Sotelo, gracias K.
Cross
A VALENTINE TO REMEMBER
ALEXA RILEY
Sotelo, gracias K. Cross
Dedicado a todos los que pidieron la historia de Mina y Aspen. Esperamos que
les encante.
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A Valentine to Remember
BY ALEXA RILEY
Mina siempre ha tenido un lugar especial en su corazón para
Aspen. Lástima que él no sienta lo mismo. Tal vez haya llegado el
momento de que ella siga adelante y deje que Cupido haga su
magia.
Aspen ha hecho todo lo posible por mantener a Mina a distancia,
pero no durará mucho más. La idea de que ella esté con otro lo
lleva a hacer cosas que juró no hacer. Él pende de un hilo, y ella
tiene las tijeras en la mano.
Advertencia: Este rapidito de San Valentín enviará a Cupido
directo a tu corazón... o a tus asuntos femeninos. Sin juzgar. Si
te encantó Snowed in With Scrooge, ¡esta es la continuación que
estabas esperando!
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Capítulo 1
MINA
— ¿Crees que es suficiente?
—Creo que has hecho galletas más que suficientes para todo el
pueblo. — se ríe mi papá, colocando la última cesta de galletas que
hice en la parte de atrás de mi coche. — ¿Hay alguna razón por la que
hayas hecho tantas? — Cierra la puerta del coche y se apoya en un
lateral. Todo el mundo sabe que cuando me enojo horneo. —Sé que no
estás nerviosa por tu nuevo trabajo.
—No lo estoy, estoy emocionada. Me encanta Brightberry.
Este pueblo es el único hogar que recuerdo. De hecho, el primer
recuerdo que tengo es la noche en que mi papá nos encontró a mi
mamá y a mí. Probablemente nos habríamos convertido en polos
congelados si no nos hubiera visto a un lado de la carretera.
Técnicamente, Nyah es mi hermana, pero siempre ha sido más como
una madre para mí. Pero ella y Fraser lo hicieron oficial cuando me
adoptaron, y Brightberry ha sido nuestro hogar desde entonces.
Después de que mamá y papá tuvieran tres hijos a los que adoro,
nuestra familia ha sido mi mundo. Quedarme cerca de casa ha sido
mi plan y eso es lo que estoy haciendo ahora. No sé si mi pasado tiene
algo que ver, ya que tuve unos padres biológicos de mierda. Por suerte,
no los recuerdo.
Con la excepción de los dos meses que pasé en la ciudad
formándome como operador del 911, he pasado toda mi vida en
Brightberry. Incluso cuando estaba en la ciudad venía a casa todas
las semanas, pero ahora que se ha acabado estoy en casa
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permanentemente. He empezado el siguiente capítulo de mi vida y mi
nuevo trabajo no va a ser la única aventura en la que me embarque.
Tengo otros planes y nadie va a interponerse en ellos.
— ¿Y por qué tantas galletas? — Papá da unos golpecitos en la
parte superior de mi coche para llamar mi atención.
—No te vi quejarte de cuántas hice cuando te las estabas
comiendo anoche.
—Me comí cuatro. — dice, y arqueo una ceja. Los dos sabemos
que es un mentiroso. —De acuerdo, ocho. — admite tímidamente,
haciéndome sonreír.
—Debería irme. — le digo para que no siga intentando
sonsacarme más información. Me abraza, diciéndome que esta
conversación no ha terminado pero que me deja fingir que sí.
Lo último de lo que quiero hablar con mi papá es de Aspen. Es
el chico que se adueñó de mi corazón desde que me dejó destruirlo con
bolas de nieve cuando era niña y nunca me devolvió una. Cuando
éramos niños compartía todos sus juguetes conmigo. Luego, cuando
nos hicimos mayores, intenté compartir mi primer beso con él.
Lástima que saliera terriblemente mal porque desde entonces ha sido
horrible.
Ahora empiezo a preguntarme si tal vez tenía razón al
rechazarme. Desde que intenté besarlo, las cosas han sido incómodas
y no es que pueda evitar a Aspen. Es sobrino de mi padre adoptivo y
nuestra familia siempre está junta. Aunque crecimos en la misma
familia, nunca pensé en él de esa manera. Desde que tengo uso de
razón siempre me ha gustado Aspen. Puede que también lo ame. Oh,
¿a quién quiero engañar? Por supuesto que estoy perdidamente
enamorada de él, pero nunca va a suceder.
La única vez que traté de besarlo ya hizo las cosas desordenadas
e incómodas. Nunca pensé que él y yo estando juntos podría ser malo,
pero tal vez podría destruir nuestra familia. Otra parte de mí piensa
que ese barco ya zarpó. Me mataría que Aspen trajera a una chica a
casa. Como nuestro pueblo es tan pequeño, es probable que la
conozca. Todo el mundo conoce a todo el mundo y sería horrible.
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Intento quitarme todos esos pensamientos de la cabeza,
conduzco hasta la ciudad y me concentro en mi primer día. No tardo
mucho y, cuando entro en la comisaría, veo a todos los bomberos
afuera jugando al baloncesto. Es entonces cuando veo que Becs está
apoyada en su ambulancia viendo el espectáculo. Puede que haga frío,
pero eso no impide que algunos bomberos vayan sin camiseta.
— ¿Se puede echar una mano a una chica?— los llamo cuando
salgo del coche y todos giran la cabeza hacia mí. —Tengo galletas.
