3 - Contemporánea
3 - Contemporánea
CONTEMPORÁNEA
1. CRISIS DEL PROYECTO ILUSTRADO: LA FILOSOFÍA DE LA SOSPECHA
Ricoeur, P. “La interpretación como ejercicio de la sospecha” (extracto):
“A la interpretación como restauración del sentido opondremos globalmente la interpretación según
lo que llamaré colectivamente la escuela de la sospecha”. La filosofía de la sospecha “la dominan
tres maestros que aparentemente se excluyen entre sí: Marx, Nietzsche y Freud. Es más fácil hacer
aparecer su común oposición a una fenomenología de lo sagrado, comprendida como propedéutica a
la <<revelación>> del sentido, que su articulación dentro de un método único de desmistificación”
aunque hay que “reconocer que en cada caso se trata de un ejercicio diferente de la sospecha; la
fórmula negativa bajo la cual se podría colocar a estos tres ejercicios de la sospecha sería <<de la
verdad como mentira>> (…) Si nos remontamos a su intención común, encontramos allí la decisión
de considerar en primer lugar la conciencia en su conjunto como conciencia <<falsa>>. Por ahí
retoman, cada uno en un registro diferente, el problema de la duda cartesiana, para llevarlo al
corazón mismo de la fortaleza cartesiana. El filósofo formado en la escuela de Descartes sabe que
las cosas son dudosas, que no son tales como aparecen; pero no duda de que la conciencia sea tal
como se aparece a sí misma; en ella, sentido y conciencia del sentido coinciden; desde Marx,
Nietzsche y Freud, lo dudamos. Después de la duda sobre la cosa, entramos en la duda sobre la
conciencia. Pero estos tres maestros de la sospecha no son tres maestros de escepticismo; son
seguramente tres grandes <<destructores>> y, sin embargo, ni siquiera esto debe extraviarnos; la
destrucción, dice Heidegger en Sein-und-Zeit, es un momento de toda nueva fundación, incluida la
destrucción de la religión, en cuanto es, según palabras de Nietzsche, un <<platonismo para el
pueblo>>”.
“Ahora bien, los tres despejan el horizonte para una palabra más auténtica, para un nuevo reinado
de la Verdad, no sólo por medio de una crítica "destructora" sino mediante la invención de un arte
de interpretar.
Descartes triunfa de la duda sobre la cosa por la evidencia de la conciencia; ellos triunfan de la duda
sobre la conciencia por una exégesis del sentido. A partir de ellos, la comprensión es una
hermenéutica [interpretación]: buscar el sentido, en lo sucesivo, ya no es deletrear la conciencia del
sentido, sino descifrar sus expresiones. Lo que habría que confrontar, pues, no es solamente una
triple sospecha, sino un triple ardid. Si la conciencia no es lo que cree ser, debe instituirse una nueva
relación entre lo patente y lo latente; esta nueva relación correspondería a la que la conciencia había
instituido entre la apariencia y la realidad de la cosa. La categoría fundamental de la conciencia,
para los tres, es la relación oculto-mostrado o, si se prefiere, simulado-manifiesto”.
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“Freud ha entrado en el problema de la conciencia falsa por el doble pórtico del sueño y el síntoma
neurótico; su hipótesis de trabajo tiene los mismos límites que su ángulo de ataque: será, como se ha
de decir ampliamente más adelante, una económica de las pulsiones. Marx ataca el problema de las
ideologías en los límites de la enajenación económica, esta vez en el sentido de la economía
política. Nietzsche, situado en el eje del problema del <<valor>> —de la evaluación y la
transvaloración— [Nietzsche] busca por el lado de la "fuerza" y la "debilidad" de la Voluntad de
Poder la clave de las mentiras y las máscaras. En el fondo, la Genealogía de la Moral en el sentido
de Nietzsche, la teoría de las ideologías en el sentido marxista, la teoría de los ideales y las ilusiones
en el sentido de Freud, representan tres procedimientos convergentes de la desmistificación. Quizá
no sea todavía esto lo más fuerte que tienen en común; su parentesco subterráneo va más lejos; los
tres comienzan por la sospecha con respecto a las ilusiones de la conciencia y continúan por el ardid
del desciframiento; los tres, finalmente, lejos de ser detractores de la <<conciencia>>, apuntan a
una extensión de la misma.
Lo que quiere Marx es liberar la praxis por el conocimiento de la necesidad; pero esta liberación es
inseparable de una <<toma de conciencia>> que responde victoriosamente a las mistificaciones de
la conciencia falsa. Lo que quiere Nietzsche es el aumento de la potencia del hombre, la
restauración de su fuerza; pero lo que quiere decir Voluntad de Poder debe ser recuperado por la
meditación de las cifras del <<superhombre>>, del <<eterno retomo>> y de <<Dionisos>>, sin las
cuales este poder no sería más que la violencia de este mundo. Lo que quiere Freud es que el
analizado, haciendo suyo el sentido que le era ajeno, amplíe su campo de conciencia, viva mejor y
finalmente sea un poco más libre y, de ser posible, un poco más feliz.”
ALIENACIÓN ECONÓMICA
El hombre realiza su esencia humana a través del trabajo. Pues bien, en la sociedad capitalista, el
trabajador es desposeído/enajenado/alienado de la mayor parte de su trabajo y, por consiguiente, de
su propio ser hombre. En efecto, el trabajador no recibe el producto íntegro de su trabajo, sino sólo
una parte - y pequeña - en forma de salario; el resto es la plusvalía con la que el propietario de los
medios de producción (talleres, fábricas, tierras, etc.) va formando el capital. El capital, por tanto,
no es sino trabajo alienado /enajenado al trabajador, el cual no lo reconoce como creación suya, es
decir, como producto de su trabajo, sino como un poder ajeno que le esclaviza.
