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Defensora de Los Derechos de La Mujer

Adela Zamudio, destacada escritora y defensora de los derechos de la mujer en Bolivia del siglo XIX, es reconocida por su extensa obra literaria que abarca poesía, cuentos y ensayos, donde critica las costumbres sociales y aboga por la educación laica y la emancipación femenina. Su legado incluye la fundación de la primera escuela laica para mujeres en Cochabamba y su influyente poema 'Nacer hombre', que denuncia la desigualdad de género. A pesar de enfrentar críticas y dificultades económicas, su voz única y su compromiso con la causa feminista la consagran como una figura clave en la literatura y el feminismo latinoamericano.

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  • feminismo latinoamericano,
  • mujeres escritoras,
  • narrativa femenina,
  • cultura femenina,
  • literatura de género,
  • crítica literaria,
  • ensayos,
  • censura,
  • Cochabamba,
  • mujeres en la historia
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Defensora de Los Derechos de La Mujer

Adela Zamudio, destacada escritora y defensora de los derechos de la mujer en Bolivia del siglo XIX, es reconocida por su extensa obra literaria que abarca poesía, cuentos y ensayos, donde critica las costumbres sociales y aboga por la educación laica y la emancipación femenina. Su legado incluye la fundación de la primera escuela laica para mujeres en Cochabamba y su influyente poema 'Nacer hombre', que denuncia la desigualdad de género. A pesar de enfrentar críticas y dificultades económicas, su voz única y su compromiso con la causa feminista la consagran como una figura clave en la literatura y el feminismo latinoamericano.

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  • crítica literaria,
  • ensayos,
  • censura,
  • Cochabamba,
  • mujeres en la historia

Defensora de los derechos de la mujer

Adela Zamudio, escritora, artista, maestra,


luchadora de ideas progresistas y ferviente
defensora de los derechos de la mujer es, sin
duda, la figura femenina más representativa del
siglo XIX en Bolivia. Su extensa obra literaria,
cuya producción se extiende a lo largo de cuatro
décadas (1887-1914), incluye poemas, cuentos,
una novela, y ensayos periodísticos. En su
escritura, Zamudio revela su preocupación por la
situación social de la mujer de su época, ejercita
una constante crítica de las costumbres sociales
de su entorno, expone sus ideas liberales sobre la
religión y la educación, y emite juicios sobre la
literatura boliviana y su propia producción
intelectual. Su legado más significativo lo
constituye su perspicaz mirada de mujer, la
originalidad de su voz que se alza consciente de su posición de género en
un medio intelectual dominado por los hombres, cuestionando el rol de
subordinación asignado a la mujer en la sociedad conservadora y mojigata
en la que le tocó nacer y vivir. El feminismo de Zamudio impregna toda su
obra y se extiende a su labor educativa como fundadora de un liceo para
señoritas y defensora de la educación laica. Heredera de Sor Juana, en su
poesía, su protesta ante la injusta desigualdad de género alcanza su cenit
en el más difundido de sus poemas: “Nacer hombre,” posiblemente
inspirado en las famosas redondillas de la monja mexicana, en el que
denuncia la arbitrariedad del privilegio masculino. Su prosa incide
también en el tema con sutileza, plasmando en sus personajes modelos
de femineidad independiente, en franca confrontación con el medio en el
que se desenvuelven. Es el caso de Zoila, protagonista de la novela corta
«El capricho del canónigo», quien consigue sus propósitos burlando
hábilmente las barreras que le impone su tío, demostrando así su
autonomía y libertad inalienables. La adhesión de la autora a las ideas
feministas de su época se hace evidente también en su ensayo “La misión
de la mujer,” publicado en la revista Arte y Trabajo, en 1922.

