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Almas Trágicas: Novela por Entregas

El documento analiza la novela por entregas, un género literario que surgió en Europa y se popularizó en Hispanoamérica, caracterizándose por su enfoque en el público masivo y su mediación a través de periódicos. Se menciona la influencia de autores como Eugène Sue y la adaptación de este formato en el contexto latinoamericano, destacando su impacto en la literatura de la época, especialmente en Honduras. Además, se abordan los tópicos recurrentes en estas novelas, que a menudo reflejan los valores y preocupaciones de la sociedad burguesa del siglo XIX.
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Almas Trágicas: Novela por Entregas

El documento analiza la novela por entregas, un género literario que surgió en Europa y se popularizó en Hispanoamérica, caracterizándose por su enfoque en el público masivo y su mediación a través de periódicos. Se menciona la influencia de autores como Eugène Sue y la adaptación de este formato en el contexto latinoamericano, destacando su impacto en la literatura de la época, especialmente en Honduras. Además, se abordan los tópicos recurrentes en estas novelas, que a menudo reflejan los valores y preocupaciones de la sociedad burguesa del siglo XIX.
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Almas trâgİcas

860 Turcios Froylán


T843 Almas Trágicas Froylún José
Antonio Funes.-- la. ed.-- (Tegucigalpu):
(Editorial Iberoamericana). (Guardabarranco),

ISBN 99926-40-96-0

I LITERATURA

[O José Antonio Funes jafunes@[Link]

Para la presente edición:


@ Editorial Iberoamericana
Calle Alfonso Guillén Zelaya, 2026
Colonia Namenda, "IëgucigaÍpa, Honduras
Telefax: (504) 232-1322

Primera edición:
Tegucigalpa, abril de 2004.

ÍSBN: 99926-40-96-0

Diagramacìån y cubierta:
Sandra GáEvez, Ediciones Guardabarranco

Ilustración:
Auguste Renoir, Baile en la ciudad (1891). Museo de Orsay, París.

Impresión offset:
Ediciones Guardabarranco, Tel. 239-1734
Impreso y hecho en Honduras. Printed in Honduras. Todos
los derechos reservados.

Contenido

Introducción
I. La novela por entregas: desde Europa hasta
Hispanoamérica ..... ..... ..... ..... ..... ..... ..... ...................
.......... 7
II. Almas trágicas y los tópicos de la novela por entregas . 14 III.
Algunos motivos modernistas ..... ..... ...... 23 IV.
El oscuro erotismo: la estética decadente 33

parte

40
IX ... ... . ... .... 79

x..................................... 81

Segunda parte
Tercera parte
7
ALMAS TRÁGICAS •

INTRODUCCIÓN

I. La novela por entregas:


desde Europa hasta Hispanoamérica

HABLAR DE NOVELA POR ENTREGAS, NOVELA


DE FOLLETÍN O novela popular conlleva forzosamente
a identificar un producto literario con una mercancía
destinada inmediatamente a un público masivo, a través de
un medio también masivo como es el periódico. Debido a
que ninguna actividad como la creación e literaria requiere
del esfuerzo individual, del creador y su entorno solitario,
la novela por entregas es la menos individual de las
creaciones literarias, mediatizada por el dueño del
periódico, pero sobre todo por el público al que va dirigida.
8• TURCIOS
Con sobrada razón, al referirse a este género, George
Simenon (1903-1989) afirma: «J'appelle roman - populaire
un volume qui ne correspond pas à la
FROYLAN

personnalité de l'auteur, à son besoin d'expression artistique,


mais à une demande commerciale» l . Se ha asegurado, incluso,
que tres de los más reconocidos autores franceses de novelas por
entregas: Eugène Sue (1804-1857), Pierre A. Ponson du Terrail
(1829-1871) y Xavier de Montépin (1823-1902), recibían
abundante correspondencia de sus lectores donde formulaban
críticas y recomendaciones a las novelas, y a la vez proponían
sus propios infortunios como temas.
Los orígenes de la novela por entregas se pueden remontar
al primer cuarto del siglo XIX en Europa2 , siglo de grandes
transformaciones tecnolÓgicas en el que la literatura escrita
encuentra en el periodismo un nuevo medio para llegar a la
mayor cantidad posible de lectores. Al mismo tiemÊo, el
periodismo se vahe de otro medio también nuevo para
asegurarse la fidelidad de un mayor número de suscriptores,
empleando novelistas que, reproduciendo y afirmando los

I
"Llamo novela popular a un volumen que no corresponde ni a la
personalidad del autor ni a la necesidad de su expresión artística, sino a una
demanda comercial" (Traducción mía). Citado por Juan Ignacio Ferreras,
La novela por entregas (1840-1900), Madrid, Taurus, 1972, pág. 22.
2
El impacto que proporcionó la nueva tecnología en la difusión de periódicos
fue asombroso en Europa, así Rivera observa que "def escaso centenar de
copias que tiraban por hora las viejas prensas de madera', pasa en menos de
9
cuatro años a los 4 mil ejemplares de la prensa mecánica de Applegath (1828)
y a los 20 mil que alcanza en 1855 la máquina Eclair de Hoe". Jorge B. Rivera,
El folletín y la novela popular, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina,
1968, pág. 1 1.

valores de su tiempo, alimentaban la banalidad de la clase


burguesa y hacían soñar a los más pobres con fantásticos
paraísos donde convertirse en un célebre bandido o
ascender de milagro a una clase social más alta resultaba tan
fácil como pasar de una página a otra. Se da la coincidencia
de que en el mismo período en que se populariza la novela
por entregas (1830-1914), se configura también la gran
novela realista, que también se valió del periodismo; así
aparece desde 1830 la novela Rojo y negro, de Sthendal,
pero, sin duda, sería Balzac el que daría grandiosidad a este
género con su obra cumbre, La comedia humana, iniciada
en 1842, curiosamente el mismo año en que Sue comienza
a publicar Misterios de París. Por supuesto, nada tienen que
ver Sthendal o Balzac con los franceses Sue, Ponson du
Terrail y Montepin, para dar un ejemplo, que hicieron del
romanticismo sensiblero y ramplón un medio eficaz para
hacer romper en llanto al más duro de sus ingenuos lectores.
Debido la pobreza de estilo con que solía construirse,
ya que los autores centraban su preocupación sobre todo- en
la trama, la novela de folletín degeneró en la acepción
despectivafolletinesca. En cuanto a sus temas, redunda en la
mayoría de los tópicos que habían sido agotados por el
Romanticismo: amores desdichados, matrimonios infelices,
adulterios, divorcios, hijos abandonados..., todos programa'
dos, según parece, en función de un público lector
10 • TURCIOS
femenino, porque, como expresa Angeles Carmona
González: «Aunque la novela por entregas no fuera leída
exclusivamente por
FRO'A.ÁN

mujeres, implícitamente se dirige a un lector femenino» 3 . A


ellas que en el siglo XIX, según la ideología burguesa, se les
relegaba al papel de madres y guardianas de la educación
moral y cristiana de la familia, o se les despreciaba por su baja
condición social. Consecuentes con esa ideología, y para
afirmar esos valores, las novelas de Enrique Pérez Escrich
(1829-1897) llegaron a alcanzar gran éxito entre el público
femenino español.
La novela de folletín europea, sobre todo la inglesa y la
francesa, logró afirmar su hegemonía también en
Hispanoamérica, donde muchos autores, desafiando las
condiciones políticas de su tiempo, tuvieron que recurrir al
periodismo para dar a conocer sus obrás. Así nace, por
ejemplo, en 1851 la primera parte de la novela histórico-
romántica Amalia, del argentino José Mármol (1817-j 871),
editor de la revista literaria La Semana. A mediados del siglo
XIX, fueron muy populares entre los lectores
hispanoamericanos los novelistas españoles Manuel Fernández
y González (18211 888), que llegó a escribir unas trescientas
novelas principalmente de tema histórico, y Pérez Escrich, que
prefería los temas que defendían la tradición católica. Por la
influencia del gusto que impusieron estos autores, cs posible que
se haya encargado a José Martí una novela «donde había de
haber mucho amor; alguna muerte; muchas muchachas,
11
Por supuesto, siempre se ofrecía el tipo femenino diferenciado: la mtyer rica y la
mujer pobre. A la prirnera se le clasificaba como "bella" y "delicada" a la otra como
"guapa y "robusta". Véase Angeles Carrnona González, La mujer en la novela por
entregas, Sevilla, Caja San Fernando, 1990, pág. 20.
12 • FROYEÅN TURCIOS

ninguna pasión pecaminosa, y nada que no fuese del mayor


agrado de los padres de familia y de los señores
sacerdotes»4 para publicarse en el periódico bimensual
neoyorquino El Latino-Americano. Martí, ya se sabe,
superó con creces la demanda del editor y produjo en 1885
una novela de elevada prosa poética, a la que se tituló en
un principio Amistad Funesta, y que luego el mismo autor
decidió que apareciera con el título de Lucía Jerez.
En Centroamérica, el guatemalteco Antonio José de
Irisarri (1786-1868), que en 1846 fundó en Bogotá el diario
El cristiano errante, ocupó esas mismas páginas para
publicar el relato autobiográfico que llevaba
precisamente el mismo nombre del diario: El cristiano
errante, aparecido entre el 8 de agosto de 1846 y el 6 de
marzo de 1847. Para Seymour Menton, la falta de trama en
esta obra prueba que no es novela, además señala: «El
mismo Irisarri afirma que el objeto

José Martí, Amistadfi¿nesta, en Obras completas, vol. 18, La Habana,


Edicoria] Nacional de Cuba, 1 964, pág. 192. Carmen Ruiz
Barrionuevo considera que esta novela pudo haberse•elaborado con
recuerdos reales, se basa en cl prólogo de Martí, donde cl autor
recuerda "un suceso acontecido en ia América del Sur e-n aquellos
días, que pudiera ser base para la novela hispanoamericana que
deseaba". Sin embargo, la investigadora señala que la novela se
encuentra delinlitada "no sólo por la petición de su amiga Adelaida
Batalt, sino porque su concepción estética, de apoyatura
ejelnplarizante, le impedía valerse de motivos exclusivamente
ficticios; hecho además complementado por el factor de estar destinada
ALMAS TRÁGICAS 13
a la lectura tornrativa de jóvenes latinoamericanos en Estados Unidos".
Véase Carmen Ruiz Barrionuevo, "Ciudad patricia y ciudad burguesa
en Lucía Jerez de José
Martí", Cuadernos de CILHA, [Mendoza], nÚm. ] , 2 0 semestre de 1999,

de su libro fue pintar las costumbres de su tiempo para


que la gente conociera su pasado» 5 . Guatemala, país de
un sobresaliente desarrollo cultural en el istmo, también
se distinguió por ser la república centroamericana donde
se publicaron más novelas durante el siglo XIX, la
mayoría de ellas por entregas, como los cuatro únicos
capítulos que se conocen de la novela El Alférez Real de
Manuel Montúfar (1859-1896). A Montúfar se le
considera, con esta obra, el iniciador de la novela
histórica guatemalteca1 , que luego será desarrollada por
José Milla y Vidaurre (1822-1882), que publicó más de
seis novelas en las páginas del periódico La Semana
(1864-1871) y en el Diario de Centroamérica.

1
Para Seymour Menton, Montúfar escribió su novela "según las normas
establecidas por Scott y Dumas. En 1858 se imprimió sófo una parte de El
alférez real de Manuel Montúfar con la afirmaci6n del editor M. Rivera de que
publicaba el libro para impulsar a los escritores a escribir sobre temas
nacionales [...] . En la advertencia, el autor declara que había pensado escribir
una serie de novelas abarcando el período desde la -Conquista hasta la
Independencia, pero ni siquiera terminó de publicar El alférez real, su única
novela. Históricamente, Elalférez realestå basado en el relato que se encuentra
en el Compendio de la historia de la ciudad de Guatemala de Domingo
Juarros sobre el capitán general don Antonio Pedro de Echevers". Ibídem., pág.
24.
14 • FROYEÅN TURCIOS
Menton, no obstante, aclara que: "La parte del libro que más se parece a una novela
es el episodio de Dorila. En efecto; si Irisarri lo hubiera -elaborado- . más, no sería
de extrañar que cal libro ocupara hoy día el lugar privilegiado de María de Jorge
Isaacs. Publicado en Bogotá en 1846 y 1847, cuando Isaacs no tenía más que unoS
diez años, el episodio de Dorila en El cristiano errante puede considerarse el
precursor de María. Sería difícil comprobar que Isaacs conoció la obra de Irisarri
pero sí es posible y has semejanzas entre los dos libros saltan a la vista". Véase
Seymour Menton, Seymour Menton, Historia crítica de la novela guatemalteca,
Guatemala, Editorial Universitaria, 1985, págs. 11-13.

Entre las obras más importantes de Milla destacan: La hija


del Adelantado (1866), inspirada en algunos episodios de
la vida del conquistador Pedro de Alvarado y Un viaje al
otro mundo, pasando por otraspartes ( 1875), fruto de su
recorrido por Estados Unidos y por Europa entre 1871 y
1874, en esta novela sobresale la figura popular de Juan
Chapín. En cuanto a La hija del Adelantado, Marguerite C.
SuárezMurias ha señalado como una tendencia romántica
de muchos novelistas históricos de la época, basar sus
novelas en el período colonia17 , mientras Menton repara
en la actitud lúgubre del autor, al presentar un final donde
los amores imposibles conducen a desenlaces trágicos 2 .
Después de todo, Milla no pudo escapar de la moda de los
amores desgraciados y las intenciones moralizantes, que ya
había sido impuesta por las novelas folletinescas europeas.
En Honduras, los únicos novelistas del siglo XIX que se
conocen también publicaron sus novelas por entregas. De
Lucila Gamero aparecen en 1897 Páginas del Corazón y

2
Véase Seymour Menton, Historia crítica de la novela guatemalteca... , op.
cit., pág. 3 1 .
ALMAS TRÁGICAS 15
Adriana y Margarita, mientras Carlos F. Gutiérrez publicó
Angelina en 1898. Todas estas obras se atienen a las
fórmulas trilladas del romanticismo sentimental, y apenas
logran la categoría de novelas.

No obstante, asegura que Milla se aparta de los escritores


folletinescos gracias a su estilo castizo, y resalta la descripción de las
fiestas reales en Guatemala en honor a Felipe IV. Véase Marguerite C.
Suárez-Murias, La novela romántica en Hispanoamérica, New York,
Hispanic Institut in the United States, ] 963, pág. 207.

II. Almas trágicas y los tópicos de la


novela por entregas
EL DIARIO DE HONDURAS, FUNDADO EL 17 DE
JULIO DE 1899, bajo la dirección del poeta Juan Ramón
Molina (18751908), se convirtió en uno de los medios
periodísticos que dio más cabida a las novelas de folletín.
Los autores nacionales encontraban en el periódico el único
medio posible para divulgar sus obras, debido a la falta de
editoriales, provocada principalmente por la escasez de lectores
que imponía la pobreza rural de la Honduras de fin de siglo. Esa
Tegucigalpa aburrida y desolada de vida cultural que describen
Froylán Turcios y Juan Ramón Molina en sus crónicas sobre la
ciudad), exigía para sus habitantes un medio de entretenimiento
más interesante que los abrumadores anuncios comerciales, las
noticias de viajeros o los horribles crímenes que morbosamente
se publicaban en los diarios] 0
16 • FROYEÅN TURCIOS
Hacia finales de siglo escribía Turcios: "Tenemos para nosotros quc la
existencia en Tegucigalpa es de lo más monótono que pueda imaginarse.
Aquí nos aburrimos de lo [indo. Por eso no culpamos a los muchachos que
se achispan con frecuencia y pasan los ratos desocupados jugando billar
[...J. De seguro esto no sucedería SI tuviéramos un teatro y dos o tres
paseos más en donde pudieran emplearse las horas perdidas, cuando e'
tedio hinca su garra en el espíritu y el hastío de la inacción se apodera del
alma". Véase Frantz (seud. de F. Tutcios), "Prosas galantes", El
Pensamiento,' núm. 76, 16 de mavo de 1896, pág. 581. También, en las
"Cartas", de Juan Ramón Molina, de su obra, Tierras mares y cielos (191
1, págs. 21 1-233), se puede percibir un retrato similar sobre Tegucigalpa.
Los titulares con que aparecían las noticias de crímenes eran sensacionalistas, y hasta
quien los describía parecía mostrar cierta fruición

Esto lo entendieron bien los editores del Diario de


Honduras, y lo entendió Froylån Turcios cuando decidió
publicar en las páginas de ese periódico la novela de
folletín Almas trágicas, entre mayo y Junio de 1900. Para
ese entonces, ocupaba el cargo de Subsecretario de
Gobernación en el mandato del general Terencio Sierra, y
dirigía la publicación literaria Revista Nueva (1900-1903),
donde ya estaba dando a conocer las producciones del
modernismo.
Curiosamente, Turcios en ninguna oportunidad volvió a
referirse a esta novela y, según parece, decidió olvidarse de
elW I . Pero también sucedió lo mismo con otros
modernistas que experimentaron con la novela-folletín:
Martí, en el prólogo que convertía en libro a su Lucía Jerez,
pide disculpas, avergonzado por su "noveluca", y Emelina
(1887) de Rubén Darío, quedó ignorada hasta 1927, cuando
ALMAS TRÁGICAS 17
la publicó el escritor chileno Francisco Contreras (1877-
1933).

Almas trágicas se divide en tres partes: la primera y la


segunda de once capítulos cada una y la tercera parte de
trece, que fueron publicados en catorce entregas, entre el

morbosa al hacerlo. Como una muestra, pueden verse los siguientes titularcs
del Diario de Honduras, en las ediciones del 13 y 14 dc diciembre de 1900: "El
crimen de Zarnbrano", "Horrores del crimen" y "Un crimen muy raro . En uno
de ellos se narran detalladamente los bechos ocurridos en Hong Kong, donde
un hombre celoso mató a su hija, le arrancó los sesos, los frió y luego se los dio
de comer a su esposa, sin que ésta sólo final se diera cuenta.
De no haber sido por el milagro de que se halle en buen estado el
Diario de Honduras de 1 900, en el Archivo Nacional, esta novela
estaría ignorada hasta cl sol de hoy.

29 de mayo y el 13 de junio del año 1900. La enunciación


es en tercera persona y el argumento, Io mismo que sus temas,
responde a las fórmulas tradicionales de la novelafolletín. La
historia gira alrededor de varios triángulos amorosos, los cuales
desatan una cadena de traiciones que provocan trágicos
desenlaces, desde el suicidio, la muerte por enfermedad y hasta
el asesinato más alevoso. Debido al inusual tratamiento estético
de un tema tan recurrente en la narrativa sentimental de siglo
XIX, esta novela desmarcarse de relato puramente romántico y
acercarse más a la corriente modernista.
En la primera parte se narra la historia de Julio Herrera, un
joven de veinticinco años y perteneciente a una acomodada
familia, conformada por su hermana Adela y su madre Luisa.
Julio, un hombre de éxitos en los negocios, administra [afortuna
18 • FROYEÅN TURCIOS
que hereda de su padre, un prestigioso abogado de Tegucigalpa.
Sin embargo, el joven está enamorado de Alicia, una muchacha
de procedencia humilde que a los dieciséis años fue obligada por
sus padres a casarse con Luciano Alvarez, de cuarenta años y rico
comerciante de la ciudad. Luciano le prodiga a Julio un afecto
muy especial, lo que permite al joven acceder fácilmente a la
mansión de los Alvarez y gozar de la cercanía de Alicia, que
corresponde sin reservas a la pasión de Julio.
Ya desde el planteamiento de este conflicto, puede
apreciarse que encierra varios tópicos tratados en la
novelafolletín. En primer lugar, todos los personajes
pertenecen a la aristocracia, la clase admirada por todos
los autores de
ALMAS TRÁGICAS •

novelas por entregas 12 . En segundo lugar, aparece el tema


del "matrimonio arreglado" de Alicia. Para Carmona
González, en este tipo de novelas son muy frecuentes estos
matrimonios de maridos ricos y vigos con mu)eres jóvenes,
y cuando al marido no se le ama por su vejez, en cambio se
quiere por su riqueza, ya que «en la novela por entregas la
balanza se inclina más a menudo hacia lo material» 13 En
Almas trágicas Alicia se siente muy a gusto con su ascenso
social: «La vida de Tegucigalpa gustó más a la joven que la
del oscuro pueblo en donde pasó su infancia» [I parte, cap.
II). El tema del adulterio era también muy frecuente en estas
obras, sobre todo cuando la mujer incurría en ello. Sin
embargo, vale matizar la posición que asume el autor de
novelas por entregas y el autor de obras de calidad literaria
frente a la "ideología imperante ', en tanto que escritores
como Flaubert o Tolstoi, para dar algunos ejemplos, a través
de personajes como Madame Bovary o Ana Karenina
cuestionan implícitamente esa ideología al construir un
complejo mundo novelesco, donde la riqueza de signos
permite descubrir una sociedad moralmente descompuesta;
mientras en la novela por entregas, elaboradas con
esquemas 'estandarizados", las mujeres, sólo si son "pobres
y bellas", pueden aspirar a un ascenso social, en la medida
que

Véase Ángeles Carillona González, La mujer en la novela por entregas... , op.


cit., pág. 22.
20 • FROYIÅN
Esta situacrón, según la autora, conducirá forzosamente al adulterio,
"que hace imposible la relación amorosa entre una joven y un anciano,
al que inevitablemente acaba odiando". Ibídem., págs. 1 1 0-1 1 1.
'TURc10.s

encuentren un hombre "rico y viejo", esto, a la vez, las


empuja al adulterio, como si se tratara de puro determinismo,
Martí supo ver más allá, y en Amistad Funesta, que tratándose
de una novela de folletín rompe con los valores tradicionales de
ese género, por la calidad artística de su prosa, su complejo
entramado narrativo y su trasfondo humanista, el narrador, en la
voz de uno de sus personajes, critica los prejuicios sobre la mujer
en Hispanoamérica:
iAllí [en París] no se vive con estas trabas de aquí, dónde todo
es malo! La mujer es aquí una esclava disfrazada . Acá todo es
pecado: si se sale, si se entra, si se da el brazo a un amigo, si se lee
un libro ameno [...]. ¿Porque una flor nace en un vaso de Sebres se
le ha de privar del aire y de la luz? ¿Porque la mujer nace más bella
que el hombre sc le ha de oprimir el pensamiento... 14 :

Como parte de esos mismos prguicios, la hermosura en


una joven pobre se llega a considerar incluso como un
peligro. En esa misma obra, la profesora Andrea recomienda
a Lucía que cuide de Sol del Valle, para que «se salve del
peligro de ser hermosa siendo tan pobre» b , como si la
belleza fuera un privilegio con el que sólo los ricos podían
sentirse seguros,
La vida burguesa del siglo XIX establecía muy bien los
espacios en que debían moverse tanto el hombre como la
mujer; para el hcmbre, los negocios, la política, la vida
TRÁGICAS • 21
José Martí, Amistadfunesta... , op. cit., pág. 209.
Ibídem, pág. 228.
AINAS

pública; para la mujer, el papel de madre, educadora y las


demás tareas que le permitían resaltar su "distinción
social" , como ser la música, el arte, la lectura. La mujer
se convierte, en lo que Erika Bornay designa como
«"mujer de interior", dueña, soberana y ángel protector de
la familia burguesa» 16 En Almas trágicas se presenta
bien retratado ese imaginario social. Alicia, reina y señora
de una familia burguesa, ha sabido sacar renta del ocio que
le permite su clase:
En seis años se había perfeccionado, hasta donde era
posible, en el estudio del piano y del arpa, sus
instrumentos favoritos a los que hacía sollozar y reír a su
antojo. Sus diarias lecturas de obras contemporáneas la
habían llevado al refinamiento artístico, cosa rara de
encontrar en una mujer de estos países centroamericanos,
en donde el arte literario, sobre todo para la mujer, jamás
llega a revelar sus íntimos secretos [I parte, cap, II].

