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Demon of Indifference

Lilith se obsesiona con Aiden Wolf, un demonio que oculta su verdadera naturaleza tras una fachada de caballero. A pesar de su indiferencia y frialdad, Lilith siente una conexión intensa con él, mientras Aiden lucha con su propia atracción hacia ella. La historia explora temas oscuros y complejos sobre obsesión, violencia y relaciones tóxicas en un entorno universitario dividido entre mafiosos y la realeza.
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Demon of Indifference

Lilith se obsesiona con Aiden Wolf, un demonio que oculta su verdadera naturaleza tras una fachada de caballero. A pesar de su indiferencia y frialdad, Lilith siente una conexión intensa con él, mientras Aiden lucha con su propia atracción hacia ella. La historia explora temas oscuros y complejos sobre obsesión, violencia y relaciones tóxicas en un entorno universitario dividido entre mafiosos y la realeza.
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Lilith

ME OBSESIONÉ DE UN DEMONIO.

Cómo todos creí que él era un caballero, aquel chico amable y con una radiante sonrisa que le
ofrece al mundo, pero entonces lo vi, vi algo que no debía ver...Y entonces pasó.

Yo no quise obsesionarme de él, no pedí obsesionarme con querer ver de nuevo esa parte de
él que solo yo conozco.

No vi venir la intensidad de mis sentimientos, pero pasó. Sin siquiera darme cuenta y cuando
lo hice ya era demasiado tarde para mí, lo intenté todo para poder verlo pero él solo era eso,
indiferente.

Aiden Wolf es un demonio que se esconde tras esa personalidad falsa de un


caballero.

Es indiferente, frío, violento y de alma salvaje.

Sabe fingir, demasiado bien, por eso nadie se da cuenta, nadie ve detrás de la máscara y esa
máscara tiene una grieta, yo.

Debí huir, tuve que hacerlo cuando pude, tuve que darme cuenta de dónde me metí, tuve que
correr antes de que el demonio me atrapara.

Aiden

Ella jamás debió acercarse, jamás debió ver eso. Ella es todo de lo que busco huir.

Es una bomba de color lila con demasiada personalidad, es demasiado alegre, simplemente
rara. Una anomalía personificada.

Nunca quise que conociera al monstruo, de todos ella es la única que no debió ver ese lado.
No porque tema que le asuste todo lo contrario, porque pasó lo que temía, ella se obsesionó.

Intenté alejarla, le advertí que se fuera, le puse todas las banderas rojas frente a sus ojos pero

es ella, es Lilith Müller y el rojo lo transforma en ese lila que tanto le


fascina.
Ahora está jodida, creyó que sería divertido jugar en un juego del que ella no es dueña, creyó
que podía estar preparada para ver todo. No lo está y me aseguraré de mostrárselo.

Logró su cometido, logró obsesionarme con su apariencia de Diosa y mentalidad de Diablo.


Ahora tomaré todo de ella y lo que Aiden Wolf quiere lo obtiene.

Ten cuidado Diosa, el demonio te atrapará.


PARA TODAS AQUELLAS QUE EN ALGÚN
MOMENTO SE OBSESIONARON DEL VILLANO.
¡Hola! Bienvenidx a la saga Heirs of Demons.
Antes de que empiecen a leer, necesito explicar y dejar en claro las advertencias:

Si no has leído mis libros antes, posiblemente no sepas lo que escribo, mis historias pueden
considerarse engañosas y cuestionables.

Mis personajes principales y mis libros no son para todo tipo de persona que tenga una
mentalidad débil o gustos vainilla.

Aiden Wolf, el protagonista de este libro es un sociópata, el villano de la historia. La mayoría


de cosas que hace o dice son cuestionables, si no te gusta simplemente sal de aquí.

• 📌 Importante saber que NO Promuevo las acciones de los personajes. Habrá cosas basadas
en la realidad como otras completamente FICTICIAS, recordar que son personajes, no
personas reales.

• Contenido +21. Si eres sensible o no te gustan acciones como el BDSM (Bondage;


Disciplina y Dominación; Sumisión y Sadismo; y Masoquismo.) Este libro NO es para tí.

• Hay escenas de violencia tanto física como verbal que podrían resultar ofensivas.

• Puedes encontrar situaciones en las que no haya consentimiento, o que este sea algo
dudoso.

• Se podrían encontrar temas de abuso, violación, maltrato, tortura y asesinato. Tratados con
el mayor respeto posible.

• Respetar a los personajes como a mi persona, no sería la primera vez que lanzan
comentarios ofensivos. Cualquier comentario NO acorde lo eliminaré de inmediato.

• Está historia es únicamente de MI propiedad, si llegas a verla en otro lugar por favor
avísame.

⚠NO COMPARAR CON OTRAS HISTORIAS, ESTE ES MI ESFUERZO Y MI


IMAGINACIÓN⚠

Sin más que decir creo que usted debería conocer cuáles son los detonantes y sus propios
límites antes de seguir.
La saga de Heirs of Demons se encuentra dividida en dos universidades principales. Una de
mafiosos, narcotraficantes, asesinos, etc. La otra es de personas de la realeza.

Aclaro que NO es necesario aprendérselo es solo para saber quiénes aparecerán


constantemente en la historia.

Para entender mejor dejaré acá las divisiones entre ambas:

The Hellfire’s University


• Atlas Volkov/ Boss de la Bratva.

Padres: Aleska Müller y Alek Volkov.

• Aiden Wolf/ Ejecutor de la Bratva.

Padres: Liliana Hoffmann y Albert Wolf.

• Abalám Vasilev / Líder de la mafia griega.

Padres: Aleska Müller y Hades Vasilev.

•Uriel Müller / Mejor asesino.

Madre: Aleska Müller.

•Connor Dagach / Líder de la mafia árabe.

Padre: Mason Dagach.

• Jane Dagach / Heredera de la mafia Croata.

Padres: Mihail Dagach y Emma Lovric.

• Naim Dagach / Ejecutor de la mafia árabe.

Padre: Mihail Dagach.

• Aitana Lynch / Ejecutora de la mafia irlandesa.


Padres: Aleska Müller y Asher Lynch.

• Luzbel Lynch / Líder de la mafia irlandesa.

Padres: Aleska Müller y Ashton Lynch.

• Samael Lynch / Líder de la mafia irlandesa.

Padres: Aleska Müller y Ashton Lynch.

• Adriel Volkov / Vor de la Bratva.

Padres: Aleska Müller y Alek Volkov.

• Fabio Lombardi / Asesino.

Padres: Emmanuel Lombardi y Rosa Caruso.

• Jack Dagach / Asesino.

Padres: Mason Dagach y Diana Krüger.

• Adrienne Jung / Líder de la Yakuza.

Padres: Aleska Müller y King Jung.

• Daren Kane / Líder de la mafia española.

Padres: Aleska Müller y Axel Kane.

• Amber Ricci / Líder de la 'Ndrangheta.

Padres: Adrianno Ricci y Mila Allen.

The Golden Royalty University


• Lilith Müller / Dueña de la guarida.

Madre: Aleska Müller.

• Amira Moreau / Princesa de Francia / Líder de la mafia francesa.

Padres: Aleska Müller y Dean Moreau.

• Nikolay Novikov / Rey de Rusia.

Padres: Dasha Smirnov y Pavel Novikov.

• Azazel Lynch / Mejor pintor impresionista del siglo.


Padres: Aleska Müller y Asher Lynch.

• Alaia Al Capone / Capo de la Cosa Nostra / Agente General de la FMAE.

Padres: Aleska Müller y Aleixander Al Capone.

• Aradia Lovric / Heredera de la mafia Croata.

Padres: Aleska Müller y Ethan Lovric.

• Atenea Klein / Líder de la mafia alemana.

Padres: Aleska Müller y Death Klein.

• Heidi Meyer / Bailarina.

Padres: Jogen Meyer y Doris Schulz.

• Aysel Alves / Líder de la magia brasileña.

Padres: Aleska Müller y Theo Alves.

• Marcello Colombo / Líder de la Camorra / Rugby.

Padres: Olivia Müller y Luan Colombo.

• Joshua Fischer / Artista.

Padres: Liam Romanov y Hans Fischer.

• Alessandra Benedetti / Líder de la Sacra Corona Unita/ Artista.

Padres: Sasha Nazel y Fabrizio Benedetti.

• Elena Lenox / Bailarina.

Padres: Dexter Lenox y Annalise Harper.

• Elizabeth Clifford II / Princesa de Inglaterra.

Padres: Eleonor Benedict IV y Antuan Clifford II.

• Astrid Neville / Hija de ministros.

Padres: Johana Ariza y Alí Neville.

• Mia Smith / Hija de Agentes.

Padres: Noha Smith y Nera Steel.


Lilith

L
as peores y trágicas masacres suceden en el mar. Su amplitud y oscuridad
abarcan un sin fin de vidas que lo hacen colapsar.

Hay quienes dicen que el mar es vida, para mí se asemeja más a aquello que la
quita. Mar es sinónimo de cementerio, abarca lo mismo o quizá incluso más
vidas, la única diferencia es que el cementerio si las identifica, el mar no,
simplemente viajan por ahí entre huesos y cenizas.

Observo con una inquietante tranquilidad como las fuertes olas chocan entre sí y se
rompen a mis pies. El mar está embravecido, con toda razón, son las cuatro de la mañana.

En lugar de estar durmiendo en casa o alistándome para empezar mi nuevo semestre


mañana. « ¿Qué pasaría si me adentro un poco más? » Me convertiría en un cuerpo sin
reconocer, eso es seguro. Pero no vengo al mar por esa razón, no vengo con motivos suicidas,
vengo porque aquí es donde nacen los demonios.

En el día hay sonrisas, la gente finge, todos lo hacen. En la noche en cambio, los
demonios salen a la luz, bailan sin cesar disfrutando de la inmensa oscuridad.

Los de él no son la excepción, siempre está aquí, a la misma hora, cada noche, sin
falta. Desde hace doce años jamás ha faltado ni un solo día. Es el único momento en que
Aiden Wolf no es indiferente conmigo, el único momento en que me dirige una mirada
significativa y no esa típica indiferente.

Él nada más allá, se adentra en la abarcante oscuridad del océano mientras yo lo


observo, es una rutina sin fallos, cuando sale me dirige una extraña mirada, me acompaña en
silencio hasta mi casa y luego se va y a la mañana siguiente vuelve a ignorarme.

Debería marcharme, dar señales de que él no me importa, demostrar algo que es falso.
Largarme y dejar de venir. Pero no puedo, si lo hago nuestra única conexión se irá y todo se
va a joder.

Lo odio, odio tanto a Aiden, lo odio tanto como lo amo y es jodido, lo odio porque es
un maldito imbécil, no es mi culpa haber entrado en ese momento, tampoco tiene que ser una
completa mierda conmigo considerando que fui quién le salvó el culo.
Pero aún así me ignora, solo a mí, ¿debería sentirme especial por eso? Porque
definitivamente no lo hago. A todos les sonríe, les habla, los mira, a todos excepto a mí, mi
nombre y presencia en su vida es igual a una plasta de mierda en medio de la carretera,
molesta, fea y jodidamente insignificante.

Al carajo él y sus demonios indiferentes, estoy cansada de esperar por él y su


detestable e inexistente atención hacia mí.

Cruzo mi bata lila de seda sobre mi pijama blanco cuando el frío empieza a
apoderarse de mis huesos. Un conocido escalofrío me recorre y alzo la mirada para conectar
con el azul eléctrico e intenso de sus ojos. Los he observado por tanto tiempo que podría
hacer miles de dibujos sobre ellos si me gustara pintar.

Lastimosamente aunque estudie en The Golden Royalty University, odio el arte, lo


que es un insulto hacia los reglamentos de la universidad y hacia los pensamientos
aristócratas de la isla.

Vivo alejada de todo el mundo en una isla a los bordes de Reino Unido, una isla que
es literalmente un país sin definir y de la cuál mi madre es dueña. Además de que mis padres
son los dueños de ambas universidades, por eso no pueden decirme nada.

Jamás me imaginé estudiando en The Golden Royalty, jamás creí que iría a la escuela
de la realeza, pensé que iría a The Hellfire' s U'S, pero como siempre mi vida dió un giro de
noventa grados.

Cuando mi hermano mayor, Atlas y yo, tuvimos esa discusión, todo cambió, mis
planes de ir a The Hellfire' s U'S se fueron por la borda, mi relación con mi hermano también
lo hizo, ahora está en el puesto número uno de mi lista negra y yo estoy en la suya. Somos
algo como enemigos...

Sin embargo aquí estoy, con su mejor amigo, me encantaría ver la cara de Atlas si
supiera esto. Sería una buena venganza, pero entonces no podría observar a Aiden y
considerando que es el único momento en que puedo verlo ya que el resto del día está en su
universidad y yo en la mía no pienso arruinarlo.

Por el momento Atlas se puede ir a la grandísima mierda. Tengo mejores asuntos que
tratar... solo por ahora.

La luz de la luna plateada que se cierne en el oscuro cielo ilumina los rasgos de su piel
blanca. Sus músculos se ondean, su cabello gotea y sus labios están entreabiertos dándole un
aspecto majestuoso.

Mi cabello negro con mechas blancas pronunciadas ondea con el violento viento.
Odio mi cabello, no tanto como lo hago con mis ojos pero lo odio de todos modos, lo odio
porque me recuerda a él, a mi padre biológico...no pensaré en eso ahora.

Mi visión se nubla por el cabello y debo levantar mi mano para apartarlo y ponerlo
detrás de mi oreja. Lamo mis labios con nerviosismo a medida que la distancia entre ambos
se va acortando.
Mis sandalias lila se entierran en la arena mojada cuando doy un paso, solo uno
mojando mis pies en el proceso cuando la ola impacta en ellos.

Él odia que le hable, creo que le recuerda a ese momento, pero estoy cansada de que
me ignore, podría empezar a usarlo como la almohada a la que le cuentas tus problemas y
jamás responde. Cumplen la misma función, son fríos, no responden, indiferentes y te dejan
con más preguntas de las que tenías.

Más pasos le siguen al primero, como si su simple presencia atrajera a la mía como el
imán al metal. Estoy hipnotizada lo cual es idiota de mi parte porque ahora estoy muy alejada
de la orilla y el agua fría me llega hasta la cadera.

Avanzo hasta que estamos frente a frente, mi cara está un poco más abajo de sus
pectorales. Considerando mis 1.55cm con sus 1.99 es lo justo.

Y no, definitivamente no responderé como sé su altura, simplemente sé todo de él. Es


el mejor amigo de mi hermano desde que ambos tenían cinco, pasé más tiempo con Aiden
que con cualquier otro niño o niña.

Su mirada está en blanco, vacía, cómo siempre que estoy yo, pero tiene ese ceño
fruncido cómo cada vez que algo no le gusta. Odia que me acerque, pero ya qué, acabo de
tomar la decisión de que será mi almohada personal.

—No quiero empezar el nuevo semestre—susurro mis pensamientos recientes.

No quiero sólo porque es aburrido, me da pereza, eso y porque no veré a mi familia


por unos largos meses de nuevo.

Una de sus perfectas y pobladas cejas se levanta y esa es toda la comunicación que
tengo de él. No puedo evitar soltar una suave risa que solo incrementa su ceño fruncido.

—Lo siento es que...eres tan imbécil, no puedo creer que no puedas responder a una simple
conversación.

Pienso que volverá a ignorarme, como siempre porque de hecho sería extraño si él me
contesta, sería como ver a un alienígena sobre un unicornio volando en el atardecer. Exacto,
imposible. Pero entonces me sobresalto cuando su grave voz inunda el aire:

—Deberías aceptar la indirecta, cuando alguien te ignora es porque te quiere lejos.

Bueno, vaya, él me habló. Punto para Lilith. Claro que lo que dijo no fue nada bonito
pero por algo se empieza ¿no?

—Tomaré eso cómo un "gracias por acompañarme cada madrugada mientras nado como un
completo psicópata en el fondo del océano" y responderé con un de nada, Aiden, siempre a la
orden.

Pasa de largo volviéndome a ignorar y dejándome atrás. «Capullo» Doy vuelta


dispuesta a seguirlo, entré demasiado hondo al océano.
Me percato de eso muy tarde y un tenebroso escalofrío me recorre. Las olas están
fuertes. Eso me impulsa a empezar a volver pero entonces mi pie choca con algo y siento el
alma abandonar mi cuerpo. «Que no sea un animal, por favor».

Bajo la mirada lo cual es inútil porque está completamente oscuro y entonces en un


segundo estoy allí, buscando que sentí y al otro estoy completamente dentro del agua.

La ola que me atrapó me lleva consigo y trato de salir mientras la desesperación me


invade «No sé nadar» Mis padres intentaron enseñarme y jamás lo logré.

Mis oídos se tapan, mi cabeza pita, el agua entra por mi nariz en mis intentos por
respirar y mi vista está negra por la oscuridad del océano.

Unas inmensas ganas de llorar me invaden, no puedo dejar a mamá, a mis padres, a
mis hermanos, simplemente no puedo hacerlo.

Mis manos y pies se mueven con desesperación tratando de salir y mi espalda choca
con una roca que me saca el aire «Voy a morir» Seré otro de esos cuerpos sin identificar en el
mar.

El poco aire me abandona mientras mis ojos están abiertos y perdiendo la capacidad
de poder observar la negrura a mí alrededor. «Voy a...

Una mano fuerte y grande envuelve mi muñeca y me impulsa hacia arriba sacando la
mitad de mi cuerpo del agua.

— ¡Lilith! Mierda, ¿puedes oírme? Vamos Diosa, no puedes morir.

La voz suena lejana, mis pulmones queman con toda el agua que entró, mis ojos están
cerrados ahora, mis oídos pitan al igual que mi cabeza con la cantidad excesiva de agua que
tragué.

— ¡Lilith! Joder, despierta.

¿Aiden? Creo que definitivamente ya estoy muerta. Vaya mierda de vida, hasta en la
muerte aparece él, que desgracia.

No siento absolutamente nada por largos segundos o minutos que parecen eternos
hasta que un deje de aire entra a mis pulmones. El agua se atasca en mi garganta y una
terrible tos me invade.

Mis ojos se abren dejándome enfocar esa cabellera naranja que gotea el agua sobre
mí. Aiden me da la vuelta y toso toda el agua que tragué quemando todo mi interior.

Mis manos se enganchan en sus duros bíceps tonificados, creo que en serio acabo de
morir. Mis ojos vuelan a los suyos que por primera vez en doce años no me miran con
indiferencia, me miran como esa vez que me salvó de un ataque de pánico, me miran con
preocupación como si haber visto cómo me ahogaba realmente le importara. Definitivamente
me morí.
Mi mano cambia de dirección y va hasta su mejilla suave. Sus ojos aún no cambian,
siguen teniendo la misma expresión, supongo que ahora que estoy muerta podría hacer lo que
quisiera ¿no? Incluso...

Antes de poder procesarlo junto mis labios con los de él, son suaves, tal como lo
imaginé, se queda quieto por unos largos segundos y yo también. Lo estoy besando...En el
más allá pero lo estoy haciendo.

No me lo creo por un momento pero entonces el aire recién recolectado se corta de


nuevo de mis pulmones cuando su gran mano viaja hasta mi garganta y se ancla como un
collar...o una soga, una soga muy apretada.

Aumenta su fuerza hasta un punto en el que creo que me romperá el cuello en dos...no
estoy muerta, si lo estuviera no podría sentir el dolor. Lo que hice me cae como un balde de
agua helada, mis ojos se abren de par en par observando los suyos pero no puedo identificar
la emoción en ellos.

Intento descifrarla pero mis intentos se esfuman cuando él es quien pega sus labios a
los míos, no es un beso suave ni delicado como el que yo le dí hace unos segundos, para
nada, es un beso de muerte y digo literalmente porque su lengua viaja hasta mi garganta
estrangulada cortándome todo el paso del aire.

Mis ojos están desorbitados y mis uñas largas se clavan en sus anchos hombros
tratando de darle una señal para que me deje respirar. No lo hace, y yo no puedo evitar
perderme en la suavidad de sus labios, en como su lengua explora cada centímetro de la mía,
en su rico sabor a menta y en su olor natural y cítrico.

Irónico que en lo único que pueda pensar estando al borde de la muerte sea lo mismo
que me está llevando a ella. Y por alguna razón eso no me asusta, más bien deja una extraña
emoción en mi interior.

Mis ojos se nublan por las lágrimas, mi cabello mojado se pega a ambos lados de mí
cara, noto la asquerosa y pegostosa arena en mi piel, la bata tuvo que haberse ido hace un
largo tiempo cuando intentaba salir del mar.

A través de mis lágrimas lo único que puedo ver me deja pasmada, un escalofrío
espeluznante me recorre y todo se frena, el tiempo, el viento, todo.

Todo se esfuma porque lo que estoy viendo me deja atemorizada, jamás ví esa
expresión en él, y justo ahora prefiero que siga teniendo esa mirada vacía y en blanco.

Sus ojos están vacíos, el azul intenso de sus ojos está oscuro, sin brillo, pero lo que me
aterra es que sobre ese vacío ya no hay una capa de indiferencia, ahora hay una capa de
sadismo. Sería un gran descubrimiento para mí si esa emoción no estuviera reflejada en el
momento en que me está asfixiando.

Sus demonios por fin salieron, está ocurriendo lo que siempre quise pero...no quería
que fuera así, definitivamente esto no estaba en mis planes.
Lo que realmente me sorprende es que aún no me haya matado, si quisiera ya lo
hubiera hecho, después de todo es el ejecutor de la Bratva. Pudo dejarme ahogarme en el mar
e incluso ya pudo romper mi cuello y aún así a pesar de tener un agarre fuerte en él sus ojos
tienen un mínimo brillo de preocupación y confusión. Cómo si matarme fuera algo realmente
malo para él.

Me fijo en lo único que puedo ahora, su rostro. Su rostro simétrico, sus pestañas
largas, sus cejas pobladas, el suave rocío de pecas sobre sus mejillas y el tabique de su nariz
perfecta, su mandíbula afilada, es tan perfecto que duele verlo. Es una trampa, una que vez y
piensas que es lindo y perfecto un chico de ensueño, el príncipe del cuento.

Eso hasta que conoces a su demonio, hasta que te das cuenta que es el villano que
mata a todo a su paso. Su mano estirada sosteniendo mi cuello es la prueba de ello,
sosteniendo no, ahorcándome. ¿Por qué no me ha matado aún? No quiero morir pero si hay
algo que hace reconocer al ejecutor es que no da segundas oportunidades.

Sus músculos sobresalen al igual que sus venas por el esfuerzo, no parece para nada
cansado, ni preocupado, no como yo que estuve al borde de la muerte y que estoy de nuevo
allí, todo en cuestión de minutos, quizá una hora.

El luce tranquilo, como si estuviera en casa en medio de la calefacción un día normal


aún cuando su torso está desnudo y lleva unos shorts mojados, mientras yo estoy tiritando
usando nada más que una camiseta corta y unos shorts de pijama.

Es tan deprimente que esperé largos años para obtener una sola reacción de su parte, y
ahora en el único momento que su máscara cae y sus ojos obtienen emoción es cuando me
está ahorcando.

—No debiste hacer eso.

Solo me recuerda lo que ya sé, su voz profundamente gruesa está cubierta con un deje
de diversión poco propio de él que me tiene temblando cómo un venadito en medio de un
bosque lleno de cazadores. Quizá eso sea para él, una presa a la que debe exterminar o con la
que debe jugar, quién sabe.

Sus palabras vibran cobrando sentido a nuestro alrededor ondeando cómo una triste
advertencia, como ese dulce que te ofrecen en la calle y que sabes que no debes tomarlo pero
aún así lo haces por cortesía.

Mis años de entrenamiento regresan volando y trato de regular mi respiración


acelerada y de soltar todo mi peso en su mano pero solo siento que me asfixia más fuerte,
como si el hecho de que intentara salvar mi vida lo enfureciera.

Retiro lo dicho, me arrepiento, no quiero conocer a su demonio si es así, no al borde


de la muerte joder. Pero el universo parece estar diciendo "bueno, te jodiste, tú lo pediste y no
especificaste" y tiene toda la jodida razón.

—Te dije una y otra vez que no te metieras, Lilith, te alejé de mí, ¿por qué tenías que meter
tu maldita presencia en mi vida a la fuerza?
Eso suena a desprecio pero su tono tiene también algo más, quizá resignación,
preocupación, no lo logro identificar bien porque sus ojos me tienen enganchada. No puedo
dejar de ver la pesadilla que se desarrolla en ellos, mi pesadilla.

Aprieta más su agarre y cómo puedo niego con la cabeza.

— ¿No?—ladea su cabeza.

Mis labios se entreabren soltando jadeos entrecortados en busca de aire,


probablemente parezca un puto pez fuera del agua.

Suelta un poco su agarre dejándome respirar tan solo un poco, un pequeño hilo que
me recuerda que si digo algo erróneo mi vida acabará.

—Aiden, por favor...suéltame, te prometo...que te dejaré en paz—jadeo en respiraciones


ahogadas y entrecortadas.

El temor me come las entrañas en mordidas lentas y despiadadas, combinándolo con


el frío y sombrío ambiente.

— ¿En serio? ¿De verdad lo harás?—habla con tranquilidad mientras vuelve a presionar no
tan fuerte está vez—. No creo que después de unos largos dieciséis años al fin me dejes en
paz.

Asiento lo más que puedo. Joder, juro que no volveré a meterme en su asqueroso
camino de muerte.

Admito que al inicio tenía una inmensa curiosidad por él, por ver de nuevo al demonio
de esa oscura noche. Pero no quería que el demonio viniera contra mí.

Mi obsesión por Aiden no va a calmarse, pero buscaré mejores maneras de hacerlo


funcionar, buscaré la forma de observarlos sin que me vea allí...o tal vez deba alejarme por
completo de él.

Quizás deba usar mis dotes de manipulación con Aiden y dejar de darle mi atención
para que regrese a buscarla, pero si no le interesó entonces ¿por qué volvería?...

—Lo... haré—aseguro.

Es lo mejor, aunque probablemente pueda colapsar si no lo veo o si lo veo con


otra...eso jamás pasará, ni ahora ni nunca, pero si pasa entonces...

—No, no lo harás.

¿Qué? ¿Escuchó mis pensamientos o algo así? Eso sería demasiado extraño.

—No lo harás porque ya lo cagaste todo, lo que harás será vivir en un nuevo apartamento,
pasar tu vida en la universidad y esconderte de mí, ¿Entiendes?
No respondo a eso, no solo porque está apretando tan fuerte que veo negro sino
porque no hay respuesta a eso. Tengo una terrible confusión por sus palabras.

—No quieres saber qué pasará si te llego a ver cerca Lilith. Esto no es un puto juego y tú ya
no eres una estúpida mocosa. Mantén. Tú. Presencia. Lejos.

Mi pecho arde por la falta de oxígeno y sus palabras calan con fuerza en mi cerebro
mientras se procesan con lentitud.

—De todo lo que pudiste hacer tenías que poner tus manos sobre mí, fué un terrible error.

No lo veo pero si lo siento, siento sus labios recorriendo mi mejilla, siento su mano en
mi cuello, siento su respiración en mi oído, su peso sobre el mío. Y siento un extraño
cosquilleo en mi abdomen, uno que no debería estar.

— ¿Consideraste alguna vez lo peligroso que es atraer a un demonio?

No. No lo hice. ¿Por qué debería temerle cuando se llevaría bien con los míos? El
cosquilleo en mi vientre solo lo asegura, no estamos muy alejados.

Pero mis demonios quieren algo diferente a los suyos, los míos lo quieren a él, a su
amor, los de él quieren mi vida, quieren poseerme y adorarme de una forma despiadada.

Es tarde, sé lo que acabo de hacer, atraje a su lado oscuro, atraje al verdadero Aiden
Wolf, y sé lo que pasará, lo sé más que nadie porque fué exactamente lo que me pasó cuando
lo ví a él en esa situación.

Necesito salir de su radar.

Alejarme de sus demonios y de su muerte.

Necesito volver a traer su indiferencia.

Sus labios suaves recorren toda la piel expuesta de mi cuello, justo encima de su
mano, en mi pobre punto de pulso que está perdiendo fuerza. Su húmeda lengua lame el
tramo expuesto antes de morder con una sutil fuerza y succionar.

—Jodidas lavandas—jadea con su voz ronca tres tonos más enronquecida.

Estoy jodida. Demasiado jodida, especialmente porque no debería parecerme atractivo


eso, porque debería estar buscando la forma de negociar para salir de esto.

Sin embargo lo único que siento es una vergonzosa humedad en mi fino tanga lila.
Estoy mal de la cabeza si esto me gusta. Demasiado mal, ¿por qué me gustaría que esté
enfermo me tenga al borde de la muerte? Bueno eso es simple, porque me gusta Aiden y todo
lo que haga luce bien para mí.

Probablemente si otro inútil lo hiciera hubiera encontrado la manera de apartarlo y ya


estaría muerto, pero con Aiden nada es lo que espero, cuando creo que lo tengo entonces me
recuerda que siempre va tres pasos antes que yo. Que él tiene el control, no yo, siempre él.
Mis uñas se clavan en su antebrazo arañando con una fuerza feroz que incluso rompe
una de mis uñas, siento la humedad de su sangre empapando mis dedos pero él no muestra
signos de dolor y eso me pone a temblar.

Pero nada es tan escalofriante como la risa que suelta sobre mi cuello. Es fría, gélida,
sin vida, es como la risa de un maníaco en un psiquiátrico, escalofriante y tétrica.

—No te recomiendo que hagas eso.

No paso desapercibido tampoco el tono que usa, es un tono provocativo y seductor,


como si en verdad le gustará que lo haga sangrar «Está loco» Y lo más probable es que yo
también por estar disfrutando de crear más que una reacción indiferente en él.

—Aiden, suéltame...—mi voz sale en un hilo.

—Mmm, déjame pensarlo...—guarda silencio por unos tortuosos segundos—. No.

—Aiden...por favor...

—Un favor, excelente propuesta, te soltaré si me debes algo, lo que yo quiera, un trato justo
¿no crees?

Si claro, mi vida por un favor, súper justo.

Deberle un favor a Aiden es peor que deberle un favor a Uriel, uno de mis hermanos
menores. Es como deberle un favor al jodido Diablo, ese favor podría contar como un pase
directo al infierno sin límite, podría pedir una muerte, una flor... o incluso tu propia vida.

A diferencia de mi temor él parece disfrutar la situación, cómo si haberlo besado fuera


lo que necesitaba para volver del infierno, como si besarlo hubiera reavivado las llamas que
eran cenizas. Y eso me asusta, me asusta porque jamás esperé que él tuviera una reacción más
allá de la indiferencia sobre mí.

Es Aiden Wolf, amable con todos menos conmigo, una fachada. Pero yo acabo de
destapar esa fachada. Y todo está mal con eso.

Su respiración invade mis oídos hasta que es lo único que puedo escuchar, está
tranquilo, cómo si no tuviera mi vida a un solo apretón.

Si mamá viera la posición en la que estoy probablemente me mandaría a la mierda.


Fuí criada a base de entrenamientos, artes marciales, prácticas de tiro. Son cosas necesarias
cuando tú madre es la mejor asesina del mundo, la reina del bajo mundo, y tus once padres
son los peores mafiosos que alguna vez han existido.

No solo yo fuí criada así, todos mis hermanos también lo hacen, digamos que tengo
una familia numerosa, once padres, mamá y mis quince hermanos, catorce si tenemos en
cuenta que Atlas es adoptivo y que para mí ya no es familia.
Sé defenderme, no soy la mejor pero soy buena en lo que hago, he ganado muchas
peleas a muerte en la guarida, un lugar de peleas clandestinas distribuido por todo el mundo
del cuál soy dueña.

Y a pesar de todo eso estoy aquí siendo ahorcada por el que alguna vez soñé que sería
mi esposo. Y no estoy asustada, eso es lo peor de todo, reconozco ese cosquilleo y es
exactamente lo contrario a susto. Pero no lo estoy porque sé muy en el fondo más allá de los
nervios que no me matará, si quisiera hacerlo lo hubiera hecho hace mucho tiempo.

Esto es solo el empujón que él necesitaba para regresar, lo que siempre esperé. Y está
siendo muy divertido porque estoy viendo en primera plana lo que puede ser el inicio de una
obsesión de él hacia mí.

Mi nombre simboliza a la Diosa del Infierno, Lilith, mi labor es usar mi apariencia de


Diosa como un gancho para salvarme de la situación mientras trabajo en mis grandes
habilidades de manipulación.

Pero eso es imposible cuando no tengo ni una pizca de aire y tengo a un hombre con
apariencia de Dios pero con interior de demonio excesivamente atractivo casos sobre mí.

He dejado de luchar hace unos cuantos minutos, no porque me haya rendido, es más
porque sé que si hago un mal movimiento mi cuello va a crujir y me iré a visitar a Lucifer
más pronto de lo que debería. Aunque él no quiera matarme si yo hago un movimiento en
falso como mover mi cabeza accidentalmente la podría romper.

—Sigo esperando una respuesta—muerde mi mejilla.

Mi cuerpo está temblando como un animalillo asustadizo. Maldición no puedo deberle


algo a este hombre.

Mi vida o un favor al diablo.

Sin más opción asiento cómo puedo, él afloja su agarre y suelto una respiración
desesperada que debe sonar como la de una loca o la de un animal que ha corrido por horas.

—Dilo con palabras—demanda.

Dudo, de veras lo hago, pero su mano sigue en mi cuello, no aprieta pero es una
advertencia no de muerte, no, de algo mucho peor.

—Acepto el trato.

Esas palabras son las que marcan mi fin, lo sé, lo siento en el ambiente. Pero lo que
me lo confirma es la sádica sonrisa ladeada que se forma en sus labios.

Su mano no suelta mi cuello y empiezo a temer de mi respuesta, de la firma de mi


destino. Sin embargo ese temor se convierte en nerviosismo cuando su otra mano viaja hasta
mi cabello y toma uno de mis mechones blancos. Lo hace con suavidad, casi con delicadeza.

Mi corazón que creí muerto está retumbando en el aire con sus latidos desbocados.
Esa caricia a pesar de parecer gentil es aterradora, es como un aviso, de que ahora me
tiene en sus hilos de títere porque le debo cualquier mierda.

Sus ojos quedan a centímetros de los míos cuando la mano en mi cuello vuelve a
presionar sutilmente «No» Intento negar o quitar su mano pero es imposible.

Siento como caigo en un precipicio negro sin consideración, como todo se fue a la
mierda. Y creo que ahora cuestiono mi decisión.

La oscuridad en sus ojos no es más que la advertencia de peligro, del peligro que se
avecina. Del pacto que acabo de firmar. Y ahí está de nuevo, ese brillo de disfrute sádico y
por fin puedo descifrar el otro sentimiento, aquel que no es lo que esperaba adoración y
admiración. Dos sentimientos que no están relacionados con Aiden.

—Acabas de cavar tu tumba, Diosa.

Mi cuerpo se siente muy cansado, el ahogamiento de hace una hora combinado con el
ahorcamiento tiene a mis ojos cerrándose aunque me niegue a desmayarme.

—Descansa, Lilith.

Esas dos palabras son suficientes para que mis ojos se cierren y sienta como si cuerpo
flotara y entonces siento algo, algo que creo que es mi imaginación porque Aiden jamás
besaría mi frente ¿Verdad?
Lilith

F
ue un sueño, no, no un sueño, una terrible pesadilla.

Esos fueron los pensamientos que tuve apenas me levanté en mi cama,


con mi pijama blanco y mi bata lila intacta.

No hay señales de que lo que sea que haya pasado anoche haya sido real.

Eso debería alegrarme demasiado, en realidad, porque bueno, no le


debería absolutamente nada a Aiden.

Pero no lo hace porque entonces toda la emoción nueva que ví en sus ojos significaría
que no fué real, pero hay algo...hay algo que me dice que lo que pasé fue muy real. O al
menos así lo sentí. Tengo la manera de averiguar si fue real o no, la única forma es
preguntarle a Uriel, mi hermano de 17 años y quién va iniciar la universidad hoy.

Uriel es el jodido Rey de la Oscuridad, o demonio preferiblemente. Vive en las


sombras porque no puede exponerse a la luz sin sus gafas térmicas y oscuras. De pequeño
pasó por un accidente y sus ojos se dañaron, si pasa mucho tiempo en la luz podría quedarse
ciego para siempre. Por eso vive en la oscuridad.

Incluso lo hará en The Hellfire' s U'S, nuestros padres construyeron un salón acoplado
para él, se puede relacionar con más estudiantes a la hora de comer y luego regresará a ver
sus clases en su averno oscuro.

Él lo sabe todo, estoy segura de que de algún modo sabrá lo que sea que haya pasado
anoche. Pero si le pregunto entonces le deberé un favor, no me malinterpreten pero no estoy
dispuesta a que sí lo de anoche fue real tenga que deber dos favores a dos demonios. Eso es
francamente suicida.

Suspiro mientras tomo mi maleta lila que uso para vacacionar en la mansión. Adiós
vacaciones, hola estrés.

Me doy una ducha rápida para no perder más tiempo del que debería en este lugar.
Arreglo mi cabello en bonitas ondas y me pongo un lindo vestido veraniego algo corto de
obviamente color lila. Creo que ya sabemos que ese es mi color favorito. La gente
usualmente confunde el violeta con lila, es claro que no es lo mismo, odio el violeta.
Lo sé, no soy la persona más normal que existe, siempre lo supe, soy rara en un nivel
catalogado por la sociedad. Amo las galletas de café pero prefiero el té negro con leche a las
cinco de la tarde, me gusta la Coca-Cola de cereza, mi helado favorito es el de mango o en su
defecto vainilla, mi fruta favorita son las uvas y mi flor preferida es la lavanda. De la cual
están hechos todos mis perfumes.

Un escalofrío me recorre cuando esa voz llega a mi cerebro sonando demasiado


realista "Jodidas lavandas". Niego con la cabeza espantando todo pensamiento referente a lo
que creo que pasó anoche.

Mi celular vibra con los mensajes del chat familiar, es una locura total, no sé por qué
ni en qué momento a mamá se le ocurrió que sería una buena idea hacer un chat familiar con
veintisiete personas.

Uriel: Lilith, cómo no muevas tu culo lila hasta el auto ahora me iré sin tí.

Mamá: Vocabulario, Uriel, vocabulario.

Abalám: ¿Cuándo se largan? Están interrumpiendo mis planes de tener la atención de mamá
solamente en mí.

Ese es Abalám, tiene 16 y es un dolor de ovarios. Es el karma de la familia, más


manipulador y engañoso que mamá, incluso más que yo. Hay que andar con cuidado a su
alrededor.

Especialmente porque Abalám no siente, no tiene apego con absolutamente nadie más
que con él mismo. Creo que le daría exactamente igual si nos matan a alguno de nosotros.

Lilith: Creo que quedó comprobado hace siglos que yo soy la favorita, tontos.

Adrienne: ¿Alguna vez se callan?

*Adrienne ha abandonado el chat grupal*

Mamá: Ya vez @KingJung salió igual de mierda que tú. Habla con tú hijo.

King: Ajá.

Oh, oh, pelea asegurada. Silencio de inmediato el grupo y me dirijo al chat con mi
mejor amigo. Joshua Fischer es todo lo que está bien en este mundo retorcido. Es el hijo del
tío Liam, el mejor amigo de mamá y el guardaespaldas de papá Alek, y también es hijo de
Hans, mi tío favorito por siempre y mi ángel protector desde que murió de la forma más
trágica que existe.

Joshua: Oye, ¿qué crees que pueda pasar si me pinto el cabello de azul?

Lilith: Probablemente te quedes calvo y pierdas el cabello castaño miel que tanto presumes.

Joshua: Eres una auténtica perra, siempre arruinas mi diversión.


Lilith: ¿Qué diversión? Inútil, lo único que cuenta como divertido es cuando te tropiezas
como torpe...es decir siempre.

Joshua: JA JA, que risa. Búrlate, que cuando te pase lo mismo lo publicaré en mi cuenta de
IG, incluso creo que crearé miles de cuentas falsas para hacerlo viral.

Lilith: Eso no pasará ni en tus sueños más húmedos, Josh.

Joshua: Ya cállate y mueve el culo, estoy aburrido al lado de toda esta población inculta sin
habilidad artística...ah mira, cómo tú. 💋

Será idiota, tomo mi maleta y salgo de mi habitación mientras tomo el ascensor. Si


bueno, digamos que mis padres se tomaron el concepto de castillo/mansión muy literal,
después del segundo embarazo de mamá, el de mi bella Amira, decidieron poner ascensores
en la casa y así sería muchísimo más cómodo para ella.

Mientras marco el último piso tecleo un mensaje de vuelta.

Lilith: Define artista, yo diría más una bomba de color y figuras sin sentido.

Joshua: ¡Se llama arte abstracto! Uno de los mejores estilos de las vanguardias. Y los
mejores pintores también, Malévich, Klee, Kandinsky.

Lilith: Todas las obras de ellos son una mierda.

Joshua: Retráctate, perra.

No contesto a eso, en mi defensa son solo unos cuadros o piezas geométricas sin
sentido ubicadas en un cuadro y solo por eso pagan millones.

Creo que la gente no tiene un concepto claro de en qué gastar su dinero.

Si fueran cuadros como los de papá Ashton pagaría toda mi fortuna, especialmente
porque retrata a mamá de todas las formas posibles y es tan realista que a veces creo que
mamá saldrá del cuadro. Es impresionante.

Para mala suerte de papá solo Azazel, Aradia y los gemelos salieron con habilidades
de pintura. Azazel es hijo de papá Asher, y es el mellizo de la loca de Aitana, digo loca
porque jodidamente lo está, Aitana y Luzbel (uno de los gemelos) definitivamente tomaron
toda la locura de la familia.

Ambos tienen zafados todos los tornillos, están mal como demasiado mal. Sin
embargo a pesar de que Aitana sea una loca su mellizo es sensato y perfecto, claro que debe
tener sus demonios porque todos en esta familia los tenemos pero si tiene un demonio es el de
la perfección.

Él tiene el lado justo de su padre Asher, mientras que Aitana el lado psicópata.
Pero de igual forma creo que la más alejada de tener un demonio es Alaia, la hija de
Aleixander, lo cual es extraño considerando que él es un hijo de puta total, lo amo, pero es la
verdad. Tiene un ego que abarca a toda la galaxia.

Aún así Alaia tiene un complejo de niña buena que cree fielmente en que su vida
puede basarse en ser una violinista y bailarina de ballet profesional. Estúpido si me lo
preguntas ya que en unos años será Capo de la Cosa Nostra.

Las puertas del ascensor se abren y salgo con mi maleta pasando por la cocina. No
pienso irme hasta despedirme de todos mis padres claro está.

— ¡Diablilla! Te hice tu desayuno especial.

Sonrió tomando el exquisito desayuno de papá Dean. Él es lo máximo, es una bomba


de humor y diversión extrema que ama la cocina y tiene los restaurantes más prestigiosos del
planeta.

—Gracias papá, te voy a extrañar muchísimo—lo abrazo.

Él acaricia mi cabello y me estruja en un abrazo que pudo sacarme fácilmente un


pulmón.

— ¡Li! No puedo creer que me vas a abandonar en esta casa de psicópatas—Amira hace una
mueca y debo evitar reír.

Ella es la hija de Dean, y también mi mejor amiga a pesar de tener quince años.

—Lo siento, ve el lado positivo en dos años estarás en The Golden Royalty.

Ella tiene la obligación de ir como la princesa de Francia. Si, resulta que papá Dean a
pesar de ser un desalmado es el actual rey de Francia y mi madre la reina.

—Solo por eso vivo.

— ¡Lilith! ¡Hablo en serio, me iré y te dejaré aquí!—el grito de Uriel resuena por toda la
mansión.

Idiota.

—Yo que tú ya estaría corriendo, los demás están afuera—papá Dean me da un último abrazo
antes de dejarme ir.

Salgo corriendo sosteniendo mi maleta justo a tiempo para que Uriel casi me deje
varada. Pequeña mierdecilla.

—Yo te ayudo.

Mis labios se extienden en una gran sonrisa. Es cierto que amo a todos mis padres,
pero siempre tuve esa conexión especial con Hades, creo que es más porque fue quien me
ayudó a salir de ese pozo de oscuridad en dónde estaba y me mostró que la vida tiene color.
Él es el padre de Abalám, pero a diferencia de su hijo él es tranquilo y vela únicamente por la
seguridad de mamá, no tiene sentimientos por nada más que no sea ella...y yo.

A pesar de que no veo la hora de huir de mí desastrosa familia me siento mal por
dejarlos. Una vez que vives en el desastre te acostumbras a eso y dejarlos ahora suena como
algo difícil.

Pero entonces recuerdo el sueño de anoche y quiero salir como alma que lleva al
diablo de aquí.

Papá Hades me ayuda a subir la maleta al auto sin poner ni un poco de esfuerzo y
luego me da una pequeña sonrisa. Sus ojos van detrás de mí, su mirada se ilumina y su
sonrisa se ensancha por completo.

El rico olor a jazmín invade mis fosas nasales y una gran sonrisa abarca mis labios.
Mamá.

Volteo con la rapidez de un rayo y ahí está ella, Aleixander tiene su mano apoyada en
la cintura de mamá y le está diciendo algo que la hace sonrojar y meterle un pellizco.

Una sonrisa se extiende por mis labios, es algo que no puedo evitar cada vez que
mamá está con alguno de mis padres. Es sorprendente el nivel de amor que se tienen y la
conexión que hay cada vez que están juntos.

Si hay algo que anhelo en la vida es tener un amor como el de ellos, claro que el mío
será exclusivo, viviendo con mamá y mis padres me he dado cuenta de que tener varios
hombres solo para tí es un dolor de cabeza total. Aprendí la lección, uno solo me basta.

Eso no significa que aprecie ver a mamá y a mis padres. Soy como ella, una mini
copia como le gusta llamarme.

Amo a mi madre, es la persona más sorprendente que puede existir y mi mayor


ejemplo a seguir. Es fuerte, poderosa y demasiado bella. Su largo cabello blanco brillante cae
a ambos lados de su cara con unas suaves mechas moradas y azules. Ambos colores que son
prominentes en sus ojos que usualmente tienen una mirada fuerte pero que ahora están
suavizados como cada que ellos están cerca.

Logra apartar a Aleixander en medio de risas y muecas de él, corre en mi dirección


para alejarse de más distracciones y me envuelve en un abrazo que calma de inmediato todo
tipo de nervios.

Se separa cuando papá Hades la toma de la cintura y ahora ella se ve realmente


pequeña. Papá mide más de dos metros por una rara condición, es musculoso de cabello
blanco y ojos de colores.

No sé cómo lo hacen pero de algún modo mamá logra encajar con todos ellos. A pesar
de que ellos son crueles y despiadados y de que mamá está realmente loca.
Sin embargo han sabido sobrellevar la situación ya que en casa somos como una
familia normal y hogareña. Y definitivamente nuestros padres nos han subido nuestras
expectativas en el amor, a todas nosotras.

Especialmente a mí que ví cómo volvieron el mundo mierda cuando la perdieron,


como si necesitaran tenerla o sin ella no pueden vivir y realmente creo que es así, si en algún
momento mamá se va no dudo en que ellos tomarán un arma y se irán con ella. Al igual que
si uno de ellos se va mamá no dudará en rebanarse la garganta y todos irían detrás. Ella no
puede vivir sin ellos ni ellos sin ella. Son un puto ejemplo a seguir.

—En serio, basta, aléjense todos de mí, voy a despedir a mis niños—ordena con voz firme.

De inmediato Hades la suelta y no puedo evitar reír mientras ella me guiña un ojo.

Mis ojos de colores conectan con los de ella, siempre saco fuerzas de su mirada,
porque ella pasó por tantas mierdas y aún sigue aquí de pie, y eso es lo que me mantiene
firme. El ejemplo de ser como ella.

Somos una copia, aunque mi cabello sea en gran parte negro, sigo teniendo un ojo
como los suyos, morado con azul y el otro negro con azul. Nuestra apariencia no es la mejor,
especialmente la mía es totalmente extraña, todo por culpa de Mason, mi padre biológico.

A pesar de ser parecidas y tener un carácter similar, ella es fuerte incluso con mis
padres, si ella dice que quiere un jodido pingüino ellos lo buscan, literalmente. O si dice que
se callen ellos lo hacen.

Y me ha entrenado para ser igual de autoritaria, les saqué un par de canas a mis padres
cuando era pequeña por eso y no me arrepiento en lo absoluto.

—Madre, podrías decirle a Aitana que tome su parte del sótano para sus... extravagantes
locuras y que deje en paz mi estudio—Azazel llega a nuestro lado irrumpiendo nuestra
extraña conexión de miradas.

Mamá suspira mirando a su hijo. Azazel es pelirrojo de ojos verdes oscuros, como los
de su padre Asher. Él tiene quince también igual que Amira, la diferencia es que Amira
pronto cumplirá 16.

—Dame un segundo para despedir a tu hermana, cariño.

Azazel parece notarme y me da una gran y radiante sonrisa. A pesar de tener quince es
muy alto, mucho más que yo.

—Ten un buen viaje, Li.

—Gracias, Az.

—Por cierto, si aprendes algo nuevo sobre medicina o necesitas ayuda en arte no dudes en
llamar.
Resulta que estudio medicina forense, extraño pero es lo que hay, es mucho mejor que
arte abstracto.

—No dudes que lo haré, Az.

— ¡Joder Lilith! ¡Ya basta de despedidas!—Uriel pita la corneta del auto.

— ¡Uriel Müller! Baja ahora mismo de ese auto y ven a despedirte de tu madre—ordena
mamá pasando de largo hasta tocar la ventanilla.

Rio apoyándome en el capó del Bugatti para prestar atención a la despedida.

—Mi niño, hace nada estabas naciendo y ahora... ya vas a la universidad—mamá envuelve en
uno de sus abrazos de oso a Uriel.

Él sostiene sus lentes de sol antes de abrazar con la misma fuerza a mamá.

—Te voy a extrañar aunque seas una fastidiosa—besa su cabeza.

—Mocoso insufrible—pellizca su brazo haciéndolo soltar un quejido—. Ya lárgate de aquí.

— ¡Yo también te amo!

Sube de nuevo al lado de conductor y yo me subo en el de copiloto.

—Por cierto, si ves a Atlas dile que venga a visitarme.

Me tenso notablemente y Uriel también lo hace pero no tan evidente como yo.

—Sabes que no me habló con él.

— ¿Y? Ustedes pueden no hablarle pero sigue siendo mi hijo, lo único que te pido es que le
digas que venga a visitarme, hazlo por papel si quieres.

—Bien.

—Los amo.

—Yo también, mamá—aseguro.

—Lo mismo, la luz ya pega mamá—Uriel hace una mueca.

—Oh sí, lo siento.

Se separa del auto mientras papá Theo la envuelve en sus brazos. Sin dejarme ver más
Uriel sube la ventanilla y arranca el auto.

Gracias a que Theo diseña autos le hizo este especial a Uriel dónde puede quitarse las
gafas ya que está completamente oscuro y acondicionado.
Entonces eso es lo que hace, quita sus lentes dejándome ver esos profundos ojos
verdes que muy rara vez tengo la oportunidad de contemplar.

— ¿Qué quieres saber?

Mi ceño se frunce y mis uñas se clavan en el asiento del auto.

—Lo sé todo, Lilith, tienes esa rara mirada de cuando algo te perturba.

—Hay algo, pero no pienso deberte un favor.

Eso lo hace reír genuinamente mientras gira el volante empezando a tomar la carretera
a la universidad, me dejará a mí y luego irá él a la suya.

Pensándolo bien probablemente deba comprar otro pent-house, aunque lo de anoche


haya sido un sueño muy realista no me fío del todo.

—Podrías considerarlo una pregunta sin costo solo porque estoy de buen humor.

—No me fío—bufo.

Se encoge de hombros dejando en claro que estoy perdiendo una gran oportunidad.

Me lo pienso realmente bien mientras saco las tostadas con mermelada de mora que
me preparó papá Dean.

Debo formular realmente bien la pregunta ya que solo tengo una oportunidad. Aún no
sé si salí o no anoche pero lo que me interesa saber es si todo lo que recuerdo pasó.

Me quedo en silencio sepulcral tanto tiempo que no me doy cuenta cuando ya estamos
a mitad de camino.

— ¿Anoche estuve a punto de morir en dos ocasiones?—la pregunta sale en un hilo de voz.

Silencio, no responde a esa pregunta, ¿Debería tomar eso cómo un sí o como un no? O
un tal vez quizá. No lo sé.

Tal vez no sepa la respuesta por primera vez. Lo cual es lo más probable considerando
que estoy preguntando algo que ocurrió a las 4am en la playa oscura.

No me doy cuenta de cuando llegamos al perímetro de la universidad, las grandes y


largas escaleras es lo primero que me recibe.

Dudo un poco antes de bajar pero de todos modos lo hago. Uriel vuelve a ponerse sus
gafas por la luz entrante de la puerta abierta.

—Quizás te vea más tarde en la cafetería del pueblo.

—Iré con Joshua—aseguro.


—Probablemente vaya solo, aunque antes debo hablar con Atlas—sus labios se crispan en
una mueca.

—Agradezco estudiar aquí, si me lo tengo que encontrar en los pasillos probablemente


alguno de los dos ya no existiría—digo entre dientes.

Saco mi maleta del auto y la dejo sobre el pavimento. Observo la gran e imponente
estructura de The Golden Royalty, tiene el aspecto de un glamuroso castillo, en blanco y
dorado con más de 100 alas diferentes.

—Creo que iré a los apartamentos cercanos del campus, por si no me ves en mi antiguo pent-
house.

— ¿Y eso?—pregunta pero no pasó desapercibido el toque divertido en su voz.

—No todo debe tener un por qué.

—Mmm, no comparto esa opinión.

Frunzo el ceño mirándolo mal mientras cierro la puerta dispuesta a dar la vuelta y
dejarlo con su oscuridad misteriosa.

Espero a que dé la vuelta con el auto y se largue pero para mí sorpresa se detiene
nuevamente frente a mí y baja la ventanilla del auto solo un poco, lo suficiente para ver su
cara.

—La respuesta es sí, Lilith.

Y sin más arranca dejándome como una completa imbécil en medio de las escaleras.

Un frío escalofrío me recorre cuando me doy cuenta de la realidad. Eso no fue un


sueño ni una terrible pesadilla, fue una realidad.
Lilith

L
a isla Queen es realmente muy grande, tiene de todo lo que podrías necesitar.
Centros comerciales, galerías de arte, clubes, tiendas costosas, bufetes de
abogados, caballerizas, hospitales, hoteles, castillos, mansiones, hay de todo lo
que puedas necesitar a un precio tres veces elevado.

La isla está dividida, la mitad es de la realeza, príncipes, princesas,


ministros, gobernantes, militares y la otra mitad son mafiosos, narcotraficantes, asesinos y
todo lo malo que puedas pensar.

Es una rara combinación pero de la que mis padres estuvieron orgullosos de formar y
nadie pudo negarse. Así que en esta isla vive la corrupción más grande en dónde las personas
de la realeza y los delincuentes conviven día a día.

No hay reglas en realidad, si deseas matar a alguien puedes hacerlo y los demás deben
dar media vuelta y seguir con su vida, como si nada hubiera pasado.

Yo debería pertenecer a la mitad de delincuentes, a la universidad que queda a un


largo camino de al menos veinte minutos dentro de un denso y oscuro bosque macabro.

Sin embargo terminé en la prestigiosa universidad con los mejores profesores y


alumnos. Claro está que aquí no pueden estudiar personas normales, solo pueden hacerlo
personas de renombre en la sociedad cuyos padres tengan un gran potencial sobre la
población.

Existen diferentes alas o escuelas con más de cien carreras distintas de las cuales más
de la mitad son empresariales y artísticas, lo que queda está relacionado al campo de
medicina, incluyendo farmacia y odontología. Y como extra está derecho.

Las carreras aquí no son normales, te ponen un nivel de estrés más elevado al usual, si
no tienes buena estabilidad emocional probablemente termines suicidándote.

En The Golden Royalty hay más exámenes que respiraciones, debido al nivel de
prestigio es obligatorio ser inteligente. Si repruebas más de 4 exámenes estás fuera y te toca
estudiar en cualquier otra universidad con menos nivel académico.

En cambio sí pasas tu carrera con honores, tienes tu vida ganada, literalmente podrías
ser uno de los futuros mejores profesionales del mundo en el ámbito que hayas escogido.
Por esa razón tampoco hay mucha gente que estudia aquí, calculo que somos unos
1000 cuando deberíamos ser al menos más de tres mil.

Está claro que ambas universidades no se llevan bien. Los de Golden Royalty piensan
que son mucho mejores que los otros por tener un dinero "limpio" y los de Hellfire' s U'S
creen que son mejores porque podrían torcernos el cuello de una sola movida.

Lo cual es lógico ya que es cierto, claro que no conmigo porque yo podría romperles
la cara en un santiamén...menos a él.

Si hubiera estudiado en The Hellfire' s podría haber escogido la carrera de mis sueños,
pero no pude y bueno, todo a la gran mierda. En mi opinión ellos son mejores, tienen carrera
de medicina especializada incluyendo bioquímica, todo tipo de artes marciales como
entrenamiento, administración, contaduría, entre otras cosas mejores.

Tienen clases de tiro, flecha, peleas cuerpo a cuerpo, habilidades con armas blancas y
americano sucio. Mientras nosotros tenemos Rugby, Golf, Lacrosse, tenis y americano de
niños ricos.

En conclusión odio mi vida mientras estudie en The Golden Royalty. A pesar de que
somos elegantes, arcaicos y ahogados en dinero limpio es un puro asco. Creo que no soy la
única que opina eso.

De todos modos nos seguimos juntando para las fiestas semanales. Sí, es una mierda,
tenemos que reunirnos cada semana en un club y convivir con todos ellos para "preservar la
paz de la isla" lo cual es tonto considerando que siempre acaba alguien muerto o al menos
herido.

Usualmente no voy a esas fiestas, específicamente porque puedo tomarme con Atlas
quién es arrastrado por Aiden a todas las fiestas y eso es algo que no puede suceder.

No sé qué podría pasar si me encuentro con él y su mirada crítica con un cerebro


prodigio. Probablemente intente pegarle un tiro y él intente matarme de una forma dolorosa
experimentando con cada hueso débil de mi cuerpo.

En conclusión no puedo ir a las fiestas, y Joshua y Marcello están de acuerdo con eso.
Marcello es mi primo, el hijo de la tía Olivia, la hermana de mamá y el tío Luan.

Él debería ser el heredero de la Camorra y sin embargo decidió dejarle el cargo a su


hermano menor ya que él prefiere ser un chico de Golden Royalty.

Sobre Marcello se lleva mal con su hermano y por eso odia ir a las fiestas. Creo que es
bueno ya que podemos ir tranquilamente a la cafetería los días festivos como hoy. Y ahora
supongo que debemos incluir a Uriel.

Ah y claro que también debemos traer con nosotros a Nikolay, es el príncipe de Rusia
y es jodidamente atractivo a pesar de tener solo 17 años. Pero es una amor de persona y a
pesar de ser muy guapo no es un puto total.
Así que seremos Marcello, Joshua, Nikolay y Uriel en la cafetería aunque
probablemente Uriel solo dure con nosotros diez minutos y luego vaya a...bueno nunca se
sabe, irá a cualquier lado que tenga oscuridad.

Apenas es nuestro primer día y ya estamos a punto de pegarnos un tiro a pesar de que
nada más sean los recorridos. Joshua tiene su brazo sobre mis hombros mientras me cuenta
cualquier mierda de su arte abstracto y pasamos por la inmensa puerta de madera pulida y
brillante.

En lo alto hay una gran corona dorada y debajo en oro está escrito "The Golden
Royalty University" en otras palabras nuestra muerte segura.

—Sigo sin comprender cómo no entienden la diferencia de lo abstracto y lo confunden con el


cubismo, ¿quién podría confundirlo?

— ¿Eh yo? Son solo geometría, Josh—ruedo los ojos con aburrimiento.

—A veces me obligas a querer ahorcarte por ser una perra inculta—jadea ofendido.

No tengo tiempo a responder porque mi cabeza recibe un fuerte rebote de la conocida


pelota de americano «Lo voy a matar».

—Contrólate fiera, hay que vivir la vida ¿capisci?

—Marcello, es la última advertencia que te daré para que dejes de golpearme con tu sucia
pelota—advierto con un tono mordaz.

— ¡¿Sucia?! Deve essere uno scherzo (Debe ser una broma) mi balón no pelota es más limpio
que tu existencia.

Marcello tiene una extraña obsesión con demostrar sus rasgos italianos y siempre usa
alguna palabra con el idioma dentro de su oración.

Su cabello castaño claro está perfectamente arreglado como los de los príncipes de las
películas antiguas haciendo un contraste perfecto con sus ojos miel que me miran ofendidos.

Lleva una camisa de botones con los primeros tres botones abiertos y unos pantalones
negros de vestir. Él luce como un empresario formal y yo probablemente como una loca
desalmada con mi falda lila y mi top blanco.

—Tierra llamando a Lilith—la mano de Joshua pasa repetidamente por mi cara y la alejo de
un manotazo.

— ¿Qué carajos les pasa? ¿Hicieron un club secreto donde fastidiarán a Lilith? Déjenme
perderme en mi mundo—suspiro con fastidio empezando a alejarme de sus tonterías.

Los amo, usualmente los amo más por separado, pero cuando Marcello y Joshua están
juntos es como una bomba atómica a punto de explotar en caos.
—Espéranos—Marcello corre hasta enganchar su brazo con él mío—. Odio que todos estén
hablando de la fiesta.

—Somos dos, no entiendo qué tiene de divertido ir a drogarse en un club con delincuentes—
lo secunda Joshua.

—Debo recordarles que sus padres son delincuentes—sonrío divertida al ver sus muecas.

—Mi madre tiene una fortuna por ser la mejor antropóloga forense del mundo, soy rico
gracias a ella—Marcello se estremece.

—El dinero de Hans provino de trabajar como bioquímico en la FMAE así que tampoco
cuenta, es dinero limpio.

—Y mi padre es el Rey de Rusia por lo tanto yo soy el príncipe del país más grande del
mundo. ¿Cuenta cómo dinero limpio?—la voz gruesa y el fuerte perfume amaderado
proviene de mis espaldas.

No dudo en girarme y chocar con la gran presencia de Nikolay, su cabello rubio claro
casi blanco hace un contraste perfecto con sus ojos grises que le da la apariencia del gran
príncipe que es. Su mandíbula afilada, mirada seductora y profunda, piel blanca, cejas
pobladas, labios gruesos y un cuerpo tonificado y musculoso lo hacen aún más guapo. Es
como un Dios griego jodidamente perfecto.

A pesar de su apariencia atractiva Nikolay odia la atención que recae sobre él y por
más que pueda parecer un chico que se acuesta con cualquiera no lo es, ha tenido solo una
novia y lo dejaron, desde entonces no ha vuelto con otra chica, o al menos eso creemos
nosotros.

— ¡Niko!—lo envuelvo en un abrazo efusivo que él corresponde.

—Yo también te extrañé, enana.

Enana, mi estatura es normal, no es culpa mía estar rodeada de Yetis que miden más
del metro ochenta.

—Oí que hoy hay fiesta de bienvenida—susurra cuando nos separamos.

—Joder, basta, en serio—Marcello jadea con una cara de completa tragedia y luego susurra-
grita—: ¡Nadie en su sano juicio quiere ir a las fiestas de criminales! È assurdo (es absurdo).

—Yo iría—Nikolay se encoge de hombros y nosotros alzamos una ceja—. No me miren así,
la fiesta de hoy será jodida, se dice que van a pelear.

—Nada nuevo—dice Joshua con una mueca juzgadora.

—No puede haber una pelea, no tengo información de que vaya a haber una en la guarida—
digo con determinación.
Todas las peleas se dan en la guarida sin excepción, y cada una me debe ser
notificada.

—Debo recordarte que Connor tiene un porcentaje sobre la guarida al ser tu medio hermano y
el primogénito de Mason—murmura Joshua.

Mis huesos se congelan y mi corazón se queda estoico ante la mención del último.
Mason, mi padre biológico tuvo otros hijos con otras mujeres, empezando por Connor quien
heredó la mafia árabe al ser el primer hombre en nacer, apenas tiene dieciocho y es un dolor
de ovarios.

Es una copia exacta de Mason, su físico y personalidad de mierda. Un imbécil total


que pretendo exterminar. Está en la lista negra de la familia, incluso en la de mi madre lo cuál
es decir mucho.

Lo odio tanto como odio a Atlas por estar en su equipo, está es la cosa. Ellos son un
grupo de mierda, Atlas, Connor, Naim, quién es el ejecutor de la mafia árabe y primo de
Connor, Jane, una maldita perra igual que su madre Emma a quién gracias a Lucifer mi
madre asesinó y Aiden.

Ellos cinco son todo de lo que debes alejarte porque grita problemas en todos lados.
Hemos mantenido la paz durante unos cuantos años así que si Connor decidió meterse en mi
territorio significa que habrá problemas.

—Lo que sea que estés pensando es un completo NO Lilith, no vamos a ir a la pelea y mucho
menos vas a formar un problema con Connor— dice Marcello con el terror escrito en cada
parte de su cara.

«Aiden» Ese es el único motivo por el que no iría, lo cual es algo raro teniendo en
cuenta que antes hubiera ido solo por él.

—Como sea, sigamos dando vueltas y luego podremos ir a la cafetería—sonrió con lo que
debe parecer una mueca falsa y forzada.

No me agrada que Connor meta su nariz en mis asuntos pero ya buscaré la forma de
hablar con él sin tener que meterme en el camino de Aiden y el de Atlas.

Hoy no habrá clases oficiales debido a que es el día de bienvenida, gente nueva y
puras mierdas tontas.

Así que juntos vamos por los pasillos, yo camino en silencio mientras pienso un plan
factible para encontrarme con Connor. Marcello y Joshua hablan sobre mierdas de Rugby y
Nikolay se encarga de la fachada sonriendo y saludando a todo el que nos pase por al lado
con elegancia y educación.

Sería tonto meterme en el camino de Connor sabiendo que tiene a Aiden y a Atlas en
su bando. A uno no me lo puedo conseguir hasta descifrar qué carajos pasó hace dos noches y
al otro no me lo puedo encontrar porque probablemente habría una gran pelea en la que si
alguno sale herido lastimaríamos a mamá.
Creo que esa es la principal razón por la que no nos hemos dañado o encontrado, él a
pesar de ser un científico prodigio que no cree en el sentimentalismo, ama a mamá y haría
todo por ella al igual que yo. Definitivamente lastimarnos entre ambos la pondría mal, algo
que ninguno de los dos volverá a ver.

—Oye—Nikolay toca mi hombro sacándome de mis pensamientos—. ¿Escuchaste lo que


acaban de decir?

— ¿Qué? No.

—Lilith, ¿qué mierda? ¡Estamos en una catástrofe!—Joshua me zarandea.

—Sto per morire (estoy a punto de morir) —Marcello sostiene su cabello entre sus manos
mientras camina de un lado a otro.

Primero ubico a mí alrededor dándome cuenta de que llegamos al pasillo conector


entre medicina y artes plásticas.

Marcello está en un ataque de desesperación, Joshua creo que está a nada de


desmayarse y Nikolay solo tiene una mueca divertida mientras los observa colapsar.

— ¿Pueden repetir?—murmuro con un deje de preocupación.

Ver a Marcello despeinando su cabello perfectamente cuidado es algo muy extraño.

— ¡Pelea! ¡Obligatoria!—es lo único que grita Joshua.

Volteo a ver a Nikolay en busca de ayuda. Él está apoyado en la pared con los brazos
cruzados. Si Nikolay no se altera todo está bien.

—Dieron un comunicado, enana, habrá una pelea en la guarida en dos días y es obligatorio
asistir, si no vamos tendremos una semana de expulsión.

Mi expresión debe ser memorable. Estoy congelada como una tonta mirándolos como
si lo que acaban de decir fuera "el mundo acabará en dos días" que probablemente es lo que
ocurra.

Mis pies giran sin siquiera pensarlo y empiezo a caminar apresurada hasta la salida
escuchando lejanos los gritos con mi nombre.

Una mano toca mi brazo y me safo sin mirar mientras sigo hasta afuera y voy al
estacionamiento del hotel donde me quedo, queda a un lado de la universidad y cuesta más
que un puto castillo.

Gracias a Lucifer no tengo que pagar nada porque mi padre Axel es el dueño de la
cadena hotelera.

Me acerco a mi bonito Lamborghini lila y subo a la velocidad de un rayo. Pretendo


arrancar pero las tres puertas restantes se abren y los tres chicos entran. Joshua y Marcello
están atrás y Nikolay a mi lado.
— ¿Qué crees que haces? No puedes salir corriendo como si nada, perra—Joshua patea
sutilmente mi asiento.

— ¿Recuérdame a dónde iremos, diavolessa?

—Llama a Uriel—digo con voz clara y firme para que el auto lo haga ignorando a los otros
dos.

De inmediato suena "Llamando a Uriel".

— ¿Qué haces? ¿Por qué involucras al jodido Diablo aquí? ¿Vas a matar a alguien?...—un
sinfín de preguntas de Joshua llegan a mis oídos.

Ignoro cada una de ellas mientras salgo del estacionamiento y giro el volante con
dirección a la cafetería.

— ¿A qué debo el placer de tu llamada?—la voz de Uriel resuena en todo el auto.

—Consigue que Connor vaya a la cafetería.

— ¿Y yo qué gano con eso?

—Después veremos, Uriel, promesa.

Una promesa en mi familia es irrompible.

—Me debes un favor, hermana—cuelga la llamada.

Genial, si me paso la vida debiéndole favores a demonios terminaré muerta antes de


siquiera poder darme cuenta.

—Vamos a morir—murmura Joshua.

—Esto me pasa por seguirlos a todos lados—dice Nikolay mientras echa su cabeza hacia
atrás.

—Ya ni siquiera voy a opinar, siempre supe que moriría antes de los 21, merda (mierda).

Marcello tiene 20, es un año menor que yo, de todos, el mayor es Joshua con
22. Joshua estudia arte abstracto, Nikolay administración y negocios y Marcello estudia
antropología como su madre. Lo cual es algo extraño porque aunque no lo parezca Marcello
es realmente muy inteligente y el mejor de su clase.

— ¿Pueden callarse?—murmura Nikolay hacia los otros dos.

—Sigo preguntándome por qué mierda no te asustan las peleas, a veces creo que eres igual de
demoníaco que los de The Hellfire' s—bromea Joshua.
Nikolay se tensa un poco, es casi imperceptible, no lo notarías si no tuvieras una paranoia
constante de observar las reacciones de las personas.

— ¿Y qué si lo fuera?—Nikolay responde con un tono severo.

Eso me hace fruncir el ceño y mirarlo rápidamente mientras vuelvo mi atención a la


carretera.

Siempre supe que él tenía su demonio interno, quizá cómo los míos. Pero nunca lo
mostró a la luz, siempre muestra una fachada relajada y elegante hacia cualquiera que lo
mire.

—Relájate, ragazzo, si los tuvieras sería extraño, pero bueno, tampoco te diríamos nada, eres
nuestro pequeño—Marcello revuelve su cabello a través del asiento.

Una sonrisa más relajada se plasma en los labios de Nikolay. Estacionó fuera de la
cafetería de Susy, la mejor repostera de la isla después de papá Dean.

Entro primero ignorando por completo a los tontos que tengo como mejores amigos y
me dirijo a las sillas del fondo donde siempre vamos. Tanteo mi muslo asegurándome de que
la cuchilla siga allí. Cuando eres la dueña de la guarida jamás debes andar sin protección en
el día, en la noche ya da igual aunque ahora pensando lo que ocurrió hace dos noches debería
cargar con un cuchillo siempre.

Mi celular suena y me llega la confirmación de Uriel sobre que ya están cerca.

Será un encuentro pacífico en el que hablaré con el maldito de Connor y le diré que
meta su nariz en sus mierdas corruptas, no en las mías.

—Ey, quédate aquí—Nikolay pasa su brazo sobre mis hombros.

Sonrío relajándome y prestando atención a la realidad para que mi cabeza no viaje


entre miles de formas de asesinato.

— ¿Tomamos té?—pregunta Joshua.

Todos asentimos y esperamos a que lleguen para anotar nuestra orden. Mis ojos están
fijos en los de Marcello que cuenta algo sobre que el Rugby es una jodida mierda, creo que
de eso hablaban en la mañana.

Y entonces su expresión divertida decae para poner una máscara de seriedad con un
deje de preocupación y miedo. Volteo a ver a Joshua que tiene una expresión mortal en su
rostro mientras mira algo detrás de mí.

El agarre de Nikolay se tensa sobre mis hombros y entonces lo siento, los vellos de mi
nuca se erizaron y un escalofrío me paraliza.

—Olvida eso de un favor, me debes unos diez—gruñe Uriel a mi lado.

— ¿Qué...
Mis palabras son interrumpidas cuando una cabellera blanca aparece en mi visión y se
sienta a un lado de Joshua que lo mira realmente mal.

—Me largo, ya socialice demasiado por hoy—Uriel da media vuelta y desaparece.

— ¿Tú qué mierda haces aquí?—mi voz está llena de veneno cuando le hablo a Abalám.

Mi hermano menor es una pesadilla. Abalám es cómo mencioné el karma, no solo el


de mamá y papás también el mío y el de todos.

Él es...ni siquiera tiene palabras, es una mierda total, no le importa nadie más que él y
eso lo hace peligroso. Más porque no puedes confiar en él y siempre que está cerca significa
que algo anda mal.

Esa aura de peligro atrae a todo la isla y es una locura total porque no debería ser así.
Deberían alejarse de él y no caer en sus juegos.

—Viene con nosotros.

Mis dientes pueden rechinar de la fuerza que estoy ejerciendo. Y entonces otros cuatro
cuerpos aparecen en mi campo de visión.

Connor tiene la peor sonrisa de hijo de perra que puede existir, Jane solo me mira con
una expresión asqueada, Atlas está cruzado de brazos mirando a la nada como si realmente le
aburriera estar aquí, cosa que no dudo que sea cierta.

Ninguno de ellos me importa tanto como el demonio personificado que está a un lado
de Connor. Mi cuerpo no puede estar más tenso mientras miro fijamente a Aiden.

Él tiene esa mirada indiferente cuando conecta con la mía, aburrida como si yo fuera
lo más aburrido que ha existido en el planeta. Ni siquiera sé por qué me sorprende que sea
indiferente de nuevo.

— ¿Tenemos que estar aquí mucho tiempo? Este lugar apesta y tengo mejores cosas que
hacer—Jane observa sus uñas con evidente fastidio.

—Preguntaría qué cosas pero me hago una idea—Joshua la observa de arriba a abajo con una
mirada de asco que se sigue viendo elegante.

Ella jadea ofendida y creo que pretende clavarle sus feas uñas rojas a Joshua en los
ojos pero la mirada de Connor es suficiente para dejarla en su lugar.

—Iré al punto, ¿qué carajos haces metiendo tu culo en mis mierdas?

Me zafo suavemente del agarre de Nikolay y le doy una pequeña sonrisa que él me
regresa.

—Mi vida anda algo aburrida, hermanita, necesito algo de caos.


Evito mostrar mi molestia hacia el asco que me produce el apodo y me levanto
apoyando mis manos sobre la mesa.

—Si necesitas caos siempre puedes tirarte de un acantilado, Connor. Te quiero lejos de mis
asuntos en la guarida.

—Paso, ya todos saben de la pelea de hoy y la próxima, no las cancelaré, tómalo como un
pase de amabilidad para que salgas de tú tonto mundo lila.

Río sutilmente mientras mi mano viaja hasta mi muslo. La risa se corta de golpe
cuando saco el cuchillo y antes de que pueda moverse lo tengo sobre su garganta.

El caos verdadero se desata a mi alrededor cuando Aiden, Jane y Naim a quién no


había notado le apuntan a mis amigos. Atlas mira su reloj con aburrimiento.

—Te quiero lejos, no te mataré hoy pero no dudes en que si sigues metiéndote en mi mundo
lila—recalco sus palabras—. Terminarás cubierto de un color ¿Y adivina? No es lila.

—No cancelaré las peleas, y no creo que tú quieras que los Z maten a tu querido Aiden por
no pelear—susurra de modo que solo nosotros podemos escuchar.

Toda la fuerza que reuní me cae como un balde de agua helada y debe notarse en toda
mi cara por la gran sonrisa que abarca sus labios.

Los Z son peligrosos, si Aiden abandona la pelea a pesar de ser el ejecutor de la


Bratva se meterá en un lío inmenso. Por otro lado es suicida que pelee con uno de ellos.
Carajo.

Bajo el arma a regañadientes del cuello de Connor.

—Te permito estas dos peleas, no más, si haces otra sin preguntarme te acabaré—amenazo.

—Tenemos un trato hermanita—sonríe como el gato de Cheshire.

Lo miro fijamente aún sosteniendo el cuchillo con una fuerza inhumana hasta que una
mano sostiene la mía y me hace aflojar el agarre.

Nikolay toma el cuchillo de mi mano con sutileza y mi mirada va suavemente hacia


él, un microsegundo en el que un tiro resuena y la mano de Nikolay empieza a sangrar y es
obligado a soltar el cuchillo.

Fue solo un roce pero igual está sangrando. Volteo con rapidez para ver al causante
del tiro.

— ¿Qué mierda te pasa?—le gruño a Aiden.

Viene a ignorarme después del extraño suceso de la otra noche y lo único que hace es
dispararle a mi amigo.
—Se me resbaló el dedo, lo siento—sonríe con esa estúpida sonrisa encantadora de chico
dorado.

Extiende su mano hacia Nikolay y me tenso evidentemente.

—Lo lamento de verdad...—deja la oración al aire.

Nikolay lo está mirando con una expresión asesina que me pone los pelos de punta
porque jamás la había visto. Sostengo su mano para que no se la dé a Aiden.

La expresión de Aiden sigue igual, sonriendo como el hombre encantador que todos conocen
pero noto el ligero tic de su mandíbula cómo si el hecho de haber tocado a Nikolay lo
enfureciera. « ¿Qué carajos le pasa ahora?».

—Nikolay—responde con firmeza el rubio.

—Lo siento mucho, Nikolay—su mano extendida la apoya en su hombro.

Es fugaz pero lo noto, noto el brillo rápido que pasó por sus ojos. El brillo sádico que
apareció el día de la playa.

—Mantente alejado, Aiden, yo lo haré ¿recuerdas?

Ni siquiera me mira, no baja la mirada, sigue fija en la de Nikolay hasta que Naim
toca su hombro.

—Vámonos.

De todos es el que mejor me cae, tiene sus demonios, sí, pero es más sensato que
todos ellos juntos.

—Nos vemos en la pelea, quizá gusten participar—es lo último que dice Aiden antes de
seguir a Naim.

Todos los demás ya se largaron y lo agradezco. Solo quedamos Joshua que tiene una
expresión atemorizada, Marcello que creo que tiene un ataque de pánico, Nikolay que sigue
teniendo esa extraña mirada y Abalám.

La pequeña mierdecilla tiene una sonrisa gigantesca en su cara, cómo si esto fuera el
mejor espectáculo que vió en su vida.

Está mirando a Aiden saliendo de la cafetería y esa sonrisa no significa nada bueno.

— ¿Qué carajos haces?

—Oh nada, solo observo cómo las fichas se acomodan y me dan pase a mi próxima jugada—
se levanta aún sonriendo.

— ¿De qué hablas?


La mayor parte del tiempo lo que dice Abalám es inentendible. Usa frases encriptadas
y raras que parecen sin sentido pero que después traen caos.

—Nada, solo pienso en lo peligroso que son las olas del mar, especialmente de noche, ¿no lo
crees?

Mi cuerpo entra en tensión. Es imposible que él lo sepa, si lo hace estoy jodida.

—Pero sus demonios son aún más peligrosos...esto será divertido—ríe levantándose.

Saluda a Susy mientras sale de la cafetería arreglando su cabello blanco. Lo voy a


matar.

Odio al jodido mocoso.

—Moriremos, y no es pregunta es una afirmación—Joshua está al borde de una muerte por


infarto.

—Es un jodido suicidio todo, después de esa pelea seré el ser más feliz estando lejos de
Connor y su séquito de morte (muerte).

No respondo a eso. No lo hago porque mi cerebro está produciendo toda mi vida y


como acaba de irse al carajo porque nada está bien.

Connor es la mejor de mis preocupaciones, después de la pelea dejara de joder.

Mi preocupación se divide en tres, los favores que le debo a Uriel ocupan el puesto 3,
las palabras encriptadas que pude reconocer de Abalám en el 2 y la pelea de Aiden en el 1.

Mi visión está empezando a hacerse borrosa y mi respiración acelerada. Todo el ruido


se dispersa.

No veo, no escucho, no siento.

Ni siquiera veo cuando mi mano sube a mi pecho. Empiezo a hiperventilar y quiero


llorar por el ataque de pánico.

No siento, no veo, no respiro. Es lo único que puedo pensar. Mientras mi mente se


nubla de todos los problemas que voy a tener.

Si Abalám dice que Aiden es peligroso debo preocuparme, lo que menos me asusta es
que mueva las piezas a su favor, siempre lo ha hecho, pero me da miedo lo que pueda saber.

Si Aiden pierde la pelea será muerto. Y si no asiste podría morir también, la única
forma es que gane y no sé qué tan bueno es en eso.

«Necesito salir de aquí». Mis piernas se mueven por sí solas, ni siquiera sé a dónde
voy o qué hago. No soy consciente de nada hasta que me apoyo en una superficie dura, una
pared.
«Todo estará bien, tú tienes la solución». Inhalo y exhalo sintiendo ese cítrico aroma
que tanto me gusta, no me percato de eso hasta que mis respiraciones se regulan.

Mis ojos se abren y se encuentran con esos ojos psicóticos, oscuros, con el brillo
sádico y espeluznante.

Está apoyado en su auto afuera de la cafetería pero debido a los ventanales de vidrio
puedo verlo a la perfección mientras yo estoy apoyada en el baño de la cafetería.

Solo me mira, como hizo aquella vez que me salvó de un ataque de pánico y luego de
que estoy estable simplemente da media vuelta y entra a su auto marchándose.

— ¿Todo bien, enana?

Trago saliva y fuerzo una sonrisa en mis labios mirando a Nikolay.

—Sí, todo bien.

Y esa es la peor mentira que jamás pude haber dicho.


Lilith
o sé cómo logro llegar a casa después de eso. Ni siquiera sé cómo logro dejar a

N
los chicos en su apartamento compartido ni como estaciono el auto

Mi respiración está tan acelerada que estoy empezando a creer que mi


corazón va a explotar dentro de mi caja torácica.

Tengo mis sentimientos revueltos, estoy confundida, algo que no me pasa


mucho. Pero no entiendo, no lo entiendo para ser más específica, ¿qué está tramando? ¿Por
qué lastimar a Nikolay?

No puede ser lo que creo que es, ¿o sí? No, Aiden jamás lograría sentir algo por mí
más que su indiferencia demoníaca que me pone los pelos de punta.

Sacudo la cabeza.

No pensaré en cosas que no son. En cambio lo que hago es bajarme de mi auto lila y
dar un recorrido con la mirada a mí alrededor con mis músculos tensos. Nunca se sabe si ese
psicópata decidió seguirme hasta casa para intentar matarme de una vez por todas o para
cobrar el favor que le debo.

Cuando me aseguro de que estoy sola me subo al ascensor y pulso el botón hasta mi
nuevo pent-house completamente acoplado a mi estilo.

Es lila con negro y completamente moderno comparado con el estilo que impregna la
isla. Mi apartamento es muy al estilo de Hellfire' s, probablemente si los chicos entran a verlo
tengan una mueca decepcionada al no ver esas raras esculturas o pinturas de millones de
dólares.

Paso de eso, desde que ví a mi hermana Aitana haciendo sus... exóticas esculturas
humanas prefiero declinar sobre tener alguna en casa. Ni siquiera sé por qué las esculturas de
Aitana tienen tanto valor, probablemente si supieran que la extremidades humanas que
incluye a sus esculturas de piedra son reales estarían horrorizados. O si descubren que las
manchas rojas equilibradas en el mármol o la piedra no es pintura sino sangre vomitarían.

Eso o dirían que es algo magnífico solo para conseguir la aprobación de nuestros
padres. Si me preguntan a mí digo que deberían internarla en un manicomio. Sí, sus obras de
arte son consideradas así ya que son preciosas y precisas, pero creo que sin extremidades
humanas y sin sangre se verían mucho mejor. Pero supongo que es su estilo, algo que jamás
entenderé.

Camino hasta mi habitación y tomo mi laptop antes de volver a salir y sentarme en el


sillón mullido y lila de la sala abierta, enfrente de mí tengo un gran ventanal de vidrio que da
para observar gran parte de la universidad. Yo los puedo ver pero ellos a mí no.

Un suave ladrido llena mis oídos y sonrío seguro mamá pasó por acá a dejar a mi
pequeña Lila, es una linda Pomerania blanca. Recuerdo el momento exacto en que mis padres
me la regalaron, todos tenían una mueca mirando a mi bella bolita de pelos.

Considerando que todos ellos tienen animales altamente peligrosos, desde osos y
cocodrilos hasta búhos y conejos. El punto de eso es que sus animales pudieron acabar con
mi pequeña Lila en menos de tres segundos. Para mí suerte ella está viva y ahora está
conmigo.

— ¿Quién es la princesa de mami?—la cargo mientras uso esa tonta voz que todos
adoptamos cuando hablamos con nuestros animales.

Ella solo saca su pequeña lengua y le da un lametazo a mi mejilla haciéndome reír. La


dejo a mi lado mientras ella se acomoda en mis piernas.

Estiro mi mano y tomo el control del aire acondicionado de la mesa de vidrio y lo


enciendo a una temperatura moderada para no tullirme de frío pero para no pasar calor.

Tomo la manta de detrás de mí cabeza que está tendida en el respaldo del sillón y la
coloco sobre mis hombros y piernas. Pongo la laptop sobre mis piernas cubiertas por la manta
suave y empiezo a teclear.

Inicio sesión en la página de la guarida en dónde se clasifican todas las peleas con su
fecha, hora, lugar y peleadores. Las últimas dos anotadas dicen:

Aiden Wolf vs Park Lee.


Hora: 11:30 pm.
Lugar: Isla Queen. Reino Unido.
Fecha: 15/02/41.

¡Disfruta de este sangriento enfrentamiento, el ejecutor de la Bratva y el líder de los Z!

Esa pelea ocurrirá hoy, en unas cuantas horas lo que me tiene de los nervios. La
siguiente pelea programada para dentro de dos días no tiene mucha información más que la
hora, lugar y fecha. ¿Quiénes van a pelear en ese encuentro?

Suspiro pasando mis manos por mi cara. «No voy a ir» Debo recordarme eso para no
empezar a vestirme y salir corriendo a ver la pelea.

Sé que si voy probablemente termine matando yo misma al imbécil de Park por si


quiera atreverse a tocar a Aiden. Así que para mantener las aguas en calma no iré.
No alteraré más la tensión que hay entre los Hellfire's y nosotros, porque no solo me
estaría perjudicando yo sino que también estaría involucrando a mis amigos como ya pasó
con Nikolay.

Suspiro cerrando la laptop y dejándola a un lado. Voy a morir en serio si sigo


pensando en él o en cosas que lo involucren.

Debería decirle a mamá sobre el ataque de pánico que tuve en la cafetería, pero si le
digo sería involucrar un gran problema hacia Connor, Atlas y Aiden.

El primero me sabe a mierda pero eso daría paso a una guerra con él en la que no
estoy dispuesta a participar.

El segundo también me sabe a mierda total pero eso partiría en miles de pedazos el
corazón de mamá. Sé que ella dice que nos ama a todos por igual y que todos somos
especiales pero creo que todos sabemos que ella tiene un trato diferente con Atlas a pesar de
no ser su hijo biológico, siempre fué así y luego llegó Azazel para competir con el puesto de
hijo perfecto.

Y bueno, Aiden si me importa, porque mis padres han soñado con acabar con él desde
que les dije a mis seis años que él sería mi esposo y el padre de mis hijos.

Simplemente no puedo decirles. Debo luchar mi batalla cómo ellos lucharon la suya,
enfrentar mis propios miedos y problemas. Pero estoy harta de todo, estoy cansada de intentar
descifrar a Aiden, de Connor, de mis ataques de pánico recurrentes y de qué en momentos
como estos Mason siga invadiendo mi cerebro.

Si le digo a mamá que Mason sigue estando en mis pesadillas se pondrá mal,
probablemente regrese a una etapa oscura de su vida y todo su progreso en largos años se
vaya al carajo.

Si le digo sobre lo que me pasa con Aiden que una mujer fuerte debe saber cuándo dar
marcha atrás y que las Müller no vamos detrás de los hombres, ellos vienen detrás de
nosotras.

Pero no puedo dejarlo ir, no puedo, es complicado hacerlo aunque sé que está mal, a
veces recuerdo el día en que ví verdaderamente a Aiden, no al niño pelirrojo sonriente y
aburrido, no, el día en que lo vi siendo él, con todos sus demonios.

A veces recuerdo cómo me salvó de ese ataque de pánico en el que creí que iba a
morir y su mirada estaba llena de preocupación, o la vez que después de pelear por no saber
montar a caballo me explicó con calma y subió conmigo para enseñarme, o cuando
recorrimos todo el campo con su caballo, o cuando me tocó una de sus nuevas canciones.

Creo que Aiden no quiere ser indiferente conmigo, sin embargo se obliga a serlo. No
quiere sacar sus demonios al mundo porque le recuerdan a los de ella. Y no es cierto, él jamás
será así.
Aprieto la manta contra mi cuerpo mientras me levanto a buscar mi celular, duro al
menos unos veinte minutos hasta que lo encuentro tirado en la encimera debajo de un paquete
de galletas.

Lila solo me observa desde el sofá lo que me recuerda que debo darle comida así que
dejo un poco de sus galletas especiales en su tazón y ella corre a comerlas.

Enciendo el celular y de inmediato colapsa con todas las notificaciones. Espero hasta
que deje de sonar y entro a revisar los mensajes frunciendo el ceño por la cantidad excesiva.
Usualmente tengo unos veinte mensajes de mamá, al menos cien del grupo familiar, unos dos
de Joshua, tal vez uno que otro de Marcello y Nikolay.

Y algún par de likes en mis historias y publicaciones de IG. No publico demasiadas


cosas pero si tengo un estricto horario y planificación. Una historia al día de lo que esté
haciendo y alguna publicación entrenando. Siempre tienen miles de likes y comentarios
halagándome que en realidad me importan una mierda.

Pero supongo que debo agradecerles por tener 800k de seguidores, algo así me dijo
Amira quién si basa toda su vida en la redes.

El punto es, que ahora tengo al menos unos mil mensajes del grupo familiar, setenta
de mamá, hay mensajes de Joshua, de Marcello, de Nikolay, incluso hay mensajes de mis
padres, de... espera, ¿de Uriel y Abalám? Estoy jodida.

Mi corazón empieza a retumbar en mi caja torácica y creo que en cualquier momento


podría darme un micro infarto. Una llamada entrante de Amira frena mis pensamientos. Hago
clic en el botón verde recibiendo su llamada.

— ¡¿Qué carajos, Lilith?! ¡¿Estás loca?!—su voz suena preocupada.

— ¿De qué hablas?

Mientras estoy en la llamada decido entrar al chat familiar para leer los mensajes pero
son tantos que decido ir la final.

Azazel: Tiene 21, es libre de hacer lo que quiera con su vida, papá.

Luzbel: Esto es mejor que explotar bombas, joder. Gracias por el espectáculo, hermana.
@LilithMüller.

¿Qué espectáculo? ¿Luzbel está opinando en el grupo para algo que no sea una
travesura? Algo anda realmente mal.

—Lilith, ¿cómo que de qué hablo? Quizás hablo de tu publicación de IG, aquella que
publicaste hace media hora y que ya tiene un millón de likes.

— ¿Publicación? Yo no publiqué nada.


Para asegurar mis palabras entro a mi perfil de IG dispuesta a verificar mis palabras
pero solo me quedo como una tonta mirando que sí hay una publicación. Una publicación que
yo no recuerdo haber subido.

Es un afiche negro con rojo en el que de fondo aparece una imagen blanco y negro de
la guarida. En letras doradas aparecen varios escritos pero el que más llama mi atención es el
de los nombres del medio.

Aiden Wolf vs Nikolay Novikov.

Hay una fecha programada para dentro de dos días. Esa es la pelea escandalosa que
habrá. Pero yo no publiqué esta mierda, ni siquiera estaría de acuerdo en que Niko pelee
contra Aiden.

—Amira, yo no publiqué esto.

—Cariño, lamento informarte que está en tu cuenta.

Trago saliva mientras leo lo que dice debajo del post.

Ejecutor de la Bratva y Príncipe de Rusia, ¿Todos sabemos quién ganará, verdad?

Y definitivamente yo jamás pondría eso en un post. Y sin embargo a todo el mundo


parece encantarle porque tiene más de un millón de likes y miles de comentarios que entro a
leer.

Nikolay_Novikov.1: ¿Qué mierda, Lilith?

Josh_Art_Fischer: Oye perra, ¿qué carajos? Espero que esto sea una jodida equivocación
@Nikolay_Novikov.1

Marcello_C.Müller: ¿Qué tipo de droga vencida te estás fumando, diavolessa? ¿Esto es


falso, no? @Nikolay_Novikov.1

AmiraMoreau_Queen: Aiden acaba de repostear esto, ¿entonces va en serio? #drama

— ¿Aiden lo reposteó?

Salgo de mi perfil para meterme en el suyo, casualmente su nombre es el primero en


el buscador. No responderé respecto a eso.

Ahí está, hace veinte minutos, aparece el mismo afiche horrible con la misma
descripción pero eso no es lo peor, lo peor es que el muy cabrón se atrevió a etiquetarme.

Él tiene muchos más seguidores que yo, casi dos millones, supongo que se debe a su
estúpida farsa de chico encantador.

—Sí, lo reposteó, y toda la isla anda colapsando por esa pelea, incluso el padre de Nikolay
dará un comunicado desde Rusia porque el chisme se expandió.
Yo jodidamente voy a matar a Aiden. No literalmente porque después lloraría años
por eso pero si le daré una patada en las pelotas.

—Debo hablar con Nikolay, hablamos luego—cuelgo la llamada.

Lanzo a un lado la manta y salgo corriendo hasta mi habitación para tomar una
sudadera blanca, la paso sobre mi cabeza y regreso a la sala.

Acaricio a Lila, tomo mi celular y las llaves del auto y pulso repetidamente el botón
del ascensor cómo si eso lo fuera a hacer llegar más rápido. Cuando las puertas se abren entro
y marco el estacionamiento.

Si yo no publiqué eso significa que hackearon mi cuenta para hacerlo y no dudo que
haya sido el idiota de Connor.

Naim no haría algo así, de hecho el planificaría mejor las cosas y no haría algo tonto
como esto para causar revuelo al menos de que Connor lo haya obligado.

Jane también lo pudo hacer pero estoy segura de que no fué por los colores del afiche
y las horribles letras. Ella hubiera sido más...ella. Igual quedaría horrible pero no tanto.

Atlas jamás se involucraría en algo así, de hecho ni siquiera usa IG aunque tiene una
cuenta que le creó Aiden no la usa, no tiene posts ni descripción, ni publica historias. Solo
tiene una foto de perfil de él bajando del jet y sus millones de seguidores.

Y Aiden...bueno, no creo que se haya tomado la molestia de hackear mi cuenta para


publicar una pelea entre él y Nikolay. Eso sería lo lógico pero considerando su molestia hacia
Nikolay y como lo hirió entonces hay una gran posibilidad de que haya sido él.

Sin embargo, me iré por la opción segura, Connor. Se quiere vengar por haberle
puesto un cuchillo en la garganta.

Mi mano tiembla cuando abro la puerta del auto y subo dentro. Conduzco en dirección
al apartamento de Nikolay que queda a unos diez minutos del mío en auto.

Podría ir caminando pero considerando la situación en la que estoy no quiero ir


caminando por allí a solas y aún más si olvidé traer un arma conmigo.

Mientras conduzco como una loca maníaca por las calles de la isla recuerdo que acabo
de saltarme exitosamente mi hora de entrenamiento. Es algo que no puede pasar.

No soy una chica rutinaria pero ir al gimnasio a entrenar con Aleix, mi padre, es algo
que ocurre todos los días a las seis de la tarde, sin falta.

Hasta ahora que al parecer todas mis rutinas se han ido a la mierda. Incluida la de ir a
observar a Aiden nadar.

Tendré que avisarle luego a papá que no podré ir, tengo cosas más importantes que
solucionar cómo evitar que un psicópata enfermo mate a uno de mis mejores amigos.
Mi celular no para de sonar y estoy a punto de colapsar con cada timbre de llamada,
mensaje o notificación de mis redes sociales.

Estiro mi mano tomándolo del asiento cuando las llamadas se vuelven incesantes. El
apartamento de los chicos está frente a mí así que aparco el auto en frente y salgo revisando
mi celular.

La llamada entrante es de Azazel, eso me tranquiliza un poco porque sé que él es el


más coherente así que decido atender su llamada.

— ¿Estás bien, Li?

— ¿Cómo podría estarlo? Todo está mal, Az, debería estar alistándome para clases no tener
mi cabeza saturada con una pelea. Yo ni siquiera publiqué ese post y...—mi respiración se
torna acelerada a medida que hablo.

—Ey, cálmate, está bien, te creo, ¿tienes a alguien en mente?

Sostengo el celular dejándolo pegado a mi oído mientras camino hasta la entrada


donde está el portero que ya me conoce y me da acceso.

—No lo sé, pudo haber sido cualquiera de ellos, Naim, Aiden, Connor, Jane incluso Atlas
aunque lo dudo mucho.

—Ve por partes, primero habla con Nikolay y aclárale que no fuiste tú quién publicó eso,
luego habla con los chicos sobre sospechosos y busca una solución. Con calma, no te afanes,
si lo haces les darás más poder sobre tí—su voz suave hace que mi ritmo cardíaco desacelere.

Azazel es la voz de la razón de la familia, muy parecido a su padre, Asher. Solo que él
es una versión más perfecta y mejorada. Es la definición correcta de hijo encantador y
perfecto, chico estrella.

No causa problemas, no dice malas palabras, nunca lo oí peleando o refutando algo,


siempre busca la paz y por eso lo amo. Porque brinda un poco de normalidad a nuestra
caótica familia.

—Gracias, Az, te amo, iré a hablar con los chicos y te cuento qué tal.

—Siempre estaré aquí, Li. Iré a pintar y cuando acabe te prometo que intentaré desviar la
atención de todos estos demonios sobre el tema de la pelea.

—Recuérdame comprarte más de esas pinturas que tanto te gustan—mis labios se curvan en
una sonrisa sincera.

—Lo haré—ríe antes de terminar la llamada.

Mi mano ya no tiembla pero ahora se encuentra fría cuando guardo mi celular en el


bolsillo de mi sudadera y la levanto nuevamente para tocar el timbre.
Hay unos segundos de tensión antes de que la puerta se abra revelando el cuerpo
semidesnudo de Marcello. Estaría horrorizada si no los hubiera visto así antes.

Venir a visitar su apartamento es como retroceder hasta la prehistoria y entrar a una


cueva cavernícola. Joshua siempre anda en joggers, sin nada arriba. Marcello anda en
calzoncillos y Nikolay es el más decente ya que siempre anda usando una camisa y un short o
pantalón.

De hecho no recuerdo haberlo visto nunca sin una camiseta, ni siquiera en la piscina
ya que nunca entra. Es raro, pero nadie nunca dice nada.

—Ya era hora, necesitamos unas cuantas explicaciones, per favore.

Ni siquiera me inmuto en decirle algo, solo paso a su lado entrando al apartamento


con paredes blancas y decoraciones al estilo antiguo. Tiene las típicas estatuas raras de
Dioses griegos y algunos animales. Sillones de terciopelo blanco con hilo dorado. Jarrones
raros y pinturas que debo suponer son importantes.

Hasta ahí es bonito, luego pasas al reguero de ropa sobre el suelo o a los plásticos y
papeles de comidas abiertas que jamás botaron. No me sorprendería si una rata sale ahora y
corre por mis pies.

Paso por encima de unas cajas de pizza con grandes manchones de grasa haciendo una
mueca de disgusto y hago malabares para llegar hasta dónde Joshua y Nikolay me miran con
los ojos entrecerrados.

—Oigan chicos, sé qué puede ser difícil creerme pero deben saber que yo no publiqué eso,
jamás pondría en riesgo a ninguno de ustedes y menos los expondría de tal forma
públicamente—explico tan apresuradamente que incluso dudo de que se haya entendido.

—No seas tonta, obviamente te creemos—Joshua me da una sonrisa tranquilizadora mientras


se levanta del sillón individual y pasa su brazo sobre mis hombros—. Pero si no fuiste tú
¿quién fué?

—No lo sé, pero sospecho que fué Connor quién hackeó mi cuenta.

—O Aiden—opina Nikolay dirigiéndome una mirada por primera vez desde que entré.

Tiene razón, también podría ser él y es la opción más lógica pero por algún motivo
tampoco quiero lanzarlo a las garras de la ley acusándolo de involucrar a un príncipe
prestigioso en una pelea clandestina.

—Esa es una segunda opción—es lo único que digo.

—Ven acá—Nikolay palmea el espacio a su lado en el sillón.

Me acerco y me siento exactamente dónde él me indicó. Su expresión está algo tensa,


pero aún así me da una de sus elegantes sonrisas.
—Lilith, no somos idiotas, todos sabemos que lo hizo él y está bien si no quieres culparlo
tampoco haré un drama al respecto.

—No es por eso, me da igual si lo culpan o no, es solo que...—mi mentira se ve interrumpida
cuando Nikolay aparta mi cabello de mi hombro dejando mi cuello expuesto.

—Al menos de que tengas un nuevo interés amoroso debo suponer que esa es la razón por la
que Aiden se alteró cuando te toqué—acaricia mi punto de pulso y siento un ligero dolor en
la zona.

No había sentido eso anteriormente. Frunzo el ceño llevando mi mano a mi cuello con
confusión.

—Ten—Marcello me lanza un espejo de bolsillo que tomo en el aire.

Lo coloco a centímetros de mi cuello y logro ver el pequeño moretón café que está a
punto de desaparecer. Los recuerdos de él succionando mi garganta llegan como un
flashback.

Mierda.

Eso significa que todos pudieron verlo, mamá, mis padres, mis hermanos...Joder, no.
Me voy a ahogar en la vergüenza.

Mi cara no puede estar más roja ahora mismo, siento mis mejillas hirviendo al igual
que mi cuello lo que causa una risa en los tres hombres de la habitación.

—No puedo creer que no te dieras cuenta—se burla Joshua mientras extiende su mano hasta
alcanzar un envase con palomitas.

Marcello que ahora tiene un short puesto lo cual agradezco porque ver sus
calzoncillos con dibujos animados no es lo más cómodo del mundo se sienta a un lado de
Joshua robándole palomitas.

—Es hora de que empieces a hablar, perra, ¿qué pasó?

Suspiro tomando valentía, puedo confiar en ellos.

Entonces mis labios se abren y todo sale en un vómito de palabras y verdades, desde
que pisé la playa hasta que creí que había sido una pesadilla y luego Uriel me confirmó que
no lo fué.

Mientras hablo puedo sentir de nuevo su toque contra mi piel, sus labios recorriendo
mi cuello, sus ojos fríos y tormentosos, su respiración acelerada en mi oído. Siento su peso
sobre el mío, su mano asfixiándome, la forma burlona en la que me dijo que le debía un favor
y de que eso sería mi fin. Huelo su rico aroma cítrico y siento su presencia preocupada y
abrumadora.
Cuando termino de hablar todos están estupefactos. Marcello me mira como si
acabará de decir algo incoherente, Joshua tiene una expresión de asombro y terror y Nikolay
tiene el ceño fruncido.

Mis dedos tocan mi cuello involuntariamente, el sentimiento de asfixia llegando de


nuevo sin querer. Y de nuevo ese sentimiento raro que no debería sentir teniendo en cuenta la
situación.

— ¿Estás diciendo que estuviste a punto de morir dos veces por culpa de ese imbécil?—
murmura Joshua con sus rasgos tensos.

— ¿La tía Aleska sabe de esto? ¿Los tíos lo saben?—pregunta Marcello y mi cuerpo se tensa
evidentemente.

—No, y nadie se lo va a decir, esto queda entre nosotros y de aquí no saldrá—advierto con
firmeza.

El incómodo y asfixiante silencio se extiende a nuestro alrededor como un tormentoso


huracán que se lleva todo a su paso.

—Pelearé con él.

Esas tres palabras que cortan el silencio son peores que la cortada de una daga en una
arteria.

— ¿Estás loco? Chico, ¿has visto a Aiden? Tiene toda la pinta de asesino, y tú... ¿siquiera
sabes pelear? —Joshua alza las manos alterado.

—Si—responde con simpleza Nikolay—. Recibo entrenamientos, soy un príncipe y por lo


tanto debo estar en forma para defender a toda costa a mi país.

—Bien, lo entendemos, pero tú entrenamiento no es el mismo de Aiden, él es el ejecutor de la


Bratva, su fachada encantadora acabamos de ver que es solo eso, una facciata (una fachada)
—Marcello pasa sus manos por su cabello despeinándolo.

Mi mirada está aún estupefacta sobre Nikolay qué está pasando la mano por su cabello
rubio claro arreglando el desastre desordenado que había antes.

—Su entrenamiento no es el mismo pero el mío sí—susurro.

—No vas a pelear con él, enana—los ojos de Nikolay están llenos de determinación.

El gris claro amenaza con hacerme apartar la mirada pero debo contenerme de
hacerlo. A pesar de que Niko sea un crío de diecisiete años tiene una presencia acaparante,
como la de Uriel y la de Abalám.

Nunca lo he visto con otros ojos más que como un mejor amigo que siempre está ahí
para mí. Al igual que con Joshua, él es mi mejor amigo al que considero un primo.
—Mi entrenamiento es igual o peor al de Aiden, estoy capacitada para pelear con él y ganarle
si no me ahorca como un psicópata.

—Ya bueno, tampoco vayamos a extremos, con que puedas pelear es suficiente, perra—
Joshua hace una mueca aún sin estar convencido.

—Es peligroso, ya sabemos que Aiden podría herirte, diavolessa.

Las palabras de Marcello calan profundo en mi interior revolcando todo lo ocurrido en


la playa.

—De todos modos lo haré, está es mi pelea con él, no tiene por qué involucrarlos a ustedes.

—Si algo te pasa...—Nikolay niega sin poder terminar la frase.

—Ey—apoyo mi mano en su hombro mientras sonrío—. Nada pasará, y si algo llega a


suceder tengo a muchas personas que irán detrás de Aiden, así que tranquilo.

A pesar de que eso debería tranquilizarme no lo hace, de hecho me da una punzada en


el pecho. No quiero que nada le pase pero tampoco dejaré que me mate, simplemente
pelearemos, uno de los dos vencerá y luego...no sé qué pueda pasar.

—Si la tía se entera que pelearas con él y que nosotros sabíamos nos matará, cazzo (carajo).

—Deberías decirle—me dice Joshua.

—No—dejo en claro con el miedo subiendo a mi garganta como vómito —. Nadie sabrá de la
pelea hasta que llegue el día y yo suba al ring, por favor.

Si mi familia lo sabe buscará la forma de que no pelee. No es que no lo haya hecho


antes. He peleado muchas veces y he salido victoriosa, pero jamás he peleado con un
ejecutor. Aiden me dobla la altura, el peso, es musculoso y fuerte.

—Oye, tranquila—Nikolay pasa su brazo sobre mis hombros y me estrecha contra su cuerpo
en un abrazo—. No le diremos a nadie, relájate, enana.

Quiero decirle que ese no es el motivo de mis nervios más grandes pero si le digo la
verdadera razón entonces él no dejará que pelee por él.

—Gracias—me estrecho aún más contra Nikolay buscando fuerzas en su calor.

Respiro una y otra vez hasta que al fin puedo calmar los nervios por la pelea.
Él no se queja ni una sola vez sobre que esté incómodo o sobre de qué parezco un koala.

Solo está allí, en silencio.

Es un buen chico, solo espero que la chica que se consiga algún día sea igual de buena
persona cómo él, que llene su corazón de príncipe.
Me separo de él y le doy una gran sonrisa en agradecimiento que él me devuelve y
luego lleva su mano hasta mi cabello alborotándolo y volviéndolo un desastre.

—Oigan, ¿qué pedimos para comer?—Marcello patea mi pierna para que le preste atención.

—Mmm. ¿Sushi?

—Siempre pedimos sushi—se queja Joshua.

—En realidad siempre pedimos pizza—le recuerda Nikolay.

—Mientes.

—Eh, Josh, ubicas que estamos encima de torres de cajas aceitosas de pizza vieja ¿no?—
apenas lo digo las náuseas llegan a mi garganta.

—Si...creo que deberíamos limpiar.

—Vaya descubrimiento—murmuro con diversión.

—Bien, pide sushi, Nikolay y yo limpiaremos un poco este desastre.

—Buena suerte en eso—Marcello da media vuelta dispuesto a irse.

Tomo un cojín del sillón y se lo lanzo. Este impacta en su espalda haciéndolo voltear
con rapidez.

—Tú también limpiarás.

— ¿Y tú por qué no?—frunce el ceño.

— ¿Será porque yo no fuí la causante de este apocalipsis desastroso?

—Touché.

Ruedo los ojos acostándome en el único lugar limpio de este desastre, el sillón. No me
molesto en sacar mi celular porque sería una distracción ya me preocuparé después de hablar
con mis padres y con mamá. O incluso de responder los mensajes caóticos de Abalám.

Lo que sí podría hacer más tarde es hacer una llamada grupal con Azazel y con
Amira.
Lilith

P
allí.
apá Hades siempre me dijo que hay momentos en los que me sentiré dentro de un
agujero negro y creeré que no hay una salida.

Que yo misma tiraré lejos la soga que me puede ayudar a subir para escapar de

Creo que tiene razón. Muchas veces yo misma soy la que me pongo los contratiempos, los
obstáculos en el camino que no me permiten seguir con mi vida.

Si hubiera sido una niña normal al ver a Aiden en ese estado cuando apenas tenía 5 años me
hubiera asustado, tuve que salir corriendo y no mirar atrás.

Pero no, tenía que obsesionarme con la idea de que él fuera mío y ahora estoy en este punto
sin retorno dónde toda mi vida gira alrededor de él.

No quiero que siga siendo así, pero ya es tarde, ya no puedo parar y dar marcha atrás. Lo
único que da vuelta en mi mente son las palabras que mi madre me dijo una vez:

Lilith, sé que no debería decirte esto pero lo haré. Muchas veces no queremos obsesionarnos
de lo que está mal pero de todos modos pasará, a veces puede que sientas que todo te cae
encima o que esa obsesión es en vano, pero te diré esto. Somos las reinas del mundo, la
personificación del pecado y la manipulación. Si esa obsesión no es recíproca has que lo sea,
cueste lo que cueste.

Ella tiene razón, siempre lo hace. Es la mejor en el ámbito y sigue pensando en que podré
superarla algún día. Algo que espero lograr.

Desearía grabar las palabras de mamá en un cuadro porque parece que está funcionando.
Algo tarde pero lo hizo.

No estoy segura de mis pensamientos y teorías pero de lo que sí lo estoy es que hubo un
cambio radical en la historia. A pesar de que sigue siendo ese demonio indiferente creo que
algo cambió. ¿Qué? No lo sé.
Después de acompañar a los chicos a limpiar su desastrosa caverna y comer sushi juntos les
avisé que me quedaría allí a lo que ellos estuvieron de acuerdo.

Dicen que si Aiden anda por ahí creando un maquiavélico plan no debería andar sola aunque
me pueda cuidar si me toma desprevenida o durmiendo nunca se sabe lo que puede pasar.

Hoy es un nuevo día, inicio de clases oficiales por lo tanto inicio de mi estrés y ansiedad.

Hablé con mamá hace unas horas y me dijo muchas cosas reconfortantes, me avisó de que
aunque tenga este extraño dilema con Aiden no puedo faltar a mis clases de equitación y a mí
entrenamiento por mi salud y todo eso.

Le dije que está bien pero eso no me lo creo ni yo. Puedo ir al entrenamiento sin ningún
problema pero ¿Ir a equitación? Eso no pasará.

El padre de Aiden es el dueño de la caballeriza desde hace años cuando mis padres le
ofrecieron el trabajo. Por lo tanto su hijo lo ayuda la mayor parte del tiempo, no siempre pero
igual está allí y considerando que soy una marca de sal constante estoy segura de que si
decido ir él estará allí.

Es obligatorio que él vaya ya que atrae a muchos clientes, o mejor dicho clientas. Aiden
montando a caballo es un espectáculo estimulante para cualquiera. Así que cada vez que él va
hay un sinfín de admiradoras que pagan cientos de dólares solo por verlo.

Para mí mala suerte tuve que aprender a montar para no levantar sospechas con mis padres y
cumplirles la fantasía de ahogar a Aiden en un estanque de agua.

Estoy mirando el reloj en la pared fijamente esperando a que marque las dos para poder
largarme de aquí. Las clases de historia obligatoria son lo peor. Odio la historia, ¿de qué me
sirve a mí saber lo que hicieron o no hace diez siglos?

—Para mañana quiero que traigan un informe completo sobre Imhotep, sus primeros trabajos
en Egipto y todos los que realizó después. Eso les dará puntos extra en la materia a aquellos
que lo necesitan—el profesor Herrera clava su mirada en la mía.

Le doy una sonrisa inocente que espero vea la hipocresía en ella. Patrañas, voy bien en su
materia, no excelente pero la paso. Así que se puede ir a tomar por culo.

—Hasta luego, recuerden el informe y...

Sus palabras se ven interrumpidas cuando el reloj marca las dos en punto y todos nos
levantamos como resortes saliendo apresurados del aula.

Cuelgo mi mochila a mi hombro y choco con unos cuantos intentando huir de este infierno y
luego debo tomar aire para no ahorcarme con papel higiénico en el baño.

Saco mi celular después de no revisarlo hace unas cuantas horas y voy directo a los mensajes
que me importan.

Joshua: Tenemos juego, puedes venir si quieres.


Lilith: Me encantaría ver cómo todas se derriten viéndolos jugar americano pero debo ir a
entrenar.

Joshua: ¿Y? Yo debería estar haciendo una biografía de Mondrian y de todos modos jugaré.

Evito preguntar quién es Mondrian, cuando convives con artistas aprendes a las malas que
cada vez que dicen o nombran algo sobre un artista antiguo o de la época debes callar y fingir
entender.

De lo contrario tomará unas largas horas en las que te hablarán hasta de los antepasados del
artista, sus cuadros, técnicas de pintura, fechas, su vida.

Aprendí la lección cuando accidentalmente confundí a Monet con Manet y Azazel duró sin
decir mentira siete horas explicándome la vida y diferencias de cada uno. Desde ese momento
aprendí que su artista favorito en definitiva es Monet y que debo aprender a quedarme callada
cuando hablan de arte.

Lilith: ¿A qué hora juegan? Tal vez llegue más tarde.

Joshua: A las cinco, y Nikolay tiene esgrima a las cuatro deberías ir después de entrenar.

Lilith: Bien, entrenaré solo una hora para asistir a sus juegos. Que quede claro que soy una
gran amiga eh.

Joshua: Ya, ya, no te subiré el ego. Te amoo, después de los juegos podemos hacer las tareas
juntos.

Lilith: Acepto tu oferta.

Salgo de la universidad tratando de evitar entablar conversación con algún niño pijo del que
definitivamente no me interesa saber su vida y me apresuro hasta llegar a la acera.

Empiezo a caminar con calma, son unos cinco minutos de aquí a mi apartamento así que saco
mi Airpods y coloco a Artic Monkeys.

Meto los audífonos en mis oídos y me desconecto del mundo mientras canto en voz baja la
canción que está sonando, Do I Wanna Know.

Saludo con la mano al portero y entro al ascensor marcando mi pent-house. Cuando las
puertas se abren Lila está encima de mis piernas, río acariciando su suave pelaje.

Veo de reojo la hora en el reloj digital de la cocina, maldición, tengo sólo treinta minutos
para alistarme.

Tengo que apurarme para echarme un baño y quitarme todo tipo de colonias caras que se
mezclan con mi perfume de lavanda. Definitivamente el dinero no da los buenos gustos.
Me pongo un top lila deportivo muy cómodo que no aplasta mis senos y unos leggins del
mismo color para hacer conjunto. Ato mi cabello en una coleta alta desordenada y por último
me pongo unos tenis.

Tomo el primer bolso que encuentro y meto mi celular, una toalla y una botella de agua antes
de tomar las llaves del auto despedir a Lila y salir corriendo del edificio. Me subo al auto y
empiezo a conducir por las calles a una velocidad excesiva.

Papá me matará si llego tarde, Aleixander tiene una rara obsesión con la puntualidad que yo
odio.

Cuando llego al estudio de entrenamiento bajo corriendo del auto tropezando con unas rocas,
joder estuvo cerca de que mi cara diera de bruces con el suelo. Escuchó el click que asegura
que puse el seguro al auto y entonces es cuando estoy lista para entrar.

—Llegas cinco minutos tarde—papá se cruza de brazos mirándome mal.

Sus ojos azul oscuro podrían estar echando humo si eso fuera posible. No contengo las ganas
de reírme en su cara.

—Solo tú esperas que llegue temprano.

—La puntualidad es un valor importante, Lilith.

—Por ahí dicen que lo bueno se hace esperar—me encojo de hombros.

—Eres insoportable, debí tirarte de un puente cuando tuve la oportunidad—se lamenta


mientras sube al ring.

—Te voy a patear el trasero—lo amenazo ofendida.

Él solo hace una mueca egocéntrica e incrédula, imbécil. Le he ganado muchas peleas y él a
mí, solo es cuestión de saber dónde atacar.

Creo que no hace falta mencionar que Aleix y yo tenemos una extraña relación padre e hija
con un amor-odio.

Todo pasó cuando él lanzó mi tiara sin querer al suelo y yo le exigí recogerla, él se negó y
tuvimos una discusión. En ese momento yo no sabía que él era uno de los novios de mamá y
él no sabía que yo era su hija.

Luego todo fue algo balanceado, había momentos donde nos odiábamos y otros en los que
podíamos convivir juntos sin crear una guerra mundial.

La pelea inicia cuando él lanza un golpe que cae directo en mi abdomen, me doblo y lanzo un
puñetazo a su mandíbula. Duramos al menos unos veinte minutos hasta que logro dar el
movimiento final y dejo mi rodilla sobre su garganta.

—Gané—susurro victoriosa.
—Yo no estaría tan seguro—murmura y en un rápido movimiento logra lanzarme hacia atrás.

Caigo de espalda y debo contenerme de hacer una mueca, maldición eso dolió.

—Ahora sí, gané—se para frente a mí con una gran sonrisa de hijo de puta.

—¿Segundo round?

Él ríe asintiendo y me extiende su mano, la utilizo de apoyo para levantarme y volvemos a


pelear. Está vez dura un poco más de tiempo hasta que al fin logro derribarlo y dejarlo sin
salida.

Cuento hasta tres antes de levantarme festejando. Empate.

—Bien hecho, mocosa.

Evito rodar los ojos mientras tomo mi botella de agua y la llevo a mis labios. El agua baja por
mi garganta como un elixir y alivia todo mi sistema además del calor insoportable.

— ¿Vas a hacer algo?

—Sí, iré a ver el juego de Josh y Marcello y luego veré la práctica de esgrima de Nikolay.

— ¿No irás a la caballeriza?

Me tenso evidentemente, ya llegamos a la parte de la conversación a dónde no quería llegar.

—No quiero hablar de eso, papá—guardo la botella en mi bolso.

Lo levanto y lo cuelgo de mi hombro, todo sin mirarlo.

—Cómo sea, de todos modos tu mamá lo averiguará y le sacaré información. Solo sé que si el
niño zanahoria te hizo algo lo voy a ahogar.

Aguanto las ganas de reír por el tonto apodo que le puso desde que tenía siete.

—No me hizo nada, papá—miento con una sonrisa forzada—. Solo estamos jugando un
poco.

«Jugando». Claro, si jugando es casi matarme y luego dispararle a mi amigo, crear una pelea
con él y armar un alboroto entonces sí, estamos jugando.

—Estamos aquí para tí, Lilith—dice con seriedad.

—Lo sé.

—Anda al partido, nos vemos pasado mañana—estira su mano y revuelve mi cabello.

—Nos vemos, viejo, trata de no sacar a mamá de quicio.


Doy media vuelta empezando a irme del salón de entrenamiento.

—Eso deberías decirle a ella.

Niego con la cabeza divertida mientras subo a mi auto y conduzco de vuelta a mi


apartamento. Me doy otra ducha y me decido esta vez por una falda blanca y un top lila algo
corto que mejoro con una chaqueta.

Tomo una linda cartera blanca y salgo de nuevo hacia el campus para ver primero el juego de
los chicos. Le envío un mensaje a Joshua de que voy en camino y me distraigo viendo las
historias de Amira.

Ella es toda la definición de una princesa, modelaje, cabello dorado, ojos verdes claros, y un
porte y habla elegante.

Un escalofrío me recorre y debo apartar mis ojos de las fotos para inspeccionar mí alrededor.
Siento como si alguien estuviera observándome.

Me quedan solo unos pasos y entro al campus así que me apresuro para llegar, una vez dentro
no me siento más segura solo tengo mis nervios alterados y mi corazón desbocado.

En un punto empiezo a correr mientras sostengo mi cartera a mi lado, corro con tanta fuerza
que podría caerme en cualquier momento.

Empiezo a pensar que estoy paranoica así que desacelero agradeciendo que nadie me haya
visto. La puerta para ir a ver el juego está a unos cuantos metros pero me veo obligada a
detenerme para calmar mis respiraciones aceleradas.

Cierro mis ojos mientras regulo mi respiración y el ritmo cardíaco de mi corazón. Los abro y
creo que puede darme un micro infarto cuando mis ojos conectan con unos gélidos ojos
verdes. Trastabillo hacia atrás chocando con una pared.

Yo debo lucir estupefacta mientras que Naim está tranquilo, una de sus manos está dentro de
sus joggers y la otra está sosteniendo un cigarrillo entre sus labios.

— ¿Qué carajos te pasa, idiota? ¿Crees que seguir a la gente por allí es normal?—le reclamo
con furia evidente.

Saca el cigarrillo de sus labios soltando el humo y se encoge de hombros restándole


importancia.

—Tú nos invitaste al juego, eso es sospechoso en primer lugar.

Su voz gruesa y su mirada meticulosa inyectan el ambiente como un gas tóxico. Me cuesta
procesar sus palabras y cuando lo hago lo miro como si le hubieran salido tres cabezas.

— ¿De qué hablas? Yo no los invité, ¿por qué mierda los invitaría?
La mirada de Naim no cambia pero si noto la ligera confusión en sus rasgos. Pretendo hablar
de nuevo y aclarar que no fuí yo cuando ese rico aroma cítrico invade mis fosas nasales como
una droga.

—Connor te busca—dice su voz gruesa a mis espaldas.

Debo tomar fuerzas para no voltear a verlo.

Naim alza su mirada hacia la de Aiden que se posa a mi lado y ambos intercambian una
extraña mirada que no puedo descifrar.

—No te tardes—le dice Naim a Aiden y da media vuelta saliendo por las grandes puertas.

Es entonces cuando caigo en cuenta, ellos están en The Golden Royalty, eso sólo significa
problemas. Y aún más si creen que yo los invité.

—Juro que yo no los invité, ni siquiera creo que tengo el número de alguno de ustedes.

Me alejo dos pasos de él y alzo mi cabeza para verlo mejor. No responde y realmente no me
sorprende, lo que sí lo hace es cuando avanza y su cuerpo cubre el mío.

Estoy tan pegada a la pared que creo que en cualquier momento podría adherirme a ella.

Sus ojos tormentosos y de un fuerte azul están fijos en los míos. Su cuerpo duro, fuerte y alto
aplasta al mío cómo el león a la hormiga.

Miro a los lados con nerviosismo asegurándome que estamos solos y luego vuelvo a mirarlo.
El recuerdo de que le debo algo está presente en cada respiración.

Mi cabeza grita señales de alerta, grita que huya. Es como una advertencia de peligro. Cada
vez es peor, cada vez grita más alto y no puedo callarla.

Mi pecho sube y baja repetidamente con mis respiraciones aceleradas pero su mirada no deja
a la mía ni un segundo y yo tampoco puedo apartar mis ojos de los suyos.

El azul usualmente brillante de sus ojos que sabe cómo fingir ahora está apagado, siempre
sucede cuando me mira. Tiene una mirada tan intensa que siento como excava mi alma y la
necesidad de apartar mi mirada pero no puedo.

Su alma vacía y su corazón negro se reflejan en cada brillo sádico en sus ojos apagados. Está
disfrutando mi reacción, demasiado para una persona normal, una que claramente él no es.

Su mano se levanta y debo controlar mi cuerpo para que no haga nada involuntario cuando la
apoya sobre mi cuello. En ese lugar dónde la marca que dejó se está desvaneciendo. Lo
acaricia dos veces causándome un escalofrío notorio que hace que una de sus comisuras se
curve un poco antes de volver a ser seria.

Ancla sus dedos a mi cuello como un collar, no lo hace tan fuerte como ese día pero si tiene
un agarre firme como para que las venas de su antebrazo se marquen aún más y cómo
advertencia para que no haga ningún movimiento estúpido.
De hecho tenía pensado lanzarle una patada en las bolas y salir corriendo pero eso sería tonto
porque me alcanzaría antes de siquiera poder dar tres pasos.

Su otro brazo se apoya descuidadamente en la pared a un lado de mi cara acorralándome aún


más, como si su presencia no fuera suficiente.

Inclina su cabeza hasta que su cálido aliento mentolado está sobre mis labios. Aumenta un
poco el apretón en mi cuello y mis ojos se abren mientras mis manos suben a su brazo
clavando mis uñas como advertencia.
Está vez una gran sonrisa se extiende en sus labios, es divertida y retadora.

—Si llegas a sacarme sangre de nuevo con tus filosas uñas te voy a hacer cosas
desagradables, Diosa.

Suelta un poco su agarre y yo bajo mis manos cómo si su piel quemara. Podría definir cosas
desagradables como torturas para morir, pero por el tono que usó no creo que se refiera a eso
y pensar a qué se refiere en realidad me pone los pelos de punta y hace que un indeseable
cosquilleo se forme en mi vientre bajo.

—El brillo en tus ojos me invita a hacerlo realidad, ¿eso es lo que quieres?—se acerca aún
más hasta que nuestros labios se están rozando en una increíble tentación.

Podría gritarle que sí pero eso sería pactar mi destino y no estoy dispuesta a eso aún hasta
saber qué carajos quiere de mí más que robar mi oxígeno y desaparecerme de la faz de la
tierra.

—Responde, odio cuando no lo haces—ordena.

—También me odias a mí hasta dónde tengo entendido—murmuro con voz firme que no sé
ni siquiera de dónde salió.

—Lo hago, te odio.

Ignoro el pinchazo de ira que se instala en mi pecho y respondo con la voz más neutral que
puedo exigir:

—Si me odiaras no estarías encima de mí intentando asustarme como un imbécil.

Eso lo hace sonreír y sinceramente prefería que no lo hiciera porque ahora se ve mucho más
aterrador y atractivo.

Su pulgar se posa sobre mi labio inferior y la jala hacia abajo dejando mis labios
entreabiertos. Sus ojos no abandonan los míos cuando saca su lengua y la pasa entre mis
labios lentamente, como si los saboreara antes de encajar sus dientes en mi labio inferior con
fuerza.

Suelto lo que debería sonar como un quejido pero que sale como un jadeo cuando estira la
carne entre sus dientes y la suelta dejando un escozor, de inmediato siento el sabor metálico
de la sangre inundar mi paladar.
—Te odio y te voy a hacer sufrir por meterte a la fuerza en mi vida—acaricia mi labio
sangrante y por primera vez sus ojos dejan los míos para ver lo que hace.

— ¿Sufrir en qué aspecto?—murmuro en voz baja concentrada en lo que hace.

El deseo y el placer nublan sus ojos mientras observa mis labios con detenimiento.

—No te mataré si eso es lo que preguntas, eres demasiado para morir.

Su pulgar está esparciendo el líquido carmesí como si fuera un labial y las palabras que
quiero dejar ir están atoradas en mi garganta. «Está mal lo que dijo». Lo sé pero no puedo
evitar lo que siento.

—Se nota tu odio.

—Piensa lo que te dé la jodida gana, Lilith.

Mi nombre susurrado de sus labios es cómo una fantasía húmeda vuelta realidad. Su mirada
vuelve a la mía cuando lleva su pulgar con mi sangre a sus labios pecaminosos.

Está muy mal, es una advertencia de que le gusta la sangre, de qué me hará sufrir, de que un
simple mordisqueo de labios no es el próximo movimiento que hará y de que me estoy
quedando atrás en el juego.

Mis ojos se dejan llevar por el movimiento de sus labios en su propio dedo y debo juntar mis
piernas para no pensar en las reacciones que está causando.

—Aún no me dices que te debo—cambio de tema por el bien de mi salud mental.

—Eso es porque aún no lo sé, tengo muchas opciones en mente. Te lo diré luego.

Mi mente da vueltas pero me veo en la obligación de soltar aquello que carcome mi mente:

—No me iré tan fácil de tu vida.

Eso lo hace soltar una risa ronca que es lo más erótico que he escuchado en mi vida.

—Eso ya lo sé, Diosa.

— ¿Y entonces por qué no formas un escándalo? Creí que odiabas que me metiera en tu
camino.

—Lo odio, te odio a tí así que odio todo lo que hagas—debo evitar rodar los ojos—. Pero soy
consciente de que si no me he podido librar de tí en dieciséis años no podré hacerlo ahora.

Su mano vuelve a mi garganta presionando con sus dedos a ambos lados. Creo que le gusta
hacer eso.
—Solo apártate, Aiden, cuándo sepas que favor te debo me avisas. Tengo un juego que ver y
una práctica de esgrima a la cual asistir—pongo mis manos sutilmente sobre su pecho para
alejarlo.

Algo cambia en su expresión con esas palabras, no sé exactamente qué es pero algo lo hace y
lo rectifico cuando su agarre en mi cuello se vuelve más fuerte.

— ¿Práctica de esgrima? ¿Desde cuándo haces esgrima?

—Yo...no...—trato de hablar como puedo mientras mis uñas se clavan en su brazo de nuevo
pero con ligereza—es...Niko.

— ¿Niko?—susurra con un deje amenazante.

Asiento cómo puedo. ¿Qué carajos con este demente?

—Su puto nombre es Nikolay, Lilith.

—Le digo...cómo quiera.

—Cuidado con lo que dices.

Sus ojos tienen una emoción violenta y peligrosa que me dejan estoica y con un desastre de
emociones. ¿Acaso está...? No, no puede ser.

— ¡Lilith! ¡Enana! ¡¿Estás aquí?!—el grito de Nikolay me hace tensarme.

Aiden lo nota y eso solo aumenta su expresión asesina. Mierda.

—Apártate—siseo.

Si Nikolay me ve en esta posición no tendré nada para defenderme ya que la posición es muy
obvia. Y se supone que no debería estar obsesionada por alguien que casi me mata y que
ahora me tiene acorralada.

— ¿Por qué lo haría?

—Solo... apártate o... lo haré yo.

—Por favor, hazlo.

Los pasos se oyen cada vez más cerca y debo actuar rápido antes de que Nikolay nos vea.

Sin pensarlo dos veces clavo mis uñas con fuerza en su antebrazo arañándolo y sacando
hileras de sangre. Eso lo mantendrá entretenido.

Una gran sonrisa se extiende en sus labios, una promesa. La cagué, pero al menos me salvaré
de crearle una mala imágen mía a Nikolay.
No dejo de lastimar su antebrazo aún cuando él inclina su cabeza y sus labios rozan mi
mejilla antes de que su respiración llene mi oído.

Su agarre aún no se afloja y me veo al borde de la desesperación mientras le clavo con más
fuerza las uñas pero mi tarea se ve interrumpida cuando un jadeo ronco y gutural resuena en
mi oído.

Mis ojos se abren de par en par y mis labios entreabiertos sueltan un extraño sonido de placer
al escuchar el jadeo profundo de Aiden.

El fuego me recorre las venas tanto por el placer como por el disgusto que me da sentirlo en
esta situación donde debería derribarlo lo cual es algo tonto porque su mano en mi cuello no
me deja moverme.

—Sigue desobedeciéndome y voy a llenar tu coño hasta que no puedas respirar y quedes
inconsciente. Es la última advertencia que te doy.

Eso me hace quedarme muy quieta. Demasiado porque joder si eso no fue excitante. El miedo
de ser descubiertos está instalado en la boca de mi estómago pero eso no evita que detalle
cada minúscula parte de su cuerpo. Desde su cabello naranja apuntando en todas las
direcciones, sus músculos sobresalientes que se notan incluso a través de la camisa negra que
lleva puesta. Su brazo lastimado sosteniendo con menos fuerza mi cuello y sus ojos
tormentosos que de nuevo están anclándome a él.

— ¿Qué?...—mi voz sale susurrante e incrédula.


— ¿Segura que quieres hacerme repetirlo?

—Preferiblemente, creo que mis oídos se taparon.

¿Él no pudo haber dicho eso verdad?

— ¿No dijiste que me odiabas?

—Sí, pero me gustaron tus labios desde que me besaste. Una cosa no tiene que ver con la
otra—quiero decirle que, en realidad tienen todo que ver pero me quedo callada cuando
succiona mi labio inferior limpiando el desastre de sangre que debe haber—. Imagino lo bien
que deben verse alrededor de mi polla chupando con esa boca manipuladora y venenosa. O lo
bien que se verían entreabiertos mientras gimes cuando te desgarre el coño y azote tu culo
regordete.

Mi quijada podría tocar el suelo de lo abierta que está mi boca mientras lo miro con
estupefacción. ¿Este es el mismo Aiden encantador que todos aman? ¿El mismo Aiden
indiferente que me ignoró durante dieciséis años?

—Te verías tan bien cabalgando mi polla, gritando por más. Iría tan profundo que te
quedarías sin aire. Tal vez luego me decida por follarte el culo.

Bien, entendí su punto. No conozco para nada a este Aiden. No conozco su lado sádico ni
siquiera creo que alguien lo conozca, joder. Estoy temblando cómo una hoja por sus palabras.
— ¿Crees que esto me hará parar?

Una sonrisa sádica curva sus labios.

—No lo sé, ¿quieres que lo haga?

—Tal vez no quiera.

—Las palabras tienen poder, si vas a afirmar esto te atienes a las consecuencias.

¿Por qué no? Es lo que siempre quise, solo que no sabía que él era así. Pero no me quejo, es
atractivo, mucho, sexy y sus demonios se llevarán bien con los míos.

— ¡Lilith!

De nuevo el grito de Nikolay es lo que me hace aterrizar los pies en la tierra y volver a la
situación de la que debía salir.

—Tengo una pregunta rápida, ¿por qué este repentino interés?—digo apresurada, después de
que responda lo empujaré.

—No lo sé—miente.

Lo puedo ver en sus ojos, está mintiendo, sin embargo no lo fuerzo. Lo único que quiero es
estrangularlo por no decirme.

—Solo sé que te volviste mi nuevo interés y ambos sabemos que cuando algo entra en mi
radar la única forma de que salga de allí es destruido.

— ¿Eso debería hacerme sentir bien?

—Sí, después de todo, tu fantasía de tenerme podría volverse realidad.

La furia regresa como un torbellino. Claro, ahora sí, cuando a él se le da la jodida gana
entonces yo tengo que estar ahí esperando de piernas abiertas por él. Al carajo eso.

Si quiere algo de mí debe esforzarse al menos la mitad de lo que yo lo hice en dieciséis años.

— ¿Disculpa? No me jodas, psicópata imbécil. Si quieres algo de mí esfuérzate al menos un


poco.

— ¿Crees que no puedo hacerlo Diosa?

—Deja de decirme así y ahora apártate, estoy empezando a creer que eres bipolar o algo así.

—Te seguiré llamando Diosa quieras o no, y el término que buscas no es exactamente
bipolar.

Suelta mi cuello y por fin libera mis labios que deben estar hinchados como si nos
hubiéramos besado lo cual no pasó pero sí pasaron muchas cosas que debo procesar.
— ¿Entonces cuál es?

—Quizá te lo diga después...o no.

—Claro, tómate tu tiempo buscando los favores que te debo, pensando en cómo seguir
planeando peleas con mis amigos, y buscando formas de lograr follarme—escupo con desdén
y sarcasmo.

—Créeme, lo haré—sonríe.

—Que no pueda matarte no puede decir que no pueda darte una patada en las bolas, Aiden,
no me jodas.

Él sabe que jamás podría matarlo pero si puedo herirlo y lastimarlo mucho.

—Hazlo, me pondría jodidamente duro que intentes hacerlo.

Un estremecimiento me sacude porque viendo su faceta y el demonio revelado no dudó de


que tenga razón. Si sacarle sangre lo puso así pelear con él probablemente sea como ver una
película porno.

Ah, es bueno recordarlo porque mañana pelearé con él solo que nadie lo sabe. Pero ahora que
dijo esto no sé si es una excelente o una terrible idea.

—Ya veremos si lo hace—lo enfrento.

—Ya veremos—sonríe de lado para que luego su expresión vuelva a ser mortal con los pasos
acercándose—. Mantente lejos del príncipe, hablo muy en serio, si no lo haces tú me veré
obligado a alejarlo con métodos divertidos para mí y desagradables para ti. No me tientes.

—Vete al infierno, ¿por qué debería hacerlo, eh? Grandísimo imbécil.

Lo empujó con tanta fuerza tomándolo desprevenido y logró apartarlo de encima. Me separo
de la pared arreglando mi chaqueta y mi cabello.

—No responderé a eso—susurra antes de soltar una risa baja.

Un escalofrío me recorre con el sonido nuevamente.

—Púdrete—intento dar media vuelta y salir a buscar a Nikolay.

Mis planes se ven interrumpidos cuando sus dedos se enroscan en un mechón de mi cabello y
echa mi cabeza hacia atrás. Está cae sobre su pecho y él debe agacharse para poder hablarme.
Su otra mano viaja de nuevo a mi garganta.

— ¿Qué parte de no me tientes no te queda claro? ¿Tanto te cuesta seguir una simple orden,
mmm?—jala mi cabello con tanta fuerza que mi cabeza empieza a palpitar.

— ¿Qué carajos está mal contigo y cuál es tu obsesión con asfixiarme?


—Eso sí lo puedo contestar, me gusta sentir tu frágil cuello entre mis dedos, tu pulso
acelerado por mi presencia y lo cerca que estaría de romperlo con un solo apretón.

Mierda.

— ¿Enana, estás allí?

Me separo de Aiden cómo si su cuerpo quemara que no está muy lejos de ser así. Trago con
tanta fuerza que mi garganta arde, sus palabras combinadas con todas las sensaciones
anteriores me están consumiendo los pensamientos.

— ¿Lilith? Mierda, me preocupé por tí, los de Hellfire's llegaron y...—su mirada se posa en
Aiden y luego en mí con una mirada indescifrable.

Sin decir nada más Aiden pasa por un lado de Nikolay no sin antes dirigirle una mirada de
superioridad y una sonrisa falsa. Se va dejándome con el corazón en la boca y mis
pensamientos revueltos.

— ¿Te hizo daño de nuevo?—Nikolay se acerca apresurado.

—No, yo...estoy bien—sonrío un poco.

Él me da una mirada incrédula pero no dice nada al respecto.

—Andando, aún tenemos un juego que ver—enlazo mi brazo con el suyo pasándome la
advertencia de Aiden por el culo.

A la mierda si cree que le haré caso

.
Aiden

D
esde que tengo uso de razón siempre oculté mis demonios. Me negaba
rotundamente a ser igual a ella, a mi madre.

Siempre oculté lo que realmente soy porque la sociedad en la que vivo no lo


aceptaría, de pequeño cuando mi problema diagnosticado no se había terminado
de desarrollar si me importaba. Me daba miedo ser cómo ella y que todos lo supieran.

El miedo fue aminorando con el paso del tiempo y eso solo me quitaba el poco sentimentalismo
e importancia que aún llegaba a sentir hasta que mi sociopatía heredada se formó correctamente
y todo dejó de importar.

La sociedad y los estándares dejaron de ser relevantes y tenía una necesidad constante de causar
un desequilibrio en el mundo. Una necesidad de causar sufrimiento.

Pero me negaba a ser igual a ella, y cuando mi padre dijo que si el trastorno avanzaba me
tendrían que internar entonces sucedió, mi mejor creación. Una personalidad, una máscara que
siempre usaría con todos. ¿Quién no amaría a un niño encantador, educado, sonriente y
amable?

Funcionó bien por un año hasta que ese momento llegó, aquel que me jodió la vida, no porque
me haya afectado en sí, sino porque ella lo vió. De todos los que podían ver mi demonio salir
por primera vez la que lo vio fue ella.

Una persona normal hubiera salido corriendo a llamar a la policía o se hubiera desmayado. Ella
claramente no es normal, lo supe cuando me miró cómo si fuera algo magnífico y luego evitó
todo un drama legal.

Eso no tenía que suceder, no debí dejar que me ayudara porque desde entonces ha sido un
molesto pegoste que he intentado alejar.

No siempre me cayó mal pero desde que vió eso y trato de seguir intentando traer al demonio
entonces la odié. Porque estaba arruinando mis planes de evitar ser cómo ella, porque empezó
a meterse en mi vida y a crear una extraña obsesión por sacar mi verdadero yo a la luz. Hice
un buen trabajo evitándola, ignorando su presencia para que dejara de intentar algo que no
pasaría...al menos no a la luz del día. Agradezco que ella no lo sepa.

Mi máscara es perfecta en el día pero cuando Atlas mi mejor amigo y el Boss de la Bratva da
la orden de exterminar a ciertas ratas entonces yo entro en acción como el ejecutor de la Bratva.
Acepté el trabajo cuando Atlas me dijo que no podría seguir reteniendo mi problema por más
tiempo, con él no necesito fingir porque realmente creo que él está igual de mal solo que le
sabe a mierda fingir a diferencia de mí.

Ser el ejecutor de la Bratva estaba sirviendo muy bien para calmar todo pero desde ese día hace
un par de noches cuando a ella se le ocurrió que besarme era una buena idea todo se fue al
carajo.

Odio que me toquen, odio que me intenten herir físicamente, odio que me apunten y la odio a
ella. La odio porque cagó todo lo que intente evitar y ella parece no entender la magnitud del
problema.

No entiende que no miento cuando digo que mi problema está mal, cree que es un simple chiste
o un juego quizás, no lo es, podría hacerle daño y si lo hago no podría ver a la cara a Aleska,
su madre y quién ha sido una muy buena persona conmigo. No podría vivir con saber que
lastimé a Lilith porque sí, la odio pero no para herirla.

Verán, la sociedad podrida en la que estamos, incluido yo, cree que por ser hombre y tener un
mal pasado con una mujer debería odiarlas a todas. No es así, realmente odio lastimar a las
mujeres. Me parece algo nefasto que un hombre quiera dañar a una mujer sin su
consentimiento.

Y digo esto porque muchas veces ocurre que hay chicas que van especialmente a clubs o
burdeles para cumplir sus fantasías. Si ellas están de acuerdo con que las azoten, las cuelguen
y lo disfrutan, está bien.

Cómo creo que sucede en el caso de Lilith, lo supe desde el momento en que puse una mano
en su cuello y soltó un resoplido de placer. Me gustan esas cosas, sin embargo si en algún
momento alguna chica me dice que pare lo haré, no es muy complicado.

Es simplemente tener sentido común e incluso para mí que no veo al mundo como lo hacen los
demás entiendo el hecho de que violar, abusar o matar a mujeres está mal. Claro que sí esa
mujer me ataca o me hace daño hasta el punto de casi matarme como lo hizo mamá no dudará
en matarla.

Sé que Lilith no lo hará, lo sé, yo tampoco la mataría ni la lastimaría más allá del acto sexual
dónde estoy empezando a ver que le gusta lo sucio.

Y de verdad no tendría problema alguno en estar con ella si no supiera lo que guardo dentro.
No quiero que nadie se entere que soy como mamá, que tenemos lo mismo. No quería que
Lilith se acercara para no tener que lastimarla alejándola de mí, lo que no creí es que el que
terminaría acercándose fuera yo.

Nací para causar caos, un caos que debo evitar porque cuando suceda todo se irá a la grandísima
mierda. Si mi verdadera naturaleza sale a la luz entonces todos estarían empacando para irse
de la isla. Sin mencionar que vería de nuevo las lágrimas se verían en el rostro de papá. Cree
que estoy curado y así seguirá creyéndolo hasta que se muera.

Mi fachada relajada, sonriente y encantadora solo sirve para ocultar al asesino con ansias de
sangre y fetiches demandantes que la sociedad tacharía como repugnantes.
Por eso los guardo solo para mí, cuando debo asesinar a alguien malo, usualmente violadores
y abusivos (mis favoritos a matar), feminicidas, traficantes de niños o de mujeres, mujeres que
trafican, puedo ser feliz, soy verdaderamente yo, puedo disfrutar de sentir su vida entre mis
dedos, sus gritos tormentosos de dolor y su sangre manchando mi piel. Lo disfruto aún más de
saber el daño que causaron algún día a otras personas como mamá hizo conmigo.

Solo yo puedo ver mi propia pérdida de control porque si alguien más la ve estoy jodido. Ni
siquiera Atlas me ha visto asesinando y prefiero que sea así. Controlo mis impulsos.

Hasta que estoy con ella y todo cambia porque al parecer es complicado fingir cuando ella se
empeña en sacar esa parte de mí. Entonces con ella no finjo.

Sin embargo debo mantener a esos demonios apagados especialmente cuando ella está cerca
porque puedo hacerle cosas que no sé si le gusten y cómo mencioné anteriormente, Aleska
Müller la madre de Lilith ha sido una mujer excepcional conmigo, casi como una segunda
madre. Siempre me cuidó y me defiendo de los psicópatas de sus esposos que desde que Lilith
admitió que se casaría conmigo en sus delirios de loca han planeado mi asesinato.

Creo que Aleska siempre sospechó de quién soy en realidad pero de todos modos nunca lo dijo,
siguió saludándome y permitiéndome entrar a su hogar como parte de la familia ya que Atlas
es mi mejor amigo.

A pesar de que él no sea su hijo biológico sino más bien es hijo de uno de sus esposos, es su
adoración lo que me daba ventaja para pasarme por su casa siempre que quisiera y ayudarlo
con sus mierdas raras.

Atlas es jodidamente inteligente como un diccionario andante, ha logrado más cosas de las que
cualquiera podría imaginar, un cerebrito total que siempre apoyé porque no tenía nada mejor
que hacer. Sí, soy muy inteligente pero mi inteligencia es muy diferente a la suya.

Y a pesar de que él y su hermana se distanciaron debido a un problema en el que Connor está


involucrado estoy seguro de que si se entera de lo que le quiero hacer a su hermana me
asesinará.

Él no es impulsivo, pero si es calculador, probablemente me meta en una caja y pruebe ese


elemento radioactivo que creó contra mí para acabarme.

No gracias, eso se suma a la lista de razones de "mantener lejos a Lilith" lo que se volvió
imposible desde que pactó su destino debiéndome un favor.

O en realidad creo que lo hizo desde ese día en que vió lo que no debía. Estarán confundidos
así que les explico, hace dieciséis años...

Odio mi vida. No me gusta en lo absoluto. Lo lamento si eso hiere los sentimientos de papá
pero en serio la odio.

Aunque no tanto cómo la odio a ella. Se supone que debería ser la mujer a la que más ame en
el mundo, debería ser aquella que ilumine mi vida, aquella que me recuerde todos los días por
qué me trajo al mundo, para ser amado.
Pues esas suposiciones son un asco, ella es la peor persona que puede existir. Su mente está
defectuosa, ella lo es, es mala, muy mala y odio estar diagnosticado con el mismo problema
que ella.

Es mentira, me niego a ser como ella, no lo soy, o tal vez sí pero me aseguraré de que nadie
vea que soy como ella. Yo no lastimo a niños, jamás lo haría.

Yo aún puedo salvarme, mamá no, ella es un monstruo que no tiene sentimientos, yo tampoco
puedo sentir por muchas personas pero si puedo sonreír y creo que no me gusta ver mal a
papá. Eso me hace mejor persona que ella, creo.

Sin embargo hace unos días me corté accidentalmente con el cuchillo mientras picaba el
tomate para el almuerzo y estuve horas observando como la sangre salía y salía. Agradezco
que nadie lo haya visto, especialmente papá.

Luego de ese día contemplé volver a cortarme pero esta vez no sería un accidente así que aquí
estoy mirando fijamente las tijeras filosas de mamá. Será solo un corte, probaré un poco y
jugaré con la sangre, nada de qué preocuparse.

La tijera corta solo un poco de mi brazo, un pequeñísimo corte, la felicidad de la satisfacción


se mezcla con los sentimientos de confusión, ¿por qué la gente ve esto cómo algo malo? Es
divertido y me gusta.

Un fuerte golpe llega a mi cabeza y debo sostenerla soltando la tijera mientras suelto un grito
de dolor, los trozos de vidrio se clavan en mi cabeza haciendo que mis ojos lloren. «Rompió
otra de sus botellas en mi cabeza».

Miro mis manos cubiertas de sangre y una rara sensación me invade de nuevo, una que debo
ocultar a toda costa. «No soy como ella».

—Liliana—intento hacerla entrar en razón.

Odia que le diga por lo que es, mi madre. Prefiere que la llame por su nombre.

Ella solo me observa fijamente durante un par de segundos, sus ojos azules del mismo color
que los míos y su larga cabellera naranja. Odio ser igual a ella, odio tener los mismos ojos, el
mismo cabello, y la misma condición mental.

La habitación está en completa oscuridad, lo único que resalta son sus brillantes y sádicos
ojos azules. Su fuerte respiración y el feo olor de su perfume. La suave luz que proviene de la
ventana abierta ilumina su sonrisa ladeada que aumenta los latidos de mi corazón.

—No debes husmear en mi habitación a estas horas, niñato asqueroso—me dice con desprecio.

Sostiene con fuerza otra de sus botellas de cerveza y el olor repugnante invade mis fosas
nasales «Asco».
Su mano pálida viaja hasta mi cabeza y sus uñas largas y rojas se clavan en mi cráneo. Un
terrible dolor de cabeza me recorre dándome una punzada que empieza con aquel extraño
pitido ensordecedor. Aprieto los dientes para evitar gritar, ella odia que lo haga.

—Lo siento, Liliana—murmuro entre dientes.

—No me interesan tus disculpas, solo desperdicias mi oxígeno—se burla antes de soltar una
risa escalofriante.

El pitido se vuelve cada vez más fuerte haciendo que mis oídos se tapen, mis ojos nublados por
las lágrimas hacen que mi vista sea borrosa y los latidos acelerados de mi corazón me
dificultan respirar con normalidad.

Veo como estrella la botella de vidrio en la pared y trozos de vidrio salen volando en todas
direcciones. Coloca lo que queda de la botella rota en mi garganta y siento el terrible
sentimiento de desesperación.

Cambia el sentido del material y lo lleva a mi pecho, antes de verlo venir lo clava con fuerza
y un fuerte grito sale de mis labios temblorosos. «Duele».

Manchas negras nublan mi visión, lo único que logro ver es como sus labios se mueven pero
no puedo escucharla, solo oigo el pitido.

Respiro hondo una y otra vez, me quedo quieto respirando hasta que logro moverme en un
rápido movimiento zafándome de su agarre mortal y arrancando unos pocos mechones de mi
cabello que me nublan la vista.

Ella resbala por el rápido impacto, y cae boca abajo en el suelo, un trozo de vidrio se clava
en su garganta y se da la vuelta agarrando su cuello mientras suelta sonidos inentendibles.