— ¿Por qué me arruinas el espectáculo? — Becs resopla riendo.
—También puedes comer galletas. — Becs es unos años mayor
que yo y estaba en el mismo curso que Aspen.
— ¿Tu primer día de trabajo y ya nos estás mimando? — dice
Ryan cuando se acerca a mí primero.
—Tenía tiempo libre. — le digo y abro la puerta trasera. —Al
menos lleva dos adentro para mí. Que cada uno se pelee por el resto.
— Luego me echo hacia atrás y dejo que me despejen todo.
—No sé por qué tienes tanto tiempo libre. Podría ayudarte con
eso. — sugiere Ryan, y no estoy segura de sí está bromeando o no.
Siempre ha sido un gran coqueto.
—Cuidado. — murmura uno de los bomberos. Por el rabillo del
ojo veo llegar el todoterreno negro del sheriff. Solo tenemos dos de
estos vehículos en la ciudad y uno pertenece a Angela, que está a
punto de jubilarse. El suyo, sin embargo, es blanco, mientras que el
negro pertenece a Aspen.
Cuando conseguí este trabajo sabía que no solo nos
cruzaríamos, sino que tendríamos que pasar gran parte del día
comunicándonos. Que es algo que hace tiempo que no hacemos.
Desde el beso fallido, evito a Aspen lo mejor que puedo, pero siempre
se las arregla para aparecer. Incluso cuando estaba entrenando en la
ciudad. Estoy segura de que es porque intenta cuidarme y no porque
yo desee que esté cerca de mí.
Hace unos años creía que el hecho de que alejara al sexo opuesto
de mí y apareciera de la nada era algo excitante. Pensé que tal vez
estaba celoso y quería demostrar a todo el mundo que yo era suya.
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Oh, qué equivocada estaba. Bien podría ser uno de mis hermanos.
Asco. No hay nada fraternal en la forma en que veo a Aspen.
— ¿Por qué atención?— Levanto la barbilla y miro fijamente a
Ryan mientras finjo que no sé qué Aspen se dirige directamente hacia
mí. — ¿Tienes miedo del sheriff?
— ¿De verdad quieres jugar con fuego? — Me sonríe y me encojo
de hombros.
—Supongo que si alguien podría enseñarme a hacerlo serías tú.
—Ya es suficiente. — la voz de Aspen retumba en el
estacionamiento.
—Oh, creo que me gusta más este nuevo espectáculo. — oigo reír
a Becs.
— ¿Qué es suficiente?— pregunto inocentemente mientras dirijo
mi mirada a Aspen. Ojalá no me gustaran los hombres de uniforme,
pero, de nuevo, solo me ha gustado él. Que es lo que estoy intentando
superar.
—Entra, Betty te está esperando. — me ordena Aspen mientras
me lleva la mano a la cadera para empujarme hacia la comisaría.
Ya estoy harta de sus interrupciones, así que le aparto la mano
de un manotazo.
—Nos vemos luego. — les digo a los bomberos. Ya no me importa
si me quemo. Ya no soy una niña pequeña y es hora de que Aspen
aprenda a entenderlo.
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Capítulo 2
ASPEN
—He oído que fruncir el ceño puede provocar arrugas
prematuras. — dice Angela, pero no le presto atención. Hago algún
tipo de sonido de reconocimiento, pero no me alejo de la ventana. —Y
disminuye el recuento de espermatozoides.
—Hmmm. — es todo lo que digo porque no me gusta lo cerca que
Marshall está del tablero de despacho. Claro, tiene noventa y siete
años, pero no me gusta cómo le sonríe a Mina.
—También escuché que Mina tiene una cita este fin de semana.
— ¿Qué?— Eso llamó mi atención. Me doy la vuelta en la silla
tan rápido que casi me caigo, pero consigo agarrarme al escritorio en
el último segundo.
Angela está atando una cinta roja alrededor del paquete que
tiene sobre la mesa y coge las tijeras para rizar los extremos. — ¿No lo
sabías? Creo que ese joven bombero, ¿cómo se llama, Ryan? Sí, creo
que la invitó a salir.
—Es San Valentín. — lo digo como si fuera una escena del
crimen. Lo que significa que debería ser la razón obvia por la que no
va a salir con él.
—Sí. — Angela me mira como si estuviera loco y sostiene el
regalo. —Es lo que hace la gente en San Valentín. Bueno, supongo que
la gente que tiene los huevos de invitar a salir a la persona de la que
está enamorada.
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—No sé de qué me estás hablando. — Mis ojos se entrecierran y
frunzo el ceño mientras aparto la silla de Angela y vuelvo a mirar por
la ventana. —Recuérdame cuántos días faltan para que te jubiles.
—Quizá deberías volver a tu despacho y contarlos. — Se ríe de
su propio chiste.
Los dos sabemos por qué estoy aquí todo el tiempo y no es
porque quiera su despacho. Es porque desde esta ventanita se ve
directamente el despacho donde trabaja Mina.
Lleva aquí más de una semana y cada momento desde que
empezó a trabajar aquí ha sido el peor de mi vida. O quizá también el
mejor, porque la veo mucho. De cualquier manera, ella no parece
entender el infierno literal por el que me está haciendo pasar.
En ese momento Mina se levanta de la mesa y le miro el culo.
Hoy lleva una falda ajustada que estaba oculta por un cárdigan de
gran tamaño. Debe de haberse acalorado y se ha quitado el cárdigan,
porque ahora puedo ver el ensanchamiento de sus caderas y lo
exuberantes que son sus curvas.
