Reflexión Escrita del caso Malala
Maribel hurtado siniva
Servició Nacional de aprendizaje Sena
Liliana Margarita Payares Castilla
Asesor Comercial
20205
Caso Malala
Introducción
historia de Malala Yousafzai no es solo la de una joven pakistaní, sino la de un
símbolo de esperanza para millones de personas en el mundo. Desde muy pequeña, Malala
entendió que la educación era la llave para abrir caminos de libertad, dignidad y paz. Su
valentía para defender este derecho, incluso cuando los talibanes lo prohibieron, nos
recuerda que cada acción humana tiene un impacto en la sociedad. Esta reflexión busca
reconocer cómo sus experiencias se relacionan con nuestra realidad en Colombia y cómo,
desde lo cotidiano, también podemos aportar a la construcción de una cultura de paz.
Desarrollo
Valentía, perseverancia y resiliencia
Malala fue valiente al decidir estudiar y alzar su voz aun cuando sabía que corría peligro.
Fue perseverante porque, tras sobrevivir a un atentado, en vez de callar, siguió luchando
con más fuerza. Y fue resiliente porque transformó el dolor y el miedo en motivación para
convertirse en una defensora mundial de los derechos humanos.
En mi vida, aunque no he enfrentado algo tan extremo, también he necesitado ser
valiente y perseverar. He vivido momentos difíciles en los que los recursos o las
oportunidades parecían escasos, pero aprendí que rendirse no es una opción. La resiliencia
me ha permitido seguir adelante con esperanza, apoyándome en mi familia y en mis metas.
La vulneración de derechos
El caso de Malala refleja cómo se intentaba anular la voz y la libertad de las mujeres en su
país: se les prohibía estudiar, se les limitaba salir de casa y muchas veces eran obligadas a
matrimonios forzados. Esa situación no solo vulneraba su derecho a la educación, sino
también su dignidad.
En Colombia también vemos vulneraciones de derechos, aunque en contextos
diferentes: violencia intrafamiliar, discriminación en el trabajo, desigualdad de
oportunidades educativas y secuelas del conflicto armado que afectan a muchas
comunidades, especialmente a mujeres y niños. En mi entorno he visto cómo a veces las
personas no reciben el respeto ni el trato justo que merecen, y eso me hace pensar en lo
necesario que es defender la dignidad propia y la de los demás.
La palabra como herramienta de cambio
Desde niña, Malala sintió que su voz podía cambiar las cosas. Con micrófonos, discursos y
libros, llegó a millones de personas y demostró que las palabras pueden ser más poderosas
que las armas.
Si yo tuviera la oportunidad de hablarle al mundo, diría que la paz no se construye
con silencios impuestos ni con violencia, sino con educación, diálogo y respeto. Invitaría a
valorar la vida, a no discriminar a nadie por su género o por su origen, y a cuidar nuestra
tierra, porque sin ella no hay futuro. Para hacer felices a los que me rodean, ofrecería
respeto, compañía y solidaridad. Y para hacer del mundo un lugar mejor, intentaría poner
en práctica valores sencillos pero profundos: la empatía, el perdón y la justicia.
Conclusión
La historia de Malala enseña que un solo acto de valentía puede encender la
esperanza en millones de personas. Ella convirtió el miedo en fuerza y la injusticia en una
causa que hoy inspira a todo el mundo. Su ejemplo nos invita a reflexionar sobre nuestra
propia vida: ¿cómo usamos nuestra voz? ¿qué hacemos para defender nuestra dignidad y la
de los demás?
En Colombia, donde también hemos vivido violencia y desigualdad, necesitamos
recordar que la educación y el respeto son la base de una verdadera cultura de paz. Así
como Malala levantó su voz, nosotros también podemos hacerlo, no con odio, sino con la
convicción de que la dignidad humana es el pilar de una sociedad más justa.