Selección y evaluación de las mujeres premiadas Las mujeres premiadas fueron seleccionadas en una primera etapa por las

familias, enlaces y supervisoras del programa Progresando con Solidaridad (PROSOLI). En una segunda etapa, encargadas/os locales de Prosoli presentaron sus candidaturas al Premio Nacional Mujeres de Progreso y eligieron a las finalistas. Finalmente, el equipo técnico de evaluación y monitoreo de Prosoli visitó a las finalistas y las evaluó. Cada mujer que aprobó la evaluación fue entrevistada y grabada. Este material fue evaluado por la comisión temporal del Premio Nacional Mujeres de Progreso que seleccionó a las 12 mujeres premiadas.

Créditos de edición VIII Premio Nacional Mujeres de Progreso 2013 Es una producción de la Dirección de Comunicación de la Vipresidencia de la República Dominicana, marzo de 2013 Textos: Alejandra Aguilar, Alexis Peña, Arsenio Nivar, Justo Maracallo y Shira Abreu Edición y corrección de estilo: Alexis Peña Diseño y diagramación: J. Kiróbel Rodríguez Fotografías: Ruth Acosta Galla, Ángel González, Alejandra Aguilar y Miguel Ángel Magallanes Coordinación general: Alejandra Aguilar Cuidado de impresión: Víctor Antonio Chelín Impresión: Editora Nomara ISBN: 978-9945-494-01-03 Santo Domingo, República Dominicana, marzo de 2013.

Benita Aquino Samora «La vida me ha dado duro, pero no me quejo de Dios». Casimira Reynoso (Josefina) «Cuando ayudo a alguien me siento satisfecha; me es de sumo gozo ayudar» Elida de la Rosa «He aprendido a aprovechar el tiempo de manera productiva» Fiordaliza Ventura «La convivencia aquí es muy buena; dentro del grupo tenemos nuestras diseñadoras, patronistas y operarias, y una aprende de cada una de ellas» Jahaira Alcántara Cuevas «Yo era una mujer muy triste; mi esposo no quería que progresara» María Eusebia Peralta Leonardo «Mi principal logro ha sido sacar a mis hijos hacia adelante» Nairoby Díaz Nova «Yo me sentía apagada, nada más fregando y trapeando. Ahora me pongo mi batica blanca y me siento como una doctora» Reyna María Mañón Ozuna «Yo empecé haciendo donas y yaniqueques, y con eso fui juntando y pude comprar a crédito una estufa grande» Tatiana Moris «Quiero ser enlace y supervisora del Programa. Mis aspiraciones son grandes; quiero llegar a ser grande» Valeria Matías «Yo me considero una mujer Progresando. Mire mi hogar… ¡qué bello!» Wendy Mateo Martínez «He vendido todos los problemas que me he encontrado en el camino» Zoraida Lantigua Espinosa «Yo doy más de mí porque mi comunidad necesita una persona que los tenga unificados y orientados»

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Benita Aquino Samora
Gonzalo, Sabana Grande de Boyá Desarrollo Económico

«Algunos me dicen “en la escuela no pagan”, pero yo les digo “sí pagan, pero cuando termines de estudiar tú cobras”»
Benita es una mujer emprendedora. Se quedó viuda y aun así siguió capacitándose y con ello logró cambiar su condición de vida. Además, se ha convertido en una entusiasta líder comunitaria, motivando a otras familias a participar en el programa. «Ingresar a Progresando le dio la oportunidad de ampliar sus horizontes y elevar su autoestima, pues aunque apenas llegó a un quinto curso, aprendió repostería, elaborar productos lácteos, dulces y conservas, e hizo un diplomado de Mercadeo. no usado en el que hace pan, masitas y coconetes que vende a los colmados, y con cuyos ingresos ha logrado mantener a sus hijos e hijas. Su hijo mayor es maestro de educación básica y dentro de poco comenzará una maestría en Física, con una beca del Instituto Nacional de Formación y Capacitación del Magisterio. El que le sigue trabaja en Bávaro, la mayor de las hijas cursa el segundo de bachillerato y la menor, que ha sido siempre muy enferma, cursa el cuarto de primaria.

