0% encontró este documento útil (0 votos)
8 vistas7 páginas

Practico CCP Mod 1

La fijación en psicoanálisis se refiere a la permanencia de un sujeto en una fase del desarrollo libidinal que impide el avance hacia etapas posteriores, y la tarea del analista es manejar la transferencia sin proyectar sus propias fijaciones. La regla de abstinencia de Freud y el deseo del analista de Lacan son fundamentales para evitar satisfacer las demandas pulsionales del paciente, permitiendo que la libido circule adecuadamente. Freud establece tres momentos en la dirección de la cura: el arte de la interpretación, el levantamiento de las resistencias y las resistencias estructurales, cada uno con un rol específico del analista en el proceso terapéutico.

Cargado por

milagrosavila266
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
8 vistas7 páginas

Practico CCP Mod 1

La fijación en psicoanálisis se refiere a la permanencia de un sujeto en una fase del desarrollo libidinal que impide el avance hacia etapas posteriores, y la tarea del analista es manejar la transferencia sin proyectar sus propias fijaciones. La regla de abstinencia de Freud y el deseo del analista de Lacan son fundamentales para evitar satisfacer las demandas pulsionales del paciente, permitiendo que la libido circule adecuadamente. Freud establece tres momentos en la dirección de la cura: el arte de la interpretación, el levantamiento de las resistencias y las resistencias estructurales, cada uno con un rol específico del analista en el proceso terapéutico.

Cargado por

milagrosavila266
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

1.

Defina la noción de fijación y explique la tarea del analista en el manejo de la


transferencia. Ejemplifique con el caso clínico “Diario”.

La fijación en psicoanálisis se refiere a la permanencia de un sujeto en una determinada


fase del desarrollo libidinal, impidiendo el avance hacia etapas posteriores y condicionando
la estructura subjetiva. Esta fijación puede emerger a partir de un evento traumático o de
una organización pulsional no resuelta, que el sujeto no ha logrado superar. En
consecuencia, la fijación actúa como un anclaje que sostiene el goce, manifestándose en la
repetición sintomática y configurando una estructura resistente al cambio.

En la obra de Freud, el concepto de fijación está vinculado a la recomendación de que el


analista no se fije en el paciente, manteniendo una posición de escucha abierta y evitando
proyectar sus propios complejos en el análisis. Para ello, Freud introduce la técnica de la
'atención parejamente flotante', que opera como contrapartida de la regla fundamental de la
asociación libre. En este sentido, para evitar fijarse en elementos puntuales, el analista debe
atravesar un análisis personal que le permita mantener una posición de neutralidad y
abstención, es decir, debe analizar sus propias fijaciones (segun freud), su propio fantasma
(segun lacan)

En relación con la transferencia, Lacan (1987) en el Seminario 11, 'Los cuatro conceptos
fundamentales del psicoanálisis', señala que el analista debe ocupar la posición de
semblante del objeto a para operar sobre el goce fijado. La transferencia no es un simple
reencuentro con el pasado, sino la actualización del goce fijado, lo cual permite al analista
localizar y trabajar la fijación en la estructura subjetiva del analizante lo cual permite al
analista localizar y trabajar la fijación en la estructura subjetiva del analizante..

De este modo, la tarea del analista consiste en no responder desde el yo ideal, sino desde
el deseo del analista, que funciona como una falta y un vacío que permite al sujeto
confrontarse con su propio deseo y desanudar la fijación. En otras palabras, el analista debe
abstenerse de fijarse en algún elemento particular del discurso del analizante, manteniendo
una posición de neutralidad que facilite la emergencia de lo no dicho o no conectado.

con el caso clínico 'Diario', Delgado (2011), reflexiona sobre su propio analisis, que estaba
orientado hacia una reivindicación del amor al padre. este caso ilustra cómo la fijación se
articula en el discurso del paciente, quien se encuentra atrapado en una práctica
asintomática de acumular diarios. Esta práctica no solo se convierte en una compulsión que
organiza su vida cotidiana, sino que también funciona como un mecanismo defensivo que
retiene un monto de satisfacción pulsional.

en una supervisión su supervisor, le pregunta: '¿Por qué defiendes al padre?', lo que


conmueve al analizante y revela el sentido asegurado: 'Todos los padres deben ser
salvados'. Esta posición defensiva funciona como un obstáculo para el análisis, tanto que
fija un sentido que impide escuchar la función significante de la práctica compulsiva.