— ¿No hay algún tipo de código de vestimenta? — Digo y me doy
cuenta de que no quería decir eso en voz alta. En cualquier caso, Mina
está infringiendo algo. Cuando se da la vuelta, solo puedo pensar en
su dulce coñito, que mantiene apretado entre esos gruesos muslos.
—Una cosa joven y bonita como ella no debería tener que
esconder esas curvas.
—Voy a decirle a Sarah que has dicho eso. — la amenazo sin
girarme hacia Angela.
—Pffft. — se burla como si hubiera hecho una broma. —Ella
aprecia algo bonito de ver tanto como yo.
—Maldita sea. — Siseo en voz baja. ¿No puede todo el mundo
dejar de mirar a mi jodida chica? ¿Tan difícil es para la gente apartarse
de una puta vez?
De acuerdo, no es mía, pero Angela sabe muy bien cómo me
siento. Probablemente sea la única persona en este planeta que sabe
lo enamorado que estoy de Mina y también sabe por qué no puedo
hacer nada al respecto.
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—Aspen. — dice Angela, y suspiro antes de mirarla a los ojos.
Cuando lo hago, me mira con simpatía. —Sé qué crees que no puedes
seguir a tu corazón, pero la vida es corta. Deberías saberlo mejor que
nadie. — Antes de que pueda responder, coge la cajita de su escritorio
y se la mete en el bolsillo del abrigo. —Me dirijo a casa para darle a mi
mujer un regalo anticipado de San Valentín. A mi edad he aprendido
una valiosa lección.
— ¿Qué lección? —pregunto, incapaz de deshacerme de la
sensación de hundimiento en el pecho.
—No esperes al momento adecuado. Haz que sea el momento
adecuado. — me dice y me saluda antes de coger su sombrero y
marcharse.
Genial. Ahora tengo que sentarme aquí sola a lidiar con mis
emociones cuando lo único que quiero es evitar que sucedan. Claro,
tiene razón en que yo debería saber mejor que nadie que la vida es
corta. Mis padres murieron en un accidente de coche cuando yo era
solo un bebé y me criaron mis abuelos. Sé lo importante que es decirle
a la gente que la quieres y vivir la vida que quieres porque el mañana
no está prometido. La muerte de mis padres fracturó a muchos de los
que me rodeaban, sobre todo a mi tío Fraser. No fue hasta que Nyah
y Mina llegaron a su vida que pudo ver lo que se estaba perdiendo.
Antes de que llegaran, nuestra familia solo veía el gris. Cuando
Fraser las encontró a un lado de la carretera, de repente todo era de
colores vivos. Después de eso el tío Fraser siempre estuvo cerca y se
ha convertido en un padre para mí. Por eso se supone que no debo
estar enamorado de Mina. Es su hija y nos criamos juntos. Cuando
tuvieron tres hijos más, nunca sentí que me reemplazaban o me
hacían a un lado. Fraser y Nyah siempre me incluyeron como si fuera
uno de los suyos, lo que hace que todo esto sea mucho más
complicado.
A lo lejos veo que Mina se da la vuelta y se apoya en su escritorio.
Gimo al ver su camisa ceñida sobre el pecho. Por alguna razón, siento
que lo hace para torturarme personalmente. Nunca se había vestido
así, pero supongo que tampoco había trabajado antes en un entorno
profesional. Servir mesas y hacer de canguro no requerían
exactamente ropa de negocios, pero nunca pensé que verla
completamente vestida me la pondría tan dura.
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Está leyendo un papel y veo cómo el bolígrafo que tiene en la
mano se desliza por sus labios carnosos y mi polla palpita. Incluso
desde tan lejos puedo ver el brillo de su lengua, que sale para
lamérselos, y tengo que tragarme un gemido.
—Joder. — digo a la habitación vacía y me planteo volver a mi
despacho a masturbarme.
Entonces es cuando veo a ese hijo de puta de Ryan y mis manos
se aprietan en puños. ¿Planea salir con él? Por encima de mi cadáver.
Mientras salgo furioso del despacho, intento recordarme a mí
mismo que el asesinato no es una opción. Por el momento.
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Capítulo 3
MINA
Sonrío cuando veo a Ryan entrar en la comisaría. Es bueno para
reírse e irrita a Aspen. Es una doble victoria. No me sorprendería que
a Ryan también le gustara molestar a Aspen. Seguro que se aburre en
la estación de bomberos. No es como si las sirenas sonaran todos los
días.
Demonios, solo tuvimos dos llamadas esta semana y no eran
emergencias. Siempre es alguien que necesita ayuda con un proyecto
en su casa y piensa que somos la solución ideal.
Sally llamó diciendo que alguien estaba en el lateral de su casa
y cree que estaba teniendo un ataque de pánico. Cuando llegaron los
bomberos y Aspen, no encontraron nada en el lateral de la casa,
excepto los cubos de basura. Sally parecía lo más alejado de un ataque
de pánico antes de preguntar si alguien podía llevar sus cubos de
basura a la acera.
Aspen sacudió la cabeza y se rió de la anécdota. Recuerdo
cuando se portaba así conmigo. Mis pequeñas travesuras lo hacían
sonreír, que era la única razón por la que seguía haciéndolas. A veces
me enojaba por una tontería y él me sonreía mientras me solucionaba
el problema. Después me llamaba princesa, pero hacía años que no
me decía eso. Sabía que lo decía con dulzura, y por eso siempre me
derretía. Tiene la habilidad de hacerme sentir preciosa con esa sola
palabra.
