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Géneros Discursivos en Escritura Académica

Este documento presenta una introducción a los géneros discursivos académicos, explicando conceptos como enunciado, género discursivo y paratexto. También propone estrategias para leer textos académicos como identificar el contexto de producción y objetivos concretos, relacionar con conocimientos previos, reconocer ideas supuestas y las intenciones del autor.
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Géneros Discursivos en Escritura Académica

Este documento presenta una introducción a los géneros discursivos académicos, explicando conceptos como enunciado, género discursivo y paratexto. También propone estrategias para leer textos académicos como identificar el contexto de producción y objetivos concretos, relacionar con conocimientos previos, reconocer ideas supuestas y las intenciones del autor.
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Taller de Lectura y Escritura Académica I – Comisión Virtual

Lic. Cs. Antropológicas y Prof. en Antropología


UNRN – Sede Andina

Clase 2 – 20/3
Géneros discursivos
Leer y escribir géneros académicos

Índice:
1. Introducción
1.2 Géneros discursivos
1.3 Más allá del texto
2. Leer textos académicos
2.1 Géneros explicativos y argumentativos
2.2 La acción de ‘explicar’
2.3 La acción de ‘argumentar’
3. Consigna

1. Introducción
En la clase pasada discutimos algunas cuestiones vinculadas a las diferentes concepciones en torno
a la lectura. También se hizo énfasis en la estrecha relación que entabla esta actividad con la
escritura. Todo esto siempre se vincula a la dimensión comunicativa del lenguaje humano, aspecto
sin el cual nada tendría sentido, ya que no existe la utilización del lenguaje por la mera utilización:
esta capacidad se usa para comunicarse. En este sentido, como sostiene Bajtin (1982): “las diversas
esferas de la actividad humana están todas relacionadas con el uso de la lengua. El uso de la lengua
se lleva a cabo en forma de enunciados”.
Ahora bien, ¿qué es un enunciado?. Este concepto suele emplearse para diferenciarse del concepto
de oración, ya que incluye la dimensión contextual de la situación en la que se usa el lenguaje
humano. Pongamos un ejemplo: estamos en un colectivo abarrotado de gente, y el chofer, en un
intento por meter más gente en el vehículo, pide que los pasajeros hagan lugar. Hay dos maneras de
analizar la ‘unidad lingüística’ que produjo el chofer: una meramente formal con el contenido más
primitivo (oración), y otra que involucre los aspectos más ‘contextuales’ (enunciado):

• Oración: “les pido que vayan más atrás”


• Enunciado: “a veeer, les pido que vayan un poquito más atrás, vaamos a ver, un pasito para
atrás (chiflido)”
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Así, la oración es una construcción de palabras que siguen un orden jerárquico ideal, y en la que
todas las palabras aportan un significado unívoco y transparente. Mientras que el enunciado
involucra otros aspectos paraoracionales, que también transmiten significado pero menos unívoco
que el de las palabras: el tono y volumen de la voz, los gestos, las muletillas (a veer, vaamos) y
otros aspectos pragmáticos (el chiflido).
Por lo tanto, al hablar de enunciado estamos refiriéndonos al uso del lenguaje en un contexto
específico: con actores particulares, con coordenadas espacio-temporales definidas, con propósitos
especiales, como también muchos aspectos que hacen a la comunicación de una idea.

1.2 Géneros discursivos


El uso del lenguaje en contexto elabora ‘tipos relativamente estables de enunciados’: su relativa
estabilidad es lo que nos permite identificarlos bajo un rótulo que llamamos géneros discursivos.
Hay algunos géneros cuya forma es fácilmente reconocible: la carta, la lista de compras, el artículo
de investigación; hay otros en donde su adscripción a un género en particular se vuelve más difuso,
como el ensayo. Por ello, la heterogeneidad de actividades humanas se manifiesta en la
potencialmente infinita cantidad de géneros discursivos que puede haber.
Sea como fuere los géneros discursivos nos permiten conceptualizar esos ‘moldes’ a través
de los cuales usamos el lenguaje humano. Por ello todo género discursivo siempre tiene un
propósito; un momento y lugar histórico, unos participantes (un autor con un rol en particular y un
destinatario ideal), un medio (oral o escrito). Hay géneros que permiten una manifestación explicita
de la subjetividad (una carta o un poema), mientras que hay otros que la limitan (una orden militar,
un documento judicial).

