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KKL

El poema 'La luz amortajada' evoca una profunda reflexión sobre la oscuridad y la muerte, utilizando imágenes vívidas de la naturaleza y la desolación. A través de la obra de Lord Byron, se presenta una visión apocalíptica donde la oscuridad se convierte en un estado inevitable que consume todo a su paso. La narrativa destaca la lucha humana contra la oscuridad y la desesperación que surge en un mundo desolado.

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El poema 'La luz amortajada' evoca una profunda reflexión sobre la oscuridad y la muerte, utilizando imágenes vívidas de la naturaleza y la desolación. A través de la obra de Lord Byron, se presenta una visión apocalíptica donde la oscuridad se convierte en un estado inevitable que consume todo a su paso. La narrativa destaca la lucha humana contra la oscuridad y la desesperación que surge en un mundo desolado.

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La luz amortajada

surge con un soplo de �rbol.

Vamos a bendecir la oscuridad


con ramos de sayales y murci�lagos,
con velas sarmentosas y guitarras
que dobleguen al �ngel de la furia.

Pero tambi�n vendr� a nuestras casas


con un alarido constante y seco,
y devorar� los panes,
y beber� el vino que era agua
de nuestros propios labios.

LOS OJOS DE LA OSCURIDAD

petencia SCAN Gran experiencia desde 1994.

Bramaba la ola del cielo,


ca�a sobre los bordes de las losas
como una peque�a lluvia
que despertara con el rumor del agua.

La muerte suced�a de noche


como un pi�lago lleno de amor,
con las cucarachas escarbando
la madera de los ata�des,
hinchados por la humedad del aire.

Golosos, los gusanos se apresuraban


a terminar con las flores mojadas.

De las rendijas
surg�a un canto hiriente,
una caricia de huesos,
la esperanza muda de los cad�veres
que respiraban luz
con pulmones de arcilla.

Era de noche,
la llama de los amantes vibraba con los muertos.

Oscuridad: Lord Byron.

No s� que les suceder� a aquellos que lean este hermoso poema de Lord Byron; pero a
m�, hace ya mucho tiempo, cuando por primera vez cayeron sus versos en mis manos,
me sent� petrificado ante esta sombr�a y oscura visi�n de la naturaleza humana.

Me siento incapaz de hacer mayores observaciones sobre este poema; aunque s� dir�
que no creo que se trate de un Himno a la Oscuridad, como muchos han argumentado.
Casi parece todo lo contrario: en un tono apocal�ptico, Lord Byron habla de un
retorno a la Oscuridad, como si esa masa informe y pegajosa de inevitable noche,
hubiese de alg�n modo encontrado la manera de contrarrestar nuestros esfuerzos por
conjurarla. Una noche eterna envuelve al universo; nuestro sol y las estrellas son
apenas un tregua; y a pesar de nuestro celo al expulsar la Noche de nuestros
luminosos hogares, la Oscuridad nos aguarda, paciente y agazapada.

Oscuridad.
Darkness, Lord Byron.

Tuve un sue�o, que no era del todo un sue�o.


El brillante sol se apagaba, y los astros
vagaban diluy�ndose en el espacio eterno,
sin rayos, sin senderos, y la helada tierra
oscilaba ciega y oscureci�ndose en el aire sin luna;
la ma�ana lleg�, y se fue, y lleg�, y no trajo
consigo el d�a,
Y los hombres olvidaron sus pasiones ante el terror
de esta desolaci�n; y todos los corazones
se helaron en una plegaria ego�sta por luz;
y vivieron junto a hogueras - y los tronos,
los palacios de los reyes coronados - las chozas,
los hogares de todas las cosas que habitaban,
fueron quemadas en las fogatas; las ciudades se consumieron,
Y los hombres se reunieron en torno
a sus ardientes refugios
para verse nuevamente las caras unos a otros;
Felices eran aquellos que viv�an dentro del ojo
de los volcanes, y su antorcha monta�osa:
Una temerosa esperanza era todo lo que el mundo conten�a;
Se encendi� fuego a los bosques - pero hora tras hora
Fueron cayendo y apag�ndose - y los crujientes troncos
se extinguieron con un estr�pito -
y todo fue negro.

