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Encuentro entre un futbolista y un cantante

Cargado por

carla bonillas
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
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Temas abordados

  • conflictos de interés,
  • fútbol,
  • relación,
  • dinámicas de grupo,
  • conflicto,
  • conversaciones,
  • citas,
  • cultura pop,
  • desarrollo emocional,
  • momentos de vulnerabilidad
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Temas abordados

  • conflictos de interés,
  • fútbol,
  • relación,
  • dinámicas de grupo,
  • conflicto,
  • conversaciones,
  • citas,
  • cultura pop,
  • desarrollo emocional,
  • momentos de vulnerabilidad

Louis se para a unos metros del arco en la cancha, listo para

patear su penal. Su equipo se había alejado de él, y las fans lo


alentaban desde las gradas.
Harry llega a la cancha después de la osadía que fue su camino
hasta allí, y no puede creer que hayan usurpado su cancha para
que un cantante viniera a hacer campaña como si de un político se
tratase cuando necesitaban tanto este entrenamiento.
El ojiazul estaba centrado en la pelota, analizando cómo podría
hacer un gol, cuando ve que un pie se posa sobre ese objeto
redondo, y levanta su vista de a poco, hasta encontrarse con una
intensa mirada esmeralda que reconoce de fotos, e
instantáneamente dibuja una sonrisa en su rostro.
− ¿Sabes en qué lugar estás?
− ¿En la cancha de Vélez? −dice el chico, sin entender el duro
tono que usa el otro al hablar.
−Exacto, es una cancha, para jugar al fútbol, no para hacerte el
lindo con fans. −ahí es cuando el cantante recuerda la presencia
del resto del mundo, ya que todos en las gradas se habían quedado
en silencio, intentando escuchar la conversación.
− ¿Te molesta que me haga el lindo con mis fans, o que ellas no
sean tus fans? Porque que yo sepa, siempre hay fans en las gradas,
corazón. −deletrea la última palabra, ya con la paciencia colmada,
por más lindo que fuera no podía tratarlo así y llevársela de arriba.
−No me digas así, y yo tengo entrenamiento hoy, no puedes estar
aquí.
−Bueno corazón, lamento decirte que la cancha es mía por las
próximas dos horas, y no habrá tal entrenamiento, ahora, ¿me
dejas patear mi penal?
− ¿Tienes conflicto de carreras? Sos cantante, no futbolista,
tronco.
− ¿Me acabas de decir tronco? −se ríe Louis.
−Sí, porque seguro que sos re duro para patear un penal. −Louis
da un paso adelante, enfrentándose aún más, y dejando que Harry
descubra el intenso color de sus iris.
−Ponme a prueba, si no te hago un gol, te dejo la cancha para tu
entrenamiento y me llevo a todas mis Louies conmigo. −nombra a
sus fans apropósito, como una manera indirecta de decirle su
nombre.
−Okey, me parece bien.
− ¿No me vas a preguntar qué pasa si hago un gol? −le pregunta,
acercando un poco más su rostro, a lo que el otro puede sentir su
aliento a cigarro.
−No, porque no va a suceder.
Louis hace gol y h tiene q quedarse e ir a las gradas con las fans

La pelota impacta sobre el rostro de Harry como si se hubiera


pateado con él como blanco, y el chico se lleva rápidamente las
manos a la cara para calmar un poco el dolor, aunque es inútil.
Louis no tarda ni dos minutos en subir a las gradas y hacerse lugar
entre las fans para llegar hasta el futbolista.
—¿Estás bi…
—¡¿Qué te pasa?! –no lo deja terminar.
—Te estoy preguntando si estás bien, perd…
—¡Obvio que no estoy bien tronco! Me acabas de tirar la pelota
en la cara, ¿Qué mier…
—Epa corazón, la boquita. –lo calla Louis a tiempo.
—Déjame en paz, ¿Para esto me pediste que me quede?
—¡Sí, obvio corazón, sólo te pedí que te quedes para tirarte un
pelotazo! –le responde el cantante con sarcasmo.
—No uses sarcasmo conmigo, me acabas de golpear.
—¡Bue! –el ojiazul se pone de pie y levanta los brazos,
exasperado. —Fue un golpe chiquito, tampoco vas a hacer tanto
drama por eso.
—¡Te odio! –le grita Harry, las fans se habían quedado en
absoluto silencio por segunda vez en la mañana, así que aunque
estuvieran rodeados de ellas, era como si no lo estuvieran.
—Pues yo te odio más. –gritó Louis bajando de las gradas, pero
con una sonrisa divertida plasmada en el rostro. Le gustaba sacar
de quicio al futbolista,