Y más allá de que el narrador sabe observar cuál es el rol


ideal de la mujer burguesa, lo que se plantea en el párrafo
anterior es un problema de verosimilitud. ¿Es posible que
una campesina adolescente en seis años ya pueda tocar el
piano y el arpa, poseer refinamiento artístico y apreciar las
obras de la literatura contemporánea? En este tipo de obras,
el analfabetismo era considerado como una vergüenza para
22 • FROYIÅN
La investigadora señala que la mujer de la clase media del siglo
XIX, al acceder a la clase burguesa, sobre todo urbana, "pasa a
depender económicamente de su marido, y se mantendrá al margen de
su negocio o empresa". Véase Erika Bornay, Las hijas de Lilith,
Madrid, Cátedra (Ensayos Arte), 1990, pág. 68.
TURCIOS

las mujeres, y si son pobres que han ascendido de clase social,


vía matrimonio, «la novela por entregas lo remedia
permitiendo a las analfabetas aprender en poco tiempo, aunque
resulte inverosímil [...]. Tal educación consiste, como
podemos suponer, en un poco de dibujo, de historia, de
geografía, de música, piano, arpa y canto» 17 Por lo tanto, es
evidente que Almas trágicas cae aquí en otro tópico de ese
género de novelas.
Otro de los medios para instruirse de los que se servía la
mujer aristocrática, según el modelo de estas obras, era la
lectura. En Almas trágicas Alicia gusta de los autores franceses
contemporáneos que le son remitidos por un editor extranjero:
Se anegaba, con una voluptuosidad espiritual, en las fuertes
emanaciones de aquella literatura malsana, en los perfumes
acres, en las quejas angustiosas y apasionadas, en los
estremecimientos de lujuria y en la orgía de carnes y de vahos
sexuales de que están saturadas las obras de los artistas
parisienses, cantores del placer refinado y de la caricia dolorosa,
de los supremos espasmos carnales y de todas las delicias
prohibidas de las prostituciones elegantes. Afrodita, de Pierre
Louÿs, [e causó un placer intensísimo; una embriaguez cerebral
que le arrancó algunas lágrimas; lágrimas neurasténicas,
motivadas por la crispatura de sus nervios sensitivos, que no eran
sino cuerdas temblorosas del arpa resonante de su cuerpo [I
parte, cap. II].
TRÁGICAS • 23
Por supuesto, el burgués podía aceptar que su mujer no tuviera dinero, lo
que no podía consentir era que ésta careciera de modales. Véase Ángeles
Carruona González, La mujer en la novela por entregas... , op. cit., pág. 41.
24 • FROYIÅN

A pesar de la debilidad de Alicia hacia estos «libros


deliciosamente obscenos», como los califica el narrador,
sus lecturas «no la hacían daño alguno». Cuidaba, eso sí,
de que no cayeran en manos de su hija de crianza
Hortensia, de doce años, que se entretenía leyendo relatos
de viaJes y otros «volúmenes inofensivos». Según
Carmona González, ningún autor de novelas por entregas
considera beneficiosa la afición de las mujeres a la lectura,
incluso ofrece como ejemplo el caso de Fausta Plock, un
personaje de la obra La Biblia de las mujeres que se
suicida, enferma del hígado, después de haber convivido
con cuatro hombres distintos, inspirada por los libros
que leía desde muy joven. Sus lecturas incluían a Balzac,
George Sand, Teófilo Gautier y Alejandro Dumas, que
la hicieron abominar del matrimonio y preferir el divorcio
18

Ibídem., pág. 44. En España, y probablemente en Hispanoamérica,


también había lecturas "recomendadas" para la defensa y conservación
del matrimonio. Una de ellas, y quizá la más importante, fue la obra de
Fray Luis de León, La perfecta casada (1 583), un libro en el que el
autor pretende modelar el tipo de casada cristiana, para que cumpla con
sus deberes de acuerdo con las Sagradas Escrituras. Todavía en 1927,
Gregorio Marañón afirmaba en Tres ensayos sobre la vida sexual que:
"Ha sido y sigue siendo cierto que "casi todas las novias españolas
reciben, entre los regalos nupciales, un librito admirable: La perfecta
casada, del maestro Fray Luis de León". Citado por Félix García, en
Fray Luis de León, La perfecta casada, Madrid, Aguilar, 1 967, pág.
23. En literatura de ficción, la novela del mexicano José Joaquín
Fernández Lizardi (1776-1827), La Quijotita y su prima (1818-1819),
es una expresión del ideal femenino del siglo XIX: el de ser buenas
ALMAS TRÁGICAS • 25
esposas y madres. Lizardi, influido por la Ilustración europea, pero
defensor de los valores cristianos, a través de La Quijotita, critica las
costumbres y los victos de su tiempo, valora la educación de la mujer,
pero limitándola al espacio de los cuidados de la familia y de los
intereses de su marido.
TIJReos

Obsérvese que todos los autores mencionados anteriormente


son franceses, lo cual coincide perfectamente con la clase de
libros que le estaban prohibidos a Hortensia.
Al no considerar "beneficiosa" la afición de las mujeres a
la lectura, el novelista por entregas se convertía en
salvaguarda de la moral vigente, sobre todo católica, que
imperaba en España, pero que también seguía teniendo una
fuerte influencia en Hispanoamérica. Sin embargo, resulta
irónico que en Almas trágicas se critique a dos de los
autores de novelas por entregas más conocidos en España e
Hispanoamérica, sobre todo por sus obras "moralistas":
Manuel Fernández y González y Enrique Pérez Enrich.
Alicia oculta bien sus libros franceses «en el fondo, de
cómodas perfumadas», no sólo por el peligro de que caigan
en manos de Hortensia, sino porque:
Además, sus relaciones amistosas, compuestas de
.personas de escasa -ilustración menta], hubieran llamado
inmoralidad a su apasionamiento por aquellos libros raros,
ininteligibles para sus cerebros mediocres, acostumbrados a
las novelas insustanciales de Pérez Escrich o a las relaciones
soporíferas de Fernández y González [I parte, cap. ll].

¿Se plantea Turcios un problema moral ante las lecturas


que considera "deliciosamente obscenas"? No, porque no ve
26 • FROYIÅN
ningún reparo en que Alicia se deleite leyendo esos libros.
Por el contrario, al criticar las obras ' insustanciales" y
'soporíferas" de Pérez Enrich y Fernández González, lo que
plantea es un problema estético. Y es que Turcios, no
obstante reproduce en Almas trágicas muchos de los_
tópicos
ALMAS TRÁGICAS 27

del género de folletín, demuestra estar al tanto de la


nueva literatura que había surgido a finales del siglo
XIX en Hispanoamérica: la literatura modernista.

III. Algunos motivos modernistas


Para Jorge B. Rivera, el héroe de la novela popular se
mueve alternativamente entre dos planos: los bajos fondos y
el "gran mundo", que son los dos puntos de la escala en
máxima tensión conflictual '9 . Turcios hace uso de esta
fórmula para que dos de sus personajes, Julio Herrera y Rafael
Mendoza, salgan en defensa del modernismo, la "nueva
literatura ' , como la llama, en contra de los que siguen
apegados a la literatura romántica. Aunque Julio es un
comerciante que nunca ha escrito un verso, el narrador lo
aproxima a un escritor modernista:
Julio era uno de esos hombres raros ..] su
imaginación colorista creía ver fantásticos pentagramas,
repletos de ritmos fastuosos y resonantes, o versos de
exóticas consonancias, que despertaban en el fondo de
su ser sensaciones adormecidas y melodías arcanas [...].
Hubiera
ALMAS TRÁGICAS 28

Esta relación del héroe con los bajos fondos, como sugiere Rivera, puede
obedecer a una estrategia del personaje para sacar ventaja que ie permita cumplir
con su objetivo principal. En el caso de esta novela de Turcios, la relación de sus
héroes con los "bajos fondos", sólo sirve para destacar en aquéllos cierta
"aristocracia espiritual" de héroes premodernistas. Véase Jorge B. Rivera,
Elfolletín y la novela popular... , op. cit., pág. 34.
29 • FROYIÅN

TURCIOS

querido escribir en un idioma quintaesenciado, en que


cada frase expresara un color y cada verso un perfume,
una sensación ignota, una lágrima o siquiera una sonrisa;
y a falta de este lenguaje soñado, en que el estilo
metálico ondulara, riera y sollozara, se abstenía en
absoluto de escribir, por miedo de caer en las
imperdonables vulgaridades, con que la enorme multitud
de escritores y malos poetas americanos han profanado
el Arte Puro, sagrado para las almas excelsas [I parte,
cap. IV].

Desde el momento en que el narrador se refiere a Julio


como ' uno de esos hombres raros", lo sitúa en una
posición de escindido, en conflicto con su mundo. Ya
Fernando Burgos ha definido muy bien lo que
significaba lo raro entre los personajes modernistas:
Lo raro fue la imagen desiderativa de lo modèrnoi la
convergencia de anticonvenctones, coincidió también
con fa novedad y la moda; por ello el personaje
modernista por excelencia es "el extraño , como lo
significa el título de la novela de Carlos Reyles. En este
texto del narrador uruguayo se concentran todos los
gestos modernistas relativos a lo raro: la actitud
extravagante, exquisita, refinada, cultivada; también
nerviosa e irritable. Aquí se tipifica el protagonista
decadente, díscolo, irónico, exótico, desasosegado,
impaciente, irreverente, insubordinad02()
30 • FROYIÅN

Véase Fernando Burgos, Vertientes de la modernidad hispanoamericana,


Caracas, Monte Ávila Editores, 1992, pág. 30. Por supuesto, que a través de sus
personajes Jos modernistas expresaban su propio ideal, como lo demuestra [a
galería de escritores r' que presenta Rubén Darío en Los raros, donde todos sufren
un conflicto con su mundo, todos se distinguen de Io genérico y de Io vulgar.
ALMAS TRÁGICAS • 31

Esa condición de "raro" no impide a Julio Herrera penetrar


en "los bajos fondos", para tomarse una cerveza o Jugar al
billar y escuchar las conversaciones de esos personyes que el
narrador califica "de inteligencias vulgares y que pertenecen
al "Club de Amigos'
Agradábale, a veces, oír las discusiones que se
suscitaban entre ellos, sobre asuntos superficiales,
incapaces de ocupar la atención de un hombre de
talento; o sobre temas demasiado elevados para que
pudieran comprenderlos sus cabezas vacías.
—iHombre l. —decía Luis Romero, jovencillo
imberbe y demacrado—figúrate que ayer hubo quien
me aseguraba que Rubén Darío es mejor poeta que
Batres Montúfar21 ¿Has visto?
Y su naricilla se crispaba cómicamente, en señal de protesta.
—No me extraña que lo diga algún bardo decadente, de esos
que escriben cosas que no se entienden. Yo nunca he podido
leer los disparates que escribe ese Darío, que me parece
inferior a todos tos poetas que contiene la Galería de don
Ramón Uriarte. ¿No te parece Julio?
—Estoy en un todo de acuerdo contigo.
Y Julio se quedaba mirando al que le interrogaba,
conteniéndose para no abofetearle. Con aquellos bárbaros
lo mejor era estar siempre de acuerdo, o reventarlos,
echándoles en cara su ignorancia y su vulgaridad [...] .

José Batres Montúfar (1809-1844). Político, ingeniero. poeta y narrador.


Aunque nació en San Salvador, su permanencia en Guatemala le valió para ser
considerado en este país el poeta nacional del siglo XIX. De sus libros destacan
Tradiciones de Guatemala (1845) y su breve obra lírica Yo pienso en ti (1 845).
TURC[os
32 • FROYIÅN

Hablarles del nuevo movimiento literario, quererles


explicar lo que es el modernismo, habría sido como dirigirles
un discurso en hebreo [I parte, cap. VI
Cuando Julio se cansaba de oír sus charlas pueriles,
tomaba su sombrero y su bastóó y arrojando la ultima
bocanada de humo, se retiraba sin saludar.

En este fragmento ya se plantea el conflicto vivido a finales de


siglo entre los que seguían apegados a la literatura tradicional y
los considerados en forma despectiva "decadentes". En un estudio
de Carlos Lozano se pueden encontrar claros ejemplos de la feroz
campaña que se desató contra el modernismo, que, según observa
el autor, llegó a considerarse como movimiento hasta 1899, pero
todavía hasta 1913, a escritores como Darío se les seguía
llamando "decadentes Si bien, como demuestra Lozano, el
término "decadente se volvió un lugar común en España al
referirse a la obra de Rubén Darío, y a los que se enfilaban en el
modernismo, en Centroamérica también existía una crítica
antimodernista del mismo estilo. Después de la publicación de
Mariposas (1896), a Turcios se le acusÓ de "decadente" , desde
diarios

Resulta inverosímil que en la Tegucigalpa de principios del siglo XX, los


hombres utilicen los bares o los salones de billar para discutir sobre literatura.
Éste será sólo un pretexto más de Turcios para incluir dentro de esta novela
otro conflicto; el de las estéticas de fin de siglo con el romanticismo.
ALMAS TRÁGICAS • 33
23
Esto coincide precisamente con la segunda visita de Rubén Darío a España.
Véase Carlos Lozano, La influencia de Rubén Darío en España, León, Editorial
de la UNAN, [978, pág. 137.

de Guatemala y de Honduras24 . Nada casual, entonces, que el


hondureño utilizara el espacio que le permitía una novela de
folletín para defenderse de sus detractores, y para defender una
estética en la que ya se había iniciado. Por eso no resulta extraño
que en el personaje de Julio aparezca proyectada la figura del
dandy, en quien para Arnold Hauser se reúnen todas las
características del gentleman: «es capaz de afrontar toda
situación y nunca se sorprende por nada, nunca se vuelve vulgar
y conserva la fría sonrisa del estoico»25 Igual actitud asume Julio
cuando después de escuchar estoicamente las "conversaciones
pueriles" sobre literatura, toma su sombrero y su bastón, lanza
una última bocanada de humo y se marcha sin saludar.
En el capítulo VII de la primera parte aparece otro personaje
que se convertirá en protagonista del segundo triángulo
amoroso, y que parece representar, al igual que Julio Herrera, el
"alter ego" de Turcios. Se trata de Rafael Mendoza, un

Por gemplo, al referirse a Mariposas, un crítico anónimo guaternalteco


consideraba laudable que Turcios ocupe "sus socios en el cultivo de literatura
decadente en un país donde hace poco andaban a tiros y a cuchilladas",
Anónimo, "Mariposas", de El Mensajero de Centroamérica, reproducido en
El 5 de Julio: órgano del Partido Liberal, [Tegucigalpa) núm. 72, 2 de mayo
de 1896, pág. 9.
Hauser agrega: "La elegancia del vestido, el melindre en las maneras, el
rigor mental son sólo la disciplina externa que los miembros de esta alta
orden se imponen a sí mismos en el mundo vulgar del presente; lo que
interesa en realidad es la íntima superioridad e independencia, la carencia
práctica de objetivos y el desinterés por la vida y por la acción". Véase
34 • FROYIÅN
Arnold Hauser, Historia social de la literatura y del arte, vol. III, Madrid,
Guadarrama, 1974, pág. 243.
TURCIOS

joven de 27 años que viene huyendo de Argentina, donde ha


matado alevosamente a su esposa y al amante de ella, secreto
que sólo confesará a su amigo Julio hasta bien avanzada la
novela. A Rafael el narrador lo describe como
un caso psicológico digno de estudio. En su personalidad
había mucha gracia femenina26 , en antítesis con su alma varonil.
Poseía una imaginación fastuosa, una irisada fantasía, llena de
claros de luna y de nieblas errabundas. Su poesía, de un
refinamiento exquisito, de una absoluta elegancia, había
sugestionado, había embriagado a muchas almas enfermas de
ideal; y su prosa, de vibraciones cristalinas, de deleitosas
mústcas, de ásperas sonoridades, seducía, encantaba a los
espíritus superiores [...]. Arnaba Rafael esos finos ingenios
parisienses, saturados de un refinamiento enfermizo, casi
doloroso; pero de un encanto más dulce que una caricia
femenina- [...]. Y él, con su alma intensa, con su espíritu en que
vibraba• una alma sonora, sentía la nostalgia de las almas y los
espíritus de aquellos artífices que poblaban de líricos gemidos,
de lamentos quejumbrosos, ef encantador París de [a decadencia.
El mismo se consideraba parisiense [l parte, cap. XI).

No puede ignorarse el énfasis que el narrador señala en la


poesía de Rafael, de la cual destaca "el refinamiento exquisito",
o cuando identifica al personaje con los "finos ingenios

' Esa "gracia femenina" que el narrador señala en Rafael, parece responder
a un tópico de fin de siglo. En Los raros, Darío, al referirse al poeta cubano
muerto en París, Augusto de Armas (1869-1893), se conduele de él con la
ALMAS TRÁGICAS • 35
siguiente expresión: "iPobre Augusto de Armas! delicado como una mujer,
sensitivo, iluso...". Rubén 'Darío, "Augusto de Armas' , en Los raros, Obras
completas vol. II, Madrid, Afrodisio Aguado, 1950, pág. 392.

parisienses saturados de un refinamiento enfermizo" del "París de


la decadencia". Todas estas expresiones indican cuán atraído se
sentía Turcios por los decadentes franceses, lo que también queda
constatado en el homenaje que dedica a Los raros (1896) de
Rubén Darío, en Renglones (1899) 27 . Además, si como afirma
Gutiérrez Girardot, que «los modernistas se sentían tan alejados
del entorno burgués que optaron por introducirse como
personajes de sus propias narraciones, produciendo la «novela de
artistas» al estilo europeo» 3 , no cabe duda de que Rafael
representa el ideal artístico de TurClos, y que, con este personaje,
Almas trágicas adquiere ese carácter de la novela de artistas. En
Rafael se encuentran resumidas todas las características del poeta
modernista, por ser un "caso psicológico", es decir, "el raro", el
escindido de lo genérico; el conflicto con su medio que enfrenta
el personaJe por su poesía "de un refinamiento exquisito' y su
prosa "de deleitosas músicas' ; porque "amaba París, y él

Entre otras cosas, tl hondureño dice de la obra de Darío: "Esas biografías


profundamente sutiles, son mármoles cincelados por la mano divina de un artista
incomparable, en donde canta la palabra su himno de triunfo y la idea se desliza, ya
sonriente, ya picaresca, ya grave y terrible, ya irónica o dulcemente benévola, como
una libélula entre un boscaje de lirios y azucenas, o como un áspid deslizándose entre

3
Rafael Gutiérrez Girardot, El modernismo: supuestos teóricos, México, F.C.E.,
1988, pág. 75. Algunas de las narraciones de artistas que menciona Girardot son:
Amistad funesta (1885) de José Martí, De sobremesa (1887-1896) de José
Asunción Silva, Idolos rotos (1901) de Manuel Díaz Rodríguez y los cuentos
«El Rey burgués» y «El velo de la reina Mab» dcl Azul... (1888) de Rubén Darío.
36 • FROYIÅN
las rosas». Froylán Turcios, "Los Raros" en Renglones, Tfgucigalpa, Tipografía
Nacional, 1899, pág. 37.
37 •

mismo se consideraba parisiense" y porque encantaba a los


espíritus superiores". Este último rasgo ha sido observado por
Juana Martínez, como muy típico de los escritores
modernistas, que el sentirse parte de una casta superior los
lleva también a distinguir entre los personajes de sus cuentos
entre dos clases: «los vulgares, "raza de lacayos incapaces de
nobleza" y los poetas y escritores en general, tesoro espiritual
de la sociedad materialista burguesa con aspiraciones
superiores e ideales sublimes»». De allí que el narrador, al
sentirse identificado con los personajes Julio y Rafael, señale
a uno como raro' y a otro como "un caso psicológico
mientras valora a los adversarios del modernismo como
"bárbaros", "de inteligencias vulgares .
Otro aspecto que merece atención sobre Rafael es su'
procedencia de Argentina, lo que representa un elemento
simbólico en la novela; recuérdese que ese país proyectaba
una gran influencia cultural en el resto de Hispanoamérica,
allí incluso trabajaba Rubén Darío para el diario La Nación.
Julio conocía ya los poemas de Rafael, por lo que en
seguida se produce una gran amistad entre ellos. Esto permite
el encuentro del poeta argentino con la hermana de Julio,
Adela, que «entretenía sus ocios leyendo libros útiles y
agradables, ejercitándose en el piano y cultivando flores
extrañas y delicadas». A través de Julio, Rafael también ac-

-9 Juana Martínez, "El cuento hispanoamericano del siglo XIX", en Cedomil


Goic, Historia y Crítica de [a Literatura Hispanoamerzcana: del romanticismo al
modernismo, vol. II, Barcelona, Editorial Crítica, 1986, pág. 241.
ALMAS TRÁGICAS • 38

cede a la familia de Luciano, y en poco tiempo se convierte


en tutor de Hortensia: «La hacía leer, durante un largo rato,
páginas magistrales de los grandes maestros contemporáneos,
para afinar sus oídos en las armonías del estilo. Ya eran prosas
francesas de fastuosas resonancias: ya versos castellanos,
sonoros y límpidos». Obsérvese aquí otra proyección de
Turcios a través de Rafael, en quien imprime su ideal estético,
en cuanto a su preferencia por cierto tipo de lecturas.
Al inicio de la segunda parte, Rafael se ve involucrado en
una riña con los tipos del "Club de Amigos". Julio acude en
su auxilio, y en una acción heroica salva la vida a Rafael, pero
recibe una herida de bala. Durante la convalecencia de Julio,
el poeta argentino permanece mucho a su lado, lo que
propicia el enamoramiento de Adela. Sin embargo Rafael
estaba enamorado de Hortensia, que para entonces ya había
alcanzado los quince años, y que corresponde a los amores
del poeta. Al darse cuenta los padres de Hortensia, no sólo
dan el consentimiento, sino que sin demorarse mucho
arreglan todo para la boda de su hija. Y he aquí otro tópico en
el que cae Almas trágicas, cuando, como en toda novela por
entregas, los protagonistas centran su máxima aspiración en
el matrimoni030 La noticia del matrimonio de Rafael y
Hortensia provoca el suicidio de Adela. A causa de esta
tragedia la madre de Julio cae enferma, y en estado de fiebre

Véase Ángeles Carmona González, La mujer en la novela por


entregas... , op. cit., pág. 77. También la autora señala que en la novela
por entregas la edad propicia para el matrimonio está comprendida entre
los 15 y los 20 años, que coincide con la edad que ha alcanzado Adela.
39

• FR0YMN TURCIOS

confiesa que su verdadero padre es Julián, que era amigo


del padre de Julio. Con esta confesión,' las cuentas
morales de madre e hijo quedan saldadas, ya que ambos
han incurrido en adulterio.
En el comienzo de la tercera parte, Alicia se da cuenta que
está embarazada, producto de sus relaciones con Julio, pero
este hecho anuncia una nueva tragedia: en el parto muere ella
y su hijo, con lo que se cumple otra de las fórmulas de la
novela por entregas: cuando la mujer incurre en el
'pecado" del adulterio, «no hay penitencia posible, sólo
la muerte de la protagonista puede pagar tan enorme
yerro» 4 castigo desproporcionado en el que se encuentra
implícita la intención moral del autor de contribuir a
reafirmar los valores cristianos y sociales.
Para sumarse a esta cadena de tragedias en el capítulo tres
de la tercera parte se le anuncia a Rafael que viene en camino,

4
La autora señala que todas las novelas por entregas suponen un ataque a]
intento de emancipación femenina, y que por lo tanto desean "eliminar las
ansias liberizadoras que juzgan peligrosas" en la mujer. Ibídem., pág. 107.
Ese ideal romántico de "morir por una causa noble", fue expresado también
por el propio Turcios. En una entrevista de 1922, ante la pregunta del
periodista mexicano Juan de Dios Bojorquez, ¿Cómo le gustaría morir? , el
poeta contestÓ: "iExcelsior! iDesearía monr en un acto de heroísmo y de
bellaa por una causa noble!". (Entrevista de Juan de Dios Bojorquez, Revista
de revistas...» 10c. cit., pág. 6). En otra entrevista de 1926, para la revista
40

a satisfacer su venganza, Alberto Méndez, hermano del


hombre a quien el poeta había asesinado. Julio, que se halla
al borde del suicidio, ve la oportunidad de «morir [...] por una
causa noble, que hiciera fecunda su muerte» 32 Así,
ALMAS TRÁGICAS • 41

decide salvar a Rafael y enfrentar a Méndez; sin embargo,


cuando se dispone a hacerlo, se le avisa que Rafael ya ha
salido al encuentro de su enemigo. Después de una
desesperada carrera a caballo, Julio encuentra a Rafael, pero
ya es demasiado tarde: su amigo ha sido asesinado.

IV. El oscuro erotismo: la estética decadente


SE ENTIENDE COMO DECADENTISMO LA
TENDENCIA LITERARIA asociada con cierta sensibilidad
de fin de siglo, en la que se produjo una erótica ligada a
algunas manifestaciones perversas. La crítica sitúa a la novela
rebours (1884), del francés Joris-Karl Huysmans (1848-1907)
como "la enciclopedia del gusto y la ideosincracia decadentes
[donde aparece] una psicología —o mejor psicopatología— y
una estética de la decadencia" 33 De acuerdo con Lily Litvak,
esta estética finisecular «se entregó a los mil y un refinamientos
voluptuosos de la perversidad» 34 y entre las

Renovación, de Tegucigalpa, ante la pregunta ¿Otras inquietudes?,


Turcios contestó: "Yo quisiera morir en un acto de valor y hermosura,
dejando un recuerdo de imperecedera admiración". Froylán Turcios, "Mis
charlas", en Ariel, núm. 23, 15 de mayo de 1926, págs. 523-524.
Véase Matei Calinescu, Cinco caras de la modernidad, Madrid, Tecnos, 1991, pág.
169.
Véase Lily Litvak, Erotismo fin de siglo, Barcelona, Casa Editorial
Bosch, 1979, pág. 125. El libro de Mario Praz, La carne, la morte e il
42 • FROYIÅN
diavolo en la literatura romantica (1 930), contiene un estudio muy amplio
sobre la
TuRc10s

tendencias más comunes señala el sadismo, el masoquismo, la


algofilia, la necrofilia, el fetichismo, el incesto y la atracción por
la mujerfatal.
Por muy románticos y conservadores que resulten los
planteamientos de Almas trágicas, con sus historias de
matrimonios arreglados, infidelidades penalizadas, mensajes
moralizantes, amores imposibles y desenlaces trágicos, existe en
ella un morboso erotismo, en su dinámica amor-muerte, que ya
aparecía reflejado en Mariposas y Renglones: la necrofilia. El
tema de la necrofilia fue tratado por autores como Baudelaire en
el soneto "Les deux bonnes", de Las flores del mal ( 1855),
donde se alude a los "placeres del féretro y de la alcoba". Sin
embargo, una obra que seguramente influyó mucho en los gustos
necrófilos de fin de siglo fue lá novela corta La morte amoureuse
(1836), de Théophile Gautier, en la que se narran los amores
vampirescos de un mortal con una cortesana de ultratumba
llamada Clarimonde. Hay un momento en que el protagonista de
esta narración, un joven monje, se ve subyugado por la belleza
de la muerta y por los impulsos eróticos que ella le provoca:
La perfección de fas formas, aunque purificada y
santificada por la sombra de la muerte, me turbaba más
voluptuosamente de lo que sería normal, y ese reposo se
parecía tanto a un sueño que cualquiera podría haberse

literatura decadente europea en la que salen •a relucir, entre otros temas,


muchas de las perversiones relacionadas con lo erótico. Los autores más
ALMAS TRÁGICAS • 43
citados por Praz son: Poe, Baudelaire, Gautier, El marqués de Sade, Jean
Lorrain, Huysmans, Swinburne, Rossetti y D'Annunzio, entre otros.

confundido. Olvidaba que había ido allí para un oficio


fúnebre, e imaginaba que era un joven esposo entrando en
la habitación de ka recién desposada, que esconde su rostro
por pudor y no quiere dejarse ver [...]. La noche avanzaba
y, sintiendo que se acercaba el momento de la separación
eterna, no pude negarme la triste y suprema dulzura de
depositar un beso sobre los labios muertos de la que había
poseído todo mi amor".

