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RELACION ENTRE DESARME Y DESARROLLO

Asamblea General
Primera Comisión: Desarme y Seguridad Internacional
Introducción1
Desde una perspectiva diferente a lo que estamos acostumbrados a conocer, se
puede decir que la base para alcanzar el desarrollo humano se centra en la seguridad,
pero una seguridad que tiene a la persona como el sujeto del desarrollo. Esto implica
que la seguridad sea la base para garantizar el acceso a los recursos básicos, la
educación, la sanidad, el alimento, la vivienda, el trabajo y la distribución justa de los
ingresos. En muchos de los países del llamado Tercer Mundo, esa seguridad implica,
de esta manera, un fuerte compromiso con el desarme y la reducción de los gastos
militares.
En 1994, el Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD hizo referencia explícita a
la conexión entre el concepto de desarrollo y un nuevo concepto de seguridad humana,
al que definió como “la seguridad frente a amenazas crónicas como el hambre, la
enfermedad y la represión” y “la protección frente a alteraciones súbitas y perjudiciales
de las pautas de la vida cotidiana, ya sea en el hogar, en el lugar trabajo o en la
comunidad”. Naciones Unidas ha enumerado las áreas que afectan a la seguridad
humana: económica, alimentaria, sanitaria, medioambiental, personal, social y política.
En este sentido, debemos tener en cuenta los vastos efectos que tienen los gastos
militares en detrimento de la promoción de la seguridad colectiva; es decir, el desvío
de más fondos del Estado de los que corresponden a la compra de armas. Pero no sólo
eso es lo que afecta a la población y mina el proceso de desarrollo, sino también la
incertidumbre que se vive con motivo de los conflictos.
En otras palabras, los Estados en conflicto (generalmente han sido países en
desarrollo) demandan armas y para ello ocupan más presupuesto del destinado a tal
fin, perjudicando el accionar social del Estado. Esto implica una potenciación del
conflicto, lo cual afecta al bienestar social general. Ambos factores influyen, de este
modo, en el proceso de desarrollo2. En el comienzo del nuevo milenio, los conflictos
siguen proliferando en el mundo y son el principal obstáculo de desarrollo para
millones de personas, las que, por efecto de la guerra, se ven privadas de un hogar,
desplazadas, mutiladas, y muchas de ellas mueren en enfrentamientos directos.
Además, estas pérdidas humanas y materiales son tan grandes que los recursos que
podrían destinarse a desarrollo terminan utilizándose en ayudas de emergencia y
rehabilitación.
Una breve perspectiva histórica3
Habiendo afirmado la estrecha relación que existe entre la seguridad -dada por
la promoción del desarme- y el desarrollo, podemos hacer referencia a cómo se han
influenciado ambas variables en las últimas décadas.
Durante la Guerra Fría, las políticas de disuasión llevaron a las dos súper
potencias -Estados Unidos y la Unión Soviética- a armarse de una manera sin
precedentes. Al final de la década de los ’80, EEUU participaba del 36% y la Unión

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Para tener una idea mas acabada de la cuestión, conviene distinguir los conceptos de crecimiento y
desarrollo: el primero se centra en el incremento numérico de la economía, mientras que el segundo
implica, además de crecimiento, un avance social y político acorde.
3
Barbé, Esther. Relaciones Internacionales. Tecnos, Madrid, 1997. p.138 y ss.