EL GRAN ESTILO
- Aforismo: proposición concisa, completa e ingeniosa que enuncia una sentencia sin argumentarla.
También Heráclito los usaba. Contra la hipertrofia de lo lógico.
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“Si un aforismo está bien expresado y condensado, leerlo no equivale a <<descifrarlo>>. Por el
contrario, es entonces cuando ha de iniciarse su interpretación, para la cual se necesita un arte de la
misma… para leer con ese arte se requiere ante todo algo… para lo que se ha de ser casi una vaca y
no ser, en ningún caso, un <<hombre moderno>>: ese algo es rumiar” NIETZSCHE, F., La
genealogía de la moral.
- Metáfora, analogía...
- Puntos suspensivos: Nietzsche los emplea para dejar en suspenso aquello que no quiere decir. No
quiere hablar a las masas ni convencer (perspectivismo).
- Lo cómico frente a lo serio (Así habló Zaratustra) → Voltaire.
LA DECADENCIA
Diagnóstico de Nietzsche a la cultura occidental: es una cultura decadente. ¿Dónde se expresa la
decadencia?
→ En la filosofía de la conciencia y la hipertrofia de lo lógico: vs ello, Nietzsche formula el término
“inconsciente” que luego desarrollará Freud (yo, ello, superyó) . Rompe con el ideal de ser humano
al que le es accesible todo su contenido de conciencia (error agustino: la mente como teatro
interior). Lo irracional, lo instintivo, lo ilógico es tan humano como lo racional, lo aprendido, lo
lógico. Incluso, lo primero tiene más peso que lo segundo, pero Occidente ha sucumbido a la
hipertrofia de lo lógico socrático-platónica (el origen de la filosofía. “Acaso es que la sabiduría
aparece en la tierra como un cuervo al que un leve olor a carroña lo entusiasma”: “El problema de
Sócrates”, en Crepúsculo de los ídolos, aforismo
ASCENDENTE DESCENDENTE
El sufrimiento es considerado parte de la vida, El sufrimiento es una objeción contra la vida,
no es un problema. una injusticia.
Decadencia
Rebelión contra la vida
“Este mundo es apariencia, por consiguiente, hay un mundo verdadero. Este mundo es contingente,
por tanto, hay un mundo incondicionado. Este mundo es devenir, por tanto, hay un mundo del ser
[…] Estas conclusiones están inspiradas por el sufrimiento. En el fondo son deseos de que haya un
mundo así. El odio contra un mundo que hace sufrir se expresa en el hecho de imaginarse otro más
valioso. El resentimiento de los metafísicos es aquí creador” (Nietzsche, F., Fragmentos póstumos).
EL NIHILISMO
Diagnóstico de Nietzsche: la cultura occidental no sólo es decadente, también es nihilista.
Nihilismo pasivo:
- Ver la vida como dolor (decadencia) → interpretaciones y formas de cultura nihilistas y hostiles a
la vida.
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- Sentir la vida como sufrimiento implica realizar un juicio de valor condenatorio sobre la misma
(como el juicio lo realiza un ser viviente, puede decirse que la vida se niega a sí misma). No
obstante, entre los nihilistas, esta negación de la vida nunca es total, pues si lo fuese llevaría al
suicidio. Por esta razón, el rechazo o negación de la vida se canaliza a través de interpretaciones y
creaciones culturales mediante las cuales la vida débil, la vida enferma, decadente y sufriente, se
conserva, como por ejemplo (Rebelión + Inversión de los valores):
A. El triunfo del cristianismo al final del mundo antiguo
B. La Reforma protestante
La genealogía de la moral:
MORAL DE SEÑORES MORAL DE ESCLAVOS
“Bueno” es su primera palabra (moral activa). “Malo” es su primera palabra (moral reactiva).
Un estudio etimológico y genealógico de Cuando la voluntad es reactiva (reacciona a
“bueno” y “malo” muestra como en todas las fuerzas que siente como amenazas) en lugar de
lenguas, “bueno” significa originariamente activa, desaparecen las condiciones de salud.
noble, aristocrático, contrapuesto a “malo” Su impotencia les forja un carácter gregario,
(vulgar, plebeyo, simple). gracias al cual terminaron imponiendo su moral.
Crean la idea del libre albedrío con el fin de
autoegañarse: la debilidad es “elegida”
libremente.
Crean el sentimiento de culpabilidad como
forma de control del hombre fuerte.
- Mediante la inversión de los valores, los que hasta ahora eran malos, insignificantes (los esclavos)
pasan a ser los buenos, imponiendo sus valoraciones de rebaño (intoxicación generalizada de la
decadencia como nihilismo: el nuevo significado de “bueno” se asocia a los valores de la masa:
negación de uno mismo, seguir al sacerdote…).
- En la moral cristiana, el bien y el mal ya no guían el curso de acción de los individuos, sino que se
sitúan frente a la acción misma y la condenan: no hay matices; acaban por generalizar la división
nihilista entre un mundo del bien y la verdad y un mundo de mentira y sufrimiento.
- Los valores supremos de la moral cristiana como valores propios de personas debilitadas, de
enfermos mentales, de neuróticos.
“Para la especie de hombre, una especie sacerdotal, que en el judaísmo y en el cristianismo ansía
poder, la décadence no es más que un medio: esa especie de hombre tiene un interés vital en poner
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enferma a la humanidad y en volver del revés, en un sentido peligrosos para la vida y calumniador
del mundo, los conceptos bueno y malvado, verdadero y falso” (Nietzsche, F., El Anticristo).
- La generalización de la decadencia es un medio para dejar de ser esclavos y volverse amos,
creando una oposición absoluta entre natural y sobrenatural, entre este mundo aparente e
inaceptable y el otro mundo – un trasmundo- afirmado como el bueno y real.
