DEBER: Investigar a la Comunidad de Palo Alto y su relación con las minas, así
como sus problemas actuales.
En la área de Santa Fe, en la metrópolis mexicana, se encuentra un conglomerado residencial que, en
gran parte, se erige sobre el impulso femenino, manifestándose como un paradigma de comunidad en
resistencia y arquitectura colectiva.
Los integrantes de la Cooperativa Palo Alto residen literalmente bajo la sombra de un emblema
financiero de la urbe, conocido como El Pantalón. Dos realidades antagónicas, apenas separadas por una
barrera de alambre; uno erigido en la verticalidad, compuesto por torres de gran altura coronadas con
helipuertos privados, mientras que la Cooperativa Palo Alto se constituye como un horizonte de
modestas viviendas de variados tonos, albergando a 300 familias que coexisten en un enclave
comunitario. La génesis de esta cooperativa representa un peculiar experimento que se inició en la
década de los cuarenta, cuando los alrededores de la Ciudad de México se convirtieron en destino para
una gran cantidad de trabajadores migrantes, en su mayoría provenientes del estado de Michoacán,
cuya mano de obra asequible fue empleada en la extracción de arena.
ORÍGENES DE LA COOPERATIVA
Arrastrados por las jornadas laborales interminables y en busca de un refugio cercano, estos mineros
improvisaron chozas de barro que erigían durante la noche. Con el correr del tiempo, estas precarias
moradas resultaron insuficientes para albergar a los cónyuges y a los nuevos vástagos: las familias se
expandían y, con ellas, la necesidad de más espacio y estructura, dando paso así a la construcción, con
enormes sacrificios, de viviendas capaces de resistir las inclemencias climáticas. El propietario del
terreno, Efrén Ledesma, vislumbró la posibilidad de obtener una ganancia adicional y comenzó a
imponer pagos mensuales por concepto de arrendamiento. Cuando el propietario mexicano presenció el
abrupto incremento del valor de su tierra debido a la especulación de lujo, clausuró las minas y optó por
vender. No consideró a los trabajadores que habían residido allí durante 35 años, erigiendo familias en
aquel mismo suelo.
LA BATALLA DE PALO ALTO
Fueron mayormente las mujeres, esposas o viudas de los mineros, las que se negaron a abandonar sus
hogares. Se desplegó un camino largo y arduo que culminó con la gestación de una de las cooperativas
más antiguas del país y del continente en su conjunto: la Cooperativa Palo Alto. A veces, incluso
contrariadas por sus esposos, poco complacientes al observar a sus esposas trascender el rol
tranquilizador del ángel del hogar, las mujeres de Palo Alto se resistieron a renunciar al anhelo de una
vivienda propia. Gracias a la colaboración de otras entidades, activistas y movimientos sociales, lograron
constituirse como cooperativa para adquirir el terreno y erigir construcciones más sólidas y funcionales.
Las mujeres, las amas de casa, se convirtieron en activistas políticas, abogando por el derecho a una
vivienda digna, y elevaron esta lucha a una dimensión más integral, con la intención de mejorar
holísticamente la calidad de vida, hallando soluciones que el modelo urbano moderno no había logrado
alcanzar. Un ejemplo es la seguridad. Con frecuencia, las mujeres en las calles experimentan temor,
limitando su uso del espacio urbano. Gracias a la instauración de un entorno confiable, en Palo Alto tal
segregación —o auto segregación— espacial carece de existencia. Las mujeres de Palo Alto participan en
la gestión pública, se reconocen como usuarias del espacio común y desmontan el modelo de ciudadano
universal varón, proponiendo otras formas de ciudadanía donde se enaltecen las labores de cuidado. El
ámbito doméstico se transforma en un espacio de encuentro donde la vida cotidiana se desenvuelve
mediante diversas estrategias, como la recuperación y reconversión de espacios. Terrenos abandonados
se metamorfosean en suelos edificables, viviendas informales en casas, una azotea en un
establecimiento de venta de productos agrícolas, otra en un restaurante... Las centenares de viviendas
populares en Palo Alto diluyen las fronteras entre la arquitectura profesional y la vernácula o popular,
así como entre asentamientos y procedimientos regulares e irregulares.