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Soviética del 23% del gasto militar mundial, haciendo un total del 59% de ese gasto
total, solamente entre esos dos países.
La caída del muro de Berlín y el fin del enfrentamiento bipolar puso fin a la
carrera armamentista, disminuyendo de manera importante el gasto militar mundial y
las transferencias internacionales de armamento. En efecto, entre 1989 y 1998, el gasto
militar se redujo en una tercera parte, pasando de más de un billón de dólares a 696 mil
millones de dólares. Las transferencias internacionales de armamento también
disminuyeron en cerca de un 40% durante el mismo período. La década de los ‘90 se
podría caracterizar como la década del desarme mundial, aunque también puede
observarse que tal compromiso ha sido llevado a cabo sólo levemente.
La “militarización” del Estado se ha dejado notar mucho más entre los países
pobres o en desarrollo que en los países industrializados. En efecto, el gasto militar de
esos países ha aumentado, durante la segunda mitad del siglo XX, tres veces más que
el de los países desarrollados. Gran parte de ese gasto (un tercio) correspondió a los
países de Medio Oriente y África del Norte, y el resto, increíblemente, a los países más
pobres del mundo.
La reducción del gasto militar comenzó a hacerse palpable comenzada la
década de los noventa; ahora bien, la reducción ha sido mucho más notoria en los
países industrializados que en los países en desarrollo. Así es como se puede hablar de
una política sistemática a la baja, tal como se dio, por ejemplo, en algunos países de la
OTAN, como Alemania, Holanda o España.
Desgraciadamente, como ya se ha dicho, los países pobres son los que han
ocupado puestos proporcionalmente destacados por su gasto militar, con las
consecuencias negativas que ello comporta para el nivel de gasto social del Estado. Sin
duda, han sido las situaciones de conflictos civiles o de regímenes dictatoriales en
países del Tercer Mundo los que han alimentado buena parte de la industria
armamentística.
Ahora, entonces, cabe hacer mención de los grandes suministradores de
armamento a nivel mundial. Los cinco miembros permanentes del Consejo de
Seguridad de Naciones Unidas han aportado armas hacia los países en desarrollo, en
donde radican la mayor parte de los conflictos armados. Actualmente, según informes
de organizaciones internacionales como Amnistía Internacional, los países del G-8
exportan el 85 por 100 del armamento disponible.
En cuanto a los importadores de armas, en la década de los noventa fueron:
India, Japón, Arabia Saudita, Turquía, Grecia, Afganistán, Egipto, Pakistán, Israel y
Corea del Sur. De estos, actualmente, persisten algunos, y se han sumado otros, como
Venezuela y Chile en América Latina y China, que a partir del año 2001 encabeza la
lista.

El rol de las Naciones Unidas


Desde su origen, la Organización de las Naciones Unidas y sus Estados
miembros reafirmaron su convicción de preservar a las generaciones futuras del flagelo
de la guerra y de unir fuerzas para el mantenimiento de la paz y la seguridad
internacionales. La Carta de San Francisco –tratado por el que se constituyó la ONU-,
en su artículo 26, ya proponía un camino hacia la seguridad internacional en el que los

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Estados del mundo dedicasen el menor número de recursos humanos y económicos


hacia los armamentos.
Desde la creación de las Naciones Unidas, la meta de contener la proliferación
de las armas y disminuir los grandes arsenales ha descansado esencialmente sobre tres
pilares: normas, tratados y coerción. En esta dirección, Naciones Unidas ha asumido
diferentes roles con relación al desarme y al control de los armamentos.
La Organización ha venido asumiendo el rol de “embudo” y forum en donde
las ideas se convierten en normas y políticas; en donde se discuten y se negocian las
diferentes posiciones internacionales, y en donde se comparte y transmite información
desde las fuentes nacionales hacia la comunidad internacional. De igual forma, las
Naciones Unidas funcionan como fuente de legitimidad para la promulgación de
normas internacionales, para el llamamiento a la adhesión a los estándares globales y
para el uso de medidas coercitivas en conformidad con ellas.
Las normas actúan como mecanismos eficientes para regular el comportamiento
social en todos niveles, desde el más pequeño núcleo familiar hasta el más alto nivel de
organización del sistema internacional.
Los tratados y convenciones internacionales han regulado, a la vez que los
países han consensuado compromisos internacionales para, el control de las armas. Las
armas de destrucción masiva (ADM) están reguladas por la Convención sobre Armas
Químicas (CWC-1992), la Convención sobre Armas Biológicas (BTWC-1972), el
Tratado sobre la No-proliferación de Armas Nucleares (TNP-1970) y el Tratado de
Prohibición Completa de Ensayos Nucleares (CTBT-1996).
Además de estos tratados conducentes a estabilizar los armamentos y
desarrollar controles entre los Estados con especial atención a las ADM, la dinámica de
los conflictos al interior de los Estados en África, América Latina y Asia llevó a la
comunidad internacional a compartir su atención con las armas convencionales. Las
armas pequeñas y ligeras y las minas antipersonales son ampliamente utilizadas en los
conflictos actuales y atentan contra la seguridad internacional. Las iniciativas más
importantes en esta materia son: el protocolo de las Naciones Unidas con relación a las
armas de fuego del 2005, y la convención de Ottawa de 1997 sobre las minas
antipersonales.
La coerción es sin duda la última instancia a la que se recurre para controlar la
proliferación de armas. Los Estados contraen obligaciones de desarme que son
monitoreadas y evaluadas constantemente. El no-cumplimiento de las obligaciones, la
violación fragante de los acuerdos, e incluso la obstrucción de las operaciones de
control podría llevar al Consejo de Seguridad a adoptar medidas fuertes, incluyendo el
uso de la fuerza.
Todos estos esfuerzos de la comunidad internacional intentan dar respuesta a
las diferentes necesidades de regular y construir consensos sobre los armamentos en
diferentes momentos históricos y contextos.

