Está en la página 1de 46

Aquiles Nazoa

Cuentos
La Ratoncita Presumida
Hace ya bastantes años, doscientos años tal vez, por escapar de los gatos y de las
trampas también, unos buenos ratoncitos se colaron en un tren y a los campos ratoncita
presumida1se marcharon para nunca más volver. Andando, andando y andando llegaron por
fin al pie de una montaña llamada la montaña Yo-no-sé, y entonces dijo el más grande: lo
que debemos hacer es abrir aquí una cueva y quedarnos de una vez porque como aquí no
hay gatos aquí viviremos bien.
Trabaja que te trabaja tras de roer y roer agujereando las cuevas se pasaron más de un
mes hasta que una hermosa cueva lograron por fin hacer con kioskos, jardín y gradas como
si fuera un chalet.
Había entre los ratones que allí nacieron después una ratica más linda que la rosa y el
clavel. Su nombre no era ratona como tal vez supondréis, pues la llamaban Hortensia que es
un nombre de mujer.
Y era tan linda, tan linda que parecía más bien una violeta pintada por un niño japonés:
parecía hecha de plata por el color de su piel y su colita una hebra de lana para tejer.
Pero era muy orgullosa y así ocurrió que una vez se le acercó un ratoncito que allí vivía
también y que alzándose en dos patas temblando como un papel le pidió a la ratoncita que
se casara con él.Raton2
¡Qué ratón tan parejero! dijo ella con altivez. Vaya a casarse con una que esté a su
mismo nivel, pues yo para novio aspiro, aquí donde usted me ve, a un personaje que sea
más importante que usted.
Y saliendo a la pradera le habló al Sol gritando:
- ¡Jeeey! usted que es tan importante porque del mundo es el rey, venga a casarse
conmigo pues yo soy digna de ser la esposa de un personaje de la importancia de usted.
- Más importante es la nube – dijo el Sol con sencillez- pues me tapa en el verano y en el
invierno también.
Y contestó la ratica:

- Pues que le vamos a hacer… Si es mejor que usted la nube con ella me casaré
Más la nube al escucharla, habló y le dijo a su vez:
- Más importante es el viento que al soplar me hace correr.
- Entonces – dijo la rata- entonces ya sé que hacer si el viento es más importante voy a
casarme con él.
Mas la voz ronca del viento se escuchó poco después diciéndole a la ratona:
- Ay Hortensia, ¿sabe usted?, mejor que yo es la montaña aquella que allí se ve- porque
detiene mi paso lo mismo que una pared.
- Si mejor es la montaña con ella me casare- contestó la ratoncita-, y a la montaña se fue.
Mas la montaña le dijo:
- ¿Yo importante? ¡Je, je,je! Mejores son los ratones los que viven a mis pies, aquellos
que entre mis rocas tras de roer y roer, construyeron la cuevita, de donde ha salido usted.
Entonces la ratoncita volvió a su casa otra vez y avergonzada y llorando buscó al
ratoncito aquel a quien un día despreciara por ser tan chiquito él.
- ¡¡¡¡¡¡ Aaaaaaaaaalfreditooooooooooooooooooooo !!!!!!; ¡Oh, perdóname, Alfredito –
gimió cayendo a sus pies-, por pequeño y por humilde un día te desprecié, pero ahora he
comprendido -y lo he comprendido bien- que en el mundo los pequeños son importantes
también.

La historia de un caballo que era bien bonito
Yo conocí un caballo que se alimentaba de jardines.
Todos estábamos muy contentos con esa costumbre del caballo; y el caballo también
porque como se alimentaba de jardines, cuando uno le miraba los ojos las cosas se veían de
todos los colores en los ojos del caballo.
Al caballo también le gustaba mirarlo a uno con sus ojos de colores, y lo mejor del
asunto es que con los ojos de ese caballo que comía jardines se veían todas las cosas que el
caballo veía, pero claro que más bonitas, porque se veían como si tuvieran siete años. Yo a
veces esperaba que el caballo estuviera viendo para donde estaba mi escuela. El entendía la
cosa y miraba para allá, y entonces mi hermana Elba y yo nos íbamos para la escuela a
través de los ojos del caballo.
¡Qué caballo tan agradable!
A nosotros cuando más nos gustaba verlos era aquellos domingos por la mañana que
estaban tocando la retreta y ese caballo de colores llegaba por ahí vistiéndose de alfombra
por todas partes que pasaba.
Yo creo que ese caballo era muy cariñoso. Ese caballo tenía cara de que le hubiera
gustado darle un paseíto a uno, pero quien se iba a montar en aquel pueblo en un caballo
como ese, pues a la gente de ahí le daba pena; ahí nadie tenía ropa aparente.
Como sería de bonito ese caballo que con ese caballo se alzó Miranda contra el gobierno
porque se inspiró en el tricolor de sus labios y en el rubio de sus ojos.
Ese caballo si se veía bonito cuando estaban tocando ahí esa retreta y el Señor Presidente
de la Sociedad de Jardineros lo traía para que se desayunara en la plaza pública.
Que caballo tan considerado. Ese caballo podía estar muy hambriento, pero cuando los
jardineros lo traían para que se comiera la plaza, él sabía que en el pueblo había mucha
gente necesitada de todo lo que allí le servían, y no se comía sino a los músicos.
Y los músicos encantados. Como el caballo estaba lleno de flores por dentro, ellos ahí se
sentían inspirados y se la pasaban tocando música dentro del caballo.
Bueno, y como el caballo se alimentaba de jardines y tenía todos los colores de las flores
que se comía, la gente que pasaba por ahí y lo veía esperando que los jardineros le echaran

su comida decían: míreme ese caballo tan bonito que está ahí espantándose las mariposas
con el rabo.
Como sería de bonito ese caballo que con ese caballo se alzó Miranda contra el gobierno
porque se inspiró en el tricolor de sus labios y en el rubio de sus ojos.
Y el caballo sabía que decían todo eso, y se quedaba ahí quietecito sin moverse para que
también dijeran que aquel caballo era demasiado bonito para vivir en un pueblo tan feo, y
unos doctores que pasaron lo que dijeron es que lo que parecía ese caballo es que estaba
pintado en el pueblo.
¡Así era de bonito ese caballo!
Todo el mundo era muy cariñoso con ese caballo tan bonito, y más las señoras y
señoritas del pueblo, que estaban muy contentas con aquel caballo que se alimentaba de
jardines. ¿No ve que como consecuencia de aquella alimentación lo que el caballo echaba
por el culito eran rosas?
Así, cuando las damas querían adornar su casa o poner un matrimonio, no tenían más
que salir al medio de la calle y recoger algunas de las magníficas rosas con que el caballo le
devolvía sus jardines al pueblo.
Una vez en ese pueblo se declaró la guerra mundial, y viendo un general el hermoso
caballo que comía jardines, se montó en él y se lo llevó para esa guerra mundial que había
ahí, diciéndole: mira caballo, déjate de jardines y de maricadas de esas y ponte al servicio
de tal y cual cosa, que yo voy a defender los principios y tal, y las instituciones y tal, y el
legado de yo no sé quién, y bueno, caballo, todas esas lavativas que tú sabes que uno
defiende.
Apenas llegaron ahí a la guerra mundial, otro general que defendía el patrimonio y otras
cosas así, le tiró un tiro al general que estaba de este lado de la alcabala, y al que mató fue
al caballo que se alimentaba de jardines, que cayó a tierra echando una gran cantidad de
pájaros por la herida porque el general lo había herido en el corazón.
La guerra por fin tuvo que terminarse porque si no hubiera quedado a quien venderle el
campo de batalla.
Después que terminó la guerra, en ese punto que cayó muerto el caballo que comía
jardines, la tierra se cubrió de flores.

cualquiera pude oír cosas por medio de una flor que se ha puesto en el pecho. sino como lo oyó fue con esa flor que tenía en el pecho. Hay cosas bonitas que son tristes también. dijo para ella misma: que joven tan delicado que se pone en el pecho esa flor tan bonita. y con la moneda de oro compro una cesta de flores y se las dio de comer al caballo que pinto en la carreta. ¿no ve que le mataron hasta el perro con eso de la defensa de los principios y tal?. . Cuando llegó al pueblo encontró a su paso una muchacha que al verlo con su flor en el pecho. le regaló a la muchacha aquella flor que le servía a uno para oír cosas: ¿quién con un regalo tan bueno no enamora inmediatamente a una muchacha? El día que se casaron. Lo que ella estaba diciendo dentro de ella con ese asunto. y ese fue el origen de un cuento que creo haber contado yo alguna vez y que empezaba: “Yo conocí un caballo que se alimentaba de jardines”. Eso no es gracia. como esa flor que se puso en el pecho ese joven que viene ahí. como el papá de ella era un señor muy rico porque tenía una venta de raspado. Ese debe ser una persona muy decente y a lo mejor es un poeta. le regaló como veinticinco tablas viejas. el hombre no lo escuchó con el oído. dos ruedas de carreta y una moneda de oro. El Niño que yo era. el hombre cogió una de su gusto y se la puso en el pecho. Con las veinticinco tablas el hombre de la flor se fabricó una carreta y a la carreta le pintó un caballo. le regaló a aquella bonita muchacha la única cosa que había tenido en su vida. y no había encontrado novia alguna porque era muy pobre y no tenía ninguna gracia.Una vez venía de regreso para su pueblo uno que no tenía nombre y estaba muy solo y había ido a recorrer mundo buscando novia porque se sentía bastante triste. Al ver ese reguero de flores que había ahí donde había muerto el caballo que comía jardines. Qué iba a hacer. La cuestión es que uno sea un hombre bueno y que reconozca que no hay mayores diferencias entre una flor colocada en el pecho de un hombre y la herida de que se muere inocentemente en el campo un pobre caballo.

Por entonces aprendí la vida secreta de Caracas. o sacar del horno las grandes paladas” de pan caliente” que caían en una gran cesta. fue más bien pensativa y serena y en muchos aspectos fue en la realidad tan hermosa como la revivo en la memoria. me iba para la Panadería de Solís. en cuyas aguas.Mi niñez fue pobre. los españoles ponían sus grandes banderas rojo y gualda en las ventanas. subíamos al tranvía de El Paraíso o del Central. si nos aburría la retreta matinal. En aquella escuela hice amistad inseparable con Héctor Poleo y su hermano Manuel Antonio. Por aquellos tiempos ingresé en la escuela de Misiá Rosa donde aprendí a leer. ciclista que amaba las excursiones dominicales al campo a las que yo siempre lo acompañaba. propicio para que mi abuelita contara en voz bajita sus largas historias y también oír viejas canciones de otras tierras. y allí me convertí en una especie de “mascota” de los panaderos. y embovedados atravesábamos casi toda la ciudad. Otras tardes al salir de la escuela. donde mis tíos panaderos trabajaron tantos años. con una voz casi susurrada. que ella contaba mientras pelaba sus papas. por debajo de cuyos puentes. sabía contar tan extraordinarias historias como la de su viaje de Tenerife a La Guaira en un barco de vela azotado por los furiosos vientos del Atlántico. pero nunca fue triste. Allí me pasaba largas horas viéndolos trabajar en el torno y la artesa. tomábamos helados en “La Francia” y. Otras veces los paseos eran por la ciudad. el día del cumpleaños del rey Alfonso XIII que era el del mío. Con ella tenía yo también a mi padre. de duraznos o de plantas de anís y de romero.. En la mañana nos íbamos a pie hasta la Plaza Bolívar o hasta el Mercado de San Jacinto. todavía era posible bañarse. en arriesgadas excursiones a lo largo de las quebradas de Caroata y Catuche. de moras. o nos íbamos para Sabana Grande que era mi paseo preferido porque el recorrido desde la Estación Central se hacía en un fantástico tranvía de dos pisos. Ella vivía con mis dos tíos que eran panaderos y debían dormir de día porque trabajaban de noche. y cuyas riberas estaban sembradas de hortalizas por los horticultores chinos a quienes robábamos los más picantes rábanos o aquellas lechugas tan esponjadas. de modo que la casa estaba siempre sumida en un silencio de siesta. Cuándo estuve más grande. yo contaba con la amistad entrañable de mi abuela que en su colorido castellano de isleña de El Hierro. descubriéndola en los meandros más misteriosos de su intimidad. que estaba al lado de una dulcería a la que al salir de la escuela nos metíamos a pedir recortes de dulces que los pasteleros nos regalaban generosamente. llenando el ambiente del más noble de todos los . Para poblarla de fantasía. En los tiempos en que yo tenía seis años había en Caracas muchos españoles. Algunos domingos nos íbamos a pie al Ávila y por la tarde volvíamos cargados de flores. pasé a la escuela del señor Pablo Meza. Con ellos y otros muchachos nos jubilábamos algunas veces hacia el Guaire. túneles. Mi padre entonces me llevaba a pasear y me decía que las casas estaban embanderadas porque era el día de mi cumpleaños. que era un temperamento sencillo y poético.

