Aliviando el deseo de mi cuñada
Mi cuñadita está falta de polla y yo se la doy. Me la follo aprovechando la desidia de su
marido.
La relación con la hermana menor de mi mujer siempre fue bastante forzada.
Simplemente, no nos caíamos bien. Se notaba a la legua que cuando
coincidíamos ninguno se encontraba a gusto, así que procurábamos no hacerlo
casi nunca. La cosa empeoró cuando su novio y ella decidieron casarse. Estaba
clarísimo que eso no acabaría bien porque, dejando de lado que los dos eran
más que egoístas, vivían en universos completamente distintos. Y,
efectivamente, a los pocos meses de casarse, los problemas empezaron a
aflorar entre ellos, sobre todo porque mi cuñada pasaba mucho tiempo sola,
debido a que su marido viajaba bastante por cuestiones laborales. Mi mujer se
vio obligada a estar más pendiente de su hermanita y lo único que consiguió
fue que se viniera alguna vez a casa cuando su marido tenía que salir de viaje,
con el consiguiente trastorno que eso suponía. En una de esas ocasiones,
decidieron salir de fiesta con un grupo de amigas, aprovechando que yo
también saldría con unos amigos.
– ¿A ti también te han dejado tirado? –me dijo mi cuñadita cuando me vio entrar
en el bar, ofreciéndome el taburete que estaba a su lado–.
–Coño, no te había visto –respondí con una media sonrisa–. No se
puede salir con gente que no sabe beber…no merece la pena contarlo. ¿Y tú,
qué haces aquí sola a estas horas?
–Pues yo sí te lo voy a contar porque necesito desahogarme, aunque
sea contigo. Resumiendo, estoy hasta el coño de que todo el mundo me diga
que me equivoqué casándome, o que me traten como una pobrecita que no
sabe estar en el mundo…
– ¿Tanto te han dado el coñazo? –la corté, antes de pedir un par de
gintonics–.
Dejé que se despachara a gusto de las amigas y su hermana y, cuando se
cansó de hablar de ellas, decidió que era momento de irse.
–Bueno, creo que, para mí, llegó la hora de volver a mi casa –dijo con
la voz algo pastosa, haciendo hincapié en el “mi”, cuando apuró su copa–.
Hizo ademán de pagar, pero no la dejé. Al bajarse del taburete tuve que
sujetarla para que no se cayera.
–Será mejor que te acompañe –dije terminándome la copa–. Creo que
a mí también me vendrá bien un poco de aire fresco para despejarme un poco.
Intentó oponerse, pero no le hice caso. Pagué las consumiciones y la
acompañé dando un agradable paseo.
–Gracias por acompañarme –me dijo con una sonrisa cuando
llegamos–. Ha sido un detalle por tu parte y, la verdad, no lo esperaba de ti.
–No tiene importancia. Encantado de acompañar a mi cuñadita y…
–Anda, entra y nos tomamos un café –me cortó, mientras buscaba las
llaves en el bolso–.
Cinco minutos después estábamos sentados en el sofá de su salón saboreando
un café italiano bastante bueno. Tras el primer sorbo me hizo una pregunta que
me descolocó.
– ¿Tú crees que yo estoy buena?
–Joder, vaya pregunta…pues claro que estás buena. Estás buenísima,
diría yo, ahora que tu hermana no me oye.
–Es que creo que he dejado de gustarle a mi marido –dijo sonriendo–.
Lleva tres meses sin tocarme y, o he dejado de gustarle, o tengo una buena
cornamenta.
–Vamos, no me jodas… ¿Tres meses sin follarte? ...Este tío es tonto,
de verdad.
–Entonces… ¿tú crees que yo gusto a los tíos?
–Hombre, yo no puedo hablar por todos los tíos, pero a mí…mira cómo
me tienes –le dije lanzándome al vacío mientras cogía su mano derecha y la
posaba sobre mi paquete–.
Resopló, cerró los ojos y dio un pequeño salto para colocarse a horcajadas
sobre mí. Mientras mi cuñadita me metía la lengua hasta la campanilla, yo
empecé a amasarle el culito con ambas manos, metiéndolas bajo la minifalda
de vuelo que llevaba. Al sentirlas, empezó a restregarse rítmicamente sobre el
bulto de mi pantalón, jadeando con los ojos cerrados.
–Uhmmm…sí…necesitaba esto…
Desabroché los botones de su blusa, me deshice de su sujetador y la separé
un poco para apreciar sus tetas. Me las había imaginado muchas veces, sobre
todo tras verla en bikini en alguna reunión familiar, pero ahora las tenía a mi
disposición. Eran de tamaño mediano, pero erguidas y duras como piedras, con
pezones pequeños y puntiagudos, de color marrón oscuro. Tras acariciarlas
con las yemas de los dedos y amasarlas a gusto, agaché la cabeza y empecé
a lamerle alternativamente los pezones, consiguiendo que se restregara cada
vez a mayor ritmo sobre mi rabo, ya duro como una estaca. Notando cómo se
excitaba por momentos, me metí uno en la boca y empecé a chuparlo con
ansia, dándole pequeños mordisquitos antes de empezar a dar el mismo
tratamiento al otro pezón.
–Hostias, qué bueno… ¡qué ricooo!...
Se desató por completo y empezó a botar sobre mi entrepierna, cabalgándome
como si me estuviera follando, mientras me apretaba la cabeza contra sus
tetas. Pasé mi mano derecha de su culo a la parte delantera, notando como su
humedad le había atravesado el tanga y me había empapado el pantalón. Se
lo aparté y le recorrí toda la raja con el dedo corazón. Al llegar al clítoris,
completamente hinchado, empecé a masajearlo en círculos, hasta que, a los
pocos segundos, soltó un gemido de placer y se corrió como una colegiala,
dando saltitos sobre mi polla.
–Joder cuñado, ya…ya…ya… ¡me corrooooooo!
Dejé que se recuperara de la corrida, la separé un poco de mí y le hice un gesto
para que se pusiera de pie mientras me bajaba de golpe los pantalones y el
bóxer.
–Pues sí que estás necesitada de polla –le dije mientras me sobaba el
paquete y los huevos–. Te has corrido prácticamente sin tocarte.
Mi cuñada abrió los ojos como platos y se quedó hipnotizada mirándome la
polla. Tras observarla unos segundos empezó a hablar entrecortadamente.
–Hostiasss…vaya pedazo de polla…joder… ¡qué rabo!
–Déjate de coñas…no es para tanto –le dije mientras me levantaba y
me colocaba a su lado–.
–Comparada con la de mi marido, te aseguro que sí –me dijo mientras
extendía su mano derecha para empezar a pajearla lentamente–.
Aproveché para quitarle la blusa, bajarle la minifalda y deshacerme del
sujetador y el tanga, dejándola en pelotas, con los tacones puestos. Me gustó
su coño, completamente depilado y de labios generosos, color marrón oscuro,
coronados por un clítoris de tamaño mediano, hinchado por la excitación. Posé
mi mano abierta en su raja y la recorrí de abajo arriba notando lo caliente y
húmeda que estaba. Cuando llegué al clítoris gimió mordiéndose el labio
inferior, y empecé a frotárselo en círculos y de derecha a izquierda. Abrió un
poco las piernas para facilitarme el movimiento y aumentó el ritmo de la paja
que me estaba haciendo, apoyándose en mi hombro mientras me animaba
jadeando.
– ¡Ah! ...sigue…sigue…no pares… ¡no paresssss!
Notando que estaba a punto de correrse de nuevo dejé de frotarle el clítoris y,
aprovechando que estaba con las piernas abiertas, le metí de golpe los dedos
corazón y anular, formando una especie de gancho para llegar a su punto G,
como hacía con su hermana. Y, al igual que ella, no aguantó ni dos segundos.
Con un par de movimientos volvió a correrse como una adolescente,
dejándome la mano empapada de fluidos mientras gritaba de gusto.
–Ya…ya… ¡YAAAAA!... ¡ME CORROOOOO!
Tuve que sujetarla porque las piernas le temblaron de un modo brutal mientras
se estaba corriendo. Cuando recuperó el aliento, le quité la mano de la polla y
me dejé caer en el sofá. Ella se sentó a mi lado, sudando y resoplando.
–Joder tío, vaya corrida… Mi hermana debe estar encantada contigo,
¡qué gusto, hostias! –dijo mientras volvía a pajearme con la mano derecha y
me amasaba las pelotas con la izquierda–.
–A ver qué sabes hacer con la boca –le dije poniéndole la mano en la
nuca para que agachara la cabeza y me la chupara–.
Resopló, se relamió los labios y empezó a lamerme el rabo desde la base hasta
el glande. Cuando lo tuvo completamente ensalivado se lo metió en la boca y
empezó a chuparlo con movimientos rítmicos, moviendo la cabeza arriba y
abajo, mientras seguía amasándome los huevos con la mano.
–No creo que pueda metérmela entera –me dijo tras un par de minutos
chupando, dejando un reguero de babas desde los huevos a su boca–.
–No te preocupes por eso, tu hermana tampoco se la podía tragar al
principio. Pero seguro que con la práctica lo consigues. A ver qué tal se te dan
los huevos.
Agachó un poco la cabeza y se los metió en la boca, chupándolos
alternativamente, como si fueran dos caramelos, mientras volvía a pajearme a
buen ritmo aprovechando que tenía la polla completamente llena de sus babas.
Cuando me cansé, le levanté la cabeza cogiéndola de la coleta que llevaba y
le hablé mirándola a los ojos.
–Vamos al dormitorio. Tengo ganas de follarte y creo que estaremos
más cómodos en la cama, ¿no te parece?
La seguí por el pasillo, viendo como meneaba el culito rítmicamente, hasta
llegar al cuarto de matrimonio. Se quedó parada en la puerta y le di un cachete
en la nalga derecha para que entrase.
–Túmbate boca arriba –le ordené señalando la cama cuando destapó
la colcha que la cubría–. Me han entrado ganas de comerle el coño a mi
cuñadita antes de follárselo –le dije, viendo que aceptaba sumisamente las
órdenes que le iba dando–.