Según el Diccionario de uso del Español actual, se entiende


por necrofilia la «afición o gusto por la muerte» y «la atracción
sexual hacia los cadáveres y su contacto»36 . En Almas trágicas
se cumplen esas dos acepciones, manifestadas en el gusto
morboso por la muerte o hacia los muertos. En el primer caso,
aparecen los siguientes ejemplos:
l . Al darse cuenta Julio de que su amor hacia Alicia, "era un
imposible": "Una intensa melancolía le invadió de repente: una
de esas bruscas tristezas que caen sobre el ánimo,
impregnándolo de intenso deseo de morir, de descansar para
siempre bajo la tierra compasiva de los cementerios" [I parte,

2. Y cuando Alicia le pregunta a Rafael si había amado


mucho, él contesta: "Ahora... no tengo corazón. O si lo tengo,
duerme bajo un helado sudario, como los cadáveres [I
parte, cap. X].
44 • FROYIÅN
Théophile Gautier, La muerta enamorada, en Muertas enamoradas: relatos fantásticos.
traducción de Marta Giné, Barcelona, Lumen, 1999, pág. 70.
Diccionario de uso del Español actual, Madrid, Ediciones SM» 1996, pág.
1261.
45 • FROYEÅN TURCIOS

3. Más adelante, Julio le confiesa a Alicia: iMi


pasión es más grande que el tiempo y que la muerte; y en
el fondo de la tumba las frías oquedades de mi cerebro
se llenarían de células amorosas para soñar contigo en la
eternidad!" [11 parte, cap. 111].
4. Y Rafael, el artista de la novela, escribía "páginas
adorables en que la agonía de la tarde se mezclaba a la agonía
de las almas desoladas, de las almas trágicas, que buscaban
en los solemnes silencios nocturnos, la imagen y el silencio
de los helados sepulcros" [II parte, cap. VI].

Cementerios, cadáveres, tumbas, sepulcros, todo un


campo semántico asociado con la muerte, y que el
narrador parece presentar con delectación. Peru hay
más, y aquí la necrofilia se presenta en la forma más
cruda y más morbosa, enlazada directamente con lo
sexual, a la manera de Gautier en La morte amoureuse o
de Baudelaire en "Les deux bonnes". Rafael narra a Julio
lo que hizo después de haber matado a la esposa y al
amante de ella:

Levanté suelo e] cadáver de Pablo y lo arrojé sobre el sofá


en que estaba el de mi esposa. Junté sus dos cabezas. Ambas
tenían los ojos abiertos. Yo estreché la mano derecha de
Pablo, como en nuestras despedidas fraternales: después me
incliné sobre la adúltera y besé sus labios fríos... Y las cuatro
pupilas cristalizadas parecía que me miraban irónicamente [ll
parte, cap. XI].
46 • FROYEÅN TURCIOS

En esta escena, mezcla de sadismo y erotismo, Rafael con


la frialdad enfermiza del asesino, asume la venganza más
TRÁGICAS • 47
AINAS

allá de la muerte, al estrechar la mano de su ex—amigo y


besar los labios de su esposa, como un gesto de ironía para
recordarles su traición.
Otro ejemplo de necrofilia asociada con erotismo se da
cuando Julio, desesperado ante el cadáver de Alicia: "Se
acercó a la muerta y besó sus labios glaciales, con un beso
desesperado, en que iba todo su inmenso dolor, todo el
horrible desgarramiento de su ser; pero ella no se estremeció,
ni entreabrió las esmeraldas de sus ojos" [III parte, cap. VIII]
.
Esa unión paradójica y monstruosa del amor y de la muerte
respondía a una estética de aquella época37 , estética que por lo
visto también gozaba de un público que la consu mía con
fruición. Como se señaló anteriormente, en el Diario de
Honduras, donde Turcios da a conocer esta novela, solían
aparecer notas rojas donde se narraban con morbosidad crímenes
horrendos, sobre todo de carácter pasional. Es posible que a falta
de entretenimiento, y de lo caro que resultaba comprar un libro o
asistir al teatro, ya que por entonces no había aparecido ni el cine
ni la radio, la gente se deleitara leyendo notas rojas en los
periódicos38

trataba, según cita Litvak una declaración de Santiago Ruseñol en 1 893, de


"arrancar de la vida, no los espectáculos directos, no las frases vulgares, sino las
visiones relampagueantes, desbocadas, paroxistas; traducir en locas paradojas las
eternas evidencias, vivir de lo anormal y de lo inaudito, contar los espantos de la
razón asomada al borde del precipicio". Véase Lily Litvak» Erotismo fin de
siglo..., op. cit., pág. 100.
48 • FROYEÅN TURCIOS
"8 Sobre la influencia que gerció el dramatismo con que se narraban los
crímenes, sobre todo pasionales, en la literatura del fin de siglo,
particularmente en Buenos Aires, Francine Masiello opina que la neurosis
y

Por otra parte, debido al carácter romántico de esta novela, y la


sucesión de sus acontecimientos hacia lo trágico, el color que
predomina es el negro, como símbolo de la fatalidad. Hortensia
tenía "negros ojos melancólicos"; Julio juzga el matrimonio
forzado de Alicia como un ' crimen negro Rafael "vestía de
negro" y escribía "el saludo fúnebre a los negros lutos de la
noche"; la muerte de Alicia formó en Julio "el prólogo del libro
negro de su existencia"; y al morir Alicia fue vestida con un
"severo traje de negro". Este color contrasta con los matices
claros y luminosos en que se reviste una descripción como la
siguiente, cuando el narrador capta la imagen del jardín39 que
se abre ante Julio, al abandonar su estado de convalecencia:
Una parvada de clarineros bulliciosos picoteaba las cortezas de
oro de las naranjas y multitud de gorrioncillos azules y pardos
metían los largos aguijones en los pequeños huecos de los cálices.
La luz de un sol de abril ponía claras ondulaciones sobre la intensa
verdura de las hojas, haciendo brillar el rocío como temblorosos
diamantes. Bajo el dombo del cielo —de un azur profundo— la
naturaleza tenía

los crímenes sexuales que entraban con frecuencia en la discusión finisecular,


generaron en la literatura v en los diarios la necesidad del melodrama. En los
diarios, señala, "el cronista explica el crimen como si fuera una fábula de
horrores", mientras todo esto anuncia "la corrupción de la nueva sociedad y la
corrupción del Estado"- Véase Francine Masielfo, "Horror y lágrimas: sexo y
nación en ta cultura del fin de siglo", en [Link]. Esplendoresy miserias del
ALMAS TRÁGICAS • 49
siglo XIX. Cultura y sociedad en América latina, Caracas, Monte Avila
Editores, 1994, págs. 459-470.

El "jardín' , que aparece mencionado varias veces en Almas trágicas, era considerado
uno de los motivos más usuales de ia estética modernista.

estremecimientos hondos. En la atmósfera —poblada de


átomos brillantes, de cantos y rumores, flotaba el alma de
todas ias caricias, de todas las esperanzas, de todas las
ilusiones [ll parte, cap. III].

Esa captación de colores y sonidos, esa naturaleza vivaz y


luminosa, poblada de emociones, sobre la cual, como apunta
Peñaranda Medina, el escritor «adopta la mirada del pintor y
hace de su pluma un pincel»5 , demuestra inmejorablemente el
hábil manejo de la prosa artística en Turcios. Más allá de lo
anecdótico y de los formalismos románticos, destaca el interés
del autor por dar a cada frase la perfección, el color, el sonido y
el símbolo que los modernistas buscaban afanosamente. Sin
duda, esta narración constituye uno de los grandes logros de
Turcios, y será un pilar fundamental para su narrativa posterior.

5
Rosario Peñaranda Medina, La novela modernista hispanoamericana, Valencia,
Universitat de Valencia, 1994, pág. I l l .
50 • FROYEÅN TURCIOS

Noticia biográfica
FROYLAN TURCIOS NACIÓ EN LA CIUDAD DE
JUTICALPA, departamento de Olancho, en 187441 Aunque
perteneció a una acomodada familia que se dedicaba a la
exportación de ganado a Cuba y a Puerto Rico, a la edad de
16 años el joven Froylán se vio obligado a emigrar a
Tegucigalpa, debido a la ruina económica que tuvo que
afrontar la familia Turcios-Canelas y que los obligó a
deshacerse de sus propiedades para poder cancelar las deudas
contraídas42

41
En 1900, en el volumen de poesía del libro Honduras Literaria,
aparece 1875 como su fecha de nacimiento. Véase Rómulo E. Durán,
Honduras
Literaria: poesía, vol. III, Tegucigalpa, Ministerio de Educación Pública,
1957, pág. 75. Es posible que a esto se deba la confusión sobre la fecha
de nacimiento de Turcios. Otro libro de 1973, sobre escritores
americanos, señala también 1875 como su año de nacimiento. Véase
Meoño Vincenzi, 50 figuras literarias de América, San José de Costa
Rica, s. e. , 1973. En 1 963, Salvador R. Turcios ofrece el texto de la
partida de nacimiento de Froylán Turcios, donde aparece 1874 como el
año de su nacimiento. Véase Salvador R. Turcios, "Síntesis biográfica de
Froylån Turcios", revista Ariel, [Tegucigalpa], III etapa, noviembre de
1964, pág. IO. En otro artículo sobre Turcios, Víctor Cáceres Lara, ofrece
al final la copia de la partida de nacimiento de Froylán Turcios, donde se
establece 1874 como la fecha de nacimiento del poeta. Véase Víctor
Cáceres Lara, "Froylán Turcios", Ariel, abril de 1973, pág. 19.
ALMAS TRÁGICAS • 51

Tegucigalpa, para ese entonces, se había convertido en el


principal centro económico, político y cultural del país, y
aunque el poeta luchó por abrirse un espacio, al final logró
colocarse como encargado del despacho de la
correspondencia personal del señor Pedro J. Bustillo,
ministro de Instrucción Pública; esto le permitió asistir a las
clases en el colegio El Porvenir. Allí mismo se fundó la
sociedad literaria El Porvenir, de la que Turcios fue electo
presidente.
Pero, ¿de dónde le viene a Turcios el afán por el oficio
literario? En sus Memorias relata que a los nueve años ya
devoraba la biblioteca de su casa y que, a él y a Lalita —su
hermana—, un amigo de su padre les puso a su disposición una
rica biblioteca de autores franceses, rusos y alemanes. Pero
es probable que su vocación por la literatura y la revolución
provenga de su tía-abuela, María Antonia Valenzuela: «dama
de notable ingenio, que hizo representar en Juticalpa dramas y
comedias, que escribía versos, y que fue la más ferviente
impulsora del movimiento revolucionario contra

42
El hecho de pasar de la prosperidad a la ruina aconteció también a
otros modetnistas como José Asunción Silva, Julián del Casal y Julio Herrera
y Reissig. Pero, curiosamente, con el caso que más se asemeja el de Turcios
es con el de Silva. Los dos procedían de familias de comerciantes, los dos
trataron de sacar a flote la economía familiar, los dos ejercieron el servicio
diplomático; después de perder a sus madres» los dos tuvieron una hermana
de la que dependieron afectivamente, y los dos sufrieron, con un dolor
inconsolable, la muerte de esa hermana. A este respecto, véase Jean Franco,
"Los múltiples aspectos del modernismo", en Historia de la Literatura
Hispanoamericana, Barcelona, Ariel, 1993, pág. 135.
52 • FROYEÅN TURCIOS

el despotismo de Medinón»67 . El estímulo que recibió de su


maestro de escuela, el cubano Francisco de Paula Flores,
pudo haber sido un factor muy importante en la formación
intelectual del poeta8
En 1894 Turcios, con el apoyo del presidente Policarpo
Bonilla, funda el semanario cultural El Pensamiento, donde
participan como colaboradores activos el poeta José Anconio
Domínguez y la escritora Lucila Gamero. El Pensamiento
alcanzó los 77 números, entre 1894 y 1896, y se convirtió en la
revista cultural más importante del fin de siglo hondureño. En
sus páginas Lucila Gamero dio a conocer gran parte de sus
cuentos, y aparecieron por primera vez los textos con que Turcios
daría forma a su primer libro de prosa y verso, Mariposas (1896).
En 1899 publica su segundo libro, Renglones, con el que
logra alcanzar una prosa más sólida y, como él mismo lo
expresa, más "varonil". En esta obra ya se perfila mejor la
vocación modernista del poeta y su inclinación por el oficio
periodístico. En 1900, año en que aparece la novela-folletín
Almas trágicas, funda la Revista Nueva, que puede considerarse
como la primera publicación modernista de Honduras y con la
que el poeta logra el

6
Froylán Turcios. "Una ofensa sin perdón", Ariel, núm. 24, 15 de agosto de
7
, pág. 643. El Medinón a quien se refiere es a José María Medina (1826-1878),
caudillo olanchano que en 1875 llegó a ejercer despóticamente la presidencia.
8
En 1895, Turcios reconocía la labor de su maestro con frases como las
siguientes: "Todos los jóvenes de nuestro departamento que han conquistado un
título de honor, fueron sus discípulos". Véase Froylån Turcios, El
Pensamiento, [Tegucigalpa], núm. 43, IO de agosto de 1895; pág. 337.
ALMAS TRÁGICAS • 53

renombre internacional que le permite relacionarse con


autores como Rubén Darío, José Santos Chocano, Amado
Nervo y José María Vargas Vila. Aunque el último número
de la Revista Nueva aparece en 1903, es en estas páginas
donde Turcios da a conocer los cuentos y las prosas que
aparecerán en uno de sus mejores libros, Hojas de otoño
(1904). En 1910 publica en Tegucigalpa la novela El
vampiro, a la que seguirá la novela corta Elfantasma blanco
(1911). En 1911 también publicó Tierra maternal, un
volumen de poemas y relatos de corte regionalista. En 1914
retoma el estilo modernista y publica Prosas nuevas, donde
el autor demuestra ser uno de los grandes cuentistas
hispanoamericanos.
En 1915 publica el poemario Floresta sonora, un texto donde
se expresa el colorido, la musicalidad y el verso refinado,
cualidades que destacan en la estética del modernismo. Sin
embargo, la narrativa fue el género en que sobresalió Turcios,
y, aunque sólo llegó a publicar dos novelas, existen otras como
Flor de sangre (1904) , Annabel Lee ( 1904) , La cacería del
hermano (1925) y Adonáis (1937), que sólo quedaron como
tentativas de novelas, ya que de ellas únicamente se conocen
fragmentos45

Los fragmentos de Flor de sangre titulados "Diario de Andrés N*" y "Hora


divina" aparecieron primero en la Revista Nueva [Tegucigalpa] núm. 44, I de
septiembre de 1903, págs. 422-424; después, fueron publicados en Hojas de
otoño (1904), págs. 215-219 y 231-233. El capítulo X de La cacería del hermano
54 • FROYEÅN TURCIOS

apareció en la revista Ariel [Tegucigalpa] I etapa, núm. 8, 30 de junio de 1925,


págs. 169-170. El fragmento "Un hotel en El Cairo", de la
55 • FROYEÅN TURCIOS

Como animador cultural, debe tenerse presente que


Turcios fue director de una de las revistas más prestigiosas
del continente: Esfinge (1905-1917), donde logró demostrar
su buen gusto como editor y como antólogo de las mejores
plumas de la literatura universal. La incansable labor de
Turcios como director de revistas, aun en condiciones
verdaderamente hostiles a la labor cultural, lo convierten en
uno de esos "próceres" literarios que los siglos tardan en
producir en la árida tierra hondureña. No resulta extraño que
el crítico norteamericano Body G. Carter considere a Turcios
como «el más enérgico animador del periodismo literario de
Honduras, durante y después de la segunda etapa del
modermsmo»46
En la década de 1920 Turcios se dedicó casi por entero a
luchar por la autonomía de los pueblos hispanoamericanos,
frente a la política cada vez más agresiva de los Estados
Unidos. Entre 1922 y 1923 dirige la revista Hispano-amâca,
desde cuyas páginas defiende la soberanía de Nicaragua
ante la ocupación de militares norteamericanos. En 1924
logra movilizar a muchos de sus compatriotas contra la
invasión

novela Adonáis apareció en Ariel [San José de Costa Rica] II etapa, núm.
7, I de diciembre de 1937, págs. 204-205.
46
Carter resume la labor cultural de Turcios, con la dirección de las
siguientes publicaciones periódicas: Lajuventud hondureña ( 1890-1897),
Revista Nueva (1901-1903), Ateneo de Honduras (1913-1326), Esfinge
(1916-1921), Hispano-américa (1922-1926) y Ariel (1925-1928). Véase
56 • FROYEÅN TURCIOS

Boyd G. Carter, Literatura hispanoamericana a través de sgs revistas,


México, Ediciones de Andrea, 1968, pág. 66.
ALMAS TRÁGICAS • 57

de soldados estadounidenses en suelo hondureño; de esta


campaña surge el Boletín de la Defensa Nacional, en el que
colaboraron, entre otros, Alfonso Guillén Zelaya y Visitación
Padilla. De 1925 a 1927, el poeta dirigió Ariel, una
publicación en la que dio a conocer internacionalmente la
lucha que sostenía Augusto Sandino desde las Segovias
contra el ejército de ocupación de Estados Unidos.
En 1929 el gobierno de Vicente Mejía Colindres decide
nombrar a Turcios como Encargado de Negocios en París. En la
capital francesa, el hondureño logra pub l icar con la editorial
"Le livre libre" los libros Cuentos del amor y de la muerte
(1929), donde reúne cuentos de Hojas de otoño, Prosas nuevas
y otros inéditos; Flores de almendro (1930), donde reúne
poemas de Hojas de otoño, Floresta sonora y otros inéditos; la
segunda edición de El vampiro (1931), y Páginas del ayer
(1932), donde reúne prosas y relatos de libros anteriores, más
otras prosas publicadas en revistas de Honduras y del extranjero.
En 1932 fija su residencia en Roma, donde permanecerá
hasta 1937, año en que decide volver a Centroamérica, pero
para radicarse en Costa Rica, país admirado y amado por el
poeta desde su primer viaje en 1895. En la capital
costarricense dirige la segunda etapa de la revista Ariel (
1937-1943). En estos últimos años Turcios enfrentó por
primera vez serias dificultades económicas, al grado de tener
que confesarle a su amigo, el político liberal José Angel
Zúñiga Huete, en 1940:
Cuando nos encontramos en la odiosa situación
económica limítrofe a la miseria, en que yo me hallo
actualmente, nos vemos con dolor anulados para toda
amplitud espiritual. Le digo esto porque, al enviarle Ariel,
58 FROYthN TURCIOS

jamás pensé cobrarle como suscriptor, como nunca he


cobrado un céntimo a ninguno de los hondureños a quienes
la remiro —exceptuando a los diplomáticos— y mucho
menos a Ud. —Pensé en el acto devolverle el cheque de
diez dólares que Ud. me envió para pagar la suscripción de
30 series, hasta el N O 90, todavía lejano. Y no lo pude hacer
porque. . . me duele decirlo, no tenía los colones que esa
misma mañana me reclamaba la cocinera para las compras
del mercado... Ya le devolveré, cuando deje de golpearme
la suerte, esos dólares. Entre tanto, gracias por.
eII s9

El 20 de noviembre de 1943 Froylán Turcios Carielas muere


en el Hospital San Juan de Dios, de San José de Costa Rica,
víctima de una diabetes crónica. Había cumplido 69 años de
edad el 7 de julio. Su cuerpo fue trasladado a Tegucigalpa, y
después sepultado en el Cementerio General de Comayagüela,
donde descansa al lado de la tumba de otro insigne poeta y
amigo suyo, Juan Ramón Molina.
En las páginas de la revista Ariel había elaborado su propio
epitafio, firmado con el sugerente seudónimo de "Gaspar de la
Noche" 48 '
Nacido en un país bárbaro, donde los hombres portan
pistolas en los bailes y se endiosa a los matadores de hermanos,
su refinado espíritu y su maravilloso don mental, su virtud

9
Froy[án Turcios, Cartas y amoríos, edición de Raúl Gilberto Tróchez,
Tegucigalpa, Editorial del Congreso Nacional de Honduras, 2001 , pág. 1 51 . 48
Este seudónimo, que Turcios utilizó en el diario Nuevo Tiempo y en la revista
Ariel, fue tomado del título de poemas en prosa Gaspard de la Nuit, del poeta
francés Aloysius Bertrand (1807-1841).
ALMAS TRÁGICAS • 59

cívica y su valor caballeresco despertaron el odio de las


mesocracias, la envidia de los plumarios, la hostilidad agresiva
de los inconscientes. Cinceló prosas profundas y versos
melodiosos; cultivó su YO Íntimo y su numen excelso.
Extranjero en su propia patria, vegetó en ella, murió en ella. y
nadie recuerda su nombre49

Aunque no murió en su patria, este epitafio resume


perfectamente el cometido de Froylán Turcios durante toda su
vida: cultivar la belleza en "un país bárbaro", donde el ritmo
violento y demoledor de las guerras civiles imponía su
ensordecedora sordidez a la música de las "prosas profundas y
versos melodiosos". En consecuencia, el "refinado espíritu' y la
"virtud cívica" del poeta resultaban opuestos a los "matadores
de hermanos' que se endiosaban con la conquista del poder. La
difusión de la cultura y de los valores cívicos de la paz y la
defensa de la soberanía ocuparon siempre la vida de Turcios; su
"yo íntimo" buscó constantemente su 'yo colectivo", y aunque
algunas veces esa búsqueda lo hiciera sentir que sólo araba en
el mar, ese mar también le seducía y en él murió trabajando.

José Antonio Funes


Tegucigalpa, abril de 2004.

19
Publicado en Ariel, núm 3, 15 de abril de 1925, pág. 53.
60 FROY[ÁN
• 'l 'ERC[os

Bibliografía de Froylán Turcios


Libros publicados

Novelas
Almas trágicas, Tegucigalpa, Diario de Honduras, mayojunio,
1900.
El Vampiro, Tegucigalpa, Tipografía Nacional, 1910; París,
Le Livre Libre, 1930; Tegucigalpa» Litografía López, 1990.
El Fantasma Blanco, Tegucigalpa, Tipografía Nacional, 191 1;
París, Mundial Magazine, 19 de noviembre de 1912, págs. 653-
662.

Poesía
Mariposas, Tegucigalpa, Tipografía Nacional, 1896.
Floresta sonora, Tegucigalpa, Tipografía Nacional, 1915.
Flores de almendro, París, Le Livre Libre, 1931.

Prosas
Renglones, Tegucigalpa, Tipografía Nacional, 1899.
ALMAS TRÁGICAS • 61
Páginas del ayer, París, Le Livre Libre, 1932; Tegucigalpa,
Secretaría de Cultura, Artes y Deportes, 2000.

Cuentos
Hojas de otoño, Tegucigalpa, Tipografía Nacional, 1904.
Tierra maternal, Tegucigålpa, Tipografía Nacional, 1911.
Prosas nuevas, Tegucigalpa, Tipografía Nacional, 1914.
Cuentos del amor y de la muerte, París, Le Livre Libre, 1929;
Tegucigalpa, Editorial de la UNAH, 1990.
Cuentos completos, Edición de Óscar Acosta, Tegucigalpa,
Edit. Iberoamericana, 1995.

Memorias
Memorias, Tegucigalpa, Editorial Guaymuras, 1980.

Epistolario
Cartas y amoríos, Edición de Raúl Gilberto Tróchez,
Tegucigalpa, Congreso Nacional, 2001.

Proclamas
Boletín de la Defensa Nacional (1924), Tegucigalpa, Editorial
Guaymuras, 1980.

Estudios sobre Froylån Turcios


ARITA PALOMO: Carlos Manuel, Vida y obra de Froylán
Turcios, Tegucigalpa, Editorial de la UNAH, 1983.
CÁCERES LARA, Víctor: "Froylán Turcios: un patriota
y un literato", Ariel, abril de 1973, págs. 9-19.
62 FROY[ÁN
CARIAS, Marcos: "Dos narradores hondureños: Froylán
Turcios y Víctor Cáceres Lara", Paraninfo [Tegucigalpa] núm.
9, julio de 1996, págs. 125-140.
• TURCIOS

ESCOTO, Julio: "En la búsqueda de Annabel Lee", en


Casa del Agua, Banco Central de Honduras, 1974, págs.
69-72.
FUNES RODRÍGUEZ, José Antonio: El modernismo en
Honduras: vida y obra narrativa de Froylán Turcios,
Universidad de Salamanca [Tesis Doctoral], 2003, 570
págs. GARCÍA CISNEROS, Francisco: "Five o'clock tea:
Leyendo a Turcios", Las Tres Américas, [Nueva York], núm. 40,
1896, p. 1042.
GUARI)IOLA, Esteban: "Hojas de otoño", Revista
del Archivo y de la Biblioteca Nacional de Honduras, vol.
I, noviembre de 1904, págs. 23-24.
LEÓN GÓMEZ, Alfredo: "Froylán Turcios", Prisma, núm. 1,
1985, págs. 37-38.
MARINI-PALMIERI, Enrique: "A pröpos de "Pareja
Exótica", de Froylán Turcios, ou de l'érotisme
paradigmatique", en revista Hispania [París], núm. XX,
septiembre de 1992, págs. 358-369.
MEDINA DURÓN: Juan Antonio, El tema de la muerte en la
novelística de Froylán Turcios, (Tesis de grado) Tegucigalpa,
Escuela Superior del Profesorado Francisco Morazán, 1973.
MEJÍA, Medardo: Froylan Turcios en los campos de la
estéticay del civismo, Tegucigalpa, Edit. Universitaria, 1980.
ALMAS TRÁGICAS • 63
"Una biografía de Froylån Turcios", El Día,
[Tegucigalpa], 12 de agosto de 1967, pág. 10.
MIOMANDRE, Francis: "Froylán Turcios", Ariel, III Etapa
[Tegucigalpa], agosto de 1968, págs. 10-11.

