lado de la puerta abierta, Reclardo del otro. Reclardo -¿Señorita? Suenia -Diga.

Reclardo -Verla es para mí una inmensa alegría. Suenia -(pausa) Para mí también.

Reclardo -Quiero que sepa que hice hasta lo imposible para poder encontrarla a usted hoy, ni se imagina la de cosas que tuve que pasar para estar aquí en tiempo y forma. Suenia -¿Le costó mucho?

Reclardo -Sería tedioso enumerar los inconvenientes que debí superar. Suenia -Gracias.

Reclardo -¿Usted me agradece? ¿Qué tendría que hacer yo entonces para devolverle de algún modo todo la maravillosa luz que introduce en mi vida? No me agradezca, por favor, no me ponga en el aprieto de tener que verme obligado a bajarle la luna… el astro es tan alto, y yo tan pequeño bajo el brillo de sus ojos. Suenia -No hable así, usted es precioso.

2

Reclardo -¿En serio lo dice? Suenia -Jamás mis palabras conocieron tal grado de verdad.

Reclardo -¿Suenia? Suenia -Sí.

Reclardo -Suenia….te amo. Suenia vos a mí. Reclardo -Eso es imposible. Tan imposible como que yo deje de quererla. Suenia me abandona. Reclardo -Le repito: eso sería imposible, yo la amo… ¿Usted dice amarme? Suenia -Sí, sepa que voy a amarlo por el resto de mi vida, -Ni mencione esa posibilidad, al imaginarlo el aire -Yo también Reclardo, yo también….quizás más que

sólo el tiempo podrá demostrarle cuán fuerte es mi amor por usted. Reclardo -¿Amarme ”siempre”? Reclardo se aleja, cierra abruptamente la puerta. Suenia queda del otro lado. Desconcertada, golpea suavemente la puerta una y otra vez sin obtener respuesta. Suenia Reclardo -… Suenia -¿Reclardo, corazón mío? -¿Amor?

Reclardo -¿Quién perturba mi silencio? Suenia -Yo, Suenia.

Reclardo -¿Qué desea?

3

Suenia

-A usted.

Reclardo -Sí, claro. ¿Y usted cree que yo voy a caer en tan vil trampa: unas palabritas lindas y ya dice amarme para siempre? No, por supuesto que no, a mí otra vez no me agarran. Suenia -Pero Reclardo, ¿qué dice?

Reclardo -Yo ya estuve ahí señorita: entornan los ojitos hablando de amor y se supone que uno debe jurarles fidelidad eterna. Suenia -Reclardo, usted me habló de amor a mí.

Reclardo -Se equivoca, esa fue usted. Usted fue la que empezó con todo esto del corazón, las flores, la ternura, los hijos y la eternidad… no sé cómo pero las mujeres siempre llegan a eso. Hágame el favor de dejarme con mis tareas, reservo mis medio días para la reflexión y sus palabras de amor están perturbando mi cómodo silencio. Suenia -Bueno, disculpe, no entiendo… pero si eso es lo que

usted quiere, me voy. Suenia se aleja. Reclardo abre una pequeña ventanita ubicada en el centro de la puerta, tipo mirador. Reclardo -¿Adónde va? Ella se detiene. Suenia -Lejos, es lo que usted me pidió.

Reclardo -Me entendió mal, mis palabras decían otra cosa. El abre la puerta y pasa del lado de ella arrodillándose a sus pies.

4

Reclardo -No me deje, sin usted soy nada: un cuerpo sin alma, carne en descomposición que al no tenerla cerca acelerará su indefectible proceso de destrucción…. Suenia -¿Quiere que me quede?

Reclardo -Se lo ruego, instálese a mi lado. Corrobóreme que existo al tocarme con su mirada. Suenia -¿Está seguro?

Reclardo -¡Que una tormenta de arena me arrase si no hablo con la más auténtica seriedad! Ella se distancia. Suenia lado? Reclardo -Todo lo que siempre quiso. Suenia -¿Todo lo que siempre soñé, añoré, imploré, lloré -¿Con qué me invita para que yo me quede a su

por conseguir y otros me negaron? Reclardo -Sí, mi amor. Suenia -Me invita usted con muy poco, no me habla de

sorpresas y misterio. Nada de lo que dice alcanza a llenarme ¿qué clase de amor puede comenzar con tan magra propuesta? Suenia cierra de un portazo. Desde el otro lado, él acaricia la madera de la puerta cerrada como si fuera el cuerpo de ella. Reclardo -Vuelva Suenia, no me deje solo. Suenia canturrea indiferente del otro lado de la puerta.

5

Reclardo -Bella dama, aparezca. No me condene a esta soledad sin esperanza en donde hasta el paso más próximo al sol se encuentra en la más opaca de las penumbras… descúbrase para mí Suenia, permítame su presencia, hónreme con su atención. Suenia abre apenas una rendija. El se tira al piso tratando de verla a través del hilo de luz que deja la mínima apertura. Desesperado él estira los dedos cruzando al otro lado, logra agarrarle el tobillo. Reclardo -Píseme princesa, déjeme beber el sabor de su desplante, mézame en su plena indiferencia y hágame un esclavo tanto más fiel que su propia sombra. Suenia -Este juego me cansa.

Reclardo -¿De qué juego habla? Suenia -Del que estamos jugando.