Se colocó como le había ordenado y, tras abrirle las piernas, me situé entre
ellas y las coloqué sobre mis hombros. Mi cuñada suspiró varias veces mientras
iba lamiendo desde sus tobillos hasta su raja. Al llegar a la cara interna de sus
muslos empezó a jadear entrecortadamente y noté como se mojaba de nuevo
por completo. Le separé los labios con los dedos y apareció su coño, abierto,
mojado y palpitando, coronado por el clítoris, hinchado como un enorme
guisante. Me agaché, le posé la lengua en la raja y se la lamí de abajo arriba
recogiendo sus jugos. Le di varios lametones, llegando desde el clítoris hasta
el ojete, haciendo que empezara a jadear cada vez más fuerte. Notando que
no iba a aguantar mucho antes de correrse, le rodeé el garbanzo con los labios
y empecé a chupárselo, como si estuviera saboreando un caramelo.
–Joder, qué gusto…Sigue…sigue…
Levantó las caderas para acercarme más el coño a la boca y aproveché para
darle pequeños mordiscos en el clítoris y sorberlo con ganas, mientras la
hermana de mi mujer gemía cada vez más fuerte.
–Sí, sí…así…así… Cómete el coño de tu cuñada. No pares, por Dios,
¡no paresssss!
En menos de diez segundos me puso las dos manos en la nuca, me hundió
con todas sus fuerzas la cabeza en el chocho y empezó a gritar como una loca.
–YA, YA, ¡YAAAAAA! SÍ… ¡ME CORROOOOOOO!
Quedó desmadejada en la cama, jadeando y moviendo las piernas de manera
involuntaria mientras estrujaba la sábana con las dos manos.
–Joder cuñadita, no veas cómo te has corrido. Me has dejado la cara
como si me la hubieras meado –le dije tumbándome boca arriba a su lado, con
la polla tiesa como una estaca, apuntando al techo–.
–Hostias, tío…te superas en cada corrida. Mi hermana debe alucinar
contigo. Joder, ¡qué gustazo, por Dios! –me dijo cuando se repuso un poco–.
–Ahora me toca a mí, ¿no crees? –le dije haciendo un gesto con la
cabeza, señalándole la polla–.
Se quedó mirándola fijamente, se relamió y se incorporó para volver a
chupármela.
–Tranquila zorrita, luego te daré tu biberón –le dije a mi cuñada parando
su movimiento–. Ahora toca clase de equitación. Venga, ¡a cabalgar! – le
ordené mientras me agarraba la polla con una mano y con la otra le daba un
cachete en la nalga–.
Sumisamente, mi cuñada se colocó a horcajadas sobre mi entrepierna y me
miró fijamente a los ojos, resoplando y asumiendo lo que le venía. Me cogí la
polla por la base con la mano derecha y se la pasé varias veces por la raja,
abriéndole los labios, pero sin llegar a metérsela, mientras la muy zorra cerraba
los ojos, esperando que su cuñado la empalase. Le di varios pollazos en el
clítoris para que los abriera y me mirase.
–Te la vas a clavar tú solita, ¿verdad, cuñadita?
Suspiró y tragó saliva antes de asentir.
–Déjame que me acostumbre a ella –me dijo calibrándola con las dos
manos–. Estoy acostumbrada a la de mi marido y…
Asentí y la dejé hacer. Empezó a restregársela nuevamente por el coño,
subiendo y bajando por ella, como si me la estuviera pajeando con los labios
del chocho, pero sin llegar a clavársela. Cuando estuvo preparada me miró a
los ojos, apoyó las manos en mi pecho y se dejó caer lentamente sobre mi polla
hasta que su culo topó con mis huevos. Tras clavársela hasta el fondo abrió los
ojos como platos y se quedó completamente quieta, con la boca abierta y
boqueando como un pez fuera del agua.
–Es…estoy…joder…me…me has rellenado de polla…Hostias…hostias
–dijo entrecortadamente antes de empezar a temblar, anunciando que se corría
de nuevo–.
–Me… ¡ME CORROOOOOOOOOOOOOOO! –gritó antes de dejarse
caer sobre mi pecho babeando de gusto, mientras contraía el coño sobre mi
rabo, exprimiéndolo tras dejarme los huevos empapados con los fluidos que
había soltado–.
–Va a ser verdad que estás bien necesitada de rabo. Te has corrido
solo con clavártela –le dije cuando recuperó el aliento, cogiéndola con ambas
manos por el culo, ayudándola a subir y bajar por mi polla–.
Poco a poco, mi cuñada fue aumentando el ritmo de la cabalgada y, en un par
de minutos, subía y bajaba por mi estaca a lo bestia, clavándose todo el rabo,
hasta que su culo chocaba con mis pelotas. Cuando cambió los gemidos por
jadeos cada vez más acelerados, me salí de ella y la coloqué a cuatro patas en
el borde de la cama, abierta de piernas y con el culo en pompa, completamente
ofrecida. Se dejó caer como un guiñapo, apoyando las tetas en la cama,
ofreciéndose aún más, mientras yo, de pie por detrás, apunté de nuevo en su
raja y se la clavé hasta que toparon mis huevos con su culito. Se agarró a las
sábanas con las dos manos y dejó que la empotrara a lo bestia, mientras
resoplaba mirando una foto del marido en la cómoda que tenía enfrente.
– ¿Te follo mejor que el gilipollas de mi cuñado? –le grité al darme
cuenta del detalle, agarrándome a sus caderas para imprimir mayor ritmo a las
embestidas–.
–Sí, hostias, sí, sí ¡sí! Sigue, joder, sigue, sigue…fóllate a la hermanita
de tu mujer.
No pude aguantar mucho más y le grité que me iba a correr, acelerando todo
lo que pude la follada.
–Espero que tomes pastillas, porque te va a rebosar la leche por el
coño…Te va a salir por las orejas, ¡zorra!
–Sí, dámela toda… ¡inúndale el coño a tu cuñada!
Le di un par de embestidas más y me corrí dentro de ella como un animal,
llenándole el chocho con varios chorros de leche caliente y espesa.
– ¡AH! ¡YAAAAAA! TOMA LECHE, ¡ZORRAAAAA!
Sintiendo las descargas en el coño, mi cuñadita se dejó caer sobre la cama,
temblando y gritando que se corría de nuevo.
–Sí, sí, otro, ¡¡¡OTROOOOOO!!!
Me dejé caer sobre ella, exhausto, jadeando y sudando a tope. Cuando me
recuperé un poco, le saqué la polla y vi un hilo de semen y flujo resbalando por
sus muslos hasta empapar las sábanas. La hermanita de mi mujer se había
dormido, así que la tapé con la colcha y me eché junto a ella pensando en cómo
partirle el culo en cuanto se despertara.
Desvirgando el culo de mi cuñadita
Mi cuñada me entrega su virginal culito para que se lo estrene.
Me desperté al cabo de un buen rato y vi que no estaba en la cama. La
encontré en la cocina, con un minúsculo camisón, preparando el desayuno.
Me quedé en la puerta, observando cómo se bamboleaban sus tetas mientras
se movía de un lado a otro, hasta que se dio cuenta y, mirándome con descaro
la polla, me sonrió antes de hablar.
–Ponte algo de ropa y siéntate. Esto ya casi está.
Protesté, pero no quise forzar la situación y le hice caso. Me puse el bóxer y
volví a la cocina.
– ¿Se lo vas a contar a mi hermana? –me preguntó mientras me servía
una taza de café y me pasaba una bandeja con tostadas–.
– ¿Se lo vas a contar tú a tu marido? –respondí con media sonrisa
antes de dar un sorbo al café–. Joder, tu hermana debía aprender de ti a
preparar café…
–Y mi maridito a follar como lo haces tú, jajaja. Ahora, en serio… ¿qué
vamos a hacer? –dijo mirándome a los ojos–.
–Joder…pues ni idea…Nunca se me había pasado por la cabeza
ponerle los cuernos a tu hermana…y mucho menos contigo.
–Hombre, gracias –respondió, algo molesta–.
–Entiéndeme, coño…Me refería a…
–Ya sé a qué te referías –me cortó–. Y como creo que es algo bastante
fuerte, quiero que dejemos las cosas claras. Yo no sé cómo está tu relación
con mi hermana, porque ella quiere estar enterada de todo lo que me pasa,
pero es completamente hermética con sus cosas.
Quise hablar, pero no me dejó, así que dejé que se sincerase esperando mi
turno de palabra.
–Por mi parte, –prosiguió– ya sabes lo que hay. Es más, siendo
completamente sincera, no me divorcio porque vivo muy bien. Digamos que
me he acomodado a todo lo que tengo. Otra cosa es…
–Que estás muy falta de polla –la interrumpí, provocándole una
carcajada–.
–Jajajaja. Has sido un bestia expresándolo… pero llevas toda la razón.
Estoy segura de que él tiene sus líos por ahí, cuando viaja, pero yo,
aquí…creo que esta ciudad es demasiado pequeña y nunca me he atrevido
a nada. En cambio, contigo… digamos que la discreción está asegurada,
¿verdad, cuñado?
–A ver, yo… –empecé a hablar atropelladamente, sorprendido por la
naturalidad con la que me hablaba la hermana de mi mujer– tampoco mi
matrimonio es perfecto, no creas. Sí, nos llevamos bien, nos queremos…pero
a mí también me falta mucho sexo con ella y…
– ¿Cómo…? –gritó sorprendida–. Pero si…
–Déjame hablar, coño. Tu hermana siempre ha sido muy sosita en ese
terreno. Para ella es suficiente con el polvo típico de fin de semana…y sin
nada de “cosas raras”, como ella las define. Se la meto, se corre un par de
veces, se queda satisfecha y me pajea para que yo también me corra. Fin de
la historia hasta que vuelva a excitarse.
–Entonces haría una pareja estupenda con mi marido, jajaja –volvió a
reírse mientras apuraba su taza de café–. Me has descrito mi vida sexual,
solo que yo no me corro dos veces cuando él me folla, jajaja. Tu cuñadito me
la mete, se corre en un dos por tres y…
–Al baño a aliviarte tú sola, ¿verdad? –la corté, pensando en las veces
que había tenido que hacerlo yo–.
