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Lima, 26 de febrero de 1960. ~

"'
Sr. Dr.
1

,. Arturo D. Hernandez
:I
Ciudad.

Mi estimad9 amigo:-
'
He leido con mucho interés su tercera novela, y me
complace expresar a usted, como lo hiciera al conocer las
primicias de "Sangama", que su obra literaria nos esta reve-
'
lando el misterio de la selva amaz6nica, con una intensidad
dramatica nunca hasta ahora alcanzada. .
En "Bubinzana" penetra usteà a.Un mas iprofunda-
·mente en aquel mundo desconocido del alma primitiva que
conjuga con la naturaleza virgen aun no dominada por el
hombre moderno. Aquel éxodo hacia "El Paraiso" es la
expresiva pintura de la angustia humana que busca una sa-
lida por la ruta inexplorada ·que conduc.e al seguro refugio,
lejano, aislado, sin posibles contaminaciones con "este
mundo en que vivimos" . . . Las relaciones entre el brujo y
el sacerdote entraiian la antigua vinculaci6n entre religion
y magia, en que se acentua el influjo per_turbador de éstà,
que no .s6lo trastorna sino que puede conducir a un radical
cambio de vida. La màgia, tan antigua como el hombre,
tiene una tremenda persistencia que vence a la raz6n y .a
,1 I :. la fe. El climax de la nove/a se alcanza pre_cisamente en el
momento en que domina · Io magico, cuando aparece el
Ayahuasca · o cuerda de la muerte con sus letales efectos.
\,

Parece que ha jugado mucho la fantasia; pe,ro, en la


atm6sfera creada, ya todo es posible. Se vive en la novela
fùera de la realidad corriente, se padece una continua alu-
cinaciqn que transforma el basque en mostruoso conjunto
de seres animados que se entreveran y enlazan en lubrico
torbellino: maelstrom de Io organico.,

En la nueva obra novelesca que comento se puede


comprobar que Ud. ha superado sus concepciones anterio-
res~ pues se sumerge-Ud. en las profundidades de la subcon-
dencia que mas intimamente se relaciona con la àesatada
vida organica de la jungla.
Estoy seguro que su novela sera leida con el mismo
interés que despertaron "Sangama" y "Selya Tragica", que
llevan el nombre del Peru y el suyo por todos los Con- La fragil canoa, tras vencer un recodo del canal.
nentes. comenz6 a surcar las aguas transparentes del lago. Sus
tres ocupantes, exténuados, dieron muestras de reani-
Reciba mi enhorabuena y los sentimientos de cordial maci6n. Acababan de atravesar los grandes pantanales•
amistad de su amigo. del Zancudo, en el coraz6n de la selva amaz6nica. Tras
un breve descanso, continuaron la navegaci6n siguiendo
el contorno de una de las orillas.
En cuanto atracaron, en el punto seiialado por el
popero, salt6 Durand a tierra seguido de sus dos bogas
indlgenas. SI, allf habla vestigios que delataban la pre-
sencia remota de gente civilizada. Pugnaban por sobre-
LUIS E. VALCARCEL vivir bajo la maraiia asfixiante, troncos de paltos, man-
gos, guayabos y cana dulce; divisabanse horcones di~­
persos que, mutilados por el tiempo, permanedan auri
en pie.
Hasta ese momento Durand se vio acometido por
frecuentes dudas acerca de ese viaje. Crefa estar si-
~ guiendo la ruta ïmprecisa que le indicaba el espejismo
de una leyenda. En la ciudad de Iquitos habla recogido,
con sumo interés, versiones casi olvidadas referentes a
un sacerdote desaparecido en la 'selva en circunstancias
misteriosas. Y fue la informaci6n de su gufa actual Io
que le determin6 a emprender esa fantastica aventura
a través de ûna de las zonas- mas hostiles de la Amazo-
···~ ~ nla. Este afirmaba, dentro de su laconismo aborigen,
r 1
· h4iber acompaiiado al Padre Sandro a fundar un caserio Durahd reaccion6, y mientras los indigenas retroce-
mas'alla dè los pantanales. dian, fevantô el zinc dejando al descubierto un reseco
Repetidas veces habia tratado de obtener mayor fondo de tierra. Distinguiase bajo el armazén caido,
informaci6n al respecto, pero su guia, ~61o pudo cori- restos de una caja, carcomida y frascos rotos que hacian
cretar algo que resultaba espantosamente inverosimil: suponer un botiquin destrozado por fa carda del techo.
que tuvieron que abandonar al Padre Sandro porque En uno de los extremos divisabase un fecho aplastado
habia sida endemoniado por un brujo. ëPero c6mo s~- · y cubierto de mantas rafdas. El techô de zinc era dema-
cedieron los' hechos, qué inflwencias siniestras pudieron siado pesado para que pudiera soportarlo mas tiempo.
haber transformado al sacerdote, y, sobre todo, qué ho- Dejé caer fa palanca y volvié la vista en pas· de los bogas·
rrible determinaci6n Io lley6 a establecerse eh un lugar para pedirles ayuda, mas éstos estaban lfvidos, dispues-
fan remoto e inaccesible? Eso no podfa decirlo el gufa, . tos a huir.
cuyas frases incompletas, como ·sr sus pensamientos es- En aquel · instante, como si brotara de la malèza,
tuviesen dominados por un terror lejano, encerraban un hombre se proyecté envueho por la densa penumbra
una .sugesti6n invencible para un reporter viajero que, reinante. Flaco, la cara borrada por espesa barba hir.su-
corno Durand, iba por el mundo en busca de noticias sen- ta, irradiaba un marcado aire de misterio. Sµ voz reson6
sacionales. coma si partiera de Io mas hondo de la selva.
Durand tuvo la impresi6n de la llegada. Sigui6 tras -ëQué buscan?
el guia que se adelant6 abriéndose paso a machetazos -Vengo por el Padre Sandro -contesté Durand '1
:entre lianas y espinosas enredaderas. Sus ojos bien abier·- reaccionando de· la impresién.
tos fueron divisando restas de construcciones venidas -Su cuerpo esta enterrado; sus pensamientos es-
abajo. Su ansiedad se acentuaba. tan bajo una aleta. . . Cada vez que el Padre pensaba,
· El gufa cambiaba frecuentemente de direcci6n y, escribia en los papeles que dejé. Estan aprisionados sus
resumiendo lejanos recuerdos, iba hablando consigo pensamientos. Estan cubiertos por la aleta del arbol
1
mismo: "la capilla, techo de .zinc, Cristo, caja de ma- -informé el hombre.
dera". Al cabo de cierto trecho se detuvo y, sefialando -~Cémo murié el Padre?
un punto donde el suelo marcé3ba ligeros desniveles, dijo: •i La interrogacién quedé sin respuesta. De pronto
-·.Allf vivfa el Padre. 1 Durand observé que el hombre tenia fija la mirada en
Los pies de Durand se posaron en una superficie l1 los machetes, que relucian pendientes en las manos de
~,];
dura, y la punta del machete toc6 bajd la hojarasca algo los bogas.
metalico. Eran planchas de zinc acanalado.

l
--ëQuieren los pensamientos.del Padre? Esperen.
-La capilla del Padre Sandro. jTal vez esté debajo
en compafifa del brujo! -dijo el guia estrernecido de
f
l
Y desaparecié como una sombra. Durand y los
bogas se miraron intrigados. Fue corta la espera. Comb
·superstièioso temor. brotado de un grueso tronco volvi6 a proyectarse ante
-Descubran ese zinc y levantenlo. ellos el extrafio personaje, portando un grueso atadô
!...os indfgenas no se· movieron. Rafagas de aire de papelès. ·
liefado azotaron de pronto los rostros agarenos y fueron -Aqui esta Io que escribié el Padre Sandro. Es Io
a rèmecer fa fronda circundahte produaiendo rùtnores que ·pueden llevarse. . . St,1s pensamiehtos aprisionados. '
misterlosos. c:Qué me dan por ellos? Y sus ojos volvieron a fljarsè
-Los brujos no se mueren nunca, seilor ••. con codicia en los maèhetes de los bogas.
1 8
".
1
La transacci6n fue rapida. Los bogas se quedaron que le parecieron inconfundJbles: frente aplastada y
" sin machetes y Durand ,recibi6 el grueso fajo de l')'.lanus- dientes afilados en serrucho.
critos. En cuanto el hombre se dio vuelta para marchar- -lQuiénes son éstos? -interrog6.
se Dur~nd Io detuvo. -Gentes del pantano ...
-lY tu quién eres? -Ya nada tenemos que hacer aqul -dijo subita-
La espesa barba que cubrla esa cara se entreabri6 mente demudado- Nos vamos hoy mismo. i La historia
para esbozar una sonrisa. es cierta !
-Yo soy el loco. Parece que el Padre Sandro inici6 el relato de su
tremenda historia cuando se vio ya vencido por la serie
Ya en lâs orillas del lago y dentro de una choza de circunstancias que incidieron en su extraordinaria
itnprovisada para resguardarse de las lluvias que sorpre- vida. Desde las primeras paginas que dej6 escritas se
' sivamente se desenéadenaban, Durand templ6 su hama- notaba la amargura de sus ultimos dlas.
ca y se puso a leer los manuscritos. La caligraffa de Valiéndose de esos manuscritos y con pocas correc-
las primeras paginas era nltida, en !as siguientes se noc ciones, Durand escribi6 esta obra resuelto· a publicarla
taban · rasgos temblorosos, y las ultimas resultaban casi aun a sabiendas de que iba a ser victima del escepticis-
ilegibles. Cerro la noche, y mientras los bogas descon- mo humano, como ocurre siempre con quienes escriben
fiados se acurrucaban en la obscuridad para esperar vi- sobre hechos que se adelantan a su tiempo y que las
. gilantas el nuevo dia, Durand se acost6. gentes no estan en aptitud de comprender.;
. Al otro dia, ·muy temprano, reinici6 la lectura. Des~
de las primeras paginas no pudo evitar exclamaciones
de incredulidad y asombro. Después le asaltaron deseos
de arrojar al fuego esos papeles que estrujaba con ner-
viosidad entre las manos, pero las circunstancias que
rodearon. el hallazgo, mitigaban sus lmpetus destructo-
res. Los indlgenas sentados junto a la hoguera, le obser- • ,
vaban indiferentes gesticular, levantarse de la hamaca,
dar paseos nerviosos de un lado a otro y monologar en
alta voz entre los arboles.
- j No puede ser ! -exclamaba apretandose las
sienes con ambas manos como si pretendiera evitar su
estallido-. j Fen6menos como éstos hace tiempo que·
han quedado relegados a.I pasaèlo como pertenecientes
a una mentalidad barbara en que imperaba la mas pro-
terva fantasia!
A los dos dlas, tras !argas noches en vela, qued6se
pasmado al observar que los bogas no estaban solos.
Var.ios salvajes de rostro tatuado rodeaban en cucl illas
la fogata. "Son los mismos" -murmuré acercandose a
ellos. Los examin6 de cerca y descubri6 caracterfsticas
• ..
,.~

~
oportunamente, que la Comunidad corriera con los gas-
tos de mis estudios en el Seminario de una metr6poli
lejana. Comprend[ que me querra mucho, aunque hasta
entonc:es nunca exteriorizara nada que no fuera el in- -
terés de é:umplir con su deber de velar por mf. Sin- em-
bargo, al despedirme en el barco que debfa alejarme de
la patria por largos aiios, vi radar dos lagrimas por su
rostro. Me arrodillé a sus pies y recibf su bendici6n.

"
Il

Lo primera que viene a mi memoria -comenzaba


el manuscrito- es el rostro de mi madre contrafdo por
la sorpresa y el êlolor frente al hecho ins61ito de su pe- "
quefio rebelde. Coma alumbrado por el enfocamiento
de una luz en las pem.rmbras imprecisàs del mundo in-
fantil, se me revela su imagen cuando abrazados en es-
trecha comunién emocional, lloramos juntos.
-Vas a ser muy desgraciado, hijo mfo.
-Soy culpable madre, perdéname.
Mi vida estuvo gobernada por sucesivos actos de
rebeldfa y de soberbia, seguidos de_ hondas promesas de
arrepentimiento, hasta aquel _dia en que quise libe'rarme ,,
para siempre y caf en la tragedia mas espantosa. Em-
prendf el arduo camino de los soiiadores, obsesionado
por ideales modernos de redenci6n. Y fracasé. Fui un
desadaptado del medio y de la vida. Los hombres como
yo, sélo se han asomado al m1.mdo por. la ventana de la
ilusi6n y del sueiio.
Después de mi madre, recuerdo la venerable ima-
gen del Padre Agustfn que llegé a influir decisivamente
en mi destina. Pariente nuestro, a quien mi mad_re augu-
raba un gran porvenir en la carreta eclesiastica, fue
quien me amparé cuando quedé huérfano y sin fortuna.
A su ladp pasé aiios venturosos, inolvidables, en los que
llegué a conocer a fondo su sabidurfi;i,' sus sentimientos
humanos y su singular elevacién espiritual. El logr6,
6 '1
il' '

civilizaci6n habfan dado' nacimiento a regfmenes cuyas


tendencias de dominio u.niversal imprilq'lian en el mundo
una tension que, no tenfa paralelo en la historia. Debo
recordar que corrlan las postrimerias de la tercera· dé-
cada del presente siglo. ~Qué significaba todo eso? i Evi-
dentemente que la civilizaci6n se sustentaba sobre ba- .
ses en desequilibrio! Poco a poco fue despertandose èn
mi la rebeldia dormida. J
Fue un despertar violento. Mas, aqui cumplo con
hacer una advertencia para comprender mejor los la-
mentables sucesos que siguieron. Fui un trasgresor del
111 ;•,· precepto contenido en el Index. En el orden de las ideas '
me fascinaba Io prohibido. Llegaron subrepticiamente
Mi vida en los claustros fue un modelo de consa- a mis manos obras a cual mas revolucionarias contra los
graci6~ a los estudios ·y ejemplo de persever~mci'a y de .conceptos clasicos del hombre y de la vida que lei y
humildad. Pasados los afios recibi las 6rdenes en un relef con . avidez noches ·fntegras. Lentamente iba for-
espléndido dia que permanece en mi memoria con la mandose en mi espfritu u.na volcanica reacci6n qùe te-
nitidez de los sucesos inolvidables. Regresé a la patria nfa que estallar alguna vez. Pero dentro del caos tumul-
decidido a cumplir abnegadamente la funci6n a que me tuoso que se habla formado y bullla en mi cerebro, sur-

destinara la Comunidad. gfa persistentemente la con".'icci6n de que la justicia so-
Poco después de mi llegada fui designado para ocu- cial, por mas avanzada que estuviese en la IE\Y· nunca
par el èargo de Capellan en Lin hospital de caridad. Allf llegarfa a calmar sus fines humanos sin el cumplimiento
choque con el tremendo drama humano. El mundo que del r:nandato mas grandioso de todas las edades: "Amaos
forjaron mis suefios, el reino de Dios sobre la tierra, no
los unos a los otros".
existfa.
El escenario hurnano, en general, me llen6 de hon- Un dia fui en busca del Padre Agustfn en cuya sa-
das preocupaciones. Metido en ese fondo a través de bidurfa confiaba. Y con acentQ de profunda amargura .le
la comuni6n espiritual, encontré por todas partes la vir- expuse mis preocupaciones.
tÙd en derrota. y el vicio triunfante y enaltecido. Pre- -Lo que dices es muy cierto, -asinti6 con el ros-
sencié hechos que me llenaron de incredulidad y' luego tro contrafdo- todo ·ello constituye la mortal ~menaza
de espanto. Vi gentes que en los templos se daban gol- que gravita sobre la obra de Dios. i Y nada podemos ha-
pes de pecho y que al salir a las calles se convertlan cer para evitarlo ! Confiemos en 1El. Oremos, nijo, ore'-
en vampiros dispuestos a sùccionar la sangre del pr6ji- mos. Lo que siento es que te has colocado en la pen-
mo. l.a caridad habla perdido su concepto cristiano. diente peligrosa en cuyo fondo esta el martirio.estéril.
Traté en vano de infundir valor a esa mayorfa hundida -Empufiemos la espada y la cruz -le dijo con un
en un mundo insospechado de temores y de necesidades. gesto de entusiasmo-. El mundo requiere una nueva
j Un mundo sin esperanzas ! cruzada.
Por otro lado -y eso era Io mas peligroso- mas -La violencia no es el arma de Dios, aunque mu-
• alla de las fronteras, 'algunos centros de la mas avanzada chas veces mancillaron la fe empleandola en su nombre.
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- j Fustiguemos a la civilixaci6n! j Organicemos .
tribuir a form. ar la simiente
:
dè la Humanidad futura;
vine a buscar un nuevo mundo donde poder éij)acentar
nuestras fuerzas !
- -Oremos, hijo mio ... un rebano d'e gentes buenas, como Io son los de esta$
Me pareci6 que el Padre Agustin estaba poseido de tierras, y hacer de ellos los fetices pre~esti~ados del .
un conformismo culpable. Me senti desilusionado. Reiho del Sefior. Sin embargo, debo confesar que, de
El catat:lismo era inevitable. El impulsa heroico que vez en cuando, venia a mi mente, como una sombra,
lanzaba el verbo flagelador incitando al combate, per- como algo indefinible que tratara de perturbar la sere•
tenecia a edades desaparecidas. En mi cerebro obce- nidad de mi conciencia, la imagen bondadosa del Padre
cado gravitaba ra seguridad de que la civilizaci6n esta- Agustin con dos lagrimas surcando su venerable rostro.
ba condenada a destruirse. Habla que salvar la simien- Talé el monte con mis propias manas, desbrocé la
te sobre la que iria a fundarse la ·Humanidad futura bus- tierra de sus malezas y, poco a poco, la selva me abri6
c~ndose la isla destinada a perpetuarla, o mejor ~por qué su entrana ubérrima. La choza donde colgué el crucifijo
no establecer la comunidad ideal en un lugar inaccesi- de marfil que me acompana tantos anos, se convirti6
ble a la civilizaci6n? AIH estaba la Amazonia. , . en capilla con techo de .'zinc a donde acudian las gen-
!
Acudieron de golpe a mi memoria los trabajos y tes humildes de los alrededores para asistir a los servi-
la historia de las Misiones en el Amazonas, cuyo siste- cios dominicales. Al contorno de ese rustico templo,
ma fluvial de infinitas margenes inexploradas esperaba se multi'plicaron las casitas de canas y de bambues. Puse
la culminaci6n de la idea sahiadora. Una gran determi- al ·lugar el nombre pr,omisor de "Esperanza". Ya estaba
naci6n se apoder6 de mf. j Nunca debf pensar en ello ! en proceso de formaci6n el caserio cuando aquello vino
Me ergui · rebelde, vestime d~ seglar y mE\ encaminé ha- a destruirlo todo.
cia la tierra fascinante de los basques en un viaje que Yo ignoraba que, en la selva, imperaba entonces
no admitia retorno. un género peculiar. de esclavitud. Un hombre valia Io
Habla examinado con detenimiento en los mapas que adeudaba al patron. Al libro de cuentas estaban su-
la inmensa regi6n amaz6nica. , Hacla alla me dirigf. ~ jetos los buenos riberefios, generaci6n tras generaci6n,
Atravesé la cordillera siguiendo un itinerario de cumbres, los hijos cargando Io que adeudaban sus padres como
descendi al valie estrecho en cuyo fonda carre el rio en un pecado original. El libro de cuentas corrientes era el·
sùcesivas cataratas y, penetrando en la llanura de los vinculo que unia a los peones con los patrones, Io que
basques, fui a detenerme en las orillas de un caudaloso los radicaba en determinado sitio sin derecho a trasla-
rio. Habia llegado al pais sorltbrf~ donde mora el salva- darse de un lugar a otro. Una persona que llegaba a fi-
je bravo y se yergue la planta ind6mita; tierra de heroi- gurar en ese libro se habia convertido practicamente en
, cos misioneros y de caucheros audaces, de sangre mez- esclavo. Las cuentas eran eternas pues los articulas te-
clada con sudor y lodo en cuyas entranas, de humedad nian para el pe6n el precio arbitrario que les fijaba el
y fuego, perdbese la eclosi6n de la vida que brota y el patron y, el valor del trabajo también estaba fijado por
estertor de los cuerpos que se hunden eh la muerte. la misma voluntad, aparte de que era un signa de legl-
j No sefior, no!, no fui expulsado de la Comunidad tima viveza usar unas balanzas.groseramente adultera-
como pudo creerse entonces. Yo sé que aun esperan an- das. El comercio, pues, no era libre.. El ribereiio s6fo
siosos mi retorno para escuchar mi larga historia y brin- debia trabajar para el patr6ri a quien entregaba todos
darme la paz de los claustras. Pero ya no volveré jamas. sus productos sin conocer el precio en que iban a ser
Vine dejando una civilizaci6n que se hundia para con- tomados; inversamente, tenia que reéibir Io indispensa-
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ble para aliviar sus· elementales necesidades sin conocer gentes que se habfan confiado a mi protecci6n, y como
viera· que nada podfa venir en mi ayuda, que estaba
el precio de Io que compraba. Por este sistema, nadie
abandonado, arrojé una imprecaci6n contra '--el destino.
sacaba saldo favorable por mas trabajador que fuese.
-jTal vez me valdrfa mas invocar al demonio!
El libro de cuentas corrîentes era un pulpo cuyos ten-
-rugi al contemplar el cuadro de desolaci6n dejado par
taculos estaban conectados con las àrterias vitales de
la peonada. la turba vandalica.
Todo qued6 en la nada después del incendio, todo
El trabajador, ademas, era materia de transacciones
menos la Capilla cuya cru:Z: se erguia espectral sobre la
entre los patrones como cualquier mercancia o produc-
negra humareda. Al volver la vista hacia el rio por donde
to. El valor de cada uno de ellos estaba relacionado con
acababan de marcharse mis atacantes llevandose mis es-
el saldo en contra que arrojaba su cuenta. Los que con 0

peranzas, crei, de pronto, que era objeto de una aluci-


mayor facilidad cambiaban de amo eran los que tenfan
naci6n. El ser mas estrafalario que puede concebirse
mayor numero de hijos.
tenfa fija la mirada en ml. Era una figura baja y al~o
Cuando me di cuenta de la existencia de este sis- rechoncha en la que predominaba el rojo. Rojos eran
tema, promet! luchar para aboli rio.• Las autoridades del sus ojos inyectados de sangre, rojo su rostro, casi amo-
lugar no podfan seguir tolerando esa forma simulada de. ratado, sus pufios y sus pies de piel tostada. Vestia pan-
esclavitud. takmes de un .color indefinido y chaquetilla de algod6n
~
-La libertad de comercio y de trabajo esta garan- azul. Su expresi6n denotaba siniestra ironfçi.
ti:.tada por nuestras leyes. Uno debe comprar donde le
venden mas barato, y vender sus productos donde le pa-
guen mejor -predicaba al grupo cada vez mas nume-
roso de mis oyentes-. Ademas, las dèudas gravan a
los bienes de los deudores y no a sus personas, ni mu-
cho menos a la de sus hijos. jYo los defenderé!
No puedo me nos de confesar que a los pocos dfas
.... · defraudé a esa pobre gente, pues cuando irrumpieron
los patrones en "Esperanza", seguidos de una multitud
de peones y empleados a quienes las autoridades del
distrito habfan conferido tftulos de policfa para utilizar-
'
los como instri.lmentos de opresi6n, me vi imposibilita-
do para defenderlos. No pude hacer nada contra la vio-
fencia empleada. No sirvieron mis gritos, mis amenazas.
m.is exhortaciones, mis supl icas desesperadas. Destru-
yeron y quemaron las casitas y empleando la violencia
se llevaron a· los hombres, a las mujeres, a los nifios.
Ante tanta iniquidad reaccioné; sf, reaccioné. Ataqué
con los pufios, y tal fue mi denuedo en la· lucha, que
puse fuera de combate a cuatro antes que me reduje-
ran, sangrante, a la impotencia. En mi desesperaci6n
lancé !-'na mirada al cielo impetrand9 piedad para las :13
: i
fa
) )

i 1
-No soy el demonio; soy solamente el brujo.
-c::Tu nombre?
-Hace tiempo que olvidé mi nombre" Me llaman
el brujo, pero si tu quieres seré para ti el curandero. La
ciencia del brujo y la del curandero -y, si tu aceptas,
la del sacerdote- se complementan en el mundo pri-
mitivo donde estamos.
la fluidez de sus expresiones indicaba aprecia-
ble grado de cultura.
-c::De d6nde apareciste? -le interrogué.
-Yo sabla Io que iba a suceder. Acechaba desde
el 1inde del basque porque me atraen los sucesos coma
IV el q'ue acaba de ocurrir. No; no soy el demonio. Yo ten-
go una ciencia y un arte incomprensibles para todôs ...
-~Para _qué invocarias al d~monio? -escuché su Conozco el lugar en que pudieras vivir en paz. le· puse
voz.
por nombre "El Paralso", al descubrirlo muy joven, hu-
Quise hablar, mas, casi instantaneamente, esa ex- 'yendo de la muerte, a través de la selva virgen.
presi6n cargada al rojo renegrido --color de carne en -c::D6nde queda eso?
descomposici6n -me produjo un efecto escarapelante ·-Es inutil explicarte. Nadie podrla llegar alla.
coma si, en realidad, me encontrara frente al mismo de-
monio. Mas valdrfa senalarte un punto geografico en las anti-
podas. P.uedo conducirte si tu quieres.
Desde los aiios de la infancia llevamos arraigada
la idea de que el mal es rojo, coma es el color de las Fue asi coma aquel .hombre entr6 en mi vida. Cons-
llamas y' el de los antros infernales en que imper'a Luci- truy6 una covacha, prolonganclo el alero de la Capilla, y
fer. Roja es la excitaci6n de la locura, el impulsa de la alli se estableci6. ·Desde enfonces, empezamos a vivir
fiera en el ataque, el arreoato del que comete un cri- . juntos: yo en el fonda, y él al costado de esa pequena
men pasional; raja es la irritaci6n del toro de lidia y el construcci6n que mis mana~ fervorosas levantaron al
impetu asesino y suicida. Muchas veces, al contemplar ejercicio del cuita. Sin embargo nùestras alm.as perma-
los rojos ocasos tropicales que tiiien de sangre el paisa- necieron completamente distintas y separadas; mientras
je llenandolo de desolaci6n, pensé en el, espectaculo yo oraba y me golpeaba el pecho pidiendo perd6n al
tétrico del Juicio Final. • Senor por la blasfemia de aquel momento funesto, él
Ahi, frente a mi, estaba, sin lugar a ·dud~s. et-de- roncaba sin cesar en el dia y deambulaba en las noches
monio. lnstintivamente mis manas se deslizaron para .· coma un fantasma. En realidad, dudo que ese hombre
extraer del fonda de la camisa la pequena cruz de oro sirviera para compafüa de alguien; pero yo Io sentia,
pendiente de su cadenilla -recuerdo unico de la autora sentla que era alguien que estaba junto a ml. Al escu-
de mis dias- y Io puse frente a aquel hombre conven- charle roncar tenia la impresi6n de que no me encon-
cido de que iba a explosionar. Pero el hombre, al com- traba solo. Si hubiera queridcr'marcharse, le hubiese ro-
pren~er mi intenci6n, acentu6 su expresi6n ir6nica has- gado que no se fuera, pues, en esas circunstancias, la
ta el sarcasmo. s9ledad me habrfa vueJto loco.
14 15 , '

1!
En cuanto la calma hubo descendido, como un bal- -Yo te seguiré .. .- como la oveja al pastor -es-
samo, a mi agitado esplritu y pude ver los sucesos in-: . cuché la voz del brüjo, impregnada de cierto tonillo
mediatos a través del lente de la resignaci6n, empecé a sarcastico-. En "El Pa.raiso" seras feliz, sacerdote. Alti
planear el fµturo. Y cada vez que pensaba en ello, co- nada perturbara tu obra. . . ni la mia.
braba mayor importancia el brujo como base de mis pla- Estaba muy lejos de comprender entonces la in-
nes: "El Paraise" debia ser. necesariamente alguna tierra tenci6n de su ultima frase pronunciada con cierta ento-
inaccesible a la civilizaci6n en la amplitud de esa Ama- naci6n enigmatica. Al .d~jar la civilizaci6n tenia el pro-
zonia inexplorada. 1nterrumpi .una noche su deambular p6sito de buscar un l1,.1gar inaccesible donde vivir en paz, '
• de fantasma bajo la luna, cuyo fulgor mate trasmitia li- dedicado a la obra que me habla impuesto en la vida,
videz cadavérica a su cardena piel. Bajo la· noche, tal y esa idea lleg6 nuevamente a obsesionarme.
vez a causa del paisaje espectral o de mis desvelos, su -c'.Cuando partimos? -le pregunté.
sonrisa sarcastica me result6 repulsiva y siniestra. -Cuando reunas Io que debe ir con nosotros.
-Tienes miedo a la soledad y al silencio de la no- -c'.Qué es Io que debe ir con nosotros?
che -me dijo antes que le dirigiera la palabra-. Yo -Tu rebano; la gente que te rodeaba. Sin el,los,
vi hombres extraviados, enloquecidos por la soledad en no tendrias obra que realizar.
el interior de la selva, enloquecidos por el espanto, por- Naturalmente que asi tenia que .ser .. Comencé a vi-
que no hay nada mas espantoso que el vacio producido sitar los contornos. Subi al fundo del gobernador del
por la soledad. j Tienes miedo a la soledad ! Hace un ins- distrito, el cu~I me vio llegar con desconfianza. Segun
tante vi que te levantabas insomne y prendras la mirada supe después, habla acordado con el Juez de Paz sacar-
en el fondo de la noche. Sabla que temblabas. iPero, me del medio en la forma acostumbrada. · Erari duchos
es que hay soledad? c:Hay silencio? 2Hay vacio? en el empapelamiento tinterillesco de las personas que
Y, de pronto aquel hombre lanz6 una sonora car- se oponian a sus planes, imputandoles supuestos delitos.
cajada. Al avanzar por el patio vi el cepo lleno de peones
-No hay nada de eso -prosigui6-. Lo que hay riberenos con los pies sujetos entre los gruesos tablones
es ineptitud para percibir el mundo de Io que esta fuera bajo un sol inclemente que parecia der~etirlos en copio-
del alcance de los sentidos y del raciocinio, todo aquello so sudor. Una caritativa mujer les repartia agua fresca
que la ciencia rechaza y que, sin embargo, a veces hace que bebian con avidez. Pregunté al gobernador el deli-
temblar. El hombre primitive Io percibi6, mucho antes to que habian cometido aquellos infelices.
de que al civilizarse se anularan en él, sus grandes po- -Unos vendieron su caucho burlando los derechos
deres intuitives y ocultos. La civilizaci6n quem6 a los de su patron. Hay que reprimir a estos picaros que
brujos en vez de procurar la interpretaci6n de su ciencia viven de Io que s~ les da y luego venden el pr:oducfo
incomprendida. j Hasta en el idioma ha degenerado 1.a de su trabajo a, otros. . . Pero para eso estamos aqui
tremenda acepci6n de la palabra brujo ! para garantizar la ho11radez de los trabajadores. -Y di-
Comprend! que estaba frente a un descarriado que, ciendo esto, el gobernador se àsom6 al patio y un gesto
inclusive, era capaz de negar la existencia· de Dios, y autoritario irradié en su rostre al posar su mirada en el
una honda pena oprimi6 mi coraz6n. cepo. Luego agreg6:
-Senor -clamé mirando al cielo--, dame / fuer- -Ese indio taciturne que esta en el extremo iz-
zas para seguir tu camino, para apacentar tu rebano y quierdo es un falso curandero reincidente. Lo llamaron
retornar tus ovejas descarriadas a tu santo redil. para que curara a una muchacha afectada de ciertos de-
16 17
li
\
sarreglos · internos. El curandero diagnostic6. El demonio Salf de ~ casa del gobernador dejandolo en la
estaba alojado en el vientre de la joven y habla que ex- creencia de que ya no iria a interferir mas .en sus in-:-
pulsarlo. Se estableci6 en la habitacién de la paciente tereses. Lo mismo hice con el Juez de Paz, de tal suerte
a fin de librar dura batalla con el."maligno" sin darle que, sin obstaculos, fui poco a poco poniéndome en con-
tregua ni de noche ni de dia. Resultado: la joven aca- /tacto con mi rebafio disperse. Cuando les pedf que me
ba de dar a luz los efectos de las curaciones de este siguieran a fundar un pueblo en el interior de la selva
brib6n. j Pero ya la justicia le quitara las mafias al muy virgen, nadie se asust6 ante la magnitud de la empresa.
taimad' '1! El juez de Paz es el llamado .a instaurar el Todos estuvieron conformes en seguirme. Por Io visto,
sumario. aun no habia perdido mi ascendiente moral.
-~Y aquel otro de mirada huidiza que esta en el El dia sefialado, todos acudieron con Io que podian
centro? -pregunté aprovechando el entusiasmo infor- conducir sus embarcaciones: herramientas, alimentas,
mativo de la autoridad. hiju~los, semillas. Tuve que vencer, al principio, la re-
- j El muy bellaco ! -vocifer6 el goJ:>ernador-. Ha- sistencia de muchas, entre ellos Juan Rosales, que se
ciMdose el fantasma perseguia a las muchachas que oponia a incluir en la expediciôn al brujo, a quien _atri-
suelen ir a la playa a tomar su bano nocturno. La que buian todas las muertes que por esos alrededores habian
se quedaba sin poder correr, muerta de miedo, era vio- ocurrido. Todes quedaron conformes en cuanto les in-
lada· por· el fascineroso. formé de que era indispensable su compafila, tanto por-
que el brujo ya se habla convertido en ·cura.ndero, cuan-
-'-Faita de educacién religiosa, sefior gobernador
to porque era el (mico conocedor del lugar ado!'1de
-repuse- .Faita de gufa espiritual. Todas estas gentes
fbamos.
son muy afectas a la ensefianza religiosa. Yo les he tra-
Yo conocfa por su nombre a cada una de las cin-
tado, y puedo asegurarle que en inteligencia y condicio-
cuenta personas que debian seguirme entre hombres,
çes fisicas, pocos son los pueblos que los aventajan .... mujeres y nin9s; podia nombrarlos uno por uno, inclu-
~y esos otros?
sive a ese viejo que se acopl6 a ultima hora acompafia-_
-Los dos que estan a la derecha del cepo, han do de su hijo enclenque y paliducho. Me dijeron que se
huido y se les ha capturado. Su patron esta deseoso de llamaba Claudio y -hubo que buscarle un acompafiante
cedE?rlos a quien pague sus cuentas. Da un veinte por que le ayudara a conducir su canoa. Se ofrèci6 Pancho,
ciento de. rebaja sobre Io que adeudan, pues es la se- un joven risuefjo que no pudo lograr admodo en las
gunda vez .que intentan fugarse ... Tal vez Ud. quiera otras embarcaciones repletas.
hacerse de ellos. No. me agrad6 mucha la t:ompafüa del viejo Clau-
-Un pobre sacerdote como yo --dije adoptando dio, por su disonancia en ese conjunto homogéneo. Es-
un aire de humildad- no tiene para pagar cuentas. Yo taba siempre silencioso, abstraido en sus pensamientos.
estoy mas bien para apelar a la caridad de las personas Cuando se le hablaba, habia que hacerlo dos veces y, al
acaudaladas como Ud: - responder, parecia despertar de un suefio. Frecuente-
Lo de acaudalado parece que le gust6 al goberna- mente sus ' respuestas no ' correspondian a las preguntas
aor, pues asumiendo una expresi6n protectora, exclamé: que se le hada. Su hijo era un nino·que nunca se reia.
-Ya trataremos de ayudarle a Ud. Venga siem-
pre a visitarme. . . Creo que Ud. tiene razén, j a estas
gentes. les ·faita gui a espiritual y ensefian.za religiosa !
a . 19

