LAS 4 NOBLES VERDADES
Verdad 1
La primera verdad es conocida como duhkha, que significa “sufrimiento”. La vida es
sufrimiento y lo seguirá siendo mientras no se reconozca su verdadera naturaleza. La
gente entiende que sufre, por supuesto, pero lo considera como un aspecto inevitable de
la vida. Buda explicó que no procedía más que de los skandhas (término sánscrito que
significa “montón” o “agrupación”), que identificó como “las cinco agrupaciones del
sufrimiento”, que son:
Rūpa – forma, impresión material
Vedanā – sensaciones producidas por la forma, sentimientos propios
Samjñā – percepciones derivadas de la forma
Sańkhāra – actividad psicológica en respuesta a la forma
Vijñāna – consciencia propia configurada por la actividad psicológica
Esos cinco factores estimulan el apego a la ilusión de permanencia de la forma, no sólo de
que uno es un ser que no cambia (que se tiene una identidad fija) sino que tampoco lo
hace todo lo demás. Buda explicó los skandhas discutiendo su forma de actuar:
La Noble Verdad del sufrimiento (duhkha) es esta: el nacimiento es sufrimiento; el
envejecimiento es sufrimiento; la enfermedad es sufrimiento; la tristeza, los lamentos, el
dolor, la aflicción y la desesperación son sufrimiento; la asociación con lo desagradable es
sufrimiento; la disociación de lo agradable es sufrimiento; no conseguir lo que uno quiere
es sufrimiento – en resumen, las cinco agrupaciones del apego son sufrimiento. (Koller,
53)
Los skandhas producen sufrimiento al estimular la ignorancia de la verdadera naturaleza
de la vida y de uno mismo – cambio – y esa ignorancia alimenta el miedo al cambio
porque cuestiona la ilusión de permanencia. Se desea la permanencia porque parece
ofrecer seguridad y confort, pero como la permanencia es una ilusión, uno nunca los
encontrará y simplemente seguirá deseándola, lo que conduce al sufrimiento.
Buddha Statue, Seokguram Grotto
Estatua de Buda, Gruta de Seokguram
Jinho Jung (CC BY-NC-SA)
Verdad 2
La segunda verdad es samudaya, que significa “origen”, y se refiere a la causa del
sufrimiento, que no es otra que el anhelo de permanencia en un mundo transitorio.
Creyendo ser una entidad permanente, uno se construye un mundo falso de ilusión que,
como no es real, no puede satisfacer, y conduce al dolor y a la frustración constantes.
Buda define este anhelo como el deseo apasionado de cosas que uno no puede tener:
La Noble Verdad del origen del sufrimiento es esta: el anhelo (trishna) es el que produce
reencarnación y nueva existencia, vinculados a la ambición apasionada. De vez en cuando
encuentra nuevo placer, es decir, anhelo de placeres sensoriales; anhelo de existencia y
transformación; y anhelo de no-existencia (autoaniquilación). (Koller, 56)
Al decir que el sufrimiento se origina por el anhelo de existencia, Buda habla de la verdad
de la existencia, no la ilusión. La gente desea la realidad verdadera, pero está ligada por
las ilusiones que confunde con la realidad. Mientras continúe ignorando la auténtica
realidad, seguirá tomando por real a la ilusión y permanecerá en estado de sufrimiento.
Sin embargo, se continúa haciéndolo por miedo a la pérdida de identidad y por egoísmo.
Creyendo ser una identidad única e independiente, la gente insiste en una realidad que lo
respalda, y rechaza cuestionar en ningún modo su creencia. Koller comenta:
Si el anhelo de una individualidad separada y permanente es el origen de todas las formas
de sufrimiento, ¿cuáles son los orígenes de ese anhelo? Aunque existen muchas
condiciones diversas, la condición primaria que lo origina es la ignorancia de la verdadera
naturaleza de la existencia como un conjunto de procesos interconectados y en cambio
continuo. En lugar de esa verdad, frente a la que se está ciego, la ignorancia construye una
falsa realidad de unos individuos y unas cosas separadas y permanentes. Tomando esa
falsa realidad como cierta, una persona se considera a sí misma como un yo permanente e
individual, separado de los demás seres y de los procesos de cambio del mundo. El
resultado es hundirse en la soledad y la ansiedad creadas por el que separa por todos
lados la propia existencia de las demás. (57)
Si se reconoce la verdadera naturaleza de la vida y se elimina ese anhelo por lo que no se
puede conseguir, se elimina el sufrimiento, según explica la tercera verdad.