Conferencia Internacional sobre Desarme y Desarrollo de 19874


Fue la primera conferencia celebrada sobre el tema de la relación entre el
desarme y el desarrollo. Asistieron a ella 150 Estados y 150 organizaciones no

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Revista Judicial; www.derechoecuador.com

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gubernamentales. El 9 de septiembre de 1987, la Conferencia aprobó por consenso un


Documento Final y presentó un Programa de acción dirigido tanto a los Estados
participantes como a las Naciones Unidas.
Los tres temas sustantivos del programa de la Conferencia fueron los siguientes:

a) Examen de la relación entre desarme y desarrollo en todos sus aspectos y


dimensiones con miras a llegar a conclusiones apropiadas;
b) Examen de las consecuencias que tiene el nivel y la magnitud de los gastos militares,
en particular de los Estados poseedores de armas nucleares y otros Estados con
poderío militar, para la economía mundial y la situación económica y social
internacional, especialmente para los países en desarrollo, y elaboración de
recomendaciones apropiadas para la adopción de medidas correctivas;
c) Examen de los medios de liberar recursos adicionales con la adopción de medidas de
desarme para los fines del desarrollo, especialmente en favor de los países en
desarrollo.

Conclusiones
Se llegó a un adelanto importante sobre esta cuestión cuando los países no
alineados aceptaron el papel de la seguridad al relacionar el desarme con el desarrollo,
haciendo hincapié, al mismo tiempo, en que, en un mundo cada vez más
interdependiente, la seguridad no se podía definir totalmente en términos militares ni
asegurarse totalmente por medios militares.
a) No se debe correr el riesgo de que el desarrollo se convierta en una víctima de
la carrera de armamentos, aunque el desarme por sí mismo no puede producir
directamente el desarrollo. Tampoco se puede dejar todos los problemas del
desarrollo a merced de la liberación de recursos mediante la adopción de
medidas de desarme y la reasignación de una parte de esos recursos liberados
en favor de los países en desarrollo. Sin embargo, la reasignación de los
recursos sería un dividendo valioso del desarme para el desarrollo;
b) Pocas naciones se han liberado de las consecuencias de la situación económica
internacional contemporánea caracterizada por una inestabilidad monetaria,
financiera y comercial que ha afectado el crecimiento y el desarrollo de la
mayoría de los países. Estos problemas se ven más agravados por los gastos
militares mundiales ocasionados por un aumento del poderío militar que
dimana de los conceptos respecto de la seguridad que parecen prevalecer sobre
otras preocupaciones;
c) La situación económica difícil, el hambre, la pobreza y la inestabilidad política
son los aliados naturales. No considerar las consecuencias más amplias del
desafío del desarrollo puede muy bien conducir a problemas muchos mayores
en el futuro.
Un Grupo de Personalidades Eminentes, al final de la Conferencia, concluyó con lo
siguiente: "Se está poniendo en peligro a nuestro pequeño planeta con los arsenales de armas
que pueden hacerlo saltar por los aires, con la carga de los gastos militares que pueden hundirlo
y con la falta de satisfacción de las necesidades fundamentales de las dos terceras partes de su
población, que subsisten con menos de un tercio de sus recursos.”