Sus fríos ojos conectan con los míos en busca de ayuda pero yo no puedo moverme, solo
sostengo mi pecho sangrante y adolorido.

Estira su mano en mi dirección mientras se ahoga con el trozo de vidrio. Mi vista está
embelesada con la escena retorcida que se reproduce ante mis ojos. La satisfacción de ver
cómo la sangre brota de su garganta, el gorgoteo cuando intenta salvarse, el miedo en sus
ojos.

Mis pies se mueven por sí solos hasta que llego a su lado. Ladeó mi cabeza observándola mejor
y mis pensamientos se desconectan hasta que mi pie enfundado con una pequeña bota de cuero
se levanta y se clava en su garganta profundizando el trozo de vidrio.

No soy consciente de lo que hago los primeros minutos, solo es una persona, un cuerpo sin
identificación que está muriendo. Es una persona que me lastimó.

Sus ojos se abren demasiado antes de que poco a poco pierdan el brillo. La sangre sale de su
boca, recorre su pálido cuello y llega hasta el suelo en pequeños goteos. «Se fué» Yo la maté,
no la ayudé.
No sé qué pasó, eso no debía suceder, no era lo que tenía en mente. Debía demostrar que soy
mejor que ella pero creo que eso es algo imposible. Tal vez debo resignarme a que soy igual o
incluso peor, quién sabe.

Me aparto procesando lo que pasó, maté a mi madre, y por alguna razón solo siento la
satisfacción de haberla acabado. No estoy feliz pero tampoco estoy triste, no siento nada al
respecto.

Un suave jadeo resuena a mis espaldas y volteo lentamente. Los ojos de diferentes colores me
miran anonadados pero tienen algo más, esa chispa de curiosidad.

Debe ser la hora de práctica de guitarra con su padre, Ethan. Ella no debió ver esto, es muy
malo.

—Vete—le gruño.

No tengo tiempo para darle explicaciones, tengo problemas más grandes que resolver,
empezando con cómo esconder el cuerpo, o qué decirle a mi padre.

Pero no tengo tiempo a reaccionar cuando la puerta se vuelve a abrir y las pisadas de papá
llegan a mis oídos.

Una mano pequeña se ajusta a mi brazo y me jala hacia atrás haciendo que quite mi bota del
cuello de mamá. Justo a tiempo para que papá entre, sus ojos se clavan en el cuerpo de mamá
estupefactos.

Dura unos segundos antes de que sus manos temblorosas viajen a su boca y las lágrimas viajen
por sus mejillas. Ni siquiera sé por qué llora, ella debía morir en algún momento, todos lo
haremos. Simplemente llegó su fin, no hay por qué hacer tanto drama.

—No...no puede ser...ella ¿está muerta? No.

No sé por qué llora, debería estar orgulloso y feliz de que ya no está. Solo era un estorbo, un
estorbo que le era infiel y que nos lastimaba a ambos.

—Sí, está muerta, papá, pero da igual, ya no molestará—digo con total confusión.

¿Acaso no ve el cuerpo? Papá entonces me observó, me observó con horror y dolor.

Me mira a los ojos, luego a mi pecho sangrante y por último fija su mirada en la niña a mi
lado.

— ¿Qué ocurrió?—la voz de papá sale en un hilo.

Estoy a punto de decirle que la maté cuando una mano presiona la mía con fuerza.

—Y-yo...ella intentó...a-atacarm-me—la niña a mi lado es quien habla mientras solloza—.


Aiden me d-efendió...lo siento—cubre su cara con sus manos.
Lilith es una increíble manipuladora, después de su madre podría considerarse como una
Diosa de engaños y manipulación, como su nombre lo dicta es la Diosa del Infierno.

Al decir eso papá lo entenderá porque si Lilith le dice a su padre, un psicópata total, que mi
madre intentó atacarnos mi padre también podría morir.

Pero ¿por qué está ayudándome?

—Yo... ¿ambos están bien? ¿Aiden?

Y debo hacer lo que siempre hago, fingir. Entonces sonrío y hago que mis ojos brillen. Aunque
no sienta ni la más mínima pena por el cuerpo en el suelo.

—Lo estamos, papá.

—Llamaré al señor Lovric—el padre de Lilith—. Esperen en el patio, por favor.

Salgo aún con una sonrisa falsa en mis labios. Mi pecho está lleno de satisfacción, ella ya no
está, yo la maté. No debería sentirme bien y sin embargo lo hago.

Pero nadie debería saber esto, nadie debería saber que me gustó matarla, nadie debería haber
visto eso, en especial ella. De todos ella jamás debió verlo.

Pisamos la grama del patio y sus sollozos se calman, vuelve a la normalidad en un santiamén
dejando de lado la actuación que hizo para salvarme.

Y entonces lo veo de nuevo, ese brillo de interés y curiosidad en sus ojos, uno típico de Lilith,
y uno que claramente no voy a corresponder.

—Gracias—respondo secamente soltándome de su agarre.

—De nada, Aiden—sonríe mirándome cómo si quisiera traer de vuelta al demonio.

No pasará. No volverá, al menos no a la vista del mundo. No dónde pequeñas Diosas curiosas
y manipuladoras como ella puedan verlo.

Cómo si el destino me escuchara el sonido de la ambulancia llega y dos médicos llegan a mi


lado tomándome para subirme a la camilla.

Me había olvidado de la herida en mi pecho, ni siquiera duele en realidad, se siente bien. Pero
de nuevo debo fingir, debo hacerlo. Cierro mis ojos y todo se vuelve negro pero sigo sintiendo
el rodar de la camilla.

«El demonio no regresará a la vista» Me recuerdo.

Después de ese incidente y gran tragedia en la que salí ileso gracias a Lilith y sus padres por
hacer parecer todo un accidente, papá quedó devastado.

Y después de que asesinará a mamá creyó absurdamente que me quedaría un trauma así que
me llevó con mi terapeuta que me diagnosticó con un montón de mierdas raras como la
sociopatía, sadismo y un montón más y luego sugirió por segunda vez internarme, cosa que
negué totalmente.

Entonces me medicaron, no funcionó para un carajo pero así es cómo llegamos aquí, todos
creen que esa personalidad falsa es la mejora, que logré superar todo.

Entendí que a la gente solo le importas si le das lo que quieren oír y ver. Entonces lo único que
hice fue observar cómo debía comportarme y adaptarme a ellos cómo un robot.

Ahora todos me adoran, solo debes ser popular, tener muchos seguidores, conseguir que las
chicas te amen y que los hombres te admiren y ya eres alguien jodidamente importante.

Eso es exactamente lo que hago ahora mientras estamos en la mansión de Connor en una
reunión de festejo por la pelea que habrá en la noche de la cual soy participe.

Eso a pesar de haber parecido un movimiento impulsivo no lo fué, después de que le haya
disparado al príncipe lo cual si fue impulsivo, quedé en la mira de Connor quién necesita
ganarse el odio de Lilith para no sé qué mierda, eso no me gusta, debo mantenerla lejos de sus
estúpidos juegos de psicópata, el punto es, que me ofreció pelear con el príncipe y yo no pude
negarme, no me cae bien, es solo un idiota.

Naim se encargó de hackear el IG de Lilith y armar un jodido escándalo que yo quise


intensificar reposteando el afiche que anuncia la pelea.

Atlas dijo que es una mala idea porque Lilith es impulsiva y definitivamente no le agradará la
idea de que yo destroce al niño príncipe. Está de más decir que a Connor le valió mierda y a
mí también.

Paso entre la multitud mientras sonrío falsamente y saludo a un par de idiotas que ni siquiera
recordaba su existencia. La mayoría están drogados así que probablemente ni siquiera se
acuerden si pronuncio mal sus nombres o si los cambio.

Me da igual esta tonta fiesta, lo único que merece la pena es la pelea que viene después. Pero
Connor insistió en qué nos quedáramos y cómo claramente no iba a venir solo arrastré a Atlas
conmigo que duró quejándose una hora y explicándome sobre por qué las fiestas no generan
un buen armamento al cerebro.

Creo que debe odiarme porque le dije que serían pocos, pero en realidad esto está repleto.
Debido a nuestra posición en la cima de la cadena alimenticia de la isla y nuestra reputación,
lo que alguno del grupo diga debe cumplirse, todos excepto Jane, ella en realidad solo roba
oxígeno y es la perra mensajera de Connor.

Sí, le digo perra porque le encanta meterse en mi vida y en mis ideales, al igual que en ellos de
todos. Ella es el tipo de chica que intenta llamar la atención y hacer daño a otros a toda costa.
Incluso una vez le jugó una broma pesada a una chica publicando sus fotos privadas en todos
lados. Está de más decir que nosotros nos encargamos del tema eliminando todo,
disculpándonos en nombre de Jane con la chica y luego advertirle que si lo volvía a hacer
acabaría diez metros bajo tierra.
Hablando de perras, una cabellera rubia aparece en mi visión mientras sonríe hacia Atlas y
hacia mí. Atlas solo la ignora mientras aparta a un idiota que pretendía meterle hierba por la
nariz.

— ¡Chicos! Creí que no vendrían—Jane sonríe tan grande que creo que sus comisuras podrían
romperse.

—Pues aquí estamos—sonrío falsamente ya que el idiota de Atlas no parece entender la señal
de ayuda.

En serio, cuando debería dar una de sus charlas raras e inteligentes para espantar a Jane
entonces se calla y procede a desconectarse del mundo.

Le doy un codazo disimulado y él me mira con el ceño fruncido. Juro que si pregunta por qué
le metí un codazo le daré un puñetazo.

— ¿Estás drogada?—pregunto para poder darle un tema de conversación a Atlas.

—Sí, solo un poco—ríe intentando llevar sus manos hacia mí.

Me alejo disimuladamente lanzándole una mirada significativa a Atlas que rueda los ojos.

—Las drogas pueden actuar sobre los neurotransmisores alterando y cambiando el correcto
funcionamiento afectando así a la conducta, estado de ánimo o percepción. Además, pueden
crear dependencia física o psicológica.
También pueden incluir enfermedades pulmonares o cardíacas, embolia, cáncer o problemas
de salud mental—explica sin pausas como un jodido diccionario.

Jane lo mira con incredulidad y disgusto.

— ¿Qué?—dice con una expresión confundida.

—Que las neuronas que te quedan podrían verse afectadas, debido a tu poca inteligencia tus
neuronas han dejado de funcionar correctamente. Yo diría que la droga tiene algo que ver en
que te hayas vuelto algo...—hace una mueca intentando buscar la palabra.

—Inútil—termino por él con una gran sonrisa—. Ya lo escuchaste, las drogas son malas, Jane.

—Exacto—afirma Atlas con seriedad.

— ¿Qué dices, Atlas? ¿Necesitas una cerveza? Claro, hermano, yo te llevo—paso un brazo
sobre sus hombros—. Hasta luego, Jane.

—Yo no...—tapo la boca de Atlas mientras nos hago caminar entre la multitud.

Cuando logramos llegar al lugar más alejado de la fiesta dónde están Connor y Naim destapo
la boca de Atlas.

—Estaba tratando de librarme de ella, Atlas.


— ¿Y por qué no decirle simplemente que se largue?

—Porque armaría un drama y me haría quedar mal hasta en el lugar más recóndito de Siria.

Doy vuelta para prestarle atención a Naim y a Connor. El primero está apartando el brazo de
su primo como si fuera la peste con una gran mueca de disgusto.

En este pequeño y cerrado círculo da igual si eres un completo hijo de puta lo que me parece
genial para joderles la vida.

—No seas una mierda, acepta mi cariño—le dice Connor a Naim mientras acaricia las piernas
de una castaña sobre él.

De hecho sería sorprendente si no tuviera a alguien sobre él. Es un repugnante prostituto sin
pudor alguno.

—Preferiría abrazar a un erizo antes que a tí.

—Auch—jadea con falsa indignación antes de fijarse en nosotros.

Atlas se sienta a un lado de Naim y maldigo internamente mientras me siento en el único hueco
libre al lado de Connor.

—Ey, creí que no vendrían—apoya su sucia mano en mi cabeza revolviendo mi cabello.

La mirada que le dedicó no es más que asesina. El me ignora mientras recibe a una pelinegra
detrás de él pero aún no me suelta.

Las ganas de romperle el brazo aparecen tan pronto que es difícil reprimirlas, un fuerte pitido
llena mi mente con imágenes sangrantes de su brazo y mi visión se tiñe roja. Lo mataré.

—Aparta tu brazo de mí—advierto con voz mortal.

— ¿Por qué lo haría?

Hago un conteo lento hasta diez para calmar mis propios pensamientos homicidas.

—Al menos de que quieras un yeso es lo más recomendable, imbécil.

Aparto su mano de mi cabeza con desdén. Connor es un maldito dolor de pelotas y es la copia
exacta de su padre, Mason, quién falleció a manos de Aleska Müller y los once demonios.

Algo que Connor aún no ha dejado pasar y busca cualquier forma de venganza posible que no
involucre a ninguno de ellos pero que sí les afecte como daño colateral.

Su cabello negro apunta en todas las direcciones después de lo que supongo fueron al menos
unas diez rondas de sexo y sus ojos verdes oscuros que a veces parecen negros de lo oscuros y
vacíos que están tienen un tinte rojo por la droga.
Él es de mi edad tiene dieciocho pero sigo diciendo que eso no justifica sus estupideces. Cuando
se lo propone puede ser rudo, incluso su aspecto lo es con los tatuajes que tiene en cada parte
de su cuerpo excepto su cara. Incluso tiene uno en su pene porque le pareció que lo haría ver
más rudo o algo así.

Yo aposté a que le daría una infección lastimosamente perdí cien dólares en esa apuesta porque
su pene sigue intacto y cada que puede nos lo recuerda follando frente a nosotros. Claramente
nosotros lo ignoramos exitosamente.

Ahora está decente ya que tiene una camiseta negra al igual que sus vaqueros y su vida en sí.

Él es simplemente algo difícil de llevar e incluso de ver, no es feo, realmente es atractivo y no


sé de dónde lo sacó pero su atractivo es solo eso porque su mente es maliciosa y maquiavélica.
Y su cuerpo con un montón de tatuajes de calaveras, animales muertos, frases tétricas y cortes
desiguales es la muestra de eso.

Debido a que su padre murió al igual que su madre quedó huérfano a temprana edad, Aleska
se apiadó de todos ellos y los trajo a vivir a la isla. Desde entonces al ser el primogénito hombre
se encarga de la mafia árabe siendo un líder sádico y despiadado como su padre.

Aunque a pesar de la obsesión de Mason con las drogas Connor se va más por la parte del
cuerpo humano, por eso estudia medicina. Pero no lo hace por salvar a la gente todo lo
contrario, lo hace para saber los puntos de dolor, dónde hacer cortes profundos pero sin morir
y todo tipo de cosas tétricas.

Cuando empieza a ponerse demasiado explícito para el bien de mis ojos con ambas chicas
aparto mi mirada a la de Naim.

Él es todo lo contrario, mientras que Atlas es el cerebro del grupo, yo soy el ejecutor y Connor
el líder, Naim es el hacker.

Él es callado, no le gusta hablar mucho con nosotros pero siempre nos mantiene a raya. Su
cabello rubio dorado algo largo y sus ojos verdes oscuros como los de Connor lo hacen lucir
elegante. A diferencia de su primo él tiene pocos tatuajes, no quiere decir que no tenga, tiene
unos cuantos, pero no en exceso.

De todos modos no debe confundirse con que es tranquilo y calmado, él es un sádico total, en
realidad todo ese silencio es porque la vida le importa una mierda y simplemente le da igual
hablar con nosotros o con el mundo.

Ese sadismo lo libera siendo el ejecutor de la mafia árabe, tiene unas buenas y dolorosas
técnicas. Aún así eso solo parece ser un pasatiempo aburrido para él. De hecho creo que todo
le aburre. Nunca lo he visto sonreír tampoco.

Él...bueno, solo existe y creo que el simple hecho de hacerlo le da ganas de cortarse las venas.

Siempre anda con un cigarrillo observando y analizando todo con cara de culo que si no lo
conoces podrías creer que está pensando en mil formas de acabarte, en realidad está buscando
mil formas de ignorarte.
Connor en cambio se empeña en sacarlo de su mundo, en realidad me parece un buen gesto, al
menos hace algo productivo con su vida ayudando a Naim.

Otro dato a mencionar es que Naim a pesar de lucir así igual tiene mucho sexo, con todo en
realidad. Creo que es su forma de intentar sentir algo ya que matar le dejó de dar satisfacción,
aunque no me sorprendería que dentro de poco el sexo haga lo mismo. Es bisexual, o algo de
eso, no lo sé, el punto es que le gusta todo mientras le traiga algo de emoción a su miserable
vida.

A mí eso no me va, lo intenté una vez y definitivamente no es lo mío, pero respeto los gustos.
Connor es cien por ciento chicas, de hecho no me sorprendería si un día lo veo en una cama
con al menos unas veinte.

Y Atlas es un caso aparte, creo que todos piensan que es virgen o algo así pero de hecho no lo
es. Va al mismo burdel al que va Connor de vez en cuando, dice que es un proceso natural del
cuerpo y que es necesario para liberar la tensión.

Él se entenderá, de todos modos aunque luzca como un cerebrito educado también tiene sus
fetiches raros, lo sé porque accidentalmente cuando lo busqué en el burdel lo ví con una chica
que estaba literalmente colgando en el aire, su cuerpo estaba atado y tenía una mordaza en la
boca.

No hablamos respecto a eso, solamente di media vuelta y me marché y él no lo mencionó


nunca. Estoy bien así.

—Quedan dos horas para la pelea, más te vale ganar, zanahoria—Connor deja a un lado a la
pelinegra mientras me habla.

Ese tonto apodo se debe a mi cabello, soy pelirrojo pero por alguna razón mi cabello no es rojo,
es naranja, parece teñido pero juro que no lo es.

—Obviamente lo haré, ni siquiera creo que el príncipe sepa cómo lanzar un golpe—ruedo mi
cabeza hacia Atlas para no ver que hace Connor con sus manos.

Los ojos grises oscuros de Atlas están llenos de aburrimiento y algo de disgusto por estar aquí.
De hecho él es el único que no encaja con su traje gris a la medida. Siempre usa traje, al menos
de que vaya a dormir y su cabello negro siempre está arreglado.

—Yo diría que sí sabe pelear, por su musculatura se ve que ha tenido un buen entrenamiento,
no dudo que sepa cómo lanzar un buen golpe, sin embargo no está tan preparado cómo tú.
Calculo que hay un setenta por ciento de probabilidades de que tú ganes la pelea.

Alzo una ceja hacia las palabras de Atlas. Quién iba a decir que el príncipe peleara.
«Interesante».

Atlas está serio cuando unas chicas lo rodean y me lanza una mala mirada. Odia venir a las
fiestas por esto, cuando las chicas ven que no lograrán nada van con Naim ganándose otro
declinamiento cuando él cierra los ojos y se enfoca en su cigarrillo dándoles un claro "me
importan lo mismo que un pedazo de mierda".
Cuando intentan acercarse les doy una pequeña sonrisa fingida que debe parecer inocente y
niego con la cabeza. Ellas sonríen encantadas y pasan a Connor porque él no las rechazará.

Después de unos diez minutos en los que los gemidos de las chicas y los jadeos de Connor
perturban mis oídos decido levantarme.

Naim abre sus ojos cuando mi sombra debe notarse y se levanta para seguirme. Atlas ha
buscado una profesión más divertida leyendo uno de sus tantos libros.

— ¿Quieres?—me ofrece uno de sus cigarrillos y lo acepto para liberar la tensión.

Él lo enciende y me lo da. Lo llevo a mis labios mientras camino entre todos los drogadictos y
alcohólicos hasta llegar al balcón con llave que gracias a Lucifer sé dónde está.

Levanto el cuadro que debe costar una fortuna y Naim saca la llave jugueteando con ella
despreocupadamente. Dejo el cuadro en su lugar nuevamente y espero a que él abra la puerta
de cristal. Una vez dentro cerramos detrás para no tener ninguna molestia.

— ¿Algún consejo para la pelea?

—No te excedas, es un príncipe.

Cuando habla así significa que está jodidamente aburrido, no te quiere mandar a la mierda pero
lo hace discretamente.

Así que lo dejo en silencio unos cuantos minutos mientras ambos nos acabamos los cigarrillos.
Él apoya sus brazos en el barandal, Naim también es musculoso, podría decir que tiene mi
complexión, eso lo hace atractivo al ojo público a pesar de ser una pequeña mierda.

— ¿Te sientes cómodo yendo o tú batería social ya expiró?

Él levanta un hombro.

—Está en cero desde que el ruido me despertó y tuve que bajar a incluirme.

—Tomaré eso cómo que si irás a apoyarme.

—Lo haré, si pierdes sería lo más divertido de mi semana...si no igualmente lo será.

Bueno, eso es deprimente.

—Estaba pensando en darle una paliza a Connor también al terminar la pelea—soy sincero.

Eso llama su atención y voltea a verme con una chispa de emoción minúscula en sus ojos.

—Podría ayudarte a desaparecerlo, no es muy complicado meterlo en un auto y hacer que


acelere hasta un acantilado.

—Con drogas sería suficiente—asiento de acuerdo con su plan.


Un fuerte sonido a nuestras espaldas nos hace voltear a ver la puerta mal colgada debido al
forcejeo que implementaron al abrirla, Connor está entrecerrando sus ojos y Atlas lo está
siguiendo no muy lejos aún leyendo su libro.

— ¿En serio? Malditos, planeando mi muerte a mis espaldas—suspira dramáticamente.

—Siempre podríamos decirte no es como que puedas hacernos mucho daño en ese estado—me
encojo de hombros.

—Pero qué dicen, si estoy perfecto—sonríe y accidentalmente tropieza con una maceta.

Logra sostenerse de una pared evitando caer de culo al suelo.

—Sí, se nota—sonrió con falsedad.

—Maldita zanahoria, ojalá te den una paliza de muerte o la Diosa Infernal te explote las bolas.

Eso llama la atención de Atlas que aparta su libro para prestar atención a la conversación. Diosa
Infernal es el apodo de Lilith en el bajo mundo.

—De hecho el término explotar no es el adecuado—lo corrige Atlas.

Le lanzo una mala mirada que él no logra entender.

— ¿Y de paso lo apoyas?

—Solo lo corrijo, de todos modos podría ayudarlos a tirarlo por el acantilado, no es de mi


agrado total.

— ¿Hola? ¡Sigo aquí!

Los tres miramos mal a Connor.

—Tu mamá no estará feliz de saber que me tiraste por el acantilado, te digo yo que sufrirá si
lo haces—señala a Atlas.

—Mi madre te tiene rencor, estaría feliz si te vas por el acantilado.

—No si una de sus hijas se pone mal por mi muerte—sonríe con sadismo.

— ¿Qué...—me arrepiento a tiempo antes de seguir—. Olvídalo, no quiero saber.

—Tontos, solo me odian porque soy mejor que ustedes.

—Ya, ¿qué más soñaste?—digo burlón.

—Que asesiné a cierta Diosa, fué divertido.

Mi expresión cambia drásticamente y siento como mi cuerpo entra en tensión cuando le dedicó
toda mi atención.
—Yo que tú tendría cuidado de decir eso cuando estás a un paso del barandal de un balcón—
lo amenaza Atlas.

Yo debo morderme la lengua para no decir nada pero termino cambiando de opinión y digo:

— ¿Recuerdas ese lindo McLaren exclusivo que compraste la semana pasada? Quizá sea el
que tire por el acantilado.

—No te atrevas a tocar mi auto, zanahoria psicópata—frunce sus labios—. Eso costó una
pequeña fortuna.

—Entonces deja de joder y de meter ideas homicidas a mi cerebro—sonrió palmeando su


hombro con fuerza.

—Era una pequeña broma.

—Lo del acantilado también—me inclino hasta él para poder susurrar—. O tal vez no.

—Quedan treinta minutos para la pelea, deberías alistarte, Aiden—la mano de Naim en mi
hombro me hace alejarme de Connor.

—Ya necesito que empiece—Connor sonríe encantado.

Su mirada se desplaza a una chica que va pasando por enfrente del balcón y ella le guiña un
ojo. Suelto una maldición cuando ella entra a nuestro reciente lugar sagrado.

Connor parece olvidar que estamos aquí cuando la toma del culo y lo estruja frente a nuestras
caras. Ruedo los ojos hastiado.

— ¿Por qué necesitas que empiece?—ignoro su manoseo y me enfoco en su cara.

—Necesito crear desastre y ver a Lilith furiosa será divertido—sus ojos brillan con malicia
mientras despoja a la chica de su pequeña camisa.

— ¿Y si no está molesta? —Naim enciende otro de sus cigarrillos

Eso hace que el ceño de Connor se frunza y que le quite el vodka de la mano a la chica mientras
toma un trago.

—Lo estará, créeme y si no entonces haré que enfurezca.

Le quitó el vaso de sus dedos cuando se distrae lo suficiente. Si sigue tomando hará un jodido
desastre que no pienso limpiar.

—No me convence—Naim expulsa el humo sobre Connor.

—Solo di lo que piensas—Connor deja en paz el seno de la chica.


—Pienso que ella ya tiene un plan y por eso no ha intentado clavarte un cuchillo mientras
duermes.

—Meh, lo que sea que haga no afectará mi plan inicial—magrea uno de los senos de la chica
y luego le da un ligero pellizco haciéndola gemir ruidosamente.

— ¿Tu plan inicial de ganarte su odio? A veces eres tan raro que creo que intentas ganarte el
odio de la gente porque no soportas que te tengan aprecio—inclino mi cabeza en su dirección
detallando su reacción.

Hay un ligero cambio en sus ojos que me dice que acerté. Bingo.

Esto es necesario si quiero mantener sus ojos lejos de Lilith y de nosotros. Me molesta que
intente herirla porque ella no le ha hecho absolutamente nada a él a diferencia mía que arruinó
gran parte de mis planes.

Debido a la puerta de cristal rota por culpa del idiota de Connor ahora hay dos chicas y un
chico entrando en busca de atención.

Una de las chicas se acerca hasta mí meneando sus caderas con lo que debería verse sensual
pero que parece que se está descomponiendo. Sus labios excesivamente hinchados por alguna
inyección de ácido hialurónico y bótox intentan llegar a mi cuello pero la retengo por el brazo,
no tan fuerte como me gustaría.

Ella suelta una risa y luego jadea muy cerca de mis labios. Clavo mis dedos con más fuerza
mientras observo sus labios que no están hinchados naturalmente, no son rosados, ni están
llenos de su propia sangre para que yo pueda lamerlos.

No son los mismos labios que desataron un infierno a mi vida ni los mismos labios que quiero
llenar de mi semen hasta que escurra por sus comisuras, ni los mismos que mordí hasta sacarle
un jadeo.

Tampoco es esa mirada colorida y nerviosa, retadora, buscando cualquier cosa para alterar mi
calma. No son esos ojos azules con morado y azul con negro que aparecen en cada una de mis
pesadillas, no sueños.

Tuvo el descaro de sacarme sangre de nuevo a pesar de que dije que no lo hiciera y me dejó
tan duro ese día que tuve que hacerme una paja al llegar a casa como un puto crío promiscuo.

Ahora solo tengo la necesidad de llenar cada uno de sus agujeros y de dejar roja su piel blanca.
Mi verga se endurece dentro de mis vaqueros y debo soltar el brazo de la chica.

Maldigo el día en que Lilith se ahogó en el agua profunda del mar oscuro y ahora no puedo
seguir nadando porque el momento que vino después inunda mi cabeza.

Atlas me dirige una mirada cuando empiezo a apartarme pretendiendo salir del balcón y de esta
fiesta de mierda.

—¡Oye, zanahoria! Más te vale alistarte para la pelea—me grita Connor mientras ahora tiene
a la chica entre sus piernas.
—Eso iba a hacer hasta que me detuviste, Connor.

Doy vuelta ignorando sus gritos a mi espalda y subo las escaleras hasta llegar a uno de los
cuartos de invitado que a veces uso cuando no quiero ir a mi propia casa solitaria ya que papá
tiene una aparte.

Acá arriba el ruido ya no es tan notorio y mis oídos pueden descansar. Me doy una ducha rápida
antes de ponerme mis shorts negros y una camiseta blanca, ayer me asegure de dejar mi bata
de entrada en la guarida.

Se supone que debería estar alterado o nervioso pero solo estoy tranquilo. Mi cerebro no
reacciona al peligro, solo lo toma como algo invitante y satisfactorio.

Que me golpeen solo es satisfactorio en cierta parte mientras otros probablemente enfurecerían
o entrarían en pánico.

Es hora de volver a ver esa mirada furiosa y desafiante y quizás me gane más que un simple
beso. Una simple probada no fué suficiente y estoy seguro que dos o tres tampoco lo serán. Lo
único que sé es que debo mantener mi odio como mi placer al márgen.
Lilith

E
sto es una mala idea, ¿lo saben, no?—el susurro de Joshua me da un escalofrío
recordándome lo que ya sé.

Paso en medio de la multitud que está gritando y alentando creando un bullicio


ensordecedor. Y eso que aún no han puesto la música metal.

—Aún puedes cambiar de opinión, diavolessa—Marcello pasa su brazo sobre mis hombros
mientras saluda a un grupo de chicas que chillan encantadas.

—No lo haré, estoy aquí para darle una paliza a Aiden por intentar golpear a Niko y no daré
marcha atrás.

Tomo el pomo de la puerta frente a mí y lo giro permitiendo que entremos. Esta es la sala de
cambios del equipo dorado. En la guarida hay una división de multitud y equipos.

El lado derecho pertenece al equipo dorado (en el cuál fué seleccionado Nikolay) y el lado
izquierdo es del equipo negro.

A cada lado hay una puerta de cambios para que los peleadores puedan cambiarse y escoger
su arma en caso de ser pelea con arma. Cómo esta es cuerpo a cuerpo no necesito una, solo
ponerme una bata larga de entrada que en mi caso debe ser dorada aunque siempre uso una
lila pero no quiero levantar sospechas hasta que esté sobre el ring.

—Enana, de veras te lo agradezco pero creo que puedo aguantar la paliza si eso te saca del
radar de Aiden—Nikolay se para frente a mí para evitar que pase a cambiarme—. Es
peligroso.

«No me digas». Si el supiera que ya no puedo salir de su radar por el simple hecho de que le
debo algo probablemente se decepcionaría, eso o aceptaría la pelea para darle aunque sea un
golpe a Aiden.

Eso no puede pasar, Aiden ya lleva una pelea vencida ya que le ganó a Park en la pelea de
hace dos noches. Tiene una puntuación de ventaja sobre Nikolay ya que jamás ha peleado
aquí en la guarida.
Sin embargo si yo peleó tengo cierta ventaja por peleas ganadas y además por ser la dueña.
Algo que sucede muy pocas veces es cuando yo decido pelear y cuando lo hago no formo un
escándalo como el idiota de Connor.

—No te preocupes, estaré bien—le doy una sonrisa que espero luzca real y no tensa—. Lo
peor que puede pasar es que me rompa un brazo—intento bromear.

Nikolay frunce el ceño angustiado y aprovecho su desconcierto para pasar a un lado de él y


llegar al pequeño vestuario cerrando la puerta detrás de mí.

No bromeo, en realidad no me sorprendería que me rompa un brazo. Estamos en una pelea,


no tengo preferencias por ser mujer ni nada de esas tonterías simplemente debo pelear y
atenerme a las consecuencias.

Sin darle larga al asunto me pongo un top lila especial para las peleas ya que tiene doble
colchón para que no me aplasten las tetas y un short de licra lila para comodidad. Mi cabello
está atado en dos trenzas que van desde el inicio de mi cuero cabelludo y terminan a cada
lado de mi cara.

Vendo mis nudillos con agilidad debido a que no es la primera vez que lo hago y me coloco
la bata dorada con la capucha que esconderá mi identidad.

Salgo del pequeño vestuario viendo las caras de trauma que tienen los chicos. Me encantaría
quitarles un peso de encima y decirles que estaré perfecta pero los cuatro sabemos que no
pasará.

—Creo que quiero vomitar—Joshua se tapa la boca.

Está sudando y pálido, probablemente tenga más nervios que yo que soy la que subirá al
cuadrilátero.

Voy a contestar sarcásticamente un "Gracias por tu motivación" cuando la música metal llega
a mis oídos dándome dolor de cabeza de inmediato. La voz de Connor alentando a la multitud
solo lo incrementa.

Es hora.

—Ya no hay vuelta atrás—suspiro tragando saliva con nerviosismo.

Marcello y Joshua se levantan para acompañarme, Nikolay se quedará aquí dentro hasta que
termine la pelea porque no pienso dejarlo a la vista de Connor, de Naim o de Atlas.

—Cuidado, Lilith, lo digo en serio—Nikolay me da un corto abrazo.

—Lo sé, lo tendré.

Salgo acompañada de los chicos, aún no voy a subir, primero se hacen las presentaciones, un
poco de charla para subir la adrenalina, las apuestas de ganador y un par de tonterías más.
Joshua está mirando todo como si en cualquier momento una banda de asesinos llegará a
matarnos con armas súper filosas y peligrosas.

Marcello en cambio a pesar de que se notan sus nervios si lo conoces muy bien a la vista del
público luce tan tranquilo como si estuviera en un día normal de su vida. Creo que en realidad
su mayor preocupación es lo que mi madre le pueda decir si se entera que peleé con Aiden,
cosa que seguramente lo hará.

—Me ignoras tres días y me entero de que vas a pelear con Aiden, eso es algo suicida,
hermana—la fría voz de Uriel me tensa hasta el más minúsculo hueso de mi cuerpo.

No volteo y eso hace que él se apoye a mi lado, nadie sabe que soy yo pero no me sorprende
para nada que Uriel ya esté enterado. Después de todo él sabe absolutamente todos los
secretos que tienes.

—De algo hay que morirse.

—No de esta manera, Abalám no está feliz de que hayas hecho este movimiento y
probablemente se lo diga a mamá ¿sabes qué significa eso, no?—sus ojos me calcinan a
través de sus gafas especiales.

Lo sé, significa que mis padres lo sabrán y no solo meteré en un problema a Aiden también a
Niko, a Marcello y a Joshua. Ah y claro que a mí misma porque al parecer no paro de
meterme en líos.

—Después me encargaré del demonio manipulador, tengo problemas más grandes que
atender por si no te has dado cuenta.

—Puedo encargarme de él—ofrece con naturalidad y yo vuelvo a verlo para comprobar que
mis oídos oyeron bien.

— ¿Qué necesitas?—pregunto con lentitud.

No me creo que esté ofreciendo su ayuda con Abalám especialmente con Abalám.

—Quiero que lo alejes de The Golden Royalty, mantén su presencia lejos de tu universidad y
yo lo mantengo alejado de tu...peculiar situación con Aiden.

—Trato—ni siquiera me molesto en preguntar el por qué, realmente no me interesa.

Si mantiene al Diablo lejos yo estaré dispuesta a sacarlo a patadas de mi universidad.

—Buena suerte, apostaré por tí, no me hagas perder mi dinero—me da una suave palmada en
el hombro antes de desaparecer como un jodido fantasma.

Cada vez llega más gente hasta que creo que la guarida podría explotar en cualquier momento
por la sobrepoblación, los gritos y el volumen excesivo de la música.

La razón de que esté repleto no es solo por la escandalosa publicidad que Connor y su séquito
hicieron sino porque ¿quién no quiere ver pelear a un príncipe y a un ejecutor? Lástima para
el público por la decepción que tendrán al ver que no es específicamente un príncipe quién
peleará.

Eso no quita que aunque no sea la pelea príncipe y ejecutor la gente no se quedará de hecho
probablemente lleguen muchos más cuando el rumor de que la "Diosa Infernal" es decir yo, y
el ejecutor de la Bratva pelearán en la guarida.

El lugar va a explotar y no me sorprendería si lo hace literalmente.

Toca la hora de la anunciación y mis oídos se tapan cuando Connor anuncia a Nikolay que
claramente no subirá pero que sí lo haré yo. Tengo permitido a un acompañante y subiré a
Marcello porque Joshua podría desmayarse si te descuidas cinco segundos. Lo de él es el arte
no cabe la menor duda de eso.

Subimos hasta quedar sobre la última escalera y Marcello me toma del hombro para darme
apoyo.

Sirve los primeros minutos hasta que creo que podría darme un desmayo cuando Connor
anuncia a Aiden y los vitoreos me perforan los tímpanos.

A diferencia de mí él tiene la capucha abajo y entra como si realmente le valiera una


completa mierda el mundo cosa que no dudo realmente. No lo miro ni detallo su apariencia
para no perderme en lo que no debo.

En cambio detallo a Atlas que lo acompaña silenciosamente como hizo Marcello conmigo. Él
se ve tan fuera de lugar en la guarida con su traje negro a la medida mientras que todos están
como si fueran a un concierto de Rock o de metal melódico.

Él habla de algo con Aiden quién asiente y creo que puedo entender a Joshua y sus ganas de
vomitar. No me cabe duda de que Atlas está dándole puntos estratégicos sobre dónde golpear
o dejar inconsciente lo sé porque eso me decía a mí cada que peleábamos en entrenamientos
con nuestros padres.

A pesar de que Atlas parezca un nerd (cosa que sí lo es) también sabe cómo lanzar buenos
puñetazos y como ganar una pelea, en toda mi vida solo pude ganarle una vez. En mi defensa
su coeficiente intelectual es demasiado para ese mundo aunque me cueste admitirlo.

Atlas sabe cómo ganar una pelea y de hecho no me sorprendería que le esté dando consejos a
Aiden de cómo matarme...o a Nikolay ya que ellos siguen creyendo que es él quién peleará.

Pagaría por ver la cara desencajada de Atlas al ver quién peleará o por ver la expresión de
confusión en Connor incluso por ver la chispa de emoción en los ojos de Naim. Lástima que
no podré verlo por estar enfocada en Aiden. Le diré a Marcello que grabe así si muero
quedaré catalogada para la historia.

Naim llega al otro lado de ellos aunque solo se permite un acompañante que claramente ellos
parecen pasárselo por el culo. A diferencia de la conversación amena de Aiden y Atlas, Naim
solo está en silencio observando hacia nosotros. Mierda.
No me cabe duda de que no le costará atar cabos para saber que no soy Nikolay. Después de
todo es un hacker que sabe hasta el próximo movimiento que harás. Es extraño que su mirada
vacía y desinteresada esté tan fijamente en Marcello y en mí es como si estuviera pasándonos
un láser con sus ojos.

Cuando alza su mano para tocar el hombro de Aiden lo sé, se ha dado cuenta. Para mí buena
o mala suerte algo más consigue llamar su atención cuando voltea hacia la multitud
desligando su intento de decirle a Aiden con quién peleará.

Su mano que iba a Aiden pasa al hombro de Atlas interrumpiendo la conversación y le señala
un punto dentro de la multitud. La mirada calculadora de Atlas se vuelve aterradora y ni
siquiera debo mirar para saber quién es.

Voy a matar a Amira por venir, antes de que pregunten cómo lo sé, Amira y Atlas tienen ese
odio mutuo desde que ella le dijo a Atlas que era inútil y tonto. Él intento explicarle que no lo
es y ella le lanzó brillos a la cara para callarlo y luego le dijo "eres tonto e irritable" eso lo
alteró y luego de eso le hizo la cruz a Amira y ella lo hizo con Atlas. Pero siempre tienen esa
extraña relación llena de tensión.

No sé hablan pero por alguna razón Amira crea siempre un desestabilizamiento en la perfecta
y calculada vida de Atlas. Por eso sé que la mirada en sus ojos solo tiene un nombre.

—Dile a Nikolay que saque a Amira de aquí antes de que tenga problemas con Atlas—le pido
a Marcello que de inmediato le manda un mensaje a Niko.

Espero que no sea muy tarde cuando Atlas baja las escaleras y se va en medio de la multitud
probablemente a amenazarla con decirle a mamá dónde está. O algo más inteligente de lo que
solo él sabe.

—Ya Nikolay salió a buscarla, lleva una sudadera con capucha—masculla Marcello.

Solo asiento a eso sin poder contestar por los nervios y el dolor estomacal que me dió de la
nada. Me siento peor que en mi primera pelea.

—Tendinitis del manguito rotador, interessante—susurra haciéndome fruncir el ceño.

— ¿El qué de qué?

—Una inflamación de los tendones que rodean la articulación del hombro. Estos tendones
son cruciales para el movimiento y la estabilidad del hombro. Cuando se inflaman, pueden
causar dolor y limitar el rango de movimiento—toca su hombro explicando más
detalladamente—. Aiden lo tiene, pudo haberse lesionado en la pelea, ¿observas como su
brazo izquierdo tiene menos movimiento que el resto de su cuerpo?

Volteo viendo cómo él habla con Naim pero solo mueve su brazo derecho no el izquierdo, y
cuando lo hace es levemente.

—Ataca allí, diavolessa.


— ¿Ya te dije que te amo? Joder agradezco que estés estudiando los huesos por primera vez
en mi vida—suspiro algo más aliviada por mi nueva ventaja.

—Siempre puedes recordarme tu aprecio, prima—sonríe cruzándose de brazos.

Que no se note la falta de atención, por favor. A veces creo que no sacó nada de la tía Olivia
hasta que dice cosas como hace un momento.

—Ajá—ruedo los ojos aunque no pueda verme por la capucha.

—Ya va a empezar, termina de romperle el brazo—da pequeños golpecitos al aire


haciéndome reír.

Agradezco que intente ayudarme a aliviar la tensión. Aparentemente todo está jugando a mi
favor, desde que Atlas se haya marchado, Naim se haya pasado de decirle a Aiden que soy yo
o simplemente solo quiere ver el drama (lo más probable), la lesión de Aiden y la pequeña
demora de Connor.

—Si no me rompe uno a mí con gusto lo haré—palmeo su hombro—. Olvídalo no da ni puta


gracia.

—Claro que no, tu sentido del humor está oxidado—bufa poniendo los ojos en blanco—.
¿Sabes? Estoy jodidamente rezando por tí...e per me (y por mí) —susurra en voz baja.

—Relájate, mamá no te hará nada, sabe que está es mi pelea no la de ella y no debe
meterse—miento, no es tan así, en realidad mamá si lo sabe pero que sea una mamá oso
significa que si tocan a uno de sus hijos se armará una guerra.

Al menos de que le digas que no se meta y ella se disgustará pero lo entenderá, solo que no
me atrevo a decirle eso a mamá.

—Mmm—asiente más aliviado haciéndome sentir algo mal por mentirle—. Eso servirá.

Desvío mi atención hacia Joshua que parece haberse recuperado y al igual que el otro equipo
incumplió las reglas subiendo con nosotros.

— ¿Ya vomitaste?—Marcello usa un tono burlón.

—Cállate, odio la violencia y la sangre y...—se tapa la boca volviéndose pálido de nuevo.

—Qué asco, apártate de mí—Marcello lo empuja por el hombro haciendo un distanciamiento


entre ambos.

—Josh, puedes irte si no te gusta estar aquí—le digo cuando veo su estado.

—Ni loco, vine aquí a apoyarte—suspira haciendo unos ejercicios de respiración que le sacan
una risa a Marcello—. Eso y además ya aposté mil dólares, ni loco me iré.

—Sei un idiota—Marcello se pellizca el puente de su nariz negando con la cabeza.


— ¿Creen que Naim ya sepa? Nos está mirando algo raro, creo que tengo ganas de vomitar
de nuevo—Joshua vuelve a hacer sus respiraciones repetitivas.

Francamente lo único que está haciendo es alterarme.

—No puede ser en serio, es mi jodido funerale (funeral) —Marcello suelta un jadeo de
lamento señalando a dos chicos en el segundo piso.

Ambos están al lado de Connor y ambos juntos no son una buena combinación. Abalám y
Cole, el hermano de Marcello, es como juntar a los dos corruptos más grandes del planeta. O
aún peor juntar a un huracán con un terremoto, completamente arrasador.

—Cómo te decía, moriremos—Marcello y yo volteamos a ver mal a Joshua—. ¡¿Qué?! Están


viendo—los señala no muy discretamente—. Esto es como ser un pez en medio de un
estanque de tiburones.

—Juro que si sigues hablando la próxima pelea que habrá será la mía contra tí, Joshua—lo
amenaza Marcello—. Cole le dirá a mamá y estaré jodido.

— ¿Recuérdame en qué momento empezamos a temer a nuestros hermanos de dieciséis y


diecisiete?—niego con decepción.

—Ni siquiera lo recuerdo—toma su barbilla mientras piensa.

La multitud se alborota más si es posible cuando noto el movimiento de Aiden entrando al


cuadrilátero y a Naim sacándole la bata negra.

Aiden se queda de su lado, no puedo ver bien su cara por la capucha que tapa la mitad de mi
visión. Pero eso no significa que no sea consciente de su simple presencia demandante y
electrizante, del rico olor masculino a un cítrico que no es intenso o de mi cuerpo
reaccionando al suyo.

Es imposible que no me afecte, es tan imposible como sacarte el corazón y que sigas
viviendo. Esa es la reacción que Aiden causa en mí, a pesar de que ni siquiera me esté
tocando hace que mi cuerpo se tense, que mi respiración se acelere, que mi corazón bombee y
retumbe excesivamente, que mis vellos se erizan y que mi estómago tenga un vacío de
nervios.

—No tienes que hacerlo si no quieres, Lilith—me dice Joshua cuando ya va a ser mi turno de
entrar.

Ya no puedo arrepentirme aunque quisiera. No solo porque debo pagar una multa de un
millón de dólares (sí, me duele gastar mi dinero aunque tenga de sobra) sino porque
significaría muerte. Las leyes no las inventé yo, a pesar de que puedo modificarlas no puedo
cambiarlas y hay cosas que simplemente ya están escritas.

Si uno de los dos se retira entonces debe morir por falta de palabra. Resulta que tener
compromiso es algo muy necesario en el bajo mundo, si dices que harás algo debes cumplir
con tu palabra o simplemente no vales la pena y estás fuera.
—Está bien, lo haré ya estoy aquí.

—A veces me pregunto por qué no me busqué una mejor amiga normal y no a una loca
suicida—susurra Joshua.

No puedo insultarlo porque Connor anuncia a Nikolay y entonces es la hora del caos cuando
debo quitarme la bata dorada. Observo cómo Naim baja hasta apoyarse en las gradas y Joshua
hace lo mismo por protocolo.

—Muy bien, aquí vamos—masculla Marcello con una mueca.

Toma la bata desde mis hombros y la saca por mis brazos bajándola con todo y capucha,
cuando la prenda abandona mi cuerpo y mis ojos enfocan a la multitud creo que puedo morir.

Los gritos y jadeos del público no se hacen esperar, mi mirada va directamente a la de


Connor que tiene un ceño fruncido aún sosteniendo el micrófono en sus manos, doy una
sonrisa hipócrita antes de levantar mi mano y sacarle el dedo corazón.

Vuelvo la mirada al demonio frente a mis ojos conectando con esos ojos azules tan fríos pero
que ahora tienen una pizca de furia. Al carajo con él.

Mis ojos no pueden apartarse de su torso musculoso desnudo con un poco de brillo y con el
bronceado correcto, del short negro que cuelga un poco más abajo de su cadera dejando a la
vista el inicio de una deliciosa y marcada V, ni de sus puños vendados apretados a sus
costados conteniendo al demonio.

Tampoco puedo apartar la vista de las marcas rojas de uñas en sus brazos porque las
reconozco, a pesar de que han pasado dos días siguen allí como un recuerdo latente.

Ya no tiene esa expresión de chico encantador, no está sonriendo y mucho menos se ve


amable, de hecho parece un depredador que no dudará en saltar y atacarme. Tal vez los
demás crean que está confundido, yo no, yo veo sus ojos sedientos de mí más allá de su
apariencia de caballero.

Casi me maldigo cuando intento retroceder y debo hacer acopio de todas mis fuerzas para
quedarme quieta a una distancia de unos dos metros y medio de él.

Sus labios se curvan en una sonrisa que podría parecer encantadora pero que yo veo
amenazante. Está molesto de que haya decidido cambiar de lugar con Nikolay, pues al diablo
con él.

Aún no se ha dado inicio a la pelea ya que todos siguen estupefactos incluso Atlas ha subido
de nuevo lo que me hace notar que ya Marcello bajó y ahora estamos solos nosotros tres.
Mala combinación sin duda.

Me distraigo mirando a Atlas y Aiden aprovecha para dar largas zancadas hacia mi dirección
y tomar mi muñeca con fuerza.

—Aiden...
—No, ni lo intentes, márchate de aquí y trae al príncipe, Lilith—su voz está tensa.

—No a ninguna de las dos, no moriré y tampoco voy a dejar que le hagas daño a Niko—
expreso con firmeza.

—Nikolay joder, Nikolay—me mira sin como si quisiera ahorcarme de nuevo pero esta vez
hasta sacarme el aliento.

—Ahora tienes una ventaja del sesenta por ciento, se redujo—la voz de Atlas no me hace
apartar los ojos de Aiden.

Él tampoco lo hace conmigo, solo mantiene el contacto visual.

— ¿Qué carajos crees que haces aquí defendiéndolo, ahora tienes complejo de heroína?

—No te importa, solo terminemos con esto para poder ir a casa—intento soltarme de su
agarre amablemente pero él aprieta.

Es su brazo bueno, si Connor da inicio a la pelea y él aún me sostiene solo debo dar un golpe
a su brazo malo y vuelvo a estar libre.

—Diosa, me encantaría pelear contigo pero no frente a tanta gente.

— ¿Por qué?

—Mi definición de lucha tiene un final feliz que no ocurrirá aquí—usa un tono sugerente.

Le doy una mirada que debe expresar mis ganas de darle una patada en las bolas (cosa que
espero hacer). Sin embargo no creo que se haya visto así porque otra emoción más fuerte que
los nervios y más fuerte que la furia debe ganar en mi mirada.

—Me mata que siempre tienes ese brillo sugerente cada vez que te insinúo algo sexual. Es
excitante—su mano en mi muñeca baja a mi mano acariciándola casi con cariño—. Pero no
tanto cómo lo será ver tus ojos cuando te llene el coño tan fuerte que te haga llorar.

Mis labios se entreabren soltando un suave suspiro y olvido totalmente que estamos rodeados
de al menos miles de personas. No pueden culparme, joder el chico que siempre amé me está
diciendo eso. Pero para mí no es suficiente, necesito más, necesito llegar más lejos, necesito
tocar su alma y tener su corazón.

—Sigue esforzándote, no seré más que una cogida, primero prefiero apuñalarte antes de ser
un polvo rápido y que me deseches como una pizza vieja.

—No puedo sentir, y mucho menos lo haré por tí después de que arruinaras mi control y gran
parte de mis planes futuros.

— ¿Llamas planes futuros a fingir ser alguien que no eres? Pues vaya futuro que tendrás
siendo un idiota solitario sin una familia—bufo tratando de soltarme cuando la molestia es
demasiada.
Lo sé, sé que él no puede amarme creo que ni siquiera ha amado a alguien en su vida o si
quiera ha querido a alguien. Pero joder que dolió.

—Siempre tengo la tuya, tu mamá me ama y no tiene problema en que esté en su casa—dice
con simpleza.

— ¿De verdad no lo entiendes, no?—el pesar cubre mi voz.

— ¿Entender qué?

—Aiden, una familia no es solo ir a la casa de mamá y ayudar a Atlas con sus mierdas raras
mientras finges que eres alguien que claramente no eres. Una familia es tener una pareja que
te amé tanto que te protegería de todo, es dar tu amor incondicional a esa persona hasta el
punto que su vínculo sea tan fuerte como para fortalecerlo con un niño que sea símbolo de su
amor. Vivir en una linda casa y dormir en una misma cama para que al levantarte lo primero
que veas sea al amor de tu vida y el simple hecho de hacerlo alegre tu día—sonrió solo de
pensarlo.

Pero la sonrisa se va porque en cada pensamiento que siempre tuve sobre mi futuro estaba él.
Y no, no es algo de ahora, hablo de mi niña de seis años y hablo por mi ahora de veintiuno.

Supongo que a veces solo debemos conformarnos con alguien que nos ame y no con quién
nosotros amamos.

Algún día Aiden seguirá su vida y yo no podré estar siguiéndolo a todos lados. Tendré que
conformarme con el amor de alguien que sí puede dármelo aunque yo no pueda dárselo de
vuelta.

—Mmm, nunca lo ví de esa forma—reflexiona aún sin soltar mi mano y sin dejar de jugar
con ella—. ¿Eso es lo que tú quieres?

Es sofocante y debo suspirar antes de asentir.

—Eso es lo que todas las personas normales deseamos. Algunos sin hijos otros con hijos pero
al final todos deseamos aquel amor que nos haga felices, que nos haga sentir vivos.

—Supongo que no soy normal entonces porque jamás pensé en algo así.

—Claro que no lo hiciste—jalo mi mano con rapidez zafándome de su agarre.

Es tan imbécil, no sé cómo pude enamorarme de él. ¿No podía escoger otra obsesión? No,
tenía que escoger al sociópata que nunca ha sentido por nadie y que hasta ahora sigue sin
hacerlo. Ah y como bonus extra que también me odia.

Y aun así solo puedo olerlo a él, sentirlo, verlo, llenarme de su presencia atractiva, su aroma
cítrico y su mirada magnética.

— ¿Quieres qué lo haga?

— ¿Qué dices?—creo haber escuchado realmente mal.


—Puedo pensar en eso y luego te daré mi opinión al respecto. No me cuesta nada.

— ¿Por qué lo harías?

— ¿Por qué no?

—No me convences—me cruzo de brazos juzgándolo con la mirada.

—De verdad lo haré pero no me molestaría si a cambio me das más que un beso—sonríe de
lado.

— ¿Qué parte de no seré más que un puto polvo no entiendes, idiota?

Se ríe, acercándose amenazadoramente.

—Siempre puedes ser mi Diosa sexual.

—Y siempre puedo clavarte un cuchillo hasta verte sangrar.

—Eso sería excitante—sonríe con sadismo haciéndome temblar.

— ¿Cortarte la polla también lo sería?

—No, eso definitivamente no, pero estoy abierto a la opción del cuchillo—toca la punta de
mi trenza rozando mi pecho—. Hagamos una apuesta.

— ¿Disculpa?—mis ojos se abren con sorpresa.

—Si yo gano la pelea serás mi Diosa sexual, si tú ganas tienes la opción de pedirme cualquier
cosa sin que pueda negarme.

— ¿Y deberte dos cosas? No gracias.

—No has entendido, no fue una pregunta, fue un hecho. Y al menos que desees ver cómo
Nikolay sufre un accidente y entra en coma—sonríe con esa palabra—. Cumplirás con la
apuesta.

Un escalofrío me recorre porque sé que podría hacerlo aunque le ponga la máxima protección
a Nikolay.

— ¿Cuál es tu maldito problema con él?

—Cosas personales.

No respondo a eso porque el cólera está afectando mi cerebro.

—Vamos a hacer esto, ambos sabemos que quieres hacerlo, yo también lo quiero, ¿cuál es el
problema? No es como que esté haciéndolo sin que quieras.

—Después de que tengamos algo me vas a desechar ese es el problema.


—No lo haré.

—No te creo.

—Bien, hagamos algo, si tú ganas tienes la opción de pedirme lo que quieras y además te
prometo que no te voy a desechar después de un polvo. Lo único que no puedo prometerte
son sentimientos, Lilith.

Eso es justo lo que quiero, es lo que quiero decirle pero en cambio me muerdo la lengua. Por
algo se empieza y pretendo conseguir su amor cueste lo que cueste. A la mierda eso de no
poder sentir, claro que puede, ¿según quién? Según yo. Eso me basta.

Respiro con dificultad cuando sus dedos juguetean con mi trenza rozando a propósito mi piel
expuesta.

—Entonces supongo que ganaré esta pelea—sus ojos adquieren una chispa que enciende mi
cuerpo.

—Y supongo que yo la perderé gustoso.

—No me dejes ganar, solo pelea como siempre lo haces—advierto.

—Créeme, no te dejaré ganar, quiero ver qué tanto eres capaz de dañarme—se inclina hacia
mí haciendo que mi corazón sufra un coma.

—Soy capaz de romperte la cara—eso lo hace sonreír.

— ¿Arruinarías mi bello rostro?—bromea.

—Tu arruinaste mi corazón es justo que arruine tu cara.

—Quiero verte haciéndolo.

—Que empiece el show entonces—sonrío.

Creo que va a besarme cuando Connor alza la voz en los altavoces y da inicio a la pelea. Es
hora de ganar.
Lilith

E
sto es irracional, no puedo creer que estoy a nada de pelear con Aiden. Estoy
consciente de mis capacidades físicas y de mi entrenamiento.

Él me gana en masa y fuerza pero mamá siempre dice que el arma más fuerte de
una mujer es su propio cuerpo y tiene toda la razón un hombre por naturaleza se
podría distraer si te sientas sobre él, no digo que no pase con las mujeres pero a diferencia de
ellos nosotras podemos controlar la situación.

Eso es exactamente lo que haré, necesito desestabilizarlo y si la única opción ventajosa más
allá de su brazo malo es usando mi cuerpo para distraerlo pues así será.

Mis puños se cierran a mis costados preparándome mentalmente, creo que Aiden está
esperando a que haga el primer movimiento porque no se ha movido ni un centímetro desde
que nos separamos.

Abro y cierro mis manos cuando el bullicio se vuelve demasiado, los rostros se desenfocan,
las luces se hacen brillantes y las voces me aturden taladrándome los oídos.

Mierda, esto está mal, debo dejar de tener estos ataques, no es la primera vez que los tengo
pero no me pasaban tan seguido desde hace al menos diez años. No voy a dejar que jodan
esta pelea. Inhalo y exhalo repetidamente antes de que se haga más fuerte tratando de
canalizar el problema a tiempo.

— ¿Lilith, todo bien?—la profunda voz de Aiden es lo que me termina de hacer parpadear y
enfocarme.

—Sí, todo bien—susurro para que mi voz solo llegue a él.

—No, no lo está, si pelear conmigo te pone así no lo hagas Lilith, puedo irme.

—No, la apuesta y...bueno no puedes morir, conoces las reglas—mis manos empiezan a sudar
de los nervios.

—Es una simple apuesta Lilith y puedo librarme de la muerte, no es la primera vez que me
intenta atrapar.
—Olvídalo pelearé contigo, tengo que sacar el coraje de todos estos años por ser un completo
imbécil—bromeo analizando su postura.

Se da cuenta de lo que hago, lo sé porque una sonrisa ladeada curva sus labios.

—Entonces yo haré lo mismo, después de todo arruinaste mi vida.

Clavo mis uñas en mis manos para concentrarme, no quería dar el primer movimiento pero al
parecer tendré que ser rápida. Mis manos sudan y tiemblan cuando hago un repentino
movimiento lanzando mi puño izquierdo con dirección a su cara pero él se agacha evitándolo
y rodeándome por lo que me veo obligada a dar vuelta quedando frente a frente pero ahora en
el lado contrario.

Aiden tiene una sonrisa ancha en sus labios, de hecho se ve divertido con la situación cuando
yo estoy a nada de desmayarme. Es el simple hecho de que ni siquiera puedo concentrarme
porque su belleza cegadora me distrae.

No solo lo digo por sus músculos que sí, también lo hago por eso pero sus ojos me mantienen
lejos es cómo que quieren decirme quédate quieta bájate de aquí y evítate un problema
mayor.

Esta vez es él quien lanza el golpe y cae directo en mi estómago dejándome un vacío horrible
y probablemente sacándome el aire, mis manos viajan hasta el lugar lastimado por instinto y
aprovecho la posición para mover una de mis manos a su pecho y elevar mi rodilla
clavándola en su muslo con todas mis fuerzas, eso lo hace retroceder y me da tiempo para
agarrar el aire que perdí.

Mis ojos se clavan en su cuerpo rígido, está más tenso que cuando empezamos haciendo que
su pecho ondee con su respiración y sus abdominales brillosos se muevan. Vaya mierda de
vida la mía.

No debí elevar la vista hasta su mirada profunda y electrificante, está molesto pero no creo
que sea por el hecho de haberlo golpeado.

La multitud está vuelta loca, literalmente tan loca que probablemente mis oídos se tapen por
una semana, todos los del equipo negro gritan a coro "¡Aiden! ¡Aiden! ¡Aiden!" Y los del
equipo dorado gritan mi nombre.

Ignoro mis pensamientos y corro en su dirección practicando lo que hice con papá,
aprovechando el impulso salto en el aire para patear su pecho con todo mi cuerpo con fuerza,
caigo al suelo de nuevo para ver cómo logré arrimarlo centímetros lejos. Ahora sí inició la
jodida pelea.

Intenta llevar su mano a mi cara y me agacho a tiempo para esquivar ese golpe pero no el que
cae debajo de mis senos probablemente en alguna costilla que no dudo que esté rota.

Aprovecho su brazo malo para agarrarlo y jalarlo con mi peso hacia abajo, ruedo en el suelo
hasta doblarlo detrás de su espalda sacándole un gruñido gutural. Intento hacer otro
movimiento que me asegure al menos otra ventaja en esta posición pero no me lo permite ya
que se suelta antes de tiempo con un brusco jalón de su brazo malo.
Ni siquiera puedo procesar cuando se agacha barriendo mis pies y dejando que caiga de culo
sobre el suelo, se sienta sobre mí colocando una de sus piernas en mi estómago la otra en mi
muslo, una mano sobre mi pierna libre y la otra agarra mis manos sobre mi cabeza. Una
posición...peculiar.

La multitud de personas del lado negro, es decir que apoyan a Aiden se vuelven locos, gritan,
chiflan, vitorean, no me sorprende que alguien haya lanzado su sujetador al ring. Mis oídos
literalmente están soltando un pitido de alerta por el ruido estruendoso, de hecho no dudo de
que mi tímpano podría llegar a explotar y dejarme sorda.

Los tatuajes de la Bratva y los suyos propios como el caballo o el corazón remediado adornan
todo su pecho y es lo único que puedo ver para no enfocar sus ojos azules y distraerme. Me
fijo en el humo espeso que cubre la mayoría de sus tatuajes, es una oleada de humo en tinta
que da la sensación de querer comerse a los dibujos de su pecho.

Sus abdominales están tensos igual que sus bíceps y sus pectorales, lo sé por las venas
marcadas que parecen a punto de querer explotar como si se estuviera conteniendo de algo.

Pienso opciones para salir de esta embarazosa situación y la única que encuentro no me
disgusta pero tampoco me gusta es un término medio. Realmente es la única en una escala de
probabilidades que podría funcionar.

Me obligo a llevar mis ojos a los suyos que están fríos, pero no es un frío vacío como siempre
o un frío con una capa encantadora es un frío molesto, es un frío disgustado tal vez, bueno
auch, sabía que mi presencia la odiaba pero no que también odiara estar en esta posición.

Eso me da el valor suficiente para subir mi pecho rozando no tan accidentalmente mis tetas
con su pecho, su expresión cambia a una de confusión y saco provecho de esa distracción
para bajar mi pierna haciendo que su mano se suba sobre mi muslo tocando más arriba, eso lo
desconcierta por completo pero lo que lo desestabiliza totalmente es cuando elevo mi cadera
y rozo mi otro muslo con su entrepierna, dura y...no, no pensaré en eso.

Su agarre se afloja dándome paso a darle un cabezazo y alejarlo de mí para rodar sobre el
suelo y volver a pararme, aprovecho que aún está desconcertado para propinarle una patada y
luego otra. La multitud grita con más fuerza que no sé de dónde sacan cuando ven el cambio
drástico de la pelea.

Él parece al fin reaccionar y el maldito sociópata se atreve a sonreír descaradamente cómo si


mis golpes fueran un entretenimiento para él.

— ¿De qué carajos te ríes, idiota?

—De tí, buena táctica para librarte, yo también tengo de esos trucos—sonríe
despiadadamente.

Paso por alto lo que dijo agachándome y propinándole un puñetazo en el estómago y luego
otro que él me regresa con fuerza. Me saca el aire dejándome en desventaja al golpear el
mismo punto de la vez anterior.
Aprovecha la situación para tomarme del cuello cortando mi poco suministro de oxígeno y
me rodea quedando a mi espalda, su otra mano se apoya sobre mi abdomen empujando mi
cuerpo hacia atrás hasta que choca con el suyo, es ahí cuando siento su erección clavándose
en mi espalda baja.

— ¿Sabes lo bueno de no poder sentir? Que el dolor no me afecta de la misma forma que a
las otras personas—inclina su cabeza—. Mientras que a ti de verdad te duele a mí me causa
otras situaciones—empuja sus caderas para recalcar su punto.

Maldito, uso mi peso elevando mis pies haciendo que se vea obligado a soltarme y le propinó
un golpe en la cara tan fuerte y rápido que hace que mis nudillos escosan, y las vendas de mi
mano sangren al igual que su cara.

Tiene el descaro de sonreír entre la sangre viéndose espeluznante, me cabrea en sobremanera


que le exciten mis golpes cuando deberían dolerle como a un ser humano normal. Lo golpeó
una y otra vez hasta que no siento las manos y la multitud enloquece gritando mi nombre.

Aiden ni siquiera está haciendo algo por defenderse el psicópata solo se ríe y ahora es en una
carcajada estruendosa que me deja paralizada con una expresión de completo horror. Vaya lío
en el que me metí con este chico.

—Deja de reírte sociópata de mierda—le reclamo—. Defiéndete para que al menos parezca
que eres normal.

—No quisiera golpear tu rostro—deja de reír pero su mueca divertida aún no se va.

Creo que es la primera vez que lo veo reír tanto y por algún motivo me siento mal por cortar
este momento significativo. Es Aiden, él no ríe de verdad solo finge pero ahora lo hace, se
rio. Él también parece caer en cuenta porque su expresión vuelve a ser en blanco y me
maldigo por ocasionar su seriedad

— ¿Sabes que dejé el tuyo vuelto mierda, no?—le recuerdo.

No es que quiera que me destroce la cara pero me parece algo ilógico que si yo destrocé la
suya no quiera destrozar la mía. Yo lo haría si estuviera en su posición.

No dejamos de movernos y esquivar golpes que el otro trata de lanzar, me agacho cuando
trata de lanzar uno a mí estómago de nuevo y doy vuelta cambiando de lugar.

—Sí, pero a mí me luce el rojo—se encoge de hombros.

Se abalanza contra mí y trato de esquivarlo pero la fuerza de su impulso es tanta que mi


espalda choca contra las cuerdas ásperas del ring. La sangre de su rostro gotea molestamente
al mío pero no me preocupo en limpiarla después de todo yo fuí quién lo dejó vuelto una
mierda, lo peor de todo es que se sigue viendo divino, sigue viéndose como la personificación
de una escultura griega.

—¡Acábalo de una vez, Li!—la voz de Joshua llena mis oídos de entre todos los demás.
Ojalá fuera tan fácil hacerlo. Tomo su mano del brazo malo y la doblo hacia atrás
ayudándome para aflojar un poco y dándome la opción de salir pero no puedo hacerlo porque
él suelta un jadeo que me deja paralizada como una idiota.

Mis ojos se abren mirándolo incrédula pero los suyos están cerrados, no pienso siquiera en la
posibilidad de que podría acabarlo porque solo estoy como una tonta viendo su expresión.

— ¿Aiden?—susurro sin saber exactamente el significado de ese jadeo.

—Maldita tortura, no digas mi nombre, joder—hecha la cabeza hacia atrás alejándose.

— ¡¿Qué mierda haces Lilith?! ¡Golpéalo carajo!—Marcello grita a todo pulmón resaltando
entre la multitud.

Espabilo reconociendo mi error y continúo los golpes pero más distraída que antes y no solo
yo también él, tanto así que creo que solo estamos esquivando y acertando golpes fuertes
durante largos minutos. No estamos pensando en una victoria.

Lo que sí estoy segura es que no bajaré a estas alturas y él mucho menos.

— ¡Tú puedes, enana!—grita Nikolay y volteo para verlo entre la multitud.

Sus rasgos están contraídos con preocupación y me obligo a darle una pequeña sonrisa para
tranquilizarlo, funciona los primeros dos segundos, al tercero estoy sobre el suelo, mi cabeza
palpita y mis ojos logran apenas visibilizar los azules intensos frente a los míos.

Sus ojos están vacíos, fríos pero ahora no hay disgusto, este fue reemplazado por un enojo tan
fuerte que me hace tragar grueso, creo que alguien en serio odia a Nikolay.

Le doy un cabezazo nuevamente, engancho mis piernas a sus caderas y mis manos en su
cuello cambiándonos de posición quedando ahora yo arriba de él.

Sus manos se clavan en mi cuello y aunque parezca que tengo ventaja no es así, estoy arriba
de él pero su agarre hace que pueda voltearse fácilmente, cosa que hace levantándonos a
ambos en un giro que me hace tambalear.

—Ya termina esta mierda, Lilith—ordena con su voz cargada de un sentimiento que no
puedo reconocer, molestia, enojo...ira.

Su cuerpo irradia olas de calor que combinan a la perfección con su rostro y con su cuerpo.

—No lo haré, no si me dejas ganar—gruño con molestia.

—Dije que lo termines, no te lo pregunté, me sabe a mierda lo que quieras—se acerca con su
aura amenazante que casi me hace retroceder—. Fue una pésima idea pelear contigo.

—Estábamos peleando bien—le recuerdo mirándolo con los ojos entrecerrados cuando su
expresión se vuelve aún más asesina—. ¿Por qué te molesta tanto Niko...—sus ojos casi se
vuelve negros y debo corregirme a mí misma—Nikolay?
—No hay respuesta lógica para eso.

— ¿Estar con Atlas te pudre el cerebro?—bufo enojada.

—No voy a contestar, agradece que al menos no lo mataré.

—Claro que no lo harás, es el príncipe de Rusia, idiota—digo con obviedad moviendo mi


muñeca entumecida.

—Lo último que me importa es que sea un príncipe, si no lo mato es por tí—parece que le
cuesta decir eso.

— ¿Por mí?

—Te pondrías particularmente irritable si lo hago.

Entrecierro los ojos y olvido mi muñeca dormida para abalanzarme contra él y lo golpeó
dónde caigan mis manos, utilizo las técnicas correctas para hacerlo retroceder, el evita unos,
me devuelve otros pero sigo teniendo ventaja.

No se defiende mucho, solo veo sus ganas de acabar esto y la verdad yo también lo quiero,
tengo demasiado que procesar incluyendo nuestra última conversación específicamente esa.
Los gritos del lado dorado, es decir el mío, se vuelven fuertes y violentos hacia el otro
equipo.

— ¡¿Qué mierda haces, Wolf?!—grita Connor a un paso del ring.

Ver su asqueroso rostro igual al de Mason solo me da más ganas de pelear solo que no es
Connor a quien golpeo es a Aiden, a mí Aiden, y sí es mío porque yo lo digo, lo declaré como
de mi propiedad hace más de una década y así seguirá siendo.

Miro a los tres hombres que observan como acorraló a Aiden a punta de golpes, giros y
patadas. Connor está molesto, Atlas está...bueno es algo difícil de saber pero la pequeña
arruga en su frente dicta que puede estar algo sorprendido, realmente no es muy expresivo.

Y Naim ya no tiene su expresión aburrida usual, mira el desarrollo de la escena con el ceño
fruncido cómo si estuviera uniendo cabos y por algún motivo me siento nerviosa porque su
mirada parece desnudar nuestras almas y ver todo lo que pasó entre nosotros esta semana. De
hecho su mirada conecta un segundo con la mía y tiene una chispa de curiosidad, cómo si
fuera la pieza que le faltaba a su extraño rompecabezas mental.

En algún momento Aiden queda sobre el suelo nuevamente y yo sobre él, lo estoy golpeando,
con fuerza, está sangrando y aún así puedo sentir su erección que crece cuando me muevo
sobre ella con cada golpe. ¿Qué carajos con este sociópata?

Su mano se levanta y creo que va a ser para devolver el golpe pero solo se apoya en mi
cintura y cierra los ojos. Está loco, fuera de este planeta, lo confirmo cuando un profundo
gruñido de placer sale de lo más profundo de su pecho.

—Maldito seas.
—Acabaré esta maldita tortura—su voz es lenta por el desastre que es su cara—. Ganaste,
Diosa.

Con eso último lleva su mano a la colcha del cuello y da un golpe. La multitud se calla y es
muy extraño escuchar el silencio escalofriante pero hasta yo lo estoy. El nuevo presentador
que creo es Cole da el fin de la pelea dejándome como victoriosa escandalizando al equipo
dorado.

— ¡Un aplauso para la Diosa Infernal!—la multitud enloquece.

—Quítate al menos de que quieras coger aquí mismo, Lilith—advierte con la voz tensa.

Me levanto tan rápido que casi caigo de culo por el impulso. Mi cuerpo está entumecido y a
punto de caer a diferencia de él que se levanta como si no estuviera vuelto mierda y cuando
creo que se irá con sus amigos me dirige una mirada y suspira con fuerza antes de tomar mi
mano.

—Joder—susurra.

La multitud vibra con tanto entusiasmo y gritos por la victoria otros abuchean o se lamentan
quizás por perder su dinero, otros saltan de arriba a abajo celebrando. Es diverso.

Lo que no lo es, es la mirada mortal de Connor, su cuerpo musculoso y tatuado que


probablemente esté lleno de cáncer de piel o algo así está tenso y por primera vez veo a
Connor con esa aura intimidante y no divertida como siempre. Está analizando la situación y
esta empeora cuando Aiden me jala sacándome del ring y llevándome con él.

—Me voy a meter en un jodido problema—gruñe para sí mismo pero igual lo escucho.

Arrugo la frente ante su comentario porque definitivamente no es mi culpa, él se dejó ganar y


él me está llevando a los vestuarios. Giro para ver a mis amigos pero no están en ningún lado
solo está Atlas y para mí desgracia intercambiamos una mirada, la suya está algo irritada y la
mía debe estar confundida. A su lado izquierdo está Naim que ya parece haber agotado su
batería social porque se cruza de brazos mirando al suelo como si fuera el mejor
entretenimiento creado.

— ¿Por qué te meterás en problemas?—susurro tratando de seguirle el paso.

Es obvio que por dejarse ganar pero siento que hay algo más.

—Por dejar ganar, por ni siquiera tratar de defenderme, por dar una batalla de mierda, por
estar aquí contigo ayudándote y por arruinar los planes psicópatas de Connor.

No me preocupo en preguntar sobre los planes de Connor es obvio que no me dirá nada al
respecto pero supongo que sé por dónde va la cosa, si el idiota quiere mi odio no debe
esforzarse demasiado, ya lo tiene.

De hecho nunca se esfuerza mucho para que lo aborrezcan con su apariencia que grita "coger
o alejarse" eso es mucha realidad, si no te interesa un polvo rápido entonces Connor no es
para tí, él es un puto que solo le interesa satisfacer sus fetiches y necesidades, pasarla bien
pero jamás agradarle a nadie, creo que es más una fachada, supongo que ya le basta con ser
físicamente igual a Mason como para ser también igual a él en cuanto a personalidad.

Es despiadado todos lo sabemos a él le gusta el dolor, a Aiden le gusta ver a los demás sufrir,
a Atlas le gusta hacer sentir a otros como idiotas y a Naim le encanta hacer sentir inferiores a
los demás, con una mirada te hace sentir insignificante con el mismo valor que un grano de
arroz.

—No deberías dejar que ellos influyan en tu vida, en realidad nadie mírame a mí si me
hubiera dejado llevar por lo que me dicen todos probablemente tú estarías ahogado y yo en
depresión—digo pensando en todas las veces que mis padres me ofrecieron ahogar a Aiden.

De hecho sigo creyendo que quieren hacerlo lo cual es tonto porque mamá lo adora y yo
también.

—No me dejo influenciar por ellos Lilith pero hay códigos y reglas que se supone que no
debo romper y estaban bien hasta hace una semana—me mira de reojo mientras sigue
apartando a la gente con simples miradas.

Él está caminando y yo estoy correteando detrás de él, sus pasos son como los de una maldita
jirafa.

—Si te hace sentir mejor mi vida era perfecta hasta hace una semana.

— ¿Perfecta acosándome como una loca? Ya lo creo.

—No interferí en tus asuntos más bien te ayudé así que podrías llamarlo un acosamiento
sano—intento salvar mi reputación perfecta de acosadora.

Creí que no se daba cuenta de cuando estaba allí pero al parecer si lo hacía solo que nunca me
di cuenta.

—Además tampoco te disgustaba, si lo hiciera me hubieras puesto una orden de alejamiento


o algo así.

—Tu presencia me es indiferente ya te lo dije lo que sea que hagas con tu vida me da igual
mientras no te metas de más en mis asuntos—abre la puerta del vestuario dorado y me mira
para que entre primero.

Lo hago y él me sigue cerrando la puerta detrás de nosotros. Voy a mi bolso con mi ropa de
repuesto y dispuesta a meterme en las duchas.

—No creo que te siga siendo tan indiferente pero piensa lo que te dé la gana en algún
momento te darás cuenta de que sí puedes sentir—me encojo de hombros desatando las
vendas de mis nudillos haciendo una mueca por el dolor.

— ¿Según tú sí puedo sentir? Déjame adivinar ¿por tí?


—Sí, has estado más pendiente de mí en esta semana que en toda tu vida, aunque no lo
quieras admitir ambos sabemos que te preocupas por mí y que ya te acostumbraste a mi
presencia dentro de tu vida—cuelgo el bolso sobre mi hombro.

Lo miro por unos breves segundos pero su expresión sigue en blanco sin embargo no contesta
y es porque sabe que es verdad, se preocupa por mí tal vez no me quiera ni me ame pero si se
preocupa, si me ha salvado el culo un par de veces y ha estado allí en cada momento feliz de
mi vida. Un hecho que ambos sabemos pero que él se ha empeñado en guardar porque
necesita ser indiferente conmigo.

Cuando veo que no va a responder a eso camino hasta la ducha y cuelgo el bolso en la puerta.
Me quito la ropa sucia soltando un gemido de dolor cuando alzo los brazos por mis costillas
lastimadas. Entro a darme una ducha intermedia ni fría ni caliente. Me quito toda la sangre y
me paso el jabón por el cuerpo notando todos los daños cada que paso por algún centímetro
de mi piel que está adolorida.

Me seco cuando termino de enjuagar mi cabello anteriormente sudoroso y luego me pongo


una camisa oversize Lila muy cómoda y unos shorts de jean algo cortos.

Desenredar mi cabello que parece un nido de pájaros es mi mayor dilema y probablemente


dure en eso una hora o media. Cuando está liso y desenredado es que tomo mi bolso y salgo
de la ducha sin preocuparme en maquillarme o algo así lo que debo hacer es llegar a casa y
curar todas mis heridas.

Vaya sorpresa que me llevo cuando Aiden está afuera aún no se ha bañado sigue igual que
cuando entramos solo que ahora está sentado y con los ojos cerrados apoyando su cabeza en
la pared.

Miro la hora en el reloj de la pared, estuvo aquí afuera probablemente unas dos horas solo por
eso me apiado de buscar el botiquín de primeros auxilios en el casillero y me agacho a su
lado. Tomo un paño y lo mojo un poco con el agua de mi botella antes de pasarlo por su
rostro limpiando cuidadosamente la sangre.

Cuando está limpio puedo ver el desastre que hice y me siento muy mal por eso. Tomo un
poco de pomada y la distribuyo en el moretón de su mejilla y alrededor de su ojo dando un
pequeño masaje hasta que su piel lo absorbe. Por último desinfecto el corte de su otra mejilla
y tomo su mandíbula limpiando el corté en su labio.

Mi ceño está fruncido por la concentración, estoy tan metida en mi trabajo que no me doy
cuenta de cuando abre los ojos hasta que siento ese conocido escalofrío que me hace subir la
mirada a la suya.

Me separo actuando como una persona normal que claramente no soy y que tampoco me
siento así y boto en la papelera todos los paños que usé para limpiarlo.

—Lo siento por golpear tu cara, podrías ir con papá Asher para que te revise las heridas yo no
soy médico pero al menos tu rostro está mejor—suelto en un vómito de palabras apresuradas.

—Connor estudia medicina él se encargará de eso.


— ¿No que te iba a odiar?

—Es algo complicado pero no me va a dejar morir.

Asiento y nos quedamos viéndonos unos minutos como si ambos intentáramos descifrar los
pensamientos del otro no es hasta que él reacciona levantándose y abriendo la puerta para los
dos.

—Me debes una respuesta—le recuerdo la apuesta.

—Y tú me sigues debiendo un favor y ahora me debes algo más—el reconocimiento y la


adrenalina brillan en sus ojos.

Recuerdo el trato, yo tengo una respuesta a lo que quiera y puedo follar con él más de una vez
sin embargo no puedo pedir sus sentimientos, vaya babosada.

—Lo sé—asiento dando la vuelta.

Camino de vuelta a la multitud escuchando los gritos y felicitaciones a las que yo asiento y
agradezco a pesar de que solo quiero ir a casa. Joshua, Marcello y Nikolay se unen a mí
dándome cortos abrazos y apartando a las personas de mí hasta que llegamos a la salida.

Mis pasos son veloces y mi mente no procesa ni una de las palabras que mis amigos dicen,
solo quiero llegar a casa y cerrar los ojos hasta que pueda dormir y todos mis problemas
desaparezcan.

Espero hasta que Nikolay abra la puerta de su McLaren negro y me deje entrar al igual que a
los demás. Estamos a punto de arrancar cuando un auto se atraviesa frente a nosotros, un
estremecimiento frío me recorre y trago saliva cuando la ventanilla del Rolls Royce negro se
baja.

La sombra de Aiden está en el lado de copiloto pero de conductor está Connor con una
radiante sonrisa de hijo de perra.

—Mañana tenemos una competencia de equitación, es en la caballeriza, ya que ahora somos


más...cercanos—me mira fijamente—podrían ir.

Mis palabras parecen estar atoradas en mi garganta y Nikolay lo nota cuando responde por
mí:

—No estamos interesados, gracias.

—Es un ofrecimiento amable príncipe, además ya Amira aceptó ir Lilith, tu madre estará
decepcionada si no vas a cuidar a tu hermana menor de algún peligro—la sonrisa de Connor
se ensancha por mi reacción.

Involucrar a mi hermana es un juego sucio, muy sucio aún más porque sabe que no puedo
negarme a cuidarla y protegerla, si llega a pasarle algo me sentiré culpable por no ir. Veo las
intenciones de Nikolay de hablar de nuevo pero esta vez lo interrumpo:
—Ahí estaremos.

Ni siquiera pienso en lo que dije ni en qué eso significaría ver a Aiden de nuevo, solo quiero
salir de aquí lo más rápido posible y funciona porque Connor asiente feliz y sigue de largo.
Lilith

N
o puedo creer que de verdad estemos aquí, huele a mierda—Joshua hace una
mueca de asco tapando su nariz con un suéter polo.

—La caballeriza no va a oler a flores silvestres, Joshua—Nikolay rueda los


ojos pasándolo de largo hasta llegar a mi lado.

Llevamos sin decir mentira unos cuarenta minutos esperando a que Joshua y Marcello dejen
su drama por el olor a mierda de caballo y decidan entrar.

No los culpo la primera vez que entré a esta caballeriza porque mis padres dijeron que Aiden
estaría aquí tenía siete años y mi cerebro asoció equitación con natación y por alguna razón
creí que tenía algo que ver con agua, vaya decepción que me llevé cuando ví la mierda en el
suelo y el detestable olor.

Sin embargo agradezco haber venido ese día pues no solo peleé con Aiden y me dijo estúpida
por no poder subir a su caballo sino que luego me enseñó a montar en su caballo favorito, uno
muy lindo, negro con un cabello sedoso y se llama Demon. En ese momento era un caballo
pequeño así que me facilitó el trabajo, ese es uno de los mejores recuerdos que tengo con él.

Además fué la primera vez que me sonrió cuando accidentalmente confundí izquierda y
derecha y quedamos varados en el campo trasero de la caballeriza. El idiota se rió de mí por
al menos diez minutos y me llamó estúpida, por segunda vez. Yo obviamente tampoco me
quedé callada y le dije que él era aún Inútil por no saber explicar bien.

En fin, el amor.

Volviendo al presente llegamos aquí hace una hora, se supone que debíamos llegar antes pero
creo que incluso estamos atrasados ya que los tontos de mis amigos se habían vestido como si
fueran a una iglesia, todos de blanco. Solo les dije que si pretendían llenar sus trajes costosos
de mierda podrían venir así, si no entonces debían cambiarse. Todos sabemos que opción
escogieron y ahora usan ropa azul oscura y negra.
Yo llevo una linda falda negra con mallas color piel debajo y un top del mismo color que la
falda. Mi cabello está suelto por ahora pero si me provoca montar a caballo podría
simplemente atarlo.

—Jesús, juro que los vamos a dejar aquí si no se deciden—los amenaza Amira, mi hermana.

Después de la no muy sutil amenaza de Connor no pude dormir tranquila sabiendo que ella
estaría sola y desprotegida en el radar del séquito de los demonios mayores. Así que traje a
Amira conmigo aún sin decirle a mamá.

De hecho no he hablado con ella desde ayer en la mañana y aún no me siento lista para
decirle lo de la pelea.

—Vamos, Li, me harté de estos tontos—hecha su melena dorada detrás de su hombro.

Sus bonitos ojos verdes del color de un bosque luminoso a plena luz del sol con los árboles
primaverales y sus hojas teñidas por una clorofila verde claro están mirándome hastiados.

—Lamento hacerla esperar, alteza—Joshua se burla con el último apodo mientras empieza a
caminar con cara de asco.

—Te recuerdo que soy la sucesora al trono de Francia, te recomiendo cerrar el pico, plebeyo.

Intercambio una mirada divertida con Nikolay que solo niega con la cabeza. El ego y
personalidad de Amira son abarcantes, tiene el humor de mi padre Dean pero por alguna
razón sacó el ego kilométrico de Aleixander.

En su defensa todos los que no compartan un lazo sanguíneo con ella son plebeyos que no
carecen de su atención.

—Me largo, agotan mi oxígeno—mira de arriba a abajo a Joshua antes de dar media vuelta
dándonos la espalda— ¡Julio! Acompáñanos adentro, por favor—le pide a nuestro
guardaespaldas principal.

Papá Dean se negó a dejarla salir sin protección a pesar de su insistencia así que le propuso
traer a Julio ya está algo viejo y debería estar descansando, él inicialmente era el
guardaespaldas principal de papá Death, luego pasó a ser el de mamá, luego el mío y ahora es
el de Amira ya que es el único que no considera plebeyo de entre los guardias.

—Debo ir con ella—me excuso con Joshua y Marcello.

—Claro, abandónanos, cagna—Marcello se cruza de brazos mirándome mal.

Lo ignoro por completo dando media vuelta y Nikolay me sigue, ya resolverán los otros dos.

Ahora el verdadero dilema es ¿dónde se metió Amira? Esa niña es un completo problema y
ahora que está fuera de casa no dudo que vaya a hacer desastres con alguna de sus amigas.

— ¿Me ayudas a buscarla?—suspiro mirando a Nikolay.


—Claro, buscaré en las gradas—revuelve mi cabello antes de dar vuelta para buscar a la
rubia.

Juro que la voy a matar si creyó que por venir conmigo andaría por ahí cómo si no fuera una
persona importante a la que debemos proteger.

Doy al menos tres vueltas completas por los establos y por los campos traseros hasta llegar de
nuevo al centro. Intento ubicar a algún conocido y para mí buena suerte Joshua está apartando
a unas moscas a su alrededor a pocos metros de mí.

— ¿Qué haces?—pregunto al llegar a su lado cuando veo que les echa de su perfume.

—Voy a matar a Amira y a tí por venir aquí, que asco—corre a mi lado.

Tengo que evitar rodar los ojos por sus tonterías, definitivamente ellos no sirven para estás
cosas y yo no sirvo para ir a una galería a ver un cuadro con líneas raras.

— ¿No podemos ir...—su mirada se desvía de mi cara interrumpiendo su oración.

Mira estupefacto algo detrás de mí y debo voltear para ver lo mismo que él. No debí hacerlo.

Los cuatro demonios principales están en el centro de la caballeriza listos para realizar la
competencia. Connor tiene un caballo marrón oscuro, Aiden tiene a Demon (su caballo
favorito), Atlas tiene uno blanco y Naim uno marrón claro.

Lo que realmente me deja salivando y probablemente me cause un orgasmo visual es cuando


Aiden refuta los movimientos de Connor sobre el animal, cabalga hasta las gradas tomando
un sombrero vaquero del público y lo coloca sobre su cabeza. Regresa a dónde está Connor y
le dice algo antes de sostener con su pulgar e índice el borde frontal del sombrero, su mano
restante viaja hasta sostenerse en el caballo y luego mueve sus caderas lentamente como si
estuviera...bueno, ya saben, mientras baja un poco el sombrero y sus labios se curvan en una
sonrisa juguetona.

Creo que acabo de correrme.

—Mierda—susurro sosteniéndome del brazo de Joshua.

Atlas tiene la sombra de una sonrisa divertida (sorprendentemente), Connor lo mira cruzado
de brazos por haberle ganado en su rara batalla de no sé qué mierda y Naim rueda los ojos
con diversión antes de volver a enfocarse en la nada misma.

Aiden se quita el sombrero y revuelve su cabellera naranja, no estoy preparada cuando sus
ojos conectan con los míos y me guiña un ojo.

—Joder, maldita perra suertuda. Juro que soy heterosexual pero por él podría cambiar—
Joshua sigue mirando a Aiden ganándose un fuerte manotazo en la nuca de mi parte.

—Lo reclamé cómo mío cuando tenía seis, aparta tu presencia de él, idiota.

—Maldita sea, eso dolió—lleva su mano a su nuca sobando dónde lo golpeé.


Lo miro mal hasta que se incomoda y me saca el dedo corazón. Siempre funciona.

—Yo no diría que es tan tuyo ahora, karma instantáneo perra—sonríe señalando con la
cabeza detrás de mí.

Aiden está charlando con Jane y a simple vista podría parecer una conversación normal si ella
no acabará de tomar el sombrero que él usó y se lo esté poniendo en la cabeza.

—La voy a asesinar—mumuro sacando mi celular.

Empiezo a buscar en mis contactos el número de papá Ethan, si le pido que mate a la perra lo
hará gustoso. Jane es la hija de Emma, una perra que le jodió la vida a mamá y la hermana de
papá Ethan...ex hermana porque él y mamá la mataron.

Estoy segura de que Ethan estará feliz de matar a Jane.

— ¿Qué? No, ¿estás loca? Vas a crear un problema con Connor—Joshua me arrebata el
celular de entre los dedos.

Le lanzo una mirada mortal tratando de alcanzarlo pero el idiota mide más del metro ochenta
y es imposible alcanzar el jodido celular por más que salte.

—Bien, no la mataré, pero entonces usaré otro método—lo aparto del camino con un
empujón no muy sutil.

Lo amo, pero de verdad que Jane solo consume oxígeno innecesario. Es tan insoportable que
solo se aguanta ella misma y sus marionetas sociales.

Llego al establo y voy directo al final, dónde está mi bonito caballo blanco que escogí a juego
con el de Atlas cuando tenía ocho años. Mala decisión ya que ahora no nos hablamos pero en
fin, la vida supongo.

Hago los cuidados anteriores colocándole todos los accesorios necesarios y me subo sin
tomar la fusta, mi caballo y yo hemos llegado a un acuerdo mutuo en el que no necesito
pegarle para que cabalgue.

—Muy bien, hora distraerme un rato —le doy dos toquecitos en el lomo para que empiece a
cabalgar y lo manejo con las cuerdas.

Salgo aun montada sobre el caballo y me inclino un poco sobre él para mejor equilibrio,
necesito mi distracción y me sabe a mierda si Connor quiere que vea la competencia me voy
a dar un paseo y luego me largo, solo lo hago porque en este lugar por el que estoy pasando
está Nikolay, Amira, Marcello, Joshua y unos cuantos de sus amigos al menos espero que
cuiden a Amira.

Nikolay conecta miradas conmigo y alza una ceja porque le dije que no montaría a caballo,
solo muevo los labios en un "cambio de planes". Él sonríe asintiendo y es mi momento
perfecto para modular un "me voy, cuida a Amira" él frunce el ceño y mira a otro lado, veo
sus intenciones de preguntar o acercarse pero no lo dejo procesar cuando le doy un tirón a las
cuerdas haciendo que el caballo trote con fuerza y velocidad levantando un poco de la falda
sin querer. Mierda.

No paro ni un segundo, solo sigo y sigo pasando los árboles de la colina a una alta velocidad,
voy tan rápido que incluso mí alrededor se difumina sin dejarme ver correctamente. No sé
cuánto tiempo tardé, el punto es que cuando reduzco la velocidad me encuentro de nuevo en
el establo, estoy algo mareada y agitada.

Ni siquiera tengo mi celular porque se lo quedó Joshua pero me da igual, solo quiero
largarme de aquí, Amira estará muy bien cuidada por Niko, Marcello y Joshua, y claro por
Julio.

Amarro al caballo acariciándolo después y le peino el pelo para que no se enrede después.
Cuando me parece que está bien entonces salgo de la caballeriza dispuesta a irme con
cualquier conocido que vea por aquí.

Estoy viendo al suelo y caminando tan rápido que no me doy cuenta cuando sin querer
tropiezo con alguien.

—Maldición—maldice la chica con la que choqué.

—Lo lamento.

Sus ojos de color zafiro se clavan en los míos con molestia. Aparta su cabello de su hombro
con un resoplido, este es de un color peculiar, es negro pero tiene unas mechas fucsias
teñidas. Toda ella en realidad es peculiar, debe pertenecer al equipo de música de la
universidad, su aspecto grita "no me mires, no me hables, no me toques". De hecho es lo que
dice en su camiseta corta negra al estilo rockera.

—Ten más cuidado la próxima, casi dejas caer mi guitarra eléctrica—levanta el instrumento.

—Sí, lo lamento ando algo dispersa—miro su aspecto, la verdad no se ve como alguien


confiable pero si hay algo que aprendí de mamá es a no dejarse llevar por las apariencias y si
me puede echar un aventón sería fabuloso—. ¿Eres de Hellfire's?

—No, que tenga mal aspecto y me mires como la jodida peste no quiere decir que sea de
Hellfire's—su cara seria me hace querer huir.

¿Qué carajos con esta chica?

—No quise ofenderte, soy Lilith Müller—extiendo mi mano con amabilidad.

Ella alza una ceja mirando mi mano.

—Tu madre es la dueña de la isla, claro que sé quién eres. Ahora apártate no me interesa
socializar contigo.

Mi quijada cae mirándola anonadada. Vaya día de mierda.

— ¿Qué carajos contigo? ¿No sabes ser amable o qué mierda?—pierdo mis modales.
—No, no veo en que deba afectarte mi maldita vida. ¿Entiendes eso? Significa que hago lo
que me dé la jodida gana con ella—me pasa de largo pero antes de que siga logro escuchar:
—Odio a la sociedad.

Que descaro, lo dice la que acaba de usarme para desgastar su mal humor. Me parece que a
alguien le faltan unas pastillas de amabilidad y leer un libro de educación. «Maldito día, juro
que no puede empeorar más». Una sombra cubre mi visión periférica y volteo apresurada
para ver quién es.

Juro que ví una sombra. Sacudo la cabeza dispuesta a regresar de nuevo y fingir que estoy
bien y no en pleno bajón social cuando una mano toma mi brazo y mis labios se abren para
gritar pero otra mano cubre mi boca callándome.

¿Recuerdan cuando dije que el día no podía empeorar? Bueno claro que puede.

—Hola, Diosa—Aiden me mira con su típica indiferencia pero con sus ojos llameantes de ira.

¿Y ahora qué? Se supone que yo no debería estar molesta porque él puede hacer lo que quiera
con su vida y lo entiendo por eso no me metí "de más" en sus estúpidos asuntos.

No entiendo su problema, no pensaba quedarme para ver cómo el tonto hablaba con Jane y
mucho menos pasarla mal con algún comentario de ella o de alguien más.

—Me gusta cuando estás callada.

Eso me hace reaccionar y apartar su mano de mi boca zafándome de su agarre.

—Y a mí me gustaría largarme, adiós—doy la vuelta dispuesta a marcharme.

Anteriormente tuve la intención de volver pero me arrepentí, no haré nada allá adentro. Allá
él y su estúpida competencia de equitación.

—Vuelve a adentro Lilith, quiero que veas la competencia—llega a mi lado caminando a


pasos tranquilos.

Apresuro el paso lanzándole una mirada de reojo.

— ¿No deberías estarme ignorando o algo así?

—Debería, pero no hay nadie que pueda vernos ahora—me mira fijamente y por algún
motivo siento que eso sonó a amenaza—. Da igual si te hablo o si dejo de sonreír. Tú me
conoces más que nadie, no importa lo que haga ya que sabes todo de mí, en contra de mi
voluntad.

Ruedo los ojos frenando mi caminata y cruzándome de brazos.

—Quiero irme y me siento incómoda aquí.

— ¿Prefieres dejarme solo? Creí que tus niveles de acosadora eran mejores.
Entrecierro los ojos dando la vuelta de nuevo, solo busco algún humano que se apiade de mi
alma y pueda darme un aventón a mi casa.

—Tengo otros métodos para saber qué haces allá adentro, Aiden.

Su mano se engancha en mi brazo frenándome de nuevo, está vez lo miro deseando mil
formas de que caiga en picada al infierno.

— ¿Qué te hizo molestar?—inclina la cabeza hacia un lado.

No me gusta que haga eso, no me gusta que me mire así, no me gusta porque nunca lo ha
hecho, nunca se ha tomado la molestia para mirarme y darse cuenta de algo. Nunca me ha
analizado lo suficiente para saber que me pasa, por Dios, ni siquiera me había hablado más de
unas simples oraciones antes.

¿Una persona puede cambiar de un día para otro? No lo creo, la única opción es que ya me
haya observado antes y no me haya dado cuenta, eso o soy un libro abierto que le es fácil de
leer en una semana. Eso sería decepcionante.

—No estoy molesta, ¿qué te hace creer que lo estoy?

—Muchas razones pero podríamos empezar con que estoy tocándote y tus ojos están
llameando en furia, siempre que te toco parece que viajan unicornios con brillos por tus ojos.

Frunzo el ceño porque eso no es cierto, no soy tan obvia ¿okay?

—Ni siquiera me...

—No te gustan los unicornios, lo sé, pero es una metáfora, cambia a los unicornios por un
tigre blanco entonces.

Imposible. Tal como leen. Es imposible, resaltado, en mayúsculas, negrillas, tómenlo como
quieran. Pero es imposible que él sepa eso. No hay manera en esta tierra de que Aiden Wolf
esté enterado de que no me gustan los unicornios y peor aún sobre mi animal favorito secreto,
el tigre blanco.

Mi obsesión por él se desarrolló por el tigre de mi padre Alek, luego incrementó cuando mis
padres, los multimillonarios más grandes del mundo, robaron un jodido tigre blanco de un
zoológico por mamá.

Nadie sabe que es mi animal favorito, ni siquiera Atlas o mamá lo saben, ellos creen que mi
animal favorito es el Pomerania, por Lila.

— ¿Cómo sabes eso?—susurro.

Se encoge de hombros restándole importancia y suelta mi brazo causando un cosquilleo


molesto por la falta de su toque.

—Vamos adentro, prometo ganar rápido.


—Te tienes mucha fe.

—Siempre gano, Lilith, ahora entra y deja la necedad ¿quieres?

— ¿Qué mierda te pasa? Imbécil, quítate, voy a entrar porque me sale del culo hacerlo no por
tí—lo empujó con todas mis fuerzas pasando de largo a la entrada.

Entro con mi mal humor multiplicado por mil y me dirijo refunfuñando en voz baja hasta
dónde están mis amigos.

—Enana, creí que te ibas, ¿todo bien?—Nikolay me abre un espacio a su lado para que me
siente.

Lo hago y niego con la cabeza sin decir más pero creo que se da cuenta cuando alza la mirada
y debe ver a Aiden entrar por la misma puerta que yo.

— ¿Te hizo algo?—su mirada se vuelve preocupada.

— ¿Joderme la paciencia, alterar mi sistema y confundirme cuenta?—intento bromear pero


suena más como una queja.

Él sonríe un poco y pasa su brazo sobre mis hombros dejando que apoye mi cabeza en su
pecho.

—Eso cuenta. No le prestes atención, solo concéntrate en nosotros y apenas termine esta
tontería nos vamos, ¿te parece?

—Bien.

Nikolay intenta seguir nuestra conversación pero al final sus amigos lo acaparan y se
enfrascan en una conversación amena. Me desconecto todos los minutos siguientes pensando
en cualquier tontería que no sea Aiden y el lugar donde me encuentro.

Todo se va al carajo cuando la competencia inicia. Los gritos del público alentando a quien
creen que será el ganador se vuelven un pitido insufrible al que prefiero ignorar.

No miro la competencia porque no puedo, no quiero ver a Aiden. Sin embargo existe un
sentimiento más fuerte que el poder y el querer, la necesidad. Eso es lo que me impulsa a salir
de mis pensamientos y buscar su presencia como siempre lo he hecho.

Un regusto amargo se instala en mi garganta por no poder apartar mi mirada de él, de cómo
se desenvuelve con tanta facilidad, o de cómo lo hace ver algo natural. Está demás decir que
Aiden lleva la ventaja, está un poco por delante de Atlas.

Va tan rápido que incluso se ve borroso a la vista. Pero se ve magnífico, como un ser irreal
que ha sido creado para causar caos. No lo dudo, solo que Aiden no usa su potencial, prefiere
fingir, y lo hace bien.
Ojalá dejara de hacerlo, ojalá se diera cuenta de que no es como su madre ojalá pudiera
ayudarlo a demostrar quién es y que todos se enamoren con la misma fuerza que yo lo hice
cuando ví a su verdadera versión. No dudo que lo harán, sí, el Aiden encantador llama la
atención, pero el Aiden verdadero es acaparante, destructivo, desestabilizador, arrasaría con
todo a su paso.

Podría tener el mundo en sus manos si él quisiera y parece no importarle en lo más mínimo
ese hecho porque prefiere seguir lineamientos y reglas que no lo hagan ver como la sucia de
su madre.

No despegó mis ojos de él ni un segundo durante las tres vueltas de carrera, solo lo admiro
desde lejos, como siempre. Solo que ahora él es quien quiso que esté aquí, si fuera por mí me
habría largado pero lo conozco, si quiere algo lo consigue.

Eso se demuestra cuando pasa la última vuelta dando un salto perfecto con un manejo de
cinco estrellas sobre el caballo. Es tan perfecto que no puedo entender cómo la gente no se da
cuenta de la realidad que hay debajo de toda esa perfección.

Los aplausos cuidadosos se escuchan porque claramente estamos en una competencia con
más clase. Lo de ayer fue clandestino, ahora estoy rodeada de niños pijos que se creen
demasiado para desgastar más de dos aplausos en alguien más.

Sin embargo veo a las chicas de enfrente abanicándose con sus estúpidos abanicos rosados o
blancos de encaje. Ridículas.

Aiden sonríe al público en general mientras baja del caballo y su padre le da un apretón en el
hombro felicitándolo. Aiden le da un corto abrazo y luego vuelve a sonreír a todos. Podría
caerse su sonrisa de lo falsa que es.

— ¿Ya nos podemos ir?—le pido a Nikolay y ni siquiera espero su respuesta para levantarme
del banco frío de las gradas.

Él asiente y se levanta tocándole el hombro a Amira para que nos siga. Marcello y Joshua
festejan no muy silenciosamente porque al fin podremos Marcello y Joshua festejan no muy
silenciosamente porque al fin podremos marcharnos.

Voy detrás de ellos en silencio mirando mi entorno porque ahora me he vuelto más
perceptiva y maniática con que alguien me asalte de la nada.

Estamos a punto de subir al auto cuando Joshua dice:

—Mierda, Li, olvidé tu celular en las gradas.

— ¿Es en serio?—maldigo internamente sacando mi pie del auto.

—Lo lamento, estaba apresurado por irme.

Dímelo a mí.

—Iré por él, prometo no tardar—cierro la puerta del auto antes de regresar a la caballeriza.
Lilith

H ay un montón de personas acumuladas en la entrada charlando y despidiéndose


otros están tomando tragos caros, no les presto mucha atención tampoco, solo
me concentro en llegar a las gradas.

Veo mi celular justo dónde estaba sentado Joshua y lo tomo revisando los
mensajes nuevos. Hay muchos de mamá que ni siquiera veo, no quiero hablar con ella y sé
que está mal, la adoro, pero necesito arreglar primero mi propio desastre antes de recibir el
peor regaño de mi vida por pelear con Aiden.

Estoy chateando mientras camino de vuelta al estacionamiento para responder los mensajes
de algunos de mis hermanos.

— ¿A dónde vas?

Mis pies se detienen en el asfalto y me quedo petrificada calculando la gran distancia que
queda entre el auto de Nikolay y yo. No me daría tiempo de correr.

— ¿Tú a dónde crees, Aiden?—volteo lentamente hasta chocar con su gélida mirada.

—No sé, tampoco me interesa, a dónde sea que fueras a ir queda cancelado.

Lo miro esperando a que se ría de su mal chiste pero cuando no lo hace mis boca se abre con
incredulidad.

— ¿Disculpa?

—Iremos a un lugar, no preguntes solo sígueme.

—No confío en ti, ¿lo sabes no? Eres un imbécil, no voy a ir a ningún lado contigo.

— ¿Escuchaste que lo que dije sonó a pregunta, Diosa? Yo creo que no.

—Jódete—doy vuelta caminando-trotando al auto de Nikolay.

Su mano se engancha en mi brazo con fuerza y maldigo en voz alta todos los insultos
posibles, existentes e inexistentes.
—Prefiero que eso lo hagas tú—sonríe viéndose mucho más atractivo—. Ahora basta de
juegos, prometo no matarte o hacerte daño. Sabes que no lo haré.

—Lo sé, pero no me fío de que decidas tirarnos a los dos por un acantilado o de que
puedas...—corto mis palabras a tiempo.

O de que pueda causarme un paro cardíaco con sus atenciones o herir mí ya machacado
corazón.

Él parece darse cuenta de lo que seguía porque su expresión gélida se suaviza un poco ya sea
falsa o no igual me hace sentir mejor.

—Ven—me extiende su mano y dudo antes de tomarla.

Un escalofrío me recorre el cuerpo cuando entrelaza sus dedos con los míos. Los nervios
florecen en mi estómago y siento los estúpidos unicornios que mencionó rodando a mi
alrededor.

— ¿Quieres pasar antes por un helado?—me mira de reojo.

—Bueno, pero pagas tú.

—Obviamente que pagaré yo, no te voy a hacer pagar nada, Lilith—sonríe un poco.

Le envío un mensaje a Nikolay diciendo que iré por mi cuenta y un sentimiento de culpa me
invade pero rápidamente se pasa. Si le digo que me voy con Aiden son capaces de seguirnos
o de poner una bomba en su casa.

Aiden acaricia distraídamente mi mano mientras observa con indiferencia a nuestro


alrededor. Él parece demasiado tranquilo a comparación de mi ataque de nervios.

Llegamos a un lado de su moto, no me pregunten la marca porque no se nada cerca de ellas


pero se ve lujosa y cara. Me gusta andar en motos y empecé a decirle a papá Theo que me
llevará en ellas cuando descubrí el afán de Aiden por las motos.

Suelta mi mano dejándome con la respiración acelerada por el gesto que tuvo de tomarla un
tramo y mi corazón retumba tan fuerte queriendo salirse de mi piel y llegar a sus manos,
dónde pertenece. Lástima que si lo dejo ir por completo podría morir aplastado.

—Ten—me entrega un casco.

Él sube a la moto sin casco porque sé que no lo usa lo que me hace fruncir el ceño y bajar la
mirada al casco entre mis manos...lila, es un casco lila.

—Lo ví por ahí y se me ocurrió la idea del paseo así que lo compré.

Evito la sonrisa que quiere salir porque es estúpido, solo lo hizo por el paseo, no por otra
cosa.
Lo pongo y ajusto en mi cabeza antes de subir detrás de él y muevo mis manos con inquietud
sin saber dónde ponerlas.

—Al menos de que quieras caerte y morir te recomiendo que te agarres.

Llevo mis manos al pequeño y milimétrico espacio que nos separa para sujetarme de la
moto.

Él la enciende y cómo claramente no es un tipo normal arranca a una excesiva velocidad que
casi me hace caer y debo llevar mis manos a lo único a lo que puedo aferrarme. Maldigo el
tener que tocar su duro y formado abdomen.

Mantengo una distancia entre nuestros cuerpos y empuño su camiseta para no tocar tanto su
cuerpo.

A él parece divertirle mi inconveniente porque aumenta la velocidad haciendo que a juro


tenga que tocarlo y muera internamente de vergüenza. Da pequeños frenos que noto
realmente innecesarios ya que mi pecho choca con su espalda volviendo un ambiente cargado
y denso.

Cierro los ojos contando perritos de diferentes razas para evitar reacciones corporales no
deseadas. Me doy cuenta de que llegamos cuando al fin frena y aún estoy algo mareada por el
viaje.

—No tengo problema en que te aferres a mí pero debemos llegar al lugar a tiempo y aún
queda un helado pendiente.

Abro los ojos de golpe dándome cuenta de que mis intentos por alejarme fueron en vano
porque mi cara está pegada a su pecho, mis manos apretando su abdomen y mi cuerpo pegado
al suyo.

Me separo con rapidez bajándome de la moto y trastabillando al caer al suelo para no caer de
culo. Carraspeó un poco quitándome el casco y se lo entrego sin verle la cara.

Alzo la mirada a la heladería favorita de mamá y sonrío adelantándome para entrar. El chico
de la entrada alza una ceja ante mi vestimenta pero luego parece olvidarse cuando sus ojos se
alzan hasta la presencia de Aiden detrás de mí. Nos da una sonrisa forzada dejándonos
acceder a la heladería y anoto mentalmente decirle a mamá que lo despida.

Camino a la vitrina leyendo las notas que identifican cada helado, tienen más de cuatro mil
sabores y mamá siempre se queja de que escojo el mismo. Pero juro que no puedo salir de
esos dos sabores.

—Buenas tardes, ¿qué sabor de helado van a desear?—la chica que atiende me dirige una
pequeña sonrisa.

Volteo a mirar a Aiden para saber qué sabor va a pedir él.

—Yo quiero uno de ron pasas y para ella uno de mango con vainilla.
Bueno, basta. ¿Qué carajos? ¿Cómo él sabe eso? No recuerdo haberle dicho, oh sí no lo hago
porque el imbécil jamás me habló.

—Perfecto los iré a preparar.

Le doy una pequeña sonrisa a la chica para luego borrarla y mirar fijamente a Aiden, claro
que él no se va a incomodar con mi mirada solo alza una ceja manteniendo su mirada
indiferente.

— ¿Y ahora qué?

— ¿Ahora qué? ¿Cómo carajos de la nada sabes tantas cosas de mí?

—Siempre lo supe, eres muy obvia—alza un hombro con desinterés.

— ¿Muy obvia? Nadie, absolutamente nadie, sabe que prefiero los tigres blancos antes que a
otro animal, es imposible que tú lo sepas.

—No lo es, siempre te la pasabas con los tigres de Alek y Aleska.

— ¿Y tú cómo sabes eso?—me cruzo de brazos adoptando una postura recta—. Al parecer no
soy la única acosadora aquí.

—No te acosaba simplemente soy buen observador, y por si se te olvida tu hermano es mi


mejor amigo.

—Atlas odiaba ir al invernadero.

Él suspira pellizcando el puente de su nariz con hastio.

—Ahí tiene sus plantas para drogas y ya cierra el pico hablas jodidamente demasiado—me
pasa de largo haciéndome jadear ofendida.

Será imbécil, hablo demasiado dice, bueno pues yo no fui la que insistió en venir a comer un
puto helado.

—Eres un idiota, solo admite que también te preocupas por mí—susurro persiguiéndolo hasta
la caja de pago.

— ¿Qué parte de cállate no entiendes? ¿Te lo deletreo?

—Tú...—pone su dedo índice en mis labios en señal de silencio.

—Shh.

—Pero...

—No. Cállate.
Abro la boca pero luego la vuelvo a cerrar de mal humor. Aparto su dedo de mi boca y miro a
nuestro alrededor mientras repiqueteo mi pierna repetidamente.

Aiden paga los helados y luego pasa por dónde la chica que los estaba preparando tomando
ambos conos. Camina hasta una mesa alejada y se sienta tendiéndome mi helado. Lo tomo
sentándome frente a él.

— ¿Por qué te cuesta tanto admitirlo?—mascullo luego de darle una lamida a mi cono.

Él suspira cerrando los ojos.

—Duró mucho.

— ¿Cuál es tú problema con que hable, idiota? Si no te gusta no me hubieras traído a...lo que
sea esto—señalo con mi mano libre el alrededor.

—Mi problema no es que hables es que saques temas que no puedo responder—le da una
lamida a su helado guiando mis ojos hasta el movimiento.

No. No lo haré. No ahora.

— ¿Por qué no? Te complicas demasiado la vida.

—No me complico la vida, intento mantenerte al límite de mi desastre pero al parecer no ves
las malditas banderas rojas frente a tu cara.

—Pues no, el rojo lo veo lila, volviendo al tema no veo tu jodido problema, no eres como tu
madre Aiden, no lo eres—repito de nuevo.

Sus hombros se tensan pero sus ojos jamás dejan los míos.

—No puedes saberlo.

—Te conozco Aiden, quizás más que tú mismo, sé que no eres así. Sí tienes defectos, quizás
tengas su mismo problema y eso te hace un imbécil sin corazón pero siempre puedes mejorar,
puedes intentarlo.

Guarda silencio mirándome fijamente, perforando mis ojos para entrar a mi alma y leerme
como un libro abierto.

—Se te derrite el helado—señala mi mano.

Suspiro por el cambio de tema nada complacida por su respuesta negativa. Genial.

Bajo la mirada a mi mano chorreada con la mezcla de mango y vainilla y la alzo para lamer el
líquido que goteó para luego hacerlos mismo con el helado hasta que vuelve a ser una bola
compuesta. Regreso mi atención al entorno que nos rodea apreciando las decoraciones
rosadas y blancas en las paredes y mesas para luego volver a mirar a Aiden.

— ¿Puedo saber cómo sabes mi sabor de helado favorito?


—Te diría que no pero seguirías insistiendo—suspira prestándole su completa atención—. Lo
mencionaste una vez cuando estábamos comiendo con tu familia.

— ¿Y te acuerdas de eso? Yo apenas recuerdo mi nombre.

—Tengo buena memoria—sonríe un poco.

—Pero nada de corazón según tú.

Veo el cambio drástico de su expresión a una de completa seriedad.

—Ya hablamos de esto, Lilith, no puedo sentir.

Una molestia se instala en mi pecho y siento un nudo formándose en mi garganta que no


debería estar ahí pero lo está. Está ahí porque una parte de mí siempre va a conservar la
esperanza de que él pueda al menos quererme.

—Si tú lo dices.

Miro a la pareja en la mesa de al lado. La chica ríe mientras le llena la nariz de helado a su
novio que se ríe con ella y le regresa la broma. Ambos terminan abrazados riéndose de sus
tonterías.

— ¿Ya podemos ir a dónde sea que vayamos?—pregunto cuando termino el helado aún sin
mirarlo a los ojos.

—Sí, vamos.

Se levanta pero le tomo la delantera saliendo apresurada de la heladería y colocándome el


casco lila mientras espero a que él suba a la moto.

— ¿Puedo saber qué te molestó en la caballeriza?

— ¿Para qué quieres saberlo? No te importo y me odias, no veo la razón de tu pregunta—le


regreso sus estúpidas palabras con un tono mordaz.

No debería molestarme tanto su indiferencia pero lo hace. Porque él sólo da por hecho que no
puede sentir pero ¿cómo puedes saberlo si no lo has intentado? Creo que él mismo se resigna
a ser como su madre cuando no debería ser así.

—Te odio, sí, pero tengo curiosidad.

—Entonces ahórratela—subo detrás de él ajustando mis manos en su abdomen con molestia.

No responde de nuevo y yo no vuelvo a hablar en todo el camino. Estoy prestando atención a


lo poco que me deja ver de mí alrededor hasta que se detiene en medio de la carretera
solitaria de la mismísima nada.
A nuestro alrededor solo hay árboles frondosos y una espesa neblina que da un aspecto
tenebroso al ambiente pero lo es aún más con el sonido de los cuervos y animales.

Se baja de la moto obligándome a hacer lo mismo y miro a mí alrededor algo confundida.

— ¿Qué carajos?—señalo nuestro alrededor con las dos manos alzadas.

—No pienso seguir hasta que me digas qué te pasa ahora—se cruza de brazos apoyándose en
la motocicleta.

— ¿Qué...? No puede ser en serio.

—Lo es.

—No tengo nada, Aiden. Ahora vámonos de aquí.

—Si tienes, has estado callada durante más de media hora, eso es preocupante. ¿En qué tanto
piensas?—se acerca en dos largas zancadas obligándome a levantar la cabeza para verlo
mejor.

—Nada.

Chasquea la lengua en desacuerdo y levanta su mano a mi cara quitándome el casco y


dejándolo sobre la moto. Aparta los mechones rebeldes sobre mi cara dejándolos detrás de mi
oreja y luego vuelve a cruzar sus brazos.

Idiota. Odio que finja que le importo.

—Deberías decirme lo que piensas, si no lo haces entonces no podré solucionar el problema,


Diosa.

—El problema es que no hay solución para lo que pienso.

—Todo tiene una solución, depende de ti si lo resuelves o lo dejas pasar hasta que te carcoma
por dentro.

Suspiro mirándolo fijamente por largos minutos que parecen durar una eternidad.

—No he hablado con mamá desde la pelea y me siento mal por eso.

—Ella entenderá, siempre lo hace, Lilith, no te presiones—toma un mechón negro de mi


cabello y juega con él enlazándolo con el mechón blanco—. ¿Hay algo más?

—Tú—sus dedos no se detienen ni un segundo y eso me relaja un poco—. No te entiendo,


eres como un crucigrama sin respuestas. Un día tienes interés y al otro no. Simplemente no
entiendo qué quieres de mí y por qué llegaste tan tarde.

—No intentes entenderme, la mayoría del tiempo yo no lo hago. Respecto al interés estás
errada, me parece que no eres muy observadora como todos dicen, te falta ampliar más, ver el
panorama completo.
—Ya estás hablando como Abalám—bufo.

—Solo tienes que ver mejor las cosas, te has enfocado en saber tanto sobre mí que incluso
perdiste el hilo que me une—me mira fijamente y yo hago lo mismo, cómo si en sus ojos
estuviera inscrita la respuesta a todos mis problemas—. Piensa en eso después.

—Bien—asiento distraídamente con la cabeza.

—Sobre lo que quiero de ti, lo quiero todo, Lilith. No llegué tarde solo que nunca me viste
temprano.

¿A qué se refiere? ¿Él nunca me vió? ¿O sí?

— ¿No que no te intereso?—intento sonar indiferente.

—Que no pueda sentir no quiere decir que no tenga interés, tú eres el interés.

Mi corazón bombea sangre a excesiva velocidad, es tanta que creo que podría empezar a
sufrir una taquicardia y morir aquí mismo.

—Estoy segura de que puedes sentir, Aiden—murmuro rompiendo el silencio momentáneo.

—Los estudios médicos no dicen lo mismo.

—Estudio medicina también.

—Sí, forense y no sé tú pero yo me veo vivo aún.

—Da igual, ¿ya podemos irnos? Tengo frío—froto mis brazos para darme un poco de calor.

—Última pregunta y nos marchamos, ¿qué te molestó en la caballeriza?—se quita la chaqueta


de cuero dejando al descubierto sus brazos fuertes y tatuados.

—Jane—solo digo eso, que lo deduzca él sí es tan inteligente.

— ¿Jane? Me parece que no me sirve solo el nombre—abre la chaqueta pasándola sobre mis
hombros con naturalidad.

Mis palabras se atascan en mi garganta y casi me ahogo con mi propia saliva. Debo dejar de
ser sorprendida por el demonio. Esto ya ha pasado al menos cinco veces en lo que llevamos
del día. Debo empezar a ganar ventaja de nuevo.

Yo inicie el juego yo lo sigo y yo lo termino.

—Me insultó y me dijo cosas hirientes, no me agrada—miro al suelo con una mueca triste.

— ¿Si? ¿Ibas a matarla?—echa mi cabello hacia atrás dejando libre mi cuello para tomarlo
con su mano.
—No, le iba a decir a papá Ethan—aún no lo miro a pesar de que su mano en mi cuello cause
un cosquilleo conocido que siempre aparece cuando se trata de él.

—Siempre puedo hacerlo yo, soy el ejecutor de la Bratva, mi trabajo es exterminar ratas—
acaricia mi pulso.

— ¿Lo harías?—es entonces cuando lo miro.

—Cuando me digas la verdad quizás—me aprieta el cuello con más fuerza.

—No...sé de qué hablas—inhalo profundamente intentando calmar mis hormonas pero solo
empeora cuando su olor penetra mis fosas nasales.

—Tu manipulación no sirve conmigo.

— ¿En serio?—bajo la mirada hasta sus labios rosados y me quedo unos segundos antes de
volver a sus ojos—. Yo no estaría tan segura—sonrió quitando mi mueca triste.

—Loca de mierda, eres mi funeral—suspira echando su cabeza hacia atrás inhalando y


exhalando respiraciones lentas.

Su agarre se afloja y aprovecho para subir mi mano hasta su pecho en busca de un falso
equilibrio.

—Quita. Tú. Mano—dice pausadamente sin mirarme.

— ¿Por qué? Creí que dijiste que no tenías problemas con que te tocara, ¿eres un
mentiroso?—uso un tono de voz suave.

Divertido. Esto es jodidamente divertido, si hubiera sabido desde antes que podría jugar así lo
hubiera hecho antes de siquiera pensarlo.

—Cállate, eres un desastre para mí control, atrás—me suelta como si fuera el fuego vivo
lanzándome una mirada furiosa.

Es la primera vez que lo veo perder tanto el control, sus ojos están algo perdidos cómo si el
hecho de haberlo perdido fuera catastrófico, como poner gasolina a una pequeña llama de
fuego.

—La furia es un sentimiento, dicen que del odio al amor solo hay un paso—le guiño un ojo.

Su mandíbula se tensa mirándome cómo si buscará la forma de matarme y enterrarme en el


denso bosque a nuestros lados.

—Sube y cállate a menos que digas algo productivo—me da la espalda subiéndose a la moto.

Muerdo mi labio inferior para no reírme y me subo detrás de él. Al carajo, acabo de descubrir
la forma de sacar su descontrol y la usaré jodidamente bien. Me pongo el casco y coloco bien
su chaqueta pasándola por mis brazos, me queda grande, demasiado pero al menos me da
calor.
Contrario a lo que hice anteriormente llevo mis manos a su abdomen con confianza y el
acelera por la carretera de nuevo tan rápido que los árboles se vuelven borrosos en mi visión
periférica.

Juego a dibujar pequeños muñequitos sobre su camisa toqueteando sobre la tela su duro
abdomen. Una jodida fantasía erótica.

—Lilith—gruñe en una advertencia.

— ¿Dime, Aiden?

—Te prefería cuando no usabas tus habilidades en mi contra.

—Lástima, acabo de descubrir tu descontrol.

—Lástima—repita mis palabras—yo ya sé cómo descontrolarte desde mucho antes.

Y sin poder dejarme contestar acelera la velocidad al máximo haciendo que pierda el
equilibrio y me abrace a él asustada en vez de juguetear con él. Va demasiado rápido, tanto
que incluso me mareo un poco.

— ¡Imbécil, nos vas a matar!—grito por la velocidad que no deja que mi voz se escuche
gracias al sonido del viento al pasar.

— ¡Estarías feliz de morir junto a mí!—suelta en un tono divertido.

Lo ignoro porque en realidad tiene razón.

— ¡Por cierto, aún debes decirme por qué estabas molesta con Jane!

— ¡Si ya lo sabes para qué carajos me preguntas!—cierro los ojos para no vomitar.

— ¡Quiero que admitas que estabas celosa!

— ¡Sigue mintiendo y llegarás lejos, Aiden!

No sé cómo lo hace pero el cabrón logra ir aún más rápido hasta el punto que creo que saldré
volando como un globo al aire.

— ¡Para!—cierro los ojos con fuerza cuando siento el helado regresarse a mi garganta.

— ¡Admítelo!

No quiero, es un idiota, lo juro. ¿Cómo para qué le interesa a él saber eso? Solo quiere subir
su ego, bueno yo también quiero subir el mío.

— ¡Tú admite que estabas celoso de Niko!—uso el apodo a propósito.

— ¡No puedo sentir Lilith!


— ¡Y yo solo peleé con Jane!

Ninguno de los dos continúa la conversación y el idiota no reduce la velocidad en todo el


camino que siento que dura años hasta que al fin para.

Mi alrededor da vueltas y siento que estoy moviéndome cuando en realidad no lo estoy. Bajo
de la motocicleta y camino tambaleándome hacia el tronco de un árbol para agarrar
equilibrio.

Me quito el casco luego de que todo deja de moverse y parpadeo un par de veces para enfocar
la cabaña frente a mis ojos.

— ¿Me trajiste a una cabaña para matarme? Eso es muy cliché.

—Si quisiera matarte te habría dejado morir hace mucho tiempo.

Iba a refutar eso pero miles de momentos en los que Aiden me ha salvado de morir llegan a
mi mente como molestos flashbacks. Cuando casi caigo del caballo a un barranco vacío,
cuando sin querer crucé la calle antes de tiempo y casi me atropella un auto, cuando me caí
de las escaleras y mi cabeza por poco choca con la mesa de vidrio, cuando me quedé atrapada
en el armario y casi muero asfixiada, cuando me dieron miles de ataques de pánico que él
calmó y culminamos cuando me salvó de morir ahogada.

Vaya, creo que en serio debería prestar más atención.

—Buen punto, por cierto puedo preguntar ¿por qué te interesaste en mí?

Él me mira al inicio con confusión pero luego vuelve a ser una mirada neutral. Me hace una
seña con su mano para que lo siga y eso hago.

— ¿Por qué no lo haría? Siempre estabas ahí como un molesto pegoste, no soy ciego como
para no notarte.

— ¿A qué te refieres con lo último?

Él me lanza una mirada de reojo.

—Averígualo.

—Genial, otro dolor de cabeza más, cuando se trata de tí siento que todo da vueltas y me
cuesta entender.

—A veces debes concentrarte en vivir sin entender, Diosa.

—Lo haces sonar fácil porque tú no puedes sentir emociones, yo sí, y me agobias.

— ¿Te agobio?

—Sí, me agobias con tus acertijos sin respuesta.


—Si tienen solución solo que tú te niegas a verla.

Bufo cruzando la chaqueta sobre mi pecho y siguiéndolo hasta la entrada de la cabaña. Abre
la puerta y está chirría un poco.

— ¿Qué hacemos aquí?

—Es mi lugar de descanso, aquí tengo todas mis cosas favoritas—sonríe ligeramente.

— ¿Y yo qué hago aquí?—frunzo el ceño.

Sus labios se curvan en una sonrisa y niega con la cabeza caminando por los pasillos de
madera haciéndome seguirlo.

—Quiero que practiquemos tiro al arco atrás en el bosque.

—Que romántico.

—No estamos en una cita.

—Si pensar eso te hace feliz—palmeo su hombro mientras sigo de largo a la puerta trasera.

La abro saliendo al resto del amplio bosque.

—Aquí a veces vienen los chicos y jugamos tiro al arco, Connor es un desastre con las
flechas.

— ¿Y me trajiste aquí solo por eso?—lo miro mal.

—Al menos de que quieras hacer otras cosas, sí—inclina la cabeza en mi dirección y un
brillo oscuro aparece en sus ojos.

— ¿Entonces me trajiste aquí con otras intenciones?

—No, no todo tiene un por qué Lilith. Confórmate con saber que te odio pero me interesas y
ya está eso es todo.

—Vaya combinación más exótica.

—Todo lo que te involucre a tí es exótico.

— ¿Debería tomarlo como insulto o como halago?

—Viniendo de mí cómo lo primero.

—Te empeñas en hacer que te odie y sabes que no funcionará. Tú me odias, yo a tí no y


jamás lo haré.
Suspira mirándome con un sentimiento que puede ser ¿miedo? Pero así como llega se va en
cuestión de microsegundos.

—En algún momento te cansarás de mí, Diosa. No todo dura para siempre y mucho menos un
sentimiento trivial como el amor.

—No puedes saberlo—le recuerdo su situación.

—Tal vez no lo siento pero si veo y analizo a los demás sobre su sentir, es algo sin mucha
complicación si el amor no es recíproco pierdes interés eso te pasará a tí.

—Tú lo dijiste, todo lo que trate de mí es exótico capaz logre hacerte cambiar de opinión.

—La única forma es volviendo a nacer porque en esta vida estoy programado para otras
cosas.

Se aleja unos metros tomando los arcos y las flechas sobre el suelo y regresa entregándome
uno. Los árboles tienen pintados puntos rojos y blancos en diferentes tamaños para poder
clavar la flecha en ellos.

—Voy a cobrar lo que me debes—mascullo ajustando la flecha en el arco—. ¿Por qué te


niegas a que puedes sentir? Estuve investigando, Aiden, puedes hacerlo. La sociopatía
permite que sientas solo que de un modo distinto al que un ser humano normal lo haría.

A pesar de su falta de empatía y de no poder adaptarse bien a las emociones a no ser de ver a
su alrededor y copiar lo que hagan, como hace él, es como una inteligencia artificial pero
humano. Visualiza, recopila la información más buscada, lo procesa y lo adhiere a su sistema
como un chip de programación para actuar de forma tal que la sociedad lo acepte. Y no solo
eso sino que además de aceptarlo también sobrepasa los límites y hacer que lo veneren como
a un Dios.

Nadie se da cuenta de lo perfectamente bien construida que está su máscara. Pero si te


acercas lo suficiente puedes verlo, esa pequeña grieta en la fachada que poco a poco se va
expandiendo. Esa grieta soy yo, yo estoy detrás de la máscara no en frente. Yo lo veo
realmente, solo yo.

Pero de todos modos sigue siendo él, sigue sin poder tener una emoción porque no le han
enseñado a hacerlo. No recibió amor de su madre y por esa razón no sabe cómo sentir.

Ahora ya está defectuoso y casi irreparable. Ahora nunca logrará amar de verdad, o llorar, o
incluso sentirse mal por alguien. Solo va a ser un conjunto de células y átomos que funcionan
mediante mecanismos correctamente estructurados y manejados.

—Recuerda que debes responder con la verdad.

—Hay muy pocas posibilidades de que pueda sentir, un cinco por ciento, una posibilidad de
entre cinco. Si en algún momento llegara a sentir...no sé qué pasaría, Lilith. Sé todo, pero no
sé cómo sentir, no es una incorporación que tenga y no lo puedo cambiar, tampoco puedo
sentirme mal por ello. Solo estoy aprendiendo a vivir así y no me molesta.
— ¿Y si alguien te enseñara?

—Era solo una pregunta. Pero contestaré, en el caso hipotético no serías tú, sabes demasiado
de mí para mí bien y el tuyo, jamás debiste meterte en mi vida porque ahora estás cambiando
todo—su mirada se pierde un momento para luego volver.

Levanta su arco ajustando la flecha.

— ¿Todo?

—Sí, debiste dejar las cosas como eran antes, tú observándome a lo lejos y yo fingiendo no
verte. Jamás debiste adentrarte al mar. Ni siquiera debiste ver cómo maté a Liliana.

—Pero lo hice, Aiden.

—Lo tengo presente—levanta el arco y jala la flecha soltándola con gracilidad.

Está vuela en el aire hasta llegar al árbol, justo al pequeño punto rojo.

—Eres un idiota, terminemos esto para largarme de aquí—alzo mi arco, coloco la flecha, la
jalo hacia atrás, entrecierro los ojos y la suelto.

El material se clava en el tronco en el mismo punto que el de él, a su lado.

—Hoy es viernes.

— ¿Y?

Alisto mi segunda flecha lista para enterrarla en el árbol o en su cara donde caiga primero.

Una mano se enrosca en mi cuello y alzo la mirada dándole una reprimenda mental por su
mal hábito que ya se ha vuelto una costumbre.

—Hay momentos en los que debes aprender a cerrar el pico.

— ¿Y dejarte ganar? Jamás—tomo su brazo en mi cuello clavándole las uñas como tanto le
molesta.

La sombra de una sádica sonrisa curva sus labios.

—Está es una mala idea. Estás indefensa con un hombre que te odia en medio de la nada y
dónde no hay señal.

Me quedo quieta procesando un momento en especial la parte de la señal porque lo que me


mantenía tranquila es que estaba a un tono de llamada de cualquier cosa.

—Agrega que el hombre me ve como una Diosa sexual y eso me da ventaja sobre él—hundo
más profundo mis uñas.
—El hombre tiene cerebro como para no caer en el placer—acaricia mi cuello distraídamente
aún apretando.

Arañé sus brazos aún más fuerte, mi corazón latiendo más rápido y más fuerte.

—El hombre es un hombre, no necesitas muchas explicaciones de eso.

Sonríe un poco echando mi cabeza hacia atrás para poder mirarlo a los ojos. Mi cabeza cae
sobre su pecho y su mano que sigue en mi cuello sube el dedo pulgar a acariciar mis labios.

—Punto para tí.

Sonrío victoriosa y creo que va a besarme cuando el sonido de un grito nos hace separarnos.

— ¡¿Qué carajos zanahoria?! ¡¿Por qué te fuiste tan rápido?!—Connor sale y su expresión
divertida se vuelve seria al verme.

— ¿Qué haces aquí?—Atlas llega a su lado mirándome fijamente.

—Para ser muy inteligente no lo pareces, idiota—levanto el arco y la flecha.

Su expresión oscurece al igual que la de Connor. Ya es un don hacer enfurecer a los


demonios.

—Hola—Naim me saluda pasando en frente de mí para ir al lago trasero según supongo.

—Eso se llama educación, aprendan de él—sonrío con toda la hipocresía posible.

—Aprender un carajo, lárgate de nuestro territorio, Lilith—me advierte Connor acercándose


a largas zancadas.

Creo que va a llegar hasta mí y va a iniciar una pelea así que me preparo para ello
mentalmente. Está caminando hacia mí con una velocidad furiosa que se frena cuando Aiden
pone su mano en el hombro de Connor.

Debe ser un agarre mortal porque lo detuvo e incluso le sacó una mueca. Alza la mirada hasta
Aiden y ambos se miran con una seriedad aterradora.

Connor me mira por unos segundos y otra mueca curva sus labios cuando supongo que Aiden
apretó su agarre.

—Hablaremos después—dice el pelirrojo.

—Como sea, llévatela de aquí—se zafa del agarre de Aiden.

—Se quedará conmigo este fin de semana.

— ¿Qué?—mi expresión debe verse graciosa desde otra perspectiva.

Ninguno dice nada.


— ¿Cómo que se quedará contigo el fin de semana?—Connor lo mira realmente mal.

—Tal como lo oyes, Connor, no necesito pedirte permiso para follar.

Mis ojos se abren mirándolo incrédula y Connor frunce el ceño.

—Yo no...—clava sus dedos en mi cintura callándome.

— ¿La vas a llevar para follártela?

Claro, finjamos que no estoy aquí.

—Pregúntaselo a ella.

Entonces Connor me mira y la mirada rabiosa en sus ojos me impulsa para asentir a lo que
dijo Aiden.

— ¿Desde cuándo? ¿Qué carajos?

—Desde que tú tuviste una obsesión con la Diosa de la muerte.

La expresión de Connor se congela volviéndose en blanco y voltea a ver a Aiden. ¿Qué? ¿La
Diosa de la muerte? Si no mal recuerdo ese es el apodo de Atenea, mi hermana y la hija de
papá Death.

—Mantente alejado de nosotros o la muerte podría llegar a lados equivocados—le advierte


Aiden—. Y va para Atlas también, si lo metes en esto iré por Amira—eso me hace tensarme
y él lo nota.

Connor asiente sin decir más y da vuelta largándose de nuestro radar.

—No le harás daño a mis hermanas.

—No lo haré pero Connor no tiene por qué saberlo—me da un empujoncito para que
camine—. ¿Lista para el fin de semana?

¿Yo pasar el fin de semana con él? Mierda.


Aiden

E
l día ha pasado de una forma lamentable y desperdiciado, se supone que el plan
inicial sería quedarme con ella el fin de semana en la cabaña pero Connor, Atlas
y Naim no se han ido desde que llegaron, hace seis horas, ahora son las nueve
de la noche.

Lilith lleva sentada a mi lado todo ese tiempo y creo que está a punto de levantarse y
clavarles una flecha a todos en el cuello por su expresión mortal.

Ni siquiera puedo tocarla porque Atlas está mirándome fijamente esperando cualquier
movimiento en falso para darme una reprimenda. No le cae bien Lilith...bueno en realidad
nadie le cae bien a Atlas pero ella sigue siendo su hermana, aquella con la que compartió gran
parte de su vida y yo soy su mejor amigo el cual le hizo una promesa a los siete de que no me
metería jamás con su hermana a pesar de su enamoramiento por mí.

Vaya mierda de promesa, recuerdo que incluso dudé en hacerla en ese momento, sé qué no
me puedo enamorar de Lilith porque no puedo sentir pero una cosa no tiene nada que ver con
la otra. No soy ciego, ella es una mujer con excelentes características físicas.

A algunos podría parecerle rara, por su peculiar cabello negro con mechas blancas o por sus
bonitos ojos, uno negro con morado y otro azul con morado. Recuerdo que al inicio creí que
usaba peluca y lentillas, pero tiempo después Atlas me explicó que su padre biológico,
Mason, experimentaba con ella y de allí las variaciones de estos hicieron un cambio notable
en su físico. Agradezco haber participado en la muerte de esa rata infeliz que además le jodió
la vida a Atlas y a Uriel.

Independientemente de lo que los demás puedan decir, esas características la hacen única y
no una jodida copia repetida de la sociedad, a ella le queda bien. Tiene buena simetría facial,
largas pestañas, rasgos delicados y un cuerpo curvilíneo que hace babear hasta al más gay o
chica heterosexual.

Podría tener a quién ella quiera, puesto que cualquier tipo estaría dispuesto a tener a una
Diosa como novia, pero claro que ella no se iría por lo fácil y escogió a alguien que no puede
sentir.

Hubiera sido más fácil si se lo creía pero ella investigó lo que yo no quería, la realidad es que
pudiera sentir. Hay mínimas posibilidades pero las hay, el problema es que en mis veintidós
años jamás desarrollé un lazo afectivo con alguien, por lo que los médicos dieron mi caso por
perdido hasta que me tocó fingir.

Sé el significado de una amistad y a pesar de que no puedo sentir mucho respecto a eso creo
que Atlas y yo lo llevamos bien. Es lo más cerca que he estado de algún sentimiento más allá
de la satisfacción y el placer.

Puedo sentir placer, por eso me gusta follar de vez en cuando, porque es lo único que me
recuerda que al menos tengo el sentir carnal. La diferencia es que el placer se siente mediante
reacciones físicas mientras que el amor se siente mediante reacciones cerebrales.

Mi cerebro no tiene un buen funcionamiento en las neuronas dopaminérgicas, ya que mi tallo


cerebral tiene fallos, por esa razón la dopamina la cuál es el principal neurotransmisor
implicado en la sensación de enamoramiento no llega correctamente a mi cerebro y eso en
consecuencia afecta partes de mi sistema límbico causando daños en mis emociones y
volviéndolas un desastre confuso.

—El punto es que soy un Dios del sexo, todas me adoran porque las hago correrse como
zorras, amo a las mujeres—Connor se lanza sobre el sillón poniendo sus pies descalzos sobre
la mesa frente a Lilith.

Volteo a verla y sorprendentemente tiene una expresión neutral fija sobre Connor. Diría que
es un milagro pero tantos años con ella me han enseñado que su silencio no es un buen
indicativo.

Veo el movimiento de su mano bajo la mesa y trato de descifrar qué hace desde aquí hasta
que veo la punta de un tornillo que no sé de dónde sacó y la está poniendo sutilmente sobre el
vidrio, si lo rompe los pies de Connor podrían sufrir graves cortadas.

Sin embargo no digo nada solo quitó mis ojos fingiendo no haberlo visto, se lo merece.

Atlas me da una mirada encriptada que solo él podría tener y luego le dice algo a Naim que
frunce el ceño volteando a verme. Cuando Atlas pretende levantarse el estruendo del vidrio
rompiéndose combinado con el grito de Connor resuena en la sala de la cabaña.

— ¡Mierda!—Connor sostiene sus pies sangrantes y tensa la mandíbula sacando los trozos de
vidrio con una expresión asesina.

Le lanza la peor mirada existente a Lilith y ella le da una mirada confundida.

— ¿Y ahora qué? No es mi culpa que tus pies pesen una tonelada, idiota—se cruza de brazos
mirando para otro lado.

Atlas entrecierra sus ojos en mi dirección y sé que se dió cuenta de que encubrí a Lilith. Pero
no fuí el único, Naim es los ojos de nuestro círculo, él también lo debió ver pero decidió
quedarse callado. Realmente de todas las mujeres con las que podríamos pelear Lilith está en
el último puesto, es como intentar ganar una batalla perdida. Es demasiado persistente, que
siga intentando buscar mi atención y amor lo demuestra.
—Iremos al hospital, tienes heridas de segundo grado porque el vidrio llegó cerca de la
arteria en tu tobillo—Atlas lo toma por debajo del brazo ayudándolo a levantarse.

—Estoy estudiando medicina, puedo curarme solo—gruñe Connor entre dientes.

—No, tus capacidades de estudio en medicina aún no están lo suficientemente desarrolladas


cómo para tratarte a ti mismo. No dudo que lograrías sanar a otros pero hacerlo en tí tiene un
mayor grado de complejidad que verás en el tercer semestre—le explica Atlas terminándolo
de levantar.

Naim también se levanta y yo en cambio me quedo sentado sin hacer un mínimo hincapié de
levantarme ganándome miradas interrogativas incluso de Lilith.

—Vayan ustedes, yo me quedaré y pasaré un rato por la mañana a ver cómo está—ni siquiera
los miro, solo finjo revisar mi celular.

La verdad es que no me interesa cómo carajos esté Connor, si se muere o no me da


completamente igual pero Atlas dice que si quiero encajar debo demostrar empatía por los
demás. Algo que no soy capaz de sentir pero que me adapto a lo que veo.

Las personas con sentimientos son realmente curiosas, según su lógica deben ser empáticos
fingiendo sentir lo que el otro si te lo harían a tí o si te pasa a tí, el punto es que eso no te está
pasando a tí, entonces ¿por qué ser empático? ¿Solo para no dañar a otros? Vaya tontería.

Me enfrascó en fingir estar viendo mis redes sociales pero la realidad es que solo estoy
desplazándome por la página de inicio sin prestar atención alguna hasta que siento dos golpes
en mi hombro y regreso a mi entorno.

— ¿Me estás escuchando?—Lilith tiene su cara muy cerca de la mía mirándome con una
chistosa expresión de confusión e indignación.

Cómo siempre que algo le disgusta sus labios están fruncidos, su cabeza ligeramente
inclinada hacia la izquierda y hay un pequeño fruncimiento de sus cejas casi imperceptible.

—No, estaba tratando de distraerme para que ellos no notarán nada extraño, ¿se fueron?—
miro a nuestro alrededor y apagó el celular dejándolo sobre el sofá.

Las amplias paredes de madera vieja con las grandes ventanas que otorgan luminosidad le
dan un aspecto cálido a la cabaña. Eso combinado con las decoraciones negras como los
sofás, las mesas, incluso los marcos de algunas fotos que pusimos aquí por diversión.

—Sí, se fueron hace un buen rato y te estaba preguntando sobre si de verdad te importa el
estado de Connor—se aleja sentándose de nuevo en su lado.

—No, no me importa.

Ella asiente en silencio mirando fijamente la mesa.

—Tampoco dijiste nada, ¿me viste no es así?


—Lo hice.

— ¿Y por qué no echarme la culpa?

—Connor iría contra tí y luego sería todo un desastre, dejemos las cosas cómo están mejor.

—En palabras humanas te preocupas porque Connor me haga daño—sonríe divertida.

Mis ojos bajan hasta el movimiento y el pensamiento de dónde podrían estar esos labios
venenosos me desvía del tema de conversación por unos segundos.

Ella completa es una distracción, no solo lo son sus labios rosados y carnosos sino su
presencia entera. Deberían darme un puto premio por lograr evitarla por unos largos dieciséis
años.

—A veces no es tan malo aceptar que sientes un minúsculo sentimiento de preocupación,


Aiden.

Regreso la vista a sus ojos y evito responder el tema porque eso llevaría a una conversación
que no voy a ganar.

— ¿Quieres un tour por la cabaña?—me levanto sin mirar su reacción.

Escucho su suspiro pero de igual forma se levanta y se para a mi lado cruzándose de brazos
con molestia.

Empiezo a caminar con ella a mi lado en dirección al segundo piso porque ya conoce el
primero.

— ¿Por qué no puedes aceptarlo?—sus pisadas son más fuertes de lo usual y rechinan en la
madera.

Pienso muy bien sobre si debería decirle o si debería guardar silencio pero no me gusta
cuando se queda callada me deja una...inquietud. Entonces muy a mi pesar contesto la
pregunta.

—Porque si lo hago entonces va a generarte esperanzas.

—No es cierto—corre hasta quedar a mi lado igualando mi paso.

—Lo es.

No vuelve a contestar y debo mirarla de reojo para ver su reacción, puedo apostar todo mi
dinero a qué está buscando miles de formas para conseguir que yo sienta.

La realidad es que si me preocupo por ella, y es lo más cerca que he estado de entender un
sentimiento por mi cuenta y se siente muy extraño. No quiero ahondar en el tema porque eso
me haría pensar en cosas que no quiero, pero es raro que ella nunca se haya dado cuenta.
Sabe tanto de mí que llegó un punto en el que perdió la pieza que desencaja mi
rompecabezas.

Ha pasado tanto tiempo observándome que no se dió cuenta de cuánto la observé yo a ella.

Ha pasado tanto tiempo investigando sobre mí y metiéndose en mi vida que no vió cuánto sé
yo de ella. Porque podría decir su color favorito, su animal secreto, su sabor de helado
preferido, pero lo que ella jamás sabrá que sé es todos esos momentos en que nadie la vió,
nadie excepto yo.

Cuando le daban tantos ataques de pánicos consecutivos que se quedaba privada y se


desmayaba, no se daba cuenta de cuando la llevaba a la cama y ese primer día que lo ví le
dejé un peluche de tigre porque sabía que era su favorito. Ella creyó que era Atlas.

Cuando tenía pesadillas que la hacían gritar y llorar con tanta desesperación que a veces ni yo
sabía que hacer pero de algún modo logré controlarlas, acariciar un punto de su nuca la hace
volver a dormir y el olor cítrico le da calma. Por eso siempre uso esa colonia porque evito sus
pesadillas a mí alrededor.

Cuando los niños se burlaban de ella por su apariencia y eso la hacía llorar pero luego la
dejaban de molestar, creyó que fueron sus padres. Fuí yo, los amenacé y ellos se alejaron.

Cuando entró en una depresión infantil debido a todo lo que vivió con Mason combinado con
el perder a su madre por unos meses y ni siquiera Atlas la alegraba del todo así que empecé a
ir todos los días a su casa porque sabía que eso la hacía feliz aunque me ganara amenazas de
sus padres e incluso de Atlas.

Cuando Jane y Connor intentaron alejarla de Atlas y eso la hizo recaer así que les envié una
amenaza por una carta fingiendo ser Aleska para que la dejaran en paz.

Cuando dejó de sonreír porque su madre se había ido y le decía a mi padre que aumentará las
clases de guitarra para ir a su casa y enseñarle a ella también, eso la hacía sonreír y poco a
poco logré regresarla. Creo que eso ayudó a aminorar un poco el odio de sus padres.

Cuando la veía entrar al laboratorio de Hades e intentar hacer experimentos que terminaban
en un desastre, es su sueño, ser bioquímica como Hades, se le da bien pero en ese entonces
casi explotaba el laboratorio y debía entrar después a arreglar todo para que no la regañaran.

Cuando salía a la lluvia para mirar el cielo y su expresión era tan triste que me causaba
interés preguntar, no hizo falta porque después entraba a su habitación y se ponía a llorar en
silencio. Después que se dormía disolvía una pastilla en su termo de agua para evitarle una
gripe y luego desenredaba su cabello separando los mechones blancos de los negros porque
eso la aliviaba.

Cuando no quería comer o cuando lo hacía corría al baño a vomitar porque no podía pasar la
comida así que empecé a desayunar con su familia y le servía la suya con formas de princesas
antes de que Atlas sacara los platos para que se lo comiera y luego le decía a Marcello y a
Joshua para jugar para que ella viniera con nosotros y no fuera al baño a vomitar.

Y si sigo contando duraría todo el día.


Ella no lo vio, estaba más pendiente de verme a mí que de ver cómo la observaba a ella. Y
está bien, porque si lo hubiera visto quizás habría pensado que podría desarrollar un
sentimiento por ella.

No sé si pueda hacerlo, sí me preocupa ella o eso creo no sé cómo definir eso pero no sé qué
otra cosa hay. No sé explicarlo y no sé si eso es un sentimiento, tampoco puedo preguntarle a
Atlas, sería algo como: "Oye, amigo, no sé si estoy logrando sentir, o si estoy más demente
de lo usual o si ella me está embasurando el cerebro. Ah y ella es tu hermana a la que prometí
jamás tocar" Vaya mierda.

—Este es el cuarto de Naim—tomo el pomo de la puerta a mi izquierda y lo giro dejando ver


el interior del cuarto.

Dejo que ella entre primero y yo me apoyo en la puerta abierta mientras que la dejo curiosear
todo.

—Es muy él.

Lo es, la habitación es completamente negra, solo tiene una cama, una pequeña mesa con
unos audífonos, un escritorio con hojas organizadas y tintas dónde escribe de vez en cuando y
un armario con su ropa. No tiene alfombras ni nada de eso. Ni siquiera tiene ventanas. Solo
grita Naim por dónde lo mires.

—Muy aburrida, siguiente—hace una mueca saliendo de la habitación.

Cierro la puerta y camino a la de enfrente, la habitación de Atlas. La abro y dejo que ella
entre antes de apoyarme contra el umbral.

La habitación de Atlas es blanca, tiene una cama normal, una gran estantería con libros, un
armario con muchos trajes, hay un escritorio tipo oficina con su laptop y cosas perfectamente
arregladas, su baño es igual de pulcro porque decidió tomar la única habitación con baño ya
que dice que no va a estar en el mismo que nosotros.

Mis ojos se detienen en una imagen sobre el escritorio y camino en largas zancadas hasta
voltear el marco y que Lilith no lo vea o hará demasiadas preguntas al respecto que ni
siquiera yo sé, no sabía que esa foto estaba aquí o si no, no la hubiera dejado entrar.

—Esta también es muy Atlas, aburrida—sale de la habitación y yo la sigo.

Contengo una sonrisa cuando le abro la puerta a la habitación de Connor y ella hace una cara
de asco.

La habitación de Connor es un desastre, tiene ropa tirada por todos lados, está sobresaturada
con cosas, tanto que ni logro diferenciar la cama entre tanto desastre.

— ¿Eso es un sostén?—señala un punto rojo sobre lo que creo que es la cama.

—Probablemente.
Ella frunce los labios disgustada y ni siquiera se atreve a entrar por completo a la habitación
simplemente la da por perdida y pasa de largo al baño.

Es un baño de mármol negro con dorado y está completamente limpio porque Naim y yo lo
mantenemos así, si fuera por Connor sería un lugar potencial para crear una pandemia
mundial.

La última puerta es mi habitación y ella ni siquiera espera a que la abra porque lo hace por su
cuenta. Entra a la habitación de paredes negras, mi cama es blanca con sábanas negras, hay
un gran ventanal cubierto por cortinas negras y tengo una alfombra de peluche de color gris
oscuro.

A un lado de la puerta hay un armario con ropa variada, un escritorio con mis cosas de la
universidad y una estantería con plantas que me regaló Atlas porque según él eso da un
ambiente de relajación y crea un hábito.

