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Pan sobre las aguas

Álef Guímel
1989
Pan sobre las aguas 2

Capítulo 1

¡BUENOS DIAS COLIBRÍ!

Al retomar el hilo de la vida cada mañana, me llena de


regocijo el saber que estas allí, libando, el néctar escondido, y
lista para sorprenderme en cualquier recodo. Jamás dejas de
asomarte a mis mejores momentos durante el día, y siempre te
encuentro en el hueco de mi almohada, lista para compartir mis
últimos pensamientos en la noche.
Me miraste extrañada cuando te llame Colibrí, porque tu
verdadero nombre es Inspiración. Quiero darte un apodo cálido,
íntimo y exclusivo, ya que todo lo que nos une es también
íntimo, cálido, exclusivo.
¿Por qué te doy un apodo? Bueno, tu nombre,
Inspiración, es demasiado serio, y esta un poco ajado a causa
del abuso que han hecho de el los que han querido añadir brillo
a su personalidad jactándose de haberte dominado. Los mejores
diccionarios te definen como entusiasmo creador; el estimulo
que eleva la emoción y el intelecto a las mas altas posibilidades
de logro. Para mi eres eso y mucho mas. Te hiciste querer
porque nunca asumiste aires de victimaria ni de tirana como
algunos poetas te atribuyen, hablando de la angustia de no ser
ni sentir como el vulgo. En mi vida, supiste relegarte a un
segundo término, y nunca intentaste quitarle el lugar a las cosas
primordiales. Me hiciste diferente, pero no superior a mis
semejantes. Nunca me vendaste los ojos para que no viera la
gran variedad de buenas cualidades en que ellos me superan. Te
estoy agradecida por ese equilibrio, porque eres un elemento
estabilizador, lejos de producir agitación y desconcierto.
Es verdad, algunos me han criticado por haberte dado
albergue y cuidado maternal. Tuve que aprender que el
privilegio de poseerte no es reconocido por todos. Tu lugar hay
que defenderlo con lucha, y tu jardín hay que fertilizarlo con
lágrimas.
Leí un artículo sobre los colibríes que me hizo pensar.
Sus características corresponden muy bien con las tuyas. Sus
colores hermosos y brillantes atraen la mirada.¿Acaso tu , no
llenas de colorido mi vida? El pico largo y fino de los colibríes
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extrae el néctar de las flores, como tu lo extraes de los hechos de


los recuerdos del interior oculto de las personas que con un
rostro indiferente defienden sus sentimientos para no exponerlos
al juicio de los demás. Los colibríes se mantienen en el aire,
batiendo velozmente sus alas mientras liban. Tu como ellos,
querida inspiración, no necesitas apoyarte en algo material para
efectuar tu obra. El colibrí pesa tan poco, que se le llama” pájaro
mosca”. Algunos pesan apenas dos gramos. En cuanto a ti, tu
peso jamás me ha molestado; cargarte sobre mis hombros ha
sido la mejor forma de evadir otros pesos. Eres igual que el
corazón. A veces ni recordamos que lo tenemos .Pasa inadvertido
si nada lo agita, pero en el momento preciso, da señales de estar
en su lugar.
Además de todo eso, algo me sorprendió grandemente.
Aprendí que el colibrí es el único pájaro que puede volar hacia
atrás. Esa es justamente una de tus cualidades que más valoro:
tu facilidad para volver al pasado y extraer la esencia de lo que
ya se ha transformado en nostalgia o en historia
¡Tengo tanto que agradecerte! Aún palpita en mí la
fascinación de nuestros primeros encuentros, tu timidez de
entonces, tus susurros, tus furtivas apariciones, y más tarde, tu
clara y completa identificación.
Eres la única criatura existente que puede empujar las
paredes de mi pieza hacia el infinito. Eres la única que puede
cambiar todas las cosas de lugar y volver a colocarlas como
estaban antes; y por supuesto, eres la única a quien se lo
permito. Gracias, porque tus recursos para excitar la
imaginación nunca fueron meras ilusiones ópticas. Tampoco tus
lenitivos fueron placebos, medicina inerte que tranquiliza la
mente sin atacar el mal.
Cuando veníamos subiendo juntas la ladera hacia la
vida, mirábamos el futuro lleno de fulgurantes promesas.
Cuando llegamos al punto mas alto, algunos desengaños nos
obligaron a retocar imágenes humanas y a cambiarles la
etiqueta a los amigos inestables. Pero en cualquier momento gris
de desilusión, tu siempre me recuerdas que lo eterno y lo
incambiable es lo que no se ve; que el Amigo a quien nunca
habrá que descalificar es Jehová, creador de la vida, Creador de
la inspiración.
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Tu me impulsaste a escribir tantas canciones, ¿no es


justo que yo te escriba una canción a ti ?

LA INSPIRACIÓN

¡Es tan dulce sentirte,


es tan fácil amarte,
y es por demás difícil definirte!
No quisiera arriesgarte ni perderte;
no podría cobarde amordazarte,
ni en una causa impura corromperte.

Llámame si compruebas que me alejo,


sacúdeme, si ves que me desvío,
y golpea sin tregua en mi conciencia
si me hallas traicionando nuestro acuerdo,
si te he dejado afuera y sientes frío.

Hemos subido juntas la cuesta de la vida,


veo los arreboles del ocaso.
El mundo gime sin hallar salida,
una gran muchedumbre apura el paso.
Los rediles de Dios se están colmando,
pues nadie puede replegar su brazo.

Quédate así, humilde, acurrucada,


no levantes la voz ,no te amedrentes.
Pasan gritando muchos que te ignoran,
en nada les conmueve lo que sientes.

Seguiremos andando,
la verdadera fe trabaja y ora.
No apartemos los ojos de la meta,
porque el tiempo es AHORA.
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En la vida del escritor hay lagunas de silencio que se


atraviesan con esfuerzo para retomar el camino. Pueden ser
causadas por periodos de depresión, por agotamiento, o por
negarse a si mismo ante el entusiasmo de una nueva meta, para
volcar toda la fuerza vital de uno en una causa sagrada. En ese
caso, el lago de silencio se convierte en una gema en el paisaje
de la vida, porque es una pausa que surge como una ofrenda a
Dios.
En mi camino surgió un lago de silencio que media
treinta años de circunferencia y tenia bastante profundidad. Su
superficie era un espejo tranquilo, pero en el fondo se agitaba la
añoranza de un medio de expresión reprimido, amordazado. Un
día logre armonizar todas mis metas .Las así fuertemente, como
un manojo de espigas maduras, y el lago de silencio quedo
atrás, adornando el paisaje de mis recuerdos. En esos treinta
años, Colibrí, muchas veces te acurrucaste sobre mi hombro con
tristeza. Me traías pequeñas porciones de néctar en tu pico, pero
yo las guardaba en el corazón sin transferirlas al papel.
Al alcanzar la otra orilla del lago, escribí algunos poemas
que circularon en copias sueltas, en manos de amigos allegados.
Para ellos, que amaban mis versos y los diseminaban por
extensas regiones escribí:

PAN SOBRE LAS AGUAS

Tras un largo mutismo llego aquel dulce invierno.


¡Había en mi tantas cosas luchando por surgir!
Recuerdos, impresiones, estados de la mente,
temas que ahogue en silencio y no quise escribir.
Sentí que algo oprimido se movía libremente;
mi voz paralizada recobro su expresión .
Muchas visiones vagas que había en mi pensamiento,
con contornos precisos entraron en acción.
Hoy escribo estas líneas para decirle gracias
a los que recogieron lo que he intentado dar,
y me lo devolvieron en consuelo y estimulo.
El pan que eche en las aguas hoy lo vuelvo a encontrar.
Mi corazón callado, introvertido,
viajaba en portafolios, se expresaba en reuniones,
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y surgieron amigos que no me conocían;


me envolvieron los ecos de otros corazones.
No es un merito propio todo el camino andado,
difundiendo en fragancias lo que tan hondo siento.
Muchos cortaron flores en mi huerto cercado
para esparcirlas lejos de mi terco aislamiento.
¡Cuánto les debo a todos los que el pan recogieron
para extenderme luego fundidas en su mano,
la acepción más profunda de la palabra amigo,
y la expresión más cálida de la palabra hermano!
Por favor, no me olviden y jamás interrumpan
este grato intercambio. Les doy mi dirección:
Vivo en una bahía clara, incontaminada,
delineada en la isla de la Meditación.
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CAPÍTULO 2

EL ÚLTIMO DIAGNÓSTICO

Ayúdame a aprontar el maletín con todo lo que puede


necesitar un profesional cuando va a visitar a un enfermo grave.
Necesito que me acompañes, colibrí, pues vamos a hacerle un
reconocimiento médico al viejo mundo, que ya esta
enfrentándose a sus últimos días. Debemos incluir el
estetoscopio y el tensiómetro Aun en estos casos cuando ya no
se puede solucionar nada, es necesario llevar y usar muchas
cosas, de otro modo da la impresión de que uno ya dio la batalla
por terminada y no está interesado en el paciente. Incluiremos
un buen colirio, para que la espesa contaminación ambiental no
nuble nuestros ojos ni nos impida ver la belleza de lo que el
futuro nos reserva.
Como suele suceder en tales ocasiones, los dolientes
rodean al enfermo y mentalmente están sacando cuentas sobre
la herencia. ¡Triste herencia de valores degradados que no
tendrán aplicación en la nueva era!

MUNDO DESAHUCIADO

¡OH pobre viejo mundo malogrado!


No existe un hospital donde internarlo:
no queda tratamiento que lo ayude,
ningún ungüento nuevo va a curarlo.
Su cráneo exhibe politraumatismo,
las guerras lo dejaron malherido.
Por el esfuerzo de elevar su imagen
tiene el riñón derecho desprendido.
Reboza su vesícula de cálculos,
porque anda tan mal la economía
en el pecho le han puesto un marcapaso,
su corazón ya casi no le latía.
Le han abierto la tráquea, no respira
solo un pulmón funciona fatigado.
A través de una cánula le llega
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su mísera porción de aire viciado.


Gritando al viento falsas alabanzas
para animar a los que lo apoyaron,
se esforzó hasta llegar a la afonía
y sus cuerdas vocales se gastaron.
La pierna de madera le molesta
y los dientes postizos están flojos.
Tiene un brazo de goma tieso y torpe.
es parcial su visión, le falta un ojo.
Su amargura de bilis derramada
le ha conferido un tinte amarillento.
Sigue eructando su pesada historia
mal digerida en un proceso lento.
Le aplican inyecciones de esperanza,
le hacen transfusiones de optimismo,
pero nada detiene el deterioro.
¡ Ya no puede vivir consigo mismo!
Un nuevo mundo sano está avanzando,
se preparan sus músculos de acero
para forjar un porvenir glorioso,
que surgirá después de la hora cero.

Cuando alguien está al borde de la muerte, es común oír


muchas oraciones junto a su lecho. Al viejo mundo también lo
acompañan con sombrías preces y emotivos ruegos de
recuperación. Un elevado dignatario de la cristiandad, aclamado
por su numerosa grey, está recorriendo la tierra, besando el
suelo de cada país, e impartiendo bendiciones a este pobre
enfermo irrecuperable que pasa en tinieblas sus días finales.
¿Sabías que el momento más tenebroso de la noche es
justamente antes de romper el alba? La oscuridad se hace total,
y entonces entra gloriosamente el nuevo día. Eso mismo está
sucediendo en la escena mundial. Estamos viviendo las horas
sombrías de la historia, justamente antes de despuntar el primer
milenio del Reino de Dios.
“Amén” es una palabra hebrea que significa “verdad”,
“ciertamente”, ”así sea”. Fue adoptada por muchos idiomas y es
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una firma que le ponemos a la oración cuando expresa nuestros


sentimientos. Sé que tu amen se unirá al mío para sellar esta...

PLEGARIA TARDÍA

El momento más denso de la noche,


la más sólida faz de las tinieblas,
el tono más dramático y sombrío
que la extensión de los espacios puebla,
es ese lapso de suspenso y calma,
es esa quieta y expectante hora
en que las sombras deben replegarse
porque está lista para entrar la aurora.

Hoy la noche del mundo está empujando


su negro cortinado en el vacío.
La escena va a cambiar, una luz nueva
la llenará con impelente brío.
Pero antes que amanezca el nuevo día,
antes que resuelva la obstinada porfía,
y el antiguo adversario se desplome vencido,
descendiendo al abismo por mil años dormido,
dirige, Dios, tus ojos paternales,
y escudriña las almas que vagan extraviadas
por todos los caminos terrenales
que llevan al abismo sin fondo de la nada.
Hundidos en el lodo del mundanal pantano,
buscan en el vacío quien les tienda una mano.
Ciegos y desvalidos, sin poder avanzar,
tal vez apenas gimen, sin ánimo de orar.

Hay muchos que deploran el haberte ofendido


y otros que se lamentan por el tiempo perdido.
Hay corazones buenos que están en un letargo,
no permitas que tengan un despertar amargo
ante umbrales muy fríos, ante puertas cerradas,
ante oportunidades siempre negadas.
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¡Extiéndeles tu mano en esta oscura hora


para que se incorporen frente a la nueva aurora!

El mundo agonizante todavía tiene algunas falsa alegrías.


Disfruta de las cosas que producen mucho ruido: las diversiones
estrepitosas, los bailes agitados, las aclamaciones y los aplausos
a los héroes del deporte y del entretenimiento. Aguantaremos
mejor su insana bulla pensando que...

DESPUÉS VENDRÁ EL SILENCIO

Pronto esta apaleada tierra,


este planeta triste y perturbado,
ha de abrigarse con un manto nuevo,
distinto a todo lo que hubiera usado.

Un manto de silencio
urdido en los telares celestiales
con hilos de sosiego,
con madejas de paz que se devanan
y corren suavemente entre los dedos.

Un silencio bendito, sin quejidos,


sin gritos de dolor ni maldiciones,
sin horror ni metralla,
sin coches patrulleros;
sin sirenas ni alarmas
ni veloces corridas de bomberos,
sin protestas obreras por un paga escasa,
sin lamentos de madres
reclamando algún hijo que nunca volvió a casa.
Un silencio cual música sublime
sin nada que su esencia contamine.
Sin labios que se muerdan para apagar un grito;
sin manos anudadas
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porque conviene más que no se suelten.


Sin piernas refrenadas
porque de nada vale que corrieran.
Sin vientres por el hambre contraídos,
sugiriendo apetencias no saciadas
en la inclemencia de un invierno frío.

Silencio de los campos cultivados


con semillas dormidas en su seno.
Mutismo de las bestias reclinadas
después de un día de trabajo intenso.
Silencio de los niños que descansan
aunque las puertas no se hayan cerrado,
y de padres que oran dando gracias
porque el nombre de Dios se ha vindicado.

El mundo también se burla con risa hueca de los que


tienen una esperanza diferente. Vamos a darle un motivo mas
para reír. Dejaremos que nos vea viviendo sobre el plano de una
casa antes de construirla. Podemos darla por hecha desde ya,
pues en el nuevo mundo, todos los arquitectos serán amigos
nuestros. La Biblia dice:”La fe es la expectativa segura de las
cosas que no se contemplan.”(Hebreos 11: 1).
Por eso, desde ahora podemos albergarnos en nuestra
casa del futuro, aunque solo tengamos un...

DIBUJO LINEAL

Señor arquitecto, le encargo mi casa.


dibuje en los planos ventanas muy amplias
que muestren la vida que se mueve afuera,
el cielo y las nubes, la gente que pasa.
Quiero una terraza
desde donde pueda mirar las estrellas,
y un sótano extenso, para guardar cosas
queridas por viejas.
Yo voy a ayudarle
a llenar las vigas de espeso cemento.
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Que queden bien firmes


aunque el suelo tiemble, aunque brame el viento.
No ansío una casa
en la que me encierre mirando hacia adentro,
ignorando el frío que sufren afuera
porque no lo siento.
Haga un balcón grande donde auscultar pueda
el latir del tiempo.
Que lleguen las ondas sonoras que viajan
con mensajes puros del espacio eterno.
No he deseado nunca
vivir en la casa que edifica el necio,
riendo sin tregua mientras otros lloran,
contando monedas mientras otros oran.

En el patio abierto voy a plantar parras


y un pino que atraiga las aves del cielo
a sus nobles ramas.
No se necesitan cajas empotradas
ni cofres secretos.
Lo mejor que tengo,
ya está a buen resguardo pues lo llevo dentro.
En cuanto a ese hueco que queda en el medio,
podría ser un vasto salón de reuniones
para largas charlas , para evocaciones.
Señale en el techo
el lugar de una lámpara blanca
que su luz inexhausta derrame,
duplicando los días que huyen
en espejos de nítida imagen.

Es en esa sala donde me propongo


tener un reencuentro
con todos los rostros que se han asomado,
tanto de los vivos como de los muertos,
en distintos marcos ,en distintas horas,
a mirar mi vida.
No solo los gratos y los amigables,
no solo los dulces y los comprensivos
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También hubo otros, quizá por mi culpa,


que se separaron con un gesto esquivo.
¡Qué placer exquisito seria
recibirlos y verlos de nuevo,
sin ninguna raíz de amargura,
limados y suaves, pulidos y tersos,
menguados en bríos,
igual que esas piedras
que va redondeando el vaivén del río!
Y que me dijeran:
-Tú también con el tiempo has cambiado;
tu amistad es un ánfora fresca
donde el labio descansa confiado
en busca del agua que anima y refresca.

Por eso le digo , señor arquitecto,


no dibuje una casa mezquina
en que se calcule todo lo que cabe;
reservada, austera,
que parezca un arca de antaño cerrada,
en que fuera inútil probar cualquier llave.
Que sea mucho mas
que un hogar de tantos que al pasar se olvidan.
Que a el vuelvan siempre los que aman la vida,
los que Dios bendice, porque siembran paz.
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CAPITULO 3

¡NO ENVEJEZCAN A LOS NIÑOS!

Estuve hojeando un álbum en que guardo recortes de


periódicos que tienen que ver con hechos insólitos. Volví a
detenerme en uno que me sacudió al leerlo, hace casi veinte
años. Pertenece al “Buenos Aires Herald” del 31 de enero de
1970, y se titula: “niño brasileño muere de vejez .”Informa que
Jomar Enrique Da Silva de una localidad de Brasil llamada
Victoria, empezó a envejecer y a arrugarse a la edad de cinco
meses, luego perdió el cabello y los dientes, y a los doce años
falleció de un ataque al corazón , como es común en la edad
avanzada. De esta extraña enfermedad que la ciencia llama
progeria, se conocían en 1970 solo doce casos en el mundo. Mas
tarde la prensa hablo de otro acontecimiento idéntico en el
norte argentino.
Deben haber aparecido algunos casos aisladamente en el
pasado, porque en su libro “Resurrección”, León Tolstoi comenta
que algo que nunca pudo olvidar de sus viajes a través de Rusia,
fue el ver a un niño completamente envejecido en los brazos de
su madre.
Últimamente, los niños están envejeciendo de golpe a
causa de la insensatez de los gobernantes, que han llegado a
extremos incalificables al interpretar el viejo refrán que dice “el
fin justifica los medios”.Ahora hasta los niños son usados en la
guerra, poniéndolos en las primeras filas, a fin de que los
soldados mayores y bien entrenados no mueran en los ataques
iniciales. Así sucedió en Viet-nam y ahora sucede en la absurda
guerra civil religiosa del Líbano y en la lucha de países árabes.
Estos adolescentes han saltado desde las fantasías de la tierna
infancia, al dolor del desengaño, a la amargura de no saber que
creer y que esperar. La iniquidad los esclaviza cada vez mas
temprano. Últimamente los jefes guerreros del Medio Oriente
han encontrado utilidad para los mas pequeños también.
Brigadas infantiles entre las edades de cuatro y doce años, han
prestado servicios como barreminas. Se les mandaba a los
campos minados con una camiseta que llevaba impresa en la
espalda la palabra “Mártir”. Al enviarlos en su misión suicida,
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les colgaban del cuello una llave de material plástico,


asegurándoles que era la llave del paraíso, garantizándoles la
entrada inmediata a tal lugar ideal, cuando una mina estallara
a su paso. Así se les preparaba para sacrificar una vida que no
habían tenido tiempo de gozar, con el fin de librar de peligros a
los soldados que transitarían por allí.
Antes, los mayores se jugaban la vida para proteger a los
niños. El honor dictaba que las mujeres y los niños ocuparan los
botes salvavidas primero y los hombres, si era inevitable, se
hundieran con el barco.
Estamos en un mundo de niños avejentados a la fuerzas
una epidemia de progeria implantada. Tales procesos invertidos
obligan a la vejez a presentarse antes que la niñez haya tenido
tiempo para disfrutar las galas de la inocencia. La vida seria mas
llevadera sin el conocimiento de estos hechos, como dice
Eclesiastés 1:18 “...el que aumenta el conocimiento aumenta el
dolor”.Pero, necesitamos saber que pasa a nuestro alrededor
para entender los juicios de Dios hacia la humanidad.
En el pueblo de Jehová, protegemos a los niños con la
esperanza verdadera. Amortiguamos el impacto de la realidad
triste que nos rodea, llenando la mente de ellos con cuadros
hermosos y enseñanzas fortalecedoras. Nuestros niños
entienden que la llave del Nuevo Paraíso no es un objeto barato
de material plástico que se derrite ante el fuego. Es inalterable y
resiste cualquier prueba como el oro; como la verdad misma
que nos aconseja conseguir, retener y valorar como el
oro.(Revelación 3:18)Jehová es quien tiene esa llave , y la usara
de acuerdo a su justicia.
Ayúdame Colibrí, y dejaremos flotando sobre las aguas
este pan que hemos amasado para los niños. Algún día una
breve boquita recitara estos versos, o alguna niña nos dirá que
soñó con las andanzas de Calalily.
El hombre es la única criatura carnal que ríe y se
ruboriza. Estas son expresiones exclusivas de los humanos que
representan sentimientos que los animales no experimentan. La
hiena produce un sonido escalofriante, muy parecido a una
carcajada, pero no es una expresión de gozo, sino un grito de
guerra, una amenaza.
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Dios nos hizo a su imagen y semejanza. El es un Dios feliz,


como lo expresa 1Timoteo1:11.Hay ocasiones en que Dios tan
bien ríe, como señala Salmo 2:4.
Amiguito: no pienses que tu, por ser pequeño no puedes
hacer nada por nosotros, los mayores. Tu sola presencia en el
pueblo de Dios es una inspiración. Estas despertando en
nosotros sentimientos de ternura que no deben entorpecerse.
Además, hay algo valioso que puedes darnos y que nos
enriquecerá:

REGÁLANOS TU RISA

El rubor y la risa son dones exclusivos


con que Dios dotó al hombre, y no existe animal
que exprese así su gozo, sus estados mentales,
o que pueda imitarlos con un efecto igual.