i'
! • 1
1

l
La naturaleza ex6tica era deslumbrante. Brotes en
"'" floraci6n reverberaban al sol entre variedades de plan-
tas acuaticas en que alternaba el helecho con el nenu-
far y la victoria-regia con las beg()flias. Entre musaceas
y canabravas, sobre alfombras de un verde claro inten-
so, variedad de aves devoradoras de peces y de cara-
coles expresaban su sorpresa, en estridente algarabfa,
al notar nuestra presencia. Garzas y grullas estaticas,
ejemplares rezagados de grandes migraciones, proyecta-
·- ban su quietud de extrafias flores blancas en media de
esa naturaleza que derrochaba el verde en todos sus
matices, desde el chocante glauco hasta el gris opaco.
·v Alli, en ese caudal ·infinito de plantas, ocultaba su vir-
tud inviolada la hoja que enferma o cura, y la raiz que
Fue impresionante aquef la madrugada en que una nutre o envenena. j AIH estaba encerrado el secreto de
flotilla de canoas cargadas se desprendi6 del puerto con la larga vida o de la muerte instantanea !
destino 'a Io ~esconocido. La emoci6n me condujo a re- Un extenso lago, de superficie alfombrada por una
memorar el momento hist6rico de la partida de aquellos capa compact a de huamas ( lechuga acuatica) en la' que
puritanos que, a borda de1 "Mayflower", se lanzaron en saltaban aves zancudas color canela, se extendia ante
pos de un mundo donde vivir en paz. Formose una lar- nosotros en cuanto transpusimos una angosta restinga.
ga cola detras de mi canoa, que era la embarcaci6n mas Sobre la verde superficie distinguianse puntos que se mo-
grande, en cuyo fonda iban las planchas de zinc, techo vian con velocidad de saetas. Saqué mis prismaticos y
de la Capilla. En la proa se acomod6 el curandero-brujo descubrf que esos puntos, en veloz desplazamiento, eran
conocedor de la ruta. A continuaci6n de Îa mfa surcabà cabezas de serpientes que reptaban sumidas entre las
la del viejo Claudio, en la que iba el jovial Pancho, verdes hojas. Con frecuencia descend{an sobre ellas, en
cantor de endechas y de sentimentales canciones de raudas picadas, aves de rapifia que volvian a levantar el
amor. vue Io· con una vibora contorsionandose, pendiente del
· · . Penetramos por unos anchos cauces de agua que corvo pica. Las gentes, al notar el movimiento ondu-
se adentraban en fa floresta\ atravesamos sectores de lante de esa gruesa alfombra, expresaron su entusias-
selva inundada y, por ultimo, arribamos a una zona de mo diciendo:
pantanales que pareda no tener fin. El brujo calculaba - j Mucho paiche ! j Mucha vacamarina !
la orientaci6n examinando los contornos y los perfiles -También hay boas y caimanes fYlOnstruosos
de montes yertos como si hubiese realizado anterior- -agreg6 el brujo.
mente ese viaje dejando senales para fijar la ruta. El entusiasmo no decay6 por Io que dijo. Se habla
En los primeras dfas, nos esforzamos por evitar las
1
despertado en ellos el poderoso instinto de los pescado-
huellas que delataran nuestro paso a las comisiones que res, propio de los riberefios que viven de la abundante
no tardarfan en perseguirnos en cuanto los patrones y pesca en los rios y en los lagos de que esta cubierta esa
las autoridades tuvieran conocimiento del éxodo pro- parte de la Amazonfa. Hubo que detenerse el tiempo
ducido. suf iciente para pescar alguno~ ejemplares de vacama-
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ii i1
"
rinas, gordo mamHero 'que habita en las aguas dulces -.-No es prudente seguir avanzando ... --dijo Ro-
del Amazonas. sales, con su voz de barftono.
Las canoas, abundantemente provistas de pescado, -c:Es que aquf hay alguien que manda mas que tu,
sacerdote? -me pregunt6 insidioso el brujo.
reiniciaron la navegaci6n pegadas a la orilla para avan-
Le impuse silencio. Todos callaron después y, coma
zar entre los arbustos cuyos tupidos ramajes, parcial-
estabàn agotados de cansancio, muy pronto quedaronse
·mente sumèrgidos, contenfan la invasora alfombra de
dormidos. Estaba acomodandome a mi vez cuando un
huamas. Por entre los espacios libres que dejaban esos grito de mujer rompi6 el silencio de lé! noche.
ramajes navegabamos con alguna facilidad no obstante -Esta ya muerto -exclam6, y Ùn coro de .llori-
las curvas cerradas y los movimientos en. zigzag que nos queos cubri6 la flotilla. Algunas empezaron a llorar ha-
vefamos obligados a realizar. El prop6sito visible del blando con entonaci6n sentimental. Son las lloronas,
brujo-gufa era ganar la orilla opuesta circundando el pensé, y luego pedf silencio. Improvisé una mezcla d.e
. lago, pero, antes de alcanzar la otra margen tuvimos
arenga y de sermon. En cuanto hube terminado les invi-·
que detenernos desalentados ante un ancho canal que se té que me acompaf\aran a orar par el a~ma del que
extendfa cubierto de huamas hasta perderse tras un dis- acababa de fallecer.
tante recodo. El brujo expres6 su contrariedad con gru- Las ultimas frases de la oraci6n fueron absorbidas
fiidos y gestos, pues esos obstaculo~ a la navegaci6n no ·par el estruendo que produjo un fuerte golpe de viento,
estaban previstos en sus calculos. Los heroicos bogas anuncio de una tempestad que se aproximaba. Se apag6
r cornenzaron ardorosos la ruda faena de cortar con remos la velita que alumbraba el cadaver del nif\o, al cual ha- '
y machetes, bajo un ~andente sol, pedazos de esa castra bfan cubierto con una sabana sobre la carga de la canoa
acuatica y hundirlas a los costados para formar una via mas pr6xima a la mfa. i Fue una noche espantosa ! Se
que permitiera el paso de las canoas. Aquellos doscien- desencaden6 recio ventarr6n que parecfa destrozar la
tos metros nos demoraron casi todo el dl a. selva entera .. Sigui6 después lluvia torrencial que lavan-
Al iniciarse la tarde tuvimos un gran contratiempo. do la alta fronda, venra· a cubrirnos de une castra que-
El hijo de Claudio que remaba con desgano levant6 el mante de materias or~nicas en descomposici6n. Los ni- ·
remo y se desplom6 en el fonda de la canoa atacado de nos chillaban, lloraban las mujeres y los hombres guar-
insolaci6n. Acudf en su auxilio con el botiqufn que lie- daban silencio hostil. Sentfme enfermo Y• desalentado,
. vaba previsoramente. Ardfa con la fiebre y sus pupilas y lamenté haber inducido a esa gente a emprender tan
muy .dilatadas revelaban un final irremediable. desdichada aventura.
'I -Ejercita tu arte -le ordené al brujo. Pasaron las horas. El fragor de la tempestad devino
-Es. inutil, hace tiempo que este muchacho esta en calma; el embate de la lluvia se habla aplacado con-
muerto -contesté mirando al chico como si fuera ya virtiéndose en fina llovizna tenaz, y cierto friecillo ca-
un cadaver. laba la piel y entumeda los musculos. Eri el fondo del
Ya bien tarde, alcanzamos la banda opuesta que no rumor apagado y enervante, escuchabanse voces plafii-
result6 propiamente la otra orilla del lago sino la con- deras que partfan desde alguna parte imprecisable, coma
tinuaci6n del mismo, pero cubierto de alta vegetaci6n. exhalaciones dolorosas de la tierra ante el casti.go del
A poco de penetrar en esa selva sumergida, se detuvie- cielo.
ron las canoas con gran disgusto del brujo qùe pareda Yo me encontraba despierto y sentfa correr el agua
tener prisa. sobre el impermeable que apenas me cubda. Oraba. Mis
22 23
: 1
pensamientos, huyendo de la realidad aplastante, se re- . insegura y temblorosa, distinta a la jovial que le carac-
fugiaban en Dios impetrando su misericordia divina. Las terizalra.
canoas permanecfan en silencio y estaban agrupadas al- -~Sabes quién fue ... ? -volvi a escuchar la
rededor de la mia. Podia extender la mano ,
y tocar
1
cuer- primera voz, interrogando. ~.
pos extenuados que dormian, o simulaban dormir. Alli · \ -No. . . Se fue con alguien, dejando conmigo a
junto estaba el ,cadaver del niiio. Por momentos me su hijo ... todos creian que también era mi hijo, pero
acometian temblores escarapelantes al · percibir el grito no; era de otro hombre ... cuando entro en mi vida ya
del monstruoso caïman negro o el de la boa constrictora estaba con ese hijo, pero todos creian que era mio. Des-
que· lanzaban su desafio de machos junto a la hembra pués de un aiio regreso ... Yo no sabia si vino subiendo
en celo. Entonces, me irritaba contra mi mismo a causa o bajando el rio ... La vi un dia en la puerta ... El chico
àe que ~is pensamiE;mtos se apartaban del cielo, a mi corrio a abrazarla. . . No le pregunté ni adonde fue ni
,. pesar, atraidos por conflictos sexuales de bestias y de 1
de donde vino. . . Pero 'por qué tengo que contar todo
reptnes. j Pecador de mi! eso? ... Ya·todo paso ... Todoseolvida ... Ella mu-
Una forma se irgui6 en la canoa proxima. Yo la rio ... el .chico también murio ... ahi esta bajo la llu-
intufa, la presentia, pues, no escuché ruido alguno que via ... Todo se acabo.
la delatara. 'Qué buscaba? 'Qué hacfa? 'Es que no sen- -'Ya no Io odias?
tia el contacto frio de la lluvia? Hallabame envuelto en -No ...
tales conjeturas, cuando me parecio que otra forma se -'Quieres saber quién fue?
levantaba, a su vez. -'Por qué no? Con el tiempo quise saberlo, pero
fue por pi.ira curiosidad. Solo sé que ella me dejo por-
.-~Qué estas queriendo hacer con el guagua muer-
que yo era viejo ...
to? -pregunto alguien acusador.
-'De veras que ya no te importa?
-Nada . . . -La respuesta fue la de una voz aho- -Ya no me importa . . . todo se olvida.
gada, y un Ïf'1térvalo de silencio se produjo antes de que
-Era muy bonita.
el otro hablara.
-jLa conociste!
-Yo Io sé ... quieres hundirlo en la huama para -Yo fui ...
que se Io coman los hambrientos que esperan debajo .\
-jPancho!
de la canoa. ·
En aquel momento me di cuenta quién era el otro
-Ya él no siente ... interlocutor. Era nada menos que el compaiiero de
-Parece que Io odiaras ... viaje que le cupo en suerte al vieio Claudio. Pancho
-'Por qué habia de odiarlo? siguio hablando ...
-Porque es hijo de ella .. . -Me siguio porque tu eras viejo, y me ·dejo cuan-
-'Conotes la historia ... ? do mas la queria. Regreso a tu casa porque extraiiaba
La pregunta quedo sin respuesta. Evidentemente, mucho a su hijo y no podia vivir sin él. Ella no supo
estaba tejiéndose una historia llena dé pausas y de pun- Io que hacia cuando Io dejo contigo ... 'Amigos, viejo?
tos suspensivos. Sabia que uno de ellos era Claudio, -Amigos ... ya todo paso.
el hombre silencioso que miraba sin ver, como si su _,Qué fue de ella?
vista permanec1iera. ~lavada en el pasado; pero del otro -Mu rio.
no estaba seguro. · Podia ser la de Pancho, mas la voz era -La mataste viejo. jYo vi su cuerpo comido por
2f: 25

la tangarana !
-jAh!
la exclamaci6n del viejo tenfa un extraiio sonido
coma del viento cuando cruza la fronda anunciando tem-
pestad. Yo me estremed involuntariamente. No cabla
duda, acababa de escuchar una historia entrecortada
cuyo contenido tragico podfa adivinarse.
Al otro dia, bien temprano, al reiniciar la navega-
èi6n, miré con ansiedad el interior de la canoa que
el viejo Claudio se esforzaba por hacer avanzar por el
surco que iba dejando la mfa. Remaba solo en la proa;
el sitio correspondiente a Pancho estaba vacio. Alguien
dijo que al amanecer habla escuchê!dO un golpe, un ge- VI
n;tido y la cafda de un cuerpo al agua. El brujo intervino
y, al hacerlo, su rostro cardeno adquiri6 U11a expresi6n Soportamos dfas de sol alternados con dfas lluvio-
maligna. sos, sombrfos, que daban al panorama tonalidad mustia
-·-Aquf debajo de nuestras canoas --dijo- hay sec e imprimfan en el alma sensaciones de intensa tristeza.
".' res hambrientos que estan siguiéndonos. Devoran todo los pantanales alumbrados por las primeras luces del
Io que cae y se hunde. . . "como un cuérpo atravesado amanecer y bajo el c_respusculo vespertino, tenfan un as-
por un cuchillo". pecto tétricamente bellu.
Todos lamentaron la desaparici6n de Pancho. Su A los veinte dias de navegaci6n sin sombra, cuya
voz habla sido el calmante de nuestros sufrimientos. No lentitud centuplicaba las distancias, se advertfa en los
àei entonces prudente efectuar ninguna investigaci6n. semblantes signas inequfvocos de desaliento, y hasta lie-
Désde ese dia, me dediqué a vigilar estrechamente a gué a escuchar veladas frases originadas por la deses-
Claudio, resuelto a descubrir Io ocurrido esa noche. Era peraci6n. / Veinte dfas en los pantanales .eran mucho
indispensable someterlo a severo interrogatorio, mas por peores que igual tiempo en alta mar metido en un bote
las circunstancîas habla que dejarlo para el fin del via je. de naufragos. Si en éste la'\\ansiedad no permite el re-
Fue necesario, sin embargo, conducir con nosotros posa, aquf el minuta significa esfuerzo agotador. Tenia-
el cadaver del muchacho pues no habla donde enterrar- mos que luchar contra la estatica de la embarcaci6n
lo. Alguien sugiri6 la idea de lanzarlo a las aguas, pero aprisionada por las plantas que flotan, o no s.alir nunca
los demas protestaron. Lo enterramos bajo el aguacerô, y perecer. Con ese motivo, antes de .que cerrara la no-
en un lodazal que en verano se convertfa · en restinga. .che y, no obstante, el cansancio general ~n la fmproba
Fue la oraci6n mas triste que pronuncié en mi vida por tabor efectuada, al detenernos ordenaba que las canoas
la primera vfctima de aquel viaje. tomaran posiciones en circula alrededor de la mfa, con
el fin de exhortar a mi gente a seguir adelante hacia
la tierra inaccesible en que fbamos a . vivir libres, sin
preocupaciones, bajo el amparo de Dios. Les contaba,
entre otras, las penalldades del éxôdo en pas de la tierra
prometlda, les inculcaba el significado de la libertad
cuya conquista requiere el sacrificio, ihdusive de ta
21
ri
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1
propia vida, y terminabamos implorando la mis~ricordia que de la descomposici6n de los arboles muertos sobre-
divina. Seguimos avanzando asf sin la menor idea de salf ar-i delicadas orqufdeas, y de los ramajes rugosos de
cuando terminar.fa nuestro peregrinaje. No habla nada troncos centenarios brotaban cataratas luminosas y multi-
mas desesperante que tener a la vista, al anochecer, el colores de parasitas en floraci6n que descen~fan hasta
punto· de partida del mismo dia. A mi pesar, llegaba a el agua .. Escuchabase, en la fronda cruzada de rayos do-
dominarme el desaliento en los momentos en que me rados y de sombras detenidas, el batir languido de alas
invadfa cierta funesta duda acerca de nuestro gufa, duda que se dirigian a la propicia restinga en donde se habian
que se acentuaba después de las cortas conversaciones. aglomerado los animales de la selva para invernar. En
que sostenfa con él. los lugares poco profundos cardumenes compactos obs-
-~Fa~ta mucho todavfa para llegar? taculizaban la navegaci6n,
-Ya no queda distante. En un recodo formado por la vegetaci6n alta des-
-~No estamos extraviados? ~Conoces bien la ruta? cubrimos un arbol de la punga. El estrfado tallo, de .un
-Vamos bien. He venido por aquf muchas veces. verde apagado y lustroso, emergia de las aguas estanca-
-·~Has venido muchas veces por aquf? ... j No es das, solitario sobre un espacio descubierto. Extendfanse
posible! ·
sus pocas ramas como brazos de candelabro gigante .que
-Sf vine. Recuerdo bien todo est~. He venido en
remataban en grandes flores de· grana reverberando al
las noches de luna.
sol. Suele tenerse su encuentro como indicio de buena-
- j En las noches de luna ... ! ~y qué hacfas en los
suerte, por Io que los viajeros prorrumpieron en excla-
dfas de "sol y de lluvia como los que estamos sufriendo?
maciones de jubilo al divisarlo .
.-Es que no he venido como venimos ahora ...
pero he venido. Experimentamos de inmediato un gran alivio, ver-
Su reticencia era desconcertante y no encontraba dadera compensaci6n a nuestras penalidades, al desli-
forma de hacerlo entrar en explicaciones. Estos dialo- zarnos sobre las aguas claras y profundas de un extenso
gos cambiaban muy poco. No podfa continuar interro- Iago, al que penetramos siguiendo un canal torrentoso
gando y conocer mas detalles, pues aquel hombre se ha- que impedfa la invasion de las plantas acuaticas. Hada
cfa cada vez mas extrano y enigmatico. Terminé por su- varies dfas que venfamos observando, a la distancia, un
poner que el locuaz brujo asumfa su papel de tal para fondo de alta vegetaci6n de matiz azulino y perfil uni-
imponerse en la expedici6n. j Estabamos a su merced ! forme como de una cordillera sin picos. Del infierno de
Entonces estaba yo muy lejos de imaginar que mucho los pantanales estabamos llegando al paraiso terrenal.
de Io que me rodeaba en ese medio ·se habla tornade Sobre ambas orillas del lago se erguian arboles milena-
inexplicable. Acababa de penetrar en un mundo en que rios, y, eh una atm6sfera diafana poblada de libélulas.
ta ·naturaleza participa de Io irreal. En Io sucesivo, ya las mariposas se confundian por el tamafio con las aves.
no podrfa separar el sueno de la realidad ni Io misterioso L.:os mamiferos miraban curiosos la flotilla bulliciosa que
de Io ,alucinante. irrumpia en sus dominios de silencio y de quietud. La
i Qué largos me parecieron los ultimes dfas de ese sensaci6n opresiva, propia de los bajios, habla desapa-
memorable via je! El interior de los lugares sumergidos recido y el aire embalsamado nos produda una intenSéJ
de vegetaci6n mas o menos alta, ostentaba parajes som- sensaci6n de euforia.
brfos de marana indescriptible que hacfa pensar en la Quien mas feliz se manifestaba era el brujo. Aban-
existencia de una locura vegetal. Vefase con frecuencia donando su mutismo enigmatico y reticente, adopté una.
28 29

1;
1 i
\
extravagante actitud de jubilo. Reia extrafiamente cau- ' Todos dejaron de remar incrédulos.
sando una sensaci6n .escàlofriante. · En el punto donde indic6 el brujo, atracamos. Ha-·
-jTerminarbn nuestras penalidades! jAqui vivi- biamos llegado. La orilla explayada de areha gruesa y
remos felices! -y batia l.as manos como un nifio frente sonrosada se extendîa hasta penetrar, en suave declive.
a la golosina. en las aguas claras donde discurrian · abundantes peces.
-~Por qué te alegras de ese modo? Subimos. En Io alto, en terreno piano, se levantaba unél'
-Porque me siento cerca de ella. vegetaci6n asombrosa por su exuberancia. A través del
-~De quién? -No pude reprimir un gesto de rumor de la fronda se percibîan dulces trines. El brujo
asombro. ' se tomé locua:z.
El brujo quiso decir algo, pero subita reflexién le -Estamos en un nuevo Paraiso Terrenal -dijo
acal16, y al volver la cara para cerciorarse del efecto que con expresién placentera-. Fueron tierras propicias
1
me habian producido sus palabras, observé en su rostro coma éstas dondë nacieron las culturas, se desarrollaron
una expresi6n demoniaca que me cr:spé los nervios. las civilizaciones y fluy6 la histor_ia. ~Quién puede pre-
Continuamos la navegacién pegados a una de las decir Io que ira a ocurrir aca coi'i el tiempo? Aquî, en
orillas. En aquel preciso momento, una manada de bu- este mismo sitio, · es muy posiDle que gentes exaitadas
feos, esas inias amaz6nicas que han dado origen a mul- por una pasién imprevisible victimen a un martir des-
titud de leyenda's, comenzaron a emerger, alrededor de tinado a la canonizacién. Quiza algo mas alla levanten-
las canoas, con persistencia de tiburones tras el barco los creyentes un temple que con el tiempo desaparezca
ballenero. Daban su resoplido estridente y volvian a su- demolido por los prosélitos de un nuevo materialismo.
mergirse, lentos, dejando ver el lomo plomizo y el resta ~y por qué no podra erigirse aqui una ciudad destinada
del cuerpo .que pasando por varios matices iba a re- a desaparecer élrrasada por turbas de gentes oprimidas en
matar en .el blancuzco pecho. El brujo se reanimé. sus afanes de conquistar una libertad ut6pica? ~Escu­
-'-Ellos saben que en una de estas canoas va una chas, sacerdote?
muthacha. ·..
El popero de esa canoa protesté:
-Mordi6 mi remo uno de estos. endemoniados.
-Ha pasado rozando el, mio -exclamé otro. '
En la canoa préxima, un hombre, tom6 su escopeta
con animo de disparar contra el primer bufeo que irrum- '
piera fuera de la superficie. ·
-Ya puedes esperar toda la vida que no volveran a
salir -dijo el brujo sarcastico-. Son mas brujos que
los hombres mas brujos. .
-Son los demonios del agua -dijeron varias voces.
-Ellos estan aqui en el aire mirandonos en la cara
y le:yendo nuestros pensamientos ...
- j No puede ser ! -exclama una mujer-. Si .los
bufeos estan dentro del agua, no sé cémo puedan estar
mirandonos.
30 M

i 1
Sivo animal. El brujo pareci& en'Cèlnfacfo· con' er ave, y
las gentes comentaban desfavorablemente la singularidad
de aquella predilecci6n. Al verle en los.. atardeceres ca-
lidos, sentado en el linde del patio escuchando embele-
sado el canttco persistente, yo me acercaba atraido por
sensaci6n inexplicable a participar de su compafüa.
-Se corne las serpientes venenosas -decia el bru-
jo entornando los ojos, ârrobado-. Ve en la obscuridad~
y es la unica compania que se h~ce.sentir amorosamen-
te. Podemos escuchar!e con interés, porque su canto ·
trae un mensaje.
Me despert6 una noche un batir insistente de alas
VII
en la espesura circundante. Era imposible determinar
1' de inmediato Io' que era y agucé el oido. Los aletazos
Tras el descanso âe ·unos dfas para recobrarnos de continuaban violentas. Al escuchar mejor, pensé que
las fatigas del viaje, emprendimos, vigorosos, la tala de
podia ser un ave cogida por algo, y que luchaba por de-
1a selva. Gruesos troncos -que, aserrados mas tarde,
sasirse. Prendi una antorcha dispuesto a enterarme de
1iabrian de servirnos para la fabricaci6n de nuestros rus-
Io que ocurria. Penetré por una senda guiado por et
·ticos muebles- cayeron al golpe de las hachas; la ma-
ruido que iba decreciendo paulatinamente coma si el
1eza fue desbrozada y muy pronto una buena extension·
ave -o Io que fuere- estuv,iese siendo dominada. en
<le terreno qued6 al descubierto. Corno ya habia fina-
'1izado la estaci6n lluviosa, el enorme material abatido la lucha. A poco se apag6 el ruid9. Segui avanzando
.·estuvo pronto en condiciones de quemarse bajo los cal- \ cauteloso, inspeccionando detenidamente los contornos
·cinantes dias de sol. lniciaronse los sembrfos so~re la hasta donde alumbraba la luz de la antorcha. Al cabo.
tie~ra negra de humus y en el centra de las chaC:ras aso-
mis ojos se fijaron incrédulos en una especie de envol-
1eadas, batidas .por las brisas rumorosas que campeaban torio de plumas erizadas que reposaban sin movimiento
en la amplitud de los pantanales, levantamos la capilla, sobre la hojarasca sujeto por fuertes y brillantes fajas.
techandola con las planchas de zinc a las que pinté con Me 'acerqué mas y una exclamaci6n de estupor se esca-:
·greda blanca para que no se recalentaran al sol. Circun- p6 de mis labios. Lo que veia era el cuerpo del huan-
.dando la capilla, como un rE:bano alrededor del pastor, cahui envuelto por una vibora. Después de luchar largo
se construyeron las· acogedoras chocitas que debfan ser- rato, el ave y la serpiente yacian en mortal qL;ietud. La ·
vir de morada a cada una de las familias de mi rebaiio. cazadora habla sido atrapada en los anillos de la pieza
En una de esas tardes, el huancahui, temible Ra- que intentaba cazar. El pico corvo del ave tenia mal co-
jaro agorero, empez6 a desgranar las notas de su canto gido al reptil pot el cuello, y la boca amenazadora de
mon6tono y fatfdico desde el ramaje donde acababa de éste, sujeta aun, trataba de morder a su atacante. Uno
-establecerse. Era el ramaje mas élevado del arbol mas de los anillos enroscado al pescuezo del ave empez6 a
alto en las inmediaciones del caserio. Dos de los hom- estràngular 'a ésta. Evidentemente el ave estaba perdida.
bres sal ieron con sus escopetas para mata rio a Io que Comprendi que los instantes eran preciosos, y daba
me .. opuse terminantemente. No podia soportar sÙ- vueltas y mas vueltas al.umbrando ese atado de plumas
persticiones que llevaran a la eliminaci6n de un inofen- erizadas y de anillos con manchas de colores, tratando
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1 1

l
rèle encontrar una parte vcilnerable del reptil para ata-
·carlo. El ave y la serpiente formaban un solo cuerpo Supimos del perfodo de la incubaci6n, al que suce-
·di6 la algarabfa de gritos chillone~ de polluelos recién
··de aspecta impresionante. ·El- huancahui ya empezaba
nacidbs, los mism9s que, después de su aprendizaje, em-
- a dar sefiales de asfixia, Io que me obi ig6 a proceder de
:prendieron el vuelo y desaparecieron. Volvimos a escu-
fomediato y, sin pensarlo mas, metf la punta de un palo
char, de ese modo, el canto solitario de nuestr_a amiga
'en la boca' abierta de la serpiente, cuya cabeza logré su- agorera.
jetar contra el suelo blando donde la hundf. Los anillos
'dejaron de presionar y el ave libertada, jadeante, 'foe a
.:posarse en un ramaje cercano.
- ·Ya esta tu enemiga muerta, -le dije coma si
:hubiera de entenderme-·. Yen y llévate su cuerpo para
ttu festin de Înafiana.
Pero el ave asustada volvi6 a levantar el vuelo y
·se perdi6 en la obscuridad.
- j Otra vez no elijas una presa tan grande! -le
grité mientras se alejaba-. En vez de cazar podrfas ser
cazaçla. I
Desde aquel dia, se estrech6 mas nuestra amistad.
'El ave parecfa reconocerme y, en cuanto me vefa senta-
<lo en el patio, empezaba a cantar. Noté que su canto
··ya no era el mon6tono y sombrfo canto de la muerte. En
' ~e cantico habla uri mensaje de vida.
-Su canto es Io ultimo que se escucha al morir
·-me dijo el brujo recalcando sus palabras- es el canto
de la muerte.
De pronto, el ave dej6 de cantar. Chup6 el brujo
muy fuerte su cigarro, volvi6se hacia mf y senti su mi-
rada punzante sobre mi rostro.
-Cuando canta dia y noche, yo sabré po~ quien
ilora.
/-Encogfme de hombros y me a'lejé rumba· a mi
.aposento, con la impresi6n desagradable de que el brujo
'acababa de transmitirme un presagio fatfdico.
Ambos seguimos las incidencias de la vida del huan-
cahui. Al percibir el duo de una nueva voz, nos sonref-
mos. Es el canto nupcial, pensé. "Es el macho y la
hembra que acaban de saciar sus apetitos ... ", -reson6 ·
la voz profunda del brujo. . .
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- 35

1
tejidas hojas de la resistente pa·lmera irapay. Todo Io hi-
·dmos en silencio. Me parecfa estar trabaj.ando con una
sombra.
-Ahora que esta hecho Io mas pesado, ya puedes
terminar tu casa soio, -le dije un dia-. Tengo que
ayudar también a los demas.
-Gracias, Padre, -me contest6, y su voz semeja.
ba un lamento.
-Esta noche, después de la cena, vienes a la ca-
pilla que debo hablar contigo -le orde.né al dèspedirme.
-Asf sera, Padre ...
VIII E::sa noche· me encontraba, como siempre, sentado
en el atrio de la Capilla, en ese estàdo de transici6n en-
En el suero pr6digo aparecieron vigorosos los brotes: tre la vigilia y el sueiio, cuando senti a mi fado los pasos
de las plantaciones destinadàs a satisfacer las necesida- vacilantes de alguien. Era Claudio. lnstantaneamente
des del caserfo, aparte de la abundante caza y pesca. La vino a mi memoria Io ocurrido en el viaje baj_o la lluvia
vida empez6 a transcurrir placida para todos. La ense- y la noche.
nanza religiosa y la instrucci6n alternaban con el tra- -Siéntate aquf junto, Claudio -dfjele-. Ahora
bajo suave, ~n tal forma que nadie sentfa la influencia estamos solos ante Dias y ~s necesario ~ue me digas
de mi autoridad. toda la verdad ... ~Qué historia es esa relacionada con
Antes de cerrar los ojos por las noches, para dor- la que fue tu mujer y Pancho? Yo Io sé tod6 .. r pero es
mir el sueiio profundo de los justos, reflexionaba en que necesario que tu me Io digas. Cuando un cristiano se
a cubierto de la incomprensi6n y del ataque de los hom- arrepiente y pide perd6n a Dios, esta salv~o. Habla.
bres, inaccesible a las influerfcias funestas de la civili- -~Lo sabes todo, Padre?

. zaci6n, podfa ya apacentar aimas buenas y puras que . -Todo, inclusive que tu mataste a Pancho.
tuvieran la .mirada puesta en el cielo y el pensamiento- El hombre se puso a temblar, quiso decir algo, bal-
en las cosas santas de la tierra. buce6 frases ininteligibles. Tuve que calmarle y, enton-
' El viejo Claudio y el brujo disonabari en ese con- ces, refiri6 una tragica historia con frases i,nconexas, se-
junto armonioso. No reaccionaban a ese ambiente vital, paradas unas de otr~s por intervalos de silencio que era ·
ni se amoldaban al ritmo cooperativo de los trabajos. necesario cubrir deductivamente para dar ilaci6n Y, uni-'
Claudio comenz6 a construir su casa al mismo tiempo ·dad al relata. He aqui en sfntesis la historia.
que los demas y termin6 mucho después, cuando todos
estaban ya confortablemente instalados. Nadie se ofre-
ci6 a ayudarle, todos se apartaban de él, murmuran-
do. Tuve que ir personalmente en auxilio del hombre
silencioso.
Entre los dos clavamos los pesados horcones, le~
vantamos las vigas, sujetamos los tijerales y acondicio-
namos el armaz6n para recibir la techumbre de entre-
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i i 1
naba d~lce, muy dulce, en los ambitos de esa casa has-
ta entonces silenciosa.
Claudio habia envejecido esperando. En la selva
habia mucha mayor cantidad de hom.bres que de muje-
res. La bonanza del caucho atrajo ~na gran influencia
de hombres a las margenes del sistema fluvial amazé-
nico. Cuando joven, Claudio sonaba .con. una m1.1chacha
bonita que, enamorada de él, Io siguiera complaciente
por todos los ca111fnos; cuando hombre aspiré tener una
ôuena mujer a quien amar, y, cuando viejo, quiso una
mujer ai.mque fuese entrada en anos que le acompaiiara
I~ simplemente .. Nunca logré encontrarla. El y la soledad
se hicieron inseparables a tràvés del tiempo.
Viejo estaba ya Claudio cuando cierto dfa, pescan- ' Mas, he aqui que el destine le habla reservado uoa
,,' gran sorpresa. Escuch6 la voz de la mujer sonada entre
do en un remanso, el viento llevô a sus oidos una voz
de mujer pidiendo auxilio. Dej6 el sedal y su vista agu- el viento que recorre el anche rio modulando ;centos
da descubri6 a Io lejos, en- el centro del ancho rio, tur- peregrinos. Y, después de haber sido salvada, joven,
b'ulento y arremolinado en esa época del ano, una pe- bella, como una ilusi6n convertida en realidad, no ex-
,
quena canoa que bajaba arrastrada por la corriente. pres6 las fràses de gratitud y de despedida como temia
Claudio supuso que se trataba de alguna extran- Io hiciera, sino que se quedé.
jera en trance diffcil, pues las mujeres lugprenas, aun- -A causa de que no me preguntas de d6nde ven-
Que estén en peligr'o, ni gritan ni piden auxilio. La ley go y de quién huia es por Io que te quiero-- le habia
de la selva, fatal e inexorable, es la ley del salvese quien dicho. Y en esa sola--frase estaba resumida toda una sos- .
pueda. Cobr6 precipitadamente sus sedales y rem6 has.- pechosa historia, pero es'o no interesaba a Claudio. Ella
ta dar al~ance a la fragil embarcaci6n que, juguete de se llamaba Marina, un nombre que no habia èscuchado
los rem~linos, llevaba una mujer entumecida con su nunca en esas tierras. El chico se llamaba Juanacho.
tierno hijo en brazos. La recogi6 y condujo a su morada Fueron felices.
donde le brind6 albergue. Estaba muy extenuada y ape- -Has entrado en mi vida en tal forma que ya no
nas pudo subir la rustica escalera de la solitaria casa podria vivir sin ti -solfa decirle Claudio-. Eres la luz
construida de canas y hojas de palmera~ Después de en mis ojos, el trino en mis oidos, la sangre en mi co-
alimentarla con miel de avejas silvestres y huevos de raz6n.
perdiz y de pava, le ofreci6 su lecho en el cual no tar- ' Ella sonreia sin mirarle. Un dia, siguiendo esa mi-.
daron, madre e hijo, en quedarse profundamente dor- rada, él vio que iba a perderse en la lejania como. sL
midos. quisiera traspasar el recodo donde terminaba el horizon-
Levant6se ella temprano al otro dia y 'procedié, co- te. Eso Io mantLlvo silencioso por varies dias, pero des-
medida y diligente, al arreglo de la casa. Claudio no. pués' el acento acariciante de esa voz y esas pupilas bri-
cesaba de mirarla como si dudara de su existencia. Cuan- nantes le sustrajzron de sus n~gras cavilaciones. Volvi6
do el sol empezé a subir difundiendo caler, noté que sus a repetirle, con palabras entr~cortadas, su inrrienso amor .
.ojos brillaban, se tefüan sus mejillas y que su voz reso- Y otra vez torn6 a quedarse callado àl observar esa mi-
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1 i
1 Il
rada huidi:z:a que, atravesando las distancias y el tiempo,. ·Claudio aparentando indiferencia. Y sigui6 raspando el
iba a posarse en alguna escena que' guardaban sus re- mimbre con su afilada cuchilla. El muchacho avan:z:6
cuè,rdos. alegre al encuentro de su madre.
El pequefio Juanacho fue creciendo y le llamaba-- No; el cora:z:6n de Claudio no se alegr6 con la pre-
papa. Los vecinos de los alrededores creian que efecti- 'Sencia de Marina; antes bien, una llamarada paso por sus
vamente era su hijo. El Io amaba porque era parte de· pupilas predisponiéndole al crimen.
ella. Proyectab.;i hacer de él un gran ca:z:ado·r y, por eso, -Entra nomas -le repiti6 al notarla cohibida e
acostumbraba llevarlo consigo en sus excursi6nes por et indecisa. Pareces cansada. . . Siéntate y descansa ...
interior de la selva, las veces que el chico no terifa·.· Ahi hay carne asada, si acaso tienes hambre. Ya es tar-
obligaci6n de asistir a la cercana escuela. De pronto et de, manana partiras con tu hijo, s~ quieres marcharte ...
raye presentido cay6 sobre él. Una tarde al volver con Comi6 Marina y·después se acost6 en la cama de
su pequeno, cargado con las abundantes piezas cobra- -Claudio como cuando le dio albergue al salvarla del rio;
das en la caceria, ya no encontraron a Marina. pero ahora él no le habia ofrecido su lecho. Ai verla
Su instihto de hombre suft-ido le indic6 Io que ha- dormida, Claudio hubiera querido hundir su cuchillo afi-
9.ia pasado. El era viejo y aparentaba tristeza aunque es-· lado en la parte mas sensible de ese cuerpo palpitante
tuviese alegre; ella vivia nostalgica rer_nemorando los es- que am6 mas que a su vida. Pero no; da rie una muerte
tallidos de loca alegria que llenaban sus recuerdos, aun- asi, sin verla llorar, sufrir y pedir misericordia, no. En
que no Io deda. Eso Io not6 él mas de una vez en las. la selva las pasiones de .los hom,bres son sombrf as e im-
fiestas a las que asistfan. Bailando, Marina se transfigu- petuosas como sus tempestades.
raba, y bebia como si tuviera en el coraz6n algo muy· Al dia siguiente, al despertar Marina y no encon-
sensible y doloroso que trataba de ahogar. trar a Claudio en el lecho junto a ella, se incorporé de-
Claudio crey6 morir de amargura. Ell~ se habla cepcionada. Lo vio en el patio con la mirada fija en el
marchado con .alguien que bailaba como ella y sabia· rio. Se levant6 inquieta y fue hacia él.
vivir alégre aunque estuviese triste. Trat6 de hacerse el -iNo me preguntas d6nde he estado? iCon quién
indiferente si.n conseguirlo. Contagi6 su tristeza al niiio, . estuve? -le dijo, provocativa.
el cual se torn6 silencioso, mirando diariamente a su• -No quiero preguntarte nada -le contesté él, sin
padre. Otros hombres hubieran averiguado el paradera . volver la vista .
de ella con el fin de tomar venganza, pero él tenia mie- -\guai que la primera ve:z: ... Yo entonces creia
do de hacerlo. El descubrimiento de la realidad le ate- que era nobleza tuya. Tu eres asL Los hombres buscan
rraba. Prefirio sustraerse al contacta de las gentes que· a la mujer infiel para castigarla, perdonarla después y
podfan darle informaciones. La dio por muerta. luego olvidar; pero tu no entiendes eso ~es que no te
Pero el tiempo paso, y estando cierta maiiana pu- importa? taC:aso ya no te gusto? Anda, si te dol.i6, olvida
fiendo el fino mimbre con que tejfa las primorosas ca- y ven que soy la misma de antes. . . .
nastas que los mercaderes ambulantes de los rios le com- Estaba equivocada en todo. Ella ya no era para él
praban para hacer sus trueques en Iquitos, la vio parada· la misma de antes. El muchacho habia partido temprano
en el umbral de su puerta. En ese niomento creyo que ·hacia la escuelita rural, y no regresaria hastà la noche.
era su alma, pero no, era ella misma quien le hablaba. -Sigueme -pidi6la él simulando una s\'.lplica-.
-Vengo por mi hijo ... He descubierto alla en la restinga la collpa de la huan-
-Entra nomas; aqui esta tu hijo -le col'ltest6, ~ana. Vamos a cazarlas ...
"1> •U