Abre los cajones revisando algunas cosas de equitación, luego revisa mi guitarra en una
esquina de la habitación tocando las cuerdas suavemente en una melodía perfecta.

Sigue de largo revisando los otros cajones y luego va a la cama y se detiene en medio de la
habitación sonriendo cuando ve el peluche lila sobre mi cama. La mayoría del tiempo me la
paso en la cabaña o en mi casa propia a unos metros de aquí, cuando duermo en mi casa me
llevo el peluche para allá.

Me lo regaló ella en uno de mis cumpleaños y dijo que si me atrevía a botarlo como todos sus
regalos anteriores entonces me iba a echar una maldición. Obviamente eso no iba a pasar
porque es imposible pero fingí hacerle caso y desde entonces llevo con el peluche de oso en
color lila y que dice un estúpido "Te amo" cada vez que presionas su panza.

—No puedo creer que de verdad lo hayas guardado—se acerca a la cama tomándolo entre sus
manos.

—Si no lo hacía entonces me hubieras lanzado una maldición—bromeo ganándome una mala
mirada de su parte.

—Era la única forma de que lo aceptaras, siempre botabas mis regalos—sus rasgos se curvan
en una expresión triste.

Tan rápido como llega esa expresión se va y finge demencia presionando la panza del oso de
peluche para que diga el insoportable "Te amo".

—No lo hacía, tú lo dedujiste así.

Ni siquiera sé por qué le digo eso, debí dejarlo pasar.

— ¿No los botaste?—sus ojos se iluminan con esperanza.

Niego ligeramente con la cabeza y le señalo con mi dedo índice la caja negra a un lado del
armario.
Ella camina apresurada hasta la caja aún sin soltar el oso de peluche y la abre sacando uno
por uno de todos los regalos que me ha dado en todos estos años. Desde las cartas, hasta los
regalos más elaborados como motos pequeñas de colección.

—De verdad guardaste todo—sonríe radiante.

¿Por qué eso debería significar tanto? Solo guardé unos simples regalos.

—Sí, ¿por qué te...—mis palabras se cortan cuando su pequeño cuerpo impacta contra el mío
envolviendo mi torso en un fuerte abrazo.

Estoy muy quieto, creo que ni siquiera estoy respirando. Mis ojos están abiertos de par en par
mientras la miro a ella que tiene su cabeza enterrada en mi pecho mientras me envuelve en un
cálido abrazo.

No sé cómo devolvérselo los primeros minutos y la razón es simple, nunca antes había
abrazado a alguien, nadie me había abrazado, odio que me toquen y odio los abrazos.

Pero aquí está ella, viéndose jodidamente pequeña y delgada cuando me abraza.

Por un momento pretendo alejarla pero me detengo cuando vislumbro la sonrisa de felicidad
que curva sus labios, ¿por qué lo hago? No lo sé, no hay explicación lógica para eso, quizás
no quiero que se sienta mal por empujarla.

Llevo mi palma a su espalda y la acaricio sin saber qué más hacer, es decir ¿cómo se abraza a
una persona? Nunca le tomé realmente importancia, mi madre me odiaba y mi padre es del
tipo que te da apretones de hombros o una palmada en la espalda, la palmada en la espalda
cuenta como abrazo, creo.

Ella se queda así por largos minutos, parece realmente cómoda y sin darme cuenta mi cuerpo
también se ha relajado, ya no estoy tan tenso, uno de mis brazos cuelga a mi costado sin saber
dónde ubicarlo mientras el otro acaricia su espalda cubierta por mi chaqueta de cuero negra.

Lentamente voy bajando mi cabeza hasta que queda cerca de su cabello y puedo inhalar aquel
olor que se ha quedado grabado en mi mente después de poner la esencia en un dispersor de
aire para calmar su sueño, lavandas.

Toda Lilith grita lavandas, desde el olor de su jabón corporal, productos para el cabello y su
perfume hasta su simple presencia lila. Llegó un punto en el que odié el color, incluso el olor
a lavandas, porque cada vez que veía algo similar pensaba en ella.

Es inevitable, desde ese momento toda cosa lila que vea me recuerda a ella, incluso el olor a
lavandas. Pero estoy seguro de que no me pasa solo a mí, a todos nos pasa. Es Lilith, una
Diosa del Inframundo, con olor a lavandas angelicales para disfrazar su manipulación y con
color lila para calmar la tentación.

Suelta una de sus manos de mi espalda y creo que va a separarse pero solo toma mi mano
libre llevándola también a su espalda haciéndome envolverla por completo, y así
silenciosamente, me enseñó a dar un abrazo.
—Eres calientito—murmura moviendo inconscientemente su mejilla contra mi camisa como
un gatito.

No me sorprende que mi cuerpo le parezca cálido, después de todo la mayoría de sus


pesadillas las refugiaba allí.

—Supongo que gracias.

Ríe un poco haciéndome fruncir el ceño con confusión, ¿dije algo que diera risa?

—Tengo sueño y ya que voy a pasar el fin de semana contigo porque y cito: "no fue una
pregunta" me robaré una de las habitaciones—se separa de mí dejando un vacío frío.

—Puedes dormir aquí y yo iré a la habitación de Atlas, mañana te despertaré temprano para
salir.

— ¿No se molestará porque duermas en su cama?

— ¿Eso es una indirecta sutil para que duerma contigo?

Traga saliva tan rápido que se atraganta y suelta una pequeña tos que me hace reír sutilmente.
Adorable.

—No...es decir, si quieres...pero no es que yo quiera...o sea sí...pero no de esa forma y...
olvídalo—tartamudea rascando su brazo con nerviosismo.

Un mechón de cabello blanco cae sobre su mejilla, siempre lo hace, debería comprarse un
clip para mantenerlo en su lugar o algo así. Me inclino a apartarlo y lo dejo detrás de su
oreja.

Un gesto normal pero que para ella parece ser que le estoy enterrando tres dedos en el coño
porque está más roja que un tomate y su respiración está demasiado acelerada.

Probablemente la vería como un bicho raro si fuera la primera vez que pasa esto, pero ya
estoy acostumbrado a causar este efecto en ella, a veces solo hace falta darle una mirada y se
vuelve un desastre total, sus mejillas se sonrojan, sus pupilas se dilatan y su cuerpo se vuelve
un conjunto de moléculas nerviosas.

Para alguien que no sabe estudiar las emociones probablemente no sería la gran cosa, pero
nosotros nos damos cuenta, Atlas, Connor, Naim, incluso sus hermanos raros, Uriel y
Abalám.

Eso no es bueno, nadie debería darse cuenta, ni siquiera yo.

Y aunque hay una pequeña molestia porque ella no sepa cuidar sus emociones poniéndose en
riesgo frente a un montón de depredadores tampoco me disgusta del todo, es agradable y...
¿Placentero quizá? No, esa no es la palabra, bueno no sé en realidad cómo explicar eso, creo
que en términos normales sería algo así como que me gusta eso pero sería ilógico porque no
puedo sentir.
«Si puedes hacerlo» ¿Mencioné que la consciencia es algo que odio? Siempre está allí
recordándote las desgracias que algunas veces ella misma causa.

El punto es que Lilith tiene un descontrol y una alteración emocional cuando está cerca de
mí, y eso creo que me gusta. ¿Por qué? No sé.

Creo que me pasa lo mismo, solo que yo sí sé cómo esconderme al ojo público, no me gusta
eso. Razón número 46 para odiarla, hace que mi cuerpo sufra alteraciones.

Sí, enumero cada acción o palabra que me haga odiarla aún más durante estos dieciséis años.
La razón principal: interfiere en mis planes.

—No me molesta dormir contigo, es algo natural al menos de que te refieres a otra cosa—me
cruzo de brazos volviendo a mi postura erguida.

Causo la reacción deseada, sus ojos sufren un poco de pánico para luego convertirse en ese
brillo de ansia y deseo. Esa es la razón 40 lo descubrí hace unos días.

Me gustaría saber qué brillo obtendrían sus ojos cuando la esté follando, quizás brillarían de
dolor y placer.

—Bromeaba Lilith—digo cuando se queda tan quieta que creo que ni siquiera respira—. Al
menos hoy no será.

—No bromees así, idiota.

Sus respiración vuelve a regularse y sus ojos se clavan en los míos buscando respuestas que
ni yo sé.

— ¿Entonces sí dormiremos juntos? Ya sabes, en sentido de dormir realmente.

—No le veo tanta importancia cómo estás viéndole tú.

—Claro que no lo harías—suspira rompiendo el contacto visual.

— ¿Debería significar algo importante?

Me mira de la misma forma en que miras a un bicho extraño para luego negar con la cabeza
en resignación.

—No, en realidad no, solo es raro dormir con desconocidos, al menos que tú lo hagas todos
los días—me dirige una extraña mirada.

—Uno, no eres una desconocida, eres una amenaza a mi control, la hermana de mi mejor
amigo y la hija de una mujer significativa para mí y dos, no, no duermo con desconocidos
todos los días.

—Diría que eso dolió pero tú literalmente no entiendes entonces no gastaré mi saliva.

— ¿Por qué te dolió?


No dije nada fuera de lo real, solo dije lo esencial y necesario. Claro que me comí unas
cuantas partes como mis 46 razones para odiarla, la única persona en el mundo que sabe mis
secretos más oscuros y posiblemente la única persona existente que pueda decir que me
preocupo por su bienestar.

—Averígualo—sonríe con una sonrisa come mierda.

Está usando mis propias palabras en mi contra, eso debería contar como otra razón para
odiarla, solo que no lo hace, es increíble apreciar cómo a pesar de sus sentimientos por mí
nunca deja de lado su mal carácter.

Toda la población dudaría al menos un minuto entero antes de lanzarme un insulto, acabarían
más que muertos, ni siquiera Connor, Naim o Atlas lo hacen a menudo y cuando lo hacen
(siempre es Connor) entonces le doy un puñetazo para que no olvide eso para la próxima
vez.

Pero claro que Lilith no es toda la población porque parece ser que sus palabras favoritas para
dirigirse a mí son "idiota" o "imbécil". No me molesta, me parece que es una increíble forma
para lidiar con la indiferencia de mi lado. Y además es adorable, ella lo es aunque sea ruda
con el resto del mundo incluso conmigo, pero debajo de esa capa de sal hay un gran terrón de
azúcar, demasiado empalagoso si me lo preguntan, no me gusta pero no me desagrada, es un
término medio.

Paso a un lado de ella hasta posarme frente a mi armario y abro las puertas sacando de los
cajones unos cómodos joggers, acostumbro a dormir sin absolutamente nada más que un
bóxer pero mi idea tampoco es hacerla sentir incómoda al dormir así que tomo la tela y la
lanzo sobre la cama.

Tomo el doblez de mi camisa y la subo sacándola sobre mi cabeza antes de lanzarla en una
bola a la cesta de ropa sucia, quito algunos mechones molestos de mi visión y empiezo a
desabrochar el botón de mis pantalones.

— ¡¿Qué haces?!

Mis dedos se detienen en la pretina mientras volteo a ver a Lilith.

— ¿Qué parece que hago?

Su rostro está completamente rojo, sus ojos abiertos y su respiración está tan acelerada que
empiezo a preocuparme, extraño.

—Voltéate y ya si te molesta, es mi habitación.

No contesta y tampoco se mueve solo está paralizada. Aquella pequeña voz de mi estúpida
conciencia me dice que debo ser más humano.

Técnicamente ella no verá mi pene solo verá mis bóxers por unos segundos, de hecho
tampoco quiero que vea mi pene, si se altera tanto con solo ver mi torso si me quito todo
probablemente tendría que llevarla a urgencias, otro dato para alejarme, no soportaría mis
tendencias en la cama.

Suspiro caminando de nuevo a mi armario ignorando mi trabajo de cambiarme de ropa y saco


una de mis camisas más pequeñas de algodón negro y se la tiendo haciéndola reaccionar.

—Mis shorts no te quedarán así que o duermes con esto o te dejas la falda tú decides—ella
toma la camisa asintiendo—. Ya sabes dónde está el baño.

Traga saliva sin poder contestar y sale más rápido que un rayo de la habitación. Termino mi
trabajo cambiándome al mono más cómodo y me lanzo sobre la cama dejándole espacio a
ella, agradezco que sea grande ya que no da paso a que se pegue de más.

Pasan varios minutos hasta que ella entra con su ropa y mi chaqueta en la mano y la deja
doblada sobre la mesa antes de cerrar la puerta de la habitación y apagar la luz. Se mete con
cuidado en la cama y se hace un ovillo en su lado. Decidió dejarse solo la camisa, es lo
suficientemente larga aún para tapar casi todos sus muslos.

—Buenas noches—susurra.

—Buenas noches, Diosa.

Lilith tiene un sueño profundo y rápido, eso ayuda a que se quede dormida con facilidad y sus
suaves resoplidos se escuchen en el aire.

Yo no duermo, me cuesta mucho hacerlo, duermo unas tres horas a la semana a lo mucho
pero dormir solo trae pesadillas y me despierto con el estruendo de una botella de alcohol en
la cabeza.

Aún así cierro los ojos pensando en todas las cosas pendientes que tengo que hacer hasta que
me veo interrumpido por un brazo que cae en mi pecho. Abro los ojos con rapidez y trato de
apartar el brazo de Lilith pero ya es demasiado tarde porque me tiene abrazado como a una
almohada gigante.

Joder.

Su cuerpo está en extremo relajado y su nariz inhala sutilmente mi olor, me relajo un poco y
decido hacer lo mismo respirando su olor a lavandas.

Se siente jodidamente raro esto, ahora entiendo por qué a ella le importaba tanto, casi se
siente como si fuéramos una pareja, algo que jamás pasará.

Dato anotado, jamás volver a dormir con Lilith.

Aún así a pesar de ese pensamiento tomo la manta a mis pies y nos arropo a ambos con ella
mientras acaricio ese punto en su nuca que la hace caer en el suelo más profundo que he visto
en mi vida. Lo hago una y otra vez hasta que extrañamente mis ojos empiezan a cerrarse y
veo completamente negro.
Aiden

U
n grito extremadamente fuerte y desgarrador me hace abrir los ojos de golpe,
me siento en la cama tratando de asimilar lo último que pasó y las imágenes de
mi mano acariciando el cuello de Lilith hasta que se quedara dormida llegan
como una terrible pesadilla. Veo rápidamente el reloj digital en mi escritorio,
son las cinco de la mañana, eso significa que dormí siete horas, quizás más de
lo que jamás dormí en mis veintidós años.

Unos suaves lloriqueos me recuerdan el motivo de haber despertado y enfoco mi visión en el


pequeño cuerpo a unos metros de distancia del mío.

Lilith está sudando y moviéndose desesperadamente entre sueños mientras suelta palabras
inentendibles, me acerco cuidadosamente para escuchar qué dice y logro captar dos palabras
que me dejan un regusto amargo en el paladar "Fantasma" y "Mason". El fantasma es la
forma en que todos le llamaban a esa personalidad fría de su madre.

Me levanto de un salto y corro al cajón debajo de la cama sacando rápidamente un frasco del
paquete de esencias de lavandas, tomo el difusor de esencias y le hecho dos gotas antes de
ponerlo sobre el escritorio y prenderlo haciendo que el olor a lavanda fluya en todo el cuarto.

Salgo del cuarto dejando la puerta abierta y entro al baño tomando dos paños de un cajón y
mojándolos con agua antes de regresar a la habitación.

Me siento en el borde de la cama y con preciso cuidado levanto su cabeza para apoyarla en
mis piernas, coloco los paños húmedos en su frente y en su nuca y espero varios minutos en
esta posición.

Estiro la mano hasta llegar a mi celular y no me molesto en leer los mensajes de nadie, solo
entro a Google y busco sobre ese tipo de pesadillas, duro bastante tiempo llenando mi cerebro
de información que podría parecer innecesaria pero que es bastante útil. Al parecer ingerir
infusiones calientes también ayuda a prevenir las pesadillas.

Su cuerpo se ha quedado completamente quieto de nuevo, solo que ahora está abrazándome y
está despierta, lo noto por el cambio en su respiración que se ha vuelto forzada.
Aún así no me muevo, solo espero hasta que ella suspira separándose y mirando al techo.

Mira la hora en el reloj digital y suelta un jadeo acostándose boca arriba en la cama de nuevo,
aún está algo desorientada, su cabello está vuelto una maraña, sus ojos están entrecerrados,
sus mejillas siguen sonrojadas y la camisa se ha subido más de lo debido quedando a solo
unos centímetros de dejar al descubierto la tela de sus bragas.

— ¿Quieres un té caliente?—tomo los paños dejándolos sobre el escritorio.

— ¿Un qué?—me mira mientras bosteza.

—Té, Lilith.

— ¿Tú si quiera sabes hacer un té?

—Soy británico, si no lo supiera hacer sería una completa decepción.

—Discúlpeme, alteza—resopla poniéndose de pie.

Es entonces cuando se percata del difusor con la esencia de lavanda y de los paños sobre el
escritorio. No pregunta, pero una emoción extraña llena sus ojos por completo.

—Está bien, vamos por el té—sonríe sutilmente.

Es realmente asombroso como aún sin nada de maquillaje y recién levantada se sigue viendo
atractiva.

Asiento sin ponerme nada de ropa arriba y ambos salimos de la habitación en un cómodo
silencio hasta llegar a la cocina, pongo a calentar el agua y saco dos tazas negras, busco la
tetera y saco una infusión de té verde.

Volteo a verla mientras espero a que el agua hierva y me consigo con que ella también me
observa pero ahora sus rasgos tienen miles de preguntas inscritas.

Se apoya en el borde de la encimera cruzándose de brazos y mi mirada se desvía al borde de


tela que se elevó por el movimiento, rápidamente aparto la mirada y apago la estufa vertiendo
el agua sobre la tetera, muevo un poco la infusión y espero cinco minutos antes de echar el té
en las tazas, les hecho una cucharadita de azúcar y lo renuevo antes de pasarle su taza.

—Gracias—sonríe levemente.

Asiento tomando un sorbo de mi té.

— ¿No vas a preguntar?—me mira curiosa.

— ¿Sobre qué?

—Mis pesadillas.

—No.

Frunce sus labios, disgustada y algo que puede estar relacionado al dolor cruza sus rasgos.
Suspiro dejando la taza sobre el mármol de la encimera.
—No te preguntaré porque ya sé casi todo acerca de ellas.

— ¿Cómo es que lo sabes? La esencia de lavanda, los paños húmedos, el olor cítrico,
acariciar mi cuello, ¿a eso te referías cuando dijiste que me enfoqué tanto en mirarte que
perdí el hilo que te une?

—Quizás.

—Eres una mierda—toma un sorbo de su taza mirándome con molestia— ¿Hay otras cosas
que sepas sobre mí y que nunca me dí cuenta?

—Sé todo de tí y nunca te diste cuenta de cómo lo sé, ¿eso responde a las siguientes
preguntas?

—Quizás—sonríe regresándomela.

La sombra de una sonrisa se asoma en mis labios y niego con la cabeza para ocultarla. Tomo
sorbo por sorbo del té mientras Lilith no para de charlar sobre lo preciosas que son las
lavandas, la escucho, realmente lo hago y guardo toda la información al respecto.

Dejo mi taza vacía sobre la encimera y ella hace lo mismo mientras sigue parloteando, si
alguna vez se han preguntado qué tan posible es hablar durante horas de un mismo tema
Lilith es la comprobación de que es cien por ciento posible, nadie, jodidamente nadie,
hablaría tanto de un solo tema sin cansarse y definitivamente nadie normal escucharía
atentamente cada cosa que digan sobre ese tema. Menos mal que Lilith siempre rompe los
estándares de la sociedad y que yo no soy normal.

Subimos de nuevo a la habitación y ella ahora al fin cambió de tema para hablar de lo imbécil
que es su profesor de historia, opino algunas cosas al respecto pero en la mayoría concuerdo
con ella. Le indico que se siente en la cama y tomo un peine del escritorio antes de empezar a
desenredar la maraña de cabellos blancos y negros.

Al principio sus ideas se cortan pero luego vuelve a tomar el hilo de la situación y sigue
hablando hasta que dejo su cabello liso nuevamente.

—Es tan idiota que lo mataría si mis padres no me reprendieran por eso.

—Hay formas de que no se enteren.

— ¿Has visto a mis padres? Lo saben todo, y lo que ellos no saben lo sabe mamá.

—Lo que me recuerda que no has hablado con ella.

Eso le saca una mueca y sus manos empiezan a jugar entre sí con nerviosismo.

—No, no estoy lista aún para decirle que soy un fracaso en la vida.

—No eres un fracaso, eres inteligente, hermosa, tienes un excelente raciocinio, un carácter
espeluznante, eres la dueña de la guarida, la Diosa Infernal, si me lo preguntas a mí eso no
me parece ser un fracaso.
Sonríe y sus ojos brillan cómo lo hicieron anoche cuando mencioné lo de sus regalos.

—Gracias, Aiden.

— ¿Por qué? Solo digo lo que todos sabemos, esa información podría explayarla y jamás
terminaría, eres una grandiosa mujer Lilith.

Estamos en medio de un contacto visual cuando el sonido de una llamada nos interrumpe.

Es el de ella, de hecho no me dí cuenta de cuando lo trajo a la habitación pero supongo que


fui anoche cuando se cambió ya que está debajo de su ropa.

Me acerco para pasárselo pero el nombre en la pantalla me hace congelar la mano en el


escritorio, no dice Nikolay, no, dice "Niko💗✨" ¿Qué carajos?

— ¿Quién es?—se acerca para leer el nombre en la pantalla.

Mi mandíbula está tan tensa que no puedo siquiera hablar.

—Creí que había quedado claro que era Nikolay.

—Ay por Dios, cierra la boca, es mi amigo—intenta arrebatarme el celular de mis manos.

Lo alzo dejándolo sobre el armario para que no lo pueda alcanzar. Intenta escalar para
tomarlo subiendo por mi cuerpo. Su mano está en mi pecho y sus piernas están enganchadas a
las mías.

Debo pararme recto para no irme para atrás por la pérdida de equilibrio.

— ¿Qué haces? Vuelve abajo, Lilith—intento quitármela de encima.

—Dame mi celular, puede ser algo urgente—aparta mis manos de sus caderas mientras
intenta subir sus piernas a mi torso.

—No lo es si se trata de él—mantengo mis manos a mis costados.

Después de tres intentos logra subirse a mi torso y sostenerse de mi cuello jadeando por aire.

—Mierda, eres demasiado alto—suspira estirándose para alcanzar el aparato.

—O tú eres demasiado enana—estiro mi mano echando el celular aún más lejos de su


alcance.

Me mira como si estuviera lanzándome miles de maldiciones pero aún no deja de estirarse
para alcanzarlo en un momento tambalea y casi nos lleva a ambos al suelo si no es porque
clavo mis manos en sus muslos.

Bajo la mirada para ver cómo se ha subido la camisa, está muy arriba, tanto que puedo ver el
inicio de sus bragas negras presionadas contra mi torso desnudo. Voy a morir.
—Bájate, ahora—ni siquiera la miro a mis ojos cuando lanzo la orden.

— ¿Qué? ¿Por qué?—aunque pregunta empieza a moverse para bajarse frotándose con mi
torso.

Creo que ni siquiera se da cuenta o quizás sí y lo hace adrede.

Mis ojos están nublados con puntos rojos y siento mi erección más grande que nunca antes.
Debo sostener con fuerza sus muslos para que no siga moviéndose para bajar o se va a
encontrar cara a cara con mi miembro.

— ¿No querías que me bajara? Maldito bipolar—se cruza de brazos con molestia y en el acto
levanta aún más la camisa.

Juro que podría darme un maldito infarto ahorita mismo por su puta culpa.

Concéntrate.

Camino hasta la cama dispuesto a lanzarla sobre ella y a salir corriendo a hacer cualquier
cosa que no implique verla con mi camisa ni con sus bragas negras.

Empiezo a contar cosas que no sean apreciables, más bien aburridas, como bacterias, historia
británica o incluso a repasar la historia del fútbol americano.

Está funcionando extremadamente bien hasta que ella pega un grito que podría dejar sordo a
todo humano o animal en la isla. La miro como si estuviera loca (no dudo que lo esté) pero su
expresión de pánico me hace tensarme y voltear a dónde ella está mirando.

Se abraza aún más a mí si es posible y debo maldecir internamente mientras observo al bicho
que entró a la habitación.

—Lilith, es una puta mariposa—mascullo entre dientes tratando de apartarla de mí pero sin
tocarla.

— ¡Es enorme, negra y fea! Ellas votan veneno, Aiden, ¡veneno!—se abraza a mi cuello
pegando su coño aún más a mi torso.

Toda mi sangre viaja directamente hasta ese órgano de mi cuerpo hasta que en cierto punto
está siendo molesto. Ella a diferencia de mi ataque silencioso parece realmente más
preocupada por el bicho de cinco centímetros que por la situación embarazosa en la que
ambos estamos.

Mascullo todo tipo de maldiciones mientras aún cargándola saco de debajo de mí cama mi
pistola de seguridad, una simple Glock y le apunto al bicho, quito el seguro y disparo la bala
que resuena en las cuatro paredes.

— ¡Bruto! La mataste—me mira como si realmente acabara de matar a un bebé recién nacido
o algo así.
—Estabas a punto de llorar hace menos de un minuto por el insignificante bicho.

—Pero ellas viven, no tenías por qué matarla solo ahuyentarla.

—Lilith, las mariposas solo duran un día de vida, de igual forma hoy iba a morir, solo le
adelanté su hora de muerte.

Su expresión es de total incredulidad y la mía debe estar igual pero por el hecho de que tuvo
la audacia de llamarme bipolar y ella es peor.

—No puedo creerlo, de verdad la mataste, ella tiene una familia que quizás quería visitar
antes de morir, ella aún tenía todo un día por delante...

Mi cerebro hace un corto circuito callando sus palabras en mi cerebro para no morir a mis
veintidós años por un infarto. Solo puedo ver cómo sus labios se mueven y se mueven
hablando de cosas que ni ella debe encontrarle sentido pero que solo está sacando para
discutir conmigo ya que parece ser su pasatiempo favorito después de acosarme.

Cuento un segundo, dos, tres al cuarto actuó por impulso, algo realmente raro en mí y la tomo
de las mejillas con una sola mano mientras la otra se apoya en su cintura.

Mis oídos vuelven a captar la realidad permitiéndome oír su respiración agitada y sus ojos
abiertos que me miran con expectativa.

Concéntrate.

Lo intento, lo juro pero mi mirada se desvía a sus labios tentadores y entonces veo sus ojos
con ese brillo de deseo y no puedo pensar en más nada que no sea besarla, y lo hago, mis
labios impactan con los de ella con fuerza mientras bajo mi mano en sus mejillas a su frágil
cuello.

Un suave resoplido sale de sus labios incentivando mi ataque a sus labios, son demasiado
suaves para ser reales. Sus manos jalan mi cabeza hacia atrás tomándome del cabello pero
solo suelto un gruñido en protesta.

Aprieto más fuerte su cuello en una implícita advertencia de que debe controlar sus manos.
Mi lengua juega con la suya en una batalla de poder que ella se niega a perder pero que me
aseguraré que haga.

Inclino un poco la cabeza para tener mejor acceso y recorro todo lo que puedo de sus labios
hasta que están demasiado hinchados y rojos, aún así ni ella ni yo nos separamos hasta que es
necesario hacerlo por la falta de oxígeno.

Mi mente envía señales indicándome y dándome alertas de que debo parar como las veces
anteriores y pretendo hacerlo hasta que es ella quien vuelve a unir sus labios con los míos.

Al carajo todo.
Camino hasta llegar al borde de la cama pero no la lanzo sobre ella, aún no, en cambio me
siento dejándola a ella sobre mí para no cagarla con algún pensamiento irracional promovido
por el placer.

Sus labios son como un jodido afrodisíaco, no puedo parar de succionarlos, lamerlos y
besarlos. Es una puta delicia y me pone en sobremanera con el simple acto.

La tensión que veníamos acumulando desde hace años empieza a desgarrarse tan rápidamente
que mis esfuerzos por construir una barrera parecen inútiles frente a mis propios ojos.

Sin embargo no me importa, puedo romper esas barreras una y otra vez solo para que esté
momento vuelva a ocurrir, muerdo con fuerza su labio inferior estirando mi cabeza hacia
atrás al separarme levantando un poco de su piel protectora y sacando un pequeño hilo de
sangre que parece no notarse por la rojez de sus labios.

La atraigo aún más hacia mí haciendo que clave sus rodillas a mis costados y aún tomándola
del cuello lamo el rastro de sangre que brotó de sus labios sacándole un siseo que se
transforma en jadeo.

El sabor metálico impacta en mi lengua alimentando a mis demonios que quieren hacerle
cosas jodidamente sucias, joder, yo quiero hacerlo, quiero enterarme tan profundamente en
ella que sus gritos resuenen en toda la casa, quiero azotar su culo blanco y regordete por ser
una maldita malcriada que no sigue instrucciones, quiero ahorcarla por haberme jodido la
vida, quiero hacerle tantas cosas moralmente incorrectas que fácilmente podría practicar en
un burdel pero que no me imagino haciéndoselo a otra persona.

Eso es absurdo ya que no sé si a ella le guste, probablemente le asustaría si le digo que quiero
atarla a la cama, ponerla en cuatro y azotarle el culo con una fusta para después lamerle el
coño hasta que se quede ronca de tantos orgasmos.

Controlar.

Suspiro separándome de ella con toda la fuerza de voluntad que puedo reunir y juro que
nunca algo me había costado tanto en mi vida.

—Bájate Lilith—gruño en una orden.

— ¿Por qué lo haría?—sus labios se curvan en una sonrisa ladeada que aumenta mis sádicos
pensamientos.

—Lilith—advierto.

—Aiden—susurra con esa voz suave y melosa que usa para manipular a la gente.

Ojalá no funcionara conmigo, pero aunque me dé cuenta de sus intentos de manipulación es


imposible apartarme por mi cuenta, cuando sus ojos enfocan los tuyos en su etapa de
manipulación se vuelve una Diosa comprometida con su trabajo sobre la tierra, reinar en el
engaño de la población.

Y yo soy un simple mortal que no puede resistirse a los encantos de una Diosa Infernal.
Me es imposible apartar mis ojos de los suyos, incluso cuando una sonrisa triunfante y
seductora curva sus labios desbordante de diversión que solo hace crecer mi dolorosa
erección.

Ella claramente no podría dejarlo así y ya que ella dió el movimiento yo lo continuaré.

—Quítate la camisa—ordeno apoyando mis brazos en la cama detrás de mí.

Debo empuñar las sábanas para controlarme de no tocarla pero sé que mi autocontrol con ella
sufre severos cortocircuitos así que solo veo una opción posible para no sacar por completo
esos demonios tormentosos.

Sin embargo me espero, quiero disfrutar el momento, así que observo con toda mi completa
atención como ella se levanta. No dejo de devorarla con la mirada ni un solo segundo, detallo
cada mechón de cabello algo enredado por la escena del beso hace unos minutos, no me
pierdo tampoco el brillo de ansias en sus ojos o la confianza con la que toma el dobladillo de
la camisa y la sube lentamente revelando pequeños tramos de piel expuesta.

Mis ojos recorren sus muslos desnudos y lechosos, subo por las bragas negras que cubren su
coño hasta llegar a sus caderas y a la curva perfecta de su cintura, su vientre plano se contrae
cuando eleva más sus brazos dejando al descubierto sus pechos cubiertos con un sujetador
negro igual que sus bragas. Son de una muy buena proporción podría decir a simple vista que
caben en mi mano perfectamente y eso es decir mucho considerando mis casi dos metros y su
metro y medio.

Sigue revelando hasta llegar a sus clavículas marcadas y por último saca el trozo de tela por
su cabeza hasta lanzarlo a un lado. Debo respirar para controlar mis impulsos animales que
exigen levantarme y follármela aquí mismo, miles de pensamientos haciéndolo llegan como
una ráfaga de imágenes que debo reprimir.

En vez de hacer eso solo aprieto tan fuerte la sábana que no me sorprendería escuchar el
rasgamiento de la tela en cualquier momento, y así justo ahora, en este preciso momento me
doy cuenta de que este es mi fin.

¿Siquiera es posible estar tan excitado por alguien a quién debes odiar? Me jode que mis
pensamientos de odio se hayan guardado en el lugar más recóndito de mi cerebro para darle
paso a imágenes comprometedoras.

Se acaba de joder todo, o bueno, no todo, realmente lo haría en el momento en que decida
enterrarme dentro de ella, cosa que hoy definitivamente no pasará o terminaré cavando mi
propia tumba.

Aunque ya lo hago, con el simple hecho de estar rompiendo una promesa con mi mejor
amigo me doy cuenta, estoy rompiendo algo valioso por ella. Y joder que lo volveré a hacer.

Admiro su cuerpo con la veneración que tendrías con una Diosa y luego de que sacio mi sed
de verla subo la vista a sus ojos que tienen un deseo desbordante y están llenos de otra
emoción que para mí mal gusto no puedo comprender.
—Acércate—ordeno con mi voz más ronca de lo usual.

No quería ser tan abierto respecto a mis pensamientos pero es imposible ocultarlos cuando
debo estar comiéndola con la mirada.

Mis manos pican por tocarla pero sé que si lo hago no podré controlarme así que me
autocastigo a mí mismo y me estiro al cajón más bajo del escritorio donde tengo la mayoría
de mis armas. Hay cuchillos, sogas, navajas, dagas y unas esposas.

Saco estas últimas y ni siquiera la miro a la cara cuando abro el seguro de la primera y la
engancho a mi muñeca izquierda, antes de cerrarla la pongo en la cabecera de la cama
ajustándome a la misma.

— ¿Qué haces?—se acerca por detrás y su aliento caliente sopla sobre mi espalda.

—Evitándote un trauma, no más preguntas. Las llaves son tuyas, seguirás mis órdenes aunque
esté atado—pongo las pequeñas llaves en su palma cuidando de no rozarla.

Ella me mira algo confundida pero igual asiente, con agilidad esposo mi otra mano a la
cabecera de la cama obligándome a acostarme sobre esta.

—Quítate las bragas.

Ella traga saliva visiblemente con nerviosismo pero de todos modos lo hace lentamente
dejando al descubierto su coño perfectamente cuidado. Patea sus bragas a un lado y me mira
a la expectativa.

—Siéntate en mi cara ahora, Diosa, quiero probar tu coño.

Camina lentamente hasta estar en el borde de la cama y sube su pierna derecha, después la
izquierda hasta gatear sensualmente quedando sentada sobre mi abdomen.

No puedo evitar el jadeo que sale de mis labios cuando su humedad cubre mis abdominales.
Ella es mi perdición.

Observo atentamente como muerde su labio inferior antes de elevarse poniendo sus rodillas a
ambos lados de mí cara y me mira desde arriba.

Bajo la mirada hasta su coño demasiado cerca de mis labios para mantener mi propia cordura,
puedo apreciar desde aquí la humedad que cubre sus muslos y que brilla en sus labios
externos.

—No lo voy a repetir de nuevo Lilith, siéntate.

Asiente suavemente antes de apoyarse en la cabecera y terminar de bajar su coño, no está


sentada sobre mi cara pero haré que lo esté en unos minutos.

—Úsame para encontrar tu placer—es lo último que le digo antes de sacar mi lengua y lamer
su muslo.
El dulce sabor de su humedad impacta contra mis papilas gustativas haciendo que mi verga
salte dentro de mis joggers.

Lamo todo lo que se regó en sus muslos con una tortuosa lentitud sacándole resoplidos
cortos. Cuando todo queda limpio es que saco mi lengua y hago una lenta y profunda lamida
en toda su abertura hasta presionarla en su botón hinchado.

Su gemido llena mis oídos como una pura perfección y se convierte en una necesidad volver
a escucharlo así que vuelvo a repetir el proceso pero esta vez giro mi lengua sobre su clítoris
haciendo que sus piernas al fin caigan de lleno.

Suelto el resoplido de una risa sobre su coño y ahora sí puedo darme el gusto de lamer a mi
antojo, me trago todos los fluidos que salen de ella y meto mi lengua dentro de su agujero
apretado haciéndola gemir aún más alto.

Sus manos en algún momento llegan a mi cabello y lo jala con fuerza manteniendo su propio
equilibrio, el tirón del dolor viaja directamente a mi polla y creo que podría correrme en este
preciso momento pero me detengo de pensar en eso, aún no.

Empieza a cabalgar sobre mi cara follándose con mi propia lengua a su antojo cómo le dije
que lo hiciera, poco a poco va perdiendo el pudor hasta que entra completamente en el acto y
solo se encarga de gemir y jadear por el placer.

Siento como sus fluidos dulces caen por mi barbilla cuando la utiliza para frotarse y un
gruñido me abandona. Saco mi lengua de su agujero ya llevo de nuevo a su botón pero esta
vez lo tomo entre mis dientes y lo meto en mi boca succionándolo una y otra vez hasta que
sus gritos son tan fuertes como para despertar a toda una cuadra.

Lleva una de sus manos a sus pechos y se saca el sujetador lanzándolo por algún lado, sus
tetas dan un suave rebote por el movimiento y sus pezones rosados y erguidos piden atención
que ella les brinda. Sus labios están entreabiertos y sus ojos entrecerrados.

Mis manos por impulso chocan contra las esposas raspándome las muñecas, maldita tortura.

Está jodidamente empapada y yo no dejo escapar más de sus fluidos lamiendo todo lo que
puedo, mis dientes se clavan en su clítoris sin poder controlar mis impulsos primitivos y a la
vez cómo una prueba para ella.

A diferencia de cómo creí que reaccionaría sus piernas tiemblan en pequeños espasmos
haciéndome realizar de nuevo el movimiento raspándolo con mis dientes con algo de fuerza
antes de succionarlo y presionarlo con mi lengua.

—Más...por favor—suplica en lo que parece una mezcla entre sollozo y gemido.

Mierda.

Eso parece haber accionado todos mis botones porque me vuelvo un jodido desesperado
lamiendo, besando y succionando todo a mi paso asegurándome de tocar esos puntos que más
la hacen gemir.
— ¿También estabas así de empapada cuando te estaba ahorcando en la playa?—muerdo su
clítoris sacándole un grito entrecortado.

Creo que no va a contestar porque a cualquier persona en esta situación no se le ocurriría


hacerlo o le daría vergüenza pero es Lilith y una vez más me demuestra cuán diferente es del
resto diciendo:

—S-si—muerde su labio inferior pero no aparta su mirada de la mía.

—No quiero ni imaginarme cuántas veces tu pequeño coñito exigía mi atención palpitando
por ser tocado—un suave jadeo sale de sus labios entreabiertos—. ¿Alguna vez te tocaste
pensando en mí, Diosa?—succiono su clítoris haciéndola temblar.

—Muchas...y ahora estás aquí—jala mi cabello haciéndome gruñir—dejándome utilizarte


para correrme.

Aunque haya sonado como una burla no me molesta, todo lo contrario, esas palabras casi me
hacen correrme.

—Buena Diosa—le doy una lamida profunda en toda su abertura como premio.

Juzgue mal, definitivamente ella podría disfrutar de mis tendencias sin embargo debo
comprobarlo luego, una prueba pequeña. Mis pensamientos sobre eso se difuminan cuando
sus muslos me aprietan a ambos lados de mí cara cuando se encuentra cerca del orgasmo.

Parece importarle realmente poco si me asfixia y a mí me importa mucho menos.

—Mierda—jadea.

Se estremece y sus muslos tiemblan mientras su coño palpita en mi lengua. Lamo los restos
de su orgasmo sacándole resoplidos suaves que me hacen sonreír.

Se levanta dejándome respirar el aire exterior y sus piernas le fallan haciendo que caiga sobre
mi abdomen. Ya quiero imaginar cómo estará cuando le folle.

—Lo lamento—señala mi rostro.

—Creo que es tarde para disculparte por el desastre que hiciste—sus mejillas adquieren un
sonrojo—. No te avergüences, me gusta descubrir está faceta oculta tuya. ¿Quién se
imaginaria que eres una pequeña puta en la cama?

—No veo que eso te moleste—arrastra sus uñas sobre mi miembro sobre la tela del jogger.

Mi cabeza se echa hacia atrás mientras empiezo a contar pero ni eso me funciona.

—Lilith—su nombre sale en un gruñido, una advertencia.

— ¿Dime, Aiden?—sus ojos tienen ese toque seductor y divertido que me hace tensar la
mandíbula.
Juega con las cuerdas de mis joggers rozando adrede mi verga mientras esa expresión
manipuladora cubre sus rasgos.

—Aléjate.

— ¿Por qué? Necesitas arreglar esto—pisa su palma abierta sobre mi miembro y le da un


ligero apretón que me hace cerrar los ojos—. Es justo que te ayude, además...—abro los ojos
para ver cómo juega con la llave de las esposas—yo tengo las llaves—sonríe.

La mataré. Juro que lo haré, estoy perdiendo mi propio autocontrol, eso jamás debe pasar.
Jamás.

Su cuerpo desnudo brilla bajo la luz dándole un aspecto majestuoso que me hace tensarme
aún más. Mis dientes rechinan por la fuerza que ejerzo cuando ella mete su mano dentro de la
tela y cuando sus dedos rozan mi miembro debo empezar a enumerar cosas históricas de
nuevo.

Intento zafarme de las esposas aunque solo pueda conseguir una lesión en la muñeca pero mi
trabajo se ve interrumpido cuando su pequeña mano envuelve lo que puede de mi miembro.
Tengo un buen tamaño, nada de lo que deba quejarme y realmente envidiable es claro que le
costará trabajo llevarlo.

Abro los ojos para ver su reacción y es justo lo que esperaba, sus ojos curiosos se clavan en
mi verga, sus labios están entreabiertos y un desbordante deseo rebosa de su cara sin que
pueda evitarlo. Exquisita.

Se arrodilla entre mis piernas y luego baja lentamente dejando su culo elevado y dándome
una vista amplia de su espalda. Sus labios quedan a centímetros de mi miembro ansioso y
suelta un suave suspiro antes de darle una lamida a la punta.

Conecta sus ojos con los míos mientras lo hace y debe ver el deseo filtrado en mis ojos
porque lo hace una vez más antes de meter solo la punta en sus labios rosados y succionarla
haciéndome gruñir.

No digo absolutamente nada, dejo que ella sea quien experimente mis gustos.

Poco a poco va bajando más y más hasta que llega al fondo de su garganta, no logra cubrirlo
por completo pero sí lo suficiente para tenerme viendo puntos blancos.

Usa su lengua para envolverla alrededor de mi longitud y se ayuda con sus manos para cubrir
el tramo que no puede su boca. Mis caderas se elevan por impulso empujando aún más a
fondo haciendo que sus ojos rueden detrás de su cabeza.

Lo saca de su boca pero no deja de mover sus manos por mi falo y tampoco deja de lamer las
gotas del líquido pre-seminal que se concentra en el glande.

—No te oigo quejándote ahora de mis habilidades de puta, Aiden. ¿Te comió la lengua el
ratón?—sonríe divertida mientras mueve su culo aprovechándose de la situación.
Pienso hablar pero las palabras se transforman en un gemido cuando vuelve a introducirme
dentro de su boca cálida, mueve sus manos de arriba a abajo y rodeándolo para ayudarse y
luego sube sacando un poco sus dientes y raspando la superficie.

Al contrario de dolor, una punzada de placer llega a mi miembro haciendo que mis venas se
ensanchen.

—Estaba pensando—lame el glande—. Me gustaría volver a tener un paseo contigo, ¿qué


dices?

—Eso es aprovecharse de la situación—gruño con la respiración agitada.

—Llámalo cómo quieras, ¿sí o no?

No contesto, no lo hago porque vuelve a hacer la táctica de los dientes apretando un poco más
fuerte esta vez y no puedo aguantar más, la combinación de sus uñas clavándose en mis
abdominales, sus dientes en mi longitud y su culo regordete moviéndose me hace estallar.

Persigo mi propio orgasmo levantando mis caderas y follando su garganta importándome


poco si la ahogo o no. Y a ella parece tampoco importarle porque gime a mi alrededor.

Traga todo mi semen y se saca mi miembro de la boca dejando caer un hilo de saliva y semen
sobre sus tetas, lo hizo a propósito, eso es seguro.

Cuando bajo de la nube de placer me doy cuenta de las medias lunas sangrantes en mis
abdominales, costará para que cicatricen y asombrosamente no me importa.

Gatea sobre mí apoyándose sobre mi pecho mientras toma las llaves empezando a soltar una
de mis manos. Apenas queda suelta la muevo viendo las marcas por el roce continuo y luego
hace lo mismo con la otra antes de juntar nuestros labios, me resistiría en otra ocasión, pero
ahora no, culpo a mis pensamientos nublados por el éxtasis.

Yo nunca, jamás, beso después del sexo, no lo hago porque es inútil y asqueroso. Pero luego
llega ella como siempre a cambiar todo. Mi mano se envuelve en su garganta con una fuerza
sobrehumana mientras devoró sus labios.

Nos cambio de posición y ahora soy yo quien quedó entre sus muslos abiertos. Aprieto su
cabeza contra la sábana aún tomándola del cuello y esta vez ni siquiera puedo contenerme
cuando le doy un fuerte azote en el coño.

—Jamás vuelvas a hacer eso, ¿entendiste?—la miro furioso.

En vez de contestar solo entreabren los labios, no sé si en busca de aire o por la


sobreexcitación.

—Te hice una maldita pregunta—guío mi mano entre sus piernas y pellizco su clítoris
palpitante.

—Mierda, si... entendí—jadea.


Le meto dos dedos en el coño con fuerza, sigue estando aún más húmeda que antes, y
presiono mi pulgar en su clítoris, pretendo ir más fuerte pero entonces lo siento, esa fina capa
en su interior que creí que ya no existía.

No puedo pensar demasiado en eso cuando ella se está deshaciendo en mis dedos. Los saco
de su interior dándole un último azote comprobando mi teoría de que definitivamente es
perfecta en todo sentido cuando se corre bajo mi cuerpo.

—Vamos a salir—muerdo su labio entreabierto reabriendo la herida y luego me separo


levantándome de la cama.

No contesta, solo tiene la respiración acelerada y sus piernas temblando, ni siquiera creo que
pueda llegar al baño, sonrió de lado y la tomo de los tobillos jalándola hacia el borde de la
cama antes de cargarla al estilo nupcial para llevarla a la bañera.

Esto se me está yendo de las putas manos. ¿Yo dar un baño? Algo anda mal.
Lilith

N
o sé qué fué lo que ocurrió, ni siquiera me dió tiempo de procesar lo increíble
que fueron esos orgasmos que cabe destacar fueron los mejores que he tenido
en mi vida.

Pero Aiden no me dejó pensar respecto a eso porque después del descontrol de
su propio cuerpo sacando ese lado que yo ansiaba ver me llevó a darme un baño, no fué
incómodo pero sí silencioso.

Aún no me ha dicho a dónde vamos, solo me dió una de sus camisas negras para usarla con
mi falda y él se fue a cambiar al cuarto. Ya estoy vestida y fresca esperándolo en la entrada.

Tengo entendido que deberíamos visitar a Connor o algo así pero por cómo veo el panorama
no creo que Aiden quiera ir y a decir verdad yo tampoco, específicamente porque fuí yo
quien lo dejó allí.

No me culpen pero no lo soportaba un segundo más, cuando empezó a hablar de sus


habilidades de prostituto supe que lo correcto sería acabar con dicha conversación y como
bonus extra enviarlo al hospital.

— ¿Lista?

Aiden aparece al pie de la escalera con una simple camisa negra y vaqueros del mismo color
a juego con mi ropa. Remueve su cabello semi-húmedo y toma mi mano sin dejarme
contestar.

— ¿A dónde vamos?—observo atentamente cómo abre la puerta de la cabaña.

— ¿Nunca te callas?

—No, eso da paso a que la gente se pierda en sus pensamientos, además me desvía del tema y
me hace sobrepensar, por eso busco distraerme hablando, siguiente pregunta.

Aiden hace una mínima pausa pero luego sacude la cabeza sacándonos a ambos de la cabaña.
Aminora su paso y le agradezco internamente mientras observo el amplio bosque al que nos
dirigimos.
No habla, después de sincerarme diciendo la verdadera razón por la que nunca me callo el
deja de hablar, eso es algo cruel. No debí decirlo tan a la deriva pero necesitaba que él
estuviera enterado que no hablo solo porque sí, es una forma de romper el silencio y evitar
pensar en todo.

Quizás él odie que hable pero a ver, yo no lo estoy obligando a que me traiga a pasear o a que
me rapte en una cabaña en el bosque. Él me trajo, él se tiene que aguantar todo lo que diga al
respecto de lo que pienso.

Aunque tal vez no me quiera escuchar, es probable, pero él mismo dijo cuándo veníamos de
camino que es raro cuando no hablo, ¿eso significaría que le gusta cuando hablo, no? No
creo, quizás solo estoy delirando.

Pero puede haber una posibilidad de que le guste mi voz, a muchas personas les gusta que
hable porque lleno el incómodo silencio, Aiden es rarito, ¿por qué le gusta el silencio?
Siempre es mejor hablar porque evitas la incomodidad.

Quizás a él le guste hacer incomodar a la gente. Entonces eso significaría que sí le gusta que
hable pero solo quiere hacerme creer que no para que me calle y me incomode. Sería un buen
truco y está funcionando bien, además...

—Diosa—Aiden jala mi cuerpo hacia atrás haciendo que choque contra su torso.

Lo miro desorientada porque ni siquiera recuerdo haber caminado tanto hasta perder de vista
la cabaña. Eso pasa cuando pienso de más.

— ¿Todo bien?

—Sí, me dijiste que me callara y eso hice.

—No lo hice, tú sacaste esa deducción—aparta un mechón de cabello de mi frente.

—No lo dijiste pero si lo pensaste, no te gusta que hable.

—No me gusta que las personas hablen, me gusta el silencio porque me permite pensar, pero
no me molesta que tú hables, eso me distrae.

— ¿Entonces puedo hablar?

Una pequeña sonrisa curva sus labios cuando asiente con la cabeza.

—Siendo así, ¿ya me puedes decir a dónde vamos?

Vuelve a caminar llevándome detrás de él y ahora ni siquiera me preocupo en ubicarme por el


camino ya que solo hay grandes troncos con hojas frondosas, pinos, algunos animales
pequeños o insectos y un clima fatal.

—No, pero aún faltan unos cuantos minutos.


—¿Por qué no vinimos en moto? Odio caminar—hago una mueca arrastrando los pies por la
tierra seca del suelo sacando una nube de humo.

—Porque es sano, fortalece el cuerpo y lo tonifica, además de que contribuye al metabolismo.

—Tengo mi cuerpo en buenas proporciones y de todos modos moriré.

Frena para mirarme como si quisiera cavar un hueco en la tierra bajo nuestros pies y
enterrarme hasta que caiga al infierno.

—No vuelvas a decir eso.

— ¿Qué cosa?

No miento en nada, tengo buenas proporciones físicas (agradezco a la genética de mi madre)


y en algún momento moriré como todo ser vivo.

—Que morirás.

—Es la verdad, Aiden, todos lo haremos.

Aunque ahora que lo pienso no quiero que él muera, una vez pensé en que haría si él muere y
encontré una opción más rápido de lo que debería, recuerdo que eso pasó cuando tenía 13.

Mi opción lógica de ese entonces fué seguirlo a dónde sea que fuera incluso si se muere yo
iba detrás luego pensé en mi familia y le pregunté a mamá ya que es la más sensata y a
diferencia de cómo creí que me regañaría me dijo que estaba bien, siempre y cuando me
asegurara de que si yo moría él haría lo mismo. Cuando le pregunté por qué me respondía así
me dijo que es lo mismo que ella haría por mis padres pero que ella ya había comprobado y
estaba segura de que si ella moría ellos irían detrás.

—Sí, pero aún eres jóven, apenas tienes veintiuno, habla de la muerte cuando llegues a los
noventa.

—Me estás dando mucho tiempo—bromeo.

—Por eso debes cuidar tu salud para que logres vivir más.

—Meh, mi meta no es vivir demasiado es simplemente disfrutar del momento sin pensar en
cuánto duraré. Tampoco es como que tenga algo por lo que vivir fijamente pero no quiero
morir, es solo una expresión, quiero vivir lo que queda y cuando sea la hora de irme lo
aceptaré—me encojo de hombros ampliando mi vista hacia el precioso lago a unos pocos
metros de nosotros.

Es precioso, hay un par de luciérnagas y mariposas en el aire, las ramas de los árboles se
reflejan en el agua cristalina, desde aquí puedo ver los pequeños peces nadando felices dentro
del agua.

—Tienes a tu madre y a tus hermanos para quedarte—nos guía hasta un pequeño banco de
madera frente al lago.
Ambos nos sentamos y aprecio la vista y las preciosas flores de los árboles que nos rodean. El
lugar es tan bonito que parece sacado de un cuento de hadas, un bosque encantado o algo así.

—Lo sé, pero no son razón suficiente para decir que vivo por ellos. Es decir, mamá vive por
mis padres y ellos por ella, mis hermanos pronto encontrarán a su razón de vivir también así
que estoy sola.

—No lo había pensado así, viéndolo desde tu punto de vista entonces yo tampoco tendría
algo por lo que vivir—se cruza de brazos girando la cabeza para verme fijamente.

—Realmente no, al menos de que consideres a tu padre en la ecuación, el sigue aquí por ti y
por su vida pero en el fondo él espera que encuentres aquello que te haga vivir—ni siquiera lo
miro al hablar solo miro a los bonitos pájaros de colores que nos rodean.

—Su razón de vivir era Liliana y ella fue la misma causante de su muerte interna.

Eso me hace voltear, su expresión luce algo perdida y puedo deducir que le cuesta entender el
panorama.

—Sí, pero tú padre ya sabía en lo que se metía. No siempre ocurrirá así solo debes confiar en
que a esa persona a la que le vas a dar tu vida la quiera más que tú mismo para que cuando te
sientas perdido te oriente de regreso porque ya se sabrá el camino de memoria.

Asiente lentamente pensativo mientras fija su vista en los pájaros como hacía yo antes.

Nos quedamos en silencio y por primera vez en toda mi vida no siento la necesidad constante
de hablar sino más bien de saber si Aiden está bien, lo observo, realmente lo hago, por lo que
parece una eternidad, a pesar de que lo intento hacer lo mejor posible no logro descubrir lo
que piensa, si expresión es literalmente en blanco, no me deja pasar y creo que ni siquiera se
da cuenta de que lo está haciendo.

—Tengo curiosidad de algo—voltea a verme y yo me tenso.

Que Aiden me esté avisando indirectamente de lo que va a decir no es algo realmente bueno.
Su mano se estira hasta encontrar la mía sobre mis muslos, no enlaza nuestros dedos pero si
la cubre con su mano acariciando el dorso con su pulgar.

Sus ojos nunca dejan los míos y de nuevo veo esa rara chispa de emoción que aún se me hace
extraña de ver en sus ojos. No sé podría llamar sentimiento al placer, pero me gusta,
especialmente porque me deja ver un lado más activo de él y definitivamente no uno
indiferente, eso y porque verlo perder el control es algo que muy pocas personas podrán decir
que lo vieron.

Mala idea pensar en ese momento de unas horas atrás, siento el rubor calentar mis mejillas y
apartó la cabeza fingiendo ver el paisaje.

No puedo verlo pero casi siento su estúpida sonrisa burlona porque claramente se dió cuenta
de todo.
— ¿Vas a preguntar o te vas a quedar cómo un imbécil?—le lanzo una mala mirada.

—Cierto—aclara su garganta—. ¿Por qué sigues siendo virgen?

Mis ojos se abren de par en par apenas termina la oración, siento como probablemente acabo
dejar de respirar, la sangre bombea estrepitosamente en mi corazón y mi cuerpo se paraliza en
cuestión de segundos. Giro lentamente hasta que mis ojos conectan con los suyos con
incredulidad.

— ¿Qué? No...ni siquiera quiero saber, no contestaré a eso—aparto su mano de la mía.

El ambiente se vuelve de dicho modo pesado, porque ni siquiera yo había pensado en la


posibilidad de que odiara el toque de Aiden simplemente lo asocié cómo algo bueno y lo dejé
fluir.

—No tienes por qué avergonzarte por serlo solo me gustaría saber tus razones.

Vuelvo a mirarlo pero está vez creo que puede notar mis nervios con el tema cuando mis
manos empiezan a jugar nerviosamente entre sí.

— ¿Para qué? ¿Tienes un fetiche con eso o algo así?—suelto con más molestia de la
necesaria.

Ahora su ceño se frunce y se queda pensativo.

—Realmente no, odio a las vírgenes, pero sorprendentemente quiero saber sobre tu caso, algo
que no me pasa a menudo.

—Ah, qué bien, soy tu conejillo experimental, me fascina—sonrió con sarcasmo.

—No eres un conejillo experimental solo es raro que yo tenga curiosidad por tí cuando se
supone que lo sé todo sobre lo que te involucra.

—Bueno, lamento informarte que te saltaste la peor parte de mi vida.

El color rojo de mi cara aún no baja, lo sé porque la sigo sintiendo caliente, eso y porque
debo evitar con todas mis fuerzas cruzarme de brazos por el nerviosismo o él lo sabría. Pero
no puedo evitar hacer el acto cuando su mirada tiene un suave y casi imperceptible desvío
hacia mis labios entreabiertos para disminuir mi respiración acelerada.

Echa la cabeza hacia atrás y se queda mirando fijamente el cielo, luciría como algo normal si
este tuviera estrellas o un lindo atardecer y no una neblina indicadora de lluvia.

Sus rasgos están contraídos y sus ojos desbordantes de confusión y algo de resentimiento, ni
idea de qué sea pero por alguna razón se siente mal verlo así y no con su fingida personalidad
alegre o su máscara indiferente.

— ¿Qué piensas?—digo para romper el silencio.

—No quieres saber—resopla en una risa falsa.


—Si dices eso claro que voy a querer saberlo.

Eso le saca una pequeña sonrisa y hace que me mire de nuevo, debo concentrarme en miles
de cosas para no apartar la mirada del intenso azul de la suya.

—Estoy pensando en muchas cosas, desde la razón del por qué no te has metido con otro
tipo, de cómo sigues sorprendiéndome porque pude haber jurado que ya habías estado con
otros, hasta el punto de imaginar cómo podría rasgar tu pequeño coño y hundirme en tu
sangre una y otra vez.

Debo tragar saliva y carraspear para no ahogarme con mis propias palabras al hablar.

—Interesantes pensamientos para decir odiarme—juego con el dobladillo de la falda.

Él me lanza una mirada mortal y vuelve a su expresión indiferente, lo habitual si me permiten


decir, no lo extrañé.

—Repito que te odie no significa que esté ciego.

—Aún así estamos aquí, frente a un lago, me llevaste a comer helado, sabes todo de mí, me
proteges y tú tienes "curiosidad" por mí—ruedo los ojos hastiada.

No contesta, y es porque ¿qué va a decir? ¿Qué no es cierto? Absurdo.

—Sé que quizás no lo puedas comprender pero es extraño, Aiden, y también es confuso, trato
de no darle vueltas al asunto pero es difícil cuando haces cosas así. Sé que no sabes sentir
pero al menos podrías decirme lo que piensas.

No somos amigos ni mucho menos pero joder, hemos pasado toda nuestras vidas juntos,
sabemos un 98% de la vida del otro y es tan complicado hacer que él hable para yo poder
ayudarlo.

—Te dije lo que estoy pensando, pero está bien, justo ahora también estoy pensando en
besarte y no sé por qué ¿eso te hace sentir mejor?

—Sí, realmente si—me relajo un poco.

—Bien, ahora sí podrías darme aunque sea la base de la respuesta y yo averiguaré lo demás.

¿Por qué he permanecido virgen? Bueno, no lo sé Aiden, quizás porque llevo enamorada de tí
desde que tengo 5 y mi ensoñación desde que cumplí 15 fue que tú me desvirgaras. Eso y si
agregamos el factor de que no puedo soportar que un desconocido me toque creo que es una
respuesta concreta.

—Supongo que quería que fuera con alguien especial y no con lo primero que se me cruce
por delante—me encojo de hombros restándole importancia—. Igual sabes que tampoco me
gustan los desconocidos.

—Nikolay no es un desconocido.
Debo evitar rodar los ojos para no cagar la conversación.

—Nikolay es mi hermano de palabra.

—El concepto de hermanos dejó de ser válido desde que descubrí algo hace unos meses.

—Dos hermanos no pueden estar juntos, ¿qué clase de relación sería esa?

Él resopla mirándome cómo si fuera una completa estúpida.

—Te sorprenderías.

—El punto es, que yo particularmente jamás estaré con Niko...lay—corrijo cuando su mirada
asesina se alza sobre la mía.

— ¿Qué dije acerca del maldito apodo?—antes de verlo venir su mano encaja mi cuello como
un collar—. Me encanta el juego de los pensamientos, justo ahora estoy pensando en
desvirgarte como un puto animal en medio del bosque. Llorarías, gritarías y sangrarías y aún
así estarías gimiendo y pidiendo más como una pequeña zorrita.

Mi respiración entró en paro, probablemente yo completa lo hice, creo que si hablo


probablemente pueda tartamudear. La precisa idea suena mal pero justo ahora, suena como
una oferta irrechazable que estaría dispuesta a tomar solo para calmar la presión en mi
vientre.

—No hagas eso, no pienses en nada que haga que tus ojos me insinúen hacerlo, créeme que si
lo hago no va a ser de este modo—su agarre en mi cuello afloja un poco.

Pero yo no quiero dejarlo ir aún, acepto su propuesta pero no la apoyo del todo. No puede ir
por la vida hablando como el mismísimo Diablo de la lujuria y esperar que yo me quede sin
hacer nada.

— ¿Estás insinuando que lo harás?—sonrió juguetona subiendo mis manos a su mandíbula.

—Lo haré.

— ¿Y qué te da el derecho a ser esa persona especial?

Obvio yo sé pero quiero que el reflexione y se dé cuenta de que realmente no lo merece, pero
yo sí quiero que sea él.

Si algún día logro hacer que sienta lo haré pasar un calvario hasta que se arrodille a pedirme
disculpas por ser un maldito miserable durante dieciséis años.

—Cierto, me esforzaré más si eso deseas.

—No, no lo harás, yo sabré cuando sea el momento indicado.

Yo sabré cuando logres sentir y ese será el momento preciso.


—Igual lo haré, no es tan malo estar contigo.

—Tomaré eso como un "es increíble pasar tiempo contigo, Diosa"—el suelta una pequeña
risa que se me contagia.

Las risas naturales de Aiden son mágicas, pagaría

—Soy una persona amable Diosa, si no me crees pregúntale al mundo.

Resoplo mirándolo con incredulidad.

—Claro que lo dirán si estás ahí como el chico perfecto todo el puto tiempo.

Su mirada baja hasta mis labios y se queda allí unos largos segundos hasta que la sombra de
una sonrisa curva los suyos y lanza una mirada de seguridad a nuestro alrededor.

Regresa su mirada a la mía con ese característico vacío en blanco pero siento su mirada
profunda derrumbar cada muralla dentro de mí y escarbar hasta las partes más oscuras de mi
ser.

Él si se da cuenta, el no solo ve a la Lilith hija de Aleska Müller y los demonios, él ve todo lo


que aún guardo dentro pero no pregunta, quizás algún día le diga a alguien lo que pasó esos
años, quizás ese alguien sea él.

— ¿Siempre haces esto? Traer a chicas a esta cabaña para follar—lo suelto lo más normal
que puedo.

Una pequeña sonrisa se forma en sus labios.

—No, eres la primera que viene aquí. Y en principio no tenía intenciones de hacer nada
contigo.

— ¿Por qué?

—Pueden haber cosas que no te gusten.

— ¿Por eso te esposaste?

Asiente ligeramente con la cabeza sin dejar de mirarme.

—Es una forma de autocastigarme y evitar traumas, especialmente a tí.

—No creo que algo que tú hagas pueda traumatizarme, la verdad. Además ninguna de las
otras chicas con las que has estado las has traumatizado al parecer.

—No, pero ellas no son tú, Lilith, no es lo mismo.

—Creo que debes explicarme esa oración más a detalle.


—El placer momentáneo no es lo mismo que un placer constante. Con ellas es solo un
momento, contigo es distinto, siempre surgen pensamientos de cómo llenar tu coño con mi
semen, de cómo dejar tu piel roja o de escuchar tus gritos de placer.

Siento el rubor subir nuevamente a mis mejillas pero ahora es por razones externas.

—No sé si halagarme al respecto de eso—carraspeo para regresar mi voz a la normalidad ya


que había bajado un par de tonos.

—No sabría responder a eso tampoco.

—Adivino, ¿no entiendes el significado de halagar?

—Lo hago, pero si te digo lo que pienso al respecto lo tomarás con un sentido erróneo y
desviado del tema.

Suelto un suspiro de frustración porque juro que esto es más difícil que hablar con mi
hermano Adriel, de 10 años y explicarle que no puede ir a apostar porque es menor de edad.

—Aiden, solo dilo.

—No lo haré, te conozco, sé que le darás vueltas al asunto y asumirás algo que
definitivamente no pasará—su expresión se ha vuelto helada.

—Que tú creas que lo asumiré significa que tú asumes que eso es cierto—sonrió al ver su
expresión de vete a la mierda.

—No lo hago porque no puedo.

—Si puedes—juego.

—Ya te dije que no, Lilith y deja de intentar manipular mi mente para sacarme la
información.

Hago un mohín cuando escucho sus palabras, odio que siempre sepa mis planes de
manipulación, nadie nunca se da cuenta, solo él, eso es jodidamente triste porque solo quiero
que funcionen en él.

Al carajo, claro que funcionan.

—Cómo sea, volveremos al inicio en dónde no me dirás nada de nuevo—me levanto con
falsa molestia—. Llamaré a Nikolay para que venga por mí, mañana hay clases y debo hacer
un informe.

Empiezo a caminar por el extenso bosque esperando que esté por el camino correcto mientras
cuento los segundos en mi cabeza

3...2...1...

—Lilith—Aiden me toma del codo y debo sonreír internamente mientras vuelvo a verlo mal.
— ¿Qué carajos quieres ahora?

Sus ojos se entrecierran y veo el momento exacto en el que descubre mi no muy elaborado
plan.

— ¿De verdad estás manipulándome?

—Sí, lo hago, ahora que ya lo sabes te amenazare, o empiezas a decir lo que piensas o me
largo de aquí.

Su fachada duda por breves segundos antes de que suspire y suelte mi codo. Creo que en
serio me dejara irme pero entonces habla:

—No es lo mismo estar con otras porque no...—duda buscando la palabra—simplemente no


es igual, lo poco que puedo sentir no se siente de la misma manera. Eres especial en dicho
modo, pero únicamente en eso, porque sigues siendo una mocosa malcriada y jodidamente
exasperante a la que odio.

—Ya, creo que tú concepto de odiar no está muy bien definido.

—Te puedo dar 46 razones del por qué te odio.

Creo que bromea pero cuando su expresión sigue sería mi boca se desencaja con
incredulidad.

— ¿Tan aburrido estás qué haces 46 razones de por qué me odias?

—Podría decirse, sí.

—Qué imbécil eres—me cruzo de brazos.

—No decías lo mismo hace unas horas.

—Cierra la boca—lo paso de largo regresando al banco frente al lago.

—Ese trabajo te lo dejo a tí—se sienta a mi lado de nuevo.

Ni siquiera le respondo, hago como que no escuché su comentario para no sufrir un derrame
cerebral de tanta confusión por su culpa. Solo él se cree que no siente nada por mí, cabrón.

— ¿No tienes algo mejor que hacer que observarme?—su mirada penetra mi perfil con tanta
intensidad que creo que me abrirá un agujero.

—De hecho—apoya distraídamente su mano en mi muslo—. Siempre podemos hablar de


otras cosas.

—Sueña, mañana debo ir a clases Aiden, hablo en serio.

—Puedo llevarte en la mañana.


Mis ojos se abren de par en par mirándolo con una rapidez impresionante, tan rápido que
incluso mi cuello suelta un pequeño sonido extraño.

— ¿Qué dices? ¿Sabes el lío que se va a armar si me ven contigo? No gracias iré solita.

— ¿Qué pasa si dicen algo? ¿Les tienes miedo a esos tontos? Irónico que les temas a ellos y
no a mí—su cabeza se ladea—. Un príncipe de Rusia que no ha matado ni a una mosca y un
ejecutor que mata personas día a día cómo hormigas insignificantes.

—Sí, pero tú no me vas a lastimar.

—Mmm, depende del contexto—una sonrisa ladeada curva sus labios.

—Define el contexto.

—Puedo lastimarte sexualmente, ya te lo dije.

—Y yo no sabré si me gusta si no lo intento, siempre hay que experimentar en la vida.

—El concepto de experimentar la vida se usa para cosas divertidas no cuando eres una
masoquista que desea ser azotada o atada.

—Touché—subo mis piernas al banco sentándome en posición de indio sobre él—. En fin,
quiero experimentar y ya que te vas a dedicar a ser esa persona especial, y que yo seguiré
intentando hacerte sentir supongo que nos veremos más seguido.

—Aún me debes una cosa.

—Lo haces sonar tan sencillo—resoplo sacando la liga negra de mi muñeca para atar mi
cabello en una coleta desordenada—. Cómo si en realidad no te debiera mi alma.

—No lo haría sonar tan drástico.

—Cierto, debería sonar peor.

Nos quedamos en silencio unos segundos hasta que yo suspiro rompiendo el silencio.

— ¿Qué buscas Aiden? ¿Con esto?—señalo nuestro precioso alrededor.

No lo miro, yo solo miro a los pájaros que cantan a nuestro alrededor, miro la preciosidad del
ambiente pero él me mira a mí, cómo si el ambiente que nos rodea no fuera mil veces mejor
que verme por unas insignificantes horas.

—Llamar tu atención quizás, demostrar que no soy tan mierda, ¿por qué? No sé, solo lo hago
y si algo se mete en mi cabeza no puede salir.

—Lo sé, se llama obsesión, mírame a mí como ejemplo del concepto.


Suelta el resoplido de una risa sin dejar de mirar mi perfil, detalla absolutamente todo y no es
escalofriante, se siente extrañamente natural con un toque de nerviosismo.

—Tus ojos brillan de una forma encantadora bajo la luz del sol—acota.

— ¿Expresando tus pensamientos?—sonrió levantando mi dedo para rozar las plumas suaves
de un pájaro azul.

—Sí, en realidad...—se queda callado y yo debo voltear para ver qué ocurrió.

Aiden está mirando con su ceño contraído a la pequeña ave en su hombro. El pánico de que
sufra el mismo destino de la mariposa me lleva a estirar mi mano hasta sostener la suya.

—Qué bonito eres—le hablo con voz mimosa al pájaro que silba y canturrea.

—Ya lo sé—bromea Aiden.

Ruedo los ojos divertida sin dejar de observar al pajarillo amarillo. Es un lindo canario.

— ¿A este también debo matarlo o estás bien?

—Ja, ja, que chistoso.

—Eres una tonta, era una insignificante mariposa.

—Cierra la boca.

—Ya te dije que eso lo puedes hacer tú.

Lo ignoro de nuevo, por más que me gustaría callar sus estupideces con un beso no lo haré,
como dice él es un autocastigo por ser una tonta excepcionalmente idiota al seguir aquí con
este psicópata.

Saca su celular de su bolsillo recordándome que prácticamente decomisó el mío como una
mocosa sin supervisión parental.

Pienso quejarme con él pero me callo por completo cuando veo como abre la cámara del
celular y me lo tiende indicándome que tome una foto del momento. El hecho de que me dé
su celular como si nada y de que esté tomando una foto del momento en el que
específicamente salgo yo es más de lo que él puede decirme.

Tomo la foto sonriendo a la cámara y le entrego de nuevo su celular.

— ¿Eso para qué es?

—Depende, puede ser para recordarme cuánto te odio, para venderle tu alma al diablo o para
masturbarme viendo tu cara.

—Ni siquiera me sorprende tu terrible sentido del humor.


— ¿Ves que me ría? Probablemente la uno y la tres pasarán.

—Sigo sin hallar una conexión en que te masturbes viendo a alguien que odias.

—Te sorprendería la adrenalina que eso conlleva, además me da nuevos conocimientos


acerca de cosas humanas que no deben suceder y cómo reprimir impulsos sexuales—mete ese
mechón blanco que siempre se sale de mi coleta detrás de mí oreja.

—Eres tan... agh, ni siquiera sé, solo eres un imbécil total, no me sorprende que seas la
reencarnación de un maldito demonio.

— ¿Un demonio, eh? Me gusta.

—Si el de la indiferencia, te ganarías un premio nobel por ignorar a alguien 16 años.

—Y seguirán sumando, buscaré la forma de mantener tu distracción lejos de mí después de


descubrir ciertas cosas.

—No si yo te gano haciendo que sientas algo por mí.

—Suerte en eso, antes de que lo logres estaré fuera de tu radar.

—Nunca lo has estado, Aiden.

—Porque yo así lo he querido—sonríe mirándome con una chispa de diversión.

—Ya veremos quién ganará entonces, si tú alejándote de mí como un demonio indiferente o


yo haciéndote sentir.

—Me encantan estás apuestas, tenemos un trato, Diosa.

— ¿Ambos sabemos que yo ganaré, no? Un demonio no puede ganarle a una Diosa de la
manipulación.

—Puedo sorprenderte.

—Eres muy predecible, definitivamente está ronda la ganaré yo. Mírate aquí tú y yo sabemos
que ya no eres tan indiferente.

Cuando va a contestar una mano se posa en mi hombro haciéndome voltear con rapidez y
miedo. Me tenso aún más si es posible al enfocar esos ojos grises y cabello rubio que miran a
Aiden como si quisiera estrangularlo.

Mierda.

—Me preocupé, llevas desaparecida un día, enana—aparta su vista de Aiden para enfocarse
en la mía—. Todos estábamos preocupados y tampoco atendías el celular.

Mis mejillas se sonrojan de la vergüenza y pienso poner la mejor excusa que puede
inventarse una persona en segundos hasta que Aiden abre su bocota:
—Yo la veo muy bien, incluso mejor si me lo preguntas, ya puedes irte—le da una sonrisa
encantadoramente falsa.

—Nos iremos juntos, no me voy de aquí sin ella si tú quieres venir, perfecto pero tiene tarea
que hacer y debemos hablar.

Aiden solo lo observa con detalle y noto su división de pensamientos así que decido
intervenir.

—Iremos contigo, Nikolay, aún tenemos una apuesta que completar.

La mirada del rubio es de confusión y la de Aiden es de furia total. Acaba de empezar el


show y algo me dice que el demonio no ganará en esta oportunidad.
Aiden

E
El día de ayer fué relativamente patético. Después de que él estúpido príncipe
llegara como el jodido salvador de Lilith y de que ella se ofreciera a llevarme con
ellos todo se descontroló.

Iba a ir, claro que lo haría, pero entonces llegó Connor con unas muletas, Naim
ayudándolo a sostenerse y Atlas dirigiéndome una mirada que decía más que mil
palabras al verme con Lilith en la cabaña.

Ahí está el tema, nadie nunca se había atrevido a llevar a alguien a la cabaña, es cómo nuestro
lugar, incluso Connor tiene terminantemente prohibido meter a sus ligues allí. Pero luego
estoy yo, llevando no solo a una chica sino a la hermana de dos de mis amigos a la cabaña y
lamiéndole el coño en mi habitación.

Atlas se dió cuenta de que ella usaba mi camisa, Naim también, probablemente Connor no
pero lo sabrá de todos modos en algún momento, ¿cómo le das una excusa a tu mejor amigo
sobre que su hermana tenga tu camisa? Exacto no hay forma.

Podría inventar alguna estupidez como que si top se manchó o algo así pero es Atlas, el
cerebrito, el intelectual, el prodigio, antes de que siquiera pueda sacar una excusa ya me va a
mirar con desaprobación por mentirle. Así que ni lo intentaré.

Sobre Naim realmente creo que no le interesa lo que haga con mi vida.

Connor es tema aparte aún sigue molesto por lo de la pelea, y aún más por amenazarlo con la
Diosa de la muerte. Era necesario, sé que no le gusta pero ha estado en su radar como
venganza perfecta hacia los demonios.

Atenea es realmente muy inteligente, arrogante, prepotente, egocéntrica, narcisista y el tipo


de mujer por el que todos buscan huir, por eso le apodan la Diosa de la muerte. Pero claro
que Connor debía interesarse en lo más difícil y ahora está esperando a que la chica crezca
para efectuar su plan, cabe destacar que ella es jóven aún él también pero ella lo es aún más.

Siguiendo el punto inicial, Lilith y Nikolay tuvieron que irse, solos, como una jodida pareja
de tontos. Digo de "hermanos". Estupideces, ya quiero ver la cara de Lilith cuando se entere
de eso.
No sé me olvida nuestra apuesta, ella cree que puede hacerme sentir y siendo sincero estoy
empezando a creer que tiene razón, otra razón para odiarla, eso y que estoy cayendo en la
puta locura.

Es tan confuso, es decir tengo la necesidad constante de alejarme de ella para seguir
odiándola pero no puedo, no sé cómo expresarlo más que en esas palabras, no puedo. Cada
vez que intento dar marcha atrás hay un peso en mi pecho que me hace dar vuelta y empezar
a buscarla como un imbécil.

¿Qué significa eso? Ni puta idea, y tampoco le preguntaré a Atlas, probablemente diga que
estoy enfermo o algo así, quizás lo estoy, eso explicaría que tenga la necesidad de ver a
alguien.

Eso es raro, pero lo es aún más que sea Lilith esa persona. Una semana y media ha pasado,
todo iba bajo control hasta que ocurrió lo del mar y parece ser que la Diosa de la
manipulación tuvo un punto a favor porque estoy hechizado como un tonto y ahora no puedo
parar de querer conseguir más.

Necesito alejarme de ella, es lo único que sé, ¿cómo? No lo sé. Comparo la mayoría del
tiempo la situación con una droga, es como una adicción, la pruebas una vez y luego estás allí
otra vez para ver de nuevo esas alucinaciones y luego otra vez y otra hasta que se vuelve
adictivo y no puedes parar ni alejarte.

El caso es que las drogas tienen rehabilitación, ¿yo qué tengo? Puedo alejarme y eso es todo.
No puedo sentir... ¿verdad?

¿Por qué siquiera estoy dudando de eso? Es algo certero y veredicto, no puedo hacerlo.
«Jesús, caeré en la locura».

— ¿En serio nadie se apiadará de mí? ¡Soy un inválido, al menos un poco de compasión,
malditos imbéciles!

Ignoro exitosamente la voz de Connor y sigo tecleando en mi laptop sobre una puta floristería
que venda lavandas, ¿en serio es tan difícil conseguir una?

Antes de que pregunten, sí, son para cierta Diosa lila, pero todo tiene un propósito. Dejarle
flores según el internet hará que ella venga hacia mí en dos opciones: a) Agradecerme y b)
Lanzármelas por la cabeza.

Seguiré la opción "a" porque es la única opción que tengo para hacer que ella venga a mí y
tener una nueva charla. Definitivamente no puedo ir a su universidad sin llamar la atención
porque Atlas, Connor y Naim se enterarían y si hay algo que nosotros jamás haremos es ir a
The Golden Royalty.

Un golpe seco cierra mi laptop dándome apenas un momento para sacar mis dedos y que no
queden aplastados como salchichas.

Le dedico por primera vez en el día una mirada a Connor con aburrimiento, él entrecierra sus
ojos devolviendo la muleta a su lado ya que con eso se ayudó para cerrar la laptop.
Lo vuelvo a ignorar abriendo la tapa de nuevo mientras sigo tecleando una y otra vez.

—Son todos unos desgraciados, Jesús dice que deben apoyar a su prójimo, eso es un pecado
capital.

Mi ceño se frunce cuando volteo a verlo, está cruzado de brazos mirándonos cómo si
hubiéramos cometido el peor acto ilegal jamás visto en la historia.

—Uno, ¿desde cuándo eres creyente? Y dos, ¿qué no era un mandamiento?—hablo por
primera vez en el día.

—Y tres, Dios no existe y si hipotéticamente lo hiciera lo cual es un hecho no comprobable


definitivamente tú no entrarías al cielo—completa Atlas en el sillón frente a mí leyendo uno
de sus libros.

—Púdranse, quiero ir al baño desde hace media hora y ninguno me ayuda a levantarme—
acomoda el yeso de su pie—. Haré una jodida huelga—estira su muleta y le da un golpe a la
vitrina de vinilos de Naim.

Este está escuchando su música con unos audífonos mientras duerme o eso creía porque abre
sus ojos tan rápido como suena el estruendo del vidrio partiéndose.

Se quita los audífonos de los oídos y le lanza una mirada mortal a Connor mientras se sienta
en el sillón con el cabello más alborotado de lo usual.

—Estás muerto—es lo único que dice Naim antes de tomar sus cosas y agacharse a recoger
sus vinilos.

—Váyanse todos al carajo, es mi cabaña, ustedes deberían hacer lo que yo les diga.

—Puedo pagarte el doble de esta mierda si es el jodido problema.

Encuentro una página que dice vender las flores y entro para ver los ramos, lindos. Son
lavandas con lirios blancos incrustados en el centro.

Pido una cantidad excesiva de ramos y pongo los datos de mi tarjeta y mi cuenta para pagar
todo, indico la fecha para pasado mañana para no ser tan apresurado y para no distraerla de
sus estudios.

Se supone que ya todos salimos ya que es de tarde pero debe estar estudiando cosa que
nosotros no hacemos, Atlas no lo necesita porque es jodidamente inteligente, yo siempre
tengo sobresaliente por conocimientos básicos, Naim sorprendente también saca todo con
sobresaliente y Connor...bueno, es Connor.

Termino los ajustes que quiero como el papel y el lazo (no sabía que era tan difícil pedir unas
putas flores) y cierro la tapa de la laptop prestando atención a mi alrededor.

Naim está terminando de recoger sus vinilos, Atlas se ha ido y Connor sigue quejándose pero
ya ha logrado levantarse solo.
Me levanto para ayudar a Naim mientras Connor se va al baño.

— ¿Cómo puedes saber si estás sintiendo?—pregunto tendiéndole el último vinilo a Naim.

Ya luego se encargarán de limpiar el desastre del vidrio. Probablemente lo haga Atlas.

Naim alza una ceja mirándome con su típico vacío negro y consumidor.

— ¿Sentir?

—Sí, es decir, ¿cómo sé si puedo hacerlo? Si hipotéticamente llegó a sentir cómo me daré
cuenta.

Mira al suelo pensando en una respuesta pero tarda más de lo que una persona promedio
duraría en responder a esta pregunta.

—Antes de proseguir con este tema complicado, ¿crees que estás sintiendo?

—No lo sé—respondo con sinceridad.

—Bueno, te dejaste ganar en una pelea, eso ya dice mucho.

—La pelea es lo que menos me importa.

Lo que más me importa es a lo que esa pelea conllevó con cierta Diosa. A cómo mi control
cedió, y mi cuerpo falló. Solo necesito saber aquello que me causa tanto interés y descontrol
y me iré.

—Eso da mucho qué decir.

—La odio, realmente lo hago, jode absolutamente todo, es una maldita malcriada testaruda y
una manipuladora.

Ella puede ser una Diosa, una diosa manipuladora, pero como bien dijo yo soy un demonio y
mi mejor habilidad es la de fingir eso seguiré haciendo.

Naim me va a contestar cuando Connor entra de nuevo apoyándose en la pared con ayuda de
las muletas.

—Llegué hijos de putas, ya sé que me extrañaron no se alteren.

Ruedo los ojos volviendo mi atención a Naim que tiene una cara de aburrimiento total ahora
que llegó su primo.

—Siguiendo con el tema no sé qué decirte, en realidad no lo sé.

Vaya ayuda.

— ¿Qué no sabes?—pregunta Connor.


—Cómo se siente sentir—respondo.

—Ah, eso lo sabes cuándo te corres—sonríe.

Cuento del uno al diez lentamente para no estrangularlo por ser tan idiota.

— ¿Estamos seguros que no lo dejaron caer de pequeño?

—Seguro, su defecto viene de fábrica—Naim hace una mueca mirando con decepción a su
primo.

— ¡Oigan!—Connor nos apunta con su muleta—. Hijos de puta, sigo aquí.

—Ojalá no lo estuvieras—Naim se lanza sobre el sofá.

—Me volvería católico sólo para rezar para que desaparezca—me siento al lado de Naim
apoyando mis pies sobre el sillón contiguo.

—Aprendo a leer el rosario.

—Quizás la biblia también.

— ¿Contratar un sacerdote, tal vez?

—Jódanse, los dos—Connor cojea hasta el sofá de enfrente y se deja caer con una mueca de
dolor.

—Ajá, hablábamos de sentir como amor, Connor, no sentir de placer—le explico aunque no
sea de utilidad.

— ¿Y yo qué voy a saber de eso? Las mujeres son complicadas—bufa.

—Atentamente, el prostituto más grande de la isla—lo miro esperando recalcar lo idiota que
es.

—Da igual, ¿tú para qué quieres saber eso?

—Mera curiosidad—le resto importancia.

Naim deja los vinilos sobre la mesa y apoya su codo en el respaldo del sofá apoyando su
mandíbula en su puño cerrado.

—Esta conversación es absurda, es cómo preguntarle a dos ciegos que te guíen por un
camino. Ninguno de nosotros sabe sentir ni siquiera podemos hacerlo—Naim abre una
botella de agua apoyada sobre la mesa pequeña a su lado y toma un sorbo.

—Lo sé, solo creo que tuve una confusión—sacudo la cabeza alejando los pensamientos que
me invaden.
No puedo sentir, ni ahora, ni nunca y menos por ella, jamás pasará. Ella tampoco logrará
hacerme sentir porque no puedo y no me voy a meter mierdas a la cabeza.

—En fin, tengo chisme, escuchen con atención, perras—Connor se aclara la garganta y toma
la botella de Naim simulando ser un micrófono—. Adivinen quién peleará el domingo y
contra quién.

—Pistas—le pido.

—Dos Müller.

Me tenso por un momento y un extraño escalofrío me recorre al creer que puede ser Lilith
pero ella jamás pelearía con uno de sus hermanos.

—Habla.

—Uriel Müller y Abalám Müller, demonio de la oscuridad y demonio de la manipulación,


¿apuestas?—Connor habla con voz de locutor.

Joder.

—Ganará Abalám, es el campeón actual junto con nosotros, tiene una manipulación excesiva
sobre el control de la mente y el cuerpo humano, puede hacer que Uriel se doblegue en
segundos—juego con unos pequeños hilos sobresalientes en el respaldo del sillón.

—Uriel tiene mayor agilidad, concentración y fuerza, le da ventaja—es lo único que aporta
Naim.

—Mmm, Uriel no puede estar mucho tiempo bajo la luz eso le da desventaja, por otro lado es
fuerte, ágil y astuto, puede usar un secreto en contra de Abalám. Pero Abalám es campeón
actual y también puede jugar en contra de Uriel—Connor sostiene su mandíbula mientras
piensa.

Espera, ¿Connor está pensando? Memorable para la historia.

— ¿En serio acabas de decir todo eso? ¿Desde cuándo tú piensas? Creo que uno de los
vidrios llegó a tu cerebro.

—Ja, ja, que chistoso, Aiden. Yo pienso y de hecho sé más cosas de las que ustedes creen,
que me haga el tonto es otra cosa.

—No sabía que podías hacerte el tonto desde que naciste.

—Imbécil, soy el mejor líder que ha habido en la historia junto con Atlas, y estoy superando
a Mason y a Hades como médico y bioquímico.

Asiento en acuerdo, tiene razón después de todo, pero como mencioné anteriormente Connor
se hace el imbécil la mayor parte del tiempo para que todos lo odien.

— ¿De qué hablan?—Atlas entra a la sala.


—De la pelea de Uriel y Abalám.

— ¿Ambos pelearán? No lo ví venir—Atlas ajusta los gemelos de oro en su traje antes de


apoyarse contra el umbral con las manos en los bolsillos de su pantalón.

—Aiden le va a Abalám, Naim a Uriel y yo aún no sé.

—No podría dar un porcentaje certero, todo depende de lo que ellos charlen dentro del ring,
ambos tienen buena contextura física y una excelente astucia, sin embargo en factor de
debilidades podría ir perdiendo Uriel, como digo nada es seguro, pues él podría decirle algo a
Abalám que lo mantenga a raya.

—A veces odio cuando habla como una perra intelectual—Connor le lanza un cojín que Atlas
esquiva.

—La palabra que buscas se llama envidia, pequeño Connor—me burló mirando la hora en el
reloj de mi muñeca.

Aún quedan un par de horas antes de que Atlas vaya a encontrarse con su madre en el parque.
Iré esta vez, quizás hablar con Aleska me haga bien.

Iríamos como personas normales al castillo de sus padres pero ninguno quiere a Atlas allí,
desde la pelea con Lilith su entrada quedó prohibida.

Atlas es realmente complicado, a diferencia de mí él no hace ni un esfuerzo por encajar, de


hecho dice libremente que toda la población existente le cae mal, los únicos que nos salvamos
somos nosotros y su madre, aunque a veces también le cae mal Connor.

—Ya quisiera él que le tenga envidia.

—En realidad no.

—Cállate, cerebrito. Voy a empezar a recolectar las apuestas, claro que antes debo llamar a la
Diosa lila o acabaré con una muleta en el culo por no avisarle—Connor resopla sacando su
celular para escribirle a Lilith.

De inmediato mi concentración se vuelve hacia Connor, todos mis sentidos se activan y debo
contenerme de levantarme para ver que carajos le dice.

—Genial, creo que anda de mal humor, literalmente acaba de enviarme a la mierda—arruga
su nariz como cada que algo le disgusta—. Maldita, después me culpa a mí de sus desgracias.

Naim debe notar mis ganas de levantarme a estrellarle la cara contra la pared porque deja de
mirar al techo para mirarme a mí con detenimiento.

— ¿Ahora qué?—Naim le dirige una mirada de soslayo a Connor.

—Le dije que yo haría las apuestas y me dijo "haz lo que se te dé la puta gana, mientras no te
metas de más en mis asuntos" ¡Sus asuntos son mis asuntos! ¡Es mí mafia!
—Pero es su guarida—le recuerda Atlas.

—Da igual, al parecer tampoco podía hacer las apuestas porque va a cuidar a la sirena loca y
a su hermano.

— ¿Por qué Lilith va a cuidar a Aitana? ¿No se supone que ella debe estar alejada del resto y
medicada?—le pregunto directamente a Atlas.

—Se supone, es peligroso exponerla cuando su salud mental es escasa, y que yo sepa Azazel
tiene un concurso de arte con el director de la academia de Bellas Artes de Londres.

— ¿Por qué Azazel y no Aitana?

Connor, Atlas y yo miramos con rareza a Naim.

—Azazel es una potencia artística, quizás sea mucho mejor que Ashton cuando crezca,
Aitana también lo es pero a su modo retorcido, ella clasifica para esculturas y Azazel para
pintura. Usualmente Bellas Artes en la actualidad busca a pintores más que a escultores—
señala Atlas y Naim chasquea la lengua en desacuerdo.

—Las pinturas de Azazel son buenas pero no representan la emoción y adrenalina que
muestran las de Aitana. A su forma retorcida ella crea obras de arte, Azazel solo hace
pinturas aburridas. Él es aburrido incluso para mí.

Bueno, vaya, aburrido. Para ser aburrido dió la mayor cantidad de palabras que lo oí
decir...bueno nunca.

—Guau, no sabía que te gustaba el arte, primo—Connor lo mira con auténtica curiosidad.

—No me gusta.

Comparto una mirada con Atlas pero se encoge de hombros igual de confundido que yo.

—Es imposible no saber de los mellizos Lynch, el apodo de Aitana resuena en cada rincón y
Azazel es un inútil a comparación de ella.

Pienso hablar al respecto pero el sonido del celular de Atlas empieza a sonar. Probablemente
sea Aleska.

— ¿Te gusta o algo así?—le pregunta Connor.

—No me interesa pero sí podría follar con ambos, son sexys. En realidad todos ellos lo son.
Pero el rojo les luce.

—Alto, alto, ¿todos? Te recuerdo que estás metiendo a Lilith allí, la odio pero, vamos, es mi
hermana, que asco—Connor arruga la frente con una mueca de asco.

—Ella es linda.
Entrecierro los ojos hacia Naim, él me ignora claramente. Pienso ahogarlo accidentalmente
con un cojín cuando Atlas me hace una seña para irnos.
Supongo que el tema de los mellizos Lynch quedará para otro momento.

Antes de irme piso a propósito los vinilos de Naim escuchando como estos truenan bajo mi
pie al romperse. No lo miro, pero él debe captar la advertencia.

— ¿Qué mierda?—masculla quitándose los audífonos y revisando sus vinilos.

—Oh, oh—Connor se ríe como un auténtico psicópata encantado por el espectáculo.

Le hago una seña de despedida a Connor y sigo a Atlas hasta su auto clásico, es un Chevrolet
Corvette modificado con seguridad último modelo.

Al ser el líder actual de la Bratva necesita una extensa protección, por eso necesita los
guardias que nos siguen silenciosamente en camionetas negras blindadas. Sí, estamos en una
isla segura pero nunca se sabe que pueda pasar.

— ¿Empezarás a hablar?—dice Atlas mientras pone en marcha el auto.

—No tenía pensado hacerlo.

—De todos modos lo sabré así me lo digas ahora o después.

Suspiro preparándome para hablar.

—No sé qué está pasando con ella Atlas, solo sé que no va a durar mucho.

—Lo sé—sus cejas se arrugan—. No puedes sentir, lo que crees que está pasando es pasajero.

—Ya sé, te prometí que no me metería con ella y no lo haré. Además es de The Golden
Royalty—bromeo.

La sombra de una sonrisa aparece en el rostro de Atlas, él no sonríe de dientes.

—Siempre Hellfire's—termina la broma.

—No quiero ver cuando Amira entre en un año, será un desastre verlas juntas.

Los labios de Atlas se crispan en una mueca.

—Desastre se queda corto, será una pesadilla total.

— ¿Y ese extraño interés de Naim en los mellizos?

—Raro, nunca lo oí hablar tan seguidamente sobre un tema en específico.

— ¿Aitana?
—Azazel—alzo una ceja ante su conclusión—. Hay algo extraño con él para que Naim sepa
tanto y a la vez diga que no le importa.

Bueno, tal vez pueda usar al pelirrojo en contra de Naim si sigue metiéndose en esto también.
Linda, claro que sé que es linda, es hermosa joder, pero él no debería decirlo. Eso o también
podría partirle la cara hasta que quede con un nuevo rostro.

Dejo de pensar en formas de tortura para el imbécil árabe cuando llegamos al parque y veo la
silueta de Aleska. Está sentada en un columpio con su cabello blanco ondeando con el viento
y juega con su anillo de compromiso. A su lado está Julio, el guardaespaldas principal de la
familia y su gran amigo.

Bajo antes que Atlas y llegamos a su lado, ella voltea y apenas nos ve una gran sonrisa cubre
sus labios. La luz del atardecer ilumina sus delicadas facciones radiantes. A pesar de su edad
ha sabido cómo conservarse todos estos años parece ese tipo de modelos de Victoria's Secret.

De inmediato una sonrisa falsa curva mis labios mientras me agacho a abrazarla.

—Mis chicos, los extrañé tanto—besa mi mejilla con afecto para luego hacer lo mismo con
Atlas.

Él acaricia la espalda de su madre antes de que ambos nos quedemos frente a ella.

— ¿Cómo les ha ido en la universidad? ¿Han tenido problemas? ¿Necesitan ayuda? ¿Están
cómodos viviendo solos? Siempre está mi casa a la orden. ¿Alguna chica por ahí?...O chico,
también es válido—nos abarrota de preguntas sin cesar.

En eso Lilith se parece a ella, ambas parecen nunca callarse.

—Estamos bien, mamá. Dentro de poco cumpliremos veintitrés, podemos vivir solos.

—Lo sé, solo los extraño.

—Tienes otros quince hijos—le recuerdo.

—Ya, pero todos son unos mocosos malcriados por ahora, excepto Azazel, siento que maduró
demasiado rápido—hace un mohín.

—Hablando de él, ¿por qué Lilith lo cuidará?—le pregunto sin aguantar la curiosidad.

—Ella se ofreció a llevarlos a las competencias, supongo que quiere pasar tiempo de
hermanos o algo así—entrecierra sus ojos en mi dirección.

Mala idea abrir la boca.

—De hecho es algo que ustedes par de miserables deberían hacer, tengo sin verlos dos
semanas—refuta con sus manos en la cadera.

—Estudios mamá.
— ¿Pelear ilegalmente se llama estudio? Mira tú, en mis tiempos no era así—nos reprende
con una mirada.

—Juro que no es lo que crees—sonrío radiantemente.

Para mí conveniencia Atlas recibe una llamada de su guardaespaldas y debe disculparse para
ir a ver qué ocurrió dejándonos solos a nosotros.

—Empieza a hablar niño zanahoria.

—Creí que ese era el apodo de Aleixander—me cruzo de brazos sin borrar la sonrisa para
lucir lo más angelical posible.

—Aiden—advierte.

—Oye, no es mi culpa que Lilith no te quiera decir, ha estado algo presionada.

— ¿Ella sola o tú la presionas? No sé por qué tengo el presentimiento de que algo pasó y yo
aún no me entero.

—Presentimientos, nada veredicto.

— ¿Si? Veremos si Uriel cree lo mismo.

Mis ojos se vuelven rendijas, la veo muy capaz de extorsionar a su hijo solo por saber la
información.

—Pasó un acontecimiento que desbordó todo lo que había tratado de construir para alejarla.
Odio que sea tan persistente cómo tú.

—Oh—me mira detenidamente y por primera vez en mi vida siento la necesidad de apartar
mi mirada por temor a lo que ella específicamente pueda ver—. Oh, ya veo, estás en ese
momento en que la odias pero te gusta ¿no?

— ¿Por qué lo dices cómo si ya te hubiera pasado?

Se encoge de hombros.

—Experiencias de vida, solo déjalo fluir.

—Me alejaré de ella, Aleska. Tú y yo sabemos muy en el fondo que no puedo sentir y me
jodería mucho que tú vengas a matarme por hacerla sufrir más de lo que ya lo he hecho. No le
voy a dar alas para luego cortárselas, después de que termine de averiguar algo me iré.

Su expresión decae pero no dice nada al respecto, sabe que tengo razón y que es mi decisión
por eso no se mete.

—Bien, solo no la lastimes más Aiden, déjale en claro que no quieres nada desde ahora, no
quiero que la cagues. Todos los hombres que nos rodean a las Müller tienen una capacidad
innata de cagarlo todo—suspira con resignación mientras palmea mi hombro con afecto.
—Aleska, Death viene en camino, ¿quieres irte o dejo que llegue?—Julio interrumpe nuestra
charla.

—Deja que venga, si empieza con sus estupideces le daré una patada en las bolas, o le pediré
el divorcio—sonríe como si estuviera recordando algo.

Death, el padre de Atenea, alias la venganza de Connor, es algo así como el padre de Atlas, el
que él realmente considera su padre. Él único que no le dió la espalda por Lilith.

—Tengo que irme en media hora, problemas en los almacenes de Rusia—nos informa Atlas
guardando su celular en el bolsillo de su pantalón negro.

Aleska nos cuenta sobre cómo todo va bien en casa, de sus nuevos logros, de cada uno de sus
hijos, de sus clases de baile incluso habla mucho sobre Lilith a lo que presto toda mi
atención.

Aunque no habla con ella está enterada de lo bien que va en sus estudios y en cada cosa que
hará esta semana, desde ir con Azazel a la competencia hasta sus exámenes del viernes.

El ambiente es tranquilo y relajado hasta que llega Death y se vuelve en dicho modo algo
incómodo cuando ambos expresan su amor que claramente no puedo comprender. Parecen,
con todo respeto a Aleska, unos completos tontos.

—Hola niño zanahoria y hola a tí cerebrito, me encantan sus caras de amor si pudiera las
retrataría —usa su típico sarcasmo.

—No eres artista, eres más bien un descerebrado sin educación y sin hábitos—Atlas lo insulta
con cortesía.

Sorprendente.

—Se dice imbécil, Atlas, ya hemos tenido esta conversación.

—Y de hecho me bañaste en lodo, eso puede ser realmente peligroso dependiendo de la


calificación.

— ¿Vas a llorar o qué?

—Death—Aleska pellizca su brazo sacándole una mueca.

—Cierto, olvidó que no pueden llorar, son un par de maricas idiotas los dos.

— ¡Death Klein!

— ¡Pero si tengo razón!

—De hecho el no poder sentir no nos define con dicha palabra es una condición, claro que no
te culpo por no poder entender tus neuronas están perdiéndose con el tiempo—Atlas se cruza
de brazos.
— ¿Sabes que escuché yo? Que eres un jodido mocoso que me cuesta aceptar la verdad más
allá de la ciencia.

—La ciencia es la verdad.

—Bah, patrañas, la única verdad es lo que ves con tus ojos.

—Tiene razón—su esposa lo apoya.

—No la tiene, ni él ni tú, simplemente no pueden entenderlo por su extraña dependencia lo


cual también es una condición.

Cierro los ojos un breve segundo antes de ponerme rígido y darle una mirada severa a Atlas.

El maldito tiene un puto defecto de no saber cuándo cerrar la boca. Hiere a las personas y eso
hace que todos se alejen de él, a mí me sabe a mierda pero a veces lastima a personas que lo
quieren como Aleska o Death a su manera, eso está mal.

—Cuida lo que dices—le advierte Death con su tono serio dejando a un lado la diversión.

La expresión de Aleska flaquea un poco dejando caer su máscara de felicidad y sacando


aquella llena de tormento que tuve que ver la mayor parte de mi vida debido a que pasaba
todo el tiempo con Atlas.

—Está bien, no importa, Meine Liebe—ella besa su mandíbula—. Tenemos que irnos, pero
recuerden visitarnos más a menudo ¿vale?—nos da un breve y corto abrazo—. Cuídense, si
tienen dudas o necesitan aclarar algo siempre estoy aquí—me mira—. Los amo.

—Cuídate, mamá, sabes que me importas demasiado—Atlas se disculpa a su modo y Aleska


sonríe asintiendo.

—Prometo visitarte más a menudo, Aleska—me despido.

Death nos da una despedida con la mano y toma a Aleska de la cintura mientras dan vuelta
hablando de algo con Julio.

—Te pasaste de idiota—mi sonrisa falsa cae dejando mi expresión seria habitual.

—Se me pasó.

—Que no vuelva a suceder entonces, es tu mamá no el resto de la población que te cae mal.

Asiente en acuerdo y ambos vamos en silencio hasta el auto. El viaje a casa es tranquilo, no
iremos a la cabaña, yo necesito ir a mi casa propia y Atlas irá a su pent-house a resolver un
tema de Bratva.

—Probablemente te necesite para algún trabajo más tarde, no pierdas de vista tu celular—me
dice apenas bajo del auto.
—Bien.

Entro a mi casa y él acelera dejándome en la oscuridad de las paredes negras. Mi casa es


relativamente sencilla, colores opacos, nada de cuadros ni cosas raras, un sótano con
armamento y una habitación de pánico. Del resto todo es moderno y lo que puedes encontrar
en cualquier casa normal.

Subo a mi habitación poniendo a cargar mi celular y con el sonido al máximo por si Atlas
llama, con un trabajo se refiere a probablemente matar o torturar a alguien. Lo usual.

Después de cenar vuelvo a mi celular aún conectado mientras reviso mis mensajes más
importantes. Con importantes me refiero a papá y a algunos de los chicos ignoro
deliberadamente los de todas esas chicas que no tengo idea de cómo consiguieron mi número.

Mis dedos se detienen en la fotografía que Lilith tomó ayer por petición mía. Su sonrisa luce
radiante, sus ojos brillantes, ella en sí luce relajada. Trazo el contorno de sus facciones con
mi pulgar, sus labios rosados, sus mejillas sonrojadas, sus ojos coloridos, su cuello, su
cintura, sus muslos.

Me detengo hasta que llego a mi rostro, me quedo paralizado, porque esa sonrisa no se parece
en nada a la que tenía cuando saludé a Aleska. Nunca había visto una así en mi rostro y es
jodidamente extraño.

Casi puedo oír su molesta voz suave burlándose de mí con sus estúpidas lavandas y su color
lila.

Esto debe parar, ella está infectándome y yo debo alejarla. Intento convencerme de eso pero
incluso yo sé que algo anda mal.

Razón #48 para odiarla, sabe cómo hacerme sonreír genuinamente.

Mi celular repica con un mensaje de Atlas y me alisto para salir a matar a unas ratas, quizás
así pueda olvidarla por un rato.

El viaje hasta el almacén a los bordes de la isla es bastante largo, aproximadamente unas tres
horas. Cuando llegó no me molesto en saludar a los guardias sino que entro de una vez
impaciente por borrar las estúpidas imágenes de Lilith de mi cabeza «Estoy enloqueciendo,
maldición».

Los gritos de dolor masculinos resuenan en las paredes de metal del almacén, está algo sucio
y descuidado pero después de todo solo sirve para exterminar ratas.

—Información—le pido a Atlas sin detenerme en mirar el aspecto del tipo atado a la silla de
metal que se adhiere al suelo.

—Cuarenta y cinco años, armero de la Cosa Nostra, lo consiguieron robando a la Bratva más
de cuarenta millones de dólares. En su historia tiene maltrato físico a su ex esposa de la cual
recibió una denuncia y casualmente una semana después de que salió de la cárcel su ex
esposa murió. Ambos sabemos que no creo en las consecuencias—me entrega unos papeles y
ve la hora en su reloj de muñeca—. Quiero mis millones de vuelta, avísame cuando acabes, si
se te es más fácil puedes dormir en mi casa por hoy.

—Vale, depende de la hora a la que termine te diré—espero hasta que el sonido de la puerta
cerrándose llena el ambiente y dirijo mi atención al tipo.

Sus lloriqueos de pánico empiezan a molestarme, odio cuando lloran, maldición morirás de
todos modos ¿de qué carajos te sirve llorar?

—Vamos, Wolf, juro que yo no la maté, lo juro—lloriquea tratando de zafarse del agarre de
cuerda en sus muñecas.

—Ahórratelo, no estoy de humor hoy.

Antonio De Oliveira, su nombre está en negritas en el documento entre mis manos. Nada
relevante en su historial más que robo, maltrato y la posible muerte de su esposa. En
conclusión una rata más que debe caer.

El tipo es blanco, calvo y de ojos azules, quizás de metro ochenta y de buena contextura,
daría buena batalla si estuviera de humor pero justo ahora quiero ir directo a la acción.

Mis demonios exigen salir, llevo una puta semana fingiendo ser un imbécil encantador y
manteniendo mis impulsos a raya con Lilith. Y digo a raya porque perdí la cuenta de cuántas
veces deseé follarla y tuve que pensar en la estúpida historia inglesa.

Tomo un cuchillo, el más grande pero el que tiene menos filo, dolerá más. No tengo
paciencia la mayoría del tiempo para esperar a que mueran pero hoy para mala suerte de
Antonio solo deseo apagar el fuego creciente en mi interior

—Si sigues llorando será peor para tí, te recomiendo cerrar la boca y dejar de cagarte en los
pantalones—lanzo los documentos sobre la mesa y giro el cuchillo entre mis dedos
acercándome al tipo.

Me pongo de cuclillas analizando su expresión, mi mirada está fija en la de él. Sus ojos se
alejan de los míos con nerviosismo, error.

— ¿Dónde está lo que robaste?

—Yo no lo sé—sus ojos se alzan mirando al techo—. En serio no lo sé.

—Mientes, otro intento, ¿dónde están los millones?

— ¡No estoy mintiendo, mierda!—grita desesperado.

—Tus dedos se están entrelazando entre sí, tus ojos miraron hacia arriba buscando ideas
inventadas no recuerdos, tu voz titubeó y lamiste tu mejilla interna porque estás cagado en
darme una respuesta. Yo creo que sí mientes.

Me levanto suspirando, odio cuando se hacen los difíciles.


—Segundos, De Oliveira, segundos para que abras la boca o este cuchillo atravesará por
completo tu ojo y será doloroso—le advierto—. Quizás lo saque, o lo meta hasta tu garganta,
tú decides, cortesía de la casa.

— ¡Los gasté! Los gasté con los jodidos Z, me amenazaron, el jodido líder me dijo que si no
lo hacía me matarían.

Mi ceño se frunce. ¿Qué carajos hace el maldito asiático metiendo sus narices aquí? Oh sí, ya
recuerdo, le gané en la pelea y probablemente su ego de macho alfa esté destruido.

Eso y Atlas, cuando digo que él es realmente directo es por algo. Le dijo un montón de
mierdas a Lee hace unos meses y se lo tomó personal.

—Continúa.

—No sé más joder, sólo sé que Park me pidió el dinero de la Bratva y yo lo conseguí.

— ¿Por qué? ¿Qué ocultas que Park sabe?

Su cuerpo se queda inmóvil unos micro segundos, una persona normal no lo notaría, yo sí.

—Nada, no oculto nada.

—Recalcaste dos veces la palabra sin mirarme a los ojos, ya me cansé de repetirte las
preguntas—meto el cuchillo en el bolsillo de mi pantalón.

Sin darle tiempo a pensar levanto mi puño y lo clavo con fuerza en su rostro, lo hago una y
otra vez hasta que dejó de sentir mis nudillos. Me separo cuando sus gritos han aminorado.

—No te vayas a morir aún, joder—lo tomo del cuello de su camisa marrón zarandeándolo
para que despierte—. Contesta la pregunta, idiota.

—Yo...—su voz es pausada, entendible por su rostro desfigurado—mi ex esposa.

— ¿La mataste?

No contesta y me exaspero.

—Admítelo maldición, ya lo hiciste ahora ten los putos cojones de decirlo.

Muevo la hoja del cuchillo cerca de su ojo haciendo que por instinto los cierre con fuerza
para evitar lo inevitable. Literalmente podría simplemente clavar la hojilla con su párpado
cerrado. Estúpido.

—Por favor, Wolf—suplica por una vida que al llegar a mis manos ya perdió—. Prometo
conseguirles los millones.

— ¿Y qué Park venga en nuestra contra? No gracias.


El sudor le escurre por la frente cayendo a su cuello donde se mezcla con la sangre de su
rostro dándole un aspecto siniestro. Suspiro empezando a creer que esta será una larga
sesión.

Engancho mis dedos a los suyos poniéndome de cuclillas nuevamente y escojo su dedo índice
poniéndolo adecuadamente antes de sacar el cuchillo y levantarlo para dejarlo caer sobre su
dedo. Este se abre un poco y debo aplicar un poco de fuerza para que ceda y pueda
desprender el hueso, en realidad me toma más tiempo del debido pero sus gritos contrarrestan
el tiempo perdido.

Lanzo el trozo por algún lado del suelo y me dirijo ahora a arrancar unas cuantas uñas de sus
dedos, encajo la punta de la hojilla debajo de su última uña y hago palanca hacia arriba
mientras la voy desprendiendo haciendo algo complicado el trabajo por la cantidad de sangre
que escurre de mis dedos.

—Te cortaré la lengua si sigues gritando, joder—ladro poniendo la punta del cuchillo
sangrante en su garganta como advertencia.

Echa su cabeza hacia atrás tratando de alejarse del cuchillo lo máximo que puede.

—Le hiciste perder millones de dólares a la Bratva, millones que no serán recuperados.
¿Sabes en el lío en el que estás, pedazo de inútil? Agradece que vas a morir rápido porque
tengo cosas que hacer.

Tomo el cuchillo con filo listo para acabar con esta estupidez.

—Cuento hasta tres para que admitas lo que hiciste.

—Por favor—suplica.

—Uno.

—Lo lamento—lloriquea.

—Dos—rechino entre dientes con impaciencia.

— ¡Lo hice! ¡Se lo merecía, joder!

— ¿Ves? Nada costaba admitirlo—le doy una falsa sonrisa que para él debe lucir sincera.

Trueno mi cuello descargando la tensión, sus ojos se abren con miedo mirándome cómo si
fuera la personificación de Lucifer. La esperanza de que lo deje vivir aún sigue en ellos lo
cual es sinceramente ridículo.

—Prometo que si me dejas ir me iré de la isla.

Inútil. El mundo está controlado por esta isla, todas y cada una de las personas que
conforman este pedazo de territorio son influencia para la sociedad. La élite.
Me acerco lentamente hasta él sin borrar la sonrisa perfeccionada y lo tomo de las mejillas
sudorosas y sangrientas, antes de que vuelva a hablar meto el cuchillo en sus labios abiertos y
lo clavo hasta su garganta haciendo que rasgue sus paredes y que se ahogue con el material.

El gorgoteo dura segundos antes de que sus ojos queden vacíos y los sonidos detestables y
lamentables dejen de sonar.

—Un maltratador menos en el mundo—digo en voz alta para mí mismo.

Saco el cuchillo de su garganta con una mueca de asco al ver sus fluidos internos acumulados
en la hojilla. Que puto asco.

Ni siquiera me preocupo en limpiarlo solo lanzo el arma a la basura dándola por perdida.

Dejo el cuerpo en la silla ya que de eso no me encargo yo, hay personas especializadas para
eso, mi trabajo es conseguir la información y matar a los topos, hay otra persona que se
encarga de deshacer los cuerpos.

El chico se pasea libremente por los pasillos mientras tararea algo, probablemente hablando
solo cómo siempre.

—Ya terminé, te toca deshacerte de él—halo en voz alta para llamar su atención.

El chico voltea, sus ojos amarillos están algo desorientados y su cabello rubio está apuntando
en todas las direcciones.

— ¿Tomaste tu medicamento? Sabes que no puedes venir aquí sin hacerlo, Daren.

—Lo hice, pero las voces no se callan hoy—resopla pasándose las manos por la cara, tiene
más ojeras de lo habitual.

Daren es otro de los hijos de Aleska, hijo de Axel Kane, líder de la mafia española y el jodido
loco psicópata. El chico está enfermo mentalmente y cuando digo enfermo es con gravedad.

Está loco y muchas veces su medicina no le ayuda y deben mantenerlo encerrado como a
Aitana.

—Si no te sientes listo puedo llamar a otra persona.

Sus ojos se elevan rápidamente mirándome con evidente molestia. Otros se pagarían encima
con esa mirada, yo le tengo respeto, no me asusta pero tampoco me meteré con él como un
imbécil suicida.

—Yo lo haré—tensa la mandíbula llegando hasta la puerta y antes de cerrarla puedo


escucharlo quejarse—. Joder, ya cállense maldición, ya voy.

Maldito desquiciado. Niego con la cabeza listo para ir a casa a darme un baño y quitarme
todo tipo de fluidos externos de mi cuerpo pero me detengo cuando mi celular suena en mi
bolsillo y leo el nombre de Jane en la pantalla acompañado de un mensaje.
Jane: Ven a la guarida mañana a las 5pm. Es sobre L, Aiden.

Aiden: Ahí estaré.


Lilith

T e vas todo el fin de semana con Aiden, desapareces el día de ayer para estudiar,
¿y hoy vienes a actuar como si nada? Al diablo contigo, perra—Joshua está
cruzado de brazos mirándome desde el sofá de la sala.

Estoy en el apartamento de los chicos, después de un precioso fin de semana y un confuso día
de ayer en el que estudié con Niko, quién cabe recalcar nunca me hizo ninguna pregunta al
respecto, llegó el momento de afrontar mis responsabilidades.

Tengo 21 y sí, hay veces en las que me gustaría volver a ser una niña sin nada más que hacer
que jugar con barro y ponerle muchos brillos pero no puedo y, lamentablemente tengo
responsabilidades que atender, estudiar es la principal. Estar con mi familia es una obligación
que también he descuidado y que aún no me siento lista para afrontar pero mientras logro
superar eso debo darles una explicación a aquellos que son mi segunda familia, aquellos que
me apoyan cada día.

Ayer rechacé todas las llamadas que me hizo mamá, incluso una de papá Hades lo cual es
realmente extraño porque nunca lo hago, pero hay cosas que merecen callar y lo que estoy
intentando lograr con Aiden es una de ellas.

Sé que si voy a casa van a empezar una infinidad de preguntas a las que no podré responder
porque estropearán todo lo que intenté lograr en estás dos semanas, necesito mi espacio para
poder concentrarme en dos cosas importantes, estudiar y ganar una apuesta a Aiden.

Puede parecer fácil pero realmente no lo es, ganarle a él será una completa pesadilla, él odia
perder y llevarlo a cometer dicha acción puede crear un distanciamiento, tengo que tener
extremo cuidado.

Joshua chasquea sus dedos frente a mí rostro regresándome a la realidad, en algún momento
se ha parado del sillón para llegar frente a mí. Ahora me mira con sus manos en la cadera.
Lleva solo un pantalón de pijama gris y su cabello está desordenado ya que se acaba de
levantar hace menos de media hora.

Marcello sale de su habitación mirándonos con una ceja alzada mientras sostiene un...
¿Cráneo? Sí, sostiene un cráneo y lleva un traje, supongo que dará una charla.
—Diavolessa, ¿reviviste de entre los muertos?

Hago una mueca incómoda mientras cruzo mis brazos. ¿Qué se supone que les diga a
ambos?

Bueno, mejores amigos que conozco desde que uso pañales, comí un helado con el ejecutor
de la Bratva del cuál debería huir en vez de obsesionarme con él, fuí a su casa, dormimos
juntos, descubrí que sabe más cosas de mí de las que yo misma sé y ah sí, me hizo correrme
en su cara en un maravilloso orgasmo.

Definitivamente me callaré hasta que muera.

—Aiden necesitaba mi ayuda, quiere hacerle un regalo a mamá por su cumpleaños en unas
semanas—sonrió con la esperanza de que me crean la terrible mentira que acabo de inventar.

Joshua entrecierra sus ojos y me mira de arriba a abajo.

— ¿Y no podía pedirle ayuda a alguien más para eso?

—Atlas no se habla con nadie de la familia y definitivamente nadie de mis hermanos le dará
consejos a Aiden, así que era la única opción.

— ¿Planean darle un reino o algo así? Digo, cómo se tomaron dos días—me reprocha
Marcello mientras gira el cráneo en sus dedos.

—Ya verán cuando llegue el día.

—Ajá.

— ¿Y Niko?—digo—. No lo he visto hoy.

—Ni lo intentes, perra, no me creo esa estupidez del regalo—Joshua se acerca lentamente—.
Y Niko está estudiando, tiene exámen de economía con el viejo decrépito de Darwin.

Hago una mueca, agradezco no ver clases con ese profesor, al parecer todos los chicos le
tienen un odio inminente, no me sorprende que en algún momento decidan relevarlo de todos
modos ya está demasiado viejo, necesitamos algo de juventud que no hable durante horas de
lo dañino que es un celular.

—Es en serio, Li, ¿qué hicieron el fin de semana?

Juguetes con la pulsera en mi muñeca, es una fina tira de oro blanco con una L en color lila y
algunos pequeños diamantes que forman una corona, me la regaló mamá cuando cumplí 7 y
es especial porque en ese momento ella no estaba bien consigo misma, sin embargo consiguió
el regalo adecuado para no hacerme sentir tan mal por no poder estar para mí ese día.

—Estaba en serio planeando el cumpleaños de mamá, y luego fuimos a dar un paseo al


bosque, ahí nos encontró Niko—mezclo la verdad con una mentira, de algún modo hace que
suene convincente.
Cosas que aprendes cuando vives rodeada de demonios y diosas en guerra. Sí, no se puede
llamar hermanos, en realidad es muy raro que todos nos llevemos bien, parece que vivimos
en una guerra de poder constante en el que logre decir más mentiras, gana.

— ¿En serio?—Joshua me da una mirada no muy convencida.

—En serio—afirmó dándole un toqué de diversión a mi voz.

—Casi me morí cuando Nikolay nos dijo que habías ido con Aiden y luego no atendías las
llamadas—Joshua me envuelve en sus brazos cálidos.

—Sé cuidarme, mamá oso—me burlo devolviéndole el abrazo.

—No confío en ejecutores enfermos que fingen ser algo que no son, grazie—Marcello pasa
su brazo por mis hombros y revuelve mi cabello con su puño.

Idiota.

—Por cierto, Azazel vino el sábado, quería decirte algo de Aitana—continúa Marcello—.
Parecía realmente preocupado, tiene que dar su presentación en Bellas Artes hoy pero algo
sucedió con Aitana que no lo deja concentrarse.

—Lo sé, me dijo que los cuidara hoy, lo cual es raro.

—Seguro tiene que ver con la pelea de Uriel y Abalám, Aitana enloqueció por culpa de
Abalám.

— ¿Qué? Repite—mi garganta se seca—. ¿Pelea de Uriel y Abalám?

—Sí, nadie sabe qué ocurrió, solo nos llegó la invitación, claramente no fuí pero Cole armó
un drama al respecto, ganó Uriel, sorprendentemente. Pero Abalám no se podía quedar
tranquilo porque le dijo algo a Aitana que la hizo enloquecer y casi acaba con la guarida,
Connor está furioso—relata Joshua.

—Mierda, ¿cómo es posible que yo no me haya enterado?

—Estudiar y pasear con Aiden quizás—me recuerda Marcello.

—Azazel sacó a Aitana de la guarida pero no sé, es raro, además Jane está sospechosa.

Mi corazón da un vuelco, Azazel es demasiado sensible respecto a la mafia y las peleas, de


hecho no participa en la mafia, le dejó el deber de ejecutor a Aitana y los gemelos serán los
líderes de la mafia irlandesa cuando crezcan.

Si no hubiera ido con Aiden hubiera logrado detener la pelea, pero me entretuve tanto que
perdí la noción del tiempo.

— ¿A qué te refieres con lo de Jane?—pregunto mientras saco mi celular para enviarle un


mensaje a Azazel.
Lilith: Sé que vienes en un rato pero quisiera saber si estás bien, me enteré lo que pasó,
perdón por no haber estado.

—Nos hemos encontrado demasiadas veces para ser una coincidencia, eso es muy
sospechoso—Joshua se cruza de brazos.

—Ella se puede ir a tomar por culo, es lo último que me falta en esta miserable semana—
bufo, leyendo el mensaje de Azazel.

Azazel: Tú tienes tus propios problemas, Li, tranquila. Ya estamos afuera de todos modos,
Aitana está mal.

Justo en el momento en que terminó de leer el timbre suena y Marcello se dirige a la puerta
dejando de lado el estúpido cráneo. Apenas abre la puerta una larga melena roja como una
sirena entra a la sala. Sus rizos rojos definidos caen en cascadas por su espalda.

Un escalofrío me recorre involuntariamente cuando la mirada vacía y la sonrisa


escalofriantemente aterradora de Aitana choca con la mía. Está vestida con una camisa de
botones negra, una falda larga del mismo color y unas botas con pinchos, ella tiene una
extraña tendencia de vestir que solo le luce bien a ella, si yo uso eso probablemente parezca
una vagabunda que acaba de salir de un bote de basura.

—Hola, hermana—su melodiosa y suave voz engatusa mis oídos.

—Aitana—saludo a secas.

No me interesa crear lazos afectuosos con ella, especialmente porque es una psicópata sin
sentimientos que solo busca las cosas para su beneficio propio. Si le doy mi mano
probablemente termine con un cuchillo en la espalda antes de poder voltearme.

— ¿Por qué tan seca? Creí que ya habías superado tu trauma—hace un falso mohín y sus ojos
verdes de sirena me miran con fingida inocencia.

Es buena, casi podría creerlo. Lo haría si no la conociera, sus ojos verdes con un gran
delineado negro y sombras debajo solo demuestran lo vacía que está su alma.

—Lo superé, Aitana, supéralo tú ahora.

Su sonrisa se expande y cuando pretende hablar la mano de Azazel cae en su hombro con
algo de fuerza.

A diferencia de su melliza Azazel luce serio, apagado, algo deprimido, tiene sacos y unas
grandes ojeras. Su cabello rojo está semi-arreglado y lleva un traje negro por su presentación.

—Hola a todos—da una corta sonrisa.

No despego mi mirada de Aitana pero pronto ella parece olvidarse de lo que la rodea porque
empieza a murmurar cosas para ella misma. Azazel la mira por un segundo y ella le dice algo
que no puedo oír, señala a su lado vacío y luego ríe, sin embargo la mirada de Azazel no es
divertida, es preocupada.
Ella empieza a caminar en pequeños brinquitos moviendo su cabello rulo de un lado a otro
hasta que desaparece en el estudio de arte de Joshua que la sigue apresurado.

— ¿Muy mal?—envuelvo a Azazel en mis brazos.

—Terrible, ha empeorado y se niega a tomar las pastillas. Abalám le dijo algo sobre su salud
mental y la hizo estallar, ahora está en un bloque repetitivo con las voces.

—Mataré a Abalám un día de estos si sigue metiendo su culo donde no debe—gruño,


molesta.

—No hay que llegar a extremos, solo creo que deberías decirle que no está bien.

Le doy una pequeña sonrisa mientras asiento. No lo haré, especialmente porque Abalám no
va a alejarse con una charla amistosa. Sin embargo Azazel no debe saberlo, ya suficiente
estrés carga encima.

—Muy bien ragazzo, quiero ver esas pinturas de las que tanto hablan—Marcello revuelve su
cabello sacándole una sonrisa a Azazel.

Él asiente y mira hacia la puerta frunciendo el ceño.

—Amira venía con nosotros.

— ¿Los seguía en el camino?

Asiente a mi pregunta y yo camino a asomarme por la puerta para encontrarla tomándose


fotos en las escaleras.

Me aclaro la garganta captando su atención y toma su celular mientras corre a abrazarme.

—Te extrañé, no es fácil sobrevivir entre tontos hoy en día—besa mi mejilla.

—Dímelo a mí.

— ¡Oye!—la voz de Niko inunda mis oídos.

Volteo con rapidez y no lo pienso cuando corro a abrazarlo al igual que Amira.

—Ya sé que me aman chicas, pero hay que disimular, luego se ponen celosos—susurra
señalando a Marcello y a Azazel que nos miran entrecerrados los ojos.

—Meh, la realeza siempre estará sobre los plebeyos, oui, oui (sí, sí) —sonríe tomando un
mechón de cabello entre sus dedos y jugueteando con él.

— ¿Debería ofenderme? Porque no lo hago, créanme—Marcello nos mira de arriba a abajo


con desprecio.
—Plebeyos no opinan, Mon Cher (querido mío) —Amira le da la espalda volviendo su
atención a su celular.

Se ve preciosa con su vestido dorado que resalta con su cabello y su abrigo de felpa blanco.
Luce como toda una princesa.

—Oigan, no es por interrumpir, pero tengo una presentación en una hora y estoy nervioso,
necesito practicar—Azazel frota su palma en su pantalón con nerviosismo.

—Cierto, tus pinturas están afuera, pesan demasiado para mis frágiles y delicadas manos, no
sirvo para servirle a otros, yo nací para que me sirvan—Amira sonríe engreída.

— ¿En serio? Jesús, soy el único normal en esa familia—Azazel se pasa las manos por la cara
mientras sale a buscar sus pinturas.

—Normal, dice—Amira suelta el resoplido de una risa burlona—. Pathétique (patético).

Cuando Azazel regresa y voltea sus pinturas definitivamente me vuelvo una conocedora del
arte, todos mis conocimientos al respecto se deben a él y le he cogido cariño a sus pinturas,
tanto que incluso me da un sentimiento de tristeza ver el caos que quiso reflejar en ellas.

Sin embargo yo no soy una crítica del arte y lo que para mí puede parecer una obra de arte
hecha por los dioses para artistas como Joshua quizás no lo sea. Por eso agradezco cuando él
regresa sin Aitana a lo que me supongo que llegó a un acuerdo para que no haga desastres en
su estudio.

—Esa niña es el demonio personificado, propongo que la internen joder—nos mira con una
expresión de pánico que me hace reír.

—Joshua, estamos hablando de los cuadros de Az—los señalo.

De inmediato su mirada divertida se vuelve crítica mientras analiza cada trazo en la pintura.
La primera es un atardecer con unos edificios en negro pero de la nada hay unas sombras
negras que intentan acaparar todo el cielo y pintarlo de negro. En el medio hay una sombra
hecha con rayas que parece estar gritando con desespero por el caos a su alrededor. A pesar
de parecer desastrosa, hay un perfecto equilibrio.

—Joder, es impresionante—se acerca en pasos cortos admirándola—. Parece hecho por las
mismas deidades griegas en épocas de crisis romanas.

Bueno, eso sí lo entendí, más o menos, creo que Az mencionó alguna vez que los griegos y
romanos sufrieron una guerra civil y mientras pasaba dicha época los artistas necesitaban
expresar lo que ocurrió a través del arte, por lo que sus pinturas y esculturas dejaron de ser
extremadamente perfectas en lo subjetivo para buscar darle movimiento y realismo.

—Preferiría algo como que está igual que la salud mental de Van Gogh pero lo tomaré.

Joshua suelta una risa y luego estoy yo con una mueca sin entender un carajo.
— ¿Qué no Van Gogh era un enfermo mental?—se mete Marcello mientras come unas uvas
de un tazón.

—Sí, su salud mental era defectuosa pero eso era lo que lo hacía único, a él y a sus pinturas,
murió creyendo que era un fracaso y mira su éxito, que mis cuadros sean exitosos ahora es
algo deprimente.

—Lo entiendo, chico, pero mira el lado positivo, eres como un Salvador Dalí pero
impresionista, perteneces a la élite—Joshua lo halaga, creo.

Bueno, me perdí.

Miro a Niko en busca de ayuda pero él parece haber dejado de escuchar hace mucho tiempo
ya que está mirando a la nada disociando y Amira solo mira su celular sonriendo de vez en
cuando, probablemente esté viendo concursos de modelaje o algo así.

—Creo que estudiaré mientras ellos hacen...lo que sea que estén haciendo—Marcello los
mira con decepción antes de tomar su cráneo y empezar a murmurar las partes del mismo de
camino a su habitación.

No sé qué es peor si Marcello con la antropología o Joshua y Azazel con el arte.

—No consideraría está pintura como impresionista, esa sí—señala la de un paisaje, algo más
habitual en él.

De hecho ahora que lo pienso, es raro que Azazel tenga una pintura con esas sombras tan
extrañas. Supongo que es su modo de desahogarse.

—Supongo que yo iré a estudiar también—dice Niko levantándose del sofá.

—Por el amor a mí, que aburridos son todos. Lo juro, carajo, moriré de depresión si sigo
pasando tiempo con ustedes, ¿imaginan la catástrofe que se haría si llego a morir?—Amira
jadea con preocupación, como si realmente se fuera a acabar el mundo.

—Si eso pasa probablemente haría una fiesta con toda la isla—dice Joshua rodando los ojos.

Empuja no muy sutilmente a Amira para buscar comida chatarra en la cocina, ella suelta un
grito asqueada y sacude su abrigo como si le hubiera caído la peor peste del mundo.

—Te mataré, plebeyo—lo fulmina.

— ¿Una princesita como tú mataría a alguien? Ah cierto, olvidaba que también serás la dueña
de una mafia—Joshua le da una sonrisa triunfante mientras pone dos pizzas sobre la mesa
central.

Arroja su peso al sofá y cruza sus piernas sobre el respaldo del sofá consiguiente.

La expresión de Amira flaquea pero rápidamente se recompone.


—Me libraré de eso, no llenaré mis bellas uñas de sangre, gracias—se sienta en el sillón
felpudo individual.

—Hablando de eso, mamá ha estado preocupada por tí, Lilith, ¿has hablado con ella?—
pregunta Azazel.

—Ese es mi asunto, Az—sonrió gentilmente para que no suene tan cortante.

—Bien, es solo que Aiden le dijo lo del fin de semana y ahora no para de pensar en cómo
debes estar.

— ¿Qué? ¿Aiden habló con mamá?—siento mi piel enfriarse y ponerse pálida.

—Sí, le contó lo que pasó.

— ¿Todo?—mi voz sale estrangulada.

— ¿Por qué suena tan afectada, Li? ¿Todo bien?

—Hora de comer, tu presentación es en veinte minutos, Azazel, no puedes llegar sin comer—
Nikolay me salva, no me dí cuenta de cuando regresó pero lo agradezco.

— ¿Dijeron comer? Definitivamente sí—Aitana llega a la sala con sus mejillas manchadas de
pintura negra.

Mi cuerpo se tensa mientras me centro en visualizar lo que ella hace, todo se queda en
silencio mientras vemos como toma un trozo de pizza y se sienta en el suelo.

—Bueno, se supone que la rara aquí soy yo y no los veo a ustedes muy normales que
digamos—muerde un trozo de su comida—. Vamos, hablen.

—Desquiciada, tienes el descaro de llamarnos raros, atentamente la que habla sola—Joshua


bufa mirándola mal.

La expresión de Azazel se vuelve sombría y mi cuerpo se tensa de inmediato. Incluso Amira


deja a un lado su celular para mirar mal a Joshua.

Le clavo disimuladamente mi tacón en el pie por la estupidez que acaba de decir.

—Yo no hablo sola, yo hablo con mis amigos, que tú no puedas verlos solo significa que eres
tú el defectuoso por no poder ver más allá de la capa superficial de la vida. Así que vete a la
mierda, degenerado—le saca el dedo medio sonriendo con la lengua.

—Auch—murmura Nikolay con diversión.

Aitana fija su atención en Nikolay y ladea su cabeza alzando una de sus cejas.

—Soy Aitana, todo lo que hayas oído de mí es cierto, no creas ni por un momento que
mienten—extiende su mano enguantada hacia Nikolay.
—Un placer Aitana, soy Nikolay, pero puedes decirme Niko—estrecha su mano con
delicadeza.

— ¿Novikov?

—Él mismo.

—He oído de tí, las voces hablan.

— ¿Las voces?—Niko aún no pierde su sonrisa pero un deje de confusión lo invade.

Intercambio una mirada con Azazel y ambos no alistamos por si algo sale mal en esta
conversación.

—Mmm sí, ellas están en todos lados, solo que gente como tú no las ve, hay muchas detrás
de tí, juegan con tu cabello y susurran muchas cosas—alza la mirada hacia dónde debe ver a
las sombras que apodó voces.

Según el diagnóstico Aitana sufre de esquizofrenia de diferentes tipos, la más alta en su


clasificación es la paranoide con un 90%, esta indica que tiene ideas delirantes acerca del
mundo en general, también se caracteriza por la presencia de una preocupación excesiva por
una o más ideas delirantes de diversa índole o bien alucinaciones auditivas frecuentes. El otro
10% se divide entre esquizofrenia desorganizada y esquizofrenia con predominio de síntomas
positivos.

Eso explica por qué ella denominó a las sombras y sonidos auditivos como "las voces".

— ¿Qué cosa dicen?—pregunta Niko, con curiosidad.

—No sé, no entiendo la mayoría de las veces, solo gritan y gritan tu nombre, me aturden—
sus labios se curvan en una mueca desesperante.

— ¿Si les digo que se callen crees que lo hagan? Quizás solo quieran unirse a la comida—le
ofrece una sonrisa amable.

La mirada atormentada de Aitana se vuelve oscura y por un momento me invade el pánico.

—Inténtalo, a mí nunca me escuchan.

—Bien, señores y señoras voces, si desean unirse a la comida están cordialmente invitados,
sin embargo es necesario que dejen de gritar para que la señorita Aitana disfrute de su plato—
habla hacia un público general que claramente no existe.

Marcello que está llegando mira a su alrededor confundido, Joshua mira a Nikolay como si
estuviera enfermo, Amira lo mira con admiración y finalmente Azazel lo mira con
agradecimiento.

Son contadas las personas que no hacen pasar a Aitana por loca, cosa que sí es pero aunque
no me caiga especialmente bien no quiere decir que la mataré o algo así. Sé que a su forma
retorcidamente extraña le tiene aprecio a Azazel y eso es suficiente para mí.
—Se sentaron—susurra, confundida—. Gracias, Nikolay—sonríe hacia el rubio.

—No hay de qué, Aitana.

Podemos proseguir la comida como personas civilizadas, sólo uno que otro extraño
intercambio en el que Aitana le ofrece trozos de pizza a las voces inexistentes pero luce
realmente tranquila por ahora y Azazel luce feliz por eso.

—Cierra la boca engendro demoníaco—Joshua apunta con un trozo de pizza a Marcello—.


¿Puedes creer que dice que me matarán algún día?—me mira indignado.

—En realidad no es difícil de creer—Amira rueda los ojos mirando sus uñas con fastidio.

—Cállate, mocosas cómo tú no opinan.

—Te recuerdo que con quince años soy la futura reina de Francia, tengo una fortuna
multimillonaria, soy famosa en todo el mundo y la mejor modelo en categoría, ¿tú eres?—le
dirige una mirada desinteresada.

Sonrío cuando Joshua guarda silencio, intentar humillar a Amira es como intentar hacer que
una pared te hable. Imposible.

—El punto es, qué no me matarán, gracias.

—No dejaré que eso pase, idiota—le guiño un ojo.

—El premio a la mayor lamebotas es para tí—Marcello niega con decepción.

—Es mi amigo imbécil, tampoco dejaré que muera, ninguno lo hará, ¿verdad?

Nadie contesta y le lanzo una mala mirada a Nikolay que rueda los ojos.

—No te dejaremos morir, Joshua—masculla a regañadientes.

—No podría dejar morir a mi crítico de arte favorito—Azazel le sonríe.

—Lo que ellos dijeron—Marcello le resta importancia con un gesto de su mano.

—No gracias, yo pagaría porque acaben tu existencia—Amira lo mira de arriba a abajo como
la peste.

—Maldita, agradece que soy tu amigo, me vas a dar una crisis un día de estos. Si yo no
existiera para cuidarte el culo de tú mamá estarías castigada en una torre al estilo Rapunzel.

—Touché—es lo único que dice Amira al respecto.

La atención recae en Aitana que está repiqueteando sus dedos en la mesa con rapidez.

— ¿Y ahora qué?—pregunta elevando su mirada verde con cansancio.


—Hablamos sobre que ninguno dejará morir a Joshua—le explica Nikolay.

—Ah, bueno, a mí me da igual si muere.

Joshua la mira con una sonrisa falsa.

—Tan linda.

—Gracias—le sonríe de vuelta con la misma sonrisa falsa que él y vuelve a su trabajo de
observar la mesa.

Me levanto para ayudar a recoger el desastre que hicimos, debemos llegar rápido a la
presentación de Azazel, lo que menos quiero es que lo tachen como impuntual.

Todos nos alistamos rápidamente, yo me pongo un abrigo lila sobre mi vestido negro y
salimos del apartamento para dirigirnos a la galería de Bellas Artes.

Azazel, Nikolay, Amira y yo vamos en un auto y Joshua, Aitana y Marcello en otro.

Aprovecho que Amira y Nikolay están distraídos hablando mientras él conduce para hablar
con Azazel.

— ¿Estás bien, Az?

Él me da una pequeña sonrisa que podría lucir adorable si sus ojos no estuvieran tan
cansados.

—Lo estoy, solo tengo algo de cansancio, no dormí bien pintando los cuadros.

Miente, lo sé, pero no lo presionaré a que diga que ocurre, a pesar de que me gustaría que me
dijera.

— ¿Qué fué lo que realmente ocurrió ayer?

—Fuí para intentar evitar que ellos pelearan, mamá entró en crisis, no me di cuenta de que
Aitana me seguía y cuando lo hice fue demasiado tarde, Abalám se distrajo, Uriel parecía
estar poseído y luego el primero salió sonriente pero algo andaba mal, intenté hablar con ellos
pero ninguno me escuchó, Aitana intentó salvarme de ser comida de lobos y Abalám insultó
su salud mental. Eso desencadenó otro episodio en Aitana, sabes lo que eso significa—
suspira jugando con sus propios dedos.

Lo sé, cada vez que Aitana sufre un episodio su mente colapsa y va perdiendo
neurotransmisores debilitándose poco a poco. No toma sus medicamentos, se rehúsa a ir a
terapia y sin embargo acepta su destino. No sabemos cuántos episodios nos quedan para
tenerla aquí y a Azazel eso parece matarlo.

—No es tú culpa, solo querías evitar preocupar a mamá y sé lo mucho que odias que
peleemos entre nosotros.
—De todos modos no funciona, todos ustedes son tan...diferentes. Quisiera poder ayudarlos a
todos pero es imposible.

Azazel tiene un complejo de salvador, eso está bien, siempre y cuando no seas de nuestra
familia, él sería feliz si todos nos amaramos, parece que su mundo se cae cada vez que uno de
nosotros falla, su demonio de la perfección sangra y su mundo se vuelve un caos.

El que él no pueda ayudar a su propia hermana y el saber que ella lo odia es algo que le jode
demasiado, le duele.

—No es tu responsabilidad lo que nosotros hagamos, Az.

—Lo sé, pero no me gusta que no se puedan llevar bien, no es tan difícil, Jesús.

Lo es cuando toda tu familia está llena de demonios con ansias de poder y sed de sangre.

—Solo no te agobies.

—No lo haré, estoy bien Li. Tú en cambio no pareces estarlo, ¿todo bien con Aiden?

Me aclaro la garganta y juego con un mechón de cabello blanco.

—Sí, creo que sí.

—Bien, ¿has hablado con Uriel y Abalám?

—Tuve un pequeño intercambio con Uriel y espanté a Abalám de mi universidad esta


mañana.

—Raro—frunce el ceño.

—Dímelo a mí.

Uriel y Abalám tienen sus propias guerras y la opción inteligente es mantenerte lejos pero
como siempre acabo metida en problemas ajenos.

Llegamos antes de lo pensado a la galería y bajamos ayudando a Azazel con sus cuadros,
mientras avanzamos los demás deciden hablar y yo dejo que mi mente viaje por diferentes
cosas incluyendo la actitud extraña de Jane según los chicos.

Aitana está a mi lado y creo que también la hemos perdido por hoy, pues sus ojos están
realmente idos, parece que solo camina por hacerlo y la sonrisa en sus labios es
escalofriantemente programada. Cómo la de una muñeca de esas películas de terror con
trenzas a cada lado de su cara solo que ella tiene su vestuario gótico.

No siempre se viste así de hecho tiene estilos diversos, nunca te esperas que puede usar, ella
dice que debe manifestar todo lo que vea que nadie use. Si ve un suéter verde de lana viejo
chillón en el fondo de una tienda que definitivamente nadie usará, ella lo comprará.
Entramos al elegante lugar y Marcello explica que debe irse en un momento debido a que
debe dar una charla de preparación para su tesis en la universidad. Eso significa que me toca
conducir de regreso o pedir un Uber.

Amira se va de inmediato a tomarle fotos a Azazel que se niega rotundamente pero termina
cediendo después de todo, nadie puede negarle algo a Amira.

Aitana...bueno, no sé dónde carajos se metió. Nikolay está hablando con Marcello y Joshua y
luego estoy yo que sin más nada que hacer empiezo a pasearme entre los pasillos de la galería
yendo directo a la sala de conferencia donde Azazel hará su presentación y luego colgarán
sus cuadros.

Una puta hora, eso es lo que tardan en empezar a sentarse, aquí solo hay gente vestida con
clase con atuendos valorados en millones de dólares, sonrisas blancas y falsas y en busca de
contactos para aumentar su ya hinchado monedero.

No me inmuto en sonreírle a nadie, realmente no me interesa caerle bien a nadie de aquí, y


además mis hermanos y amigos hacen un buen trabajo en dar la cara con sonrisas para la
prensa e imágen.

Presto verdadera atención cuando Azazel sube a la tarima y empieza a hablar por el
micrófono, al inicio se nota su incomodidad pero cuando entra en su ámbito artístico se
vuelve un completo profesional, habla y habla y aunque parezca aburrido jamás me había
enganchado tanto por el arte.

Incluso me aprendo las técnicas que usó, lo que quiso reflejar con sus paletas pero él explica
que el arte es subjetivo, cada quien lo percibe a su forma y eso es lo que está bien.

Al terminar los aplausos resuenan y sin darme cuenta yo misma estoy aplaudiendo orgullosa
por el impecable trabajo de Azazel. Su sonrisa es tan grande que es contagiosa por lo sincera
y genuina que es.

Cuando Azazel baja para poder vender sus pinturas en la gran galería empiezo a huir para no
toparme con el montón de personas al salir. Él charla con personas importantes que pueden
darle un futuro grandioso, y luego viene hacia mí.

Marcello se ha ido en algún momento y solo queda Joshua, Niko y Amira que están tratando
de comprar las pinturas de Azazel antes que los demás y Aitana que en algún momento llegó
a mi lado sin darme cuenta.

— ¿Lo hice bien?

—Lo hiciste increíble, Az—le doy un corto abrazo.

Él parece realmente feliz pero su expresión tiene nervios, y veo el por qué cuando mira a
Aitana. Espera su aprobación.

—Diste una buena charla, pero ya sabes mi opinión sobre tus pinturas—se encoge de
hombros sin importarle en lo más mínimo.
—Pueden mejorar—asiente decaído.

Sus ojos se humedecen un poco y trata de disimularlo volteando hacia la multitud. A Azazel
parece no importarle la cantidad de personas que ven su arte, si Aitana dice no, eso significa
que es un fracaso.

La rabia me invade por su insensibilidad y de inmediato tomo la mano de Azazel.

—Para mí están todas espectaculares, Az, tienen tu toque especial—le guiño un ojo.

—No estamos de acuerdo—Aitana señala el espacio vacío a su lado—. Eso es, de hecho, lo
que le falta, tienes potencial, pero haces basura, no tienen alma y eso hace que nada de esto
valga, Az.

El día que repartieron el tacto Aitana estaba dando vueltas por las filas, joder.

—Lo intenté, no puedo hacerlo mejor que eso—su voz se rompe al final.

—No llores, sabes que a ellos no les gusta que lo hagas—sus cejas se arrugan—. Ahí está el
detalle Azazel, no tienes que hacerlo mejor, tienes que hacerlo cómo tú, no para que a otros
les guste—señala una de las esquinas, un cuadro volteado, uno que Azazel no colgó—. Eso es
arte, ese caos eres tú, no eso—señala los demás, son personas sonriendo, atardeceres, todo lo
normal—. El día que lo sepas tal vez nos podamos entender, hasta entonces deja de buscar mi
aprobación, es patético.

Sin más da vuelta caminando hasta la esquina con el cuadro y lo toma entre sus manos, es el
que ví en el apartamento, el de las sombras.

—Nunca seré lo suficientemente bueno para ella.

—Az, ¿estás viendo a tu alrededor? Miles de personas famosas y reconocidas en el arte


admiran tu trabajo, eres grandioso, joder.

— ¿De qué me vale eso sí mi mitad, con la que compartí toda mi vida no me ve como algo
grandioso? Aitana es una artista, sus obras de arte son espléndidas, reflejan tanto, y yo no
puedo hacer eso.

Quiero decirle que Aitana puede irse al carajo pero me veo interrumpida cuando una
presencia indeseada cruza mi visión periférica. La cabellera rubia y mirada verde
desinteresada con su capucha negra y el cigarrillo entre sus labios demuestra problemas.

—Mierda—mascullo jalando a Azazel para empezar a irnos.

Si Naim está aquí, Connor, Atlas y Aiden también, no me arriesgaré, especialmente porque si
Aitana ve a Atlas probablemente lo degolle, peor, si Atlas ve a Amira sin su guardaespaldas o
sin mamá será una catástrofe.

O aún peor, si Aiden está aquí y me ve definitivamente moriré, no podré dar excusas sobre el
fin de semana si él decide no seguirme la mentira.
— ¿Qué pasa, Li?

No le prestó atención mientras tomo a Amira del codo y la empiezo a arrastrar hacia la salida.

— ¡Ay! ¡Lilith!—Amira se queja.

—Entra al auto, no salgan, buscaré a Joshua para que conduzca—empujó a Amira dentro del
auto.

—Espera, debo buscar a Aitana—Azazel se zafa de mi agarre y empieza a correr de regreso.

Joder. Lo sigo tratando de no caer con los tacones y ubico a Nikolay, a Joshua y a Aitana
entre los demás.

—Joshua, ve al auto con Amira, Atlas está aquí—digo apresurada.

Asiente sin preguntar y sale corriendo al auto.

—Aitana, ve, Azazel te está buscando cuando lo encuentre iremos con ustedes.

Ella asiente con simpleza y camina con calma hacia la salida.

Miro a Niko y él suspira mientras empieza a buscar a Azazel, no es muy difícil encontrarlo
por su cabello rojo. El problema es con quién está.

Tomo la mano de Nikolay para llegar hasta dónde Naim y Azazel discuten.

—Pero es mío—le refuta Azazel con una molestia impropia de él.

—Era, yo pagué por él—bota el humo de su cigarrillo sobre la cara de Azazel.

—Pero no estaba a la venta, te devolveré tu dinero, solo dame el cuadro.

—No.

—Te devolveré el dinero, el cuadro es mío—se exaspera.

Sin respuesta. Azazel sigue discutiendo pero es cómo si lo hiciera con una pared porque
Naim realmente lo ignora.

No me sorprende que lo haga, lo raro sería si le presta atención cosa que no hace. Lo que sí
me preocupa es el escándalo que estamos formando y que Naim esté solo.

Volteo dos segundos, dos, y eso es suficiente para que todo caiga en la mierda, cuando volteo
me quedo estupefacta viendo cómo Naim toma del cuello a Azazel destilando furia.

—Cierra. La. Puta. Boca—masculla Naim entre dientes.

No he procesado lo que acaba de pasar y definitivamente no lo hago cuando Azazel le clava


su pie en la pantorrilla saliendo del agarre de Naim.
—Muérete, idiota. Quédate con el puto cuadro—le grita Azazel chocando su hombro con el
de él furioso.

Mi boca está abierta de par en par sin poder creer lo que ví. ¿Qué acaba de pasar? Le lanzo
una mirada a Nikolay que está igual de petrificado que yo.

Pienso enviar a la mierda a Naim cuando mi celular vibra en mi abrigo y lo saco leyendo el
mensaje entrante.

Aiden: Te queda bien ese vestido. Por cierto, apoyo en que golpees a Naim, se lo merece.

Me tenso evidentemente y de inmediato empiezo a buscar a mí alrededor con el pánico


invadiéndome.

Aiden: ¿Sabes que no te queda bien? Tu acompañante, creí que habíamos dejado las cosas
claras respecto a Nikolay, ¿no queremos que tenga un accidente o sí?

Trago saliva mirando fijamente a Naim que parece haber notado el cambio en mi
comportamiento. Dos mensajes, y estoy por completo desestabilizada.

— ¿Enana? ¿Todo bien?—Nikolay toca mi espalda.

Abro los ojos de par en par alejándome de su toque como si fuera un químico radioactivo.

Aiden: Buena, Diosa. Te ganaste un premio, ¿quieres reclamarlo ahora o después? Quizás
ahora sea más efectivo, te ves algo tensa.

Siento mis mejillas carmesí e instintivamente pego el celular a mi pecho para que nadie lo
lea.

—Debemos irnos—susurro hacia Nikolay.

Pego un brinco cuando el aparato vibra de nuevo en mi mano.

Aiden: Dejarme en visto es de mala educación, más cuando veo que lees los mensajes.

Lilith: Vete al diablo, Aiden.

Antes de empezar a irme tomo a Naim del cuello de su suéter tomándolo desprevenido.

—Toca a Azazel de nuevo y haré que tú esqueleto esté flotando en el lago Dagach—lo suelto
antes que pueda contestarme.

Empujo a todo lo que se me atraviesa hasta que logro salir, pero ni siquiera el aire fresco es
capaz de apaciguar el calor de mí cuerpo y el sudor frío de los nervios.

Aiden: ¿Huir del cazador? Eso no es una estrategia interesante. En todas las historias el
cazador atrapa a la presa.
Lilith: ¿Ahora hablamos de cuentos? Prefiero que tú seas el demonio y yo la Diosa, ¿adivina
quién manda a quién?

Aiden: Tomando en cuenta que huyes de mí como un cachorro asustado yo diría que el
demonio.

Lilith: Y tomando en cuenta que viniste a la presentación de mi hermano y que me escribiste


primero yo diría que la Diosa.

Aiden: Me agrada la idea, las Diosas merecen recompensas y aún tienes un castigo
pendiente.

Lilith: Paso.

Aiden: No creo que tú coño piense lo mismo, no cuando pedía a gritos que metiera mis dedos
dentro de él. Además, aún tengo tu sabor en mi lengua y una preciosa foto que probablemente
use más tarde para venirme en tu bonita cara sonriente.

