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Análisis del Cuarto Sello en Apocalipsis

El estudio de Apocalipsis 6:7-17 se centra en la apertura del cuarto sello, que revela un jinete en un caballo amarillo llamado Muerte, que trae juicio y destrucción a una cuarta parte de la población de la tierra. Se discuten las implicaciones de la muerte, tanto física como espiritual, y se menciona la importancia de la redención a través de Cristo. Además, se anticipan eventos catastróficos durante la Gran Tribulación, incluyendo un gran terremoto y la ira de Dios, que culminan en el reconocimiento del poder divino por parte de la humanidad.
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Análisis del Cuarto Sello en Apocalipsis

El estudio de Apocalipsis 6:7-17 se centra en la apertura del cuarto sello, que revela un jinete en un caballo amarillo llamado Muerte, que trae juicio y destrucción a una cuarta parte de la población de la tierra. Se discuten las implicaciones de la muerte, tanto física como espiritual, y se menciona la importancia de la redención a través de Cristo. Además, se anticipan eventos catastróficos durante la Gran Tribulación, incluyendo un gran terremoto y la ira de Dios, que culminan en el reconocimiento del poder divino por parte de la humanidad.
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APOCALIPSIS

Apocalipsis 6:7-17
Programa No. 1290

Apocalipsis 6:7-17

Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro viaje por el libro de Apocalipsis. En nuestro programa
anterior, leímos los versículos 7 y 8 de este capítulo 6 que estamos estudiando aquí en el libro de
Apocalipsis, los cuales nos hablan en cuanto al cuarto sello que el Señor abrió en el libro. Y vimos allí
que había salido un jinete en un caballo amarillo. Bueno, no concluimos nuestras consideraciones en
cuanto a esto, así es que este será el punto de partida para nuestro estudio hoy. Veamos entonces, lo
que nos dicen los versículos 7 y 8 de este capítulo 6 de Apocalipsis:

7
Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente, que decía: Ven y mira. 8Miré, y
he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le
fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con
mortandad, y con las fieras de la tierra. (Ap. 6:7-8)

Cuando estos jinetes salen, aparentemente una cuarta parte de la población de la tierra es
destruida por este juicio que viene sobre ella. Podemos ver que aquí la muerte es una persona; la
muerte ha sido personalizada. Usted puede notar que tenía por nombre Muerte. Eso es lo mismo que
el Apóstol Pablo menciona allá en su epístola a los Romanos, capítulo 5, versículo 14, donde dice: No
obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la
transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir. Y aquí, en el capítulo 6 de Apocalipsis,
dice que el que montaba ese caballo amarillo, tenía por nombre Muerte. Y luego se nos dice que el
Hades le seguía. Ahora, desafortunadamente la palabra “Hades” a veces es traducida por la palabra
“infierno”, en castellano. Allá en el evangelio según San Lucas, capítulo 16, versículo 23, leemos: Y en
el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Esto es
hablando de la historia del hombre rico y Lázaro. En algunas versiones se utiliza la palabra “infierno”
en lugar de “Hades”. Y eso es algo desafortunado, porque eso no se refiere para nada al infierno. Eso,
o habla de una muerte física donde va el espíritu, o puede hablar de la tumba a donde es colocado el

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cuerpo. Es decir, que la muerte se apodera del cuerpo. Hades es el lugar a donde va el espíritu del
hombre perdido, y el Señor Jesucristo lo presentó de esa manera.

El apóstol Pablo personificó a la muerte en ese versículo que leímos de Romanos, capítulo 5,
versículo 14, como también hace lo mismo con el pecado en la misma sección, y lo hace para darle
más énfasis. Amigo oyente, el pecado y la muerte entraron al mundo al mismo tiempo. La muerte es
el resultado del pecado, y durante ese intervalo de Adán hasta Moisés, los hombres no cometieron el
mismo pecado que cometió Adán. Adán era considerado en una base diferente. Su pecado tampoco
fue un pecado de transgresión de la ley desde Adán, y debemos recordar que aún no se habían dado
los Diez Mandamientos. Así es que, aquí tenemos un período cuando los hombres pecaban y morían.
Sin embargo, el pecado de Adán llegó a ser el pecado de ellos, porque ellos murieron como murió
Adán; y aun los bebés murieron en el diluvio.

