RELATO
Había una vez un niño (quizás les podemos preguntar cómo se podría llamar el niño) que no le gustaba la
noche…
Le gustaban las linternas, las lámparas, los faros y los resplandores…
Pero no le gustaba la Noche.
Se le veía en los salones y en los sótanos, en los cuartos y en los áticos, y paseando por los pasillos… pero
nunca se le veía afuera… en la Noche.
Él jamás tocaba los interruptores, y nunca salía a jugar en la oscuridad.
Siempre estaba solo y triste.
Y miraba desde su ventana a los otros niños jugar afuera en las noches de verano. Los veía aparecer y
desaparecer en la oscuridad, corriendo felices.
Él se quedaba solo en su cuarto, con sus linternas y sus lámparas… se metía en la cama… y tarde, en la Noche,
la habitación del niño triste era la única que quedaba encendida en todo el pueblo.
Una noche, mientras su papá estaba de viaje y su mamá dormía, el niño comenzó a vagar solo por la casa. ¡Ah,
cómo brillaban las luces!...
Hasta que de pronto… ¡Se escuchó un golpe en la ventana!
Había una sombra.
Un golpe en la puerta.
Un ruido en la entrada… y de pronto…
-¡Hola!- alguien dijo. Era una niña. -Me llamo Oscuridad.
Y tenía el pelo negro,
y negro los ojos,
y llevaba vestido y zapatos negros… pero su cara era tan blanca como la luna, y sus ojos brillaban como
estrellas.
-Estas muy solo-dijo ella
-Me gustaría correr con los otros niños allá afuera.. pero no me gusta la noche-dijo el niño.
-Yo te presentaré a la noche y serán amigos.-dijo Oscuridad y apagó la luz del pasillo.
-No apago la luz, simplemente enciendo la noche. Se puede encender y apagar la noche, igual que se puede
prender y apagar una lámpara con el mismo interruptor. Y cuando se enciende la noche… ¡Se encienden los
grillos… y las ranas… y las estrellas!
El cielo es una casa con luces en todo el salón.
¿Quién puede escuchar a los grillos y a las ranas con las luces encendidas?
Nadie
¿Quién puede ver las estrellas con las luces encendidas?
Nadie.
¡Fíjate en todo lo que te has perdido!
Y junto a Oscuridad, el niño encendió la Noche, para que viviera en cada habitación. Como una rana, como un
grillo, o una estrella, o una luna.
-¡Cómo me gusta! ¿Puedo encender siempre la noche!-dijo el niño.
-Por supuesto-respondió la niña.
Ahora el niño es muy feliz y le gusta la Noche. Ha tirado sus velas, sus lámparas y sus linternas, encendiendo la
luna blanca las estrellas brillantes, las ranas y los grillos… encendiendo la Noche.
Y corriendo en la Oscuridad por el prado, con los niños felices… riendo.
FIN.