Cebra: Ana. Jirafa: Zoe. Tigre: BastI. León: Valentín. Mariposa: Aylin.
Pollito: Jaz. Oso: Valentina.
Cierto día, un grupo de animales vivía bajo el sol radiante, iluminado por
la luz que el Señor había colocado en los cielos. Sin embargo, ese día, sus
corazones estaban inquietos. La alegría que solían compartir parecía
distante, y cada uno sentía que algo les faltaba, como si hubieran
olvidado por quién habían sido creados.
La cebra, con una voz tímida, rompió el silencio:
—Me pregunto por qué Dios me hizo con rayas. Parecen manchas mal
pintadas.
Desde las alturas, la jirafa bajó su largo cuello para participar:
—A veces me siento fuera de lugar. Soy tan alta que me parece que no
encajo entre ustedes.
El tigre, que observaba con sus ojos profundos, añadió:
—Mis rayas me hacen parecer feroz. No quiero que los demás me teman;
solo quiero que me vean como un amigo.
El león, con su rugido apagado por la melancolía, confesó:
—Mi voz asusta a muchos, incluso a mis amigos. No me gusta causar
temor.
La pequeña mariposa, con sus alas brillantes pero frágiles, susurró:
—Mis colores son bonitos, pero siento que solo vuelo sin rumbo, sin
sentido.
Una voz más pequeña se unió, era el pollito
—Soy tan diminuto que temo no poder ayudar a nadie.
Por último, el oso, grande y fuerte, expresó con pesar:
Mi tamaño asusta a muchos, aunque solo quiero ser amigo de todos. A
veces me siento torpe y fuera de lugar.
Entonces, en el claro del bosque, un eco dulce y profundo se oyó entre las
ramas. Era una voz amable, que había escuchado sus dudas y los llamaba
con amor.
Sebas: Queridos míos, cada uno de ustedes es una obra única de mis
manos. Yo los hice con amor y con un propósito especial.
Cebra, tus rayas confunden a los depredadores y protegen a tus seres
queridos.
Jirafa, tu altura te permite alcanzar las hojas altas y alimentar a otros en
tiempos de necesidad.
Tigre, tus rayas representan tu valentía. Eres un ejemplo para los demás,
que ven en ti la fuerza y el valor para enfrentar cualquier desafío.
León, tu rugido cuida a los indefensos; eres un protector.
Mariposa, te di tus alas como muestra de mi amor y creatividad. Aunque
creas volar sin rumbo, cada aleteo lleva esperanza. Yo guío tu vuelo,
incluso cuando no lo notas.
Tú Pollito, con tu ternura y fragilidad inspiras amor y cuidado en quienes
te rodean.
Y tú Oso con tu tamaño y fuerza inspiras confianza, y en tiempos de
necesidad, eres capaz de ayudar a quienes son más pequeños y frágiles.
Con cada palabra de Dios, los animales sintieron sus corazones
llenarse de gratitud. Comprendieron que todos eran únicos y
valiosos, y que cada uno, con sus talentos y características, fueron
creados para amar, honrar a Dios y ayudar a los demás. Y Así
vivieron, agradecidos por su propósito especial.