Los que en verdad te quieren anhelan tu sonrisa,


los que te dieron vida quieren verte gozar,
elevando a los cielos tu gratitud sincera,
expresando emociones que no debes ahogar.

Tu conciencia ahora es clara como la luz del día,


no profiere gemidos ni encubre cicatriz.
Permite que Dios guíe tus pasos y tus sueños.
El sonreirá contigo porque es un Dios feliz.

La gente que no ama al creador de todo,


con falsas alegrías disfraza su temor.
Deja que el mundo ensaye la risa de la hiena;
Jehová ha de reír último, para reír mejor.

Nos gustaría que no solo disfrutaras jugando, sino también


aprendiendo. Investigar nuevas cosas es deleitable, a la vez que
provechoso. Nuestro idioma posee una gran riqueza de
expresión. Las matemáticas tienen una fascinación particular.
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Así sucede con todas las demás materias que te presentan en la


escuela, si las enfocas correctamente. Para ayudarte a ver lo
divertido que resulta aprender, te invitamos a gozar de dos
grandes acontecimientos, un banquete y un baile.

EL BANQUETE DE MARIA GRAMÁTICA

Doña Maria Gramática, muy intrigada, abrió la carta que


acababa de recibir. El membrete del Ministerio de Cultura de la
Nación indicaba algo más serio que las consultas de estudiantes
que periódicamente llegaban a sus manos. ¡Qué privilegio! Se le
pedía que recibiera a una delegación de estudiantes extranjeros
que pasaría algún tiempo en el país y deseaba familiarizarse con
el idioma español.
Pensando en la mejor manera de enfrentar esa grata
responsabilidad decidió preparar un banquete, invitar a los
estudiantes viajeros, y presentarles a los nueve componentes de
la oración que forman nuestro idioma.
Redacto con impecable lenguaje las invitaciones, como
era digno de ella, con el día , la hora, y una suplica muy gentil
para que no rehusaran el honor de su presencia a tan agradable
ocasión.
El Nombre fue el primero en llegar y la señora Gramática
lo invito a ocupar el lugar principal en la cabecera de la mesa.
Minutos después llego el Verbo, y después de saludar, dijo un
poco desilusionado:-Tuve que apresurar el paso, casi corriendo y
atropellando para llegar a tiempo, porque el transito se suele
aglomerar, retrasar y congestionar a esta hora. Presumí, deduje,
o creí entender, que yo debía presidir , dirigir o superentender
este banquete. Por favor, señora Gramática, no lo tome como
una queja. Es tan solo una expresión de sorpresa. Tal vez le he
dado demasiada importancia a mi privilegio de marcar la acción
y determinar el tiempo en que esa acción sucede, sucedió o
sucederá.
Maria Gramática razono con el amablemente:- ¿A que le
darías acción y tiempo si no pudieras nombrarlo? Todos los
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seres existentes le dan mucha importancia a su nombre. Es lo


que mas nos interesa de ellos al conocerlos. Los objetos
inanimados también necesitan ser identificados por su nombre.
Por eso, el sitial de honor en el idioma le corresponde al
Nombre.
En ese momento entraron en la sala la Conjunción, el
Adjetivo y el Adverbio. Casi enseguida entro una muchacha vivaz
y desenvuelta en sus modales, atractivamente ataviada con un
vestido estampado en colores muy llamativos. Era Interjección
que venía junto con el Adjetivo, conversando animadamente.
Eran buenos amigos entre si y siempre se habían entendido muy
bien. Maria Gramática les señalo sus lugares en la mesa.
Por último entro el Pronombre, vestido con mucha
dignidad, y con él, el más pequeño de los invitados, el Artículo y
una señora muy discreta, la Preposición. La dueña de casa
había tomado la precaución de colocar dos almohadones sobre
la silla del Artículo para estar segura de que alcanzaría la
altura de la mesa.
Los nueve dialogaron animadamente por un rato. De
pronto, Maria Gramática se acerco a la ventana, al oír que se
detenían vehículos frente a la casa. Efectivamente, los invitados
habían llegado en tres autos y estaban por llamar a la puerta.
Después de un intercambio de saludos, María Gramática
los invito a sentarse rodeando la larga mesa enmantelada y
adornada con un llamativo arreglo floral en el medio, luego tomo
la palabra:
-Antes de la comida deseo presentarles a mis
inseparables colaboradores. El honor de ocupar la cabecera de la
mesa se lo he concedido al Nombre, también llamado Sustantivo.
Sin el ninguno de los demás componentes de nuestro idioma
podrían actuar o desenvolverse, como tampoco podría hacerlo
ninguna persona en el mundo de los vivientes que no tuviera un
nombre que los identificara. El Dios Todopoderoso no se dejo a si
mismo sin un nombre. Eligio una forma del verbo ser en hebreo,
de modo que su nombre exclusivo, insustituible, es Jehová, que
significa “el causa ser”; en otras palabras, la primera causa de
todo lo que existe.
El Nombre, que se había puesto de pie para saludar a los
extranjeros, volvió a tomar asiento, y Maria Gramática le hizo
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señas al Pronombre para que se levantara. Le pidió que se


presentara el mismo y explicara sus funciones.
-Yo tengo el privilegio de ocupar el lugar de su excelencia
el Nombre, para que él no se fatigue por demás al aparecer en
público tantas veces.-
La dueña de casa dirigió ahora su atención al verbo, que
estaba a la izquierda del Nombre en la mesa :
-Es un honor para mí presentarles al Verbo, que en todos
sus tiempos y modos representa la vida, la acción ,el movimiento
y el progreso de todo. De aquellos que usan con gracia y fluidez
los medios de expresión, se dice que tienen un verbo ágil,
mientras que de los poetas se ha dicho que poseen un verbo
iluminado. El Hijo de Dios, en su existencia celestial primitiva,
fue llamado el Verbo, porque era la palabra de Dios en acción, al
poner por obra sus decretos.
Después del Verbo fue presentado el Adjetivo, que tiene la
importante misión de acompañar al Nombre y calificarlo,
señalando características y rasgos. Su pequeño discurso fue
apreciado por todos.
-En esta grata y memorable tarde, en esta casa amplia y
hospitalaria, viendo a través de las pulcras ventanas ese jardín
lleno de coloridas y perfumadas flores, disfrutando del
compañerismo de ustedes, cálido y reconfortante, les aseguro
que el recuerdo de esta singular ocasión será imborrable.
Del Artículo, tan pequeño que casi no atrae atención, se
dijo que tiene el privilegio de preceder al Nombre y anunciar su
presencia, creando expectativa por su aparición.
Del señor Adverbio se dijo que es un excelente
acompañante del Verbo y el Adjetivo para atemperarlos en sus
acciones, calmar sus impulsos, o avivar sus sentimientos si
reaccionan con indiferencia. Es la fuente de consulta siempre
bien dispuesta a responder dónde , cuándo, cómo y cuánto;
señalando el sí y el no, o esfumando las expectativas con un
quizás. Se le invitó a identificarse ante los visitantes, y lució sus
habilidades en una breve disertación :
-Aquí y allá, ayer, hoy o mañana, mejor o peor,
rápidamente o lentamente, dondequiera que sea, me verán
cumpliendo mi misión de señalar el tiempo, el lugar, el modo, la
cantidad, la duda, la afirmación y la negación. Ciertamente y
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efectivamente, trato de hacer honor a mi misión, y nunca jamás


quisiera traicionarla.
La Preposición, sobriamente ataviada, fue invitada a
hablar a continuación. Con su habitual modestia dijo:
-Siempre me he sentido pequeña, insignificante frente a
mis compañeros. Mi misión es solamente relacionar las ideas
que los otros expresan. Mis apariciones junto a los demás son
breves, simplemente para señalar posiciones con una palabrita
como por, para, contra, o ante. No importa si paso inadvertida
para la mayoría. Me satisface saber que a pesar de mi pequeñez
hago falta y contribuyo a la claridad de las frases.
Después de ella habló otra respetable dama, la
Conjunción, conocida por sus fervorosos esfuerzos a favor de la
unidad entre los que componen la oración. Ella se expresó así en
presentación:
-Mientras la señora Preposición hablaba, yo pensaba,
aunque no dejaba de prestar atención, que mi misión es
parecida a la de ella, puesto que ambas causamos enlaces y
relaciones. Yo intervengo discretamente con para, contra, ante,
sobre, hacia o hasta, con o sin, uniendo declaraciones que de
otro modo parecerían ajenas entre sí. Soy feliz al conservarme en
mi lugar, y poniéndome a la disposición de los demás.
Después de tales presentaciones, María Gramática
anunció que iba a servir la cena.
La Interjección se puso de pie de un salto. Estaba
preciosa con su vestido estampado en colores brillantes. Una
mal disimulada indignación encendía sus mejillas, haciendo
resaltar más su belleza.
-¡Caspita! Se ve que tenemos huéspedes muy importantes
en este banquete.¡Ole! Tanto es así, que a mí me han ignorado
por completo, ¿eh? Si estoy de más me voy, pero me van a echar
de menos. (¡Ojalá!) Y si da lo mismo que exista o no, ¡pardiez!,
recuerden que en ausencia mía no van a tener derecho a decir ni
¡ay!, si alguien les pisa un callo.
La señora Gramática se disculpó abochornada:-¡No, por
favor, no te vayas! Fue un olvido imperdonable, chica. Siempre
estás presente entre nosotros, porque no podemos alegrarnos.,
ni asombrarnos, ni desahogar una pena sin recurrir a ti. Me
alegro de que seas tan impulsiva para defender tu lugar, de
Pan sobre las aguas 21

otro modo te hubieras ido con esa mala impresión y no


hubiéramos podido reparar este error. Por favor señores,
permítame presentarles a la expresiva señorita Interjección,
insustituible colaboradora de todos, que honra nuestra pequeña
fiesta con su presencia.
La cena fue un despliegue de deleitables platos y todos
disfrutaron mucho. En la conversación de sobremesa, uno de
los estudiantes extranjeros le preguntó a la señora Gramática
que pensaba de las expresiones populares que se introducen en
el diccionario pretendiendo que se les ponga a la altura del
verdadero castellano.
Doña María comentó :-Tuve algunos altercados con la
Real Academia Española, ante su resistencia a aceptar nuevas
palabras y expresiones que la gente va adoptando, según sus
necesidades y preferencias. Un distinguido profesor comentó que
es una injusticia que gran parte del idioma castizo no se conozca
ni se use, y en cambio se pretenda seguir introduciendo
palabras nuevas. Arguyó que el diccionario ya está bastante
gordo y bien nutrido y no es necesario seguir alimentándolo
hasta producirle hipertensión. Pero la gente hace el diccionario ,
y al final consiguen que sus expresiones predilectas se adopten
legalmente. Yo mantengo una actitud tolerante, reconozco que
cada lado tiene su parte de razón, y trato de equilibrar los
extremos.
El grupo visitante se despidió cerca de medianoche
agradeciendo la hermosa velada y los manjares compartidos.
Todos estaban de acuerdo en que es provechoso y divertido
ensanchar el saber.

EL BAILE DE LOS GUARISMOS

Los maestros prepararon


Al fin de año escolar,
un baile de despedida
con un cariz singular.
Cada número daría
Pan sobre las aguas 22

un discurso de memoria,
destacando sin alardes
lo mejor que había en su historia.

Cuando comenzó el programa,


preparado con esmero,
después de un rato de música
fue invitado a hablar el Cero.

-Sé muy bien que no soy nada


si a la izquierda me desplazo,
más si estoy a la derecha,
mis ilustres compañeros
quieren tomarme del brazo.
Los romanos me ignoraron
en sus cifras elegantes,
pero gracias a los árabes
fui introducido en Europa
codeándome con mercantes.

El Uno, muy bien plantado,


Se expresó con sobriedad:
-Represento la excelencia,
lo entero y sin retaceos,
lo primero en calidad.
No me desmiente ninguno,
Porque no ando con rodeos.
“Y el Padre somos uno”
dijo Jesús señalando
esa sagrada unidad.

El Dos dijo sin ambages:


-Represento a la pareja
que cimienta la familia,
y a los que se unen fieles
en un proyecto oportuno.

Por eso la Biblia dice:


“Mejores son dos que uno...”
Pan sobre las aguas 23

Desde tiempos muy remotos


lo que ante la ley se afirma
se certifica conmigo.
En pleitos, bodas, negocios,
se requieren dos testigos.

El Tres destacó su fuerza:


-Represento intensidad;
subrayo enfáticamente
poder y pluralidad.
Eclesiastés nos recuerda
en su lenguaje docente,
que cuando es triple la cuerda,
no se rompe fácilmente.

Dijo el Cuatro al presentarse,


muy dueño de sus cabales:
-En mí ven armonizarse
equilibrio y simetría,
conceptos universales
Cuatro son los grandes vientos
y los puntos cardinales.
Cuatro son los atributos
sobresalientes de Dios,
poder y sabiduría
la justicia y el amor.

Lo siguió su compañero:
-Me han denominado Cinco
y ando siempre con sombrero.
Trabajo con gran ahínco
por ser la mitad de diez.
Honran mi cifra los dedos
de las manos y los pies.
“Ya no nos queda ni un cinco,”
dicen los que están en crisis,
Me asocian con los famosos
jinetes de Apocalipsis.
Pan sobre las aguas 24

El Seis dijo honestamente:


-Represento lo incompleto
al estudiar profecías.
No compito con el siete
que inspira tanto respeto,
pero hago lo que puedo.
Las grandes extremidades
de Goliat, tenían seis dedos,
y la Biblia me triplica
para señalar la bestia
feroz de Revelación.
En cierto modo me apena,
Pero ,sin falsa modestia,
soy popular en el mundo,
por ser la media docena.

El Siete habló con acierto:


De antaño viene mi fama;
aparezco enumerando
los días de la semana.
Me aluden las profecías,
los temas espirituales,
la gama del arco iris
y las notas musicales.
Soy la medida simbólica
cuando hay mucho que afirmar.
Por setenta veces siete
hay que saber perdonar.

El ocho lucía elegante


con su cintura ajustada.
El nueve habló parcamente,
tenía la cabeza hinchada.
El Diez, todo un caballero,
vestía su mejor ropa.
-Represento lo completo
en el plano terrenal.
Sabe todo el que me invoca
que soy el eje y el alma
Pan sobre las aguas 25

del sistema decimal.


Diez plagas soportó Egipto,
Moisés dio diez mandamientos.
Se simbolizan con diez
las pruebas y el sufrimiento.

(Revelación 2:10)

Por último subió el Doce


y ocupó la plataforma.
-Manifiesto lo completo
de acuerdo a divinas normas.
Doce meses tiene el año.
Para surtir la alacena,
hay muchas cosas deseables
que se compran por docena.
Jacob, el patriarca fiel,
tuvo doce hijos varones
de los cuales descendieron
doce tribus de Israel,
Jesús tuvo doce apóstoles
cual cimientos secundarios,
en los que afirma sus muros
la Nueva Jerusalén,
que, aparte de Dios y Cristo,
para brindarnos sostén,
tiene un personal sagrado.
¡Doce veces doce mil,
me siento privilegiado!

La fiesta fue un gran suceso


que cerró con digno broche.
Se repite año por año
y dura hasta medianoche.

Allí las cifras se enlazan


formando miles y cientos;
bailan en sumas y restas,
Pan sobre las aguas 26

disminuciones y aumentos.
Aunque tengan muchos planes
de deportes y turismo,
mejor que nadie se pierda
el baile de los guarismos.

EL VIEJO PROBLEMA

Hermano Gómez, disculpe,


yo tengo un problema urgente
y necesito la ayuda
de algún superintendente.
¿Qué le digo a la maestra?
Me tiene un poco mareado
con un asunto difícil
que a la clase le ha planteado.
Según ella, la gallina
tuvo que salir de un huevo,
y el huevo a su vez no pudo sin la gallina existir...
¿Cuál apareció primero?
¡Difícil de discernir!

-La cosa es clara, Carlitos,


si el principio te imaginas
y lo analizas de nuevo.
Pues , Dios creó a la gallina,
ésta después puso un huevo,
que, empezando la cadena,
fue gallo o gallina luego,
ya que el hombre no existía
para incluirlo en su cena.
Así el asunto planteado
y por siglos arengado,
nunca ha valido la pena.
Esta cuestión debatida
para entretener ateos,
no debes tomarla en serio.
Pan sobre las aguas 27

Dios estaba allí primero,


eso resuelve el misterio.

CALALILY Y POLICARPO

Ramiro y Blanca Durand vivían en una hermosa llanura


llamada Campoluz, en una pequeña casa de campo rodeada de
árboles frutales. Ramiro tenía que caminar un largo trecho hasta
la ruta donde estaba la fábrica de cerámicas en que trabajaba,
pero era un placer hacerlo.
El dueño de la fábrica, un inglés llamado Teddy Gilbert,
hacía muchos años que vivía en América del Sur y no tenía
intenciones de volver a su país. Visitaba frecuentemente la casa
de Ramiro con su esposa, una criolla corpulenta y bonachona.
Su piel morena y su cabello negro y lacio, la hacían muy
diferente de las mujeres inglesas ,que por lo general son rubias y
de ojos claros.
Los Durand los invitaban a almorzar cada tanto y
disfrutaban de su animadora compañía. Un hermoso domingo
de primavera, al llegar los Gilbert se detuvieron delante del
cantero largo de calas que Blanca había plantado al costado de
la casa, el cual estaba en plena floración. Blanca comentó que
esa era su flor predilecta. Mister Gilbert preguntó el nombre de
la flor en español y Blanca preguntó el nombre en inglés.
-“Cala-lily” –dijo Mister Gilbert-.Se podría traducir “lirio-
cala”,ya que se les llama “lily” en inglés a las flores de la familia
de los lirios.
El nombre sonaba muy grato al oído de Blanca, digno de
la flor que le agradaba tanto.
Ramiro y Blanca eran felices y vivían sin preocupaciones,
pues el sueldo de él era suficiente para sus gastos. Amaban su
casita de campo y su bien cuidado huerto. Un año después, llegó
lo que les faltaba para completar el gozo. Blanca dio a luz una
niña rubia, de piel rosada, que prometía ser el tesoro de la casa.
Recordando el nombre inglés de su flor predilecta, quiso llamarla
Calalily.
Pan sobre las aguas 28

