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CRL.

SERGIO ROSALES GUERRERO

INSTITUTO
DE INVESTIGACIONES
Y CONTROL DEL EJÉRCITO:
CIEN AÑOS DE HISTORIA
1911-2011

Santiago de Chile
―2011―

Nescire autem quid antequam natus sis acciderit, id est semper esse puerum.
-- CICERÓN, De Oratore.

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Índice
Presentación................................................................................................................ - 5 Introducción ............................................................................................................... - 9 CAPÍTULO I ............................................................................................................. - 13 Los orígenes – la modernidad y el contexto nacional ............................................. - 13 El ejército hacia los primeros años del siglo XX ..................................................... - 19 La creación del IDIC ............................................................................................... - 26 Los primeros pasos .................................................................................................. - 27 CAPÍTULO II............................................................................................................ - 35 Etapas de desarrollo ................................................................................................ - 35 En la plenitud del siglo XX .................................................................................... - 39 El pacto de ayuda militar (P.A.M.) ........................................................................ - 45 Organizaciones diversas ......................................................................................... - 52 Crecimiento y proyección ....................................................................................... - 53 Ciencia y tecnología: los medios y los fines ............................................................ - 61 Alcances y consolidación a partir de 1961 ............................................................ - 62 Tendencias en la certificación de calidad – planes estratégicos .............................. - 68 Organización inteligente ........................................................................................ - 71 CAPÍTULO III .......................................................................................................... - 79 Organización actual y desafíos ............................................................................... - 79 Vigencia del ideario fundacional ............................................................................ - 88 Sobre una historia que aún está por escribirse ....................................................... - 90 PALABRAS FINALES: ............................................................................................ - 93 BIBLIOGRAFÍA ....................................................................................................... - 97 APÉNDICES ........................................................................................................... - 101 Símbolos y emblemas del IDIC ............................................................................. - 101 Directores del IDIC .............................................................................................. - 108 Subdirectores del IDIC ......................................................................................... - 110 Galería fotográfica ................................................................................................ - 112 AGRADECIMIENTOS .......................................................................................... - 127 -

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Introducción
El presente trabajo reúne en un solo texto la historia del Instituto de Investigaciones y Control del Ejército (IDIC), su situación actual en el contexto internacional, nacional e institucional, y su proyección hacia el futuro, todo ello en el
marco del cumplimiento de sus cien años de vida.
En este sentido los aniversarios resultan propicios para realizar balances
históricos que permitan poner bajo una óptica nueva los alcances e implicancias
de un hecho particular del pasado. Sólo de este modo es posible conocer la relación que existe entre la inspiración que da a luz una idea y la manera en que ella
se concreta. Por otra parte, la acción de quienes deben velar por mantener y
acrecentar una labor esencial para el Ejército de Chile, se ve respaldada por la
indagación histórica, puesto que ella facilita la toma de decisiones al poner en
perspectiva los sucesos del presente sobre los cuales se pretende actuar, ya sea
para enmendar, modificar o reforzar una determinada actividad.
La historia ―señala el historiador francés Marc Bloch― sirve para la acción, esto es, para decidir hoy sobre lo que vamos a hacer mañana. El IDIC del
año 2011 es, en este sentido, el resultado de una trayectoria larga que se remonta hasta 1911, época en que respondía a demandas y exigencias semejantes a las
actuales pero en contexto diferentes. Si estos contextos han ido cambiando, su
vigencia, por tanto, no puede deberse únicamente al capricho o al azar de las
circunstancias. Las razones que subyacen a su labor presente deben rastrearse
en los años en que fue creado. ¿De qué otro modo se podría conmemorar un
aniversario si no es a la luz de lo que se celebra, esto es, el triunfo de una idea
que alguna vez debió de parecer descabellada? Si el IDIC se hubiese creado un
año atrás, a todos les hubiese parecido una creación tardía. Pero como se creó
en 1911 es muy probable que a muchos haya parecido una creación temprana.
El poeta nicaragüense Rubén Darío solía decir que nada hay más poderoso en la
Tierra que una idea cuya hora ha llegado. El problema con este argumento es

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que a menudo funciona ex post facto, es decir, cuando la idea ha concitado ya el
acuerdo de una sociedad y no al comienzo, cuando se la discutía.
A lo largo de este trabajo buscaremos identificar este patrón de ideas que
dieron origen al Instituto y lo contrastaremos con su organización actual, de tal
manera de conocer, finalmente, qué es lo que se celebra cien años después de
haber sido creado. Así, podremos aproximar una respuesta al interrogante más
elemental de todos, es decir, ¿sirvió el IDIC a los fines para los cuales fue creado? Pero además podremos aventurar otra clase de respuestas, especialmente
para saber hasta qué punto una organización de este tipo resulta sujeta a los
vaivenes del devenir histórico y se desvía de su propósito inicial.
Es por esta razón que hemos dividido el trabajo que el lector tiene en sus
manos en tres etapas o partes separadas (e integradas a la vez), a saber: 1) el
contexto histórico en que se origina el IDIC, 2) su desarrollo durante el siglo XX,
y 3) su momento actual y su proyecto (o idea de) futuro. Esperamos satisfacer
de este modo la curiosidad de dos clases de lectores. La primera, que es la de
aquellos que trabajan en el Instituto y desean saber cómo es que se ha llegado
hasta el momento presente y la segunda, la de aquellos que gustan de la historia
y buscan la oportunidad de seguirla con independencia de su resonancia. Respecto de esto último, si pudiéramos motejar de algún modo esta historia que
estamos a punto de abordar, diríamos que es más bien una historia mínima, una
hebra delgada (aunque delicada y única) en la gran trama de la historia del país,
en particular en aquella trama que tiene que ver con su desarrollo industrial
que surge precisamente por los años en que el IDIC fue creado. Todo esto, aun
cuando se trate de una historia mínima, debiera despertar la atención del lector
interesado en conocer de qué manera la gran marcha de la historia desciende
hasta los más elementales ladrillos de la sociedad, que son los individuos, y de
qué manera éstos van respondiendo a los compases de esa gran marcha colectiva con que se mueve la nación.
Este esquema, pensamos, responde con oportunidad a la conmemoración
de un aniversario y responde, asimismo, al esfuerzo de buscar en las raíces del

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siglo XX la textura del Chile moderno, este del siglo XXI que nos ha tocado vivir. Ahora bien, sin perjuicio de la concatenación con que las tres partes solidarizan entre sí, el trabajo puede leerse en el orden que se desee, incluso en aquellas sub-partes que hemos procurado completar de tal manera de redondear en
cada una de ellas los elementos que hemos estimado cruciales para comprender
la secuencia completa de estos cien años.
Una advertencia final. El texto presente no es una cronología en sentido
estricto, en que se cuenta el detalle de tal o cual adquisición o la compra o la
venta de este o de aquel equipo, sino una mirada, o mejor, una lectura de esa
cronología que es lo que, en último término, se ofrece al lector. Aquí ya se han
destilado y digerido las fechas y los números y las cifras de tal manera de quedarnos con las respuestas a las preguntas que planteábamos más arriba y que,
pensamos, vienen a ser lo esencial y lo relevante en un esfuerzo de este tipo.

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CAPÍTULO I

Los orígenes – La modernidad y el contexto nacional – El Ejército hacia los primeros
años del siglo XX – La creación del IDIC – Primeros pasos.

LOS ORÍGENES – LA MODERNIDAD Y EL CONTEXTO NACIONAL
Hacia fines de la primera década del siglo XX, Santiago era una ciudad de 400
mil habitantes, con 17 hospitales, 53 teatros, 10 comisarías, 2 cementerios y luz
eléctrica;1 el número de suscriptores de teléfonos ascendía a 10 mil en todo el
país2, y todo su largo territorio era surcado por 8 mil quinientos kilómetros de
vías férreas; había 45 empresas de tranvías circulando por sus ciudades principales, y el salitre superaba con mucho en producción a la del cobre (2,8 millones
de toneladas contra 106 mil).3 Por otro lado, Curicó y San Felipe tenían más
mortalidad que Bombay; Talca, Concepción, Santiago y Chillán, más mortalidad que Madrás. Y, por último, en 1910 el 51% de la mortalidad era de menores
de cinco años.4
Qué duda cabe entonces de que Chile entraba en la modernidad, hacia el
primer centenario de su independencia, con el signo de una contradicción que
nada tenía de aparente. En 1905, Albert Einstein había publicado su teoría especial de la relatividad, pero la inmensa mayoría de las madres en Chile daba a
luz a sus hijos en las casas y las parteras, frente a las eventuales complicaciones
del parto, no hacían otra cosa que rezar.
Las dos caras del dios Jano no miraban esta vez al año que pasaba y al
año que venía, sino que miraban hacia dos épocas que se desprendían la una de
la otra sin la menor delicadeza, antes bien, con una suerte de desgarro doloroso.
El Mercurio; Así era Santiago en el centenario; 18/9/2010.
Internet: Biblioteca científica Scielo Chile; http://goo.gl/iZHEm; acceso: 12/10/2010.
3 GONZÁLEZ, Pedro Luis; Chile – Breves noticias de sus industrias; Santiago de Chile; Sociedad de Fomento Fabril – Sociedad Imprenta y Litografía Universo; 1920; pp. 2 y ss.
4 VIAL C., Gonzalo; Chile: Integración nacional y superación de la pobreza: medidas necesarias;
tomado de ORREGO V., Francisco, coordinador; Chile en la perspectiva del un nuevo milenio;
Santiago de Chile; Editorial Andrés Bello; 2000; p. 26.
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Comenzaba a nacer la brecha tecnológica. Ello venía a significar que los países
habitarían el mismo mundo pero en épocas completamente distintas, tanto como nunca antes se había visto. En palabras del premio Nobel mexicano, Octavio
Paz, el tiempo presente era una experiencia fuera de lugar:

Para nosotros, hispanoamericanos, ese presente real no estaba en nuestros países: era el tiempo
que vivían los otros, los ingleses, los franceses, los alemanes. El tiempo de Nueva York, París,
Londres. Había que salir en su busca y traerlo a nuestras tierras.5

Lo que de paso replanteaba el problema de la modernidad:

¿Qué es la modernidad? Ante todo, es un término equívoco: hay tantas modernidades como
sociedades. Cada una tiene la suya. Su significado es incierto y arbitrario… La modernidad es
una palabra en busca de su significado: ¿es una idea, un espejismo o un momento de la historia?
¿Somos hijos de la modernidad o ella es nuestra creación? Nadie lo sabe a ciencia cierta… Para
mí, en aquellos años, la modernidad se confundía con el presente o, más bien, lo producía: el
presente era su flor extrema y última… La modernidad ha sido una pasión universal. Desde
1850 ha sido nuestra diosa y nuestro demonio. En los últimos años se ha pretendido exorcizarla
y se habla mucho de la "postmodernidad". ¿Pero qué es la postmodernidad sino una modernidad aún más moderna?6

Un mundo comenzaba y otro distinto terminaba. En Santiago había luz eléctrica
disponible pero no había instalaciones suficientes para todas las casas. Había
teléfonos desde 1880 pero pocas personas con las que comunicarse por medio
de sus aparatos. El paso de una era que privilegiaba la destreza manual por encima de la capacidad industrial ―que por estos pagos era aún desconocida―
daba pie a una mudanza lenta en la manera de hacer y de entender las cosas.
El agente público en Chile no quedaba al margen de lo que iba a significar para el país dar el paso que había de darse desde lo artesanal a lo industrial.
El Estado va a financiar los primeros balbuceos del empresario fabril chileno, a
Internet; PAZ, Octavio; Discurso de aceptación del premio Nobel de literatura - 1990; en
http://goo.gl/0EyXb; acceso: 20/10/2010.
6 Ibídem.
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pesar de que aquél es reacio a emprender como lo hace el privado. Lo que en
este último prepondera es el riesgo, en el Estado es la seguridad de que todos
los riesgos se encuentran controlados. Sin embargo, la clase dirigente del país
tendría que asumir el cambio de época con todo lo que ello implicaba para su
seguridad, por cuanto el riesgo que significaba quedarse en el pasado resultaba
a todas luces mayor que el de no correrlo en absoluto.
¿Cómo era entonces la situación del emprendimiento en Chile hacia 1910,
el año del centenario?

¿Qué elementos… podríamos observar participando en un proceso de proto-industrialización o
industrialización propiamente tal en el caso de Chile del siglo XIX? Prácticamente muy pocos.
De hecho, no hubo experiencia previa y, a pesar de que el Estado liberal no contradijo los intereses de los sectores privados, la falta de un empresariado…, constituyó una primera limitante
para haberse beneficiado de la experiencia europea.
Se dan algunos otros elementos importantes que podemos anotar como factores ausentes. Ellos se comienzan a representar recién a fines del siglo XIX y comienzos del XX, justamente
cuando la actitud empresarial comienza a tomar forma y fuerza. En primer lugar, la falta de
capital circulante, de capital físico… ¿Qué decir del desarrollo tecnológico y por lo tanto de las
técnicas de producción utilizadas en todo este proceso de industrialización previa a la Gran
Depresión de 1929?... Un tercer factor dice relación con la capacitación de mano de obra utilizada. Las grandes empresas que comenzaron a constituirse de 1890 debieron traer el personal de
obreros calificados y jefes de obra desde Europa…
Si a los problemas anteriores agregamos la discusión respecto al mercado interno y a los
niveles de consumo, tenemos que, a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, no hay un proceso decidido de proto-industrialización como desarrollo consciente hacia la conformación de
una sociedad industrial. Tampoco un proyecto global de industrialización, al menos no en
términos de la existencia de un empresariado industrial ni menos de políticas de Estado referidas a ello. Sin embargo, desde fines de dicho siglo, lo interesante es la convergencia de intereses
empresariales y del Estado para que la situación comenzara a revertirse.7

CAVIERES, Eduardo; Industria, Empresarios y Estado. Chile, 1880-1934 ¿Protoindustrialización o industrialización en la periferia?, en CARMAGNANI, Marcello; Desarrollo industrial y
subdesarrollo económico. El caso chileno (1860-1920); Santiago de Chile; Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos; 1998; p. 28.
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La situación del emprendimiento, entonces, hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX en Chile, era embrionaria. La sociedad chilena transitaba, como
hemos dicho, paulatinamente desde un esquema eminentemente artesanal
hacia uno de carácter industrial. Así y todo:

En este contexto, deben precisarse un par de situaciones: en primer lugar, lo claro es que desde
1860 en adelante se comienza a vislumbrar una clara transformación de las actividades artesanales en actividades manufactureras, de lo cual da cuenta precisamente el crecimiento cuantitativo de establecimientos industriales que se van creando desde esa fecha. Con todo, la pura existencia de un número determinado de industrias, no significa necesariamente industrialización.
En segundo lugar, tan importante como lo anterior, previo a 1929, aunque parezca aventurado
el decirlo, toda posibilidad de crecimiento industrial del país descansó más en decisiones estatales que en la pura iniciativa privada propiamente tal, particularmente si ello se piensa en términos de empresarios nacionales.8

Así, el Estado de Chile comenzará a promover la aventura empresarial en Chile
cuando esta vaya a dar el gran paso desde la actividad familiar, artesanal y
técnica a aquella otra, más avanzada, de la actividad extra-familiar, de gran escala y tecnológica. La demanda de capital que esta transformación demandaba
superaba la capacidad del elemento privado, aspecto del que vino a hacerse eco
el Estado pues en ello iba también su propia supervivencia.
En consecuencia, la industrialización surge a partir del encuentro o convergencia del elemento estatal con el privado como respuesta a la fuerte inversión que ella demandaba para romper la inercia del esquema artesanal en que
se vivía. Sin embargo, pasa con los desarrollos o con el progreso lo que con el
arte: ¿qué tiene de malo el Romanticismo que luego de algunos años va a dar
lugar al Realismo? Luego cabe preguntarse, ¿por qué cambiar desde una sociedad artesanal a otra de carácter industrial? ¿Por qué variar la relación entre los
medios de producción, demandando un mayor gasto, un mayor endeudamiento del Estado y, en consecuencia, un grado de riesgo mayor para toda la socie-

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Ibídem.

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dad? Pensamos que ello puede deberse a numerosas causas. El desarrollo industrial es un fenómeno multicausal y no se explica sino como resultante de
variadas y numerosas relaciones, hechos y quehaceres, algunos explícitos, otros
no tanto. Lo que, en todo caso, debió movilizar el esfuerzo de determinados
entes sociales hacia la construcción de un medio industrial, pasa, necesariamente, por la necesidad de competir con el resto del mundo. Cuando los tejidos que
llegan manufacturados a gran escala por talleres industriales avanzados, los
otros, los que salen del telar familiar, no pueden competir. Ni por precio, ni por
cantidad ni, en algunos casos, por calidad. Y, por otro lado, la adquisición de
estos bienes demanda también la generación de nuevo capital so pena de gastarse todo en adquirir y nada en producir con arreglo a los tiempos que corren.

1. Plaza de armas en Santiago de Chile, 1910.9

El mundo a partir de 1900 cambiará mucho más que de folio. La transformación
de materias primas en productos y servicios alcanzará una escala como nunca
antes se había visto. Ya no será posible, en muchos casos, reconocer al precursor
en el producto. Frente al tejido de lana todavía era posible, digámoslo así, penLa Tercera; 12/12/2010; en HERRERA F., Ricardo; Centenario de 1910: provincias y comunas
de Chile; 2010.
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sar en la oveja que lo había hecho posible, pero enfrentados al elemento sintético, ¿dónde quedaba la oveja? Para comprender la magnitud del fenómeno al
que se enfrentaron los hombres del centenario de la independencia de Chile,
debe el lector hacerse a la idea de que en el mundo no solo va a cambiar la manera de fabricar calzado, sino la manera de hacer arte, de hacer música, de escribir poesía, y, para el caso que nos ocupa, de hacer la guerra.
La guerra va a cambiar porque la magnitud del desarrollo industrial hará
imposible conducirla con un solo catalejo. Este solo catalejo no dará abasto para
cubrir la extensión de un campo de batalla que va a multiplicar decenas y cientos de veces el tamaño de Leipzig, de Waterloo, de Sedán. O para decirlo en
nuestros propios términos, de Chacabuco, de Maipú, y de Chorrillos y Miraflores. La guerra se vuelve mucho más compleja porque los elementos materiales
que participan en ella dejan de ser simples. Considere el lector que fray Luis
Beltrán fundió cañones en Chile para la guerra de la independencia, pero esta
posibilidad quedó fuera de alcance cuando la producción de material de artillería demandó una tecnología que el país no podía proveer. Ya no fue posible
auto-abastecerse de material de artillería fabricado íntegramente en el país. Con
ello, al paso de lo artesanal a lo industrial venía a sumarse ahora un nuevo paso, uno que a la larga resultaría radical: el de fabricante y productor al de usuario propiamente tal. Así, la sociedad chilena ―y su Ejército― empezó a vivir en
estos ámbitos simultáneamente. Diseñaba, fabricaba, producía, y usaba también
herramientas, aquellas que salían de sus propias fábricas y las que importaba
desde el extranjero. Este fenómeno se fue agudizando con el correr del siglo XX
por el hecho de que la producción se fue haciendo cada vez más dependiente
del uso de técnicos y de tecnologías que llegaban desde el exterior. Este paso
que va del artesano al fabricante y del fabricante al usuario influyó y determinó
el carácter de la sociedad chilena del siglo XX, tal como ha seguido haciéndolo
en el siglo XXI. Contra el telón de fondo de estos escenarios cambiantes y dinámicos va a salir a escena el Instituto de Investigaciones y Control (IDIC), fun-

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damentalmente como consecuencia de una revolución industrial que venía
gestándose –en Europa y Estados Unidos- más de un siglo antes de su creación.

EL EJÉRCITO HACIA LOS PRIMEROS AÑOS DEL SIGLO XX
Son numerosos los hechos que jalonan el transcurso de los primeros años del
siglo XX en el Ejército. Ninguno de esos pasos es delicado, todos ellos tienen el
signo o el peso de lo radical, a la vez que funcionan como una puesta al día de
una organización que dejaba de lado las “aficiones” y singularidades propias de
una moda, que ―para decirlo de alguna manera― festoneaban el modelo militar
chileno, para transformarse en una organización eminentemente profesional.
Quizá la marca más clara entre uno y otro estadio sea aquélla que señala la distancia que hay entre la improvisación y la previsión. Tanto la guerra del Pacífico como la revolución de 1891 fueron ejercicios del ars bellica que marcharon
antes sobre el arte y el coraje que sobre la ciencia y el oficio de soldado. No significa esto que no hubiese ciencia u oficio en aquellas guerras decimonónicas,
sino que el peso iba cargado sobre las segundas, de manera que su fragilidad
intrínseca radicaba en que el modelo era fuertemente dependiente de elementos
que son más bien aleatorios y difíciles de cuantificar (el coraje, al entereza, la
voluntad). Es un hecho que sus efectos los podemos ver, pero también es un
hecho que no los podemos pre-ver. El cambio del siglo XIX al XX será, entonces,
en este contexto militar, el que desplaza los pesos de la balanza desde la visión
a la pre-visión, de la apuesta a la certeza, del corazón ―en último término― a la
razón.
Hay, en este orden de ideas, tres elementos modernizadores que sentarán
las bases de lo que será el Ejército a partir de 1900. Ellas son la organización, la
instrucción y la disciplina.

La influencia de las reformas de 1906, inspiradas por Körner y los demás oficiales alemanes, es
claramente definible.

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Junto con las transformaciones en planes docentes, de instrucción y orgánicas que preocuparon al mando en este período…, es preciso consignar que durante los diez primeros años
de la reforma, el cambio concreto más notable se refiere al concepto del deber militar, que obliga
a superiores y subalternos a una leal relación de servicio para con la Patria.10

Así, las reformas de aquellos años

dieron al Ejército una nueva estructura, modernizándolo hasta hacerlo un todo homogéneo y
capaz de cumplir las misiones que imponía la guerra. Oficiales y cuadro permanente se constituyeron en verdaderos profesionales de las armas.11

En 1886 se había creado la Academia de Guerra. En 1900 se dicta la ley de “reclutas y reemplazos.” En 1911 se crea el Batallón de Telégrafos. En 1912 se crean
las escuelas de Tiro de Artillería y de Infantería. En 1924 se dicta el “Reglamento orgánico del Ejército.” Este mismo año la organización del Ejército de tiempo
de paz, contemplaba:

3 divisiones de Ejército, compuestas cada una de 1 comando de división y 2 brigadas combinadas de formación interna;
1 división de caballería, compuesta de 1 comando de división y 3 brigadas de arma; y
Tropas no encuadradas, formadas por 1 comando y las unidades no afectas a las divisiones.

Se fijaron [además] las siguientes organizaciones: brigada combinada, brigada de caballería,
unidades de infantería, unidades de artillería, unidades de caballería, unidades de ingenieros.12

Este es el estado de cosas en el Ejército durante las primeras décadas del siglo
XX. A ello cabe agregar las modificaciones o reemplazos que sufrieron el parque de armamento y los uniformes a partir de 1898. Entre los primeros, cabe
mencionar la llegada de las ametralladoras Maxim (1906) y Hotchkiss (1921), los

EMGE, EJÉRCITO DE CHILE; Historia del Ejército de Chile, T. VIII; Santiago de Chile; Publicaciones militares; 1985; p. 21.
11 Ibídem; p. 22.
12 Ibídem; pp. 104-106.
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fusiles ametralladores Browning Colt (1920), a lo que debe añadirse el material
de artillería, en el que “existió una tendencia a reemplazar el material alemán
(Krupp), por el francés (Schneider), especialmente en los obuses.”13 El caso de
los uniformes no es menos notable, pues del colorido de los uniformes de fines
del siglo XIX se va a migrar hacia el color caqui (1920) y finalmente el gris
(1939).14 Pasarán algunos años antes de que comiencen a utilizarse y a hacerse
costumbre en el servicio diario el uso de las tenidas de combate y los utensilios
más propios de la campaña y la vida de más allá de los muros del cuartel.