Subo al auto sin ponerme a pensar en que estamos todos apretados cómo salchichas
enlatadas. Estoy de copiloto y los otros van atrás.

Cierro los ojos respirando lentamente para calmar el aleteo en mi vientre, cosa que no
sucede.

Es increíble cómo en segundos tomó la delantera, no esperé que viniera, me tomó


desprevenida y ahora voy perdiendo, otra vez.

Aiden: Avísame cuando llegues a tu casa, quizás te visite mañana.

Lilith: ¿Disculpa?

Aiden: Disculpada, ahora abrocha tu cinturón.

Frunzo el ceño pero lo hago, no por él sino porque realmente no quiero morir tan
patéticamente.

Lilith: Ojalá mueras, desgraciado imbécil.

Aiden: Adorable.

Lilith: ¿Adorable? ¿Se te cruzaron los cables?

Aiden: La mayoría del tiempo están cruzados.

Lilith: Se nota.

Aiden: Hablo en serio Lilith, háblame cuando llegues, no quiero tener que ir hoy a tu
apartamento.

Lilith: Me mudé por si lo olvidabas.


Aiden: Créeme no lo hago. Nos vemos pronto, Diosa. Recuerda que aún tenemos una apuesta
pendiente.
Lilith

A parco el auto en mi puesto correspondiente y bajo del mismo poniéndole el


seguro. Anoche me quedé a dormir con los chicos, llámenme loca pero no
quería venir a mi apartamento y de casualidad encontrarme a Aiden. Fuí a
clases cómo un día normal, para mañana tengo al menos tres pruebas, aún así
sigo pensando en que quedarme con ellos no fue la mejor opción.

¿Fué una mala idea? Quizás, porque probablemente él se haya enterado de que no estuve en
mi apartamento ya que al parecer descubrió mi nueva ubicación pero al menos no pasé un
mal rato y pude compartir con mis hermanos quienes ya están en casa con mamá, con quién,
por cierto, no he hablado aún.

Subo en el ascensor y casi se me caen las llaves tratando de abrir la puerta, en mi defensa sigo
algo dormida y además tengo ganas de hacer pipí. Sí, me niego por completo a ir al baño en
un apartamento en el que viven tres hombres sin un concepto claro de limpieza.

Cuando después de cuatro intentos la puerta se cierro detrás de mí y de inmediato el ladrido


de Lila me hace sonreír. Me agacho para acariciar su pelaje y la cargo en brazos dejando
tirado mi bolso en la encimera de la cocina.

Lila no para de ladrar y frunzo el ceño, extrañada, ella no ladra demasiado y cuando lo hace
es muy raro. Probablemente se haya acabado su comida.

Paso por el baño para hacer mis necesidades y luego de vaciar mi vejiga y sentir la paz puedo
prestar atención a qué quiere Lila.

Ella corretea dando vueltas como loca y yo la digo hasta llegar a mi habitación, pienso
regañarla por el escándalo hasta que me quedo pasada viendo la cantidad de flores frente a
mí.

— ¿Qué carajos?—me adentro observando las lavandas que adornan todo el suelo y parte de
mi habitación en arreglos con papel negro y lazos lilas.

Parece mi sueño húmedo vuelto realidad, mi cuarto jamás se vió tan Lila en la vida y el olor
es impresionante. Creo que podría dormir felizmente todos los días aquí con el olor relajante.
Voy hasta la cama y me llama la atención un sobre en medio de las flores. Me estiro y lo
tomo sentándome en un espacio libre entre mis sábanas negras.

Lila se sube a mi cama y dejo que olfatee todo mientras yo leo la nota en letra cursiva y
perfectamente cuidada.

Diosa, no me decidía por cuántas flores debía darte por lo que decidí hacer algo mejor. Sé
que te gustan las plantas y que no dejarás morir a esas lavandas que tanto te gustan así que
esto que ves a tu alrededor es solo un adelanto.

Disfruta tu jardín de lavandas en el palacio real, cariño.

Att: Tu Demonio Indiferente, Aiden Wolf.

Dentro del sobre hay otro documento, y no es uno normal, claro que no, es un jodido título de
propiedad para un jardín de lavandas cerca de la casa de los reyes de Inglaterra, conozco a la
princesa, es algo extraña y misteriosa, por lo que Aiden tuvo que hacer demasiados tratos
para conseguir que la princesa Elizabeth le diera el título de propiedad.

Tiene la firma de la princesa, de los reyes y hay un espacio en blanco para una firma que
supongo es la mía porque Aiden no firmó.

Bajo el documento mientras me quedo mirando a la nada misma procesando lo que está
ocurriendo para evitar caer en un infarto.

¿Aiden realmente hizo esto por mí? El demonio indiferente, no, tacha eso, mí demonio
indiferente porque no son ideas mías, el jodido psicópata lo puso en la nota.

Acabaré en loca de tanto sobre pensar las cosas pero juro que no lo entiendo, es peor que ese
crucigrama que intenté hacer con papá Aleix y que al día de hoy aún sigue sin terminar en
algún lugar de la casa. Vaya mierda.

Juro que mataré a Aiden si el desgraciado se intenta ir como prometió que haría en la apuesta,
tengo que empezar a moverme para que él se enamore de mí y el tiempo es limitado porque
no tengo noción de cuándo se irá y este momento de ensoñación podría acabar.

Sin pensar demasiado por primera vez en mi vida corro a ponerme un vestido corto de color
blanco con un estampado de flores lilas, me pongo unas sandalias con finas tiras de diamantes
y peino mi cabello. Tomo Lila y el título de propiedad, saco un lapicero de mi estuche de la
universidad y plasmo mi firma.

Tomo mi celular y mis llaves del auto de la encimera y salgo del apartamento hasta llegar al
auto. Dejo a Lila en el puesto de copiloto y empiezo a conducir de camino a una de las partes
más alejadas de la isla, el castillo de la princesa Elizabeth.

No llegaré allí directamente pero sí unos kilómetros antes dónde debe estar el jardín.

El viaje transcurre en un silencio perturbador en dónde mis pensamientos carcomen mi


cerebro dándole mil vueltas al asunto. Probablemente Aiden diría algo como "No sobre
pienses las cosas, Diosa, solo vive el momento" si fuera tan fácil dejar de hacerlo.
Ni siquiera en clases estuve concentrada, sí, participé, pero fueron más las veces que me
quedé pensando en Aiden y su reacción a lo que entendí de toda la clase.

No sé qué hacer para que él pueda sentir, no puede ser tan complicado si ya aparentemente
me hizo propietaria de un jardín de lavandas en el palacio real, si compra cascos lilas porque
le recuerdan a mí, sí me hace tazas de té, si guarda esencias de lavanda en su habitación, si
conoce todo sobre mí...bueno, casi todo.

Nikolay dice que no debería ser yo la que lo busque esta vez, dice que simplemente trate de
no seguirlo, ni de acosarlo a ver qué sucede, pero ¿y si lo hago y él jamás vuelve a mí? Ahora
qué tengo su atención no puedo simplemente soltar el hilo porque él daría media vuelta para
marcharse.

Sin embargo, sé que tiene razón, sé que debería dejar que él sea quien me busque y al parecer
lo está haciendo pero ¿con qué fin? Sí, le debo algo, pero ¿qué tan peligroso debe ser eso que
le debo como para que siga buscando mi atención?

Si me dieran un súper poder elegiría estar en la mente de Aiden tan solo un día para descifrar
por qué sigue buscándome cuando no lo hizo en dieciséis años.

¿Podría ser que el día de la playa haya sido un detonante? Quizás sintió algo y me sigue
buscando para ver si puede seguir sintiéndolo, es una lógica muy razonable.

Desde este punto puedo ver el gran jardín de lavandas que casi parece un campo de las
mismas. Está rodeado de guardias reales, lo sé por su conocido sombrero.

Como dije el jardín está aislado del castillo ya que ni siquiera lo puedo ver desde aquí,
definitivamente la princesa Elizabeth es extraña, sus padres siempre la recluyen, quizás
porque aún tiene 14 pero joder si la comparo con Atenea, mi hermana, hay una diferencia
enorme.

Salgo del auto cargando a Lila que parece haberse cansado de ladrar y está enfocada en
observar a nuestro alrededor. Tengo el título y las llaves en mi mano libre y los guardias
inmediatamente se ponen alertas con cada paso que doy.

—Buenos días—saludo con educación y le muestro el título a uno de ellos.

— ¿Lilith Müller?—pregunta el que está al lado con una voz profunda y seca.

—Correcto—sonrío un poco, incómoda.

Le dice algo a su compañero y toma el título, se hace a un lado y me deja pasar en medio de
la fila horizontal de guardias para estar dentro de las lindas flores. No solo hay lavandas sino
que también hay lirios blancos, mis favoritos después de las lavandas.

—Acompáñeme—dice el guardia que tomó el título y empieza a caminar entre los caminos
invisibles que no tienen ninguna planta.
— ¿Podría saber a dónde me lleva?—miro a mi alrededor pero sin embargo no dejo de
seguirlo.

Extrañamente no parece alguien de quién deba desconfiar, algo raro para alguien que
desconfía de toda la población.

—Por supuesto, hay un chico que desea hablar con usted, si no mal recuerdo se llama Aiden
Wolf.

Me freno de golpe casi cayendo de bruces contra el suelo.

— ¿Está aquí?—mi voz está teñida de pánico.

El guardia voltea y mira a su alrededor antes de quitarse el gorro dejando su rostro al


descubierto. Si no mal recuerdo esto no es legal, pero no opinaré.

—Sí, pidió que cuando llegara la guiara hasta él—sonríe.

Hay algo extraño, no dudo que Aiden esté aquí, pero hay algo extraño con este sujeto. Su
sonrisa es como aquella que dice "que ingenua, se tantas cosas que tú no" y da miedo,
especialmente porque es un desconocido.

Y por primera vez desde ayer solo deseo llegar hasta Aiden lo más pronto posible y alejarme
de este tipo extraño.

— ¿Quieres regresar? Te noto algo tensa—no me pierdo el toque de cinismo en su voz.

—No, sigamos—tenso la mandíbula.

Sostengo bien a Lila mientras seguimos caminando entre las flores hasta que nos acercamos
hasta una especie de sala de cristal, es una cúpula de vidrio y dentro se pueden ver unos
muebles y una mesa de té. Justo enfrente hay una fuente con un ángel y un demonio que
parecen estarse consumiendo entre sí mientras el agua fluye entre ellos.

La luz del mediodía ilumina todas las flores y las pequeñas mariposas blancas, a estás no les
tengo miedo, no como aquellas feas y grandes mariposas negras.

El guardia se detiene y yo hago lo mismo por consecuencia para no chocar contra su ancha
espalda, es alto, demasiado si me permiten decir, casi como Aiden.

—Hasta aquí llego yo, buena suerte con el chico—asiente en despedida.

—Gracias.

El estira su mano hacia Lila y me tenso un poco sin apartar mis ojos de sus facciones fuertes
y marcadas. Parece estar lleno de una capa de diversión que no puede expresar.

Luego de que acaricia a Lila vuelve a su postura poniéndose el sombrero y tapando sus
intensos ojos azules. Me entrega el título y lo sostengo con la misma mano que a Lila.
—Hasta luego Lilith, y hasta luego Lila—da media vuelta dispuesto a marcharse.

Mi mano libre se estira antes de siquiera pensarlo y clavo mis uñas en su bíceps deteniendo
su caminata.

— ¿Cómo lo sabes?—murmuro.

— ¿Qué cosa?—su voz suena entretenida.

—No te dije el nombre de mi perra, ¿quién diablos eres?

—Alguien que sabe mucho sobre tí y sobre tú familia.

Observo su traje y su sombrero detallando todo lo que puedo de su presencia.

—No eres un guardia real, ¿no es así?

—Observadora como siempre—suelta una risa ronca.

—Basta, idiota, te doy segundos para que digas quién eres.

—Pregúntale a tu madre, sería un buen motivo para que hables con ella. Dile que Jack Jack
está por la isla—sonríe de lado como todo un psicópata.

No lo suelto, los nervios me están consumiendo.

— ¿Por qué estás aquí?

—Digamos que te veo en aprietos y me ví en la obligación de darte una mano, las cosas están
peor de lo que crees, Lilith.

— ¿A qué te refieres?

—Tú límite de preguntas se agotó, no te preocupes, nos veremos otro día, el ejecutor está
esperando por tí—señala con la cabeza a la cúpula donde puedo distinguir a Aiden sentado.

Suelto su brazo dejando que él emprenda su camino pero ahora no va por dónde vinimos sino
que coge otro camino. Me quedo viendo todo su recorrido hasta que lo pierdo entre los
árboles del bosque que rodean al jardín.

Mi respiración está acelerada y mis pies caminan con lentitud hasta la cúpula, lo que antes
eran nervios ahora son monstruos que pretenden consumirme por dentro.

Entro a la cúpula de cristal dónde Aiden está sentado tomándose una taza de té. Británico
tenía que ser.

—Hola—susurro.

Él alza la mirada y sus ojos se conectan con los míos unos segundos antes de que baje la
mirada para detallar mi atuendo y luego volver a elevarla hasta mis ojos nuevamente.
— ¿Te gustó?—carraspea apartando la mirada y señalando a nuestro alrededor.

— ¿Que si me gustó el jardín de lavandas en el palacio real? No sé, ¿tú qué crees?—intento
bromear.

Él sonríe un poco y palmea el espacio libre en el sofá, justo a su lado. Me acerco a sentarme y
dejo a Lila sobre mis piernas pero apenas olfatea a Aiden pasa a las suyas para acostarse en
ellas.

—Maldita traicionera—le entrecierro los ojos.

Aiden ríe acariciando a Lila mientras toma un sorbo de su té.

—No te rías, se supone que ella es mi apoyo motivacional.

—Al parecer cambió de opinión.

—Cállate, imbécil.

Niega con la cabeza y se estira para tomar un plato de la mesa flexionando sus músculos.
Lleva una camisa azul oscura y unos pantalones negros. Una ropa simple que no debería
verse tan bien en una persona, pero es él y claro que se ve como un Dios mítico recién salido
del Olimpo.

—Ten—me tiende un plato con galletas.

—No me gustan las galletas de chocola...

—Son de café—me interrumpe.

—Claro que ibas a saber cuál es el sabor de mis galletas preferidas—ruedo los ojos
metiéndome una a la boca.

—Creí que ya habíamos cerrado el tema de las cosas que sé de tí—toma su celular y lo
desbloquea con desinterés.

No contesto, me lleno la boca de galletas para no mandarlo a la grandísima mierda. Aunque


no quiero verlo mis ojos se desvían a lo que hace en su celular porque el chisme es más
grande que todo, claro está.

Parece estar en IG. Me parece de muy mala educación que esté en el celular cuando estamos
aquí juntos dialogando pero sin embargo me vuelvo a quedar callada.

— ¿Podrías irme refrescando la memoria sobre lo que hiciste anoche?

—Serás idiota, no es tú maldito asunto.

Sí, estoy más agresiva de lo usual, pero no me apetece tratarlo bien y aún menos cuando
parece estarme ignorando por su tonto celular.
—Lo es cuando te dije que fueras a tu casa, Lilith. En cambio decidiste quedarte con el trío
de idiotas y por si fuera poco no me avisaste cuando llegaste a pesar de que te lo dije, me
pediste sinceridad y lo estoy intentando pero ahora eres tú la que no parece colaborar.

—No quiero hablar del tema, sí, fuí con ellos, ¿y qué? No te debo explicación de una mierda,
se supone que me odias ¿no?—deja el plato sobre la mesa a mi lado y limpio mis dedos con
una servilleta.

—Cuida tus palabras, puedo ser tolerante con tu impertinencia pero tampoco te excedas—
aparta los ojos de su celular para mirarme.

—Hay que tener las pelotas para decir eso cuando me estás ignorando.

— ¿Ignorarte?—alza una ceja.

Le señalo el celular y la sombra de una sonrisa aparece en sus labios dándome aún más ganas
de patearle el trasero.

—No te estoy ignorando, Diosa. Estoy haciendo público nuestro encuentro—me tiende su
celular y dudo antes de tomarlo.

Subió una historia y un post, la historia es una foto reciente que tuvo que tomarla mientras
tomaba la galleta, se ven mis piernas, la mesa con las galletas y parte del sofá. Y el post es
una foto de las Lavandas con la fuente y el cielo de fondo, tiene una descripción en un idioma
desconocido porque yo realmente no sé qué dice, parece Alemán y ahora que lo pienso
maldigo no haber aprendido el idioma cuando papá Death quiso enseñarme.

— ¿Qué dice?

—Blumen beruhigen sie und sie beruhigt mich¹—lo lee en voz alta—. Dice que son unas
bonitas flores en un bonito día.

— ¿Beruhigen no significaba algo así como calma o tranquilizar?

Juro que recuerdo escuchar a papá decir eso alguna vez.

—No que yo recuerde—sonríe.

—Siento que mientes.

— ¿Por qué lo haría?

—Porque eres tú—le entrego de vuelta el celular después de ver que no me estaba ignorando.

De igual modo el parece haber terminado de publicar su día porque lo guarda y en su lugar
acaricia a Lila que saca su pequeña lengua gustosa.

¹Las flores la calman a ella y ella me calma a mí.


Nunca le había tenido tanta envidia a un animal hasta hoy. Viendo la gran mano de Aiden con
sus venas marcadas y el anillo de plata que su padre le regaló de graduación en su dedo índice
solo puedo desear ser Lila, no tendría problema en ser una perra.

Es broma....creo.

—Lilith—Aiden me llama y debo despegar mi mirada de su mano con pesar.

— ¿Qué?

—Pareces querer matar a Lila.

—Solo estoy pensando en que la dejaré sin sus galletas especiales un mes.

—Eso es un poco excesivo.

—No lo creo.

Él niega sonriendo un poco.

—Por cierto, gracias, Aiden. Me encanta esto, sabes que amo las Lavandas y esto es lo más
lindo que pudiste haber hecho.

—Te dije que me esforzaría, aún tengo otras cosas planeadas.

— ¿Eso sigue siendo parte de la apuesta? Porque si es así pensaré que me estás dejando
ganar.

— ¿Crees que yo te dejaría ganar?

—Ya lo hiciste una vez, en la pelea.

—Eso fué diferente, no podría dejarte ganar esta apuesta.

— ¿Por qué no? No es cómo que fueras a morir si llegas a sentir.

—Yo no pero quizás si vayas a quedar mal tú—lo suelta con naturalidad.

Termina de tomar su té y deja la taza vacía sobre la mesa del centro.

— ¿Mañana harás algo?

—Tengo exámenes todo el día y en la tarde tengo entrenamiento con Aleixander. Estoy libre
hoy hasta la noche.

—Yo tengo la noche de hoy ocupada.

Debo morderme la lengua para preguntar por qué y agradezco que él sea quién conteste.
—Hay fiesta en la noche en la mansión de Connor y luego iremos a la cabaña a hacer los
juegos.

—Lo ví en el Instagram de Connor ayer, lo olvidé.

De verdad quisiera pasar todo el día con él y descubrir más cosas extrañas acerca de lo que
sea que esté pasando entre ambos e incluso me encantaría saber sobre el hombre misterioso,
Jack Jack.

—Podría ir a la fiesta—propongo.

Aiden detiene el masaje en la cabeza de Lila y sus ojos me miran ensombrecidos.

—No.

— ¿Qué? ¿Por qué no?

—Porque no, es peligroso y hay mucha gente igual de peligrosa, no irás.

—No eres mi padre para decirme si iré o no.

—Ni siquiera te gustan las fiestas, Lilith.

—A ti tampoco y aún así vas a todas.

—Sí, pero yo ya estoy acostumbrado, tú no. Va a ir más gente de la que puedas contar y va a
ser un desastre como el puto infierno.

Mis dedos tiemblan y un sentimiento profundo se clava en mi pecho ante muchas


posibilidades.

¿Qué puede ser tan malo como para que Aiden no quiera que yo vaya?
Lilith

R espiro profundamente antes de responderle a Aiden después de mi pequeño


ataque de pánico en pensar qué pasará en esa fiesta.

—Sé pelear más que la mayoría de idiotas que irán a esa fiesta.

—Lilith, no irás, hay un montón de tipos que te doblan la estatura, si planean joderte y te
acorralan estás jodida, eres muy buena, pero estadísticamente no podrías ganar y yo no puedo
estar cuidándote esta noche.

—Ni que fueran a matar a alguien, Aiden—tomo otra galleta de la mesa.

La galleta queda suspendida a medio camino a mi boca cuando noto la expresión seria de
Aiden.

—No matarán a nadie, ¿verdad?—repito la pregunta sintiendo cómo el color abandona mi


rostro.

Es decir, matar a alguien malo es justificable, pero, ¿matar por diversión? ¿Qué tipo de locura
mental es esa?

—Tengo que llegar temprano pero antes quiero pasar a buscar algo, puedes traer las galletas
sobrantes—toma su chaqueta de cuero del respaldo del sillón ignorando mi pregunta.

—Aiden, habla, carajo—me levanto tomando a Lila y el título.

Lo sigo hasta la salida casi corriendo detrás de él esperando una respuesta.

—No quiero que vayas, Lilith, en serio no quiero—sigue caminando apresurado.

Me veo obligada a extender la mano para tomarlo del hombro y detener su caminar.

—Aiden, contéstame por favor.


Voltea a verme de reojo y tensa la mandíbula negándose a hablar hasta que suspira y sé que
ya contestará.

—Esa es la idea de la fiesta, Lilith.

— ¿Por qué? No entiendo.

—No quieres saber—se zafa de mi agarre y sigue caminando.

— ¡Aiden!

Se detiene llevándose la mano a la cabeza antes de voltear suspirando.

— ¿Qué?

—Ya abriste la boca ahora termina de decirlo, he visto de todo, no tienes por qué callar
cuando....

—Atlas y Connor quieren hacer experimentos con drogas.

— ¿Q-qué?—mi voz sale en un hilo y siento que el piso se mueve bajo mis pies.

—Lilith—intenta dar un paso para tomarme la mano pero yo retrocedo.

Ahí está, una de las razones por las que Atlas y yo discutimos, a él le importa poco
experimentar con drogas en las personas que se ofrecen para eso, y sí, las personas lo hacen
porque son adictas. Pero, ¿de verdad saben lo que se siente cuando piden inyectarse eso?

Si ellos no lo saben yo sí, yo sí pasé cinco miserables años sintiendo cómo moría por drogas,
era una niña, a mí sí me obligaron, yo no tuve opción, pero si Atlas tan solo dijera que no,
solo que a él no le interesa ni un poco lo que los otros sufran mientras él siga ganando dinero.

—Diosa, esas personas desean hacerlo, todos los que llegan a esas fiestas tienen tres destinos,
o quieren morir y van justamente a eso, o quieren drogarse, o simplemente no quieren
ninguna de las dos pero si desean pelear o formar parte de los grandes círculos.

—No tiene por qué ser así, no deberían hacer eso, ellos pueden ir a terapia, arreglar sus
vidas—mis manos tiemblan.

Siento como los monstruos consumen mi mente y quieren regresarme al pasado de nuevo, un
nudo se atasca en mi garganta y sin poder evitar la sensación abarcante mis mejillas se
humedecen con mis propias lágrimas.

—Lilith...

— ¡No! ¡Tú no lo entiendes, Aiden!—mi pecho se desgarra y casi puedo oír la voz de Mason
en aquella jaula de vidrio, puedo oír mis gritos.

Podría decirle a mamá, ella definitivamente estará de acuerdo en eliminar esas fiestas y...
Mis pensamientos se esfuman y literalmente mi mente se queda en blanco, dejo de temblar y
creo que el mundo se paraliza cuando me veo envuelta en el calor del cuerpo de Aiden.

¿Qué está pasando? Creo que me desmayé y esto debe ser producto de mi imaginación
porque ni en este ni en miles de universos Aiden me abrazaría voluntariamente, es más, creo
que ni porque tenga una pistola en la cabeza.

—Está bien, Lilith. Tú no puedes cambiar el pensamiento de las personas, hay quienes
simplemente quieren acabar sus vidas y tú no eres quién para decirles si pueden o no hacerlo,
ya sea que lo evites hoy o no buscarán la forma de acabar con eso en algún momento—
susurra con una voz suave y ronca que jamás le había escuchado—. No puedes ayudar a
alguien que no sabe cómo ayudarse a sí mismo.

Tiene razón, lo sé, pero mi mente no entiende ni procesa como alguien podría querer ser
drogado conscientemente para sufrir.

—Hay personas que desean esto y la mayoría han hecho cosas malas, hay personas que han
abusado de otras y que se arrepienten y desean morir por hacerlo. De todos modos merecen
morir, un abuso es un abuso y eso está mal ya sea que te arrepientas luego o no.

—Lo entiendo, solo entré en pánico.

Aunque Aiden no sepa mi historia, solo una parte, la parte en la que Mason me inyectaba, no
sabe el resto y él no podría entenderlo.

—No irás, Lilith, hablo en serio, no quiero que te dé uno de estos ataques en un lugar rodeado
de demonios ¿bien?—se separa un poco y yo apoyo mi mentón en su pecho—. Yo no te
lastimaría pero no tengo la certeza de que ellos piensen igual que yo.

—No iré, lo prometo—miento.

Iré, no porque quiera desafiarlo, iré porque necesito respuestas a muchas cosas, empezando
con el extraño guardia y luego por las palabras que dijeron los chicos sobre Jane. Estoy
segura y tengo la corazonada de que en esa fiesta ocurrirá algo y yo debo ir, claro que oculta
porque si Aiden se entera estaré en problemas.

Le doy una sonrisa que se ve convincente mientras su olor cítrico llena mis pulmones. Su
cabello se ve más brillante bajo la luz del sol, casi parece de un naranja irreal que congenia
con los duros y marcados contornos de su rostro, luce como una melodía perfecta, eso es él,
la personificación de la perfección.

Se ve hermoso, y mi corazón casi sale de mi pecho de lo mucho que bombea, ojalá así se
sienta él algún día.

—Entonces, ¿qué es eso que tenías que buscar?—cambio de tema para que no lea las
emociones desbordantes en mi cuerpo.

Él se separa de mí volviendo a su postura normal de indiferencia, como si ese abrazo no


hubiera significado nada para él cuando a mí literalmente me removió hasta el alma.
— ¿Tú vena chismosa no estaría en paz sin saberlo, no?—retoma su caminata.

— ¿Muy obvia? Deja lo cambio—finjo una cara angelical—. ¿Podría saber a dónde vamos?
Digo, ya que básicamente estás ordenando que vaya contigo—hago que mi voz suene más
suave.

Él entrecierra los ojos.

—Suenas ridícula, no hagas eso.

—Y tú no me jodas la paciencia.

—Vamos a una sorpresa, no siempre debes saber todo lo que ocurre, Lilith.

—Pues no quiero ir, recordé que tengo algo que hacer.

No miento, con lo del guardia y el jardín, olvidé por completo la competencia de esgrima de
Nikolay.

Acaricio las lavandas de mi jardín antes de llegar a la fila de guardias, el olor es magnífico y
ni hablar del lugar, creo que vendré aquí todos los días, lo juro.

—Queda cancelado.

— ¿Quién te crees que eres para cancelar mis planes, psicópata?—me cruzo de brazos
llegando a un lado de mi auto.

Disimuladamente les echo un vistazo a los guardias y efectivamente Jack Jack no está allí.

De hecho tampoco sé dónde está la motocicleta de Aiden, si la hubiera visto probablemente


hubiera dado marcha atrás.

—Puedo hacer que cancelen lo que sea que tengas en la tarde.

—No, no lo harás, prometí ir, así que o vienes conmigo o te jodes.

Alza una ceja.

—Me encantaría saber cuál es el plan que no puedes cancelar.

—Competencia de esgrima.

—No—su expresión cae más rápido de lo que puedes contar uno.

—Si.

—No asistirás.

—Lo haré, podemos ir a tu sorpresa pero luego iré a la competencia.


—Entonces iré también a la competencia—me sonríe y desearía abrir un agujero en el suelo
para desaparecer por abrir la boca e invitarlo.

—Bien—refunfuño abriendo la puerta de mi Porsche.

Dejo a la pequeña Lila que parece haber visto demasiadas cosas por hoy porque está agotada
en el asiento de copiloto y el título de propiedad en la guantera del auto.

—Te sigo en el auto.

—Y yo que creí que querías repetir nuestro viaje en moto—se apoya en el auto quedando
entre la puerta y yo.

Mis mejillas se llenan de color con el recuerdo del fin de semana desastroso.

—Apártate—intento sonar normal y convincente.

— ¿Sonrojada por mí, Diosa?—sonríe.

—No todo se trata de ti.

—Discutible cuando la que lo dice eres tú.

Una sonrisa perezosa levanta sus labios.

—Ja, ja, mira cómo río, idiota—intento apartarlo para entrar a mi auto.

—Empiezo a creer que solo me llamas así para que no me dé cuenta de tu descontrol cuando
estás conmigo.

— ¿Escuchas eso?—saco mi celular del auto y finjo atender una llamada—. Ah sí, mira, es la
agencia de egocentrismo dicen que te escapaste apenas naciste—le muestro la pantalla con
una sonrisa falsa.

—Diles que regresaría pero privarte de verme todos los días sería algo deprimente—tararea
sonriente.

—Claro que sí, me ahogaría en llanto—ruedo los ojos con sarcasmo.

—Lo harías—afirma con seguridad.

Levanto la barbilla desafiante.

—No, no lo haría, ahora apártate estamos perdiendo el tiempo y tenemos dos paradas antes
de que vayas a tu estúpida fiesta.

— ¿Por qué siento que hay un trasfondo detrás de tu molestia de la fiesta?

Mi mano se suspende en la puerta y casi siento el temblor de mi cuerpo. No pudo darse


cuenta de mi molestia en que él vaya a esas fiestas ¿verdad?
Es decir, me molesta porque sé que siempre que va folla con alguna chica y eso solo me
provoca cortarle el pene pero no puede saberlo.

—No te preocupes, cariño—susurra en mi oído acariciando mi barbilla con su pulgar—.


Prometo comportarme—roza sus labios en mi mandíbula.

— ¿De q-qué hablas?—carraspeo, nerviosa.

Suelta una risa ronca que casi me hace caer al suelo.

—Hablo de que prometo no follar con nadie que no seas tú, Lilith, no soy tan mierda como
para exigirte quedarte en casa e ir a follar con cualquiera por ahí—sus labios quedan a
centímetros de los míos y sus ojos me anclan.

—No me importa lo que hagas—digo con toda la calma que definitivamente no siento—. Y
de todos modos aunque no me importe sé que no es verdad.

— ¿Alguna vez te he mentido?—roza nuestros labios.

—Muchas.

—No, no lo he hecho, solo he jugado con tu mente, lo mismo que tú haces cuando me
manipulas—acaricia mi cuello y juro que siento como su toque me incendia.

—Juro que hablaré con tu padre para que te internen en un psiquiátrico o quizás para que te
metan preso por ser un completo imbécil.

—Si te soy sincero creo que el psiquiátrico es más divertido que la cárcel.

— ¿Qué?—lo miro estupefacta—. ¿Has estado en un psiquiátrico?

No me creo que eso haya pasado, bueno, de hecho sí.

—No, pero fue divertido ver tu cara.

—Uf, me había asustado—rio con nerviosismo.

—Pero si estuve en una cárcel, eso sí que no fué divertido.

Mi boca se abre mientras espero a que vuelva a reír por su broma y cuando no lo hace, siento
como la sangre abandona mi rostro.

—Explícate.

—Nada relevante, me pillaron enterrando un cuerpo una vez cuando Daren no pudo
encargarse del trabajo, afortunadamente Atlas me sacó en menos de medio día.

—Claro, cosas que pasan todos los días—niego mirándolo mal—. ¿Te das cuenta de
que necesitas terapia, no?
—No, creo que estoy bien así.

—Da igual, en serio vamos tarde, Aiden—pongo mi mano en su pecho para intentar
apartarlo.

—Ya sé, además deberías dormirte temprano hoy y no andar dando vueltas por la isla.

—Ni mis padres se atrevieron a tanto.

—Es un poco extraño que me compares con ellos considerando que hace dos días tenía tu
coño en mi cara.

Me atraganto con mi propia saliva y siento como me vuelvo un tomate andante.

—En serio, por esta vez escúchame a mí y no hagas estupideces—susurra sobre mis labios—.
Sé una buena Diosa.

—Cómo sea.

Se aparta y me deja entrar al auto. Observo cómo va hasta su moto apoyada en un árbol en el
que definitivamente yo no lo habría visto y lo sigo en todo el camino hasta que llegamos a
una tienda del pueblo, la conozco, acá es dónde mis padres compran los regalos de mamá,
joyas únicas y exquisitas.

— ¿Qué hacemos aquí?—pregunto al bajar del auto.

Él quita su casco y toma mi mano guiándome adentro.

—Solo espera.

Saluda a la dueña de la tienda, una señora mayor que lleva toda su vida en la isla. Le sonrío y
le sigo la conversación mientras pierdo de vista a Aiden.

Pasan unos largos y eternos minutos en los que la señora Ruth y yo hablamos sobre sus nietos
hasta que una mano conocida se posa en mi cintura.

—Lucen preciosos juntos, siempre imaginé que ustedes se harían pareja, solo era cuestión de
tiempo—sonríe feliz marcando las arrugas en su rostro.

—Oh no, él y yo no somos...

—Muchas gracias, no es la primera en decir que lucimos bien juntos—Aiden le ofrece su


encantadora sonrisa.

Le lanzo una mirada inquisitiva, ¿él acaso no negó las palabras de Ruth?

—Siempre tan encantador, chico—ríe encantada con Aiden.

Ojalá pudiera decir lo mismo.


—Bueno, Diosa, hora de irnos o llegaremos tarde a la competencia.

Aiden se despide de Ruth y luego hago lo mismo antes de salir de la tienda dónde su sonrisa
se borra y me suelta la cintura dejándome en medio de la acera.

— ¿Qué fué eso? ¿Por qué dejaste que creyera algo que no es cierto?

—Porque eso la hizo feliz, ¿acaso viste su sonrisa? Dentro de poco ella morirá, y según las
personas como tú morir feliz es algo grato.

Guardo silencio porque en parte tiene razón, Ruth estaba feliz con las palabras de Aiden, pero
que alguien como él haya tenido la consideración de siquiera pensarlo lo define mucho más
de lo que él cree.

—Fue un lindo gesto de tu parte, Aiden.

Detiene sus manos en el casco con confusión pero luego sigue como si nada, saca la bolsa de
la tienda y de allí extrae una pequeña caja antes de estirarla en mi dirección.

— ¿Para mí?

— ¿No ves que te la estoy dando a tí? Obvio sí.

—Que romántico, haces que mi corazón se desborde con tan bellas palabras—le quito la caja
de la mano.

Me enfoco en destapar la bonita caja negra con una cinta de seda hasta que veo el interior. Es
un precioso dije, la cadena es de oro rosa pero lo que lo hace especial es el dije, un tigre
blanco montado en una linda media luna con una lavanda entre los dientes, está hecho de
diamantes blanco y lo que cambia es la lavanda que tiene piedras preciosas lilas. Detrás tiene
una inscripción: "Un Demonio siempre se llevará bien con la oscuridad de una Diosa".

Un escalofrío me atraviesa. No puedo evitarlo. Es simplemente precioso, pero no es solo ese


hecho, sino el que acabo de darme cuenta que a pesar de que Aiden no conozca una
minúscula parte de mi historia que nadie sabe, es él quién me conoce mejor que nadie. Quién
creí que no sabría nada de mí resultó conocerme más de lo que yo misma lo hago y eso es
aterrador cuando sabes que tiene tu corazón en sus manos, desprotegido.

Siento su sombra a mi espalda y el collar es arrebatado de mis manos, pienso quejarme hasta
que veo como lo ajusta en mi cuello, sus dedos rozando mi garganta y haciéndome
estremecer hasta que logra abrocharlo. Él dije cae justo encima de mis pechos luciendo como
algo de mi propiedad.

Es tan yo que incluso de verlo podría llorar, porque muestra más cosas de las que cualquiera
podría creer, incluso en la piedra lila en la mejilla del tigre que parece llorar o en el hecho de
que hasta en la inscripción de un collar Aiden siempre parece estar acompañándome.

— ¿Te gusta?
—Es precioso—lo tomo entre mis dedos tocando su textura.

—Lo es—afirma.

Alzo la mirada y para mí sorpresa él está mirándome a mí.

—Te luce perfecto con el vestido. Ahora sí podemos ir a la competencia del príncipe.

Asiento sin poder hablar porque parece que acabo de sufrir un mutismo. Camino hasta el auto
dónde Lila sigue dormida y el camino hasta la universidad parece ser eterno entre mis
pensamientos vagantes.

Cuando aparcamos en el amplio estacionamiento del campus de The Golden Royalty ya se


puede escuchar el inicio de la competencia por los altavoces.

Tomo a Lila para dejarla con alguno de los vigilantes mientras tanto y Aiden me acompaña
hasta la entrada.

—Espera un momento, iré a dejar a Lila con uno de los vigilantes—le señalo el fondo del
pasillo.

Él asiente y yo emprendo mi camino acariciando el pelaje de Lila. Llegó hasta el final del
pasillo y cruzo a la puerta a la izquierda dónde está una de las habitaciones de vigilancia.

—Buenas, vengo a dejar a mi perra aquí para poder ir a la competencia de esgrima si no es


mucha molestia.

—No hay de qué, Müller—uno de los vigilantes que conozco se acerca para tomar a Lila que
ladra feliz.

La dejo en sus brazos y observo cuando un trozo de papel cae del collar de Lila. Frunzo el
ceño mientras me agacho a recogerlo.

Lo desdoblo y leo el interior de la nota: Un demonio siempre será uno aunque intentes darle
aspecto de ángel, yo que tú no confiaría en él, si no me crees pregúntale que ha estado
investigando con Jane sobre tí a tus espaldas, hermanita. ~J.D.

Mi visión se vuelve borrosa mientras proceso las palabras. Jack, definitivamente fué él,
cuando acarició a Lila tuvo que dejarlo ahí, pero, ¿hermanita? ¿De qué habla? ¿Aiden y Jane
hablando de mí? ¿Qué está sucediendo?

— ¿Todo bien, señorita?—las palabras suenan lejanas.

Retrocedo saliendo desesperada de la sala de vigilancia, mis pasos son apresurados y mi


respiración acelerada. No puedo enfocar bien mi alrededor, no hasta que llego hasta dónde
dejé a Aiden pero me detengo cuando escucho otra voz.

—Me costó un infierno conseguir lo que pediste—susurra Jane.

Mi espalda choca contra la pared, al pasillo de donde resuena su voz.


— ¿Está todo?—murmura la voz de Atlas.

—Sí, ¿no le han dicho, cierto? Aleska ya lo sabe, es cuestión de tiempo para que Lilith se
entere—baja aún más la voz.

Suena seria, casi soportable, algo que ella jamás sería.

—No, y tú tampoco lo harás si quieres saber más sobre él—suelta la amenaza.

Sus voces se mezclan, se convierten en grandes sombras que quieren consumirme viva, se
vuelven insoportables, tanto que debo apartarme y correr lo más lejos posible hasta llegar a
un tronco dónde puedo apoyarme.

Cierro los ojos y debo obligarme a respirar contando lentamente hasta diez, un aliento se
entrelaza con el mío y casi creo que es mi imaginación jugándome una mala pasada hasta que
unos suaves y dulces labios tocan los míos.

Él sabor mentolado de sus labios despeja mis pensamientos consumidores hasta que vuelvo a
escuchar el bullicio y puedo abrir mis ojos.

— ¿Qué ocurrió, Diosa?—sus palabras que debían sonar preocupadas ahora suenan como una
farsa.

Aún así obligo a mis labios a estirarse para fingir.

—Hablé con mamá, no acabó bien—susurro con decepción.

Ni siquiera me obligo en sonar convincente y aún así creo que él cree mi mentira.

—Luego hablarás con ella, ¿vale?—susurra contra mi frente antes de plantar un casto beso
allí.

Trago saliva pero aún así el nudo en mi garganta no desaparece.

—Está bien, vamos a la competencia, ya nos perdimos la mitad.

Dejo que él vaya adelante mientras saco mi celular y voy a mi último recurso.

Lilith: Adrienne, consígueme una invitación a la fiesta de esta noche.

Mi hermano, Adrienne, un demonio silencioso, casi parece que no existe a veces, es como
Uriel, y además es el próximo líder de la Yakuza. Él mejor hacker que existe rivalizado por
mi propia hermana, Atenea.

Adrienne: Ok.

No es muy comunicativo y eso lo hace perfecto, es el único que sé que le da muy igual lo que
le pida y no abrirá la boca para contarle a mamá.
Pasan segundos hasta que mi teléfono vibra y mi pantalla se ilumina con el mensaje de
Adrienne.

Adrienne: ¡Buenas noches! Si recibes esto es porque estás cordialmente invitad@ a la fiesta
anual de la Isla Queen protagonizada por cuarto año consecutivo por los Hellfire 's. Él lugar
de encuentro es en la mansión Dagach a las once en punto. Para acceder lo único que debe
hacer es enseñar este mensaje y decir la palabra adjunta al final del mensaje. MURDER.

Hora de buscar mis propias respuestas.


Lilith

D udo un poco antes de pulsar el botón verde y atender la llamada.

—Al fin te dignas en atender.

Hago una mueca bajando el delineador negro de mi ojo y tapándolo. Aparto el maquillaje
sobre mi tocador cuidando de no romperlo para poner mi celular sobre él y que papá Hades
pueda verme.

Estoy arreglándome para la fiesta después de haberle jurado hace unos minutos a Aiden que
me quedaría en el apartamento durmiendo y que se cuidara con la sonrisa más falsa del
mundo.

Podría dejar de hablar con mamá por días pero con papá Hades es casi imposible, él es como
mi persona favorita en la tierra.

Amo a todos mis padres incluso a mamá pero con papá Hades es distinto, es una conexión
distinta a la del resto del mundo.

Él salvó mi vida en una oportunidad y desde allí, en el momento en que ambos fuimos al
hospital y entré en un momento de debilidad contándole una parte difícil de mi vida ambos
hicimos clic.

Resulta que somos muy parecidos y él se vió reflejado en mí, me volví su pequeña Diosa ya
que mamá es la Diosa mayor.

No es secreto para nadie que soy su hija favorita y la única a la que ama ya que su relación
con los sentimientos es algo extraña, casi como Aiden, solo que papá sí demostró
abiertamente sus sentimientos hacia mamá desde el inicio y luego lo hizo por mí.

Siempre puedo llegar a sentirme vacía, a sentirme un fracaso e incluso a regresar al pasado
con cada ataque de pánico, incluso podría sentirme como una pulga devorada por la sociedad
en algunos momentos de bajas en mi vida, pero con papá Hades yo soy todo lo bueno que
existe en el mundo, sin importar qué.
Eso es sorprendente, el que me encuentre segura con él cuando es el mafioso griego más
despiadado del último siglo, su imperio es más grande que toda Rusia, no solo en el área de la
mafia sino que es un arquitecto de renombre que le ha regalado unos castillos preciosos a
mamá y reconocido en cualquier rincón del mundo por sus especialidades como bioquímico,
creador de drogas potenciales y de la cura para otras.

Su simple presencia hace a todos temblar, nada más con su altura y seriedad y sumándole que
odia hablar con todos excepto mamá y yo es muy intimidante.

Pero yo, en cambio, siempre lo miraré cómo aquel hombre que dió la vida por mí aún cuando
soy hija del enemigo solo por mamá, o cuando hizo todo lo que ella pidió por su salud
mental, incluso cuando destruyó el mundo volviéndose loco y destruyendo Arabia por
rescatar a mamá de un secuestro.

Yo lo veo como el hombre que me enseñó lo bello de la química y sus reacciones cuando le
tenía fobia al tema, veo al hombre que me enseñó a siempre darme mi lugar en la sociedad a
pesar de los pensamientos machistas del bajo mundo, al que me regalaría el mundo entero si
yo quisiera, al que me enseñó a ganar mis primeras batallas en la guarida.

Veo su cabello blanco natural que combina a la perfección con sus duros rasgos que están en
tensión y sus ojos coloridos me miran con firmeza mientras me habla, está sentado en el
sillón de su laboratorio con un par de muestras detrás de él.

—He estado ocupada y siendo sincera no me sentía lista para hablar con ninguno de
ustedes—río un poco para aligerar el ambiente y hacerle creer que ya estoy bien.

— ¿Tiene algo que ver Atlas y Aiden? Tú mamá habló con ellos en estos días, sin avisarnos.

Puedo ver cuánto le molesta el tema, pero también sé que mamá no le hará caso a ninguno, no
cuando se trata de Atlas, ella daría su vida entera por él aún si eso implica una discusión con
sus esposos.

—No sabía de eso, y no es por ellos es solo que he tenido unos bajones, solo eso—miento
con una sonrisa.

Bajones causados por ellos porque algo esconden y el hecho de que Jane lo sepa y trate el
tema con seriedad refleja lo mal que está todo.

Bien dicen que quién no fué feliz sus primeros años no puede ser feliz el resto de su vida.
Creo que empezaré a resignarme a eso ya que Aiden a pesar de ver una iniciativa constante
ahora no sé qué esperar con el descubrimiento de lo que todos me ocultan, y que incluso
mamá lo sepa me rompe el corazón.

—Siempre puedo enviarlos a ambos a un plano distinto y decir que sufrieron un accidente
automovilístico.

—Hablo en serio, papá, no es por ellos.

—Está bien, te creo. ¿Vas a alguna fiesta?


—Sí, los chicos me invitaron y yo no podía negarme a la cara de cachorro de Josh.

Mentiras, parecen haberse vuelto algo común en mi léxico actual, a este paso se volverán
parte de mi vida.

Podría decirle la verdad, podría decirle que me encantaría escuchar que Aiden me dijera
aunque sea un "te quiero", podría decirle que me jode que él haga gestos tan lindos cuando sé
que solo me odia. Incluso podría decirle que me siento tan mal de saber que mamá, Atlas,
Naim, Connor, Aiden e incluso Jane sepan algo de mí y lo oculten.

Pero decirle eso solo abriría una brecha en su relación y yo no seré la causante de eso.

La mejor opción sería alejarme, pero supongo que soy muy buena para pelear pero no para
alejarme de aquello que me lastima.

—Nada de beber a lo loco, pequeña Diosa. Y ten cuidado de los locos que estén por ahí—
dice papá.

—Sé cuidarme, papá, tú me enseñaste, por cierto.

—Puedes defenderte como una profesional, pero hay hombres más despiadados que tú en
esos lugares, no debes confiarte de tus capacidades—hace una pausa—. ¿Alguien más
conocido a parte de ustedes estará en la fiesta?

—No, solo nosotros, es algo sencillo en casa de los chicos.

«Mentira.»

—Creí que irías a la fiesta de la isla.

—No podría, sé que a ustedes no les gustaría.

«Mentira de nuevo.»

—Suficiente de mí, ¿tú qué tal estás? ¿Dejaste de ir a las construcciones, verdad? Eso lastima
tus pulmones.

La sombra de una sonrisa se asoma por sus labios.

—Sí, dejé de ir, tu mamá literalmente me obligó a quedarme.

— ¿Por qué siento que había armas involucradas?

—Porque es la única forma de que me quede en casa.

Termino los arreglos en mi rostro para pasar por el cabello a darle una buena pasada con la
plancha.
Una pequeña presencia naranja se posa detrás de papá moviendo sus dedos con nerviosismo.
Papá alza la mirada y el teléfono dejándome ver a mi hermana menor, Aradia con mi
hermano Aysel acompañándola.

—Papá, mamá dice que si puedes llevarnos al estudio de papá Ethan, Aysel debe practicar
guitarra eléctrica y yo quiero ver los pececitos del acuario—sus ojos marrones grandes
contrastan con su largo cabello rubio dándole una apariencia angelical.

Aradia tiene 11 años, y Aysel tiene 16, ella lleva un vestido naranja de tul, aquel que usa para
ver a los peces del acuario, tiene una bonita admiración por los animales marinos. Aysel en
cambio lleva una camiseta negra y unos vaqueros del mismo color, está cruzado de brazos
con una mirada aburrida.

Él toca la guitarra eléctrica y es muy bueno en eso, es el único momento en que lo ves sonreír
genuinamente, se lleva muy bien con papá Ethan a pesar de que Aradia sea su hija biológica y
Aysel sea hijo de papá Theo.

Ambos son tan diferentes a simple vista.

—Si no nos quieres llevar solo danos la autorización para ir con los guardias—le dice Aysel a
papá cuando sus rasgos se vuelven de completa seriedad.

Los ojos verdes eléctricos de Aysel chocan con la pantalla dejándome helada. Sus ojos
parecen un roce de corriente, son de un verde eléctrico único y le queda especialmente bien
con su cabello castaño con mechas rubias, es un lindo balayage natural.

—Hola, Lilith—me sonríe un poco.

—Hola, hermano y hola pequeña Aradia—muevo mi mano saludándolos a ambos.

—Revisa tu teléfono, te envié un mensaje de parte de Adrienne.

Me quedo quieta un minuto antes de asentir.

—Lo haré, gracias, Aysel.

—Suficiente, ya les envío la autorización a los guardias, vayan saliendo—Hades les hace una
seña para que salgan del laboratorio.

Ellos lo hacen, Aysel rodando los ojos y Aradia sonriendo.

Sigo hablando con papá un rato, luego le doy un reporte de Uriel, Abalám y sus estudios sin
mencionar el tema de la pelea, todos los problemas que Abalám está causando, el que Uriel
vuelve a estar en las sombras porque nadie sabe de él.

Cuando cuelgo, ya estoy lista solo para colocarme la peluca y el antifaz. Estoy más enérgica
que toda la semana y es que hablar con papá me dió valor y poder.
Tomo la peluca castaña antes de ajustarla sobre mi cabeza, coloco los pasadores y todo lo
acordé para que quede lo más realista posible. No podía ponérmela frente a papá porque
sabría que no iré a una reunión casual con los chicos.

Me ajusto el vestido negro con un escote prominente y espalda descubierta, es algo corto pero
no tanto, por último me coloco unas zapatillas de tacón.

Tomo unas lentillas marrones naturales y las coloco con cuidado sobre mi iris antes de
ajustarme el antifaz y quedar irreconocible.

A veces quisiera tener el súper poder de leer la mente de todos y así tal vez no sería tan difícil
la comunicación. Quisiera entender por qué Aiden no puede dejar de lado su odio mortal
hacia mí.

Necesito saber por qué, debe haber algo mucho más profundo que el simple hecho de haber
visto cómo dejaba morir a su madre. Debe haber algo más que mi simple presencia para hacer
que me tenga tanto odio y le cueste aprender a sentir por mí.

Y yo necesito encontrar esa razón, porque algo me dice que todo se conecta con lo que
ocultan así que sin más salgo del apartamento asegurándome de dejarle algo de comer a Lila.

Él aire frío de la noche me pone la piel de gallina y aumenta la maraña de nervios en mi


estómago, hora de descubrir la verdad.

Llego hasta la mansión de Connor y la primera capa de seguridad me deja acceder sin
problema alguno después de decir la palabra clave.

Cuando le entrego las llaves del auto a uno de los guardias es que empiezo a sentir las ganas
de huir, la música es fuerte, tanto que parece marearme.

Sigo a la multitud que acaba de llegar hacia lo que creo debe ser una de las tantas entradas.
La mansión es grande, tiene unos siete pisos como mínimo y al menos cuatro divisiones por
lo que me siento como una hormiga en una montaña.

Trato de no relacionarme con ninguno de ellos para pasar desapercibida, mis pasos son
ligeros y delicados y realmente no llamo mucho la atención.

Después de una larga caminata llegamos a unas grandes puertas de madera negra que parecen
sacadas de una época antigua. Arriba de cada una hay dos ángeles sin ojos y con las alas
caídas que parecen llorar una sustancia negra.

La imponente mansión se alza entre la niebla como una escena de película de terror o un libro
de fantasía. Para agregar aún más retoricismo a la escena el sonido de los búhos y algunos
cuervos resuena en el ambiente contrastando con la fuerte música. Luce tal como una iglesia
al estilo gótico.
Las puertas se abren chirreando contra el suelo y dándonos acceso a la gran fila de personas
que esperan a acceder, los guardias de la puerta llevan trajes negros y máscaras blancas sin
boca. Creo que estoy empezando a querer irme de aquí.

Uno de los guardias está entregando lo que parecen ser brazaletes y collares de un color
distinto para cada individuo que entra. Luego confisca los teléfonos y les pasa un escáner de
seguridad buscando algún arma u aparato electrónico. Todo lo guardan en una cesta con el
color correspondiente de cada uno.

La fila avanza más rápido de lo que parece y mi cuerpo empieza a congelarse del miedo.
Quizás debería dar marcha atrás y hacer caso a las palabras de Aiden.

Pero no puedo hacerlo o jamás sabré la verdad. Jamás sabré que pasa por la cabeza de Aiden
y eso sería en realidad frustrante. Pasaré este peligro por la verdad.

Ya estoy aquí, no daré marcha atrás, estuve horas alistándome y tomando valor.

Cuando llega mi turno le muestro el mensaje de invitación y vuelvo a decir la palabra, él


guardia lo chequea y lo pasa por un monitor antes de que acá un sonoro "clic", me pasa el
escáner y cuando se asegura de que no llevo nada guarda mi celular en una bolsa y se lo da a
su compañero.

—Escogerás un color en la pantalla, los que tienen un borde verde son los cupos libres los
que tienen una equis roja están ocupados—el otro guardia me da las indicaciones.

Me acerco a la pantalla y deslizó mi dedo en la misma buscando colores disponibles,


inconscientemente me voy hacia la gama de violetas y veo el lila, disponible.

¿No puede reconocerme solo por un brazalete Lila, verdad? Que estúpida, obvio no, llevo
peluca y lentillas.

Presiono el color Lila y de inmediato se pone en rojo, ese color es el mío. El guardia toma el
único brazalete Lila y lo ajusta a mi muñeca antes de hacer lo mismo con una gargantilla que
suelta un ligero pitido al ajustarse en mi garganta, raro.

Me indica con la cabeza que entre y eso hago, mis pasos son suaves y debo parecer un
conejillo asustadizo en una cueva de lobos hambrientos.

Me dedico a pasar entre los pasillos siguiendo la música y me detengo al llegar a lo que
parece un salón de fiesta pero que fácilmente podría ser diez veces mi apartamento, tiene dos
pisos y unos grandes candelabros negros y dorados que si se caen podrían matarnos a todos
aquí.

Nadie baila más bien hablan entre sí, unos lo hacen angustiados, otros denotan cansancio
mientras que incluso hay algunos ansiosos.

Trato de mezclarme sin interactuar, escucho sus conversaciones deprimentes y cómo muchos
aseguran morir hoy mientras que otros planean seguir su drogadicción, incluso oí a varios
hablar de ninfomanía, más de los que me gustaría recordar.
Esto es tétrico, realmente espeluznante, me siento como si estuviera en los juegos del hambre
y en cualquier momento estaré muerta dentro de un charco jugoso de mi propia sangre en el
suelo.

Deshago esos pensamientos antes de caer en la locura y el arrepentimiento y me enfoco en


ver a más personas entrando, supongo que cuando los colores se acaben las entradas igual.
Hay varias variedades de color aquí sin embargo deben acabar en algún momento.

Todos llevamos antifaces, lo único que nos distingue son los colores en el brazalete y en la
gargantilla.

Pasa al menos una hora hasta que las puertas se cierran con la entrada del último color, un
verde oliva y las luces se apagan poniéndome los pelos de punta y el corazón retumbante. Lo
único que brilla en la oscuridad son los colores de los brazaletes y las gargantillas.

—Mierda, espero que me toque el dorado—susurra la voz de una chica, el color fucsia, a su
amiga, el color turquesa.

Ambas están frente a mí y miran hacia el piso de arriba con ansias.

—Estás loca, vine aquí a follar, con él solo conseguiré una sobredosis o un retorcido juego
mental—dice la turquesa fingiendo un escalofrío.

—Es peor que te toque el morado, es jodidamente despiadado, no tiene compasión.

—Él definitivamente nos mataría—turquesa piensa un momento—. Debemos buscar a


azul...aunque incluso él se vuelve loco pero es un demonio fenomenal.

—Olvídalo, mucha potencia, diría que verde sería una opción pero nunca se sabe su humor, o
nos mata o nos folla pero jamás se sabe que será—murmura fucsia.

—Oí que este año incluyeron a un nuevo integrante de The Hellfire 's, al parecer él será
rosado.

—Suena comestible—fucsia ríe.

—Quizás él te devore a tí, hay dos formas de que eso suceda—turquesa hace un mueca.

—No pienso perder, mataremos a todos estos tontos, bebé.

¿Mataremos? ¿Qué carajos? Miro hacia el segundo piso esperando ver un poco de luz pero
nada ocurre. Podría escabullirme si así lo quiero... ¿verdad?

El silencio cae en la sala cuando un destello de luz abarca las puertas negras del segundo
piso, estas se abren con un sonido chirriante y luego miles de luces se prenden a nuestro
alrededor alumbrando las innumerables puertas y a un montón de guardias con las máscaras
blancas de película de terror.
Hay seis hombres que salen de las puertas negras del piso de arriba, todos visten de negro y
son hombres pero lo que los caracteriza son las máscaras con aspecto de demonio con los
cuernos incluidos y colores metálicos que brillan más que mi posible futuro.

El de máscara azul está en el centro, a su derecha está el dorado y a su izquierda el verde. El


rosado, el morado y el blanco llenan los costados.

No puedo hablar casi ni parpadear por lo realistas y demoníacas que se ven sus máscaras pero
eso no es solo lo aterrador sino sus cuerpos definidos y fuertes que me hacen temblar, su
simple presencia y aura llena de terror la sala.

Vale, entre ellos seis deben estar Atlas, Connor, Naim y Aiden. ¿Pero y los otros dos quiénes
son? Bueno, en realidad aún no logro diferenciar quién es quién ya que no se ven ni siquiera
sus cabellos.

La realidad es que estoy bien así, vengo aquí para encontrar a alguien que me proporcione
información y si encuentro a Jane sería fabuloso, lo que sea que ellos le estén brindando yo
también puedo hacerlo, le daré todo tipo de información a cambio de lo que ella sepa.

El sudor baja por mis sienes y el dolor punzante en mi cabeza parece querer hacerme estallar.
La música deja de sonar dejando un silencio sepulcral en el que me doy cuenta de que estoy
aguantando el aire para que no se escuche mi respiración, cuando caigo en cuenta suelto con
cuidado el aire que había reprimido mientras trato de identificar quién es Aiden.

—Bienvenidos a todos, si estás aquí es porque llegaste a la conmemorada fiesta anual de la


Isla Queen—una gruesa voz modificada inunda los parlantes—. En este momento cada uno
de ustedes es un insignificante jugador, ninguno tiene valor por lo que no hay preferencias o
favoritismos hacia nadie. Todos son desconocidos y si son amigos les aseguramos que al salir
no lo serán.

Todo empieza a alterarse más de lo normal llenándome de más nervios.

—A partir de este preciso momento su vida no les pertenece, ahora está en mano de los
demonios. Lo que ellos ordenen ustedes lo harán sin importar qué. Si no están dispuestos a
seguir las órdenes...—guarda silencio—. Lástima, ya es tarde, o se van con un agujero en la
frente o juegan.

Una presión se instala en mi estómago con las ganas de vomitar.

—Damas y caballeros. Oficialmente damos inicio a la quinta ceremonia consecutiva realizada


y organizada por los Hellfire 's.

El silencio y la sensación abarcante de pánico llenan la estancia mientras el hombre de la voz


continúa hablando.

—Todos saben las reglas, y si no lo haces haremos un rápido repaso. Se asignarán colores
emparejados para que puedan matarse entre sí hasta que solo queden diez que podrán
disfrutar de las acogedoras invitaciones de los anfitriones. El juego de hoy serán las
escondidas, si los fundadores los encuentran antes de que maten a todos sus objetivos están
muertos.
La voz del parlante hace silencio y mi corazón puede estar en presencia de un ataque
cardíaco. ¿Qué especie de locura es esta?

¿Escondite? Joder, vaya mierda. Soy jodidamente mala en este juego y realmente no vine
aquí a morir.

—Cada anfitrión podrá elegir un arma para ataque debido a la desventaja de este año de
trescientas personas contra seis. Recuerden que pueden atacar contra los anfitriones...si lo
logran.

¿Armas? Mierda. Lo bueno es que puedo atacar contra ellos, eso me da ventaja, sé cómo
pelean Atlas, Aiden, Connor y Naim. El problema es lograr ganar pero al menos eso me da
algo de ventaja.

—Tienen en total veinte minutos para esconderse, no pueden salir del perímetro de esta
sección de la mansión. Ahora sí, que empiece el juego.

La voz muere y un reloj digital con números rojos empieza a hacer la cuenta regresiva. Todos
empiezan a correr y yo caigo en cuenta haciendo lo mismo tratando de buscar un buen
escondite.

Los sonidos de gritos llenan las paredes de la mansión mientras sigo corriendo buscando una
escondite perfecto hasta que llego a lo que creo es una sala de cine.

Mis dedos tiemblan y mis manos también, el tiempo parece ser rápido cuando estás asustado
porque el pitido del final llega a mis oídos.

Joder.
Aiden

C
orren como pequeñas ratas—murmuro en voz baja.

Los seis estamos viendo desde lo alto a todos los colores moverse cómo ratas
asustadizas por los pasillos de la mansión. Es caóticamente equilibrado.

El ambiente se llena de pánico, avaricia, miedo y posibles asesinatos que se darán en menos
de diez minutos y mis demonios están felices y ansiosos por eso.

Momentos cómo estos son los que me hacen sacar mi verdadera personalidad y me siento
plenamente lleno. Logro sentir lo máximo que puedo aquí, la satisfacción de ver a todos
matándose, acabando sus vidas con desgracias por algo insignificante solo me demuestra lo
basada y estúpida que es la sociedad.

—Joder, estoy ansioso maldición, ¿cuánto falta?—Connor mueve su pie ansioso por ir a la
caza—. Romperé más huesos que en los últimos años, estoy más especializado ahora.

La idea del escondite fue propuesta especialmente por el demonio blanco y ninguno pudo
negarse debido a lo divertido que esto podría ser, incluido el cerebrito de Atlas.

Aunque ahora no parece tan cerebrito vestido de forma casual en negro y con una metralleta
guindando en su espalda. Él tiene los mismos demonios que yo solo que decide experimentar
con ellos cuando nadie sabe quién es y eso está bien porque después de todo eso es lo que
hago yo.

— ¿Le pusiste silenciador?—le pregunta rosado a Atlas—. No sería divertido si se escucha el


sonido.

—Lo hice ahora apártate—Atlas retrocede apartándose de rosado.

— ¿Tú qué pretendes lograr con unas cadenas?—le pregunta Connor a rosado.

—Me las ingeniare—palmea el hombro de Connor—. Quizás haya Diosas esperando una
revelación que solo podré dar yo, ¿no creen?
La mención de Diosas me hace tensarme. No, ella no está aquí, me aseguré de dejarla en su
apartamento y lo último que pude chequear en la cámara que implanté en una de las flores es
que estaba hablando con Hades y sus hermanos.

— ¿Tú qué pretendes usar?—Connor le pregunta a Naim.

—Bate—lo levanta con simpleza sin dar más detalles.

—No puedo creer que escogieras flechas, tomará más tiempo que las cadenas—rosado
engancha su cadena en el arco y flechas atados en la espalda de Connor.

Ruedo los ojos detrás de mí máscara mientras juego con mi espada y decido posicionarme al
lado de blanco.

Él da dos toques en la cámara para que el hacker que maneja la vigilancia pueda escucharlo
antes de decirle:

—Adelanta la cuenta, me cansé de esperar.

Pasan segundos antes de que él sonido de la voz del hacker se escuche.

—Listo.

El conteo corre mucho más rápido, justo ahora quedan tres minutos y aún sigo viendo a
presencias entre la oscuridad. Odio cuando no se esconden bien y lo dejan fácil.

Connor se balancea en mi dirección pasando un brazo sobre mis hombros y lo aparto con
brusquedad.

—No me toques.

—Connor, ¿podrías quedarte quieto solo por hoy?—murmura Atlas inexpresivo.

—Púdrete por toda la puta noche, Atlas. Juro que si te pones en tu modo cerebrito clavaré
estas flechas una por una en tus pelotas—lo apunta con el dedo amenazándolo.

—No lo harías—Atlas da vuelta empezando a bajar las escaleras.

Justo el contador suelta el pitido al llegar a cero y todos bajamos con calma las escaleras
empezando la búsqueda.

Sonrió detrás de la máscara empezando a captar movimiento. La risa de Connor retumba en


las paredes con la adrenalina al máximo.

Todos nos dispersamos buscando nuestro propio camino, mis sentidos se activan mientras
puedo escuchar las respiraciones aceleradas, siento las miradas nerviosas y los leves sonidos
que hacen involuntariamente.

Sé cómo tener la energía suficiente para poder atacar y percibir a los otros pero a la vez sé
cómo ocultarme en la oscuridad.
Justo ahora es el momento en el que puedo fluir con mis demonios sin tener la necesidad de
reprimirlos, puedo permitirme romper las barreras y usar mis ansias para que ellos deambulen
en la oscuridad buscando su propia necesidad.

Usualmente mis demonios están enjaulados, gritando y retorciéndose por ir a la búsqueda de


presas. Sin embargo momentos cómo está noche o cuando debo trabajar como ejecutor les
permiten ir libremente y tomar el control de la situación con satisfacción.

Estoy en mi campo y mi especialidad por lo tanto es el momento exacto de atacar. El miedo


contamina el aire cuando decido pasearme con mi espada con tranquilidad por cada pasillo.

Puedo olfatear el sudor y los olores corporales propios de cada uno, puedo sentir las
respiraciones rebosantes de pánico y adrenalina.

Cierro los ojos tratando de captar el movimiento cercano a un lado de mí, inhalo
profundamente intoxicando mis pulmones con mi droga favorita poniendo mi sangre
burbujeante ante el miedo rebosante del aire.

Sin embargo otro olor penetra mis fosas nasales, lavandas. Estoy enloqueciendo pero es
jodidamente placentero el olor de cierta Diosa.

No está aquí y sin embargo mis músculos están tensos y mis pensamientos ruedan con
imágenes de ella acostada en su cama con alguno de esos pijamas sexys en color lila.

Por alguna razón incluso mis demonios parecen más atentos a la idea de ir por Lilith que estar
aquí, algo completamente inaceptable.

Sonrío cuando siento la presencia de alguien a mi lado y antes de que ataque levanto mi mano
empuñando la espada y atravieso todo su abdomen con ella clavándolo a la pared.

La saco y el cuerpo cae inerte al suelo mientras el filo de la espada chorrea la sangre. De
inmediato suena la descalificación del color beige y anuncian que quedan doscientos ochenta,
lo que quiere decir que entre los otros han descalificado a diecinueve.

De inmediato decido revisar los armarios, las personas buscan esconderse en lugares cerrados
o con puertas para sentirse escondidos más no acorralados ya que tendrían la opción de
cerrarla o salir.

Me consigo a unos tres idiotas que creyeron que esconderse en un armario los haría
irreconocibles y sus colores resuenan en el altavoz:

—Color negro, gris y cobalto eliminados.

El sonido de suaves pisadas llena mis oídos y me muevo justo a tiempo para evitar que me
claven un candelabro en la cabeza. Tomo a la chica amarillo neón del cabello y pongo mi
espada en su garganta cortándola de un solo movimiento.

—Quedan doscientos tres participantes. Color amarillo neón, mostaza, carne y violeta
eliminados—resuena en los altavoces.
Me tomo mi tiempo buscando y acabando con más individuos hasta que anuncian que quedan
solo cien participantes de los cuales solo diez han sido inteligentes al esconderse.

La mayoría de tontos deciden esconderse con sus amigos suicidas que deciden venir aquí a
morir en conjunto, algo extraño si me preguntan.

La sangre ya empieza a secarse en mi piel volviéndose algo asqueroso al igual que mi olfato
solo puede oler el metal de la sangre.

De igual modo eso no me impide reconocer a las personas restantes, desde que nací se me
hace natural reconocer el miedo característico en las personas, lo que me hace distinguir con
mayor facilidad cuando alguien me teme.

El secreto está en no dejar que las emociones te consuman, si sientes demasiado aquellos que
buscan hacerte caer se darán cuenta y lo usarán en tu contra, como por ejemplo el brazalete
rosa fosforescente que tuvo que caérsele a alguien al estar tan asustado como para
recuperarlo.

Sigo los rastros del horrendo aroma dulce de quién supongo es rosa fosforescente, lo hago
con naturalidad como si fuera un simple paseo. Un suave gemido de dolor me hace sonreír,
tomo el pomo de la puerta de la sala de música y la giro.

Extiendo la espada y trato de localizar al color en la oscuridad hasta que su respiración se


vuelve demasiado pesada como para poder ocultarse. Camino hasta la tapa del piano, debe ser
una chica menuda para esconderse aquí.

Levanto la tapa con facilidad y de inmediato sus ojos se abren de par en par con el miedo
rebosante.

—Quedan sesenta y cinco colores, carmesí y oliva están fuera—resuena en el altavoz.

Sonrió tras la máscara, listo para acabar con la chica rosa fosforescente, sin embargo ella es
más rápida clavando su tacón en mi abdomen, la tapa del piano cae pisando sus dedos y
sacándole un grito sordo que me hace reír.

El mismo hace eco en el aire y mi sangre hierve con la adrenalina haciendo que mis
hormonas trabajen con mayor fluidez.

—Acabas de llamar a todos los demonios, chica tonta—niego divertido.

Siento la presencia de otro de nosotros aquí y no me hace falta verlo para saber que es rosado.

—Vaya, vaya, al parecer conseguí primero a un lindo caos fucsia que a cierta Diosa
espeluznante—rosado inclina su cabeza detallando a la chica rosa fosforescente.

Su cabello es negro y unas largas mechas fucsias se extienden por el mismo, casi diría que la
conozco pero Heidi, la prima de Enzo, definitivamente no estaría aquí, no puedo distinguir el
color de sus ojos para determinar quién es y realmente tampoco me interesa, creo que se la
dejaré a rosado quién parece más interesado en ella que yo.
Salgo de la sala de música para dirigirme a las habitaciones restantes, quedan solo cincuenta
participantes lo que quiere decir que hay cuarenta que deben morir y están dándoselas de
listos.

Disminuyó la velocidad yendo al jardín dónde me encuentro con Atlas clavando la


ametralladora en la garganta de un tipo y de inmediato su color resuena en los altavoces
anunciando que quedan sólo cuarenta y nueve.

— ¿Qué falta por revisar?—pregunto llegando a su lado.

—No he ido a la sala de cines, a la de música ni a la habitación de limpieza.

—Yo ya fuí a las dos últimas, me falta la sala de cines.

—Color ámbar y marrón eliminados, quedan cuarenta y tres participantes—habla el altavoz.

Atlas y yo decidimos ir juntos en busca de los demás pero nos detenemos cuando
encontramos manchones de tierra en las escaleras al tercer piso.

Lo ideal sería seguirlos sin embargo está manchado en una posición que sería perfecta para
las pisadas de alguien asustado por lo que es perfectamente una distracción que hicieron
seguramente en grupo a juzgar que hay dos habitaciones a cada lado de las escaleras en la
parte inferior.

Inteligente opción, hubiera quedado aún más creíble si no lo organizaban tan perfectamente
para que parezcan pisadas marcadas.

Le hago una seña a Atlas para que vaya a la puerta derecha y yo voy a la izquierda, apenas la
abro puedo escuchar la tranquila respiración pero no soy tan rápido porque siento un golpe en
mi brazo derecho cuando me roza un cuchillo.

La sangre brota de mi bíceps en pequeños hilos, no lo hizo lo suficientemente fuerte como


para hacer un daño real. Solo siento un poco de ardor que es compensado con las caras de
horror de los seis participantes dentro de la habitación.

El líquido tibio se desliza por mi brazo hasta caer al suelo en un sonoro goteo. Lentamente
inclino la cabeza detallando con ahínco a mis víctimas coloridas. Están todos sosteniendo un
arma improvisada creyendo por algún segundo que pueden atacarme.

—Tenías que lanzarlo más arriba para llegar al cuello—sonrió macabramente detrás de la
máscara aunque no puedan verme.

Levanto mi espada riendo cuando dan un paso atrás, estúpidos.

—Estar temblando frente a tu asesino no te dará muchas posibilidades de vivir. Y si no quitan


esas caras de pánico y dejan de temblar acabaré con ustedes en...—levanto mi espada y
aprovecho la distracción de naranja para atravesar su cráneo con la espada—. Segundos.
Cae muerto al suelo y sus amigos sueltan unos murmullos horrorizados. Todos empiezan a
correr en mi dirección como una manada de mamás osos, río y me muevo con agilidad
dejando que por la velocidad de sus cuerpos al correr se estrellen como torpes con la pared

Clavo la espada en el cuello de dos al mismo tiempo haciendo que parezca un palillo con
marshmallows. Divertido.

Quedan solo tres que se levantan con rapidez, una de ellas literalmente se está suicidando
frente a mí con clavarse una navaja en la arteria radial.

—Así sufrirás más, pero quién soy yo para juzgar—sonrío dejando que se muera lentamente
en el suelo.

Seis colores resuenan al unísono Al ser eliminados, debo suponer que son los de Atlas.

Arrastro la espada por el suelo de mármol haciendo que el metal resuene, sin dejar que corran
y ya algo aburrido porque no dieron pelea los acabo de un movimiento a ambos.

—Patéticamente aburridos.

El locutor anuncia los seis colores que acabo de matar y salgo de la habitación
encontrándome con Atlas.

—Tan solo quedan veintiocho colores, dieciocho deben morir—resuena por las bocinas con
una macabra risa.

—Ya me aburrí—trueno mi cuello mientras ambos caminamos con tranquilidad por los
pasillos de la mansión.

Lo único entretenido de la noche fué la pelea mínima con rosa fosforescente quién ahora que
lo menciono no ha resonado como descalificada lo que quiere decir que logró escapar de
rosado. Interesante.

Mi celular suena y frunzo el ceño, todos saben que no podemos atender hoy porque somos
anfitriones, sin embargo decido sacarlo para asegurarme de que no sea cierta Diosa porque si
es ella definitivamente saldría de aquí para ir a buscarla.

Me sorprendo al encontrar un número desconocido así que decido atender ante un reto real.

— ¿Quién?

—Sé que te caigo mal pero necesito que por un momento sirvas para algo en tú miserable
vida y empieces a buscar a Lilith antes de que la eliminen—la voz del príncipe ruso se filtra
por mis oídos como una sierra.

— ¿A qué te refieres con buscar a Lilith?

Atlas se detiene prestando atención a la conversación.


—Está en la fiesta, la ví pasando a la sala de cine pero estoy aquí y no la veo, sin embargo si
hay un zapato de hombre—gruñe con molestia.

No me inmuto en preguntar que hace en la fiesta o por qué sigue vivo porque mi prioridad
ahora se convierte en buscar a Lilith en la fiesta, fiesta a la que le pedí y le rogué que no
asistiera.

—Vamos para allá, quítate el antifaz para poderte reconocer—cuelgo.

Le doy un rápido reporte a Atlas mientras empezamos a buscar desesperadamente por cada
rincón y grieta de la mansión.

Quedan exactamente veinte participantes de los cuales uno es Nikolay y otra es Lilith quién
está desaparecida con un posible hombre que secuestraré para acabar lentamente con su vida.

Jódanme si algo le pasa, sí es un reto del día de hoy pero juro que si le pasa algo por
imprudente y desobediente la voy a joder de todas las formas posibles.

Me detengo frente a una de las habitaciones de invitados cuando me llega un aroma, es...
ligero. Es ella, lavandas, sabía que no estaba loco, era ella quién me olió a lavandas horas
atrás.

Sin tomarme más tiempo decido sonreír al escuchar unos sonoros golpes dentro de la
habitación, demasiado torpes pero a la vez inteligentes, mis músculos se contraen cuando
abro la maldita puerta y veo la escena desarrollándose.

Mi sangre se vuela por mi piel ante las posibilidades de muerte y cada idea de tortura rueda
por mi mente. Mi respiración se sincroniza con mi ritmo cardíaco acelerado cuando me
acerco en grandes zancadas y tomo a uno de los dos idiotas apartándolo de Lilith pero
dejando que la patada que ella le da impacte en sus bolas.

Auch.

Está irreconocible pero sé que es ella, su aroma y la forma de sus curvas no pueden ocultarse
tras una peluca y unas lentillas.

Agarrando al idiota lo estampó contra una de las paredes volándole unos cuantos dientes.

Veo de reojo como Nikolay entra a la habitación siendo cubierto con Atlas, vaya, vaya, el
príncipe no quiere ser descubierto en sus hazañas.

Atlas toma a Lilith que al parecer le falla una rodilla y la carga sacándola de la habitación lo
que me da paso libre para matar a este imbécil mientras Nikolay se encarga del otro.

Mi visión se vuelve roja y mi mente caótica con pensamientos destructivos que se ven
calmados sorprendentemente por el ligero aroma a lavandas que aún queda plasmado en el
ambiente y es lo que me da paso a tener una calma real sobre lo que hago.
Me tomo de la mano con el diablo para hacer todo tipo de desfiguración en la cara del
degenerado en mi potestad y vuelvo su expresión digna de una película de terror con
clasificación D.

Por último completo el trabajo de Lilith clavando la espada en su aparato reproductor


haciendo un fin a toda su posible descendencia y acabando con su miserable vida.

Dejo a Nikolay hacer su trabajo y le concedo mis respetos no solo por salvarle la vida a Lilith
sino por estar matando a un idiota como todo un profesional. Digo, no me cae bien aún sin
embargo tiene algo que nadie tiene de mí, respeto, uno merecido.

Asiento en su dirección antes de salir apresurado caminando sin importarme los otros
participantes restantes que creo deberían ser dos o tres, rosado, blanco, azul y verde se
encargarán de ellos.

Trato de seguir el rastro de Atlas para encontrar a Lilith muy concentrado hasta que un
cuerpo choca con el mío casi haciéndonos caer a ambos por las escaleras.

Es un hombre un poco más bajo que yo...un chico, es menor que yo y por mucho.

No parece haberse dado se su error abrupto al chocarse conmigo, parece más aterrado por
aquello que lo persigue pero se detiene en seco cuando me ve, su color es el verde neón.

Está temblando como un conejillo pero aún así parece importarle poco mi presencia cuando
nota las pisadas detrás de él. Me fijo en la presencia de Naim detrás de él, su máscara verde
ya parece roja con tanta sangre, incluso parece el mismísimo diablo con sus brazos rojos
chorreando al suelo.

El chico sigue bajando las escaleras lentamente mirando a Naim e ignorándome por
completo, creo que haré exactamente lo mismo.

—Los conejitos cómo tú jamás pueden escapar de demonios como yo—murmura Naim con
un ligero tono maníaco.

Procedo a ignorar deliberadamente la escena de tensión desarrollándose frente a mí y le dejo


el verde neón a Naim mientras sigo buscando a cierta Diosa con Atlas.

Naim y el chico pasan frente a mí corriendo cómo conejito y cazador, debo aportar que el
chico corre rápido y es bastante ágil lo cual le da un pase de ventaja.

En mi larga caminata me encuentro con rosado escoltando y acompañando a la chica de


mechas fucsias. Mmm, interesante. Me pregunto qué de especial tendrá la chica para llamar
la atención de alguien como rosado.

Sigo los pasos de Atlas cuidadosamente hasta que mis pies se detienen en el jardín cuando
noto las pisadas de Atlas en la tierra, sólo él usaría unos mocasines Hermes para esto.

No me equivoco porque lo encuentro sanando la rodilla de la Diosa quién aún carga una
peluca castaña y unas lentillas marrones.
Camino en su dirección sonriendo. Es hora de darle un castigo a la Diosa por desobedecer
mis órdenes.
Lilith

D esde que empecé a buscar un escondite sabía que algo pasaría y efectivamente
así fué.

La cantidad de muertes que presencié hoy me tienen el estómago revuelto y el


vómito en la garganta.

Antes oía rumores de las fiestas locas anuales que realizan los chicos para la celebración de la
isla. Pero juro que jamás imaginé está locura demoníaca.

Debo admitir que en mis intentos de huir de esos desquiciados, los cuales fueron más de diez
especialmente de blanco, por alguna razón siempre estaba cerca y estoy más que segura de
que me notó pero por algún motivo no me mató.

Al inicio creí que era Aiden pero luego cuando pasé al lado de morado y el conocido olor
cítrico me caló en los pulmones sabía que me había equivocado.

Aunque debo admitir que no fue nada bonito presenciar a Aiden clavándole la espada a
alguien en la garganta hasta que se ahogó y murió. Fue algo desagradable, no por él sino
porque debe ser una terrible forma de morir.

Entonces mientras huía de ellos algún tonto me tomó de la mano y me tapo la boca hasta
meterme en una habitación dónde estaba su estúpido amigo. Peleé con ambos hasta
romperme la puta rodilla y cuando pensaba romperle las bolas morado y dorado entraron,
morado, es decir, Aiden, me quitó al tipo de encima.

Quise ver qué hacía pero cuando dorado, que ahora sé que es Atlas me sacó de la habitación
mi cerebro entró en conciencia de dos cosas, una, había sido descubierta patéticamente, y dos,
estaba sola con Atlas con mi rodilla rota y él cargándome.

Fué un momento un tanto incómodo considerando nuestras actuales diferencias y que jamás
habló en el camino hasta el jardín que es dónde estamos ahora.

Él revisa mi rodilla y yo evalúo lo que hace.


—Tienes que usar hielo, solo te raspaste, nada interno de lo que haya que preocuparse—se
levanta metiendo sus manos en sus bolsillos.

Es extraño verlo sin un traje, especialmente cuando desde que es un niño los usa. El en serio
jamás deja de usarlos.

—Gracias—murmuro a secas.

— ¿Puedo saber qué haces aquí?—masculla con seriedad.

—No es tu asunto—me levanto ignorando la punzada eléctrica en mi rodilla.

—Lo es cuando estás involucrada en mis cosas, Lilith—se quita la máscara dejándome ver
sus gélidos ojos.

— ¿Tú no eres el ser supremo del mundo?—me burlo recordando sus palabras egocéntricas
en una parte de la discusión—. Si tanta mierda te crees entonces averígualo tú.

Su mandíbula se tensa y sus ojos sueltan una chispa de reto, le molesta cuando lo hacen sentir
inferior, un defecto que siempre usé a mi favor y que no cambiará ahora.

—Lo haré.

—Solo si a mí me da la gana, ¿y adivina qué? No me da la gana de que lo sepas, linda noche


con tus sumisas prostitutas, hermano—palmeo su hombro dispuesta a ir a buscar a Jane.

Quiero irme de esta fiesta de matanza antes de tener que enfrentar a Aiden. Empiezo a
caminar apresurada hasta el primer camino que veo pero mientras más camino más parezco
perderme.

¿Qué carajos es esto? ¿Un laberinto? Tiene toda la pinta de serlo, estoy rodeada de murales
de plantas y flores con muchos caminos sin salida. Maldición.

La sensación de ser observada incrementa tanto que empiezo a correr en algún punto,
nerviosa de que me estén siguiendo estos locos asesinos, quizás Atlas decidió matarme por
andar de chistosa.

Soy muy buena corredora, soy rápida y sé cómo mantener el ritmo sin cansarme, lo cual es
bueno y me da el tiempo suficiente para que el loco que me sigue no decida matarme.

Si no me equivoco falta una sola persona que debe morir para que el juego acabe y juro que
no seré yo.

Desde aquí puedo escuchar los gritos y gemidos de dolor, los gorgoteos y lloriqueos que me
hacen estremecer y que son un motor para aumentar la velocidad.

Quién sea que me esté siguiendo lo hace muy bien, no me ha perdido el hilo ni un segundo, lo
siento y escucho sus pasos como un terrorífico cazador.
He saltado trampas, pasado sobre piedras dejando ramas en el camino y aún sigue mi ritmo.
Me alcanzará pronto y es lo único que puedo pensar cuando llego al final y debo decidirme si
cruzar a la izquierda o a la derecha.

No tengo tiempo de pensar así que sigo mi instinto corriendo hacia la izquierda con mi nueva
velocidad quedándome varada cuando llego a una pared sin salida.

Me pienso seriamente el escalar la pared pero probablemente le daría un festín de mi culo a


quién sea que me siga, sin embargo eso debe ser mejor que la muerte así que me saco los
tacones tirándolos a un lado y me saco le maldita peluca que tanto estrés me causó
enredándose en más ramas que mis tacones en la tierra.

Con mi cabello libre me lo puedo atar a gusto y empiezo a ver cómo carajos puedo subir.
Inhalo profundamente antes de soltar una exhalación y empezar a posicionar mi pie en las
plantas enredaderas.

Sigo subiendo ignorando las espinas que se clavan en mi planta del pie tratando de poner el
dolor en segundo plano.

Estoy a mitad de camino cuando puedo observar a quién me seguía cruzando a no sé dónde
que está muy cerca de aquí. Pero mi miedo se dispara aún más rápido al ver la máscara de
demonio morada. Aiden.

Me estremezco al pensar en todo lo que me haría si llego a caer en sus manos, joder.

Yo literalmente le juré que me quedaría en casa y no vendría a la fiesta y aquí estoy a punto
de ser una sobreviviente después de ver su etapa demoníaca en su máximo esplendor.

Si caigo en sus manos no podré salir, eso es seguro. Un escalofrío me recorre mientras sigo
escalando ahora con mayor ahínco y agilidad.

Pasan unos diez minutos hasta que logro cruzar mi pierna hasta el otro lado y bajo lentamente
hasta caer al suelo.

Mis pies escuecen y me arden como el putísimo infierno cuando rozan los guijarros del suelo.
Miro rápidamente el desastre sangrante que los decora con mi respiración agitada.

Subo la mirada lista para empezar a buscar la salida cuando me quedo paralizada ante la
máscara demoníaca morada que me mira fijamente a la distancia.

Mi pecho sube y baja con el miedo paralizante de ser atrapada por él, quién parece realmente
entretenido con su cabeza algo ladeada y una calma escalofriante en su postura.

Maldición.

El imbécil dió la vuelta desde el lado derecho para llegar hasta dónde sabía que yo saldría.
Jugó sucio dándome el tiempo suficiente y la confianza para escalar y desaparecer en este
lado del muro dónde él ya estaría.
Su mano ahora no tiene una espada si no que tiene una daga que parece limpia a comparación
de su estado sucio con la sangre de todos los muertos del día de hoy.

Se ve tal como un loco asesino en serie sosteniendo esa arma mientras me ve a pocos metros
de distancia.

Intento dar vuelta y volver a escalar pero mi pie lastimado falla cuando una espina se clava en
mi rodilla ya abierta haciéndome soltar un grito desgarrador del dolor que me atraviesa.

Mi cuerpo resbala hacia atrás y mis manos se mueven en el aire mientras cierro los ojos
dejándome caer al suelo. Definitivamente moriré si me clavo una piedra en la cabeza o si...

Mi grito se corta cuando siento un calor húmedo envolverme y atraparme en un fuerte agarre.
Cierro los ojos con fuerza inhalando el fuerte olor a hierro y siento la pegajosidad de la
sangre en el agarre en mis brazos.

El viento remueve mi cabello haciendo que se pegue a mi cara y me doy cuenta de que mi
antifaz se fué, mi cabello está a la vista y lo único que queda son mis lentillas marrones.

—Lindas bragas lilas, cariño, me parecía raro que no usaras nada referente al color y
estuvieras envuelta en un fúnebre negro—su voz baja al menos tres tonos.

Me tenso sintiendo un material frío en mi muslo justo dónde está su agarre.

—Creí que fuí claro al decirte que te quedaras en casa y confíe en tú palabra cuando dijiste
que te quedarías. Fuiste una Diosa desobediente.

Mis ojos se abren con miedo dándome cuenta de que instintivamente mis manos se
afianzaron a su camiseta negra manchando mis dedos de sangre que probablemente no era
inocente.

Sus ojos azules me perforan como dagas afiladas detrás de su máscara morada con aspecto
demoníaco que está manchada de sangre haciéndolo lucir aterrador.

Mi cuerpo parece tener una reacción diferente a las alertas que envía mi cerebro cuando sus
músculos se tensan sofocantemente en su cálido abrazo.

No.

No pensaré en esta estupidez.

— ¿Qué crees que haces, idiota?—trato de que mi voz salga lo más neutral posible, aún con
el nerviosismo en mis venas—. Pudiste darme un maldito infarto.

—Pero no pasó, te veo muy contenta en mis brazos. Ahora contesta, Lilith, no estoy de
humor, ¿qué haces en la maldita fiesta?

—Obviamente quería verte a tí—pongo mi cara de ángel más falsa.

Entrecierra sus ojos con molestia.


—Tenía que hablar con alguien, ¿feliz? Además tenía curiosidad de lo que ocultabas.

Permanece en silencio, tratando de descifrar si miento.

— ¿Y qué descubriste?

—Que eres un psicópata asesino, tú y toda tu secta de demonios enfermos. En serio, ¿qué
tipo de fiesta retorcida es esta? Matan a la gente como si fueran putas ratas, eso es grotesco y
realmente enfermizo. Una fiesta debe ser hermosa, elegante y divertida.

—Te noto nerviosa, Diosa—se burla—. Te ves preciosa así pero me encantaría ver tus ojos
sin esas estúpidas lentillas.

—Deja que te haga caso—bufo sarcástica—. Bájame, no quiero estar contigo.

— ¿Y? Te bajo cuando me dé la gana, además estás castigada por desobediente.

Lo miro incrédula por su osadía.

—Quítate las lentillas, Lilith. Quiero ver tus ojos no esa mierda.

Aprieto los dientes con molestia y me veo obligada a apretarme más contra él para soltar una
de mis manos.

—No puedo meterme el dedo en el ojo así de sucio—pongo mi dedo sucio frente a su
máscara.

Suelta una de sus manos de mi cuerpo sosteniéndome sólo con una y dejándome sorprendida
por su impresionante fuerza al cargarme solo con una mano.

Mete su mano en su bolsillo y me muerdo la lengua cuando pone sobre mi pecho una botella
de alcohol desinfectante.

—Hazlo—ordena, demandante.

A regañadientes me limpio los dedos con el alcohol desinfectante y espero a que seque antes
de mirar hacia arriba y meter mi índice y mi dedo medio en mi ojo derecho sacando la
primera lentillas, me cuesta al menos tres intentos hacerlo por la falta de espejo y ni hablar
del ojo izquierdo que me cuesta como diez intentos.

— ¿Feliz? Ojalá se te caiga el pene mientras duermas—lanzo las lentillas al piso.

—El mundo lloraría si se queda sin veintiocho centímetros, Diosa, incluida tú.

Mi saliva se atora en mi garganta y debo disimular mi nerviosismo y excitación mirando


hacia otro lado.

—Que te sonrojes me excita.


—Todo lo que yo haga te excita.

—Qué bueno que ya lo tengas presente—su cabeza baja hasta mi cuello y mis labios quedan
a centímetros de su garganta.

A pesar de la suciedad de la sangre puedo olerlo a él y mi nariz se pega a su olor soltando un


suave suspiro. Literalmente estoy respirando su cuello y él hace lo mismo conmigo.

Mi respiración se entrecorta acelerando las pulsaciones de mi corazón.

—Aiden...—susurro.

—Dime, cariño—responde en mi cuello con la voz enronquecida.

— ¿Qué haces?—la bola de nervios en mi estómago se tensa.

—Oliendo las lavandas que aparecen en mis pesadillas—dice con simpleza, como si no
estuviera causándole un desmayo interno.

Mi corazón amenaza con estallar en cualquier momento.

— ¿A quién querías buscar?

Mi respiración se detiene.

—Connor—suelto lo primero que sale y que podría creerse.

Mi voz está en un tono bajo y suave, casi hablando con delicadeza.

Su cabeza sale de mi cuello y veo sus ojos oscurecerse, sus pupilas dilatándose detrás de su
máscara resaltando con el morado de la misma y los restos de sangre seca.

— ¿Qué querías de Connor?

—Un favor—suelto con lentitud.

Mi voz hace eco en el silencio que nos envuelve.

— ¿Qué favor?

—Algo sobre tí y ya no te diré más—miento descaradamente.

— ¿Quieres saber algo?—sonríe con sus dientes brillantes cual depredador—. Creo que no es
esa la razón de tu venir, dices estar asustada y llamarme enfermo pero puedo ver lo mucho
que disfrutas estar en mis brazos sangrantes de la sangre que tú llamas inocente, veo la forma
en que tus ojos brillan pidiendo a gritos se devorada aún cuando tú boca suelta las mentiras
más grandes que has dicho. ¿O me equivoco, Diosa?

Quiero decirle que sí, que nada de lo que dice es cierto pero está vez hasta mi boca parece
estar cosida negándose a hablar y negar lo cierto.
No lo es.

Él se equivoca, ¿verdad?

No, no lo hace, lo sé cuándo siento la tensión entre mis piernas o cuando siento mi cuerpo en
erosión.

—Te equivocas.

—Que descarada—suelta una risa baja—. Te atreves a mentirme aún cuando siento tu calor
irradiando en mi mano, aquella que sostiene una daga cerca de tu coño empapado.

Esto no puede ser en serio.

—Estás pidiendo a gritos que toque tu coño necesitado, o quizás que use mi lengua, al
parecer te llevaste bien con ella la última vez.

—Cállate—le doy un codazo en el bíceps haciendo que su agarre flaquee dándome tiempo
para saltar y caer al suelo.

Debo tragarme el dolor cuando mis pies adoloridos tocan el suelo.

—Me largo—empiezo a buscar la forma de irme de este lugar basura.

—Es adorable que creas que puedes escapar de mí—escucho su voz divertida.

Se cruza de brazos mientras se queda parado en medio del camino a mi salida. Mi mirada va
inconscientemente al bulto en sus pantalones y casi me ahogo con mi propia saliva como una
tonta.

— ¡Aiden!

—Gritar mi nombre no ayuda en nada a la situación.

Busco con más rapidez una salida que claramente no hay y mi espacio se va reduciendo cada
vez que él avanza.

—Para.

— ¿Por qué?

—Te patearé las bolas, hablo en serio.

—Eso hará que me moleste más de lo que ya lo estoy.

Mi espalda choca con el muro de plantas mientras el pánico me carcome.

—Quieres que haga esto, no entiendo por qué tanto pánico.


Porque estás ocultándome cosas excesivamente preocupantes.

—No hay nada que tú debas entender. Es mí asunto—susurro.

—Cambio del juego, ahora eres mí asunto también.

Quiero preguntarle tantas cosas que no puedo y es una estupidez total no poder hacerlo por
estar pasmada observándolo. ¿Cómo puedo desear y amar a alguien que me odia? Que
subnormal soy, joder.

Tomo una respiración profunda para dar un punto y a su vez perder tiempo.

—No quiero follar ahora.

No puedo ver su expresión pues la máscara me lo impide.

—Mmm. Está bien, Diosa.

— ¿En serio?

Creí que armaría una especie de drama o algo así.

—Sí, soy un enfermo pero no del tipo que te violará.

Buen punto.

—Enfermo sigue siendo enfermo—susurro.

—Si así lo quieres creer.

— ¿Por qué hacen estás fiestas?—cambio de tema para arreglar el desastre en mis nervios.

— ¿Me juzgarás o algo así?

—No creo que te importe.

Sonrío relajándome un poco.

—Quizás sí—un destello de luz brilla en sus ojos.

— ¿De verdad?—mi tono de voz es incrédulo.

—Sí. Entonces responde.

—No lo haré.

—Cada uno tiene su razón y no soy quién para opinar de ellas. En mi caso, es la única
manera en la que puedo sentir una chispa de emoción que me asegura que estoy vivo. El ver
cómo las personas vienen a fiestas como estás para acabar sus vidas en manos de un
depredador solo por sentirse insuficientes, creen que así acabarán sus problemas. Estudiar
cómo la mente humana es incapaz de razonar en momentos de peligro es mi fuerte, como se
sienten atraídos por la muerte y el peligro.

Interesante, demasiado si me lo preguntan. Me parece increíble la forma en que puede hacer y


cumplir todo lo que dice. No me sorprende que sepa tanto de mí.

— ¿Por eso decidiste ser ejecutor, no?

—Sí, torturar el cuerpo y mente de las personas es mi juego favorito—sus labios se curvan en
una sonrisa.

—Eres bueno en eso—afirmo.

—Y por alguna extraña razón tú no luces aterrorizada por eso—niega divertido sosteniendo
mi barbilla entre su pulgar e índice.

—Sabes que no pasará.

—No estoy seguro de eso—noto el cambio radical en su tono de voz.

— ¿A qué te refieres?

—Te sorprenderías de la cantidad de cosas que te aterrarán de mí si sigues escarbando.

— ¿Cómo qué cosas?

Sonríe y frunzo el ceño confundida hasta que siento un metal frío en mi garganta y mis ojos
se abren de par en par.

—Muchas—sus ojos están fijos en la daga puesta sobre mi cuello.

Estoy aguantando la respiración con nerviosismo...y algo más.

—Y aún así tu pulso late desenfrenado pero tus ojos tienen ese jodido brillo que podría
apagar en un solo corte.

—No lo harás.

—Te noto muy segura—presiona más la daga contra mi cuello haciendo que la presión sea
mayor.

Siento un dolor punzante y un ardor fuerte en mi garganta. Mi cabeza se pega más al muro a
mis espaldas tratando de alejarme del arma.

Un sonido ahogado sale de la garganta de Aiden y puedo autoclasificarme como enferma


mental cuando un jadeo suave sale de entre mis labios.

Sus ojos brillan con... emoción y creo que finalmente mi cerebro capta las señales de su
sociopatía. El problema radica en que no me importa mucho realmente.
Golpeo ambas manos contra su pecho pero no lo hago con fuerza es más para buscar
equilibrio.

Sus ojos llegan a los míos antes de volver a bajarlos y yo hago lo mismo. Observo
atentamente como pequeños hilos de sangre del rasguño que hizo en mi cuello bajan por mi
pecho y empiezan a rodar por mis senos.

La mano que sostenía mi barbilla baja hasta el tirante de mi vestido, su mano enguantada
rozando mi hombro cuando lo baja dejando que la tela que recogía mi seno derecho caiga.

—Estás temblando, cariño. Relájate.

El frío aire impacta contra mi nueva piel descubierta.

Con sus dientes se ayuda para quitarse el guante y trato de relajarme un poco pero no lo logro
debido al toque de sus dedos fríos en mi piel expuesta.

Sus dedos tocan la gota de sangre acumulada en mi seno y lo esparce como una siniestra y
retorcida obra artística. Mis uñas se clavan en su brazo, necesitando infligirle dolor.

—Mmm. Sigues temblando—le da una leve caricia a mi pezón erguido con su pulgar.

—Cállate.

Aparta la daga de mi cuello guardándola en su pantalón y al fin puedo respirar con


normalidad.

—Estaría mejor si me callaras tú.

Resoplo sintiéndome más ligera por el hecho de no estar al borde de la muerte.

Él toma uno de los mechones sueltos de mi cabello poniéndolo detrás de mi oreja. El


consuelo después de su locura, un balance perfecto.

—Hablo en serio cuando digo que no me asustas, Aiden.

—Lo sé, te creo.

Mis labios se separan. ¿Él me cree?

No, no dejaré que sus mentiras me consuman, él oculta algo grande, algo que yo aún debo
averiguar.

— ¿Puedes dejarme ir a hablar con Connor ahora?

Ladea su cabeza y lleva su mano libre a la máscara sacándola por su cabeza y dejándome ver
ese rostro simétricamente perfecto.

— ¿Por qué estás tan interesada él?


—Retomar nuestra hermandad—me burlo.

—Lilith—advierte.

—Ya te lo dije, es algo sobre tí.

—Puedes preguntarme directamente.

—No me responderías, nunca lo haces.

—Sí lo hago, solo que tú no lo sabes interpretar—sonríe ligeramente.

—Ajá, supongamos que te pregunte un ¿crees que puedas sentir? Me dirás algo...

—Sí, siguiente pregunta—me interrumpe.

Mi respiración queda atrapada en la parte posterior de mi garganta. ¿Qué?

Repito, ¿qué?

— ¿Qué?

Quizás escuché mal.

—Estuve pensando y quizás tengas razón, el hecho de que te odie solo demuestra que quizás
si pueda albergar sentimientos.

Contrario a sus palabras que deberían ser desalentadoras un ápice de esperanza se alberga en
mi corazón.

—Bueno, de todos modos no me siento muy cómoda preguntándote, Connor es más


divertido—bromeo.

—Seré un puto bufón si eso implica que no hables con él.

—No te queda el papel de payasito.

—Lástima, no irás con el idiota de Connor.

— ¿Por qué no?

—Porque no.

— ¿Por qué no?—vuelvo a repetir con insistencia y ya algo cabreada.

—Porque yo lo digo—su mano se engancha en mi cuello aún adolorido —. Es un puto no.

Su otra mano se apoya en mi espalda baja apretándome contra él. Siento toda su erección en
mi abdomen.
Él aire se escapa de mis pulmones y una tensión empieza a crecer entre mis piernas cada vez
que se frota contra mi abdomen.

—Prometo que será una conversación rápida—murmuro en un tono ahogado por el grosor de
mi voz.

—No te lo mereces. Primero ignoras mis órdenes poniéndote en peligro, segundo te pones
una ridícula peluca y lentillas, por si fuera poco cubriste estas tetas con solo la tela del vestido
dejándolas a la vista de todos—tira hacia abajo el otro tirante del vestido dejando mis dos
tetas al descubierto.

—No veo... el problema—murmuro.

—Podía ver tus pezones a metros de distancia y apenas pusiste un pie en el muro ví tus
diminutas bragas—su voz está cargada con una furia irreconocible.

Su mano en mi cuello baja hasta una de mis tetas apretando con fuerza mientras su pulgar
juguetea con mi pezón sacándome un ligero gemido.

—Apuesto a qué sabías que eso no me gustaría y aún así decidiste retarme.

—N-o... lo sabía—mis dedos temblorosos golpean contra su pecho.

—Apuesto a que también te tocaste un par de veces aunque no quisiste, tan jodidamente
húmeda por tener mi polla dentro de tu coño ansioso—pellizca mi pezón.

Lo hice, pero él no tiene forma de saberlo. No la tiene.

Mis pezones duelen y palpitan del deseo combinándose con la humedad en mi centro.

Sus dedos siguen girando alrededor de mi pezón haciéndome estremecer y sacándome un


estruendoso gemido.

—Tus tetas son un espectáculo digno de admirar, Diosa. Mírala como cabe perfectamente en
mí mano, hacen un bonito contraste rosado con tu piel lechosa—las toma a ambas en cada
mano amasándolas con fuerza—. Toda tú eres preciosa, cariño, nunca lo dudes.

Me pellizca un pezón con fuerza y grito doblando mi espalda hacia atrás para buscar su
toque. Luego lo acaricia con sutileza. Repite el proceso una y otra vez dejando mis piernas un
lío tembloroso y húmedo.

Aún tomándome de las tetas me gira pegando mi mejilla en el muro de plantas.

—Veamos cuán empapada estás—su mano baja por mi vestido enrollado en mi vientre bajo
hasta encontrarse con la humedad en mis bragas lilas—. Mierda, estás chorreando.

Muerdo mi labio inferior echando mi cabeza hacia atrás hasta que cae en su hombro.

—Aiden...—su nombre sale en un jadeo ahogado.


—Dime, Diosa.

—Bésame.

Él sonríe por la orden implícita pero aún así decide hacerlo y junta nuestros labios en un
delicioso y placentero baile que me deja ardiendo los labios.

La calidez de sus dedos tentando a mi coño me tiene frotándome contra su mano buscando el
más mínimo contacto.

Siento el movimiento de sus manos detrás de mí y me tenso un poco cuando me doy cuenta
de que desabrochó sus pantalones.

— ¿Qué haces?

—Relájate, no vamos a follar...Por ahora.

A pesar de que suena sincero y de que yo le crea fielmente no puedo evitar pensar en lo que
hará cuando baja mis bragas y siento su carne contra la piel expuesta de mi culo.

No puedo soltar sus labios adictivos a pesar de sentir que se me caerán los labios. Es tan
precioso.

Estoy mareada por mis pensamientos nublados por la lujuria. No puedo dejar de pensar en la
vez de la cabaña o en cómo su miembro se desliza entre mis pliegues empapados.

Es grueso y definitivamente grande, mucho, ni siquiera creo que esa cosa quería dentro de mí
en algún momento.

—No sabes cuánto necesitaba sentir tu calor envolverme aunque sea por una probada.

Mis muslos tiemblan cada vez más fuerte cuando frota su miembro contra mi clítoris, mi
corazón parece querer salirse cada vez que se desliza entre mi humedad cumpliendo su
palabra de no follarme aún.

—No cierres los ojos.

Los abro a tiempo para ver sus dedos introducirse en mis labios acallando los gemidos
estruendosos que salen de mis labios. Lleva sus dedos hasta mi garganta y juguetes con mi
lengua como si la estuviera follando.

Mierda, siento que podría desmayarme.

Saca sus dedos de mis labios dejando un hilo de saliva entre ellos y mi boca y los baja por mi
abdomen hasta llegar a mi coño, roza mi clítoris una y otra vez hasta que me tiene gritando de
placer.

Su respiración agitada resuena en mi oído y eso combinado con su rostro manchado de sangre
y su rico olor me tienen al borde de un infarto. Es tan guapo y atractivo que me vuelve loca.
Se ve como todo un demonio que finge ser un ángel, tacha eso, se ve como un puto ángel
caído que siempre estuvo destinado a pertenecer al infierno.

Va jodidamente rápido y brutalmente fuerte, tal como sabe que puede tocar mis nervios más
profundos.

— ¿Puedo dejar mi semen en tu coño?

Asiento ligeramente, uso el DIU desde que tengo dieciocho cortesía de mamá.

—Muy bien, cuando lo haga quiero que tengas presente que me va a pertenecer, no te
importa, ¿verdad?

Mi coño se aprieta con ansias.

—Responde cariño, ¿me dejarás llenar tus agujeros con mi semen? ¿Dejarás que me
pertenezcan?

No contesto porque francamente estoy en una nube de placer perdida de la tierra.

Un fuerte aire resuena en el aire mezclándose con el sonido de mis gemidos y un escozor en
la mejilla de mi culo llega al mismo tiempo.

Un cosquilleo repentino por el dolor me hace soltar un gemido profundo.

—Contesta.

—Si—lloriqueo sin poder decir más.

Sus dedos pellizcan mi clítoris a la vez que otro azote llega, y otro, y otro hasta que siento
mis propios fluidos escurrir por mis muslos.

Me bastan unos minutos para que mi coño se contraiga y los fluidos del orgasmo arrasador
caigan sobre su polla.

Dejo que siga, aumentando mi propio placer hasta que no puedo sostenerme por mí misma.
Mi coño palpita suplicante por más, más de él.

—Mira cuánto te gusta mi polla cariño—me toma del cabello obligándome a ver cómo su
polla se resbala por mis pliegues empapados—. Te gusta tanto que estás apretándote rogando
por otro orgasmo.

Un gemido abandona mis labios por sus sucias palabras.

—Pareces una linda ninfómana chorreando sobre mi polla y gimiendo como putita.
Jodidamente adorable y excitante.

Jadea antes de que sienta su líquido caliente mezclarse con mi humedad, sus dedos toman su
semen y lo riega por toda mi abertura haciendo un lío de pertenencia.
Debo clavar mis manos en el muro de plantas hasta que siento como las manos de Aiden se
clavan en mis muslos y derecho abrir los ojos para verlo arrodillado frente a mí ya vestido.

—Desde este ángulo pareces toda una Diosa—murmura antes de darme un beso lento y suave
directamente en el clítoris, mirándome mientras lo hace.

Inhalo bruscamente, sobre estimulada.

— ¿Este castigo será suficiente para que empieces a hacerme caso? —se burla, dedicándome
otra mirada antes de que sus ojos vuelvan a bajar.

—Creo que no—jadeo con mi energía renovada—. Deberías seguir intentando.

— ¿Debería? —reflexiona—. ¿Cómo crees que lo haré? ¿Usando mi lengua?—al terminar de


decirlo, ésta se lanza, azotando mi clítoris antes de regresar a su boca.

Suelto un gemido largo cuando mis caderas involuntariamente buscando desesperadamente la


calidez de su boca.

—Esa sería una excelente opción—jadeo, mis piernas temblando cómo gelatina.

La excitación se vuelve a acumular y mi coño palpita por el fuerte placer.

— ¿Sí?—dice lamiendo de nuevo mi clítoris, despacio y lento haciéndome estremecer por lo


bien que se siente.

—Sí—gimo, mis piernas abriéndose para él.

Curva sensualmente su lengua como si estuviera besándome lentamente. Lo sé porque justo


así me estaba besando hace tan solo minutos. Ahora estoy desesperada por sentir sus labios
de nuevo sobre los míos.

Gime contra mí.

—Sabes cómo mi plato favorito cariño.

Mi corazón sufre un paro cardíaco, y mis caderas se retuercen buscando desesperadamente su


boca mientras él bebé de mí como un alcohólico desesperado por su bebida favorita.

Él que le importe muy poco saborearse a sí mismo puede que sea otro estímulo para que me
mueva más fuerte contra él.

Me chupa el clítoris, ganándose un grito ronco seguido de su nombre, y eso parece sacar al
último de sus demonios.

Las venas que recorren sus brazos se hinchan y puedo ver la tensión de su cuerpo mientras
me toma del culo para pegarme más a él como si no pudiera tener suficiente.

—Abre, Diosa, necesito saborear todo de tí.


Acato su demanda abriendo mis piernas lo más qué puedo. Su lengua explora cada centímetro
de mí, sumergiéndose en mi coño antes de bajar y lamer mi apretada entrada.

Su boca vuelve a mi clítoris hinchado, succionando fuerte y profundo, dándome todo el


placer feliz que él sabe cómo crear.

Mis rodillas se aprietan juntándose y apretando su cara con mis muslos manteniéndolo
enjaulado.

Mis ojos se ponen en blanco, mis oídos se tapan, mi alrededor se vuelve negro y lo único que
puedo sentir es el placer cegador que está creando con su mágica boca.

Mis piernas se aprietan hasta que debe molestarle pero me niego a caer al suelo, eso y estoy
demasiado ida en la lujuria como para importarme lo que él pueda sentir.

De mi garganta salen gritos ahogados. El orgasmo que se crea en la boca de mi estómago es


tan arrasador que estoy desesperada por alcanzarlo, necesitada por llegar a ese punto álgido.

Me separa los muslos haciéndome trastabillar pero no me deja caer, su mano derecha me
toma los muslos desde atrás y su otra mano viaja hasta mi abertura y hunde dos de sus dedos
en mi apretada entrada arrancándome un gemido profundo.

Los enrosca y me folla una y otra vez hasta que siento que mi vejiga podría hacerme orinar y
jugarme una mala pasada pero aún así no soy capaz de detenerlo.

Llega un punto en que un pitido resuena en mis oídos y no veo nada cuando toca algo dentro
de mí, eso no lo hace parar.

Solo puedo dejarme caer por el precipicio luchando por mi propio oxígeno para no morir de
un infarto.

Mi boca suelta un grito silencioso incapaz de decir algo cuando estoy perdida. Mis ojos se
van para detrás de mí cabeza poniéndose en blanco y siento que mis órganos se desgarran con
el orgasmo que me atraviesa hasta que me siento literalmente flotando en la nube más
placentera del éxtasis al borde del desmayo.

Sucede algo que me hace llegar nuevamente el suministro de aire permitiéndome soltar un
grito agudo y chillón.

—Maldición—susurra contra mí, continuando su trabajo con los dedos.

En medio de mi visión borrosa, vislumbro un charco de líquido como si fuera agua en su


mano, pero realmente estoy demasiado perdida para descubrir qué ocurrió mientras él siga
haciendo eso.

—Dios, Aiden—sollozo.

Mi cuerpo parece tener un ataque mientras él está tenso pasando su fuerza para no dejarme
caer. Sus dedos salen de mí siendo sustituidos de nuevo por su lengua dejando que vuelva su
asalto.
Cuando siento que es realmente demasiado él para y se aleja de mí. Mi cuerpo casi cae por el
agotamiento del orgasmo más sorprendente que tuve en toda mi vida.

Mis piernas tiemblan y mi cuerpo amenaza con caer cuando se levanta del suelo y me abraza
contra su cuerpo.

—Eso—jadeo, sin aliento—, fue impresionante.

Suelta una ligera risa ronca.

Mis ojos se abren poco a poco enfocando mi entorno y cuando veo perfectamente no puedo
evitar sonrojarme como un tomate maduro.

Su cara está literalmente empapada, como si le hubiera caído lluvia en el rostro y los restos de
sangre ahora parecen húmedos. Sin mencionar el fuego en sus ojos.

— ¿Yo...hice eso?—mi voz suena demasiado avergonzada.

Nunca antes había hecho un escándalo de tal magnitud a la hora de correrme, irónico que mis
dos mejores veces en el ámbito sexual sean con el mismo que dice odiarme.

—Lo hiciste, Diosa—afirma con su voz ronca por el deseo reciente.

Recoge su máscara sin soltarme y antes de que pueda decir algo, medio acomoda mi vestido
y me carga en brazos dejando que mis piernas temblorosas envuelvan su torso.

No se preocupa en limpiarse la cara solo me lleva en brazos por el camino mientras yo


descanso mi cara en el hueco entre su hombro y su cuello.

—Te llevaré a casa, cariño, puedes descansar.

Es lo último que escucho antes de caer en el mejor sueño que he tenido desde hace mucho
tiempo.
Lilith

M e toma unos minutos adaptarme a la luz cuando mis ojos se abren y siento
un aire frío sobre mi cuerpo más descubierto que cubierto.

Caigo en cuenta de que estoy aún en brazos de Aiden pero decidió no


hacer ningún ruido para no dañar el momento, no quiero bajar de la nube de comodidad
íntima en la que estamos.

—Voy a pasar primero a avisarle a Atlas que iremos a casa, necesito que me acompañen
Boyevikis¹ si voy contigo—dice sintiendo que estoy despierta.

Aún así no respondo, con miedo de que decida bajarme al suelo y actuar de nuevo como un
completo idiota.

Mi cuerpo tiembla del frío y trato de buscar el mayor calor posible en su cuerpo para no morir
de una posible hipotermia.

—Lilith, estás temblando—se detiene justo frente a la puerta de entrada trasera a la mansión.

Acaricia sutilmente las hembras de mi cabello haciendo que saque mi cara del hueco en su
cuello.

—Tengo fr-río—tartamudeo cuando me recorre un escalofrío helado.

—Te voy a bajar un momento.

Niego de inmediato apretándome más a él, quizás luzca patética pero realmente no quiero
empezar a sobrepensar las cosas y si me deja perderme en mi cabeza probablemente muera
hoy mismo de depresión.

—No import-ta—me maldigo internamente por no poder controlar mi propio hablar,


patético.

—Sí, importa, puedes coger un resfriado—cambia de dirección dirigiéndose al jardín.


Se sienta en el banco de madera blanca con enredaderas florales en sus reposabrazos
dejándome encima de él y caigo en cuenta de que lo hace para no tener que bajarme.

Aún así toma mis manos separándome unos segundos de él para darle paso a quitarse su
camiseta y a pasarla por mi cabeza, quizás se vea ridículo usar un vestido con una camiseta
arriba pero al menos estoy agarrando calor.

— ¿Y tú?

Se encoge de hombros.

—Estoy acostumbrado al frío.

No estoy muy segura de eso pero aún así asiento confiando en su palabra y me vuelvo a
esconder en su cuello cuando él me levanta llevándome nuevamente consigo.

Esta vez me dedico a leer su expresión, lo miro por debajo de mis pestañas mientras camina.
Aunque lo mire por largos minutos no logro identificar lo que está pensando.

Es como un crucigrama difícil e imposible de completar, quisiera saber qué piensas en este
preciso instante para no generarme tantas incógnitas y quisiera también dejar que se ahogue
en sus propios pensamientos.

Aunque quizás solo esté pensando en formas efectivas de vender mi alma al mismísimo
Diablo o en 100 pasos para asesinarme.

Lo que sí es seguro es que a pesar de su reciente confesión sobre sus sentimientos dejó muy
en claro que me odia de igual forma lo cual si me lo preguntan es algo decepcionante.

Su cerebro no está programado para el amor, o tal vez sí pero jamás será para mí, y aún así no
puedo irme sin seguir intentándolo. Sé que en algún momento podré llegar a esa parte de él
que oculta de todo, a esa parte que requiere el amor que nadie le pudo dar cuando realmente
lo necesitó.

Podría engrandecer una relación con su lado depravado y enfermo y quién sabe quizás me
lleve con esa parte mejor de lo que cree.

De hecho creo que ya le agrado, el hecho de que me quiera tener cerca, protegerme y le
atraiga sexualmente es un oso realmente grande. Si la parte delantera de Aiden es la que lo
controla la mayoría del tiempo y estoy aprendiendo a llevarme con ellos es un punto a mi
favor.

Conozco cómo llevarme con esas partes de él, yo tengo mis propios demonios y por si fuera
poco he aprendido a convivir con los de mis hermanos.

He comprendido la obsesión de Abalám por el poder y la obsesión de Uriel por la oscuridad,


incluso puedo decir que comprendo los demonios de Atlas.

—Háblame de algo—su suave voz se arremolina a mi alrededor mientras juguetea con mi


cabello.
Me doy cuenta de que de algún modo siempre busca la manera de tocar algo de mí.

—Mmm—pienso en miles de temas que podría hablar con él—. ¿Cómo es tu amistad con
Atlas?

No me cuestionen, es una pregunta trampa, en realidad me sabe a mierda la relación que el


cerebrito imbécil tenga con Aiden, pero si Aiden locura sentir un vínculo con él de algún
modo podría comprobar que si puede albergar amor y no solo odio en ese corazón negro
suyo.

Sus dedos bajan a acariciar mi espalda en movimientos circulares y luego tararea.

—Es mi mejor amigo, casi podría considerarlo como un hermano, es la persona más cercana
que tengo y que conoce absolutamente todo de mí, a veces no le entiendo la mitad de cosas
que dice pero busca la forma de no volver el ambiente cargado de inteligencia con preguntas
casuales, en el fondo creo que pena lo mismo de mí, aún así ninguno decide hablar de los
temas del pasado es simplemente algo que sabemos y buscamos ayudarnos en silencio, es un
apoyo.

—Suena como si realmente lo quisieras—susurro.

Casi puedo empezar a sentir envidia de Atlas por primera vez en mi vida.

— ¿Es esto acaso una pregunta trampa, Diosa?—comenta, divertido.

—No lo creo, psicópata.

Una leve sonrisa se crea en sus labios, casi imperceptible.

—No lo sé, diría más que es admiración y aprecio.

—En términos humanos y no robóticos se llama querer a alguien, Aiden.

—Si eso te hace dejar de hablar del tema, entonces supongamos que sí.

—Es sencillo en realidad—ignoro la parte de dejar a un lado el tema—. Yo quiero a muchas


personas pero hay unas especiales en mi corazón.

— ¿Cuáles?

—Bueno, obviamente está mamá y mis papás pero ese amor es algo completamente diferente,
fuera de lo familiar pero decir que el trío de idiotas ocupa mi corazón, el tonto de Josh,
Marcello y Nikolay son mi apoyo incondicional, sin importar qué ocurra ellos estarán ahí
para mí al igual que Amira.

Y también estás tú qué ocupas el 90% de mi corazón desde que te ví, y cada vez parece que
ese porcentaje quiere subir más y más porque me resulta imposible frenar el amor
incondicional que siento.
Obviamente eso no lo digo, pero es triste pensarlo porque sé que su respuesta será un frío y
seco "lástima que yo te odie".

—Ya—murmura secamente casi con disgusto.

— ¿Y ahora a tí qué bicho te picó?—arrugo la nariz confundida.

—Nada, solo pienso en opciones.

— ¿Opciones de qué?

—De que la sangre de tres idiotas salpique toda la isla, sería una obra maestra ¿no crees?

—Te debes fumar droga vencida—chequeo—. Bipolar, hace minutos decías odiarme y ahora
estás celoso, Vaya karma que tengo contigo.

—Que te odie no define nada, te recuerdo que tú misma aceptaste que me pertenecías
minutos atrás, pero te dejaré recordar debido a que estabas perdida en tu nube de placer.

Hago memoria intentando recordar y como un balde de agua fría llega la confirmación de sus
palabras, le dije explícitamente que mi cuerpo le pertenecía pero en mi defensa ni siquiera
estaba prestando atención.

—De nada te sirve ser "dueño" de mi cuerpo si no eres dueño de la bomba que le da energía y
si hay algo que no te daré es mi corazón... No si sé que cuando regrese volverá hecho cenizas,
Aiden—susurro cansada de la conversación.

—Quizás sea al revés.

—Tú ni siquiera tienes un alma, no puedes pretender tener un corazón.

—Creí que querías hacerme sentir.

—Sí, pero veo muy alejada la opción de lograrlo, quizás realmente deba resignarme a buscar
alguien con quién si pueda vivir una vida normal y quizás deba rendirme—lágrimas llenan
mis ojos pero no las dejo caer, solo juego con la cadena plateada en su cuello, un caballo.

—Y quizás tengas razón—murmura sin dejar de acariciar mi espalda.

Mi labio inferior tiembla y debo encajarlo entre mis dientes. Una gruesa y amarga lágrima
cae de mi ojo izquierdo y baja por mi mejilla hasta acumularse en mi cuello.

Una de millones que he perdido por él.

—Lástima que soy un egoísta sin sentimientos que no te dejará irte, porque quizás y solo
quizás ya sea demasiado tarde para tí

— ¿A qué te refieres?

—Interprétalo—sonríe burlón.
—Vete al diablo, capaz la apuesta se invierta y ahora sea yo quien busque huir de tí, a lo
mejor dejes de ser mí tipo ideal.

Hace una pausa antes de tomar su andar.

—Hazlo, yo seré más rápido en atraparte, y ambos sabemos que eso del tipo ideal es una
basura.

— ¿Es esto acaso una declaración de amor? Porque me siento un poco atacada.

—No lo es, pero es una indirecta de que eres mía, ya que eres algo cortita y no lo entiendes,
eso y que no es que no quiera quererte es que literalmente no puedo y en el fondo creo que lo
puedes lograr.

—Vaya—susurro, sin poder creerme nada de lo que dice.

— ¿Ves? Puedo ser comprensible y amable con gente tonta como tú.

—Eso es, en realidad, ofensivo, imbécil.

—Lastima.

—Tonta—bufo—. Tonto serás tú, al menos yo sí puedo sentir como una normal.

—Eso fue un golpe bajo—gruñe.

—Lastima—sonrió burlona.

—Eres adorable—ríe.

—No.

—Cómo digas.

Se encoge de hombros restándole importancia.

Sigue caminando con la mayor de las tranquilidades y empiezo a preguntarme si no tendrá


frío, está sin camisa en plena noche helada.

También me doy cuenta de que parece caminar lentamente adrede, como si quisiera prolongar
este momento.

Es extraño, quién diría que hace casi tres semanas ocurrió el incidente en la playa y ahora
todo parece ser tan... Diferente.

Algo muy dentro de mí me dice que siempre lo fué solo que yo no lo quise ver, tal vez Aiden
tenga razón y yo no ví sus acciones ni su interés antes por estar tan ocupada buscando
detalles en él.
—Solo estás aquí por sexo ¿no?—suelto sin remordimiento.

Sé la respuesta, pero no dolerá tanto saberlo si él no me lo dice, ahora lo hará y yo


probablemente muera en serio de depresión.

—Es una de las razones pero no la principal.

Mis cejas se hunden con curiosidad.

— ¿Entonces cuál es?

—Averíguala tú.

Su tono es cortante, casi como si quisiera acabar el tema, lo que significa que el momento de
preguntar ha terminado. Yo necesito que siga, dejar a una persona que sobre piensa perderse
en su mente es como poner gasolina en alcohol y esperar que no haya fuego.

— ¿Por qué no te quedas a la fiesta de celebración como los otros?

Sí, no me callaré, al carajo con hacer silencio.

—Porque las ganas de matar ya se fueron y, a diferencia de los otros a mí me importa muy
poco el tema de las drogas o el sexo.

—Casual, el que tenía ganas de matar—bufo incrédula—. Sobre el sexo permíteme dudar.

—Las ganas de matar es una forma para callar a los demonios y sobre el sexo, digamos que
ambas cosas son diferentes contigo—dice eso último como si realmente le costara admitirlo.

¿Debería sentirme halagada de que no tenga ganas de matar en mi presencia? ¿O de que solo
quiera tener sexo conmigo?

En realidad es espantoso por temas moralistas pero si me preguntan realmente me encanta ser
su catalizador, algo que él no admitirá de buena gana.

La noche nos envuelve como una segunda piel reclamando su lugar y lanzando una fuerte
energía tenebrosa al lugar.

Aún así sus ojos logran brillar con un intenso azul eléctrico, un color precioso, siempre me ha
gustado el color de sus ojos, es tan hechizante como él.

Quisiera decirle a la pequeña Lilith que se moría por tan solo tirarle un cabello que ahora está
cargándome y que admite que no es que no quiera amarnos es que no puede y estoy segura de
que sigo de que no pueda está relacionado con el secreto que todos me ocultan.

Casi se siente como un sueño hecho realidad estar así, si no fuera porque es una realidad
alterada debido a que Aiden no me amara nunca.

De hecho hay un noventa y siete por ciento de posibilidades de que me odie (que ya lo hace)
y hay un tres por ciento de que pueda al menos tenerme, como dice él: "aprecio".
— ¿Alguna vez alguien te deseó la muerte?

Digo, yo lo hago a diario.

—No, siéntete halagada de ser la primera.

—Eres tan imbécil, no entiendo cómo nadie se da cuenta de lo que ocultas detrás de esa tonta
y estúpida sonrisa falsa.

—Algunos se dan cuenta solo prefieren no presionar, de igual forma prefiero no fingir
contigo.

— ¿Por qué?

—Porque ya sabes todo de mí m, además vives en un hogar hasta el tope de demonios, sería
un desperdicio de energía y, además, estúpido de mi parte ocultártelo.

No sé si eso debería hacerme sentir mejor porque definitivamente no lo hace. Sin embargo la
parte irracional de mi cerebro dice que es especial que él no busque ocultarse en mi
presencia.

Al menos sé que jamás tendrás que fingir para mí. No importa que tan cruel sea, al menos sé
que es su verdadero yo.

— ¿Dices que debería sentirme halagada?

—Sí.

—Egocéntrico de mierda.

Suelta una risa que suena como un resoplido.

Mi cuerpo empieza a llevarse a medida que valía avanzando a hablar con los chicos, no es por
nada pero es algo extraño que Aiden no invente ocultar la situación.

— ¿Qué dirán los chicos si nos ven en esta posición? Es decir, no somos nada, quizás lo vean
mal.

Él levanta un hombro.

—No tienen derecho a opinar sobre un carajo y prefiero que se enteren por mí a qué hora el
chisme después.

— ¿Enterarse de qué?

—Del hecho de que eres mía.

—Yo no soy tuya...—el resto de la oración se apaga en mi garganta cuando detiene su andar
y en segundos su mano está en mi cuello dejando mi cara a centímetros de la suya.
Sus ojos brillan peligrosamente con la amenaza implícita.

—Atrévete a decir eso una vez más en toda tu vida y haré que lo lamentes, Lilith.

Los nervios llenan la boca de mi estómago pero aún así lo miro desafiante.

—Que mi cuerpo cómo dices tú te pertenezca no quiere decir que yo lo haga.

—Intenta detenerme.

—No me retes o sabes que lo haré, si no tengo tu corazón en el proceso no te daré el mío.

—Si quieres un corazón negro que solo te odie, eso es lo único que te podré dar.

—Voy a matarte—eso con frustración.

—Adivina cuánto me importa, te doy una pista, nada.

—Juro que si un día mueres será por mí, hijo de perra.

—Si lo haces mientras me besas estaré encantado.

Suelto un gemido de frustración zafándome de su agarre y volviendo a apoyar mi barbilla en


su hombro para evitar mirarlo.

Estoy segura de que el idiota puede sentir ni descontento con la situación, es como uno de
esos perros policiales que consiguen hasta el hueso más pequeño de dónde roer.

El hecho de que no sienta solo me da ventajas para saber y observar como el resto puede
sentir, incluso a veces puede entenderlo mejor.

Puede adaptarse a la perfección en la sociedad casi mejor que nosotros mismos y nadie
parece darse cuenta, mientras más pasa el tiempo más falsa se vuelve su armadura pero
también se perfecciona volviéndose casi imposible encontrar las grietas.

Lo sabe todo, aunque pueda parecer que tienen un descontrol innato la realidad es que es muy
controlado y tiene unas increíbles habilidades para estudiar a la sociedad y sus
comportamientos.

—Los otros colores, blanco, rosado, verde y azul, ¿quiénes son? Me imagino que uno de ellos
es Connor, pero Naim pero, ¿y los otros dos?

—Nada importante.

—El demonio blanco me seguía a todos lados.

—Supongo que estaba cuidándote.

— ¿Y eso no te molesta?
—No de él.

— ¿Confías mucho en él?

—No, pero sé que no tiene que ver contigo, igual que rosado, por eso no me preocupo.

Asiento más para mí misma que para él y guardo silencio tratando de averiguar quiénes son
cada uno, mi mente chismosa no me deja vivir en paz sin saber.

Aiden se encuentra en el camino con unos Boyevikis, los que se encargan del trabajo sucio en
la Bratva y se queda hablando con ellos un largo rato de negocios sobre algo con los Z.

En ningún momento ellos me dicen la palabra o se atreven a cuestionar la posición


embarazosa en la cual nos encontramos y eso demuestra el respeto que le tienen a Aiden por
su trabajo.

Tengo un sueño de muerte pero no me atrevo a interrumpir su conversación, en cambio solo


dejo mi cabeza en su cuello y cierro mis ojos.

—Hablaremos luego, mi chica está cansada.

Sus palabras se fijan lentamente en mis oídos y mis ojos se abren dispuesta a cuestionar su
opinión.

—Cómo digas, nos mantendremos en contacto—habla quién creí haber escuchado que se
llama Enzo.

—Busca a unos de los tuyos para que me acompañen todo lo que resta de hoy y mañana, unos
cinco.

—Dame cinco—Enzo guarda silencio antes de gritar: — ¡Oye, zopenco, Wolf necesita cinco
Boyevikis!

Alguien a quién supongo que le gritó, le responde con un insulto y un dame un segundo.

—Iré con ustedes y los otros nos seguirán, sabes que debo informarle de todos modos a
Volkov.

—Yo lo haré apenas deje a Lilith durmiendo en casa.

— ¿Iremos a su apartamento o a tu casa?

—Mi casa.

Eso me hace salir de su cuello para mirarlo fijamente, está loco si cree que estaré a solas con
él.

—Discúlpalo Enzo, hoy desayunó payaso y anda como muy chistoso. Iremos a mi
apartamento.
El chico, que debe rondar los diecisiete años, me mira con sus grandes ojos marrones
curiosos y su largo cabello rubio atado en una coleta alta.

—Me agradas, he oído mucho de tí, una leyenda en la guarida con tus peleas clandestinas—
sonríe con admiración.

—Gracias—sonrío—. Tú también pareces agradable.

—No por mucho si sigues viendo lo que no es tuyo—la amenaza de Aiden lo hace voltear a
verlo algo incómodo.

—No habla en serio, no soy...—la gran mano de Aiden aplasta mis mejillas callándome.

—Lo eres y te callas—sus ojos están ardientes.

Trago saliva con dificultad y mi mirada se dirige a sus labios inconscientemente.

Siento un poco de lastima por el pobre Enzo que debe presenciar esto y solo por eso asiento,
pero si él me desestabiliza yo lo haré también.

—Lo sé, solo bromeaba, bebé—sonrió.

Su mano se afloja y su rostro se desencaja con miles de emociones que me tienen extrañada.

—En fin, ¿podemos ir a casa? Estoy cansada—dejo un beso cierto en los labios de Aiden.

Mi mirada viaja a Enzo que tiene una expresión divertida comprendiendo la situación.

—Iré preparando las camionetas.

Se retira dejándonos solos y yo miro a Aiden divertida.

— ¿Te mordió la lengua el ratón?

— ¿Qué...—niega volviendo a su expresión fría—. Diosa inteligente.

—Lo sé—subo un hombro engreída—. De todos modos te gustó—le doy un toquecito con mi
índice en la nariz.

—No diré nada al respecto.

Sin embargo una sonrisa curva sus labios.


Aiden

«B
tonta causó... Eso.
ebé» La estúpida palabra aún resuena en las partes más recónditas de
mi cabeza haciendo eco.

Aún no puedo creer cómo una palabra tan insignificante y

No siquiera sé cómo llamarle, fué exasperante, sentí una bola de cemento aplastarse en mi
pecho como si lo estuviera oprimiendo, mi estómago se revolvió de una asquerosa manera,
mi lengua se trabó y mi garganta se secó.

Por un momento creí que estaba muriendo porque me clavó una aguja con veneno o algo así.
Pero no, solo fué la reacción de mi cuerpo a ella diciéndome ese mote cariñoso.

Si otra persona lo hubiera dicho probablemente le habría partido la cara y habría vomitado
del asco en sus restos.

Pero en ella se... ¿sintió? No. No puedo sentir eso por ella, ¿Verdad?

Puedo admitir en mis anteriores que quizás y solo quizás yo le tenga "aprecio" pero no puedo
tener un sentimiento grande por ella. Literalmente no puedo, sería como cavar mi propia
tumba y desmembrar cada parte de mi cuerpo para meterlos en el agujero de tierra.

Tenso la mandíbula deseando alejarla de mí, es una maldita Diosa hechizante y manipuladora
en la que no debo confiar ni sentir, de hecho es seguro que dijo eso para manipular la
situación a su favor.

Maldita sea.

—Enzo, tú entras conmigo, los demás vigilan el perímetro—ordenó con voz firme a mis
Boyevikis.

Ese es otro problema, debo hablar con Atlas y explicarle que si hermana está en mi casa y
que dormirá conmigo, en mi cama, porque definitivamente no le daré una habitación extra, no
podría estar bien sabiendo que está por algún lado de mi casa y no conmigo.
—Cómo digas, solo diré que si escucho algo extraño como un gemido te dejaré solo, Wolf—
entrecierra sus ojos.

—Te noto más hablador de lo usual, creo que te empieza a sobrar la lengua—lo miro
fijamente con una expresión que no deja nada que desear.

Lo consideraba uno de los mejores Boyevikis, quizás el mejor, pero la cagó diciéndole a
Lilith que la admiraba con sus asquerosos ojos color mierda brillando de emoción.

—No te preocupes, no escucharás nada más que no sean los ronquidos de este torpe—
murmura una voz suave en mi cuello.

A pesar de que Lilith está más dormida que despierta sigue hablando como una lora y muy
pendiente de nuestro alrededor.

Aún no sé de dónde salió el impulso de admitir que ella es mía, solo sé que lo es y no le daré
rodeos al tema, me hierve la sangre de solo pensar en dejarla irse ahora.

Quizás pueda tenerla y nunca se entere de lo que pasa, trataré de prolongar la verdad hasta
que explote como una bomba nuclear, y entonces probablemente ya sea muy tarde para mí.

—Yo no ronco.

Suelta una risa baja que hace cosquillas en mi cuello.

—Lo haces.

Entrecierro los ojos mirándola acusadoramente.

— ¿No te ibas a dormir ya?

—Alguien aquí se ofendió.

—Sigue y lo único que se escucharán serán gritos y no precisamente de dolor, cariño—


susurro solo para ella.

De inmediato su expresión cambia y sus bonitos ojos se abren con ese característico brillo
insinuante.

Debo apartar la vista para no caer en tentación y la fijo en el idiota de Enzo que mira todo con
una sonrisa radiante como si fuéramos un puto entretenimiento de cuento de hadas.

—Te va a entrar mierda de murciélago a la boca si no la cierras, pareces imbécil.

De inmediato la cierra y me mira con una expresión molesta que me paso por el culo.

Camino hasta la entrada de mi casa y le pongo mi huella para acceder aún con Lilith en
brazos.
Ella está más dormida que en este plano terrenal y está murmurando incoherencias sobre algo
del océano y las focas en extinción.

Subo al segundo piso de mi casa, es sencilla, paredes negras, no tiene cuadros ni esculturas,
solo repisas, una biblioteca, sofás, una cocina común y moderna y cinco habitaciones con
baño propio.

Entro a la habitación principal, la mía y dejo a Lilith delante sobre las sábanas negras de mi
cama.

Me quito los vaqueros y las botas negras antes de buscar una camisa de algodón blanca para
Lilith y luego ir a calentar la bañera para ambos.

Cuando salgo ella ya está dormida así que la cargo hasta el baño y la desvisto con todo el
cuidado posible, la meto dentro de la bañera con agua caliente y ella abre un poco sus ojos
por el cambio de temperatura antes de cerrarla de nuevo. Me encargo de pasarle una esponja
con jabón de lavandas (no responderé nada sobre cómo llegó a mi baño) y enjuago si cabello
enmarañado. Le retiro toda el agua y la envuelvo cuál pollito en una toalla dejándola en la
cama mientras yo voy a ducharme y quitarme todo el exceso de suciedad pegajosa del día de
hoy.

Yo solo me pongo unos joggers de pijama y a Lilith le pongo mi camisa blanca y unos shorts
que le quedan inmensos.

La dejo arropada con el edredón y suspiro mirando sus facciones relajadas, un pensamiento
intrusivo llega a mi cerebro pero antes de realizar la acción que prendía hacer, decido salir de
la habitación. «Mientras menos me encariñe con ella, mejor».

— ¿Todo en orden?—pregunta Enzo sentado en mi sillón con sus asquerosos pues sobre mi
mesa que debe valer más que toda su pequeña fortuna.

—Pies abajo—ordeno caminando hacia mí cocina.

Lo oigo imitarme en un vago susurro y debo contenerme de rodar los ojos.

Pongo s calentar el agua para preparar un té negro con leche para Lilith y para mí al igual que
empiezo a hacer unos sandwiches, obligado a prepararme uno al ruso porque si le va con el
chisme a Lilith me ganaré el regaño de mi vida.

Ya son las tres de la mañana, lo sé por el reloj en la pared de la sala, está claro que yo no
pienso dormir, sin embargo Lilith necesita sus horas de sueño y yo no sé las negaré, de hecho
es probable que no vaya a clases hoy.

Mientras espero a que la bella durmiente decida levantarse me pongo a trabajar en asuntos de
la Bratva, hay un par de idiotas que están jodiendo todo lo que Atlas ha estado creando estos
últimos años y los Z quieren robarlo.

Llevamos unos días ajetreados tratando de encontrar soluciones pero no parecen querer
retroceder a las buenas y es ahí sobre entro yo a darles un pequeño recordatorio de que
deberían dejar su culo fuera de nuestros asuntos.
Enzo me ayuda buscando la información y juntos le pasamos la información de los últimos
daños en las cuentas bancarias y los almacenes a Naim para que empiece a hackear y buscar
rostros culpables.

Mi celular de trabajo, el que siempre está en casa empieza a repicar recordándome que
probablemente haya perdido el mío en casa de Connor.

Me levanto y atiendo la llamada sin leer el nombre de quien llama, un error total, lo sé
cuando escucho:

—Tienes un minuto exacto a partir de ya para que expliques qué haces durmiendo con Lilith
antes de que produzca un calentamiento interno con la nueva máquina en las villas del establo
y lo haga explotar—amenaza Atlas con voz firme del otro lado del teléfono.

—No creo que haga falta explicarte que me acuesto con tu hermana...—hago una pausa
adrede antes de corregirme: —Digo, ex hermana.

—Creí que habías prometido algo, una princesa en la Bratva no se rompe, Wolf

—Lástima que esa promesa no la hice a la Bratva sino a mi mejor amigo.

La línea se queda en silencio unos minutos antes de que escuche un rápido parloteo en ruso
sobre mierdas matemáticas extrañas.

—Eres desleal, que tengas en cuenta que haré lo posible para que Hades o Alek te ahoguen y
te causen una lesión medular mientras te privan de oxígeno.

—Suena algo mal.

—No solo suena, es algo malo—suspira y casi puedo imaginarlo sentado masajeando su sien
como un viejo estresado—. Sabes que no me molesta que te acuestes con ella ¿no?

—Lo sé—tenso la mandíbula queriendo desviar el tema.

—La vas a lastimar.

—Lo sé.

—Pero no tanto como te vas a lastimar tú.

—También lo sé—suspiro con pesar.

— ¿Y aún así pretendes arriesgarte?

—Vale la pena.

—No sabes sentir, te vas a causar daño intentándolo y cuando creas que puedes lograrlo te va
a caer el peso de tus acciones encima, Aiden.
Trago saliva, tiene razón, siempre la tiene, pero aún así, por primera vez, no lo escucharé. Por
primera vez me voy a arriesgar a perderlo absolutamente todo, y sé que en el camino me voy
a perder a mí mismo.

—Tú puesto de ejecutor...

—Lo sé, Atlas—le corto antes de que termine de hablar—. Sé que todo se puede ir al
grandísimo diablo y aún así lo voy a intentar.

—No te comprendo, pero supongo que te apoyo... Aunque lo del agua si era muy en serio.

Ruedo los ojos, claro que era en serio.

—Gracias, por lo del apoyo, no por lo del agua, cerebrito idiota.

Hablamos un rato más acerca del trabajo y luego sobre la fiesta de anoche a lo que comentó
ver lo mismo que yo con verde y el otro color, y por último charlamos de sus nuevas
creaciones y descubrimientos.
Cuelgo la llamada cuando ya son las nueve de la mañana.

Me dirijo a la cocina y empiezo a recalentar el té para solo servirlo mientras veo el mar
furioso desde la ventana de la cocina.

Mi casa queda ubicada en la última parte del bosque, alejada de la población y cerca del mar,
a dónde he dejado de ir desde ese día hace ya tres semanas, quién diría, casi un mes desde
que todo esté rollo extraño empezó.

El pequeño sonido de pesadas me pone alerta de que Lilith ya ha bajado, sé que es ella, Enzo
tiene posadas de elegante y además salió hace apenas minutos a comprar unas botellas porque
es un maldito alcohólico que no puede subsistir sin Vodka.

—Mmm—su gemido cansado llena el silencioso ambiente—. Buenos días.

Le doy una mirada de reojo captando su pleno esplendor mañanero no muy diferente al de un
león enjaulado, aún así logra verse espectacular, estoy casi seguro de que tuvo que hacer un
pacto con el Diablo para ser tan encantadora.

—Buenos días—devuelvo con indiferencia fingida.

La diferencia es, que Lilith se ha acostumbrado tanto a mi indiferencia que nunca logra ver
cuando es real y cuando no.

— ¿Y Enzo?—rueda una de las sillas para sentarse frente a la encimera.

Debo la cuchara del azúcar a medio camino de entrar al té y conteo a verla con lo que espero
luzca una cara neutral porque definitivamente el fuego que quema la boca de mi estómago no
es neutral.

—En dónde no te importa.


Frunce el ceño volviendo su expresión a una molesta, repito, adorable.

—Alguien no durmió bien anoche.

—No dormí, de hecho, hay personas que trabajan y no solo se la pasan fisgoneando en fiestas
de asesinos—lanzo el plato con el sándwich sobre el mesón haciendo un eco estruendoso.

Ella toma el plato de mala gana y empieza a comer mirándome cómo si pudiera abrir un
hueco en el suelo y hundirme en él.

—Ya sé que te encanto, cariño, pero hay que disimular—le sonrío entregándole el té.

Su puño se aprieta y creo que si pudiera echaría humo, solo para molestarla más, le guiño un
ojo.

—Hijo de...—se ve interrumpida por la entrada repentina de un efusivo Enzo.

— ¡Buenos días, buenos días!—deja las bolsas con las compras sobre la encimera.

Miro rápidamente el aspecto de Lilith, me percaté antes, pero me importa un carajo si no


quiere usar sostén, el problema radica cuando hay presencial masculinas externas y lleva solo
una camiseta y unos shorts.

—Tienes cinco segundos para lárgate antes de que te sigue con el grifo del agua—le advierto
haciendo que su expresión cambie radicalmente a una de pánico.

—Grosero, ¿qué carajos te pasa?—Lilith me insulta bajando su taza humeante de té.

De igual modo Enzo ya se ha ido despavorido a la sala.

—Y tú ve a ponerte un sujetador.

—No—se cruza de brazos.

—Dijiste que querías comunicación, ¿no? Bueno la cosa está en que acordamos anoche que
eres mía, y lo que es mío nadie lo ve y nadie lo toca, Diosa—rodeo la encimera quedando
frente a ella.

Alza la cabeza mirándome con miles de emociones mezcladas.

—No tienes derecho.

—Quizás no, pero a ti no te gustaría que yo ande sin camisa frente a un grupo de mujeres.

Hace una mueca que de ser asertiva pasa a ser una de pánico, como si hubiera activado un
detonante.

—Ey, ¿cariño?

Me agacho tomando su barbilla entre mi pulgar y mi índice para variar su mirada.


— ¿Todo en orden?

—Mmm sí, es solo que...—piensa un segundo la mentira—de igual modo lo haces, lo de las
chicas digo.

—No, no lo hago, no me gusta andar exponiendo mi cuerpo en la calle, ahora dime la verdad.

Suspira pensando probablemente en otra mentira, pero mi mirada debe dejar en claro que sé
cuándo miente.

—Nada solo, fantasmas del pasado, ya sabes—intenta sonreír pero no puede ser una sonrisa
más falsa.

Guardo silencio intentando ver más allá de la muralla, no encuentro absolutamente nada más
que un blanco escalofriante y aterrador, un blanco vacío donde deberían haber chispas
coloridas.

—Lo siento—aprieta los labios—. Soy muy complicada la mayoría del tiempo.

—Lo eres—afirmo—. Si no lo fueras te habría olvidado y sacado de mi mente hace mucho


tiempo, eres complicada, y eso hace que permanezcas siempre aquí—le doy un toquecito a su
frente con mi mano libre.

Suspiro internamente cuando mi cerebro empieza a enviar señales de evidente preocupación


hacia mis recientes acciones y palabras.

¿Cómo es que mi odio por ella está cambiando de alguna manera, y ahora estoy odiando la
forma en que la hago sentir? Es decir, ¿es posible que empiece a sentir pesadez por tratarla
indiferente?

Jesús, ella será mi fin.

—Igual lo lamento.

— ¿Qué hablamos de disculparnos? Si no lo sientes de verdad no lo digas. Además son


aquellos que te hacen entrar en pánico quienes deberían pedirte disculpas a ti.

— ¿Vas a disculparte? Eres uno de esos la mayoría del tiempo.

Golpe bajo.

—Quizás, si en algún momento lo llego a lamentar sí —murmuro.

Está en lo justo, debería pedir perdón por ser un hijo de perra con ella toda su vida. Pero,
aunque sé y mi cerebro dice que lo haga no estoy preparado para empezar a crearle falsas
ilusiones.

—Estuvo mal todo lo que hemos hecho, ¿lo sabes?


—Lo sé—estoy de acuerdo—. Pero no estás molesta por nada de eso realmente. Solo lo estás
por el hecho de que me sigo negando a amarte.

Se queda callada durante un rato largo.

—Tienes razón. Pero es algo complicado, he tenido tanto miedo en toda mi vida, hasta que
llegó ese día, y me dí cuenta de que quizás como tú acabaste con tu verdugo yo pude hacer lo
mismo. Nunca me molestará que follemos, pero me molestó que no quieras intentar amarme,
solo te niegas a ello rotundamente.

La furia estalla en mi pecho, y me lanzo hacia ella, poniendo mi cara en la suya agarrándola
ahora de las mejillas.

—No es que no quiera, es que no puedo, Lilith. No negaré que soy el villano de tu historia,
Diosa, pero si crees que te he lastimado no sabes cuánto daño te haré sí te amo, y si te daño
cuando te ame, entonces probablemente me consigas colgando de una soga por el
remordimiento de dañarte.

El peso de mis palabras se instala en sus ojos seguido del miedo y la preocupación.

Ella lo sabe.

Ella sabe que pasa algo.

Ella lo está descubriendo.

Ella no debe saberlo, Aiden. Las palabras de papá se sientan en mi estómago con el mismo
peso que una bola de hierro.

—No intentes buscar respuestas, Lilith.

—Ambos sabemos que eso no pasará, algo anda muy mal—se muerde el labio inferior para
ocultar el temblor.

Mi pulgar viaja instintivamente a su labio para sacarlo de entre sus dientes.

Sus jodidas lavandas están volviéndome loco a estas horas de la mañana, eso y el que sea tan
jodidamente hermosa, que eso es realmente lo que duele.

—No escondas tus lágrimas frente a mí, cariño. Eres preciosa aún cuando lloras.

—Lo...

— ¿Buscando un castigo?—le digo sin apartar la mirada de sus labios.

No me acerco más, en cambio me levanto en toda mi altura y le doy la espalda continuando


con mi súper útil trabajo de servir mi té.

—Cuando acabes de comer, subes a ponerte un sujetador—pienso un momento pero


finalmente termino agregando: — Por favor.
No contesta y por alguna razón, darle la espalda, lejos de relajarme sigue ocupando un
espacio en mi pecho, porque ella siempre está allí.

Aún ni siquiera he podido olvidar la noche anterior ni la estúpida palabra que revolvió mi
ser.

Apenas supe que estaba en esa fiesta fué una pesadilla, mi cabeza se llenó desde momentos
gráficos de un sociópata acabando con ella como yo lo hice con mi madre hasta pensamientos
de ese día donde todo cambió, hace dieciséis años. Necesitaba una forma de olvidar eso y por
algún motivo ver la insoportable necesidad de Lilith por mí fué suficiente para olvidar todo.

Porque justo ella es quién jamás dejará de amarme ni siquiera cuando se entere de la verdad y
eso me jode más que si dejara de hacerlo. A pesar de lo malo que pueda ser, ella se deshace
por mí tan jodidamente fácil.

Ella está hecha solo para mí. Mi perdición.

Estoy segura de que Dios la creó para hacer caer a demonios como yo, una Diosa que es la
perdición de mi existencia.

No sé en qué momento específico mi visión sobre ella fué en picada, es como si poco a poco
hubiera sacado los trozos de piedra de mi corazón marchito hasta dejarlo limpio.

—Aiden, no sé qué hice, pero lo que sea que haya hecho lo lamento, y lo digo en serio—
murmura en voz baja—. Sé que no lo vas a admitir pero ambos sabemos que algo está
cambiando, el que casi mataras a Enzo lo demuestra, no quieres que me toque ni me haga
daño.

Y ahí está, ella no lo sabe, pero en este preciso momento, ella acaba de disculparse por todo
lo que hizo. Ella acaba de hacer caer la última rosca de piedra.

En este momento Lilith limpió mi conciencia sin siquiera darse cuenta, me molesta que se
disculpe sin saber el porqué, pero a ese niño, ese pequeño Aiden, se siente agradecido.

—Gracias—volteo a verla—. Y ten por seguro que si Enzo sigue de idiota morirá.

Eso y probablemente después la follaría y usaría su sangre virgen para imprimir mi nombre
en cada centímetro de su lechosa piel. El solo pensarlo hace que mi polla se engrose.

—No lo harás.

—Mírame hacerlo, cariño.

—Si lo haces dejaré de hablarte, él es inocente, no me ha hecho nada.

—Quizás te sorprenda, pero no creo ni una maldita palabra de lo que dices.

Me doy la vuelta dispuesto a irme a otra habitación para ducharme, temiendo que el día de
hoy acabe en otro problema aún más grande.
Un problema que involucre a cierta chica que quiero olvidar y alejar pero que parece ser que
ya es tarde para mí porque nunca puedo hacerlo.

—Pues ya somos dos, psicópata.

— ¿Dices que no me crees?—increpo subiendo las escaleras.

—Eres un mentiroso total—lo suelta con desdén.

— ¿Disculpa?