Cuando la niña recién empezaba a caminar, Ramiro


volvió un día a su casa con una sorpresa. Un vecino le había
ofrecido un pollino casi recién nacido y él lo había comprado
pensando en el gozo de Calalily cuando la pasearan sobre él.
Ensancharon un poco el galponcito de las herramientas, y allí el
asno tuvo su vivienda. Necesitaba un nombre, y Blanca,
recordando una historia que había leído en su niñez, lo llamó
Policarpo.
Calalily y Policarpo llegaron a ser grandes amigos que se
querían entrañablemente. El asno, como el caballo, conoce a
quién lo trata bien y paga con fidelidad la bondad que le
muestran los humanos.
Innumerables veces, bajo la mirada vigilante de sus
padres, Calalily dio vueltas alrededor del huerto, y por los
caminos cercanos, disfrutando del trotecito lerdo de Policarpo.
Un día, sucedió algo muy hermoso que dio más sentido a
la vida de aquella familia. Un joven respetuoso y de buena
presencia, llegó en bicicleta a la puerta de la casita, un domingo
por la mañana, y habló largamente con Ramiro y Blanca.
Llevaba la Biblia y libros que ayudaban a entenderla. Empezó a
volver, semana tras semana, para conducir un estudio bíblico
con ellos. Siempre se detenía a explicarle algunos puntos del
estudio a Calalily, y esto la hacía sentir muy bien, porque una
persona mayor estaba demostrando interés en que ella
entendiera bien las cosas.
Un poco más adelante , su propio padre comenzó a
enseñarle con el libro “Historias Bíblicas”. Concurrían
regularmente a las reuniones y no tardaron mucho en
participar en la predicación con Ricardo, el precursor que les
había llevado la verdad, y los otros hermanos de su congregación
rural. Dos veces concurrieron a una asamblea de circuito en
ciudades cercanas. Los vecinos se encargaban de alimentar a
las gallinas, a Fidel, el perro, y a Policarpo, el asno, cuando ellos
se ausentaban por unos días. Ahora se acercaba un
acontecimiento mayor: la asamblea de distrito en la capital.
Ramiro y Blanca le preguntaron a Ricardo si consideraba que
estaban preparados para el bautismo. Las sesiones de estudio se
intensificaron y el precursor les dedicó más tiempo que el de
costumbre, porque antes de la asamblea quería pasar una
Pan sobre las aguas 29

semana de vacaciones con sus padres, y hacer con ellos el resto


del camino.
Calalily escuchaba con profundo interés las explicaciones
de Ricardo en cuanto a la importancia del paso que iban a dar
sus padres. Buscaba en su propia Biblia al mismo tiempo que
ellos, los textos que citaba el precursor. Le impresionó mucho
Hechos 2: 38 y la enfática explicación de Ricardo, mostrando
que , al fin de su discurso en el Pentecostés, Pedro había
hablado del bautismo como indispensable para la salvación. De
acuerdo con Amós 3: 3,estaba claro que había que hacer una
cita con Jehová para encontrarse con Él en un punto, y seguir
andando con Él toda la vida . El bautismo es ese momento feliz,
el punto de encuentro, el comienzo de algo maravilloso y
duradero.
Calalily tenía seis años y ya leía bastante. Preguntó si ella
también se podía bautizar. No entendía por qué intercambiaron
miradas y sonrisas. Le explicaron simplemente:-El bautismo es
algo muy serio. No es para niños que recién empiezan a ir a la
escuela.
Ricardo se fue de vacaciones. Ramiro y Blanca iban al
pequeño Salón del Reino en casa de la hermana Domínguez una
hora antes de la conferencia bíblica, para participar en un
examen de doctrina que los capacitaría para el bautismo.
Calalily mientras tanto jugaba en la vereda con los niños de
otros futuros hermanos que también participaban en el estudio
de preparación para el bautismo. A ellos les preguntaba:
-¿Vas a bautizarte junto con tus padres?
-Me han dicho que tengo que esperar hasta que sea más
grande. Era la contestación de todos.
-Pero, -insistía Calalily-, Ricardo el precursor, nos mostró
en la Biblia que si uno no está bautizado no se salvará, y yo
quiero salvarme con papá y mamá.
Evidentemente, aquella idea se estaba convirtiendo en
una obsesión para la niña rubia. Nadie le daba una respuesta
satisfactoria, porque no percibían que el temor de no entrar al
Nuevo Mundo con sus padres era un buril que horadaba su
pequeño corazón.
Ahora, Policarpo ya tenía cuatro años y se había hecho
tan confiable y bien dispuesto, que muchas veces sus padres le
Pan sobre las aguas 30

permitían dar la vuelta a la gran manzana rodeada de pequeñas


fincas cultivadas, ella sola, montando a Policarpo, seguidos por
Fidel, el perro, que los cuidaba celosamente.
Dos días antes de la asamblea, Calalily concibió un plan
muy audaz para satisfacer la urgente necesidad de una
respuesta a su pregunta. Sus padres planeaban salir muy
temprano a una ciudad cercana para un chequeo médico y la
iban a dejar durmiendo en casa. La hermana Domínguez, que
vivía cerca, vendría un poco más tarde para despertarla y darle
el desayuno.
Calalily había dejado las cortinas de la ventana
descorridas para que la luz del sol la despertara. Poco después
que sus padres habían salido, se vistió apresuradamente, comió
un pedazo de pan casero y una banana, y se dirigió al galpón
para despertar a Policarpo. Fidel inmediatamente estuvo al tanto
de que algo anormal acontecía, y en cuanto Calalily montó a
Policarpo, él se dispuso a seguirlos de cerca como otras veces.
La mañana era bella y plácida. Los vecinos dormían o
estaban ocupados dentro de sus casas. Las pequeñas fincas y
las casitas iban quedando atrás. Las sierras cubiertas de
vegetación, cruzadas por arroyuelos cantarines, llenas de menta
y otras hierbas aromáticas, con sus faldas cubiertas de flores
silvestres, estaban cada vez más cerca.
Calalily recordaba muy bien el camino que llevaba a la
casa de los hermanos Graciani, después de pasar una pequeña
bodega. Había estado allí con sus padres en varias ocasiones. El
esposo era un siervo ministerial en una congregación lindera.
Sin duda el iba a contestarle su pregunta.¡Qué difícil de
entender era la gente grande! ¿por qué les hacía gracia que ella
estuviera tan preocupada por salvarse? ¿Qué sucedería si el fin
viniera pronto y ella aún no se hubiera bautizado porque todos
pensaban que era demasiado pequeña? ¿por qué nadie tomaba
en serio sus preguntas?
Eran ya como las once de la mañana cuando divisó la
casita de los Graciani. La hermana Graciani estaba tendiendo la
ropa recién lavada cuando la reconoció. No podía creer en lo que
veía. ¡Calalily venía sola, con su asno y su perro! La niña tenía
hambre, Policarpo parecía muy cansado, y Fidel tenía la lengua
afuera y estaba dando vueltas buscando agua para beber.
Pan sobre las aguas 31

Gladys Graciani atendió a las necesidades de los tres.


Recordando “El Cantar de los Cantares” le dio a la niña una
manzana y pasas de uva, tal como pedía la sulamita para
recobrarse del agotamiento,, y le hizo un té de rosa mosqueta
porque es fortalecedor. Mientras tanto, Policarpo y Fidel se
hicieron una linda siestita después de comer su ración.
Con gran desilusión, Calalily escuchó que el hermano
Graciani ya había salido para la asamblea porque tenía a su
cargo la decoración de la plataforma. Gladys tuvo temor de dar
una respuesta a la inquietante pregunta que confundiera más a
la niña. Trató de convencerla para que volviera a su casa antes
de la caída del sol, pero a Calalily no le gustaba la idea.
¡Evidentemente Gladys tampoco consideraba que su salvación
era importante!
-¿No vive algún otro hermano cerca?-preguntó.
-Sí, en aquella casita de techo rojo de tejas, en la ladera
de aquella sierra, del otro lado del río, vive un superintendente
de la congregación Serranía, el hermano Perdomo. En este
tiempo el río esta casi seco. No sería peligroso cruzarlo, pero me
preocupa que tus padres se angustiaran al volver a casa y no
encontrarte, Calalily.
-Yo tengo necesidad de hablar con un anciano, después
volveré a casa-contestó la pequeña.
Mientras tanto, la hermana Domínguez no sabía qué
pensar cuando fue a despertar a Calalily y no la encontró. Abrió
el galpón, y al no hallar tampoco a Policarpo ni a Fidel, sacó en
conclusión que los tres andarían juntos de paseo. Eso la
tranquilizó, porque Ramiro y Blanca le habían dicho que, si
Calalily quería dar una vuelta por el vecindario con su asno y su
perro, podía dejarla ir sin temor. Pensó que la niña, ansiosa por
el paseo, no había esperado a que ella viniera para darle el
desayuno. Cerca de las once de la mañana volvió a la casa de los
Durand, y al comprobar que la niñita no estaba en casa, empezó
a preocuparse seriamente. Interrogó a los vecinos y nadie sabía
nada. Varios se pusieron en campaña para encontrarla. Un
jovencito que había ido al bosque muy temprano a juntar leña,
dijo que los había visto dirigiéndose a las sierras. Mister Gilbert
dio vueltas por los alrededores con su auto buscándolos, pero
volvió sin ellos.
Pan sobre las aguas 32

A la media tarde, cuando Ramiro y Blanca regresaron,


encontraron a todo el vecindario agitado y ansioso. Ramiro se
dirigió a la seccional de policía de Campoluz pidiendo ayuda. La
noche estaba cerca y no había noticias ni rastros de los tres
fugitivos.
Calalily dirigió al paciente Policarpo a la casita del
hermano Perdomo. Cruzaron el cauce bajo del río y Fidel
aprovechó a bañarse y a nadar un poco. El asno se portó como
un veterano afirmando sus afiladas pezuñas sobre las piedras al
ascender por la falda de la sierra hasta la casita. Calalily no
sabía que del otro lado de la casa había una senda amplia por
dónde el camión de Perdomo iba y volvía desde la vivienda hasta
la ruta. Sin querer habían tomado el camino más difícil.
Alfredo Perdomo tenía el camión casi pronto para salir
para la asamblea pues estaba a cargo del acarreo. Su esposa
Carmen lo llamó, porque había visto desde la ventana de la
cocina que se acercaban los extraños visitantes. Calalily contestó
a las asombradas preguntas de ellos, y luego explicó el motivo de
su peregrinación.
-¿Vienes de Campoluz? ¡Entonces has estado en viaje
casi todo el día!-comentó Alfredo Perdomo- ¿Cómo supiste que
en esta casa viven Testigos de Jehová?
La niña explicó que habían comido y descansado en la
casa de los Graciani y Gladys le había indicado dónde vivían
ellos del otro lado del río, porque ella tenía una pregunta muy
importante que hacer y nadie se la había contestado todavía.
-Muy bien,-dijo Alfredo Perdomo- Yo tengo que hacer un
llamado urgente por teléfono. Iré con la moto hasta la sala de
primeros auxilios, donde hay teléfono público, y volveré muy
pronto. Quédate un ratito con mi esposa. A la vuelta escucharé
tu pregunta.
Calalily hizo un gesto de disgusto. Esa era otra prueba de
que la gente no tomaba en serio las preguntas de los niños.
Carmen premió su paciente espera con un trozo de torta de
chocolate, de modo que, al fin de cuentas, no le pareció tan malo
esperar un poquito más.
Alfredo Perdomo se comunicó con uno de los siervos
ministeriales de Campoluz para informarle que la hijita de los
Durand estaba en su casa con su asno y su perro. Le pidió que
Pan sobre las aguas 33

tranquilizara a los padres, y les asegurara que la recibirían sana


y salva en la asamblea, al día siguiente. Ahora sí, de vuelta en
su hogar, se puso a disposición de Calalily para contestar sus
preguntas. La pequeña interlocutora casi no podía creer que una
persona mayor le prestara atención y la escuchara con seriedad.
Cuando terminó de exponer lo que tanto le había inquietado,
Alfredo Perdomo buscó un ejemplar de la Biblia y volvió a
sentarse frente a ella.
-Aprecio mucho tu sinceridad, Calalily,. Tu deseo de
asegurar tu salvación y entrar en el Nuevo Mundo junto con tus
padres, te impulsó a hacer un largo camino entre las quintas,
cruzar un río y ascender sierras, buscando a alguien que te
tranquilizara con una repuesta bíblica. A causa de tu corta edad,
el bautismo no es apropiado. Tienes que crecer, aprender mucho
y demostrar que entiendes lo que significa seguir a Cristo;
entonces te bautizarás, como lo harán tus padres mañana en la
asamblea grande.
-Pero, precisamente por ser pequeña, tienes otro
privilegio muy valioso. La Biblia enseña que Jehová conducirá
con gran cuidado a los hijos de sus siervos dedicados, y aún los
llevará en sus brazos en tiempos difíciles, como el pastor lleva en
brazos a los corderitos de sus ovejas si cree que corren peligro.
Eso quiere decir que la posición de tus padres como siervos de
Dios, alcanza para salvar a los tres. Tal beneficio se llama en las
Escrituras “mérito de familia”.
Pausadamente, Alfredo leyó Isaías 40: 11;
“Como pastor pastoreará su propio hato. Con su brazo juntará
los corderos; y en su seno los llevará”.
La seguridad de estar incluida en la clase de los
corderitos que Dios cuida con interés espacial, le dio calma
interior y regocijo a Calalily. Aceptó con gusto la cena y Carmen
le preparó una mullida camita en el sillón del living. Debían
acostarse temprano, pues al día siguiente, antes del amanecer,
saldrían para la asamblea.
Cuando sonó el despertador a las cuatro de la mañana,
Alfredo y Carmen llenaron dos termos de café caliente y
aprontaron todo para salir. Con dos anchos tablones
improvisaron una rampa para hacer ascender a Policarpo al
camión. Fidel como siempre, fue tras él. Ambos miraban
Pan sobre las aguas 34

extrañados, esperando ver a la inseparable amiguita de todas las


horas. Mientras se calentaba el motor, Carmen la despertó, la
envolvió en una frazada y le aseguró que podía seguir durmiendo
en sus brazos, pues aún era de noche.
A las cinco en punto estaban listos para salir tal como
habían planeado. La claridad del alba no tardaría mucho en
aparecer, como siempre en verano. Entonces, se presentó un
inconveniente imprevisto. Un coche patrullero de la policía
ascendió desde la ruta hasta la casa, y tres agentes armados le
dieron la voz de alto. Uno de ellos dijo en tono autoritario:
-¡Esa niña no les pertenece! ¿Adónde planeaban llevarla a
esta hora de la madrugada? La policía de Campoluz y de varias
localidades vecinas están en estado de alerta, buscándola desde
ayer.
Alfredo explicó lo sucedido y les aseguró que los padres
de la niña habían sido notificados y se encontrarían con ellos en
la asamblea de los Testigos de Jehová en la capital.
Los policías se apartaron después de examinar los
documentos de los Perdomo, y se consultaron uno al otro.
Cuando se acercaron de nuevo al camión, Carmen les rogó:
-Por favor, dejen que nosotros la llevemos. La niña estará
muy asustada si tiene que viajar en un coche policial. Como ven,
nosotros llevamos también al asno y al perro que la
acompañaron hasta aquí.
Calalily se echó a llorar y se abrazó a Carmen. Los
policías, después de un corto interrogatorio, entendieron que los
Perdomo eran vecinos del lugar y gente bien intencionad.
-Muy bien, la niña puede ir con ustedes. Pero es la
responsabilidad de la Policía comprobar que sea entregada a sus
padres, pues no se nos ha dado ninguna contraorden respecto a
la búsqueda de la niña ni tenemos constancia de que los padres
hayan retirado la denuncia. Si se llegara a verificar que ustedes
no han dicho la verdad, lo pasarán muy mal como raptores de
una menor.
El viaje transcurrió plácidamente y sin más problemas.
Policarpo, que nunca había viajado en camión, estaba
asombrado al ver que las casas y los árboles corrían tan ligero.
Fidel tenía la cabeza siempre muy cerca del vidrio que dividía la
cabina de la caja del camión, y no dejaba de vigilar a Calalily.
Pan sobre las aguas 35

Cuando eran cerca de las diez de la mañana, atravesaron


el portón del parque que rodeaba el estadio en que se celebraría
la asamblea a partir de las dos de la tarde. Para sorpresa de
muchos, el coche patrullero venía tras ellos.
Ramiro y Blanca estaban allí desde muy temprano,
esperando el ansiado encuentro. Los que estaban armando los
puestos de refrescos, y los trabajadores de distintos
departamentos, se reunieron para disfrutar de la escena.
Después de comprobar que los Durand reconocían a su hija, la
policía dio su misión por terminada.
Los mismos tablones que habían servido para que
Policarpo ascendiera, se usaron para hacerlo descender. Muchos
hermanos reían con gusto. ¡Era lo menos que habían esperado
ver salir del camión de Perdomo! Algunos comentaron:
-¿Ven que no es tan difícil entender el mensaje de la
Biblia? ¡Ahora hasta los asnos vienen a las asambleas!
Policarpo pisó tierra con las orejas más caídas que nunca
y la cabeza gacha. Esperaba un castigo por haber llevado tan
lejos a Calalily. En vez de eso recibió caricias, palmaditas
amistosas, y mucha comida por haber cuidado tan bien a su
patroncita. Así pasa a menudo con los humildes: esperan palos
cuando merecen regalos.
El asno jamás en su vida había sido objeto de tantas
atenciones. Lo ataron a un árbol, bastante cerca de la entrada
principal del estadio, y mucha gente se detenía a hablarle y a
acariciarle la cabeza.
Pero todavía les esperaba un privilegio que su limitada
mente nunca hubiera podido imaginar. El superintendente que
dirigía el drama que se presentaría el domingo por la mañana, al
pasar junto a él comentó:
-Ya que Policarpo se las ingenió para estar con nosotros
en la asamblea, lo vamos a usar en el programa. Le dará más
realismo a la escena culminante del drama, cuando los
cristianos en caravana, huyen de Jerusalén antes de su
destrucción.
El domingo por la mañana, la alfombra verde del césped
en la cancha, lucía brillante bajo el sol. Calalily, vestida con ropa
de época que su madre había improvisado, estaba muy
emocionada esperando debutar en un drama. Cuando montó a
Pan sobre las aguas 36

Policarpo, aguardando la señal para entrar junto con todos los


demás actores, Fidel se paró junto a ellos. Estaba decidido a no
dejarse quitar su lugar, porque para él no podía existir una
razón válida en el mundo que pudiera hacerlo desistir de seguir
al asno y a la niña. Finalmente el director dijo:
-Bueno, algún perro debe haber salido de Jerusalén junto
con sus dueños, dejaremos que éste también haga su parte.
Ese domingo fue un día glorioso en la vida de Policarpo y
Fidel , pero ellos nunca lo supieron. El público aplaudió con
mucho aprecio la emotiva escena, llena de colorido y enseñanza.
Aquella asamblea fue memorable para la familia Durand.
Ramiro y Blanca escribieron en sus Biblias la fecha de su
bautismo, y Calalily la guardó entre sus más queridos
recuerdos, porque el bautismo de sus padres significaba un
certificado de protección para ella mientras fuera demasiado
pequeña para sellar su propia dedicación.
Los años pasaron, Fidel murió, y en su homenaje a su
apego a la familia, fue enterrado en un rincón del huerto que con
tanto celo había guardado. Policarpo estaba envejeciendo
visiblemente. Su trote era más lerdo cada día y pasaba mucho
tiempo echado en el galpón, o dormitando al sol. Calalily había
crecido, y estaba tan alta como su madre. Cuando los niños que
venían a su casa querían pasar sobre el asno, ella se lo permitía
solamente a los más pequeños. Finalmente, los huesos cansados
de Policarpo se acostaron definitivamente en aquel rincón del
huerto donde yacían los de Fidel.
A los humanos les fascina escribir crónicas históricas, y
exaltar con palabras escogidas a los que consideran héroes. Si la
raza asnina hubiera podido escribir su historia, y hubiera tenido
inteligencia para disfrutarla, se hubiera enorgullecido
mencionando que el hombre tuvo que llegar a la conclusión de
que el asno es más inteligente que el caballo, y se desempeña
mejor que éste en terreno montañoso. Pero, especialmente,
hubiera atesorado una página brillante que mencionaría a un
lejano antepasado, que tuvo la especial distinción de haber sido
montado por Jesús de Nazaret, para atravesar la antigua
Jerusalén, dándole a su pueblo la señal de que el Mesías estaba
entre ellos.
Pan sobre las aguas 37

Los Durand siguieron viviendo en Campoluz, que ahora


estaba mucho más poblado y tenía un gran Salón del Reino. El
presente, con su avasallante progreso, estaba invadiendo el
paisaje tranquilo que había sido el sencillo marco del pasado.
Pero en la memoria de Calalily, seguían viviendo aquellas
pequeñas granjas, aquellos caminos agrestes por dónde
Policarpo tantas veces la había llevado.
Cuando los grupos de predicadores trabajaban las faldas
de las sierras, ella no podía menos que pensar:-¡Que bien me
hubiera ayudado Policarpo a alcanzar las casas más lejanas!
Ése es el galardón de los buenos, dejar su nombre como
un perfume suave y grato en la mente de los que se beneficiaron
con sus obras; causar que alguien agradezca el que hayan
existido, aunque ellos no se enteren de nada.
Pan sobre las aguas 38

Capítulo 4

LA FELICIDAD ES UN NIDO

propósito. La felicidad de cada uno, entretejida con hilachas y


pajitas, es el más querido refugio ante la tempestad. Las cosas
pequeñas le dan solidez y fortaleza. Los bienes que no se
compran con dinero ni se miden con cifras, como la amistad, el
cariño de los demás, el paisaje que nos rodea, el sol que nos
transporta, son las preciosas briznas que se entrelazan en el
nido de la felicidad.

A UN CONCERTISTA

Tu música es un bien invalorable,


evasión y consuelo;
es una mano tibia que suaviza
las marcas del flagelo.

El violín en tus manos no es madera,


es verbo y sentimiento.
La música responde al que en las cuerdas
sabe enhebrar el viento

Los diques del silencio no amortiguan


tu fugaz melodía;
vaga en los corredores de mi mente,
calza en las huellas mías.

No importa cuánto pese el sedimento


de los años vividos,
el corazón de carne se hace ingrávido
por esa voz mecido.

Fuera del instrumento que la causa


se esfuma liberada,
Pan sobre las aguas 39

repercute envolviendo al que la escucha


en una etérea sensación alada.

¡OH, si mi voz extrovertida fuera,


desde su caja humana,
igual que tu violín reverberando,
prolongada y lejana!

Si pudiera arrancar en corazones


evocativos ecos...
Si pudiera llenar de acordes suaves
el frío de sus huecos...

Más allá de la forma y la materia


trepida el sentimiento.
La música regresa y se entreteje
en la urdimbre sutil del pensamiento

La felicidad de los que hicieron del servicio sagrado la carrera


de su vida, ha sido siempre simple y sin pretensiones, libres de
ambiciones consumidoras y proyectos complicados. Cada uno
alimenta y conserva la suya al andar modestamente en los
caminos de Dios.

UNA FELICIDAD PEQUEÑITA Y DESCALZA

Estoy en el declive de vida


mirando al horizonte enrojecido
que anuncia con bonanza el nuevo día
del Reino largamente prometido.
Después de tantas horas valoradas,
después de tantos años bien vividos,
después de tantas sendas bien trilladas,
te digo, amado Dios que es inefable
tenerte por amparo y por amigo.
Adivino tu rostro bondadoso
y presiento tu voz plena en ternura
Pan sobre las aguas 40

diciendo, (amor de padre): - ¿Qué más quieres?


¿Queda un deseo íntimo, incumplido,
del cual pudieras extraer dulzura?
-Nada que no me hubieras reservado;
nada que Tú no hubieras prometido.

Tan sólo aspiro a conservar con vida


la humilde dicha que creció a mi lado.
Yo la adopté; era una niña huérfana
sin nombre, sin destino, sin albergue.
Nadie jamás la había reclamado.
Se prendió de mi mano;
no tenía demandas ni ambiciones.
Despeinada y descalza imploraba cariño.
Había en sus grandes ojos soledad y desamparo
la senté en mis rodillas y le enseñé canciones.

La insté a escuchar callada la voz de tus ungidos


y a medir las palabras cuando hay que reclamar;
a retener el paso en cruces peligrosos,
a abrir la mano en pleno cuando es preciso dar.