2. Fusil ametrallador Browning (1920)15

Este es el telón de fondo, decíamos, para la entrada en escena del Instituto de
Investigaciones y Control. La adquisición de nuevo material, especialmente de
artillería, va a demandar una capacidad inexistente hasta entonces en el Ejército, esto es: la capacidad de certificar la calidad de las especies materiales que se
adquieren ―en Chile y en el extranjero― para ser usadas por los diferentes
cuerpos y unidades del Ejército. Los precursores del IDIC son variados y tal
como el IDIC mismo, irán cambiando con el tiempo. “La creciente complejidad
de la función logística de Material de Guerra, [obliga al alto mando institucional
a implementar] transformaciones orgánicas,” todas las cuales irán encaminadas
a soportar esta realidad nueva de un ejército profesional basado en medios
técnicos de complejidad creciente. De hecho el servicio de Material de Guerra es
el encargado de estudiar, planificar y administrar a las “unidades o instalaciones que prestan atenciones específicas de fabricación, reparación y distribución
e institutos que capacitan científica y técnicamente a quienes se desempeñarán
Ibídem; pp. 138-142.
Ibídem.
15 Revista Memorial del Ejército de Chile; Año XV – 2do semestre; 1920; p. 153.
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en funciones directivas o ejecutivas.”16 En 1879, durante el gobierno de Aníbal
Pinto, se organiza la Dirección General de Maestranza y Parque de Artillería. La
sección maestranza era la encargada de “reparar y ordenar el armamento, construir nuevos materiales de artillería, componer maquinarias… Esta sección…
disponía de talleres de armería, carpintería, carrocería, talabartería y la Fábrica
de Cartuchos.”17
En 1901, no obstante, se dispuso la separación de la Dirección en Parque
General y Maestranza.

Una sería la Dirección del Parque General, de la que dependerían los polvorines de Batuco; y la
otra, la Dirección de Fábricas y Maestranza. Cada una de ellas estaría al mando de un oficial
general o superior.18

Con todo, en 1906 se crea la Dirección de Material de Guerra, dependiente del
Ministerio de Guerra. De ella dependían las Fábricas y Maestranzas (actuales
Fábricas y Maestranzas del Ejército, FAMAE), los Arsenales de Guerra, los Institutos técnicos, entre otros.19 Con el correr de los años otros cambios sobrevendrán: cambios de dependencia, cambios de estructura y denominación; pero
lo que deseamos hacer notar es que tanto la producción como la adquisición y
conservación del material de guerra constituían un dominio propio del hacer
del Ejército y por ende de su cultura. Así y todo, recién en 1933 estos organismos dejaron de depender del “Ministerio de Guerra en calidad de organismos
técnicos consultivos [y] pasaron a depender de la Dirección de los Servicios como secciones.”20 Por ello, en 1937, habiendo sido “elevada a la categoría de Dirección General de Material de Guerra, la sección “D” Material de Guerra de la
Dirección de los Servicios pasó a depender del Estado Mayor General del Ejérci-

EMGE, p. 159.
Ibídem; p. 160.
18 FAMAE; La historia bicentenaria de FAMAE; Santiago de Chile; TT.GG. Instituto Geográfico
Militar; 2009; p. 140.
19 EMGE; p. 161.
20 Ibídem; p. 163.
16
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to.”21 Luego, en 1941, esta sección volvería a depender de la Dirección de los
Servicios pero lo que cabe hacer notar es que con el correr de los años la problemática del material de guerra deja de ser un asunto ministerial y de alto nivel para transformarse en una actividad propia y necesaria del Ejército.
Por su parte, los arsenales de guerra sufrirán cambios estructurales similares a los anteriores, de manera que hacia fines de la primera década del siglo
XX ya existía la Dirección de Arsenales de Guerra, brazo que provenía de la antigua Dirección de Parque General. Su función consistía en realizar el control
administrativo del abastecimiento del material de guerra y accesorios.22
Otra vertiente importante en lo que más adelante dará lugar al IDIC es la
creación de la Escuela de Armeros Artificieros, considerada la primera escuela
tecnológica del Ejército.23 Sus antecedentes se remontan al año 1897 pero sólo en
1913 tendrá lugar la creación de la Escuela propiamente dicha, iniciando sus
actividades en instalaciones de FAMAE. Así, y con algunos altibajos, esta escuela consiguió consolidarse hacia 1932, en respuesta a los mensajes presidenciales
de 1928 y 1931 que daban cuenta de la preocupación del Ejecutivo por consolidar la capacidad táctica y técnica del Ejército.24
Nos encontramos entonces en presencia de una revolución militar en
Chile. Una revolución en que la técnica actúa como moderadora de las operaciones militares: las armas han incrementado su alcance lo mismo que las comunicaciones, y el campo de batalla se ha salido para siempre del foco de observación de un catalejo. Las armas, no obstante, no se han vuelto más simples
sino más complejas. Las baterías de artillería que se emplearan en la guerra del
Pacífico ya son historia, tanto por alcance como por accesorios, por peso, por
mantención. De allí que sirvan de adorno a las fachadas de los cuarteles y pasen
a prestar servicios perpetuos en los museos.

Ibídem.
Ibídem, p. 169.
23 Cfr. ECHEVERRÍA, René; Desarrollo científico tecnológico en el Ejército durante el siglo XX;
Santiago de Chile; obra inédita; 1982; p. 2; en ibídem, p. 172.
24 Ibídem, p. 176.
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La memoria del Ministerio de Guerra de 1916 señalaba que había “dos
campos en los cuales se hacía más patente la necesidad de esta pronta transformación [de un ejército del siglo XIX a otro del siglo XX]: comunicaciones y armamentos.”25 Estos últimos abarcaban desde las armas de tiro rápido, como las
ametralladoras, hasta los obuses más pesados. La naturaleza de la guerra no
había cambiado, de allí la vigencia de quienes pensaron en ella como un fenómeno que afecta a las sociedades de manera casi inevitable. Lo importante es
que la manera de hacerla cambia, sus formatos cambian, sus alcances y sus velocidades cambian. Son estas las circunstancias de cuya madurez va a surgir
una organización como el IDIC.
En 1919, en el curso de una visita a la exposición de ingenieros de España, el entonces capitán Marcial Urrutia Urrutia se refería, en un artículo publicado durante 1920 en la revista Memorial del Ejército, a la importancia que el
progreso de la ingeniería iba adquiriendo desde el punto de vista militar. Luego
de reseñar numerosos productos fabricados en ese país, terminaba su exposición con estas palabras:

En nuestros viajes de estado mayor i juegos de guerra, en las modestas maniobras, no carecemos nunca de abundantes municiones, de aeroplanos, de tanques, de aviones i dirijibles, de
espléndidas columnas de automóviles, de trenes de sitio bien provistos, telegrafía i telefonía de
todas clases. No hay para qué decir que en los juegos de guerra de etapas todo funciona admirablemente i no falta ni material de guerra, ni víveres ni medios de transporte. [Sin embargo] la
realidad parece que va a ser bien distinta i bien lo saben los que tienen sobre sus hombros la
ingrata i difícil tarea de trabajar en cuestiones reales de movilización, concentración, en confeccionar planes de campaña i de operaciones, dejando a un lado fantasías i basándose en datos i
cifras, que no pueden menos que llevar el desaliento aun a los más optimistas.
Si estas líneas i las ideas que sobre este mismo asunto he expuesto en las memorias que
desde España he enviado a la superioridad, sirvieran para hacer meditar i resolver pronto la

25

Ibídem; p. 174.

- 24 -

importante cuestión de formar una oficialidad técnica para los servicios de armamentos, quedarían satisfechas las aspiraciones del autor.26

En los primeros años del siglo XX no era difícil caer en la cuenta de que la industrialización iba a cambiar la manera de vivir de la gente. Y esto implicaba
que las organizaciones sufrirían vaivenes y remezones inevitables. Quizá una
de las características menos visibles de las tecnologías, dicho esto en un sentido
amplio, es que ellas van más aprisa que nuestra capacidad de interpretarlas y,
peor aún, de asimilarlas. En otras palabras, nos acostumbramos a su presencia
entre nosotros antes de que podamos decir qué es exactamente lo que hacen
aquí. De allí la reacción del capitán Marcial Urrutia cuando, presenciando las
nuevas formas y los nuevos tamaños de los ingenios bélicos de 1920, no halle
otra cosa que decir (o exclamar) que se necesitaban capacidades nuevas de las
que el Ejército de Chile carecía.
Son éstas, en definitiva, las coordenadas del cambio que va a sufrir el
Ejército del siglo XIX al XX. Por una parte cambia su doctrina y por otra cambia
su técnica sin que haya una solución de continuidad entre ambas, pues tan
pronto varía la una, la otra debe ponerse a su altura. El Ejército de las guerras
de independencia y del Pacífico se había vuelto pura tradición, pues ya no era
posible recurrir a esquemas como los de aquellas jornadas para enfrentar la
modalidad de lucha con que había inaugurado el siglo XX la I Guerra Mundial,
ya fuera por poder de fuego, por distancias, por comunicaciones, por sistemas
de soporte logístico.
Es esto lo que va a dar lugar a la creación del IDIC, del Instituto Geográfico Militar, de la Fábricas de Pólvoras y Explosivos, y de los Polvorines de Peñalolén, por nombrar algunas de estas nuevas organizaciones que van a transformar el rostro del Ejército.

Capitán Marcial Urrutia U.; Revista Memorial del Ejército de Chile; Año XV – 2do. semestre;
1920; p. 43.
26

- 25 -

LA CREACIÓN DEL IDIC
El IDIC es producto de un cruce de tendencias que tienen que ver con la revolución militar que se vivió en Chile hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX.
Esta revolución militar significó introducir cambios en la doctrina (esto es, la
manera de hacer las cosas), como respuesta a la adquisición y asimilación de
nuevos materiales y equipos. Esta circunstancia, unida a la acción de un grupo
de personas que visualizaron las características y alcances de esta revolución,
dio lugar a la creación del Instituto, aunque por otro lado la iniciativa misma no
era nueva. Sus antecedentes pueden rastrearse hasta finales de la década de
1840.

[…] Durante el gobierno del general Bulnes, en 1848 nació el obreestante (sic), encargado de la
supervisión de insumos y productos adquiridos por el Ejército. Años después, en 1860, se reglamentaron las actividades de control de calidad. Para ello se diseñó un sistema de revisión y
chequeo de todos los productos, comparándose cada unidad con la muestra original… Ya en
1911 se crea la Comisión de Ensayos, Revisión y Experimentación, como organismo asesor del
alto mando. Se amplían sus tareas y, en especial, las investigaciones, ya que se le otorga el rol de
mantener al día a la Institución, con los progresos de la ciencia en materiales de guerra.27

Así, por decreto supremo Nº 1.108 de fecha 3 de mayo de 1911, se crea la Comisión de Ensayos, Revisión y Experimentación de Material de Guerra, la que tenía por finalidad “mejorar, transformar o revisar, desde el punto de vista técnico,
los productos que serían entregados al Ejército para su uso.”28 Asimismo, debía
prestar “asesoría técnica al mando del Ejército en lo referente al control de calidad de los materiales adquiridos o fabricados por las industrias militares o civiles del país.”29 Los cambios que esta Comisión sufriría en el tiempo se irían con-

Diario El Mercurio; Ediciones especiales; 1911 – 1991, Ochenta años certificando la calidad;
1991; p. 3.
28 Revista Armas & Servicios, Nº 61; Teniente Coronel Ricardo Riquelme, Mayor Rodrigo Ortiz
J.; IDIC: Función y rol institucional y nacional; 1996; p. 4.
29 EJÉRCITO DE CHILE; Historia del servicio de material de Guerra – 118 años; 1997; p. 70.
27

- 26 -

cretando poco a poco, especialmente en cuanto a dependencia jerárquica y organización interna. Así, la Comisión:

Fue siempre un organismo dependiente de la Dirección de Material de Guerra. En 1927, con el
nombre de “Comisión de Intervención y Experiencias,” pasó a ocupar las instalaciones de FAMAE para intervenir directamente en la investigación y control de la producción de material de
guerra de esa industria (D/S Nº 3081 de 10 de octubre de 1927). Cuando se terminó la construcción del pabellón para el laboratorio de metalografía, en 1929, la Comisión se trasladó al local de
avenida Pedro Montt 2050.30

Hacia 1911, la organización militar del Ejército daba cuenta, en el ámbito del
material de guerra, del despliegue de una actividad creciente, variada y sostenida: la de fabricar material (FAMAE), la de almacenar munición (Arsenales de
Guerra), la de formar operarios y técnicos (institutos técnicos), la de transportar
material de un lugar a otro (línea férrea FAMAE – Batuco), y la de gestionar
todo el conjunto (Dirección de Material de Guerra, dependiente del Ministerio
de Guerra).31 Es en esta estructura matriz donde va a inscribirse y a concretarse
la labor de la Comisión de Ensayos, entidad precursora del IDIC.

LOS PRIMEROS PASOS
Decíamos que la Comisión de Ensayos, Revisión y Experimentación del Material de Guerra, fue creada “con fecha 3 de mayo de 1911, con la misión de prestar asesoría técnica al mando del Ejército de lo referente al control de calidad
de los materiales adquiridos o fabricados por las industrias militares o civiles
del país.”32 Esta misma misión, con el correr de los años, se ha mantenido inalterada. Ella concreta, a nuestro entender, los dos focos de su hacer: la asesoría
técnica al mando y el control de calidad de los materiales que adquiere el Ejérci-

Ibídem. Pese a que su ubicación no ha cambiado, la numeración actual del IDIC ya no es 2050
sino 2136.
31 EMGE; p. 161.
32 EJÉRCITO DE CHILE; Historia del servicio de material de Guerra; p. 70.
30

- 27 -

to. Su nombre actual es deudor de su ubicación inicial en dependencias de FAMAE, donde intervenía “directamente en la investigación y control de la producción de material de guerra de esa industria.” Pasarán, no obstante, cuarenta y
siete años hasta que se reconozca en su designación esta actividad clave. Y lo
destacamos porque como suele suceder con los organismos públicos en general
y los del Ejército en particular, ellos reciben el nombre en relación directa con lo
que hacen. La identidad es plena, pues no hay fantasía ni pretensión alguna en
la marca que no sea la de definir un actuar. Investigar y controlar es lo que hará
el IDIC desde 1911. Con todo, la Comisión original se hallaba conformada por
los siguientes cargos:
— Un presidente.
— Un vice-presidente o jefe de la Comisión.
— Un Jefe de Taller.33
El primer presidente de esta comisión fue el teniente coronel Manuel
Délano Bravo, oficial del arma de artillería, técnico en pólvoras y explosivos
quien realizara estudios en Francia bajo la tutela del sabio francés Marcellin Pierre Eugène Berthelot (1827–1907). El segundo miembro de la comisión fue el
entonces capitán Marmaduke Grove Vallejo,34 quien realizara estudios de especialización en Alemania. Como jefe del taller de armería se empleó a don Baldomero García,35 con quien se completaba la primera Comisión del futuro IDIC.
Los asesores de la misma prestaban servicios en tres áreas: armamento
menor, municiones de infantería, y pirotecnia y balística. Los primeros técnicos
asesores fueron, respectivamente, los señores Juan Nielsen, Guillermo Wadenphul y Roberto Oehlmann.
Para FAMAE, los años 1894 y 1895 estuvieron marcados por sendas explosiones en la sección artificios de la antigua Maestranza y Parque de Artillería. Algo similar ocurrirá en 1923 (19 de noviembre), cuando “uno de los polvoIDIC; documento inédito; capítulo VI.
Se trata del mismo Marmaduke Grove que más adelante protagonizará algunos de los movimientos y asonadas políticas más historiadas de la década de 1920.
35 Cfr. nota 33.
33
34

- 28 -

rines ubicados en el interior de la fábrica explotó, destruyendo gran parte de los
edificios, dejando un saldo de varios muertos y heridos.”36 Uno de los edificios
dañados resultó ser el de la sección artificios “donde funcionaba la Comisión de
Experimentación [que] perdió así parte de su archivo y del valioso material
acumulado.”37 Este accidente iba a imponer un receso a la Comisión, un primer
traslado temporal a las instalaciones de Arsenales de Guerra y un último traslado a las antiguas dependencias de la estación Padura, viejo Terminal del llamado Ferrocarril de Circunvalación de Santiago.38 Con todo, los muros de la estación sólo albergarían una parte de la Comisión pues las oficinas se instalaron en
el palacio de la Moneda hasta el año 1936, en que se trasladaron a un edificio de
la calle Compañía, esquina de Almirante Barroso.39
Es preciso destacar, para los efectos de esta historia, tres hitos importantes en relación con la creciente tecnologización del Ejército. Ya hemos señalado
más arriba que hay una estructura matriz en la que se inscribe la fundación del
IDIC como Comisión de Experimentación. Esta estructura no sólo debe entenderse desde la perspectiva organizacional sino también desde la perspectiva de
la época en que estos acontecimientos tuvieron lugar. Recurriremos a un lugar
común para decirlo: los tiempos estaban maduros para lo que sucedía en (y con)
el Ejército. Y es que en 1913 se crea la Escuela de Armeros Artificieros a la que
ya hemos hecho alusión, en 1922 el Instituto Geográfico Militar y en 1926 la
Academia Técnica Militar (actual Academia Politécnica Militar). Si a ello se suman los casos de FAMAE, de los Arsenales, del Ferrocarril, y de la Dirección de
Material de Guerra, resulta directo comprobar que la inserción tecnológica que
acompañaba las nuevas adquisiciones demandaba una organización y una capacidad de que antiguamente se carecía. El Ejército no sólo modernizaba su maFAMAE; p. 148.
IDIC; documentación interna; Historia del Instituto de Investigación y Control; c. 1961; p. 2.
38 El Ferrocarril de circunvalación era “la frontera de la ciudad hacia 1910. Una periferia marcada por las viñas del sector oriente, la marginalidad en el poniente y las industrias en el sur,”
donde se hallaban tanto la fábrica de cartuchos como la Comisión de Experimentación. (Tomado de Internet; Fondecyt; Subsisten huellas del Santiago del centenario; http://goo.gl/P8BuE;
acceso: 7/11/2010.)
39 Cfr. nota 33.
36
37

- 29 -

terial sino que modernizaba también su capacidad de recibirlo, controlarlo, administrarlo y emplearlo como era debido. Los organismos a que aludimos no
eran fruto del capricho ni del ánimo antojadizo de nadie sino más bien de una
manera de comprender el espíritu de los tiempos, el zeitgeist de una generación
de oficiales cuyo denominador común eran los estudios realizados en Europa y
Estados Unidos. La comprensión cabal de que la técnica permeaba el empleo de
los medios en las llamadas operaciones militares, hermanando aquélla a la
táctica de tal manera que no era entendible la una sin la otra, determinó esta
generación de capacidades nuevas que florecieron en los quince años que van
de 1911 a 1926.
A modo de ejemplo, señalaremos que en 1926, el entonces mayor Marcial
Urrutia Urrutia, quien ya se había empapado en Europa de las nuevas tendencias en la relación técnica-táctica, era

…destinado a la Sección Experiencias de la Dirección de Material de Guerra en Santiago. Aquí
desarrollé intensa actividad técnica, llevando a cabo numerosas experiencias con pólvora, explosivos, armamento menor i mayor, experiencias de carguío i arrastre con el material de montaña Schneider, traduciendo del francés al alemán obras i folletos de utilidad para el Ejército…
El año 27 realicé en Batuco experiencias de tiro con el objeto de determinar la posibilidad de
adaptar un proyectil igual para los materiales Krupp i Schneider. Obtuve la construcción del
edificio para Laboratorios de la Comisión de Experiencias, la fundación de los Polvorines de
Peñalolén, la creación de la Comisión para informar i proponer la creación de una fábrica de
pólvoras i explosivos… En 1928, ya de teniente coronel, fui nombrado Director de la Academia
Técnica [sin dejar de lado] la Comisión de Experiencias… A fines de año, obtuve del Gobierno
el envío a Europa de todos los alumnos del II Curso de material de guerra [de la Academia],
caso que no se había producido ni se ha vuelto a repetir en nuestro Ejército.40

En 1927, de paso, va a iniciarse la construcción de “un pabellón con frente a
avenida Pedro Montt, donde se instaló el laboratorio metalográfico… En 1931 se
instaló la sección Gases y Guerra Química, en un pabellón destinado para cociURRUTIA U., Marcial; Síntesis autobiográfica del Sr. General don Marcial Urrutia Urrutia;
Santiago de Chile; texto inédito; 1980; p. 12.
40

- 30 -

na de tropa, contiguo al edificio de la estación Padura.”41 Cinco años más tarde
va a iniciarse la construcción del laboratorio balístico que hasta entonces funcionaba en dependencias de FAMAE.42
Recapitulando:

En 1927, con el nombre de “Comisión de Intervención y Experiencias,” pasó a ocupar [dicha
Comisión] las instalaciones de FAMAE para intervenir directamente en la investigación y control de la producción de material de guerra de esa industria (D.S. Nº 3081 de 10 de octubre de
1927). Cuando se terminó la construcción del pabellón para el laboratorio de metalografía, en
1929, la comisión se trasladó al local de la avenida Pedro Montt 2050. En 1931, se instaló la sección Gases y Guerra Química, cuya misión era la de efectuar trabajos referidos al empleo de
elementos químicos en acciones tácticas. En 1936, se inició la construcción del pabellón para el
laboratorio balístico con el fin de poder determinar la seguridad y calidad de las armas y municiones. En 1942, la Comisión pasó a denominarse Sección D.M. 4 de la Dirección de Material de
Guerra.43

La Comisión crecía en razón de las demandas institucionales. La construcción
del Laboratorio físico-químico y del pabellón para la dirección va a marcar el
curso de los años posteriores a 1942.44 En 1958, la Comisión pasa a llamarse Instituto de Investigaciones y Control del Ejército (D.S. Nº 168 de 10 de julio de
1958), tal como se denomina actualmente.
La lectura del Decreto permite constatar que esta nueva designación aparecía anidada en la creación de la Dirección de Ingeniería Militar. Entre otras,
sus “tareas específicas… serían realizadas en coordinación con el Estado Mayor
del Ejército (hoy Estado Mayor General del Ejército) y comprenderán:”

a) Proponer todas las medidas de planeamiento y dirección para todas las materias relacionadas
con la producción, experimentación, adquisición, recepción, distribución, reparación y mantenimiento de los elementos de material de guerra que el Ejército necesita; b) Planear y dirigir la

Cfr. nota 33.
Ibídem.
43 EMGE; T. IX; p. 217.
44 Cfr. nota 33.
41
42

- 31 -

instrucción técnica y científica de oficiales y suboficiales…; c) Atender la experimentación
científica de los elementos materiales del Ejército y fiscalizar la cantidad de los que ha de recibir
la Institución de acuerdo con las especificaciones establecidas; d) Planear, proponer y dirigir la
fabricación de los elementos de material de guerra que el Ejército esté en condiciones de elaborar en sus fábricas y talleres; e) Elaborar los planes de distribución de elementos y efectuar el
abastecimiento de las tropas y reparticiones…; f) Mantener informado al Comandante en Jefe
del Ejército sobre la situación y existencia de los elementos de material de guerra del Ejército…

Más adelante, en el artículo 29.- se añadía:

La Dirección de Ingeniería Militar estará constituida como sigue:
-

Dirección

-

Secretaría

-

Depto. Técnico.

-

Depto. de Material de Guerra.

Los Servicios y Reparticiones de su dependencia serán:
-

Academia Politécnica Militar.

-

Instituto de Investigaciones y Control.

-

Fábrica de Material de Guerra.

-

Fábrica de Explosivos.

-

Estación de Servicio.

-

Arsenales de Guerra.- Maestranza de Mantenimiento.

