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Arrepentimiento Juan Bautista

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COMPENDIO 2 Ps. Heber Tolentino

Introducción

En los primeros diez capítulos de Mateo registra la revelación del Rey a la nación de Israel. En los capítulos uno y dos nos da su linaje y nacimiento, mostrando a partir de los profetas que Jesucristo es el Rey de Israel. En el capitulo III presenta a Jesús mediante su "PRECURSOR" Juan el Bautista. " En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentios, porque el reino de los cielos se ha acercado. Pues este es aquel de quien hablo el profeta Isaias, cuando dijo: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas". (Mt. 3:1-3).

Para Mateo, el factor culminante en la preparación de la venida del Mesías es el ministerio de Juan el Bautista. Él fue levantado por Dios para ser "precursor". Su tarea era la de preparar y abonar la tierra para la venida de Jesús. Dios le enviaba para que, por medio de su predicación, los corazones de las gentes estuviesen predispuestas para el ministerio de Jesús. La llamada al arrepentimiento, que estaba en el mismo centro de su ministerio, era una llamada "pre-evangelista". El arrepentimiento es una condición previa e indispensable para que el evangelio pueda ser recibido. Merece la pena meditar sobre la vida y ministerio de Juan. Según Jesús, "entre los nacidos de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista". (Mt. 11:11). Ahora pues en esta investigación intentaremos aproximarnos a la verdad del arrepentimiento realizado y convocado por Juan el bautista durante su tiempo de ministerio sea en su preparación, predicación y cautiverio.

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EL ARREPENTIMIENTO DE JUAN EL BAUTISTA
1. EL LLAMADO DE JUAN a. Petición del sacerdote Zacarías, padre de Juan el Bautista i. El primer argumento lo encontramos en Lucas 1:13 y 14: “Pero el ángel le dijo: No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y lo llamarás Juan. Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán por su nacimiento” Lucas 1:13-14 (LBLA – destacado nuestro). Aunque no se especifica el contenido de la petición de Zacarías, resulta evidente que el hecho de que su mujer, Elisabet, daría a luz a Juan el Bautista responde en primera instancia a la voluntad de sus padres (petición que han encomendado a Dios), y que está relacionada, vinculada o utilizada, por la voluntad divina (ver versículos siguiente). “Porque él será grande delante del Señor; no beberá ni vino ni licor, y será lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre. Y él hará volver a muchos de los hijos de Israel al Señor su Dios. E irá delante de El en el espíritu y poder de Elías PARA HACER VOLVER LOS CORAZONES DE LOS PADRES A LOS HIJOS, y a los desobedientes a la actitud de los justos, a fin de preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto” Lucas 1:15-17 . ii. El niño crecía y se fortalecía, y Dios se manifiesta, este segundo argumento puede desprenderse de dos versículos concretos. “Y el niño crecía y se fortalecía en espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que apareció en público a Israel” Lucas 1:80 “durante el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y él fue por toda la región contigua al Jordán, predicando un bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados” Lucas 3:2-3. Tanto el crecer, como el fortalecerse, y responder a la palabra de Dios, son acciones que contienen en sí misma la voluntad humana como respuesta en una dirección concreta. Evidentemente Juan podría haberse negado, o haber rechazado tanto su llamado como su voluntad de crecer y fortalecerse en espíritu. Una muestra de libre albedrío en esta historia, puede encontrarse en la reacción de Zacarías frente al ángel Gabriel, cuando éste le comunica que su esposa dará a luz a Juan el Bautista, y Zacarías responde con desconfianza, quedando por ello mudo, hasta que todo acontezca. “Entonces Zacarías dijo al ángel: ¿Cómo podré saber esto? Porque yo soy anciano y mi mujer es de edad avanzada. Respondiendo el ángel, le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy en la