OQUELÍ, Ramón: "El inmenso yo de Froylán Turcios' ,


Prisma, [Tegucigalpa], núm. 23, págs. 17-19.
PACHECO, León: "La personalidad de Froylán Turcios' ,
Ariel, II Etapa, [San José de Costa Rica], núm. l l, I de febrero
de 1938, págs. 315-316.
RECINOS, Adrián: "El Vampiro", Ateneo de Honduras, núm.
46, marzo de 1923, págs. 1686-1687.
RODRÍGUEZ CERNA, José: "El Vampiro", Ateneo de
Honduras, núm. 47, I de abril de 1923, págs. 1737-1739.
SOTELA, Rogelio: "En el álbum de Amalia Sotela", en El
libro de la hermana, San José de Costa Rica, Imprenta María V.
de Linés, 1926, págs. 94-96.
TOVAR, Mariano: "Prosas nuevas", Ateneo de Honduras,
núm. 51, I de agosto de 1923, págs. 1954-1957.
TURCIOS, Salvador R.: "Síntesis biográfica de Froylán
Turcios'), Ariel, noviembre de 1964, pág. IO.
VALLE, Rafael Heliodoro: "El último libro de Turcios: El
Vampiro", Revista de la Universidad, Vol. II, [Tegucigalpa] ,
noviembre y diciembre del 910, núms. l l y 12, págs. 693694.
VINCENZI, Meoño: "Froylán Turcios", en 50 figuras literarias,
San José de Costa Rica, s. e. , 1971, págs. 70-71.
VINCENZI, Moisés: "Froylán Turcios en Costa Rica" ,
Revista de los Archivos Nacionales de Costa Rica, núms. 1 1 y
12, noviembre y diciembre de 1944, págs. 570-571.
64 FROY[ÁN
Froylán Turcios: Su vida y sus obras, San José de
Costa Rica, Imprenta María V. de Linés, 1921.
"La muerte de Froylán Turcios ', en Ariel, núm.
149, 15 de diciembre de 1943, pág. 5660.
Primera parte
TRÁGICAS 68
AINAS •

1
LA LUMBRE ANGUSTIOSA DEL CREPÚSCULO
AGONIZABA EN EL ocaso. Largas cintas lívidas cruzaban
el horizonte, invadido por las primeras sombras de la noche.
El silencio tendía sus grandes alas misteriosas...
Julio concluyó su lectura casi en la obscuridad. Era un
poema satánico, impregnado de dolor y de ironía: un triste
canto de blasfemia, en el que se mezclaban sonrisas de piedad
y lágrimas coléricas, celestes esperanzas y hondas dudas
maldicientes.
Deslizó el libro en uno de sus bolsillos y con paso de
sonámbulo se dirigió a la ciudad. Las luces amarillas de los
faroles brillaban en las calles lóbregas. Caminaba lentamente,
con el pensamiento perdido en divagaciones extrañas, cuando
una vocesita musical, que le saludó desde una ventana, le hizo
volver a la realidad. Él contestó al saludo con una frase
cariñosa y llegó a su casa, obsesionado por aquel acento
argentino, que vibraba en su alma como una campana de
cristal. Una intensa melancolía le invadió de repente: una de
esas bruscas tristezas que caen sobre el ánimo,
ALMAS TRÁGICAS 69
impregnándolo de intenso deseo de morir, de descansar para
siempre bajo la tierra compasiva de los cementerios.
FROYLAN

Ya en su cuarto, encendió la luz y sentado frente a su


escritorio, con la cabeza entre las manos permaneció largo
rato, sumergido en un desconsuelo mudo. No salió una
lágrima de sus ojos, ni se contrajo un solo músculo de su
rostro: sólo en la actitud se revelaba su dolor íntimo y
profundo.
—iJulio!, oyó decir a su espalda, al mismo tiempo que dos
brazos afectuosos le rodeaban el cuello. Al volverse, el joven se
encontró con su madre, que mientras le acariciaba los cabellos
desordenados, fijaba en él una mirada interrogadora y triste.
—Comprendo tu pena, murmuró ella, muy quedo. Estás
enamorado de un imposible.
Y bajando aún más la voz, deslizó un nombre en los
oídos de Julio.

11

A LUCIANO EMPEZABA A EXTRAÑARLE LA AUSENCIA DE SU amigo.


—Hace ocho días que no viene a casa— le dijo a su mujer.
¿Estará enfermo?
—No lo creas, Julio es así, un poco raro. Su hermana me
ha dicho que se encierra con frecuencia en su cuarto,
70 • TURCfOS
durante semanas enteras, que se ocupa en leer y en poner
al día sus libros de comercio. Mañana en la noche le
tendremos aquí y ya verás con qué naturalidad excusa su
ausencia.

Luciano no insistió. Jamás ponía en duda lo que Alicia


decía. Era uno de esos maridos complacientes que se
doblegan a cada paso a la voluntad de la mujer. Rico,
lleno de salud, de buena posición social y casado con una
joven encantadora, nada le hacía falta para ser
completamente dichoso.
Se casó a los cuarenta años con una niña de diez y seis.
Él no se inquietó por saber si el amor había arrojado a
aquella criatura en sus brazos. La conoció en la capital de
un departamento e informado de la extrema pobreza de su
familia, se dirigió a los padres, con quienes arregló el
matrimonio. ¿Qué mejor partido para ella, expuesta a
quedar huérfana el día menos pensado, por la ancianidad
en que ellos iban entrando, que aquel buen señor de
aspecto can recomendable, y de rostro franco y risueño,
cuyo capital la pondría a salvo de toda miseria, llenando
de tranquilidad y bienestar los últimos años de los viejos?
¿Que no lo amaba? Eso era lo de menos: el amor viene en
seguida, con las consideraciones y el trato íntimo.
Cuando Alicia se dio verdadera cuenta de su situación, era
ya la señora de Álvarez, ciudadano de reconocido mérito local,
ALMAS TRÁGICAS 71
que daba grandes sumas de dinero a un interés crecido y cuya
casa de comercio era de las mejores reputadas en el país.
La vida de Tegucigalpa gustó más a la joven que la del
obscuro pueblo en donde pasó su infancia. Muy pronto
sus relaciones se extendieron y su salón de recibo,
arreglado con lujo y elegancia, fue el centro de pequeñas
fiestas de
72 • TURCfOS
FROY[ÁN

confianza, de veladas y conciertos, en donde reinaba siempre


la alegría.
Las noches de los sábados brillaba el salón a la luz de las
arañas y de los grandes candelabros de plata; y al compás de la
música se deslizaban las parejas, entre el estruendo de las risas
y de los aplausos de la concurrencia. Allí se daba un descanso
al ánimo, fastidiado de la vida monótona de la capital. El pókar
y el ajedrez, los juegos de prendas, el baile y el canto, eran las
partes de que se componía el programa de aquellas inolvidables
veladas, llenas de familiaridad y de buen gusto y en donde
nunca una nota indiscreta llegó a interrumpir la satisfacción
general.
Toda la alegre juventud de ambos sexos se daba cita en
aquel precioso local, en cuyos espejos biselados se
reflejaban semblantes angélicos y rostros varoniles de
ásperos bigotes, confundidos con los altos peinados de las
señoras y las cabezas blancas de algunos abuelos.
Por lo general, las señoras permanecían, mientras se
bailaba, en los gabinetes contiguos al salón, entretenidas en
charlar, comentando los chismes diarios. Algunas veces se
acercaban a las puertas y se divertían con el bullicio y la
alegría, con el ir y venir de las parejas y el rumor de las
conversaciones, recordando los buenos tiempos de la
juventud, cuando los ancianos que jugaban ahora en los
pasillos, silenciosos y atentos, murmuraban a sus oídos frases
galantes y declaraciones de fuego.
ALMAS TRÁGICAS 73
Entre todas aquellas hermosas jóvenes se distinguía la
dueña de la casa, por un no sé qué especial, por cierto aire de
encantadora elegancia de que quizá las otras carecían,

por su género de belleza un tanto rara y por la exquisitez de


sus trajes, de colores delicados y exóticos, de adornos de
una refinada sencillez, cuyo secreto sólo de ella era
conocido. En vano sus amigas trataban de imitar su manera
de vestir: la imitación, falta de gracia, sólo servía para hacer
resaltar de manera más clara, su distinción especial.
La modista encantada que todas envidiaban era ella
misma. Sus dedos de hada eran los creadores de aquellos
prodigios de habilidad, que arrancaban sonrisas de
despecho a las menos benévolas. Ella, ayudada por los
periódicos de modas que recibía todas las semanas de
Europa, confeccionaba aquellos trajes ligeros y vaporosos
que acariciaban su cuerpo mórbido y cuyos corpiños de
encajes de Holanda besaban su pecho de azucenas suaves y
sutiles ondulaciones.
En sus ojos, raros y únicos, tenía Alicia, sin saberlo quizá,
el secreto de su simpatía y de su poder. Eran de un verde
intenso, velados misteriosamente por largas pestañas
obscuras. Aquellas pupilas extrañas, de rápidos reflejos
metálicos, poseían un encanto sugestivo e Insostenible, una
atracción inevitable y fatal. Semejaban dos brillantes gotas
de agua marina, en medio de la blancura luminosa de la
esclerótica: dos húmedas esmeraldas, cuyos reflejos eran
caricias de una infinita voluptuosidad.
74 • TURCfOS
Por lo demás, Alicia era esbelta y linda, de una palidez de
alabastro, de boca encendida y sensual y largas manos
aristocráticas. Inteligente y artista, amaba apasionadamente
la música, los versos armoniosos y todas las manifestaciones
puras del arte legítimo. En seis años se había perfeccionado,
hasta donde era posible, en el estudio del piano y del arpa,
FROMN

sus instrumentos favoritos a los que hacía sollozar y reír


a su antojo. Sus diarias lecturas de obras
contemporáneas la habían llevado al refinamiento
artístico, cosa rara de encontrar en una mujer de estos
países centroamericanos, en donde ef arte literario,
sobre todo para la mujer, jamás llega a revelar sus
íntimos secretos .
Sin embargo, Alicia no hacía ostentación ridícula de su
cultura y de sus conocimientos. Mujer superior, hablaba con
una sencillez deliciosa que cautivaba los ánimos. Su voz,
llena de tiernas inflexiones, se apagaba, se velaba con
desfallecimientos musicales; y toda su persona, toda aquella
seductora figura, perfumada y elegante, hacía estremecer
involuntariamente a los hombres que la rodeaban. Aquel
buen señor de su marido, con su aspecto sencillote y vulgar,
con su inmensa calva reluciente y su volurñinoso abdomen,
provocaba envidias silenciosas entre sus amigos íntimos,
conocedores, por el trato casi diario, de los méritos
excepcionales de su mujer.
ALMAS TRÁGICAS 75
Esta idea del autor, en relación a la mujer y el arte, aparece también en
El vampiro (1 910), en donde puede leerse: "La mujer en nuestras
rudimentarias sociedades, salvo excepciones rarísimas, es inepta para la
comprensión de la vida del pensamiento. Carece de ese sutil instinto para
el arce, de donde directamente arrancan las ciegas vocaciones que hacen
a los poetas, a los pintores o a los músicos. Es casi absoluta su ignorancia
del proceso evolutivo de la idea universal: por el medio hostil en que se
desarrolla, por la fría indiferencia que le rodea, y por otras múltiples
causas de detalle, es refractaria a todo lo que se relaciona con las letras.
Véase Froylán Turcios, El vampiro, Tegucigalpa, Tipografía Nacional,
1910, pág. 76. Ésta, y todas las notas siguientes, pertenecen al editor.
76 • FROYLAN TURCIOS

Alicia no había amado nunca. Casada por la voluntad egoísta


de sus padres, profesaba a su marido una afectuosa amistad,
mezclada de un vivo reconocimiento por sus ternuras solícitas
y por las comodidades de todo género de que la rodeaba. Su
capricho era ley en aquella casa, a la que daba vida con su
constante actividad. Prodigaba cuidados casi maternales a la
pequeña Hortensia, sobrina de su marido, hija de una hermana
muerta a quien él quería entrañablemente. En aquel matrimonio
sin descendencia, ella fue el objeto de todos los afectos que se
hubieran prodigado a los hijos propios.
Hortensia tenía doce años y era una deliciosa muchachita, de
dulce y pensativo semblante, de negros ojos melancólicos. Era
juiciosa, de un carácter suave y severo que se diferenciaba por
completo del de las demás niñas de su edad. Su tristeza
prematura ponía un sello de simpatía en toda su persona.
Apenas sonreía y las expresiones de su exquisita sensibilidad
casi nunca se exteriorizaban, guardándolas en su alma y
gozando y sufriendo con ellas.
Alicia le enseñaba música y algunas ciencias elementales. La
iniciaba en los pormenores de las costumbres y los trabajos del
hogar: le revelaba los secretos de su habilidad en la costura y
arreglo de los trajes, en los adornos de los bordados y en la
combinación de los colores. Sus pequeños dedos, torpes al
principio, fueron poco a poco adquiriendo elasticidades
nerviosas y flexibilidades inteligentes. Comenzó haciendo
plegados insignificantes, después sencillos enlazamientos de
cintas y a los doce años arreglaba ella misma sus vestidos, de
enaguas cortas y redondas, de sacos de seda, cerrados hasta el
cuello, con graciosos pliegues de encaje en los puños,
regordetes y blancos.
ALMAS TRÁGICAS • 77

Tenía, además, una profesora de idiomas y pintura, una joven


alemana llegada al país hacía algunos años, de actitud rígida y voz
chillona y aflautada. El escaso vocabulario español de que ella
podía servirse, habíase aumentado considerablemente desde que
daba clases a Hortensia,. quien tomaba un vivo interés en que la
pobre Emy hablara el castellano. En cambio, la extranjera hizo de
ella su discípula favorita, esmerándose en hacerla comprender el
francés, el inglés, y la difícil lengua germánica, de pronunciación
casi imposible para labios latinos. Pero en lo que verdaderamente
la niña hacía rapidísimos progresos era en piano y en pintura, artes
para las cuales demostraba extraordinarias aptitudes. Admiraba
verla en el pincel, bosquejando paisajes de invierno o acuarelas
otoñales. Eran ensayos incorrectos; pero que revelaban ya una
sorprendente facilidad en el arte de Gustavo Doréi
En el piano ejecutaba piezas difíciles, fragmentos de música
clásica, melodías severas; y una amiga de Alicia le daba
diariamente clases de canto, en las que su voz, delicada y
cristalina, empezó a vibrar con las dulzuras del ritmo. Alicia la
inclinaba a la lectura. Primero la ejercitó en la comprensión de
libros infantiles, cuentos ingleses o narracio-

2
Gustave Doré (1832-1883). Diseñador y pintor francés, cuya fecundidad
romántica fue muy admirada por los modernistas. Conocidas son sus
ilustraciones a fas obras de Rabefais, C. Perrault, Balzac, Dante, Cervantes,
etc.
nes escandinavas; siguiendo a éstos pequeñas novelas
instructivas de autores españoles, exentas en absoluto de todo
argumento pasional. Relatos de viajes lejanos, descripciones de
costumbres, recuerdos históricos, leyendas inocentes: de esta
clase de libros ingenuos se componía la biblioteca de
78 • FROYLAN TURCIOS

Hortensia. Volúmenes inofensivos, en los cuales su alma


infantil y apasionada, su inteligencia observadora por
naturaleza, encontraban distracciones más intensas y útiles que
las que le proporcionaban sus amigas, con juegos banales y
necios, capaces sólo de distraer a las niñas vulgares y cándidas.
Por temor de que cayera en manos de la pequeña, Alicia
guardaba cuidadosamente los libros franceses de los autores
contemporáneos, que un editor extranjero, con quien su marido
cultivaba relaciones comerciales, le remitía por todos los
correos. Llegaban aquellas ediciones elegantes, con las páginas
vírgenes, con el papel aún húmedo; y ella se anegaba, con una
voluptuosidad espiritual, en las fuertes emanaciones de aquella
literatura malsana, en los perfumes acres, en las quejas
angustiosas y apasionadas, en los estremecimientos de lujuria
y en la orgía de carnes y de vahos sexuales de que están
saturadas las obras de los artistas parisienses, cantores del
placer refinado y de la caricia dolorosa, de los supremos
espasmos carnales y de todas las delicias prohibidas de las
prostituciones elegantes. Afrodita, de Pierre Louÿs10 , le causó
un placer intensísimo; una embriaguez cerebral que le arrancó
algunas lágrimas; lágrimas neurasténicas, motivadas por la
crispatura de sus nervios sensitivos, que no eran sino cuerdas
temblorosas del arpa resonante de su cuerpo.
Fuera de las rápidas crisis nerviosas, aquellos libros
deliciosamente obscenos no la hacían daño algun04 . Su
contextura física, llena de vigor, por donde circulaba

10
Pierre Louÿs. Escritor francés (1870-1925). Su novela Afrodita (1896) refleja
su culto a la belleza y a las civilizaciones antiguas, motivos que también
recogen los modernistas. Afrodita es una novela donde también sale a relucir
ALMAS TRÁGICAS • 79

sangre roja y abundante, la preservaba contra cualquiera


acción dañina que pudiera provenirle de sus excitaciones
mentales; de tal modo, que lo que en una mujer débil
hubiera sido causa de una afección histérica, para ella
constituía un placer inofensivo, del que, por otra parte, no
abusaba nunca.

un erotismo muy marcado, reflejado principalmente en la vida de la


protagonista Chrysis, que a la edad de doce años burla la molesta vigilancia de
su madre y se escapa en pos de una cuadrilla de jóvenes mercaderes, con
quienes da comienzo a su vida de prostituta. El narrador relata con la más fría
naturalidad, la forma en que esta niña se inicia en el comercio de su cuerpo:
"No volvía a ver a sus amantes pasajeros; sabía gozar con ellos y los dejaba
pronto, antes de amarlos. Sin embargo, ella inspiraba pasiones
interminabEes. Se vio a dueños de caravanas vender a precio irrisorio sus
mercaderías para quedarse cerca de ella y arruinarse en pocas noches. Con la
fortuna de estos hombres, se había comprado joyas, almohadones de cama,
perfumes raros, vestidos de flores y cuatro esclavas". Véase Pierre Louÿs,
Afrodita, traducción de J. B. B., Madrid, Club Internacional del Libro, 1992,

En su prefacio a la novela Mademciselle de Maupin, Gautier advierte: "Si


queréis leer este libro, encerraos cuidadosamente en vuestra casa; no lo
dejéis olvidado en nilltuna mesa. Si vuestra mujer o vuestra hija llegasen a
abrirlo estarían perdidas. Este libro es peligroso, este libro aconseja el vicio
. Théophile Gautier, Mademoiselle de Maupin, Madrid, Imprenta Popular,
1892, pág. IX.
Otra de las circunstancias que hacía poco peligrosos
aquellos libros, para Alicia, era la de que no afectaban ni
excitaban de ningún modo sus sentidos. Leíalos con la misma
impasibilidad con que el escultor admira la desnudez divina de
sus diosas de mármol; y sólo los nervios y su sensibilidad
80 • FROYLAN TURCIOS

intelectual, vibraban durante algunos segundos, en ciertos


pasajes, en que quizá más admiraba la limpidez luminosa del
estilo, la riqueza fastuosa de la expresión, que la imagen vívida
que se agitaba en el fondo. Así, en Afrodita, por ejemplo, antes
que las gracias carnales de aquella mártir de la sonrisa,
admiraba el vigor y la gracia del autor, que de tan hermosa
manera sabía hacerlas vivir sobre las páginas;
impresionándola, aún más que las descripciones de las orgías •
ardientes, el canto puro y fraternal de Rhodis y Myrtokleia, más
que los besos de fuego de las cortesanas, el beso de la piedad,
que Timon depositó en los helados labios de la Crucificada.
A pesar de la exhuberancia de su sangre, Alicia era casta y
le repugnaba instintivamente el placer material. Su
temperamento y sus gustos la impulsaban a buscar goces más
nobles que los que ofrece la materia, siempre torpe para
satisfacer a los espíritus elevados.
Pero aquellos libros, inofensivos para ella, para Hortensia
habrían sido una revelación harto prematura de los misterios
de la vida. Incapaz por su edad y por su incompleta educación
artística para comprender sus bellezas literarias, las imágenes
eróticas habrían herido groseramente su alma candorosa, nido
de purezas ingenuas y de vagas idealidades. Esto lo
comprendía Alicia de manera precisa y clara; por lo cual, las
espléndidas ediciones de sus autores favoritos se hallaban
ocultas en el fondo de las cómodas perfumadas, confundidas
con los abanicos, los sombreros y los delicados trajes de seda,
olorosos a mujer Joven y sana.
Además, sus relaciones amistosas, compuestas de personas
de escasa ilustración mental, hubieran llamado inmoralidad a
su apasionamiento por aquellos libros raros, ininteligibles para
ALMAS TRÁGICAS • 81

sus cerebros mediocres, acostumbrados a las novelas


insustanciales de Pérez Escrich 5 0 a las relaciones soporíferas
de Fernández y González6

Enrique Pérez Escrich: (Valencia, 1829—Madrid, 1897), Colaborador de


publicaciones moralizantes -El Amigo de la Familia,' La Ilustración Católica o El
Mundo de los Niños, fue aplaudido autor de piezas teatrales, como La Pasión y Muerte
de Jesús (1 836), que llegó a representar como espectáculo edificante los Viernes de
Cuaresma. En su trabajo novelístico predica una ideología católica conservadora. Así
ocurre en El Cura de la Aldea (1 861), versión de una de sus obras dramáticas, El Mártir
del Gólgota, Tradiciones de Oriente (1 863— 1864), La Caridad Cristiana (1879), La
mujer adúltera ( 1 864, 2 vols.) y El Camino del Bien (1882).

Manuel Fernández y González: (Sevilla, 1821-1888). Autor de novelas


históricas en la línea de Walter Scott. Sus novelas se publicaron en partes
(periódicamente en revistas o en novelas de folletín). Tuvo un éxito inmenso
y se convirtió en uno de los escricores más ricos desu época, aunque murid
en la pobreza a causa de su vida extravagante. Entre sus obras más
características figuran Men Rodríguez 'de Sanabria: memorias del tiempo
de don Pedro el Cruel ( 1 85 ] ); Los siete infantes de Lara.' leyenda histórica
tradicional (1853); El cocinero de su majestad: memorias del tiempo de
Felipe [II (1 857); El pastelero de Madrigal: memorias del tiempo de Felipe
II (2 vols., 1 862); y El conde Duque de Olivares (1870).
111
AQUELLA NOCHE JULIO SE VISTIÓ CON UN ESMERO ESPECIAL.

Cuando Adela llamó suavemente a la puerta de su


cuarto, para indicarle que estaba lista, él se encontraba
todavía en camisa.
—Espérate, hermanita, le gritó. Sólo tardaré algunos
minutos.
82 • FROYLAN TURCIOS

Poco después apareció en el salón, en donde le esperaban su


madre y su hermana.
Una sonrisa de orgullo y satisfacción apareció en los
marchitos labios de doña Luisa, al ver a su hijo. Era, en
verdad, un guapo mozo, de gallarda estatura y aire
distinguido. Vestía, con suprema elegancia, levita negra,
chaleco blanco y pantalón claro.
—Es el retrato de mi hermano Enrique, cuando tenía
veinticinco años, dijo la anciana señora.
Aquella familia, compuesta de la madre y los dos hijos, era
de las más acomodadas de Tegucigalpa. El padre, abogado
notable en el foro hondureño, había muerto, dejándoles una
crecida fortuna, que el hijo duplicó, a fuerza de inteligencia y
trabajo. Julio era el ídolo de las dos mujeres, a quienes él amaba
apasionadamente.