Crecimos lado a lado; ya no reímos tanto,


pero tenemos muchos recuerdos que guardar.
Valoramos las cosas pequeñas de la vida,
son perlas de cultivo de suave fulgurar.

No la quiero abrumada por pesos materiales


ni por severos cálculos cuando hay que hacer el bien.
Que con los ojos bajos admita Tu presencia
y con certeza plena diga su propio amén.

A veces, los más deleitables matices de la felicidad, no


tienen nada que ver con la risa y las manifestaciones
bullangueras. En cambio, tienen mucho que ver con la
abnegación y el renunciamiento. Uno puede tener todo el derecho
de atravesar un umbral, pero se priva de hacerlo para no
perturbar la privacidad de otro. Uno podría legítimamente
Pan sobre las aguas 41

reclamar algo que le pertenece, pero prefiere perderlo para no


despojar a alguien que lo necesita. Uno podría sofocar a un
transgresor bajo el peso de la justicia, pero decide arroparlo con el
manto de la misericordia. Hace algunos días, un orador trató ante
la congregación, la diferencia entre predestinación y
preconocimiento. Explicó que Jehová, en su insondable sabiduría,
puede predecir el camino que tomará una persona, porque conoce
su composición genética, sus inclinaciones naturales y sus
tendencias heredadas, como en el caso de Esaú y Jacob.
Preconoce lo que hará tal persona dentro de su radio de libertad
relativa, pero no la predestina. Le permite hacer sus propias
decisiones. La gente pretende ponernos en aprietos con ciertas
preguntas:-¿Acaso Dios no sabía que Adán iba a pecar? Si Él es el
todopoderoso, entonces sabe todo de antemano. Si Adán ya
estaba predestinado al fracaso, ¿por qué lo condenó? El orador
explicó que este es un caso en que dios se detuvo ante una
puerta que tenía el derecho de trasponer. Una mente perfecta no
es un vehículo sin frenos. Puede avanzar en el escudriñamiento,
pero puede también detenerse a voluntad. Es el mismo caso de
una madre junto a la cuna de su bebé. Ella estaría anticipándose
indebidamente, y restringiendo su amor, si sospechara que su
hijo podría avergonzarla un día, en caso de ser portador de las
cualidades indeseables de tal o cual antepasado. Pero prefiere no
suponer nada y esperar, porque su desconfianza crearía una
barrera entre ella y el niño. Dios también se detuvo y esperó. No
estaba predestinando a su primer hijo humano, ni adivinando su
derrotero futuro. Respetando el libre albedrío que le había dado al
crearlo a su imagen y semejanza, esperaba lo mejor de parte de
Adán.

SEMEJANZA

Cuando te haga más feliz


renunciar a un cosa que retenerla.
Cuando el frenar tu avance ante una puerta
te satisfaga más que transponerla;
cuando sea más dulce
el bocado cedido que el paladeado;
cuando te haga más rico
Pan sobre las aguas 42

el dinero perdido que el redoblado;


cuando te atraiga más
favorecer al harto de sinsabores
que aplaudir el abuso del poderoso
para obtener favores;
cuando te mueva a actuar
el ahogado rumor de algún sollozo
más bien que la estridencia de la risa;
cuando cotices con valor exacto,
tu dignidad, tu nombre, y tus recuerdos
aunque lleves zurcida la camisa;
cuando encuentres más que decir
en la casa del duelo donde se ruega,
que en el banquete espléndido
que exquisiteces ante ti despliega;
cuando en tus tribunales interiores
entre como acusada la discordia,
y le pidas su estrado a la justicia
para otorgarlo a la misericordia;
cuando en la realidad de cada día,
el clamor de la carne no se anteponga
amordazando el canto de la esperanza;
cuando ante un horizonte de tormenta
mantengas la entereza de tu templanza;
entenderás mejor esta sentencia:
Dios nos hizo a su imagen y semejanza.

La felicidad es un nido donde cabe todo lo simple y lo pequeño.


Una filosofía sencilla de la vida, se amolda a ella mejor que las
fórmulas intrincadas y profundas.

COPLAS INGENUAS

Dicen que mirar el campo


le da descanso a los ojos.
Adán tuvo que mirarlo
lleno de espinos y abrojos.
Pan sobre las aguas 43

Si una tentación te muerde,


suéltate tan pronto puedas,
porque te puede costar
la vida eterna y monedas.

Canta si vas cuesta arriba,


canta si vas en bajada.
Si te escuchan las serpientes,
pueden quedar encantadas.

Cuando algo no salga bien,


sopórtalo con paciencia.
No todo habrá de ser pérdida,
estás ganando experiencia.

Se comienza por lo simple,


luego se amplía el saber.
Fue arrimando hojas de higuera
que Eva aprendió a coser.

Si algo a menudo se tuerce


y te irrita el desnivel,
averigua si el causante
no está envasado en tu piel.

El Diablo nunca se acuesta,


sigue porfiando en su empeño.
Nadie nos va aguar la fiesta
cuando él duerma en el Milenio.
Pan sobre las aguas 44

CAPÍTULO 5

EL NIÑO A LA ALJABA

Realmente, Colibrí fue un gran acierto de los griegos


descubrir al amor romántico como un niño con los ojos
vendados, que usa sus flechas sin cálculo ni ensayo,
produciendo a veces las más extrañas ataduras de sentimientos
entre los humanos. Esa ha sido una de las ilustraciones más
usadas través de los siglos, y nunca ha perdido su fuerza
expresiva. Algunos le atribuyen al Eros de los griegos un poder
exagerado, que no se puede desvirtuar ni contradecir, pero en
eso hay más superstición que realismo. Se puede obligar al niño
de la aljaba a envainar sus flechas, y a sacarse la venda cuando
un propósito en la vida absorbe todo nuestro interés, aunque
sea por un plazo determinado. Con referencia a esto, viene a mi
mente una ocasión singular en que tuve...

UNA DISCUSIÓN CON EROS

Con un aire de triunfo me señaló el camino


Dónde andan los humanos siempre a él sojuzgados,
Y dijo con orgullo:
-Todo lo que respira el amor lo ha alentado.
Me mostró el cementerio donde la carne quieta
yace ya sin deseo factible o malogrado,
y recalcó una idea frente a una tumba abierta:
- Sólo quedó de ellos lo que al amor le han dado.

Respondí con enojo:


-No es verdad lo que dices.
Algunos no dejaron carnales herederos,
pero dejaron música que no puede olvidarse,
cuadros, libros, estatuas, grandes descubrimientos,
y vidas transformadas si fueron misioneros.

Enmudeció un momento y volvió a la ofensiva:


- Yo también soy un siervo del Creador excelso,
Pan sobre las aguas 45

tengo como incentivo una misión sagrada.


Si todos se acorazan para parar mis flechas
La tierra del futuro se verá despoblada.

Reasumí mi defensa:
-Sabes que a ti se rinden enormes muchedumbres
y somos minorías los que estamos aparte.
¡No quemes en tu hoguera la estopa del relleno
del vigía que hicimos tratando de asustarte!
Jesús también nos dijo que seríamos pocos,
Pero el que se hace eunuco para servir mejor,
Tendrá su recompensa segura y redoblada,
La sonrisa del Padre su amoroso favor.

Me amenazó con voz entrecortada:


-Cuando te alcance la vejez sombría
añorarás un brazo en que apoyarte
que contenga la sangre de tus venas.
Sabrás que no me desdeñaste en vano,
y vivirás a solas con tus penas.

-Tu argumento es muy fuerte y emotivo,


pero al final los hijos abandonan
el nido primitivo.
En el próspero mundo que se acerca,
ya tendrás tu cosecha y tu revancha.
Déjanos rescatar hijos ajenos
extraviados en todos los caminos,
mientras el pueblo de Jehová se ensancha.

-Confías demasiado en los amigos


que hoy rodeándote están.
Son un grupo cambiante e inestable
que de continuo vienen y se van .

-Confío en el Amigo que no cambia,


que fue y será el único sostén.
Dios sabe qué deseamos sin pedirlo,
y nos colma de bien.
Pan sobre las aguas 46

Se apartó disgustado.
Acomodó su aljaba y se ajustó su venda.
Al irse canturreaba una canción muy tierna,
jactándose del éxito con que empalmaba sendas.

Ahora, Colibrí, hablemos de los que le concedieron a Eros


el señorío que se adjudica. Tú y yo hemos observado que
muchas parejas jóvenes hicieron un triunfo indiscutible de su
amor, pero la verdad es que Eros no tiene todo el mérito. Ellos le
dieron voz y voto a los valores espirituales que dignifican la vida
y que hacen sólida y perdurable esa bendita relación,
especialmente cuando ponen a Dios como Testigo y supervisor
del pacto que los une. No se dejaron flechar por un designio
ciego, sino que supieron dirigir la atracción natural que sentían
hacia el sexo opuesto y encauzarla en una relación matrimonial
profunda y racional, después de asegurarse de que habían hecho
una buena elección.
Si quisiéramos citar ejemplos, la lista de nombres seria
interminable, pero al tratar ese tema siempre recuerdo a Osmán
y Janice. Cuando él fue convocado para el servicio militar en la
Argentina, defendió su neutralidad cristiana negándose a tomar
armas. La sentencia que recibió le imponía una prueba larga y
dura al amor que recién nacía entre él y Janice, una muchacha
brasileña que vivía en Gramado. Pero ni la ausencia, ni la
distancia, ni el tiempo vacío, que parecía un túnel demasiado
oscuro para atravesarlo en soledad, lograron ahogar la
expectativa de edificar su hogar con una buena conciencia, como
el punto culminante de un amor casto, acrisolado por la
abnegación y fortalecido por la adversidad.¿Recuerdas Colibrí?
Tú me dictaste para ellos...

AMOR VICTORIOSO

Él tiene ojos de moro, oscuros y profundos


Y una amplia sonrisa que nunca escatimó.
La augusta cordillera lo conoce de niño;
El buen sol mendocino su vida iluminó.
Pan sobre las aguas 47

Ella es hermosa, rubia y sus ojos celestes


Tienen la mansedumbre de las tardes de Abril.
¡Qué bueno fue el encuentro un día de asamblea
en las tierras rojizas del frondoso Brasil!
Él espera sus cartas como maná del cielo
tras los severos muros de un cuartel militar,
mientras ella en Gramado, entre verdes colinas,
por él suspira y ora, decidida a esperar.
En la fragua del tiempo se funden y acrisolan
sus sueños compartidos de un futuro mejor.
Pasarán cuatro largos años como decenios...
El amor es un niño que crece en el dolor.
Cuando se cumpla el tiempo del juicio inapelable
ese cariño tierno , ¡ qué maduro será ¡;
tendrá músculos fuertes para forjar la dicha,
del galardón deseado nadie lo privará.
Jehová es Testigo excelso de la mutua promesa,
Su bendición no falta, su recompensa es fiel
¡Que la abnegada espera sea un poema indeleble
para alabarlo a El!
Ese amor sin dobleces, cristalino y sereno,
nutrido de lo simple y de lo bueno,
victorioso en la ausencia,
templado en la distancia,
igual que una cadena firmemente forjada,
ha de guardar sus almas a la esperanza ancladas.

1980

Cuatro años más tarde, cuando realizaron su boda, no


pudimos pasar por alto la culminación de ese idilio que
habíamos seguido paso a paso. Entonces escribimos...

LA META TRIUNFAL

Coronen de laureles a este amor victorioso


que comenzó temblando, ¡ pobre pichón herido!
Pan sobre las aguas 48

Supo burlar el diario deterioro del tiempo


y escapar de los dientes roedores del olvido.
Se apostó vigilando,
como un águila madre que anida en las alturas.
No lo segaron soles,
no lo arredraron vientos;
no bajó la cabeza ante la tempestad.
Resistió horas muy duras
que hincaban en la carne
garfios de soledad.

Oyó oscuros presagios y falsas profecías


condenando al fracaso su tenaz decisión.
Hoy lo vemos llegando a la trazada meta
y asir con mano firme su cabal bendición.

Que nada se interponga ni intente separarlos,


malogrando la dicha que este amor alcanzó.
Que nada inutilice las lágrimas vertidas
en la espinosa senda que andando recorrió.

LAS AGUAS SUBTERRANEAS TAMBIEN CANTAN

Yousef Aboud había emigrado a los Estados Unidos de


Norte América con su padre siendo muy joven, en busca de una
posición materialmente desahogada. A ambos les había atraído
mucho la idea de vivir en un país moderno, donde todas las
comodidades están al alcance de la mano, y reunir una rentable
suma de dinero, con la esperanza de volver al Líbano, comprar una
buena casa, establecerse con un negocio. Aunque a uno le guste el
lugar donde vive y trabaja, la tierra natal difícilmente se olvida,
especialmente buna tierra llena de fascinación y belleza, como es el
Líbano y sus alrededores.
El hombre se parece mucho al salmón, ese pequeño pez
plateado de carne rojiza, que forma colonias cada una con sus
distintas características. Los salmones viajan en comunidades que
ascienden a millones. Los que se han empeñado en estudiar sus
costumbres los han marcado con discos de celuloide, sacándoles
Pan sobre las aguas 49

alguna aleta o ideando cualquier otro medio para distinguirlos. Así


han comprobado que después de un largo viaje hacia el mar, en
busca del alimento rico que le provee una reserva de aceite a su
cuerpo, ese aceite es el combustible que le permite llegar de vuelta
al exacto punto de partida donde desova y muere. No importa
cuantos canales desviadores encuentren en su camino, su instinto
lo lleva de vuelta al riachuelo que empezó su vida. Si por algún
accidente una colonia de salmones no puede volver a su rincón
natal, mueren en el camino, sin desovar. Pero, su instinto natural
le dice que debe volver a su casa y morir allí.
Najib Aboud, el padre Yousef, había vuelto tres veces a su
país en limitadas vacaciones, y cada vez se le había hecho muy
difícil despedirse de su gente, de sus olivares, los naranjales, los
majestuosos cedros y las cumbres nevadas que probablemente le
había dado su nombre a la región, ya que Líbano significa “blanco”.
Cuando tenía casi ochenta años, Najib le dejo a su hijo Yousef: -No
espero más. Aunque tú quieras quedarte aquí, yo prefiero morir en
mi tierra, oyendo hablar en árabe y mirando esas montañas que
nunca pude olvidar.

De acuerdo a sus más queridos deseos, Najib Aboud


murió en su tierra, pero Yousef se había casado con una
muchacha de descendencia árabe, criada en los Estados
Unidos, y se quedó, allá, viendo crecer a su familia.

Tenía dos hijos, el mayor se llamaba como el abuelo, y el


otro Salim, y una hermosa muchachita llamada Jalime. Un día,
Yousef les dijo:- antes de que ustedes se casen o se alejen del
hogar, quiero que vayamos todos juntos al Líbano para que
conozcan la tierra en que nací y en que nacieron sus abuelos.
Conocerán a mis amigos de la infancia, y les mostraré muchos
lugares hermosos.
La primera vez que los hijos de Yousef Aboud viajaron
con sus padres para conocer la república del Líbano en 1972,
Najib tenía veintidós años, Salim veinte y Jalime diecisiete.
Cuando llegaron, varios de los antiguos amigos de la familia
estaban en el aeropuerto esperándolos. La familia Fayad no
tenía alojamiento preparado para todos en la vieja casona que
habían heredado de los abuelos, en las afueras de la capital, que
Pan sobre las aguas 50

lucía tan hospitalaria con su jardín florecido y su huerto lleno de


naranjos.
Los Fayad habían sido devotos musulmanes, pero desde
1949 eran testigos de Jehová. En aquel año habían llegado al
Líbano los primeros misioneros testigos cuando había en el país
unas pocas congregaciones que agrupaban a unos quinientos
publicadores del reino.
Los Fayad habían continuado escribiendo a los Aboud
cada tanto, y por supuesto les había dado testimonio de la
verdad en sus cartas. Al recibir algunas preguntas interesantes
de ellos, habían enviado el nombre de Yousef y dirección a la
oficina central en Nueva York, y por ese medio los habían
conectado con otra familia árabe que estaba en la verdad, que
los ayudo espiritualmente. Ahora, era un verdadero gozo recibir
a Yousef, su esposa y sus tres hijos como hermanos en el
verdadero cristianismo.
Entre las últimas novedades, la familia Aboud se había
enterado de cosas inquietantes. La gente en general tenía temor
de que algún día el odio creciente entre los musulmanes y las
sectas mal llamadas cristianas, como los ortodoxos y los
católicos marinitas, llevaran a una confrontación armada.
Algunos estaban aprovechando la confusa situación para tratar
de silenciar el mensaje del Reino. La Atalaya y Despertad
estaban proscritas desde 1956.
Ibrahim Fayad tenía cinco hijos, tres varones, Abdulláh,
Afif y Yamil, y dos niñas Aishi y Sona. Desde que habían
llegado los Aboud, Yamil no podía dejar de mirar a Jalime
aparte de ser bonita, era simpática, y muy desenvuelta para
hablar de sus impresiones y sus gestos. Se parecía a las
misioneras norte Americanas que habían ayudado a aflojar la
rigidez de las costumbres asiáticas en las congregaciones en que
trabajaban. Antes de venir ella en 1949, las esposas y las hijas
de los hermanos árabes rara vez se veían en las reuniones, y
cuando iban, se sentaban solas en las últimas filas de asientos,
y nunca se mezclaban con los hombres. Las misioneras casadas
causaron conmoción en las pequeñas congregaciones
sentándose junto a su esposo, y las hermanas solteras,
ubicándose en cualquier lugar del salón, entre los hermanos.
Algún tiempo después, los Salones empezaron a presentar un
Pan sobre las aguas 51

aspecto diferente, cuando las familias ocupaban juntas la misma


fila de asientos. Hasta ese tiempo, los hermanos árabes no se
habían atrevido a participar en el ministerio del campo, pero
comenzaron a acompañar a las misioneras en la predicación de
casa en casa, y esto causó un notable progreso en la salud
espiritual de las congregaciones.
Yamil veía en Jalime un equilibrio ideal de las mejores
cualidades de su raza, matizadas con lo que más le atraía den la
gente de occidente. La familia Aboud había venido para quedarse
solamente un mes en el Líbano, lo cual, para la generosa
hospitalidad árabe, era una breve visita. Era necesario planear
cuidadosamente el tiempo para no pasar por alto ninguno de los
lugares que valía la pena conocer. Baalbeck, el Monte Hermón,
el hermoso valle llamado Bekaa que corre entre la cordillera del
Líbano y el Antilíbano. Infaltablemente, tenían que ver los
famosos cedros y visitar las maravillosas cavernas situadas en
las montañas, cerca del mar Mediterráneo. Todo eso había que
entremezclarlo con una cantidad de reuniones sociales en que
servirían los deliciosos platos árabes que las dueñas de casa
prepararían con cariño para los visitantes.
Varios grupos se unieron a ellos con sus automóviles
para acompañarlos a la cordillera, que fue la primera excursión
planeada. En el camino, vieron una caravana de beduinos
nómades mudándose con toda su casa y pertenencias. Los
jóvenes de la familia Aboud disfrutaron del singular espectáculo
y aprendieron que, para las tribus beduinas, la sociedad
patriarcal es aún la verdadera forma de vivir, como en los
tiempos bíblicos. El más anciano es cabeza de la tribu, y a su
autoridad están sometidos hijos, nueras y nietos. Igual que en
los días de Abraham, cuando el cabeza de la tribu ordena una
mudanza, todos le siguen. Las caravanas de camellos despliegan
una página sugestiva de historia antigua ante los turistas que
contemplan la escena.
Entre la cordillera del Líbano y el Antilíbano corre un
valle lato y fértil que tienen entre diez y dieciséis kilómetros de
ancho, llamado la Bekaa o Celisiria. En una de las pequeñas
granjas de este valle había muerto el abuelo Najib, en casa de su
sobrino Dib, mirando a las terrazas escalonadas de las
montañas llenas de olivares, árboles frutales, nogales y viñas. El
Pan sobre las aguas 52

río Orontes y el río Litani lo fertilizan y lo embellecen. En las


capas areniscas crecen montes de pinos y cedros, enebros y
cipreses. El lobo, el oso, la gacela y el chacal están en sus
dominios en estos espléndidos lugares. Los israelitas antiguos
nunca conquistaron esta región. El rey Irma de Tiro dominaba
parte de ella en los días de Salomón y le proporcionó a éste
maderas de cedro y de enebro.
El valle Bekaa, que luego se interna en la Tierra
Prometida, produce generosas cosechas de manzanas, uvas,
higos, cerezas y melones, a la vez que produce vegetales y
granos. Igual que en los tiempos bíblicos, la trilla de los campos
se efectúa con la ayuda de caballos, mulos o bueyes, que
arrastran una plataforma de madera en que se para el trillador y
va girando en círculo. Todavía, como en la antigüedad, los
campesinos arrojan el trigo al aire con la pala de aventar para
que el viento les ayude a separar el grano del tamo y la paja.
Yamil se sentía feliz explicando a la familia Aboud todas
estas cosas y comprobando cómo disfrutaban ellos de cuánto
veían y oían. Cada pequeño dato histórico, cada suceso casual
que provocaba un comentario apreciativo de ellos, y en especial
de Jalime, lo hacían sentir plenamente recompensado;
especialmente cuando ella lo apremiaba con su cálida sonrisa.
Ya empezaba a sospechar que esa muchacha era una dulce
sorpresa que la vida le reservaba; un punto de viraje inolvidable
en su camino.
Dedicaron un día para ir hasta el majestuoso Monte
Hermón, frecuentemente mencionado en la Biblia, que se levanta
a más de cuatro mil metros sobre el nivel del mar. Su cumbre
siempre cubierta de nieve, condensa los vapores de la noche,
que luego caen en forma de rocío. Este riego natural del cielo es
valioso en la época de sequía, desde mayo hasta septiembre, y
mantiene la vegetación en sus faldas. El Salmo 133 compara la
unidad de los adoradores de Dios con este rocío bienhechor. Los
deshielos del Monte Hermón son la fuente principal para
mantener el caudal del Río Jordán.

El almuerzo, bajo un grupo de enormes cedros, les dio la


oportunidad de apreciar su tamaño. Un grupo de diez, tomados
de la mano y con los brazos extendidos, apenas podían rodear
Pan sobre las aguas 53

los más voluminosos troncos. Allí Yamil, pulsando su guitarra,


cantó algunas de las canciones que él mismo había compuesto.
Jalime no podía dejar de comparar aquella escena llena de paz y
belleza, con el recuerdo de las bulliciosas calles de Nueva Cork.
Su hermano Najib hizo una pregunta interesante que la desvió
de estos pensamientos.

- Yamil, ¿cuándo estás en el estado de ánimo más


propicio para componer tus canciones?
-Bueno, son momentos de recogimiento y soledad que a
veces se presentan espontáneamente y a veces hay que
buscarlos. La vida agitada de hoy casi no nos deja tiempo para
abrir el corazón al llamado de la creación, que nos sugiere tantas
cosas hermosas para que las expresemos en palabras. Yo
muchas veces me alejé de Beirut y vine a buscar la soledad de
las montañas, como hoy, o me extasié frente a la inmensidad del
Mar Mediterráneo, pero el paisaje me atraía tanto que no podía
ignorarlo para ponerme a escribir. Frente a la belleza, la mente
es una película en blanco que recibe impresiones. Luego, en la
penumbra del laboratorio hay que revelar sus imágenes. Para
mi, el lugar ideal para escribir o componer música es mi propio
dormitorio, o cualquier lugar de la casa si la familia ha salido.
Esos rincones íntimos, acogedores y sencillos, donde nada nos
distrae con nuevas sugerencias, nos dan la sensación de
confianza que produce todo lo rutinario, lo que no necesita
presentación, como los rostros amados que nos rodean. Los
temas armonizan con la inclinación mental del momento. Esto
se expresa claramente en los primeros versículos del Salmo 137,
que describe el estado de ánimo de los judíos cautivos en
Babilonia, que lloraban recordando a Jerusalén. Sus arpas
silenciosas, colgadas de los álamos, no hallaban motivo para
hacer oí su canción. Los babilonios se burlaban de ellos y les
pedían canciones de Sión, a lo cual ellos respondían: -¿Cómo
podemos cantar la canción de Jehová sobre suelo extranjero?
Antes de hacer la planeada excursión a Baalbeck, Yamil
repasó algunos datos de historia del Oriente, a fin de poder dar
información sobre aquel lugar que en tiempos antiguos había
estado asociado con la adoración de Baal, como indica su
nombre. Había estado situado en un lugar muy estratégico del
Pan sobre las aguas 54

mundo antiguo, para atraer a los practicantes del paganismo, en


un pasaje angosto que llevaba al desierto sirio y a los reinos del
oriente. Era un cruce de caminos para el comercio internacional.
Sus edificios más prominentes, hoy en ruinas, fueron tres
templos dedicados a los dioses Júpiter, Venus y Mercurio. Los
romanos habían edificado esos templos cuando conquistaron
Siria.
Mientras el grupo recorría las ruinas de Baalbeck,
surgieron comentarios muy interesantes sobre la manera como
la religión babilónica fue adaptándose a los pueblos que la
aceptaban, cambiándoles el nombre a sus deidades y legándoles
sus doctrinas, retocadas al gusto del momento. Por eso el
antiguo templo de Venus está actualmente dedicado a una
deidad católica, “Santa Bárbara”, patrona de las fortalezas
militares. La tradición asegura que fue edificado por unos cien
mil esclavos, durante un período de doscientos cincuenta años.
El templo de Júpiter sobrepasa en altura a los demás edificios
religiosos, de modo que la enorme estatua dorada que alberga,
se viera desde cualquier ángulo. Los fieles que concurrían a
pedirles favores, besaban los pies de esta escultura en prueba de
su devoción.
En el templo de Baco o Dionisio, más bajo y pequeño que
los otros, admiraron los artísticos grabados en las columnas y en
el cielo raso. En una parte que no está tan deteriorada, se puede
ver a Cleopatra abrazando a una serpiente. Uno de los guías les
explicó que los artistas que predijeron estas entalladuras
magistrales fueron cegados, para que jamás pudieran
reproducirlas en otros edificios.
Aquel hermoso mes de octubre de 1972 se estaba
esfumando muy aprisa y con él se desvanecía el verano. Yamil y
Jalime sabían que añorarían siempre ese lapso lleno de colorido
en sus vidas.
El le decía: -Te irás y vendrá el otoño. Todo tendrá un
nuevo aspecto, pero cuando vuelva a recorrer los lugares por
donde anduvimos juntos, te veré en todas partes y tus palabras
zumbarán como abejitas en mis oídos.
Ella contestaba: -¡Quien sabe si será de ese modo! Somos
jóvenes. Los mayores dicen que a nuestra edad los sentimientos
cambian fácilmente y uno olvida lo que ha querido.
Pan sobre las aguas 55

-Yo me conozco, Jalime, no soy variable, y quiero que


confíes en mi cariño. Tú sabes cuán serio es para los árabes
usar a la gente mayor de la familia como testigos de un trato.
Hablaré con mi padre de lo que siento por ti y le rogaré que él
mismo, como amigo de la familia de tu propio padre, le presente
mi petición de matrimonio.
Ibrahim Fayad, el padre de Yamil, tuvo una larga
conversación con Yousef Aboud sobre los dos jóvenes. Ambos
estaban de acuerdo en que seria una felicidad para las dos
familias, y un motivo más de acercamiento, al ver a sus hijos
casados y felices. Pero Yousef tenía una objeción, y él mismo se
la hizo saber a Yamil.
-Yo sería más feliz viendo a Jalime casada con el hijo de
una persona a quien aprecio tanto como a tu padre, más bien
que con uno de esos jóvenes norteamericanos tan distintos de
nosotros en algunos aspectos. Mi única duda es que ella sólo
tiene diecisiete años. A la edad de ustedes los sentimientos
cambian inesperadamente. Todavía no hace un mes que se
conocieron.
-Entiendo Yousef. Yo no le pido que nos deje casar ahora.
El año próximo puedo viajar a los Estados Unidos, pasar un
tiempo breve con ustedes y casarme allá con Jalime. A ella le
encanta nuestra tierra. Me dijo que con gusto viviría aquí.
-Yamil, a los padres siempre nos parece que sus hijos son
niños todavía. El año que vienen vamos a pensar como ahora,
que es demasiado pronto para separarnos de ella y dejarla venir
tan lejos, aunque confiamos en la harás feliz. Tienes que darnos
tres años de tiempo. Cuando ella cumpla veinte años, será más
natural verla partir. Porque, te aseguro que esos miles de
kilómetros duelen. Aparte, ella estará mejor preparada para
enfrentar su nueva vida en ese tiempo.
El tono firme de Yousef no dejaba lugar para insistir. El
respeto y la sumisión a los padres, que tanto se les había
inculcado a ambos desde niños, noble tradición de los árabes,
no podía hacerse a un lado fácilmente. Tres años, ése era el
plazo incuestionable. Tres años y un continente de por medio.
Cuando faltaban cinco días para la indeseable despedida,
Yamil les recordó: -No pueden irse sin visitar las cavernas de
Jeita. Es una impresión inolvidable, algo diferente a todo lo que
Pan sobre las aguas 56

han conocido. El próximo es el último domingo que pasarán


aquí…(se detuvo porque sus propias palabras lo sacudieron. Un
eco sombrío se internó en su corazón repitiendo: el último
domingo…el último domingo…Desde un rincón de su mente
resurgió con un tono consolador, un comentario que si padre
había hecho la noche anterior:
-¿Qué son tres años frente a la eternidad? Verás que
pronto pasan, y luego, si ambos siguen fieles a Jehová, tendrás
la vida eterna para disfrutarla junto a ella.
La voz de Yousef lo trajo de vuelta a la realidad. Gracias
por hacernos recordar esto, Yamil. No aceptaré ninguna
invitación para comidas el domingo y saldremos al amanecer
para Jeita.
-¿Qué vamos a ver en esas cavernas? -preguntó Salim, el
hermano de Jalime.
-Se van a asombrar de muchas cosas,-respondió Yamil.
Entre ellas el Río Perro forma un lago cristalino y de allí arranca
hacia el Mar Mediterráneo. Hace solamente cien años que han
sido exploradas en su totalidad. Tienen seis kilómetros y medio
de largo. Como se convirtieron en una atracción turística, se
edificaron pasarelas con barandas para que la gente las recorra.
Ustedes mismos van a poder palpar las estalactitas, el agua
cristalizada que cuelga de las bóvedas. A veces, en ese pasadizo
se instalan grupos de músicos para tocar melodías, y es una
maravilla disfrutar de los ecos que las cavernas producen.
El último domingo llegó, porque nada pudo detener el tiempo,
como Yamil y Jalime hubieran deseado. Aparte de los
comestibles para el pic-nic, llevaban alguna literatura para
testificar en las viviendas aisladas.
Cuando el grupo empezó a recorrer las cavernas de Jeita,
los que iban por primera vez quedaron sin aliento. Las
estalactitas colgaban de las bóvedas de piedra como cortinados
brillantes, dispuestos caprichosamente, desplegando una gama
de colores óxido, rojo, blanco, verde y naranja. Algunos grupos
de estalactitas parecían lámparas de un suntuoso palacio que
esperaban que una mano autorizada diera vuelta una llave para
iluminarlas.
Las estalagmitas, que se forman en el suelo de las
cavernas, van creciendo lentamente a medida que las gotas que
Pan sobre las aguas 57

se filtran de la tierra, van cayendo de la bóveda al piso. Trabajo


de siglos, hecho en silencio: obra magnífica del gran escultor
celestial, Jehová, que usando el agua y las sustancias de la
tierra, logró tales bellezas subterráneas, sin reparar en que
pasarían inadvertidas durante largos trechos de historia.
A una pregunta de los jóvenes, un guía explicó que el
ácido carbónico, recogiendo minerales del suelo, fue dotando de
colores las cavernas. El hierro le dio tintes amarillos,
anaranjados y rojos; el cobre los tintes verdes y azulados. En
medio del silencio casa místico, de tanto en tanto se oía el caer
de algunas gotas. Las estalactitas estaban alimentando a las
estalagmitas, que se elevaban, centímetro a centímetro,
formando columnas de colores, figuras de semejanza humana o
animal, sugiriendo muchas cosas a la imaginación de en sus
poses estáticas.
Al ver a Yamil murmurando unas palabras al oído de
Jalime, los jóvenes solicitaron algo: - ¿Por qué no cantas una
canción de amor?
Yamil titubeó. No estaba con ánimo para cantar porque
aquel eco obstinado seguía repitiendo en su corazón: el último
domingo…el último domingo…
-¿Por qué no cantamos todos? Los hombres podemos ir
del otro lado de la pasarela y desde allí cantar la mitad de cada
estrofa de “El pan del cielo”, y las hermanas nos acompañarán
desde aquí completando la estrofa. Verán que suena como un
gran coro.
Aquél cántico fue una significativa expresión de aprecio
al Dador de la vida. Las voces de ellas afirmaban después de
ellos la felicidad de existir y tener un Redentor.
Cuando estaban regresando a los autos, Jalime le
preguntó a Yamil: -¿Tendré el privilegio de escuchar la canción
que estás componiendo, Yamil?
-Aquí no. Pero la voy a incluir en la cinta que te estoy
grabando con todas mis canciones y poemas. La escucharás
cuando estemos lejos el uno del otro. Así sabrás lo que has de
ser para mi, si nuestros sueños se quiebran como vasos de
arcilla.
El deplorado día de la separación llegó. Ahora la
profundidad de aquel amor recién nacido debía probarse a
Pan sobre las aguas 58

través de un abismo de distancia. Yamil pasó sus vacaciones con


la familia Aboud al año siguiente, en los Estados Unidos y habló
mucho con Jalime sobre el futuro, haciendo nuevos planes. Se
alegró al comprobar que la visión de los lugares hermosos que
habían recorrido en el Líbano, no se habían borrado de la mente
de ella. Deseaba iniciar una nueva vida en la tierra de sus
antepasados, y mejor aún, no cabía la menor duda en su
corazón de que quería vivir esa nueva vida junto a él. Después
de ese segundo encuentro, las cartas se hicieron más intensas y
más francas. Los sentimientos iban adquiriendo madurez.
Ibrahim, el padre de Yamil, estaba comprando una finca
cerca de las montañas, con muchos árboles frutales y una
pequeña viña. Ya estaba pensando en su vejez, en retirarse del
negocio de electrodomésticos que tenía en el centro de Beirut y
dejarlo en manos de sus hijos. Soñaba con ver a sus nietos
pasando temporadas con él en aquella casona llena de sol, que
con varias entregas de dinero al fin sería suya.
El año 1975 se acercaba. Yamil y Jalime estaban
haciendo planes definitivos. Entonces, un suceso imprevisto
cambió la escena. Estalló la guerra civil en el Líbano, que por
tantos años habían temido. Bandas guerrilleras de musulmanes
se trababan en lucha con bandas de católicos maronitas en los
suburbios de Beirut. La guerra se fue extendiendo poco a poco, y
empezaron a llegar noticias de actividades terroristas y refriegas
en varias partes del país.
Ahora, Yousef no estaba tan seguro de que quería dejar ir
a su hija al Líbano, y escribió una larga carta a Yamil
ofreciéndole la oportunidad de hacerse cargo de un negocio de
telas y ropa confeccionada en Nueva York. El se encargaría de la
vivienda, de modo que tendrían un buen principio al fundar su
nuevo hogar. Yamil tenía sus dudas en cuanto a vivir en un país
tan diferente. Se tomó un tiempo para pensarlo. Era siervo
ministerial en su congregación. La obra en el Líbano estaba
floreciendo y había mucho que hacer. ¿Qué sentido tenía
mudarse a un país en que tardaría por lo menos un año en
dominar el idioma para poder predicar y tener buenas
asignaciones en las reuniones? Además, las cartas de Jalime
habían mencionado la escasez de territorio. La congregación en
que estaban los Aboud tenía asignadas solamente diez
Pan sobre las aguas 59

manzanas llenas de apartamentos de muchos pisos, en que


tenían que buscar interesados entre los que veían llegar el
sábado con las revistas y el domingo con la oferta regular de
literatura. En el Líbano jamás habían tenido que trabajar el
mismo territorio dos veces por semana; tenían la intuición de
que por años no iba a ser así. Cuando Yamil escribió sobre todas
estas dudas, Yousef le contestó que en Nueva York también
había árabes para visitar, y que su predicación no sería inútil
mientras se tomara el tiempo necesario para aprender el idioma.
Yamil volvió a la ofensiva en lo que se podía catalogar
como una batalla epistolar. Le escribió a su futuro suegro que la
guerra civil se hacía parecer en las noticias más impresionante
de lo que era en realidad. Extensas zonas permanecían
tranquilas. Se tomaban toda clase de precauciones al escoger el
territorio en el que el grupo iba a predicar. Las radiodifusoras
continuamente advertían de los lugares en que había lucha para
que la gente evitara acercarse a tales zonas; además, siempre se
comunicaban por teléfono con algún hermano que viviera en el
territorio elegido, a fin de que les confirmara si se oían disparos
cerca o si todo estaba tranquilo. Estaban realizando sus
reuniones regularmente. No cantaban para no atraer la atención
de los extraños. Preferiblemente se realizaban en grandes
edificios de apartamentos donde entraba y salía gente a todo
hora. Nunca salían todos a un tiempo, sino en pequeños grupos.
Llevaban linternas a pila porque los apagones eran frecuentes. A
veces tenían que bajar o subir varios pisos por la escalera,
porque el ascensor no funcionaba, o caminar a través de calles
oscuras para volver a casa. Pero continuamente sentían la
protección de Jehová y su guía, porque estaban obedeciendo sus
mandatos de predicar y congregarse a pesar del peligro.
Jalime, por su parte, presionaba a su padre para que la
dejara ir. Le aseguraba que ella no tenía miedo, que su confianza
en Jehová no titubeaba porque ella sabía que Él cuidaba de su
pueblo en todas partes. Era mejor que ella y Yamil se casaran
allá, para que él no gastara en un pasaje de ida y vuelta cuando
ese dinero les haría falta para equipar su casa. Además, tenían
la posibilidad de vivir en esa quinta que Ibrahim estaba
comprando, cerca de las montañas. Era necesario que alguien la
cuidara y trabajara la tierra, mientras los padres de Yamil no se
Pan sobre las aguas 60

retiraran totalmente del comercio. Yousef estaba casi


convencido, cuando llegó una carta preocupante de Yamil.
La guerra estaba extendiéndose sobre la capital. El
negocio de electrodomésticos que era el sostén de la familia,
situado en la zona céntrica, cerca de un edificio de gobierno, ya
prácticamente no existía. Los terroristas habían colocado un
auto lleno de explosivos cerca del negocio, el cual había estallado
en la madrugada. Varios edificios se habían incendiado. Un
hermano que vivía en las cercanías les había telefoneado la mala
noticia a las cuatro de la madrugada. Cuando ellos llegaron, el
fuego ya estaba apagado, pero algunos oportunistas habían
saqueado lo que el fuego no había consumido. Ahora no era el
momento oportuno para que él abandonara a su familia y fuera
a vivir a otro país. Tampoco era el momento ideal para casarse y
decidir qué iban a hacer para tener un medio de vida que les
diera seguridad y un buen pasar. Una buena cantidad de
hermanos los habían visitado ofreciéndoles nuevas ideas, ayuda
económica y apoyo moral.
Como estos acontecimientos se estaban haciendo parte
de la vida diaria, Betel tomó la iniciativa de hacer un fondo
común para socorrer a cualquiera que perdiera sus bienes por
causa del terrorismo. Una guerra civil es mucho peor que la
guerra abierta en un frente de batalla, para el que tienen que
enfrentarla de sorpresa, a cualquier hora y a la vuelta de
cualquier esquina. Uno no sabe quién es el enemigo, ni cuando
va a atacar. Las bandas guerrilleras no usan uniformes
distintivos. Alguien que camina junto a uno en la calle, con aire
inofensivo, o aguarda en fila frente a la ventanilla de un banco,
puede ser un terrorista que, a cierta señal, se unirá a otros que
lo esperan, sacará sus armas y entrará en acción.
Yamil y Jalime tenían que estirar el plazo de la espera,
muy a pesar de ellos mismos. La incertidumbre es una prueba
dura. El niño de la aljaba tuvo que detener la impaciencia con
una frenada brusca, y dejarla estacionada frente al Parque de la
Esperanza. ¿Por cuánto tiempo? Sólo Dios sabía.
En los meses que siguieron las cartas se perdían con
frecuencia. Demasiado a menudo había aviones pirateados y
desviados de su curso. Pasajeros comunes eran tomados como
rehenes y siempre era difícil y arriesgado rescatarlos. Muchas
Pan sobre las aguas 61

bolsas de correspondencia se perdían en esos aviones, o al


incendiarse algunas oficinas de correo. Yamil se aseguraba a sí
mismo que Jalime tenía que haber escrito. No podía ser que el
amor entre ellos se estuviera enfriando. Jalime por su parte, se
conformaba leyendo y releyendo las cartas de esos tres años, que
tanto atesoraba. Sabía exactamente donde estaban aquellas
pequeñas frases que significaban tanto, pues habían sido el
alimento fortalecedor para ayudar a ese cariño casto a continuar
viviendo.
Una decía: -“La vida parece una historia en que siempre
se ausenta algún personaje esencial en la trama. Los
prescindibles, los que apenas son notados, siguen llenando el
cuadro. Pero tu lugar está siempre vacío.”
Y en otra: -“No olvides aquellas horas hermosas en las
cavernas de Jeita. Las aguas cantan en su lecho subterráneo
aunque nadie las escuche. Hay un río escondido en mi corazón
que aprendió a repetir tu nombre”.
Sabía de memoria un pequeño poema que decía:

Cuando el tiempo es un plazo que se estira y se escapa,


el amor es un pan que se amasa con lágrimas
y se come en silencio.
Por unas pocas horas hermosas y brillantes,
hay que deshojar tantas monótonas, vacías,
para pagar las otras, cual moneda constante.