Paz Juana Plácida Adela Rafaela Zamudio nace el 11 de octubre de 1854


en Cochabamba. Su padre, Adolfo Zamudio, ingeniero de minas, y su
madre Modesta Cesárea Ribero, hija de un propietario minero, radican en
Coro Coro y Caracato, localidades del departamento de La Paz hasta que
Adela cumple los siete años. Después, la familia se traslada a
Cochabamba donde se establece definitivamente y donde Adela empieza
su educación en el Beaterío de San Alberto. Adela tiene un hermano
mayor, Mauro, y posteriormente nacerán su hermana Alicia y sus
hermanos Augusto y Máximo. Su niñez transcurre apaciblemente en el
seno de una familia acomodada, afincada en las afueras de Cochabamba,
que es por entonces una ciudad pequeña y de paisaje bucólico. Adela se
distingue por su curiosidad y clara inteligencia a temprana edad y ensaya
sus primeros versos en la adolescencia. Sus poemas, de tono romántico,
aparecen en álbumes, panfletos y folletines firmados con el seudónimo de
Soledad. Más adelante, con la aparición del periódico El Heraldo de
Cochabamba, en 1877, sus versos empiezan a tener mayor difusión y
Soledad se convierte en una voz poética reconocida en la región. Poco se
sabe de la vida amorosa de Zamudio aunque sus biógrafos coinciden en
atribuirle un único noviazgo fracasado cuando tenía sólo veinte años,
experiencia que la llevó a abrazar la soltería por el resto de su vida.
Durante esta etapa, la familia de la autora sufre una crisis financiera de la
que no se recuperará. Adela nunca abandona la casa familiar y la
estrechez económica será una constante en su vida a partir de entonces.
Zamudio pasó a la historia de la literatura boliviana consagrada por sus
contemporáneos como una de las más altas exponentes de la poesía en
Bolivia. Su nombre y sus poemas más representativos aparecen en
innumerables antologías e historias de la literatura en las que se la
incluye como eximia representante de la poesía romántica, o como
precursora del modernismo, y aún como poeta modernista, dependiendo
de la perspectiva del investigador en cuestión. Estudios más recientes
revelan el anhelo de autenticidad e independencia de Zamudio con
respecto a las corrientes literarias de su tiempo. La autora recibió
múltiples homenajes de reconocimiento por su labor poética durante su
vida, incluyendo una coronación presidida por el presidente de la
república, en 1926, en la que fue exaltada como “la más elevada
exponente de la cultura femenina, eximia y genial poetisa” (137).
Paradójicamente, la recepción negativa que merecieron sus obras
narrativas por parte de estos mismos intelectuales fue determinante para
relegar a la sombra ese aspecto de la producción de Zamudio a la que
dedicó los años de madurez de su vida.

El primer estudio cuidadoso y detallado sobre la vida y obra de Adela


Zamudio, Biografía de una mujer ilustre, fue publicado por el novelista e
historiador boliviano Augusto Guzmán en el año 1955, al cumplirse cien
años del nacimiento de la autora. Actualmente, la obra de Zamudio ha
despertado el interés de numerosos investigadores, dentro y fuera del
país, principalmente desde la óptica de los estudios de género. En 1999,
Leonardo García Pabón emprendió la reedición de la novela Íntimas
después de su primera y única edición en 1913, con una introducción que
destaca el lugar que ocupa la obra de Zamudio en el canon de la narrativa
boliviana. Cabe también destacar los estudios de diferentes aspectos de
la vida y obra de Zamudio realizados los investigadores Dora Cajías, Willy
Muñoz, Elva Echenique, Virginia Ayllón, Sandra Messinger Cypess, y Tina
Escaja.

El primer libro de Zamudio, Ensayos poéticos, una colección de 24


poemas, esta vez firmados por la autora, se publica en Buenos Aires en
1887 con prólogo del escritor español Juan José García Velloso, quien
ensalza los versos de la autora como manifestaciones del “tipo más
acabado de la poesía lírica” (Guzmán, 46). Zamudio ha cumplido 33 años
y, sin dejar de lado la escritura, consagra su vida al trabajo. Funda
primero una Academia de dibujo y pintura, destreza por la que también se
distingue, donde por espacio de cuatro años instruye en el arte a niñas y
adolescentes. En 1899 se incorpora al magisterio como profesora de la
escuela fiscal San Alberto y, en 1905, funda la Escuela Fiscal de Señoritas,
primera institución de educación laica para mujeres en Cochabamba,
desde cuya dirección proyecta sus ideas transformadoras en el campo de
la educación de la mujer, a través de conferencias y artículos publicados
en la prensa. En varios artículos postula la necesidad de mejorar la
educación femenina ampliando los programas en uso que se limitaban a
impartir los conocimientos básicos para que la mujer pudiera desempeñar
su rol circunscrito al ámbito doméstico. Imbuida de ideas pedagógicas
renovadoras, Zamudio critica la educación aristocrática y clerical vigente
proponiendo una educación popular y laica, en consonancia con sus ideas
liberales. Sin embargo, su crítica más ácida está reservada a la práctica
religiosa de su sociedad, imbuida de un catolicismo ritualista
caracterizado por la fastuosa celebración de una profusión de festividades
religiosas, en las que la figuración social destaca en desmedro de la
significación espiritual. Durante la cuaresma de 1903, Zamudio publica su
poema “Quo Vadis?” en el que reprocha el boato de la iglesia romana
contrastándolo con las enseñanzas de pobreza y humildad de Jesús. La
audacia de la autora escandaliza a la catoliquísima sociedad
Cochabambina que se apresura a redactar una carta de desagravio para
el Papa. Se sella así el anticlericalismo de Zamudio, quien no responde a
los ataques que recibe y se distancia definitivamente de los círculos
religiosos, pese a profesar la fe cristiana de manera personal y privada.

