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El Nacionalsocialismo aleman

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Universidad de Historia Universal

mayores

Carlos

III

EL NACIONAL SOCIALISMO ALEMAN

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Vicente Hernández Hernández Curso 2007-08

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INDICE

A modo de introducción El punto de partida: La República de Weimar El Tratado de Versalles 5 Adolf Hitler Desarrollo de los hechos: Nacimiento del partido Nacional Socialista Alemán 9 Evolución de la República El Putsch de Munich 12 La biblia del Nazismo: Mein Kampf 13 La llegada al Poder El poder absoluto: El juramento de lealtad al Führer 18 Quemando etapas: Consolidación de la dictadura 21 La Justicia pierde: El nuevo Sistema Jurídico 22 Posición de la Iglesia: La cruz y la Svástica 23 El ejército gana: La noche de los Cuchillos Largos 24 El tema judío: La noche de los cristales rotos 27 Valoración de los hechos Apéndices Bibliografía

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A MODO DE INTRODUCCION Chistian Zentner, en el prólogo de su obra El III Reich siguientes preguntas: ¿Cómo fue posible? ¿Es el pueblo de los poetas, músicos y pensadores un pueblo de asesinos y criminales? ¿Cómo pudo un cabo desconocido de la primera Guerra Mundial convertirse en dictador de Alemania? ¿Cómo pudo buena parte del pueblo alemán sentirse a gusto en el Reich de Adolf Hitler hasta bien entrada la guerra? ¿Cómo pudo hacerse Hitler poderoso hasta el punto de que sólo la concentración de fuerzas sin precedente de la segunda Guerra Mundial logró terminar con él? ¿Cómo pudieron transcurrir los primeros años del Reich de éxito en éxito hasta el derrumbe final? El Nacional-Socialismo es un tema del que casi todo el mundo tiene formada una opinión. A la gran mayoría que se le pregunte contestará que tiene una firme y contundente respuesta al respecto: los nazis son malos. Pocos serán los que sepan argumentar por qué con claridad, pero en la mente de casi todos se encuentran los reportajes e imágenes del Holocausto, los campos de concentración, las consecuencias de la guerra con los que hemos sido bombardeados reclamando la sensibilidad del espectador. Aquello fue horrible, y el pensar que sólo fue un fenómeno aislado que sucedió sin más por el antojo de un dictador, es una explicación demasiado simplista para cualquier inteligencia. 2 Este tema ha dado lugar a miles de obras pretendiendo, en su mayoría, demonizar al III Reich del que solo han sabido (o querido) ver los crímenes cometidos durante la existencia del Nacional-Socialismo. Se diría que ha prevalecido el deseo de alimentar el morbo al contar unos hechos que, sin dejar de ser ciertos, constituyen solamente el lado oscuro. Sin embargo, parafraseando al Profesor García Herrán3: la verdadera pregunta es “por qué”. La descripción de los hechos, el dónde, el cuándo y el cómo, solo son
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formula las

ZENTER C. y Otros.: El III Reich. Historia total de una época decisiva. Barcelona. Noguer. 1974. Pág. 1.
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CUELLAR PEREZ C.: JIMENEZ CORES P.: Hitler al descubierto. Madrid. Nowtilus. Prólogo.

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GARCIA HERNAN, D. Historia Universal. XXI capítulos fundamentales. Madrid. 2007. Pág.: 16

5 importantes en la medida en que pueden explicar el por qué de los mismos…Todo historiador está obligado a penetrar en el universo mental del momento del pasado en el que pone su atención. Solo así seremos capaces de entender lo que, en una primera visión sin profundizar, parecen aberraciones inconcebibles para una mente normal. El presente trabajo pretende presentar los hechos más significativos acaecidos en Alemania desde el final de la Primera Guerra Mundial hasta la consolidación del nazismo en el poder, con la esperanza de que el conocimiento y el análisis de lo acontecido sea capaz de explicar ese por qué que, de otra manera, sería imposible entender y, mucho menos, justificar. En cualquier caso estoy firmemente convencido de que: El fin no justifica los medios.
EL PUNTO DE PARTIDA LA REPÚBLICA DE WEIMAR

El 30 de septiembre de 1918, cuatro años después del comienzo de la Gran Guerra -a la que desgraciadamente hubo que rebautizar como Primera Guerra Mundial- el emperador Guillermo II, consciente de que el imperio se desmorona, ordena, mediante decreto, la implantación del sistema parlamentario y nombra canciller a Maximilian von Baden, liberal y pacifista a quien se encarga negociar la paz con los aliados, en base a los 14 puntos del Presidente Wilson. (Apéndice 1). Nace así la república de Weimar. Durante los meses de octubre y noviembre de 1918 tiene lugar el derrumbamiento del Imperio de los Ausburgo: la causa principal es que Alemania se encuentra al borde del colapso militar y económico; la guerra está perdida. El desencadenante de los hechos es la sublevación de los marinos de la armada alemana en Kiel y Wilhelmshaven que se niegan a zarpar, tras dos años de inactividad, para enfrentarse a la Royal Navy en un último esfuerzo de salvar el honor de la Marina Alemana. Saben que la guerra está perdida y consideran gratuito arriesgar sus vidas en el intento. Se amotinan el 1 de noviembre y las dotaciones de los barcos se unen a las también sublevadas tropas del ejército y a los trabajadores de los astilleros, después de apresar a los oficiales e izar en los mástiles banderas rojas revolucionarias, en la más pura línea de la recientísima revolución bolchevique. Guillermo II, emperador de Alemania, no puede conservar el trono y, junto con la suya, 21 coronas más cayeron por el suelo en esas fechas sin oponer la menor resistencia. Alemania no aceptó la derrota, como no había aceptado el armisticio. Para su casta militar y su “derecha” la República de Weimar es portadora del oprobio. Se origina un período revolucionario en el que se producen intentos generalizados de controlar el poder: el malestar originado por la pérdida del orgullo nacional, la precaria situación económica y la falta de un gobierno que realmente represente al pueblo y atienda sus demandas, desemboca en una anarquía general y desencadena auténticas guerras entre los partidarios de la revolución marxista y los Freikorps, ex soldados con clara
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6 propensión a la violencia respaldados, en muchas ocasiones, por unidades del ejército. Entre los extremistas conservadores y los nacionalistas se achaca a los judíos el aprovechar la desgracia de Alemania para sacar provecho propio y enriquecerse. No es que todos lo creyeran al pie de la letra pero el antisemitismo, tanto en su apoyo directo como en su mera aceptación se convirtió en moneda corriente en el país mucho antes de que existiera el partido Nazi. 4 La gran mayoría del país estaba dispuesta a entregar el poder a los socialdemócratas por considerar que eran los que podían aportar la solución a la situación existente. En esos momentos coexistían tres corrientes dentro del socialismo alemán: El Partido Social-Demócrata (SPD) que tenía el 35 por ciento de los escaños en el parlamento de 1912 y que propugnaba el tránsito hacia una democracia parlamentaria. Los socialistas independientes (USPD), escindidos en 1917 por apoyar la restauración de la unidad socialista defendiendo la preponderancia de los consejos revolucionarios sobre el Parlamento. La liga espartaquista, de ideas radicales, que pronto asumió las consignas de la revolución bolchevique. En diciembre de 1918 pasó a ser la KPD Kommunistische Partei Deutchlands o partido comunista alemán, liderado por Karl Liebknecht junto a Rosa Luxemburgo, ideóloga comunista de origen polaco. La liga, que pretendía proclamar una república soviética, fue mortalmente combatida por los Freikorps y el ejército, enemigos acérrimos del bolchevismo de Rusia. Del 5 al 11 de enero de 1919, los espartaquistas desencadenaron en Berlín una insurrección armada, la llamada semana roja, en un intento de capitalizar el descontento social y desbordar el proceso democrático iniciado el 10 de noviembre del año anterior, para tomar el poder e implantar un régimen revolucionario basado en los consejos obreros surgidos en las jornadas finales de la guerra. El 15 de enero la liga es ahogada en sangre y la misma Rosa Luxemburgo fue asesinada junto con otros líderes, dejando tras días de lucha centenares de muertos y heridos, más de la mitad civiles. Este golpe también sirvió para reivindicar al ejército que se identifica desde ese momento con la nación alemana. En este contexto, el 5 de enero de 1919, Anton Drexler y Karl Harrer fundan el Partido Obrero Alemán (DAP), un partido de derechas, pequeño y con ideas no muy definidas, en el que no son admitidos los judíos, pero que va a jugar un enorme papel en la inmediata historia de Alemania cuando se convierta en el Partido Socialista Obrero Alemán de los Trabajadores (NSDAP). En enero de 1919 se celebran elecciones en las que, con una participación del 83 por ciento, el SPD obtiene el 38 por ciento de los votos que le dan la mayoría en el parlamento aunque, para gobernar, tiene que aliarse con los partidos de la derecha formando la Coalición de Weimar. Se forma la Asamblea constituyente que proclama la Constitución de Weimar y Scheidemann es nombrado jefe de gobierno. Ha desaparecido el emperador,
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JIMENEZ CORES P.: Hitler al descubierto. Madrid. Nowtilus. 2006. Pág 43.

7 pero aparece una nueva figura: El Presidente del Reich, dotado de facultades y prerrogativas tan amplias que se le nombra como “cuasi emperador”.5 La república hizo funcionar la democracia. El Partido Social-Demócrata supo controlar las doctrinas revolucionarias de sus inicios. Las tentativas de ruptura radical en dirección hacia un sistema de gobierno socialista mantenidas por la USPD fueron sofocadas. Se respetó la propiedad privada y los jueces y funcionarios, mayoritariamente antirrepublicanos, continuaron en sus cargos.

EL TRATADO DE VERSALLES

La primera Guerra Mundial dejó a Alemania sumida en el caos y en la indigencia. La rendición tuvo lugar el 11 de noviembre de 1918 en un vagón del tren del mariscal Foch detenido en el pueblecito de Rethondes en el bosque de Compiègne. (El mismo vagón y el mismo lugar en el que Hitler hizo firmar la capitulación a Francia el 22 de junio de 1940). El posterior tratado de paz, se firmó en la galería de los espejos del palacio de Versalles el 28 de junio de 1919, e impuso a los vencidos unas severas condiciones con el propósito de que, en lo sucesivo, no pudieran volver a provocar un conflicto de tamaña magnitud.6 Los Aliados y los gobiernos asociados declaran, y Alemania reconoce, que Alemania y sus aliados son responsables, como instigadores, de todos los daños y pérdidas sufridos por los gobiernos y los ciudadanos de los países Aliados y asociados, como resultado de la guerra que Alemania y sus aliados lanzaron sobre ellos.
Artículo 231 del Tratado de Versalles

Además de esta declaración de responsabilidad moral, se obligó a Alemania a devolver los territorios anexionados por el segundo Reich, a perder la soberanía de sus colonias, a desmilitarizarse totalmente haciendo entrega a los aliados de las unidades navales y reduciendo su ejército a 100.000 hombres y 4.000 oficiales, sin artillería pesada, submarinos ni aviación. Se le prohibió el ingreso en la recién creada Sociedad de Naciones y se la condenó a pagar a los vencedores unas enormes compensaciones económicas. El tratado, al que en Alemania se calificó de Schandfrieden (paz vergonzosa) y Schmachfrieden (paz humillante), constituyó una terrible humillación para el pueblo alemán. Las iglesias protestantes declararon el 29 de junio, fecha en que se conoció su contenido, día de duelo nacional. La reacción en Alemania fue de total rechazo: En un principio, el canciller Scheidemann se negó a asumirlas pero se vio obligado a firmar ante la intransigencia de Georges Clemenceau, jefe de la delegación aliada. En Berlín estudiantes quemaron banderas arrebatadas a los franceses en 1870

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WIKIPEDIA.: La república de Weimar. OGG L. y Otros.: Crónica del Siglo XX. Madrid. Ed especial para Diario 16. 1986. Pág. 242.

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8 que debían ser restituidas. Ludwig von Reuter, comandante en jefe de la marina de guerra, ordenó hundir la flota en Scapa Flow. Los aliados tampoco quedaron muy conformes con las soluciones aportadas: En Estados Unidos el Congreso se negó a aceptar en tratado impuesto a Alemania y el economista inglés J.M. Keynes, miembro de la delegación británica en la conferencia de paz de París, se mostró en desacuerdo con la imposición de reparaciones a Alemania y dimitió por ello. En su libro “Las consecuencias económicas de la paz” (1919), advirtió que los términos del tratado eran injustos y no garantizarían una paz duradera: “Si las condiciones del tratado se aplican de manera estricta, en Alemania se verán desalentados tanto el capital como el trabajo”. 7 El mismo Clemenceau la noche de la firma escribe: “El tratado de Versalles quizá no se defienda del todo mal ante la historia, sobre todo si no se le toman en cuenta las concesiones ulteriores que las virtuosidades de un dejar hacer permitirán a los vencidos obtener más adelante, gracias al apoyo de nuestros aliados….Dentro de veinte años estaremos comenzando de nuevo”.8 Analizando lo expuesto cabe deducir que la paz de Versalles no contentó a nadie. Los perdedores se sintieron agraviados y humillados. Los vencedores adquirieron un sentimiento de culpabilidad, de “haberse pasado”, que puede, por sí mismo, explicar la pasividad con que aceptaron las exigencias y los “desplantes” a que Hitler les sometió unos años mas tarde y, especialmente, la política de apaciguamiento mantenida por el Gobierno Británico. El Tratado de Versalles hábilmente manipulado y repetido por la ignorancia y la mala fe, fue la jugada maestra de los enemigos de la República, la que puso de su parte al pueblo alemán, que llegó a culpabilizar del mismo a los demócratas. En la práctica no resultó tan lesivo ya que los territorios devueltos (que originaban el 15 por ciento del potencial económico del país) siguieron suministrando materias primas a Alemania en virtud de un tratado de libre comercio, con lo que la economía no se vio grandemente afectada. De otro lado el hecho de la pérdida de sus fuerzas armadas disminuyó notablemente los gastos destinados a armamento,9 y el pago de las compensaciones se realizó, curiosamente, con los préstamos que Estados Unidos e Inglaterra (ésta en en mucha menor cuantía) concedieron a Alemania. Winston Churchill, en sus Memorias, lo define del siguiente modo: “Las cláusulas económicas del tratado eran malignas y absurdas hasta un punto que las convertía en inútiles. Alemania quedaba condenada a pagar reparaciones en una escala fabulosa. Esto expresaba el enojo de los vencedores, y el fracaso de sus pueblos en comprender que ninguna nación o comunidad derrotada jamás podía pagar los costos de la guerra moderna”.
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WIKIPEDIA.: Tratado de Versalles. 1919.

BERTIN C. y KRIEG E.: Gran Crónica de la Segunda Guerra Mundial. Madrid. Edilibro. 1984. Prólogo.
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WIKIPEDIA.: Tratado de Versalles. 1919.

9 En la actualidad algunos historiadores cuestionan que su contenido fuera determinante para el auge del Nacionalsocialismo a pesar de que éste lo convirtió en una de sus reivindicaciones fundamentales. Lo que si parece cierto es que el Tratado generó en Alemania un ambiente de resentimiento y deseo de venganza que allanó el camino a los nazis; de no ser por él, Hitler habría quedado reducido a ser un político de segunda fila. 11

ADOLF HITLER

Nace el 20 de abril de 1889 en Braunau al inn (Austria). Las desavenencias con su padre Alois Hitler y la protección de su madre influyen en su carácter infantil convirtiéndolo en “una persona que desconfiaba de la gente de su entorno, con pocos amigos, inmerso constantemente en su fantasía y alejado de la realidad que le rodeaba, extremadamente frío en numerosas ocasiones, con alarmantes ataques de ira y con una seguridad en sus afirmaciones que no dejaba opción a la réplica.” 12 Eduard Huemer, profesor de Hitler en esa etapa, lo definió como un muchacho delgado y pálido… que no hacía pleno uso de su talento, que carecía de aplicación y que era incapaz de adaptarse a la disciplina escolar. Le caracterizó como obstinado, prepotente, dogmático y apasionado. Las críticas de los profesores eran recibidas con una insolencia apenas disimulada. Con sus condescendientes era dominante y una figura dirigente…. 13 Otro de los rasgos de su personalidad era la facilidad que presentaba para encontrar soluciones simplistas con las que solventar los problemas y la necesidad de un chivo expiatorio al que culpar del mal propio y social, características ambas omnipresentes en la doctrina nazi. Su carácter e ideología quedarían seriamente marcados durante su estancia en Viena a la que se traslada en 1909 tras la muerte de su madre. Intenta ingresar en dos ocasiones en la Escuela de Bellas Artes y es rechazado en ambas por “falta de talento artístico”. Allí sobrevive, a los 19 años, con una pensión de huérfano que le concedió el Estado y con el dinero que le dio su familia. Hitler se dedica a vagabundear, a leer periódicos y panfletos por los cafés de la época y a asistir a la Opera siempre que le es posible: es entonces cuando se apasiona por Wagner, al que convertirá en el compositor carismático del Nacionalsocialismo. En esos momentos en Viena coexistían la aristocracia y las grandes fortunas con unos indigentes absolutamente desposeídos y famélicos. La lucha de clases era latente y al clima de enfrentamiento entre ambas sociedades por razones obvias de economía y subsistencia, se unía un importante choque cultural y político. La situación económica de Hitler se va deteriorando progresivamente hasta acabar, poco antes de las navidades de 1909 en un albergue de la beneficencia municipal, con los deshechos de la sociedad, sin más ropas que el traje azul que llevaba puesto y al que el uso había dado ya
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CHURCHILL W.S.: Memorias. La segunda guerra mundial. Cómo se fraguó la tragedia. Barcelona. Plaza & Janes. 1963. Pág. 23.
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GIMENEZ CORES P.: Hitler al descubierto. Madrid. Nowtilus. 2006. Pág. 44. GIMENEZ CORES P.: Hitler al descubierto. Madrid. Nowtilus. 2006. Pág. 21. KERSHAW I.: Hitler, 1889-1936. Barcelona. Grup editorial. 2007. Pág. 41.

10 un tono violáceo. Los meses que así transcurren puede que agriaran su visión de la humanidad en su conjunto. Más tarde pudo trasladarse a una Residencia de Hombres subvencionada por familias burguesas (entre ellas los Rothschild) en la que se albergaban burgueses empobrecidos más que vagabundos. Allí permaneció tres años copiando cuadros y postales que unos amigos judíos vendían a una clientela también predominantemente judía.14 El joven Hitler se vio considerablemente influenciado por dos políticos que contribuyeron de manera notoria a la expansión del antisemitismo vienés: Ritter von Schönerer y Karl Lueger. El primero era un político radical pangermanista, defensor a ultranza del campesinado, antiliberal, con un odio profundo hacia la democracia, los socialdemócratas, los Habsburgo y, por encima de todo, a los judíos a los que acusa de mentirosos y manipuladores sociales. El segundo, alcalde de Viena y líder del Partido Socialcristiano fue un ídolo para Hitler por la forma en que expresaba su profundo antisemitismo, afirmando que “la eliminación de todos los judíos es lo mejor que puede pasarle al pueblo cristiano”15 Se hace lector asiduo de una revista panfletaria de nombre Ostara, que proclama que la fusión de las razas es el pecado más grave contra el espíritu. Dirigida por un extremista cautivado por las religiones paganas, la publicación ostentaba en la portada la cruz gamada y sus ataques contra los judíos eran uno de sus objetivos principales. Este es el caldo de cultivo en el que se forja la personalidad de Adolf Hitler desde 1909 hasta 1913. Es en esta época cuando también descubre que pertenece a la raza elegida. Sin embargo habrá que esperar a que la guerra y la revolución actúen como catalizadores de estos ingredientes para dar lugar a la doctrina que plasmará posteriormente en su Mein Kampf. Fue la guerra pero, sobre todo, la derrota (la Dolchstoss, “puñalada por la espalda” que los aliados y los social comunistas, al mismo tiempo, asestaron a la “Verdadera Alemania”) y la revolución, las que hicieron que Hitler fuera posible. Poco después de cumplir los 24 años, ya convertido en un extremista en cuestiones ideológicas se traslada a Munich huyendo del servicio militar obligatorio en Austria. 16 Al estallar la guerra solicita su incorporación al ejército alemán en el que se comporta, como correo militar, de manera heroica, consiguiendo la Cruz de Hierro en dos ocasiones. Por primera vez en su existencia parece encontrarse a gusto en el ambiente castrense donde es capaz de apreciar y valorar la importancia de la disciplina, alcanzando el grado de cabo. Queda temporalmente ciego por un ataque con gases el 13 de octubre de 1918 y es trasladado al hospital de Pasewalk cerca de Stettin donde le sorprende la paz y la rendición de Alemania. Se muestra indignado ante la humillación de la capitulación:

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BURLEIGH M.: El Tercer Reich. Una nueva historia. Madrid. Santillana. 2002. Pág. 116. GIMENEZ CORES P.: Hitler al descubierto. Madrid. Nowtilus. 2006. Pág. 30.

GALLEGO F.: De Munich a Auschwitz. Una historia del nazismo, 1919-1945. Barcelona. DeBolsillo. 2006. Pág 46.

11 “¡Todo ha sido inútil! ¡Inútiles los sacrificios, inútiles nuestros dos millones de muertos! ¡Todo está perdido! Sólo los imbéciles, los criminales, los traidores pueden esperar indulgencia del enemigo”. Así se expresaba el 11 de noviembre de 1918 al conocer la capitulación de Alemania. Como muchos otros alemanes culpabiliza a la recién estrenada democracia por haber tolerado semejante afrenta. Mas tarde escribiría en su Mein Kampf: “desde aquél día mi destino se me ha aparecido claramente, yo debía dedicarme a la política”.17 Tras recibir el alta se ofrece como voluntario para hacer guardia en un campo de prisioneros de guerra en Traunstein, pero en enero de 1919 ya no quedan más prisioneros.

DESARROLLO DE LOS HECHOS NACIMIENTO DEL PARTIDO NACIONAL SOCIALISTA DE LOS TRABAJADORES

A mediados de 1919 Hitler se encuentra de nuevo en Munich donde alquila una habitación. Sigue siendo soldado, tiene 30 años y le asusta la perspectiva de la vida civil. Recibe la orden de asistir a unas clases de adoctrinamiento anticomunista radical para los miembros del ejército. Allí aprovecha argumentaciones, aprende falacias y demagogias, se empapa del arte del engaño y la retórica y, lo más importante, descubre que es poseedor de unas excepcionales dotes de orador. También sus jefes se dan cuenta y lo reincorporan a un regimiento en Munich para impartir clases de adoctrinamiento político a sus camaradas. El ejército lo utiliza también para vigilar los movimientos de los pequeños partidos nacionalistas y así, el 16 de septiembre de 1919 asiste a una reunión del Deutsche Arbeiterpartei (Partido Obrero Alemán), que había sido fundado en enero de 1919 por Anton Drexler, un cerrajero y Karl Harrer, un periodista de temas deportivos. Es uno de los sesenta y tres völkisch (movimientos nacionalistas populares) que existen en Alemania, la mayoría fundados después de la derrota de la Primera Guerra Mundial -sólo en Munich se contabilizan dieciocho de ellos-. Su objetivo es congregar a intelectuales racistas para combatir, mediante la discusión, la influencia marxista y la “infiltración judía” en la clase trabajadora. Según ellos, los judíos eran los principales responsables de la revolución popular roja y mencionaban el hecho de que todos los líderes del movimiento izquierdista, como Karl Liebknecht, Rosa Luxemburgo, Kurt Eisner y los demás son judíos.18Esa noche Hitler, indignado por lo que decía el orador interviniente, toma la palabra y lanza una apasionada diatriba, consiguiendo que el ponente abandone apresuradamente la reunión. Tras su discurso, Dexter lo invita a adherirse al movimiento, cosa que acepta tras unos días y, aunque Hitler mucho después declarará haber sido el "miembro número siete del Partido", para hacer creer que había sido uno de los fundadores, en realidad fue el séptimo miembro del comité central y responsable de propaganda. Durante su gestión empiezan a contarse los miembros del partido, iniciándose la cuenta en el número 500 para dar idea de gran cantidad, por lo cual quedó asignado el 555 a Hitler. Según el libro "Datos para la historia
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BERTIN C. y KRIEG E. : Gran Crónica de la Segunda Guerra Mundial. Madrid. Edilibro. 1984. Prólogo.
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LUMSDEN R. Historia secreta de las SS. Madrid. La esfera de los libros. 2003. Pág.19.

12 del NSDAP", una publicación nazi de la época, el partido contaba con 64 miembros en 1919. Pronto su oratoria empieza a atraer a las multitudes que acuden a escucharle en 1919 y 1920. Su discurso no difiere demasiado del de los otros völklisch. Sus ideas son moneda corriente entre ellos y se pueden escuchar en las cervecerías de Munich con independencia de quién organice el mitin. Lo que Hitler hace es pregonar ideas no originales de un modo original: en estos primeros tiempos destaca como propagandista, no como ideólogo.19 El partido de Hitler es, desde luego, un partido popular que moviliza a las masas. Para ello, agita las cuestiones sociales con una intrepidez y una precisión notables. Las dificultades económicas de la postguerra, de un lado, y de otro, las ideas sentimentales de grandeza y de revancha unidas al odio racial contra los judíos, están obrando el milagro. Lanzaba a los cuatro vientos ideas como que Alemania era un pueblo superior y, sobre todo, aportaba una sensación de seguridad a millones de personas en unos tiempos proclives a recibir este tipo de mensajes.20 La campaña antijudía había sido relanzada en Alemania antes del nacionalsocialismo por Alfred Rosenberg. Este hacía sus campañas en el Volkische Beobachter (El observador popular), periódico que comprarán los nacionalsocialistas en 1920 para convertirlo en órgano de difusión del partido. Además Hitler encuentra en Rosenberg un valioso e íntimo colaborador. El arquitecto Rosenberg, que en 1928 escribirá El mito del siglo 20, del se publicarán millones de ejemplares, tendrá una repercusión enorme y suscitará grandes polémicas, es el gran optimista del partido, y dispone de una fantasía demagógica eficacísima. En enero de 1920 se constituye el Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei - NSDAP- (Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores) y el 25 de febrero, en el primer congreso del recién creado partido, Hitler da lectura a los veinticinco puntos del programa del NSDAP (Apéndice 2) que, redactados por Hitler y Dexter, no serán cambiados nunca: expulsión de los judíos, establecimiento y defensa de un cristianismo positivo, gobierno en beneficio del interés general sobre el particular, imponer el orden y acabar con el tratado de Versalles son, a grandes rasgos, sus consignas. En otoño de 1921 Hitler alcanza el control del partido y Drexler tiene que contentarse con el puesto de presidente honorario, siendo marginado por Hitler y sus seguidores. El que nadie, más allá de los límites urbanos de Munich, conociese a Hitler no significa que éste no contase con ricos mecenas, sobre todo entre las damas. Tal es el caso de la esposa del fabricante de pianos Beschtein. También logra obtener dinero de los fondos secretos del ejército del Reich. El fracasado golpe de estado de noviembre de 1923, del que trataré más adelante, es financiado con cien mil marcos oro por Fritz Thyssen, gran accionista y presidente del consejo de administración del mayor consorcio alemán del acero. Thyssen ayudó a Hitler económicamente y por otras vías. En conjunto se supone que aportó a la causa nacionalsocialista un millón de
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KERSHAW I.: Hitler, 1889-1936. Barcelona. Grup editorial. 2007. Pág. 149.

GARCIA HERNAN, D. Historia Universal. XXI capítulos fundamentales. Madrid. 2007. Pág.: 746

13 marcos empleados en el montaje del partido, de las Sturmabteilun, o SA (tropas de asalto del partido) y de las Schutzstaffel, o SS (cuerpo de protección).aunque todo lo que se refiere a este personaje hay que aceptarlo con grandes reservas. A partir de 1932 empieza a contar con el apoyo de los Krupp, cuyo hijo Alfried pasa a convertirse en protector de las SS. Sin embargo, con algunas excepciones, la industria alemana mantiene un relativo escepticismo por los camisas pardas (SA), y esas excepciones estaban influidas menos por Hitler que por Hermann Goering, al fin y al cabo oficial prusiano y héroe de guerra que estaba en posesión de la mayor condecoración alemana al valor: la cruz “Pour le mérite”. También el presidente del Banco del Reich, doctor Hjalmar Schacht, que gozaba de excelente reputación por parte de los grandes de la economía, logra recoger importantes sumas de los industriales y de los bancos con destino al partido de Hitler.21 El nacionalsocialismo dispone relativamente de pocos periódicos. En 1930 se publican doce diarios, treinta y cuatro revistas semanales y un periódico ilustrado. Estas cifras son irrisorias si se comparan con los 170 diarios de que disponen los socialdemócratas. El de más circulación y autoridad es el antes citado, Volkische Beobachter.

EVOLUCION DE LA REPUBLICA

En mayo de 1921 en un acuerdo firmado en Londres, se fija el monto de las reparaciones que Alemania tiene que pagar a los vencedores: 132.000 millones de marcos-oro (aproximadamente 31.000 millones de dólares al cambio vigente). La deuda debe pagarse con un interés del 6 por ciento anual durante los siguientes 37 años. Los pagos anuales serán de 2.000 millones de marcos-oro más el 26 por ciento de las exportaciones alemanas. Se estimaba que estos pagos importaban aproximadamente el 7 por ciento de los ingresos nacionales de Alemania que, desde el principio, tiene dificultades para cumplir con la obligación contraída. A finales de 1921 el gobierno de la república declara que no puede hacer frente a los pagos que vencen en enero y febrero del año siguiente y pide repetidamente una moratoria, pero, particularmente Francia considera que es una oportunidad para debilitar más a Alemania y, con la excusa de vigilar la entrega de madera y carbón y proteger los intereses franceses, el 11 de enero de 1923 en premier francés Raymond Poincaré ordena la ocupación del área del Rihn y del Ruhr, una región de gran importancia industrial y estratégica para la recuperación de Alemania. Incapaces de ofrecer resistencia militar, los alemanes responden con resistencia pasiva: 130.000 obreros se niegan a trabajar con lo que la productividad de la región se reduce a la mitad. Los franceses responden a esa resistencia con detenciones, expulsiones e incluso ejecuciones. En el verano de 1923 empeoran los males de la economía alemana, la fuerza de ocupación aumenta hasta 100.000 hombres, número máximo al que podía llegar el ejército alemán tras la firma de Versalles. Esto es aun más insultante para aquéllos que, como Hitler creen que la derrota de Alemania y especialmente el tratado de Versalles han sido el resultado de la traición infligida desde el interior de Alemania por los judíos y sus colaboradores izquierdistas.
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ZENTNER C. y otros. El III Reich, Historia total de una Época Decisiva. Barcelona. Noguer 1974. Tomo 1, pág 30-31.

14 En 1923 Alemania sufre una de las espirales de inflación más desesperantes que haya conocido una nación industrializada. La solución que aporta el gobierno consiste en aumentar la cantidad de dinero que circula en el momento: tan pronto como se imprime el papel se deprecia el valor del mismo. A principios de la década de 1920, un dólar valía 100 marcos; en enero de 1923 el marco cae hasta 10.000 por dólar. En este mismo año el índice de cambio llega a extremos desesperantes: 4.200 millones de marcos por dólar. Antes de que se pueda controlar, a finales de 1923, la hiperinflación ha arruinado a millones de alemanes que dependen de salarios, ingresos fijos o ahorros cuidadosamente reunidos en mejores épocas. En el momento álgido de la situación, un litro de leche o una barra de pan llegan a costar billones de marcos. Los precios cambian a diario, en incluso llegan a cambiar el mismo día. La situación beneficia a algunos especuladores financieros que obtienen grandes créditos bancarios para comprar negocios o bienes y que pueden devolver posteriormente con moneda devaluada. La mayoría de los alemanes, sin embargo, se encuentra con dificultades económicas porque es bastante común que los bancos les informen que sus depósitos ya no tienen valor. Los problemas que afectan a la economía alemana van mucho más allá de las deudas acumuladas durante la guerra y las exigencias de reparación: La guerra también ha dañado la capacidad industrial de Alemania, sus reservas de materias primas y bienes están esquilmadas. A esto se añade el alto coste de conseguir que el funcionamiento bélico de la economía pase a ser el de una economía de paz, una dificultad especialmente compleja por el alto desempleo existente. El problema se agrava a su vez, por el hecho de que en 1920 todavía hay que mantener a 660.000 soldados de los que, para cumplir el tratado de Versalles, 560.000 deben ser desmovilizados e incorporados, de algún modo a la mano de obra alemana.22 La inflación termina en 1924. La situación política interna se va normalizando gracias a la recuperación económica. En el exterior Alemania recupera su posición de igualdad gracias al Tratado de Locarno en 1925 y a su ingreso en la Sociedad de Naciones en 1926. Llegan los “felices años veinte” Para Albert Bacells 23“Europa atravesó tres períodos entre la I Guerra Mundial y la subida al poder de Hitler en 1933. Durante el primero, de 1919 a 1924 se prolongaron el clima de violencia y los desórdenes de guerra. Durante el segundo, de 1924 a 1929, la reconstrucción económica y la estabilidad política parecen consolidarse en un acuerdo tácito entre los antiguos vencedores y vencidos, bajo el arbitraje de la Sociedad de Naciones con sede en Ginebra. A partir de 1930, con la gran depresión, se asistió a la desintegración paulatina de los acuerdos internacionales y a la crisis de la democracia parlamentaria”.

EL PUTSCH DE MUNICH
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HARRAN M. y otros.: Crónica del Holocausto. Alcobendas. Libsa. 2002. Pág. 23. BACELLS A. y Otros.: Historia Universal. Vol. IX. Barcelona. Salvat. 1980. Pág. 99.

15 En 1923 Hitler, ya convertido en la figura principal del partido, atrae la atención de los círculos influyentes, su notoriedad crece y con ella su confianza y su agresividad intimidante. Es en estos momentos cuando, quizá influido por la “Marcha sobre Roma” de Mussolini del año 1922, y apoyado por el general Erich Ludendorff decide el asalto al poder mediante un golpe de estado. El 8 de noviembre el gobierno bávaro está celebrando un mitin en la cervecería Bürgerbräukeller de Munich, cuando 600 SA bloquean las salidas y Hitler, tras disparar un tiro al aire y subirse en una silla declara: “¡La revolución nacional ha estallado!”. Se nombra un gobierno provisional y se retiene por la fuerza al gobernador de Baviera y a dos de sus inmediatos colaboradores. Simultáneamente se han tomado los cuarteles de la policía y del ejército. En la madrugada del día 9 Ernst Röhm, jefe de las SA toma el Ministerio de Defensa sufriendo dos bajas. Mientras tanto Ludendorff ha cometido la ingenuidad de liberar a sus tres rehenes bajo palabra de unirse más adelante a la revolución. Estos, una vez en sus puestos, dan orden a la policía de reprimir la asonada por todos los medios. Ante esta situación, los nacionalsocialistas deciden manifestarse, sin un propósito muy claro, e ir hasta el ayuntamiento en el centro de la ciudad creyendo que la policía no disparará contra los héroes de guerra a los que sitúan al frente de la manifestación junto con Hitler y Ludendorff; así unos 2500 hombres llegan sin enfrentamientos hasta su destino en Marienplatz. Ante la falta de oposición y animados por el público que se va incorporando a la marcha en apoyo del putsch, deciden seguir hasta el ministerio de Defensa para unirse a Röhm y sus hombres. Al llegar a la calle conocida como Feldherrnhalle (pasillo de los héroes) se encuentran con las fuerzas de la policía y se produce el enfrentamiento, sin que nunca llegue a aclararse quién disparó primero. Mueren 14 manifestantes y 4 policías y entre los heridos se encuentran Hitler y Goering que huyen del lugar asustados. Goering consigue escapar pero Hitler es detenido tres días después junto con otros miembros del partido. Se ilegaliza el partido Nacionalsocialista y se cierra el periódico Völkischer Beobachter. En la cárcel, Hitler sufre una depresión y es necesario que sus amigos intervengan para que no se suicide, pero cuando escucha que él y sus compañeros conspiradores van a ser procesados, siente que su gran oportunidad ha llegado: el juicio será la plataforma perfecta para llegar a los jueces y a la opinión pública más allá del juzgado. Hitler declara abiertamente sus intenciones, pero rechaza de plano la acusación de alta traición. A partir de este momento el acusado se tornará en acusador y, en lugar de defenderse, asumirá toda la responsabilidad de sus actos reivindicando el papel de salvador de la Patria. El plan funciona a la perfección. Hitler se convierte en la estrella del juicio y Ludendorff y el resto de los amotinados pasan desapercibidos. Ya es el Führer del Partido, aunque todavía no lo sea del pueblo alemán. El juicio termina con el éxito y la aclamación popular para el acusado, aunque Hitler es condenado a cinco años de prisión de los que cumple menos de uno en Landsberg am Lech, disfrutando de un régimen muy permisivo antes de salir en libertad provisional. Ludendorff es absuelto. Röhm y otros dirigentes salen libres a pesar de ser declarados culpables y Goering, que sigue huido, se convierte en un adicto a las drogas como consecuencia de la herida que sufrió en una pierna. Tras el golpe de Estado, Gregor Strasser es elegido líder del movimiento nazi y utiliza la argucia de presentarse a las elecciones cambiando el nombre al partido por el de Comunidad Popular Gran-Alemania para burlar la

16 prohibición. Esto lo enfrenta con Hitler y su facción, acérrimos detractores de la democracia. Sin embargo, la capacidad de organización de Strasser, que logra dar el salto fuera de Baviera, hace que consiga treinta y dos escaños en las elecciones de 1924. Uno de los artífices de este triunfo fue uno de los miembros del Partido más allegados a Strasser, el berlinés Joseph Goebbels, miembro también del ala socialista del NSDAP.
LA BIBLIA DEL NAZISMO: “MEIN KAMPF”

Durante los meses que dura su estancia en prisión, Hitler dicta a su secretario Rudolf Hess lo que va a constituir el libro programático del nazismo: Mein Kampf (Mi lucha). En parte una autobiografía hábilmente retocada y en parte un programa político donde expresa claramente sus creencias y cómo conseguir los objetivos explicitados. Los dos grandes enemigos de Alemania, son los judíos de los que dice que están conspirando para adueñarse del poder mundial, y los bolcheviques a los que combatirá a muerte por todos los medios a su alcance para “erradicarlos de la faz de la Tierra”. El otro gran tema es el viejo sueño alemán: el Lebenraum o espacio vital que necesita el gran pueblo alemán para poder cumplir su “destino histórico”. Sus intenciones están claramente explicitadas y está dispuesto a llegar a la guerra para conseguir los objetivos marcados. La obra tiene dos partes: en la primera aparecida en 1925 y titulada “Retrospección”, Hitler explica sus vivencias desde su nacimiento, el paso por Viena con sus experiencias políticas, la etapa de Munich, la primera guerra mundial y la revolución al final de la misma, el inicio de su actividad política, el nacimiento y los primeros tiempos del partido, terminando con un capítulo sobre la nacionalidad y la raza. En la segunda, que aparece en 1928 con el nombre de “Movimiento Nacionalsocialista”, expone claramente su programa de actuaciones para conseguir los objetivos mencionados y expresa su visión del Estado con su concepción racista, la organización y la importancia de la oratoria, la lucha de los primeros tiempos y contra el frente rojo, las ideas sobre la organización y el objetivo de las SA, el problema de los sindicatos obreros, la propaganda y la organización, la orientación política hacia el este y el derecho a la legítima defensa. En la práctica el programa de Hitler se centra en la revisión del tratado de Versalles, la anexión de Austria, el rearme militar, la limitación de las libertades individuales, la organización corporativa y centralizada del Estado, el antisemitismo, la denuncia del sistema parlamentario, la reclamación del espacio vital y el pangermanismo. El libro tiene una difusión muy reducida hasta 1933 en que la llegada de Hitler al poder hace que se vendan millón y medio de ejemplares de una sola vez y a partir de ese momento se convierte en la biblia del pueblo alemán hasta el punto que cada pareja que contrae matrimonio recibe una copia. La 500ª edición sale a la calle en 1939 y en 1945 ha vendido diez millones de ejemplares y ha sido traducido a 16 idiomas haciendo de Hitler un hombre rico.24

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Wikipedia: Mein Kampf.

17 Churchill, en sus Memorias afirma: “Cuando Hitler llega al poder el libro es cuidadosamente estudiado por los dirigentes políticos y militares de las naciones aliadas. En la obra se contenía todo: el programa de la resurrección alemana, la técnica de la propaganda del partido, el plan de lucha contra el marxismo, el concepto del estado nacionalsocialista, la posición que Alemania debía ocupar merecidamente en la primera línea del mundo. Aquél era un nuevo Corán de guerra y de fe, un Corán ampuloso, verborreico, informe, pero preñado de posibilidades.” 25 Otros historiadores afirman, en cambio, que el libro pasó totalmente desapercibido. Parece ser que antes de la guerra solamente se hizo una edición abreviada en inglés que además fue dulcificada por el editor que suprimió las afirmaciones más racistas y militaristas. Esto último parece más verosímil ya que Mein Kampf debía haber alertado al mundo de las intenciones de Hitler y los aliados hubieran debido tomar medidas para conjurar sus amenazas belicistas, máxime teniendo en cuenta que, a partir de la llegada al poder en 1933 comenzó a poner en práctica todo lo que había anunciado.
LA LLEGADA AL PODER

Hitler ha aprendido la lección del golpe de estado fallido. De ahora en adelante va a evitar la violencia y a presentarse como un ciudadano respetable. Desarrolla el gusto por llevar trajes oscuros y por rodearse de niños vestidos de blanco: “Si no podemos librarnos de nuestros oponentes -dice explicando sus intenciones- tendremos que agobiarles a fuerza de números, debemos ganar apoyo en vez de propagar el terror”. Estas nuevas tácticas suponían una gran promesa para el futuro, pero primero tenía que organizar su propio partido. Sin ser todavía el líder indiscutible, Hitler sigue perfeccionando su estilo: imita los gestos de los líderes militares y compensa la posible carencia de autoridad personal llevando una fusta. En tres años consigue organizar a los nacionalsocialistas en un partido sólido. Se crean las secciones locales de las SA, muchas de ellas motorizadas. Dedica especial atención a los jóvenes a los que ofrece lo que querían: aventura, disciplina, orden y la oportunidad de rebelarse contra el mundo sobrio de sus padres: Los dos tercios de las SA son menores de 30 años. Cada año organiza una concentración del partido en Nüremberg adonde acuden militantes de todas partes del país para formar parte de ella y para ver a su líder. Durante los días que dura el festival, la ciudad se convierte en una especie de espectáculo grandioso, organizado hasta el mínimo detalle por Goebels, en el que los protagonistas son los partidarios que creen estar viviendo una Alemania sacada de las fastuosas operas de Wagner donde Wotan baja al reino de los nibelungos para recuperar el oro del Rihn y Sigfrido, tras rescatar el anillo de los nibelungos, despierta a la walkiria Brunilda atravesando sin temor el círculo de fuego. Los nacionalsocialistas son todavía un partido minoritario pero están excepcionalmente organizados y parece que nada va a poder detenerles. Esta determinación provoca una profunda impresión incluso entre los no comprometidos: la gente está cada vez mas intrigada por el hombre que consigue atraer a tantos y tan devotos seguidores. Sin embargo todavía
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CHURCHILL W.S.: Memorias. La segunda guerra mundial: Cómo se fraguó la tragedia. Barcelona. Plaza & Janes. 1963. Pág. 82.

18 tienen que esperar, la fruta no está madura y hay que seguir la vía de la legalidad. El 24 de octubre de 1929 (conocido como “jueves negro”) se inicia, con el desplome de la bolsa de Nueva York, una crisis mundial que paraliza todas las economías. Las consecuencias del crack influirán de forma más negativa si cabe en la economía alemana, que se va a hundir a partir de esa fecha. 26 Los desempleados rozan los tres millones, dos años más tarde la cifra se duplica. Las quiebras comerciales alcanzan niveles sin precedentes. Llega la hora de los radicales (de izquierdas o de derechas) que fomentan el descontento mediante disturbios y peleas callejeras. La miseria y la pobreza se encuentran por todas partes y la gente cree que está perdiendo su vida. Hitler siente que ha llegado su hora. Los nacionalsocialistas responden al malestar general con un mensaje de optimismo: no tienen solución para la pobreza y no pueden ofrecer más que teorías, pero en vez de arengar a la gente sobre la explotación y la lucha de clases, intentan darle un sentido de pertenencia. Se envían programas de autoayuda por todo el país y se utilizan consignas como ésta: “Cualquiera que no tenga una camisa en la espalda siempre puede ponerse una camisa parda (SA)”. Con fondos del trabajo alimentan donde pueden a la población y van ganando nuevos afiliados y la simpatía de las masas. Hitler exalta la idea, que hará mucha fortuna, de Ein Volk, ein Reich, ein Führer (un pueblo, un imperio, un jefe). Es una ideología radical, sin fisuras, que va ganando adeptos, sobre todo entre quienes buscan una salida a la desesperanza.27 Esta llamada, junto con la de ¡Deutschland, erwacht! (¡Alemania, despierta!) traen la promesa de un nuevo amanecer unidas a un símbolo y un hombre. Millones de personas están preparadas para entregar su lealtad incondicional a cualquier hombre que les prometa lo que más necesitan: ley y orden, un rumbo y, sobre todo, creer en ellos mismos. Adolf Hitler aparece como el hombre que puede darles todo eso. Él mismo se ve como el salvador de un mundo al borde del desastre y esa es la imagen que cultiva. El provinciano de Baviera ha llegado a ser un líder nacional. Mientras tanto la situación económica influye en la política y las interminables discusiones en el Reichstag llevan a una paralización casi total del proceso de toma de decisiones en Alemania. El 29 de marzo de 1930, en un afán por remediar la crisis económica, Hindenburg nombra Canciller a Heinrich Brüning, destacado economista y presidente del Partido de Centro Católico, que propone un aumento de impuestos y un drástico recorte presupuestario. Ambas propuestas son rechazadas por el Reichstag y no se aplican hasta que Hindenburg empieza a gobernar por decreto prescindiendo del parlamento, pero las medidas son infructuosas. 28 A lo largo de estos años Adolf Hitler hace campaña sin parar, prometiendo la anulación del Tratado de Versalles y la restauración del orgullo y la prosperidad alemanes. El electorado, desesperado, responde. En las
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GARCIA HERNAN, D. Historia Universal. XXI capítulos fundamentales. Madrid. 2007. Pág.: 745
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GARCIA HERNAN, D. Historia Universal. XXI capítulos fundamentales. Madrid. 2007. Pág.: 746
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WIKIPEDIA. Heinrich Brüning.

19 elecciones de septiembre de 1930 el partido nacionalsocialista obtiene un notable avance político con el 18,3 por ciento de los votos, aumentando su representación en el Reichstag de 12 escaños a 107: Ya es la segunda fuerza política del parlamento. La retórica nazi insta a la clase media a que recuerde la terrible inflación de 1923 e insiste en que de la calamitosa situación que se vive en Alemania, son culpables los “criminales de noviembre”, (en clara referencia a los socialdemócratas considerados responsables de la postración de Alemania en 1919), los marxistas, los especuladores y los judíos que están detrás de todo. El clamor del parlamento encuentra cada vez con más frecuencia su expresión violenta en las calles alemanas donde los disturbios llegan al enfrentamiento cuerpo a cuerpo y donde las SA de Hitler ganan la batalla a los comunistas y a los socialdemócratas: las tropas de asalto nazis cumplen su promesa de “romper cráneos” y “destruir la maldita república judía”. El descubrimiento de que las SA tienen un plan para un golpe de Estado en caso de un levantamiento comunista lleva a Grüning a prohibir el uso de uniformes políticos, y poco más tarde a prohibir las propias SA. El 13 de abril de 1932 la policía cierra sus albergues y confisca sus estandartes, las tiendas de campaña y los camiones. Hasta el coche con chófer de Goebels es confiscado.29 El 30 de mayo de 1932 Brüning es sustituido por el militante de su propio partido Franz von Papen a instancias del general Kurt von Schleicher, el consejero más influyente de Hindenburg. Schleicher ha negociado con Hitler un acuerdo por el que se levantaría la prohibición de las SA y se convocarían nuevas elecciones, a cambio de lo cual Hitler no se opondría a un gabinete presidencial más derechista. El partido de Centro Católico expulsa a von Papen por considerarlo traidor y éste, tal como estaba acordado, legaliza las secciones de asalto de las SA y convoca nuevas elecciones en Alemania. En el ínterin la violencia sigue en las calles. En el mes de junio, solamente en el estado de Prusia -territorio con gobierno independiente dentro de la República de Weimar - casi 500 escaramuzas dejan más de 80 muertos. Los acontecimientos del “domingo sangriento de Altona” (17 de julio de 1932), en el que murieron dieciocho civiles en un fuego cruzado entre las SA y los comunistas, dan la von Papen la excusa para deponer al gobierno prusiano. El 20 de julio, diez días antes de las elecciones, destituye al gobierno legítimo, funde los cargos de canciller alemán y ministro-presidente prusiano y nombra un comisario del Reich como ministro del Interior prusiano. Conforme se intensifica la depresión, los vigorosos esfuerzos de la propaganda nazi resultan aun más fructíferos. Las elecciones de julio de 1932 dan a los nazis un asombroso 37 por ciento de los votos y, con 230 miembros en el Reichstag, se convierten en el partido político más importante. El 13 de agosto Hindenburg, a pesar del desagrado que le produce el “cabo bohemio”, ofrece la vicecancillería a Hitler pero éste la rechaza: Envalentonado por el éxito electoral y por la aparente popularidad de su programa político, va a intensificar su exigencia de ser nombrado

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BURLEIGH M.: El Tercer Reich. Una nueva historia. Madrid. Santillana. 2002. Pág. 171.

20 canciller. Su política es de “todo o nada”, por eso no acepta formar parte de ningún gobierno de coalición.30 El 12 de septiembre en una sesión del Reichstag inicialmente programada para tratar de la recuperación de la economía, los comunistas proponen un cambio en el orden del día para someter al gobierno a una votación de no confianza. Para que la propuesta prospere no debe haber ninguna objeción. Sorprendentemente, ningún representante del Partido Nacional -Popular Alemán (DNVP), (nacionalistas conservadores -que dispone de 52 escaños- y que lidera Alfred Hugenberg), se opone, y los nazis aprovechan la oportunidad para unirse a la moción de censura de sus mortales enemigos con el fin e debilitar al gobierno de von Papen. El Reichstag es disuelto.31 Ello fuerza la convocatoria de nuevas elecciones para el 6 de noviembre (las quintas del año). Sin embargo la población está cansada. Los nazis están desanimados: apenas tienen acceso a la radio, la prensa burguesa les es ahora completamente hostil, los oradores repiten las mismas consignas ya conocidas por todos y, por si fuera poco las arcas del partido están vacías: las campañas anteriores las han agotado y es difícil recaudar nuevos fondos. Los resultados confirman los temores: la participación del electorado en estas últimas elecciones plenamente libres de la República de Weimar, es el más bajo desde 1928 (un 80,6 por ciento), el NSDAP pierde dos millones de votos (del 37,4 de junio al 33,1), los escaños pasan de 230 a 196. Los beneficiados son los comunistas (del 14,5 al 16,9 por ciento) y, sobre todo, el Partido Nacional-Popular Alemán que, ganando ochocientos mil votos, alcanza el 8,9 por ciento: la clase media está empezando a abandonar a los nazis aunque el nacionalsocialismo sigue siendo la primera fuerza política del país. En diciembre de 1932 el general Schleicher sucede a von Papen como canciller, intentando mediante planes de creación de empleo y “ayuda de invierno” para los parados, que los partidos mayoritarios le ofrezcan su apoyo. Ofrece a Gregor Strasser el puesto de vicecanciller en un intento de escindir el partido nazi en dos facciones, pero Strasser es fiel a Hitler y solicita su autorización para aceptar. Al no conseguirlo, dimite de todos sus cargos el 8 de diciembre y se toma unas vacaciones en el sur del Tirol. Este enfrentamiento con Hitler le costará la vida en 1934 durante la noche de los cuchillos largos. Hitler entra en una profunda depresión y no sabe qué camino tomar, pero los acontecimientos, por si solos, le van a ser favorables. El 4 de enero de 1933 Hitler celebra una reunión con el ex canciller von Papen en el domicilio de un banquero de Colonia, el barón Kurt von Schroeder, en la que se decide la caída del gobierno de Schleicher y la formación de un nuevo gabinete que represente a todos los partidos de la derecha: Hitler sería el canciller y von Papen su segundo. Schroeder asegura el apoyo del mundo de los negocios. El punto final al gabinete de Schleicher lo pone el propio Hindenburg, cuando se niega a conceder el decreto de disolución del parlamento y la convocatoria de un estado de emergencia para dilatar las elecciones hasta la segunda mitad del año. A espaldas de Hindenburg se conspira: Papen se entrevista en secreto con Hitler,
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HARRAN M. y otros.: Crónica del Holocausto. Alcobendas. Libsa. 2002. Pág. 22. KERSHAW I.: Hitler, 1889-1936. Barcelona. Grup editorial. 2007. Pág. 383-384.

21 acompañado por el hijo de Hindenburg, Oskar, y por Otto Meissner, jefe del equipo presidencial. Es el 18 de enero y están en el domicilio de Joachim von Ribbentrop. También asiste Goering. La táctica que allí se negocia consiste en presentar una alternativa con un Hitler canciller, debidamente controlado por Papen como vice canciller y un gobierno conservador en el que los nazis estarían en aplastante minoría (solamente dos ministerios: Frick en Interior y Goering como ministro del Interior de Prusia) y con el ministerio de Defensa en manos del general Blomberg, aparentemente de fiar. Papen irradiaba confianza en que se podría controlar, marginar y derribar a Hitler y que luego, el gobierno volvería a las manos de la derecha conservadora. Hitler insiste en que su partido se haga cargo de los ministerios del Interior prusiano y del Reich, lo que le proporcionaría el control de la policía y de las próximas elecciones. Papen logra convencer a Hindenburg con esta propuesta y, salvadas las reticencias finales de Hugenberg, que no puede soportar la presión de su propio partido, el destino está trazado:32Schleicher que sin el apoyo nazi ha visto desmoronarse toda su estrategia política y cuyas medidas socializantes, heredadas de Brüning, le han valido el enfrentamiento de la industria pesada alemana,33se ve obligado a dimitir y el 28 de ese mes abandona la cancillería pronunciando las siguientes palabras “Sólo he permanecido setenta días en el gobierno en los cuales me han traicionado setenta veces, que no me hablen más de la fidelidad alemana”. 34 El 30 de enero de 1933 Hindenburg nombra a Hitler Canciller del Reich. A finales de enero von Papen se permite decir de Hitler: “Le hemos alquilado”. Ludendorff, en un escrito dirigido a Hindenburg pronostica: “Yo profetizo solemnemente que este hombre maldito precipitará nuestro Reich en el abismo y hundirá nuestra nación en una miseria inconcebible. Las generaciones futuras os maldecirán en vuestra tumba por lo que habéis hecho”.35 Hugenberg reconoce: “Ayer cometí la estupidez más grande de mi vida. Me he aliado con el mayor demagogo de la historia”.36

EL PODER ABSOLUTO: EL JURAMENTO DE LEALTAD AL FÜHRER

El primer consejo de ministros del recién estrenado gobierno, tiene lugar el 2 de febrero. Hitler lo utiliza para preparar las nuevas elecciones que había pactado con Hugenberg, líder del Partido Nacional-Popular Alemán y ministro de economía de su gabinete. Las elecciones son fijadas para el 5 de marzo. A partir de ese momento todo el afán de Hitler va a ser la preparación de una campaña amplísima que comienza personalmente con
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GALLEGO F. De Munich a Auschwitz. Barcelona. Plaza & Janés. 2006. Pág. 239. BURLEIGH M.: El Tercer Reich. Una nueva historia. Madrid. Santillana. 2002. Pág. 182.

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ZENTNER C. y otros. El III Reich, Historia total de una Época Decisiva. Barcelona. Noguer 1974. Tomo 1, pág 39.
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KERSHAW I.: Hitler, 1889-1936. Barcelona. Grup editorial. 2007. Pág. 377. Citado en GALLEGO F. De Munich a Auschwitz. Barcelona. Plaza & Janés. 2006. Pág. 242.

22 un “Llamamiento al pueblo alemán” que, lleno de retórica, pero vacío de contenido, según Ian Kershaw37, es emitido por radio a altas horas de la madrugada.38 Hitler se dedica a también a seducir a la élite del país, comenzando el 3 de febrero con una reunión con los jefes militares preparada por Blomberg en la que, a cambio de restituir el prestigio del ejército, concederles el rearme y “ocuparse” de los marxistas y los pacifistas, exige una posición de neutralidad absoluta por parte de la Reichswehr en los temas políticos, cediendo toda la soberanía en este campo a los dirigentes civiles.39Sólo uno de los jefes presentes protestó, y perdió su mando como consecuencia. Aunque la mayor parte no fuesen simpatizantes activos del nacionalsocialismo, los jefes militares, que habían frustrado por la fuerza la tentativa de Hitler de tomar el poder en 1923, ahora, a los pocos días de que hubiera sido nombrado canciller, habían puesto a su disposición la institución más poderosa del estado.40Unos días más tarde se entrevista con los dirigentes de la industria y las finanzas ante los que difumina el carácter “socialista” del partido y a los que asegura la voluntad del gobierno de no correr aventuras económicas y de combatir a “la izquierda”. En este acto se recaudan tres millones de marcos para el partido.41 Sin embargo los nazis no pierden el tiempo y en el mismo mes de febrero comienzan a aparecer decretos que hacen pensar que todo está decidido: El día 4 la disposición “Para la protección del pueblo alemán” otorga al gobierno el derecho a prohibir las manifestaciones políticas, así como los periódicos e impresos de los partidos que concurrían a las elecciones valiéndose de motivos de lo más dispar. Al calor de este decreto, la prensa comunista es prohibida, los locales del partido asaltados y numerosos militantes detenidos. Dos días después, mediante otra disposición de emergencia, se ordena la disolución del parlamento prusiano en el que comunistas, socialistas y centristas eran mayoría. Por su parte Goering empieza a invadir el ministerio del Interior con incondicionales del partido poniendo especial atención en las jefaturas de policía en las que instala, las más de las veces, a jerarcas de las SA. El 17 de febrero ordena a la policía, mediante un edicto que “estableciese la mejor concordancia posible con las agrupaciones nacionales (SA y SS)” pero que, respecto a las izquierdas “hiciese uso de sus armas, sin contemplaciones, en caso necesario”42. Potencia las SS creando en su seno dos organizaciones: el Sicherheitsdienst o SD, (servicio de inteligencia y seguridad), y la GEheime STAatsPOlizei, más conocida como la Gestapo, (policía secreta). Esto va a hacer que las SS se mantengan por encima de la ley. El 22 de febrero “para aliviar la labor de la policía ordinaria en los casos especiales” dispone la formación de un cuerpo auxiliar de, aproximadamente, 50.000 hombres reclutados primordialmente entre las SA y las SS. La neutralidad de la
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KERSHAW I.: Hitler, 1889-1936. Barcelona. Grup editorial. 2007. Pág. 434. FEST J.: Hitler. Una biografía. Barcelona. Planeta. 2005. Pág 546. KERSHAW I.: Hitler, 1889-1936. Barcelona. Grup editorial. 2007. Pág. 435. KERSHAW I.: Hitler, 1889-1936. Barcelona. Grup editorial. 2007. Pág. 437-438.

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GALLEGO F. De Munich a Auschwitz. Barcelona. Plaza & Janés. 2006. Pág. 254. FEST J.: Hitler. Una biografía. Barcelona. Planeta. 2005. Pág 551.

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23 policía ha muerto: un brazalete blanco, una porra de goma y una pistola van a legitimar, a partir de ese momento, las detenciones incontroladas y los abusos de la milicia del partido como acciones de tipo legal al servicio del Estado. Durante esta primera orgía de violencia estatal, Hitler asume el papel de moderado. Su habilidad como actor sigue incólume. Da la impresión al gabinete de que radicales del movimiento están desobedeciendo sus órdenes, pero que los pondrá bajo control y pide paciencia y que le dejen disciplinar a los sectores del partido que se han excedido.43 La noche del 27 de febrero de 1933 se produce el incendio del Reischtag en Berlín. En el mismo lugar de los hechos es detenido el ex comunista holandés Marinus van der Lubbe. Balbuceaba las palabras “¡Protesta! ¡Protesta!”, no dejaba de hacer gestos de triunfo y tenía todo el cuerpo bañado en sudor. Cuando Goebels comunica la noticia a Hitler, que se encontraba esa noche en su casa, éste lanza un grito espontáneo “¡Ahora sí que los tengo!” y, a continuación ambos se desplazan al lugar de los hechos a toda velocidad. Allí se encontraba ya Goering con algunos de sus colaboradores y en la gran sala del parlamento, Hitler se dirige a los reunidos gritando: “Ahora ya no debe haber compasión; el que se nos cruce en el camino será aniquilado. El pueblo alemán no se mostrará comprensivo ni tendrá piedad. Es preciso que se fusile a todo funcionario comunista en el mismo lugar donde se encuentre. Esta misma noche deben ser colgados todos los diputados comunistas. Hay que detener a todos los aliados de los comunistas. ¡Tampoco habrá perdón, a partir de ahora, para los socialdemócratas y el Reichsbanner!”44 Esa misma noche son detenidos unos cuatro mil funcionarios, en su mayoría comunistas, así como algunos escritores, médicos y abogados no gratos al régimen45 Los nazis culpan a los comunistas de haber provocado el incendio que sería la señal de partida de una rebelión sangrienta y el comienzo de una guerra civil. Hitler y von Papen visitan a Hindenburg y consiguen que firme un decreto de emergencia que servirá para invalidar todos los derechos fundamentales, ampliando de forma considerable el campo de aplicación de la pena de muerte.46 El camino para la destrucción de todas las fuerzas políticas y sindicales está abierto: el partido comunista es prohibido y detenidos sus dirigentes, las organizaciones de derechas se hunden por sí mismas y el partido socialdemócrata es disuelto y sus miembros obligados a exiliarse. Los sindicatos, pese a su tentativa de colaboración, son incorporados al Frente del Trabajo (organización del partido), se suprime la
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KERSHAW I.: Hitler, 1889-1936. Barcelona. Grup editorial. 2007. Pág. 447. Reichsbanner: Coalición de centro derecha. FEST J.: Hitler. Una biografía. Barcelona. Planeta. 2005. Pág 558.

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ZENTER, C. y Otros.: El III Reich, Historia total de una época decisiva. Barcelona. Noguer. 1974. Pág 47: Artículo 1:…quedan limitados la libertad personal, el derecho a la libre manifestación de las propias opiniones, incluida la libertad de prensa, los derechos de asociación y reunión, el derecho a la inviolabilidad de la correspondencia, envíos postales, telegramas y conferencias telefónicas, la inviolabilidad del domicilio y el derecho a la propiedad. Quedan, por tanto sin efecto, por el momento, aquéllas normas que establezcan un límite legal a la intervención en estas materias.

24 estructura federal del Reich que es sustituida por un orden unitario y centralizado.47 El incendio del Reichstag 48y las consecuencias que desencadena influyen notoriamente en el pueblo alemán al que se le hace creer que jamás fue tan patente la amenaza comunista. Las comunidades de vecinos organizan guardias para prevenir los temidos saqueos, y los campesinos sitúan vigilantes en pozos y fuentes ante el temor de envenenamiento. La explotación del miedo, realizada de manera simultánea a través de todos los medios propagandísticos, consigue que para Hitler todo sea factible durante un corto espacio de tiempo que sabe aprovechar con toda su sangre fría para desmembrar y deshacerse de todos sus enemigos y rivales.49 En estas condiciones, el triunfo electoral de Hitler el 5 de marzo estaba garantizado. La única incógnita era si el partido obtendría o no la mayoría absoluta. No es así. Los nazis se benefician de una afluencia a las urnas de casi el 90 por ciento de los ciudadanos obteniendo casi el 44 por ciento de los votos, algo más de diecisiete millones.50 Los comunistas obtienen 81 diputados, los socialistas 118 y los nacionalistas de Papen y Hugenberg 52. Así Hitler, con sus 288 escaños, tiene una mayoría de 37 contra los 251 que se le enfrentaban. El 24 de marzo esta escasa mayoría, convenciendo o atemorizando a sus antagonistas, logra, por 441 votos contra 94, la concesión de plenos poderes al canciller Hitler durante cuatro años. Una vez conocido el resultado, Hitler, volviéndose a los bancos de los socialistas, clama: “Ahora ya no os necesito para nada”.51 La represión sigue y los nazis adoptan acciones destinadas a mantener los principios fundamentales de la ideología nazi: el 10 de mayo, en toda Alemania, se queman libros que se consideran de “espíritu anti alemán”, la mayoría de ellos judíos. En el Unter den Linden, frente a la universidad de Berlín, más de 20.000 volúmenes son destruidos: Obras de John Dos Passos, Thomas Mann, Karl Marx, Ernest Hemingway, Upton Sinclair, Emile Zola, H.G. Wells, André Guide, Sigmund Freud, Máximo Gorki, Hellen Keller, Friedrich Forster, Marcel Proust, Jack London y Erich María Remarque son pasto de las llamas. La medida, tendente a uniformar la vida intelectual de Alemania, se complementa con la exclusión de profesores, artistas, científicos y escritores de origen judío, que han cesado en sus cargos. Entre los represaliados se encuentran Gustav Hertz y James Franck, ambos en posesión del premio Nobel.52
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BACELLS A. y otros.: Historia Universal. Volumen IX. Barcelona. Salvat. 1980. Pág. 118.

Se ha polemizado sobre la autoría del incendio. Los nazis culparon a los comunistas, que siempre lo negaron. Se extendió la creencia de que fueron los propios SA los que originaron el incendio para tener una excusa y sacar a los comunistas y otros opositores del contexto político. Recientemente, historiadores de la talla de Ian Kershaw o Joachim Fest han llegado a la conclusión de que el único responsable fue van der Lubbe. Lo que está meridianamente claro es que a los nazis les hizo un gran favor que supieron aprovechar. Nota del autor.
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FEST J.: Hitler. Una biografía. Barcelona. Planeta. 2005. Pág. 560. GALLEGO F. De Munich a Auschwitz. Barcelona. Plaza & Janés. 2006. Pág. 255.

51

CHURCHILL W.S.: Memorias. La segunda guerra mundial: Cómo se fraguó la tragedia. Barcelona. Plaza & Janes. 1963. Pág. 95.
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OGG L. y otros: Crónica del siglo XX. Madrid. Ed. especial para Diario 16. 1986. Pág 459

25 Hindenburg muere el 2 de agosto de 1934. La Wehrmacht no muestra oposición alguna a que Hitler una a su cargo de canciller alemán el de presidente de la República. Con ello, reúne en su mano todo el poder e impone desde ese momento un gobierno centrado exclusivamente alrededor de su figura, basado en el principio del caudillo o Führerprinzip. Según este principio político, el Führer (Caudillo) quedaba identificado con el pueblo ("Era" el pueblo), y sólo él conocía y representaba el interés nacional. Esta representación del pueblo por el líder era esencial: no suponía ningún procedimiento de consulta y delegación del poder. El Führerprinzip, sostenían sus ideólogos, reemplazaba a un gobierno irresponsable e impotente (el parlamentario), por otro poderoso y en el que la responsabilidad recaía en una sola figura. Así, la voluntad del Führer se transformaba en la ley. La aplicación de este principio resultó en formas totalitarias de control y represión, ya que cualquier oposición a los designios del Führer era, por definición, antinacional. El cargo lleva implícito el de comandante en jefe de la Reichswehr. Los miembros de las fuerzas armadas tienen que jurar fidelidad a Hitler, juramento que se hace extensivo a todos los funcionarios del estado. En un plebiscito realizado el 19 de agosto de 1934, el 89,9 por ciento de los votantes alemanes da su aprobación a la ampliación de poderes de Hitler. Hitler ya es el Führer de todos los alemanes. La suerte está echada.

QUEMANDO ETAPAS CONSOLIDACION DE LA DICTADURA

A partir de que Hitler obtiene la confianza del Reichstag para gobernar por decreto, los acontecimientos se van a desarrollar de manera que el poder del estado nazi, el Tercer Reich, va a ir en aumento desafiando a todo y a todos y consolidando una dictadura de partido que terminará por llevar a Alemania al desastre total. La concepción pagana, racista y materialista del Tercer Reich se comprende mejor al analizar las medidas de política social aplicadas por el partido nazi apenas subió al poder. En orden a la higiene de la raza, Hitler pronto sacó leyes que prescribían la esterilización de los deficientes, de los anormales, de los alcohólicos, de los ciegos, de los sordomudos, de los pobres y de todas las personas «racialmente inferiores». Se instituyó «el tribunal para la salud de la estirpe», que tenía poderes absolutos. Sobre la base de la pertenencia a la raza aria, se decidía si se dejaba nacer o se abortaba un niño hasta el sexto mes de embarazo. Para el matrimonio era necesario un certificado de «arianidad» que impedía las uniones con las razas inferiores. También las relaciones sexuales con personas de otras razas se convirtieron en delito que se perseguía penalmente. La discriminación racial no se detenía en la mutilación del cuerpo con la esterilización sino que llegaba incluso a la eliminación física, primero con medidas como la eutanasia y después con los hornos crematorios de los campos de la muerte. En tres años, el régimen nazi esterilizó a 225.000 personas entre discapacitados, esquizofrénicos, epilépticos, ciegos, sordos, alcohólicos y disminuidos. A partir de 1939, Hitler no se contentó con esterilizar a aquellos que «envenenan la pureza de la sangre aria» y comenzó el programa de eutanasia forzada.

26 La ley alemana sobre la esterilización no encontró mucha oposición entre los países occidentales. Por el contrario, las sociedades eugenésicas de Estados Unidos y Gran Bretaña la saludaron con satisfacción, puesto que los autores alemanes de la ley admitieron que habían reproducido el programa de esterilización en boga en California. A su vez, las autoridades académicas alemanas dieron doctorados honoris causa a los americanos Leon Whitney, Madison Grant y Harry Laughlin, conocidos por su racismo y por ser dirigentes y miembros conocidos del movimiento eugenésico. Los doctorados se acompañaron de cartas de felicitación escritas directamente por Hitler. Tales manifestaciones de simpatía no suscitaron escándalo en aquella época, porque las teorías raciales estaban muy difundidas, tanto que en 1935 Suecia, Dinamarca, Finlandia, un cantón suizo y varios Estados americanos habían legalizado la esterilización como medida eugenésica.53 Alemania se retira de la Sociedad de Naciones e inicia un programa armamentístico que Hitler no oculta a nadie. En 1933 se establece el primer campo de concentración en Dachau, cerca de Munich, donde son internados judíos, comunistas, gitanos, homosexuales, testigos de Jehová, delincuentes habituales, asociales, emigrantes y enemigos políticos del régimen. Hasta 1945 se construirán más de mil campos.54
LA JUSTICIA PIERDE: EL NUEVO SISTEMA JURÍDICO

Hitler ha alcanzado el poder de forma legal pero es consciente de que, para llevar a cabo sus planes, necesita dar un vuelco al Sistema Jurídico Alemán y eliminar la Constitución de Weimar. Reproducimos parte de las Actas del Proceso de Nüremberg:55 “El 24 de marzo de 1933, sólo estaban presentes 535 de los 747 diputados del Reichstag. La ausencia de algunos no fue excusada, estaban en custodia protectiva en campos de concentración. Sometido a todo el peso de la presión y el terror nazis, el Reichstag aprobó una ley habilitante conocida como "Ley para la Protección del Pueblo y el Estado", con 441 votos a favor. Esta ley marca el verdadero momento en el que los conspiradores se hicieron con el control político. El Artículo 1 decía que las leyes del Reich podrían ser aprobadas por el Gabinete del Reich. El Artículo 2 decía que las leyes nacionales aprobadas por el Gabinete del Reich podían no respetar la Constitución. El Artículo 3 indicaba que las leyes nacionales aprobadas por el Gabinete del Reich serían preparadas por el Canciller y publicadas en el Reichsgesetzblatt. El Artículo 4 decía que los tratados del Reich con otros Estados que afectaran a cuestiones de legislación nacional no requerían el consentimiento de las partes legisladoras. El Gabinete del Reich tenía poder para elaborar las leyes necesarias para la ejecución de estos tratados. Así, los nazis adquirieron el control político total, libre completamente de los límites de la Constitución de Weimar.” Se acaba aquí la independencia del Poder Judicial que queda automáticamente subordinado al Poder Político. A partir de este momento
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http://www.conoze.com/doc.php?doc=3978

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HARRAN M. y otros.: Crónica del Holocausto. Traducción de María Herranz y otros. Alcobendas. Libsa. 2002. Pág. 56.
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http://www.nizkor.org/hweb/imt/tgmwc/tgmwc-01/tgmwc-01-03-07-sp.html

27 las leyes que se promulguen serán exclusivamente políticas y a favor del programa del Nacionalsocialismo. "Hitler es la ley", proclamaban orgullosamente sus partidarios. Goering lo recalca así el 12 de julio de 1934 ante un grupo de fiscales prusianos: "la ley y la voluntad del Führer son una misma cosa". En palabras dirigidas en 1936 a los jueces por el Dr. Hans Frank, ministro de Justicia del Reich afirma: "En cada decisión que adopten, díganse a sí mismos: ¿Cómo decidiría el Führer en mi lugar? En cada decisión, pregúntense: ¿Es compatible esta decisión con la conciencia nacionalsocialista del pueblo?". El funcionamiento de la justicia queda totalmente supeditado a los designios del líder. Para cubrir aquella aberración con un manto de legalidad, se aprueba el 7 de abril de 1933 la Ley del Servicio Civil, que fue utilizada para expulsar a todos aquellos jueces cuyo apego al nazismo resultase dudoso, o como estipulaba textualmente la ley: "a los que confesaban que no estaban preparados para abogar en todo tiempo y en todas las ocasiones a favor del Estado Nacional Socialista". A pesar de ello, algunos jueces intentaron basar sus dictámenes en las leyes. Así ocurrió por ejemplo a raíz del incendio del Reichstag, el 27 de febrero de 1933, del que Hitler culpó a los comunistas. Cuando los presuntos culpables fueron llevados a juicio, el Tribunal Supremo de Alemania se vio obligado a absolverlos, ya que no existía ninguna prueba que los incriminase. Enfurecido Hitler decide crear una Corte, superior aun al Tribunal Supremo, una suerte de Sala Constitucional a la cual se le dio el nombre de Volksgerichtshof, o Tribunal del Pueblo, integrado por jueces absolutamente fieles al Führer y por miembros de las SS. Las decisiones o sentencias de aquel Tribunal eran inapelables, ni siquiera por la Sala Plena del Tribunal Supremo de Alemania (aunque en realidad tal figura no existía). La Justicia ha sido vencida por el Sistema Jurídico.
POSICION DE LA IGLESIA: LA CRUZ Y LA SVÁSTICA

Las autoridades eclesiásticas realizaron numerosas advertencias contra el nacionalsocialismo (cuando su ideología era apenas intuida), hasta que Hitler, tras la toma del poder en marzo de 1933, da seguridad de no atentar contra los derechos de la Iglesia. El episcopado alemán acepta la propuesta de un concordato por parte del Reich, que es presentada en el Vaticano por el vicecanciller Von Papen, católico de renombre. Su conclusión, el 20 de julio de 1933, es para Hitler un gran éxito de política exterior, tanto más cuanto que él tenía intención de interpretarlo y aplicarlo con arreglo a los principios del nazismo. El tratado ofrecía cierta garantía a los derechos eclesiásticos, pero la lucha entre las concepciones nazis y la Iglesia católica no tarda en estallar de manera pública y notoria. La tensión de las relaciones entre la Iglesia y el III Reich alcanza su punto culminante cuando el Domingo de Ramos de 1937 se lee, en todos los púlpitos de Alemania, la encíclica pontificia "Mit brennender Sorge" (Con viva preocupación), en la que Pío XI oponía a la renovación pagana la doctrina católica. Disuadía al clero de seguir la enseñanza de los falsos profetas. La encíclica produce un gran revuelo en Alemania y en la opinión pública mundial, siendo interpretada en aquel tiempo, por la mayor parte de

28 los países occidentales no ligados a Alemania, como un valiente acto de denuncia del nazismo, de las doctrinas racistas y del Estado que las aplicaba, así como de sus métodos violentos de disciplina social. Poco después Hitler visita Roma, devolviendo la visita oficial efectuada meses antes por Mussolini, y, en contra de toda costumbre y protocolo, no pide ser recibido por el Papa. Pío XI, ostentosamente, se retira a Castelgandolfo durante los días de la visita y ordena que se cierren los Museos Vaticanos. En una alocución a un grupo de peregrinos dijo que no era oportuno desplegar en Roma, en el día de la Santa Cruz, el emblema de "otra cruz que no es la Cruz de Cristo". La tensión entre la Iglesia y el Estado alemán alcanza a lo largo de los años treinta proporciones desacostumbradas. Las Iglesias alemanas, tanto la católica como la protestante, no reaccionan con la energía y prontitud necesarias, pero Roma, durante estos años, va a realizar gestos y proclamar su opinión con suficiente claridad. Pío XI ha sido criticado, a menudo, por no haber apoyado en Alemania al partido Zentrum. Tal vez la historia juzgue que su error consistió en invertir la política de su predecesor Benedicto XV, quien prefirió confiar en aquellos partidos políticos antes que en la buena fe de los países con los que firmaba concordatos. Toda la política exterior de Pío XI se basó en los 18 concordatos estipulados por él. Suprimidos los partidos políticos, se quedó sólo con los concordatos. Era un argumento jurídico valioso para defender los derechos de la Iglesia, pero a menudo se convertían en papel mojado cuando se trataba con gobiernos que no se preocupaban por mantener su palabra. Hitler encuentra en las iglesias tal vez el único adversario interno que no puede destruir ni asimilar. Después de los intentos de compromiso que culminaron en la firma del Concordato, buena parte del catolicismo opuso, a partir de 1934, una resistencia compacta a la ideología nacionalsocialista.56 Tras su muerte en febrero de 1939, le sucede Pio XII, figura que ha sido muy controvertida por su relación con el nazismo y el holocausto, sin que los historiadores se hayan puesto de acuerdo sobre su actuación. Fue acusado de ser el Papa de Hitler por no haber hecho nada para evitar lo que estaba ocurriendo, aunque recientemente, la investigación en los archivos del Vaticano parecen demostrar que intentó salvar todas las vidas que pudo, sin poner en peligro las de los propios sacerdotes y religiosos.
EL EJERCITO GANA: LA NOCHE DE LOS CUCHILLOS LARGOS

El III Reich es ya, en teoría, un sólido partido unido bajo el indiscutible mando de Adolf Hitler pero, bajados al primer nivel de mando, el régimen se descompone en “familias” en lucha constante para acrecentar sus parcelas de poder dirigidas por los grandes personajes del partido: Himmler, Goebels, Goering, y otros. En sus disputas internas la última palabra la dicta Hitler, pero para influir en la decisión del Führer nadie desdeña echar mano de todo tipo de recursos. El ejemplo más claro es la liquidación de las SA en lo que se conoce como “La noche de los cuchillos largos”. Las SA son el ejército del partido: una enorme fuerza de cuatro millones y medio de hombres que había sido
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http://www.artehistoria.jcyl.es/batallas/contextos/4887.htm

29 decisiva para derrotar al Partido Comunista en la lucha para convertirse en la primera fuerza política de Alemania. Eran mucho más numerosos que el propio ejército, parecían y eran un arma terrible y, sin embargo, un día de verano de 1934 Hitler hace detener y ejecutar a casi todos sus jefes y reduce el grupo a un papel marginal. Las SA habían sido una creación personal de Ernest Röhm, capitán de artillería y jefe de Hitler durante la primera guerra. Al finalizar ésta, se integra en los freikorps y utiliza su influencia en el ejército para conseguir armas para estos grupos. Simpatiza con los movimientos ultranacionalistas y se une al partido nacionalsocialista (de hecho era miembro fundador y colaboró con Hitler en la transformación del DAP en el NSDAP) arrastrando con él a muchos de sus seguidores, que pasan a agruparse en una organización paramilitar denominada SA donde visten uniforme militar sin insignias. Eran una guardia cuya misión era mantener el orden en los mítines del partido y garantizar su seguridad frente a los comunistas en un momento político en que la amenaza comunista en Alemania era vista como algo muy real por la República de Weimar y por los mandos militares. Éstos otorgaron su favor a Röhm y, ya en 1923, las SA pudieron disponer con práctica libertad de los depósitos clandestinos de armas del ejército, lo que les permitió formar el grueso de las fuerzas con las que se intentó el golpe de estado en Baviera. En aquéllos momentos estaban formadas por 600 hombres.57 Tras el fracaso del putsch, las SA fueron prohibidas pero subsistieron bajo el nombre de Bahnfront y siguieron haciendo proselitismo. Röhm emigró a Bolivia como asesor del ejército de ese país y no volvió hasta que fue llamado por Hitler en 1931 para reasumir sus funciones. En estos momentos ambos personajes empiezan a disentir en torno al uso que hay que hacer de las SA: Röhm las considera como una organización militar que debe apoyar la pendiente revolución socialista y el ajuste de cuentas con la burguesía republicana responsable del desastre de la primera guerra. Hitler, escarmentado por el fracaso del golpe de 1923, no quiere salirse de la legalidad y prohíbe a Röhm realizar acciones por su cuenta. En ese momento, la misión de las SA es la de una fuerza de acción rápida contra los comunistas. Cuando, en 1932 los nazis se acercan al poder, las SA son de nuevo “oficializadas” aunque su imagen (camisa parda y brazalete con la svástica después del putsch de Munich) nunca se había dejado de ver en Alemania. Fue gracias a ellos, a su labor de propaganda y a su enfrentamiento con los comunistas (el enemigo más evidente aún no eran los judíos) que Hitler puede conseguir 230 escaños en julio de 1932. El 5 de marzo de 1933, con Hitler ya en el poder, las SA desfilan oficialmente en Berlín. El 22 de febrero un decreto las había encuadrado como auxiliares de la policía. Cuando el 27 de ese mismo mes se produce el incendio del Reichstag se da vía libre a la caza de comunistas y las SA junto con las SS, protagonizan las operaciones. Las SA deciden cobrarse todo aquello a lo que creen tener derecho: detienen a todo aquél en el que ven un opositor, establecen campos de concentración y cometen todo tipo de tropelías, amparados en la práctica impunidad que parte de Hitler y Goering. Las élites alemanas que aún conservan el poder económico y militar se inquietan porque estos SA no se recatan en afirmar que todavía hay que

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http://www.elgrancapitan.org/portal/segunda-guerra-mundial/la-noche-de-los-cuchilloslargos.html

30 realizar una verdadera revolución social y que las antiguas clases privilegiadas deben desaparecer. En esos momentos se incrementa la rivalidad entre Röhm y Goering: Mientras Röhm es un radical que cree en la acción directa y aspira a un estado populista, Hermann Goering es, no sólo el rostro amable del nacionalsocialismo, sino también el enlace de Hitler con las grandes fortunas, los industriales, los conservadores y los altos mandos del ejército, llamados a ser los grandes aliados de Hitler una vez alcanzado el poder “teórico” con su nombramiento como canciller. Aquí entra en escena Heinrich Himmler, un militante de los primeros tiempos, aunque menos antiguo que Röhm, al que Hitler encarga la creación de un destacamento especial para su guardia personal. Aparecen las SS (ya citadas) de las que Himmler toma el mando en 1929. Teóricamente es subordinado de Röhm pero en la práctica goza de total autonomía. Organiza el cuerpo a su voluntad y, a diferencia del valor del número en que creía Röhm, prefiere un cuerpo mucho más pequeño pero muy firme y disciplinado: la militancia en las SA era, sobre todo, de extracción popular con muchos ex comunistas en sus filas. En las SS, es de clase media, aristocrática incluso, y sumamente seleccionada siguiendo los más estrictos criterios de la pureza de la raza aria. Himmler y Röhm son rivales también y el primero se dedica a desprestigiar al segundo contando al puritano Hitler las evidencias sobre su homosexualidad a lo que éste contesta que no quiere oír hablar de “aquéllas guarrerías”. Haciendo causa común con Goering ambos siguen bombardeando al Führer con informes sobre sus discrepancias y contactos, reales o fingidos, con elementos de la oposición. El 1 de julio de 1933 Hitler anuncia oficialmente a las SA que la revolución ha terminado. El 6 recalca que “sobre todo hay que mantener orden en la economía”. Röhm hace caso omiso y no se recata en decir que “Adolfo -es único nazi que le tutea- piensa como un pequeño burgués”. Las SS, sin embargo, tienen ya 200.000 hombres y la recién creada policía secreta, la Gestapo, estaba a su servicio. Con todo, el peligro real para Röhm llega cuando la Reichswehr no quiere hacerse cargo de las SA porque no están seguros de poder dominar un movimiento revolucionario de ese calibre. En abril de 1934 Röhm declara en un discurso “Nuestra revolución es nacional socialista. Sobre todo socialista”. En junio, Franz von Papen reclama que se ponga fin a las amenazas de la SA. Lo que realmente pesa en la opinión de Hitler es la posibilidad de una revolución del gran capital y del ejército. Para entonces grandes industriales y consorcios como Hugenberg, Siemens, Krupp y otros tenían parte en el gobierno, y la Reichswehr manifiesta discretamente su apoyo a von Papen. Finalmente, tras mucho dudarlo por recordar que en el fondo debía a Röhm el poder, Hitler accede: Las SA serían puestas fuera de juego y, en el mundo nazi, eso significaba la plena eliminación de los elementos considerados peligrosos. Himmler lleva a Hitler el último informe: el 29 de junio de 1934 Röhm va a dar un golpe de estado. Pero en las SA se nota el ambiente enrarecido y Röhm, para poner fin a las sospechas, decreta un mes de permiso para

31 todos precisamente a partir de ese mismo día. Antes se había programado un almuerzo de camaradería para los líderes en la localidad bávara de Bad Wiesee. Las SS son armadas por el ejército y prevenidas para entrar en acción ese día junto a elementos militares y de la policía. Hitler y Goebels se dirigen a Munich mientras Goering y Himmler centralizan la represión en Berlín. En la madrugada del 29 de junio Hitler, acompañado de militares, SS y policías se dirige a Bad Wiesee. La leyenda dice que sorprendió a los jefes SA en una orgía homosexual, pero no fue tal, aunque encuentra evidencias de las inclinaciones de algunos. Todos son sorprendidos dormidos y sin ningún indicio que permita deducir que allí se estaba preparando un golpe de estado aunque lo que se ventila en realidad no es eso, sino que la SA es el tributo que hay que pagar a la alta burguesía y al ejército. Algunos son abatidos por sospechas de que pretendían huir o resistir en operación dirigida directamente por Hitler, que llega a insultar y golpear a los detenidos. Desde Berlín, Goering y Himmler dirigen la detención de los que figuran en las listas confeccionadas al efecto. Las órdenes con algunos son detenerlos, a otros, detenerlos y fusilarlos en el acto y a otros, matarlos en cuanto los vieran. Röhm es asesinado el 30 de junio. Trasladado a Berlín es encarcelado e inducido al suicidio, pero lo rechaza. Luego un SS entra en su celda y deja en ella una pistola cargada; Röhm no hace ademán de tocarla. Finalmente entran dos SS y uno de ellos, Theodor Eicke, que luego sería comandante del campo de Dachau, le dispara varias veces en la cabeza. En total la represión alcanza a cerca de un millón de personas en toda Alemania. Significa la liquidación de la posibilidad de una revolución en el seno del nazismo, pero también la traición a quienes habían ayudado a Hitler a llegar al poder creyendo en ella. Las SS son separadas de las SA y éstas puestas bajo el mando de Viktor Lutze, plenamente leal a Hitler, y vaciadas de contenido: en el futuro solo serán responsables del entrenamiento militar anterior y posterior al servicio militar. Asciende al poder un nuevo grupo formado por Goering, Hess, Himmler, Heydrich y Goebels, con las SS y la Gestapo como brazo armado. El mariscal Hindenburg, aún presidente del Reich, da su pública aprobación a las medidas. El ejército y la burguesía, eliminado el peligro, comienzan a colaborar cada vez más activamente con Hitler que consigue el poder absoluto en Alemania.58Sin embargo, el triunfo de los militares profesionales sobre las milicias del partido es sólo aparente, ya que las SS de Himmler, libres de cualquier supeditación a la SA, se van a convertir en una amenaza mucho mayor para el ejército de lo que nunca hubieran sido los desorganizados escuadrones de las SA de Röhm.59
EL TEMA JUDÍO: LA NOCHE DE LOS CRISTALES ROTOS

En 1879 y 1880, Heinrich von Treitschke, un importante escritor nacionalista alemán publicó una serie de artículos en los que llama la atención una frase premonitoria: “Die Juden sind unser Unglück” (Los judíos son nuestra
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FLASHMAN H.: La noche de los Cuchillos Largos. Portal Historia Militar. 2006 Encarta, enciclopedia Microsoft. Noche de los cuchillos largos.

32 desgracia). En algunos casos este eslogan aparecía escrito en reuniones del partido nazi. Un poco antes de que apareciera el ensayo de Treitschke, otro escritor alemán, el periodista anti judío Wilhelm Marr acuñó el término antisemitismo. Pero lo que este término denota –discriminación y odio contra los judíos- es sin duda alguna el odio más antiguo del mundo. En el año 70 d.C. los romanos bajo Tito asesinaron y/o dejaron morir de hambre al menos a 600.000 judíos en Jerusalén. Durante los primeros años del cristianismo, los teólogos dijeron que, puesto que los judíos habían rechazado a Jesús como Mesías, merecían ese sufrimiento. Como consecuencia, se extendió la violencia contra los judíos durante siglos. Los judíos fueron expulsados de Inglaterra en 1290, de Francia en 1306 y de España en 1942, después de que la Santa Inquisición hubiera trabajado lo suyo en nuestro país. A medida que en Europa se extendía la tolerancia religiosa y los derechos civiles en los siglos XVIII y XIX, los judíos casi llegaron a ser ciudadanos con igualdad de derechos ante la ley. Sin embargo, estas tendencias liberales no acabaron con el odio hacia ellos. Por ejemplo, a finales del siglo XIX surgieron en Rusia y Polonia las persecuciones antisemitas en las que murieron miles de personas. A lo largo de los siglos, el antisemitismo ha tomado formas diferentes, pero con ciertas semejanzas, religiosas, políticas, económicas, sociales y raciales. Se ha discriminado a los judíos, se les ha odiado y matado debido a que los no judíos prejuiciosos creían que los judíos pertenecían a una religión equivocada, que carecían de la cualidad de ciudadano, que tenían prácticas comerciales impropias, que no se comportaban adecuadamente, o que poseían características raciales inferiores.60 De lo expuesto se deduce claramente que el antisemitismo no fue un invento del nacionalsocialismo. De hecho constituyó, en aquella época, un sentimiento europeo que cobró especial virulencia en Rusia y en Alemania. En la primera, tras la revolución bolchevique y en la segunda, tras la derrota de la I Guerra Mundial, ambas épocas de depresión y pobreza. Parece como si, en estas circunstancias, el pueblo necesitase buscar un culpable de los males que lo aquejan y allí están los judíos dispuestos para el sacrificio. El primer sentimiento anti judío de Hitler aparece en su etapa de Viena cuando se ve fuertemente influido por el ambiente antisemita de los dirigentes a los que admira, y justo cuando su situación económica es bastante precaria. A partir de ese momento comienza a culpabilizar a los judíos de todos los males que le suceden a Alemania, aunque su odio es mayor contra los comunistas. Posteriormente escribirá en su Mein Kampf lo que piensa hacer con ellos. Cuando Hitler presta juramento como canciller, el 30 de enero de 1933 se dispone a poner en práctica el antisemitismo racial que es la parte central de la política de su partido: el 1 de abril las SA y las SS cuelgan carteles en todo el país con los avisos “No compréis a los judíos” y “Los judíos son nuestra desgracia” y escriben la palabra Jude (judío) en miles de puertas y ventanas pintando la estrella de David en amarillo y negro en todos los comercios y viviendas propiedad de los judíos. El 7 de abril se promulga la
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HARRAN M. y otros.: Crónica del Holocausto. Trad. de María Herranz y otros. Alcobendas. Libsa. 2002. Pág. 18.

