Está en la página 1de 3

FLORENCIA DE MORA PIZARRO La destacada filántropa Florencia de Mora Pizarro y Escobar de Sandoval nació en el año 1536 aproximadamente.

Sobrina del conquistador del Perú; su madre, doña Ana Pizarro Valverde, era prima hermana de Francisco Pizarro. Tuvo como padre al Capitán Diego de Mora, uno de los militares españoles que protagonizó la toma de Cajamarca, remoto episodio que marcó a sangre y fuego la historia de nuestro país. Florencia de Mora, quien tuvo dos hermanos, Diego y María de los Ángeles, era, una mujer de abolengo histórico cuyas raíces genealógicas proceden de Trujillo de Extremadura, España. Su vida no fue fácil, sin embargo. Desde temprana edad sufrió desdichas que acrisolaron su espíritu de honda sensibilidad social. Cuando se produjo la muerte de Francisco Pizarro (en el año 1541), asesinado por los seguidores de Diego de Almagro, los hijos menores de éste fueron criados a partir de entonces por la madre de Florencia en la ciudad de Trujillo. Por este motivo es que, durante su infancia, Florencia de Mora vivió en esta ciudad junto con sus hermanos y primos, los hijos del conquistador español. Su casa estaba ubicada al costado de la catedral de Trujillo. A los 17 años, aproximadamente, Florencia contrajo matrimonio con don Juan de Sandoval y Guzmán, albacea de su padre y propietario de la repartición de Huamachuco, un hombre 30 años mayor que ella. A pesar de la diferencia de edades, formaron un hogar sólido, porque ambos eran de espíritu muy religioso. Como no hay felicidad de largo plazo, pronto la desdicha hubo de mostrar su rostro más fiero. Su único hijo falleció a los 2 años de edad, tragedia que la sumió en un profundo dolor. A los pocos años, para colmo de males, su hermano menor, Diego, falleció en Cartagena de Indias, víctima de la peste. Por este motivo tuvo que hacerse cargo de su sobrino Diego José Luis de Mora Manrique, a quien dedicó su existencia criándolo como si fuera su propio hijo. Florencia de Mora fue una mujer pía que vivió imbuida de una profunda devoción religiosa compartida con su esposo. Este auténtico sentimiento la llevó a realizar obras de caridad a favor de los indígenas, entre ellas el auspicio de fiestas religiosas como la fiesta de la ermita de San José, en Huamachuco, para lo cual donó a la congregación local una renta anual para la celebración de esta fiesta. En 1560, los esposos Sandoval-De Mora emigraron a la ciudad de Trujillo, donde se destacaron como una de las familias honorables y respetadas

por su condición social y económica. A los 34 años quedó viuda. Sobre poniéndose a este nuevo dolor, tuvo que asumir la administración de sus bienes, a pesar de que la sociedad de su época era marcadamente machista y no aprobaba que una mujer trabajara. Se dedicó con ahínco a la cría de ganado y llegó a convertirse en la ganadera más grande de la región. El éxito que obtuvo Florencia le granjeó la admiración de la pacata sociedad trujillana, la que empezó a considerarla como la mujer más importante de la primera generación de hijos españoles nacidos en Perú. La dura labor al frente de sus propiedades no la hizo insensible ni fría, por el contrario: siguió con su labor filantrópica, haciendo contribuciones al monasterio de las monjas clarisas, otorgando dotes a las novicias y mediante la donación de las tierras de Collambay al convento de esta orden. Florencia de Mora no sólo apoyó las obras religiosas, también realizó obras de ayuda en pro de los indígenas con la donación de tierras. Cabe destacar, sobre todo, su apoyo a la educación de los estudiantes de la sierra, a los que protegió con pensiones gratuitas de alimentos, ropa y habitación, a fin de que éstos pudieran sostenerse en la ciudad de Trujillo. Entre sus donaciones de tierras, a favor de esta causa, está el fundo de Triana o Huerta Grande, que es la zona donde se ubica actualmente el local del colegio nacional de San Juan. Por la importante labor social que realizó se le conoció como la Orquídea de América. A los 57 años sufrió una hemiplejia que le hizo perder el habla y parte de la movilidad de su cuerpo. Sin embargo, era tal su energía y fortaleza que aún en ese estado continuó administrando sus bienes, buscando asegurar el porvenir de su sobrino Diego. Adquirió tierras en Cajamarca, Chicama, Huamachuco, Collambay y Moche. Al sentir la muerte cerca, hizo su testamento pidiendo ser enterrada junto a los restos de su esposo, en la capilla mayor y altar de los Ángeles en el convento de San Agustín. Otra de sus disposiciones testamentarias fue ser enterrada ataviada con el hábito de nuestra señora de la concepción. Doña Florencia de Mora Pizarro y Escobar de Sandoval falleció el 6 de octubre de 1596, dejando sus bienes a parientes, a los indígenas, a los conventos y al Hospital de la Caridad de Lima. Sus restos reposan en la cripta de la iglesia San Agustín de Trujillo.

La memoria de Florencia de Mora sobrevivió largo tiempo después, tanto así que hasta el siglo XVIII todavía se rezaban misas en la iglesia San Agustín por el descanso de las almas de los esposos Sandoval de Mora.