1.3 Más allá del texto


La noción de texto suele asociarse al contenido, a lo que se dice. Ahora bien, un texto no sólo se
conforma de un contenido abstracto transcripto en palabras, existen otros aspectos que acompañan
al contenido y que son cruciales para la identificación de los géneros: el paratexto.
El prefijo para viene del griego παρά y significa ‘al margen de’ o ‘junto a’. Por lo tanto,
hablar del paratexto es hablar de todos los componentes que están alrededor del contenido
propiamente dicho. Algunos son bien evidentes: la tapa, la contratapa, el índice, las ilustraciones o
los gráficos. Pero también son parte del paratexto otros elementos: el tipo, tamaño y color de letra,
las dedicatorias o las referencias bibliográficas, entre otros.
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Todo esto último también comunica, ya que no es lo mismo un texto titulado:

Los fantasmas
que un texto titulado:

Los Fantasmas
La elección tipográfica nos dice mucho acerca del tipo de destinatario que se está
construyendo, como también su contenido. En el primer caso podría tratarse perfectamente del
título de una novela o una ficción cualquiera, mientras que las características del segundo nos
sugieren algo infantil o al menos ‘no serio’.

2. Leer textos académicos


Cabe destacar una serie de estrategias conscientes que siempre hay que tener presente en las
instancias en que estamos leyendo textos complejos, como los que circulan en los ámbitos
académicos:

a) Atender a los elementos que surjan de una lectura paratextual (títulos, subtítulos y otros
elementos paratextuales). Tener presente el contexto, en qué situación fue producido ese texto

Retomando lo trabajado en la Unidad I, comprender los factores del contexto de producción


de un texto puede ayudarnos muchísimo a comprender el texto en sí, tanto sus finalidades como sus
destinatarios, como también la forma en que están escritos y estructurados. Los modos ‘legítimos’
de escribir varían de tiempo en tiempo y de lugar en lugar, por esta razón, este ejercicio de lectura
‘previa’ es crucial para ajustar el lente con el cual entraremos en un texto.

b) Leer con objetivos concretos (leer para comprender un problema, para buscar un dato, para
tener claro un concepto, etcétera)

Este punto es primordialmente personal, pero indica que hay un objetivo que guía esa lectura. En
principio, saben que están en el marco de una formación en Antropología (ya sea Licenciatura o
Profesorado), que estudian para aprender y formarse como profesionales. Más allá de que les gusten
más unos textos que otros o algunos les resulten más entretenidos que otros, más fáciles o más
difíciles, es necesario ser conscientes de que se busca adquirir conocimiento profesional.
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c) Tener en cuenta nuestros propios saberes con los que relacionar lo que vamos leyendo

Este punto pretende señalar un aspecto crucial que diferencia el aprendizaje significativo del
aprendizaje memorístico. Es importante hacer el ejercicio de remitirse a experiencias propias o
ajenas, a lo explicado en las clases o visto en otras instancias de aprendizaje. El conocimiento
previo que se pueda poner en relación con el tema del texto o con algunas referencias dentro del
texto es fundamental, ya que el aprendizaje más ‘genuino’ es aquel que permite establecer
relaciones con otros saberes, haciendo así una red de conocimientos interrelacionados. Esta
concepción del saber se diferencia de aquel que se adquiere por vía automática o por medio de la
repetición. Si bien la vida del estudiante académico no está exenta de tener que recordar ‘a la
fuerza’ datos o información, el conocimiento que se pone en juego en la investigación es aquel que
permite establecer relaciones.

d) Identificar qué ideas el autor supone que el lector ya sabe

Conocer o poder reconstruir el perfil del destinatario que el autor tuvo en mente al momento de
producir su texto es fundamental para comprender el modo en que un texto se estructura, el modo
en que se desarrolla la escritura, y en los textos académicos, la razón por las cuales un autor
defiende las ideas que defiende. Esta dimensión polémica de la escritura académica es central y la
desarrollaremos más abajo.

e) Reconocer las intenciones y finalidades de los autores y qué acciones realizan al producir sus
textos

Al decir ‘acciones’ nos referimos a los dos principales movimientos retóricos que se dan en la
escritura académica: explicar y argumentar. Conocer las intenciones de los autores nos permitirá
entender por qué se argumenta del modo en que se haga, como también por qué se explica lo que se
explica. A continuación pasaremos a desarrollar estas acciones del quehacer académico.