Volvió a soltar una carcajada, asintió con la cabeza y me miró con lujuria.
–En cambio, contigo he disfrutado como una cerda –me soltó, mientras
posaba su mano derecha en mi polla, que empezó a pedir guerra de nuevo–.
¿Te apetece otro café? –dijo, levantándose para coger la cafetera–.
Me levanté con sigilo, me quité el bóxer y me coloqué junto a ella.
–Deja el café para luego –le dije abrazándola por detrás–. Ahora lo que me
apetece es follarle a mi cuñadita este culito tan mono que tiene –concluí,
amasándole con ganas las nalgas y pegándome a ella para que comprobara
el tamaño que iba adquiriendo mi rabo–.
Apoyé a la hermana de mi mujer en el fregadero, de espaldas a mí, y le separé
las piernas, dejándola completamente expuesta. Me agaché detrás de ella, le
separé los cachetes del culo y le metí la lengua en el ojete, empezando a
ensalivárselo. Soltó un gemido de asombro y placer y, cuando empezó a
jadear, se los separé aún más y le metí la lengua todo lo que pude. Cuando
sus gemidos se transformaron en jadeos incontrolados, metí la mano entre
sus muslos y le noté el coño completamente mojado. Suspiró de placer y abrió
las piernas a tope pidiendo que me la follara.
–Dios, qué gusto…joder con mi cuñado. Me tienes a tope, caliente
como una perra. Fóllame ya, por favor…
Me separé un poco de ella e hice que arqueara la espalda para que apoyara
los antebrazos en el fregadero. Me agarré a sus caderas y, apoyando el rabo
en la encharcada raja de mi cuñadita, se la clavé de un solo golpe hasta que
mis pelotas toparon con su culo ensalivado. Noté cómo su chocho se ajustaba
a mi polla y empecé a bombear, subiendo el ritmo progresivamente.
–Sí, hostias, ¡Sí! Joder, me estás matando de gusto…Sigue, sigue…
¡fóllate bien a tu cuñada!
Tras empotrarla un rato contra el fregadero, no pudo aguantar más y se corrió
de modo incontrolable, soltando jugos por el coño mientras se agarraba como
podía a la encimera para no caerse cuando le fallaron las piernas tras la
corrida.
–Sí, sí, ¡AAAHHHHHHH! ¡YYYAAAAAAAAAAAA!
–Joder cuñadita, vaya corrida. Me has dejado la polla y los huevos
completamente empapados. Anda, vamos al dormitorio, que te voy a dar otra
buena ración de rabo.
En el trayecto me entretuve en amasarle bien el culo. En uno de los pasillos
la puse cara a la pared y, con un par de nalgadas, le ordené que abriera las
piernas. Me ensalivé el dedo corazón de la mano derecha y lo apoyé en su
ojete, apretando un poco para comprobar que estaba bastante cerrado.
– ¿Te lo han follado alguna vez? –le pregunté a mi cuñada cuando dio
un pequeño salto quejándose levemente–.
–No –me dijo algo ruborizada–. Mi marido lo ha intentado varias veces,
pero nunca ha conseguido metérmela. El gilipollas siempre se ha corrido
antes de poder clavármela y…
–Venga, entra –le dije, cortándola, mientras señalaba el dormitorio de
matrimonio–. Creo que ya es hora de estrenar ese culito.
Me tumbé en la cama bocarriba, con la polla como una piedra, apuntando al
techo y le di indicaciones para que se colocara a horcajadas sobre mí, pero
de espaldas.
–Venga, zorrita, empálate tú misma, que me va a reventar la polla de
lo dura que la tengo.
Se abrió los labios del coño con dos dedos y se dejó caer lentamente sobre
mi rabo, gimiendo de gusto. Cuando tenía media polla enterrada en el chocho,
puse las manos en los hombros de la hermana de mi mujer y la empujé hacia
abajo para terminar de clavársela. Cuando notó que estaba rellena de polla,
mi cuñada soltó un alarido de placer y empezó a botar como una loca,
dándome unos culazos impresionantes. Mientras ella botaba, aproveché para
ensalivarme de nuevo el dedo corazón y empecé a hurgar en su ojete,
consiguiendo meterlo con poca dificultad. Con el doble tratamiento, a los
pocos segundos empezó a gritar como una loca, anunciando que ya estaba
a punto de correrse de nuevo.
–Ya, ya… ¡YAAAAAAA! ¡ME CORROOOOOOOO!
No sé si se corrió o se meó de gusto, porque soltó tal cantidad de flujo que
empapó las sábanas mientras se retorcía sobre sí misma, temblando y
jadeando violentamente.
Me salí de ella con el rabo completamente empapado de los fluidos que había
soltado al correrse y la coloqué a cuatro patas en el borde la cama, con las
piernas bien abiertas. Hice que apoyara las tetas y la cara en la cama para
que quedase su culo en pompa ante mí, completamente expuesto.
–Saca bien el culo, que voy a estrenártelo –le dije a la hermana de mi
mujer, mientras le pasaba la mano por la raja, recogiendo sus jugos–.
Me miró con cierta preocupación, pero atisbé un ápice de lujuria en su mirada.
Cerró los ojos y me habló con un susurro.
–Ten cuidado, por favor…
–Tranquila, zorrita. Estás perfectamente lubricada…y mi polla
también. Te dolerá un poco al principio, pero verás cómo luego lo disfrutas.
Escupí en su ojete e hice presión con un dedo, comprobando que entraba
mejor que la vez anterior. Mi cuñada se quejó un poco cuando vencí la
resistencia del esfínter, pero me indicó que siguiera adelante.
–Sigue, cuñado, sigue…Joder, qué morbo…
Con precaución metí otro dedo y entró también fácilmente, así que me puse
a jugar dentro de su ano, haciendo círculos con los dedos, dilatando su anillo
poco a poco. En pocos minutos se relajó por completo y tres dedos entraban
y salían de su culo a un ritmo cada vez mayor, mientras ella cambiaba los
gestos de molestia por gemidos de placer cada vez más perceptibles.
–Ufff…sí…sigue…ábrele el culo a tu cuñadita para que puedas
follárselo.
Me coloqué tras ella y le advertí que iba a encularla. Apunté en su agujerito y,
haciendo un poco de fuerza, su ojete se tragó la mitad del glande sin apenas
resistencia. Di un golpe de caderas y le encajé todo el capullo mientras la
zorrita soltaba un gemido, mezcla de placer y dolor
–Ah, ah… ¡ahhhh! Ten cuidado, por favor…
–Tranquila, cuñadita. Lo peor ya ha pasado…Relájate y disfruta de tu primera
enculada.
Metí una mano entre sus piernas y empecé a frotarle el clítoris para relajarla
un poco. Cuando empezó a gemir de gusto, me agarré a sus caderas y, poco
a poco, se la fui clavando hasta que mis huevos toparon con sus nalgas. Se
giró y vi cómo, con los ojos abiertos a tope, abría la boca para gritar, dando
palmetazos en la cama con las dos manos.
– ¡AHHHH! Joder, me has rellenado el culo de polla. Has abierto en
canal a tu cuñada…joderrrrrrrr…
– ¡Sí, ya la tienes toda dentro! –respondí resoplando como un toro–.
Se la dejé metida hasta el fondo unos minutos, para que se acostumbrara y,
cuando la noté relajada, empecé a bombear lentamente, degustando cada
milímetro de recto que iba taladrando. Poco a poco empecé a aumentar el
ritmo de la enculada y, al poco rato ya la estaba empotrando a lo bruto,
mientras la muy zorra, para darse más gusto, con una mano entre las piernas,
se frotaba el clítoris siguiendo el ritmo de mis pollazos.
–Sí, así, así, ¡así! Joder, qué rico, qué rico… Encula a tu cuñada…
¡qué gusto!
–Joder, qué culo…qué gusto, hostias…Tu marido es gilipollas… ¡Te lo
voy a reventar!
Aceleré el ritmo de la enculada y perdió el apoyo de sus manos, dándose de
bruces sobre la cama y dejando su culo más expuesto y ofrecido. La atraje
hacia mí sujeta por las caderas y volví a clavársela hasta el fondo,
recuperando el ritmo de las embestidas.
–Sigue, sigue… ¡SIGUEEEE! Me estás matando, hostias… ¡QUÉ
GUSTO!
Para no correrme muy rápido me salí dl culo de mi cuñadita y comprobé cómo
se lo estaba dejando. Le separé las nalgas y vi el ojete de la hermana de mi
mujer completamente abierto, palpitando para volver a cerrarse. Volví a
escupir en su agujerito marrón y se la volví a meter hasta que me mojó las
pelotas con los labios del coño. Me volví a agarrar a sus caderas y empecé a
bombear de nuevo, sintiendo que iban a ser las últimas embestidas antes de
llenarle el culo de leche a la zorra de mi cuñada.
–Prepárate zorrita, porque te voy a inundar el culo.
Gimió como una loca y volvió a meter la mano entre sus piernas, frotándose
de nuevo el clítoris a toda velocidad, mientras jadeaba y resoplaba.
–Uf, uf, uf… Ah, ah, ah…
De pronto, noté cómo su recto se adhería a mi polla, me tensé por completo
y, gritando como loco, me corrí a lo bestia en el culo de mi cuñada.
–AH, AH… ¡AHHHHHHH! ¡ME CORROOOOO! ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡TOMA LA
LECHE DE TU CUÑADOOOOOOOO!!!!!!!!!!
Le solté varias descargas que le llenaron el recto mientras ella,
simultáneamente, se corría de nuevo, dejándose caer sobre la cama, conmigo
ensartado, jadeando y gritando como una loca.
–Sí, Dios, ¡SÍ! ME CORRO… ¡POR EL CULO!
Me salí de ella al cabo de un buen rato, exhausto, y me dejé caer a su lado,
observando cómo temblaba aún del gusto. Cuando nos recuperamos la llevé
al baño para limpiarla y ponerle una crema hidratante en su recién desvirgado
ano.