JULIO SINTIÓ UN MALESTAR INDEFINIBLE AL


VER A ALICIA EN brazos de otro, que la estrechaba
ardientemente en los
voluptuosos giros de uno de esos valses tropicales, que hacen
circular la sangre como lava derretida.
Tenía impulsos de levantarse y abofetear a aquel necio, que
a cada momento se inclinaba sobre ella, hablándole en voz
baja.
Presa de una sofocación extraordinaria, se retiró a una de
las ventanas del salón que caían a la calle. Allí, detrás de los
ALMAS TRÁGICAS • 83

grandes cortinajes de púrpura, su mirada se perdió en la densa


obscuridad de la noche y su malestar fue atenuándose por
instantes. Helados soplos de invierno le acariciaban la frente,
apagando su fiebre. Transcurrían los minutos, sin que él se
diera cuenta de ello, sumergido en una vaga abstracción. De
un lado oía el sonoro rumor de la fiesta y del otro el gotear
acompasado de la lluvia.
De pronto, la cortina se entreabrió, y al volverse, Julio
se . . encontró con Alicia.
—Hace ya mucho tiempo que le busco a usted, amigo mío.
Empezaba a creer que se había retirado... ¿Qué hace usted ahí
tan silencioso?
—Ya usted lo ve —contestó el joven, fríamente. Miraba
caer la lluvia.
—¿Y se olvidó que la danza que está para terminar es la que
debíamos bailar juntos?
—No lo recordaba.
—Algo le pasa a usted, Julio —dijo ella, tomándole una
mano y acercándose al joven hasta rozar su hombro izquierdo
con la punta de sus cabellos.
Por toda respuesta, él la atrajo hacia sí, y estrechándola
apasionadamente sobre su corazón, la besó en el cuello y en
la boca.
Alicia no se defendió. Lo amaba, estaba loca por él, y era
imposible que pudiera resistirle. Había previsto que un día u
otro él tendría que confesar su pasión, que adivinó desde el
primer momento; pero no se imaginó que aquella declaración
fuera hecha tan de pronto y de manera tan audaz.
—Imprudente —le dijo muy quedo, separándose de sus
brazos—. Te espero sentada al piano.
84 • FROYLAN TURCIOS

Y después de arreglarse el cabello, desapareció de la


ventana.
Julio se sintió invadido por una felicidad sobrehumana.
Durante algunos minutos no se hizo cargo de la realidad. Sus
manos ardían y dentro de su pecho su corazón agonizaba de
amor. Los ritmos musicales le hacían el efecto de aladas
caricias y sus recuerdos y sus impresiones se anegaban en un
mar de ternura deleitosa y suprema. iQué gran verdad es ésa,
de que la vida del hombre es una antítesis eterna de la risa y el
llanto, de la tristeza y el dolor!
El joven olvidó por completo su antigua pena y se levantó
con el semblante lleno de esa tranquila serenidad con que el
supremo infortunio, o la suprema dicha, oculta las sensaciones
de los espíritus superiores. Con su movimiento rodó por el
suelo una flor que había quedado enredada en los encajes de la
cortina. Él la recogió. Era una de las camelias que adornaban el
seno de Alicia. La besó con delirio, colocándola en seguida en
el ojal de su levita.
Mientras ella tocaba una gavota, él, a su lado, daba vuelta a
las hojas del libro de música. La devoraba con los ojos, aspiraba
su perfume. Hubiera deseado aspirarla toda ella,
ALMAS TRÁGICAS • 85
TURCtos

sofocarla en un abrazo y morir recogiendo en su boca el último


aliento de aquella mujer encantadora.
Al levantarse del piano, Julio le ofreció el brazo.
—No bailes más —le dijo. Estoy celoso, y si volviera a verte
en brazos de otro, cometería una imprudencia o me harías morir
de dolor7
—iTonto! —exclamó ella, con su voz apagada; velada ahora
por una emoción que apenas podía ocultar. — eres el único
hombre que he amado y a quien amaré hasta la muerte. ¿No
quieres que baile? Pues bien, nunca volveré a incomodarte por
eso. Nunca volveré a bailar.
Ya en su cuarto, mientras se desnudaba, Julio violentó su
memoria, haciendo acudir a ella todos los recuerdos de su
pasión. El marido de Alicia era un viejo amigo de su madre y de
allí nacieron las relaciones íntimas de las dos familias. Poco a
poco, con el transcurso de los años, sin notarlo tal vez, el afecto
fraternal que había unido a los jóvenes desde que se conocieron
fue tomando proporciones alarmantes, de tal modo, que cuando
quisieron remediar el mal, era demasiado tarde. Una fuerza
obstinada y fatal empujaba el uno hacia el otro, y sólo la muerte
hubiera sido capaz de romper el lazo, cada día más fuerte, con
que les ató el destino.

En esta frase sale a relucir uno de los aspectos autobiográficos de Turcios:


sus celos exacerbados. En una carta fechada el 14 de marzo de 1928, desde
Santa Rosa de Copán, le escribía Blanca Lnz, una de las novias del poeta:
«Recuerdo que siempre me has dicho que eres celoso hasta lo indecible [...
hoy estoy convencida de que tus celos llegan a [a extremidad». La carta
86 • FROYMN
pertenece al Archivo de Froylán Turcios, depositado en Trinity College,
Estados Unidos, y en poder del historiador hondureño Darío Euraque.

Cuando su madre, con lágrimas en los ojos, le hizo


comprender el peligro, señalándole el profundo abismo que
abría a sus pies; cuando invocó sus sentimientos de nobleza
y lealtad y la honra de su casa y la paz de su conciencia, a
fin de que respetara las canas y el hogar de aquel amigo casi
anciano que desde niño le había querido profundamente y
que le honraba con su absoluta confianza, Julio, exasperado
por el lógico razonamiento de doña Luisa y por la fuerza de
su pasión incontenible, le declaró que su amor era más
grande que todos los demás sentimientos juntos que
pudieran luchar en su alma: que sin el corazón de aquella
mujer su vida sería una eterna noche de duelo: que era tan
ardiente su kocura, que moriría si Alicia no llegaba a
amarle.
Dijo esto con tal acento de verdad, que su madre, que le
conocía a fondo y nunca le había oído mentir, no objetó una
palabra más. Sabía que Julio hablaba con toda la serenidad
de su espíritu, conocía su carácter y temió por su vida.
Desde entonces, ocultando sus hondas amarguras, se
propuso sacrificar sus generosos instintos, sus nobles
delicadezas y simular una ignorancia completa en todo lo
que entre su hijo y Alicia pudiera suceder. Era el sacrificio
más grande que su cariño maternal, aumentando al conocer
la desgracia de Julio, le aconsejaba.
ALMAS TRÁGICAS • 87
Luciano, siempre ocupado, viajando constantemente a
Guatemala y El Salvador, con motivo de sus negocios
comerciales; con su carácter confiado, incapaz de recelar,
ni por un momento, de la fidelidad de su mujer, a quien
veneraba; estimando y queriendo a Julio de una manera ran
entre dos hombres unidos por un simple lazo de amistad,
TURClos

era, sin duda alguna, el cómplice inconsciente, el trabajador más


asiduo en la obra de su propia deshonra. Conocedor de la pasión
de su mujer por la literatura y por la música, no perdía ocasión
de unir a los dos jóvenes en sus impresiones por aquellas artes.
Constantemente hacía llamar a Julio para que ensayara con
Alicia alguna pieza nueva, a cuatro manos; o para que leyeran
juntos los últimos libros recibidos. Y mientras él se retiraba a
sus habitaciones para engolfarse en sus libros de comercio,
Alicia y Julio quedaban solos en el salón, velado por tupidos
cortinajes; siempre atentos al más ligero ruido que viniera del
exterior.
Así, en aquellas familiaridades intelectuales, profundamente
unidos por sus simpatías a los mismos 'autores; ambos de
inteligencia ilustrada y exquisita; ambos jóvenes; él simpático y
buen mozo, ella seductora, en el radioso esplendor de su belleza,
empezaron a sentir los estremecimientos del amor eterno y
absoluto en que muy luego se incendiarían sus almas.
Julio era uno de esos hombres raros, uno de esos artistas
legítimos, que sin haber escrito jamás un verso o una frase
armoniosa, comprenden intensamente, por la vocación
desarrollada con el estudio continuo, todos los secretos de las
literaturas contemporáneas, impregnadas de sutiles
88 • FROYMN
refinamientos. Comerciante por el acaso, y poeta por naturaleza,
en las líneas rojizas y azules de sus diarios comerciales, su
imaginación colorista creía ver fantásticos pentagramas,
repletos de ritmos fastuosos y resonantes, o versos de exóticas
consonancias, que despertaban en el fondo de su ser sensaciones
adormecidas y melodías arcanas. Sentía

y comprendía hondamente la verdadera literatura y si a ello no


dedicaba su talento era por el orgullo de ciertos refinados que
les impide expresar en forma escrita sus ideas, teniendo la
certeza de que en el molde limitado del idioma no podrían caber
sus vibrantes estados del alma, sus ideales errabundos y todas
las inquietudes del extraño mundo interior que cada artista lleva
dentro de sí mismo. Julio no había encontrado el traje digno de
vestir sus ideas geniales y magníficas. Hubiera querido escribir
en un idioma quintaesenciado, en que cada frase expresara un
color y cada verso un perfume, una sensación Ignota, una
lágrima o siquiera una sonrisa; y a falta de este lenguaJe soñado,
en que el estilo metálico ' ondulara, riera y sollozara, se abstenía
en absoluto de escribir, . por miedo de caer en las imperdonables
vulgaridades, con que la enorme multitud de escritores y malos
poetas americanos han profanado el Arte Puro, sagrado para las
almas excelsas.

ALICIA HABÍA AHONDADO EN EL ESPIRITU DE JULIO;


Y AQUELLA delicadeza exquisita por el ideal que ella amaba,
aquella íntima comunidad de ideas, fue uno de los lazos de
ALMAS TRÁGICAS • 89
seducción más poderosos con que el alma del joven aprisionó la
suya.
El encanto fue mutuo; pues más que el espléndido tesoro
de su cuerpo, amaba Julio el espíritu extraordinario de
aquella mujer, en que había un pájaro divino, que cantaba
eternamente en su oído embriagadoras canciones
musicales.
90 • FROYLAN TURCIOS

Sin embargo, un sentimiento noble le impulsaba a huir de la


seducción de aquella sirena; y así se explicaban sus inmotivadas
ausencias, al final de las cuales volvía taciturno, más
enamorado que nunca.
Pero desde la noche en que la tuvo en sus brazos,
comprendió que toda lucha sería inútil y se abandonó por
completo a las sensaciones ardientes de su pasión.

VI

JULIO ACOSTUMBRABA IR AL "CLUB DE AMIGOS" EN


LAS primeras horas de la noche. Allí se distraía un poco,
jugando billar o charlando con los conocidos, que no otra
cosa eran para él los jóvenes concurrentes al Club, con quienes
fumaba y bebía un vaso de cerveza; casi todos muchachos
alegres, de inteligencias vulgares, con quienes no le ligaba
simpatía alguna. Mientras ellos hablaban de cosas banales, de
puerilidades insignificantes, sus ideas estaban muy lejos; y
solamente cuando el juego de billar le obligaba a ello, cambiaba
con alguno frases rápidas, a propósito de la partida empezada.
Agradábale, a veces, oír las discusiones que se
suscitaban entre ellos, sobre asuntos superficiales,
incapaces de ocupar la atención de un hombre de talento;
o sobre temas demasiado elevados para que pudieran
comprenderlos sus cabezas vacías.
—Hombre! —decía Luis Romero, jovencillo imberbe y
demacrado— figúrate que ayer hubo quien me aseguraba
ALMAS TRÁGICAS • 91

que Rubén Darío es mejor poeta que Batres Montúfar. ¿Has


visto?
Y su naricilla se crispaba cómicamente, en señal de
protesta.
—No me extraña que lo diga algún bardo decadente, de ésos
que escriben cosas que no se entienden. Yo nunca he podido
leer los disparates que escribe ese Darío, que me parece inferior
a todos los poetas que contiene la Galería de don Ramón
Uriarte8 . ¿No te parece Julio?
—Estoy en un todo de acuerdo contigo.
Y Julio se quedaba mirando al que le interrogaba,
conteniéndose para no abofetearle. Con aquellos bárbaros lo
mejor era estar siempre de acuerdo, o reventarlos, echándoles
en cara su ignorancia y su vulgaridad.
Sus conversaciones sobre libros siempre se referían a
Escrich, Paul de Kock o Ponson du Terrai19 . Fuera de esos
autores, no conocían una palabra en materia de letras. Hablarles
del nuevo movimiento literario, quererles explicar lo que es el
modernismo, habría sido como dirigirles un discurso en hebreo.

Juan Ramón Uriarte. Profesor salvadoreño, influido por el pensamiento


pedagógico americano publicó el opúsculo iFårjate... ! En 1912 prologó el
libro Marginales de la vida, de su compatriota Arturo Ambrogi.
Pierre A. Ponson du Terrail (1829-1871), cultivó ka novela de folletín
romántica y llegó a producir entre treinta y cuarenta volúmenes ak año. Su
obra principal, que abarcó veintidós volúmenes, se titula Las hazañas de
Rocambole (1859), de donde procede el término "rocambolesco".
92 • FROYLAN TURCIOS

Cuando Julio se cansaba de oír sus charlas pueriles, tomaba


su sombrero y su bastón y arrojando la última bocanada de
humo, se retiraba sin saludar.
Aquellos necios le consideraban orgulloso y le tenían
envidia. El les tenía lástima, casi los despreciaba.
Iba al Club para matar el tiempo, por oír los chismes del día,
por variar de escenario.

UN DOMINGO POR LA MAÑANA ENCONTRÓ EN CASA


DE LA señorita B, con quienes cultivaba antiguas relaciones, a
un joven moreno, de presencia simpática y cierto aire -de
elegancia que impresionaba a primera vista.
Tendría su misma edad, veintitinco o veintisiete años.
Una de las jóvenes hizo la presentación de estilo.
Era sudamericano, de Buenos Ares. Se llamaba Rafael
Mendoza, y una desgracia íntima le había arrojado a estos
países.
¿Rafael Mendoza, el poeta? —preguntó Julio
sorprendido.
Y comprendiendo por la sutil sonrisa que apareció en los
labios del joven, que era el mismo delicioso artista que él había
admirado en las revistas americanas, sin poder dominar su
entusiasmo, le abrazó fraternalmente.
Desde entonces una viva y profunda simpatía, que después
se convirtiÓ en un afecto hondo y fuerte, unió aquellos espíritus
varoniles y sentidores, que el destino, siempre
ALMAS • 93
TRAC,'CAS

caprichoso, había acercado; haciendo que el argentino


atravesara países y mares, para venir, desde las orillas del Plata,
a encontrarse en un salón de Tegucigalpa con el amigo que más
inolvidable huella debía dejar en su vida.

vill
Adela tenía quince años y era muy bella. Educada por su
hermano, moralmente se parecía a Julio, aunque en la
parte física no se notaba un sólo rasgo de semejanza entre
ambos. Julio, para cuya naturaleza observadora nada se
ocultaba, había llamado sobre esto la atención de su madre.
—Yo tampoco me parecía a mis hermanos, contestaba doña
Luisa sencillamente.
—Sin embargo, es raro que mientras Adela es de un parecido
asombroso con el retrato de mi padre, yo no lo recuerde en un
sólo detalle.
Adela aseguraba que sus ojos eran exactamente iguales a los
de Julio. Efectivamente, ambos tenían los mismos OJOS de la
madre, grandes y negros, brillantes y expresivos en los dos
hermanos y ya apagados y tristes en la señora.
Julio adoraba a la pequeña Adela. Había sido para ella un
padre benévolo y cariñoso, un amigo complaciente y delicado,
siempre solícito y raras veces severo. Cuidaba de que aquella
tierna alma ingenua se conservara Intacta, por lo que, sin que
94 • FROYLAN TURCIOS
ella apenas se diese cuenta, iba tratando de eliminarle amistades
que en el porvenir podrían serle funestas.

Adela entretenía sus ocios leyendo libros útiles y agradables,


ejercitándose en el piano y cultivando flores extrañas y
delicadas. Julio la llevaba a algunas fiestas, en las que ella hacía
el papel de vieja. No bailaba nunca. En las reuniones de los
Álvarez tocaba piano o se entretenía con alguna señora en jugar
ajedrez. Le gustaba el bullicio de las fiestas; pero no sentía
deseo alguno de tomar parte en ellas. Era de un temperamento
reposado y dulce y en su frente graciosa se advertía ya esa
tristeza prematura de los seres infortunados.
—¿Qué estás leyendo? —le preguntó una tarde su
hermano, encontrándola con el mismo libro con que la dejó
al

—Un libro de versos de tu amigo Rafael- Mendoza. Se titula


Ondas muertas y me parece admirable. En él he encontrado más
dolor y más tristeza que en' todos los demás libros que he leído.
—Rafael es un gran poeta. No conozco un espíritu más
exquisito y elevado que el suyo. A propósito: él me hablaba
ayer con tan entusiasmo de tu persona, que no es remoto se
enamore de ti. Por lo demás, no hace aún medio año que le
conoces y ya te expresas de él como de un antiguo amigo.
—Lo quiero por triste. Hemos simpatizado. Pero mi
afecto para él es puramente amistoso y de la misma manera
juzgo el que me profesa.
—Eres franca y te creo. Sin embargo —añadió bajando la
voz— no pienses que me disgustaría eso. Él es honrado,
ALMAS TRÁGICAS • 95
laborioso y de una inteligencia extraordinaria; y con placer lo
aceptaría como hermano.

La joven no contestÓ una palabra. Se quedó impasible,


mirando a través de los cristales de la ventana las rosas del
jardín, que mecían los cálidos vientos de la tarde.
¿Estaría enamorada? Un sentimiento dulce y grato
germinaba en su corazón. Lo sentía palpitar y desarrollarse.
Era como una llama, débil y trémula, que amenazara
convertirse en incendio. Desde que conoció a Rafael, su
vida cambió de tal modo, que a ella misma le causaba
asombro. Antes, apenas le preocupaban los trajes. Ahora
ponía cuidadoso esmero en vestir con elegancia,
desvelándose por aparecer más bonita de lo que era.
Cuando Rafael llegaba, una extraña turbación la acometía y
cuando se iba la embargaba una vaga tristeza, una especie de temor
de quedarse sola. Conocía sus pasos, su risa, su voz; y todos sus
movimientos y actitudes le eran familiares. Le parecía que desde
muchos años atrás le era habitual su presencia.

LA PRIMERA VEZ QUE JULIO LLEVÓ A RAFAEL A


CASA DE ALICIA, éste salió muy satisfecho de haberla
conocido.
—Es una mujer encantadora —le dijo a su amigo.
Julio tuvo que hacer un esfuerzo violento, para no gritarle en
un arrebato de orgullo:
96 • FROYLAN TURCIOS
—Es mía. Me pertenece en cuerpo y alma.
Pero la que verdaderamente sedujo desde el primer
momento a Rafael fue la pequeña Hortensia, por su carácter
de belleza, de una gracia severa y delicada.

—Mira, Julio. Como esa niña, así de linda, así de triste, era
una hermanita mía que murió a los diez y seis años. Te aseguro
que el parecido es exacto. Yo quería mucho a la pobre Fidelina
y ahora que he vuelto a encontrarme con sus dulces ojos y con
sus rosados labios ingenuos, en el semblante de otra criatura, me
parece que he recobrado algo de aquella adorada muertecita.
Él se ofreció a Luciano y a Alicia para completar la educación
de la niña, con la enseñanza de ciencias superiores. Escogería
para la clase una hora en que le dejaran libre sus ocupaciones en
el establecimiento de Rafael, donde trabajaba hacía mucho
tiempo. El matrimonio acogió agradecido la oferta.
Pronto se estableció, entre el maestro y la discípula, esa tierna
confianza que, con el trato diario, une a dos Seres de edades
diferentes. A] cabo de algún tiempo, Hortensia llegó a considerar
la hora de clase como una fiesta esperada con placer. Rafael la
conmovía con sus explicaciones sencillas y claras, que tomaban
un carácter interesante y novelesco cuando se referían a los
lejanos mundos que flotan en el espacio, o a los soles y a los
astros, a las estrellas errantes y a los cometas, cuyas inmensas
colas luminosas, como cabelleras incendiadas, había visto de
muy pequeña en los textos de Astronomía.
En materia literaria, le hacía conocer la obra de los clásicos
de las diferentes edades, comparándolas con las modernas y
explicándole detenidamente la diferencia de ideales de sus
ALMAS TRÁGICAS • 97
autores; y las evoluciones por que han pasado todas las
literaturas universales, hasta llegar a las de nuestros días.
98 • FROYLAN TURCIOS

Él se asombraba de la extraordinaria facilidad de


comprenSión de la niña, de la flexibilidad de su inteligencia y
del buen gusto natural que demostraba en las bellas artes. La
hacía leer, durante un largo rato, páginas magistrales de los
grandes maestros contemporáneos, para afinar sus oídos en las
armonías del estilo. Ya eran prosas francesas de fastuofias
resonancias: ya versos castellanos, sonoros y límpidos. Su
vocesita cadenciosa y musical se entusiasmaba en los altos
períodos o en las estrofas lapidarias. Él corregía los defectos de
su vocalización infantil, el dejo monótono con que terminaba
las oraciones, las pausas demasiado largas o demasiado
prolongadas; y estimulándola con el ejemplo, leía a su vez
extensos períodos, con su acento varonil, que vibraba
sonoramente en amplios párrafos. Ella le escuchaba encantada,
con la fresca boca entreabierta y los ojos húmedos de emoción.
Después hacía esfuerzos admirables por imitarlo; y tanto
empeño puso en ello, que en algunas semanas de ejercicio
constante leía con una corrección casi absoluta.

x
LA CASA DE LUCIANO ÁLVAREZ ERA DE LAS
MÁS HERMOSAS DE Tegucigalpa. Situada a una cuadra
del Parque Central, de maciza construcción española, con
cuatro corredores pintados al óleo, ocho estancias amplias
y un salón espacioso con dos pequeños gabinetes laterales,
poseía todas las
ALMAS TRÁGICAS 99

comodidades necesarias para una numerosa familia. El


comedor, situado en el pasillo de la derecha, era una
angosta sala de madera decorada con lujo.
La casa tenía dos patios. El primero estaba sembrado de
pequeñas plantas, de flores raras, de madreselvas y rosales, al
que daban sombra altas palmeras y naranjos. En el segundo
patio estaban las caballerizas. Un ancho portón de piedra servía
de entrada general. Seis enormes balcones de hierro daban a la
calle.
Todos los departamentos estaban arœglados con
verdadero buen gusto, con derroche de elegancia. Los
tapices, las alfombras, los cortinajes, los cuadros, las arañas,
el mobiliario, todo lo que constituye el completo adorno de
una casa, era bello y exquisito. El salón y los. pequeños
gabinetes —ocupados por la biblioteca y la sala de
costura— estaban situados al lado de la calle. Luciano
ocupaba las tres habitaciones de la izquierda; las tres de la
derecha eran las de Alicia y Hortensia; y los dos extensos
cuartos del frente servían para las criadas.
Luciano poseía, además, otras casas. En la de altos, situada
en una de las esquinas del Parque, se encontraban su
establecimiento comercial y sus almacenes.
Hortensia recibía sus clases en el establecimiento de la
biblioteca. Alicia presenciaba, algunas veces, las que
Rafael daba a la niña. También a ella le gustaba oír a aquel
hombre tan simpático y distinguido. Fuera del
agradecimiento que para él tenía, por la solicitud
desinteresada con que enseñaba a su sobrina, la joven le
100 • FROYLAN TURCIOS
admiraba apasionadamente como artista y lo quería
porque era el íntimo amigo de Julio.

En sus largas conversaciones de arte, Alicia llegó a sondear


aquel espíritu sutil y complicado; pero en vano procuró hacerle
confesar sus propias penas, la honda tristeza que se revelaba en
la melancolía de sus recuerdos. Él guardaba, hasta para con
Julio, una absoluta reserva en todo lo que tenía relación con sus
asuntos íntimos.
—¿Ha amado usted mucho? —le preguntó un día Alicia.
—Ardientemente —contestó él—, he amado como un loco,
con una fuerza inexpresable. Y también he odiado con energías
mortales, después de una crisis de celos satánicos, en que mi
corazón era un mártir que lloraba lágrimas de

—¿Y ahora?
—Ahora... no tengo corazón. O si lo tengo, duerme bajo
un helado sudario, como los cadáveres. Allí donde existió
una pasión, sólo hay ahora una gran piedad y una sonrisa
de ironía.
—¿Y no habrá un acento sagrado que pueda levantar de su
sepulcro a ese nuevo Lázaro? Usted es un joven, Rafael, y es
casi seguro que volverá otro amor a reanimar su alma.
El no replicó; pero sobre sus labios espirituales vagó por un
instante una sonrisa enigmática y sus grandes ojos acariciaron
las verdes pupilas de la joven, con una mirada de incredulidad.
ALMAS TRÁGICAS 101
RAFAEL ERA UN CASO PSICOLÓGICO DIGNO DE
ESTUDIO. EN SU personalidad había mucha gracia femenina,
en antítesis con su alma varonil. Poseía una imaginación
fastuosa, una irisada fantasía, llena de claros de luna y de
nieblas errabundas. Su poesía, de un refinamiento exquisito, de
una absoluta elegancia, había sugestionado, había embriagado
a muchas almas enfermas de ideal; y su prosa, de vibraciones
cristalinas, de deleitosas músicas, de ásperas sonoridades,
seducía, encantaba a los espíritus superiores.
Era una flor exótica su frase ondulante, su verso alado,
tembloroso, impecable. Quizá su producción no encerraba ideas
rigurosamente nuevas, ni teorías únicas, ni grandes
concepciones geniales; pero la forma era tan deslumbrante, tan
original, tan saturada de perfumes embriagadores, tan fresca y
llena de claridades extraordinarias, que la admiración del lector
reventaba en aplausos, brotaba espontánea, irresistible, como
una corriente impetuosa que ningún dique puede contener.
Trabajó durante muchos años en los grandes diarios
argentinos, y su pluma, favorita del color y de la armonía, le
hizo sobresalir entre la pléyade de brillantes inteligencias en
que es pródiga su patria.
Su último libro —tres prodigiosos estudios sobre Verlaine,
Gabriel D'Annunzio y Eugenio de Castro- —le habían

IOTres escritores de diferentes nacionalidades, pero igualmente estandartes del


modernismo. Paul Verlaine (1844-1896), poeta simbolista francés, autor

conquistado merecido renombre como crítico sutil y complejo,


de profundo análisis psicológico y de rarísimo y delicado
criterio artístico. En aquellas semblanzas vibrantes —
bosquejos exactos de un cincel lapidario— en aquellas
102 • FROYLAN TURCIOS
descripciones policromáticas, llenas de teorías luminosas y
doctrinas universales, aparecían, vívidos, palpables, de cuerpo
entero, Eugenio de Castro, el inimitable artista, músico de la
palabra: Verlaine, el pobre Lelián, con su pierna anquilótica,
con sus tristezas sexuales y sus cantos angélicos; y Gabriel
D'Annunzio, glorioso príncipe del Arte, bello como un
crepúsculo, enamorado de las sinfonías sobrenaturales, de las
prodigiosas abstracciones líricas, de todo lo enorme y único
que por medio de la frase trágica pueda hacer estremecerse a la
humanidad]]

entre otros libros de Fêtes Galantes (1869) y Jadis et Naguère (1884).