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presencia de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte estas buenas nuevas. Y he aquí, te quedarás mudo, y no podrás hablar hasta el día en que todo esto acontezca, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su debido tiempo” Lucas 1:18-20 . 2. EL ALCANCE DE JUAN EL BAUTISTA Pocos predicadores han producido iguales resultados, ninguno ha recibido igual alabanza de la Cabeza de la Iglesia. a. Lo primero a destacar sobre este hombre es su MENSAJE, (vers. 1-2). Juan estaba ofreciendo el reino de Dios a los Judíos, pidiéndoles que se arrepintieran y se prepararan para recibir al Rey. Jesús mismo predicó este mismo mensaje, (Mt. 4:17), y también sus discípulos, (Mt. 10:7; Lc. 24:46-48) Cuando la nación judía rechazó al Rey, el reino les fue quitado, (Mt. 21:42-43). b. Lo segundo que podemos aprender de Juan es su AUTORIDAD, (Mt. 3:3). De su ministerio y elección había escrito el profeta Isaías, (Is. 40:1-3). Juan el Bautista dió cumplimiento a esta profecía. Él fue el último de los profetas del Antiguo Testamento, (Lc. 16:16). Por cuatrocientos años no se había oído de ningún profeta. Las últimas palabras proféticas pronunciadas por el penúltimo de los profetas del Antiguo Testamento hablaban de la venida de Juan el Bautista al que anuncia como Elías y que Cristo interpretó que se trataba de Juan el Bautista, (Mt. 11:11-14; 17:10-13). Así pues, tanto Isaias como Malaquias anunciaron de la venida de Juan el Bautista como "precursor" del Rey. Por tanto su autoridad estaba avalada por el mismo Dios, "Jehová de los ejércitos" y que en su venida lo había elegido para ser su HERALDO Y ANUNCIADOR, (predicador). La autoridad de su mensaje fue toda verdad, (Jn. 10:40-42). c. La tercera cosa que vemos en este gran profeta de Dios es su PERSONA, (v. 4). Fue humilde y rústico en sus maneras y sus vestidos. Su vestimenta recordaba la de Elías, (2ªR. 1:8). En Malaquias 4:5-6, Dios prometió que Elías vendría primero antes del terrible ida del Señor. Los judíos le preguntaron a Juan si era Elías y él lo negó, (Jn. 1:21). Sin embargo, si los judíos hubieran recibido a su Rey, Juan hubiera sido ese Elías, (Mt. 11:14), Juan vino en el espíritu y poder de Elías, (Lc. 1:17), empezando en el versículo 13. d. En cuarto lugar hemos de destacar su BAUTISMO, (vers. 5-6). Este no fue el Bautismo cristiano, (véase Hch. 19:1-7), Si no mas bien de arrepentimiento, (Mt. 3:11). Su Bautismo era del cielo, (Mt. 21:23-27), y este Bautismo de arrepentimiento tenia dos propósitos: i. Introducir a Cristo en la nación de Israel, (Jn. 1:31). ii. Preparar sus corazones para la venida del Rey.

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Los judíos bautizaban a los gentiles que se convertían en prosélitos, pero ¡Juan bautizaba Judíos!. Ahora en los versos 7 al 12 vemos a los fariseos viniendo a Juan, (Mt. 3:7-12). Los fariseos eran legalistas literales, que convirtieron la ley en una carga; los Saduceos eran "liberales" que negaban mucho del Antiguo Testamento, (véase Hch. 23:8). En tres ocasiones a los fariseos se les llamo "generación de víboras", por Juan el Bautista y por Jesús, (Mt. 12:34; 23:33). Satanás es una serpiente y estos hombres eran sus hijos, (Jn 8:44). Los fariseos eran enemigos de Cristo y aparecen con frecuencia en Mateo. Ahora en los versos 13 al 17, vemos a Jesús y a Juan para ser bautizado. ¿Por qué se bautizó el Hijo de Dios aún cuando nunca cometió pecado alguno?. Podríamos mencionar por lo menos SEIS RAZONES: a. OBLIGACION: "Conviene que cumplamos con toda justicia", (Mt, 3:15). b. CONSAGRACION: El sacerdote del Antiguo Testamento se bañaba, luego era ungido. Jesús se sometió al bautismo en agua, luego el Espíritu Santo vino en forma de paloma, (véase Exodo 29). c. ELOGIO: Jesús dio su aprobación al ministerio de Juan y así obligó a la gente a escuchar a Juan y a obedecerle. En lugar de eso, los lideres religiosos rechazaron el bautismo de Juan, (Lc. 7:30). d. PROCLAMACION: Esta fue la presentación oficial de Jesús que Juan hizo a la nación judía, (Jn. 1:29-34). e. EXPECTACION: Este bautismo de agua miraba hacia su bautismo de sufrimiento por nosotros en la cruz, (Lc. 12:50). Jesús cumplió toda justicia mediante su muerte en el calvario. f. IDENTIFICACION: Jesús se identificó con los hombres pecadores, inmediatamente después, el Espíritu le llevo al desierto. Y allí podemos ver aquel cuadro del "chivo expiatorio" que simbólicamente llevaba los pecados de la nación, (Lv. 16:1-10). La palabra griega "baptizo", significa sumergir, hundir y Juan requería mucho agua para el bautismo, (Jn. 3:23). Jesús experimentó en la cruz el oleaje y marejada de la ira de Dios.