–Joder cuñadita, si lo llego a saber antes nos hubiéramos ahorrado
más de una discusión –le dije, tras darle una cálida palmada en la nalga
derecha–
Sigo disfrutando de ella, cada vez más adicta a mi polla. Empiezo a emputecerla de
verdad.
Después de nuestro primer (y único) encuentro, la relación con mi cuñada
se enfrió bastante. Imagino que le dio una especie de ataque de moralidad,
porque no respondía a mis llamadas, no contestaba los emails que le
mandaba y, en alguna reunión familiar posterior, se las ingenió para no
quedarnos a solas ni un momento.
–No sé qué coño le pasa a mi hermana… últimamente está de un
humor de perros –me soltó mi mujer una noche mientras cenábamos–
– ¿Más de lo que acostumbra? –respondí, haciéndome el gracioso–
.
–Joder, contigo no se puede hablar en serio. Estoy preocupada por
ella. Yo creo que debería divorciarse. Se nota a la legua que no es feliz y…
– ¿No crees que ya es mayorcita para saber qué hacer con su
matrimonio? –corté a mi mujer, viendo por dónde iba–.
Me miró con cara de asco y me hizo una propuesta sorprendente.
–Ya sé que la relación entre vosotros es de lo más aséptica posible…
Y por eso quiero que hables con ella. Yo ya estoy harta de hacerle ver que…
– ¿Qué? ...–la interrumpí con un grito y cara de asombro–. A mí no
me metes tú en ese lío. Ni de coña, vamos…
– ¿Estás seguro? –me preguntó, apoyando la mano derecha en mi
entrepierna–.
Se metió bajo la mesa y, con una maestría que no me esperaba, me sacó la
polla y empezó a mamármela como si fuera una verdadera puta. Cuando la
notó suficientemente dura se salió de debajo de la mesa, me miró con cara
de deseo y se bajó de golpe el vaquero y el tanga que llevaba. Se dio la
vuelta, tiró los platos de un manotazo y se dejó caer, apoyando el torso en
el espacio que había dejado libre. Abrió las piernas, se agarró a ambos lados
de la mesa y me habló.
–Fóllame. Fóllate a la puta de tu mujer y llénale el coño de leche…
Con el rabo duro como una piedra, me desabroché el cinturón, me bajé los
pantalones y el bóxer y me coloqué tras mi mujer. Le pasé la mano por la
raja y la noté muy caliente y completamente mojada.
–Déjate de tonterías y clávamela ya, hostias… –me dijo mi
desconocida esposa volviendo la cabeza un momento–.
Me agarré a sus caderas, apunté a la entrada del coño y, de una sola
embolada, se la clavé hasta que mis pelotas toparon con sus nalgas.
–¡¡¡¡¡AAAHHH!!!! Sí, joder… ¡SÍ…! –gritó cuando se sintió llena de
rabo–. Dame fuerte… Fóllate a tu mujercita a lo bestia…
No me hice de rogar. Agarrado a sus caderas, empecé a empotrarla
rítmicamente, aumentando la velocidad de la follada a cada pollazo que le
iba soltando. A los pocos minutos, mi mujer empezó a jadear cada vez más
fuerte, se agarró fuertemente a la mesa y giró la cabeza para anunciarme
que se corría.
–Sigue… sigue…Ya, ya… ¡¡¡¡¡¡¡YAAAAAA!!!!!! ¡¡¡¡¡¡ME CORRO,
JODER… ME CORROOOOOOOOOOOO!!!!!!
Noté cómo le temblaban las piernas y tuve que agarrarla para que no se
cayera mientras seguía empotrándola al mayor ritmo que podía. Con los
últimos espasmos de su corrida, sentí las paredes de su coño adherirse a
mi rabo, estrujándolo como si lo ordeñara buscando que lo regara con el
jugo de mis pelotas. Fue demasiado y no aguanté más. Di un último empujón
y me corrí como un animal, gritando antes de inundarle el chocho.
–¡¡¡¡AAAAHHHHH!!!! SÍ…TOMA LECHE…
¡¡¡¡¡¡TOMAAAAAAAAA!!!!!!!
Estuve un par de minutos echado encima de mi mujer, ensartada, jadeando
hasta recuperar el aliento. Cuando me salí de ella, un hilo de semen y flujo
le resbaló por el interior de los muslos, depositándose en sus vaqueros
bajados.
– ¿Cuándo te viene bien hablar con mi hermana? –me dijo tras
recomponerse la ropa, antes de subir a ducharse–.
No sé qué trola le contaría, pero surtió efecto. Un par de días más tarde la
estaba esperando en una cafetería y, a juzgar por su reacción al verme, no
tenía ni idea del engaño de su hermana.
–Vamos, no me jodas… –dijo antes de sentarse con cara de
resignación–.
–Yo también me alegro de verte –respondí con media sonrisa–.
Antes de que te vayas, déjame explicarte que…
–Tranquilo, no es culpa tuya. Será hija de…
–Deberías pensar lo que dices – la corté–. Creo que tenéis la misma
madre y…
Soltó una carcajada y se pidió un café. Tras unos segundos de silencio me
atreví a hablar.
– ¿Por qué me rehúyes? –pregunté escuetamente–. Creo que
somos mayorcitos para hablar las cosas, ¿no crees?
–No es tan fácil, joder. Es mi hermana y…
–Y mi mujer…
Hubo otro silencio que se me hizo eterno, hasta que mi cuñada retomó la
conversación.
–Ya sé que no es una competición, pero para mí la traición es doble.
Si no es suficiente ponerle los cuernos a tu marido, encima, con el cuñado.
Yo…
–Si no quieres que nos veamos más, solo tienes que decirlo –la
interrumpí–. Pero, aparte de ese halo de moralidad que has intentado
dibujar, creo que hay algo más.
–Tú eres gilipollas, ¿verdad?... Pues claro que hay algo más. ¿Por
qué cojones te crees que estoy con este mal humor?...
Hizo una pausa, resopló un par de veces, dio un sorbo al café y siguió
hablando.
–Jamás pensé que diría esto, pero ¡necesito tu rabo! Desde que nos
liamos, mi maridito ha hecho como que me folla tres veces…Tres mierdas
de polvo en los que me ha dejado más caliente de lo que estaba antes de
empezar… Joder, que he dejado sin pilas el Satisfayer y aún tengo ganas
de más.
–Pues ese dilema moral sólo lo puedes resolver tú, preciosa –le dije
con una sonrisa de oreja a oreja–. Por mi parte, tengo rabo para las dos y,
la verdad, encantado de follarme a mi mujer y a su hermanita, siempre que
no afecte a mi matrimonio.
–Eres un cabrón y…
–Piensa lo que vas a decir –la interrumpí, mirándola con gesto serio–
. Te repito que está en tu mano el que no se repita. Pero si quieres más de
mi polla, procura no hacer ningún drama moral, ¿entendido? Llama a tu
hermana y cuéntale lo que sea…pero que no me dé más el coñazo con tus
neuras, ¿ok?
Me levanté y la dejé con la palabra en la boca. Pagué los cafés y salí de la
cafetería pensando cuánto tiempo tardaría en volver a llamarme para que
me la follara de nuevo.
Unos días más tarde me llamó al móvil y me citó en su casa a media tarde,
aprovechando que su marido estaba de viaje.
– ¿Estás segura? –dije cuando me abrió la puerta–. Si paso es para
follar sin ningún tipo de remordimiento, solo sexo, nada más, ¿entendido?
–Que sí, hostias, pasa ya. Lo he estado pensando y… joder, me tienes
caliente como una perra –respondió sobándome el rabo por encima del
pantalón antes de meterme dentro de la casa tirándome del brazo–.
Me llevó hasta el salón y preparó un par de copas. Me senté en uno de los
sofás y ella se quedó de pie, mirándome fijamente.
–Quiero tener contigo todo lo que no tengo con mi marido. Me explico
–me dijo al ver mi cara de interrogación–. Quiero sentir un hombre de
verdad, que me folles a lo bestia…vamos, que me uses como si fuera tu
puta.
Me acomodé en el sofá, di un sorbo a mi copa y le hablé en tono seco.
–Así será. Venga, desnúdate, ¡ya!
Me miró con cara de vicio, soltó su copa en la mesa y empezó a desnudarse.
Llevaba una minifalda ajustada, de color negro, un top que le realzaba
bastante el pecho y unos tacones con plataforma. Se descalzó y se deshizo
del top y de la minifalda. Mi cuñadita quedó ante mí con un sujetador de
encaje blanco y un tanga a juego en el que me pareció observar el inicio de
una mancha de humedad. Con un gesto hice que se acercara a mí y
comprobé cómo empezaba a mojarse a lo bestia.
–Mira, ya empiezas a ponerte a tono –le dije señalando la prominente
mancha del tanga–. Entonces, quieres que el marido de tu hermana te use
como si fueras una puta, ¿verdad?
Asintió levemente con la cabeza y jadeó, víctima de la excitación.
–Te he dicho antes que te desnudes, zorra. No sé a qué esperas…
Se separó un poco y se quitó el sujetador, mostrándome de nuevo su par de
tetas perfectas, erguidas y con los pezones tiesos como dos pitones. Me
miró a los ojos y se bajó el tanga muy despacio, quedándose en pelotas ante
mí. Me levanté y me coloqué junto a ella, pasándole las manos por la cara y
bajando hasta sus pechos. Al roce con mis dedos, noté cómo se le
endurecían a tope los pezones y empecé a amasarle las tetas, duras
también como piedras. No pudo contenerse y soltó un gemido de placer.
–Ufff –dijo resoplando y cerrando los ojos–.
Bajé la mano derecha por su barriguita, rocé su ombligo y la posé en la raja
de la hermana de mi mujer, notando su calentura y humedad. La recorrí de
abajo arriba muy despacio, notando cómo me empapaba la mano, hasta
llegar al clítoris. Le separé los labios con los dedos y apareció como un
garbanzo, hinchado y brillante de sus propios fluidos. Noté como empezaba
a jadear fuertemente y empecé a frotárselo en círculos.