«Cuando yo trabajaba en una Con un préstamo de PROMI- casa de familia en Santo DoPYME, Benita compró un hor- mingo —nos cuenta Benita—

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le llevé a mi muchacho —el mayor— a un ebanista para que me le diera práctica en su taller y me lo enseñara, pero a los tres días me dijo “Mire, doña, su hijo no va a servir para nada”. «Cuando él me dijo eso a mí se me cayó el alma —recuerda Benita llorando, pues le viene a la mente lo cruel que pueden ser algunas personas—. Yo le dije, “Bueno, si él no va a servir yo no lo voy a votar, porque Dios me lo dio para que lo crie, y él tiene que verme con ojos de piedad a mí y a mi hijo”. Y así fue: al tiempo volví con mi hijo

a Santo Domingo y se lo llevé al ebanista a su taller, y le dije “Mire, este es mi hijo, el que no iba a servir para nada”, y él me dijo “¡cómo!... ¡Pero cuánto se ha superado ese muchacho!”». «Mi próxima meta es reparar mi casa —nos dice Benita—y construir un baño adecuado, porque el que tengo es una letrina. También arreglarle la boca a mi niña, que tiene un problema que le está afectando la respiración. La vida me ha dado duro; he pasado mucho trabajo, pero no me quejo de Dios».
Texto: Alexis Peña Fotos: Ruth Acosta Galla

«Con este anzuelito que nos trajo Progresando para que aprendiéramos a pescar, yo he logrado echar para adelante con mi familia»

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Casimira Reynoso (Josefina)
Luperón, Puerto Plata Liderazgo Comunitario

«Cuando ayudo a alguien me siento satisfecha; es de sumo gozo ayudar»
Tiernas manitas dicen adiós con energía y alegría a doña Casimira cada vez que pasan frente a su casa. Y es que Josefina, como la conoce todo el mundo, es como una tía amorosa para cada niño y niña de la zona, quienes disfrutan y aprenden en las constantes actividades infantiles que organiza en la iglesia, la escuela y la comunidad. Doña Josefina cuenta cómo ha dedicado su vida al servicio: «Cuando ayudo a alguien me siento satisfecha; me es de sumo gozo ayudar», expresa con entusiasmo ella, que desde muy joven comparte todo lo que aprende para el bienestar de su entorno. auxilios, luego con Progresando con Solidaridad estudió para auxiliar de enfermería. Esto le sirvió para salvar vidas y a atender situaciones sencillas de salud, tales como una inyección, un vendaje especial, suturar una herida, entre otras atenciones difíciles de encontrar en las comunidades rurales y lejanas, como la de ella.

Josefina recorre los campos cercanos para brindar su servicio y apoyo. Es la primera en ir a prestar ayuda o iniciar una recolecta cuando cualquier comunidad sufre catástrofes ambientales. Toda la comunidad recuerda sus acciones cuando la inundación en Villa Isabela y las recolectas que organizó para ayudar a los quemados Recuerda su caminar de campo del incendio de Los Mieses. en campo, auxiliando a personas enfermas. En su juventud En 2009, con su entrada al profue secretaria de un médico grama en ese entonces Progrecon quien aprendió a brindar sando, ahora Progresando con algunos cuidados de primeros Solidaridad, su liderazgo y apo-

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yo se vio magnificado. Primero brinda. Ella misma se capacitó y puso en práctica lo aprendido y es lo que más agradece al proluego se dedicó a multiplicarlo. grama hoy día, ya que puede generar ingresos con los cuaJosefina entendió la importan- les no solo organiza colectas, cia de la identificación y acom- sino también aportar en ellas: pañó y ayudó a cada una de las «Progresando me ha aportado familias de su comunidad a que la capacidad de generar ingregestionaran los documentos sos que me permiten ser más de identidad de sus integran- solidaria con la familia y con la tes. Con orgullo expresa que comunidad», comenta ella con «ya no hay nadie sin papeles» orgullo. en su comunidad. Su desinteresada vocación de En cuanto a educación, sus servicio y su capacidad de lohijos Abraham, de 17 años, y grar acciones colectivas a favor Wilfredo, de 15, son meritorios de su comunidad la convierten y un ejemplo en la comunidad, una líder comunitaria ejemplar fruto del seguimiento que les y digna de reconocimiento.
Texto: Alejandra Aguilar Fotos: Ruth Acosta Galla

«Progresando me ha aportado la capacidad de generar ingresos que me permiten ser más solidaria con la familia y con la comunidad»

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Elida de la Rosa (Carmen)

Barrio 24 de Abril, San Pedro de Macorís Cumplimiento de las Metas y Objetivos del Programa

«He aprendido a aprovechar el tiempo de manera productiva para mí y mi comunidad»
Aunque en principio no se imaginó que ejercería ese oficio, ahora Elida de la Rosa, Carmen, como es bien conocida en su comunidad, se enorgullece de saber que es la única mujer en los alrededores que puede contribuir a aumentar los ingresos familiares y a mejorar su condición de vida trabajando en su taller de electrónica. Progresando con Solidaridad, y con su ayuda, puse mi negocito y todo me cambió: he aprendido a aprovechar el tiempo de manera productiva para mí y mi comunidad», señala. A pesar de que su esposo trabaja, el dinero no es suficiente para el sostenimiento de la familia, por lo que con su pequeño taller y los ingresos que produce, Carmen ha podido convertir su improductividad de antaño en una hermosa estabilidad familiar.