Aquí aparecerá por primera vez el nombre del Instituto. De los seis servicios y
reparticiones que el Decreto menciona, al año 2011 sólo queda la mitad, la Academia Politécnica Militar, el IDIC y los Arsenales de Guerra. Los demás organismos cambiaron de nombre y dependencia. Y hasta la misma Dirección de
Ingeniería se disolvió en los afanes de la modernización y la dinámica de los
cambios que sobrevendrían hacia mediados de la década de 1970.
(En todo caso, introduciremos aquí un paréntesis para recalcar que esta
no iba a ser la última designación del Instituto. Si un transeúnte pasa por delante de su fachada podrá leer sobre el arco del mismo, el nombre del IDIC seguido
del sintagma del Ejército. Ello iba a corroborarse mediante la ley 18.723, que

- 32 -

creaba el Comando de Industria Militar e Ingeniería, CIMI, en cuyo artículo 2º,
título 1) se lee: Instituto de Investigaciones y Control del Ejército. Para el personal más antiguo del IDIC, esta pertenencia expícita al Ejército aparecía en su
nombre desde antes la década de 1970. Después de todo, una de las fuentes del
derecho, tal como suele decirse, es el uso y la costumbre. Y el nombre del Instituto es un ejemplo de que ello es real.)
Si bien esta designación nueva da inicio a una especie de segundo aire
para el Instituto, por el hecho de que confirmaba su existencia de la manera más
decidora posible llamándolo Instituto en vez de Comisión, ello tiene su origen
en que este organismo resultaba ser un modelo que se había vuelto exitoso porque era necesario y que era necesario porque se había vuelto exitoso. El IDIC no
había irrumpido en el Ejército desplazando a un grupo de competidores ni reemplazado a organismo alguno dedicado a fines similares al suyo. El hecho de
que el Instituto haya prosperado hasta nuestros días se debe en gran parte a que
su labor vino a llenar un vacío cuya concreción no fue fruto de una especulación
o del arte retórica, sino de la aplicación de normas y estándares internacionales,
de una ingente labor de ingeniería y –última pero no menos importante- de
ciencia.

--♦--

- 33 -

- 34 -

CAPÍTULO II

Etapas de desarrollo – En la plenitud del siglo XX – El Pacto de ayuda militar – Organizaciones diversas – Crecimiento y proyección – Ciencia y tecnología: los medios y los
fines – Alcances y consolidación a partir de 1961 - Tendencias en la certificación de calidad – Organización inteligente.

ETAPAS DE DESARROLLO
En 1958, la otrora Comisión de Ensayos pasa a denominarse Instituto de Investigaciones y Control. Como tal, sus tareas son las mismas que realizaba con anterioridad, sólo que esta vez la idea de Instituto refleja la consolidación de que
la palabra Comisión carecía. Esta última transmitía la idea de transitoriedad que
la palabra Instituto eleva al rango de permanente. Esta consolidación del IDIC
es fruto de un trabajo para el cual, en el Ejército de 1911, así como en el de 1958,
no había sustitutos. La labor del Instituto no podía realizarla FAMAE que era –
por definición- una fábrica, tampoco podían realizarla los polvorines, ni los ferrocarriles, ni la misma Dirección de Material de Guerra, puesto que el rol del
IDIC era (y es) de carácter contralor.
En 1966, en la edición Nº 333 de la revista Memorial del Ejército, se leía que
el Instituto:

Está organizado de manera de responder con el máximo de eficiencia a las funciones de investigación y control con relación al [material de guerra], vale decir, está encargado del estudio y
resolución de los problemas científicos y técnicos que originan su adquisición, su fabricación y
su empleo… Con relación al Ejército, la acción del IDIC está constituida principalmente por la
eficiente aplicación de sus funciones de investigación y control, las cuales se traducen en el estudio de problemas nuevos o no bien conocidos, respecto a los materiales en uso en el país o en
el extranjero, o simplemente teóricos, como, asimismo, en la confrontación de los elementos,
nuevos o en uso, con aquellas condiciones que deben cumplir de acuerdo con las normas o es-

- 35 -

pecificaciones que le son aplicables… Esta acción, en casos especiales, se hace extensiva a manera de asesoría (sic), hacia las otras instituciones de la Defensa Nacional y Carabineros.45

En efecto, el IDIC cumplía todas estas labores que en un Ejército que saltaba
desde la inercia del siglo XIX a la dinámica nueva del XX, resultaban esenciales.

3. Prueba de regularidad y sensibilidad de los detonadores eléctricos (1966). 46

Hacia 1966 el Instituto ya contaba con laboratorios “Balístico, Químico, Electrónico, Metalográfico, Pólvoras y Explosivos y Físico-Químicos, constituidos estos
por Espectrografía, Combustibles y Lubricantes y Polarografía.”47 Sin embargo,
ellos no surgieron espontáneamente ni de una sola vez, sino que lo fueron
haciendo en la medida que la demanda Institucional requería de los mismos.
Ello se veía reflejado en los edificios del IDIC que dejaban de servir a un propósito para luego servir a otro. Se unían las dos alas separadas de dos laboratorios
para formar un solo pabellón, o se construía uno nuevo o se remodelaba o ampliaba uno antiguo. Es un hecho que la Comisión de Experiencias original se
basaba en una estructura inmobiliaria distinta de la que iría a concretarse con

Revista Memorial del Ejército de Chile; Nº 333; 1966; pp. 132 y ss.
Ibídem.
47 Ibídem; p. 133.
45
46

- 36 -

los años. Si uno de los oficiales fundadores de esa Comisión pudiese visitar el
IDIC de nuestros días, sin lugar a dudas que no lo reconocería como tal. A modo de ejemplo, el edificio del actual cuerpo de guardia no es el original, que hoy
se encuentra más cerca de la calle; el casino de oficiales albergó en su momento
al pabellón dirección; el casino del personal era, originalmente, un taller mecánico; los pabellones correspondientes a guerra química y a armamento y municiones se unieron para formar uno solo, lo que es hoy el departamento de ingeniería. Así, el actual edificio de la dirección se terminó de construir en 1973, el
otrora cuerpo de guardia dio lugar a la oficina del nodo de fuerza, el laboratorio
de ensayos mecánicos dio paso a la oficina de revisión de armas, la antigua enfermería es hoy el laboratorio de ensayos mecánicos, el laboratorio químico y el
de alimentos son producto de ampliaciones que surgieron de la planta del edificio original, el segundo piso del actual departamento de armamento y municiones se construyó hacia fines de la década de 1980; por último, el casino de suboficiales ha llegado a ser es el más antiguo de todos y hasta ahora –como si fuese venerado por ello- se conserva en perfecto estado de uso.48
En algún momento el IDIC contó también con un museo de armas que
funcionaba en lo que es hoy el departamento de finanzas. Las armas, por cierto,
pasaron a conservarse en dependencias de Arsenales de Guerra. Los tres túneles correspondientes a los polígonos subterráneos de 100, 50 y 16 m, se construyeron entre los años 1981 y 1982. Antes de que fuesen construidos, las pruebas
con armas de fuego se hacían en la superficie, es decir, en algunos de los patios
del Instituto, todo lo cual entrañaba algún grado de peligro para el personal que
debía permanecer a cubierto en sus dependencias y con prohibición absoluta de
salir. De hecho, cuando se iba a disparar, se prohibía la salida de los niños del
interior de sus casas porque hasta mediados de la década de 1950 el personal
del IDIC vivía al interior del mismo recinto.49

48
49

IDIC; conversaciones con su personal; septiembre 2010 – enero 2011.
Ibídem.

- 37 -

----

En otro orden de ideas, se hace necesario recordar que en 1931 se creó la Dirección de los Servicios, organismo que se hizo “cargo de todas aquellas materias
logísticas relacionadas con administración, material de guerra, sanidad y remonta.”50

Originalmente –dicha Dirección de los Servicios- quedó ubicada en el antiguo edificio del Ministerio de Guerra, donde actualmente está la plaza de la constitución en Santiago. Posteriormente, en 1936, la Dirección fue trasladada al interior del Palacio de la Moneda, en algunas dependencias cedidas allí por el Ministerio del Interior. Entre 1937 y 1940, la Dirección funcionó
en calle Amunátegui 52… De acuerdo al reglamento orgánico del Ejército de 1940, [tenía] la
siguiente organización: a) Dirección de Material de Guerra; b) Departamento de administración;
c) Departamento de sanidad…; d) Departamento de remonta y veterinaria…; e) Departamento
de movilización industrial; f) Departamento de obras militares…; g) Servicio religioso.51

Sin embargo, hacia 1947 la Dirección de Material de Guerra fue escindida de la
de los Servicios, “pasando a depender directamente del Comando en Jefe del
Ejército.”52 Recordemos que de esta Dirección dependía la Comisión de Ensayos
que diez años más tarde obtendría su denominación actual. Por la misma época,
en julio de 1953, se creaba la Dirección de Ingeniería Militar “como organismo
asesor del Comandante en Jefe del Ejército en todas las materias relacionadas
con elementos de Material de Guerra.”53

Los Servicios y Reparticiones de su dependencia fueron los siguientes: Academia Politécnica
Militar, Instituto de Investigaciones y Control (IDIC), Fábrica de Material de Guerra, Fábrica de

EMGE; T. IX; p. 103.
Ibídem.
52 Ibídem.
53 Ibídem; p. 141.
50
51

- 38 -

Explosivos; Estación de Servicio, Arsenales de Guerra, Maestranza de Mantenimiento y el Departamento de Obras Militares.54

Más tarde, en 1971 se crea el Comando de Fabricaciones Militares (D.S. M.D.N.
Nº 226 de 6 de octubre de 1971), mediante el cual pasan a depender de este
nuevo organismo, el Complejo Químico Industrial del Ejército, el Instituto Geográfico Militar, el Centro de Estudios Nucleares del Ejército (“En formación”),
la Fábrica del Vestuario y Equipo del Ejército, y el Instituto de Investigaciones y
Control. Sin embargo, en 1978 una nueva estructura viene a reemplazar a la
precedente, pasando el Comando de Fabricaciones a denominarse Comando de
Industria Militar e Ingeniería.55 Nada de ello afectará la misión ni las tareas del
IDIC. Su dependencia actual y su actividad, en relación jerárquica con el CIMI,
es, hasta la fecha, una prueba de ello.

EN LA PLENITUD DEL SIGLO XX
Uno de los hitos más trascendentes para el IDIC es el que dice relación con el
Banco de Pruebas de Chile. Este organismo, destinado al control de calidad de
las armas de fuego, municiones y explosivos, adquiridos y empleados por la
comunidad civil, pasa a depender del Instituto a contar del año 1961 (D.S. Nº
241 de 7 de noviembre de 1961). El título de otorgamiento de dicha facultad al
IDIC, tomaba en cuenta:

Que la seguridad de las personas que usan armas de fuego, municiones y explosivos, exige un
control estricto de la calidad de estos artículos, especialmente en la actualidad, en que su uso ha
ido en aumento por el creciente desarrollo de las industrias de la importancia de la minería y
por el interés cada vez mayor en la práctica de los deportes de tiro y caza… Que en otros países,
existen organizados para estos efectos, Bancos de Prueba… Que el Ejército dispone de una Re-

Ibídem; p. 142; hacemos notar, sin embargo, que hacia 1953 el IDIC aún resultaba ser la Comisión de Ensayos y por lo tanto esta mención constituye una errata. Su nombre actual recién lo
iba a recibir en 1958.
55 General Julio JARA D.; conversación: 15/11/2010.
54

- 39 -

partición que se denomina Instituto de Investigaciones y Control del Ejército, dependiente de la
Dirección de Ingeniería Militar… etc.56

Todo lo cual va a determinar el otorgamiento al IDIC de la “facultad de ejercer
el control de calidad, desde el punto de vista de la seguridad para su uso y manipulación, de las armas de fuego, municiones, explosivos..., que se fabriquen o
importen al país.”57 Esta nueva facultad va a multiplicar las tareas del Instituto,
puesto que ahora deberá velar por el control en materias de armas de fuego y
otros del mismo género, en el ámbito de lo civil. Esta labor viene a coronar la
trayectoria del IDIC en la medida que su expansión será producto, aunque resulte paradojal, de su creciente especialización. Recordemos que el IDIC fue
creado, inicialmente, para prestar servicios a FAMAE en el control de calidad
de su producción de material de guerra. Desde allí va a abarcar la metalografía
(1929), los gases y la guerra química (1931), la balística, en cuanto a calidad y
seguridad de la munición (1936), entre otros, todo ello complementado con
nuevos personal, edificios, equipos y laboratorios. Es en este estadio de su desarrollo donde el Banco de Pruebas de Chile (BPCH) va a encontrar al Instituto,
determinando su expansión no sólo en términos de carga de trabajo sino
además en términos de cobertura territorial. El BPCH es un organismo que posee sucursales a lo largo de todo el país, y a través de cuya acción presta servicios a numerosos y variados clientes: personas naturales que adquieren armas
de fuego, compañías mineras, fábricas de explosivos, entre otros. Hacia el trienio 1963-1966, el volumen de importaciones radicadas en este rubro acumulaba
importantes cifras.

Como datos estadísticos generales podemos mencionar que desde el 1º de abril de 1963 se han
constatado: 689 importaciones, más toda la producción de FAMAE, TEC Harseim ®, Compañía
Sudamericana de Explosivos, Fábrica Nacional de Pólvoras y Explosivos Bucanero. [Todo ello,
sobre la base de un volumen de importación que] alcanza a 30.000 toneladas de nitrato de amo-

56
57

BANCO DE PRUEBAS DE CHILE; Reglamento Orgánico y de Funcionamiento; 1963; p. 5.
Ibídem.

- 40 -

nio, 500 toneladas de nitrocelulosa, 600 millones de pies guía detonante y mechas; 15 millones
de detonadores y estopines; 1.300 armas.58

Esta nueva dimensión en el actuar del Instituto proyectaría su figura hacia el
exterior. El mismo decreto que disponía la asimilación del Banco al hacer del
IDIC, disponía también su afiliación a la Comisión Internacional Permanente de
Armas de Fuego Portátiles de Bruselas (C.I.P.), “a fin de que las resoluciones
adoptadas por los demás Bancos afiliados a dicha Comisión sean reconocidas
en Chile.”59 El actuar eminentemente institucional, esto es, volcado hacia el interior del Ejército, trascendía en un solo paso hacia la totalidad del país y a partir de éste hacia el exterior. De allí que su función –a contar de 1961- posea este
carácter triple: institucional, nacional e internacional. Pero esto no es todo:

Con fecha 21 de octubre de 1972 se publica la ley Nº 17.798 sobre control de armas y explosivos,
la cual queda bajo la tuición de la Dirección General de Movilización Nacional. En esa misma
ley, se dispone que el Banco de Pruebas de Chile asesore a la Dirección General de Movilización
a través del IDIC en lo que se refiere a la determinación de la peligrosidad, estabilidad y calidad
de las armas y elementos sometidos a control.60

Dicha determinación iba a incrementar el control de armas, municiones, cartuchos de caza, máquinas recuperadoras de cartuchos, explosivos, cartuchos industriales, fuegos artificiales, y pólvoras que hasta entonces el IDIC realizaba,
ampliando de paso su ya formidable responsabilidad social.61 El Banco era la
rama del IDIC que más profundamente se adentraba en la comunidad con un
servicio esencial y proyectaba, en consecuencia, una acción integral, dado que la
posibilidad que se abría para el Instituto de asumir este nuevo rol se hallaba en
concordancia con una capacidad adquirida con los años. Esta clase de servicios
representará, por otra parte, una entrada importante de recursos para el IDIC,
Revista Memorial del Ejército Nº 333; p. 136.
BANCO DE PRUEBAS DE CHILE; p. 6.
60 Revista Armas y Servicios, Nº 61.; p. 4.
61 Ibídem; p. 6.
58
59

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por cuanto la misma ley que le asignaba la tuición sobre el BPCH disponía una
“tasa por servicio de control,” correspondiente al 1,5% “sobre el precio de venta
de las fábricas nacionales y sobre el precio en bodega de las mercaderías internadas al país.”62 Con ello, el Instituto quedaba en condiciones de mejorar la calidad de su servicio, por cuanto podía –en el marco de la ley- disponer de dichos recursos para acrecentar la capacidad técnica del Instituto y por ende del
Estado.
Con todo, además de la ya mencionada C.I.P. el Instituto pasó a integrar,
a mediados de los años sesenta, la American Society for Metals (ASM) y la American Society of Testing for Materials (ASTM), organismo asociado al Instituto Nacional de Normalización (INN). Este conjunto de relaciones sólo fue posible en
razón de dos elementos que resultaron claves: 1) especialización, 2) permanencia del personal técnico. Ambos elementos, cada vez que sufren cambios o distorsiones importantes, alteran la cadena del largo plazo que es la que permite,
en definitiva, asentar el porvenir de las organizaciones. El Instituto se había
desarrollado en un espacio o nicho que se hallaba vacante. Su relación con otros
organismos institucionales no resultaba invasiva ni superpuesta. La labor del
IDIC vivenciaba su carácter único y, lo más importante de todo, esencial. Es este
carácter del que hablamos, el que hará posible el desarrollo de una identidad
organizacional que anidará en lo más profundo de su personal. Esta identidad –
que puntea, nutre y orienta- vincula estrechamente lo que las personas hacen
con el medio en que ese hacer se realiza. Tal es la razón de que los oficiales
hayan permanecido más años destinados en el IDIC que lo que dicta la costumbre. Tal es la razón, también, de que su personal técnico haya hecho (como hasta ahora) carrera en el Instituto. Tal es la razón de que en un medio sometido a
los vaivenes de modernizaciones y reorganizaciones, el IDIC, lejos de mitigarla,
haya cristalizado su identidad.
Para tener una idea más clara sobre este punto, baste señalar que no toda
labor posee –o alcanza- este grado de intimidad entre la acción y el medio en
62

BANCO DE PRUEBAS DE CHILE; p. 9.

- 42 -

que ella se desarrolla. No es este el lugar para dar cuenta de aquellos casos en
que la pérdida o carencia de orientación determinó el fracaso de una determinada empresa. Lo importante aquí –lo que deseamos destacar- es que no es el
cambio o la variación de objetivos lo que determina el fracaso de una empresa u
organización sino la carencia de los mismos. Carecer de objetivos es parte esencial de cualquier receta que busque asegurar el fracaso de una organización. El
caso del IDIC es un caso de acierto en el seno de una organización mayor –el
Ejército- que posee una dinámica propensa al cambio por acción de esa dualidad que existe entre la técnica y la táctica. Los medios técnicos de que dispone
un ejército, afectan la manera en que ese ejército cumple su misión. En tal sentido, el del IDIC, insistimos, es un caso peculiar. Y lo es porque su labor se desarrolla o tiene lugar exactamente en esa frontera donde las cosas que son empiezan a dejar de ser. En otras palabras: en el IDIC (o en cualquier organización de
esta naturaleza) el cambio, por drástico que sea, importa un ejercicio más sólido
y más afín de su trabajo. No importa cuántas veces se incremente el alcance de
un arma en relación al número de partes que la conforman y al número de sirvientes que la operan, el Instituto seguirá haciendo aquello para lo que fue
creado en 1911: “prestar asesoría técnica al mando del Ejército en lo referente al
control de calidad de los materiales que adquiere o fabrican las industrias militares y civiles del país”63 y del extranjero. Hacia 1960, el IDIC afirmaba una
identidad que venía siendo trazada desde la época de su creación. Así, en el
hecho de que las cosas cambien para una organización militar como el Ejército
de Chile, la pervivencia de una identidad fraguada precisamente en el cambio
otorgará permanencia al IDIC. Y uno de los rasgos más elocuentes a la hora de
sopesar una labor como la que describimos aquí, se pone de relieve cuando se
visitan las dependencias del Instituto, conformada por multitud de personas
que trabajan aisladamente (aunque de manera integrada) en distintas oficinas,
dependencias, laboratorios, talleres y otros, como una clara demostración de
que la misión original demandaba, incluso en aquellos años, una flexibilidad y
63

Cfr. nota 31.

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una adaptación nada despreciables. La solidez de su identidad la logró el IDIC
a fuerza de diversificarse con arreglo a una creciente especialización. Un listado
de sus labores hacia la década de 1990 podría resumirse así:

Confección de pliegos de condiciones y especificaciones para la recepción de material de procedencia extranjera; realización de estudios para determinar causas de accidentes, desperfectos o
deterioros del material; ejecución de pruebas de transporte, tiro, arrastre, etc., con distintos materiales nuevos o reparados; estudio de planos y ejecución de pruebas y ensayos a los materiales
presentados en propuestas; control de calidad de las pólvoras existentes en el país; recepción de
todo el material de guerra adquirido en Chile o el extranjero; realización de análisis y ensayos
de combustibles, líquidos y lubricantes; control de seguridad a cartuchos de caza de fabricación
nacional; elaboración de informes técnicos –a petición de la Dirección General de Movilización
Nacional (DGMN)-, sobre la instalación de polvorines, importaciones de armas y explosivos,
entre otros; ejecución de análisis de aceros, latones, aleaciones, metales, minerales, grasas, etc.,
solicitados por distintas organismos y reparticiones de la Defensa Nacional; realización de investigaciones sobre nuevas armas y agresivos químicos.64

Esta diversidad temática supone una capacidad que se construye con los años.
Tal cantidad de labores no se improvisa de un año a otro sino que se incrementa
paulatinamente, con aciertos y fracasos. El lector debe considerar que debajo de
esta gran cantidad de tareas existe toda una estructura que las hace posibles. Es
esa la estructura que irá creciendo para dar pie a lo que vemos en la actualidad
y que revisaremos en el último capítulo de este trabajo. Sostenemos que el crecimiento de esta estructura no será fruto de una estrategia en particular que
desde 1911 pone en práctica una capacidad de prever los asuntos institucionales
de 1950 en adelante. No, no es así. El crecimiento del IDIC es producto del ensayo y el error, de dar pasos en falso y de corregir permanentemente sus métodos, de tal manera de adaptarse mejor al medio en que actúa. Este ha sido su
secreto, sin lugar a dudas. Si bien un organismo público posee la continuidad
que los de su clase poseen por el hecho de no tener que competir en el mercado
con entes privados, ello, no obstante, implica que su labor debe hallarse en con64

Cfr. nota 33.

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sonancia con sus fines so pena de resultar cesado o abolido. Si hay un mérito
que reconocer en quienes han hecho que el Instituto conmemore cien años de
existencia, es el de haberse adaptado a los cambios sin haber quebrado su estructura interna o su naturaleza más íntima. El secreto, entonces, no radica únicamente en la tan machacada flexibilidad.
En la plenitud del siglo XX, el IDIC realizaba múltiples trabajos, actividades y tareas, que daban respuesta a una necesidad institucional y que al
mismo tiempo lo posicionaba como referente en Chile y en el extranjero. Revisaremos más adelante la organización que el Instituto se dio para realizar todo
esto y los medios de que se valió para lograrlo. Pero antes, echaremos un vistazo a un acontecimiento que marca la medianía del siglo como un disparo en la
oscuridad. A diferencia de lo acontecido hacia el bienio 1890-1910, en que la
inserción de una nueva doctrina para el Ejército de Chile tuvo un magnífico
contrapunto en la adquisición de material de artillería en Europa, sancionando
el material en sí mismo las nuevas modalidades castrenses importadas desde
Alemania, en 1952 el senado chileno aprobaba el Pacto de Ayuda Militar, con lo
cual la inserción de material proveniente de Estados Unidos determinaba un
conjunto de cambios en la doctrina, lo que, a diferencia de lo ocurrido con la
primera reforma militar (una diferencia que ahora será de nivel y no solo de
grado), imponía desde el mundo de la técnica su propia versión de la táctica.