—Esa es una de las razones por las qué jamás seré tuya, si no cambias tus mentiras nada
funcionará.

La ira que había cesado parece haber vuelto ahora con más fuerza, comenzando a burbujear
en mis venas. Me volteo de un solo movimiento haciendo que su cara choque con mi pecho y
casi caiga de bruces en la escalera.

Sus ojos se abren mientras me mira realmente sorprendida por mi repentino arrebato y yo
escupo:

— ¿Me dices a mí mentiroso? Has mentido a todos sobre tu pasado, sobre tus salidas y sobre
tus peleas, Lilith. No puedes venir a decirme en la cara que soy un mentiroso cuando tú no
tienes una maldita moral. ¿Y sabes qué más creo? Creo que eres una mierda especialmente
con tú familia, ya quisiera yo tener a Aleska como madre y luego vas tú a mentirle de todo
para después victimizarte y decir que nadie te entiende—jadeo furioso—. Claro que nadie te
entiende si no les dices un carajo.

Sus ojos se llenan de lágrimas y me maldigo a mí mismo porque me dan ganas de retractarme
de todo lo que he dicho. Me tiene tan mal, que ni siquiera puedo pensar con sensatez.

¿Cómo puedo querer herirla y a la vez protegerla? ¿Eso es siquiera posible?

Gruño pasándome las manos por la cara dispuesto a irme de aquí tal como estoy pero ella me
detiene con su voz rota.

—Quizás mienta pero de nada me sirve recordarles a todos mis desgracias, cada quién tiene
su propia carga y yo no soy quién para sumar otra a la lista. Además son cosas sin
relevancia.

—Son relevantes, por algo lloras por eso y sigues sufriendo de ataques de pánico constantes.

—Porque duele, pero nadie debe querer saberlo.

— ¡Tú no puedes decidir eso!—mi grito la hace sobresaltar—. Me pides un amor intacto y un
corazón limpio cuando tú ni siquiera sabes hacer funcionar correctamente el tuyo, me pides
comunicación y tú no la tienes.
— ¡Perdón! ¡Perdón pero me cuesta, joder!—su voz se rompe—. Me duele hablar de eso, me
rompe hablar de eso.

Está temblando, las lágrimas se derraman por sus mejillas mientras me mira con ojos tristes.

Y mientras más la miro más difícil es pensar, hablar y respirar. Me enloquece el poder que
tiene en mí, temo que en algún punto dejé que manejara mi vida entre sus manos como si
fuera la suya propia.

—Y yo quiero ayudarte, por primera vez en la vida quiero ayudar a alguien pero cada vez que
mencionó algo referente a tu vida personal cambias drásticamente de tema.

Le tiembla el labio inferior y desvía la mirada.

—No es fácil hablar de eso.

—Y está bien, te doy tu tiempo, no me lo cuentes si no quieres, pero no vengas a decirme


mentiroso o alguna otra estupidez cuando no tienes moral.

Sacude la cabeza, con las lágrimas rodando por sus mejillas cual cascada. Su boca se abre y
creo que dura algo pero solo la cierra de nuevo.

—Estoy cansado, Lilith. Anda a ponerte el sujetador y yo me iré a bañar, si quieres quedarte
lo haces y si no me informas para llevarte a tu apartamento.

Esta vez sí puedo llegar al baño sin problema alguno, porque no me detiene

Me doy una ducha rápida y me pongo lo primero que consigo, unos vaqueros negros y una
camisa azul oscura.

Cuando bajo Lilith ya está vestida con un sujetador pero sigue usando la misma ropa de antes
aunque se ve que está bañada por su cabello nuevamente húmedo.

Ella está con Enzo quién bebe de un vaso de vodka que al parecer le ha dado a Lilith también,
lo sé por el vaso vacío en la mesa frente a ella.

—Creo que es la hora de...—Lilith comienza a levantarse pero Enzo le da un gesto de


bendición con la mano.

—Dijiste que te quedarías, no puedes dejar a tu compañero de bebida solo, eso es una ley no
escrita.

Ella asiente dirigiéndome una mirada nerviosa e incómoda, quedar crees que la echaré de
cada o algo así. No lo haré.

Le dí la opción de irse o quedarse, si ella desea quedarse está bien para mí.

—Claro—le da una sonrisa forzada.


Aún así se levanta y se sienta en el hueco libre al lado de Enzo dejándome el sillón individual
a mí, como si eso fuera a salvar la situación y no a empeorarla.

No lo diré, claro está, pero me enfada en sobremanera que se siente a un lado de ese cabrón, y
eso hace que mi molestia anterior se profundice.

En silencio me siento en el jodido sillón individual de feria gris y agarro el vaso de vodka que
me sirve Enzo.

Tomo un sorbo lentamente mientras observo el lenguaje corporal de Lilith, y es de


nerviosismo. Enzo se gira y me dice algo desde más cerca de lo que debería haciendo que el
trago sea amargo cuando me recorre la lengua y me quema la garganta al bajar.

Ellos hablan por lo que parecen horas y me sorprende que el maldito vaso no esté estrellado
ya en la sien del ruso.

Lilith ya está pasada de cosas y le he dado dos advertencias de que deje de tomar que ha
ignorado deliberadamente.

— ¿Dices que conoces algo perfecto?—Enzo frunce el ceño.

—Aiden sabe mucho de eso, personalidad perfecta, chico perfecto, sonrisa perfecta, cuerpo
perfecto. Jodidamente perfecto todo el tiempo.

La miro fijamente dando un sorbo a mi bebida. Su mirada hirviente está sobre mí penetrando
mi alma.

— ¿Debo refrescarte la memoria? Con gusto lo hago. Veamos, todo inició hace dieciséis años
cuando un niño inocente y feliz creyó que mami iba a ser perfecta, curiosa palabra, ¿no
crees?—la culpa se sienta en sus rasgos y su rostro se suaviza—. Pues no fue así, mami era
un ser despreciable, una alcohólica sociópata que como karma de vida me dió su condición,
esperé a que fuera la madre que quería y en el proceso mis emociones se fueron apagando.

Traga saliva y se queda quieta, mirando hacia otro lado.

—Hasta que un día esta madre alcohólica llegó y agredió físicamente al niño, le clavó una de
sus asquerosas botellas de vidrio y accidentalmente cayó al suelo enterrándose un rezo de
vidrio en la garganta, el niño miró por minutos extensos como la madre pedía ayuda y en vez
de ayudar apresuró la muerte clavando aún más el trozo de vidrio en su garganta.

Una historia planeada.

Una historia en orden.

Una historia sin fallas.

Una historia contada de memoria.

—Hasta que una niña llegó, ella observó y salvó al niño de una fea situación. Ella se
obsesionó y el niño la odió, pero el niño debe fingir, el niño debe ser perfecto, el niño creció
y ahora perfeccionó sus técnicas, si no es perfecto todo se derrumbará—concluyo, sin apartar
mi mirada abrasadora de ella.

Se inclina hasta tomar la botella de vodka y vuelve a llenar su vaso tomando un gran sorbo.

—Cuarta vez, a la quinta que te reclame sobre el trago vas a estar en problemas.

—Mira como tiemblo—replica con sarcasmo, y sus palabras solo echan gasolina al fuego que
se reaviva en mi pecho.

El aire se vuelve denso, y siento mi sangre hervir en mis venas como un torrente.

Hay un jodido tsunami formándose en mi interior y si no tiene cuidado va a arrasar con ella
también. Le demostraré cómo es realmente ser incontrolable, que incluso su vida caiga en mí
así como la mía cayó en ella

Si ella cree que lo de anoche fue demasiado, debido a su extenso cansancio y su repentino
desmayo, me encantaría ver cómo el único espectador del desastre andaba que será cuando la
folle.

Espero que hable sobre mi relato pero, en cambio, toma un desvío de los acontecimientos
cuando empieza a narrar su propia historia.

—Desde antes de nacer mi vida ha sido un asco, solo trayendo problemas a la vida de quienes
rodeo—anuncia—. Soy producto de una violación, la creación de una bella mujer que en
algún momento fue inocente y le arrebataron todo de sus manos por creer en el amor—hace
una pausa y mira a Enzo—. Aleska, la Queen del bajo mundo es mi madre y Mason Dagach,
el antiguo líder árabe mi padre, apuesto a qué has escuchado su historia ¿no?

Sin embargo, no le deja responder y se vuelve hacia mí con una sonrisa extraña, casi planeada
en el rostro.

—Mamá tuvo la opción de dejarme ir, pero aún así confío en que sería alguien suficiente en
la vida y tenerme fue quizás el peor error. El primer año no lo recuerdo bien, pero el segundo
y todos los que le siguen sí que los recuerdo, Mason lucía como el padre ejemplar frente a
todos, era un hijo de perra pero nunca me negaba nada material. Sobre mamá, nunca la veía,
y cuando lo hacía lucía tan demacrada que creía que en cualquier momento dejaría el mundo.

Se calla, la tensión aumenta mientras toma otro sorbo.

—Bueno, no dejó el mundo pero sí me dejó a mí—exclama, y deja caer si cayó dice la mesa
con fuerza—. Hades y Axel la ayudaron a escapar y desde ese momento supe que todo
andaba mal. Mason enfureció, y su otra empezó a dirigirse hacia mí, hacia su única maldita
hija.

Levanta el carro y bebe todo lo que queda en él. Mi interior está envuelto en una oscura
neblina aproximándome a los hechos. Juro que es la peor sensación del mundo.

Lilith mira su mano libre como si en ella viera todo el pasado.


—Mason se hizo poderoso, temido por todos—dice en voz baja contrayendo mi pecho—.
Incluso por aquellos que eran peores que él, eso lo hizo robar la ventaja en el juego. Pero
mamá era demasiado buena incluso para él y logró ocultarse bien, entonces recurrió a mí para
dirigirme su rabia.

— ¿Qué te hizo? —pregunto, aunque mi voz no suena ronca y rota.

—Al inicio era su saco de boxeo favorito, y ahora que lo pienso quizás era lo mejor después
de todo, cuando mamá seguía sin dar reportes recurrió a su mejor creación, las drogas, su
invento más preciado y aquello a lo que más amaba en el mundo. Me usó como su conejillo
de indias hasta que mi apariencia se deformó—señala sus ojos para resaltar su punto—. Eso
me tenía débil, mis huesos estaban frágiles y el dolor era insoportable, pasaba horas
temblando y llorando, perdida entre la realidad y mi imaginación, hasta que un día fue
demasiado y mi propia mente empezó a dar alertas, ahí llegaron los ataques de pánico.

Traga el nudo en su garganta mientras se toma todo lo que queda en el vaso de un solo sorbo.

—Se vivieron inconcebibles pero a su vez eran mis mejores aliados porque me permitían
alejarme de esta realidad, me sacaban de ese terrible momento y me llevaban a uno
sorprendentemente menos desesperante y me daban un hilo de esperanza de que todo
acabaría—hace una pausa lamiéndose los labios—. Bueno, no lo hizo. Porque encontró a
mamá y se enteró de que había estado con mis padres, eso lo enfureció, y no puedo encontrar
una mejor forma de castigarme por algo que no hice que meterme en una horrible jaula sin
ropa, frío, hacía frío—su voz se corta.

—Maldita sea —murmuro en voz baja, la rabia me sale por cada centímetro de piel.

—Había muchas manos, muchas cosas, yo... Fué demasiado—se cubre con sus brazos cómo
si el hecho de hacerlo la protegiera de los monstruos de su pasado.

La inquietud me abrasa, la necesidad de encontrar a cada uno de esos hijos de puta y darles el
final más trágico no abandona mi mente.

Mis ojos duros se conectan con los de ella, esta vez no son coloridos, esta vez están
cristalizados y perdidos, cómo si realmente no estuviera aquí, tal como la mayoría del
tiempo.

Tal vez mi pasado sea una mierda, pero Lilith simplemente tuvo demasiado, demasiado para
una niña que tuvo que vivir una linda infancia y ella sola no puede con todo esto.

Le dije mentirosa y cobarde. No es cierto. No es una cobarde, solo tiene todo el peso sobre
sus hombros y no sabe cómo ayudarse para que no duela.

Ahora la admiro, porque joder si no se necesitan fuerzas para seguir vivo después de pasar
eso, y agradezco que ella haya aguantado tanto.

Pero ahora tengo cosas que hacer, y empezar a buscar a cada una de esas ratas es mi misión
así me tome el resto de mi vida.
Lilith

U n tsunami, eso es lo que llena la estancia y yo soy un pez que nada en el denso
y solitario desastre, en una calma increíblemente falsa para el caos que el
tsunami desata.

Estoy casi segura de que no estoy viva y mi visión borrosa con una luz blanca como punto
focal casi parece decirme que tengo razón.

Probablemente si esté muerta, y eso quizás sea mejor que enfrentar las consecuencias de mi
arrebato de palabras.

No planeaba decirle nada de esto a Aiden, no ahora ni nunca, nadie lo sabe, ni siquiera mamá
porque no quería que se sintiera culpable. Pero por alguna razón era necesario para mí
compartirle este hecho a Aiden, quería que entendiera que no es que no quisiera decirle es
que es complicado tocar un tema así y más aún cuando sigue en mis pesadillas más recientes
y tormentosas.

Aiden está cargándome al estilo nupcial hasta el segundo piso, en realidad no sé nada de lo
que pasa solo me siento flotando en mi propio tsunami caótico.

Mi estómago sigue revuelto con todos los recuerdos indeseados y ahora me doy cuenta de
que tal vez fue una mala idea recordarlo.

— ¿Ahora me odias más que antes? Después de saber que estoy sucia—espeto, con la
amargura tiñendo mi tono de voz—. ¿Después de saber que mi padre alentó a que me
abusaran?

En algún momento siento tierra firme al pisar el suelo, quizás llegamos a la habitación... O a
dónde sea que me haya traído.

—Lilith—dice, haciéndome girar para verlo.

Mis ojos lo desenfocan y con el giro drástico pierdo el equilibrio tambaleándome hacia atrás
y casi cayendo de no ser por la pared.

Benditas sean las paredes, siempre salvándote el culo, mis heroínas.


Creo que tengo algo de ganas de vomitar, me gira el mundo alrededor y solo siento el mareo
de muerte, probablemente se deba a los litros de alcohol que mi cuerpo ingirió y que ahora
parecen reacomodar mis órganos.

Suelto una risa imaginando como una botella mandona de vodka regaña a mis órganos como
Tronchatoro² y todos salen corriendo a sus lugares despavoridos.

Frunzo el ceño, ¿cuál de todos mis órganos sería la Maestra Miel³?

—Concéntrate—exige, pero mi cerebro no procesa ni la primera letra de su palabra.

No sé dónde nos metió pero está realmente muy oscuro para ser las diez de la mañana, quizás
estamos en un sótano y planea matarme.

Aún así sus ojos siguen siendo demasiado llamativos para no borrarlos en la oscuridad creo
que incluso podría verlos con los ojos cerrados. Ilógico, pero no dudo que sea cierto.

—No estás sucia, ¿entiendes? Los únicos sucios aquí son esos enfermos pedófilos—me toma
de las mejillas con sus dos manos.

Mis lágrimas no tardan en acumularse en mis ojos. Es demasiado hablar de esto y aún más
con la única persona en el mundo a la que le confiaría mi vida con los ojos cerrados sin
cuestionármelo.

—Estoy cansada—admito, las lágrimas saladas escurriendo por mis mejillas.

—Estoy aquí para ayudarte a descansar—besa mi frente.

—No quiero pensar más.

—Prometo hacerte hablar las veinticuatro horas de cada día para evitar que te pierdas en tu
mente—otro beso.

—No puedo más—le digo, reprimiendo un sollozo.

Su aliento caliente me recorre los labios mientras me acerca a su cuerpo envolviéndome en


sus brazos cómo ya se ha hecho costumbre.

—Nunca creas que es tú culpa. Y nunca pienses que yo también lo creeré. Eres mucho más
que aquellos que te lastimaron, Diosa.

Mis ojos se abren, aún empapados de las saladas lágrimas. Debo lucir incrédula de sus
palabras.

—Haré que entiendas que son unos imbéciles—jura—. Cualquiera que te haga daño o que te
deje ir, lo es.

— ¿Entonces tú serás un imbécil? Si dices que me harás daño.


—Trataré de no serlo, pero presiento que es algo que yo no puedo evitar, porque de las dos
opciones que tengo en las dos salimos jodidos.

Guardo silencio y él parece notar mi caos mental.

—No te creas inferior a ellos, Diosa. Sí, es cierto que forjaron lo que hoy en día eres creando
una versión tuya que quizás odies. Pero queda en tí y en nadie más saber cómo seguir; yo
estoy aquí para mostrarte los caminos correctos, queda en tí escoger y yo te seguiré.

Creo que hay lágrimas en mis ojos, y me llena una inmensa calidez que no con hielo podrían
desaparecer.

Durante toda mi vida estuve confiada de que era mi culpa pero quizás Aiden tenga razón y no
lo sea.

—Ya no más huir y esconderte, Diosa. Prometo que buscaré a todos y cada uno de esos
imbéciles y te los daré en bandeja de plata. Nadie ni nada toca algo mío y sale ileso, cariño.

Mi estómago se revuelve por sus palabras que suenan tan sinceras.

—No era tuya en ese entonces.

Acaricia mi mejilla con su pulgar, pero no, no es un gesto de cariño, es como aquel toque que
hace un chico desconocido antes de llevarte a su casa y asesinarte. Su mirada no está lejos de
decirme que tengo razón.

—Siempre fuiste mía, es algo que ya estaba escrito, Lilith—dice con una sonrisa pequeña en
sus labios.

Sus palabras suenan distantes casi sin sentido alguno.

—De todos modos seguirán en mis pesadillas, siempre están ahí—digo con voz ronca por el
llanto.

—Entonces me encargaré de ser tu peor pesadilla para que cuando cierres los ojos solo sea yo
quien interrumpa tu sueño—sus labios rozan los míos—. Hoy te quedarás y yo te cuidaré,
mañana debo ir a trabajar o Atlas me colgará de las pelotas en la estatua de la plaza central.

Justo cuando planeo asentir y buscar la forma de salir de la penumbra un fuerte sonido de
algo cayendo me hace sobresaltar y dispara el ritmo cardíaco de mí corazón.

— ¡Mierda!—grito, lanzándome al pecho de Aiden como un koala.

El silencio baña la habitación pero mi cuerpo aún no deja de temblar creo que incluso se me
bajó el alcohol.

— ¿Qué... Qué fue eso?—susurro, mi corazón amenazando con abandonar mi pecho.

—Un animal haciendo ruido. Agárrate bien para poder llevarte a un lugar—ordena con un
tono de voz determinante pero a la vez dulce.
Sí, creo que el alcohol no bajó del todo.

—Oye, Aiden...—lo llamo mientras me deja en el suelo nuevamente luego de caminar en la


oscuridad.

— ¿Hmm?

—No le digas a nadie de esto, ni siquiera a mamá, por favor.

—No lo haré—dice suavemente.

—Bien —asiento.

Me ayuda a sentarme en un sofá (o al menos yo creo que es un sofá) y él se sienta a mi lado.

Un extraño sonido, como una melodía, suena. Mis cejas se juntan y trato de prestar atención a
ver si vuelve a sonar.

Hay un minuto de silencio antes de que el sonido se haga más claro y otra nota melódica llene
mis oídos.

— ¿Qué es eso?—murmuro, mi espalda se tensa.

Mi mundo aún gira y gira como si mi organismo no estuviera muy seguro de diferenciar que
es solo alcohol y elige llegar que estoy corriendo de un asesino en serie.

—Cálmate—la mano de Aiden cae en mi muslo descubierto.

Sin embargo aún no responde mi pregunta llenándome de más nervios. Cuando pienso hablar
de nuevo la estancia se llena de muchas pequeñas luces, tardo en comprender que son focos y
que estamos dentro de una carpa blanca en un sofá blanco.

Estamos en una especie de pequeño estudio, incluso hay velas fuera y hay distintos
instrumentos que no puedo detallar muy bien desde aquí ya que mi visión no es tan amplia
debido a la carpa.

— ¿Qué...—mis palabras se cortan cuando mi mirada conecta con el rostro sereno de Aiden.

Tiene la mirada fija en la mía, como sí él siempre hubiera sabido que yo estaba aquí aún en la
penumbra.

Aún así hay un contraste extraño en su rostro, sus ojos están suavizados y me miran con un
sentimiento que jamás había visto, es como la calma, como si estuviera tranquilo, pero su
mandíbula tensa con sus músculos palpitantes reflejan molestia, como si no quisiera estar en
calma y eso le jode.

Y después de largos minutos de contacto visual es que caigo en cuenta de que es el quien
hacía los sonidos musicales con la guitarra de madera sobre sus piernas.
No tengo ni idea de cuándo la tomó pero es definitivo que paró de tocar para que yo no me
asustara más de lo que ya estaba.

En algún momento que me he perdido su mirada se desconectó de la mía y su mano en mi


muslo desapareció y ahora está en las cuerdas de la guitarra.

— ¿Aiden?—pregunto.

Se queda callado durante un largo tiempo inundando el silencio solo con una suave melodía
que no puedo identificar.

— ¿Qué pasó, Lilith?—susurra.

— ¿Alguna vez quisiste que tú mamá no se fuera?

Sus dedos en las cuerdas no paran pero noto el leve cambio en su expresión.

—No.

— ¿Tampoco te arrepentiste de haberla...? Ya sabes—pregunto, sintiendo la tensión que


irradia de él.

—Llega al punto.

Me cuesta decirlo, pero aún así logro recibir fuerzas para hacerlo.

—Nunca sentí remordimiento por la muerte de Mason, tal vez este mal porque era mi padre
pero sentí una gran paz el día que se fué y, no sé, solo creo que está mal

Vuelve a suspirar y me mira de nuevo.

—No puedes sentir remordimiento por la muerte de quién te jodió la vida, Lilith, es algo que
cualquier ser humano tiene presente —dice despacio.

Se nota que no está familiarizado con mostrar empatía hacia los demás, pero si menos lo
intenta por mí.

Ni siquiera sé que pasa conmigo en estos momentos y por qué una lágrima baja por mi
mejilla, rápidamente la limpio y parpadeo rápidamente para alejar las demás lágrimas.

El ambiente se llena de una densa tensión y me cuesta unos segundos darme cuenta de que
Aiden está enojado en mi nombre.

—Si pudiera revivir a Mason y asesinarlo yo mismo lo haría, pero como lamentablemente no
puedo voy a buscar a todos los otros hijos de perra—dice, con voz baja llena de crueldad.

Casi olvido por un segundo que ahora soy según su declaración, suya, cosa que aún no he
aceptado y que no aceptare hasta que él me diga que puede amarme.
Aún así se siente jodidamente bien que él haya dicho eso y mi corazón retumba de felicidad
en mi pecho.

— ¿Por qué lo harías?

Su mano se detiene y la extiende hasta las ondas húmedas de mi cabello y lo acaricia


suavemente provocándome un escalofrío que me hace tragar saliva.

Y no, no es un gesto tierno es más un gesto aterrorizante cuando en su mirada hay ansias de
asesinato.

Estira sus piernas y aún tomándome del cabello hace fuerzas para bajar mi cuerpo y entiendo
la indirecta así que me acuesto boca arriba con la cabeza sobre sus muslos.

—Porque te han lastimado—gruñe.

—Sigue sin ser tu asunto—murmuro, mi voz temblorosa.

—Lo es, tú eres mi asunto lo quieras o no—me lanza una mirada que no da lugar a quejas y
debo morderme la lengua para no maldecirlo.

—Eso no es una respuesta.

—Lo haré porque quiero ser lo único que te quite el sueño, si alguien te lastimará, seré yo, no
ellos, Diosa.

A pesar de mi mirada de muerte hacia Aiden, el pensamiento de él acabando con la vida de


los monstruos de mi pasado me hace palpitar partes de mi cuerpo que no mencionaré.

Solo aprieto los muslos rezando a que no se dé cuenta de mi acción de necesidad pero es
estúpido porque de todos modos lo intensifica cuando la yema de su pulgar roza mi mejilla.

— ¿Qué hacemos aquí? —susurro, reprimiendo otro escalofrío.

Su mano en mi mejilla se queda quieta y luego baja hasta mis labios metiendo su pulgar entre
mis dientes.

Debo luchar contra mis propios pensamientos para tener una visión clara de lo que hace y no
perderme en pensamientos inapropiados.

La comisura de su labio se eleva en una cruel sonrisa ladeada que me da ganas de levantarme
y salir corriendo lejos de él.

—Voy a tocar algo, y tú vas a cerrar esa bonita boca a menos que quieras que la mantenga
ocupada—su dedo medio y anular sustituyen al pulgar dentro de mi boca haciendo garganta
profunda con ellos para reforzar su punto—. Dime, Lilith, ¿prefieres eso?

Si, de hecho, quiero que lo haga, pero incluso mis pensamientos me avergüenzan a mí misma,
así que decido negar lentamente con mi cabeza.
—Sé una buena Diosa y puedes ganarte un premio—sonríe como un hijo de puta cuando
entrecierro los ojos con molestia.

Saca sus dedos de mi boca dejando un hilo de saliva caer a mi barbilla pero no lo limpia y
tampoco se molesta en limpiar sus dedos cuando toma la púa negra de su guitarra.

— ¿Harías los honores de cantar el coro?—pregunta, la diversión tiñendo su voz.

Las primeras notas musicales llenan el aire y me es imposible no sentir las mariposas
revolviendo mi estómago. Hace muchos años Aiden me permitió cantar una canción, estaba
mal en ese momento, acababa de salir de un ataque de pánico y él dijo que iba a tocar algo,
pero que no volvería a hacerlo, me dejó escoger la canción con la condición de que yo
cantara.

No sabía qué canción elegir, era la mejor oferta de mi vida pero justo empezó a sonar una
canción, la había puesto Alaia en su estudio de baile y resonaba hasta dónde estábamos
escondidos, en el sótano.

Esa canción era en español, no sé hablarlo pero sin embargo logré cantarla de tantas veces
que sonaba en el reproductor de Alaia.

Ahora, estamos cantando una canción por segunda vez, esta vez si la conozco y también
conozco a la perfección la letra y no hay una que defina mejor nuestra relación.

Me dirige una mirada indicando que debo empezar, y así lo hago, me levanto un poco y
cambio de posición sentándome a horcajadas sobre sus muslos dejando espacio para la
guitarra.

—Cross my heart, hope to die (Juro por mi vida, espero morir)


To my lover, I’d never lie (A mi amante nunca le mentiría)
He said, be true, I swear, I’ll try (Él dijo: Sé sincera, yo juro que lo intentaré)
In the end, it’s him and I (Al final es él y yo).

Mi mirada en ningún momento se despega de él y mi corazón amenaza con querer romper mi


pecho y caer en sus manos.

—He’s out his head, I’m out my mind (Él está fuera de su cabeza, y yo fuera de mi mente) —
sonrío por la realidad de la oración y su comisura se eleva sin dejar de tocar—. We got that
love, the crazy kind (Tenemos ese amor, ese tipo de amor loco) —mi ritmo cardíaco eleva
mientras analizo cada palabra—. I am his, and he is mine (Yo soy suya y él es mío) —un
brillo peligroso llena sus ojos—. In the end, it’s him and I (Al final es él y yo)

Trago saliva guardando silencio y preparándome para el deleite audiovisual de escuchar su


voz cantando.

—My 65 speeding up the PCH, a hell of a ride (Mi '65 siendo acelerado por PCH, un infierno
de paseo)
They don't wanna see us make it, they just wanna divide (Ellos no quieren vernos lograrlo,
solo quieren separarnos)
2017 Bonnie and Clyde (Bonnie y Clyde del 2017)
Mis labios están entreabiertos y mis ojos parecen estar conectados a los suyos y cocidos con
algún tipo de brujería porque no puedo apartarlos y él tampoco.

Creo que incluso pude haberme corrido, sin embargo no pasó, eso no quita que esté
jodidamente empapada y él debe notarlo, no me avergüenza para nada esta vez.

No cuando estoy viendo todo lo que ocurre con su cuerpo también y no cuando su erección
parece buscar el calor entre mis piernas como si ya perteneciera allí.

—Wouldn't see the point of living on if one of us died, yeah (No veríamos el punto de vivir si
uno de nosotros muere, sí) —la sinceridad que cubre su mirada y su tono me hace tragar
saliva.

Por alguna razón hay una extraña opresión en mi pecho que no me deja ni respirar, la tensión
parece querer acaparar el ambiente.

Es tan fuerte lo que sea que esté pasando que siento hasta ganas de llorar, es como si
estuvieran oprimiendo mi pecho con un peso gigantesco.

—Got that kind of style everybody try to rip off (Tenemos ese tipo de estilo que todos
intentan robar)
YSL dress under when she takes the mink off (Un vestido YSL debajo cuando ella se
quita el abrigo)
Silk on her body, pull it down and watch it slip off (Ropa de seda en su cuerpo, jala hacia
abajo y mira cómo se desliza)

Su mirada baja por mi cuerpo con una lentitud agonizante, parece quemar cada centímetro
libre disponible.

Para cuándo llega de nuevo a mis ojos es demasiado lo que hay en su mirada, tanto que ni
siquiera parece hacer falta que hable para saber lo que piensa.

—Ever catch me cheating, she would try to cut my... (Si alguna vez me atrapara engañándola,
ella trataría de cortar mi...)

Una risa abandona mis labios, irónico que sea algo que de verdad podría pasar, mi mente no
ha abandonado la idea de hacerlo, y tal vez él no diga que me ama todavía pero hay algo que
tengo asegurado y es que si le pido que sea mío no durará en decir que sí.

A este punto, ya ninguno puede escapar, y tendremos que jodidamente ahogarnos ambos
porque de ningún modo alguno se va a salvar.

—Crazy, but I love her, I could never run from her (Loca, pero la amo, nunca podría huir de
ella) —su mirada penetra mi alma arrasando con el fuego en mi interior.

Mi pecho se infla reteniendo el aire cuando sus dedos aún sosteniendo la púa llegan a mi
barbilla y me inclina hacia él haciéndome ver el azul de sus ojos aún más brillante.
— ¿Hit it?, no rubber never would let no one touch her (¿Golpearla?, no permitiría ni que un
globo la tocara) —acaricia suavemente mi barbilla.

Mis manos buscan equilibrio en su nuca y me reacomodo de mejor forma, su mano vuelve a
la guitarra tocando nuevamente, está vez sus nudillos rozan mi abdomen cubierto por lo cerca
que estamos.

Un espasmo me recorre todo el cuerpo cuando su erección queda justo presionando a través
de la ropa mi clítoris.

Suspiro, mis manos inquietas acariciando su nuca y me decido por juntar nuestras frentes
rozando nuestros labios.

—Swear we drive each other mad, she be so stubborn (Juro que nos manejamos el uno al
otro, loco, pero ella es tan terca) —suelta el resoplido de una risa—. But, what the fuck is
love with no pain, no suffer (Pero, ¿Qué mierda es el amor sin dolor?, sin sufrimiento) —
murmura con la voz al menos un tono más ronca de lo que ya es.

Y tiene jodidamente toda la razón, porque si de verdad esta mierda va a ser amor algo más
tendremos que sufrir y yo podría jodidamente cortarme las venas por él y él podría
jodidamente ponerse una pistola en la cabeza y dispararse por mí.

Y después de años caigo en cuenta de eso, porque él siempre estuvo ahí y hay más oculto que
nunca quise ver, Aiden está tan mal por mí como yo por él pero hay algo que le impide
reconocerlo, algo que lo mantiene alejado.

Ese algo explotará en cualquier momento y ambos enfrentaremos el dolor que traiga, porque
por más que me joda sé que jamás amaré a alguien de la forma tan intensa en que lo amo a él.

—Intense, this shit, it gets dense (Intensa, esta mierda, se pone densa) —sus labios tocan mi
mejilla y llegan hasta mi oído suspirando, su aliento caliente haciéndome estremecer—. She
knows when I’m out of it, like she could just sense (Ella sabe cuándo estoy fuera como si
pudiera simplemente sentirlo) —muerde ligeramente el lóbulo de mi oreja.

Suelta lo que parece una risa ronca cuando un suave suspiro abandona mis labios.

—If I had a million dollars or was down to ten cents (Si tuviera un millón de dólares o tuviera
menos de diez centavos)
She'd be down for whatever, never gotta convince, no (Ella estaría abajo por lo que sea,
nunca quise convencerla, no).

Rozando mi mejilla con sus labios vuelve a dejarlos sobre los míos.

—Cross my heart, hope to die (Juro por mi vida, espero morir)


To my lover, I’d never lie (A mi amante nunca le mentiría) —aguanto la respiración
creyendo que no seguirá la parte que viene.

Debo jodidamente tragarme mi incredulidad cuando lo dice:


—I love you baby (te amo, bebé) —sonríe notando el cambio drástico en mis movimientos e
incluso en mi voz—. Relájate, cariño, parece que sufrirás un coma, solo cantamos—susurra.

Sin embargo sus ojos no cantan, ellos hablan y deciden decirme toda la verdad que sus
palabras ocultan. Aún así puedo estar jodidamente loca y no dudo de estarlo.

—Cross my heart, hope to die (Juro por mi vida, espero morir)


To my lover, I’d never lie (A mi amante nunca le mentiría)
He said, be true, I swear, I’ll try (Él dijo: Sé sincera, yo juro que lo intentaré)
In the end, it’s him and I (Al final es él y yo).
He’s out his head, I’m out my mind (Él está fuera de su cabeza, y yo fuera de mi mente)
We got that love, the crazy kind (Tenemos ese amor, ese tipo de amor loco)
I am his, and he is mine (Yo soy suya y él es mío)
In the end, it’s him and I (Al final es él y yo)

Termino el coro rozando sus labios con las ganas de besarlo para callar lo que quiere salir
desde lo más profundo de mi alma.

—Him and I (Él y yo)


Woah, oh, oh, oh, oh
Woah, oh, oh, oh, oh
Woah, oh, oh, oh, oh
Woah, oh, oh, oh, oh
In the end, it’s him and I (Al final, es él y yo).

—We turn up, mobbin' 'til the end of time (Subimos la mafia hasta el final de los tiempos)
Only one who gets me, I'm a crazy fuckin' Gemini (Solo uno que me atrape, soy un maldito
loco Géminis)
Remember this for when I die (Recuerda esto para cuando muera)
Everybody dressed in all black, suits and a tie (Todos vestidos de negro, trajes y corbata)
My funeral will be lit if I (Mi funeral se encenderá si yo)
Ever go down or get caught, if they identify (Alguna vez caigo, me atrapan o me
identifican) —canta él, sin apartar la mirada de mis ojos.

Siento que me incendio, que estoy en llamas y que probablemente en cualquier momento el
suelo se agrietará y nos dejará caer al infierno para que ambos ardamos juntos.

—My bitch was the most solid, nothing to solidify (Mi perra era la más sólida, nada para
solidificar) —me guiña un ojo haciéndome sonreír—. She would never cheat, you'd never see
her with a different guy (Ella nunca me engañaría, nunca la verías con otro chico) —sus
dientes atrapan mi labio inferior y se clavan con una fuerza sobrenatural sacándome sangre.

El ardor se intensifica y el labio se me duerme cuando lo suelta. Una advertencia inscrita en


sus ojos y una amenaza de que jodidamente no saldrá bien si se me ocurre ir a otros brazos,
algo que, literalmente jamás pasará.

—Ever tell you different, then it's a lie (Si alguna vez te dicen algo diferente, entonces es
mentira) —mueve sus labios contra los míos intensificando el dolor y bañando sus labios en
carmesí—. See, that's my down bitch, see that's my soldier (Mira, esa es mi perra, mira, ese
es mi soldado) —succiona mi labio inferior—. Siempre ambas, Diosa.
Mi pecho se llena de calidez y creo que incluso el sonido de mi corazón latiendo llena el aire
que nos rodea. Es hechizante, él lo es.

—She keeps that thang-thang if anyone goes there (Ella guarda su vagina si alguien más
entra) —alza sus caderas embistiendo contra mi coño palpitante.

Me coge desprevenida sacándome un jadeo suave que lo hace gruñir y enviarme una mirada
salvaje.

Ahora que sabe todo lo que pasó no le quedarán dudas de que de ningún modo iré con otra
persona.

—Calm and collected, she keeps her composure (Tranquila y serena, ella mantiene su
compostura) —deja un suave roce de labios aún sin besarnos—. And she gon' ride for me
until this thing over (Y ella irá por mí hasta que esto termine)

Claro que lo haré, eso es algo que podría jurar.

—We do drugs together, fuck up clubs together (Nos drogamos juntos, cogiendo en los clubs
juntos)
And we'd both go crazy if we was to sever (Y ambos nos volveríamos locos si tuviéramos
que cortar) —una promesa sádica cruza sus ojos.

No lo dudo, yo... Ni siquiera sé que podría pasar si lo que sea que pase entre ambos se acaba
pero si alguien me llega a separar de él para siempre enloqueceré.

—You know? We keep mobbin', it's just me and my bitch (¿Ya sabes? Seguimos en la mafia,
somos solos yo y mi perra)
Fuck the world, we just gon' keep getting rich, you know? (A la mierda el mundo, solo
vamos a seguir haciéndonos ricos, ¿sabes?)

Es mí turno y canto el coro corrido antes de seguir con las estrofas que definen aún mejor
todo esto:

—Cross my heart, hope to die (Juro por mi vida, espero morir) —acaricio su cabello—. To
you, I've never lied (A ti, nunca te mentiría) —a partir de ahora, probablemente ya no más—.
For you, I'd take a life (Por ti, tomaría una vida) —juro, en realidad lo haría y no dudaría ni
un segundo—. It's him and I, and I swear (Es él y yo, y lo juro).

—'Til the end I'mma ride wit' you (Hasta el final viajare contigo)
Mob and get money, get high wit' you, yeah (La mafia y haciendo dinero, drogándome
contigo, sí) —me sigue Aiden.

—Cross my heart, hope to die (Juro por mi vida, espero morir)


This is our ride or die (Esto es ahora o nunca)
You can confide in me (Puedes confiar en mí)
There is no hiding, I swear (No hay nada que ocultar, lo juro)

Hago una pausa para recalcar el punto de que ya yo dije todo lo que tenía por decir.
—Stay solid (Mantente honesto) —pido, cantando.

—Never lie to you (Nunca te mentiría)—promete—. Swear, most likely I'mma die wit' you,
yeah (Lo juro, lo más probable es que muera contigo, sí).

Canto el coro por última vez y él hace las últimas notas, cuando mi mirada hacia la soledad
en sus dedos y miles de imágenes llenan mi mente sobre lugares en los que se verían mejor
sus dedos.

—Siempre puedes sustituir a la guitarra, Diosa—sonríe, engreído.

Exhalo lentamente, y luego susurro:

—Siempre podría ser ahora —y entonces decido jugar con fuego y agrego: —, bebé.

Guarda silencio pero veo el infierno desatarse antes de que incluso pueda llegar y entonces
sus labios chocan con los míos con fuerza.

Mis labios se mueven por sí solos buscando llegar a las profundidades de su ser en solo un
beso que parece consumirnos en cuerpo y alma, mi lengua recorre toda su boca y la suya
explora cada espacio de la mía.

En algún momento deja la guitarra a un lado y nos pega por completo haciéndome jadear por
la sensación envolvente de su calor.

Para cuándo me deja libre porque en serio siento que me desmayaré estoy jadeante.

—Eres mía, y esta vez no solo será tu cuerpo también quiero tu corazón, para siempre, no hay
forma de que escapes de mí, cariño—susurra.

Pienso abrir mi boca para soltar una queja pero sus dedos toman mi mandíbula callándome.

—Así cobro lo que me debes, la deuda está saldada.

Las palabras caen como un balde de agua fría con extra hielo. Mi cuerpo se paraliza y mis
ojos se abren de par en par con miedo.

Sabía que algo así pasaría, Aiden es la reencarnación del mismísimo Diablo, y sabía que
jugaría a lo grande.

Ahora, definitivamente estoy jodida.


Lilith

U na semana, eso es lo que ha pasado desde que Aiden cobró su promesa.

Después de que caí en cuenta de lo jodida que estaba, mi mejor opción fué
fingir estar bien con eso y luego cuando Aiden se fué a buscar su celular, huir.

Fué algo complicado, tuve que esperar dos horas enteras a qué Enzo desbloqueara su celular
para grabarme la contraseña y luego poder llamar a Marcello para que pasara por mí.

Los guardias de afuera nos persiguieron y me atraparon pero una seña de Enzo bastó para que
me dejarán ir.

No sé si Aiden habrá dejado que me fuera como cortesía o si se apiadó de mi alma, el carro es
que logré llegar sana y salva a casa de la tía Olivia.

Marcello me ofreció quedarme en su apartamento pero tuve que declinar la oferta. Además la
tía Livvie no le dirá nada a mamá, no es muy sentimental así que tampoco hará preguntas.

Él que sí hizo muchas preguntas fue el idiota de Cole, no respondí ninguna claro está.

Aún así sé que no estoy a salvo, Aiden sabe mi ubicación solo que no ha querido intervenir o
está demasiado ocupado en sus asuntos.

No me ha olvidado es lo único que tengo asegurado. ¿Que cómo lo sé? Lo sé porque ha


dejado una carta cada día a las doce del mediodía durante estos siete días en la puerta trasera
de la casa.

Lo descubrí cuando para mí mala suerte estaba sola y la tocaron, salí creyendo que el tonto de
mi primo menor había dejado las llaves y solo encontré una carta en un lindo papel lila
doblado a la perfección y con una letra de perfecta caligrafía.

Desde ese día apenas llego de la universidad paso a la puerta trasera a buscar mi carta.

Y se preguntarán ¿por qué no usar un celular cómo gente normal?, eso sería increíble si no lo
hubiera perdido, la tía Livvie se ofreció a comprarme uno pero decline su oferta aún así me lo
dió, está prendido y alejar logré recuperar mi correo ayer para acceder a mi cuenta de IG y a
mí cuenta de TikTok.

Mis contactos siguen procesándose con una copia de seguridad de la nube que parece tardar
una eternidad.

Volviendo a las cartas, la del primer día fue algo tranquila, ya luego fueron subiendo de nivel
cómo pueden notar:
Ese día pase todo el día viendo mis ojos sin parar en cada espejo o reflejo que veía notando
que tenía razón. Y es sorprendente cómo una persona puede lograr que algo que antes odiaba
ahora parezca lo que más amo en el mundo.

El martes, alisé mi cabello y me hice un lindo peinado con un moño lila, algo que jamás hago
porque odio mi cabello y prefiero atarlo la mayoría del tiempo.
Lo verifiqué, ni siquiera yo sabía de ese dato pero sorprendentemente es verídico porque
tengo siete lunares y exactamente en los lugares que él mencionó.

No mentiré, ese día casi entre en pánico creyendo que era una patética mentira, no lo pude
confirmar, cuando llegué a veinte me aburrí, pero por alguna extraña razón, le creo, es un
sociópata que no dudo que haya contado mis pestañas una por una.
El viernes fuí a comprar mi helado de mango, me pedí unas galletas de café, visité mi bello
jardín de lavandas y me compré mucha más ropa de color lila.

Tiene razón en absolutamente todo, pero solo por verificarlo revisé todo mi armario y lo
reorganicé. En eso se fue todo mi día y no tuve tiempo de pensar en otra cosa.
Eso sucedió ayer, fuí a pedirle un consejo a Niko de la situación terrible en la que me
encuentro y en su casa (por no decir castillo) me tomé un delicioso chocolate caliente.

Aún no sé dónde carajos estaba Aiden y casi puedo jurar que no estaba fuera como él dice
pero nunca se sabe con ese loco.

Mentiroso, ¿dejarme ganar? Por favor, maldito imbécil. Sé que lo hace adrede. Solo por eso
no le contestaré por un mensaje.

Pienso ir a The Hellfire's a hablar con él en persona, basta de huir por más tiempo.

Me alisto lo suficientemente rápido con unos shorts negros y un top blanco tipo corset con
escote de corazón, obvio no puede faltar algo lila así que de ese color es mi cartera y mis
zapatillas son de color blanco.

No tardo mucho en llegar a Hellfire's, mis clases terminaron temprano por el partido de
Rugby que habrá en la tarde y decorarán todo con la temática de las águilas de The Golden
Royalty.

Bajo de mi Porsche y camino con tranquilidad por el campus a pesar de ganarme cientos de
miradas depredadoras, otras lujuriosas y por último las envidiosas.

Mi mano viaja instintivamente al collar en mi cuello, el que me regaló Aiden. No me lo he


quitado desde que busqué algunas mudas de ropa en mi apartamento.

Hablando de eso opino que debería ir hoy, para no olvidarme le escribo a la tía Livvie para
avisarle y solo contesta con un: "Ok, Li, recuerda llevarte todo a tu apartamento".

Muy ella, al menos puso el apodo y ya no suena tan seco, un punto positivo.

Cruzo demasiados pasillos tenebrosos para contar y es una locura la gente de aquí, parecen no
conocer los colores, literalmente lo único que resalta en éstas paredes es mi cartera lila.

Podría gritar cuando veo una cabellera naranja muy llamativa como para no reconocerla, está
en el jardín trasero donde hay poca iluminación y hay mesas al estilo gótico con extrañas
esculturas.

Mientras más me acerco más visible se hace la persona frente a él, es una mujer, no me cuesta
mucho saber quién es cuando su irritante voz inunda mis oídos.

Es Jane.

Estoy a nada de dar vuelta y largarme a quemar la casa de Aiden cuando la muy hija de puta
se lanza sobre él a abrazarlo. Observo la escena, estupefacta por unos largos segundos.

¿Saben esos momentos en los que el tiempo parece pasar en cámara lenta y todo parece
detenerse? Bueno, en realidad eso es lo que parece suceder.
Ni siquiera sé cómo sentirme al respecto solo parece que me han golpeado con un mazo de
metal en la cara.

La rabia fluye en mis venas como si fuera la sangre misma, algunos lo llamarían celos.

Y sí, soy jodidamente territorial, llámame tóxica o mimada, me sabe muy a mierda, de hecho,
lo soy.

Odio cuando mamá le da más atención a alguna de las otras chicas antes que a mí, o cuando
papá Hades soluciona problemas de Abalám, incluso cuando Aiden parece pasar demasiado
tiempo con Atlas a quién de hecho mamá adora y parece querer protegerlo del mundo.

Le guardo un gran resentimiento en el fondo que no me molestaría admitir en su cara por


recibir toda la atención de mamá.

En resumen, soy jodidamente territorial, y en este momento tengo ganas de asesinar a Jane y
luego al imbécil de Aiden por no parecer reaccionar.

La rubia parece estar disfrutando en sobremanera la calidez en los brazos de Aiden quien
parece no estar procesando nada porque no le devuelve el abrazo, solo está paralizado y
tenso.

Bueno, a ver, en realidad puedo estar exagerando, solo han pasado unos simples segundos
pero eso es suficiente, ¿vale?

Eso no es lo peor, no, lo peor llega cuando ella empieza a poner sus pies de puntitas y yo ya
podría estar muerta de tanto contener la respiración.

Yo que ella iría buscando el agujero perfecto en el cementerio para ir al cielo, si, no la quiero
en el infierno, yo jodidamente haré una devolución si ella baja.

Debo obligarme a apartar la mirada y enfocarla en el fabuloso árbol de cerezo a unos largos
metros de distancia. Aún así ni lo puedo ver bien porque mi vista parece borrosa y en
segundo plano y casi puedo oír el sonido chillante de la tetera cuando hierve el agua saliendo
de mis oídos.

Al demonio con este idiota, me largo de aquí, y ahora probablemente haya de la isla y no lo
vea nunca más y eso me provocaría un suicidio, vaya vida del asco.

De reojo, alcanzo a ver cómo la mano de Aiden va a la parte trasera de sus pantalones y en
cuestión de segundos su otra mano está apartando a Jane sacándole un estruendoso chillido.

Debo voltear por mera curiosidad y es solo para encontrar a Jane con una navaja en la
garganta sacándole un hilo de sangre.

Miro a mi alrededor con miedo de que alguien decida intervenir pero nadie parece realmente
interesado, casi les parece algo... natural.

Espero a que empiece a pedir ayuda y sin embargo no lo hace, tampoco intenta defenderse
solo llame sus labios y mira a Aiden como una deidad.
—Aiden—suelta en un jadeo entrecortado por el poco suministro de aire.

La está matando, y eso no es lo peor sino que ella no parece defenderse. Parece que tiene un
par de tornillos zafados, sé que a mí no me mataría pero ¿a Jane? No dudo de que lo haga.

No dejo de mirar la escena y de hecho me sorprende que ninguno me haya notado aún.

— ¿Qué parte de maten tus sucias manos lejos de mí no entendiste, Jane?

Ay, a veces me preocupa la dignidad de las personas y como pueden perderte tan fácil.

Cómo por ejemplo Jane que a pesar de estar siendo humillada sonríe con lo que parece una
sonrisa seductora.

—No hay que ser tan rudos aquí fuera, Wolf—jadea le la falta de aire.

Mis dientes rechinan de lo fuerte que estoy apretándolos y creo que tengo muchas ganas de
que muera.

La cara de Aiden no cambia, a pesar de que ella esté mordiendo su labio inferior y casi
llegando sus asquerosas tetas en su torso.

—Podemos...—tose cuando la daga se aprieta más—ir adentro.

Esto tiene que ser una puta broma, ya ni siquiera sé si estoy molesta o siento pena y lástima
por ella.

¿Qué tan necesitada de atención debes estar para llegar a este punto?

Aiden parece querer matarla y ahora estamos dentro de un círculo de estudiantes que
murmuran animados sufre la confrontación, otros solo parecen querer intervenir a salvar a la
rubia.

Yo doy un paso atrás y luego otro tratando de huir lo más rápido de la situación, hay una
chica, una castaña que parece estarme gritando que la ayude, la reconozco como una de las
amigas de Jane, otra hija de perra si me permiten opinar.

Si espera que le salve la vida a hacer está muy equivocada porque lo primero que haré si la
tengo en mis manos es asesinarla yo misma.

De hecho debería irme por mi salud mental y para no imaginar escenas privadas entre el
idiota ese y la otra tonta.

Sé que ninguno se ha percatado de mi presencia y de hecho Aiden está perdido por completo,
en los segundos que me perdí en mi mente logró clavarle la daga con demasiada fuerza y
ahora ella se está ahogando con su propia sangre en el suelo.

Todo se vuelve gritos y carita y logro distinguir a Connor tratando de salvar la herida para
llevarla al hospital mientras que Atlas, Naim y... ¿Uriel? Sostienen a Aiden.
—Me voy—mi voz es apenas audible entre tanto alboroto.

Sin siquiera ver si alguien se dió cuenta de mi presencia doy media vuelta y empiezo a
abrirme paso entre los estudiantes que parecen animales salvajes.

Si me muevo rápido podría llegar a casa de Niko y...

Una mano se envuelve con fuerza en mi muñeca deteniendo mi andar. Miro a Aiden por unos
pocos segundos antes de que mi cuerpo impacte con el costado del suyo.

—Al diablo con esa perra, tuve que haberle rebanado el cuello hace ya mucho tiempo—
espeta furioso hacia Atlas, Naim y Connor.

— ¡¿Pero qué carajos, demente?! ¡¿Cómo se te ocurre hacer semejante escándalo?!—grita


Connor con su rostro desfigurado de la rabia.

Jamás lo había visto así, de hecho a ninguno, Atlas está más serio que nunca, Naim está
atento por primera vez, Connor perdió la compostura, Uriel se desapareció y Aiden está sin
control.

— ¿Sabes en el problema que nos acabas de meter? Jane pertenece a la mafia árabe y por si
fuera poco sigue en discusión su puesto en la croata—Connor camina en círculos.

—Que maricas—bufo en voz baja.

Todo se queda en silencio.

— ¿Qué acabas de decir?—gruñe Connor en mi dirección.

Alzo una ceja ante su tono intimidante.

No sé si fue la adrenalina del momento anterior o la rabia que sigo teniendo, el coraje de todo
lo que pasó esta semana y ver su patética cara tratando de defender a Jane.

—Que eres un puto marica—intento soltarme del agarre de Aiden y para mí desgracia es tan
fuerte que no puedo—. ¿Se supone que tú eres el líder más poderoso? ¿Que tú serás el mejor
líder Pakhan de la Bratva?—miro a Atlas—. Solo son un par de idiotas que se cagan encima
cuando matan a una perra inútil, al diablo con ustedes, es más, si no muere hoy lo hará pronto
y les doy una pista de su homicida—bajo la voz cómo si fuera a decir un secreto—. Seré
yo—rio.

—Controla a tu perra, Wolf, o quizás termine en un acantilado—muerde Connor con una


mirada feroz.

—Cuidado—la agencia de Aiden lo hace voltear—. O quién termine en un acantilado puede


ser otro.

Podría largarme y dejar a todos estos inútiles solos, pero me quedo solo para ver la cara
desfigurada de Atlas y Connor.
—Creo que a ambos les faltan un par de recordatorios.

— ¿De cómo follar? Creo que eso lo tenemos presente, pero gracias por tu intención,
Connor—hay un toque de burla en el tono de Aiden.

Pretendo decir algo al respecto o negarlo pero antes de poder hacerlo después si palma hasta
envolverla alrededor de mi cintura posesivamente.

—Jane despertará y cuando lo haga estará furiosa—anuncia Atlas.

—No me importa ella, mucho menos lo que haga o lo que diga—dice Aiden ya con un tono
cansado y de aburrimiento con el tema.

Por si el momento ya no fuera lo suficientemente tenso la chica castaña, quien creo que es
amiga de Jane se une a nuestro íntimo círculo con los ojos hinchados.

— ¡¿Qué te pasa?!—le grita a Aiden—. ¿En serio crees que esta cualquiera puede ser mejor
que Jane? Es un puto bicho raro al que nadie le da atención y no tiene lo que se necesita para
mantenerte fuera de tu cabeza. Ella no te va a brindar la estabilidad que Jane si, jamás te
entenderá. No pierdas tu tiempo en raras como ella. Y tú, estúpida—me dirige la mirada
maliciosa—, deberías dejar de buscarlo como una lame culos.

—Lamento ser yo quién te informe que estoy en un nivel superior a tí—digo, con mi voz
sorprendentemente tranquila—. Empezando porque ni siquiera sé quién carajos eres, pero ya
que te atreves a insultarme déjame decirte que es él quién no para de amenazarme con cartas
para que lo vea, así que en términos de lameculos es algo discutible quién gana el primer
puesto, que por cierto, pareces estar siendo tú—le doy un pisotón a Aiden en el pie tratando
de alejarme de él—. Si me disculpan tengo mejores asuntos que tratar, y Connor—le dirijo la
mirada—, ya pronto tendrás dieciocho, es hora de madurar, ponte los pantalones y empieza a
darte tu jodido lugar o te van a pisotear, consejo de hermana mayor.

La respiración agitada de Aiden calienta mi oreja enviándome escalofríos.

—Voy contigo.

—Al diablo tú, me largo yo sola, idiota—gruño, luego le doy un codazo y lo empujo lo
suficientemente fuerte para alejarlo.

Empiezo a alejarme sin importarme en lo absoluto el círculo de sociópatas de atrás,


incluyendo a la estúpida castaña.

Mis pasos son fuertes y decididos mientras camino, tengo mis manos en puño y empiezo a
cuestionarme que quizás quedarme en casa con Lila sería mejor que estar aquí.

No sé preocupen por mi bella princesa, ha Sido cuidada por Amira todos estos días, así que
ha estado más que consentida.

Me detengo cuando distingo a Enzo apurado en mi auto con los brazos cruzados, debo evitar
jadear de impresión cuando veo rueda su cara ensangrentada, vaya mierda de día.
—Hola, hola, Malyshka— saluda, con una radiante sonrisa.

—Hola para tí—debía evitar hacer una mueca por su aspecto—. Veo que te divertiste

Mira su aspecto y luego levanta un hombro sin darle mucha importancia.

—No estuvo tan bueno, no conseguí nada relevante.

—Ya—asiento lentamente—. No es por cortar la conversación, pero en serio me quiero ir, y


estás limpiando mi acceso—señalo mi auto.

—Lo sé, resulta que ahora soy algo así como tú chófer personal.

—Bueno, pues te despido, ahora apártate.

— ¿Quieres que Aiden me mate? Porque definitivamente yo no, de hecho sería increíble que
cooperes entrando al auto.

Suspiro mirando hacia atrás por si el psicópata me sigue y una vez que compruebo que no
maldigo en voz baja.

Dudo un segundo en entrar pero aún así lo hago, como copiloto. Me cruzo de brazos cuando
arranca reaccionando los neumáticos en el asfalto ganándose una mala mirada por mi parte.

Nada en contra de él, más bien en contra de sus superiores.

— ¿Supongo que no me llevarás a mi apartamento, no?—murmuro con voz lamentable.

Me da una sonrisa apenada como respuesta.

Suelto un pequeño grito de frustración echando mi cabeza hacia atrás y apoyándola en el


cabecero del asiento.

—Aiden estuvo con un humor de la mierda esta semana, si eso te hace sentir mejor, aunque
realmente no sé por qué estás enojada.

Salgo de mis pensamientos para concentrarme en Enzo, que conduce por el camino que nos
guía a la casa de Aiden.

—No lo sé, quizás por tomar mi vida como su propiedad sin ofrecer la suya a cambio, y ni
siquiera sé por qué me molesta lo de Jane si literalmente la envió al hospital, pero me molesta
igual.

Enzo me mira de reojo, su cuerpo conduciendo mi auto se ve algo incómodo, el chico es alto
y robusto, del tipo que andaría en una camioneta enorme de esas que te pasan y te pitan por la
carretera.
Aún así su personalidad no parece encajar con su cara ni su cuerpo, tiene cara de que si
respirar te puede asesinar y un cuerpo que si te toca probablemente mueras, pero si
personalidad es como la de un oso gracioso que le encanta recibir atención y amor.

Creo que podría entrar fácilmente en mi grupo de amigos, Joshua lo amaría, Niko le contraria
sus mierdas raras y Marcello, bueno no sé quizás él sea quien lo mire con cara de disgusto.

—Mira, sé que no debería opinar pero dicen que a veces necesitas escuchar segundas
opiniones, conozco a Aiden desde que literalmente nací y me han estado entrenando para
algún día cuando él se retire tomar su puesto como ejecutor, el chico no se expresa—entonces
parece pensarlo y dice en cambio:—en realidad si lo hace, pero no es real, es algo falso, una
máscara, sin embargo hay algo que Aiden no puede fingir, Lilith, y es lo que sea que ustedes
tengan, él no lo sabe porque jamás ha experimentar el sentimiento pero si me preguntas a mí
creo que siempre te noto y te miró con otros ojos sólo que prefirió ocultar sus sentimientos
para no meterte más, él vio todo tu proceso de sufrimiento y creo que ya no quería verte
cayendo más.

— ¿Dices que él siempre sintió lo mismo pero que hay algo que aún ahora le impide recordar
lo que siente?

—Exactamente.

—Y tú sabes qué es ese algo—afirmo.

—Lo sé, y no puedo decírtelo o estoy poniéndome la soga al cuello y no por Aiden solamente
sino por superiores de la mafia.

— ¿Superiores de la mafia?—repito incrédula.

—Cómo escuchaste.

Creí que Aiden estaba callando lo que sentía por puro capricho o quizás no por capricho pero
sí porque le gustaba jugar con mi mente.

Jamás creí que el tema fuera excesivamente grave como para que superiores de la mafia estén
involucrados, y eso no es lo peor sino que hablando de superiores mi madre entra en el juego,
y conectando hilos ella debe saber por qué Aiden no puede estar conmigo.

Llegamos a las escaleras del patio de la casa de Aiden y bajo del auto sin procesando toda la
información y los hilos que se van juntando.

Saco mi celular nuevo de mi cartera y lo enciendo para revisar IG y no parecer una loca
mirando fijamente a una pared mientras pienso en cualquier estupidez.

— ¿Qué ves?—Enzo se sienta a mi lado metiendo su cabeza en mi celular.

—Las publicaciones de mis amigos—aparto sutilmente su cabezota para poder ver bien.

— ¿Cuáles son?
—Él es Niko, mi mejor amigo, es literalmente un príncipe, de Rusia de hecho, súper
caballeroso y mi psicólogo personal pero no te dejes engañar porque oculta cosas, nadie sabe
qué y su personalidad cubre sus extraños misterios—le muestro el perfil de Niko dónde
estaba metida cuando puso su cabezota en la pantalla.

Le muestro su última publicación que somos él y yo tomando té en una de las salas de su


castillo espectacularmente grande.

Yo aparezco riendo y él sonríe divertido pero con ese toque de elegancia que lo caracteriza a
pesar de estar usando una camisa de botones y unos pantalones negros.

En el pie de foto aparece un: "El día brilla con esa sonrisa, enana". Y me etiquetó.

—Se ve que te quiere mucho—Enzo sonríe con admiración a la foto.

Luego de husmear un largo tiempo en el perfil de Niko voy al de Josh, este es menos estético
y más colorido.

—Él es Josh, ama el arte, especialmente el abstracto, lo conozco desde que era una bebé y es
parte de la familia incluso más que yo—río—. Es chistoso, algo clasista, demasiado chismoso
y es como una mamá oso que siempre busca mi bienestar, se parece a tí, de hecho.

Le muestro sus últimas fotos dónde está todo lleno de pintura azul y saca le está sacando el
dedo a una foto del presidente de Japón, ¿qué carajos?

— ¿Ese es el presidente de Japón?—Enzo suelta una risa incrédula—. Joder me cae bien sin
conocerlo, es mi alma gemela de amistad—saca su celular del bolsillo y mi quijada cae al ver
la foto de Enzo poniendo su dedo medio en la cara del presidente de Canadá.

Ni siquiera es una pintura o una foto, no, le está sacando el dedo en la cara verdadera del
presidente.

—Estás loco—niego con la cabeza saliendo del perfil de Josh y yendo al de Amira.

De nada más entrar me doy cuenta de qué ha publicado al menos tres fotos nuevas.

—Ella es mi hermana, Amira, debes haber escuchado de ella alguna vez, la princesa de
Francia, egocéntrica, mimada, caprichosa y extremadamente bella.

—He escuchado demasiado de ella, todos rumorean dice la rivalidad de ella y el futuro
Pakhan, jamás entendí por qué se odian y los rumores no concuerdan—toca la última
publicación en la pantalla para poder detallarla.

Es ella en sus clases de modelaje pasando por la pasarela.

—Es complicado pero digamos que Amira es demasiado directa y orgullosa como para pedir
perdón y Atlas es demasiado directo y frío como para importarme lo que ella sienta.
Él siente y deja el tema allí, me dirijo al perfil de Marcello y le doy clic a la última foto para
que pueda verlo mejor, está en la playa de día, riendo con su cabello perfectamente arreglado,
sin camisa y sosteniendo un vaso con whisky que parece valer más que una mansión.

—Él es mi primo, Marcello, también es un poco egocéntrico y engreído, es un cerebrito de la


astrología, anda el italiano y no para de presumir que él es del país.

Espero a que diga algo como con todos los anteriores pero está vez si expresión es en blanco
total.

—Ya—masculla con una expresión fría y calculadora.

— ¿Todo en orden?—digo confundida.

—Sí, nada relevante.

Antes de poder decir algo se sale del perfil dejándome en la página principal.

Decido ignorar el tema para no hacerlo incómodo y empiezo a buscar una foto linda para
publicar cuando llega una notificación de que Aiden acaba de publicar una foto.

Me desplazo a su perfil y veo la última foto que publicó ayer, es de él y los chicos en el vuelo
jugando póker y pone: "Voto porque debería ser ilegal dejar a Atlas jugar con la población
humana".

Se ve increíblemente bello, con un puchero en sus labios y mirando mal a Atlas resalta por su
llamativo cabello naranja. Tiene miles de likes y comentarios de mujeres en plena ovulación
o de hombres riendo y colocando sus estupideces de ego.

El perfil se actualiza y casi me congelo cuando veo la foto que acaba de publicar, la que me
notificó hace segundos.

La foto está muy nítida y se puede ver cómo sus labios besan una frente casi con cariño, su
palma está en la mejilla y aunque no se aprecia la cara de la otra persona es indiscutible que
soy yo, estoy dormida en la foto pero parece ser del día que dormí en su cama.

No se ve mi cabello pero quién haya visto mis aretes puede descifrar fácilmente que soy yo.

¿Cómo es que no lo sentí?

Apenas se publicó y ya la foto tiene mil likes.

Hijo de perra.

Me desplazo a la descripción de la foto con mi estómago revolviéndose.

Me encontré una Diosa y ahora no pienso dejarla ir.

Los comentarios son de la mayoría chicas diciendo cosas cómo "me robaron a mi novio" o
"¿Es tú novia?".
Pero luego me desplazo por el resto de comentarios y veo todos los de los hombres que me
hacen fruncir el ceño y es cuando caigo en cuenta de que hay otra foto.

La desplazo para verla y me quedo paralizada.

Esta es nuevamente una foto nuestra pero esta vez parece ser que alguien la tomó, es en
blanco y negro y se pueden ver nuestros labios encajados a la perfección y su mano en mi
cuello, no se ven mis ojos ni los suyos pero eso es suficiente para ponerme de mal humor.

—Mierda—Enzo hace una mueca mirando la misma foto que yo.

Maldito hijo de perra, se atreve a publicar eso cuando me deja sola una semana y cuando dejó
que la otra de Jane lo toqueteara.

Una idea ilumina mi cabeza y conteo lentamente a mirar a Enzo que frunce el ceño con
miedo y levanta sus manos en señal de paz.

—Juro que yo no hice nada.

Antes de que él pueda procesarlo me lanzo sobre él dejándolo acostado en el sofá y apoyo mi
cabeza en su pecho sonriendo antes de tomar la foto.

Él me hace a un lado pero ya es tarde, está tomada.

— ¡Estás loca! ¡Me van a asesinar si publicas eso! Naim es hacker sabrá que soy yo y matará
a mi familia—se altera.

—No lo hará, ventajas de tener un hermano hacker que me puede solucionar eso.

Le escribo rápidamente a Adrienne para que tome el control de mi IG antes de publicar la


foto y titularla cómo "Si es ruso, es mi tipo".

Al diablo Aiden.

Amira cómo siempre es la primera en comentar la publicación.

AmiraMoreau_Queen: Niko nuestro tipo ideal pero, ¿y este bombón? 😍😍😍

Nikolay_Novikov.1: ¿Nombre? ¿Edad? ¿Nacionalidad? ¿Tipo de sangre? ¿Por qué aún no lo


conozco?

Josh_Art_Fischer: Lo mismo que Niko, juro que si es otro criminal moriré.

Marcello_C.Müller: Cazzo, ya me mareé, los rusos son una basura, excepto Niko bebé, el é
un amore.

Cole-Colombo-M1: Y mamá que te esperaba para cenar, creo que la cena fue otra...

Az_Lynch: Wow, ¿de qué me perdí?


Abalám_Vasilev.M: Jugar con fuego es peligroso pero con el mar lo es aún más, no deberías
meterte en él cuando el tsunami podría explotar, hermana.

Amira se une con Joshua para insultar a Abalám porque no entendieron, Az intenta detener la
pelea y Cole se burla de todos como la pequeña mierda que es.

Sonrió satisfecha con el alboroto que he generado, justo lo que quería.

En ese momento un mensaje ilumina la pantalla de mi teléfono:

Demonio sociópata: empieza a correr, cariño.


Aiden

L
o hizo adrede, lo supe apenas ví la foto, está furiosa por reclamar mi deuda y
por el suceso con Jane.

Me tardé en reaccionar, lo sé, pero sentí su perfume a lavandas y creo que en


serio ya estaba parando en loco, esos segundos de distracción me causaron
traumas cuando Jane intentó besarme.

Cuando reaccioné ya tenía mi navaja en su cuello, y lamento no haber podido asesinarla bien
porque el idiota de Atlas me apartó de ella.

También podría estar enojada por irme toda una semana, pero en serio tenía cosas que hacer y
las hice en tiempo récord porque todos los imbéciles que estuvieron ese día traumático para
ella ahora están en el almacén de la Bratva con Daren a quien le dí permiso de asustarlos pero
no de matarlos.

Es un niño, pero necesita sus propios estímulos o caerá en la locura total.

Hace una hora ella se fué de mi lado y yo tuve una fuerte discusión con los chicos al
defenderla, me sabe a mierda, ellos jodidamente no lo entenderían.

Así que cuando me llegó la notificación de la foto que ella publicó no dude en tomar a Naim
de su sudadera y arrastrarlo al auto.

Para mí desgracia Lilith habló con Adrienne para qué bloqueada el acceso a su cuenta y ahora
Naim dice que le tomará realmente unas cuantas horas bajar la foto.

No tengo horas, y no me queda de otra que deberle algo al pequeño niño rata de Adrienne, es
un hijo de puta, no habla, suele pasar desapercibido pero en su silencio arma caos.

Es él la voz en las paredes, literalmente, ¿recuerdan la voz del parlante en la fiesta de la isla?
Bueno, era él.

Ahora me encuentro llamándolo para pedirle que baje la maldita fotografía o mataré a la
rubia que no para de observar por cámaras en toda la isla como un enfermo acosador.

—Quita la puta foto—ordeno apenas atiende.


—No, adiós.

—La rubia—suelto con rapidez, la línea se queda en silencio—. Lindos ojos, quizás te los dé
para que los colecciones.

—Te mataría antes de que llegues a ella—murmura con un tono de voz frío.

—Vaya, si tienes voz—me burlo—. Hablo en serio niñato, sé dónde está ahorita y tengo a
mis Boyevikis cerca de allí.

—Buena estrategia lástima que sea mejor, la Yakuza está con ella, nunca está sola y tengo
bombas debajo de toda la puta isla, la tocas y te exploto, Wolf.

—Ni siquiera sabe quién eres.

— ¿Y? No necesita saberlo aún, y tampoco es tu asunto, no bajaré la foto pero si te puedo
decir que está en tu casa con uno de tus Boyevikis y ahora están llamando a otro tipo
probablemente para fingir que era otro el de la foto.

—Gracias—gruño de mal humor.

—Y cuidado con las ramas que estás a punto de pisar, podrían romperte un neumático—
cuelga.

Maniobro el volante lo suficientemente rápido para esquivar las putas ramas que de seguro el
enfermo acosador vió en alguna de sus cámaras.

Ella en serio no se ha dado cuenta de nada.

Prendo la cámara de su collar en el panel del auto y veo cada movimiento que hace, está con
el hijo de puta de Enzo a quién pienso degollar por dejarse tocar por ella cuando sabe que está
prohibida.

Todos lo saben.

¿Soy muy posesivo? Sí y la verdad me importa un carajo, es lo único con lo que soy posesivo
y estoy aprendiendo a controlar el hecho aunque me doy cuenta de que es imposible.

Con Lilith todo es diferente, ella es una caja de sentimientos y yo estoy vacío, y sin darme
cuenta poco a poco se va introducido dentro de mí todos estos años, sus solo hace falta darle
rueda a la caja para que todo fluya, y para eso solo hay una piedra que la atasca.

Al inicio pensé que podría sobrevivir solo con lo sexual, pero creo que siempre supe que
cuando la tocara iba a ser mi fin, no solo en el tema sexual sino en temas que jamás he
experimentado, sentimientos.

Y están escalando a tal punto de que me he vuelto un acosador sin medida alguna enjaulado
en mi propia jaula que aún no puedo quebrar.
Y eso no es lo peor sino que ya todos se dieron cuenta y ahora tengo al idiota de Connor
encima de mí.

De paso se ha encargado de ponernos evitar y el jueves que yo no me doy cuenta, a veces a la


gente se le olvida que soy un ejecutor y que debo tener mi vista en todos cómo un halcón.

De todos modos no lo puedo acusar sin pruebas pero cuando las tenga se las meteré por el
culo.

No tendría ningún motivo para ir contra nosotros si el claramente no estuviera involucrado


hasta el tope en mi razón de no poder decirle a Lilith mis sentimientos.

La cuestión es que Connor no quiere que lo asocien con su padre pero en esta ocasión le toca
intervenir y usar todas sus fichas para que los padres de Lilith no se enteren y mucho menos
ella.

—Oye—Naim me llama.

— ¿Qué?—gruño, sin mirarlo.

—Daren llama, dice que Connor está en el almacén—muestra la pantalla de su celular.

Maldigo en voz baja cuando el volante y cambiando rápidamente de dirección, si él se atreve


a contarles lo asesinaré y me volveré un jodido prófugo si es necesario.

Llego más rápido de lo que debería y si bajar no me molesto en cerrar la puerta, solo corro al
almacén aliviado de que al menos no hay fuego.

Camino por los pasillos a pasos apresurados hasta que tropiezo con algo, un cuerpo.

Bajo la mirada y veo un saco negro con cabello rojo por la sangre seca, esa mierda no va a
salir ni con alcohol.

Con mi pie me ayudó a empujar al ente hasta que gira sobre sus espaldas y suelta un jadeo de
cansancio revelando al psicópata de Daren.

Sus ojos se abren revelando el extraño color dorado característico de los Kane.

Su ceño está fruncido y me mira como si sacarlo de su estado post muerte hubiera sido una
tragedia total y no salvar su patética vida.

Solo por eso lo vuelvo a patear en las costillas.

—No es por interrumpir tu sueño, bella durmiente, pero vine apenas llamaste y dijiste que
Connor estaba aquí.

—Al diablo él y tú hijo de puta, estoy meditando—vuelve a cerrar sus ojos pensativo—. Y
además estás en mi territorio, mi suelo, no me jodas.

—Claro, trastornado, solo medita lleno de sangre.


Lo vuelvo a patear para joderle la paciencia.

—Las voces dicen que te asesine, ¿adivina mi próximo movimiento, puto?—gruñe abriendo
sus ojos de nuevo.

— ¿Tomarte las pastillas? Eso sería gratificante para la docena de cuerpos que hay aquí.

— ¿Quieres ser el siguiente?

—Conmovedora oferta, pero debo declinar, tu hermana me espera en casa para follar así que
me encantaría no perder el tiempo aquí contigo.

Gime, haciendo una mueca y se incorpora con la lentitud de un perezoso.

—Ojalá logré asesinarte un día y deba consolar a Li en tu funeral diciendo que fuiste un gran
tipo mientras pienso lo inútil y fácil que fué acabarte.

— ¿Por qué tan mal genio? ¿Te follaron el culo anoche o qué?

— ¿Quieres video o qué, cabrón? Cierto, olvidaba la disfunción eréctil, los años pegan.

—Se llama interés a una sola persona, pregúntale a tu hermana y te dirá lo bien que aún se me
para.

—Solo con ella, maldito raro, ¿estás seguro de que tú pene funciona correctamente?

—Lo estoy, se llama interés, imbécil.

—Las voces dicen que se llama amor.

—Las voces no existen por lo tanto su opinión no cuenta, esquizofrénico de mierda.

—Le dolió—masculla Naim a mis espaldas.

Ni siquiera me di cuenta de cuando llegó.

Daren ríe mientras saca su encendedor para juguetear con la llama encendida del mismo,
usualmente esa es la señal para huir pero hoy necesito encontrar a Connor y sacarlo de aquí.

No es muy difícil encontrarlo, lo que me sorprende es que solo observa la escena de los otros
pedófilos moribundos en pleno silencio.

— ¿Qué haces aquí?—decido no irme por las ramas.

—Saciando mi curiosidad—para su brazo dice mis hombros casi estrangulándome.

—Me encantaría que termines de hacerlo para ir a hacer mis asuntos.

— ¿Tus asuntos con Lilith? Linda foto, por cierto, la del beso en la frente fue tierna.
No respondo, no voy a ponerme la soga al cuello yo mismo.

—Gracias, algún día tendrás las tuyas con alguien.

—Cierto, ¿algo más que quieras decir, zanahoria?

—Que estoy ocupado.

Asiente mientras yo me salgo de su pegajoso agarre.

—Mentiroso, pero está bien, tengo cosas que hacer también, cómo follar.

Lo ignoro el resto del camino porque lo único que me interesa es mantenerlo alejado de aquí,
además le aviso a Daren que le prohíba el acceso cuando venga.

Naim decide irse con Connor y yo me voy solo pero maldigo cuando veo la hora, necesito
presentar mi exámen de economía.

Pero rápidamente pasó por la universidad y termino el exámen en diez minutos, todos están
probablemente muriendo.

Era el exámen más fácil de mi carrera y sin así todos parecen estar sufriendo un colapso
cerebral. Lo que deja mucho que desear de nuestros futuros profesionales.

A veces no solo se trata de estudiar sino de tener una inteligencia natural, eso es en realidad
lo que en un futuro te servirá.

Eso y no sentir, literalmente las emociones es lo que jode el panorama.

Saco mi celular para darme cuenta de que Lilith sigue en casa y luego decidí atender los
mensajes de Aleska.

Constantemente envía mensajes para comprobar que no estoy consumiéndome en mi propia


mierda, y para preguntar por Lilith quien sigue sin contestarle.

Tomo una foto de mi cara sonriente con el sobresaliente en la prueba que acabo de presentar
y se la envío.

Luego me concentro en entrar al perfil de Enzo y ver qué el muy descarado también publicó
una foto.

Es un selfie, él sostiene el celular de Lilith que muestra el perfil de Joshua. Mi atención se


desliza hacia Lilith, quien está acostada en el sofá charlando con un tipo castaño que pude
ver alguna vez con ella en sus clases.

Está usando lo mismo que tenía esta mañana solo que esta vez se le nota menos furiosa.

Enzo-Petrov: Gracias a la pequeña de atrás encontré a mi alma gemela, digan hola perras.
Y entonces etiquetó al idiota de fondo, entro en su perfil mientras meto mi cuerpo en el auto
y veo que también tiene una foto de él en mi jodido sillón y de fondo solo se alcanza a ver el
cabello de Lilith y como está comiendo sus uñas con nerviosismo viendo la pantalla
encendida de su celular.

Caleb-JK: Odio la biología, SOS.

Fue hace cinco minutos. Inepto, Lilith ama la biología.

No tardo mucho en llegar a casa y cuando lo hago bajo con una lentitud escalofriante, dentro
suena música en español, si no me equivoco se llama bachata.

Entro a la casa y lo primero que veo es a Lilith riendo con el idiota que ahora sé se llama
Caleb.

Cierro la puerta pero ni siquiera se escucha por el volumen de la canción. Lentamente me


acerco a Lilith y me siento a su lado envolviendo mi brazo en su hombro.

Se tensa cuando se percata de que Enzo está bailando y hablando con alguien por llamada.

El hecho de que le tranquilizara que fuera ese idiota me pone de peor humor.

Intenta sutilmente apartarse pero la aprieto más fuerte contra mí, parece que aún no queda
claro que es mía y que nada me hará dejarla ir.

Sus deliciosos labios rosas se abren listos para soltar veneno pero se calla cuando pongo un
mechón blanco rebelde tras su oreja y luego dejo mis dedos sobre su hombro descubierto.

Sus mejillas adquieren un precioso tono rojo que hace endurecer a mi polla.

Joder.

Una semana lejos, no pasará de nuevo si deba secuestrarla.

—Tardaste mucho.

Su voz es dulce, baja y suave, casi tranquilizante para todo el caos que he tenido esta semana.
Definitivamente podría oírla hablar durante toda mi vida.

—Causaste un desastre que tuve que resolver pero ya vine a verte, cariño. ¿Me vas a
presentar a tu amigo?

Su mirada sigue ardiendo como si el hecho de estar aquí la enfureciera, pero aún así no puede
ocultar el brillo que cubre su mirar cuando me ve y ese hecho me tiene como una piedra.

Da igual lo que ella haga, de todos modos siempre logrará llamar mi atención de algún
modo.

Sus uñas filosas pellizcan mi muslo en una seña silenciosa de que debía dejarla ir.
—Auch—murmuro en cambio, luego miro al chico con el que debo creer que se tomó la
foto.

Un mensaje llega a mi celular y leo rápidamente el texto de Naim.

Naim: Ya bajé la foto.

Aiden: En cinco te envío tus nuevos vinilos.

Lo apago nuevamente mientras miro al chico con mi peor cara de "vete a la mierda" mientras
uso mi tono amenazante.

—Aiden Wolf, ejecutor de la Bratva y el novio de Lilith, futuro esposo por si las dudas. ¿Tú
eres?

— ¿Mi qué...—esta vez soy yo quién pellizco su muslo haciéndola callar.

El imbécil carraspea mientras sus feos ojos marrones me miran con pánico desbordante.

—Soy Caleb, Lilith y yo vemos juntos clases de biología y debíamos hacer un proyecto
juntos.

Le doy mi mejor sonrisa come mierda.

—Un placer conocerte, Caleb, cuéntame, ¿qué papel importante ocupas en la élite?

—Eh, soy hijo del Rey de Inglaterra.

—Claro, déjame ubicarte. ¿El hermano de la princesa Elizabeth?

—Mhmm.

Le echo un vistazo de arriba a abajo. Conozco a su hermana, no me cae tan mal pero
definitivamente ella se llevó toda la belleza de la familia porque este tipo es horrible.

— ¿Estamos seguros de que no eres adoptado? No lo sé, yo que tú revisaría los papeles de
nacimiento. No creo que sea normal que tú hermana sea peliblanca de ojos grises y tú seas un
patito feo.

Lilith me da un codazo que podría sacarme el desayuno antes de mirar apenada al adoptado.

—No le hagas caso, solo bromea.

—No importa, de todos modos sé que tiene razón, Li.

—Obvio que tengo razón, ni que no tuviera espejos en su casa—gruño de mal humor—. Y es
Lilith no por nada su madre pasó días buscándole un nombre para que la llames como se te
cante en gana.
—Sí, lo siento, Lilith—traga saliva poniéndose de pie—. Mmm... Mamá me llamó, tengo que
irme, pero ya sabes puedo terminar yo solo el proyecto. Nos vemos luego—le lanzo una
mirada de advertencia—o no.

Tropieza como torpe con la alfombra afelpada al salir por la puerta de la entrada y lo veo por
la ventana hasta que se va en su feo auto dorado.

No creo que a Elizabeth le importe mucho quedarse sin su hermano, de hecho ella es un poco
rara, reservada, nunca sale de casa, algo oculta pero realmente no es mi asunto.

Lilith trata de librarse de mi agarre pero no puede y suelta un grito de frustración que me hace
sonreír. ¿Cómo es que incluso enojada sigue viéndose como un osito adorable?

— ¿Qué te pasa? Caleb tiene complejos como para que le bajes más su autoestima, imbécil.

—Yo también tendría complejos si fuera él, lástima que no me acerque ni en mi peor
pesadilla. Estoy a nada de pedir una consulta en una clínica con una prueba de ADN, como
ofrenda de paz.

— ¿En serio? Dios, tu ego me está asfixiando, déjame ir, no quiero hablar contigo.

—Las parejas usualmente hablan de sus problemas, algo así como la comunicación y no sé
qué mierda. Y debido a que ahora somos una deberíamos hablar.

— ¿Qué...? No, las cosas no son así, tú simplemente no puedes venir y decir que somos
novios y ya está—niega con la cabeza.

— ¿Ah, no? ¿Por qué?

—Olvídalo, esto es simplemente mejor a qué me digas un montón de idioteces que sé que no
sientes.

—Definamos idioteces.

—Todo tú, por ejemplo. Es más, ni siquiera deberías estar aquí, deberías estar en el hospital
viendo como está tu novia—me intenta apartar con una fuerza excesiva que atribuyo a la
molestia.

Aún así no la dejo ir.

—Y yo que creí que era celoso, ¿estás molesta por eso?—sus mejillas se calientan aún más
haciéndome sonreír—. ¿Qué tanto imaginó esa cabecita tuya?

Gira su cabeza en mi dirección, su mandíbula tensa.

—Vete al carajo.

— ¿O mejor me voy al hospital? Ya que tú misma me acabas de enviar a verla.

Tomo mis llaves y mi celular fingiendo que de verdad me iré.


—Ve, entonces—me empuja aún más fuerte queriendo a toda costa marcharse.

No para de comprarme con toda sus extremidades y me veo obligado a inmovilizarla con
todo mi cuerpo.

—Quieta, maldición, tú eres la que no quiere hablar las mierdas

Una lágrima baja por su mejilla y aparta la cabeza pero ya es tarde porque lo ví.

—Ya no te quiero, de hecho me iré de la isla a ver si me dejas en paz y vives tu vida con esa
estúpida.

Una sonrisa curva mis labios.

—Dramática de mierda, Jane no es la chica que me importa, eres tú. Pero hablo en serio, ya
basta con esos problemas de comunicación—entierro mi cabeza en su cuello—. A tí es a la
única a la que quiero embestir hasta llenarte con la última gota. No tengo las capacidades de
sentir y aún así lo estoy intentando todo por y para tí, lo mínimo que puedes hacer es intentar
comunicarme las cosas porque no soy adivino y no creo que quieras que te saque las cosas a
las malas porque ahí si me vas a odiar—beso su cuello.

Sus labios se separan y deja de luchar contra mí.

— ¿Alguna vez te acostaste con ella?

—No, y no pasará jamás.

Ella vuelve su atención a mí, apenada.

—Lo siento, estaba molesta por tu imposición y después ver cómo no reaccionabas con Jane
me enfureció—susurra.

Es la primera vez que Lilith me comparte sus pensamientos estando consciente y sin una guía
de alcohol en su organismo.

Le dirijo una mirada a Enzo que parece ajeno a nuestro intercambio y cuando me ve da media
vuelta y sale de la sala.

Lilith tiene un mohín en sus labios mientras piensa, ella es tan linda.

—Juro que si llega a pasar otra vez con cualquiera le daré un balazo en el cráneo y se acabó.
¿Alguna otra acotación?

— ¿Por qué publicaste esas fotos? Hay al menos un millón de comentarios insultándote a tí y
otros a mí.

— ¿Los leíste todos? Joder, y si me llamas enfermo a mí—sonrío—. Me das miedo, Diosa.

Ella rueda los ojos ocultando una sonrisa.


—El burro hablando de orejas.

Le doy un golpecito en el hombro con mi dedo en broma.

—Tenía que marcar territorio, si no lo hago entonces pequeños idiotas como el adoptado de
Caleb pretenden quitarme lo mío.

—Deja de decirle adoptado, joder, tu mejor amigo lo es.

—Ya, pero Atlas tiene una fortuna, es guapo y casi controla el mundo, hay niveles—quiero el
cabello de su hombro—. Por cierto, empieza a darme una buena razón para no matar a Enzo
por esa foto que ya borré—luego, susurro en su oído—. ¿Qué parte de que sé cuándo miente
no entiendes, cariño?

—Contigo tener privacidad es literalmente imposible—rueda los ojos.

—Jamás la tendrás conmigo, cariño, acostúmbrate.

Su lindo labio inferior sobresale y ya sé que me va a dar un sermón así que antes de que lo
haga la tomo de las mejillas con una mano y planto mis labios en su mejilla, con mi otra
mano saco mi teléfono y tomo una selfie.

Veo la foto, sus labios están entreabiertos mirándome fijamente con sus mejillas sonrojadas
mientras que la mitad de mi cara casi ni se nota por besarle la mejilla.

Se la envío y de una vez aprovecho de tomar su celular y desbloquearlo con su clave, muy
predecible, ella intenta arrebatármelo de las manos pero falla.

Me río mientras pongo la foto de fondo de pantalla de inicio, y además de bloqueo.

Cuando se lo entrego me lanza dagas con los ojos.

—Maldito.

Aún así no hace el intento de cambiar la foto y eso por alguna razón me agrada.

—Por cierto, quiero que vayamos a la caballeriza pero esta vez podemos pasarla juntos.

— ¿Y tener una escena cómo la de hoy? En tus sueños, ve solo.

—En mis sueños vamos juntos y te follo hasta el cansancio mientras tu sangre baña cada
centímetro de mi polla.

—Bueno, entonces en tus pesadillas—murmura con su rostro rojo como tomate.

—Mejor cambia el tema—le sugiero.

—Ugh. ¿No hay una vez que no pienses en sexo?


—Muchas, pero es inevitable no pensarlo cuando eres una fantasía andante, cariño.

Ella procede a ignorar me pero noto la ligera sonrisa en su comisura.

Prefiere prestar más atención a su feed de IG que a mí y eso me hace molestar. Ni que eso
fuera más interesante que yo. Pff.

Así que insto en tener una conversación.

—Voto por ir a la caballeriza en la tarde, ¿qué dices?

—Estás extraño, ¿te golpeaste la cabeza con un poste de venida o qué?

—Estoy siendo amable, además se supone que ahora somos "novios"—recalco las comillas
en el aire.

— ¿Por qué las comillas?—alza una ceja, juzgándome.

—Porque la etiqueta en realidad no significa nada, lo que sí me importa es que ahora eres mía
y yo tuyo, o algo así, llámalo como quieras, me perteneces de todos modos—tarareo.

—Podemos ir otro día de estos, al parecer hoy tienes una fiesta a la que asistir, Connor acaba
de enviar la invitación a toda la isla—me muestra la pantalla de su celular.

Entrecierro los ojos leyendo la invitación y casi quiero reír cuando veo el punto de encuentro,
creo que por primera vez podría darle una palmada en el hombro a Connor por hacer algo
bien en su vida.

—Lee bien dónde es.

Ella voltea el celular y suelta un suspiro resignado cuando se da cuenta.

— ¿No prefieres quedarte aquí y ver alguna película? Con palomitas y chocolate caliente—
ofrece.

—Eso no es divertido pero está bien, mañana vemos la película, es fin de semana, y después
te ayudo a estudiar historia para tu exámen del lunes.

Me mira por largos segundos y cuando resopla sé que he logrado mi cometido.

—Maldigo tus ojos y el poder de convencimiento que tienen—sonríe, negando.

—Iré a comprarte un vestido, ¿marca de preferencia?—me levanto tomando ahora sí las


llaves del auto y las de la casa asegurándome de dejar la de repuesto.

—No tengo ninguna en específico, solo que sea negro y blanco, y si puedes también pasar
buscando unos tacones. ¿Necesitas que te dé mi tarje...

Le lanzo un cojín blanco del sillón callando la estúpida frase antes de que la termine y me dé
un derrame cerebral.
—Nunca te atrevas a completar esa frase conmigo o juro que hago un trato con Dios para
comprarte el mundo, Lilith—mascullo, con indignación—. Tu tarjeta, joder, ¿cómo se te
ocurre?

La miro mal.

—Perdón—dice, divertida.

Niego con la cabeza avanzando hasta la puerta, antes de salir le dirijo otra mala mirada.

Cierro tras de mí refunfuñando.

—Pff. Me dijo tacaño, que lamentable es eso.

Llego a casa después de esperar una jodida hora a qué me entregaran el vestido y los tacones.

Ambos son en color negro, los tacones son YSL y el vestido es de Giorgio Armani, la verdad
no sé si le gusten pero se veían tan su estilo que terminé con unas veinte bolsas más en mi
maletero.

También tengo carteras y unas mierdas de maquillaje con cosas para el cabello, no sé de eso
pero la dependienta estaba fascinada cuando le dije los gustos de Lilith y le mostré fotos de
ella, de inmediato llegaron unas diez más y se volvieron locas buscándole algo.

Me encantó todo pero debo admitir que mi parte favorita fué cuando pude escoger la lencería
negra, también hay una blanca.

Bajo las bolsas del maletero y entro a la casa cerrando la puerta con el pie. Subo
tranquilamente las escaleras mientras toco la puerta del cuarto para que me abra.

No tarda mucho en hacerlo y cuando lo hace juro que podría encerrarla en una bola de cristal
y guardarla sólo para mí.

Tiene un maquillaje impecable con un delineado que resalta a la perfección su llamativa


mirada. Acaba de salir de la ducha porque usa una bata de baño y su cabello se ve que está en
proceso pero que paró de plancharlo para abrirme.

—Creo que podríamos no ir.

—Ah no, al diablo tú, llevo una hora haciendo mi maquillaje—se hace a un lado dejándome
pasar.
—Te quedó espectacular, por cierto.

—Lo sé.

Se acerca a la cama donde dejo todas las bolsas y me tiro boca arriba esperando a ver qué se
pone.

Ella saca absolutamente todo antes de asentir y llevarse unas cinco bolsas al baño.

Aprovecho para arreglarme yo también y agarro la única bolsa que compré para mí porque
definitivamente no necesito tanta mierda.

Una camisa de botones negra y unos pantalones con unos mocasines y problema resuelto.
Odio vestir formal, pero cuando monto a caballo me gusta lucir bien así que es lo que hay.

Lo que sí no pretendo hacer es peinar mi cabello, lo dejo tal como está y solo me aplicó mi
colonia. Luego, reviso mi celular esperando a Lilith.

Tarda unos cuantos minutos (por no decir horas) en salir del baño. Y definitivamente esas
horas valieron totalmente la pena porque luce fabulosa.

Su cabello cae liso a ambos lados de su cara bordeando sus senos que resaltan en el escote
prominente del vestido moldeando su cintura y luego sus caderas, de un lado tiene una
pequeña abertura dónde se puede apreciar el liguero de la lencería negra.

Sus tonificadas piernas están al descubierto hasta ser envueltas por los tacones, subo mi
mirada de nuevo y empiezo a cuestionarme si es muy pronto para follar. Ella probablemente
me mataría si arruinó su perfecto vestido y su espectacular maquillaje.

Da la vuelta para mirarse en el espejo dándome una vista en primera plana de su culo
enfundado en la tela brillante del vestido.

— ¿Me queda bien?—voltea con una mueca disgustada.

Mi cara se desfigura mirándola, espero a que se ría y diga que es broma pero no lo hace.

— ¿Es en serio?—mi voz sale incrédula.

—Espera, me voy a probar otro—empieza a dar vuelta para regresar al baño.

Me levanto apresurado y engancho mi mano en su codo deteniendo su andar. La jalo hacia mí


hasta que su pequeño cuerpo impacta contra mi pecho.

—Te quedas así, luces preciosa—apoyo mi mano en su cadera y ajusto el collar que le regalé
en su cuello—. Creo que mañana te llevaré al oftalmólogo porque si no ves lo bien que luces
definitivamente algo anda mal con tus ojos.

Sus ojos adquieren un brillo que me encantaría retratar y luego sonríe, tan real que podría
decirle lo bella que es todos los días de su vida para verla sonreír así de nuevo.
— ¿Eso significa que debo quedarme así?

—Jodidamente sí, cariño, estoy duro de nada más verte en bata de baño, ahorita me estás
matando—me agacho para dejar un beso en sus labios.

—Tú también luces guapísimo, bebé—me guiña un ojo.

Suelto un gruñido cuando me aparta y se apresura a bajar las escaleras.

Diosa astuta.

Saco mi celular antes de bajar para enviarle un mensaje a Atlas.

Aiden: Oye, cerebrito, necesito que mandes Boyevikis a la caballeriza, voy con Lilith y
Amira también va.

Atlas: ¿Mamá le dió permiso?

Aiden: Probablemente no, pero la conoces, de todos modos irá porque es rebelde.

Atlas: Algún día la estrangularé.

Aiden: ¿En qué sentido estamos hablando?

Escribe algo y luego lo borra lo que me hace reír.

Atlas: Muerte, Aiden. Ya dí el aviso, llega temprano.

Aiden: Sí, general.

Atlas: No puedo creer que seas mi amigo.

Aiden: Yo no puedo creer que tengas amigos y aún así aquí estoy para tí, malagradecido.

Atlas: Ya estoy llegando, no me gusta estar solo en estas cosas adolescentes, empieza a salir
de tu casa o la exploto.

Aiden: ¿Qué carajos tienen todos con querer explotarme?

Apago mi celular y bajo las escaleras consiguiendo a Enzo y a Lilith charlando en la entrada
esperando por mí.

Me explayaría a hablar con ellos pero en serio sé que a Atlas no le gusta estar solo en fiestas
especialmente porque no encaja con facilidad, además no dudo que me explote de verdad.

Estoy empezando a creer que es una fantasía húmeda la de todos por explotar mi bella
existencia.

— ¡Wolf!—Enzo me abraza ya que no tiene sentido de los límites, nunca los ha tenido y ya
ni gasto mi saliva en decírselo.
— ¿De qué hablan?—pregunto cuando Enzo me deja libre.

Ambos comparten una mirada y Lilith se torna algo nerviosa. Entrecierro los ojos hacia ella y
luego hacia Enzo que evita mi mirada.

— ¿Ahora qué hicieron los dos?

—Nada—responden al unísono, luego se miran mal por hablar al mismo tiempo y lucir,
claramente, sospechosos.

—Tienen un minuto, tú para no morir—señalo a Enzo—, y tú para no dejarte el culo rojo—


miro a Lilith esta vez.

Su cara enrojece rápidamente y es Enzo quién toma la delantera hablando:

—Lilith confesó lo que quería hacer esta noche.

Alzo una ceja hacia ella que mira de brazos cruzados a la puerta como si fuera lo más
interesante que hayan visto sus ojos.

— ¿Y qué es eso?

Silencio, de nuevo.

—Nada que te importe, y ya vamos tarde—su mano toma el pomo de la puerta saliendo
apresurada de la casa.

Enzo hace lo mismo y los dejo ir solo porque disfrutaré sacarle la verdad a mi pequeña
Diosa.

Llegamos rápidamente a la fiesta con Enzo llenando el ambiente tenso en el camino, Lilith no
paraba de morder su labio con nerviosismo y de mirar por la ventana.

Intenté preguntarle de nuevo por las buenas y ella se negó con vehemencia a decir algo.
Bueno, joder, creo que alguien quiere que juguemos a lo grande.

Cuando llegamos el lugar está repleto y no hay siquiera dónde aparcar el auto. Debo dejárselo
a Enzo y confiar (amenazarlo) en qué no le haga ni un rasguño.

Lilith camino apresurada hasta su círculo de amigos para tener la oportunidad de huir de mí y
para su suerte soy atrapado por el Vory de la Bratva en Inglaterra.

Los Vory son los encargados de servir como líderes de mafia en cada sector dónde el Pakhan
no está. En este caso, Sasha es quién se encarga de las distribuciones de la Bratva en
Inglaterra.

Hablo con él un largo rato hasta que llega su esposa y toda su atención recae en ella.
—Hola, Aiden—grita pero su voz apenas me llega por el nivel tan alto de la música a todo
volumen.

—Hola, Camille—le doy un asentimiento de cabeza.

Hay innumerables estudiantes de ambas universidades e incluso hay personas de diferentes


sectores de la Isla.

La mayoría están queriendo participar en las carreras de equitación que van pasando y todas
son una porquería.

El resto se encarga de gritar, cantar y bailar como si sus vidas dependieran de ello.

Mis oídos están llegando a una sobrecarga de ruido en tan solo segundos y el dolor de cabeza
ya es prominente.

Cuando ellos se van no me es muy difícil encontrar a Lilith con su combo de amigos: Joshua,
Marcello, Nikolay, Amira y ahora el idiota de Enzo.

No me uní a ellos sino que decidí apoyarme en la pared y escuchar su conversación mientras
me cubría con una pareja que estaba casi follando sobre la ropa.

—Tuve que hacer sacrificios para venir aquí, mamá es difícil—suspira Amira.

— ¿Cómo hiciste?—pregunta Nikolay.

— ¿Ves a todos los guardias que están infiltrados? Bueno, así.

—Son los mejores, en serio gracias por aceptar venir—masculla Lilith.

—Siempre, diavolessa, además, no podía perderme lo que sea que esté pasando con tu batalla
en IG—ríe Marcello, el primo de Lilith.

—Oh sí, perra, necesitamos los detalles completos de lo que sea que haya sido con Aiden—
dice su otro amigo, Joshua.

Él tiene una mueca disgustada en su rostro mientras echa su cabello hacia atrás y mira a su
alrededor con asco.

Niños mimados.

—De ejecutor de la Bratva, a espía barato—susurra la voz insoportable de Connor en mi


oído.

Volteo con una mueca por el apestoso olor a alcohol que sale de su boca.

—Barato, a eso huele tu boca, que por cierto voto porque la cosan—lo aparto de un golpe en
la frente.

—Auch, ¿primo, viste eso?—se guinda al cuello de Naim.


Él lo ignora. Tiene su cara de "tócame y te asesino", además se ve disgustado por estar aquí
lo que no me hace dudar de que Connor lo obligó a venir.

De hecho acabo de caer en cuenta que está vestido sin su sudadera, lleva una franela blanca
pegada al cuerpo y unos pantalones negros.

Lo que no falta es el cigarrillo en su mano y su expresión de querer morir un día cercano.

Connor parece no notar la incomodidad de Naim porque pasa su brazo descubierto por sus
hombros, ya que no lleva camisa y sus pantalones están desabrochados. Una escena
desagradable para mí y seguramente atractiva para todas las mujeres que estén aquí.

—Apártate—gruñe Naim sin mirarlo.

—Y ya que estamos ponte algo, aún no sé cómo no te ha dado sida—mis labios se curvan con
asco.

Atlas llega a mi lado y se apoya en la pared en la que estoy cruzándose de brazos. El cómo
siempre, usa un traje, él de hoy es gris, combinando con sus ojos.

—De hecho, hay un setenta por ciento de posibilidades de que ya haya contraído alguna
enfermedad de trasmisión sexual—explica Atlas con tono aburrido.

—Mentiroso, yo uso jodido condón—Connor lo señala acusadoramente con el dedo—.


Además prefiero tener puto sexo que estar con ustedes, perras aburridas. Escuchar a Atlas
despotricar matemáticas me produce herpes en los oídos, ver la cara de culo de Naim me da
indigestión y que Aiden desaparezca con Lilith me da ganas de vomitar.

—Todos aquí follamos, pero hay algo que se llama límites, Connor—le explico.

—Bah, los límites son aburridos.

—Los límites evitan el sida—aporta Naim mirando algo en la distancia.

—Genial, nunca hablas y cuando lo haces vas en mi contra.

Aparentemente ajeno a la forma en la que su primo lo ignora descaradamente en su cara,


Connor continúa hablándole:

— ¿Y ahora qué tanto ves? Juro que si es otra vez el mocoso pelirrojo, me va a dar un
derrame visual.

—Eso no es un término existente.

—Ya cierra la puta boca, Atlas.

Me desconecto de la pelea que ocurre entre ellos para prestar atención nuevamente al grupo
de Lilith y me doy cuenta de que ella ya no está.
Instintivamente me levanto y empiezo a buscarla entre la multitud. Tardo demasiado pero
cuando la veo está entrando a uno de los establos, detrás de Connor, quién en algún momento
ha dejado el grupo y no se ha dado cuenta de que Lilith lo sigue.

Un escalofrío recorre mi columna vertebral y me doy cuenta de que algo anda mal. El hecho
de que Lilith se escabulla desapercibidamente detrás de Connor da indicios de que algo está
yendo muy mal.

Mi camino está bloqueado y aunque grite ninguno de estos borrachos me dejará pasar. No me
queda de otra que tomar el camino largo hasta llegar a la parte trasera del establo dónde Lilith
entró.

Lo primero que veo es a Connor, quién ahora usa una camiseta y parece estar muy serio para
ser él, casualmente cuando está solo es serio, casi irreconocible, amenazante.

No sé puede esperar que el hijo de Mason Dagach sea una bomba inofensiva de diversión,
desde luego.

Aquí dentro todo cambia, y yo estoy jodidamente aterrado de qué Lilith ronde sola por aquí.
En este lugar está toda la gente seria, los rangos altos de la mafia, los eslabones peligrosos.

Todos tienen caras amenazantes, auras maliciosas y rasgos malvados. Te miran analizando
las formas más cercanas de sacarte tu dinero o de asesinarte.

Aquí todo es un ambiente de poder en el que quién gana es aquel que sobrevive a una
conversación.

Lilith es buena, pero una Diosa como ella es fácilmente devorada por demonios como yo.

Y ahora está en una cueva repleta de demonios.


Lilith

N
o sé por qué vine para acá, quizás para huir de Aiden o quizás porque estaba
tranquilamente tomando agua cuando escuché a Connor en llamada y dijo: "No
están juntos, dame la información a mí"

No sé si hablaba de mí o no, pero sea lo que sea que estaba hablando parecía
involucrarme y mi instinto me hizo venir corriendo tras de Connor.

Ahora estoy perdida en este puto establo, cruzo en uno de los pasillos tratando de no tropezar
con el heno en el suelo.

Todos aquí son extraños, si yo juraba que Aiden tiene un aura amenazante es porque no había
entrado aquí con estás personas.

Todos me miran. Jodidamente todos lo hacen y eso no puede sentirse más extraño.

Ladean sus cabezas mientras me detallan y luego murmuran entre ellos. Bueno joder, ¿qué
clase de secta satánica es esta?

Estoy a nada de empezar a cuestionarme que el vino en sus copas no es vino sino sangre
virgen y que están haciendo algún tipo de ritual extraño.

Perdí a Connor entre la multitud y ahora también perdí la entrada principal y para llegar a la
parte trasera debo cruzar todo el pasillo repleto de la secta extraña que está acá adentro.

Volteo a mis espaldas mientras trato de lucir tranquila porque si hay algo que he aprendido
con Aiden es que no puedo demostrar ser una presa en una cueva de cazadores.

Debo fingir ser una de ellos.

Así que reuniendo valor y tratando de no cagarme en las bragas doy media vuelta para buscar
mi salida confiable.

Tomó una copa de uno de los bartenders que va pasando pero no tomo de ella. No seré lo
suficientemente estúpida como para tomarme algo que opción uno, puede ser sangre, y
opción dos, contiene drogas.
Intento localizar a Connor metiéndome entre pasillos y entre personas cada vez más raras
pero parece ser que mientras más avanzo más llegó a la cueva del lobo.

Un escalofrío recorre mi columna vertebral y el miedo se inserta en mis entrañas.

Al carajo, me largo de aquí.

Doy vuelta cuando veo una salida a unos cuantos metros, es una de las laterales.

Saco mi celular de mi bolsa y busco a Niko en mis contactos, es, probablemente el que menos
ha bebido de todos y estará consciente para venir a buscarme.

Presiono su contacto pero siento una presencia a mis espaldas que me impide darle al botón
de llamada.

Volteo lentamente para conseguir el lugar vacío. Juro que había alguien ahí.

Niego con la cabeza, me estoy volviendo loca, vuelvo a mi celular desbloqueándolo de


nuevo.

— ¿Qué haces aquí, hermanita? ¿Buscando algo?

Me sobresalto cuando la mano de alguien cae en mi hombro con fuerza excesiva. Me giro y
veo en primera plana la cara sería de Connor.

¿De dónde salió? Juro que revisé mis alrededores al menos cuatro veces y no lo ví en ningún
extremo.

¿Cómo es que de la nada está aquí?

¿Quizás él ya me había visto antes?

—Estoy perdida, por si no te habías dado cuenta trato de encontrar la salida—digo,


controlando mi propia respiración.

—Sería una buena excusa si no conocieras estos establos mejor que cualquiera que esté aquí.
Entonces, ¿qué tal si empiezas a contarme por qué me seguías? Sin forzar más excusas.

No paso por algo como nos volvemos el centro de atención de todos aquí y tampoco me
pierdo como compré empieza a llamar a sus guardias.

—No te seguía a tí—finjo una voz aburrida.

— ¿Ah, no?

—No, no todo en la vida eres tú, Connor.

Me mira fijamente, analizándome, algo que creerías que alguien como Connor no puede
hacer.
—Te creería si tus pupilas no estuvieran más dilatadas de lo usual, producto del sentimiento
de miedo a ser descubiertos. Verás, los seres humanos tenemos un arma en contra, tus
palabras pueden ser jodidamente convincentes, pero tú cuerpo demuestra exactamente lo
contrario...—su mano ataja la mía, que sin darme cuenta había estado jugueteando con mis
dedos nerviosamente—, y no hay nada más divertido que poder estudiarlo.

— ¿Intercambiaste papeles con Atlas? Estoy nerviosa por otro tema que puedo asegurarte que
no eres tú, además, ¿tú siendo filosófico? ¿Qué es esto, un mal chiste?

—No lo sé, Lilith. Tú dime. Eres tú quién me sigue en mi propia fiesta como una extraña
espía.

Trago saliva incapaz de poder fingir aquí. Soy buena mintiendo pero no con un estudiante de
medicina psicótico y no en medio de una secta satánica con personas aún más satánicas.

—Quiero información que solo tú me puedes dar ya que Jane está en coma.

— ¿Qué información? ¿Y qué ganaría yo a cambio?

—Necesito que me des información sobre lo que todos parecen estar ocultando,
específicamente Aiden. Sé que es algo que ya pasó pero si sigue interfiriendo en Aiden
significa que es más grave de lo que creí.

Una sonrisa extraña curva sus labios.

—Inteligente, pero repito ¿qué ganaría yo si te ayudo?

Levanta una ceja.

— ¿Qué necesitas?—suspiro resignada.

Cómo si ya esperara esa pregunta saca de su bolsillo una hoja de papel doblada. La desdobla
y me la entrega.

Empiezo a leer y mientras más baja mí mirada más se revuelven mis entrañas.

—Haz que ella firme eso.

—Estás loco, no lo hará.

Se echa a reír, el sonido resonando como el canto de una bruja que consumirá tu vida.

—La cosa es esta, lo único que deseo por ahora es tener este papel para mí. No te daré
información si no lo haces, y ten en cuenta con quién estás lidiando, jódeme con esto y te
hago la vida trizas.

—En realidad lo hago. Después de todo no se me olvida de quién eres hijo—no lo miro
cuando hablo.

La expresión de Connor se endurece.


—Eso no significa una mierda, pero no gastaré mi valiosa saliva tratando de explicarte el
esquema de mi vida.

—Tampoco me interesa, y esto—muevo los papeles en el aire—, hará que me echen de la


familia.

—No si no se enteran. Mira el lado positivo, Aiden no te dirá nada, está obsesionado contigo
y mientras tenga esa fijación obsesiva en tí tú tienes el poder. Aleska puede que se entere
pero para cuando lo haga ya sabrás que ella te estuvo ocultando algo gigante toda tu vida y se
sentirá demasiado culpable como para reclamarte.

Estrecho mis ojos, sé que tiene razón pero de igual modo no sé si hacer esto sea algo bueno.

¿De verdad quiero convertirme en la villana de otra historia para salvar la mía?

Sonará algo egoísta pero la verdad es que sí, lo seré, porque todos han sido unos hijos de puta
toda mi vida y si este es mi camino a la felicidad lo tomaré aunque en unos años me traiga
consecuencias.

Lo siento por mi familia, pero ellos tuvieron su momento, ahora Aiden es el mío.

—Primero voy a establecer prioridades—sonríe ligeramente sabiendo que ya acepté—. Lo


tendrás después de que me des la primera pista de información, apenas la tenga en mis manos
te haré llegar el sobre con algún guardia que no sea un soplón, no puedes buscarme o Aiden
se dará cuenta, nada de mensajes ni cartas solo confía y espera en que te llegará el papel con
la firma.

—Bien.

Se cruza de brazos.

—Quiero que me entregues toda la información, máximo en un mes y medio porque tampoco
te voy a presionar de más o se verá sospechoso. No quiero que Naim ni Atlas se enteren, solo
estamos tú y yo en este trato, Connor. Luego, no solo quiero papeles sino que sé que puedes
conseguirme acceso a los registros, imágenes de cámaras y todo eso.

— ¿Pretendes que te dé imágenes para qué?

—Así sabré que no mientes y tendré pruebas para cuando intenten negarlo. Si me
proporcionas todo lo que te pedí seremos algo así como aliados.

Él lo piensa durante unos segundos de silencio.

— ¿Qué me hace confiar en que no darás marcha atrás y le dirás todo a Aiden? De hecho,
¿cómo sé que ya no sabes todo y esto es una extraña prueba de lealtad o algo así?

—No lo haré porque estoy algo cansada de los secretos y el que todos me oculten algo está
empezando a hartarme.
Hace una pausa, sus labios se tensan en una línea.

—Bien, te creo. No te atrevas a joderme.

Lentamente niego con la cabeza.

—No lo haré sí tú no lo haces.

—Te ayudaré, pero quiero que sepas que necesito usarte como un pequeño experimento para
pasar desapercibido un tiempo.

— ¿De qué carajos hablas ahora?

—Serás cómo mi arma contra Aiden por un tiempo y así él no estará sobre mí cada que
busque entrar a algún sistema.

— ¿Un arma?

—Sí—una leve sonrisa curva sus labios—. Eres un arma valiosa, hermanita.

Hace alguna seña que mueve a todas las personas para que dejen de mirarnos cómo centro de
atención.

— ¿Qué tanto crees que esté sintiendo Aiden?—pregunta Connor de la nada.

—Mmm, creo que demasiado y eso está siendo difícil para él pero la mierda que oculta no le
permite liberarse del todo.

— ¿Alguna vez te mencionó algo de su madre?

—Sí, sé lo que él hizo el día en que ella murió.

Eso parece captar su atención y me mira como si no entendiera el panorama por unos
minutos.

—Dudo que conozcas todo, o no estarías aquí buscando respuestas.

— ¿A qué te refieres? Yo estuve allí ese día.

—Lo sé, pero no concuerda nada.

—No entiendo de qué hablas—lo sigo entre la multitud.

—No hace falta que lo hagas por ahora, dame unos días y te enviaré la primera pista, voy a
empezar a buscarla, ahora necesito mantener a Aiden alejado de mí—para repentinamente de
caminar.

Entra en mi espacio personal haciéndome parpadear confundida.


—No te preocupes, no me va el incesto, pero necesito hacer esto—avisa antes de que sus
dedos tomen mis mejillas.

No me da tiempo de procesar cuando baja su cabeza y mi rostro se desconfigura.

En el segundo en que sus labios quedan a centímetros de los míos y mi mano se empieza a
levantar es apartado bruscamente de mi cuerpo.

Miro con incredulidad como Aiden envía a Connor al suelo haciendo que se golpeé su
cabeza. La escena parece estarse desarrollando en cámara lenta.

En un segundo, Connor está tomando mi mejilla y al siguiente está en el suelo con Aiden
sobre él.

La ira hierve en el ambiente que me rodea como la lava ardiente de un volcán en erupción.
Ese volcán que solo explota una vez al año pero que cuando lo hace causa desastres
naturales.

Así es Aiden, he visto todas sus facetas, en calma, indiferente, cariñoso incluso últimamente,
despiadado, cruel, letal, he visto su demonio erótico y pervertido. Pero ¿ver a Aiden enojado
tan gravemente?

Eso es un suceso que he visto...nunca en mi vida.

Lo peor de todo esto es que no parece estar enojado siquiera, su rostro está frío e indiferente,
pero hay algo que lo delata, sus ojos azules que ahora están ardiendo con sus pupilas
dilatadas consumiendo la totalidad de su iris.

Tiene una mirada que grita peligro y que me tiene los pelos de gallina queriendo dar media
vuelta y salir corriendo. Sus ojos aclaman sangre, y yo estoy segura viéndolo en este estado
de que podría lograr conseguirla.

Mis huesos se sacuden del miedo y me siento mal por Connor en estos momentos.

Solo que él parece estar divertido con la situación porque sonríe, y es esa sonrisa que grita
"soy un hijo de perra" lo que hace es agregar más leña al fuego.

— ¿El todo controlado Aiden Wolf está enojado? Vaya, vaya, ¿debería acaso sorprenderme?
Quizás te otorgue un Guinness por el peor autocontrol.

—Cierra la boca y escúchame, hijo de puta—la voz robótica y gruesa de Aiden hace que se
me revuelva el estómago—. Me sabe a mierda si eres un drogadicto prostituto con problemas
familiares, pero no te metas con lo mío, no lo toques, no lo mires, no lo hables o te juro que te
voy a enseñar lo feo que es el mundo conmigo de protagonista. Tú más que nadie sabe que no
debes provocarme y tus neuronas muertas también, entonces haz un favor y mantente a raya
antes de que acabe con tu patética y para nada útil vida. Lo que sea que estés tramando no va
a funcionar así que vuelve a tu camino de drogas y deja lo que seas que estés planeando.

—Pero adivina qué, querido Aiden, sí que está funcionando muy bien, mira nada más lo
enojado que estás, tienes esa chispa volcánica destructiva—Connor ríe antes de bajar la
voz—. ¿Y sabes qué más? Tu máscara acaba de caer, ahora todos te ven, Wolf. ¿Quieres
matarme? Adelante, hazlo, es lo que monstruos como nosotros debemos hacer para mantener
a raya nuestra naturaleza primitiva. Basta de fingir sonrisas, sí, jugaste bien dieciséis años a
encajar en la multitud sin esfuerzo alguno, el chico bueno, un ícono al que todos admiran,
todo es falso, y dicen que lo bueno llega a su fin, ¿no?

Mi pecho retumba y mis manos tiemblan, no, no es por las palabras de hace un momento. Es
porque eso parece un insignificante diluvio antes de la tormenta que se está desatando justo
ahora.

Es cómo ver a dos demonios compitiendo por su puesto de reinado en el infierno.

Connor provocó a Aiden y este hirió a Connor, ambos dijeron algo que probablemente
estaban guardando desde hace siglos por el rencor en que lo dijeron.

Los conozco a ambos pero justo ahora es cómo si no lo hiciera, Connor no es serio y Aiden
no pierde el control.

¿Pero en este momento? Justo ahora, ya no estoy segura de eso. Ambos se lastimaron con
palabras tocando sus más sucias debilidades, Aiden usó a Mason contra Connor, y Connor
usó la fachada de niño bueno contra Aiden.

Y ahora quizás comprendo que por más que busques huir de lo malo que te rodea no puedes
salir si creciste allí. Porque viendo cómo Connor y Aiden fingen algo que no son realmente
entiendo que jamás perderán su esencia real y esa es aún peor que la falsa.

Un Connor frío y calculador es aterrador al lado de uno chistoso y con juegos de niño.

Y un Aiden indiferente y demoníaco es aterrador al lado de un niño bueno con sonrisas


falsas.

El labio superior de Aiden se curva en una sonrisa cruel.

—Prefiero fingir ser un niño feliz para que no me internen a tener que hacer de payaso, a
tener tan poco amor propio como para andar con cualquiera, a ser un pobre idiota con un
corazón roto, un chico desechado y de fácil olvido.

La sonrisa de Connor se borra y las manos que estaban en el suelo ahora toman a Aiden de la
camisa con una fuerza capaz de romperla en dos.

Sus músculos se hinchan por las emociones que lo empiezan a consumir y tengo miedo de
que reaccione contra Aiden a puñetazos.

—De fácil olvido serás tú cuando Lilith se entere de la verdad, tu bonita relación se irá al
caño.

—Al menos yo si tengo una y no debo rogarle atención hasta a una piedra.

Okay, basta. Esto ya está llegando demasiado lejos.


—Ya basta los dos, están armando un maldito espectáculo—gruño, eufórica.

—Culpo a tú novio, es algo posesivo—masculla Connor con sorna.

—Lo dice el que iba a cometer incesto—bufa, Aiden.

—Aiden no es mi novio oficial y tú eres de mi sangre entonces, paren los dos.

— ¿Segura de esto?—habla Connor mirando aún a Aiden—. Si justo hablábamos de lo


mucho que querías besarme, Li.

Mis labios se abren lista para mandarlo al carajo pero debo callar cuando veo el momento
exacto en que Aiden golpea a Connor en la cara con tanta fuerza que la sangre salpica mis
pies.

Suelto un jadeo, sorprendida, pero definitivamente no intervendré en esto, jódanme si lo hago


como una niña patética.

De hecho no negaré que ver los celos de Aiden están causando estragos en mi interior.

—Tócala, mírala o háblale otra vez y te mataré, Connor. Juro que me importará una mierda si
eres el líder de la mafia árabe

Lo zarandea golpeando su cráneo contra el suelo.

—Haré que todos se olviden de tí, así que piénsalo muy bien la próxima vez que siquiera se
te ocurra pensar en tocar lo mío.

Y sé que es real, que está amenaza es tan real como mi existencia.

Aiden lo matará si lo hace, lo veo en sus ojos y sin querer empiezo a retroceder incapaz de
querer ver cómo se matan entre sí cómo animales salvajes.

Retrocedo cada vez más rápido tratando de no chocar con algún otro depredador hambriento
que desee decapitarme.

Cuando llego a pasos de la puerta me doy vuelta, y corro.

Corro cómo si nunca antes lo hubiera hecho, sin mirar atrás y sin ningún destino en concreto.
Lo único que de verdad me importa ahora es lograr huir de dos demonios sedientos de poder
y sangre.

Aún así, no soy lo suficientemente rápida, logro llegar al establo consiguiente, el que está
vacío.

Me da igual si Aiden mata a Connor, realmente no sé si suceda pero no es la menor de mis


preocupaciones. Tampoco me molesto en llamar a mis amigos, solo saco mi teléfono y busco
una aplicación de Uber.
Mis pies se detienen cuando me siento en uno de los asientos, hago una seña de silencio a los
caballos aunque claramente no me entienden.

Gracias al cielo todos me conocen y no hacen ruido al reconocer mi olor.

No logro siquiera ingresar mis datos en la aplicación cuando una mano aterradoramente
despiadada se envuelve alrededor de mi cuello asfixiándome.

El miedo carcome mis entrañas cuando me empuja hacia atrás cortándome toda circulación
de aire.

Mis manos sueltan mi celular y viajan a mi garganta tratando de huir cuando escucho el
seguro de las puertas.

Estoy encerrada.

Mi columna golpea con una de las paredes sólidas de madera sacándome un jadeo adolorido.

— ¿Planeando huir, mi pequeña Diosa?

Los ojos azul eléctrico de Aiden chocan con los míos con la letalidad de un ente demoníaco,
de la gasolina y el alcohol, de la destrucción total. Todo lo que él irradia es intensidad y ahora
soy su punto focal de locura.

Mis uñas se clavan con fuerza en su mano rasguñándolo pero yo me niego a tener que
combatir con su estado de locura justo ahora.

Y luego, las palabras que le dije a Enzo cuando me preguntó por qué estaba tan nerviosa se
arremolinan en mi mente: "Tenía pensado estar por fin con Aiden".

Mi cabeza palpita con la clara advertencia de "cuidado con lo que deseas o atraerás las
consecuencias".

— ¿Qué hemos hablado de las uñas?—su agarre se aprieta y empuja su rodilla entre mis
muslos, clavando su muslo contra mi centro—. Sigue así y voy a estrangularte, al menos que
sea eso lo que quieras.

Ni siquiera puedo contestar, y me llega un deja vú de la noche en la playa hace ya un mes.

El oxígeno se priva en mis pulmones y eso solo envía palpitaciones a mi centro que debo
rezar para que no empapen su pantalón oscuro.

Mierda.

Dicen que cuando uno de tus sentidos falla los otros se intensifican, eso es exactamente lo
que pasa porque todo parece volverse demasiado real.

Mi cabeza palpita, mis dedos sienten su piel caliente, puedo oler su delicioso aroma cítrico
que parece ser una droga afrodisíaca, quizás peor que eso, es embriagante.
Mi estómago se llena y se vacía, con cada inhalación corta que me hace estremecer, mi
vientre palpita y creo que ya es tarde para mí.

Mis uñas dejan de encajarse en su mano para ir a tocar cualquier parte de su cuerpo, ni
siquiera creo que quiera alejarlo, más bien acercarlo, dejando así mis marcas en su piel.

—Te encanta que tú vida cuelgue entre mis dedos—clava su índice en mi punto de pulso
como un depredador al acecho—. Te encanta que tenga tu cuello entre mis manos, te excita—
entonces se acerca a mi oído y susurra: —Puedo olerte desde aquí, Diosa.

Quizás mi cerebro tenga fallas, quizás debería horrorizarme, llorar, correr, defenderme, pero
en cambio de mi boca se desliza un gemido.

Una sonrisa despiadada se dibuja en sus labios. La ira de hace un momento se acumula en el
azul de sus ojos fundiéndose como el metal en calor.

—Vamos a establecer algo, cariño, desde el momento en qué decidiste ponerme las manos
encima tú sola te jodiste. Eres mía de mi propiedad, velo como quieras si deseas que seamos
novios o incluso si quieres tener un jodido anillo en tu dedo que tarde o temprano llegará. Ese
estúpido juego en el que me dejas por fuera está agotando mi paciencia, entonces, tienes dos
opciones, o me dejas dentro o te fuerzo a que lo hagas—gruñe, con voz amenazante.

Trago saliva contra su palma.

—Si vas a ser una puta serás la mía, si quieres jodidamente encontrar unos labios son los
míos, si quieres que te follen entonces te tendré contra el suelo y te follaré a cuatro patas
como un maldito animal. O quizás te estrelle contra una superficie y te llene con mi semen.

Su mano libre se llena con uno de mis doloridos pechos apretándolo con violencia sobre la
tela del vestido.

—Si quieres tus películas cursis, salidas, comidas, para eso estoy aquí pero no me obligues a
hacértelo entender porque considero que eres una mujer astuta e inteligente para no tener que
repetir algo dos veces, ¿estamos?

Asiento lo más que puedo en esta acorralante posición.

—Muy bien, ahora empecemos de nuevo, ¿a quién perteneces, Diosa?

El placer burbujea en mi piel dónde él está tocando mis senos para luego enviar un
corrientazo a mi centro. Su mano pellizca con fuerza mi pezón haciéndome jadear y
estremecer.

—Responde la maldita pregunta. ¿A quién le pertenecen estás bonitas tetas, mmm?—pellizca


uno de nuevo sacándome un gemido bajo.

—Yo...—me atraganto con mis propias palabras.

Afloja su agarre para dejarme responder.


—Tuyas—toso ligeramente—. Soy tuya.

—Mia, ¿eh? Vamos aprendiendo, cariño.

Un mote de disgusto se instala en mi pecho, me jode que yo si pueda admitirlo y él no.

De hecho, me jode que él me obligue a decirlo.

—Habla—ordena, su mano deslizándose hasta mi cadera.

— ¿Qué cosa?—murmuro, confundida.

Sus dedos empujan el vuelo de mi vestido hasta mi cintura dejando la parte de abajo de la
lencería y mis muslos al descubierto.

—Lo que sea que tenga ese ceño fruncido.

—No es nada.

Chasquea la lengua negando con la cabeza. Luego, frota sus dedos contra mis bragas
empapadas y mis ojos amenazan con cerrarse.

— ¿Esto es para mí?—estira el liguero en mi muslo y lo suelta haciendo que el elástico


maltrate mi piel—. Casi parece que viniste así para ser follada, ¿es eso lo que jode tu mente o
hay algo más?

—Tú...—me sobresalto cuando presiona mi clítoris sobre la tela de encaje.

—Vamos, cariño, contesta.

—Si son para tí, joder—decido responder una de sus preguntas.

—Y siempre será así, la idea de que te arregles para seducir a idiotas como Connor me vuelve
loco, o de que imagines otros dedos en el coño que me pertenece me enferma.

Sus dedos se aprietan en mi garganta y siento como el aire se vuelve a ir de mis pulmones. Lo
peor de todo esto es que mis bragas están empapadas y él puede sentirlo en sus jeans.

Sabe más que nadie el efecto que causa en mí.

— ¿Crees que después de tocarte seguirá impune?—me acerca a él aún tomándome del cuello
e inclina la cabeza hasta que sus labios rozan los míos y puedo reflejarme en el azul de su
mirada.

Luzco irreconocible, agitada, e incluso me veo tan excitada como nunca antes.

Suelto un grito ahogado cuando tira abajo mi ropa interior y propina un azote caliente sobre
mi piel sensible.
No me deja pensar en eso cuando empuja tres de sus dedos dentro de mí al mismo tiempo.
Mis ojos revolotean hacia atrás, mi respiración se atasca y un sonido irreconocible sale de mis
labios entreabiertos.

Mis ojos se llenan de lágrimas y contrario a lo que parece no estoy adolorida más bien
aliviada. Mi coño ha sido estimulado desde que me vió en casa con el vestido, solo ha
incrementado hasta el punto de ser insoportable.

— ¿Sientes lo bien que tú coño me da la bienvenida? ¿Lo bien que encajan mis dedos? Es tu
coño sabiendo a quién pertenece, quien siempre será el dueño que le dé placer. Nadie más
que yo lo mira y lo toca, ¿quedó claro?

Un gemido enfermizo escapa de mi garganta mientras goteo sobre sus dedos, moviendo mis
caderas intencionalmente contra ellos.

—Eres mi propiedad—embiste—. Tu coño es mío—embiste—. Tú eres jodidamente mía.

Suelta un gruñido con el hambre arañando sus entrañas, algo se arremolina en mi interior,
algo oscuro y primitivo que pide ser liberado.

— ¿Qué más?—lo animo—. Cuéntame todo lo que nunca me dirás.

Un jadeo estrangulado me abandona apenas siendo consciente de sus palabras pero trato de
concentrarme en escuchar.

El orgasmo se acumula y justo cuando creo que llegaré, él para. Definitivamente no


satisfecha le lanzo una mirada de muerte.

—³Nevozmozhno nenavidet' tebya, kogda ty yedinstvennoye, chto zastavlyayet menya


chuvstvovat' sebya zhivym—empieza, escogiendo un idioma que yo claramente no puedo
comprender.

—⁴I imenno poetomu ya khochu nenavidet' tebya bol'she vsego na svete. Ty etogo ne
znayesh', no v tot den' ty izmenil moyu zhizn', khotya ya isportil tvoyu, v tot den' ty zastavil
menya prosnut'sya ot koshmara i, chert voz'mi, ya ne byl k etomu gotov.

No le entiendo, pero escucho atentamente porque su mirada sincera me demuestra más que
sus palabras duras.

Me levanta y me obliga a enganchar mis piernas en su torso. No sé a dónde me lleva pero


caigo en cuenta cuando llegamos al pequeño cuarto de hospedaje para cuando él o su padre se
quedan a dormir aquí.

—⁵YA dumayu o tebe kazhdyy chas, kazhduyu minutu, kazhduyu sekundu, nezavisimo ot
togo, ryadom ty ili daleko, i eto chertovski sbivayet s tolku.

—No pares—suplico.
—⁶YA byl neprav, govorya tebe, chto ty trus i lzhets. Net, ty takoy neveroyatno umnyy i
smelyy, chto mne khotelos' by, chtoby ty videl eto tak, kak ya. YA khotel by podarit' tebe
svoi glaza, chtoby ty uvidela, kakaya ty krasivaya.

Me acuesta sobre la cama matrimonial de sábanas grises y se sube sobre mí. Baja las tiras del
vestido y observo como muerde su labio inferior cuando mis senos quedan al descubierto.

Hay un ligero dolor entre mis piernas pero el verdadero peligro está sobre mí con su aura
amenazante y su voz ronca y dura hablando en ruso.

Se saca la camisa por la cabeza, revelando los duros abdominales que decoran su torso. Su
físico en estas circunstancias es aterrador, un arma letal capaz de infligir dolor.

Haciendo caso a mis pensamientos se inclina sobre mí y lame mi pezón haciéndome gemir
por el adictivo calor de su lengua.

Aiden se quita los pantalones y los bóxers con lentitud, como si fuera consciente de los
nervios que causa en mí con su tranquilidad metódica.

— ¿A-aiden...? ¿Qué haces?—retrocedo con nerviosismo.

— ¿Qué parece que hago, Diosa? Terminar lo que prometí.

—Espera, joder, ni siquiera me dejaste pensarlo.

Una risa burlona abandona sus labios.

—No es algo que se piense en realidad, Lilith.

Se inclina atrapando un pezón entre sus dientes, chupándolo con fuerza y sacándome un
gemido bajo y ronco.

—Aiden, algo puede entrar.

—Por favor, que lo hagan así podría follarte sobre su sangre.

Creo que voy a vomitar del mareo que me inunda. Me pierdo cuando sus manos desabrochan
mi sostén y cuando me quita el vestido, trato de luchar por un momento contra su demonio
porque no es correcto, no es correcto follar con quién te odia.

Y vamos, no sé ruso pero puedo apostar que ha dicho la palabra "odiar" al menos dos veces.

Eso me incita a seguir luchando pero en mis intentos acabo desnuda en sus brazos.

—⁷More bylo yedinstvennym, chto zastavlyalo menya chuvstvovat' sebya zhivym, kak
doma.
—continúa.

—⁸I ty oblazhalsya, kak i ves' moy mir. Seychas pobyt' s toboy khot' sekundu luchshe, chem
provesti vechnost' v vode, i ot etogo mne khochetsya tebya zadushit'.
Me rodea las muñecas con una mano inmovilizándome, mientras con la otra mano acaricia mi
abertura extendiendo mi excitación hasta mi clítoris y haciendo ligeros círculos.

—Algún día, si esto no se jode quiero que me escribas en una hoja de papel todo lo que estás
diciendo—digo jadeante—. Voy a aprender ruso y así podré descifrar lo que estás diciendo.

No sé describir la emoción visceral que surge en los ojos de Aiden pero lo veo, y es la
primera vez que lo puedo apreciar, de hecho, es la primera vez que veo calidez en su mirar y
eso me tiene mal.

—⁹Vy ne predstavlyayete, kak sil'no ya zhazhdu uvidet' vas odnazhdy idushchim po ulitsam
Londona, progulivayushchimsya po tyul'panovoy ferme Talli s osveshchennym i izumlennym
vzglyadom, a zatem progulivayushchimsya vokrug i fotografiruyushchim vas na telefonnykh
stantsiyakh ili vashe volneniye, kogda vy prokhodite mimo. ulitsy. Ulybaytes' vsem, poka
vashe sirenevoye plat'ye skrashivayet seryye dni, pokupayte vse, chto vidite, i
voskhishchaytes' prekrasnoy kul'turoy. P'yem vmeste chay v pyat' chasov vechera i
tyagoteyem k sladkomu aromatu tsvetov v torgovykh palatkakh. YA predstavlyayu, kak
krasivo ona budet vyglyadet', kogda ya pomeshchu yey v volosy krasochnuyu liliyu iz tekh,
chto prodayutsya na ploshchadi, chtoby ona kontrastirovala s yeye glazami. Odnazhdy eto
sbudetsya.

Hunde su dedo corazón en mi coño enmascarando mi grito con su gemido.

—Mierda, estás empapada—murmura.

—Aiden—gimo, haciendo rodar mis caderas hacia su mano.

Agrego otro más curvándolos en mi interior mientras me estira tocando algo extraño que
envía una punzada de dolor y de placer a la vez, no para de acariciarlo con insistencia
haciendo que mis gritos suban de nivel y que mis ojos se cierren incapaz de seguir abiertos
mientras su pulgar frota mi clítoris.

—Por favor, más —suplico.

—No debería siquiera dejarte llegar después de semejante escena con Connor.

—Vas a torturarme, ¿no es así?—jadeo exasperada—. Se supone que los novios no ponen a
rogar a sus novias.

—Siempre podemos rogar juntos, Diosa—dice en tono sombrío.

Mi boca se abre incapaz de procesar sus palabras con coherencia.

Su pecho roza mis pezones adoloridos haciéndome olvidar por completo lo que dijo.

—Jamás tendré suficiente de tus preciosas tetas, cariño—succiona una entre sus labios
probablemente haciendo un moretón.
Mi mano baja a su abdomen queriendo, no, necesitando acariciar la perfección de sus
abdominales que aclaman mi atención. Su cuerpo sufre un ligero escalofrío con mi toque que
me hace sonreír.

Sus dedos continúan retorciendo mi pezón de un lado a otro, en un ritmo agonizante.

—Bebé, en serio no creo que esto sea una buena idea—acaricio su mandíbula queriendo
alejarme.

Mi mente repite constantemente lo estúpida que estoy siendo. Al mismo tiempo me siento
mal por estar manipulando su mente.

—Podríamos ir a tu casa si quieres, o jugar a lastimar a Connor, siempre es buena opción—


acaricio su pecho.

Luego lo empujo poco a poco hasta que cede y está casi a nada de levantarse pero entonces su
rostro endurece y su cuerpo se vuelve piedra.

—Buen intento, cariño. Casi lo logras, estoy jodidamente orgulloso de tus habilidades de
manipulación

Mi respiración se entrecorta cuando abre mis piernas.

¿De verdad estoy dispuesta a follar con el chico que amo aún sabiendo que él me odia y que
oculta algo que podría poner en riesgo mi vida?

—Necesito hacerte completamente mía en todos los aspectos para evitar que idiotas sigan
rondando a tu alrededor.

Y entonces mis ojos se cierran cuando acepto.

Cuando firmo mi destino, y de algún modo me siento aliviada, casi feliz por esto.

— ¿Me lastimarás?—susurro.

— ¿Eso quieres que haga?

—Por favor—las palabras suenan casi liberadoras, aliviantes y eso se siente tan bien.

—Lo que ordenes, cariño—sonríe.

Sin más me da la vuelta dejando mi cara sobre las almohadas y mi vista sobre el largo espejo
que no había notado anteriormente donde se reflejan nuestros cuerpos iluminados únicamente
por la luz proveniente de la fiesta.

—Mira cómo te vuelves loca por mí, Diosa.

Quiero entonces cerrar mis ojos al ver como estoy desnuda frente a él sin pudor alguno, al ver
la mirada de locura y excitación en mis ojos que me hace enfermar.
Aiden es el peor demonio que conozco, pero aún así es la única persona a la que he amado
con tan retorcida obsesión.

La única persona que toca todas las teclas correctas para hacerme sentir bien aún cuando mi
mente me haga sentir mal conmigo mismo. Al inicio es extraño pero luego se vuelve un lugar
sano, lleno de una paz extraña.

—Dije que mires—entonces su mano se clava en mi garganta y levanta mi pierna antes de


enterrarse en mí.

Mis ojos se abren, chocando con el espejo cuando un dolor abrasador me desgarra las partes
más recónditas de mí ser.

—Mierda—gruñe—. Sabía que serías jodidamente perfecta para mí, Diosa.

Un grito de dolor y de placer me abandona. Juro que estoy lo más mojada que he estado en
toda mi vida pero aún así duele, y es que es jodidamente grande.

Duele tanto que mis ojos se llenan de lágrimas que se deslizan por mis mejillas sonrojadas y
ese dolor envía más fluidos entre mis piernas.

— ¿Ya está todo?—murmuro sin aliento.

—Diosa, apenas estoy ubicándolo—suelta en un tono divertido y duro.

Mierda. ¿Qué carajos?

—Dime que es un chiste—sollozo.

—Shh, respira profundo.

Acato sus instrucciones y juro que no respiré lo suficientemente fuerte para cuando se
introduce completamente dentro de mí.

Mis labios se entreabren y enmudezco completamente.

La adición de su mano en mi cuello solo sirve para estimularme aún más, me roba los
pensamientos coherentes de la mente.

Es como si estuviera danzando lentamente en una galaxia diferente, con las estrellas, con los
astros, como si estuviera en sintonía conmigo misma.

—Joder, tu sangre está haciendo un desastre en la cama—gruñe Aiden—. ¿Ves lo bien que tú
coño me aclama, cariño?

Niego ligeramente con la cabeza pero él me acomoda para que pueda verlo sin ayuda del
espejo. Me hace ver las manchas rojas en el gris de las sabanas y cómo su polla entra y sale
siendo cubierta de mi sangre y de nuestra excitación.

—Muy bien, mantente en calma—susurra.


Contrario a su petición mi cuerpo entra en tensión absoluta cuando siento como mueve un par
de cosas y gavetas.

—Aiden—advierto, retorciéndome y frotando accidentalmente mi coño contra su polla—.


Aiden, ¿qué haces?—insisto con histeria.

Sin embargo no responde y solo me aprisiona más el cuello para que no pueda ver ni siquiera
a través del espejo y una extraña emoción fluye por mis venas cada vez que toma el control
de la situación.

Cuando me domina y me doblega. Cuando sin hablar y sin esfuerzo me dice que si quiere
podría acabarme en un parpadeo. Pero que no lo hará porque prefiere follarme en cambio.

No es amable, pero sé que no está dando todo lo que puede para no herirme demasiado. Que
luchó contra su demonio para no herirme del todo. Lo sé porque cada vez aumenta un poco la
intensidad al punto que las almohadas han empezado a caer de la cama.

—Shh. No voy a hacerte daño, Diosa. Voy a hacerte sentir mejor, lo prometo—me asegura,
rozando con sus labios la línea de mi mandíbula, haciendo temblar mi cuerpo—. Ahora
vamos a jugar, si quieres que pare solo dilo y lo haré.

A pesar de mis nervios el miedo se disipa para darle paso a la expectativa.

— ¿Q-qué vas a ha-hacer?

—El dolor es un detonante de placer tal como la adrenalina, en este momento usaremos la
primera opción —explica—. El dolor es una de las sensaciones primitivas que te hace sentir
vivo y consciente.

Presiono su pecho contra mi espalda, aplanando la palma de su mano contra mi estómago y


luego para de moverse dentro de mí sacándome un grito de frustración.

—No te alteres, prometo que vas a disfrutar—murmura, divertido.

— ¿Me voy a...excitar? —pregunto en voz baja.

—Si—responde—. Te voy a hacer correrte más fuerte que nunca.

Muerdo mi labio jadeante y sudorosa por el ejercicio de hace unos segundos.

—Más te vale cumplirlo, Wolf—mascullo ya molesta por haberme hecho perder dos
orgasmos.

—Inclínate—ordena ayudándome a clavar mis rodillas en las sabanas húmedas y dejar mi


culo al aire—. Hermosa—alaba, estrujando mi culo con firmeza.

Mi corazón empieza a retumbar ahora sí empezando a sentir la línea del pánico cuando me
indica en silencio que me sujete a las sábanas.
Puedo ver por el espejo como se inclina sustituyendo su polla por su boca y arrastrando besos
húmedos por mi coño chorreante sacándome jadeos vacilantes.

—Joder, no sabía que tenía una fantasía tan grande hasta este momento, cariño—gime antes
de meter su lengua en mi hendidura.

Gimo con fuerza, el sonido resonando en las cuatro paredes que nos rodean mientras devora
mi coño con vigor.

—Aiden —grito, moviendo mis caderas contra él.

Desliza su lengua hasta mi clítoris, rodeándolo con insistencia hasta que mis piernas
amenazan con caer.

Me arqueo más para darle un mejor acceso y él parece aprovecharlo al máximo. Sin embargo
no parece ser suficiente porque se pone de espaldas y lleva su cabeza entre mis muslos
bajando mis caderas hasta que estoy casi sentada sobre su cara.

Ni siquiera puedo contenerme cuando me muevo sobre su cara cabalgando con ahínco y
ferocidad para llegar a lo que tanto me ha quitado.

Obligó mis ojos a abrirse para ver cómo él mismo aprieta su polla con su mano, un
espectáculo digno a la vista. Suficiente para llevarme al límite.

—Dios mío, Aiden, voy a correrme —gimo.

Mis muslos se aprietan alrededor de su cabeza y, justo cuando empiezo a creer que por fin
llegaré, me empuja hacia arriba.

— ¡Te voy a asesinar, mierda!—grito frustrada.

Le dedico una mirada feroz, mis ojos ardiendo en llamas al igual que mi rostro caliente, mi
cabello se pega a mi rostro por el sudor perdido debido a tantos esfuerzos desperdiciados.

Pienso abrir la boca y mandarlo al diablo pero introduce tres dedos dentro de mí y los enrosca
profundamente.

Mis labios se abren soltando maldiciones en voz baja.

Ahora todo se siente diferente, siento sus dedos sin barreras dentro de mí, cada gemido es una
exhalación sin aliento cuando él lame mi clítoris.

Luego, presiona algún punto que me hace colapsar.

—Eh-oh Aiden-espera —jadeo, con palabras incoherentes.

Siento mi excitación traspasar su mano y estoy tan abrumada que empiezo a ver jodidos
puntos blancos, creo que mi mano golpea su cabeza queriendo separarlo de mí.
Todo enmudece y se vuelve negro durante unos segundos eternos antes de que mi cuerpo
colapse y estalle. Un fuerte grito me abandona y mi cuerpo tiembla queriendo caer.

Mis ojos se abren con lentitud mientras siento mis uñas clavándose en el material de las
sábanas. Veo el momento exacto en que Aiden retira sus dedos y mi liberación se derrama
sobre él.

Él aprovecha el momento para tomar mis muslos y pegar su boca a mi coño bebiendo de mí
como si fuera un jodido alcohólico que estuvo en abstinencia.

Mis gritos se vuelven un eco lejano mientras tiemblo sobre él llenando su boca con mi
liberación y viendo como pequeños hilos de la misma se escapan de sus labios.

—Apenas estamos comenzando no te desmayes ahora, Diosa—murmura en un susurro


lejano.

Golpeo de nuevo su cabeza cuando siento que en serio voy a desmayarme, es demasiado
incluso para mí.

Mi orgasmo se prolonga y parece ser que quiere iniciar otro pero mi pequeño cuerpo no lo va
a soportar. Estoy temblando tratando de alejarlo y debo usar mis últimas energías para
gritarle que pare.

— ¡Detente, joder, no puedo más! —sollozo, intentando apartarme.

Para dejándome desplomarme contra la cama pero no me deja así por mucho tiempo antes de
que vuelva a dejarme de rodillas con el culo al aire.

—Espérate, mierda—digo entre suspiros—. Apenas...puedo respirar.

—Acostúmbrate, porque me vas a tener que aguantar todos los días de tu vida—muerde mi
hombro.

Alinea su polla con mi entrada y empuja lentamente dentro de mí, para luego terminar con
una fuerte estocada.

—Oh, jodida mierda—jadeo sin aliento.

—Respira lento o te vas a ahogar.

—Demasiado —me atraganto.

—Puedes con eso, cariño. Déjame ver cómo tu coño se traga mi polla

Con cada embestida, va más profundo, más fuerte. El sonido de mi excitación y los
movimientos de entrada y salida me hacen delirar del maldito gozo.

Juro que nadie me advirtió que esto se sentiría tan jodidamente bien. El dolor parece ser que
incluso desapareció de lo bien que me lubricó.
—Mírate vuelta un desastre —dice con voz ronca—. Fuiste hecha para mi polla, tan
jodidamente buena, cariño.

Se retira larga y lentamente, y entonces se introduce bruscamente, toma mi pierna


levantándola en un ángulo que hace que sienta jodidamente todo.

—Aiden… más despacio, joder…

Sus ojos brillan con un color que nunca antes ví: un azul más eléctrico, un azul vivo, tan
brillante que es inimaginable verlo en él.

Empuja de nuevo, más profundo.

—Puedes soportarlo —asegura—. ¿Puedes sentir lo fuerte que se aferra tu coño? Como si no
quisiera dejarme ir.

—Aiden... —jadeo cuando sube el ángulo de mi culo.

Si, le da un mejor ángulo pero puedo jurar que está revolviéndome los intestinos.

—Ese... es mi límite, lo juro —chillo, aferrándome a las sábanas como si fueran mi salvación.

—Entonces vamos a crear uno nuevo, cariño.

Sus labios mordisquean mi cuello y eso me distrae lo suficiente porque lo siguiente que
siento es un pinchazo agudo de dolor en mi glúteo.

Mis ojos se abren de golpe pero no me deja mirar demasiado cuando empuja fuertemente
dentro de mí y el dolor parece disiparse y llegar a dónde él está dándome placer.

Acaricia dónde golpeó con algo externo y esta vez lo vuelve a hacer y siento el material,
parece ser jodido cuero y me hago una idea de qué es.

Mi coño se contrae alrededor de él y debo sisear por el ardor que se esfuma cuando sus dedos
acarician mi clítoris.

Hace un intercalado entre azotar mi culo con la fusta y mover sus caderas para penetrarme
formando un ritmo constante.

Siento mi trasero caliente y puedo jurar que está rojo, cómo prometió muchas veces que
estaría y ahora en serio le empezaré a creer.

A pesar del ardor y el dolor que me tiene sollozando parece ser que mi cuerpo se
desconfiguró porque envía pulsaciones de placer que hacen palpitar mi coño con cada una de
sus embestidas.

Y definitivamente no puedo negar que estar siendo yo misma con la faceta real de Aiden es
innegablemente erótico.
Acaricia la zona magullada haciéndome sisear del ardor pero lo compensa dejando una
infinidad de besos por mi espalda.

—Buena Diosa —alaba, rodando sus caderas dentro de mí—. Estás haciéndolo muy bien,
cariño.

Mi cerebro parece apagarse y mi visión no se queda atrás porque soy capaz de ver malditos
pixeles blancos y negros, algunos coloridos, no lo sé.
De mi boca sale un repertorio de palabras incoherentes y balbuceos inentendibles.

Siento de nuevo el material en mi culo y me remuevo pidiéndole que espere o eso creo que
hago entre gritos. Aún así siento el pinchazo antes de terminar de acomodarme mejor.

Mis gritos son apagados por la almohada y por un momento me encuentro rezando que nadie
venga o creerán que probablemente me están matando.

El ardor de esta vez es mucho más fuerte y soy recompensada con giros rápidos alrededor de
mi clítoris que me tienen en una extraña confusión de gemidos.

Aumenta la velocidad haciéndome estremecer y siento su mano en mi cuello desde atrás,


antes de que una línea consecutiva de palmadas lleguen, esta vez con su mano, me agito
tratando de apartarla cuando puedo jurar que me está sacando hilos de sangre.

— ¿Algo más para decirme, Diosa?—sus ojos llameantes apenas son visibles.

—Yo...no puedo...

—Shh, respira—me ordena—. Voy a dar unos cuantos más sin importar tus quejas solo
porque me encanta como tú coño se aprieta cada vez que te inculcó dolor.

Suelto un ligero sollozo y creo que asiento con la cabeza.

—Relájate.

Asiento, no tarda en cumplir lo que dijo pero eso no es lo único que aumenta sino que ahora
está follándome con tanta fuerza que el sonido de nuestras pieles al chocar y los chapoteos
húmedos de mi coño son más fuertes que el ruido de la música.

Un intenso placer se acumula en la base de mi columna vertebral, y me quedo completamente


quieta unos segundos antes de que no pueda más y mi cuerpo explote.

Soy ajena a mí alrededor, solo soy consciente de cómo mi coño se aprieta y mis ojos
amenazan con cruzarse cuando estoy casi convulsionando alrededor de su polla.

—Joder, joder, Lilith —gruñe mientras sus caderas se sacuden.

Hunde sus dientes en mi hombro y siento cómo él mismo sufre su propio orgasmo, incluso él
dice palabras incoherentes entre ruso e inglés que yo tampoco puedo descifrar.
Mi visión se vuelve negra, y puedo escuchar los gemidos interminables que salen de ambos
mientras él se corre muy dentro de mí. Siento sus chorros de semen llenando mi coño hasta
que estos se resbalan por mis muslos.

—Oh, Dios, Aiden —me atraganto con la voz más ronca que jamás me he escuchado.

La sensación es excesiva, y agradezco cuando se aparta de mí. Sus dedos recogen los fluidos
que escaparon por mi pierna y lo empuja de nuevo dentro de mi coño, una y otra vez hasta
que creo que me volveré a correr.

—Esto es mío —proclama dejando cada gota de su semen dentro de mí—Abre la boca.

Lo hago, él levanta mi mandíbula con su pulgar limpio.

Su mano aplasta mis mejillas y luego siento el impacto de sus labios succionando mi lengua,
mordiéndola y devorándome, sus labios chocando con los míos como si no pudiera tener
suficiente. Su mano se aprieta en mi garganta cuando sus labios atrapan y succionan los míos
volviéndolos un desastre magullado e hinchado.

Recoge más de mi coño chorreante, y sostiene mi garganta para que vea a través del espejo,
traza su nombre en la piel de mi abdomen quedando macabro por los restos de sangre en él.

—Que nunca se te vuelva a ocurrir dudar de tu cuerpo, porque a mí siempre me va a gustar y


está es la prueba de ello—murmura.

Lo miro por encima del hombro, con las mejillas teñidas de rojo, y mi respiración agitada. Mi
palma se desliza hasta su mejilla acariciando suavemente y su ceño se frunce separándose un
poco de mí.

— ¿Qué diablos haces, Lilith?

—Déjame hacerlo, al menos así tengo el consuelo de fingir que no me odias tanto.

Sus ojos dicen más que el veneno que sale de sus labios y prefiero aferrarme a ellos de toda
voluntad.

—No te hagas esto, ya es suficiente saber que te voy a terminar jodiendo la vida cómo para
que te enamores aún más de mí—su mano en mi cuello se aprieta—. No vayas a llevarlo
demasiado lejos...por favor.

—Si yo voy a salir jodida tú también, no voy a ahogarme sola.