Rubén Darío lo homenajeó con el poema "Responso a Verlaine". Eugenio
de Castro ( ] 804-1865), poeta del simbolismo portugués, autor de Belkiss,
Sagramor, y Salomé. Gabriel D'Annunzio (1863-1938), uno de los autores
emblemáticos del decadentismo italiano, con gran influencia en
Hispanoamérica, principalmente con su novela El triunfo de la muerte
(1894).
11
Las obras del autor italiano habían fascinado a Turcios desde muy joven;
incluso, en un artículo de 1943» llega a corneter un tremendo lapsus, al
afirmar lo siguiente: "Conrab; yo quince años cuando leí las novelas de
D'Annunzio: El Placer, El Fuego, El Triunfo de la Muerte, El Inocente. Hoy
conozco todas sus obras". Véase Froylán Turcios, "Gabriel D'Annunzio",
'en Ariel, núm. 145, I de septiembre de 1943, pág. 3545. Tal afirmación
resulta inverosímil, ya que para 1889, cuando el hondureño tenía quince
años, apenas se publicaba en italiano la novela El Placer, las otras
aparecieron posteriormente: El inocente (1 892), El Triunfo de la muerte
(1894) y Elfrego (1900). Véase Marino Parenti, Bibliogafia dannunziana
essenziale, Firenze, Sanzoni Editori» 1939, págs. 15-41.

Estos dos paladines luminosos —D'Annunzio y de Castro—


eran, sobre todo, para Rafael, la síntesis- del supremo ideal
ALMAS TRÁGICAS 103
artístico. En ellos encontraba casi realizado su ensueño
literario: cristalizar la palabra, convertir en música sutil el
sonido de las frases, hacer del ritmo un cántico argentino:
limpiar, escrupulosamente, las asonancias monótonas, las
oraciones, en los largos períodos: convertir en una portentosa
meiodía verbal la explosión de un dolor o de un placer; pero de
una manera tan intensa, que todos los nervios se contrajeran
bruscamente y los ojos se llenaran de lágrimas.
El ideal perseguido por Flaubert le encantaba y de allí su
viva simpatía por el pobre loco Maupassant, el discípulo de
aquél que con mayor sinceridad y mejor talento siguió las
huellas del maestro, superándole: De ahí que Arturo
Rimbaud le sedujera con su teoría deliciosa; que los
encantadores artistas franceses ejercieran sobre él tan
absoluta influencia: por su arte delicado y espiritual,
poblado de rarezas exóticas, de mágicas resonancias y de
dolores perfumados; y más que todo, por su odio a Io
vulgar, por su repugnancia instintiva por el cliché literario
y los giros banales de los retóricos.
Amaba Rafael esos finos ingenios parisienses, saturados de
un refinamiento enfermizo, casi doloroso; pero de un encanto
más dulce que una caricia femenina. Y él, con su alma intensa,
con su espíritu en que vibraba un arpa sonora, sentía la
nostalgia de las almas y los espíritus de aquellos artífices que
poblaban de líricos gemidos, de lamentos quejumbrosos, el
encantado París de la decadencia. El mismo se consideraba
parisiense, por el ideal simbólico, por el miraje
TRÁGICAS 104

Auv•fAS •

de la torre de marfil, por la sutilidad de la concepción y de


la forma; y aún más por la tristeza habitual, por la
melancolía de la carne, por la castidad mística. Sin conocer
la Damasco seductora, le eran familiares sus jóvenes
ingenios y todo el arte pomposo de la capital de Francia 12 .
Lutecia, la histórica, era la patria de sus ideales, de su
espíritu solitario, de su cerebro fantástico. Para ella iban sus
inmensas nostalgias, sus ilusiones errantes, sus anhelos
visionarios; ella, como una tierna visión maternal, le
llamaba en sueños, le abría sus brazos, le acariciaba
piadosamente... Y él se despertaba con espejismos de un
París mágico, que cruzaba fugaz, entre sus neblinas de
colores...

Sobre la atracción de los escritores modernistas por París, Cristóbal


Pera, en uno de los estudios más importantes sobre el tema, ha escrito:
TRÁGICAS 105

"La geografía del modernismo es en gran medida urbana y parisina, La


ciudad será para gran parte de los modernistas el paisa)e que enmarcará
sus obras, ya sea prosa o poesía, y en ella verán e] espacio de la
modernidad." Véase Cristóbal Pera, Modernistas en París: el mito de
París en la prosa modernista hispanoamericana, Bern, Editorial
Científica Europea, 1997, pág. 13.
Segunda parte
108 • FROYEÅN TURCIOS

1
PASARON LOS AÑOS.

Una noche, a consecuencia de una violenta discusión en el


Club, Rafael, exasperado por la terquedad y por la frase torpe e
hiriente con que le interpeló uno de esos mozalbetes de tres por el
cuarto, se levantó indignado y le dio• una tremenda bofetada,
que le hizo rodar bajo la mesa.
El escándalo que se promovió con aquel incidente fue
inmenso. Todos los amigos del ofendido saltaron sobre el
joven, que se defendió con el bastón. Julio, que jugaba billar
en el salón contiguo, acudió en su defensa. Derribó a dos o
tres, y viendo que uno de ellos, completamente ebrio, se
dirigía revólver en mano sobre Rafael, de un salto cubrió a
su amigo con su cuerpo, avanzando después sobre su
contrario, con los puños crispados. Sonó la detonación en el
preciso momento en que Julio le desarmaba, arrojándole de
espaldas contra el suelo.
Acudieron varios agentes de policía, y en medio de la
confusión, el dueño del establecimiento, que había presenciado la
TRÁGICAS • 109
valiente audacia de aquellos jóvenes, quiso favorecerlos,
sacándolos a la calle por una puerta excusada.
ALMAS

Agarrados del brazo, caminaron sin dirección fija. De pronto,


Julio se paró.
—No puedo más —dijo. Me ahogo.
ué tienesp. —le preguntó Rafael, sosteniéndolo.
El, por toda respuesta, llevó la mano de su amigo a su pecho.
La retiró bañada en sangre.
Rafael lo comprendió todo; y con esa serenidad de los hombres
fuertes en los peligros, hizo un esfuerzo poderoso y tomando en
sus brazos a su amigo, ya desvanecido, echó a andar. La noche

era obscura y los faroles estaban apagados. Caminó así algunos


minutos, sin pararse, sin encontrar a nadie. Luego se detuvo frente
a un ancho portón, y depositando su carga, llamó con violencia.
Aquélla era la casa de Julio. Un criado salió a abrir.
Las señoras no estaban.
—exclamó el joven.
Y ayudado por el sirviente, que no volvía de su asombro,
transportó a Julio a su cuarto.
—Ve, vuela a casa del doctor Rodríguez, que venga
inmediatamente. Explícale el asunto y dile que el caso es
gravíslrno.
Luego se puso a desnudar al herido. Cuando el médico entró,
Julio aún no había recobrado el conocimiento. Estaba sobre el
lecho, con los ojos cerrados, pálido y ensangrentado. El doctor le
examinó cuidadosamente, lavándole y haciéndole la primera cura.
110 • FROYEÅN TURCIOS
—La herida es mortal, dijo, después de un largo rato. —
Pero creo que su vigorosa juventud y una asistencia
esmerada le salvarán.
Rafael apretó nerviosamente la mano del médico.

11
UNA PEQUEÑA LÁMPARA DE BRONCE —CUBIERTA DE
UN LADO por una pantalla verde— iluminaba la estancia, en
donde hacía una semana se agitaba Julio, presa de intensísimo
letargo.
Aquella noche —mientras Rafael descansaba en un sofá del
salón y doña Luisa en la pieza contigua— Adela y Alicia velaban
al enfermo.
El médico había asegurado que si no se presentaba una
complicación, la fiebre cedería hacia la madrugada y el herido
recobraría el conocimiento. Alicia leía con los codos apoyados
sobre el mármol de la mesa.
Reinaba un profundo silencio, sólo interrumpido por el tic tac
monótono del pequeño reloj fijado en la pared.
Aprovechando un momento en que Adela dormitaba, la joven
se acercó de puntillas a la cabecera de Julio. Su hermosa cabeza
varonil se hundía en la almohada, con los cabellos en desorden.
Su mano derecha, de una perfección admirable, descansaba sobre
el cobertor; y bajo la camisa finísima se descubría el pecho —
ancho y robusto, de una blancura absoluta— vendado fuertemente
por en medio.
Alicia estuvo contemplando, durante algunos minutos,
con una indefinible expresión de amorosa angustia, la frente
TRÁGICAS • 111
triste, las hondas ojeras violáceas, las facciones marchitas de
su amante.
En un rapto de amor supremo y ternura desolada, se
inclinó sobre él, y después de arreglar con sus dedos sutiles
ALMAS

el negro bigote y de acariciarle con caricias de seda, le besó


en la boca, con un beso apretado, largo y ardiente, con uno
de esos besos refinados e intensos, con que las mujeres
apasionadas se entregan al hombre que aman.
Julio se estremeció y abrió los grandes ojos, cerrándolos
después tras un prolongado suspiro.

111

AL DÍA SIGUIENTE —Y COMO EL MÉDICO LO HABÍA


PREVISTO— Julio quedó fuera de peligro. Volvió a la vida bajo
la dulcísima sensación de una caricia deleitosa. —¿Sería un
recuerdo o un ensueño?— El sintió sobre sus labios helados la
voluptuosa presión de unos labios de fuego; y cuando abrió los
ojos, el perfume de la mujer amada le envolvió en una onda de
frescura, cerrándolos cuando se desvanecía en el aire su figura
angélica con los cabellos sueltos y flotantes. Un ligero desmayo
le privó de la palabra...
Durante las interminables semanas de la convalecencia, en los
días en que la joven no podía ir a casa de Julio, le escribía cartitas
leves, impregnadas de su aroma favorito. Para el enamorado eran
una delicia aquellos delicados plieguecillos azules. Los
112 • FROYEÅN TURCIOS
contestaba sin moverse de su asiento, con su letra temblorosa por
la alteración del pulso. Reíase —antes de introducirlas en el
sobre— de aquellas líneas desiguales, en cuyos caracteres casi
infantiles se estremecía la inquietud de su amor.

A] cabo de un mes, de rigurosa dieta y cuidados solícitos, Julio


pudo bajar al jardín, apoyado en el brazo de Adela.
La mañana era cálida y luminosa.
La primavera había hecho reventar los botones y una vasta
explosión de perfumes se escapaba de los rosales, de los cuadros
de lirios y de los geranios en flor. Una parvada de clarineros
bulliciosos picoteaba las cortezas de oro de las naranjas y multitud
de gorrioncillos azules y pardos metían los largos aguijones de sus
picos en los pequeños huecos de los cálices. La luz de un sol de
abril ponía claras ondulaciones sobre la intensa verdura de las
hojas, haciendo brillar el rocío como temblorosos diamantes. Bajo
el dombo del cielo —de un azur profundo— la naturaleza tenía
estremecimientos hondos. En la atmósfera, poblada de átomos
brillantes, de cantos y de rumores, flotaba el alma de todas las
caricias, de todas las esperanzas, de todas las ilusiones.
Julio sintió, hasta en lo más Íntimo de su sensibilidad, aquel
formidable rejuvenecimiento de los seres y de las cosas. Aspiró
con deleite el aire embalsamado y sus ojos onerosos se anegaron
en aquella lánguida embriaguez de colores y sonidos. La vida se
le presentaba con nuevos encantos y la naturaleza con su alegría
vibradora despertaba en él sentimientos profundos.
La naturaleza —pensó. La suprema fuerza y el eterno
prodigio. La hembra maternal, de cuyo seno siempre
palpitante, brotan todos los gérmenes. La hembra inmortal
fecundada por Dios en el lecho de los siglos.
TRÁGICAS • 113
—Descansemos un momento —dijo Julio, que se fatigaba.
AINAS

Se sentaron en un banco rústico, bajo el tupido follaje de


un jazminero, cuyas flores, de un perfume delicado,
semejaban estrellas. Era un amplio nido de verdura, a donde
llegaban tamizados los rayos del sol.
A sus espaldas, sobre el césped, Julio sintió un leve ruido.
Antes que con los ojos, vio a Alicia con su pensamiento,
adivinándola instintivamente.
La vio avanzar, risueña y ligera, vestida de blanco, con un
ramito de lilas sobre el pecho.
El joven la acarició con una larga mirada de amor.
Hablaron mucho rato, con voz alegre, dominando sus
impresiones, evocando recuerdos amables.
—Por el último correo me han llegado algunos libros
encantadores, que hoy enviaré a usted. Sólo dejaré uno,
verdaderamente raro, para que lo leamos juntos. He recibido,
además, las últimas composiciones musicales de los maestros
alemanes.
El seguía, en éxtasis, los movimientos de su boca graciosa,
húmeda y excitante.
Cuando no estaban solos, le hablaba de usted, con aire de
fingida seriedad, que a ambos hacía sonreír,
Adela se alejó, entretenida en coger mariposas.
Entonces Julio se acercó a la joven, tomó una de sus manos y
anegándose en la luz de sus verdes pupilas metálicas.
—Qué bella es la vida, cuando se ama, Alicia! —exclamó con
su acento apasionado. No sabes tú, no te imaginas, hasta qué
grado llega mi adoración por ti. Pero, ¿por qué perteneces a otro
114 • FROYEÅN TURCIOS
hombre? ¿Por qué no eres absolutamente mía? Tengo celos de tu
marido y sufro horriblemente cuando

me imagino que él puede acariciarte y poseerte siempre que


se le antoje. Crimen negro y horrendo es el de los padres que
hacen uso de su poder y de influencia para imponer un
marido a una joven inocente, para entregar a las torpes
caricias de un hombre, un cuerpo virginal que quizá se
subleva! A pesar de todo, qué triste es nuestro amor. En
medio de los esplendores de esta mañana poblada de cálidos
aromas, iqué felices seríamos si pudiérarnos amarnos en
libertad, sin que la conciencia temblara a la par de nuestras
almas! ...
Los ojos de la joven expresaron un dolor angustioso.
—Perdóname —dijo él— besándola en la boca, vaso
perfumado a donde iban a caer algunas gotas de llanto.
Entonces, al sentir aquella amarga delicia, al sabörear
intensamente la dulzura de su boca, mezclada a la amargura
de sus lágrimas, comprendió Julio cuán injusto era en
atormentarla así, ya que por ley fatal todo en la vida es una
mezcla de placer y de duelo...
—Es una lástima —añadió— que se me hayan ocurrido esos
reproches estériles. No pienses más en ellos, te lo ruego.
Y para hacerla olvidar su indiscreción, le habló de su amor con
un lirismo penetrante y hondo.
—Antes de conocerte —hace cuatro años— mi espíritu era
una llama inmóvil, de apagados reflejos, de mustias
claridades. Hoy es un sol de cálidas lumbres, cuyo ocaso sólo
TRÁGICAS • 115
podría iluminar la losa de mi sepulcro. Tú llenas por
completo mi existencia. Vives en mí con formas múltiples,
en cada una de mis sensaciones y oculta en el pliegue de
todos mis recuerdos. A ti van, como al mar los ríos, mis
ALMAS

pensamientos y mis inquietudes y mis hondas ternuras. Todo


lo que me estremece y agita, admiración y deseo, locura y
felicidad, todo me viene de ti. Eres mi obsesión intensa, mi
dolor aleve, mi gloria y mi amor. Me sugestionas y me
enloqueces; y soy un errante sonámbulo a quien no debes
despertar jamás. Quisiera sacrificarme por ti, darte hasta la
última gota de mi sangre y morir besando tus pies. Deseara
que murieras en mis brazos cuando te poseo y deseara
poseerte con tal fuerza de sensaciones que todos tus nervios
se rompieran y quedaras para siempre exánime y bañada en
lágrimas. iOh amor mío! iOh mujer querida! Mi pasión es
más grande que el tiempo y que la muerte; y en el fondo de
la tumba las frías oquedades de mi cerebro se llenarían de
células amorosas para soñar contigo en la eternidad!
Alicia le escuchaba toda trémula. Cada una de sus frases
era una caricia impalpable, que caía lentamente en su
corazón.
Cuando Julio acabó de hablar, ella, enloquecida, le abrazó
apasionadamente...
Y como temiendo que la rindiera la dulce embriaguez que
la embargaba, le dijo:
116 • FROYEÅN TURCIOS
—Vámonos, Julio mío. Aún no estás del todo restablecido y la
humedad del jardín puede hacerte daño.

RAFAEL FUE EL ALMA DE LA CASA DE JULIO,


DURANTE LA enfermedad de su amigo. Él se consideraba
inconscientemente culpable de lo ocurrido. Doña Luisa y su
hija —tur-

badas y confundidas por aquella desgracia— apenas se


daban cuenta de lo que les pasaba en los primeros días; pero
el joven se multiplicaba, rodeando al enfermo de toda clase
de cuidados. Causaba admiración su energía fisica, que le
permitió no separarse del cuarto del herido, en las noches en
que su estado febril requería necesariamente junto a él la
presencia de un hombre. Veló junto a su lecho toda la
semana que duró el peligro, sin desmayar, aplicándole con
exactitud matemática los medicamentos; teniendo para él
solicitudes fraternales.
En aquellas interminables y tristes veladas fue cuando la pasión
que empezaba a germinar en el alma de Adela se desarrolló con
todo el vigor de la juventud. Rafael se hizo dueño absoluto de
aquel corazón puro y sensible, sin intentarlo siquiera, ni darse
apenas cuenta de ello. Demostraba a la joven ese afecto que nos
inspiran las hermanas de nuestros amigos Íntimos; afecto
respetuoso y desinteresado, que nunca pasa de los límites de las
amistades comunes.
TRÁGICAS • 117
Por ciertas circunstancias y detalles que de ninguna
manera pueden escaparse a la observación de un hombre de
talento, Rafael llegó a comprender la desgraciada pasión que
había inspirado a la joven. Fueron también para él
revelaciones mudas, pero elocuentes, su extraña turbación
cuando él la hablaba, las miradas de sus hermosos ojos
obstinadamente fijos en su persona y que había sorprendido,
sin que ella lo notara, en el fondo de los espejos; y más que
todo, la tristeza continua y tenaz que se advertía en el rostro
de Adela: tristeza natural de toda mujer enamorada que ha
llegado a comprender el imposible de su pasión.
ALMAS

Rafael se sintió rebelado contra la crueldad de su propia suerte,


al hacerse cargo de aquella irremediable desgracia. Porque él no
la amaba: porque su corazón permanecía frío y mudo ante los
estremecimientos pasionales de aquel corazón inocente, cuya
calma había turbado para siempre.
El joven tembló ante la probabilidad de que aquel
incidente íntimo pudiera poner término a la amistad de Julio.
Amaba a aquel amigo generoso, con uno de esos afectos
profundos que perduran toda la vida, a pesar de las distancias
y de los tiempos. Era un cariño de hermano, sin el cual le era
ya imposible vivir... Y pensando en que podía perderle, se
sintió, por vez primera, débil y cobarde; capaz del engaño y
del sacrificio de su propia alma..., ipero Dios mío!..., ¿po
qué en el momento en que se le ocurriera casarse con aquella
niña, fingiendo un amor que no existía, surgió en el fondo de
su espíritu, con todo el poder de una mágica evocación,
118 • FROYEÅN TURCIOS
como una protesta celosa, una figura delicada y pensativa,
de negros ojos melancólicos y errabundos?
iHortensia! —murmuró, con un acento indefinible y
hondo, como si contestara a una pregunta interior.
Y el denso velo, bajo el cual desde hacía algunas semanas se
agitaban impresiones confusas y estremecimientos nuevos, se
rasgó, como por encanto, haciéndole conocer el misterio de su
porvenir.

ESTABA —NO CABÍA DUDA— ENAMORADO


LOCAMENTE DE aquella niña. Ahora que un rayo de luz
había penetrado desde lo más recóndito de su ser,
iluminando sus dudas, mil pequeños detalles, mil recuerdos
aislados, antes sin valor alguno y ahora reveladores y
palpitantes, se agruparon en su mente y agitaron su corazón.
POCO a poco, día por día, en aquellos tres años en que él la había
visto convertirse de niña en mujer, en que constantemente la tenía
a su lado, oyendo su voz, aspirando su aliento, el espíritu del joven
se fue uniendo de tal modo al de su discípula, que ahora, en que él
comprendía su situación, llegó a convencerse, con esa evidencia
extraña de los seres superiores, que si ella era indiferente a su
amor, su cerebro se paralizaría y su corazón dejaría de latir.
Tras largas meditaciones, Rafael encontró natural el amoroso
impulso que le encadenaba a ser la sombra de aquella angelical
figura; el reflejo de aquella estrella; FI creyente ciego de aquel
Dios! Él conocía todos los tesoros únicos e inestimables de su
alma en flor; sus pudores, sus ingenuidades, sus castas inocencias.
Era purísima, adorable, casi divina. Había visto desarrollarse, al
TRÁGICAS • 119
par de su inteligencia brillante y excepcional, su cuerpo delicado,
de redondeces seductoras. Sus brazos se modelaban suavemente
en las finas telas y bajo las sedas vaporosas de sus corpiños
empezaba a dibujarse la dulce curvatura de sus senos floridos.
Su rostro tenía un encanto ideal. Era de un óvalo perfecto,
de sonrosada palidez, con un aire de tristeza y melan-
AINAs

colía, que le daba una gracia que Rafael no había observado


jamás en otro rostro de mujer. La cabellera castaña y
abundante formaba un marco obscuro en su frente adorable:
los OJOS, soles de misterio, tenían miradas pensativas; la
nariz era pequeña, la boca rosada y fresca, de labios
ingenuos, que al hablar se movían deliciosamente;
formándosele, cuando ella sonreía, dos encantadores
hoyuelos en las mejillas.
Con estos encantos físicos y morales, era casi imposible que
Rafael se escapara a la seducción poderosa e inconsciente de
aquella niña. Siempre observó para con ella una conducta
uniforme: severo y cariñoso al mismo tiempo, jamás llegó a la
familiaridad. Adela, a medida que iba haciéndose mujercita, se
hacía más formal; y ya no tenía para él aquella confianza de sus
primeros tiempos. Ahora ponía más espacio entre su asiento y el
de su maestro y se apenaba por cualquier error en que incurría al
dar sus lecciones.
Rafael no recordaba nada concreto que pudiera hacerle creer que
ella le quería más que como a un viejo amigo, que como a un maestro
afectuoso y solícito. Demostraba placer en verle, oía con gusto todo
lo que él decía y le sonreía cuando al llegar y al despedirse, Rafael
estrechaba tiernamente su mano, conservándola entre las suyas
120 • FROYEÅN TURCIOS
durante algunos segundos. Pero en ciertas ocasiones era con él casi
indiferente. Fuera de la hora de clase, cuando el joven llegaba de
visita a su casa, tenía para él seriedades impasibles, que le hacían
daño, poniéndole malhumorado.
A fuerza de meditar sobre el mismo tema durante días y
noches, con pretexto de cualquiera cosa y en el lugar en que

se encontrase, Rafael llegó a formular esta desesperada


conclusión:
—No me ama.
Él era viejo, comparado con ella. Le doblaba la edad: ella
tenía quince años, él treinta. Entre ambos, podría caber otra
vida; y le atormentaba la idea de que bien pudiera ser su
padre, viéndola tan infantil, tan inocente, con sus sombreros
ligeros y sus vestidos cortos y verse él mismo, tan grave,
tan serio, vestido de negro, y aparentando más edad de la
que tenía.
De seguro que Hortensia no había pensado jamás en
aquello y que de haberlo pensado, le encontraba bueno para
amigo, pero no para nov•.o, a pesar de todos sus méFitos:
Cualquier jovencillo insignificante quizá valdría más que él
en este sentido...
Y al solo pensamiento de que aquella criatura adorada
pudiera ser de otro; de que otro hombre sería dueño de
aquella boca, de aquel casto seno y de aquellos ojos, una
ola de amargüra le llenaba el alma y una mano de hierro le
estrujaba el corazón.
TRÁGICAS • 121
Cierta noche encontrÓ en casa de Alicia a un joven bien
vestido, de gallarda figura y maneras desenvueltas.
—Samuel Castro —dijo la joven, presentándolo.
Rafael le saludó, sin darle la mano.
Una violenta sospecha cruzó por su mente. El conocía a aquel
tipejo. Presuntuoso y majadero, instintivamente Rafael le había
tratado con la mayor indiferencia, cuando le encontraba en casa
de alguna de sus amigas.
122 • FROYEÅN TURCIOS

Como si no advirtiera su presencia, casi dándole la espalda,


Rafael se puso a hablar con la joven de varios asuntos. De
improviso, como estimulado por un recuerdo, se levantó,
estrechó la mano de Alicia, y saludando apenas a Samuel, salió
del salón.
Un día horrible le mordía el alma. Se informó con una
amiga y supo que aquel hombre visitaba todos los días la
casa: que era el marido que Luciano Álvarez deseaba dar
a su sobrina; y otros muchos detalles que le hicieron el
efecto de profundas estocadas. iY él que nada se
imaginaba!
De aquella fecha en adelante sabía cuando Samuel
almorzaba en casa de Luciano, cuando salían a paseo,
cuando hacía a la joven algún regalo...
Los celos le pusieron sombrío. Se volvió taciturno. Era,
a veces, brusco con Hortensia, que extrañaba sobre
manera aquel cambio. El no la perdonaba que le hubiera
ocultado la verdad.
Entonces fue cuando Julio —que desde su enfermedad
quería más a su amigo— viéndole en aquel estado de
sufrimiento, le suplicó que le contara su pena, echándole
en cara su falta de confianza y estimulándolo con palabras
afables y fraternales.
Ya era tiempo de referirle a Julio aquella desgracia que
lo mataba. Y lo hizo con frases ardientes, con explosiones
de ternura quemante, con tal fuerza de pasión, que el joven
se asustÓ. Sin embargo, él ya conocía aquella extraña
ALMAS TRÁGICAS • 123

locura; la había sentido con igual intensidad, aunque se


guardó mucho de confesarlo.
—Te he abierto mi corazón. Aconséjame ahora. Dime
qué debo hacer.
Julio le recomendó que no perdiera la calma, ni se dejara
abatir. -Lo esencial era saber si la joven lo amaba. Lo demás
corría de su cuenta. Él hablaría con Alicia y todo se arreglaría
satisfactoriamente.
Hablaron largo rato. Rafael se separó de su amigo con
el ánimo más tranquilo, iluminado por un tenue fulgor de
esperanza, ahora sólo le faltaba averiguar el secreto del
corazón de Hortensia.