— ¿Has venido a causar problemas?— le pregunto a Ryan
mientras se acerca. Incluso su forma de caminar es coqueta. Juro que
este hombre está tentando a la suerte.
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—No hay mucho más que hacer. — dice mientras se apoya en el
mostrador.
—Sabes que puede meterte en esa celda. — Hago un gesto con
la cabeza hacia la única celda que nunca he visto usar.
—Creo que si me consigue una cita contigo, merece la pena. —
Ryan me dedica esa sonrisa que hace que la mitad de las chicas de la
ciudad se enamoren de él. Lástima que a mí no me haga nada. Ryan
lo sabe, pero eso no lo detiene. El hombre podría coquetear con un
poste.
—No vas a ir a una jodida cita de San Valentín. — dice Aspen
desde detrás de mí.
No lo he oído salir del despacho, pero sabía que no tardaría en
llegar para echar a Ryan. Aunque también disfruto molestando a
Aspen, la emoción está desapareciendo. La rabia está empezando a
llenar ese espacio y, si soy sincera, sé que mi rabia proviene del dolor.
Lástima que enojarse sea más fácil.
—No lo estamos. — le digo mientras miro por encima del hombro
en su dirección. No me mira, sino que sigue mirando a Ryan. Su
expresión me hace retroceder porque me doy cuenta de que esta vez
está más que enojado. De hecho, creo que nunca lo había visto tan
enojado.
—No quería esperar hasta mañana, así que Mina ha accedido a
salir esta noche.
Aspen se mueve y apenas consigo poner mi cuerpo delante de él
antes de que pueda echar mano de Ryan. Sin pensarlo, pongo las
manos en el pecho de Aspen para detenerlo y, al mismo tiempo, siento
que sus manos se dirigen a mis caderas. Debe de hacerlo para no
atropellarme, pero sus dedos me agarran con fuerza.
—Eres el nuevo sheriff. — le recuerdo a Aspen, pero no creo que
pueda oírme.
—Te toca, Aspen. — dice Ryan y entonces oigo sus pasos
retirándose hacia la puerta. —Te recojo esta noche, Mina. — me dice
antes de emprender la huida de regreso a la estación de bomberos.
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—No vas a tener una cita con él. — Los dedos de Aspen se clavan
en mis caderas y mis labios se entreabren.
Tengo que luchar para no apretar mi cuerpo contra el suyo y
empezar a gemir. Es lo que más deseo, pero ya no lo persigo. Nunca
había intentado ocultar lo que sentía por él hasta que se apartó de mi
beso. Odio esto pero es como tiene que ser.
—Aspen. — Mi voz es suave mientras paso el dedo por su placa.
Siempre intenta hacer lo correcto y es una de las cosas que más me
gustan de él. Es un buen hombre, pero quizá demasiado bueno para
mí. —Suéltame.
—No puedo. —Cierra los ojos y veo cómo aprieta la mandíbula.
—Tienes que hacerlo. — susurro. —Por favor.
Para mi decepción, respira hondo antes de soltarme y dar un
paso atrás. Se me hace un nudo en la garganta y no puedo tragarlo.
Necesitar que me suelte y querer que lo haga son dos cosas distintas.
—Ya he terminado por hoy. — me apresuro a decir mientras cojo
la chaqueta y el bolso de la silla. Le dirijo una última mirada antes de
salir corriendo todo lo rápido que me permiten mis tacones.
—Mina. — me llama y me detengo con la mano en la puerta.
Espero unos segundos, pero no dice nada más, así que salgo y
voy directa al coche. Después de meter mis cosas, salgo del
estacionamiento porque necesito estar un rato sola. Cuando llego a
las afueras de la ciudad, me debato entre ir directamente a casa o dar
una vuelta. No tengo tiempo de decidirme antes de que unas luces
rojas y azules parpadeen detrás de mí.
— ¿Qué demonios está haciendo?— me digo mientras estaciono
el coche. Se acabó. Oficialmente he llegado a mi límite con Aspen.
Estoy a medio camino de salir del coche y ya le estoy expresando lo
que pienso. —Escucha...
Mis palabras se detienen cuando veo una expresión intensa en
los ojos de Aspen mientras pisa fuerte en mi dirección.
—Demasiado lejos esta vez. — me gruñe y me sobresalto para
dar un paso atrás. Lástima que no haya adónde ir y me choque con el
coche.
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— ¿Qué... ah... qué estás...? — Intento preguntar, pero antes de
que pueda formular una pregunta clara me agarra de las muñecas y
me hace girar. Antes de darme cuenta, Aspen me ha puesto las
esposas. —Aspen, ¿qué demonios estás haciendo?
—Te sugiero que dejes de hablar, solo vas a meterte en más
problemas. — me regaña mientras me lleva de regreso a su cruiser y
abre la puerta del copiloto.
— ¿En serio?— ¿Qué demonios le pasa?
—Entra. — me ordena antes de darme una palmada en el culo y
me quedo boquiabierta. —Bien. —Está impaciente por que siga sus
órdenes, porque apenas me da un segundo para subir antes de
agarrarme por las caderas y levantarme. Estoy en el asiento del
copiloto antes de que pueda parpadear y lo siguiente que sé es que
está inclinado sobre mí para abrocharme el cinturón. Se me corta la
respiración al ver lo cerca que tiene su cara de la mía. Puedo oler el
dulce glaseado de los panecillos de canela que he llevado hoy.