—Yo estoy jodido desde hace años. Estoy salvándote a tí de no joderte también.

—Al menos ambos terminaremos jodidos ¿eh? —mi voz se quiebra.

—Al menos ambos terminaremos jodidos—asiente y esta vez es él quién acaricia mi mejilla.

El toque se siente distante y frío pero sus ojos como siempre me hacen sentir mejor porque
parece que después de tantos años por fin empezaron a brillar.
Y esa es mi señal para decir, que aunque él quiera engañarse ambos sabemos que ya hemos
caído.

Puedo sentir como se levanta y me deja acostarme, mis ojos cerrándose por el agotamiento
antes de que él vuelva y siento como coloca algo húmedo en mi coño dándome un escalofrío.

Sus labios besan mi muslo y antes de que sienta como se acuesta a mi lado puedo jurar que
otra vez besó mi frente.

Pero también puedo estar loca porque eso no pasaría con Aiden, no con un demonio
indiferente.

³Es imposible odiarte cuando eres lo único que me hace sentir vivo.

⁴Y es por eso que quiero odiarte más que a nada en el mundo. No lo sabes, pero ese día
cambiaste mi vida, aunque yo arruiné la tuya, ese día me hiciste despertar de una pesadilla y,
carajo, no estaba preparado para esto.

⁵Pienso en ti cada hora, cada minuto, cada segundo, ya sea que estés cerca o lejos, y es muy
confuso.

⁶Me equivoqué al decirte que eres una cobarde y una mentirosa. No, eres tan increíblemente
inteligente y valiente que desearía que pudieras verlo como yo. Quisiera regalarte mis ojos
para que veas lo hermosa que eres desde ellos.

⁷El mar era lo único que me hacía sentir vivo, en casa.

⁸Y tú lo jodiste cómo todo mi mundo. Ahora estar contigo un segundo es mejor que pasar una
eternidad dentro del agua y eso me provoca ganas de estrangularte.

⁹No sabes cuánto anhelo verte algún día caminando por las calles de Londres, paseando por
Tulleys Tulip Farm con una mirada iluminada y asombrada y luego pasear tomándote fotos
en las estaciones telefónicas o tu ilusión al pasar por las calles. Sonriendo a todos mientras tu
vestido lila ilumina los días grises, comprando todo lo que veas y maravillándote con la
preciosa cultura. Tomando un té, juntos a las cinco de la tarde y gravitando hacia el dulce
aroma de las flores en los puestos de ventas. Imagino lo linda que te verías mientras coloco
un lirio colorido de esos que venden en la plaza en tu cabello para que haga contraste con tus
ojos. Un día se hará realidad.
Aiden

U
na tranquilidad sublime cubre el ambiente de la habitación que me rodea. Sin
embargo no hay un atisbo de calma en mi cuerpo y aún menos en mi mente.

De hecho el mundo parece lleno de una calma sin igual, esa especie de calma
antes de la tormenta que está por venir y que me hiela los huesos.

El caos en el establo ha aminorado, la mayoría se han ido y los que no solo rondan la
propiedad como ratas escurridizas.

Mientras tanto yo estoy aquí, en medio de la penumbra del anochecer, sin poder conciliar el
sueño, como siempre, y observando a la chica que parece estar jodiendo mi mundo entero.

Lilith cayó en un sueño profundo después de que la dejará completamente agotada.

Aún sigo teniendo mi pene lleno de su sangre que sigue en las sábanas. Sigo duro también,
pero tampoco la sobresaturaré, su pequeño cuerpo podría colapsar.

La dejé dormirse con un poco de sangre aún entre sus muslos y en sus glúteos, sigue desnuda
y con las piernas abiertas dándome una vista completa de su cuerpo.

Dije cosas que aún no estaba listo para admitir y aunque lo dije en un idioma que ella no
puede comprender sigo creyendo que me fallé a mí mismo al perder el control de mi mente
dos veces en el mismo día.

Eso es algo que no puede ocurrir.

Odie o no de verdad a Lilith seguiré creyéndolo cómo si mi vida dependiera de ello y si no la


odio del todo entonces buscaré la forma de hacerlo.

Ella parece no entender el significado de la palabra peligro porque sigue aquí y eso no es todo
sino que cada día sus sentimientos incrementan ayudando en nada a la mala situación en la
que nos encontramos.
Ella sigue creyendo que todo esto es nuevo, un mes, ya quisiera yo que solo fuera un mes. No
sé da cuenta de que siempre he tenido su vida en mis manos, y nunca supo que estaba
confiando en mí para cuidarla mejor de lo que ella lo hace.

Estoy observándola mientras jugueteo con el sobre que acaba de llegar hace menos de media
hora, lo conseguí con ayuda de Atlas.

Este sobre es el recordatorio de que debo irme, porque si me quedo ella me va a odiar por eso
y prefiero que me odie sin razón a qué me odie peor saber que fuí yo quién la cagó.

Me queda un año y medio de carrera universitaria, y Atlas acaba de ofrecerme una beca
completa en Cambridge para poder alejarme de todo.

Pero eso sería cobarde de mi parte, y si hay algo que no soy es un jodido miedoso, por eso
deseché la carta de Cambridge y estoy contemplando a Lilith desde el sillón en la otra
esquina de la habitación.

Lilith no se da cuenta del gigantesco cambio que está causando en mí, o tal vez sí, no lo sé,
por primera vez.

Su cara está volteada en mi dirección, sus ojos están cerrados cubriendo sus mejillas con sus
largas y tupidas pestañas negras, sus labios hinchados y rosados están separados ligeramente
para respirar mejor, sus mejillas siguen de un lindo tono rosado natural y ahora morados de
todos los tamaños cubren sus tetas, sus hombros, su espalda, sus muslos, cada pequeño
espacio de ella. Sin mencionar su culo rojo que hace contraste con su pálida piel. Mañana no
podrá sentarse, es seguro.

Ella está hecha mi creación, toda ella grita ahora mi nombre y sin embargo eso no parece ser
suficiente para mí. Sé por qué, y lamentablemente para mi cerebro tendrá que carcomerme
vivo pero no sucederá.

Esa es la razón por la que Atlas me ofreció una salida fácil, por la que me está ayudando en
todo lo que puede, porque espera que me aleje de Lilith, sin saber que ya es demasiado tarde
para eso.

Encontré algo mejor que la muerte para satisfacer a mis demonios, encontré algo mejor que
mi puesto como ejecutor como estímulo para mantenerme activo. Algo mejor para saciar mi
necesidad de caos.

La encontré a ella, y ya estuve reprimiendo por dieciséis años, ahora la idea de dejarla ir
parece tan irreal como la palabra.

La única forma de alejarme es que ella me entierre un cuchillo en la yugular y jodidamente


me mate, pero por voluntad propia no pasará. Quizás sea un maldito egoísta y me considero
así mismo si eso implica no dejarla ir.

Júzguenme, maldíganme, ódienme, me sabe a mierda, quizás sea un asco pero ella seguirá
estando allí y cuando se canse entonces tendremos que pasar a otra vida dónde el ciclo se
repita.
Papá ya sabe del tema, creo que notó que he estado más activo últimamente y eso parece
tenerlo feliz, a mí no me llena de felicidad. Mi padre es un ente nulo en mi vida, es el hombre
que donó el esperma para crearme y aunque parezca un buen hombre en su totalidad no lo es,
no por algo se casó con una enferma.

En realidad no lo juzgo, yo soy peor.

Lo que sí juzgo son sus acciones porque en gran parte estoy siendo jodido actualmente por su
culpa...y la mía, claro está. Pero como ser humano preferiré echarle la mayor carga a él para
limpiar mi conciencia.

Lo único que le agradezco es que intentó atacar a tiempo mi condición, llevándome al mar
cada noche la adrenalina era suficiente para mantenerme activo el resto del día, incluso hacer
equitación lo es.

Mi actividad favorita después de mi trabajo cómo ejecutor. Seguir una secuencia de pasos a la
perfección y con la adrenalina de la velocidad es suficiente para mantenerme en calma por el
resto del día si no presento alguna molestia externa que me haga querer cortarme el cuello.

En algún momento después Connor me ofreció la opción del sexo como estímulo, decía que
yendo a los burdeles o a sus clubes podría satisfacerme con cuántas yo quisiera.

Bueno, yo creo que eso es caer demasiado bajo.

Una chica una vez cada tanto tiempo era suficiente solo para mis placeres carnales naturales.
Pero el seco no es algo que pueda satisfacer mis ansias extremas.

Jódanme por estar equivocado, esa vez en la cabaña cuando Lilith puso sus labios a mi
alrededor tuve una verdadera liberación que no creí posible. De hecho se sintió demasiado
bien.

Sin embargo, eso fue un juego de niños comparado con esto, lo que pasó hoy fue jodidamente
satisfactorio, nunca había estado tan excitado en mi vida y con Lilith todo lo que ella diga o
haga provoca en mí reacciones corporales extrañas.

Ella me gusta, quizás más quizás menos, no pienso adentrarme en ese agujero negro sin
salida y sin fin.

De lo que sí puedo hablar es que jamás creí que pudiera tener una liberación tan fuerte con
ella, no sé cómo explicarlo pero la sensación es realmente parecida a cuando hago cualquier
cosa ilícita.

Quizás sea la misma adrenalina de poseer algo vivo para mí mismo y luego arrebatar la luz de
los ojos solo que con Lilith la arrebaté de un modo distinto cuando sus ojos se pusieron en
blanco y se corrió sobre mi polla.

Ella confía en mí y parece querer demostrarlo cada segundo.

No debería.
La mayoría del tiempo no confío en mí mismo y luego está ella confiando su vida en mis
manos muy segura de que no la asesinaré.

Se supone que tengo autocontrol, al menos así era hasta que parece que estoy teniendo
demasiadas fallas humanas que me asquean.

Sé que estaba a nada de perder el control y eso es lo que más me jode porque tuve el impulso
vehemente de estrujar demasiado fuerte su cuello o de ahogarla en las sábanas.

Pero entonces ella me miró, y dijo mi nombre en un susurro y quitó todo mi autocontrol, puso
sus manos en mí y acaricio mi cuerpo como si fuera algo preciado para ella.

Su mano pequeña y delicada estaba en mi cabello, en mi rostro, en mi cuello, en mi pecho, en


cada pequeña parte de mí. Jamás dejó de hacerlo aún cuando la hice sangrar o cuando nos
besamos.

Era como un veneno letal, uno que no puede acercarse o sabes que te va a infectar, y ella ya
se aferró a mí y estoy jodidamente intoxicado de ella, de su perfume a lavanda, del olor de su
excitación, de absolutamente todo.

Ladeó la cabeza observando con detenimiento cómo cae sobre su espalda en las sábanas
encontrando una posición más cómoda entre sueños.

Ahora puedo apreciar sus tetas blancas con sus pezones rosados haciendo una invitación
silenciosa a mi boca, por un momento el solo pensamiento de que otro idiota cómo Caleb o
Connor la vea en esta posición me causa ganas de asesinar, me llena de ira.

La sangre en mis venas fluye como un volcán a punto de erosionar cuando la imagen de
Connor apoyando su mano en las mejillas de mi Diosa y bajando su cabeza para besarla llega
a mi mente.

Soy partidario de ser el primero en romperle los huesos cuando la cague en algo aún mayor, a
él y al imbécil de Nikolay, el idiota mayor, quién se lleva el puesto mayor a lameculo.

El sentimiento común de adrenalina mortal se extiende por mis huesos y debo apretar mis
puños contra la silla para no cometer actos estúpidos.

Cómo hacer alguna tontería fuera de lugar e impulsiva (lo del estúpido beso) o para no
follarla a carne viva y estar en un juego sexual hasta el amanecer.

Si ella fuera cualquier otra probablemente lo haría y me sabría a mierda, olvídenlo ni siquiera
estaría observándola dormir. Pero como es la jodida Lilith Müller me cuesta tener
pensamientos destructivos hacia ella para herirla más de lo que ya lo hice.

Solo por ahora, ya mañana es un nuevo día.

Pero sé que debo tener límites y poco a poco los iré entrenando, por ahora ella aún no está
lista, suplicó un par de veces para que redujera la velocidad, quizás no se dió cuenta pero me
costó más de lo que me gustaría admitir hacerlo a medias.
Su voz dulce tampoco ayudó, solo me excitó más y a ella también porque se corrió una
infinidad de veces que seguro no contó.

Sin embargo, debo ser más cuidadoso...por ahora, al menos hasta que se acostumbre.

Me levanto acercándome a ella y primero aparto los mechones salvajes arremolinados en su


cuello y parte de su rostro. Luego, me siento en el borde de la cama y acaricio ligeramente su
muslo mientras escondo el sobre en el bolsillo de mis pantalones.

Ella se remueve soltando un ligero gemido que me hace sonreír.

Lindo.

Las yemas de mis dedos juguetean con la piel sensible de sus piernas, acariciando como una
persona normal hasta que pensamientos poco normales invaden mis pensamientos.

Bueno, al diablo esto.

Sé que todo se fué al carajo cuando observo las pequeñas manchas de sangre seca
acumuladas entre sus muslos. A pesar de que la limpié excesivamente bien, unas dos veces,
hubo unas manchas que decidieron simplemente no salir por ahora.

Mi lado razonable entra en un conflicto interno con todos los demonios que me invaden
volviendo mi mente un colapso total.

Suelto un gruñido antes de inclinarme entre sus piernas y encajar mis dedos en sus muslos
para lamer los restos rojos que aún están allí, casi como un recordatorio.

Mis papilas gustativas se deleitan con el sabor que se mezcla con su excitación y ver cómo
restos de mi semen quedan aún en su coño me llena de una sensación de posesividad.

Los dedos de Lilith se enredan en mi cabello mientras suelta una ronda de gemidos que me
tienen como una piedra. Sus tetas suben y bajan con cada respiración acelerada y su ceño está
fruncido, sus pezones están hinchados llamando a mi lengua para darles atención y quizás
también a mi polla pero eso será para otro momento.

Mi lengua da una rápida lamida a su coño y aprovecho para juguetear con mis dedos tratando
de no hacerlo demasiado fuerte.

Cuando su espalda se arquea ya sé que está cerca y me bastan unos pocos movimientos de mi
lengua alrededor de su entrada y luego dentro para que ella se sacuda gimiendo y soltando
resoplidos satisfechos. No aparto mi lengua aún cuando sé que ya se corrió, sino que sigo
entrando y saliendo con movimientos controlados porque al parecer eso la alivia.

Ella se estremece y tira de mi cabeza hacia arriba así que decido seguir sus movimientos y
apoyar mi barbilla en su vientre.

—Eres insaciable—exhala—Dios—suelta en un jadeo mirándome con sus ojos entrecerrados.


—Preferiría demonio pero si me quieres considerar como tú Dios estaré encantado de adorar
tu cuerpo como mi templo, después de todo ambos me tienen de rodillas, cariño—reafirmo
mi punto lamiendo su embriagadora excitación de mis labios.

—Ya estaba algo aburrido de tanto que dormiste, Diosa—mascullo con una mueca—.
Aunque admirarte desnuda durante horas fue placentero, tuve tiempo de pensar en cien
formas de matar a cualquiera que te vea desnuda así como lo hice yo. Un homicidio más, uno
menos, da igual.

Sus ojos ruedan y me lanza una mirada de ojos entrecerrados.

—Me despertaste, animal—bufa furiosa tratando de alejarse de mi agarre probablemente para


seguir durmiendo como una perezosa.

—Lo impresionante de todo esto es que estés más molesta porque te desperté a que te haya
lamido el coño mientras dormías—mi agarre en sus muslos la mantiene inmovilizada.

—De tí me da igual, lo haces cuando estoy despierta qué más da cuando estoy dormida. Pero
tú jodidamente me anotaste anoche, me arde el culo y estoy de mal humor, ahora apártate—
gruñe y aún tomando mi cabello aprovecha sus muslos en mis hombros y nos hace girar.

— ¿En serio crees que esto es mejor? Tu pelea me excita, así que a menos que quieras ir por
otra ronda te aconsejo quedarte quieta.

Sus mejillas están rojas por el esfuerzo que hace en mantenerme sobre las sábanas. Claro que
ella no me va a prestar atención y decide levantarse de un salto.

Estiro mi mano hacia su cuello y la lanzo debajo de mí de nuevo.

—Te voy a asesinar—sus ojos están en llamas cuando me inserta un cabezazo y se desliza
sobre las sábanas de nuevo.

Suficiente.

La tomo con fuerza del cuello esta vez y la vuelvo a lanzar a la cama.

—Quédate quieta, joder. Guarda tus energías de pelea para la guarida.

Me ignora y trata de volver a escapar enfureciéndome, llevo mis dedos a su coño y pellizco
su clítoris dejándola quieta y sacando un grito de sus bonitos labios rosas afectando todo mi
sistema.

—Dije, quieta. Si sigues luchando contra mí me voy a molestar, Lilith.

—Espera que busque cuánto me importa—finge mirar a su alrededor para luego mirarme con
un puchero—. ¿Ves eso? ¿No? Bueno yo tampoco, me importa un carajo si te molestas o no,
yo también lo estoy por tu culpa.

Una sonrisa peligrosa se extiende por mis labios.


—Ten cuidado con lo que sale de tu boca, cariño.

— ¿O qué? ¿Me vas a odiar? ¿Me vas a follar?—rueda los ojos resoplando—. Ya hiciste las
dos así que buena suerte con una amenaza a la otra.

—Eso es apenas el inicio de todo lo que podría hacer, Diosa—apoyo mi mano libre a un lado
de su cabeza.

— ¿Qué peor que eso? ¿Asesinarme? No puedes.

Juro que su boca insolente hará que la lleven a la muerte algún día.

—Quizás algo peor que eso para tí.

Me doy cuenta de que literalmente estoy aplastando su pequeño cuerpo y cortando todo pasó
de aire así que aún enganchando mis piernas en las suyas me doy la vuelta quedando de
espaldas al colchón y dejándola sobre mí.

— ¿Y eso qué es?

Mis dedos se enredan en su cabello separando las hebras de distintos colores.

—Ya lo sabrás después—murmuro embelesado con su cabello.

Ella es tan perfecta que me jode, me cabrea que no sea fea para por lo menos darle un
defecto. Pero no hay, es imposible conseguir uno.

Y esa diferencia entre ella y yo me molesta aún más. Porque ella no solo tiene la parte física
sino que tiene la sentimental, algo que quizás yo jamás vaya a lograr.

Apoya sus manos en mi pecho mirándome confundida.

— ¿Qué se supone que significa eso? No puedes decir cosas así y luego decir que veré
después.

—Ya lo hice—digo distraídamente.

Observo cómo mis dedos bajan por su cabello largo y luego llegan a su garganta, mi lugar
favorito, antes de que mi mano como ya se ha vuelto costumbre se enrosque en su cuello.

Estoy empezando a considerar mi obsesión con hacer esto, pero sentir el auge de su punto de
pulso me llena de una peligrosa sensación.

Calma una parte de mí y causa estragos en otra, abriendo la curiosidad de saber cómo se
sentirá si esa vena deja de latir, si la sangre brotaría lento o rápido. Quizás sería tan
escandalosa como ella misma.

Pero no me puedo permitir acceder a esos pensamientos, porque comprobarlos significaría


tener que matarla, y la idea de hacerlo envía una sensación de náuseas a mi organismo.
No podría arriesgarme a perder su parlanchina voz, o la calidez de su pequeño cuerpo, su
boca insolente y su fuerte temperamento, incluso perdería su lucha constante.

No quiero que ella muera y eso es más extraño que querer que lo haga.

Porque el no querer que muera es un sentimiento más allá de la protección.

Mierda.

De hecho, es un sentimiento, y yo estoy dispuesto a seguir sintiéndolo así deba luchar


constantemente contra mis propios demonios o contra otros aún más grandes.

— ¿Aiden?—su voz con un mote asustado me pone jodidamente duro.

— ¿Mmm?

— ¿Podrías soltar mi cuello?—suelta un suspiro tembloroso.

Toda ella es un inconveniente para mí vida, tuve que sacarla cuando se me presentó la
oportunidad.

—Todavía no.

—Jódete entonces.

—Basta de esa actitud. Puedo parecer que no me importa pero esa actitud rebelde está
empezando a cabrearme de más. Un poco de gentileza no estaría mal de vez en cuando.

Su mirada sigue fija contra la mía, orgullosa, como siempre.

—Estás sintiendo lo mismo que yo durante dieciséis años, un poco de tu propia medicina no
está de más—se encoge de hombros.

— ¿Entonces todo esto es una especie de pequeña venganza?—mi labio superior se curva en
una pequeña sonrisa.

—Tómalo cómo quieras, tampoco te voy a tratar como un sol cuando tú me odias, no soy tan
idiota.

Maldigo también el día en que empecé a querer que me tratara mejor y no a las patadas.

Ella apoya su cabeza en mi pecho relajándose y dándose cuenta de que ya no tiene más a
dónde huir.

— ¿No podría alguien entrar aquí en cualquier momento?

—Hay una habitación en cada establo y son unos ocho alrededor de la propiedad, sería muy
mala suerte que alguien decida entrar justo a esta.
—Conociendo mi suerte cuando salgamos habrán paparazis listos para publicar que la hija de
Aleska Müller acaba de ser vista en una habitación, con un aspecto dudoso y acompañada de
un hombre—resopla.

—Y yo probablemente decida dar una entrevista y decir que acabamos de tener sexo.

Sus mejillas adquieren un tono carmesí que me hace sonreír.

—Dicen que las vírgenes son las únicas que se sonrojan, acabo de romper esa teoría.

—Oh, por favor, casi me ahogo de la risa.

Jugueteo con un mechón negro entre mis dedos.

—Me encanta ser tu payasito de circo, cariño.

—Ugh, eres tan imbécil.

—Lo mismo no decías anoche—froto ligeramente mi erección contra su estómago.

—Por favor para. Estoy jodidamente adolorida, me duele hasta respirar. Juro que sigo
sintiendo molestias dentro de mí y que mi culo sigue escociendo.

—Molestias, dígase mi polla dentro de tí—llevo mi mano a su cadera.

—Cómo sea—aparta la mirada, sonrojada—. Solo mantén tus manos quietas.

—Lo haré solo porque sé que de verdad debes estar adolorida hasta el infierno, eso y porque
fuiste decente al pedir por favor—deslizó mi mano hasta su cintura acariciando en círculos
hasta que ella se relaja contra mí.

—Siempre tan considerado, te empezaré a decir por favor para todo a ver si funciona más a
menudo.

—No lo hará, hay una diferencia entre ser amable porque estás herida a que me detengas de
follar mi coño solo porque se te da la gana.

—Entonces si te pido que por favor me pidas disculpas sería una situación diferente, además
debes ser amable porque estoy herida.

— ¿Disculpas por qué?

— ¿Te hago una lista?

—Si eres tan amable, sí.

—Empecemos a cuando no me diste las gracias por salvarte de las garras de la ley y
terminemos en cómo has sido un imbécil cada uno de estos miserables años.
—En algún momento si de verdad lo siento me disculparé. De nada vale que lo diga sin tener
el sentimiento de culpa. Además sabes más que nadie que no soy capaz de sentirlo. Ahora, si
quieres palabras vacías solo podría decirlas.

—Esperaré, pero estoy segura de que lograré que lo digas en algún momento.
Quiero insistir y decirle que no, pero luego la presionaré y creará una pantalla en su cabeza
conflictiva hasta caer en llanto y sus lágrimas fuera del sexo me destruyen.

Se remueve en mi agarre y, sorprendentemente no se aleja, solo se acomoda mejor.

—Por cierto, no usaste condón. Ahora tendré que hacerme un chequeo y verificar que no me
pasaste alguna ETS.

—Estoy limpio, siempre uso condones, y además no tengo sexo desde hace meses así que
puedes quedarte tranquila.

—Conmigo no usaste condón, qué me hace creer que lo mismo te pasó con otra.

—Porque no me interesaba sentir la sangre virgen de otras en mi pene.

—Tan lindo—bufa aclarándose la garganta—. Volviendo al inicio, ¿en serio duraste meses
sin sexo?

—Sí, no soy una persona muy interesada en el tema del sexo.

—Eso es algo difícil de creer considerando que siempre planeas follar conmigo.

—En cuánto a tí, todo es distinto.

Su corazón parece bombear en exceso contra mi pecho por esas simples palabras.

Bien dicen que el corazón nunca miente, ahora lo entiendo cuando su rostro está tranquilo
pero su corazón está a punto de desbordarse.

—Me gusta el Aiden de confesiones.

— ¿El qué?

—Tienes un lado tuyo que dice todo lo que pasa en tí y es más fácil para mí saber cómo
actuar. El otro es ese demonio que parece querer exterminarme.

—Podrías simplemente volverte de su agrado y así quizás no quiera exterminarte. Me va a


costar ya que no está en mi naturaleza pero se puede conseguir.

— ¿Y cómo se supone que lo haga?

—Estando así, tranquila en mis brazos, o siendo amable conmigo y no buscando las mil
formas de que te asesine también.
Me mira fijamente por unos segundos, sus ojos exaltados con un sentimiento que no puedo
comprender. Solo sé que me encanta meterme bajo su piel.

Su garganta sube y baja al tragar, no puedo resistirme a tocar suavemente su cuello


envolviendo mi dedos a su alrededor. Hay algunos instintos primitivos que no se pueden
apaciguar en su totalidad.

— ¿Qué crees que hubiera pasado si no me hubiera obsesionado contigo?

— ¿Por qué hacer la pregunta cuando ya ambos sabemos que sucedió?

—Porque si, es solo una pregunta hipotética.

—No lo sé, creo que en cualquier momento te hubieras enamorado quisieras o no. Después
de todo vivía en tu casa, con tu hermano, y en cualquier momento hubieras visto esa parte de
mí que te hizo obsesionarte. Quieras o no todo esto habría sucedido de todos modos, aunque
te sientas culpable por quererme y aunque te estés intentado convencer de que no sería así
ambos sabemos que tengo razón.

—Quizás la tengas, pero creo que si me hubiera enamorado de ti en otras condiciones tal vez
no me odiarías y sí serías capaz de amarme.

—Tal vez o tal vez no, nadie lo sabe con seguridad.

Suelta un sonido de frustración antes de quedarse durante varios minutos mirándome


fijamente buscando seguramente mil maneras de asesinarme en su mente o quizás de buscar
la forma de odiarme.

No lo conseguirá, pero dejaré que crea que sí.

Después de agotar sus energías malignas en planear mi muerte coloca su mano en mi pecho y
empiece a deslizar sus dedos por mi piel haciendo figuras inentendibles.

— ¿Qué significa?—señala con su uña uno de mis tatuajes.

—Ese es el lema de la Bratva, dice: "La Bratva mafia central, eslabón de reyes y caída
neutral, reyes de reyes, servir del servir, quién traicione debe morir".

—Es el lema de Atlas—asegura y yo asiento—. ¿Y el caballo en tu espalda?

—Significa libertad, mi animal favorito y aquel que me ayuda a liberar el estrés cada día de
mi vida. Me hice el tatuaje luego de entender que de nada me serviría ser un loco desalmado
y un asesino sin control. Es el equilibrio que me mantiene en calma y no me deja hacer cosas
estúpidas.

—A veces romper la calma y ser un desalmado es lo que te permite vivir la vida—murmura


cayendo nuevamente en los brazos de Morfeo.

Mi cuerpo se pone rígido. Ojalá fuera tan fácil hacerlo, porque la primera vez que decidí ser
un desalmado todo se fué al carajo.
Aún así Lilith se enamoró de la parte desalmada de mí ser, aquella que me controla por
dentro y eso me da ganas de ahorcarla aún más.

—Descansa, para cuando te levantes empezaremos otro round—murmuro sacándole un suave


quejido que me hace sonreír.

—Estoy empezando a replantearme eso de querer ser tuya.

—Cariño, serás mía hasta que des tu último aliento. Y aún así será mi mano la que esté
llevándote al límite de la muerte. No hay forma de que te libres de mí—beso su cabello.
Lilith

D ices que yo soy el peor monstruo que existe en tu vida, no sabes nada, pequeña
Lilith, el peor monstruo que existe eres tú, por eso Aiden te odia.

Mis ojos se abren de golpe mientras un sollozo hace eco en el aire. Es mío, me
doy cuenta mientras respiro agitadamente.

Mi cuerpo inconscientemente intenta levantarse pero algo más grande me inmoviliza


haciéndome entrar en pánico.

Caigo en cuenta tiempo después de que es Aiden por el olor cítrico característico de él que
está en toda la habitación.

Luego de pasar un buen sábado el día de ayer Aiden decidió llevarnos a la cabaña dónde no
dudó en follarme todo lo que restaba del día. Después de la intensa sección de sexo entré por
segunda vez a dormir en su habitación en la cabaña.

Nos hubiéramos quedado en el establo si su padre no lo hubiera llamado para preguntarle si


iba a ir porque él estaría trabajando allí todo el día. Eso nos daba desventajas de estar allí o
nos encontraría fácilmente.

Entonces su gran idea fue que después de dejarme dormir un buen rato nos trajo aquí a la
cabaña no sin antes saludar a su caballo negro.

Ahora son las dos de la tarde según el reloj en su mesa de noche. Parpadeo para quitarme el
sueño de encima y veo como mi cara está sobre su pecho.

Y él está dormido, sorprendentemente.

Me encanta cuando duerme, al menos no me siento tan idiota por sentirme tan cómoda y
protegida en sus brazos, entonces sé que él también se siente bien en los míos aunque mi
suavidad no encaje con su dureza.

Ambos seguimos desnudos después de un intenso baño, caímos desnudos en la cama y no


dimos para más. No es para menos si me follo en cada posición existente y en cada rincón de
la cabaña.
Ni siquiera recuerdo ya cuantas veces me corrí, en un momento creí que moriría de tanta
estimulación, Aiden en cambio se tomó su tiempo con cada liberación, probablemente
disfrutando más del momento.

Jamás dejó de repartir besos por mi espalda, mis hombros o mi frente, como ya se volvió
costumbre para él.

No hace falta decir que estoy adolorida pero también estoy jodidamente satisfecha y feliz. No
todos los días Aiden me da un baño y me prepara algo de comer antes de ir juntos a dormir a
la cama.

Me quejé un par de veces cuando me aplastó mientras dormíamos, es un grandulón que le


encanta acaparar toda mi atención aún cuando dormimos y tuve que despertarlo un par de
veces porque odio no tener movilidad mientras duermo.

Él se levantaba cada vez riendo porque soy "Adorablemente pequeña" y así fué cómo
quedamos en la magnífica posición de él abajo y yo arriba.

A pesar de eso dormí doce jodidas horas en un día, cuando usualmente eso es lo que duermo
en una semana o dos, depende de las pesadillas constantes durante la noche.

Con él las horas de sueño parecen ser infinitas casi igualadas a las horas de sexo que, aún
cuando duerme está semi-duro entre mis piernas.

Levanto mi rostro para observarlo mejor, mi cuerpo encaja a la perfección con el suyo. Casi
como si hubieran creado un molde de escultura y sin querer se les cayó pero aquí estamos,
volviéndonos a unir. Su duro pecho tiene una distribución perfecta para no aplastar del todo
mis tetas y sus abdominales rozan con mi vientre dejando el espacio perfecto para que
nuestros estómagos puedan respirar.

En cuanto a su rostro luce extremadamente perfecto, su mandíbula dura tal cómo siempre y
sus rasgos marcados y fríos, inexpresivos, si no lo conociera casi podría jurar que está
muerto, pero así es él, aún cuando duerme parece no poder conciliar la calma.

Eso no quita que parezca una deidad divina a la que con gusto podría ponerme de rodillas
para rezar...y para otras circunstancias.

Lo que me jode de Aiden es eso, que sea tan perfecto y atractivo lo hace un arma mortal
incluso para mí, es tan cruelmente hermoso que cuesta apartar la mirada.

Es el tipo de belleza que podrías pararte a fotografiar y luego montar un cuadro en casa de
esas fotos.

Y eso me aterra, me da miedo porque se supone que tengo un nuevo objetivo y ahora soy
aliada de Connor para descubrir los secretos que Aiden oculta.

Con el pánico cundiendo mi ser, me remuevo con sutileza alejando la mano de Aiden de mi
cuerpo antes de apoyar mis manos a un lado del colchón y levantarme
Después de hacer maniobras dignas del circo logro salir de la cama, mala idea. Apenas mis
pies tocan el suelo mis piernas tiemblan cómo gelatina y debo tapar mi boca antes de soltar
un quejido.

Pongo mi mano inconscientemente en mi entrepierna mientras muerdo mi labio ayudándome


de las paredes para ir a buscar una camisa y unos shorts de Aiden.

No logro vestirme al primer intento, ni al segundo y mucho menos al tercero. Solo siento
como mi cuerpo tiembla y se desgarra haciéndome soltar maldiciones en voz baja.

Al final me decido por usar la camiseta y los shorts más anchos sin ropa interior porque yo,
jodidamente moriré si algún material roza mi culo o mi coño en estos momentos.

Me toma al menos veinte minutos encontrar mi celular que estaba debajo de la cama y lo
enciendo poniéndolo en silencio para ver el estallido de mensajes y notificaciones de
aplicaciones que inundan la pantalla de bloqueo.

Maldigo cuando sin querer me doy cuenta de que toda yo huelo a él y a sexo, si pido ayuda a
los chicos sabrán de mis andanzas actuales y no tengo especialmente muchas ganas de dar
explicaciones con respecto a mi sexualidad justo ahora.

Le hecho una última mirada asegurándome de que esté dormido y cuando me doy cuenta de
que definitivamente no me tomará del cuello y me lanzará a la cama puedo tomar el pomo de
la puerta.

Lentamente, abro la puerta y salgo descalza para no hacer ruido sosteniendo mis tacones en la
mano, tacones que él compró y que son jodidamente lindos.

Sabiendo ya el camino de memoria bajo las escaleras y paso las habitaciones de abajo, la
madera de las paredes calienta la fea atmósfera que me rodea y un silencio espeluznante
impregna el aire.

Incluso puedo escuchar el latir de mi corazón retumbando en el aire. Debería llamar a un


Uber o quizás a Niko.

Salgo a hurtadillas de la cabaña pero me detengo cuando escucho un ruido en el bosque. He


visto suficientes películas de terror cómo para saber que no debo acercarme, aún así mis pies
se mueven al chisme para ver qué puedo conseguir que me llame la atención.

Sigo caminando mirando de vez en cuando hacia atrás para asegurarme de no estar yendo tan
lejos. Cuando me decido que debe ser un animal escucho una voz detrás de una inmensa roca.

— ¿Estás seguro qué está aquí?—murmura la voz de un hombre con lo que parece un acento
asiático.

—Volkov está a nada de llegar, más te vale apresurarte, ya nos dijeron que sí—susurra una
segunda voz, la de una mujer.
Me escondo tras los arbustos no queriendo ser descubierta y saco mi celular marcándole a
Aiden, no quería avisarle de mis hallazgos de huída pero vamos, no soy idiota y sé que la
pareja tras la enorme roca trama algo.

Le bajó todo el volúmen al teléfono mientras repica, al tercer tono, Aiden atiende.

No puedo escuchar lo que dice sin embargo necesito que escuche lo que las personas tras la
roca hablan así que sin más se me ocurre un plan no muy brillante.

Salgo de los arbustos y me acerco a la roca dejando el celular a un lado de esta antes de
hacerme visible en toda mi altura para las personas tras esta.

Son tres, dos tipos y una chica.

Mierda.

Los tres me miran algo desconcertados, usan trajes negros y tienen las armas suficientes
como para matar a todo un escuadrón.

—Pero mira que tenemos aquí, no siquiera tuvimos que ir por ella—masculla el tipo uno, es
asiático, quizás japonés, alto y musculoso con una cantidad excesiva de tatuajes.

Los tres se levantan dejándome darles un detalle de cuerpo completo, la chica y el tercer tipo
que no ha hablado son mellizos, ambos tienen los mismos rasgos faciales y parecen coreanos
más que japoneses.

—Creí que era un zorro y decidí venir a ver, me conseguí con humanos, en cambio, mucho
mejor para mí—sonrío con falsedad.

La chica saca un rifle apuntándome con él y debo ser astuta y hacer un patrón mental del
camino de vuelta a casa.

—Verás, nuestro jefe te necesita, puedes venir voluntariamente o a las malas, tú decides—
dice la mujer con un tono serio que no da lugar a diversión.

— ¿Y tú jefe es?

—Park.

Los Z. Vaya grandísima y putísima mierda, parece ser que no salgo de un problema para
meterme en otro aún más jodido.

—Déjame pensar en tu propuesta—finjo pensar con una mano repiqueteando en mi mejilla


mientras de reojo visualizo las armas.

Podría arrebatarle el rifle a la chica, meterle un tiro al grandulón y a la mujer en el cráneo y


luego esperar una pelea cuerpo a cuerpo desarmando al tercer tipo.

Sin embargo el plan podría tener fallos, aún así es mi única opción y soy de esas cuyo lema
es: "No me pienso rendir sin luchar".
—Yo creo que no—suelto y con la misma rapidez me agacho clavando mis uñas en la tierra
húmeda y barriendo los pies de la mujer.

El rifle cae a mi lado y lo tomo apresurada, de inmediato un tiro me cae en el hombro, debo
resistir el impulso de gritar y ponerme a llorar como una perra.

En cambio, levanto el arma y le apunto a la mujer que ya está de pie, sin pensarlo dos veces
le disparo, el cuerpo cae inerte al suelo, con un gran agujero en la frente del que brota la
sangre.

Me oculto tras la piedra y tomo el celular metiéndolo en los shorts. No puedo ir a la cabaña
aún, si voy el camino es muy largo, en esta posición estoy más cerca de la carretera que de la
cabaña.

Y sí, soy rápida pero esos tipos son más altos que yo, más musculosos y están armados con
bombas.

Preparo el rifle y hago un camino en mi mente para poder llegar a la carretera dejándoles
trampas, sin embargo en todos los caminos que hago, termino muerta.

Ahora, tengo una ventaja potencial y es que Park seguro no me quiere muerta, eso está a mi
favor, sin embargo eso no significa que los grandulones no puedan herirme.

Me queda una única opción y esa es la de luchar con ambos aunque quede vuelta papilla.

Sin más, decido asomarme para ver dónde están, si son como todo ser humano, intentará
venir uno de cada lado, entonces le dispararé a uno y huiré del otro.

Tal como dije del lado que me asomo solo viene uno, levanto el rifle y le disparo pero se aleja
y lanza él un disparo que roza mi tobillo.

Gruño del dolor y antes de ponerme a pensar en eso le doy una tanda de balazos que se
insertan en su cráneo haciéndolo caer. Malditos inútiles.

Ruedo sobre mi espalda quedando de frente con el tercer tipo, el que nunca habló. Él ni
siquiera me apunta, no tiene muchas armas y eso al contrario de alegrarme me aterra porque
significa que sabe lo suficiente de lucha libre como para no necesitar sus armas.

Antes de que yo pueda hacer un movimiento el tipo hace algo con sus manos antes de lanzar
una patada al aire que impacta en mi cara dejándome de espaldas en el suelo y con la visión
borrosa.

Genial.

Me levanto de un salto limpiando la sangre de mi nariz y dejo el rifle a un lado, muy bien,
será a su manera.

Empiezo lanzando puñetazos que son esquivados antes de que él se agache y me dé un golpe
en el estómago que me sirve para aferrarme a su nuca y clavar mi rodilla en su abdomen
dónde debería estar su estómago, lo hago tres veces más y por último doy una en su aparato
reproductor haciéndolo maldecir en su idioma.

Me gano una tanda de puñetazos por eso pero al menos sé que no podrá correr demasiado si
empiezo a huir.

Y eso es precisamente lo que hago a pesar de que siento como me desgarran los órganos por
dentro, casi siento que podría estar muriendo, joder.

Corro y corro hasta donde me lleven los pies y para mí fortuna llegó rápido a la cabaña que se
encuentra rodeada de Boyevikis armados.

Al primero que ubico es a Enzo que parece también mirarme y me señala pero yo no le prestó
atención, solo sigo huyendo de quién creo que ya se alejó hace mucho tiempo de mí. Pero mis
huesos parecen no entenderlo porque siguen expandiéndose con la adrenalina de necesitar
correr a pesar de que mi cuerpo esté magullado y herido.

Llego a la entrada y antes de que pueda tocar esta se abre dejando ver a Aiden que al igual
que yo, está ensangrentado.

No lo dejo procesar de más cuando me lanzo a sus brazos temblando de dolor.

— ¿Quién te hizo esto sigue vivo, Diosa?

—Si...no pude alcanzarlo, solo pude con dos pero el tercero era difícil...—toso, ahogándome
con la sangre.

Aiden me aparta para darme una rápida revisión y luego de que encuentra las heridas
potenciales me carga en brazos llevándome dentro. Mis oídos pitan y mi visión se ha vuelto
borrosa.

No puedo durar mucho en este plano cuando siento que ya pude haber muerto de tanta sangre
que perdí.

Aiden
Maldigo cuando Lilith se desmaya en mis brazos y empiezo a curar las heridas primero
sacando la bala de su hombro y desinfectando el área.

Apenas me desperté y ví que no estaba a mi lado me preocupé, pero luego cuando llegó su
llamada casi pude sentir el alma abandonando mi cuerpo.
Llamé de inmediato a mis Boyevikis y les pedí un registro total del área, sin embargo ella fue
más rápida en llegar y estoy jodidamente orgulloso por ella.

—Busca los cuerpos y al que siga vivo—le indico a Enzo que asiente antes de salir a buscar
lo mandado.

Voy a divertirme asesinando a alguien.

Termino de limpiar y curar las heridas de Lilith, no soy experto en el área pero he tenido que
curar las suficientes heridas como para saber lo básico de esto.

La tomo en brazos y subo las escaleras hasta entrar a mi habitación y dejarla sobre mi cama.
Enciendo el aire y le pongo una suave sábana encima para que no se congelé pero para que no
le dé calor.

Después de asegurarme que esté bien empiezo a llamar a Atlas para contarle lo sucedido y,
que jodidamente asesinaré a Park.

Todo esto porque el imbécil quiere una de las creaciones de Atlas, una que ni siquiera está
terminada al cien por ciento pero que ya está haciendo revuelos en el bajo mundo porque
todos quieren comprar el jodido diamante nuclear antes de que salga a la venta.

Se hacen las seis de la tarde cuando terminó de hablar con él y me manda un último audio
diciendo que hablara con su madre al respecto para dar el siguiente movimiento.

Me muevo en círculos dentro de la habitación esperando a que Lilith despierte, los cuerpos de
los que ella mató están en el sótano, una mujer y un hombre, el que sigue libre lo acaban de
atrapar y está afuera atado a dos árboles esperando a que mi Diosa despierte.

Juro que le voy a azotar el culo y la follaré hasta la inconsciencia para que no vuelva a hacer
una estupidez como la de intentar huir de mí como si de todos modos no la fuera a encontrar.

—Aiden—el susurro de su voz suave me hace voltear apresurado.

Sus ojos están entreabiertos, un moretón decora su mejilla junto con rasguños no tan
profundos sin contar la cortada en su labio hinchado.

—Te voy a jodidamente asesinar, Lilith—llegó hacia ella en zancadas rápidas antes de tomar
sus mejillas entre mis manos con cuidado de no lastimarla más.

—Cállate un rato, me duele todo—gime cerrando los ojos.

— ¿Callarme? Me vas tener que escuchar toda tu vida. Jodida terca de mierda, ¿en qué
pensabas al irte? De igual forma te iba a encontrar, siempre lo haré y ahí vas tú creyendo que
podrías huir por el bosque como si eso fuera una magnífica idea.

—Que lindo, te preocupas por mí—masculla antes de hacer una mueca de dolor.

—Juro que nunca odié a alguien como te odio a tí, maldición, te voy a joder el otro hombro—
gruño, furioso.
—Ni de coña, mañana debo ir a clases.

—No, no irás.

Sus ojos se abren y me dedica una mirada cargada de ira. Sé lo delicada que es ella con sus
estudios y sus pruebas, pero nadie la manda a husmear en el bosque.

Me niego a dejarla ir como un gato atropellado y menos sabiendo que si la vuelven a atacar ni
tendrá cómo defenderse.

—Podemos hacer lo que quieras hoy y mañana, pero no irás a clases.

—Sí, iré, tengo prueba práctica en el laboratorio y no pienso faltar, si la pierdo no la podré
recuperar. Además debo presentar el proyecto de biología con Caleb y si no lo llevo la
profesora no me dejará posponerlo.

—Una mala nota no va a joderte la vida.

—No puedo faltar, Aiden, así deba ir en silla de ruedas iré.

Me le quedó mirando esperando que cambie de opinión con mi mirada severa pero ella
simplemente me devuelve la mirada sin apartarla en ningún momento.

—Iré contigo entonces.

— ¿Qué? No, no puedes hacer eso, además tú también tienes clases.

— ¿Y? A diferencia de tí yo puedo recuperar fácilmente mi promedio así tenga una nota de
mierda.

Sus rasgos se contraen pero luego suspira mordiendo su labio inferior mientras piensa.

—Puedes pasarme buscando y pasamos el día, pero no quiero que entres a clases conmigo,
por favor.

—Solo si dejas que un grupo de Boyevikis te vigile.

Hace una mueca disgustada.

Si no acepta eso definitivamente iré con ella.

—Bien, si es la única opción que tengo.

—Es la única que tendrás—afirmo.

Rueda los ojos y guarda silencio, cómo es inusual en ella. Se lo dejo pasar porque quizás esté
cansada y demasiado dolorida para hablar.
—Te voy a buscar algo de comer y unos analgésicos con antibióticos, luego de eso vamos a ir
de cacería.

— ¿De qué, disculpa? No me gusta asesinar animales.

—Hablaba de humanos, cariño.

Sus ojos se abren de par en par.

Le doy una pequeña sonrisa antes de salir de la habitación y bajar hasta la cocina para
prepararle un desayuno, bacon con unos trozos de pan, queso y un huevo, acompañado de una
coca de cereza, su favorita.

Subo las escaleras asegurándome de pasar antes por el kit de primeros auxilios en el baño
dónde están las medicinas que ella debe tomarse.

Entro de nuevo al cuarto y pongo el desayuno en la mesa de noche mientras arrastró una silla
para sentarme al lado de la cama.

—Abre la boca—tomo el trozo de pan guiándolo a sus labios.

Lo hace a regañadientes, molesta de no poder comer por ella misma. Bueno, al carajo, nadie
la manda a salir a hurtadillas.

Le doy la comida en la boca a pesar de ganarme una tanda de réplicas porque ya estaba
supuestamente llena, y una mierda, no comió nada así que la obligué a hacerlo. Juro que tiene
un problema para satisfacer las necesidades alimenticias de su cuerpo.

Luego de que come todo le doy las pastillas y la dejo descansar una hora hasta que ya se
hacen las ocho y le digo que es hora de salir, después no podrá levantarse temprano y como la
mula terca que es, ir a clases.

—Enzo, lleva al idiota que está afuera y los cuerpos del sótano a la plaza central, asegúrate
que esté vacía—le ordeno a mi Boyevik.

—Voy, debe ser rápido o sospecharán de que esté cerrada.

Asiento entrando a la habitación y para mí sorpresa Lilith ya tiene una nueva camiseta negra
y unos pantalones negros también que le quedan inmensos.

—Te compré ropa ayer, está en el armario, no es necesario que uses eso que no te queda para
hoy.

—Podías decirlo antes, tonto—gruñe.

Podría verse aterradora si no estuviera refunfuñando mientras agarra la tela de los pantalones
y camina como pingüino al armario.

Una risa se escapa de mis labios y debo disimularla con una tos cuando voltea a verme con
cara de culo.
Sale con unos vaqueros negros y una camiseta lila holgada, acompañada de unos zapatos del
mismo color y su cabello atado en un moño desordenado.

—Lista—murmura cruzada de brazos.

Sonrío abriendo la palma de mi mano para que ella la tome.

—Dame la mano—exijo.

— ¿En serio?

—Mano—repito, empezando a irritarme con su mal humor.

Resopla colocando su mano en la mía y una pequeña sonrisa curva mi boca.

Bajo las escaleras con ella a mi lado y tomo las llaves de mi motocicleta para llegar más
rápido a la plaza. Después de todo tenemos unos cuantos minutos, máximo una hora.

Me subo y espero a que ella haga lo mismo ajustando sus manos a mi abdomen antes de que
deje la cabaña atrás y acelere a la máxima velocidad por el asfalto.

Cuando llegamos ella baja primero y luego yo le sigo, la plaza es amplia, decorada por una
docena de arbustos con formas de ángeles en cada una de las instalaciones, en el centro hay
una gran fuente con luces que la decora una estatua de la corona de la Reina de Inglaterra
junto con uno de los diamantes de la corona real del cuál brota agua. Acompañado de esto
hay pequeños focos de luces por todo el suelo y haciéndose de mármol en cada rincón con
algunos espacios recreativos para los pájaros que vienen a comer migajas de pan.

Mi objetivo está justo tirado frente a la fuente y la plaza ahora se encuentra rodeada de
encapuchados de la Bratva.

Los cuerpos de los otros dos están siendo dejados sobre el suelo y decido que empezaré con
ellos así que le tiendo a Lilith una cuerda de mecate.

—Ayúdame a colgarlos a cada lado de la estatua, pero primero hay que quitarles lo que traen.

—Yo voy con la mujer—avisa antes de tomar el cuchillo que estaba en mi cintura y caminar
moviendo sus caderas naturalmente hasta dónde se encuentra la chica muerta.

Me quedo con el tipo muerto y saco el cuchillo restante empezando a cortar la camisa de
seguridad negra que llevaba antes de seguir con la franelilla blanca empapada de sangre seca.
Le quitó las botas y las medias y aprecio el arte que hizo la pequeña Diosa.

Su rostro está desfigurado con una descarga de seis balas de rifle mientras que en su pecho
hay unas siete sumando unas trece balas en total, creo que alguien la hizo enojar.

Tomo el mango del cuchillo y clavo la hojilla filosa en la piel blanca del cuerpo, justo en el
pecho antes de bajarla sacando un brote de sangre. Luego, cruzo el cuchillo formando una
letra, L.
Hago lo mismo al lado pero esta vez con una M antes de hacer lo mismo abajo pero con las
iniciales A.W.

Un recordatorio a todos los seres mediocres de esta isla que siguen creyendo que meterse con
ella es una buena idea.

Lilith observa lo que hice y asiente para sí misma antes de regresar al cuerpo de la mujer y
trazar las mismas letras sin hacer ni una sola mueca, adorablemente sexy.

Mientras dejo que ella juegue me decido en ir con el tipo que está vivo, el que más le causó
daño y hago un patrón mental de todo lo que quiero hacer contando el poco tiempo que
lamentablemente tengo.

—Muy bien, pedazo de inútil, vamos a empezar, ¿por qué Park los envió a buscar a Lilith? —
gruño entre dientes con furia.

El tipo está sudando, es asiático, con todos los rasgos definidos y quizás de unos treinta años,
se nota que no habla demasiado y eso me costará un problema mayor.

Extiendo una mano hacia Enzo que me pasa la foto de un pequeño niño, no le haría nada al
mocoso, pero en este trabajo debes buscar los puntos más débiles de personas como él y
jugarlos en su contra.

—Lindo hijo, Lion, de siete años, ama el Rugby, estudia en primer grado de la escuela.
Siempre usa su mochila roja y le encanta presumir que tiene el mejor papi del mundo, ¿crees
que llore cuando le demos la noticia de que papi murió? O quizás llores tú primero cuando las
cosas se inviertan por preferir guardar silencio—pongo la foto frente a su rostro.

Este cambia de inmediato a una mirada de pánico y anhelo.

No hay nada mejor que ver cómo ratas como los Z empiezan a perder las esperanzas y ven
todo lo que han hecho mal y como pudieron tener una vida mejor. Lástima que la avaricia sea
más grande que la familia en algunos casos.

—Es solo un niño, no tiene nada que ver en el negocio—susurra en voz demasiado baja para
poderle entender.

—Habla bien, joder, no te entiendo—lo fuerzo.

— ¡Es solo un niño!

— ¿Me ves cara de que me importa imbécil?—tomo el cuchillo ya sucio de sangre y me


acerco—. Casi secuestras a mi chica, la heriste y tiene un hombro malo por tu culpa, como
por si fuera poco tú y tus nefastos compañeros trabajan para Park Lee, el mismo que intenta
robarle a la Bratva llegando a través de puntos claves como Lilith sin saber que ella es
incluso más poderosa que todos ustedes juntos.

—Ella es lo que menos importa en el juego—responde el tipo y casi puedo ver su cuerpo
cortado en trocitos.
—Si ella no importa en el juego imagínate tú—bufo—. Tienes segundos para empezar a
hablar o voy a ordenar que traigan al niño.

Se lo piensa demasiado, así que para darle un empujón me encargo de darle una paliza muy
merecida hasta que los gritos de dolor que rebotan en el aire que me rodea se empiezan a
volver irritantemente molestos.

Disfruto haciendo este tipo de cosas, pero me encanta hacerlo cuando sé que no tengo nada
más que hacer y con mi tiempo necesario, ahora no tengo tiempo porque es limitado y mi
creatividad está volando como para cortarla de forma tan brusca y matarlo tan sencillamente.

Eso en definitiva me amargaría aún más el día.

— ¿Qué querían conseguir al llevársela?—pregunto claro y directo.

Silencio. Vaya, al parecer este idiota no es solo una rata abandonada. Me agacho al lado de él
y pongo la punta del cuchillo en su tobillo.

— ¿Para qué querían a Lilith?—vuelvo a preguntar y no responde.

Acuchillo su tobillo dejando unas profundas y largas heridas. Grita y se retuerce en su agarre
cuando tomo el cuchillo y lo encajo debajo de la uña de su dedo gordo del pie.

—No lo voy a repetir—mascullo hastiado.

Niega frenéticamente con la cabeza sin dejar de mirar lo que hago. Empiezo a mover el
cuchillo hacia arriba despegando la uña de su carne.

A falta de respuestas terminó de jalar la uña haciéndolo lloriquear. Su carne empieza a botar
montones de sangre que me hacen apartarme para no ensuciarme más de lo que ya estoy.

Siento una presencia pequeña a mi lado y le lanzo una rápida mirada a Lilith que está sentada
en el suelo en posición de indio mirando la escena como si fuera una película de terror de
esas que le encantan.

—Veamos, ¿prefieres tus dedos o tu ojo?—le pregunto a sabiendas que no contestará—.


¿Nada? Bueno, entonces la dejaremos escoger a ella—sonrío señalando a Lilith.

Juro que no hay nada que me enfurezca más que intentar buscar información y que los
cabrones se estén cagando en sus pantalones sin darme respuestas.

—Escojo el ojo—dice Lilith.

Inteligente respuesta. Asiento feliz con su elección y señalo al tipo con el cuchillo.

—Basta de esto, escucha bien, hijo de puta, este cuchillo está a punto de atravesar tu globo
ocular, y si saco el ojo y aún no has hablado haré que te lo tragues—le advierto.

Sin esperar respuesta muevo la hojilla hasta el ojo del tipo que me mira con miedo.
— ¡Mierda, no!—grita cerrando los ojos—. Él cree que ella puede saber la forma para robar
el diamante que está creando Volkov—lloriquea.

—Vaya inútil que es tu jefe si cree que ella los ayudaría con eso—supongo poniendo la punta
filosa en su párpado cerrado.

—Chico, ni siquiera sé de qué putas me hablas, es más, ni siquiera me llevo con Atlas, vaya
pérdida de tiempo que iban a tener si me llevaban—dice Lilith.

Muevo la cuchilla empezando a ingresarla, el sudor le cae por la nariz, mezclándose con la
sangre de su rostro y las lágrimas que brotan con rapidez de sus ojos. Tiene uno de sus ojos
morado y algún que otro diente roto.

Tomando ahora el cuchillo con la mano izquierda le pido a Lilith que sostenga su oreja y
luego de que lo hace le clavo la hojilla, con agilidad le corto la oreja arrancando el pedazo de
cartílago de su cuerpo.

—Y con la izquierda, increíble—chasqueo poniendo la carne frente a su rostro—. ¿No hueles


eso? Casi igual al olor del asado, vamos a darte un poco de probar—le ofrezco.

Los Boyevikis lo obligan a abrir la boca y le meten el trozo de carne haciendo que mastique
hasta que vomita y se ahoga haciendo que lo suelten para mantenerlo con vida.

—Basta, por favor, ¡para!—suplica sollozando

—Ya, no lo creo, arruinaste mi día y ¿adivina qué? No podré follar con ella hoy porque la
dejaste en mal estado, eso es lo peor que me pudo haber pasado —gruño clavando el cuchillo
en el ojo del tipo que se encoge intentando evitar que lo corte.

Cierra su ojo creyendo que tal vez así pueda vivir y lo obligo a abrirlo manteniéndolo así con
mis dedos pulgar e índice.

― ¡Juro por Dios que no quería hacerlo!―solloza.

—Soy Ateo—muerdo—. No me sirve que me jures por Dios.

Se retuerce intentando hacer algo.

— ¿Sabes algo más?—pregunto impaciente entre dientes mirando la hora.

—No lo sé joder, nos pidió que hiciéramos esto y a cambio él nos daría el doble de pasta de
lo que nos da cada mes —explica aún entre lágrimas y con los mocos brotando de su nariz.

—Bien—sonrió y termino de clavar la hojilla en el ojo del chico.

— ¡No!—grita.

—Tarde, la próxima vez no te metas dónde nadie te llama por un par de billetes—rechino de
mal humor.
Saco el cuchillo del ojo, el ruido de succión y el brote del líquido aminorando cualquier
esperanza de poder tener una buena comida en la noche.

El cuerpo empieza a perder vida y mis Boyevikis empiezan a desamarrarlo para poder hacerle
las iniciales y, al igual que los otros dos, los colgamos en la estatua.

Enzo me avisa que ya es hora y tomo a Lilith de la mano corriendo con ella para llegar a la
motocicleta y agarro con fuerza su mano antes de arrancar manejando con una sola mientras
ella se termina de acomodar.

— ¡No quiero ir a la cabaña!—grita, su voz haciéndose perceptible entre el viento.

— ¡¿A dónde vamos entonces?!

— ¡A tú casa!

Mala elección, quizás la secuestre y no la deje ir.

Claro que no se lo digo y en cambio manejo hasta la casa, le envío otro mensaje a Enzo para
que traiga la ropa de Lilith a esta casa y él contesta con un:

Enzo: Ya auméntenme el sueldo, joder. ¿Desde cuándo pase de ser un Boyevik a ser una
chacha?

Aiden: Desde que decidiste que tomarte una foto con Lilith y publicarla era buena idea.

Enzo: Te detesto.

Aiden: ¿Vas a llorar?

Dejo de contestarle para centrarme en lo que de verdad me importa ahora que es bajar de la
motocicleta y entrar a la casa dónde Lilith se decide por ver una película de terror pero luego
acaba eligiendo una de romance que me dan ganas de sacarme los ojos con una cuchara.
Juro que es la mierda más cliché que ví en mi vida, y aún así la rara a mi lado se encarga de
suspirar cada que la tonta sin dignidad de la película se sonroja porque el tipo le toma la
mano. Ella es nerd, él es popular y resulta que es una apuesta. Aún así ella se queda y Lilith
llora con ella.

—Qué película de mierda—mascullo cerrando los ojos hastiado de esto.

— ¡No te atrevas!—me lanza un codazo en las costillas que me hace gruñir.

Maldita sea.

El único momento interesante de la película es cuando ella deja al chico para irse con su
hermano para nada porque el hermano la termina dejando en ridículo, otra vez.

—Mano—pido extendiendo la mía.


Pienso descansar mientras ella ve esta estupidez.

Me la da sin verme así que le lanzo una mirada de hielo para que voltee, aún así no lo hace
así que exijo:

—Labios.

Ella voltea con sus cejas juntándose.

—Te lo doy y te callas para dejarme escuchar—me da un beso en los labios y odio lo mucho
que lo disfruto.

Odio la sensación de sus labios, odio cuánto me gustan y odio darme cuenta de que nunca
antes había disfrutado un beso como con ella.

Mis labios se abren, lamen y succionan los suyos apartando su concentración de la película
cliché de la televisión.

Casi quiero estrellar el dispositivo electrónico cuando ella se aparta aclarándose la garganta y
vuelve su atención a la película.

Cuando me doy por vencido en tratar de llamar su atención me acuesto en sus suaves muslos
y me quedo a ver la película, extrañamente mis ojos empiezan a cerrarse cuando ella masajea
mi cuero cabelludo.

¿Qué carajos?

Intento mantenerlos abiertos pensando una infinidad de cosas que me hagan enojar pero ni
eso funciona para hacerlo y por un extraño motivo me siento relajado.

¿Acaso ella acaba de drogarme?

Probablemente sí, pero no de la forma en que yo creo que lo hizo.

Mis ojos se abren como reloj cuando son las cinco de la mañana. Hora de ir a la universidad.

Espera, ¿hora de ir a la universidad?

Desplazo mi mirada hacia mi entorno notando que de nuevo logré conciliar el sueño y me
siento más descansado que nunca, miro el reloj de la sala para corroborar la hora y
efectivamente son las cinco.

La televisión sigue encendida y yo sigo acostado en las piernas de Lilith pero ella parece estar
dormida y en algún momento nos arropó a ambos con una manta.
Tuvo que ser incómodo para ella dormir sentada en el sofá, sí para mí lo fué porque tengo un
dolor infernal de espalda no me imagino ella.

—Se veían tan tiernos—la irritable voz de Connor me hace gruñir y voltear la mirada hacia el
sillón en la esquina de la sala.

— ¿Qué carajos haces en mi casa?—mi voz suena rasposa por el sueño y me levanto
tronando mi espalda.

—Siempre vamos juntos a la universidad, imbécil, además llevas desaparecido dos días y lo
último que sabemos es que colgaste unos cuerpos en la plaza, vaya show.

—Anda a ducharte, no puedo llegar tarde a mi clase de química—masculla Atlas saliendo de


la cocina con un vaso de agua en la mano.

Ah, claro, vengan todos a mi jodida casa.

— ¿Y Naim?

—Aquí—aparece bajando las escaleras con un vinilo robado.

Claro que sí.

—No preguntaste por mí, pero aquí estoy, hijo de puta—Enzo revuelve mi cabello desde
atrás.

—No lo estarás por mucho tiempo si sigues haciendo eso.

De inmediato aleja su mano.

Intento despertar a la osa perezosa que duerme en el sofá pero no se levanta así que la cargo
en brazos y subo las escaleras sin mirar a nadie, al diablo todos, estoy en mí maldita casa.

La dejo sobre la cama y debo admitir mi sorpresa por sus habilidades de sueño, aunque diga
que no puede dormir lo hace bastante bien porque no se despierta ni con un terremoto.

Me doy un baño y me pongo mi ropa negra, habitual acompañada con mi chaqueta de cuero.
Para cuándo salgo Lilith está sentada en la cama con una cara de culo y somnolienta.

—Buenos días, bella durmiente.

—Muere—gruñe, bostezando.

—Anda a lavarte el culo que vamos tarde, tu ropa está dispersa en los cajones.

—Ajá.

—Ponte algo abrigado que hace frío.

—Ajá.
— ¿Quieres que te azote el culo tan temprano?

—Aj...—deja la palabra a medias y abre sus ojos mirándome fijamente—. ¿Qué? Ugh, ya
lárgate.

Río caminando hasta dónde está ella y antes de salir de la habitación la molesto un poco
revolviendo su cabello en una maraña imposible de desenredar.

— ¡Te voy a matar, Wolf!—lanza un cojín que impacta contra la puerta cuando la cierro.

— ¡Con esa puntería no lo creo, Müller!

La escucho maldecirme del otro lado pero decido que ya he tenido suficiente por hoy y voy a
la cocina pasando por el lado de los cuatro idiotas e ignorándolos por completo.

Hago mi desayuno y el de Lilith porque están muy equivocados si creen que yo les cocinaré a
ellos.

Para cuándo salgo de la cocina creo que debería empezar a comprar un cartel que diga "Ella.
Es. Mía" a ver si así todos dejan de pegársele cómo molestas garrapatas.

Incluyendo al pulgoso de Enzo que la está abrazando en este momento. Doy rápidas zancadas
hasta que la arranco de su cuerpo tomándola del cuello y le dirijo una mala mirada a él.

Lilith me mira con los ojos muy abiertos y les lanza una mirada a ellos, si cree que no la
besaré con ellos aquí es otra que piensa mal, jodidamente lo haré.

La beso aquí, sin importarme una maldita mierda quién nos vea, de hecho, si ellos ven, mejor
para mí, así entienden que ella está fuera de los malditos límites.

Cuando me decido a dejarla respirar ella está como un tomate a punto de explotar. Su suéter
Lila y su falda negra le quedan espectaculares al igual que sus zapatillas.

Luce hermosa.

—Ya entendimos, joder, disculpa por abrazarla, no tienes que recordarme lo solo que estoy—
Enzo me pasa por al lado poniendo mi celular en mi mano.

Es entonces cuando veo la foto perfecta que tomó del momento. Definitivamente le dejaré
pasar la situación del abrazo solo por esta foto.

Aprovecho el momento para publicarla sin olvidarme de poner un pie de imagen que dice:
"No mirarle. No tocarle. No hablarle".

Misión cumplida.

—Voy tomando la delantera.


Está vez decido tomar el Roll Royce para facilitarnos el camino. Le abro la puerta de copiloto
y espero a que entre antes de dar la vuelta y hacer lo mismo en el lado de conductor.

— ¿Qué clases verás?—me pregunta apenas arranco.

—Negocios externos, tengo práctica de armería a segunda hora, contaduría, finanzas y a


última veo ensayos de combate. Quizás me salte contaduría.

— ¿No te multan por eso?

—Da igual, soy el mejor de mi clase, por una o dos clases que falte no me pondrán la soga al
cuello.

—Eso o aplicas manipulación de niño dorado.

Suelto una risa porque en parte tiene razón y en otra no.

—No puedo hacer eso, afectaría mi reputación en vez de mejorarla. Y de todos modos soy lo
suficientemente inteligente como para lograr presentar los exámenes sin ver las clases.

—Tu egocentrismo es increíble.

—Gracias, cariño.

—No era un halago.

—Mi increíble y muy inteligente cerebro prefiere decir que sí.

Rueda los ojos divertida.

— ¿Entonces dices que ser un genio es no hacer nada?

—Sí, solo tienes que actuar y tener unas neuronas geniales y ya está. ¿Crees que científicos
famosos como Einstein vivían su vida cuestionando si lo que hacían estaría bien o no? Te
apuesto a qué solo lo hacían y les salía genial.

—Disculpa, olvidaba que eres el mejor amigo de Albert Einstein, el físico que murió hace
décadas—bufa con sarcasmo.

—No soy su mejor amigo pero si tengo el mismo IQ que él, la única diferencia es que él tenía
en funcionamiento total su sistema límbico cerebral.

—Entonces eso lo hace más inteligente.

— ¿Dices que las emociones te hacen más inteligente? Yo digo que disminuyen tus
capacidades.

—Dame un ejemplo de un científico o una persona importante que no haya tenido una esposa
o alguien a quién amar. Todos la tuvieron y aún así hicieron descubrimientos maravillosos.
—Nikola Tesla no tuvo esposa y fue considerado uno de los hombres con mayor IQ en el
mundo ocupando ahora el top tres.

—Bah, él no cuenta.

—Lo hace según tú lógica. Las personas que adquieren emociones se dejan guiar por ellas
frecuentemente cometiendo actos inconscientes y disminuyendo las capacidades de pensar
coherentemente. Se vuelve uno más del resto. Una persona común y corriente que prefiere
vivir con una pantalla de humo falsa en la sociedad.

— ¿A qué te refieres con pantalla de humo?—voltea a verme.

—Mentiras, las personas normales son controladas por personas como nosotros porque si
quiera pensar en levantarse de la cama les da flojera. Mientras ellos prefieren creer todo lo
que la élite les diga nosotros compaginamos con la realeza para hacer nuestro propio juego
sucio de eslabones gordos.

—No es cierto, hay gente astuta allí afuera también.

—Eso es lo que dices ahora. Pero te puedo asegurar que aunque lo piensen no harán nada al
respecto porque realmente saben que no pueden ganar siendo una sardina en un océano
repleto de tiburones y anguilas.

—Eso es ser clasista.

—Mmm.

— ¿Qué se supone que significa “mmm”?

—Mmm.

—Tan lindo.

—Gracias.

—Tu padre tuvo que dejarte caer de pequeño.

—Probablemente pero eso ya es su torpeza, de igual modo sigo siendo inteligente.

—Claro, habla mal de tu padre ahora.

—No estoy hablando mal de él. Solo estoy transmitiendo un hecho que es cierto.

—Le estás diciendo torpe—jadea incrédula de mis agallas.

—Lo es—gruño queriendo abandonar el tema.

—Pero...

—Déjalo, Lilith.
—No es...

—Dije, déjalo.

Guarda silencio, molesta.

—Volviendo al tema inicial, puedes sentirte orgullosa de tener un novio inteligente.

—No lo creo, te faltan algunas neuronas para ajustar. Esfuérzate más y me lo pensaré, quizás
hasta te haga un trofeo.

Una sonrisa levanta mis labios.

—Espero que lo cumplas, lo pondré en mi colección.

—Eres tan arrogante.

—Lo sé.

—Y también un hijo de perra.

Sonrío.

—Mmm, no vayamos por ese camino o te haré arrodillarte a que me chupes la polla con esa
bonita boquita tuya.

Sus mejillas se tiñen de rojo y me lanza una mirada entrecerrada.

—Cállate ya.

Sonrío.

—Por cierto en la tarde debo pasar a recoger unos documentos, por si llego tarde a buscarte.

— ¿Documentos de qué?

Me tenso.

—No es de tú incumbencia.

—Déjame adivinar, ¿otro secreto? ¿O quizás uno nuevo?

Mi mano se aprieta sobre el volante mientras aparco frente a su universidad.

—Deja la malcriadez, paso por tí a las cinco más tardar seis.

—Vete al diablo, Aiden, no quiero un carajo de tí. Me iré a mi apartamento después de clases
ni te molestes en pasar—se baja del auto y lanza la puerta mientras camina apresurada.
La llamo por su nombre una y otra vez pero la muy descarada me ignora.

Maldición.

Llego a mi universidad unos diez minutos después y conduciendo a baja velocidad para que
los chicos me puedan alcanzar.

Una vez que entramos todos nos dispersamos, Atlas va a la escuela de bioquímica, Connor a
la de medicina, Naim a la de ingeniería en sistemas y yo voy a la de negocios que es la
primera que tengo hoy.

Luego de ver la clase más aburrida de toda mi vida renuncio a asistir a las demás, solo iré a la
de armería más tarde que es la clase menos deprimente.

Literalmente estoy perdiéndome las clases más importantes de mi carrera y probablemente


debería empezar a prestar más atención, pero aguantar las clases de los viejos oxidados que
dan clases y a las caras traumáticas de mis compañeros de clases es lo mismo que
suicidarme.

Y de todos modos cuando fuí a la clase de armería más tarde, fallé unos cuántos tiros, algo
que nunca sucede y lo que significa que estoy demasiado distraído para mí propio bien.

Eso es algo que nunca me había pasado y se siente realmente muy extraño, siempre suelo ser
metódico en cada aspecto de mi vida y, sin embargo, mi sistema y el núcleo de mi propia vida
están siendo afectados por cierta Diosa.

Las clases se han acabado y como todo el día vuelvo a escuchar el buzón de voz en mi
teléfono, perdí la maldita cuenta cuando llegué a la llamada cuarenta.

Me pasó la mano por el cabello apartando el celular de mi oreja y lo miro esperando que
mágicamente ella llame.

No lo hará.

Y eso me jode, tuve que haber puesto unas esposas en su mano y traerla conmigo quisiera o
no.

Sigo caminando mirando mi celular, contemplando si hay alguna manera de traspasar la


pantalla y ahorcarla para que venga a mí o al menos para que conteste mis llamadas.

Salgo al estacionamiento guardando mi celular y caminando hasta mi auto, dónde están


apoyados tres imbéciles que desearía no estuvieran aquí.

Vaya día.

Uno de ellos está apoyado en la parte delantera del auto con las piernas cruzadas y un
cigarrillo entre los labios.

No muy lejos de él se encuentra otro chico, usando una sudadera y sus típicas gafas de sol
mientras mueve un bate de béisbol entre sus dedos.
Y sobre el techo del auto está la última pequeña mierda mirándome con una gran sonrisa
mientras su culo aplasta mi auto.

Son Adrienne, Uriel y el maldito Abalám Müller.

Juro que el apellido está causándome migraña los últimos días.

Adrienne es quién está en la parte delantera del auto, fumando un cigarrillo y vestido con una
camisa negra de botones entreabierta. Uriel, usa su sudadera y sus gafas de sol para no perder
la vista. Mientras que Abalám usa una camiseta polo y unos vaqueros en color negro.

La mirada de Adrienne es vacía, la de Uriel ni siquiera se puede ver, cosa de discapacitados y


la de Abalám es pura chispa.

Interesante combinación.

—Hola, hola, Wolf—dice Abalám con una sonrisa completa que deja a la vista sus dientes
relucientes.

—Me gusta tu auto, llevo buscando esta edición durante meses—me dice Uriel acariciando la
textura mate del auto, su voz acercándose a la amenaza.

—Hola a los tres, y gracias, me parece que te gané al conseguirlo—respondo indiferente.

—Eso parece—dice sin asombro u emoción.

— ¿Necesitan algo?

—Venimos a hacer una charla familiar, incluyendo la voz de nuestros padres que no pudieron
venir, por desgracia. Nos enteramos que has estado demasiado ocupado con Lilith, y lo que
creímos que sería algo desechable ya ha durado lo demasiado como para volverse algo real,
lo de los cuerpos en la plaza solo lo confirmó. Y para aumentar las sospechas publicas una
foto comiéndole la boca. Eres un mal tipo para ella, Wolf, más te vale mantenerte alejado,
estábamos bien cuando la ignorabas—masculla Uriel de mal humor.

Con que de eso se trata.

—Digamos que cambiaron los planes y que ahora no la pienso dejar ir—muestro mi sonrisa
con hoyuelos de niño dorado—. Ella me ama y no podría romper su corazón alejándome.

—Eso no es cierto, jodido mentiroso—Abalám da un brinco bajando del auto—. Lilith podría
detestarte en estos momentos solo que estás demasiado cegado para verlo. Ella sabe que
ocultas algo y está buscando demonios aliados, quizás aquellos que dicen ser hermanos.

Maldito sea él y sus adivinanzas extrañas que sólo entiende él.

—Aunque descubra lo que quiera se quedará, ya es muy tarde para ambos, además somos una
pareja oficial. Es decir que somos novios, y Atlas, el único Müller del que necesito una
aprobación está de acuerdo, sin mencionar que la pieza que los mueve a todos ustedes está de
mi lado. Es decir, Aleska, su madre—sonrío.

—No lo está—dice Adrienne por primera vez.

—Pregúntale, estará encantada de decir que al fin estamos juntos, después de tantos años su
sueño se hizo realidad.

Abalám sonríe como un jodido loco maníaco antes de negar con la cabeza.

—Increíble que creas que eso hará algo, un par de fichas y Lilith se alejará—su buen humor
se desvanece—. No quieras obligarme a mover mis piezas y emprender acciones contra ti,
una vez que tome la iniciativa de acabarte no pararé y cuando acabe contigo y tú falso estatus
de niño bueno estarás destruido en la miseria.

Estar en un territorio rodeado de demonios es lo menos ideal. Considerando que todos aquí
nos llenamos el pecho con el sentido de propiedad y posesividad. Es algo que
indiscutiblemente pensamos todos.

— ¿Y si ella quiere estar conmigo de todos modos? —pregunto—. ¿La obligarán a alejarse?
La destrozaría.

—La consolaremos.

Sonrío.

—No podría vivir sin mí.

—Lo hará, créeme—gruñe Adrienne dándome una mirada severa con sus transigentes ojos
negros.

No hay forma en que los haga perder el interés y mucho menos que logre manipularlos para
hacerlos cambiar de opinión.

Nos quedamos en silencio hasta que este se rompe por una carcajada proveniente de mi
costado.

— ¿Una reunión y no nos invitaron?

No puede ser en serio.

Volteo a ver a Daren que tiene una mirada seria mientras juega con su encendedor, lleva una
camiseta negra con una chaqueta de mezclilla y unos jeans. Su cabello rubio desordenado y
apuntando en todas las direcciones.

—Hola—de detrás de Daren sale a quien reconozco como Azazel Lynch.

Él a diferencia de todos los contrastes negros que hay en la estancia usa una camisa beige de
Armani con unos bermudas blancos que probablemente acaba de salir de la escuela por su
mochila azul cobalto colgando en su hombro.
—Aiden, chicos, no hace falta pelear por esto—dice Azazel con voz tranquilizadora—. Están
poniendo a Lilith como si fuera un trofeo que se puede ganar y no una persona con valores
que tiene derecho a sentir.

Daren es el primero en darse cuenta en cómo mi atención cambia drásticamente y mi mente


empieza a maquinar viendo a Azazel.

En el momento en que la llama sale de su encendedor, sonrío.

Jaque Mate, hijos de puta.

Las reacciones de todos no son muy diferentes, Abalám se pone serio, Uriel aprieta los puños
y Adrienne aplasta su cigarrillo en el capó de mi auto.

Azazel es el eslabón débil de la familia, es frágil, con un corazón demasiado bueno para el
mal que lo rodea.

Justo ahora todos saben que iré tras Azazel cómo escudo para mí relación con Lilith.

—Hola, Az—le doy la sonrisa más brillantemente falsa que he hecho nunca antes de
continuar hablando con una voz casi relajante—. Lilith ha estado hablando de tí desde que fuí
a verte en la galería, compré una de tus obras por cierto, quedó magnífica en la sala de mi
casa, eres todo un artista.

Sus ojos se iluminan y una brillante sonrisa real cubre sus rasgos.

La verdad es que no miento del todo, me gustan sus pinturas y sí compré una pero está en la
sala posterior cerca de la piscina.

—Además eres su hermano favorito y me ha hecho escuchar sus miles de historias sobre tus
artistas favoritos—en realidad, no, pero eso lo pude sacar de su IG dónde puso un: "una
historia más sobre artistas para aburrir a Li".

La postura de Azazel se tranquiliza y me da una sonrisa brillante que suaviza sus ojos.

—Vaya, gracias por escucharla hablar, y por comprar mi arte, no a todos les gusta—hace una
mueca incómoda.

Sé a lo que se refiere, he estado presente en muchas de las discusiones de Azazel y Aitana por
el arte.

Y sé que a la mayoría de sus hermanos tampoco les gusta.

Punto para mí.

—Bueno, a mí sí, lindo estilo impresionista, si sigues así podrás ser un Monet de otra
época—lo alabo.

Otra información que saqué de sus redes dónde dice que es su artista favorito.
— ¿Lo dices en serio?—su voz se llena de ilusión.

—Cállate ya, Azazel, te está manipulando—Abalám lo toma del hombro.

— ¿De qué hablas? Amo su arte—para potenciar mi punto entro en la galería de mi celular y
hago clic en la foto del cuadro en mi sala.

Es una foto mía sacando la lengua con el cuadro detrás que le envié a Naim solo para
poderlo. Volteo la pantalla para dejarle ver la foto.

—No tendría por qué mentir—sigo usando mi tono calmado con falsa carisma—. Además
creo que Lilith está muy feliz de que seas el mediador de la familia, Az, eres tan fuerte para
tener que aguantar todo esto. A veces me siento mal por Lilith cuando menciona su disgusto
con la separación notable de su familia.

Ya bueno, a ella le importa una mierda, creo que de todos solo le cae bien Azazel, Amira y
logra pasar a Uriel en la lista.

Los demás solo son hermanos de sangre porque le tocó no por preferencia.

La postura de Azazel se vuelve totalmente relajada e incluso amable ahora.

Si tengo la aprobación de Azazel y logro hacer que esté de mi lado lo demás es pan comido.

—Lo que menos quiero es herir a Li, Azazel—miento, quisiera ahogarla en una almohada
hasta hacerle sangrar el culo por insolente y malcriada.

Me acerco para tocar su hombro pero Adrienne se mete en mi camino.

—Retrocede, Wolf.

No le prestó atención, estoy enfocado en Azazel.

—Ella dijo cosas, ¿cómo sé que no la vas a usar y desechar?—Azazel pregunta muy
inteligentemente.

—Porque si la quisiera usar esto no habría durado ya más de un mes.

Lo cual es verdad, joder.

Me jode no entender que estoy haciendo con ella exactamente. Ni siquiera yo sé que quiero.

—Vaya, ¿llevan un mes?

—De novios llevamos poco, pero es suficiente si la conozco de toda la vida, incluso mucho
antes que todos ustedes—bromeo no tan en broma.

La conozco antes de que todos ellos nacieran, malditos engendros.


Azazel sonríe sabiendo que es cierto lo que digo y sé que ya lo atrapé.

Gané.

Empieza a molestarme en sobremanera todos los esfuerzos que estoy haciendo por Lilith, se
supone que la odio y parece ser todo lo contrario.

Estoy a nada de seguir presionando a Azazel hasta que una figura diminuta y refunfuñona se
nos acerca por el costado ajena a la tensión que hay en el ambiente.

Su cabello negro con mechas fucsias teñidas está en un moño desordenado, usa una camiseta
negra con calaveras que dice en el centro "Jodan a la sociedad" y una malla manga larga con
agujeros acompañado con un short de mezclilla arriba.

En su cuello cuelgan unos audífonos fucsias grandes y ajusta sus lentes de montura negra.

Es Heidi, la prima de Enzo y la hija de los ministros de Inglaterra, tiene toda la jodida pinta
de gótica y también lo es porque odia la vida y a la sociedad, me cae bien.

Es extraño pero entra en el club de personas reducidas que se ganan una pequeña sonrisa
sincera de mi parte.

Y yo entro en el club de sonrisas de ella porque me regala una pequeña sonrisa a pesar de
estar evidentemente molesta con la vida.

Ella me acompañará a buscar los documentos y yo la dejaré en sus clases de guitarra eléctrica
en la escuela, aún tiene dieciséis y ya sabe más de la vida que la mayoría de toda la
población.

Su expresión cambia cuando ve a los otros seis chicos que nos acompañan, específicamente
se centra en Abalám que en algún momento ha pinchado el neumático de mi auto.

Oh, oh, creo que alguien tendrá un viaje al infierno y de vuelta con el golpe que le darán.

—Maldigo la jodida vida de mierda por el maldito día que tuve y ahora este jodido hijo de
puta pincha tu neumático y sigue en pie, ¿qué putas?—se cruza de brazos mirando muy mal a
Abalám.

—Genial, ahora llegó una emo boca sucia—Abalám sonríe encontrando o creyendo encontrar
un eslabón débil que definitivamente Heidi no es.

—Para ya—Azazel intenta detener la pelea.

—La vuelves a llamar así y te partiré la boca antes de colgarte lleno de sangre en la plaza—lo
amenazo con mi cuerpo tenso.

Esta jodida chica diminuta y con cara de culo es la única persona en el mundo que me ha
dicho "Es jodidamente genial ser un monstruo sin sentimientos, ojalá pudiera ser tú. Sabes
que siempre te odio aquí, tonto" en su lenguaje no traducido decir "te odio" es igual a un "te
amo".
Yo simplemente haría cualquier cosa por esta chica. Fin.

—Es lo que es, ¿acaso no la ves? Quizás ya estás empezando a quedarte ciego—Abalám
sigue sonriendo.

—Sí, llámame gótica o emo, con tú opinión me limpiaré el culo la próxima vez que cague,
hijo de perra—le saca el dedo medio mientras resopla.

Abalám se vuelve un patán serio lleno de frialdad que me hace sonreír a mí esta vez.

—Lo siento, solo ignóralos, están de mal humor—se disculpa Azazel raspando su pantalón
con sus dedos.

Le causa ansiedad toda esta discusión.

—No te disculpes, niño bonito, aquí el único que debe hacerlo es cierto imbécil consumidor
de oxígeno en la sociedad, alias el rarito desteñido—señala a Abalám.

—Para tu información, no es tinte, lo mío es belleza natural, gótica.

—Definamos belleza, pareces mi abuelo cuando estaba poniendo un pie en la tumba.

Suelto una risa y choco mi puño con el de ella.

—Cierto—Azazel se mete entre la visión de Heidi y le extiende su mano—. Soy Azazel,


tengo quince y estudio en la escuela de Bellas Artes, en dos años iré a The Golden Royalty.

Ella estrecha su mano y le da una pequeña sonrisa.

Heidi lee las vibras, le encanta todo el tema de la brujería y está muy familiarizada con las
cartas y toda la cosa extraña.

Así que ella también parece notar la naturaleza amable de Azazel en segundos.

—Soy Heidi, tengo dieciséis años, estudio en la escuela de la isla, el próximo año iré a The
Golden Royalty y estudiaré música, especialmente guitarra eléctrica.

—Increíble, quizás te consigas a mi hermano, Aysel, también estudiará allí el próximo año.

—Espera, chico, ¿Aysel Alves?—sus ojos brillan con admiración.

—El mismo.

—Es el mejor jodido músico de rock que he conocido en mi corta carrera, y eso que apenas
va iniciando, también toca otros estilos pero todo le sale malditamente genial. Me encantaría
conocerlo el próximo año.

—Eso o quizás puedas pasar un día por la casa, no creo que a mamá o a Aysel les moleste.
Al parecer ambos parecen llevarse de maravilla y ahora tengo otro punto de conexión que
crea barreras entre los idiotas y mi relación con Lilith.

Apunto en mi nota mental comprarle una nueva camiseta con esas raras frases de odio a
Heidi.

—Definitivamente haré que mamá la eche de casa antes de que ensucie el lugar con su oscura
presencia—interrumpe Abalám siendo un imbécil total.

—Quizás le haga brujería con mi oscura presencia para que me acoja de vuelta.

Azazel sonríe probablemente creyendo que es alguna especie de broma.

—Da igual, llamaré al torpe de Enzo para que venga a poner el maldito neumático y luego
pasamos por un almuerzo, quiero comer jodido chino o moriré antes de mi primer ritual
satánico. ¿Sabes qué? Olvídalo, hagamos nosotros esta mierda, el hijo de puta de Enzo solo
me dirá algo como "Jódete perra, no soy tu chacha, te asesinaré" La maldita perra se vuelve
insoportable cuando no le meten una polla antes de las doce por el culo, es como Cenicienta
pero menos sofisticado.

— ¿Acabas de compararlo con una princesa? Genial.

—Lo sé.

—En fin, si llego tarde a clases de música por este baboso le cortaré las bolas y se las pondré
de corbata, lo juro.

—Joder, hazlo—suspiro.

Ella se ríe como una pequeña demoníaca.

—Lo haré, maldición. Por cierto, puedes venir, Az, te encantará mi lugar favorito de comida
china.

—Claro, no tengo más nada que hacer por hoy—él camina al lado de Heidi.

Mira cómo todo cambió a mi favor.

—Me tengo que ir, tienes el tiempo contado, Wolf, ándate con cuidado—me amenaza Uriel
antes de desaparecer entre las sombras.

Los demás hacen lo mismo dejando solo a Abalám que me mira fijamente.

—Las fichas se empiezan a mover, cuando los papeles caigan sobre la mesa veremos que
demonio es quien reina, imbécil.

Deja la advertencia antes de largarse dándole una mirada de mierda a Heidi.

— ¿Pero y este tonto? Increíble, la sociedad cada día me jode más la existencia, voto porque
llegué ya el apocalipsis y nos mate a todos.
— ¿Ahora te vuelves creyente?

—Joder, que la Diosa Hécate me libre de todo mal—suspira caminando hasta la maleta de mi
auto y sacando el neumático de repuesto.

La ayudo a montarlo y a desmontar el viejo antes de ponernos en marcha con Azazel detrás.

Mi pequeña Diosa puede hacer lo que quiera por ahora pero cuando la encuentre vamos a
tener una larga charla.
Lilith

M i corazón late desenfrenado, ha estado así desde que salí de clases,


latiendo y pulsando en mis oídos a ritmos desesperados.

Gracias a todo ser divino llegué al apartamento de los chicos,


especialmente porque se los debo. Aunque ahora que veo mi estado quizás deba replantearme
subir.

Maldigo al jodido Aiden Wolf por tener este tipo de efecto en mí.

Malcriada e insolente dice.

Que se joda él.

Saco mi teléfono de mi bolso y casi quiero llorar con las excesivas cantidades de mensajes en
la pantalla y llamadas perdidas ni hablar.

Incluso tengo más de cien llamadas perdidas de Aiden, bueno, al diablo él.

Joshua: Lilith, ¿a dónde fuiste? Estamos preocupados, manda un mensaje cuando puedas,
por favor.

Marcello: Merda, diavolessa, no puedes desaparecer así, responde los mensajes.

Amira: Oye Li, ¿qué carajos? ¿Estás haciendo puercadas con Aiden? ¿Necesitas que te
cubra?

Nikolay: Enana, ¿todo bien? Sea dónde sea que estés mándame un mensaje para ir a buscarte.
Estamos preocupados por tí.

Azazel: ¿Lilith? Amira dice que desapareciste en la fiesta, ¿todo en orden? Si necesitas
hablar puedes llamarme.

Le hago una seña al portero que me abre de inmediato al ya conocerme y empiezo a marcar el
ascensor.
Abalám: ¿Estás con Aiden?

Trago saliva leyendo los otros tres mensajes de diferentes chats que le siguen a ese.

Adrienne: Aléjate de él, Lilith, lo digo en serio. Estoy ayudando a Connor a conseguir la
información pero solo te digo que no es nada bueno.

Esto es malo, que Abalám me escriba es malo, pues él y yo no tenemos una estrecha relación,
de hecho no creo que a él le importe alguien en realidad.

Pero que Adrienne me escriba es algo mucho peor, él es un demonio silencioso, y el que esté
hablando de más significa problemas y graves.

Uriel: Joder Lilith, ¿dónde carajos estás?

Adjunto a ese mensaje envío una imágen de los cuerpos ya en descomposición con las
iniciales de Aiden y mías.

Salgo del ascensor lista para caminar a la puerta del apartamento aún enfrascada en el celular.

— ¡Lilith!

Me sobresalto y no me da tiempo de procesar cuando estoy rodeada de tres mamuts de más


del metro ochenta y todos me acorralan listos para darme una reprimenda.

—Hola, chicos—murmuro con cierto deje de incomodidad y vergüenza.

Por alguna razón, siento que ellos podrán ver más allá de mi alma y saber todo el tipo de
guarradas que hice con Aiden.

— ¿Hola? Ah, no, perra—Joshua me mira con los ojos entrecerrados y las manos en la
cadera—. Estuve dos noches sin dormir esperando a que llegarás porque creí que te pudo
haber pasado algo realmente grave. Lo que pasó fué que te enterraron la anaconda.

Casi me ahogo con mi propia saliva con la última frase.

— ¿De q-qué hablas?—río nerviosa.

—Ignóralo, ¿estás bien, enana? Estaba preocupado por tí, si no aparecías hoy iba a mandar
guardias a buscarte por toda la isla—Nikolay me estrecha en sus brazos.

—Creo que sí estoy bien, no lo sé. Y gracias por preocuparte, Niko—lo abrazo de vuelta.

—Claro que no estás bien, pasar dos días enteros con Aiden Wolf es como venderle el alma
al Diablo y pretender no tener consecuencias—Marcello pasa su brazo sobre mis hombros—.
Estamos aquí si quieres contarnos, diavolessa.

—Aún, no, no se merece nuestro amor después de abandonarnos por una polla—Joshua me
separa de los chicos mirándome mal—. Tienes mucho qué explicar, señorita.
—Definamos explicar, ¿y cómo es que ustedes saben tanto?

Es decir, no puede ser tan evidente que folle con Aiden, ¿verdad?

Eso o quizás estoy perdiendo la cabeza ya, ambas opciones son correctas.

—Claro que tú no ibas a saber, señorita desinformada de las redes—Marcello teclea en su


celular y luego le da la vuelta dejándome leer la pantalla.

—Pretendes que no nos enteremos y más de un millón de personas lo saben—resopla Joshua.

Está en el perfil de Aiden y me doy cuenta de que publicó una foto hace cinco horas, tiene un
millón de likes, miles de comentarios y compartidos.

Mis labios se entreabren temblando cuando tocó la imágen, en realidad son dos.

La primera es la que me deja en shock, es una foto, en su habitación, se alcanza a ver mi


hombro desnudo y parte de mi cabello de dos colores haciéndome identificable, luego se
aprecia su mano en mi cintura descubierta y lo que más llama la atención es su torso desnudo
pegado a mi espalda con posesividad, incluyendo su cabeza metida en mi cuello dejando solo
a la vista su cabello desordenado.

Cualquiera que vea esto puede deducir que hemos estado follando.

Lo. Voy. A. Asesinar.

La imagen dos es de cuando me besó en frente de los chicos esta mañana, al fondo se alcanza
a ver cómo Connor ríe, Naim rueda los ojos y Atlas mira su reloj en la muñeca, casi parece
una escena natural que podría generar disgusto en mi familia.

En cambio yo, me veo muy feliz siendo estrangulada por Aiden mientras me come la boca
como si fuera el desayuno incluyendo su mano cerca de mi culo.

Si yo fuera un ente externo y desconocido que ve está foto fácilmente deduzco que somos una
pareja de locos posesivos que definitivamente no se serían infieles y que viven la gran jodida
vida que cualquiera querría tener.

El pie de imagen sigue aumentando la tensión de las imágenes.

No mirarle. No tocarle. No hablarle.

—No puede ser en serio—susurro desconcertada.

Ahora empiezo a entender tanto melodrama por parte de mis hermanos y amigos.

Joder, si yo veo fotos así de Amira probablemente vaya a cortarle la cabeza a alguien.

—Lo es, enana, y todos descubrieron tu cuenta, ahora las fans locas no paran de acosarte,
para tu fortuna son más comentarios positivos que negativos—Nikolay me enseña mi perfil
en el que he subido al menos cien mil seguidores en cuestión de horas.
—Joder, esto significa que mamá lo vió, mis hermanos y...mis padres—hago una mueca de
pánico.

—Sí, sobre eso—Marcello carraspea rascando su nuca.

— ¿Qué?

Joshua me entrega su teléfono para ver un mensaje de papá Hades y casi quiero cavar un
agujero en la tierra y no volver más nunca a este plano terrenal.

Hades: Como sé que mi hija no contestará dile de mi parte que cuando encuentre al niño
zanahoria lo voy a ahogar en ácido.

Mierda, hoy no es mi día.

¿Recuerdan cuando dije que ayer fue un mal día? Bueno, tachen eso, hoy es definitivamente
peor.

Ayer, los chicos me dejaron descansar y hoy por la mañana cuando creí que iba a poder
escabullirme a mi apartamento los tres me esperaban sentados en la sala cruzados de brazos
esperando respuestas.

Tuve que contarles absolutamente todo (obviando detalles explícitos sexuales) y luego
ganarme un sermón por haber hablado y pedido ayuda a Connor.

Para consolidar mi mal día exploté un jodido erlenmeyer con lo que debía ser una disolución
y terminó siendo una explosión.

La profesora Amanda me dió permiso de presentar la prueba práctica para un día en el que
esté concentrada, al menos eso está a mi favor para el día de mierda de hoy.

Y por si fuera poco acabo de caer en el suelo y pegar los dientes contra el asfalto. Ahora hay
una imagen mía como meme de Snapchat corriendo por toda la isla.

Ah, y por si fuera poco todos parecen tenerme como su entretenimiento favorito el día de hoy
especulando sobre mi noviazgo con un ejecutor y casi poniéndome alcohol para alejarme de
ellos.

Por cada maldito pasillo por dónde caminaba había alguien cuchicheando sobre mí.

Tuve un ataque de pánico por eso cuando me sentí demasiado acorralada por la sociedad pero
rápidamente entre en calma cuando recordé que probablemente aquellos que me juzgan son
los mismos que han cogido más de tres veces con alguna persona cuestionable o de dudosa
procedencia.
Así que el resto del día me la pasé ignorándolos a todos y revisando mi celular o haciendo
nuevos experimentos.

Ahora me encuentro en el laboratorio de química haciendo mezclas fluorescentes preciosas,


y, sin darme cuenta acabo de crear un azul eléctrico que me recuerda demasiado a algo,
especialmente a alguien.

Este azul, son los ojos de Aiden y ahora parece ser tan radioactivo como él, en realidad
empecé queriendo hacer una mezcla de coloración y acabé haciendo una mezcla
quimioluminiscente.

La mezcla consiste en hidróxido de sodio con luminol y ferricianuro de potasio.

Este último actúa como un agente oxidante. Ahora cuando el ferricianuro y el hidróxido de
sodio con luminol entran en contacto, se produce un efecto quimioluminiscente. El hidróxido
de sodio solo se encarga de crear un entorno básico necesario para la reacción y el luminol,
cuando se encuentra con el agente oxidante en un entorno básico, brilla tal como lo hace
ahora.

Espero a que termine de crear la línea brillante antes de tomar la cápsula de Petri y agitarlo
circularmente con lentitud.

Cuando todo se mezcla crea un azul luminoso y eléctrico precioso.

Odio a Aiden en este momento pero la idea que se está ocurriendo es algo que no puedo
desperdiciar.

Así que solo necesito unos minutos para hacer un diseño en 3D de un ojo y luego hacer una
pequeña cápsula para ingresar la muestra, cuando está listo lo coloco sobre un soporte y lo
encapsulo en una caja de vidrio.

En la placa dorada de la base tomando un soplete coloco "Modelo práctico. NaOH,


K3[Fe(CN)6] y C8H7N3O2. Insp. Aiden W." ~Lilith Müller.

En el espacio libre coloco una pequeña frase que me reservaré por ahora y luego lo guardo en
mi estantería de experimentos con candado.

Cuando limpio todos los instrumentos que utilicé y me quito los guantes etílicos saco mi
celular encontrando nuevas llamadas de Aiden.

Aún usando mis gafas de protección me cuesta leer el mensaje que envío.

Aiden: Hola pequeña Diosa, me doy cuenta de que vamos a jugar a lo grande, entonces, que
así sea.

Adjunto a eso hay una foto de Azazel bebiendo una bebida energética roja. En la imágen se
puede apreciar la pierna de Aiden.

Están juntos.
Mi corazón sufre un paro mientras imagino todas las formas en las que Aiden pudo manipular
a mi pequeño pelirrojo.

Con rapidez me quito las gafas de protección y el tapabocas ignorando que aún cargo la bata
de laboratorio y salgo corriendo tomando mi bolso en el camino.

Conduzco hasta la mansión de Connor que es lo que reconozco en la foto, esas paredes las he
visto antes.

El estilo gótico sólo puede pertenecer a alguien tan vacío de alma como él y eso me da aún
más miedo.

Piso el freno cuando los guardias en la entrada me detienen, claro que esta mierda está más
rodeada de guardias que el propio castillo de la princesa Elizabeth Clifford II.

La única vez que vine aquí me dejaron entrar por ser la fiesta de la isla, ahora claramente es
propiedad privada que una loca está invadiendo.

Pienso decirles cualquier tontería creíble pero antes de poder abrir la boca el guardia asiente y
hace que me abran las puertas dejándome algo desconcertada.

Las puertas de metal negras se abren haciendo un sonido chirriante de película de terror.

No tengo tiempo para cuestionar el extraño acto así que con mi mano sudando sobre la
palanca de cambios conduzco dentro de la enorme propiedad.

Mientras paso por el gran conjunto de arbustos cortados con formas demoníacas llamo
innumerables veces a Azazel y envío miles de mensajes a Aiden.

Ninguno responde.

Freno sobre las escaleras de la entrada principal.

Son al menos cincuenta escalones de mármol negro que podrían matar a alguien si resbala y
cae por ellos.

Subo corriendo importándome poco si me canso o no, cosa que no pasa gracias al cielo. Las
puertas de madera enormes de la entrada están abiertas así que pongo un pie en el suelo
pulido dónde fácilmente podría ver mi reflejo y reviso que no sea una trampa de los guardias
antes de entrar.

Las paredes tienen un tapiz negro con decoraciones doradas elegantes que no contrastan con
los candelabros negros del gran techo. Me siento tan pequeña aquí que casi me mareo.

El silencio es sepulcral y aún más el vacío de la casa, eso combinado con las tantas cosas
extrañas y diabólicas que hay en cada tramo de la casa me produce ganas de vomitar.

Doy dos pasos adentro apretando mi bolso a mi costado cuando escucho un grito proveniente
del sótano.
Mierda.

Miro el peldaño de la escalera con mi corazón palpitando a mil por hora. Ese no pudo ser Az.

Me repito una y otra vez pero mis ojos se llenan de lágrimas, quizás esté paranoica pero cómo
no estarlo en mi situación. Mis manos tiemblan cuando me dirijo al escalón principal para
empezar a bajar las escaleras de dos en dos.

Un nudo se atasca en mi garganta negándome en su totalidad la capacidad de respirar


correctamente mientras abro las puertas del sótano a una velocidad impresionante.

Siento el vómito atascado en la parte posterior de mi garganta apenas entro al sótano y...

Mi respiración acelerada se corta cuando veo lo que en realidad hay aquí abajo. Suponiendo
que es la casa de Connor esperaba ver un montón de artefactos de tortura de la época
medieval.

Para mí sorpresa en realidad sólo parece ser la parte de un club viejo que conecta con un
restaurante o algo parecido.

Las paredes están cubiertas por una pintura fresca negra y el techo está cubierto con luces
LED azules que le dan un aspecto algo opaco al lugar.

Hay una mesa de billar al fondo, máquinas de juegos de casino, algunos sillones para charlar,
juegos de mesa, una mesa de Pool y mini fútbol. Todo eso del lado derecho.

Del izquierdo hay un bar y una especie de mesón el cual separa lo que parece ser máquinas
expendedoras de bebidas y comidas de todos los sabores que puedes desear.

De hecho, es muy Connor, ahora que lo pienso.

Mi pie se clava en la alfombra azul afelpada que cubre el suelo mientras me reflejo en las
paredes blindadas de enfrente que en realidad son pantallas de videojuegos apagadas.

Y los gritos son provenientes de Connor que está perdiendo un juego de carreras contra
Naim.

Increíble.

— ¡Púdrete, rojo! Te ganaré de todos modos—dice la voz de una chica desde su posición a
un lado de la mesa de billar mientras sostiene el palo de madera que se usa para jugar.

Está con su ceño fruncido y se nota algo molesta por estar perdiendo en el juego ya que
golpea con fuerza la bola fallando su tiro.

—Tú puedes, Heidi, confío en tí—Azazel apoya su mano en el hombro de la chica como
apoyo motivacional.

Ahí está.
Mi respiración vuelve a ser normal y ahora el cambio brusco de los acontecimientos amenaza
con hacerme perder la cordura.

De hecho, Azazel parece feliz y tranquilo, una actitud que nunca puede tener en casa, está
divirtiéndose con la chica de mechas fucsias y con...Aiden.

Lo detallo, él está al lado de la chica mientras juega con una sonrisa triunfante y vencedora.

Espera, ¿quién carajos es ella? Por un momento me parece familiar y luego lo recuerdo, es la
chica a la que pedí ayuda en el establo cuando huía de Aiden hace un mes y se negó a
llevarme a casa con una actitud hostil.

Y eso no es todo, sino que ahora parece llevarse muy bien con mi hermano y con Aiden
después de juzgarme a mí.

Y para nada es que esté celosa y solo intento cubrir los hechos dándole la culpa de otros
actos. Eso sería absurdo.

¿Verdad?

—No puede, si le llevo ventaja de cinco bolas—Aiden lanza la bola haciendo que impacte
con otras dos y estás entren en los agujeros con agilidad y rapidez mientras observa la jugada
con indiferencia, como si fuera algo sumamente fácil y la chica que está casi sudando del
estrés estuviera exagerando—. Además, fucsia, este pequeño mocoso traidor estaba a mi
favor hace tan solo minutos, te recuerdo.

Me adentro en la sala y la mirada de Aiden viaja hacia mí justo cuando le toca hacer su tiro
fallándolo y metiendo la bola ocho por su distracción.

La chica chilla de felicidad y lanza puñetazos al aire como festejo antes de que se abrace con
Azazel y ambos griten victoriosos.

— ¡Te lo dije!—le dice Azazel mientras se separan.

—Me encanta tu vibra, ahora serás algo así como mi amuleto de la suerte, ¿vale?

—Está bien—Azazel ríe.

— ¡¿Oíste eso pequeña mierda?!—le grita a Enzo que está en el fondo atiborrándose la boca
de snacks.

Él solo le saca ambos dedos del medio mientras traga y vuelve a llenarse la boca de lo que
creo son papas fritas.

—Toma eso, rojo—le restriega a Aiden.

—Te dejé ganar, pequeña fucsia.


Entonces sus ojos conectan con los míos, duros e inexpresivos antes de llenarse de un
sentimiento peligroso que hace sus ojos brillantes bajo la luz azul de la estancia.

Ahora entiendo que perdió a propósito, quizás Az y la chica desconocida no prestaron la


suficiente atención para ver como desvío el palo en el último momento.

Ahora sí cuerpo está en tensión, completamente seguido y mirándome cómo si esperara que
empiece a correr para casarme como el demonio aterrador que es.

Bueno, no correré.

De hecho estoy enojada porque me sigue ocultando su patética mierda y porque fingió
secuestrar a mi hermano menor.

—Hola, Az—abrazo a mi hermano por los hombros—. ¿Todo en orden?

—Hola, Li, claro que sí, estoy divirtiéndome con ellos—señala a la chica que me mira con su
cabeza ladeada y una expresión indescifrable—. Ella es Heidi, es prima de Enzo y la mejor
rockera que podrás conocer.

Ella sopla un mechón de cabello que cayó en su cara y luego me mira de pies a cabeza
analizando mi vestuario así que decido hacer lo mismo con ella.

Lleva una sudadera de calaveras con una frase subrayada en letras fucsias "Si no te agrado
solo vete al diablo y no me jodas", sus piernas están al descubierto y usa solo unos shorts
negros con agujeros, en su cuello hay una gargantilla de plata y varios collares negros de
símbolos extraños. En sus aretes carga unas guitarras eléctricas negras y su cabello negro con
mechas fucsias está atado en una coleta alta que resalta sus facciones.

Está cruzada de brazos con una pierna adelantada a la otra dejando a la vista sus enormes
botas fucsias de plataforma y sus ojos azules tienen un sombreado ahumado que parece estar
juzgándome.

Me recuerda a una Monster High que tenía de pequeña, Draculaura.

—Quisiera encontrarle otro color a su aura que no sea el terrible lila pero no hay forma de
que su chacra varíe—jadea con una mueca decepcionada—. No te tomes personal lo de la vez
pasada, vivo malhumorada y odio todo lo que exista. Mientras no seas cómo el patético
anciano de cabello blanco, estamos bien.

— ¿Quién?—miro de reojo a Aiden.

—Abalám—responde Aiden.

Mi respiración se atasca.

— ¿Hablaron con él?

—Sí, me amenazó, en realidad tus hermanos lo hicieron, la mayoría, espero que pronto se
cansen de esperar a que haga algo al respecto.
—Es un hijo de las tres mil putas, juro que odio a los hombres pero él ocupa el top número
uno en la lista. Joder, se cree el rey imperial y solo es un niñato narciso con pinta de abuelo,
juro que si no fuera porque es hermano de Az y de Aysel le cortaría la garganta en siete.

Ella es tan curiosa.

Aún así una risa se escapa de mi garganta y Azazel me sigue riendo a carcajadas por su
audacia.

Juro que nadie nunca se había metido con Abalám, ni siquiera mamá lo hace porque le tiene
respeto al chico, pero llega está pequeña chica con pinta de Monster High y despotrica contra
él. Creo que ya me cae bien.

—Definitivamente no es cómo Abalám, solo habla demasiado—Azazel sonríe hacia ella.

—Oye—lo empujo con mi hombro en juego.

—Créele, jodidamente demasiado—la voz de Aiden retumba en mi oído cuando se para justo
a mi costado.

Lo miro bien esta vez para luego apartar la mirada.

—Encantada de conocerte, Heidi, pero Az y yo debemos marcharnos, los chicos nos


esperan—tomo a Azazel de la mano lista para arrastrarlo a la salida.

—Solo unos minutos más, Li. Justo le iba a hacer un diseño de tatuaje a Heidi.

— ¿No puede ser otro día?

Heidi niega con la cabeza antes de tomar a Az de la camisa y arrastrarlo hasta la esquina.

— ¡Prometo ser rápido!

Me estremezco incapaz de arruinarle la tarde a mi hermano. Juro que no lo había visto tan
feliz en algo desde que papá le hizo su estudio.

Un sonido de notificación llena el aire y Aiden chequea su celular antes de fruncir el ceño y
mirar mal a Heidi que se ríe a la distancia.

— ¿Qué? —pregunto.

—Heidi dice que tienes unas tetas jodidamente atractivas—gruñe antes de gritarle: —
¡Romperé tu puta guitarra, fucsia!

Ella le saca el dedo medio ignorándolo.

—Oye, Aiden, ¿vienes?—Azazel lo llama.

—Claro, ya voy, Az.


Lo miro consternada, ¿desde cuándo estos dos se llevan bien? Tacha eso, ¿desde cuándo ellos
empezaron a hablar?

—Ya vengo, necesito ir al baño—aviso en voz baja aunque no creo que nadie me haya
escuchado.

Me escabullo por la mansión acelerando los pasos a la salida, pienso encerrarme en el auto a
esperar a Azazel.

Me quito la bata de laboratorio antes de dejarla guindada en mi antebrazo, estoy a nada de


llegar a la puerta de salida cuando un escalofrío me recorre y escucho los pasos duros de
quién me sigue.

No tengo tiempo de pensar cuando las puertas se cierran y me veo encerrada en la mansión.

Me doy vuelta mirando con pánico a Aiden y mi opción más rápida es ver mi entorno para
empezar a correr.

—Si empiezas a correr y te logro atrapar, te voy a follar, cariño—la voz oscura de Aiden
impregna el aire.

No ha terminado de hablar cuando salgo corriendo hacia la sala de la derecha dispuesta a


llegar a la salida trasera pero encuentro primero una habitación de servicio y es allí donde
planeo entrar primero.

Cierro la puerta con extremada rapidez pero antes de que pueda pasar el seguro está se abre
de golpe y su enorme escultura obstaculiza la salida.

Un grito digno de película de terror abandona mis labios mientras retrocedo con miedo.

Trato de encontrar un arma pero no hay absolutamente nada. Y tampoco hay forma de que
pueda ganar esta batalla cuando él es quien tiene una intención retorcida y posesiva en este
momento.

Mi espalda choca contra la pared cuando da dos pasos rápidos en mi dirección acechando mi
espacio mientras cierra la puerta con una lentitud escalofriante.

Estoy en las garras del demonio, uno con apariencia pecaminosa, rasgos fuertes y una sonrisa
espeluznante.

En este momento él no tendrá compasión, no habrá un "No te lastimaré" o un "Relájate,


Diosa".

Ahora estoy de cara con el Aiden sin tabúes que tanto se esfuerza por ocultar al mundo y me
encantaría conocerlo bien en otra oportunidad que no sea ambos atrapados y yo a su merced.

Intento pasarle por el lado pero solo alcanzo a dar un paso antes de que me agarre del cabello
en un agarre cruel y doloroso tirando hacia atrás.
Mis ojos se ponen llorosos por el pinchazo de dolor y suelto un grito pidiendo ayuda que es
amortiguado con su palma en mis labios.

Mi espalda choca contra su pecho y no me atrevo a alzar la mirada.

—No hagas ruido—sus labios calientes rozan mi cuello seguido de sus dientes, tan
jodidamente oscuro—. Si haces escándalo tú pequeño hermano solo oirá como su hermana es
follada como una pequeña puta.

Niego frenéticamente con la cabeza pero solo me lastimo más el cuero cabelludo.

— ¿Crees que te seguirá viendo igual después de ver a su hermanita ejemplar llena de mi
semen?—su voz suena tranquila en mi oído pero es todo lo contrario, es cómo un volcán en
erupción—. Probablemente huya despavorido.

Me siento avergonzada cuando mi coño se contrae y trato de empujarlo pero su agarre en mi


cabello se intensifica hasta que creo que voy a morir del dolor de cabeza.

Las lágrimas escurren por mis mejillas del dolor.

—Estoy seguro de que ya está mojada como mi pequeña puta sucia, cariño—empuja mi falda
para que se arremoline en mis pies.

Desliza su mano dentro de mi ropa interior y mis mejillas se sonrojan avergonzada de que
pueda sentir lo húmeda que estoy.

—Apart-tate, Ai...—pido entre palabras susurradas.

Se traga el resto de mis palabras con la lengua y los dientes, haciéndome callar mientras
devora mis labios.

Todo mi cuerpo entra en calor sintiendo la corriente de su cuerpo como la de dos colas
chocando en la lluvia.

Y con cada golpe de su lengua en la mía me pierdo en los pensamientos borrosos de lo mal
que está esto. Me consume con tanta intensidad que incluso me pierdo del lugar donde estoy.

—Joder —murmura en mi boca antes de volver a capturar mis labios—. Sabía que estarías
empapada por esto, Diosa. Te encanta que te trate sucio, que te quite el control, incluso que te
lastime como te gusta. Eso te excita, ¿no? Te vuelves una bonita zorra por mi lado oscuro.

Intento soltar una respuesta negativa pero sus manos agarran ambos lados de mi rostro,
deslizándose hacia mi cabello e inhalándome profundamente entre el beso.

Cuando mi oxígeno se agota debo apartarme de él, jadeante pero no me deja respirar por
mucho tiempo.

—Quieta, cariño, necesito todo de tí en este momento—aparta mi ropa interior y mete tres de
sus dedos dentro de mí.
Me vuelve a acercar deslizando su lengua sensualmente contra la mía, bailando en un juego
lento y sensual como unos amantes prohibidos.

Mis ojos retroceden por la fuerza de sus dedos dentro de mí y el placer que atraviesa mi
centro. La electricidad recorre mi espina dorsal y, con cada beso, me siento al borde de la
muerte.

Quizás lo esté mientras estoy inclinada sobre un montón de productos de limpieza siendo
usada y follada por un loco demoníaco que usa su fuerza contra mí, y eso no me molesta, en
cambio mis ojos brillan de placer y gemidos brotan de mi boca que son tragados por la suya.

Su mano enroscada en mi cabello es la única ancla que tengo, sus caderas empujan contra mí
con tanta fuerza que los productos caen al suelo haciéndome abrir los ojos de par en par.

Mierda, se supone que estudio química y esto es definitivamente peligroso.

—Aiden—lo llame intentando avisarle.

Conozco la mayoría de compuestos que tienen cada uno de los productos y después de unos
minutos de inhalarlos podría causar una intoxicación.

—Shh, tendremos que ser rápidos—empuja de nuevo sus dedos dentro de mí, enroscándolos
en mi interior.

Mis ojos ruedan olvidando por completo el peligro que ambos corremos ahora.

—No podría detenerme cuando veo cuánto quieres esto. Si estás llorando por mis dedos,
cariño—profundiza su ritmo hasta que mis manos deben apoyarse en la pequeña mesa de
madera frente a mí—. Esto te pasa por desaparecerte y alejarme de tí, ¿acaso tengo que
tatuarte que eres mía para que jodidamente lo entiendas? No volverás a hacerlo, ¿estamos?

No puedo contestar a nada, solo puedo clavar mis dedos en la mesa si entiendo el placer en
mi interior, estoy ciega de la lujuria para cuando me muerde el cuello con fuerza
probablemente haciéndome un gran moretón.

—Responde, Lilith.

Apenas puedo soltar un aliento entre jadeos como para poder contestar pero aún así lo hago.

—Lo haré cuántas veces me dé la gana—me las apaño para decirle entre jadeos
descontrolados.

Muerde el mismo punto en mi cuello sacándome un grito que ahoga con sus labios. Las
lágrimas bajan por mis ojos para cuando vuelve a frotar su polla contra mi húmedo coño
haciéndome sollozar de necesidad.

—Estás haciendo un desastre en mis jeans y aún así me desafías—suelta lo que parece una
risa ronca—. Veamos, te daré otra oportunidad para retractarte, cariño. Dí que eres mía y
quizás considere tu castigo.
—No quiero ser tuya, joder—lloriqueo.

—Lástima para tí, soy yo quien toma esa decisión.

—Me vas a dejar sin corazón.

—Construiré uno nuevo con mis manos y lo meteré a la fuerza en tu pecho hasta que vuelvas
a funcionar.

—De todos modos estarías lastimándome.

—Eso dependerá de cómo sea tu actitud, si te pones renuente no seré compasivo.

Mueve sus caderas detrás de mí y sus dedos se enroscan tocando un punto dentro de mí que
me nubla la vista.

—Solo son dos palabras, Lilith, tú puedes.

Aún así me niego a responder afirmativamente.

—Podrás obligarme pero para mí jamás te perteneceré hasta que tenga tú corazón en mis
manos.

—Acabas de cometer el peor error de tu vida.

Reemplaza sus dedos por su polla y me embiste a un ritmo desenfrenado y sin control
agitando mis caderas en el proceso. Todo mi cuerpo tiembla pero aún así jodidamente lo
necesito y eso me jode más de lo que quiero admitir.

Las ganas de llorar me queman la garganta cuando sus labios vuelven a los míos y su beso se
hace más profundo cuando se entierra completamente dentro de mí. Más devastador, y
destructor.

Su mano en mi cabello baja a mi vientre empujándome contra él a niveles que son


físicamente imposibles. Me está volviendo loca y aún así parece seguir bombeando en ese
punto dentro de mí, todo es tan intenso que no puedo parar de gritar y llorar contra sus labios.

Me hace correrme una y otra vez, exigiendo que diga unas palabras que yo no me siento lista
para admitir, no cuando sé que hay algo grande en juego.

En cuánto me quedo sin aliento y parece que me desmayaré es que me da vuelta y une su
frente con la mía como sí ambos nos estuviéramos respirando el uno al otro.

Aún no sale de mí y aunque sigo excitada estoy llorando desconsolada sin darme cuenta,
porque ha tocado teclas que no debía tocar en este momento.

—Mírame, cariño—dice con voz áspera—. Si lo que necesitas para dejar de llorar es mi
corazón me esforzaré para sanarlo y entregártelo sano—limpia las lágrimas en mis mejillas.

— ¿Dejarás de odiarme si lo haces?


Cuando guarda silencio, mi corazón parece dejar de querer latir.

—Siempre te odiaré, eso es algo que no va a cambiar, sin embargo, no quiere decir que no
pueda pasar nada más.

No tengo cabeza para ponerme a pensar en sus palabras, solo estoy agitada física y
mentalmente así que me dejo descansar en sus brazos.

Ya ha pasado una semana y media desde lo sucedido en ese cuarto de servicios en la mansión
de Connor.

Y ya va un mes y medio desde que estoy con Aiden en un extraño aprieto que no soy capaz
de poder responder.

La vida desde hace una semana ha sido tan extraña, ambos hemos funcionado cómo si ese día
hubiera sido borrado del mapa en su totalidad.

Aún así él sigue castigándome desde ese día como le encanta hacerlo y yo no me quejo por
ello. Él satisfacer mis necesidades y yo las suyas.

Además no puedo negar que me encanta cada vez que su mano se enrosca en mi cuello y su
polla hace desastres dentro de mí. O cuando muerde, azota y deja miles de chupetones por mi
cuerpo.

Igual no se queja en lo absoluto cuando dejó mis marcas en él y eso me fascina.

Tampoco ha abandonado su obsesión de posesión porque a cada nada le encanta salir solo
para poder decirle a las señoras de la atiendas que soy su novia y luego comerme la boca.

Tiene una obsesión insana con tocarme en todo momento, ya sea el cabello, la mano, el
cuello, la cintura, la cadera o cualquier parte de mí.

Ahora, toda la isla parece saber que no pueden mirarme, tocarme o hablarme sin tener
problemas con la Bratva, especialmente con su ejecutor así que para mí desgracia o fortuna
no he tenido pegostes molestos buscando mi atención.

También ha pasado más tiempo con mis amigos y ha traído a Enzo y a Heidi quién desarrolló
un enamoramiento sutil por Nikolay lo que solo ha aumentado la molestia de Aiden hacia mí
amigo.

Por alguna razón, Niko siempre termina involucrado en problemas con todos los tipos, él solo
dice que no pueden culparlo por tener belleza y personalidad.

En parte, tiene razón.


El punto es, que ahora Aiden se lleva bien con Joshua y con Marcello, de hecho parecen
amarlo más que a mí y ni se diga de Amira, no sé cómo pero logró entrar en su lista de "no
plebeyos" y ahora no para de decirme que por favor me lo quede.

Todas las tardes vienen a mi apartamento a ver cualquier película y a comer comida chatarra,
que Aiden no me deja comer sino que me cocina algo aparte y luego se quedan en mi
apartamento o se van.

Ahora, a pesar de que Joshua y Marcello han caído en la manipulación, es Nikolay quien me
dice que tenga cuidado.

De hecho no sé cómo sabe tanto del tipo que es Aiden pero parece hasta sentir lástima por mí,
está enterado más que todos de que Aiden oculta algo y de hecho está ayudándome en lo que
puede pero asegura que lo que sea que oculte me va a lastimar.

Bueno, lo sé.

De hecho he conocido muchísimo mejor a Aiden, es un imbécil que no sabe el significado de


la palabra "no" de hecho le encanta convertirla en un "sí" a base de castigos que terminan con
orgasmos.

Y no importa cuándo o dónde lo diga porque él podría follarme donde sea. En la cabaña, en
los probadores de las tiendas, en su vehículo o en cualquier rincón de la mansión de Connor.

Me sorprende que no se haya dado cuenta aún de que su casa es cómo nuestro burdel
favorito.

El caso jodido de todo esto es que me he dejado llevar demasiado y ahora estoy colgando de
un hilo a la mitad del precipicio.

Parece ser que solo quiero caer porque mientras más conozco verdaderamente a Aiden más
me doy cuenta que en verdad puede ser amable y divertido cuando te lo propones.

Él siempre me compra cosas tontas que veo por la calle como peluches o agendas, prepara
mis comidas, duerme conmigo, prepara mis duchas, me invita a comidas, se encarga de que
coma saludable, me ayuda en tareas y proyectos de la escuela aunque no le va mucho la
química, incluso me da masajes cuando duermo, esto lo sé por mi querido amigo Enzo que
desde entonces no para de joder a Aiden con eso.

También ha probado todas mis comidas favoritas y ha admitido que no son tan malas como
parecen y que ya no soy tan rara.

Siempre me pregunta por mis clases de química en el laboratorio porque descubrió que son
mis favoritas, por mis amigos o por lo que hago en el día.

A veces, después del sexo también me cuenta cosas suyas que me hacen reír hasta quedarme
dormida.

Porque realmente he dormido tan bien está semana que luzco radiante y más feliz que nunca.
Se ha metido tan dentro de mí que creo que estoy cayendo más rápido de lo que debería y
todo esto me caerá como un soplo del viento cuando Connor me envíe las pruebas esta
semana.

Aún así decidí ser feliz, dejarme llevar y ser libre porque por primera vez no tengo que pensar
las cosas, Aiden siempre se encarga de mantener mi mente ocupada con cosas brillantes y
parece poco a poco estar funcionando para calmarme a mí misma. Incluso he dejado de tener
ataques de pánico.

También he dejado de lado los pensamientos sobre los monstruos, aún más cuando Aiden me
llevó al sótano de la cabaña hace un par de días y me dejó apreciar como acababa con cada
uno de los monstruos que quedaban de mi pasado y ese fue el jodido cierre de descanso para
mí mente. Admitió que eso en realidad fue lo que hizo la semana que desapareció, buscar a
todos y cada uno de ellos.

Aún así no he admitido ser suya y eso le enoja pero prefiere guardar silencio al respecto, y
está bien, a mí me enoja que diga odiarme y que guarde secretos pero guardo silencio
también.

Es mi modo de supervivencia por decirle así.

Ahora estoy en el laboratorio haciendo un muestreo de algún par de algas que mi profesora
dice que pueden servir como medicina para la gripe y es nuestro trabajo descubrirlo.

Pero ya estoy agotada y mi pequeña alga ahora es una pastilla que debe ponerse a prueba.

Para tomarme un descanso reviso mi celular, justo cuando lo enciendo un mensaje llena la
pantalla dejándome helada.

Connor: Aquí tienes lo que pediste, es solo una parte, estoy buscando el resto del vídeo en la
parte que se cortó. Trata de fingir no haber visto esto o Aiden se dará cuenta.

Connor: Ah y relájate, Adrienne tiene hackeado tu celular, el video se va a guardar en la


nube y cuando lo necesites ver de nuevo solo debes pedirle que lo regrese a tu celular.

Mis dedos tiemblan cuando veo el video que dura aproximadamente media hora.

Corriendo tomo mis audífonos y los conecto al Bluetooth antes de encerrarme en el baño para
ver el vídeo.

Doy un toque a la pantalla para reproducirlo, lo primero que veo es una grabación tomada
desde la esquina de una habitación vieja y cutre que me hiela los huesos.

Pero al inicio del video se ve que hay un corte, un fallo, es cómo si antes hubiera habido otra
parte de otro video y lo hubieran recortado, es esa la parte que debe decir Connor que falta.

La habitación se queda en silencio durante unos minutos antes de que se escuche una risa
femenina y luego una mujer esbelta aparezca entrando a la habitación acompañada de dos
guardias de seguridad.
Su cabello naranja la hace indistinguible, es Liliana, la madre de Aiden.

En la grabación ella habla sobre un tema con el padre de Aiden, Albert y luego ambos se van
por caminos separados, ahí se corta el clip y luego aparece otro, este es en la casa de Aiden
en Luxemburgo.

Es la grabación del día en que Liliana murió, solo que las cosas no Loren tal como yo
recuerdo.

Ella no entra borracha a la habitación, de hecho entra muy consciente y reluciente, es Aiden
quien está sentado sobre la cama mirando sus pies fijamente perdido completamente en sus
pensamientos.

Liliana se acerca y acaricia su cabello antes de agacharse a su lado y saludarlo pero Aiden no
responde nada.

Es entonces cuando ella se molesta y lo empieza a insultar y a regañar por ser como ella, un
sociópata. Aiden solo le da una mirada indiferente que causa que ella enfurezca aún más y le
dé una cachetada.

Él sigue sin reaccionar y lo toma de la camisa dándole un par de golpes para luego ponerse a
llorar y abrazarlo como una auténtica loca, aún así es ahora cuando Aiden medio reacciona
frotando su pequeña mano en el cabello enmarañado de su madre.

Sus ojos siguen perdidos en la nada y es entonces cuando ella se disculpa con Aiden y se
pone en pie tomándolo del cuello pero desde esta perspectiva no parece ser con malas
intenciones, en ese momento la puerta se abre y es cuando una pequeña niña entra
sosteniendo en sus manos una lavanda.

Soy yo, ¿pero entonces cómo es que no recuerdo esto?

Empiezo a marearme cuando veo cómo mis pies entran a la habitación y los ojos de Liliana
conectan con los míos llenándose de vil molestia.

Murmura algo sobre que debe acabar conmigo y luego toma la botella de la estantería pero no
es como la historia que recuerdo, no es cómo la historia que cuenta Aiden. Ahora todo parece
ser diferente.

Ahora entiendo que la historia estaba mal.

Ahora entiendo que Aiden siempre la cuenta robóticamente.

Ahora entiendo que todo fué una farsa cuando ella se abalanza sobre mí intentando clavarme
la botella rota y es allí cuando Aiden intercede y parece reaccionar, la botella se clava en su
pecho y la lavanda cae de mi mano cuando grito tratando de empujar a Liliana y salvar a
Aiden.
Liliana voltea sorprendida por haber herido a su hijo de tal magnitud, una vez más y luego
grita tomándome del cabello y tratando de golpearme pero soy más rápida al correr y tomar
un alambre de púas en el suelo, ella me tumba y yo sollozo tratando de apartarme.

Para cuándo Aiden la parta de mí ni siquiera puedo creer lo que sucede, mi pequeña yo se
levanta y le pasa el alambre por el cuello ahorcándola con él en defensa propia.

Aiden no ve lo que hago pero para cuando voltea ya es tarde, mis manos sangran, mi cuerpo
tiembla y hay un cuerpo a mis pies.

Se agacha al lado del cuerpo aún con la herida en su pecho y le mide el pulso a su madre
aunque sus ojos abiertos demuestren que está evidentemente muerta.

Luego, puedo ver el momento exacto en el que sus ojos se vuelven un completo vacío cuando
me mira y con voz indiferente murmura:

—La mataste.

Mi cuerpo se desmaya en el video y mi cabeza se golpea con la esquina de la mesa


haciéndome perder la conciencia y empezar a sangrar.

Aiden mira el cuarto contemplando sus opciones y finalmente empieza a lastimar su cuerpo,
luego, quita el alambre de púas y lo esconde abriendo el colchón y luego tapándolo con las
sábanas.

Finalmente toma el vidrio y sin tacto alguno lo clava en la garganta de Liliana, justo a tiempo
para cuando su padre entra, él me tiene en brazos y mira fijamente la entrada.

Su padre cae de rodillas pero detrás de él aparece mi madre corriendo para buscarme y junto
a ellos vienen las autoridades y los paramédicos.

Aiden solo alega a la policía que ella nos intentó atacar y que esa fue una forma de
autodefensa de su parte diciéndoles a todos la misma historia que yo sabía en dónde él es
quien quita la vida de sus ojos.

Sin embargo, cuando se queda a solas con mamá y ya yo estoy fuera del campo él le cuenta lo
sucedido y ella asiente abrazándolo, luego le dice que si quiere que yo me entere y él niega
diciendo que eso no me dejaría vivir.

Mamá asiente con una pequeña sonrisa y le dice que esa es la historia que todo el mundo
creerá, incluída yo.

En ese momento el video se corta y aparecen unos informes médicos, son míos, dicen que
tuve una lesión cerebral y un shock post-traumático en el que olvidé los sucesos de lo
ocurrido.

Reportes psicológicos de dos años después reflejan que al repetir innumerables veces la
historia falsa mi mente la adaptó como la real en medio de la inconsciencia.
Mi respiración está atascada en mi garganta para cuando elimino el vídeo y el chat con
Connor.

Rápidamente le escribo a Adrienne que le envíe el documento firmado a Connor y luego


también elimino ese mensaje.

Todo parece cobrar sentido en mi cabeza, por qué Aiden me odia parece cobrar cierto
sentido, creo que si fuera él quien acababa con la vida de su madre quizás todo sería
diferente.

Y aún así no me arrepiento en lo más mínimo, ella lastimaba a Aiden e intento matarme y si
él espera disculpas al respecto está jodido.

Solo creo que dice odiarme para no sentirse tan vacío al no sentir desprecio por alguien que
rompió su familia sin querer aceptar que ya estaba rota.

Mi vida pasa en cámara lenta cuando guardo mi celular y vuelvo al laboratorio de química
dónde la profesora alaba mi increíble pastilla que al parecer fue la única que funcionó de la
clase y dió resultados positivos en cuestión de media hora.

Estoy orgullosa de esa creación pero no estoy lista para cuando muestra el ojo que diseñe y le
da a la clase una reprimenda dejándome a mí en lo alto.

Caleb, me sonríe al final de la clase algo incómodo con la situación. De hecho no hemos
hablado más desde que presentamos el proyecto, creo que le agarró miedo a Aiden y ahora
mantiene distancias entre ambos para no ser asesinado cruelmente.

—Felicidades, Li. Hiciste un buen trabajo. Quizás te den el premio de química de la


universidad este año.

—Gracias… aunque no creo que debamos ir tan lejos. Dejémoslo en que soy buena pero no
para ganarme el mayor premio galardonado del mundo.

Él sonríe rascándose la nuca.

—Eres excelente en esto, acabas de ser alabada dos veces en media hora por la mejor química
actual. Estoy seguro de que lo conseguirás.

Ojalá, no me quejo, recibo mucho dinero de la guarida y de hecho he ganado dos peleas de
las dos que participé esta semana pero si gano ese premio sería fantástico.

— ¿Lo dices en serio?

—Claro que sí—él sonríe—. Aunque mi opinión no cuente aquí creo que haces cosas
geniales, no debes sentirte opacada por lo que Atlas dijo aquella vez, sé que tú rendimiento
bajó por eso pero mira el lado positivo, tú tendrás un premio de química y él no.

—Gracias, Cal—no puedo evitar la sonrisa que se esboza en mis labios.


Esa es la razón por la que Atlas y yo nos distanciamos, el día que él me dijo que no llegaría a
nada en mi vida haciendo cosas mediocres lloré como nunca, la química era mi vida.

Los experimentos eran mi salvación y él simplemente desechó todos y dijo que necesitaba
espacio para sus creaciones que sí servirían para algo.

Llore a mares ese día y él jamás se disculpó, no le hable más y él tampoco me habló, intenté
recuperar mis experimentos de la basura pero ya era tarde todo estaba roto.

Nadie sabe la razón por la que nos peleamos, ni siquiera mamá, y seguirá siendo así hasta que
Aiden me saque la respuesta y solo entonces él lo sabrá.

Nadie más.

Lo digo porque ya ha preguntado dos veces sobre el tema.

Salgo del laboratorio para ir a tomar unas bebidas energéticas pero soy intersectada por una
rubia y una castaña.

La rubia tiene un vendaje en el cuello y un inmovilizador en el mismo, aún así no siento


lástima por Jane.

No es la primera vez que me la consigo, lleva desde que salió del hospital hace tres días
siguiéndome a todas partes con su amiga llamada Karla, ambas son un grano en el trasero.

Ahora me siento realmente incómoda mirando a mí alrededor, no es por nada pero pelear con
una lisiada se sentiría un poco mal.

— ¿En qué puedo ayudarte?—pregunto con tono aburrido.

Y así termina de dañar mi día, no basta con el vídeo en el que resulta que todo lo que
recuerdo falló sino que ella ahora también está aquí.

Ahora estoy sola con la loca obsesionada con Aiden y su perra faldera.

—Mientras más te observo más me doy cuenta de lo rara que eres, eres como un patito feo en
un estanque de cisnes y eres tan mojigata que podría llevarte a la iglesia y las monjas estarían
encantadas contigo. No sé qué vio Aiden en tí—pisotea el suelo con su tacón de treinta
centímetros.

—Siguiendo tú lógica a veces es mejor escoger un patito feo a un cisne igualado a todos los
demás en el estanque. Además, ¿no es el patito feo el protagonista de la historia? Los cisnes,
son los extras. Ahora sí me disculpas debo ir a buscar mis exámenes—la miro con
indiferencia.

—Escúchame, maldita perra igualada—entra en mi espacio personal—. No sabes un carajo,


te crees especial solo porque Aiden te trata bien. Abre los ojos, solo te utiliza, no eres la
primera en su juego retorcido.
—Hay muchas que pueden comprobarlo, y cuando termine contigo irá con Jane porque es lo
que más le llamará la atención y es allí donde él pertenece no con una puta rara como tú—la
chica, Karla, me mira de pies a cabeza con asco.

A pesar de que lo que dijeron me molestó, finjo demencia y les lanzo una mirada aburrida.

— ¿Ya terminaron su charla infantil o debo quedarme más tiempo? No me gusta llegar tarde.

—Espérate, joder—gruñe Jane—. Si no estás lejos de él vas a acabar muerta, toma esto como
un consejo amistoso, tú ganas salir viva y yo me gano a Aiden.

— ¿Y ahora de qué hablas, Jane?—digo cansada.

—Aiden tiene trabajos e impulsos, ahora está reprimiéndose, él necesita sangre, un impulso
asesino, y para eso necesita ser calmado con estímulos que tú no le proporcionas solo los
intensificas. Tú lo obligada a sentir cómo un jodido normalito y eso lo hace volver loco
especialmente porque te odia y lo estás llevando al límite como una idiota, yo no lo haré.
Entonces vamos a hacernos un favor, tú deja de ser patética y lárgate y yo me encargaré de
devolver al verdadero Aiden Wolf.

Un agujero pesado se instala en mi pecho.

—No creo en tí, anda a joder a otro lado.

—Pregúntale por qué no puede amarte, solo hazlo y tendrás una respuesta—su voz se vuelve
cruel.

Trago saliva y ella se ríe como una maníaca.

—Hazme caso y huye antes de que termines en un charco de sangre.

Ambas se van y mi día debe transcurrir con normalidad pero no puedo parar de pensar en sus
palabras mientras estoy en clases o en el almuerzo con los chicos incluso en el laboratorio.

También me decidí a llamar a mamá hoy y estaba tan feliz que me sentí mal por no hablarle,
no estoy molesta con ella, después de todo lo que hizo fue por mi bien y por el de Aiden.

También se unieron mis padres y tuve que contarles sobre mis experimentos a lo que todos
me felicitaron pero colgué rápidamente bajo la excusa de tener que estudiar que no es cierta.

Para mañana no tengo nada relevante más que un exámen de biología que me sé de memoria
y pruebas prácticas de laboratorio.

Sin darme cuenta he conducido hasta la mansión de Connor dónde sé que él estará. Suspiro
mientras me detengo y echo mi cabeza hacia atrás en el asiento.

¿Qué se supone que estoy haciendo?

Pienso dar marcha atrás pero los guardias me dan un pequeño asentimiento y abren las
puertas, al parecer tengo acceso a la propiedad cómo si fuera mía ahora.
El guardia dentro me guía hasta la piscina olímpica, sí, porque resulta que hay unas diez
alrededor de la mansión, ridículo.

Efectivamente los cinco están aquí, y digo cinco porque Enzo está feliz grabando como
Connor ahoga a Naim en la piscina. Atlas está afuera tratando de hacer entrar en razón a
Connor.

— ¡¿Qué dices, hijo de puta?! ¡No te escucho! Tú todo silencioso y buena persona, pf,
máscara. No me molestaría sepultar tu pequeño trasero como un molesto pegoste.

Cuando Naim sale a la superficie jadeando su mirada está ardiendo y toma a Connor que sale
corriendo de la piscina antes de sonreír diabólicamente y empujar a Atlas dentro del agua.

Atlas se queda demasiado tiempo dentro del agua, unos siete minutos en los que todos
observan el agua con miedo.

Idiotas, es una trampa, Atlas sabe aguantar muy bien su respiración.

Cuando Connor se acerca a ver qué ocurre una mano sale del agua y lo vuelve a introducir
dentro del agua ahogándolo por completo.

Luego, Atlas sale de la piscina con su traje estropeado.

—Te voy a asesinar algún día, Connor—lo amenaza, Atlas.

—Patrañas, morirás sin mí en tu mundo aburrido. Incluso Aiden es más divertido, ¿a qué sí,
zanahoria?

Aiden está acostado en una tumbona ajeno a todo el desastre, usa unos bermudas negras y
una camiseta blanca abierta que deja a la vista su pecho duro, sus abdominales y sus tatuajes.

Sus ojos están cerrados mientras descansa y me encantaría saber que pasa por su mente en
momentos en los que parece muerto.

Sus ojos se abren y el azul eléctrico de su mirada se encuentra con la mía cómo si hubiera
sentido mi presencia, él siempre hace esas cosas.

Una sonrisa perezosa curva sus labios, me encanta cuando me sonríe a mí, porque no son las
típicas sonrisas falsas, son sonrisas reales, juguetonas y traviesas que hacen que mis bragas se
mojen y mi estómago se revuelva con nervios.

— ¡Malyshka!—grita Enzo dejando de grabar y corre a abrazarme—. ¿Te unirás a la piscina


con nosotros?

— ¡Si! Apoyo a que me ayudes a ahogar a Atlas—Connor se suma gritando desde el borde de
la piscina.

—Yo apoyo a dejarte en la ruina—le devuelve Atlas quitándose el saco empapado.


—Bah, te costará al menos tres años quitarme todo mi dinero, patán.

—Puedes entrar así al agua o en ropa interior—Enzo ríe provocando a Aiden.

—Sigue y tu cuerpo estará rodando en el océano al amanecer—gruñe Aiden con un tono


amenazante.

— ¡Oh, no! Que miedo—Connor finge desmayarse en el agua y Animo aprovecha para
tirarse de espaldas contra él, ahogándolo.

—Hola, Li—Naim asiente en mi dirección.

Le sonrío asintiendo de vuelta y saludando con mi mano.

Juro que ya me acostumbré a estar aquí, se siente tan familiar como estar con los chicos, mi
única advertencia de correr es cuando Connor se pone serio o cuando Naim entra en su modo
retorcido.

La mano fuerte de Aiden toma mi muñeca y me lanza hacia su pecho haciendo que caiga de
lleno sobre él. Suelta mi muñeca y me hace acostarme sobre él apoyando una mano en mi
espalda baja.

—Creí que nos veríamos en la noche.

—Me quise adelantar, aunque no creí que estaría en una lucha libre de piscina—río mirando
como ahora Enzo es quien está siendo ahogado.

—No mires—sus dedos toman mi barbilla y me hace mirarlo a él.

—Tóxico—río apoyando mí barbilla en su pecho.

—Ponle la etiqueta que quieras.

Las palabras de Jane regresan y me aclaro la garganta antes de poder preguntar:

—Oye, tengo una duda, nada para que me trates mal o salgas corriendo, pero, ¿hay una razón
específica por la que no puedas amarme?

Levanta una ceja.

—Sí, pero si te digo probablemente me volverás a dejar y eso no pasará.

—No lo haré, trataré de comprenderlo.

Entrecierra los ojos.

— ¿Trataras de comprender así como comprendes que te odio? Ya.

—Sí, de hecho ya lo comprendí, ahora cuéntame.


— ¿Lo comprendiste?—su mano toca mi frente y luego mi cuello—. Joder, debes tener
fiebre.

—Imbécil.

Él ríe el sonido retumbando contra mi pecho.

—Solo dime.

—Solo te puedo decir que es un tema más complicado de lo que crees y que querrás huir en
serio, cuando lo hagas esta vez te castigaré el triple.

Mi núcleo se aprieta ante la mención de esa palabra.

—Al menos promete que me lo dirás pronto.

—Lo prometo, cariño—él acaricia la piel entre mi camiseta y mis pantalones cortos,
enviando escalofríos por mi columna mientras parece un poco aturdido.

—Sabes que no me iré, sea lo que sea debe tener una solución muy explicable que me
quedaré a escuchar.

—Solo que la justificación a eso es aún peor.

—Entonces me molestaré y correré muy lejos y tú no me dejaras ir, hablaremos y


resolveremos las cosas, ¿vale?—acaricio su mandíbula.

—Estaré encantado de perseguirte, cariño.

Me quité mi sudadera y ahora solo uso un top lila y mis pantalones cortos blancos.

Estoy sentada en las piernas de Aiden mientras le pregunto sobre sus inicios sociópatas y sus
primeros asesinatos.

—Todo sucede muy rápido cuando debo asesinar, la sed de sangre nubla la coherencia y me
hace perder la cabeza haciendo que tenga muchos impulsos incontrolables. Aún así busco las
formas de calmarlos, cómo montar a caballo, eso me relaja, o nadar de noche me deja lo
suficientemente en calma para el día siguiente. Entonces reprimo cuánto puedo y luego
simplemente me dejó llevar en mis deberes de ejecutor.

— ¿Y no duele cuando llega el momento de actuar? Digo, si te nubla la mente entonces debes
sentir algo ¿no?

—Mmm. No diría que duele, solo se siente extraño, pero es lindo que te preocupes por mí—
sonríe.

—Cállate, estoy siendo considerada deberías seguir mi ejemplo.

—En mis tiempos se llamaba amor, no consideración, pero ya qué.


Ruedo los ojos cambiando el tema.

— ¿Qué tanto piensas en matar?

—Depende del día pero el mínimo de veces son unas treinta que se unen a diez de cometer
cualquier acto ilegal que contenga adrenalina. Aunque últimamente solo pienso unas cinco o
siete veces de ambos.

Abro los ojos sorprendida, vaya, no me esperaba que ese número pudiera bajar.

— ¿En serio? ¿Qué hiciste para lograrlo?

—Pasar tiempo contigo.

— ¿C-cómo?

Aiden desliza su mano libre hasta mi nuca y me atrae hasta que nuestras frentes quedan juntas
y puedo ver sus ojos de cerca, sus labios rosados y el contorno de su mandíbula afilada.

Él inhala respirándome como si fuera el aire y luego cierra sus ojos lentamente.

—Tú calmas los demonios, no sé cómo lo haces pero ellos se van cuando estás cerca.

—No sé cómo hice eso—murmuro nerviosa.

—Yo menos, pero sigue siendo tú, estoy empezando a experimentar el significado de la
calma y es maravillosa, ¿puedes creer que mi mente deja de maquinar?

Estoy tan conmovida que mis ojos se humedecen.

—Lo creo, me pasa igual. Creí que solo te daba más dolores de cabeza con tanto hablar y mis
rarezas.

—Solo me das algo que escuchar, ¿sabes? Alguna vez tuve un pensamiento algo tonto pero
soy creyente de que funciona, dice: "Para que dos personas puedan enamorarse, una de ellas
debe tener una personalidad radiante y una voz endulzante y la otra debe tener una oscuridad
abarcante y un buen razonamiento, así la primera persona siempre tendrá un tema de
conversación y la segunda tendrá siempre una opinión. Entonces puede fluir la comunicación
ya que uno siempre tendrá algo de qué hablar y el otro oídos para escuchar y memoria para
recordar".

Sus ojos se abren hechizándome con sus ojos azules tan electrizantes como un rayo en la
tormenta.

—Contigo, esos pensamientos cobran sentido.

— ¿Eso significa que soy única? —bromeo.

—Lo eres, cariño. Si ser rara te hace jodidamente especial y radiante entonces lo eres porque
destacas entre toda esta multitud aburrida que llena el mundo.
—Aww, mírate ahora siendo adorable—beso su mejilla queriendo irritarlo.

Él gruñe.

—Basta. No hagas esta estupidez. Te juro que vuelves a decir eso y te voy a castigar, Lilith.

—Ya, ya—me aclaro la garganta—. Ahora, tengo una pregunta para tí.

—Habla.

— ¿Qué pasaría si un día salgo corriendo y voy a los brazos de otra persona?

—Te encontraría, lo asesinaría mientras miras y luego te follaría mientras ves el cuerpo—su
voz se oscurece mientras un escalofrío recorre mi espina dorsal—. ¿Acaso contemplas
volverlo una realidad?

—Buscaba formas de huir si las cosas se ponen mal.

—Escucha bien, cariño. No hay forma en que yo te deje ir.

Pienso responder pero soy alejada bruscamente de su cuerpo antes de que Connor y Enzo
arrastren a Aiden a la piscina metiéndolo dentro con todo y ropa.

Suelto una risa cuando se quita la camisa empapada lanzándola fuera del agua y empieza una
lucha de agua con Enzo y Connor.

Creo que podría empezar a estarme acostumbrando a todo esto.


Aiden

D escansa, Diosa—la despido en la puerta de su apartamento—. No olvides soñar


conmigo y tocarte pensando en mí, yo haré lo mismo pensando en tu coño
apretado para cuando te vea poder llenarlo con mi semen—muerdo su labio.

Ella me mira ceñuda y luego mira a nuestros alrededores comprobando que nadie haya oído
mis palabras. Me encanta su paranoia.

—Aunque siempre puedes pasar la noche conmigo y volver todo realidad para después ver
una de tus horrendas películas.

—Al diablo tú, te dije que mañana debo presentar un proyecto y tú eres una distracción para
hacerlo.

— ¿Qué hablamos de mandarme al diablo? Que me maldigas me excita así que a menos que
quieras que te follen aquí mismo y luego borre las cámaras de seguridad guarda silencio.

Sus mejillas se vuelven de un lindo color rojo y su cabello vuela con el viento mientras sus
ojos me miran brillantes y asombrados por mis palabras atrevidas.

Juro que jamás podré ver a un ángel y jamás lo he visto, pero si tengo que darle una
apariencia física sería la de Lilith, es cómo un pequeño ángel para un gran demonio.

Mía de todas formas.

— ¿Es en serio? Estás loco si crees que haremos algo en pleno pasillo.

—Te juro que es divertido.

Se acerca como un gatito curioso.

— ¿Ya lo probaste?

—Un par de veces, es estimulante pero si no quieres no te voy a forzar, simplemente te puedo
meter en el apartamento y ya está.
— ¿No te avergüenza que alguien vea?

—No si luego los puedo asesinar.

Sus labios se separan y agito la mano.

— ¿Hola? Llamando a mi Diosa del espacio exterior.

—Vaya, es increíble todas las cosas extrañas que has hecho.

—No me interesan esas cosas, contigo solo necesito tu coño para correrme, lo demás es solo
un juego de diversión.

Río pero luego se corta cuando caigo en cuenta de que ella me jode tanto que ya ni siquiera
necesito látigos o cuerdas, solo su cálido coño.

Todo el mundo jodidamente se detiene.

Ella es mi perdición.

—Creí que necesitabas usar todo eso para tu satisfacción.

—Yo igual, de hecho, lo necesitaba—admiro entre dientes—. Ya no, pero eso no te da


derecho a sonreír cómo tonta.

—Siempre tan encantador.

—Lo sé.

Se pone el cabello tras las orejas, sin dejar de sonreír.

—Cállate, tal vez deba buscar a otros tipos que no me insulten de más. Tal vez incluso me
gane un buen polvo—chasquea negando con la cabeza.

Gruño, tomándola del cuello con fuerza y estampándola contra la pared. Su cuerpo está tenso
y al borde de un posible infarto cuando siente el arma de mi bolsillo chocando contra su
vientre.

—Si estás dispuesta a follar en su sangre, entonces ve a buscarlos.

Traga saliva.

La razón principal de dejarla en su apartamento es porque debía hacer un trabajo, por eso
traje mis armas pero ahora podría darles un jodido mejor uso.

— ¿Y ahora qué haces?—susurra tensa.

—Jugar tu juego favorito, las preguntas, solo que será más divertido, aún tengo tiempo.
—Joder, maldito loco—masculla cuando saco uno de los cuchillos de mi bolsillo.

—Relájate, lo vas a tener tú, solo que está vez nos vamos a quitar la capacidad de mentir, si
lo haces te voy a hacer un corte, ¿no me vas a mentir entonces, está claro? No quiero hacerte
daño.

El aire se escapa de sus pulmones y su respiración se vuelve pesada cuando envuelvo sus
dedos alrededor del mango del cuchillo y, aún tomando su mano pongo la parte filosa del
cuchillo en mi cuello.

—Te toca preguntar, Diosa.

Mira a los alrededores dándose cuenta de que no tiene salida así que aún temblando con su
mano en el cuchillo hace la primera pregunta.

— ¿Me odias?

Una sonrisa se extiende por mis labios. Si ella supiera.

—Te odio.

Su mano tiembla en exceso antes de retirar el cuchillo de mi cuello cómo si no pudiera


contemplar la idea de asesinarme.

No a mí pero sí pudo con ella.

Ahora con su mano llevo la hojilla a su cuello y presiono admirando como su piel lechosa se
hunde con el filo y se forma una línea rosada en su cuello.

— ¿Por qué no puedes matarme?

—Podría hacerlo con todos menos contigo, Aiden—su cuerpo se inclina hacia el mío
clavando más el cuchillo—. Puedo herirte pero jamás matarte, tendrían que matarme antes de
que logren que yo lo haga contigo aunque tú ni siquiera me quieras—su tono de voz cae.

Y entonces no puedo más, porque un día me juré que necesitaba odiarla, porque no podía
sentir algo por la niña monstruosa que algún día acabó con la vida de mi madre cuando ella
estaba empezando a salir de las drogas y el alcohol.

Pero quizás no entendí que en realidad ella nunca cambiaría y que ya no puedo seguir
guardando todo mi rencor hacia Lilith.

Porque esa es la realidad de una historia mal contada donde hay villanos reales con historias
falsas.

Un día, después de que ella asesinará a mamá, tuve dos opciones, asesinarla o entregarla a la
policía, sin embargo no hice ninguna de las dos.
En cambio, me dije a mi mismo que la odiaría pero no pude siquiera contemplar la idea de
matarla, así que elegí la opción de echarme a mí mismo la culpa de una muerte con la que yo
no cargaba inicialmente.

