UN DOLOR NECESARIO 07/ENERO 2024
Una de las ironías más grandes de la vida es la habilidad que tiene
el dolor de protegernos. ¿Se han puesto a pensar en las veces que
hemos evitado grandes accidentes, y daños porque un dolor menos
grande nos detuvo? ¿Las veces que hubiéramos podido perder
algún miembro del cuerpo si los sensores de dolor no avisaran al
cerebro que se están haciendo daño? Basta con acercarnos lo
suficiente al fuego, para que el cuerpo interprete una incomodidad
dolorosa que nos hace alejarnos.
En la piel se encuentran diferentes clases de receptores nerviosos que
se encargan de transformar los diferentes tipos de estímulos del exterior
en información susceptible para ser interpretada por el cerebro. Cuando
nos describimos como seres sensibles, lo que queremos decir es que
somos conscientes. El significado más literal y amplio es que tenemos
percepción sensorial. Los pliegues dactilares sirven para detectar el
calor, el frío, el dolor o cualquier otra sensación; y la sensación es una de
las funciones que la conciencia utiliza para orientarse en el mundo
exterior.
Pues bien, si Dios nos ha creado con ciertos mecanismo de protección
para el cuerpo, ¿por qué no habría de usar el sufrimiento para alertarnos
de un problema más serio? Como dijo C.S. Lewis: “El dolor es el
megáfono que Dios utiliza para despertar a un mundo de sordos.” A
veces me pregunto por qué somos así. Es decir, por qué tenemos que
atravesar por ciertos problemas, o atravesar por el sufrimiento para poder
regresar a un estado de consciencia. Esto pasa más de una vez. La
vida, la rutina, los afanes, nos insensibilizan, de alguna manera empañan
nuestra visión de la vida que Dios quiere que viva. A veces nos
volvemos insensibles, y esa insensibilidad nos pone en peligro. Como las
personas con insensibilidad congénita al dolor, que no pueden percibir el
dolor físico. Las señales y síntomas que presentan pueden ser heridas,
moretones, huesos rotos, y otros problemas de salud que pueden pasar
desapercibidos debido a la falta de conciencia del dolor. La
INCONSCIENCIA es el peligro más grande. Es el daño más profundo. Es
el sufrimiento más sutil y la noticia más alarmante. Es posible encontrarle
solución a un problema cuando eres capaz de identificarlo, pero es
destructivo vivir como si el problema no existiera.
Es por eso que creo que Dios tiene métodos (muchas veces
incomprendidos por nosotros) para tratar con nuestra alma. Usa medios
como el “DOLOR” para despertarnos de la inconsciencia y hacernos
sensibles ante lo que es importante, ante lo que tiene que atenderse y
tratarse. Dios puede usar una enfermedad para hacernos ver que
realmente Él es el médico que nuestra alma necesita, y que somos más
que un cuerpo. Puede usar la pérdida de un ser querido para recordarnos
que hay un alma que vivirá una eternidad y que el tema de la “muerte” no
puede ser evitado para siempre. Puede usar la falta de trabajo y de
dinero para hacernos recordar que el dinero no compra la felicidad, y que
lo material es pasajero. Puede usar los problemas familiares para
recordarnos que las personas importan, que el amor es necesario, que el
perdón no es una opción, y que al final somos seres sociales y que Él es
un Dios de relaciones.
¿De qué me estoy perdiendo? ¿De qué cosas no soy consciente? ¿De
qué cosas me estoy olvidando? ¿Qué cosas me tienen insensible,
indiferente, apático, y en estado de peligro? ¿Qué clase de “dolor”
necesario usará Dios para despertarme de este estado de pasividad?
¿Qué cosa usará para regresarme el “sentido” del sentir, y hacerme
consciente de lo importante?
Salomón lo expresó muy bien en Eclesiastés, cuando llegó a la
conclusión de la investigación que hizo de la vida y de las tantas ironías y
cosas sin sentido que experimentamos. En el capítulo 12:1 dice:
“Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que lleguen
los días malos y vengan los años en que digas: «No encuentro en ellos
placer alguno.” Y continúa diciendo: “Antes que… y empieza a
desarrollar un poema que hace alusión a la vejez. Antes de que no
puedas ver, no puedas sentir, no puedas caminar. En palabras llenas de
poesía dice: Antes que sea tarde. Antes que la vida pierda su brillo.
Antes de que la vida llegue a su fin y sea demasiado tarde. Acuérdate de
tu Creador. La palabra “acuérdate” o “recuerda” en hebreo es un verbo
que hace alusión a traer a la mente. A crear consciencia. A enfocar
nuestros pensamientos sobre algo de manera intencional. Hazte
consciente de tu Creador, porque la vida te fue dada con ese propósito y
la muerte le da fin al plazo señalado.