La muerte evidentemente tiene un significado inclusivo que ordinariamente no le damos.


Pensamos de la muerte como algo que se refiere solamente al cuerpo, aquello que llamamos muerte
física, y eso le viene al hombre a causa del pecado de Adán. Luego, tenemos lo que se conoce como
una muerte espiritual. Esa es la separación de Dios y la rebelión contra Él. Heredamos de Adán una
naturaleza de muerte; es decir, no tenemos capacidad para Dios. No tenemos ningún deseo para Él. Y
luego existe una muerte eterna, y esta es la separación eterna de Dios. A no ser que el hombre sea
redimido, esto sigue inexorablemente. Esta es la segunda muerte de la cual vamos a leer allá en
Apocalipsis, capítulo 20, versículo 14, cuando tengamos oportunidad de estudiar esto. Vamos a
desarrollar estos tres aspectos cuando estudiemos el capítulo 20 de Apocalipsis. Amigo oyente,
cuando Adán pecó, Dios le dijo a él: El día que de él comieres, ciertamente morirás. (Gen. 2:17). Adán
vivió un poco más de 900 años después de eso, físicamente, pero él ya estaba muerto espiritualmente
ante Dios. Él huyó de Dios. Él ya no quería la comunión de Dios. Él murió espiritualmente, y luego le
siguió su muerte física. Eso ha entrado a la familia humana, y deteriora más y más a la humanidad.
Hay muchas personas hoy que son mantenidas vivas por medios artificiales. Esto es a causa de la

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medicina moderna y del maravilloso desarrollo de la ciencia. Pero en realidad, la raza humana se está
deteriorando todo el tiempo. La vida humana sería mucho más corta de lo que es, si no fuera porque
todos los artefactos modernos nos mantienen vivos aquí en la tierra.

A Adán se le declara aquí de manera categórica como un tipo de Cristo. La muerte debe ser
colocada a la puerta de Adán, como que es su responsabilidad total. Amigo oyente, Dios no creó al
hombre para morir. Ese castigo fue impuesto porque Adán transgredió el mandamiento de Dios. Su
transgresión es nuestra transgresión, y su muerte es nuestra muerte. Y es que Cristo es la cabeza de
una nueva creación, y esta nueva creación tiene vida en Él, y sólo en Cristo. Solamente Él puede dar
vida. Él es totalmente responsable por la vida de aquellos que son Suyos.

El Dr. Chaffer, en una declaración teológica, dijo lo siguiente: “Es así que la muerte espiritual
viene inmediatamente a través de una línea continua de posteridad. Por otra parte, la muerte física es
recibida de Adán inmediatamente al morir en el cuerpo cada persona, a causa de su participación
personal en el primer pecado de Adán”.

Ahora, durante el período de la Gran Tribulación, la muerte andará desatada, andará suelta. El
Señor Jesucristo lo expresó de la siguiente manera allá en el evangelio según San Mateo, capítulo 24,
versículo 22, Él dijo: Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los
escogidos, aquellos días serán acortados. Ahora, en el Gran Trono Blanco, la muerte es excluida
finalmente. Y vamos a ver eso más adelante. El Apóstol Pablo confirmó esto. Él dijo allá en su Primera
Epístola a los Corintios, capítulo 15, versículo 26: Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte.

Y Juan dice en Apocalipsis 21, versículo 4: Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos, y ya no
habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.

Esto es algo muy importante de notar de nuestra parte. En este versículo 8 de Apocalipsis
capítulo 6 que estamos considerando, podemos ver que le fue dada potestad sobre la cuarta parte de
la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra. Eso es algo

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que Dios dijo que vendría y que Ezequiel predijo allá en el capítulo 14, de su libro, versículo 21,
expresando lo siguiente: Por lo cual así ha dicho Jehová el Señor: ¿Cuánto más cuando yo enviare contra
Jerusalén mis cuatro juicios terribles, espada, hambre, fieras y pestilencia, para cortar de ella hombres
y bestias?