Track: Iris by Goo goo dolls


Iris comenzó a sonar en los parlantes del lugar cuando Harry salió
del baño, y, para su mala suerte, chocó contra el cuerpo de un
tronco que reconoció al instante.
—¿Me estás persiguiendo? –le preguntó al cantante, pero antes de
responder, el chico lo empujó sin mucha fuerza haciendo que su
espalda quede contra la pared, y la distancia entre ellos
disminuya.
—Si, corazón, estoy siguiéndote, ¿cómo lo supiste? –el jugador
pudo sentir el aliento a alcohol en el instante, aunque la manera en
que arrastraba las palabras le habría dado un indicio de cualquier
forma.
—¿Sabes algo? Te conozco hace menos de veinticuatro horas,
pero una de las cosas que peor me caen de vos es tu estúpido
sarcasmo.
—No te hagas, sé que en el fondo te caigo bien. –el cantante se
acercaba cada vez más, invadiendo casi al completo el espacio
personal del otro.
—Sí, en el fondo y a la izquierda.
—¿Quién es el sarcástico ahora?
—Pues será que de tan cerca que te me pones me lo pegaste, sal. –
si fuera por él, probablemente se movería sólo, pero estaba
estático contra la pared.
—No entiendo porqué…
—¿Porqué qué?
—Porque me gustas si sos tan… –el cantante, en definitiva, no
estaba en sus cinco sentidos.
—¿Tan qué? –preguntó, con curiosidad absoluta.

—Tan… hay algo que quiero hacer desde que te vi. –cambió por
completo el rumbo de la conversación, sin embargo, el ojiverde
permaneció atento, tanto así que, en cuanto Louis rozó sus labios,
estrelló si mano contra su mejilla girando su cara, e impidiendo
que el beso llegase a buen puerto.
Fue como si la cachetada hubiera reiniciado el sistema del
cantante, porque en ese momento, todo lo que había tomado le
pasó factura haciendo que se vomitada sobre su propia remera.