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Claudio crey6 que se negarfa con cualquier pre- tante se contuvo. Si no castigaba a esa mujer que im-
texto, como solfa hacerlo antano, pero fue tras él con- pudicamente se habla entregado a otro, era un cobarde,.
fiada, sonriente. Siguieron par la orilla de una restinga, j era un cobarde ! Y retrocedi6 riuevamente a OC!Jltarse: ·
y luego de caminar largo trecho él se volvi6 hacia ella. ·tras el roble. Las palabras de el la seguian repercutiendŒ
con los brazos abiertos. Marina supuso que habia lle- "' en sus oidos: "Perd6name Claudio, déîame vivir". Su»
gado el momento de la reconciliaci6n, pues no advirti6, mente reflej6 la imagen de ella, sus labios trémules, ·SU.
e4h ese momento, que su acompaf\ante blandia en sus voz mas dulce que los mas dulces trinos de los pa-~
manos una soga con la. que la at6 eri un' instante al arbol jaros, su cuerpo que fue suyo. . . Recordé la soledad' de,
a cuyo pie se habian detenido. Ella Io dej6 hacer· sin su nido. . . La llama raja que Io devoraba se apag6 de-
oponer resistencia, un tanto sorprendida .POr 'el extraf\o pronto y comprendi6 que aun la amaba. Nq pudo con-
proceder de Claudio. Pase6 luego una mirada ·inquieta tenerse mas y avanz6 gritando:
por todo Io que la rodeaba, examina el arbol donde es- -jMarina mia, vivirâs! jYo soy quien tiene que-
taba atada, y de pronto sus pupilas se dilataron de terror. pedir perd6n ! j Marina, te amo con toda el alma!
-Me tienes amarrada al arbol de la tangarana .. ~ Mas, al llegar al ârbol fatal, casi trans_tornado par
El arbol en que los hombres desalmados matan a la mu- el dolor, ya era tarde. Encontr6 un cuerpo dèforme, me-
jer infiel .. ·. -clijo, intensamente palida, y una suplica dia devorado por las hormigas. Atin6 a desatarla, puso
angustiada brot6 de su pecho. el cuerpo sin vida a un, lado fuera del contacto del ârbÔI
-Claudio, jdéjame vivir! y huy6 enloquecido par la selva hasta chocar con una
rama baja y perder èl conocimiento. Tal vez ese acci~
El tap6 sus ojos para no verla y huy6. No podia ex-
dente fue Io que le salv6 de quedar sin raz6n aquel·
plicarse después por ,qué corri6 a ocultarse, par qué no
permaneci6 allf deleitandose hasta el delirib con la con- aciago dia. ··
Al volver Claudio en si, ya la t'arde se iniciaba.
. sumaci6n de su venga_nza, insensible a los ruegos de esa
Reflexion6 un instante y .resolvi6 regresar en busca de·
mujer -Odiada. Huy6, pero no fue lejos. Se detuvo tras
Io que aun quedaba de ella para darle sepultura y llorar;
No encontr6 nada. Habla desaparecido. Solo qu~daba de·
un corpulente roble aguzando el oido y, coma no oyera
nada,. se impacient6; pero yo estoy ~eguro que no fue
ella una mancha de sar\gre en la hojarasca.
impaciencia Io que domino en aquel momento a ese
Al llegar a este punto de su narraci6n, Claudio en·-
desdichado, Si su victima hubiera proferido gritos de
doler pidiendo misericordia, seguramente 'se habria sen- mudeci6. - '
-Continua, hijo mio -dijele compasivo-. ~Qué:
tido satisfecho, mas· su silencio, el silencio que acen-
tuaba su tensién, iba produciendo en su espiritu las di- pas6 con Pancho? ·
. Claudio permaneci6 en silencio como si de subitÔ'
versas manifestaciones de la incertidumbre, la ansiedad, · se hubiese vuelto sordo. Quise sacarlo de su abstracci6n·
la angustia. Una fuerza irresistible le hizo regresar. Ahi
remeciéndolo. Su mirada tenfa la vaguedad de quien ve
estaba .ella llorando sin exhalar una sola queja mientras sucesos remotos. Dio media vuelta dispuesto a mar-
una gruesa capa de hormigas voraces empezaba a cu-
Brirla. Al. distinguir a Claudio, a través de sus lagrimas. charse.
iA d6nde vas? -le pregunté sujetandolo.
,expres6 su ultima suplica. No me contesta. Temblaba.
-Perd6name Claudio, déjame vivir ... -Ya estara esperandonos Marina con la merienda.
El avan:z6 con animo de libertarla de sus ligaduras Juanacho. Estos venados que hemos cazado p~san mu-
y hasta lleg6 a tocar sus carnes temblorosas, pero al ins- c;,ho -termin6 por decir.
42 ' ·43.
1

acci6n de ese machete manejado por un)oco cuya crisis.


podrfa producirse en cualquier momento. Con el tiem-
po, sin embargo, llegarori a acostumbrarse, pues el loc0t
sabia pedir a tiempo que Io encerraran. El machete que--
daba prendido en el toc6n frente a su casucha. ,
-Ya se hace sentir la luna nueva --decfan las;._
gentes.
Aquel dfa la obscuridad y los gritos me pusieron•
coma nunca con un humor poco propicio a soportar la.
presencia de alguien. En ese momento se me acerc6 et
brujo con su habituai sarcasmo.
Ya tenemos un loco ... nuestro loco, --dijo-. En
X la selva virgen no hay locos, y los que hay, viehen de-
otras partes; son efectos de las tensiones de la civiliza-
Noche sin luna i luna verde ! ·Los extractores de ci6n. En la selva_, enloquecen los hombres de terror a~
madera se abstienen de cortar arboles para sus propias extraviarse, pero es una locufa que solo dura breves ho:..
construcciones, y las madres temerosas aconsejan a sus ras y termina 'con la muerte. No hay duda que la civifj:.. '
_âgiles pequeiios que no se aventuren subiendo a los altos :z:aci6n nos penetr6 por donde menas Io esperabamos ...
' ramajes del zapotero o del caimito a coger sus frutos ~Me escuchas, sacerdote?
marranes y dorados. Las fibras de los arboles reverde- Me abstuve de contesta rie; Io que aquel hombre-
cen y son- poco duradero~. y las ~a~_as que durante el decia, aumentaba mi zozobra.
plenilunio podrtan soportàr grandes pesos, se desgajan -Nosotros hemos hufdo de la civilizaci6n -pra- ·
vidriosos a la menor presi6n. Las cicatrices y los tumo- sigui6-, pero sus grandes inconvenientes nos llegan ...
res se vuelven dolorosos, y el cerebro de los insanes se poco a poco. ~Sabes cuando nos akanzaran plenamen-
excita con el debilitamiento de los filamentos misteriosos te? Pues, cuando desaparezcas ... ' ~O es que te crees.
que encauzan la raz6n. eterno? Cuando desaparezcas (y que Dias te conserve·
Del fonda obscuro de la noche partian los gritos por muchas alios) o cuando te depongan como resultado·
del loco encerrado en la casucha, que nos vimos obli- de un motfn fraguado por el que ahora aparenta mayor·
gados a construir con fuertes palos a manera de jaula humildad. ~Te imaginas Io que sera ésto cuando tat
vara mantener la tranquilidad en el caserfo. ocurra? .
, Pero estas crisis eran peri6dicas y breves. El resta .-jVete a tu covacha, brujo endemoniado! ·-grité
del tiempo era un loco manso que se complacfa razu- sin poderme contener.
1'ando las barbas de los hombres con su machete. -Yo sé que me escuchas, sacerdote -s~gui6 di-.
Pasapa dfas fntegros afilando su machete y asen- ciendo el brujo como si no le importara mi enojo- y
tandolo delicadamente en las suaves fibras de la topa. haras sier'npre bien en escucharme. Estamos en una isla
Aquel largo acero tenfa ôn fila superior a las navajas de paradisfaca. Yo cumplf con traerte aca, pero de Io que-
.afeitar y los hombres se sometfan complacidos a la suave suceda · después no r~spondo. Lo positiva es que ya te-
rasuraci6n de Claudio. Al priricipio las mujeres se in- nemos un loco. Lo restante vendra después. . . cuando-
quietaban al ver las ~argantas de sus maridos bajo la te maten o te mueras.
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1 1
i!
-Prepararé a la persona destinada a continuar mi de miedo, y hube de calr:narlas antes de que pudieran
,obra -dije a mi pesar. exponer Io que les ocurria. .
-jMalo ... ! ~Valieron algo los sucesores que fue- -Ali f hay al go espantoso. -Y apuntaban haèia el
•ron preparados para la continuaci6n de un gobierno y 1inde del bosque.
'de una obra? No valieron nada, nada, sacerdote. Me .adelanté seguido de el las, muy lejos de· ima-
No a.guanté mas. Cogi al brujo del cuello y con un ginar la causa del miedo que las posera. Penetraba, pre-
sacud6n Io puse de rodillas. cavido, en .la espesura cuando aquello se manifest6, y
- j Fuera de aqui ! -grité, conteniéndome apenas confieso que me hizo retroceder temeroso a mi pesar.
·<le aplastar aquella vibora. Las ramas nudosas de un arbusto grueso e informe
.El brujo cambi6 de tono y dijo: se movieron sospechosamente, y unos ojos brillantes se
-Si, sacerdote, me voy. En musculos eres el mas proyectaron en la semi-oscuridad. . . Avancé resuelto
''fuerte y no sen§ yo quien se atreva a medirse contigo. y algo se desprendi6 como un fantasma ·del medio que
Admiré tu valor y tu fuerza alla en "Esperanza", cuando Io mimefrz:aba. Pas6 un momento antes de que esa cosa
tè enfrentaste solo contra una turba arm~da. Tu eres difusa tomara la conformaci6n de un hombre.
·el mas fuerte ... en musculos, y eso Io saben todos. Le- - j Hablas de ser tu, brujo infernal! -grité reco-
·vantas con facilidad troncos de madera que ot~o no po- nociendo al menguado.
' •dria n1 moverlos ... pero medita en Io que te he dicho, -~Pero es que yo hago algun dano poniéndome
:.meditalo. en reposo como un arbol.
Y el brujo se alej6 con direcci6n a su covacha. -·-j Asustas a la gente! ...
En èl caserfo, todos le detestaban, a pesar de mi -Transformandose en arbol se reposa y, ade-
insistencia en convencer!os de que ya no éra brujo sino mas, se despista ·a los animales y se les juega algunas
9-'randero. Nadie se ocupaba de averiguar Io que hada pasadas.
ni de comentar Io que debfa hacer. El brujo no se Otro dia caminaba yo con direcci6n a la casa de
preocupaba por èl trabajo, aunque debo declarar hidal- Rosales para hacer un encargo a su mujer acerca de
gamente en su favor, que habf·a,dado comienzo con éxito los menesteres de la capilla, cuando algo se levant6 atra-
a su funci6n de curande-ro sangrando la pierna de un vesando el caminillo gris sin darme tiempo para evitar
hombre victima de la picadura de una serpiente veneno- su contacta. Senti el race de un cuerpo cilindrico, s1i1ave,
~a. enderez6 después algùnas luxaciones y extrajo una /
elastico j a!go viviente ! y pegué el salto mas largo que
-Espina profundamente alojada en la planta del pie de recuerdo.
t.m cazador imprecavido.' Yo observaba su expresi6n - j Maldici6n ... ! -grité, y el ahogo me evit6 la
<lesdenosa al realizar estas curaciones coma sj intentara desventura de terminar la frase que, desde el fondo de
significar que ellas no estaban a la altura de su~ cono- no sé qué subconsciente atavico,_ iba. a estallar.
dmientos. Por Io demas, yo descansaba en mi botiqufn El brujo, sentado en la maleza, oculto por un toc6n,
bien provisto, antes que en las artes del brujo. habla levantado su pierna atravesada en el momento en
Cierto dra·, a la hora en que las sombras de la noche que yo iba a pasar. ~y quién iba a. distinguir entre las
'empezaban a invadir el poblado, y densa penumbra bo- sombras, una pierna humana de una serpiente monstruo-
"T,raba e1 contorno de las casas en la espesura, se acerca- sa? Le increpé su conducta.
·ron a ml la mujer de Daniel, el constructor de tapajes, -~Acaso no se puede levantar la pierna cuando
acompanado de Rosita su adolescente hija. Temblaban ha estado inm6vil. largo rato? Es la unica forma de darle
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i
• 1:
elasticidad antes de ponerla en funcionamiento. -Y (a -conquistadores fracasaron porque no supieron imprimir
expresion de candida inocencia, que asumîa en tales oca-
/
en tos pueblos el terror definitivo ...
siones, podia convencer a cualquiera que no obraba con Tales palabras me hicier()n cavilar largas haras, y
mala intencion. no fue sino mucha tiempo después que pude compren-
Envuelto por las primeras sombras del anochecer, derlas.
solfa situarse en cualquier parte, especialmente en los Con el transcurso del tiempo los vestidos del brujo
pasos obligados de la gente. se le caian ya en pedazos. lndiferente a todo, np parti-
Al notar que alguien se detenîa a mirarle sin com- cipaba de Io que constituia el bienestar comun. Nadie
prender Io que era, abria un ojo, luego el otro, movia se le acercaba ofreciéndole un pescado o una . perdiz
un .dedo y, en cuanto habia logrado poner en tension los asada. El brujo vivia de los alimentas que yo le brindaba.
nervios de la persona que le observaba, se ponia de golpe j La caridad andaba mal en "El Paraiso" !
· en movimiento. Un domingo abord-é en la prédica el tema de· la
Su inmovilidad resultaba asi espantosa. Era la ri- caridad, la virtud cristiana que mas acerca a los hom-
gidez cadavérica que, al desplazarse bruscamente, se bres entre si. No era el caso de dar al projimo Io que
volvfa espectral. a uno le sobraba. Habià que hacerle participe de Io que
Pero, no siempre a esa hora acostumbraba el brujo uno tenia, aun cuando ese projimo fuese un enemigo.
jugar malas pasadas. Deciase que se situaba a medio dia, Dar sin mirar a quien. Y reproché directamente a mis
contraido y agazapado sobre las ramas que cubrian los oyent~s su falta de caridad para con ese pobre brujo.
caminos en el interior del bosque. Las gentes se ponian -Pensad solamente que es nuestro projimo -les
a temblar cuando al pasar por debajo distinguian un repetl-. Nunca os vi acercaros a él con el fin de cum-
bulto monstruoso que les miraba con una boca muy plir el mandata de nuestra Santa Madre lglesia, Lo ha-
abierta, amenazadoramente a.bierta, como si estuviese béis visto hambriento y no acudistéis .a aplacar su ham-
, en acecho para devorar a sus vfctimas. bre; ro véis desnudo y no os preocupais de cubrir su
Alguna vez ocurrio que un cazador poco paciente cuerpo.
se ponia el arma al pecho en actitud de disparar. En- Miraronse mis oyentes !ïin comprender o, mejor
tonces esa cosa informe se desenvolvfa revelando la in- dicho, C:omo si yo hubiese expresado a,lgun desatino. En
confundible figura del brujo. sus rostros se veia Io que querian decir: "Pero si puede
-No, Jacinto, no dispares. Soy yo, descansando. cazar y pescar cuanto quiera como Io hacemos nosotros,
-jValiente manera de descansar! puede vestirse de seda, si quisiera, con solo recoger la
Aquel hombre poi;eia en grado sumo el arte diabo- flor de la huimba y tejer".
lko de asustar a la gente asumiendo posturas y actitu- Sin embargo, creo que Io pensaron mejor, pues al
des inverosimiles a la hora en que podia mimetizarse otro dia muy temprano vinieron las buenas gentes tra-
con el medio. yendo. mantas para el lecho del brujo y ropas para cu-
Cierta vez se me acerco sigiloso, y su mirada re- br ir su cuerpo. Dejo éste su covacha con desgano en
lampagueo al hablarme. cuanto Io !lamé, y se detuvo sin comprender la expre-
-El miedo es el instrumenta del orden. El temor sién' de forzada cordialidad que le rodeaba. Hizo un
a Dios hace dociles a los hombres ... y el temor al dia- gesto y quiso hablar al darse-cuenta de Io que ocurria.
ble también. Los hace dociles y crédulos. Aqy_ellos que Aquello carecia de sentido para él, y recibio casi meca-
nos temen son como si nos pertenecieran. Los grandes nicamente las cosas que le entregaban con una expre-
; 1 48 49

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1.
L

sién de extraneza en el rostro. Seguia creyendo que todo


ello- no era racional.
- j Agradece ! -le grité amenazante.
,-~Por qué tengo que agradecer estas cosas? Yo
no sé por qué me dan. . . T ambién un tiempo ~e dieron
sin que pidiera nada.
- j Desgraciado ! -rugié Rosa les.
El brujo se encogié de hombros con un aire de su-
perioridad y desprecio por quienes le rodeaban.
-La gratitud coacta la libertad. Los hombres su-
'
periores la desconocen -terminé por decir-.

·XI
-,
Aquella funesta noche me senté, como de costuln-
bre, en el angulo del atrio de la capilla sumido en la
obscuridad que proyecta~a el frontispicio de zinc. En
a
el exterior, través de la atmésfera diafana, la luna irra-
diaba magi'cos fulgores.
Reflexionaba en la obra cumplida y me sentla feliz.
El caserfo pareda dormitar a esa hora de la noche.
Abrigaba Lina gran confianza en el · destino de aquellas
gentes. No me inquietaba el porvenir, pues tenfa fe en
que el Senor iluminarfa mis pasos.
Vencidos los temores que al principio intranquili-
zaban a las gentes, los planes hapfan resultado mejor
de Io esperado. Poco a poco, esos cuerpos iban cubrién-
dose con los tejidos preparados en nuestros rusticos te-
lares, y el trabajo de los improvisados artesanos satisfa.:
da las necesidades de las gentes mucho mas alla de Io
que estaban acostumbrados. Era alentador verlos a to-
dos en sus casas sentados alrededor de blancas mesas.
Nuestra aserradero produda Io suficiente para atender
el bienestar de las familias. Era un armazén al que se
subian los gruesos froncos de made ras f inas para ser
aserrados con la sierra de mano que tanto me habla cos-
tado _adquirir. En realidad, yo no tenla suficiente pre- ·
paracién técnica. para esos menesteres, pero, disponla
de un manual de conocimientos industriales practicos.
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!
'
En Io demas, me ingeniaba de tal suerte que todo saHa bufeos que salian del fonda azogado, resoplaban ruido-
bien. samente, saltaban algunos j nunca habla visto casa se-
Todo era seguridad y abundancia en esa tierra pri- mejante ! formando argentadas medias lunas en el espa-
vilegiada a la que alguna savia cosmica nutrfa tan pro- cio y luego recorrian la extension bruf\ida en bandadas
,digamente formando una isla paradisiaca rodeada de bulliciosas, Era la fiesta del plenilunio. Los Hijos det
pantanales. Tenia, pues, motivos mas que suficientes Lago estaban regocijados afinando sus poderes misterio-
para estar orgulloso de mi obra a pesar de los vatici- sos en el sortilegio lunar .
. nias insidiosos del brujo. Después de las faenas cuoti- lnstintivamente, segui por la orilla derecha y me
dianas y tras la novena que nos daba ocasion de estar detuve al escuchar palabras suplicantes, temblorosas,.
juntos en santa comunion, mi rebaf\o dormia placida- alli donde las olas calmadas penetraban en la sombra
lmente a los pies de Dias. de los arboles inclinados. i La pluma tiembla en mis ma-
Encontrabame embebido en estas alentadores pen- nos al' escribir estas lineas !
samientos cuando llamo mi atencion el furtive desliza- -Clotilde, ven ... El mes pasado te llamé en vano.
miento de un bulto entre los plantanares con drreccion La lluvia, el viento, la nube empenaron la f.az de la lu~a
al lago. Salté del sillon y me escurri amparandome en llena. Hoy lia vuelto el plenilunio y los Hijos del Lago
las sombras, . tras el bulto que se alejaba haciéndose estan embriagados de luz. Clotilde, ven ...
visible cada vez que en su marcha le herfan los rayas de Una forma blanca que despedia vfvidos reflejos de
la luna al filtrarse por las anchas hojas de los platanes., cromo se deslizo desde el centro del lago con direcc;ién·
No me cabfa duda de que era el brujo en su deambu- al punto donde se encontraba el brujo. Noté, con el con-
lar nocturno bajo la luna llena. Muchas veces, a eso de siguiente estupor, que dos cuerpos se juntaban. Me
1a media noche, su mon6tono cantico, sugestivo y ador- acerqué sigilosamente, casi a rastras para que mi pre-
mecedor a la vez, me producia graves preocupaciones, sencia no fuese advertida; mas, parece que en sus actos
pero, como a esas horas me encont.raba muy cansado y pecaminosos esos seres, posefdos de facultades sobrena-
·somnoliento para levantarme y averiguar Io que hacia, t~rales, ·se olvidan de todo hasta de cuidarse de que al~
-siempre iba postergando la oportunidad de realizar una guien penetre en el campo prohibido de SU$ misterios
debida investigacion. En aquel momento, al verle diri- tenebrosos. ·No debi detenerme sino avanzar armado de
girse hacia el lago, experimenté la sensacion indesci'ip- un latigo profiriendo mi verbo admonitorio. En vez de
tible que produce Io sobrenatural. Juzgué que habla lle- proceder asf, avanzàba cauteloso, acechante, hasta dete-
gado el dia de ajustar cuentas al brujo. Estaba en la obli- nerme alli junto con las pupilas dilatadas, observanda
-gacién de inquirir Io que llevabà entre manos aquel sa- el cuadro mas horrorosamente sugestivo. El brujo tenia
tanico- individuo. abrazado a un pez en contubernio demoniaco.
Llegé un momento en que Io perdf de vista. Ya en -jQué feliz me siento, Clotilde! -decfa, prodi-
la 'orilla, me det~ve indeciso ante la alternativa de !?e- gandole caricias con voz entrecortada. Lueg,o sus pala-
guir por la dereéha o por la izquierda y, antes de tomar bras se convirtieron en anhelante murmullo y a poco -en
-una decision, me puse a escrudrif\ar detenidamente los ese. momento estaba yo viviendo una eternidad- el
contornos. En aquel instante, empezo a perturbarse la cuerpo desnudo del hombre media sumergido en el agua
quietud dormida del lago. La superficie barnizada de se hundfa en el del pez. j Era un horrible concubito en-
las aguas se agito er:i ondas violentas de las que se des- . tre un hombre y un pez ! Mas, estoy seguro, Io juraria
prendfa un sonoro batir de colas y de aletas. Erari los sino fuera sobre un acta tan pecaminoso, de haber escu-
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~hado una voz como arrullo tierno y apasionado, j de en el éspacio. Sin luga'r a dudas, el brujo rearizaba prac-
haber visto, antes de cubrir el hombre al paz, unos bra- ticas magicas; Io que presenciaba era un espectaculo de
zos torneados, pechos y vientre palpitantes de mujer ! refinada hechicerfa que, sin embargo, no me produjo,
En aquel instante el estrépito en el agua se hizo entonces, el efecto de Io abominable y repelente que
estruendoso. Pareda que los Hijos del ,Lago se agitaban obliga a un cristiano a apartarse de tales seres. Senti
electrizados por aquel espasmo bestial. Se nublaron mis - una atracci6n fascinante que me sujetaba !argas horas
· ojos y senti i pobré pecador de mf ! que algo como la a una especie de mirador muy disimulado a través del
envoltura que guardaba la pureza de mi .alma y la casti- cual realizaba mi labor de espionaje. c::Qué influencia
dad de mi cuerpo se rasgaba con sonoridad tragica. era aquella que pareda haberme despojado de mis impe-
Experimenté una sensaci6n abominable y cala des- tus espirituales, que me mantenfa cohibido coma aplas-
vanecido confundiendo mi respiraci6n jadeante con los tado contra mf mismo, incapaz de expandirme en un
gemidos de aquellos dos seres que se h'abfan quedado acto de rebeldla?
inm6viles, entre las olas. que parloteaban con rumor de
Yo no sé hasta qué punto puede admitirse, en otros
vidri0s que se rompen al chocar con la arena de la orilla.
mundos y, en distinto myedio, el estado espiritual que
A poco me recobré. El brujo · habla, desaparecido.
Desde el oleaje tumultuoso que se produda en el centro habla producido en ml ese èspectaculo execrable. La
del lago llegaban rafagas de aire calido ,y vaporoso im- raz6n no puede justificarlo, mas Io cierto, ·Io rigurosa-
pregnados de un olor acre, penetrante, que me hizo re- mente cierto es que me encontraba sujeto a influericias
cordar el de los t6picos de los hospitales en que me mez- siniestras imponderables. Me obsesionaba, me apasio-
cfan el desinfectante con la sangre. Regresé con la im- naba el misterio monstruoso que encerraba el brujo. Lo
presi6n de estar cargando mi propio cuerpo, bajo cuyo vi varias veces dirigirse al lago, escuché el estrépito de
, peso mis piernas flaqueaban. las aguas, pero ya no Io segul, pues, ante la sala idea
Desde aqoel dfa, advertf una inquietante realii!ad. de hacerlo, temblaba. Par momentos, me,asa(taban de-
Aquel hombre empez6 a ejercer sugesti6n diab61ica so- seos 'irrefrenables de ir a sorprenderlo, armada de ,un
b~e mi. P~rdi la paz espiritual en que hasta entonces latigo, e,.,impedir la consumaci6n del acta bestial, pero,
habla vivido desde que fundé el caserfo. Là conmisera- algo me contenia y ese algo era la recia persom1lidad de
ci6rt piadosa que me hada ver en él a una criatura de aquel hombre singular distinto a los demas, cuyos pen-
Di~ que tendrfa que volver a la postrè 'al buen camino, samientos y conducta, . sin embargo, eran, a mi juicio,
se habla convertido en obcecante tortura. En las noches, susceptibles de modelarse. Habla que combatirlo en el
no pudiendo conciliar el sueiio, salfa sofocado en busca terreno .de la persuaci6n y para ello requerfa la oportu-
de una rafaga de aire que mitigara la calentura de mi tunidad aunque, a veces, consideraba que estabamos ff-
frente sudorosa: sica y sicol6gicamente situados en extremos irreductibles.
,Aquel noctambulo, élquel a quien espiaba con afan, Una de aquellas noches, ya no pude contenerme.
soifa situarse en el" exterior iluminado por la luna llena: No fue en la orilla del lago .adonde fui a sorprenderlo,
junto a un recipiente que contenfa espeso lfquido al que sino junto a su recipiente bajo la luna. No pareci6 alte-
cantabà extraiia canci6n que, mas tarde, llegué a saber rarse con mi presencia y sigui6 practicando. Io que yo
era la canci6n magica de la bubinzana. De vez en cuan- suponia una ritualidad magica, coma si contim.1ara solo.
do levantaba las manas hacia la luna para formular in- Tal vez con ello, trataba de darse mayor importancia o
vocaciones dirigidas a algo invisible que pareda flotar de excitar mi curiosidad.
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-Debo conocer el secreto de tu vida -le dije con solia recibir las quejas, las penas y los pecados veniales
voz recia pero temblorosa-. j Dime Io que haces en el de mi corto rebaiio.
lago! -No sera confesi6n, sàce~dote -me dijo sentan-
-Ya sé que Io sabes. lQué voy a decirte si tu no dose a mi fado--. Para confesarme tendria que estar so-
podrlas comprenderme? metido a tu credo. . . mas parece que eres tu el que va
-Dime la composici6n,de ese brebaje y para qué a penetrar peligrosamente en el mio. Yo -no tengo la
Io utiliza~. culpa de Id que pueda suceder mas tarde. . . lquieres
-Es el ayac-huasca (la soga de los espiritus que conocer el secreto de mi vida? pues, escucha.
se desprenden de los muertos) la planta misteriosa del Eso era Io que buscaba. Penetrar en el alma del
Amazonas. · brujo a fin de poder combatir su apostasia. Pero Io que
- j La planta infernal, querras decir ... ! aquella noche me relat6 con voz éavernosa y firme, el·
-La planta en si no es mas que un medio; son los hombre de la cara roja y de la piel escamosa y curtida
espiritus que acuden a la invocaci6n los que le prestan -la cara de un intoxicado- es como para hacer me-
poderes misterioses -y, con un ademan, indic6 el reci- ditar a los mas escépticos. j Mas me va Id ria haber na-
piente lleno· que tenia ante si. cido sordo para no escuchar revelaciones que justifica-
- j Embustes ... ! ly cuales son los efectos de ese rlan e.n cierto modo Io que presencié noches antes!
- bebedizo? AunqÙe sé que estas paginas no seran leidas, las escri-
Antes de contestarme, el brujo me miro cor:i una bo como un desahogo de mis horas lucidas, porque con-
expresi6n de lastima. tienen un c~pitulo tenebroso, aun vedado, de la Amazo-
-Cuidado, sacerdote. Estas en el errer de l~s que nfa misteriosa y fascinante, pero también tragica.
niegan o cambaten Io que desconocen ... Sin embargo,
te diré que nos desprende de la tierra y nos lleva a ver
cosas maravillosas. . . Io que mas nos gusta.
-lY qué es Io que mas te gusta?
-Desde que llegamos no he utilizado el jugo por-
que Io que mas me 'gusta es esar aca ... , irme al lago bajo
el plenilunio ... · acompaiiarte ... para conocer tu des-
tina ... Antes mi mayor placer era hacer sufrir y eli-
minar a aquellos a quienes odiaba. j Hacerme temer!
Al hablar asi, el br1,1jo asumi6 una arrogante pose
mirandome fijamente con la intenci6n manifiesta de
descubrir el efecto que me producfan su's palabras. Evi-
dentemente, que mayor ·desparpajo y cinismo no cabian.
Autoritario e intransigente, como todo Misionero que se
determina a extirpar una idolatria, di un golpe en el re-
cipiente cuyo contenido se dispersa en el aire.
-Ven aca -le ordené sujetandole fuertemente
del cuello de la camisa.' j Ahora vas a confesarte ! ·
El brujo se dej6 conducir hacia el sillon donde yo
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I,i
1
hiciese doc;tor. En las mentes de aquellos modestes hijos
de la selva, llegar a ser doctor era Io maxima a que podia
aspirar un hombre.
De ese modo, Alfonso curs6 estudios en Iquitos, y
de alli pas6 a Burdeos, en Francia. Subitamente, el valor
del. caucho se derrumb6 sembrando la ruina econ6rnica
en toda la Hoya Amaz6nica. Los padres de Alfonso no
pudieron seguir sosteniendo a su hijo y éste tuvo que
ser repatriado. A su regreso al caserio, contaba mara-
vi llas de Europa causando la admiraci6n de Clotilde a
guien conocia desde que asistieron juntes a la escuelita
XII
rural. De esa admiraci6n nacieron unos .amores que dis-
gustaron a don 1Ide, contracci6n de l ldefonso, acauda-
Segun ·s{extensa narraci6n de aquella noche, este
lado serrano, chapado a la antigua, padre de Clotilde.
hombre sirigular ya entrado en afios, llev6, cuando j6-
ven, una vida igual a la de todos los riberefios que viven Al tener conocimiento de esos amores, don l Ide sustra-
en las margenes del Amazonas y sus 'tributarios. Su na- jo a su hija del trato familiar de los modestos vecinos y
cimiento fue celebrado por el vecindario libando pates decidi6 unirla en matrimonio a Federico Arauzo, patron
de chicha fermentada y copas de aguardiente dulcete ganadero y comerciante establecido a diez l~guas rio
que simulaban ser la primera orina del reci6n nacido. arriba.
· Asisti6 a la escuela rural mixta que funcionaba en una Sin embargo Alfonso no cej6 y continué furtiva-
casa de cafias techada de palmeras, alineada, coma las mente sus amort1s hasta que al ser sorprendido un dia,
demas del caserio, a Io largo de la orilla. De inteligen- recibi6 tal paliza que por poco no abandona este mun-.
cia precoz y agil, era aficionado a las letras, especial- do. Si se salv6 fue porque le dejaron creyéndolo muerto.
mente a la poesia. Sus padres proyectaron mandarlo a Tal vez, desde entonces, naci6 en él algo que le era des-
la Capital para que iniciara estudios técnicos en la Es- conocido: el odio, un odio profundo contra los que le
-cuela de Artes y Oficios, cuyo funcionamiento y conve- habian tratado en unà forma tan despiadada y humillan-
niencia le dieron a conocer unos explpradores que arri- te. Furtive, entre los chicozales que crecen en las pla-
baron a esos parajes. Pero, el viaje fue postergandose, yas formando bosquecillos batidos por la fresca brisa
de afio en afio, hasta que se olvidaron del proyecto y que recorre el rio, comenz6 a acariciar un future do-
dedicaron ·al muchacho, en cambio, a la. extracci6n de rado con los suefios propios de una pubertad desafortu-
goma elastica en la época del afio en que las grandes nada. Se empefi6 en ir, d~ todas nianeras, a la Capital.
-zonas de la selva baja se encuentran libres de las aguas Alla seguiria estudiando hasta obtener un tituJo, y l!Jego
que las cubren totalmente en la estaci6n de las lluvias.
regresaria al lugar convertido en autoridad, mandaria
Tenia un nombre, un nombre extrafio en la regi6n, se
prender a don l Ide y acabaria coo él en el cepo, sujeto
'llamaba Alfonso. .
de la cabeza. Pero, no lleg6 a realizar nada parecido,
La precocidad del adolescente y su apasionamiento
sino que, mediante la intervenci6n de una sirvienta dis-
por los libres, hicieron que los vecinos se interesaran
creta, entablé comunicaci6n con Clotilde recluida en
por él, y aconsejaran a los padres, que contaban con al-
sus habitaciones. Ambos j6venes acordaron fugarse.
gunos recursos, enviar a su hijo a Europa para que se
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1
1 •• 1\ .)qq,JU!~.-<~pi"I;g;

:Un'domingo, aprovechando la circunstancia de estar recuerdos le ponlan peor que un perro rabiasà.
don llde de visita en el fundo de sci amigo y futuro yer- -Después de haberse casado a sabiendas ...
no, de donde solfa regresar embriagado, desaparecieron -Asl son los hombres que vienen de otras partes.
sumidos en el interior de la selva virgen. Llevaron el Dicen que en las ciudades tienen mucho que hacer y
prop6sito de salir al rio para casarse en los dlas en que por eso no les importa esas cosas; pero, cuando se esta-
pasaba el Misionero administrando los sacramentos. De-· blecen aca, se vuelven ociosos y, como ya no tienen en
jaron el encargo de avisarles tal acontecimiento a un qué pensar, viven recordando todos los danos que han
indfgena leal a quien dieron la ubicaci6n probable en recibido. Lo que mas les .duele es imaginar que su mu-
que pudiera encontrarlos. Hicieron su choza al borde jer ha sido de otro, y de tanto acordarse de eso enloque-
d~ una laguna, y se sintieron muy felices en las pri- ·Cen. No son coma las mujeres i qué nos importa Io
meras semanas de su union de pajaros, al amparo de la que nuestros maridos. hayan tenido ! ·
naturaleza silvestre que les brindaba pr6digamente sus -c:Qué pas6 después?
recursos. Allf se olvidaron de todo; mas, una tarde, Clo- -La pobre Juanita terminé par enfermarse del
tilde reflexiva dijo a Alfonso: pu!m6n. El hombre cada dia mas enloquecido terminé
-Ya pronto llegaran los dfas en que se celebren par amarrarla en la tangarana, el arbol que devora a los
las misiones y podamos casarnos. . . , cristianos ...
-Sf; ya debemos pensar en volver -le contesté -La tangarana, madre de las hormigas grises que
Alfonso como si despertara de un sueno--. El indic no victiman a las mujeres adulteras ... c:Y después?
ha venido todavfa ... -Después de matarla, su marido lloraba todos los
-El matrimonio solo no arregla nada- prosiguio -·dlas. Entonces se olvid6 de que habla sido de otro hom-
hablanqo Clotilde-. Ya mi padre no me perdonara bre y solo recordaba Io buena y bonita que era. Para
nunca y, en cuanto a ti, te mandara matar tan pronto consolarse se dio a la bebida, y de tanto emborracharse
como sepa donde estamos. Libre de tl, me obligara a terminé matandose:
casarme con el ricacho de su amigo .... Y este se -Hon:ibre malvado ...
casara conmigo solo por vengarse de mf. -Los hombres son asl cuando vienen de otras
-No lograran matarme, te Io aseguro -replicO. partes. Esa sera mi suerte si te matan.
Alfonso irguiéndose de coraje .. -A ml no me mataran facilmente. Yo sabré c6mo
Clotilde hizo un geste como diciéndole que no ha- ·defenderme.
blara tonterfas, y prosigui6 con el hilo de sus pensa- -Alfonso. . . j Hay un medio !
mientos. -c:Cual? '
-Me pasara Io que le ocurri6 a la· finada Juanita -Atravesar toda esta selva e irnos al Huallaga o
, Diaz. La casaron por la fuerza con el lriombre a quien· al Maran6n donde podamos vivir trabajando sin que·
nunca quise, después de su fuga con el hombre a quien nadie nos conozca.
ella amaba. -Lo peligroso es que me· endeude. j Las deudas no
-Y seguro que la maltrataba por eso, por haber se pagan nunca !
sido de otro. • -No sera asf -dijo· ella sacando de un repliegue
-Asl fue. Al principio su marido recordaba eso de· de su blusa una bolsita llena de monedas de oro-. Aquf
vez en cuando. . . después cada semana, y por ultimo 'hay suficiente para trabajar libres.
tcdos l<?s dlas. ' Y la flagelaba sÎn compasi6n porqùe sus. Los ojos de Alfonso relampagueron de admiraci6n,
60 61
pues, no consideraba a Clotilde tan previsora y practica. {
--Por esos centras hay muchas manchales de cau-
cho. Compra~emos Io necesàrio para el trabajo, nos ha-
1

remos muy ricos. Si tu quieres seguirme ...