EL PACTO DE AYUDA MILITAR (P.A.M.)
El martes 24 de junio de 1952, la Cámara de Diputados aprobaba el Pacto de
Ayuda Militar suscrito con los Estados Unidos. La aprobación del Senado tuvo
lugar pocos días después, el 2 de julio, dando lugar a su vez a la aprobación por
parte del Ejecutivo mediante un decreto que disponía su publicación en el Diario Oficial del 21 de julio de 1952. Nada de esto fue fácil. Debe recordarse que
por aquel tiempo se vivían los comienzos de la llamada Guerra Fría, en el marco
de la llamada era Truman. En su momento, hubo manifestaciones, discusiones a

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viva voz y acaloradas rencillas públicas. Y es que el mundo se hallaba polarizado en Este y Oeste, los extremos de un eje que se balanceaba entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, y que hacían surgir y caer gobiernos. Chile no era
la excepción. En 1948 se había publicado la ley de defensa de la democracia que
prohibía “la existencia… del Partido Comunista.”65 Para su Ejército, sin embargo, la posibilidad de renovar su material y dar respuesta a las demandas acuciantes de un medio que de no renovarse se vuelve vulnerable y, con ello, vuelve vulnerable a la sociedad a la que se debe, resultaba ser un imperativo. El ministro de defensa de la época, general Guillermo Barrios Tirado, señalaba que
“‟el Ejército instruye la mayoría de sus reservas anuales con el viejo material de
20, 30 y 40 años de edad‟ y [con solo] una mínima parte adquirida después de la
Segunda Guerra Mundial.”66 Pero en un clima como el de la época nada era
fácil, especialmente cuando todo parecía confluir en la esquina donde se juntaban estos dos bloques hegemónicos. Tal es así, que luego de su publicación:

Las Fuerzas Armadas manifestaron su satisfacción ante la aprobación del convenio. El comandante en Jefe del Ejército, General Rafael Fernández Reyes, expresó que desde el punto de vista
técnico, el convenio permitiría el perfeccionamiento inmediato de la Institución y el incremento
de la cultura profesional, siempre en desmedro por la incapacidad económica del país. También
adujo que la moral del Ejército sería robustecida al desaparecer la labor profesional exclusivamente teórica que se había estado desarrollando en esos años.67

El término de la Segunda Guerra Mundial marcó el fin de la influencia militar
alemana y dio comienzo a la de la influencia estadounidense. La renovación
sirvió a dos fines, el uno era de carácter moral –para seguir la expresión del general Fernández-, el otro era de carácter técnico. Entre el material recibido por
aquellos años se cuentan el Jeep Willys de ¼ Ton, el cañón sin retroceso de 106
mm, el obús de artillería de 105 mm, y el camión bencinero de 2,5 Ton (REO).
Cada uno de estos implementos técnicos debió sortear la inspección (técnica,
Ley de defensa permanente de la democracia; en EMGE; T. IX; p. 330.
EMGE; T. IX; p. 83.
67 Ibídem; p. 85.
65
66

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por lo demás) del IDIC. El modelo representado por el P.A.M. es una muestra
de que el decenio 1945–1955 anticipa lo que será la segunda mitad del siglo XX
para el Ejército de Chile. Nuevas adquisiciones dan origen a nuevas capacidades que, a su vez, demandan nuevas competencias tanto en los técnicos como
en los usuarios y en los operadores de sistemas, desde el nivel más bajo hasta el
nivel más alto (léase, los mandos). Esta concurrencia de factores en un único
vector que es el Ejército de Operaciones y que hoy se denomina Fuerza Terrestre, implica una organización sólida en la base, que debe servir de respaldo al
crecimiento institucional. En tal sentido, el IDIC ha debido incrementar dramáticamente su arsenal de técnicos, equipos e insumos en los últimos años. Pero
no solo eso. Ha debido además certificar sus procesos de tal manera de transparentar su labor de control.
Sin embargo, hacia mediados de la década de 1950, la situación de normas en el IDIC iba aparejada a su situación de personal. Ambos resultaban escasos e insuficientes. El Pacto de Ayuda Militar iba a desnudar esta deficiencia
pero sin alarmas ni precipitaciones. La estructura del Ejército poseía cierta flexibilidad y fue ella misma la que hizo posible que se integraran diferentes organismos en un solo tren que iba a canalizar la llegada del material al puerto de
Valparaíso para desde allí trasladarlo hasta las unidades que irían a emplearlo.
Dicho material traía consigo multitud de manuales y reglamentos que formaban un corpus que, no obstante, no alcanzaban el rango de norma. Faltaba
algún tiempo todavía para que esto se hiciera realidad. El tipo de normas y controles con que se somete a prueba el material que se adquiere en una transacción igualitaria entre cliente y proveedor no responde al criterio con que se recibe material que ha sido donado. Con todo, esta experiencia, una de las más
importantes que haya vivido el Ejército a lo largo del siglo XX, significó mucho
más que la mera adquisición de material. Este último transformó de manera
significativa su doctrina, introduciendo “importantes modificaciones en lo rela-

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tivo a su organización, procedimientos tácticos y métodos de combate e instrucción.”68
Esta donación de que hablamos, pese a todas sus restricciones en el campo de lo normativo, iba a servir de experiencia al IDIC. A comienzos de la
década de 1960, el Ejército iba a adquirir nuevo material y pertrechos, esta vez
en Europa. De esas gestiones datan los obuses Oto Melara de Italia, los fusiles
SIG de Suiza, las ametralladoras Rheinmetall de Alemania, y hasta ciertos modelos de cocinas de campaña, todo lo cual complementó el material estadounidense llegado con el Pacto. En lo que respecta al Instituto, este debió elaborar
los pliegos de condiciones de recepción del material, tarea que demandó un
esfuerzo de proporciones por cuanto las transacciones suponían no sólo variedad en el material sino que además en los criterios con que el mismo se diseñaba, todo lo cual venía a tocarse –para mayor complejidad todavía- con la cultura
de la que provenía.69 El Instituto, entonces, debía recurrir a una vieja práctica.
Ya hacia su primera década de vida la elaboración de pliegos de condiciones se
había transformado en uno de sus primeros logros:

Las mayores necesidades [de controlar productos adquiridos] llevaron a trasladar el control de
calidad al Departamento del Estado Mayor del Ejército. La tarea primordial fue el control de las
municiones de la fábrica de cartuchos. Debuta [así] el primer Pliego de Condiciones o recepción.70

Esta secuencia o ciclo de adaptación a la inserción tecnológica es una marca de
identidad del IDIC. Podemos poner por caso el relativo a la estabilidad de las
pólvoras, cuya medida es una necesidad de una organización militar por cuanto
ellas se manipulan, se almacenan, se emplean o se desechan por término de vida útil. Las pólvoras requieren –de parte del usuario- mantener un rango de
estabilidad que de otro modo impediría almacenarlas (en tal caso, debieran

EMGE; T. IX; p. 86.
Tcl. Sergio Guiraldes R.; conversación; 11/1/2011.
70 Diario El Mercurio; Ediciones especiales; 1911 – 1991; p. 3.
68
69

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usarse al momento de la compra, y esto, como es sabido, no es lo habitual). Dicha estabilidad se comprueba aplicando distintas pruebas a una muestra del
producto. Tanto la muestra como el número de pruebas a la que será sometida,
se encuentran sujetas a normas o protocolos de prueba. En este caso, existen los
métodos cuantitativos y los cualitativos. Entre los primeros se encuentran la
prueba de Bergmann y Junk, la prueba holandesa, la prueba de pH, la cromatografía en capa fina. Entre las cualitativas encontramos la prueba de Abel, la de
violeta de metilo, la de Thomas, la prueba alemana.71 En el caso de los propelentes, como es el de las pólvoras, las pruebas son de data más antigua porque
el IDIC, en su etapa de Comisión de Ensayos, empezó prestando servicios a la
antigua Fábrica de Cartuchos, precursora de FAMAE.72 Con el tiempo, sin embargo, sus funciones se fueron ampliando y por ende su capacidad de respuesta
a nuevas y múltiples demandas se amplió en la misma medida. La conformación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, en 1947, dio
lugar a la estandarización de numerosos implementos de guerra, lo mismo que
a la organización de las unidades e incluso –y muy especialmente- a la doctrina.
En el caso particular de los propelentes estabilizados con difenilamina, la norma
OTAN que los regula es la llamada STANAG (acrónimo de Standardization
Agreement). Esta norma surge, como decíamos, de la problemática asociada a la
creación de la OTAN y consiste, como toda norma, en el detalle del “procedimiento para realizar las pruebas, esquemas de hojas de datos para anotar los
resultados y límites de aceptación para las experiencias de determinación de
vida útil de los propelentes estabilizados con difenilamina, etil centralita o mezcla de ambos mediante la estufa de vigilancia.”73
Estas normas se fueron dictando y completando con los años. Tal es así,
que para el año 2010 el número de acuerdos supera con mucho los mil,74 pero lo

Revista de la ingeniería química militar, Nº 2; Talagante; TTGG Inacap; 1982; p. 47 y ss.
FAMAE; p. 289.
73 Revista de ingeniería química militar, Nº 5; MAYNARD D., Mario; Acuerdo de estandarización NATO STANAG 4117 (Edición Nº 2); 1984; p. 19.
74 Internet; NATO; en http://goo.gl/oWSZ6; acceso: 17/11/2010.
71
72

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importante, lo que deseamos destacar aquí, es que estas normas provienen de
comienzos de la década de 1950, cuando la OTAN recién se había formado y era
necesario dotarla de normas que armonizaran la variedad representada por los
ejércitos miembros de la Organización.

Poco después del establecimiento de la OTAN, se descubrió que el desarrollo coordinado de
políticas, procedimientos y equipos de las naciones miembros era un gran potencial para incrementar la efectividad y eficiencia de la incipiente Alianza. Como resultado, la Agencia Militar
para la Estandarización (M.A.S.) se estableció en Londres en enero de 1951 con el propósito de
fomentar la estandarización de las prácticas administrativas y operativas como las del material
de guerra.75

En Chile, por otra parte, la normalización apareció como organización ya en
forma hacia mediados de la década de 1940. De hecho, el Instituto Nacional de
Normalización es “continuador legal del Instituto Nacional de Investigaciones
Tecnológicas, INDICTECNOR, cuya génesis se remonta a 1944.” Este último es
fundador, a su vez, de la “International Organization for Standardization, ISO,
principal ente normalizador internacional… a partir de 1947.” Asimismo, “desde 1949 es fundador y parte de la Comisión Panamericana de Normas Técnicas,
COPANT.”76
Es en este esquema, entonces, donde se inscribe buena parte de la actividad del IDIC, pues su hacer depende fuertemente de normativas que dictan la
manera en que deben realizarse todas las pruebas con que se certifica un producto. Lo que deseamos destacar aquí, no obstante, es que para la creación de
INDICTENOR en Chile, ya el IDIC funcionaba sobre la base de estándares, si
bien muchos de ellos no pudieran llamarse propiamente militares sino únicamente pliegos de condiciones. La carencia de normas podía deberse a numerosas causas como la exclusividad y el costo de contar con ellas en todo momento.
Para eso, el Instituto recurría, dependiendo de los casos, a la Norma Chilena
75
76

Internet; NATO; en http://goo.gl/b5sE9; acceso: 18/11/2010.
Internet; INN; en http://goo.gl/Dr4ji; acceso: 18/11/2010.

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(NCh), a los antecedentes entregados por los mismos proveedores y a las instrucciones de trabajo (I.T.), especie de repositorios en los que se concentraban
todas las experiencias que los inspectores del IDIC iban ganando a medida que
ejercían controles.77 No será sino hasta 1981, cuando un miembro de la Misión
Militar de Chile en Estados Unidos, el coronel Patricio Muñoz Notari, realizara
las gestiones para obtener las normas militares que son necesarias para realizar
controles a cualquier material de carácter militar. Esta acción del coronel Muñoz
ha trascendido hasta nuestros días. Las normas son custodiadas por el Instituto
y se mantienen disponibles mediante acuerdos y contratos que se renuevan año
a año.78
Destacamos estos aciertos por el hecho de que las normas constituyen el
aliento vital del IDIC. Sin normas no hay control que pueda realizarse, pues el
control se basa en mediciones y las mediciones en comparaciones, esto es, miles
de comparaciones, que van trazando punto por punto las exigencias a que debe
someterse un artefacto bélico. ¿Qué tan lejos o qué tan cerca se halla determinada pieza o artefacto de su símil normativo? Y no sólo eso, pues debe sumarse a
la medición misma la secuencia en que se lleva a cabo la prueba, el orden, el
registro, las condiciones, el personal (y la calificación del personal) que la va a
tomar, y un largo etcétera que no vamos a detallar aquí, salvo para que el lector
pueda hacerse una idea de lo que significa hablar de normas y de estándares en
un nivel de control como el que ejerce el Instituto y, comprenda, por otra parte,
la distancia a que se encuentran las normas de los pliegos, que venían a ser
agregados de experiencias, valiosos, por cierto, pero a todas luces insuficientes.
Volviendo a lo planteado al comienzo de este apartado: la llegada del
material que arribó al país con el P.A.M. debió controlarse mediante estándares
como los que mencionábamos anteriormente. Faltaban poco menos de treinta

77
78

IDIC; conversaciones con su personal; septiembre 2010 - enero 2011.
Ibídem.

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años para que las normas definitivas cubrieran las estanterías del IDIC.79 Sin
embargo, la labor de control se realizaba exhaustiva y concienzudamente. Se
sabe que el descuido en el control puede causar accidentes en el uso de las armas, por lo tanto no sólo importan las normas sino también el carácter de un
trabajo para el que se requiere un personal que posea características propias de
relojeros: acuciosidad, meticulosidad, precisión. Una de las claves del éxito de
una organización como el IDIC debe buscarse, en relación a las personas, en la
suma de estos dos factores esenciales: especialización y permanencia.

ORGANIZACIONES DIVERSAS
La estructura del IDIC fue sufriendo variaciones a medida que crecía. Bien puede decirse que la organización que el Instituto se daba, se hallaba o debía
hallarse en correspondencia con su misión, de allí entonces que hacia 1911 la
organización no haya sido la misma que en 1941, o la de 1971 la misma que la
de 1991, por el hecho de que se añadían nuevas tareas o dejaban de cumplirse
otras que quedaban obsoletas. Pero ello no se debía a que el Instituto se desviara del curso que le había impuesto su decreto de creación sino que, por el contrario, a que se acomodaba para no desviarse un ápice de él. Así, y como ya
hemos visto, en 1911 la Comisión de Ensayos prestaba asesoría técnica al mando institucional en materias de fabricación y/o adquisición de productos para
la defensa; en 1927, la Comisión de Intervención ocupó instalaciones en FAMAE
“para intervenir directamente en la investigación y control de la producción de
material de guerra;” en 1931 se instala la sección ”Gases y Guerra Química [con]
la misión de efectuar trabajos referidos al empleo de elementos químicos…;” en
1936 se inicia la construcción “del pabellón para el laboratorio balístico;” en
1958, la Comisión cambia de nombre a IDIC;80 todo ello debía demandar –

Los estándares militares que iban a llegar con los comienzos de la década de 1980, inicialmente se cobijaban en pesados volúmenes encuadernados. Hoy día, las mismas normas se hallan
almacenadas en servidores y se accede a ellos por medio de las computadoras.
80 EJÉRCITO DE CHILE; Historia del servicio de material de Guerra; p. 70.
79

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necesariamente- una serie de ajustes estructurales, creación o cese de funciones,
que lejos de distraer esfuerzos contribuían a mantener con vida la labor esencial
del organismo. La modernización del material de guerra, de los equipos, de las
municiones, de los alimentos mismos en cuanto a dieta, sabores y conservación,
demandaba a su vez una estructura en condiciones de controlar y certificar su
calidad. Ello impuso cambios necesarios que antes que cambios fueron ajustes:
tal es el caso de lo que ocurrió con el departamento de Guerra Química que
pasó a denominarse Químico a secas; otro tanto ocurrió con sus funciones que
se ampliaron desde el control de materiales energéticos a los alimentos y el vestuario.
La estructura matriz del IDIC, el tronco mismo, se origina en la necesidad de realizar controles a la munición fabricada por FAMAE y de prestar, al
mismo tiempo, asesorías al mando Institucional en materias de su competencia.
De este modo, ya en sus comienzos el IDIC poseía los dos pilares que con más o
menos variaciones en nombres, mandos y dependencias, iban a mantenerse hasta nuestros días: ellos son los de armamentos y municiones, y química. Sobre
estos dos pilares se va a edificar la estructura completa del Instituto, y cuya resultante es la que podemos visualizar hoy. De hecho, se han agregado (desde
1961) el Banco de Pruebas de Chile, el departamento comercial, el departamento
de ingeniería y el departamento de apoyo general. Estos últimos van a depender normalmente de la disponibilidad de personal con que tripularlos. En ocasiones han debido refundirse en uno solo,81 dependiendo, para estos efectos, de
los énfasis y de los contextos en que han debido desenvolverse los distintos
mandos.

CRECIMIENTO Y PROYECCIÓN
Podemos subrayar lo dicho hasta aquí: hay tres momentos, hasta comienzos de
la década de 1970, que resultan claves a la hora de entender la trayectoria del
81

IDIC; documentación interna; Memoria de mando 2001-2002; p. 4.

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IDIC en una perspectiva histórica. Ellos son: 1) su organización como Comisión
de Ensayos y, más tarde, como Comisión de Experiencias, prestando servicios
en y para FAMAE, en un periodo que va desde 1911 hasta 1930; 2) su labor de
asesoría institucional en materias de su competencia y su designación como Instituto de Investigaciones y Control, en 1958, a lo que debe agregarse 3) el otorgamiento de las atribuciones como Banco de Pruebas de Chile en 1961, período
–estos dos últimos- que abarcan un lapso de treinta años, esto es, desde 1930
hasta 1961. A partir de este último año asistimos al despegue definitivo del
IDIC en su etapa de consolidación y desarrollo. Cincuenta años después de
haber sido creado, el Instituto es depositario de la confianza del Estado de Chile
para ejercer el rol de organismo contralor en materias de armas y explosivos. De
modo que hasta 1961 el IDIC deja de ser un organismo con alcance Institucional, para transformarse en otro con alcance nacional. Su membresía en la C.I.P.
(1969) será el salto definitivo para hacer realidad el reconocimiento internacional.
De manera que a comienzos de la década de 1960 el Instituto cumplía
decenas si no cientos de funciones, para lo cual contaba con seis laboratorios (a
saber, Metalográfico, Balístico, Electrónico, Químico general, Físico-químico, y
de Guerra química); seis gabinetes (de Espectrografía, de Polarografía, de Análisis de pólvoras, de Rayos X, de micrografía, y fotográfico); y una amplia gama
de salas, plantas y cámaras.82 Es en este escenario donde iba a consolidarse la
trayectoria de la antigua Comisión de Ensayos y donde iría a cimentarse el proyecto futuro de las últimas décadas del siglo XX.

Hasta fines de la década de 1960, el IDIC, para el cumplimiento de todas sus
labores, contaba con menos personal que en 1980 y los años posteriores. Ello,
IDIC – documentación interna; Historia del Instituto de Investigaciones y Control del Ejército;
circa 1961; p. 5.
82

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debido a que entonces el componente mayor lo proporcionaba la planta del
Ejército –oficiales, suboficiales, clases y soldados conscriptos. A esta planta se
sumaba un grupo de civiles que eran contratados por el Ejército para desempeñarse en áreas específicas, como aquellas que la Institución no podía cubrir. Por
ejemplo, el Banco de Pruebas de Chile, en 1969, sólo contaba con cinco personas
para realizar toda su labor. “Por la misma época, los oficiales se reducían al director, al jefe del departamento de armamento mayor, al del departamento de
armamento menor, al de electrónica y al químico. A estos cabía agregar un suboficial que era el encargado del uso de la máquina de rayos X para análisis metalográfico, y unos pocos civiles que completaban una planta pequeña.”83 El
control de los explosivos a las empresas mineras se realizaba centralizadamente, esto es, en Santiago. Ello implicaba que dichas empresas debían enviar
muestras a la capital para que el Banco aprobara su uso. Y en ocasiones, el mismo Banco debía enviar personal en comisión de servicio al norte del país (donde la actividad minera se concentra) y en una ruta itinerante, que comenzaba en
La Serena, se iban prestando los servicios de control a las empresas. Con todo,
el modelo resultaba lento y desfasado. La oportunidad con que debía asignarse
el permiso para el uso de los elementos explosivos no era la requerida. Esto trajo como consecuencia que, con el correr de los años, se formaran sucursales y
delegaciones en distintos puntos del país con la capacidad de prestar servicios
adecuados y oportunos en forma independiente de –pero coordinada con- la
sede central de IDIC en Santiago.
No obstante, el aumento en la cifra de personal iba a dar un salto cuantitativo y cualitativo recién a comienzos de la década de 1980, cuando se crea el
sistema de administradoras de fondos de pensiones, AFP. Esta figura hizo posible que la administración del IDIC pudiera contratar profesionales y técnicos
directamente, esto es, sin tener que atravesar el aparato burocrático del Ejército,
y con recursos generados por el mismo Instituto en el marco de su actividad
comercial, tripulando con nuevos profesionales las áreas deficitarias y también
83

Tcl. (R) Sergio Guiraldes R.; conversación; 11/1/2011.

- 55 -

aquellas otras que ocasionalmente pudieran representar oportunidades de negocios. Así, este cambio en la legislación chilena determinó un cambio a su vez
en el IDIC. El incremento en el número de empleados iba a traer consigo numerosos beneficios. Y con ello no solo nos referimos a una mejor distribución de la
carga laboral que ya iba siendo ingente y que por lo mismo solía pesar sobre
una planta relativamente pequeña, sino también al hecho de que se transformó
por una parte en una oportunidad de trabajo para una amplia variedad de profesionales y técnicos, y en una instancia de crecimiento organizacional desde el
punto de vista de la renovación del conocimiento, por otra.84 Ya veremos más
delante de qué manera el IDIC, producto de estas variaciones en las condiciones
del entorno, iba a reunir las condiciones para transformarse en una organización inteligente.

----

En toda esta trayectoria que hemos descrito hasta aquí, el Instituto debió sortear
etapas difíciles que pusieron a prueba la consistencia de su organización y –por
ello también- de su personal. Entre otras cabe señalar la época de su creación, la
del pacto de ayuda militar, y las crisis internas y externas de los años setenta.
Debe tenerse en cuenta que países como Chile son, antes que generadores o
creadores de tecnologías, usuarios de las mismas, y por lo tanto siempre van a
la zaga de lo que constituye el conocimiento científico y las aplicaciones prácticas que este va diseminando en forma de tecnologías. Esta situación obligaba (y
sigue obligando) a organismos como el IDIC a mantenerse al día en materias de
ciencia y tecnología (C&T) militar, por cuanto las adquisiciones de nuevos y
modernos ingenios bélicos responde no sólo a la problemática que representa la
inserción de modelos para los que una organización no se encuentra especialmente preparada, sino también a la variable estratégica, el equilibrio continental
o las crisis que de tanto en tanto se van dando en el paisaje regional.
84

IDIC; conversaciones con su personal; septiembre 2010 – enero 2011.

- 56 -

A modo de ejemplo, pueden mencionarse los años setenta, que fueron
una década especialmente delicada debido a la coyuntura que representaba para el Ejército el gobierno militar por una parte y las limitaciones con que éste se
encontraba para adquirir armas en el extranjero, por otra. Tres momentos marcan con claridad este paso accidentado y movedizo por la historia: ellas son la
crisis interna nacional (septiembre de 1973) y las dos crisis externas que le siguieron: Perú, en 1974, y Argentina, en 1978.