Reclardo -Yo no estoy jugando a nada, es amor. Ella abre del todo la puerta. Él se levanta del suelo. Suenia -El juego del amor. Usted es el que inventó el juego

y yo crédula seguí sus pasos guiada por las engañosas señas de la pasión y el deseo. Reclardo -Quién va es porque quiere ir. Suenia -No. Quién va es llevada de las narices, manipulada

en lo más profundo de su inocencia, cohesionada por la desesperación y el terror a la pérdida: no fue mi voluntad la que me arrastro a este martirio, fue su magnetismo sumado a mi miedo de no poder afrontar la imposibilidad de la unión… Nuevamente: la eterna

6

ilusión del amor eterno que alimenta todos los comienzos y cada uno de los finales. Reclardo -Entonces no me quiere. Suenia -¿Qué es querer?

Reclardo -Ni siquiera lo sabe, es obvio que no me quiere. Suenia -Quererlo lo quise, pero su conflictivo planteo del

amor me llevó a aborrecer el solo aroma de su presencia. Reclardo -Me odia, no hay más que hablar. Suenia se acerca, intenta abrazarlo. Suenia -Odio amarlo.

Reclardo -Si amarme no le da placer, terminemos con este capricho antes que sea él el que termine con nosotros. El cierra la puerta. Pausa. Del otro lado de la puerta… Suenia -Lo extraño.

Reclardo -Bien, ya pronto me olvidará. Suenia -No Reclardo, jamás lo olvidaré. Usted es el amor de

mi vida, necesito verlo, anhelo su presencia más que mi propio semblante en el espejo. Reclardo -Tarde se dio cuenta de la importancia de nuestra relación. Suenia -Sepa disculparme, el temor no me dejó creer.

Ahora puedo entenderlo con claridad: somos el uno para el otro, una

7

leyenda interrumpida por la falsa sensación de final que a todos nos persigue desde la conciencia de la irremediable muerte. Levantemos un puente entre nosotros, entre cada uno de nosotros y el inmenso vacío que nos separa. No permitamos que los dolores acumulados en las biografías particulares impidan que esta nueva vida comience. Deme una última oportunidad. Deje el pasado atrás, abrace mi corazón tan fuerte como yo prometo abrazarme a su aliento. El abre apenas, ella se asoma decidida, él se aleja. Suenia -Espere: puedo cantarle su canción preferida, puedo

dedicarle mi creación más perfecta por ser usted la fuente de toda mi inspiración. Puedo ayudarlo a ser quien usted quiere ser… mi existencia sólo tiene sentido en tanto pueda acompañarlo, permítame elevar su cuerpo sobre todos los demás mortales con sólo regalarle la fuerza y potencia de mi admiración por su íntima esencia. Reclardo -Volverá a abandonarme. Suenia -Nunca. Me tendrá lo que dure mi simple vida. Aún

muerta seré suya. Reclardo -¿La vejez de mi carne no amedrentará su veneración? Suenia -El paso del tiempo no hará otra cosa que reafirmar

la certeza de mis palabras. El abre del todo la puerta. Ella le besa los pies, luego se aferra a su cintura. Suenia -Amo su cuerpo.

El se agacha sobre ella y la besa.

8

Reclardo -Yo amo con pasión el suyo. Se besan, se ponen de pie abrazados. Suenia -Lo veo mañana, debo irme ahora.

Reclardo -¿Tan corta es su visita? Suenia -Tenemos toda la eternidad para disfrutarnos,

compromisos laborales me esperan. Ella da unos pasos para irse y antes de desaparecer se detiene y lo mira. Suenia -¿Soy la mujer más importante de su vida?

Reclardo -Nunca amé a otra como a usted. Suenia -¿Soy la mujer más importante de su vida?

Reclardo -…claro… Suenia -Miente, no debo engañarme aunque esté tentada a

hacerlo…sé que a otras le habrá dicho lo mismo. Reclardo -Estoy frente a la elegida. Suenia -Usted prefiere a las mujeres de uñas largas.

Reclardo -La prefiero a usted. Suenia deseo ser. Suenia toma el picaporte de la puerta. Reclardo -¡Habla sin saber! ¿Acaso habita dentro de mi cabeza? Suenia comienza a cerrar la puerta. Reclardo -Déjeme si quiere….no entiendo qué puede saber usted de mis necesidades si apenas alcanza a satisfacerlas. De un golpe abrupto, Suenia cierra la puerta. -Pero necesita que yo sea alguien que no soy, ni

9

Reclardo -Suenia, perdone mi torpeza, el dolor tiene el poder de volverme un canalla. No fui yo, culpe a las palabras, son ellas las que nos confunden: díga cómo quiere que me exprese. Suenia -…

Reclardo -Nadie supo ver en mí como usted el profundo sentimiento de soledad que abruma mis espaldas, nadie como usted entendió mi necesidad de compañía los domingos por la tarde, jamás alguien pudo sentir conmigo el sonido de las ramas del árbol del jardín comprendiendo que plantar ese árbol fue para mí el último intento de echar raíces en la vida. Con sus palabras ella se va enterneciendo, toma el picaporte, quiere abrir y no puede. Toma la llave, la gira pero la puerta no abre. La llave se traba, desesperada intenta forzar la puerta. Reclardo -Está oscuro, señora mía, ¿me oye? Suenia -Aquí estoy, encuéntreme, amarlo es amarme.

Reclardo -Vuelva vida mía, aún puedo oír su voz…si el cristal hablara no sería otro su sonido que el bello tono de mi amada. Suenia -Reclardo, ¿Aún está ahí? Diga que sí…dígame que

sería capaz de exponerse al más tenaz de sus temores con tal de no perderme….dígame que desafiaría a su propio instinto de muerte a fin de alcanzarme….dígamelo….dígame bellas palabras… Reclardo -Yo amaba besar sus párpados… Ella sigue forzando la cerradura. En un último giro se queda con la mitad de la llave en la mano. Cae al suelo vencida.

10

Reclardo -Devuélvale a mis manos la seda de sus cabellos.

FIN.

11

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful