MEMORIA Y OLVIDO Irma Saucedo González

“… me quedo perplejo por el inquietante espectáculo que dan el exceso de memoria aquí, el exceso de olvido allá, por no hablar de la influencia de las conmemoraciones y de los abusos de memoria -y de olvido-. En este sentido, la idea de una política de la justa memoria es uno de mis temas cívicos reconocidos”.

Paul Ricoeur Las semanas que han transcurrido desde el 2 de octubre hasta el 25 de noviembre del 2011 siguen mostrando que el olvido es la regla que rige la conciencia ciudadana en nuestro país, y quizá, en el mundo. El reciente triunfo del Partido Popular en España, con todo y movimiento de indignados, muestra que ante las necesidades económicas una población indignada con un gobierno que les llevó a una guerra sin sentido olvida rápidamente las atrocidades y los vuelve a erigir en sus “representantes”. Algo parecido podemos puede suceder en México si, la ciudadanía y todas las personas indignadas con la “guerra” que inició Felipe Calderón y las múltiples muertes que ésta ha provocado, deciden olvidar las historias de represión y muerte para votar por el PRI en las próximas elecciones. La memoria es flaca, dice un dicho popular. Muchas veces la historia y la memoria se quedan en un relato individual que oscurece los contextos y condiciones que causan sufrimiento y violación de los derechos humanos en nuestro país. La memoria es un instrumento fundamental para la mejora de la condición de vida de las mujeres mexicanas. Y sin embargo, existe tanto olvido… Desafortunadamente, tanto individual como socialmente tendemos a olvidar aquello que nos duele o es insoportable para nuestra psique. Este dato es sumamente importante para quienes trabajamos el tema de violencia contra las mujeres. Importante no sólo por el efecto traumático de la violencia sino, sobre todo, por el efecto que tiene sobre la sociedad el olvido de los procesos históricos.

Violencia contra las mujeres La violencia contra las mujeres, además de las múltiples formas de agresión, tortura y muerte, incluye un entorno que impide su desarrollo y propicia todas las formas de discriminación que caracterizan el contexto en el que la violencia se reproduce: 1. La cultura. Las mujeres aún estamos/están restringidas en cuanto a su desarrollo por una serie de mandatos culturales que limitan sus capacidades y desarrollo: mandato directo del padre, marido, comunidad, etc. Constricciones económicas que les obligan a trabajar con poco o nulo recurso para el cuidado de los hijos. Una de cada 3 mujeres en nuestro país es jefa de hogar y la única proveedora. La mayoría de las mujeres mexicanas no tuvieron infancia o adolescencia por una serie de factores que las obligó a hacerse cargo de sus hermanos, casarse o formar una familia a una edad en la que deberían estar preparándose para que física, emocional y económicamente pudieran enfrentar el hecho de ser madres. Entre líneas podemos entender que el cuerpo de las mujeres es para “servir” a los hombres y/o para parir y cuidar hijos… sin importar su deseo o capacidad para hacerse cargo de otros seres humanos. 2. Las instituciones. La reciente decisión de la Corte Suprema de la Nación y su cobertura en todos los medios le siguen mandando este mensaje a las mujeres de México: un embrión tiene mucho más valor que cualquier mujer en este país. Qué mensaje más duro para las nuevas generaciones que se debaten entre continuar con la escuela o parir el hijo que concibieron “por accidente”; las jóvenes que fueron violadas y desafortunadamente quedaron embarazadas; las jóvenes que fueron abusadas por el padre, padrastro, abuelo u otro familiar, y a quienes los valores morales de su entorno o las leyes obligan a volverse esclavas para un nuevo ser. 3. La violencia. La mayoría de las mujeres (una de cada 2) aún tiene que tolerar diversas manifestaciones de violencia (física, psicológica y sexual) porque su subjetividad y el desconocimiento sobre sus derechos le impide moverse o protegerse del maltrato masculino. Y a pesar de todas esas constricciones, existen mujeres que han roto con los mandatos para construirse la vida que ellas quieren. Mujeres que con su quehacer

artístico, como líderes o como activistas siguen mostrando que hay otra manera de ser mujer, humana y libre: las transgresoras. 4. Las Leyes. Hasta hace muy poco tiempo (1996), unos 15 años, no existían leyes o marcos normativos para proteger a las mujeres de la violencia que sufrían en el espacio privado o público, ahora existen aun cuando sigan teniendo deficiencias; no existían servicios de atención especializados (aun cuando no siempre den atención de calidad y eficiente); ni había posibilidad en ningún estado de tener una interrupción del embarazo sin enfrentar el riesgo de muerte. Por eso, las mujeres con recursos que enfrentaban esta decisión, se iban a Estados Unidos o pagaban en los hospitales carísimos honorarios para no interrumpir su proyecto de vida y mantener la salud. Hoy nos hemos olvidado que el derecho a las mujeres para decidir sobre su propio cuerpo, cuando y/o si ser madres fue el resultado de una larga lucha de los movimientos de las mujeres para garantizar los derechos humanos de las mujeres y para parar el intolerable número de muertes de mujeres a causa de abortos clandestinos. Una lucha que mostró con evidencia científica, datos duros, y de múltiples maneras, que la penalización del aborto resulta inevitablemente en un desproporcionado número de muertes de mujeres pobres y jóvenes. Todo eso fue olvidado por las mujeres y hombres conservadores que apoyaron la decisión de la SCJN; y por supuesto, por la ministra y los ministros que votaron en contra de la propuesta del ministro Franco en la Corte. Peor aún. En este mes hemos escuchado y visto, hasta el cansancio, publicidad relativa a las acciones que se han tomado para enfrentar la violencia contra las mujeres. La simulación es total por parte del gobierno si consideramos la campaña orquestada desde diferentes niveles de gobierno para desacreditar la lucha contra el feminicidio. Como plantea Sergio González Rodríguez:1
En la esfera mediática y en círculos académicos ha crecido una tendencia revisionista, que tiende a minimizar dichos crímenes con el fin de realzar la totalidad de la violencia en la frontera y, sobre todo, señalar que los asesinatos de hombres son de igual o de mayor importancia que los de mujeres. Este enfoque, ajeno entre otros distingos a las consideraciones de género, quiere pasar por alto la especificidad de los asesinatos de mujeres, el contexto histórico, la complicidad, ineficacia, negligencia y manipulación gubernamental en dichos delitos, la
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Sergio González Rodríguez, “Monumento al feminicidio”, www.frontera.es