– ¿Te gusta obedecer a tu cuñado, zorrita? –le dije imprimiendo más ritmo
a la caricia–.
–Ssssí…joder… ¡sí! –respondió mordiéndose el labio inferior y
abriendo más las piernas para facilitarme la labor–.
–Muy bien, cuñadita, muy bien. Te vas a correr en mi mano, cuando
yo te diga, como una buena perrita obedeciendo a su amo –le dije mientras
le frotaba al clítoris a toda pastilla y me metía una teta en la boca, chupando
a conciencia el pezón–.
En menos de un minuto empezó a temblar, se agarró a mis hombros y me
empapó la mano, casi como si me la hubiera meado, mientras gritaba que
se corría.
–Ah, ahhhh… ya, yaaaa…Dios… ¡ME CORROOOOOOOOOO!
Dejé que se recuperase un poco y, tras separarme de ella, me senté en el
sofá.
–Estás más falta de polla de lo que recordaba –le dije mientras daba
un buen trago a la copa que me había servido antes–. No me ha dado tiempo
ni a darte la orden de que te corras. Anda, ven aquí y juega con tu regalo –
le ordené bajándome los pantalones y el bóxer al mismo tiempo, haciendo
que saltara mi rabo como un resorte, tieso, duro y con líquido preseminal–.
Mi cuñada me miró la polla con cara de vicio y se arrodilló entre mis piernas.
Me la descapulló con delicadeza, agachó un poco la cabeza y empezó a
lamerla desde la base hasta el glande, ensalivándola en toda su extensión.
Tras unos buenos lametones, se agachó un poco más y se metió una buena
parte en la boca, chupando despacio el capullo y sorbiéndolo como si se
estuviera comiendo un caramelo. Le puse la mano en la nuca y entendió
perfectamente el mensaje. Abrió bastante la boca y se la tragó hasta el
fondo. Noté cómo le atravesaba la garganta a la vez que ella sacaba la
lengua y me lamía los huevos.
–Joder con la zorrita –dije sorprendido por su habilidad mamadora–
. Parece que el otro día aprendiste bastante, jajaja.
Espoleada por mis palabras empezó a subir y bajar la cabeza, follándose
ella misma la boca a un ritmo cada vez más fuerte, dejándome los huevos
completamente llenos de babas que me resbalaban hasta la raja del culo.
Temiendo correrme antes de tiempo, tras un par de minutos la cogí del pelo
y le levanté la cabeza. Estaba roja como un tomate, con el pintalabios y el
rímel corrido y los ojos llenos de lágrimas de tanto mamar. Nos cruzamos
las miradas y noté cierto aire de decepción en la suya.
–Ya habrá tiempo para que te tragues mis corridas. Ahora quiero
volver a reventarte ese coñito precioso que tienes.
Me acomodé en el sofá, con la polla completamente tiesa y apuntando al
techo, e hice que se colocara a horcajadas sobre mí, de espaldas. Le pasé
la mano por la raja y la tenía empapada. Con un toque en el hombro derecho
entendió que quería que se empalase ella sola. La hermana de mi mujer se
colocó la punta de la polla en la entrada del coño, se separó los labios con
los dedos y se dejó caer lentamente sobre mi tranca, saboreando de nuevo
cada centímetro del rabo que se iba clavando. Cuando su culo topó con mis
pelotas soltó un suspiro y empezó a subir y bajar cada vez a más ritmo.
–Ufff…joder, cuñado…qué pollón…Hostias, ¡qué gusto!
Me agarré a sus tetas con las dos manos y empecé a amasárselas a lo
bestia mientras ella botaba cada vez más fuerte sobre mis huevos, dando
unos culazos impresionantes.
–Sí, sí, sí…Más, más… dame, dame… Reviéntale el coño a tu
cuñadita…
Acompasé movimientos de cadera arriba y abajo al ritmo que ella iba
botando con mi polla ensartada y, a los pocos segundos, noté cómo me
estrujaba la polla con los músculos del chocho y empezaba a convulsionar
mientras soltaba un alarido de placer que retumbó en todo el salón.
–Ah, ah… ¡YAAAAAAAAA! ¡¡¡¡¡¡ME
CORROOOOOOOOOOOOO!!!!!!!
No sé si se corrió varias veces seguidas o fue una sola intensamente
prolongada en el tiempo, pero estuvo un par de minutos temblando
incontroladamente y soltando jugos por el coño como si fuera un surtidor.
–Hostias, hostias… joder con mi cuñado… Vaya pedazo de corrida
–dijo jadeando cuando dejó de temblar, echándose hacia atrás y girando la
cabeza para besarme–.
–Bueno, zorrita, ahora me toca a mí –respondí estirándole los
pezones para que se incorporara de nuevo–. Cuñadita, te voy a inundar de
leche este coñito tan rico que tienes. Venga, a cabalgar –le ordené dándole
un cachete en la nalga derecha que le dejó la mano marcada–.
A los pocos segundos estaba de nuevo botando a lo bestia sobre mis
pelotas, clavándose la polla hasta el fondo sin dejar de resoplar y jadear,
con mis manos en sus caderas, marcándole el ritmo. Cuando noté que me
iba a correr llevé la mano derecha hasta su raja, busqué su clítoris y empecé
a frotarlo a izquierda y derecha a toda pastilla, hasta que los dos estallamos
en una corrida brutal.
–Ya, zorra, ya… me viene… Sí… ¡ME CORROOOOOOO!
¡¡¡¡¡¡TOMA LECHE DE TU CUÑADOOOOOOO!!!!!
–Sí… sí… la noto… ¡LA NOTO! Ah… ah… ¡¡¡¡¡¡¡AHHHHHHHH!!!!!!
Estuvimos un buen rato sentados en el sofá, jadeando, hasta recuperar el
aliento. Cuando se desacopló, un hilo bastante grande de semen y fluidos
resbaló por los muslos de mi cuñada y goteó hasta el suelo, formando un
pequeño charco.
–Voy a llamar a tu hermana para decirle que hoy no voy a dormir.
Estoy deseando volver a partirte el culo.
Le vuelvo a partir el culo a mi cuñadita
Cuarta entrega de la serie sobre mi cuñada, antesala del gran fin de fiesta. Se me
entrega sumisamente y le parto el culo de nuevo, convirtiéndola en mi juguetito sexual.
Se quedó medio dormida, abrazada a mí, con su cabeza apoyada en mi
pecho. Mientras mi cuñadita dormitaba estuve pensando que, si jugaba
bien mis cartas, podía convertirla en mi juguete particular. Me pareció
bastante obvio que le gustaba que le dieran caña, no sé si hasta el punto
de ser sumisa, pero sí que entraba con gusto en el juego de obedecer mis
órdenes, y quería probar hasta dónde era capaz de llegar.
– ¿En qué piensas? –me preguntó, sacándome de mis
pensamientos–.
–En lo que voy a disfrutar dentro de un rato, cuando vuelva a
partirte el culo…
Me miró con los ojos abiertos a tope y ronroneó como una gatita en celo
antes de levantarse y preparar un par de copas. Se sentó a mi lado tras
ofrecerme un whisky y volvió a hablar, confirmando mis pensamientos.
–Siempre me ha gustado que me usen como objeto sexual. Me
caliento como una cerda pensando en que un buen macho hace conmigo
lo que quiere, sin importarle si yo disfruto o no…joder…sólo de pensarlo…
– ¿Se lo has dicho a tu marido? –pregunté, queriendo indagar en
su intimidad–.
–Pufff…mi marido… A ver cómo te lo explico… ¿Recuerdas el
chico con el que salía antes de ennoviarme con tu cuñado?
–Sí, pero, ¿qué tiene que ver en todo esto?
–Si no me interrumpes… –dijo tras dar un trago a su copa–. Pues
con ese chico empecé a confirmar lo que me pone de verdad en el sexo.
Él me trataba como una marioneta, me tenía a su disposición para follarme
siempre que le apetecía…y yo disfrutaba como una perra, la verdad.
–Pero… –la interrumpí de nuevo–.
–Pero… yo era una más de su rebaño de perritas, como él nos
llamaba sin ningún tipo de pudor. Y llegó un momento en que no acepté
ese papel. Apareció tu cuñadito y fue como darle la vuelta a mi vida como
un calcetín. Me colmó de atenciones, me convirtió en el centro de todo…
Pero es un puto negado en cama. Me he estado engañando todo este
tiempo, hasta que…
–Hasta que ha podido más la perrita que la esposa – la corté,
haciendo que me mirara con mala cara–.
–Bueno, eso es tan obvio que si no fuera así no estaríamos aquí,
en pelotas, después de haber follado en el sofá, ¿no crees?
– ¿Y no has intentado ver al otro alguna vez? Ya sabes, un
desahogo y vuelta al redil.
–No creas que no lo he pensado más de una vez. Pero, como te
dije, me parece que está ciudad es muy pequeña y no quiero perder nada
de lo que tengo con mi marido.
–Sí, ya recuerdo, jajaja…Conmigo la discreción está asegurada,
jajaja –dije tras soltar una carcajada–. Voy a ser sincero contigo. A mí me
pone muchísimo adoptar ese papel de macho dominante que tú describes.
Alguna vez he intentado ser así con tu hermana mientras follamos, pero lo
único que he conseguido es que me mire con cara de asco y dormir en el
salón, jajaja.
–Vamos, que sigue igual de sosita, ¿no? –me preguntó con
curiosidad–.
–Sí, aunque el otro día se desmelenó por completo para obligarme
a que quedásemos en la cafetería.
– ¿Qué…? Cuenta, cuenta…
Le conté la escenita de la mesa y, tras reírse un rato, me miró con cara de
zorra antes de volver a hablar.
–No sé tú, pero yo me estoy empezando a calentar a lo bestia –me
dijo acercándose y empezando a pajearme lentamente–.
Con el rabo a media asta, me recliné de nuevo en el sofá y, mientras mi
cuñadita me pajeaba, la miré a los ojos y le hablé secamente.