33 “Ley para la Restauración del Funcionariado Profesional”, cuyo párrafo tres, conocido como “Párrafo Ario” requería que los funcionarios de ascendencia no aria fueran retirados de sus cargos. En estos primeros meses se aprueban leyes anti judías casi a diario que, si bien no pueden materialmente ser aplicadas en sentido estricto, van restringiendo de una u otra manera la vida religiosa, educativa, cultural y profesional de los judíos: Prohibición del ritual judío de preparación de la carne, los alumnos judíos de las escuelas y universidades no pueden superar el 1,5 por ciento, los médicos judíos no pueden entrar en los hospitales de la seguridad social sanitaria, los judíos no pueden optar a licencias para farmacias, los abogados ven restringidas sus prácticas, los judíos son expulsados de las asociaciones deportivas… Entre 1933 y 1939 se aprueban más de 1.400 leyes contra los judíos. Esta situación tiene dos consecuencias inmediatas: Por un lado, para millones de alemanes no judíos resulta esencial comprobar y poder demostrar su ascendencia “aria”. La tarea de certificar la identidad aria de las personas recae en curas y pastores, funcionarios y archiveros. El proceso lleva a la expansión de una red de oficinas de investigación y gestión que llega a ser una de las características del estado racista que se está consolidando. Por otro, los judíos que tienen posibilidades abandonan Alemania, aproximadamente 37.000 solamente en 1933.61 En septiembre de 1935 son aprobadas las primeras leyes de Nüremberg, entre ellas la ley de Protección de la Sangre y del Honor alemán. Esta prohibía el matrimonio entre no-judíos y judíos así como las relaciones sexuales extramatrimoniales entre ellos. Las palabras "Pureza de la Sangre Alemana" y "de la Sangre Alemana o afín a ella" eran nociones de la doctrina de raza nacionalsocialista. Según esta ley se catalogaba a las personas en individuos de razas superiores e inferiores. La sangre se consideraba la portadora de las cualidades raciales. Eran considerados "afines" a los alemanes esencialmente los pueblos europeos sin "mezcla de sangre de otras razas". También determinaba quién debía considerarse judío, en función de sus ascendientes. Además en la ley se determinaba que ningún judío podía ser ciudadano del Reich. A los ciudadanos judíos les estaba prohibido ejercer un cargo público y los funcionarios judíos tenían que abandonar su cargo a más tardar el 31 de diciembre de 1935. Ya no tenían derecho a voto en asuntos políticos. Respecto a la ley de la ciudadanía del Reich se aprobaron 13 decretos de ejecución y numerosos decretos y disposiciones oficiales en el marco de la misma ley. Las condiciones de trabajo y de vida de los ciudadanos judíos fueron limitadas hasta los más mínimos detalles afectando incluso a la vida privada.62 Los años sucesivos constituyen más de lo mismo, los derechos de los judíos van siendo castrados progresivamente hasta conseguir que los no judíos alemanes los consideren una raza inferior. En 1933, la población judía del país -aproximadamente 565.000 personasconstituye menos del uno por ciento de la nación, gozaba de la ciudadanía
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HARRAN M. y otros.: Crónica del Holocausto. Trad. de María Herranz y otros. Alcobendas. Libsa. 2002. Pág. 55.
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www.wsg-hist.uni-linz.ac.at/Auschwitz/HTMLesp/Rassegesetze.html.

34 alemana, algunos de ellos desde diez generaciones atrás. En 1938 sólo quedan 234.000 en el país, más unos 70.000 que viven en los Sudetes y en Austria. La emigración forzada se convierte en un rentable tráfico financiero; sólo quienes hagan donación de su patrimonio al Reich, o sean “rescatados” en divisas por judíos extranjeros, pueden abandonar Alemania en breve plazo, sin llegar a sufrir las presiones y los malos tratos reservados a los judíos sin medios y que no pueden salir del país. El control de la emigración se lleva desde la “Central de asistencia para la emigración judía” creada dentro de los Servicios de Seguridad del Reich.63 La historia del éxodo del pueblo judío se repite una vez más. Entre el 6 y el 15 de julio de 1938, delegados de 32 naciones y representantes de 39 agencias privadas de ayuda (21 de ellas judías) se reúnen en el balneario francés de Evian-les-Bains cerca de la frontera suiza, convocados por el presidente de los Estados Unidos Franklin D. Roosevelt. El objetivo de la conferencia de Evian era ofrecer refugio a cientos de miles de judíos alemanes y austríacos. Antes de la conferencia Roosevelt había dejado claro que “no se esperaría que ningún país recibiera a un número de emigrantes superior al permitido por su legislación vigente”. Escudándose en estas palabras, los delegados nacionales, uno tras otro, expresaron su simpatía por los refugiados judíos pero también pusieron excusas para explicar por qué sus países no podrían abrir sus puertas.64 Sin embargo lo peor aún está por llegar: El 7 de noviembre de 1938 Herschel Grynszpan, un judío polaco, en un arranque espontáneo de violencia, dispara a Ernst von Rath, cuarto secretario de la embajada alemana en París. Unos días antes había recibido una postal de su hermana contándole que ella y sus padres, junto con otros miles de judíos de ciudadanía polaca residentes en Alemania, habían sido expulsados sin previo aviso. Tras un rifi-rafe con las autoridades polacas que se niegan a admitirlos en su territorio, terminan en un campo de refugiados cerca del pueblo de Zbaszyn, localidad fronteriza entre Polonia y Alemania. Von Rath muere dos días después y los nazis culpan al “Judaísmo Mundial” por el asesinato y, como represalia, desencadenan un pogrom masivo contra los judíos dentro del Tercer Reich. Cientos de sinagogas por toda Alemania, incluyendo Austria, son destrozadas y saqueadas. Muchas son incendiadas y los bomberos reciben orden de dejarlas arder, previniendo la propagación de las llamas a edificios contiguos. Los escaparates y vitrinas de alrededor de 7.500 negocios fueron rotas en lo que pasará a la historia como Kristallnacht (noche de los cristales rotos). Las SS y la Gestapo arrestan a cerca de 30.000 hombres judíos enviando a la mayoría a los campos de concentración de Dachau, Buchenwald y Sachshausen donde se los somete a un trato brutal aunque se los libera en los meses siguientes, tras comprometerse a iniciar los trámites para emigrar fuera de Alemania. Se estima que entre 2.000 y 2.500 muertes son el resultado, directo o indirecto del pogrom de la Kristallnacht. Los nazis alegan que los mismos judíos han sido los responsables de lo ocurrido e imponen a la comunidad judía alemana una multa de mil millones de marcos (sobre cuatrocientos millones de dólares de la época). El Reich
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OGG L. y otros: Crónica del siglo XX. Madrid. Ed. especial para Diario 16. 1986. Pág 545

HARRAN M. y otros.: Crónica del Holocausto. Traducción de María Herranz y otros. Alcobendas. Libsa. 2002.Pág. 132

35 confisca todos los pagos que las compañías aseguradoras debían hacer a los propietarios judíos cuyos negocios o casas habían sido saqueados o destruidos, y los hizo personalmente responsables de sufragar el costo de todas las reparaciones necesarias. El pogrom de noviembre anticipa una nueva ola de legislación antijudía: En las semanas que le siguen el gobierno alemán promulga docenas de leyes y decretos con el fin de privar a los judíos de sus propiedades y de los medios para ganarse la vida. Además son excluidos de toda participación en la vida social pública. Se les obliga a vender todas las empresas de propiedad judía, usualmente por una fracción de su valor real, en un proceso que llaman de “Arianización”. Las escuelas judías son cerradas y los niños judíos que asisten a escuelas alemanas expulsados. Se les prohíbe ejercer la mayoría de las profesiones y se les exige vender sus cosas de valor a oficinas estatales encargadas de comprarlas. Se les aplican reglas impositivas especiales. Se les prohíbe ser propietarios de automóviles, se les retira la licencia de conducir, y se les restringe el acceso al transporte público. Se les prohíbe la concurrencia a lugares de esparcimiento así como asistir al teatro, cine o conciertos.65 Los nazis utilizan un acto de violencia aislado, la acción individual de un joven judío, como excusa para apropiarse de todos los bienes judíos, excluirlos de la sociedad y hacerles la vida imposible. Sin embargo creemos que, en estos momentos solamente buscan expulsarles de Alemania y quedarse con todo su patrimonio, aunque no les importa que mueran unos cuantos miles en el intento. El Holocausto vendrá más tarde cuando tras la anexión de Austria y Checoslovaquia y, sobre todo la invasión de Polonia constaten que la población judía ha alcanzado casi cuatro millones de personas.

VALORACIÓN DE LOS HECHOS

A finales del siglo XIX, en una situación europea de tremendos cambios científicos, el cristianismo ya no ofrecía respuestas convincentes y la población estaba sumida en una perplejidad anímica que, sumada a la devastadora humillación de la derrota en la Primera Guerra Mundial, volvió a los alemanes especialmente propensos a aceptar nuevas formas de ver el mundo en las que ellos tuvieran un papel dominante. El nazismo les ofrecía un líder dotado de un aura mesiánica y carismática, promesas de un futuro mejor y supuestamente milenario, la reconfortante sensación de formar parte de una comunidad y la convicción de pertenecer a una raza superior que tenía de su parte a las leyes de la naturaleza. Todo eso iba mucho más allá de una mera ideología política. Ofrecía una esperanza y un sentido, una visión del mundo en la que todo quedaba explicado y que incluso, bajo el símbolo de la sangre, les concedía una forma singular de trascendencia. Hitler no engañó a nadie que no quisiera ser engañado. El programa político del partido, publicado en Munich el 24 de febrero de 1920 definía claramente las opiniones que éste defendía respecto a los temas que importaban en la Alemania de aquél momento. Se puede aducir con razón que, en aquéllos momentos, el NSDAP era solamente uno de los centenares
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UNITES STATES HOLOCAUST MEMORIAL MUSEUM. Enciclopedia del Holocausto. Kristallnacht. www./ushmm.org.

36 de partidos nacionalistas alumbrados a la sombra de la derrota, pero también hay que decir que el programa no fue cambiado durante todo el tiempo que duró el nacionalsocialismo. La misma argumentación es aplicable cuando, en 1925, aparece Mein Kampf, solo que en esa fecha, los nazis ya empiezan a ser más conocidos: Tienen representación parlamentaria y en sus mítines expresan con claridad sus intenciones. Podemos admitir también que tales escritos podían pasar desapercibidos o ser considerados como las bravatas disparatadas de un partido extremista, pero, cuando Hitler conquista el poder, ¿es que nadie, fuera de Alemania, creía que iba a ser capaz de llevar a cabo sus ideas? ¿Por qué no se le ocurrió a ningún gobierno democrático pensar en lo que iban a hacer los nazis con solamente leer el programa del partido o el libro programático de su Führer? ¿Tampoco creyeron que era capaz de hacerlo cuando organizó el rearme de Alemania a la vista del mundo entero, e incluso presumiendo de ello? ¿…o cuando se anexionó Austria? ¿…o cuando invadió Checoslovaquia? ¿…o cuando…? Hitler no accedió al poder gracias a una gran victoria electoral, pero no habría llegado a ser Canciller del Reich si en enero de 1933 no hubiera estado al frente del partido más fuerte. Y eso significaba que el pueblo alemán le había votado, que había creído en sus promesas, que estaba de acuerdo con lo que preconizaba, que, en definitiva, se había subido a su carro otorgándole su confianza. Para afianzarse en el poder durante los doce años del Tercer Reich no fue suficiente dirigir el terror contra cuantos defendían otras ideas. Hitler se ganó el apoyo de gran parte de los trabajadores porque, gracias fundamentalmente a la coyuntura armamentista y a una acertada política de obras públicas, logró reducir el desempleo masivo en tan solo unos años. 66 El concepto de Hitler sobre la conquista del poder fue uno de los elementos realmente propios y originales de su encumbramiento, a pesar de todo cuanto tomó prestado, en dicho sentido, de la práctica del golpe de Estado experimentado por los bolcheviques y, especialmente, por los fascistas. En su forma de producirse, la toma del poder por los nazis sigue constituyendo el modelo clásico del avasallamiento totalitario de las instituciones democráticas desde el interior, es decir, con la ayuda y no con la resistencia del poder estatal.67 En las peligrosas circunstancias en que se encontraba el partido nacionalsocialista a finales de 1932 y comienzos de 1933 es cuando Hitler juega la baza del todo o nada. Considerando la desmoralización del partido, su agotamiento económico, la crisis motivada por Strasser, el abandono de numerosos militantes y la caída electoral experimentada, escoger a Hitler como canciller podía haberse evitado perfectamente. Sólo con que Hindenburg hubiera otorgado a Schleicher los poderes que otorgó a Hitler el día siguiente de su proclamación como canciller, es decir, disolución del Reichstag y gobierno de emergencia, se hubiera puesto a los nazis en una muy difícil situación. Por el contrario, cabe pensar, como apunta Ferrán Gallego,68que el poder salvó al nazismo de una grave crisis interna,
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WIKIPEDIA. República de Weimar. FEST J.: Hitler. Una biografía. Barcelona. Planeta. 2005. Pág. 549. GALLEGO F.: De Munich a Auswitch. Barcelona. Plaza & Janés. 2006. Pág. 247.

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37 poniéndolo al frente de los asuntos públicos cuando su consistencia empezaba a menguar. Muy pocos de los observadores que asistieron a su momento de triunfo en 1933 fueron capaces de advertir el menor indicio de la escalada de calamidades que se avecinaba. La izquierda interpretó su figura como la de un hombre de paja de las grandes empresas y presumió que habría de durar muy poco tiempo y que marcaría el comienzo de una crisis terminal del capitalismo. El Daily Herald, el diario izquierdista de mayor tirada en Gran Bretaña, llegó a describirle como un “vulgar payaso”. En los círculos de la derecha conservadora, Hitler también fue ampliamente subestimado. En un principio, se pensó de él que “no estaba a la altura de su cargo”. Muchos conservadores llegaron a suponer que pronto dejaría su lugar a quienes siempre habían ostentado el poder en Alemania. Incluso después de los incidentes de junio de 1934, el Ministerio de Asuntos Exteriores británico temía más al Prusianismo -el poder de quienes habían llevado a Alemania a la guerra en 1914- que al propio Hitler. Todos esos errores de interpretación -que estaban basados en prejuicios y que impidieron que se adoptaran medidas para dar la debida respuesta a Hitler en aquellos mismos momentos- suenan hoy como algo extraño.69 Los instrumentos de intimidación con que contaron los nazis, tras su llegada al poder fueron poderosos. Grandes recursos para la propaganda, incluida la utilización masiva de la radio de una forma desconocida hasta entonces y, también, de un fondo económico muy generoso. La violencia callejera ejercida por las unidades de asalto contra los “rojos” no desautorizaba, sino que prestigiaba a quien la utilizaba. Si se puede hablar de una sociedad paralizada por el terror, hay que referirse también a una mayoría que, no solo autorizaba su ejercicio, sino que estimulaba lo que consideraba un acto de purificación elemental para salir de la crisis.70 En opinión de Ian Kershaw: 71“La brutalidad y la violencia de febrero de 1933 no dañaban la reputación de Hitler entre la población. Muchos que habían sido inicialmente escépticos o críticos estaban empezando a pensar que era el hombre adecuado y que debería dársele una oportunidad. Ayudó a ello un ligero repunte en la economía. Pero fue importante el anti marxismo ferviente de una gran parte de la población. La propaganda nazi aprovechó el viejo odio al socialismo y al comunismo (ambos etiquetados como “marxismo”) y lo convirtió en paranoia anticomunista directa…el ataque a gran escala a la izquierda podía contar con seguridad con un apoyo popular masivo”. La fachada “legal” que rodeó la toma del poder llevó sin duda a muchos ciudadanos respetuosos con la ley, debido a su acatamiento de las normas legales, a dar su aquiescencia a lo que estaba ocurriendo. Puede que muchos prefiriesen pasar por alto el carácter revolucionario de los hechos, en especial después de que los radicales quedaran dominados tras la purga de junio de 1934. Esta purga permitió que el “alemán apolítico” considerase las instituciones nacionalsocialistas como parte integrante de su normalidad
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KERSHAW I.: ¿Por qué nos sigue obsesionando Hitler? EL MUNDO. 30 de enero de 2003. GALLEGO F.: De Munich a Auswitch. Barcelona. Plaza & Janés. 2006. Pág. 251-252. KERSHAW I.: Hitler, 1889-1936. Barcelona. Grup editorial. 2007. Pág. 449-450.

