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Historia de la Inquisición Española

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Inquisición española

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Sello de la Inquisición española. A ambos lados de la


cruz, la espada simboliza el trato a los herejes y la rama de olivo, la reconciliación
con los arrepentidos. Rodea el escudo la leyenda «EXURGE DOMINE ET JUDICA
CAUSAM TUAM PSALM 73.», frase latina que, traducida al castellano, significa:
‘Levántate, oh Dios, defiende tu causa, salmo 73’.
El Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, comúnmente conocido
como Inquisición española, fue una institución fundada en 1478 por los Reyes
Católicos que, bajo el control directo de la Corona, estaba encargada de mantener
la ortodoxia católica en sus reinos. La Inquisición española tiene precedentes
en instituciones similares existentes en Europa desde el siglo XII, especialmente la
fundada en Francia en el año 1184. Su abolición fue aprobada
por Napoleón mediante decreto de 4 de diciembre de 1808,1 en el contexto de
la guerra de la Independencia; pero no se abolió definitivamente en toda la
Monarquía hasta el 15 de julio de 1834, durante la regencia de María Cristina de
Borbón, encuadrada en el inicio del reinado de Isabel II.

La Inquisición, como tribunal eclesiástico, solo tenía competencia sobre


cristianos bautizados. Durante la mayor parte de su historia, sin embargo, al no
existir libertad de culto ni en España ni en sus territorios dependientes,
su jurisdicción se extendió a la práctica totalidad de los súbditos del rey de
España. Así las cosas, desde la creación de los tribunales americanos, nunca tuvo
jurisdicción sobre los indígenas. El rey de España ordenaba «que los inquisidores
nunca procediesen contra los indios, sino contra los cristianos viejos y sus
descendientes y las otras personas contra quien en estos reinos de España se
suele proceder».2
Orígenes
[editar]
Artículo principal: Orígenes de la Inquisición española

Precedentes
[editar]
Artículos principales: Inquisición medieval e Inquisición pontificia.
La institución inquisitorial no es una creación española. La primera inquisición,
la episcopal, fue creada por medio de la bula papal Ad abolendam, promulgada a
finales del siglo XII por el papa Lucio III como un instrumento para combatir
la herejía albigense en el sur de Francia. Cincuenta años después, en 1231-1233,
el papa Gregorio IX creó mediante la bula Excommunicamus la inquisición
pontificia que se estableció en varios reinos cristianos europeos durante la Edad
Media. En cuanto a los reinos cristianos de la península ibérica, la inquisición
pontificia solo se instauró en la Corona de Aragón, donde los dominicos
catalanes Raimundo de Peñafort y Nicholas Eymerich fueron destacados
miembros de la misma. Con el tiempo, su importancia se fue diluyendo, y a
mediados del siglo XV era una institución casi olvidada, aunque legalmente
vigente.

En la Corona de Castilla la represión de la herejía corrió a cargo de los príncipes


seculares basándose en una legislación también secular aunque reproducía en
gran medida los estatutos de la inquisición pontificia. En Las Partidas se admitió
«la persecución de los herejes, pero conducirlos, ante todo, a la abjuración; sólo
en caso de que persistieran en sus creencias podían ser entregados al verdugo.
Los condenados perdían sus bienes y eran desposeídos de toda dignidad y cargo
público». En el reinado de Fernando III de Castilla fue cuando se impusieron las
penas más duras a los herejes. El propio rey ordenó marcarlos con hierros al rojo
vivo, y una crónica habla de que «enforcó muchos home e coció en calderas».3

Contexto
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Pedro Berruguete: Santo Domingo presidiendo
un auto de fe (1475). Las representaciones artísticas normalmente
muestran tortura y la quema en la hoguera durante el auto de fe.
Gran parte de la península ibérica había sido dominada por los árabes, y las
regiones del sur, particularmente los territorios del antiguo Reino nazarí de
Granada, tenían una gran población musulmana. Hasta 1492, Granada
permaneció bajo dominio árabe. Las grandes ciudades, en
especial Sevilla y Valladolid, en Castilla, y Barcelona en la Corona de Aragón,
tuvieron grandes poblaciones de judíos, que habitaban en las llamadas «juderías».

