El faro y la tormenta
En una costa rocosa, un faro brillaba con fuerza incluso en las peores tormentas. Sus luces
guiaban a los barcos a puerto seguro, pero había algo extraño: nadie recordaba haber visto
al farero.
Una noche, un marinero curioso decidió investigar. Subió la interminable escalera en espiral,
pero en la cima no encontró a nadie, solo un pequeño cuaderno. Las páginas estaban llenas
de relatos de barcos salvados, con la firma de alguien llamado "La Marea".
Cuando el marinero bajó, el faro ya no estaba allí. Solo quedaba la tormenta, y un eco en el
viento: "Sigue el brillo, no a quien lo guarda".
El faro y la tormenta
En una costa rocosa, un faro brillaba con fuerza incluso en las peores tormentas. Sus luces
guiaban a los barcos a puerto seguro, pero había algo extraño: nadie recordaba haber visto
al farero.
Una noche, un marinero curioso decidió investigar. Subió la interminable escalera en espiral,
pero en la cima no encontró a nadie, solo un pequeño cuaderno. Las páginas estaban llenas
de relatos de barcos salvados, con la firma de alguien llamado "La Marea".
Cuando el marinero bajó, el faro ya no estaba allí. Solo quedaba la tormenta, y un eco en el
viento: "Sigue el brillo, no a quien lo guarda".
El faro y la tormenta
En una costa rocosa, un faro brillaba con fuerza incluso en las peores tormentas. Sus luces
guiaban a los barcos a puerto seguro, pero había algo extraño: nadie recordaba haber visto
al farero.
Una noche, un marinero curioso decidió investigar. Subió la interminable escalera en espiral,
pero en la cima no encontró a nadie, solo un pequeño cuaderno. Las páginas estaban llenas
de relatos de barcos salvados, con la firma de alguien llamado "La Marea".
Cuando el marinero bajó, el faro ya no estaba allí. Solo quedaba la tormenta, y un eco en el
viento: "Sigue el brillo, no a quien lo guarda".