corrupción del narcotráfico entre policías, militares, funcionarios, gente de poder político y económico, que son aspectos concretos del problema.

Desapariciones y violación a los derechos humanos El fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso de Rosendo Radilla nos recuerda de otra guerra, la “guerra sucia” que el estado mexicano emprendió en contra de activistas que se rebelaban de mil formas contra un sistema de partidos que cotidianamente violaba los derechos humanos de hombres y mujeres en el territorio nacional. Rosendo Radilla fue arrestado por el ejército en un retén militar en 1974 y nunca más apareció. La corte Interamericana de Derechos Humanos encontró culpable al gobierno mexicano en materia de desapariciones forzadas en los años setenta. ¿El 2 de octubre no se olvida? En su último informe Human Rights Watch plantea que la justicia militar “no funciona, está rota, es poco transparente y ni el procurador militar ni las autoridades de la Defensa Nacional pudieron documentarnos un solo caso en que los militares acusados de cometer desapariciones forzadas, asesinatos, torturas, violaciones sexuales y detenciones arbitrarias hayan sido procesados y sentenciados”.2 En su informe, HRW sostuvo que para acabar con la impunidad se requiere voluntad política y demandaron al titular del Ejecutivo prestar atención a los 17 casos documentados por esta organización: violaciones sexuales, desaparición, ejecuciones y, detenciones arbitrarias cometidas por militares contra la población civil en 2007 y 2008 como resultado de los operativos de combate al narcotráfico. Probablemente no muchas personas hayan prestado atención a esta noticia. Peor aún, ¿Cuántas y cuántos jóvenes conocen la historia de Radilla y el asesinato de jóvenes a manos del ejército mexicano en la Plaza de las Tres Culturas? ¿Cuántas personas recuerdan la injusticia contra Jacinta Francisco Marcial, indígena, otomí que con 42 años tuvo que pasar tres años en la cárcel por un presunto secuestro fabricado por seis agentes de la AFI? ¿Cuántas personas saben que a Rodolfo Montiel y Teodoro Cabrera, indígenas
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“La justicia militar en México no funciona: informe de HRW”, La Jornada,

ecologistas de Guerrero que lucharon contra los caciques talamontes, les inventaron una serie de delitos para meterlos a la cárcel? ¿Cuántas saben del “gober precioso”, de Ulises Ruiz, Yunes, etc, etc.? Espero que nuestra memoria no sea corta y olvide a doña Ernestina Ascension, abusada y asesinada por militares; o Aguas Blancas, Acteal y Atenco La memoria debe mantenerse para que no se repita la historia de represión contra los que se atreven a alzar la voz ante las injusticias. Memoria, ética y ciudadanía ¿Seremos personas “dejadas” de nosotras mismas porque esperamos líderes responsables y que éstos no existen en México, porque no hay ciudadanía ni crítica que les cobre nada? Esperamos líderes y políticos que actúen éticamente y que sepan afrontar crisis sin represión pero no existen porque a quienes violan todas las reglas de decencia nunca les cuesta nada… porque no hay ciudadanía que reclame lo suficiente, se organice lo suficiente, tenga suficientes recursos para mantener las denuncias, etc. O quizá porque no queremos reconocer lo fácil que es actuar de manera poco ética en contextos particulares. En un artículo reciente sobre las actuaciones éticas Alina Tugend3 del New York Times relata que las investigaciones muestran que es mucho más fácil traspasar las barreras entre las actuaciones éticas y las carentes de ética cuando hay una erosión gradual de los principios y valores morales. La articulista cita al profesor Zimbardo (famoso por su experimento sobre carceleros y prisioneros en 1971) respecto a la facilidad con la que seres humanos pueden convertirse en torturadores:
“La mayoría de la gente puede ser seducida a cruzar las líneas entre bien y mal en un periodo muy corto de tiempo por una variedad de circunstancias de las cuales no están conscientes- coerción, anonimato, deshumanización… no queremos aceptarlo porque ataca nuestro concepto de la dignidad de la vida humana… Mientras que puede ser fácil darse por vencido ante tales descubrimientos, el punto es hacer a las personas conscientes de lo que se conoce sobre cómo y por qué hay personas que tienen tanta disposición a comportarse mal – y luego usar esa información para crear un entorno para lo mejor” (La traducción es mía)

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Tugend, Alina, “Doing the Ethical Thing May Be Right, but It Isn’t Automatic”, The New York Times, Noviembre 18, 2011.

Quizá eso es lo que estamos enfrentando en México, un lento y consistente deterioro de principios y valores. Y quizá también por eso debemos seguir recordando y trayendo a la memoria colectiva las infamias del pasado. Que la memoria sirva para recordarnos que se puede vivir de una manera diferente… más aún, para recordarnos que estamos obligadas y obligados a vivir de una manera diferente…obligadas a demandar que el Estado mexicano, de una vez por todas, garantice el derecho al desarrollo de todos y en particular el desarrollo de las mujeres mexicanas y su protección.

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