—Dijiste que me dejarías marchar. — le recuerdo, y me
sorprendo cuando mis palabras salen entrecortadas y nada parecidas
a las mías.
Se inclina aún más y apenas roza sus labios con los míos. —
Mentí. — dice fácilmente antes de apartarse.
— ¿Mentiste? —Parpadeo, sin saber qué va a pasar a
continuación.
—Ya he mentido bastante. Se acabaron los juegos y tu culo es
mío, princesa. — dice antes de cerrar la puerta del coche de un
portazo.
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Capítulo 4
ASPEN
— ¿Adónde me llevas?— exige Mina desde el asiento del copiloto.
El susto que se llevó cuando rocé sus labios con los míos se ha
esfumado. Ahora que estoy conduciendo, quiere respuestas.
—A casa. — le digo, y noto cómo se desinflan sus velas.
—Estupendo. La familia se va a reír mucho. — La mueca que
suelta es épica.
— ¿No has oído lo que he dicho? —Me mira confusa y niego. —
Tu culo es mío, princesa.
— ¿Entonces por qué me llevas a mi casa?
—No he dicho que te lleve a tu casa. Dije que te llevaría a casa.
— Es entonces cuando giro hacia el camino que lleva a mi casa.
Es parte del terreno que poseían mis abuelos, pero después de
salir de la academia lo compré e hice construir en él una casa estilo
cabaña de madera. Me mentí a mí mismo todos esos años, porque me
aseguré de que esta casa fuera lo bastante grande para que
pudiéramos tener aquí una familia. Mina y yo juntos. Quizá no estaba
dispuesto a admitir que ése era mi plan, pero en todo lo que he hecho
me he asegurado de que hubiera un espacio solo para ella.
No dice ni una palabra cuando entro en el garaje y estaciono el
coche. Cuando doy la vuelta y la desabrocho, decido ponérnoslo fácil
a los dos y me la echo al hombro. Chilla mientras intenta patalear,
pero cuando le doy una palmada en el culo se tranquiliza un poco.
Maldita sea, ¿cuántas veces he querido hacer eso?
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Llevarla adentro es una delicia porque la última vez que estuvo
aquí fue cuando estaba en obras. Sabía que tenerla aquí sería
peligroso y no me equivocaba. En cuanto cruzo el umbral, la pongo en
pie y tiro de ella contra mí.
— ¿De verdad vas a dejarme esposada así? — corta, un poco de
fuego regresa a ella.
—Por ahora. —Solo puedo sonreírle mientras me inclino y poso
mis labios sobre los suyos.
El sonido que emite es algo parecido a un gruñido de frustración,
pero en cuanto mi lengua roza el borde de sus labios, se convierte en
un gemido. Entonces se abre para mí y lo aprovecho. Mientras mi boca
reclama la suya, mis manos se mueven hacia las curvas de sus
caderas y la aprietan.
Cuando mi boca desciende por su cuello hasta la suave piel de
debajo de su oreja, jadea sorprendida. —Aspen, pensé... Dios, justo
ahí. — Muerdo el punto sensible y luego lo lamo mejor mientras
aprieto contra su estómago. —Espera, creía que no me deseabas.
Casi se queda sin aliento al gritar la pregunta, pero lo único que
puedo hacer es arrodillarme. — ¿No te deseo? —Las palabras son
amargas en mi boca mientras sacudo la cabeza. —No hay nada que
haya deseado más, princesa.
Cuando estoy de rodillas, le subo la ajustada falda por los
muslos hasta que puedo verle las bragas. Apenas hemos dado diez
pasos dentro de la casa y no puedo quitarle las manos de encima. Con
las manos en las piernas, la empujo un poco hacia atrás para que
apoye el culo en el brazo del sofá. Luego las meto entre sus rodillas y
separo esos muslos exuberantes.
— ¿De verdad vamos a hacer esto?— Hay una mezcla de miedo
y excitación en su voz cuando la miro.
—Esto siempre tuvo que ser así: tú y yo. — Engancho el dedo en
el centro de sus bragas y tiro de ellas hacia un lado. —Esto era y
siempre será mío.
Entierro la cara contra su coño porque no puedo esperar ni un
segundo más. El primer sabor de su dulzura me vuelve loco y la
respiro. Es como si me hubieran dado una inyección de adrenalina
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cuando coloco sus piernas sobre mis hombros y empujo mi cara
contra ella lo más que puedo. Le lamo el clítoris con la lengua y luego
le chupo los labios del coño antes de bajar y lamer su interior. Luego
llego hasta su culo y vuelvo a subir, sin perder ni un centímetro.
Todo el tiempo Mina grita y dice mi nombre, lo que solo me hace
hacerlo más. Estoy tan duro que duele y creo que en algún momento
incluso gimo. Pero ella sabe tan dulce y su coño se siente tan bien en
mi lengua que no puedo parar.
—Aspen, voy a correrme. No creo que deba hacerlo en tu cara.
— gime e intenta apartarse.
Un gruñido inesperado me abandona mientras mis dedos se
clavan en su culo para que no pueda apartarse ni un milímetro. —Si
no te corres en mi cara tiraré la jodida llave de esas esposas.