Salomón termina su investigación del ser humano diciendo: En
Eclesiastes 12:13 dice: “Teme, pues, a Dios y cumple sus
mandamientos, porque esto es todo para el hombre. Pues Dios juzgará
toda obra, buena o mala, aun la realizada en secreto.” ¿Puedes ver el
evangelio en esta frase? ¿Alcanzas a ver buenas noticias en esta
conclusión? ¿Alcanzas a ver a Cristo? Él ha hecho posible que esta
última parte sea una realidad para el que cree. Para aquél que confía en
Cristo esto es una realidad. Y este es el más grande consuelo de todos.
Esto es precisamente lo que le da sentido a nuestro sufrimiento, lo que le
da significado a nuestro dolor, lo que consuela nuestra alma. Esta es la
respuesta a todas las cosas inciertas de la vida, y el propósito de toda
ironía.
Una vida no centrada en Dios acaba en el vacío. El construir la existencia
alrededor de algo que no es Dios no sólo nos hace vulnerables si no
conseguimos lo que nuestro corazón anhela, sino que ocurre
exactamente lo mismo aunque lo consigamos. Al final nuestro corazón es
INSACIABLE, ya que fue creado para encontrar satisfacción y plenitud en
Dios. La forma del hueco en nuestra alma, si lo pensamos como una
pieza de rompecabezas, es una forma que nada puede llenar… ninguna
pieza cabe (relaciones, sexo, dinero, éxito), la única forma que encaja en
ese hueco es Dios. Somos seres espirituales, ni la persona más atea
puede negarlo. En algún momento en nuestras vidas, nos vemos
confrontados con el hecho de que no somos la clase de personas que
deberíamos ser. La reacción, en la mayoría de los casos, es tratar de
ignorarlo y esforzarnos por vivir como uno cree que debería hacerse, lo
que nos llevará irremediablemente a un callejón sin salida en lo
espiritual.
La verdad es que si no vivimos para Cristo viviremos para cualquier otra
cosa, volviendo al círculo vicioso de insatisfacción y vacío. El cristianismo
enseña que nuestro principal problema es el pecado. ¿Qué solución
puede haber para ello?
La Biblia dice: “La siguiente declaración es digna de confianza, y
todos deberían aceptarla: «Cristo Jesús vino al mundo para salvar a
los pecadores», de los cuales yo soy el peor de todos” (1 Timoteo
1:15). Cristo vino por aquellos que reconocen que necesitan de
salvación. En Mateo 7:12-13 dice que los sanos no necesitan médico,
sino los enfermos. Jesús es el único cirujano capaz de remover el cáncer
maligno del alma. Jesús es el médico capaz de quitar ese corazón
dañado, herido, enfermo, muerto… y colocar en su lugar un nuevo
corazón, y junto con ese corazón implantar nuevos afectos, nuevos
deseos, una forma nueva y diferente de ver la vida. A esto la Biblia le
llama: “evangelio” y evangelio quiere decir: BUENAS NOTICIAS.
“Por todos lados nos presionan las dificultades, pero no nos aplastan.
Estamos perplejos pero no caemos en la desesperación. Somos
perseguidos pero nunca abandonados por Dios. Somos derribados, pero
no destruidos. Es por esto que nunca nos damos por vencidos. Aunque
nuestro cuerpo está muriéndose, nuestro espíritu va renovándose cada
día. Pues nuestras dificultades actuales son pequeñas y no durarán
mucho tiempo. Sin embargo, ¡nos producen una gloria que durará para
siempre y que es de mucho más peso que las dificultades! Así que no
miramos las dificultades que ahora vemos; en cambio, fijamos nuestra
vista en cosas que no pueden verse. Pues las cosas que ahora podemos
ver pronto se habrán ido, pero las cosas que no podemos ver
permanecerán para siempre” (2 Cor. 4:8-15).
La gloria es algo que vale mucho. Literalmente significa: Peso. Es algo
que tiene peso, algo que se admira, que se atesora, que contempla con
orgullo porque significa “todo” para la persona que lo tiene. La gloria de
un atleta es el valor de su desempeño. Su habilidad siendo admirada por
los demás. La importancia de su persona. Lo que lo hace valioso. Fuimos
creados para la gloria de Dios, es decir, para conocer, estudiar, disfrutar
y amar las cualidades que hacen de Dios valioso, único y digno de
admiración. Por eso creo que Dios, dentro de su profunda inteligencia, e
inigualable amor, usa el sufrimiento para regresarnos a un sentido de
consciencia en donde podamos valorarlo a Él, más que cualquier otra
cosa, no porque Él sea egocéntrico, sino porque esa “gloria” es lo único
que satisface el alma. Por eso dice Salomón, la conclusión de todo este
asunto, la razón detrás de todo acontecimiento, es esta: el Señor,
apuntando a Cristo. El único capaz de cambiar nuestro corazón de piedra
por uno de carne. El único capaz de ablandar nuestra alma y hacernos
conscientes de nuestra verdadera y más profunda condición. Solo Él
puede quitar esa enfermedad destructiva de la insensibilidad y volvernos
conscientes de lo real, a través del dolor.
Cuando una persona tiene su esperanza puesta en esta realidad, su
sufrimiento deja de ser en vano.