En el versículo 16 vemos la señal de Dios prometida a Juan que le daría para identificar a su Hijo. (Jn. 1:31-34). Y en el versículo 17 vemos a Jesús y al Padre, (esta es la primera de tres ocasiones cuando el Padre le habló al Hijo desde el cielo, Mt. 17:5; Jn. 12:28), aquí tenemos revelada la Trinidad. El Hijo es bautizado, el Espíritu Santo desciende como Paloma y el Padre habla desde el cielo.

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3. JUAN EL BAUTISTA, VISTO COMO ELIAS Elías, fue un profeta que vivió en tiempos del rey Acab (1 R 17-2 R 2). La creencia judía de la época consistía en esperar su regreso, que anunciaría la llegada del día del Señor (Mal 4.5-6). “He aquí, yo os envío al profeta Elías antes que venga el día del SEÑOR, día grande y terrible. El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que venga yo y hiera la tierra con maldición”. Esta idea judía era correcta, sin embargo, no sólo confundieron a Juan el Bautista con Jesús (Juan 7:40-41), sino que tampoco lo reconocieron, ni a Juan el Bautista, como el “Elías”, ni a Jesús como el Mesías (Mateo 17:10-12). Es decir, el “Elías” que anunciaría la llegada del “día del Señor”, se cumplió en la persona de Juan el Bautista. Este hecho queda registrado en las Escrituras por las propias palabras de Jesús, quien clarifica toda esta confusión: “Y sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que Elías debe venir primero? Y respondiendo El, dijo: Elías ciertamente viene, y restaurará todas las cosas; pero yo os digo que Elías ya vino y no lo reconocieron, sino que le hicieron todo lo que quisieron. Así también el Hijo del Hombre va a padecer a manos de ellos. Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista.” Mateo 17:10-12. Jesús, por tanto, identifica a Elías (aquel Profeta esperado por los Judías antes de la venida del Mesías) con Juan el Bautista y, mientras que Juan el Bautista anunciaba la venida del Hijo de Dios, los judíos rechazarían a uno y a otro. Por eso no es de extrañar que tanto Juan el Bautista (Mateo 14:1-12), como Jesús, terminaran sacrificados.

4. EL BAUTISMO DE JUAN EL BAUTISTA: Juan el B. era un personaje muy popular entre los Judíos del 1er siglo. Tenía gran arrastre, no sólo en Palestina cuando aún estaba vivo, sino entre Judíos muchas décadas después, lejos de su tierra (ver Hechos 18:25; 19:1-4). Muchos creían que él era el Mesías, pero Juan el B. lo negaba expresamente (vs 20). De hecho, se identificaba como aquel que preparaba el camino del Mesías a través de predicación y bautismo (vs 2228).

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Durante el período de los testamentos, los Judíos comenzaron a bautizar a Gentiles que deseaban convertirse al Judaísmo. Esto era una manera simbólica de enseñarles que necesitaban estar limpios de sus pecados antes de poder pertenecer a la familia de Dios. Esto, por supuesto, era cierto. El problema era que muchos Judíos creían que por el sólo hecho de pertenecer a la descendencia de Abraham, eran automáticamente miembros de la familia de Dios. Creían, por ejemplo, que Abraham permanecía ante las puertas del infierno para controlar que ningún Judío fuese, por equivocación, despachado en esa dirección, de modo que Abraham pudiese reenviarlo al cielo, donde pertenecía. Juan rechazaba este punto de vista. Este era el significado principal de su ministerio. De acuerdo a Juan el B., la buena nueva era la inminente llegada del Mesías. La mala noticia era que el pueblo Judío no podía beneficiarse de la llegada del Mesías debido a sus pecados. Por ello insistía que los Judíos se bautizaran, con lo cual reconocerían que estaban no calificados de pertenecer a la familia de Dios, al igual que los Gentiles, de modo que necesitaban el perdón de Dios de la misma manera que el resto de la gente. Al adoptar esta actitud de humildad y aceptar el bautismo, estaban entonces listos para la llegada del Mesías. La historia narrada en los vs 19-34 tuvo lugar después que Jesús había sido bautizado y tentado en el desierto por 40 días. En su calidad de último profeta del Antiguo Testamento, Dios le dio dos grandes privilegios: a. Tuvo el privilegio de ungir al Mesías. En el Antiguo Testamento, Dios seleccionaba reyes enviando profetas a ungirlos con aceite (ej. Samuel con Saúl y David). La palabra “Mesías” significa “el ungido” - el rey elegido por Dios. Como el último profeta del Antiguo Testamento, Juan el B. ungió al Rey máximo de Dios mediante el bautismo. Dios no le había revelado quién sería el Mesías, pero le comunicó en cambio que el Espíritu de Dios descendería y permanecería sobre una de las personas que el bautizaría (un evento sobrenatural, obviamente). b. Juan el B. declaró que Jesús cumpliría con el sistema de sacrificio del Antiguo Testamento. El propósito de ese sistema era demostrar que somos pecadores, que la pena del pecado es la muerte, y que Dios con su misericordia nos proveería algún día con un Substituto sin culpa que moriría por nosotros. Jesús cumplió lo que se presagiaba con los sacrificios de animales. Por ello Juan el Bautista lo llamaba “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (vs 29). Por ello que Jesús, a pesar de no tener pecado, insistió en ser bautizado por Juan el B. De esta manera, se

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presentaba como Aquel que identificaría y soportaría los pecados del pueblo de Dios.