Fue aquella también una de las tardes más amargas de mi vida. estuve llorando hasta la noche. Yo vivía entonces frente a la estación del ferrocarril. Otro de los encantos de mi casa por aquellos tiempos fue la aparición de la radio en Caracas. Tendría yo entonces doce años. Yo ayudaba en pequeñas cosas y curioseando en el departamento de pastelería aprendí muchos secretos de ese oficio. pero a un nivel más alto que permitía ver los trenes por la parte de arriba. Aquel fue el año de la gran revuelta estudiantil. la falda corta. en una calle paralela a rieles.: había aterrizado en el Hipódromo. cuando después de azotarnos el propio jefe civil con un foete. Desde los tiempos. vagones de los que no tienen techo. ellas se ponían a llorar y el coro de muchachos se despedía de ellas cantando. Cuando el tren se iba. porque un policía siguiendo la más inveterada tradición de la policía de Caracas de todos los tiempos. todas las muchachas de nuestro barrio se reunían en la calle donde vivíamos. (Papá quedo pasmado de la sorpresa al encontrarme una tarde en el Correo hablando con unos turistas norteamericanos que me habían tomado como cicerone. Todavía tengo otros hermosos recuerdos. que entonces era una muchacha a la moda flapper de 1928.olores. Yo tengo una hermana. y con ella sin que en mi casa lo supieran. Me acuerdo por ejemplo de la brumosa tarde en que Lindbergh voló sobre Caracas y de cómo me arriesgué a llegar solo hasta El Paraíso para ver su aeroplano que. encerrado con otros siete niños en un cuarto lleno de cachivaches. Los estudiantes fueron apresados en masa. los enviaban en grandes cantidades hasta Valencia para a continuación remitirlos al castillo de Puerto Cabello. al sorprenderme trepándome a una de las rejas del Hipódromo para ver el aeroplano. Pronto me hice amigo de una popular dulcera negra de origen trinitario que ponía su canasto de dulces todos los días en 1a esquina de Sociedad. época del talle bajo. y el corte de pelo a la garconne. nos soltó a todos. Justina. y también me indigestaba frecuentemente. También me acuerdo de los sucesos de 1928. Recuerdo a mi hermana Justina tirándoles dulces y flores. Así era mi hermana y también gran bailadora de charleston en los bailes amenizados con pianola o con victrola. según se decía. y ellos desde abajo dedicándole los más sonoros besos volados. donde. Cuando el tren de los estudiantes se detenía en la estación de Palo Grande.). para desde esa altura agasajar a los estudiantes que se hacinaban en sus vagones. Mi padre se convirtió en un furioso radiófilo y fue una de los primeros caraqueños en oír la estación norteamericana de Schenectady (la primera que se estableció en el . me atrajeron los idiomas extranjeros. y en vagones destinados al ganado. aprendí mis primeras lecciones de inglés. en que mi abuelita y mis tíos vivían en una vasta casa de vecindad casi toda habitada por árabes. me arrestó y me llevó casi a rastras hasta la Jefatura de San Juan. socorrido también por un vendedor de tostadas que tenía su carro junto a las escalinatas de El Calvario. martiniqueños y trinitarios. mientras la máquina cambiaba.

no veía nada avispa por ir como iba. repentinamente. en un vaso de agua. ¿sabéis lo que hizo? ¡Se puso más brava! Se puso en los vidrios. como en una trampa. a dar cabezadas. Pero a nuestra avispa – nuestra avispa brava . nuestra avispa brava. ¡Un vaso pequeño. menor que una cuarta avispa ahogada donde hasta un mosquito. la brisa liviana. nadando se salva! Pero nuestra avispa. “Buen día” le dijo. desde la mañana como de costumbre. de flores estaba y mil pajaritos los aires cruzaban. bravísima andaba. atrajo a nuestra casa a mucha gente joven e interesante. con la furia sorda que la devoraba. El día era hermoso. sin ver en su furia. la abeja. y ella ni siquiera se volvió a mirarlas por ir abstraída. que la dominaba casi no veía. dentro de una casa.mundo) utilizando un radio de galena de su propia fabricación. se encontró metida. cubierta la tierra. Ciega como iba. Leyendas de Aquiles Nazoa La avispa ahogada La avispa aquel día. abiertas estaban. que dio de la rabia cayó nuestra avispa. que a corta distancia ventanas y puertas. y ella que de furia. le echó una roncada que a la pobre abeja. la avispa de rabia. en vez de ponerse. por toda respuesta. salir de la estancia. y como en la ira. “Adiós”. La pasión del radio y la generosidad de mi padre que a todo el que lo pidiera le enseñaba la sencilla técnica para confeccionar un receptor. torva. casi reventaba. serena y con calma a buscar por donde. con la que descubrí el mundo de los libros.nada le atraía. ensimismada. por donde volaba en una embestida. dejó anonadada. su hermana. al verse . le dijeron unas rosas blancas. más brava se puso. Echando mil pestes. llena de ideas nuevas y de conocimientos. comida de rabia. al verse encerrada.

creo en el amolador que vive de fabricar estrellas de oro con su rueda maravillosa. su capitán Lord Byron. creo en el llanto silencioso de Aquiles frente al mar. al cinto la espada de los arcángeles. terminó la avispa por morir ahogada. yo que en las horas de mi angustia vi al conjuro de la Pavana de Fauré. creo en las monedas de chocolate que atesoro secretamente debajo de la almohada de mi niñez. creo en el amor y en el arte como vías hacia el disfrute de la vida perdurable. creo en el perro de Ulises. Tal como la avispa. en un vaso de agua. poco a poco. Creador del Cielo y de la Tierra. que se hacen famosas. creo en la fábula de Orfeo. Todopoderoso. configurada en el recuerdo de Isadora Duncan abatiéndose como una purísima paloma herida bajo el cielo del mediterráneo. la muy insensata. que fue crucificado. el mundo está lleno. creo en Rainer María Rilken héroe de la lucha del hombre por la belleza. que infunden respeto. muerto y sepultado por el tiempo . El Credo Creo en Pablo Picasso. batiendo las alas se puso a echar pestes y a tirar picadas y a lanzar conjuros. por su mala cara. y a emitir mentadas. hijo de las violetas y de los ratones. pero emparamada. que sacrificó su vida por el acto de cortar una rosa para una mujer. creo en las flores que brotaron del cadáver adolescente de Ofelia. salir liberada y radiante de la dulce Eurídice del infierno de mi alma. junto a sus cienes un resplandor de estrellas. creo en la cualidad aérea del ser humano. creo en el sortilegio de la música. que cuenta esta fábula. en el loro de . fue quedando exhausta hasta que furiosa. y en vez de ocuparse. de personas bravas. y así. debido a sus rabias y al final se ahogan.mojada. creo en un barco esbelto y distintísimo que salió hace un siglo al encuentro de la aurora. en el gato risueño de Alicia en el país de las maravillas. creo en Charlie Chaplin. de ganar la orilla. pero que cada día resucita en el corazón de los hombres.

cuando yo muera. puesto que sé que alguien me ama. . la sorda cuando algún güelefrito dictamine.Robinson Crusoe. No te sientes al lado de mi cajón mortuorio usando a tus cuñadas como reclinatorio.. Amor. amada. Poemas Amor. amada. pero tampoco vayas a salir de indiscreta a curiosear el nombre que üene la tarjeta. no te le abras de brazos en actitud de ¡bésame! Hazte. Amor. creo en la poesía y en fin. amada. ni para prevenirlas compres gotas del Carmen.. amada. observándome. y por lo tanto. que he quedado igualito. se acerque a darte el pésame. el beralfiro el caballo de Rolando. y en las abejas que laboran en su colmena dentro del corazón de Martín Tinajero. y cuando alguien. Y hazte la que no oye ni comprende ni mira cuando alguno comente que parece mentira. creo en los ratoncitos que tiraron del coche de la Cenicienta. creo en la amistad como el invento más bello del hombre. formar la gran «llorona» cada vez que te anuncien que llegó una corona.. ni sufras «pataletas» que al vecindario alarmen. cuando yo muera no te vistas de viuda: Yo quiero ser un muerto como los de Neruda. creo en los poderes creadores del pueblo. ni llores sacudiéndote como quien estornuda. creo en mí mismo. cuando yo muera no te vistas de viuda. no te enlutes ni llores: ¡Eso es para los muertos esülo Julio Florez! No se te ocurra.

ni vayas a ponerte. . Miras cómo la vida se desliza. Y si el arriero airado Unos palos te atiza. Para más de un idiota Tu nombre constituye un serio agravio Y casi nadie nota Que pese a tal resabio. callado. ¡sepa al menos el mundo que fui un muerto distinto! Pequeño Canto al Burro: "¡Oh burro. a modo de susurro te dedique un pequeño Canto al Burro.No grites. permíteme ahora que me aburro buscando un tema en vano. Soportas en silencio tu paliza. noble hermano!. Tú no haces el ridículo: Si por buscarte pleito a alguien le da. no repitas sus modas: Que aunque en nieblas de olvido quede mi nombre extinto. no copies sus estilos. a divulgar detalles de mi vida privada. Más vale burro bueno que mal sabio. amada. Tú en lugar de un artículo Que nadie leerá Le sueltas dos patadas y ya está. que te lleve conmigo y que sin mí te quedas como en «Tomo y obligo». con la voz desgarrada. cuando yo muera no hagas lo que hacen todas. Amor. Feliz tú que.

cabizbajo. medio cojo. le pregunta el mozo ¿Qué me ofrecistes un beso bien sabroso si conseguìa un trabajo con buen sueldo? . se le queda mirando largo rato y al final le responde: "No me acueldo". ¡mil gracias. en una esquina hay un muchacho. la noche se ilumina con una luna de marfil y oro las ranas y los grillos forman coro el aire huele a tierra de pimpina. cuyo nombre ignoro hablando con su novia más que un loro la muchacha en cuestión. . soñoliento.. Yo desde aquí te miro. Y ahora. ¿Te acuerdas Trina?. Cansado.. esquiva como un gato. se llama Trina.y la joven. querido burro! Mi próximo poema Para ti. . Vas sin ningún enojo A buscar tu poquito de malojo. Al piè de una ventana. queridísimo burrito!" Trina Todo está en calma.. Y desde mi retiro Me digo en susurro: ¡Quién fuera como tú. será mucho más bonito: Por hoy.. por darme el tema Para el presente escrito. Mientras en pos de un tema a ti recurro.Ahí vuelves del trabajo.

Hombre.¡Por Dios. Por el arco del fondo se ve un patio con matas de granados..Andrés Eloy Blanco Cuentos El cristo de las violetas Un patio de la casa de los Bolívar en Caracas. Dos briseras para cirios le hacen guardia.. tus cuentos son más tristes que una urna..No. Es el aire que está triste. GABRIEL CAMACHO. DOÑA MARÍA ANTONIA CLEMENTE. un grabe tinajón pegado a una columna. qué silencio! ¡Por qué hemos quedado así? VALENTINA. A la izquierda una pared blanca. VALENTINA. Hijo mío. que enmarcan una copia del Cristo de Guacara. Es que todo está preparado para el quebranto. DON FERNANDO y GABRIEL. así permanecen durante varios segundos.Culpa de Gabriel. . en una rueda de sillas y mecedoras. A la izquierda se prolonga el corredor.. Al levantarse el telón todos están como en un silencio triste y pensativo. en la que se apoya una mesita agobiada de flores. los personajes aparecen en la tertulia. no tiene gracia eso de venir a contarnos cosas malas a estas horas. no es el cuento. pero hoy está lloviendo pena. hasta que se rompe el silencio: DOÑA MARÍA ANTONIA. La escena se desarrolla en la esquina de uno de los corredores. . Ese cuento lo refiero yo en cualquier otro día y pasa sin hacer daño.