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38 burguesa. Pero, incluso antes de que la Noche de los Cuchillos Largos pusiese fin al radicalismo de las tropas de asalto, ya eran muchos los que daban la bienvenida al régimen.72 Hitler fue el hombre apropiado que apareció en el momento adecuado. Hasta aquí hemos hablado del cómo fue posible y de las circunstancias que pudieron impedir la llegada de Hitler al poder, de cómo fue capaz de convertirse en dictador absoluto de Alemania y de cómo pudo arrastrarla al cúmulo de desastres que llegaron a continuación, pero sigue en el aire la pregunta fundamental: ¿Por qué? Durante un tiempo se le quiso negar al nazismo cualquier dimensión ideológica, asegurando que se trataba de una revolución maniobrada por un dictador que supo cómo engatusar a las masas. En palabras de Rita LeviMontalcini, premio Nobel de medicina en 1986 por su descubrimiento de los factores de crecimiento de las células y sufridora de los campos de concentración nazis, “Hitler y Mussolini triunfaron porque supieron hablar a las masas, en las que siempre predomina el cerebro emocional sobre el neocortical, el intelectual: ¡Manejaron emociones, no razones!”. Actualmente, en cambio, está admitido que el nazismo fue un fenómeno culturalmente mucho más complejo y profundo, y que las dimensiones ideológicas, incluso pseudorreligiosas, de su universo intelectual tuvieron un papel fundamental en la fascinación que Hitler y su movimiento causaron en gran parte del pueblo alemán. El periodista catalán Eugeni Xammar ya lo vio así en 1935, cuando en una de sus crónicas desde Berlín afirmó que: “hoy más que nunca tenemos la convicción de que hemos sido invitados a presenciar el nacimiento y los primeros pasos de una nueva religión”.73 Pero, para conseguir el objetivo anunciado había que pagar un precio. Había que sacrificar a los judíos y demás elementos antisociales para purificar la raza aria, había que unificar a toda la población de habla alemana en un pangermanismo pendiente de épocas anteriores, había que conseguir el “espacio vital” a base de la anexión de Checoslovaquia, la invasión de Polonia y, sobre todo con el asalto a Rusia. Esta postura queda muy bien reflejada en la película Vencedores o Vencidos, de Stanley Kramer, cuando el juez Emil Janings, acusado de crímenes de guerra declara “…una fiebre se apoderó de la nación, una fiebre de desgracia, de indignidad, de hambre, teníamos una democracia, sí, pero corrompida por elementos que la componían. Por encima de todo, existía miedo, miedo al presente, miedo al futuro, miedo de nuestros vecinos, miedo de nosotros mismos. Solo cuando hayan comprendido esto comprenderán lo que significó Hitler para nosotros, porque entonces él nos dijo: Alzad la cabeza, sentid el orgullo de ser alemanes, entre nosotros hay diablos, comunistas, liberales, judíos, gitanos; cuando consigamos acabar con ellos se acabará también vuestra miseria. Era la vieja, la viejísima historia del cordero propiciatorio, ¿qué pasó con los que lo sabíamos perfectamente?, los que sabíamos que esas palabras eran mentira, peor que mentira, ¿por qué nos callamos? ¿por qué participamos? porque amábamos a nuestra Patria. A fin de cuentas, ¿qué importa que pierdan sus derechos unos cuantos políticos extremistas? ¿qué importa que unas minorías raciales pierdan sus derechos? Sólo es una fase pasajera, una etapa por la que tenemos que pasar. Tarde o temprano será
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GELLATELY R.: La Gestapo y la sociedad alemana. Barcelona. Paidós Ibérica. 2004. Pág. 29 Citado en: SALA R.: “En qué creían los nazis”. Muy Especial, Nº 68 (2005), pág 35

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39 superada. Incluso el propio Hitler caerá un día u otro, la Patria está en peligro, salgamos de las tinieblas, marchemos hacia adelante, adelante es la palabra mágica. Y la Historia nos dice hasta qué punto triunfamos, hasta más allá de nuestros más desenfrenados sueños. Los mismos principios de odio y de poder con que Hitler fascinó a Alemania, fascinaron al mundo, nos encontramos de pronto con poderosos aliados, cosas que se nos negaron cuando éramos democracia se nos ofrecían entonces.”74 Es la postura que preconiza que el fin justifica los medios. Para conseguir todo lo prometido había que ir a una guerra total porque las democracias occidentales no iban a permitir tamaño protagonismo de la nación alemana. El pueblo alemán sabía esto y lo aceptó, al menos hasta que, bien avanzada la contienda, las armas se volvieron contra sus ejércitos cuando los Estados Unidos entraron en la guerra y lo que quedaba del Sexto Ejército de von Paulus se rindió a los rusos en Stalingrado, al menos hasta que la pérdida de vidas humanas, primero con la caída de hijos y hermanos en el frente, y más tarde, con el bombardeo de la población civil en las grandes ciudades, hicieron ver a los alemanes el error que habían cometido al dar su apoyo al dictador que, después de llevarlos a la cima del orgullo de raza, los hundió en el más profundo de los abismos. Las circunstancias de crisis social y económica en la depresión alemana no bastan para explicar la llegada de Hitler al poder, pues otros países padecieron casi lo mismo y no sucumbieron a dictaduras radicales. Más bien, a esas consecuencias sociales y económicas de la depresión, habría que añadir las peculiares circunstancias históricas y culturales del pueblo alemán: Eso hizo posible el nacionalsocialismo. Hitler fue un lunático, un egocéntrico absoluto que, en su locura, arrastró al mundo a una vorágine de perdición y llevó a Europa al desastre causando millones de muertes. No hay disculpa para lo que hizo ni para cómo lo hizo. Pero no fue el único culpable: A fuer de intentar ser objetivos, también hay que pensar, además, en el pueblo alemán que le otorgó su voto, en el capital que le apoyó frente a la amenaza del marxismo, en el ejército al que devolvió su orgullo clasista, en la iglesia que llegó a firmar un concordato con el dictador y, también, en los políticos de las democracias occidentales que permitieron que las cosas llegaran a desarrollarse de la forma que lo hicieron. Todos deben asumir su parte de responsabilidad. Quiero terminar esta exposición con dos anécdotas personales que, a mi modo de ver, pueden ayudar a comprender un poco el carácter del pueblo alemán: En 1961 un grupo de compañeros contratamos a una estudiante alemana para que nos impartiera clases de alemán; esta mujer, de unos 20 años (tenía 4 al terminar la guerra) originaria de un pequeño pueblo de Baviera, estaba orgullosa de la pureza de la raza aria en su comarca. Y también era capaz de reconocer que el índice de subnormalidad de los niños nacidos en su región fuera el más alto de Alemania porque sus habitantes se casaban entre ellos. Sin embargo daba la impresión de admitir tranquilamente que lo segundo era necesario para conseguir lo primero. La segunda es más reciente. En enero del presente año nos encontrábamos mi mujer y yo en la Hoffbrau de Munich y entablamos conversación con un compañero de mesa, un alemán de mediana edad que se encontraba de paso por la ciudad. En ese momento se sentaron frente a nosotros tres
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KRAMER, s.: Vencedores o Vencidos. USA. 1961. Transcripción de diálogo del film.

40 parejas de jóvenes (uno de ellos sefardí) que se metieron en la conversación y se identificaron, en inglés, como judíos que iban a esquiar a Austria. En un aparte, el alemán le dijo a mi mujer: “Do you think that these are persons?” Cuando ella, no dando crédito a lo que había oído, le preguntó: What do you mean? el otro rectificó, Nothing, nothing. Con esto no quiero generalizar. Toda generalización, además de ser injusta, lleva al error. Soy un admirador del pueblo alemán, visito su país con cierta frecuencia y me gusta su forma de vida. Quizá por ello hay veces que me pregunto con cierta aprensión: ¿Sería posible otro Hitler?

Madrid marzo de 2008

41 Apéndice 1: Catorce puntos del Presidente Wilson75
Hacia el final de la Primera Guerra Mundial, el presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson, hizo una llamada a las naciones europeas en conflicto para que detuvieran el fuego y dieran paso a la reconstrucción del continente. Para esto redactó un discurso conocido como los Catorce Puntos, que no era más que una serie de propuestas que permitían desvanecer el fantasma de la guerra de todo el planeta. El discurso fue dado el 8 de enero de 1918 ante el Congreso de los EE.UU.:

1. Convenios abiertos y no diplomacia secreta en el futuro.
2. Absoluta libertad de navegación en la paz y en la guerra fuera de las aguas jurisdiccionales, excepto cuando los mares quedasen cerrados por un acuerdo internacional. 3. Desaparición, tanto como sea posible, de las barreras económicas. 4. Garantías adecuadas para la reducción de los armamentos nacionales. 5. Reajuste, absolutamente imparcial, de las reclamaciones coloniales, de tal manera que los intereses de los pueblos merezcan igual consideración que las aspiraciones de los gobiernos, cuyo fundamento habrá de ser determinado, es decir, el derecho a la autodeterminación de los pueblos. 6. Evacuación de todo el territorio ruso, dándose a Rusia plena oportunidad para su propio desarrollo con la ayuda de las potencias. 7. Plena restauración de Bélgica en su completa y libre soberanía. 8. Liberación de todo el territorio francés y reparación de los perjuicios causados por Prusia en 1871. 9. Reajuste de las fronteras italianas de acuerdo con el principio de la nacionalidad. 10. Oportunidad para un desarrollo autónomo de los pueblos del Imperio Austrohúngaro. 11. Evacuación de Rumanía, Serbia y Montenegro, concesión de un acceso al mar a Serbia y arreglo de las relaciones entre los estados balcánicos de acuerdo con sus sentimientos y el principio de nacionalidad. 12. Seguridad de desarrollo autónomo de las nacionalidades no turcas del Imperio otomano, y el Estrecho de los Dardanelos libres para toda clase de barcos. 13. Declarar a Polonia como un estado independiente, que además tenga acceso al mar. 14. La creación de una asociación general de naciones, a constituir mediante pactos específicos con el propósito de garantizar mutuamente la independencia política y la integridad territorial, tanto de los Estados grandes como de los pequeños.

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WIKIPEDIA.: http://es.wikipedia.org/wiki/Woodrow_Wilson

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Apéndice 2:
PROGRAMA DEL TRABAJADORES PARTIDO NACIONAL SOCIALISTA ALEMAN DE LOS

El programa, tal como se publicó en Munich el 24 de febrero de 1920, dice así: «El programa del partido nacionalsocialista alemán es temporal. Reside en los jefes la facultad de trazar al partido nuevos fines, una vez que éstos sean alcanzados. 1. Pedimos la unión de todos los alemanes, a base de una democracia del pueblo que haga posible la gran Alemania. 2. Exigimos para Alemania los mismos derechos de que disfrutan los demás pueblos, y, por tanto, anulación de los Tratados de Versalles y San Germán. 3. Exigimos campo y territorios (colonias) para la alimentación de nuestro pueblo y expansión del exceso de población. 4. Sólo podrá ser ciudadano alemán el alemán nativo, racial. Sólo se considerará alemán racial al que tenga sangre alemana, sin referencia alguna confesional. Ningún judío puede, por tanto, ser de nuestra raza. 5. Quien no sea ciudadano alemán sólo podrá vivir en Alemania a título de huésped y sometido a la ley que regule la vida de los extranjeros. 6. El derecho a influir en la orientación y en las leyes del Estado es privativo del ciudadano. Por tanto, exigimos que cualquier empleo público, sea el que sea, del Imperio, ciudad o Municipio, esté desempeñado por ciudadanos alemanes. 7. Exigimos que el Estado se comprometa a proporcionar trabajo y medios de subsistencia a los ciudadanos. Si no fuera posible la alimentación de toda la población debe expulsarse a los extranjeros. 8. Debe evitarse la inmigración de no alemanes. Exigimos que los inmigrados no alemanes desde el 2 de Agosto de 1914, sean inmediatamente expulsados del país. 9. Todos los ciudadanos deben tener los mismos derechos y obligaciones. 10. El primer deber de todo ciudadano consiste en trabajar, intelectual o físicamente. La actividad del individuo debe desenvolverse dentro de los intereses de la colectividad. Para ello exigimos: 11. Suspensión de los ingresos que no reconozcan por origen el trabajo. No más explotación y servidumbre. 12. Teniendo en cuenta los enormes sacrificios en vidas y dinero que la guerra cuesta al pueblo, todo enriquecimiento personal debido a la guerra debe considerarse como un delito contra el pueblo. 13. Queremos la nacionalización de todos los trust. 14. Exigimos la participación en las grandes explotaciones. 15. Deseamos protección segura para la vejez. 16. Deseamos que se forme una clase media sana; que sean municipalizados inmediatamente todos los grandes consorcios y alquilados a bajos precios a los pequeños comerciantes, teniendo sobre todo en cuenta a los industriales que abastezcan al Estado y a los Municipios. 17. Exigimos una reforma del régimen agrario que se acomode a las necesidades nacionales; creación de una ley de expropiación de terrenos en beneficio de la colectividad. Anulación de la contribución territorial y la especulación de terrenos.

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18. Exigimos lucha implacable contra aquellos que, por su actuación, perturben los intereses de la colectividad. Pena de muerte para los usureros y explotadores del pueblo. 19. Pedimos que se sustituya el Derecho romano por un Derecho colectivo alemán. 20. El Estado proporcionará medios a todos los alemanes capacitados de lograr una cultura superior y poder ocupar puestos directivos. Los planes de enseñanza de todos los establecimientos docentes han de acomodarse a las necesidades de la vida práctica. La idea del Estado debe explicarse en la escuela a los niños al tener uso de razón. Los niños pobres capaces y aptos para el estudio deben ser auxiliados por el Estado. 21. El Estado se ocupará de modo preferente en la sanidad pública, protegiendo a las madres y niños, favoreciendo la cultura física del pueblo por medio de leyes que hagan el deporte y la gimnasia obligatorios y ayudando de un modo decidido a las sociedades y corporaciones que fomenten el desarrollo físico de la juventud. 22. Pedimos la desaparición de las tropas asalariadas, y la formación, en su lugar, de un ejército del pueblo. 23. Exigimos sea perseguida de modo implacable por la ley la mentira política intencionada. Y para posibilitar una Prensa alemana pedimos: a) Que todos los redactores y colaboradores de los periódicos que aparezcan en lengua alemana sean ciudadanos alemanes. b) Los periódicos no alemanes han de estar por completo de acuerdo con el Estado. Y no podrán imprimirse en alemán. c) Prohibición de que los no alemanes influyan económicamente o idealmente en los periódicos. La infracción debe castigarse con la suspensión del periódico y la expulsión inmediata del interesado. Debe prohibirse toda publicación que perjudique el bienestar público. Lucha contra las tendencias artísticas o literarias que produzcan efectos desintegradores en la vida de nuestro pueblo. 24. Queremos libertad para toda clase de creencias religiosas dentro del Estado, siempre que no supongan un peligro o estén en oposición a las costumbres y moral de la raza germana. El partido en sí es positivamente cristiano, sin puntualizar una creencia determinada. Luchará contra el espíritu materialista judío, convencido de que la salvación de nuestro pueblo llegará a base del siguiente principio: el bien comunal antes que el bien individual. 25. Para la realización de todo esto, queremos la formación de un Poder central del Estado. Autoridad del Parlamento político central sobre el resto del Estado y su organización. Formación de Cámaras corporativas y profesionales para su actuación dentro del margen que permita el Estado. Los directores del partido prometen poner en juego todos los medios que sean precisos, incluso sus propias vidas, para llegar a la realización de los Puntos anteriormente expuestos. Munich, 24 Febrero 1920.»
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LEDESMA RAMOS R.: “El nacionalsocialismo alemán. El partido de Hitler”. La Conquista del Estado, núm 2. Pág 5. 21 de marzo de 1931.

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