Tuve que ir con ella a diez sesiones de terapia en las que relaté la misma historia falsa una y
otra y otra vez hasta que ella lo creyó y luego yo tomé mis distancias.

No podía sentir pero aún así sabía que estaba mal pasar tiempo con la niña que asesinó a mi
madre y con aquella que no podía estar junto a mí cuando se enterara de que en realidad todo
lo que pasaba estaba mal.

Porque aunque está no sea la razón principal de no poder amarla si es la razón de odiarla.

Y quizás vaya a sufrir más de lo que me gustaría admitir cuando ella se entere o le cuente la
verdad de los hechos pero qué más da, en la vida se debe tomar riesgos y es seguro que
aunque ella me odie por todo lo que ocurrió yo la atraparé y la haré amarme de nuevo.

Mi celular suena y veo que es Atlas, ella también lo ve y eso significa que el juego se ha
acabado, guardo mi arma y la miro fijamente a los ojos, sus ojos que ahora están decaídos.

Pero antes de irme le digo las palabras que tenía atoradas desde hace mucho en la garganta,
ya casi dos meses y estoy admitiendo esto.

— ¿Quién dijo que no te quiero? Si, te odio, pero te odio porque lograste meterte tan
profundo dentro de mí que ahora no sé cómo sacarte. Te odio porque lograste lo que nadie
pudo, lograste hacerme sentir, lograste que mi corazón lata cuando creí que estaba muerto, él
solo late para ti ahora y eso es lo más aterrador que puede pasarme.

Sus ojos se abren e intenta alcanzarme pero para cuando reacciona yo ya estoy conduciendo
al almacén.

Para cuándo terminó mi trabajo son casi las doce de la noche, aún así estoy conduciendo
hasta el recinto de The Golden Royalty porque necesito ver a Lilith.

El portero está dormido y es relativamente fácil entrar al apartamento lo cual me llena de


molestia porque cualquiera podría hacer lo mismo que yo así que me anoto mentalmente
ubicar Boyevikis alrededor de la zona.

Fuerzo la cerradura de su apartamento con un cuchillo y me toma veinte minutos desactivar


el mecanismo de huella y clave digital antes de entrar en silencio y caminar hasta su
habitación no sin antes pasar por el baño y quitarme las botas sucias.

Ella está dormida con la luz encendida y su edredón Lila cubriendo su cara. Parece un saco de
patatas envuelto sobre las sábanas.
Me quito la camiseta y los vaqueros antes de meterme detrás de ella en la cama y apagar la
luz. Solo serán un par de horas pero es suficiente.

Sin embargo cuando creo que podré conciliar el sueño su cuerpo rueda en mis brazos y sus
ojos se entreabren primero para luego abrirse de golpe y soltar un grito digno de película de
terror.

Lanza el edredón a un costado antes de levantarse de un brinco y prender la luz haciéndome


gruñir por el cambio brusco.

— ¡¿Qué demonios?! ¿Cómo entraste?—susurra sosteniendo su corazón sobre el pijama de


osos.

Su perra Lila se levanta ladrando por el alboroto sumándose a mi dolor de cabeza.

—Forcé la cerradura y desconecté el mecanismo de huella, ahora vuelve a la cama—me


cubro los ojos con el antebrazo.

—Esto no puede ser en serio, primero sueltas la bomba del siglo admitiendo que me quieres,
luego te pierdes dejándome en una combustión cerebral y cuando me despierto resulta que
forzaste la cerradura de mi apartamento, psicópata de mierda—masculla en un vómito de
palabras apresuradas.

—No tenía pensado decir eso hoy y cuando lo dije debía irme a trabajar, sobre lo último lo
arreglaré en la madrugada. Por cierto fué demasiado fácil, aumentaré la seguridad.

—Aiden—me llama haciendo que descubra mis ojos—. Son las doce de la noche.

—Mmm.

—Te voy a matar, joder. Ahora vamos a hablar, ni pienses que vas a dormir luego de esto.

Suelto un quejido dándole la espalda.

Ella vuelve a la cama y se sienta sobre mí jalándome el cabello y obligándome a abrir los ojos
para conseguirme con su mirada furiosa.

— ¿Qué fué eso que dijiste antes de marcharte?

—Lo que escuchaste, nunca dije que no te quería eso lo dedujiste tú. Yo simplemente puedo
odiarte y quererte a la vez—caigo de espaldas en el colchón para que ella quede en mejor
posición.

—Si hubiera sabido que solo tenía que ponerte celoso para que lo dijeras lo habría hecho
mucho antes.

—No se trata de eso.


—Reaccionaste muy mal antes de que si quiera terminará de hablar—balbucea ya muy activa
para mí estado de cansancio—. Iba a mencionar a ese chico de la escuela secundaria que tenía
una gran polla, parecía un príncipe de película—ríe encantada.

Olviden el sueño.

— ¿En serio me quieres hacer enojar ahora?—escupo, molesto.

Ella sonríe.

—Ya lo logré, estás enojado.

Me encanta cuando suelta este tipo de cosas. Ella siempre me escucha y utiliza todo lo que
digo en mi contra como la Diosa astuta que es.

Y está empeñada en conocer ese lado mío que nadie conoce a fondo, no quiere ver las
máscaras falsas ella quiere ver el lado que todos han rechazado. Mi padre incluído.

— ¿Entonces era broma?

—No, no lo es, yo en serio la ví, no era del todo inexperta y tenía curiosidad.

—Dame su nombre—exijo.

Definitivamente no será para darle caramelos.

—Brad Pitt, obvio.

Observo su rostro.

— ¿Se supone que esto es sarcasmo?

—Vamos, no seas imbécil, fué alguna tontería de chica.

Tiro de ella dándonos la vuelta y haciendo que quede debajo de mí cuerpo, aplastada.

—Espera, tranquilo—dice con voz entrecortada.

—No me jodas, Lilith ¿Cuál es el nombre del cadáver?

— ¿Sabías que amo tus ojos? Son cómo jodidamente hermosos, siempre los comparo con un
rayo azul eléctrico en el cielo.

—Ni lo sueñes. Dame el nombre, es la última vez que lo preguntaré.

—Ya para, joder—dice en medio de la resignación—. No puedes solo matar a todos los
hombres con los que he convivido en un pasado.

—Tienes razón, no puedo solo matar a los de tu pasado sino también a los de tu presente y a
los de tu futuro. Pero empezaremos con el imbécil de una gran polla.
—Ni siquiera está en la Isla, está en Filipinas haciendo centros de rehabilitación con su
madre.

—Mira que bien, al parecer también conoces muchos al príncipe de película. Sigue
agregando más para matarlo con más gusto.

—Eres imposible.

— ¿Sabes? Yo soy la que debería estar buscando a cada chica con la que has estado y a tus
incontables parejas, chicas sexuales y todo eso no tú.

—Eres mi única pareja, mi chica, mi novia, mi todo. Yo no ando hablando de nadie de mi


pasado porque ninguna fue relevante cómo el príncipe de película con gran polla que dices tú.

—Ugh, ya duerme, buenas noches—cierra sus ojos.

— ¿Es en serio? Te molestas cuando no dije nada de ningún coño a diferencia de cierta chica
que trata de cambiar de tema. Estás empezando a colmar mi paciencia, despierta—la muevo.

—Si tanto te fastidio la vida déjame dormir en paz y lárgate o termina conmigo y ya—sus
ojos se abren encendidos con un desafío.

—Al parecer no hemos dejado muy en claro que no te irás jamás de mi lado.

—Vete al carajo.

—Solo si voy contigo.

Rueda los ojos pero veo la sonrisa en sus labios.

—Ya duerme, idiota—me lanza hacia abajo haciendo que caiga a su lado para no lastimarla.

Decido no molestarla más y cierro mis ojos quedándome dormido.

A la mañana siguiente ambos debemos ir a nuestras clases así que la estoy dejando frente a su
universidad deseándole suerte en su proyecto.

—Hasta la tarde, imbécil.

—Cuida la boca, Diosa—le doy una nalgada que la hace chillar y entrar corriendo a sus
clases no sin antes dirigirme una mirada de picardía.

Ella me vuelve jodidamente loco.

Conduzco el resto del camino a mi universidad mientras me envió mensajes con ella antes de
que llegue su profesor de historia.

Quizás yo me salte mis clases hoy.


Lilith: Ni se te ocurra saltarte tus clases hoy.

Una sonrisa roza mis labios.

Es increíble como dejo que ella me lea sin esfuerzo alguno, si algún otro lo hiciera lo estaría
enviando a Marte ahora mismo.

Con Lilith, no me importa.

Lo sé, a mí también me sorprende admitirlo.

Aiden: Depende, si dices que me debes una súper mamada quizás lo cumpla.

Lilith: Te chuparé la polla cuando te vea hasta que te corras en mi garganta si no faltas a
clases.

Mi erección aparece más rápido de lo que debería.

Aiden: También podrías decir que eres mía.

Lilith: No gracias, no estás listo para charlas de adultos.

Ruedo los ojos, molesto por su terquedad en no querer admitirlo. Su lado terco me da ganas
de asesinar a alguien.

Además, ¿dijo charla de adultos? Soy mayor que ella, joder.

Sigo conduciendo mientras leo los mensajes del grupo con los chicos y Enzo quién se ha
incluído solo en el grupo con ayuda de Connor y ahora son un dolor de pelotas.

Enzo: Juro que me encanta Lilith. Esa chica es lo máximo, si fuera hetero probablemente me
la follaría y la haría mi esposa. #miotramitad

Aiden: Lo único que podrás follar será al Diablo cuando te envié con todo y cadáver al
infierno. Spoiler: será pronto, hijo de puta.

Enzo: Oye, puto, creí que estabas harto de nosotros y ya no leerías los mensajes.

Atlas: Si lee el nombre de Lilith claramente va a aparecer, no hay que tener tantas neuronas
para comprender, Enzo.

Connor: Bla, bla, bla. Fóllate a tus neuronas ultra geniales y deja de joder aquí, cerebrito.

Enzo: Volviendo al tema, cuando la dejes o ella te deje (lo más probable) me la quedaré. Yo
si tengo amor para darle, hay que ayudar a la sociedad y ella se ve triste contigo.

Aiden: ¿Te quedarás con ella o con su primo? Anda a follarle el culo al italiano de nuevo.
Ah, cierto, ya no tendrás pene para cuando te lo quite, lástima.

Enzo: Basta. Eso fué una vez y no pasará de nuevo.


Connor: STOP. ¡¿QUÉ?!

Aiden: Es la última advertencia, para con eso, Enzo.

Naim: En serio basta, Enzo. Lilith es diferente para Aiden, no lo jodas.

Enzo: Nunca hablas y cuando lo haces es para armar pelea. Jodida rata.

Naim deja de contestar y yo también me decido en guardar mi celular y concentrarme en


llegar a la universidad.

Paso mis clases normales cómo todos los días, igual de aburridas y luego vuelvo a conducir
de camino a casa.

Pero me doy cuenta de que algo va mal, hay un carro negro que me lleva siguiendo desde que
salí de clases, intento perderlo y sigue detrás.

Cuando pienso detenerme y enfrentarlo se le unen seis carros negros más del mismo modelo
y me veo obligado a tomar otro camino mientras trato de sacar mi arma pero entonces un
ruido suena a mi costado.

Es una camioneta enorme que viene con las luces encendidas, intento esquivarla pero tengo el
jodido lago a un lado así que mi opción es seguir acelerando.

Logro pasarle por el lado haciendo una rápida maniobra pero entonces un tiro resuena y el
auto gira en todas las direcciones hasta volcarse.

Un líquido caliente baja por mi frente mientras mi cuerpo queda estancado en una posición
dolorosa.

Estoy en el borde de la inconsciencia y aún así siento cuando me sacan del auto entre varios
brazos y luego una voz sumamente conocida y jodidamente exasperante llena el aire.

— ¿Adivina a quién se le acabó la semana?

—Le enviaré fotos a papá cuando te ahogue.

Un ruido vacío resuena en mis oídos mientras sombras revolotean detrás de mis párpados.

Lentamente los abro primero viendo un bordeado naranja antes de finalmente ver luz.

Un latigazo de dolor llega a mi cabeza por el repentino cambio.

Hijos de puta.
No había sentido este dolor desde que mamá murió, es muy similar a cuando estrellan una
botella de vidrio en la cabeza y está palpita, tal como ella lo hacía.

Solo que está vez me siento más adolorido y mi cabeza está pesada, sin mencionar que me
cuesta enfocarme y concentrarme.

Maldición, juro que si estos imbéciles me causaron algún trauma cerebral los voy a asesinar y
le diré a Lilith que fué un accidente.

Debo sacudir la cabeza para alejar el enfoque borroso y desaparecer los puntos rojos y negros
de mi visión. Lo primero que intento es ver si puedo mover las manos pero estás no se
mueven, así que bajo la mirada para ver cómo las ataron a mi espalda y luego muevo los pies
pero también ataron mis tobillos.

Para completar, la silla es de metal, esas que usan para aplicar electrochoque.

Definitivamente no estoy en el castillo Müller y mucho menos en casa de alguno de los otros,
a juzgar por las luces verde neón y las paredes azules puedo decir que estoy en uno de los
club casino de Death el cuál actualmente está en manos del Volkov más pequeño por su
cumpleaños número diez.

Maldigo a Adriel, el hermano menor de Atlas si en serio se le ocurrió la idea de prestarles el


club a sus hermanos y a su padre para hacerme mierda la vida.

Ahora, se preguntarán por qué juzgo que son ellos y no los Z, bueno, primero ellos unieran
atacado más drásticamente como es el estilo de Park, segundo es demasiado idiota y me
habría dado cuenta y tercero no tendrían la bolas de perseguirte cerca de mi casa sabiendo
que mis Boyevikis estarán allí.

Lo que me hace pensar cuántos habrán matado estos hijos de puta que he cabreado
intencionalmente desde que tengo seis años.

Mi actividad favorita en definitiva era poner celosos a los padres de Lilith acaparando toda su
atención pero sin tener que hablar con ella, además me ganaba también la atención completa
de Aleska e incluso ella los regañaba cuando los descubría amenazándome.

En especial a Aleixander, ese maldito cabrón tiene la fantasía húmeda de ahogarme al igual
que el loco psicópata de Hades y Ethan. Ahora sumémosle a sus hijos y tengo a la familia
completa en mi contra.

Y tampoco es que haya ayudado las mil fotos que posteé en Instagram y los mil videos que
publiqué en TikTok con Lilith.

La última foto que publiqué con ella fue durmiendo sobre mí con su rostro metido en mi
cuello y cubriendo su desnudez con las sábanas.

Eso definitivamente enojaría a un padre y a un hermano, yo no tengo hermana pero lo más


cercano a una que tengo es la pequeña Heidi, y definitivamente si ella subiera una foto así
con un imbécil lo asesinaría.
Cuando la puerta del sótano en donde usualmente se hacen los tratos gordos se abre, entra
Abalám vestido con su traje de entrenamiento militar.

Él se entrena en la FMAE una agencia de agentes especiales que se encarga de hacer los
trabajos que no cumple el FBI, actualmente el jefe de la organización es Aleixander y
próximamente pasará a su hija Alaia.

Abalám está encantado de pertenecer a la ley mientras él mismo la rompe porque eso
significa que está en un poder más allá que el de todos.

Y ahora tiene problemas personales conmigo.

— ¡Buenos días, rayito de sol!—dice con falso tono emotivo—. ¿Tuviste un buen amanecer?
Vamos a empezar a arreglar nuestras armas para que no vuelvas a ponerte en pie.

—Joder—finjo también un tono preocupado—. Estoy temblando, dame unos segundos para
empezar a llorar.

—Esperaré—luego, da vuelta y mira a alguien detrás de la puerta—. ¿Tenemos el tanque de


agua?

—Todo listo—dice Uriel entrando a la habitación sin gafas, está luz es tolerable para sus ojos
y puedo verlos después de al menos unos diez años.

Han perdido la coloración y ahora se ven de un verde tan claro que casi pasa por blanco
haciéndolo lucir extrañamente escalofriante.

Mi sorpresa llega cuando un jodido traidor entra a la habitación empujando el gran tanque de
agua vestido con un traje negro.

Lo miro incrédulo pero me recompongo rápidamente.

—Te dije que vendría a ver el espectáculo cuando te ahogaran—masculla el que creí era mi
jodido mejor amigo.

—Me dueles, Atlas, yo jodidamente creí que me salvarías el culo.

—Estoy ayudando, dejar que Abalám tome el control de esto significaría que tú acabarás
muerto o con una conmoción cerebral.

—Tienes razón, ponle correa a tu perra como el jodido rey del tablero, hermano. Pero cuando
llegue mi momento jodidamente llorare de la risa al verte.

—Eso no pasará.

—Yo creo que está más cerca de lo que crees.

—Estás equivocado.
—Le diré a tu madre lo que haces, lloraré como un jodido crío hasta que su amor por tí muera
y adivinen a quién amará más, a mí.

Causó el efecto deseado cuando Abalám suelta un disparo a mis pies, no iba a mis pies, de
hecho iba a mi cabeza pero la mano de Atlas logró bajar el arma a tiempo.

—Ooh, no hace falta molestarnos—digo con voz burlona—. Bueno, amigo, esto quedará
marcado como la peor traición de la historia al lado de la de Judas. Y yo que te iba a sacar a
un lindo paseo hoy porque te extrañaba, a cazar idiotas tal vez, el idiota terminó siendo
otro—chasqueo con falsa decepción.

Atlas rueda los ojos quitándole el arma a Abalám.

—Yo te extrañé igual si te sirve de consuelo, pero tú rompiste una promesa de no relacionarte
emocionalmente con mi hermana.

—Joder, ya basta, parecen una puta relación gay extraña—Abalám nos mira a los dos con una
mirada aburrida.

Cuando creí que ya iba a poder morir ahogado en paz entonces entran los otros dos idiotas.

El pequeño mocoso rubio que está vestido con ropa deportiva. Y el hacker asocial que usa
una camisa blanca con una chaqueta de cuero negra mientras fuma un cigarrillo.

— ¿Qué hace él aquí?—Uriel señala a Daren.

—Estaba aburrido y Jay Jay dice que esto iba a ser divertido—ríe como un maníaco.

— ¿Quién carajos es Jay Jay?

Daren frunce el ceño y Adrienne a su lado niega con la cabeza hacia Uriel.

—No quieres saber.

—Es la voz de su cabeza, se llama Jay Jay, hasta yo sé más de su hermano loco que
ustedes—chasqueo.

Abalám entrecierra sus ojos hacia mí sin romper el contacto visual.

—Aww. Si hubiera sabido que harían esta linda reunión familiar para por fin incluirme a su
familia habría traído al menos una tarta.

Abalám sonríe antes de dar dos pasos en mi dirección.

— ¿Crees que esto es uno de esos juegos en los que solo hablaremos, idiota?

—No, pero me parece una exageración todo este melodrama.

—Es nuestro adelanto para cuando lastimes a Lilith y ella venga llorando a casa.
—Al diablo, eso no sucederá.

Antes de poder seguir hablando Uriel y Adrienne ponen el tanque frente a mí.

Me preparo mentalmente justo cuando mi cara entra por completo en el agua con hielos.
Siento que me entumece los siguientes segundos y cierro los ojos pero el frío se vuelve
demasiado y siento como mis ojos se empiezan a pegar obligándome a abrirlos.

Ver y respirar agua es literalmente lo más cerca que puedes estar de ver y saludar a la muerte,
incluso pierdes el control de tí mismo porque cuando me doy cuenta estoy empujando mi
cabeza hacia arriba por la falta de aire.

Mis pulmones están ardiendo y probablemente haya más agua que comida en mi estómago
ahora mismo, mi cuerpo sufre espasmos que me hacen casi convulsionar y creo que me
desmayaré pero entonces me sacan del agua.

Mi cuerpo tiembla y siento que estoy teniendo una parálisis mientras toso y escupo toda el
agua respirando entrecortadamente con la boca abierta.

Mi cabello está goteando y cubre mi visión por unos segundos hasta que lo sacudo riendo.

— ¿Esto es todo el drama que querías hacer? Vaya mierda—digo con la ira estancada en la
garganta.

—No haría eso si fuera tú—me recomienda el traidor de Atlas.

Le echo un vistazo rápido a la habitación para ver qué en algún momento Adrienne se fue y
ahora quien me sostiene del otro lado es Daren.

—Muy bien, aclaremos las cosas—Abalám pone un cuchillo bajo mi mandíbula—. Cuando
salgas de aquí le enviaras un mensaje a Lilith y terminarás su patética relación diciendo que
ya no quieres estar con ella, le dirás todo lo peor que puedas y esperarás a que te olvide como
la peste desechable que eres.

—Tengo dudas, su majestad—digo con mucha seriedad—. ¿Estamos seguros de que ella se
creerá esto? Porque voto un noventa por ciento a que no, hombre.

—Tienes un punto—dice Atlas.

—Si lo cree o no da igual de todos modos si no la buscas sabrá que es verdad y luego irá
llorando dónde mamá y allí le presentaré un nuevo chico decente con el que pueda olvidarte.

Ahora sí todo da un giro drástico de los acontecimientos porque tengo la necesidad de acabar
esta farsa y golpear innumerables veces su cráneo hasta que esté cruja y luego guardar sus
sesos en una caja para entregárselos a su madre con mi más sentido pésame.

Puede ahogarme, dispararme e incluso amenazarme pero poner en juego a Lilith diciendo que
se la dará a otro imbécil es algo excesivo para mí control.
—Mmm. Cambio de planes creo que saldré de aquí y le diré a tu mami lo que haces, luego
ella me consolará y Lilith también hasta que todos te odian. Suena mejor.

—No creo que Lilith te consuele cuando se entere lo que hiciste o lo que tú querido papi hizo.

Mi sonrisa vacila un poco y es su turno de sonreír.

—No estoy seguro de que a nuestra pequeña Li le guste esa información.

—De acuerdo contigo, hermano—masculla Uriel—. Huiría si se entera.

—A Lilith no le gustan los mentirosos.

—Y tampoco le agradas tú, que triste debe ser que ni tus propias hermanas o madre te
quieren, ¿no, Abalám? Muy triste—sonrió.

Me da un puñetazo en la cara que me envía de nuevo al agua, está vez mi frente se abre con
los hielos y mi visión se oscurece por la falta de aire.

Estoy a nada de perder el conocimiento o quizás morir, eso es peor.

Pero no tanto cómo estar muriendo y que lo único que pase por mi mente cómo tráiler de
película sean imágenes de Lilith, de ella riendo feliz sin esa mirada triste en sus ojos.

La oigo, no me llama por mi nombre, me dice ese tonto apodo que me dejó sin respirar un
día.

Mi cuerpo es sacado bruscamente del agua y alguien me ayuda a torcerme mientras toso
como si mi vida dependiera de ese hecho.

— ¡¿Qué te pasa?!—Azazel empuja bruscamente a Uriel—. ¿Cómo pueden hacerle esto?


¿Acaso no tienen sentimientos?

—No—dice Daren casualmente.

— ¡Detén esta mierda!

Mi cuerpo reacciona demasiado rápido ante la voz de Lilith. Logro distinguirla peleando con
Abalám

—Le dije que se alejara y no lo hizo.

— ¿Y qué? ¿Quién crees que eres para manejar mi vida? Spoiler, no eres nadie, ni en mi vida
ni en tu farsa de Dios del mundo.

—Él te lastimará, créeme.

— ¿Y si lo hace qué? Sigo siendo mi asunto y mi decisión propia si quiero o no seguir con él
si me llega a lastimar. Finalmente estoy siendo feliz con alguien, ese alguien que siempre
quise, y no me iré sin él.
Podría jodidamente gastar mi último aliento en levantarme y comerle la boca.

—Lárgate sola con Azazel y Atlas, ahora.

—No, maldición, estoy harta de tí y de tu forma de controlar todo como si fueras el rey del
universo. Estoy cansada de tus manipulaciones con todos. Ya basta, Abalám. Estás grande y
yo también, toma tu camino pero no te metas en el mío también porque no me pienso dañar
por tí. Se supone que todos deberíamos ser una familia unida y sólo somos una decepción
para mamá—niega mirando decepcionada a Atlas y a Uriel.

—Vámonos ya, Li—Azazel la toma de la mano.

—No sé irán aún—Abalám la toma del hombro y pienso levantarme a partirle el cuello pero
Lilith se me adelanta.

— ¡Dije que pares!

Y entonces mi maldita chica le da un jodido puñetazo en la cara que no puede hacerme sentir
más orgulloso.

— ¡Paren todos ya! Todos ustedes son unos monstruos sin putos sentimientos, los odio tanto
a todos, ojalá algún día sufran todo lo que yo tuve que sufrir con ustedes para que entiendan
la realidad de la vida. Podrás ser mayor que yo pero tampoco sabes nada—mira a Atlas—. Y
yo estaré sentada esperando a que un día caigan y allí dirán que tenía razón, allí irán a
pedirnos jodidamente disculpas por manejar sus mierdas.

— ¿Ya terminaste?—le dice Abalám, inexpresivo.

Pero noto el deje de nerviosismo e incomodidad en su voz. Sabe que tenía razón.

—Vas a parar todo eso y dejarás de meterte en mi vida y en la de Az, si no lo haces yo


jodidamente haré que mamá te desprecie. Y es una amenaza.

Entonces ella corre hasta dónde estoy yo, siendo tomado por Atlas.

— ¡Aiden! Bebé, por favor, despierta—me toma la cabeza y la pone en su regazo.

Su voz está llena de preocupación y dolor.

Ella es mi Diosa, al diablo si Dios existe o no, yo tengo mi propia Diosa, mi Lilith.

Sabía que ella vendría, lo supe cuando Atlas sacó su celular y texteo un mensaje,
probablemente a Azazel para decirle lo que ocurría y él claramente trajo a Lilith.

Solo por ese hecho no mataré al bastardo de Atlas.

Pude haber huido hace ya mucho tiempo cuando Daren me tomó, de hecho mis manos ya
estaban desatadas. Pero cuando ví a Atlas decirle a Abalám que era suficiente y él no escuchó
supe que esto sucedería porque si mi pequeña Lilith me ve sufriendo por su hermano
definitivamente me consolaría, alejaría a esas escorias y como bonus les daría una paliza
verbal.

Ahora, no esperé que les diera una paliza real.

Eso estuvo jodidamente sexy.

Si algo es seguro es que nadie nunca podrá separarme de mi Diosa y mucho menos ese
patán.
Lilith

R ecibo la pastilla para el dolor de cabeza que me acaba de pasar Azazel.

—Deberías descansar, yo tengo que llamar a Aitana—suspira, sus ojos


rodeados con bolsas opacas del cansancio.

—Estoy bien, tú eres el que deberías dormir, no has parado de estar alterado desde que me
llamaste—lo estrecho en mis brazos.

—Y tú tuviste un ataque de pánico, tienes heridas en tus nudillos y aún no has querido comer
nada.

Hago una mueca mirando mi mano herida con restos de sangre seca que aún no he limpiado.

Además aún sigo algo alterada por el ataque de pánico que tuve cuando Azazel me llamó
hace unas horas, estaba mirando el techo sin poder conciliar el sueño cuando recibí una
llamada de Azazel diciendo que había ocurrido un accidente automovilístico causado por
Abalám, Uriel y Adrienne.

Luego me envió la captura de pantalla de un mensaje de Atlas en dónde avisaba lo que


sucedía con un breve y corto mensaje.

Primero creí que era algo escéptico, sin valor, es decir, ¿por qué harían eso?

Pero luego me dijo lo que sucedió hace unas semanas atrás y como ahora yo había entrado en
el campo principal del juego de Abalám porque estaba, lo suficientemente aburrido como
para tener que acogerme a mí y no a otra persona.

Abalám y yo nunca hemos sido los mejores hermanos, él siempre me hacía bromas pesadas a
pesar de ser menor y luego pedía perdón con una maníaca sonrisa en la cara que prometía
volver a repetir el escenario.

A diferencia de él, Uriel lo hace por protección, algo debe saber por lo que esté haciendo esto
o simplemente tiene celos de propiedad para dejar ir a su primera hermana.
Y Adrienne puede que ocurra lo mismo, es muy silencioso pero es jodidamente posesivo, y él
y yo tenemos una extraña relación familiar pero puedo decir que soy con la que más habla de
sus hermanas, ah y obvio con Atenea.

Estaba tan desesperada que incluso llegué a tener el número de mamá a un solo toque de
llamarla, pero luego me arrepentí, porque entonces ella se sentiría decepcionada de todos
nosotros y probablemente hubiera entrado en otro de sus círculos repetitivos de caos mental.

Eso y definitivamente le habría hecho la cruz a mis hermanos por lastimar a alguien que ella
considera familia.

Y eso habría destrozado a Azazel y yo simplemente no me puedo permitir seguir haciendo


más desastres.

Me acerco a la cama dónde está acostado Aiden y me dejo caer a su lado.

Atlas vino con nosotros después de darle una paliza merecida a Abalám por no escuchar
cuando él dijo "basta", hasta dónde tengo entendido Atlas solo sabía que era un simple
ahogamiento en el que él iba a observar porque al parecer Aiden rompió los códigos de
mejores amigos de no meterse con hermanas.

Sigue sonando de la mierda pero al menos es algo justificable.

Cuando vió que todo estaba subiendo de nivel le dijo a Abalám que era suficiente y él no
escuchó así que sacó a Aiden del agua apartando a Uriel y a Daren y envío el mensaje a
Azazel.

Acaricio el cabello de Aiden, su rostro parece atrapado en un hermoso sueño que hace lucir
sus rasgos más relajados.

Lo trajimos a la mansión de Connor y lo llamé en el camino para decirle que Aiden estaba
herido y necesitábamos sus aportes de medicina.

Inmediatamente su voz sonaba sería y molesta preguntando qué carajos había ocurrido y a
quien había que asesinar.

Tuve que decirle lo ocurrido.

Así que apenas llegamos Atlas se encargó de cambiarle la ropa húmeda y sucia a Aiden para
luego darle paso a Connor para que revisara los síntomas de mi demonio.

Dijo que tenía una posible contención y que debía tomar reposo por al menos uno o dos días
y luego dijo que tenía un posible resfriado por el alto nivel de agua helada que soportó su
cuerpo.

Mientras acaricio su cabello la sensación de dolor de hace unas horas vuelve.

Nunca antes había sentido tanto miedo de perder algo, cuando ví su cuerpo tendido en el
suelo, con los ojos cerrados y medio inconsciente perdí el control.
Una ira inexplicable llenó mi ser y eso me impulsó a darle un puñetazo a Abalám que
contrario a lo que estaba diciendo solo yo sé que fue la rabia de que haya herido a Aiden.

No sé en qué momento Aiden se convirtió en el oxígeno que necesito para sobrevivir en esta
vida, se volvió alguien vital, que en duele el corazón nada más ver cómo está herido.

Él es un demonio, un monstruo, un villano, pero yo también lo soy, porque tal cómo él fue el
villano en mi historia durante dieciséis años yo fui la villana de la suya sin siquiera
recordarlo.

Creí que podría guardarle rencor pero eso es algo que jamás funcionará, y hoy caí en cuenta
de que lo amo en serio, más que a nada, porque él no solo ha sacado lo mejor de mí sino que
me ha enseñado a vivir con lo peor de mí y eso es lo mejor de todo esto.

Me encanta cómo siempre me pone por sobre todo y todos, como hace de todo para que yo no
me pierda mis comidas, para que duerma mis horas completas. Cómo siempre me recalca que
está orgulloso de mis experimentos en el laboratorio o como siempre me mira cómo si yo le
diera paz.

En conclusión, él es mi droga, y estoy tan dispuesta a volverme una adicta solo por no dejarlo
ir.

—Necesito varias explicaciones de esto—Enzo entra a la habitación con un ceño fruncido—.


¿Mi Aiden casi muere y ustedes ratas inmundas son incapaces de decírmelo? Naim bota
porque asesinemos al cabrón, jodidamente colgaré sus bolas en el ayuntamiento como trofeo.

—Lamentablemente no nos dejan asesinarlo—gruñe Connor aún con su molestia intacta.

Puede parecer un hijo de puta, pero le importan todos sus amigos, creo que incluso yo le
importo un poco o no hubiera respondido al toque mi llamada.

—Puedo revisar las cámaras y averiguar quién fué—dice Naim con su rostro sereno pero las
dirás líneas de su mandíbula están tensas.

Luego, su mirada se dirige a una esquina de la habitación y sus rasgos se contorsionan a unos
peligrosos.

Dirijo mi mirada a la esquina donde está Azazel cruzado de brazos sin dejar de devolverle la
mirada dura a Naim quien ahora lo observa con un cálculo escalofriante.

Azazel está apretando sus manos en puños y me preocupa por un segundo que vaya a sacar
sangre de tan fuerte que clava sus uñas cortas en su palma.

— ¿Fuiste tú el que lo hizo? ¿O acaso estás involucrado?—pregunta Naim con una lentitud
escalofriante hacia mí hermano.

Sus músculos están rígidos, y sé más que nadie que Naim es uno de los mejores peleadores
que posee la guarida, puede verse serio y callado pero es una máquina de destrucción.
Mi corazón late desbocado a nada de salirse de mi pecho, mi hermano ya tuvo una discusión
con él y no quiero que justo Az se vea involucrado con este tipo.

—No fué él, Azazel ayudó a traerlo al igual que Lilith—Atlas nos salva de una situación
peligrosa.

—Debemos esperar a que la zanahoria despierte para saber todos los detalles—continúa
Connor.

Joder, podría ir y abrazar a ambos en este momento aunque Atlas no me caiga especialmente
bien. Él sigue siendo el mejor amigo de Aiden y lo defenderá siempre, eso en cierta parte
siempre quedará en mi cabeza.

—Claro que él ayudó a traer a Aiden. No podría vivir en su conciencia dejar morir a
alguien—Naim bufa antes de ponerse sus audífonos.

Azazel solo se cruza de brazos bajando la mirada mientras mira al suelo como si fuera lo más
entretenido del mundo.

—Oye, Az, deberías ir a casa, es tarde y mañana tienes escuela, yo pasaré el resto de la noche
con Aiden—susurro al llegar a su lado.

Azazel asiente dándome una mirada extraña y luego se acerca a Enzo para pedirle que lo
lleve a casa a lo que él no se niega y lo acompaña seguido de Naim.

Tal vez debería ir con ellos después de todo, pero me niego a dejar a Aiden solo, estoy segura
de que si ocurre algún problema Enzo intervendrá.

Para asegurarme de ello le envío un mensaje y él me manda un sticker de pulgares arriba.

—Deberías ir con ellos, Naim parece tranquilo pero cuando tiene una fijación se vuelve una
perra insoportable—dice Connor apoyando su cuerpo en la pared.

—Me quedaré con Aiden, pero gracias por avisar, y gracias a ambos por proteger a Az—les
doy una pequeña sonrisa.

—Cómo ya dijo Connor, Naim es una amenaza y Azazel es un niño muy amable como para
dejar este mundo tan rápido—Atlas se encoge de hombros.

Un silencio se extiende por la habitación, algo incómodo debo decir, antes de que el aire se
llene con el sonido de mi suspiro.

— ¿Despertará pronto?—susurro hacia Connor.

—Lo más probable es que en unas horas, y tú trabajo cómo buena enfermera es cuidar que
nuestra querida zanahoria no se levante de allí y haga desastres.

—Entendido, le daré una patada en el culo de vuelta a la cama si es necesario.

Levanta una ceja.


—Cuánto amor.

—Me preocupo por él, ¿vale?

—Ya—dice con un deje de diversión.

—Oye, ¿van a hacerle algo a Abalám? No es por defenderlo pero está en su naturaleza hacer
estos actos repentinos y nosotros no lo podemos juzgar, especialmente no ustedes que son
iguales. Sé que Aiden hubiera reaccionado igual, tú e incluso Atlas en su forma planificada—
ruedo los ojos sin mirar al mencionado—. Pero es un chico de tú edad que está en su límite
del poder y necesita sus propios estímulos en su mente aburrida de la sociedad.

— ¿Se supone que deba darme lástima?—Connor se cruza de brazos.

—No, pero podrías tener un poco de comprensión, es todo—mi voz se suaviza—. Aiden,
Abalám, Uriel, incluso Naim y Atlas tienen un concepto distinto de los sentimientos, ellos
son diferentes y sé que tú me entiendes, Connor. Sé que puedes ser un hijo de puta pero eres
uno con el lujo de poder sentir emociones a flor de piel.

—Entonces pretendes que no haga nada contra el chico que intentó matar a Aiden.

—No digo que no le des una amenaza pero no vayas a hacer lo mismo contra él, si Aiden no
hace nada solo quédate tranquilo, ya Atlas le dió una paliza y yo le dí un puñetazo—levanto
mi mano para que la vea—. Ya es suficiente para él.

Se ríe como un trastornado.

— ¿Suficiente? Lilith, hermanita, lo pones cómo si fuera alguien que sintiera dolor, el
maldito desgraciado debe estar planeando algo en su tablero para que todos nosotros nos
vayamos abajo.

—Y tú sería un idiota si te pones a su nivel y le sigues el juego. Sé más inteligente que él no


más imbécil.

Aparece una línea entre las cejas de Connor.

—Como sea, avísame cuándo despierte—camina hasta la salida.

No me dí cuenta de cuando Atlas también abandonó la habitación pero supongo que no le


interesaba escuchar mi charla con Connor.

—Connor—le llamo.

Él se detiene.

—Tampoco debes guardar rencor hacia las personas equivocadas, si tienes un problema con
mi madre es solo con ella, meterte conmigo o con Atenea es un golpe bajo.
—Tú tienes tu propio pasado oscuro, Lilith. Eres la villana de una historia al igual que Aiden
lo es, todos lo somos. Tu madre era la buena en su cuento pero en el mío es la villana, y yo
me encargaré de ser el villano en la historia de su hija. No sabes nada de lo que pasó
conmigo, mientras tú estabas en esa jaula yo estaba pudriéndome en un sótano encarcelado—
sus palabras me hacen tensarme a más no poder—. Si tú quieres proteger a tu madre,
adelante. Pero yo no lo haré, y le arrebataré a su hermoso sol de ser necesario.

—No puedes matar a Atenea—trago saliva.

—Hay muchas formas de matar a una persona, y yo me encargaré de que ella sufra cada una
de ellas, eso ya no será de tu incumbencia. Solo mantente alejada de mi vida privada y
podremos estar en paz, quizás hasta nos volvamos unidos, quien sabe—sonríe con amargura
antes de cerrar la puerta detrás de él.

Muerdo mi labio mientras acaricio de nuevo el cabello de Aiden deslizando al fin toda mi
atención hacia él.

Entonces un nudo extraño aprieta mi garganta, porque me he dado cuenta de cuánto lo amo
yo, pero él lo dijo, nunca podría amarme.

Me puedo confirmar con que me quiera a medias y me odie completamente pero jamás tendré
su amor.

Algo le impide amarme, él no puede amar.

Sin embargo, a pesar de saber esos pensamientos me sigo sintiendo en paz a su alrededor.
Aún cuando me está ahorcando o follando como un desquiciado, pero quizás sea culpa de sus
acciones amables después de eso.

Saco de mi mochila el detalle del ojo que había hecho hace unas semanas, el iría sigue siendo
luminiscente y brilla en la oscuridad tal como sus ojos eléctricos.

Lo dejo a un lado de él, en la mesa de noche de su cama, es cómo una lámpara que le da color
al costado de su cara.

Suspiro mirando la hora en el reloj y voy rápidamente a darme un baño antes de ponerme
únicamente la camisa de Aiden sin nada debajo y luego me deslizo a su lado.

Pongo mi mano en su cabeza comprobando que la fiebre no sea muy alta y antes de
acostarme y dormir por completo le coloco la pastilla de menta en la boca que dejó Connor.

Es para el dolor de garganta.

Me pienso unos segundos pero finalmente me decido por subirme sobre Aiden, he
descubierto que no puedo dormir si no siento su entero calor.

Suelto un chillido cuando sus manos me envuelven y el gruñe entre sueños.

Mierda, no.
No puedo despertarlo joder, cierro los ojos y sin más me dejó llevar por el sueño.

El sonido de un gemido me despierta, en medio del sueño y el despertar me doy cuenta que es
mío y poco después puedo sentir la dura erección de Aiden entre mis piernas.

El placer se acumula en mis muslos descubiertos mientras más me frotó contra él y luego mis
ojos se abren de par en par mientras me detengo negándome a mí misma mi orgasmo, un
castigo por ser una desconsiderada.

El chico está que muere y luego estoy yo aquí frotándome contra él entre sueños porque no
puedo pasar una noche sin tener sexo con él.

Me aparto de Aiden colocándome de espaldas en el colchón a su lado y trato de volver a


conciliar el sueño pero juro que es demasiado incómodo tratar de dormir mojada y frustrada.

Gruño dándole la espalda a Aiden y muerdo mi labio inferior maldiciéndome en mi mente


por ir al infierno mientras mi mano baja por mi abdomen y alcanza el dobladillo de la camisa.

Le doy una mirada a Aiden de reojo y me digo a mi misma que esto está mal porque debería
cuidarlo o dormir para clases mañana pero no puedo así.

Debo cubrir las necesidades de mi propio cuerpo así que cierro los ojos y llevo mis dedos
entre mis muslos rozando mi propia humedad.

Los introduzco en mi abertura solo rozando al principio y luego imagino que son los dedos
ásperos y largos de Aiden que están tocándome, los guío alrededor de mi clítoris mientras lo
froto con una ligera presión y luego llevo uno de mis dedos dentro de mí.

Mi mano libre pellizcar mi pezón a través de la tela y agrego otro dedo tratando de mantener
el ritmo hasta que llego a la nube más alta y deliciosa de placer pero no tan bueno como
cuando lo hace él y definitivamente eso me frustra.

Lo odio porque no puedo terminar por mi propia cuenta saco mis dedos húmedos de mi
interior molesta conmigo misma por haberme acostumbrado tanto a él que ahora yo misma no
puedo darme un orgasmo.

Contempló una rápida situación y me digo a mi misma que será rápido, él me ha fallado
incontables veces entre sueños y despierto con el golpeteo de su polla dentro de mí.

Además yo no la sacaré ni lo tocaré solo me frotare y luego dormiré.

Me siento sobre él tal como estaba antes y mi núcleo se aprieta con cada roce que mis caderas
le proporcionan al frotarse una y otra vez con su polla.
Los gemidos abandonan mis labios mientras mi excitación empapa su mono de pijama y
realmente eso es lo último que me preocupa ahora mismo.

Solo me toma unos lamentables minutos en correrme sobre él y luego mis ojos se cierran
mientras respiro agitadamente, el agotamiento por el esfuerzo me hacen volver a caer en la
línea del sueño.

Eso no dura mucho porque siento un roce contra mi coño y luego un pellizco en mi pezón,
una lamida entre mis muslos y toques en todas partes.

—Eres jodidamente preciosa, Diosa. Ojalá pudiera mantenerte en una caja de cristal para mí
y que así nadie más pueda contemplarte—su voz ronca, arrastrada y con un toque delicioso
de oscuridad me hace jadear.

Estoy jodidamente delirando en este punto y sus palabras en mi sueño me hacen ansiar más
de él. Sus dedos acarician mis pezones y luego su mano se enrosca en mi garganta.

Cuando sus dedos me asfixian mis ojos se abren de golpe encontrándome de lleno con sus
ojos azules, no estoy delirando, él está jodidamente despierto y ahora sobre mí como un
depredador al asecho.

—Me fascina cómo eres una putita sucia por mi polla, cariño. ¿Creíste que no sentiría el olor
de tu excitación? ¿Mmm? ¿Qué no sentiría tu humedad traspasando la tela de mis pantalones
hasta llegar a mi polla?

Acentúa sus palabras alineando su polla en mi entrada y dando un fuerte empujón dentro de
mí que me hace poner los ojos en blanco.

En algún momento entre mi corto sueño me ha quitado la camiseta y ahora estoy desnuda
para él.

—Mira cuán necesitada estabas, cariño—gruñe subiendo mis piernas a sus hombros.

No puedo hablar, solo mirarlo y soltar sonidos de placer de mis labios entreabiertos.

—¿Te duele pero aún lo disfrutas?

—No voy a responder a eso...—sin embargo, los sonidos que salen de mi boca responden por
sí solos

—Lo harás si te lo ordeno, ahora eres mía.

—En tus sueños.

¿Cómo es que puede tener tanto poder y energía aún estando enfermo?

Aún así parece importarme muy poco porque estoy jodidamente empapada a juzgar por el
sonido de su polla al entrar y salir de mi interior, el hecho de que me tome como suya aún
estando dormida me hace empapar las sábanas.
—Mía—gruñe con posesividad—. Juro que me llegaría a volver loco si alguien más te ve en
esta posición, si alguien más llega a tenerte, los mataría. Me bañaría en su sangre y luego te
follaría sobre ella y tú me recibirás gustosa como lo haces ahora. Lo hiciste cuando acabé con
tus monstruos, te encanta mi lado oscuro aunque no quieras admitirlo en voz alta. Te encantó
que te poseyera sin parar hasta que los borré de tu mente y me encargaré de seguir haciéndolo
hasta que la idea de dejarme sea tan lejana que la olvides por completo. Seré tu demonio toda
la vida para acabar con aquellos que crean poder estar a tú nivel.

Un lío desenfrenado de adrenalina se forma en mi interior mientras clavo mis uñas en su


antebrazo por su agarre en mi cuello haciéndolo gruñir del placer.

Sus palabras sucias y promesas de asesinato posesivas solo me hacen empapar


vergonzosamente su pene y las sábanas.

—Si sigues peleando solo me vas a excitar más, cariño—su expresión es una mezcla entre lo
aterrador y el deseo puro.

Y mi cerebro parece captar sus palabras al revés porque me vuelvo loca arañando y
lastimando cualquier lugar de su cuerpo al que lleguen mis manos.

Y tal como dijo logro evitarlo hasta que me folla como un desquiciado dejándome sin aliento,
coge un mejor ángulo hasta que siento su polla llegando a lugares recónditos de mi interior
que me tienen girando los ojos perdiendo toda capacidad de concentración.

—Lo estás tomando jodidamente bien, esa es mi Diosa—gruñe con los ojos oscuros por la
lujuria—. Eres tan preciosa cuando tomas mi polla.

Su otra mano toma mi excitación y la reparte por mi clítoris haciéndome sufrir un espasmo y
luego lo lleva hacia mi agujero trasero, haciéndome estremecer hasta que mete un dedo.

—Tenemos que llenar cada parte de tí, cariño. Aún me falta reclamar algo, y mira cómo se
aprieta a mi alrededor—masculla sin dejar de mover su pene en mi coño—. ¿Me dejarás
tomar lo que me pertenece como una buena Diosa, no?

Me ahogo con mis propias palabras cuando su nombre sale en un grito entrecortado de mis
labios, su polla su dedo y su mano en mi cuello están en una perfecta sintonía que me tiene
viendo jodidas estrellas.

—Me encanta como tú cabeza dice que no pero tú dedo me asfixia con la promesa afirmativa
de que tomaré todo de tí como un jodido animal—sus labios se estiran en un gruñido.

Mi visión se nubla y creo que grito algo pero su mano en mi cuello se aprieta hasta que me
corta todo el paso del aire y da un fuerte empujón enroscándose en mi interior hasta que mis
oídos se tapan y mi garganta se seca.

En la lejanía escucho mis gemidos y algún sollozo entre cortado pero el sigue y sigue hasta
que creo que mi visión nublada con puntos blancos es un indicativo de que me desmayaré en
cualquier momento.
Una rabia viaja de él en oleadas mientras me folla con todo lo que tiene y su mano en mi
cuello se va pero de todos modos sigo estando asfixiada por su presencia.

Esa misma mano viaja a mi vientre y lo presiona justo mientras entra dentro de mí haciendo
que un fuerte remolino se desate en mi interior.

—Aún así hay imbéciles que siguen creyendo que tú podrías tomar otra polla que no sea la
mía, que puedes estar siquiera con otro que no sea yo, tienen la audacia de creer que yo dejaré
que alguien más te vea en esta posición—vuelve a presionar y creo que me corro otra vez
haciendo un desastre pero no veo solo siento y escucho todo lo que dice—. Agradece que no
los mataré.

Me alivia escuchar que no lastimará a mis hermanos, creo que sabe que eso me devastaría por
completo.

—Necesito oír que digas a quién perteneces, cariño, dí que eres mía.

Me oigo a mí misma murmurar una respuesta negativa y quiero aplaudirme por ser consciente
de mis propios pensamientos decisivos incluso cuando estoy al borde del desmayo.

—Dilo, Lilith.

Vuelvo a negar aún cuando estoy llorando del placer.

—Jodida orgullosa de mierda—su mano en mi vientre vuelve a mi garganta y esta vez dos de
sus dedos se meten en mi boca follando mi garganta y ahogando todos los sonidos que salen
de mí.

Me abre aún más las piernas follándome como un loco mientras llena mi culo con otro dedo
quitándome la capacidad de poder pensar o hacer algo.

No puedo hablar ni gemir porque sus dedos ahogan los sonidos haciendo una sinfonía
aterradora.

Aún así con mi vida colgando en sus manos vuelvo a correrme. El hecho de que confisque mi
control me vuelve un revoltijo de placer.

—Fuiste creada solo y únicamente para mí, y me aseguraré de hacer un jodido pacto con el
Diablo para que así sea en todas las vidas que vienen—aún suena enojado pero también
excitado.

Me estremezco sintiendo el calor expandirse por mis entrañas cuando se corre dentro de mí.

—Te quedarás llena de mi semen para que entiendas a dónde perteneces, cariño.

Da dos empujones más dentro de mí metiendo cada gota que sale de él como si no quisiera
desperdiciarlo.

—Algún día haré que algo crezca dentro de tí, y allí finalmente podré decir que no te irás—
murmura en un sonido lejano que creo que no escuché bien.
Nos da la vuelta con un gruñido aún sin salir de mí y me deja descansar sobre él. Mis ojos se
abren lentamente mientras me enfoco y recupero fuerzas.

—Aiden, espera, debes tomarte el medicamento, y debo llamar a Connor, él dijo que debía
llamarle cuando despertaras—intento levantarme.

Él suelta un gruñido empujándome de nuevo a su pecho.

Bajo la vista cuando siento algo húmedo en su estómago y casi puedo morir de vergüenza
cuando veo que es mi culpa.

Tierra, trágame.

—Quédate así, no voy a morir es solo un resfriado—dice arrastrando las palabras con
lentitud.

—Y una contusión a la que debíamos prestar atención, joder—me siento culpable tratando de
alcanzar los medicamentos.

—Mmm.

—Aiden, déjame darte la medicación al menos.

Me estiro para alcanzar la tableta de pastillas y el vaso de agua mientras trato de dárselo aún
cuando tiene los ojos cerrados.

Cuando traga la pastilla puedo estar más tranquila.

— ¿Sabías que odio las lavandas?—murmura delirante en medio del sueño—. Tú cargabas
una el día que la asesinaste.

Mi cuerpo se tensa a más no poder en sus brazos y siento como pierdo el color del rostro.

Él parece no caer en cuenta de lo que acaba de decir pero aún así sus brazos rodean mi
cintura mientras inhala en mi cuello.

—Ahora parecen aparecer hasta en mis pesadillas—suelta una risa irónica—. Te elegí sobre
ella en ese entonces, aunque quizás no te acuerdes, toda mi vida te elegí antes que a todos,
incluso antes que a mí—susurra casi quedándose dormido.

Yo estoy inmóvil entre sus brazos, mordiendo mi labio con miedo de no querer despertarlo y
que todo se joda.

—Tú me elegiste hoy, me elegiste por sobre tú familia y me aseguraré de que siempre me
elijas como yo siempre te elegiré a tí—murmura antes de caer en la inconsciencia y lo último
que hace es dejar un beso en mi frente cómo cada noche.

Y no me había dado cuenta de cuánto ha tocado mi alma.


Porque la realidad es, que ya he fusionado mi vida a la suya hasta el punto de no poder
siquiera dormir en mi apartamento a pesar de intentar de todo y cada vez la oferta de dormir
en su casa parece sonar más tentadora.

Bueno, joder, siento que no he reportado mi vida desde hace al menos un siglo, solo que no
es un siglo sino un mes, sí, lo sé, el tiempo pasa volando.

Pero han pasado tantas cosas que es algo poco creíble que ya lleve tres meses con este nuevo
Aiden y un mes de noviazgo con él o lo que sea que esto se llame porque él prefiere llamarme
su chica a su novia dice que el termino es para adolescentes precoces promedios.

Hace un mes que Aiden estaba enfermo de resfriado en la mansión de Connor y desde allí la
vida ha Sido sorpresivamente increíble.

Mis estudios tienen un jodido sobresaliente con un A+ en grande, incluso está mañana la
profesora Amanda me dijo que me inscribió en la postulación al premio Nobel de química de
este año el cuál es otorgado en la actualidad por The Golden Royalty.

En cuanto a la guarida todo va de maravilla, y estoy orgullosa de seguir manteniendo mi


puesto como la mejor boxeadora en el mundo de las peleas clandestinas.

Oh y cómo olvidar que volví a ganarle a Aiden en una pelea. Si, bueno, quizás hice un poco
de trampa al desconcertarlo llamándolo bebé y luego besarlo para que segundos después su
espalda se estrellara contra el suelo y mi codo en su estómago pero el punto es, que gane.

Sigue pidiendo la revancha desde entonces porque el maldito no puede resignarse a perder
dos peleas contra mí siendo el ejecutor de la Bratva y habiendo ganado más peleas de las que
se pueden nombrar en la guarida.

Incluso llegó a igualar a Naim, Connor y Abalám quienes actualmente llevan el récord
varonil de peleas ganadas.

Estamos en fin de semana y ya pronto será navidad por lo que tendremos nuestras vacaciones
navideñas y estoy emocionada por eso porque eso significa que tendré un descanso del
semestre.

Ahora estoy en el apartamento de los chicos haciendo el juego de verdad o reto ya que todos
están felices por salir de clases.

Incluso Amira, se permitió tomarse una copa después de mirarme con ojitos de cachorro
abandonado.
Joshua puso a sonar en una corneta a una banda con música en ingles que definitivamente no
reconozco pero que Amira parece que sí porque canta a todo pulmón con Joshua las
canciones obscenas de la banda.

El alcohol en el aire no es tan fuerte pero aun así se siente, todos hemos bebido algo excepto
claro, Azazel, quién es el controlador de bebidas de todos nosotros.

Aunque yo no he bebido demasiado, solo una o dos copas y estoy fielmente intacta, después
de que Aiden me rebelara que no le gusta especialmente demasiado beber ni emborracharse
porque le trae malos recuerdos dejé de emborracharme para no hacer el tipo de locuras
innecesarias que puedo fácilmente hacer consciente.

—Para tí—Marcello desliza un vaso chupito en mi dirección.

—Declino tu oferta.

—Vamos, diavolessa, no seas una cagna aburrida, nos aseguraremos de bajarte el alcohol
para que no pases un mal rato, promesa de primo—extiende elegantemente su meñique.

Lo miro antes de rodar los ojos y unir mi meñique al suyo.

Aún así me tomo el chupito lentamente para que no llegue tan rápido a mi organismo.

Una mueca curva mi expresión por el sabor a mierda de la bebida que me acaban de dar.

Marcello también vierte un trago en su garganta haciendo una mueca desagradable.

— ¿Qué cazzo es esto?—levanta su vaso en el aire señalando a Joshua—. Sabe cómo a


alcohol vencido.

—En realidad no sé qué es, solo mezcle cositas—sonríe señalando su mesa con un montón de
botellas abiertas.

Mi estómago se revuelve y mi cabeza da un giro.

—Sabe horrible—murmuro leyendo las botellas que él imbécil de Joshua mezcló.

Hizo su propia intoxicación con bebidas, hay tequila, vodka, ron, whisky, licor, cerveza y
algunos más que no alcanzo a leer.

Una bomba atómica para el puto organismo que me va a noquear en putos segundos, es
seguro.

—Te voy a asesinar, quítenle el puesto de servir a Joshua—digo al aire en general.

Las pinturas neón que decoran el techo, en la oscuridad hacen un contraste borroso para mí
vista desenfocada.

Esas pinturas las hizo Joshua, solo él entenderá que dicen o significan.
— ¡Cállate, perra!

— ¡No le digas perra, plebeyo! Ella tiene un título, mi madre es una Reina, literalmente, por
eso moi es una princesa—ríe alisando su cabello con sus dedos.

—Oh, cállate, perra presumida.

—Presumo porque yo si tengo, el que me juzgue es porque carece de recursos que a mí, me
sobran—levanta un hombro.

—Alguien aquí amaneció diciendo verdades—dice Nikolay chocando su puño con el de


Amira.

—Siempre, por eso deberían seguir mi ejemplo, soy elegante, hermosa, rica y con talento.
¿Qué más se puede pedir?

—Eres menor que nosotros, tú deberías seguir nuestro ejemplo.

Amira lleva una mano a su pecho jadeando cómo si acabará de decir una barbaridad.

— ¿Y ser una plebeya como ustedes? Eso sería una tragedia—abanica su cara luciendo
afectada por el simple pensamiento.

—Maldita exagerada, ojalá algún día te cases con un plebeyo—Joshua sonríe macabro.

—Te revierto la maldición, solo me gustan aquellos que sean adinerados y con buen carisma,
con poder—se encoge de hombros.

— ¿Son ideas mías o acaso me describiste?—Nikolay sonríe bromeando.

—Si en un futuro cercano nadie alcanza mi balanza de expectativas siempre iré por tí, mi
querido Niko—lo abraza con esa elegancia característica de ella.

—Lo mismo digo, pequeña Amira—acaricia su espalda.

Yo solo veo cómo las figuras del techo empiezan una extraña batalla medieval con bombas
de pintura.

Diría que esto es muy ilegal señor Picasso.

Observo de reojo a Azazel que está callado pensativo, le ofrecí que invitara a Heidi con quién
se lleva de maravillas al igual que el apático gruñón de Aysel.

Creo que Joshua se llevaría muy bien con ella también si la conoce, por el contrario Amira
probablemente vería la luz descender sobre ella para llevarla al denso camino de la muerte.

He aprendido que ella es una buena chica solo que hay que saber qué teclas tocar para que no
sea n desastre todo.
En realidad es divertida, solo es muy grosera y odia la vida pero su apatía la vuelve divertida
en cierto aspecto. Hemos hablado bastante y ahora sé que es hija de ministros importantes
que la obligan a tomar el título y que cuando cumpla veintiuno la comprometerán con un
príncipe.

He allí por qué su actitud de rebeldía contra la vida, además según dijo Aiden ella tuvo una
mala experiencia que hizo que su odio hacia el mundo incrementara.

Me fascina cuando Aiden comparte con ambas porque puedo ver su lado humano, Heidi es
para él como una pequeña hermana al igual que para los chicos y para Enzo.

Incluso me contaron de las veces que ella ha enviado a chicos al hospital por acosarla, chicos
que ahora ya no existen.

—Cállense todos y volvamos al juego—dice Joshua saltando sobre el sofá.

Parpadeo volviendo a la realidad.

—Muy bien, te elijo a tí—me señala con una sonrisa maliciosa—. ¿Verdad o reto?

—Mmm. Reto.

—Tomarás otro de mis deliciosos tragos.

Hago una mueca de asco pero sin más remedio me tomo la cosa asquerosa viendo el piso
tambalearse.

Alzo la mirada para ver la pequeña discusión entre Nikolay y Amira.

—Él es un imbécil, lo juro—gruñe Amira cruzándose de brazos y volviendo al juego.

—Un imbécil que me partirá la cara, de seguro—sigue Nikolay.

—Pfft, da igual, él no es nadie, solo es un ñoño cerebrito que está obsesionado con hacerme
la vida trizas—Amira toma otro trago.

— ¡Ajá!—Marcello igual de borracho y en mal estado que yo señala a Amira—. ¿Verdad o


reto?

—Reto, plebeyo.

—Mándale una foto a Atlas mientras abrazas a Nikolay—sonríe.

La cara de Amira pierde el color.

—Esto es involucrar a la muerte, chicos, no quiero problemas con el iceberg.

—Esto es una maaala idea—digo arrastrando la palabra.


—Haré cómo que no escuché este reto y me retiraré lentamente. Recomiendo que todos
hagamos lo mismo y sigamos tranquilamente con el juego a menos de que quieran vivir hasta
hoy—dice Joshua.

—Estoy de acuerdo con él—dice Nikolay—. Haré como que esto no sucedió.

—No puedes vivir siempre huyendo de él—bufa Marcello.

Está definitivamente borracho o no diría ese tipo de cosas.

—Por favor, cambien el reto, no quiero tener un funeral por la mañana—Azazel le pasa un
vaso de agua a Marcello—. Ahora, todos tenemos amnesia y este momento fué eliminado de
nuestras vidas.

Todos hacemos silencio olvidando lo que ocurrió y esta vez Joshua toma un micrófono
imaginario.

—Le pasó el control mágico del juego a...—Joshua infla su pecho—mi querida Lilith.

Carraspeo mientras observo mi entorno rodante. Somos cómo pequeños planetas girando en
el sistema solar.

Y claro que Joshua es el alíen verde y cabezón.

Una risa me abandona.

Veo a los participantes cayendo en cuenta de que Azazel se ha ido, probablemente a buscar
más agua.

Señalo con el dedo a Nikolay que alza las manos divertido.

—Tú, ¿verdad o reto?

—Verdad.

Una ronda de abucheos se escuchan pero él solo se encoge de hombros.

—Aburrido—Amira le lanza un cojín.

— ¿Es verdad que te gusta pintar a escondidas con musas?—murmuro lo que me dijeron
como rumor hace una semana.

La estancia se queda en silencio total para luego ser llenado por una afirmación que viene a
mis espaldas.

—Sí, lo es—contesta una voz profunda detrás de mí.

Un escalofrío recorre mi espina dorsal y mi columna se tensa, tardo una eternidad en voltear
y reaccionar a qué no estoy delirando y de verdad él está aquí.
Incluso logro olfatear su colonia cítrica y ser asfixiada por el espesamiento de su presencia
que me roba el oxígeno para respirar.

Observo cómo Azazel se vuelve a sentar, maldito traidor les abrió la puerta.

Y digo plural porque están aquí Aiden, Naim y Connor.

— ¿Qué haces aquí? —balbuceo, tapando mi boca cuando una risa se escapa.

—Connor quería ir a una fiesta pero le puse correa y lo traje hasta aquí porque has estado
desaparecida desde ayer.

—A tú culo le pusieron correa, cabrón. No soy tu puta mascota. Y, de hecho yo iba a ir solo a
mi mierda solo que el imbécil te extrañaba y ahora henos aquí.

—Lo mismo traducido—se sienta a mi lado abriendo un espacio—. Connor y Naim se unirán
también, espero que no les moleste.

Nadie dice nada pero noto la incomodidad ligera en el ambiente.

Ninguno aquí está familiarizado con Connor, de hecho sigue siendo el enemigo de la familia
y para Azazel y Amira tenerlo aquí es como un puñal en la espalda.

Connor se ha vuelto más despiadado con el pasar de los días, y ya pronto cumplirá dieciocho
por lo que su control en la mafia será absoluto.

Sus actitudes e incluso su cuerpo han cambiado y cada día se vuelve más escalofriante a la
vista...más parecido a él.

Su cuerpo ha cogido forma y ahora ya no es solo el de un niño, creció un par de centímetros y


ahora tiene más musculatura que se ve aterradora con sus cientos de tatuajes.

Para mí, solo es un niño. Escuchando sus miles de historias y chistes solo puedo decir que las
apariencias a veces no son lo que parece y que solo guarda un rencor que lo hace ser así.

Sobre Naim es otra historia, él solo se hace un hueco al lado de Azazel y este trata de rodar
en el asiento pero choca con Marcello viéndose obligado a quedarse en medio.

Noto como pellizcar la piel de su mano para concentrarse en no sentir pánico y la necesidad
de sacarlo de allí me invade.

Pero soy distraída con el hermoso y perfecto rostro de Aiden que me toma de la cintura
pegándome a su costado.

—Joshua me retó a beber, pero no estoy tan mal al extremo de hacer cosas
inconscientemente, lo prometo—beso su pecho.

—Está bien, cariño, te creo.

—No creí que vendrías, estás en finales.


—Necesitaba mi dosis de oxígeno para seguir existiendo, Diosa.

—Eres cautivador.

—Solo para tí —él sonríe, luego dice en una voz lo suficientemente alta para que todos lo
escuchen—: ¿Entonces, podemos ya seguir con el juego?

Cierto, el juego.

Entonces recuerdo la afirmación de Aiden y miro a Nikolay con una ceja alzada esperando
una respuesta.

—Si—es lo único que dice al respecto.

Luego, señala a Naim que alza una ceja con una expresión tan aburrida que podría causarte
depresión.

—Reto—dice sin esperar la pregunta.

—Haz un baile tipo striptease en medio de la mesa.

Suelto una risa y Aiden sonríe divertido mirando a Naim.

Connor suelta un chillido sacando su celular cuando Naim se levanta y su primo lo señala con
su cara inexpresiva.

—Sin grabar.

Connor niega decepcionado pero no deja de aplaudir y cambia la música.

—Existe la opción de saltarte un reto—dice de repente Azazel y luego traga saliva y mira
fijamente la mesa.

Naim lo mira y alza un hombro pero aún así se quita la sudadera negra y mi visión se corta
por la mano de Aiden que cae sobre mis ojos.

—Oye—me quejo.

—No hay quejas, si quieres un striptease yo te lo hago en privado, cariño.

Solo por eso no me quejaré y de hecho aprovecharé la oferta.

Para cuándo me destapa los ojos el ambiente se ha reanimado y veo el momento justo en el
que Naim se pone la sudadera de nuevo.

Amira chilla y me dice gestualmente que luego me contará.

Es turno de Naim que señala a Amira ganándose una mirada fría de Aiden y una calculadora
de Connor.
—Mmm, verdad—dice Amira algo traumada con los retos.

— ¿Alguna vez cometiste un acto ilegal?

Ella traga saliva y se queda en silencio, pálida por unos largos minutos y luego tartamudea
nerviosa.

—S-si—susurra.

La miro con rapidez pero su mirada está fija en sus uñas fingiendo demencia y cuando se
recompone señala a Connor.

—Jodido reto, princesita.

—Vas a echarte el bold de agua con hielos encima—señala el pequeño tobo de agua con
hielos cuya función es mantener frías las bebidas.

Él gruñe pero lo hace empapando toda su camisa blanca y sus vaqueros negros.

Luego se estremece del frio y se quita la camiseta lanzándola en el sillón.

—Jodidamente no moriré de hipotermia—bufa antes de señalar a Aiden—. ¿Verdad o reto,


zanahoria?

Pongo mi mano en su muslo nerviosa y él me mira con un extraño fuego brillando en su


mirar.

—Reto.

—Si alguna vez has amado a alguien vas a tomar agua, si no, te vas a tomar la botella de
cerveza completa—pone frente a él la bebida.

Veo el momento exacto en el que los rasgos de Aiden se contraen.

En ambas opciones sale jodido y Connor lo está restregando en la mierda, acaba de poner una
botella de cerveza de esas que él tanto odia y lo obliga a beber o a admitir que nunca ha
amado a nadie y, por consecuencia dejarme un terrible y amargo sabor para cuando diga que
no.

Aiden guía su mano directamente a la botella de agua y juro que puedo escuchar un sonoro
"Crack" de mi corazón rompiéndose.

Incluso debo parpadear para apartar las lágrimas que quieren salir y no lucir como una perra
débil ante las miradas curiosas de todos.

Agradezco eternamente cuando después de tomar el agua Aiden señala a Azazel.

— ¿Verdad o reto?
Lentamente deslizo mi mano de su muslo sintiéndome agobiada y con unas grandes ganas de
marcharme.

—Mmm, reto.

—Te reto a que le escribas a alguien de aquí que no sean tus hermanas diciéndole tu secreto
más reciente.

— ¿Pueden todos poner sus celulares en silencio y leerlo después?—le pregunta a Aiden y él
asiente.

Todos lo hacen excepto Amira y yo y luego de que Azazel envía el mensaje recogen de
nuevo los celulares sin decir nada.

— ¿Vendrás a mi casa hoy?—susurra Aiden mientras Azazel piensa a quién preguntar.

—Me quedaré en mi apartamento, te dije que estoy en finales—. ¿Y por qué diablos suena
tan hostil?

Joshua hace una mueca cuando le toca admitir que follo con su profesora de arte para aprobar
una materia y eso alivia un poco mi mal humor.

Luego, señala a Amira.

—Ya no puedes volver a escoger verdad—Joshua sonríe.

—Cómo sea, reto.

—Admite que nos quieres a todos y que no somos plebeyos.

Amira golpea su pecho con una mano como si estuviera a punto de sufrir un derrame
cerebral.

—Eso es inaceptable, Cher.

—Amira, debes cumplir—la presiona Nikolay.

Ella suelta un bufido elegante para luego soltar las palabras.

—Los quiero y no son unos plebeyos—admite entre dientes.

Luego, me señala.

—Te toca verdad.

—Dispara.

— ¿Es cierto que tuviste un pequeño noviazgo con el chico este que viajó a Finlandia?
Ella sabe que no, pero sé exactamente lo que hace así que le sigo el juego solo porque estoy
enfadada.

—Sí, lo es—miento entre dientes, pero creo que él lo cree, porque coloca su mano en mi
cadera y aprieta.

Luego sus labios encuentran mi oído.

—Me contarás todo más tarde cuando te castigue.

—Como sea—no sueno afectada.

Naim parece cansarse del juego porque juega con su celular en sus manos, luego tararea y
toma un cigarrillo dejándolo en sus labios antes de levantarse.

—Me voy—es lo único que dice a Aiden antes de encender su cigarrillo y salir por la puerta.

El juego sigue pero yo solo vuelvo a beber un trago, al diablo, si él no me ama no le debo
nada.

Amira está haciéndole muecas a Joshua en una pelea de algo que no me interesa y él se las
devuelve.

Cuando pienso agarrar otro trago el vaso es apartado de mi mano y quiero arrancarme el
corazón del pecho y aplastarlo con un martillo por seguir latiendo acelerado cuando me mira
y susurra en un tono profundo y bajo:

—Compórtate.

—Al diablo tú, hago lo que se me da la jodida gana—gruño robándole el trago y tomándolo
antes de que pueda decir algo.

—Lilith—advierte.

Quizás Jane tenga razón y yo deba buscar a otro imbécil que si pueda tener la capacidad de
amarme.

—Terminamos—gruño en medio de mi mente nublada.

—Ya, ¿y qué más?—ríe con diversión.

—Hablo en serio, ya no quiero estar contigo, me aburrí y quiero a otra persona ya. Jane dice
que yo debería buscar a alguien mejor para mí, un intercambio dijo.

— ¿Y tú la escucharás?

—No lo haría pero mi mente dice que sí así que lo haré.

Él ríe, pero suena sombrío.


—Pues lamento que te hayas aburrido porque seguirás quedándote conmigo. No sé qué
carajos te pasa pero esto ya había sido hablado un millón de veces.

—Lástima. Igual me seguirás castigando así que te diré que lo harás cuando no te quiero más.

—Cuidado, cariño. Me estás presionando.

Lo ignoro, decidiendo que mis amigos serán mi mejor distracción.

—Aquí va—Joshua se para sobre un pie y empieza a hacer malabares con dos limones.

Lo logra la primera vez y luego caen sobre su cara sacándonos a todos una risa.

—Payaso tonto—Amira le lanza un hielo.

Aiden no me deja concentrarme en ellos cuando me toma de la barbilla.

—Lilith—me llama queriendo robar mi atención.

— ¿Qué, Aiden?—volteo a verlo.

— ¿Ahora que carajos tienes?

—Nada que te importe—grazno malhumorada.

— ¿Desde cuándo te has vuelto tan irritante?

—Desde que tuve la desgracia de estar contigo—acaricio su mejilla con mis uñas largas
cubiertas por un barniz lila.

Su mandíbula se tensa bajo mis dedos.

—Que tú voz esté tentativamente erótica es mi señal de que debes dormir.

Se levanta abruptamente llevándome en brazos a pesar de mis quejas y golpes en su ancha


espalda.

—Me la llevo a casa. Hasta luego—se despide mientras camina hasta la salida haciéndole una
seña a Marcello para que me abra.

Me cabreo de camino al auto mientras sigo golpeándolo con los puños.

—Maldito seas, solo quieres follarme, pervertido psicópata—pellizco su espalda.

—Muy bien, cariño, desahógate.

—Te odio tanto.

—Si decirlo te hace sentir mejor contigo misma.


Río para no llorar como una cría.

Abre la puerta del copiloto de su auto y me mete adentro, luego abrocha mi cinturón y se
queda mirándome fijamente.

— ¿Qué pasa si empiezo a odiarte? ¿Qué pasa si me canso?—susurro.

¿Escucharon ese sonido? Bueno, pues fue mi corazón desmoronándose.

— ¿Por qué tiene que pasar eso?


—Porque en una relación cuando los sentimientos no son mutuos la otra persona empieza a
cansarse. Por eso, Aiden.

—Sabes que te quiero y te aprecio.

—Sabes que no es eso de lo que hablo.

— ¿De qué hablas entonces, Lilith?

Una lágrima se desliza por mi mejilla.

—De algo que no me puedes dar—cierro los ojos ahogándome con un sollozo.

—No lo hagas—su dedos toman mi barbilla—. No llores por mí, no valgo tus lágrimas.

— ¿Por qué no puedes?—sollozo ahogándome en lágrimas—. ¿Soy tan difícil de amar?—


susurro.

Sé que soy rara, sé que hablo demasiado y que puedo ser demasiado terca, incluso a veces
soy algo irritable, lo acepto.

Pero, ¿todo eso vale el que no puedan amarme?

—Tal vez no es que sea difícil de amar, tal vez es que te estoy exigiendo demasiado. No
puedes darme tu corazón porque careces de uno, nunca podrás amarme de verdad porque no
puedes hacerlo. Estuve engañada en una estúpida farsa de que no podías amarme porque
había algo que seguías ocultándome pero creo que la realidad siempre estuvo más cerca de mí
de lo que parece. Tú simplemente no puedes amar, no puedes amarme.

La rabia sangra de su cuerpo casi asfixiándome.

—Jamás le había confesado a alguien que le quería, jamás había hecho por nadie lo que he
hecho por tí, Lilith. Te doy citas que nunca me habían interesado, como esas películas
estúpidas que debo ver. Me he creado una personalidad de payaso solo para agrandar a tus
amigos. Le salvé la jodida vida a todos tus hermanos en vez de asesinarlos. He sido paciente
y he aguantado cada una de tus peleas, terquedades y dramas sentimentales. Sabes que soy
incapaz de sentir y aún así te digo que lo hago por tí hasta el límite que tengo. No puedes
simplemente echarte para atrás ahora, te advertí que no podía amar y aunque pudiera, sabes
que no puedo amarte a tí porque jodidamente todo saldrá mal.
Ni siquiera puedo verlo bien entre tantas lágrimas.

—No es suficiente para mí, lo siento—sollozo—. Llévame al apartamento.

—Abre los ojos, Lilith.

—Quiero ir a casa, Aiden—digo con firmeza.

Suelta un gruñido y cierra la puerta yendo al lado de conductor está vez.

Justo ahora necesito a mamá, pero ella está en Londres decorando para navidades en el
castillo familiar con todos mis padres.

Ojalá estuviera con ella.

Con ese pensamiento me quedo dormida, con el dolor en el alma, un corazón roto y un dolor
de cabeza.

Tal vez sea mi jodida culpa por enamorarme de alguien que sabía que nunca me amaría.
Aiden

D
espierto a Lilith con un movimiento en su brazo y ella se
remueve levantándose.

Hace una mueca supongo que por el terrible dolor de cabeza que debe cargar
por llorar y beber al mismo tiempo, mala combinación.

Para cuándo abre los ojos su ceño se frunce y se agarra con fuerza al reposabrazos del asiento
mirando la ventana ovalada y pequeña a su lado mientras parpadea repetidamente. Sus ojos se
abren de par en par cuando cae en cuenta de que estamos en el cielo, volando, en un avión.

Mira hacia abajo justo a tiempo para ver cómo abandonamos el helipuerto de la mansión de
Connor en el jet que muy amablemente me prestó, nótese el sarcasmo porque le debo un
vodka traído de Alemania ya que le dió pereza viajar.

Se sienta de golpe y finalmente me dirige la mirada.

—Dime que esto es un montaje o una broma de mal gusto y que no me estás secuestrando—
dice con el terror filtrándose en su voz.

Debo reprimir una risa cuándo se levanta mientras agarra su cabeza entre sus manos y camina
como una auténtica loca por el pasillo del jet gritando un montón de estupideces.

—Mierda, jodida mierda. Oh, por todos los ángeles y demonios infernales, ¿qué mierda te
pasa?

—Creo que quiero vomitar, te denunciaré por esto, maldición. ¿Hay algún tipo de policía
aérea? Sí, claro que debe de haber alguna autoridad que me salve de un secuestro en el aire.

— ¿Mi madre sabe de esto? Oh, claro que no lo sabe gran y jodido desquiciado.

—No hablé con mis amigos, ni con mis hermanos, joder, Amira y Azazel, los extrañaré tanto,
¿y si muero?

—Oh, no, si llego a morir te jalaré los pies mientras duermes, te atormentaré toda tu vida,
psicópata.
— ¿A dónde vamos? Muy importante, aunque claro que no me dirás si me secuestras.

Luego parece percatarse de la presencia de Atlas del otro lado del jet y casi ve la luz frente a
sus ojos mientras corre a pedirle ayuda por estarla secuestrando.

Atlas me mira con una ceja alzada y yo me encojo de hombros, ella sola asoció que la estoy
secuestrando.

En realidad solo la estoy llevando con su madre y sus padres en el castillo de Londres. Aleska
llamó mientras dormía y le dije que estaba en aprietos, solo eso así que me dijo que fuera si
era necesario.

Me salté la parte de decirle que iba con su hija pero qué más da.

Durante al menos dos horas Lilith nos honra con una palabrería excesiva para mí control
mental y para la paciencia de Atlas que incluso ha estado refunfuñando y quejándose en voz
baja como un viejo gruñón.

El plan no era que Atlas viniera con nosotros pero aún así aquí está, decidió unirse al vuelo,
estoy seguro de que lo hizo para joder nada más, el cabrón tiene sus propios jets privados, en
plural, y aún así quiso venir con nosotros bajo la excusa de que íbamos al mismo lugar.

Aún así el jet es lo suficientemente grande para que Atlas vaya a otro lugar, tiene incluso una
habitación para dormir, cómodas sillas hechas de cuero de calidad y son muy espaciosas.

Después de darse por vencido en terminar su trabajo se acuesta en el respaldo de la silla y


cierra los ojos.

Por ser considerado le tiendo unos tapa ojeras que me agradece y los toma como un niño al
que le das un chocolate.

Casi puedo sentir su satisfacción cuando debe oír el silencio de su mente y puede volver a sus
asuntos.

Después de un rato le digo a Lilith que se siente y la traigo a mi lado, sentándola de nuevo al
lado de la ventana y yo a su lado lejos de Atlas.

Ella observa el paisaje, curiosa, con sus labios entreabiertos y sus pupilas dilatadas de la
emoción al estar en el aire, sé cuánto le gusta viajar.

—Como último dato, estudio medicina forense y soy la mejor estudiante de química en mi
clase, sé cómo desaparecer un cuerpo y librarme de temas legales—suelta la amenaza al aire
antes de al fin guardar silencio.

Sonrío ligeramente por su atrevimiento pero no digo nada al respecto.

Centrarme en ella me ha hecho olvidar por un momento mi plan inicial que incluye un
paquete completo de anunciarles a sus padres sobre nuestro noviazgo y luego mantenerme
siempre cerca de Aleska para que esos jodidos locos no me asesinen mientras duermo por
robarles a su princesita.
Bueno, al diablo, su princesita siempre fué mía.

Después de un rato me levanto y le traigo una taza de té para que despeje su mente y yo tomo
el mío también.

— ¿Te gusta mucho el cielo?

—Sí, es mi manera de asegurar que no caerá un súper pájaro sobre el aleta del avión, está se
tranque y luego todos caemos al agua en una trágica muerte.

—Esa es la última opción en las formas que podríamos morir—mi cara se contorsiona en una
mueca.

—Pero sigue siendo una opción.

— ¿No podías ser una persona normal y decir que caeremos por las turbulencias?

—Eso sería aburrido, además moriríamos en el aire sin sentir dolor y no sería nada que
merezca documentar.

Finalmente, desvía su atención de la ventana para mirarme como si lo que acaba de decir
tuviera toda la lógica del mundo.

— ¿Quieres que documenten tu muerte?

—Claro que sí, será divertido ver desde el infierno como todos se lamentan por mí.

Ella es tan única y peculiar que me logra sacar una carcajada sin poder evitarlo.

—Estás loca.

Ella frunce el ceño.

—Loca o no te hice reír, punto para la loca, bebé—mueve sus hombros en un baile de
felicidad.

Niego con la cabeza tomando su barbilla entre mis dedos.

— ¿Segura que quieres usar esa palabra en público, cariño?

Sus ojos se abren cayendo en cuenta de que la dijo, una sensación llena mi pecho con el
hecho de que haya salido tan natural de sus labios.

—Ups—traga antes de mirar al frente como si nada hubiera ocurrido—. ¿Qué se supone que
haremos durante el largo vuelo a dónde sea que me estés secuestrando?

—Puedes dormir sobre mí o aceptar jugar una partida conmigo y con el cerebrito de Atlas—
ofrezco sabiendo que opción escogerá.
—Ni loca juego algo con ustedes, para de tramposos. Y no quiero follar, te voy avisando, eh.

—No follaremos, solo ven aquí—palmeo mis piernas.

—Que conste que lo dijiste ya, además sería vergonzoso que Atlas escuché algo—se pone de
pie.

—Cállate ya—la tomo de la mano y tiró de ella para que caiga sobre mí.

Meto mis manos bajo su suéter y luego enrosco mis brazos alrededor de su cintura caliente
acariciando suavemente su piel descubierta.

Ella suspira apoyando su cabeza en mi lecho y dejándose llevar con respiraciones lentas y en
calma. Beso su frente como siempre que se va a dormir y sonrió cuando el característico
escalofrío la recorre, no importa cuántas veces lo haga, siempre sucede.

—No vayas a despertarme.

—No lo haré.

Guardo silencio pero ella no conoce el significado de eso porque continúa:

—Oye, tengo frío.

Me estiro para tomar la manta del cajón arriba de nosotros y luego nos arropo a ambos
volviendo a la posición inicial.

—Con que después de todo si te uso cómo mi almohada personal, ¿eh?

Sus palabras el día que entró al mar llegan a mi mente, hace tres meses me dirigió la palabra
cuando aún podía alejarla pero entonces la ví muriendo en el agua y sentí cómo la vida
abandonaba mi ser.

Ahora, estamos aquí, ella sobre mí durmiendo y yo pidiendo un jet para viajar a su casa con
su familia y decirles sobre lo nuestro.

—No me importa que me uses como almohada personal.

— ¿Y para cargar compras? ¿O para cocinar? ¿O para...

—No me importa que me uses, Lilith. Ahora cállate y duerme.

Y antes que digan algo, si, lo digo en serio, si Lilith jodidamente me pide algún órgano para
sus experimentos funerarios yo podría abrirme el pecho y dejarle elegir.

Pero el resto de cosas que pide, amar, no puede pasar.

Es lo que le sigue a la palabra imposible.

—Ya, y me secuestras.
—No te estoy secuestrando, dramática. Solo estoy llevándote con tu madre que de hecho le
caigo mejor que tú.

Ella levanta la cabeza lanzándome una mirada de odio.

—No es cierto, eres como un hijo que no adoptó nunca pero que sabe que estás allí, pero eso
es todo. Yo soy su primera hija, su primera niña, su primer todo.

—Y yo me gané su corazón, les gané a todos ustedes par de inútiles. Además es lo más
cercano que tengo a un ente maternal así que le contaré lo nuestro.

—Claro, no si yo le digo antes, además, ¿si sabes que estarán mis padres, no? Y no solo es
uno, son once.

— ¿Y? Son once y ya están medio viejos—río cuando su mano cubre mis labios y sus ojos se
abren con pánico.

—Llamas a la muerte, psicópata—susurra como si ellos pudieran oírnos.

Me encanta cuando sus ojos me ven así, con anhelo, no me gusta dejar de ver a sus ojos
curiosos así que cuando intenta apartar la mirada la tomo de la mejilla regresando sus ojos a
los míos.

Coloca su pequeña mano en mi hombro para compensar el equilibrio y acaricia ligeramente


dónde toca, elijo creer que le gusta tocarme.

— ¿Cómo es que llegamos a esto?

—Te lo explicaré. Cuando una Diosa irritante y furiosa se adentró al mar para acosar al
demonio aunque sabía que estaba eternamente prohibido a amar a una Diosa, aún así ella
decidió molestarlo y cuando él le dió la espalda, la Diosa torpe se hundió en el mar y casi se
ahoga así que el demonio se apiadó de su alma y la rescató pero la Diosa no se pudo
conformar con vivir de nuevo sino que besó al demonio pactando su propia muerte ese día.

—Linda historia, casi me haces dormir. Solo le agregaría que el demonio es personalmente
irritable, imbécil, idiota, egocéntrico, gruñón, ah y un puto indiferente con la Diosa.

— ¿Te estás desahogando? Me parece bien.

—Me rindo—suelta un suspiro—. Es un caso perdido tratar de hacerte sentir miserable.

Si ella supiera cuán equivocada está.

No me he dejado de sentir así desde que tomé del puto vaso de agua y ella literalmente tuvo
un colapso de llanto.

Mis dedos se enroscan en su cabello y cierra los ojos disfrutando las caricias antes de apoyar
su mejilla en mi pecho y cerrar sus ojos.
Me encanta cuando duerme porque entonces no puedo ver su mirada esperanzada que me
vuelve loco.

Ella sigue exigiéndome más y aún cuando sabe la mitad de las cosas porque accidentalmente
en medio de la fiebre le confesé lo que hizo le falta la parte por la que en primer lugar nunca
tuve que intervenir en salvar su vida.

Y hasta que no lo averigüe no puede saber mi lucha constante desde que la conozco. Pero
entonces cuando se entere ella correrá, y muy lejos.

—No puedo creer cómo puedo seguir conciliando el sueño en tus brazos—se queja pero su
cuerpo se relaja en mi abrazo.

Abrazos que aprendí a dar gracias a ella y que ahora me encanta dárselos. Claro que solo a
Lilith, no he abrazado a más nadie en mi vida.

Con ella es distinto, me gusta como nuestros corazones palpitan a la misma sintonía.

Su respiración se nivela mientras cae en un sueño profundo y yo entierro mi nariz en su


cabello oliendo esas detestables lavandas antes de también quedarme dormido.

Lo que ella no sabe es que a mí también me encantaría saber cómo es que concilio el sueño
tan rápido en sus brazos.

Las voces lejanas hacen eco en mi cabeza y se arremolinan en un zumbido hasta que sube de
nivel y se me permite escuchar lo que dicen.

—No puedes ser tan inútil para algo. Solo estás cerrada a aprender

—Que tú seas un puto cerebro andante no es culpa de mis pocas habilidades en el Monopolio.

Mis ojos se abren de golpe y noto que la pequeña Diosa ya no está sobre mí, se fué y me dejó
arropado con la manta como un puto bebé.

Ni siquiera sentí en qué momento se levantó pero el problema real es que ahora ella está
¿jugando Monopolio con Atlas?

Levanto la cabeza y no puedo creer lo que ven mis ojos, definitivamente el encierro vuelve
locas a las personas porque Lilith está hablando con Atlas más allá de una discusión.

Hace una semana Lilith me contó lo que sucedió con Atlas y no me contuve en llamarlo
imbécil y casi ir a romperle la cara por ser un maldito insensible, yo lo soy, pero no con
Lilith, al menos tengo una excepción.

Él en realidad no tiene.

Solo es demasiado directo e insensible y le importa muy poco si hiere a los demás con sus
mierdas.

Miro la pantalla sobre mí que dice que faltan aún dos horas para llegar al castillo de Londres.
— ¡No puedes hacer eso! Me estás dejando en la quiebra, esto es ridículo—Lilith bufa
mirando con frustración el tablero.

—Haz que caiga en tus casillas y así te pagaré.

Ella lo mira realmente mal, como si quisiera asesinarlo.

— ¿Qué crees que llevo intentando hacer desde hace horas, Atlas?

—Si no puedes solo ríndete.

—Eh, no, gracias. Algo me dice que tú, pequeño cerebrito, estás haciendo trampa.

—Solo lo dices porque estás perdiendo todo tu dinero.

—Lo digo porque siempre haces trampa. Podría ganarte algún día si no fueras un tramposo en
potencia.

—No soy tramposo, soy inteligente. Ahora acepta la derrota y ya acaba con esto.

—Ni en un millón de años. Sigue, te toca.

La comisura del labio de Atlas tiene una ligera contracción que es lo máximo que él puede
sonreír.

Y que esté sonriendo por ella me cabrea.

Cuando llegue su momento me vengaré, lo juro.

Aún no estoy comprendiendo cómo es que Lilith está actuando normal y no rompiéndole la
cara. Y estoy seguro de que el imbécil lo hace adrede, esto de jugar con ella es solo para
joderme la existencia.

Bueno, eso es lo máximo que puede hacer porque juro que si le llega a decir algo hiriente de
nuevo lo tiraré por la salida de emergencia.

Me levanto caminando hacia ellos con falsa indiferencia y reprimo mi disgusto por lo que sea
que estén haciendo.

Me siento justo en el asiento a un lado de Lilith y pongo mi mano en su muslo.

— ¿Qué juegan?

—Monopolio, pero Atlas es un tramposo—sus labios se fruncen en un puchero disgustado.

—Recordemos los viejos tiempos—tomo una ficha.

— ¿Qué? Oh, por favor, esto no puede ser en serio—se queja.


No es la primera vez que jugamos los tres y ella siempre pierde.

Sonrío por su pequeña rabieta y me empiezo a preguntar si no sería mejor idea raptarla y
atarla a mí todo el resto del viaje.

Atlas no hace trampa, sin embargo yo sí, tomo billetes de más cuando no ven y me divierto
de más robándoles propiedades.

Incluso llegó a molestar a Atlas porque me mira con toda su atención pero ya es tarde porque
robé todo el maldito dinero.

Él y Lilith parecen estar planeando la forma de asesinarme sin que me dé cuenta e incluso
hacen una especie de tregua para acabarme que solo me hace enojar y aumentar mis
habilidades de trampas.

El punto es, que gané y ahora Atlas está tratando de inspeccionar mi asiento y mi ropa porque
está muy seguro de que hice trampa, cosa que sí hice pero que no admitiré porque vamos, un
buen tramposo nunca revela sus trucos.

—Esto dejó de ser divertido. Puedes ser bueno pero ganar tanto dinero a mitad de la partida
es sospechoso—Lilith lleva sus manos a su cintura, juzgándome en silencio.

—Y ganarme a mí lo es aún más, levántate del asiento, Aiden.

—Solo escucho a dos niños llorar por haber perdido—sonrío.

—Olvídalo, estás fuera del juego, vetado, Atlas y yo seguiremos jugando.

—De ninguna manera.

—Entonces deja de hacer trampa.

—Muéstrame las pruebas de lo que me acusas y te creeré.

Entrecierra sus ojos.

—Solo hace trampa para ganarse tu admiración, es un descarriado—Atlas resopla sentándose


de nuevo.

— ¿Descarriado? ¿Cuántos años tienes, ochenta?

—Los suficientes para reconocer cuando hago trampa, que por cierto nunca lo hago porque
soy lo suficientemente bueno para ganar siempre.

—No siempre.

—Porque haces trampa.

—Ya, ya, no llores. Prometo dejarte ganar la próxima.


—No, no lo dejaras ganar porque no vas a hacer más trampas, Wolf. Juro que si vuelves a
hacer trampa te voy a enfurecer y me volveré mucho más irritable—ella me señala con su
dedo índice—. Es una advertencia, cero trampas.

Pongo mala cara.

Qué injusto.

Ahora quiero estrangularla y besarla al mismo tiempo por ser una gruñona.

—Vaya—Atlas alza una ceja—. Parece que finalmente te han puesto en tú lugar. Solo espera
a que le diga esto a Aleska.

—Solo espera a que le diga que me ahogaste, te matará.

Ambos frenan el juego cuando Lilith se cansa y luego me mira con su ceja alzada.

— ¿No puedes dejar de estar tenso por un minuto?

—Para eso tendría que follarte y hay visitas indeseadas—miro mal a Atlas.

—Existen los baños—dice Atlas.

Lilith se pone como un tomate y le lanza una mala mirada a Atlas.

—No me ayudes tanto—luego me mira a mí—. Y no, Aiden, no vamos a hacer


absolutamente nada.

Al final nos decidimos por jugar Péscalo pero Lilith esta vez estaba sobre mí sacando todas
las cartas que robaba para ponerlas en la mesa.

Diosa astuta.

Debo decir que estoy orgulloso de sus habilidades. Ella definitivamente está logrando muchas
cosas y aunque parece tonto está mejorando sus capacidades cerebrales.

Resulta que ella es buena en este juego y logra ganar dos partidas, Atlas casi todas y yo unas
cinco o seis.

—Puedo decir que finalmente, gané—sonríe orgullosa abrochándose el cinturón ante la


mención del piloto.

—Solo ganaste dos y haciendo trampa—la aprieto por la cintura.

— ¿Yo?—se lleva la mano al pecho—. Jamás podría. Soy una niña bien.

Me río, sacudiendo la cabeza por sus tonterías.

—Adorable. Me gusta cuando ganas, suenas sexy—muerdo su oreja.


Ella se estremece y me da un pellizco en el muslo.

—No, para, Atlas está aquí y no quiero generarme un trauma de por vida cuando nos diga que
usemos condón o algo súper inteligente—susurra mientras toma mi mano entrelazando sus
dedos con los míos y dejándolos en su regazo.

No puedo describir la sensación de satisfacción que me invade ante su acto tan natural.

Rápidamente la emoción se va cuando recuerdo a qué vinimos aquí y el hecho de que me voy
a encontrar con los once tipos que criaron a Lilith.

Porque claro que alguien como ella tenía que ser una rareza al extremo y tener once padres,
no uno.

El castillo de los padres de Lilith es inmenso y se encuentra rodeado de un denso bosque


alejado del resto de la civilización, ha pasado de generación en generación y actualmente
debería pertenecer a los chicos pero ellos se negaron y dejaron que sus padres se lo quedarán
ya que con sus palabras vivir todos juntos y solos sería un baño de sangre.

El castillo es todo lo que abarca la palabra enorme, tiene cada esquina personalizada y
amueblada al gusto de todos y cosas de Aleska o alabándola por toda la casa.

Tiene colores negros y dorados pero no es al estilo gótico como la mansión de Connor, es
más bien lo que se puede llamar un hogar. Con fotos de todos y cuadros hechos por Ashton.

En este castillo y la mansión Müller en la Isla he tenido todos los que se podrían considerar
como recuerdos felices.

Con lo que es para mí una madre amorosa y con recuerdos de Atlas y yo haciendo nuestras
travesuras por cada rincón. Las fiestas de cumpleaños, navidades, acción de gracia, cacerías
con los padres de Lilith.

Nada como lo que pienso al ver la cara de papá y su casa en la Isla.

Además de que cuando los padres de Lilith prácticamente echaron a Atlas tras una larga
discusión yo no me pude callar e interviene a su favor mandándolos a todos no muy
sutilmente a la mierda.

Sé que me odian, pero para demostrarle a Lilith un punto estoy aquí.

Ella no duda en salir corriendo hasta la entrada mientras Atlas y yo permanecemos uno al
lado del otro con cara de culo.

Claro que la muy irritante se cambió de ropa y ahora usa un vestido blanco con lavandas, está
maquillada, usa joyas, incluído el collar que le regalé con el rastreador y una pulsera que ella
misma hizo compartida para ambos.

Es una maldita estupidez y aún así llevo la mierda en la muñeca, es un corazón a la mitad de
oro con la letra "L" y ella tiene la otra mitad que tiene la letra "A".
Fuí víctima de acoso y bromas por parte de Connor y Enzo durante una larga semana, incluso
publicaron la estupidez en sus redes.

Solo me quedé callado, esperaré sentado a que ambos hagan lo mismo y entonces, me reiré
yo.

El punto es que la maldita Diosa nos hizo ir a un centro comercial cercano todo para
arreglarse y comprar los regalos de navidad y algo para cocinar con su madre.

El golpeteo de tacones se escucha antes de que las puertas dobles se abran y una mujer de
tamaño promedio, con su cabello blanco brillante cayendo en cascada a sus espaldas, aparece
en la entrada.

Una enorme sonrisa decora su rostro angelical haciéndola lucir como una jóven modelo y no
como la madre de quince mocosos irritables.

Nunca me preocupo por las personas, incluso no me fijo mucho en sus emociones solo me
preocupo por agradarles y eso es todo.

Pero con esta mujer, Aleska Müller, hago una excepción. Aunque ahora Lilith también lo es.

Ella no duda en estrechar a su hija entre sus brazos besando su cabeza y halagando su
precioso vestido.

Luego alza la mirada para encontrarse con la de Atlas y toda su expresión se suaviza antes de
que se ponga de puntillas y Atlas se agache y ella bese su mejilla.

— ¡Los extrañé tanto! ¿Pueden creer que estoy enloqueciendo sin ustedes?—no me pierdo el
hecho de que luzca radiante ante la idea de ver a Atlas y Lilith juntos.

Y por ese hecho me dedica una mirada aún más cálida a mí y correr a estrecharme.

Debo agacharme para darle unas palmaditas en su espalda.

—Están tan altos los dos, no puedo creer cómo han crecido. Un día eres jóven y al otro tienes
quince niños y la mitad ha abandonado el nido—se separa con sus ojos humedecidos—. Oh
por la Diosa, esto es patético.

Niega respirando profundamente antes de volver a abrazarnos a todos.

En eso tardamos al menos unos diez minutos mientras dice cuánto nos extrañó y nos ruega
que nos quedemos a lo que todos debemos decirle que no por nuestros estudios.

Incluso nos estrangula hasta la casi muerte haciendo que Atlas suspiré y empiece su etapa "no
contacto físico".

Y luego empiezan las preguntas que hacen que quiera jodidamente ahorcarme.

— ¿Ya tienes novia? Estás más guapo, cariño, es hora de que traigas a una hermosa joven
para presentarle a mamá—dice Aleska a Atlas mientras alisa su traje.
—No, no tengo novia, y ya te dije que no la tendré. La monogamia es un invento inútil de la
sociedad y la exclusividad embasura el cerebro y limita las capacidades variables de libertad.
Así que lo máximo que haré será follar en un burdel, si te sirve de consuelo no estoy fallo de
atención femenina.

Apenas termina de hablar su cabeza recibe un golpe por parte de Aleska sacándole una
mueca.

—Cuidado con esa boca, señorito. Soy tu madre, no una de esas chicas a las que tanto
presumes que te follas como un guarro—aun molesta voltea a verme—. ¿Y tú? ¿También
sigues con la estupidez de Atlas?

Reprimo una risa y niego con la cabeza mientras tomo a Lilith de la cintura haciendo que una
sonrisa increíblemente grande se forme en los labios de Aleska.

—Digamos que después de dieciséis largos años, está pequeña Diosa lo logró—la traigo a mi
lado y Lilith le da una gran sonrisa—. Puedo presentarte oficialmente a mi chica, Aleska.

El grito que sale de sus labios perfora mis tímpanos. Sí, definitivamente no hace falta una
prueba de ADN entre ella y Lilith.

— ¡Estoy tan feliz por tí! Honestamente creí que en cualquier momento me llamarías para
hacerle un amarre, incluso tenía ya el número de la bruja—dice riendo y cubriendo sus labios.

Mis ojos se abren mientras le lanzo una mirada a Lilith.

— ¿Qué?

—Meh, lo logré, pero no lo deseches, aún me hace falta lo más importante—ella sonríe
macabra.

Nota: no dejar que Lilith salga sola con Aleska.

—Estoy orgullosa, mi pequeña copia—besa su cabeza—. Siempre lo supe, mamá tiene una
súper intuición. Así como a este paso cierto gruñón morirá solo—entrecierra los ojos hacia
Atlas y él rueda los ojos.

—Necesito saber absolutamente todo—luego se lo piensa—. Bueno, no todo, pero ya saben,


lo importante.

Sonrío y Lilith enrojece.

—Mamá—le reclama entre dientes.

— ¿Qué? Cariño, por favor, no estaré tan jóven pero he pasado unos veinte años con once
hombres activos, he hecho mis cosas.

—Suficiente—gruño en una mueca.


Para mí buena o mala suerte suena un "Principessa" antes de que un hombre alto aparezca
detrás de Aleska tomándola de la cintura.

Mi buen humor se disipa y Lilith se suelta de mi agarre para ir a abrazar a su padre,


Aleixander. Él definitivamente me odia, y de los once él es el primero que no dudaría en
ponerme una bala en el cráneo al enterarse.

Es un imbécil egocéntrico, narcisista y además es un jodido policía.

Él usa ahora mismo su uniforme militar, lo que significa que acaba de llegar del trabajo en la
sede de Londres aunque la principal esté en Alemania.

Aún con su larga edad ha sido bien agraciado, tiene su cabello negro con apenas un poco de
blanco asomándose y sus ojos gélidos de un azul oscuro resaltan sus rasgos fuertes y con una
clara nacionalidad italiana definida.

Después de abrazar a Lilith y decirle un comentario que la hace darle un golpe en el pecho
saluda a Atlas con una palmada en la espalda antes de que su sonrisa se borre al mirarme.

—Wolf.

—Al capone—devuelvo con una sonrisa falsa—. Cuánto tiempo sin vernos.

—Y había estado tan feliz por eso. Creí que ya te habían extinguido.

—Lo intentaron, ¿pero qué te puedo decir? Soy demasiado para morir.

— ¿Demasiado inútil? Ya lo creo.

—Aleixander, ya cállate—le reprende Aleska.

Él me da una mirada mortal y yo le doy otra de mis sonrisas falsas de hijo de puta.

— ¿Qué haces tú aquí, niño zanahoria?

—Vine a visitar a mi persona favorita en el mundo—le doy una sonrisa a Aleska.

Ella ríe halagada y Aleixander gruñe dándome una mala mirada.

—Claro, después de mi chica.

—Oh, eres tan adorable—dice Aleska con una sonrisa de mamá oso orgullosa.

— ¿Quién es la pobre alma en pena qué tiene que aguantarte?

Y entonces es mi momento de darle mi mejor sonrisa antes de tomar a Lilith de la cadera y


abrazarla desde atrás.

—Tú hija.
Su expresión se pone en blanco.

— ¿Es eso cierto, piccola?—mira a Lilith y luego guarda silencio un rato.

—Lo es, papá—sonríe, nerviosa.

—¿No es fabuloso? Me debes cien dólares y una semana de viaje a Australia.

—Maldita sea, ¿cómo es que recuerdas eso?

—Tengo buena memoria aún. Además llevo esperando desde que dije que ellos estarían
juntos.

Los miro confundido igual que Lilith.

—Oh, sí. Aposté un viaje y cien dólares a todos si ustedes se hacían novios. Cómo verán,
acabo de ganar mil cien dólares y un viaje—nos explica Aleska.

— ¿Te amenazó? ¿Puedo ahogarlo al fin?

— ¡No!—grita Lilith—. Ya basta con querer ahogarlo, joder.

Y entonces es mí momento de sonreír siniestramente, hora de ahogar a ciertos hijos de putas.

—De eso ya se encargaron sus hijos—los expongo.

— ¿Qué? ¿Quiénes?—dice Aleska.

Me encojo de hombros entonces.

—No quisiera ser un chismoso.

—Lo ahogaré de nuevo, juro que la tuvo que haber amenazado. Hija, míralo, es un hijo de
puta en cubierto, dime si te amenaza—saca su arma.

Bueno, basta de tolerancia, doy un paso al frente dispuesto a que se atreva a dispararme, si lo
hace, se ganará a su esposa e hija de enemigas y yo ganaré así sea en el infierno.

Pero Lilith me toma de la mano con fuerza entrelazando nuestros dedos.

—No me amenazó, papá. Quiero estar con él, lo sabes, él único que podría estar aquí en
contra de su voluntad es él, y aún así lo veo muy contento conmigo. Así que, como ya dije
anteriormente, no voy a tolerar que ninguno de ustedes se meta en mi relación, juro que les
dejaré de hablar el resto de mi vida si le tocan uno de sus bonitos cabellos naranjas—suelta
con voz clara y segura.

Aleska asiente orgullosa de su hija y Aleixander me mira aún peor, por robarme a su hija y a
su esposa.
Mi pecho se llena de una calidez sorprendente y unas inmensas ganas de besarla hasta que
ambos nos desmayemos me invaden.

Después de esta terrible bienvenida, ellas se van a preparar la cena seguidas de Aleixander
mientras Atlas y yo vamos a la sala dónde están todos los demás.

—Si esto se pone muy mal, ambos intervenimos—susurra Atlas antes de entrar y me pasa
discretamente un arma antes de guardar la suya.

Asiento a sus palabras y ambos entramos a la sala dónde todos se callan y nos dirigen una
mirada confundida.

—Antes de que todo esto se vuelva un mierdero, estoy saliendo con Lilith. La proclamé cómo
mía y no pretendo dejarla ir. Ah, y dicho con sus palabras y las de Aleska no me dejará
tampoco y si me tocan uno de mis hermosos cabellos naranjas ella literalmente los odiara.

Y entonces todo se va a la mierda.

Lilith tuvo que intervenir, claro está, porque sus padres, literalmente, enloquecieron.

Apenas oyó el primer tiro, salió corriendo y llegó a la sala dónde Ethan y Hades me tenían
apuntado.

Tuvo que jodidamente amenazarlos a todos y Aleska hizo lo mismo, ahora probablemente me
odian más así que Lilith dijo que su misión del día es no dejarme solo ni un segundo.

Luego, me dijo que le contó a su madre absolutamente todo, exceptuando detalles explícitos
claro está. Aunque aún tiene una charla pendiente con ella cuando estén más relajadas y a
solas.

Después de cocinar con todos ayudando en la cocina para evitar altercados al fin estamos
sentados como gente civilizada.

—No puedo creer que estés con él, tiene toda la pinta de niño bueno. Asqueroso—gruñe
Death, dándole un sorbo a su vaso de whisky.

—Si hay algo que he aprendido es que las apariencias engañan—Aleska besa la mejilla de
Asher, el padre de Azazel y Aitana y él le sonríe.

—Ya, pero él al menos es un cerebrito con los lentes incluidos—lo apoya Ashton, su gemelo
y el padre de Samael y Luzbel, los gemelos destrucción.

—Aiden es inteligente y su apariencia también puede engañar—me defiende Lilith.

—Ah, entonces es un idiota—concluye Alek dándome una mirada fría.

— ¿Podemos comer como una familia normal al menos una vez?—se mete Theo, el padre de
Aysel.

Probablemente el que mejor me cae de todos.


—No, él literalmente ha destrozado nuestra familia con su farsa de niño bueno, al parecer—
Ethan palmea la mesa con su puño sosteniendo el cuchillo con el que ha picado su carne.

—Eso me parece un poco exagerado, solo estoy con su hija, no es para tanto drama. Además
puedo ser un potencial espía para cuando les roben a sus otras hijas—luego, guardo silencio
pensativo—. O hijos.

Eso parece llamar la atención de todos.

Y así, se consigue el pase de oro.

— ¿Y tú cómo podrías saberlo?—pregunta Dean, probablemente por Amira.

—Digamos que tengo mucha información en mis manos para saber los pretendientes de ellas.

Lilith rueda sus ojos sabiendo lo que hago.

Bien dicen que si no puedes con el enemigo, únetele.

—Mmm. Puede que entonces tengamos un trato, pequeña mierda—dice Death mordiendo un
trozo de su pollo.

Punto para Aiden.

—Este es mi momento para exponer todas las fotos de ustedes dos, par de tortolitos—Aleska
se levanta y cuando regresa trae en sus manos un libro que fácilmente podría pasar por la
jodida Biblia de lo gordo que es.

Lo deja sobre la mesa haciendo un ruido sordo por lo pesado que es y luego carraspea
sentándose a nuestro lado mientras lo abre en la primera página.

Un sabor amargo se instala en mi garganta al ver la primera foto, está algo vieja y es de
cuando estaba en la ambulancia esperando a ser atendido por el corte de la botella y Lilith
estaba viéndome a lo lejos.

El día en que le guardé rencor pero no el día en que juré no amarla, eso fué mucho antes.

Las fotos pasan y casi quiero morir cuando veo cómo Aleska robó las imágenes de las
cámaras de seguridad cuando entraba a la habitación de Lilith a poner la puta esencia de
lavanda.

Rápidamente pongo una mano sobre la imágen.

—Oye, no ví esa—Lilith agarra mi muñeca intentando ver la foto.

—No necesitas verla—le doy una mirada de ojos entrecerrados a Aleska.

Ella se encoge de hombros.


—Hay muchas más así.

Gruño pasando la página y apartando la mano curiosa de Lilith pero Aleska tiene razón, hay
más de cuando golpeaba a tontos por decirle rara, o de cuando la ayudaba con sus ataques de
pánico, incluso de la vez que toqué guitarra con ella, en el establo enseñándole a andar a
caballo, jugando Uno con Atlas y ella, y otra de aquella vez dónde ambos abrazamos a
Aleska y nuestras manos se rozaron, Lilith estaba roja y en mis labios había la sombra de una
sonrisa, me pareció adorable que se sonrojara por eso.

Vaya mierda pequeño Aiden, aún sigue funcionando eso.

Sin embargo hay demasiadas fotos de Lilith acosándome.

—Espera un momento—saco mi celular y lo pongo en mi oreja—. ¿Aló? ¿Si? ¿Policía?


Quiero hacer un reporte por acoso y una orden de alejamiento a una pequeña Diosa
acosadora—finjo hablar por teléfono.

—Uff, cállate—Lilith golpea mi rostro sonrojándose.

Río bajando el celular y ahora es ella quien mira mal a su madre.

—Esto es vergonzoso, mamá. Aclaramos que esto se quedaría entre tú y yo.

Lilith toma de su vaso de jugo.

—Bueno, ahora quedará entre ustedes y sus hijos, definitivamente pienso mostrarle esto a mis
nietos.

Gotas de agua salpican mi rostro y debo cerrar los ojos, lentamente retiro el agua que acaba
de empapar mi cara y volteo a ver a Lilith que está tosiendo como una desquiciada.

Le doy unas palmadas en la espalda y ella respira agitadamente recuperando el aire.

— ¿Hi-hijos?—suelta con nerviosismo.

Alzo una ceja.

—Sí, hijos, a menos de que no quieras, eso sería totalmente válido, cariño—Aleska le sonríe
pero puedo ver la tristeza en su voz.

—No, si, es decir, yo sí quiero.

— ¿Entonces?

Parece tener un conflicto mental y luego niega con la cabeza.

—No es nada, mamá, solo no hay que tomarlo con prisa.

La conversación sigue pero puedo notar el cambio notorio que hubo en su expresión y en su
voz.
¿Qué estará pasando por esa complicada cabecita suya?

Me lo reservo para después, mientras disfrutamos de la cena que parece en calma,


sorprendente, con risas y bromas incluso uno que otro chiste de mal gusto

Después de la cena nos decidimos por hacer un par de juegos pero luego de que Death y Atlas
ganaran todas las partidas todos se hartaron y ahora vemos una película de esas tontas que
Lilith ama.

Aquí, difieren las opiniones con su madre porque incluso ella está a nada de quedarse
dormida en el sillón del aburrimiento.

— ¿En serio te gusta esta mierda?—Death hace una mueca con sus párpados casi cerrados.

Debo evitar la sorpresa cuando descubrí que me pregunta a mí.

Entonces me doy cuenta de que todos me miran con algo de lástima, como si el hecho de
siempre ver estás mierdas fuera a hacerme envejecer más rápido o algo así.

—No, pero a ella le encantan así que no me queda de otra que verlas, de hecho es la milésima
vez que veo esta—señalo la pantalla.

—Te compadezco, yo me habría sacado los ojos—Dean se pasa las manos por el rostro.

Después de unos largos minutos de película Aleska se queda dormida y Hades se levanta para
llevarla a la cama despidiéndose de Lilith, a ellos le siguen todos los demás hasta que solo
quedamos Atlas, Lilith y yo en la estancia.

Incluso Atlas está a nada de decirnos adiós pero creo que está aquí más que todo para no
dejarme solo sufriendo la pena de ver esto.

Lilith se acuesta en el piso mientras ríe de algo que dice la chica tonta de la película y no
puedo evitar que mi mirada se desvíe a dónde se levanta su vestido.

Su culo está casi jodidamente a la vista, haría falta agacharme solo un poco para ver el color
de sus bragas y sus tetas están casi a nada de desbordarse por la posición en la que sus manos
están sosteniendo su cabeza.

Bueno, al diablo la película.

Me levanto y la levanto del suelo con una sola mano cargándola como un saco de patatas.

— ¡Oye! ¿Qué crees que haces? Está en la mejor parte.

—Que mal, nos vamos.

—No jodas, es justo el momento en que ellos se besan.


—Ya hasta te la sabes de memoria, no hace falta que la veas. Además los que deberían
estarse besando somos nosotros.

—Aiden—grita en un susurro—. No podemos hacer nada aquí, ¿estás loco?

— ¿Por qué no? Te aseguro que ellos están mucho más ocupados que nosotros ahora mismo.

—Qué asco—hace una mueca de desagrado.

—Cariño, tus trece hermanos no fueron obra del Espíritu Santo, lamento informarte—la
sostengo bien antes de apagar el televisor.

Atlas se levanta y dejo que me tome la delantera.

—No sean tan jodidamente ruidosos, mi habitación está al lado de la suya—nos lanza una
mirada gélida antes de entrar a su habitación.

Yo entro a la habitación de Lilith, es la que ella usaba cuando era una niña aunque la cama ya
es de un tamaño matrimonial.

Tan jodidamente Lila y blanca que me produce cáncer visual. Incluso hay brillos incrustados
en la pintura de las paredes y una alfombra peluda blanca adorna el suelo.

Hay una peinadora (con más brillos), luego hay una puerta para lo que supongo es el armario
y otra que es la del baño, por último hay un sillón giratorio y afelpado con luces para cuando
le leían un cuento antes de dormir.

Cierro la puerta detrás de mí con la mano libre y luego la lanzo sobre la cama haciendo que
ella ruede y quede de espaldas.

—Yo en serio quería ver la película, nunca me dejas terminar de verla—hace un mohín.

—Porque es jodidamente aburrida.

— ¡Retráctate!—me señala con su pie.

Frunzo el ceño pero de igual modo aprovecho para quitarle los tacones mientras ella me
insulta por decir la jodida verdad.

—Oye, quiero darte algo cuando lleguemos a la Isla.

— ¿Qué cosa?

—Ya verás, impaciente.

—No es justo que digas eso y luego no me des una pista.

—Lástima, te quedarás con la duda.


Entrecierro los ojos pero ella me ignora para ver las luces en el techo. Luego, empieza a
parlotear de nuevo sobre lo imbécil que soy.

— ¿Nunca te callas?

—No, ¿acaso te quejas?

—Sí, eres una jodida lora que nunca para de hablar. Dame paz por un día, mujer.

—Bueno, tú jodidamente, muere.

—Quedarías devastada.

—Oh, cállate. Me quitas mi...—me abalanzo sobre ella juntando mis labios a los suyos y
aprovecho su jadeo de impresión para meter mi lengua hasta su garganta.

Mis oídos lloran de la puta felicidad con el silencio.

—Más follar, menos hablar, cariño—digo y antes de que pueda replicar vuelvo a besarla.

Soy empujado suavemente por sus manos en mi pecho.

—Es de mala educación callar a la gente.

—Y yo sé lo que haces, estás evitando que te folle por si tus padres escuchan. Podría
simplemente mantener ocupada tu boca.

—Para—sus mejillas se calientan—. Eres un pervertido total.

No puedo evitar reír por su adorable vergüenza.

—Lilith, joder, ya cállate, me das ganas de jodidamente amordazarte—aprieto sus mejillas


haciendo que su cara haga una mueca graciosa—. Tienes suerte de que me fascinen tus
gemidos.

—Ugh, claro que dirías eso.

Me toma desprevenido cuando rueda debajo de mí y sale corriendo hasta sentarse en el suelo
y sacar unas mierdas extrañas de una caja.

Gruño acomodando mi erección que se está volviendo jodidamente dolorosa.

— ¿Y ahora qué puta mierda haces?—camino hasta donde está sentada en el suelo.

—Aww. Mira—pone una extraña sustancia carmesí y seca frente a mis ojos—. Mi primera
muestra de sangre.

—Joder, sí, que tierno—resoplo con sarcasmo.


—Cállate, me trae nostalgia, ¿vale? Aquí tengo mis primeros experimentos y mis primeras
herramientas—saca sus cosas y dejo que organice unos raros tubos con los suficientes
químicos como para incendiar la casa.

— ¿Qué haces?—pregunto cuando empieza a sacar un líquido y ponerlo en uno de los


instrumentos.

—No puedo aguantar a que veas lo que hice así que al menos puedo recrear la sustancia,
tengo lo necesario aquí.

Me arrodilló detrás de ella, encontrando su mirada en el espejo de la pequeña peinadora.

— ¿Qué haces, psicópata?

—Lo que iba a hacer desde un inicio.

—Estoy haciendo un experimento.

—Entonces más vale que te concentres bien, Diosa.

—Puedo hacer una mala reacción y ambos explotaremos.

—En la vida hay que correr riesgos—bajo el cierre de su vestido dejando que los tirantes
caigan y sus tetas queden al descubierto dándome una plena vista en el espejo.

—No puedo, Aiden—su voz baja por la excitación.

—Entonces te esperas—muerdo su hombro.

—Maldito desgraciado—me dirige una mirada de reojo.

Una risa baja abandona mis labios.

Aún así ella empieza a tomar los implementos, vierte polvos y líquidos con etiquetas y mide
las cantidades temblando.

Sonrío mientras me quito la camisa y la lanzo a un lado, luego me quito los pantalones y por
último los bóxers. Debo levantarme para eso.

—Mierda—la mano de Lilith tiembla y muerde su labio cuando la balanza hace un mal peso.

— ¿Desconcentrada, cariño?

No me pierdo cómo mira mi cuerpo a través del espejo, luego sacude la cabeza y vuelve a su
tarea de tratar de no explotarnos a ambos.

Observo sus bonitas mechas blancas que me fascinan y acaricio sutilmente su cabello dándole
un escalofrío, aún así no para y sigue midiendo las cantidades, así que llevo una mano a su
garganta sacándole un jadeo ahogado.
—Tienes una obsesión poco sana con ahorcarme—susurra fingiendo concentración.

—Me encanta ver cómo este bonito pulso se dispara en mi presencia y como solo yo tengo la
capacidad de detenerlo—presiono un poco más.

Sus ojos finalmente se levantan para mirarme con pánico.

Lindo.

—No te noto lo suficientemente concentrada, cariño—río aflojando mi agarre para permitirle


respirar un poco.

Mi otra mano pellizcar su pezón erguido sintiéndome incapaz de no darles atención, cuando
tengo suficiente, la levanto por la garganta para que caiga de rodillas.

—Lamento interrumpir, cariño, ya puedes seguir—digo con burla cuando veo su mano
temblar.

Ella sigue en lo suyo pero está demasiado desconcentrada, solo es una maldita orgullosa y
caprichosa que quiere demostrar un punto al hacer la mezcla.

Levanto su vestido dejando sus nalgas al descubierto y deslizó mis manos hacia su coño
rozando su ropa interior.

—Mierda, cariño—jadeo sintiendo la humedad de su excitación—. Estás chorreando—le


quito las bragas para poder sentir mi coño sin ninguna barrera de por medio.

Ahueco su coño y con mi otra mano acaricio sus glúteos antes de dejar caer una fuerte
bofetada sobre uno de ellos.

Ella suelta un gemido de dolor pero aún así siento su humedad cubriendo mi mano.

—Mmm. Mira cuánto te gusta que te castigue por ser una Diosa irritante.

Llevo mi polla entre sus pliegues disfrutando de cómo me empapa de su humedad pero
torturándola al quedarme solo afuera, como la primera vez, solo me deslizo en su humedad.

Le doy otro azote, y otro, y al menos unos cinco más hasta que está sollozando del placer
mientras escurre en mi polla.

—Aiden—grita en un gemido ahogado—. Necesito...

— ¿Qué necesitas? ¿Qué pare?

Ella niega frenéticamente con la cabeza y trata de llevar su mano hasta mi polla pero la
detengo.

—Concéntrate, ¿no querías hacernos explotar, verdad?


Ella lloriquea pero vuelve a intentar su experimento mientras yo sigo azotándola hasta que su
humedad chorrea empapando la jodida alfombra a nuestros pies.

—Dí lo que quieres, dí lo mucho que te encanta tener mi polla dentro de tí cómo una pequeña
Diosa codiciosa—azote—. Dí que eres únicamente mi putita sucia y puede que considere
follarte.

Ella suelta un sonido de frustración mientras me mira con sus ojos llorosos a través del
espejo, este son el tipo de lágrimas que me fascinan.

Sigo frotando mi polla sobre su clítoris rodeando su entrada y por sus pliegues.

—Necesito tenerte dentro de mí, me encanta cuando tu polla jodidamente me destroza y me


haces correrme hasta el desmayo, me encanta ser solo una puta sucia para tí. Ahora, por
favor, ponlo dentro—ruega entre lágrimas de placer.

—Solo porque eres adorable, sonaste convincente, me gusta.

—Aiden—grita moviendo sus caderas con desesperación—. Ya ponlo dentro, joder.

Ella sola intenta meterlo pero me echo hacia atrás.

—Ya que estamos haciendo confesiones quiero que admitas que eres mía, o, en su defecto
que me quieres, no es justo que yo sí lo haya admitido.

Sé que ella me ama, pero solo lo hago para joder su subconsciente.

—No diré ninguna de las dos—una mierda azul empieza a crearse en el experimento pero no
le prestó la suficiente atención porque ella lleva su mano entre sus pliegues.

Chasqueo negando y saco su muñeca de su coño.

—Tú querías trabajar en eso—señalo el experimento—. Ahora, concéntrate. Dí alguna de las


dos, no me voy a repetir.

—Jódete.

Está vez cambio el sentido de las bofetadas y apartándome le doy un fuerte azote en el coño
haciendo un sonido sordo y salpicando de su excitación a mis muslos.

Un largo gemido mezclado con un grito resuena y ella se contrae pegando su mejilla en la
alfombra dándome mejor acceso inconscientemente. Podría jurar que incluso se corrió un
poco sobre mi mano.

—Escoge y habla, Lilith.

—Ya no te quiero, ¿recuerdas? Y ni en mil años volveré a admitir ser tuya.

Doy uno, dos, tres palmadas consecutivas en su coño sacándole un gemido entrecortado
mientras las lágrimas se deslizan por sus mejillas sonrojadas.
—Lilith, estás jodidamente chorreando por toda mi mano y creo que acabas de dañar la
alfombra. Aún así dices que no eres mía, eres una pequeña mentirosa.

Ella sigue negándose y esta vez hago que los azotes duren una jodida eternidad hasta que ella
está casi corriéndose sobre mí.

—Lilith—gruño.

—Maldición, si, maldito bastardo—llora—. Te quiero, joder, pero odio quererte.

—Buena Diosa, yo también, cariño—mi voz adquiere un tono oscuro mientras empujo dentro
de ella curvándome en su interior para atajar ese punto que la pone a chillar del placer.

Mis oídos se llenan con solo sus jadeos y gemidos de placer haciendo que pierda el control de
mí mismo y siga mis propios impulsos.

La follo profundo y crudo, sin un ápice de amabilidad en mi ser, la follo con todo hasta que
sus gritos se ahogan en la alfombra.

Juro que ella es la única mujer perfecta para mí, está hecha y moldeada a mi medida, me
encanta su confianza, su estilo, su seguridad y aunque odie admitirlo su irritante palabrería.

Me encanta disfrutar con ella cada segundo, dominarla, sujetarla y administrar su cuerpo, sus
pensamientos, todo de ella.

Después de darle dos orgasmos que la hacen jadear al borde del desmayo debo aprovechar su
humedad en mis muslos y todo lo que gotea de ella, así que no lo desperdicio y sigo mis
instintos animales para hacer lo que llevo queriendo desde hace semanas.

Abro más sus piernas y llevo su humedad aún sin dejar de embestirla hasta su culo.

—No podemos dejar que te sientas vacía en ningún momento, ¿verdad, cariño?

Ella suelta un ruido de placer que me hace reír y sacar mi polla de su coño, muy a mi pesar.
Hace un sonido de frustración y mueve sus caderas buscando más.

—No seas una Diosa caprichosa, ten paciencia, cariño—subo su culo hasta que está lo
suficientemente alto para mí.

Separo sus nalgas y llenando su agujero de humedad introduzco dos dedos, lo que siempre
hago cada que follamos, pero ahora agrego otro dedo y me encargo de follar su agujero hasta
que está lo suficientemente estirado para mí.

Llevo todo lo que puedo de su humedad excesiva hasta su culo para que no le duela
demasiado y ajusto mi polla.

—Te va a doler, pero vas a relajarte—acaricio su espalda para que me deje entrar y poco a
poco voy metiendo la punta.
Cuando ya está dentro y me aseguro de que está relajada, me introduzco completo de un solo
empujón dentro de ella.

Un grito ahogado sale de sus labios y sus uñas se clavan en la alfombra mientras sus lágrimas
ruedan por la alfombra hasta caer en la mierda azul que ella hizo.

Me preguntó si una lágrima podría hacer una reacción distinta.

Ella suelta un sonido de alivio que me hace sonreír, definitivamente está hecha para mí.

Su reacción instintiva es expulsarme pero vuelvo mis embestidas lentas.

—Relájate, Diosa—muevo suavemente mis caderas haciendo milagros para contenerme


cuando ella arquea su espalda recibiendo todo—. Buena Diosa.

Llevo mis dedos a su coño e introduzco tres dentro de ella para no dejarla vacía mientras sigo
follando su culo con necesidad.

—Mira lo bien que tú culo recibe mi polla, cariño—alzo su cabeza para que pueda ver en el
espejo—. Tan jodidamente mía—empujo con fuerza dentro de su culo—. Tu culo me
pertenece—enrosco mis dedos dentro de su coño—. Tu coño también es de mi pertenencia—
mi otra mano estrangula su garganta—. Toda tú eres mía aunque te niegues a aceptarlo en
voz alta.

Su espalda choca con mi pecho con cada embestida y sus tetas rebotan en un espectáculo para
mí vista cuando muerdo su cuello, marcándola.

Estoy furioso con ella, esa es la razón de estarla castigando, por exigirme algo que ella sabe
que no puedo darle aún cuando le doy lo suficiente y la hago sentir así.

—Mira cómo lo que te doy si es suficiente—hago que mire cuánto chorrea sobre mí—. Que
sea la jodida última vez que te quejas por ello. Porque eres de mi propiedad y no te dejaré ir
jamás, Lilith.

Se deja llevar por el orgasmo arrasador que la consume y sus ojos llorosos giran tras su
cabeza cuando su coño se contrae alrededor de mis dedos y su culo me aprieta hasta
asfixiarme.

Los chorros de su humedad caen sobre mi estómago y mis piernas y no me quejo en lo


absoluto por ello.

—Vas a aguantar un poco más como una buena Diosa para que pueda llenarte con mi semen.

Ella no responde pero su coño contrayéndose es suficiente respuesta para mí. La follo una y
otra vez hasta que sus jadeos se ahogan y sus gritos se pierden.

Entonces me corro dentro de ella, muy dentro.

No puedo evitar el impulso animal de regar mi semen por sus nalgas enrojecidas, por su coño,
sus muslos, sus labios, todo de ella.
Cada parte de ella me pertenece quiera o no.

Es entonces que puedo prestar atención a su experimento, observo nuestros ojos a través del
espejo y luego la mezcla que hizo.

Recreo algo que creo es imposible pero impresionante, ella lo es.

Es el azul eléctrico de mis ojos y algo para que se quedara junto a un lila del color de uno de
sus ojos, una mezcla de ambos.

—Eres impresionante—beso su mejilla abrazándola contra mí.

Ella entierra su cabeza en mi vuelo, derrotada.

—Al llegar te daré lo que dije, aunque esté es mucho mejor—susurra besando mi cuello antes
de caer en la inconsciencia.

Me levanto llevándola conmigo y le doy una ducha al igual que hago lo mismo conmigo
antes de acostarnos a ambos en la cama, desnudos.

Antes de dormir beso su frente y me hago una nota mental de disculparme con Atlas por no
cumplir eso de ser silenciosos y rezando por primera vez en mi vida para que sus padres no
hayan escuchado en el otro piso todo el ruido.

Y sin más me quedo dormido en un sueño en el que todo está bien.

Una calma antes de que llegue la tormenta arrasante.


Aleska

M is ojos se abren de golpe cuando la pesadilla recurrente se plasma en el


subconsciente de mi cerebro arrancándome de mi sueño.

Estoy sudando a pesar del aire acondicionado encendido y debo hacer


maniobras para salir del agarre de Hades y King.

Tantos años me han hecho acostumbrarme a amanecer con al menos nueve brazos sobre mí.
A veces es un poco desesperante cuando debo ir al baño en las noches pero al menos ver sus
rostros a mi lado, respirando y muy llenos de vida hace que mi corazón vuelva a latir
correctamente.

Doy un beso en la mejilla de cada uno de mis esposos mientras me lleno con la sensación de
que siguen aquí, no se han ido y nunca lo harán.

Incapaz de volver a conciliar mi sueño me siento en el borde de la cama y río un poco al ver
la extraña posición en la que duerme Dean. Ese hombre es una roca cuando duerme, juro que
no se levanta ni por un terremoto.

Acaricio su cabello rubio de un color brillante y casi dorado, agradezco a todos los dioses por
haber permitido que mi hija, Amira, naciera con su precioso cabello, lo que no agradezco es
que haya salido con su humildad, nótese el sarcasmo.

Poco a poco la molestia y los pensamientos caóticos se desvanecen y me quedo sentada,


mirando a través de la ventana la preciosidad de la luna en plena noche, agradeciéndole por
permitirme estar aquí, otro año, otro día con aquellos hombres que salvaron mi vida.

Llevo treinta y siete años conociendo a estos hombres y todavía siguen teniendo un efecto de
paz en mi corazón.

No nos conocimos en las mejores condiciones, éramos unos niños buscando sobrevivir y yo
caí en las manos de dos tipos equivocados, aún así ellos a su cuenta edad hicieron lo posible
por mantenerme a salvo. Fueron años de peleas constantes y de fallos en mi cerebro pero aún
así ellos se quedaron y lucharon por mí, cada segundo.
Aunque la mitad de mi vida sea algo que odie recordar, por todos los malos recuerdos que me
trae, es también la parte que más amo, porque es allí cuando se forjó este bonito amor con el
que hemos creado a preciosas criaturas.

No fué fácil al inicio, especialmente con Lilith y luego con Uriel, tuvimos muchos baches en
el camino pero logramos pasarlos hasta que llegamos a Abalám y desde allí todo se complicó.

Mi pequeño demonio bebé es un dolor de cabeza que no dudó en hacer caos por dónde sea
que pasaba, pero con todos poniendo de nuestra parte logramos una armonía para vivir en
calma de nuevo.

Constantemente aún tengo pesadillas, usualmente son de perder a mis esposos pero la de hoy
fue diferente.

Sé que mis hijos se llevan mal entre sí y no hay nada que le duela más a una madre que ver
cómo sus hijos se llevan así, pero en el fondo guardo la esperanza de que puedan volverse
unidos, de que la pesadilla no se vuelva realidad y terminen matándose unos con otros.

Que esa horrible y monstruosa voz que dice que mi vida jamás podrá ser feliz no sea real y
que tampoco manipule las mentes de mis niños con las ansias del poder.

Suspirando tomo mi teléfono y salgo de la habitación cerrando la bata de baño con un nudo
apretado. Bajo hasta el pequeño patio y reviso la hora, las cuatro de la mañana.

A pesar de la hora sé que mis hijos no duermen, al menos no la mayoría así que empiezo a
escribirles a los que sé que contestarán.

Primero le escribo a Uriel, ese niño jamás duerme, parece que siempre vive en su oscuridad
constante y ya se ha hecho amigo de ella.

Luego, le escribo a Adrienne que debe estar ocupado haciendo algún desastre en silencio,
como siempre, desde las sombras, dónde nadie se entere.

Sigo con los gemelos, Samael y Luzbel, mis pequeños terremotos que de seguro están
haciéndole una broma a alguno de sus hermanos para que dentro de unas horas me llamen
para que los regañe.

Abalám probablemente no me conteste ahora pero aún así le mando un mensaje de buenos
días, lo mismo que hago con Aysel que debe estar practicando en su habitación para dar su
primer concierto en una semana, viajaré para eso claro.

Daren también se despierta temprano pero nunca responde los mensajes, es más del tipo que
llama y me cuenta su día. De todos mis hijos es el más comunicativo y sincero, nunca me
oculta las cosas a pesar de lo malas que sean.

Es por eso que me enteré de cómo casi ahogan a Aiden.

A todas las niñas les envío un mensaje pero sé que son unas perezosas que no se despiertan
temprano, a excepción de Aitana que siempre está despierta pero debe estar ocupada con sus
esculturas porque dice que en la noche llega la verdadera inspiración.
Por último le escribo a Azazel, él es un enigma, puede estar despierto, sobre pensando algo o
puede estar durmiendo cómo un bebé. Aún no consigo saber cuándo ocurre cada una.

Todos estos años criando a niños con diferentes personalidades me ha hecho entender que no
puedo obligarlos a llevarse bien, pero que siendo la única conexión emocional entre todos
puedo tratar de mantener la nivelación de emociones y evitar que todos se caigan a golpes.

Uriel es el primero en contestar, lo que no me sorprende.

Aleska: Hola, corazón, buenos días. ¿Todo en orden por allá?

Uriel: Hola, mamá. Está todo en orden, estoy tocando el piano, ya sabes, rutina.

Aleska: Está bien, cariño. Sabes que puedes decirme cualquier cosa si te sientes mal.

Uriel: Lo sé mamá, hablamos luego, debo seguir en el piano. Te quiero, trata de volver a la
cama.

Le mando un sticker de corazón antes de seguir con la respuesta de Azazel.

Azazel: Hola, mamá. Todo bien, ¿tampoco puedes dormir?

Sonrío, de todos Azazel siempre ha sido el que más se preocupa, el más complicado aunque
no lo parezca en el tema sentimental.

Se encierra tanto para no lastimar a los otros que no se da cuenta de cuánto se lastima a él
mismo.

Muchos pueden creer que es mi favorito pero no es así, no tengo favoritos, es solo el hecho
de que todos los otros o no sienten nada, o sienten cómo una persona normal, Azazel se
preocupa demasiado por todos y eso me llena de preocupación constante a mí.

Aleska: Tuve una pesadilla pero nada que ver la luna no pueda solucionar, cariño. ¿Y tú?

Azazel: Lo mismo, estoy pintando para despejar la mente.

Aleska: ¿Quieres hablar de eso?

Espero unos largos minutos en los que él escribe pero luego parece haber borrado todo.

Azazel: En otro momento puede ser, mamá, estoy dibujando algo para una amiga.

Suspiro, al menos se intentó.

Aleska: ¿Es esa tal Heidi de la qué me hablaste?

Azazel: Si, quiere hacerse un tatuaje y estoy haciéndole bosquejos para ayudar a su
creatividad.
Aleska: Está bien cariño, te dejo tranquilo entonces. Recuerda que mamá te ama.

Azazel: Yo también te amo, mamá.

Sonrío con mi pecho llenándose de calidez. Por sorprendente que pueda parecer la mayoría
de mis hijos no son emotivos o son ajenos a sentir emociones así que escuchar un "te amo,
mamá" de alguno es como escuchar que Dios pisó la tierra.

Dos mensajes seguidos me llegan, uno es de Adrienne y otro de Aysel.

Adrienne: Bien, trabajando. Te llamo luego, mamá.

Aleska: Está bien cariño, te amo.

Y eso es todo. ¿Ven lo que digo?

Aysel: Lo mejor que se puede estar cuando debes dar un concierto la próxima semana y aún
no tienes lista la canción ni el género que quieres tocar.

Aleska: Vamos, cariño, no te agobies ni te presiones. Eres muy talentoso y seguro que
encontrarás alguna inspiración, mente positiva.

Aysel: Creo que sé que puedo hacer. Eres un genio mamá, ¿ya te dije que eres espectacular?
Hablamos cuando tenga la canción, graciass.

Bueno, alguien anda de buen humor ahora. Sonrío mientras paso al chat de Aitana.

Aitana: Depende de qué signifique el orden para tí, mamá. Y buenos díasss, sol.

Aleska: Que sigas viva es suficiente orden para mí, cariño.

Aitana: ¿En serio crees que yo abandonaré esta tierra? No sin que todos conozcan lo bello de
la vida. Estoy algo aburrida y falla de inspiración, ¿segura que no puedo matar al tonto pájaro
de Aradia?

Aleska: Aitana Layna Lynch Müller, más te vale dejar quieto al pajarraco.

Aitana: Ja, tarde. Te amooooo, prometo consolarla...o no. Muack, recuerda vivir la vida, no
te amargues o te salen arrugas, solecito.

Y dejó de contestar, debo reunir paciencia con esta niña del demonio. Pero amo su forma tan
única de ser y vivir la vida.

Daren: Muriendo, eso me define. ¿Sabías que dormir en el piso da jaqueca? Joder, moriré,
mamá, veo la luz.

Aleska: ¿Y ahora por qué dormiste en el piso, Daren?

Ruedo los ojos. Este niño.


Daren: Verás, uno de tus hijos, no diré que Abalám es, me obligó a espiar a una molesta
mocosa que me dió una paliza, ¿puedes creerlo? Y ahora tengo prohibido matarla por el torpe
de tu hijo-no-hijo de Aiden. Ya dí que lo amas más que a mí...

Aleska: Bueno, primero. ¿A quién te obligó a espiar? ¿Está bien? Segundo, ¿debería
molestarme porque te golpeó o felicitarla? Y tercero, deja a Aiden en paz, mocoso, los amo a
los dos, ambos son mis niños.

Daren: Mi corazón... dolió... Acabas de ser desterrada como mi madre si prefieres a ese
engendro demoníaco.

Aleska: Dramático, debo responderle a Abalám. Mamá te ama, te llamo a las cinco, corazón.

Salgo de su chat para responder entonces el último mensaje y probablemente el que me tome
más tiempo de conversación.

Abalám: ¿Cómo no podría estar en orden conmigo? Por cierto no preguntaste pero estoy
bien, súper genial, cada día más guapo y fuerte. Buenos días, mamá.

Sacudo la cabeza riendo.

Aleska: Buenos días, pequeño ente demoníaco. ¿Tan temprano y ya con el ego por las nubes?
No sé de dónde salió eso.

Abalám: ¿Eh, hola? ¿Has visto a papá? Agradezco haber sacado sus genes y sus centímetros,
¿sabías que las chicas se vuelven locas con eso? Y obvio a tí, eres increíble, mamá.

Me ahogo con mi propia saliva.

Aleska: ¡ABALÁM HANS VASILEV MÜLLER! ¿QUÉ TE PASA?

Abalám: Vamos, mamá. Estoy segura de que sabes todas mis hazañas.

Aleska: Te voy a dar un pellizco cuando te vea, mocoso. Ahora, dime, ¿cómo estás
controlando a tus hermanos? Dime que bajaste tu intensidad.

Abalám: No puedes ser más obvia porque te da un paro cerebral, mamá. En mi defensa ese
cabrón de Aiden se lo merecía. Y la pequeña mierda bastarda de tu hija me dió una
cachetada, ¿sabes cuánto ha de valer mi rostro?

Aleska: ¡ABALÁM! DEJA YA DE LLAMAR ASÍ A TU HERMANA.

Abalám: Déjame pensarlo, mmm. No. Se lo merece. Y ya deja de escribir en mayúsculas,


mamá, literalmente me perturbas.

Abalám: Continuando tu pregunta, nada fuera de lo normal más que Amira ha estado
realmente paranoica planeando su fiesta de diecisiete. Ah, y claro que tú preciosa hija Lilith,
la niña de tus ojos, no para de subir fotos subidas de tono al internet...
Me envía una foto de Lilith y Aiden, ambos están riendo y con las sábanas apenas cubriendo
sus cuerpos.

Debo ocultar estas fotos de mis esposos, eso es seguro.

Pero no puedo sentirme más feliz al verla riendo tan genuinamente y ver una sonrisa real en
los labios de Aiden mientras los ojos de ambos se iluminan.

Aleska: Se ven tan lindos juntos.

Abalám: ¿En serio? ¿Estás de su lado? ¿No harás nada para detener esto?

Aleska: No, ni yo ni tú ni nadie porque es la vida de tu hermana mayor de veintiún años.


Prométele a mamá que los dejarás en paz, mira cuán feliz se ve tu hermana. Está tan radiante
como nunca.

Me recuerda a la mirada que le doy siempre a mis esposos.

Abalám: Ambos sabemos que esa felicidad durará poco, tú sabes porqué y yo también. No
falta mucho para que ella se entere.

Aleska: Y ni tú ni yo le diremos.

Abalám: Créeme que no seré yo esta vez, mamá.

Considero que responder a eso pero todo pensamiento se esfuma cuando siento una presencia
en el patio y volteo para conseguirme con Lilith.

Reviso la hora, las seis de la mañana ya. Probablemente no podía dormir o algo así.

Le doy una sonrisa brillante y abro un hueco justo a mi lado para ella mientras apago mi
celular.

—Hola, cariño, ¿cómo amaneciste?—oculto una sonrisa cuando sus mejillas adquieren un
tono sonrojado.

Escuché sus gritos anoche y debo agradecer que mis esposos estaban dormidos o iba a ser un
reto evitar que salieran del cuarto a asesinar a Aiden.

—Bien, solo me levanté temprano para hablar algunas cosas contigo—sonríe sutilmente.

—Soy toda oídos.

—Primero me quiero disculpar por no haberte dicho antes lo de Aiden, mamá—se aclara la
garganta—. No sabía cómo te lo ibas a tomar.

—Cariño, soy mamá, lo sé todo sobre ustedes—sonrió acariciando su mejilla—. Desde que
tus ojitos empezaron a brillar y empezaste a sonreír más me dí cuenta.

—Ahora, cuéntame qué ocurre.


Su expresión se mezcla con algo de tristeza.

—Yo...amo a Aiden, de verdad lo hago mamá, él me hace sentir viva y en paz conmigo
misma pero no estoy segura de que esto sea algo bueno.

—Cariño, enamorarse nunca es algo bueno al principio, o terminas siendo jodida por un
imbécil total o encuentras a alguien especial pero que trae miles de retos que debes afrontar.
Solo debes ser paciente y esperar a que ambos puedan amarse cómo si sus vidas dependieran
de ello.

— ¿Y si él no lo hace? ¿Si él no puede amarme?

Y entonces comprendo la situación y me siento algo mal al respecto.

—Cariño, si Aiden no te ama es entonces porque hay algo que sabe que te puede lastimar si
te lo dice, y tiene tanto miedo de quedarse con todo el amor en las manos que quizás por eso
no se quiere arriesgar. Pero déjame decirte algo, Lilith, no creas que él no puede sentir, claro
que puede, y con más fuerza que nosotras, pero tiene miedo.

— ¿Cómo estás tan segura de eso?—hace una mueca.

—Instinto de mamá.

Suspira mordiendo su labio con nerviosismo.

—Está bien, te creeré.

Sonrío creyendo que esto es todo pero veo que hay algo más cuando toma mi mano entre las
suyas.

—Gracias, mamá, por todo. Sé que muchas veces no he sido la hija perfecta, que quizás soy
extraña y que tengo problemas recurrentes—se atraganta con sus propias palabras.

—Lilith, no eres...

—No, escúchame, por favor, mamá. Me ha costado mucho salir de ese agujero negro en el
que me encontraba, de salir de esa jaula en la que alguna vez fuí encerrada por Mason hace
años. Él simplemente enfureció, me dañó y me quebró durante esos años, pero la gota que
colmó el vaso fué el día en que decidió abrir una jaula y meterme dentro para que manos
monstruosas me tocaran. Me sentí sucia y acabada el resto de mi vida, no podía dormir, las
pesadillas eran peores y por eso sufría tantos ataques de pánico. Estos empeoraron cuando te
fuiste y te encerraste en tu mente esos meses, te amo, y sé que no podías hacer nada al
respecto pero creo que incluso te odié un tiempo por irte. Ahora entiendo que soy valiosa, y
que ser rara es lo que me hace radiante y única ante el mundo. Gracias por ayudarme siempre
aunque yo nunca te conté las cosas, mamá. En serio, gracias. Te amo.

No me doy cuenta de las lágrimas que ruedan por mis ojos hasta que ella termina de hablar,
me limpio rápidamente antes de envolverla en un abrazo de oso.
Ella confío en mí para contarme algo que yo no tenía ni idea y debo agradecerle a la Diosa
por haberle dado esa seguridad de contarme.

Siempre me pareció extraño que ella se cerrara a hablar de sus ataques de pánico, que nunca
me dijera aún cuando éramos mejores amigas, éramos yo y mi mini copia y luego ella
cambió, decidió que no quería dejarme cargar con su peso también aún cuando pudimos
ayudarnos juntas.

Ahora estoy agradecida de su sinceridad, de su confianza.

—Gracias a tí por confiar en mí, y lamento no haberme dado cuenta antes de todo esto,
cariño—la abrazo con todas mis fuerzas.

Tengo la sensación en mi pecho de que hay alguien más a quien debo agradecer, alguien que
seguramente le dió toda esta confianza. Está haciendo que ella se vuelva más segura de sí
misma y eso me da una felicidad indescriptible.

—Y gracias también por aplacar a mis padres—ríe entre lágrimas.

—Eso es lo que hace el amor.

—Eso es—asiente—. Espero tener una relación cómo la de ustedes en algún momento con
Aiden.

—Eso pasará, ya verás—beso su frente.

Luego nos quedamos hablando y me siento orgullosa de cómo ella ha subido tanto su
rendimiento escolar y ahora me cuenta sobre cómo le darán un premio de química forense por
parte de la institución.

Me siento orgullosa de ella.

Y definitivamente puedo enviar a la mierda las pesadillas porque mi vida está yendo de
maravilla y siempre podré manejar la situación con mis hijos.

Solo debo ser paciente y confiar en todos ellos.

Lilith sube cuando dice que debe ver a Aiden y yo hago lo mismo con mis esposos volviendo
al medio de la cama.

Y si todo se sale de control, solo iré con mis esposos a mi lado para ayudarme con todo lo
que pueda.

Porque mis hijos podrán tener sus propios asuntos y seguir sus vidas pero estos hombres
jamás me van a abandonar y yo jamás los abandonaré a ellos. Mis príncipes infernales son mi
ancla en esta vida.
Lilith

M e siento mucho más ligera y en paz conmigo misma después de hablar y


decirle absolutamente todo a mamá esta mañana.

Creí que nunca podría confesarle lo que había sucedido para que mis
ataques de pánico se volvieran recurrentes pero lo logré y por primera vez puedo decir que
estoy orgullosa de mí misma.

Y también estoy feliz de tener una madre tan comprensiva con la que pude tener una
conversación sin involucrar gritos o malas miradas.

Esta mañana apenas me levanté no podía ni caminar, tuve que levantarme a ponerme algo de
hielo en mis zonas íntimas. Así que cuando ví a mamá en el patio no pude evitar salir a hablar
con ella.

Me cubrí excesivamente bien con un pijama manga larga y un mono largo para que no
sospechara nada aunque creo que ya lo sabe.

De todos modos sería vergonzoso nombrar algo de eso. Así que simplemente salí y fué cómo
si alguien me guiara a hablar con ella.

Luego de darme una ducha y registrar mis gavetas sin encontrar nada que pueda usar, mamá
me trajo algo de ropa para mí que dice que podría quedarme y una camisa y un pantalón para
Aiden.

Mi chico aún no ha despertado y es extraño pero lo dejo descansar, así que me pongo los
pantalones y el suéter manga larga de lana blanco antes de bajar las escaleras.

Entro a la cocina y me topo con papá Dean cocinando así que me uno a él ayudándolo
mientras le robó casi todas las cerezas de los panqueques.

Ambos nos sentamos a esperar a los otros mientras él me tiende un té con jarabe de miel.

— ¿Mejor?

— ¿Qué cosa?—pregunto confundida.


—Pequeña, puedo ser algo torpe y tonto pero que uses un suéter y unos pantalones de abuela
es ya lo suficientemente sospechoso—ríe.

Mi cuello se calienta y debo bajar la mirada y dar otro sorbo a mi té caliente quemándome la
lengua.

—Cuidado, está hirviendo.

Él se sienta frente a mí y sopla su taza de café mientras revuelve su cabello que apunta en
todas las direcciones.

Aún usa su pijama blanco de seda y parece un poco dormido así que lo dejo en su
ensoñación. Él siempre, cada día, cada mañana, se levanta a pesar de tener un sueño de los
mil demonios y le prepara el desayuno a mamá sin falta.

—Gracias por el té, papá—le sonrió mientras bebo lo más qué puedo sin quemarme esta vez.

—No es nada, de todos modos debía prepararle los panqueques a mi Aleska o después ella
estaría de jodido mal humor—hace un mohín.

Río un poco mientras sacudo la cabeza.

—Por cierto, muchas gracias por venir, pequeña Li, tú madre está tan feliz porque los tres
estén aquí. No sabes la ilusión que le hizo verte radiante de nuevo. Y aunque ese imbécil de
Aiden no me cae bien se nota que te hace feliz y eso es suficiente para mí—sus ojos se
suavizan y el verde en ellos se vuelve incluso aún más acogedor y risueño.

—No sabes cuánto necesitaba oír eso. Algún día Amira también estará radiante cómo yo—
decido bromear.

Sus labios se crispan en una mueca de desagrado.

—No sin antes hacerle una bromita al imbécil, quizás enviar a Rocky a qué le muerda un
dedo—me guiña un ojo.

Rocky es su enorme cocodrilo que vive en la Isla.

—Y entonces Amira probablemente muera si su novio no tiene un dedo.

—Sí, ella probablemente lo dejaría por eso—ríe y luego su expresión decae—. Ella ha
crecido tan rápido, dentro de unos pocos meses cumplirá diecisiete años y entrará a la
universidad. Aún recuerdo cuando la montaba en mis hombros y hacíamos galletas juntos
aunque ella sea un desastre en la cocina, siempre tenían que ser en forma de coronas—suspira
y luego aparta la mirada carraspeando—. En fin, supongo que son ciclos de la vida.

Mi corazón se estruja y no puedo evitar levantarme a abrazarlo con fuerza.


—Ella siempre te va a amar cómo el primer día en que te desmayaste en ese hospital cuando
nació y la hiciste reír. Eres el primer hombre que amó en su vida y su ejemplo a seguir, Dean.
Ella nunca te va a dejar sin importar quién llegue a su vida, ¿está bien?

—Está bien, es solo que es extraño. A veces quisiera retroceder el tiempo y volver a estar con
ustedes correteando por la casa.

Sonrío disfrutando del abrazo y sintiendo un poco de lástima por no visitarlos antes.

—Eso y tengo miedo de dejarlas ir. Sé que Aiden me cae mal pero la pequeña mierda te hace
feliz, sí, tal vez tenga muchos defectos, cómo demasiados, pero se nota que ustedes podrán
arreglarlos. Aún así no puedes dejar de visitarme, me encanta cocinar contigo, pequeña Li.

Mis ojos se llenan de lágrimas cuando me separo de él.

—A mí también me encanta cocinar contigo, papá. Y prometo venir más seguido.

Me vuelvo a sentar, a su lado esta vez y luego de tomar el té ambos hacemos un pastel
enorme con mucho chocolate.

—Entonces, dices que ya no te cae tan mal Aiden, ¿eh?—recuerdo sus palabras mientras
cocinamos.