. MARÍA ANTONIA.MARÍA ANTONIA. sino dormir... cansado de Santander. cansado ha debido quedar desde las canalladas de Valencia. Su larga carrera tormentosa es la de un río claro y bravo.. cansado de la incomprensión. CON FERNANDO (triste). VALENTINA. cansado de su propia superioridad.Pero no se cansa de soñar y de predicar.. Lo abrirá como una tormenta en su última lucha por la justicia.. don Fernando. Él está mejor. no. sí.. Las noticias que usted nos ha traído son para estar de fiesta. don Fernando.. debe estar cansado hasta de no cansarse nunca. DON FERNANDO.. sí. GABRIEL.Pero ya no le tendrán. cansado de Córdoba. pero no siempre cantan los pájaros... Cansado debía estar desde hace tiempo. no podemos pedir más por ahora. Hay momentos en que la melancolía viene sin llamarla.. en una carga. MARÍA ANTONIA. Ha repartido su caudal y ahora ha llegado al mar como a una mansa desembocadura.Tiene razón Gabriel. Ya no quiere vivir. VALENTINA. su tristeza es muy grande y muy rebelde y él morirá junto al mar y como el mar..¿Pena? Pena me da a mi don Fernando que viene aquí a pasar un buen rato y se ha quedado el pobre con una cara de enfermo..Estará cansado más que todo. Somos como los árboles.. todavía le quieren dar la presidencia.No.. esa presidencia que lo está matando. cansado de Lara.. Y allí se está en Santa Marta como un fondeadero. Mis noticias son buenas... No es culpa nuestra.. Está enfermo.debe estar cansado. mi hermano se morirá de pensar.. Su separación de la política es irrevocable..No volvamos a ponernos tristes. Mejor. Y quiera Nuestro Señor que no cambien. Cansado ha debido quedar en la noche del 25 de setiembre... Ya ves. y todavía dicen los traidores de aquí que lo necesitan. Es el cielo quien nos manda el ave que viene alegre y la que viene triste. mi hermano no descansará jamás mientras viva. . Y el Cristo de las Violetas lo salvará.. mamá. ese río no entrará suavemente en el mar.Cansado de todo... no más.Pero hoy es un día en que han llegado los pájaros cantando.. cansado ha debido quedar desde las traiciones de sus generales. DON FERNANDO.. que está mejor. está desilusionado.......Dios querrá que no cambien.... Mi hermano morirá como él quería morir. Me dice que desde que salió de Bogotá se preparó para juntarse con el mar. Yo lo conozco. DON FERNANDO. Sombra y fruto tenemos...

¿no se ha sabido nada de Avendaño? MARÍA ANTONIA. que probó la peor parte de la patria en el peor de los años!.. Como todo el pueblo huía. El Cristo está en Guacara.. Y ve usted.¡Pobre Luisita! Parece mentira que unos ojos tan hermosos no tengan luz. gallardo y un jinete estupendo.qué guapo hombre.¿te acuerdas.Ese. Y entonces nos dijo: "Pues para mí se llama Cristo de las Violetas. los pies y los labios como las violetas. aquello era un desastre. Es muy hermoso. cuando mi hermano salió para oriente. Y dígame. La pobre ciega que no podía admirarlo hacía que Valentina y Margarita se lo explicaran.DON FERNANDO. ¡Ay!. ¡Pobre patriota. DON FERNANDO. y cuando él me las confió las recibí con alegría... todo era confusión. Leyenda Palabreo de la Loca Luz Caraballo . Gabriel?. el capitán Avendaño marchó de los primeros. ¡ese año 14 fue un mal sueño! El Capitán Avendaño . Yo les había tomado ya cariño a esas dos niñas. Cuando fuimos a las minas le conocimos y nos gustó tanto que mandé hacer una copia. Lo trajo de Italia el señor Wallis. Y Luisa lo ha confirmado el Cristo de las Violetas.. doña María Antonia.. es una copia. Su padre. Verá usted: El Cristo tiene las manos. quien sabe dónde habrá caído de su caballo para no levantarse más. son como mis hijas... Y no me he arrepentido hasta hoy..¿Cuál es el Cristo de las Violetas? MARÍA ANTONIA.Nada." Y así se quedó.

diez. a sus hijos. con fríos cordilleranos. cuatro.. y entre golpes y traspiés. dos. La cumbre te circunscribe al solo aliento del nombre. Tu hija está en un serrallo. se te van poniendo feos los deditos de tus manos. siete. una hembra y cuatro machos. sin hijos y sin carneros. tres. más que todo de Mérida.. cinco.seis. nueve. Luz Caraballo. seis. los deditos de tus pies: uno. Una de las cosas que se dice es que dos de sus hijos fueron a verse con Simón Bolívar y partieron con él. con carneritos de enero. cinco años que no te escribe. dos hijos se te murieron. ocho. se te van poniendo viejos los deditos de tus pies...Andrés Eloy Blanco De La juanbimbada (1960) Los deditos de tus manos. bajada y brinco. farallón de los veranos. La loca Luz Caraballo según se cuenta fue una mujer enloquecida que protegía mucho a lo único que tenía. El hambre lleva en sus cachos algodón de tus corderos. dicen que han escuchado voces de ella gritando y buscando lo que nunca encontró. sobretodo en la parte de Chachopo a Apartaderos donde se ha escuchado sus gritos. tu ilusión cuenta sombreros mientras tú cuentas muchachos. con violeticas de mayo. Poemas de Andrés Eloy Blanco El Río de las Siete Estrellas . tres. con riscos y ajetreos. cinco. cuatro. subida. contandito los luceros: . lo que te queda del hombre que quién sabe dónde vive. Esta leyenda es de la región andina. diez años que no lo ves. y cuando pide tu ahínco frailejón para olvidarte. Anónimo venezolano De Chachopo a Apartadero caminas. siete. persiguiendo tus ovejos. a sus cinco hijos. dos. nueve. ocho. la angustia se te reparte: uno. «La Loca Luz Caraballo» dice el decreto del Juez. inviernos del ventisquero. los otros dos se te fueron detrás de un hombre a caballo. Luz Caraballo desde ese momento anda vagando por los caminos del páramo andino buscando a sus hijos. diez.

evaporada la tristeza. porque le dije. y dormían todo el día en el centro de la Tierra. que hacen un río de verdura entre el azul del Arauca y el azul del Meta. la Parábola del Orinoco. Entre los gamelotes nos echamos al suelo. Y fue así: La Parima era un volcán. en el día rojo de La Puerta. otro día llegó la piedad del Evangelio y del costado de Jesucristo. amigos. y el del Torno y el Infierno que al agua dulce junta un mal humor de piedras. pero era al mismo tiempo un refugio de estrellas. saltando de la proa de la carabela. casi se me murió de amores cuando le dije la Parábola del volcán y las siete estrellas. nevado del hielo mismo de la Muerte cayó el diamante de la cuarta estrella. al llegar la noche. recién nacida la Libertad. coronada de yerbas. Después. y del cielo de la raza en derrota cayó al volcán la primera estrella. como Palabra de carne que hiciera vivo el Poema. en mis brazos. cayó la segunda estrella. en la mañana del descubrimiento. y luego hablamos del Orinoco ancho. Quiero recordar un poco aquella hora inmortal entre mis horas buenas: Sobre la sabana los cocuyos eran más que en el cielo las estrellas. leyenda que se pierden entre los siglos como raíces en la tierra. al Orinoco de los saltos. pero estaba claro todo. al de la erizada cabellera que en la Fuente se alisa sus cabellos y en Maipures se despeina. el volcán vomitaba su brasero de estrellas y quedaban prendidos en el cielo los astros para llover de nuevo cuando el alba viniera. estábamos ceñidos y hablábamos y el beso y la palabra estaban empapados de promesas y un soplo de mastranto ponía en las narices ese amor primitivo del caballo y la yegua. Por las mañanas. cuando la antorcha de Angostura chisporroteó sobre la guerra. Y en la mañana de la Ley. no sé si eras mi alma que alumbraba a la noche o la noche que la alumbraba a ella. Por las tardes. Ella me contaba historias de su nación. la Hija de un Cacique Yaruro. y ella quedó colgada de mis labios. cristalina de martirio e impetuosa de Conquista. no había luna. los luceros del cielo se metían por su cráter. al Orinoco de las Selvas. . en su primera hora de caminar por desde los ojos de la República cayó al volcán la lágrima de la tercera estrella. Fue en el momento en que evocamos al Orinoco de las Fuentes. fue conmigo una noche. Más tarde. pero de pronto me cayó en los brazos y estaba urgente y mía. cuando le dije la Parábola del volcán y las siete estrellas. el de Caicara que abanica la tierra. coronados de yerbas y allí. por las tierras verdes. la Parábola del Volcán y las Siete Estrellas. en el Ocaso del primer balbuceo. mi Parábola. Y un día llegó el primer llanto del Indio. sobre el volcán cayó la quinta estrella.Una Pumé. despabilada de las luces mortales.

uno en el tritón y en la garza y en la dulce corbeta y el áspero crucero. Y allí fue una pugna de luz. Dios zahorí. en Carabobo. Dios tormentoso en la melena del león. Dios lacustre. saltó de sus abismos. Pero ese mismo día sobre la boca del volcán puso su mano la Tiniebla y el cráter enmudeció para siempre y las estrellas se quedaron en las entrañas de la Tierra. Dios Marinero. Dios de espuma en el crespo del corderillo. que tiendes a las manos de la Armonía el río de tu música. cayó en una cascada. Señor de la Casa de Cristal. una lucha de mundos. Profetisa de la Tiniebla. y en los costados de su tumba. Dios argonauta. largo. hacia el tibio remanso del Orinoco de agua beligerante brotado de tus sienes. se abrió paso en la erizada floresta. en el día de los días. horadaban poco a poco su cauce las siete estrellas. como una flauta. estrella de los Magos. cayó la sexta estrella. Señor del Agua.Y en la noche del Delirio. de aguas serenas. hacia los manantiales sonoros. y se explayó por fin. Dios del agua. Hasta que llegó una noche en que rotos los músculos del gran pecho de tierra. vuelo del ibis que cruza del mascarón de Argos al mastelero de la Santa María. voló de la propia cabeza del Hombre de cabeza estrellada como los cielos y en el volcán de la Parima cayó la última estrella. Dios del agua combatiente en el crinado Niágara y el sospechoso Dardanelo: Tiende la diestra. Dios del río de estrellas que de Oriente a Occidente cruza de noche el cielo. estancado en la pupila del tigre. río tendido de Volturno a Cristo. Dios infuso en el lago blanco de la nube alinderada de azul. torció hacia el Norte. donde nace el Río y la zurda. bramó en la convulsión de los saltos. salida de la voluntad inmanente de Vivir. desprendida de Casacoima. siguió el surco de las bajantes vírgenes. Y un día. Invocación al dios de las aguas Dios submarino. con la nariz tentada de una sed de llanuras. sudado de tus poros en el sábado de tu primer descanso! Casiquiare . donde desemboca -en un cristalino arco de Brahma-tiende el ánfora de las manos. que si no iban hacia el cielo se desbastaban con sus picos la trayectoria de las piedras. solemnizado de selvas. Viejo Comandante. Expresión de agua de tus mil expresiones. hacia el Oriente de los sueños el Orinoco de las Siete Estrellas. un universo en guerra. bajo el Sol de los soles. Dios fluvial.

que le da al que no pide el agua que le sobra y al que venga a pedirle. Casiquiare es la mano abierta del Orinoco y el Orinoco es el alma de Venezuela. Casiquiare es el símbolo de ese hombre de mi pueblo que lo fue dando todo.Ciudadano venezolano. el agua que le queda. y al quedarse sin nada desembocó en la Muerte. Rómulo gallego Cuentos El Paréntesis . grande como el Océano.

desde tiempo inmemorial. con la vetustez no remozada y la huella de almas que conservaban algunas viviendas que tenían historias piadosas. cabellos descoloridos como hoja de plata que no recibe sol. una infinidad de bártulos de sacristía dados de baja en el templo parroquial. sierva de San José. Haz lo que quieras. y hermana de leche de un diácono que estaba por ordenarse. por complacer a su hijo. amenazar. ojos bailoteantes. Di tú lo que debe hacerse. allí. Carmen Rosa hacía este oficio y lo hacía con una pulcritud devota. empezaba a suplicarle: -¡Hijo! ¡Por Dios! No te molestes así. temerosa de que la ira le hiciese daño. hija. Pero no hacía sino enfurecerse.Carmen Rosa: entre las orquídeas. Y luego a Carmen Rosa: -Ya lo estás viendo. En el extremo de uno de los corredores había un oratorio en donde se guardaba. si en trance de ello la pusieran. a raíz de una de una de estas escenas se presentó Clarita Estévez. invariablemente. . Vieja casa solariega de una familia cuya propiedad fuera tradicional. amedrentada con aquellas bravatas. uno de los "Pasos de la Semana Santa" acerca del cual corría entre el beaterío de la parroquia una leyenda milagrera. y allí poníase a recamar interminables vestiduras para las imágenes de la parroquia y casullas y dalmáticas para uso del párroco. ¡Y todo porquee te encuentras bordando esa casulla! Carmen Rosa. que hasta la salvación de su alma desistiera. su fe y el amor En la casa todo estaba en olor de santidad. gritar. compadecíanse muy bien esa atmósfera de sacristía que trasciende a incienso. Era ésta una mujeruca insignificante. que ya tenía por segura. Cierta vez. austero como una celda monjil. agudo mentón. Estaba plantada en el linde de la juventud más hacia el lado de la vejez y gastaba la vida terrenal en amontonar merecimientos para la de ultratumba. claro y lleno del silencio de aquella casa donde vivía con su madre y su hermano. tabernáculos desvencijados que mostraban la vil madera a través de la carroña del sobredorado antiguo. En el resto del día refugiábase en su dormitorio. de piel rosaducha y fina como la de un recién nacido. En las habitaciones que no ocupaban la familia campaban una porción de cachivaches sagrados: doseles raídos. A veces le daban ganas de romper violentamente con toda consideración. pues era proveedora del aceite de las lámparas del Santísimo. Todo esto enfurecía al hermano incrédulo. La madre. dientes cariados y espalda jibosa. abandonaba la labor sin responder palabra. esclava de la Virgen. a pezgua y a olor de viajeras y de óleos. y constantemente entraban en aquella casa sacristanes y monagos que iban por brasas para el incensario o por albas y sobrepellices que se lavaban en una especie de santificado lavadero y que luego se oreaban en una cuerda que tenía este privilegio. limpio. candelabros inútiles.

