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La cultura catalana en Fráncfort

Poco Llull para tanto


Carod
por Ramiro Villapadierna desde Berlín

Rami ro Vill apadierna desde Demasiada politización y aldeanismo,


Berlín en vez de la proverbial apertura al
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mundo del patrono cultural catalán
Ramon Llull -como recuerda hasta la
Diván Este-Oeste prensa alemana- empiezan a
Blog por Ramiro ensombrecer la envidiada oportunidad
Villapadierna
Ir a l b lo g
de la cultura catalana para presentarse
al mundo, como invitada especial en la
Com enta el artículo Feria del Libro de Fráncfort
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Otras visiones del mundo

Ramiro Villapadierna - Berlín

RAMIRO VILLAPADIERNA – BERLIN

Para los alemanes la cultura suele ser por definición crítica y autocrítica,
pero será que en su mayoría apenas sólo recalen en España para bañarse.
Un programa autocomplaciente y de “autoafirmación acrítica” es lo que
encuentran sorprendidos algunos medios alemanes, una vez que se han
estudiado el programa invitado este año a la mayor Feria del Libro del
mundo, en Fráncfort.
“¿Es el momento de revisar el concepto de invitado especial?” se
pregunta el semanario Spiegel, cuestionando si se debe poner la principal
palestra cultural alemana al servicio, no tanto de “una pequeña región con
una política cultural controvertida”, sino de una “gobernada por uno de los
nacionalismos más rampantes en Europa”. La industria editorial de
Barcelona, de larga y honorable tradición en Fráncfort, logró hace años
lanzar con éxito una candidatura catalana a país invitado de honor, pero
miserias políticas intraducibles fuera fueron torciendo el proyecto.
Una Feria Internacional de este nivel “¿no debería invitar antes a
países o regiones que nos abren horizontes en vez de cerrarse en sí
mismos, que ponen en marcha nuevos impulsos en vez de ofrecer
enmohecidos nacionalismos?” La sorpresa ha ido de mayúscula a
desagradable entre los representantes culturales, según han dicho a este
diario, al comprobar que son dos políticos los que están al frente de una
embajada cultural de este porte. Y esto sin saber muchos de ellos que esos
dos políticos son Josep Bargalló y Carod-Rovira.
Sobre este último, comisario ferial, Florian Borchmeyer, que ha elogiado
en el Frankfurter Allgemeine los libros de Sánchez-Piñol y ha preparado un
reportaje televisado sobre la cultura catalana, parece primero atónito y
luego molesto por lo encontrado en una Barcelona a la que acudía
maravillado. En el especial que emite este viernes la ZDF, Carod le explica
al parecer que los alemanes no habrían entendido bien el problema de los
autores en catalán y en castellano: “Es como si Alemania fuera país invitado
y Vds tuvieron que invitar también a los escritores turcos…”
El responsable del Instituto Ramón Llull ha llegado a decir a los
alemanes que aquí el único problema que hay lo habría montado Carmen
Balcells, sugiriendo prevaricación por parte de la conocida agente literaria.
Un pobre nivel argumental y la descarnada obsesión por el mensaje político
a la galería parece haber empezado a tocar las alarmas alemanas.
Catedráticos hispanistas o catalanistas como Dieter Ingenschay, de la
universidad Humboldt, o Johannes Kabatek, de Tubinga, éste además
presidente de la Asociación Mundial de Catalanistas, están demudados y
algunos corresponsales catalanes parecen deprimidos, “menos mal que me
lo he quitado de encima, traen gente de allí a cubrirlo”. Las palabras de
Eduardo Mendoza a este diario, hace dos años cuando se firmó el contrato
entre el Instituto Ramon Llull y la Feria, parecen ahora anticipatorias: “Si lo
pueden hacer mal, lo harán mal”.
¿Pueden resultar bananeros los dirigentes de una de las ciudades más
avanzadas? ¿Ha dejado de ser la Feria “una plataforma viva para devenir
un ejercicio turístico para el ombligo político?”, cuestiona el Spiegel. A los
alemanes consultados sorprende en primer lugar “el grado de politización
de la cultura” en España y, en segundo, el que puedan darse hoy día “listas
de excluídos”, en referencia a los principales autores catalanes conocidos
en el mundo.
Pero personas involucradas en la organización manifiestan en privado la
impresión de que la imponente delegación catalana “no viene en realidad a
vender nada aquí, sino allí”, a su electorado en Cataluña. “¿Para quién, si
no, repite Bargalló una y otra vez que es la primera vez que una lengua sin
estado es la invitada, cuando saben perfectamente que no es así?”, se
pregunta una de las personas que estuvo cercana a la negociación del
contrato, “tan bien lo saben que es el argumento que emplearon para
presentar su candidatura…”
Por sus éxitos, los catalanes “tendrían todos los motivos para tener una
sana autoestima”, ha escrito Andreas Drouve en “Katalonien”, recopilando
admiradores internacionales de Bataille a Noteboom, “pero puede dar a
veces muestras de estrechez de miras, como en esta feria”, observa el
Frankfurter. Paul Ingendaay lo ha descrito como la “voluntaria
autoprovincialización de una gran cultura”. Michi Straussfeld, introductora
de Zafón y tantos otros en Alemania, se dice “muy harta” y acaba de
explicar en “Barcelona, ein Reisebegleiter” su ambivalente relación con el
problema: “Esta es una cultura que se expresa naturalmente y a todos los
niveles en dos lenguas”, dice señalando a autores suyos como Mendoza o
Jaume Cabré, y considera “el mayor de los ridículos que los que escriben
en una vengan a la feria y los otros en las semanas siguientes”.
Los alemanes se sorprenden de que el contrato firmado con la feria
tuviera que imponer unas condiciones de pluralidad, que luego ni siquiera
se han cumplido. El presidente de la Asociación de Editores en Lengua
Catalana se preguntaba el año pasado que”¿por qué esa manía de excluir?”
y la entonces consejera de Cultura Caterina Mieras aseguraba que “nadie
excluirá a nadie de la cultura catalana”. Marifé Boix, que lleva mucho
tiempo en la feria y se ocupa de gestionar la invitación catalana, ha podido
ir observando la involución, de la solvente posición de integración de Alex
Susanna cuando se lanzó la iniciativa -y quien preparó el programa para la
Feria de Guadalajara- a la politización del Tripartit ya con la imposición del
editor Xabier Folch, y finalmente con el político de tomo y lomo creando
listas de ungidos y condenados.
El director Jürgen Boos es un gestor al que parece que le pueden
contar una cosa y la contraria, y ahora le parecería “injusto” que la lengua
catalana sea tan desconocida fuera como lo era para él hasta ahora. Así ha
cambiado “despolitizar” por “politizar” la cultura y lo presenta como un
“obligado compromiso de la cultura con la polémica”. Cuando le han
explicado que no habrá debate alguno con una lista decidida por activistas
políticos, Boos se ha llevado las manos a la cabeza. Los alemanes que
conocen el tema, apuntan con ironía que ante políticas culturales
tercermundistas la feria sólo acepta las listas impuestas a cambio de una
cuota de foros con disidentes, pero “¿se le puede pedir esto a una de las
regiones más desarrolladas de Europa?”, se preguntaba hace días un
observador del Haus der Kulturen der Welt. En el entorno de Boos parecen
moverse ahora urgentes iniciativas para subsanarlo, pero como han dicho
unos visiblemente “cansados” Mendoza, Vila-Matas; Nuria Amat o De Hériz,
“es demasiado tarde”. Cansados de unos políticos-culturales que no
representan a la cultura real.