VI
DURANTE LA ENFERMEDAD DE JULIO, LAS
FIESTAS• DE LOS Alvarez se interrumpieron. Luciano
fue diariamente a informarse del herido; y aquel cariño
desinteresado y profundo del buen hombre, apenaba a Julio,
hasta hacerle daño. Su corazón noble y generoso sufría con
el engaño de que hacía víctima a aquel viejo amigo que
tantas consideraciones le dispensaba.
Luciano tuvo que hacer un viaje a Guatemala y como su
ausencia podría durar algunos meses, suplicó a Julio se
encargase de sus negocios comerciales, mientras él regresaba.
Desde entonces y con el pretexto de aquellos negocios,
Julio pasaba la mayor parte del tiempo en casa de Alicia.
124 • FROYEÅN TURCIOS

iQué dulces días aquéllos, qué inolvidables noches de amor!


Se abandonaron, enloquecidos, a la embriaguez de su ardiente
pasión y el mundo desapareció por completo para ellos,
envueltos en una neblina perfumada, en un velo azul de ilusión
y de ensueño, más suave y más grato que el calor de las sábanas
nupciales!
Y cosa rara en una ciudad pequeña como Tegucigalpa, en
donde nada puede pasar oculto: aquellas relaciones criminales
eran un profundo misterio para todos. Solamente la madre de
Julio las conocía. Jamás la 'menor prudencia atrajo sobre ellos
la malignidad de los vecinos desocupados. Todos juzgaban al
joven el mejor amigo de Luciano y de su mujer; y nunca el más
ligero indicio les hizo pensar en -la posibilidad del adulterio.
Ni Rafael conocía el hondo secreto del alma de su amigo.
Cuando no estaban solos, Alicia y Julio se trataban
como dos buenos y antiguos amigos, sin llegar a jamás a
la más insignificante familiaridad. Y nunca se
abandonaban a transporte de pasión, sin asegurarse antes
de que nadie podía entrar al lugar donde se hallaban.
Delante de Hortensia, sobre todo, ambos fingían tan
admirablemente, que a la niña no le asaltó jamás una duda.
Julio tenía con Hortensia esas confianzas autorizadas
por el trato constante. Le tenía cariño a la pequeña.
Habíase acostumbrado a verla diariamente, desde niña,
con su dulce carita meditabunda y su cuerpecillo ágil y
elegante. La recordaba con placer desde cuando tenía ocho
años, en que la miraba desde el balcón de su cuarto,
entretenida en el jardín en formar grandes ramilletes de
rosas, acompañada de Adela, que le llevaba dos años de
ALMAS TRÁGICAS • 125

edad, y era, naturalmente, más crecida. A pesar de esa


diferencia de años, eran íntimas amigas aquellas
muchachitas, cuyo diverso género
de belleza había hecho pensar a Julio en dos ángeles de dos
cielos diferentes.
Las dos eran tristes; pero la tristeza de Adela era más
honda, más humana, más inconsolable; mientras que la de
Hortensia era una dulce melancolía, una expresión de
lánguida ternura, impresa hasta en sus movimientos, que
tenían dejadeces de caricias. Se parecían, moralmente, en
el carácter reservado, poco dado a expansiones y alegrías
ruidosas; y aun más en su afición a los libros y a la música.
Eran silenciosas, amigas de la soledad, del misterio de los
plenilunios y de las luces violetas de las alboradas.
Recién llegado Rafael, hacía tres años —les había leído a las
dos uno de sus libros de colores, CANCIONES DEL
CREPÚSCULO. Era en mayo. En lastardes bajaban al jardín de
la casa de Adela —desde donde se descubrían, por el ocaso, las
líneas azules de los horizontes— y allí, sentados sobre los
céspedes amarillentos, escuchaban aquellas dos almas vibrantes
y sensibles, la música de las estrofas lapidarias, sobrecogidas por
un misterioso sentimiento, por una impresión indecible que las
hacía permanecer, mientras duraba la lectura, sumergidas en un
silencio casi religioso. Con las manos unidas, con las pupilas
húmedas, las dos pequeñas se embriagaban, escuchando los
tenues ritmos de aquellos versos apasionados.
Era una colección de leyendas meridionales, de cuentos
melancólicos, impregnados de un intenso colorido. Eran los
cantos de las almas enfermas; el himno de los sangrientos
126 • FROYEÅN TURCIOS

ocasos, poblados de brumas amarillas; la canción de los


piélagos escarlatas, que anegan los horizontes; el saludo
fúnebre a los negros lutos de la noche, que tiende sobre
el mundo su cabellera de sombras.
El estilo, el verso, ondulaba como una serpiente, cintilaba,
gemía [Link] cristalinas. Eran páginas adorables, en
que la agonía de la tarde se mezclaba a la agonía de las almas
desoladas, de las almas trágicas, que buscaban en los
solemnes silencios nocturnos, la imagen y el misterio de los
helados sepulcros.
Como una melodía que se desvanece se apagaba la voz de
Rafael...
El jardín, entre tanto, se había colmado de tinieblas, y bajo
el cielo pálido brotaban las primeras estrellas. Sólo allá, en el
occidente, se percibía aún un reflejo lívido, una luz . mortecina,
el último parpadeo del crepúsculo.
Se retiraban las dos niñas con una dulce opresión en el
pecho, en cuyo fondo sentían el brote de las primeras rosas de
amor, una armonía, una claridad, un gran deseo de llorar y
reír; un algo desconocido que las angustiaba, agitando sus
cándidos corpiños y sus labios húmedos.
Después, una profunda reserva de parte de Adela fue
enfriando la amistad de los jóvenes. Al cabo de tres años, sólo
quedaba de aquel fraternal afecto una simpatía indecisa, un
cariño de fórmula.

VII
—TENGO QUE DARTE UN CONSEJO, PEQUEÑA— LE DIJO UNA mañana
Julio a Hortensia.
ALMAS TRÁGICAS • 127

—Bueno. Ahora mismo; comprometiéndome a seguirlo


al pie de la letra.
—No; mañana será. Estoy muy ocupado y el asunto es
muy largo.
Y mientras ella insistía, llamaron a la puerta. Era
Samuel Castro, el novio.
Entró saludando ceremoniosamente, con la garganta oprimida
por un enorme cuello Sport. Llevaba encima las esencias de toda
una perfumería. Iba vestido con un traje de levita, última moda
que la víspera había recibido de París. En sus dedos y en su
pechera, de una irreprochable blancura, lucía grandes brillantes.
Y en su gesto, en su actitud, en la mirada sin expresión de sus
redondos ojos claros, en sus bigotes exageradamente retorcidos,
había un algo tan cómi co, tan ridículo, que Julio no pudo sofocar
una carcajada.
Hablábamos de Ud., amigo Castro —exclamó, mirando
al joven burlonamente.
—¿Y se puede saber el motivo?, preguntó él, algo turbado.
—Decíamos que era usted el joven más elegante de la
capital.
—Y el más inteligente —añadió Hortensia, con una
vaga sonrisa.
—Gracias. . . gracias. Yo. . . yo no tengo esos méritos.
—Pero tiene usted mucho dinero, querido; y eso debe
consolarle.
Y Julio, casi ahogado de la risa, se fue, dejándolos solos.
VIII
AQUELLA MAÑANA, AL ENTRAR RAFAEL A CASA DE ALICIA, ÉSTA salía
de paseo.
128 • FROYEÅN TURCIOS

Atravesó de puntillas el salón y entró a la biblioteca sin hacer


el menor ruido. De espaldas a la ventana, inclinada sobre el
caballete, Hortensia pintaba. Rafael se estremeció.
Rápidamente, en aquel rostro incompleto, apenas bosquejado,
que se veía en el lienzo, reconoció su propio rostro. Una ola de
felicidad le anegó el alma.
Regresó en silencio por donde había llegado. Llamó a la
puerta con dos ligeros golpes, como acostumbraba a hacerlo
diariamente.
Cuando Rafael entró, el lienn:) había desaparecido en uno de
los cajones de la mesa y la joven desarmaba el caballete. —He
venido a interrumpirla?
—No, de ningún modo. Mientras usted llegaba, me
entretenía en borronear.
—¿Y qué pintaba usted? —la interrogó con su acento
familiar.
—Flores —dijo ella, toda turbada.
—Cuando las concluya podrá usted verlas.
Él la miró fijamente, como queriendo descubrir, en el fondo
de sus grandes pupilas, el secreto de su corazón.
—Vengo a despedirme de usted —dijo, de pronto. Me voy
mañana para el Sur y es probable que nunca volvamos a vernos.
La joven palideció intensamente.
ALMAS TRÁGICAS •
1 10

—¿Y por qué se va usted? —pudo apenas murmurar,


con voz ahogada.
—Porque soy muy desgraciado, sabiendo que usted se
casará pronto. Porque la adoro y no podré soportar que
usted sea de otro.
Hortensia vaciló y tuvo que apoyarse en la mesa para no
caerse.
Y como Rafael se acercara para sostenerla, ella se abrazó a
su cuello sollozando.
Él la retuvo largo tiempo, prisionera en sus brazÃ)S, trémula
y desvanecida. Aspiraba el casto perfume de su cabellera
desatada, sintiendo caer sobre sus manos la lluvia de su
llanto.
Después de aquellos dulces momentos, los dos sentados en
un mismo sillón, hablaron con laaíntima familiaridad-de dos
novios.
Acostumbrados a verse todos los días, durante tres años, el
natural pudor de la joven cedió a la confianza que había entre
ellos y a la violencia de sus impresiones.
Se dijeron todo lo que en mucho tiempo callaron sus labios.
Ella jamás pensó casarse con aquel figurín que le daban por
novio. Con ella no harían lo que con su tía Alicia, un negocio.
Prefería vivir pobre con él, que millonaria en compañía de
alguno que quisiera comprarla. Se separaron al oír la voz de
Alicia en los corredores.
—Hoy la clase ha durado más tiempo que el de costumbre
—exclamó la joven alegremente, al entrar.
• FROYthN TURCIOS

ll1

—SÍ —dijo él. Explicaba a Hortensia algunas de las más


curiosas teorías astronómicas de Flammarión 13 . Y como en
ciertos días el exceso de trabajo me impide venir, los dos, de
acuerdo, reponíamos ahora el tiempo perdido.

—TE FELICITO CON TODA Ml ALMA— DIJO


JULIO —DESPUÉS que su amigo, con una alegría
rebosante, le contÓ la escena anterior. El matrimonio es
hecho. Si necesitas dinero, toma de mi caja el que gustes.
Bien sabes que todo lo mío te pertenece.
—Gracias, querido. Por ahora sólo te suplico que te
entiendas con Alicia y escribas a Luciano. Quiero que se
arregle este asunto lo más pronto posible. Por correo de hoy
pediré mis papeles a Buenos Aires.
Cuando Julio le contó el secreto de su amigo, Alicia no pudo
menos que sonreírse, recordando la conversación que tuvo con
el joven y en la cual él se mostró tan escéptico en asuntos de
amor. Escribió a Luciano a Guatemala, suplicándole no se
opusiera a aquellas relaciones, y halagándole, para conseguir
su intento, con frases de estudiado efecto.
Un mes tardó en llegar la contestación. Tras algunos
párrafos, llenos de vaguedades y reticencias, daba su consen-
ALMAS TRÁGICAS •
13
Camille Flammarion. Astrónomo francés (1842-1925), autor de ta
célebre obra Astronomie populaire (1879) y fundador de la Societé
Astronomique de
France (1887).
112

timiento para que se recibiera a Rafael como novio de su


sobrina. A su regreso se efectuaría el matrimonio.
Desde aquel momento, Rafael se sintió el hombre más feliz
de la tierra. Pasaba casi todo el tiempo que su trabajo le dejaba
libre, en aquel pequeño gabinete de la biblioteca, charlando,
leyendo o viendo coser a Hortensia. Considerábase dichoso
estando a su lado, oyendo su voz, admirando las gracias
exquisitas de su persona. En la noche, mientras Alicia hacía
vibrar el piano, ejecutando fragmentos de las estruendosas
óperas wagnerianas, ellos, con las manos unidas, hablaban en
voz baja de esas cosas íntimas con que los enamorados
acrecientan su pasión.

x
ADELA OYÓ IMPASIBLE NOTICIA DEL PRÓXIMO
MATRIMONIO de Hortensia. Con su instinto de mujer
enamorada y celosa, comprendió, desde hacía dos años, el
amor silencioso de su amiga, y el que empezaba a germinar en
el corazón de Rafael. Ya esperaba aquel desenlace...
Su madre y su hermano —que conocían la funesta pasión de
la joven- quedaron sorprendidos, viendo la absoluta
indiferencia con que ella acogió la nueva. Pero iay! era que
• FROYthN TURCIOS
ellos quizá ignoraban que la herida de los celos no puede
curarse... y que a veces, bajo una glacial apariencia, ruge en el
alma de las mujeres apasionadas la tempestad más negra, de
cuyo seno surge la muerte.
ALMAS TRÁGICAS
• 113

Ella fingía de tal manera, que ni Rafael, ni Julio, ni doña


Luisa, ni persona alguna que pudiera acercársele, hubiera
notado en su rostro la más ligera señal de dolor. Distraída
en sus ocupaciones habituales, quedábase por algunos
momentos inmóvil, con la mirada perdida, como si sus
ojos buscasen un punto luminoso y lejano.

LUCIANO REGRESÓ A FINES DE ENERO, AL


MISMO TIEMPO QUE recibía Rafael los documentos
pedidos a la Argentina, que acreditaban que el joven era
viudo.
—¿Viudo?. —le preguntó Julio. Nada me habías
contado de tu primer matrimonio. Yo te creía soltero.
Por la frente de Rafael pasó una sombra de muerte y en sus
ojos brilló una luz siniestra.
Apretando nerviosamente la mano de su amigo, le
interrogó:
—¿Quieres saber el secreto de mi vida?
Julio no le había visto nunca tan exaltado. Comprendió
que su amigo sufría y no quiso aumentar su pena.
—Nada me cuentes —le dijo. Hay cosas tan íntimas,
hay secretos tan hondos, que más vale no revelarlos nunca.
—Mi corazón será de hoy más un libro siempre abierto para
ti. Eres grande y generoso y te quiero más que si fueras mi
hermano.
1 14 • FROMN TERC10S

Estaban en el cuarto que Rafael ocupaba, en una de las


casas del centro de la ciudad. Era de noche.
El joven cerró cuidadosamente la puerta; y volviéndose
hacia el sofá en que su amigo fumaba, le dijo con voz
sorda:
—Encargo a tu amistad que evite, por todos los medios
posibles que Hortensia sepa que yo he sido casado. Si ella
me interrogara sobre este punto, tendría que mentirle o
que contarle la verdad; y en ambos casos nuestro amor se
llenará de sombras.
—Ahora, escucha. Hace seis años —cuando tenía
veinticuatro— me casé en Buenos Aires con una mujer
bellísima. Eramos de una misma edad y nos amábamos
con delirio. Durante dos años me hizo completamente
feliz. Yo tenía un amigo íntimo, a quien casi llegué a
querer tanto como a ti. Llegaba a mi casa con la confianza
con que tú llegas a la de Luciano. Yo le juzgaba un hombre
honrado y noble, incapaz de una traición. Una tarde recibí
un anónimo. En el primer momento pensé romperlo,
inspirado por el desprecio que me inspiran esos
papeluchos asquerosos, escritos por manos cobardes y
dictados por almas ruines.
ALMAS TRÁGICAS
"Si quieres convencerte de lo que valen el amor y la
amistad, ve esta noche, a las diez, al cuarto núm. . . calle
de. . . en donde encontrarás a tu mujer, en compañía de. . .
tu íntimo amigo Pablo Méndez". Después había un largo
relato de mi deshonra. Se fijaban fechas y sitios;
explicándose todo lo que se refería al adulterio.
Aquel escrito me hizo el efecto de una puñalada en mitad
del corazón.
Creí volverme loco.
• 1 15

Por no sé qué especial estado de ánimo, no dudé de que


fuera verdad todo lo que decía la horrible carta.
Aquella noche salía un vapor para las Antillas. Recogí todo
el dinero que pude, arreglé mi equipaje y con el mayor misterio
lo hice llevar a bordo. Como el vapor zarparía a las doce, me
entendí con el Capitán para que mandara a recogerme a tierra
veinte minutos antes de aquella hora.
Sonaba la última campanada de las diez en un reloj
público, cuando llamé con violencia a la habitación
indicada. Como nadie contestara, en un arrebato de ira, de
dos puñecazos hice saltar la cerradura.
Antes de que Pablo tuviera tiempo de impedirme la
entrada, me hallaba yo en medio de la estancia. . . Mi mujer
había intentado ocultarse tras uno de los extensos
cortinajes. Cuando me vio, se quedó aterrada.
Después de cerrar la puerta, saqué del bolsillo anterior
de la levita, dos anchos puñales; y entregando uno a Pablo:
—Defiéndete —le dije, fríamente. De lo contrario, me
veré obligado a matarte como a un perro.
Él no se movió. Entonces, acercándome, le di un bofetón. De
un salto cayó sobre mí. Rodamos sobre la alfombra durante
algunos segundos. La lucha fue breve y silenciosa. Él me causó
una honda herida en el muslo. Yo le partí el cuello de una
tremenda puñalada.
—¿Y tu mujer? —preguntó Julio— impresionado por
aquel horrible relato.
—Sin dar un grito, ni hacer un solo movimiento, permanecía
en medio del cuarto. Hubiera podido huir; pero el terror ka
paralizó. En aquel instante supremo la vi hermosísima.
• FROYthN TURCIOS
1 16

Brillaban sus ojos y temblaban sus manos y sus labios. Sus


cabellos flotantes le cubrían la espalda...
Yo la miré con una expresión extrahumana. Después
la tomé en mis brazos y derribándola sobre un sofá, la
ahorqué con sus mismos cabellos.
Permanecí en aquella estancia fúnebre hasta la hora
en que debía embarcarme.
Antes de salir, una honda piedad se apoderó de mi
alma. Levanté del suelo el cadáver de Pablo y lo arrojé
sobre el sofá en que estaba el de mi esposa. Junté sus
cabezas. Ambas tenían los ojos abiertos. Yo estreché la
mano derecha de Pablo, como en nuestras despedidas
fraternales. Después me incliné sobre la adúltera y besé
sus labios fríos.. . Y las cuatro pupilas cristalizadas
parecía que• me miraban Irónicamente...
Tercera parte
138 • FROYEÅN TURCIOS

1
FUE EN LOS ÚLTIMOS DÍAS DE AGOSTO, CUANDO ALICIA LE
comunicó a Julio que estaba embarazada.
—Es el hijo del amor —añadió, bajando la cabeza.
A él, al principio, le aterró la noticia. Pero poco a poco,
la satisfacción íntima, el orgullo de su pasión, triunfaron
de sus escrúpulos y de sus inquietudes. Su amor cantaba
en el fondo de su espíritu un himno de triunfo. Pronto
sería padre. La mujer amada, carne de su carne, alma de
su espíritu, llevaba en su seno el fruto de sus ardientes
caricias.

11
LUCIANO ESTUVO A PUNTO DE VOLVERSE LOCO
DE PLACER, LA noche en que Alicia le hizo conocer su
estado. La asedió a preguntas, y la obligó a que le diera
multitud de pormenores...
—Un hijo! Era lo único que me faltaba para ser feliz!
Haré de él todo un hombre. Se educará en Europa, y no
omitiré medio alguno para que su existencia sea
brillante.
140 • FROYEÅN TURCIOS

Aprenderá idiomas y todo lo que se refiera con el comercio.


Será un segundo ejemplar de mi personalidad comercial; y
tal vez llegará a banquero iqué sé yo! Y se casará con quien
le dé la gana, porque ahora el dinero lo hace todo. Ya
conozco el camino... Y no se me diga que las grandes
pasiones engendran la felicidad. Nosotros nos casamos, ¿no
es verdad, Alicia? sin que estuviéramos enamorados y
hemos sido completamente felices. El amor llega después,
con el hábito de la existencia común, con la vida íntima y
con los hijos. Yo tengo grandes proyectos para el que
tendremos luego y ya me preocupa hasta el nombre que he
de ponerle.
—Pero, amigo mío— le interrumpiÓ Julio. ¿Y si en vez
de un varón nace una mujer?
—No, no lo crea usted. Tendré un hijo. Sería una desgracia que
fuera mujer. Sin embargo, habría que contentarse con la suerte. .
.
Él le oía hablar y gesticular, profundamente mortificado.
Le tenía una inmensa lástima a aquel buen hombre, tan
bueno, tan lleno de confianza. Su alegría vibraba en su
conciencia, con ecos dolientes... Yla piedad del joven se
aumentaba, viéndole tan ridículo, tan cómico, con su aspecto
de alcalde de pueblo, con su enorme vientre y su cara
sentimental.
ALMAS TRÁGICAS 141
111
RAFAEL RECIBIÓ UNA CARTA DE BUENOS AIRES, EN
QUE UN amigo le comunicaba la salida para Honduras —en el
mismo

vapor en que le enviaba aquel aviso— de Alberto Méndez. "Ha


jurado hace algunas noches, en un café, vengar sangrientamente
a su hermano o morir en la empresa. Yo creía que ese hombre,
comprendiendo la justicia que te obligó a lavar con sangre tu
honor, había dejado de pensar en ti con un odio tan profundo;
pero según parece sólo la falta de dinero le había imposibilitado
a seguirte "hasta el fin del mundo, si era necesario", según su
propia frase.
Rafael enseñó a Julio aquella carta.
—Alberto Méndez —le dijo— es hermano de Pablo y
todo lo que se llama un bandido. Para vengarse, empleará
contra mí todas las armas que encuentre, hasta las más viles.
Es artero, audaz, de un frío cinismo. Estoy perdido si ese
hombre llega aquí. Me calumniará, obligándome a matarlo.
—Necesitamos, en este caso, vivir sobre 'aviso. De seguro
que aún no ha desembarcado en Amapala ni en Puerto Cortés,
porque su nombre no está en la lista de pasajeros de los
últimos vapores. Hoy relegrafiaré a los dos puertos, para que
se me indique el día en que ese pícaro desembarque. Pierde
cuidado. Si es preciso, aplastaremos al reptil, antes de que
envenene con su ponzoña.
142 • FROYEÅN TURCIOS
EN AQUELLOS DÍAS FUE CUANDO EL ALMA DE JULIO
SINTIÓ LOS primeros estremecimientos de dolor, con la horrible
desgracia que formó el prólogo del libro negro de su existencia.

Era la noche del primero de noviembre. Sonaban


lúgubremente las campanas de todas las iglesias y el viento, al
colarse por las calles estrechas, lanzaba siniestros aullidos.
Desde hacía algún tiempo un hosco presentimiento
asediaba el espíritu de Julio, y le perseguía hasta en sueños.
Veía avanzar en su camino un fantasma de duelo, una
sombra mortuoria, sin que él pudiera detenerla. Una videncia
extraordinaria le señalaba un peligro cercano, un abismo
muy hondo, un algo abstracto y sombrío... Aquella noche se
acostÓ con una inquietud inexplicable. Se despertó varias
veces sobresaltado y tuvo impulsos de levantarse. Los
continuos dobles plañideros doblaban en sus oídos como
largos sollozos de agonía. . . Parecíale que doblaban dentro
de su corazón. Estaba intranquilo, nervioso... ¿Tendría
miedo? ¿Miedo de qué?... El viento lloraba, gemía, haciendo
temblar las maderas de las puertas...
A la madrugada creyó sentir unos pasos leves sobre la
alfombra, cerca de su lecho; como si alguien respirara durante
algunos segundos a su lado. . . Después, el roce de una boca sobre
sus sienes. . . Instintivamente encendió la luz. Una vaporosa
figura blanca desapareció tras la cortina de la puerta que
comunicaba su cuarto con el de su hermana.
—Adela! —gritó. —¿Eres tú?
La joven, envuelta en un largo peinador, apareció en la
ALMAS TRÁGICAS 143
puerta.
—¿Te asusté, Julio? —Perdóname. Hace un rato creí que me
llamabas y me levanté. Llegué hasta tu lecho, caminando en la
obscuridad; y al convencerme de que dormías, me retiraba,
cuando tú encendiste la luz.