Clarita comenzó a farfullar su habitual andanada de palabras: -Chica..!! -Ya te digo: que no se te ocurra más venirr a contarme lo que pasa en la sacristía. Era la reacción inopinada y violenta de una voluntad apática que había sufrido varias presiones. -Y dejamos que el sacristán se robe el aceeite impúdicamente. se sorprendió de lo que había hecho. sorprendida más que ofendida. -Inpunemente querrás decir. pues nunca había visto enojada a Carmen Rosa. La beatuca. pero siempre femenil coquetería. Se roba el aceite de la Majestad. Sin embargo.. vengo a buscarte para que vayaamos a la iglesia y regañes al sacristán. y tenía condescendencias respetuosas para sus pecadillos. Pues que se llo robe. ¡Cómo me dices eso. aquel día Carmen Rosa no estaba para merecimientos y la recibió de mal humor. donde su mística. empezó a hacer visajes y a balbucir: -¡Chica!. sin protestar.. Clarita detuvo un momento sobre la amiga el absurdo bailoteo de sus ojos y salió ahogándose de ira. Ya me tienes hasta la coronilla. pero cargándose de rebeldía para dejarla escapar de un golpe. Al principio no se dio perfecta cuenta del hecho.. pero cierto era que había caído en el halago de aquello que había venido a convertir la confesión en un flirt raro y grato. Poco después el confesor había empezado la idea de coronar con una acción de mayor merecimiento ante los ojos de Dios la devota vida que . que se lo coja como te lo coges tú para alumbrar los santos de tu casa. llegando a veces hasta la adulación. se holgaba sobradamente. pero que soportaba la suya como una de esas cosas desagradables con que acostumbra el buen Dios probar a sus criaturas elegidas. queriendo así significar que no le profesaba amistad. Desde algún tiempo venía advirtiendo que su confesor redoblaba para con ella su celo de director espiritual. como si le reconociera una grandeza de alma que supliera por las pequeñas flaquezas...Representaba un papel ambiguo cerca de Carmen Rosa. ¿Yo?. Cuando Carmen Rosa se halló otra vez sola. aun a riesgo de envanecerla de su piedad.. Sin duda aquel estallido de cólera se venía preparando en su ánimo desde mucho tiempo. quien la llamaba su amiga de prueba. Carmen Rosa no pudo contenerse: -Pues no vengas nunca a buscarme para esass cosas.

. sólo era una grata ensoñación a la cual se entregaba en esos estados de abandono mental en las cuales la fantasía enreda los más caprichosos motivos. cuando una mañana. casi hercúleo y tenía un carácter franco. a raíz del disgusto que por causa de su hermano acababa de tener aquel impulso de rebeldía que la hizo ser injusta y brutal con Clarita? Era así la vida en aquella casa. Pablo Lagañez. temerosa del ceño que ponía su hermano. vigoroso. ¡Teresa de Jesús! Nunca se le había ocurrido que ella pudiese servir para aquello. Mientras más fantástico. Era un joven moreno.. La madre y hermano diéronse cuenta de la situación y le declararon una guerra abierta y sin tregua. vago anhelo. eel día menos pensado. . de improviso.. Ya me parece estar viéndolo: Cuando Sor María de la Luz. lograron más sino afirmarla en su terco y escondido empeño.. expansivo y bullicioso.? ¡Cuando Sor maría de la Luz. Cambió Carmen Rosa la conversación. como levadura en masa fácil de fermentar. cuando más. que a poco andar Carmen Rosa no tuvo vida sino para consumirla en la lumbre voraz de su deseo. empujándola a todo rincón de sombra y silencio. Seguramente escogería un nombre poético: ¡María de la Luz! -Pero ¿de dónde saca usted eso? -replicó CCarmen Rosa ruborizándose-. como idea cogida al vuelo y sin intención remota: -No extrañaría que Carmen Rosa la diera. Imagínese: fundadora de una orden nueva. ¿Quién sabe. un pariente lejano a quien la familia no conocía y que se había educado en el Norte desde niño. mejor.. pero allí estaba la idea aquella. Sería una extravagancia. Un día en la sobremesa -pues el Cura de la parroquia comía una vez a la semana en casa de la familia -dijo. entró la alegría. -A los grandes imaginativos no los seduce sino lo que se sale de lo ordinario. pero ya la idea insidiosa había encontrado asidero propicio en su espíritu.hacía en su casa....! Y era tan pertinaz la dulce violencia de esta obsesión. Muy lejos estaba todavía de ser un propósito definido. había llegado a Caracas por aquellos días. pero ni amenazas del uno. ni súplicas ni lloriqueos de la otra... Puesto que el padre lo decía. como de cosa imposible.... ¿De dónde salía ahora. Pero. por meterse a fundadora de una orden religiosa.. turbándole el sueño.

. cálidos aires y tibias sombras. que ella se sentía conmovida hasta lo más profundo de . ella encontró otras excelencias: Pablo Lagañez tenía un corazón sensible. experimentaba bienestar inefable. jugoso de ternura. silenciosa y sin pensamientos suyos. Ella en medio de los dos. el olor agreste y los campesinos rumores todo aquello. La había encontrado al pasar. era entonces nuevo y sabroso.. jugando en la plazoleta de la iglesia cercana. sólo cruzando por su mente las ideas que ellos expresaban. que fue veloz y certero hasta lo hondo del corazón aterido por los grandes hielos del divino amor. contemplado y sentido otras veces como recóndita invitación al arrobamiento místico. le dijo maliciosamente: -Es necesario. Pero eran los más dulces y turbadores momentos aquellos de la jornada. En el vagón del tren o del tranvía donde regresaban de la diaria excursión. ora en las tardes por las barriadas capitalinas. metiósele alma adentro. prima. de ternura varonil ¡tan subyugador!. aquellas jubilosas excursiones. desentumeciendo alborozos y ansias juveniles que se precipitaron ávidamente en aquel rayo cálido. un poco turbada por aquel violento cambio de vida. o entre días por los pueblecitos próximos. hondo y calmoso.Desde el primer momento Carmen Rosa experimentó viva simpatía hacia aquel joven que tanto elogiara su hermano. por aquella repentina sumersión en el mundo. Asimismo. pero dulcísima. con una mirada tan honda y luminosa y preguntábale luego: ¿Estás cansada? con un tono de protección ¡tan insinuante!. con una sonrisa tan afable. como una lumbrada de sol en rincón obscuro y frío. Una alegría fugaz. el caliente olor del paisaje y la lumbrada azul de los cielos. Adobábalo Pablo Lagañez con su charla amable y alegre y gustábalo ella con fruición golosa. que en este patio haaya pronto una criaturita tan mona como esta. el sol verdadero creó el blancucho color de su faz en los paseos que Pablo Lagañez inventó para ella en los claros días de mayo. fueron un brusco paréntesis de vida casera y una vacación espiritual deliciosa. Y sin cuidarse del rubor que hacía estallar en las mejías de Carmen Rosa. El intruso alegró la vida de Carmen Rosa. Por otra parte. precisamente cuando acariciaba la idea de renunciar a él para siempre. quedábase a menudo en silencio y entonces Pablo Lagañez la miraba largamente. donde su hermano hacía de Cicerone y que para ella eran tan inusitadas como para Pablo Lagañez. A veces su hermano y Pablo se engolfaban en una conversación seria sobre motivos de orden práctico o trascendental y a ella entonces le tocaba callar. Corrientes y frescas aguas. Una mañana llegó clamoroso. fatigados ellos del mucho hablar. rubia y linda como una muñeca. -¡Prima! ¡Prima! Mira lo que te traigo. cansada ella de la larga caminata. con una niñita en los brazos. Ora en las mañanas en los campos cercanos.

intempestivamente. Salgo para el Yuruary.su ser. adheridas a los troncos de los árboles o dentro de rústicas cestas que el mismo Pablo construyó en sabrosa y fraternal colaboración con la muchacha. de una vasta región cauchera. en grande. Era el primer dinero que le producía su profesión y esto le llenaba de desbordada alegría infantil. -Ah. Hay que buscar uno. y experimentaba un mimoso deseo de perpetuar aquellas puras caricias con que. Pocos días después el corral de Carmen Rosa estaba poblado de cepas de orquídeas que florecían profusamente.. Un día llegó diciendo: -Parientes. Compró muchas y encargó a las vendedoras que le llevasen cuantas tuvieran. Y como lo prometió lo cumplió. ya en la puerta: -¡Adiós! ¡Hacia el porvenir! ¡Hacia la vvida! . de una vida compartida entre los dos. como ingeniero de una compañía que se ha formado. Ya tenemos de que vivir -decííale elogiando la obra-. tan clamorosamente como llegara la primera vez. Un día. Ponemos una fábrica de cestos para matas y te aseguro que no nos moriremos de hambre. Esta chancera previsión de un porvenir común. así. Habló de su porvenir con optimismo entusiasta y luego salió. encendía fugaces sonrojos en las mejillas de Carmen Rosa y la llenaba el corazón de una dulce zozobra. ¿no tienes novio? Turbábase ella y respondía: -¿Quién va a enamorarse de mí? -¡Dianche! Cualquiera que tenga ojos y coorazón. A ti te está haciendo falta un novio. le preguntó: -¿No tienes orquídeas? Pues voy a buscárttelas. un alma fuerte y alegre iba sorbiéndose la de ella tan necesitada del rescoldo de amor. Pero Pablo Lagañez debía desaparecer como había aparecido: de pronto. Son preciosas: llenaremos el corral. gritando. vengo a despedirme de ustedes. tan deliciosamente. recorriendo el jardín del corral. Verás que bosque fantástico voy a formarte. prima. para emprender la explotación científica. A veces Pablo le preguntaba en un improntus de su humor expansivo: -Prima. Y soltábale una risotada clamorosa al verla sonrojarse.

la madre con el mentón en el hueco de la mano. Meses después recibían cartas de Pablo. cuando florecieron las orquídeas. Las últimas palabras del ingeniero habían dejado en sus oídos esa intranquilizadora sensación de súbito silencio. moviendo la cabeza: -¡No estaba de Dios!. pestañeando repetidas veces. por mayo. plegando y desplegando alforzas en la tela de su falda como un símbolo de aquel juego del destino con la vida. Carmen Rosa con los ojos bajos.Carmen Rosa y la madre. a propósito del novio que debía procurarse... Al año siguiente. Entre tanto. que habían ido a despedirlo hasta la puerta. volvieron maquinalmente en el recibimiento del corredor. en busca de campo más propicio a sus ambiciones. que recuperaron todo su corazón con una violencia desesperada. Permanecieron un rato sin hablarse. se nombró en la casa a Pablo Lagañez: luego murieron las flores y nadie volvió a nombrarlo. Al final de la carta dedicaba un largo párrafo a Carmen Rosa. Después no se supo nada de él.. a su rincón de bordar: la madre la siguió con las miradas y murmuró. Luego la hija se levantó de su asiento y se fue. a lo largo del corredor. La hora menguada I -¡Qué horror! ¡Qué horror! .. la voz insinuante volvía a decir: -Cuando Sor María de la Luz. recomendábale el cuidado de las orquídeas y recordándole lo que tanto le había dicho. ¿Sería el amor lo que había pasado? Carmen Rosa volvió a sus labores y a sus pensamientos piadosos. Dábales noticia del fracaso de su empresa y de su internación en el Brasil.