MORAL JUDEO-CRISTIANA
Fuerte= violento, malvado, rico, sensual, Pobre= bueno, santo, pacífico.
abyecto
Mundo se vuelve, por primera vez, una palabra Rebelión de los esclavos en la moral:
infamante. - Resentimiento contra la vida, menosprecio de
la belleza y la inteligencia.
- Inoculación de la mala conciencia
La decadencia interpreta el mundo de manera peculiar, mediante metáforas que hemos olvidado que
lo son (la verdad como metáfora), que hemos tomado en serio:
1. La realidad como algo que es: trasmundo del ser (dualismo ontológico platónico), “mundo
verdadero”. Gramática del ser, “yo”, estructura sujeto-predicado. Existe una verdad, no hay
perspectiva, matices. Y si no existiese una verdad, las “verdades” no valdría la pena conocerlas, el
conocimiento no sería posible.
2. Orden moral y desprecio del mundo: mediante el pecado original se conciben la vida terrena y el
mundo como un castigo expiatorio debido a alguna falta que alcanzaba las raíces mismas del ser.
Pero en realidad no hay ningún sentido moral, ni de ningún tipo, escondido tras el constante devenir
del mundo. No hay hechos morales, sólo interpretaciones morales de los hechos. Nietzsche:
concepción fisiológica del bien y el mal.
3. Eliminación de la causalidad natural: se sustituye por el premio y el castigo de la justicia divina,
convirtiendo la moral en ley última, sobrenatural y metafísica de la vida. Es lo que denomina en El
Anticristo, “causalidad imaginaria”.
4. Invención de los conceptos “pecado” y “culpa”, que destruyen de raíz toda inocencia (el ser
humano es eternamente deudor). Es lo que denomina en El Anticristo, “psicología imaginaria”.
5. Odio a lo animal y material del ser humano: deseo de huir de todo lo que es apariencia, carne,
felicidad, belleza… hasta el punto de promover una voluntad de nada (nihilismo). Los sentidos no
les muestran una realidad favorable, por tanto, concluyen que los sentidos mienten.
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6. Ideal ascético: el nihilismo que promueve la decadencia es todavía una voluntad, aunque sea de
nada, por ello puede producir un nuevo y extraño gozo el de disfrutar del deseo de la propia muerte.
El ideal ascético se erige en torno a esa nueva voluptuosidad.
- El cristianismo, como cualquier moral, es la autojustificación del que cree en ella, de sus
necesidades fisiológicas. El cuerpo es la fuente de toda valoración y de toda interpretación. A su
vez, los valores y las interpretaciones, convertidos en instrumentos de culturización, actúan sobre el
cuerpo y lo fortalecen o lo debilitan.
-El cristianismo ha intentado la intoxicación de los instintos de los individuos para reducirlos a
rebaño. El progreso de este nihilismo conduce a su propia consolidación a través de la repetición
querida y aceptada de la decadencia. Nihilismo significa entonces la interiorización del
encadenamiento histórico de los diferentes momentos en los que la voluntad de poder se niega a sí
misma, se rechaza como afirmación: desde la creación del trasmundo platónico, pasando por el
cristianismo (trasmundo con Dios), la modernidad ilustrada (trasmundo con Razón) y la muerte de
Dios (pesimismo).
- La moral cristiana ha convertido al hombre en lo que ahora es mediante un proceso de
domesticación conseguida mediante el ejercicio de la violencia, de tal modo que los individuos han
introyectado la violencia como condición de vida, que pasa así a formar parte constitutiva de sus
instintos, de sus reacciones espontáneas, de sus gustos, de su lenguaje, de sus ideas…
-Nietzsche critica al proceso de cultura europeo haber convertido en equivalentes culturalización y
desnaturalización, y haberlo hecho por los medios más terribles (violencia brutal y represión).
“El adiestramiento del animal se obtiene en la mayoría de casos debilitando al animal. Del mismo
modo, el hombre moralizado no es un hombre mejor, sino debilitado, un hombre radicalmente
disminuido y desfigurado, pero menos peligroso” (Nietzsche, F., Fragmentos póstumos).
- Moral judeo-cristiana: logra la domesticación mediante la calumnia de la vida en sus exigencias
fundamentales y naturales, para lo cual desarrolla la mala conciencia (tiene su origen en el
resentimiento – parte de un sentimiento que no puede exteriorizarse, de la impotencia, y se vuelve
hacia dentro- y el espíritu de la venganza).
- Nihilismo activo: superhombre.
- Propuesta de Nietzsche: «Aplastad a la Infame» + experiencia dionisíaca del mundo como
aceptación de la vida, incluyendo sus aspectos más terribles, y exige una revisión radical del
concepto europeo de deber-ser, en la medida en que este “deber ser” no es otra cosa que querer
corregir la vida por no poder soportarla como es. En el devenir no hay falta ni deuda. Superación
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del nihilismo pasivo, algo que sólo puede llevar a cabo el superhombre, que es un transvalorador de
valores y tiene una voluntad de poder ascendente.
TRANSVALORACIÓN
Ensayar (Versuch) de algún modo con el pensamiento (Gedankenexperiment) la posibilidad de una
transformación de la actual situación espiritual y psicológica de Europa: se trata de un experimento
con la “verdad”.
- Experimento: conjetura de una praxis culturizadora alternativa destinada, como terapia, a encarar
la enfermedad del nihilismo europeo, en su situación actual de nihilismo pasivo.
- Terapia: transvaloración de los valores (intentar la posibilidad de que algunos individuos
cambien el modo nihilista pasivo de interpretar la vida por otro nuevo, y por ende cambien sus
valoraciones de rebaño por juicios de valor favorables al potenciamiento y la intensificación de la
vida).
SUPERHOMBRE
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La superioridad del hombre debe partir de una comprensión perspectivista de la vida que no caiga
en la tentación de encerrar la realidad en el dogmatismo de un esquema explicativo con
pretensiones de universalidad. El superhombre es perspectivista y dionisíaco, vs los últimos
hombres, que son universalistas y fanáticos.