Un observador frecuentemente perplejo de la cultura en España,


Paul Ingendaay lamenta tanto “celebraciones sin contenido como el año del
Quijote” como critica en la Generalitat “aislamiento, mirarse el ombligo,
discriminación”, o que “madrileños provincianos que estarían perdidos en
cualquier otra lengua prediquen la virtud del bilingüísmo”. Aún así fue el
primero en advertir que con la lista de exclusiones, a Fráncfort iría “un
equipo de segunda”. Como alemana Stephanie Bolzen, se pregunta en Die
Welt “cómo una feria del libro puede devenir cuestión política” y se
desespera con el larmoyar político-cultural de la región.

Michael Ebmeyer, que ha descrito estas actuaciones político-


culturales como “carencia obvia de capacidad de distinción entre la propia
percepción y la percepción desde fuera”, ha criticado además que “en la
opinión pública catalana (y también en la española) hay una tradición de
debates poco objetivos”, una acaloramiento radical que no priva en última
instancia de acuerdos pragmáticos, “en una secuencia ritualizada de seny y
rauxa” y que la prensa alemana no sería capaz de estimar. Pero una de las
cosas que no pasaría en un debate alemán es que la mayor parte de las
personas aquí citadas hayan preferido no ser nombradas.

Un ombligo de 16 millones de euros

R.V. India, con 1.120 millones de habitantes y una industria cultural


excepcional, Rusia con 145 millones, Corea con más de 70 millones y una
renta per cápita similar a España, rondaron un presupuesto de 5 millones de
euros.

Con 16 millones, el Instituto Ramon Llull –nombre que la prensa


alemana invoca como ejemplo de apertura al mundo- ha gastado el mayor
presupuesto de la historia de la Feria. Más de 300 títulos han sido
traducidos del catalán a otras lenguas, 50 de ellos al alemán, vienen 130
autores y cerca de 600 artistas, no sólo a Fráncfort si no también a Berlín y
otras ciudades.

A parte de “bluffs” como el “Tirant” de Bieito o promesas como el


gran aterrizaje del Macba en el Kunstverein, el comentarista Florian Balke
se maravilla del nivel literario o la creatividad, de títulos como “Us i abús”
de Pere Nogueras a exposiciones como “VisualKultur.cat”.

“¿Cómo sería si los 388.486 títulos de la feria estuvieran tan bien


diseñados como estos de Miró, Dalí o Tàpies? El catalán de Sánchez-Piñol
demuestra para Die Welt, con una gran novela como “Pandora im Congo”,
que “pese a la pelea por escribir en catalán, la literatura catalana no tiene
ni porqué ocurrir en Cataluña”, sino tan lejos que podría estar en cualquier
idioma.

Fráncfort y su universidad constituyen además uno de los mayores


polos de difusión de la lengua catalana, por mérito del catedrático de
románicas Til Stegmann, fundador de la Asociación Germano-Catalana y de
la Biblioteca Catalana que es la más importante fuera de España.

Pero el Spiegel recuerda que, con todo el dinero que se eche, y por
más que uno se intitule singular y univesal, o se aprovecha bien la
oportunidad -como hizo la edición holandesa o lituana- o a partir del viernes
se estará ya hablando de la feria futura y un peso pesado como Turquía.

Al respecto de Fráncfort, el escritor en catalán Valentí Puig


comentaba a este diario que los entusiasmos políticos “esperando alcanzar
por fin el universo mundial, acabarán aún más frustrados, pues las
empresas imposibles generan siempre melancolía”.

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