De modo que el ministerio de Juan el Bautista demuestra la perfecta continuidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. El mismo es el puente entre el período de promesa y el período de cumplimiento. Habiendo completado su misión, Juan el Bautista le traspasa el bastón a Jesús y urge a sus seguidores que sigan a Jesús. En los versículos siguientes del capítulo 1, vemos cómo la influencia del ministerio de Jesús comienza a expandirse Juan nos relata cómo cinco hombres (uno de los cuales es él mismo) llegaron a creer que Jesús era realmente el Mesías. Cerca de un año después, Jesús los escogió como sus discípulos/apóstoles. Además de presentar detalles únicos, este pasaje contiene cierta información que nos ayuda a entender cómo Jesús influye a la gente. Cada uno de estos principios también corrige concepciones erróneas acerca del Cristianismo.

5. El BAUTISMO DE JESUS EN MATEO 3:13-17: “Entonces Jesús vino de Galilea a Juan en el Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: o necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. Jesucristo dijo: “de cierto os digo, que entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista”. Aunque Juan fue un gran profeta, murió de manera trágica a manos de Herodes Antipas. El historiador Josefo nos ofrece el siguiente relato: "Herodes (Antipas) se vio envuelto en una discusión con el Rey de Petra, Aretas, con cuya hija había contraído matrimonio y con la cual había estado viviendo durante algún tiempo. Pero cuando estaba en Roma, con su hermanastro Herodes (también conocido como Felipe, el hijo de Herodes el Grande por Mariame, la hija de Simón el sumo sacerdote), Antipas se enamoró de Herodias, la mujer de su hermano, y prometió casarse con ella y divorciarse de la hija de Areta. Pero la hija de Areta puso al descubierto el plan de Herodes y le pidió a Herodes que le permitiese ir a visitar a Macario. Desde allí se fue apresuradamente a ver a su padre en Arabia y le contó lo que estaba planeando Herodes. Esto y una disputa relacionada con los límites de tierra llevó a Areta a atacar a Herodes, cuyo ejército quedó completamente destruido. Herodes le escribió acerca de esto a Tiberio.
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Cesar se sintió dominado por la ira y ordenó al gobernador sirio, llamado Vitellius, que declarase el estado de guerra con Aretas, pero muchos de los judíos sintieron que el desastre acontecido a Herodes era el juicio de Dios sobre él por la manera de haber tratado a Juan, de sobrenombre el Bautista. Aunque Juan era un buen hombre y había enseñado a los judíos a adorar a Dios, a llevar vidas rectas y a practicar la justicia con otros, Herodes dio orden de que le matasen. Juan había estado enseñando que no se debía usar el bautismo para obtener el perdón de los pecados cometidos, sino para que fuese una consagración del cuerpo….Comenzaron a reunirse grandes multitudes alrededor de Juan por causa de su predicación y Herodes se temía que su gran poder de persuasión sobre los hombres diese lugar a la rebelión. Por lo tanto, decidió que sería mejor matarle antes de que se produjese un levantamiento. Juan fue llevado encadenado a la fortaleza de Macario y fue muerto en esa cárcel. Los judíos creían que Dios había vengado su muerte destruyendo al ejército de Herodes”. (Antigüedades Judías XVIII, 106) Echemos ahora un vistazo a fin de descubrir de qué modo el relato bíblico encaja con el relato de Josefo. a. Josefo afirma que Juan el Bautista exhortaba a las gentes a llevar una vida recta. LA BIBLIA hace la misma afirmación en Mateo 3:8, Juan pido al pueblo que hiciese frutos dignos de arrepentimiento de acuerdo con una vida de arrepentimiento. b. Josefo afirma que el Bautista pidió al pueblo que practicase la justicia con su prójimo. LA BIBLIA afirma en Lucas 3:11-18 que Juan le dijo a una multitud de personas: ”El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo”. … A los recaudadores de impuestos les dijo: “No recojáis mas impuestos de los que debáis”. Y a un grupo de soldados les dijo: “No extorsionéis dinero y no acuséis falsamente a las personas”. c. Josefo escribió: “Juan enseñó que no se debía usar el bautismo para obtener el perdón por los pecados cometidos, sino para consagrar al cuerpo”. Da la impresión de que esta afirmación es contraria a lo que dice Lucas 3:3 donde leemos: “Y él fue por toda la región contigua al Jordán, predicando el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados”. Pero si lee usted este pasaje con cuidado, dice el BAUTISMO DEL ARREPENTIMIENTO por el perdón de los pecados. El ARREPENTIMIENTO es la palabra clave y significa cambiar de opinión y de actitud en relación con el pecado, apartarse de él y pedirle perdón a Dios. El acto exterior del bautismo por inmersión en sí mismo no perdona los pecados ni tampoco puede conseguirlo ningún acto realizado por el hombre. Jesús llevó él mismo todos los pecados del mundo en la cruz y solo aceptándole como su Salvador puede usted obtener el perdón de sus pecados. Por lo tanto, el bautismo es un acto de obediencia al mandato del Señor y la promesa que nos ha hecho, en el sentido de que igual que el agua limpia nuestros cuerpos cuando están