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La relación con los Objetivos de Desarrollo del Milenio

Objetivo: Reducir a la mitad la pobreza extrema y el hambre5


El uso indiscriminado y la circulación de armas de fuego, y la violencia que se
ejerce con armas en posesión particular, tienen la característica de generar no sólo un
temor permanente en la población, sino de afectar el desarrollo en su conjunto. Se han
hecho estudios, tanto por parte del BID como del Banco Mundial, sobre el costo que las
muertes y heridas por arma de fuego tienen para una sociedad. Otros costos sociales
incluirían los costos de pérdida de vidas y salud, policía y gastos del sistema de justicia
penal, y el costo de la seguridad privada.
El uso de armas para delinquir afecta el desarrollo cotidiano del comercio y el
ambiente laboral. En sociedades como las centroamericanas, en las que la economía
informal es una parte importante de la generación de ingresos, los asaltos y homicidios
por robo causan una merma en la calidad de vida de la población. Por otra parte,
impiden la libre circulación y perturban el transporte de personas y mercancías,
afectando el acceso y el dinamismo de los mercados.
Las acciones delincuenciales inciden en el desarrollo de las economías en
cualquiera de las ramas de producción. En la agricultura, la presencia de bandas
criminales afecta los procesos productivos, desde el abandono de cultivos por falta de
transporte (debido a los asaltos) hasta dejar tierras sin producir. Los sectores industrial y
comercial ven incrementar sus costos de operación por el pago de seguridad privada, lo
que deja fuera de la posibilidad a la microempresa, afectando su crecimiento.
La ausencia de certeza jurídica, aunada a la inseguridad, no atrae la inversión de
capitales externos. Igualmente, a nivel del empresariado local, el temor a ponerse en
evidencia frente a la criminalidad a causa del incremento de sus ganancias, reprime la
expansión de las empresas, perdiéndose la posibilidad de generar más empleo y
riqueza. En los países que cuentan con recursos culturales y ambientales propicios para
atraer el turismo, los altos índices de inseguridad desestimulan la actividad, privando a
sectores locales de las ventajas de esta actividad económica.
Uno de los efectos más devastadores para una sociedad en conflicto, y sobre
todo uno de larga duración, es la destrucción del tejido social. Las consecuencias para la
participación en los procesos de reconstrucción y para la consolidación de la
democracia son incuestionables. La ruptura de dicho tejido supone la destrucción de
las formas básicas de convivencia; trastoca funciones a lo interno de las comunidades y
los núcleos familiares; y violenta la cultura. El hecho de que las mujeres y niños
participen en el conflicto, jueguen roles dentro de un esquema de violencia y se
acostumbren a la misma, marca la historia de las poblaciones y la posibilidad de
reconstruir la comunidad, la toma de decisiones y los patrones culturales previos al
conflicto. Lo anterior se dificulta si esa reconstrucción debe hacerse en un escenario
post conflicto, donde frente a la debilidad de las instituciones y el debilitamiento de las
autoridades locales, afloran grupos que siguen ejerciendo la violencia armada como
forma de vida.
En ese contexto comunitario y con la debilidad del sistema político en
construcción, los procesos eleccionarios se convierten en mecanismos de acceso al
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poder político de aquéllos que concentran los recursos económicos (muchas veces
construido al amparo de la guerra) o quienes siembran el temor en las comunidades
por la utilización de grupos armados.
En resumen, la presencia de armas de fuego en posesión de civiles sigue siendo
un obstáculo para el desarrollo en situaciones de post conflicto, al no permitir la
reconstrucción de procesos comunitarios de reconciliación, el crecimiento de las
economías locales y nacionales y el fortalecimiento del sistema político de los países.

Disparadores
El comercio internacional de armas mina los esfuerzos para reducir la pobreza6:
Los gastos militares son unas de las mayores barreras para impedir llegar a los
Objetivos de Desarrollo del Milenio para reducir la pobreza en el mundo. En países en
vías de desarrollo, los gastos militares compiten con los gastos en desarrollo humano.
A veces estos gastos equivalen a los presupuestos de Educación y Sanidad juntos.
La transferencia irregular de armas provoca el incremento de la violencia
armada y aviva los conflictos, creando graves consecuencias para la consecución de los
ODM. Algunos creen que muchos países autorizan la venta de armas sin tener en
cuenta su potencial impacto en los índices de pobreza. Algunos gobiernos también
compran armas a un alto precio, con el consiguiente endeudamiento y reducción de la
cantidad de dinero disponible para erradicar la pobreza. Todo ello, unido a la falta de
transparencia y responsabilidad en el comercio de armas, conlleva grandes dosis de
corrupción y pérdidas económicas, en fin, recursos desperdiciados que podrían ser
destinados a mejorar la calidad de vida de las poblaciones.
La débil regulación que existe en la actualidad sobre el comercio de armas,
además de prolongar e intensificar los conflictos, provoca grandes pérdidas,
corrupción y endeudamiento. El dinero que se destina a estas transacciones podría ser
destinado a crear hospitales, escuelas e infraestructuras básicas. Dos tercios de los
países que están en duda si alcanzaran los Objetivos de Desarrollo del Milenio, están
en conflicto o salen de él. Países como Burundi, por ejemplo, que no son productores
de armas, sufren las consecuencias de las transferencias incontroladas y el contrabando
de armas. Otro ejemplo es el de Turquía, que sigue aumentando su deuda nacional con
la compra de armas mermando la partida destinada a mejorar el sistema social y
reducir la pobreza.
"Los Objetivos de Desarrollo del Milenio indican los estándares básicos en los
que los seres humanos pueden vivir decentemente. Muchos países no los van a poder
alcanzar, y las transferencias irregulares de armas son una de las razones".7