Louis.
Al abrir los ojos la claridad que entra por la ventana golpea fuerte,
me froto los ojos examinando la habitación, que no parece ser la
del hotel que conocí ayer, definitivamente no lo es. Mi celular
está enchufado a un lado de la cama, pero antes de que pueda
agarrarlo la puerta se abre dejándome ver a el futbolista.
—Al fin despiertas, pensé que te habías muerto. –es lo primero
que dice, y recuerdos de la noche anterior comienzan a llegar a mi
cabeza. Intenté besarlo, en un estado de completa ebriedad, y él
me rechazó de una manera no tan convencional.
—Pues lamento informarte que tu cachetada no fue tan fuerte,
corazón.
—No empieces, tronco. Lo que sí fue fuerte es la resaca, ¿no es
así?
—Tendrás una pas…
—En la mesita de luz tienes un vaso de agua y una pastilla. –
dirijo mi vista hacia allí corroborando que lo que acaba de decir
es cierto.
—Así que te preocupas por mí.
—En realidad, me preocupo porque no mueras delante de mí. Te
recomiendo que te des una ducha cuando llegues a tu hotel,
porque el olor a vómito no se te va a ir así como así.
—¿Qué hora es?
—Las once y media, en diez minutos pasa un colectivo que te
deja…
—¿Qué? No, mi vuelo sale a las doce.
—Pues volarás con olor a vómito.
—¿Porqué? Prometo no tardar más de 10 minutos.
Harry.
—¡Louis sal de ahí! –grito en cuanto reacciono, pero él ya ha
entrado en el baño.
—¿Así que ya sabes mi nombre? –me responde, y oigo como el
agua comienza a caer de la ducha.
—¡Sólo sal! Debes irte, o perderás tu vuelo.
—Dame diez minutos y me voy. –odio que las personas me lleven
la contraria, y sobre todo él, a pesar de conocerlo hace menos de
veinticuatro horas, por lo que entro en el cuarto de baño sin
importarme nada, entrando a la ducha para cerrar el grifo. —Si
querías acompañarme sólo tenías que decírmelo, corazón.
—Quiero que te vayas de mi casa.
—Pues deja que me bañe, y lo haré. –pasa su mano por mi
costado para volver a abrir el grifo, logrando que ambos nos
mojemos al estar debajo de la ducha, y sin mucha distancia de por
medio.
Clavo mis ojos en los suyos, negado a desviar mi mirada, y eso de
alguna forma me pone aún más nervioso. Él posa una de sus
manos en mi mejilla, mientras que la otra sigue continúa sobre el
grifo.
—Harry, ¿porqué estás tan a la defensiva conmigo?
—No lo estoy, sólo ya cumplí mi buena acción de la noche y no
quiero volver a verte, ni que vuelvas a intentar besarme.
—No voy a intentar hacerlo, porque sé que tú quieres, así que
dejaré que sea cuando estés listo. Pero con lo primero, lamento
decirte que yo quiero todo lo contrario.
Que no se aprovechara de la posición y el lugar en el que estamos
para hacerlo, y estando en sus cinco sentidos, me hace pensar que
quizá no es tan malo como yo mismo lo pinté en mi cabeza.
Louis.
Mis amigos comienzan a hablar con las chicas que se nos habían
acercado, y yo busco ansioso con la vista a la persona por la que
vine hoy aquí, sin éxito. Me sorprende una mano entrelazándose
con la mía y casi arrastrándome detrás de él, lejos de las gradas,
pero no tardo en darme cuenta de quién se trata, y dejarme llevar.
Cuando entramos en un lugar que, sin dudas es el vestuario de los
jugadores, él me suelta la mano, y yo uso mis reflejos para
acorralarlo contra los lockers, poniendo una mano en su cintura, y
haciendo movimientos suaves con mi dedo sobre la tela.
—¿Ves como sí tenías ganas de que viniera? –sonrío, acercando
aún más mi rostro al suyo.
—¿Qué te hace creer eso?
—Que me trajiste a los vestidores en cuanto me viste.
—Bueno, no fui yo el que acorraló al otro, ni el que me buscaba
sin cesar con la vista. –puedo ver como él se mueve tan sólo un
centímetro hacia delante, acortando nuestra distancia.
—¿De qué trata este partido? –le pregunto, mirándolo fijamente a
los ojos.
—Comienzan las selecciones para la copa América, el equipo que
gana, juega el próximo fin de semana con otro equipo. –me
explica, lamiéndose los labios, sólo con el objetivo de tentarme.
—¿Porqué preguntas?
—Simple curiosidad.
—No copies mis argumentos.
—Pero es verdad, y no soy muy curioso, sólo con las cosas que sí
me importan.
—Louis, ¿qué hacemos hablando a esta distancia?
—Harry, ¿a qué me trajiste aquí?
—A charlar, y estaba un poco… nervioso, por el partido.
—¿Sí? No pensé que fueras alguien que admitiera sus nervios.
—No lo soy. –asegura, y puedo ver en sus iris que dice la verdad.
—Yo también estaba nervioso, pero por verte. –él revolea los ojos
sonriendo, y puedo ver el momento exacto en el que se tira hacia
delante, y yo retrocedo un paso. —¿Qué te parece si hacemos esto
más interesante?
—Tienes un afán con hacer apuestas, ¿no es así?
—Y tu querías besarme tanto como yo, ¿no es así? –sus mejillas
enrojecen a la velocidad de la luz, y él baja la cabeza, a lo que yo
apoyo mi mano en su mentón, levantándolo devuelta, y la dejo
allí. —Cuando ganes esa copa América, vendrás directo a mí en el
público, y te daré ese beso de película que te mereces.
—¿Serías algo así como mi trofeo?
—Podríamos llamarlo así, pero ahora, tienes que ir allá y
dedicarme ese gol por el que vine.