Al comenzar la década de 1970, Chile contaba con armas y material bélico que en su mayoría
habían sido empleados en las guerras mundiales, por lo que a esa fecha se encontraban un porcentaje importante de ellos en vías de quedar a corto plazo obsoletos, ya sea por uso excesivo o
simplemente por contar con sistemas anticuados (como era el caso de los fusiles Máuser, carabinas y otros). Lo anterior, tomando en cuenta que la última llegada al país de material de guerra se produjo con los envíos que hizo el gobierno de Estados Unidos de Norteamérica en los
primeros años de la década del 50… [Todo ello hizo] que se pusieran en marcha diversos planes
para desarrollar la industria militar (las que de paso otorgaron una independencia, en variados
rubros, de los mercados internacionales) y además efectuar adquisiciones de material en el extranjero. [Así], los productos elaborados por el Comando de Industria Militar e Ingeniería [solucionaron] diversos aspectos del abastecimiento de recursos de defensa que [requería] el Ejército.85

Es en estos años donde va a cobrar plena validez la denominación del Instituto
como organismo encargado de realizar investigaciones en el ámbito de la C&T
para la Defensa nacional. Hoy día, en pleno siglo XXI, aun cuando el país es
más usuario de tecnologías que productor de las mismas, ello no implica que el
uso represente sólo gastos y que la producción sólo dé lugar a réditos, lo que sí
implica es que la producción de bienes y servicios pasa por el empleo de tecnologías y por lo tanto ellas suponen un insumo para la fabricación de cualquier
producto. Ahora bien, hacia 1970 todavía era posible emprender investigaciones
que tuvieran por objeto el desarrollo de la cohetería, por ejemplo, o el de la
energía nuclear, sin tener que depender enteramente de otros para hacerlo (por
85

EJÉRCITO DE CHILE; Historia del servicio de material de Guerra; p. 87.

- 57 -

aquel entonces predominaba la idea –hasta cierto punto impuesta por las circunstancias- de autarquía), pues la realidad del siglo XXI es una verdadera distorsión en relación a la de 1970 por el hecho de que la globalización ha agilizado
los mercados hasta el punto que el producto parece anticipar la necesidad. Hoy
es más fácil contratar la construcción de un reactor nuclear que construirlo uno
mismo. Es en este sentido donde cobra vigencia nuestra afirmación: en el tercer
cuarto del siglo XX aún no resultaba descabellado emprender investigaciones
con miras a eventuales desarrollos integrales, especialmente en cohetería y
energía nuclear basados esencialmente en capacidades propias. Así entonces,
entre las décadas de 1960 y 1980, se diseñaron y fabricaron en el Instituto, por
ejemplo, diversos prototipos de cohetes que iban desde la obtención de las materias primas hasta el producto final y desde los diseños preliminares hasta la
ingeniería de detalle. En este aire de fordismo a ultranza, se desempeñó con
dedicación notable el entonces general de división en condición de retiro, René
Echeverría Zerga. Los prototipos armados por él resultaron ser pioneros y precursores de lo que más tarde sería la artillería de cohetes del Ejército, tanto la
que se fabricara en el país, en acuerdo con Royal Ordnance de Inglaterra (cohete
Rayo), como la que más tarde se adquiriría a países como Israel.
Esta clase de investigaciones, precedidas de otras tantas, como aquellas
que dieran lugar a las señales luminosas o bengalas de la década de 1950, la
elaboración de agresivos químicos o los estudios de aplicación del trinitroresorcinato de plomo,86 daban cuenta de una actividad orientada a la satisfacción de
demandas institucionales y, junto con ello, a la innovación en el ámbito de la
guerra química, los propelentes y los explosivos. Sin embargo, no podemos dejar de mencionar que este trabajo en el área de la cohetería, como otros similares, no pasaron de ser experimentos aislados y desprovistos de cualquier asomo
de continuidad por el hecho de que se carecía, en aquella época, de un sistema
de investigación que coordinara y sistematizara estos esfuerzos, a menudo incipientes, en corrientes mayores de desarrollo. Ello se traducía en que la investi86

Suboficial Mayor Carlos Monjes P.; conversación; 7/10/2010.

- 58 -

gación dependía fuertemente del interés de las personas antes que de una acción institucional ligada al, y comprometida con el, crecimiento tecnológico. El
caso de los cohetes resulta ilustrativo, por cuanto se originó en el interés de un
grupo de muchachos que habían organizado un club de cohetería y astronomía.
Los propelentes eran mezclas de zinc con azufre que al ser iniciadas hacían volar los aparatos portadores. Estos desarrollos más bien artesanales llegan a oídos del general Echeverría, cuyo entusiasmo natural lo lleva a hacerse cargo de
los trabajos de fabricación de los prototipos de cohetes y, en particular, de las
toberas de los mismos. En el Instituto se le asigna un lugar de trabajo y allí, con
un grupo de voluntarios, diseña y construye sus cohetes.87 Aun cuando no se
llegó por esta vía a construir grandes artefactos como los que él hubiese deseado, pues los suyos no pasaron de ser ingenios muy modestos, destacamos su
labor como modelo de empuje en un medio que frente a esta clase de esfuerzos
resultaba más bien neutro.

4. Construcción del reactor nuclear de Lo Aguirre, el que será inaugurado en 1977.

87

Tcl. Sergio Guiraldes R.; conversación.

- 59 -

Un caso singular, que esta vez sí conseguiría despegar y volar bastante más allá
de lo conseguido por el general Echeverría, lo constituye el proyecto que finalmente dará lugar a la formación del Centro de Energía Nuclear del Ejército. En
febrero del año 1970, el teniente coronel Jaime Estrada Leigh, propone a la superioridad del Ejército la construcción de un reactor nuclear. Esta iniciativa irá
cobrando impulso en la medida en que se suman a ella la Academia Politécnica
Militar, en lo referido a capacitación del personal necesario para llevar adelante
el proyecto, y el mismo IDIC, en lo referido esta vez a la construcción de las instalaciones que albergarían al futuro reactor.
Así las cosas, en 1970 el comandante en jefe del Ejército dispone la creación del “Comité de Planificación y desarrollo de la energía nuclear en el Ejército,” lo que daría lugar, en junio de 1971, a la promulgación de un plan de desarrollo nuclear que consideraba un total de cinco programas asociados. En este
contexto, en julio de 1971, se dicta una orden comando que encarga al Instituto
de Investigaciones y Control la organización de un equipo de trabajo para que
aborde las tareas a que daría lugar este incipiente desarrollo nuclear. Ello derivaría, finalmente, en la construcción del Centro de Energía Nuclear del Ejército,
el que se instalaría en los terrenos del parque Lo Aguirre. De este modo, parte
del personal del Instituto se abocaría a la concreción de estas misiones. Entre
otros cabe mencionar al ya citado teniente coronel Jaime Estrada Leigh, al mayor Romualdo Pizarro Seymour y al mayor Marmaduque Abarzúa Astete.88
Más allá de los nombres, sin embargo, deseamos destacar que el Instituto, en esta etapa de consolidación, constituye en los hechos un referente en ciencia y tecnología al que ya no es posible soslayar. El Ejército cuenta con él tal como contó (y sigue contando) con FAMAE para el diseño y producción de armas
y municiones. Sólo que en el caso particular del IDIC, éste servirá de matriz para la creación del Complejo Químico Industrial del Ejército (CQIE) y del Centro
de Estudios Nucleares del Ejército (CENE), proveyendo medios humanos y materiales para el servicio de ambas iniciativas. Estos dos proyectos prosperarán
88

Coronel Alfonso Walker Romero; conversación; 21/7/2010.

- 60 -

independientemente el uno del otro, en épocas diferentes y con productos y
funciones diferentes, aunque unidos en la base –esto es, en la historia- por la
raíz común del Instituto.

CIENCIA Y TECNOLOGÍA: LOS MEDIOS Y LOS FINES
Es un hecho que el IDIC como cualquier organismo dedicado a la certificación
de calidad tiene un pie en la ciencia y otro en su aplicación práctica. En este sentido, la relación entre medios y fines es parte de la identidad del Instituto y por
ello hemos decidido detenernos en ella.
El Instituto realiza cientos de pruebas a otros tantos productos que circulan por sus distintos laboratorios. Resulta habitual encontrar a sus ingenieros y
técnicos, ya en la recepción, ya en el control mismo o en la elaboración de informes sobre especies diversas. Esta dinámica permanente y sostenida del IDIC
supone un riesgo sin embargo, y es que llegue a posponer los fines por los medios de que se vale para satisfacer una necesidad Institucional. Es por esta razón
que el Instituto posee una vinculación con el Ejército que ha resultado trascendente y –pensamos- exitosa. En todos los niveles del IDIC es posible evidenciar
la promoción de una consciencia de servicio al cliente (es decir, al Ejército) que
es, en definitiva, el requirente de certificados de calidad sobre los productos que
adquiere. Así, el compromiso del Instituto se halla en directa relación con el fin
para el que fuera creado en 1911. En otras palabras, el Instituto se encuentra
alineado con los propósitos de la organización a la que sirve, pues es la operatividad de la Fuerza terrestre lo buscado.
Todo esto, que puede parecer muy manido, es parte de lo que la dirección del IDIC debe cautelar en todo momento. El hecho de prestar un servicio al
Ejército desde el interior de éste, responde a un modelo instaurado en 1911
cuando recién comenzaba la industrialización en Chile. La cantidad y variedad
del material que se adquiría entonces resultaría irrisoria si se la comparara con
la que se adquiere hoy.

- 61 -

Aunque el Ejército no es tantas veces más numeroso que el de entonces,
es un hecho que sus equipos, sus armas y municiones son varias veces más sofisticados. En otras palabras, el efecto de un control defectuoso causará más daño hoy del que eventualmente pudiere haber causado entonces. Así, si la confianza depositada en el IDIC es inherente a la Institución a la que sirve, entonces, en estos mismos términos, la calidad de su trabajo debe hallarse libre de
cualquier asomo de duda.
En este sentido, la probidad, que es sinónimo de honradez, es parte del
actuar del IDIC. Y la honradez en cada una de las actuaciones tiene que ver con
el hecho de que los usuarios de los insumos de defensa controlados por el Instituto, son usuarios que –lo diremos de esta manera- no controlan el control (sutileza que, como veremos, se resuelve hoy por el expediente de las acreditaciones
internacionales). Esto es, no dudan de que alguien, en la retaguardia, haya
hecho bien su labor.
Esta relación de confianza con el Ejército y con todos aquellos organismos a los que se presta servicio, es parte de la identidad del IDIC. Los errores
en el control de explosivos y en el control de alimentos, pueden costar vidas. De
allí entonces que el olvido del para qué se hace tal o cual control, puede resultar
catastrófico. Las personas que trabajan en esta organización sirven a un fin, que
es el Ejército, por medio de la ciencia y una variada gama de aplicaciones tecnológicas que son sus medios. Cautelar esta relación entre medios y fines contribuye a la Defensa nacional en su vertiente terrestre.

ALCANCES Y CONSOLIDACIÓN A PARTIR DE 1961
El IDIC, tal como lo conocemos hoy, es el último eslabón de una cadena que
comienza con la Comisión de Ensayos en 1911. Con el correr de los años, conforme crecían las demandas de control a proveedores diversos de Chile y el extranjero (ya hemos señalado algunas de las externalidades históricas que determinaron el crecimiento del Instituto), en el frente interno el IDIC conoció los

- 62 -

tres grandes momentos ya mencionados: el de su creación; el de su designación
como Instituto de Investigaciones y Control (1958); y el de la incorporación del
Banco de Pruebas de Chile a su estructura interna (1961).
En suma, y tal como lo hemos anunciado ya, hoy día el IDIC es el fruto
de cincuenta años de base. A esos años basales deben añadirse elementos de
crecimiento en función de la demanda que se yuxtaponen a aquellas etapas más
amplias que lo son de orden histórico. Estas son las de creación del laboratorio
de metalografía en 1929, la sección de gases y guerra química de 1931 y la del
laboratorio balístico que data de 1936. Ya hemos mencionado en otro lugar estas
añadiduras que con el tiempo fueron imprimiendo al IDIC lo que hoy podríamos llamar su carácter.
De este modo, hacia 1985, el IDIC cumplía decenas de veces más funciones que en 1911. Si comienza siendo una comisión de ensayos para prestar asesorías al mando Institucional y probar cartuchos fabricados por FAMAE, setenta años después resultaba ser mucho más que eso, aun cuando su personal no se
multiplicó en la misma medida. ¿Por qué? La razón estriba, pensamos, en el
hecho de que el IDIC es un organismo cuya matriz es tecnológica y por lo tanto
es fuertemente dependiente de los instrumentos antes que del número de operadores. No es este el lugar para reflexionar acerca de la relación que existe entre el desarrollo de la ciencia y la disminución en la mano de obra humana que
el trabajo demanda. Lo que sí cabe mencionar es que esta matriz es el fundamento sobre el que se levanta el hacer del Instituto. Sin tecnología no hay IDIC.
A la luz de esto mismo revisemos lo ocurrido veinticinco años atrás del
momento presente. En 1985, para llevar a cabo sus tareas de “control de calidad,
de asesoría en sistemas de control de procesos, producción y desarrollo de proyectos en instalaciones industriales,” el IDIC ya poseía “modernos equipos e
instrumental, además de una completa biblioteca de normas… renovadas constantemente” para entregar servicios de la más elevada calidad a sus usuarios.
Entonces, como ahora, uno de los lemas del IDIC era el de exactitud y rapidez,

- 63 -

por cuanto “ambas condiciones son claves en el ahorro de considerables sumas
de dinero, especialmente en los variables mercados de nuestros días.”89

5. Personal del IDIC realizando pruebas en terreno. 90

Para cumplir estos cometidos, el Instituto se organizaba en áreas: metalúrgica,
de normalización y control, química, investigación y control de alimentos, balística, textil, cuero y calzado, electrónica. Sólo el área metalúrgica contaba con
cuatro laboratorios: ensayos mecánicos, metalografía, ensayos no destructivos,
metrología. Y si incursionamos en uno solo de ellos, el de ensayos mecánicos,
nos encontramos con los siguientes tipos de ensayos: 1) de tracción, compresión, flexión, cizalle y sus respectivas variables; 2) de doblado; 3) de determinación de durezas; 4) de determinación de resistencia al impacto; y 5) de fatigas y
probetas normalizadas. En otras palabras, el IDIC creció no solo en extensión
sino además en profundidad. De allí que el paso dado hacia la acreditación (hoy
en día esos mismos laboratorios y sus pruebas se hallan acreditados por el Instituto Nacional de Normalización, INN, bajo la norma ISO 17025 e ISO 9001:2000)

89
90

IDIC; documentación interna; ¿Qué es el IDIC?, ¿Qué hace?; c. 1985.
IDIC; Folleto de difusión; 2009.

- 64 -

sea una consecuencia y no una causa del desarrollo. Es lo que resulta cierto de
la afirmación que el IDIC hace de sí mismo:

Referente nacional de certificación de calidad, diagnóstico y asesoría en las tecnologías de defensa y control de armas y explosivos.91

---

El Instituto crece junto con las demandas del medio, pero crece también porque
posee la capacidad de responder a las exigencias de ese medio. En el IDIC, entonces, se dan cita o confluyen a lo menos tres vertientes distintas: de un lado
está la formación en ingeniería de su mando y dirección: nos referimos a la
Academia Politécnica Militar, instituto formador de oficiales IPM92; en segundo
lugar, la estructura de servicios a la que el IDIC pertenece, nos referimos al Comando de Industria Militar e Ingeniería (CIMI), antigua Dirección de Ingeniería, organismo dependiente del actual Comando de Apoyo a la Fuerza (CAF); y
en tercer lugar, la estructura de clientes del IDIC, en cuyo marco se dan cita el
Ejército y un nutrido contingente de civiles, tanto personas naturales como jurídicas. Un vistazo a esta población variopinta y recurrente, nos permite clasificarla así:

-

Ejército.

-

Otras ramas de la Defensa nacional.

-

Ley Nº 17.798, “Control de armas y Explosivos.”

-

Particulares.

En lo referido al Ejército, su demanda se genera por la adquisición de vestuario
y equipo, munición, víveres, entre otros; por los proyectos institucionales (en lo

91
92

IDIC; Folleto de difusión; 2009.
IPM: Ingeniero Politécnico Militar.

- 65 -

referido a armamento mayor y menor, vehículos de combate y transporte, y
otros equipamientos diversos); y por el sostenimiento de la Fuerza (certificación
de material sometido a mantenimiento por agentes externos a la Institución y
certificación de los procesos Institucionales). En lo referido a otras ramas de la
Defensa, se realizan diversas prestaciones a Carabineros de Chile, Policía de
Investigaciones y Gendarmería de Chile. En cuanto a la ley 17.798, encontramos
a los fabricantes de explosivos del área minera, importadores de armas de puño, importadores y fabricantes de productos químicos y otros interesados en
transferencias de armas. Finalmente, en lo que dice relación con sujetos particulares, el IDIC les sirve en materias de calibración de instrumentos y equipos, en
certificación de pinturas, y en ensayos y certificación de material balístico (vidrios y chalecos antibala, placas de acero, y otros ítems menores sin clasificación).93

6. Actividad diaria en el laboratorio textil y de especificaciones técnicas. 94

Así, la relación del IDIC con el medio es intensa en tanto se articulan en él todas
estas líneas que son a su vez las proyecciones de grupos de interés diverso (hoy

93
94

IDIC - documentación interna; año 2007.
Revista Armas & Servicios Nº 87; 2008; p. 52.

- 66 -

llamados stakeholders). Puede entenderse, entonces, que el ámbito en que se desenvuelve el Instituto no es único ni determinístico. A diferencia de otros servicios públicos, su labor es cambiante y constituye, por lo mismo, una instancia
de desafío permanente para quienes trabajan en él.
Su labor, sin embargo, pese a que es sensible a los cambios tecnológicos
tiene lugar siempre en el mismo sitio. El espacio físico que ocupa el IDIC es patrimonio de afectación fiscal del CIMI, según lo acordado por la ley 18.723 de 12
de julio de 1988. Este patrimonio contempla los terrenos, edificaciones y bienes
muebles e inmuebles del Instituto.95 Es en este terreno donde se levantan hoy
todos sus edificios e instalaciones. No obstante, es preciso reiterar que este lugar
físico no es único y es que la condición de BPCH lo obliga a mantener distintas
representaciones a lo largo del país. En otras palabras, a lo que vemos en los
edificios de avenida Pedro Montt 2136 en Santiago debemos añadir estas representaciones que reciben los nombres de sucursales y delegaciones.

Para dar cumplimiento a las actividades de control que le impone su decreto de creación y la
Ley 17.798 sobre “Control de armas,” el BPCH cuenta con sucursales y delegaciones. Las sucursales verifican, controlan y certifican todos los explosivos y elementos similares que se producen, importan o transitan por el territorio nacional, con énfasis en aquellos que se fabrican y
utilizan in situ en las faenas de extracción minera: por esta razón se encuentran ubicadas en las
ciudades de Iquique, Antofagasta, Calama, Copiapó, La Serena y Santiago. Las treinta delegaciones [por su parte, se encuentran] distribuidas a lo largo del país, [y] ejecutan las pruebas,
controles y ensayos necesarios para la certificación de las armas y municiones, además del
muestreo y posterior envío a la casa central [en avenida Pedro Montt] de aquellos elementos
sometidos al control de la Ley 17.798 fabricados o importados en su zona jurisdiccional. 96

Esta relación entre la estructura física y la funcional no es habitual en el Ejército
de Chile. Por lo general, los organismos militares reúnen en un mismo sitio su
estructura física y su organización. El IDIC, como FAMAE, son organismos cuya estructura rebasa el ámbito local para expandirse hacia las distintas regiones
95
96

IDIC – documentación interna; Memoria de mando 2008-2009; p. 4.
IDIC; Folleto de difusión; 2009.

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del país. Ello impone una capacidad de gestión que es altamente demandante
para la organización por cuanto es sensible a las coordinaciones, a los procesos
y a las comunicaciones por las que estas instancias circulan. No vamos a detallar aquí la modalidad establecida por el Instituto para concretar esta actividad
distribuida, sólo mencionamos su extensión para dar cuenta de la medida en
que en esta etapa de crecimiento y desarrollo lo impactó.
La organización, entonces, no ha sido una sola desde los comienzos. Si se
revisan las memorias de mando de los últimos diez años resulta evidente que la
organización es dinámica en lo referido a los medios y única en lo referido a los
fines. En cierto modo, aquí vale el cliché de que se cambia para seguir siendo el
mismo. Insistimos: El IDIC ha debido cambiar para mantener su carácter único.
A modo de ejemplo, la incorporación de equipos, el aumento en el número de
controles que debía realizar, y las nuevas tendencias que trajo consigo la certificación de calidad, impusieron (como siguen haciendo) su ritmo propio al IDIC.
Es por ello que su organización fue mutando para acomodar –como en el caso
de los seres vivos sucede con la homeostasis- la relación medio interno-medio
externo.

TENDENCIAS EN LA CERTIFICACIÓN DE CALIDAD – PLANES ESTRATÉGICOS
La certificación de calidad ya no es nueva. Sus normas, sin embargo no son tan
antiguas como pudiera creerse aun cuando sus orígenes pueden rastrearse hasta miles de años atrás. Ya en el llamado Ejército de Terracota, cuya fabricación
data del siglo III a.C., en la época del primer emperador chino Qin Shi Huang,
es posible comprobar conceptos como control de calidad y trazabilidad. Y si nos
remontamos más atrás en el tiempo descubriremos que las pirámides egipcias
debieron construirse sobre la base de lo que hoy conocemos bajo la denominación de ingeniería de sistemas.

- 68 -

Así y todo, el denominado control de calidad total (TQC por sus siglas en
inglés) fue un término acuñado en los años cincuenta y que se basaba en una
modalidad de trabajo implementada en la industria japonesa.

El sistema para optimizar la producción se basó en ideas desarrolladas en la industria japonesa
a partir de los años cincuenta. El mismo, que mezclaba ideas occidentales y orientales, comenzó
con los conceptos de círculos de calidad, en los que se asignaba a grupos de 10 a 20 trabajadores
cierta responsabilidad por los productos que ellos fabricaban. Esto fue gradualmente evolucionando por medio de diversas técnicas, que incluían tanto a trabajadores como a gerentes, orientadas a la búsqueda de la maximización de la calidad y la productividad, lo que incluía el monitoreo cercano de los equipos además de un servicio al cliente de excelencia. El concepto de Kaizen, esto es, la noción de que la mejora debe involucrar a todos los miembros de la compañía, es
un elemento central en el TQC.97

Con el correr de los años, la calidad dejó de ser una opción para transformarse
en una exigencia que las industrias en particular y las empresas en general debieron concretar a medida que el círculo de calidad fue creciendo. Llegó un
momento en que ya no fue posible ejercer controles sobre empresas certificadas
por parte de entes que no lo estuvieran. Esto fue lo que movió al IDIC a incorporar en sus procesos los sistemas de gestión de calidad. Así, a partir de 1993
comienzan a implementarse los procesos administrativos y técnicos basados en
normas, como la norma chilena NCh ISO 9000 que por esa época era la más reciente y avanzada. Hoy día la norma es mucho más completa y por tanto mucho más exigente. A comienzos de la década de 1950 estas normas se centraban
en la labor industrial y por tanto su ejercicio aparecía inscrito en el ámbito del
taller. Poco a poco este ámbito va a sobrepasar sus propios límites y pasará a
ocupar el entorno del mismo: oficinas, secciones, departamentos. Por si todo
esto fuera poco, la certificación de las normas dejó atrás el ámbito de lo exclusivamente industrial para desplazarse a otras esferas como la de la educación que
se imparte en las escuelas, colegios y universidades. Para resumir, tanto las
Total Quality Control (TQC). (2011). In Encyclopædia Britannica. Retrieved from
http://goo.gl/VV5Dw.
97

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normas como la certificación de calidad se volvieron insoslayables para todo el
corpus social. Ya no fue posible prescindir de ellas o postergarlas.