–A partir de este momento, harás todo lo que yo te ordene, sin
protestar y sin cuestionar lo que te mande. Si no estás de acuerdo, recojo
mi ropa y me voy… pero si me quedo, haré contigo lo que me apetezca
¿te ha quedado claro?
– ¿Cómo dices…? –musitó, tragando saliva y valorando la
situación–.
–Te lo voy a explicar mejor para que lo entiendas –dije
arriesgándome a que me mandara al carajo–. Piénsalo bien antes de
contestar, porque será la última vez que te pregunte. Si aceptas, hoy te
vas a convertir en mi marioneta, mi juguete para hacer contigo lo que me
apetezca. Si dices que no, nos veremos en Navidad y en algún
cumpleaños familiar, como cuñados que somos, pero no volverás a catar
lo que ahora tienes entre las manos. Tienes diez segundos para decidir.
Diez…nueve…
Me miró desconcertada, me soltó el rabo, se puso de pie, con los brazos
en jarras, y se quedó callada unos segundos observándome,
completamente desnudo en el sofá, con la polla tiesa como un mástil.
Resopló un par de veces, se acercó a mí, me cogió la mano derecha y me
la puso en el coño. Abrió un poco las piernas y le pasé el dedo corazón por
toda la raja, notándola completamente mojada.
–Soy toda tuya –dijo arrodillándose sumisamente ante mí–.
Sonreí levemente, saboreando la victoria y notando cómo el rabo se me
endurecía a tope.
–Muy bien, cuñadita, buena elección. Abre la boca – le ordené,
colocándome frente a ella–. Ya sabes lo que tienes que hacer.
La hermana de mi mujer sacó la lengua y le puse la polla en ella. Me la
lamió varias veces como una perrita y, sin decirle nada, abrió la boca y se
tragó todo el capullo de un solo movimiento, a la vez que me amasaba las
pelotas. Tras chuparme el glande varias veces se la sacó de la boca y
volvió a lamérmela en toda su extensión, desde la base hasta la punta,
dejándomela perfectamente ensalivada. Luego, la cogió con la mano
derecha y se agachó un poco para chuparme los huevos, dejándolos
también cubierto de babas. Cuando consideré que ya estaba bien de
jueguecitos con mis pelotas, carraspeé un par de veces y mi cuñadita
volvió a abrir la boca. Se introdujo todo lo que pudo de tranca, me puso las
dos manos en el culo y abrió a tope las mandíbulas, intentando tragársela
entera.
–Te voy a ayudar un poco, zorrita –le dije, poniéndole las dos
manos en la nuca y apretándola contra mí–. Verás como vuelves a tragarte
toda la polla de tu cuñado.
Con un golpe seco de caderas, noté cómo le llegaba hasta la garganta, y
cómo se le abría al paso de la punta. Aguanté en esa posición hasta que
me empezó a golpear en los muslos, con la cara completamente roja y los
ojos soltando lágrimas. Se la saqué de golpe, llena de babas que le
resbalaron por el canalillo, mientras sus tetas subían y bajaban al ritmo de
sus pulmones, buscando el aire que le faltaba. Mientras mi cuñada
recuperaba el aliento le di varios pollazos en la cara, a la vez que le pasaba
la mano por la raja.
–Joder, estás chorreando. Pues sí que te pone que te den caña de
la buena, ¿verdad, cuñadita?
Me volví a recostar en el sofá, con el rabo apuntando al techo, mientras
ella, aún de rodillas, esperaba que le diera nuevas órdenes que cumplir.
–Anda, ven aquí –le dije palmeando el sofá–. Aquí tienes tu premio,
listo para que lo disfrutes –sonreí, señalándome la tranca completamente
tiesa–.
Abrió las piernas y se colocó a horcajadas sobre mí. Me cogió el rabo por
la base y se dio un par de pollazos en el clítoris antes de abrirse los labios
del coño con dos dedos y dejarse caer, sin preámbulos, empalándose por
completo mientras soltaba un alarido de placer.
–Aaahhh… síííí… ¡¡¡qué ricooooooo!!!
–Parece que a mi cuñadita le gusta que le metan una polla de
verdad –le dije, poniéndole las manos en los hombros y empujándola hacia
abajo para clavársela entera–.
Al sentirse rellena de polla soltó un “Diossssss, síííí…” que retumbó en
todo el salón y empezó a botar como una loca, dando unos culazos
bestiales sobre mis pelotas. En menos de un minuto noté cómo me
estrujaba el rabo con los músculos del coño y, apoyándose sobre mi pecho
con las dos manos, empezó a gritar que se corría.
–SÍ, SÍ… YA, YA, YA… ME CORRO, CUÑADO, ¡¡¡ME
CORROOOOOOOO!!!!!
Se corrió de un modo bestial, soltando tal cantidad de fluidos que, tras
empaparme los huevos, gotearon sobre el sofá haciendo una mancha
enorme sobre él, mientras se retorcía sobre sí misma, babeando y
resoplando para recuperar el aliento.
–Joder, vaya corrida. Parece que te has meado, cuñadita. Luego
tendrás que limpiarlo –le dije mientras me salía de ella con el rabo
goteando fluidos–.
Hice que me siguiera hasta la mesa del salón y la recliné sobre ella, con
las piernas bien abiertas, haciendo que apoyara las tetas y la cara sobre
el cristal, formando un ángulo recto con su precioso cuerpo. De esa forma,
dejé su culito en pompa ante mí, completamente expuesto y ofrecido.
–Saca bien el culo, zorrita –le susurré al oído–. Me voy a correr en
ese culito tan precioso que tienes. Primero te lo voy a dejar bien abierto, y
luego te lo voy a llenar de leche calentita y espesa. Te vas a acordar de tu
cuñadito varios días cada vez que tengas que sentarte.
–Ten cuidado, por favor –me dijo girando la cabeza–. Ya sabes que
solo me lo has follado tú…no está acostumbrado a que lo taladren.
Escupí en su ojete e hice presión con un dedo, para comprobar lo flexible
que lo tenía. Aunque seguía bastante estrecho, el primer dedo entró con
relativa facilidad, a pesar del respingo que dio cuando vencí la resistencia
de su esfínter trasero. Cuando se relajó, metí otro y empecé a hacer
círculos dentro de su ano, dilatando poco a poco su anillo marrón. Con algo
más de esfuerzo, un tercer dedo entró en el culo de mi cuñada, a pesar de
que sus quejas eran cada vez más evidentes.
Viendo que no se relajaba, me agaché un poco para meter la otra mano
entre sus piernas y le empecé a acariciar la raja, arriba y abajo, muy
despacio, deteniéndome en el clítoris, frotándolo circularmente con la
misma cadencia con la que intentaba meter y sacar los dedos de su ojete.
Poco a poco, mi cuñadita fue cambiando las quejas por gemidos de placer
y, cuando la noté suficientemente excitada, retiré mis manos de sus
agujeros, hice que ella siguiera pajeándose el clítoris y me coloqué de pie,
detrás de ella. Apunté en su agujerito con la polla completamente tiesa y
empecé a empujar con cuidado.
–Por favor, ve con cuidado –suplicó girando levemente la cabeza–
.
–Tranquila, zorrita. Verás como al final te vuelves adicta a que te
parta el culito tan precioso que tienes –le dije con una sonrisa, saboreando
el poder sobre ella–.
Volvió a agarrarse fuertemente a la mesa y se dejó hacer. Estuve un buen
rato intentando meterle la punta, pero era imposible de lo cerrado que tenía
el ojete. En cuanto presionaba un poco más fuerte, gritaba de dolor y daba
un pequeño salto, removiendo todo el cuerpo, haciendo imposible que
empezara a encularla.
–Tranquila, cuñadita –le dije al oído–. Verás como al final te gusta,
igual que la otra vez.
Cuando conseguí que se relajara, le escupí en el ojete, me escupí en la
polla y, agarrándola fuertemente por las caderas, empujé hasta que le
entró más de media cabeza. Soltó un berrido tremendo, mezcla de placer
y de dolor, que ahogó metiéndose el puño derecho en la boca y, aunque
se removió para zafarse, se lo impedí agarrándola con firmeza.
–¡¡¡AAAHHH!!! ME HAS PARTIDO EL CULO…JODERRRRR…
¡¡¡¡¡¡¡¡ME HAS RELLENADO DE POLLAAAAAA!!!!!!!!!!
– ¡Tranquila, zorrita…! –le grité mientras, con otro golpe de
caderas, conseguí meterle todo el capullo, notando la calentura y
estrechez del precioso culito de mi cuñadita–.
–DIOSSS…. ¡¡¡¡¡ME HAS PARTIDO EN DOS!!!!! –me gritó
mientras se retorcía, acostumbrándose a la tranca que le atravesaba el
culo–.
–ESPERA… ¡¡¡¡¡YA!!!!! –volví a gritarle mientras terminaba de
clavársela hasta que mis pelotas toparon con sus nalgas–. ASÍ,
JODER…¡¡¡TODA DENTRO!!! –le grité con la satisfacción de saber que la
había ensartado por completo–.
Se la dejé clavada hasta el fondo hasta que noté que mi cuñada se
relajaba, asumiendo su papel de juguete en mis manos.
–Ahora voy a encularte hasta correrme en tu culo. Te va a llegar
leche hasta el estómago. Relájate y disfruta de lo que querías, zorra –le
dije acercándome a su oído–.
Empecé bombeando despacio, disfrutando de cada milímetro de su recto
que mi polla volvía a conquistar. La hermana de mi mujer, simplemente,
se dejaba encular, aceptando el precio que tenía que pagar por disfrutar
de mi rabo. Se la sacaba por completo y me quedaba mirando su esfínter,
completamente rojo y abierto, palpitando antes de cerrarse, y luego se la
volvía a clavar hasta que mis huevos chocaban contra los cachetes de su
culito.
–Como estás aguantando como una campeona, te voy a ayudar,
cuñadita–le dije, metiendo una mano entre sus piernas, mientras
aumentaba el ritmo de la enculada–.