Así es que, este caballo amarillo representa las plagas y la pestilencia y esto incluye la
posibilidad de una guerra bacteriológica, y no queremos entrar en esto. Pero hay científicos que han
hecho ciertas declaraciones. Uno de ellos, el Dr. Frank Holtman, por ejemplo, de la Universidad de
Tennessee, en los Estados Unidos, dijo: “Mientras la mayor parte de la población de una ciudad puede
ser destruida por una bomba atómica, el método bacteriológico, puede destruir fácilmente toda la
población en el lapso de una semana”.

Bien, con esto llegamos al quinto sello, y queremos leer lo que nos dicen los versículos 9 y 10. Ya
ha salido el cuarto jinete, y aquí tenemos la oración del remanente que ha sido martirizado.
Aparentemente aquellos que fueron muertos en la Gran Tribulación parecen ser primordialmente los
que se nos presenta aquí. Ahora, siempre hemos pensado que esto incluía a todos los santos del
Antiguo Testamento. Leamos los versículos 9 y 10 de este capítulo 6 de Apocalipsis, que dicen:

9
Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por
causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían. 10Y clamaban a gran voz, diciendo:
¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en
la tierra? (Ap. 6:9-10)

Ahora, este altar se encuentra en el cielo y es evidentemente el lugar donde Cristo ofreció Su
sangre por los pecados del mundo. Usted sabe que nuestra posición es que en el cielo se presenta
literalmente la sangre. Podemos confirmar esto con lo que nos dice el escritor a los Hebreos, en el
capítulo 9 de su epístola, versículos 23 y 24, cuando dice: Fue, pues, necesario que las figuras de las
cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que

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estos. Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo
para presentarse ahora por nosotros ante Dios.

Así es que, aquí tenemos a los santos del Antiguo Testamento. El Señor Jesucristo indicó que la
sangre de todos los profetas que había sido derramada desde la fundación del mundo iba a ser
requerida de esta generación, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías. Con esto es incluida
la sangre de aquellos muertos durante el período de la Gran Tribulación, porque ya hemos visto que
un cuarto de la población ha sido destruido. Los mencionados entonces, en este versículo, se apoyan
en lo establecido en el Antiguo Testamento, y están en terreno firme, y sólo están reclamando justicia
en base a la ley santa de Dios. Ahora, el versículo 11 de este capítulo 6 de Apocalipsis, dice:

11
Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo,
hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser
muertos como ellos. (Ap 6:11)

Es decir, que todos los santos de la Tribulación serán incluidos en la segunda resurrección. Y con
esto llegamos a la apertura del sexto sello; y aquí tenemos el gran día de la ira de Dios. Esto es
evidentemente el principio de la última mitad del período de la Gran Tribulación. Aquí haremos una
división más adelante. Pero veamos ahora lo que nos dicen los versículos 12 y 13 de este capítulo 6 de
Apocalipsis:

12
Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro
como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre; 13y las estrellas del cielo cayeron sobre la
tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento. (Ap. 6:12-13)

Tenemos ante nosotros el gran día de Su ira. Comienza con estos grandes hechos en los cielos.
Es decir que al principio de la Tribulación suceden todos estos eventos, y aquí tenemos también estos
hechos al fin del período de la Gran Tribulación. Allá en el libro del profeta Joel, capítulo 2, versículo
30, se nos dice: Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. Eso al

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principio de la Tribulación, y Joel, capítulo 3, versículos 9 al 17 nos hablan del fin. Ya hemos visto esto
con anterioridad. El hecho de que en el presente haya un aumento de terremotos, no es cumplimiento
de esto. Esto tendrá lugar en el período de la Gran Tribulación. Pero lo interesante de notar es que los
terremotos en el pasado han dado muerte a gran cantidad de personas en la tierra. El profesor R. A.
Daley, en uno de sus libros, escribió lo siguiente: “En los últimos 4.000 años, los terremotos han
causado la pérdida de 13 millones de vidas, y aún están por suceder los peores terremotos”.