. pero no reflexionaba sobre ella. Amelia la oía sin protestar. llegando a un inquietante —206→ extremo de exageración cuando Amelia le confesó que era madre.. sus ojos. trémula de indignación y de despecho. y. Pero no se atrevió a expresar su verdadero sentimiento. que tanto lo deseara. Tenía el aire estúpido de un alelamiento doloroso. Nos instalaremos en el campo hasta que tu hijo haya nacido. ¡Ella. agregando: y para librarme yo de las burlas de la gente. Hay que tratar ahora de ver si se salva algo: siquiera el concepto de los demás.. Y será mío. que un leve estrabismo bañaba de languidez y dulzura.. No era natural que tú te desesperaras tanto por la muerte de Adolfo. Nos iremos de aquí. Lloró largo rato. que tuviese que amargar más aún. Yo mentiré y me prestaré a la comedia para salvarte a ti de la deshonra. encarnizados por el llanto y por el insomnio. -Ya me lo decía el corazón. ¡Y yo tan ciega.. Parecía abrumada por el horror de su culpa.. paseándose de un extremo a otro de la sala. de hermana traicionada? ¡Esto sólo le faltaba: tener de qué avergonzarse! Al cabo la violencia misma de sus sentimientos la rindió. arrancándole las más crueles confesiones a la hermana. impregnada todavía del dulce y pastoso aroma de nardos y azucenas del mortuorio reciente. luego más dueña de sí misma y aquietada por el saludable estrago de su tormenta interior. no había podido serlo durante su matrimonio! ¿No era el colmo de la crueldad del destino para con ella. el flaco impulso de una pequeña pasión. Porque en aquel rapto de heroica abnegación no podía faltar. con el despecho de su esterilidad su dolor y su ira de esposa ofendida. donde todo el mundo nos conoce y nos sacarían a la cara esta vergüenza. ni siquiera pensaba en el infortunio que había caído para siempre sobre su vida. para que fuese humana. seguían el ir y venir de la hermana con esa distraída persistencia del idiotismo. Si parecía que eras tú la viuda y no yo. tan cándida! ¿Cómo es posible que no me hubiera dado cuenta de lo que estaba pasando? ¡Traicionada por mi propia hermana. Atormentada por los celos.Clamaba Enriqueta. Enriqueta escarbaba con implacable saña en aquella herida que era dolor de ambas. desesperadamente. le dijo a la hermana con una súbita resolución: -Bien. quien las iba haciendo dócilmente con la sencillez de un niño.. en mi propia casa!. con las manos sobre las sienes consumidas por el sufrimiento.

. Decía Enriqueta. cada cual encerrada en su habitación. Amelia de continuo en acecho de las extremosas ternuras de la hermana para superarlas con las suyas. Será tuyo. con el corazón torturado por el anhelo maternal que se desesperaba ante la evidencia de su mentira.Amelia la oyó con sorpresa y se le llenaron de lágrimas los ojos que parecían haber olvidado el llanto: su instinto maternal midió un instante la enormidad del sacrificio que se le exigía. y cuando se sentaban en la mesa o. Era un pugilato de dos almas atormentadas por el secreto. Y a medida que el niño crecía aumentaba el conflicto sentimental que cada una llevaba dentro del alma. . para no tener que sufrir la presencia de la otra. II Confundiéndolas en un mismo amor creció Gustavo Adolfo al lado de aquellas dos mujeres que se veían y se deseaban para colmarlo de ternuras. A veces un simultáneo impulso de ternura reunía sobre la infantil cabecita las manos de ellas que se encontraban y tropezaban en una misma caricia. Celábanse y espiábanse mutuamente: Enriqueta siempre temerosa de que Amelia descubriese algún día la verdad al niño. Respondió resignada: -Bueno. por las noches. comiéndoselo a besos. dejaban escapar gruñidos que unas veces provocaban la hilaridad y otras la extrañeza del niño. -¡Mi hijo! ¡Mi hijito!. sufriendo la pena de Tántalo por no poder satisfacer su orgullo materno ostentando la verdad de su amor. Por momentos esta perenne tensión de sus ánimos se resolvía en crisis de odio recíproco. Acontecía les muy a menudo pasar días enteros sin dirigirse palabra. para adueñarse plenamente de la del niño que era de ambas y a ninguna pertenecía. se reunían en la sala en torno al niño que charlaba copiosamente hasta caer rendido de sueño sobre el sofá. Como tú digas. una y otra lanzaban se feroces reojos a hurtadillas de la criatura que hacía las veces de intérprete entre ambas. -¡Muchacho! ¡Muchachito! Exclamaba Amelia.. bruscamente las retiraban a tiempo que sus bocas contraídas por duros gestos de encono. Enriqueta.

que él no podía precisar cuál fuese. como el agua de los fondos. Eran momentos de honda vida interior que a veces no llegaba a sus conciencias bajo la forma de un pensamiento. En veces fue tan lúcida esta visión inmaterial que llegó a adquirir la convicción de que toda su vida estaba sostenida sobre un misterio familiar. con el oído contra la puerta. su vida discurría al arrimo de las extremadas ternuras de aquellas dos mujeres que eran para él una sola madre y en cuyas almas el fuego del sacrificio parecía haber consumido totalmente las escorias del recelo egoísta y del amor codicioso. dándoles la momentánea intuición de algo inefable que atravesara sus existencias revelando cuanto de divino duerme en la entraña de la grosera substancia humana. estaba seguro de haber tenido en él inequívocas revelaciones. y por mi culpa. instantes de una intensa felicidad sin nombre que les levantaba las almas en una suspensión de arrobamientos. y reconociéndose mutuamente buenas y sintiéndose confortadas por el sacrificio. III Así transcurrió el tiempo y Gustavo Adolfo llegó a hombre. porque siempre que aquello aconteció.Pero la misma fuerza de la abnegación con que sobrellevaban la enojosa situación no tardaba en derramar su benéfico influjo sobre aquellos espíritus exasperados por el — 208→ amor y roídos por el secreto. Sobrecogido de este sentimiento. Bastaba que un donaire del niño sacase a las bocas endurecidas por la pasión rencorosa. ponía el pie en su casa. que no se ocupaba de analizar.. allá en su niñez. a pesar de que. hasta que se les humedecían los ojos. Eran sus horas de santidad. una brusca eclosión de subconciencia le llenó el espíritu de un sentimiento inusitado y extraño: era como una expectativa de algo que hubiese pasado ya por su vida y que. Pero un día -él nunca pudo decir cuando ni por qué-. para decirse: -¡Lo qué debes sufrir tú! -Tú eres quien más sufre. Gustavo Adolfo se quedó súbitamente serio. viéndolas a las caras transfiguradas. la ternura de una sonrisa.. Y eran entonces los ojos del niño los que parecía que acertasen a ver mejor estos relámpagos del ángel en las miradas de ellas. de un momento a otro hubiera de volver. cada vez que entraba en su casa deteníase en el zaguán. Mansa y calmosa. mirábanse entonces largamente. pero que estaba allí. De allí en adelante aconteciole sentir esto muy a menudo. con un aire inexpresable. convencido de que algún día terminaría por oír la palabra que descorriese el velo de su inquietante misterio. sobre todo cuando viniendo de la calle. olvidaban sus mutuos recelos. en aquellos momentos. . espiando el silencio interior.

porque Gustavo Adolfo no te hubiera perdonado el que lo hayas hecho hijo de una culpa. Me debes la mayor alegría de una mujer: oír que la llamen madre. IV Han pasado años y años.Y la escuchó por fin. y así terminó para ellas. y pasaban largos ratos bajo las puertas de sus dormitorios que daban al patio en una espera anhelosa.. Me traicionaste. martirizándose con el inútil pensamiento: -¿Por qué se me ocurrió decir aquello? -¡Dios mío! ¿Por qué no me quitaste el habla? . de una vez por todas.. Mala mujer.... Lo esperaron en vano. Gustavo Adolfo las ha abandonado. ¿qué más quieres? Te he dado lo que tú no supiste tener... Se revolvió del zaguán donde oyó la vergonzosa revelación de su misterio y no volvió más a la casa..... Y te la he dado a costa mía.. Así comenzó aquella disputa vulgar y estúpida en la cual se fueron enardeciendo hasta concluir sacándose a las caras las mutuas vergüenzas.. abierto el portón durante las noches.. dos existencias de heroica abnegación frustradas de pronto porque a una se le cayó una copa de las manos y la otra profirió una palabra dura. ¿qué sería de ti? Ni tu hijo te querría... Están viejas y solas.. aderezado el puesto en la mesa.. la felicidad que disfrutaban en torno al hijo común.. -¡Estéril!. Todavía lo aguardaban. me quitaste el amor de mi marido.. -¡Traidora!. -Pero te di mi hijo.. A tiempo que él entraba en el zaguán oyó la voz airada de Enriqueta diciéndole a Amelia: -Y si no hubiera sido por mí. luego se metían de nuevo a sus habitaciones a llorar... Ahora las atormentaba la soledad... El ruido de un coche que se detuviera cerca de la casa les hacía saltar los corazones.. esperaban conteniendo el aliento... aguzados los oídos hacia el silencio del zaguán.. ¡Ni una noticia de él! Tal vez había muerto. el silencio de días enteros. que experimentaban cuando medían el sacrificio que cada una había hecho y se encontraban buenas... ¡La vida rota! Destrozada en un momento de violencia por un motivo baladí: años de sacrificio.. y la santa complacencia de sí mismas..

poblados de siniestros rumores de crótalos. en la oscuridad de las noches llenas de consejas pavorizantes y cuya negrura duplicaban los altos y coposos guamos de los cafetales.. Tocaba con sentimiento. Por otra parte el Pataruco era un hombre completo y en donde él tocase no había temor de que a ningún maluco de la región se le antojase «acabar el joropo» cortándole las cuerdas al arpa. otros escépticos y pesimistas. pues con un araguaney en las manos el indio era una notabilidad y había que ver cómo bregaba. vibrando en el espasmo musical de la cola. cuando en la época de la cosecha del café llegaban las bullangueras romerías de las escogedoras y las noches de la Fila comenzaban a alegrarse con el son de las guitarras y con el rumor de las «parrandas». ese canto lleno de melancolía de la música vernácula. silbidos de macaureles y gañidos espeluznantes de váquiros sedientos que en la época de las quemazones bajaban de las montañas de Capaya. echando el rostro hacia atrás. y atravesaban las haciendas de la Fila. pues era fama que los joropos de Pataruco. le calentaban la sangre al más apático. trajinando por las cuestas repechosas de la Fila. Para explicar el milagro salía a relucir en las bocas de algunos la manoseada patraña de la legendaria botijuela colmada de onzas enterradas por «los españoles». que turbaban a las mujeres. retorciéndose en la jubilosa embriaguez del escobillao del golpe aragüeño. como para sorberse toda la quejumbrosa lujuria del pasaje. bailados de la «madrugá p'abajo». Pataruco Pataruco era el mejor arpista de la Fila de Mariches.-¡Y todo por una copa rota! ¡Quién pudiera recoger las palabras que no debió pronunciar! -¡La hora menguada!. en manadas bravías en busca del agua escasa. compenetrado en el alma del aire que arrancaba a las cuerdas grasientas sus dedos virtuosos. huyendo del fuego que invadiera sus laderas.. a cuyos acordes los bailadores jadeantes lanzaban gritos lascivos. con los ojos en blanco. hablaban de chivaterías del Pataruco con una viuda rica que le nombró su mayordomo y a quien . a la vuelta de no muchos años. Pero no había de llegar a viejo con el arpa al hombro. ni nadie darle tan sabrosa cadencia al canto de un pasaje. convirtiéronle. Nadie como él sabía puntear un joropo. al Pataruco no le alcanzaba el tiempo para tocar los joropos que «le salían» en los ranchos esparcidos en las haciendas del contorno. Por estas razones. sobre todo cuando éste estaba medio «templao». en el hacendado más rico de Mariches. Azares propicios de la suerte o habilidades o virtudes del hombre.

refinado y nutrido de ideas. otros por fin. mezcladas y fundidas con extravagancias de pésimo gusto que. la señora se propuso entonces cultivársela y para ello le buscó buenos maestros de piano. de los cuales a la postre y bien pronto. cuando ya Pedro. el día menos pensado. sólo queda la arboladura lamentable de los fracasos tempranos. lo cierto era que el indio le había echado para siempre «la colcha al arpa» y vivía en Caracas en casa grande. un tanto revelador de la mezcla de sangre que había en él. el puesto vacío que había dejado su padre. por esto o por aquello. con un arpa en las manos punteando un joropo. Pero salieron frustradas las esperanzas: la música de Pedro Carlos era un conglomerado de reminiscencias de los grandes maestros. Creyó haberlo logrado en unos motivos que compusiera y que diera a conocer en un concierto en cuya expectativa las esperanzas de los que estaban ávidos de una manifestación de arte de tal género. lleno de luz gloriosa. Pero. una conveniente educación musical. Pedro Carlos. aunque lo veía bien encaminado y con el gusto depurado en el contacto con lo que ella llamaba la «música fina». Uno de sus hijos. atribuían el caso a la laboriosidad del arpista. en cambio encontró acogida entusiasta y generosa entre sus compatriotas. cuajaron en prematuros elogios del gran talento musical del compatriota. Estaba seguro de que iba a crear la música nacional. la vida impulsiva y dolorosa de la raza que se consume en momentáneos incendios de pasiones violentas y pintorescas.despojara de su hacienda. heredó la vocación por la música. casado con una mujer blanca y fina de la cual tuvo numerosos hijos en cuyos pies no aparecían los formidables juanetes que a él le valieron el sobrenombre de Pataruco. Más tarde. Temerosa de que el muchacho fuera a salirle arpista. la madre procuró extirparle la afición. De este modo el hijo de Pataruco obtuvo en los grandes centros civilizados del mundo un barniz de cultura que corría pareja con la acción suavizadora y blanqueante del clima sobre el cutis. obtuvo del marido que lo enviase a Europa a perfeccionar sus estudios. Traía en la cabeza un hervidero de grandes propósitos: soñaba con traducir en grandiosas y nuevas armonías la agreste majestad del paisaje vernáculo. . y en los centros artísticos que frecuentó con éxito relativo. Carlos era un hombrecito. como efímeros castillos de fuegos artificiales. Así. y eran los menos. por fortuna. tornó a la Patria al cabo de algunos años y si en el hogar halló. pero como el chico la tenía en la sangre y no es cosa hacedera torcer o frustrar las leyes implacables de la naturaleza. no se le quitaba del ánimo maternal y supersticioso el temor de verlo. porque. pretendiendo dar la nota típica del colorido local sólo daban la impresión de una mascarada de negros disfrazados de príncipes blondos. que de peón de trilla había ascendido virtuosamente hasta la condición de propietario.