Incontables veces volvió a escuchar la canción final de la


cinta grabada que Yamil le había dado al despedirse de ella,
cuando recién se conocieron, y que ahora tenía mayor
significado que nunca, especialmente una estrofa que expresaba
sentimientos idénticos a los suyo:

Si lo insalvable se interpone un día,


si lo fatal nos vence y aparta,
tu imagen, encuadrada en una herida,
será honda nostalgia en mis recuerdos,
un amado dolor que se resiste
a dejarse borrar por el consuelo.
Pan sobre las aguas 62

La familia Fayad recobró su estabilidad económica poco a


poco. Ibrahim, después de ver perdido lo que tanto esfuerzo le
había costado, estaba deprimido y deseaba alejarse de los
negocios y dedicar más tiempo a la predicación. Sus tres hijos
trabajaron diligentemente en varias ocupaciones y la casa de
campo se terminó de pagar dos años después del incendio del
comercio. Todo estaba marchando bien y al fin llegó la carta que
Jalime tanto había esperado. Recibió dos de las tres copias que
Yamil había despachado en distintos días por si acaso alguna se
perdía. Le proponía lo que ella más deseaba, vivir en la finca,
donde ya estaban sus padres, Ibrahim y Zuhahila, en la cual
sería muy fácil construir una casita independiente para ellos. Su
hermana Aishi, que era ahora profesora de inglés, ayudaría a
Jalime a estudiar el árabe, que conocía sólo de oído. Había
ahorrado lo suficiente para ir a buscarla a los Estados Unidos y
traerla de vuelta como su flamante esposa. Los familiares y los
amigos del Líbano no disfrutarían de la fiesta de bodas, pero se
proponían hacerles una fiesta de bienvenida en la casa de las
montañas.
Jalime le leyó a su familia muchas partes de la carta,
poniendo énfasis en dos párrafos muy significativos:
“No sabemos por cuánto tiempo se extenderá esta guerra
sin sentido. Es una prueba del daño que pueden causar los
odios y las rivalidades religiosas cuando se descontrolan. Pero de
algo estamos bien convencidos: Jehová no aparta los ojos de su
pueblo y no lo va a entregar a la furia ciega de sus enemigos.
Nuestra neutralidad es un escudo protector. Ahora, tanto los
guerrilleros musulmanes como los que profesan ser cristianos,
saben que no tomamos armas para intervenir en ninguna clase
de conflictos, y respetan nuestra posición. Exigen pruebas de
que somos Testigos de Jehová si están en duda. A veces,
después de darles un sermón con la Biblia, nos dejan ir sin más
objeciones. Algunos jóvenes se libraron así del secuestro, que es
el medio que usan para reponer sus bajas. Estos dos años que
han pasado desde el comienzo de la guerra nos ayudaron mucho
a madurar. Nos esforzamos por no perder ninguna reunión. Los
que recién comienzan a estudiar tienen temor de andar de noche
y rara vez vienen a las reuniones entre semana, pero los
hermanos siempre están presentes, a menos que las guerrillas
Pan sobre las aguas 63

estén ocupando el mismo lugar en que estén situadas. Al


Memorial vamos, sean cuales sean las circunstancias, y Jehová
no nos abandona. Estamos celebrando nuestras asambleas de
circuito con el programa condensado en ocho horas. Las
asambleas de distrito duran tres días. Echamos de menos el
gozo de cantar juntos, pero tenemos el alimento espiritual.
Buscando material para una conferencia, encontré un
texto de Isaías que parece escrito para nosotros, los Testigos
libaneses, en éste momento. Lo anoté para compartirlo contigo.
Está en el capítulo 17 versículo 13, y dice: “Los grupos
nacionales mismos harán un estruendo como el ruido de
muchas aguas. Y El ciertamente lo reprenderá, y este tendrá que
huir lejos y ser perseguido como el tamo de las montañas
delante de un viento y como un remolino de cardos delante de
un viento de tempestad.” Así son los violentos a nuestro
alrededor, como un remolino de cardos. Dejan el territorio libre
acá y allá para que podamos predicarlo, y el sonido de lucha se
desvanece. Así pasarán de la escena terrestre para siempre, en
un tiempo no lejano. Hemos aprendido mucho en estos dos años
de guerra. Hemos visto cómo Jehová usa a su Organización
terrestre para dirigirnos y protegernos. Una noche, en uno de
nuestros lugares de reunión, se pidió a todos que no
abandonaran el lugar inmediatamente porque había peligro en la
calle. Un hermano estaba ansioso por regresar a su hogar y
desobedeció. Cuando estaba cerca de su casa lo balearon y
perdió la vida. En cambio, cuando obedecemos siempre vemos la
bendición de Jehová. No te asustes de un remolino de cardos, mi
amor. Si estamos juntos todo parecerá más fácil y llevadero”.
Jalime habló con sus padres decididamente: -Ya nada
puede detenerme. Yamil me ha esperado cinco años. Su amor ha
probado ser fiel como el amor de Jacob por Raquel. Ahora soy
mayor de edad y siento que he madurado lo suficiente como
para enfrentar la responsabilidad del matrimonio. No deben
temer por mí. Confío en que Yamil y yo podremos visitarlos de
tanto en tanto, así como ustedes a nosotros.
Hubo lágrimas, besos y bendiciones. El niño de la aljaba
tomó nota de todo. El también tenía un triunfo para festejar.
Pan sobre las aguas 64

CAPITULO 6

EL MIEDO TAMBIÉN SE ASUSTA

¡Qué torre de fortaleza


es el nombre de Jehová!
La adversidad retrocede
y hasta el temor se echa atrás.

Dios nunca aparta los ojos


de todo el que clama y corre.
¡Que distinto será el cuadro
mirando desde esa torre!

Si el inicuo se atraviesa
y te pregunta:-¿ Quién va?
--Soy un siervo de Jehová.

Nunca omitas mencionarle:


Vendrán horas muy oscuras
justo al filo del derrumbe.
Dios toma nota en su libro
de todo lo que le incumbe.

El miedo se desconcierta
cuando no te ve temblar.
Jehová nunca ha de olvidarte
si tú no dejas de orar.

ERA UNA NOCHE SINGULAR Y TENSA…

Loida y Sofía habían sido amigas y vecinas por largo


tiempo. Vivían en la misma casa de apartamentos; Loida en el
sexto piso, y Sofía en el tercero: Siempre volvían juntas de las
asambleas y de las reuniones de congregación, especialmente
Pan sobre las aguas 65

ahora, cuando el transitar las calles por la noche era cada vez
más peligroso.
Hacía apenas unos días que había terminado la asamblea
de distrito. Esa noche, en la región de servicio, habían dedicado
algún tiempo a repasar los puntos principales del drama sobre
José y sus hermanos. Evidentemente el propósito del drama
había sido asegurarle al pueblo de Dios en los últimos días, que
nunca perecerían por falta de alimento espiritual y que verían de
cerca el cuidado y la guía de Jehová como lo vio aquél primitivo
pueblo de Israel, compuesto de setenta personas, que emigró a
Egipto en busca de alimento, para no perecer de inanición en la
tierra de Canaán, como lo indican los primeros versículos del
libro de Éxodo. El anciano que había conducido el repaso del
drama, enfatizó el hecho de que Dios no sólo tiene interés en su
pueblo dedicado, sino en la salvación de gente de todas las razas
y naciones y de todos los niveles sociales. Tal como José no
rehusó venderle granos a otros pueblos y les dio la misma
oportunidad de beneficiarse del alimento a todos, así nosotros
no debemos negarle a otros el alimento espiritual que puede
significar para ellos la diferencia entre la vida y la muerte.
Cuando el ascensor se detuvo en el tercer piso, Sofía dijo
simplemente, “hasta mañana”. Ella como Loida, era viuda y sus
hijos estaban casados y vivían lejos. Las dos pasaban algún
tiempo juntas todos los días, ya fuera predicando, estudiando, o
compartiendo alguna conversación incidental.
Cuando Loida abrió la puerta de su pequeño
departamento, la sorprendió un desacostumbrado olor a tabaco.
Sus visitas eran casi siempre Testigos de Jehová. Rara vez venía
a su casa un familiar o un proveedor que fumara. Todo estaba
en orden. Había encontrado la puerta bien cerrada al llegar, y
sus dos cerraduras no tenían señales de haber sido forzadas.
Nada parecía indicar que algún visitante indeseable hubiera
entrado. Pero sus fosas nasales, acostumbradas al olor limpio de
su casa, sentían la incomodidad de los efluvios del tabaco.
Al entrar en el dormitorio y encender la luz, un grito
escapó de su garganta. Un hombre armado, sentado sobre su
cama, había estado esperando su regreso. Tenía un aspecto
vigoroso, y era tan joven como su hijo, que ahora vivía con su
Pan sobre las aguas 66

esposa en otra provincia. Loida se sintió paralizada por el temor


y la sorpresa.
El desconocido empezó a dar órdenes insolentes: -¡No
grite ni trate de escapar! Este no es un revolver de juguete, y
está cargado! No grite porque le puede costar la vida.
Loida se sintió atrapada. Aunque gritara, con todas las
puertas cerradas difícilmente la oirían. Los vecinos contiguos
siempre volvían tarde a casa. El encargado del edificio vivía en el
décimo piso. Empezó a orar mentalmente y trató de serenarse.
Sacó su billetera de la cartera y se la extendió al desconocido
con manos temblorosas. Mientras este la examinaba, echó un
vistazo a sus alrededor. La ventana estaba abierta como ella la.
Nunca había sentido temor de que alguien entrara por allí,
porque daba a la calle del costado, ¿y quién podría escalar seis
pisos para entrar por una ventana?
El intruso volvió a tomar la palabra: -Aquí no hay mucho.
Saque todo el dinero que tenga por ahí, y también las joyas. Va a
ser mejor que me las de antes que empiece a revolver los
muebles.
Loida señaló a un cajón de la cómoda, y de allí sacó el
resto del dinero que tenía en la casa. De otro cajón extrajo una
cajita de madera lustrada en que guardaba algunas joyas que
habían sido de su madre y otras que eran regalos de su finado
esposo.
- Muy bien, deje todo allí; pero antes de llevármelo quiero
divertirme un poco. Sáquese toda la ropa ya mismo. (El caño del
revolver era una amenaza muy drástica que no cambiaba de
posición).
Loida temblaba y no dejaba de orar pidiendo fuerzas y
sabiduría para encarar la situación. Sólo pudo decir:
-¡Por favor…!¡Por favor…!¡Piense en su madre! (Hubiera
dicho muchas cosas duras y ofensivas que se esforzaban por
salir de su boca, pero acertó a recordar un artículo de Despertad
que aconsejaba que, en presencia de un delincuente, lo peor que
uno podía hacer era insultarlo, lo cual afrentaría su furia y sus
morbosos deseos).
El extraño adoptó un tono burlesco: -¿Se quiere hacer la
puritana? A su edad, quien sabe cuántas carreras habrá corrido.
No acabe con mi paciencia. Sáquese toda la ropa. Si se
Pan sobre las aguas 67

tranquiliza y me hace el gusto en todo, los dos la vamos a pasar


muy bien. (Agregó algunas frases irreproducibles. Viendo la
vacilación de Loida dijo en tono más enérgico -¿Se va a desvestir
ó…
Loida se despojó del traje y la blusa con manos torpes,
que apenas coordinaban con su mente. Gruesas lágrimas
rodaban por sus mejillas. Las mandíbulas temblaban. Era el
momento de correr a la gran torre de refugio mencionada en
Proverbios 18:10.
- No siga con sus planes, se lo pido por lo que más
quiera. Usted debe saber que soy Testigo de Jehová. No soy una
mujer cualquiera; sirvo al Dios verdadero. Mi esposo falleció y
tengo un hijo de su edad. El Dios del cielo cuyo nombre es
Jehová y…bueno…ya le dije, Jehová es el Dios verdadero. El es
el juez que le va a pedir cuentas…¿Nunca le explicaron quién es
Jehová? (Súbitamente una gran calma descendió como un
manto protector sobre su corazón. Algo estaba ocurriendo. El
rostro de su agresor estaba cambiando. El revólver descendió
unos centímetros).
No…mi madre va a un lugar donde leen la Biblia y se
bautizan con ropa larga toda blanca. Ella habla mucho de
Cristo, debe ser lo mismo.
No, no es lo mismo. Jehová es el Creador del Universo, el
padre de Jesús. El ama a los humanos porque los hizo a su
semejanza. A Él le interesa la vida suya tanto como la mía.
Usted no es un hombre de corazón duro. Lo he hecho pensar al
hablarle de Dios. El quiere que usted, tanto como yo,
disfrutemos de un nuevo mundo justo donde nadie tendrá
problemas que lo impulsen al delito. Su madre debe orar el
Padrenuestro, la oración que nos enseñó Jesús, donde pedimos:
“Venga a nosotros tu Reino”. Ese Reino es un gobierno dirigido
desde el cielo. No habrá gente marginada. Todos tendremos las
mismas oportunidades. Estoy segura de que usted ha sufrido
injusticias que lo hacen actuar así. El mundo de ahora nos
desengaña y nos golpea desde niños, y si no tenemos quien nos
oriente en el verdadero camino, el rencor nos puede hacer
violentos, nos puede empujar hacia el crimen. Llévese todo mi
dinero; llévese mis joyas, aunque son un recuerdo de familia;
Pan sobre las aguas 68

pero por favor, respéteme como mujer. Se lo pido por el Dios


todopoderoso, cuyo nombre es Jehová.
El delincuente se sintió desarmado ante la serenidad de
su víctima. Aquel nombre sagrado, que ella repitió tantas veces,
le infundía un temor que trataba de disimular.
-Está bien, no quiero sus joyas, pero deme la mayor parte
del dinero. Usted me ablandó a mí con palabras, pero al que
sostuvo la escalera de cuerda desde el piso de arriba, no lo voy a
conmover si le repito todo eso. A él le tengo que dar la moneda
contante y sonante.
Loida volvió a fijarse en la ventana abierta y repitió
extrañada: -¿La escalera de cuerda…?
-Sí. ¿No sabe que el apartamento que está encima de
este, en el séptimo piso, está vacío? Si no quiere sorpresas como
la de hoy, no vuelva a dejar la ventana abierta cuando sale.
Quédese tranquila, me voy. Tienen que abrirme la puerta para
que salga.
-Le agradezco mucho su comprensión. En la tabla de
valores de un cristiano, la moral tiene uno de los primeros
lugares. (Su voz todavía temblaba).
-En la tabla de valores del hampa yo no soy más que un
estúpido reblandecido, porque me compadecí de una mujer.
Escuche bien esta advertencia. Después que yo tome las de
Villadiego, cuídese muy bien de llamar a la policía por teléfono ni
de darle a nadie ninguna seña sobre mi. Yo puedo apiadarme de
la gente en ciertos momentos, pero si me traicionan no respondo
de lo que puede pasar. No se olvide de que yo y mi compañero
sabemos dónde encontrarla. A él no lo van a agarrar porque se
fue en cuanto entré aquí, y la esperé casi dos horas.
No tema que lo denuncie. No pienso hacer nada en su
contra, y tengo la esperanza de comprobar un día que todo lo
que le dije esta noche no cayó en el vacío. Por favor, acepte
algunas de estas publicaciones y léalas. Será una felicidad para
mi encontrarlo en alguna de nuestras asambleas algún día y
oírlo decir: -Ahora somos hermanos, porque no olvidé sus
palabras.
El hombre salió con las publicaciones bíblicas y Loida
volvió a pasar las dos llaves de la puerta. Se dirigió al dormitorio
y cerró la ventana. Entonces se arrodilló junto a la cama para
Pan sobre las aguas 69

expresar su gratitud a Jehová. El drama de la asamblea volvió a


sus pensamientos y sintió gozo de no haberle negado el alimento
espiritual a un delincuente.
Tomó un té de tilo y se acostó. Tardó cerca de dos horas
en aflojar la tensión y dormir. Otra vez, el drama se apoderó de
su mente. Veía a José rodeado de gente de varios países, con
ropas exóticas. Estaban comprando alimento. Ella miraba desde
cierta distancia. De pronto, un cananeo joven y fuerte pasó a su
lado con una bolsa llena de cereales, ¡y justamente, tenía el
rostro del desconocido que había entrado en su casa aquella
noche!

En una casilla de madera, sucia y desmantelada, el


hombre entregó el dinero al que le había sostenido la escalera de
cuerda. El otro lo observaba con extrañeza.
-¿Qué te pasa? ¿Estás preocupado? ¿Por qué si todo salió
bien?
- Estaba pensando que la gente que le da más
importancia a la conciencia que nosotros, es más feliz y vive
mejor.
Dentro de una bolsa llena de herramientas había
escondido el libro “Usted puede vivir para siempre” y algunas
revistas para leerlos cuando estuviera solo.

¿Por qué hemos llegado a vivir así, en desasosiego,


esperando sucesos indeseables? Todo empezó hace sesenta
siglos, en la primera infancia del mundo, en los días de Adán. La
vida estaba en sus albores, disfrutando de sus logros primitivos,
el reino vegetal y el reino animal. Nadie habría imaginado
entonces que la iniquidad iba a convertirse en una enorme
marea de resaca y corrupción que cubriría los pueblos.
Pan sobre las aguas 70

LA VIDA Y EL MUNDO

Se enfrentaron un día hace sesenta siglos,


sobre la tierra virgen, limpia y enmarañada.
La vida era muy joven, el mundo era muy niño.
La población del cielo aplaudió entusiasmada.

Ella adornó su infancia con flores y animales,


lo coronó de pájaros en la gloria del día,
lo adormeció con cantos en las tranquilas noches.
La inocencia perdida les duele todavía.

El mundo niño apretó en sus puños


las primeras semillas que dio la iniquidad;
volvió su espalda al Padre para jugar con ellas,
despreció su gran Nombre, ignoró su bondad.

La vida odiaba verlo por lodosos caminos,


avanzando a los tumbos, engendrando violencia,
aclamando el arribo del vicio y la ignominia;
con tales distintivos selló sus adolescencia.

Ahora la vida gime por el candor de antaño,


pero Dios la consuela con la seguridad
de que pondrá otro infante en sus cálidos brazos,
¡un mundo incorruptible, nutrido en la verdad!.
Pan sobre las aguas 71

Capítulo 7

LA CIUDAD DE LOS RECUERDOS

Conozco esas avenidas,


¡las he recorrido tanto!
Las alumbra tenuemente
una antigua luz de encanto.
Me detengo en los jardines
de flores que no perecen
y admiro los viejos árboles
que ni se secan ni crecen.
Leo en las placas brillantes
muchos sucesos de ayer.
Lo mejor de aquel pasado
tendrá que reverdecer.
¡Hay tantos nombres amados
que en grandes letras de acero,
se defienden del olvido
unidos a lo que espero!
Adquiere un brillo indeleble
lo que entra y nunca sale.
Ninguna inflación le cambia
el cartel de cuánto vale.
¡Oh ciudad de los recuerdos,
mi refugio atesorado,
que no se cierren tus puertas
ni seas un bien vedado!
Carta de ciudadanía
le diste a mi corazón,
y como salvoconducto,
las notas de mi canción.
Todo se asienta en tu calma
y queda tal cual está,
como los hechos grabados
en la mente de Jehová.
Pan sobre las aguas 72

Colibrí, hoy quiero valerme de tu habilidad para volar


hacia atrás. El ayer es un cofre de invalorables joyas. Cuando
uno aprecia el don de la memoria, sabe cuánto bien recibe al
hacer excursiones retrospectivas para solazarse en los hechos
relevantes del pasado y descubrir en ellos nuevas facetas. Los
que insensatamente desperdiciaron su vida buscando
sensaciones nuevas y placeres ilícitos, se jugaron a sí mismos
una mala pasada al ensuciar su conciencia con hechos
reprensibles. Convirtieron esa íntima ciudad de los recuerdos en
un basural al cual no sienten deseos de volver. Se privaron del
refugio mental digno y reconfortante que tienen los que pueden
mirar de frente al yo interior, porque sus errores no son
irreversibles.
Es un lujo exclusivo de cada uno al sentirse dueño de
una ciudad en que nadie puede prohibirnos la entrada. Allí
están los rostros amados de los que ya no existen. Volverán un
día porque Jehová los guarda en su memoria. Allí están las
fechas más significativas y los días rescatados del tiempo
uniforme, envasado en la ruma diaria. Esos escasos días en la
vida que resplandecieron con luz propia, porque traían un
mensaje distinto.
Empecemos por los rostros y las presencias que
permanecen incambiables en la ciudad de los recuerdos.

ELEGÍA

Malaquías 3:16

Los ángeles escriben un libro de recuerdos


en que guardan los nombres de los muertos amados
que cerraron los ojos en paz e integridad.
Sus nombres en la tierra se desligan de todo,
deberes y derechos, herencia y propiedad,
pero entran en tal libro para ligarse a cosas
estables, cristalinas, que exhalan santidad.
Pan sobre las aguas 73

Flotando entre los hielos del inconsciente sueño,


son árboles que el viento con saña descuajó.
Como pájaros mudos, con las alas quebradas,
atraviesan a ciegas el umbral de la nada
donde ningún reclamo de nuestra voz llegó.

La aborrecida muerte, con su guadaña al hombro,


ríe por los caminos con terrible desdén.
Dios la está desafiando desde el cielo:
—Llévate tus colgajos funerarios,
tus candelabros y tus tristes pompas.
¡Ya te van a enterrar a ti también!

Habrá un día brillante,


que aún no tiene nombre ni lugar asignado
en ningún calendario;
un día indescriptible,
que amaneció hace mucho en la mente de Dios.
El mundo renovado, feliz y hospitalario,
aclamará el regreso de los resucitados
con emotiva voz.

“Cantarán los que moran en el polvo”,


¿no lo dijo Isaías?
Ya nunca asociaremos su memoria
a una tumba sombría.
Este sol dadivoso,
ha de besar los ojos que durmieron inertes.
Aquellos pies que Dios llamara hermosos
al llevar su palabra en los caminos,
se afirmarán de nuevo sobre el suelo
por decreto divino.

Sus gargantas que fueron arpas rotas,


recobrando sus cuerdas malogradas,
harán vibrar sus más sentidas notas,
La tierra que los tuvo en sus entrañas
se vaciará de ellos conmovida,
Pan sobre las aguas 74

y Jehová colmará sus manos ávidas


con el regalo eterno de la vida.

MORIR NO ES PERECER

El árbol no se va cuando se seca,


queda ligado a nuestra simple historia
con su fruto, su sombra y su memoria.

El viento no se extingue al aquietarse,


completará su curso transformado
en un soplo de brisa sosegado.

El día no se anula ante la noche;


el corazón lo filtra y purifica,
la conciencia lo pule con reproches.

El ave no sucumbe cuando calla,


quizá la tempestad ahogue su voz,
pero hizo un nido y sus pichones pían;
con su canto nos dijo: “Existe Dios”.

Estás durmiendo el sueño duradero;


bien te ganaste ese descanso, madre.
Tu escolta es una estela de recuerdos
que ilumina tu imagen.

Hoy quisiera imitarte en tu equilibrio


al razonar, al comprender al deducir,
y repetir tus lúcidas sentencias,
al exhortar, al defender, al corregir.
¡Cuánta dulzura había en tus ojos mansos
al amparar, al sostener, al dirigir!
Pan sobre las aguas 75

No has de sentirte extraña cuando vuelvas,


contemplando los campos florecidos,
los lagos fulgurantes como gemas,
la creación vibrante de belleza,
porque ese Paraíso fue tu tema.