En el año 1999, el Banco de Pruebas de Chile obtuvo la certificación bajo la norma internacional
ISO 9002/95 (“Sistemas de gestión de calidad”) por parte de la empresa certificadora Tüv Reihland, con casa matriz en Alemania… En el año 2003 la certificación debía ser renovada [lo que
se logró satisfactoriamente].98

Queda por agregar que en la ocasión se realizó el upgrade de la misma norma,
que había evolucionado hacia la versión ISO 9001:2000. En 2004, por otra parte,
la certificación se amplió hacia las sucursales de provincia, las que incluyeron la
casa matriz en Santiago (la Delegación 11) y las sucursales de La Serena, Copiapó, Calama, Antofagasta e Iquique.
Ahora bien, en este contexto resulta directo comprobar que la dinámica
de la normativa posee un ritmo creciente e incesante. Dado que una norma va
siendo superada por otra más actual, la certificación de calidad es un proceso
sin término y en esta medida el Instituto se ha visto en la obligación de adoptar
procedimientos destinados a mantener reconocidos sus estándares y sus planes
de mejora continua. Así, las organizaciones dedicadas a la certificación de calidad siempre dejan a sus “pupilos” con tarea para el futuro. El lema es que no se
debe abandonar lo ganado ni dejar de perseverar en lo que falta. Por eso, el reconocido investigador estadounidense Peter Senge, llegó a establecer que las
organizaciones, como las personas, no pueden dejar de lado el aprendizaje. De
hacerlo, están condenadas a estancarse. En La quinta disciplina (1990), dotó de un
nuevo sentido a la práctica y ejercicio de la gestión gerencial. Más tarde, en
1994, en una obra que parecía subrayar los aciertos de la primera, La quinta disciplina en la práctica, decía:

El movimiento de la calidad es único en su capacidad transformadora, aún hoy. Permite que la
gente tenga en cuenta todo el sistema, todos los problemas, el aprendizaje y la acción colectivos,
98

IDIC – documentación interna; Memoria de mando 2003-2004; p. 28.

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y sus propios deseos de mejoramiento. Los fracasos se han producido, en resumen, porque las
organizaciones esperaban demasiado del “programa de calidad” y demasiado poco de sí mismas. Es imposible crear una organización de calidad sin aprendizaje colectivo. Las organizaciones inteligentes sufren las mismas presiones. Una organización que procure estar abierta al
aprendizaje hará bien en tener en cuenta las lecciones que brindan los fracasos en los proyectos
de calidad.99

Ya en 1993 el IDIC daba sus primeros pasos en la gestión de la calidad. Hemos
puesto de relieve este hito histórico por cuanto representa la última etapa en la
secuencia histórica del Instituto, pues en ella debió asumir que la de la organización inteligente era mucho más que una simple opción. A continuación revisamos esta etapa fundamental para lo que constituye el IDIC del presente y del
futuro.

ORGANIZACIÓN INTELIGENTE
El hecho de tener que recurrir al aprendizaje de un conjunto de personas para
que la organización como un todo supiera más cosas, esto es, sobre sí misma y
sobre el ámbito en que debía moverse, marcó la etapa –por decirlo de algún
modo- de toma de conciencia del Instituto. Desde los años noventa el IDIC empezó a vestir el pantalón largo de la madurez. El hecho de hallarse centrado en
la calidad y el control lo obligaba a generar una memoria colectiva que guardase el conocimiento adquirido por un lado, y lo emplease con miras al futuro por
otro.
Decirlo, en todo caso, es fácil. Vea el lector la manera en que Peter Senge
lo plantea:

El pensamiento estratégico también se relaciona con dilemas esenciales. Inevitablemente, uno
de los factores que entorpece el cambio es el conflicto entre objetivos contradictorios: deseamos
distribuir el poder y la autoridad, pero también deseamos mejorar el control y la coordinación.

SENGE, Peter et al; La quinta disciplina en la práctica; Barcelona; Editorial Granica S.A.; 1995;
pp. 467-8.
99

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Queremos que las organizaciones respondan mejor a los cambios del contexto pero que sean
más estables y coherentes en su identidad, propósito y visión. Deseamos elevar la productividad, pero también la creatividad. El buen pensamiento estratégico lleva estos dilemas a la superficie y los utiliza para estimular la imaginación y la innovación.100

La palabra “dilema” proviene del griego y etimológicamente significa dos premisas. Alguna vez se la representó con la letra Y, pues enfrenta al caminante
con dos senderos posibles por los que poder continuar su camino. Esta bifurcación en que lo real parece tocarse con lo posible es enunciada –en el marco de
las organizaciones- en forma de términos contradictorios que deben coexistir de
manera pacífica (en efecto, tal como ocurre con las personas). Así, a la distribución del poder se opone el control, al cambio se opone la estabilidad, a la productividad se opone el afán innovador, y así, en una suerte de conflicto permanente consigo misma, la organización progresa. Esta última etapa, pensamos, es
la que vive el IDIC en la actualidad y señala el momento de su madurez como
empresa.
Durante los años 2006 y 2007 se definieron los alcances de la primera
planificación estratégica que databa del año 2003. En sendas jornadas de capacitación y discusión, la dirección del Instituto consiguió esbozar un primer mapa
estratégico para el período 2007-2011. Ello dio lugar a un conjunto de iniciativas
estratégicas localizadas en los distintos estamentos que constituyen el IDIC, delimitando así las responsabilidades que cada uno debió asumir. Lo importante
aquí es que todos estos trabajos fueron fruto de una labor pormenorizada que
incluyó no sólo a la cúpula del Instituto –que era lo esperable- sino también a
las bases del mismo, representadas por los empleados de todos los niveles (ingenieros, técnicos y operarios), lo que se tradujo en una participación cercana al
30% de todo el personal.101

100
101

Ibídem; p. 17.
IDIC – documentación interna; Memoria de mando 2006-2007; p. 7.

- 72 -

El ejercicio posterior, correspondiente al bienio 2008-2009, consolida lo
avanzado hasta entonces por el hecho de que se declara, al cierre del mismo,
que:

La necesidad de optimización y/o generación de capacidades requeridas, sistematizadas e integradas a través del “Plan estratégico del IDIC,”orientan la gestión integral de su desarrollo,
constituyéndose en un elemento de control para la Dirección sobre la base de la estructuración
de los elementos fundamentales de la planificación estratégica… [Ello, porque] el escenario
actual, en el cual se insertan las actividades del IDIC… se encuentra generado (sic) por la demanda de un cliente cada día más especializado y exigente, conjuntamente con la demanda
[Institucional] a través del sistema integrado de apoyo a la fuerza (SIAF). 102

Los objetivos estratégicos se construyen desde cuatro perspectivas: 1) la del
cliente, 2) la de los procesos internos, 3) la de infraestructura, crecimiento y
aprendizaje, y 4) financiera.103 Dentro del número 3) aparece como objetivo el
desarrollo de las competencias individuales y colectivas de las personas, aspecto que hemos subrayado más arriba como esencial para la organización. De paso, si se revisa la política de calidad del Instituto, emanada por la autoridad
respectiva en mayo de 2008, ella dice que:

El compromiso del Instituto de Investigaciones y Control del Ejército, IDIC, es impulsar y orientar los esfuerzos para posicionar al IDIC como referente nacional en el control y certificación de
calidad, diagnóstico y asesoría, en el ámbito de las tecnologías de defensa, control de armas y
explosivos, a través de la eficacia del Sistema de Gestión de Calidad, basado en la competencia de
nuestro personal, equipamiento y en el mejoramiento continuo de los procesos que cumplen con
la normativa de calidad vigente y con los requisitos legales y reglamentarios que regulan el
cumplimiento de la misión del IDIC.
Para el logro de lo anterior cada integrante del IDIC debe asumir el compromiso de internalizar y aplicar los procedimientos e instrucciones establecidas en la documentación del Siste-

102
103

IDIC; documentación interna; Memoria de mando 2008-2009; p. 5.
Ibídem; p. 7.

- 73 -

ma de Gestión de Calidad implementado, con el propósito de procurar satisfacer los actuales y
futuros requerimientos de nuestros clientes.104 (La cursiva es del autor.)

No es de extrañar entonces que con los años, dada esta intención manifiesta de
mejorar por medio del fortalecimiento de las competencias de las personas, el
Instituto haya ido sufriendo cambios en el tiempo. De otro modo, el estancamiento y no el desarrollo hubiese marcado el compás de esta organización. De
haber sido así, esta historia no se hubiese escrito. Insistimos, en la visión de Peter Senge hay cinco disciplinas que una organización debe dominar, ejercer y
practicar para que podamos considerarla como una organización “abierta al
aprendizaje.” Ellas son: el pensamiento sistémico, el dominio personal, los modelos mentales, las visiones compartidas, y el aprendizaje en equipo.105 No importa cuál de ellas escojamos, siempre el protagonista es la persona. De hecho,
“practicar una disciplina,” sostiene Senge, “equivale a seguir un camino de desarrollo y aprendizaje que no tiene fin,”106 lo que adquiere todo su sentido si
hablamos de personas. Por lo tanto, basar un sistema de gestión de la calidad en
las competencias del personal que labora en una organización, resulta, en esta
perspectiva, la ruta más adecuada. En este sentido, el IDIC es una muestra viva
de que si bien las organizaciones pueden llegar a ser fuertes, sólidas y referenciales, ello se deberá antes que nada a la calidad de su personal y a la conciencia
que éste posea de su papel en el conjunto, de su capacidad –en último términode sensar el entorno en relación a la comunidad a que pertenece. Es esto lo que
hace viables a las organizaciones, pues los cambios internos mezclados con los
vaivenes de un medio cambiante, ponen a prueba esta cualidad esencial,
haciendo naufragar a los descuidados y fortaleciendo a los puntillosos.

Ibídem; p. 9.
SENGE, Peter; passim.
106 Ibídem; p. 7.
104
105

- 74 -

6. Fachada actual del IDIC en avenida Pedro Montt. 107

Esto permite explicar que en 1997 el Instituto haya sido seleccionado por la
Corporación de Fomento de la Producción, CORFO, como custodio del patrón
nacional de la magnitud fuerza y que se constituyera “a partir de entonces en
Nodo de la Magnitud, según los patrones internacionales para el resto de los
laboratorios de metrología en el país. Esta condición es avalada por el Decreto
Nº 487 del Ministerio de Economía, Fomento y Reconstrucción” de 22 de septiembre de 2000.108
Ello, en un medio interno que cambia natural y permanentemente con los
años aunque nunca en demasía. Los cambios pueden notarse en la organización
de los últimos diez años si se revisan los organigramas del IDIC, puesto que
dan cuenta de que con independencia de las funciones o misiones que con el
tiempo se han ido agregando hay ramas del Instituto que no varían. Quizá el
ejemplo más claro resulte de tomar la estructura piramidal que supone a un
director, seguido de un subdirector y éste a su vez de un conjunto de subdirectores que se expanden hacia abajo en términos de jefaturas de laboratorios y
secciones. Ahora bien, sin perjuicio de que la cúpula agregara o quitara ciertos
cargos en determinados momentos, es posible que ello se debiera a un incremento en sus funciones como organismo contralor, pero es un hecho que la es-

107
108

Internet; Red nacional de metrología de Chile; en http://goo.gl/THKy2; acceso: 4/1/2011.
IDIC; documentación interna; Memoria de mando 2006-2007; p. 3.

- 75 -

tructura de laboratorios y secciones no cambió tanto como pudiera pensarse. Si
se revisa el listado de laboratorios, salas y gabinetes con que contaba el IDIC
hacia 1961, se evidencia que todos ellos encajan en la organización actual que de
paso data –como hemos enunciado con anterioridad- de sus dos pilares originales: el de los armamentos y municiones, y el del área química. En otras palabras,
cambios más, cambios menos, la estructura siempre ha contemplado –en los
niveles directivos, ejecutivo y de apoyo- una dirección general, una subdirección de banco de pruebas de Chile (desde 1961), una subdirección química, una
subdirección mecánica, una subdirección de investigación y desarrollo, una
subdirección de apoyo general. Los nombres han cambiado, pasando a denominarse, por ejemplo, las “subdirecciones” “departamentos” e “investigación y
desarrollo” “ingeniería,” pero ello en caso alguno ha implicado cambios radicales en lo que podríamos denominar el negocio del IDIC. Quizá resulte importante mencionar que a contar del año 2003 el área comercial alcanzó el rango de
departamento, lo mismo que el área de finanzas, salvo que esta última volvió a
depender del departamento de apoyo general durante el ejercicio 2006-2007.109
Con todo, son poco más de doscientas las personas que dan vida a la actividad del Instituto. Ellas, como comentamos más arriba, pertenecían inicialmente al Ejército, esto es, en su totalidad. El cambio con que el entorno afectó la
estructura interna del IDIC con la creación de las administradoras de fondos de
pensiones, derivó en la contratación directa de nuevo personal. Transcurridos
casi treinta años desde entonces, el número de personas que sirven en el Instituto se ha estabilizado en el orden mencionado y la mayor parte se agrupa, en
orden decreciente, en la categoría de técnicos, seguida de la categoría de profesionales, y terminando en la de administrativos. Son estas doscientas personas –
desde el director hasta el último empleado- las que dotan de vida a la organización, son ellas las que aprenden cuando se habla de organizaciones que aprenden, y es la suma de su trabajo en equipo, la sinergia en último término, la que
hace del IDIC una organización inteligente. A continuación, en el tercer y últi109

IDIC; documentación interna; memorias de mando 2001 al 2009; passim.

- 76 -

mo capítulo, revisaremos el estado actual de cosas en el Instituto, con lo que
intentaremos revelar la existencia de un vector histórico subyacente a su actividad. La historia sirve para la acción, sostenía el historiador francés Marc Bloch –
ya lo hemos dicho; si esto es cierto en el caso presente, lo vamos a comprobar en
las páginas que siguen.

--♦--

- 77 -

- 78 -

CAPÍTULO III

Organización actual y desafíos – Vigencia del ideario fundacional – Sobre una historia
que aún está por escribirse.

ORGANIZACIÓN ACTUAL Y DESAFÍOS

El IDIC se encuentra organizado, en vísperas de su centenario, en tres áreas o
pilares principales. Ellas son el departamento de sistemas de armas, el departamento químico y el Banco de Pruebas de Chile. A esta matriz central se suman
los apoyos que prestan desde sus respectivos ámbitos los departamentos comercial, de ingeniería y de apoyo general. Estas tres áreas principales dependen
del mando militar del Instituto, que incluye a la dirección del mismo y a la subdirección. En términos prácticos, el ejercicio de la dirección se encuentra dividido entre el medio externo y el medio interno. La subdirección, en cambio, es un
organismo eminentemente interno, de control y ejecución. Ahora bien, esta jerarquía del mando y su relación con los organismos dependientes obedece al
uso y la costumbre de las organizaciones militares. Esta organización piramidal
proviene claramente de una tradición en que se dan cita dos culturas: la del militar y la del técnico.
Aún así, resulta evidente que la mezcla ha alcanzado cierto nivel de equilibrio por el hecho de que se ha mantenido vigente por tanto tiempo, excepción
hecha de designaciones y otras fusiones menores. En el Instituto coexiste la visión empresarial de una organización con aquella otra que tiene que ver con la
doctrina militar. Esta dualidad inherente al IDIC y a otras organizaciones similares, tanto del Ejército como de las otras ramas de las Fuerzas Armadas, configura un espacio que no es propio de dos culturas complementarias y antitéticas
a la vez. O se trata de una empresa con todo lo que ello significa o de un regimiento con todo lo que ello significa, pero ambas a la vez, en un mismo sitio y

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con la misma gente, es extraño. Es un híbrido. Y en él se tocan no solo el derecho público con el derecho privado sino toda una amplia variedad de intereses
cruzados que no hacen que sea fácil dirigirlo y proyectarlo. La identidad del
IDIC, de la que hablábamos al comienzo de nuestra historia, tiene que ver con
este hecho capital. Por esta misma razón resulta interesante explorar la trayectoria que ha traído al IDIC hasta aquí, especialmente porque hemos podido
comprobar que en este caso se trata de un hacer centrado en lo técnico, moderado por un clima en que prevalecen lo disciplinario y lo jerárquico, y que responde a dos clientes distintos: militares y civiles. No es nueva ni tampoco es
única esta hibridación de lo público y lo privado en el marco de una empresa,
de hecho existen otras instancias nacionales que pueden compararse con el
IDIC, aunque cada una de ellas con sus matices particulares: nos referimos al
Instituto Geográfico Militar y a FAMAE. Aun así resulta esclarecedor haber podido comprobar que esta clase de modelos pueden prosperar en la medida que
posean algún grado de exclusividad. El negocio de las armas y los explosivos,
en todo caso, no debiera encargarse sino a los organismos que la ley define como referentes, usuarios o compradores. De allí que no resulte inapropiado concebir al IDIC como una respuesta técnica a una necesidad social, encargada al
Estado.
La solución que plantea el Instituto ha ido variando con el tiempo en
función de los compromisos, los recursos –humanos y financieros-, los programas de adquisiciones Institucionales, los estándares de calidad de las empresas
a las que se presta servicios y los de quienes, en determinados casos, actúan
como proveedores. Por eso el Instituto no ha funcionado siempre igual y ha debido variar con el tiempo su estructura aunque, como decíamos al comienzo,
desde las primeras décadas de existencia ha contado con dos pilares fundamentales que suelen mantenerse. A esto habría que agregar el BPCH que desde 1961
se instaló como el tercer pilar.
No vamos a desagregar los componentes del IDIC como suele hacerse en
un organigrama por el hecho de que no es éste nuestro propósito. Sí es impor-

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tante, estimamos, poner de relieve algunos aspectos de esta configuración. El
departamento encargado de los sistemas de armas tiene como misión realizar
“asesorías y verificación de calidad en el proceso de adquisición… de los sistemas de armas y comunicaciones, municiones y vehículos militares,”110 lo que
como se ve, resulta invariable en relación a lo acordado con motivo de su creación, ya que desde siempre se ha hallado orientado a prestar “asesoría al mando
en la adquisición y control de calidad de Armamentos, Vehículos de Combate,
Accesorios… adquiridos en el país y en el exterior.”111 El departamento químico, por su parte, es el encargado de realizar “certificación de calidad a los elementos de vestuario y equipo, alimentación, materiales energéticos y otros que
adquiere el Ejército.”112 El Banco de Pruebas de Chile, por último, es el encargado de “ejercer el control de calidad, desde el punto de vista de la seguridad para el empleo, almacenamiento y transporte de las armas de fuego, municiones,
explosivos, materias primas afines y demás artificios que se fabriquen o importen al país… Al mismo tiempo proporciona asesoría especializada a la Dirección
General de Movilización Nacional y a sus autoridades fiscalizadoras, como así
también a las empresas relacionadas con la fabricación y uso de los elementos
sometidos al control de la ley [17.798].”113
Para cumplir su labor, el Instituto se encuentra sometido a las especificaciones de dos normas ISO. Algunas de ellas son la ISO 9001:2000, para el caso
del BPCH; la ISO 17.025, para el caso del laboratorio custodio de patrones nacionales de magnitud fuerza; la NCh ISO 17.025:2005, incorporada en la certificación ISO 9001:2000 del IDIC, para el caso del laboratorio de alimentos y el
laboratorio de pinturas. Ello ha implicado la realización de auditorías a los laboratorios de alimentos (2008); de pinturas (2008); de metrología en las magnitudes de volumen, masa, fuerza, longitud y presión (2009); y custodio de patro-

IDIC; Folleto de difusión; 2010.
IDIC; Folleto de difusión con motivo de los ochenta años de su creación; 1991; p. 1.
112 IDIC; Folleto de difusión; 2010.
113 Ibídem.
110
111

- 81 -

nes nacionales en la magnitud de fuerza (LCPN-F) (2009). Este último se encuentra reconocido por el DKD, organismo alemán de acreditación.114, 115
Las normas ISO provienen de un acuerdo entre naciones para fijar estándares de calidad. ISO es, al mismo tiempo, el acrónimo de International Organization for Standarization,116 y junto con ello una adaptación de la palabra griega
“isos,” que significa “igual.”117 Independientemente de ello, esta organización
fue fundada en

Ginebra, Suiza, en 1947 y se ocupa de la estandarización en aspectos técnicos y no técnicos… Su
membresía se extiende a más de cien países,118 en que cada miembro es el cuerpo u organismo
nacional „más representativo de estandarización de su país.‟ …La estandarización afecta a las
unidades de medida, alfabetización y transliteración, especificaciones para partes, materiales,
superficies, procesos, herramientas, métodos de control, y máquinas, e incluso la forma en que
las especificaciones son presentadas… Producto de la evolución tecnológica, los estándares ISO
son revisados para su optimización cada cinco años.119

Este patronazgo internacional resulta extremadamente exigente y demanda una
dedicación constante. La acreditación misma siempre es el paso previo a un paso definitivo que nunca se da, aun cuando determinadas unidades posean acreditaciones de varios años hacia el futuro. Pese a las discusiones que en algunos
casos generan esta clase de normas,120 es el caso hoy en día que un número
enorme de países las han incorporado en su trama gubernamental y empresarial, situación que las ha vuelto insoslayables.
Para el caso del IDIC, la mantención y aplicación de las normas le confiere un estatus importante frente a sus clientes. El hecho de hallarse acreditado lo
eleva a la categoría de un contralor que ha sido a su vez sometido a contraloría.
DKD; Deutschen Akkreditierungsstelle; en http://www.dkd.eu/; acceso: 14/1/2011.
IDIC; Memoria de mando 2008 – 2009; p. 30.
116 International Organization for Standardization (ISO). (2011). In Encyclopædia Britannica. Retrieved from http://goo.gl/FuIe1.
117 Wikipedia; en http://en.wikipedia.org/wiki/ISO; acceso: 14/1/2011.
118 De hecho, ya son 163; tomado de ISO; en http://goo.gl/ji0bD; acceso: 14/1/2011.
119 International Organization for Standardization (ISO). (2011). In Encyclopædia Britannica.
120 Cfr. SEDDON, John; The case against ISO 9000; Ireland; Oak Tree Press; 2000.
114
115

- 82 -

Esto debiera traducirse en confianza para las empresas y organizaciones a las
que presta servicios, incluidos el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea de Chile.
El caso del servicio al Ejército merece un párrafo especial. El Instituto fue
creado para prestar servicios que sirvieran a sus fines mediante el control de
armamentos y municiones. El Ejército es una organización que actúa por medio
de la fuerza disuasiva que le otorgan sus medios humanos y materiales. Todo el
equipamiento que ello implica, desde las botas de sus hombres y mujeres hasta
la artillería de largo alcance y las comunicaciones que hacen posibles los enlaces, todo ello debe someterse al control de calidad. Es aquí donde se inscribe la
labor central del Instituto, y no en los servicios que pudiera prestar –y que de
hecho presta- por diversas vías a la comunidad. Esta raison d'être del IDIC es su
marca de identidad. Y en los tiempos que corren esto representa un desafío. La
revolución militar de que hablábamos en las páginas iniciales de esta historia, se
ha dado en diferentes lugares y épocas. En Chile se ha dado con especial énfasis
en tres momentos: a comienzos del siglo XX con la reforma militar alemana. A
mediados del mismo siglo, con la llegada del material estadounidense en el
marco del Pacto de Ayuda Militar, y últimamente con la adquisición de material acorazado y con la reorganización Institucional, proceso que se encuentra
en curso y en etapa de pleno crecimiento. Nunca antes, como ahora, el Ejército
ha incorporado tanta tecnología en su organización. Nunca antes una revolución militar al interior de nuestras fronteras ha demandado tanta mano de obra
especializada. Nunca antes ha habido una demanda mayor de ingenieros y
técnicos en esta rama de las Fuerzas Armadas. Este escenario actual, a diferencia del que enfrentó la Comisión de Ensayos en 1911, y a diferencia de la que
enfrentó el recién creado IDIC, incluso con la asimilación del Banco de Pruebas
de Chile en 1961, resulta mucho más complejo y exigente. Este es, en suma, el
desafío para el presente. Nunca como ahora el Instituto ha tenido más personal
en sus filas ni mayor número de especialistas en áreas tan diversas. El IDIC ha
alcanzado esta edad veterana en el momento preciso, pues debe poner a prueba
todas las capacidades técnicas desarrolladas y aplicarlas en el nivel más de-

- 83 -

mandante. Si como dice el Eclesiastés, “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se
quiere debajo del cielo tiene su hora,” al Instituto le ha llegado su tiempo y su
hora en la forma de amplios desafíos y requerimientos.