—Pero, pero... — Su protesta muere cuando le chupo el clítoris
y lo único que puede hacer es sentarse y aguantar. Lo siguiente que
sé es que está gritando mi nombre y moviendo sus caderas contra mi
cara.
—Esa es mi chica. — le digo, y la lamo en círculos para alargar
su orgasmo.
Cabalga sobre mi lengua mientras se corre con fuerza y, de algún
modo, eso me libera un poco. Por supuesto, mi polla no está de
acuerdo mientras llora en mis pantalones, pero hay algo en hacer que
Mina se corra que satisface una larga necesidad. Es algo que siempre
he querido hacer y ahora planeo hacerlo una y otra y otra vez.
Antes de que pueda recuperar el aliento, me pongo en pie y me
desabrocho el cinturón. —Te necesito. — es todo lo que consigo decir
mientras me tiemblan las manos y libero por fin mi polla.
—Estoy aquí. —Sus ojos están entrecerrados y si no la conociera
diría que parece un poco borracha mientras abre las piernas en señal
de invitación.
—Todavía no tomas la píldora, ¿verdad? —le pregunto mientras
deslizo la cabeza de mi polla por su deseo. Cuando niega, asiento. —
Bien, porque te voy a follar desnudo.
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Vuelve a gemir cuando la introduzco unos centímetros, pero
consigo mantenerla quieta justo antes de meterla hasta el fondo. Su
pequeño coño es tan suave y cálido que tengo que contener la
respiración para no correrme.
—Maldita sea, qué coño tan estrecho. — gimo mientras me salgo
y me apresuro a entrar de nuevo. —Joder, princesa, qué dulce me lo
has tenido. ¿Verdad?
—Sí. — consigue decir entre jadeos cuando vuelvo a penetrarla.
—Así es. No es para nadie más que para mí, ¿verdad?
—Solo para ti. — asiente mientras la follo con fuerza y firmeza.
—Quiero follarte hasta que todos sepan que estás tomada porque
caminas como si tuvieras mi semen entre las piernas.
—Oh, Dios. — Se aprieta a mi alrededor y sus ojos se cierran de
placer cuando meto la mano entre los dos.
—Voy a mantenerte sobre mi polla hasta que no puedas sentarte
sin preguntarte por qué no estoy dentro de ti. — Mi pulgar acaricia su
clítoris mientras me entierro profundamente y ella empieza a correrse.
—Eso es, princesa. Ordéñame para que vaya justo donde tiene que ir.
—Aspen. —palpita alrededor de mi polla mientras la lleno y
cuando termina su orgasmo su cuerpo está flácido.
—Creo que es hora de quitarte las esposas. — le digo, la beso en
los labios y le echo la mano a la espalda. —Esta vez quiero tus manos
sobre mí.
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Capítulo 5
MINA
—Aspen. — Cuando me doy la vuelta y estiro el brazo, veo que
su lado de la cama está vacío. Abro los ojos en un momento de pánico
porque he soñado muchas veces que estábamos juntos y me
despertaba sola.
La última vez que me pasó fue hace un año, después de que él
se apagara. Fue entonces cuando pensé que nunca estaríamos juntos
de la forma que siempre había soñado desde que era pequeña. Antes
de eso acogí con satisfacción todos esos sueños.
Sentada, me envuelvo en la manta y siento una ternura entre las
piernas. Eso debería ser todo lo que necesito para saber que lo de
anoche no fue un sueño. De acuerdo, ¿dónde demonios se ha metido?
En ese momento se abre una puerta y aparece Aspen, que está
completamente vestido. —Mierda. — murmura, haciendo que el
pánico que sentí hace unos instantes vuelva de golpe. ¿Está dudando?
—Por favor, no...
—Lo siento, princesa. — se apresura a decir. —Pensé que llegaría
antes de que te despertaras. — Se acerca a donde estoy y me coge en
brazos. — ¿Cuándo empezaste a levantarte tan temprano?
Antes de que pueda decir nada, sus dedos se hunden en mi pelo
y me besa. Supongo que no quiere una respuesta a su pregunta. Le
rodeo el cuello con los brazos y consigo tumbarlo en la cama conmigo.
Es obvio que me ha dejado hacerlo, pero aun así me hace sonreír.
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— ¿Lamentas no estar en la cama conmigo? — le pregunto antes
de pasarle un dedo por la mandíbula. Estoy enamorada de su desaliño
matutino.
—Siempre lo lamento cuando no estoy en la cama contigo. —
Dice y luego sonríe contra mis labios.
—Pensé que tal vez... — Aparto la mirada.
—No hagas eso. — me gira la cara. —No vamos a escondernos el
uno del otro. Ya no.
—Nunca me he escondido, Aspen. Creo que he sido bastante
clara sobre mi postura.
—Lo sé. — Deja caer su frente sobre la mía. —Me has estado
volviendo loco toda la vida.
—Hey. — resoplo.
—Te prometo que es una de las muchas cosas que amo de ti,
princesa.
— ¿Qué amas de mí?— Repito y él levanta la cabeza.
—Creo que está claro que te he amado toda mi maldita vida.
—Pues a mí no me ha quedado claro. — Le empujo el pecho pero
no se mueve. —Era obvio que te amaba y no cómo amo a mi familia.
He hecho el ridículo.
—Nunca has hecho el maldito ridículo, Mina. Ni una sola vez. Si
alguien ha sido un tonto soy yo. Pensé que estabas siendo tu dulce ser
normal hasta que intentaste besarme.