La etapa de madurez es para Adela Zamudio la más fecunda en términos


de su creación literaria, pese al cúmulo de obligaciones que requieren su
atención. Su vida transcurre entre su esforzado trabajo en el magisterio y
el cuidado de sus padres ancianos y de sus hermanos enfermos. Entre
1890 y 1920 ve morir a todos sus familiares más cercanos y pasa los
últimos años de su vida en soledad. La autora recoge los poemas que ha
ido dejando en páginas de revistas y periódicos en un segundo libro, que
ella titula Peregrinando, pero se publica bajo el título de Ráfagas, en 1913,
en París. Con Ráfagas, apunta Guzmán: “Doña Adela se coloca
deliberadamente y conscientemente en una posición evolutiva respecto
del romanticismo, pero al mismo tiempo de categórica resistencia al
modernismo naciente” (79). Estudiosos modernos de su obra afirman que,
en esta etapa, Zamudio alcanza la plenitud de su voz poética, voz
femenina, original, y definitivamente distinta de la de los románticos y
modernistas de su tiempo.
Al entrar el nuevo siglo salen a la luz los primeros cuentos de Zamudio, y
la prosa se convierte en el género que la autora privilegiará desde
entonces. Sin embargo, como ya se mencionó, su prosa no goza de la
misma popularidad que sus versos. Sus cuentos, fragmentariamente
estudiados, fueron tradicionalmente descritos como relatos triviales de
costumbres de tono moralizador, de calidad inferior a la de su poesía.
Aparecieron en periódicos y revistas y sólo fueron recopilados y
publicados póstumamente en dos tomos: Cuentos breves (1942)
y Novelas Cortas (1943). Suerte similar corrió su única novela: Íntimas,
publicada en 1913 y recibida por una crítica tan negativa que la condenó
prácticamente al olvido hasta su reedición en 1999. Afortunadamente, la
crítica reciente ha producido varios estudios exhaustivos de la narrativa
zamudiana que reivindican el valor estético y social de la misma, y
contribuyen a la comprensión de las preocupaciones que motivaron su
escritura. Leonardo García Pabón, por ejemplo, destaca la importancia
de Íntimas dentro del canon de la literatura boliviana como primer espacio
narrativo en el que se intenta definir la subjetividad femenina. El estudio
de los cuentos de Zamudio realizado por Willy Muñoz, por otra parte,
revela el compromiso de la autora con la realidad política y social de
Bolivia, al denunciar la irracionalidad del sistema patriarcal imperante en
su tiempo. La obra ensayística de Zamudio, dispersa en periódicos y
revistas, destaca su pasión por la situación de la mujer y su educación,
revela sus altos ideales morales que la llevan a denunciar situaciones de
hipocresía social y religiosa, pero, curiosamente, no expresa sus opiniones
sobre la literatura de su tiempo. Éstas las encontramos en su
correspondencia personal o indirectamente expresadas en sus obras
narrativas, hecho que denota su sentido de marginalidad en relación al
espacio literario boliviano dominado por los hombres. Su rechazo de la
estética modernista, por ejemplo, se hace patente en su novela corta “El
capricho del canónigo”, en la que hace mofa de los versos preciosistas de
los poetas decadentes.
Adela Zamudio muere en Cochabamba el 2 de junio de 1928 de
complicaciones de una enfermedad pulmonar. Jubilada del magisterio
desde 1925 y sometida a una precaria situación económica, pasa sus
últimos años alejada de la publicidad pero escribiendo hasta su último día.
Un balance de la vida y obra de esta mujer de fina sensibilidad, revela su
carácter de mujer inconforme y luchadora, intelectual comprometida con
la realidad social de su país e incansable educadora. Su pasión por la
causa de emancipación e igualdad de la mujer la hace merecedora del
lugar que la consagra como fundadora de las letras femeninas bolivianas,
y como precursora del feminismo latinoamericano. El 11 de octubre, día
de su nacimiento, es hoy en Bolivia el Día de la Mujer, en homenaje a esta
personalidad extraordinaria de la cultura y la sociedad boliviana.

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