-Te seguiré a donde vayas, y te ayudaré en todo.
Fue asi c6mo determinaron internarse muy hondo
en la selva -con anima de atravesarla y encontrar balata,
caucho y lechè-caspi en abundancia. al efectuar ese lar-
go recorrido. La estaci6n de las lluvias los encontr6 me-
Ndos en el interior de la selva impeneti-able, identifi-
candose cada vez mas con ella. La selva que mata o en- XIII
i
- loquece, les ofreci6 a ellos, de su seno ubérrimo y des-
co,nocido, el fruto que alimenta, la savia que protege la En este punto interrumpi la narraci6n del brujo
salud, el tubérculo, la seta y la caza que nutren. Des- para decirle:
pués de recorrer, por meses y meses, !argas distancias y -Si fuiste tan sensible, no sé c6mo llegaste a ser
efectuar rodeos extensos entusiasmados con sus descu- tan malvado.
brimientos, llegaron a un hermo~o lago roèleado de una -A veces siento qu'e .al go brota de Io mas hondo
selva muy alta que, segun sus calculas, estaba situado de mi coraz6n y me produce ansias de llorar, pero Io
mas alla de los grandes pantanales, la regi6n que nadie ahogo, sf, Io ahogo. La sensibilidad es fatal. Sé que
se habla atrevido a explorar. En sus orillas arenosas se tengo poder y que si si:.ipieran de Io qué soy capaz tem-
detuvieron sin ocultar su asombro. blarian ante mi. El poderoso debe ser inexorable con- _..
- j El aire es puro y refrescante ! -exclamé Clotil- sigo mismo y con los demas. La menor manifestaci6n
âc, aspirando profundamente. de sensibilidad es fatal en los hombres que gob~ernan.
-Las arenas bajo el sol parecen de oro, y las ma- j Es su derrota !
riposas son del tamafio de las aves. Yo sonrèi ante Io que me parecfa petulancia y va-'
-Los peces reflejan en el fonda de las aguas sus nidad ilimitada en aquel hombre. El brujo prosigui6 su
escamas de plata, y en la tierra los gordos y lustrosos , historia.
animales se asoman de sus madrigueras a mirarnos.
-Los frutos son mas dulces y jugosos, las flores En el dia recorrîan los remansos cargados de som- •
mas grandes, los arboles asombrosamente gruesos y ele- bras y de modorra y, después, mientras los pescados
v~dos. , se ahumaban en la fogata, sumergfanse desnudos en
~J~
-Es el paraiso. las aguas tibias tomando su baiio acostumbrado en lés
-Le llamaremos "El Parafso" -prorrumpieron postreras haras del atardecer.
ambos. En una de esas noches, jera una nochè de plenilu-
Y de pronto Clotilde se arroj6 a los brazos de su nio ! las aguas, las copas de los arboles, las playas se
amante éxclamando. ' cubrieron de plata. Todo relucfa baiiado en plata lunar.
-Siento arder la sangre en mis venas ... jAlfonso, Las aguas empezaron a agitarse en el momento en que
te amo mas que a mi vida! la pareja nadaba y se zambulHa a, cierta distancia de la
-Si tu me faltaras Clotilde, yo me moriria -dijole reverberante playa.
él en un arranque de emoci6n febril. 63
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6!
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/•
Poco a poco, una sutil neblina se levant6 del lago Pero, alge ocurri6 al amanecer. Alfonso Io recor-
y un toldo vaporoso vel6 el espacio. Era la hora en que daba perfectamente al otro dfa al despertarse y recapi-
las sombras se convierten en fantasmas que van y vie- tular las incidencias de esa noche. Co~o una confirma-
nen transmitiendo al espiritu' un estado _de melanc61ica ci6n de Io que él crey6 al principio producto de su es-
zozobra. tado de animo y del sopor alucinante en que estaba su-
Ambos quisieron ganar râpidamente la orilla, asus- mergido, sinti6 al tacto que el borde del lecho' estaba
tados con el batir estruendoso de colas y de aletas que, cubierto de una sustancia glutinosa. Ademas, el aire es-
de repente, se habla producido en el lago. En ese pre- taba impregnado del acre plor caracterfstico del t6pico
ciso instante Alfonso se sinti6 atrafd6 por fuerte remo- en que se mezclan el desinfe'ctante con la sangre. Los
lino, y un grito espantoso de su companera se impuso al hechos ocurrieron asf.
bullicio lacustre. Al salir precipitadamente a la playa Acababa Alfonso de quedarse dormido, tenfa la cer-
Alfonso tuvo el horrible presentimiento de haberse que- tidumbre de haberse quedado dormido, pero sus ojos se
dado .solo. Posefdo de pavura, su mirada se prendi6 en abrieron y en un estado de soporifera inconsciencia,. vio ·
el lago que aèababa de tragarse a su companera. Como que su amada venfa por e~ caminillo que conducia del
por encanto las aguas volvieron· a su estatismo de azogue. lago a la choza. Avanz6 hastaf el lecho y se qued6 sen-
Pusose râpidamente sus vestidos y,. angustiado, co- tada en el reborde de la cama. El intenta levantarse
menz6 a llamar a su amada sin apartarse del lugar en posefdo de una extrafia ansiedad y, llamandola por su
que la habla perdido. Encontrâronle allf enclavado las nombre, quiso aprisionarla entre sus brazos; pero su
mananas, los atardeceres y la~ noches. Sus voces cada cuerpo permaneci6 inerte y su voz se ahog6 en su gar-
vez mas roncas se extendfan sobre las ondas tembloro- ganta sin poder articular palabras.
sas e iban a repercutir en la espesura saturada de sil~ncio. -Es inutil que pretendas tocarme -le dije ella
Algo le decfa que ella estaba viva en el fondo mis- con su 'voz inconfundible, ligeramente velada por cierto
terioso de esas aguas, ~ue estaba escuchando sus Hama- acento de indiferencia-; ya no pertenezco a tu mundo,
das; pero que ya no podfa contestarle porque alguna al mundo de los humanos. Los deseos de un ser que
transformaci6n ·inconcebible se habfa operado en ella, mora en las profundidades del lago me ha conducido a
algo que se apartaba del curso natural de los aconteci- formar parte de otra existencia que los hombres no esfân
mientos y se hundfa en el abismo que la raz6n no admi- en aptitud de comprender. . . Ya no me llames. El me
te. Sigui6 llamando todos los dfas con reno~ado afân. ha permitido que venga a pedirte que no me lla~es mas.
• Alfonso podia aventurarse a regresar solo a .través Ahora me voy. El me esta esperando en la orilla.
'de esa inmensa :;elva para ahogar su dolor entre los bon- Se puso en pie y, extendiendo el brazo con direc-
dadosos riberenes, pero el amer le mantenia sujeto a ci6n al lago, agreg6:
esa erilla trâgica, pegade a la cual estaba resuelto a mo- -Ahi esta él ...
rir. Hasta que un dia ... Parece que Alfonso logr6 al fin incorporarse y mi- /
Con las primeras sombras de un anochecer, rendi- rar hacia donde ella indicaba con la mano. Efectivamen-
. do, insomne, casi muerto de hambre y temer~so del lago te en la playa, en la lfnea donde las aguas se unen con
bajo el influjo de la luna, regres6 a la chocita que les la areria de la orilla, proyectabase una forma blanca de
sirviera de nido, recost6 su cuerpo agebiade en ese blan- contornos imprecisables. Se intensific6 ep él esa horri-
tlo leche donde tantas veces habla cenciliado el sueno ble sensaci6n que produce la pesadilla; sinti6 sobre sf la
junte al cuerpo de la amada. ·Y se qued6 dermido. sugesti6.n opresiva de una mirada sobrenatural. ·como
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1 ~ \
'
atraida por elJa, Clotilde sali6 lentamente de la choza,
se alej6 por el camlnillo gris y luego, cuando ambos es-
tuvieron juntos, se disolvieron en un reflejo del oleaje.
En el momento en que Clotilde partfa atraida hacia
el lago, Alfonso trat6 ,angustiosamente de levantarse y se-
guirla, detenerla, hacer que volviera a su lado, pero una
voluntad poderosa Io mantenia inm6vil, sujeto a la cama,
con el ofdo atento y los ojos muy abiertos.
Al otro dia, tuvo la impresi6n d~ haber sufrido
una horrible pesadilla; mas el contacte de la materia
glutinosa de que estaba cubierto el borde del lecho y el XIV
olor insoportable, Io flevaron al convencimiento de que
no habia sido pesadilla; que fue algo inexplicable pero A fin de poner su cuerpo a cubierto de peligros
espantosamente real. durante el sueiio hipn6tico, construy6 en la chocita una
' Crey6 perder ·la raz6n. Volvi6 a recorrer la orilla alta barbacoa en la que se acomod6 .cubierto por su
.de~ramando lagrimas, pero se àbstuvo de llamarla y, sin gruesa mosquitero. Y bebi6 el contenido del pate coma
articular palabra, retrocedi6 dando traspiés como un bo- ultimo recurso para no enloquecer.
rracho. La impotencia· ie producia accesos de locura. En Soii6 casas muy agradables para su concepto esté-
uno de esos instantes de desesperaci6n, en que se mo- tic9 y sensual. Las rubias del cabaret, que antaiio ha.la-
via de un lado a otro sin rumbo fijo· atravesando secto- garan sus ojos y sus oidos, rodearon su cuello con sus
res de sel~a. su mirada tropez6 con la planta misterio- brazos y le besaron excitantes; vio cinturas que se mo-
. sa. Alif estaba inconf~hdible el bejuco màravilloso que, vfan sinuosas, ondulantes, al son de musicas arrebata-
humilde, casi imperceptible entre las gruesas y audaces doras (tuve que refrenar enérgica y repetidas veces el
lianas, trf;!paba adherido al tronco del que suele sus- •.'j ardor i~reverente que ponfa en su narraci6n). Eran so-
'tentarse sin lograr corbnar las altas ramas. El Io cono- lamente sueiios alucinantes de tr6plco, sumamente pla-
cia perfectamente. Su jugo le hizo sonar eri varias oca- cenferos para él.
. siones suenos placenteros, sensuales, vaporasas. Baja Despert6 sonriente, pero al instante acudieron a su
sus efectos se sinti6 leve, flotando entre las nubes;· pera, memoria los sucesos r:ecientes; la amada perdida para
nunca esa planta habia ejercido en él fascinaci6n tan siempre, su soledad en medio de la selva, su amarga im-
extraiia camo aquel dia: La desprendi6.- Para él, coma potenciâ para luchar contra el destine.
para todos los riberefios, el ayac-huasta era la planta de No pudiendo sôportar la realidad opt6 por el sueflQ.
las virtudes telepaticas y de los sueiios incomparables. La vigilia se habla cpnvertido para él en la pesadilla que
Ese mismo dia procedi6 a la preparaci6n del bebedizo mata, en tanto que el sueiio fue la realidad venturosa
en· el pate que le ,sirvfa para recoger agua. Sin darse _ que calma. Se liberaba del recuerdo doloroso durrnien-
cuenta se habla colacado en los umbrales de un mundo do bajo la acci6n hipn6tica y, en cuanto despertaba en
, impalpable e inmortal. el munda real de sus angustias, se hundfa de nuevo en
la ficci6n de los sueiios.· -.
En uno de sus momentos de vigilia y lucidez, vino
a la memaria de Alfonso Io acontecida en uno de sus
largos viajes hacia las minas de sal del rio HuaUaga:
66 ..,
.
Aq4el dfa, Alfonso pudo escapar aperias gracias a
Extraviado del camino principal, se via un dia obligado la agilidad de sus piernas; pero siguio grabada en su me-
a pernoctar en cierto paraje oculto por las infractuosida- moria la magica entonacion. ~Qué era Io que en reali-
des del terreno, ya bastante atcidentado en las cerca- dad hada el orgulloso viejo bàjo la luna? Posiblemente
nfas de las estribaciones de los Andes Orientales. No fueron las influencias de esa naturaleza vi·rgen que pre-
pudo dormir en toda la noche a causa de una cantilena disponfa a la excitacion imaginativa, Io que indujo a Al-
nasal, adormecedora y sugestiva dentro de la monotonfa fonso a pensar en los poderes ocultos que bien pudieran
ocasionada por la repeticion. El viejo que la entonabél. tener !a luna y la bubinzana en el bebedizo. Y fue asi
estuvo parada bajo la luna invocando fuerzas que pare- que, en el plenilunio, comenzo a velar su brebaje en-
dan flotar en el espacio. tonando la cancion prohibida con dedicacion mistica. Y
Al amanecer prosiguio su camino repitiendo la en- en cuanto el disco lunar revelaba la mas pequefia de-
tonacion que se le habla quedado grabada en la memo- ·. formacion en su circunferencia, se acomodaba bajo la
ria. Los peones cargueras que lè acompanaban le infor- proteccion de su choza de canas y bebfa el brebaje in-
maron que habfan pernoctado junto a la gùarida de un vocando poderes cuya existencia presentfa vagamente. Y
brujo famoso. De regreso por el mismo camino condu- se sumfa en éxtasis profundo hasta qlle làs imagenes
ciendo sal, paso por un poblado de gentes alborotadas. que reflejaban sus pupilas desaparedan esfumadas y se
En accion popular habfan capturado al temible brujo, proyectaban las quimeras de los suenos alucinantes.
presunto causante; segun ellos, de todos los males en la Pasaron los meses y los anas. Progresivamente, fue
comarca. Alfonso reconocio .al punto, en la vfctima de experimentando en su cuerpo la penetracion de fluidos
aquel estallido de la indignacion popular, al viejo de la misteriosos. La luna, adquiriendo nueva faz, se torno
cantilena bajo la noche lunada. Tenfa una expresion des~ raja coma un inmenso coagula de sangre que se le
, denosa para sus atacantes, los cuales le condujeron en- aproximaba èada vez mas coma si intentara camunicar-
' tre denuestos y rechiflas a la plaza principal del pueblo se con él. Empezo a percibir en el espacio formas leves,
donde' le administraron a viva fuerza excremento des- vaporasas, que pasaban, subfan, bajaban, cambiaban de
leido, Io que, segun la creencia popular primitiva es Io direccion y desaparedan. Una noche, creyo ver que algo
- unico que acaba. con, el orgullo del brY.Lo. Un brujo hu- descend fa ·de la atmosfera sobre él y su recipiente lleno.
millado es coma una vfbora sin veneno: termina por de- El cielo se. tarno violaceo y la luna .fulguré en llamas.
saparecer. El viejo, pues, _en cuanto Io dejaron libre, Alfonso, amilanado a su pesar, se acogio a la seguridad
blanco de las mofas de la multitud enardecida, se irguio de su refugio, bajo el mosquitero y luego, reanimado,
cuanto pudo, levante la frente y marché sin mirar atras tomé su bebedizo bajo la impresion de que -algo extra-
a las afueras del pueblo para suicidarse lanzandose al ordinario le iba a ocurrir. En efecto, ppco después sintio
fonda de un precipicio. que se desprendia con facilidad de su envoltura terrena,
Tal vez si a causa de la impresion producida por y se vio flotando en ël espacio junto a formas leves,
el espectaculo grotesco que requerra un sedativo, Alfon- etéreas, transparentes, dotadas de una gran movilidàd.
so empezo mecanicamente a èntonar la enervante can- Noté con sorpresa que él mismo era una de esas formas,
tilena. Todos los presentes volvieron sorprendidos los pero que, a diferencia de los demas, se mantenfa inm6-
ojos haêia él. ' vil. El aire de la noche agitaba los ramajes, pero a él no
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-Aqui hay un aprendiz de brujo -dijo uno de lograba moverlo. No tard6 en darse cuenta que habla
ellos senalândole acusador cqn el dedo--. j Esta entonan- penetrado en un mundo ' tan infinito como Io cosmico,
do la cane ion prohibida de la bubinzana ! ~.
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! '
. , el mu;:,oo de los espiritus negado por los escépticos no ras hambrientas en- los musculos de sus victimas; pero
. 'Obstante sus multiples manifestaciones, pero admitido no fue veneno Io que verti6 en él, fue mucho peor que
por los hombres primitives que intuyeron Io que se en- el veneno, fue el maleficio que deja el brujo refinado
cuentra fuera de los sentidos y niega la razén. Proce- y que produce la enfermedad desconocida e incurable.
diendo a la inversa de los espiritistas que se valen de Acto seguido, paso al fundo del acaudalado ribe-
esos organismos extraordinarios, los mediums puestos en refio a quien estaba destinada Clotilde. Vislumbrando
trance, él convertido en espfritu acababa de penetrar en, la llegada del brujo, la chicua desat6 su risotada agorera
el mundo imponderable de Io. inmortal por medio del desde los ramajes que rodeaban la casa gris. El brujo
jugo de una planta al que fuerzas desconocidas le ha- penetr6 en el lecho, mas él no estaba solo. Después del
bfan prestado poderes misteriosos'. acto camai reposaba con 'los ojos semicerrados. Lo atac6
Quiso moverse agil, como Io hacfan las otras formas con rabia con todo el frenesf del odio en su 6rgano pe-
etéreas, pero no pudo lograrlo de inmediato. Poco a caminoso. El hombre despert6 al ataque y qued6 inm6-
poco; y en sucesivos intentas, dominé el arte de trasla- vil con los ojos muy ~biertos que brillaban en la obscu-
• darse de' un lugar a ·otro con la velocidad del pénsa- ridad COFT)O si un horroroso presentimiento agitara todo'
miento. • ' su ser. A su salida los perros volvieron a ladràr y a re- ·
Segun me hizo entender, Alfonso lleg6 a reconocer tinchar los caballos.
a los espiritus buenos, guardianes de las flores y .de los
frutos, que·apaciguan los animos exaltados, producen la En este estado de la narracion del brujo, me asalt6
inspiraci6n artfstica y la voluntad creadora; y distingui6 la idea de que. Io que tenia delante era un impostor pro-
asimismo, a los malignos que perturban la paz de los vi- · visto de las peores supercherfas al que habia que desen-
vientes produciéndoles pesadillas y alucinaciones. Mas. mascarar. Pensé, por un instante, haber llegado la hora
prefiri6 instintivamente la compafila de estos ultimos, y de desprenderse de ese ser, hasta cierto punto, peligroso
un odio profundo fue generandose en él, odio contra el en mi rebaiio de gentes buenas. La paciencia en tales
padre de Clotilde, contra el hombre con quien pretendi6 . circunstancias no es una virtud en un modeste servidor
casarla, contra los bufeos. . . Un irrefrenable impulso de Dios ~· pero, segui escuchando para saber adonde iban
de maldad se apoder6 de él al hacerse definitivamente a parar todos esos embustes. El brujo P,rosigui6 su his-
brujo. toria.
· Cierta noche tempestuosa, y siempre bajo el impe- )
,
rio de la acci6n hipn6tica, dej6 una vez rnas su cuerpo Semanas después' los dos personajes se hallaban
para ir a consumar su venganza. Encontr6 al padre de atacados de enfermedades muy extranas. Al uno se le
Clotilde sumido en' profundo suefio, sudoroso, con el hinch6 el vientre produciéndole insoportables dolores;
vientre desnudo. A su paso relincharon los caballos y el otro se postr6 -cori sus 6rganos monstruosamente tu'.
ladraron lugubremente los perros, y pens6 que el hom- mefactos. l;n cuanto se declar6 la enfermedad y, a falta ·
bre corpulento se despertarfa murmurando tras un bos- de médicos y sanitarios, acudieron los falsos curanderos
tezo: "Son Jas aimas en pena que pasan; las aimas de y diagnosticaron. Para ellos todas las dolencias, sin ex-
los difuntos que no pueden partir". Pero no se despert6 cepci6n, son brujerias y maleficios, pero en esta vez
y sigui6 durmienclo agitado por respiraci6n sonora. Y acertaron. Dedicaronse a chupar -las partes afectétdas
Alfonso le penetr6 muy honclo. en ese vientre palpitante, con aguardiente alcanforado y tabaco, y simularon sacar
como suele!'l hacerlo con los dientes y las garras las fie- los virotes, esas temibles agujas portadoras del malefi-
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callaban y cada cual se dispersaba frotandose la piel
èio. Sostenlan los chupadores que sus curaciones ponlan contralda coma si hubiesen experimentado el contacta
en peligro sus vida's y que, ademas, perdlan fuerzas que del demonio.
era necesario · reponer. Pidie'ron; pues, los mejores ali- Alguien expresô un dia esa sensacién diciendo:
mentas y empezaron a engordar a la par que los pacien- -Tengo la impresiôn de que _unas orejas y unos
tes segulan hinchandose. ojos inmehsos estuvieran mirandonos y escuchandonos.
Luego, y coma una medicina coadyuvante a las chu- Todos se estremecieron poseidos de inexplicable
padas, fueron llamados los curanderos herbolarios que sensaciôn de temor, miraronse unos a otros tratando de
lavaron con in,atico las hinchazones, fumigaron sus cuer- descubrir signas extranos que delataran al Maligne per-
pos con el vapor de la huama hervida cubriéndolos con sonificado en algÙno de los presentes. Luego santiguan-
emplastos de la savia del nina-caspi y la catahua, pu- dose se dispersaron.
sienronles' bajo las almohadas los frutos antimaléficos de
la camalonga, y trataron de hacerlos reaccionar dandoles Yo sé que es imprudente seguir escuchando aberra-
de beber cocobolo, abuta y clavo-huasca. j Y nada ! Los ciones que rechaza la razôn y la moral; pero debo adver-
·-.~
dos patientes terminaron por reventar produciendo gran tir que ,en ese momento me habla decidido a proceder
alarma en todo el vecindario, a cien kilômetros arriba contra el brujo y, para llegar un convencimiento ma-
·y abajo del rio. Capturaronse varias §.Upuestos brujos yor de sus maldades que justificaran mi acciôn, velvla a
que vivlan aislados concitando la desconfianza de sus armarme de paciencia y a escuchar todo Io que quisiera
·vecinos, y se les hizo desaparecer por medios desconoci- decirme hasta el fin. El brujo prosegula con el énfasis
dos tjue entraiiaban la violencia. de quien intenta persuadi~.
El esplritu del brujo recorriô repetidas veces la
zona de los pantanales que separaban "El Paraise" del En cuanto despertaba del sueiio hipnôtico, se daba
gran rio, en tal forma que estuvo en condiciones de cuenta de que seguia amande con igual intensidad a' su
guiarnos en el viaje que nos condujo a estas lugares tan perdida Clotilde raptaçfa por tqs bufeos y, para vengarse
propicios a la paz del esplritu y a fa acciôn religiosa. de ellos, tomô decididamente el brebaje. Y, bajo sus in-
Observô después que le habla sobrevenido una tluencias, se dirigiô al lago con el fin de penetrar en las
gran indiferencia por la vida humana; y para probar sus aguas, pero notô que habla una fuerza muy superior a
'poderes maléfrcos y recrearse en el mal, penetraba en la la suya que le rechazaba. '( es que estaba tratarido de
noche a la casa de algun conocido, se metla en su lecho profanar el reino de los mas brujos de la Creaciôn, la·
y le inoculaba el mal. Para ello sôlo le bastaba· introdu- de los seres que vivlan en alguna parte de las profundi-
cirse en los cuerpos coma la luz a través del· cristal. Y dades lacustres, los cuales, para hacerse visibles, adqui-
mezclado entre la multitud camino ê:lel cementerio ola rfan la forma de los bufeos. No intentô volver ·a reali-
los comentarios de las gentes sencillas que intulan la zar semejante aventura, y considerô que la amada esta-
existencia de un enemigo traidor que se escudaba en sus •mè
,,,,,"fa'~
ba definitivamente perdida.
poderes sobrenaturales. Esa vez, al despertar y encontrarse solo frente a Io
El brujo -ya no le llamaremos Alfonso-- soHa de- irreparable, saboreô por primera vez la amargura de los
tenerse con frecuencia frente a las personas reunidas, recuerdos nostalgicos. Pensô en el rio, en las aguas que
para escuchar sus comentarios o sus expresiones de do- vienen trayendo las inquietudes del mundo, en las _blan-
ler; pero, éstas segulan hablando coma si nada tuviesen cas arenas que bordean las orillas interminables teiiidas
delarite. Mas, al poco rato, sentlanse incômodas y se 73
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! '

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de sol, en la compafiia de los hombres, en las veladas la version absurda de que suelen lanzar sus maleficios ·
famifiares. Recorda que tenia padres y una sensaci6n por media çle virotes invisibles a través. de magicas, cer-
, ipefable le invadi6 llenandole de emociones gratas. Com- batanas; pero yo sé que ello es pura supercheria, y
prendi6 que era · llegado el momento de retornar, dejan- nada mas.
do para siempre esas orillas tragicas, a los caserios ri-
berefios donde habia vivido siempre y donde estaba la
casa paterna metida en el platanal, pero, como no podia
atravesar los paAtanales dentro de su cuerpo, en ese
1 cuerpo amado, vinculo qae le sujetaba. a la vida, se vio

obligado a dar un in!'Ylenso rodeo a través de la zona


1 explorada en compafiia de Clotilde.

De pronto el brujo interrumpi6 su narraci6n, y en-


focandome su punzante mirada coma si pretendiera cap-
tar mis pensamientos, dijo:
·-Leo en tu rostro l_a duda y el estupor. No tienes
la menor idea .de la importancia del mundo espiritual. '
los antiguos egipcios conocieron mejor que otfos pue- •
blos la dualidad del cuerpo y del alma y sus relaciones
. redprocas. Desgraciadamente, sus è:fescubrimientos que-
daron circunstritos al mito, y sus investigaciones se
desorientaron a causa de la influencia religiosa y la
creacion del fal~o dogma, instrumento de que se va-
tieron los gobierrios teocçâticos antiguos. Para penetrar
en los mis~rios de ese mundo incorp6reo se requiere
traspasar la barrera ciue separa el suef\o de la muerte, y
eso puede lograrse con la desuni6n del cuerpo y del es-
piritu, sin que la materia se sustraiga a las leyes vita-
les. Pero, Io que en los antiguos fue materia de sensa-
ciones y de intuiciones, yo Io llegué a descubrir par ca-
sualidad como ocurre en los grandes desct..ibrimientos, y
me quedé abismado al contemplar su magnitud incon-
cebible. i SOio yo he sida capaz de traspasar la barrera
y convertirme . en fantasma sin que mi ·cuerpo dejara
de vivir!
-<.Y c6mo explicas la existencia de los brujos que
te precedieron? -le interrogué escéptico. ·
-Elles s61o alcanzaron el poder dé vengarse -de
sus. enemigos valiéndose de la acci6n telepatica. Circula
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-Yo soy Alfonso -le dijo a su ·padre dirigiéndose
a êl con los brazos abiertos, pero su padre le rechaz6
diciendo:
-Ya veo que tienes algo de mi hijo que desapa-
reci6 hace anos tragado por la selva; pero, ta~bién tie-
nes muche que repele y da miedo -dijo el viejo retro-
cediendo.- Mi pobre hijo no era asl.
Volvi6 entonces el brujo la mirada hacia la anciana
autora ·de sus dias .
.- i Madre! -rugi6 avanzando hacia ella-. Reco-
XV n6ceme: soy Alfonso, tu hijo.
Pero la anciana extendi6 hacia él las manos cris·
El largo viaje que se vio obligado a realizar el brujo padas en ademan de contenerle.
no fue sino a costà de sufrimientos indescriptibles. Al - j No te acerques ! j No te acerques ! iEres el Ma-
marcharse maldijo el lago y a todos los seres demonia- ligne que ha tomado la apariencia de nuestro hijo ! j Mal-
cos 'que encerraba' y, con rencor profundo, ie dio las dito, vete de aqui !
espaJdas emprendiendo la fantastica aven,tura del retor- "·\
El patio de la casa se habla llenado de gente que
no a través de la selva en un viaje que dur6 algunos imprecaba maldiciente.
1
meses. Se dio cuenta de inmediato de que se habia pro- - j Es el causante de los males que han .caido en

