Las problemáticas que afectan el futuro
de la educación en el Perú.
El Perú atraviesa una grave crisis en todos los niveles de educación;
con “profesores” con títulos falsos, con “profesionales científicos” que
compran artículos y/o coautorías y ahora con terminar la Educación
Básica sin haber asistido a clases. ¿Qué futuro nos espera con este
tipo de “profesionales” que ofrecen clases en centros educativos,
universidades o que realizan trabajos en el sector público?
Estas problemáticas generan una cadena de corrupción en el sistema
educativo, que impacta no solo en la formación de los estudiantes,
sino en el desarrollo como país. Recientemente resultados de la
prueba PISA 2022 señalaron que solo el 34% de los estudiantes en
Perú alcanzó al menos el Nivel 2 de competencia en matemáticas,
cifras que evidencian la necesidad de mejorar la calidad educativa de
nuestro país.
Por otro lado, existe un grupo de peruanos que por motivos como, la
falta de recursos económicos, problemas familiares, falta de
motivación, entre otros factores, dejan de estudiar y truncan sus
estudios. Sólo en Perú, hasta el año 2020 la deserción a nivel primario
aumentó, a más de 128,000 estudiantes, y a nivel secundaria pasó a
102,000 estudiantes, según las cifras del Ministerio de Educación.
Desde el Ministerio de Educación se han planteado como meta reducir
la gran brecha educativa que existe en nuestro país, que equivale a 8
millones 273 mil peruanos mayores de 15 años que no terminaron la
educación básica. Precisamente para atender a esta población existen
los Centros de Educación Básica Alternativa (CEBA), diseñados para
atender a personas jóvenes y adultas que, por diversas razones, no
pudieron completar su educación básica en el tiempo regular.
Ante la necesidad de muchos peruanos de obtener los certificados de
estudios para acceder a mejores oportunidades de trabajo, se
evidenció como mafias han estado emitiendo certificados a personas
que nunca se matricularon o asistieron a una clase virtual o
presencial. Problemática que refleja cómo, para algunos grupos, la
educación es un negocio frívolo que no requiere mayor esfuerzo,
aprovechándose de la necesidad de las personas; pero también pone
al descubierto que en muchos casos para algunas personas el camino
más fácil es la mejor opción.
Vemos cómo los intentos por querer mejorar la educación en nuestro
país no son suficientes para lograr los cambios que se esperan.
Jóvenes y niños de Educación Básica Regular, así como aquellos
adultos que han decidido retomar sus estudios en los Centros de
Educación Básica Alternativa, necesitan que la educación que reciban
sea de calidad y genere un impacto real en la vida personal y
profesional de cada estudiante.
¿Cuáles son las verdaderas prioridades de la educación en nuestro
país? Es una pregunta que aún no tiene un horizonte claro, mientras
no se tome conciencia real sobre su impacto en la sociedad y sea una
prioridad real para las entidades encargadas, seguiremos siendo
testigos de un círculo vicioso que se queda en buenas intenciones.
¿Y nuestro sistema educativo?
De acuerdo con la Ley General de Educación N° 28044, “La educación
es un proceso de aprendizaje y enseñanza que se desarrolla a lo largo
de toda la vida […] en instituciones educativas y en diferentes
ámbitos de la sociedad” [artículo 3], en consecuencia, nuestro
sistema educativo debe ser integrador, flexible y articulador entre sus
etapas, niveles, modalidades y con los otros sistemas que constituyen
nuestra sociedad. Debemos resaltar que un sistema es más que la
mera sumatoria de sus partes, ya que interactúan entre sí y, además,
poseen un propósito, en este caso, la ciudadanía plena que les
garantiza insertarse en la sociedad, la movilidad social y ser agente
de cambio en lo social, en la preservación del medio ambiente y en lo
laboral.
Según ese mismo marco normativo, el Estado, por intermedio del
Ministerio de Educación, es responsable de preservar la unidad del
sistema y que la sociedad participe directamente en la gestión de la
educación a través de los Consejos Educativos que se organizan en
forma descentralizada. Aquí es donde juega un papel fundamental el
Consejo Nacional de Educación (artículo 81), órgano especializado,
consultivo y autónomo del Ministerio de Educación, pues da la
legitimidad necesaria para no perder las perspectivas de las políticas
públicas de mediano y largo plazo consagradas en el Proyecto
Educativo Nacional y poder establecer el diálogo nacional que permita
lograr acuerdos y compromisos a favor del desarrollo educativo del
país mediante el ejercicio participativo del Estado, la sociedad civil y
la empresa. De allí la importancia de convocar a personalidades
reconocidas y representativas, garantizando pluralidad e
interdisciplinariedad.
La esencia de la articulación del sistema educativo más allá de lo
administrativo está en tener claro el sentido de la educación, es decir,
su finalidad: la construcción permanente del ser humano. Es con la
interacción social en contextos o situaciones determinadas que se
van desarrollando nuestras distintas potencialidades (capacidades),
las cuales nos permitirán encontrar respuestas a problemas concretos
y reales, ya sean inmediatos o que requieran mayor reflexión;
constantemente estamos procesando las diferentes informaciones
que observamos y percibimos, y que nos permiten sentirnos bien con
nosotros mismos y con los demás, valorando más nuestra
convivencia. En otras palabras, definir que nuestra educación se da
toda la vida nos compromete a desarrollar nuestras competencias
sociales y comunicativas (habilidades blandas); así como nuestras
competencias cognitivas (rigor científico). Si nuestro sistema
educativo comprende las etapas de educación básica (niveles inicial,
primaria y secundaria) y la superior, ya sea técnico-productiva o
universitaria, se debería compartir la misma concepción del enfoque
del aprendizaje por competencias; pues “la estructura del Sistema
Educativo responde a los principios y fines de la educación” (artículo
25).
Por ello, si el Ministerio de Educación es el órgano del Gobierno
nacional que tiene por finalidad “formular, aprobar, ejecutar y
evaluar, de manera concertada, el Proyecto Educativo Nacional y
conducir el proceso de planificación de la educación” (artículo 80),
debiera establecerse el diálogo permanente, por medio de la
Dirección General de Educación Superior Universitaria (Digesu) y el
CNE, con las universidades del país, las cuales por autonomía
universitaria son garantía de conocimiento científico y
responsabilidad social. Esto permitiría articular el perfil de egreso de
la educación básica con el sentido de los estudios generales en la
universidad.
Finalmente, si el Ministerio de Educación tiene como una de sus
funciones “definir, dirigir y articular la política de educación, cultura,
recreación y deporte, en concordancia con la política general del
Estado” (artículo 79), debería manejar la misma base de datos de las
instancias descentralizadas: dirección regional de educación(DRE),
unidad de gestión educativa local (UGEL) y de las instituciones
educativas (II. EE.); así como la relación ordenada y fluida entre
especialistas del Minedu, DRE, UGEL y las comunidades docentes de
las II. EE.