Con su amplia sonrisa y un dinamismo que contagia, Carmen narra cómo su deseo de servir la ha ido llevando por nuevos caminos que no sólo le han permitido cambiar su vida y la de su «Yo ya no tengo que estar espefamilia, sino impactar en la vida rando a que mi esposo consiga de muchas personas más. dinero, me manejo con lo mío y a veces yo tengo mi “clavito” «Antes yo me sentaba a jugar por ahí, con el que puedo ayudominó en la esquina, o me iba darlo también a él, aportando a donde la vecina o donde mi para la comida, la escuela de hija, y me la pasaba habla que los niños y otras cosas», dice habla con ellas, sin hacer nada mientras suelta una carcajada. útil. Pero después que llegué a

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Carmen también hizo los cursos de Comida Sana, Office y el de Agricultura Orgánica, el cual practica en un solar con más de 200 hermosas plantas de espinacas, además de cultivar cebolla, cilantro y lechuga, que consume y regala a los vecinos y familiares. Lamenta que los perros diezmaran su crianza de 20 gallinas ponedoras, de las cuales solo sobrevivió «Lulú», a

quien emocionada agradece su regalo de un huevo diario. Los entrenamientos han facilitado a Carmen integrarse a los programas de alfabetización en distintas localidades. «Yo alfabeticé un grupo de 30 personas y ahora tengo otro de 20». Y agrega que tras aprender Office compró su computadora «para no quedarme atrás atrás, como dicen los muchachos».
Texto: Arsenio Nivar Fotos: Ruth Acosta Galla

«Ya no tengo que esperar a que mi esposo consiga dinero, me manejo con lo mío, y a veces tengo mi “clavito” por ahí y le puedo ayudar también a él»

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Fiordaliza Ventura

Línea Textil Cayena, Villa Consuelo Liderazgo Comunitario

«La convivencia aquí es muy buena; dentro del grupo tenemos nuestras diseñadoras, patronistas y operarias, y una aprende de cada una de ellas»
Con decisión y entrega Fiordali- las Mujeres de Cayena, como za Ventura supervisa y coordina ellas se autodenominan. al equipo de la Línea Textil Cayena de Manos Dominicanas. Oriunda de Nagua, provincia María Trinidad Sánchez, y habitante Fior, como la llaman sus compa- de Villa Consuelo, esta madre y ñeras de trabajo, es la líder del abuela va con entusiasmo a su grupo; 23 de las 25 integrantes espacio de trabajo: el taller de votaron para que ella las diri- la Línea Textil Cayena, un lugar giera. Nunca esperó ni aspiró a donde se siente entre amigas y ejercer esta función en el grupo; en familia, aunque las mujeres entró como operaria y siempre con las que comparte sean solo trabajó con diligencia y pasión, compañeras de distintos puntos aunque es evidente que sus de Santo Domingo (Villa Mella, constantes acciones por organi- Herrera, San Isidro, San Cristóbal, zar el taller y promover los pro- Guerra, Villa Juana y Villa Consueductos que elaboran mostraron lo) que se trasladan cada día con su capacidad para coordinar a la ilusión de hacer crecer su empresa colectiva.

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«Pertenecer a un grupo como este y tener nuestra propia cooperativa es una gran ventaja, ya que en tu casa tienes trabajos pequeños. Aquí tienes la oportunidad de hacer trabajos grandes», expresa Fior, mientras enfatiza en el hecho de que «aquí contamos con las maquinarias necesarias que a nosotras, mujeres de escasos recursos, nos sería muy difícil conseguir individualmente». En el taller de Cayena se trabaja en equipo y cada quien conoce su función. «La convivencia aquí es muy buena; dentro del grupo tenemos nuestras diseñadoras, patronistas y operarias, y una aprende de cada una de ellas», dice Fior.

Cayena es la línea textil de la marca Manos Dominicanas. Surgió con la línea de ropa de playa, la cual es la única en el país que tiene entre sus detalles hebillas, botones y adornos de jícara de coco o madera. Hoy día se han diversificado, descubrieron que con el equipo técnico y humano están en capacidad de dar respuesta a todo tipo de pedidos y desarrollaron una línea de sábanas para hoteles y hospitales, uniformes escolares y de empresas, así como trajes de gala, y este año también elaboraron una línea de carnaval en la que cosieron a diversas comparsas.
Texto: Alejandra Aguilar Fotos: Ruth Acosta Galla

«Tener nuestra propia cooperativa es una gran ventaja, ya que en tu casa tienes trabajos pequeños»

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Jahaira Alcántara Cuevas
Barrio La Peñuela, Cabral, Barahona Superación de Limitaciones o de Situación de Vulnerabilidad Personal

«Yo era una mujer muy triste: mi esposo me maltrataba, me humillaba, no quería que estudiara ni que progresara»
Encontró a Progresando con Solidaridad justo cuando pensaba que no había forma alguna de rehacer su vida, destrozada por el «macho proveedor» que durante años la maltrató física y mentalmente, para luego abandonarla junto a sus tres hijos sin un lugar donde vivir, la autoestima por el suelo, un miedo paralizante y sin saber qué hacer para ganarse la vida. diara ni que progresara; en verdad me sentía muy deprimida», añade.