Poco tiempo después nadie se acordaba de que en él había habido un músico. Sobre su cabeza. desde la más humilde hasta las más poderosas. le parecía que todo aquello había sucedido en otra persona. que estaba dentro de la suya emponzoñándole la vida. paseábase bajo los árboles que rodeaban la casa. a donde había ido a instancias de su madre. penetró más hondo en su corazón. conocida por el músico. muerta hacía tiempo. hasta las raíces mismas del ser. se le ven las plumas de las patas. porque tampoco había que esperar de ésta nada que fuese digno de perdurar en el arte. por mucho que se las tape. Una noche en su hacienda de la Fila de Mariches. Pero no cayó en el lugar común de considerarse incomprendido y perseguido por sus coterráneos. más allá de las copas oscuras de los guamos y de los bucares que abrigaban el cafetal. algún zazonado fruto imprevisto? . Y la especie. para dar a su tiempo. El pesimismo que le dejara el fracaso. Allí estaba la razón: estaba hecho de una tosca substancia humana que jamás cristalizaría en la forma delicada y noble del arte.Alguien condensó en un sarcasmo brutal. hasta que la obra de los siglos no depurase el grosero barro originario. Las emociones artísticas habían olvidado los senderos de su alma y al recordar sus pasados entusiasmos por la belleza. reflexionando sobre la tragedia muda y terrible que escarbaba en su corazón. le fulminó el entusiasmo que trajera de Europa. Abandonó la música de la cual no toleraba ni que se hablase en su presencia. Y buscando las causas de su incapacidad husmeó el rastro de la sangre paterna. la decepción sufrida por el público entendido: -Le sale el pataruco. a vigilar las faenas de la cogida del café. la noche constelada se extendía llena de silencio y de serenidad. Abajo alentaba la vida incansable en el rumor monorrítmico de la fronda. Se convenció de que en realidad era un músico mediocre. Y el músico pensó en aquella oscura semilla de su raza que estaba en él pudriéndose en un hervidero de anhelos imposibles. como una lepra implacable y tenaz. en el impasible reposo de la tierra. preñado de formidables actividades que recorren su círculo de infinitos a través de todas las formas. netamente criollo. más allá de las lomas cubiertas de suaves pajonales que coronaban la serranía. completamente incapacitado para la creación artística. sordo en medio de una naturaleza muda. en el perenne trabajo de la savia que ignora su propia finalidad sin darse cuenta de lo que corre para componer y sustentar la maravillosa arquitectura del árbol o para retribuir con la dulzura del fruto el melodioso regalo del pájaro. ¿Estaría acaso germinando.

Chicheaban las maracas acompañando el canto dormilón del arpa. envueltos en la polvareda que levantaba el frenético escobilleo del golpe. lanzaron los bailadores en el frenesí del joropo. los peones de la hacienda giraban ebrios de aguardiente. ahora era una música extraña. Cuento . rudos. de música y de lujuria. sucedían de pronto gritos bestiales acompañados de risotadas. ya oía la voz de la tierra. Pidió al arpista que le cediera el instrumento y comenzó a puntearlo. Pedro Carlos sintió la voz de la sangre. detúvose en la puerta a contemplar el espectáculo. hacia el sitio donde resonaban las voces festivas: sentía como si algo más poderoso que su voluntad lo empujara hacia un término imprevisto. cerro abajo. pero propia. como su padre. saturados de dolorosa desesperación que era un grañido de macho en celo o un grito de animal herido. como si toda su vida no hubiera hecho otra cosa. Poco después camino de su casa. primitivos. A la luz mortal de los humosos candiles. la inmisericorde verdad de la naturaleza que burla y vence los artificios y las equivocaciones del hombre: él no era sino un arpista. que tenía del paisaje la llameante desolación y de la raza la rabiosa nostalgia del africano que vino en el barco negrero y la melancólica tristeza del indio que vio caer su tierra bajo el imperio del invasor. aquella era su verdad. Y a un mismo tiempo. y la voz del alma propias. nunca oída. llena el alma de música. En pos de él camina en silencio un peón de la hacienda. entre ratos levantábase la voz destemplada del «cantador» para incrustar un «corrido» dedicado a alguno de los bailadores y a momentos de un silencio lleno de jadeos lúbricos. como antes...Prestó el oído a los rumores de la noche. como los de antes. De pronto uno dio un grito: había reconocido en la rara música. Pero los sones que salían ahora de las cuerdas pringosas no eran. sin darse cuenta de por qué lo hacían. Al fin dijo: -Don Pedro. Pedro Carlos iba jubiloso. Echó a andar. como el Pataruco. Se había encontrado a sí mismo. los bailadores se detuvieron a un mismo tiempo y se quedaron viendo con extrañeza al inusitado arpista. Y era aquello tan imprevisto que. Llegado al rancho del joropo. ¿cómo se llama ese joropo que usté ha tocao? -Pataruco. el aire de la tierra. De los campos venían ecos de una parranda lejana: entre ratos el viento traía el son quejumbroso de las guitarras de los escogedores. auténtica.

” había acabado por ponerse tan pretencioso que perdió por completo el sentido de su importancia real –y esto al punto de que cuando lo quitaban un instante de su sitio para pesar las cartas le daban verdaderos ataques de rabia y gritaba que nadie tenía derecho a molestarlo. Cuento fantástico de Teresa de la Parra Esta era una vez un gnomo sumamente listo e ingenioso: todo él de alambre. una lámpara. Después de saber Dios qué viajes y aventuras extraordinarias había llegado a obtener uno de los más altos puestos a que pueda aspirar un gnomo de cuero. pero por nada en el mundo hubiera confesado que allá en su país había modestamente formado parte de una compañía de menestrales o cantores ambulantes: semejante detalle no tenía por qué interesar a nadie. El cascaron de nuez es mi barco para cuando yo quiera regresar a Irlanda. un cascaron de nuez. paño y piel de guante. Pero a fuerza de escuchar al poeta. que haría duplicar la tarifa y demás maldades delirantes. -Sí. Pasaba pues los días. que él estaba en su casa.decíales desde arriba-. el reloj está ahí para indicar la hora en que me dignaré dormir. un centímetro.. sentado en el pesacartas como un príncipe merovingio en su pavés. el ramo de flores es . Miren qué gracioso es… ¡Es él quien dirige el va y vende billetes y cartas!. Desde allá arriba contemplaba con desdén todo el mundo diminuto del escritorio: un reloj de oro. cosa que le prestaba un aire bizco sumamente extravagante. Era el genio de un pesacartas sobre el escritorio de un poeta. Entiéndase por ello que instalado en la plataforma de la maquina brillante se balanceaba el día entero sonriendo con malicia.. miraban obstinadamente hacia la derecha. yo soy el genio del pesacartas y todos ustedes son mis humildes súbditos.Teresa de la Parra El Genio del Pesacartas. tierra clásica de hadas. Las manos enguantadas con gamuza color crema no dejaban de prestarle cierta elegancia británica. alineados muy respetuosamente alrededor del sello de cristal. desmedida quizás por el sombrero que era de pimiento. En cuanto a los ojos. que no le pasen el plumero. Con un pedazo de alambre de sombrero se hizo un par de brazos y un par de piernas. particularidad misteriosa. Su cuerpo recordaba una papa. su cabeza una fruta blanca y sus pies a dos cucharitas. En los tiempos había sin duda comprendido el honor que se le hacía al darle aquel puesto de confianza. un ramo de flores. Lo envanecía mucho su origen irlandés. que decía a cada rato: “¡cuidado! Que nadie lo toque. un tintero. su dueño. un grupo de barras de lacre de vivos colores. sílfides y pigmeos.

Entonces el poeta. -Eres un gran mal educado –protestaba el tintero--. yo en una compañía de menestreles… ¿Están locos? ¡Largo de aquí pedazos de vagabundos! . hemos hecho el viaje. está ahí no cabe duda. les prohíbo que me tuteen y en segundo término. --Sí. Cuando su dueño se sentaba al escritorio.parece que has corrido con mucha suerte desde el día en que te fuiste de nuestra compañía ambulante. El diminuto personaje respiraba el perfume con alegría y se estremecía de tal modo que la balanza marcaba quince gramos en lugar de diez que era su peso normal. la lámpara me alumbra si deseo velar. Y su rostro en efecto aparecía en el fondo del brocal de cobre negro y brillante como el de un diablillo burlón. yo. el gnomo tomaba un aire hipócrita y sonreía como diciendo: “Todo marcha bien. la ponía a arder. Si me inclino sobre ti. quieras que no. –No sé todavía qué haré con los lacres-. tendrás que reflejar mi imagen. nunca he sentido igual placer”. -¿Qué es esto? ¿Qué ocurre? –preguntó el gnomo frotándose los ojos con un paño furibundo. miraba al genio con complacencia y colocando una barrita de incienso verde en el pebetero. Una noche en que dormía profundamente lo despertó una música muy suave. puesto que era el único que le aprovechaba. ¡no los conozco! ¡Vaya broma!. Eres hoy un gran personaje… y ya ves. Y diciendo así comenzaba a escupir dentro del tintero con una desvergüenza sin nombre. yo estoy aquí”.. Si pudiera subir hasta allá te haría una buena mancha en la mejilla y te escribiría en las espaldas con letras muy grandes “Gnomo malvado”. el otro lo acompañaba tarareando con las dos manos sobre el corazón como quien dice: “que divina música.mi jardín. para cuando yo quiera divertirme echando redondeles de saliva. Eran dos pobres menestreles vestidos más o menos como él y del mismo tamaño que venían a traerle serenata: uno tocaba la guitarra cantando con expresión apasionada. En cuanto al tintero. que era de natural bondadoso y que se engañaba fácilmente. Estamos muy cansados… En primer lugar. por lo cual deducía que el incienso era el único alimento digno de él. pero como eres más pesado que el plomo con tu agua asquerosa de cloaca no puedes hacerme nada. puedes escribir lindísimas páginas. El humo subía en fina volutas hacia el gnomo y le cubría la cabeza con su dulce caricia azulada. ¿Quién se permite tocar y cantar de noche aquí en mi mesa? -Somos nosotros –contestó el guitarrista con mucha dulzura. el centímetro es para anotar los progresos de mi crecimiento (mido ciento setenta milímetros desde que me vino la idea de usar calzados medievales).

Y desmontando la guitarra sacó un rollo de papel bromuro que extendió. comprendió lo ocurrido y sintió repugnancia por la ingratitud del gnomo. -Pero Monseñor –respondió el guitarrista. aquí tengo la fotografía que nos sacó un aficionado la víspera del día que usted se escapó. Al día siguiente cuando el poeta vio el desastre. poniéndose de pies sobre el platillo-. . -No me gusta la música. Soy el genio del pesacartas y nada tengo que con mendigos como ustedes. soltando una horrible interjección. Se veían en efecto tres menestreles de cuero y alambre: el de la derecha era en efecto el genio del pesacartas. los dos menestreles quisieron libertar al amigo de otros tiempos. los veo venir: harían correr ciertos ruidos perjudiciales a mi buen nombre. tan solo el que nos permita vivir aquí en su hermosa propiedad. -Es mi última palabra –Concluyó el genio del pesacartas. le faltó el pie y rodó. bizqueando para que la gente se riera. no sabiendo qué hacer con él y no queriendo tirarlo a la basura. lo metió en el fondo de una gaveta. que tenía muchas cuentas que cobrar. Tiene usted siempre la misma mirada. a quien invadía una profunda tristeza-. Si no pedimos gran cosa. y teníamos grandes éxitos… yo me ponía en el medio. dejo caer su tapa con estrépito y los menestreles no pudieron ni moverla. hasta ir a dar al fondo del tintero que se lo tragó. Sin dar oídos a otros sentimientos que no fueran los del valor y la generosidad. No me gustan las burlas. Piense que hemos gastado en el viaje todas nuestras economías. Y como los desgraciados músicos permanecieron aun indecisos y desesperados: -¿Quieren ustedes marcharse enseguida –bramó. Después de haberlo extraído del pozo negro y después de haber tratado en vano de limpiarlo.-Pero. -¿Es su última palabra? –preguntaron los menestreles rendidos bajos tanta ingratitud. de veras ¿no nos conoce usted Monseñor? –insistió el músico decepcionado-. -¡Ah! Esto ya es demasiado –grito exasperado -. Pero por desgracia el tintero. -No lo molestaremos para nada. mi compañero a la derecha y usted a la izquierda. Éramos tres acuérdese. Tocaremos lindas romanzas. Tome. Además. Arréglenselas como puedan. -Lo que me tiene sin cuidado. o llamo a la policía? Pero en su exaltación se resbaló. muchas gracias. yo no los conozco. mi situación es muy envidiada… Conozco cierto tintero que se sentiría encantado si pudiera salpicarme con sus calumnias.