Durante la Edad Media, se había producido una coexistencia relativamente


pacífica —aunque no exenta de incidentes— entre cristianos, judíos y
musulmanes, en los reinos peninsulares. Había una larga tradición de servicio a la
Corona de Aragón por parte de judíos. El padre de Fernando, Juan II de Aragón,
nombró a Abiathar Crescas, judío, astrónomo de la corte. Los judíos ocupaban
muchos puestos importantes, tanto religiosos como políticos. Castilla incluso tenía
un rabino no oficial, un judío practicante.

No obstante, a finales del siglo XIV hubo en algunos lugares de España una ola de
violencia antijudía, alentada por la predicación de Ferrán
Martínez, arcediano de Écija. Fueron especialmente cruentos los pogromos de
junio de 1391: en Sevilla fueron asesinados cientos de judíos, y se destruyó por
completo la aljama,4 y en otras ciudades, como Córdoba, Valencia o Barcelona,
las víctimas fueron igualmente muy elevadas.a

Una de las consecuencias de estos disturbios fue la conversión masiva de judíos.


Antes de esta fecha, los conversos eran escasos y apenas tenían relevancia
social. Desde el siglo XV puede hablarse de los judeoconversos, también llamados
«cristianos nuevos», como un nuevo grupo social, visto con recelo tanto por judíos
como por cristianos. Convirtiéndose, los judíos no solamente escapaban a
eventuales persecuciones, sino que lograban acceder a numerosos oficios y
puestos que les estaban siendo prohibidos por normas de nuevo cuño, que
aplicaban severas restricciones a los judíos. Fueron muchos los conversos que
alcanzaron una importante posición en los reinos hispanos del siglo XV.
Conversos eran, entre muchos otros, los médicos Andrés Laguna y Francisco
López Villalobos (médicos de la corte de Fernando el Católico); los escritores Juan
del Enzina, Juan de Mena, Diego de Valera y Alfonso de Palencia y los
banqueros Luis de Santángel y Gabriel Sánchez, que financiaron el viaje
de Cristóbal Colón. Los conversos —no sin oposición— llegaron a escalar también
puestos relevantes en la jerarquía eclesiástica, convirtiéndose a veces en severos
detractores del judaísmo.b Incluso algunos fueron ennoblecidos, y en el
siglo XVI varios opúsculos pretendían demostrar que casi todos los nobles de
España tenían ascendencia judía.c La revuelta de Pedro Sarmiento (Toledo, 1449)
tuvo como principal elemento movilizador el recelo de los cristianos viejos hacia
los cristianos nuevos, sustanciado en los estatutos de limpieza de sangre que se
extendieron por multitud de instituciones, prohibiéndoles su acceso.

Causas
[editar]
No hay unanimidad acerca de los motivos por los que los Reyes Católicos
decidieron introducir en España la maquinaria inquisitorial. Los investigadores han
planteado varias posibles razones:

 El establecimiento de la unidad religiosa. Puesto que el objetivo de los Reyes


Católicos era la creación de una maquinaria estatal eficiente, una de sus
prioridades era lograr la unidad religiosa. Además, la Inquisición permitía a la
monarquía intervenir activamente en asuntos religiosos, sin la intermediación
del Papa.
 Debilitar la oposición política local a los Reyes Católicos. Ciertamente, muchos
de los que en la Corona de Aragón se resistieron a la implantación de la
Inquisición lo hicieron invocando los fueros propios.
 Acabar con la poderosa minoría judeoconversa. En el reino de Aragón fueron
procesados miembros de familias influyentes, como Santa Fe, Santángel,
Caballería y Sánchez. Esto se contradice, sin embargo, con el hecho de que el
propio Fernando continuase contando en su administración con numerosos
conversos.
 Financiación económica. Puesto que una de las medidas que se tomaba con
los procesados era la confiscación de sus bienes, no puede descartarse esa
posibilidad.

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