A osvaldo le había quedado saldo lamentable de este proceso es aquello 'no analizado en
un análisis' que esta sostenido por la fijación en el nucleo del interior del yo y el ello, que
opera como obstáculo en la dirección de la cura y le imposibilito escuchar el valor
significante. En este caso, el padre es defendido al punto de evitar tocar el significante
paterno, preservando así una fijación que retiene un goce específico.

Esta fijación produce un triple efecto en el analizante: angustia, el sueño de ver el diario y la
evocación del nombre de su padre, que coincide con el del paciente. El episodio traumático
del padre muerto en un accidente, que luego se revela como un error, ilustra cómo el goce
atrapado en lo no analizado retorna como un efecto de satisfacción que el analizante no
logra desprender.

El trabajo analítico permite entonces un pasaje del diario como objeto de acumulación al
otro significante: 'di-ario', revelando los dichos del padre sobre la 'raza aria' y cómo utilizó
ese significante para salvar a su familia y hacer negocios. El analizante se confronta
entonces con la figura del padre traidor, lo que desata un desprendimiento de angustia y
permite escuchar aquello que no había sido olvidado, sino desconectado. los significantes di
ario en transferencia hacen caer la defensa

En síntesis, la fijación en psicoanálisis se configura como un anclaje a un modo de goce que


se sostiene a partir de significantes privilegiados. La tarea del analista en la transferencia
implica operar como semblante del objeto a, sosteniendo una posición de falta que permita
al sujeto acceder a la dimensión del deseo y cuestionar la fijación que sostiene su repetición
sintomática. En palabras de Delgado, la intervención del analista debe evitar fijarse en nada
en particular, operando con una atención parejamente flotante que posibilite el surgimiento
de aquello que ha sido fijado como un sentido asegurado y obstaculiza la dirección de la
cura. ademas no dirigir la cura desde su propia fijacion, eso implica el propio analisis, por
eso hay que abstenerse

2.Desarrolle el concepto de regla de abstinencia freudiana y ética del analista. Articule a


partir de allí, el concepto correspondiente en los desarrollos de Lacan, deseo del analista.

La regla de abstinencia es un concepto fundamental en la técnica psicoanalítica introducido


por Freud en su texto "Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico" (1912). Esta
regla establece que el analista debe abstenerse de satisfacer las demandas pulsionales que
emergen en la transferencia, evitando así responder al amor con amor, lo cual podría llevar
a una satisfacción sustitutiva que obstaculizaría el trabajo analítico. En lugar de ceder a la
demanda transferencial, el analista debe sostener la tensión pulsional, permitiendo que la
libido circule hacia los objetos pulsionales del sujeto en lugar de descargarse en la figura del
analista.

En términos técnicos, la regla de abstinencia surge del lado del analista como respuesta a la
articulación transferencia-resistencia, especialmente cuando el analista se convierte en
objeto de transferencia. Freud advierte que la satisfacción de los deseos transferenciales no
solo interrumpe el trabajo analítico, sino que también refuerza las resistencias del paciente y
obstaculiza el acceso al deseo inconsciente. En sus palabras: "el análisis mismo se
convertiría en una satisfacción" si el analista cediera ante la demanda de amor, tornándose
interminable. Así, la abstinencia se convierte en un principio estructural que sostiene el
dispositivo analítico y preserva la posición del analista como un lugar vacío, un soporte de
proyección para el paciente, sin responder activamente a las demandas del inconsciente.
Freud sostiene que la abstinencia implica también la renuncia a dar sentido, a la sugestión y
a los subrogados del enamoramiento. En "Los nuevos caminos de la terapia analítica" (1919
[1918]), advierte sobre los riesgos de la caída de la regla de abstinencia, la cual puede
devenir en una satisfacción sustitutiva que comprometería la función del dispositivo
analítico, convirtiéndolo en una terapia de sugestión más que en un trabajo sobre el deseo
inconsciente.

En términos éticos, la regla de abstinencia se articula con el rechazo de la sugestión. Freud


plantea que no debe responderse a los subrogados del enamoramiento, permitiendo que las
fuerzas pulsionales continúen trabajando y evitando su apaciguamiento mediante
satisfacciones ilusorias. La abstinencia se convierte así en un principio ético que distingue al
dispositivo analítico del discurso del Amo, manteniéndolo en una posición contraria a toda
voluntad de dominio sobre el sujeto.