¡Qué bien te avenirás al Nuevo Mundo


con tu amplio dar y tu parco pedir!
Será imposible no identíficarte
al abrazar, al responder, al bendecir.

Ven Colibrí, leamos esas placas que conmemoran días


especiales en la corriente del tiempo. Allí está esa fecha
privilegiada en el derrotero de cada cristiano, cuando sellamos
nuestro pacto de dedicación con el bautismo.
¡Qué bueno es analizar los cambios que ha tenido
nuestra mente, la madurez, el equilibrio alcanzados paso a paso!

ANIVERSARIO

No hables de cosas tristes esta noche,


cierra la puerta y deja el mundo afuera.
No menciones la cuenta del teléfono,
los títulos dramáticos del diario,
ni el trigo que depende de las lluvias,
ni el desnivel de precios y salarios.

Borra este mundo y traza un nuevo mapa,


con mucho campo verde, con bosques más frondosos,
con montañas nevadas, cielos resplandecientes,
lagos adormecidos y arroyos caudalosos.
Casi hace medio siglo, en esta misma fecha,
con un corazón pleno de ardiente expectativa,
encaminé mis pasos al agua del bautismo.
Mi esperanza subsiste como ayer, fresca y viva.
Luego enfrenté a la gente confundida,
Pan sobre las aguas 76

con el mensaje penetrante y claro


de la verdad, por siempre redimida.

Me salieron al paso los ateos


insultando mi escasa inteligencia;
me escucharon con soma los filósofos
alabando el candor de mi demencia.
Oí decir que Dios ya ni nos mira,
que si una vez vivió hoy está muerto,
que nos lanzó como hijos no deseados
a un doliente ostracismo,
sin un norte marcado, sin derrotero cierto,
y sin más esperanza que el abismo.
Oí promesas que jamás cumplieron
los que ansiaban dominio y poderío,
rotulando al sagaz que no creyera
de “profeta sombrío”.

Los años y las décadas se fueron,


hoy es la tierra un arsenal que estalla;
llenan el escenario fuego y nubes;
es música de fondo de metralla.
Ha de llegar el día inexorable,
como llega el invierno con sus lluvias,
con sus vientos que azotan en tenaz ulular.
Como golpea el niño a las puertas del mundo
con dolorosa urgencia, y hay que dejarlo entrar.

Los burladores gozan maltratando su nombre,


pero Dios no se altera, y los deja seguir.
En sus manos de artífice ya existe
en forma y en sustancia el porvenir.
Para todos nosotros, sus Testigos,
es innegable su supremacía.
Nada invalidará nuestra confianza
en el tiempo acordado todavía.
Pan sobre las aguas 77

Entre los recuerdos que fueron mojones en el camino,


señalando el avance del Nuevo Mundo, están las asambleas.
Vamos a tratar de describir la felicidad de estar en ellas y la
impresión al verlas terminar.

ASAMBLEA

Le hemos quitado al tiempo cuatro días preciosos


y con clavos de hierro los hemos afirmado
a un muro evocativo que actualiza el pasado,
resume lo vivido, rescata lo valioso.
Afuera, el mundo sigue su absurdo planteamiento.
Al dejar cada tarde nuestro alegre avispero
nos repele el tabaco y el lenguaje grosero,
y nos traspasa el frío de un gran distanciamiento.
Se aferra a nuestro oído un largo eco que canta
mientras vibra el aplauso que respondiendo aprueba.
Nuestra sed analítica hasta saciarse abreva,
porque la fe nutrida se arraiga y se agiganta.
La oración al unirnos escrutó la conciencia
y el amén puso el sello a la actitud expresada.
Jehová la ha recogido cual firma autenticada
ante el fulgor sagrado de su anciana presencia.
La causa, que es el norte de nuestra trayectoria
ahora resplandece pulida y exaltada.
Es torre de refugio, es puesto de avanzada,
que se afinca en las fuentes de luz de la memoria.
Y nos vamos, pensando en el día triunfal
en que en la tierra libre el Nuevo Mundo sea
el gozo inacabable de una enorme asamblea
que nunca ha de cerrarse con un amén final.
Pan sobre las aguas 78

Llegará un tiempo maravilloso en que a los amados


huéspedes de la Ciudad de los Recuerdos se les cancelará el
permiso legal de residencia en el plano inconsciente, y se abrirán
las fronteras para conducirlos a la superficie de la vida
consciente. Entonces, la actividad social de ese mundo sin
barreras ni límites, florecerá con acontecimientos de
resplandeciente gozo. En toda la tierra habitada habrá
emocionantes reencuentros, parecidos a esta reunión familiar.

REUNION DE FAMILIA

El parque Betania ostentaba su espléndida belleza en


aquella tarde inolvidable. La primavera estaba en su apogeo. Los
árboles lucían su nuevo follaje y el rosedal estallaba en colores y
fragancias. En el tablero a la entrada del parque, donde se
anuncian conciertos, espectáculos y otros acontecimientos
especiales, se leía debajo de la fecha: “Reunión de descendientes
de Charles y Geraldine Paterson”. Eso significaba que el público
en general, discretamente se privaría de ocupar el parque esa
tarde, porque estaba reservado para una reunión privada, con la
aprobación del cuerpo de ancianos de la localidad.
Desde la mañana, un grupo de voluntarios de la familia
habían estado limpiando y adornando las mesas fijas que están
cerca del lago, y armando algunas grandes mesas adicionales
entre el lago y el palco de la orquesta.
El que una vez fuera el respetable capitán Paterson, al
servicio de la marina argentina desde su fundación, bajo la
autoridad del legendario almirante Brown, había publicado una
carta abierta en la prensa oficial, convocando a sus
descendientes hasta la última generación que vio el fin del
sistema, y la entrada del nuevo mundo que prospera y crece
ante nuestros ojos.
En las primeras horas de la tarde, los grupos empezaron
a llegar. Traían sus pequeñas canastas con la merienda. Charles
Pan sobre las aguas 79

Paterson les hizo saber de antemano que él se encargaría de


toda la bebida que se necesitaba y con tal fin, se instalaron cinco
pequeños bares muy decorativos en distintos puntos. Eran
estructuras de madera, artísticamente modeladas y pintadas.
Uno representaba un barco, otro un carruaje antiguo, otro un
vagón de tren, otro un tractor, otro una góndola. La tercera
generación de Charlie, sus nietos, atenderían los bares y
servirían deliciosos refrescos y cerveza casera. Todo había
llevado tiempo y esfuerzo desde meses atrás. No se sabía
cuántos se presentarían para la fiesta, al identificarse con los
apellidos publicados en la carta abierta que los invitaba. Era tan
fascinante para algunos rastrear sus raíces, como para las
raíces, llegar a conocer todos sus brotes.
A la hora convenida, se dio la bienvenida a 1.538
asistentes. Charles Paterson, instalado en una mesa frente al
micrófono, dirigió su emotivo discurso a la singular asamblea,
desde el palco de la orquesta.
—Desde que era muy joven, siempre esperé con ansiedad
la llegada de la primavera; pero jamás otra primavera despertó
en mí tanta expectativa como ésta.
—Desde que comprobé que el Dios de infinita bondad
había mostrado estima por mi vida al resucitarme, he acariciado
este pensamiento de reunir a un gran número de mis
descendientes en una fiesta familiar, para darle a mis ojos y a mi
corazón el gozo de contemplarlos y disfrutarlos. Nada sustituye a
la familia. Aún nosotros, los que éramos lobos de mar,
aparentemente duros e impermeables a las emociones que
produce el cariño natural, los que pensábamos que podíamos
tutear a la muerte y bromear con ella ante el océano
embravecido, estábamos solamente amordazando el terror de
morir solos, sin el calor de las manos amadas alisando las ropas
del lecho y enjugando el sudor de nuestra frente. Mi vida en el
mar, aunque no deseaba cambiarla por otra, tuvo como música
de fondo, un ahogado clamor por la familia.
El viejo mundo que la mano de Dios borró para siempre,
no me trató tan mal. En aquellos tiempos, la iniquidad no se
había apoderado de todo como sucedió en los últimos días. He
leído cuidadosamente la historia del tiempo del fin, que a
algunos de ustedes les tocó vivir, y me he estremecido de
Pan sobre las aguas 80

asombro. Pero, a mayor o menor grado, en todas las


generaciones hubo víctimas y victimarios. Aparte de eso, siempre
existía una clase social que vivía una vida relativamente
tranquila, flotando sobre la cresta de las olas sin hundirse, y en
esta clase estuve yo. Éramos espectadores de los dramas ajenos,
pero nos conmovíamos ante los hechos sin poder cambiarlos.
Teníamos que limitarnos a tenderles la mano a otros, dándoles
una ayuda pasajera, o alentándolos con una ráfaga de simpatía
y amistad, mientras el viejo drama continuaba.
—Yo amaba el mar desde niño y me alisté en la marina
inglesa. Pasaba las vacaciones en casa de mis padres, cerca de
Londres. A los 25 años me casé con esa hermosa mujer que está
sentada en el sillón blanco, junto al rosedal. Ponte en pie,
Geraldine por favor, para que ninguno de los presentes tenga
que preguntar cuál es aquella lejana abuelita de quien oyeron
hablar en su niñez. (Un cálido aplauso resonó en el parque
cuando Geraldine, con un largo vestido de tul celeste, y jazmines
prendidos a su pelo rubio, se levantó para saludar a los
presentes. Muchos se acercaron con sus cámaras y la
fotografiaron).
Carlos Paterson continuó su relato: —Geraldine y yo
habíamos sido compañeros de colegio. Nuestros padres eran
buenos amigos entre ellos y nos veíamos a menudo. Cuando
anunciamos nuestro noviazgo, ambas familias lo celebraron con
verdadera alegría. Nuestro matrimonio fue muy feliz. Siempre
estuve agradecido a Geraldine por su comprensión y paciencia.
Estuvo dispuesta a esperar mi retiro para tenerme más tiempo a
su lado. Jamás me mortificó exigiéndome que abandonara el
mar para dedicarme más a la familia, frustrando así mi
verdadera vocación. Educó maravillosamente a nuestros cinco
hijos, que, por la bondad de Dios están todos aquí. Les he
pedido que se sentaran allí, en el rosedal, junto con los que
fueron sus compañeros matrimoniales, y los hijos que nacieron
de tales matrimonios. Los nombraré para que cada grupo de
familia se ponga de pie, a fin de que los identifiquen sus
descendientes. Allí está Eduardo, mi hijo mayor y su esposa
Sara, con los tres hijos que tuvieron; luego Rosemarie, su esposo
Andrés y sus cuatro hijos. Después nació Arturo, cuando ya
vivíamos en Buenos Aires, y se casó con Isabel, una muchacha
Pan sobre las aguas 81

española. Ellos tuvieron seis hijos que siempre fueron muy


mimosos de los abuelos, porque vivían cerca de nosotros. Ana
María nació después que Arturo. Ella se casó con Diego, un
joven que cantaba muy bien y nos deleitaba con sus serenatas.
Ana falleció al dar a luz a su segundo hijo. Ese fue un gran dolor
que ensombreció a nuestra familia en aquel momento, pero hoy
tenemos el gozo de tenerla entre nosotros. Tres años después de
Ana María nació Diana. Ella era la única que quedaba soltera
cuando conseguí mi retiro de la Marina, y algunos años después
se casó con Dionisio, el hijo de un querido amigo nuestro. Ahora
quiero contarles cómo llegué a las costas del Río de la Plata, y
cómo andaban las cosas por aquí en aquellos días.

—El barco que yo tripulaba vino dos veces a la América


del Sur y se detuvo algunos días en Buenos Aires y en
Montevideo, la pequeña ciudad fundada en la otra orilla.
—Ambas tenían un encanto especial, un sello personal
que las hacía tan diferentes de las ciudades europeas. Su
población limitada hacía que todo el mundo se tratara
familiarmente, en un ambiente tranquilo y cordial. Era un
pintoresco conjunto de nacionalidades que seguían con interés
el despertar de un nuevo continente, que atravesaba drásticos
períodos de cambio.
—Juan de Garay, un enviado del Rey de España, fue el
fundador de la ciudad de Buenos Aires en 1580, profetizando
que algún día, llegaría a tener cientos de habitantes. En su
discurso de inauguración Garay había dicho que,
contrariamente al punto de vista negativo de muchos, con duro
trabajo se conseguiría que la tierra diera buenas cosechas y
alimentara ganado. Algunos pensaban entonces que esa
pretensión era ridícula y que el lugar era tan impropio, que
quedaría como un villorio perdido.
—Sin embargo, cuando yo la conocí, más de dos siglos
después, era una respetable ciudad con más de trescientos mil
habitantes, entre ellos muchos esclavos recién liberados y
mestizos. No podía compararse con Tucumán, la ciudad norteña,
pero seguía creciendo junto a un puerto donde atracaban barcos
de todo el mundo. Los ojos codiciosos de los portugueses,
ingleses y franceses estaban sobre ella, buscando la oportunidad
Pan sobre las aguas 82

de arrancarla de las manos de los españoles. Después del


fracaso de las invasiones inglesas y la disolución del virreinato,
llegó a ser una tierra libre e independiente, que miraba con
mucho entusiasmo hacia el futuro, y se borraron los malos
recuerdos. Gente de todas las nacionalidades participó en
poblarla y engrandecerla, sintiéndose bien integrada y a gusto
con todos los demás.

—En el segundo de mis viajes al río de la Plata, conocí a


un irlandés notable, marino desde la niñez, William Brown,
quien más tarde fue llamado “el padre de la marina argentina”.
Este navegante de indoblegable vocación influyó en mi decisión
de venir a estas costas con Geraldine y los dos niños que
teníamos en aquel tiempo. El mismo Brown trajo a su flamante
esposa Elisa, en viaje de luna de miel en su propio barco, el
“Belmond”, a Montevideo, donde lo usaba para viajes costeros;
más tarde los portugueses que dominaban en el Brasil, se lo
confiscaron.
—Felizmente, Geraldine se sintió atraída por esta
aventura y nos embarcamos con los niños en un viaje que en ese
entonces duraba dos meses y algunos días. ¿Qué fue lo que nos
movió a tomar esa decisión allá en el año 1814 de la era pre-
Armagedón? En ese año William Brown fue comisionado por el
gobierno de las Provincias Unidas, para formar una fuerza naval,
y lanzó un llamado para enrolar en ella marinos extranjeros.
Ingleses, irlandeses, norteamericanos y franceses respondieron a
la convocatoria. Brown era conocido y respetado en estas costas.
Conocía el estuario palmo a palmo y dirigía un servicio de
pasajeros de Buenos Aires a Colonia que operó hasta que los
agresivos españoles se apoderaron de su nave. Brown sabía
dirigir barcos y hombres. Era la persona indicada y demostró
que el privilegio estaba bien concedido. Mi carrera naval
continuó exitosamente bajo su dirección. Geraldine era feliz en
Buenos Aires. La familia seguía aumentando y no tardamos
mucho en disponer la edificación de una casa grande, a nuestro
gusto. Cuando yo partía mar adentro, a veces por un buen
número de meses, mi corazón estaba tranquilo en cuanto a mi
familia porque dos personas que merecieron todo nuestro
agradecimiento y aprecio, quedaban en casa: eran Gervasio y
Pan sobre las aguas 83

Martina, los únicos invitados a esta reunión que no llevan


nuestra sangre. Por favor, vengan junto a mí. (Un hombre y una
mujer de piel morena, de rostro bondadoso y sonriente, se
colocaron junto a Carlos Paterson).

—La esclavitud había sido abolida un año antes de


mudarnos nosotros al Río de la Plata, de modo que no los
compramos como esclavos, sino que los tomamos como
empleados. Gervasio y Martina eran recién casados entonces.
Más tarde, los hijos de ellos crecieron junto a los nuestros y eran
sus compañeritos de juegos. Cuando yo contraté a una maestra
española para que aprendieran bien el idioma, los hijos de ellos
se beneficiaban de las clases junto con nuestros niños. Mi
gratitud a estas dos personas amorosas y leales, no puede
expresarse con palabras.
—Cuando me retiré de la Marina, vendimos nuestra
primitiva casa en Buenos Aires y compramos otra bastante
afuera, en una ciudad llamada Belgrano. Era una tranquila
mansión rodeada de un parquecito. Cuando había algún
acontecimiento especial en Buenos Aires, salíamos temprano en
la mañana en nuestro coche tirado por caballos y llegábamos
después del mediodía. Naturalmente, nos deteníamos a
merendar en algún lugar desierto, bajo los árboles. Gervasio se
entendía muy bien con los caballos, y Martina con los nietos que
nos acompañaban, de modo que era imposible ir sin ellos a
cualquier parte. (Los morenos disfrutaban de cada recuerdo
mencionado por el capitán, y sonreían complacidos,
agradeciendo los aplausos de los concurrentes.
—Gervasio fue el primero en abandonarnos, y como no
podía ser de otra manera, le otorgamos un lugar de descanso en
la tumba de la familia. Martina lo siguió varios años después,
cuando yo mismo había terminado mi carrera, y mis hijos
dispusieron que ella también descansara con nosotros. Es una
felicidad tenerlos aquí y ver que Jehová no los olvidó en este
tiempo de recompensas. Podría seguir interminablemente
recordando cosas, pero no quiero ser el único en hablar.
Acércate al micrófono, Gervasio. Sería bueno que tú también nos
cuentes algo de aquellos lejanos tiempos.
Pan sobre las aguas 84

—En primer lugar, Don Carlos, quiero agradecer las


palabras con que usted reconoce nuestros servicios de antaño.
Era muy fácil ser leal a nuestro querido capitán. Martina y yo no
podíamos siquiera pensar en separarnos de usted y la señora
Geraldine, y dejar de ver a los hijos de ustedes, que habían
estado tanto en nuestros brazos. Es una inmensa felicidad haber
vuelto a vivir en este tiempo y comprobar que Jehová nos tenía
en su memoria. Es también una gran dicha volver a
encontrarnos con la familia Paterson y compartir el gozo de
todos los que están aquí hoy.
—Como les sucederá a muchos de ustedes, es inevitable
para mí comparar el pasado con el presente. Mientras Don
Carlos nos hablaba de aquellos primitivos tiempos de Buenos
Aires, muchas comparaciones surgían en mi mente. Había
bastante trabajo y se pagaban buenos jornales, pero de todos
modos, los mendigos abundaban. Aparte de los lisiados y los
ciegos que mendigaban en la puerta de la iglesia, estaban los
niños y los ancianos, que iban de casa en casa siempre con la
misma introducción: “¡Una limosnita, por el amor de Dios!”
Algunos habían tenido tan buena respuesta de la caridad ajena,
que podían hacer su recorrido a caballo. Era tradicional que los
mendigos montaran un caballo blanco. Detrás de ellos, envuelto
en algún poncho sucio, llevaban pan y carne que la gente les
daba. La actitud de la mayoría era que no debían marcharse de
su casa sin recibir algo, pues de otro modo, Dios le
correspondería a uno con la misma indiferencia con que uno los
trataba a ellos. Algunos hasta sospechaban que el mismo Jesús
materializado, disfrazado de mendigo, podía estar llamando a
sus puertas para ponerlos a prueba. Después de todo ¿no decía
la Sagrada Escritura que Jesús también venía en un caballo
blanco?
En aquel tiempo, un caballo se compraba por el
equivalente de tres o cuatro dólares. Para darles una idea más
clara, ese dinero alcanzaba para dos días de hotel y comida en la
ciudad. Por eso era común que un caballo fuera maltratado y
abusado hasta que caía moribundo a un lado del camino,
porque costaba tan poco sustituirlo. Esto nos hería a las
personas de buena conciencia. Algunos de éstos decidieron
formar la “Sociedad Protectora de Animales”, cuando yo ya era
Pan sobre las aguas 85

bastante anciano, hacia fines del siglo diecinueve. Esa sociedad


ya existía en Inglaterra y en Estados Unidos y, el tenerla entre
nosotros, era un adelanto de la civilización.
—Hoy es maravilloso vivir en un mundo en que la
mendicidad no existe. Nadie tiene que invocar el amor de Dios
para recibir mendrugos. Mirando esos bares improvisados para
la fiesta, no pude menos que recordar las tristes y sucias
pulperías de la antigüedad, donde los hombres de campo se
reunían a beber y a jugar, dejando allí el dinero de sus jornales
como algo sin valor, ya que las cosas esenciales para la vida
estaban provistas sin restricción en el campo donde trabajaban
y vivían. Cada pulpería tenía una guitarra disponible para el que
la pidiera, y el que cantaba para todos recibía gratis lo que
quisiera consumir. Los payadores improvisaban sobre las
cuerdas, volcando en ellas sus lamentos por algún amor no
correspondido, por alguna traición que juraban vengar con
sangre, o por las penurias al cruzar a caballo las grandes
extensiones desiertas. Los gauchos sentían que la Pampa era de
todos y de nadie. Hubo airadas críticas y protestas cuando
algunos terratenientes ingleses empezaron a marcar el ganado y
a cercar sus campos con alambre de púa importado de
Inglaterra. Los ganaderos criollos decían que era una locura
querer ponerle puertas a la Pampa y que ellos nunca habían
necesitado límites marcados por alambre. Hasta ese momento,
sólo se habían reconocido límites naturales; un bosque, un
barranco, o una hilera de matas espinosas. El progreso los
estaba regimentando, y lo recibían con resentimiento.
—El gaucho era naturalmente triste y taciturno. Se
sentaba junto al fogón en las horas de ocio a tomar mate y a
rumiar penas. La alegría natural de los más jóvenes se miraba
como un estado pasajero que el tiempo disiparía. Hoy vemos el
Nuevo Mundo rebozan te de felicidad. Hemos aprendido que el
gozo es un fruto del espíritu de Dios, una invalorable
recompensa por nuestro trabajo y nuestra fidelidad de cada día,
disponible para todos los que formamos parte de esta nueva
sociedad terrestre bendecida por el Creador.
Gervasio concluyó su relato y Carlos Paterson tomó de
nuevo la Palabra:
Pan sobre las aguas 86