ducido en él una situaci6n organica especial. Se consi- este pueblo ! -.-grit6 uno de ellos con voz acusad~ra.
deraba un ser etéreo encader1ado a un cuerpo sin el cual Al escuchar ese grito los presentes temblaron su-
persticiosos. Las frases acusadoras se multiplicaron.
le. era imposible la vida. Encadenado, si, pero encade-
-jEI fuel jEI fue!
nado por' el miedo. Si llegaba a perecer su cuerpo, ya
- j Fuera de aqui, maldito !
no podia penetrar en él y seguir viviendo. Corno todo
Y tuvo que salir por entre la multitud gesticulante
mortal se aferraba a la vida porque tenia miedo a la que le abria paso. Falt6 la voz que incitara a tomar
muerte j a pertenecer definitivamente al mundo inson- venganza, para que todos se i'anzaran contra él, pero esa
dable de los fantasmas! voz no fue escuchada. Al pasar por el patio, vio caras co-
Y lleg6\ muerto de cansancio a las margenes del nocidas de viejos amigos, mas cada vez que pronuri-
gran rio. Al penetrar en el poblado, lleno de recuerdos, ciaba un nombre le caia ·en el rostro el latigo de una
noté que las gentes le miraban con extraiieza y hubo maldici6n. Huy6 hacia las afueras del poblado y busc6
quienes que al fijarse en él se sentiguaran instintiva- \ •;11.. refugio en el interior de una casa abandonada.
mente. -c:Qué pas6? -grit6 desesperado.
El brujo recordaba aquel domingo como el peor dia y tuvo la respuesta en ese momento, después de
dé su vida. Alguien le habia visto subir a la casa de haber visto otros rostres, otras manos y otros pies. Efec-
sus padres, y la noticia de la aparici6n de ùn extrano tivamente, era distinto a los demas. Sus manos eran
ser en el caserio se extendi6 rapidamente, y pronto una rajas y renegridas y sus pies descalzos también. Se mir6
multitud silenciosa fue aglomerandose. en un pedazo de espejo que en.co11tr6 adosado a una
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pared. Sus ojos tenfan una mirada punzante y maligna bastante para que nadie volviera a maldecirle. Ante~·
. cargada al rojo que aterraba. bien, compasivas mujeres acompaîiaban a la anciana en
A la mana'na siguiente, se levant6 de la tosca tari- las noches a orar por él. Los pudientes del lugar le ves-
ma de ponas en que reposaba, al escuchar unos golpeci- tian gratuitamente, y todas le autorizaron para que to-
tos tfmidos en la puerta. Ya los gallos habian dada las mara de sus chacras Io que necesitaba. Vivia en la casa
ultimas notas de amanecer, y de los puertos acababan abandonada por donde nadie se atrevfa a pasar. Alti
de desprenderse las canoas de los pescadores que. so- transcurrfa su existencia recordando a la mujer amada,
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li an. bajar pÔr el · rfo, slJbando canciones ex6ticas trafdas recuerdos al principio venturosos que terminaban con
por los cauch.eros de todas partes del mundo. En el dis- el desenlace tragico de la desaparici6n de Clotilde e'n
tante prado, abierto en la selva, escuchabase el relin- el lago. .
char de los caballos y el mugir de los toros. . . El inte- Su exp1Jlsi6n de la comunidad humana hizo renacer
rior de la-casa. aun estaba obscura, pero de las rendi- en él su antagonismo por todos los hombres. No inten-
jas que dejaban las paredes exteriores de canas se fil- taba hacerles daîio; los despreciaba simpletnente. Los
traba levisima. claridad azulada. Abri6 la puerta y se conskleraba seres inferiores a él, a quienes podfa en
sorprendi6 al encontrarse con sy mé)dre cargada de una cualquier momento quitar la voz que traducia sus pen.-
canasta llena de vfveres y de ropa. samientos y apagar la luz que animaba sus pupilas i po-
-'-j Madre! -exclam6 el brujo sin poderse con- dfa hacerlos sufrir y matar ! Por eso pasaba desdeîioso
tener. junto a los grupos que se formaban en los clfas de fiesta,
-Sé que eres el hijo que concebf en mis entraîias sin dar una mirada que le reconciliara con las gentes. A
y que amamanté con mis pechos ... v,eces solfa detenerse junto a las muchachas bonitas y
- j Madre! -volvi6 a exclamar el brujo, tratando sin pronunciar palabra· las miraba de arriba y abajo, y
de àcercarse a la anciana; pero ésta le contuvo con un • luego se marchaba dejandolas teîiidas de rubor bajo la
,gesto, dej6,su carga junto a la puerta y dijo: impresi6n de que sus intimidades habian sido violadas.
-·-No hagas daîio a la gente hijo, que la gente Posteriormente, el ambiente nutrido de los miste-
nada te hara. . . volveré otro dfa. riosos fluidos de la amistad, la cooperaciôn y la cultura,
Y sin levantar la vista, sin mirar hacia atras, con fueron mitigando en él la expresi6n repelente y demo-
el cuerpo encorvado, desapareci6 llorando en el recodo niaca que le caracterizaba. Mas una noche soîi6 con
élel camino. Y volvi6 constant~mente, antes de que ra- Clotilde. Escuch6 su voz que le llamaba desde el dis-
yara el alba, dejaba su carga de vfveres y de ropa, y se tante lago. La vio surgir blarica como una espuma de
marchaba en silencio con lagrimas err los ojos y una las aguas. No era uno de esos sueiios producidos por
oraci6n en los labios temblorosos. la acci6n hipn6tica del brebaje; era uno de esos sueîios
Estas visitas hadan renacer en él la sensibilidad raros que nos llevan por los distantes parajes ocultos en
de otros tiempos. Se olvid6 del ayac-huasca y de la can- el fondo de la subcorlciencia.
ci6n prohibida, mas no de Clotilde. Los pobladores lle- Se apresur6 a tomar, otra vez, el brebaje y se lanzo
garon a tolerar su presencia cuando el brujo iba solita- ·en pos de las llamadas, pero en su apresuramienfo se
rio por los alrededores. .olvid6 de qu~ careda de voz y de que era impalpable.
· -Es mi hijo aprisionado por el demonio de la selva Deambulando por el lago, supuso que, como los bufeos
que no les hara ningun daîio -le~ habfa dicho lii madre sc>n bn~jos, pOdia ser visto por ella en cuanto surgiera
· del brujo. El viejo asin•i6 Io que deda su mujer, y fue de las aguas; mas cuando ella sali6, blanca al refléjo
, \
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1 !
-Todos huian de mi; hasta las fieras me temian;
de la luna, llamandole repetidas veces, él no pudo ha- -y sus palabras asumieron un velado acento de orgullo..
. cerse escuchar par mas que hizo, de Io que dedujo que -No me explico coma pudiste vivir asf ... sin que
en el mundo. de los bufeos, asf coma en el de los .hom- te haya embrutecido la soledad y el media.
bres, no todos son brujos. -·-Las plantas también acompaiïan y estimulan. Su
La unica soluci6n era trasladarse en cuerpo y alma savia, tiene mas veneno que las serpientes, y los ten-
a ''.El Parafso", pero hacer el viaje solo, atravesando los tacules del renaco son mucha màs fuertes que el abrazo
pant.ànales, era casi imposible para una scia persona. El de la boa estranguladora.
sabla Io que significaba navegar en canoa por esas ex- T raté de aclarar Io q~e me parecia incomprensible.
tensas superficies compactas de plantas acuaticas. Por -Viviste encerrado en el basque fuera del trato
otro lado, hacer el largo viaje de rodeo que realiz6 con de los seres hun;ianos -le dije con la mirada fija en él
Clotilde estaba ya mas alla de sus fuerzas~ tratando de descubrir sus reacciones-. Yo no me expli-
Un dfa descubri6 el poblado en formaci6n alrede- co por qué no te embrutecist~. Si alguien .se aparta de
dor de mi persona y de la Capillita, cuya i:::ampana, un sus semejantes y opta por la compafila de los cerdos,
·triangula de acero, dejaba escuchar su voz metalica a aprende. a gruiïir, o ruge y se arrastra si al vivir entre
través de las distancias. Y previq, con esa intuici6n pro- los arboles emula la fuerza del tigre 0 la sinuosidad de
pia del arte que profesaba, que aquello iba a terminar la serpiente. No 'me explico por qué no te embrute-
mal. Pudo ~nterarse de todo Io que se tramaba contra ciste ...
mf y de la desgracia que se cernfa sobre mi obra. En -Es que no me aparté de la civilizaci6n. . . •
el momento preciso, se ubic6 comodamente en el linde -Ya entiendo. Estuviste fuera de aqui en espiritu.
del basque para presenciar los acontecimientos. -Algo mas ...
Via coma los patrones y las autoridades irrumpierq_n
en "Esperanza" y arrasaron el caserfo dejandome solo,
y que al ser vencido en lucha desigual, levantaba los
ojos al cieio para expresar la tremenda blasfemia de
aquel dfa en un arrebato de furor contra el destina.
En cuanto dije que mas me valdrfa bu~car la ayuda
del demonio - j mas m~ hubiera valide no nacer para
no ofenderte, Dies mio!-, apenas pudo reprimir su
inmenso jubile. Al instante, via la oportunidad que
buscaba de trasladarse al lago en cuyo fonde moraba
Clotilde.

Esta ultima parte, cuya verosimilitud era indiscuti-


ble, me hizo recapacitar un momento y deponer mi acti-
tud de absoluta incredulidad por todo Io que estaba es-
cuchando, y al recapitular los ultimes accidentes de la
narraci6n, me asalt6 una duda y pregunté. '
• 4 -iNo sentias deseos de visitar a las gentes y de
hablar con ellas? 81
80
\ i
l 1
-Estas enferma de una de las peores enfermeda-
des, la enfermedad del odio, producido por el ·amor des-
dichado -le dijo Clotilde con acento de pena-. Ven
a nuestro mundo; alla volveremos a vivir unidos, a·lla
ocuparas el sitio del que me rapté y que ha muerto de
puro viejo. Fue eL mas brujo entre los. brujos, '10 que
quiere decir que fue mas poderoso _que todos los hom-
;L bres brujos juntos. Sin embargo, ellos no saben hacer
daiio como ocUrre entre los hombres que emplean el
poder para desatar desgracias. Lo que ha pasado con-
XVI migo se justifica. El tropicalismo voluptuoso de los so-
litarios riberenos amaz6nicos busca enJa~ bufeas la sa-
La luna en su curso por el firmamento acusaba la tisfaccién de apetitos insatisfechos. Es un .regafo ina-
media noche. Ruidos lejanos venian de los pantanales y preciable cuando uno de estos seres acuatiCO$ surge de
una que ofra ave nocturna perturbaba la quietud de los · las agl!as e!l las redes del pescador. iY por qué no ha-
ramajes. El brujo proseguia. bian de enamorarse los bufeos de una muchacha que
incursiona en sus dominios lacustres a la hora e~ que se
Si, ahora que él estaba de vuelta· en el lago ya tuvo asoman a disfrutar del plenilunio, en la linea donde' se
varias entrevistas con Clotilde. En el pleriilunio, cuan- confunde. el misterio de las aguas con el del aire? Y si
do los Kijos del Lago salen a la superficie en son de era un brujo consumado como el que me rapt6 iacaso
fiesta, ella acudié escuchando sus llatnadas. Y al estre- no podia conformar a la amada terrestre en tal forma
charla entre sus brazos en la orilla arenosa, la encontré que pudiese convivir con ella en sus dominios, sin tener
mas bella que antès. No, no tue el cuerpo f~sico de una para nada en cuenta en esos momentos de obcecaci6n,
bufea Io que estreché; era el contacta tibio del cuerpo al amante abandonado? iEs que al capturar a una bufea
de la a.mada en la hora mas venturosa de su vida. y si hembra a los' pescadores les importa el sufrimiento def
yo vi Io contrario esa noche en que los sorprendi, es macho?
porque era profana en el arte de interpretar los miste- Como si no hubiera escuchado las anteriores pala-
rios de un mundo que me. era desconocido. bras, el brujo la interrogé abruptamente:
-Sin embargo -.<onfesaba el brujo- al mirarme -iY tu qué hiciste bajo_el agua .... y qué te hi-·
ella en las pupilas al claror de la luna, no pudo reprimir cieron? Es algo que no puedo concebir. . . '
su asombro. -En el maravilloso pais del agua no hay historia
-Tus ojos punzan -le dijo-. Tu mirada es pon- -contesté ella entusiasmada-. Cuando me hundi arras-
zonosa y tu piel roja. j Cémo has cambiado ! trada al fondo esa nochè inolvidable, perd! el conoci-
-La selva me hizo brujo por quererte mucho; sin miento y, al recobrarme en la profundidad tuve la sen-
la ayuda de la selva y de la brujeria no hubiera pod~do saci6n de haberme unido para siempre a la vida de aquel
encontrarte. ser extrano que tenia junto, el cual de inmediato empe-
-iY qué has hecho durante todos estos anos? z6 a ejercer una influencia absoluta sobre mi, luego ·de
-Hice muchas 'cosas, Io que hacen quienes odian anular todos mis recuerdos. Sin embargo, esa amnesia
todo Io que hay bajo el cielo. desaparecia cuando 1escuchaba tu voz llamandome.
desde ·
82 83
1a erilla, y entences una gran pena se apederaba de mi.
Aquel ser se impacientaba al notar que me sustrafa a
su dominio y, una neche, me eblig6 a salir de las aguas
al menor esfuerzo y da Io mismo estar junte al lecho
ële arena came suspendido en_el abisme. Por ese, nada
hay tan grata como detenerse en cualquier parte y dor-
-
para pedirte que ya no me llamaras. Y eso fue todo. mir en el blando elemento de las profundidades, des.-
Segur viviendo a su lado inmensamente feliz, pere era pertarse en el mismo sitio y emprender giras deliciosas
una felicidad artificial creada por la voluntad de aquel por lugares rec6nditos, entre peces de colore,s que, como
ser que me transmitfa, por acci6n sugestionante, sus pajaros de leves alas, atraviesan el espacio y se pierden
pensamientos y sus mandates. Vivfamos en el pais' del entre las formaciones rocosas, para luego reaparecer ju-
silencio. Cuando me alejaba, inspeccionando las grutas guetonas y detenerse estaticos frente a la mujer lacus-
escondidas o me perdfa entre talles de extraiia fiera tre. Pero, muche mas placentero es descender hacia las
bajo el dàsel sombrfo de las plantas acuaticas, sentfa su ê:oncavidades profundas pasando junte a los caïmanes
atracci6n y, sin conciencia de Io que estaba haciendo, negros y a las grandes boas que en el fonde, reJ)9san
me dirigfa directamente adonde él se hallaba. Cuando en quietud de. estatuas. Allf se recorren dédales som-
se volvfa tierno, yo experimentaba deseos de aprisionar- brios y se penetra en cuevas jarrias imaginadas donde
lo contra mi pecho, y, en los instantes en que, el recuer- moran seres fosforescentes que semejan flores de luz.
do pugnaba por brotar en mi conciencia como una mu- . Son los aposentos de repose' absoluto en los que alguna
sica lejana, me enfraban de pronto ansias de qùedarme savia maravillosa nutre los organismes; donde la vigilia
aferrada a su vida. j Ah!, cuando le acariciaba posefdo es sueno, y el sueno una paz parecida a la del sepulcro
ae intensa dicha, ~acaso tenfa yo idea de Io que me o~u­ del que se. despierta, sin embargo, con la sensaci6n pe
rrfa al ·abrazo de aquel ser que actuaba en mi cerebro tener Lina vida eterna.
en tal forma, que a veces Io vela convertido en el hombre "En el plenilunio solfamos salir a disfrutar de los
ideal que forja la fantasia de la muchacha impuber? festejos lunares. Era entonces que se· realizaban los cor-
Todo ha pasado como un' sueiio desde que él muri6 de- tejos nupciales. En cuanto desapareda la luz de la no-
jandome en el bello pais de. las aguas. Y entonces vine che, abandonabamos el mundo superficial al que deno-
a mi memoria el pasado, y te llamé ... minamos el mundo de las grandes perturbaciones, y des-
"-~Bello pals dices? ~Puede ser bello acaso un pais cendfamos a morar en el pals de la paz.
donde no hay aire ni luz? -interrog6 el brujo escéptico. "Toda Io que esta cerca de la superficie y mâs alla,
"-Es infinitamentè bello el' pals del silencio, de la es la zona tragica. Alla van los peces de mentalidad
calma, de la paz. Es el pals donde no existe la noci6n inferior a perseguir y devqrar a los mas pequeiios. Sube . 1.

del transcurso del tiempo; donde nadie conoce las in- la boa a cazar en la orilla al amparo de las aguas turbias
quietudes de la partida ni las ansiedades del retorno. y hace presa en los animales que van a beber; el caïman
· Alla todo es leve, suave. Solo sobre la superficie de fa ataca y devora todo ser viviente que encuentra a su
tierra se sufre el peso de las casas, especialmente del paso, y los hombres pescan el paiche y capturan a la
propio cuerpo cuando se sube la cuesta e se. baJa al charapa. Es alH donde embaten las olas, se forman los
llano y que va acentuandose cada vez mas a medida remoJinos y se precipitan los forrentes. Mas arriba ruge
que pasan los aiios. . . Es algo coma una fuerza impon- la tempestad, se desencadenan las lluvias y ensordece
derable que aplasta contra la tierra. · En el pais dende el trueno. En el coraz6n de los hombres se desenfrenan
·vivo, no. hay nada que empuje de ~rriba ni que atraiga las pasiones, tortura la ambici6n, y, algunas veces, al
hacia abajo. Se sube, se baja, se cambia de direcci6n sentimiento del bien abate el j)l!ns~miento del mal.
M 85

i
\ '

"Peri6dicamente emprendiamos largos vra1es por


.,
1os rios a cuya$ turbias aguas penetrabamos atravesan-
do los pantanales. lbamos tras los cardumenes que sur-
can la corriente en los estiajes. Era para la manada de /
bufeos recorrer otros paises, conocer otros seres, espe-
dalmente a los hombres, habitantes de las. margenes
que no tienen fin, cuyas intenciones son capaces de adi-
vinar. El.IOs tienen la virtud de trasponer los ho~izontes
de la tierra sin salir del agua. Sucede, con frecuencia,
que alguna doncella de nuestro grupo, se enamora del
bfpèdo ribereiio y se deja pescar desoyendo los conse- XVII
jos de los mayores. - Aquella ya. 11? vuelve a la manada.
Todos ~~ben que el abrazo del hombre es morta/. La historia habia terminado. El brujo quedo su-
mido en sus pensamientos. Comprendi que la confesion,
I
Al llegar a este punto de su rtarracion, el brujo se propia de los creyentes, no podia funcionwir en un ser
call6. Fue un silencio prolongado que me vi en la ne- que hacia gala de un ateismo monstruoso. La peniten-
cesidad de cortar. . . cia y la absolucion solo caben en el orden armonioso
-~Y. después? -·-interrogué con cierto tono de de la fe, nunca en la a'postasla anarquica. El brujo se
ansiedad que no pude reprimir. Tras un suspiro el brujo levantô lentamente de la silla en que estaba sentado y
prosiguio: se alejo sin que yo tratara de detenerle. A poco de re-
-Clotilde cambi6 en ese instante el acento de su flexion~r llegué a la conclusion de que tamaiia historia,
voz y con las pupilas dilatadas, dijo: a la que el brujo diera algunos visos de verdad, ho eran
--Aunque yo nad en la tierra, pertenezco hoy a mas que embustes de un pedante que trataba de em-
1a manada: soy del agua ~no sera ahora tu abrazo mortal baucar. Esta idea se acentuo en mi al verlo partir a la·
para mi? luz postrera de una· luna que se ponla, bajo, rechoncho,
El brujo volvi6 a callarse, Parecia que al fin se le lento en el andar. Un ente ridlculo en suma.
habian terminado sus recuerdos. Algo grave tramaba aquel hombre, y esa sospecha
La ultima parte de su historia me dejo completa- reafirmo mi decision de actuar. Asi, esperé ansioso el
mente desconcertado. Faltaba, a mi juicio, algo que no siguiente plenilunio para continuar espiando sus pasos.
habla sido mencionado y que consideraba indispensable Esperé pacientemente y, cuando el disco lunar apa-
aclarar. recio en todo su esplendor en el firmamento, Io mantuve
-.Entiendo que Clotilde fue siempre buena cris- en observacion constante aunque bajo una · apariencia
tiana --dije- ~qué hicieron los bufeos con su fe? indiferente: Lo segui con la vista cuando penetro en el·
-Lo que Clotilde expres6 al respecta carece de monte, Io vi regresar con un atado de hojas y ·de beju-
. sentido -contesté el brujo, y volvi6 â quedarse caflado. cos bajo el brazo y, al escuchar en la noche el ruido
-jHabla ateo ! -le conniiné. acompasado de sus maceraciones, deduje que estaba ex-
-Me dijo que era muy placentera la vida en el trayendo el jugo de la planta misteriosa.
agua, pero que quisiera morir ·en tierra pa~a tener un No tardé en advertir que tomaba el caminillo hacia
sepulcro y una cruz. el lago y, luego escuché el sordo rumor del batir de
'! 86 lr1
1 , '
- colas y de aletas. Yo sabla Io que estaba ocurriendo.
Se reflej6 en mis pupilas con insistencia diab61ica la •
tremenda consumaci6n del amor bestial. De~pués Io vi
a un costado de la covacha, entonando la canci6n pro-
hibida de la bubinzana sobre el pate que contenîa el
bebedizo.
A la siguiente noche no pude contenerme y, en
fmpetu insensato ir~umpi en el patio, le arrebaté el pate
que levantaba entre las manas y, cerrando los ojos apuré
el contenido hasta dejarlo vacfo.
-Es muy posible que te mueras -dijo el brujo
sosteniendo mi cuerpo que se desplomaba-. Es mucho XVIII
para el que toma por primera vez una dosis de ayac-
huasc,a embrujada. En el trance hipn6'tièo producido por ef brebaje.
crei despertar en una selva inmensa que parecfa apri-
sionarme, Eran coma pasajes . arrancados de la Divina
Comedia. Caminaba sin ~umbo. Noté que la penum-
bra reinante se volvia cada vei mas densa y a poco las
primeras sombras de la 'noche cubrieron la selva. Sen-
time · inquieto y traté en vano de orientarme. Apresuré
el paso. - Una sensaci6n indescriptible me invadi6 al sa-
berme desorientado.
Temblores extrafios agitaron mi cuerpo, y sudor
'copioso que descendia de mi frente, en surcos abrasil-
dores, bafi6 mi rostro. Yo nunca tuve miedo y no podia
concebirlo entonces. Opté por Io que en tales circuns-
tancias, es aconsejable: me senté con la espalda apo-
yada a un arbol. Mas, a medida que el tiempo transcu-
- rria, en vez de la calma, una vaga preocupaci6n me
asalt6 al pensar en mi rebafio que estaria esperandeime
para los servicios religiosos vespertinos. Y yo estaba per-
dido en alguna parte en la imposibilidad de regresar. En
el coraz6n de la selva virgen, un caso asi es fatal porque
no hay sendas que puedan seguirse ni vecinos que ini-
cien la busqueda del perdido. Concentré mi pensamiei:t-
to en la vida de los santos y de los héroes, a fin de re-
confortarme. -
Debia permanecer al li sentado, tratando de reco-
brar la serenidad. A la hora en que el amanecer difun-
da su luz mate azulada ya podria orientarme. lncluso,
89

11
me considèraba obligado a tratar de dormir sin temor presenti la ap"oximaci6n de una · cara enorme; hâl-ito
alguno. • tibio baiio mi rostro. . . abri los ojos y un bulto fugaz
Los pajaros dejaron de cantar y un profundo si- se esfumo entre' las sombras.
lencio envolvio la selva. De' pronto un. grito, al parecer Los bisbiseos eran insistentes y las estridencias de
humano, se dejo escuchar en la distancia. Alarmado, las carcajadas prosegufan unas veces confusas y otras
nitidas. . . Subitamente, adverti que esos ruidos no pro-
abri desmesuradamente los ojos'.y afiné el oido. Era el
acento humano de. la afliccion que horrorizaba. Y mis venfan del exterior sino que estaban dentro de mi cere-
sentidos en tension registraron luego las mas pavorosas bro. Escuché rpejor. . . no; los habla en mi cerebro y
manifestaciones de Io . que podria llamarse el espiritu en el exterior. Cref volverme loco. ·
multiple de. la selva: ~uido. de Cortes COmO de lenadores Manchas de plata e hilos de luz me indicaban que,
que estaban talando arboles; conversaciones ~n alta voz por encima de las altas copas, una hermosa luna fl!lgu-
sin que ninguna palaora inteligible llegara a mis oidos, raba. Yo amé un tiempo a la Luna porque era la c.om-
quejidos, C:arcajadas destempladas e ironicas, murmullos paiiera de mi .soledad converitual. ?u 'claridad me alum-
suaves como de rezos conventuales, ruidos indescripti- bro muchas noches entre los resales del jardin. A vecès
bles ...· Dos ramas separaronse ante mis ojos asombra- sus rayos penetraban por la ventana de mi celda y me
dos q(Je se iban acostumbrando a la penumbra y, por el buscaban en el lecho, se posaban en mi frente surcada ·
espacio, abierto. ningun cuerpo atraves6; luego esas ra- de arrugas prematuras que reflejaban la tension de hon~
mas volvieron a cerrarse, muy lentamente, para quedar das meditaciones. c:No habrfa por alH algun clar~ en el
i;-
inmoviles y algo coma un aliento de muerte llego hasta basque donde pudiera adormirme alumbrado por ella?
mi. Un fuerte aleteo sobre mi cabeza, no opstarite que Levahtéme lentamente infundiéndome valor; y, pausada-
ningun pajaro volaba, me hizo volver el rost.ro. Unas mente, co~o una movil sombra mas entre los arboles,
ramas se agitaron violentamente por alguna parte y, por me encaminé al azar. Bien pronto di con una laguna de
mas que escrudinaba no lobraba_ distinguir bulto alguno. aguas estancadas y cubiertas de vegetacion. Ante mi'
Pares de ojos como de luciérnagas empezaron a moverse se extendia un extraordinario paisaje alumbrado magi7
acechantes en la inarana. camente por la luna, soberana de un fjrmamento vio~
Apreté los puiios para reanimarme, cerré los ojos laceo. La superficie acerada de las aguas estaba man-
y de mi pecho brotaron roncas las frases de una oracion. ; chada aquf y alla por las sombras diafanas de las altas
Antes de penetrar a esa selvà, jamas. pude concebir la copas que se ergufan en la misma orilla. Gruesas go-
existencia de· seres diabélicos que turbaran' la paz del . tas de rocio . caian sonoramentè al deslizarse del alto
mundo que cre6 Dias; pero, aaui estaban perceptibles follaje.
.1os espfritus malignos de la selva que trataban de ate- Subi' a un montfculo y desde allf extendf la mirada.
rrorizarme para que emprendiera la fuga que ofusca la A un extrema de la l~guna vi extenderse sin conffn una
razon y lleva a la locura. No; yo debia vivir para seguir vegetacion baja, carente de uniformidad, pues, de tre-
apacentando ese rebaiio que logré formar para glorifi- cho en trecho se levantaban pesadamente agrupamien-
car al Seiior sobre la tierra. Otra vez dejo de funcionar tos boscosos de extranas configuraciones.
mi imaginacion, pues, junto a· mis oidos, como si estu- De i11mediato, los relieves de esa selva rara adqui-
vieran hablandome en secreto, escuché bisbiseos que se rieron formas y . expresiones dantescas. En el primer
alejaban y se acercaban por momentos. Voces lejanas piano, los contornos de üna copa raquftica dibujaron
rompian el silencio, ramas de los arboles se agitaron y un rostro li'vido, una especie de mascarilla con los ojos
:90 91
.
Lentamente vofvf a levantarme y caminé cierto tre-
muy hundidos y la nariz afilada; en seguida descubri cho. Sentéme entre unas aletas a cubierto del fufgor
perfiles humanos monstruosos por todas partes; junto a de la luna y de la selva espectral, y alli, otra vez ago-
la orilla destacabase la caricatura de un anciano de luen- biada por la inquietud y las percepciones mas pavorosas,
ga barba que parecfa .soportar apenas sobre sus espaldas parece que perdi la conciencia y me quedé dormido. En
un enorme fardo que Io mantenia encorbado bajo su horrorosa pesadilla vi acercarse a través del espacio un
peso. ·Mas alla, erguiase un busto con los brazos levan- bulto negro muy grande que se detuvo frente a mi. No
tados hacia arriba en _actitud patética de imploraci6n ... me cabia fa menor duda: era Lucifer en persona. No
Aparté la vista de aquello que semejaba cobrar re- era el ser monstruoso que la imaginaci6n cre6 para im-
lieves fantasma les de pesadilla, y me puse a meditar. presionar a los nif\os y a las personas nerviosas. Tenia
cierta semejanza con el brujo por el predominio del rojo
t'.Qué fen6meno se operaba all~ donde la selva parecfa
y por fa mirada punzante. pero, éste era una especie de
debatirse en atormentada agonia? t'.Es que los arboles
brujo aristocratizado hasta Io infinito. Llevaba una ves-
tenian aimas torturadas? En aquelfa selva baja, de api-
tidura respfandeciente y primorosa. lba cubierto de
fiados arboles mesquinos, flotaba un ambiente de an-
amplia capa negra que me hizo la impresi6n de que iba
gustia. , Yo me imaginé su historia. El viento trajo la
a convertirse, de un momento a otro, en ala_s de vam-
semilla de arbofes gigantes desde la copa _invicta que se
, piro; pero, no se produjo esa conversion como tampoco .
mece al impulsa de todos los vientos, y la deposit6 en
apareci~ron la cola y los cuernos con que los pintores
el cenagaf hundid~ en la espesura como un valle. Alli
antiguos representaban la imagen del enemigo de Dios.
logr6 germinar, pero, fa falta de nutrici6n torci6 el talfo,
Aquella aparici6n se movié como si estuviese sujeta ·a
hizo nudosas las ramas que se desarrallaron escualidas las oscilaciones del aire. Su mirada penetrante clavada
para enfrentarse con desventaja al renaco que extiende sobre mi partia d~ unas grandes pupilas que- dejaban
sus raices como una red infinita acaparando para si toda entrever abismos infinitos. lnstintivamente, lfevé la ma-
la fertilidad del sue Io. Era el mal igno arbol extrangula- no al pecho en busca del crucifijo protector, pero el cru-
lador q~e medra a costa del hambre de los demas. cifijo no estaba al!f y ni siquiera senti el contacta de
Arboles tjl:.te crecen sobre terrenos fangosos, al mar- mi pecho.
gen de las avenidas vivificantes de la estaci6n lfuviosa, -jYa sé quién eres! -grité reaccionando-. jTu
no pueden crecer lozanos. Sus ramas y raices se pren- eres el eterno enemigo a quien Dios maldijo y lanz6 a -r

den tembloros'as en fa tierra casi estéril, diriase en afan los abismos !


desesperado por asirse a la vida. Y es que el terreno -Estaba seguro de que me reconocerias ~ijo
. fértil es para los arboles Io que para los organismos ~arcastico-- En efecto, yo soy el enemigo de ia Creaci6n .
humanos el factor econ6mico: nùtre, desarrolla y esti- Hoy caiste en mis manos por el exceso. Tomaste una
'.17!>0'

mula el i:!spiritu de superaci6n. Los arboles tienen sensi- dosis demasiada alta del brebaje misterioso arrastrado
bifidad, tienen alma. Yo sentia el alma de esos arbofes por la intolerancia propia del Misionero. Yo sé Io que
desmedrados- de la selva baja, sentia su opresi6n angus- buscas como un insensato. Persiguiendo la creaci6n de
tiosa como si fueran parte de la humanidad doli_ente Io una colectividad ut6pica, huiste del contacte de la civi-
lizaci6n, causa, segun crees, de todas las desdichas.
que contemplaban mis ojos absortos t'.acaso esos ar~oles
- Estas obsesionado por la .idea de que la redencién hu-
expresaban como los hombres, en su agonia v.ital, toda
mano se ~ncuentra en el amer. Felizmente, par~Ji, no
la gama tragica del sufrimiento?
93
92
! !
'
naèiste en una época en que pa.ra los rebeldes habla
cruces y lapidacionès. Mas, ahora, tus ilusiones se aca-
baron. Vas a presen'ciar aquello que estas muy lejos de ·
imaginar: mira el sacrificio de los hombres en aras de ,_
su culto al hombre. Y cuando te convenzas de que la /
humanidad adolece de un mal incurable, estaras con-
migo y abominaras de todoJ Io que amaste.

".

XIX

r Al réflexionar mucho después sobre los aconteci-


mientos que voy narrando, cuando una serenidad do-
lorosa envolvi6 a mi esplritu, me di perfecta cuenta de
que fue mi alma, mi pobre alma, Io que aquella vez
cay6 en poder del demonio. · No fue una horrible pesa-
dilla. El suceso estuvo tan relacionado èon los hèchos
\" posteriores, que no puedo menas de inclinar la frente
ant~ la realidad. Entonces, fue mi ferviente fe Io que
me salv6. En la lucha contra el demonio, Io (mico' que
salva es la fe. La fe, reflejo de la vida eterna, se afir-
ma con el sufrimiento y vuelve al hombre invulnerable
a la tentaci6n. Aquel .dia estaba en poder del demonio.
el cl.Jal puso ante mis ojos un. mundo convulsionado.
T ransido de dolor y con mi acostumbrada ingenuidad
,'
exclamé: /

-jEI Apocalipsis!
-No; -repuso el demonio-- es el tributo -qùe
los hombres pagan a la locura de un hombre al que
han erigido en dios. Es el élrama que se repite en la
historia con resultadcs cada vez mas desastrosos. ·En
tiempos prehistéricos, al mas astuto y audaz de la tribu
fe di je un dia: "Eres el mas habil de todos y tu destino
es gobernar a los demas. Atribuyete poderes ocultos.
crea las supersticiories, establece el sacrificfo humano
como medio de aplacar la !ra de dioses que tu mismo
,. cre'aras. Y todos temblaran _ante ti y te segulran su-
95
"
misas, y seras el dueno de sus destinas". Pero, como ci6n yo me acerco al astuto y le digo: "Arrasfrafê ~nte
el ejercicio irrestricto d~I poder es el veneno que ani- el poderoso, que tu camino al éxito esta abierto; adula,
quila la raz6n, poco a poco, aquel ser normal terminé intriga, y grita' mas fuerte que ninguno para que él te
por sugestionarse y creer en la realidad de sus propias escuche, pero al dejar oir tu voz, exaltalo a la cuspide,
supercherias. Ya estaba loco cuando se crey6 predes- de la cuspide a las nubes, de las nubes al sol. Con esto
tinado, providencial, haciéndos"e cada vez mas absoluto lograras agudizar- su locura mientras tu medras ... Las
e intolerante. ·dictaduras, fecundas en realizaciones materiales, son el
Po~ esa misma ley invariable, en los imperialismos producto de la degeneraci6n cf vica de los pueblos. De
contemporaneos, los conductores de hombres no pueden ese modo, el orden polftico resulta inestable. La opre-
vivir sin pasar de la sensatez a la locura. Esa quiebra si6n es causa de la anarqufa, y la anarqufa termina con
de la armonfa psièol6gica, consecuencia del ejercicio in-_ el orden desp6tico. Este cfrculo vic~oso que va agudi-
controlado del poder, es el d.esequilibrio que trae consi- zando la crisis social, es uno de los factores que inter-
go la aparici6n del hombre-dios. vienen en mis planes. El future pr6ximo es al.in mas
-Sin embargo, hubo gobernantes y conquistado- sombrfo. Mira el espectaculo que mi poder pone ante
:res geniales -·no pude menos de aducir. tus ojos. j Es la culminaci6n de mi obra !
-La locurtl y el genio son dos extremos que se -c:Qué es eso? -pregunté incrédulo.
.iuntan. Los genios que ejercieron el poder en forma · -Es uno de mis proyectos en camino de ejecu-
irrestricta murieron locos. Pero, el .loco mas comun es ci6n: un mundo élrrasado par fantasmas. Porque has de
el gob~rnante mediocre a quien sus aulicos hacen creer saber que en alguna parte de la selva se encuentra ef
que es genial. hombre que habra de convertirse en mi mejor instru-
Aquellas frases tenfan una 16gica que aturdia. :'\ mente para la destrucci6n d.e todo Io que tu Dios esta
-Mi obra esta en marcha -prosigui6-. Al fu- empenado en proteger y perfeccionar. No te diré don-
turp hombre-dios le digo: "Mata tus escrupulos que, de e~ta ni c6mo se llama, mas, ahi tienes Io que podrâ
con ellos, nadie va lejos; excita la vanidad de tus com- hacer: una guerra de exterminio librada por los fantas-
patriotas y te seguiran; sé If der y captura el poder". mas contra los hombres, impotentes a causa de que las.
Al que se ha convertido un gobernante le incito: "Eres 'armas perfeccionadas hasta Io infinito, no les sirve para
el preqestinado, hazte Dictador pues s6lo asi podras ha- nada contra Io invisible y Io impalpable. ·
cer obra perdurable y seras inmortal". Ya en el poder jVade retro Lucifer! -grité horrorizado--. Tu obra . 1
absoluto, le instigo: "Tu patria es muy pequena, con- es espantosél, pero no cuentas con El que puede mucho
quista el Continente", Y si llegara a subyugar al Con- mas que tu.
tinente le induciria a ir mas lejos: "Sé dueno absoluto -c:Tienes fe en que triunfara sobre mf, a pesar de
del mundo". Si lograra dominar el mundo, le excitarfa todo?
aun mas: "Eres mas que Dlos, impera en el Universo". -Solo sé que mi fe no me abandonara jamas. Los:
J.\centuando la e>Epresi6n. sarcastica de su. rostro el designios de Dias son inescrutables, y si tu lograras des-
demonio prosigui6: truir este mundo. El tiene otro en los cielos muche mas
-El déspota s61o admite el servilismo; y es el ser- grande y ·perfecto para sus bienaventurados.
vilismo Io que termina, con el tiempo, por rodearlo. Co- -c:Y crees ser uno de esos bienaventurados? -inJ
rno es natural, se entroniza la intolerancia, la ineptitud terrog6 sarcastico.
y la corrupci6n ·en el Estado. Para favorecer esa situa- -Soy el mashumilde de sus siervos ...
96
97

1i
i
un ingrato ! i El peor de los ingratos !
... - j Eres
Me quedé estupefacto sin poder articular palabra.
-Tu mismo v~ras Io que eres -agreg6-- Y.Pere-
ceras con el alma envenenada.