2.1. Géneros explicativos y argumentativos


Como sus nombres indican y sugieren, hay géneros que buscan explicar algo y dar respuesta a
preguntas del tipo cómo, cuándo, por qué, para qué frente a un objeto o a un fenómeno; así como
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responden al qué, para, en una definición en tanto formulación descriptiva, dar cuenta de las
características de un concepto. La mayor parte de las preguntas que se formula el ser humano suele
ocasionar más de una respuesta posible. Es así que se vuelve necesario encontrar razones que
justifiquen la respuesta que se da.
Los géneros que pueden identificarse como argumentativos ponen el foco en una polémica
o en un debate y el texto se desarrolla para dar cuenta de un posicionamiento determinado que
asume el autor frente a esa tensión, poniéndola en relación con otras miradas u opciones diferentes,
incluso opuestas. Su finalidad es dejar establecido que su abordaje del tema es el correcto y
convencer de ello a quien lo lee. Sin embargo, en el ámbito académico, es necesario contar con
recursos que apunten a sostener esas ideas, a mostrar el universo teórico del que se parte. Es decir,
argumentar con solvencia.
En una argumentación, muchas veces, se deben dar definiciones de conceptos o
explicaciones de procesos con el objetivo de dar cuenta que se sabe y se entiende el tema abordado.
Así, se puede reconocer un destinatario, lector de ese texto, como alguien que no cuenta con esos
conocimientos. De este modo, el texto resulta más consistente y, por lo tanto, le da mayor
consistencia a la tesis que defiende.

2.2. La acción de ‘explicar’


Cuando un sujeto expone o explica un tema, su propósito es brindar y ofrecer información acerca de
un tema específico que supone que otro, su destinatario, desconoce. Decimos en este caso que la
relación entre emisor y receptor es asimétrica: que no es de igual a igual, ya que uno, el emisor,
posee un conocimiento que el otro, el receptor, no tiene.
El emisor debe determinar qué explica y cómo va a presentar esa información que no tiene
el receptor. Es probable que haya una selección de qué y cuánto se explica, qué saber acerca de un
objeto, hecho, fenómeno, proceso, concepto o relación se enfatizará. También cuánto se da por
sabido, en tanto conocimiento previo, y cuánto se brindará en calidad de información nueva. Esto
es, pensando en un perfil de destinatario que no sabe algo y necesita o quiere saberlo. A su vez, esto
determina el lenguaje a utilizar, tanto a nivel enunciación: cómo se dirige al destinatario o cómo se
representa el emisor a sí mismo, como en el nivel de complejidad del lenguaje utilizado, si es un
lenguaje técnico, si produce oraciones complejas o sencillas, etc.
Uno de los ejemplos más claros de la utilización del género explicativo se da en el armado
de una clase sobre un tema dirigido a estudiantes. Es decir, si el tema que tengo que explicar es el
‘sistema solar’ no serán los mismos recursos ni el mismo lenguaje que utilice si tengo un grupo de
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estudiantes de nivel primario o si son estudiantes universitarios. El objetivo principal es que se


entienda el tema expuesto. En esta clase, y en el resto, verán que hay un despliegue de recursos y
elecciones que apuntan a ello. Tal vez otros textos que lean para otras materias, no han tenido en su
origen ese objetivo ni este público lector, por lo tanto, recuperar sus datos de contexto, destinatario,
finalidad discursiva y otras circunstancias, resulten importante para ir reconstruyendo su sentido y
comprenderlo.
Es normal que en los primeros años de la carrera abunden los textos más explicativos o
incluso se piensen muchos artículos que, aunque se reconozcan como argumentativos, se usen con
fines explicativos ya que se supone que el alumno, el receptor de esta situación, aún requiere
hacerse de una base conceptual y teórica del campo en el que se esté formando para comprender el
debate. En este sentido, es trabajo del estudiante académico apropiarse de las ideas, pero también de
un vocabulario y conceptos específicos.
La explicación en el ámbito académico debe ser rigurosa y exhaustiva. Esto es así porque el
contexto de estudios superiores constituye un espacio de circulación, intercambio y producción de
conocimientos tanto en el transcurso de la carrera como a través de las actividades y publicaciones
que generan sus miembros. Como géneros fuertemente explicativos, podemos encontrar manuales o
diccionarios especializados, libros que apunten a la introducción en algún área (los famosos
‘Introducción a…’ o ‘Fundamentos de...’). De esta manera, podemos advertir que la ‘acción de
explicar’ puede desarrollarse de diferentes modos:
• Presentar la definición de conceptos importantes.
• Clasificar. Puede ser según momento histórico, corriente o enfoque.
• Describir funciones de un objeto.
• Dar cuenta del por qué, el cómo o el cuándo y el dónde, de un objeto u hecho.
• Caracterizar un objeto, describir a través de sus características principales.