Jahaira nos cuenta su experiencia en una charla en la que participó: «Me gustó; mi autoestima comenzó a recuperarse y me inscribí en el curso de Repostería». Pero sus necesidades no podían esperar y a los pocos días comenzó a hacer empanadas para vender. «Y de verdad Jahaira Alcántara Cuevas narra que esto sí me ha dado resultaahora —mostrando un arrojo dos», dice. y fortaleza que antes no conocía— cómo el curso de Repos- Con la ayuda que recibía de tería y el conocer a mujeres que Progresando con Solidaridad a habían superado situaciones través de las transferencias Cosimilares a través del programa mer es Primero y los subsidios Progresando cambió su vida y Bonoluz y Bonogás, pudo senla de sus hijos/as. tar las bases para su despegue hacia una vida mejor, mientras «Yo era una mujer muy triste, sus empanadas comenzaban a mi esposo me maltrataba, me estar presentes en la dieta de humillaba, no quería que estu- los vecinos y en las vitrinas de los colmados.

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«Cuando aprendí a hacer tantas cosas en ese curso, yo dije “¡Wao!... Te voy a dejar (al marido agresor), porque voy a echar para adelante», expresa, mientras el destello de una alegría profunda y liberadora brota de sus ojos. Ya sus empanadas se venden en su casa, la escuela, los colmados y cafeterías, y no deja de exhortar a otras mujeres que se encontraban en su situación a buscar ayuda y a salir adelante.

Con los 7 000 pesos que gana en promedio cada mes, Jahaira ha rentado una casa donde vive cómodamente con sus hijos e hijas, un varón de 8 años y dos hembras de cuatro y dos. Y como para ella —dice emocionada—todo esto es solo el comienzo de una nueva vida, rica en oportunidades y satisfacciones, también le alcanza para pagar la universidad, a la que ingresó luego de su amarga experiencia, y en la que ya cursa el segundo semestre de Educación.
Texto: Arsenio Nivar Fotos: Ruth Acosta Galla

«Cuando aprendí a hacer tantas cosas en ese curso, yo dije “¡Wao!... Te voy a dejar (al marido agresor), porque voy a echar para adelante”»

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María Eusebia Peralta Leonardo
Villa Guerrero, El Seibo Superación de Limitaciones o de Situación de Vulnerabilidad Personal

«Fue muy duro para mí: iba a donde mis amigas y les decía que no tenía nada para darle de comer a mis hijos»
Las lágrimas brotan de sus ojos cuando cuenta el legado de situaciones por las que pasó hace algunos años, cuando su esposo la abandonó con dos hijos, sin trabajo ni dinero. «Fue muy duro para mí: iba a donde mis amigas y les decía que no tenía nada para darle de comer a mis hijos y fue entonces cuando empecé a trabajar como doméstica, ganando 1 700 pesos, de los cuales pagaba mil de alquiler. Apenas sobrevivía. Luego trabajé en una banca, pero tuve un accidente por el que me hicieron ocho cirugías y mi vida se deterioró aún más», señala entre lágrimas. La historia de María Eusebia cambió cuando la visitaron del Programa Progresando, hoy Progresando con Solidaridad, de quienes comenzó a recibir los beneficios de las transferencias Comer es Primero, Bonogás y Bonoluz. Ya con un respiro en su vida y un deseo incontenible de prosperar, comenzó a capacitarse en lo que le gusta, la belleza; un oficio gracias al cual ya no tiene que pagar alquiler, porque pudo construir su casa. «Después de hacer el curso de Belleza pude poner mi saloncito y dejé de trabajar en casas de familia. Encuentro que he avanzado mucho y mi principal logro ha sido sacar a mis hijos hacia adelante, pues ellos ya son bachilleres», agrega. Pero llegar a tener su casa ha sido una ardua tarea para María Eusebia. «El dueño de la casa donde vivía nos echó, decía que se la habíamos destruido y que teníamos que irnos de inmediato». Agrega que una amiga le facilitó el solar, y gracias a su salón pudo tomar varios préstamos y construir en block y techo de zinc.