UNA NUEVA CIUDAD
El espacio residencial se erige como un territorio de reapropiación para engendrar una nueva ciudadanía
y mejorar las condiciones de vida de sus integrantes. Por lo tanto, habitar se convierte en un acto
político, donde los ciudadanos elaboran sus deseos, reclamaciones y peticiones. Este tipo de
"cotidianidad" posibilita prácticas de movilización social de las mujeres en la trama urbana, vinculando
el concepto de habitar con el de igualdad de oportunidades. Reevaluar los procesos de construcción
social del entorno, reflexionar sobre la importancia que las mujeres ostentan en estas transformaciones,
significa replantear el actual modus vivendi de la ciudad, edificando un espacio diferente y una
ciudadanía más inclusiva. En Palo Alto, las viviendas son fruto del apoyo comunitario y se erigieron de
manera simultánea y gradual durante muchos años, concebidas como un proceso en vez de un producto
acabado y finito. Esta perspectiva en proceso ofrece una mejor calidad de vida a largo plazo al brindar
mayor flexibilidad para adaptarse a las dinámicas familiares, a sus posibilidades, necesidades y deseos.
La casa no se concibe únicamente como un resultado, sino como un acto vivencial mismo, y la
arquitectura debe adaptarse a la vida cambiante de las familias, a las transformaciones del contexto
para poder engendrar ciudad, considerando la relación cultural e incluso afectiva entre el habitante y el
espacio que ocupa.
EJEMPLO DE RESISTENCIA
Hoy en día, la vida en Palo Alto es diferente, y su singularidad no pasa desapercibida. Todos se conocen
entre sí, se saludan, las calles están continuamente transitadas por mujeres mayores que caminan
juntas, los niños juegan libremente en la plaza y los domingos transcurren entre partidos de fútbol y
charlas entre vecinos. Semanalmente, los residentes de Palo Alto se congregan, pues todas las
decisiones son tomadas de manera consensuada, y para cualquier problema o interrogante se recurre a
la Consulta. Por ende, Palo Alto constituye uno de esos ejemplos que, lejos de generar resignación y
amargura frente a las adversidades, insta a las personas a tomar acción. Esta práctica implica la
formación de ciudadanos, resaltando cuáles son sus necesidades y, al mismo tiempo, creando
oportunidades para satisfacerlas. Esta es la razón por la cual la Bienal de Arquitectura de Venecia 2016
—titulada Reportando desde el frente y curada por el chileno Alejandro Aravena— seleccionó a la
Cooperativa, junto a varios otros proyectos de interés social, para representar al México actual, un país
capaz de reaccionar ante la brecha entre la arquitectura contemporánea y la sociedad civil.
LA ARQUITECTURA MARCA LA DIFERENCIA
Al abordar este tema, el arquitecto chileno, ganador este año del prestigioso Premio Pritzker de
Arquitectura, expresó: “Nos gustaría que las personas vinieran a observar, en la exposición, historias
exitosas que merecen ser contadas y casos ejemplares que también vale la pena compartir, donde la
arquitectura ha hecho, hace y hará la diferencia al ganar aquellas batallas y expandir aquellas fronteras.
Nos gustaría aprender de arquitecturas que, a pesar de la escasez de recursos, aprovechan lo disponible
en lugar de lamentarse por lo que carecen. Quisiéramos entender qué herramientas de diseño son
necesarias para desbaratar las fuerzas que favorecen la ganancia individual sobre el beneficio colectivo,
reduciendo el “nosotros” a solo el “yo”. Nos gustaría conocer sobre los casos que resisten al
reduccionismo y la sobre simplificación, y no renuncian a la misión de la arquitectura de penetrar en el
misterio de la condición humana”.
EL ESPACIO COMO ÁMBITO DE BATALLA
La inercia de la realidad moderna de las grandes ciudades ha propiciado la espectacularización de la
arquitectura, cada vez más desvinculada de su propósito fundamental: mejorar la calidad de vida de las
personas. Superar los aspectos meramente comerciales significa, en la actualidad, trabajar
incansablemente para replantear el uso sensible en la vida diaria. La Bienal de Arquitectura en 2016
celebra este tipo de compromiso social. Sin duda, la comunidad de Palo Alto no ha contado con recursos
económicos abundantes, pero la carencia de fondos jamás ha constituido un factor disuasorio: las
herramientas de diseño, las fuerzas para subvertir la ecuación y el predominio del bien colectivo han
surgido tanto de los ciudadanos de la comunidad como de organizaciones no gubernamentales como
HIC (Coalición Internacional del Hábitat), dirigida por el arquitecto social Enrique Ortiz, cuyo profundo y
prolongado compromiso fue honrado este año con el Premio Nacional de Arquitectura.