Harry.
Lo primero que diviso con la mirada cuando el árbitro pita el
silbato dándonos la victoria del partido, es al cantante que ha
venido hasta aquí hoy sólo para verme a mí, y aún cansado por
haber corrido las últimas dos horas, sonrío en su dirección y me
dirijo hacia donde él se encuentra, sin llegar a mi destino cuando
alguien se interpone en mi camino.
Siempre es una opción encontrarme con él en un partido, pero
puesto que nuestros equipos no suelen enfrentarse, nunca analizo
esa opción, pero ahora es real, porque mi ex está parado en carne
y hueso frente a mí.
—Hola. –dice, con una sonrisa hipócrita, sabe que no puedo
hacerle el vacío públicamente, porque nuestra relación fue
puramente privada, ni siquiera levantamos sospechas alguna vez,
y no porque yo no quisiera.
Fuimos novios por tres meses, en los que él aseguraba que una
relación privada era nuestra mejor carta, y sus argumentos eran
buenos, solo que no reales, pues él no quería que las demás
personas con las que se veía supieran que yo existía. En cuanto
me enteré que me estaba metiendo los cuernos corte con él de
raíz, no estaba lo que se dice enamorado, pero su traición sí me
dolió en lo más profundo.
—Hola, Ian. –le digo. No recuerdo haber tenido una sola
conversación pública con él, y ahora que él intentaba hacerlo, sólo
me obstruía mi verdadero objetivo.
—¿Cómo estás, Harry? Oí que hoy serían las primeras
eliminatorias para la copa y quise venir a verte jug… –corta su
frase al mismo tiempo que unas manos rodean mi cintura a mi
lado, pegándome a él, y dejando un beso en la comisura de mis
labios que me descoloca por completo.
—Hola amor, ¿nos vamos? Tienes que dar entrevistas y luego
tenemos que ir al restaurante que reservé para nosotros.
Harry.
Louis sube a mi auto en cuanto me ve, y nos saludamos con una
sonrisa que es más que suficiente. Prendo el motor, emprendiendo
camino hacia nuestra primera parada.
—Me dedicaste una canción, ¿o fue mi imaginación? –inicio la
charla.
—Creo que estás seguro de que la respuesta es afirmativa, porque
tú mismo me tiraste un beso luego de que lo hiciera, ¿o no?
—Entonces ambas cosas sucedieron. ¿Quieres poner música?
—¿Puedo elegirla yo?
—Sorpréndeme. —él conecta su celular al auto, y en cuestión de
segundos Blank Space, la canción de su amiga. Él comenzó a
cantarla, como si no acabase de salir de un concierto de casi dos
horas, y yo no podía evitar mirarlo de reojo.
En estas semanas que hablé con él descubrí tres puntos
principales: el primero, que no es igual que todos los demás,
mucho menos que la persona que más me lastimó alguna vez, lo
segundo, que me hace sentir bien cuando hablamos o cuando
pasamos tiempo juntos, y lo más importante…
—‘Cause you know i love the players. –él me apunta en esa parte
de la canción, y su voz junto con los bocinazos de los demás autos
me hacen volver al mundo real y pisar el acelerador, ni siquiera sé
en qué momento me he detenido en un semáforo. —And you love
the game. –sigue cantando.
—Tienes una voz muy linda. –le digo cuando acaba la canción. –
Pero te puede hacer mal no descansarla un poco, ¿no crees?
—¿Es una forma bonita de pedirme que me calle la boca? –
bromea.
—No, tronco, simplemente me preocupo por vos. –lo digo sin
pensar.
—¿Ah sí? ¿Te preocupas por mí, corazón? –puedo oír su tono
socarrón sin siquiera mirarlo, y niego con la cabeza, se va a
agarrar de cualquier cumplido que le haga.
—Sí, mira si te quedas sin voz, se arruina tu carrera y luego me
culpan a mí por ser tu chico sobre explotador.
—¿Así que eres mi chico?
—Si no lo soy, pensaré que le escribes canciones a cualquiera.
—¿Cómo sabes que te escribí una canción?
—Por la historia que subiste el día siguiente al que nos
conocimos. –le respondo. —¿O no era para mí? Porque bueno,
también es una opción, considerando que sos un cantante que
tiene a miles detrás. –bromeo.
—Harry, necesito que detengas el auto.
—¿Para qué exactamente?
—Porque quiero responder tu pregunta. –no pongo objeciones, y
considerando que estamos cerca de llegar, simplemente aparco el
vehículo a un lado de la calle. Los motores se apagan, y su celular
que aún seguía conectado, comienza a reproducir You are in love.
—¿Porqué necesitabas que…