Necesidad de un control mundial efectivo sobre el Comercio Internacional de armas8:


La globalización ha cambiado el comercio de las armas. Las empresas
fabricantes de armas, que operan desde un creciente número de países, obtienen los
componentes para esas armas en muchas partes del mundo. Muchas veces montan sus
6
www.elmundo.es
7
Informe de Intermón Oxfam
8
Recomendado ver excelente información en:
http://www.intermonoxfam.org/UnidadesInformacion/anexos/7795/061002_armas_sin_fronteras_resu
men.pdf

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productos en países donde los controles sobre el destino final de éstos son poco
estrictos. Así, muy fácilmente, las armas van a parar a manos de quien no debería
tenerlas.
Cada año, las armas convencionales matan a al menos 300.000 personas, y
muchas más mueren, son heridas, sufren abusos, desplazamientos forzados, y lo
pierden todo como resultado de la violencia armada.
Las crecientes lagunas jurídicas en los controles nacionales demuestran la
necesidad de establecer reglas globales para responder a este comercio global. Es
necesario, entonces, concertar un Tratado internacional a tal efecto.

La financiación del Comercio Internacional de armas y su impacto en el Desarrollo:


Las instituciones financieras internacionales (como el Banco Mundial por
ejemplo) se niegan a este tipo de financiación pero existen Agencias de Crédito a la
Exportación, que suelen ser públicas o semipúblicas, que aportan al financiamiento del
comercio armamentístico; de hecho, entre el 25 y el 30% de los créditos a la exportación
van hacia la exportación de armamento. El papel de estas Agencias consiste en lo
siguiente: facilitan préstamos directos, garantías o seguros a los bancos o las empresas
exportadoras. Gracias a esto, los bancos que financian estas operaciones, tienen
garantizado el cobro: su riesgo está asegurado con dinero de los contribuyentes. El
apoyo financiero con créditos ventajosos o asegurado a bajo coste, debe considerarse
como exportaciones subvencionadas. Estos créditos a la exportación permiten vender
armamento a países muy pobres y endeudados e incluso aquéllos con los que se sabe
que nunca podrán pagar su deuda.

Una cuestión de gobernabilidad:


El mal uso de las armas de fuego en manos de particulares agrava la
ingobernabilidad de un país en transición y se convierte en un obstáculo para que una
sociedad logre una seguridad humana y, por ende, un desarrollo sostenible. De ahí que
la forma de encarar el desafío de controlar las armas pase por actuar en dos ámbitos en
forma simultánea: la oferta y la demanda.
Oferta
En la oferta debe trabajarse a través, fundamentalmente, del marco normativo y
regulatorio y desde los procedimientos. Eso significa que los Estados realicen acciones
en:
• El control de la producción; almacenamiento; marcaje de armas y municiones;
transparencia y control de las transferencias; responsabilidad del comercio;
usuario final.
• En la relación transparente con otros Estados (convenios internacionales
regionales, subregionales, Códigos de Conducta para la transferencia de
armas). Medidas regionales y bilaterales para controlar el contrabando de
armas.
• En el control e inventario de los arsenales en manos de las fuerzas de seguridad
y defensa de sus países.

