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El Misterio de La Estrella Perdida

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Jimena Ramos
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El Misterio de la Estrella Perdida

En el tranquilo pueblo de Valle Escondido, conocido por sus noches estrelladas y

sus relatos de fantasía, vivía un niño llamado Lucas. Tenía una imaginación

desbordante y un espíritu aventurero que lo llevaban a explorar cada rincón del

lugar. Su lugar favorito era una colina desde donde se podía ver el cielo en su

plenitud. Allí, armado con su pequeño telescopio, pasaba horas observando las

estrellas y soñando con mundos lejanos. Una noche, mientras miraba el cielo,

Lucas notó algo extraño. Una de las estrellas más brillantes, la que siempre

guiaba sus noches de observación, había desaparecido. Intrigado y un poco

preocupado, decidió que debía encontrar una explicación. Al día siguiente, armado

con su linterna y una mochila llena de provisiones, se aventuró hacia el bosque

que rodeaba el pueblo, decidido a resolver el misterio. El bosque era un lugar lleno

de secretos y leyendas, pero Lucas no tenía miedo. Caminó durante horas,

siguiendo el rastro de una intuición que lo guiaba como un imán. De repente, en

un claro iluminado por la luz de la luna, encontró algo sorprendente: una estrella

pequeña y resplandeciente descansaba sobre una roca, como si hubiera caído del

cielo. Lucas se acercó cautelosamente, maravillado por la belleza y la rareza de su

hallazgo. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, escuchó una voz suave y

melodiosa que parecía venir de la estrella misma. "Gracias por encontrarme, joven

explorador", dijo la voz. "Me he perdido en mi viaje por el firmamento y necesito tu

ayuda para regresar a mi lugar en el cielo."

Sorprendido pero decidido a ayudar, Lucas asintió. "¿Cómo puedo ayudarte?",

preguntó, sintiendo una mezcla de emoción y responsabilidad.


"Debes llevarme a la montaña más alta", respondió la estrella. "Desde allí, podré

volver a casa."

Lucas sabía que la montaña más alta no estaba lejos, pero el camino era

empinado y lleno de desafíos. Sin embargo, sin dudarlo, levantó la estrella con

cuidado y comenzó su ascenso. La estrella, aunque ligera, emitía un calor

reconfortante que lo llenaba de energía y determinación. El trayecto fue arduo,

pero Lucas no se detuvo. Subió por senderos rocosos, atravesó arroyos y evitó

ramas bajas. Finalmente, cuando el cielo empezaba a teñirse de los primeros

colores del amanecer, llegó a la cumbre. Desde allí, la vista era espectacular: el

cielo estrellado se extendía en todas direcciones, y la luna brillaba como un faro

en la oscuridad.

"Es aquí", dijo la estrella. "Déjame elevarme y regresaré a mi hogar."

Lucas la sostuvo en alto, y la estrella comenzó a flotar, ascendiendo lentamente

hacia el cielo. Mientras lo hacía, emitió un destello brillante que iluminó todo el

valle. Al llegar a su posición en el firmamento, la estrella relució con más

intensidad que nunca, agradecida por la ayuda de su joven amigo. Agotado pero

feliz, Lucas se recostó sobre una roca y observó cómo la estrella volvía a brillar en

su lugar. Sabía que había vivido una aventura única, y que su conexión con el

cielo y las estrellas sería para siempre especial. Al regresar al pueblo, nadie creyó

del todo su historia, pero eso no le importaba. Cada noche, desde su colina,

miraba al cielo y sonreía, sabiendo que había hecho un nuevo amigo en las

alturas. Y así, el misterio de la estrella perdida se convirtió en una leyenda más de

Valle Escondido, inspirando a futuras generaciones de exploradores y soñadores a

mirar siempre hacia el cielo en busca de aventuras y maravillas. Pasaron los años,
y Lucas creció, pero nunca dejó de visitar la colina. Se convirtió en un astrónomo

respetado, conocido por sus descubrimientos y su pasión por las estrellas. Una

noche, mientras daba una charla en el observatorio local, un niño se le acercó con

ojos llenos de curiosidad. "¿Es cierto que encontraste una estrella cuando eras

pequeño?", preguntó. Lucas sonrió, recordando aquella mágica aventura. "Sí, es

cierto", respondió. "Y esa experiencia me enseñó algo muy importante: nunca

dejes de mirar hacia el cielo, porque siempre hay algo nuevo por descubrir."

El niño se quedó pensando, inspirado por las palabras de Lucas. A partir de ese

día, comenzó a visitar la colina, llevando consigo un pequeño telescopio. Lucas lo

observaba desde la distancia, viendo en él el mismo espíritu aventurero que había

tenido cuando era niño. Sabía que, con cada nueva generación, la magia y el

misterio de las estrellas seguirían vivos. Una noche, mientras observaba las

estrellas con su antiguo telescopio, Lucas notó un destello brillante en el cielo. Era

la estrella que había encontrado tantos años atrás, que parecía guiñarle un ojo en

señal de agradecimiento. Sonrió, sabiendo que la conexión entre ellos era eterna.

El cielo de Valle Escondido seguía siendo un lugar de sueños y maravillas, donde

los aventureros como Lucas encontraban su verdadero propósito bajo las

estrellas.

-Coco .

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