—Intenté. — Pongo los ojos en blanco para hacerle creer que
estoy molesta por eso en vez de dolida.
—Aún eras menor. Estaba en la academia de policía. — gruñe.
Supongo que nunca lo había pensado, pero no se equivoca.
Aspen siempre ha mirado por todos. Así es él. Desde el principio ha
sido un buen hombre y no me sorprende que por eso no lo dejara ir
más lejos.
— ¿Así que me habrías besado?
Sotelo, gracias K. Cross
—Es la única jodida cosa que me detuvo aquel día. Luego no
pude dejar de pensar en ello cuando me di cuenta de que realmente
querías que pasara algo entre nosotros. — Deja escapar un largo
suspiro. —Entonces se me metió en la cabeza todo por lo que han
pasado nuestras familias. — Aspen fue el que más perdió cuando
murieron sus padres, porque eran muy cariñosos e importantes para
su familia. Yo no recuerdo a la mía, lo cual me han dicho que es bueno.
—Aspen. — susurro cuando empiezo a darme cuenta y se me
pasa la rabia que sentía.
—No quería reventar a nuestra familia. Tenía miedo de que solo
fuera un flechazo por tu parte. Ya estaba tan enamorado de ti que me
aterraba arriesgarme. — Sacude la cabeza.
— ¿Y entonces qué? Ibas a dejarme ir y casarte...
—Termina la frase y te daré unos azotes en el culo, princesa. —
Suelto una risita, sin asustarme lo más mínimo de Aspen. —Está claro
lo que habría pasado si hubieras llevado a alguien a casa. Lo vimos
ayer y supe que era demasiado tarde. Ya no hay vuelta atrás, pero
nunca la hubo para empezar.
—Te amo, Aspen.
—También te amo, princesa. — Se inclina y presiona sus labios
contra los míos. —Todavía podría matar a Ryan. — dice Aspen entre
besos.
—No iba a salir con él. — me río. —Asustas a cualquiera que
quiera salir conmigo.
— ¿Eso no te ha dado una pista sobre mi obsesión por ti?
— ¿Obsesión?— Me gusta cómo suena eso.
— ¿Alguna vez has tenido que ahuyentar a alguna chica de mí?
—No. —Entrecierro los ojos. Por suerte nunca he tenido que
lidiar con nada de eso. Me habría matado ver a Aspen con otra
persona. — ¿Por qué? ¿Hubo...?
—Joder, no. Solo has sido tú.
— ¿No lo sé? Fuiste muy bueno ocultando que no te gustaba.
Sotelo, gracias K. Cross
— ¿En serio? — replica.
Entonces empiezo a repasar los últimos años y muchas cosas
cobran sentido. Por eso se convirtió en un idiota gruñón y siempre
estaba advirtiendo a los chicos que se alejaran de mí. También estaba
siempre cerca, pero a distancia.
—Cuando hice mi entrenamiento en la ciudad, ¿nos
encontrábamos por casualidad todo el tiempo?
—No. — Sonríe. —Te lo dije, princesa. Obsesionado. — dice, y
tiro de él hacia abajo para darle otro beso.
—Demasiada ropa. — me quejo mientras le tiro de la camisa. —
¿Para empezar, por qué estás vestido? ¿Qué era tan importante que
tenías que salir de la cama?
—Es San Valentín. — Me levanta en brazos y me lleva por el
pasillo hacia la cocina.
—Se me había olvidado. — digo avergonzada antes de sonreír de
par en par cuando veo que ha preparado el desayuno. Hay rosas por
todas partes y él las atraviesa para sentarme en la mesa del comedor.
Después se arrodilla a mi lado.
—Vi esto hace dos años y me hizo pensar en ti. Lo compré sin
pensármelo dos veces. — me dice mientras saca una cajita del bolsillo
y la abre. Cuando la gira para mirarme, veo un gran diamante en
forma de corazón y suelto un grito ahogado.
—Es un...
—Cásate conmigo. — Lo dice como una orden mientras me coge
la mano y me lo pone en el dedo. Por supuesto, encaja a la perfección.
—No me lo estás pidiendo, ¿verdad?
—No.
—Bien. — Me lanzo sobre él y me atrapa antes de caer de
espaldas al suelo en el montón de pétalos de rosa. Entonces se me
ocurre algo y me incorporo. — ¿Les preguntaste a mis padres?
—Sí. No es que importara.
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— ¿Qué dijeron?— No creo que a mi mamá le importe porque
estoy bastante segura de que sospecha lo que siento por Aspen. Es
Fraser quien me preocupa.
—Dijeron que ya era hora. — Aspen sonríe y ahora también
sonrío. Este hombre es todo mi mundo. —Feliz día de San Valentín,
princesa.
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Epílogo
ASPEN
—Shhh, cállate. — le susurro a Mina al oído mientras le agarro
las caderas por detrás.
—Lo intento. — gime y abre más las piernas.
Es el día de nuestra boda, así que no tenía por qué pasar.
Pensaba hacerlo después de la ceremonia. Pero una mirada a ella en
ese maldito vestido y todas las apuestas estaban fuera. Ver sus tetas
hinchadas y apenas caber en el vestido cuando lo hicieron hace unos
meses hizo que me doliera la polla. Solo nuestra familia inmediata
sabe que está embarazada, pero tengo la sensación de que el gato va
a estar fuera de la bolsa una vez que el público tenga una buena
mirada de ella.