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Para María Eusebia lo más importante ahora es terminar su casa y que sus hijos vayan a la universidad: «Ese sería mi gran sueño», expresa. Pero actualmente la vida le muestra otra cara: se siente más segura de sí misma, goza del respeto de sus vecinos y ha comprobado que no está sola: tiene en el programa Progresando con Solidaridad la mano amiga que le impulsa para que sus sueños puedan hacerse realidad.
Texto: Arsenio Nivar Fotos: Ruth Acosta Galla

«El curso de Belleza me facilitó poner mi saloncito y dejé de trabajar en casa de familia. He avanzado mucho y mi principal logro ha sido sacar a mis hijos hacia adelante pues ellos ya son bachilleres»

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Nairoby Díaz N. (Virtudes)

Simón Bolívar Cumplimiento de Metas y Objetivos del Programa

«Cuando yo entré a Progresando no tenía a mis hijos declarados; mi enlace me motivó y los declaré, y los apunté en la escuela»
«Progresando trajo luz a mi vida», dice visiblemente emocionada Nairoby Díaz Nova (Virtudes) mientras relata su vida y el cambio que ha experimentado fruto del cumplimiento de los compromisos que asumió su familia con el programa Progresando con Solidaridad, desde que este operaba como dos estrategias separadas. Hoy Virtudes dedica más tiempo a su familia y genera tres veces más ingresos que los que producía como empleada doméstica, único oficio que ejerció desde los 13 años. En un solo día puede dar hasta tres masajes y todavía le queda tiempo para ayudar a sus hijos con sus deberes escolares. En sus horas libres también cose forros de licuadora y juegos de Ninguna palabra diferente a baño, con cuya actividad tamluz podría resumir mejor las bién ayuda al sustento de la transformaciones en la vida de familia. Virtudes desde que comenzó a poner en práctica los cono- Virtudes tiene una alta autoescimientos que adquirió en el tima, porque ejerce un oficio curso de Terapia Corporal que que realmente ama, y se siente realizó en el Centro de Desa- útil y valorada por su familia y rrollo Integral y Tecnológico por su comunidad. En momenFamilias Progresando Seguro, tos en que su esposo, quien del ensanche Luperón, entidad trabaja como guardián, se ha que ofrece múltiples cursos visto sin trabajo, ella ha podido técnicos a beneficiarios/as de solventar los gastos del hogar. la referida iniciativa gubernamental.

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Esta terapeuta corporal también apoya al programa motivando a sus vecinos a que asistan a las Escuelas de Familias e incentivándolos a que aprendan a leer y escribir. Por sus insistencia y consejos logró que su suegra se alfabetizara, lo que la hace sentir orgullosa.

«Ahora mis hijos están identificados; ya son muchachos que estudian y muchos han hecho cursos. Ahora mismo ellos se ayudan porque han hecho cursos de pintura y otras cosas, y por eso están generando ingresos», expresó la orgullosa madre de cinco hijos que previo a su ingreso al programa no Pero la mejoría en el aspecto estaban identificados. económico no es el único logro que ha obtenido esta laborio- Tanto Virtudes como sus hijos sa mujer desde que ingresó han realizado cursos de Inforen el 2009 como beneficiaria mática. Ella también hizo el del programa Progresando: el curso de Costura y sus hijos de cumplimiento de las corres- Belleza y Arreglo y Ensamblaje ponsabilidades y compromisos de Inversores. Con estas capaha contribuido al desarrollo in- citaciones se enrumban a romtegral de su familia. per el círculo de la pobreza que esa familia ha arrastrado por generaciones.
Texto: Shira Abreu Fotos: Ruth Acosta Galla

«Yo me sentía apagada, nada más fregando y trapeando. Ahora me pongo mi batica blanca y me siento como una doctora»

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Reyna María Mañón O. (Bélgica)
San Isidro Desarrollo Económico

«Yo empecé haciendo donas y yaniqueques, y con eso fui juntando y pude comprar a crédito una estufa grande»
A los 55 años, edad en la que muchos piensan en el retiro y otros creen que sus vidas están en su etapa final, Reyna María Mañón Ozuna mira firme y confiada hacia un futuro en el cual se vislumbra como profesional. Hasta el momento ha alcanzado metas que muchos consideraron le sería imposible, pues a los 49 años era prácticamente analfabeta. Progresando, ahora Progresando con Solidaridad. En aquel momento, cuando los ingresos que percibía lavando y planchando en casas de particulares apenas le alcanzaban para subsistir, una enlace del programa Progresando la invitó a formar parte de esa iniciativa. Bélgica ganaba menos de tres mil pesos al mes, pero ahora, con la venta de productos que aprendió a elaborar en Progresando, ha quintuplicado sus ingresos, y con las ganancias ha construido en block su casa que era de madera. Además, está construyendo otra vivienda para alquilarla y ha mejorado el mobiliario de su hogar.