----

Por lo mismo, y en consonancia con lo anterior, la organización del IDIC en
pleno 2011 obedece a una misión y a una visión, elementos claves para toda organización que ha entrado de lleno en el siglo XXI. Aunque la palabra “misión,”
entendida en estos términos pudiera provenir de las antiguas misiones jesuitas,121 ella se refiere a la definición que hace una entidad de sus propósitos actuales. En el caso del IDIC, ella es:

Contribuir a la capacidad operativa del Ejército, asesorando en la toma de decisiones Institucional mediante la certificación de calidad, el diagnóstico y la asesoría en sus áreas de competencia; durante el ciclo de vida de los bastimentos, pertrechos y sistemas del Ejército y cumplir las
funciones de Banco de Pruebas de Chile conforme al marco regulatorio vigente, asesorando a la
Dirección General de Movilización Nacional en los aspectos técnicos de su competencia.122

Esta misión, a la que la organización debe seguir y que por lo tanto puede leerse
como una respuesta de la estructura a su cometido primordial, va orientada, a
su vez, por la visión, que plantea para el Instituto la posibilidad de:

Ser reconocido como referente nacional de certificación de calidad, diagnóstico y asesoría, en las
tecnologías de defensa y control de armas y explosivos. 123

Nos parece, en todo caso, que esta visión en parte se encuentra ya cumplida y
superada por el Instituto. Numerosas empresas mineras saben del mismo, sus
estándares y su nivel de servicio. Otro tanto ocurre con su representación en el
Mission. (2011). In Encyclopædia Britannica. Retrieved from http://goo.gl/SaKut.
IDIC; Memoria de mando 2008 – 2009; p. 6.
123 Ibídem.
121
122

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plano internacional, particularmente ante la Comisión Internacional Permanente de Armas de Fuego Portátiles, C.I.P.

7. Representantes del IDIC ante la C.I.P. en Abu Dhabi,
Emiratos Árabes Unidos, durante la última
convención de este organismo, celebrada en noviembre de 2010.
Este posicionamiento [del IDIC] se refleja en especial en que de los miembros de esta organización, 12 corresponden a países europeos (Reino Unido, Finlandia, Bélgica, Francia, España, Italia, Austria, Alemania, República Checa, Hungría, República Eslovaca y Rusia), 1 país del Medio Oriente (Emiratos Árabes Unidos) y 1 país del continente americano (República de Chile).
Asimismo es interesante indicar que los antecedentes de la participación de Chile en la creación
de esta Comisión, datan desde aproximadamente 1930, en la entonces Asociación de Bancos de
Prueba de Europa.124

De manera que el trabajo realizado para convertirse en referentes nacionales ya
parece haberse completado y por estas fechas, cuando el Instituto conmemora
cien años de existencia, parece pertinente traducir en un artículo más ambicioso
las expectativas de la organización. Al respecto, puede revisarse una edición
especial del diario El Mercurio, que conmemoraba los ochenta años del IDIC, y

124

Revista Certificación, Nº 49; IDIC al servicio de toda la nación; Santiago de Chile; 2010; p. 22.

- 85 -

en que numerosas empresas saludaban a la organización, reconociendo su dedicación a la calidad y la excelencia.125

La investigación tecnológica es el motor del desarrollo. De allí el énfasis que IDIC pone en la
búsqueda de nuevas respuestas al desafío de la calidad de cada suministro que adquiere [el
Ejército]. Ello le ha llevado al desarrollo de investigaciones de punta.
El subdirector técnico, Teniente Coronel Carlos Domínguez, destaca los logros obtenidos en la investigación que han permitido significativos avances en la calidad de una diversidad de rubros.
De esta subdirección técnica dependen los departamentos de Armamento, Electrónica,
Metalmecánico, Químico, Alimentos y Normas.
El Instituto… ha desarrollado un Plan Estratégico para los próximos tres años. Contempla actividades diferentes para ir creciendo en forma racional, especialmente en la mantención y
perfeccionamiento del equipamiento y planta profesional.126

La calidad, señala el mismo medio, es “una meta con historia.” Y por cierto que
lo es. Los departamentos en que se basaba el IDIC hacia 1991 han sido fusionados y redistribuidos para continuar prestando los mismos servicios. Los departamentos de armamento, electrónica, metalmecánico, químico y alimentos, hoy
se encuentran distribuidos entre los de sistemas de armas y químico. En otras
palabras, los cambios se orientan a la mantención y la mantención se va corrigiendo con los estándares. El ajuste definitivo, que probablemente no se alcance
nunca, es en sí mismo el medio y la meta a que se aspira. Por eso la meta posee
historia, porque implica una mirada permanente sobre lo que se es y lo que se
hace, algo que en parte refleja lo que hoy se conoce como mejora continua pero
que no tiene nada de nuevo.127
A esta organización base de tres pilares esenciales, debemos añadir la
columna vertebral del Instituto que se concreta, literalmente, en la existencia de
sus sucursales y delegaciones, extendidas a lo largo de todo el país. El IDIC está
Diario El Mercurio; Ediciones especiales; 1911 – 1991; p. 3.
Ibídem.
127 Ya hemos aludido a prácticas milenarias en temas de calidad y sistemas (Cap. II, Tendencias
en la certificación de calidad).
125
126

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presente en todo Chile lo mismo que el Ejército. Su rango de acción sobrepasa,
con mucho, los límites de su instalación en la capital y aun así sus metas siguen
siendo ambiciosas, porque si tomamos en cuenta las que el IDIC se dio para el
2011, ellas contemplan, entre otras:

[La] incorporación del Laboratorio de Materiales Energéticos a los laboratorios acreditados por
el INN bajo la norma ISO 17025: 2005 y su certificación bajo la norma ISO 9001: 2008, [y la] incorporación de procesos de certificación de productos bajo la norma NCh 2411 (Guía ISO/IEC
65) en las áreas de certificación de explosivos para la tronadura en su función de Banco de
Pruebas de Chile.128

Todo ello es muestra de un desarrollo que no es posible improvisar y que tampoco es posible anticipar a cien años vista. Con esto queremos decir que ninguno de sus fundadores hubiese alcanzado a prever las dimensiones que alcanzaría la antigua Comisión de Ensayos. En 2010 la planta del IDIC llegaba a las 216
personas y ese mismo año el plan de capacitación contemplaba 1.644 horas en
gestión de calidad, en sistemas de información, en gestión e ingeniería,129 con
cientos de estudios, peritajes, evaluaciones, verificaciones de calidad, informes
técnicos y asesorías, entre otros.130 A esto cabe añadir un parque vehicular de
camionetas para el control de faenas mineras y otros vehículos de locomoción
para el personal. En 1967, el IDIC no contaba sino con unos pocos vehículos para realizar estas mismas labores (entre otros, una citroneta). El crecimiento ha
tenido lugar en todas direcciones. Las más evidentes, sin embargo, son aquellas
que relacionan su organización con los servicios que se prestan y la calidad de
estos mismos en función de los estándares que se exigen hoy. En otras palabras,
el crecimiento del IDIC ha sido orgánico, sostenido y moderado. Aquí radica,
pensamos, el eje sobre el que se ha movido por cien años el ideario fundacional
del Instituto.

Revista Certificación; p. 23.
IDIC; Memoria de mando 2008 – 2009.
130 Ibídem; passim.
128
129

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VIGENCIA DEL IDEARIO FUNDACIONAL

¿Qué se celebra luego de transcurridos cien años? Una empresa que comenzara
fabricando pañales y que cien años después acabara vendiendo armas o carcasas para computadoras, podría completar cien años, qué duda cabe. Sin embargo, esos cien años no serían los mismos que encierran los cien del IDIC. Esto
último nos ayuda a responder el interrogante que planteábamos al comienzo,
en nuestra Introducción: ¿sirvió el IDIC a los fines para los cuales fue creado?
Pensamos, luego de haber revisado su desarrollo, que efectivamente existe una
identificación entre el comienzo, en 1911, y el término de cien años transcurridos desde entonces. Y la respuesta por tanto es afirmativa. El IDIC nació para
asesorar, controlar e investigar. Eso es lo que hacía cuando fue creado, eso es lo
que hace hoy, cien años después.
Esto, en otras palabras, pone de manifiesto el hecho de que hay un ideario que no ha sido traicionado una sola vez desde los orígenes. Un ideario, tal
como lo define el DRAE, es un repertorio de ideas. La mantención de este repertorio es sólo una parte del mismo, puesto que implícito en su decreto de fundación se hallaba el deber de actualizar no sólo los medios con que ese ideario
debía concretarse sino también, y muy especialmente, las personas encargadas
de dotarlo de vida. La relación entre el pasado y el presente, entonces, es de una
intimidad formidable. Encajan el uno en el otro como si el tiempo no hubiese
transcurrido del todo. Los fundadores han muerto, pero sus nombres no se han
perdido. Y no solo eso, pues sus tareas se siguen realizando con igual prolijidad.
No es fácil mantener con vida un ideario como éste. No es fácil mantener
con vida ningún ideario. Ellas, las ideas, suelen depender fuertemente de las
personas que las acarrean, difunden, discuten y defienden. Esta cualidad de las
ideas es la que las fortalece a medida que alcanzan las madurez, pero al mismo
tiempo es su debilidad, porque desparecido su portador o sus portadores, ella
corre el riesgo de ser reemplazada, sustituida o lisa y llanamente abolida. No

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sucedió así con el IDIC. ¿Por qué? La respuesta podemos hallarla en los mismos
decretos de creación, en aquellos otros que fueron cambiando su nombre y en
aquellos, los últimos, que lo dotaron de las misiones del Banco de Pruebas de
Chile. En todos ellos se leen y reconocen las mismas tareas del comienzo. Ello es
muestra de que había una ruta para el IDIC que no podía sustituirse por otra
paralela. Su labor única solo podía ser completada. Y así lo entendieron los encargados de materializarla a medida que fueron pasando los años.
Entre los años 1945 y 1952 se desempeñó como director del Instituto el
teniente coronel Eduardo Beas Álvarez. En esos años de posguerra entre los
cuales le correspondió mandar, se fabricaron luces de señales, agresivos químicos y fulminantes, además de las otras funciones de la otrora Comisión de Ensayos. Esto respondía claramente a la labor de investigación de este organismo
pero acabaría siendo parte del trabajo de una organización que vería la luz
algún tiempo después, el Complejo Químico Industrial del Ejército. Deseamos
que el lector vea y reconozca en este detalle el espíritu de la organización. Y es
que el IDIC no se desviaba –sin que nadie lo manejara desde fuera o desde arriba, claro- de su labor primigenia. ¿Radica en esto la clave de su éxito? En parte
sí. En parte también en la calidad de los hombres y mujeres que tripularon el
Instituto a lo largo de su vida. No por nada el patronímico del IDIC lleva el
nombre del recién nombrado teniente coronel Beas,131 oficial ingeniero politécnico militar en la especialidad de química (promoción de 1931), quien con los
años alcanzaría el grado de general de Ejército y llegaría a desempeñar, entre
otros cargos, el de director de la escuela de unidades mecanizadas del Ejército,
precursora de la escuela de blindados y de la actual escuela de caballería blindada. En aquel tiempo, sin embargo, época de señales, agresivos químicos y
fulminantes, el IDIC contaba con 18 operarios técnicos a los que se añadían
unos cuantos oficiales ingenieros politécnicos y algunos suboficiales armeros

Boletín oficial reservado del Ejército; Letra A., número 81: Regulariza situación legal de unidades independientes del Ejército; 8/3/1990.
131

- 89 -

artificieros.132 Ochenta años más tarde el personal se ha multiplicado por diez y
sus tareas se han multiplicado varias veces más. En otras palabras, las tareas no
se han multiplicado con el personal sino al revés. El personal crece en función
de las tareas que debe cumplir el Instituto. Tal vez no haya mejor manera de
patentizar la vigencia de un ideario fundacional en un estamento cualquiera,
que dirigiendo nuestra mirada hacia la actividad productiva de pleno ejercicio
en que se encuentra. En el caso que nos ocupa, el IDIC es la muestra viva de esa
vigencia.

SOBRE UNA HISTORIA QUE AÚN ESTÁ POR ESCRIBIRSE
Tomando lo precedente por garantía de futuro, diremos que el Instituto se encuentra más vigente que nunca, puesto que al contrario de lo que ocurre con los
individuos, las instituciones rejuvenecen a medida que envejecen. Es esta la
ventaja que otorga la perspectiva histórica. Gracias a ella es posible colimar un
proyecto situado en el pasado con el estado presente del mismo. Por eso se escribe la historia del IDIC, por eso se escribe cualquier historia. Sin embargo,
desconocemos el momento del final, ese que marca el pitazo que pone fin a las
cosas, las ilusiones y la incerteza.
¿Cuál será su final? ¿Cómo será su clausura? ¿Quién lo irá a cerrar? No
sabemos. Por ahora, es difícil contestar esta clase de preguntas. Pero no solo por
ahora: siempre ha sido difícil vaticinar los hechos que nos depara el porvenir.
No por nada de la palabra vaticinio deriva vate que equivale, a su vez, a poeta.
Y el poeta canta con voz a menudo incomprensible y difícil acerca de las cosas
que son, han sido y serán. Estas últimas son las más complicadas y dan cuenta
de las limitaciones humanas a la hora de predecir qué es lo que va a ocurrir
mañana, la semana entrante, la próxima década. Situación que se complica si se
toma en cuenta que la innovación es el gran motor del desarrollo. Sus posibilidades enormes, incluso más de lo que podemos imaginar. Matt Ridley, perio132

Suboficial Mayor Carlos Monjes P.; conversación; 7/10/2010.

- 90 -

dista, escritor y empresario, lo plantea de este modo en su última obra, “The
rational optimist:”

Lo maravilloso acerca del conocimiento es que es genuinamente ilimitado. No existe ni la más
remota posibilidad de agotar el suministro de ideas, descubrimientos e invenciones. Esta es la
causa mayor de mi optimismo. Una de las más bellas características de los sistemas de información es que son más vastos que los sistemas físicos: la vastedad combinatoria del universo de
ideas posibles deja como un enano al universo de las ideas físicas. Tal como sostiene Paul Romer, el número de programas de software que pueden ponerse en un disco duro de un gygabyte de capacidad es veintisiete millones de veces más grande que el número de átomos en el
universo. O si usted fuera a hacer combinaciones de a cuatro con los cien elementos que hay en
el sistema periódico mediante diferentes aleaciones y compuestos, en proporciones que varíen
de uno a diez, usted tendría 330 mil millones de posibles compuestos químicos y aleaciones
para evaluar, o bastantes para mantener ocupado a un equipo de investigadores revisando mil
al día por un millón de años. Sin embargo, si la innovación es ilimitada, ¿por qué todo el mundo
es tan pesimista acerca del futuro?133

En consecuencia, el futuro es inapelablemente vasto y variado. Es una caja de
sorpresas. No sabemos lo que nos depara. Lo que sí conocemos son las condiciones iniciales o, para decirlo de otro modo, el estado del mundo tal cual es
hoy en día. Y en estas condiciones actuales, con un Ejército en plan de modernización, con una demanda por operatividad y mantención que se ha vuelto creciente, con una importante tecnificación de su personal –en un sentido amplio-,
y con una demanda por eficiencia en el gasto de Defensa que con mayor asiduidad se somete al escrutinio público, la labor del IDIC se asienta cada vez más.
Es probable, por lo mismo, que dentro de muy poco su visión sufra alguna variación y declare el Instituto su intención de llegar a ser un líder en alta tecnología militar, con prestigio nacional e internacional, con excelencia en la certificación de calidad, asesoría y control de productos y servicios para la defensa

RIDLEY, Matt; The racional optimist. How prosperity evolves; London; Fourth Estate; 2010;
p. 276. (La traducción es del autor.)
133

- 91 -

nacional.134 O alguna otra que dé cuenta de una aspiración como ésta porque,
eso nos parece, el Instituto es ya una hazaña realizada.

--♦--

134

Debo estas observaciones al brigadier (R) Víctor Aguilera A.

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PALABRAS FINALES

La historia del IDIC es la historia de un grupo de hombres y mujeres que no se
propusieron organizar un Instituto que durara cien años. Los fundadores no
conocieron a los que conmemoran hoy este aniversario ni éstos a aquéllos. Tal
vez a ello se reduzca y se deba la tradición, a la flecha del tiempo, al hecho de
que no podemos recordar el futuro, solo el pasado. La tradición, dice André
Malraux, es una conquista. Sí, pero nunca de quienes comenzaron a dar la batalla. Es una conquista curiosa porque cuando nos damos cuenta de que ella es,
ya no están –ni suelen estar con nosotros- los que alguna vez desearon que llegara a ser. Hay algo en la tradición que impide a su progenitor saber siquiera
que irá a ser recordado. En la más estricta tradición, el padre no conoce a sus
hijos como sus hijos lo conocen a él.
Había varios finales para la Comisión de Ensayos. Uno de los menos
probables era el de este Instituto de la calle Pedro Montt en Santiago. Las personas que comenzaron su labor en las primeras instalaciones de aquella Comisión, en torno a una estación de trenes, eran impulsados por una suerte de entusiasmo supremo. Y una vocación por las armas y por el servicio al Ejército que
los años no permiten poner en duda. Sus nombres ya nadie los recuerda. Qué
son ellos frente a los nombres de la historia del país, los libertadores, los vencedores de batallas, los que dan su nombre a las plazas, calles, edificios.
Aquí los recordamos para rescatarlos del olvido sin apenas mencionarlos. Y es que no buscaban la inmortalidad, sino la posibilidad de prestar servicios. ¿Qué más? Quizá ni siquiera desearon esta clase de trabajo aunque lo más
probable es que se hayan sentido escogidos antes que designados. ¿Cómo era el
país en 1911? Pocas industrias. Un Santiago que acababa allí justo donde la Comisión comenzaba a ser lo que ha llegado a ser hoy. Sí, en el final se hallaba su
principio. En los límites de la capital, donde ya pocos se atrevían a levantar su
nido, allí se fabricaban cartuchos de munición y allí comenzó esta labor de
prueba, control, ensayo. Los escogidos fueron los primeros. No hacían historia

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sino que cumplían una labor. Hoy día esa labor es la misma: probar y demostrar que la munición que dispara un hombre en un escenario remoto, va a salir
por la boca del cañón sin herir a quien la dispara. Certificar que las armas responderán tal como se espera que respondan. Responder por ello. Por hacer posible la instrucción y el entrenamiento del Ejército en los sitios más distantes del
país, en los lugares más alejados, en los lugares sin asistencia.
Las armas, las municiones, los explosivos, los utensilios, los camiones, los
vehículos a oruga, los tanques, en fin, todos llevan el sello del Instituto. Parece
sencillo pero no lo es. La labor, qué duda cabe, es ingrata. Los que lo saben, no
esperan ser comprendidos, tal vez ni siquiera reconocidos. A aquellos que nunca debieron lamentar fallas de material previsibles o debidas a un control deficiente, a aquellos que no alcanzaron a probar productos defectuosos, a aquellos
que nunca se enteraron de que pudieron montar un vehículo moribundo y que,
sin embargo, tripularon otro, sin defectos, a todos aquellos se debe el IDIC y
todos ellos, sin saberlo, le deben algo al IDIC.
Sus nombres, es cierto, no aletean en un cartel de latón al viento en alguna plaza perdida del país. Claro que no. Esta labor, cuanto más eficiente, menos
se nota. Es lo que algunos han dado en llamar el efecto referee. Nadie se da cuenta de lo bien que lo ha hecho un árbitro hasta que se equivoca. Es probable que
los técnicos de sus talleres, laboratorios, salas de prueba, ni siquiera lo noten.
Para eso están los procedimientos, para seguirlos sin saltarse un solo paso. La
calidad se asegura en la medida que se cumple lo que está normado. Y esto no
es sencillo porque implica que se necesita una montaña de trabajo paciente y
meticuloso para aprobar la calidad de un grano de mostaza, una muestra estadística escogida al azar entre la inmensa multitud de lo posible. Probar, aprobar, despachar.
Lo que los hombres comen, lo que visten, lo que disparan, lo que conducen, lo que tripulan. Todo eso suele pasar por este cuartel, mezcla de laboratorio
con sones de banda militar y ansias curiosas, escépticas, entrometidas. Su gente
reconoce las telas sin haberlas vestido, los sabores sin haberlos probado, las du-

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rezas del material sin haberlo forzado. Es curioso este Instituto, parece lleno de
numerosos, minuciosos inspectores de lo cotidiano. Inspectores del arroz y del
caucho que cuando nos observan parecen analizarnos como si fuésemos a estallar en el aire o a decaer o a torcernos. Todo lo controlan siempre.
Así hacen historia.

--♦--

- 95 -

- 96 -

BIBLIOGRAFÍA
Diarios
1. El Mercurio; Así era Santiago en el centenario; 18/9/2010.
2. El Mercurio; Ediciones especiales; 1911 – 1991, Ochenta años certificando la
calidad; 1991.
3. La Tercera; reportaje a HERRERA F., Ricardo; Centenario de 1910: provincias y comunas de Chile; 2010; 12/12/2010.
Revistas
1. Revista Memorial del Ejército de Chile; Año XV – 2do semestre, s/n, y Nº
333.
2. Revista Armas & Servicios, Nºs 61 y 87.
3. Revista de la ingeniería química militar, Nºs 2 y 5; Talagante; TTGG Inacap;
1982.
4. Revista Capacitación, Nº 49; 2010.
Libros
1. CARMAGNANI, Marcello; Desarrollo industrial y subdesarrollo económico.
El caso chileno (1860-1920); Santiago de Chile; Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos; 1998.
2. ECHEVERRÍA, René; Desarrollo científico tecnológico en el Ejército durante
el siglo XX; Santiago de Chile; obra inédita; 1982.
3. EJÉRCITO DE CHILE; Historia del servicio de material de Guerra – 118
años; 1997.
4. EMGE, EJÉRCITO DE CHILE; Historia del Ejército de Chile, T. VIII; Santiago de Chile; Publicaciones militares; 1985.
5. FAMAE; La historia bicentenaria de FAMAE; Santiago de Chile; TT.GG. Instituto Geográfico Militar; 2009.

- 97 -

6. GONZÁLEZ, Pedro Luis; Chile – Breves noticias de sus industrias; Santiago
de Chile; Sociedad de Fomento Fabril – Sociedad Imprenta y Litografía Universo; 1920
7. ORREGO V., Francisco, coordinador; Chile en la perspectiva del un nuevo
milenio; Santiago de Chile; Editorial Andrés Bello; 2000.
8. RIDLEY, Matt; The rational optimist. How prosperity evolves; London;
Fourth Estate; 2010.
9. SEDDON, John; The case against ISO 9000; Ireland; Oak Tree Press; 2000.
10. SENGE, Peter et al; La quinta disciplina en la práctica; Barcelona; Editorial
Granica S.A.; 1995.
11. URRUTIA U., Marcial; Síntesis autobiográfica del Sr. General don Marcial
Urrutia Urrutia; Santiago de Chile; texto inédito.
Entrevistas y conversaciones
IDIC; conversaciones con su personal; septiembre 2010 – enero 2011:
— E.C. Alejandro Pradenas Clavería
— E.C. Miguel Burgos Sierra
— E.C. Gilberto Chamorro Heilig
— E.C. Edith Valenzuela Barriga
— E.C. Gladys González Cortés
— E.C. Manuel Barros Díaz
— E.C. Roberto Álvarez Huerta
— E.C. Hernán Oliva Carrasco
— E.C. Jorge Allende Poblete
— E.C. Adriana Severino Villegas
Entrevistas a ex miembros del Ejército:
Brigadier Víctor Aguilera A.; 14/1/2011.
Tcl. Sergio Guiraldes R.; 11/1/2011.
General Julio Jara D.; 15/11/2010.
Coronel Alfonso Walker R.; 21/7/2010.