—Joder, estás tan mojada. — gruño y vuelvo a penetrarla. —
También estás más suave. — Es todo lo que puedo hacer para no
enloquecer después de dos bombeos, pero puedo sentir que se está
acercando y me contengo. —Mierda, no hagas eso.
Su coño se aprieta alrededor de mi polla y entonces tiene la
audacia de empujar su culo hacia atrás para más.
—Por favor, Aspen. Estoy tan cerca.
—Maldita sea, princesa. — Cierro los ojos con fuerza y me agarro
a ella mientras su coño me aprieta como un puño. Está tan caliente y
resbaladiza que cada centímetro de mi polla palpita de necesidad y no
aguantaré mucho más.
Sotelo, gracias K. Cross
—Eso es. — sisea, y lo siguiente que sé es que me obliga a
correrme con ella.
Golpeo la pared con el puño mientras me ordeña el semen a
oleadas. Me olvido del silencio y de los doscientos invitados que nos
esperan a poca distancia. Estamos en la parte trasera de la iglesia, en
un armario, pero no es que sea precisamente privado.
No sé si ella es más ruidosa que yo, porque solo oigo la sangre
que bombea en mis oídos. Es un subidón de calor y, cuando termina,
los dos estamos jadeando.
—Todo esto es culpa tuya. — le digo, y luego me separo de su
calor a regañadientes. Veo que he dejado un rastro de semen entre
sus muslos y sonrío mientras cojo sus bragas y me las meto en el
bolsillo.
—Es culpa mía. —Mina parece sorprendida mientras se baja el
vestido e intenta en vano alisar todas las arrugas que acabamos de
hacerle. —Fuiste tú el que me vio las tetas y se volvió loco.
—Exacto. Es culpa tuya por tener unas tetas tan magníficas. —
Tiro de ella para acercarla y luego entierro mi cara en su escote y lamo
entre ellas.
— ¡Sinvergüenza! — se burla y sonrío.
—Te encanta. — Beso sus labios, esta vez más despacio y con
más suavidad. —Y te amo.
—También te amo. — me responde y entonces se oye un fuerte
golpe en la puerta.
—Si por fin han terminado ahí adentro los estamos esperando
todos. — dice alguien al otro lado de la puerta y Mina abre mucho los
ojos.
—Es Ryan. — sisea.
Al principio pienso en matarlo, pero está aquí porque debe de
haberme oído follarme a mi casi esposa y eso me parece una victoria.
Al menos no es mi tía, o peor, mi tío, el que viene a decirnos que nos
larguemos.
Sotelo, gracias K. Cross
—Enseguida salimos. — digo a través de la puerta y Mina suelta
una risita nerviosa.
—No me puedo creer que acabamos de tener sexo en una iglesia.
— me dice mientras me alisa la pajarita.
—Creo que estar embarazada antes de la boda podría anularlo.
— bromeo, y pone los ojos en blanco.
— ¿Dónde están mis bragas?— Mira por el suelo y me encojo de
hombros.
—Ni idea, pero tenemos que irnos.
—Aspen, no puedo casarme sin bragas. — Me tira del brazo
mientras abro la puerta y la arrastro fuera.
—Lo próximo que me dirás es que no puedes casarte con mi
semen en el interior de tus muslos, pero así será, princesa. — Le guiño
un ojo y ella emite el gruñido de frustración más adorable.
—Todo el mundo se va a enterar. — Inclina la cabeza mientras
la conduzco por el largo pasillo que nos lleva de regreso a donde se
suponía que estábamos.
— ¿Que te follé en el armario? Probablemente, pero como he
dicho, es culpa tuya. — Intento molestarla un poco para que no se
estrese por toda la gente que hay aquí. Si está un poco enojada
conmigo entonces no estará pensando en que todos los ojos están
puestos en ella.
—Intentas distraerme. — resopla y me aprieta la mano. —
Gracias.
—Es mi trabajo. — Llevo su mano a mi boca y beso la palma, y
puedo sentir algo de la tensión que la abandona.
—Ahí estás. —Nyah viene corriendo cuando nos ve a los dos. —
Todos están esperando. Mira las mejillas sonrojadas y el vestido
arrugado de Mina y luego se gira hacia mí. —Te dije que no tocaras
hasta después de la ceremonia. — Me golpea en el brazo y yo finjo
estar herido.
Sotelo, gracias K. Cross
—Creo que voy a buscar a la sheriff Angela entre la multitud y
denunciar un delito. — Me froto la mancha del brazo y ella pone los
ojos en blanco.
—El único crimen que ocurre aquí es si ustedes dos no se van al
altar porque tenemos veinticinco kilos de camarones en hielo.
—Indícanos el camino. — le digo, entonces sonríe por fin y coge
el ramo de Mina de la mesa cercana.
— Te ves tan hermosa. — le dice Nyah a Mina y se dan un rápido
abrazo. Fraser se acerca en ese momento y también la abraza.
— ¿Lista? — le pregunta a Mina y ella asiente. Le ha pedido a
Fraser que la acompañe al altar y el hombre ha derramado alguna
lágrima.
— ¿Supongo que te veré en el frente?— Mina me dice.
—Estoy contando los segundos. — La beso por última vez antes
de que se convierta oficialmente en mi para siempre.
Por suerte, solo pasaron doscientos setenta y tres segundos
antes de que la volviera a tener en mis brazos. A partir de ahora nunca
se me escapará.
Fin…
Sotelo, gracias K. Cross