Lacan retoma y reformula esta dimensión ética en su seminario "La ética del psicoanálisis"
(1959-1960), donde introduce el concepto de deseo del analista. Mientras que la abstinencia
freudiana pone el énfasis en el rechazo de la satisfacción pulsional, Lacan reorienta el eje
hacia el deseo estructural del analista, un deseo que no es personal sino una función que se
sostiene en la falta y el no-saber. Este deseo opera en contraposición a la satisfacción de la
demanda del paciente, preservando el espacio analítico como un lugar vacío donde el
sujeto pueda confrontarse con su propia falta y con lo irreductible de su deseo.

El deseo del analista se define como una incógnita, un enigma estructural, una "x" que
causa la palabra del sujeto sin llenarla de sentido. En este sentido, el analista debe operar
como un objeto a, manteniéndose en una posición vacía, irreductible a cualquier intento de
identificación narcisista por parte del paciente. Así, el deseo del analista quiebra la
reciprocidad del amor y lo sitúa en el campo de la pulsión, desplazando la transferencia del
plano narcisista al pulsional.

En síntesis, la regla de abstinencia freudiana y el deseo del analista lacaniano se configuran


como dos momentos estructurales del dispositivo analítico. Mientras que Freud subraya la
necesidad de abstenerse de satisfacer las demandas pulsionales del paciente para
preservar la estructura de la transferencia, Lacan enfatiza que la posición del analista debe
orientarse por el deseo estructural, entendido no como un deseo personal, sino como una
función que sostiene el dispositivo analítico y mantiene abierto el campo del deseo
inconsciente..

3. Explique los tres momentos de la dirección de la cura que Freud establece


en “Más allá del principio del placer” y cómo se conceptualiza el lugar del
analista en cada uno de los mismos.

En 'Más allá del principio del placer' (1920), Freud introduce un punto de inflexión en su
concepción de la técnica psicoanalítica, estructurando la dirección de la cura en tres
momentos fundamentales: el arte de la interpretación, el levantamiento de las resistencias y
las resistencias estructurales. Estos momentos no solo organizan el dispositivo analítico,
sino que también determinan el lugar del analista en cada uno de ellos, orientando su
función en la cura.
1.​ Arte de la interpretación: En el primer momento, el foco está en el arte de la
interpretación. Este momento está marcado por la emergencia del inconsciente
descriptivo y del inconsciente dinámico, donde el síntoma aparece como un enigma
a descifrar, un mensaje del inconsciente que debe ser traducido mediante la regla de
la asociación libre. Freud plantea aquí la ruptura entre el principio de constancia y el
principio de placer, situando el síntoma como una formación de compromiso entre el
deseo reprimido y las barreras defensivas del yo.

el analista en esta instancia debe ocupar el lugar del intérprete, aquel que escucha los
significantes que emergen en el discurso del analizante y localiza las conexiones entre el
deseo reprimido y las formaciones sintomáticas. No se trata aún de confrontar las
resistencias, sino de abrir el camino para que el sujeto pueda empezar a asociar libremente,
permitiendo hacer consciente lo inconsciente, revelando los deseos y conflictos reprimidos
que se manifiestan en los síntomas.. El trabajo del analista es aquí el de sostener la regla
fundamental, sin intervenir activamente, dejando que el síntoma se despliegue como un
texto a descifrar.

2.​ Levantamiento de las resistencias: El segundo momento aborda las resistencias del
yo al trabajo analítico, Pueden manifestarse de diversas maneras, como la
negación, la represión o la transferencia. La transferencia se convierte en un
obstáculo, en tanto el sujeto busca colmar la falta a través del analista, proyectando
sobre él las figuras significativas del pasado.

El analista trabaja para identificar y analizar estas resistencias, ayudando al paciente a


superarlas para que pueda acceder a los contenidos inconscientes, pero también debe
sostener la regla de abstinencia, evitando por ejemplo responder al amor con amor. De este
modo, se impide que el análisis se convierta en una satisfacción pulsional y se permite que
la libido se redirija hacia los objetos pulsionales, posibilitando un trabajo sobre la pulsión.

3.​ Resistencias estructurales: En el tercer momento, se despliegan las resistencias


estructurales, aquellas que no pueden ser abordadas desde la lógica edípica, ya que
se organizan en torno a lo no representado, lo traumático y lo pulsional, además de
esta resistencias aparecen al final de la cura porque esta es vivida como peligro
porque el sujeto experimenta una manifestación masoquista primaria, construido por
una mezcla pulsional entre pulsion de vida y pulsion de muerte, motivo por el cual se
encuentra satisfaccion en el sufrimiento aunque esta no sea placentera.

estas resistencias estructurales pueden ser del ello como mecanismos de defensa
manifestados en la clinica como compulsion de repeticion y del superyo manifestados como
necesidad de castigo o respuestas en transferencia negativa. estas resistencias se manejan
con la lógica de evitar el malestar pero encuentran que en esa logica hay una satisfaccion.