La muy zorra tenía el coño encharcado, así que le metí dos dedos, en
forma de gancho, buscando su punto G. Cuando lo localicé empecé a
estimularlo, arrancándole gemidos de placer mientras la enculaba cada
vez a mayor ritmo. Aceleré las embestidas y, poco a poco, empecé a notar
que no tardaría mucho más en correrme en el culito estrecho y caliente de
mi cuñada.
–Ya mismo estoy, zorrita. Sigue tú, que quiero empotrarte a base
de bien para correrme a gusto –le dije sacándole la mano del coño y
agarrándola fuertemente por las caderas–.
Imprimí todo el ritmo que pude a las últimas embestidas, mientras ella se
frotaba el clítoris al mismo ritmo que yo la taladraba por detrás. En un par
de minutos, sentí que el cuerpo se me tensaba por completo, noté como el
recto de mi cuñada se adhería a mi polla y me corrí bufando como un
animal en su perfecto culito.
–AH…¡¡¡AAAAHHH!!!! ¡¡¡SÍÍÍÍ!!! TOMA LECHE,
ZORRA…¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡TU CUÑADO SE CORRE EN TU
CULOOOOOOO!!!!!!!!!!
Le solté varias descargas de leche caliente, inundándole el culo, mientras
babeaba sobre la mesa, conmigo aun ensartándola por detrás. Antes de
quedar despatarrada, con las piernas temblando, se dio un par de últimos
refregones sobre el clítoris y mi cuñadita también se corrió, babeando de
gusto.
–SÍ, SÍ…¡¡¡ME CORRO, CUÑADO… ME CORROOOOOOOO!!!!!
Tras un buen rato resoplando me salí de ella. Un reguero de semen le
resbaló por los muslos mientras su ojete palpitaba intentando cerrarse, al
mismo tiempo que recuperábamos el aliento.
–Vamos al baño –le dije a mi cuñadita–. Toca ducha…y tengo que
hidratarte el culo. Tengo que cuidar ese tesoro.
–Lo que tú digas, cuñado –me dijo con una sonrisa–.
Trío con mi cuñada y su ex
Mi cuñada me cuenta que se muda con su marido a Londres y organizo un trío junto a
su ex para despedirla como se merece, bien follada por sus dos agujeros.
Los encuentros con mi cuñadita se hicieron cada vez más frecuentes y
salvajes. Puede decirse que la emputecí (o se emputeció, la verdad es
que no lo sé) por completo, pidiéndome sexo continuamente, cada vez
más duro. En alguna ocasión, su marido estuvo a punto de pillarnos, pero
a ella le encantaba asumir el riesgo de follar en su casa, en su cama de
matrimonio.
– ¿Te ha dicho tu hermana algo de lo que le conté ayer? –me
soltó una tarde, aún desnudos en la cama, tras haber estado follando
como locos–.
– ¿Algo de qué…? –le pregunté sorprendido, mientras ella se
levantaba para preparar un par de copas–.
Volvió al dormitorio, me pasó un whisky con hielo y se quedó de pie,
mirándome fijamente.
–Entonces, ¿no te ha dicho nada? –reanudó la conversación tras
dar un trago a su copa–.
–No, joder, no he hablado con tu hermana. Se puede saber qué
cojones pasa –le volví a preguntar, algo irritado–.
–A mi marido lo trasladan a Londres. Por lo visto, ha hecho
méritos suficientes para ascender, le han subido bastante el sueldo y…
– ¿Qué vas a hacer tú? –la corté–.
– ¿Tú qué crees…? Desde luego, hay veces que pareces
imbécil…
Hizo una pausa, dio otro trago a la copa y volvió a hablar.
–Lo siento… para mí también ha sido algo imprevisto. No me
apetece una mierda mudarme…mucho menos ahora –me dijo,
mirándome fijamente a los ojos– pero…
–No se te ocurra ponerte sentimental, ni nada parecido –volví a
interrumpirla–. Esto no es más que sexo. Era bastante obvio, desde el
principio, que ni tú ibas a dejar a tu marido, ni yo iba a dejar a tu hermana.
Lo nuestro funciona a base de polvos, el resto…
–Ya lo sé, coño, no seas cursi. Aunque me va a fastidiar bastante
no tener tu rabo tan cerca, jajaja.
–Por cierto, y hablando de rabos…quiero proponerte algo –corté la
conversación que no me interesaba en absoluto–.
–A ver, ¿qué se le ha ocurrido ahora a mi cuñadito para
emputecer más a la hermana de su mujer?
Apuré el whisky, la miré a los ojos y empecé a hablar de nuevo.
– ¿Recuerdas que me hablaste del tipo que te follaba antes de
conocer a tu marido? El del rebaño de perritas, creo que me dijiste, ¿no?
–dije con sorna–.
Me miró con cara de pocos amigos, resopló un par de veces y siguió
oyéndome, tras asentir un par de veces con la cabeza.
–Pues bien, me acordé de que tenía su número de móvil de
cuando salíais juntos, lo llamé hace un tiempo y hemos estado hablando
de…
– ¿Queeeeé…? –me gritó, enfurecida–.
–No vuelvas a interrumpirme, hostias –grité con rudeza–. Estaba
dándole vueltas a la idea de que te follásemos a lo bestia los dos, hasta
dejarte destrozada y harta de polla durante un buen tiempo. Y ahora, con
lo que me has contado, creo que un trío con él será una buena sesión de
despedida, ¿no crees?
Se quedó callada, con la boca abierta y lanzándome una mirada asesina.
Resopló varias veces, se relajó un poco y me pidió que me fuera y le
diera un tiempo para pensarlo. Antes de llegar a mi casa me llamó al
móvil.
–Aunque lo pasé mal cuando lo dejé con él, me tienes más
caliente que una perra en celo desde que me dijiste lo del trío. Me da
igual lo que preparéis, pero pongo dos condiciones para hacerlo. Que
sea lo más duro y salvaje posible y que me folléis los dos en la ducha.
– ¿En la ducha? –pregunté extrañado–.
–Sí, en la ducha. Me lo he imaginado mientras me duchaba, tras irte tú,
y quiero cumplir esa fantasía con los dos. Cuando lo tengáis todo listo,
avísame.
Colgó sin darme tiempo a responder, dejándome con una erección de
caballo, a pesar de haber estado follando toda la tarde con ella. Pillé a mi
mujer en la cocina, la cogí del brazo y la llevé al dormitorio para descargar
lo poco que me quedaba en las pelotas en su boca, después de follármela
a lo bestia.
Unos días más tarde, aprovechando que el cornudo estaba de viaje,
quedamos los tres en casa de mi cuñada. Nos recibió con un minúsculo
camisón, sin nada debajo, y nos hizo pasar al salón, contoneándose
lascivamente delante de nosotros.
–Bonita casa –acertó a decir su ex, algo nervioso, observando la
estancia–.
–Déjate de gilipolleces. A mí me parece que no habéis venido
para hablar de decoración, ¿verdad? –respondió, dejando caer el
camisón, quedándose completamente desnuda–.
Se arrodilló ante nosotros y, con suma maestría, nos dejó en pelotas de
cintura para abajo, apreciando las dos pollas que la iban a hacer disfrutar
como una verdadera zorra. Mientras terminábamos de desnudarnos
empezó a pajearnos lentamente.
–La he echado de menos –le dijo a su ex, mirándolo a los ojos
mientras le cogía el pollón con la mano derecha, y le amasaba las pelotas
con la izquierda–.
Carraspeé un par de veces, haciendo que me mirara con una sonrisa y
que cogiera de nuevo mi rabo, aumentando el ritmo de la paja. Tras un
par de minutos de paja doble, lamió primero mi polla, y luego la otra,
ensalivándolas bien para engullirlas alternativamente, consiguiendo
ponerlas duras como piedras. Se levantó, chorreando babas que le
resbalaban hasta el canalillo, se abrió un poco de piernas y se pasó un
dedo por la raja.
–Mirad cómo me tenéis –dijo, mostrándonos el dedo mojado y
brillante de sus propios jugos–. Vamos a la ducha que quiero que me
destrocéis…
Durante el trayecto, nos entretuvimos en amasarle el culo y las tetas,
retorciéndole los pezones, mientras ella nos llevaba cogido por las
pollas.
–Ven, zorrita, ponte aquí, entre los dos –le indiqué cuando nos metimos
en la inmensa bañera de diseño que tenía en su baño principal,
situándola entre los dos rabos completamente tiesos–.
Como hacía algo de calor, abrí el grifo de agua fría y dejé que el líquido
elemento se derramase por nuestros cuerpos, algo sudorosos por la
excitación del momento. Tras la primera sensación de frescor, agradable
y placentera, los pezones de mi cuñadita empezaron a endurecerse y, al
darnos cuenta, no dejamos pasar la oportunidad de jugar con ellos. Cada
uno de nosotros se metió uno en la boca y empezó a jugar con él,
compaginando lamidas y succiones con pequeños mordiscos,
consiguiendo que se excitara a lo bestia y estirase sus brazos para
abarcar las dos pollas con las manos y pajearlas al ritmo que le
trabajábamos las tetas.
–Ufff…uhmmm… sí…joder, cómo me pone que me comáis las tetas los
dos a la vez…Hostias…me estoy mojando a tope…
Los tíos nos dirigimos una mirada de complicidad y llevamos las manos
al coño y al culo de mi cuñada, en un movimiento perfectamente
compaginado. Con mi mano derecha empecé a recorrerle la raja,
notándola muy caliente y empapada, mientras que su ex se entretuvo en
jugar con su ojete, en una especie de follada anal de pequeñas
dimensiones, pero bastante placentera.
Al poco rato empezó a notar que se iba a correr.
–Joder…joder…uff…chicos…creo… ¡Ahhh! creo…que…que… voy a…
Solo con frotarle un par de veces el clítoris, hinchado ya como un
garbanzo, conseguí que empezaran a temblarle las piernas y ella,
agarrando ambas pollas con fuerza, gritó la primera de sus corridas.
–Ah…ah… ¡¡¡¡AAAAHHHHH!!!! ¡¡¡¡¡¡YYAAAAAAAAA!!!!!!! Sí…
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡MÁS…, QUIERO MÁSSSSSSSSSSSSSSSSSSS!!!!!!!!!