Eso es muy interesante porque vamos a ver más adelante en el capítulo 16, versículo 18, de
Apocalipsis, que habrá un gran terremoto: Un terremoto tan grande, cual no lo hubo jamás desde que
los hombres han estado sobre la tierra. (Ap. 16:18) Tan grande será este terremoto, tan poderoso, que
las ciudades de las naciones caerán. ¡Qué cuadro más tremendo este, amigo oyente! Los terremotos
del día de hoy no son un cumplimiento de esto. Sencillamente muestran lo que sucederá y la Palabra
de Dios dice que así será. Ahora, el versículo 14 de este capítulo 6 de Apocalipsis, dice:

14
Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se
removió de su lugar. (Ap. 6:14)

Creemos que esto ha sido tomado muy literalmente. Tenemos que lo mismo se expresa allá en
el libro del profeta Nahum, capítulo 1, versículo 5, y lo veremos nuevamente en Apocalipsis, capítulo
20, versículo 11. De modo que, vamos a esperar hasta llegar allí para comentarlo. Veamos ahora lo que
nos dicen los versículos 15 al 17 de este capítulo 6 de Apocalipsis:

15
Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y
todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; 16y decían a los montes y a
las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono,
y de la ira del Cordero; 17porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?
(Ap. 6:15-17)

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Aquí tenemos algo muy interesante. Aquí tenemos a gente en la tierra que está rogándole a los
montes y a las peñas que caigan sobre ellos, porque quieren ocultarse. ¿De quién? De la ira del
Cordero. Este es el gran día de la ira de Dios. Pero, ahora hemos llegado a una declaración interesante,
la ira del Cordero. La ira de Dios es aquel día, el día de Jehová, aquel día que hemos visto a través de
todo el Antiguo Testamento, es decir, los profetas del Antiguo Testamento. Ese día que se aproxima
sobre la tierra, aún está en el futuro. Y aquí se nos dice que es la ira del Cordero. Esta es una declaración
un poco extraña.

La Biblia está llena de paradojas. Y estamos seguros que usted ya ha descubierto que hay
abundancia de ellas en las Escrituras. Alguien puede preguntar: “¿Qué es una paradoja?” Bueno, la
definición de una paradoja es tener a dos médicos en una conferencia. Pueden ser un par de médicos,
pero existe una diferencia. Es una proposición que es contraria a la opinión recibida, es decir, aquello
que parece ser contradictorio. Superficialmente, las declaraciones parecen ser contradictorias, pero
bajo un examen más profundo, se revela que es algo objetivo, basado en los hechos. Aquí tenemos
varias de estas paradojas. Mientras más lejos está un objeto de usted, más aumenta su tamaño. Usted
sabe que eso no es cierto, pero sí lo es. Cuando un globo sube en el aire, parece ser más pequeño al
ojo, pero el globo estaba aumentando de tamaño al elevarse en la atmósfera, porque esta no es tan
densa.

Ahora, aquí tenemos otra paradoja. El agua sube la montaña en el parque nacional Sequoia, en
los Estados Unidos. Usted puede decir que no cree esto, pero así sucede. Gran cantidad de agua sube
la montaña, y esto es realmente una paradoja. Lo cierto es que este parque está lleno de árboles
gigantescos, y estos árboles están haciendo subir el agua como si la estuvieran chupando. A eso se le
llama “osmosis”. Es un término científico que se utiliza cuando uno no sabe lo que en realidad está
sucediendo. Pero esto es lo que pasa.

Luego, hay otra expresión que dice que mientras más se acerca uno al sol, las cosas se ponen
más calientes. Bueno, en las islas de Hawaii, donde hay un clima tropical, hay un gran monte que tiene

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nieve en la cumbre. Está mucho más cerca del sol de lo que usted está, sin embargo, tiene nieve. Amigo
oyente, hay muchas paradojas que son ciertas.

