Fragmento de
“El Sexto”
De José María Arguedas
Un negro alto y recio y un muchacho traían la comida para los vagos,
en dos ollas grandes. El negro entraba armado de un palo.
No lograba conseguir que los vagos formasen cola ¡Orden! ¡A la fila!
Había entre ellos muchos idiotizados y casi loco. Se acercaban en tumulto
donde el ranchero con sus latas pequeñas en las manos. Algunos tenían
platos de liza descascarados, y otros solo cartones y trozos de periódicos, o
nada. El negro ahuyentaba con el palo a los demás, mientras algunos
recibían la especie de bazofia renegrida que les servían. Todos huían lejos
con su lata o el plato llenos; y devoraban la masa de arroz, fideos y frijoles
agasajados, en un instante. Se llevaban la masa a la boca, con sus manos, y
volvían enseguida, pretendiendo recibir más. Giraban alrededor de la orilla
y del negro. Los débiles se quedaban frecuentemente sin recibir nada, y si
alcanzaban a llegar hasta el negro y conseguían un cucharón en las manos,
o sobre algún papel sucio. Tragaban la ración en plena carrera. Se metían
los frijoles a la boca con cartón o papel y todo; o se mordían sus propias
manos. No tenían casi tiempo de masticar. Los fuertes le seguían; les abrían
las manos para capturar los restos; los lamían; y lamían entre los dos el
piso, si en la huida el vaho perseguido debajo caer parte o toda la ración al
suelo.