Alexa Luna González GRUPO: 103
La noche de los feos
Inicia hablando de la fealdad suya y de una mujer, ella es por tener un mentón sumido y el por una
quemadura ocurrida en su adolescencia. Dicen no tener una cara para nada atractiva, a tal punto
que en sus ojos se ve la disconformidad con su aspecto.
Ellos se conocieron cuando iban a ver una película. Resaltaba ya que todos iban en parejas menos
ellos, ambos se observaron y se empezaron a inspeccionar, vieron su respectiva fealdad sin
simpatía, pero de forma solidaria, empezaron a ver sus imperfecciones de forma insolente, pero
sin tener esa mirada curiosa, acerco su cara estando seguro de que no habría problema, ella no se
inmutó lo cual fue algo que le gustó. Ella también lo inspeccionó y se quedó viendo la quemadura
en su rostro, después de eso entraron al a ver la película, a él le tocó estar en la fila de atrás de
ella, por lo que se le quedó viendo.
Durante la película admiraba la belleza de los protagonistas, ya que su odio era únicamente hacia
la gente como el, y a dios, él se cuestionaba como sería la vida si en esas historias el príncipe
tuviera deformidades.
La espero cuando acabo la salida y la invito a un café y ella acepto.
La cafetería estaba llena pero justo se desocupo una mesa, mientras se dirigían a ella él pudo
sentir las miradas de la gente ya que ya se había acostumbrado, aun que la gente tampoco se
esforzó en disimular, ya que se podían oír murmullos y gente fingiendo toser.
El solo llamaba la atención, pero con ella aún más.
Se sentaron y pidieron dos helados y ella tuvo la valentía de arreglarse el pelo lo cual le gustó más,
empezaron a hablar tanto que a la hora y media tuvieron que ordenar café para justificar su
tiempo sentados. Su plática tenía una franqueza muy hiriente y en eso le pregunta si al igual que él
se sentía excluida y quisiera cambiar su rostro, como llega a envidiar a alguien estúpido solo por su
cara. Ella se sentía igual. El hombre le dijo que eso no tenía que quedarse ahí, que podían llegar a
más, que podían tener intimidad, pero a oscuras ya que ella si tenía un cuerpo bonito, ella se
sonrojo y acepto.
Cuando fueron a su casa, no solo apagaron la luz, sino que también taparon las ventanas con doble
cortinas. Empezaron el acto, y el subió su mano, pasando por el pecho hasta llegar a la cara la cual
acaricio de forma convincente donde más de una vez tuvo que limpiar sus lágrimas. Después ella
también puso sus manos en su cara haciendo con sus dedos un contorno en su quemadura.
Lloraron mucho, eran unos desgraciados felices, luego él se levantó y quito las cortinas