—Ah, no, pequeña diablilla, no cambies mis palabras. Dije que me gusta la forma en que te
hace sonreír pero si de repente te hace llorar o te hace cambiar de opinión, lo mataré, lo juro.

—No hay que ir al extremo, ustedes hicieron llorar a mamá y siguen vivos—le recuerdo.

—Ya, pero eran otras circunstancias, además estoy defendiéndote, pequeña desgraciada, no
me ayudes tanto—me lanza harina a la cara.

Río haciendo lo mismo y cuando vamos a iniciar la pelea de harina una voz femenina llena la
cocina:

— ¡Dean! ¿Mon amour?—Mamá entra descalza y corriendo a la cocina con una expresión de
alivio al ver a papá—. No me asustes así, creí que algo te había pasado.

—Ma cherie, son las nueve, siempre bajo a esta hora—papá parece olvidar el pastel porque
sale corriendo a abrazar a mamá.

Besa su cabeza y le dice algo a mamá que la hace reír y lucir mucho más juvenil mientras él
la mira con una radiante sonrisa en su rostro, cómo si ella fuera su vida entera.

¿Alguna vez alguien me amará así?

Mi celular vibra sobre la mesa y lo levanto para conseguir un mensaje de un número


desconocido.

Número desconocido: Hola hermanita, Jack Jack a tus órdenes. ¿Me recuerdas? Connor
renunció a buscar lo que necesitabas así que aquí está el resto del vídeo.
Adjunto a eso hay un vídeo, mis manos se congelan sosteniendo el celular y las ganas de
vomitar se juntan en mi garganta con el mensaje que le sigue.

Jack: Y de verdad siento esto, Lilith. No es por restregártelo en cara, pero te dije que esto
pasaría.

Y eso me cae como un balde de agua fría porque nada puede ser peor a que un psicópata me
envíe palabras de consuelo por lo que sea que haya en el vídeo.

Rápidamente le doy clic y me muevo hasta salir de la cocina para que mamá no me vea.

El video empieza y lo primero que veo me deja helada y debo agarrarme a la pared a mi lado,
es Mason, y está hablando con un señor de su edad, fuerte, y no solo hablan, se abrazan y
toman un brindis cómo buenos amigos.

Siento que quiero vomitar.

Ellos charlan y ríen por lo que parece una eternidad en mi mente hasta que entra un niño al
bar preguntando por su padre y señalan rápidamente al señor que mis ojos no han parado de
ver con incredulidad en el vídeo.

Este fue grabado justo la semana en qué mamá, papá Ethan y yo viajamos a Luxemburgo
huyendo de Mason.

—Pequeño, Aiden. Mira que grande estás ya.

Mason revuelve su cabello en el video y no puedo evitar las lágrimas que llenan mis ojos.

—Gracias. ¿Ya nos vamos, papá?

Aiden se aleja discretamente de Mason para mirar a su padre.

—No seas maleducado, Aiden. Mason y yo estamos hablando—Albert lo carga y lo pone


sobre su pierna.

— ¿De qué?

—Mente curiosa, me agrada—Mason ríe y el sonido me produce vértigo—. Verás, tu padre,


pequeño, es mi ejecutor, y como tal debe cumplir mis órdenes. Necesito que me haga el
trabajo de asesinar a una pequeña niña traviesa, para eso debe viajar a Luxemburgo esta
semana.

— ¿Una niña traviesa? ¿Puedo ir con papá?

—Pero claro que sí, después de todo tú tomarás su puesto cuando este viejo se vaya.
¿Verdad, Aiden?

Ambos ríen pero noto el cambio radical en la expresión facial y en el lenguaje corporal de
Albert.
—Claro, ¿eso significa que yo también debo ayudar a encontrarla?

—Eso significa que si tienes la oportunidad, debes acabarla, pequeñín.

El video se acaba.

Y así como acaba también parece acabar con mi vida.

Mi visión está borrosa y me doy cuenta que es por la cantidad excesiva de lágrimas que salen
de mis ojos.

Estuvo tan cerca de cumplir con lo que dijo, tantas veces tuvo mi vida entre sus manos.
Tantas veces puse mi vida en sus manos.

Confié en él más que en nadie.

Confié en aquel que no iba a ser el ejecutor de Atlas, iba a ser el ejecutor de Mason, el
monstruo de mi vida, debe haber una explicación.

Debe haber una explicación muy lógica.

Sin embargo mi mente no piensa en eso mientras retrocedo, tambaleándome por la pérdida de
aire en mi pecho.

El video empieza a reproducirse de nuevo, como un bloque repetitivo mientras siento mi


pecho abrirse del dolor desgarrador del engaño.

— ¿Qué estás escuchando?

Lentamente volteo para conseguir a Aiden parado al final de la escalera, su mano apretando
con fuerza el barandal, aferrándose al oro que lo enfunda.

El celular cae de mis manos chocando con el borde de la mesa de vidrio y rompiendo la
pantalla haciendo que se apague el video de mis pesadillas.

Su pecho está respirando aceleradamente, subiendo y bajando con cada fuerte inhalación y
todos los músculos de su torso descubierto están tensos haciendo contraste con sus rasgos
contraídos y oscuros.

Y hoy, después de dieciséis años, lo veo como algo horrible, como un... un monstruo, como
un verdadero demonio.

Levanto el celular revisando que aún sirva y suspiro de alivio de que al menos funcione aún
con la pantalla rota.

— ¿Qué estoy escuchando? Estoy escuchando cómo tú deber siempre fué asesinarme. Cómo
después de que te dije lo mucho que Mason me dañó no pudiste decirme que ya lo conocías
—limpio mis lágrimas con rabia y dolor—. Que incluso lo conocías mejor que yo.
Él le decía pequeño, lo trataba como a alguien de quién estaba orgulloso. Ellos se conocían
bien, incluso parecía que Albert y Mason eran amigos.

Mi cuerpo tiembla cuando suelto un sollozo incapaz de reprimir mi propio cuerpo cuando
permanece en silencio.

— ¿Cómo pudiste? ¿Cómo pudiste verme sufrir y ser tan cruel al respecto para no decir
nada? Eres un monstruo.

— ¿Eso es todo? ¿Dirás que soy un monstruo en tus deducciones y no me dejarás hablar?
¿Mmm?

No puedo escucharlo, no ahora, quizás nunca.

Mis oídos zumban mientras salgo caminando apresurada de la mansión, sin camino fijo, solo
marcándole a un Uber para largarme de aquí, para irme lejos de él.

Su mano se enrosca en mi muñeca y la fuerza del coraje me hace empujarlo con fuerza y
darle un duro golpe en el pecho.

—No te acerques a mí, ni ahora ni nunca. Te aborrezco.

— ¿Podrías escuchar, joder?

— ¿Escucharte? ¡Tuviste meses para decirme esto! ¡Tenías la oportunidad frente a tus ojos
cada vez que te pregunté!—mi cuerpo tiembla con cada grito—. Ya es tarde, Aiden, necesito
que te alejes de mí o juro que empezaré a gritar ayuda y está vez dejaré que mis padres hagan
lo que quieran contigo.

Miento, lo sé, pero es la única forma de que me deje en paz.

No sé si se enoja o no, no me importa tampoco, solo me libero de su agarre y entro corriendo


al Uber que acaba de llegar cerrando la puerta y dándole indicaciones de a dónde debe ir.

Y supongo que Jack tenía razón, un demonio jamás podrá dejar de ser uno, pues está en su
naturaleza, y una Diosa y un Demonio es algo que ni en esta época puede funcionar.
Aiden

G ruño mientras estrello la puta mesa con mi puño, mis nudillos sangran pero me
sabe a completa mierda.

Mi cabeza es una relojería, una bomba en cuenta regresiva que al llegar a cero
estallará y me hará añicos.

Esto es peligroso, no estoy teniendo el control de mí mismo y esta vez no tengo mi propio
calmante, estoy solo.

Mis acciones a partir de ahora son incontrolables, lo único que tengo en mente es que yo
jodidamente le dejé algo en claro, jamás la dejaría ir, y está vez no será la excepción.

Subo las escaleras de nuevo tomando la camisa que Aleska me dió y que no usé porque
quería regresar con Lilith a la cama.

La conozco y sé más que nada que volverá a la Isla y buscará refugio en los brazos de alguno
de sus amigos idiotas en vez de escuchar lo que yo tengo para decir antes.

Trato de calmar el caos de sombras negras que se arremolinan en mi cerebro pero con cada
respiración parecen incrementar.

— ¡Aiden! ¿Qué sucede? Escuché el estruendo—una voz suave resuena a mis espaldas.

—Ella lo sabe, y se fué, cómo sabía que lo haría—trago saliva con el peso de mis palabras
hundiendo mi pecho.

La expresión de Aleska decae pero rápidamente se recompone y sale corriendo antes de


tomar unas llaves y lanzármelas.

—Son las llaves de mi auto, alcánzala y si no puedes entonces vuelves a acá y tomas el jet,
¿está bien?

No puedo contestar, solo tomo las llaves y salgo corriendo al auto.


Ella me desafío, jodidamente se atrevió a irse sin poder escuchar como la maldita terca que
es.

Pongo el rastreador en el celular, aún lleva el collar y agradezco que no se lo haya quitado.
Piso el acelerador cuando veo que está llegando a la FMAE dónde Aleixander le podría
prestar un avión de vuelta a la Isla.

La llamo innumerables veces esperando a que atienda pero no lo hace así que activo la
cámara del collar con el sonido.

Ella está llorando y eso me hace enojar aún más.

Apenas está amaneciendo y agradezco que la carretera esté libre para darme prisa, la sede de
la organización está a unos veinte minutos de aquí pero para cuando llego después de
conducir cómo un maníaco ella ya está hablando con Aleixander.

Aprieto los frenos haciendo que los neumáticos frenen de golpe contra el asfalto y bajo del
auto cerrando la puerta con más fuerza de la necesaria.

Ni siquiera logré ingeniar un plan lo suficientemente bueno cómo para que me dejen ingresar.

Los agentes vigilantes en la entrada de inmediato me niegan el acceso a pesar de que les digo
que voy a hablar con el ministro, casi creo que tendré que armar una masacre cuando veo a
una pequeña niña pelinegra de unos grandes ojos verdes y pecas en su rostro.

Mi boleto de entrada.

— ¡Mia!—llamo a la niña y ella rápidamente voltea sacando su paleta de colores de su boca.

—Hola, Aiden, ¿qué haces aquí? ¿El tío Aleix te llamó?—se acerca curiosa.

—Sí, pero estos guardias no me dejan entrar.

Ella es la hija de Noha, el mejor amigo de Aleixander y un jodido dolor de culo.

Pero justo ahora podría amar a su pequeña hija de doce años por ser una niña adorable que
me está salvando la vida.

—Oh, déjenlo pasar, si el tío Aleix lo llama entonces debe ser algo importante—le dice a los
guardias.

Ellos asienten sin poder negarse ante lo que dice la niña, es una protegida de la organización.

Agradeciéndole le doy doscientos dólares y salgo corriendo tratando de alcanzar a Lilith en la


oficina de Aleixander dónde él salió para buscar un piloto que la lleve ya que él debe estar
aquí en Londres.

Abro la puerta de la oficina justo cuando ella debió hacer lo mismo porque su cara choca
contra mi pecho al intentar salir, debo agarrar su brazo para evitar que caiga.
Sus ojos coloridos usualmente brillosos ahora están opacos, sin brillo, sin vida y eso me mata.

Al poder enfocarme entre sus ojos húmedos por las lágrimas aparta mi mano de un golpe y se
aparta retrocediendo como si fuera un jodido desconocido.

Mis puños se aprietan a mis costados resistiendo el impulso de atraerla hacia mí y


secuestrarla en serio está vez.

—Basta ya de alejarme, Lilith. Deja de ser una maldita terca y escúchame por una vez.

Ella me ignora y trata de pasar por mi lado buscando huir de alguna manera.

—Lilith—mi voz se vuelve baja, amenazante—. Estoy hablando muy jodidamente en serio.

—Vete al maldito diablo, imbécil. Tuve toda una vida para escucharte, tuviste toda la vida
para decírmelo y aún así decidiste callar y esperar a que esto se volviera más fuerte.

—Escucha—debo hacer acopio de mis fuerzas para no estrangularla—. Sé que ahora mismo
me ves cómo un monstruo pero yo en ningún momento tuve la intención de matarte, Lilith.
Tuve la oportunidad de hacerlo incontables veces y en ningún momento actúe a favor. No te
conté nunca esta mierda porque sabía que reaccionarías así, que tú te irías. Por eso no podía
amarte porque ahora eres tú quién me odia—aunque ya es demasiado tarde para esto—. Mi
padre tuvo sus razones y no lo estoy justificando pero es la realidad. En ningún momento me
agradó Mason y yo participé en su asesinato por tí, yo jodidamente fuí en contra de mis
deberes y me interpuse cuando Liliana iba a cumplir el trato. Tal vez estés molesta ahora y lo
entiendo pero es algo que podemos hablar como putos normales.

— ¿Pero adivina algo, Aiden?—lágrimas frescas y frías caen en cascada por sus mejillas, me
encantaría borrarlas de allí, limpiar su rostro pero si la toco me golpeara y está vez no me
contendré—. Tú y yo no somos putos normales.

—No te asesiné, Lilith. Ni yo, ni mi padre.

— ¡Pero pudieron hacerlo, joder!—su cuerpo está temblando—. ¿No te das cuenta, en serio?
¿No comprendes que tú padre y Mason eran amigos?

Ni siquiera me esfuerzo en responder, ella simplemente no escuchará nada de lo que diga.

Sus labios tiemblan.

—No es mi culpa lo que mi padre haga o no con su vida.

—Claro, échale la culpa por no tener sentido de comunicación ni emociones y haberme dicho
todo esto cuando yo no estaba enamorada de tí. Pero eres tan jodidamente egoísta que
preferiste quedarte con toda mi atención en vez de evitarme todo esto.

— ¿Y qué si lo fui? Deja de ser tan jodidamente emocional por esto y de darle mil vueltas.

Tiene razón, fuí egoísta, nunca dije nada porque quería su atención sobre mí y sabía que si
abría la boca ella se iría.
Así que en vez de eso decidí esperar, y prolongarlo, ahora ella sufre al oír eso, pero no es la
única.

— ¡Se llama ser un puto humano! Algo que tú jamás vas a ser.

—Cuidado —digo entre dientes—. Estás jugando con mi jodida paciencia y me estás
empezando a cabrear al punto de perder el control. Así que no presiones de más, Lilith.

—Quiero ir a la Isla, Aiden, déjame salir—su barbilla tiembla—. Necesito alejarme de tí—su
voz se apaga hasta volverse monótona—. Déjame ir.

—Jodido no. Vienes conmigo.

— ¡No! Ya para.

—O vienes a las buenas o vienes a las malas, Lilith.

—Me estás matando, Aiden—agarra su pecho en un puño—. No puedo respirar y verte al


mismo tiempo, me duele demasiado—luego saca su mano de su espalda y mi cuerpo se tensa
al ver el arma.

Creo que me apuntará y eso sería jodidamente mejor a lo que hace, lleva el cañón a su sien.

El arma es de Aleix y tuvo que tomarla cuando él salió.

—Apártate y déjame ir o dispararé—traga saliva con su dedo sobre el gatillo.

Mi cuerpo está inmóvil y por primera vez, siento un miedo arrasador. De ese que me nubla la
vista y el pensamiento de ese que me hace sudar frio.

Porque yo jamás, y digo jamás, querría ser el causante de su muerte.

—Baja el arma, Lilith.

La tensión carga mis huesos y mis palabras.

—No hasta que...

—Me iré, y te dejaré ir a casa, pero baja el arma, por favor.

— ¿En serio me dejaras ir?

—Eso es lo que estás pidiendo, eso es lo que tendrás, a mí pesar.

Y la dejo ir porque no tiene sentido ya.

Ya no me mira con amor, ahora me mira con un vacío espeluznante, con ira guardada, con
dolor.
No la dejaré, eso jamás pasará, pero le debo dejar respirar, pensar las cosas antes de que
cometa una locura total como lo que hace ahora.

Baja el arma pero la vuelve a guardar en sus pantalones.

Dejo que camine frente a mí y la acompaño hasta donde Aleixander ya tiene el vuelo
preparado.

Me lanza una mirada de repugnancia pero la realidad es que ahora no estoy para él, así que
espero a que él piloto suba y ella le siga.

Antes de abordar un auto llega y de él baja Aleska con un pequeño equipaje, se despide de
Aleixander y le dice que debe ir con ella a lo que él entiende y luego me da una mirada de
lastima antes de decirme por gestos que luego me llamará.

Ella ni siquiera me dirige una mirada cuando sube.

Y las ganas de acabar con toda la humanidad llenan mi pecho y nublan mis ideas.

Retrocedo cinco pasos para cuando el avión despega y debo tratar de calmar mi respiración
pero no puedo hacerlo.

Sabía que ella me dejaría cuando se enterara de todo, sabía que me haría sentir por primera
vez y tenía miedo, pues se volvió realidad porque me dejó con todo el amor en las manos.
Albert

A penas me levanto para atender a Demon, el caballo de Aiden, sé que algo anda
mal.

Tengo la creencia de que los animales se conectan con sus dueños y cuando
Demon se enferma o está decaído sé que Aiden la está pasando mal.

Lo cual es constantemente aunque tenía un par de meses que no sucedía.

— ¿Sucede algo?—la voz suave y melodiosa femenina que viene de mis espaldas llena mis
oídos.

Volteo para ver a Amanda cruzada de brazos usando la misma bata de satín que cargaba al
salir del baño hace unos minutos.

Resulta que mi relación con Aiden nunca fué la mejor, no conozco mucho de su vida y él
tampoco de la mía. Solo sé por personas externas, dígase Amanda que está en una relación
con Lilith.

Y solo lo sé porque ella es la profesora de química de Lilith.

No me enteré por Aiden pero tampoco le reclamaré porque yo estoy saliendo con esta
preciosa mujer y no le he comentado absolutamente nada.

Después de años al fin me atreví a dar un paso y abrir mi corazón nuevamente, ella me ha
hecho darme cuenta que realmente lo que sentía por Liliana no era más que dependencia y
miedo constante.

Ahora, todo es diferente, soy más feliz y ella me hace sentir todo ese amor que tenía
guardado.

Ella me abraza por detrás y apoya su cabeza en mi pecho mientras yo sostengo sus manos.

—Creo que ocurrió algo, llámame paranoico pero solo creo que algo anda mal.
Sus dedos acarician distraídamente mi pecho mientras hablo.

— ¿Quieres hablar de ello?

Asiento ligeramente girando entre sus brazos para regresarle el abrazo cálido.

Al inicio ella evitaba mis abrazos, pues no estaba segura de esto ya que no le había
comentado nada a Aiden pero luego le dije que a él realmente no le importaría.

Fué allí cuando le comenté su trastorno y ella sintió pena por él pero dijo que era algo
manejable, allí entendí que era la indicada.

Ella me ignoró por mucho tiempo pero finalmente logré llamar su atención y estoy feliz de
eso porque realmente me enojaba que se hiciera la difícil por razones equivocadas.

Entonces dejó de hacerlo y ahora hemos mejorado nuestra comunicación y nuestra relación
secreta porque aún no lo sabe nadie más que nosotros.

Hemos llegado al punto de saber cuando el otro está mal así como ella lo supo justo ahora y
eso me fascina.

—Es algo con Aiden, ese chico se la pasa en problemas pero siento que está vez hay algo más
y temo que puedo saber la respuesta a eso—deslizo mis dedos por su lacio cabello miel.

Me encanta mantener mis dedos en su cabello, es tan sedoso y brillante que te atrapa a simple
vista.

— ¿Es algo malo?

Asiento con algo de vergüenza por mi pasado.

Ella suspira pero aún así no se aleja y sigue sus caricias en mi espalda.

—Cuéntame, te escucharé.

— ¿Prometes escuchar todo y luego juzgarlo?

—Prometo escucharlo todo y luego hablarlo, amor. Si esto te avergüenza significa que tú
pensar al respecto ha cambiado, por lo tanto eso te hace mejor persona—besa mi mandíbula
haciéndome sonreír.

Cómo amo a esta mujer.

Y entonces decido contarle todo, desde mis inicios en la mafia, hasta cómo hice una amistad
con Mason cuando no sabía el tipo de hombre que era y finalmente cómo me amenazó
durante años inyectando a Liliana con su droga, volviéndola una adicta y vendiéndole alcohol
barato hasta que destruyó mi familia a punta de amenazas.

Dijo que debía ir tras la niña, Lilith. Y a cambio dejaría en paz a Liliana y yo no pude
negarme, ella era una desconocida y yo debía salvar a mi familia.
Aún así, cuando la ví por primera vez ví esa mirada que tenía mi ex esposa, esa mirada triste
que en algún momento brillo y alguien la opacó, la opaco el mismo monstruo.

No pude hacerle daño, y Aiden tampoco, pero Liliana estaba a punto de hacerlo hasta que mi
hijo la salvó y luego de allí creo que se enamoró, entendí entonces que él si podía sentir, pero
el miedo al rechazo y al abandono por parte de ella lo hicieron volverse indiferente.

Y algo me dice que llegó el momento en que la niña se enteró y aunque Aiden no pueda
admitir lo que siente porque solo ha sentido por ella debe sentirse lo más cercano al vacío, al
abandono, y su cerebro debe estarle jugando una mala pasada diciéndole "te lo dije".

Ella escuchó en todo momento y ahora me mira fijamente pensando en una respuesta a mi
relato.

—Quizás ella no sabe toda la versión. Lilith es una buena niña pero ha pasado por tantas
cosas que tiene una mente impulsiva y al primer fallo decide huir. Y Aiden es demasiado
orgulloso como para ir tras ella, lamentablemente alguno de los dos debe ceder, y creo que es
hora de que Aiden ponga de su parte.

— ¿Y si Aiden se molesta conmigo por mi pasado? ¿Y si decide culparme por dañar su única
relación?—admito mi temor.

—Oye, no, no digas eso—me toma la mano y nos hace sentarnos en los bancos de madera—.
No es tu culpa, estabas tratando de salvar a tu familia y la vida de una desconocida no la
podrías anteponer a tu felicidad. Sin embargo lo hiciste, lástima que ya era tarde.

—Él no piensa igual a tí, él no puede sentir emociones y no tendrá la capacidad de


comprensión y empatía que tú tienes. Él simplemente decidirá echarme toda la culpa por
perder a Lilith si ese fué el caso.

—Eres su padre y muy en el fondo debe entender que no fué tu culpa—entrelaza nuestros
dedos.

—No lo entiendes, a él realmente no le importo. Es triste pero es la realidad.

—Claro que le importas, ¿crees que vendría cada día al establo así sea a media noche para
ayudarte con el trabajo? A su manera, él trata de encajar y buscar sentir.

—Él sabe fingir demasiado bien, tiene sus rutinas programadas y sus sonrisas falsas
estipuladas para engañar a la sociedad y que así nadie lo tache como loco. Lo descubrí hace
años cuando le dije que lo iba a internar y rápidamente su comportamiento cambió. Aunque
intentes negarlo, eso es lo que es.

—Albert, debes dejar de pensar así. Estás hablando de tú hijo, y estás empezando a tener una
actitud igual a la de él. No puedes hablar de él como si fuera un extraño experimento de la
sociedad.

—Lo amo, pero sé que su control es limitado y sus emociones también. No puedo tapar el sol
con un dedo.
Sus cejas se arrugan frunciendo el ceño y luego se levanta cruzándose de brazos.

— ¿Qué haces?

—Enojarme contigo. No puedo creer que lo estés criticando a él, a tú sangre. Ese chico no
tiene a nadie en este mundo que le haya demostrado su amor más que esa niña, su madre lo
odiaba y tú al parecer jamás le demostraste lo que es ser amado. Eso explica sus actitudes
más de lo que debería.

—Quizás tengas razón—suspiro metiendo mi cabeza entre mis manos.

—Trata de verlo como algo más que un bicho raro al que debes mantener alejado de tí. Él es
una flor marchita pero si le das el suficiente amor y le brindas tu atención puede volver a
florecer y aún con sus espinas seguirá siendo precioso.

— ¿Cómo es que dejé pasar toda mi vida sin conocerte?—tomo su muñeca tirándola sobre mí
y beso sus labios.

—Me pregunto lo mismo contigo—ríe entre el beso antes de levantarse y tomar mi mano—.
Ahora vamos para que hables con él, apuesto a qué ya está en la Isla.

Asiento y espero a que ella se vista mientras le marco a Atlas, el mejor amigo de Aiden para
saber del paradero de mi hijo.

Al contestar es breve en decirme que está en la mansión de Connor y que él apenas está
tomando el vuelo pero que cree que Aiden debe estar a nada de acabar con el chico Dagach.

Amanda no tarda en salir vestida con unos vaqueros y una bonita blusa azul marino,
conduzco hasta la mansión del menor de los Dagach y le comunico a los guardias que vengo
a ver a mi hijo, Aiden.

Cuando me dejan acceder con la confirmación de otro Dagach no tardo en bajar del auto y
entrar a la mansión con Amanda tomando mi mano como un ancla.

Lo primero que escucho es el fuerte golpe proveniente de la sala a mi derecha y ambos


entramos corriendo, la escena que se desarrolla frente a mí es francamente aterradora.

Amanda jadea llevando sus palmas a sus labios. Ella es alérgica a la violencia y lo que ambos
vemos es lo siguiente a la palabra violencia.

Aiden sostiene un cuchillo y está a nada de clavarlo en el abdomen de Connor tal cómo el
pequeño Dagach está a nada de romperle el cuello a Aiden.

El filo del arma se clava en el abdomen del pelinegro sacándole un gruñido animal y apretar
su agarre en el cuello de Aiden pero este parece no importarle porque tiene una mirada que es
francamente anormal.
No sé parece a ninguna escena que haya visto antes y toda la luz que sus ojos habían
adquirido se han ido dejando un helado azul vacío. Y por primera vez veo una emoción en su
rostro, tristeza.

— ¿Por qué le enviaste esa mierda? ¿Con qué derecho lo hiciste?—la voz de Aiden suena
robótica, monótona, aterradora.

Y aún así parece en calma, una escalofriante calma que anuncia peligro.

—Te dije que te mantuvieras al margen, te lo dije, joder. Te dije que te mataría si te metas
entre nosotros y aún así decidiste creerte mucho mejor que yo y actuaste por orgullo.

Connor le da un cabezazo a Aiden rompiéndole la nariz por la fuerza del impacto pero eso
solo hace que entierre más fuerte la cuchilla.

Amanda jadea a mi lado y da dos pasos al frente pero la detengo tomando su muñeca, ella se
libra y corre hacia donde están ellos y me sorprendo cuando toma a Aiden de un punto de su
cuello que hace que suelte su agarre en la cuchilla y gruña.

Me acerco para separar a Connor y él lleva sus manos a su estómago empapandolas de sangre
fresca.

Podría fácilmente asesinarlo como debí hacer con su padre hace años pero no haré esto, no
culparé a un niño por los errores de su padre. Así que solo lo sostengo en su lugar

Él está pálido por la pérdida de sangre y aún así a Aiden parece no importarle cuando trata de
zafarse del agarre de Amanda.

Luego, parece caer en cuenta de mi presencia y voltea a ver quién lo sostiene, su ceja se alza
juzgando lo que sucede.

— ¿Quién mierda eres?—le gruñe a Amanda.

Mi puño se cierra y estoy a nada de ir a partirle la cara pero ella parece tomarlo con calma
porque le da una cálida sonrisa.

—Hola, Aiden, lamento presentarme en estas condiciones. Soy Amanda, profesora de


química en The Golden Royalty—extiende su mano soltando su agarre en Aiden.

Él mira su mano con recelo pero luego algo parece hacer conexión en su cerebro y la
estrecha.

— ¿Eres la profesora de química de Lilith Müller no es así? ¿La que la nominó al premio?

—Oh, sí. Ella es una niña brillante y talentosa.

Le doy a Connor un kit de primeros auxilios y por último un vaso de agua, él solo dice que
puede curarse sin mi ayuda y yo lo dejo.

—Aiden, te presento a mi novia—tomo a Amanda de la cintura.


Ella me lanza una mala mirada por arruinar sus planes de agradarle primero a Aiden y él solo
me mira con la expresión en blanco.

Parece más interesado en que Connor no cure su herida pero cuando pretendes avanzar tomo
su brazo con fuerza.

—Basta, ya, Aiden.

—Al diablo tú también. Por culpa de ese bastardo ella se fué, le envió los putos videos a
cambio de que ella le firmara unos papeles de matrimonio con la pequeña Klein para
arruinarle la vida a Aleska. ¿Adivina qué? Haré que te arruinen a tí, pequeña mierda.

—No me jodas, yo no le envié un carajo, si, le envié un puto video al inicio, pero luego dejé
de hacerlo porque me sentí jodidamente culpable. Si quieres buscar a un culpable, bien, hazlo
pero estás tras el Dagach equivocado—dice Connor mientras cose su herida—. Además de
igual forma se iba a enterar, tarde o temprano pasaría.

Aiden se sacude para ir tras él, afianzo mi agarre a su alrededor.

—Mientes, sé que fuiste tú.

— ¡Te digo que no joder! Estoy casi seguro de que fué la porquería de Jack, está furioso con
Jane por alguna mierda y esta es su venganza—Connor grita frustrado.

—Cálmate ya, Aiden—le digo con una paciencia reunida que no siento.

—Vete al diablo, Albert—se zafa de mi agarre con fuerza—. No sabes una mierda cuando
pides que me calme, ella es la única que me hizo sentir al menos un apice de emoción, la
única que de verdad me dió su amor, algo que ni tu esposa de mierda ni tú pudieron hacer.
Porque si, lo digo, eres un jodido mal padre.

Amanda cubre su boca con sus manos, le dije que Aiden era ese tipo de monstruo sin
compasión y ella no me creyó pero ni siquiera puedo decirle que tenía razón porque estoy
más preocupado en el trago amargo que me hacen sentir sus palabras.

La ira y la fuerza con la que lo dice me hacen sentir mal al respecto.

Tiene razón, siempre me enfoqué en tratar de intentarlo, reprimir su naturaleza y hundir todo
lo que él representa sin preocuparme por lo que realmente él pueda sentir.

La primera vez que le diagnosticaron su trastorno ví reflejado el rostro de mis pesadillas en su


pequeño rostro de cinco años.

Mi primera opción fue intentar ayudarlo a canalizar esa energía destructiva pero cuando no
funcionó me limité a la opción más simple, tratar de internarlo.

Esperé antes de decirle, con la esperanza de que cambiaría pero entonces empezó a ser mucho
más incontrolable, tuve que sacarlo de prisión, ver cómo golpeaba a alguien hasta la muerte,
amenazaba a cualquiera y hacia que se sintieran depresivos.
Al inicio no me enteré porque Aleska, la madre de Lilith cubría sus hazañas pero luego lo
hice y tuve una discusión con ella para que dejara al niño en paz.

Ella solo dijo que él necesitaba sentirse amado y apoyado algo que yo no estaba haciendo y
por eso él actuaba rebelde.

No le presté atención en el momento.

Y Aiden empezó a ir a dónde Aleska y ella prácticamente lo adoptó como su hijo creando un
enorme agujero de distancia en la relación padre e hijo de Aiden y yo.

Aún así jamás había dicho unas palabras tan crudas y crueles como las de hace un momento.

— ¿Un mal padre dices?

Connor en algún momento ha llegado cojeando a mi lado y Amanda ahora lo ayuda a


mantenerse en pie.

Aiden está tenso, sus hombros parecen querer reventarse y si expresión es animal, como si
necesitará asesinar cruelmente a alguien para poder seguir.

Está empezando a perderse.

—Sé que piensas que soy un monstruo defectuoso y quizás sí lo sea pero internar a tu hijo a
cinco años por no querer darle al amor que él necesitaba es algo cruel, Albert. Igualmente no
te guardo tanto rencor, puedes vivir feliz con tu nueva familia, porque ahora por tus putos
errores del pasado arruinaste la mía. Todo porque decidiste quedarte en una casa dónde sabías
que igualmente te iban a joder la vida—luego, parece pensar lo siguiente pero aún así lo dice:
—Todo porque te enamoraste de una pesadilla y todo por sentir jodidamente demasiado.

—Aiden—Amanda intenta explicarle pero él levanta una mano.

—Ahórratelo, no quiero excusas baratas.

—Escucha, solo escuchar. Sé que ahora mismo debes ver a tu padre cómo un monstruo pero,
los monstruos también tienen derecho a cambiar, muchas veces nosotros mismos ponemos
una venda sobre nuestros ojos y nos negamos a tratar de ver la luz. Estás cegado ante la
posibilidad de un cambio, ante la idea de ser querido, y sé que no se mucho de tí pero si algo
es seguro es que me han hablado excelente. Tu padre te ama, esa chica, Lilith, también,
incluso su madre, Aleska. Y si te dejas ver a los demás todos te podrían amar de verdad.
Fuiste tú quién se alejó sin darte cuenta, y está bien es una reacción humana pero las personas
que de verdad te aman no te van a rechazar más, solo debes expresarte, decirles lo mal que te
sientes o la incomodidad que tengas y se puede arreglar. No eres un monstruo, Aiden, eres un
ser humano y los seres humanos cometemos errores diariamente y la gran parte de ellos no
tienen solución, pero la parte positiva es que tengan o no siguen dándonos una lección. Si un
día sales sin paragua y llueve, al día siguiente llevarás el paraguas para que no suceda lo
mismo. Si le decías a tu padre lo que sentías estoy segura de que él no cometería el mismo
error de pensar así sobre tí.
Resultó ser que en realidad Aleska no me lo robó, yo en serio le caigo fatal y me detesta.

Y eso me hace sentir una punzada de dolor que se extiende por todo mi pecho y se extiende
hasta humedecer mis ojos por la culpabilidad.

Aún no puedo hablar, si lo hago estallaré así que parpadeo para alejar las lágrimas y me tomo
un tiempo para aminorar mi respiración y bajar el nudo en mi garganta.

— ¿Dices que ahora es mi culpa?—suelta una falsa carcajada—. Esto es genial.

—No dije que lo fuera, es de los dos pero si no hablan de ello claramente no tendrá
solución—Amanda suaviza su voz.

—Discúlpame por no querer hablar con un tipo que me tiene jodido miedo.

—Aiden—susurro.

Él me mira, con sus músculos tensos y rígidos. Cree que de nuevo lo voy a insultar o me iré.

Pero hago todo lo contrario, lo abrazo sintiendo sus músculos aún más tensos pero no importa
para mí.

—Lo siento, hijo—susurro con sinceridad.

Noto cómo su cuerpo se congela por completo pero aún así no me aparto.

—No me dí cuenta de lo mucho que mis acciones podrían influir en tú comportamiento y


cuánto podrían herirte mis palabras impulsivas. Me disculpo por no darme cuenta antes de
qué tomabas distancia de mí y de la sociedad misma. Si te sirve de consuelo hay una
explicación válida para lo que pasó en ese entonces por si quieres traer a Lilith y con gusto
haré lo posible para explicarle. Nunca creas que es tu culpa, es mi culpa por no ser un buen
padre para tí.

Aiden se ha relajado un poco y ahora su mano va con lentitud y casi extrañeza hacia mí
espalda.

Miro de reojo a Amanda que tiene lágrimas en sus ojos definitivamente conmovida. Y no
puedo agradecerle más porque sé que sus palabras tocaron fondo en el espacio más humano
de Aiden.

Le hago una seña y ella se acerca con lentitud pero la tomo del antebrazo y la uno al abrazo
sacándole un grito y sus ojos se abren de par en par asustada por la reacción de Aiden pero el
solo lo acepta sin rechistar y ella se relaja sonriéndome.

Cuando nos separamos ella le dice algo a Aiden y él asiente.

Por primera vez puedo ver su rostro mucho más tranquilo, más humano y menos asesino. Por
primera vez se parece a ese pequeño que le encantaba sentarse a la orilla del mar y ver sus
profundidades.
Probablemente si estuviera solo sería de nuevo el asesino frío y cruel pero aún así lo seguiré
amando y necesitando en mi vida. Es mi hijo y cada faceta de él es importante para mí.

Quizás si estuviera solo no tendría que reprimir su naturaleza pero yo lo necesito a él, aún con
su manipulación e ideas asesinas.

Porque en realidad conmigo jamás presentó ese comportamiento y él seguirá escondiéndose


de la sociedad pero al menos ahora sabe que hay personas que realmente lo aman y le tienen
aprecio que darían todo por él.

Lo único que es seguro es que él es mi hijo y jamás dejará de serlo.

Recuerdo la primera vez que nació y sus palmas curiosas se plasmaron en mis mejillas
mientras sus grandes ojos azules me analizaban con cuidado. Desde ese día supe que todo
sería diferente en mi vida y así fué.

—Muy bien—Amanda alisa su camisa—, ¿sabes dónde está Lilith?

Aiden parece recordar sus ansias de asesinato y la verdadera razón por la que está aquí e hirió
a Connor. Aprieta la mandíbula con fuerza ante el recuerdo.

—No lo sé, probablemente en la mansión de su madre.

Amanda se lleva una mano a la cadera mientras piensa un plan estratégico en esa cabecita
ingeniosa suya.

— ¿Qué tan enojada estaba?

—Me amenazó intentando quitarse la vida—sus palabras salen entre dientes.

— ¿Le dijiste lo que sientes y aún así se fué?—Amanda parece sorprendida.

Aiden niega con la cabeza.

—No se lo dije, y ella tampoco sabe la razón de papá al aceptar el trabajo—suspira bajando la
cabeza derrotado—. Ella estaba tan asustada de mí, me miró con... odio.

—Bueno, te mandó a comer de tu propia medicina—Connor se mete en la conversación


ganándose la mirada mortal de Aiden—. Solo sé tú mismo, realmente tú, zanahoria. Ya no
hay nada que te pueda frenar, solo dile lo que sientes y espera a ver qué dice.

— ¿Y tú desde cuándo piensas con la cabeza de arriba?—dice Aiden.

—Desde que casi me perforas un riñón y empecé a ver la luz del infierno.

Aiden rueda los ojos y mira a Amanda.

— ¿Qué crees que debo hacer?

—Si de verdad la quieres, entonces ve tras ella, lucha por su amor, Aiden.
— ¿Y si no me quiere ver?

—Si querrá, ella te ama, solo está dolida.

En ese momento tres cuerpos entran corriendo a la habitación, son Atlas, Naim y Enzo.

— ¿Y los cuerpos?—dice Enzo con los ojos muy abiertos.

—No hay cuerpos, pero necesito que me acompañen a la mansión Müller—les explica Aiden.

Luego, les dice todo lo que ocurrió y juntos hacen un plan elaborado en el que me involucran
para que personalmente le explique las cosas a Lilith para lo que también necesitaré a Aleska.

Así que ellos la llaman y ella acepta gustosa.

Vamos a la entrada y tomamos dos autos para ir a la mansión siguiendo tal cual los planes,
usaremos a Amanda para distracción de Lilith y que no tenga tiempo de correr.

Mientras vamos en el auto, Aiden me va explicando su relación con ella y no puedo evitar de
reír y negar con la cabeza ante todas las estupideces que cometió.

Pero son muchachos aún y les queda toda una vida por recorrer, así como a mí me queda
recorrer todo el resto de mi vida con esta gran mujer que ayudó a salvar mi relación con mi
hijo.

—Mantén la compostura al llegar y trata por todos los cielos de no llevarla al límite.

—Si no lo hago entonces definitivamente sería un aburrido.

Le lanzo una mala mirada y el ríe.

—Ya, ya, era broma, papá.

Este chico, me va a sacar más canas de las que ya tengo.

Antes de entrar a hablar con Lilith y tratar de salvarle la vida a mi hijo al regresarle su
oxígeno tomo a Amanda de la mano.

—Gracias por ayudarme, especialmente por hacer que Aiden te aceptara en la familia. Sin tí
no hubiéramos logrado todo esto, sol.

Me acaricia la mejilla, su tacto suave es lo único que necesitaba.

—Sé que debe haber Sido difícil pero estoy orgullosa de que pudiste ver a tu verdadero hijo y
solucionar las cosas. Te amo, Albert.

—Yo también te amo, mi sol—la estrecho en mis brazos—. ¿Estás lista para ser cupido?

—Oh, eso ni debes preguntarlo—me guiña un ojo haciéndome reír.


— ¿Crees que ella lo perdone?

—Lo hará, ese chico la mira de esa forma especial que me miras tú.

— ¿Esa forma especial?

—Cómo si pudieras bajar el mundo a mis pies solo para que nada me lastime, con amor.

—Tienes razón, lo haría—beso su cabeza.

Ella sonríe mientras mira a lo lejos.

—Hora de hacer que se cree una nueva familia—sonríe antes de entrar a la mansión.
Lilith

O dio los ataques de pánico y me remito a estos pensamientos después de haber


sufrido dos durante mi viaje en avión.

Traicionada es poco para lo que siento y sé que tal vez estoy equivocada por
no escuchar lo que Aiden tenía para decir pero, ¿de qué vale escucharlo cuando de todos
modos no me ama?

La única culpable aquí fuí yo por creer que él me prestaría atención, logré cantarla luego de
mi magistral plan pero aún así no funcionó así que ahora me toca afrontar mi propia
depresión.

Antes cuando me apunté con el arma no lo decía en serio, estaba vacía, papá se aseguró de
quitarle las balas porque no confiaba en mis pensamientos durante mi estado de llanto.

Apenas bajo del jet me doy cuenta de que ya es tarde, casi las ocho de la noche y la casa está
lo más tranquila que se puede así que entro por la parte trasera sin querer esperar a mamá y
subo rápidamente a mi habitación pero no me ayuda que los escalones casi digan mi nombre
con cada paso.

No quisiera que mis hermanos me vieran así, hinchada, roja y probablemente como un
mapache por el rímel corrido.

Maldita sea.

Aún así me las arreglo para entrar a mi habitación y buscar en mi cajón de dulces todo lo que
pueda caber en mis brazos, agarrar una manta, encender el aire y poner una cursi película de
amor para recordarme a mí misma que solo es ficción porque claramente mi vida es una
mierda.

Estar aquí comiendo helado es mi recuerdo más cercano a cuando después de un ataque de
pánico me acurrucaba con Atlas a ver Barbie, él nunca se quejó, solo veía y luego leía un
cuento mientras esperaba a que el susto pasara.

Después mis padres venían y alguna que otra vez dormían conmigo para no dejarme sola con
mis pesadillas.
Abro mi helado de mango y vainilla y unas barras de chocolate, probablemente no salga del
baño en toda la noche pero eso me mantendrá ocupada de pensar en cierto espécimen
psicópata.

Me atiborro la boca de dos grandes cucharadas de helado y meto la mitad de la barra de


chocolate mientras el frío se mete entre mis dientes haciéndome llorar aún más y envolverme
en la manta.

Ni siquiera tengo a Lila ahora para darme consuelo.

Me dejo caer sobre el sofá llorando con cada cucharada de helado que me llevo a la boca y
prestándole toda mi atención a cómo los idiotas de la película se besan.

— ¡Al diablo, el amor no existe!—grito con la boca llena de chocolate.

No me cansaré de llorar, de hecho ya debería parar considerando que mi vista está algo
borrosa y la migraña amenaza con explotar mi cerebro hasta dejar mis sesos por todo el sofá.

El hecho de haber viajado con mamá tampoco ayudó a sentirme mejor porque algo en la
forma que me trató me decía que ella ya lo sabía, solo que no le echaré la culpa por no
decirme porque entiendo que es un secreto de Aiden y que a mí tampoco me hubiera gustado
que ella le contara mis cosas.

Aún así me siento algo traicionada y herida.

Mi muñeca pica y cuando la rasco mis dedos chocan con la pulsera que yo misma hice para
ambos y que él no se quejó en ponérsela, de hecho jamás se la quitó.

Eso me hace chillar con más ahínco enterrando mi cara en la manta.

Lo odio.

Definitivamente odio a los hombres. ¿Por qué absolutamente todos deben ser una mierda?

Primero te ilusionan y luego te rompen en pedazos, al diablo con ellos.

—Lilith, ¿puedo pasar?

Apenas oigo la voz de papá Hades me tenso, ¿en qué momento viajó?

Rápidamente limpio mis lágrimas y escondo el bote de helado detrás del sofá mientras trato
de secar mi cara con la manta.

Apenas entra y me ve, su expresión seria de siempre se suaviza, lleva una cómoda camisa
blanca y unos vaqueros negros.

Le doy una pequeña sonrisa que debe lucir más como una mueca.
Mamá viene detrás de él, luciendo extremadamente pequeña y hermosa con su vestido largo
blanco que hace juego con su cabello.

Ninguno de los dos dice nada, papá solo se sienta a mi lado y me atrae en un abrazo de oso
que me hace romper en llanto de nuevo.

—Eres demasiado para alguien que no sabe lo que quiere, pequeña—susurra.

Mis dedos se aferran a su camisa cómo si en algún momento me fuera a dejar caer.

—Es mi culpa, quizás debí escuchar, ser paciente, era un niño y no tenía la culpa pero yo...—
niego incapaz de seguir hablando.

—Cariño—mamá acaricia mi brazo—. Sé que debes sentirte traicionada ahora mismo, pero a
veces nosotros mismos nos ponemos las trabas en el camino. Nunca está de más escuchar
todas las versiones y ya quedará en tí juzgar cuál creer.

— ¿Y si ninguna me gusta? ¿Y si todo es una mentira?

Ella suspira, sus ojos suavizándose.

—Entonces te tocará a tí elegir.

—Eso o simplemente puedo hacer que él muera—gruñe papá.

—Hades, ya hablamos de esto—mamá le dedica una mirada severa.

—La hizo llorar, tú jamás lloraste por mi culpa, los otros son tema aparte.

—Ya, pero es diferente y ahora cállate—se levanta y camina detrás del sofá para tomar el
helado haciéndome una mala cara—. Te buscaré una pastilla para dormir y te haré un té, ya
vengo—camina hasta la salida y luego se detiene—. Nada de planear muertes, hablo en
serio—mira a papá antes de salir.

—Sigo opinando que deberíamos acabar al menos con el viejo Albert—papá murmura
cuando mamá ya se ha ido.

Me saca una pequeña risa.

—Aún no puedo creer que él fué amigo de Mason—me estremezco de solo pensarlo.

—Lo sé, pero siempre supe que él ocultaba algo.

—Solo estás celoso de que se lleve bien con mamá—le pincho el estómago.

— ¿Y? Más razones para que deba morir.

—Él y el parásito de su hijo.

—Oye...—cierro la boca antes de seguir.


Que patético. Casi empezaba a defenderlo.

—El chico es un imbécil, al menos haz que se arrastre por un tiempo, te lo pido. O dile algo
de ser tu amigo, será una venganza perfecta.

— ¿Amigo? ¿En serio?—bufo riendo entre lágrimas.

—Sí, amistad, así como Liam y tu madre, quizás se termine haciendo realidad y ya dejas de
amarle—ofrece.

Liam es el padre de Joshua y el mejor amigo de mamá.

—Sí, pero Liam y mamá no han hecho cosas, porque él es gay a morir y mamá literalmente
los adora a ustedes.

Su expresión se ensombrece.

—No necesitaba saber que ustedes ya hicieron cosas.

—Oh, por favor, lo dices como si no me hubieran traumado por al menos quince años—bufo
sentándome cómodamente de nuevo.

—Volviendo al punto inicial, pueden seguir siendo amigos, o simplemente se ignoran...o lo


matamos.

—Que no lo van a matar por el amor a los Dioses—suspiro frustrada—. Ustedes son
imposibles.

—Solo te amamos, princesita—besa mi cabeza sacándome una sonrisa.

—Y yo a ustedes.

Luego recuerdo que se supone que también amo a alguien más, lo amo mucho más de lo que
puedo amar a alguien. Porque sí, mis padres estarán allí toda mi vida, pero ellos tienen su
propia familia, yo debo formar la mía y él único hombre al que amo resultó ser un mentiroso.

Ah, y no me ama «deprimente».

— ¿Quieres hablar de cómo te sientes? Sabes que no sé de estas cosas pero siempre estoy
para escucharte.

Lo sé, siempre lo ha hecho, Hades es como mi psicólogo personal a quien le cuento todos mis
problemas, escucha, y luego me da consejos.

—Estoy... ni siquiera lo sé, creo que me siento algo desorientada y rota. Supongo que
esperaba más de él, ¿entiendes lo que quiero decir?

—Realmente no, pero continúa.


Suspiro echando mi cabeza hacia atrás en el sillón.

—El punto es, que debería estar furiosa, querer asesinarlo y agarrarlo a golpes, que
probablemente lo haga, pero aún así, es más tristeza que enojo. Creo que es tristeza por haber
sido engañada y enojo por no haber escuchado antes. Incluso Abalám y Uriel me advirtieron,
pero acá voy yo de testaruda a no creerles. Bueno, tenían razón, también el extraño de Jack.
Abalám y Uriel siempre tienen la razón y debí escucharlos—un nudo se atasca en mi
garganta—. Y ahora sé que debo levantarme pero ni siquiera tengo de dónde agarrarme para
hacerlo.

—Puedes empezar por buscar las respuestas que te hacen falta, y solo quizás, eso te de la
soga para empezar a subir a la superficie de nuevo—me toma en sus brazos.

— ¿Y si las respuestas duelen?

—Toda verdad duele, Lilith. Solo debes ser fuerte—desliza sus dedos por mi cabello—. Y si
te sientes demasiado imponente entonces tómalo como saco de boxeo. Demuéstrale que eres
una Müller, una mujer inteligente y luchadora y rómpele la cara por ser un imbécil, si te
sientes mejor después entonces escúchalo. Y si no, entonces nosotros nos encargamos.

— ¿Nosotros...?—me retiro cuando me percató de que quien acariciaba mi cabello era papá
Ethan.

—No dude en venir cuando mi mariposita me pidió refuerzos, vine con Hades en el vuelo y
con el loco de Axel que está ayudando a tu madre abajo. Pero los tres estamos dispuestos a
acabar con ese tonto.

— ¿Tonto? Hijo de puta—bufa Hades con su tono mortal, el que siempre usa y solo se
suaviza conmigo y con mamá.

—Es más, tu tío Luan también está feliz por apoyar a la causa.

Luan es el padre de Marcello y el líder de la Camorra lo cual es otro desastre que agregar si
llamó.

—Bueno, no gracias, aprecio que me ayuden pero no de esta forma.

—Hija, ¿te has visto en un espejo? Parece que acabas de salir de la tumba. Claro que ese
idiota merece acabar sepultado—dice papá Ethan con una mueca.

—Tan lindo cómo siempre—resoplo en una risa—. Creo que seguiré el consejo de partirle la
cara y luego me plantearé si lo escucho o no.

—Eso está perfecto.

—Pero antes debo hablar con alguien—me levanto apresurada buscando mi bolso.

Lo tomo y me hago una coleta desordenada para poder irme.

— ¿Alguien?—cuestiona Ethan con curiosidad.


— ¿Recuerdas a Jack?

— ¿El niño loco?—Hades alza una ceja.

—El mismo, necesitamos tener una charla.

Papá Axel fué quién me acompañó esta vez, no sabía dónde encontrar a Jack así que vine al
mar oscuro en medio de la noche para restregarle en la cara que nada salió como esperaba
con Aiden aquel día. Iba a ir al jardín de lavandas a esperarlo y estaba en camino.

Pero aún así mamá me dijo que se sentía segura si lo esperaba aquí y no en mi jardín de
lavandas así que eso hice y ahora estoy aquí, sentada en la arena fría de la noche mientras me
preparo mentalmente aún sin escribirle al psicópata.

Estoy tan furiosa y agradezco a mis padres por haber convertido mi tristeza en pura ira.

¿Por qué debería llorar y estar desconsolada por un imbécil que solo me utilizó para su bien y
nunca pudo sentir amor por mí?

De hecho, estoy esperando a que llegue, porque sé que vendrá para romperle la cara y
restregarle lo mucho que lo detesto tal cómo él hizo durante años.

Así que esperar a Jack será de ayuda también para ponerlo celoso como un imbécil y además
me servirá para decirle la idea de papá Hades de amistad aunque claramente sea mentira, solo
quiero ver su expresión desfigurada.

Lo haría con cualquier otro imbécil pero estoy segura de que los matará, Jack es una roca
difícil de roer, al parecer con todo lo que mamá me contó es un psicópata total.

Imaginen lo despiadado y cruel que debe ser para que hasta el mismo Naim que vive en las
nubes lo odie.

La brisa hace mover mi cabello y mis dedos se entierran en la arena mientras observo el
extenso mar con la gran luna reflejándose en medio de sus olas tranquilas.

Es una fachada, luce tranquilo pero cuando entras no dudara en decorarte y hacerte tocar el
fondo de sus profundidades antes de ahogarte viva y llevarte a la muerte.

Qué coincidencia que Aiden sea igual, su lugar favorito es igual a él.

Me levanto de la arena para caminar hasta las grandes rocas y sentarme en ellas así me siento
más conectada y cerca del agua.
Hace un momento les mandé un mensaje a los chicos comentándoles lo sucedido y casi se
matan escribiendo que vendrían corriendo, les dije que estaba bien pero que tendrían que
esperarme porque debía hacer algo primero.

Ese algo es hablar con un Dagach, porque al parecer todo lo que involucre ese apellido o esa
sangre trae problemas.

Yo me quité el apellido, pero sigo teniendo la sangre, quizás esté pagando el karma de la
familia.

Le envío rápidamente un mensaje a Jack.

Lilith: ¿Puedes venir a la playa de la mansión Müller?

Mientras espero respuesta, mis ojos se pierden en mi reflejo del mar mientras los recuerdos
parecen una película de terror que se reflejan en las sombras del agua.

—Es tú culpa—dijo Mason mientras abría la puerta de la gran jaula.

Parecía una de pájaros, creí por un momento que me iba a llevar a visitar unos porque me
encantaban.

Estaba equivocada porque adentro solo había suciedad, no había ni un solo pájaro colorido.

Porque adentro iba un humano, no un pájaro, y ese humano era yo.

Una niña de tres años.

—Papi... ¿q-qué haces?—mi voz temblaba mientras me sujetaba a los barrotes de la jaula.

Él la cerraba con un candado mientras su mirada era de repugnancia.

— ¿Qué hago?—repitió burlón—. Estoy castigándote por ser una puta desgracia, se suponía
que debías servir para que tú madre se quedara y solo la alejaste. Es lo único para lo que
sirves, para alejar a todo lo que tocas, pedazo de mierda.

— ¡No es cierto!—mi voz estaba ahogada por los sollozos.

— ¿Ah, no? ¿Entonces por qué nadie te quiere? Porque solo eres un bicho raro, pero no te
preocupes ahora sí te darán amor—rió cruelmente.

—Mami me quiere—sollocé.

—Si te quisiera estaría aquí contigo. ¿Y adivina qué? No lo está, solo está sirviendo de puta
para salvar el mundo.

Las lágrimas corrían por mi mejilla mientras frente a mí se presentaba el verdadero


monstruo de mi vida, con sus ojos vacíos y oscuros y una expresión aterrorizante.
Intenté salir de la jaula pero no pude porque entonces las luces se apagaron, y de la sombra
emergieron miles de manos. Manos que me despojaron de mi bonito vestido de mariposas y
viajaron por mi pequeño cuerpo como si no fuera el de una pequeña.

Grité tanto, pedí a gritos ayuda, recuerdo haberlo llamado pero aún entre las sombras veía
su asquerosa presencia, sonriendo en una esquina de la habitación viendo como la inocencia
de una niña era arrebatada.

Cerré mis ojos tan fuertes creyendo que era una pesadilla pero no lo era, era mi realidad.

Y tuve que bloquear todas las palabras obscenas que en ese momento ni siquiera sabía el
significado, no me sentía bien, me sentía... abusada, y sucia.

Cuando al fin estuve libre, estaba llena de suciedad, de rasguños, moretones y sustancias
viscosas, él no dijo nada, solo me lanzó en mi habitación aún desnuda y me dijo que me
bañara.

Yo ni siquiera podía llegar a la llave de la ducha.

Tuve que esperar dos horas, dos horas enloqueciendo y arañando mi piel para quitarme
todas las manos que aún sentía sobre mí.

Dos horas en las que experimenté el dolor de un ataque de pánico.

Dos horas para que llegaran a darme comida y se apiadaron de mi alma para meterme en
una bañera y ayudarme a limpiarme.

Así empezó el trauma de una niña que siempre tuvo que ocultarlo del mundo.

Hasta que se lo dije a Aiden, hasta que se lo dije a mamá.

Y me sentí liberada, pero ahora ya ni siquiera sé que siento.

Porque quizás Mason tenía razón y yo no sirvo para ser amada, solo soy la creación de una
Diosa y un monstruo para cumplir una misión en la sociedad y luego tener que irme de vuelta
al infierno.

Aún así, esperaré, escucharé a Aiden (después de golpearlo) y luego veré que hacer, pero
antes debo hablar con Jack.

—Hola, hermanita, ¿contemplando el mar?—su voz alocada resuena a mis espaldas.

No volteo.

—Más bien contemplando mis pesadillas—digo en un susurro distante.

Él se sienta a mi lado demasiado animado para mí estado depresivo.

—Tengo muchas de esas, pero prefiero ignorarlas, ¿sabes que es mejor que tener pesadillas?
Ser la pesadilla de tus propias pesadillas—sonríe dirigiéndome la mirada.
Sus ojos son azules, pero no de un azul eléctrico como el de Aiden, son un azul oscuro, opaco
y sin nada de brillo ni aunque la luna los ilumine, aún cuando su sonrisa es la más grande y
sus ojos demuestran lo mal que está su cabeza.

Como la última vez, usa un traje de guardaespaldas que estoy empezando a sospechar que es
su trabajo para que no lo cachen las autoridades o algún internado.

— ¿Por qué me enviaste el vídeo?—voy directo al grano.

— ¿Por qué no? Sabes, no tengo muchas cosas que hacer, así que en mis tiempos libres
espiaba su relación gracias a que cierta estúpida irritante no dejaba de atormentarme, así que
creí que lastimar a Aiden la lastimaría a ella y a su extraña obsesión por él. Y eso hice, tú te
vas, Aiden está devastado, Jane tratará de consolarlo y yo estaré feliz.

Mi boca se abre con incredulidad, sus palabras son tan crudas y frías que me hacen palpitar la
cabeza.

— ¿Estás escuchándote? ¿Acaso no te importa lo mal que puedes hacerme sentir al respecto?

— ¿Por qué te sentirías mal? Te abrí los ojos, Aiden te engañaba y te mentía, deberías
agradecerme por ello.

Lo miro esperando que sea una broma pero él parece sincero, e incluso luce un tanto
confundido.

Y allí es que entiendo que quizás Aiden no es el único loco que no puede sentir, porque Jack
parece ser incluso peor.

—No, Jack. Esto es fatal, literalmente fatal. Estoy rota y herida porque yo amaba... amo a
Aiden y esto me duele—le explico con toda la calma que puedo reunir.

—Ah—hace una mueca—. Bueno, supongo que debería disculparme, los humanos como tú
son extraños—acerca su cara a la mía mirándome como si fuera un bicho raro—, muy
extraños.

Me alejo un poco, asustada por su repentino cambio de locura.

—No se llama ser extraño, se llama sentir.

—Por eso, extraño. Sentir es extraño, siempre me he preguntado cómo se siente sentir, debe
ser similar a abrir un cuerpo, ¿a qué sí?

Le doy una mirada de pánico a nada de llamar a un psiquiátrico para que se lleven al maldito
loco.

—No te asustes, no tengo interés en abrir tu cuerpo, debe ser incómodo intentar de matarte—
parece pensar en ello un momento y luego finge un escalofrío—. No, no, definitivamente no,
en mayúsculas. Eres incómoda de matar.
— ¿Gracias?—murmuro sin saber que decir en realidad.

—De nada, hermanita.

Luego, se queda mirando también al mar, en silencio mientras sus pies se balancean en el
aire.

—Oh, por cierto, debo conmemorar el momento—saca su celular y antes de poder apartarme
me toma por los hombros y me pega a su costado.

— ¿Q-qué haces?—susurro con miedo.

—Tomando una selfie, me encanta tomar fotos de todo lo relevante en mi vida, solo que no
traje mi cámara. Dí whisky—sonríe.

Me obligó a forzar una sonrisa en mis labios.

No vaya a ser que al psicópata le dé un ataque y decida matarme por no sonreír para la foto.

—Te la enviaré, así la puedes publicar en Instagram—luego teclea un mensaje antes de que
mi celular suene.

Se queda mirándome probablemente esperando a que lo haga y con mi corazón latiendo a mil
por hora tomo mi celular lista para publicar está mierda y despedirme de el maldito loco.

No salió como esperaba, de hecho creí que diría algo peor sobre su razón tras enviarme el
vídeo pero solo lo hizo porque es otro demonio que no puede sentir y que en realidad le
importan muy poco los demás.

Rápidamente publico la foto con un "Noche de hermanos" para que no se vea tan vacío.

Lo miro esperando que esté feliz con que haya puesto esa descripción y él me sonríe
asintiendo pero luego su sonrisa se borra y mira detrás de mí cabeza hacia un punto en la
distancia.

—Mierda—susurra antes de reír—. ¿Sabes nadar?

— ¿Por qué?—respondo de vuelta.

—Porque estamos jodidamente siendo rodeados y a punto de ser puré de cena para los Z.

Mi cuerpo entra en tensión.

—Sé nadar—admito algo que definitivamente no pienso explicar ahora.

En mi defensa, no hay defensa.

Su mano toma la mía y ni siquiera me deja pensar en ello cuando me jala con él al precipicio
cayendo al agua.
El frío viento impacta en mi cara y aguanto la respiración pero no sirve de nada porque un
dolor aún más fuerte estalla en mi espalda con el disparo que resuena en el aire.

No tengo tiempo de hablar para cuando entro de lleno en el agua, las olas tranquilas se han
vuelto furiosas y me tragan con vehemencia esperando el momento adecuado para llevarme
al fondo.

Mi mano se suelta de la de Jack por la fuerza del impacto y aprovecho de mover mis brazos y
piernas hasta la superficie para tomar aire pero siento mis pulmones rasgarse con el dolor que
perfora mi espalda.

Las balas se clavan en el agua como una lluvia sangrienta y puedo ver la cabellera castaña
ahora casi entra de Jack a lo lejos, está vivo y parece no estar herido.

Me distraigo mirando a la distancia para cuando una ola gigante se presenta ante mí y solo
tengo un grito de advertencia de Jack antes de que mi cuerpo sea remolcado con fuerza hasta
las profundidades del mar.

Hago lo posible por volver a salir, juro que lo intento pero mi cabeza golpea con una enorme
roca y empiezo a ver borroso con el golpe y la pérdida de sangre.

No me rindo mientras nado con todas mis fuerzas, mi cabeza sale a la superficie o eso creo
pero mi cráneo sangra y jodidamente palpita con cada punzada de dolor.

El aire ya ni siquiera se filtra en mi nariz y mis fuerzas para mantenerme a flote aminoran
para cuando los brazos de Jack me envuelven justo cuando estoy a nada de hundirme.

—Respira hondo, voy a hundirnos y debes aguantar lo más posible para que crean que hemos
muerto, ¿de acuerdo?

No puedo responder pero con mis últimas fuerzas tapo mi nariz.

Estos malditos asiáticos me tienen harta, y esta vez ya fué demasiado lejos, si llego a
sobrevivir, lo primero que haré será decirle a Atlas y a Connor que muevan sus filas para
acabar a esos desgraciados.

Vuelvo a ser hundida en el agua, esta vez por Jack y creo que moriré después de los dos
minutos que me mantiene inmovilizada bajo el agua.

Me muevo como un gusano tratando de salir e incluso trago agua pero él me ayuda a tapar mi
nariz hasta que los disparos cesan y podemos salir a la superficie pero ya no doy más.

Mis ojos se cierran con lentitud y todo se oscurece hasta que los gritos me hacen volver a la
conciencia y los brazos que ahora me agarran parecen distintos, más cálidos y menos fríos.

Por un momento sueño con que sea él, que en mi último respiro sea él quién me tome en sus
brazos.

Mis ojos apenas se pueden abrir con lentitud, son segundos pero me sirven para ver esos ojos,
esos ojos que ahora parecen haber perdido la vida mientras yo pierdo la mía.
—Cariño, Diosa, por favor, mantente despierta, vine a disculparme, incluso traje a papá y a
su nueva novia. No puedes irte...

Creo que sigue hablando y me lamento por no poder escucharlo por más tiempo.

Me lamento por no haberlo escuchado cuando tuve la oportunidad.


Aiden

E stoy furioso, no puedo creer que no pude acabar con esos malditos hijos de puta
de los Z porque estoy muy seguro de que fueron ellos los responsables de esto.

Mi corazón solo bombea sangre líquida y fundida que parece la lava de un


volcán en erupción a punto de desatar un inmenso caos.

Si antes creía que conocía la sensación de la molestia, de la ira pura, estaba equivocado, mi
visión roja y mis músculos tensos fueron la menor de mis preocupaciones cuando entré a la
mansión listo para cumplir mi plan y Aleska me dijo que Lilith había salido.

Justo en ese momento ví su publicación de Instagram y estuve a nada de asesinar al idiota a


través del Bluetooth, tuve tantas ganas de salir corriendo a matarlo peor me contuve.

Porque Amanda, la nueva novia de papá, tenía razón. Debo mantener mi compostura.

Pero cómo podría tenerla cuando ella estaba en el lugar donde nos conocimos con el mismo
imbécil que arruinó nuestras vidas, nuestra relación.

Así que le bombardee el celular de mensajes.

Aiden: ¿Qué haces con él, Lilith? Te juro que lo voy a asesinar si te hace algo o te toca.

Aiden: Si lo haces a propósito, funcionó. ¿Crees que no hablaba en serio cuando dije que te
follaría sobre la sangre de quién te toque?

Aiden: Lilith, joder, contesta, dejarme en visto no hará que me calme más solo empeora las
cosas.

No respondió ninguno, tampoco las llamadas constantes que hice después aunque ya la había
llamado antes.

Así que encendí la cámara del rastreador y supe que algo andaba mal cuando la mierda no
encendió.
Me llené de un pánico elocuente y apenas oí el primer disparo sentí que me arrebataban a mi
vida, porque yo no tengo una vida propia, ella es realmente el significado de la palabra, ella
es mi vida, si ella se va, me arrebata la mía.

Salí corriendo cómo un puto loco, tenía la adrenalina y el dolor inyectados en mis huesos
pero nada comparado a como me sentí cuando ví su cuerpo tendido en la arena sobre un
charco de sangre y a Jack intentando hacerla respirar.

Mi propia mente intentó creer que era otra persona, que no era ella quién parecía haberse ido.

Pero apenas caí en cuenta corrí aún más fuerte y ahora estoy apartando a Jack con todas mis
fuerzas importándome muy poco si la salvó o no porque lo hizo jodidamente mal y ahora ella
está muriendo.

Mi corazón está a nada de salirse de mi lecho cuando acaricio su mejilla con tanta delicadeza
que empiezo a creer que estoy poseído.

Ella está irreconocible, pálida, su rostro aún rojo por el llano, sus labios hinchados y morados
por el frío (elijo creer que es por el frío), hay moretones en su muñeca y en su nariz como si
la hubieran retenido, sus pies están rasguñados y su ropa vuelta trapos colgantes.

Su espalda debe tener una herida y de su cabeza brota sangre manchando su cabello en las
partes blancas de un tenebroso rojo.

Buscaré al maldito responsable y lo asesinaré, peor antes le haré sufrir cada tipo de tortura.

Resulta que jamás he sentido la ira hasta este momento que la siento a carne viva cómo si
quisiera traspasar mis huesos y fundirse dentro de mí hasta hacer un huracán furioso.

Veo todo rojo con algunos pixeles negros y se me hace complicado tratar de cargar a Lilith,
creo que mi visión se ha perdido por un momento y solo me queda el tacto de su suave piel.

Los gritos de Aleska llamando a sus esposos son otra astilla para mí cabeza cuando cargo a
mi chica entre mis brazos con la delicadeza que te darías con una pluma o algo
extremadamente valioso que no se puede rayar o romper.

Mientras yo viva, ella siempre tendrá a alguien que la cargue en brazos cuando no pueda
caminar.

Creí que podría protegerla y lo estaba haciendo tan bien hasta que esos malnacidos tuvieron
la audacia de no tocarle un pelo, de dejarla al borde de la muerte.

—Aiden, escucha, el hospital queda lejos de aquí, debo curar las heridas antes de llevarla
para internarla o morirá por la pérdida de sangre—apenas alcanzó a escuchar la voz de
Connor en mi cerebro.

Sus palabras se procesan en medio del revoltijo de caos y parpadeo para enfocar a Connor
con unos instrumentos clínicos en mano.
Aleska pone una manta sobre la arena y allí mismo coloco a Lilith, de costado, para no seguir
hundiendo la bala en su espalda.

Ella aún tiene pulso, peor no es constante y no puedo retirar mi mano de su cuello con el
miedo de que deje de palpitar.

Sus ojos se entreabren y siento que el alma me regresa al cuerpo unos segundos así que los
tomo para empezar a hablarle.

—Cariño, Diosa, por favor, mantente despierta, vine a disculparme, incluso traje a papá y a
su nueva novia. No puedes irte, maldición juro que voy a matarlos a todos, pero te necesito
conmigo. No soy nada si tú no estás aquí—mi voz está cargada de rabia a pesar de que
intento suavizarla.

Y entonces siento un revoltijo en mi pecho, de una emoción que no reconozco cuando con
sus últimas fuerzas me da una sonrisa pequeña antes de que sus ojos se cierren de nuevo.

Algo poca detrás de mis ojos y creo que es la ira pero es algo peor que eso y no sé qué ocurre
conmigo ahora mismo solo sé que tengo miedo y rabia.

Ella luchó por sobrevivir, luchó durante veinte minutos que tardé en llegar, y aún así sigue
teniendo pulso.

Siempre busca la forma de hacer que mi pecho se llene de orgullo por sus acciones.

Connor ha sacado la bala de su espalda y ahora se encuentra poniendo un poco de gasas en el


agujero de perforación mientras ajusta otra en su cabeza luego de limpiar lo más posible la
herida.

Atlas está haciendo llamadas y luego se disculpa para ir a buscar a los responsables de esta
mierda.

Los mataré a todos por tocar lo mío.

Esto no será un simple asesinato, será una puta guerra.

Cuando Connor acaba de hacer su máximo esfuerzo para curar las heridas me indica que suba
al auto que conduce Enzo y llegamos lo antes posible al hospital seguidos de sus padres y
Aleska.

Apenas entramos Aleska mueve todas sus palancas dentro de la Isla para que lleven a Lilith a
urgencias y Connor sube con ella.

Cuando entro después de subir las escaleras ella ya está siendo atendida, cosen sus heridas y
vendan su cabeza antes de dejarla conectada a máquinas.

Durante todo el tiempo mi cuerpo está a punto de estallar de lo rígido que está. Desde que
ella vió lo que ocultaba todo se fué al caño y no he sido el mismo, no he dormido y
definitivamente no he vivido por lo que puedo contar cómo 48 horas y 27 minutos.
Después de asegurarme que está a salvo con sus padres y Aleska tomo un arma y salgo de la
habitación de urgencias.

Me encuentro con Azazel que está aún vistiendo su pijama blanco y me mira con terror, es
entonces que caigo en cuenta de toda la sangre que cubre mi pecho y mis manos, sangre de
mi Diosa.

Para mí desgracia detrás de él viene la irritante de Amira y el imbécil de Abalám.

— ¡Oh, por Dios! Dime que ella está bien—Amira solloza llevando sus manos a su boca.

Aún lleva su bata de satín dorada y su rostro está libre de maquillaje mientras la veo llorar
por primera vez desde que nació.

—Lo está, y tú regresaras a casa—responde Atlas por mí al ver que no puedo hablar.

—No, es mi hermana, mi mejor amiga de quién estamos hablando—ella se planta frente a él


con firmeza.

Atlas solo le hace una seña a los Boyevikis antes de que la tomen de los brazos y la intenten
sacar a la fuerza.

— ¡Basta! ¿Lilith está herida en una cama y se van a poner a pelear? Esto es increíble—
Azazel toma a Amira y la saca de su pelea con los guardias.

Le doy una mirada a Atlas y él simplemente lo deja pasar por esta vez mientras yo me plantó
frente a Abalám evitando que siga a ver a su hermana.

— ¿Qué mierda crees que haces?—le gruño.

Al diablo este idiota.

—Visitando a mi hermana que está en una camilla, además Uriel me espera dentro. Apártate.

No muestro sorpresa ante su revelación, pues Uriel vive en las sombras, no me sorprende que
haya entrado por algún túnel secreto o algo así.

—No.

—No me hagas explotar está mierda y sacar a mi familia para que ardas en los escombros,
Wolf. Está Guerra es de todos nosotros—y entonces me clava un trozo de papel en el pecho.

Lo levanto para leerlo, "ojo por ojo".

Es una venganza por los cuerpos de la plaza. Bueno, aplicaré su propia frase en su contra.

—Iré con ustedes a dónde sea que vayan—me informa Abalám.

No dudo que sepa cómo matar, después de todo es el imbécil de rosado, quién asesinó a más
de cincuenta personas en la fiesta de la isla.
Pero sigue sin darme confianza después de intentar separarme de Lilith.

—Iré en contra de los Z con o sin ustedes, esto es un aviso, estoy incluyéndolos no me hagan
tener que ir en su contra, de nuevo. Esos idiotas se metieron con Lilith, mi sangre, tengo
derecho de aplastarlos, a ellos y a todo el que la lastime—entrecierra sus ojos en mi
dirección.

— ¿Me estás amenazando?—alzo una ceja disgustado.

—Te estoy advirtiendo, ahora déjame entrar a mi propio tablero o yo mismo te sacaré a tí.

Ambos nos miramos cara a cara fijamente hasta que Atlas apoya su mano en mi hombro.

— ¿Los asesinarán?—pregunta Azazel sacándonos a ambos de nuestra guerra de miradas.

—No, solo les daremos un unicornio que escupa brillos—dice Abalám con sarcasmo.

—No seas un imbécil ahora, Abalám—le insulta Amira—. Es lo que hay, Az, ellos
lastimaron a Lilith y por su culpa ahora está en una camilla.

Él se estremece.

—Podrían dejárselo a nuestros padres.

—Está es nuestra guerra.

—Ellos ya tuvieron la suya, Azazel—completa Atlas.

—Ahora nos toca a nosotros entrar en el juego—me sigue Abalám.

— ¿En serio? ¿Ahora sí se llevan bien? Esto es... aterrador—su rostro está cundido de
horror—. ¿Esto no va a causar una guerra con Park?

—Está guerra tuvo que suceder hace ya mucho tiempo cuando la hirieron la primera vez, no
dejaré que estén libres de nuevo—gruño.

—Juro que asesinaré a todos los malnacidos que pueda hoy, si no acabo con ellos hoy
entonces será hasta que no quede ni un maldito Z en el planeta y todos se extingan como los
parásitos que son—secunda Abalám con su voz tranquila haciendo eco en las paredes blancas
del hospital.

—Por primera vez estoy de acuerdo contigo, imbécil. Ahora debemos irnos de aquí a
empezar la cacería—le tiendo un arma a Abalám sin dirigirle la mirada.

Atlas está a mi lado mientras caminamos hasta salir del maldito hospital que juro que ya no
quiero ver más nunca en mi vida.

Abalám está detrás de nosotros sosteniendo su arma con una mano y con la otra busca algo en
su celular con una expresión seria.
— ¿Qué mierda haces ahora?—le miro.

—Chateando con mi delfín—bufa—. ¿Tú qué crees, idiota? Buscando la ubicación dónde se
esconden esas ratas.

Asiento entrando al auto y él nos da el GPS con una dirección así que lo pongo en la visión
de Atlas para que conduzca hasta allá.

Los Boyevikis nos siguen y Abalám dice un par de mierdas pero lo ignoro por completo hasta
que llegamos a la mansión Lee.

Hay justo alguien saliendo de la mansión, es una figura pequeña y está cubierta con ropa
negra para evitar ser descubierta.

Me bajo del auto antes de que frene y corro con el arma en mano antes de agarrar su cuello
desde atrás tomándola desprevenida.

Chilla cuando su capucha cae y su repugnante cabello rubio queda a la vista.

Aprieto tanto mi agarre que se pone roja y empieza a abrir y cerrar su boca mientras chilla del
dolor. La muy maldita ya tiene el cuello roto y quiere que siga hasta que la asesine.

—Aiden...—aflojó mi agarre en su cuello.

—Mira qué tenemos aquí. ¿Acaso fuiste tú quién le dió la ubicación de Lilith a Park?

—Te juro que no fuí yo, ni siquiera sé de qué hablas.

— ¿Eres imbécil? ¿Necesitas acaso un lavado cerebral para hacer memoria? Con gusto te
puedo ayudar a hacerlo.

—Tú fuiste la única que pudo haberle dado las coordenadas. ¿Sabes en cuántos problemas te
metiste solo por alimentar una obsesión no correspondida?—le dice Atlas a mi costado.

Abalám ya la tiene apuntada con un arma.

—Te podría asesinar ahora mismo, pero hay alguien que quiere perder su tiempo contigo más
que yo. Dile hola, perra—la lanzo al suelo sin remordimiento.

—Hola, hola, Jane, ¿adivina quién llegó?

Sus ojos se abren y un grito aterrador sale de su garganta mientras se levanta arrastrándose
por el suelo para tratar de huir de la muerte misma.

— ¿Por qué corres? Debemos terminar lo que un día empezó—Jack emerge de las sombras
aún empapado por el agua y ahora sosteniendo un cuchillo mientras una gran sonrisa abarca
su rostro.

Ella solloza mientras empieza a correr pero ya es tarde, él la atrapa.


—Aiden, por favor—solloza tratando de alcanzarme pero me aparto con una mueca de
asco—. Te juro que yo no lo hice, por favor.

Niego con la cabeza, idiotas, aquí solo está ella, nadie se creerá su palabrería basura y mucho
menos cuando Lilith está en una camilla, herida.

—Pídele ayuda a alguien a quién le importes. Ah sí, ya recordé, a nadie—Abalám se burla


disparando por pura satisfacción a sus pies haciéndola gritar del miedo.

—Por favor, se los ruego—ella intenta tocarme con desesperación desbordando en su tono de
voz—. Ellos lo hicieron por su cuenta, yo no sé los dije.

—De todos modos estabas aquí como una maldita rata traidora.

Entonces es su turno de dejar de suplicar porque sabe que tengo razón.

—Aiden, yo te amo, por favor, no me hagas esto—solloza con su rostro rojo por el agarre
firme de Jack a sus espaldas.

—Ya cierra la maldita boca, me das jaqueca—gruño malhumorado.

—Ya me harté de tí, eres tan exasperante cómo te recordaba, hija de puta... literalmente, tú
mamá también era una letra irritable como tú. Agradezco que la mataran tan cruelmente—se
burla Jack.

— ¿Quién le disparó a Lilith? —pregunto antes de que la lleven a la muerte de su vida.

—No te diré una mierda si no me dejas ir—grita con rabia.

—O lo dices por las buenas o hago que lo digas por las malas, Jane. Sé que él idiota de Park
ya tuvo que huir como la rata escurridiza que es pero quiero el nombre de quién le disparó en
la espalda.

Sus labios tiemblan dándose cuenta de que ya acabó su juego y no hay más salidas.

— ¿Por qué?—pregunta entre lágrimas—. ¿Por qué la elegiste?

—Porque ella es mucho mejor que tú. Tiene un rostro hermoso, un cabello único, su voz es
tan dulce y suave que podría hechizar al mismo Diablo, y su sonrisa, es jodidamente preciosa
cuando ríe. Ella es todo lo que yo alguna vez pude haber deseado y simplemente es mejor que
tú en cada uno de los aspectos. Tú me das asco, herir a otra mujer por un amor no
correspondido es caer bajo. Pero qué puedo decir, allí en la bajeza es donde tú perteneces.
Ahora dime lo que te exigí o le daré ideas a Jack para cuando te torture.

Se lo piensa realmente demasiado antes de darnos un maldito nombre y dónde se están


escondiendo en puntos estratégicos de la mansión, nos da un mapa mental que no tardo en
grabarme y luego nos explica que el plan de ataque lo organizó Park por venganza, resulta
que la chica inútil y el otro tipo inútil que atamos en la plaza eran sus primos. Bueno,
jodidamente no lo siento.
El imbécil al parecer es leal a su familia así que su opción fué atacarnos directamente por
familia y cómo Jane le fue a llorar que habíamos cortado, cosa que no ha sucedido, él empezó
a buscar a Lilith hasta que dió con ella, y le hubieran disparado en el cráneo si Jack no se
hubiera lanzado al mar con ella.

Así que le doy un breve agradecimiento al imbécil por haberlo juzgado mal pero aún así le
guardo recelo, está loco y nunca se sabe.

El imbécil de Park hizo su jugada maestra antes de marcharse a su territorio para evitar el
caos que sabía que íbamos a desatar, y se fué junto a las ratas de sus hermanos así que solo
nos queda gente irrelevante a la que aún podríamos matar.

No dolería pero al menos se quedaría sin la mitad de su gente y quedaría sin protección en la
Isla. No hace falta decir que Aleska le prohibirá la entrada por haber herido a gravedad a su
hija.

Lo único de lo que estoy seguro ahora mismo es que tengo ganas de asesinar a cierta raza
asiática y no dudaré en entrar y empezar a disparar acabando con cada persona que me
encuentre.

Si están aquí es porque apoyan a Park y eso los convierte en unas personas iguales o peores a
él solo por el hecho de estar aquí.

Pero apenas dé su próximo ataque, que no dudo que llegará, lo acabaré con mis propias
manos por atreverse a tocar lo que es mío, por creer que no habría consecuencias.

Apenas ella termina de hablar dejo que Jack se la lleve y nosotros nos ponemos chalecos
antibalas que estaban en el auto de Abalám por su trabajo en la FMAE, luego de hacerlo
simplemente decido ignorarlo mientras cargo mi arma y el bonito regalo de Atlas en su
bolsillo me llena de satisfacción.

Esta es la prueba de su creación, si verdaderamente funciona cómo debería él será un puto


genio reconocido.

Espero a que él saque el pequeño diamante negro con humo rojo dentro que se mantiene
inmóvil por las propiedades del material radioactivo.

—Pónganse esto—nos entrega unos pañuelos antigás.

Abalám y yo nos ponemos la mierda antes de seguir a Atlas por la parte de atrás de la
mansión.

—Espera, Naim y Enzo vienen en camino—susurra Atlas.

—No hay tiempo, que ellos ataquen al frente cuando lleguen—espeto en voz baja igualando
la suya.
Él parece no muy contento pero aún así asiente entendiendo mi desesperación por atacar.
Abalám nos muestra desde su celular los puntos a los que podemos ir sin que nos maten
gracias al mapa fotografiado que le envió Adrienne.

Un par de guardias molestos se interponen en nuestro camino y no puedo hacer más que
acabar sus patéticas y cortas vidas.

Suficiente de esta mierda, aceptando la señal de Atlas entro a la mansión y disparo en


dirección justa al primer cráneo antes de que la mierda se vuelva un tiroteo.

Pierdo la cuenta de a cuántos mato después de llegar al número veinte.

— ¡Hora de la acción, perras!—la voz de Enzo resuena antes de que el maldito empiece a
disparar con su ballesta.

Debo agacharme detrás de una de las paredes y Naim me alcanza dándome una
ametralladora, ahora sí empezó el show.

—Acaba con todo lo que veas, que no escape ninguno—le indico a Naim y él asiente.

—Créeme que eso no pasará—es lo único que dice antes de salir a disparar todo el maldito
lugar.

Yo hago lo mismo hasta alcanzar a Enzo y cubrirlo para que acaba todo el lugar con la
maldita ballesta.

Luego me encamino hasta donde hay un grupo de al menos siete que intentan huir por la
parte trasera de la mansión así que corrí hasta ellos disparándole a tres en el cráneo y
lanzándome detrás de una de las fuentes para que las balas impacten contra ella.

Cuando los extermino a todos puedo regresar con calma a la mansión donde los chicos tienen
todo controlado.

—Maldición, que inútiles son, somos cinco contra todos ustedes y aún así no han logrado ni
rozarnos con una bala—se queja Enzo en voz alta.

Una cabeza cae en mi pie y alzo la mirada vacía Abalám reprendiéndolo sin palabras por
ensuciar mis zapatos con asquerosos sesos.

Ya no quedan muchas ratas pero la que busco aún no aparece, el que le disparó a Lilith sigue
aquí y ese es mi trofeo de la noche.

— ¡Aiden, cuidado!—grita Atlas pero no tengo tiempo de voltear cuando ya él se interpuso a


mis espaldas.

El cuchillo que iba a ser clavado en mi cráneo ahora lo tiene Atlas en su mano haciendo que
sangre sin parar.

Y aquí está la perra asiática que le disparó a mi Diosa.


Lo tomo por el cuello dándole un puñetazo en la cara y alejándolo de Atlas que ahora venda
su mano con un trozo de tela de la ropa de algún muerto.

Él imbécil logra tomar mi brazo y trata de torcerlo pero le doy otro puñetazo esta vez con más
fuerza y el crujido de su nariz al romperse suena en el aire como una relajante melodía.

—Hola, hijo de puta. ¿Alguna vez visitaste el infierno? ¿No? Porque desde ahora será tu puta
casa—le tomo de la cabeza estrellándolo contra la pared para herir más su nariz rota.

— ¿No te gustó el agujero que le hice en la espalda? Fué un regalo de cortesía que fue
recompensado al ver su culo cuando saltó en el aire—ríe como un maldito cerdo impulsado
por la ira.

Suelto una risa que suena más aterradora de lo que debería, él frunce el ceño probablemente
angustiado por mi reacción inesperada.

—Que tipo tan inútil eres, tan jodidamente desechable como un trozo viejo y duro de pan—le
vuelvo a golpear la cara contra la pared—. ¿Sabes que es lo malo de provocar a un demonio?
Que no hay forma de escapar vivo de él.

Intenta soltarse y dejo que lo haga solo para tener la oportunidad de pelear más con él y
volverlo mierda.

Lo tomo del cabello y lo llevo de vuelta al suelo barriendo sus pies. Gatea tratando de salir de
mi agarre pero no lo dejo escapar y golpeó su cara de nuevo con el suelo rasposo del asfalto.

Las pequeñas piedras se manejan con su sangre y sus gritos son una melodía.

Rompo toda su cara con el suelo y aún cuando ya está vuelto mierda sigo y sigo hasta que sus
gritos se apagan de forma dolorosa pero no lo dejo morir, aún no.

Atlas me hace una seña indicándome que ya es hora de probar su creación y me arreglo la
máscara antes de llevarlo dentro arrastrando su cuerpo para que deje un rastro de sangre en el
suelo.

—Ahora mira cómo toda tu puta familia morirá con lo que será clasificado como la peor
tortura de todas—sonrió levantando su cabeza para que observé el momento justo en el que
Atlas lanza el diamante haciendo que se estrelle y el humo rojo empiece a salir.

Tenemos exactamente un minuto para ver cómo todos empiezan a correr y estrellarse contra
las paredes en medio de alucinaciones que los hacen perder la cordura, algunos se suicidan o
se asfixian y otros se arrancan la piel.

—Te llevaré a mi sótano y te haré cortadas por todo tu cuerpo hasta que no quede nada de tí.
Podrás rezar, suplicar o contemplar la idea de irte pero no lo lograrás porque el Diablo no te
dejará ir hasta que su demonio peros al acabe contigo. Si lastimas lo mío, te jodes y esto—
hago que mire entre la inconsciencia como todo se ha vuelto un caos de muertes—, es solo el
principio.
Antes de que la mierda explote por el material radioactivo y explosivo del diamante los cinco
salimos corriendo mientras Abalám me ayuda a cargar al jodido japonés.

Lo que es seguro es que Milo Chen no durará mucho con vida.

Cuando estamos a unos cuántos metros de distancia la propiedad explota cómo un puto fuego
artificial d ella victoria.

Al diablo Park, porque justo ahora yo nada más puedo pensar en mi Diosa, la única que
puede hacer estragos con mi vida hasta hacerme explotar una maldita propiedad y empezar
una guerra con los Z.

¿Y lo peor de todo esto? Es que me encanta que ella tenga este efecto en mí.

Porque ella es mía, ella lo sabe y ahora todo el maldito mundo también incluído Park por si
no lo tenía claro.

Y es seguro que haré cenizas el universo con tal de que ella esté a salvo y que todos los
jodidos mortales recen el día que la llegue a perder porque nadie quedará vivo para contar lo
que sucedió.
Lilith

J uro que no exagero cuando digo que realmente me duele todo.

Apenas abro mis ojos siento cómo mi cabeza palpita lanzando punzadas de dolor
que casi me dejan ciega.

Y no solo mi cabeza duele también todos mis huesos y órganos probablemente por toda el
agua que ingerí y el tiempo que estuve sin respirar.

Sin mencionar que siento como mi espalda se desgarra y mi boca está tan seca que mi
garganta tiene un dolor infernal, mi lengua permanece pesada en mi boca y creo que no
puedo hablar ni aunque quisiera.

Creo que voy a abrir los ojos y a toparme en el infierno o en las profundidades del mar siendo
ahogada de nuevo pero en cambio veo una luz blanca y luego un rico olor a lavandas llega a
mi nariz.

El hospital se enfoca lentamente ante mis ojos que aún parpadean con lentitud.

— ¿Li?—la cabellera roja de Azazel se enfoca lentamente frente a mis ojos—. ¿Estás bien?

—Creo que no—homo con la voz tan ronca que duele.

Veo a mamá a mi otro costado y ella me ayuda a sentarme un poco para poder darme el vaso
de agua.

Apenas el agua fresca pasa por mi garganta siento el alivio refrescante.

—Debes tomar los medicamentos, Li—Amira me tiende unas pastillas y me ayuda a


tomarlas.

Creo que mi cabeza podría fácilmente estallarme cuando ellos empiezan a hablar y sus voces
se distorsionan al igual que sus cuerpos.

— ¿Lilith? ¿Nos escuchas?—mamá pasa su mano frente a mis ojos.


—Más lento, hablen más lento—susurro.

—Estaba tan preocupada, cariño, creí que te había perdido—mamá solloza enterrando su
cabeza con cuidado entre mis piernas.

—Creímos. Habías perdido mucha sangre—la secunda Azazel con sus ojos rojos e hinchados.

Azazel acaricia mi brazo con cuidado y yo parpadeo recordando lo último que ocurrió.

— ¿Y Aiden?—intento buscarlo en la habitación.

Yo lo ví, él estaba conmigo.

Amira hace una mueca seguida de Azazel.

—Fueron a armar caos con los Z. Especialmente a buscar a quién te disparó.

— ¿Fueron?

—Aiden, Atlas, Naim, Enzo y Abalám seguidos de soldados árabes y Boyevikis—contesta


una voz desde la puerta de la habitación.

Entonces veo a Connor usando su bata de médico mientras entra con mis informes médicos.

Intento ponerme de pie para que ya me dé de alta pero no funciona por solo me mareo y debo
cerrar los ojos cayendo en la almohada

—Lilith, quédate en la cama, por favor—Azazel me sienta de nuevo.

—Tengo que verlo y saber que está bien, si Park lo encontró entonces puede estarlo
golpeando. O peor aún puede estar herido de gravedad—un nudo se forma en mi garganta
con el solo pensamiento de eso.

—Lo que sea que haya sucedido ya no se puede detener, Atlas usó su nueva creación y todo
estalló hace unos minutos—me explica Connor con lentitud.

Las lágrimas se atascan detrás de mis ojos y las ganas de gritar del dolor pican en mi
garganta.

Pero entonces la puerta se abre y puedo ver en primer plano a Aiden, está todo sucio y lleno
de sangre e incluso tiene un lugar en su abdomen de dónde brota la sangre cómo si hubieran
encajado o rozado un cuchillo.

Lo único que sigue estando bien es su rostro perfecto que está tan tranquilo que incluso aleja
mis ganas de llorar por unos segundos.

Pasa su mano por su nuca con cansancio antes de ser interceptado por Connor para curar la
herida pero él niega y lo aparta.
Debería sentir repulsión, asco o al menos náuseas de verlo así pero solo siento el alivio de
que esté vivo y eso me da tanto coraje, porque yo ni siquiera debería preocuparme por él.

Se acerca a grandes zancadas hasta dónde estoy sin darse cuenta de que su padre lo sigue de
muy cerca probablemente por si algo sale mal.

Después de ver sus ojos apagados ahora parecen adquirir la luz de la vida, cómo si hubiera
muerto y ahora acaba de revivir.

Su presencia abarcante se come toda la habitación llevándose mi atención aún cuando no


quiero dársela pero es la realidad, si él está aquí yo no puedo mirar a otro lado, es
francamente imposible cuando todo mi cuerpo y mi mente acuden a él como si fuera mi lugar
seguro al que puedo ir cuando me sienta bien o mal.

—Los dejaremos para que hablen—dice mamá antes de llevarse a Azazel y a Amira y
dejarnos solos.

Bueno, solos con Albert que permanece en silencio detrás de Aiden.

Aiden tampoco parece darse cuenta de nada de lo que sucede o de que su padre lo vigila muy
de cerca porque sin mirar atrás solo se sienta en el borde de la cama y sus manos llenas de
sangre seca me toman las mejillas.

— ¿Cómo te sientes? ¿Tomaste agua? ¿Te dieron los medicamentos?

—Bien y sí a las otras preguntas—respondo con sequedad.

Mi pecho se contrae con cada respiración y debo reprimir las ganas de llorar justo ahora.

— ¿Lograron matar a Park?—inicio un tema antes de perder la jodida cabeza.

Su mandíbula se tensa mientras niega con la cabeza.

—Huyó a la jodida China donde no podemos entrar, pero si acabamos con al menos
doscientas ratas asiáticas y alcancé al tipo que te disparó.

— ¿Lo mataste?

—Claro que lo hice, Lilith, te tocó y te lastimó.

Claro que solo lo hizo por eso, porque tocaron a su trofeo de pila. Mi corazón hecho pedazos
es barrido de mi lecho haciendo sonar los cristales rotos.

Asiento mientras muevo mi cabeza para sacar sus manos de mi rostro.

—No hagas esto, Lilith, dime qué piensas.

— ¿Lo que pienso? Bueno, no sé por qué asesinarlo cuando claramente no te intereso.
— ¿Que no me interesas? Lilith, claro que me interesas, maldición. ¿Crees que voy a iniciar
una maldita guerra por alguien que me importa un carajo?

—Quién sabe, ya que me vez como un puto trofeo supongo que sí.

—No te veo como un trofeo, ¿de dónde carajos te sacaste eso?

— ¡De tí! De tus malditas acciones que solo demuestran cosas contrarias a tus palabras.

—Joder, Lilith, no sé cómo mierda explicarme, ¿bien? No sé cómo expresarme. Lo que es


seguro es que sé que tú eres la definición de mi vida, eres tú quién calma mis demonios y me
hace querer levantarme cada día solo para ver con qué cosas nuevas vas a salir. Eres la única
que le da brillo y un color lila a mi vida negra. Eres la razón por la que yo estoy en este
mundo, cariño—su mano baja a mi garganta sin apretar pero sí para demostrar un punto—. Y
sí, me perteneces pero no quiere decir que te vea como un trofeo, eres mi maldita fortaleza
para seguir aquí. Eres mi fortaleza para restregarle en la cara a cada imbécil que pase porque
yo si tengo una fuerza que me llena cada día, y esa eres tú. Pasé toda mi vida ocultándome de
la sociedad, de mi naturaleza, pero contigo puedo ser yo y eso me fascina porque tú no temes
abrazar a mis demonios. Y yo definitivamente no dudaría en ser el peor monstruo que puede
existir si necesito protegerte. Así que no cuestiones jamás mis acciones y mucho menos mis
palabras, ¿entiendes?

Mi barbilla está temblando y las lágrimas llenan mis ojos.

— ¿Entonces por qué ocultarme las cosas? ¿Por qué mentir?

¿Por qué no intentar amarme? Sin embargo eso no lo digo, no podría soportar su respuesta en
este momento.

—Lo oculté porque sabía que esto pasaría, sabía que te ibas a ir cuando yo más te iba a
necesitar.

—Y no te mintió, Lilith. Creo que antes debes escucharme—Albert apoya su mano en el


hombro de su hijo.

Y entonces me cuenta absolutamente toda su historia y yo escucho, decido escuchar porque


es lo que tuve que hacer desde el principio.

Cuando Albert termina de explicarme, no lo justifico, pero sin embargo si lo entiendo.


Entiendo sus razones para aceptar y agradezco que haya sido lo suficientemente humano para
no actuar y ganarse a Mason de enemigo, también agradezco a mamá por haberlos acogido
bajo su protección.

—Gracias entonces por salvarme la vida—le agradezco a Albert.

—Era lo mínimo que podía hacer, Lilith—le da una palmada a su hijo en la espalda antes de
salir de la habitación.

Le dirijo una mirada a Aiden que espera ansioso mi respuesta.


—Sigo enojada contigo. Me hiciste sentir culpable por dieciséis años.

Él suelta un largo suspiro mientras acaricia mi garganta.

—Jamás lo fuiste, y a pesar de que creas cosas que no son sobre mí quiero decirte que de
verdad me arrepiento. Jamás admitiría esto en mi pasado pero ahora mentirte no es una
posibilidad en absoluto, porque eso significaría que me dejarías.

Bufo.

—No sé si debería golpearte o sentirme especial por lo que dices.

Sonríe acariciando mi cuello.

—Ambas opciones si gustas.

— ¿Me consideras alguien especial?

—Cariño, ¿en serio preguntas eso? Eres la persona más especial que he conocido, si no lo
fueras no estaría perdiendo mi tiempo en guerras. Y lamento no haber podido expresarme y
habrá momentos en los que me costará hacerlo pero ahora eres parte de mí así que siempre
pensaré antes de decir o hacer algo.

Y pasamos de barrer los trozos de mi corazón roto a empezar a repararlo en cuestión de


segundos. Porque pasé de creer que él de verdad me tenía como un trofeo barato y que tendría
que mudarme de la Isla para no verlo jamás a ver qué de verdad le importo como algo más.

Mi corazón poco a poco vuelve a la vida hasta querer latir y salirse de mi pecho para fundirse
con el suyo.

Ni siquiera puedo hablar con normalidad o si quiera puedo hablar sin ahogarme con mis
palabras así que debo respirar lentamente.

— ¿Lo dices en serio? ¿No estás jugando conmigo de nuevo, verdad?

—Cariño, no podría jugar contigo ni aunque quisiera. Aquí la única Diosa de la manipulación
eres tú, que por cierto me debes una larga explicación sobre tus experiencias nadadoras—
entrecierra sus ojos.

—Ya bueno, algo debía hacer para tener tu atención finalmente sobre mí—río.

—Y estoy tan orgulloso de que hayas podido engañarme porque ahora por fin estamos aquí,
juntos—suspira juntando nuestras frentes—. Sé mía, Diosa. Sé mía para darte el universo.

—Aiden—una lágrima baja por mi mejilla—. Lo único que yo deseo es tener una familia, un
hombre con quién despertar cada día y decirle que lo amo para obtener la misma respuesta
con seguridad y formar a unos bonitos pequeños de ese amor más adelante. Y yo estoy tan
enamorada de tí, yo te amo, pero ya me has dejado en claro que jamás podrás amarme como
yo te amo a tí.
—Lilith, jamás he sentido el amor cómo todos lo describen, algo lindo y tierno. Pero sé que
desde que te conocí y te salvé aquella primera vez sentí algo profundo consumir mi pecho, no
era tierno ni lindo. Es una completa obsesión pasional que jamás podría ser borrada de mi
sistema, una lujuria desenfrenada. Y la realidad de todo esto es que te amo, te amo de una
forma retorcida y enfermiza pero te amo. Lo suficiente como para pasar cada día a tu lado y
recordarte cuánto te amo. Te amo como para tener esos pequeños que anhelas en un futuro.
Te amo para dejarte calmar y hablar con mis demonios. Te amo como para otorgarte el
control absoluto de mi vida para que tengas el poder de destruirme. Ya sabes todo de mí y el
miedo al rechazo y el abandono de tu parte se ha ido.

Mi corazón late desbocado y creo que necesito jodidamente sacarlo antes de que sufra un
paro cardíaco pero estoy tan feliz también, porque sé que dice la verdad, sus ojos me miran
con tanta intensidad, cómo siempre anhelé que alguien me mirara, cómo siempre anhelé que
él me mirara.

—Aiden...—una lágrima de felicidad rueda por mi mejilla.

—Me gustan mucho más tus lágrimas de felicidad.

—Basta, estoy procesando tus palabras joder. No me puedo creer esto.

— ¿No puedes creer el poder que tienes sobre mí? Pues empieza a creerlo cariño.

—Lo hago, te creo. Y también te amo, Aiden—acaricio su mejilla con suavidad mientras
sonrió pero una mueca se forma en mis labios cuando mi cabeza palpita.

Demasiadas emociones para mí estado moribundo.

Él hunde sus cejas disgustado por mi dolor y besa mi frente con tanta delicadeza que me
produce un escalofrío proveniente de lo más profundo de mi ser.

—No dejaré que nadie te lastime nunca más.

Lo sé.

Su cuerpo bañado en sangre y la guerra que acaba de iniciar son solo unas pequeñas
advertencias de todo lo que haría por mí.

Y yo amo cada una de esas partes de él.

— ¿No más mentiras? ¿Lo juras?—insisto.

—Ni siquiera cuando llegue al infierno, Diosa.

Y entonces sonrió, porque sé que lo dice en serio.

— ¿Y tú me escucharás siempre?

—En cada momento que pasemos juntos, bebé—susurro tomando sus mejillas entre mis
manos—. Soy toda tuya, Aiden Wolf—susurro.
Su respiración se acelera y sus músculos se tensa mientras un brillo peligroso llena sus ojos.

—Cumplo mis promesas, tengo tu corazón y tú me tienes a mí.

—Cariño, tienes también todo de mí—besa la comisura de mis labios—. Ahora dilo de
nuevo.

—Soy tuya desde el primer momento en que te vi, Aiden—susurro.

Y por primera vez sus labios se unen a los míos besándome con pasión, intensidad pero con
una increíble suavidad para no lastimarme. Por primera vez me besa expresando cada gota de
su amor.

No sé qué pasará ahora, y estoy segura de que tendremos nuestras discusiones leves, pero es
seguro que estoy lista para ser suya para siempre y para tomar cada parte de él y llenarla de
amor.
Aleixander
UN MES DESPUÉS.

M e cruzo de brazos mientras observo apoyado en la pared al imbécil sentado


en el sofá frente a nosotros.

Estamos en la oficina de Alek, todos rodeamos la mesa mientras nuestros


hijos, todos, están sentados en sillones dispersos por la oficina.

Sabía que este momento llegaría algún día, el momento en que debería empezar a interrogar
idiotas que intenten estar con nuestras princesas.

La habitación se carga de una energía destructiva que literalmente grita peligro.

Y el imbécil sentado en la silla no parece importarle mucho que tiene a veintiún hombres
mirándolo con ansias de asesinarlo, bueno, digamos que veinte si excluimos a Azazel que
parece incómodo con esta situación.

Aiden tiene un aura despreocupada con su camiseta blanca de botones y unos pantalones
negros, presentable al menos.

Tiene una expresión aburrida cómo si estar aquí fuera extremadamente cansado para él y aún
así logra lucir como un imbécil respetado.

Definitivamente yo no lo respeto, no cuando sé que se acostó con la mocosa.

Olvídalo, fue una jodida mala idea pensar en eso porque ahora mi visión se nubla y tengo
ganas de reventarle el cerebro o la polla, quizás los dos.

Pero entonces Lilith me odiaría y jamás la volvería a ver así que mi única opción es construir
una máquina del tiempo, volver al pasado y evitar que se conozcan.

Algo irreal pero que me da al menos jodidas esperanzas.


Todos estamos mirándolo fijamente y no puedo entender aún cómo es que no se siente
incómodo.

A pesar de que Lilith le dió una paliza cuando se recuperó todos seguimos teniendo la idea de
romperle los huesos y luego dejarlo botado en el lugar más recóndito de Hawái para que
nadie lo encuentre allí.

Sería una perfecta opción para alejar al hijo de puta que tan descaradamente dijo que mi hija
era suya.

Y lo que más me jode es que el maldito ha sido el interés de Lilith durante toda su vida,
entonces eso de intentar alejarlo ahora se ve como algo realmente lejano.

Tuvo demasiados pretendientes pero ni siquiera nos dejó advertirles porque ella misma los
alejó por su cuenta para enfocarse en el niño zanahoria.

Aún recuerdo aquella vez cuando Lilith dijo muy abiertamente que se casaría con él y
tendrían mucho sexo, ella no sabía el significado de la palabra ese entonces, solo nos escuchó
decirla y tuvimos que decirle que era algo que hacían las parejas para reforzar su amor.

En el momento en que lo dijo y salió corriendo supe que debía matar al mocoso imbécil pero
mi esposa no me dejó porque el maldito fue lo suficientemente astuto como para ganarse toda
la atención de Aleska.

—Entonces, vienes aquí, luego de hacer llorar a mi hija y crees que no te voy a hacer nada,
eso es algo estúpido—dice Alek sin dejar de mirarlo fijamente a los ojos.

—La palabra se queda corta, Alek. Pudiste alejarte y evitarte un trauma y aún así decidiste
venir a hablar con nosotros—digo en voz baja, amenazante.

—Me encantaría ver cómo tú rostro se desfigura y esa estúpida sonrisa falsa desaparece entre
la sangre—Ethan hace girar un cuchillo entre sus dedos dándole una mirada aterradora.

Mis ojos no dejan de mirarlo con amenazas revoloteando en el aire denso pero él solo me
devuelve la mirada con aburrimiento e indiferencia.

—Le rompiste el corazón a Lilith durante dieciséis años. Si crees que esto de hablar
pacíficamente funcionará estás equivocado.

—Oigan, no es por interrumpir, en serio, pero esto empieza a ser repetitivo y algo cansado—
se atreve a sonreír cómo todo un hijo de puta—. Ahórrense las amenazas que todos sabemos
que no funcionarán porque Aleska y Lilith están de mi lado.

Maldita zanahoria, juro que lo aplastaré algún día.

—No seas un imbécil y acepta la salida, Wolf—le ofrece Abalám.

—Es sorprendente tu descaro de venir aquí luego de dejarle el corazón roto—le dice Uriel
desde una esquina de la oficina.
La única razón por la que vino es porque es de noche y la oficina no permite que los rayos de
luz afecten sus ojos.

—En realidad no fué así cómo lo dicen. Ella solo vió un vídeo en el que mi padre hacía tratos
con el hijo de perra de Mason en un pasado y supuso que era un idiota hasta que mi padre le
explicó amablemente que estaba amenazado y aún así lamento decirles que le salve la vida
hace un par de años e incontables veces después sacrificando la mía, no me quejo, pero no
deberían culparme por todo, joder, así no funcionan las cosas. Y cuando el idiota de Milo
Chen la atacó con órdenes de Park me asegure de hacerlo sufrir y están Abalám y Atlas de
testigos.

El idiota de Atlas que había estado tomando el respaldo de su silla, asiente apoyando su
extraña amistad.

Alzo una ceja ante la mirada altiva y a la vez desinteresada de Aiden por tener está
conversación.

—Eres un ejecutor sanguinario—le recuerda Asher.

—Y ustedes unos líderes mafiosos y asesinos al igual que sus hijos, sigo sin encontrar la
moral.

La tensión irradia en el aire y creo que me voy a lanzar sobre él y lo acabaré pero una mano
se ajusta en mi hombro y debo voltear gruñendo para ver cómo Azazel evita que me lance
sobre Aiden.

De todos, el chico es el único que hizo una relación de amistad con Aiden y ahora apoya a la
mierda de zanahoria.

Literalmente nos dió una charla incómoda a todos de "Ella lo ama y él a ella así como ustedes
con mamá y viceversa, no entiendo por qué debemos hacer esto de hablar con él cuando ya
está todo dicho"

Al diablo von el mocoso salvador.

Nunca me agradó Aiden y cada año me agrada menos, es como una puta peste que
evoluciona como la plaga.

No pasé años de mi vida criando a Lilith para que venga a meterse von un imbécil que decía
odiarla.

—Oigan, entiendo que tengan sus reservas y que me odien a morir—habla con tono serio—.
Crees que estoy robando a su hija y tal vez sea cierto, pero la verdad es que jamás usaré mi
violencia contra ella. Mi misión es protegerla y lo haré cueste lo que cueste. No iré en contra
de ustedes porque no me interesa ser su enemigo y tampoco iré en contra de sus amistades,
pero déjenme estar con ella y estaremos bien.

—Aww, que lindo, vais me lo creo—bufa Death.


—Es en serio, no debería ni quiero estar hablando con ustedes pero lo hago por ella porque
quiero hacerla feliz.

—Se nota que quieres hacerla feliz—Daré sube y baja sus cejas.

Noto un músculo tensarse en la mandíbula de Aiden y eso capta mi atención. Hablaré más
tarde con el niño loco para ver qué tanto sabe.

—Lilith dijo que esto tomaría tiempo y quizás tenga razón pero estoy dispuesto a pasar lo
necesario para estar bien entre nosotros por el bien de ella. Los respeto por haberla criado tan
bien durante estos años y agradezco que le brinden su protección incluso ahora. Pero lo digo
en serio cuando digo que jamás me podrán alejar de ella ni aunque la envíen a un rincón
escondido del mundo o aunque me corten las extremidades porque yo buscaré la forma de
llegar a ella.

— ¿No hay nada que te pueda hacer alejarte?—pregunta Alek con fala calma calculadora.

—Absolutamente nada.

—Siendo así, supongo que estás bien, por ahora—Alek se levanta arreglando las solapas de
su traje—. Pero te voy a vigilar, todos aquí lo haremos y al primer fallo que tengas me
aseguraré de que ni el mismo Diablo pueda reconocerte, ¿está claro?

—Estaría encantado de que lo hagas si llego a fallar con ella de nuevo.

—Mantén tus ojos en ella, hazla feliz y sobretodo eso, amala y yo estoy bien contigo—le dice
Dean—. No lo hagas y romperé lentamente tus extremidades.

—Está bien, mientras no intervengan más en nuestra relación aceptaré sus términos.

Todos lo miramos fijamente antes de que la puerta suene y la cabeza de Aleska se asome en
la habitación.

—Aiden, cariño, ven acá, dijiste que me ayudarías a hacer la cena—mi esposa entra con una
cara triste llevándose las manos a la cadera.

—Cierto, lamento haberte dejado sola mucho tiempo, estaba teniendo una charla con tus
esposos y tus hijos—sonríe de esa forma asquerosamente molesta que me irrita.

— ¿Una charla?—nos mira reprochándonos—. ¿Estás bien?

—De maravilla, tus esposos fueron sumamente comprensivos—se levanta entonces pasando
un brazo por sus hombros.

Ella ríe encantada y la única razón de no clavarle un tiro en la cabeza son las siguientes
palabras de Aleska:

—Estoy tan orgullosa de ustedes, gracias por entender la felicidad de Lilith—nos lanza un
beso en el aire.
Sonrío forzadamente porque realmente no entiendo que su felicidad sea esta sanguijuela.

—Te ayudaré también—se une Atlas y ella tiene la capacidad de abrazarlos a ambos.

—Tan bellos, sigan hablando ustedes y cuando puedan bajan a cenar, no me hagan esperar—
nos habla antes de salir de la oficina con los dos idiotas.

Apenas salen, la atmósfera se carga de pesadez.

— ¿Él acaso acaba de ponerla aún más de su lado?—gruñe Axel.

—Sí, eso fue lo que jodidamente hizo—respondo con mal humor.

—Abalám—Hades llama a su hijo—. Mantén tus ojos en él.

—Créeme, lo haré.

— ¿Estamos seguros de que Lilith no querrá dejarlo?—menciona Ashton.

—Ella lo ama, no lo dejará—dice Azazel con frustración.

Maldita sea.

—Quizás se separen pronto o en unos meses no creo que duren toda la vida—dice King con
falsas esperanzas.

— ¡Que eso no sucederá!—grita Azazel tratando de ser escuchado—. Los dos están
literalmente obsesionados, morirían si se separan por más de un mes.

—Confirmo—Daren levanta la mano.

Abandono la habitación resignándome a aceptarlo en la familia, al menos sé que no va a


volver a lastimar a mi hija.

Apenas llegó a abajo veo a Aleska limpiando sus manos en el fregadero y me aseguro que
está sola antes de tomarla por la cintura desde atrás.

— ¿Ya hablaron suficiente mierda de Aiden?—sonríe divertida mientras me mira de reojo.

—Jamás será suficiente.

Ella niega riendo y luego de que termina de lavar me pide que la ayude a poner la mesa hasta
que todos podemos cenar en sana paz y luego ella se pierde con Lilith dejándonos solos de
nuevo pero esta vez con nuestras hijas.

Y definitivamente ellas hacen la diferencia.

— ¡Ahhh! No puedo creerlo, me voy a desmayar—Amira abanica su cara con la expresión


más feliz que le he visto nunca.
— ¿Qué sucede, princesa?—Dean se levanta para ver qué sucede con ella.

—Acaban de aceptar mis diseños para el concurso de modelaje para el jodido Miss Universo
puedo morir en paz—suspira mientras corre a abrazar a Dean.

—Estoy orgulloso de tí, princesita—le da vueltas en el aire haciéndola reír.

—Traeré a Aleska para darle la noticia—me levanto para ir a buscarla.

Al inicio no sé por dónde empezar pero luego puedo jurar que está en su lugar favorito de la
casa, el invernadero.

Apenas entro la veo sentada detrás del vidrio observando como Dummkopf, su pingüino
juega en la nieve acondicionada.

A su lado está Lilith acariciando la cabeza de esa fea perra suya que ahora mismo podría ser
comida de miles de animales exóticos.

Decido no interrumpirlas mientras ellas hablan y solo las observo, no me molesta hacerlo,
después de todo me encanta admirar a Aleska todo el tiempo.

Solo cuando siento que se enfrasca mucho en sus pensamientos es cuando entro en acción y
le doy su tiempo de relajación que la mayoría del tiempo termina en sexo por cualquier lugar
de la mansión.

Ya han pasado casi cuarenta años desde que la conocí y aún siento lo mismo que la primera
vez. Un corazón desbocado y mi cabeza dando vueltas cada que la miro, y por cabeza me
refiero a las dos, la de arriba y la de abajo.

Sin importar cuánto tiempo pase ella siempre va a ser y será la única mujer que pueda
controlar mi vida y poner mi mundo de cabeza.

Es la única que siempre importó.

Lilith siempre tiene la oportunidad para recordarme y restregarme en la cara todas las veces
que hice el ridículo por ella, probablemente si alguien más lo hiciera, le torcería el brazo
como hice una vez con el marica de Noha, pero es Lilith, esa pequeña mocosa que inició
peleas y risas en casa y que un día iluminó nuestras vidas.

Solo que ya no es esa pequeña mocosa, ahora es una mujer adulta que pronto acabará la
universidad y que tiene ya meses de relación con un imbécil que me pone los pelos de punta.

— ¿Entonces dices que vas a aceptar ese cambio?—le pregunta Aleska a Lilith.

—Lo haré pero prometo seguir hablando con Niko, Josh y Marcello, y visitarlos a todos.

Estando así, juntas, son tan iguales físicamente pero con un aura tan diferente.

Comparten ojos similares, ambas son pequeñas y menudas pero luego ves su forma de actuar
y Lilith es tan colorida que a veces no sabes por dónde empezar a ver.
Y mi esposa tiene una belleza mucho más madura, dura y rasgos más fuertes dados por la
experiencia, experiencia como agente y como madre de tantas criaturas.

Aún así ella sabe el balance de cada uno de nosotros, sabe exactamente que queremos o
necesitamos en cada momento y eso la hace especial.

—Me parece excelente que lo recuerdes, cariño—abraza suavemente a Lilith.

—Te llamaré más seguido también, solo que ahora estaremos más lejos, Aiden vive al otro
lado de la Isla.

—Confío en que te cuidarás y de que no descuidarás tus estudios.

—No lo haré. Y ahora que ganaré un premio de química y sacaré mi doctorado como médico
forense mucho menos, mamá.

— ¿Esto significa también que me dirás todo lo que pase contigo?

Lilith sonríe tímidamente.

—Lo prometo, te diré todo lo que ocurra conmigo a partir de hoy, mamá.

—Muy bien, ahora debes decirle a tus padres lo del premio, estarán tan felices.

—Lo haré. Aún no puedo creer que la profesora Amanda sea ahora mi nuera—Lilith suelta
una pequeña risa.

—Somos dos, es tan extraño pero Albert luce feliz con ella. Y a Aiden parece caerle bien.

—Eso es fabuloso, finalmente se dió cuenta de que es amado.

Lilith asiente sonriendo.

—Por cierto, necesito que me digas si Abalám sigue haciendo desastres y sería genial si me
apoyaras con atlas ese chico jamás me cuenta su vida.

—Lo haría, pero en realidad creo que él es quién debería cuidarse solo. Además Atlas sigue
siendo un imbécil y no lo protegeré. Me debe unas disculpas.

—Sigues sin decirme que ocurrió allí.

—Y no lo diré, es un tema de nosotros que espero algún día se pueda solucionar. Ahora sé
que escuchar a los otros está bien de vez en cuando.

Mi esposa sonríe.

—Estoy tan orgullosa por eso, cariño. Además lograste tu cometido al conseguir a Aiden, eso
lo aprendiste de mí.
Ambas chocan sus puños.

—Él al fin dijo que me amaba y sonó tan sincero.

—Te dije que te amaba, a su forma retorcida lo hace. Y te digo algo, ese amor retorcido y
pasional es mucho más sincero que uno en el que te puedan engañar cada día de tu vida.

— ¿Lo crees?

—Claro que lo cree, nosotros no la engañaríamos ni que nos paguen el mundo—decido entrar
al invernadero.

Tomo a Aleska de la cintura estrechándola en mis brazos y disfrutando de su calidez.

—Aiden tampoco lo haría—dice Lilith muy segura.

—Claro que no, si el muy sociópata parece que podría cortarse el cuello con una pajita si tú te
vas.

— ¿A quién se parecerá?—Aleska me mira con una sonrisa traviesa.

—A mí, claro, pero yo soy tres veces mejor que él y mucho más guapo—beso su mejilla
sonriendo.

—Patrañas, él es mejor—lo defiende Lilith.

Miro fijamente a Aleska esperando que diga algo.

—Pero mira qué lindo como Dummkopf juega en la nieve—cambia drásticamente de tema.

—Y este es mi momento de irme antes de que me traumen de por vida—Lilith besa la mejilla
de su madre y luego la mía antes de salir corriendo.

Le doy la vuelta rápidamente a Aleska dándole una mirada severa.

— ¿En serio? ¿Lo apoyas? Juro que debí matar a la pequeña mierda cuando tuve la
oportunidad.

—Estaba bromeando, rulos. Sabes que eres mucho mejor que él, entre nosotros.

Entrecierro los ojos sin creerle pero toda molestia se va cuando sus manos acarician mi
mejilla y luego bajan por mi pecho acariciando a su paso.

—Te creeré está vez, principessa.

Esta y todas las veces porque yo jodidamente la amo.

Tomo su mejilla antes de que mi boca se encuentre con la suya en un beso de amor y
necesidad.
Porque ella, mi esposa, es lo único que yo necesito en esta vida.

Aleixander: No puedo creer que perdí a mi princesa.

Noha: Espera, ¿qué? Digo, realmente ¿qué? Ella... ¿no murió, verdad?

Aleixander: Definitivamente a tí te dejaron caer de pequeño, pedazo de inútil. Me refiero a


que Lilith nos presentó oficialmente al niño zanahoria cómo su novio y dijo que lo amaba.

Luan: Ya venía siendo hora, tiene veintiún años, Aleixander. Más bien se tardó demasiado.

Aleixander: Tú no cuentas, jodido bastardo, tienes dos hombres. Yo tengo seis hijas.

Luan: Y tener hijos es lo mejor, no debo preocuparme como tú por futuras maldiciones. Solo
debo esperar a que ambos traigan a su persona a la que aman a casa.

Adrianno: Y dices personas porque ambos son gays. Increíble.

Noha: Espera, ¿qué? ¿Por qué mierda yo nunca me entero de estas cosas?

Liam: ¿Marcello y Cole gays? ¿Esto es en serio? Mierda, no lo imaginé.

Luan: No veo el jodido problema, hijos de putas.

Noha: Que no tienes derecho a decir nada literalmente también tendrás que echar a hombres
de tu casa. Yo lo haré con mi pequeña Mia.

Adrianno: Y yo con mi pequeña Amber, debo alejarla de la sociedad antes de que me la


quiten.

Dexter: Por lo menos sus hijas no tienen un maldito acosador que aún no han logrado
descubrir quién es.

Fabrizio: Joder, si, que carajos con eso. Pobre Elena, lo bueno es que sabemos que no la
lastimará, ya lleva meses en eso y aún no hace nada.

Luan: Joder me dan cáncer, no puedo creer que en serio sean tan sobreprotectores.

Aleixander: Creo que te perdiste la parte en que tus hijos llevarán hombres a tu casa,
hombres irritables y con sonrisas maliciosas que no podrás destruir o tu esposa te asesinará.

Noha: Bueno, hermano, eso ya fué personal. ¿Seguro que te sientes bien?

Aleixander: ¿Bien? Ese hijo de puta se robó a mi hija y a mi esposa.


Adrianno: Y aún te quedan cinco más, ¿quién crees que caerá primero?

Luan: Voto por Amira.

Aleixander: ¿Hueles eso? Es la mierda de tú cadáver al descomponerse juro que te asesinaré


apenas te encuentre, desgraciado.

Noha: ¡Pelea, pelea!

Dexter: Ya cállate, Noha.

Aleixander: Hablen todo lo que quieran, hijos de puta. Quiero reírme en sus caras cuando les
roben a sus princesitas.
Lilith
CUATRO MESES DEPUÉS.

¿L ilith? ¿Estás aquí?—Aiden entra en la sala de juegos y entrecierra sus


ojos al verme.

Llega a mí en rápidas zancadas apartándome del semi-abrazo de Connor


que parece no notar a Aiden mientras sigue cantando a todo pulmón una
canción de despecho.

— ¡Oye! Estábamos haciendo karaoke y llevaba ganando dos rondas—hago un mohín


reprochando su actitud.

— ¿Y para cantar necesitas estar en sus brazos?—gruñe.

Me encojo de hombros apoyando mi mejilla en su pecho y rodeando su cintura con mis


manos.

—Lo culpo a él.

—Sabes que odio cuando haces este tipo de cosas sin mí.

Sonrío.

—Lo sé, por eso siempre las hago. Eres sexy cuando te enojas.

—He creado un monstruo sexual—se lamenta en voz baja y yo dibujo imaginariamente en su


pecho—. Lilith, cariño, ¿segura que quieres tocarme así justo ahora?

—Mmm. Me encanta cuando dices mi nombre, bebé—bajo mi tono de voz para que parezca
un susurro y que Connor no escuche.

Aunque quizás gritemos y siga sin escuchar por todos los tragos que tiene encima.
—Oigan, tortolitos, no es por interrumpir, pero estás perdiendo, pequeña Li—Connor me
señala con el micrófono.

—Lo siento, Con, tengo asuntos pendientes.

Río ignorándolo por ahora.

Todo esto pasó porque Aiden llegó tarde a casa, estaba en clases y de ahí tuvo que pasar con
Atlas para hacer un trabajo de la Bratva.

Así que cuando Connor y Enzo, quién ahora está durmiendo con una botella en el sofá, me
ofrecieron cantar karaoke no pude negarme.

Se supone que hoy íbamos a dormir en la mansión de Connor porque es el cumpleaños de


Naim a quién ya le festejamos y ahora se encerró en su habitación.

Literalmente le puso un cuchillo en el cuello a Connor y le prohibió hacer una fiesta a lo


grande a lo que Connor le dijo que era una perra aburrida pero siguió sus peticiones.

Eso no quita que le regalé los vinilos de su banda favorita y unas nuevas sudaderas en tonos
oscuros que compré con Aiden.

Ya se hicieron las doce de la noche, estoy muerta y mañana debo ir a clases de patología, no
me puedo permitir faltar a una clase ahora que tengo un premio nobel de química gracias a
muchos de mis trabajos.

Incluyendo el ojo réplica de Aiden que ahora lo tiene en la sala de su casa como el mejor
trofeo que ha recibido justo al lado de fotos de ambos.

Intenté ir a dormir también pero simplemente no puedo dormir sin Aiden, me acostumbré
tanto a su presencia que no puedo conciliar el sueño sin su olor y sus caricias.

Amo a este hombre con toda mi alma y cada día parece enamorarme más, Aiden siempre será
ese demonio indiferente y oscuro, pero ya no lo será jamás conmigo.

Ha decidido dejar de fingir con todos y mostrar su personalidad inquietante, sus pensamientos
oscuros y su rostro gélido pero conmigo es diferente, con su sonrisa pícara cada que me ve y
sus besos y toqueteos. Porque ese hombre en serio no puede estar lejos de mí.

También sigue follándome cada día con más pasión y más fuerza como si deseara fundirse en
mí.

Además de que cada día me muestra una parte nueva de él que solo conozco yo, como su
afición a coleccionar todos los peluches que le doy o fotos de nosotros.

Después de saberlo le regaló un peluche en cada momento especial con una lavanda
conservada, todos los ha guardado y coleccionado como el mejor novio que es.
Lo que más me gusta es que mis celos tóxicos han muerto porque literalmente no hace falta
sentirlos con él, si, se le acercan muchas mujeres, y cada que se acerca termina con un
agujero en la frente tal cómo él prometió.

Ninguno fue cuando yo lo vi pero me enteré y ví cómo lo hizo un día a escondidas cuando le
llevaba el almuerzo a su universidad.

Él me miró justo después y me dió esa sonrisa traviesa y atractiva que me pone los pelos de
punta y detiene mi corazón.

Justo ahora él no sonríe solo me mira como si quisiera estrangularme.

—Te dije que no te quedaras cerca del hijo de puta cuando bebe, nunca se sabe cómo puede
reaccionar. Además se llama Connor, Lilith.

—Huelo a celos en el aire, eso es porque pasa más tiempo conmigo que contigo—Connor
mueve su trasero en un baile provocativo que me hace reír.

Definitivamente necesito grabar esto, saco mi celular y después de grabar para tener con qué
extorsionarlo.

—Quizás te la vaya a robar—lo provoca con una sonrisa comemierda curvando sus labios.

—Buena suerte con eso, pequeña mierda—y sin más me toma por los muslos y me lanza
sobre su hombro.

Antes de salir toma un pedazo de torta de la mesa y lo lanza a Connor haciendo que impacte
en su culo.

— ¡Maldito, hijo de puta, te voy a matar!

—Aiden—chillo agarrándome de su espalda.

Solo cuando llegamos a las escaleras para ir a su habitación en la mansión es que se decide
por hablar.

—Tú me provocaste, tú te atienes a las consecuencias, Diosa.

Solo para provocarlo más meto mis manos bajo su camisa y acaricio sus músculos tensos
paseando mis manos por su abdomen y por su espalda.

Él suelta un gruñido bajo y sexy que me hace sonreír triunfante y luego todo el poder es
arrebatado de mis manos cuando me lanza sobre la cama y su mano se enrosca en mi cuello
sacándome un gemido bajo.

—Ni lo sueñes, señorita. Estás castigada sin sexo hasta que aprendas a hacerme caso.

Un jadeo indignado abandona mis labios.

—Esto es trampa, además es injusto también para tí.


—Yo tengo tu pequeña mano para ayudarme.

— ¿Y crees que te la daré? Buena suerte.

Él sonríe de lado con un aura peligrosa y un reto plasmado en su rostro.

—Siempre puedo obtenerla, cariño. Ahora duerme.

Se levanta quitándose la camisa por la cabeza y dejándome ver su cuerpo esculpido a la


perfección, sus abdominales duros y sus preciosos tatuajes torturando mi poca cordura.

Juro que siempre que lo veo tiene el mismo efecto en mí.

Me busca una camiseta y dejo que me la ponga resignada a mi castigo de hoy y luego me
subo sobre él cuando se acuesta entrelazando nuestros dedos.

La única razón por la que acepto sus palabras es porque noto lo cansado que está, sus ojos
están rodeados de ojeras y eso se debe a que ha llegado tarde a casa dos días por estar
trabajando con Atlas.

Las clases lo tienen consumido también y como por si fuera poco los Z no paran de joder con
la maldita guerra que ya inició. Odio al maldito de Park por eso.

Incluso me compadezco de Atlas quién no llega a casa ni siquiera a comer por estar tan
ocupado en clases y viajando para salvar sus territorios en Rusia.

Y aunque no lo parezca, Connor y Naim también han estado ocupados con el tema.

Aiden puede parecer un robot pero es un humano y cómo todos, se cansa, y necesita sus horas
de sueño.

— ¿Estás muy cansado, bebé?—murmuro acariciando su mejilla.

—Estoy bien—entierra su cara en mi cuello—. Solo estoy molesto e irritado por tu terquedad
de hacer este tipo de cosas cuando no puedo cuidarte.

—Son solo Connor y Enzo.

—Y son unos jodidos hombres ebrios que les encanta meter sus pollas en agujeros. No sabes
cuánto me enferma la idea de que esos desgraciados te imaginen follando.

Así es él, tiene su posesividad elevada y a mí me fascina.

Aún sigue golpeando a Connor accidentalmente cada que puede y enviándole amenazas a
Jack por el día de la playa.

Acaricio su cabello.

—Cierto, tienes un punto.


— ¿Eso significa que me harás caso?—mete su mano bajo mi camisa acariciando mi espalda
baja.

—Lo haré. Aunque no creo que Connor se meta conmigo, él sabe que tú lo matarías si me
toca de nuevo.

—Lo haría, si lastima a la mujer que amo y con quién planeo pasar mi vida, definitivamente
lo haría.

Mi corazón da un vuelco salvaje, tan fuerte que creo que se saldrá de mi pecho.

—También me odias aún—río.

—Eso será siempre, dicen que entre el odio y el amor hay un paso, cariño—besa mis labios
suavemente.

—Yo también te amo-odio, Aiden.

—Y no me cambies de tema. ¿Qué tanto hablas con Connor?

—Lo mismo que hablas con mamá y con Azazel sobre mí. Además, Amira me consigue toda
la información relevante sobre tí con sus contactos, es como mi mini espía.

—Tu mini espía debería preocuparse más por Atlas porque la próxima vez que la vea
merodeando en asuntos de la mafia el jodidamente se volverá loco.

— ¿Tú no puedes detenerlo?—digo con miedo.

Su mirada se vuelve oscura.

—No, y tú tampoco te vas a meter en esos asuntos. Te quiero lejos de su extraña


comunicación, Lilith.

— ¿Por qué?

—Porque no es nuestro problema.

Sé que hay algún dato de la relación de esos dos que no me dice, pero lo dejo pasar.

Atlas es su mejor amigo y tienen una muy extraña relación de mejores amigos en la que
literalmente darían su vida por el otro.

Aún así me encantaría saber que hay en la historia de esos dos que yo no sé. Es decir, ¿hay
una historia de ellos?

—Ya duerme.

—Pero aún no tengo sueño, quiero seguir hablando.


—Lilith, no me hagas follarte la boca hasta que no puedas hablar por la mañana porque
entonces me molestaré por perder la suavidad de tu voz y te dejaré el culo rojo.

Sus palabras hacen que mi excitación se acumule en mis muslos y mi núcleo se apriete.

Me encanta cuando es él, este demonio oscuro que acecha de las profundidades y habla sin
tabúes.

Él dice que yo calmo sus demonios, pero la realidad es que tuve una charla con ellos.

Ahora, él es mi demonio y solo mío.

Agradezco el día en que me cansé de su indiferencia y decidí Formular un estratégico plan,


así que fuí al mar como cada noche, le hablé y cuando hizo eso de ignorarme me dejé llevar
por las olas a sabiendas de que me salvaría, en ese momento creí que lo haría por mamá pero
ahora sé que incluso ahí ya le interesaba.

Y cuando tuve la oportunidad de besarlo, lo hice.

Ahora soy la mujer más feliz del mundo por haber emprendido vuelo con mi demonio
favorito, con el villano de mi propia historia.

Dicen que todas las mujeres deseamos un héroe, yo difiero de esa opinión, el villano es más
divertido, el villano quemaría el mundo y lo pondría a mis pies.

El villano me pondrá a mí sobre cada persona que cruce el planeta incluído él.

Y yo amo a mi villano.

Tomo sus mejillas juntando nuestros labios y dejando que cómo siempre tome el control de la
situación.

Pero aunque él tenga el control, yo le transmito todo lo que quiero decir, que lo amo, desde
siempre. Y él hace lo mismo.

Porque la realidad de todo esto es que yo siempre fuí suya y él siempre fué mío.

Ahí tienen, perras.

¿Quién dice que manifestar no sirve? Yo jodidamente dije que este hombre sería mío y aquí
está, durmiendo junto a mí y obsesionado hasta la médula conmigo.

Gruñe envolviendo su mano en mi garganta y quedando sobre mí.

—Tuviste la opción de huir, cariño, ahora estás jodida.

— ¿Qué quieres hacer?—sonrío.

—Lo que quiero hacer es acabar contigo—susurro apretando su agarre en mi cuello—. Te


odio, maldición y te amo tanto.
—Sigue repitiéndote que me odias hasta que te lo creas, psicópata—lo agarro por la cinturilla
de su pantalón obligándolo a quedar sobre mí.

Sonríe por el apodo y por la posición en la que quedamos.

— ¿Qué crees que haces, Diosa?

—Aumentando tu amor y tu odio, quizás quiera que me vuelvas a castigar.

—Estás jodida, cariño—presiona sus labios con los míos de nuevo.

Mis dedos se enredan en su cabello.

—Ahora dime lo que quiero oír.

Junto nuestras frentes jadeando.

—Soy toda tuya, mi demonio y no te haces idea de cuánto te amo.

—Y yo soy todo tuyo, Diosa y te amo con jodida locura.

Y luego, me muestra cómo siempre cumple sus promesas, porque nosotros siempre vamos a
encajar en el rompecabezas.
Aiden
DOS AÑOS DESPUÉS.

H an pasado dos putos años y sigo creyendo que hay personas que no deberían
existir.

Empezando por los idiotas de sus amigos, Joshua, Marcello y Nikolay que no
hacen más que acaparar todo su tiempo para estudiar o hacer cosas que puede hacer
fácilmente conmigo.

He sido lo suficientemente paciente como para aguantarlos por todo este tiempo pero ya estoy
llegando al maldito límite con ellos o con Amira que ahora parece querer pasar más tiempo
con Lilith para planear su cumpleaños número dieciocho que ocurre la próxima semana.

Aunque ahora que lo pienso ya mi límite se sobrepasó tiempo atrás, sin embargo no quería
romper la ilusión de Lilith al verme compartiendo con sus amigos.

Al diablo, me tienen harto.

Pero es lo que hay, cosas del amor dice Amanda.

En realidad creo que tiene razón, odiaría verla llorar o que pierda la confianza en mí por
causarle un "accidente" a alguno de sus amigos.

También comprendo que ella necesite de esto, ver a otras personas y pasar tiempo con sus
hermanos, pero joder, llevo un maldito día sin verla y creo que enloqueceré.

Supongo que lo hago porque la amo, aunque me gustaría pasar toda mi vida con ella,
enterrado en su valor o viendo esas películas cursis ella necesita ver a otras personas y es
comprensible.

Bueno, a la mierda, no lo entiendo, pero Amanda dice que eso es normal así que prefiero
creerle.
Pero ayer no la vi, y por si fuera poco mis planes se fueron a la maldita mierda y ahora tendré
que hacerlo hoy.

Lo bueno de todo esto es que ella siempre me extraña y está escribiéndome para saber que
hago o dónde estoy, yo amo que haga eso.

Especialmente porque cuando nos vemos de nuevo ella se vuelve jodidamente loca y
podríamos pasar todo un día encerrados en una habitación. Quizás esa sea la verdadera razón
de dejarla ir durante un día entero.

Le envié un mensaje hace un par de minutos diciéndole que viniera a la playa, es de noche,
quizás las diez, y ella me dijo que venía en camino, así que acá estoy sentado en la arena
mientras la espero.

—Tengo que ir a dormir, acabo de saltarme mi hora de sueño por tí y eso podría afectar a mi
sistema cognitivo y a mí concentración, valóralo—Atlas sacude su traje quitándose las
pequeñas partículas de arena.

— ¿No prefieres cobrarme ya por esta amistad? Imbécil—gruño dándole una mala mirada—.
Hora de sueño, ¿cuántos años tienes? ¿Siete?

—Hasta mañana, me cuentas que te dijo—se da la vuelta ignorándome.

— ¡Vete al diablo!—le gritó antes de que llegue a su auto.

Idiota.

Al menos me ayudó a preparar todo antes de largarse a dormir como el viejo que es.

A mi costado hay una bonita carpa blanca con luces, cojines y todas esas cosas cursis que a
Lilith le fascinan y que claramente debía hacer para la ocasión.

Lilith llega después de unos minutos y apaga su auto a unos cuantos metros dónde todavía
hay asfalto y no empieza la arena.

Camina directamente hacia mí dirección contoneando sus caderas con suavidad, con el pasar
del tiempo me dí cuenta de que es su forma de caminar, ella es naturalmente sensual.

Hoy está enfundada en un vestido azul oscuro que le queda espectacular, quizás sea porque
jamás le había visto un color así pero le luce de maravilla.

Eso o quizás también sea porque es mi color favorito en mi persona favorita.

Su cabello está alisado a sus espaldas en su cuello está el collar que le regalé hace un par de
años y sus labios con brillo labial tienen una pequeña sonrisa al verme.

Lilith es la mujer más hermosa del mundo, juro que podría verla toda la eternidad y jamás me
cansaría de ello.
Ella es la mujer que cambió mi vida, que me dió un impulso sin siquiera darse cuenta a
establecer una buena relación con mi padre y su novia, Amanda. Es la mujer que me sacó de
mi mente destructiva para darles paz a mis demonios con sus sonrisas contagiosas.

Incluso ha mejorado no solo mi relación con papá sino también mi relación con Connor y ya
puedo decir que lo odio un poco menos, pero solo un poco.

Ahora vamos a jugar con flechas en la cabaña más seguido aunque el imbécil casi me mata
con una, al inicio creí que había sido Lilith por desafiarme pero luego lo ví corriendo muy
lejos de mí y le lancé una flecha a su pantorrilla. Duró un mes usando muletas.

Pero digamos que ya nos llevamos lo suficientemente bien como para no matarlo cuando lo
veo.

El aire suave mueve el cabello de Lilith cuando llega frente a mí y me mira desde arriba con
esa expresión iluminada cada vez que me ve.

Me levanto con calma y tomo su mano entre la mía justo a tiempo para que las luces de la
carpa se enciendan brillando con la luz de la luna.

Lilith alza la mirada sorprendida mientras admira lo que hice en tiempo récord y luego sus
ojos se quedan fijos en la gran caja de regalo que está justo afuera de la carpa.

Juro que amo cuando sus labios se entreabren y sus ojos adquieren ese brillo asombrado y
curioso, es una sensación similar a cuando estoy dentro de ella y sigo otorgándole placer aún
cuando ella ya está al borde.

La luz blanquecina de la luna y de las luces iluminan sus rasgos haciendo ver la pequeña capa
de maquillaje que cubre su hermosa piel.

Está tan ensimismada en la escena que no se da cuenta cuando rodeo su cintura y apoyo mi
barbilla en su hombro.

Ella se da la vuelta cuando sale de su trance y me entrecierra los ojos.

— ¿Tú hiciste esto o pagaste para que lo hicieran?

— Lo hice yo, con suficiente tiempo y von ayuda de Atlas para que la mierda no se cayera
con el viento. ¿Puedes creer que le sacó una fórmula física?

Ella ríe contagiándome una sonrisa.

—Claro que lo creo.

—Estar aquí me recuerda a la primera apuesta que tuvimos—susurro acariciando su mejilla.

—Lo sé, aún no puedo creer que mi plan maestro funcionara—exhala, aliviada de que su plan
se haya vuelto realidad.

—Claro que lo haría. Ahora, te voy a preguntar, ¿confías en mí?


Su pecho se aplasta contra el mía y sus brazos rodean mi cuello.

— ¿Crees que estaría contigo durante tanto tiempo si no confiara en tí? Por favor, bebé, eso
no hace falta preguntarlo.

—Nunca está de más, ahora, ¿me amas?

—Por desgracia, sí—rueda los ojos con diversión.

Entrecierro los ojos.

— ¿Por desgracia?

—Por desgracia soy lo suficientemente extraña como para escoger al villano sobre el héroe.
Tienes suerte.

Guardo un mechón blanco que baila sobre su cara detrás de su oreja.

— ¿Terminó bien la reunión con tus amigos?

—Si con bien te refieres a Joshua llorando, Marcello burlándose de él y Nikolay


desaparecido, sí, supongo que sí terminó bien—suspira.

—Ya decía yo que había terminado muy temprano.

—En realidad aún sigue, solo que bueno, te amo, y como te amo, te extraño así que me
escabullí para venir a verte porque un día ya era demasiado suplicio.

—Lo supuse—río.

—Agradezco haberlo hecho, esto es precioso—señala las luces y los cojines en la carpa.

—Lo sé, lo hice yo.

Ella sacude la cabeza con una sonrisa en sus labios.

—Ahora, te tengo una apuesta—murmuro soltándola.

— ¿Una apuesta?—alza una ceja.

—Si al abrir la caja—la señalo con el dedo—, sueltas un grito, debes decir que sí a lo que
pregunte, si no lo haces, entonces puedo hacer algo que digas.

—Interesante, acepto.

La dejo que camine hasta la gran caja mientras yo la sigo de cerca, sus dedos se afianzan a la
tapa y apenas la levanta los lados de la caja caen revelando la pequeña jaula que hay dentro.
Cuento lentamente hasta cinco y cuando llegó al número un grito estruendoso de felicidad
llena el aire.

Se agacha para abrir la jaula y el animal peludo sale un poco tímido pero ella se encarga de
matar la timidez levantándolo en brazos y besando su pelaje.

Cuando lo deja en el suelo el pequeño tigre blanco de cuatro meses empieza a jugar con las
trenzas de sus tenis desamarrándolas.

Camino hacia ella con lentitud y agarro al pequeño animal dejándolo en sus brazos de nuevo.

—No lo dejes en el suelo o cerca de cosas con tiras o empezará a desamarrarlas—suspiro


poniendo mi rodilla en el suelo para amarrar sus trenzas de nuevo.

No dejare que se agache en vestido a hacer esto.

—Estás arrodillado frente a mí—un escalofrío la recorre cuando mis dedos rozan su pierna—.
Y estás amarrando las trenzas de mis tenis.

—Sí, no veo el problema.

— ¿Dónde quedó el orgullo y el ego de Aiden Wolf?

—Ambos no importan cuando se trata de tí, Diosa.

Me levanto de nuevo y tomo su cintura aún cuando ella sigue acariciando al animal.

—Perdí—hace una mohín con sus labios.

—Perdiste, me toca preguntar—sonrío acercando mi cara a la suya—. ¿Te casarías conmigo,


Lilith?

Su expresión parece literalmente congelada y por un momento creo que se desmayará.

— ¿Q-qué?

—Esa no era la respuesta que tenías que dar—río por su desconcierto.

—Aún te queda un año de carrera y a mí me quedan dos. Es decir, ¿lo dices en serio? ¿De
verdad te quieres casar conmigo?

—Claro que quiero, y de todos modos podemos casarnos ahora, solo si quieres, si no,
esperaré pero tendrás un anillo en tu dedo porque ya estaremos comprometidos.

—Dios, Aiden, jamás he incumplido mi parte de la apuesta. Así que esto es un jodido si.

Sonrío con un sentimiento poderoso llenando mi pecho.

— ¿Cuándo se te ocurrió todo esto?


—Hace dos años, después de que hablé con tu mamá y arreglaste mi relación con papá.

Deja al pequeño animal en la jaula para luego llevarlo a casa y envuelve sus brazos en mi
cuello.

—Estoy perdida contigo, psicópata. Eres el único hombre con el que siempre soñé casarme.

—Lo sé, literalmente lo dijiste en voz alta frente a tus padres cuando tenías seis y ahora me
odian.

—Oh, cállate—ríe besando mi mandíbula—. Joder, me casaré contigo—repite sonriente.

—Lo harás—saco el anillo de mi bolsillo y lo deslizó en su dedo, es un diamante lila que me


costó exactamente un año y medio conseguir y ahora el único diamante en su especie decora
su dedo con la inscripción de mi nombre.

—Es tan precioso—murmura con lágrimas en sus ojos.

—Ahora eres completamente mía—la tomo de la muñeca llevándola hasta la carpa.

Ella jadea al llegar por el rápido trote pero juro que estoy impaciente por tenerla, necesito
sentir su calor más de lo que necesito respirar.

La recuesto sobre los cojines y enrosco mis dedos en su cuello para que se dé cuenta de mis
intenciones.

—Aiden, literalmente cualquier persona incluida mi familia podría venir—mira nerviosa a


nuestro alrededor.

—Que mal. Tú y yo estamos jodidamente comprometidos y yo lo voy a celebrar.

Agarro sus caderas y restriego mi erección sobre la tela fina del vestido.

—Además este vestido te queda espectacular, realza tu cuerpo, ¿cómo pretendes que deje mis
manos quietas?—deslizó mi mano bajo su vestido.

Mis dedos llegan a su coño y sonrió cuando lo encuentro libre de cualquier tela.

— ¿Me extrañaste demasiado, cariño? ¿Sin bragas?

—Solo para ti, te extrañé—suspira en un jadeo.

—Me encanta cuando eres una pequeña putita sucia para mí. Solo para mí—gruño
toqueteando su clítoris.

—Aiden—gime mi nombre.

—Me vuelves loco, cariño—hago girar mis dedos sobre su clítoris antes de desabrochar mis
pantalones.
Sus gemidos llenan el aire y sus piernas se aferran a mi cintura invitándome a seguir.

—Si alguien nos ve, te voy a matar, Aiden—jadea.

—Si alguien nos ve, jodidamente lo asesino—saco mi polla dura y necesitada de su


humedad—. No vayas a cerrar los ojos.

Ella me mira, sus ojos conectando con los míos con un fuego puro y brillante que me hace
querer quemarme con ella.

La penetro con fuerza de un solo empujón y su coño se aprieta a mí alrededor con un grito
ahogado mientras su cuerpo encaja a la perfección con el mío.

Esto de pasar abstinencia todo un día no es nada gratificante pero el hecho de tenerla así,
gritando bajo mi cuerpo, vale completamente la pena.

Mi agarre en su cuello se aprieta y sus uñas rasguñan mi brazo sacando pequeños hilos de
sangre que me vuelven un jodido animal al follarla.

Mi Lilith se vuelve loca cuando la estranguló y ella sabe lo mucho que me gusta que intente
liberarse de mi agarre. Aún así ella ya no se asusta por el hecho de que la tome así, porque
ella confía plenamente en mí.

Aumento mi ritmo hasta que su cuerpo está a nada de deshacerse debajo de mí y sus gemidos
de placer resuenan en toda la playa.

—Serás mi jodida esposa—la embisto con fuerza tocando ese punto que la hace girar los ojos
y soltar un grito mudo—. Mi vida—otra embestida—. Mi todo, cariño.

—Mierda, sí—jadea entre lloriqueos por la fuerza en que la tomo.

—Y algún día te llenaré con mi semen y entonces me darás unos preciosos bebés.

Sus ojos adquieren un brillo de anhelo mientras suelta un grito.

—Sí, sí, sí.

Su orgasmo me arrebata la capacidad de respirar, quizás porque ahora su mano sostiene mi


brazo mientras usa mi anillo, porque ella será mi esposa.

Quizás sea el hecho de que ahora nada ni nadie podrán alejarla de mí.

Quizás es porque la amo jodidamente demasiado o por el hecho de que alguna vez crearemos
unos pequeños bebés idénticos a nosotros.

La idea de todos son me hace correrme en su interior con un gruñido.

Lilith agarra mi cuello antes de regalarme la más preciosa de las sonrisas.

— ¿Me odias?—susurra.
—Siempre.

— ¿Me amas?

—Con todas mis fuerzas desde el primer momento, mi Diosa.

—Y yo te amo con mi vida, mi demonio indiferente.

Ella jamás sabrá la fuerza con la que la amo o todo lo que daría por ella, jamás pensará que
mis sentimientos se volverían tan fuertes.

Porque la realidad es, que la amo con todo, y mis demonios la aman también con jodida
locura.

Fin
¿List@s para conocer la historia de un Pakhan y una princesa?

La historia de Atlas Volkov y Amira Moreau llegará, como el segundo libro de la saga
HEIRS of DEMONS.

Demon of Addiction #2.


Hola a todos, soy Nicole H.

Necesitaba escribir esto para darme un poco de paz mental así que un día tomé mi celular y
empecé a esbozar mis ideas antes de decidir formarlas.

Pero la verdad es que debo confesar que todos mis libros tienen algo más de mí, más allá de
mis pensamientos tienen parte de mi alma, de mi espíritu y de mi vida.

En el caso de Demon of Indifference, va dedicado a aquel chico que fué mi inspiración real
para empezar a hacer esto.

Y aunque sé que nunca leerás este libro, quiero disculparme contigo, lamento haber sido un
Aiden cuando tú eras tan único y especial cómo Lilith.

No sabes cuánto me arrepiento cada día que pasa al ver tu cambio radical, porque aunque sé
que no es mi culpa, no podía obligarme a enamorarme de tí, lamento no poder haber tenido
más tacto contigo.

Porque estuviste detrás de mí unos largos ocho años en los que yo no me dí cuenta y cuando
lo hice simplemente me aleje y dejaste de ser mi mejor amigo.

Me lamento de corazón porque eras un niño increíble, con un corazón que podía hacer sonreír
a cualquiera y con una personalidad radiante que siempre me hacía reír, que siempre me
abrazaba en esos días tristes aún cuando sabías que yo odio los abrazos.

Eras tan tierno y te veías tan entusiasmado por tener una nueva parte de mí y la verdad de
todo esto es que yo también te quería pero me dejé guiar por las opiniones de terceros y me
dió miedo a cómo podía juzgarme la sociedad así que simplemente te traté con indiferencia y
rompí lazos contigo.

Te ignoré.

Y no sabes cuánto me arrepiento en el alma de haberlo hecho porque pasaste de ser ese niño
al que toda chica sueña con tener a ser un idiota más en la sociedad.

Porque fuí la culpable de romper un corazón bondadoso y convertirte en un chico


egocéntrico, burlón y con un profundo odio al amor.

Lamento no poder decírtelo a la cara, pero supongo que no soy lo suficientemente valiente,
quizás tengo miedo al rechazo de tu parte pero quiero que sepas, si algún día ves esto, que
siempre tendrás un lugar especial en mi corazón.

Aunque ya no seas mi amigo, y me dirijas muy poco por no decir nunca la palabra yo siempre
recordaré a ese niño que me salvaba y me defendía cuando me trataban mal, a aquel que
cuando lloraba siempre me daba un abrazo, a aquel que nunca faltó en mis cumpleaños, a ese
chico que siempre me daba regalos y cartas y me hacía reír cuando me sentía mal.
Ya han pasado dos años de eso, pero para mí podrá pasar toda una vida y tú siempre ocuparás
un lugar especial dentro de mí.

Espero que algún día te des cuenta de que hay una mujer especial allí afuera esperando por tí,
que puedas cambiar a bien y entiendas que no todo el amor es una mierda porque algún día
alguien logrará sacar a ese chico enamoradizo y yo podré estar feliz entonces.

Porque eras mi Lilith para un Aiden pero que simplemente no podría suceder en esta vida.

Tal vez nos veamos y coincidamos en la próxima y solo entonces sabremos qué pasará con
nosotros.

Recuerda que acá siempre habrá alguien que te quiera de aquí a Neptuno y de vuelta. Porque
yo siempre te recordaré como una bonita lavanda lila, Goofy.
Ana Gutiérrez

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