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sucios, la sangre derramada por Cristo lava lo sucio que hay en nuestra alma, es decir, todos nuestros pecados. d. La Biblia dice en Mateo 14:3-10: “Porque Herodes había prendido a Juan, y le había encadenado y metido en la cárcel, por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano, porque Juan le decía: No te es lícito tenerla”. Y a pesar de que deseaba matarle, temía a la multitud, porque le consideraban un profeta, pero cuando se celebró el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías bailó antes ellos y le complació a Herodes. Por lo tanto, le prometió con un juramento que le daría cualquier cosa que ella le pidiese y ella, a instancias de su madre, le dijo: “dame la cabeza de Juan el Bautista en un plato”. Y el rey lo lamentó, pero por causa del juramento y por motivo de los que estaban sentados con él, dio orden de que se la diesen, así que envió que Juan fuese decapitado en la prisión”. Josefo escribió la misma cosa: “Herodes se había enamorado de la esposa de su hermanastro, de modo que prometió casarse con ella divorciándose de la hija de Areta (cosa que hizo y al hacerlo quebrantó los Diez Mandamientos cometiendo adulterio.)…Herodes hizo que matasen a Juan…que fue traído encadenado a Macario y le mataron en la cárcel”.

6. MINISTERIO, BAUTISMO Y JUAN EL BAUTISTA La trascendencia del ministerio de Juan el Bautista puede derivarse de las propias declaraciones de nuestro Señor con respecto a él. Él llama a Juan “un profeta” y “mucho más que un profeta,” y que declara que entre los nacidos de mujer no se ha levantado otro más grande que él. Le aplica las palabras proféticas de Malaquías (3:1): “He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí.” La interpretación y significado precisos de la declaración de Mateo 11:12 y Lucas 16:16 pueden ser algo oscuros, pero puede haber poca duda de que, en general, se tiene la intención de describir la superioridad de Juan sobre todos los profetas precedentes, y que coloca esta superioridad en su conexión cercana con la aparición real del reino de los cielos como una realidad presente abarcando los pensamientos y conmoviendo los intereses de los hombres: “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.” A pesar de la preeminencia adscrita de esta manera a Juan, es claro, a partir de la razón dada para esta preeminencia, que él no era tanto un revelador de nueva verdad sino uno que recapitula la antigua verdad. En el punto en donde el antiguo pacto está a punto de pasar hacia el nuevo, Juan una vez más resume en su ministerio el mensaje