El superhombre es inocente (sin deudas): Así habló Zaratustra: camello, león, niño (nueva aurora,
inocencia creadora, existencia lúdica vs ascetismo, vida ascendente). Responden “sí” a la pregunta
del eterno retorno.
Sartre:
- La existencia precede la esencia. Esto implica que no hay Dios que haya dotado al ser humano de
una naturaleza concreta. El ser humano es libre y, por ende, el único responsable de lo que haga de
sí mismo. Hay una dureza optimista en tanto que el individuo depende de su propia acción.
- Ser humano como proyecto – La acción humana compromete a otros → responsabilidad
individual y colectiva (la libertad se da en el marco de la intersubjetividad. Cada individuo está
moralmente obligado a realizar su libertad y, al mismo tiempo, querer la de los demás). Angustia
por la responsabilidad, desamparo ante la falta de valores trascendentales.
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– Negación de determinismos, que constituyen una excusa para el autoengaño (mal moral).
Bien moral: asumir la libertad y la soledad de cada individuo en la elección, así como
responsabilizarnos (moral de acción y compromiso).
Merleau Ponty, Fenomenología de la percepción: el ser humano es una idea histórica, no una
especie natural. “Yo soy mi cuerpo”: mi cuerpo me constituye (no hay alma). Para las ciencias, el
cuerpo es tratado como un mero objeto, pero desde la fenomenología debemos recordar que es la
condición permanente de experiencia, la condición de la apertura perceptiva al mundo, la forma
humana de esbozar los propios proyectos. El cuerpo es situación (toda existencia es una existencia
situada).
El supuesto del “eterno femenino” ha sido negado ya por las ilustradas racionalistas, pero negar la
validez de falsos estereotipos no tiene como consecuencia inmediata la desaparición de la
discriminación que los ha forjado, ni de las circunstancias que afectan a los individuos concretos.
“No se nace mujer: se llega a serlo. Ningún destino biológico, psíquico, económico, define la
imagen que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; el conjunto de la civilización
elabora este producto intermedio entre el macho y el castrado que se suele calificar de femenino”
(BEAUVOIR, S., El segundo sexo). Esto quiere decir que lo que la tradición ha considerado “ser
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mujer” (pasividad, docilidad, dependencia, emotividad…) no es un hecho biológico o natural, sino
el resultado de un complejo proceso de aprendizaje que empieza desde los primeros momentos de
vida. Eterno femenino/masculino: resultados del adiestramiento y de la sociabilidad diferenciada. El
cuerpo es situación, no destino.
“Al oprimido sólo le queda una solución: negar la armonía de esa humanidad de la cual se pretende
excluirlo, demostrar que es hombre y que es libre al rebelarse contra los tiranos. Para prevenir esa
rebelión, uno de los artificios de la opresión consistirá en disimularse tras una situación natural,
puesto que, en verdad, no cabe rebelarse contra la naturaleza” Beauvoir, S., El segundo sexo.
Estereotipos femeninos: sujeto esencialmente pasivo (mujer-mujer) o la anti-mujer.
Contra las mujeres se aconsejaba la violencia. Homero relata la violencia que infligía Zeus a su
esposa Hera: «¿No recuerdas cuando estabas suspendida en lo alto y de los pies te colgué sendos
yunques y te rodeé las manos con una cadena áurea irrompible?» (Homero, Ilíada, XV, vv. 18-20).
En la Biblia se establecen pautas violentas contra ellas: “Si una joven se casa sin ser virgen, morirá
apedreada.'' (Deuteronomio 22:20). “Asimismo, que también las mujeres se atavíen con vestimenta
decorosa, con pudor y modestia; no con peinados ostentosos, ni oro, ni perlas ni vestidos costosos,
sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad. La mujer aprenda en
silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el
hombre, sino estar en silencio. Porque Adán fue formado primero, después Eva” (Timoteo, 2: de 9 a
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El método regresivo-progresivo de El segundo sexo se completa con las novelas que escribió
Beauvoir, como La invitada o La mujer rota, pues según nuestra autora hay una dimensión de la
vida que no puede captarse mediante la pura descripción intelectual, sino que le es necesaria una
escritura que escape a la construcción de sistemas: mientras la filosofía habla de lo universal, la
“novela metafísica” revela “ un aspecto de la experiencia metafísica que no puede manifestarse de
otro modo: su carácter subjetivo, singular, dramático y también su ambigüedad”.
- ¿Qué circunstancias históricas y ontológicas se dieron para que las mujeres no reivindicasen su
legítimo papel de sujetos? El papel social y la autoridad fueron asumidos generalizadamente por los
varones y legitimada mediante mitos y códigos, elaborados con ese fin → situación similar a la
dialéctica del amo y el esclavo de Hegel: todo sujeto toma conciencia de sí negando las otras
posibles conciencias. Esta operación es reversible, pero, en la relación hombre-mujer, la
reversibilidad ha desaparecido, y la mujer no puede afirmarse como sujeto: aparece como
conciencia dependiente, esclava del varón. Amo y esclavo están unidos por una necesidad
económica que no libera al esclavo. El amo necesita al esclavo, pero el esclavo no usa esa necesidad
para exigir su liberación, pues el esclavo reconoce el prestigio del amo.
- Poder hablar de “nosotras” requiere elementos identificatorios que las unan específicamente y las
separen de los varones, algo de lo que carecen. Además, constituirse como sujeto supondría
renunciar a las ventajas existenciales del vasallaje, y responsabilizarnos de los proyectos de
realización personal (“existencia auténticamente asumida”). Sólo cuando las mujeres se afirmen
como sujetos, podría tener lugar el reconocimiento recíproco que posibilitará las relaciones
igualitarias, para lo cual es fundamental el papel de la educación.