En este punto, la dirección de la cura ya no puede operar a partir de la interpretación del


sentido, sino desde la construcción de aquello que nunca fue simbolizado. Es un trabajo con
lo irrepresentable, con aquello que quedó fijado en un goce primario imposible de ligar a
significantes. El lugar del analista, en este tercer momento, debe mantenerse como un vacío
estructural, un semblante del objeto a que no colme la falta ni cierre el circuito de la
repetición, permitiendo que el analizante pueda confrontarse con el núcleo mortífero de su
estructura sintomática.
En síntesis, los tres momentos de la dirección de la cura permiten a Freud avanzar desde
una concepción dinámica del inconsciente hacia una estructura pulsional donde la pulsión
de muerte y el masoquismo se configuran como núcleos resistentes al trabajo analítico. El
lugar del analista, según Delgado, debe transitar de intérprete del sentido a operador del
vacío, sosteniendo un deseo insatisfecho que permita al sujeto confrontarse con su
estructura pulsional sin colmar la falta ni clausurar la posibilidad de reinscripción
significante.

4. Desarrolle el concepto de angustia traumática y angustia señal, y su relación con la


pulsión de muerte y el masoquismo.

En su obra “Más allá del principio del placer” (1920), Freud introduce un giro fundamental en
la teoría psicoanalítica al postular la existencia de la pulsión de muerte y al reformular el
concepto de angustia. En el contexto del desarrollo freudiano, la conceptualización de la
angustia se articula en dos modalidades fundamentales: la angustia traumática y la angustia
señal, por un lado como consecuencia directa del factor traumático y por otro como la señal
que amenaza la repetición de eso.

Ambas nociones se entrelazan con la pulsión de muerte y el masoquismo, introduciendo un


campo problemático donde la estructura del sujeto se ve atravesada por la repetición
pulsional y el desvalimiento estructural.

1.​ Angustia traumática: La angustia traumática, considerada por Freud como una
tercera noción de angustia, se caracteriza por una irrupción pulsional inmedida que
no logra ser entramada por el aparato psíquico. Esta noción, desarrollada en 'Más
allá del principio del placer' (1920), se produce cuando el aparato psíquico es
invadido por una cantidad masiva de estímulos externos o internos que no pueden
ser procesados ni descargados a través de los mecanismos habituales, Esta
sobrecarga implica una ruptura en el barrera protectora del aparato psíquico
permitiendo una invasión del aparato por la pulsión de muerte en estado puro. En
este sentido, la angustia traumática no es un fenómeno ligado al sentido, sino a la
estructura misma del sujeto frente a un exceso pulsional imposible de tramitar.

El peligro asociado a la angustia traumática no es un peligro externo, sino un peligro interno


de desvalimiento, marcado por la inmadurez del yo y la incapacidad para sostener una
ligadura entre la representación y la carga pulsional.

En términos económicos, la angustia traumática se vincula con la imposibilidad de ligar el


exceso de excitación pulsional, lo que conduce a una situación de estasis energética que
provoca un retorno compulsivo de la experiencia traumática para poder tramitarlo, como por
ejemplo, los sueños traumaicos. Este retorno se organiza en torno a una compulsión a la
repetición, fenómeno que Freud asocia directamente con la pulsión de muerte, entendida
como una tendencia regresiva a retornar al estado inorgánico, al grado cero de excitación.
Esta noción se vincula directamente con el masoquismo, en tanto que este último constituye
una respuesta paradójica ante el exceso pulsional: una forma de ligadura que, aunque
dolorosa, permite evitar la desorganización total del aparato psíquico. Así, el masoquismo
puede ser entendido como un intento fallido de tramitar la pulsión de muerte, una
satisfacción paradójica en la que el sujeto se encuentra atrapado en una repetición
mortífera.
En síntesis, la angustia traumática emerge cuando el sujeto se enfrenta a un exceso
pulsional que no puede ser simbolizado ni elaborado, situándose en el ámbito del real
lacaniano, es decir, aquello que no puede ser integrado en el circuito significante y que
retorna siempre en la forma de repetición compulsiva.