La vida cristiana es una serie de paradojas. Cuando era débil, entonces soy fuerte: dice el apóstol
Pablo. (2 Cor. 12:10). Bien, aquí tenemos otra: La ira del Cordero. El cordero es un cuadro muy
conocido de Cristo, y ¿cómo puede un pequeño cordero, que se destaca por su mansedumbre y
humildad, cómo puede enojarse? Es como una tormenta en un vaso de agua. Pero notemos esto,
desde los días de Abel hasta los de Juan el Bautista, al Señor Jesucristo se le muestra como un
Cordero. Juan dice, Él es el Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo. (Ap. 13:8). En otras
palabras, Dios no eligió al Cordero porque poseía las características de Cristo, ni Su aspecto sacrificial.
Dios creó un animal para representar a Cristo, y ese pequeño cordero era el animal. Es una razón por
la cual Dios le creó. Porque Cristo es el Cordero inmolado desde antes de la fundación del mundo.
Antes de que hubiera sido creado el cordero. Él tiene las cualidades de un cordero. Él es manso. Venid
a mí todos los que estáis trabajados y cargados. (Mat. 11:28). Él dice: Yo soy manso y humilde. (Mat.
11:29). Él demostró mansedumbre. Dejad a los niños venir a mí, dice. (Mar. 10:14). Él era inofensivo.
Estamos seguros de que usted nunca ha visto un cartel que dijera: “Cuidado con el Cordero”. Pero, en
cambio sí ha visto carteles que digan: “Cuidado con el perro”, ¿verdad? Pero no con un cordero. Él era
inofensivo. Él era manso. Cristo lavó los pies de los discípulos. Y aquí tenemos algo tremendo. Aquí
tenemos una vida destacada por su encanto. Su vida era como el perfume de una flor hermosa y frágil.
Su venida fue una doxología. Su estadía fue una bendición. Y también lo fue Su partida. Hasta el
mundo incrédulo se vio fascinado por Su vida. Ahora el Cordero destaca este sacrificio. Abraham dijo:
Dios se proveerá de cordero. (Gen. 22:8). Y Dios se proveyó a Sí mismo de un Cordero.

Y, ¿qué podemos decir en cuanto a la ira? Bueno, esto es algo extraño, aun para la persona de
Dios, ¿no le parece? Dios ama lo bueno; Él aborrece el mal. Él no aborrece como usted y yo lo hacemos.
Él no es vengativo. Dios es justo. Dios es santo. Y Él aborrece aquello que es contrario a Él. Él se llama
a Sí mismo “Jehová”. Él es un hombre de guerra. Él es fuerte y poderoso. Él es poderoso en la batalla.

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El evangelio revela la ira de Dios. El Apóstol Pablo dijo: la ira de Dios se revela desde el cielo. (Rom.
1:18).

Usted puede observar a este mundo en el que vivimos, amigo oyente. Revela la ira de Dios, el
juicio de Dios. Es como el mezclar fuego y agua, el traer la ira y el cordero juntos. Toda la furia de la ira
de Dios se revela en el Cordero. Amigo oyente, cuando Él estuvo aquí, hizo un látigo y con él expulsó a
los cambiadores de dinero del templo. ¿Estaba aparentando algo nada más? No, amigo oyente, Él
llamó a los líderes religiosos una generación de víboras. Él maldijo a la higuera también. Él dijo: ¡Ay de
ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! (Mat. 11:21). Cristo rechazó a Jerusalén, pero tenía lágrimas en Sus ojos.
Y Él aún controla las fuerzas de la naturaleza. Las utiliza en juicio. Dios ha declarado guerra contra el
pecado. Y decimos: “Bendito sea Su nombre”, y Él no va a llegar a un acuerdo con aquello que ha
causado tal estrago a la familia humana. Llegará un día cuando la ira del Cordero será revelada. Ahora,
alguien quizá diga: “Yo pensaba que Él era manso, bondadoso, y que no castigaría el pecado”. Bueno,
Él dijo: Ahora, pues, oh reyes, sed prudentes; admitid amonestación, jueces de la tierra. Honrad al Hijo,
para que no se enoje, y perezcáis en el camino; pues se inflama de pronto Su ira. Lo leemos allá en el
Salmo 2, versículos 10 y 12.

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