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total de toda la revelación precedente y se convierte de esta forma en el vínculo de enlace entre esa revelación y el cumplimiento que había de seguir. A partir de esto debe explicarse el carácter austero de su obra y predicación. Este no era resultado que Juan tuviera una concepción inferior y menos espiritual del reino de Dios de la que Jesús tenía, sino simplemente de su posición como el último representante de una dispensación en la que la santidad y la justicia de Dios eran fuertemente enfatizadas. En el llamado de Juan al arrepentimiento la carga tanto de la ley como de los profetas encuentra su declaración final. Casi cada rasgo de la apariencia del Bautista da testimonio de la íntima conexión entre él y el antiguo pacto. Llevó la vida de un Nazareo, una de las formas Antiguo testamentarias de consagración al servicio de Jehová (Lucas 1:15). Su medio ambiente del desierto era un símbolo del estado muerto, estéril y antiespiritual de Israel (Oseas 2:14, 15; Isa. 40:1-4); su enfoque con respecto al ascetismo en el tema del ayudo señala en la misma dirección (Mat. 11:10). Era, por así decirlo, una reencarnación de Elías, el severo profeta del Antiguo Testamento, de quien también tomó prestado su atuendo; no sólo la imagen sino que en gran medida incluso la fraseología de la predicación de Juan se derivaba de dos profetas del Antiguo Testamento, Isaías y Malaquías. Además de esto tenemos la declaración expresa de nuestro Señor que coloca a Juan por fuera de los límites del reino de los cielos, i.e., fuera de la realización Novo testamentaria de este reino históricamente inaugurado por el mismo Jesús. Nuestro Señor no quiso decir que Juan no fuese un creyente en el sentido Antiguo testamentario, sino simplemente que oficial y personalmente él no participaba en los privilegios mucho mayores del nuevo pacto: Aquel que es menor en el reino de los cielos, i.e., ocupa un lugar relativamente más bajo que Juan bajo el Antiguo Testamento, pero que es absolutamente mayor que Juan, debido a que el reino mismo es muy superior a la etapa típica de la teocracia (Mat. 11:11). Además, al reiterar los llamados legales y proféticos al arrepentimiento Juan también repitió en la hora undécima las predicciones Antiguo testamentarias de la salvación mesiánica por venir. La relación orgánica en la que estos dos elementos de la revelación del Antiguo Testamento se hallan uno para con el otro se encuentra notoriamente reflejada en la manera en que Juan vincula las dos partes de su mensaje: “Arrepentios, pues el reino de los cielos se ha acercado.” Pero la fuerza lógica de la apelación es incrementada por el carácter crítico del tiempo; la cercanía del reino se convierte en el motivo para el arrepentimiento. Juan describe la naturaleza del reino que se está acercando al llamarlo un bautismo con el Espíritu Santo y con fuego. En esta declaración el “fuego” evidentemente se refiere al juicio, que desde tiempos antiguos había estado asociado con la venida del reino (Mat. 3:10, 12). Pero se ha afirmado sin fundamento que el bautismo con el Espíritu Santo de igual manera se refiere al aspecto

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judicial de la crisis que se avecinaba. Aunque coloca el énfasis principal sobre el pecado y el juicio, no podemos creer que Juan dejara totalmente de lado el carácter salvífico del reino que había sido enviado a anunciar. El Espíritu se halla más bien como la fuente de todas las influencias y beneficios espirituales relacionados con el reino. Otra concepción errónea frecuentemente encontrada en las interpretaciones modernas de la obra de Juan es que su idea del orden de cosas que se aproximaba se hallaba moldeada en gran manera según las expectativas Judías prevalecientes, y por lo tanto, al igual que éstas, era carnal y política. El mismo hecho que Juan anuncia el juicio y criba de Israel como el resultado más importante de la crisis que se avecina, y que advierte en contra del orgullo y la confianza falsas de la descendencia natural de Abraham, lo mismo que su significativa declaración de que Dios puede levantar hijos a Abraham aún de las piedras, comprueba que sus ideas con respecto al reino de Dios eran radicalmente diferentes de las del Judaísmo contemporáneo. Solamente en un aspecto Juan revela las limitaciones, en conexión con este tema, que se hallaban necesariamente inherentes en su pensamiento con respecto al reino desde la perspectiva del Antiguo Testamento. Como con los profetas del Antiguo Testamento, él no distingue agudamente entre los estados y fases sucesivas en la realización de las promesas mesiánicas. El bautismo con fuego y con el Espíritu Santo se representan como dos lados del mismo acto. El mismo cumplimiento podría enseñar claramente que estos dos lados, puestos juntos en el cuadro de Juan, estarían en realidad separados por un largo intervalo de tiempo. Como el ministerio de Juan resumía en sí mismo la sustancia de toda la verdad del Antiguo Testamento, así su ministerio, a su vez, estaba resumido en su bautismo. Este rito se vinculaba a las abluciones ceremoniales del Antiguo Testamento y al uso figurativo hecho por los profetas sobre el poder limpiador y vivificador del agua. Sin embargo, era una nueva institución por las razones de su introducción que los críticos de Juan demandaban y el Bautismo mismo afirmó una autoridad divina especial. Algunos han intentado explicarlo como una imitación de los lavamientos requeridos a todos los convertidos del paganismo al Judaísmo, el así llamado bautismo de prosélitos, pero, mientras tal lavamiento puede haberse acostumbrado tan temprano como el tiempo de Juan, no puede haber poseído en sus días su posterior prominencia como rito de iniciación en el Judaísmo, de manera que la imitación consciente parece quedar excluida. El bautismo de Juan era “un bautismo de arrepentimiento para perdón del pecado.” Presuponía, expresaba y fortalecía la gracia del arrepentimiento y era una señal manifestada por aquellos que lo recibían en fe para el perdón de los pecados. Deben evitarse dos extremos al estimar el valor y la eficacia de este sacramento. Por un lado, algunos casi lo han desprovisto de todo significado dándole un carácter puramente negativo como si se tratara de arrepentimiento sin fe, y como teniendo solo una

