Está en la página 1de 21

Modelo Narrativo

Método teológico
Ulisses González Carrera
Facilitador: Nelson García Elizondo
Una narración es el relato de unos hechos reales o imaginarios que les
suceden a unos personajes en un lugar. Cuando contamos algo que nos ha
sucedido o que hemos soñado o cuando contamos un cuento, estamos
haciendo una narración.

La narración es una de las formas de expresión más utilizadas, ya que


forma parte de nuestra manera de comprender el mundo, incluso podemos
afirmar que predomina por encima de otras formas que se usan para
describir la realidad más "distantes" u "objetivas" como pueden ser la
definición o la explicación.
Características de la narración
Elementos de la narración:
Narrador, personajes y la acción.

Partes de la narración
Marco, historia o trama

Partes de la trama:
Acontecimiento inicial, reacción, acción y solución.
Introducción al modelo narrativo

Si bien no es una cuestión nueva hacer referencia a estudios sobre el lenguaje y de


las formas literarias en la Teología, ha sido sobre todo con la inflación lingüística de la
filosofía que se ha prestado mayor atención al lenguaje en la reflexión metodológica.

Más allá de los acercamientos hermenéuticos o analíticos, ha destacado


recientemente la consideración de la narración como portadora de sentido. El
lenguaje aquí no se considera desde el acto de la comprensión, sino de la
comunicación narrativa: la historia misma en cuanto narrada.
Definición del modelo:
Resulta más acertado definir la teología narrativa como una práctica. Bajo este
punto de vista se puede denominar así al «ejercicio teológico que considera la
narración como un modelo de comprensión o de argumentación».

Decir "teología narrativa" no significa simplemente hacer referencia a una teología


compuesta de relatos, sino recuperar un modo de hacer teología que se ponga en
escucha constante de la narración original del acontecimiento de Jesús de Nazaret y lo
retransmita de forma narrativa (parádosis); es decir, una teología experta en el análisis
de las narraciones salvíficas y de su reproposición actualizada y empeñada en mantener
despierta la memoria narrativa de la comunidad eclesial.
Defender lo que es suyo……
La inquietud fundamental del modelo deriva del deseo de recuperar la narración como la
forma teológica originaria. El pueblo judío narraba, Jesús mismo narró, Jesús en su
acontecimiento se volvió narración. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, «los
textos más importantes, y más relevantes desde el punto de vista religioso, son narraciones.
Jesús de Nazaret se nos presenta principalmente como persona narrada, pero
con mayor frecuencia todavía como narrador narrado, mientras que los
discípulos aparecen como oyentes de narraciones, que a su vez repiten y
continúan narrando oralmente o por escrito los relatos escuchados. Por tanto el
cristianismo es una comunidad de narración.
La narración perdida ante el razonamiento

Los promotores de este modelo observan que el cristianismo «en el contacto con el mundo
helenístico perdió su inocencia narrativa, pues en la cultura griega la narración… estaba
subordinada desde hacía mucho tiempo al razonamiento.

La teología se ha cultivado ante todo de manera argumentativa, y ha descuidado su estructura


narrativa fundamental. Con ello se ha ganado en precisión conceptual, pero se ha perdido
la fuerza interpelativa y performativa del evento fundante de la fe.

Esto tiene como ventaja introducir al oyente en la dinámica del relato, de modo que queda implicado
no sólo racionalmente, sino existencialmente.
Característica de este modelo
La narración se caracteriza por transmitir como testimonio el acontecimiento
mismo, sus hechos y protagonistas. No son en ella los argumentos lógicos los
que ocupan el primer lugar, sino la secuencia misma narrada.
¿Qué ocasiona y qué trata el modelo narrativo?

El acontecimiento cobra así una fuerza específica, interpelativa, performativa, transformadora


del oyente.

No se trata, por lo tanto, de un planteamiento ficticio, sino de un modo peculiar de


presentar la verdad en el orden de la interpelación y la implicación del oyente.

No se trataría de contraponerse a la teología argumentativa, sino de ser un momento anterior a


la misma, desde su propio modo de argumentar. A través de ella, además, se lograría salvar la
dimensión soteriológica de la teología así como su función crítica.
«Una teología de la salvación que no condiciona ni suspende la historia de la salvación, ni
tampoco ignora o supera dialécticamente la no identidad de la historia del sufrimiento, no
puede ser explicitada de forma puramente argumentativa, sino que además tendrá que serlo
siempre de forma narrativa. Habrá de ser fundamentalmente teología rememorativa y
narrativa. La asimilación del recuerdo narrativo de la salvación me parece ser un signo de la
no diferenciación regresiva de la problemática aludida, puesto que ofrece sobre todo la
posibilidad de expresar la salvación en la historia, que es siempre historia de sufrimiento, sin
afirmar por ello una mutua reducción. Creo que la categoría del recuerdo narrativo impide,
por una parte, que la salvación y la redención retrocedan a la ahistoricidad de la pura
paradoja, y no somete tampoco, por otra, la salvación y la historia a la lógica presión de la
identidad propia de una mediación dialéctica».
Riesgo
Es necesario reconocer, con todo, que este modelo corre el riesgo de encerrarse en sí
mismo, manteniendo el anuncio del mensaje únicamente en el nivel narrativo. Por una
parte, si bien es indiscutible el lugar preponderante de la narración en los textos bíblicos,
también es cierto que no es la única forma literaria que encontramos en la Escritura y en la
Tradición.
Géneros literarios
• En la Biblia aparecen «sagas», es decir, aquéllos relatos que nos narran las peripecias de una familia. Las
podemos encontrar en los ciclos patriarcales, es decir, en aquéllos relatos donde se nos narran las aventuras y el
desarrollo de la familia de Abrahán, Isaac o Jacob.

• También nos podemos encontrar con una «etiología» (ver Gn 28,11-22). (Por etiología se entiende aquel
relato que pretende dar razón del origen de un nombre, una costumbre, etc).

• En el texto bíblico podemos hallar «fábulas». (Por fábula podemos entender aquél relato donde los personajes
que intervienen suelen ser animales o vegetales que pretende transmitirnos una enseñanza moral, la «moraleja»).

• Otro de los géneros literarios con el que nos podemos encontrar es con el «refrán». Refranes o sentencias las
hay en todas las culturas. También en la cultura semita y, por lo tanto, algunos de estos han pasado a la Biblia.
Encontramos uno en Jr 31,29: «Los padres comieron las uvas verdes, y los hijos tuvieron la dentera».

• Podemos encontrar «himnos», (los podríamos definir como cantos que celebran la gloria de Dios). Suelen
tener una estructura común que consiste en la exhortación al comienzo para alabar a Dios, los motivos para la
alabanza y una nueva exhortación final a la alabanza.
• El himno vendría a ser un subgénero dentro del gran género poético, porque en la Biblia también hay
«poesías», y muchas. Numerosos escritos proféticos y sapienciales tienen forma poética.
• Aparecen las colecciones de leyes al estilo del Decálogo (diez mandamientos), o sea «diez palabras». Esto es
ejemplo de un género literario que aún no hemos visto: «la ley». (Se trata de esas normas que ordenan
nuestra vida).
Conclusión
El verdadero narrador es aquel que hace revivir en el hoy los
hechos que narra, como rehaciendo la historia y "recreándola"
para sus interlocutores. Esto supone un compromiso real del
narrador con lo que narra, so pena de reducirse sólo a ser un frío
y mecánico repetidor de algo que no le pertenece, incapaz de dar
fuerza vital al relato.

También podría gustarte