EL FEMINISMO DESDE LA MORAL EXISTENCIALISTA
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Moral existencialista: todo sujeto humano es constitutivamente libre y sólo se realiza como ser
humano cuando se trasciende, se supera, en proyectos vitales que le van abriendo nuevos proyectos
de libertad, nuevas oportunidades para la acción. Decidir y actuar definen al ser humano.
-La existencia precede a la esencia.
- El ser humano es ser-con-otros (Mitsein): el mal es obstaculizar la libertad de los demás y el bien,
facilitar la libertad de los otros y asumir la propia.
Todo sujeto humano es un sujeto situado: su situación es el marco, el contexto en el que ha de
decidir los fines de su acción. La situación está compuesta de condicionamientos biológicos y
sociales diversos (el propio cuerpo, el contexto histórico, económico, cultural, psicológico…).
“Caer en la inmanencia” significa perder la autonomía que caracteriza al sujeto. Supone cosificarse,
dejando así de ser posible elegir la dirección de la vida y proyectarse hacia el futuro. A las cosas y a
los animales, les corresponde esta estaticidad “en sí” (en-soi). La conciencia, sin embargo, es “para
sí” (pour-soi), indeterminación y trascendencia. Esto hace que los seres humanos sean algo
diferente a una especie: son seres históricos, con un contexto, una situación.
No todos los contextos son igualmente opresivos ni todos los individuos están dispuestos siempre a
realizar el esfuerzo moral que, a veces, requiere la emancipación. Desde una perspectiva histórica,
la emancipación de la mujer pasa necesariamente por la independencia económica. Pero la
incorporación de la mujer al mercado laboral no bastó para hacerlas libres porque no cambiaron a su
vez las condiciones sociales, morales, etc. Esas nuevas mujeres trabajadoras seguían manteniendo
sus roles tradicionales de madres, esposas… sencillamente añadieron un nuevo rol.
→ La ambigüedad de la situación de las mujeres: Las mujeres son, como todo ser humano, libres
pero los hombres les han impuesto que vivan en dependencia respecto a ellos. Además de libertad,
también tenemos una innegable vinculación con la animalidad. La carne representa el aspecto
menos humano, mientras que el espíritu alude a la indeterminación de la conciencia que posibilita la
libertad y la trascendencia. Beauvoir invita a aceptar esa doble condición que permitiría el
reconocimiento mutuo.
SARTRE BEAUVOIR
“Situación” ligada a “libertad”: “Situación” separado de “libertad”:
- No hay libertad sin situación y viceversa. - Las situaciones casi nunca son equiparables y
- Si libertad es la autonomía de elección pueden aumentar o disminuir el alcance de
(podemos realizar nuestros proyectos), la nuestra libertad (ej: la situación de la esclava en
situación es el encarnamiento de esa libertad el harén no es la de la europea del siglo XX).
(producto de la contingencia del en-sí y de la - ¿Para qué la acción?: somos situación para
libertad). nuestros prójimos (el parado es libre de salir de
- La situación, que es como aquello con lo que su miseria, pero yo, que no le ayudo, soy la
tendrá que “cargar” mi libertad para hacerse facticidad de su situación, y aumento o
real, siempre está envuelta o redefinida por el disminuyo su libertad).
proyecto del sujeto; esto quiere decir que somos - El sujeto no tiene una libertad absoluta, porque
siempre absolutamente libres: si quiero escalar su libertad está más o menos cercenada por la
una montaña y soy asmático, soy tan libre de situación. Así, la caída en la inmanencia es una
escalarla como el deportista entrenado en este falta moral si es consentida por el sujeto; si les
tipo de ejercicio, aunque tendré que “cargar” con es inflingida, se transforma en una frutración y
la dificultad subjetiva de mi asma. una opresión.
“[S. y yo] discutimos algunos problemas concretos y sobre todo el de la relación entre situación y
libertad. Yo sostenía que, desde el punto de vista de la libertad, tal como Sartre la definía –no como
resignación sino como superación empírica de lo dado– las situaciones no son equivalentes, ¿qué
superación le es posible a la mujer encerrada en un harén? Incluso el enclaustramiento hay
diferentes maneras de vivirlo, me decía Sartre. Pero yo me obstinaba en mi posición y al final no
cedía sino con la punta de los labios. En el fondo, yo tenía razón” BEAUVOIR, S. (entrevista)
La hembra humana reconoce como superiores proyectos de los varones que también ella valora por
encima de los trabajos que está forzada a realizar (criar a los hijos, tareas domésticas…). Beauvoir
sostiene que es más humano (menos animal) matar que engendrar, pues había pocos fines propios
en una maternidad no decidida y no compartida. En un contexto distinto, la crianza podría verse
atravesada por los valores y fines de la libertad.
Además, siguiendo al antropólogo Lévi- Strauss, nuestra autora apunta a cómo las mujeres se
convirtieron en objetos de intercambio (usualmente, mediante el matrimonio) que reforzaban el
vínculo entre los hombres: la mujer quedaba reducida a objeto transaccional, a pertenencia. En su
descripción acerca de las formas tribales de familia, Lévi-Strauss constata una valoración desigual
de los hombres y las mujeres que se evidencia, por ejemplo, en las relaciones polígamas y en los
derechos de autoridad que, aún en las familias matrilineales, son ejercidos por hombres (en estos
últimos casos, por los hermanos de la madre). En el análisis de las relaciones familiares de estos
pueblos se habla de las mujeres claramente como si se tratara de pertenencias de los hombres:
“(...) si consideramos el caso de algunas tribus australianas (…) podemos darnos cuenta de que un
hombre que se mostrara reacio a prestar a su esposa durante las ceremonias religiosas sería
considerado <muy egoísta> ya que trataría de monopolizar un privilegio que el grupo social
considera que debe compartir...” LÉVI-STRAUSS, C., “La familia”
Los varones someten a las mujeres a partir del reconocimiento que han obtenido por parte de ellas.