Bélgica, como le dicen sus allegados, trabaja día a día para continuar el camino de progreso que transita desde que retomó sus estudios hace seis años. Se hizo bachiller y realizó múltiples cursos técnicos que le han permitido mejorar significativamente sus ingresos, su calidad de vida y la de dos Aparte de haber obtenido el nietas que viven con ella. título de bachiller técnico en Hotelería y Turismo en la EsEl antes y el después en la his- cuela Vocacional de las Fuerzas toria de Bélgica lo marca el año Armadas y la Policía, entidad 2006, cuando se inscribió en que tiene un acuerdo de cola-

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boración con el programa Pro- Bélgica extiende su desarrollo a gresando con Solidaridad. la comunidad en la que reside, pues motiva a sus vecinos a que Esta trabajadora y versátil mu- participen en las Escuelas de jer motivó a tres de sus seis hi- Familias de Progresando con jos para que continuaran sus Solidaridad y que se capaciten estudios; dos de ellos cursan el como ella lo hace. Gracias a su bachillerato y uno se enroló en motivación, uno de sus vecinos la milicia y ya ostenta el rango regresó a la escuela después de de capitán. A sus nietas, Yuleisi haber abandonado los estuy Alejandra Vásquez Mañón, de dios hacía 24 años, terminó el 15 y 17 años, respectivamente, bachillerato y está programanles inculca valores, les da ejem- do ingresar a la universidad. plo de que cuando se quiere se puede y conversa con ellas Los vecinos de Bélgica y el peracerca de las consecuencias sonal del programa en San Isique producen en el futuro las dro dicen que ella es un ejemdecisiones que tomen en el plo vivo de superación. presente.
Texto: Shira Abreu Fotos: Ruth Acosta Galla

«Tengo amigas que las he llevado a hacer cursos y han salido para adelante. Espero que todas las que no están haciendo nada hagan su cursito»

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Tatiana Moris

Samaná Superación de Limitaciones y Situación de Vulnerabilidad

«Quiero ser enlace y supervisora del Programa. Mis aspiraciones son grandes; quiero llegar a ser grande»
Cuando Tatiana Moris obtuvo su título de bachiller a los 18 años fue enviada de su natal Samaná a la Capital a estudiar Informática en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) en donde cursó dos años. También era cinturón negro en karate, disciplina que practicó desde los nueve años. Era la princesa de su casa. Ya en Santo Domingo, sus objetivos se oscurecieron al ingresar en un círculo de amigos en donde primaba el consumo excesivo de alcohol, las parrandas, amanecidas y la promiscuidad. Es así como interrumpe los estudios a medio término, se pelea con su madre y sale embarazada de un sastre que trabajaba bajo la orden de su padre en Villa Francisca. donde recibía 3 000 pesos de salario, de los cuales pagaba 2 500 de alquiler de una pieza en Villa Francisca. Con esos ingresos Natalia sostenía el hogar, ya que Eriberto se había peleado con su padre y este lo echó de la sastrería. Todo esto sin dejar su costumbre legada por las malas amistades: el consumo excesivo de alcohol y las parrandas. En ese cuadro Natalia queda embrazada nuevamente. Esta vez esperaba a su segunda hija, Ana Talía. Y es así que sin dinero, con su esposo desempleado, sin la protección de su padre y con la presión del propietario de la pieza para que le pagara nueve meses de renta atrasados, Tatiana regresa a Samaná y deja a su marido, separación que duró dos años.

Posteriormente recibe entrenamiento e ingresa como au- Hoy en día la vida de Tatina xiliar de la Policía Nacional, en resurge. Ingresa al Programa

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Progresando con Solidaridad en donde hizo varios cursos, aunque es el de Uñas Acrílicas del vive actualmente y obtiene 12 000 pesos al mes. Asimismo, ha participado en todas las charlas de las Escuelas de Familia del Programa. Su esposo volvió con ella a Samaná sin un centavo, y ella le consiguió parte del dinero para comprar una máquina de coser, y arregló con el dueño de una sastrería para que le diera un espacio, en donde ya lleva tres

años trabajando y contribuyendo con el sustento de la familia. Actualmente Tatiana tiene 28 años, es independiente, ya que con un préstamo, el que ya saldó, pudo instalar su negocio junto a una amiga que tiene un salón de belleza y, además, cursa el tercer semestre de Educación Física en la UASD. Y lo más importante, gracias a las Escuelas de Familias de Progresando con Solidaridad cambió el alcohol por el trabajo y la integración familiar.
Texto: Justo Maracallo Fotos: Ruth Acosta Galla