2.​ Angustia señal: En su texto “Inhibición, síntoma y angustia” (1926), Freud sostiene
que la angustia señal surge como una reacción ante una situación de peligro que
remite a la experiencia originaria del desvalimiento infantil. En este sentido, la
angustia señal funciona como un mecanismo de alerta que permite al Yo anticipar el
trauma y activar las defensas necesarias para evitar la descompensación psíquica.

A diferencia de la angustia traumática, que irrumpe como un exceso no ligado, la angustia


señal es una respuesta organizada y anticipatoria que permite al sujeto evitar el trauma
mediante la activación de mecanismos defensivos (represión, negación, desplazamiento,
etc.). De este modo, la angustia señal opera en el registro del simbólico lacaniano, en tanto
se articula en torno a un sistema de significantes que posibilitan la elaboración del exceso
pulsional.

La angustia señal articula lo secundario, en tanto que no implica una invasión pulsional
masiva, sino un proceso de anticipación y control que busca evitar la irrupción desmedida
del goce pulsional. Aquí, el yo actúa como un operador de significación que intenta traducir
la pulsión en términos representacionales, evitando que el exceso pulsional se manifieste en
forma de angustia traumática. No obstante, esta función del yo puede llevar a un intento
fallido de suturar la brecha estructural, sosteniendo un circuito de repetición que, lejos de
resolver el conflicto, lo reactualiza en nuevas formaciones sintomáticas.

La angustia traumática y la angustia señal encuentran su articulación estructural en la


pulsión de muerte, la cual opera como un punto de fijación que sostiene la repetición más
allá del principio del placer.

La angustia traumática puede entenderse como una manifestación directa de la pulsión de


muerte, en tanto se produce cuando el Yo es incapaz de ligar el exceso pulsional y queda
expuesto a la irrupción del goce sin mediación significante.

Por otro lado, la angustia señal se articula como un intento del Yo por anticipar y controlar la
pulsión de muerte, transformando el exceso en un significante que puede ser tramitado
defensivamente. Sin embargo, el riesgo radica en que la angustia señal, si no logra cumplir
su función anticipatoria, puede retroceder a la condición de angustia traumática, reactivando
así el circuito de repetición compulsiva

Freud postula la existencia de un masoquismo originario que se organiza en torno a la


pulsión de muerte, entendido como una tendencia primaria del sujeto a retornar a un estado
de inercia y ausencia de excitación. Este masoquismo primario constituye la base
estructural sobre la que se organizan las configuraciones secundarias del masoquismo
erógeno y el masoquismo moral.

En términos clínicos, la angustia traumática puede manifestarse en la compulsión a la


repetición de escenas masoquistas, donde el sujeto reproduce activamente una experiencia
traumática que, a nivel inconsciente, se articula en torno a la pulsión de muerte. En estos
casos, el sujeto se sitúa en una posición pasiva frente al Otro, ocupando el lugar del objeto
a y actualizando la experiencia traumática de desvalimiento.

En cambio, la angustia señal se articula como un intento defensivo de evitar el retorno a la


posición masoquista, permitiendo al Yo activar mecanismos que transformen el exceso
pulsional en significantes que puedan ser integrados a la estructura psíquica.

En este sentido, el masoquismo aparece como un mecanismo defensivo que, al intentar


ligar la pulsión mortífera, termina por sostener la repetición del goce mortífero. Así, el sujeto
se ve atrapado en una compulsión a la repetición que, aunque dolorosa, constituye una
forma de satisfacción pulsional que evita el colapso total del aparato psíquico. Lacan retoma
esta estructura en el Seminario 11 (1987), ubicando al analista en el lugar del objeto a,
como soporte de ese goce pulsional que insiste más allá del sentido, permitiendo que el
sujeto pueda confrontarse con el núcleo de goce que sostiene su síntoma y, eventualmente,
reinscribirlo en el circuito del deseo.

Ambas formas de angustia se articulan en torno a la pulsión de muerte, ya sea como


expresión directa de la compulsión a la repetición (angustia traumática) o como intento de
contención y simbolización del exceso pulsional (angustia señal). Asimismo, el masoquismo
se configura como un circuito pulsional donde el sujeto busca, paradójicamente, reiterar la
escena traumática como una forma de intentar tramitarla, aunque esto implique un retorno
compulsivo a la posición de objeto a, donde el goce traumático se actualiza en forma de
sufrimiento.

También podría gustarte