La formación y consolidación del patriarcado necesitará de leyes y mitos. Los varones elaborarán
los códigos, los mitos y los destinos (“tenemos hetairas para nuestro placer, concubinas para
servirnos y esposas para el cuidado de nuestra descendencia” Demóstenes) en los que la posición de
la mujer siempre será de subalterna, y en ocasiones, también destilan cierto miedo a lo femenino.
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El problema de la opresión de la mujer es un problema cultural: debemos cambiar los valores y las
leyes en las que cristalizan tales valores mediante la educación en la igualdad (la educación actual
ha sido forjada para cerrarle a la mujer el camino a la acción, a construir proyectos propios. La
mujer debe acceder a la cultura y, además, de darle sentido a su vida y al mundo desde esa esfera de
mujer educada, debe también contribuir a la creación de una nueva cultura), dando la oportunidad
de alcanzar la independencia económica a la mujer (conditio sine qua non de la igualdad, pero no
suficiente). También es necesario ofrecer medios de control de la natalidad (sólo si la maternidad es
elegida puede ser considerada un proyecto propio), romper las ideas tradicionales de pareja (en
donde la mujer queda atrapada en el mito del amor romántico. La liberación femenina pasa por la
libertad sexual, y para ello debe empoderarse de la “independecia viril”, esto es, mantener
relaciones libres. Desde la visión patriarcal se confunde a la mujer libre con la mujer “fácil”,
promiscua, casi una prostituta sobre la que debe caer el peso social, el castigo por no someterse al
vasallaje. Para que cambie la mentalidad femenina se la debe educar como se educa a lo masculino,
para que no renuncien nunca a su emancipación en pro de un gran amor, pues “el amor idólatra, el
amor abdicación, es devastador: ocupa todos los pensamientos, todos los instantes, es obsesivo,
tiránico”) ...
El cambio cultural debe ser profundo, pues las mujeres no tienen una cultura propia. En el camino
hacia la liberación, las mujeres van a encontrar multitud de obstáculos sociales, pues “la burguesía
conservadora sigue viendo en la emancipación de la mujer un peligro que amenaza su moral
y sus intereses”, y muchos hombres no quieren renunciar a las ventajas que les reporta la sumisión
de la mujer. También se encontrarán oposición entre las propias mujeres, pues muchas de ellas no
quieren soportar la angustia de una existencia auténticamente asumida.
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DESARRAIGO
Weil, S., Hacia una filosofía del arraigo: describe los deberes que cada hombre tiene hacia otro
hombre en referencia a sus necesidades primordiales. Ahí es donde se establece la noción de
“arraigo”:
“El arraigo es quizá la necesidad más importante y más desconocida del alma humana. Es una de las
más difíciles de definir. El ser humano tiene una raíz por su participación real, activa y natural, en la
existencia de una colectividad que conserva vivos ciertos tesoros del pasado y ciertos pensamientos
del futuro. Participación natural, es decir, producida por el lugar, el nacimiento, la profesión, el
medio. Cada ser humano tiene necesidad de múltiples raíces. Tiene necesidad de recibir la casi
totalidad de su vida moral, intelectual, espiritual, por mediación de los ambientes de los que forma
parte naturalmente. Los cambios de influencia entre los medios muy diferentes no son menos
indispensables que el arraigo en el ambiente natural”.
El “arraigo” es la raíz del hombre en la existencia de los seres que conforman su comunidad, con
los que comparte un pasado y proyecta un futuro; constituye, por tanto, una necesidad natural del
hombre que no ha sido tenida en cuenta por la Modernidad. La necesidad de arraigo se proyecta en
la de mirar al pasado, ya que es imposible pensar un futuro alejándose de lo ya acaecido. Este es el
motivo por el que para Simone Weil la dominación colonial rompe con una de las necesidades más
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importantes del hombre. En la visión anti-colonialista de Weil, los hombres europeos que
destruyeron el pasado de cada una de las tierras que han dominado cometieron quizá el mayor de
los crímenes. El pasado que ha sido destruido no se recupera jamás.
De este modo, podemos comprender que las prácticas concretas de colonialismo empujan al
desarraigo a sus colonias, privándolas de una de las necesidades más vitales del alma humana: el
pasado. El desarraigo es, entonces, un factor determinante de la violencia.
Simone Weil está intentando probar en qué modo una experiencia común construida, conservada y
comunicada, por muchas generaciones en un mismo contexto bio-psíquico-cultural, es condición
antropológica de la existencia personal y del propio ejercicio de la libertad; así como su caída es la
razón de la ruptura radical interna de la propia persona y del mundo-universo, ruptura que explota
en manifestaciones de violencia.
Considerar el arraigo como necesidad humana equivale a plantear de forma adecuada la relación
entre “experiencia personal” y “memoria histórica”. Por un lado, la memoria histórica es verdadera
en la realidad de la persona humana: somos humanos en tanto que somos históricos. La memoria
histórica no sólo no impide la libertad (usualmente, la comunidad aparecía como un cortapisas a la
libertad del individuo) sino que ayuda a una sana recuperación de la misma.
Para que los hombres se sientan arraigados en una sociedad, para que obedezcan, hace falta que
amen algo. Como en Kant, libertad y obediencia no son contradictorios:
“Para que la obediencia pueda ser consentida hace falta ante todo algo que amar por cuyo amor los
hombres consientan obedecer […] Algo que amar no por su gloria, su prestigio, sus conquistas, su
brillo, su expansión futura, sino en sí mismo, en su desnudez y su realidad. Sin ello el sentimiento
no es lo suficientemente profundo para ser una fuente permanente de obediencia. Es necesario algo
que un pueblo pueda amar naturalmente, desde el fondo del corazón, desde el fondo de su propio
pasado, de sus aspiraciones tradicionales, y no por sugestión, propaganda o aportación extranjera”
¿Cómo entender el llamado al patriotismo realizado por Weil en la situación histórica en la que se
está viviendo? Para ella, las nociones de arraigo y medio vital son suficientes para definir la patria.