XX
Casi al instânte, me vi frente al cuadro placido de '
'los contornos del Convento al que un tiempo perfenec:i,
con sus amplios jardines .interiores sembrados de arbo-
les que invitaban al aislamiento y a la meditaci6n .. Crei
percibir ·ra fragancia de jazmines y de madreselvas. El
eterno enemigo habla desaparecido. Al avanzar hacia el
interior, sombrlo, lleno de tantos recuerdos para mi, vino
a mi memoria el semblante noble y la· mirada dulce del
Padre Agustln. Recordé sus afanes, sus cuidados, sus
preocupaciones por mi bienestar, y me emocioné ante la
representacién mental de su_ venerable imagen con dos
lagrimas en los ojos. . . ~Pero c6mo me habia olvidado
tante tiempo de él? Una dolorosa sensacién de reproche
contra mi mismo me hizo comprender que en mi coraz6n
habla algo mas que el amor a Dios. Apresuré el paso
-las gentes pasaban junte a mf sin verme- y penetré
en la amplia celda del Prior. Todo me era aJli familiar:
los muebles, los tapic~s con motivos blblicos, el orafo-
rio, el gran crucifijo y las imagenes. Varias cirios alum-
braban sernblantes sombrlos de hermanos conocidos que
rodeaban el lecho de un moribundo en el que reconoci
al Padre Agustln.
En. ese preciso momento, el agonizante se incor- \
poré, y paseando la mirada en derredor buscaba a al-
• 99
guien entre los que estaban presentes. No encontran- ·Chado? Ademas, Io conocf desde la eu.na. Era un mho
dolo, con voz cansada orden6: muy bello. Cuando apenas podfan sostenerle sus dé-
tario. Volvi6 a reclinar su cabeza en la almohada y biles piernas, se cogfa de mi sotana y no querfa des-
-Hermano José, id en busca del hermanb secre- . prenderse; ya adolescente, nos paseabamos por los jar-
cerr6 los ojos. Su amplia frente se contrajo ahondando- dines hablando de las cosas buenas de la tierra, de las
las arrugas que Io surcaban. Parecfa sumido en honda- estrellas, del Reine de Dios. Cuando qued6 huérfano y
preocupaci6n. solo, y proyectaba ir en busca de parientes lejanos, so-
-Aqui me tenéis Padre Superior -escuch6se poco bre quienes obtuve informes nada favorables, yo Io re-
después la voz de un .anc!ano de cabellos plateados que tuve. Ante la posibilidad de una separacién, compren-
acababa de entrar en el aposento portando bajo el brazo d! que ya no podrfa vivir sin él. Han pasado muchos
un legajo de papeles. Los presentes hicieron ademan- afios y sus desventura~. sus inquietudes, sus rebeldias
de levantarse. . me hicieron amarle cada vez mas. Nunca me senti mas
-No os vayais hermanos -dijo el moribundo ha- feliz que el dfa en que recibi6 las 6rdenes sagradas .. ~
cienda una sefia con la· mano para contenerlos-. Lo La sonrisa que esos recuerdos gratos dibujaron en
que tengo que tratar con el hermano secretario Io sabéis sus labios, desapareci6 de pronto al encontrarse su ros-
todos. . . Decidme hermano, ihay alguna noticia de tro con el dolor de otros recuerdos. y el moribundo
.Sandra? ·prosigui6:
-Nada, absolutamente nada desde que lleg6, hace -.-Hasta que lleg6 el dfa aciago. . . Penetr6 un dia
justamente seis meses hoy dia, la comunicaci6n del Yi- . a mi Despacho abatido ... y sali6 de alli violenta a en-
cario Apost61ico de ... que os lei. ·cerrarse en su celda. Era un acto de rebeldia intole-
-Muchas veces; ya me Io sé de memoria her- rable. 'Permanecf en mi despacho sin moverme con la
mano. Desde que él se fue hace ocho afios, si mal no ilusi6n de que de un momento a otro Sandro pedirla
recuerdo, os he preguntado todos los dfas, sin fallar uno hablar conmigo. Ya estaba hecha mi decisi6n. No le
solo, si tenfamos noticias de su paradera. Esa comuni- · habrfa permitido pronunciar la palabra perd6n. "Sandrt>,
ci6n, en· respuesta a nuestras reitetadas indagaciones. hijo mîo, -le habria dicho abrazandole-. Hàs venièlo
sobre el paradera de Sandro, nos dio a saber su desa- ·donde mf, y eso basta. La Comunidad jamas te aban-
parici6n en el interior de la selva. Por eso deduje que· donara. Nuestro Senor Jesucristo fue ·martizado por re-
no pudo escribirme. Se meti6 en un paraje sin comu- belde al César. Ya sabremos donde mandarte; iras adon-
nicaciones. Menos podra .ahora escribirnos a causa de· <ie puedas ejercer tu ministerio en paz". La espera se
que Io trag6 la selva. . . Yo sé que no se ha olvidado· prolongaba demasiado. Pasaron dos dfas y mi intran-
de nosotros .. '. de su Comunidad que es nuestra alma quilidad se volvj6 angustiosa ..... Al tercer dia no pude
mater. ·mas y fui a verle en la creencia de que algo grave habla
-Pudo haberse comuhicado con vos si hubie~e· ocurrido. Su celda estaba vacfa y en ella flotaba ese
querido -repuso alguien-. Ni siquiera escribi6 justi- algo indefinible que imprime en el alma la sensaci6n
ficandose al iniciar su fuga.' :de tristeza, de soledad y frlo que dejan en sus habita-
-Siempre tuvistéis algun celillo por mis afanes; ciones los que se han marchado para siempre ...
en favor de Sandro. Os aseguro que os. amo y amé a El pecho del moribundo acrecentaba su agitaci6n.
todos por igual, pero ino es una mnifestaci6n d~I amor -· Padre calmaos -suplic6 uno de los presentes-.
paternal mas noble las preferencias por' el hijo desdi-' ··Estos recuerdoSt os hacen mucho dano.
100 101
-Dejadme que os Io dÏga todo, pues es mi ultimc:t
oportunidad -dijo el moribundo reaccionando-. Des-
de que Sandra se marché tenla yo un pufial clavado en
el corazén. i Si entonces hubiera ido a él llevandole ef
consuelo de mi palabra! j Si él no vive, si él desaparecié,
es porque Io desamparé !
El gordo Legrand protesté:
-No sois vos quien Io ha matado. El se fue lle-
vad<D por su soberbia. i El es quien os esta matando r
i Su ingratitud ! . ·
-Nada hay mas doloroso bajo el cielo que la . in-
gratitud de los hijos soberbios al desaparecer de la vida- XXI
de quienes los aman -agregé el viejo secretario apo-
yando la frente en las manos, profundamente conmo- At despertar de ese aterrador estado hipnético, lle-
vido-. gé a mis oldos el bullicio producido por un tumulto de
El moribundo movié la cabeza dubitativamente. gentes alborotadas y enardecidas. Escuchabanse gritos,
-El no fu~ ingrato; yo Io abandoné. j Si tuviera amenazas, maldiciones:
diez' vidas, con gusto las darfa por él ! -exclamé con - j Matémoslos -vociferaban unos. '
los ojos anegados en lagrim,as. - f Acabemos con ellos a balazos ! -proferfan otros.
'( esas fueron sus ultimas palabras. La Cabeza ve- -Si no los exterminamos ellos se comeran a nues-
nerable se recliné en la almohada casi con violencia, et trcs hijos y terminaran con nosotros.
brilla vidrioso de sus ojos abiertos indicé luego que se· · Por Io que escuchaba, mi rebafio de mansas ove-
habla sumido en el suefio eterno. jas se habla convertido en manada de lobas furiosos.
Grité pidiendo perdén y misericordia, pero nadie- Traté de incorporarme, pero mis miembros entumecidos
. escuché mi voz. En aquel instante de angustia infinita, no se m9vieron. En plena posesién de mi conciencia,
desperté, .por decirlo asf. Me encontraba en "El Parai- me daba cuenta de Io que me. habf a ocurrido. T odo
. . so" y las luces del amanecer alumbraban la habitacién: pasé por mi mente con claridad aterradora. Pero es-
en que me hallaba acostado desde que tomé el brebaje. taba paralizado. Las circunstancias me obligaban a ac-
tuar de inmediato, pues, el bullicio amenazante estaba
alejandosè con propésitos de exterminar algo que ma-
nifiestamente eran . seres humanos. Emit( gritos pi- "
diendo auxilio; mas, Io que broté de mi garganta fue-
ron roncos gemidos desarticulad<;>s que no podfan es-
cucharse del exterior. Sin embargo, no tardé en ver
asomarse, por la puerta, la cabeza del brujo iluminada
por una sonrisa irénica que le bailaba en el rostro.
-Aquf estoy para ayudarte -me dijo al ingresar
·en mi aposento; y cogiéndome de los brazos me ayudô
a incorporarme-. Parece que tu gente va en pos de
.acabar con los habitantes del pantano que se han esta-
103
1

1
i
· blecido en la linde del bosque. Escuchame bien: j Van• Pregunté si alguien conocia el lenguajé de aque-
a exterminar a los habitantes del pantano ! J11o$ extraiios visitantes.- Un indfgena se situé a mi lado.
Miré al brujo desconfiado de sus bondadosa in- -Preguntales qué quieren y a qué h~m venido
tervenci6n, pero, tuve que verme obligado a dejarme, -le ordené. ·
conducir. Llegamos a tiempo. Las gentes al verme mi- El hombre articulé una serie de gruiiidos, que fue-
. tigaron ~us fmpetus; las escopetas, preparadas para lan- ·ron contestados en el acto por otros gruiiidos acompa-
zar su mortffera carga, inclinaron sus caiiones amena- ilados de ese lenguaje contenido en el accionar de bra-
zantes, y las puntas filudas de los machetes se posaron :zos y de manos.
en tierra. Estableci6se el silèncio en derredor, turba- -Dicen que quieren ser. amigos; que quieren obse-
do solo por el viento rumoroso que agitaba las anchas ,quiarnos pescado ahumado y huevos de tortuga y de
hojas de los platanares produciendo sonidos c6ncavos. .aves -me informé el indfgena con acento placentero,
La actitud hostil y agresiva no desapareci6, sin embar- ante las perspectivas de un suculento banquete'.
go, de los torvos semblantes. i Me acerqué aun mas a ellos sin vacilar. Vi en sus
-Todavfa temen tu autoridad; pero no sera siem- -0jos el huidizo brillo de la desconfianza y observé sus
pre as[ -murmuré el brujo recalcando sus palabras-. arcos y sus flechas en el suelo al alcance de sus manos.
En cuclillas, a Io largo de la lfnea de arboles con Sus cabezas emerglan de unas abultaaas tunicas grises
que se iniciaba la espesura, como si estuviesen listos que les cubrfa el cuerpo. Y si bien noté cierta inquie-
a ampararse tras los gruesos troncos, divisabanse los -tud en sus semblantes, no se movieron. Se trataba del
sere$ mas singulares del mundo. Subita reacci6n se rnas extraiio grupo de la familia humana singularizada
prod~jo en mi espfritu atormentado y laxo. Despren-
.por la frente achatada y los dientes en serrucho. Del
dime del brazo del brujo y me ergui cuanto pude, pues interior de sus tunicas ~ushmas_i::_ sacaron canastas
acababa de recobrar el uso de la palabra y la facultad llena~ de pescado ahumado y de huevos de tortuga que
,.J
de moverme con soltura. En -aquellos momentos circu-
me ofrecieron como una ofrenda amistosa de su mundo
laba por mis venas la sangre heroica de los misioneros.
primitivo. Llamé a mi rebaiio ya apaciguado, pero na-
- j Lo primero que protege el mari no en alta mar
die acudi6 a mi voz. Formando compacto grupo silen-
es la vida! -rugf -con voz anatematizante-; la vida
cioso, hombres, mujeres, niiios, como si de prônto se
es Io primero que garantiza la ley; la vida es la esen-
nubiesen -petrificado, daban muestras inequfvocas de
cia de la creaci6n y su preservaci6n esta garantizada
sentirse defraudados. Tomé la resoluci6n subita de lie-
por los Mandamientos: "No mata ras". i No mataras r
var conmigo a esos visitantes al poblado. Comprendra
-gr.ité repetidas veces, y al notar que mis frases ha-
que el Seiior los habla puesto en mi cami~o para cum-
cian el efecto esperado, y que otra vez mis lobos se
plir con ellos la abnegada misi6n que me incumbfa.
tomaban corderos, me dirigf a los llamados hijos del
Ordené at intérprete que les transmitiera mi invitacién
pantano expresando las palabras cristi;~mas de bienvenida.
- j Son los adoredores de las boas! ~se atrevi6 -
.a pasar a "El Paralso", dandoles a entender que si les
alguien a exclamar-. gustaba, podfan quedarse con nosotros. El homb~e se
-Si no los exterminamos, ellos acaibaran con no- ,puso ronco articulando gruiiidos tras gruiiido que, esta
sotros -afirm6 otro--. ve:z:, no obtuvieron respuesta.
Todos se mantuvieron, sin èmbargo, espectantes. -Cuando no quieren, no contestan -terminé por
y cohibidos. ·-decir. -
lCM 105
\ !
Me di cuenta cabal de que entre mi rebano y -Es para afeitar a los barbudos --dijo y se volvio
aquellos seres existla por el momento un abismo in- lentamente a continuar su interrumpiâa faena.
franqueable de prejuicios y supersticiones contra los. Me estremed. Ese inofensivo loco podria muy bien
que me sentla impotente. Incliné la cabeza y regresé _ser un criminal en potencia. El brujo miré fijamente-·
yà sin la ayuda del brujo, el cual marchaba a mi lado' la m6vil hoja de acero; luego, posé su vista insisten-
sin apartar de mi rostre su mirada inquisitiva, coma si temente en mi garganta y una sonrisa se dibuj6 en su
tratara. de adivinar los pensamientos que me absorblan. rostro.
-Ya empezé -susurré ansioso coma quien ve la· Ese mismo dia supe que los habitantes de los pan-
1
iniciaci6n de un espectaculo-. Los tuyos estan per- tanales se hablan marchac;lo. r

diendo la fe en mi, y los otros desconffan. Es que los. La tranquilidad volvi6 a reinar en "El Paraiso" y
del pantano no te conocen c:verdad?; pero los otr9s ... todos considera'ron conjurado el gran peligro. Mi grey -
· -Son los temores propios de la ignorancia -re- recobr6 su docilidad caracteristica, dandome la impre-
puse pensativo. si6n de haber recuperado mi ascendiente moral. Pero.
-Si te quedas soiiando un poco mas i Io que ha- esta ya no me produjo ninguna satisfacci6n.
brla ocurrido !
---Desconffo de tu bondadosa ayuda que ha evita-
do un gran crimen. Yo no sé qué pretendes.
-Solo ayudarte.
-V,eo que llegara el momento en que te con-
viertas.
-Tu eresrcreyente y yo escéptico ...
-El buen. pastor no abandona a la oveja desca-
rriada. '
-.-j Quién sa be Io que ocurri ra mas tarde!
Y mientras la gente retrocedla por grupos en di-
recci6n al Caserio, nosotros dos avanzamos por los sen-
deros que dejaban los ~afiaverales ,el brujo erguido como
un triunfante, y yo cabizbajo como un vencido. Desde
el alto ramaje, el pajaro agorero desgranaba su canci6n
fatidica sobre el desierto pàtio. Mas alla, advertf la pre-
sencia del loco, asentado sobre la blanca maclera de la
topa su afilado _machete que, con el tiempo, habla dis-
minuldo de antho convirtiéndose en una delgada y bri-
llante hoja de acero.
-c:Por qué afilas tanto tu machete? -le interro-
gué afectuoso deteniéndome a su lado y diindole de-
palmadas en la espalda encorvada.
Me miré $'.:On ojos muy abiertos por la sorpresa. Se-
calm6 al recor:locerme.
106 lm'
'
fronda, con hue lia~ muy recientes de inn!,Jmerabres pl an~
tas de pies desnudos. El indic que me acompanaba, el
mismo que me sirviera de intérprete con los hijos del
pantano se inmut6 y, senalando el borde de la orilla, in-
dic6 humedas huellas- producidas aparentemente por el
reptar de gigantesca serpiente.
-Boas -dijo, y se qued6 callado.
-<_Y qué hacf an los hombres y las boas aqul? -in-
terrogué ante una vaga idea del tremendo hecho què
allf se habla producido.
XXII -Gentes de alla -y senal6 los pantanos sin ter-
minar la frase.
Al anochecer del siguiente dia, escuch6se el tam- Seguf avanzando. Millares de grandes moscas azu-
tam lejano de tambores que venlan de la desemboca- les se levantaron del s,uelo formando compactes enjam•
dura' del lago. Los sonidos se intensificaron a medida bres. Advertfanse en los p1Jntos en que hablan estadô
que avanzaba la noche, y paulatinamente decrecieron posadas, manchas de sangre humedas aun. Percibf un
al amanecer. El ultimo tambor, que seguia resonando fuerte olor acre. Traté de avanzar mas, pero ur;io de mis
ces6 con las primeras luces del nuevo dia. acompaf\antes me detuvo.
Me levanté muy temprano con el cansancio pro- -Peligroso Padre. No hay pajaros, no hay peces,
pio de una mala noche, debido a la insistencia de los \lit agl!la muy quieta y obscura; peligroso ... -y el indfge-
sonidos a· la par que a mis preocupaciones. Los caza- na miraba insistentè un sector de ag1;1a vèrdosa que se
. dores y pescadores ya se diriglan .l()s unes al monte y abrfa como un pozo entre las plantas acuaticas.
los otros hacia e1 lago. Llamé à dos antes de que se La terrible sospecha de Io ocurrido durante la noche
internaran en la espesura, y con ellos me dirigl a in- fue convirtiéndose en certeza. Tuve la impresi6n de
vestigar Io que habla ocurridi>. encontrarme en una especie de adoratorio donde se ren-
Tras larga caminata bordeando la orilla del lago, dla culto, con vktimas humanas, a un totem ..
y siguiendo las sendas formadas par los cazadores, fui- -2D6nde andan los salvajes que han estado aqul?
mos aproximandonos a los pantanales. En realidad, yo -pr~gunté.
no hada mas que seguir al que tenla delante, envuelto -Estan en guerra. Cuando estan en guerra no se
.como estabamos todavla por las sombras de la noche. oye nada, luchan en silencio.
Los hombres que me precedlan marchaban guiados por En aquel momento escuchamos un grito ahogado,
su instinto, sin tropiezos y sin disminuir su acdlerado luego otro y después el silencio volvi6 a reinar.
paso. Al aproximarnos mas, distinguimos el bullicio -<_Qué fue? -pregunté alarmado.
de una multitud que parecfa exaltada. Fuimos avan- -Uno. que ha muerto en la guerra.
1 zando sin perder la orientaci6n hasta un punto en que -<_Pero d6nde estan? ·
la selva alta terrrîinaba, iniciandose la castra de plantas -En todas partes acechandose unes a otros ..•
acuaticas. ·1 r;,
Nos estan viendo àesde lejos.
Tuvimos que recorrer cierta extension de la orilla En cuanto termina de hablar tres flechas c;ayeron
antes de vernes frente a un amplio semiclrculo bajo la a nuestros pies coma disparadas de los altos ramajes .
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1

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Miré arriba. Solo se distinguia los desnudos ramajes
de la parte inferior de las frondosas copas. El indige- .
na dio una rapida ojeada a Io, alto, y encogiéndose ·de
~mbros·volvio la vista h~cia los pantanales. . ••..•
-Flechas disparadas desde lejos, calculando ven-
gan a caer junto a nosotros. Con eso dicen nos vaya-
mos. . . Padre, es peligroso, regresemos.
No hubo mas que retroceder. En el trayecto traté
de informarme sobre las costumbres. de èsos salvajes.
El indigena sabia muy poco, y me refirio que uno de
Fos hijos del pantano, capturado por su patron, le en-
seii6 algo de su dialecto, relatandole qespués mucho
de sus guerras y casi nada dè la boa. Solo le dije qoe XXIII
su tribu adoraba una boa cuyo enojo tenian que aplacar
llevandole enemigos como victimas. El brillo, el encanto de la Creaci6n, la alegria de
. Era suficiente pa~a darme éuenta exacta de todo. vivir y de obrar se han esfumado de mis dfas. Mi paz
Àcababa de celebrarse una victoria parcial. Ofrendada la espiritual ha desaparecido dejando una sedimeritaci6n
victima, se vieron obligados a ocultarse ante la aproxi- tragica de noches largas en los que se ha prenâido el
màcion del enemigo. Consideré que debia asumir la p~rasito venenoso del insomnie. Mi vida declina, mis·
misi6n de apartar a esos seres primitivos de su mqns- energfas se agotan y a veces suspiro porque venga pron-
truoso totemismo, Io que desgraciadamen'e no pude to el dia en que me suma en el descanso definitivo.
cumplir. a <:ausa de que en Io sucesivo iba a ser jugue- En los servicios dominicales, mis palabras carecel'.l
te de los acontecimientos. del acento persuasivo de la fe. Cie.rta duda corrosiva
acerca de la supervivencia de la obra de Dias y oe la ,
/'
efèctividad de su doctrina de amor a los semejantes
me asalta con frecuencia; pero Io que mas agobia mi
espf ritu es la imagen _del Padre Agustln a quien mi au-
'Sencia y mi ingratitud han llevado al sepulcro. ï.lngrato !
c:Por qué Senor permîtes que seamos verdugos de quiè.,
nes mas nos aman? ,c:Por qué hemos de comprender
tardfamente, cuando ya nos encontramos frente a Io
irreparable, el valor de quienes ampararon ·nuestras
vidas con amor y .abnegaci6n? j Ingrate! Esa palabra
habla penetrado en rrii coraz6n como una candente pu-
iialada. - , '
Modorra profunda parecè haber postrado a esta
naturale:Z:a primitiva, tornandola desolada. Todo e,s gri-
saceo; el matiz indefinible de los colores tristes.
Recuerdo los dlas venturosos en los que, lleno de
fe en el porvenir, excitaba el cela de mi rebano en los
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1 !
·'

trabajos de fundaci6n de "El Paraiso". Entonces, todos .a ese idioma universal contenido en la mimica. Yo
_contentos cantaban, reian y en sus pupilas · luminosas ,mismo tuve que preparar, pacientemente, su alimenta-
irradiaba el optimismo. Al afio sfguiente, se volvieron ci6n cuotidiana. Para ello utilicé la abundantè canti-
pensativos, silenciosos y hasta noté miradas recelosas dad de platanes, yucas y frijoles que producen las cha-
que furtivamente me dirigian. Hoy, la incomprensi6n, .cras drcundantes y también parte de la caza y de la
como un abismo, me separa de todas estas buenas gen- pesca. En las noches, con la ayuda del intérprete, los.
tes. Yo intuyo que, en todos ellos, la oraci6n rutinaria llamaba repetidamente para ver si expresaban en al- .
se ha mecanizado; sé que mientras sùs labios repiten ,guna forma interés en las novenas y en los canticos
las frases aprendidas, sus pensamientos estan viviendo religiosos. Todo result6 inutil, hasta que vino una fuerte
otros tiempos, recorriendo otros lugares. j Tiemblo ante TTuvia que les obligé a penetrar en la capilla, donde se
la idea de haber malogrado sus vidas! Me encuentro .establecieron, sin que en los dias subsiguientes demos-
solo, angustiosamente solo. Oro y medito. traran ningun deseo de moverse de allf.
El coraz6n de la selva virgen transmite cierta sen- Rosales me conté después que, mientras yo me en-
saci6n de hostilidad que intimida. De su espiritu que· "Gontraba inspeccionando los sembrios, varios hijos del
envuelve misteriosamente, deben· haber nacido la su- pantano tuvieron un incidente con el brujo a causa de
perstici6n y la idolatrfa. No puedo pensar. Er dolor que pretendieron hospedarse también en I~ covacha. El
aturde, insensibil iza. brujo los arroj6 de alli dando lugar a la interven.ci6n vio-
La semana pasada me trajeron la noticia de que lenta del que pareda curaca. Cuando se levant6 del
los hijos del pantano habian aparecido nuevamente en suelo donde el salvaje Io habla tendido a golpes, profi-
el lindero de las chacras, mas alla de los contornos del ri6 una terrible amenaza que hizo temblar.
casei-io. Mi rebafio se mantuvo ecuanime. Me siguie- Mi rebafio de colonos empez6 a murmurar, y aigu-
ron mansamente cuando fui por -ellos, y se situaron en nos expresaron, en alfa voz, su opinion de que se debia
cucliltas formando semidrculo alrededor de la capilla, arrojarlos del templo, pero yo me hada el sordo de tal
donde permanecieron silenciosos, inm6viles, con las mi- ·modo que alli permanecieron hasta que ayer en la mafia~
radas vadas cuando les hablaba, y agiles y penetrantes na, al levantarme, noté su desaparici6n. Se esfumaron
al seguir los pasos y las acciones de las gentes. junto con las sombras de la noche sin que nadie se diera
-Parecen gallinazos olfateando a la muerte- dijo cuenté! de su partida.
el brujo bostezando. , El brujo .se me acerc6 en la tarde de hoy, a la hora
-jSon nuestros semejantes! --les repliqué con en que la naturaleza parece acentuar su melancolia ha-
dureza. ciendo revivir nostalgias y recuerdos dolorosos. Me sor-
-Tal vez elles no piensen Io mismo ... escucha ·prendi6 con- el rostre bafiado en lagrimas.
j parece Cjue el huancahui presintiera algo ! . -Ya sé Io que tienes -me dijo-. La desgracia ·
Si bien la gente se abstuvo de expresar su ho~tili­ te ha ven ido esta vez de adentro, y no de afuera como
dad a nuestros visitantes, sus puertas en cambio les ·en el rio.
tueron completamente cerradas. Se vela, ostensibJe- -Si, sufro mucho -le contesté con voz sofoca-
mente, que procùraban evitar todo contacto con elles, da-. Tu brebaje envenen6. mi alma.
de tal modo que me vi en la necesidad de atenderlos · -Fue muy fuerte la dosis y estaba embrujada por
yo solo, tarea bastante diffcil tratandose de seres que los espiritus malignes. Después de todo yo no Io pude
raras veces manifiestan comprensi6n a las palabras, y· tevitar. Terni que te matara.
i
rn 113
-Tu planta infernal ...
-Lo que me cur6 puede también curarte -me,
dijo interrumpiéndome.
' Luego se dirigi6 a la puerta. Yo segui tras él,
justo a tiempo para presenciar un hecho que me caus6
hondas preocupaciones. Un grupo de los hijos del pan~
tano estaba en la puerta de la capilla con el c.adaver
del curaca que habia maltratado al brujo, sobre una ·
rustica parihuela apoyada en .el suelo. Evidentemente
esperaban al brujo, pues, en cuanto le vieron salir, Io
rodearon lanzandole frases acusadoras y amenazantes
en su lenguaje incomprensible. XXIV
Anoche no pude dormir. Me desvel6 el cantico pla- El brujo 'continuo su vida sin variantes. Aparen-
iiidero de los salvajes congregados alrededor del muer-
taba estar dormido durante las oraciones vesperales y,
to en alguna parte de la selva. "
en cuanto se declaraba el plenilunio, esperaba que el
Hoy escribo sin descanso c:sera ·para algo util?
poblado estuviese dormido para dirigirse al lago. j Mi
indecisi6n para tomar una actitud que acabara con 'ese·
amor monstruoso me parecia criminal !
Llegué al convencimiento tardio de que toda mi
desventura provenia de aquel hombre infernal. Sali de-
t la civilizaci6n precisamente huyendo de ella, y ese bre-
baje me retorn6 poniéndome en contacta con un mundo·
de pasiones desbordadas. Bien pude haber seguido rea-
lizando mis ideales en la seguridad de que servia a
Nuestra Senor. Todo Io habia echado a perder el brujo.
El era el causante de la ruina eventual de mi obra y,
con ello, de mi vida entera. Cuan diferente hubiera
sido mi suerte ignorando todo Io acontecido en el mun-
do desde que me refugié en la selva, especialmente 18'
muerte del Padre Agustin. ·Las cosas no podian conti-
nuar asi sin paner también en peligro la vida y la tran-
quilad de aquellas buenas gentes que me habian segui~
do, y a quienes estaba yo en la obligaci6n c;fe proteger.
Me decidi a actuar de una vez por todas con la energia-
del verdadero ap6stol.
Pas6 la luna nueva con sus noches que los gritos
del loco hacian mas negras y tempestuosas; pas6 el
cuarto menguante y empez6 a formarse el disco lunar.
Ueg6 la luna llena bajo cuya luz' volvi6 el brujo a pry-
1 1 i
1 1 'ui;.
parar su brebaje diab61ico con sus cânticos sugestivos clicha para el perverso? iEs qué esta vida era, positiva-
y adormecedores. Confié a Rosales mi intenci6n de mente, el valle de liigrimas que el Serior habla creado-
.acabar con él y con sus brujerfas. para probar la fe de sus elegidos a fin de premiarlbs
-Si Io arrojamos del poblado se vengarâ de no- mas tarde en su Reina Celestial?
sotros -me previno Rosales-. j Debemos quemarle. En ese instante, el brujo abri6 los ojos fijos en·
vivo y esparcir las cenizas en el viento ! mf, dandome la impresi6n de que estaba mirandome
Yo tenfa un plan al respecta. Estaba decidido a desde hacia rato. Su risa se torn6 burlona al hablar: ·
<emplear recursos extremos, si acaso fallaba el excre- -Te vi entrar. Vi tu latigo y supe a qué venfas.
mento ?eslefdo. Sin em.bargo, como ~e daba cuenta Debo advertirte que estoy seguro que el huancahui no•
<fe Io peligroso que era pronunciar palabras que dela- canta para mi.
taran nuestras . intenciones, hice serias a Rosales para - j No estabas dormido ... ! ·
<jue guarqara silencio.
-Estaba lejos cuando te vi. . . Ese Rosa les tiene-
-Pero si no· Pl{ede ofrryos desde su covacha donde unas ideas. . . Pero vamos a Io que importa: sonaba y
esta dormido. tlace un instante que roncaba ... --dijo mi sueno era de Io mas venturoso. Tal vez no hay de-
;Rosales sin comprender mis preçauciones. leite mayor que vivir suenos deliciosos que participa"'
-Precisamente, cuando estâ dormido es peligro- de Io real. r
so. Sus ojos y sus ofdos estân en todas partes -le pr~­ -Mi mayor doler -repuse- que vivir sujeto al
vine muy serio.
tormento de una pesadilla de realidades.
- j Es el demonio ! l El propio demonio ! --chill6 El brujo se incorpor6; yo mecânicamente, me sen-
,estremeciéndose de espànto el pobre hombre. té junto a él. Hablaba con cierto dejo de cansancio
-Confia en mf -le dije, golpeândole protector· voluptuoso.
1os hombres.
-Desde que te despertaste del sueno producido·
Rosales se calm6 y su miradà resuelta revelaba al por la toma, estas muy triste -dijo-. Ya no eres el
'hombre que estaba dispuesto a la lucha. Lo aposté en pastor activa de 'Otros tiempos. Ya sé que sin mf pu-
1a Capilla para que, en caso necesario, estuviera alerta diste haber sido f,eliz viviendo la vida que sonaste. al
a mi llamada; y, con ademiin resuelto, provisto de un realizar tu obra ... o tener la ilusi6n de que la reali-
-grueso liitigo en una mano y la cruz en la otra, pene- zabas. Yo no tuve la culpa de que te bebieras Io que·
tré en la cova.cha. El brujo, efectivamente, dormfa su estaba destinado para mf. . . A veces pienso que podfa
acostumbrado sueno. El sol de una fresca maiiana le ocurrfrseles arrojarme de acâ o quemarme vivo. Bas-
daba el).. el rostro, contrafdo por extranas sensaciones. tarfa una orden tuya para que ·tus ovejas, convertidas
De sus labios brotaban risitas que parecfan,expresiones · en fieras, acaben conmigo. Hace tiempo, comprend!
·de un intenso placer. Me detuve a observarle atenta- que no puedo vivir enr~ tus gentes; soy distinto a todos
mente. Cuadro de placidez mayor no podfa imaginarse y debf haberme ya marchado, pero ya sabes por qué
en una cara rojiza. Y, en lugar de flagelar ese cuerpo no puedo sepa~arme de aquf. Ad~mas, tu .. me atraes.
pecador, me detuve a cavilar. No podfa concebir c6mo Eres tan distinto a mf que no puedo entenderte. A los
·un bebedizo. que me habla producido angustias indes- otros, sf. Elles saben como yo, odiar, vengarse, hacer·
criptibles, tenfa en el brujo efectos èontrarios; y mien-· dano; eso Io entiendo y Io siento, pero tu ... a veces
tras éste gozaba yo sufrfa. iAcaso estaba establecida pienso que serfas capaz de morir para que los otros vi-
unâ ley inescrutable de sufrimientos para el bueno y van. No te entiendo ...
:J.16
! l UT
-Y, sin embargo, no soy Io que crees; soy un
ingrate peor que cualquier otro, -repuse con cierto
âeseo de poner fin a ese dia logo.
Nos quedamos silencioso largo rata. lnsensible-
mente mi pensamiento vol6, qesde el coraz6n de la selva
a morir en .tus brazos, pero tengo que abandonarte.
i Hay algo mucho mas fuerte que· el amor !
Las exclamaciones del brujo me volvieron a la
reàlidad y me di cuenta del monshuoso e inconexo dia-
logo que sosteniamos mezclando a Dios y al diablo.
l
,•

virgen, al. vetusto convento enclavado en la. parte mas -c:Pero qué es Io que estamos hablando? -inte-
vetusta de mi bella ciudad natal. Me abstraje comple- rrogué alarmado.
tamente. -Eso mismo es Io que pregunto -contest6 el
No te entiendo --oi que decia ·el brujo, como' un brujo pasandose la mano por la frente.
susurre lejano--; pero, estoy contente aqui en tu com- -Desvarlamos; nuestros pensamientos se recha-
pafüa. Estoy cerca 1del punto donde me uno a ella, a zan ...
Ootilde. -No pueden mezclarse; son como nuestras ai-
-Padre Agustin -exclamé transido de dolor- :{f, mas .. ·.
11'.<'.
Miré fijamente al brujo que habla sellado su ul-
i Soy ·el mas ingrate de los hombres! "' tima frase con un suspiro muy hondo.
-Clotilde, eres mujer cuando estas conmigo; pero,
-cuando me dejas vas convertida en bufea. -c'.Tienes pena de que no nos compreridamos? . (

-Suspiro por algo, algo que -Oeseo ardientemen-


-Jamas pensé en Io mucho que me amabas Padre
.Agustin, con ese amcir divine que s61o puede inspirarlo te, algo que tu estarias lejos de justificar; que car~­
Di os. cerfa de sentido para ti.
-c'.Es que aun amas? Mira que el amor redime ...
-Espero con ansiedad la llegada .de la luna llena ·
para estar contigo, y cuando llega, quiero que desapa- si es humano, -le dije creyendo comprenderle.
· . El brujo se puso pensativo.
rezca pronto porque me siento morir.' Tu àmor absorbe
-Creo que estamos chiflados los dos -termin6
la vida, Clotilde. Parece que fueras vampiro que en vez
por decir.
<le sangre chupara el tuétano. Quedé largo rato en silencio sin atinar a pronun-
-Tu que estas en los cielos junte a Dios, ten pie- ciar palabra; poco a poco, mis oios se apartaron de su
·dad de mi; jamas hubiera podido imaginarme que te rostre para fijarse en el rubio rayo de luz que se filtra-
mataria mi ausencia. Nunca debi haberte · dejado ba por el techo de la covacha, y siguiendo su ruta do-
i~erd6n!
rada volvi a remontarme al cielo.
-Antes querfa siempre hacer dano; mi placer - i Padre Agùstf n ! -clamé fervoroso.
-era hacer dano porque odiando y haciendo dano tenia La voz profunda del brujo volvi6 a escuchar-se:
conciencia de mi poder; como han muerto todos aque- -Otra vez en el cielo. c'.Pero quién es el Padre
llos a quienes odié, s61o quisiera vivir para Clotilde, Agustin?
pero tengo que cumplir un destino superior ... __,_Fue la santidad. . . am6 a un ingrato. . . -y.
-Dame valor Dios mfo; siento.que flaquea mi fe. sin poder · reprimir las lagrimas, continué mis invoca-
-Te sigo amando Clotilde. Te has hecho mas ciones al cielo.
1
bella, mucho mas bella en el reino sumergido. Tienes -Mucho sufres. Yo también casi enloquecido
la fasc;inaci6n de Io prohibido de Io que se ansia con lloré el perder a Clotilde - y la voz del brujo se di-
locura, aun a sabiendas que mata. Estaba determinado luy6 en otro suspiro~
118. 119'
-Me atormenta el ·peor de los dolores -repuse.
-Curé mi dolor con el placer, con el placer que
produée el suefio y todo Io que puede hacerse en el mis- f

terio del suefio que no es suefio.