«Vivía una vida vacía y sin control, de discoteca en discoteca, con la llegada del Programa yo vi la gloria»

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Valeria Matías

Los Rieles, Sánchez, Samaná Cumplimiento de Objetivos y Metas del Programa

«Yo me considero una mujer Progresando. Mire mi hogar… ¡qué bello!»
Para Valeria Matías su mayor felicidad es que sus hijas Falconery, de 13 años y María, de 11, hayan sido reconocidas como estudiantes meritorias por el Ministerio de Educación durante los últimos tres años. La niñas cursan el primero de bachillerato y el sexto grado, respectivamente. y unión familiar; y, lo más importante: logró arrancar a sus hijas de las garras del trabajo infantil. Valeria y su esposo Domingo alquilaron un pequeño local, y con un préstamo, confianza y mucho esfuerzo han podido adquirir los equipos esenciales para iniciar un taller de ebanistería, oficio que ejercía Domingo, como empleado en Puerto Plata y luego en Las Terrena, lo que le mantenía alejado del hogar hasta por 15 días.

Asimismo, el haber logrado que su esposo montara un taller de ebanistería cerca del hogar y que los pequeños Yamalia, de cinco años, y Florentino, de tres, asistan a la escuela y gocen de buena salud completa Valeria señala que se convirtió su felicidad. en una «grabadora», al repetirle a su esposo todas las charlas La laboriosa mujer es reposte- que escuchaba en la Escuelas ra, artesana en bisutería y bor- de Familia de Progresando dado. Además, estudia Decora- para hacer que este cambiara ción de Interiores en el Centro su comportamiento desordede Capacitación y Producción nado. «El programa me ayudó de Progresando con Solidari- y Dios me lo cambió», subraya. dad, en donde también aprendió los oficios a los cuales se Sin embargo, no todo fue siemdedica, ofreciéndole bienestar pre felicidad. Hace tres años

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Valeria y sus hijas Falconery, en ese entonces de 10 años, y María, con solo ocho, realizaban una dura jornada de trabajo en la playa de Los Rieles, desconchando cada día cientos de cangrejos y limpiando decenas de libras de camarones, labor que les causaba innumerables heridas en las manos, sus únicos instrumentos de trabajo, a cambio de una pírrica paga que no les alcanzaba ni para comer lo esencial. El trabajo quitaba tiempo a sus hijas de los estudios, ya que al llegar a la casa, cansadas, demacradas y hambrientas, quedaban rendidas por el sueño.

Sus vidas cambiaron una tarde en que Valeria escuchó una charla de Progresando. Quedó impactada al darse cuenta de que, sin proponérselo, violentaba los derechos de sus hijas al hacerlas trabajar. «¡Oh Dios mío!... ¡Yo estoy explotando a mis niñas!», exclamó. Entonces decidió capacitarse, sacar a sus hijas del trabajo e instalar el negocio con su esposo. Valeria, llena de felicidad, dice que entrar al programa Progresando con Solidaridad es lo mejor que le ha pasado. «Después que empecé en el programa mi hogar es otro», concluye.
Texto: Justo Maracallo Fotos: Ruth Acosta Galla

«Pasamos mucho trabajo, muchas veces hambre. Cuando las niñas llegaban de la escuela se iban a trabajar sin comer»

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Wendy Mateo M. (Quenia)
Barrio 5 de Abril, San Cristóbal Superación de Limitaciones o de Situación de Vulnerabilidad Personal

«Caí en una gran depresión: no salía, dejé de trabajar en la casa de familia. Lo único que hacía era comer y dormir»
Wendy Mateo Martínez, a quien con cariño todos llaman Quenia, tiene cinco niños, cuatro varones y una hembra, dos suyos y tres de su esposo. Entró al programa Progresando en el 2009, y desde entonces su vida ha cambiado considerablemente. De la persona deprimida y aislada que era hoy se considera una mujer triunfadora. «Antes yo trabajaba en la capital en una casa de familia, donde atendía a cinco niños y dos envejecientes. Después hice dos cursos técnicos y llegué al octavo. Pero cuando llegué aquí, contenta con mi curso de cajera, fui a solicitar empleo al Banco de Reservas, donde me rechazaron dizque porque físicamente mi ojo no estaba en condiciones para ser cajera», dice Quenia, con la indignación de quien recuerda un mal momento de su vida. Entonces su vida se volvió una gran depresión. Lo único que hacía era comer, ver televisión y dormir; llegó a pesar 250 libras. «Luego salí embarazada y el niño me salió con hidrocefalia, y tuve que volver a trabajar en casa de familia. También trabajé vendiendo productos naturales con un bulto, cuando estaba embarazada de la más chiquita».