Es por ello por lo que Weil propondrá reemplazar la idea de “grandeza nacional” por la de
“compasión por la patria”, caracterizada por un sentimiento de ternura hacia una cosa bella,
preciosa y frágil. La compasión por la fragilidad está siempre unida al amor por la verdadera
belleza. No hay nada más grave, desde esta perspectiva, que la noción de patria o de nación se
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conviertan en un fin en sí mismas. La noción de “compasión por la patria” está acompañada por el
concepto de mediación, que es el fundamento y la configuración de la idea de arraigo, y a partir del
cual podemos mantener la mirada dirigida al Bien y evitar su confusión con los bienes relativos a
este mundo.
El intento de nuestra autora por desenmascarar una visión fanática de patria llega hasta el núcleo del
totalitarismo nazi. Los sistemas totalitarios, el del nacional-socialismo como el del estalinismo, son
los espejos cóncavos que muestran la imagen deformada y engrosada de una época. Si esos males
no son descubiertos y erradicados, la humanidad continuará debatiéndose en una difusa amalgama
de aburrimiento, miedo, consumo, opresión, con pocas posibilidades de desarrollar la libertad
creativa acechada por el fantasma del totalitarismo.
La idea de progreso (Ilustración) que conduce a la devastación del pasado y la consiguiente
destrucción de los valores espirituales conservados por “medios vitales”, a la pérdida de la
“memoria histórica” es un elemento común característico de nuestra civilización, especialmente
agudizado bajo regímenes totalitarios.
4. ANÁLISIS DEL TOTALITARISMO DE HANNAH ARENDT
ARENDT, H. Los orígenes del totalitarismo.
Los totalitarismos siempre han deseado transformar la realidad social: reduciendo la parte molesta
de la misma a cenizas en los hornos crematorios, creando “razas superiores”, etc. El objetivo de
transformar la realidad (el futuro prometido) les sirve para justificar sus acciones presentes, como,
por ejemplo, el control y la conquista de la maquinaria del Estado y de las esferas de la vida de cada
individuo:
“La conquista del poder por los medios de la violencia nunca es un fin en sí mismo, sino solo el
medio para un fin, y la conquista del poder en un país determinado es solo una grata fase transitoria,
pero nunca la conclusión del movimiento. El objetivo práctico del movimiento consiste en organizar
a tantos pueblos como le sea posible dentro de su marco y ponerlos y mantenerlos en marcha; un
objetivo político que constituyera el final del movimiento simplemente no existe”. ARENDT, H.
Arendt se pregunta cómo fueron posibles todos los fenómenos siniestros que se sucedieron en
Europa en el s. XX. Para nuestra autora, debemos centrarnos en las semejanzas estructurales de
ambos regímenes (nazismo, estalinismo) porque importan más éstas que sus diferencias específicas.
Una cosa que tienen en común es que no pueden ser explicados desde los conceptos tradicionales de
la política, el derecho y la ética porque no constituyen una simple manifestación del poder, la
ilegalidad o la inmoralidad de sus gobernantes.
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El totalitarismo no adviene, no cae inesperadamente como un meteorito, sino que surge en la vida
social de los países con un pasado no totalitario. Sólo en los límites de las formas totalitarias ya
definidas, maduras, cristalizan fenómenos cuyo significado no se había revelado por completo en el
período anterior (existían como fragmentos aislados, tendencias ocultas): sólo el totalitarismo
asentado puede servirnos de guía para la búsqueda de elementos en el pasado (los elementos no son
causas en sí mismas). Esto quiere decir que los orígenes del totalitarismo no pueden ser vistos como
principios inexorables y ni siquiera como retoños que tendrían que convertirse en un organismo
maduro. El acontecimiento derrama luz sobre su propio pasado, pero el acontecimiento mismo
nunca puede deducirse lógicamente de su pasado. De aquí se desprende que, del conocimiento del
pasado, por preciso y fidedigno que sea, es imposible deducir lógicamente el futuro.
Así pues, el totalitarismo no era inevitable. Podríamos haberlo prevenido. Y esto significa que
quienes luchaban contra esos regímenes no fueron visionarios ni aventureros: sus convicciones,
acciones y sacrificios se correspondieron con las posibilidades reales del contexto de su época.
Los orígenes del totalitarismo está dividido en tres parte: “Antisemitismo”, “Imperialismo” y
“Totalitarismo”, en las cuales se investiga el surgimiento de las formas del dominio omniabarcador
del Estado sobre sus ciudadanos. Pero sólo después de la Primera Guerra Mundial el totalitarismo
empezó a cristalizar los otros dos elementos revelados en la época anterior: el antisemitismo
contemporáneo, surgido como resultado de la emancipación política de los judíos, y el imperialismo
contemporáneo, desarrollado sobre la base de la expansión colonial europea que alcanzó su punto
culminante en el último tercio del siglo XIX. El antisemitismo y el imperialismo no determinan por
sí mismos los orígenes del nazismo. Únicamente en el cauce de la ideología racista del régimen
fascista el antisemitismo se traduce en el exterminio en masa de los judíos, y el imperialismo se
transforma en Alemania en una revancha por la derrota sufrida durante la Primera Guerra Mundial,
que conducirá a la matanza más sangrienta de la historia.
El totalitarismo que llega al poder crea nuevas formas de instituciones políticas y, a la vez, destruye
tradiciones. A pesar de su carácter específicamente nacional y de sus diferentes fuentes ideológicas,
el dominio totalitario transforma las clases en masas, convierte el pluralismo del sistema político en
hegemonía de un solo partido que encabeza el movimiento de las amplias masas populares,
modifica la realización de los poderes legales en la arbitrariedad y el terror impuestos por la policía
secreta y los servicios de inteligencia, mientras que en la esfera de la política exterior se orienta al
dominio mundial.