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Suboficial Mayor Carlos Monjes Paredes; 7/10/2010.
Documentación interna del IDIC

1. BANCO DE PRUEBAS DE CHILE; Reglamento Orgánico y de Funcionamiento; 1963.
2. IDIC; documento inédito, sin título; capítulo VI.
3. IDIC; documentación interna; Memoria de mando 2001-2002.
4. IDIC – documentación interna; Memoria de mando 2003-2004.
5. IDIC – documentación interna; Memoria de mando 2006-2007.
6. IDIC – documentación interna; Memoria de mando 2008-2009.
7. IDIC; documentación interna; ¿Qué es el IDIC?, ¿Qué hace?; c. 1985.
8. IDIC; Folleto de difusión con motivo de los ochenta años de su creación;
1991.
9. IDIC; Folleto de difusión; 2009.
10. IDIC; Folleto de difusión; 2010.
11. IDIC; documentación interna; Historia del Instituto de Investigaciones y
Control del Ejército; circa 1961.
12. IDIC; Boletín oficial reservado del Ejército; Letra A., número 81: Regulariza
situación legal de unidades independientes del Ejército; 8/3/1990.
Enciclopedias
1. Encyclopædia Britannica; en http://www.britannica.com/; accesos varios.
2. Enciclopedia Wikipedia; en http://en.wikipedia.org/wiki/Main_Page; accesos varios.
Recursos de internet
1. Biblioteca científica Scielo Chile; http://goo.gl/iZHEm; acceso: 12/10/2010.
2. PAZ, Octavio; Discurso de aceptación del premio Nobel de literatura - 1990;
http://goo.gl/0EyXb; acceso: 20/10/2010.

- 99 -

3. Fondecyt;

Subsisten

huellas

del

Santiago

del

centenario;

http://goo.gl/P8BuE; acceso: 7/11/2010.
4. NATO; http://goo.gl/oWSZ6; acceso: 17/11/2010.
5. INN; http://goo.gl/Dr4ji; acceso: 18/11/2010.
6. Red nacional de metrología de Chile; http://goo.gl/THKy2; acceso:
4/1/2011.
7. DKD; Deutschen Akkreditierungsstelle; http://www.dkd.eu/; acceso:
14/1/2011.

--♦--

- 100 -

APÉNDICES

Símbolos y emblemas del IDIC– Directores del IDIC – Subdirectores del IDIC – Galería
fotográfica.

SÍMBOLOS Y EMBLEMAS DEL IDIC
En el presente apartado se estudian los símbolos asociados al Instituto de Investigaciones y Control del Ejército (IDIC). Ellos forman parte del acervo histórico
del mismo y ayudan a dar cuenta de una identidad. En tal sentido, y en una
perspectiva histórica, ellos fueron creados en una época en que todavía no se
hablaba de imagen corporativa como se hace en la actualidad. Sin embargo, los
antecedentes de dicha imagen quizá puedan rastrearse hacia lo que antaño solían representar los escudos de armas. Estos últimos, ricamente ornamentados y
expuestos, servían para trazar y dar cuenta de una identidad (la de los caballeros andantes) cubierta o simulada por toda clase de atavíos, yelmos y armaduras. De este modo, los heraldos, en la Edad Media, anunciaban a los campeones
de un torneo a partir de sus símbolos y no por sus nombres propios. De allí el
término con que terminó por acuñarse la rama que se dedica al estudio de estas
formas y sus clases. La heráldica, entonces, puede entenderse como el precedente medieval del uso corriente de signos y emblemas que vemos con frecuencia
patentizados en el ámbito de la comercialización (marketing).
En este esquema de cosas, el IDIC posee su escudo y una serie de signos
asociados que revisaremos a continuación. Hemos estimado conveniente agregar hacia el final de este apartado tanto el himno como el lema del Instituto,
puesto que en ellos aparecen escritas algunas de (sino todas) las ideas contenidas en los símbolos (el escudo, especialmente) que caracterizan a este organismo del Ejército de Chile.

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LOS SÍMBOLOS
La imagen corporativa se puede definir de diversas maneras. Una de ellas puede reducirse a “la manera en que la sociedad visualiza a una compañía, o la posición que una compañía posee al interior de una sociedad.”135 Con ello se da
cuenta de una realidad de la que hablábamos más arriba, i.e., la identidad de
una organización en el medio en que ésta se mueve, la manera en que “quiere”
ser vista y, más específicamente, dónde.
El caso del IDIC es un caso especial, por cuanto se hace presente en dos
contextos distintos y complementarios: 1) el del Ejército de Chile y 2) el de las
empresas, públicas y privadas, que contratan sus servicios. Sin embargo, la actividad del Instituto se haya referida al control de calidad en ambos medios, con
lo cual su posición (o posicionamiento) puede alcanzarse y mantenerse sin que
deba recurrir a definiciones especiales o relaciones de significado (que esto son
los símbolos136) diferenciadas. En consecuencia, su imagen corporativa sirve por
igual y con la misma eficiencia en ambos escenarios o ámbitos de actividad.
Hechas estas aclaraciones iniciales, pasaremos a continuación a revisar
los símbolos y emblemas en cuestión.

EL ESCUDO DE ARMAS DEL IDIC O LOGO INSTITUCIONAL
El escudo de armas del IDIC (también denominado logo institucional), es la enseña que distingue al Instituto en el contexto del Ejército de Chile y, como tal,
su proyección es más bien de carácter interno. Este símbolo es del tipo francés
asediado (sic) según la heráldica más tradicional.137 El mismo (ver figura 1) poInternet; ccol net; corporate image; en http://goo.gl/EuoxK; acceso: 20/8/2010.
Cfr. Internet; Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua; en
http://buscon.rae.es/draeI/; acceso: 20/8/2010.
137
La heráldica no es sólo una ciencia sino también un arte basado en numerosas fuentes y escritos provenientes de la Edad Media. Es por ello que resulta frecuente encontrar versiones contradictorias acerca
de un mismo objeto de estudio. Cfr. heraldry. (2010). In Encyclopædia Britannica. Retrieved August 29,
2010, from Encyclopædia Britannica Online:
http://www.britannica.com/EBchecked/topic/262552/heraldry
135
136

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see un campo de gules (i.e., de color rojo vivo) en cuyo centro aparece una rueda dentada de oro con plata en su interior (color blanco). En el centro de la rueda dentada se aprecia un hexágono inscrito en la circunferencia y dentro del
hexágono una lámpara de aceite en oro.138

1. Escudo de armas del IDIC.

Ahora bien, el concepto “asediado” significa almenado y es característico de las
fortificaciones medievales o de las ciudades protegidas o resguardadas por una
fuerza militar. La forma que sigue el escudo desde el campo almenado hacia
abajo es típicamente francesa y no suelen mezclarse ambas versiones en un
mismo modelo como sucede aquí. En este sentido, el del IDIC es un escudo sui
géneris, y rara vez suele darse.
El esmalte de color rojo se asocia con el color del planeta Marte y, por extensión, con la deidad greco-romana de la guerra. La rueda dentada, por su parte, representa trabajo, esfuerzo y desarrollo. Progreso, en último término. El
hexágono inscrito representa la precisión y el orden en el ejercicio de la ingeniería en tanto ciencia aplicada. El color del oro simboliza la nobleza, la prosperidad, el poder y la luz (de allí la lámpara).

Una de las reglas de la heráldica sostiene que no deben superponerse dos metales, lo que sí
ocurre en este caso (cfr. referencia de nota anterior).
138

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Fuera de la rueda dentada, aunque siempre dentro del escudo o campo,
encontramos los elementos cruzados que son propios de la especialidad de ingeniería politécnica militar. Se trata de una palma y una espada. Acerca de la
primera, sus orígenes pueden rastrearse hasta la tradición judaica anterior a la
era común (A.E.C.) y el cristianismo primitivo. En este sentido ella puede asociarse al triunfo y la victoria. De hecho, en la tradición romana se esgrimía como
saludo al vencedor de batallas y torneos. En cuanto a la segunda, ella representa
la decisión, la voluntad y la fuerza (quizá en este mismo orden). La espada es
un artículo recurrente en la heráldica militar y, como tal, posee un enorme valor
simbólico (esto es, en tanto sobran las palabras) y puede aparecer en numerosos
y diversos contextos.
En suma, el escudo de armas del IDIC es una pieza formada por un cruce
de tradiciones (cima almenada con perfil francés) y por una identidad asociada
a un mismo tiempo con la guerra y con la paz. Así, este carácter dual de su
hacer aparece claramente representado en el blasón, con lo que ―en una lectura
prosaica del significado― el trabajo de sus hombres y mujeres sirve a ambos
fines a partir de una raíz común, que bien puede atribuirse al servicio al país y,
por ende, a la patria toda.

OTROS SIGNOS Y MARCAS COMERCIALES
Llamaremos logos (del griego λόγος: palabra, razón o plan139) a las cuatro marcas oficiales del IDIC. Estos logos representan al IDIC mismo y al Banco de
Pruebas de Chile (ver figura 2).

139

Tomado de "logos." Encyclopædia Britannica. 2010. Encyclopædia Britannica Online. 29 Aug. 2010
<http://www.britannica.com/EBchecked/topic/346460/logos>.

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1.

Logos del BPCH (izq.) y del IDIC (der.).

Aunque el Banco de Pruebas de Chile (BPCH) pasó a depender del IDIC en
1961, los logos correspondientes fueron inscritos en fecha reciente en el Ministerio de Economía, Fomento y Reconstrucción - Departamento de Propiedad Industrial, y aparecieron publicados para su uso y reconocimiento en el Diario
Oficial con los siguientes números:
 653.764 de 4 de febrero de 2005; y
 653.765, 653.762, y 666.867 de 28 de enero de 2005.140
Todos estos logos ―el del BPCH, el comercial del IDIC, el timbre y el cuño―, de acuerdo a lo anotado en la introducción de este apartado, son utilizados regularmente por el Instituto en sus certificados, sellos, correspondencia,
etcétera, con lo que sirven a la finalidad para la que fueron creados, esto es, poner de manifiesto la identidad, labor y propósitos del IDIC. En este sentido, es
posible apreciar el logo del BPCH en el vestuario del personal de esa dependencia, en el frontis de las sucursales del Banco y en los vehículos del mismo. Otro
tanto sucede con el logo comercial del Instituto (figura 2), que es utilizado en
especies similares a las anotadas precedentemente, además de su uso en la documentación comercial.
140

Documentación interna del IDIC.

- 105 -

Cabe hacer notar, que a diferencia de lo que ocurre con el escudo de armas del IDIC, el emblema del BPCH carece de campo (es decir, de escudo propiamente dicho) y tanto la figura de la rueda dentada como la enseña de la ingeniería politécnica militar quedan, en cierto modo, suspendidas en el aire. Ello
escapa a las normas o leyes de la heráldica pero ya hemos hecho notar que las
mismas constituyen un corpus variopinto y rebosante de excepciones. Otra diferencia observable es la espada, que en el caso del BPCH va puesta en su vaina
y no desenvainada como ocurre en el caso del escudo (compárense a estos efectos las figuras 1 y 2).
Finalmente, los cuños y timbres que se emplean normalmente en la certificación de cajas de municiones y armas controladas por el IDIC, son los que se
muestran a continuación en la figura 3.

2.

Cuño (izq.) y timbre (der.) del IDIC.

HIMNO Y LEMA DEL IDIC
El himno del IDIC es un conjunto de versos de arte mayor, decasílabos en su
mayoría, con rimas asonantes y consonantes, ordenados en tres estrofas de ocho
versos cada una. Desde el punto de vista literario no es una composición ambiciosa o de alto vuelo, pero desde el punto de vista de la imagen corporativa el
himno pone de relieve los valores y los propósitos del IDIC, especialmente en

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su relación con el medio militar en que ellos se inscriben (de allí, por ejemplo, el
hecho de que el himno comience estableciendo que “Somos soldados…,” etc.).
HIMNO DEL IDIC
I.
Somos Soldados de este Instituto
Cuna de la investigación
Y al control le rendimos tributo
En apoyo de la Institución.
Es IDIC nuestra fuente de Ciencia
Con la cual pretendemos servir,
A la patria con plena conciencia
Por la cual ya juramos morir.
II.
Y si la ciencia es un desafío,
Para dar a esta tierra un blasón,
En mi mente yo me confío
Y en mi brazo dispuesto a la acción.
Chile siempre será el primero
Con la entrega que pueda aportar,
Con la luz de un esfuerzo sincero
Con que quiero mi vida ofrendar.
Coro
A las glorias de Chile cantemos,
Por lo eterno juremos morir.
Porque juntos un día estaremos
Defendiendo el honor de vivir
Cada día en IDIC mantenemos
Invariable inquietud de servir,
Y un laurel a la patria queremos
Aportar cual razón de existir.

Una lectura rápida permite constatar los parámetros a que hemos aludido más
arriba. Otro tanto cabe decir del lema del Instituto, que reza: CIENCIA Y TECNOLOGÍA AL SERVICIO DE LA NACIÓN. Quizá si este último resulte algo
menos acertado que el himno en cuanto a su precisión, por el hecho de que en
este caso el énfasis viene puesto en la ciencia y la tecnología y no en la actividad

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principal o más relevante del Instituto, es decir, aquello que se obtiene o se sigue directamente del nombre del mismo (investigación y control). Si bien la
ciencia y la tecnología son actividades inherentes al Instituto, ellas lo son en la
misma medida de otras tantas corporaciones o entidades. No obstante, ambos
componentes de la imagen corporativa suponen, en último término, la continuidad y permanencia de una tradición que nos permitiremos llamar centenaria. Así, no deben buscarse las claves del IDIC en lo que rezan tanto su himno
como su lema, sino más bien en la pretensión de sentar claramente su diferenciación institucional, declarando a estos efectos que no se trata de un organismo
combatiente sino por el contrario de un organismo de apoyo al combate (“Y al
control le rendimos tributo / en apoyo de la Institución”). En este último y especialísimo sentido, pensamos, estos emblemas cumplen a cabalidad con su cometido.

DIRECTORES DEL IDIC
El Instituto de Investigaciones y Control ha tenido cincuenta y ocho directores
entre 1911 y 2011, la mayor parte de ellos ya fallecidos. El primer ingeniero politécnico militar que ejerció como director del instituto fue el Teniente Coronel
Carlos Jenschke Weigle (1930-1931). A contar de 1971, los directores serán casi
con exclusividad oficiales del grado de coronel (el de brigadier no es un grado
sino un nombramiento institucional y se les reconoce a determinados coroneles
según los puestos que ejerzan: v.gr., el de director del IDIC). A continuación
listamos sus nombres y los años en los que se desempeñaron como tales.

Coronel Manuel Délano Bravo, 1911-1913.
Teniente Coronel Santiago Castro Baeza, 1913-1914.
Coronel Ernesto Medina Figueroa, 1914.
Brigadier General Nicéforo Stuardo Prado, 1914-1916.
Capitán Roberto Ahumada B., 1916-1918.
Capitán Luis Cabrera Gana, 1918.
Brigadier General Alberto Gutiérrez G., 1918-1919.
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Teniente Coronel Julio Bronell R., 1919-1922.
Teniente Coronel Leopoldo Villarreal M., 1922.
Coronel Basilio Maturana C., 1922-1924.
Teniente Coronel Leopoldo Villarreal M., 1924-1925.
Mayor Alfredo García Z., 1925.
Mayor Pedro Barros F., 1925-1926.
Mayor Amadeo Casarino C., 1926.
Teniente Coronel Marcial Urrutia Urrutia, 1926-1929.
Capitán Jorge Hirth M., 1929.
Coronel Miguel Berríos, 1929-1930.
Teniente Coronel Carlos Jenschke Weigle, 1930-1931.
Mayor Juan Retamal Díaz, 1931-1935.
General de Brigada Manuel Délano Díaz, 1925-1937.
Mayor René Bernaud Borde, 1937.
Mayor Guillermo Marín Carmona, 1937-1939.
Mayor Guillermo Aravena González., 1939-1940.
Teniente Coronel Elías Ducaud Ugarte, 1940-1944.
Mayor René Bernaud Borde, 1944-1945.
General de Brigada Eduardo Beas Álvarez, 1945-1952.
Teniente Coronel Alfredo Espinoza A., 1952-1954.
Teniente Coronel Carlos González Encina, 1954-1956.
Teniente Coronel Francisco Aracena Guzmán, 1956-1957.
Teniente Coronel Francisco Cabello Riveros 1957.
Mayor Jorge Letelier Letelier, 1957-1958.
Teniente Coronel Roberto Opazo O., 1958-1959.
Teniente Coronel Jorge Quiroga Mardones, 1959-1961.
Teniente Coronel Francisco Aracena Guzmán, 1961-1964.
General de Brigada Camilo Valenzuela Godoy, 1964-1968.
General de Brigada Carlos Araya Castro, 1968-1970.
General de Brigada Pedro Palacios Cameron, 1970-1971.

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Coronel Sergio Nuño Bawden, 1971-1972.
Coronel Hernán Ortiz de la Barra, 1972-1973.
General de Brigada Lizandro Contreras Tapia, 1973.
Coronel Enrique Ossa Gatica, 1973-1974.
Coronel Sergio Hidalgo Mejías, 1974-1976.
Coronel Hugo Larrañaga Warnken, 1976-1978.
Coronel Ulises Altamirano Velásquez, 1978-1980.
Coronel César Castillo González, 1980-1983.
Brigadier Rolando Rojas Loyola, 1983-1985.
Brigadier Enrique Álvarez Klad, 1985-1989.
Coronel Manuel Carevic Cubillos, 1989-1992.
Brigadier Patricio Díaz Araneda, 1992-1995.
Brigadier Juan Carvajal Guerra, 1995-1996.
Brigadier Jaime Orellana Verdejo, 1996-1998.
Coronel Ramón Capona Kurth, 1998-2000.
Coronel Luis Ortega Hardessen, 2000-2002.
Coronel Carlos Harding Quilodrán, 2002-2004.
Coronel Hugo Vargas Díaz, 2004-2005.
Coronel Juan Valero Mandujano, 2005-2007.
Coronel Walter Araya Mourgues, 2007-2009.
Coronel Héctor Ureta Chinchón, 2009-…

SUBDIRECTORES DEL IDIC
El cargo de subdirector del IDIC recién aparecerá oficializado en 1975, sin embargo el
puesto mismo de subdirector lo venía ocupando desde los comienzos del Instituto el
oficial que seguía en antigüedad al director. Los nombres son los siguientes:

Teniente Coronel Rodolfo Meyer Navarro, 1975-1977.
Coronel Ulises Altamirano Velásquez, 1977-1978.

Teniente Coronel Hugo Díaz Parada, 1978-1979.

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Teniente Coronel Reinaldo Escobar Valenzuela, 1979-1980.
Coronel Rolando Rojas Loyola, 1980-1983.
Teniente Coronel Mario Marín Alvarado, 1983.
Coronel Eudoro Quiñones Silva, 1983-1984.
Teniente Coronel Patricio Muñoz Notari, 1985.
Coronel Enrique Álvarez Klad, 1985.
Coronel Alfonso Videla Valdebenito, 1985-1987.
Coronel Gustavo Latorre Velásquez, 1987-1989.
Coronel Manuel Carevic Cubillos, 1989-1990.
Teniente Coronel Mario Gutiérrez Stocker, 1990.
Coronel Germán Ojeda Bennett, 1990-1993.
Coronel Mauricio Baker Peredo, 1993-1994.
Coronel Carlos Domínguez Navarrete, 1994-1997.
Coronel Egon Isler Venegas, 1997-1998.
Coronel Daniel Salcedo Lagreze, 1998-2002.
Coronel Carlos Matus Rojas, 2002-2004.
Teniente Coronel Roberto Peragallo Guajardo, 2004-2005.
Coronel Mario Villarroel Iturra, 2005-2007.
Coronel Sergio Rivas González, 2007-2009.
Coronel Carlos Catalán Schulz, 2010-…

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GALERÍA FOTOGRÁFICA

1. Pabellón dirección del IDIC c. 1960.

2. Visita del Director de Logística al IDIC, año 1978 (Álbum fotográfico del IDIC).

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3. Día de la ingeniería militar, año 1980 (Álbum fotográfico del IDIC).

4. Inauguración del laboratorio de balística, 1980 (Álbum fotográfico del IDIC).

- 113 -

5. Personal del IDIC en 1980 (gentileza de don Alejandro Pradenas C.).

5.

Revista del inspector general del Ejército al IDIC, año 1983 (Álbum fotográfico del IDIC).

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6.

Personal militar femenino en 1982 (gentileza de doña Adriana Severino V.)

7. Visita al IDIC del ministro de defensa nacional, vicealmirante
Patricio Carvajal Prado, en 1984 (Álbum fotográfico del IDIC).

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8. Visita de alumnos de la Academia Politécnica Militar, año 1984
(Álbum fotográfico del IDIC).

9. Personal del IDIC en 1991.

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10. Ceremonia conmemorativa del octogésimo aniversario del IDIC – 1991
(Álbum fotográfico del IDIC).

11. Trabajos en el laboratorio químico, año 1991.

- 117 -

12. Control de pólvoras y explosivos, año 1991.

- 118 -

13. Delegaciones presentes en la XXII versión de la C.I.P., celebrada en Chile en 1992
(Álbum fotográfico del IDIC).

14. Visita de delegación de la cámara de diputados, año 1993 (Álbum fotográfico del IDIC).

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15. Visita de agregados militares, año 1994 (Álbum fotográfico del IDIC).

16. Visita inspectiva del comandante del C.I.M.I., año 1999 (Álbum fotográfico del IDIC).

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17. Personal militar del IDIC, año 1999 (Álbum fotográfico del IDIC).

18. Ceremonia de entrega de certificación ISO 9001: 2000; año 1999
(Álbum fotográfico del IDIC).

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19. Visita al IDIC del comité de adquisiciones del Ejército, año 2003
(Álbum fotográfico del IDIC).

20. Reconocimientos a los mejores funcionarios, año 2003 (Álbum fotográfico del IDIC).

- 122 -

21. Visita de autoridades institucionales al stand FIDAE del IDIC, año 2006
(Álbum fotográfico del IDIC).

22. Visita de clientes al IDIC, año 2006 (Álbum fotográfico del IDIC).

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23. Visita de alumnos de la Escuela Superior francesa del Ejército, año 2006
(Álbum fotográfico del IDIC).

24. Personal del IDIC, año 2006 (Álbum fotográfico del IDIC).

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AGRADECIMIENTOS

El autor desea agradecer al Instituto de Investigaciones y Control por todas las
facilidades prestadas para la realización de este trabajo. Asimismo, a todos
quienes prestaron sus testimonios de vida luego de haber servido por años en
él. Sus nombres se han declarado entre las fuentes bibliográficas pero no estará
de más reiterarlos aquí: ellos son los empleados civiles Alejandro Pradenas Clavería, Miguel Burgos Sierra, Gilberto Chamorro Heilig, Edith Valenzuela Barriga, Gladys González Cortés, Manuel Barros Díaz, Roberto Álvarez Huerta,
Hernán Oliva Carrasco, Jorge Allende Pobrete y Adriana Severino Villegas. A
ellos deben agregarse las colaboraciones de los siguientes oficiales y suboficial
mayor en condición de retiro del Ejército: general Julio Jara Ducaud, brigadier
Víctor Aguilera Acevedo, coronel Alfonso Walker Romero, teniente coronel
Sergio Guiraldes Rolando, mayor Germán Angelotti Gaete y el suboficial mayor
Carlos Monjes Paredes. También desea destacar la colaboración de las siguientes personas: coronel Carlos Catalán Schulz, señora Eva González Sepúlveda,
abogado Patricio Letelier Camus, abogado Jorge Rosales Guerrero, y empleado
civil del Ejército, Marcelo Gómez Román. Finalmente, a todos quienes facilitaron la realización de este trabajo, coordinando entrevistas, sugiriendo nuevas
ideas y perspectivas, y despertando poco a poco el entusiasmo del autor por
una historia que, como la del IDIC, le era por entero desconocida y en la que,
muy probablemente, lo mejor todavía está por escribirse. Por ello deja para el
final al coronel Héctor Ureta Chinchón, actual director del Instituto, cuya insistencia por hacer realidad este trabajo comprometió la labor del autor, quien
asume, como es la costumbre, todos los errores que pudiese contener. La historia siempre se escribe a la sombra que proyecta por sí misma la poderosa luz de
los hechos.

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