Gandhara Relief of Buddha
Relieve de Buda, Gandhara
Mark Cartwright (CC BY-NC-SA)
Verdad 3
La tercera verdad es nirodha, que significa “cese”. Para detener el anhelo, hay que
entender lo que se está anhelando y reconocer que la ilusión de permanencia no puede
satisfacer las propias necesidades. El fin del sufrimiento llega con el fin del anhelo, cuando
uno se da cuenta de que lo que se está anhelando es la realidad verdadera y no ilusiones
de dicha realidad. Buda anima a un cese brusco en la conducta anhelante, igual que se
abandona una mala costumbre:
La Noble Verdad del cese del sufrimiento es esta: se logra con el cese completo de todo
anhelo, abandonándolo, renunciando a él, emancipándose de él, separándose de él.
(Koller, 57)
Es fácil decir que hay que cesar en el anhelo, pero es totalmente diferente lograrlo. Uno
puede reconocer que debería dejar de fumar, por ejemplo, pero no encuentra el
momento de hacerlo. Pero al enunciar la tercera verdad, Buda solamente dice que es
posible dejar de anhelar – de la misma manera que un terapeuta o un grupo de ayuda
anima a alguien a dejar de fumar informando primero a la persona de que puede hacerlo.
En la cuarta verdad explica cómo hacerlo.
Verdad 4
La cuarta verdad es marga, que significa “el camino”, con la que Buda se refiere a su
“camino del medio” para transcurrir por la vida. Comienza simplemente afirmando que
existe un camino para salir del anhelo y del sufrimiento, y luego explica en qué consiste
dicho camino:
La Noble Verdad del camino que lleva al cese del sufrimiento es esta: se trata
simplemente del Camino Óctuple, o sea, la visión correcta, el pensamiento correcto, el
discurso correcto, la acción correcta, la forma de vida correcta, el esfuerzo correcto y la
atención consciente correcta. (Koller, 58)
Koller explica cómo los primeros tres puntos tienen que ver con la sabiduría, los dos
siguientes con la conducta, y los tres últimos con la disciplina mental, aunque avisa de que
no hay que entender el camino como secuencial, empezando por el primer punto y
acabando por el octavo, sino que debe ser tomado como un todo, al mismo tiempo.
Puede ser necesario trabajar más duro en un aspecto que en otro, pero los ocho puntos
trabajan conjuntamente para sacarnos de la ignorancia, hacia el autoconocimiento y la
iluminación.
Buddhist Illuminated Manuscript, Goryeo Period
Manuscrito iluminado budista, período Goryeo
Eggmoon (CC BY-SA)
Conclusión
Como se ha indicado, no todas las escuelas budistas de pensamiento interpretan y aplican
las Cuatro Nobles Verdades y el Camino Óctuple de la misma manera. Tras la muerte de
Buda, sus discípulos institucionalizaron sus enseñanzas en escuelas que, con gran rapidez
(en el 383 a.C., en el encuentro conocido como Segundo Concilio) discreparon sobre cuál
era su visión original y la mejor forma en que debía ser vivida. El primer cisma condujo a la
fundación de las escuelas Sthaviravada y Mahasanghika, a partir de las cuales se
desarrollaron muchas otras. En la actualidad, las tres escuelas principales son:
Budismo Theravada (La Escuela de los Ancianos)
Budismo Mahayana (El Gran Vehículo)
Budismo Vajrayana (El Camino del Diamante)
Las tres escuelas difieren entre sí (aunque, técnicamente, Vajrayana es una parte de
Mahayana) en su interpretación de la visión de Buda y su aplicación, y las tres se atribuyen
la práctica de las enseñanzas originales. Una de las principales diferencias entre las dos
primeras y la última reside en la Verdad 3 – cese – , en que tanto Theravada como
Mahayana creen que hay que hacer un esfuerzo concertado para cesar en el anhelo,
mientras que Vajrayana cree que simplemente hay que reconocer las dos primeras
verdades y que el anhelo se acabará si se aspira a valores duraderos y a la realidad
verdadera, dejando atrás la ilusión y el anhelo como estados imposibles del ser, mientras
se adopta el desapego de un mundo en el que nada permanece igual y en el que aferrarse
a algo solamente conduce al sufrimiento.