2.3. La acción de ‘argumentar’


La argumentación es una práctica social, ya que se produce en el marco de las interacciones
humanas y en la necesidad de influir en otro a través del lenguaje para lograr un consenso respecto a
alguna polémica.
Las prácticas argumentativas surgen frente a un tema controvertido o problema (a partir de
una cuestión que es objeto de debate, de valoraciones o juicios divergentes) y siempre se orientan a
convencer y persuadir al destinatario acerca de una idea, creencia o decisión determinada. Aunque
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podamos creer lo contrario, la argumentación está presente en casi todos nuestros actos
comunicativos.
Por ejemplo, en los diálogos cotidianos, los enfrentamientos políticos, el discurso
publicitario, los negocios, los debates científicos, las discusiones parlamentarias. Cotidianamente, y
en el marco de numerosas prácticas sociales, ante realidades que pueden recibir diferentes
interpretaciones, recurrimos a la argumentación con el objetivo de sostener opiniones o creencias,
resolver controversias, decidir acciones, consensuar, refutar, discutir o evaluar ideas. Esto sucede,
en todos los casos, frente y junto a otras personas a quienes buscamos convencer y persuadir a
través de las palabras; por eso, la práctica argumentativa es esencialmente dialógica – y esto se
manifiesta implícita o explícitamente en cada texto- y, además, la relación con el poder es inherente
a ella.
Existen numerosos procedimientos lingüísticos por los cuales las argumentaciones se
sostienen, se construyen atractivas y convincentes, y adquieren, como resultado, fuerza persuasiva.
Es importante considerar que la convicción y persuasión del interlocutor se alcanza no sólo por lo
que se dice sino también por cómo se lo dice: por los recursos discursivos que se emplea. En
resumen, la argumentación se construye a través de numerosas estrategias que iremos viendo a lo
largo de la materia.
En los géneros académicos es común encontrar explicaciones, pero también
argumentaciones, ya que el propósito de la comunicación se vincula con la presentación de una
nueva mirada sobre un tema, algún tipo de profundización innovadora o una nueva interpretación de
hechos o teorías. Por lo tanto, es necesario convencer a los destinatarios (generalmente la misma
comunidad académica) del valor o la veracidad de esa innovación. Quien escribe necesita que su
idea sea aceptada por esa comunidad.
Los autores de los textos que circulan en la formación (apuntes, artículos teóricos, artículos
de divulgación, investigaciones, informes, conferencias, etc.) toman una posición frente al saber
involucrado en el campo disciplinar que se trate. Se basan en los planteos realizados por algunos
teóricos y especialistas y, en ocasiones, incluso polemizan con otros. Para mostrar su propia
posición frente a las fuentes consultadas, utilizan determinados recursos: citan, reformulan, afirman,
etcétera. Es decir que el conocimiento que circula en los textos académicos no es neutro, sino
producto de la toma de posición y la adscripción a determinada teoría y acorde a una formación
disciplinar determinada.
Es importante, por esto, acompañar la lectura con la reflexión acerca del contexto de
producción de ese texto para dar pie a una interpretación más completa y profunda del estado de la
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cuestión, de los orígenes de la polémica, del momento histórico desde el que ese habla de ese saber,
con qué teorías entra en relación, etc. Así, los textos académicos constituyen una instancia
argumentativa que implican una interacción orientada a que los lectores interpreten y recuperen los
sentidos que el autor o la autora desea transmitir.
Para pensar cómo está construida la argumentación, observamos el tema que trata y qué
plantea o sostiene sobre ese tema. Esto es central. Eso que se sostiene sobre el tema se denomina
tesis y podemos reconocerla como el posicionamiento o la postura del autor. Volveremos sobre esto
en varias instancias de la cursada.
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3. Consigna Semanal
Responder en el foro llamado ‘Consigna Clase 2’. Agregar un nuevo tema de discusión para volcar
sus respuestas. Asimismo, será de carácter obligatorio realizar un comentario en alguna respuesta de
algún compañerx. Este comentario no puede superar las 100 palabras.

1) Proporcione su interpretación de la siguiente afirmación de Bajtín (1982) (150 palabras como


límite):“los géneros discursivos son correas de transmisión entre la historia de la sociedad y la
historia de la lengua”.

2) Mencione un género académico y uno no académico, y caracterice las propiedades textuales y


paratextuales que le permiten identificarlos. Pueden proporcionarse imágenes a los fines expositivos
y explicativos (150 palabras como límite).

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