—Gracias, Gervasio, por tus comentarios. Ahora le ruego


a Martina que nos cuente algo de sus remotos recuerdos.
—Mientras Gervasio hablaba del gran contraste entre el
ayer y el hoy, yo pensaba de cuántas cosas estuvimos protegidos
al vivir en la casa de la querida familia Paterson. Nunca
carecíamos de nada y nuestro trabajo era bien valorado. Aparte
de los recuerdos más queridos, que tienen que ver con nuestros
propios hijos, resaltan en mi mente las pequeñas fiestas
familiares que se reservaban para los breves días en que el
capitán estaba en tierra. Yo ayudaba a la señora Geraldine a
preparar los exquisitos budines de fruta abrillantada que eran el
deleite de don Carlos. Algunos eran guardados en moldes
especiales para que él los llevara a bordo. Estos se conservaban
mucho tiempo en el molde revestido de una gruesa capa de
grasa de cerdo.
—Quiero contarles algo del Mercado del Centro, donde la
señora me enviaba dos o tres veces por semana. Aparte de los
excelentes productos de nuestra tierra, había siempre una gran
variedad de conservas, mermeladas y golosinas que traían los
barcos. Pero, el mayor atractivo del Mercado del Centro era que
nos brindaba la oportunidad a las muchachas del servicio
doméstico, de encontrarnos con las que servían a otras familias.
Allí uno se enteraba de todas las novedades; quién se había
ennoviado y con quién; quién esperaba un bebé; qué familia
había recibido muebles nuevos desde Europa; cuáles eran los
matrimonios que más reñían y las suegras más gruñonas.
—Casi siempre, esas idas al mercado llevaban mucho
más tiempo del que era necesario. Pero, todo en ese entonces se
movía lentamente, no había razón para andar de prisa, y era
una tentación irresistible detenerse a conversar con cuatro o
cinco personas diferentes cada vez. Eso es todo lo que quería
decir.
—Gracias Martina. Tu narración trae a mi mente la
lentitud de las comunicaciones en aquellos días. Cuando
recibíamos alguna publicación de Europa, las noticias ya tenían
casi tres meses. En Buenos Aires se editaban pequeños
periódicos que se enviaban por diligencia a Tucumán y Córdoba,
donde tardaban más de un mes en llegar. Actualmente, vivimos
en un mundo perfectamente unido por sus vías de
Pan sobre las aguas 87

comunicación. Cualquier novedad puede recorrer el planeta en


un par de horas, y lo que es mejor aún, las noticias son siempre
positivas y animadoras. Ahora sería muy oportuno que tú,
Geraldine, les dirigieras la palabra a todos estos apreciativos
descendientes tuyos. Acércate al micrófono, por favor.
—Querida familia: Carlos ya les dijo cuánto significa para
nosotros esta hermosa ocasión. Sé que ustedes tienen mucho
interés en descorrer los velos del pasado junto con nosotros. Les
contaré que, aunque no fue fácil dejar atrás Inglaterra, la
familia, los amigos, los lugares llenos de recuerdos, no había
dudas en mi corazón, ni posibles alternativas. Me había casado
para seguir a mi esposo y no hubiera podido ser feliz
contrariándolo. La vida en Buenos Aires era agradable y
sosegada después de la independencia. Como dijo Carlos, se
borraron los malos recuerdos de los años turbulentos. Por una u
otra razón, siempre teníamos los ojos puestos en Europa.
Llegaban catálogos de las grandes tiendas anunciando sus
productos y la gente enviaba sus pedidos.
—Cuando llegaban los barcos con aquellas voluminosas
cajas etiquetadas para cada familia, era una fiesta abrirlas. Nos
probábamos los hermosos vestidos, desembalábamos las
porcelanas o algún mueble adicional para la casa, y repartíamos
los juguetes entre los niños. Siempre pedíamos algo para
Gervasio, Martina y sus negritos, para que participaran de
nuestra alegría. Luego esperábamos aquellas ocasiones en que
lucir la ropa nueva. Podía ser una boda, o una fecha celebrada
por alguna familia en su sala especialmente adornada e
iluminada por muchos candelabros. De vez en cuando,
recibíamos con especial entusiasmo el anuncio del arribo de una
compañía de ópera, un concertista, o un conjunto de ballet.
Desde principios del siglo diecinueve Buenos Aires tenía un
hermoso teatro, el Colón, que durante más de cincuenta años
fue el único existente. Era algo muy sugestivo vestirse con la
mejor ropa y concurrir a estos acontecimientos artísticos. Los
que vivían más cerca caminaban a través de las oscuras calles
empedradas guiados por un negrito que se ganaba unos reales
iluminando el camino con un farol pendiente de un palo o de
una caña, y esperaba al final de la función para acompañar de
Pan sobre las aguas 88

vuelta a los señores a su casa. Los que vivían más lejos, llegaban
en sus coches a caballo.
—Durante todos esos años, solamente una vez volví a
Inglaterra. Me preocupaba la idea de que mis padres y los de
Carlos estaban envejeciendo sin conocer a sus nietos. Si
esperábamos mucho quizá no los encontraríamos con vida.
Carlos los veía cada tanto en sus viajes, pero yo siempre tenía
que quedarme en casa y conformarme con las cartas y los
encantadores regalitos que él nos traía de parte de los abuelos y
de los tíos. Al fin, hicimos arreglos para viajar en un barco
grande todos juntos, cuando mi esposo consiguió una licencia.
Descontando los dos meses de ida y los dos de vuelta, pudimos
quedarnos cuatro meses mis hijos y yo, aunque Carlos tuvo que
volver antes al servicio naval. Despedirme de aquellos queridos
ancianos fue una de las experiencias más duras de mi vida, ya
que en esos años, sin conocimiento de las verdades bíblicas,
pensábamos que tales despedidas eran definitivas. No
imaginábamos entonces los emocionantes reencuentros que la
resurrección nos iba a proporcionar. Después de aquel viaje,
cuando yo tenía cuarenta y cinco años, tuve la sensación de que
mi propia juventud se estaba esfumando sin retorno. Diez años
después, vino la sorpresiva muerte de Ana al dar a luz una niña.
Después de eso, ya nada más me interesó fuera de la familia
misma. Carlos se retiró de la Marina y compró la casa en
Belgrano. Nuestros nietos venían frecuentemente y nos
sentábamos en el jardín a verlos jugar bajo los limoneros y los
naranjos. A partir de allí tengo un registro mental cada vez más
opaco e impreciso. Tal vez uno de los presentes quiera añadir
algo más…
—Muchas gracias, Geraldine. Veo a nuestra nieta
Marisol, hija de Arturo, que levanta la mano pidiendo la palabra.
Acércate Marisol, por favor.
—Gracias abuelo Carlos. Yo quería añadir algo a los
recuerdos de la abuela. Hacia fines del siglo diecinueve, cuando
ustedes ya no estaban entre nosotros, fue una gran sensación
para los habitantes de Buenos Aires ver llegar el alumbrado
eléctrico. El teatro Colón era entonces un lugar resplandeciente,
en que todo lucía y se disfrutaba más. La distancia entre Buenos
Aires y Belgrano se fue cubriendo de pequeños caseríos.
Pan sobre las aguas 89

Empezaron a aparecer los coches a vapor y más tarde, el


automóvil. Así entramos en una nueva era en que todo se movía
con más agilidad.
—Muy interesante tu comentario, Marisol. ¿Hay alguien
que quiera narrar algo del siglo veinte?
Un hombre alto, rubio, se acercó al micrófono y pidió la
palabra:
—Abuelo Carlos, soy Roberto Paterson, un bisnieto de
Diego, el hijo de tu hijo mayor, Eduardo. Cuando te escuchaba,
me llamó la atención la fecha en que viniste aquí para integrar la
marina de lo que entonces se llamaban “Las provincias Unidas”.
Tú mencionaste el año 1814. Cien años después, en 1914, yo era
un joven marino, recién comenzando mi carrera. Debo haber
heredado de ti la vocación. Ese año, la tierra entera fue sacudida
por una terrible sorpresa. Estalló la gran guerra mundial que
nadie esperaba. Desde allí nada fue igual en el mundo. Bueno,
todos hemos estado estudiando la conexión de esa guerra con
las profecías bíblicas. No intento ahora repasar el significado de
aquellos graves sucesos, porque sería repeticioso. Sólo quería
decirte, abuelo, que un lejano descendiente tuyo andaba
recorriendo los mares del mundo en aquellos días tan
significativos.
—¡Muy bien, Roberto! Nos alegramos de conocerte y
escuchar te. Tenemos tiempo para dos o tres testimonios más, si
no son muy extensos, antes de la comida; ¿hay alguien que
tenga una experiencia singular para contar, algo fuera de lo
común? Veamos qué nos trae ese buen mozo que me hace señas
desde una de las últimas mesas; por favor, cuéntanos quién eres
y en qué generación te tocó vivir.
—Son Abelardo Arenas, un lejano nieto tuyo. Tu hija
Rosemarie fue una de mis tatarabuelas. Creo que mi experiencia
personal es única en lo que toca a la familia. A causa de algo que
los médicos señalaron como una severa deficiencia hormonal yo
no alcancé la estatura normal. Por lo que sé fui el único enano
entre tus descendientes, y nací seis años después de finalizada
la guerra mundial que mencionó Roberto. Mi vida fue
relativamente corta y no me destaqué en nada. Pero quiero
compartir con ustedes el gozo de ser ahora un hombre normal
liberado de una situación opresiva y sin remedio. Desde niño
Pan sobre las aguas 90

tuvo que estar consciente de ser la desilusión de la familia.


Aunque mis padres eludían mencionar el problema en mi
presencia, yo lo sentía. Mi intelecto no había quedado enano y a
medida que pasaba el tiempo fui víctima del gran desequilibrio
entre lo que era y le que podía haber sido. Cuando llegué a los
18 años empezó a torturarme la idea de encontrar una
muchacha buena, cariñosa, que no midiera más de un metro
veinte, como era mi estatura, para formar mi hogar. Nunca la
encontré y seguí siempre solo, viendo envejecer a mis padres y
preocupándome por un futuro muy incierto. Encontrar empleo
era otro problema. A las fábricas y las empresas difícilmente les
vendría bien mi altura. Aparte de eso, desconfiaban de mi
capacidad, ya que el “envase” prometía tan poco. Para un sector
del público parecía que un enano sólo servía para hacer reír en
el circo. Al fin aprendí a hacer marcos bonitos y a armar cuadros
que vendía en las ferias callejeras. En casa, el teléfono estaba en
una mesita baja, siempre a mi alcance y en mi pieza, los
enchufes y las llaves de luz estaban expresamente colocados a
mi altura, pero si tenía que llamar desde un teléfono público,
debía molestar a alguien que tuviera la bondad de discar el
número y alcanzarme el tubo. Era humillante ir a las tiendas y
comprar ropa de adolescentes y zapatos de niño, cuando mi
rostro mostraba ya los surcos que se fijan a los cuarenta. Por
eso hoy me regocijo en primer término por el don de la vida,
luego porque no soy un objeto de curiosidad para el público y
porque puedo vivir y actuar como cualquiera. En tiempos
antiguos los enanos eran vistos como maldecidos por Dios. Los
mayas, pueblo indígena muy supersticioso, creían que todas las
enfermedades del mundo eran causadas por los enanos. Gracias
a Jehová, estoy libre de todo eso. Me siento muy feliz porque soy
como cualquiera de ustedes y no desentono con tan hermosa
familia.
Un cálido aplauso mostró la simpatía que Abelardo
despertó con su relato. Después de él, Carlos Paterson volvió a
tomar la palabra:
—Ya no voy a pedir más voluntarios aunque estoy seguro
de que podrían surgir aún muchas historias interesantes. Pero
he reservado para el final el testimonio de Katy. Para los que aún
no la conocen les diré que ella fue una fiel precursora,
Pan sobre las aguas 91

proclamando el Reino de Dios en los últimos días del inicuo


mundo que Dios borró de la faz de la tierra. Cuéntale a todos,
Katy, lo que me contabas a mí hace algunos días, cuando nos
conocimos.
Una mujer de cabello oscuro y rostro muy atractivo
avanzó hacia el micrófono y se dirigió a los presentes:
—Tuve el privilegio de conocer a los Testigos de .Jehová
en 1942, antes de nuestra era. La verdad bíblica se arraigó
profundamente en mi corazón y pronto emprendí el
precursorado. Fui dejando de lado muchas metas personales y
pequeñas ambiciones, con la seguridad de que el Armagedón
estaba cerca.
Esperaba sobrevivirlo, por la bondad de Jehová. Tuve
una vida llena de satisfacciones espirituales y vi mucho fruto de
mis esfuerzos. No me sentí defraudada por la falta de logros
materiales, al compararme con otros entre mis amigos y
familiares. No sufrí pruebas espectaculares ni tuve que
enfrentarme a grandes sacrificios. Si tuviera que justipreciar mis
méritos en el servicio de Dios podría hacerlo pidiéndole algunas
palabras prestadas al apóstol Pablo: “Corrí con aguante la
carrera hasta el fin sin desviaciones, con la vista fija en el
premio”. Cuando me iba acercando a los sesenta años mi salud
se resintió severamente. Pronto supe que una enfermedad
implacable minaba mis huesos. La acariciada esperanza de ver
estallar la batalla final de Dios y sobrevivirla se fue haciendo
más lejana y turbia cada día. Algunos otros de mi círculo de
familia entraron en la verdad y fueron muy amorosos conmigo.
Cuando estaba en el clímax de mis dolencias, Jehová me
reconfortaba poniendo cuadros brillantes del Nuevo Mundo en
mi mente. Tenía la exacta sensación de que El me estaba
arrullando para dormir y asegurándome un hermoso despertar
en los albores del nuevo Paraíso. Y así fue. Estoy hablando con
ustedes hoy, para que tengan la satisfacción de saber que hubo
miembros de la familia Paterson anunciando el Reino de Dios en
los últimos días. No me sentí defraudada cuando comprendí que
no iba a ver el fin del sistema viejo. Después de una vida de
fidelidad, hay una sola cosa que importa por encima de todo:
sentir la certeza absoluta de la aprobación de Jehová. Llega un
momento culminante en que uno se apropia de las palabras
Pan sobre las aguas 92

finales que pronuncia el hombre del tintero en la profecía del


capítulo nueve de Ezequiel: “He hecho tal como me has
mandado”. Entonces, una gran paz envuelve el corazón y lo
abriga antes de su último sueño, porque Jehová les hace sentir a
sus siervos aprobados que con El, todo ha quedado bien.

Un emocionado y prolongado aplauso resonó en la


extensión del parque cuando Katy se alejó del micrófono. Carlos
Paterson pronunció una oración de gracias para iniciar la
comida. Mientras cada grupo preparaba la mesa, los nietos de
Carlos tomaban sus lugares asignados en los bares. Música
suave y melodiosa acompañó la comida y la conversación,
durante dos horas.
Cuando el sol empezó a declinar, Carlos volvió al
micrófono y pidió la atención de todos:
—Pronto, cada uno emprenderá el camino a casa y esta
memorable reunión entrará triunfalmente en el pasado. Quiero
que la princesa de la fiesta vuelva a colocarse a mi lado en estos
momentos finales. Ven Geraldine, mi inolvidable compañera en
los caminos del viejo mundo. Casi todos los que estamos aquí
hemos atravesado los umbrales de Seol. El nombre de este
parque ha resultado ser muy oportuno en esta ocasión. Betania
era la aldea en que vivía Lázaro, el amigo de Jesús, con sus
hermanas, Marta y Maria. De las tres personas que Jesús volvió
a la vida por medio de la resurrección, Lázaro era el único que
había estado en el sepulcro. Los que estamos aquí, después de
haber transpuesto los umbrales de la muerte por la condena
heredada de Adán, hemos pagado por nuestros errores del ayer y
hemos comenzado de nuevo nuestro registro de vida sobre una
página en blanco. Pero no debemos dar nada por sentado,
porque aún falta la prueba final de integridad. De los que hemos
hablado aquí hoy, Katy fue la única que terminó su curso con
esa prueba cumplida. Nosotros tenemos que enfrentarnos al
enemigo de Dios cuando vuelva al ataque al terminar este
milenio. Luchemos afanosamente, incansablemente por la vida,
como tuvieron que hacerlo los Testigos fieles de los últimos días,
cuando la furia satánica no les daba descanso. Espero que
podamos volver a reunirnos incontables veces. Quedaron
muchas cosas por decir. Hay recuerdos de incalculable valor que
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nos unirán siempre. Aunque en nuestra condición de


resucitados ya no tenemos el privilegio de continuar la relación
matrimonial, los que fueron nuestros compañeros maritales
seguirán siendo nuestros amados amigos en los siglos futuros.
Un día, la tierra entera estará poblada solamente por adultos,
porque la obra de la procreación habrá quedado definitivamente
cumplida. Todos los habitantes de la tierra constituirán una
población estable; no nacerá ni morirá más nadie. Es mi más
querido deseo que todos los brotes de nuestra familia que hoy
nos acompañan, formen parte de esa privilegiada población del
planeta. Una cosa resalta claramente ante mis ojos: Casi todos
hemos sido personas normales que crecieron, amaron,
trabajaron y murieron, sin haber hecho nada excepcionalmente
bueno o malo.

—Ustedes han observado cámaras filmadoras que han


estado registrando los momentos más significativos de esta
reunión. Están realizando un video que será posesión atesorada
de la familia. Por eso, Geraldine y yo hemos ideado un punto
final deslumbrante. Los poetas han mencionado frecuentemente
la peculiaridad de los cisnes, que cantan una sola vez en su
vida, cuando están muriendo. Al contrario de esos cisnes que
nadan en el lago del parque, nosotros queremos cantar juntos
un canto a la vida, con la esperanza de seguir viviendo para
siempre.
—Hemos calculado que, según la circunferencia del lago,
los 1538 presentes podrían abarcarlo tomándose de las manos
en una gran ronda, y cantando aquella hermosa canción que
despierta nostalgias en los que vivieron en los últimos días:
“Gracias Jehová”.
La ronda empezó a formarse. El agua reflejaba el variado
colorido de la ropa. Abelardo Arenas, el que había sido enano, se
acercó a Carlos y Geraldine con un comentario chispeante:
—¡Qué gozo inefable el de ustedes sabiendo que dieron
comienzo a esta familia!
—Yo estaba diciéndole a Geraldine hace un momento:
¡Qué gozo perdieron Adán y Eva, que podrían estar viendo a sus
hijos llenar la tierra!
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El resplandor rojizo del crepúsculo iluminaba el lago.


Muchos rostros felices se copiaban en sus aguas, entre ellos, dos
rostros negros. Cuando los pájaros volvieron a sus nidos para
dormir, escucharon una canción diferente. Carlos y Geraldine no
podían cantar. Aquellas voces estaban expresando lo que sus
corazones colmados apenas acertaban a balbucear.
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Capítulo 8

¡NO ME OLVIDES, COLIBRÍ!

Querida Inspiración, ha sido muy grato tenerte a mi lado


en todos los momentos más significativos de la vida. Hemos
dejado caer mucho pan sobre las aguas. Hemos realizado las
más audaces y coloridas excursiones, ya que, como dijo un
pensador, los viajes más fascinantes son los que hacemos sin
movernos del asiento.
Ahora es mejor que descanses mientras yo atiendo
algunos deberes ineludibles. La ausencia entre nosotras, es
simplemente un silencio temporario. Espero que nunca me
abandones ni te sienta evasiva y lejana. Si te esfumaras, sería
imposible sustituirte. Pero hay pausas que es necesario aceptar,
como el punto final de una carta, la tapa de un libro, y el
mutismo después de las declaraciones irrefutables.
Sé que estarás siempre allí, en el preludio y en la estrofa
final de todas las empresas. Nunca me defraudarás, porque
ninguna bendición de Jehová puede ser algo que uno preferiría
haber perdido.
Hoy, bajando la cuesta del ocaso, sigo mirando la vida a
través de tus ojos vivaces. Al cargante sobre mis hombros,
compruebo que tu peso inmaterial es el mejor remedio para
cualquier fatiga, especialmente a esta altura de la vida, cuando
la energía decrece, los colores se apagan, y las voces de los
demás suenan lejanas.
Mi deuda de gratitud hacia ti ha llegado a ser
incancelable. Te sentí muy cerca cuando tuve que ver abierta la
tumba de la familia una y otra vez, y al contemplar, inmóviles y
frías, las manos de mi madre, que tan bien se habían ganado la
inactividad.
Ahora, no te importa verme más callada y pensativa que
antes, mirando muy a menudo hacia un pasado sin serios
remordimientos, rico en fulgurantes memorias. Tu habilidad de
volar hacia atrás me ha ayudado a rescatar el néctar que
conservan las cosas que ya no son. Me has enseñado a
transformar en música el dolor, tanto como la felicidad; el
Pan sobre las aguas 96

presente, tanto como el ayer y el mañana. Te he visto condensar


largos trechos de vida en unas pocas carillas de papel. Te he
visto convertir los obstáculos en escalones para ascender, y los
elementos en oposición en herramientas de colaboración.

Quiero terminar con una súplica. Cuando vengan las


horas difíciles del futuro, cuando el último ataque de las hordas
satánicas ponga en peligro nuestra estabilidad, no te amedrentes
ni enmudezcas. Quédate en tu lugar para que hablemos de la
relación de cada cosa con las profecías que se cumplen; para
que nos recordemos mutuamente que los ojos de Dios están
sobre su pueblo, y la sombra de su mano para siempre nos
cobija.

FIN

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