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referencia probable al perdón de los pecados en el futuro mesiánico (enfatizando el para), o negando que el don del Espíritu estuviese en algún sentido conectado con él. Es verdad, dice Juan: “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.” Pero esto ha de entenderse desde el punto de vista que el bautismo de Juan, perteneciendo al antiguo pacto, compartía con todas las ceremonias de esta dispensación el carácter de un tipo señalando hacia el cumplimiento en Cristo. En tanto que esto no estorba el hecho que, en otro sentido, las ceremonias del Antiguo Testamento eran medios reales de gracia, esto no prueba que el bautismo de Juan fuese solamente un tipo. Por otro lado, no necesitamos irnos al otro extremo de colocarlo totalmente en línea con el bautismo Cristiano, pues este último descansa en la obra terminada de Cristo. La verdadera visión es que el bautismo de Juan era un verdadero sacramento del antiguo pacto y confería a todos aquellos que lo recibían en fe la manera y medida de gracia Antiguo testamentaria. La diferencia era una de grado, no de sustancia. El bautismo de Juan se tornó de especial importancia como el medio por el cual nuestro Señor fue oficialmente introducido en su ministerio público, o, para hablar en lenguaje escritural, como el instrumento para la unción mesiánica de Jesús. Aparte de anunciar la proximidad del reino en general, Juan tuvo la tarea especial de dar testimonio del Mesías en persona. Nuestro Señor mismo le adjudicó gran importancia a este testimonio, pues, cuando más tarde los líderes Judíos le preguntaron por cuál autoridad Él realizaba Sus actos mesiánicos Él les planteó la contra-pregunta, si el bautismo de Juan era del cielo o de los hombres, indicándoles de ese modo que no eran capaces de juzgar Sus afirmaciones hasta que hubiesen tomado primero una posición definitiva con respecto a las afirmaciones de Juan. Se pueden distinguir dos facetas en este testimonio presentado por Juan, uno, cuyo registro ha llegado a nosotros en gran parte en los Evangelios Sinópticos de Mateo, Marcos y Lucas, precediendo el bautismo de Jesús, el otro registrado en el Evangelio de San Juan, y que pertenece al tiempo subsiguiente a este evento. Durante la primera faceta Juan habló en términos generales del Mesías como “el Más Poderoso” que había de venir después de él. Enfatiza Su absoluto derecho y poder para juzgar al pueblo de Israel. Llama a la teocracia Su piso trillador, adjudicándole así una calidad tal de dueño con respecto al pueblo como se le podía adjudicar solamente a Jehová. En esto Juan se apegó a un modo de declaración que había sido observado en las mismas primeras revelaciones del Nuevo Testamento, dado a sus padres en el tiempo de la encarnación, y en el que una de las dos principales

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corrientes de la profecía mesiánica Antiguo testamentaria, aquella que hablaba de la venida del mismo Jehová a Su pueblo, fue reproducida. Durante la faceta posterior su testimonio se volvió más personal y definido, y en algunas de sus declaraciones captamos el eco del evento trascendental del bautismo de Jesús, que ya había ocurrido. La designación de Juan de Jesús como “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29) arroja luz sobre su propia interpretación del significado interno de este acto. Como en la profecía de Isaías 53 el Siervo sufriente de Jehová fue representado bajo la figura de un cordero, para indicar que, aunque en un sentido idéntico con el rebaño caprichoso, sin embargo, en otro sentido, Él era diferente de ellos, porque siendo Él mismo inocente y estando dispuesto a llevar con paciencia el castigo que otros habían merecido, así Jesús había venido al bautismo de Juan, un Israelita de Israelitas, identificándose Él mismo con el pueblo de Dios, pero no porque Él necesitara esta limpieza para Su propio pecado individual, sino porque Él vicariamente tomó sobre Sí mismo la pena en la que habían incurrido. En otra declaración que se apega a Malaquías 3:1, el Bautista asciende a la idea de la preexistencia de Cristo no meramente durante la dispensación del Antiguo Testamento, “el cual es antes de mí,” sino en un sentido absoluto “porque era primero que yo” (Juan 1:30). El último testimonio de Juan está registrado en 3:27-36. Aquí él contrasta su propia posición oficial con la del Salvador y muestra que toda rivalidad queda así, en principio, excluida. Jesús es el Novio, él es simplemente el amigo del Novio, cuya tarea es unirles a Él y a la novia, Jesús e Israel, juntos. Por lo tanto, el reporte que todos traen a Jesús, es que su gozo, i.e., el gozo específico que le pertenece a él como precursor, ha sido cumplido. Con referencia a los versículos 31-36 es algo difícil decidir si estas palabras son una continuación del discurso del Bautista o constituyen algunos comentarios del evangelista Juan sugeridos por lo primero. Hay mucho que favorece la opinión de que el Bautista está todavía hablando aquí. Si es así, las declaraciones en los versículos 34 y 35 se hacen significativas como reminiscencias de lo que había ocurrido en el bautismo de Jesús: “Pues Dios no da el Espíritu por medida. El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano.” El verso 36 también parece señalar en retrospectiva hacia la declaración sinóptica de Juan concerniente al doble bautismo futuro con el Espíritu Santo y con fuego. Aquí la promesa del Espíritu Santo se ha convertido en una “vida eterna” presente y en “ira por venir,” una ira que “se aguanta.” Así, lo último se corresponde cercanamente con y reafirma lo primero. La figura del Bautista, como nos es dibujada en los Evangelios, es una intrínsecamente grande y noble. Pero ha sido eclipsada necesariamente por la más ilustre figura del Mismo Hijo de Dios. Como uno de los antiguos escritores dice: “Cuando