ASPIRACIONES INDIVIDUALES Y NECESIDADES COLECTIVAS
La próxima Bienal de Arquitectura busca dar visibilidad a estas figuras que han acompañado las
experiencias que logran penetrar y moldear las vidas de las personas que forman parte de ellas,
explorando la condición humana en la sociedad contemporánea. La edición 2016 de la Bienal —a
llevarse a cabo en el Antiguo Complejo Naval y Militar conocido como El Arsenal, en la ciudad de
Venecia, Italia, del 28 de mayo al 27 de noviembre— pretende resaltar la existencia de espacios donde
se ha forjado una noción distinta de ganancia, especulación y exclusión. Territorios donde la
arquitectura y el diseño urbano desempeñan un papel crucial como mecanismos para la construcción de
la equidad.
Mis propuestas para la solución al conflicto
1. Regularización de la Tenencia de la Tierra:
La regularización de la tenencia de la tierra implica otorgar un título de propiedad colectivo a la
Cooperativa Palo Alto. Esto proporcionaría seguridad jurídica a los residentes sobre sus hogares y
terrenos, protegiéndolos de posibles desalojos o disputas legales en el futuro.
La seguridad jurídica es fundamental para el desarrollo y el bienestar de una comunidad. Al poseer un
título de propiedad formal, los residentes de Palo Alto tendrían la tranquilidad de saber que sus
derechos sobre la tierra están legalmente reconocidos y protegidos, lo que a su vez fomentaría la
inversión en mejoras de vivienda y desarrollo comunitario.
2. Reforma Legal para Proteger Asentamientos Informales:
Se propone impulsar una reforma legal que reconozca y proteja los asentamientos informales como el
de Palo Alto. Esto implicaría establecer mecanismos legales para la legalización y regularización de
dichos asentamientos, garantizando los derechos de los residentes.
Los asentamientos informales son una realidad en muchas ciudades del mundo, y sus residentes a
menudo enfrentan la amenaza de desalojo y la falta de acceso a servicios básicos. Una reforma legal que
proteja estos asentamientos contribuiría a garantizar el derecho a una vivienda adecuada y promover la
inclusión social.
3. Programas de Mejora de Vivienda:
Se proponen programas de mejoramiento de vivienda en la Cooperativa Palo Alto, financiados por el
gobierno y organizaciones internacionales. Estos programas podrían incluir la rehabilitación de viviendas
existentes, la construcción de nuevas unidades habitacionales y la mejora de la infraestructura
comunitaria.
Los programas de mejoramiento de vivienda son esenciales para garantizar que los residentes de Palo
Alto vivan en condiciones dignas y seguras. Mejorar la calidad de las viviendas y la infraestructura
comunitaria no solo mejora la calidad de vida de los residentes, sino que también contribuye al
desarrollo sostenible de la comunidad en su conjunto.
4. Participación Comunitaria en la Planificación Urbana:
Se promovería la participación activa de los residentes de la Cooperativa Palo Alto en la planificación
urbana de la zona. Esto implicaría asegurar que se tomen en cuenta sus necesidades y preferencias en el
desarrollo futuro del área, mediante consultas públicas, mesas de trabajo y otros mecanismos de
participación.
La participación comunitaria en la planificación urbana es crucial para garantizar que las decisiones
sobre el desarrollo de la zona reflejen los intereses y la visión de la comunidad local. Al involucrar a los
residentes en el proceso de toma de decisiones, se promueve un desarrollo más inclusivo, equitativo y
sostenible.
5. Mediación y Negociación con el Propietario Original:
Se buscaría una solución mediante la mediación y la negociación con el propietario original del terreno.
El objetivo sería llegar a un acuerdo que garantice la permanencia de los residentes de la cooperativa en
el lugar, ya sea mediante la compra del terreno o la firma de contratos de arrendamiento a largo plazo.
La mediación y la negociación con el propietario original del terreno pueden ofrecer una solución
pacífica y consensuada al conflicto. Al llegar a un acuerdo mutuamente beneficioso, se protegen los
intereses tanto de los residentes de la cooperativa como del propietario, evitando conflictos legales
prolongados y costosos. Además, esto permitiría a los residentes continuar viviendo en sus hogares sin
el temor constante de ser desalojados.
Estas medidas, creo yo, al desarrollarlas con sustento jurídico, podrían contribuir a resolver el conflicto
en la Cooperativa Palo Alto desde una perspectiva nomotética y planificada, protegiendo los derechos
de los residentes y promoviendo su bienestar y desarrollo comunitario.