-Rec6geme Padre mlo ...
-. Escucha ... Yo tengo el remedio para tu mal;
es Io unico que puede curarte. No es la muerte -dijo
el brujo impaciente. ·
-jHabla!
, ·-Es mi brebaje. ,
-No quiero tus brujerlas; prefiero vivir sufrien-
XXV
do y morir en la gracia de Dios.
-Yo puedo darte el secreto de ser feliz ... Te Me paso Io que, por primera vez,, le ocurri6 ar
daré la dosis perfecta, y te salvaras.
brujo. Encontréme flotando en el espacio, intentando
En aquel momento, alarmado por mi tardanza, en- vanamente moverme con rapidez. El firmamento vio-
tr6, Rosales en la covacha, y al vernos muy juntos, yo
laceo irradiaba fulgores de dia .. Debajo estaba el case-
pendiente de los labios del brujo, su rostro se contrajo
rio que pareèfa dormitar su suefio gris. Me ocupaba en
en amarga mueça de decepci6n.
ensayar 'los movimientos agiles de los cuerpos mas su-'
A lqs pocos dias estaba yo en manos del brujo de- tiles que el aire y la luz. Fui desplazandome por enci-
cidido a tomar el brebaje y sumergirme en el trance
ma ,de la superficie compacta que formaban las copas
hipn6tico, huyendo del tormento de mi· vida.
de los arboles, penetré en el interior de la jungla y re~
corri la orilla. Me sumi otra vez en el reino qe las
voces misteriosas, de las manchas detenidas de luz en
la penumbra, y de las borrosas sombras errantes que cru-
ian la superficie luminosa del lago.
Observé que la sombra no es propiamente un va-
do semejante a la nada. Hay sombras independientes-
de la materia, y las hay que son proyecciones de ella.
Descubri, en ese momento, que la sombra es Io que
convierte en fantasma a los seres vivientes, y -que es
bajo su influjo siniestro que se ablanda la virtud y se
consuma el pecado. j Cuantas veces los ojos de mi cuer-
po columbraron la deformaçi6n espantosa <jle los sere's
que, en el dia, estan bien conformados ! En anteriores
oportunidades, supuse que eran alucinaciones noctur-
nas el reptar de los cuadripados y el vuelo de los peces
hasta perderse en el espacio como estrellas errantes.
En la sombra difusa de la noche, bajo la fronda, de la·
danza indescriptible de fantasmas en esas horas cuan-
12L
1

! !
do el alma, que es sombra contenida en el cuerpo, se ir a desencadenar males en el mundo, y que yo pere-
debate aprisionada por las sombras malignas que pue- <:eré loca de dolor. Por eso, y porque Fl'1e aman, no me
blan la umbria misteriosa. Ahora, comprendia que la permiten salir a compartir tu vida como son mis deseos
sombra es mas importante que el cuerpo porque puede aun a s~biendas de que moriré asesinada por la ponzo-
estar constituida por el alma que campea en Io infi- .fia que a veces fluye de tus ojos.
nito, b también por la determinacién propicia o adver- Las palabras del brujo brotaron esta vez termi-
sa · que hace felices o desdichados a los hombres, o, nantes, pero con cierto sabor de angUstia: ·
simplemente, por Io que proyecta la materia azotada -Sabete que és'ta es la ultima vez que vengo es-
por la luz donde se agazapa Io siniestro cuando falta cuchando tus llamadas. Me voy. jTengo en el mundo
la voluntad tutelar. En aquellas horas fatldicas escu- mucho que hacer !
chaba las horrisonas modulaciones de la ·bubinzana. Y volviéndol.e las espaldas desapareci6 entre los
Supongo que pasaron varias horas c:a qué espfritu arbustos,. en tanto que ella se sumergia en las aguas
le importa el transcurso del tiempo? De pronto, del lago lanzando el gemido mas doloroso que escuché en mi
parti6 una sonoridad estrepitosa, rompiése la superficie vida. Aquello era demasiado,. pero habla algo mas.
en voragines t1,.1multuosas y los hijos del lago empeza- Me alejé de ·alli decidido a terminar, definitivçi-
ron a saltar en contorsiones voluptuosas. Adopté, im- mente, con -aquel ser endemoniado que habla hecho
. pulsivamente, una. resolucién insensata, y me acerqué ' aplastante el peso de mi cruz. Era llegado el momento
a la orilla tragica donde estaban el hombre y la sirenia de arrojarlo del poblado. jTenia que ordenar su exter-
embrujada. Llegué justo a tiempo. No era un pez minio como si se tratara de una vibora o de un animal
como crei haber visto. BJanca como la espuma satura- transmisor' de la peste! lnsensiblemente, penetré en el
da de fulgor lunar, emergia de las aguas, el busto cubier- grupo de .casas que· parecfan dormitar bajo la noche, y
to por larga cabe/lera. En ese instante extendi6 los descubri con horror que mi rebafio conspiraba, se di-
brazos hacia el brujo en actitud de suplica, en tanto vertia, pecaba. Entré en una de ellas, la mas alejada
que éste parado en la orilla, la escuchaba. oel grupo, de cuyo interior partian voces veladas, y me
-Te repito una vez mas -le deda Clotilde-. encontré en una rèuni6n de personas que libaban· chi-
Ven al bello mundo de las profundidades donde reina cha fermentada, alumbrados por la mortecina claridad
fa paz, que vigoriza ·los nervios y alarga la juventud. de un candil, alrededor de Rosales que les hablaba:
- j No! -vocifer6 el hombre de la orilla. -c'.A qué hemos venido? c:Qué libertad es la que
-Te repeti muchas veces que en cuanto mani- hemos alcanzado? Prisioneros del Padre no .podemos ni
fiestes tu deseo de formar parte de la manada, elles siquiera beber 9lgo que nos alegre en presencia de todo
vendran a llevarte en procesién. triunfal. Asi me Io han el mundo celebrando, tantas veces como nos plazca,
· asegurado. Y, ~n cuanto expresemos después la volun- cualquier acontecimiento grato de nuestra vida. Alla
tad de volver a ser terrestres, levantaran el encanto que en el rfo bailabamos, jugabamos, nos enborrachaba-
lîlos hiciera lacustres y volveremos a la zona del sufri- mos y ElSO no~ hacfa olvidar muchas cosas y, sobre todo,
miento donde mora et hombre. ·nos hacfa sentir que viviamos. Aqui también podemos
-jNo! hacer todo eso ...
-Veo que todo es cual me Io dicen en la manada. - j Lo que extranas son las trampas que hacf as
Ellos se niegan a devolverme a la tierra porque saben con la baraja ! .-grit6 alguien desde un rincén subita- \
que me abandonaras en la selva huyendo de mi para mente indignado.
122 123
-~

- j Chist ! -impuso Rosales-· . Habla mas bajo ticias de otros mundos. Nos en~erabamos de Io que pa-
>
que pueden ofrnos. . . . Como ya les di je mas de una saba mas alla de nuestros ofdos y de_ nuestros ojos, y
·vez, somas 1nuchos\
frente al brujo y al Padre a quienes. eso era Io que nos hacia sonar, temer, y suspirar llenos
atacarfamos de sorpresa sin que puedan defenderse. i Lo de esperanzas. Cuando alguno morfa i qué noches mas
felices que podrfamos estar aquf sin el Padre ... ! alegres con café a cada rato, festejando los chistes y
-Nada de ataques contra el Padre -tercio Ta- los aciertos en las adivinanzas. Y bebfamos sendas co-
nanta-~ j El rio! j el rio! jdebemos volver al rio! pas mientras los mas jugaban al briscan y al siete y
Varias ·voces expresaron su conformidad con ese medio, y las lloronas cantaban llorando ! j Cuando al-
'temperamento. Tananta estimulado con la aprobacion guien nacia j qué jaranas con chicha y aguardiente!
mayoritaria, prosiguio: ' -Yo era incansable bailarfn -dijo Garcia con voz
-Tiene razon en parte Rosales. c:Qué hacemos enchichada-. El recuerdo de la marinera, el ahimayshi
aca? c:Qué hacemos? (Hay alguien que pueda contestar- · y _el tanguino me alocan. jTrae otro pate de chicha her-
. me? Yo solo sé que estarrios tristes iY el Padre ni se da mano que me dan ganas de llorar !
cuenta de nuestra desdicha ! j Nos tiene abandonados ! -Un poco mas bajo. i caramba !
Varias mujeres empezaron a sollozar. Tananta callo -Sabfamos la aproximaci6n de las fiestas y nos
un instante para enjugar unas lagrimas y prosiguio: preparabamos -prosiguio Tananta-. Visitabamos a los
-No sabemos ,Io que hacemos aca. El calendario amigos y ellos también nos visitaban; y hadamos pla-
ha desaparecido de nuestras vidas. Solo nos dan idea nes. Los cabezones se endeudaban para todé! la vida
del ~ranscurso del tiempo las palabras del Padre cuan- a fin de alegrar al pueblo con musica, guirnaldas, comi-
do nos dice: "Mariana es Navidad": Y ese dia creemos das y bebidas para todos en celebraci6n de la fiesta de
estar contentas. Ofmos misa y cantamos. Comemos pa- la Santa Patrona. . . Estando ya bien enhuarapados de-
ves y gallinas komo si las aves del monte de las que rribabamos humishas bailando el citaracuy con las mu-
disfrutamos todos los dfas no fueran superiores) ; to- chachas bajo el aguacero. Y hadamos el amor ...
manïos jugo de cana dulce y nos echamos a dormir por- Garda no pudo contenerse, y canto a media voz:
que no se debe trabajar en ese dfa. "Hoy es Ano Nue- El amor de las sapinas
vo", amanece diciendo el Padre, y ni siquiera hacemos: es como de las gallinas.
descargas de escqpetas saludando al nuevo ano por te- - j Guarda ! -previno el ponguete Galvan-. Mi
IT'!Or a que se nos acabe la polvora. Sabemos que entra- mujer es sapina y es cabal. j Matarfa como el camunguy
mos a otro ano, pero c:qué ano? "Corpus Christi", y· hembra al que pretendiera posarse en el ramaje donde
.hacemos como que estamos tristes. Nos conmueve et canta su macho!
sermon y algunas mujeres hasta !loran. A los dos dias, - j Chist ! --dijo Rosa les imponiendo silencio, ya
ya no nos queda nada en el alma. Y el tiempo sigue· impaciente con el giro que estaba tomando la discu-
· detenido para nosotros. Ni siquiera nos damos cuenta- sion-. (.Y no se acuerdan de las cuentas? (de los pa-
que envejecemos, a pesar de que nuestras arrugas se1 trones y de las autoridades? (Y no se acuerdan de la
ahondan y nuestras barbas y cabellos se emblanquecen. esclavitud que les espera alla?
Cualquier dfa morimos. j Y hemos vivido sin senti rio r -jAI rio! jal rfo!
(Hay alguien que pueda decir Io contrario? Yo sé que' . - j Callense ! Si el brujo esta dormido con su bre-
todos éstamos tristes. En el rio era distinto. La co- baje, puede estar aquf escuchandonos. . . j Es de Io mas
rriente que va y viene nos traia nuevas gentes con no- temible!
. 124
125·
1
,'
,,'i
·,
-Que 'Dios nos <!_mpare ... 1:1
-jQué va! Yo estuve espiando al brujo por en- ~
·cargo de Rosa les. Vi por las rendijas que daba de beber ·~
~
su brebaje al Padre. Después se fue al lago donde es- 1
• tara baiiandos a estas horas.
-Le esta endemoniando al Padre, que era un
~
·11
verdadero santo.
-No tardaremos en tener otro brujo. . . vestido 1
de sacerdote.
-iJesus Maria y José!
-Nosotros estamos abandonados. El Padre nos 1
XXVI
abandon6. J
-Tienes miedo ... 1
-Parece que el sueiio no te causé alivio, sacerdote.
-Todos Io tenemos. i El brujo hace temblaç-! ·Tienes el pecho agitado, la frente sudorosa, y en tus pu-
.1
.1

-Yo no le temo -repuso Garcia con los dientes pilas cansadas se refleja el sufrimiento -dfjome el bru-
1

apretados--:. Yo le puedo meter un balazo cuando se


jo en cuanto abri los ojos.
dirija al lago bajo la luna.
-Asf es ... -contesté incorporandome-. i Agua !
-jTratas de ocultar tu miedo!
Me dio de beber, comf algo, estaba muy débil; pero
-c:Qué hace en el lago? Yo Io seguî cierta vez
pude ponerme en pie. y salir al patio. La naturaleza te-
un trecho, pero tuve que retroceder espantado por ef
nfa un aspecta muy extraiio, y no pude menos de ha-
tremendo bullicio que se produjo alla. Los demonios
cérselo notar al brujo.
que obedecen al bl'tljo est.in en el lago ...
-Me da la impresi6n de haber salido de otro
-"-iJesus Maria y José!
mundo. Aqui me siento prisionero de una fuerza que
Todos callaron en silencio tragico, los ojos bien
abiertos mirandose unos a otros. me oprime hacia abajo. Hace un instante, tenîa la li-
bertad de abarcar el espacio.
- j C6mo cargaron con ambos los bufeos ! . . . Ma-
-En efecto, es muy distinto mirar a los seres y
nana nos reuniremos nuevamente para acordar Io que
debemos hacer -termin6 Rosales. a las cosas desde el punto de vista de Io eterno como
es Io espiritual -afirm6 el brujo con la satisfacci6n
de quien ha loirado un éxito. Aquî, entre los morta-
"' les, todo es limitado. Las gentes est.in encadenadas a
i'~
la tierra. Luchan por un pedazo de tierra y miden me-
ticulosos el tiempo como si estuvieran afanosos de co-
nocer su propio fin.
-c:En qué dia estamos? Parece que me sumi ayer'
; en una pesadilla -dije pasandome la mano por la. fren-
te en un intenta de aclarar mis ideas.
-Seis noches hace que te quedaste dormido.
· - j lmposible!
-No podrfa explicarte. S61o sé que las leyes de.
1
/ 127
1 i
; i 1

1
la materÎa son distintas de las del espiritu, a cuyo uni- - i Si estuviese aqui mi rebafio Io lar,zarfa contra
verso apenas nos hemos asomado. tl, brujo maldito ! i Haria que te quemen vivo, y espar-
-iQué es de la gente? No escucho sus voces ni zan después tus cenizas en el viento que sopla hacia
veo a nadie -dije tratando de variar el tema. los pantanales !
-Solo ha quedado una voz ino la escuchas? Es La sorpresa se reflej6 en el rostro del brujo y un
la del pajaro agorero ... gesto de desencanto pareci6 abatirle. ·
-Lo que te pregunto es èl6nde esta la gente. -iYo crei que era~ distinto a los demas! jAhora
-Hace cuatro dias vino Rosales en tu busca, y veo que pierdes la serenidad y que eres capaz de odiar,
te encontr6 dormido junto al recipiente del jugo que arrebatarte y maldecir. i Oh, sacerdote, me has decep-
bebiste. Se alarm6 el poblado con la noticia y hubo cionado!
una especie de mitin. No me atacaron porque me te- Fue coma un baldazo de agua helada. Cubrién-.
mian, pero decidieron abandonarnos a causa de que te dome el rostro con las manas me alejé en direcci6n
habias endemoniado coma yo, segun decian. . . i Gente de la espesura sintiendo el cauterio de la punzante mi-
.superticiosa l Después me maldijeron y se marcharon rada del brujo en las espaldas, y caminé sin rumbo fijo
nevandose todas las casas. Se fueron dejando al loco a Io largo de los dédalos que entrecruzan la selva. Me
y la mas pequefia de .las canoas. sentia indigno asi como estaba, humillado, vencido. Se-
La noticia no rhe produjo el efecto que se antici- gui caminando sin noci6n del transcurso del ~iempo
paba el brujo. Antes bien, casi llegué a justificar, en ni de la distancia recorrida. De pr,onto sali a una in-
ese momento, la decisi6n adoptada por mi grey. Des- mensa pradera cubierta de plantas acuaticas resecas
pués de todo, tarde o temprano tenian que haberse por la sequfa. Me contraba lfrente a los pantanales. Sin
marchado. · conciencia cabal de Io que hacia, segui avanzando por
-iNo te indignas? Mira que se han llevado to- la cruj iente superficie yerma que se 'hundia acolcho-
aas las cosas. Nos han abandonado -recalc6 insidioso nada bajo la plant~ de loS' pies. De trecho en trecho,
el brujo. se adivinaban bolsonadas cubiertas bajo esa capa pa-
-Que Dios les acompafie en su viaje y que lle- jiza en cuyo interior fangoso pululaban compactas ma.-
guen al rio con bien. . . Ahora apartate que tengo que· sas de peces. En la inconsciencia, Io mismo que en la
recorrer el· caserio y orar por quiènes se fueron. locura, hay una fuerza providencial que ampara àl hom-
Se alej6 al instante. Y alli, entre esas construccio- bre en el peligro. Avanzaba asf por la superficie blan-
nes silenciosas, deshabitadas, me puse de rodillas y da sorteando, milagrosamente, esas trampas traidoras
lloré amargamente por el suefio desvanecido de mi via je. sin precipitarme ·en ellas.
Al regresar a la capilla, encontré en la puerta al brujo El sol quemaba en esas p;imeras horas del atar-
esperaridome. decer. . . Las gramf neas reseca~ revantaban producien-
-iNo te causa indignaci6n el que te hayan aban- do crepitaciones sordas, agitabanse los peces en lasool-;-
donado? Voy a tomar el brebaje y antes de que salgan sonadas y los chicosales se movf an impulsados por los
al rio los habré destruido a todos -dijo, encaminan- seres sofocados que las habitaban.
dose en direcci6n a su covacha. No era posible continuar bajo esa atm6sfera de
En aquel momento reaccioné contra ese horilbre fuego. Me di cuenta del peligroso avance efectuado
causante de todas mis desgracias. Me volvf ciego y le sobre la superficie insegura de los pantanales, y pensé
maldije: que debf a regresar salvando el kil6metro recorrido, an-
128 129•
tes âe que cerrara la noche. Sin embargo, coma habia Recibi el impacta en las espaldas y fui cubierto por el
tiempo me guareci en la sombra de un arbol que erguia turbio aluvion.
su copa solitaria sobre el. pajonal, con las rfces prertL Resistido el primer embate, el resta resulto re-
didas, seguramente, en una afloracion misteriosa de los lativamente facil. Situado en el • centra del grueso
terrenos firmes del subsuelo. talla donde chocaban las aguas no solo me. mantuve
Lo que siguio, después, parece un extracto de fo- asido, sino que también subi a impulsas del remolino
lletin truculento, destinado a exalta·r la fantasia infan- ascendante,· y sali a la superficie media asfixiado sin
'/
til. La naturaleza muerta, dio muestras de subita resu- desprenderme del arbol Salvador.
rrecci6n. Cantidades de garzas y de aves· zancudas, Yo iba subiendo a medida que las aguas crecian.
ahitas ·de pescados, momentos antes mimetizadas con Poco a poco fui aproximandome a la rama mas baja. ·
el media, emprendieron vertiginoso vuelo llenando el Una salamandra salt6 sobre mis hombros y trepandose
espacio de alas y de gritos. Brotaban del suelo lagartos al arbol se perdio en ~I fàllaje. Lo mismo hizo, aunque
negros y, de entre los tallas de yertas musaceas y ca- ' con mas lentitud, un camaleon asustado cuya piel ver-
fias amarillentas afluyeron camaleones, alimafias e in- dosa asumia sucesivamente todos los matices de su color.
sectos. Uno que otro mamifero, como el ronsoco, hu- Sobre el agua turbulenta y arremolinada, ·crei ver cuer-
yeron en precipitada fuga hada los terrenos altos. Evi- pos en jadeante nado y, pasajeros ateridos sobre ramas
dentemente, la fauna de los baffas estaba atemorizada desgajadas y troncos sacados de raiz, bajaban los ani-
por un peligro descono~ido que se acercaba. males peligrosos de la fauna selvàtica. Un inquieto ra-
Miré inquieto por todas partes y avisté en el po- ton bajaba sobre el lomo de una. tortuga terrestre. Tras
niente, sobre las verdes lomadas, el gris obscuro, muy - va rios intentas· pude al fin encaramarme a la rama, y
obscuro -de fuerte lluvia que descargaba su inmenso de alli subi a la superior que me pareeio mas acogedo-
caudal en las cabeceras de los riachuelos, afluentes de ra, en el preciso momento en que. una serpiente 'vene-
los pantanales, y no tardé en percibir el rumor estruen- nosa reptal:fa veloz por el tronco sin que mi presencia
doso de una gran avalancha de. agua que venia destro- la inquietara.
zando la selva. Hizo su aparici6n en la planicie reseca · Convenientemente instalado, con las ropas ya ex-
èomo una inmensa ola cargada de espuma. Era de- primidas, me cogio la noche jqué noche mas espanto-
masiado tarde para imitar el ejemplo de los animales sa ! Provisto de una fuerte rama que logré desgajar,
cuya maravillosa sensibilidad presiente las ira.s de la na- emprendi batalla contra los seres que en la obscuridad
turaleza . mucha antes de que los sentidos capten sus venian a disputarme la posesion de mi alojamiento.
manifestaciones. El resultado del calcula de probabi- A la luz del amanecer descubri un cuadro inquietan-
lidades de salvaci6n era desalentador. Habla que man- te. La fronda estaba habitada por el mas heterogéneo gru-
tenerse asido al arbol a toda costa o perecer arrastrado po ·de animales en silenciosa quietud, abrumados por los
por la inundacion que bien pronto iba a convertir esa efectos de la invasion liquida que cubria la tierra
llanura baja en mar. El diametro del arbol no permitfa por levante hasta donde alcaniaba la vista. Junto a la
abarcarlo con los brazos e intentar subirse a él. En el apacible paloma se hallaba posada el gavilan, y entre
estado de depresion espiritual en que me hallaba no el reptil venenoso y la garza tumefacta, colgaba el nido
me explico por qué me ·decidi •a luchar por salvar la de avecillas implumes, resguardadas bajo las alas de la
vida. Me situé entre el tronco y la avalancha que ve- madre. La ardilla se atusaba los bigotes cubierta por
nfa acentuando por instantes su ruido ensordecedor. la cola, y en la bifurcacion de fuertes ramas, un enor-
130 131
1 1
!I:
...
me tigre dormitaba. Abajo, una boa pugnaba por subir divii;ia, pero. en ese momento no pensé en ello; mas,
abarcando el voluminoso tallo con sus pesados anillos. el milagro vino en mi auxilio por donde menas to es-
Aqut;!I dia, los seres mas antagénicos de la selva peraba. Empero, asi Io crela en ese momento. Poco
convivieron sin disturbiosI en la copa convertida en Arca
.
después, me entré la horrible sospecha de là verdad, y
de Noé. Al atardecer, la crèciente se detuvo y las aguas, entonces si que temblé.
limpias de los destrozos ocasionados en la selva, se des- El tigre empezé a retroceder rugiendo desespera-,
lizaban ya talmadas; Antes del anochecer pude obser- damente. Sus pupilas despedlan la luz azulina que re-
var su descenso en pos de su nive( invernal. vela en los felinos el terrer. Cimbrabase la. rama a me-
La solidaridad de mis companeros irracionales fren- dida que el musculoso cuerpo retrocedla hac'ia el ex-.
. te al peligro se rompié al otro dia. Una culebra se lan- tremo. Acorvalado por algo invisible que· le atacaba, se
z6 contra una vibora venenosa trabandose en una lucha· irguié dando dentelladas y zarpasos en el aire, peg6
implacable, que terminé desapareciendo ese embrollo un salto. hasta la rama opuesta, donde se dispuso a li-
de colores y anillos tensos en movimiento, y quedar, brar batalla, la que no llegé a realizarse, pues, ese algo
en cambio, un solo cuerpo cilf ndr.ico considerablemen- invisible Io atacé de tal suerte que el tigre enloquecido ·
te engrosado. La vlbora habla sucumbido tragada por se arrojé al espacio y cayé desapareciendo en las aguas.
su adversaria, la que no tardé en ser cogida por un Tras· larga zambullida sac6 la cabeza a un centenar de
huancahui explorador que remonté el vuelo llevando metros en veloz nado hacia la orilla ·de la que impru-
\ su presa pendiente del. pica. La ardilla insegura salta- dentemente me habla separado.
ba de rama en rama. Yo me hice la idea 'i torpe de mf! La boa, que habia emprendido ·reptante ascension
que no tardarfa en ser cazada par el tigre, Io mismo a cobrar su presa humana, fue atacada 'a su vez y se
que. un extrafio roedor agazapado, mas, al fijarme de- '~ descolg6 pesadamente emitiendo horripila~te grito.
tenidamente en el felino, advertl que tenla los ojos fijos Los hechos narrados me dejaron intrigado sin po-
en mi disponiéndose al ataque; joptando par la presa ~· der explicarme con certeza el espeluznante Jen6meno
1,
mas. grande, habla hecho su elecci6n en mi per59na ~ .t · que acababa de presenciar. La fiera y el poderoso reptil
En ese momento me di cuenta cabal de mi situaci6n. l hablan sido atacados al parecer por un fantasma, y cier- ·
En mi insensatez, me habla aventurado absolutamente . ta sospecha relaèionada con el brujo eriz6 mi cuerpo.
iner.me por e.sos parajes, en los que terminarla vfctima Estaba sumido en una serie de pensamientos desalen-
de mi propia imprudencia. j Y esa boa que se habla tadores cuando escuché su voz. Venia tripulando la
establecido amenazadoramente al pie del àrbol ! · fragil canoa que nos fue dejada. ~C6mo lleg6 a saber
El tigre situado sobre mi, y la boa por debajo, me mi pàradero?
ponian ante la alternativa de quedarme donde estaba -La unica forma de descender de esa rama es ti-
y ser presa del tigre, o lanzarme al agua tratando de randose al agua --dijo al llegar-. Felizmente ya no
1 ...

~escapar a nado y caer en las fauces del ofidio. De· uno hay pel igro; a Io sumo son tres metros de altura ... ·
o de otro modo, estaba perdido y el desenlace era cues- Fue asl como resulté salvado. Haras mas tarde,
ti6n. de mas 0 menas tiempo. . . . ~
1 rlif•I
aun no repuesto de la terrible experiencia, desembar-
Debo dedarar, sinceramente, que no sentla miedo qué en "El Paralso" conducido por el brujo.
y, antes bien, lleno de coraje, me dispuse a vender cara Pen~é que, con su natural temperamento jactan-
· la vida. Creo en el milagro, fruto de la miseriçordia cioso, me revelarfa algo que se reladonara con su in-
n2 tervencién en Io ocurrido, mas, durante el trayecto, se
f
133
:i •.
_.
mantuvo silencioso, y s61o al saltar a tierra, dijo seiia-
lando la c;;:inoa: ·
-Es nuestra salvaci6n. Con ella lograremos salir
de aqui siguiendo la ruta que dejaron abierta en los
pantanales los que nos abandonaron.

XXVII

La noche era obscura. Negros nubarrones ~ubrian


el horizonte. Silbaba el viento al azotar 'la fronda y,
desde el lago, llegaba el rumor de la turbonada. Ha- ·
biamos entrado a la estaci6n invernal en la Amazonia.
Sentado en el patio de la capilla, bajo el influjo
de funestes presentimientos, sentia el paso tardo de ·
las horas. Junto a ml, fumaba el brujo en silencio, y el
punto chispeante de su cigarro se proyêctaba en el am-
biente obscure como una m6vil pupila. En aquel mo-
mento resonaron• misteriosamente en mi cerebro las
crispantes notas de la bubinzana. De pronto, un grito
agudo proveniente del lago perforé el espacio. Era una
voz humana. Al repetirse, pude distinguir frases do-
lorosas dirigidas al brujo.
- j Alfonso, ven ! j No me abandones !
Aquello era como para enloquecer. Lo que es-
cuchaba me pareda que no era el producto de una men-
tal idad delirante; que ahi estaba la manifestaci6n pa-
l tente de Io que la raz6n se resiste a admitir.
1
- j Alfonso, no me abandones. ; . !
El brujo rugi6 de furor.
-Todos los hornbres tienen sus errores --dijo con
voz recia pero baja- el mio fue haber venido atraido
por la mujer fatal. i El amor! j El àm~r que ayer consti-
tuyera la esencia de mi vida, seria hoy la cadena que
... me atara a esta ori lia maldita ! j Anulado, ja ! j Eso no!
- j No me abandones ... !
134
135
El brujo ahuecando la voz grlt6: vueltas por la habitaci6n sin ocultar su disgusto y lue·
-jJamas! jVuelve a tus bufeos! ja tu bello pafs go, parandose frente a mf, dijo:
de las aguas ! -Es insensata tu determinaci6n. (Qué nos re-
Su ultima frase tenia er acento inconfundible del serva el porvenir prisioneros como estamos en esta
sarcasmo. No pude contenerme. selva? El pajaro agorero ha enmudecido bajo la. lluwa,
-jSi no acudes·a su.llamada, yo·iré por ella, des- pero manana volvera a entônar su funebre canci6n. Y
piadado ! -grité Ueno de indignaci6n. es que la desgracia aun esta aca. Hay que huir ...
-Es inutil. Ella. no pertenece a tu mundo, al mun- Me abstuve de contestar. El prosigui6:
do en que vivimos. -Sé practico; yo te ensefiaré el arte supremo de
Sin escuchar sus palabras me hundi en la obscu- preparar el brebaje que te hara el hombre mas podero.:.
t
ridad con direcci6n al puerto. Nada se vela, y mi voz so -de la tierra. (Te das cuenta, sacerdote, de Io que
se perdi6 en el fragor d,el viento en cuyo fondo seguia es- significa penetrar en los secretos internacionales, sor-
cuchando las notas de. la bubinzana. Tuve que regre- prender los planes de los gobiernos agresivos, y descu-
sar mas que de prisa huyendo de la lluvia que se habla . brir las partes vulnerables del enemigo? (No compren':
desencadenado, y penetré en la capilla profundamente des Io que importa tener en las manos las vidas, las mi-
abatido. El brujo entr6 tras de mf. Nos sentamos a la serables vidas de esos seres movidos por ansias de po-
luz tenue de un candi!, y permanecimos largo rato sin der universal, y. exterminarlos a voluntad? (No sabes
· mirarnos. La lluvia golpeaba el techo con ruido ensor~ que podrias aplastar a esos pulpos econ6micos ponien-
decedor. Mis pensamientos recapitularon las diversas do en sus entranas la enfermedad que no se cura, y
incidencias que acababan de ocurrir. lnvoluntariamen- también en las entrafias de sus hijos, y en la de los
te, volvi a relacionat al brujo con Io acontecido en el hijos de sus hijos? Reflexiona sacerdote. Mira que te
arbol. Se repràdujo en mi mente la expresi6n del tigre quiero dar el poder mayor que jam'as tuvo hombre al-
posefdo del terror mas espantoso y el grito de la boa guno. (No has pensado que al salir de aqui podemos
al ser atacada. Miré al hombre que tenfa delante en ser duefios del mundo? (Es que· hasta hoy te !:las man-
el preciso momento en que levantaba el rostro y decf a: tenid6 ciego ante la magnitud de mi poder? Seria ver-
daderamente una lastim~ que no nos pongamos de acuer-
0

-Cuanto mas pronto salgamos de aquf, sacerdo-


te, sera mejor para los dos. Felizmente la ultima .de- do ... (Me' escuchas sacerdote?
ferencia de tu rebano fue dejarte la canoa mas liviana. Sumido en un caos de pensamientos, yo le escu-
En ella esta nuestra salvaci6n. Los brazos del loco aun chaba vagamente. Comparaba el pasado con mi presen-
tienen energfas suficientes p·ara remar. . . Ademas, tu te, y el resultado de esa comparaci6n me llen6 de amar-
l;ias sido siempre el mas fuerte entre todos. Tu sabes gura. Comprendi tardfamente que babia seguido el ca-
c6mo hay que vencer los pantanales. (Cuando partimos? mino equivocado del sonador rebeld;: No era cuesti6n
-No tengo el menor interés en partir -le con- de rehuir a la civilizaci6n para formar una comunidad
testé friamente.
ut6pica, extrahumana; sino de venir con ella para con-
-(Es una decisi6n irrevocable? quistar la selva y descubrir sus secretos en bien de la
-1 rrevocable. Aca me quedo. humanidad.
Por primera vez noté al brujo nervioso. Dibuj6se
·El brujo reanud6 sus paseos y volvi6 a detenerse '
en su rostro un gesto de fastidio. Pusose en pie, dio
brY.scamente para decirme:
13G
137
-Alla podras realizar obra grandiosa procediendo Volvi6 a ·reanudar su paseo con los brazos _levan-
·al revés de Io que hasta hoy hiciste. Yo realizaté tam• té!dos y las manas crispadas coma garras. Y luego de
bién la mla. ~Sabes Io que haré, sacerdote? Te sera sin- dar varias vueltas por la 1 habitaci6n con paso recio, re-
cero, absolutpmente sincero. Voy a revelarte mis pro- asumiendo su actitud exaltada prosigui6: .
-Hay que destruir la civilizaci6n a c:ausa de los
yectos en toda su amplitud. No me iré hacia los pue-
eg61atras que la han acaparado. Mis planes estan per-
blos que se consideran los representantes de la civili-
fectamente elaborados. Tu estaras a mi lado, y presen-
zaci6n mas avanzada. No; no iré con mi gran descu-
ciaras mi apote6sico ascenso; y también me seguiras ...
brimiento a ponerme al serviçio de quienes se suponen
lmperaré en el mundo por el terror. El supremo arte·
arbitras de los destinas humanos. Ellos se aprovecha-
del gobernante es dominar por la cobardla. El déspota
ran de mî y mofandose me suprimiran de su camino
que domina un pals hacienda que su voluntad sea la
coma a fruta exprimida. 1ré al pueblo de los hombres ley no podrfa subsistir sin la cobardla de los 'demas. ~I
mas pequenos y desmedrados de la tierra, que, por la hombre que llegue a dominar el mundo sera el supre-
ley de los contrastes y dentro de su primitivismo, se mo' artf fice del terror. y ese artifice no sera un hom-
consideran los mas valientes y capaces. Entre ellos, bre normal; sera un fantasma,, porque solo el fantas-
comparado a su piel obscura y a su talla de pigmeos, ma sera inmune a las reacciones humanas. jYo soy el
resultaré el mas blanco, el mas corpulento y el mas hombre· fantasma,· el hombre invencible !
fuerte. Venceré a sus enemigos y, eclipsando a su rey Mi estupor inicial se troc6 en coraje. Disipadas
con mis hazanas, Io derrocaré y seré aclamado coma mis dudas, estaba ahora en la certeza de tener delante
un dios omnipotente. Organizando la legi6n de los al aborto monstruoso de la naturaleza llamado Anti- .
h,ombres fantasmas, emprenderé la conquista del mun- cristo. i Ahf estaba el Anticristo ! Me avalancé sobre él
do, la supresi6n de los pueblos ricos y poderosos para y Io cogî del cuello determinado a matarlo. Se agarr6
apoderarme de todo Io que tienen. . . Sera la guerra fuerteme~te de los brazos que le extrangulaban, abri6
despiadada de los espectros contra los inermes orga- su_ boca dejando àl descÙbierto la lengua tensa, sus pu-
nismes humanos. Destruir y aniquilar a todo Io que pilas se dilataron, y su piel congestionada amenazaba'
se oponga a mis designios para encumbrar a mi pueblo reventar. Mas, en el instante en que se ponfa rfgido.1
sera la obra mas portentosa de todos los tiempos. Es- repercuti6 en mi conciencia, conio una· imprecaci6n, el
tamos en los umbrales de la Era del predominio del mandata supremo destinado a preservar la vida del pr6-
espfritu independizado de la materia. i La era del fan- j imo. i No mata ras! j No mata ras!. Y antes de verme
tasma! ~Te das cuenta sacerdote? i Estoy llamado ~ rei- convertido en transgresor de la ley divina, aflojé los
nar sobre la tierra ! punas y. . . j Io dejé vivir !
Yo notaba que aquel hombre, o demonio, estaba
de!?controlado Al proseguir,. daba a sus expresiones un
énfasis cada vez mayor sin medir el alcance 'de sus
palabras.
-Esa parte desheredada de la humanidad tiene
derecho a 1~ venganza contra las razas dominantes a
las que hay que suprimir para paner en su lugar a los
pigmeos.
138 139
orilla. Supuse que debia estar escondido en alguna
parte. El pequeno movimiento de unos arbustos Io de-
lat6. Ahi estàba oculto, y Io. sorprendi con la mirada
fija en la èanoa que flotaba bajo la calma que suele
sucèder a la tempestad. i La canoa ! Mi hombre preten-
dia aventurarse por los pantanales. · No esperé mas;
Armada del machete del loco, deshice la canoa dejan-·
éfo solamente la parte inferior del fonda cuyo espeso.r
resisti6 en algo a los golpes. No era necesario seguir
cortando: la ambarcaci6n ,, sin los bordes quedaba corn-
pletamente inutilizada. €.1 brujo sali6 de su escondite,
XXVIII baj6 a la orilla, recogi6 los pedazos dispersos. y los fue
depositando sobre la playa.
-Es madera reseca -dijo- sirve para mantener
el fuego en la cocina.
Subi6 encorvado y vacilante, y, sentandose sobre
la orilla, se puso a gemir cubriéhdose el rostro con las
ma nos.
Al cerrar la noche, tranqué bien la puerta de la
capilla y rendido me acosté, mas o menas seguro, den-
tro de mi habi.taci6n. Antes de conciliar el sueno es-
cuché lbs sollozos del brujo.
-Sacerdote -imploraba con voz ahogada -estoy
vencido. Ya nada puedes 'temer de mi. Seamos como
antes. Yo te llamaré Padre y sera Io que tu quieres.
Sin contestarle, me dormi escuchando sus frases
planideras.
-Prisioneros 'de la selva somas inseparables ---de-
da-. Quemaste la nave. Ya no podremos salir de
acâ y nuestro destina es uno. ,
En el dia se acostumbr6 a seguirme humilde, en- '
cogido y supl icante; y en las noches, entre hondos sus-
l5±f~ . pi ros, seguia lamentândose. Dies mio, à>or qué me dis-
tes una rrientalidad inge".'ua y un coraz6n compasivo?
Una tarde nos sentamos juntos bajo el cântico agorero.
- j Debes confesarte ! -le di je imperativo.
-Ya te Io dije todo.
- j Arrepiéntete !
-Estoy arrepentido.
' 141
;
!