Las frentes de los hombres, a la luz sin esperanza,


ten�an un aspecto no terreno, cuando de pronto
los haces ca�an sobre ellos; algunos se tend�an
y escond�an sus ojos y lloraban; otros descansaban
sus barbillas en sus manos apretadas, y sonre�an;
y otros iban r�pido de aqu� para all�, y alimentaban
sus pilas funerarias con combustible,
y miraban hacia arriba
con loca inquietud al sordo cielo,
El sudario de un mundo pasado; y entonces otra vez
con maldiciones se arrojaban sobre el polvo,
y rechinaban sus dientes y aullaban; las aves silvestres chillaban,
y, aterrorizadas, revoloteaban sobre el suelo,
y agitaban sus in�tiles alas; los brutos m�s salvajes
ven�an d�ciles y tr�mulos; y las v�boras se arrastraron
y se enroscaron entre la multitud,
siseando, pero sin picar - y fueron muertas para ser alimento:
y la Guerra, que por un momento se hab�a ido,
se saci� otra vez; - una comida se compraba
con sangre, y cada uno se hart�, resentido y solo
atiborr�ndose en la penumbra: no quedaba amor;
toda la tierra era un solo pensamiento -
y ese era la muerte,
Inmediata y sin gloria; y el dolor agudo
del hambre se instal� en todas las entra�as - hombres
mor�an, y sus huesos no ten�an tumba,
y tampoco su carne;
el magro por el magro fue devorado,
y a�n los perros asaltaron a sus amos,
todos salvo uno,
Y aquel fue fiel a un cad�ver, y mantuvo
a raya a las aves y las bestias y los d�biles hombres,
hasta que el hambre se apoder� de ellos, o los muertos que ca�an
tentaron sus delgadas quijadas; �l no se
busc� comida,
Sino que con un gemido piadoso y perpetuo
y un corto grito desolado, lamiendo la mano
que no respondi� con una caricia - muri�.

De a poco la multitud fue muriendo de hambre;


pero dos
de una ciudad enorme sobrevivieron,
y eran enemigos; se encontraron junto
a las agonizantes brasas de un altar
donde se hab�a apilado una masa de cosas santas
para un fin imp�o; hurgaron,
y temblando revolvieron con sus manos delgadas y esquel�ticas
en las d�biles cenizas, y sus d�biles alientos
soplaron por un poco de vida, e hicieron una llama
que era una burla; entonces levantaron
sus ojos al verla palidecer, y observaron
el aspecto del otro - miraron, y gritaron, y murieron -
De su propio espanto mutuo murieron,
sin saber qui�n era aquel sobre cuya frente
la hambruna hab�a escrito Enemigo.
El mundo estaba vac�o,
lo populoso y lo poderoso - era una masa,
sin estaciones, sin hierba, sin �rboles, sin hombres, sin vida -
una masa de muerte - un caos de dura arcilla.

Los r�os, lagos, y oc�anos estaban quietos,


y nada se mov�a en sus silenciosos abismos;
las naves sin marinos yac�an pudri�ndose en el mar,
y sus m�stiles bajaban poco a poco; cuando ca�an
dorm�an en el abismo sin un vaiv�n -
Las olas estaban muertas; las mareas estaban en sus tumbas,
Antes ya hab�a expirado su se�ora la luna;
Los vientos se marchitaron en el aire estancado,
Y las nubes perecieron; la Oscuridad no necesitaba
De su ayuda - Ella era el universo.

Esta versi�n del poema de Lord Byron, Darkness, fue traducida por El Espejo G�tico.
Para la reproducci�n total o parcial de nuestra versi�n, escr�benos a:
elespejogotico@gmail.com

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