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aparece la radiante luz del sol, no solamente la de las estrellas, sino también la de la luna, deben palidecer como la cera.” Para nuestro ordinario juicio humano es casi imposible no encontrar algo patético en este eclipse de gran carácter. Sin embargo, no seremos capaces de apreciar la grandeza real de Juan hasta que nos demos cuenta de que su virtual desaparición tenía la naturaleza de una auto-desaparición, hecha por su parte de buena gana y con gozo, para poder servir con ella a su Señor. Si no hubiese nada más, entonces esto mostrará que Juan, aunque permaneciendo oficialmente fuera del reino, había entendido y asimilado el gran principio sobre el cual el reino es edificado, el de la auto-negación y el servicio. Algunos escritores modernos han caído en el hábito de decir cosas groseras acerca de Juan y no están dispuestos a darle el crédito con nada más alto que la expectativa Judía en boga de un reino mesiánico político. Presumimos que tales escritores niegan la autenticidad de aquel hermoso dicho: “Es necesario que Él crezca, pero que yo mengüe” (Juan 3:30). Es una satisfacción saber que Jesús mismo apreció y honró a Su precursor y expresó este sentimiento en más de una ocasión. Lo llama la lámpara que ardía y alumbraba, que se consume para dar luz a otros. Y aún en la hora de debilidad, cuando la propia fe de Juan había comenzado a flaquear y había enviado a Jesús sus pesquisas con dudas, nuestro Señor se tomó el trabajo de defenderlo de la sospecha injusta, como si algún motivo egoísta hubiese inspirado la duda, protegiendo así la nobleza de su carácter, porque era precioso para Él y porque no podía soportar que otros pudiesen pensar mezquinamente con respecto a él. Hay para nosotros algo inexpresablemente conmovedor en esta gratitud leal hacia un siervo fiel por parte de Aquel quien había venido Él mismo a servir a todos los otros. Y podemos descansar seguros que, lo que sea que puedan decir los jueces modernos, Juan ha recibido su recompensa y ha experimentado la verdad de aquel otro dicho de nuestro Señor: “Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.” 7. CONCLUSIONES a. El nacimiento de Juan el bautista en circunstancias humanamente limitadas, demuestra el alcance de un gran propósito de parte de Dios con el pueblo de Israel, con el cual había guardado mas de 400 a;os de silencio. Desde que su padre Zacarias “volvió” a confiar en su Padre Jehova volviéndose su corazón a El. b. El bautismo de Juan aparecio como una expresión de completo arrepentimiento de los pecados, no solo en su versión judaizante de aceptación de prosélitos sino en su exortacion a los judíos a volverse a Dios. c. Este arrepentimiento buscaba la preparación de corazones judíos (incluso la de gentiles, véase el exorto Herodes) para la instauración del reino de los cielo que se había acercado.

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d. El bautismo paso siguiente del arrepentimiento debía ser un testimonio de cercanía a Dios por el perdón recibido. e. Jesus no se arrepintió de pecado pero si se identifico con la justicia de Dios sobre la humanidad. f. La aceptación de Juan el Bautista como el Elias esperado, implicaba el reconocimiento de volver los corazones, como hijos, a Dios, como padre con una actitud completa de reconocimiento de faltas y cambio de actitud con respecto al pecado.

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