—No, no he llamado. Quizá oíste el ruido del viento.


Acuéstate pronto, la noche está helada y puedes resfriarte.
Ella desapareció tras la cortina. Julio apagó la luz y volvió a
dormirse con un sueño inquieto, doloroso como una pesa-

A las ocho se despertó. Al ver la luz del día que se filtraba


tenuemente por las rendijas de la ventana, sintió un gran
alivio, como si le quitaran de encima una enorme plancha de
hierro.
Después de lavarse se dirigió al jardín, creyendo encontrar allí
a su hermana.
Doña Luisa cosía en el corredor.
—¿Y Adela?— le preguntó.
—Aún no se ha levantado.
—Es extraño, porque nunca permanece en la cama después
de las seis.
Y dominado por una inquietud horrible, se dirigió a la
habitación de su hermana.
Al entrar, un fuerte olor a láudano le hizo estremecer.
Llegó hasta el lecho de la joven y la llamó en voz baja, para no
sobresaltarla. Como no contestara, desesperado por aquel silencio
espantoso, acercóse aún mås, y guiado por la claridad indecisa
que penetraba en la alcoba, buscó la cabeza de su hermana sobre
144 • FROYEÅN TURCIOS
la almohada. Su mano derecha se posó sobre la frente de Adela y
casi al mismo tiempo la retiró, lanzando una exclamación de
profunda angustia. Aquella frente estaba fría como si fuera de
mármol... —Se ha matado —pensó.

Y, fatalmente, no se engañaba. Al abrir la ventana pudo ver a


la joven con los labios entreabiertos, cerrados los tristes ojos
mártires; pálida y helada, con el rostro invadido por

una expresión de dulce melancolía y de dolor infinito. . .


durmiendo ya el sueño de la eterna calma.

—DIME QUE NO ME ABORRECES, QUERIDO JULIO.


QUÍTAME del corazón este horrible peso que me abruma.
Yo sé que en bien de nuestra amistad, debí sofocar en mi
alma un amor que podía hacer daño a la pobre Adela; pero
yo estaba seguro de que su funesta pasión se había
extinguido. Créeme, amigo mío: si me hubiera imaginado
ese desenlace, habría renunciado a ser feliz, porque yo no
quiero una felicidad que pueda costarte a ti un sufrimiento.
Él le oyó sin interrumpirlo, impresionado por el acento de
amargura de sus palabras. Hacía un mes que Adela descansaba en
el cementerio; y en aquel tiempo, sólo el amor de Alicia y la
amistad de Rafael le hicieron no desesperarse por el trágico fin de
la pequeña.
ALMAS TRÁGICAS 145
—Pareces un niño al hablar de ese modo. ¿Qué culpa
tienes tú en lo que me ha sucedido, ni qué tendría yo que
reprocharte? Convéncete, Rafael. El destino, con una mano
invisible, mueve los seres y las cosas y sus leyes son eternas
e inmutables. Que no te asalte ninguna duda acerca del
cariño que te profeso. Hoy, como ayer, siempre, serás tú mi
hermano y mi mejor amigo.
Y sus manos se estrecharon fraternalmente.

FUERA DEL TIEMPO EN QUE SE HALLABA CON


ALICIA O CON Rafael, Julio pasaba encerrado en su
cuarto, silencioso, meditabundo.
Después de la muerte de Adela, doña Luisa fue atacada
de una violenta fiebre cerebral, que puso en peligro su vida.
Presa de un continuo delirio, completamente enloquecida, la
anciana, con frases entrecortadas, referíase a un gran crimen,
a un remordimiento, a una expiación... Desde las primeras
noches en que velaba a su madre, oyéndola delirar sobre el
mismo tema, Julio empezó a unir frases, fechas y nombres...
Pasaron cinco días y una duda tremenda llenó el corazón del
joven.
Cierta noche, en que la exaltación febril' era må[Link], Julio,
que se paseaba en la alcoba contigua, oyó que la enferma le
llamaba.
—¿Qué deseabas, mamá?
Pero ella no le reconoció.
146 • FROYEÅN TURCIOS
Con los ojos brillantes, sobrecogida por una especie de miedo
súbito, empezó a contar una historia negra, la historia de su propio
adulterio:
—Luciano. . . era el íntimo amigo. . . de mi esposo. . . y
yo le engañé... con... su amigo. Lo mismo que Julio está
haciendo con él... con su padre... vengando, sin saberlo. . . al
pobre muerto. . .
Ella continuó hablando; pero él ya no la oía. Aquel acento
quejumbroso, aquella voz adolorida, que parecía salir del
hueco de una tumba, le causó un dolor agudo, asfixiante...

La que se acusaba de aquel crimen horrendo era su


madre, a quien había considerado siempre como un modelo
de honradez, como un ejemplo de virtud... Sus ideas se
extraviaban, ahora comprendía claramente el cariño con
que Luciano le distinguía, y la falta absoluta de semejanza
física que notara entre él y Adela.
—iPobre hermana! Vale más que se haya ido ignorándolo
todo —pensó el joven.
Y al recordar multitud de detalles que se relacionaban con
aquel odioso descubrimiento, se sonrió con ironía, casi con una
mueca de asco: Pues qué ¿todo era así en la vida? ¿todo miserable
y pequeño? En las grandes amarguras el hijo va a buscar en el
regazo materno un consuelo y una esperanza y se encuentra con
que el regazo es impuro y la blancura de las canas maternales
tiene manchas de cieno! Se encuentra con que aquella boca
severa, urna de sagrados consejos, que tantas veces le acarició en
la infancia, es una boca marchita por los besos adúlteros; y que
ALMAS TRÁGICAS 147
sobre aquellas manos que él amaba religiosamente, que él creía
inmaculadas, han caído los fuegos de las caricias criminales! Y
suble vado contra todas las prostituciones y contra todos los
engaños, sintiendo en el fondo del alma un profundo desprecio
por las mujeres culpables, cegado de pronto por una cólera
satánica, odió con toda su alma a su madre, deseó su muerte y
hasta meditó un momento en ahogarla entre sus puños crispados...
Pero él ¿cómo pensaba así, después de caer también en la misma
sima? ¿Acaso no se encontraba en el fondo de un abismo de
abyección y de engaño? que más amaba en el mundo, la mujer
más querida sobre todas

las cosas, ¿no era también una adúltera? Y aquel hijo que llevaba
ella en su seno ¿no tendría el mismo derecho de maldecir y odiar,
de igual modo, a sus padres? Antes de despreciar a su madre,
¿por qué no empezaba despreciándose a sí mismo? Antes de
maldecirla ¿por qué no maldecía a la mujer amada?
El joven volvió a sonreír, con los ojos secos y la vista
contraída..
Después de todo, quizá no eran ellas las culpables...
Recordó que, hacía algunos años, su madre le contÓ todas las
violencias que su abuela puso en práctica para obligarla a
casarse con un hombre a quien no amaba. Recordó la historia
de Alicia... No: las culpables no eran ellas. El amor es un
sentimiento despótico, una fuerza dormida, que algún día
tiene que despertar... Puede un hombre, por las intrigas o por
el dinero, posesionarse de una mujer. Es suya, le pertenece. Ella
no protesta. Acepta todas sus caricias y todas las expresiones
de su amor. Hasta sonríe, hasta se cree feliz, imaginándose que
148 • FROYEÅN TURCIOS
la vida es aquella monótona continuación de placeres
materiales... Pero un día siente por vez primera que se le
revuelve el corazón, que se entristece y se alegra, que sufre y
que goza, oyendo a otro hombre, viéndole, adorándole. Al
primer asalto, ella cae en sus brazos, a veces, sin lucha, porque
no tiene la fuerza de otra pasión que la defienda, porque
comprende que el amor es absoluto, y que cuando la sangre
arde y el corazón se estremece, de nada valen las teorías del
deber, de nada los principios religiosos, de nada la invocación
de todas las honradeces y de todaslas virtudes! Solamente las
mujeres de almas extraordinarias,

de espíritus excepcionales, se salvan en esas batallas


formidables, libradas entre el cerebro y el corazón, entre el
abismo y la cumbre, entre la noche de la infamia y el claro día
de la virtud.
Julio meditó durante muchas horas sobre aquellos horribles
desgarramientos de las conciencias, por donde cruzan como
ensangrentados relámpagos o como crespones fatídicos, los
recuerdos criminales.
—Los padres, con sus viles egoísmos, hacen de sus hijas
infames adúlteras— se dijo, al fin. Cuando la mujer se casa con
el hombre que ama, puede ser desgraciada en cualquier otro
sentido, pero casi nunca se prostituye. Hay excepciones, pero son
muy raras —concluyó, acordándose del caso de Rafael.
Después, al unir en sus impresiones a su madre y a su amante,
el joven fue calmándose poco a poco, hasta sentir una piadosa
lástima por aquella pobre mujer que agonizaba. Trajo a su
ALMAS TRÁGICAS 149
memoria los dulces recuerdos de su infancia, sus cuidados y sus
caricias y los arrebatos de apasionada ternura de que doña Luisa
le hacía objeto. Él había sido siempre el mimado, el favorito, el
niño querido. Y al evocar aquellas remembranzas amables, la
doliente imagen de la triste Adela, se apareció en su espíritu como
un ángel de perdón...
Se levantó casi tranquilo y fue a besar la frente de la enferma,
que se hallaba sumergida en una vaga somnolencia.
Desde aquella inolvidable noche de angustia, redobló sus
cuidados para con su madre; evitando que ninguna otra
persona entrara al cuarto de la enferma, en las violentas
crisis de delirio. . .

A los pocos días la señora volvió a la vida, más doliente,


más quebrantada que nunca. Julio no le dio a comptender,
de modo alguno, que conocía su secreto. Su piedad llegó
hasta lo sublime. Le prodigó su cariño, como antes, cuando
ella se enfermaba. . . Y doña Luisa sentíase menos
infortunada, con aquel hijo tan afectuoso y tan bueno.
Cuando al atravesar los cuartos y los corredores de su casa,
como una sombra solitaria, el recuerdo de Adela le oprimía el
corazón, iba ella al cuarto de Julio, y allí, mientras él trabajaba,
leía algún viejo libro religioso o cosía con los dedos trémulos. A
su lado, la infeliz vieja, sentía como si se le llenara el alma de
esperanza y de consuelo.
—Julio —le dijo una tarde. —Mucho quería a Adela. Fue
un modelo de hija y yo la adoraba; pero ya ves, estoy viva.
De seguro que si tú hubieras sido el muerto, a los dos nos
llevan al cementerio.
150 • FROYEÅN TURCIOS
EN LOS ÚLTIMOS MESES, LA BELLEZA DE ALICIA
HABÍA SUFRIDO un cambio brusco. Estaba más delgada, más
pálida. Sus OJOS se entristecieron y un cansancio continuo la
hacía languidecer a cada instante. A medida que se acercaba el
término de su embarazo, su salud y sus gracias se extinguían; su
tez se marchitaba, y sus manos parecían dos diáfanos marfiles...
Sin embargo, a ella no se le daba cuidado verse de aquel
modo. Juzgaba natural su enfermedad y olvidándose de todo
—de la honradez y de la virtud— sentía un orgullo íntimo
ALMAS TRÁGICAS • 151

de que el hombre amado la hubiera hecho madre. A un hijo


de su marido no le habría querido tanto! Aún sin nacer, el hijo
de Julio era ya para ella un ser sagrado, la síntesis de dos
almas extraordinarias y la mezcla de dos sangres ardientes. Él
le daría su espíritu fuerte, sus músculos de bronce, toda su
hermosura varonil; y ella su simpatía ideal, para que pudiera
llegar, con sólo una mirada, al fondo de todos los corazones.
La joven ocupaba la mayor parte del día en el arreglo del
ajuar de su hijo. Gorros, fajas, pañales, camisillas tenues, todo
lo cosió y lo adornó con sus manos débiles y temblorosas. Un
íntimo placer la hacía sonreír, viendo aquellas minúsculas
prendas, buenas para abrigar a un muñeco.
Como el matrimonio de Hortensia se habla aplazado por la
muerte de Adela, todos, de acuerdo, resolvieron que se
verificaría la misma noche en que se bautizara al chiquillo,
para hacer de aquellos dos faustos sucesos una doble fiesta
familiar... No se haría, de ningún modo, antes de que pasara
un año, por el luto riguroso de la casa de Julio.
Llegaron, al fin, en una tarde de enero, los primeros dolores
del alumbramiento. De improviso, Alicia se sintió asaltada de
un miedo angustioso. Llamado el doctor Rodríguez —el
mismo que curó a Julio— aseguró que la enferma no
presentaba ningún síntoma grave y que saldría del paso con
toda felicidad. Quedóse en casa para tranquilizar a Luciano.
Alicia yacía en medio de un amplio lecho, pálida, inmóvil,
presa de un terror, de un espanto indecibles. En la estancia
hubiera podido oírse el revolar de un insecto: tan profundo era
el silencio.
152 • FROYEÅN TURCIOS

A las siete los dolores se hicieron insoportables: la


infeliz joven sufría horriblemente... ¿Qué pasó
después?... Cuando Julio llegó, el médico le dijo:
—El niño nació asfixiado.
—¿Y ella, y la madre?
—Morirá dentro de diez minutos. La hemorragia es
inconteniblev Sólo Dios puede salvarla.
Julio sintió como si le dieran un fuerte puñetazo en el
cerebro. Las personas y las cosas empezaron a dar
vueltas a su alrededor, y sin darse cuenta del sitio en que
estaba, presa de un vértigo, caminó vacilante. . . Entró,
como un sonámbulo, al cuarto en donde Alicia
agonizaba; y sin importarle la presencia de Luciano, se
arrodilló junto al lecho de la moribunda, sofocando un
sollozo...- Ella lo miró así, Con sus verdes pupilas
brillantes, durante algunos segundos, por la vez última. ..

VIII
A LA MADRUGADA SE HABÍAN RETIRADO TODOS
LOS AMIGOS DE la casa. Sólo velaban el cadáver,
Hortensia, Rafael y Julio, quien, parado a dos pasos del
túmulo, contemplaba con los ojos secos, los restos de aquella
pálida hermosura que iluminó su existencia con claridades de
amor y de esperanza. Estaba lívido. Parecía petrificado.
153 • FROYEÅN TURCIOS

El severo traje de negro hacía resaltar la blancura de


nieve de la muerta. Sobre su pecho descansaban sus
manos
ALMAS TRÁGICAS • 154

exangües. En su rostro delicado vagaba una sonrisa mustia,


que hacía más pronunciadas sus hondas ojeras violetas. Las
luces amarillas de los cirios, al agitarse, ponían sombras
errantes sobre aquel rostro inmóvil.
Un crucifijo de marfil extendía a la cabecera, sus brazos
ensangrentados, como en señal de misericordia.
Rafael y Hortensia hablaban en voz muy baja, en el
extremo del salón, de espaldas al túmulo.
Julio sentía el estremecimiento de los recuerdos de su amor,
que de su cerebro caían a su alma, como gotas de un llanto de
fuego, como lágrimas encendidas que laceraban su corazón! .
. . Recordó el largo beso apasionado con que ella le volvió a
la vida. Ah! Si él pudiera hacer otro tanto. Y como impulsado
por un fantasma invisible, se acercó a la muerta y besó sus
labios glaciales, con un beso desesperado, en que iba todo su
inmenso dolor, todo el horrible desgarramiento de su ser; pero
ella no se estremeció, ni entreabrió las esmeraldas de sus
ojos...

AQUELLA TARDE —DESPUÉS DEL ENTIERRO—


LUCIANO, aguijoneado por una dolorosa curiosidad, por una
duda implacable, entró en la casa de Alicia y se puso, con
manos febriles, a registrar su escritorio. En el fondo de uno de
los calones interiores, atadas con una cinta azul, encontró las
cartas de Julio. Un rugido de dolor se escapó del pecho del
pobre hombre. Las leyó todas, por orden de fechas, como

155 FROY[ÁN

estaban arregladas. Después, lentamente, una por una, las fue


quemando. El crujido leve dei papel, al incendiarse, le hacía
el efecto de un largo gemido...
Luciano se asomó a una de las ventanas de la estancia.
Llovía y los corredores estaban obscuros y silenciosos.
Él se sintió tan anonadado, • tan hundido en un
desconsuelo inexpresable, que estuvo a punto de
sollozar. La inmensa pena de haberla perdido, la
angustia, el resentimiento póstumo dc su traición, el
negro desencanto de su alma, toda la amargura, en fin, de
su doble desdicha, le hizo, por un momento, perder la
conciencia de lo que le pasaba. Después de aquella
violenta crisis, caminó algunos pasos y se echó de bruces
en el lecho de Alicia, en aquel gran lecho
conyugal, en el que había conocido la felicidad. En las
cortinas, en las almohadas, -creyó él sentir todavía' el
perfume de aquella deliciosa mujer. . . Sin ella, ¿para qué
quería la vida?
Un dolor intenso volvió de nuevo a invadirlo. Pero todo el
rencor de su alma fue cediendo, al pensar que la pobre Alicia
dormía ahora, en aquella noche negra, bajo la lluvia
inclemente...

x
156 FROY[ÁN

TRES DÍAS PERMANECIÓ JULIO SIN SALIR DE SU


CUARTO, sumergido en uno de esos dolores que encanecen
las cabezas y secan los corazones de veintc años. En vano su
madre trató de reanimarlo, de hacerlo reconciliarse con la
vida. Él
ALMAS • 157

[Link]

casi no la oía. Impasible, frío, indiferente, pasaba las horas


con la cabeza entre las manos, terriblemente abrumado bap el
peso de aquella enorme desgracia.
Llegó a pensar en la tumba, como en el único consuelo para
su desdicha; y aún acarició la idea del suicidio...
Pero no: él quería morir de otro modo; por una causa
noble, que hiciera fecunda su muerte.
Como si el destino se propusiera realizar aquel desesperado
deseo, una fuerza interior le llevó a abrir su correspondencia,
de la que se había olvidado por completo. Sonrió con ironía al
leer el nombre escrito en todos los sobres: "Julio Herrera . No,
él no merecía el apellido de aquel hombre honrado. Él se
llamaba Julio Álvarez.
En uno de los telegramas —fechado dos días antes—
uno de sus amigos de Amapala le comunicaba que
Alberto Méndez llegaría a la capital el 15.
—Será mañana —se dijo.
Y una alegría siniestra iluminó su semblante.
Aquel hombre venía a matar a Rafael, a satisfacer una
venganza cobarde... Pues bien, él le saldría al camino. Si
lograba quitarle la vida ¿qué le importaba lo demás? Y si por
el contrario, él mismo fuera el muerto, tanto mejor...
Quiso —antes de exponerse a aquella prueba, por si no
volvía— visitar la tumba de Alicia,
Al anochecer, se dirigió al cementerio. Una luna
amarillenta brillaba en un cielo plomizo, llenando la
ALMAS • 158

atmÓsfera dc una claridad misteriosa. Negros nubarrones


errantes, como enormes fantasmas, cruzaban el espacio.
] 34 • FROYLAN TURCIOS

Detrás de un alto mausoleo, al pie de un ciprés altísimo,


estaba el sepulcro de Alicia, a dos metros de distancia del de
Adela. Allí, entre aquellas dos tumbas, que guardaban sus
únicos amores sobre la tierra, Julio se consideró con el alma
muerta para siempre. Sencóse sobre unas gradas de piedra y
durante un largo rato trajo a su memoria todos los recuerdos
de sus dichas pasadas. El solemne silencio de la noche sólo
era interrumpido por esos rumores extraños que vienen de las
lejanías y son como voces apagadas, como ecos de suspiros
agonizantes. Allí, en la soledad callada de la muerte,
removiendo entre sus manos la blanda tierra que cubría a
aquel cuerpo amado con delirio, bajo la claridad fantástica del
cielo impasible, se creyó Julio un anciano viajero que hubiera
dejado en los zarzales del mundo jirones de su propio corazón
y que la víspera de morir viniera a recordar los días felices, al
borde del sepulcro de la mujer querida. Un ardiente deseo de
reunirse con aquella alma amorosa le hacía casi delirar. Soñó
con aquel amor inmortal, con ensueños visionarios; y su
poderosa fantasía le hizo recorrer ilimitados espacios llenos
de luz, desde cuyas alturas la amarga realidad le obligaba a
escribir inmensas parábolas, que iban a terminar sobre aquel
mísero montón de tierra!
Julio dobló una rodilla sobre aquel sepulcro, y permaneció
así algunos minutos, como si estuviera orando. Al levantarse,
un ligero rumor le hizo volver la cabeza. Un hombre le
contemplaba, con los brazos cruzados. Era Luciano. Por su
actitud silenciosa, por su doliente inmovilidad, Julio
comprendió que lo sabía todo. . . Sin dirigirle la palabra, en
un frío silencio, el joven salió del cementerio...
ALMAS 161

TRAGICAS •

RAFAEL PERMANECIÓ EN EL CUARTO DE SU AMIGO


HASTA LAS doce de aquella noche inolvidable. Julio,
reanimado por la idea de muerte que le asediaba, apenas notó
la expresión de tristeza que se advertía en el rostro de Rafael,
en el acento de su voz, en toda su persona. Se guardó muy
bien de decirle una palabra, que se relacionara, siquiera
vagamente, con el proyecto que al siguiente día pondría en
práctica.
La una de la mañana sonaba en el reloj de la catedral,
cuando los dos amigos se separaron. ¿Por qué sintieron aquel
impulso mutuo? ¿Por qué, en lugar del fuerte apretón de
manos acostumbrado, se abrazaron aquella noche, como si
hubiesen de separarse para un largo viaje...
Julio no se acostÓ. Mientras amanecía se ocupó en arreglar
sus papeles y en escribir a su madre y a su amigo.

XII
A DOS DE LA TARDE DEL SIGUIENTE DÍA MONTÓ A
CABALLO y creyendo a Rafael en casa de Hortensia, pasó
por la casa en que él vivía para recomendarle a un vecino,
entregara aquellas cartas, si él no regresaba aquella noche.
ALMAS 162

—También Rafael ha salido montado, y ;vea Ud. qué


casualidad! Me ha recomendado otra carta para Ud., en
el caso de que no regresara hoy.
Antes de leer aquella carta, Julio lo comprendió todo.
ALMAS 163
1 36 • FROYLÁN TERCIOS

—iNo haberme imaginado esto! —se dijo furioso contra


sí mismo. Desde hace dos días debe haber leído la lista de
pasajeros publicada en los periódicos. Después ha pedido y
le han dado informes, por telégrafo, de la llegada de ese
hombre.
—¿A qué hora salió Rafael? —preguntó con voz sorda.
—A las doce. Lleva dos horas de camino.
—iDos horas nada más! Entonces, le alcanzaría...

Al salir de la ciudad, puso Julio su caballo a galope. Era un


hermoso animal, acostumbrado a grandes jornadas. El joven,
resuelto a alcanzar a su amigo, de cualquier modo, corrió
desesperadamente durante cuatro horas, sin lograr su intento. En
los caseríos que atravesaba, detenlase un momento para
informarse si Rafael había pasado; y al oír la contestación
afirmativa, redoblaba sus esfuerzos. Un presentimiento cruel
multiplicaba sus energías. Enardecido por la violencia de la
carrera y por el fiero entusiasmo que asalta a los hombres
valientes con la seguridad de una próxima lucha, Julio atravesó
una inmensa distancia, sin apenas darse cuenta de ello. Veía
pasar casas, árboles y paisajes, con una velocidad vertiginosa. De
pronto cercaba los ojos, con la esperanza de que al abrirlos, vería
a Rafael a algunos centenares de pasos, en una de las
ondulaciones de la carretera. Pero todo en vano, sólo divisaba a
lo lejos las sinuosidades de las cuestas solitarias...

La tarde empezaba a caer. El sol se ponía, ahogándose en un


mar de púrpura, tras las cimas de la cordillera.
TRAGICAS •

Diez minutos después, al subir una áspera cuesta, el caballo,


completamente rendido, se paró. La espuela y el látigo no le
hicieron avanzar. Julio, entonces, se desmontó, firmemente
decidido a seguir a pie su carnino; pero no avanzó muchos pasos
cuando le detuvo horrorizado e] especråculo que se presentó a su
vista.
A dos varas de distancia, en un recodo, vio a Rafael boca
arriba, con la cara cubierta de polvo, en un charco de sangre.
Tenía dos balazos en el pecho y como cinco terribles puñaladas,
una de las cuales le había separado, casi por completo, la cabeza
del tronco. En el suelo, sobre las piedras y los guijarros, se veían
señales de una tremenda lucha. . .
Las sombras de la noche empezaban a invadir los hori
zontes. Ya por el oriente todo estaba negro; mientras las
lejanías ensangrentadas del ocaso evocaban las imágenes de un
portentoso incendio.
Los campos —colmados de misterio— pobláronse de tristes
rumores; y de improviso, al extinguirse en un rápido relámpago
la lumbre del crepúsculo, surgió de los ámbitos sonoros, del seno
de los vientos y de las frondas, un largo y hondo gemido, como
si al morir el día sollozara el corazón de la naturaleza.

—FIN.

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