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Pero un buen día las supervisoras y enlaces de Progresando la visitaron y le explicaron qué era el programa y le dijeron que la gente podía decir lo que quisiera de ella, pero que eso no debía impedirle ser una persona de progreso; que porque ella tuviera una discapacidad no debía echarse a morir.

de amas de casa», nos dice Vitalina Mateo Martínez, supervisora de Progresando.

Dos de sus hijos juegan beisbol y el mayor ganó hace poco un trofeo en la liga donde practica, el más pequeño estudia pintura y la niña va a la escuela. Además, Quenia trabaja en la Gobernación, donde se desempeñaba Y Quenia entendió que debía como recepcionista hasta hace luchar no solo para demostrarle poco, pues la promovieron a aua las demás personas que ella xiliar de Contabilidad. podía superarse, sino también por sus hijos e hijas. Hizo varios «Mis próximas metas son entrar cursos técnicos de Progresando: a la universidad para terminar mi Paquete de Oficina, Digitación, carrera de Contabilidad, y terminar Informática, Secretariado... «Ella mi casa. Me he dado cuenta de se ha superado muchísimo, que el problema por más grande pues hasta alfabetiza y es inclu- que sea no es más grande que so secretaria de una asociación Dios. ¡Ese sí es grande!»
Texto: Alexis Peña Fotos: Ángel González

«He vencido todos los problemas que me he encontrado en el camino»

Programa Progresando con Solidaridad 25

Zoraida Lantigua Espinosa
Distrito Municipal Sabana Larga, Elías Piña Liderazgo Comunitario

«Yo doy más de mí porque mi comunidad necesita una persona que los tenga unificados y orientados»
Cada tarde, poco antes de las cuatro, comienzan a llegar a la casa de Zoraida Lantigua Espinosa adultos de diferentes edades, sexos y oficios, pero todos con un objetivo común: aprender a leer y escribir. Alfabetizar es una de las tantas actividades voluntarias que realiza esta decidida mujer de 52 años, que resolvió dejar su traumático pasado atrás al encontrar el rumbo de su vida hace apenas cuatro años. Después de una autoevaluación se dio cuenta de que podía dar más de sí a su comunidad, el distrito municipal Sabana Larga, de la fronteriza y empobrecida provincia Elías Piña. La llama del liderazgo comunitario se encendió en su corazón al participar en las actividades de formación humana del programa Progresando, al cual ingresó como beneficiaria en el 2009, y por iniciativa pasó a ser enlace en el 2010 y supervisora solo un año después. En la actualidad Zoraida divide su tiempo entre la agricultura, la alfabetización de 22 adultos en la enramada de su casa, y la participación y coordinación de 10 organizaciones comunitarias que inciden en la apartada comunidad del Suroeste en la que vive. Su experiencia de vida, aunque todavía narrarla le causa dolor, le sirve de impulso para no permitir que a sus compueblanos les violen sus derechos fundamentales, como a ella le hicieron, pues en el ambiente de extrema violencia en el que se crió, tanto a ella como a sus hermanas su padre les negó por mucho tiempo incluso el derecho a la identidad, a capacitarse y a expresarse como cualquier ciudadano.

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A los 15 años, queriendo escapar de la opresión familiar, ella y una de sus hermanas escaparon con sus novios en medio de la noche. Pero, lamentablemente, Zoraida no consiguió su objetivo, puesto que cayó en relaciones tortuosas en las cuales fue víctima de toda clase de abusos. Dentro de Progresando esta luchadora mujer también se motivó a retomar los estudios que había abandonado al culminar la educación primaria. El pasado año se graduó de bachiller y tiene en proyecto estudiar Psicología. Ella se ha destacado, además, por la colaboración que brinda a personas que no tienen documentos de identidad. Ha logrado documentar a 17 niños, 12 jóvenes y ocho adultos de su pueblo.

Previo al proceso de alfabetización en el que está inmersa como voluntaria del Programa Nacional de Alfabetización, ya Zoraida había enseñado a leer y escribir a 18 personas adultas. Su coraje y entrega le ha permitido el reconocimiento del personal del programa Progresando con Solidaridad y de los residentes de Sabana Larga, que ven cómo ha mediado en la solución de conflictos, ha trabajado en la prevención del cólera y ha ayudado a decenas de jóvenes a capacitarse en tecnologías de la información. «Aún con sus problemas de salud, es la mujer que más se faja en Progresando con Solidaridad», destacó Julio Alcántara, gestor de Desarrollo Local de ese programa estatal.
Texto: Shira Abreu Fotos: Ruth Acosta Galla

«En las Escuelas de Familias hemos orientado y sensibilizado a los padres en la solución pacífica de conflictos»

Programa Progresando con Solidaridad 27

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