Parecen dos pájaros de colores en un bosque virgen y allí cantan el día entero de un modo encantador. esta primavera tibia e insinuante reanima mi recuerdo. En cuanto al rayo de sol quien. Y me habló así: -Sí. La pantalla parecía servirle de parasol. El buen tiempo en delirio. pienso en el pasado. Tomó cierto tiempo. mi muñeco de fieltro que se balanceaba sentado frente a mí. el gnomo de cuero no ha perdido su orgullo. contrastaba irónicamente con un pobre trabajo de escribanillo que tenía yo entre manos aquel día. querido Jimmy? -le pregunté-. Pero hoy especialmente. ¿En qué piensas? -En el pasado -me respondió simplemente sin mirarme y volvió a sumirse en su contemplación. Dio media vuelta a las dos arandelas de fieltro blanco que rodean sus pupilas negras y que son el alma de su expresión. una concha de tortuga y un rollo de viejas facturas. La señorita grano de polvo Teresa de la Parra Era una mañana a fines del mes de abril. Pero un día. Pienso siempre en el pasado. -¿Qué tienes. -Cuando yo reinaba en el pesacartas. el poeta los ha colocado sobre un gran ramo de follaje. la alfombra que transfigura. No me veía y su mirada. ¡Ah! Siento que necesitarás suplir con tu complacencia la pobreza de mis palabras! . Pero por otro lado.. clava a tus pies. Y como temiese haberme herido por la brusquedad de la respuesta: -No tengo motivos para esconderte nada. este rayo de sol se parece tanto a aquel otro en el cual encontré por primera vez a.En su destierro. fíjate bien. al ensueño melancólico.. nada puedes hacer ¡ay! por mí. Pasó ésta al punto de la atención íntima. y suspiró en forma que me destrozó el corazón. apoyando la espalda en la columna de la lámpara. era yo quien hacía llegar los telegramas. -replicó-. una mirada que yo no le conocía estaba fija con extraña atención en un rayo de sol que atravesaba la pieza. Continúa deslumbrando con sus cuentos fantásticos a la gente del nuevo medio social: un pisapapeles roto. un loco me arrojó a un tintero… En cuanto a dos menestreles. De pronto como levantara la cabeza vi a Jimmy.

le contesté. conteniendo la respiración. Renuncio a detallarte mi estado de espíritu. "-¿Y cómo sabes mi nombre? "-Por intuición. "Quedé larguísimo rato mirándola invadido por una especie de estupor sagrado. hollando con su presencia deslumbrante aquel camino de claridad que acababa de recordármela. Es muy serio. Nací en una grieta del piso y ... Pero tomaba del sol con vertiginosa rapidez todos los rostros que yo hubiese podido soñar y que eran precisamente los mismos con que soñaba cuando pensaba en el amor. pérfida como el ápice de espuma alborde de una ola que se rompe. -Dios mío ¡qué linda era! "Como rostro no tenía ninguno propiamente hablando. De pronto se me escapó un grito. Inmóvil. le dije. La bailarina etérea iba a tocar el suelo. Sé demasiado que mi alcurnia no es de las más brillantes. evitaba de un brinco el torpe abrazo del monstruo-mosquito ebrio y pesado como una fiera. ¡Ah! y volvió a bailar pero de un modo impertinente. Te diré que en realidad no poseía una forma precisa. ¡Ah divina alegría! La mayor y la última ya de mi vida. se escapaba hábil por un intersticio. tan pronto rubia como el reflejo de un cobre.... exclamó ella. Retozaba ella con todo un instante. "Mi movimiento brusco produjo extrema perturbación en el mundo del rayo de sol y muchos de los geniecillos se lanzaron. bailarina del sol. Así.. mi dueña bailaba todavía. Era mil y mil cosas más rápido que mis palabras no lograban seguir sus metamorfosis.. Suspiros imperceptibles a nuestro burdo tacto animaban a su alrededor un pueblo de seres semejantes a ella. "-El amor.. aparecía. Era a la vez suave como el terciopelo. más locamente etérea que haya nunca danzado por sobre las miserias de la vida. Me pareció que se reía. Apareció y mi ensueño se armonizó al instante con su presencia milagrosa.. Pero mis ojos no perdían de vista a mi amada. creo que por temor hacia las alturas. Todo mi ser protestó ante la ignominia de semejante encuentro. el. el amor. Su sonrisa en vez de limitarse a los pliegues de la boca se extendía por sobre todos sus movimientos. en fin. ya oscura y misteriosa como la noche. Era un vals lento y cadencioso de una coquetería infinita. loca como la arena en el viento. se enlazaba en sus corros. te quiero de veras. pero sin su gracia soberana ni su atractivo fulminante. "-Señorita Grano de Polvo. ¡Qué encanto! Bajaba por el rayo de sol. y me precipité. El corazón me latía en forma tan acelerada que en mi mano temblorosa. la espiaba con la mano extendida."Imagínate la criatura más rubia. más argentina. En esa mano extendida había ella caído. tan pronto pálida y gris como la luz del crepúsculo.. "-Pero yo no tengo nada de seria -replicó-. "-No te rías -le reproché-. Soy la Señorita Grano de Polvo... mientras que un balanceo insensible y dulce la iba atrayendo hacia mí.

contesté ingenuamente. Será opaca. -Sí. -Si quieres un consejo -le dije al fin. Cuánto más prefiero mi camino aéreo -y trató de volar. Fue una resurrección maravillosa. Saliendo de su misterioso letargo la bailarinita se lanzó loca. La cogí y la encerré dentro de mi cartera que coloqué sobre mi corazón. Vuelve a ponerme pronto en el rayo de sol. Cuál no fue mi decepción cuando en mi mano. Esta hada que escondo. bocabierto ebrio de belleza. Pero la alegría ha huido de mí. -¿De modo que la tienes todavía en tu cartera?. pues en el fondo. Dos horas. Hubo entre Jimmy y yo un momento de silencio penoso. contemplé una cosita lamentable e informe. ¡Tenía ganas de llorar! "-¡Ya ves! -dijo ella-. acabemos: sea! Así diciendo. La voluptuosidad amarga del sacrificio se unía a la alegría . qué tentaciones siento. Comprendí al punto su pasión. por el insulto. abrió la cartera y sacó lo que se llamaba: "la momia de la Señorita Grano de Polvo". Está ya hecha la experiencia. pero será mía. -¿Lo crees de veras? -interrogó él mirándome con ansiedad--. no me atrevo ya a mirarla tan distinta la sé. jAh. imponderable y como espiritual. "-¿De qué cosa es tu mano? "-Es de fieltro. tengo que creerlo. -le pregunté picada de curiosidad. "Yo no sé qué me invadió. pero además por el temor de perder a mi conquista. Sólo vivo para mi arte.te doy éste: Dale la libertad a tu amiga.reintegrada a la penumbra. "Aquí está desde hace un año. de un gris dudoso. Aunque no dure más de dos horas serán dos horas de éxtasis. Si me quieres. no veía absolutamente nada. "pensé". jugué mi vida entera en una decisión audaz. Eso vale más que continuar el martirio en que vives. Había que verlo a él inmóvil. No puedes quererme. Agradecida bailó de nuevo un instante en mi mano. Furioso. Cuando me dicen que es una modesta suela de zapato. Aprovecha ese rayo de sol. ¿Quieres verla? Sin esperar mi respuesta y porque no podía aguantar más su propio deseo. querrás también llevarme contigo y entonces ¿qué sería de mí? Prueba. idéntica a la descripción entusiasta que me había hecho Jimmy. Sí. "Le obedecí. quita tu mano un instante y ponía fuera del rayo. "-¡Es carrasposa! exclamó. sacó de su cartera a la Señorita Grano de Polvo y la volvió a colocar en el rayo. "Obedecí. toda ella inerte y achatada. Hice como si la viera pero sólo por amabilidad. de aquella visión que despertó mi amor.nunca he vuelto a mi madre. pero nada me importa puesto que soy ahora la bailarina del sol. Y sin embargo prefiero retenerla así que perderla de un todo al devolverle su libertad.

Nos quedamos largo rato silenciosos incapaces de hallar nada que pudiese expresar. Pero eso lo contaré más adelante. firmes en nuestra escalera. Básteme decir. la culpa de tan flagrante disparate la tenía Mamá. el cutis muy trigueño. con su gran tolerancia. De pronto. puesto que estaba iluminado de una nobleza moral extraña a la falaz bailarina.purísima de la contemplación. Blanca Nieves y Compañía (Fragmento) Blanca Nieves. exhalamos un grito. . Como se verá más adelante. que en aquellos lejanos tiempos mis cinco hermanitas y yo estábamos colocadas muy ordenadamente en una suave escalerilla que subía desde los siete meses hasta los siete años. De ahí que Mamá sembrara a su paso con mano pródiga profusión de errores que tenían la doble propiedad de ser irremediables y de estar llenos de gracia. los brazos más quemados aún. el pelo muy negro. las piernas quemadísimas de sol. juntos. los ojos oscuros. Blanca Nieves era yo. yo mi remordimiento y él su desesperación. Pero la realidad no se sometía nunca. y que desde allí. durante mucho tiempo hizo reír sin maldad a todo el mundo. ni para la fatalidad siquiera una palabra de reproche. sin merecer en absoluto semejante nombre. un insecto enorme y estúpido. se enjugó furtivamente una lágrima. al bostezar acababa de tragarse a la Señorita Grano de Polvo. y tengo que confesarlo humildemente. aceptaba indulgentemente sin hacer ironías fáciles ni pedir explicaciones. Siendo inseparables mi nombre y yo. la tercera de las niñitas por orden de edad y de tamaño. insecto grande como la cabeza de un alfiler. Esta se hallaba entonces encerrada dentro de los límites de nuestra hacienda Piedra Azul. reinábamos sin orgullo sobre toda la Creación. la hermanita que me llevaba trece meses era otro error de orden moral mucho mayor todavía. quien por temperamento de poeta despreciaba la realidad y la sometía sistemáticamente a unas leyes arbitrarias y amables que de continuo le dictaba su fantasía. No tuvo ni para mí. y no tenía evidentemente más objeto que el de alojarnos en su seno y descubrir diariamente a nuestros ojos nuevas y nuevas sorpresas. Violeta. tenía entonces cinco años. por ahora. "Blanca Nieves" fue un error que a mis expensas. pero vi muy bien cómo bajo el pretexto de levantar la arandela de fieltro que gradúa la expresión de sus pupilas. ¿Qué más decir ahora? El pobre Jimmy con los ojos fijos consideraba la extensión de su deleite. Y a decir verdad. formábamos juntos a todas horas un disparate ambulante que solo la costumbre. su rostro me parecía más bello que la danza del hada.