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• En la restricción y regulación de las armas y municiones en manos de


particulares y el comercio de las mismas (con especial atención a las empresas
privadas de seguridad). Control de la importación y exportación de armas y
municiones.
• Disminuir el número de armas en circulación.
• Destrucción de las armas almacenadas.
Demanda
Por mucho que se avance en el marco normativo y en las regulaciones de las
transferencias y comercio de las armas, si no se actúa desde la demanda, el flujo de las
mismas jamás podrá detenerse. Por ello se debe actuar en:
• Las motivaciones de las personas para adquirir un arma: seguridad personal,
delincuencia, aspectos culturales y de género, conflictos latentes.
• Acciones que parten desde lo local. Sólo en la medida en que se incorpore la
comunidad a los programas de seguridad preventiva y desarme como un
componente de ésta, estos programas tendrán sostenibilidad. La seguridad y la
gobernabilidad se construyen desde la base.
• Propiciar alianzas estratégicas entre sociedad civil, actores locales, autoridades
locales y autoridades nacionales.
• Procurar un sistema de justicia que responda pronta y eficazmente.
• Promover una cultura de paz; capacitar y formar para el diálogo y la
transformación de conflictos.
• Fortalecer el tejido social, construyendo una sociedad con equidad y justicia.

La Banca y el negocio de las armas


Las entidades financieras participan de varias maneras en este negocio. Por un
lado invierten directamente, a través de participaciones accionariales, en las principales
industrias militares, consolidando las ganancias obtenidas en las cuentas de resultados
propios. Por otro lado, debido a la propia actividad comercial, proporcionan
financiación a las industrias militares a través de la concesión de créditos e
intermediando en las transacciones entre vendedores y compradores de armas.
El rol que juegan las instituciones financieras en el comercio internacional de
armas es notable, porque los fabricantes, comerciantes y compradores necesitan
apoyarse en la banca para dar fluidez y seguridad a los pagos, así como disponer de la
posibilidad de obtener financiación, ya sea con anticipos o con créditos. Detrás de cada
operación de venta de armamento hay una o más entidades financieras que le dan un
apoyo sin el cual sería muy difícil que la operación se materializara, de lo que obtienen
una sustanciosa comisión y beneficio.

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Conclusión
“Mi país ha sufrido terriblemente los efectos del comercio descontrolado de armas- y sigue
sufriéndolo... Nosotros no fabricamos estas armas, y a pesar de ello, éstas acaban en nuestro
país, socavan nuestra seguridad y tienen unas consecuencias terribles para nuestro desarrollo.”
Florella Hazeley, Red de Acción sobre Armas Ligeras de Sierra Leona, el 9 de julio de
2006.
En 1994, como dijimos arriba, el informe de desarrollo humano del PNUD dio
un gran paso al vincular de manera directa la seguridad y el desarrollo. A su vez,
afirmó que el mundo nunca podrá disfrutar de la paz, a menos que los seres humanos tengan
seguridad en sus vidas cotidianas.
El ex Secretario General de la ONU Kofi Annan destacó en el informe del
milenio la necesidad de avanzar las causas de la seguridad, el desarrollo, y los
derechos humanos de manera conjunta, de lo contrario no se tendría éxito. “No
tendremos desarrollo sin seguridad, no tendremos seguridad sin desarrollo, y no tendremos
seguridad ni desarrollo si no se respetan los derechos humanos”.
La ONU es un foro de debate internacional en donde los intereses nacionales se
reconcilian de alguna manera con los intereses colectivos de la humanidad, con la
convicción de avanzar y construir un mundo más justo.
Naciones Unidas es el único forum universal para la gestión de cooperación
internacional y esto constituye su mayor fortaleza. La paz mundial, la democracia, el
buen gobierno y el desarrollo sostenible no pueden ser abordados unilateralmente por
un solo país. Estos fines universales sólo pueden ser alcanzados mediante una
cooperación extensa, profunda y sostenida de todos los actores de la comunidad
internacional.
La construcción de voluntad política es un requisito imprescindible para
avanzar en el desarme y detener la proliferación de armas.
El mundo necesita de Estados fuertes y capaces, de la colaboración eficaz de la
sociedad civil y el sector privado, y de las instituciones intergubernamentales -de nivel
regional y mundial- para movilizar y coordinar la acción colectiva.
Hay que seguir soñando y trabajando por un mundo mejor, en donde la
debilidad pueda ser compensada por la justicia y la equidad, y en donde la ley del más
fuerte o del más armado sea remplazada por el imperio de la ley.