Su ex, detrás de ella, la rodeó con sus brazos, amasándole las tetas de
un modo bestial, mientras le susurraba al oído.
–Tranquila, perrita, tranquila… hoy te vas a hartar de polla…
La cogió por las axilas y, haciendo un poco de fuerza, la levantó en pulso
mientras yo me arrodillaba ante ella. Entendió perfectamente lo que
queríamos hacer porque, con un rápido movimiento, me rodeó la cabeza
con las piernas, quedando su coño abierto y ofrecido a un par de
centímetros de mi boca. Solo tuve que sacar la lengua para empezar a
comerle el chocho con lujuria, saboreando su aroma de hembra en celo.
–¡¡¡¡¡¡Dios…cabrones…me vais a matar…!!!!!
Tras varios lametones, abarcando tanto la raja como el ojete, me dediqué
a chuparle el clítoris, haciendo que jadeara intensamente y se retorciera
de gusto, a pesar de estar en una situación un tanto incómoda.
–Ufff…uffff… qué rico…qué rico…sí… sí…
Intuyendo que le faltaba poco para volver a correrse, mientras su ex le
estiraba los pezones, le metí dos dedos en su ya encharcado coño y me
afané en follárselo a toda velocidad. A los pocos segundos, mi cuñada
empezó a agitarse violentamente entre nosotros, soltó un alarido de
placer que retumbó en todo el baño y se corrió como un surtidor
salpicando de jugos los tres cuerpos.
–¡¡¡¡¡¡¡¡¡AAAAAAAAHHHHHHHH!!!!!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡ME
CORROOOOOOOO!!!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡QUÉ GUSTOOOOOOO!!!!!!!!!!!!!!
Los tres nos dejamos caer con cuidado en la bañera, recuperando el
aliento mientras el agua fría aliviaba la temperatura de nuestros cuerpos.
–Quiero polla –dijo mi cuñada, aun jadeando, antes de meterse el rabo
de su ex en la boca y coger el mío con la mano derecha, pajeándome a
buen ritmo–.
Antes de empezar a follar, alterné mi posición con el ex de mi cuñada.
Me coloqué detrás de ella, le di un par de palmadas en las nalgas para
estuviera preparada, y su ex, tras comerle las tetas con lujuria, la cogió
por la cintura y la alzó al vuelo haciendo que lo rodease con sus piernas.
El tío se la clavó en el coño con una precisión absoluta, la acomodó un
poco y, con un par de golpes de cadera, se la metió hasta que sus
enormes pelotas chocaron con la entrada de su raja.
–Diossssss, qué gustooooo…–resopló, cuando se notó rellena del pollón
que tantas veces había disfrutado antes de conocer a su marido –.
Joderrrrrrrr…me siento llena de rabo… ¡¡¡¡¡Ahhhh…!!!!!
Yo, a su espalda, con cuidado, le abrí los cachetes del culo. Me agaché
y comprobé cómo le palpitaba el ojete, ansioso también de rabo. Escupí
en él, me agarré la polla por la base y se la clavé con un certero
movimiento de caderas.
–Así, cabrones… ¡¡¡¡ASÍ!!! VENGA…
¡¡¡¡¡¡FOLLADMEEEEEEEEE!!!!!! –gritó cuando se sintió empalada por
sus dos agujeros, antes de empezar a moverse siguiendo el movimiento
de la follada doble–.
Nos miramos y empezamos a bombear sobre ella rítmicamente,
aumentando la cadencia de las emboladas poco a poco. Aunque nunca
lo habíamos hecho con anterioridad, en pocos segundos conseguimos el
ritmo adecuado para volver a hacer que se corriera a chorros. Puso los
ojos como platos, abrió la boca todo lo que pudo y soltó un gemido
animal, mientras empujaba con las manos el pecho de su ex para sacarse
el pollón del coño. Nada más sacarle la tranca, expulsó un chorro de
fluidos blanquecinos y brillantes que impactaron en el torso del chico,
salpicándole la cara y el resto del cuerpo.
–¡¡¡¡¡¡¡AAAAAAAHHHHHHHHH!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAHHHHHH!!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!!!!!
!!!!!!!!!!
Empezó a convulsionar tan violentamente que la tuvimos que sujetar
entre los dos, para que no diera de bruces con el suelo de la bañera,
mientras su coño parecía un surtidor. Sin haberse recuperado, con un
hilo de voz sugerente, volvió a pedir rabo.
–Quiero más…–suplicó babeando, con la respiración
completamente agitada, acercando los brazos a su ex, para que volviera
a clavársela en el chocho–.
Lo rodeó de nuevo con sus piernas y él, con un nuevo golpe de caderas,
volvió a endosarle el trozo de carne que la estaba volviendo loca. Cerró
los ojos, resopló y se dejó empotrar de nuevo por sus dos agujeros.
– ¿Así te gusta, cuñadita…? ¿Con dos pollas dentro…? ¿Esto es
lo que querías, perrita…? –le repetíamos, mientras le dábamos rabo a
toda pastilla y jugábamos con sus tetas, estirándole los pezones a tope–
.
–Sí, joder… ¡¡¡¡¡SÍÍÍÍ!!!! ¡ASÍ! ¡ASÍ…! –respondió, completamente
desatada, recibiendo rabo por delante y por detrás–. Menos hablar y más
follar…Joderrrrrrrrrrr…
Espoleados por los comentarios de ella, aceleramos las embestidas,
dándole unos pollazos brutales, haciendo que se moviera como una
marioneta adelante y atrás según quién la estuviera empotrando.
–Hostias, he notado tu polla, jajaja –exclamó su ex después de
que yo le soltase un golpe de caderas brutal que hizo tambalearnos a los
tres, hasta el punto de tener que apoyarnos en la pared de la ducha para
no caernos–.
Al notar la embestida, mi cuñada se agarró con fuerza al cuello de su ex,
presionó los músculos del chocho sobre su tranca y se corrió de nuevo,
entre estertores, jadeos y los pollazos que estaba recibiendo.
–Sí, joder, sí…Así… así…
¡¡¡¡¡¡¡YAAAAAAAA!!!!!!!! ¡¡¡¡OTRO…SÍ…!!!! JODERRRRR, ¡¡¡¡¡¡¡¡QUÉ
RRRICOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!
Estuvo un par de minutos agitándose entre nosotros, mientras nos
preparábamos para rellenarla de leche, agotados por el esfuerzo que
estábamos realizando.
–Me estáis matando de gusto…cabrones –dijo besando al chico
y echando la mano hacia atrás para acariciarme el pelo–. Quiero la leche
de mis machos, ¿cuándo me la vais a dar…? –concluyó ronroneando
como una gatita en celo–.
La verdad es que no nos hicimos de rogar. Resoplamos al unísono y
empezamos a bombear de nuevo, taladrando el coño y el culo de nuestra
zorrita, ya escocidos de tanta polla entrando y saliendo de ellos. Cuando
cogimos ritmo suficiente volvimos a calentarla con nuestros comentarios.
– ¿Quieres leche de macho…? –preguntamos a la vez, mientras
acelerábamos el ritmo de la follada–. ¿Quieres que tus machos te
inunden el culo y el coño de leche bien caliente y espesa…?
–Sí, joder…sí…La quiero… ¡La quierooooo…! Rellenadme de
leche…que me salga por las orejasssssssss… –contestó,
completamente fuera de sí–.
Con unas pocas embestidas más, por delante y por detrás,
perfectamente compaginadas, provocamos un tsunami de placer que
acabó en un orgasmo compartido, brutal, como si fuéramos animales en
celo, sin poder contener sus más bajos instintos. Primero me corrí yo,
endiñándole un par de estocadas brutales, para encajarle la polla hasta
el fondo y rellenarle el recto por completo. Al notar las descargas, mi
cuñada soltó un alarido de placer, abriendo la boca en señal de sorpresa,
mientras yo gritaba como un loco que me corría.
–Sí…sí… ¡¡¡¡¡¡¡¡YYYYAAAAAAA……!!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡TOMA LECHE
DE TU CUÑADOOOOO!!!!!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡TE VOY A LLENAR TODO EL
CULOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!
–AAAHHHH, SÍ, LA SIENTOOOOOO… ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡DAME…,
DÁMELAAAAAAAAA!!!!!!!!
Al sentir cómo se le llenaba el culo con el jugo de mis pelotas contrajo a
tope los músculos del coño, ordeñando el rabo de su ex, que no tardó
nada en darle el premio que estaba buscando. Con un par de embestidas,
al máximo ritmo que pudo imprimir agarrado a sus caderas, bufó como
un toro y empezó a descargar en el coño de la hermana de mi mujer,
quien se tensó, con los ojos y la boca abiertos a tope, al notar cómo la
rellenaban de lefa.
–¡¡¡¡AAAAAAAAHHHHHHHH!!! Ahí la tienes…cabrona…
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡TOMA LECHE… TE VA A SALIR POR LA
GARGANTAAAA!!!!!!!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡¡TOMAAAAAAAAAAAA!!!!!!!!!!
La doble descarga fue demasiado para la zorrita. Se quedó
completamente inmóvil unos segundos asimilando que la estaban
rellenando de leche por los dos agujeros a la vez y, de pronto, empezó a
retorcerse sobre sí misma, boqueando como un pez fuera del agua, hasta
que explotó en un orgasmo de película, dando palmadas en el torso de
su ex mientras gritaba fuera de sí.
–¡AAHH!... ¡AHHHHH!...
¡¡¡¡¡¡¡¡AAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!! ¡¡¡¡¡SSSSÍÍÍÍ!!!! ¡SÍ… SÍ…
SÍ……SÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ…!
Quedamos bajo la ducha, hechos un amasijo de carne, jadeando hasta
que recuperamos la respiración. Nos salimos de ella al cabo de unos
minutos y, sin decirle nada, como una buena perrita, nos lamió las pollas
hasta dejarlas como nuevas.
–Creo que una parte del sueldo de mi marido se va a ir en mis
viajes para ver a mis dos sementales –dijo, aún con la respiración
entrecortada–.