Dentro de su corsé. con el objeto único y exclusivo de que las niñitas aprendieran inglés. que tendía las camas "y le andaba la cabeza" a Mamá durante horas enteras. formando a sus órdenes una especie de estado mayor. su delantal y su cinturón de cuero. cuyos fabulosos linderos ninguno de nosotras seis habíamos traspasado nunca. independientes del estado mayor habia las dos sirvientas de adentro: Altagracia. había Eyelyn. chss. algo reluciente y lo más liso posible. los cuales. vestirnos y acostarnos y se reemplazaban tan a menudo en la casa que hoy solo conservo mezclados y vaguísimos recuerdos de aquellos rostros negros y de aquellos nombres tan familiares como inusitados: Hermenegilda. cosa que era en ella forma habitual e invariable de expresar sus pensamientos: —¡Evelyn es mi tranquilidad! ¡Qué sería de mí sin ella! Según supe muchos años después. había tres cuidadoras que la asistían en lo de bañarnos. espuelas barba castaña y sombrero alón de jipijapa. se había trasladado desde Trinidad hasta Piedra Azul. con su lindo y ondulado pelo suelto. y un tímido olor de aceite de coco. Mamá admiraba a Evelyn. Al lado de Evelyn. Por oposición de caracteres. cosa que a todas luces era una complicación innecesaria. por la sencilla razón de que en aquella época.. su blusa planchada. por sentarte en el suelo.. quien nos bañaba. a pesar de la propia Evelyn no teníamos aún la más ligera sospecha de que existiese el inglés. mientras ella. cosía nuestra ropa. bajo su rebelde pelo lanudo. y Jesusita. . don de mando. al fin y al cabo. Evelyn. se balanceaba imperceptiblemente en la hamaca. . Nosotras no le exigíamos para nada los artículos. Evelyn exhalaba a todas horas orden. nos regañaba en un español sin artículos y aparecía desde por la mañana muy arreglada con su corsé. "mi tranquilidad". vivíamos en Piedra Azul. que servía la mesa. Pastora. que proclamaban en todos lados su amor al almidón y su espíritu positivista adherido continuamente a la realidad como la ostra está adherida a la concha. chss. Sus pasos iban siempre escoltados o precedidos por unos suaves chss. En cambio.Desde el principio de los tiempos. simetría. era bastante frecuente el que Mamá levantara los ojos al cielo y exclamara dulce e intensamente en tono de patética acción de gracias y cantando muchísimo las palabras. junto a Mamá. . por espíritu de justicia y de compensación cuando Evelyn decía indignada: —Ya ensuciaste vestido limpio. Eufemia.. terca. tampoco eran indispensables. Cuando ésta se alejaba dentro de su aura sonora con una o con dos de nosotras cogidas de la mano. especie de deidad ecuestre con polainas. . . Además de Papá y de Mamá. . Pero nosotras ignorábamos semejante detalle. presidida: por Papá. Armanda. una mulata inglesa de la isla de Trinidad. .

mientras Evelyn almorzaba. Como he dicho ya. señores absolutos del mundo. El pobre Papá. carecíamos amablemente de unos y de otros. rendíamos a su autoridad suprema el tributo de un terror misterioso impregnado de misticismo. de quien Papá decía frecuentemente saboreando una hallaca o una taza de café negro: "De aquí se puede ir todo el mundo menos Candelaria". los mangos4. dicho sea imparcialmente. Sabíamos muy bien que empezando por Papá y Mamá hasta llegar a las culebras. siendo muy claros y muy arraigados. salieron inocentes y desnudos de entre las manos de Dios. después de haber pasado por Evelyn y Candelaria. Nunca nos reprendía. siempre de mal humor. eran a nuestro ladoseres y cosas muy secundarias creadas únicamente para servirnos. Una de esas ventajas consistía en tener a Mamá. . asumía a nuestros ojos el papel ingratísimo de Dios. el mayor número posible de guayabas sin que Dios nos arrojara del Paraíso cubriéndonos de castigos y de maldiciones. Lo sabíamos las seis con entera certeza y lo sabíamos con magnanimidad. los becerritos. entre violencias y cacerolas. los acontecimientos se sucedían y Candelaria continuaba impertérrita con su saco y su latón. las vacas. con medio sacó viejo prendido en la cintura a guisa de soplador. los peones. sin embargo. por instinto religioso. estaban limitados a nuestros sentidos.En la cocina. absolutamente todos. Otra ventaja no menos agradable era la de desobedecer impunemente comiéndonos a escondidas. había Candelaria. sin merecerlo ni sospecharlo. Nuestra situación social en aquellos tiempos primitivos era. Por fin más allá de la casa y de la cocina había el mayordomo. el río. aquella alma suya eternamente furibunda. nosotras seis ocupábamos en escalera y sin discusión ninguna el centro de ese Cosmos. sin envanecimiento ninguno. Esto provenía quizá de que nuestros conocimientos. todos. los medianeros. las espantosas culebras semilegendarias y muchas cosas más que sería largo de enumerar aquí. Razón por la cual los años pasaban. las mariposas. Solo que nosotras seis teníamos varias ventajas sobre ellos dos. transportando de la piedra de moler al colador del café. Tan cierto es que los conocimientos vanos crean los deseos vanos y crean las almas vanas! Nosotras. muy semejante a la de Adán y Eva cuando. el trapiche. pues. al igual de los animales. con sus veinticuatro años. quien. sus seis niñitas y sus batas llenas de volantes eran un encanto. sin que jamás se aventuraran a traspasar por soberbia o ambición las fronteras de lo indispensable. los horribles sapos.

seguíamos marcando a su compás nuestro vaivén: Arriba. háganme el favor. digo. Al punto. . . . cuando Mamá se iba. abajo. sin amenidad ninguna. del seno de la hamaca surgía Mamá: —¡Niñitas. para regresar al cabo de tres semanas de ausencia. era una cosa desabridísima. por Dios. arrulladas por tan suaves cadencias y prolongados calderones. y encantadas desde las cumbres de nuestro columpio y de nuestra desobediencia enviábamos a Mamá durante un rato besos y sonrisas de amor. arriba.. abajo. con los ojos espantados y una mano extendida en la boca hasta salir por fin. lo detenía y así como se arrancan las uvas de un racimo maduro nos arrancaba una a una de sus cuerdas y nos ponía en el suelo. . nos sentábamos en el pretil contiguo a aquel sanctasanctórum y allí en hilera levantando a una vez todas las piernas gritábamos en coro: "Riquiriqui riquirán. agarrándonos a sus cuerdas o agarrándonos unas a otras. bájense ya! ¡No me molesten más! ¡No me mortifiquen! Nosotras. Una voz poderosa y bien timbrada. nos quedábamos inmóviles durante unos segundos. asistida por Jesusita. bajo la dictadura militar de Evelyn. la vida. . tal cual si en realidad la hubiera comprado al pasar por una tienda.Por ejemplo: si Papá estaba encerrado en su escritorio y nosotras las cinco. durante aquel tristísimo interregno de tres y hasta más semanas. tan delgada como se había ido antes y con una niñita nueva en la calesa de vuelta. . por amor de Dios: no sean tan desobedientes!—¡Bájense dos o tres por lo menos de ese trapecio! ¡Miren que no puede con tantas y que se van a caer las más chiquitas! ¡Bájense. . . tal cual si fueran las notas de un cantar de cuna. se acercaba al columpio. esponjadísima dentro de su bata blanca cuajada de volantes y encajitos. todas juntas. con el pelo derramándose en cascadas y con la última novela de Dumas padre en la mano. chss. . toda llena de huecos negros y lóbregos como sepulcros. los maderos de San Juan. chss. . Cuando Mamá se iba a Caracas en una calesa de dos caballos. llegaba Evelyn y: chss. . el mecedor y el costurero de Mamá. no mecíamos lo más fuertemente posible. atraída por los gritos. . que sabíamos andar ignorando este detalle. hasta que al fin. la voz de Papá. surgía inesperadamente de entre los arcanos del escritorio: —¡Que callen a esas niñas! ¡Que las pongan a jugar en otra parte! Enmudecidas como por ensalmo. . En pie todas juntas en nuestro columpio. como ratones que hubiesen oído el maullido de un gato. Por el contrario: otras veces nos subíamos en el columpio que atado a un árbol de pomarrosas tendía sus cuatro cables frente a aquel ameno rincón del corredor donde entre palmas y columnas se reunían la hamaca. en carrera desenfrenada hacia el extremo opuesto del corredor. saludando al mismo tiempo la hazaña con voces y gritos de miedo.. acontecimiento desgarrador que ocurría cada quince o dieciséis meses.

La gran desobediencia tenía lugar el día de nuestro nacimiento. tu perdón silencioso era un gran ofensa. no venía a ser más sensible a nuestras almas que la de aquel Bolívar militar. caracoleando como tú sobre la puerta cerrada de tu escritorio. y. desde el centro de su marco de caoba y bajo el brillo de su espada desnuda. "Blanca Nieves". habían llegado en hilera las más dulces manifestaciones de la naturaleza: "Aurora". a eso de las nueve. Por eso no te quejes si. dirigía con arrogancia todo el día la batalla gloriosa de Carabobo. mi señor don Juan Manuel. coronada por el sombrero jalón de jipijapa. sentado en una silla con una pierna cruzada sobre la otra se calzaba las espuelas. mientras te alejabas bajo el sol. y como papá no era poeta ni tenía mal carácter. Decididamente entre Papá y nosotras existía latente una mala inteligencia que se prolongaba por tiempo indefinido. Desde antes de casarse. destilando poesía. Sí. y éste. hubiera sido mil veces mejor el que de tiempo en tiempo que manifestaras tú descontento con palabras y con actitudes violentas. que desde el primer momento nos hería con ellas en lo más vivo de nuestro amor propio y era irremisible: el desacuerdo quedaba. "Violeta". Papá había declarado solemnemente: —Quiero tener un hijo varón y quiero que se llame como yo Juan Manuel. a lo lejos. "Estrella".Pero cuando en las mañanas. En realidad no solíamos desobedecerle sino una sola vez en la vida. hasta perderte allá entre las verdes lontananzas del corte de caña. aguantaba aquella inundación florida con una conformidad tan magnánima y con una generosidad tan humillada. nosotras nos participábamos alegremente la noticia: —¡Ya se va! ¡Ya se va! Ya podemos hacer riquiriquí en el pretil. conduciendo a Caramelo. "Rosalinda". para llegar a un acuerdo entre tus seis niñitas y tú. establecido para siempre. vista desde el pretil. "Aura Flor". llegaba el muchacho de la caballeriza. Pero en lugar de Juan Manuel. Aquella resignación tuya era como un árbol inmenso que hubieras derrumbado por sobre los senderos de nuestro corazón. caracoleando en Caramelo. el caballo de Papá. Pedro Emilio Coll Cuentos El Diente Roto . tu silueta lejana. Pero aquella sola vez bastaba para desunirnos sin escenas ni violencias durante muchos años. quien a caballo también.

y el diente se partió en forma de sierra. En la oscuridad de la boca. y su fama se aumentó como una bomba de papel hinchada de humo.A los doce años. . señor doctor de mi alma? -interrumpió la angustiada madre. Hasta el maestro de la escuela. hay que llamar al médico. ningún síntoma de enfermedad. un genio tal vez. Desde ese día principia la edad de oro de Juan Peña. hartos de escuchar quejas de los vecinos y transeúntes víctimas de las perversidades del chico. sufre de lo que hoy llamamos el mal de pensar.. Pronto en el pueblo todo se citó el caso admirable del "niño prodigio". -El niño no está bien. cada cual traía a colación un ejemplo: Demóstenes comía arena. Los padres de Juan. se sometió a la opinión general. que lo había tenido por la más lerda cabeza del orbe. combatiendo Juan Peña con unos granujas recibió un guijarro sobre un diente. Quien más quien menos. y que habían agotado toda clase de reprimendas y castigos. acogida con júbilo indecible por los padres de Juan. Juan no chistaba y permanecía horas enteras en actitud hierática. la sangre corrió lavándole el sucio de la cara. Con la punta de la lengua.es que estamos en presencia de un caso fenomenal: su hijo de usted. la lengua acariciaba el diente roto sin pensar.. en la oscuridad de la boca cerrada. como en éxtasis. Juan acariciaba su diente roto sin pensar. mi estimable señora. excelente apetito. por aquello de que voz del pueblo es voz del cielo. Juan tentaba sin cesar el diente roto. -¿Qué. mientras. estaban ahora estupefactos y angustiados con la súbita transformación de Juan. Pablo -decía la madre al marido-.. -Que su hijo está mejor que una manzana.la santidad de mi profesión me impone el deber de declarar a usted. -Señora -terminó por decir el sabio después de un largo examen. de alborotador y pendenciero. etcétera. allá adentro.. en una palabra. Llegó el doctor y procedió al diagnóstico: buen pulso. vaga la mirada sin pensar. Lo que sí es indiscutible -continuó con voz misteriosa. el cuerpo inmóvil. tornóse en callado y tranquilo. Shakespeare era un pilluelo desarrapado. su hijo es un filósofo precoz. Así. mofletes sanguíneos. Parientes y amigos se hicieron eco de la opinión del doctor. Edison.

cuando la apoplejía lo sorprendió acariciándose su diente roto con la punta de la lengua. Y con su cuerpo crecía su reputación de hombre juicioso. y cayeron rosas y lágrimas sobre la tumba del grande hombre que no había tenido tiempo de pensar. sabio y "profundo". ministro y estaba a punto de ser coronado Presidente de la República. pero que en la oscuridad de su boca tentaba el diente roto. para los demás. entregado a hondas meditaciones. sin pensar. Pasaron los años. académico. un orador lloró en una fúnebre oración a nombre de la patria. En plena juventud. y nadie se cansaba de alabar el talento maravilloso de Juan.Creció Juan Peña en medio de libros abiertos ante sus ojos. distraído con su lengua ocupada en tocar la pequeña sierra del diente roto. Y doblaron las campanas y fue decretado un riguroso duelo nacional. FIN . las más hermosas mujeres trataban de seducir y conquistar aquel espíritu superior. y Juan Peña fue diputado. sin pensar. pero que no leía.

Intereses relacionados