El totalitarismo vio definida su misión absoluta e incluso sagrada, en el caso alemán, en las leyes de
la Naturaleza, y en el caso soviético, en las leyes de la Historia; unas y otras, en opinión de sus
respectivos ideólogos, debían sustituir a las normas morales positivas, la legislación y los hábitos y
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costumbres. Según ellos, tanto las leyes como el código moral de los regímenes pretotalitarios
“encubrían”, “tergiversaban” e “ignoraban” la fuente suprema de la justificación de las acciones
humanas. Por eso el “reto revolucionario” frente al legalismo “falso” e “hipócrita”, burgués o
antirracista, constituyó el medio para establecer la justicia suprema que los regímenes anteriores,
basados en la legitimidad de las leyes positivas de la Constitución, fueron impotentes de alcanzar.
Al desafiar la legitimidad anterior y pretender el establecimiento del reino de la justicia en la tierra,
los regímenes totalitarios trataban de realizar las leyes de la Historia y las leyes de la Naturaleza sin
traducirlas en normas jurídicas o morales de justicia elemental que regularan la conducta individual
de los ciudadanos. Al apelar a las “leyes de Humanidad”, los regímenes totalitarios no se
preocuparon de las garantías que aseguraran los derechos elementales de los ciudadanos concretos,
pues partieron de la premisa, metafísica en su esencia, de que las leyes de la Naturaleza y las leyes
de la Historia (no verificables), respectivamente, “producirán” inevitablemente, si se ejecutan de
modo adecuado, una Humanidad ideal.
En los regímenes totalitarios el término “ley” cambia su sentido: ya no regula relaciones que se dan
en la realidad, sino, más bien, se dirige a la realización de lo que todavía no existe y lo que debe
surgir como resultado de las movilizaciones de las masas populares que construyen su “futuro
radiante” no de manera espontánea y caótica, sino conscientemente, según el plan, apoyándose en
las leyes férreas de la Naturaleza o de la Historia, guiadas por el partido y sus jefes, y “estimuladas”
por la amenaza del terror.
“Si la legalidad es la esencia del Gobierno no tiránico y la ilegalidad es la esencia de la tiranía,
entonces el terror es la esencia de la dominación totalitaria”. ARENDT, H.
El poder totalitario necesitaba que sus súbditos estuvieran listos permanentemente para tomar el
papel de ejecutores de su voluntad o de víctimas. Esta doble actitud, según Hannah Arendt, fue
necesaria para realizar la ideología totalitaria.
La ideología trata el curso de los acontecimientos como si siguieran la misma “ley” que la
exposición lógica de su “idea”. Las ideologías pretenden conocer los misterios de todo el proceso
histórico –los secretos del pasado, las complejidades del presente, las incertidumbres del futuro–
merced a la lógica inherente a sus respectivas ideas. Como regla, el pensamiento ideológico se
inclina por ignorar la experiencia, postulando “otra realidad más profunda”. Usualmente, esa otra
realidad les servía para denunciar los complots de sus enemigos.
El fanatismo de los integrantes de los movimientos totalitarios, sobre todo en sus etapas iniciales,
los cierra a los argumentos de la razón o a los testimonios de la experiencia. Por ejemplo, en el
proceso judicial contra Nikolai Bujarin, sus acusadores, miembros del Comité Central, lo
incriminaron, entre otros delitos, porque no fue debidamente implacable, no tenía un “corazón
firme” y no podía superar el “prejuicio” de compasión hacia sus compañeros puestos en la cárcel.
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Otro rasgo inherente a los movimientos totalitarios es el culto al líder, cuya figura es inflada por sus
adeptos fanáticos hasta dimensiones divinas, y la sorprendente ligereza con que dicha reverencia
puede luego pasar al olvido (sobre todo, cuando hay un cambio de líder).
La meta del totalitarismo es el control de las masas. Durante el auge del movimiento nazi y los
movimientos comunistas en Europa, después de 1930, fue sorprendente que estas masas,
aparentemente indiferentes y políticamente inactivas, despertaron de su apatía y empezaron a
participar en los movimientos totalitarios; estos movimientos no sólo se situaban ellos mismos al
margen y contra el sistema de partidos como tal, sino que hallaban unos seguidores a los que jamás
habían llegado los partidos y que nunca habían sido “echados a perder” por el sistema de partidos.
Las libertades democráticas adquieren su significado y funcionan nada más donde los ciudadanos
pertenecen a grupos y son representados en los órganos legislativos y ejecutivos. La atomización de
los diferentes estratos sociales y su consolidación en una masa marcada por el deseo de un futuro
mejor y por el odio a los viejos partidos y sus líderes fue la premisa de su reclutamiento en las filas
de los movimientos totalitarios.
Arendt subraya al mismo tiempo la actitud paternalista de los jefes del totalitarismo hacia las masas
populares, el deseo de hacer “feliz” a su pueblo. Ya no necesitan el tejido social: ni a los partidos, ni
las garantías democráticas, ni constituciones, ni a los otros ciudadanos (de hecho, hay que estar
atentos y denunciar toda actividad sospechosa). Sólo al líder-padre, que mira por su felicidad. Ni
siquiera tienen que buscarla ellos mismos, les alivia esa responsabilidad.
“Los Gobiernos totalitarios, como todas las tiranías, no podrían ciertamente existir sin destruir el
terreno público de la vida, es decir, sin destruir, aislando a los hombres, sus capacidades políticas.
Pero la dominación totalitaria como forma de gobierno resulta nueva en cuanto que no se contenta
con este aislamiento y destruye también la vida privada. Se basa ella misma en la soledad, en la
experiencia de no pertenecer en absoluto al mundo, que figura entre las experiencias más radicales y
desesperadas del hombre”. ARENDT, H.