-Esta noche oraras conmigo impetrando del cielo


el perd6n de tus pecados.
-Alla estaré.
Transcurrieron las horas, cerr6 la noche, y nos
àrrodillamos juntos frente al oratorio, el brujo con la
cabeza inclinada murmurando frases ininteligibles que
yo supuse la plegaria del arrepentido. Vi en él al pr6-
j imo contrito, y una honda .piedad se apoder6 de ml.
-Levanta la frente, hijo mfo -le dije alenta-
. dor-. El Senor perdona a los pecadores cuando el arre-
pentimiento esta acompanado de la fe.
-No, hasta que me haya redimido.
Lleno el coraz6n de gratitud y de felicidad, pedi XXIX
al cielo j insensato de mi! que derramara su misericor-
dia sobre esa oveja descarriada. Desde dfas antes, vine observando la presl'mcia
Poco después, noté que el huancahui habia en- cautelosa de varias salvajes del pàntano entre las casas
J

mudecido y, entre el rumor del viento, se volvi6 a es- abandonadas. Se desl izaban coma sombras y solo una
cuchar là voz dolorosa, infinit~mente triste, de la mu- vez se detuvo uno de ellos en el patio mirando disi-
jer acuatica, a la vez que en mi cerebro martillaban. las muladamente la covacha, volvi6 luego las espaldas y se
notas de la bubonzana. march6 sin que yo atinara a detenerle para averiguar
- j Alfonso, me has abandonado ! . sus intenciones visiblemente sospechosas.
-jVamos por ella! -grité transido de una co- , Todo ese periodo invernal Io pasamos juntos, el
rriente impetuosa de conmiseraci6n. brujo y yo, cabe al fog6n de mi cocina hasta muy tar-
-lmposible, s61o en el plenilunio podré ir por . de la· noche, unas veces inquietos con el estruendo de
ella, cuando los bufeos salgan. la tempestad1_ y otras en calma, bajo el rumcfr sedante
-Dale una esperanza -le pedi suplicante. de la lluvia. Aprovèchaba las haras relatando a mi
El brujo avanz6 u~os pasos y dando frente al lago oyente la historia de los martires, la vida de nuestros
grit6 ahuecando .la voz. santos y la Pasi6n de Nuestra Senor. Servicial y atento
- j En el plenilunio, espera el plenilunio e iré el demonio se habia convertido en mansa oveja. Pro-
por ti ! curaba no referirme al parvenir, y cada vez que acudia
a mi mente llenandola de preocupaciones, Io arrojaba
de .ella como a una amenaza perturbadora de nuestra
apacible vida.
Lleg6 la noche, sin embargo, en que el brujo se
desbord6· con palabras llenas de persuasion irresistible.
Sus argumentaciones me dejaron al principio entre sor-
prendido y desconfiado. Mas, al cabo, no pude menas
de escucharle con interés. .
-~Es que hay en los anales biBlicos algo que abo-
mine del espiritu independizado de la m'ateria viviente
142
i 1 143
i
que Io contiene? c:Esta vedado que salga del cuerpo sin
que éste haya dejado de existir? c:Es que nos prohibe la destacan maravillosas obras de arte? c:No quisieras orar
lglesia conocer el mundo espiritual como prohibi6 el en sus altares entre el murmullo de rezos que suben
Seiior. al pr.imer hombre comer de la fruta del arboJ a las' alturas entremezcladas con las notas de un 6r-
de la Ciencia, del Bien y del Mal en el Paraiso Terre- gano que vierte musica celestial? Alla esta el peiiasco
donde Dante, fre~te a la inmensidad del cielo ·y de 16s
nal? No; y todo Io que no esta prohibido se puede
mares, c~ncibio la Divina Comedia; alla el templo, de
hacer, como Io prescribe la ley. Asi podemos incursio-
suntuosidad unica, donde moran los sucesores de ·San
, nar en todo Io que no esta vedado sin afectar 1a mo-
ral, la religion y el orden. Escuchame Padre Sandro. Pedro velando por el mundo catolico; y mas alla la por-
Sé muy bien que mi gran secreto es una peligrosa arma ciuncula donde el Seraf ico hizo del lobo su hermano.
de dos filas que puede servir para el bien como utili- Date cuenta q.ue podrias recorrer fervoroso las tierras
zarse para el mai. conforme ocurre con los explosivos. que sirvieron de cuna y de sepulcro a Nuestra Seiior
Pero nosotros dos, desterrados de la civilizacion y des- Jesucristo, y también el escenario de su apoteosis y de
tinados a morir en esta orilla, nos encontramos en la su martirio. Todo esto esta a nuestro alcance con el,
imposibilidad absoluta de proceder bien o mal. Para 6rebaje. Un plenilunio basta ...
ello tendriamos que sacar de aqui nuestros cuerpos, Las cavilaciones no me dejaron dormir. Al otro ~'ia .
porque solo ellos sori capaces de tener apetitos, ambi- tuve al brujo tras de mi insinuante, sugestivo ...
ciones, odios. Esta materia nuestra, débil e indefensa -Padre Sandra, piensa que podrias trasladàrte al
cuando esta inerme,' es la dominadora de nuestr13 hu- convento en que te formaste, respirar el aroma de 'sus
.manidad dual. Por otro lado c:qué se saca con matar un' jardines, visitar sus corredores, sus oratorios._ la celda
hombre, dos hombres, mil, sino esta de por media el donde tè ejercitaste en la practica de la virtud.
1

m6vil de la ambicion o de la venganza? Encerrados para Me dej6 aturdido. _"Calma, ten calma" -terminé
siempre en esta selva, ya no estamos en aptitud de sen- por decirle-, "déjame pensar".
tir la atraccion de Io mundano; pero aun podemos ser Sali6 diligente a recoger agua, me trajo el desa-
telices si tu quisieras. Tendriamos a nuestro alcance yuno y temblando de ansiedad, prosiguio:
Io mas grande y bello que creo el genio del hombre, -c:Te atrae Io antiguo? Te seguiré a las margenes
con solo. permitirme que prepare el brebajo para los del rio que muda de color y cambia de caudal segun las
dos ... estaciones del aiio y te sentiras confuso en su atmôs-
fera milenaria de dioses; dioses antropomorfos con ca-
Levant6 la vista para cerciorarse de 'la impresion
Qezas de bestias que est~n siendo erradicadas. Sorpren-
que me producian sus palabras y, como guardara si-
. deremos las que jas impregnadas de esperanzas de unt
tencio, prosigui6 mas d~cidido:
intocable a!la en el gran pais que despierfa de su sueiio
-No es que quiera persuadirte PacÎre Sandra. En-
inmemorial, y te aturdiras luego con la p!atica de fi-·
tre nosotros tu eres el guia y es tu decision la ley. Solo
losofos que parecen haber dominado el principio y el
quiero hacerte feliz. Seguramente que las aspiraciones·
fin de la sabidurla. Entremezclados con pescad~res de
de la juventud te hicieron sonar en visitar el mundo y
muy lejanas playas, escucharemos historias legendarias
conocer los lugares don~e palpita la historia. c:No te
que relatan pacificos desembarcos de gentes extraiias
gustaria penetrar en las imponentes basilicas de eleva-
venidas de paises mas alla de los ma~es, las cuales, va-
aàs torres, cuyas naves majestuosas, iluminadas por la
1iéndose de la falsia, la insidia y el incumplimiento de
luz que penetra a través de altos ventanales en ojiva;
144 ta palabra empeiiada, vencieron a monarcas caballero-
~45
1

sos y hundieron culturas de moral muy superior. Yo


. no sé hasta que punto podrfas estar interesado en co-
nocer idolatrfa y paganismes; pero eso es Io que ocurre
eh el mundo don hay tanto que hacer para un sacerdo-
te posefdo de la fe apost61ica. -
Sigui6 p~sando el tiempo y el brujo se tornaba mas
insinuante aun.
-El sepulcro de Jesucristo, el escenario de su apo-
teosis y de su muerte ...
Como resultado de mis continuas cavilaciones lie-
gué a la conclusion de que no habla prohibici6n alguna
que impidiera a un mortal visitar en espiritu las tierras XXX
biblicas que gestaron el Cristianismo. Recordaba que
alguna vez·, en los momentos de ensuenô, recorri con La acci6n hipn6tica me transport6 a mi bella ciudad
natal. "Transcurrfa el atardecer de un hermoso dia y la
dulce abandono los lugares que mas me impresionaron
gente, especialmente el mundo infantil, llenaba los lu-
en la vida. Cierto dia, me despert6 · como siempre la
gares asoleados sobre la hierba, entre macizos perfuma-
presencia _del brujo trayéndome el desayuno. Sent6se
dos. Todo floreda en derredor bajo el tibio sol de pri-
junto a. mi mientras me servia el refrigerio matinal. mavera. <'.Qué me llev6 a detenerme en la parte mas
-Hermoso dia Padre -dijo llamando mi aten- verde de esa extension verde enclavada en ~I coraz6n
ci6n hacia el exterior tenido de sol-. Volvemos a en- de la ciudad?
trai- en la estaci6n seca. No tenia prisa y estuve vagando por los alrededo-
-La rnanana arrulla -dije lanzando un suspiro res a Io largo de una conocida avenida. En mi memoria
de placer. -·Su rumor saludable es una invitaci6n a la fue abrléndose el panorama del pasado, y reconod los
afegrfa. Bienaventurados los que tienen el alma como hermosos edificios que se alfnean en toda la extension
este dfa sin tempestades que Io atormenten. de esa arteria urbana, los grupos de arboles, ahora muy
-Ya sé que sufres Padre; pero sufres porque frondosos, que le prestan sombra y le dan una ·aparien-
quieres, pues yo tengo el remediô para tu mal. Lo cia de reposo.
que me salv6. puede sa-lvarte también. j El brebaje ... ! En el centra de la ciudad, bulliciosa y febril, es-
-Preparalo, -dije con voz sofocada que sali6 de cuché emocionado el acento grave de las campanas mas
mi garganta dejando en mi pecho una ·sensaci6n de an- altas de la catedral, y penetré en el templo de imponen-
gu~tia. tes naves, solitarias a esa hora. Ahi estaban los altares
-Empezaré cuando aparezca la luna llena ... elaborados con los primores de un arte que pas6 y, en
Lleg6 la noche esperada. El brujo puso en mis ese ambiente suntuoso, saturado de plegarias, vagaban
manos un pate con là -que él llamaba la dosis perfecta, mil recuerdos obsesionantes. ïAh, los recuerdo_s, com-
reservando otro que deda contener el mismo brebaje, paneros inseparables del pasado que unas veces alegran
pero mas denso. Estaba muy lejos de ·interpretar en ese la vida y otras la amargan !
--..._ Me puse de rodillas al pie del altar mayor y oré
momento la intensa alegrla que cubri6 su rostro al apu-
!argas horas. Cuando salf lleno de consuelo y de paz, ya
rar ambos el brebaje hasta la ultima gota.
! i 1 i 146 los fieles ingresaban para ~sistir a los servicios vesperales.
1 i 147
• i

Quise después recorrer el mundo, pues ya habia obtusa crea que has fallecido de muerte n.atural. Te,
.dominado el arte de moverme con la agilidad del pen- venci sacerdote. No imaginaste al demonio capaz de
samiento. Visité lfl'S universidades mas famosas, . los entrar en la c·apilla pronunciando impunemente el nom-
museos, los templos mas imponentes del mundo. j No bre de Dies. Es que no soy demonio; soy simplement&
podia ser ! No era concebible que esa obra plasmada un hombre al que espera un destina superior ·y a quien
por las edades, fuese destrulda a causa del cataclismo nada puede detener. Eres inofensivo porque descono-
social que el demonio puso ante mis ojos como una ces el arte de atacar al enemigo, y por eso no me infun-
proyecci6n del futuro. Toda esa creaci6n genial no po- des temor. Impotente, me veras partir sin hacer el me-
dia ser sino el reflejo de Dios; y por Io mismo indes- nor movimiento ni articular palabra. Sacerdote. j estas
tructible. vencido!
Habla llegado el momento de visitar los lugares Desesperado, sali de alli dudando de la omnipo-
sagrados, aspiraci6n suprema de mi vida; mas, en el tencia de Dios i y otra vez miré con rencor al cielo 1
momento en que me orientaba hacia la cuna del Cris- Volvi poco después para acompafiar a mi cuèrpc>
tianismo, me di cuenta, con el consiguiente estupor, en su agonla y desahogar mi pena llorando nuestra se-
que habla dejado mi cuerpo inerme a merced del bru- paraci6n definitiva. i u~ alma llorando junto a su cuer-
jÇ>. Hay una fuerza ·imponderable que vincula el cuer- po amado en el que se posé un dia como un reflejo de
po con el alma par mas separados que se encuentren. Dios para da rie animaci6n vital y coriciencia !
la sensaci6n del peligrq obliga a esa materia, que fun- Habia caido la noche y bajo el espeso follaje di-
dona de acuerdo a las leyes de la vida, a llamar. en su .visé· la silueta de un hombre en fuga. ·corria sin que
auxilio a su complemento irimortal. Emprendi presu- las raices, las lianas ni los azotes de las ramas logra-
roso el retorno hacia mi cuerpo, y llegué fatalmente
ran detenerle. Atraves6 un claro del basque y se detu-
cuando el brujo acababa de hacerle. victima de sus ma-
vo jadeante en un punto obscuro donde se acurrucO.
1eficios. Astuto, con sistematica perfidia y aprovechan-
para observar, sin ser visto, Io que venia tras él. Es-
do dé mi buena fe me habia engafiado como a un in- ,;; cuchabase nltido en alguna parte el ta.=n-tam de un
tonso. Alli estaba en cuerpo y alma, deleitandose en
tambor. Me aproximé mas y_ Io reconoci con el consi-
la consumaci6n de su obra. Pa'rece que vislunibr6 m.i
presencia. · guientè asombro. i Era el brujo demudado por el terror!
-Sacerdote -dijo con fruici6n siniestra-. Yo sé Subitamente, el claro se llen6 de formas agiles
que me escuchas. Cuando despiertes ya 'Sera tarde. Pe- que se detuvieron un i11stante mirando en todas direc-
recerâs dentro de breves haras porque el mal no tiene ciones. Husmearon el a_ire y, apuntando hacia adelante.
remedio. Terni la reacci6n del loco si te mataba rom- • p.%,.
reiniciaron la persecuci6n. Eran los salvajes, hijos der
piéndote la cabeza con el palo, pues, Io veo vigilante, pantano. El brujo ya se habia perdido esfumandose
cauteloso, desconfiado. Su inseparable machete es algo en la, noche.
que caysa respeto. Ahora voy a reconstruir la canoa Volvi a encontrarlo en la margen opuesta de un
pegando sus partes destrozadas con la mezcla del copal riachuelo al que acababa de atravesar a nado, sudoroso,
y la apacharama; y siguiendo las huellas de quienès se los vestidos en jirones y manandole sangre de diversas
fueron, me marcharé con el loco que tiene aun fuerzas partes del cuerpo. Oculto entre ramajes, apretabase ef
para remar. El me seguira cuando no despiertes a p~­ pechQ coma intentando calmar los violentas latidos de .
sar de sus llamadas y remecimientos, y su· menfalidad su coraz6n, y tenia .la mirada fija en el cauce apènas
148 H&
iluminado. A Io lejos seguian resonando, unas veces triunfo, un tropel de hijos del pantano ingresaron a la
capilla portando antorchas que alumbraron el escena-
.apagados y otras distintos, los sonidos del tambor.
rio. El brujo volvi6 los ojos implorantes hacia mi cuerpo
La angosta ribera s,e pobl6 de un numero consi-
inerte. Ataronle las manas y· empujandolo bruscamen-
derable de salvajes gesticulantes los cuales, tra~ breve
te se Io llevaron.
examen de las huellas marcadas en la arena, atravesa-
-·i Padre Sandra, salvame ! -fueron sus ùltimas
saron zarnbullidos el riachuelo sin producir el menor
palabras.
ruido, y se hudieron en la obscuridad tras el fugitivo.
La multitud delirante que llenaba el exterior, pro-
Este, dando un ext~nso rodeo, se orient6 nacia el lago,
rrumpi6 en gritos de victoria.
acosado de cerca. Se abri6 el basque ante su paso de-
jando al descubiert0- la amplitud del lago, apenas visi-
ble bajo la luz de una luna borrosa que se aproximaba
a su ocaso. El barranco que caia cortado a pica en las
aguas sombrias, detuvo al fugitivo el cual trataba de
captar los ruidos que flotaban en el aire, mas al escu-
char en derredor las pisadas leves que le cercaban, · le-
vant6 los brazos desesperado y se precipit6 al làgo ex-
clamando:
- j Padre Sandra ... !
Reson6 el impacta del cuerpo al chocar con el
agua y, defraudados, los salvajes · lanzaron gritos de
rabia. Seguia repercutiéndo insistente el tam-tam fa-
tidico.
Sin· embargo, el brujo no lleg6 a ahogarse. Corno
buen selvatico, era un pez nadando. Tras largas bu-
ceadas logr6 tomar tierra y encaminarse de vuelta al
caserio protegido por los arbustos de la orillà El tam-
bor seguia repercutiendo, y el brujo contraia su frente
coma si los golpes torturaran su cerebro.
Subi6 a tientas y, con paso cauteloso, fue avan-
zando · hasta colocarse frente a su covacha. Un gesto
de desesperaci6n desfigur6 su rostro al advertir que
estaba arrasada. Penetr6 luego a la capilla con la se-
guridad de no haber sida visto, p.ues, e! lugar pareda
desierto.
Se dirigi6 a mi habitaci6n Hamandome con voz
queda. ~
-.Padre Sandra, Padre Sandra j despierta !
.'/'arias salvajes se avalanzaron sobre él, surgiendo ·
repéntinamente de la obscuridad y, a sus gritos de
150 151
1 1
1 i
..•
inofensiva: Mas, a mi aproxîmacién,
rigiéndose a mi encuentro, iigil y sinuasa, ofra .
tamano descomunal. El çombate tenia que decidirse
entre .la velocidad del ataque del ofidio, y el fila del
arma que yo blandia en alto presto a la lucha. Al pri~'
mer machetazo, el cuerpo del animal mas fuerte de la
selva, qued6 dividido coma si fuera de mantequilla. A
cada uno de mis golpes centenares de gargantas exha- ·
laban murmullos de estupor. No paré hasta que varias ·
pedazos de ambos reptiles reposaran inertes a mis pies.
Los espectadores pasmados contenian el aliento.
CoTI. los brazos caidos, el machete chorreando sangre,
XXXI
levanté la mirada turbia al Cielo clamando perd6n co-
El brujo se habia equivocado en sus calculas, pues ma si fuera culpable de no haber llegado a tiempo para
.con- gran esfuerzo;, logré despertar a la hora de haber sa Ivar al brujo. Luegq, senti· que me abandonaban las
transcurrido los acontecimientos narrados. Una antor- fuerzas, pero logré mantenerme en pie mediante un
cha adosada al horc6n inmediato, derramaba fluctuante gran esfuerzo. de voluntad. Cuando me ac:erqué vaci-
luz en la habitaci6n. Escuchabase; por el lado de los lante de regreso a la fila delantera, me sali6 al encuen-
~antanales, el .c6ncavo soni_do de tambores. tro, brillantes los ojos de admiraci6n, un muscul9so
Me incorporé pesadamente. En la puerta el loco, salvaje coronado de plumas,. y, ante mi sorpresa, se
asustado y confuso, no se daba cuenta cabal de Io que expres6 en -castellano.
,ocurria. Le arrebaté el machete de las manas y, alum- -Mas fuerte que boa j tû eres dios ... !
~ brad.os por una antorcha, penetramos i la selva siguien- Segui avanzando éntre los salvajes postrados, Apo-
,do la' senda dejada por la multitud de salvajes sobre la yé el brazo en los hombros del loco que me esperaba
tierra humeda y barrosa. lntenso dolor en todo el cuer- y paso a paso, retornamos a "El Paraiso" ,adonde lle-
po, especialmente en las articulaciones, dificultaba mis gamos cuando el sol de una .espléndida manana, parén- \.
movimientos. Apenas podia sosterierme. Nuestra mar-, tesis de ,luz en los dfas lluviosos, calentaba el muerto \
.cha era muy lenta y no sé coma pude vencer el largo . , . . ')..
case no. 1
trayecto que conducia a las inmediaciones de la desem-
Me detuve sobresaltado en el patio de la capilla
bocadura del lago, donde estaban congregados los vic-
al escuchar llamadas implorantes que venfan del lago.
timarios en febril espectaci6n, a la luz de centenares
Como ya sabia Io que era, me desprendi del loco y corri
.de antorchas. Me abri paso a través de las compactas
filas y penetré a esa especie de antifiteàtro. en cuyo cen- dando traspiés 'al puerto. Desde el reborde que mira
trçi, sobre la misma orilla, se levantaba el hacina.mien- al lago, divisé el cuerpp blanco de una joven que flo-
to de ë!nillos de una monstruosa boa con la cabeza apo- taba banada por los reflejos m6viles del sol, alla donde
yada placidamente sobre el anillo superior. Era coma el oleaje iba a 'morir sobre la playa. Parecia dormida.
para aterrorizar al mas guapo. No me detuve y segui Al descubrir mi presencia exhalé un grito que me
avanzando en la conf iahza de que esa boa, saciadél, y dej6 paralizado. Cubri6 su cuerpo -escultura de nie 7 .
en proceso de 'digerir su presa humana, se habia vuel~o ve- con su larga cabellera,, y empez6 a hundirse. ad-
.152 153
,,
1 i
quiriendo la conformaci6n de una medusa a medida
que iba desapareciendo en las profundidades deJ lago.
-Padre iqué tienes ... ?
Me volvf instantaneamente. Era el '1oco que me
miraba con una expresi6n de duda y. estupor.
-iEscuchaste esa llamada y ese grito?
El loco movi6 la cabeza -negativamente.
- j iNo has visto esa mujer que se hundi6? !
-Padre, esta; mal ...
-Si hijo; estoy mas loco que tu.
La bubinzana resonaba espantosamente en mi ce-
•rebro, .
XXXII

La antorcha, adosada a uno de los horcones, crepi-


taba, y a su indecisa luz pude distinguir, cuando abrf
los 6jos, varias formas estaticas, sentadas en cuclillas,
-
alrededor de mi lecho. Una ~e .las formas se acerc6,
cautelosa, hasta poner su rostro muy junto al mfo. Vi
.que prendfa su mirada en mis pupilas, observandome
en silencio. Me encontraba rodeado de los hijos del
pantano.
Esa cara situada a · centfmettos de mi rostro fue
retrocediendo al cabo de cierto rato. Luego el hombre
se levant6, hizo senas a los otros 'y todos salieron de·
la habitaci6n sin pronunciar palabra.
Me restregué los ojos para cercio,rarme de si me
-encontraba despierto o sumido aun en el mundo de. los
suenos, y me di cuenta que mis brazos se movfan, nor-
malmente, a voluntad, Io que me produjo cierto ali'1io.
logré incorporarme fras de muchos esfuerzos y sentàr-
me en mi lecho dispuesto a continuar la narraci6n. de
mi historia.
Rafagas de aire violento batfan la techumbre, y
. los gritos del loco indicaban la luna nueva. Mil pensa-
mientos, a cual mas pavorosos, cruzaban por mi mente.
c:Qué iba a ser de mf en ese estado de postraci6n sin
la mas remota posibilidad d_e recibir auxilio?
. No; no era el temor al desamparo y a la muerte
fo que experimentaba, a pesar de una inexplicable sen-
155
!
saci6n de angustia. Desde que mi rebano me abando- me deaà que nii viçla ya no tendria su amanecer. Y esa
nara, ya mi vida careèfa de final!dad. Comprend[ qué idea me oblig6 a dedicar la rriayor parte de la noche
habia llegado el momento de pedir al Sefior que me re- a escribir. ·
cogiera. En la mente excitada del .enferma abandonado ca-
La sed y el hambre me torturaban. El ventarr6n ben los pensamientos mas dolorosos. Recordé al Padre
devino en lluvia. Sudaba. Me examiné, al tacto, las Agustin, a quien mi ingratitud habla muerto, y ese re-
rodillas~ estaban hinchadas. Agudisimas· punzadas con-· cuerdo retorn6 el martirio que abrumaba mi vida. Tam-
traian de dolor mi cuerpo. bién me obsesionaba el negro parvenir que esperaba
Un jir6n de aire apag6 la antorcha y quedé sumi., una humanidad sin Dios. c:Es que yo realmente habla
do en la obscuridad. La impresiôn de angustia que por vivido absorbido por un sueno 'ut6pico abrazado a una
momentos· me dominaba, debia de estar relacionada fe ficticia? Pero. . . c:qué estoy pensando? jOh, selva!
con èl fin de mi vida que suponia pr6xima. Sentia ve- jTienes un alma demoniaca que hace desvariar, un alma ·
nir la muerte, como .una sombra, a cubrir para siem- inde'scifrable e iricomprensiblej Yo sé que en tu primi-
p~e mis ojos · m,uy abiertos. El ruido dél agua, al caer tivismo salvaje se encuentra, al par que el martirio, la
p6r los aleros, se hizo n[tido al decrecer el estruendo clave del _misterio que encierra el espiritu j el misterio
de la lluvia. Su glogloteo resonaba junto a mi lecho, ae la inmortalidad ! Padre Agustin. V_eo dos lagrimas
1.
al otro lado de la pared exterior, aumentando la sed surcar tu venerable rostro y tu mirada bondadosa fija
1
que me devoraba. Era un verdadero· suplicio de Tan-1 en mi ...
talo. Los gritos del loco me produèfan sacudimientos Y me quedé dormido con la imagen del Padre
nerviosos .. ~ Agust[n proyectada en la retina de mis recuerdos. ~v
Refugiado en la oraci6n, - sentia pasar el tiempo
'
~··1'1' soné. : . No; no fué como tas veces anteriores en que
hasta que las punzadas me hacian apretar los dientes ! me vi transportado a otros mundos bajo el influjo del.
para no exhalar gritos de dolor. c:Qué fue Io que hadan sueno hechizado; me habla sumergido en el sueno que
los hijos del pantano a mi alrededor? c:A d6nde se ha- Dios cre6 para el verdadero descanso del cuerpo y del
bfan marchado y con qué fin? alma. Y soné con el Padre Agustin que me abrfa los
Al tormento que agobiaba mi cuerpo, uniéronse brazàs desde1una nube. Me puse de rodillas a sus pies.'
las hondas tribulaciones de mi espfritu. Alla en la ci- -·.Padre, -,dijele- vengo con una P,ena 'inmensa
vilizaci6n, solfa escuchar el paso de las horas marcadas y una- duda mortal ...
por la voz de los relojes, a cual mas sonoras, que pare- -Hijo mio -me contesta con voz dulce-. En
dan responderse en diferentes notas, desde puntos verdad tè digo que ya todos tus errores te han sido
opuest6s de la ciudad. Sabla, entonces, que la noche perdonados, y que por tus· suenos y tus sufrimientos eres •
transcurria y me quedaba dormido. Después, ya en la uno de los elegidos del Senor. ~ .
selva, al despertar con las preocupaciones de la obra -Vuestras palabras me•producen gran alivio, -Pa-/ ·
que me esperaba al otro dia·, el canto del gallo me dre, pero no alcanzan a disipar las dudas que me roen y
anunciaba el amanecer. En el transcurso. de la noche, que por momentos han hecho flaquear mi fe.
siempre habla algo que marcaba el paso del · tiempo y -Vuelvo a decirte, en verdad, que muchas lagri~
la aproxirttaci6n de la luz del nuevo· dia. La soledad y mas y sangre S!i! derramaran antes de que impere ·en el •
el abandono, a la par que las tinieblas, me daban hoy mundo, como ley suprema, el mandato,de Dios: "Amaos
fa impresi6n de que el tiempo se habla detenido. Algo
156
.los .unos a los otros".
'
,} ,'

-Pero, hasta cuando Padre mio ...


-·-Acaba de ser apagada la llama impia de una
conflagraci6n mundial. Se cantan himnos al armisticio 1kî
tt: l
antes que a la victoria, y las gentes llenas de esperan~ ....,.
zas dirigen sus · miradas al parvenir. Nadie advier,te
. todavia que se estan gestando nuevas amenazas de fuer- ·
za y crueldad sin limites.
-Entonces ~d6nde esta la misericordia de Dios?
-Su obra continua; nada puede detenerla. La hu-
manidad marcha hacia El perfeccionandose, a su paso XXXIU'
par este valle de lagrimas. Los falsos redentores, los
déspotas, los. ambiciosos de dominio universal sucum- Cuando desperté ya ama11ecfa. Poco a poco fue.ron
biran, fatalmente, en plazos mas o menas cortos. Tal . dibuJandose los\ contornos de tà habitaci6n. Lo primer9
es el sino que les marca .la historia. La autoridad per- que descubrî fue la· antorcha de rebordes quemadQS
manente esta sustèntada en el ascendiente moral. Y · amarrada a uno de ,. los horcones: Po.r. firt lleg6 .. la ma-
la autoridad moral suprema es la, que ha creado y rige ,, nana. La lluvia hélbia cesado. Al examihar las partes.
el Universo. El . reine de Dias sobre la . tierra es una afw:tadas a la difusa claridad det dia, noté coloracfo:
realidaèi que pertenece al futuro y esta forjandose c6n t'W!!'9' e9lif - · pmqo.estrîas azuladas en las piernas. Tomé
la fe, la lucha y el sufrimiento de los hombres de bue- la pluma y segui escribiendo fa condensaci6n de los
na voluntad. · û1tfrnœ- aawsl zl ·a 14
V~ . . . . . en el camino del lago distrajeron
~ 7 ·r: D ; dt ya na volvi a ,escuchar nada ·Y
. esta[>a par m.r- .._ ~ objeto de u~a alucinaci6r,t
cuando percibl e.1 crufif inçonfundibl~ de la puerta al,
· abrirse, Los hlios del pantano volvieron a ubicarse en·
cuclillas alrededor de mi lecho asumîendo su inmovifi- ·
. dad caracteristica. Sus ojos fijos en ml, en silenciOSil
observaci6n, me parecian sospechosos. La se·d y los dQ-
lores habianse calmado. Sin embargo,· pedi agua com9
si aquellas gentes fueran capaces de comprenderme~
Uno de ellos se levant6 al instante y me trajo un~ ca- .· .
f charro rebosante que bebl con avidez. Luego puse al _
descubierto fçis rodillas y pronwnciê la palabra "dolor".
• El que me trajo el agua expresô algo en su dia ...
lecto sefialando a los demas mis piernas. Se levant6
otro y, acercandose cauteloso, paso las yemas de sus
dedos sobre las partes t1feçtadas y alarmado hi30 un·

gesto de desaliento. El- que pareda jefe de. ellos dijo:
"brujerias". Era el que .me habla hablado la noche
158
... anterior · en la ribera del pantano. .
-Yo, .cacique Uquiri. . . Mataste nuestro dios. •··
Te vas sin dejarnos otro dios ...
Aunque sus palabras resumfan cierto acento de
reproche, le hice sefias para que se acercara mas y, en
cuanto estuvo muy junto, le pedf:
. -No abandones ·al pobre loco - y puse la mano
en la oreja indicandole que escuchara los gritos.
-Hechicero tribu conoce remedio curar "cabeza
ausente" "cabeza rabiosa'' -dijo palpandose las ·sie-
nes- y cuando curado Io llevaremos con nosotros. Tu
morir padre bueno j fuerte luchador!
; -Yo volveré del otro mundo, y les daré a cono-
cer un Dios que no devora y que ama a todos .los seres
de· la tierra.
El cacique hizo un signo de entendimiento. '
-Cuando vuelvas hechicero tribu te reconocera
aunque vengas convertido en boa. EDlTADO EN LA IMPRENTA DEL MINISTERIO
No pude menos de hacer un gesto de amargura, DE GUERRA, BAJO LA SUPERVIGILANCIA
Tengo la obsesi6n dê terminar esta historia no sé
Y ESM:ERADO CUIDADO DEL SEllj'-OB
por qué. Escribf si.n descanso toda la noche sin preocu-
parme de la forma. Lo que dejo escrito no sé si es DON JOSE LUIS GOACHET
el producto del suefio, de la realidad ode la locura, pero MALDONADO
sr puedo asegurar que fue mi vida.
En este momento del amanecer siento que mis LIMA, OCTUBBE DE 1980
ojos se nublan. Se esparce en el aire el canto funebre
con que los hijos èfel pantano suelen despedir a sus
curacas y a los seres queridos que parten al pals de la
abundante caza. . . Ya no puedo n:ias, los pensamien-
tos me abandonar\, Parto confiado hacia el reino donde
sé que me espera el Padre Ag ....

Y asi finalizaba la historia del Padre Sandro: en


una palabra trunca, y en un manchon de tinta.

~.

F 1 N,

; ! 160

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