Louis.
—¿Porqué necesitabas que…
No logro descubrir cómo terminaba su frase, pero no es algo que
me preocupe cuando lo callo uniendo nuestras bocas, y él me
corresponde en cuestión de minutos, iniciando el mejor beso de
mi vida. No tarda en darme pase libre para descubrir cómo le
gusta ser besado, y me encanta tomarme mi tiempo en ello.
Nuestros labios encuentran un ritmo rápidamente, acoplándose en
un instante, como si estuvieran hechas como dos piezas de
rompecabezas, destinadas a unirse.
Nos separamos un rato después, en busca del aire que
lamentablemente necesitamos para sobrevivir.
—¿No aguantabas hasta el partido?
—¿Te digo la verdad? No. –se lo demuestro volviendo a dejar un
casto beso sobre sus labios que ahora me muestran una hermosa
sonrisa. —Pero también quería que te quedase clara mi respuesta.
—Creo que no la entendí muy bien aún.
—Que no sé de cuáles miles atrás hablas, porque el único que me
importa, y el único al que miro, eres tú, Harry. –sus mejillas se
tornan de un leve color rojizo que sólo me genera ternura. —Y
que me cautivaste desde el primer día que te vi.
—Sos un poquito masoquista en ese caso.
—O puedo reconocer al amor de mi vida aunque se haya
levantado con el pie izquierdo. –él revolea los ojos, volviendo a
unir nuestro labios, y no podría emitir queja ni aunque quisiera.
—¿Quieres ver el lugar al que vamos o no?
—Sí, ahora que los besos formarán parte de la cita, más aún.

Se mueven a los asientos traseros del helicóptero, dejando


que el piloto que han contratado realice su trabajo sin más
interrupciones.
–Me gusta estar acá. –dice Louis.
—¿Sí? Hiciste todo un berrinche para subir.
—Porque me daba miedo.
—¿Y es tan terrible?
—Contigo aquí, diría que no. –Harry sonríe, dejando un
beso en sus labios.
—¿Te conté que mi equipo llegó a la final de la copa? Es
el próximo fin de semana.
—No me contaste, pero estoy al pendiente de esa copa
desde que me enteré, así que lo sabía, y reservé ese día
para ese beso de película que te debo.
—¿Estás al pendiente de mí?
—Tengo mis ojos sobre ti, y no quiero ni voy a sacarlos
jamás, porque sos mi jugador. –se acerca más a él, dejando
sus sonrisas a milímetros.
—Pues yo tampoco los voy a sacar de ti, porque eres mi
tronco.
—¿Debería tomarlo como un cumplido?
—Sí, porque el tronco mantiene a las ramas, y la ramas
producen hojas.
—¿Me puedes explicar esa metáfora? –pide, abrazándolo
por la cintura.
—Tu eres mi tronco a la vida, yo soy una rama del tronco,
y las hojas… serán las pequeñas cosas que hagamos
juntos, como esa canción que me dedicaste, esa copa que
te prometí, y las metas a largo plazo que nos
propongamos.
—Si nos proponemos metas a largo plazo, significa que
pasaremos un largo rato juntos, Harry.
—Pues qué bien, porque yo quiero pasar mi vida junto a ti,
Louis.
—Y yo junto a ti también. –asegura, poniéndole un rizo
detrás de la oreja. —¿Es una promesa?
—Es una promesa. –lo sellan con un beso lento, que busca
dejar aún más claro todo lo que acaban de prometer: una
vida junto al otro, que ninguno está dispuesto a resignar
por nada en el mundo.

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